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1
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PRIMER
CCI
DE LA
LENGUA ESPAÑOLA
POR
r>. ROQUE BiUEiCI-A.
Quien da lo que se p̀H$a
Da lo que se Tutbla.
TOMO TERCERO
4
3
BARCELONA
SEIX - EDITOR
MGUII
i i ,
J Digitized by VjOOglC
THE ii::' ■ .v:;:c
PÜBliJ UBRARY
262141A
ASTOR, LENCX AND
TILDEN FOUNDATiaNS
ES PBOPIBDAD SEL EDITOR
TipoUt. Srix, San Agutla, 1 k 7.-B»r«elona (ar»oift).-TeÍMono 8.641
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■t.'
la Décima letra del alfabeto eas-
lellano j tercera entre las vocales. Se
'brma cuino las demiís, abierta la boca
menos que para la E, y allegando más
la lenc^ua al paladar para estrechar el
puo del aliento y adelg-azar el espi-
rita ODii opie 86 forma. Deja su lugar
U Jáis JT cuando airre de conjuu-
cidn eopttUtínf JT u£ se escribe Jmn
j Mffo 7 iitfra. l Letra de la
nameneídn somua ana tiane el valor
de uno. (JUUDBUU.) I La /, antepues-
ta & loa números romanos, representa
la unidad nentÍTa. Así, pues, IVvale
cuatro; IXTale nueve. | Ajati^uameo-
te valía cien. |[ Lógica escoUsiica. IaI
era el signo de las proposiciones par-
ticulares y afirmativas que entraban
en un silog^ismo. || Numismática. En
las antig-uas monedas francesas, la /
indica que fueron acuñadas en Li-
wtoyes. H Metáfora. Ponbr los puntos
soBKR LAS IBS. Frase que se emplea
coD relación á los que proceden con
nimim exaotítad en eotaa de poeo mo-
mento.
I. Coaointada mu^ frecuentemente
en enaX w puede notar en beberá
oree, cntfo, JBnn, Ungua^ letra, ne-
gro, pue», fUgttr, neo, del latín W-
óere, mtm, eructo, timv, íuum, Utít-
ra, m^r*t ¡úietn, fUwn, tie», «te.
Conmutada en^ por d uso: eattilU'
jo, consejo, ojo, pellejo, fueron durante
algún tiempo casíilleio, conseio, oio,
ptíleio, etc., y en II, en batalla, malla,
wtaravilla, que antes fueron batata,
wuUa, maraviia, etc.
Añadida en Itien, diente, diez, fiesta,
kielj miel, niebla, nieto, del latín bene,
denle, dtQvm, f tita, f elle, melle, nébula,
M^tt, «le.
Saprimida ta aitta, oiM, mitdo,
moble Ó mueUe, noble, pared, del latín
abiete, asino, metu, mobiUtlU^U, pá-
rtele, etc. (MONLAU.)
II. Literatura latina. — La t breve es
la más rápida de las vocales, después
de la e, y sirve de sonido de unión en
las palabras compuestas, como eerí/o-
dina, arípes, alíisonus, homicida. — Ba
algunas dicciones antiguas se halla
suDstítuída por la u , como : maxümat
por maaíma; pmicAerH^t ftaptUcAo-
rríma. Otras vocea repnsente lia o,
como va «ftí, por ilU. Bata letra ei con-
sonante cuando recae sobre una vocal»
formando sílaba con ella, como: iwiihi*
lecur, coniuro; pero en dicciones greso-
latinas es siempre vocal, como lambus,
laspis. En las dicciones hebreas, unas
veces es vocal, como en Jacobm; otras,
consonante, como en ludatis, porque
los antiguos latinos no conocieron el
cambio de la i en/, introducido pos-
teriormente para distinguir sus res-
pectivos oficios de vocal y da conso-
nante. Como abreviatura, tiene varias
significaciones; «a, infra, ipse^ Isis,
lovi, invicítiS, luUa, fimo, tvri, iuris
(que después se escribieron Jovi, Ju-
iut, /uno, jwri, jwrüi u><i=iidemque;
I. H. F. Co^pnitf ütfñf faeiindum cu-
ravit; iif.<«-MnMfft&; iM.i^mpertum,
imperiUfr.
BrmoLoaÍA. Latín J, i: griego, I, t
(■tuict, iota); alfabetos semíticos y len-
guas romanas, i.
Siynificacvjn jeroglifica. — La i, con-
siderada como sif^no jeroglífico, es el
hebreo iod, que -sigiiiiic;i mano: áralje,
iad; morisco, /íw^í/; alemán t; inglés,
hand.
Resña.—'lt Gramú tica general. La i
es la novena letra del alfabeto latino y
la tarca» vocal de la miama lengua.
así como también de todos los alfabe-
tos é idiomas neo-latinos y germáni-
cos, si no se cuenta como letra simple
la articulación ch.
2. El sánscrito tiene una i breve;
y otra, larga.
3. Los latinos sólo tenían una i,
siempre vocal; pero que unas veoea se
pronunciaba aparte, y otras, se coq*
lundia cou la vocal siguiente.
4. Cuando la i latina se confundía
oon la VivX inmediata, i^ostumb^-
ban los coi^stas déla Ediid media á
terminar la letra con un trazo prolon-
gado.
5. Hacia al siglo xvi, y esto repre-
senta en cierto modo un progreso en
la ortografía, se principió d bxpresar
por medio de la_;' toda i que hacía ve-
ces de consonante; y por medio de la
I, la que era vocal.
6. En el latín primitivo se escribie-
ron con u muchas palabras que luego
tuvieron i, y se dijo decuMut por deci-
«M, «adwnw por masmuSt minuaut
por fflÍHtfltitf^ por libet, según
queda dicho.
7. Al^unoaautoxesdalsi^deQn)
de la latinidad eon^mai^Q' asta fitto-
gcafífi aicaiei* ^ -
8. Los liatiaoa eonmatalmn en.i el
diptongo 0i («) ^e los gT¡egos:'-así,
por ejemplo, de etSúXXtov {'eid^tlitm)
lormarou 'idyWurii, idilio; de eiat-ciípt»
(e'tsitéria), isiteria, las fiestas isite-
rias, etc.
9. Por esa razón, los nominativos
(le plural contractos de la tercera de-
clinación, que terminaban en griego
en Ei^ (eit), terminaron en el latín pri-
mitivo en ú, si bien algunos escribie-
ron fíj.
10. Dicha temioació». ñiénp^'
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4 TACH
riomanto »; pero, por arcaísmo, «ab-
■istinroii lu otraa ibnnas ea las ins-
crípeiones j en las obraa de ciertos
escritores.
11. La misma terminación subsis-
tid en las palabras cuyo origen no era
{priego: así se halla omnts j omneis,
por omníi; dvit j ciuis, por cizet.
12. Bn la transcripción del griego
al latín, j de éste i las lenguas ro-
mances, la I se ha convertido á veces
en a: de xívui ( tígd), se formó taMO, jo
toco; de ¿iían^, se formó, en el latín
corrompido, balanx, la balanza.
13. También suele equivaler kWe
en el latín de la Edad media, 7 así
vemos que el latín placiíum se torna
en placetum; j luego, euplacet.
14. En las inscripciones latinas j
en antiguos manuscritos, la i, prolon*
gada por su parte superior, represen-
ta la contracción de dos úr en una:
di» signifiea diU; otl, 9tii, j asf en
otrai muchas palabras.
15. En manuscritos éinicripcioaes,
ea abreviatura de nombres que la tie-
nen por inicial, como ígnu, itertm,
iuttit, immoríalUt inftri», intgr, inve-
nitf invictus, etc.
16. En las tablillas que los tribu-
nos usaban para suspender los decre-
tos del Senado, significaba inttretdo,
es decir, me opongo.
17. En la numeración romana sig-
nifica uno, 6 el primero, 7 su valor
varía adicionándola, anteponiéndola ó
posponiéndola á otras letras nume-
rales.
18. En los últimos tiempos de Ro-
ma fué cuando se imaginó variar su
valor numeral según precediera ó si-
guiera á la T ó a la Xt reforma que
nan seguido los modernos.
19. En las letras numerales de la
Edad media, después de Usher, síg^
niñeó 100 j 1.000 cuando estaba atra-
vesada, en su parte superior, por una
rajita horizontal.
20. Los latinos llamaron á la 1 Hi-
lera longat letra larga: «To haré de mí
una letra larga echándome una cuer-
da al cuello,» dice uno de los perso-
najes de la A%hdaria, de Planto, en
ves de decir: <To me ahorcaré.»
21. ^reee ser que el punto sobre
la 1 no se invento hasta la escritura
fótica, en la qne la « se distinguía
ifícilmente de las w* no puntua-
das.
1. I«. Femenino. Mitologia. Mujer
que cubrió con lana 4 Aquííes, cuan-
do estaba espirando, 7 qne hié con-
vertida en TÍoleta.
EniKnAaU. Griego fov (ím), tío-
leU.
2. la. Mitologia* Nombre qne los
kalmucos 7 los mongoles dan al Ser
Supremo.
facer. Neutro anticuado. Yacbr.
laco. Masculino. Zoología. Sección
de mamíferos que comprende varias
especies de monos.
lachagogo. Masculino. Antigüeda-
des griegas. Cada nno de los qne lle-
vaban la «atatua de Baeo en las fiestas
elensinag.
BviMOLOVfA. GWego rexxar»r^
lASP
(iakchagdgót); de laKX'*^ (lalchet)^
Baco, 7 agogós, el que conduce.
lacchos. Masculino. Mitologia.
Nombre místico de Baco en las fiestas
que en honor 8U70 se celebraban en
Atenas 7 Eleusis, donde era adorado
como niño-dios, hijo de Ceros 7 de
Júpiter, hermano de Proserpina. £1
mismo nombre de Iacchos se daba al
canto que se entonaba en dichas fies-
tas 7 al personaje que le representaba
en las ceremonias ae la iniciación en
los misterios del paganismo. Se dió á
Baco ese nombre, por los gritos que
las bacantes proferían en sus fiestas.
Etiuolooía, Griego "laxx": (/<^^
chos); de íax]^¿u>^MAcA/S),gritará mo-
do de las bacantes; no de tax^u (lak-
choj, como afirma Laudáis.
ÍÉigo. Masculino anticuado. San-
TiAao. Nombre propio de varón.
laiunar. Neu^ anticuado. Atü-
MAR.
lalemo. Masculino. Canto de la-
mentaeionea que estilaban los anti-
guos griegos.
BrnioLoafa. Griego IiXe|M>< (i&le-
mo»), verso fúnebre; de tíXXw (idlld),
emitir: francés, iaUme. (Landais.)
lalisiano. Masculino. Mitologia,
Nombre de un pueblo fabuloso con-
vertido en rocas por Júpiter. (Lan-
DAXS.)
laliso. Masculino. Mitologia. Hijo
de Cercafo, que fundó en la isla de
Rodas una ciudad á que dió su nom-
bre. Por esto los telquinos, mn7 res-
petados en dicha isla, fueron llamados
títltsiaíiot.
lama. Masculino. MttolMia. üno
de los ocho Vapeut en la religión de
Brahma, dios da la noohe, de los
muertos 7 de los infiernos, juex de las
almas después de la muerte terrestre,
que habita en el lamaloka, lugar te-
nebroso, dividido en 21 infiernos. Se
le representa con semblante airado 7
con un azote ó una espada.
lamás. Adverbio de tiempo anti-
cuado. JAHiía, SIBUI^.
EtiuolgoÍa. Tormá», forma etimo-
lógica áñjavuái.
limico, ca. Adjetivo. Táhico.
lámides. Masculino plural. Mito-
logia, Descendientes de lamos^ hijo de
Apolo y Evadne, que predecían el
porvenir, en Olimpia. | Familia des-
tinada, entre los antiguos griegos, i
las funciones de augures.
lamologia. Femenino. TAUOLOafA.
lamológico, ca. Adjetivo. Yauo-
LÓOICO.
lanero 7 laneiro. Masculino anti-
cuado. Enero.
lar. Palabra que en ruso si^ífica
río 7 que entra en la composición de
muchos nombres geográficos: larot-
laft río de los esclavos; Kranoianif
ciudad del río rojo, etc.
larbas. Masculiuo. Rev de los gé-
tulos, que vendió á Dido el snelo don-
de edificó á CartagOj pero que no la
pudo persuadir á ser su esposa, pues
prefirió darse muerte. Virgilio supone
qne fui vencido por Eneas, sn nval.
(Víase Dmo.)
lupii. Femenino antieoado. Jash.
IBER
tatralepta. Masculino. TaffeAUlF
Tica.
lasdin. Masculino. Mitologia.
Nombre que los magos daban al buen
principio, ó sea al principio del bien.
Ibaoiraba. Masculino. Botánica,
Arbol mirtáceo del Brasil, de hojas
opuestas 7 fruto carnoso polispermo
j coronatío por el timbo del cálic
ETnioLoofA. Vocablo imdigena.
Ibametera. Femenino. Botimca,
AcAYA, árbol del Brasil.
ETiHOLoaÍA. Vocablo indígena,
Ibán. Masculino. Nombre propio
anticuado de Juan. (Monlau.)
Ibanó. Masculino. Germania. El
escribano.
Ibáñez. Masculino. Nombre patro-
nímico. El hijo de Ibán. Después pasó
á ser apellido de familia.
Ibánez (Manuel). Lego exclaus-
trado de la Compañía de Jesús, nota-
ble por sus talentos arquitectónicos.
De 1844 i 1845 ejecutó la difícil 7
arriesgada obra de repanr el arco cor-
tado del puente de Aimaras, en Ex-
tremadura, en premio de lo eoal reci-
bió el título de arquitecto.
Ibarra (Joaquín). Célebre impre-
sor español, que nació en Zaragoza
en 1724 7 murió en 1785. Organizó
en Madrid un establecimiento tipo-
fráfico cu7as producciones son cada
ía más estimadas por los bibliófilos,
7 elevó la perfección de su arte á un
grado no conocido hasta entonces, ha-
ciendo de su imprenta quizá la pri-
misra de Europa. Inventó una tinta
de superior calidad, CU70 secreto con-
servó, así como el modo de alisar el
papel impreso para quitarle las des-
igualdades producidas por la impre-
sión. Ibarba no debió á nadie sus in-
venciones, pues nunca salió de su
país. Entre las obras que salieron de
sus prensas, se citan principalmente
hermosas ediciones de la Biblia^ del
Mieal muzárabe, de la Historia de Es-
paña^ de Mariana, del Quijote, 7 una
magnífica del SaUatio español, tradu-
cida por el infante Don Gabriel.
Ibas. Heresiarca nestoriano del si-
glo V, originario de la Siria. Acusado
de haber querido propagar los errores
de Teodoro de Mcpsueste, fué prime-
ro absuelto por los Concilios de Tiro
7 Ber7te (446) 7 condenado después
por el de Efeso (449), por lo que se
víó despojado de su silla episcopal y
reducido á prisión. Restablecido en
sus antiguas dignidades por el Con-
cilio de Calcedonia, en 451, murió
siendo obispo de Edesa, en Mesopota—
mia, el afio de 457. De sus obras sólo
se conservan algunos fragmentos de
una carta en que da cuenta de los de-
bates suscitados entre Nestorio 7 sa 11
Cirilo.
Iberia. Nombre antiguo 7 actual-
mente poético de la nación española.
ErncoLoaf A. 1 . Vascuence iha^a
eroa, río espumoso; latín, Ibiría.
2. La etimología del griego héspe-
ra, de hésperos, occidental, qne Mon-
laopropone, no es admisible. Iberia
7 Hesperia representan vocablos dÍR-
tintos.
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IBIS
IBN
ICAD 5
Ibérico, ca. A.djetiTo. Ibbro.
BruiOLOofA. /¿ma: latín, ibirícta;
catalán, i6érick, ea; francés, ibérigue;
italiano, iberieo.
Ibérida. Femenino. Botánica. Gé-
nero de plantas cruciferas, antiescor-
búticas y oomeetibles en ensalada.
ETmouxiU. lima: latín, ibbbica
iirba; latín téenieo, ibbms wmiellata;
francés, ihéridé,
IberiOf ría. Adjetivo. Ibebo.
Iberis. Femenino. Boiiniea. Gene-
ro de plantas cruciferas.
EnuoLOOÍA.. Ibérida.
Ibéñta. Femenino. Boíámea. Uno
de los nombres de la seolíta.
Btucología. Ibérida.
Ibero, ra. Adjetivo. El natural de
Iberia j lo perteneciente i ella.
BTiMOLOofA. Iberia: latín, iberj ibe-
rU; catalán, ibert.
thi. Masculino. Ibis, ave.
Zbiaro. Masculino. Zoología. Ser-
nite p^ueña y majr peligrosa, de
éiiea.
Btuoloqíju VomH» indigtw»
Ibiboca. Femenino. Zoología. Sa-
pecie de colebra del Brasil, notable
por la belleza de sus escamas.
BnuoLoaía. Vocablo indií^ena.
Ibice. Masculino. Especie de cabra
con grandes cuernos, que crecen de
año en afto hasta que llegan á tener
▼einte nudos: U&mase también rupi-
capra.
BTniQU>o£a. Latín ibex, cuyo hh\a~
tÍYO es Íbice, la gamuza, especie de
cabía montés. (Plinio.)
Xbioenoo, ca. Adjetivo. El natu-
ral de ñúsa 6 lo qw pertenece i esta
isla.
Ibido. Adjetívo. Métriea, Pertene-
ciente ai Terso istcio dáctilo, como el
siguiente:
Ibice. Masculino. Ibico, poeta lí-
rico gríe^, que se cree inventó el
Terso íbicio.
Ibidem. Adverbio de lugar latino.
En castellano significa también, alli
mismo, en el mismo lugar. Q Palabra
latina que se usa para indícar'quc lo
que se cita se encuentra mencionado
en la cita precedente.
EtiuolooÍa. Latín i&idem; de ibi,
allí, é Ídem, lo propio: ibidbm discu-
bméñmtt allí mismo se acostaron; fran-
eéSf ibiiem*
Zbídeii. Adverbio de lugar, Ibi-
]>nr.
Ib|jo. Masculino. Omitologia, Ave
del Brasil, de la familia de los go-
rriones.
Ibiocéfalo, la. Historia natural.
Que tiene cabeza de ibis.
ETUíOLoofA. Ihia y el griego képka-
li, cabeza: franct-s, ibiocéphaíe.
Ibiracoa. Masculino. Zoología, Ser-
piente del Brasil mu^ peligrosa.
BnuoLOofA. Vocablo indígena: fran-
cés, ibiracoa. (Landais.)
Ulirama. Masculino. Zoología. Ser-
piente del Brasil muy grande.
BrutOLOoCa. Vocablo indígena: fnn-
eés, ibirama. (Landais.)
lUa* Femenino. Ave indígena de
Bgipto, de dos piés de altura, con el
pico muy largo jalgo encorvado. Las
hay enteramente blancas, y otras que
tienen el cuerpo blanco, las alas ne-
gras y la cabeza mezclada de encar-
nado y amarillo.
ETiMOLoaÍA. Griego t€ti (ibis): la-
tín ibis; francés y catalán, ibis.
^«Aia.*— 1. Se ha dicho que la ibis
se alimentaba exclusivamente de cu-
lebras, lo cual no es exacto. Se ali-
menta de serpientes, de moluscos y
de plantas fluviales, cuando están tier-
nas. (LiTTRÉ.)
2. También se ha dicho que rom-
pía loa huevos de los cocodrilos, como
si intentase extinguir la raza de di-
chos animales, cuya especie es tam-
bién fabulosa.
3. Esta ave tiene un pico muy ar-
queado y las piernas altas como la
grulla. Hay dos especies. (Hbbodo-
TO.)
4. En U orilla del Nilo nacen pá>
}'aros muj semejantes á las cigQeúas,
lamado8(¿w. (Bsunsto Latini.)
5. Omiíologla.—Sa el ibis religioso
de Guvier.
6. Historia antigua,— 'kfo sagrada
del Egipto.
7. Filología. — La forma etimológi-
ca es el griego f (phíbis )^ del egip-
cio oAií (Jib).
Ibitino. Masculino. Zoología. Ser-
piente grande de las islas Filipinas.
ETiMOLoaÍA. Vocablo indígena.
Ibizón. Masculino anticuado. Ju-
mento.
Ibn. Masculino. Esta voz, lo mismo
que ben 6 ebn, significa en árabe hijo,
y frecuentemente forma parte de nom-
bres propíos. Los musulmanes la re-
servan ordinariamente para ellos so-
los. Gl plural benon, beni, antepuesto
á un nombre propio, sirve para desig-
nar los miembros de una misma tri>
bu ó de una misma ñimilia entre los
beduinos.
Ibn-al-Abbar(.\Bu-ABnALLAH-Mi>
HAMHBn-BBN-AHMED). Biógrafo y poeta
árabe, nacido en Valencia en época
incierta y muerto en Túnez en lS60.
Después de la toma de Valencia por
Don Jaime el Conquistador, pasó á Tú-
nez, donde obtuvo un empleo del sul-
tán; pero como hubiera satirizado en
sus versos al emir Mostanser, fué que*
mado con sus obras. Las más notables
que dejd son: El manto de teda, colee-'
ci6n de los escritos de los príncipes y
nobles de Africa y España que se de-
dicaron á la poesía, y un diccionario
de los autores árabes de España.
Ibn-al-Khatib (Mohamhbd-ben-
Ahmed). Historiador y biógrafo his-
K ano-árabe, llamado Luican Eddyn, ó
;n^ua de la religión, que nació en
1313 y murió en 1374. Sus principa-
les obras son: Historia de los reges de
Gh-anada, y Biogra/ía de lo» escritores
de España,
Ibn-al-Katiah (Abubbkr^Mo-
hammbd). Lexicógrafo, gramático y
escritor árabe-hispano, que murió en
Córdoba en 978. Dejó una Historia de
la conquista de SspaHa por Us énAet,
qae, aunque bita de impardelidad.
encierra algunos datos por extremo
curiosos.
Ibn-Hayán (Abu-Mbbvi'Xn). His-
toriador árabe-hispano, que nació en
Córdoba en 987 y murió en 1076. Es-
cribió más de cincuenta tratados y
comentarios filosóficos y teológicos y
varias obras históricas, entre las que
deben citarse con preferenda las si-
f uientes: Libro del fue desee natteias
e la historia dt Sspañei, é Historia de
losjuriconsultos de Córdoba.
Ibn-Thofeil (Abu-Bbkr ó Abu-
Djafar-Mohahubd). Filósofo árabe-
hispano, que nació en Purchena, cer-
ca de Almería, y murió en Marruecos
en 1188. Fué médico y secretario del
gobernador de Granada, y después del
sultán Abd-al-Mumín.|Era versado en
física, astronomía, matemáticas y filo-
sofía^ su principal obra es la titula-
da: Hai Ibn YoAdhin, novela filosó-
fica, cuyo héroe, abandonado al nacei
en una isla desierta y criado por una
cabra, se eleva por grados al conoci-
miento de las más altas verdades, sin
otro medio que la reflexión y la con-
templación de sí mismo y de la natu-
raleza.
Ibn-Zeidún ( Abul-Weud-Ahmbd).
Poeta árabe-bispano, que nació en
Córdoba en 1007 y murió en Sevilla
en 1071. Se distinguió por sus talen-
tos poéticosy brillo en la corte del cali-
fa ommiada de Córdoba, Mohamed III
Mostakfí, cuya hija Welladet se ena-
moró del poeta; y como después de la
muerte de su padre manifestara sin
rebozo su pasión, uno de sus preten-
dientes, el visir Ibn-Abdús, hizo en-
cerrar á iBN-ZsiDtJN en una prisión, de
la que logró escaparse, refugiándose,
primero, en Valencia, y después en
Sevilla, desde donde mantuvo corres-
pondencia con sn amada y escribió á
su nombre un poema contra Ibn-Ab-
dús, que ha sido traducido y comen-
tado repetidas veces.
Ibón. Masculino. Provincial Ara-
gón. Cada uno de los lagos que se
forman de las vertientes del Piri-
neo.
Ibum. Masculino. Matrimonio de
una viuda con su cufiado, entre los
judíos.
Icaco. Masculino. Botánica. Gene-
ro de ciruelo pequeño que se cría en
las Antillas en forma de sarza. Su fru-
to es del taroaSo de una ciruela da-
mascena y muy dulce.
ETiMOLoaÍA. Vocablo ind^ena: fran-
cés, icaqne; catalán, icaco. — «Cierto
género de ciruelo pequeño, que se cría
en las Antillas en forma de zarza. Sus
ramas todo el año están cubiertas de
hojas pequt'ñas y prolongadas, y dan
dos veces al ano unas flores hermosas,
blancas y azules, á las cuales se sigue
un fruto del tamaño de una ciruela
damaseena, el cual, en estando ma-
duro, se vuelve do los coloros de la
flor. Es muy dulce y se trahe mucho
de las Indias en conserva, y la pepita
del tiene dentro una como almendra
muy sabrosa.» (AcADBuiA, DicciMa"
rio de me,)
loadas. Femenino plnzal. ÁntigU-
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6
ICAR
tUdei. Fiestas que celebraban lot epi-
cúreos en honor de Epicuro.
EnuoLOofA. Griego AkU (eikát)t
latín, leltdat; flraneéi, iatdet; catalán,
ícaá*t.
Jliilorié, — ^Bra el día TÍgésímo de
cada lana, significación de la toz del
artículo.
Icáreo, ea, á Icario, ria. Adjeti-
vo. Lo perteneciente & ícaro.
Btiholooía. ^earo: latín, teUrUu;
catalán, icáreo.
Icaria. Femenino. Geografía auíi"
yua. Pequeña isla del mar Egeo.
BtiuologU. /caro, aludiendo áque
fué el país eu donde Icaro eajó: latín,
TcMa. (Plinio.)
Icarianos. Masculino plural. Bit-
ioria ant^ua. Juegos celebrados en
Atenas, en honor de Icario j de sa
hija Erigona, que consistían princi'
Salmente en columpiarse en una cuer*
a colgada de dos arboles.
IcarioÜB. Femenino. Mitologia.
Sobrenombre de Peaélope, li^a de
./isano.
1. Icario. ICaseolino. Tientos he-
roieet. Padre de Penélope, mujer de
Ulises, j hermano de Tíndaro, rej
de Esparta, que obligó á los preten-
dientes de su hija i disputarla en los
juegos que les hizo celebrar. £1 padre
de Penélope era un lacedemonio noble
7 poderoso, qne habitaba en Esparta
cuando Ulises le pidió auhija, j que,
no pudiendo decidirse á separarse de
ella, pidió á Ulises fijase en Esparta
su residencia, peio inútilmente. Mar-
chó Ulises con su mujer é Icasio le
buscó para ^ue regresase á Esparta.
Entonces Uhses dejó á su mujer en
libertad para resolver j Penélope nada
respondió, sino que bajó los ojos j le
cnbriú con su velo. Icabio no iiuistió
mis; dejó partir á su hija é hizo eri-
gir en aquel sitio un altar al pudor.
2. Icario. Masculino. Tiempos he-
roicos. Hijo de (Ebalo, padre de Erí-
fona, contemporáneo de Paudión, re^
e Atenas, que aprendió de Baco el
cultivo de la vid j el arte de hacer
vino. Murió á manos de algunos que
creyeron que había envenenado á sus
vecinos v amibos con dicho licor;
pero los dioses íe colocaron entre los
astros, donde forma la constelación
Bootet. Es de advertir que las mujeres
de los que bebieron vino se sintieron
poseídas de un gran fnrorj qne no
cesó hasta que el oráculo onlend que
se celebrasen fiestas en honor de
Icabio. Estas fiestas, que fueron los
llamados juegos icímanot, consistían
en balancearse en una cuerda ó co-
lumpio que se sujetaba á dos árboles.
Mera, una perra de Icario, descubrió
a Erigona el lugar en que estaba se-
pnltado, j Erigona se ahorcó de un
árbol. Júpiter convirtió á Icabio en la
constelación Bootes ó Borero; á Eri-
gona, en la constelación Virgo, y á la
perra Mera, en la Canícula.
Icario, ria. Adjetivo. Icíbbo.
Icaro. Masculino. Mitología* Hijo
de Dédalo, que dió nombre al mar
Bgeo por habar caído en él, huyendo
de Oiet» ooB «aaa alas pegadai oon
ICNE
cera, la cual se derritió. (Caballbbo. )
Etiuolgoía. Griego 'Ixápo^ (Iká»
ros): latín, IcÜnu; francés, Icaro; ca-
talán, Icaro,
Reseña. — Hijo de Dédalo que, que-
riendo escapar de! laberinto ae Creta,
donde estaba cautivo, se remontó á los
aires valiéndose de alas formadas con
plumas unidas eon cera; pero habién-
dose elevado demasiado, el calor del
sol la derritió y cayó en aciuella parte
del mar Egeo que después se llamó
mar icariano. Según otros, Icaro pudo
ser cierto navegante que pereció por
querer servirse de la vela, inventada
poco antes por Dédalo. (Véase Dú-
dalo.)
Icástico, oa. Adjetivo. Natural,
sin disfraz. (Caballero.)
EtdcolooU. Gri^o tbu&« (eH^n),
efigie, simulacro, imagen: naneás,
ieatíique.
Reseña. — 1. Aplícase i la ^esía
que forma imagen, en cuyo sentido se
dice: pot$ia icJíItioa.
2. El griego tiis» no significa so-
lamente la imagen exterior, sino la
imagen concebida en la mente; 'esto
es, la imagen psicológica.
Icelo. Masculino. Mitología, Uno
de los Sueños, hijo de Morfeo, el mis-
no que Fobetor.
Icenos. Masculino plural. Anti-
guoB habitantes de un territorio de la
retaüa romana.
EriMOLoafA. Latín Idni. (Tícito.)
Iciar (Jüah). Gramático y calígra-
fo español, que nació en Durango
en I5o0. Era profesor de idiomas y
un buen dibujante, dejando una obra
titulada: Ortografía práctica ó arto de
escribir.
Icica. Femenino. Qaisijca. Besina
que se extrae del ieieariba.
Etimología. Lenguaje técnico, ici*
OA aracowhini,
Ieieariba. Masculino . Botánica,
Arbol resinoso del Brasil.
ErmoLOolA. Vocablo indígena,
Icipo. Masculino. Botánica. Arbol
trepador del Brasil.
Iciquero. Masculino. Botánica. Ar-
bol de la Guyana.
Etiholooía. Francés idqnier,
Icmadófllo, la. Adjetivo. Botáni-
ca. Epíteto de las plantas que crecen
en lugares húmedos.
STiMOLoaÍA. Griego Uffcic, U|tiSo^
(ikmás, ikmádosjt humor, vapor, y
pkílas, amante.
Icnanto, ta. Adjetivo. Botánica.
Epíteto de las plantas cuyaa flores son
estriadas.
ExiMOLoaÍA. Griego ij^vo? (icknosj,
huella, y ánthos, flor.
Icnea. Femenino. Mitología. So-
brenombre de Temis y de Nemesis.
Btucolooía. Griego Eyveút» ( tchncúd ),
yo persigo: francés, Ichnaa.
Icneumógeno, na. Adjetivo. Que
engendra icneumones. \ Que es pro-
ducido por el icneumón.
BTUioLoaÍA. lauúmon y genoSf pro-
le: Ij^VEtSjlblV 7¿voc.
Icaenntogenosis. Femenino. Me-
dieim. Enfermedad producida por la
inenbaeión de los husToa del leneu-
IGON
món, depositados en los tejidos vege-
tales ó animales.
IÍtiuolooía. lenewtu^eno.
Icneumologia. Femenino. Suto-
ria naiwal. Tratado sobre loa icneu-
mones.
Etiuolooía. leneémdn y lógot, tra-
tado: l;^vcú[u«v X¿yoc.
IcneumÓD. IbscnÜno. Zoología.
Mamífero carnicero del género gato,
parecido i una marta. ¡ Entom>U)gia.
Género de insectos himenópteros, que
agujerean el cuerpo de la oruga para
deponer sus huevos.
EtiholgoÍa. Griego ickneúmon
(l^veiifui»); de ichnoiiio (Ixvcóu), seguir
la pista, forma verbal de ichnos, traza:
francés, ic^^amon; catalán, icn^mon.
IcneamoniuM. Adjetivo. lointu-
UÓNIDO.
Icneomónido, da. Adjetivo. His-
toria natural. Parecido al icneumón.
EnuoLoof A. Icnoúmon y éidoc, for-
ma.
Icneamonio, aU. A^jetiTo. Ic-
NBUUÓNIDO.
Icniógntfo» loHÓOBAio. La forma
iaüógrajoj qne apaieoe en algunos
Dieaonarios, es buhara.
Icno. Prefijo técnico, del griego
t^vcK (ichnos), traza, figura, represen-
tación, apariencia.
Icnografia. Femenino. Arqnitectn-
ra. Delineación de la planta de algún
edificio.
BTiuoLoaÍA. Griego icknos, traza,
y graphñn^ describir: francés, icAtie-
graphie; catalán, icnografía.
Icnográfico, ca. Adietivo. Lo que
pertenece á la icnograna, 6 está he-
cho según ella, en cuyo sentido se
dice: plano icnoqbXpico; disoño icno-
gráfico.
ETiHOLOaÍA. Francés icinographi-
qw. catalán, i^Mgráñch, ea.
Icn^rafo, fa. Masculino y feme-
nino. Didáctica. Autor cuyas obras
consisten en figuras.
Etimolooía. Icnografía:X-ri^'^^o<i
(ichnos aráphos); francés, icKnograpne,
Icnologia. Femenino. Pintura y
escultura. Representación de las virtu-
des, vicios ú otras cosas morales ó na-
turales, con la figura ó apariencia de
personas.
BnuoLoaÍA. Griego ichnos, traza,
y légos, discurso: fx^o; Xóyoí.
Icnozoario. Masculino. ZoológUi.
Ser que sólo tiene rudimentos de ani-
malidad.
BruiOLoaÍA. Griego icAaes, traca,
y tSárion, animalejo, diminutivo de
zdon, animal: tjiywi (wd^iov.
Icoglán. Masculino. Paje Aú ae-
rrallo.
BriHOLOofa. Toreo itch, interior, y
oghlan, paje: ítch-oghlan (^j/)^ gl),
«paje interior;> francés, icogla*.
Icónico, ca. Adjetivo. Antigüeda-
des griegas. Estatua icónica. Esta-
I tua que se erigía al que había sido
vencedor tres veces en los juegos aa-
' grados. | Didáctica. (Conforme al mo-
delo.
BnuoLOoia. Icono: griego sUovtxóc
1 { 9ÍkMiÍkd$)¡ firaneési ieomgve,
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ICON
ICOR
ICTE 7
jSm/irfff ííÍBWÍíí^.— Llamóse ítU-
/M icÓNiCÁ» porque en de tamaño
natanl; esto es, semejante ti modelo.
Iconismo. MascuUao. Didáctica.
Representación figurad» 6 simbólica
dei pensamiento.
BTiMa>oa£iL. Ícom.
Icono. Masculino. Imagen, retrato.
BruoLoeÍA. Griego tbu¿> (etkon),
imagen: latín, iem, %c&n%»; catalán an-
tiguo, ico%.
Iconoclasmo. Mascolino. Doetxina
di los iconoclastas.
BTiHOLoaf A. JcomocUuia: ftances,
iconocUumí.
Iconoclasta. Adjetiro. Historia
tcletiátíiea. Hereje que niega el culto
debido i las sagradas imágenes. Se
usa como sustantivo.
BriHOLoaÍA- Griego iIxovoxX¿mi{
(eikonokUttes), despedazado? de imá-
genes; de ntí», figura, j iláo, jo
rompo: feaneéa, ieMoclaiU; catalán,
JÍMfÜa^l. Los lOOMOCLASTAS, á
imitación de los sarracenos, acusaban
á los cristianos de idolatrf a. (Bosstmr,
ñktñre, i, ít.)
% Bata herajia fué condenada en el
Concilio de 787, adonde el Papa envió
IOS liados,
3. El iconoclasmo apareció en el si-
glo vm jr fué seguramente una de las
sectas más terribles de los tiempos
medios. La historia nos conserva el
nombre de: pertecueián zconoclasta.
4. Los hiwoliotes se hicieron nota-
bles por stt raror contra las imágenes
divinas.
5. Los rosos eran ponto menos que
lOONOCLASTAS, SO tanto que los mos-
covitas exageraron el coito de las san-
tas imágenes, hasta convertirlo en
idolatría. (Comdb ds Sboub, Hút. de
Nm., VJ, L)
o. Confirman las noticias anterio-
res los datos siguientes: Secta cujo
origen se hace remontar al año 485, en
tiempo del emperador Zenón. Consi-
deraban como una idolatría el culto
de las imágenes, jrdestrureron un sín<
número de estatuas. Su doctrina, que
el emperador León el Itauriano hizo
aprontr en un Concilio habido en
Constantinopla el afio 730, fué coiid&<
□ada por otros Concilios, en 787 y
en 842, j no tardó en desaparecer. Su
herefía entrañó, por decirlo así, la in-
surrección de Italia contra León el
ItamianOf la formación del poder tem-
poral de los papas, j, por tanto, la
restauración del impeño romano en
Occidente. Es la misma, en su ma^or
parte, que reprodujeron los valden-
ses, los albígenses, los hussitas y los
protestantes del siglo xvi.
Iconódulo, la. Masculino. Ioonó-
loonófllo, la. Adjetivo. Didáctica.
Amante de las imágenes j pinturas.
I Conocedor en cuadros.
EniioLoaÍA. Griego eikS», imagen,
J phUoSj amante; »bu¿v <p(Xoc: francés,
icQiupkile^
Icánografia. Masculino. Ionooba>
FÍA. I Tratado ó colección de imágfr-
QM o latntos.
EriiíOLoaÍA. Griego eikon, imagen,
figura, y graphñn, describir: catalán,
icono^rajla; francés, icwographie; la-
tín, tcimogrSphia.
Iconogrificameate. Adverbio de
modo. Según los preceptos iconográ-
ficos.
BnuoLOOÍA. Iconográfica j el su^o
adverbial mente.
Iconográfico, ca. Adjetivo. Con-
cerniente á la iconografía.
EnMOLOofA. leonogra/ia: trancés»
iconográjick, ca.
Iconógrafo, fa. Masculino y fé-
meniao. versado en iconografía.
ETiuoLoafA. Iconografía: griego,
ebuüv ypÁftú; francés, tconograpKe.
Iconólatra. Masculino j femenino.
Adorador de imágenes.
EtiuologIa. Griego tUtiít (eikdnjf
imugQQ, jXazptlaflatreíaJ, adoración:
francés, tconotátre; catalán, ieonélatra.
Iconolatría. Femenino. Adoración
rendida á las imágenes,
Btikolooía. Joonílatm fnaoés, *»-
nol&trie.
Iconología. Femenino. Ár^ueolo-
gia. Ciencia que tiene por objeto el
conocimiento de las imágenes, pinta*
ras. emblemas, etc.
BTiifOLoafA. Griego slxoveXoyla ( ei-
konologia); de «tAñi, imagen, j lógost
tratado: catalán, iconología; nances,
iconologie.
Iconológicamente. Adverbio de
modo. Conforme á la iconología.
BnuoLoafA. Iconok^iea y el sufijo
adverbial mente,
Iconológico, ca. Adjetivo. Con-
cerniente á la iconología.
ETiuoLoaÍA. Iconoloigia: firancés,
iconokgiqne.
Icon¿logo, ga. Masculino y feme-
nino. Versado en iconología.
EtiuolooÍa. Jcme/fjrífa: francés,
ieonolegitíe,
Icon6maco. A4jetiT0. Iconoclas-
ta.
ExMOLoalA. Griego mAm, imagen,
y mache, combate; AxMo^Á¡(p^; fran-
cés, iconomaqne; catalán, iconómaco.
Iconomania. Femenino. Manía por
las imágenes.
EnuoLoafA. Griego eikdn, imagen,
y manía, furor: francés, iconomanu.
Iconomanáaco, oa. Adjetivo. Que
tiene iconomanía.
Iconónuno, na. Adjetivo. Ic<aio-
HANÍACO.
IconoBtaali. Femenino. Iglesia
grÍMa. Gran retablo de santos.
Etiuoloqía. Griego stxuvovriatc
(eikdnostásis); de eii^n, imagen, 7itó-
sis, situación: francés, ieonottase.
Iconóstrofo. Masculino. Física.
Instrumento óptico que sirve á los
grabadores para copiar los modelos.
Btimoloqu. Griego eikdn, imagen,
;f ttr^hein (<npí^iv), girar: francés,
icOMStrophe.
Icor. Masculino. Medicina. La san-
gre aguanosa, mezclada con pus acre
fétido, producto de una inflamación
e mal carácter. | Mtíologia. Líquido
que corre por las venas de los dioses,
como corre la sangre por Isi venas de
los mortales, (üokbbo.)
BniioLoafA. Griego íjiof (ichor):
francés, ichor.
looroides. Adjetivo. Ico&osü.
Icoroso, sa. Adjetivo. Medicina.
Lo que participa de la naturaleza del
ícor ó se refiere s él, en mjo sent^o
se dice: pus icoaosc
BTiuoLoaÍA. Icor: francés, íciitffvitil.
Icosáedro. Masculino. Qemotría,
Cuerpo regular, termtmado por veinte
triángulos equiláteros.
BTIHOLOaÍA. Griego sbcoaduSpc^
(eilotáedros); ¿mat (eikosi), veinte,
j SSpa (e'dra), cara: francés, icosaédre.
Icosandria. Femenino. Botánica.
Clase de plantas que comprende Uíí
^ue tienen veinte estambres adheridos
a la pared interna del cáliz.
Etiholooía. Griego elkosi, veinte,
y aner, macho, estambre: francés, ico-
sandrie.
Icosittdríco, ca. Adjetivo. Con-
cerniente á la icosandria.
EtiuolooÍa. Icosandria: ¿ranees,
ieosandrigue,
Icosandro, dra. Adjetivo. Botáni-
ca. Planta icosandra. Hanta que
tiene veinte ó más estambres insertos
sobre el cáliz, á diferencia del pcdian-
dro, que loi tiene insertos sobn el re-
ceptáculo.
BnuoLOk.V ^fosandHé:ftaaíOi6á,üo-
sandre.
Icosaprotia. l<6monÍQo. Historia
anUgna, Dignidad del ícosaproto.
mwoLoaÍA. Griego kxo7i (eíkosijj
veinte, y itpüno^ (próíosj, primero.
Icosaproto. Masculino. Nombre
de cada uno de los veinte priaisroB
ciudadanos de una población gfi^a,
bajo la dominación latina.
EtiuolooÍa. Icosapretía.
Icosigono, na. Adjetivo. Didáap'
es. Que tiene veinte ángulos.
EtiuolooÍa. Griego eíkosi, veinte,
j gonot, ángulo; itxon yuiviK: francés,
teosigone.
Icotea. Femenino. ¿Zoología. Cua-
drúpedo semejante á la tortuga, dt3
piernas cortas j pies palmeados, quo
vive naturalmente en lus bosqui^s,
manteniéndose de las hojas de los ár-
boles; y después de cogido se man-
tiene sin dificultad en estanques.
Ictérapo, pa. Adjetivo. Zoología.
Que tiene amarillas las piamas o las
patas.
Btimolooía. Ictero y jreSs, pie.
1. Icteria. Femenino. cWleiW
eia. Género de pájaros tilnoos de los
£stados Unidos.
EtiuolooÍa. Icteria 2.
2. Icteria. Femenino. Piedra pre-
ciosa amarilla, que dicen ser buena
contra la ictericia. (Plinio.)
ETiuoLoaÍA. Jctero: griego iKXíp'-.ac
(iiíerías); latín, ietMas; ca.UkUu, icte-
ria.
Ictericia. Femenino. Medicina. £n<
fermedad causada por la falta de ex-
creción de la bilis, ó de su libre curso
por el duodeno, y cuja señal exterior
más nerceptible es la amartll» de la
piel de las conjuntivas.
EtiuolooÍa. 1. Griego fimpoc ^ito-
rosjt color amarillo: origen iguoiado.
(LittbA.)
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8 IGTI
IGTI
ICTI
2. Iktero$ se deriva de ikíit, cierta
comadreja que tiene los ojos amari-
llos, ó de (kttrotf oropéndola, ave que
tiene el plumaje en ^an parte ama-
rillo. (MONLAU.)
3. Iktis é íkieros son el mismo vo-
cablo de origen: catalán, ictericia;
francés, ictire, ictericie.
Ictericiado, da. Adjetivo. Medici-
na. Kl que padece ictericia.
E-miOLOOÍA. Icíericiarse: catalán,
ictericiat, da.
Ictericiarae. Raeíproco. Cootiaer
la ictericia. (GABáLLBso.)
Ictérico, o«. Mediám, Adjetivo
que se aplica al qne tmdeee ictericia j
M pwteseciente & ella.
BTiMOLOafA. Ictericia: griego, Ixxe-
ptxóí (iklerikós); latín, icl^rícus; fran-
cés, ictérique: catalán, ictérich, ca.
Ictericoides. Adjetivo. Afedicina.
Epíteto de la calentura complicada con
ictericia.
Etimología. Icterode.
Icterino, na. Adjetivo. Medicina.
Kpíteto de la calentura complicada
con ictericia.
lotero. Prefijo técnico, dol griego
txwpoc (íkterot), amarillo.
IctérocéfÍRlo, la. Adjetivo. HisUh
ria natural. De cabeza amarillenta.
BmKHAaU. Griego íHm», color
amarillo, j képhali, cabeza: francés,
icttrocépkaU,
Icterode 6 icterodes. Adjetivo.
J/ifí/íciíia. Ictérico ó ICTERINO. || Nom-
bre que dan alguuos médicos á la fie-
bre amarilla.
Etimología. Griego iKieptúSijí (ikte-
rodes }; de ikt»99, couiT amarillo: fran-
cos, icterode.
Icteroide ó icteroidw. Adjetivo*
IcTdRICO, lOIBRIMO.
loteroldAO, dMu Adjetivo. Ictb-
BIHO.
Icterómelo, la. AdjetiTO. ffistoria
Mterof. Que presenta uña meiola de
amarillo j negro.
Btimolgoía. Griego íkígros, amari-
llo, j meías, negro: txTtpo; [liXac,
Icterdpodo. IcTÉBAPo.
Btuología. Ictérapo: francés, ict¿~
ropode.
Icteropso, sa. Adjetivo. Historia
natural. Uujos ojos son amarillos, ó
estiín rodeados de una faja amarilla.
Etimología. Griego íkieros, amari-
llo, y óptis, vista: i'xxepoq o^»i.
Icteróptero, ra. Adjetivo. Oniiüh
logia. De alas amarillas.
BwiíOLOaÍA. Griegj íkieros, amari-
llo, y pteróñ, ala: fxisp<n ircepóv.
Icteroto, ta. Adjetivo. Ristoria
MHmtL De orejas amarillas, ó eeroir-
das de una amsx^la.
BnuoLoeia. letmj oítB, íii$ (eic»
m6()f oído.
Ictiaco, ca. Adjetivo. Concernien-
te á los pescados.
Etimoi.oiíía. Icíio: grieg-o, i^^Oyixóq
(ichlhi^ikós); francés, tdtthijiqne.
Ictico, ca. Adjetivo. luriAuo.
Ictidia. Femenino. Zoología. Ge-
nero de mamíferos caraíeñoa*
BTUioLoaÍA. Ictio.
Ictídino, na. Adjetivo. Zoología.
Concomiente ó análogo al ictidion.
Ictidion. Masculino. Zoohgia, Gé-
nero de gusanos infusorioa.
BriuoLoaía. Ictidia.
Ictido, da. Adjetivo. Zoología.
Análogo ó concerniente á la ictidia.
II Masculino. Ictidia.
Ictidon. Masculino. Ictidion.
Ictinia. Femenino. Ornitología. Es-
pecie de ave de presa de la Guajana.
Etimolgoía. icíio.
Ictio. Prefijo técnico, del griego
l^Bii»; (ichtkys), pescado.
Ictiocentauro. Maseulino, Mitolo-
gía, Nombce que solfii dañe á los tri-
tones.
EnuoLoaía. leiio j eenfauro.
Ictióofda. Femenino. Cola de pes-
cado.
Etimología. Griego l^^fluoxóXXa (ick-
ihyokóUa); de ichtkys, pescado, y kól-
la, cola: francés, icnthgocolle,
Ictiodes. Adjetivo. Bisíoria natu-
ral. Parecido á un pescado.
EtiuoloqÍa. Ictto y éidott forma:
francés, ickthyofde.
Ictiodonte. Masculino. Icttologia.
Sinónimo de glosopetro.
ExuiOLoaÍA. Griego ichikjfif pesca-
do, y diente: francés, iekthyo-
donte.
IctiodMdlito. Masculino. Ictiolo-
gía. Gruesa espina huesosa fiSsil, que
parece haber pertenecido á la aleta de
varios pescados,
Etimolooía,. Griego ichthgs, pesca-
do; di)rg, lanza, y Uihotf piedra-, l^Oú^
Sóp XtOoi;: francés, ickthyodorglithe.
Ictiofagia. Femenino, Costumbre
de alimentarse de pescados,
Etimoldoía. Griego ichthi/t, pesca-
do, y pAagein, comer: francés, iehthyo-
phagie.
tctiófago, ga. Adjetivo. Bl que se
mantiene de peces. || Sustantivo plu-
ral. Loa lOTIÓPAGOS.
ETiuoLoaÍA. Ictiofagia: griego,
ív6uoT>á-pc (iohihyophágia); francés, tch-
thyophage; cataían, ictiófach.
Ántropologia, — Aplícase á los pue-
blos 6 razas que se alimentan de pes-
cados, en cujo sentido se dice: p%e~
bloS ICTIÓFAQGS.
Rcssiia histórica. — Nombre que los
antiguos dieron á algunos pueblos,
poco conocidos, de las costas de mar.
Contábanse cinco clases, á saber: 1.',
etiopes, que Ptolomeo coloca en el ex-
tremo Oriente, en el país de Sines, en
las costas del Gran Golfo (golfo de
Martabán ó do Siam); 2.', gedrotianot,
que habitaban la costa de la Gedrosia,
en el mar Eritreo; 3.', árahet, en la
costa Norte de la Arabia Feliz, á lo
del golfo Pérsico, desde la en-
de este golfo hasta el promonto-
rio del Sol (cabo Ras-el-Had), 4.*, tro-
stoditas, en la costa Oeste del mar
flojo, á lo lar^o del río del alto Egip-
to j de la Etiopía, hasta el estrecho
Diré (Bab-el-Mandeb); y 5.', occiden-
tales, que Ptolomeo coloca en la costa
( tosté de! Africa, en una posición que
parece referirse al moderno país del
tíenegal.
Ictiófilo, la. Masculino y femeni-
no. AiiL-iuiiado al pescado.
BtiuoloqU. Gnego ichthys, pesca- i
do, y philos, amante: francés, ichthyo-
phyíe.
Ictiografía. Femenino. Zoología.
Descripción de los pescados.
Etimología. Icíio y graphein, des-
cribir.
Ictiógrafo, fa. Masculino y feme-
nino. Versado en ictiografía.
Etimología. Griego Í^Oú^ ypátpw
( ichthys gráphd).
Ictioíites. Masculino plural. Ictio-
logía. Peces petrificados, ó piedras en
que se hallan impresas figuras de pe-
ces.
Btiuología. Ictio y Uthos, piedra:
txBiíc XtOoc (ichthys lithot).
XctioUto. Masculino. letíologia.
Pescado fdsil.
Etiuolgoía. Ictiolitet.
Ictiolitologia. Femenino. Ictiolo-
gía, Estudio ohistoria de los pescados
fósiles.
ExuioLoaía. IctioUto y l^oi, tra-
tado.
Ictiología. Femenino. Ciencia que
trata de los pescados.
Btiuología. Ictio y Idgoi, discurso,
doctrina; tjtftuoXoYÍfií' iehtkyología J:ttaa-
cés, ichthyologie; catalán, ictiología.
Ictiólogo, ga. Masculino y feme-
nino. Versado en ictiología.
BTiMOLoafa. Jetiol^ia: francés,
iehthyologisíe.
Ictiomancia, Femenino. Antigiiíe-
dadet, Adivinaeién por el examen de
las entrañas de un pescado.
Etimología. Ictio y mantetat adivi-
nación: catalán, ictMmáneU; francés,
ichthyomancie.
Ictiomórflco, ca. Adjetivo. Histo-
ria nat%ral. Que tiene forma de pes-
cado. (Caballero.)
Btimolooía. Jctiomorfo,
Ictiomorfo, fri. Adjetivo. Didácti-
ca, Que tiene forma de pescado,
ErniOLOofA. Ictio y morpki, forma;
t^6t><; (topf ij : francés, iekthjfomorpke.
Ictiopsofosís. Femenino, /etiolo-
gía. Ruidos que el pescado produce,
atribuidos á los músculos de la vejiga
pneumática.
Etimología. Ictio y ptdpkot» ruido;
l^6ú; <^óffQ^, cruido de pescado:» fran-
cés, ichthyopsophote,
Ictiosarcolita. Femenino. Conqui-
liología. Género de concha fósil y mul-
tilocular.
Btimología. Ictio, pescado; tárx,
carne, y líthos, piedra: í^Oú^ <iáp£ Xífti^,
Ictioaauriano, na. Adjetivo. Zoo-
logia. Parecido á un ictiosauro.
EriHOLoaÍA. letiotauro: francés,
ichthyotaurim.
Ictiosauro. Masculino. Zoología,
Género de reptiles escamosos.
Etimología. letio y uniros, lagarto:
francés, ichthyosanre.
Heseña.^hos ictiosauros (tx^úq
ffaüpot;) pertenecen á las épocas anti-
diluvianas.
Ictiosis. Femenino. Medicina. En-
fermedad cutánea que consiste en la
erupción de escamas.
Etimología, /dio: francés, ichthyose.
Ictiospóndilo. Masculino. Ictiolo-
gía, Vértebra fósil de pescado.
1 Etimología. Griego ichihg$t pesca-
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IDAG
IDEA
IDEA 9
do, j[ tp6ndyU$i "(*ví»X*<: fran-
cés, ichtkyoipoñd^U.
Ictás. Masculino. Zoología. Especie
de marta de la isla de Gerdeña.
BnuOLOaU. Griego heM (UtitJ: la-
tía, klút ietÜitt U eomadnja. (Pu-
mo.)
IcUU. Femenino. Minenlofia.
Piedra qae tiene una eaTÍdad pareci-
da & un pescado.
EtiuoloqU. Icíic j el sufijo de his-
toria natural ita, formación.
Ichal. líasculíno. El campo 6 te-
rreuD cubierto de icho.
Ichara-muii. Masculino. Espe-
cie de raíz con que los orientales
nielen corar la mordedaia de la ser-
piente.
Icho. Masculino, Iohú.
Ichú. Masculino. Especie de heno
que se cría espontáneamente en las
partes altas del Peni, y sirve de ali-
mento á las llamas j dem&s cuadrú-
pedos de au especie, j delcombustible
para las minas.
HtmoLoaÍÁ. Voea&hperuaiu,
1. Ida. Femenino. SI acto de ir de
un lugar & otro, f] Metáfora. Impetu,
prontitud 6 acción inconsiderada é
impensada; y así se dice: tiene Fulano
noas iDjis notables. || Stgrina. Aco-
metimiento que hace el uno de los
competidores al otro después de pre-
seutar la espada. || Montería. Señal 6
rastro que hace la caza en el suelo con
los pies. Q y vbnida. Locución. Parti-
do o oonrenio en el juego de los cíen-
tos, en que se fenece el juego en cada
mano sin acabar de contar el ciento,
pagando los tantos i^iin las calida-
des de ¿1. I En o08 idas t vihidas.
Locución familiar. BreTomeate, con
prontitud. \ La ida, del buho. Locu-
ción con que al irse alguno ae da á
entender el deseo de que no vuelva, 6
el juicio que se hace de que no volve-
rá. I No DAB ó NO DBJAB LA IDA POR LA
VENIDA. Frase que explica la eficacia
j viveza con que alguno pretende ó
solicita alguna cosa. D Ida t tbnida
roa OASA DB m tía. Refrán en que se
reprenden las falsas razones con que
algunos cohonestan sus extravíos par-
ticulares.
BtiuolooU. Latín it%$, itii, forma
de iíum, supino de tr«, ir.
2. Ida. Femenino. Geografía aníi-
^.Monte famoso de UTroade. | Otro
de Frigia. | Nombre de mujer; ma-
dre de Níso. <ViBOiLio.)
BmioLoola. Griego 1&) (2d9): la-
tín, Ida, /de.
3. Ida. Masculino. Mitología y geo-
graJU. Cadena de montañas que atra-
vesaba á Creta en toda su longitud.
Según la fábula, allí fué Júpiter ro-
bado por los dáctilos, j equivale al
moderno Psiloriti. El monte Ida es
famoso también por el célebre juicio
de París, j estuvo consagrado á Cibe-
les. I Nombre de una bija de Darda-
Qo, rer de los escitas.
1. idacio. Prelado español, ape-
llidado el Iluitre, ijue nació en la pri-
mera mitad del siglo iv v murió por
los afiot de 392. Siendo obispo de Mé-
ridt, se Múaló por el ardor con que
persiguió, en unión de Itacio, obispo
de Ossobona, al heresiarca Priscilia-
no j á sus sectarios, contra los cuales
escribió con el títalo Apologeíiaa
una obra, hoj perdida.
2> Idacio. Cronista español, obis-
po de Chaves, en Portugal, que mu-
rió hacia el afio de 468. Fué enviado,
en 431, cerca del general Meció, para
reclamar socorros contra los suevos,
que en 461 le privaron de su arzobis-
pado. Dejó una Crónica que empieza
en el año 379 y acaba en el 468.
Idade. Femenino anticuado. Edad.
Idalia. A.djetivo femenino. Mitolo-
gía, Sobrenombre de Venus.
ETiuoLoafA. Latín Jddlía. (Ovidio.)
Reseña,— hX&raÓBt Idalia, aludien-
do á que el monte Idauón, de la isla
de Chipre, le estaba consagrado, así
como la ciudad de Idaua, en la pro-
pia isla.
Idaliano, na. Sustantivo v adjeti-
vo. Natural y propio de Idalia, anti-
gua ciúdad de Chipre.
EtucolooÍa. Latín idUUus. (Via-
oxuo.)
Idalio, Ha. Idaliano.
Idalio. Masculino. Mitología j geo-
grafía. Monte de la isla de Chipre,
consagrado á Venus.
Iduión. Masculino. Mitología j
geografía. Ciudad de la isla de Chi-
pre, consagrada á Venus. El oráculo
había ordenado á Calcenor levantar
una ciudad en el punto donde viera
Sonerse el sol: j habiéndolo visto uno
e los que le acompañaban, desde la
falda de una alta montaña, fundó una
ciudad que llamó Idalión, de dos pa-
labras griegas que significan: vo he
vitt» el $ol. El monte se llamó /salta,
Idalo y también Idauón, como la ciu-
dad.
Idano, na. Sustantivo y adjetivo.
Natural ó propio del monte Ida.
Idas. Masculino. Uno de lo> argo-
nautas. (VmaiLio.)
Btiuoloqía. Latín Idas.
Idat. Femenino anticuado. Edad.
Idbaro. Masculino. Ictiología, Pes-
cado del género ciprino, que se en-
cuentra en casi todos los lagos sep-
tentrionales de Europa.
Idea. Femenino. Piieología y lógi-
ca. La primera y más obvia operación
del entendimiento, que se limita al
simple conocimiento de alguna cosa.
Llámase también percepción. O Ima-
gen ó representación que en el alma
queda del objeto percÍDido. || Plan y
disposición que se concibe en la fan-
tasía para la formación de alguna
obra; como la idea de un sermón, la
idea de un palacio, etc. B Intención 6
ánimo de hacer alguna cosa; y así se
dice: tener ioba, llevar idba de casar-
se, robar, etc. |j Ingenio, talento para
disponer, inventar y trazar alguna
cosa. II Modelo, ejemplar. || Familiar.
Manía ó imaginación extravagante.
Se usa más comunmente en plural. Q
Opinión ó concepto de alguna cosa,
n Plural. DI Platón. Según este ñló-
sofo, eran los ejemplares perpetuos é
inmutables qae hanía en u mente di-
vina de todfts lu cosas oríadM. H pla-
tónicas. Sutilezas singulares 6 sin
sólido fundamento, j por eso diffciles
de practicar,
Btiuoloqía. Griego tSiot (idéa): la-
tín, yUa; italiano y catalán, idea;
francés, idée.
Sentido eHmolégieo,—\, El griego
idéa representa ráMi, como el verbo
erSstv (Ádein)fiá.wtt representa vit^iii,
equivalente al latfn vufór», ver.
2. Esta gran serie del lenguaje se
deriva del sánscrito vú¿, que tiene la
misma significación.
3. Ateniéndonos al espíritu de la
raíz, IDBA vale tanto como vista del al-
ma, y difícilmente podría imaginar-
se una definición más sabia j más
bella.
4. La palabra idea suele tomarse
en el sentido de discurso, como cuan-
do decimos: se UB hjl pubsto en la
IDBA TAL ó CUAL COSA, frasc equiva-
lente á si dijéramos: sb ub ha pubsto
TAL COSA BN BL JUICIO, EN EL ENTEN-
DIMIENTO, BH LA MBNTB.
5. También se emplea en diferen-
tes locuciones, verdaderos modismos
de familia, como cuando se dice: ¡quí
IDBaI, ¡valiente idea!, {VAYA UNA
idbaI, para dar á entender que cual-
quiera ha tenido una ocurrencia ex-
travagante.
6. Nada más comtin que oír decir:
DEJAR X CADA ITNO CON SU IDEA, para
significar que cada hombre tiene su
tema ó su capricho, v que no convie-
ne contrariarle en tales propósitos.
7. M¿S PUEDE UNA IDBA QUB UNA
POLEA. Dicho sentencioso.
SiHomuiA. — Idea, nocid». La nocid»
es una idea imperfecta y vaga; es el
rudimento de la idea. La »od(kt ss con-
vierte en idea por medio de la aten-
ción. La lectura rápida de ana obra
no da más que nociones sobre su con-
tenido. No es éste el modo de adqui-
rir ideas. (Moba.)
Ideado, da. Participio pasivo de
idear.
ExiuoLoaÍA. Idear: catalán, ideat,
da.
Ideal. Adjetivo. Lo qae es propio
de la idea ó jierteneeiente á ella. | Lo
que no es físico, real y verdadero, sino
Sue está puramente en la fantasía. |
BLLBZA IDEAL. Pintura , eiculínra y
poesía. La que no está copiada de nin-
gún ser real, sino de la reunión ima-
fiuaria de las perfecciones parciales
e varios.
ETiuOLoaÍA./i^a: latín, ideSl^; ita-
liano, ideaie; firanoés, ideali catalán,
ideal.
Metáfora.—l, El ideal ó bl bello
ideal; el bien supremo que uno se
propone realizar en este mundo.
2. El dechado ó modelo de una doc-
trina, de un partido, de una ag^ru^-
ción, de una escuela, en cuyo sentido
se dice: «la perfectibilidad del ser
humano es el magnifico ideal de la
escuela cristiana.»
Idealidad. Femenino. Cualidad y
estado de las cosas ideales. | Filoso*
fia. Término contrario de realidad. |
Metafísica, Disposición del espíritu
humanOi que tiende á vei las cosas en
TOMO Ul
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10 IDEA
IDEM
IDEN
el terreno de la abstraedón, eonside-
ránd(d«i bajo un earáoter puramento
ideal. La xdzaudad w el resultado
del arbitrio que tiene el alma do g»-
ner^izar sai conceptos por medio de
la reflexión. } Plural. Idealidades;
aiatfnimo de imas^naciones.
BTiil(».oa£A. Ideal: italiano, ideali'
íá; fnucéa, idealité; catalán, idealiíat.
Idealismo. Masculino. Filosofía.
Sistema que pone en la razón del
hombre el origen délas ideas. || Bellas
artes. Aptitud del artista, orador, poe-
ta ó cualquiera persona, para elevar
sobre la realidad sensible las cosas
que describe ó representa.
BmiOLúaU.itkra/: italiano, idealis-
mo; francés, idéalitme; catalán, idealis-
««.—El desarrollo de la jos dal ar-
^mlo exige que ampliemos la dtofini-
dÓB de la Academia.
1« ZiJliniAir».— InTettígtmóadelo
ideali teadeneia hacia lai eosas idea-
les.
2. Sentido de escuela. — Por idealis-
mo se entiende ho^ el nombre común
á todas las doctrinas filosófícas que
ven ea las ideas el principio del co-
nocimiento.
3. Llevado este sentido á su axpre-
dón última, significa también el prin-
cipio del conocinúento t del ser. re-
Bomiendo todos Ix» ettaaioi lostifísi-
eos j teológicos.
4> ffl nwAijRiio Eigaitf al tíatoma
de la «ansacátfn, poique Ja sniMción
dió i conocer la necesidad de enan-
char los límites del alma.
5. Idealismo objetivo, escuela de
Kant; idealismo en que se establece
que el conocimiento de la ciencia j
de la razón última de las cosas no se
puede llevar á cabo sino por medio
de las ideas,
6. Ideausuo absoluto, escuela de
Fichte; IDEALISMO que considera las
realidades como otras tantas creacio-
nes del yo.
7. Idbausho abtoWto, naula de
Segel; idbíusiio en que se admite la
identidad entre el sujeto j el ob-
jeto.
8. loBAusHO ilimitado, escuela de
Hume; especie de escepticismo que se
funda en la negación de los efectos
exteriores j hasta en la neg-acíón de
la causa.
9. Idealismo de Berkley; idsalismo
que, no considerando como ciertas
más que las ideas del yo, mira la exis-
tencia del mundo corpóreo como una
apariencia de los sentidos.
10. La melaneolU ñié una especie
de iDBALisuo que, convirtiéndose en
religión, exaltó el alma sin dirigirla,
sin fortalecerla j sin ocmsolarla. (Vi-
CLBKAIH.)
Idealista. Masculino j femenino.
La persona que profesa la doctrina
del idealismo ó propende á represen-
tarse las cosas de una manera ideal.
KriMOLoaÍA. IdMÜima: £tancés,
idéatisie.
Filosofia inRAi.isTA, la profesadii
por los filósofos que no admiten más
criterio de ciencia y de verdad que la
exísteada 4o olios mismos y ae las
sensaciones q^ns M Terifiean en sa in-
terior.
Idealistico, oa. A^JetÍTo. FUo$o~
Jla, Concerniente al idealismo.
BTiuoLoaÍA. IdeaUtta: fomeés,
idéalistique.
Idealización. Femenino. Acción 6
efecto de idealizar. (Caballbso.)
Etiuolgoía. IdealÍMar: francés,
id^alisation.
Idealizar. ActÍTO. Hacer ana cosa
ideal. I Discurrir oonfbrme i la ideo-
logía.
BtiuolooIju Ideal: ftancés, id¿ali-
ter.
Idealizarse. Becfprooo. ConTertii^
se en ideal.
ETuioLoaU. Forma reflexÍTs de
idealaari francés, t'idéaUier.
Idealmente. Adverbio de modo.
Bn la idea ó diseurso.
BrucoLoofa. Ideal j el sufijo ad-
verbial mente: italiano* ideameuíe;
francés, idéaUmeut.
Idear. Activo. Formar idea de al-
guna cosa. \ Recíproco. Forjarse las
ideas.
Etiholooía. Ideu: g*riego iTSuv (ei'
dein); italiano, idiom, r«flexÍTo; oa^
talán, idear.
SiNomiOA. Idear, idealinr. Como
que la idea es la substancia del pen-
samiento, el utensilio de toda tarea
intelectoal, idwr equivale i pensar 6
discurrir.
Asi decimos de un muchacho que
está siempre ideando diabluras. Tanto
valdría decir que está siempre discu-
rriendo diabluras, ó bien que siempre
está pensando sobre la manera de ha-
cer diabluras. Nada más absurdo que
decir que esté idealitando diabluras.
IdtaUxar es hacer las cosas idealea.
elevarlas á la esfera del gusto j de la
poesía.
Idear toca al entendimiento: es ló-
ico; ideaUsat toca al sentimiento j
U imaginación: es estético.
1¿M el muchacho: idealitan el pin-
tor, el músico, el poeta.
Ambos verbos vienen del nombre
griego idea^ ideáis eide, voces equiva-
lentes al notio, notitía, &^nÍtÍOt forma,
imagú j species de los latinos. Signi-
fica, así en griego como en latín, no-
ción, especie, forma, imagen, conoci-
miento, idea. Bsta palabra significaba
antes mucho menos que hoj. Hoy una
idea es la primera de las revoluciones
humanas, la heredera histórica y so-
cial de la fuena, de Is conquista j de
U casta.
Idem. Palabra latina que significa
el mismo ó lo mismo, y se suele usar
para repetir las citas de un mismo au-
tor, j en las ouentas^ listas para de-
notar diferentes partidas de una mis-
ma especie. | pee Ídeu. Locución la-
tina que significa ello por ello, ó lo
mismo es lo uno que lo otro.
BTiKOLOaÍA. Latín idetn, compuesto
de id, esto, forma neutra de is, este, y
el elemento dem, que representa diem^
acusativo de dies, día, como se ve en
pridem, pri-dem, la víspera, el día pre-
cedente; tándem, tam^dm, finalmente;
esto est si fia de tantos díasj ibidm.
iU'dom, fttlf» en aquel tiempo, en
aquel punto j hora (Coessen, Lit-
TKt): francés, idm; eataUn, idm per
idm.
IdoBÍsta. Adjetivo. Bpíteto del
que se adhiere siempre al parecer de
otros. (Caballeeo.)
BnHOboofa. Idem: fitancés, idS-
miste.
Idénticamente. Adverbio de modo
con que se explica que dos cosas son
enteramente iguales en la esencia.
BnuoLoaÍA. Idéntica y el sufijo ad-
verbial mente: italiano, idefUicamente;
francés, tdenüqument; catalán, uíémp-
ticamente
Idéntico, ca. Adjetivo. Lo que en
la snbstancia ó realidad es lo mismo
one otra cosa. | Bcuación idéntica.
Matemáticas, Aquella en que es per-
fecta la igualdad de ambos miem-
bros. I Huculino. Sistemas Jtlosíf^cos.
El iDáNTico, elprincipio db los idén-
ticos; el principio que consiste en
saber que A«iA es el fundamento de
la lógica, según ciertos sistemas de
filosofía. (LlTTBá.)
Etiuolgoía. Identidad: italiano ,
idéntico; francés, idtntigme; eatal&n,
idémptick, ca.
identidad. Femenino. La cualidad
de ser idéntica una cosa con otra. ^ db
PERSONA. Forense, Ficción de derecho
por la cual el heredero se tiene por
una misma pemna con el testador en
cuanto ¿ las acciones activas 'y pasi-
vas. I PROBAB LA IDENTIDAD BB UN
PRESO, DB UN ACUSADO. Probsr la per-
sonalidad del sujeto en cuestión, ora
Sor documentos, ora por testigos ó
eclaracíones. || Medicina legal, Phb-
OUNTAS DE IDENTIDAD; preguutas que
tienen por objeto determinar y definir
los puntos siguientes: 1.", sí un indi-
viduo es lo que dice; 2.*, si es el mis-
mo que se presume reconocer; 3.**, si
el cadáver ó el esqueleto sometido al
examen fíieultativo por mandato de la
justicia, es el de tal ó cual sujeto, que
se supone haber sido víctima de un
envenenamiento ó de un asesinato.
I Relaciones db identidad. Gramáti-
ca general. La de dos ó mis palabras
que significan el mismo ser, conside-
radas como el fundamento de la con-
cordancia de los vocablos. En esta
oración: «Dios es bueno,» hay rbi^a.-
GiÓN DE identidad, pussto que las
tres voces expresan un ser con su cua-
lidad propia. H Algebra. Bspecie de
ecuación cuyos dos miembros son
exactamente los mismos. | Psicología,
Conciencia que una persona tiene de
sí misma. | Identidad pbrsonal. Per-
sistencia del convencimiento que un
individuo tiene de que existe. | Iden-
tidad ABsecuTA. 'J/irfii/tstM. Dootrina
filosófica que confundo todas las exis-
tencias en una sola, el sujeto y el ob-
jeto.
Btiuolociía. Latín idenfítas» de
Ídem, el mismo, y ens, entist ente; «el
mismo ente:» italiano, identitá; fran-
cés, identité; catalán, idemptitat^ for-
ma abusiva.
Meseña. l.-~Locke fué el primero
qa« demostró que ningún hombre co-
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IDEO
soei¿ d axioma antes de conocor las
vaidides indiTidualei, fuente de U
naarííM} ptrttnal,
2. La memoria extiende el lenti-
mieato de la identidad á todos los
ilutantes de la existencia del indÍTi-
dno, (BoussKan, Smilio, II.)
3. La iDBNTiDAD ds nAmero es eo-
neUtÍTa de la lOBtmoaD de materia
j de la IDENTIDAD de tiempo.
Identificación. Femenino. Acción
ó efecto de identificar. \ Teología. La
tereen» persona de la Santísima Tri-
nidad (el Espíritu Santo)í8e deriva por
ínfasióD, por loranFiaACiÓH ó por ea-
pinciÓD.
BtuoloqU. IdwUJie&ti francés,
identijeation.
IdentificadOi da. Participo pasi-
vo de identificar.
EnuoLGOía. Identificar: catalán,
idenüfieat, da; tencés, identifié; ita-
liano, identificaío.
Xdentiflcar. ActiTO. Hacer qne dos
ó mis cosas, qne en la lealidad son
distintas, aparezcan y se consideren
romo una misma. Se osa más comun-
mente como reciproco. | Fomue. Re-
conocer si una persona es la misma
qae se supone 6 se busca. | Recípro-
co. Filosofía. Se dice de aquellas co-
su que la razón aprende como dife-
rentes, aunque en la realidad sean
uoa misma; j así se dice que el en-
tendimiento, la memoria j la volun-
tad se IDENTIFICAN entre sí j con el
lima.
EnuoLOOÍa. Idéñt%co j el sufijo to
bal fícant tama frecuentatÍTo de facH'
re, hacer; chacer, producir la identi-
dad de las ^eosas:» catalán, identi^
car; francés, idauijíer; italiano, idM-
tífiare,
Mentificarse. Raefproco. Gonftin-
dirse la naturaleza t propiedades de
an ser ú objeto con las de otro.
Ideogenia. Femenino. Filoso/ta.
Ciencia que trata del origen de las
ideas.
ETUiQLOoía. Griego idea j gmnái,
yo produzco: francés, idéo^énia.
Ide(»éiiico, ca. Ádjebvo. Concer-
niente a la ideogenia.
ETiuoLoaÍA. Ideofftnía: francés,
idéoaenique,
Ideograifia. Femenino. Ftlosojia.
Minifestación de las ideas por medio
de la pintura ó escultura; y en gene-
lal, por medio de signos que son la
imagen figurada del objeto.
EteholooIa. Griego i^íd y gror
^iUis, describir: francés, id/ograpMe,
Ideo^áflco, ca. AdjetÍTO. Concer-
niente a la ideograHa.
'RTiuQi.oaiá.. Ideografía: francés,
idéograpki^ne.
Ideograma. Masculino. Signo con*
siderado, no con relación á las letras
ni á los sonidos, sino con relación á
las imágenes y á las ideas, como las
«enturas jeroglíficas 6 los guaris-
mos.
BnuoLoaÍA. Oriego tdáa j grdi^^
M, letra: francés, tdéegrammt.
Ideología. Femenino. Ciencia eayfi
olmto es tratar da las ideas.
nniOLooU. Griego Hék j Ugn,
IDIO
tratado: italiano y catalán, ideología;
firancés, id/ologie.
Ideológico, ca. A.djetÍT0. Lo que
pertenece ¿ la ideología.
ETiyoLooÍA. Ideología: catalán, ideo-
lógich. ca; francés, idtókgi^; italia-
no, ideológico.
Ideólogo, ga. A^JetÍTO. S profe-
sor de ideología.
BnuoLOOiA. TdMlagiat francés, ideo-
iogitte, idéok^ue,
IdiUco, ca. AdjetÍTO. Concernien-
te al idilio.
BTDíOLOaÍA. Idilio: francés, idilU-
gue.
Idilio. Masculino. Poítiea, Poema
corto que suele tener por objeto asun-
tos pastoriles.
Etiuolooía. Griego «(SéXXtov («idvl'
lum): latín, idylüum; italiano, tdilfio;
fhincés, idylle; catalán, idili.
1. Sentido etimoldgieo,^^ griego
eidf Ilion es un díminutÍTO de éidos,
forma. Por consiguiente, significa for^
ma pequeña; esto es, un poema corto.
2. É«$eiUi. — HaT muchos loiuos
famosos, como los ae Teóerito, Bión,
Moschus, (Jesuer.
Idio. Prefijo técnico, del griego
tStoc (ídiot), propio, especial, caracte-
rístico.
Idiocrasla. Femenino. Idiosimcra-
su.
Idioelectridad. Femenino. Fin-
ca. Cualidad y estado de lo idioeléc-
trico.
Btucolooía. IdioeUetñeo: francés,
idio-éleetriciié,
Idioeléctrico, ca. Adjetivo. FUi'
ca. Que se electriza por el frotamiento.
BTn»M.oa£A. Idio j tUcirico: fran-
9ÍMtidv>ÍUetinpi»,
Los aurpo* ioioblíotiu-
008 son malos eonduotores de la elec-
tricidad.
Idiófldo, da. AdjetiTO. Zoología.
Parecido á una serpiente.
Btiholoqía. Id%o y <^Ai$, serpien-
te: tSio? &pt<.
Idioginía. Femenino. Botánica,
Estado de una planta de estambres
idioginios.
BTDsoLoaÍA. Idioginio: francés, idio-
gynie.
Idioginio, nia. AdjetiTO. ^o^ieo.
Plantas idiooinias. Plantas cuyos
estambres no están colocadoi en la
misma flor que el pistilo.
EToiOLoaÍA. Idio y gj/ni, hembra,
pistilo: tStoc YÚv)¡; francés, tdioggne,
Idiógrafo, fa. Masculino j femeni-
no. El que escribe con su propia ma-
no las ideas que concibe mejor que
dictándolas á otro.
Btimolooía. Idio y grapheünt des-
cribir: iSix Ypifw.
Idiólatra. Femenino. £1 que sólo
so ama i sí mismo.
Etiuolooía. Idiolatria,
Idíolatria. Femenino. Culto tri-
butado á sí mismo.
Btiholoqía. Idio y latreia, acción
de adorar: fSio^ Xantía,
Idioma. Mascmino. La lengua de
cualquiera nación. Q Modo particular
de hablar de algunos ó en algunas
ocasiones; y asi se diee. en imoiia de
IDIO 11
la corte, en idioua de palacio. | Teo-
logía. Carácter propio de una de las
naturalezas del divino Mesías, en eujo
sentido se dice: «comunicación de idio*
HAS en Jesucristo.»
Btii«»X)Oía. GxiegoXiÍw^(idÍdma),
de idiot, propio, particular: «lengua
particular de un pueblo;» latín, iaid-
ma; italiano y catalán, idioma; fran-
cés, idiome.
SetUido tíimok^ieo. — ün idioma no '
es otra cosa que un idiotismo nacio-
naL
Idiomitico, ca. Adjetiro. Concer-
niente al idioma.
Btiholoqía. Idioma: francés, idtO'
fMtiqne.
Idiometálico, ca. Adjetivo. Fin-
ca. Epíteto de los fenómenos eléctri-
cos producidos por el contacto de di-
ferentes metales.
Etiuolooía. Idio y metálico: fran-
cés, idio-mélalli^ne.
Idiomografia. Femenino. Ciencia
que tiene por objeto la clasificación
de idiomas.
Btimolooía. Idioma y grapkéln, des-
cribir: francés, idiomographte.
Idiomo^áfico, ca. Adjetiro. Con-
cerniente a la idiomografía.
BTiMOLoaÍA. Idiomografia: francés,
idiomographiqne,
Idiomografo, fa. Masculino y fe-
menino. Versado en idiomografia.
ETiMOLoaÍA. Griego Xtita^ ypá^
(idioma gráplto).
Idiomorfos. Masculino plural. His-
toria naiwal. Nombre genérico de los
cuerpos fósiles procedentes de anima-
les ó de vegetales.
Btiholooía. Idio 7 aierpl<, forma:
francés, idiomorjphes.
Idiontologia. Femenino. Ontolo-
gfa idioscópica.
BriHOLoaÍA. Idio y antología.
Idiopatia. Femenino. Medicina.
Enfermedad primitiva de carácter es-
|iecial. H Moral. Propensión especial
a una cosa.
Btimolooía. Idio j pithot, padeci-
núentu: francés, ithopat&ie; catalán,
idiopatia.
Reseña. — Las enfermedadet idiopí- ■
ncAS son las que existen por sí mis-
mas, esto es, que no se deriTan ni re-
lacionan eon ninguna otra afección.
Idiopático, oa. Adjetivo. Concer-
niente ala idiopatia; y así se dice que
ciertas emicráneas no son'iDiopXxiCAS,
sino un nuevo síntoma de la mala dis>
posición del estómago.
EtiuoloqÍa. IdiopiaUi francés,
idiopathique.
Idioscopia. Femenino. Biología.
Conocimiento de las propiedades par-
ticulares de una clase de seres.
Etimología. Idio y skopéin, exami-
nar; P8toc vxoicetv.
Idiosimboloscopia. Femenino.
Conocimiento de los signos pertone-
cientes á tales 6 cuales acciones.
BnuOLOofA. IdiOf timbólo y tkopéo,
yo examino.
Idiosincrasia. Femenino. Medici-
na. Temperamento individual, com-
plexión peculiar de cada individuo.
BniioLoaU. Griego idiot, propio,
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1
12
IDIO
y ty§krá$u (aQyxpivi;), mezcla de hu-
mores, temperamento; de iy«, con, j
krMitt mezcU; forma de kéráót jo
mezclo: eatal&n, idio$ti»a'aui»; fran-
cés, %iw«fnera$U.
Sentido Uatieo, — 1. Se entiende por
idiosinorásia: «la disposición parti-
cular en caja virtud cada individuo
recibe ¿ su modo la influencia de los
diversos agentes.» Por ejemplo: ve-
mos bostezar y bostezamos. Nuestro
bostezo es un fenómeno de idiosincba-
siA. Vemos caer nieve j sentimos es-
calofríos, sin emljargo de estar cerca
de la lumbre. Nuestros escalofríos son
otro fenómeno de loiosmcRasiA. Uno
ve dar una sangría y se desmaya, sin
embalo de que nadie ha tocado i sus
Tenas.^se desmayo es otro fenómeno
de IDIOSWCBJLSU.
2. Pero esta admirable disposición
de las complexiones, esta profunda
fílosoña del temperamento, va más
adelante, üu hombre oome uji pan,
se lo ha comido casi todo, j entonces
repara que hay en la corteza muchas
señales excrementieias de algún insec-
to; ó como dice el vulgo, repara que
ha; en la corteza cacadas de mosea.
Aquel hombre vomita , enferma y mue-
re. Esta muerte es el resultado de la
iDiosiMcaASiA de aquel hombre.
3. Bsto pone de manifiesto que la
iDiosiNCRASU es tan patológica como
fisiológica, puesto que no debe consi-
derarse como nn simple resorte de la
complexión, sino como un principio
de padecimiento 7 de muerte. No pa-
rece sino que el temperamento de cada
cual está dotado de su imaginación,
como nuestra alma está dotada de fan*
tasía. Si así fuera, podríamos decir
que la xdiqsincbasia es la terrible
imaginación del temperamento.
Idiosincrásico, ca. Adjetivo. Con-
cerniente á la idiosincrasia.
BrniOLoeU. Idúuwcnsut: ñaneás,
laiostenia. Femenino. Medicina.
Bnfermedad por excitación.
BrniOLOOía. Jdio j iÜunA, fuerza;
Idiosténico, c». Adjetivo. Concer-
niente á la idiostenia.
Idiota. Adjetivo común. La perso-
na rústica, negada j mujr ignorante.
II Aíedicina. Iubícil.
BnuoLoaía. Idio: griego, íSitán);
(ididtét), el que vive de un modo es-
fiecial; latín, idiota; italiano y eata-
in, idiota; francés, idiot.
Reteúa. — 1. «Primeramente signi-
ficó el hombre que vive apartado de
los negocios, que lleva como una vida
propia ¡f particular para sí; j como el
que vive aislado suele adquirir pocos
conocimientos, idiota paso á signifi-
car rtfsíff», negado, muy ignorante.»
(MoMLan.)
2. Diógenes faé nn gran idiota de
su sig-lo.
Idiotálamo, ma. Adjetivo. Botáni-
ca. Calificación de los liqúenes que
tienen conceptáculos diferentes del
tallo.
BTiiioLoaÍA* Idio y tálamo: tStoc
IDÓL
Idioteo, tea. Adjetivo. Propio, pri-
vativo, singular.
ETiuoLoaÍA. Idiota, — cYiene del
friego idiotetoe, que significa propie-
ad, ó la naturaleza propia de cada
cosa. Es voz de poco uso.» (Acadxmia,
Diccionario de 1726.)
■Don FrftnoiMo eoa PlaedA
tica* pendenciM 4 rato*
sobr* st es forma ídioléa,
•n oonorttto 6 en abstimoto.»
(Bl. OOHDI DI BB80LI.BD0, OetO$, pág.tIS.)
Idiotez. Femenina. Falta total de
entendimiento, incapacidad. | Medi-
cina. Cualidad y estado de idiota.
ETiuoLoaÍA. Idiota: francés, idiotie.
Idiótico, ca. Adjetivo. Peculiar de
una cosa, g Medicina. Concerniente á
la idiotez, en cu jo sentido se dice: er-
todo iDiónco.
EnuoLOaÍA. Griego ISiurtxóf (idid~
tikdt): latín, ididítaís; francés, idioti-
que.
Idiotismo. Masculino. Ignorancia,
falta de letras é instrucción. Q Gramá-
tica. Modo de hablar contra las reglas
ordinarias de la gramática, pero pro-
pio y peculiar de alguna len^a. p
Medicina. Falta congenital de mteli-
fencia, resultado casi constante de un
efecto de desarrollo cerebral. \ Esta-
do del idiota.
ETiMOLOofa. Idiota: grie^ tfitorttir-
[A¿(; (idiotismót); latín, idiotttmut; ita-
liano, idiotismo; francés y catalán,
idiotismo.
Con la definición de U vos del ar-
tículo está conforme el siguiente epi-
grama de uno de los más ilustres au-
tores de nuestro Parnaso:
Hablando de oierta historia
A nn neolo se preña W:
— ¿T« aonerdae túr Y rMpondlAt
— Eiperen qae haga memoria.
ICi Inée, viendo ra idiotismo,
Dijo risueña al momento:
— Haa también entendimiento,
Qae ie ooitarA lo miemo.
Idiotizador, ra. Adjetivo. Que
idiotiza.
Idiotizar. Activo. Hacer á uno
idiota. Q Neutro. Cometer idiotismos.
BTiHOLOofA. Griego tStut(C«v ( idi^
tísein).
Idiotisarse. Becfpioco. Bubrqtb-
OEBSB.
Idiotrofla. Femenino. Medicina.
Constitución peculiar de cada indivi-
duo.
EtiuolooÍa. Idio y trophe, alimen-
to: l$(0( ipofij.
Idiotrofo, fa. Adjetivo. ZooU^ia,
Que se mantiene de animales de su
misma especie.
BTiuoLoaÍA. Idiotrofia*
Idiotrofospermo, ma. Adjetivo.
Botánica, Califícación de las plantas
que tienen una placenta ó receptáculo
lateral monospermo, ó muchos recep-
táculos parciales dispuestos sin orden.
EtimolgoÍa. Ideo y tro/otpermo:
francés, idiotro/osperme.
Idólatra. Adjetivo. El que adora
ídolos ó alguna falsa deidad. H Metá-
fora. El que ama excesivamente á al-
guna persona ó cosa.
EiiuoLoaÍA. Griego «ISwXoAdnMc
($idShliM$)i latía, idslSlatra é tám-
iDOL
latres; italiano, idolatra; francés, ido'
látre (del antiguo ú^oísjAv, siglo xui);
catalán, idólatra.
Idolatradamente. Adrerbio da
modo. Con idolatría.
^nuoLoaiá.. ■ Idóhtrada T el sufijo
adverbial mente: francés, iaoUtrement.
Idolatrado, da. Participio pasivo
de idolatrar.
ETiuOLOofA. Idolatrar: catalán, ido-
Uttrat, da; francés, ideddír/; italiano,
idolátrate.
Idolatrar. Activo. Adorar ídolos
ó alguna falsa deidad. Q Metáfora.
Amar exclusivamente á alguna perso-
na ó cosa.
Etucolooía. Idólatra: italiano, ido-
latrare; francés, idolitrsr; provenzaljr
catalán, idolatrar.
Idolatría. Femenino. Adoración
qae se da á los Ídolos y fálsas divini-
dades. I Metáfora. Amor excesivo y
vehemente á alguna persona ó cosa.
Etimoloqía. Griego etSuXoXatpeíat
(eidólolalreia); áe tXltü)>ov (eídolonj, di-
minutivo de éidos, forma, imagen,
ídolo, y latreia, la acción de adorar:
latín, idd^latría; italiano y catalán,
idolatría; francés, idolátrie; provenzal,
ydolatrie, que es la forma francesa del
siglo xii: e le altel ki fud en Bethet,
e la YDDLATRiB ffne Joroboam out faite;
«el altar que hubo en Bethel, y ía ido-
latría á que se entregó Jerobwm.*
(Rois, m.)
Idol&trico, ca. Adjetivo anticua-
do. Lo perteneciente a la idolatría.
Idóli6o, ca. Adjetivo. Concernien-
te á los ídolos j á la idolatría.
Idolillo, ito. Masculino diminuti-
vo de ídolo.
ETtMOLoaÍA. /dolo: catalán antiguo,
idoleta; moderno, idolet. — «Estatua pe-
queña de algún dios falso.» (Acade-
mia, Diccionario de 1726.) — «Los cua-
tro llevaban en las manos idolillos, los
otros cuatro sonajas, con que iban ha-
ciendo fiesta á los ídolos.» (Coi.ubna-
ass. Historia de Segoma^ capitulo 40,
párrafo 16.)
Idolismo. Masculino. Idolatría,
adoración de los ídolos.— «La adora-
ción 6 culto de los ídolos y dioses
»0B.»iAau)KMiÁ.t Diccionario da 1726,)
■Erei de aquello! altares
2 Be haoen qae el iiolitmo
■er ofrenda ■« baxe.»
(SOLls, K áXcOaair áát Mertfo, acto 8.*;
Ídolo. Masculino. Figura de alg^u-
na falsa deidad á que se da adoración.
I Metáfora. Objeto excesÍTamente
amado.
ExiMOLoaÍA. Griego sfSuXov (eido-
lon)y diminutivo de ñdoSy forma: la-
tín, idolum; italiano, Ídolo; franoós an-
tiguo, idle; moderno, idole; proven—
zai, idola; catalán antiguo, idola^ fe-
menino; moderno, idolt masculino.
Sentido etimoUgi&>, — 1. Idolo sig--
nifica literalmente pequaña forma, yor-
milla. Por consiguiente, la idolatria
no es más qne la adoración de la form a ,
la cual tomó diferentes nombres, se-
gún los objetos á que se aplicaloa. La
adonción de la materia ruda se llamó
fetiehimoi le de la materia Semental
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IDRO
IGLE
IGLE 13
nMtmi U ds las ftgunifl poéticaa,
2. La adoraciiSn de la forma repre-
unta el término oontrario de la ado-
nción de la esencia, que es el gran
principio de la revelación cristiana,
radorar á un Dios de espíritu j ver-
dad,» á diferencia del fetichismo, del
gabeísmo j del politeísmo griego j
rumano, que adoraban dioses de forma
j de mentira.
Idolotisia. Femenino. Víctima que
10 ofrece en sacriñcio á un ídolo.
Idomenea. Femenino. Zoologia.
Eioeeie de mariposa de América.
ídomeneo. Masculino. Túmpos he-
mea. Rej de Creta, hijo de un Deu-
ealión t nieto de Minos II, que pre-
tendió la mano de Helena. Se unió con
80 navios ¿ los griegos que sitiaban á
Troja, distingui6n£we por su valor.
Tomd parte en la lucha habida junto
11 cadáver de Patrodo; / en los jue-
gos Mnebres verificados en honor de
«ste héroe, tuvo una cuestión con
Ajax, hijo de Oileo. A su regreso,
sorprendido poruña tempestad, hizo
▼oto, si salía incólume, de sacrificará
Neptnno el primer ser viviente que se
le presentase al arribar á Creta, v los
hados dispusieron que fuese su nijo.
Odioso á los ojos de sus parientes por
haber consumado el sacrificio, ó tal
m arrojado por la peste, hujó i Ita-
lia, donde fundó á balento.
Idóneameste. Adverbio de modo.
De una manera id(Snea;con idoneidad.
BnuoLoaU. Idónea y el sufijo ad-
verbial mente: catalán ^ idthuament.
Idoneidad. Femenino. Buena dis-
posición j suficiencia para alguna
cosa. II Forense. Aptitad legal de los
testigos.
Etiuolüoía. Idóneo: latín, tdóneítas
(san Agustín); italiano, tc^on^tía; fran-
cés, idonéité; catalán, idoneüal.
Idóneo, nea. Adjetivo, Lo c^ue tie-
ne buena disposición ósufíciencia para
alguna cosa. | Tsstiqo mÓNso. Form-
«. El que reúne todas las círcnnstan-
eías de la lej.
StiholooIa. Latín Uóneus: italiano,
idóneo; catalán, idiíneOi a¡ idoneu^ a.
ldoscópico,ca. Adjetivo. Zoología.
Se da el nombre de ojot idoscópicos á
los que presentan imágenes, como los
ds los invertebndos, por contraposi-
ción ¿los ojos /ototc^tcos.{3omx)jí.in.)
BTiuoLOOfa. Griego eidos, forma, ^
%h>péo, JO examino: francés, idoscopi-
qne.
Idotea. Femenino. Zoología. Géne-
ro de crustáceos ísópodos.
Etimolooía. Idio.
IdoteAdeo,dea. Adjetivo. Sutoria
natural. Análogo á una idotea.
Idoteideo, dea. InoTEÍDSo.
IdoteifOTme. Adjetivo. Historia
natural. Que tiene la forma de una
idotaa.
Idríalina. Femenino. Química. Es-
pecie de earboro de hidr<^no.
ETiicoLoafa. (minas de): fran-
ees, idriaUne.
Idrópico. Masculino anticuado.
Cierta piedra preciosa.
- Idalinm. Nombre de la víctima
que se sacrificaba á Júpiter entre los
antiguos romanos.
. I&mea. Femenino. Geografía. Re-
S'ón de Palestina, que ra^a con la
alílea.
ETiMOLoaÍA. Latín Jdüme é Idñmaa,
(Lugano.)
Idumeo, mea. Masculino y feme-
niuo. Natural ó propio de Idumea,
antigua región de la Palestina.
Etiuolcqí A. Latín idumai. ( Biblia.}
Idus. Masculino plural. Una de las
tres partes en qne los romanos divi-
dían el mes.
BTncoLOafa. Latín de las antiguas
inscripciones, eidus; clásico, idus, del
etrusco idttare, dividir: eatalán, idus;
francés, idee.
Inus, iDUOu,ioiBus. Del verbo etrus-
co idrnre, dividir, partir en dos. Los
romanos llamaban idns ,ódia de los
idus, el 13 de cada mes , en los de 30
días, j el 15 en los demás. Y como tal
día dwiUtaba 6 dividía el mes como en
dos partes iguales, de ahí llamarse el
día de los idus. (Monlau.)
Reseña cronológica. — Una de las di-
visiones del año entre los antiguos ro-
manos. Eran el 15 en los meses de 31
días, excepto Enero, Agosto y Di-
ciembre, que caían en el 13, lo mismo
que en los otros meses. Estaban con-
sagrados á Júpiter, al que ofrecían en
ese día sacrificios. El Senado romano
tenía una de sus sesiones ordinarias
en la época de los mus. El día subsi-
guiente era tenido por funesto.
leiunio. Masculino anticuado.
Ayuno.
leiunnar. Neutro anticuado. Ayu-
nar.
leiuno, na. Adjetivo anticuado.
Haubbiünto.
lelada. Femenino anticuado. He-
lada, frío.
lelo. Recíproco anticuado. Sblo.
leñero, lusculino anticuado. Enb-
BO.
leni. Palabra que en turco signi-
fica nuevo, j que entra en la compo-
sición de muchos nombres: \nmche-
cher (Laríssa), nueva ciudad; Ibniío-
leh, nuevo castillo.
lenoio. Masculino anticuado. Ro-
dilla.
BtiuoloqÍa. Hinojos.
lente. Femenino anticuado. Gen-
te.
Ifina. Femenino. Química. Princi-
pio venenoso de la iva.
GTiifOLoaÍA. Francés, ifine; de %/,
iva.
Ifuríno. Masculino, Mitología. El
infierno de los antiguos galos.
Igazurato. Masculino. Química.
Combinación del ácido igazúrico con
una base.
ETiHOLOofa. Igazérieo.
Igazúrico, ca. Adjetivo. Qnlmiea.
Epíteto de nn ácido que se halla en
algunos vegetales.
Btuiolooía. Malayo yorer, haba
de san Ignacio: francés, tgaiwrique.
Iglesa. Femenino anticuado. Iqle-
BU.
IgldMno. MaHttliao. Las tierras
que pertenecían á las fábricas de lu
iglesias, ó en (|ue el cun llevaba los
diezmos privativos.
Iglesia. Femenino. Congregadón
de Tos fieles, regida por Cristoy el
Papa, su vicario en la tierra. | Con-
junto de todos los cabildos, personas
eclesiásticas y gobierno eclesiástico
de algún reino, ó sujetos de un pa-
triarcado; como Iglesia latina. Igle-
sia griega. Q El estado eclesiástico,
que comprende á todos los ordena-
dos. II El gobierno eclesiástico general
del sumo pontífice, concilios y prela-
dos.' O Cabildo de las catedrales ó co-
legiales; y así se divide en metrópoli*
tana, sufragánea, exenta y parro-
quial, U Diócesi, territorio y lugares
de la jurisdicción de los prelados, y el
conjunto de sus subditos. Llámase
así, aunque impropiamente, cada una
de las juntas particulares de herejes;
y así dicen: la Iolesia reformada, et-
cétera. I Templo. \ Inmunidad que
goza quien se vale de su grado. || db
estatuto. Aquella en que na de hacer
pruebas de limpieza el que ha de ser
admitido en ella. Q fría. Derecho que
conserva el que, extraído de sagrado,
no ha sido repuesto en él, para ^ega^
10 si le vuelven á prender. | hator.
La principal de cada pueblo. || uiu-
TANTE. La congregación de los fieles
que viven en este mundo en la fe ca-
tólica. U oriental. Se Uamal» lata-
mente la loLBSU incluida en el impe*
rio del Oriente, distinguiéndola de la
incluida en el imperio occidental.
Llámase menos extensamente Iglesia
oriental la comprendida sólo en el
patriarcado de Antioquia, que en el
imperio romano se llamaba diócesi
ORIENTAL, Hoy día se entiende por la
iQLESiA oriental toda la que sigue el
rito griego. j| papal. Aquella en que
el prelado provee todas las prebendas.
11 TRIUNFANTE. Ls congreffacíón de los
fieles que están ya en la gloria. | Aco-
OBRSB k LA Iglbsia. Fraso familiar.
Butrar en religión, hacerse eclesiásti-
co ó adquirir fuero de tal. | A uso db
IGLESIA CATEDRAL, CUALES PUEBON LOS
PADBBS LOS HIJOS SBRÁN, Refrán que
ensefia el indujo que tienen los ejem-
plos, y en especial los de los padres
para con los hijos, y Cuhplie con la
Iglesia. Frase. Confesar y comulgar
los fieles por Pascua florida en su pro-
pia parroquia. Q Extraer de la ioub-
siA. Frase. Sacar de ella, en virtud de
orden judicial, á al^ún reo que esta-
ba retraído ó refugiado. I| he llamo.
Frase de que usan los delincuentes
cuando no quieren decir su nombre,
y con que dan á entender que tienen
IGLESIA ó que gozan de su inmuni-
dad. I Frase metafórica y fomiliar de
' que se usa cuando alguno está asegu-
rado de las penecuciones y tiros que
otros le pueden ocasionar. | ó uar ó
CASA RBAL. Refrán según el cual los
tres medios de hacer fortuna son el de
las dignidades eclesiásticas, el co-
mercio y el servicio del rey en su
casa. II Reconciliarse con la Iglesia.
Frase. Volver al gremio de ella el
apóstata 6 hereje que abjurd de ra
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14 IGNA
error j herajía. | Ganar iqlbsia. Lo-
cacitSn proverbial. Acogerse á una
laLvsu para gozsr de sus inmunida-
des, como lugar de asilo. |j Esták co*
uo SN LA IQLBSIA. Fmse fomiliar.
Guardar silencio, ü Anticuado. Ubbb-
CBO DB IGLESIA. Derccho de inmuni-
dad.
GriMOLoafA. Griego ¿xx3li)9ta (ekkli-
sía), congregación: latín, ecclisia; ita-
liano, chiesa ^;w>j(i/' francés del si-
glo XI, f/glUe; XII, e^lise; moderno,
égU$e; provenzal, glexta, gliepta^ gli-
cia; catalán, iglesia; portugués, igreja.
Sentido etiwiUgieo, — Bl griego «i-
hÜHa representa una forma de ehkor-
léin (lxxa>ew), convocar. Por consi-
guiente, significa: «gente convocada,
reunión, asamblea.>
Iglisia. Femenino anticuado. lau-
SIA.
Ignacia. Femenino. Botánica, Ar-
busto muj ramoso que se cría en las
Indias orientales. (Caballbbo.)
ErufOLoaÍA. Latín técnico, ionatiá
aurara^ de Linneo, hijo: francés, ig%(¡r
tie.
Sístña, 1. — ^Llámase ignadaf por-
que dicho arbusto produce el hant de
san laNACXo.
2. Pertenece & la familia de las lo-
ganiáceas.
Ignacio de Locóla (san). Funda-
dor de la Compañía de Jesús ú orden
de los jesuítas, que nació en el casti-
llo de Lojola (Guipúzcoa), en 1491 y
murió en Roma en 1556. Hijo de una
noble familia, fué en sus primeros
años paje de Fernando el Católico;
j habiendo abrazado más tarde la
carrera de las armas, «n la cual se
distinguió por su valor j pericia mi-
litar en diversas ocasiones, concurrió
en 1521 al sitio de Pamplona, donde
snfirió una herida que le dejó cojoy le
obligó i abandonar la noble profesión
q,ue había escogido. La lectura de
libros aacéticos, á que se entregó du-
rante su larga y penosa convalecen-
cia, inflamó de tal manera su imagi-
nación, que desde aquel punto se ere-
JÓ llamado á propagar el cristianismo
por todo el universo, preparándose á
ello con las m&s rigurosas austerida-
des j ajunos. Las costumbres de su
época, la reacción producida por el
tránsito de una vida de placeres á otra
de entusiasmo religioso j de exal-
tada fe, dieron á sus primeros actos
un prestigio inconcebible. Apenas re-
puesto, hizo una peregrinación al san-
tuario de Montserrat, ante cuya patro-
na hizo roto de castidad perpetua,
jurando consagrar su vida al engran-
decimiento del catolicismo. Una grave
dolencia, efecto de sus mortificacio-
nes, le retuvo nuevamente en un hos-
pital de Manresa; pero ni aun durante
ella consiguieron los médicos separar-
le de sus austeridades. Cuando pudo
dejar el lecho, salió de allí extenuado
y macilento, y, por humildad, corrió
de puerta en puerta, cubierto de re-
pugnantes harapos, pidiendo i la cari-
dad el sustento cuotidiano; pero como
npieie que empezaba á descubrirse
la ooBdidtfn, fué á ocultarse i una
IGNA
caverna, de donde salió para embar-
carse con rumbo á Tierra 3anta. En
1523 lle^ó á Jerusalén y se apresuró
á comunicar á los franciscanos el pro
yecto de crear una asociación que,
ramificada por todo el universo, ten-
diera á contrarrestar la impiedad y la
herejía. Observando que los francisca-
nos le oían con inec^uívocas muestras
de frialdad, volvió a España, y á pe-
sar de los 32 años que ya contaba,
tomó asiento en los bancos de las au-
las de Barcelona, de Salamanca y Al-
calá, yendo á terminar sus estudios
de filosofía T teología eseolástiea á la
universidad de París, donde recibió
el título de licenciado en 1534. Aque-
lla fuerte é indomable voluntad, que
no reconocía obstáculos, debió, sin
embargo, sentirse más de una vez
quebrantada ante el espectáculo de los
peligros que amenazaban la antigua
unidad católica. Bn aquel momento,
mientras que el poder del islamismo,
que había amenazado á Europa ente-
ra, se refugiaba enjlos desiertos de
Africa y en el Oriente, el protestan-
tismo se levantaba terrible y amena-
zador en el Norte, rompiendo la anti-
gua disciplina de la Iglesia, quebran-
tando los fundamentos de la fe, que
había sido el alma de la Edad meoua,
y proclamando la libertad de concien-
cia y el libre examen. Frente á frente
de ac^uel peligro, Ignacio db Lovola
debió considerarse como el apóstol del
catolicismo rígido é infiexíble de los
siglos pasados, y como el llamado ¿
oponer un dique infranqueable al to-
rrente del espíritu moderno. Sin em-
bargo, hasta el fin debía encontrar
obstáculos capaces de desalentar i un
alma menos enérgica, y sólo logró,
después de perseverantes esfuerzos,
llegar i reunir en tomo suyo unos
cuantos compañeros» que formaron el
núcleo de la asociación con que desde
hacía mucho tiempo soñaba. Aquellos
primeros neófitos eran: Pedro Lefebre,
sacerdote saboyano; Francisco Javier,
profesor entonces de filosofía, y los
estudiantes Lainez, Salmerón, Boba-
dilla y Rodríguez de Acebedo. Todos
se reunieron el 15 de Agosto de 1534
en una capilla subterránea de la aba-
día de Montmartre, en las cercanías
de París, y después de oir una misa,
se unieron por medio de un solemne
juramento, dando asi á la fundación
de una orden religiosa las formas de
una verdadera conjuración. Dos años
después, se encontraban en Venecia,
dispuestos á hacer una peregrinación
á Tierra Santa, con objeto de iniciar
de este modo la obra que emprendían;
pero la guerra con los turcos no les
ermitió realizar su proyecto. Ignacio
íspersó entOQces á sus compañeros,
cuyo número se había aumentado
considerable mente en las ciudades de
Italia, y fué él mismo á solicitar de
Roma la aprobación de la nueva aso-
ciación religiosa. Aquella aprobación,
vivamente combatida en el colegio de
cardenales, no fué concedida definiti-
vamente hasta 1540, por el papa Pan*
lo ItL La orden de los jeiuítas, lin
IGNA
embargo de su adhesión á la Santa
Sede, se constituía en una regla ind^
pendiente, la cual podía comprometer
el poder y el prestigio del pontifieado
desde el momento en que el jefe de U
Compañía se abrogaba, no sólo el de-
recho de emplear á sos miembros
como juzgara conTenientei sino el de
hacer los reglamentos que juzgara
necesarios, sin tener necesidad de la
aprobación del sumo pontifica. Pro-
clamado general de la orden en 1541,
Ionaoio redactó las Constituciones,
bascando como colaborador á Laínez,
cuyo genio organizador le sirvió de
mucho; obtuvo nuevas concesiones de
la Santa Sede; envió á todas partes
los soldados de su nueva milicia para
trabajar en la conversión de infieles,
comprendiendo bajo este nombre, no
sólo á los idólatras y los musulmanes,
sino á todos los que se separaban del
catolicismo; triunfó de la oposición de
los príncipes y de los pueblos; hizo
que Lainez, Salmerón y Le Jay de-
fendieran en el Concilio de Trente al
papado, atacado por la Reforma; envió
misioneros á la China, al Japón, las
Indias, al Paraguay y trabajo, en fin,
con todas sus fuerzas en la restaura-
ción del edificio del cristianismo, al
mismo tiempo q^ue robustecía el poder
de la congregación militante que ha-
bía ñindado. Fué beatificado en 1607
por Paulo V, y canonizado, en 1622,
por Gregorio XV. Sah Ignacio dejó
escritas las Constituciones de la Com-
pañía de Jesús, que fueron traducidas
al latín (Roma, 1558), y al francés,
por el reverendo padre Clemente; unos *
Ejercidos espirituales, igualmente tra-
ducidos al latín por jesuítas y al fran-
cés por Drouet de Maupertuis, y una
colección de MáañMa*, que vertió al
último de estos idiomas el padre Bon-
honre, asi como algunos otros opúscu-
los de menor importancia. El perso-
naje de esta biografía nos presenta el
siguiente rarísimo carácter: tempera-
mento extraordinario, genio audaz,
peregrino incansable, apóstol impasi-
ble, fanático ardiente, convencido, de
fe poderosa, de extensa inspiración,
hasta rayar en alucinaciones y éxta-
sis. Un solo hombre, hijo de sí propio,
afirma la tiara en las sienes de los
pontífices, hace temblar los tronos, se
enseñorea de los reyes, triunfa de las
escuelas, domina los Concilios, impe-
ra en el mundo, inunda el UnÍTerso.
Si esto fué ó no ^é conveniente & la
religión, cada escuela dirá lo que con-
venga á su criterio; si esto mé ó no
fué prodigioso, nos parece que nadie
se decidirá por la negativa. La Socie-
dad ó Compañía de san Ignacio db
LoTOLA se llamó de Jesús, porque
bajo la advocación de Jesús estaba
consagrada la iglesia que se le dió en
Roma.
Ignaro, ra. Adjetivo. Ionobamtk.
Etiuología. Latín ignarusy de i por
ta, negación, y yMfM, conocedor, for-
ma de ^nofc^, conocer: italiano, iffna-
ro; ftancés, ^*<>'''*
Ignavia. Femenino anticuado* IDe-
jadai, descuido, peiesa.
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IGNI
STmoLOOfi.. Latín ignavU, el hom."
bre {WTezoso j eobarde. (Aulo Gb-
LIO.) — <Bs Toz puramente latina.»
(AcADBiCA. Dicñonario d* 1726») —
«Tal en su descuido j i^nanat ^ con
todo esto le sAstenttf Dios en el impe-
rio, en pnmio de su religión.» (Saa-
TiDRA, Corona góticot tomo i.')
I^eo, ea. Adjetivo. Lo que es de
fuego 6 tiene alguna de sus calida-
des. B Lo que es color de fue^.
Btucolooía.. Sánscrito agnts, fuego:
litÍD, ignit, igíxal sentido; igneut, Ig-
neo; eslavo, ogn; italiano, Ígneo; fraa-
cés, igné; provenzal, igiuí catalán,
ígtuo, a.
Ignescencia. Femenino. Didácti-
ca, Estado de lo ignescente*
EtiuoloqÍ4. IgnuGMU: francés, ig-
neteena.
Ignescente. Adjetivo. Didáctica,
Que arde, ^ue se inflama, en cuyo
sentido se dice: materias ignescentes.
BtdioloqU. Latín ignetcent, üf nes-
C'Sftt, participio de presente de ignes-
tere, forma verbal de ^nii, fuego:
francés, ignetcent.
^nicion. Femenino. Química* La
teeión j efecto del fuego: dícese re-
gnlarmento de los cuerpos enrojecidos
poréL
BmifflXMf^ ígñto: francés» ig»i-
üoñ.
Ignícola. Sustantivo. Adorador del
ÉruioLooia. Latín ignii, fuego, y
alére, adorar: francés, tgnicole.
Ignicolor. ^ájiüvo. Sixloña naiih
rél. Que tiene color da fuego.
BmmAaia. ígneo y color.
Ignífero, ra. Adjetivo. Po/¿ica. Lo
que contiene en si d arroja fuego.
SmioLOOÍa. Latín ú/nlfer; de ^nis,
7 ferret llevar.
Igmiflnentá. Adjetivo. Que echa
faero.
&iicoLoaÍA. Latín ignifitAt» (Clau-
uo.)
Ignigena. Masculino. Mitología,
Sobrenombre de Baco.
Etiholooía. Ignígau: latín, «/aS^e-
sa. (Ovidio.)
IgBÍgono, na. Adjetivo. Nacido del
fdego.
Btiuolooía.. Latín ignígenus; de Íg-
nita fuego, y del anticuado genere, en-
gendrar.
Ignipotente. Adjetivo. Poética* El
que es poderoso en el fuego.
BnHOLoaÍA,. Latín ign^dtent. (Vir-
nuo.)
Igmspícia. Femenino. Ántigüeda-
Í€t* Adivinación por medio del fuego.
Etuiolooía. Latín ignitpiclum; de
ignitf fuego, y tpicere, examinar.
Ignito, ta. Adjetivo anticuado. Lo
que tiene fuego ó está encendido.
EnuoLoaÍA. Latín ighiíus, encen-
dido, participio pasivo de igníre, po-
ner fiúgo.
IgaÍTOmo, ma. Adjetivo. Poética.
Lo qoe vomita fuego.
BrholooÍa. Latín ignivomut; de
ignüt fuego, j vón^e^ vomitar: fran-
cés, igiúvome.
IcaÍToro, ra. Adjetivo. Que traga
IGNO
Etuiolooía. Latín t^wi, fuego, y
varare, comer: francés, tgnivore.
Igno. Masculino anticuado. Hiuno.
Ignábil. Adjetivo antícoado. Inno-
ble.
Ignobilidad. Femenino anticuado.
Calidad de innoble.
Ignoble. Adjetivo. Innobu.
Ignografia. Femenino. loNcoaa-
FÍA.
Ignominia. Femenino. Afrenta pú-
blica que alguno padece eon causa 6
sin ella.
EtiholgoÍa. Latín igHomínía^ de i,
por tn, contra, y nomen, aféresis de
gnomen, nombre: ^ncés, igMmime;ctL'
talán, i^nomínea.
Sentido etimológico.— ignominia
es la ofensa contra nuestro nombre,
como la infamia es la que se hace con-
tra nuestra fama, como la injuria es
la que se infiere contra nuestro dere-
cho, jnt en latín. Son ideas absoluta-r-
mente distintas.
Ignominiosamente. Adverbio de
modo. Con ignominia.
BnuoLoafA. Ignominiosa y el sufijo
adverbial mente: catalán, ignominiosor
ment; francés, ^mminieiuement; latín,
igmmínwsi.
Ignominiosísimo, ma. Adjetivo
superlativo de iguominioso.
Ignominioso, sa. Adjetivo. Lo
que es ocasión ó causa de ignominia.
ETiuoLoaÍA. Ignmninia: latín, igno-
míniSsus; eatal&n, ignominidSt a; fran-
cés, ignominieua.
Ignorable. Adjetivo. Que puede
ignorarse.
ISriHOLoaía. Ignorar: latín, ignora-
bilis; francés, ignorable,
Ignoracidtt. Femenino anticuado.
laNORANCIA.
Ignorado, da. Participio pasivo de
ignorar. || Adjetivo. Oscuro, sin nom-
bre ó fama.
Etimología. Ignorar: latín, igiwrH-
tns; italiano, ignorato; francés, ignore';
catalán, ignoraí, da.
Ignorancia. Femenino. Falta de
ciencia, de letras y noticias, ó general
ó particular. | obasa. La que no tiene
disculpa. I SUPIHA. La que procede de
negligencia en aprender 6 inquirir lo
que puede y debe saberse. || os dbeb-
GHO. Forense. La que tiene el que ig-
nora él derecho. D db hbcho. Porense.
La que se tiene de algún hecho. Q no
QUITA PBCADO. Expresión con que se
explica que la ignorancia de las cosas
que se deben saber, no exime de cul-
pa. \ No PECAB DB IGNORANCIA. Frase.
Hacer alguna cosa con conocimiento
de que no es razón el hacerla, ó des-
pués de advertido de que no se debía
hacer. Q Pbbtbndsb ionobancia. Fra-
se. Alegarla.
Etimología. Ignorante: latín, igna-
raníta; italiano, t^florentúi; francés,
ignorance; provenzal, ignoranta, igno-
raníia; catalán, üinordneia.
Reseña. — X. El may erudito don
Ramón Cabrera asegura en sus etimo-
logías que nuestro idioma tomó esta
palabra en el siglo xiv; pero es una
afirmación errónea, pues en el Fuero
Jusgo se lee (le/ 19, título 1.*, li-{
IGNO 15
bro 2.*): <e si el íuez iudgó por igno-
rancia;* y en otro lugar (ley 3. , tí-
tulo 1.% libro 2.*): «toda sciencia...
desama ignorancia.»
2. Moral de la famiUa, — ^Pregunta-
ron & un sabio: «¿cuál es la criatura
más responsable de este mundo, por
los miUes que á todos ocasÍDna?> Bl
sabio contestó: la ionobamcia. Esta
voz se debe borrar de los Diccionarios
y escribir en su puesto: el infierno del
mundo.
Sinonimia. Ignorancia, tontería, ne-
cedad. La ignorancia es fiilta de cultu-
ra del entendimiento; la tontería, fiilta
de cultura de la razón; la necedad es
ignorancia ó tontería acompafiada de
presunción.
Bl ignorante yerra por falta de prin-
cipios adquiridos; el tonto, por falta da
luces naturales; eí neao, por falta de
luces ó prineipios, y sobra de amor
propio.
SI amor propio oculta muchas ve-
oes la unorancia; descülve siempre la
necedad, y no tiene influjo alguno en
la tontería. (Huerta.}
Ignorante. Participio activo do
ignorar. El que ignora, y Adjetivo. El
que no tiene noticias de las cosas.
EmcoLoaÍA. Latín ignorante, abla-
tivo de ignorans, antis, forma adjetiva
de ignorare, ignorar: catalán, i^no-
rant; francés, t^senml, «M&i; itebano,
ignorante.
Ignorantemente. Adverbio de
modo. Con ignorancia.
Etimoloou.. Ignorante y el soÉjo
adverbial mente: catalán, i^tunMí-
ment; francés, úfnorammeni; italiano,
ignorantemente; latín, ignSrémtir.
Ignorantinos. Masci^no ploraL
Nombre con ^ue se designaron por
humildad los individuos de una orden
religiosa, fundada á fines del siglo xT
por san Juan de Dios, portugutis.
Etimología, ^acfflsítf.- italiauo, ig-
noranli, plural; francés, ignoranlin.
Reseña. — 1. «Los hermanos igno-
bantinos son muv sabios en puuto á
remedios para toda suerte de enfer-
medades, y se llaman así por espíri-
tu de modestia y de maasedumore.i
(Palma Catet, Ckron., séptimo anno,
1604.)
2. María de Uédicis introdujo en
Francia la orden de los laHOBAirmos*
3. Fundóse dicha orden en 14^.
lenorantfsimo, ma. A4jstivo Sn-
perfatÍTo de ignorante.
Etiholooía. Ignorante; eatal&n, ig-
noraniíssim, a; francés, ignor«UÍ9Hm$t
familiar.
Ignorantismo. Masculino. Estado
de Ignorancia, g Sistema que tiene
por objeto favorecer la ignorancia.
Etimología. Ignorante: francés, ig-
noranlisme.
Ignorantista. Masculino y feme-
nino. Partidario del ignorantismo.
Ignorantón, na. Adjetivo aumen-
tativo de ignorante.
Ignoranza. Femenino aaticoado,
lONOHANCIA.
Ignorar. Activo. No saber tu» 6
muchas cosas, ó no tener notioia de
elUs.
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16
IGUA
s
ÜnuOLOcfA. Latín ignorare; de i,
orttt^negaciiSii,^ del radial i^usitt-
.0 g^Srut, simétrico de^fKfnw, conoce-
dor: dtftlán, ignorar; francés, ignorer;
italiano, ignsrarg. ffl catalán anticuo
tiene ignyorar.
Ignoto, ta. ¿.djetÍTo. Ló qnt oo
es conocido ni descubierto.
BTiitoLoafi. Latín ignotut, partici-
pio de iguosciíre; de t, por in, nega-
ción, y anoscere, conocer: ionoscbrb
delicia aíiaa, perdonar á uno sos de-
litos; Mto M, desconocerlos, olvi-
darlos.
SiMONSHU. Ignoto, áíieonocido, igno-
rado. Ignoto se refiere & cosas. Mares
ignotot. No puede decíne: humanidad
ignota; ignoto talento.
Detconocido se aplica i cosas j per-
senas. Tierral dae»nocida$, hombres
daeonoeidoi*
ignorado expresa la idea de olvido,
de injusticia, de abandono. Talento
ignorado. AI decir talento ignorado, no
queremos significar que sea un hecho
ignoto; no queremos dar á entender
que sea una cosa desconocida, Quere-
mos decir que «s una cosa ohidada,
porque no saben su valor.
Quizás habrá en el mundo tierras
ignoiat, en donde se agite una huma-
nidad deseonoeidé, «nUe mil bellezas
ignoradat.
Igoal. Adjetivo anticuado. lauAi..
Igreja. Femenino anticuado. Iolb-
su.
Igual. Adjetivo. Lo que es de la
misma naturaleza, cantioad iS calidad
que otra cosa. I Lo que no tiene cues-
tas ni profundidades; j así se dice:
terreno iqual. H Muj parecido ó se-
mejante; y en este sentido se dice: no
he visto ooaa iauA.L, ó ser una cosa
sin tQUi.L-, esto es, na tener semejan-
te. Q Constante en el modo de obrar;
jasi se dice: Fulano es tauJLL en todas
sus acciones. Q Al ioual. Bfodo adver-
bial. Con igualdad. | Bm ioual db.
Modo adveroial. Sn vez de, ó en lu-
gar de, j asi se dice: bh iouál db dar-
me el oUnerOf me lo pides, g Pon iqual
6 POR UH laVkL. Modo adverbial.
loUALUINTa. I QoiDAft TOOOS lODA-
LB8, 6 DBJÁB ¿ TODOS IGUALBS. FraSS
de que puede osarse cuando varios su-
jetos solicitan una cosa y ninguno la
consigue.
ETiHOLOaÍA. Latín a^ualit, de
aquuí, justo, unido, simétrico, armo-
nioso: italiano, eguaU; francés anti-
guo, ivo, wtoel, uel, vgan, egnal; mo-
derno ¿^nl; provenzal, ^nai; catalán,
igual.
SmONiuiA. Igual, id/ntieo. Exami-
nemos el vario sentido de estas dos
frases: hombres igtuUet, hombres idAt-
tim.
Hombres jgualot quiere decir que
tienen la misma estatura, el mismo
aire, las mismas fiieciones; es decir,
la misma presencia.
Hombres idénüeot ciñiere decir que
son de tal manera iguales en todo,
que constitnvett un mismo hombre.
La identidad no consiste, como la
ÍMualdad^ en ave tangán una misma i
nrMi ww mnu manifistaeito »- {
IGUA
terior, sino en que sean perfoctamen-
te ignaUs, aif en los accidentes del
cuerpo como en las propiedades del
alma. Han A^tnindimtiolmente^wh
lt»t así moviéndose eomo hablando,
como pensando, eomo escribiendo,
como en todo lo que pueda oaraetezi-
zarlos.
Las cosas iguales existen separadas.
Dos 6 más naranjas del mismo tama-
ño, peso y color, son dos cosas iguales,
f' sin embargo, cada una ocupa su
ugar.
Las cosas idílicas no pueden sepa-
rarse, porque no pueden dividirse,
porque no puede dividirse un todo sin
que el todo desaparezca. Las dos ideas
que el alma necesita para hacer una
comparación, por ejemplo, son dos
hechos idénticos del alma, puesto que
sin ellos la comparacidn es imposible.
Aquellas dos ideas son idénticas por-
que concurren simultáneamente a for-
mar una unidad de nuestro espíritu,
que se llama comparación. Propia-
mente hablando, no son dos hecnns,
dos funciones, sino una, porque son
dos funciones identificadas.
La razón de este uso consiste en
que lo igual se aplica á la forma; es
decir, á la manifestación sensible de
los hechos en todos loe drdenes po-
sibles.
Lo idéntico, por el contrario, no se
refiere á las ounifestaciones exterio-
res, sino á las propiedades, á lo subs-
tancial de lu cosas.
Lo ignal es distinto: lo iá¿nt%e$ es
uno.
Si una cosa no pudiera distinguirse
de otra, no sería t^tu/, sino idéntica.
Si un hecho cualquiera pudiera dis-
tinguirse de otro, no serla idátticó,
sino ignal.
Lo igual, pues, consiste en las par-
tes, en los accidentes, en las aparien-
cias.
Lo idéntico consiste en el todo^ en
la razón originaria del heeho, en su
principio.
Iguala. Femenino. La acción de
igualar. | Composición, ajuste ó pacto
en los tratos. También se llama así
el estipendio ó la cosa que se da en
virtud de ajuste, y Entre albaQilea,
listón de madera con que se reconoce
la llanura de las tapias ó suelos. |] A
LA IQUALA. Modo adverbial. Al igual.
H Modo adverbial anticuado. Igual-
mente, con igualdad.
Igualación. Femenino. La acción
y e»oto de igualar. Q Metáfora. Ajus-
te, convenio ó concordia. ^ Álgeora.
Anticuado, Bcuación.
STiuoLoaÍA. Igualar: catalán, igua-
iacié; francés, égalisation.
Ignalado,da. Adjetivo que se apli-
ca a algunas aves que ja nan arro-
jado el plumón y tienen igual la
pluma.
Etihología. Igualar: latín, aqua-
tus; catalán, igualat, da; francés, éga~
lisé; italiano, ugualato.
Igualador, ra. Mascalino y feme-
nino. El que iguala.
Itiuolooía. Igualar: catalán, igua-
lador, o.
IGUL
Ignalaaeiento. HascnUno. La ac-
ción y efecto de igualar.
BTiHOLoata. Igualad^: catalán an-
tiguo, iaualament; francés, é^alement.
Igualante. Participio activo anti-
cuado de igualar. Bl q^ue iguala.
Igualanza. Femenino anticuado.
Igualdad. |] Anticuado. Iguala.
Igualar. Activo. Poner al igual
una cosa con otra. | Metáfora. Juzgar
sin diferencia, ó estimar á alguno y
tenerle en la misma opinión que á
otro, p Allanar, j en este sentido se
hice: igualar los caminos ó ios terre-
nos, p Hacer ajuste ó convenirse con
pacto sobre alguna cosa. Se usa tam-
bién como recíproco. J Neutro, Ser
igual una cosa a otra. Se usa también
eomo recíproco. | Recíproco. Ponerse
al igual de otro.
^lUOLOOÍA. Igualí latín, 9guan,
catalán, igualan; francés, égaliser; ita-
liano, ugualare.
Igualarse, Recíproco anticuado.
SuBiaSB Á HAYOBBS.
Igualdad. Femenino. Conformi-
dad de una cosa con otra en naturale*
za, calidad y cantidad. | Correspon-
dencia y proporción que resulta da
muchas partes que uniformemente
componen un todo. || os ¿Niuo. Cons-
tancia/serenidad en los sucesos prós*
peros ó adversos. II ANTB la lby. Igual-
dad de derechos y obligaciones, dog-
ma del derecho político moderno.
BtuiolooCa. igual: latía, egualUas;
catalán, iaualíat; provenzal, engaltat;
francés, áfaliíé; italiano, lyaafttó.
Igusídade. Femenino anticuado.
laUALDAD.
Igualdat. Femenino anticuado.
Gracia, favor.
Etiholooía. Forma lemotina.
Igualeza. Femenino anticuado.
Igualdad, confobmidad.
Igualico, ca, lio, lia, to, ta. Ad-
jetivo diminutivo de igual.
Igualmente. Adverbio da modo.
Con igualdad. | También, asimismo.
Etimología. Igual y el sufijo adver^
bial mente: cat-alan, igualment; proven-
zal, ^ualmen, palmen, M^aÍMm;
francés, également; italiano, egualnun-
te; latín, a¡ualíter.
Iguana. Femenino. Zoologia. Rep-
til con el cuerpo semejanto al del la-
garto, é indígena de la América me-
ridional. En toda la longitud de la
cola y del lomo tiene una linea de
púas, la cabeza chata, y debajo de la
mandíbula inferior, una bolsa ó papo,
3ue tiene también en medio una linea
e púas.
Etimología. Dialecto de los cari-
bes, iuana, guana: francés, iguane.
(Cita de OviBDO, en 1525.)
Iguánido, da. Adjetivo. Propio de
la iguana.
Iguanodón. Masculino. ZooU^ia.
Género de reptiles sauriaaoa fúsiles.
Iguar. Activo anticuado. Ig'ualar.
Iguarucu. Masculino, Zoologia.
Animal anfibio del Brasil, de la mag-
nitud de un buej.
Etiuología. Vocablo indígena.
Iguldia. Femenino anticuado.
laUALUAD.
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ILEA
ILEI
ILIA ii
!(jmdB. Femenino. Gutlqnieni de las
do9. cavidades qne h&j entre las cos-
tillas bisas y el vientre inferior del
cuerpo animu. D Dolor 6 mal que se
padece va aqueHa parte. | Tkhbr so
uu)A. Frase metafórica qae «e dice de
las cosas qae, entre lo qae tienen de
liH«no, selnlla algo qae ftO lo es tanto.
BTiu(».oofA. Latín itté, los ijares:
catalán, ithda,
Ijftdear. Neutro, Menear mucho j
acenradamente las ijadas, lo qae co-
munmente se dice del eaballo.
al. Kascttliae americano. Ija.da.
ar. Sbtsculino. Ija.dá.
ftcendde. A.djetivo. Que no pue-
de lacerarse.
ErivoLpaÍA. Latín iltííelírMHÍii, de
a, por «II, negací<!n, y ISetHtiíUt, la-
eerable: francés, Uk^ralfU.
ÜRcerado, da. AdJetÍTO. No Uee-
rado.
BmiObOQU. Ihetnikí ftanoés,
Ilwaóli. Femeniño. La aocidn de
inferir ó deducir una cosa de otea.
Llámase también así la misma conse-
caaneia.
EnuoLOOfA. Latín illadot ta acción
de lloTar, forma sustantiva abstracta
de ÍllStn$, participio pasivo de inferrtt
llevar adentro; de »*», en, y fmv, lle-
Tar: illatio síuprit el acto de deshon-
rar á una mujer, en el Di^tstot cáta-
las, it-Ueié; francés, iliatton.
Ilapso. Mascsliao. Caída suave,
Inflojo. I Bsgecie de éxtasis contem-
plativo.
BnHOUoU. Latfn illApsiUt partici-
pio pasivo 4fl iUiUi de u, por en,
j Uuig caer; «caer denteo da alguna
cosa» iLLAPüVS tMimot, que ka pene-
trado en las almas. (CicsadN.)— (Caí-
da de lo alto con suavidad, desliz
apacible, influjo celestial. E« voz de
raro wpo j viene del latino liltmut,»
(A.CÁDBMU, DkcÚMrio de Í7x6.) —
<¥ «oa un ilapso divinct y dulcísimo,
las tran«fonaaeD8Íminno.»(M. Agbb-
DA., tomo número 178.)
Ilativo, va. Adjetivo. Lo qae se
infiere ó puede inferirse.
BrufOLoafá. lUei^ latín, illitñm;
catalán, ii-iati%, va; francés, t^'*/*
Ildafonso (sah). Arzobispo de To-
ledo, que nació en 607 v manó en 669,
Era sobrino de Sagtnio III, arxobispo
de Ttdedo, y tuvo por maestro á san
IsidOTO, de Sevilla. Batró en al mo-
nasterio Agaliense, donde le ordenó
de presbítero san Eladio v donde
fué noveno abad. Asistió al noveno
Concilio de Toledo en 653, en que hizo
su profesión de fo el rey Recesvinto, y
snoedió ea el arzobispado á su tío Eu-
genio III, viviendo todavía nueve
mfioa. Dejó, entre otras, las obras
siffoientea: De ta virginidad de la
Madre de Dios; Carta*; Osculo sobre
el pa» eucéríttiat; AnoíactOM al bau~
tisMOf y De tos escritores eclesiásticos^
ÜeadelAa. Femenino. Teratolocia.
Daformidad producida por la dupíiea-
eión de an ser.
Etiholooía. Ileadel/o.
DeadólAco, oa. Adjetivo. Terato-
/q^ía^£n^io de Ja üeádeUa. .......
Ileadelfo. Maséulino. Teraiologia,
Monstruo por ileadelfia. (Caballero.)
EtiuoloqÍa. Griego bIXcw (eileinjt
enroscar, y adetpkát, hennaao: fran-
cés, iiéadeiphe.
Beteña. — 1. Los ilbad».pos son
monstraos dobles en la parte inferior;
esto es, de intestinos abajo.
2. LMmanse ilsadblfos (de eiUinf
enroscar) aludiendo á.las tortuosida-
des de los intestinos: tXXiTvt iSsXipóc
feilein adelpkós).
Ilécebra, Femenino. Ilbckbro. ||
Halago, atractivo, engpaño. Es poco
usado en este sentido.
EnuoLoofA. Latín illecSbra, cebo,
añagaza, hablándose de pájaros (Jus-
tino); encanto, hechizo (Apuleyo);
estímalo, sedación, caricias (Cicb-
hón).
neoebro. Uaseulíno; Botánica, Gé-
nero de plantáis amarantáceas.
BriuOLoaÍA. Latfn üSÉeíhrat espe-
cie de siempreviva 6 verdolaga. (Pli-
NIO.)
Sentido etimológico.^'^ latfn itUei'
hra es una forma de il^eSéríre, encan-
tar, frecuentativo de ilUcíre, tender
lazos, porque -se hubo de creer que el
iLBCBBRO en hierba ¿ propósito para
los encantos.
Ilegal. Adjetivo. Lo que es contra
ley.
Etiholoqía. Latín posterior illeg^
lis, de il, por in, negación, y t^ilis,
legal: catalán, Ú-ie^al; francés, ilié-
gal. ■
Ilegalidad. Femenino. Falta de
legalidad.
BtiMOLoaÍA. lUfal: latfn, illegalt-
tas; catalán, il'legaUtat; francés, Utí-
Ilegalmente. Adverbio de modo.
Sin legalidad.
ETiMOLOdÍA. líegal y el sufijo ad-
verbial mente: catalán, ií-legaimení;
francés, illégalement.
Ilegible. Adjetivo. Lo que no pue-
de leerse.
EriMOLOofA. //, por *», en, y legi^
ble: catalán, il-iegiUe.
Ile^ftimamente. Adverbio de mo-
do. Sin legitimidad,
Btimoloqía. Ilegítima ^ el sufijo
adverbial mente: catalán, it-legltima-
meiU; francés, iltégitimemení; latín,
it^ítíme.
Uegitimar, Activo. Privará algu-
no de la legitimidad, y hacer que se
tenga por ilegítimo al que realmente
era legítimo o creía serlo,
ETiuoLOotk, Il^itmo: catalán, ií-
legitimar.
Ilegitimidad. Femenino. Falta de
alguna circunstancia ó pequisito psra
ser una cosa legítima.
Etimología. Ilegitimo: catalán, il-
legiíimitai; francés, illégitimité.
Ilegitimo, ma. Adjetivo. Lo que
no es legítimo,
ETiuoLOofA. Prefijo i, porm, nega-
ción, y legítimo: catalán, ií-l^itim, a;
francés, tllégitime,
IleiÚco, ca. Adjetivo. Medicina.
Concerniente á la ileftís,
Ileitis.. Femenino. Medicina, Infla-
mación áH íleon, < -
EnuoLoaÍA. /&my el sufijo médi-
co ítis, inñamación: francés, il^í*.
Ileo. Voz que entra ea la composi-
ción de varias palabras anatómicas
para designar el fleon; como íleo-
cecalf eoneemiente «1 íleon y al intes-
tino ciego.
Etiic<h.oo(a, Latín iHa, los ijares,
los intestinos, del griego eilAn, enros-
carse, aludiendo á la forma de aqáe-
llas visceras.
neo-cecal. Adjetivo. Anatomía.
Perteneciente al Üeon y al intestino
ciego.
ETiuoLOofa. Ilep y cecal: francés,
ile'o-cacal.
Ileo-cólico, ca. Adjetivo, Anato-
mía. Referente á los intestinos íleon y
colon.
Etímología. íleo y célico: francés,
iUo-coliq%e.
Deonliclidita, Femenino. Media-
na. Inflamación del íleon y de Ift vál-
vula íleo-cecal.
EnuoLoaÍA, Glriego «¿¿ere, enros-
car, y dyitit (6ux>íf), doble puerta,
válvula: francés, iUo-d%clidÍto.
Ileografía. Femenino. Anatmia.
Descripción de los intestinos.
EtuiolcoU, Ileo y grtiphéín, des-
cribir.
Ileologia, Femenino, Medicina,
Tratado sobre los intestinos.
ETiMOLOofA. Ileo y légosy trafeido.
Ileon. Masculino. AnatomÍa.EMA>
cer intestino, que empieza donde aca-
ba el yeyuno y termina eu el ciego.
Etxuolooía. Ileo: francés, won,
iténm.
SenUdo eiimolágico,-^M fteoN se
llamó así porque está, situado en las
partes ilíacas, 6 aladíeodo & !■ multi*
tud de revoluciona que opera entre
los demás intestinos. (Parbo, /, ÍS.)
Ileosia. Femenino, iLBOsia
Ileosis. Femenino. Medicina. En-
fermedad nerviosa que eocsiste en
convulsiones del íleon.
KriuoLoaÍA. Ileon,
Uercaones. Masculino plural. Geo-
grafía antigua. Habitantes de la Es-
paña tarraconense, que habitaban la
parte comprendida entre d Ebn, el
furia y el mar.
ETUiOLOofa. Latfn itereaonest en
: Plinio; tlercaonincest en Tito Livio,
pueblos de la Taitaconense.
Ilergetas. Masculino plural. Geo-
grajia antigua. Habitantes de la Espa-,
üa tamtconense.qae habitaban el te-
rritorio de Lérida.
ExiuoLoafA. Latín ilergHet, en Ti-
to Livio,-- i¿ffy«to, en las insoripcioBes,
pueblo de la Tarraconense.
Ilergetee. IlbbobTas,
Ileso, 8», Adjetivo. Lo que no ha
recibido lesión ó daño.-
Et^AtOLOaÍA. - Latfn illmeus; de il,
Sor f'n, negativo, y lasnt, dañado, «no
afiado:> nancea, illée; catalis, il-
m, a.
Iletrado, da. Adjetivo. Que carece
de conocimientos en letes} lego en
alguna materia.
Ilez. Hascnlino. Ilicio.
IUa*SylTÍa. Femenino. MUolegie.
Madie de Rómulo. •
touo m >^-> B
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13 ILIB
. Iliacas <TABLÁs). Arqtuolcoia.
FnfftneDto de un bajorrelieTo hallado
«q Fiatochio, que representa los su-
cesos de la guerra de Troja, j que
tiene las figuras acompañadas de su
pombre propio.
1. Iliaco, ca. Adjetivo. Anatomía.
Lo referente al íleon en los ijares; j
fUBÍ se dice: re^uti» ilíaca, y Hubso
ji.£aco, coxal, innominado. Nombre
de un hueso par que ocupa las partes
laterales y exteriores del bacinete. |
Músculo ilíaco. Músculo que sirve
de resorte al movimiento del hueso
del muslo sobre el bacinete. [| Fosas
ilíacas; crksta ilíaca. Las fosas y la
cresta de los huesos ilíacos. U Abtb-
91AS XLÍAGA^. Arterías que se forman
poT la bifureaci^ dé U aorta descen-
dente.
Etimología. íler. francés, iUaque.
tUsado de los médicos para nom-
>n» al dolor cólico; j le llaman enfer^
medad d oasidn ilíaca. Es tos grie^
formada ae iteo»^ que significa la tri-
pa i5 intestino colon, en donde se cau-
sa esta enfermedad.» (Acadbuia, Dic-
cionario de i 1Í6.)
2. Iliaco, ca. Adjetivo poético. Lo
referente á Ilion, Troya.
Etiuología. Ilion: griego, ÍXtaxó^
(iliakésj; latín, iUScut, trojaao; &au<
cés, iliaque.
Iliacos (los). Literatura. Poema de
Juan Tzetzes, que tiene tres partes,
eu^os títulos son: Antihomérica, Ho-
mérica j Posthomérica.
' Il^díuFemenino.J'rNitMAi. Título
de ün poema de Homero.
HmiouaU* Griego tXiic (ilid>),
cosa de Hion: IXiic X*^P" f chora),
los campos de Troja; IXii^ no^vtc
(iliás poiesis), el poema de Ilion, la
Illada; latín, llVidet; francés, lliade;
catalán^ litada.
' Reseña. — Maravilla el hecho de que
la cólera de un héroe haya dado asun-
to al primer poema de la humanidad.
Eu efecto, la Ilíada no es otra cosa
que U epopeya en que Homero canta
ia cólera de Aquiles. El poema grie-
go, de^ués de la Biblia^ es el libro
t^ue Ha causado en el mundo un rumor
m&s grande, pareciendo entrañar la
oÍTÍlízaci(Sn suprema del arte gentil.
. La moralidad ae,ton admirable epo-
peya se co^tíeaeen este verso del gran
preceptista latino:
<Íuidqatá dAirant rege» ploctuntur athivi;
los aqueos, es decir, los pueblos, llo-
ran cuando deliran sus reyes.
Iliades. Masculino plural. Tiempos
heroicos. Nombre con que se designa á
Rómulo y Remo, hijos de /¿ta.
f jlUal. Adjetivo. Ilíaco.
ETIUOLOaÍA. lliMO 1,
Iliberal. Aii^ietiTO. El qna no es
liberal.
{ I}iberi. FemenÍQO. Geografía anti-
gua. Ciudad de la Narvonense al pie
<1«-^ Firi^keos; ho^, Elna. (Plinio.)
. ["CrHidad de laBfltica; hoy, Granada'
(Tito" Lino.)
i BnHqLOaáarf Latín lllihhU, la ciu-
dad .de la Narvonense; lUiberi, la ciu-
' dad da la Bétíeiu
ILIM
Iliberitano, na. Adjetivo que se
aplica al natural de la antigua Ilíberi
ó á lo perteneciente á aquella ciudad;
y así se dice: concilio iLiesaiTANO.
Iliceo, cea. Adjetivo. Que es de
encina 6 roble.
Etiholooía. Latín üice, ablativo de
ilex, illcii, la encina ó roble.
Ilxcet. Expresión asada en los fu-
nerales de los antiguos, para advertir
que había terminado la ceremonia.
Etiuolooía. Contracción de las pa-
labras latinas iré liceí.
Ilicina. Femenino. Química. Prin-
cipio amargo que se extrae de las ho-
jas del ilex aquifoUwn, de Linneo.
ETUCOLoaÍA. JUceo: francés, elicine.
Uicíneas. Femenino plural. Botá-
nica. Nombre de la &milia da las
aquifoliáceas.
ETUioLoaÍA. lUeina: francés, iUei^
néet.
Uicineo, nea. Adjetivo. Botánica,
Concerniente 6 análogo al ilicio.
Ilido. Masculino. Botánica. Géne-
ro de plantas magnoliáceas.
Etimología. IHceo.
Ilicitamente. Adverbio de modo.
Contra razón ó derecho.
EriuoLoaÍA. Ilicita y el sufijo ad-
verbial mente: catalán, il-licitameni;
francés, illicitement; latín, ilHcííi.
Ilícito, ta. Adjetivo. Lo que no
es lícito.
Etiuología. Latín illtciíus; de
por ín, negativo, y UcituSj lícito: ca-
talán, il~tícit, a; francés, illictíe.
Sinonimia. Ilícito, prohibido. Lo
prohibido comprende las acciones y
las cosas; lo itíciíOj solamente las ac-
ciones. Se dice: es ilídío leer libros
prohi&idot. £1 tabAco es un género
prohibido, JJPOT esto es ilicita su im-
portación. Él comercio ilícito es el
que se hace con génwa prohibidos.
(Mora.)
Iliense. Masculino y femenino. El
natural de la anticua Troya.
Btimolooía. lUon,
llimitación. Femenino. Acción ó
efecto de ilimitar. | Lo qae no tiene
límites.
ETiuoLoafa. JUmiíar: francés, illi~
miiaíion.
Ilimitadamente. Adverbio modal.
De un modo ilimitadp.
ETiifOLOGÍA. Ilimitada j el sufijo
adverbial mente.
Ilimitado,da. Adjetivo. Lo ^ue no
tiene límites. || Participio pasivo de
ilimitar.
Etim:oloqía. Ilimitar: latín, iltimt-
tátus; catalán, il-limitat, da; francés,
illimiié.
Sinonimia. Ilimiíado, infinito, — Lo
ilimitado no tiene fin ni término, pero
puede concebirse con la imaginación
del hombre; lo infinito no tuvo prin-
cipio ni fin, y no puede comprenderlo
nuestra inteligencia. Ilimitado fué el
poder de Napoleón; ilimiíada fué la
ambición de Alejandro el Grande; tV
finito es Dios, infinito es el cielo. Lo
ilimitado se aplica la mayor parte de
las veces á la dimensión; lo infinito, al
número y al origen. Ejemplos; illi-
mitad» ei el mar.» .
ILIR
«Infinito es el número de las ea-
trellas.»
Lo ilimitado se aplica siempre i -co-
sas mundanas. Lo infinito, á las so-
brenaturales. (LÓPEZ PcLsaBÍH.)
Ilimitar.' Activo. No señalar lími-
tes.
BriHOUiofa. Prefijo i, por in, nega-
tivo, y limitar.
Ilío. Voz que entra en la composi-
ción de varias palabras de anatomía,
refiriéndose al íleon, como: iLto-LUM-
BAH, ilio-ciXtico, etc
EtiMOLoaÍA. Ileo.
Uio-abdominal. Adjetivo, ^ao^o-
mia. MÚSCULO ilio-abdouinal. Nom-
bre dado al pequeño músculo oblicuo
del abdomen.
EtiholooÍa. Ilio y aédmiual: fran-
cés, ilio-abflominál.
Úio-finaQral. Adjetivo. Anatomía.
MÚSCULO luo-PBUoaAL. Nombre dado
i nno de los múseolos .anteriores del
muslo.
ETmOLOOÍA. Ili^ J femoral: francés,
iUo-fe'moral.
luo-lumbar. Adjetivo. 4Mfos(fs.
Perteneciente al músculo iliaco y á
los lomos.
Etiuolooía. IUo j lumbar: firancéa,
ilio-lombaire.
Ilion. Masculino. Ílbom.
Los griegos llamaron así á la cin-
dadela de Troya, levantada por lio,
cuarto rey de aquella ciudad. Esta
ciudadela contenía el Paüadinm. Los
eolios, algún tiempo después de la
destrucción de Tro^a, levantaron cerca
de sus ruinas, hacia el Norte, una oiu-
dad que también llamaron Ilion. Los
latinos decían Ilium,
Heteña hisidrica. — 1. Nombre de
Troya, tomado del de ano de los reyes,
lio, hijo de Tros.
2. Ciudad del Asia Menor, funda-
da por Alejandro cerca de la antigua
Troya, arruinada por Sila, reconstrui-
da por César y destruida otra ves, de
la cual hay algunas ruinas junto i
Tchiblak. .
Uiona. Femenino. Xi^pos heroi~
COS. La mayor de las hijas de Príamo;
mi^er de Polimnestor, ny da Tmeia.
.Uione. Véase Iliona.
IlionesB. Masculino. Timpo$ heroi-
cos. Hijo de Anfión y de NioSe. | Hijo
de Forbas de Lesbos, que muruS de-
lante de Troya, y que no debe con-
fundirse con el compañero de Eneas
que tenía el mismo nombre. ¡ Otro, de
Troya, que fué muerto por Diómedes.
Ilióneo. Masculino. Mitología. Ca-
pitán troyano, hijo de Forbas, que si-
guió á Éneas, quien le confió varías
embajadas por distinguirse mucho en
la elocuencia.
Ilíquido, da. Adjetivo que se apli-
ca á la cuenta, deuda, etc., que está
por liquidar.
Etiuolooía. In, no» y Uqii^k: ca-
.talán, il-liqnit, a.
Iliría. Femenino. Geografía Mti-
gna. La Bsdavonia. (Cicebón.)
ETiMOLOofA. lUyria (PaopBacio):
catalán, Jl-liria.
- Ilirico, ca. Adjetivo. Pertenecien-
te ¿ la lÜna. (VuQXLio.) { G«i|co v^X-
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ILOT
iteo, "Éi golfo de Veneeia. (íbidbu.)
B-miOLoafA. Latía iUyricut: illtsi-
cns sinus, el mar Adriático» el golfo
de Veaecia.
Ilirío, ría. A.djetÍTo. El natural de
Iliria ^ lo perteneciente á ella.
niño. IlÍhico.
ETiifOLoafA. lUrieo: latín, illyríus;
catalán, il-liri, a.
Uisiadas. Femenino plural. Miío-
ÍMÍa. Kombre de las ninfas de Iliso,
no del Atica consagrado á las mu-
sas, cerca de Atenas, que tenían un
altar en las riberas de ese río. Tam-
bién se llamaba asf á las musas por
estarles cons|^rado dicho rio.
nísidas. ^menino plural. Mitolo-
gía. Nombre que se solfa dar i las
masas.
B-nMOLGOÍA. L&iía Itisus, lugar del
Aticat que es el griego TXkiso? filis-
sos).
Ilision. Masculino. Zoología. Gé-
nero de reptiles ofidíanos.
nísso. Geografía, kttoyo que baja
del monte Himeto, corre al Sudeste
de Atenas j desagua en el golfo de
^ina.
BTliiOLOOÍA.Griego'IXtffffoíf'/iÍMOf^.
Iliterato, ta. Adjetivo. Ignorante
y no Tersado en ciencias j letras hu-
manas.
Ditia. Femenino. Mitologia. Hija
de Jnno, diosa que, entre los griegos,
presidía á los pastos. Bs la misma que
Lucina 6 Diana. Algunos la conside-
ñn como una de las parcas.
KTiiioLoaf A. Griego EEXtíuta ( Eili-
tkyia): latín, Ilithi/ta, con el mismo
significado, en Ovidio; francés, Ili-
Üne.
Uo. Masculino. Tiempos heroicos.
Hijo de Tros y de Caliroe, hija de
Escamandro, fundador de Ilion. Ha-
biendo hallado el Palladium (véase
esta palabra), que cajrd delante de su
tienda desde el cielo, le hizo levantar
nn templo, que fué después presa de
las llamas; pero Ilo saivd el simula-
cro divino, si bien, por mirarle fren-
te i firente, {terdió la vista, que Mi-
nerva le Tolvió. Se dice que vivid en
el siglo XIV antes de Jesucristo.
Ilo^camente. Adrarbio de modo.
Sin lógica.
ETiifOLOofA. Ilógica y el sufijo ad-
Tcrbial mente: francés, illcgtoucmení.
Ilógico, ca. Adjetivo. Jrilotojia.
Lo que care'ce de lógica.
BriHOLoofA. II, por i», no, j lóg^
co: francés, illt^i^ue.
Hosú. Femenino. Estrabismo.
Ilota. Común de dos. Nombre que
se daba á ciertos esclavos en Esparta.
I Metáfora. El que se halla ó se con-
dden desposeído de los goces j dere-
chos de ciudadano, n Metáfora. Perso-
na abyecta, estúpida, envilecida, en
cújo sentido se dice: es un ilota.
Etimología. Griego síXi^ti]^ ó ctXuC
(keiloíef ó heildi): latín, tío/a, forma
bárbara; francés, ilote.
Sentido etimológico, — 1. Ilota sig-
nifica preso, cautivo, esclavo, puesto
qáe el griego heUSs es el participio de
mZ9 (fXw), yo cojo, JO prendo, yo
eÜaTÍzo.
ILUM
2. La forma etimolt^ca es hilota,
puesto que la h representa el espíritu
áspero del vocablo ^ego. Es de de-
sear que la Academia adopte la forma
de origen.
3. Keseña histórica. — Nombreg-ené-
ríco de los esclavos en la república de
Esparta, los cuales eran los primiti-
vos habitantes del país, subyugados
Eor los dorios, conquistadores de la
aconia. Estos esclavos cultivaban las
tierras de sus señores; les entregaban
^arte del producto y los acompañaban
a la guerra en calidad de siervos.
4. Confirman lo expuesto las si-
giiientes noticias: «Cautivos origina-
rios de Mésenla y de Helos llevados á
Esparta como esclavos. Unos lo eran
del Estado, y se dedicaban á servicios
ftúblicos; y otros, se distribuían entre
os particulares para cultivar las tie-
rras, guardar los rebaños y servir en
las casas. Iban también á los comba-
tes, armados' á la ligera, teniendo va-
rios cada espartano en el campo de
batalla. No podían ser vendidos fuera
del territorio, ni manumitidos por sus
dueños. Pan la agricultura, su con-
dición era casi igual á la de los pe~
nestas. En su estado individual, nada
había más despreciable, ni despreciar
do: se les obligaba á cubrirse con una
especie de bonete de piel de perro y á
vestirse con los despojos de las bes-
tias. Anualmente se les daba cierto
número de golpes, sin que hubiesen
cometido falta alguna, para recordar-
les que eran esclavos, y se les embru-
tecía con la embriaguez, para ^ue los
jóvenes espartanos odiasen la intem-
perancia. La población de Esparta era
de 31,400 hombres, y la de los hilo-
tas de 220.000; por esto se empleaba
el terror para mantenerlos en la sumi-
sión, lo que no impidió que se suble-
vasen muchas veces. En algunas cir-
cunstancias, los más sumisos eran de-
clarados libres por el Estado, único
que tenía este dereeho, pero nunea se
les concedían los derechos de ciuda-
danos.» (Véase M. H. Wallón, Hi$-
toire de l' esctavage dans V antiquite'.)
Ilotismo. Masculino. La condición
abyecta de ilota.
Etimología. Ilota: griego, elXuTsía
(heildtela); francés, ilotisme, ilotie.
Ilúcido, da. Adjetivo. Opaco.
Iladir. Activo anticuado. Burlar.
EtiholooÍa. Eludir.
Iluminación. Femenino. La acción
y afecto de iluminar. Q Adorno y dis-
posición de muchas y ordenadas lu-
ces. I Especie de pintura al temple,
que ae ordinario se ejecuta en vitela 6
papel terso.
EtimolooIa. Huminar: latín, illu~
mímtío, forma sustantiva abstracta de
illSmlnatuSt iluminado; catalán, il-U-
minació; provenzal, enlwninaHo; fran-
cés, illwnination.
Iluminaciones. Femenino plural.
Historia. Símbolo de alegría y rego-
cijo en las fiestas públicas, costeadas
por el gobierno y por particulares.
Reseña histórica. — 1. Las ilumina-
cioNKs proceden de la más remota an-
tigilodad, y en ciertas fiestas de Grc-
ILUM 19
cia y Roma eran poco más 6 menos
como las modernas. (Véanse nuestros
artículos laupadoforias, lahptbrias
y JUBQVtS SBCULASBS.)
2. Los griegos y los romanos usa-
ban antorchas de maderos, costum-
bre que subsistió en la Edad media.
3. Posteriormente se usaron vasos
de tierra, llenos de grasa, con una
mecha gruesa de estopa; y después,
los vasos de color, con aceite y una
mecha fiotante. Este procedimiento
fué más perfecto, pues con la ayuda
y combinación de los colores se for-
maron dibujos caprichosos y se imita-
ron monumentos del mejor glasto.
4. El último perfeccionamiento de
las ILUMINACIONES iucolons ha sido
el uso del gas, que principió hacia el
año 1830. La regularidad de los a||^u-
jeros 6 de los mecheros, su duración
constante, á no haber fuerte viento, y
la blancura y diafanidad de la luz,
dan á esta iluhinación cierto- aspecto
mágico, que no tienen las demás. Es
el procedimiento adoptado hoy para
los monumentos públicos y gran nú-
mero de establecimientos y edificios
particulares, donde, merced á la luz
del gas, se ven hasta los más peque-
fios detalles arquitectónicos.
5. Entre las iluuinacionxs más no-
tables se citan, en París, la del Hótei-
de- Ville, de las arcadas de la calle de
Rívoli, del jardín de las TuUerías, de
la plaza de la Concordia y de los Cam-
pos Elíseos. Son célebres las de las
bodas de Napoleón I con la archidu-
quesa María Luisa de Austria, pues
se iluminaron hasta los puentes, cu-
Í'os arcos se dibujaban en semicírcu-
os luminosos reflejados en las aguas
del Sena.
6. La más notable en cuanto á otras
naciones es la de la basílica de San
Pedro, en Roma, que se verifica anual-
mente en la noche del día dé aquel
santo, y también al advenimiento de
un Papa: se compone de 4.400 lin-
ternas de color, que marcan las prin-
cipales líneas arquitectónicas del mo-
numento.
Iluminado, da. Participio pasivo
de iluminar.
Etimología. Latín ilüminStuSt par-
ticipio pasivo de ill^ntínare: catalán,
il-luminat, da; provenzal, enlumenaí;
francés, illumine; italiano, iltuminaío.
Reseña. — Doctor Iluminado era el
sobrenombre de Raimundo Lulio.
Iluminador, ra. Masculino y fe-
menino. El que ilumina. |[ El que
adorna los libros, estampas, etc*, con
colores.
EnuoLOofA. Iluminan latín, Ul9mt-
nator; catalán, il'Uminador, a; provén-
zal, elluminagret tUuminador; francés,
illuminatenr; italiano, illuminaíare.
Iluminados. Masculino plural.
Historia eclesiástica. Sectarios del si-
glo XVI, que sostenían la posibilidad
de llegar al estado perfecto de santi-
dad con sólo la oración. Q Sectarios
de una sociedad fundada en el si-
glo xvm para protegerse mutuamente.
Reseña histórica. — 1. La primen
ftt¿ completamente mf«tiea, y aparií-
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4a íLUM
ILUS
ILUS
«id ¿finjas. del lúglo xvi, cqn los 8U£~
ños 6 delirios de Jacobo ficehme, cu-
JOS discípulos reprodujeion sus ex-
trañas explicaciones sobre las lejres
d6 la naturaleza.
2. En el siglo xviu, loa principios
de esta secta, que descansaban en p&r^
tí en la teosofía revelada, fueron pro-
pagados ^or Fasqualis y Saint-Mar-
tÍD> al mismo tiempo que Manuel
Svedenborg establecía en Suecia la
sociedad de los Vi$ÍoHariot que, ya-
Uéudosé del magnetismo, propagaba
Us más groseras imposturas ; entre
ellas^ la evocación de los muertos.
3. Bsta nueva qecta se extendió por
toda Europa, t el éxito que obtuvo
decidió á uno de sus adeptos á enca-
minarla á ñnes más trascendentales;
decir, á una completa reforma so-
cial. Nos referimos i Adam Weiss-
haupt.
4. Site profesor de derecho, en la-
golstadt, fué el primer jefe de los ilu-
minados ^2í¿tc(u, asociación cayo ob-
jeto aparente era unir, por medio de
un interés común, á losnombres hon-
rados de todos los países, y llevarlos
fi U investigación de la verdad 7 á U
práctica de la virtud. Los miembros
de esta sociedad estaban divididos en
un orden jerán^uico de odio grados,
siendo el superior el de m^o ú hom-
bre-rey.
5. Pero, después de haber reunido
numerosos miembros y de estar afi-
liado en las logias masónicas, el ilu-
mnámo vió descubierta su existencia
y sus secietos; j el elector de Bavie-
ra, enterado de los fines políticos de
la asociación, ordenó su disolución
en 1785.
6. Poco tiempo después, esta secta,
cuja jefe estaba proscrito en Alema-
nia, intentó establecerse en Francia j
se mezcló en el primer movimiento de
la revolttcidn; pero sólo llegó á. re-
unir un escaso número de prosélitos.
7. KI nombre de iluminados pro-
cede de la Iglesia primitiva y se daba
é, los que habían recibido el bautismo,
ora porque se les ilvminaia sobre las
verdades de la fe, ora porque se daba
á los neófitos un cirio encendido, sím-
bolo de la fe j de la gracia que reci-
bían en el sacramento.
numipar. Activo. Alumbrar, dar
luz ó resplandor. | Adornarlos libros,
estampa^ ó cosa semejante con pintu-
ras ó colores. || Adornar con mucho
núaíftfo de luces los templos, casas ú
otros sitios. I Teologia. Ilustrar inte*
rionnonte Dios á la criatura, f Teñir
con los colores correspondientes las
carnes, copa* J demás de las estam-
pa. I Poper por detrás de una estam-
Sas tafetán o papel de color, después
e cortados los blancos. Q Metáfora.
Ilustrar el entendimiento con ciencias
ó estudios,
Btimoloqía. Latín Ulumínare, de il,
por prefijo intensivo, \y luminares
forma verbal de Iñme», luz: catalán,
tV-Zuniftar; provenzal, enltmenar, iilu-
müttr, illmunar, ellummar; dances,
ülumincr; jitalii^o, illumnare.
SlNOHlMiA.'* Ifitminar, alumbrar*
Se alumbra, para ver: se iluMÍna para
la claridad, para la comodidad, para
el adorno: de modo que ilunvtar su-
pone siempre más luz de U que se
necesita para ver.
Las luces que diariamente ponen en
las calles para t^ue la gente pueda an-
dar con seguridad, se ñaman alumbra-
do: las que se ponen en las fiestas pú-
blícss, se llaman iluminacúín. Se altm-
bra una antesala; se «/ndihm nn salón
de baile ó de tertulia. El sol que nos
alumbra, ilumina U tierm, porque la
llena de luz.
Las cartas geográficas j las estam-
pas no se alumbran, porque sin esto se
ve bien el objeto; pero se iluminan,
para que se perciba todo con major
claridad y más gusto. (Jonaua.)
Iluminarse. Uecíproco. Instruirse
6 tomar noticias acerca de alguna
cosa. Q Inspirarse en la gracia divina.
IluminatÍTo, va. Adjetivo. Lo
que es capaz de iluminar.
Etiuoldoía, Iluminar: catalán,
ii-luminaíiu, vai provenzal, illunina^
tiu; francés, illuminatif¡ italiano, illu-
minaíivo.
. namÍBÍsiBo. Masculino. Doctrina
de los iluminados.
Ilanimsta. Partidario del ilumi-
nísmo.
Iluaión. Femenino. Concepto su-
gerido por nuestra propia imagina-
ción sin verdadera realidad, j así de-
cimos: LA ILUSIÓN de un sueño, la
ILUSIÓN del deleite, las ilusionks de
este mundo, alimentarnos de ilusio-
nes. II Retórica. Ironía viva y pican-
te. [| DE ÓPTICA. Error de la visión
acerca de la situación y estado de los
cuerpos. \ HATuaiL. La del fenómeno
de la refracción que nos presenta dos
imágenes diferentes. | artificial. La
que producen casi todos los instru-
men;tos ópticos. U patolóqica. Medici-
na. Seda este nombre á la turbación
de las sensaciones, en que tenemos
flor punto de partida impresiones rea-
es, pero cuja transmisiónópercepción
se verifica de una manera irregular.
Es lo que otros autores denominan
ilusión mórbida. | Bella» arias. Estado
medio entre la observación j el entu-
siasmo, entre la conciencia y la ma-
ravilla, en que nuestro espíritu atri-
buje á las invenciones del arte cierta
apariencia de misteriosa realidad ,
como si la belleza del fingimiento,
tornándose en un ser efectivo, diese
verdad á la mentira. En este sentido
solemos hablar de la ilusiúm de una
pintura, de una estatua, de la músi-
ca, del teatro, como cuando se dice
«sin verosimilitud, no ha^ ilusión,
de la propia suerte que sin ilusión
no ha^ interés.» Para encontrar en los
principios de la estética el fundamen-
to de esta ilusión, fuera menester re-
montarnos á la metafísica del arte,
puesto que aquella especie de embele-
so no es otra cosa que un ente de ra-
zón. Q Asirologia judiciaria. Falsa
apariencia que se atribuía á los pro-
cedimientos mágicos, en cujo sentido
solía decirse: la ilusióm del demonio,
esto es, la ilusión que el demonio
engendraba en nuestros sentidos ó ea
Questra fantasía.
ETiuOLOofA. Latín iVÍHiiío, forma
sustantiva abstracta de Hlüsum, supi*
no de illsdtre, compuesto de », euf
dentro, j Isdere, jugar, forma verbal
de ludutfWe^i catalán, il^lutid; pro-
venzal, illusto; francés, illution; ita-
liano, illutione. — La ilu$ión es el jue-
go de la fantasía, el remedio casero
más usual, el expediente más aeeoni^
do. ¿Qué sería n mundo sin la au-
SIÓN, esa mentira diUce de ania^s
deseos?
Ilusionar. Activo. Causar ilusión.
I Fascinar.
ETiuoLoaii.. Ihu^K firancés, ilht*
sionner.
Ilusionario, ría. Adjetivo. El que
se forja ilusiones. || Ilusobio.
Uosionarse. Recíproco. Llenarse
de ilusiones; fascinarse á sí propio,
mentirse de un modo desagraoalne.
EriMOLoaÍA. Forma reflexiva de ilu-
sionar: francés, t'illustonner.
Uttsívo, va. Adjetivo. Falso, ea-
gañoso, aparente.
EriMOLOofa. Hutidn: catalán, il-iw
sw, va»
Iluso, sa. Adjetivo. Engañado, se-
ducido, preocupado.
ETiuoLoaÍA. Latín illüsut, paxtici*
ftío pasivo de iUüdere, burlarse; cata-
án, il-li*, q.
Ilusoríaiiiente. Adverbio de mo-
do. Con ilusión.
EtiuoloqÍa. Ilusoria y el sufijo ad-
verbial mente: francés, tllusoirement.
Ilusorio, ría. Adjetivo. Lo que es
capaz de engañar. Q Forense, Lo que
es de ningún valor 6 afecto, nulo.
ETiMOLoaÍA. Iluso: callan, il-lutth-
rí, a; francés, illusoire; italiano, iUw-
torio; latín, illüsoríus (en Quicuboat,
Addenda); de iltüsor, el aue se burla,
forma agente de illSsio, nusida.
Meseña. — ^El sentido de U vista es
el más ilusorio. Mucfafts veces vemos
cosas distintas de las que nos parece
ver. Por consiguiente, la sentencia
de santo Tomás, vbr j creer, no es
completamente segura. Más segara
sería la siguiente: sentir y creer^
Ilustración. Femenino. El acto y
efecto de ilustrar.
Etimología. Ilustrar: latín, ilhU'
tritio, forma sustantiva abstracta de
illustratus, ilustrado; catalán , t7-/iu-
traci'J; francés, iUustraíion.
Unatradamente. Adverbio modal.
De nn modo ilustrado.
BTiMOLoaU. Itus^ada y el sui^'o
adverbial swaíf.
Uuatradisimo, ma. Adjetivo su-
perlativo de ilustrado.
Ilustrado, da. Adjetivó. La per'
sona de entendimiento é instruo-
ció».
EtiuolooIa. Latín illustratus, par-
ticipio pasivo de illustrare: cataláB,
il-lustrai, da; francés, iUustré,
Sinonimia. Ilustrado, ilustre. -El
hombre puede ilustrar, ó su entendi-
miento, ó su persona. En el primer
caso, se llamará ilustrado; en t\ n^-
gundo, (¿w<r«.
Cicerdn fué un hombre «/wírtk/o por
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ILÜS
ILUS
IMAG 21
MÑ Mñodáientoa: iku^, por sus
obni.
■ 1m eotendimientos más ihutradot
n eooftindirin cuando lean las ilíuíres
proessB de Napoleán. (Jonaha.)
Dnstrador, ra. AdUsculioo j fame-
iHQD. Bt que iiustia.
BnvoLOOÍA.. Latín iU9Sírator, ú que
dumbra, en Lactancio; el que ilu&tra,
ilamina, aclara, en las insciipciones;
fono* íkgaate de itiutíraúo, ilustra-
ción: cttaláD, il-iusíradér, a; francés,
iUnIréteur, en Cot^nve, siglo xri.
nútrante. Participio activo anti-
cuado de ilustrar. El que ilustra.
Ihistrar. Activo. Dar luz al enten-
dimiento. I Aclarar un panto 6 mate-
ria. ¡ STatUMia, Alambrar Dios inte-
riormente a la eriatara éon la luz so-'
hcenattiral. | Metifora. Hacer ilastre
i el^oaa persona 6 cosa, g Instruir,
dvilizar. |[ Adornar una obra ooñ lá-
minas.
ErmoLOofA. Latía illusfy^re, forma
nrbal de illusiiHs, ilustre: catalán,
Intiw; firancés, ilhsU'er.
SmoHiHiA. Ihutrwr, ttclarar. Estas
roces son en el sentido metafórico lo
que en el sentido xecto alumbrar,
■Mwr.
Se aclara ana proposición oscura
pan que so entienda; ae iktttn con
^ampios á con ilotas lo quo se quiere
presentar con majror cluridad, para
qoe se pcrcibaa-sin trabajo todas sus
auBunstandas j rehoiones. Se aclaran
las Terdadn; se ihatra» \o9¡ hombres
con sus be<¿M8. Un entendimiento
eitrp es el qae ve lo bastante: un en.-
tendimiento *¿tulnit¿o es el que está
adornado do conocimientos. La clari-
dad At aquél se llama ¿fiz natural: la
iUutnuñÓTt. de éste se llama luce»; siem-
pre «Muigiiieota en que ilustrar, lo
mismo que su propio iluminar, supone
majtor luz de la que se necesita para
Tet. (JoBUiia.)
Iltutrarse. Recíproco. Adquirir o
Qoámicnboa; hacerse ilustre.
^ Ilnstre. AdjetiTO. £1 qne es de dis*
tíngoida prosapia, también se aplica
¿la casa, origen, etc. Q Insigne, cele-
bre, l Titnlo de dignidad; j así se
dier. al ilustrb señor. § Plural, ^r-
SMfá. Lasbdtaa.
BmauMiía. I. Forma de hu, (Uon*
2, Bata ^imok^ía no tiene en su
abono ningún ejemplo de la lengua,
ni en grt^j^, ni en. latín, ni en el ro-
maiiee. Ilustsb, como lustre y lustro,
representa positÍTaTn«nte el griego
M9s latín, Uo, jo baflo, positivo ae
httro, Imslñre, padBear coa sáccífi-
eíos j aspersíoDesfde donde viráe el
stgaaSeaAO da réiplandeciente, escla-
recido, famoso, noble, insigne.
DeriwaciiíUt-'-Gn^go Xqúw (hw): la-
tín, ftifr* j htírSr^, bañar y purificar;
lutnmt lustro; iUusiris, ilustre: ita-
liano j fnneós, illutíra; catalán» il-
BaHS* iUtAfrÍM.— Sl.título de.ilku-
fró fin honorífico en el último siglo
del impafio ruMBo. £d Francia se usó
«1 tiempos de las dos primema rasas,
tioiéadola k» altos dignatarios-de pa-
lacio, los ¿ondea, los grandes saflores
y algunos reyes. A contar desde Carió
Magno, que le renuncid después de
ser proclamado emperador, los reyes
no le TolTÍeron á asar. El título de
ilustrísimo fuéllevado de Italia ¿ Fran-
cia por el cardenal Duperrón y reser-
vado á los obispos, cuyo tratamiento
subsiste aún en nuestro país.
SiMONiuiA. Ilustre, esclarecido, insig-
ne, célebre. Estos cuatro epítetos con-
vienen al hombre distinguido éntrelos
demás en fortuna, poder, talentos, etc.
Ilustre pertenece especialmente al
que está en una esfera más elevada; y
sobre todo, al que nació en ella, as
timbre que da ta opinión, y que por
consigniente se halla expuesto i todos
sus caprichos.
Steíarecido conviene mejor al qne
ha aabido adquirir gloria con sus ha-
zañas, colocándose en una esfera su-
perior ó realzando el lustre de la suya.
Los que quieren hablar latín en cas-
tellano, dicen claros varones en lugar
de varones esclarecidos; pero el uso co-
mún (qae no es tan caprichoso como
se cree) no permite aquella expresión
sino á los que confunden hembra con
mujer, y traslado con traducción..
Insigne, que ea su origen quiere de-
cir señalado, indica con más propie-
dad el estado de un hombre láro, por
sus grandes vicios d por sós grandes
virtudás. Un hecho muy peqaeQo,
pero casualmente poeoi conún, puede
dar á un hombre el carácter de imig-
ne; y al contrario, no se lo darán las
aeeionesmás ilustres, ai son de las qne
estamos viendo frecuentemente.
Odebre es aquel cuyos hechos son
conocidos y relatados por la fama. SI
ilmire Cervantes, esclarecido por su
iflsúrtí QñjoUt no ha tenido eeiebri-
daa hasta muchos afios dei^tiés de su
muerte.
Si tañese que citar hombres ilws-^
tres, los buscaría, por ejemplOr en tas
casas soberanas de Earopa. Sí tuviese
que se&alar los esclareeiaos, no me ol-
vidaría de los AleiandroK, Césares,
Corteses, Pizarros, Turenas y Bona*
partes; ni tampoco de loe Víigilios,
Racines, Loekes y Nevtones. Eatre
los insignes, contaría los Diógenes,
los Zenones, los Alcibiadea, los Vi-
riatos, los Colones, las Zenobias, las
Lucrecias, y una inñaidad de roma-
nos dé todos tiempos. Todos los qne
van citados son personas célebres; pero
debe notarse que la eelehridad suele
no estar en proporción con las demás
cualidades: U fama ea como la som-
bra, que aumenta y disminuye los ob-
jetos según, la» distauciae; por otra
parte, no todos los hechos se llegan á
saber, ni todas las círcunstanjcias son
iguales para que ellos hagan siempre
la ünpraiÓB'que debieran, por cuyas
raadnos muchos hombres ñufysei, ua^r
(ra y atdarseidot quedan sin la aU~
¿ni¿ln¿ merecida. (JoHAua.)
IluBtraneata. Adverbio modal.
De un modo ililske. '
ETiuoLoaU. IlusürajA sufijo ad-
varbáaiisralÁr catalán, it-Uutrmcfkt;
feincéi, ilUatrmentt en Lacame.
UiwtreBa. . Femenino an^toado*'
Nobleza eaélaiecida.
IlufltriniiM. Femenino. Trata-
miento que se da á las personas cons-
titaidas en dignidad, á quienes com-
pete. 2 líaacalino. La penona á quien
se da este tratamiento. H So iLuaraísi-
UA. Bl ^sñor abimot -
EriMOLoaÍA. Ilustrísimo: . catalán,
il-lustrissima.
Ilustrísimo, ma. Adjetíro super-
lative de ilustre.
ETnfou>afa. Jlustreí eataláa,
lusíríssim, a; latíu,^ Ulusírüsímur*
Ilutacióit. Femenina. Accián -de.
cubrir con lodo ana pnle dekeaerpo.
I ÍfedÍ6Ímj 9aürinari(L La aeai¿n4e-
untar con Iodo una puta del eompo,
oca dd hombre, ora dc^. antoÉiit me-
dio emplmdo como agente totapeuti^
co; es decir, parftprolucñ un efecto
beneficioao á la salad. . .
ETiuoLoaÍA.- Latín ¿i/üíiú, partiei-
pio pasivo del antigiB) il^eite, d&.Íl,
por negativo, y l^d^ bañar, puri-
near; «no porífiflad», socio:» &anéés,
iUutation.
lila (Sautador). Kacuitor espa&ol,
qae naeió en Cataluña ea la segunda
mitad del siglo xvii y murió ea 1730.
Tomó el háoíto da religioso lago en
la cartuja de Scala Dei el a&o lao4 y
trabajó en. aquel . nionaaterio las co-
lumnas del retablo mayor . ^ otcoa
adornos, losjqné están .en elsagrarío,
y las estatuas de los .profetas meno-
res, que ocupan los ángulos de la nave
principal.
IlUm. JlascnUno. Nombre própio
anticuado, imxks. Después pasó áser
apellido de familia» como ae ve en
Pero Ü.LÍN.
niatia. Femenino. Nombre pr^io'
anticuado. Juliaka'., .
Etiholooía.. ülán.
Illapa. }&Aaa,\ÁinQ. MiUdogia^ üno
de los dbses de los pentanos.
lUaquen. Mascmino. Esleía de
salmón.
Ima. Femenino. Ocre encarnado y
ferruginoso q«e sirve para bt pintura.
Iinada. Femeuiáo. Cada ana de las
explanadas que ae fbmam & hw lados ■
de la quilla de un buque, cnando se .
bota éste el agua.
Imagen. Femenino. Figura, rqne*
sentaclún, semejanza y aparienoia de
alguna cosa. || Estatua, efigie ó pintu-
ra de Jesucristo, d£ la santisúna Vir-
gen ó de algún santo, '^ReUrica. lU*
presentación ó semejanza vira y ex*-
prtfiva de alguna cosa. Q Qirao&R paka >
vasTia luÁOENBS. Frase. que ae dice
de las mujeres cnande llegan, ¿cierta
edad y no se han casado.
EriuourafA.. Latín intago, cuntrae-
ción de inítago, £brma de tmí^ari,. imi-
tar: catalán antiguo, iatage; moderno, ;
imatge; burguiñon, ima^ portn^nés, '
mo^m/franoés» úaa^tf; italiano, «mma-'
gine.
Sentido e¿imo%«c9.— Imagen os uno
de los más grandes y bellos vocablos
de la lengua humana. Tienéel encan-
to de la fantasía, la edutamplacion
del sentimiento, la idealidad de la
mente, la tn^cendeneía del espíritu,
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22
IMAG
lusta al éxtasii de la fe. Los latinos
dieron á la toz del artículo toda su
significación eapíritual y poétíea. Es
vwdaderamento encantadora la armo-
nía del Terso en que Ovidio dice:
cCnando se me representa la iuaobn
tristísima de aquella noche...» (la
noche en que salid de Roma para el
deatierro):
dm tllbítÜUu$ trirtittima noetU luao.
Imagen (derecho db). El jut iha-
oiHis era, entre los antiguos romaaos,
el derecho de todo ciudadano magis-
trado curul á hacerse representar por
medio de un busto de cera de colort
con las Testiduras 6 insignias de su
magistratura. Esta niAaeN se coloca-
ba bajo los pórticos del aíñum, en un
nicho ú hornacina. Los descendientes
la oonserraban j tenían derecho de
hacerla lleTar, como testimonio da
distinción 6 nobleza, en los entierros
de los miembros de su familia. Di-
chas luÁaBNBS eran numerosas en las
familias nobles. Al principio, sola-
mente los patricios podían desempe-
ñar la magistratura curul y tener el
derecho de ivaokn; pero después le ob-
tuTÍeron los plebeyos, cuando pudie-
ron solicitar y desempeñar aquella
mupistratura.
1 uiagencica, lia, ta. Femenino
diminutiyo de imagen.
Ima^nabie. A^etiro. Lo que se
puede imaginar.
BnuOLoaÍA. Imagimiri latín, «M<^-
ffíiaHlÍ9((^cmu.T,AddendaJ;ita\iar
no, impumnibile; francés, imagimbU;
proTenzal, yflM^tiw¿¿«; portugués, ima-
ginavel; catalán, imaginable.
Imagínabundo. Masculino. El que
imagina mucho.
Imaginación. Femenino. Psicolo-
gía. Facultad del alma que le repre-
senta las imágenes de las cosas, f Li-
teratwa y bem» artes. Facultad de iu-
Tentar, puesta en relación con el sen-
timiento de lo bello y de lo sublime,
en cuyo sentido decimos, hablando de
una obra artística, que le sobra ó le
falta UfAQiNACiÓN, lo cual quiere de-
cir que la sobra 6 le <a inyentiya. |
Aprensión faina, ó juicio y discurso de
. alguna cosa qaa no haj en realidad,
ó que no tíene fundamento alguno. Q
Gaboar la lUAaiNACiÓN. Frase. Car-
OAE LA CONSIDERACIÓN. [| DiVAO&R LA
IMAGINACIÓN. Frftse. Distraerse á ob-
jetos diferentes de aquel en que esta-
ba ocupada. | No pabab la imagina-
ción. Frase. No dejar de pensar en
algún asunto. ^ Ofuscarse la imagi-
nación. Locación familiar. Turbarse
6 confundirse el pensamiento. |¡ La
iHAOiNA(»&f Ho DUERME. LocucioQ fa-
miliar con qne significamos que el es-
pirita no reposa.
EriMOLoaÍA. Imaginar: prorenzal,
imaginatiot emaginassio; catalán, ima~
ginmíi francés, imaginaHon; italiano,
imm^úuaione; del latín imSgínatío, re-
presentación, en Plinio; pensamiento,
en Tácito; ilusión, en Arnaldo; forma
sustantiya abstracta de mo^InSíi»,
imaginado.
SiNOSMiA. ímginitei^ii, /antasla.
IMAG
La imoúinaciou es la facultad po^ me-
dio de la cual combinamos los hechos
naturales en un orden distinto de la
realidad. La fantasía es esta misma
&cultad aplicada i objetos que no
existen en la naturaleza. El enfermo
imaginario es el que se figura padecer
males que no siente; el poeta fantás-
ticoea el que crea monstruos, gigantes,
seres puramente ideales. Virgilio, en
los amores y en la muerte de Dido, y
Cervantes, en la pintura del carácter
de su héroe, hicieron uso de la tmo^t-
nacidn; pero el primero en la descrip-
ción delayerno, y el segundo, en la
de la cneya de Montesinos, ostentaron
gran yi^or fantasía. (Mora.)
Imaginado, da. Participio pasivo
de imaginar.
Etimología. Latín imSgínaíns, par-
ticipio pasivo de imagín^f inugmar:
italiano, immaginato; francés, imaginé;
proyenzal, imaginaí; catalán, imagi-
naí, da.
Imaginamiento. Masculino anti-
cuado.Idea ó pensamiento de ejecu-
tar alguna cosa.
Imaginante. Participio activo an-
ticuado de imaginar. Kl que ima-
gina.
Imaginar. Neutro. Formar con-
cepto de alguna cosa, | Actiyo anti-
cuado. Adornar con imágenes algún
sitio. H Anticuado. Impresionar.
Etimología. Latín imagínari, for-
mar especies ó representaciones en la
fantasía; forma verbal de tmo^o, ima-
gen; italiano, immaginare; francés del
siglo xiy, ymaginer; moderno, imagi-
ner; proyenzal, emaginar^ imaginar;
walón, imáginer; catalán, imaginar.
Sinonimia. Imaginar, imaginarse.
Imaginar es formar alguna cosa en la
mente; en algún modo es crear una
idea, ser inventor de ella.
Imaginarse es representarse en la
mente alguna cosa, ó bien crearla ó
persuadirse de ella.
Imaginar necesita tener un oljeto
por complemento j que sea nombre;
maginarse puede ir con nombre, con
verbo, etc.
El que imaginó los primeros earac*
teres del al&beto, Mzo un gran bene-
ficio al género humano.
Los espíritus inquietos se imaginan
comunmente las cosas muj diferente-
mente de lo que ellas son.
La major parte de los escritores
políticos se imaginan haber humillado
a sus adversarios cuando les han di-
cho muchas injurias; mas se engañan
en ello, pues lo que hacen es envile-
cerse. Se imagina uno que siempre ha-
brá tiempo para pensar en la muerte,
y asi es que se pasa la vida sin pensar
en morir. (Mabch.)
Imaginaria. Femenino. Milicia,
Guardia que no presta efectivamente
el servicio de tu, pero que ha sido
nombrada para el caso da haber de
salir del cuartel la que está guardán-
dolo, i Lá misma práctica se sigue en
varias dependencias del Estado, como
en la Administración de correos.
EiuioLoaÍA. Imaginaria: catalán,
imaginaría.
IMAN
Imarinariamonte. Adverbio de
modo. Por aprensión, sin realidad,
BriMOLoau. Imaginaria y el sufijo
adverbial mente: latín, imagtniríei ita-
liano, ímaginariameuteí catalán, imagi-
nariament.
Imaginario, ría. Adjetivo. Lo que
sólo tiene existencia en la imag[ina-
ción. I Metáfora. Estatuario ó pintor
de imágenes.
Etimología. Imaginar: latín, tm^í'
naríus; italiano, (Mo^tiiario; proyenzal,
im^inari; catalán, imaginaria, a, ima-
ginario; imaginagre, el que hace ivoÁ-
genes.
Imaginarae. Recíproco. Fraguarse
en la imaginación; crear una cosa.
Imaginativa. Femenino. Potencia
ó facultad de imaginar.
Etimología. Imaginativo: latín,
ginaíim; (nacÓBj imaginative; c&úaixt,
imMinaíiva,
ImannatÍTO, va. Adjetivo que sa
aplica lí que eontinuamenta imagina
ó piensa.
Etimología. Imaginar: latín, imigí-
natítus; italiano, imaainaUw; francés,
ima^inatif; provenzaL gmaginaíiní ca-
talán, imt^inaiiu^ va.
Imaginaria. Femenino. Bordado,
por lo regular de seda, cu^o dibujo es
de aves, dores y figuras, imitando en
lo i)osible la pintura. | Arta de bordar
de imaginería.
Etimología. laugeu, porque dicho
bordado figuraba tmágenesi catalán,
imaginería, bordado; iw^inatmrat es-
cultura y pintura; esto es, obra de la
imaginación.
Imaginero. Masculino antieoado.
Imaginario, por estatuario, etc.
Imam. Masculino. Título de los je-
fes de varios estados independientes
del Yemen, como el imam de Máscate.
Etimología. Árabe totów
jefe: francés, imam é tmaa, ctxya última
forma es incorrecta.
Reseña histérica. — El que en las
mezquitas, y durante la oración pú-
blica, se pone á la cabeza de la reunión,
pronuncia las palabras y hace los mo-
TÍmientos que loa concurrentes deben,
repetir. Hass&n, hijo de Alí, despoj»*
do del califiito por Moaviah, eonservó
este titulo, que también llevaron los
califas y sultanes otomanos. Entre los
musulmanes sunnitas se da á los doc-
tores ortodoxos más célebres. Los chr-
tas le aplican á un personaje dotado
de virtudes divinas y que posee los
poderes espiritual y temporal. Reco-
nocen doce, el último de los cuales
volverá al mundo para qoo impera la
justicia.
Imamado. Uasealino. Dignidad
del imam.
Etimología. Imam: francés, h»s0m/.
bniüa. Masculino. Mineral de hierro
de color regularmente gris oscuro,
que tiene la propiedad de dirigirse de
8U70 hacia el Norte, y de atraer el
hierro. Se da el mismo nombre al que
se hace artificialmente, que es el que
se usa en las agujas de marear. | Ue*
táfora. Atractivo.
ErniOLOofA. ^Iriegoi?*!»?^ adárnta):
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IMAR
IMBR
IMER 23
litÍB, •áanss; tnneéa antiguo, dai-
mnt; moderno, aimmtt; provenzal, ay-
Mtt, úsimm; cfttaláii, imán. — IhílM 7
tÍMmante fon la misma palabra de
origen.
luÁN. Del griego adamas, compues-
to de la 4 privativa, 7 damaé, domar;
es decir, ol indomable, por comparar-
se la dureza del tnáii á la del dtamm-
Je; as( es que i los dos cuerpos se á\ó
el nombre de adámtUf adantaníls, por
oonsidcrarlos igualmente daros, igual-
mente iadomables. (Monlau.)
Imán. Masculino. Palabra turca
?[ae significa la fe, 7 que no debe con-
undirse con imam, doctor.
Imanar. Activo, Fitica» Comuni-
car al acero ó al hierro dulce la virtud
magnéticm ó las propiedades del imán.
También el níquel 7 el cobalto son
saseeptibles de ser imanados, aunque
más débilmente. .
Etuolooía. Imán,
Sesgiíh — El raro tiene la propie-
dad de IMANAR. Por consiguiente, si
nn 070 toca una barra de hierro,
aquella barra queda, imanada.
Kmairtación. Femenino. Fkica.
Aeeidn 6 efecto de imantar.
ETiHOLoaia. ltM»tar: francés,
aimantation.
Reseña. — La ihantación no añade
peso alguno al cuerpo que se imanta.
Así sucede que una lámina de acero
imantada pesa lo mismo que antes de
imantar. (La Placb, Sxp. IV, i 6.)
Imantadamente. Adverbio de mo-
do. Por medio del imán.
BriuoLoafA. Imantada 7 el sufijo
adverbial mente.
Imantado, da. Participio pasivo
de imantar. | Adjetivo. Epíteto de
4odo cuerpo que na sido objeto de
imantación; 7 así se dice: hierro iman-
tado; i^uja IMANTADA.
EtiholoqÍa. Imantar: francés,
Mwtaníe'; catalán, tmantat, da.
Imantador, ra. Sustantivo 7 ad-
jetivo, (jue imanta.
Imantar. Ihanar.
EnuoLoafA. Imanar: catalán, ima-
nar, imaníítr; francés, aimanter,
Imantúpédo. Iuantópodo. La for-
ma imantépeáo, que aparece en alga*
nos Diccionarios, es bárbara.
Imantdpodo, da. Adjetivo, Orni-
tología, Calificación de las aves que
tienen las patas largas 7 casi desnu-
dás.,
. BTiHOLoaÍA. Griego tftÁ^, Ifuávioc
(Aimás, kimáníosK correa, 7 poSf, pie,
Sor semdjansa ae forma. — ^La forma
irecta es kimanto.
Ima^t. Uasculino. Especie de bos-
tíría turca, en donde comen los alum-
nos de las. diferentes escuelas. El
mismo establecimiento suministra á
ios pobres comida gratuita.
BnuoLoafA. Pronunciación turca,
del árabe «nara^^l^j, edificio pú-
)}lico, fundación piadosa: franc¿s,iflM-
rtí. (Dbvic.)
warmena. Femenino. Mitología,
Divinidad que se cree fuera la misma
que el Destino. Algunos escriben Hi-
«MrakiM.
Imatidia. Femenino. Entomología*
Género do insectos coleópteros de la
América meridional. (Caballero.)
ETiMOLOofA. Griego X^Ánw (himá-
tionj, toga, por semejanza de figura.
La forma directa es kimatidia.
Imbeato, ta. Adjetiro anticuado.
Desgraciado, infeliz.
EnacOLOGÍA. /«, no, j. beato.
Imbécil. Adjetivo. Alelado, escaso
de razón.
Etiholgoía, Catalán, imbedl-lo, a;
francés, imbéciUi; italiano, imbecille,
del latín imiStiUis é imbeMlus, débil,
sin vigor, sin apoyo, en Cicerón; en-
fermo, en Columela; pusilánime, co-
barde, apocado, en Séneca; compuesto
de tft privativo 7 de bSctUut, bastón
pequeño, forma diminutiva de iacu-
lum 7 bacÚluSt bastón, apo70, ajuda.
1. Imbécil significa: «sm apo70, sin
fuerza, sin vigor corporal;» 7 exten-
sivamente, sin fuerza interior, idiota.
2. Littré considera esta voz de ori-
ñen dudoso, lo ciial es un error del
ustre etímologista. El origen del la-
tín imbiaUns está perfectamente de-
mostrado.
Imbecilidad. Femenino. Flaque-
za, debilidad. | Alelamiento, escasez
de razón, perturbación del sentido.
ETiuoLoaÍA. Imbécil: latín, imbécil'
Utas, flaqueza de cuerpo, poquedad de
ánimo; italiano, imbecilhtti; francés,
imbécillité; catalán, imbecil-litaí.
Medicina. — La ihbbciudad es el
primer grado del idiotismo.
Imbécilmente. Adverbio de modo.
Con imbecilidad.
ExiuoLoaÍA. Imbécil 7 el sufijo ad-
verbial mente: latín, imbieilltíer; ita-
liano, imbeeilmenie; francés, imbéctle-
ment; catalán, inbecmament.
Imbele. Adjetivo. Débil, flaco, sin
fuerzas ni resistencia. Tiene uso en
poesía.
Etiholoo£&. Latín imbilUs, inepto
para la guerra, tímido, cobarde, sin
brío, afeminado, voluptuoso; de «n,
no, 7 bellumf guerra. (Horacio.)
Imberbe. Adjetivo. £1 muchacho
que no tiene barba.
ETiuoLoaÍA. Latín imberbis Bimier-
bus, crxy& última forma es más usada;
de in, sin, 7 barba, barba: fetncés é
italiano, imberbe.
Imbibición. Femenino. Farmacia.
El acto ó efecto de embeber.
Etimolooía. Embeber: ^ncés, tm-
bibitio», forma sustantiva abstracta
del latín imbXbtttm, embebido, supi-
no de imbíbere, embeber.
Imbornal. Masculino. Ehbobnal.
ETiifOLOofA. Prefijo in, en, 7 bor-
nal, forma de borne, extremo, límite:
catalán, imbornal.
Imborrable. Adjetivo. Indblbblb.
ETiMOLOofA. In, privativo, 7 borra-
ble»
Imbrasia. Femenino. Mitología.
Sobrenombre de Juno, por creer que
había nacido en las riberas del Imbra-
so, TÍO de la isla de Samos.
Imbrásidas. UascuUno. Mitología,
Asío, hijo de Imbraso, compañero de
Eneas.
Imbraso. llasculino. TimpnU-
roicos, Troyano, padre de Glauco 7
de Ladis. y Padre del traeio Piro. ¡
Mitología. Dios-río de Samos, padre
de Aseo, llamado Imbrásidas.
Imbricable. Adjetivo. Botánica,
Que tiende á sobreponerse por esca-
mas, hablando de las hojas de ana
planta.
Etiuolooía. Imbricacián,
Imbricación. Femenino. IHdáeÜ~
ea. Superposición de cuerpos a modo
de escamas ó tejas.
BtiuoloqU. Imbricado: francés, t'n-
bricaíion..
Imbricado, da. Adjetivo. Conqui-
liología. Que se aplica á la concha
cuya figura es ondeada.
ExiuoLOofA. Francés imbriqué, del
latín imbricatus, hecho á modo de teja,
encorvado 7 revuelto en forma de cu-
curucho; participio pasivo dé imbriea-
re, cubrir con tejado, tema verbal de
imbres, tmbricis, la teja, derivado de
ÚH^, imbrií, tiempo lluvioso, porque
la teja resguarda de la lluvia.
ImbrifarOt ra. Adjetivo. Poética,
Lluvioso.
ErmoLooÍA. Latín imbrí/er, lluvio-
so, en Virgilio; todo lo que inunda,
en Horacio; de imber, imbris, lluvia,
7 /erre, llevar ó producir.
Imbrio. Masculino. Tiempos heroi-
eos. Nombre de un hijo de Mentor,
que reinó en parte de la Caria. Casó
con una hija natural de Príamo, fué
en socorro de su suegro 7 pereció de-
lante de Trova,
Imbso. Masculino. Tiempos heroi-
cos. Hijo de Egipto 7 de Gaíianda.
Imbuido, M. Participio pasivo de
imbuir.
Etiuolooía. Latín imbttus, hume-
decido, empapado, participio pasivo
de imbuére, imbuir: catalán, MtMAif,
da; francés del siglo xxii, embtíí; mo-
derno, imbu.
Imbuimiento* Masculino. Acción
de imbuir.
Imbuir. Activo. Infundir, persua-
dir. Se suele tomar en mala parte.
Etiuolgoía. 1. Latín imbi^re, re-
gar, empapar en humedad, en Colu-
mela; 7 figuradamente, enseñar, in-
fundir la primera noción, practicar el
primer ensavo, de in, en, dentro, 7
del antiguo íuo, buís, ^íus, bafiar, si-
métrico de bUo, bUere, bUííum, beber:
italiano, tmbuire, en relación con el
francés imboire¡ catalán, imbuMr,
2. El participio pasivo bUíus, bafta-
do, se encuentra en las glosas de san
Isidoro.
Imbuirse. Reciproco, Aprender,
preocuparse, empaparse de alguna
idea.
Imbnrsación. Femenino. Provin-
cial Aragón. La acción 7 efecto de
imhursar ó insacular.
Imhursar, Activo. Provincial Ala*
gón. Insacular.
Etiuolooía. /n, en, 7 bolsa,
ImbascabKe. Adjetivo. Que no pue>
de buscarse.
Imera. Masculino. Antigüedados,
Sombrero de flores que llevaba el que
i pretendía iniciarse en los místenos
I eleiuinos.
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24 IMIT
IMMTJ
IMPA
Imilla. Femenina americano. La
moza que cada ranchería de indios
envía semanal mente á bu cura para el
servicio. doméstico.
Imisperio. Masculino anticuado.
Hkuisfbrio.
Imitable. Adjetivo. Lo quese poe-
de imitar ó es capaz 6 digno da imi-
tación.
Btiuoi/ioía, Imitar: latín, mttííbt--
lis; italiano, imitabile; francés y cata-
lán, imitable.
boitacito. Femenino. La accidn 7
efecto de imitar. Q Industria, Produc-
to imitado ' que paede ser penable ,
como la &lsiácaeiÓn, euando se prac-
tica con dolo. I Obba de iuitación.
JAtératitra. Obra en qoa se imita, ora
el estilo 7 la escuela de al^ún autor,
ora los modelos de cualquier género
de ciencia ó arte, ló cual supone cier-
to fondo de creación propia en el que
imita. Cuando la iuitación consiste
en una copia del original, se llama
pla^¡o,.ao lUTÁciÓN, porque la nu-
;rAGiÓN no copia otra cosa que la ima-
gen, el color, la figura. || Estudios de
iiiiTACiÓN. Bella* oríes. Tomados en
sn acepción máís lata» aipresan la idea
üolectiva de laa artes que imitan las
bellezas natnindes, «n toda la esfera
de sus modelos j perfeecioáea. La
huTACiÓH: dícesejpor antonomasia de
la Iuitación de Jesneristo, libro céle-
bre de piedad, que Corneille puso en
verso. En este sentido solemos decir:
se han hecho tantas ediciones de la
FuiTÁciÓN. j| A. .miTACiÓN DB. Locu-
ciÓB adverbial. A guü» ó modo de. O
A náucxÓN TOTA, no he salido de
case.
BníioLOaÍA. Imitar: latín» inutatío^
semejanza, forma sustantiva abstracta
de MnKtó¿iM, imitado: oatalán, imitació;
francés, imií/tfion; italiano, imiímone*
Imitadamente. Adverbio de mo-
dol PAr imitación. ,
Btwolooía. Imitada j el sufijo ad-
-verbial nuúte.
Imitado, da. Adjetito. Loqueimí-
fa o es imitado. . .
BTiiim.(>a¿A. Latín imíimtm, partí-
eipio pasivo de imitare, imitar: cata-
lán, imitat, i/a;' francés, miV; italia-
no, imítalo.
Imitador, ra. Masculino j fema-
niño.' El que imita.
BnuoLóofA. Imitan latín, >fl^£ía¿or;
italiano, imitatore; fniteái, mitateur;
■catalán, imiíador^ a. ' '
Imítente. Partidpío activo de imi-
tar. Bl que imita.
Imitaf. Activó. Ejemitar alguna
cosa &jejemplo ó semejanza de otra. ||
Literaíura. Llevar i cabo una inven-
«ión propia^ ajustáu^se i los mode-
los oe' algún autor ó de alguna es-
cuela, en cuanto al estila^ á Ta forma,
al contorno. \\ Bellas artes. Crear con
arreglo á los originales de la natura-
leza, considerados como tipos de lo
bello y de lo sublime. | Remedar; j
así se dice: Fulano imita á Zutano,
para signifícar.que lo remeda en sus
posturas, en sus ademanes, en su voz,
en su gesto..
BtiuolcoÍa. Latín mK/ar», jcopíar,
seguir el ejemplo, ser parecido, fin-
gir, simular, contrahacer; italiano,
imtare; francés, imiter; catalán, imi-
tar.— ^Imitar, imiíari: verbo formado
do la raíz im y la desinencia frecuen-
tativa iiari. Expresa la tentativa, el
esfuerzo para producir algo semejante
á otra cosa.» (Monlau.)
SiNOMiuiA. Imitar, remeda/r, a>piar.
Estas palabras designan en general la
acción de hacer una cosa parecida á
otra^
El qoe apiar se propone un origi-
nal, y tradace exactamente soa belle-
zas T sos defectos.
El que imitat se propone nn mode-
lo, y trata de traducir el objeto prin-
cipal; pero presentáadolé con mejores
formas qne en él original y embelle-
ciéndole con adornos, hijos más bien
de la imaginación que del arte. ■
Se remeda á las personas pata po-
nerlas en ridículo y exagemr sos de-
fectos.
La acción de copiar es una opera-
ción servil; la de imitar, una opera-
ción de juicio T de gusto; la de reme-
dar, denigra al sujeto. (López Pble-
ORÍ».)
Imitarse. Recíproco. Ser objeto de
imitación, jr así se dice: la natumlesa
SE IMITA en machas ideaciones.
Imitativo, va. Adjetivo. Literatu-
ra. AsTES lUiTATiVAS. Las que se pro*
ponen la imitación de la naturaleza
universal, ó sea las bellas artes. | Ar-
monía IMITATIVA. Betórica. Disposi-
ción paiticular de las letras, do las
sílabas y de los vocablos, con el fin de
imitar el sonido de algún objeto de la
naturaleza, como irueno, bomba, rslám-
fago, gárgara, gárrulo. Esta armonía
no está .únicamente en los sonidos
artificiales 7 exteriores, sino que se
iialia en la constitución del lenguaje
humano,como un gran resorte de idio-
ma y como un' gran prínoipio de filo-
sofía. Así vranos que las palabras
serpiente y silbar corresponden á la
misma serie etimológica, porque co-
rresponden & la misma sene de modu-
laciones, de articulaciones y de ideas.
Así vemos también que los sonidos
tohu bohu tienen en las lenguas pri-
mitivas la significación de lobreguez,
de sombra, de trastorno, de caos. Y es
que la armonía de la imitación signi-
fica á la vez el rumor de la letra y el
mmoT del alma, Q Varibdad imitati-
va. Mincralogia. Nombre dado á una
variedad en que una nueva \vy de de*
crecimiento produce una forma seme-
jante á la de otxa variedad más sim-
ple. I Lo que tiene la facultad de imi-
tar; y mí se dice que el ruido de la
catarata es imitativo del trueno. | Lo
perteneciente á la imitación.
BTiMOLoafA. /mtMr.* . latín, imíí&d-
vus, cosa de imitación; italiano, imita-
tivo; fVancés, imitaíif; provenzal, imi-
iatiü.
Imitatorio, ría. Adjetivo. Lo per-
teneciente Á la imitación.
Immunis. Masculino. Antigüeda-
des, Nombre que se daba en Roma á
los seis primeros cofrades ó colegas
del gran colegio del dios.Silvano.
Imno. Maacolino anticuado. Him-
no.
Imoscapo. Masculino. Árguiteetih
ra. Diámetro inferior do una columna.
ETiuoLoaÍA. Latín fnwf, inferior,
y tíípui, cabeza.
Impacción. Femenino. Cirugía*
Fractura de un hueso en diversas pie-
zas que forman bultos.
Etimolooía. Latín impac^, cho-
que, forma sustantiva abstracta de tsi>
pactuSt impelido, participio pasivo de
impiugk^f arrojar; de m. en, y putifi-
n, clavar, hundir: francés, impaUwu»
Impaciencia. Femmino. Falta de
paciencia. .
ErtMOLoaf A. Impacienten provensal,
impaciencia, enpaeiencia; catalán, Mt-
paciencia; francés, im/iáti«nc«; italia-
no, impaxienát; latín, impUíientía.
Impacientado, da. Participio pa-
sivo de impacientar. -I Adjetivo. Impa-
ciente.
'ETiHOÜ>aÍA. Impacientar: catalán,
impaciéntate da; franeái, impaeiMtí;
italiano, impaaientato.
Impamentor. Activo. Hacer qae
alguno pierda la paciencia. Se osa
también oomo recíproco.
Etimología. ImpatíéiUss eatfclán,
impacientari francés, fMjsalwater; ita-
liano, impazieníare.
Impacientarse. Recíproco. Pen-
der la piunencia. || Estar impaciente.
Btimolooía. Forma reflexiva de
impacientar: catalán, impadentarst;
francés, s'iw^MUienter; italiano, ÍMpo-
xienlarsi.
Impaciente. Adjetivo que se apli-
ca al que no tiene paciencia.
Etimología. In privativo ^jia«t«a-
te: latín, impatíent, impaíienítt; italia-
no, impazieKte; francés, impatient; pro-
venza!, impicient; catalán, impadent, a.
Impacientemente. Adverbio de
modo. Con impaciencia.
EtimoemsÍa. Impaciente y el sufijo
adverbial menta oatalin, impadent-
ment; francés, impatienmení; italiano,
impazientemeníe ; laXía, impiíüuSír.
liupacientlsimo, ma. Adjetivo
superutívo de impaciente.
ETUfOLoaÍA. Impacienté: catalán,
impacieníissim, a; latín, impStieníiesí-'
mus.
Impacto. Masculino. Bstática»
Punto donde la faena piojrectil obxa
sobre la péndola.
ETiHOLoaÍA. Impacción: latín,- »m-
pactus, participio pasivo de impingere,
chocar,
Impalpabilidad. Femenino. Cua-
lidad de lo impalpable.
BtimolooIa. •/tM;)a^¿¿«.- italiano,
impalpabilitá; francés, impalpaUlit¿.
Impalpable. Adjetivo. Lo que por
delgado V sutil apenas es perceptible
al tacto. 1 Farmacia, Remolido sobre
el pórfido.
ETiMOLoaÍA. Itt privativo y palpa-
ble: latín, impalpabtlis (en Quiche-
RAT, Addenda); italiano, imptUpi^He;
francés y catalán, impalpable.
Impanación. Femenino. Tecnicis-
mo y teología. Término usado por los
teólogos para designar la opinión de
los luteranos, que creían que -Jesu-
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IMPA
eriflto dtidradfl m elptn da li Baea-
ríttia j coexiste coa especies,
lin qae haja tnnaubstaneiacióo*
I ETtiioLoafÁ./fi| en, j pan: fimncés,
imptnation.
Rettña, — En el sentido de la escae-
la luterana, se entiende por iupama-
ciÓN la coexistencia del pan con el
eoerpo de nuestro Señor Jesucristo
despaés de la eonsagracién. Esto quie-
ra decir qae, medíante el sacramento
de la Bacaristía, se rerifica la iupa-
!(ACiÓN, como si tuTÍese logar el mis-
terio de la Encamación en las entra-
Ais de la Santa Virgen. (Bossubt.)
Impanador, n. Masculino y fe-
menino. Partidario de la impana^
d¿n.
; Impar. Adjetivo, Lo que no tiene
par ¿ Igual. ¡ Aritmética» Se dice del
número cajra mitad contiene algún
quebrado.
BtwolooÍa. /« priTatÍYO y^ar; la-
tín, impar» impÜrts; francés, impair;
atalán, tmj>ar,
Imparcial. Adjetivo. Bl ^ue no
toma partido 6 no se aplica á ninguna
parcialidad .
EriHOLoaÍA. In privatÍTO y parcial:
italiano, im/>arzM¿«; francés, (npor/w/;
eatalin, im/>areia¡,
Bt$eMa.—THomhxe dado en la Con-
vención i los miembros de ía llanwat
ó sea á los moderados. — Esta palabra
tiene en el mundo una historia terri-
ble. Casi siempre nos denominamos
iHPABCiALBS, para ser parciales con
impunidad.
Imparcialidad. Desinterés, falta
de prevención entre dos partidos, per-
sonas ú objetos.
ETii«>LOof A. Impardal: italiano,
imvtenialiía; francés, impartialité; ca-
talán, imparcialitat,
iBiparcialmente. Adverbio de mo-
mo, gia parcialidad, sin prevención
por una. ni otra parte.
Brnn&ooÍA. Impareial y el sufijo
adverbial mente: italiano, impanial-
mente; francés, tmpartialement,
Impardictilo, la. Adjetivo. Omi'
íeUfia. Calificación de las aves que
tienen los dedos de eada pata en nú-
mero impar.
Btimolooía. Impar y dáctilo*
Imparidad. Femenino. Cualidad
de lo impar.
BmiOLOaU. Impar: latín, imparíU-
tei, forma sustantiva abstracta de tm-
;nH/ú, desigual; italiano, impartía;
francés, imparité.
Imparlamentariamente. Advei^
bio modal. De un modo imparlamen-
tario.
Imparlafltttntario, ría. Adjetivo.
Contrario á las prácticas parlamenta*
lúu.
Imparmente. Adverbio de modo.
De una manera impar.
BtiuolooÍa. Impar y el sufijo ad-
verbial mmte: francés, impairement;
latín, impSríter.
Imparsilabo, ba. Adjetivo. Epíte-
to dado en algunos idiomas á los nom-
bres CUTO genitivo tiene una sola sí-
laba más que el nominativo. (Caba-
uno.)
IMPA
BnuOLOOfA. Impar y titaia: fran*
cés, impartylhle.
Gramática griega y latina. — Propia-
mente hablando, iuparsílabo es el
nombre que tiene en nominativo una
sílaba menos que en los casos oblicuos
del singular.
Declinación iuparsíl aba.— -Declina-
ción de un hombre impabsÍlabo, como
sÜror (nominativo), que hace» en los
casos oblicuos del singular, tSrdrit
(genitivo), sdrori (dativo), sikorem
(acusativo), tSrdre (ablativo); en don-
de vemos que los casos oblicuos del
singular tienen una sílaba más que el
nominativo ó caso recto.
Impartibilidad. Femenino. Ct^ali-
dad de lo impartible. (Caballbro.)
EtiholooCa. Impartible: francés, m-
pwrtibilité,
Fendalimo. — Condición de dos feu-
dos reunidos de tal suerte, que no po-
dían constituir más que una posesión,
aun cuando dependieran en su funda-
ción de dos señores diferentes.
Impartible. Adjetivo. Lo que no
puedb partirse.
Etimología. In privativo y parti-
hU: italiano, imparlibile; francés, im-
partahie, impartageable; catalán, m-
partihle.
Feudalismo. — Nombre que se daba
á los feudos de dignidad, los cuales
no podían dividirse en una sucesión
ó descendencia. A esta clase de feudos
correspondían los ducados, condados,
marquesados, baronías; y en general,
todas las propiedades que envolvían
titulo jerárquico.
Impartir. Activo. Repartir, comu-
nicar. I Forense. Pedir. Se le sigue de
ordinario la voz auxilio.
Impasibilidad. Femenino, Inca-
pacidad de padecer.
Etimología. Impasible: latín, tm-
passUUÍías; catalán, impastibilitat;
francés, tmpassiiiUt/; italiano, impas-
sibiliíá,
Impaaible. Adjetivo. Incapaz de
padecer.
EnuoLOGÍA. In privativo y pasible:
latín, impassUUis; italiano, mpassibi-
le; francés, impatsible; catalán, impas-
tible, impatible, cuja última forma es
el latín tmp&íUílis.
Impasiblemente. Adverbio de mo-
do. Con impasibilidad.
Etiuolooía. Impasible y el sufijo
adverbial mente: italiano, impassibii-
mente; francés, impassiblement*
Impastación. Femenino. Acción
de impastar. | Argamasad substancia
fiastada. | Metáfora. Putrefacción de
a materia.
Etihología. Impastar: francés, m-
paslaiion; italiano, impaslamenío.
Reseña, — El estuco es una iupasta-
CIÓN. (LlTTBÉ.)
Impastar. Activo. Reducir á pasta.
Etiuología. Prefijo ¿n, en, dentro,
sobre, y pastar, forma verbaj ficticia
de pasta: italiano, impastare.
Impávidamente. Adverbio de mo-
do. Sin temor ni pavor.
finyoLOGÍA. Impávida y el sufijo
adverbial mente: italiano, impávida-
mente; latín, impüvídé.
IMPE 25
Impavides. Femenino. Denuado,
valor y serenidad de ánimo.
Etiuolooía. Impávido: catalán, im-
pavidesa.
Impávido, da. Adjetivo. El qut
no tiene temor ó pavor.
ETiuoLoaÍA. Latín impavtdus, que
no teme, de in, no, y pivídus, forma
adje'tiva áe pavor, pavor: italiano, im-
pacido; catalán, im>ávit, da.
Impecabilidad. Femenino. Teo~
¿o^ía. Incapacidad ó imposibilidad de
pecar.
ETiMOLoaÍA. Impecable: catalán, im.
pecabilitat; francés, impeeeabilité; ita-
liano, impeccaHHtá.
Impecable. Adjetivo. Teología. In-
capaz de pecar.
ETiuoLoaÍA. In privativo y pecable:
latín, impecc&bUis; italiano, impecca- •
biie; francés, mpeccabU; catalán, m-
pecable.
Impecables. Masculino plural.
Historia religiosa. Anabaptistas que
sostenían que, después de estar re-
generados por la fe en Jesucristo,
no se podía caer de nuevo en el pe-
cado.
Impecancia. Femenino. Impeca-
bilidad.
Etimología. Latín de san Jeróni-
mo, impeccantía: francés, impeccance.
Impedido, da. Adjetivo. El que
no puede usar de sus miembros ni
manejarse para andar.
Etimología. Impedir: catalán, m-
pedií, da; francés, empiche'; italiano,
impediío; latín, impeaitus, participio
pasivo de impediré, impedir.
Impedidor, ra. Masculino y feme-
nino. El que impide.
Impedien te. Participio activo de
impedir. Lo que impide.
Etimología. Latín impHiens, impe-
dientis; participio de presente de tm-
pediret impedir: francés, empéchant;
Italiano, tmpedibile; catalán,
diení.
Impedimento. Masculino. Obs-
táculo, embarazo, estorbo para alguna
cosa. I Cánones. Cualquiera de las cir-
cunstancias que hacen ilícito ó nulo
el matrimonio. || diriubntb. El que
estorba que se contraiga matrimonio
entre ciertas personas, y- lo anula, si
se contrae. | Iupedibntb. El que es-
torba que se contraiga matrimonio
entre ciertas personas, haciéndolo ile-
gítimo, si se contrae; pero no nulo.
Etimología, Impedir: latín, impí-
dimentum; italiano, impedimento! fnn^'
cés del siglo x, empedemendmoáano,
empéchement; catalán, impediment.
Impedir. Activo. Embanuar que
se ejecute alguna cosa. || Poética. Sus*
pender, embargar.
Etimología. Latín impediré é imp^
dicare, de in, y pes, jtídis, pie: italia-
no, impediré; francés del siglo xui,
empeschier, empecier; xiv, empeecher;
XV, empescher, empecher; moderno, em-
péeher; provenzal, empedegar; burgui-
ñón, empoch/i ampigé; vFalón, épíchi;
catalán, impedir, impedirse.
Sinonimia. Articulo primero.—lu-
pbdir, bstobbab. Impedir supone un
1 obstáculo directo. Ü'f^oríar supone con
Touo III
Digitized by VjOO
I
IMPE
m&t'propiedikd an obstáculo iDdineto,
y n,o pocas Teces iina mera diflcaltad
6 embaTazo.
El padre impide con sn aatorídad
que su hijo salga de casa. La compa-
ñía de un amigo suele estorbar i veces
que hadarnos nuestra voluntad.
Alacnas son las leyes que se ¿an
promulgado en todas partes para im-
pedir los desafíos; pero la loca presun-
ción del amor propio, á que damos
! impropiamente el nombre de honor,
ha etíorbado en todos tiempos el lo^ro
[ de las prudentes ideas de los legisla-
dores.
Vti cuerpo opaco, interpuesto entre
los ojos 7 el objeto, impide el verle;
una niebla no lo impide, pero estorba
para verle bien. Los grillos no impi-
den el andar, pero estorban, (Hdbb-
TA.)
Articulo secundo. — Impkdib, estor-
¿AB. Se impide antes de empezar la
acción; se estorban su consumación j
su progreso. La falta de recursos
impide viajar. Estorban, para viajar,
las dificultades del camino. Las mis-
mas cansas que impidieron por espacio
de tantos siglos el renacimiento de las
letras en Europa, siguieron después
estorbando sus progresos. (Moba.)
Iknpedirse. Recíproco. Baldarse 6
tullirse. 11 Metáfora. Anularse para
ciertos actos.
ImpeditiTO, ya. Adjetivo. Lo que
puede estorbar ó embarazar.
Etimología. Impedir: italiano, im-
peditivo.
Zmpelente. Participio activo da
impeler. Lo que impele.
ÉriuoLOofA. Latín impellens, impel-
tenlis, participio de. presente de im-
pelltre, impeler: italiano, impeliente.
Impeler. Activo. Dard comunicar
impulso á alguna cosa para que se
mueva. | Metáfora. Incitar, estimu-
lar, ■ ■
BriHOLoaÍA. Latín im^elUre, empu-
jar, mover, ¡nducir;-de im, en, dentro,
Í' pelitre, del griego itáXXetv (^álleinj,
anzar: catalán, tmpel-lir; italiano,
impeliere.
Impelido, da. Participio pasivo de
impeler.
ExiifOLodU. Impeler! catalán, tm-
pel-lít, da,
Impenado, da. Adjetivo. Ornitolo-
gía. Epíteto de las aves que no tienen
cucbillos en las alas.
Etiiíolcoía. In privativo y penado,
forma ficticia del latín /i^nnd, pluma,
ala. — El latín impennáíus, que se ha-
lla en Festo, significa sin lana ó ve-
llón, hablándose de las ovejas.
tmpenetralnlidad. Femenino. ^Z-
stca.. Cualidad y estado de lo impene-
trable; y así se dice: la iupB:fBTRAiii-
LiDAD es la propiedad más esencial de
la .materia. |) uolecxtlas. Propiedad
elementalísima de la naturaleza, en
cuja virtud no pueden dos moléculas
ocupar simultáneamente el mismo es-
pacio- y uuTUA. Propiedad de la ma-
teria que impide qui; un cuerpo esté
en el lugar que ocupa otro, [j Metáfo-
ra. Condición de aquello que el pen-
samiento no puede comprender; y así
IMPÉ
se dice: la uipbmbtrabilidad del és-
pfritu; la lupBKBTRABiÚDAD de Dios.
GTiuoLOofA. Impenetrable: catalán,
impeHetrabiliíaí; francés, impe'nétrabi-
liu; italiano, impenetrabilita.
Reseña. — Los atomistas fueron los
únicos, entre todos los filósofos de la
antigua Grecia, que creían en la im-
penetrabilidad de los cuerpos.
Impenetrable. Adjetivo. Lo que
no se puede penetrar. [] Metáfora. Se
dice de las sentencias, opiniones ó es-
critos que no se pueden comprender
absolutomente 6 sin mucha dificultad,
y también de los secretos, misterios,
designios, etc., que no se alcanzan nt
se descifran. || Fitica, Lo que tiene la
propiedad de la impenetrabilidad; y
así se dice: la materia es ihpemetba-
BLB.
Btimolooía. In privativo y pene-
trable: latín, impene írSbtlis; italiano,
impenetrábile; francés, impé^e'trable;
catalán, impenetrable.
Impenetrablemente. Adverbio
modal. De un modo impenetrable.
Etiuolooí A. Impenetrable y el sufi-
jo adverbial mente: catalán, impenetra-
blement; francés, impéh/írabíemente;
italiano, impenetrabilmente.
Impenitencia. Femenino. Obsti-
nación en el pecado, dureza de corjir
zón para arrepentirse de él. | ttnai..
Perseverancia en la impenitencia has-
ta la muerte.
ETiuoLoafA. Impenitente: latín de
san JeriJnimo, impcenítentía, forma sus-
tantiva abstracta de impcenttens, ira-
penitente; italiano, impenitenza; fran-
cés, impénitence; catalán, impanitencia.
Impenitente. Adjetivo, El obsti-
nado en la.culpa, Q Dícese también de
las cosas, como en el roag;nífico ejem-
plo de Bossuet: ¡Oh penitencia iufe-
nitente! ¡Oh penitencia criminal é
infestada del amor mundano! fSermO'
nes, Impenitencia Jnal, i.)
ÉtiholooU. /» privativo,
tente: latfn de san Jerónimo, tM^tnti-
tensy impceníteníif; italiano, impeniíeA'
te; francés, impénitent; chtalán, tmpe^
niíení.
Impensadamente. Adverbio de
modo. Sin pensar en ello, sin esperar-
lo, sin advertirlo.
Etimología. Impensada y el sufijp
adverbial mente: italiano, impensaia-
mente; catalán, impfnsadament.
Impensado, da. Adjetivo que sé
aplica á las cosas que suceden sin
pensar en ellas 6 sin esperarlas.
ETiHOLOaÍA. Jn privativo, y pensa-
do: italiano, impensaío; catalán, impenr
sat, da.
Imperado, da. Participio pasivo
de imperar.
Etiholooía. Latín imprrStus, parti-
cipio pasivo de impi'rare: catalán,
perat, da; italiano, imperato.
Imperante. Participio activo de
IMPERAB. El que impera. || Adjetivo.
Aslrología. Se decía del signo que se
suponía dominar en el año, por estar
en casa superior.
Etimología. Latín imprrans, impe-
rantis, participio de presente de tm;>'-
I rSrtf; catalán, imperaní.
IMPE
Imperar. Neatró. Ejerced Udlg.
nidad íúiperiaL | Mandar, dbníiaar.
BnuOLGoÍA. Latín imperare, dar ór-
denes con autoridad; de in, en, den-
tro, sobre, y pdr&re, disponer, preve-
nir, ordenar; de par, paris, igual, si-
métrico; italiano, imperare; catdjái,
imperar.
Imperata, Femenino. Botánica,
Género de^lantas gramíneas.
Imperativa. Femenino. Tono 6
ademan de mando,
EtimolooÍa. Imperativo.
Imperativamente. Adverbio de
modo. Con imperio, j así se dice: la
ley ordena iupbbxtivahbhts.
BruidLotifA. Imperativa y el sufijo
adverbial mente:.\&tín, iinperativé; ita-
liano, imperativamente; frincés, itnpé-
ratinement; catalán, ímperativamenf.
Imperativo, va. Adjetivo. Lo que
impera ó manda» |] Gramática. Uno de
los cuatro modos del v^rBO, así lla-
mado, porc^ue sirve para mandar, aun-
que también exhorta^ disuade, ruega
y anima. H Se usa también como sus-
tantivo masculino;
Etimología. Jtnperar: latín, ím/"-
rSCivus; italiano, tinperdtivo; francés,
impéraüf; provenzal, imperatiú; ct-la-
lia, imperaíiu, va, *
Imperatoria. Femenino. Botánica.
^nta indfgei&a de Espitfla, de más
de un pie de alto; echa las hoj«s doras,
compuestas de otras, dividida^ en tres
gajos y recortadas por su maig'en,' J
Fas flores pequeñas, blancaí y dis-
puestas en forma dq paiasol.
Etimología. Latín técnico, lÜPEitA-
TOSiUM ostruthi\m, de Linneo.
Sentido etimológico. — Esta pUnta se
llamó imperatoria, aladiendo á las
grandes virtudes que se atribuían a
sus raíces. Así vemos qyc algóoos
médicos recomendaban que se masca-
se de vez in cuando Im rafz de la vt-
PERATOJtlA. . ■
Imperatorio, ría. Adjetivo. Lo
perteneciente al emperador á á la pof
testad *ó majestad imperial* Q Anti-
cuado. Imfebio:^.
EnuotoGÍx. Imperar: latín',
íorftty; ítiliano, imperatcrio; francés,
impératoire; catalán, imperatori,
, Imperatrin'a. Femenino. Q*^*!***
Substancia que se extrae de' la w« e^
la imperatoria.
Imperceptibilidad. Femenino.
Cualidad de lo imperceptible- .
Etimología. lmperCeptible;i\A\i*^^^
impercettibilita; francés, impereepítbf
Ute',
■ Imperceptible. AdjetiTo. Lo que
no se puede percibir.
EriuoLOofA. In privativo y ^«"«í"
tibie: italiano, impercéttibile; trances
y catalán, imperceptible.
Imperceptiblemente. A d v erbio
de modo. De un modo imperceptibi^-
Etimología. Imperceptible jr el »un-
jo adverbial mente: italiano, imp'^^ '
tibilmmte; francés y catalán, impercep-
tiblement.
Impercuso, sa. Adjetivo. Q«e
tiene percusión ó marca.
Etimología. Latín it>tpercussns,
heridoi de in privativo, y psrc*^^'
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: IMPE
l^u^fiO} golpeado, participio pasiyo
it per^Urej golpear.
unperdible. Adjetivo. Lo que no
pttedfl perderse,
£iTIiiÍeu,oo£a. /» privativo j perdir-
^Bp^^onaole. Adjetivo. Lo que
DO se debe ó puede perdonar.
'Bi9«^,oqU. /* privativo y jwífo-
jmMí-' italiano, imperd&nÁhile; francés,
inaardonnable; catalán, imperdonable.
^repede^q, ra. Adjetivo. Que
nó puede perecer.
EriuoLooÍA. In privativo y perece-
dero: francés, impmsgable; italiano,
mpeñturo.
Imperfección, Femenino. Falta de
pe^e^cvín. ^ Falta ¿ defecto ligero en
u moral. ,
BriuoLOofA. /», privativo, y per-
/<cc¿%:, latín de san Á¿ustÍD, imper-
^ifíio; italiano^ m^erjeiioae; fraucés,
mperfectioé; catalán, tni/íír/ícaoi poi-
tuffuéjsi imptr^ecSo.
In^perfecciouable. Adjetivo. Que
no admite perfección.
Imperfectai^en^.. Adverbio de
modo. Coa imperfección.
ÉTiMOLpaíf." imperfecta^ el sufijo
adverbial' «íñíí; latín, itnperfecíi; itA-
.Kaao, imper/ettamente; ft&ncés, impar-
faUevuní; catalán, mper/ecíamení.
ImparfectÍ8Í9Lq,,ma. Adjetivo su-
perlativo de lUPRRFECTO.
Iinperfe^tq, ta. Adjetivo. Lo que
no es perfecto. H Lo que, habiéndose
priuójpfadot no le ha concluido ó per-
feccionado.
ÉaMOtfiQÍÁ.. Latín in^er/ecíus, no
Acábaclo, de privativo, y perjectm,
perfecto: italiano, imperfetio; francés,
imparjkit; catalán, tmpert'ect, a.
Inpiperioliado, da. Xdjctivo. ¿oto'-
UM. Que no tiene lashojas perfoliadas.
Imperforacián. Femenino. Medi-
á%a. Vicio de conformación de algu-
nos órganos del cuerpo que están ce-
rrados, dtibiendo estür abiertos.
EnuoLoaÍA. In privativo, y perfo-
raeúín: francés, imperforation.
Iraperforado, da. Adjetivo. Medi-
.pff«. Que no tiene abertura, debiendo
tenerla, en cuíjo sentido se dice: aw
:xraai;oRADo; boca iúperfobadí..
Btucolooía. /fl privativo, jj;£r/()-
rodo: Crancés, imperforé,
Imperia. Célebre cortesanft roma-
na que, nacida en 1485 t muerta en
1511, puede decirse que fué la Aspa-
sia del siglo de León X. Cuantos lite-
ratos y artistas distinguidos contaba
la ciudad papal, visitaban su casa,
adornada con la más exquisita mag-
nificencia. Beroaldo, Saaolet, Compa-
ra y Colteci, qne se coataban en el nú-
mero de sus amibos, la celebraron en
tus obras. Mund joven y fué'eaterrada
ta la iglesia de San Gregorio, sobre el
monte Calins, grabándose en su tum-
In éste singular epitafio: Xupekia, cor-
tUana romaiu qua digna tanto nomine,
rara Ínter homines forma espécimen de-
dit. Xa existencia de Iupbuia, la espe-
cie de dijgnidad de córtiesana con que
aparece investida, son uno de los ras-
aos mis distintivos del carácter de pa-
gtBÍnio ingreso i U lite'ntura del
..IMPE
Renacimiento. Por lo demás, Impbria
tenía un espíritu tan cultivado que,
con frecuencia, al lado de su laúd y
de sus cuadernos de música, se veían
diversas obras latinas y escritas en
lenguas vulgares.
Imperial. Adjetivo. Lo pertene-
ciente al emperador ó al imperio. Q Se
aplica á una ewecie de ciruelas, cas-
cabelillos. I Femenino. El tejadillo
ó cobertura de las carrozas. |¡ Lugar
en los carruajes llamados diligencias,
al nivel de la vaca, ó sobre ella, con
asientos para los viajeros. ]j Nombre
patronímico.
Etiuoloqía. Imperio: latín, imp:~
rialis; italiano, imperiale; francéi, im-
perial; catalán, imperial.
Impejria] (Francisco^. Poeta espa-
ñol, que vivía á principios del si-
glo _xv. Nació accidentalmente en Ge-
nova y fué á residir á Sevilla, donde
figuró d^ un modo brillante entre los
priinefoS ingenios de su época. Su
firincipal obra es un poema en que ce-
ebra el nacimiento delrej üon Juan,
sn 1405; laff demás obras son de cir-
cunstancias y de poco interés, si se
exceptúa una, cu^o asunto es el des-
tino de una mujer de Oriente, cautiva
de Tamerlán y enviada por éste á Eu-
rioue íll de Castilla.
Imperialismo. Masculino. Partido
de los imperialistas.
Etimología. Imperio: italiano, im-
perialismo; francés, imperialisme.
Imperialista. Masculiao. Partida-
rio del gobierno imperial.
Btiuouoqíá.. Imperialismo: italiano,
imperialista; francés, imperialiste.
ImperiaíineiLta. Adverbio de mo-
do. Con imperio.
Etimología. Imperial y el sufijo ad-
verbial mente: italiano, imperialmente;
francés, impérialement.
Imperiar. Neutro anticuado. lu-
PBRAR.
Impericia. Femenino. Falta de
pericia.
ETLMOLoaÍA. In privativo y pericia:
latín, imp"rtiía¡ italiano, tmperizia;
francés, impéritie¡ catalán, impericia.
Imperio. Masculino. £¡1 acto de im-
perar ó de mandar con autoridad^! Los
estados sujetos al emperador. Tam-
bién se,dá este nombre á cualquier po-
tencia de alguna extensión e impor-
tancia, aunque su jefe no'se titule em-
perador. II 61 espacio de tiempo que
dura el mando y gobierno de un em-
perador. 11 Altanería, orgullo. | Espe-
cie de lienzo, llamado así porque ve-
nía de Alemania. ¡I ORIENTAL. Se llamó
así el de Coustantinopla con relación
al de Homa. Hoy llamamos así á todo
el imperio del Gran Turco. || Mbro
IMPERIO. La potestad que reside en el
soberano, y por su disposición en
ciertos magistrados, para imponer pe-
nas á los delincuentes con conocimien-
to de causa. || Mixto imperio. La fa-
cultad que compete á lus jueces para
decidir las causas civiles, y llevar á
efecto sus sentencias.
ETiuoLoaÍA. Imperar: latín, impé-
rium; italiano, imperio; francés, enpt'
re; provenzai, mperi¡ catalán, imperi.
IMPE 27
Reseña Msítírica. — ^E} impebio era el
poder militar que, entre I09 antiguos
romanos, daba derecho de vida^ muer-
te sobre los soldados 7 sobre todos I09
suborditiados. Los cónsules y los pro-
cónsules le tenían por el solo hecho de
su elección: los pretores, los propreto-
res j el jefe de la .caballería, no po-
dían teneile sino yot voto especial de
los comicios reunidos ea curias.
ImperioBamente. Adverbiode mo-
do. Con imperio y altanería.
Etimología. Imperiosa y el sufijo
adverbial mente: latín, imperipsi; ita-
liano, imperiosamente; francés, imp¿-
rieusemení; catalán, imperiotament.
Imperiosidad* Femenino. Furor
por mandar.
Etimología. Imperio: italiano, m-
periositá; francés, tmpériotité*
Imperioso, sa. Adjetivo. El que
manda con imperio, ó lo que se hace
con imperio.
EItiholooía. Imperio: latía, impc'
riostts; italiano, imperioto; francés, tm-
périeuss; provenzal, impmo$; catalán,
imperius, a.
Imperitamente. Adverbio de mo-
do. Con impericia.
Etimología. Impertía y el sufijo
adverbial mente: latín, im^triíé; italia-
no, impeñíamente; catalán, imperita-
ment.
Imperito, tft. Adjetivo. £1 ^ue ca-
rece de pericia.
Etimología. Ifl privativo 7 iwr¿/o:
latió, imperitus, el q^u,e carece de noti-
cia de las artes 7 ciencias; italiano,
imperito; catalán, impérít, a.
Impermanencia* .Femenino. Fal-
ta de perinanencia.
ETiHOLoqÍA. ImperpMmnte: francés,
iinp¿^rmanence.
Impermanente. Adjetivo. Que no
es permanente.
Etimología. In privativo y pertna-
nenie: francés, impermanení.
Impermeabilidad. Femenino. .^í*
sica, (.'ualidad de lo impermeable.
Etimología. Impermeable: italiano,
impermeabiliíái francés, impermdabi-
Uíe.
Impermeable. Adjetivo, impene-
trable por el agua; y así depimos: cal-
todo impermeable. II Masculino. Un
lUPBRUBABi^; sb^etodo de uso gene-
ral en la estación lluviosa.
Etimología. In privativo ypermea-
hle: latín, impermeahílif (en QuictiB-
rat, Addenda); italiano, úfi/imfieá¿t¿«;
irancés, impermeable. '
Impermutabilidad. Femenino.
Circunstancia de ser una cosa imper-
mutable. U Meíafisica. Uno de los atri*
butps de la esencia.
Etimología. Impermutable.: italia-
no, imp^utabiliiá; francés, imperm»'
iabjlité*
impermutable. Adjetivo* Lo que
no puede permutarse. "
Etimología. In privativo y ^Jímu-
table: italiano, impermuíabileí francés
y catalán, impermutable,
Imperpetuidad. F-emenino. Ca-
rencia de perpetuidad.
Imperpetuo. AcyetiTo. Qae no cjk
perpetuo.
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28 IMPE
IMPE
IMPE
ETmou}ofA.. In privativo j perpe-
túe: latín, imjterpHuut. (Séneca.)
Imperplejidad. Femenino. Reso-
lución en las acciones.
Imperplejo, ja. Adjetivo. Que no
está perplejo.
Imperscrutabilidad. Femenino.
Inebcbutabiudad.
Imperscrntable. Adjetivo. Inbs-
CBUTABLB.
ETnKHX)a£A.. Latín imperserñíaítilis
(QuiCHSKAT, Áddenda); de *n, no;/?«r,
Béntido intensivo, y scrUtSbtlit, que se
puede investigar; forma adjetiva de
scrUlári, escudriñar, reconocer: in-per-
scrüíabílis, «que no puede lecoaocerse
de ningún modo:a francés j catalán,
mperscrutahle.
Imperseverancia. Femenino* FaU
ta de perseverancia.
Etihología. Imperseverante: italia-
no, imperteveranta; francés, impertéeé-
ranee.
Imperseverante. Adjetivo. Qae
carece de perseverancia.
BniiOLoafA. Jn privativo j perse-
verante: italiano, imperseverante.
Imperseverantemente. Adverbio
de modo. Sin perseverancia.
ETiHOLOaÍA. Imperseverante j el su-
fijo adverbial mente.
Imperseverar. Neutro. No perse-
verar.
ETUfOLoaÍA. In privativo j perse-
verar: italiano, imperseverare.
Impersistencia. Femenino. Falta
depersistencía.
Impersistente. Participio pasivo
de impersistir. Que no persiste.
Impersístir. Neutro. Dejar de pex^
aistir.
Impersonal. Adjetivo. Filosofía.
Que no pertenece á una persona en
ftarticular; sino i entidades universa-
es que tienen su asiento en nuestro
discurso. En este sentido se dice: las
decisiones de la razón que se fundan
sobre verdades generales, son imper-
sonales. I Vbbbo impersonal. Gra-
mática. Se aplica al tratamiento en
que no se da al sujeto ninguno de los
comunes de tú, vos, merced, señoría,
etcétera. | En impersonal ó pob iü-
pkrsonaIm Modo adverbial. Impsbso-
MAUIBHTE.
EtiholooÍa. In privativo j perso-
nal: latín, impersdnilís; italiano, in-
-personale; francés, impersonnel; proven-
zal j catalán, impersonal; portugués,
impesíoaL
Impersonalidad. Femenino. FilO'
so/ía. Circunstancia de lo impersonal;
j así se dice: la mpBRSo:4ALiDAD del
derecho; la iupebsonalidad de las
causas ó de los principios. | os la
E9ENUIA. Metafísica. Abstracción pro-
pia de los hecnos espirituales. | gra-
mática, Circonstancia del verbo tm*
personal.
ETiuoLOofA. I»^Mr$aul: francés,
impersonnalit/.
Impersonalisar. Adjetivo. Qermo'
nía. Usar como impersonales «llanos
verbos que en' otros casos no tienen
esta condición; como: hace calor; S8
CUENTA de an marino» etc.
Impersonalmente. Adverbio de
modo. Filosofía, Con carácter imperso-
nal, en cuyo sentido se dice: tía razón
decide, el espíritu juzg^a íupebsonal-
HBNTE.t Q Gramática. Usase para sig-
nificar que el verbo está en una ora-
ción sin persona, como en los ejemplos
siguientes: «llueve, truena, grani-
za.» II Con tratamiento impersonal, ó
modo de tratar á un sujeto usando
del .artículo el j la tercera persona del
verbo, como cuando decimos: «el que
habla, el que arguye, el que va, el
que viene. >
ExiuOLOofA. Impersonal j el sufijo
adverbial mente: latín, impersonaliter;
italiano, impersonalmente; francés, im-
personnellement; catalán, impersonal-
ment.
Impersuadible. AdjetÍTO. Impbe-
SUASIBLE.
Impersuadído, da. Adjetiro. No
persuadido.
ETiMOLoaiA. /n privativo jpenna-
dido: francés, impersnadé,
Impersuasilue. Adjetiro. I«o que
no es persuasible.
EnHoLOQÍA. In privativo y perswh-
sihle: italiano, impersuasibile; francés,
impersuasible; catalán, impersuadible,
impersuasible.
Impersuasión. Femenino. Falta
de persuasión.
Impertérritamente. Adverbio mo-
dal. De un modo impertérrito.
Etimología. Impertérrita y el sufi-
jo adverbial mente.
Impertérrito, ta. Adjetivo. Aquel
i quien no se infunde fácilmente te-
rror, que por nada se intimida.
BTiHOLoaÍA. h&tin imperterritus, va-
leroso; de in, no; per, insistencia, y
terrítus, aterrado, participio pasivo de
terreret aterrar: in-per4erHtus, «que no
se aterra nunca;» catalán, imperté-
rrit, a. — La diferencia entre imper-
térrito y acérrimo no puede ser más
clara.
El impertérrito no teme, no se ate-
rra: el acérrimo no declina.
El impertérrito es temerario: el acé-
rrimo es duro, acre, pertinaz.
Es impertérrito el que ama: acérri'
mo, el que odia.
Impertinencia. Femenino. Dicho
ó hecho fuera de propósito. || La ni-
mia delicadeza, nacida de un humor
desazonado y displicente, como regu-
larmente le suelen tener los enfer-
mos, y Importunidad molesta y enfa-
dosa. II Curiosidad, prolijidad, nimio
cuidado en alguna cosa, y así se dice:
que tal cosa está hecha con imperti-
nencia.
EnMOLOaÍA. Impertinente: italiano,
impertinenta; francés, impertínence; ca-
talán, impertinencia.
Impertinente. Adjetivo. Lo que
DO viene al caso, jj El nimiamente deli-
cado, que se desagrada de todoypideó
hace cosas que son fuera de propósito.
EtiiiolooÍa. In privativo y /wr/»-
nente: \hián,imper^nens, imperíínentis;
italiano, impertinente; francés, impera
tinent, ente; catalán, imperlinent, a.
Impertinentemente. Adverbio de
modo. Con impertinencia.
' BmiOLoaÍA. Impertinente y el sufijo
adverbial mente: italiano, impertiite»~
temeníe; francés, imperítnemment; cata-
lán, imperíinenlmení.
Impertinentísimo, ma. Adjetivo
superlativo de impertinente.
Impertir. Activo. Impartib.
Imperturbabilidad. Femenino.
Cualidad de lo imperturbable.
EtiuolooÍa. Imperturbable: italit-
nn, imperturbabilitá; francés, mperíur-
bahilité.
Impertarbable. Adjetivo. Lo que
no puede perturbarse.
ETiMOLoofA. In privativo y pertnr-
bal'le: latín, imperturhabUis; italiano,
imperturbábile; francés y catalán, im-
perturbable.
Imperturbablemente. Adverbio
dé modo. Sin perturbación.
Etimología. Imperturbable y el su-
fijo adverbial mente: italiano, imper-
turbabilmente; francés, imperturbabU-
menl.
Impervio, via. Adjetivo. Inacce-
sible. Q Antieuado. Continuo, cons-
tante.
EriMOLOofA. Latín imperviust que
no se puede pasar, impracticable; de
fft, no; per, a través, y «w, forma de
vía, camino.
Impetigenes. Femenino plural.
Medicina; Orden de enfermedades al
cual pertenecen la sífilis, el escorbu-
to, la lepra y otras análogas.
ETniOLoaÍA. Impétigo: francés, im-
pett0ine.
tmpetiginosú, sa. Adjetivo. Me-
dicina. Propio de las impetigenes.
Etimología. Impétigo: latín, imp^-
ñ^ínosus; italiano, vaipetiginoso; fran-
cés, impétigineux.
Impétigo. Masculino. Mediana,
Denominación de la sarna canina ó de
una especie de herpe.
Etimología, hulmimpítigo, imp"tt-
gXnis, ardor de la sangre que ocasiona
multitud de granos; forma de impete-
re, atacar: francés, impétigo.
Impetigoso, sa. Adjetivo. Medid'
na. Que presenta los caracteres del
impétigo.
Impetra. Femenino. Facultad, li-
cencia, permiso. | Forense. Bula m
que se concede algún beneficio dudo-
so, con obligación de aclararlo de su
cuenta y ries^ el que lo consigue.—
«Término cuñal que se usa hablando
de determinadas bulas que se llaman
así porque en ellas se conceden bene-
ficios dudosos, con la carga de acla-
rarlos por su cuenta y riesgo quien Ior
consigue. Es voz tomada del verbo im-
petrar.* (Academia, Diccionario de
im.)
Impetrabilidad. Femenino. Cua-
lidad de lo impetrable.
Etimología. ImpetraUe: franc's,
impetrabilité.
Impetrable. Adjetivo. Forense. Lo
Sue puede impetrarse d obtenerse. Q
enbpicioimpethablb. Cánones. Bene-
ficio vacante por muerte, 6 que puede
obtenerse por transferencia.
EriMOLoalA. Impetrar: latín, impe^
ír&bUif; italiano, mpetrahile; francés,
impétrable; catalán, impetrable.
Impetración. Femenino. La ae-
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IMPE
eión y efecto de impetrar. | Teología.
Saerifício de alabanza que glorifica &
Dios con el homenaje mas perfecto,
Ciiumes. Obtención de algún benefí-
do. \ Legülacián a%tig%«t. Obtención
de cartas del príncipe.
BTuoLoaÍA.. Impetrar: impetraíío,
consecución de alguna gneia por rue-
go; italiano, impetración^, impeírattih-
w; francés, impélratton; catalán, mp«-
trañó.
Impetrado, da. Participio pasivo
de impetrar.
EtiuologU. Latín mpeiratm, par-
ticipio pasivo de impetrare, impetrar:
catalán, impeíraí, da; ^ncés, impetré;
italiano, impétralo.
Impetrador, ra. Masculino j fe-
menino. El que impetra.
ETiuoLoaÍA. Impetrar: latín, impe"
írSíor, en el Código teodosiano; italia-
no, impetratore; catalán, impetrador, a;
impetrante
Impetrante. Participio activo de
impetrar. El que impetra.
Impetrar. Activo. Conseguir algu-
na gracia que se ha solicitado y pedi-
do con ruegos. [| Solicitar una gracia
con encarecimiento j ahinco.
Btiholoo¿a. Provenzal impetrar,
empeírar: francés del siglo xiii, empe-
trer; moderno, impe'írer; catalán, impe-
trar; italiano, impetrare, del latín im-
petrare, obtener por ruego; de i«, en,
y patrSre, ejecutar con solicitud, for-
ma verbal de p^ter, pdíris, padre.
Impetrificable. Adjetivo. Que no
puede petrificarse.
Impetu. Masculino. Movimiento
acelerado j violento, ó la misma fuer-
za ó violencia.
EntaOLoaÍA. Latín im^tns, movi-
miento furioso, forma de impetere, acó.
meter; de ta, en, dentro, sobre, j pe~
tíre, asaltar: italiano, impeto; catalán,
imMtn.
Impetuosamente. Adreibio de
modo. Con ímpetu.
BnuoLOOfA. Impetuosa j el sufi-
jo adverbial mente: italiano, impetuosa-
mente; francés, impéíuetaement; cata-
lán, inpeíuotament.
Impetuosidad. Femenino. Íhpbtu.
BnuoLOGÍA . Impetuoso : italiano ,
impetuotitá; francés, impétnosité; cata*
lán moderno, impetnotitat; antiguo,
impetnL
Impetaosisímamente. Adverbio
de modo superlativo de impetuosa-
mente.
ETiifOLoaU. Impetnosisima ^ el su-
fijo adverbial mente: catalán, mpeíw-
iíuimament,
Im^tuosisimo, ma. Adjetivo su-
perlativo de IHPBTUOSO.
Impetuoso, sa. Adjetivo. Violen-
to, precipitado.
ÉrniOLGOÍA. ímpetn: latín, impHuo-
nu(en QuiCHBBAT,.á¿¿«iu/ti^;italiano,
impetuoso; francés, impétwux; catalán,
impetuós, a.
BinoNiMiA. Impetuoso, vehemente,
violento, filoso, Et hombre impetuoso
lo « en sus acciones; el eehemente, en
sus sentimientos y en su conducta; el
wioieñtOt en sus pasiones; ú/oaoso, en
su imaginación. Así es que ei ímpetu
IMPL
está en los movimientos;laoíA^«ne*a,
en el lenguaje; la violencia, en la exas-
peración; la fogosidad, en los deseos.
El que obra inpremeditadamente, con
arrebato y sin reflexionar en las con-
secuencias, es impetuoso; el que exige,
pide, incita ú ordena con insistencia y
con energía, es vekemMte; el q^ue atre-
pella toda consideración y quiere que
todo ceda á au voluntad, es violento; el
que se exalta con fiieilidad, exagera
cuanto piensa t cuanto siente, pr se
entusiasma con los más leves motivos,
es fogoso. (Mora.)
Impía. Femenino. Hierba parecida
al romero.
Impíamente. Adverbio de modo.
Con impiedad, sin religión.
BTUfOLoafA. Impía y el sufijo ad-
verbial mente: catalán, impiament; la-
tín, ifff^lí^.
Impiedad. Femenino. Falta ^9 pie-
dad ó de religión.
Etiuolgoía. Impío: latín, impietas,
falta de respeto y veneración contra
Dios, la patria, los padres y superio-
res; italiano, empieía,impieíá; francés,
impieté; catalán, impieíat; portugués,
impiedade.
Impígero, ra. Adjetivo anticuado.
Activo, pronto, vivo.
Etiuolgoía. Latín fm/>^«r, pronto,
diligente; de in príyativo y p'iger, pe-
rezoso. (ClCBEÓN.)
Imjpiisimo, ma. Adjetivo superla-
tivo de impío.
Impingar. Activo anticuado. Lar-
dear alpfuna cosa.
Impío, pta. Adjetivo. Falto de pie-
dad. |] Metáfora. Irbblioioso.
Etiuoloqía. In privativo y pío: la-
tín, impíns, perverso, sin clemencia
ni religión; italiano, empto; francés,
impie; catalán, impío, a,
Impfreo, na. Adjetivo anticuado.
ElCPÍBBO.
Impla. Femenino anticuado. Velo
ó toca de la cabeza. Se usa también por
la tela de que se hacían estos velos.
Implacabilidad. Femenino. Cua-
lidad de lo implacable.
Etiuoloqía. Implacable: latín,
implacSbíliías; italiano, implacaiiUta;
francés, imphca&ilitif.
Implacable. Adjetivo. Lo que no
se puede aplacar ó templar.
Étiuología. Latín implieSbtUt, de
in, negación, ^placabtlis, simétrico de
plSct^, pláeiao:italiano,m/)/a(;á^7«;
francés j catalán, implacable.
Implacablemente. Adverbio de
modo. Con enojo implacable.
Etiuolgoía. Implacable y el sufijo
adverbial mente: francés y catalán,
implacablement; italiano, ^mplacabil-
mente.
Implantación. Femenino. Acción
ó efecto de implantar.
Etucoloqía. Implantar: francés,
implaníalion.
Implantar. Activo. Ingerir una
cosa en otra.
EnuoiXKiÍA. /m, en, dentro, sobre,
y jplantar: italiano, implantare; fran-
cés, implanter.
Implaticable. Adjetivo. Lo que no
admite plática 6 eonreisación.
IMPL
29
ÉnuoLoaU. In ^ny&tivo y platíca-
ble: catalán, implaticable*
Implexo, xa. Adjetivo. Literatura.
Epíteto de los poemas épicos que pre-
sentan vicisitudes en la fortuna de los
héroes. \ También se dice de obras
dramáticas, hablándose de la variedad
de episodios, ligados convenientemen-
te al argumento. En este sentido se
dice ^ue una acción puede ser ihplb-
XA, sin dejar de ser ana.
Étukm/kiüa.. Latín implea^t enre-
dado, participio pasivo de implectere,
enredar; de in, dentro, y plectere, ple-
gar, hacer dobleces: crocodilo kifwii-
nes dentibus implectuntub: al coco-
drilo se le enredan muchas sanguijue-
las en los dientes: francés, implexe.
Implicación. Femenino. Tecnicis-
mo de escuela. Oposición de los térmi-
nos entre sí, como cuando hay contra-
dicción entre dos ó más proposiciones.
Etiuolgoía. Implicar: latín, impli-
cado, embrollo, confusión; italiano,
implieazione; francés, implicaíúm; cata-
lán, implicad^, implicancia.
Implicado, da. Participio pasivo
de implicar.
Etiuolgoía. Latín %mpUc&tus, en-
redado, mezclado, envuelto; partici-
f)io pasivo de implicare, envolver; ita-
iano, implícalo; francés, impliqué; ca-
talán, impUcaí, da*
Implicancia. Femenino. Ihplica-
CIÓN.
Implicante. Participio activo de
implicar. Lo que implica.
Étiuología. Latín implícans, implí-
cantis, participio de presente de impli-
care: catalán, implicanl, participio ac-
tivo de implicar.
Implicar. Activo. Envolver, enre-
dar. Se usa también como reciproco.
I Neutro. Obstar, impedir, envolver
contradicción. Se usa más con adver-
bios de negar.
ETUfOLoaÍA. Latín implicare, enre-
dar, envolver; de m, on, y plícare,
plegar: portugués y catalán, implicar;
francés, impliquer; italiano, implicare.
Implicatorio, ría. Adjetivo. La
que envuelve ó contiene en sí contra-
dicción ó implicación.
EtiuolooU,. Implicar: catalán, tfí*-
plicatori, a.
Implícitamente. Adverbio modal.
De un modo implícito.
EriHOLOofA. Implícita y el sufijo
adverbial mente: latín, imptUUti; ita-
liano, impUeitttmeñte; francés, mplid-
tement.
ImplícLto, ta. Adjetivo. Lo c[ue se
entiende incluido en otra cosa sin ex-
presarlo. B Voluntad implícita. Pra~
sología. La voluntad que no se mani-
fiesta tanto con palabras como con az-
ciones y hábitos. Q Fe implícita. Dog-
matismo. La creencia de un punto de
doctrina, fundada en la autoridad de
un testigo. II Fe implícita. Moral.
Confianza absoluta en la autoridad ó
palabra de alguno, sin explicación u
criterio que persuada al ánimo. J Pito
POSICIÓN Ú OEACIÓN IMPLÍCITA, óramá-
tica y lógica* h% f\yx9 contiene sujolo,
cópula y atributo, á sea nominativo,
verbo y acusativo, aunque no se ex-
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30 IMPO
presen todoi loa térmjaos, en cujo
caso ha^ aae sobrentenderlos lógica (S
{^msticalmente. Marchad, por ejem-
plo, es ana proposición iuplícita,
puesto que equivale á: cejecutad vos-
otros la ftcción de marohar,» en donde
tenemos que sobrentender los térmi-
nos que no se expresan, pero que es-
tán implícitamente jsontenidos en la
proposición.
Btiiíología. ImfUcar: latín, implt-
düa; italiano, impliciío; francés, im-
pUcite; catalán, inplícit, a.
ÍUteüa. — 1. Acerca de la fe implíci-
ta, se disputó mucho en los tiempos
del dogmatismo escoláfMiico.
2. 8e han provisto de una fe
tástica, que luman implícita ó jsiusu-
bierta. (Calvino, J%st. 418.)
• 3, £1 apóstol cree que no basta U
fe lUPLÍciTA. (Ibioeu.)
ImploraUe. Adjetivo. Que puede
implorarse.
ÉtüuoLOOÍA. Implorar: latín* implo-
rahilit; francés, implorable.
Imploración. Femenino. La acpió^
^ eSecto de implorar. | Ruego encare-
cido. J Cánones. Ei recurro de la justi-
cia eclesiástica antela jjoátiaia secular.
Btihqlooía. Implorar: latín, implo-
ritió; italiano, implorazione; francés,
imploraiion; patalán, imploramc^í.
imploradamento. Adverbio de
modo. Inxpltícando.
BruiOLoafA. Implorad» j el fu^o
adverbial mmU*
Implorado, da. Participio pasivo
de iúiplorar.
- EnHDLOOÍÁ. Implorar: latín» implo-
reUuti catalúi, im^lorat, da; fraoeés,
implore'; italiano, implorad-
Impiojiador, ra. Sustantivo y ad-
jetivo. Que implora.
EnMOiiOQÍA. Implorar: franeás, im-
ploreur, implarat<itr; catalán, implora^
dor, a.
¿nplorar. Aetivo. Pedir con rué-
ólág-rimas.alguna cosa. Q Cáno-
nes. Pedir auxilio al brazo recular;
esto es, á la justicia ordinaria.
EnHOLOOÍA.. Latín implorare; de ift,
en, dentro, y plorare, llorar: catalán,
implorar; franoes, implorar; italiano,
inpkrtíng. Bk primero qjie imploró, su-
plicó llorando.
. ' bnplttae. Adjetivo que se aplica á
las aves cuando no tienpn pluma.
Elii4oi.QOfA. Latín i^plümit; de tu,
no, y plñma, plun}a;-.<sin pluma.»
Im|tqótíca99Pt:e< ¿.dverbio de mo-
do. Sin poesía.
BTucoLoaí^. ImppáHca y el sufijo
adverbial mente.
InpoétípQ, «ca. Adjetivo, Que no
tiene poesía.
Impolítica. Femenino. Dbscortb-
vU.
BTiKOLOaÍA.. Impolítico: catalán,
impoUíiea.
ImpoUticainepte. Ad.verbio de
modo. Con impolítica. | Contra las
res-las de buen ¿obierno.
BtimolooÍa. fmpoUíica y ci sufijo
adverbial mente: francés, impoliltque-
K4ní, contra las reglas de la política,
cieneia de los jBsUdoa; italiano, impo-
lUieimadi.
iMPp
IiiapolitíGo, ca. Adjetiva. Falte de
política ó contrarío á ella.
EriMOLoaÍA. Jn privativo jjjoíííico;
catalán, impolític&t ca; francés, impo^
litífue; italiano» impolítico.'— ÉÍ fran-
cés impoliiigtte no tiene el sentido de
inurbano.
Sinónima, Impolítico, grosero, rús~
¿ico. Es mayor defecto ser grosero qne
simplemente ¡mpolííico, j lo es más
aún el ser rústico.
Bl impolític* es por falta de buencs
jmodos y á nadie agrada; el or osero,
por tener modos desagradables, y á
todos es insoportable; el rxfíico los tie-
ne chocantes ; nadie puede sufrirle.
. ■ Lfi impolítica es el defecto de gentes
de una m,ediana educación; l&grosería
1^ «s de los que la han tenido mala, y
lá rfaticidadt de los ^ué no han tenido
ninguna.
Bn el trato del mundo se sufre al
impolítico^ se huje del grosero y no se
quiere trato con el rústico, (March.)
Impoluto, ta. Adjetivo. Limpio,
«o mancha.
Btimología. Latín impollütiu, libre
de mancha, en Tácito; de in, no, y
pollüíus, manchado, profanado, per-
vertido; participio pasivo áepoliutre,
mojar manchando, corromper, sedu-
cir: francés anticuado» impolln, que se
halla en textos del siglo xTi; catalán,
impol-lut, a.
Imponderabilidad. Femenino. ^í-
sica. Cualidad de lo imponderable.
SfrpioLoofA. Imponderable: franeés,
imponderabilit¿.
Imponderable. Adjetivo metafóri-
co. Lo que excede á toda ponderación,
tomado en buena y en mala parte ,
cora o cuando decimos: maldad iupoh-
DBEABUEl lUPONDBRABLB amor. [1 FlÚI-
DOá IMPON deríveles. Fisici y fisiolo-
gía. Substancias sutilísimas^ verdade-
ros arcanos de la materia, cujo peso
no puede averiguarse con los instru-
mentos de hoy, sin embargo de su-
ponerse que estén dotadas de cierta
corporaliaad. No ejerciendo tales subs-
tancias acción alguna en la balanza
más seusible, su existencia, como
entidades materiales* no pasa de ser
una simple hipótesis; sin embar-
go, esta hipótesis, aconsejada por la
ciencia, no renuncia á U demostra-
ción de las experiencias futuras. Los
Jlúidos lUPONDER-VBLES (la luz, el caló-
rico, la electricidad, el maguctismo,
el fluido nervioso) son los grandes
misterios de la física, y, aun más que
de la física, de la fisiología. Bl.día en
que t^s ñuidos se ponderen, la físío-
.logia será indudablemente la primera
de todas las.ciencias, esto es, la ^rau
filosofía del porvenir. A.sítoanuncia en
ia bunu^idadel espíritu de laprofecía,
lengua sagrada. de todos los siglos.
ÉruipLQofA.. In privativo y ponde-
radle: francés, impond&^le; catalán,
itiaon^íerable.
Imponderación. Femenino. Falta
de ponderación.
Jmponderado, da. Adjetivo. Físi-
ca, Que no ha sido pesado, que no
.ptudfl pesarse, como la claridad. Por
consiguiente, podemos decir que la
IMPO
claridad es ana tHisíancia iufondeba-
DA, un fenómeno imponderado.
Etiuología. In privativo j ponde-
rado: francés, imponderé.
Imponedor, ra. Masculino y femé,
niño. La pei'sona que impone.
BTiHOLOofA. Impositor: italiano,
imponilore.
Imponente. Participio activo de
imponer. El que impone. | Masculi-
no. Un imponente; los imponentes.
Etxuología. Latía imponeus^ im^ii-
nentis, participio de presente de tis-
poHire, imponer: italiano, imponente;
francés, imposant.
Imponer. Activo, Poner carga,
obligación ú otra cosa. | Imputar,
atribuir falsamente á otro alguna
cosa. ]] Instruir á alguno en alguna
Cúsaj enseüársela. ¡[ Infundir 'respeto,
miedo. Se usa también como recipro-
co. Q Imprenta. Uenar con cuadrados
ú otra cosa el espacio que separa las
planas entre sí, para que" impresas
aparezcan con márgenes proporciona-
das, I Poner dinero á rédito^. I| Poner
dinero en ol giro mutuo, para remi-
tirlo á los interesados.
ETiuoLoaÍA. Latín impondré, poner
encima; y figura dará ente, encañar;
de í'n, en, y poneré, poner: catalán, í«-
posar; francés, imposer; italiano, im-
pon ere.
Impopular. Adjetivo. Lo que no
.es grato á la multitud, ora se trate de
Sersonas, como Aom&re iupopulab, ora
e cosas, como disposiciones iupüpula*
BBS.
EriuoLoaÍA. /« privativo y popular:
francés, impop%laire¡iUA\KSiQ,impopvr
lare.
Impopularidad. Femenino. Des-
afecto, mal concepto en el público;
condición de lo impopular.
Etiuoloqía. Impopular: italiano,
impopulayiía; francés, impopularili; ca-
talán ficticio, impopularitat.
Importable.' Adjetivo anticuado.
Insoportable. Q Comercio, Capaz de
ser importado.
Etuiología. Importar: latió, impor-
tdbílis; '\isXÍ3íixo, -importabile; francés
catalán, imppriaHe.
' Imjportación. Comercio. La inb'o-
duccion de géneros extranjeros. | In-
troducción de anímales y plantas con
el objeto de aclimatarlos en nuestro
país, y Invasión de una enfermedad
contagiosa, procedente de naciones
extrañas. | iletáfora. Aplícase tam-
bién á cosas é intereses no materiales,
.como cuando decimos: «luroaXACiÓN
de las ideas; importación de ciencia^
de industrias, de artes. >
EtimolouíÁ. Importar: catalán, ím-
;íor/flC»£Í; portugués, importacao; Ír9.n-
eés,imporfatioH; italiano, importazione.
Importado, da. Participio pasivo
de importar.
ETiuotoaÍA. Latín importains, par-
ticipio pasivo de importare: catalán.
importat, da; francés, importé; italia-
no, importaío.
Importador, ra. Masculino y fe-
menino. Comercio. £1 que importa.
ETiuoLoaÍA. Importar: francés,
portatcur.
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IMPO
Imjportancia. FemeDÍno. Conve-
QÍeneia 7 atiUdad de alguna cosa. |
Represeatacióa de algujia persocapor
mi dig^aidad 6 calidades; j &8t se dico:
hombre de imfortakcia.
EtiuOLOOÍA. Importante: italiano,
importatua; fnbeéñ, importante; cata-
lán, importancia,
fanportente. Participio activo de
importar. | Hohbbb importante. Hom-
bre de TBlimiento. Q Hacersb bl im-
FOBTAHTB. Fnie &míliaT. Bchárselas
de grftnde hombre; hacerse de ro-
EftuoLOOfA. Importar: italiano, im-
poríaníe; francés, mporíant, ante; ca-
talán, imporíant.
Impoi^antemente. Adverbio de
modo. Con importancia.
■ Etimología. Importante y e\ sufijo
adverbial mente.
Importantes (cásalas db los).
HútóriA, Partido político que momen-
táneamente, si así puede decirse, ob-
tuvo el poider al advenimiento de
Luis XI V, bajo la regencia de Ana de
Anstría <1643). Se compuso de se&ores
que habían sido perseguidos por Ki-
«leliea, aliganos de elloi, por su ad-
hesión á la reina. Uno de los Jefes del
partido, Potier, obispo de Beauvais,
fué nombrado ministro principal, ob-
teniendo los primeros destinos los dn>
ques de Vendóme, de Beaufort, de
Mercoeur j^de Guisa... Pero sus humos
de superioridad y protección, — j de
aquí su nombre, — su incapacidad, y
sobre todo, los daños que causó esta
reácción aristocrática, inquietaron á
la reina madreque, siguiendo los con-
sejos de Mazarino, desterró á unos, é
hiso prender á otros. Su poder duró
t^ meses, do Mayo a Septiembre. Pos-
teriormente tomaron parte síganos en
ksAvneltaS de la Fronda, t se adhi-
rieron al príncipe de Condé. (VáaSe
itMM«, artícalo Pktimktbbs.)
Importantísimo, mt. Adjetivo sn-
■perfíitivo importante.
Importar. Neutro. Conrenir, ser
dtñ aígtiiba cosa, [f Activo. Hablando
del precio de las cosas, significa valer
ó llegar ¿ tal cantidad la cosa com-
pfkda ó ajustada. | Comercio. Introdu-
cir géneros extranjeros. H Anticnado.
Contener, ocasionar Ó causar, y Llevar
consigo; como nsPORfAB necesidad,
vinleneiBf en cujra acepción viene á
ser sinónimo de implicar. Q ¿Qué ih-
roBTA?' Locación proverbial de que
nos valemos para dar á entender la
resolnción en qae estamos da persis-
tir en nuestro propósito.
ETniOLOOiá. Latín imporíSre, «ca-
■trcar, conducir, suscitar, atraer; .y fí-
-^'nndamente, coarenir;de is,en, den-
-tro, haeio, sobre, y portare^ portear:
catalán, importar; francés, importer;
italiano, importare.
Importe. Masculino. El número ó
rantidad á que llega lo que se com-
pra ó ajusta.
EtuiolooÍa. Importar: catalán, csi-
poií.
Importunación. Femenino. Ins-
tancia porfiada y molesta.
- - £tuioi.osía» Jm/oriamBN francés,
IMPO
antigao, importwuMee; cattlán, impor-
tunaeúf.
Importunadamente. Adverbio de
modo. Con importunación.
ETiifOLOOfA. Imporlmnada j el sufi-
jo adverbial meiUe: italiano, imporín-
Háiamenie; catalán, importunaadmtul.
Importunado, da. Participio pa-
SÍTO de importunar.
ETWOLOola. Importimar: catalán,
imporíunat, da; francés, importuné.
Importuaadori r*. Masculino y
femenino. La persona qne importuna.
Importunamente. Adverbio de
modo. Con importunidad y porfía* \
Fuera de tiempo 6 de propósito.
EmoLOofA. Importuna y el sufijo
adverbial mente: latín, *»MWf<ÍMÍ; fran-
cés, importiotéiunti MtftUni ís^or/a-
nament.
Importunar. Activo. Incomodir ó
molestar con alguna pretensión ó so-
licitud.
Etiuología. Intportwa: catalán,
itnporíunar; francés, tmaorluner.
Importunarse. Reciproco anticua-
do. Enfadarse, incomodarse.
- Importunidad. Femenino. Inco-
modidad ó molestia causada por algu*
na solicitud ó pretensión, entablada
fuera de lagar y de tiempo, f Condi»
ción de las cosas importunas.
EnuoLoofA. Importuno: latín, im-
portanitns, situación desventajosa de
un lugar; italiano, importunateua;
francés, impotHmit4; catalán* impo^
tunitaí.
Moral de la familia. — La niPo&TtJ-
HiDAD es la ¿esbsredada del mnndo.
Todo aloanea perdón, menos ella.
Importnnisimo, ma. Adjetivo sa-
perUttvo de importuno,
EtiiiolooU. lMp9rími*: catalán,
importunísñin, a; latín, imporiBni^^
muí.
Importuno, na. Adjetivo. Lo que
es fuera d« tiempo 6 de psopósitOk |
Molesto, enfadoso.
EtimolooÍa. Latín importunui, \w-
gST áspero, desventi^so, de is, no,
y portúnus, forma ficticia de porttu,
puerto, lagar accesible, fiironble:
italiano, importuno; fe&nwSfimportm;
catalán, i^poríú, fñi.
Moral de (a^amilia.—tSBt pohre im-
portuno oquiiv&le á ser pobre cien
veces.» Nadie es |»>bre en la tierra,
ni el propio mendigo, si tien.o an arte
que se llama oportunidad. Hav un san-
to á cujra gracia debemos todoS enco-
mendamos coa especial fervor: san
OroftTUNO.
%N0Nnlu. Importuno, iw^tínente^
Trátase aqa( del sentido recto de es-
tas dos voces, y no del secundario,
aunque más comi&n y conocido, en que
ordinariamottte se usan, llamando «m-
portuno al molesto y cnfkdoso por la
instancia ó continuación con que píde
alguna cosa; é impertinente^ al displi-
cente ó desagradable, por su mal hu-
mor, melancolía ú otras causas.
Lo que es fuera de tiempo, es i'fNpof-
üiHo; lo que es i\iera do propósito, es
impertinente. La disonancia que causa
lo importuno no consiste en la calidad
de la cosa en sí misma, sinoaa la oca- ¡
IMPO
3t
síón en (]ue se emplea, en la fiilta de
oportunidad. La disonancia qne cansa
lo impertinente está en la misma cali-
dad de la cosa que no conviene, no
pertenece & lo que se dice ó se hice.
Las chanzas no son de modo algu-
no impertinentes en una comedia, pero
pueden ser imporíunat.
El adjetivo inoportuno sólo está an-
toriudo por el uso, ^ parece por su
misma formación mas conforme que
importuno 4 este sentido. (Hubbta.)
Imposibilidad. Femenino. La fal-
ta de posibilidad para existir alguna
cosa ó para hacerla. | física. La abso-
luta repugnancia que haj para exis-
tir ó verificarse alguna cosa en el or-
den natoral. g hbtatÍsica. La que
dice ó inclujre contradicción. | uooau
Ls inverosimilitud de que pueda ser ú
suceder alguna cosa.
Etimoloqí A. Imposible: latín , iutpót-
i'^í¡ita$; italiano, impoui&iliía; fran-
cés, impotsibilité; catalán, impombili'
tat; portugués, impostibUideae.
iÍMfiia.— 1. Ejemplo de nirosiBiu-
DAD ^ica.~£s imposible de todo
punto que un círculo, sea cuadrado;
que lo leve baje, y qao lo gravo suba.
2. luPOSIBIUUAD «Mte/iMM. — Ss
imposible que nua misma cosa sea y
no sea, ó que una materia se toms en
espíritu. -
8. luPOSisiMPAn fliors¿.— Es impo-
sible que un hombre religieso blaafe*
me de Dios, ó que un hombre amanto
de la verdad se envilezca ¿sabiendas
con la mentira.
Impovibihtado, da. Participio pa-
sivo de imposibilitar. | Adjetiva Im-
pedido ó baldado.
BTiuotoGÍA. ímposibiUtar: catalán,
impotsibiiitet, da; italiano, impottiÜ-
iitato.
ImpoiUiiUtnr. .Activo. Quitar li
posibilidad de ejeciitar 6 cons^uir
alg\ina cosa.-
KtiuolooÍa. Imposible: italiano, t«-
poetiiiiitfirB; catalán, impa$iéiÜUr.
Imposible. Adjetivo. Lo que no ris
posible, y Lo que es somamente difí-
cil. So usa también como nombre
masculino, por ejemplo: pedir eso. es
pedir DN lUPOsiBLB. || ImposieIíE db to-
da tHPOsiRiLiDAD. Bipresíóií familiar
con que se pondera la imposibilidad
ó suma .dificultad de alguna cosa.
Etiviología. /n privativo. ^ jiertiZc;
latín, impSuUUit; italiano, tmpouiéi-
le; francés y catalán, impotsiiUi pm-
tngtiés, ínuwfsúwA
ImpésSMemente.AdTsriÚD ^nio-
4o. Con impoüfailidad.
Etivdlouía. Impmiíe j el sufijo
adverbial mente: italiano, imponibil-
meníe; francés, impoitibiement.
Imposición. Femenino. La acción
y efecto de imponer ó imponerse. | La
(%rga, tributo ú obligación que se
impone. || Imprenta. (Composición de
cuadrados que separa las planas entre
sí, para que impresas aparezcan con
las márgenes correspondientes; | im
LAS UANOS. Cánones. Ceremonia acle^
siástica de que usan los obispos con
los qne ordeun.
firiMOLOeia. Impaner: iatín, impdtlír
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i/
32 IMPR
ÜOf el acto de impooer, cargar ó aj)li-
car; forma sustantiva al)Stracta de imr
pSittus, impuesto: italiano, imposizio-
ne; francés, imposüion; provenzal, em-
poticio, imposido; catalán, impotició.
Impositicio, cía. AdjetÍTo. Lo que
se impone ó aplica.
Impoaitor. Masculino. Bl que im-
pone.
EnHOLoaiA. Imponer: latín, impíSil-
tor, el que pone nombre á una cosa,
en Varrón; italiano, mpositore; fran-
cés, impoteur.
Imposta. Femenino. Árquiíecíura.
Especie de cornisa sobre que estriba
el arco ó bóveda.
Etiuolooía.. Latín imposíuít sínco-
pa de impoiítus, impuesto, sobrepues-
to; participio pasivo de impónere, im-
poner, de tn, eut sobre, ^ poneré^ po-
ner: italiano y catalán, mpoiía; fran-
cés, impótte.
¿mpostor, ra. Masculino j feme-
nino. Derecho romano. El que atribuje
falsamente á otro alguna cosa, 6 el
que finge 6 angafia con apariencia de
verdad.
BTiuoLoaía. Latín impostor, tmftot-
íSriSy en Ulpiano; engañador, simétri-
co de imposíum, síncopa de impSittum,
supino de impondré, imponer, enca-
ñar: italiano, imposiore; francés, wi-
posíeur; catalán, impostor, a.
Moral de la /am«¿M.— La peste no
mata más que el cuerpo; pero el im-
postor envenena las almas. (Basa-
LAis, Gar., /, 45,)
Impostura. Femenino. Derecho ro-
ffionú. Imputación folsa j maliciosa,
g Fingimiento ó engaño con aparien-
cia de verdad.
Bruioi/wfa. Imp^tor: latín, impos-
tura; italiano j catalán, it^fottwra;
francés, impostare,
Impotabilizar. Activo. Haeer im-
potable un líquido, (Caballero.)
Impotable. Adjetivo, Qae no púa-
de beberse.
E-mcoLOOÍA. In privativo j potable:
francés, impotable.
Impotación. Femenino, Accidn de
beber, (Caballero.)
Impotencia. Femenino. Falta de
poder para hacer alguna cosa* | Medi-
cina. Xa incapacidad de engendrar 6
concebir
ErmOLGOÍA. In privativo j poton-
cia: latín, impÓtatm; italiano, impo~
tensa; francés, impoíenee; catalán, m-
potenda.
Impotente. Adjetivo. El que no
tiene potencia. [| Medicina. La perso-
na incapaz de engendrar 6 concebir.
BTiuoLoaÍA. Latín impSíens, impÜ~
tentis: italiano, impotente; francés j
catalán, impotent.
Impracticabie. Adjetivo. Lo que
no se puede practicar. |] Se dice délos
caminos j pandes por donde no se
Suede caminar, o por donde no se pue-
e pasar sin mucha incomodidad.
EnuoLoaU. In privativo y practi-
eaile: italiano, impracíieabile; nrancés
y catalán, impracticable.
Imprecación. Femenino. Heidrica,
Cualquiera expresiéuconque se pide 6
se manifiesta deseo de qae venga mal
TMPR
á alguno, ya sea la persona de quien
hablamos, ya. la misma persona con
quien se habla, li Antigüedades griegas
V romanea. Maldición pública y so-
lemne con que se infamaba á un ene-
migo del Estado, ora desterrándole,
ora condenándole á pena de muerte
en rebeldía.
ETiMOLoafa. Imprecar: latín, ti»^«í-
caítOj maldición, execración, petición
ó deseo de que venga un mal : italia-
no, imprecazione; francés, impr/cation;
catalán, imprecació.
Reseña histórica, — 1. Son célebres
entre los griegos las iupbbcacionbs
de los sacerdotes contra Alcibiades,
así como, entre los latinos, las del
tribuno Ateio contra Crasso, en el mo-
mento en que el último personaje sa-
lía por una de las puertos de Roma.
2. La fórmula de la impbbcacióh
solía consistir en las circunstancias
generales siguientes: se encendía un
brasero; se echaban en él aromas j
perfumes; se hacían libaciones / se
pronunciaba la imprecación.
Sinonimia. Imprecación, maldición,
execración. La imprecación es la expre*
sión vehemente del mal que se invoca
contra alguno. La maldición es la in-
vocación del poder divino en daño de
otro. La execración es la manifestoción
del horror que inspira alguna perso-
na ú objeto. La imprecación supone
debilidad ó miedo; l& maldición, deseo
de justicia ó de venganza-, la execra-
ción, un sentimiento profundo de ren-
cor ó de anti^tía. (Mora.)
Imprecaciones (las). Femenino
plural. Müología. Eran tres, hijas de
Aqueronte y de la Noche. Colocadas
cerca del toono de Júpiter, recibían
sus órdenes para it á turbar el reposo
de los malvados. El mismo nombre
se daba á los votos dirigidos á las di-
vinidades infernales y sobre todo, á
las furias, para excitar su cólera con^
tra un tirano, un impío, 6 contra todo
un pueblo.
Imprecador, ra. Sustantivo j ad-
jetivo. Que impreca.
EriMOLoaÍA. Imprecar: francés, ¿m-
précaíeur.
Imprecar. Activo. Manifestor con
ciertas palabras el deseo de que á al-
g*uno le venga mal ó dafio.
Etihchxxha. Latín imprecSri; de tn,
contra, ypr^cSri, rogar¡ forma verbal
áepr¿ces, súplicas: catiúán, imprecar.
Sentido etimológico. — El latín imprS-
cari se tomaba también en buen sen-
tido; y así vemos que significaba pe-
dir con súplicas, hacer votos: uí toíus
mihi populus bene ihprecbtur, «para
que todo el pueblo haga votos por mi
felicidad» (Pbtbonio); Deus paíer est
iMPRBCANOus nt.., «Debemos pedirá
Dios, nuestro padre, que...» (san Jb-
RÓNIHO.)
ImprecatiTamente. Adverbio de
modo. Con imprecación.
Etiuolooía. Imprecativa y el sufijo
adverbial mente.
Imprecativo, va. Adjetivo. Im-
PBBCATORIO.
Etucolooía. Imprecú/r: italiano, tm*
]precatiw.
IMPR
Imprecatorio, ría. Adjetivo. Con-
cerniente á la imprecación; que se hace
con ella.
E T I m o L o oí A. /«jMVMíf eo; ftaneés,
imprecatoire; catalán, imprecatori, o.
Reseña, — En el convento de U Mi-
nerva (Roma) leímos nn antiguo tra-
tado de cánones, en que se hablaba de
cierta cláusula, llamada iHpaacATO-
BiA, como en el ejemplo siguiente:
«las excomuniones que contienen cláu'
snlat lUpRBCATOBiAs contra la forma
prescrita por los Concilios, no deben
tenerse por auténticas.» Habiendo con-
sultado sobre este asunto al muy doc-
to don León Carbonero y Sol, nemos
sido favorecidos por la siguiente carta,
modelo perfecto de cortesía, de buena
voluntad y de erudición, á la cual no
podemos pagar ni aún con el home-
naje de nuestra gratitud y afectuosa
correspondencia. «No pudiendo yo de-
terminar y fijar el significado propio
7 canónico de la fórmnla imprecatoria,
consulté con mi amigo el Ilustrísimo
señor don Manuel de Jesús Rodrí-
guez, antiguo fiscal de la Nunciatura
apostólica y hoy auditor asesor de la
Nunciatura y de la Rota, y varón in-
signe por sus profundos conocimien-
tos en las ciencias eclesiásticas. Ni yo,
que no es de extrañar, ni mí amigo,
hemos podido fijar el sentido propio
de dicha fórmuía, porque como usted
verá en todos los Diccionarios latinos,
la palabra imprecar lo mismo se apli-
ca y refiere a desear un bien que á
conminar ó fulminar una maldición.
Puede haber, por consiguiente, /türmn-
la imprecatoria de invocación de la
gracia en los Concilios, como el Veni
Creator ú. otras preces con que se
inauguran las sesiones, y fórmnla ui-
pRBCAToaiA do maldición, como en los
anatemas y condenaáóá a* herejeijf it
doctrinas.*
Imprecaución. Femenino. Falta
de precaución.
Impregnable. Adjetivo. Snseepti-
ble de impregnarse.
Impregnación. Femenino. El acto
y efecto de impregnarse,
Etiuolooía. Impregnan francés,
imprégníUion; italiano, %mpr^iMmfíí^to,
impregnatnra, preflez; catalán, in^treg-
nació.
Imprej^ar. Activo. Hacer que un
cuerpo reciba en sus poros las pirtf-
cutas de otro. || Empapar.
Etiuolooía. l.hatíu impragnare,
de in, en, y preegnans, ^oi pra-genens;
y mBjOT, pra-gtgnens, compuesto del
prefijo pra, antes, y genere, forma an-
tigua de oignere, engendrar.
'2. El latín impragtore representa,
para la etimología , tm-pra-genere 6 ífli-
presgign^re, «engendrar antes en al-
guna cosa.»
3. Impregnar significa empapar,
hacer que los poros de un cuerpo re-
ciban fas partículas de otro, como la
hembra está impregnada de la subs-
tancia que ha recibido.
4. Lo dicho demuestra que impreg-
nación y preñes son el mismo vocablo
de origen.
i^meocúAi*— Latín «M/rnyaffrv.* ca-
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IMPR
IMPR
IMPR 33
*i\in, impregnarte; francés, impregner;
italianO) impregnare ( ifnprtAareU
Impregnarse. Recíproco. Recibir
an cuerpo ea sus poros las partes ó
corpúsculosdeotro^U virtud de ellos.
Impreme litación. Femenino. Fal-
ti de previsión.
EniiOLOGÍA. In privativo y preme-
ditaciiJ»: francés, imprémédiiation.
Impremeditadamente. Adverbio
de modo. Sin premeditación.
Etimología. Jmprmeditada y b\ su-
fijo adverbial nteníe.
Impremeditado, da. Adjetivo. Mo
premeditado.
EnuoLOOÍA. In privativo y prme-
iitádo: francés, imprémédité.
biprenta. Femenino. El arte de
imprimir libros. | La oficina ó lug;ar
donde se imprime. Q Ih?bbsión, por
calidad ó forma de letra.
EruioLoaÍA. Imprimir: francés, tW
^merie; catalán, imprempía, forma
abusiva.
JleseUa k¿sídrica.—\. El descubri-
miento de la iMPRkNTA, ¿ pesar de su
importancia v trascendencia, pudo re-
velarse al hombre desde la mas remo-
ta aotiguedad; esto ei, desde que
pudo observar en la tierra la impre-
lun ó huella de sus propias plantas.
2. Diferentes usos y < bjetos de la
aoti^jedad pudieron suge.ir el proce-
dimiento de imprimir^ tales como el
grabado en reheve y en hueco; prin-
cipalmente, en los anillus y en los se-
llos, en las monedas ▼ en las me-
ialUs.
3. Nótese que la antigüedad «mjirí-
•úf ea la carne de los esclavos, como
iioj en la de las bestias, el hierro ó
marea de su dueño.
4. Los grabados, llamados de San
CrUí(.'bal;ws libros de imágenes, he-
chos en AUiuauia y en Holanda hacia
1410, tales como la Biília Paupemm j
\Arted< morir; y las ediiiones xilo-
gráficas, ó hechas con planchas fijas
de madera, de la Gramática de Dona*
to, parecen ser los modelos que sirvie*
ron i los tres primeros inventores de
U imprenta: Guttenberg, Fust j
Schomer.
5. La impresión xilográfica había
existido «ntre los chinos 200aAos an-
tes de Jesucristo.
6. Después de las planchas xilo-
gráñcas, se llegó al descubrimiento
de tos caracteres movibles, que al
principio fueron de madera, síd los
'•Mzltís apenas podría ser útíl la im-
PBBNTA.
7. El secreto de los caracteres mo-
vibles pudo revelarse mucho antes,
«epúii uu tetto que recordamos. Dice
utt autor il jstre que tan imposible es
<eren el inundi la obra del acaso,
■■•imu arrtjar al alto todas l<is letras
del alrabeio v que, al caer, formen
palabras, per.odos y dis^rursos. Esa
nagen pudo ser la revelación de los
uiaeteres movibl..s.
Schfp'er inventó \o$ punzones
pan abrir las matrices, v la infusión
ñel meul de los caracteres tip )grá- '
úeos. I
9. Siete ciudades ben oontendido '
sobre ser euna'de la xypiiBNTA, eomo
otras siete contendieron sobre ser cuna
de Homero; pero la opinión más ad-
mitida hoy entre los eruditos es la de
haberlo sido tfaguncía, no Harlem, ni
Strasburgo, como se ha venido sos-
teniendo.
10. Los monumentos más antiguos
del arte tipográfico, los dos primeros
incunables, según el tecnicismo de bi-
bliógrafos V bibliófilos, son: las Car-
ios de indulgencia del papa Ntcolát Vt
y la edición de la Biblia en 640 hojas,
impresas en fliaguiicia, en 1453 y
1455, con los caracteres inventados
por SchoefTer.
11. El primer libro que llevó lo
que hoy llamamos 0Í« de imprenta, es
decir, la fecha, el lugar de la impre-
sión y el nombre del impresor, fué el
Piatmorum codex, hecho en Maguncia
en 1457.
12. Guttenberg,despuésde realizar
tan maravilloso descubrimiento, mu-
rió sin dejar su non:\bre á ninguna de
las obras que dio á luz.
13. Los bibliógrafos han convenido
en denominar »iic«»w¿/*<, es decir, ft)r-
mados en la cuna de la imprenta, á las
obras publicadas hasta acabar el si-
^lo XV, ó lo que es lo mismo, á las
impresas desde el a&o 1453 al 1500.
14. El primer carácter empleado en
las impresiones fué el gótico, nombre
en que se comprenden las llamadas
letras de forma, de san Pedro, alem»*
ñas, etc.
15. Aldo Menucio adoptó, en 1513,
el carácter itálico, que tuvo su origen
en los letras cursivas empleadas por
la cancillería romana,
16. Friburger. Roberto Estienne y
Vascosan contrihu veron en Francia á
la abolición del carácter fótico.
17. Nicolás Jenson fue uno de los
f trímeros tipógrafos que determiuaron
a forma y las proporciones de los ca- .
racteres romanos.
18. La IMPRENTA apareció en Bam-
berg, en 1462; en CoiODia y Subiaco,
en 1465; en StraSburso, en 1466, eii
Roma, en 1467; en Milán, en Venecia
y en París, en 1469; en Lucerna,
en 1470; en Bolonia, Ferrara, Pavía,
Florencia jr Ñapóles, en 1471; en Am-
beres, en 1472; en Brujas. Utrecht,
Parma, Mesina, Ljon y Buda (Hun-
gría), en 1473; en Basílea, Bruselas,
Barcelona, Zaragoza, ti nova, Turín
V Wéstminster, en 1474; en .\ngers _y
Sevilla, en 1476; en Lejr Jen y Stockol-
mo, en 1483; en Cracovia, en 14 >1; en
Copenhague, en 1493; en Avignóo,
en 14*^7; en Madrid, en 1499; ,v en
Edimburgo T Francfort sobre el Mein,
en 1507; enLieja. en 1566; en Berlín,
en 1578; en Pekín, en 1Ü03; en Tlas-
eala(Méj)co), en 1650;enChrÍstiant«,
en 1656; en San Petersbur;íO,en 1711;
en Constantino pía, en n¿7; en Bue-
nos-Air<-s, en 1789, y en Río* Janeiro,
en 1813.
19. La IMPRENTA fue llevada ¿Fran-
cia por tres alemanes: ülrico (leríng,
Martín Kraiitz v Miguel Fribiirg.r.
La primera obra que publicaron vio
U luz en U'iO.
20. No obstante lo dicho en nues-
tro nómero 18, haremos constar que
algunos eruditos bibliógrafos de nues-
tra nación creen que Valencia fué la
población de España en que primero
apareció la im renta, y la primera
obra impresa allí fué la titulada Los
gotos de la Virgen (Lot gosotde Uver-
as)'
Impresciencia. Femenino. Falta
de presciencia.
ExiuoLOofA. In privativo y pret-
eieneia: francés, impresdenee.
Impreaciente. Adjetivo. Bxento
de presciencia.
Impraacindible. Adjetivo. Aque-
llo de que no se puede prescindir.
Etiuolooía,. In privativp y prescin-
dible: catalán, imprescin'iible.
Impreacindiluemente. Adverbio
modal. De un modo imprescindible.
EtiholooÍa. Impretandible y el su-
fijo adverbial mentf.
Imprescríptibilidad. Femenino.
Derecho político, dualidad de lo im-
prescriptible; y así se dice: «la iuprbs-
CBIPT131UDAD de las prerrogativas in-
herentes al ser humano. >
Etiuolooía. Impreicriptihle: italia-
no, im^rescriííibiíitá; francés, impresa
criptibU.ié;CAta.\iu,impreícriptil/tíitaí.
Imprescriptible. Adjetivo. Loque
no puede ó no debe prescribir 6 pres-
cribirse.
ETiiiOLOOfA.. In privativo y pret-
eripíibie: italiano, imprescriitlbile;
francés v catalán, imprescr '.plible.
Sentido etimológico. — 1. Lo iupbb^-
CBiPTiBLB se refiere á los derechos deri-
vados de la Ity natural, los cuales,
habiendo sido legislados por Dios, no
pueden ser prescdtos por el hombre.
2. La le^ de la naturaleza, esa lay
simple, luPBESCBimBi^, que habla al
corazón de la humanidad. (Bossibt,
Pologne, 6.)
3. Han sostenido constantemente
que la libertad es un derecho imprbs-
caiPTiBLB del cristiano. (Cuatbau-
BRUNO, Genio del Cristianismo, I V, 7.)
4. También se aplica la voz del
articulo á las institucion es seculares,
procedentes del derecho divino ó pres-
tigio histórico, consideradas como an-
teriores y supjriores á la voluntad de
los pueblos y á la lucha de las asam-
bleas; en cujro sentido se dice: «los
derechos del trono son enajeuables é
IMPRESCRIPTIBLES. »
Imprdscripto, ta. Adjetivo. Que
no se na prescrito.
Impresión. La acción ó efecto de
imprimir. |¡ La marca ú señal ^ue al-
guna cosa deja en otra apretándola;
como la que deja la huella de los ani-
males, el sello que se estampa en un
papel, etc. Q La calidad ó forma de le*
tra con que está impresa una obra. |
La misma obra impresa. |¡ El efecto ó
alteración que causa en algún cuerpo
otro extraño; y así se dice: el aire frío
me ha h<'ch ) mucha impresión. || PsÍ-
colo/ía. Ei movimiento que liacen las
cosas espirituales on et ánimo. | Plu-
ral. PEREGRINAS. Las mutaciiMies ú
accidentes fuera de lo natura! y ex-
trañas al sujeto á quien suceden: me-
TOMO 111
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34 IMPR
IMPR
IMPR
tafúricamente se llaman así las espe-
cies qae accidentalmente sobrevienen
en el ánimo 7 le inmutan j alteran. ||
Db la priubeu iupbesión. Locuciún
que se aplica al que es principiante ó
nuevo en alguna cosa. [| Hacer impse-
siÓN. Frase. Fijarse en U imag:ina~
ción ó en el ánimo alguna cusa con-
moviendo efica mente. I Pbimebji im-
presión. Metáfora. Aquel concepto ó
noticia con que uno se satisface inme-
diatamente sin detenerse á hacer re-
flexión jr examen de su b mdad ó cer-
tidumbre. Se usa como nota de lige-
reza del que se deja llevar de ella sin
reflexión.
Etimología. Imprimir: latín, m-
pretsío, acción de apretar, marca, cho-
que, ataque; forma sustantiva abs-
tracta de mpressHS, impreso: proven-
zal, émpremo; catalán, impressié; ftAa-
cés, impression; italiano, imprmione.
Impresionabilidad. Femenino.
Cualidad de lo impresionable.
EnuoLoaÍA. Impresionable: francés,
impresstonnabilile.
Impresión ahle. Adjetivo. Suscep-
tible de impresionarse.
Etimología. Iiapresión: francés, im-
pressionnaÓle.
Impresíonadamente. Adverbiode
modo. Con impresión, en sentido figu-
rado.
ExmoLoaÍA. impresionada y el sufi-
jo adverbial mente.
Impresionado, da. Participio pa-
sivo (fe impresionar.
KTiiiOLoafA. Impresionar: catalán,
impressionaí, da; francés, impressionné;
italiano, impressionato.
Impresionar. Activo. Fijar por
medio de la persuasión en el ánimo de
otro alguna especie, ó hacer que la
conciba con fuerza y viveza. Se usa
también como recíproco.
Etimología. Impresión: catalán, im-
nressionar; francés, impressíonner; ita-
liano, impressionare.
Impresionarse. Recíproco. Afec-
tarse; recibir impresionasen el ánimo.
Impreso, sa. Participio pasivo
irregular de imprimir. | Masculino.
La obra impresa de poca extensión.
Etiholooía. Latín impressuSt apre-
tado, esculpido, participio pasivo de
imprimare, imprimir: italiano, impres-
to; francés, ím^rim^; catalán, i'mpre'i, a.
Impresor. Masculino. El artífice
que imprime y el daefto de alguna
imprenta.
Etimología. Impreso: italiano, im~
presiore: francés, imprimeur; catalán,
imprcssor.
impresora. Femenino. La mujer
del impresor ó la que es propietaria
de alguna imprenta.
Imprestable. Adjetivo. Lo que no
se puede prestar.
Etimología. In privativo y jtresía-
ble: catalán, impretlable.
Imprever. Activo. No prever.
Imprevisible. Adjetivo. Que ao
puede preverse.
Imprevisión. Femenino. P'alta de
jirevisióii, inadvertencia, irreflexión.
Etímoluüía. In pi'ivaiivo j preci-
sión: francés, im^rctisiun.
Imprevisto, ta. A.djetÍTo. Lo que
no ha aidn previsto.
Etiholooía. Itaprever: italiano, t»-
proveduto; francés, impriim; catalái},
imprevist, a.
Imprimación. Femenino. Pintura.
Laacción y efecto de imprimar. Q Pin-
tura. El conjunto de ingredientes con
que se impriman los lienzos.
EtiuologÍa. Imprimar: catalán, »»•
primaciú.
Imprimadora. Femcnino./'iníura.
Instrumento de hierroó de madera en
figura de cuchilla 6 media luna, con
el cual se impriman los lienzos.
Imprimador. Masculino. Pintura.
El que imprima.
Imprimar. Activo. Pintura. Dis-
poner con el bafio ó primeros colores
los lienzos para pintar.
Etiuolooía. 7»i;i«»ii>,
Imprimible. Adjetivo. Que puede
imprimirse.
ETiMOLoaÍA. Imprimir: francés, í«-
primable.
Imprimidor. Masculino anticuado.
Impresor.
Imprimir. Activo. Seüalar en el
papel ú oira materia las letras ú otros
caracteres de las formas, apretándolas
en la prensa. Q Eistampar algún sello
ú otra cosa en papel, tela ó masa por
medio de la presión. || Metáfora. Fijar
en el ánimo algún afecto ó especie.
Etimología. Latín impimtre, apre-
tar por encima, sellar, grabar, marcar
sobre alguna cosa; de tn, en, dentro,
sobre, y premhe, oprimir: provenial,
empremar; catalán, imprimir, impremp-
tar; francés antiguo, empreindre; mo-
derno, imprimer; italiano, imprimere.
Improbabilidad. Femenino. Falta
de probabilidad.
Etiiíología. Improbable: catalán,
improbabilitaí; francés, improbabililé;
italiano, improbabililá.
Improbable. Adjetivo. Lo que no
es probable.
Etimología. I» privativo y proba-
ble: latín, imprÓbábílis; italiano, im-
probabile; francés y catalán, impro-
bable.
Improbablemente. Adverbio de
modo. Con improbabilidad.
ExiuoLoaÍA. Improbable y el sufijo
adverbial mente: italiano, improbabd-
mente; francés, improbablement; latín,
impróbabíiíter,
Improbador, ra. Masculino y fe-
menino. La persona que desaprueba.
Etimología. Improbar: latín, itnpro-
bator, el que reprueba, forma agente
de impróbaíio, desaprobación; francés,
improbateur.
Improbar. Activo. Desaprobar, re-
probar, reprender alguna cosa.
Etimología. Latín improbare, repro-
bar; de íM, no, y probare, aprobar: ca-
talán, improbar.
Improbidad. Femenino. Falta de
probidad.
Etimología. In privativo y probi-
dad: latín, improb'itas: italiano, impro-
' bita; francés, iniprobiir,
I Improbo, ba. Adjetivo que se apli-
ca á la ¡jersona ó cosa mala. ¡¡ Se apli-
1 ca al trabajo cxct-sivo y cuutiuuado.
EnuoLOofA. Latín imprUus; de in,
negación, y prSbui, forma adjetiva de
prdba, prueba. Lo improbo es lo que no
se puede probar, intentar ó nacer:
francis, im;}ro¿«; catalán, ímprobo, a.
Improcedencia. Femenino, Foren-
se. Falta de origen conocido, de fun-
damento ó de derecho, en cuyo senti-
do se dice: la improcedencia de tal ó
cual acción, de tal ó cual procedi-
miento, de tales ó cuales actuaciones.
Etíuolooía. Improcedente.
Improcedente. Adjetivo. Foreme.
Lo que no es conforme á derecho.
Etimología. In privativo y proce-
dente.
Improducción. Femenino. Falta
de producción.
Improdactíbilidad. Femenino.
Cualidad de lo improduetible.
Improductible. Adjetivo. Que no
puede producir.
Etimología, /n negativo y ^nMÍvc-
tibie: francés, improductible,
Impro duotiblemen te . Adverbio
de modo. Con improductibílídad.
ErmoLOGlK. Improductible y 9Í su-
fijo adverbial mente.
Improductivamente. Adverbio
modal. De un modo improductivo.
Etimología. Improductiva y el sufi-
jo adverbial mente: fraucés, improduc-
tivement.
Improductivo, va. Adjetivo. Lo
que no produce, así en lo físico como
ttn lo moral.
Etiholooía. /« privativo y product
tito: i\.z\\9.no,improduttiwt; francés, tsi-
productif.
ImproEnnado, da. Adjetivo. Que
no ba sido profanado.
Improllfico, ca. Adjetivo. Que no
es prolífico.
impromulgado, da. Adjetivo. Le-
gislación. Que no ha sido promulgado.
Etimología. Jn privativo y promul-
gado: francés, impromulgue'.
Impronto. Masculino. Composi-
ción poética á modo de madri^l ó
epigrama, que se hace con prontitud.
Impropenso, sa. Adjetivo. Que
no es propenso.
Improperado, da. Participio pa-
sivo de improperar.
Etimología. Latín impr^^raius,
participio pasivo de impropirdre: cata-
lán, impropérate da.
Improperar. Activo. Injuriar á uno
de palabra, echándole en cara alguna
cosa.
Etimología. Latín improp''rare,
afrentar á uno díindole en rostro con
algún mal hecho; de í», en, dentro,
hacia, contra, y prop^rare, acelerar;
compuesto de pro, áelmile. y parár<-,
disponer, prevenir: catah.n, impro-
perar.
Improperio. Masculino. La inju-
ria de palabra que se hace á uno
echándole en cara alguna cosa.
Etimología. Improperar: latín, ttn-
propiríum: italiano, improperio; cata-
lán, impropcri.
Sentido etimológico. — El primer im-
piiOPBRio no fué un insulto, sino uua
a tnon estación: in-'/ro-piiráre , «poner
delante de alguno, representarle lu
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IMPR
verdad del caso, advertirle, represen-
tarle; en fin, amonestarle.» El uso
abasó de la reprensión j el iupropB'
uo se tomó en injuria.
Improperio. Masculino. Liturgia.
Nombre de ciertos versículos que con-
tenían los reproches de Jesucristo á
los fariseos jr quR se cantaban el Vier-
nes Santo. I Ca ii.i.á del improperio.
Una de las varias ciipiUas de la igle-
sia del Santo Sepulcro, en Jerusa-
lén.
Impropiamente. Adverbio de mo-
do. Con impropiedad.
EriMOLoaÍA. Impropia j el sufijo
adverbial mente: provenzal, impropia-
men, enpropiament; catalán, impr-ipia-
m%t; francés, impropremenl; italiano,
impropriamente; latín, impüprii.
Impropiar. Activo anticuado, üsar
de las palabras en sentido iinpropio.
Impropiedad. Femenino. Falta de
propiedad.
EnuoLoofA. Impropio: latín, impro-
^iríat; italiano, impropríeta; trances,
impropriete'; provenzaj, im^roprietat.
Impropio, pia. Adjetivo. Lo que
está falto de las cualidades que le con-
vendrían, según sus circunstancias.
|¡ Ajeno 6 extraño de la persona, cosa
ó circunstancias.
EriMOLOofA. In privativo j propio:
latió tn^o^rlÍM, lo que no es propio
ni conveniente; impropriumt falta de
propiedad, vicio déla oración; italia-
no, improprio; francés, impropre; gro-
venzal, impropri; catalán, impropi, a.
Impropisimamente. Adverbio de
modo superlativo de impropiamente.
Impropísimo, ma. Adjetivo super-
lativo de impropio, impropia.
Improporcion. Femenino. Falta
de proporción.
EnuoLOofA. In negativo y propor-
ción: catalán, improporció.
Improporcionadamente. Adver-
bio de modo. Con improporción.
Etimología. Improporcionada j el
sufijo adverbial mente: francés, dispro-
poTiionnement.
Improporcionado, da. Adjetivo.
Lo que carece de proporción.
uniroporcionaL Adjetivo. Que
está fuera de toda proporción.
Etiiiolooía. Improporción: italiano,
improporiíMaU ; francés , dispropor-
tionnel.
Improporcionalidad. Femenino.
U BOPORCIÓN.
Improporcionalmente, Adverbio
de modo. luPaOPOBCIO.VADAMBNTS.
ETiuoLOOfA. Jmproporcional y el su-
fijo adverbial mente: italiano, tm/iro-
forzionalmeníe; francés, disproporiion-
nellemenl.
Impropriamente. Adverbio de mo-
do anticuado. lUPROPlAMKNTE.
Impropriedad. Fetneniao anticua-
do. IlfPROPIBDAD.
Improprio, ia. Adjetivo anticua-
do. 1MP8DP10.
Improrrogable Adjetivo. Lo que
aose paede prorrogar.
BnuoLOGÍA. In privativo j prorro-
^áiU: catalán, improrogahle.
Impróspero, ra. Adjetivo. Lo que
ao es próspero.
. IMPR
ImprÓTÍdamente. Adverbio de
modo. Sin previsión.
ETiuoLOofa. Imprdnda y el sufijo
adverbial mente: latín, improoíde; ita-
liano, impróvidamente.
Improvidencia. Femenino anti-
cuado. Falta de providencia.
Etimología. I» negativo ^ pr vi-
dencia: latín, improvídentía; italiano,
improvvidenza.
Impróvido, da. Adjetivo. Dbsprb-
VBNIDO.
Etimología. In negativo y próvido:
latín, improvídus, falto de prevención
y prudencia; italiano, impróvcido.
Improvisación. Femenino. El ac-
to ^ erecto de improvisar. Dase tam-
bién este nombre á los versos ó dis-
cursos improvisados.
ExiuOLOofA. Improvixat: catalán»
improvitadú; francés, imprnisation;
italiano, improvisazione.
Improvisadamente. Adverbio de
modo. Con improvisación.
Etimología. Improvisada j el sufi-
jo adverbial mente: catalán, improvisa-
dament.
Improvisado, da. Participio pasi-
vo de improvisar.
Etimología. Improvisar: catalán,
improvitaí; francés, improvisé; italia-
no, improvcisato.
Improvisador, ra. Masculino jr
femenino. El que improvisa.
Etimología. Improvisar: catalán,
improvisador, a; francés, improvisateur;
italiano, improvvisaíore.
Improvisamente. Adverbio de
modo. De repente, sin prevención ni
previsión.
Etimología. Improvisa y el sufijo
adverbial mente: catalán, impr.msa-
meni; italiano, improvisamente; latín,
improvise.
Improvisar. Activo. Hacer una
cosa de pronto sin estudio ni prepara-
ción alguna. Aplícase especialmente
á los discursos y composiciones poéti-
cas hechas de este modo.
Etxholooía. Im^oviso: italiano,
improwisare; francés, improtiser; cata-
lán, improvisar, improvisarse.
Improviso, sa. Adjetivo. Lo que
no se prevé Ó previene. || ob impro-
viso. Modo adverbial. Impbovisa-
MBNTB.
Etimología. Italiano, improcviso,
del latín in, no, y provísus, previsto,
participio pasivo de provtdere, preve-
nir lo futuro; de pro, delante, 3* viie-
re, ver: catalán, mprovis, sustantivo,
casualidad.
Improvisto, ta. Adjetivo. Despro-
visto. |] A LA improvista. Modo ad-
verbial. Improvis.vmbntb.
Etimología. Improvisto; de in, en,
pro, delante, _y visto; francés, ¡mpro-
visíe; a l'improciste, forma italiana de
la antigua lorma francesa a l'impour-
vu, inopinadamente, de improviso.
Improyectado, da. Adjetivo. Que
no se ha proyectado.
Imprudencia. Femenino. Falta de
prudemda.
Etimología. Imprudente: latín, m-
prudentía; italiano, impridenta; fran-
cés, imprudence; catalán, imprudencia.
IMPÜ 3S
Imprudente. Adjetivo. El que nn
tiene prudencia.
Etimología. In privativo y aníden-
te: latín, imprüdens, imprüdeníts; ita-
liano, imprudente; francés, imprudent,
ente; catalán, imprudent, a.
Imprudentemente. Adverbio. de
modo. Con imprudencia.
Etimología. Imprudente y el sufijo'
adverbial mente: italiano, imprudente-
mente; francés, íffijprWfOTíJicMí," catalán,
imprudentment; latín, imprTidénter.
Imprudentisimcunente. Adverbio
de modo superlativo de imprudente-
mente.
Etimología. Imprudentísima y el
sufijo adverbial mente: latín, imprS-
dentissime.
Imprudentísimo, ma. Adjetivo
superlntivo de imprudente.
Etimología. Imprudente: latín, m-
prüdentissimus.
Impúber. Masculino. Impúbero.
Impúbero. Masculino. El que no
ha llegado aún á la pubertad. Usase
también como adjetivo de dos termi-
naci mes.
Etimología. Latín impübes, impüh"-
ris, que no tiene bozo; de in privativo
y pMer, púbero: italiano, impube, im-
púbero; francés, impuhhre; catalán, fffi-
púber, a.
Derecho romano. — 1. El impúbero no
tenía el derecho de testar, cuya le-
gislación pasó á los pueblos roma-
nos.
2. Si el ladrón era impúbkro, no
podía recibir otra pena que la de azo*
tes, los cuales se daban con vergas.
3. Esta costumbre de azotar con
vergas vino á España, según lo de-
muestra la palabra verdugo, llamado
así porque su oficio consistió anti-
guamente en azotar con vergas.
Impublicable. Adjetivo, Que no
puede publicarse.
Etimología. In privativo y pubUea-
ble: francés, impabliable.
Impudencia. Femenino. Descaro,
desvergüenza.
Etimología. Impudente: latín, im-
puientía; italiano, impudenza; francés,
impudence; catalán, impudencia.
Impudencia. Femenino. Mitolo-
gía, Diosa alegjrica que los atinieu-
ses invocaban, probablemente para
preservarse de su cólera, y á la que
Epiménídes levantó un templo.
Impudente. Adjetivo. Desvergon-
zado, sin pudor.
Etimología. Latín impadens, impü-
deniis; de in pti\&úvo y pudens, pu-
doroso: italiano, impudente; francés,
provenzal y catalán, impudcnt.
Impúdicamente. Adverbio de mo-
do. Deshonestamente.
Etimología. Impúdica y el sufijo
adverbial mente: latín, impüdenter; ita-
liano, impudentemente: francés, imp%-
demmení; catalán, impúdicament.
Impudicicia. Femenino, Desho-
nestidad.
Etimüloqía. Impudaicta: latín, im-
padicltia; catalán, impudicicia; italia-
no, impudicizia.
Impúdico, ca. Adjetivo. Deshones-
to, falto de pudor.
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3é ÍMPt)
EriuotoofA. 2n prÍTatÍ7o ^ púJiro:
latín» im^kaleus; italiano, impúdico;
francés, tmptdifue; catalán, impúdkk,
ea.
Impuesto, ta. Participio pnsivo
irregular de imponer. | Masculino.
Tributo, carga.
Btiuología. Latín imposítus, parti-
cipio pasivo de imponte, imponer: ca*
talán, imposat, da; francés, imp<u¿;
italiano, imposto.
Sentido etimol'^gico. — I. El latín tm-
pÓnSre tiene el signiñcado de imponer
gabelas 6 pechos, como se ve en Cé-
sar: iMPONERB síipendium vicíif, hacer
pagar contribución í los vencidos;
1MP0NBR8 tribuíum íh capita tiiufula,
hacer una derrama por cabeza.
2. Bs curioso notar que el m oapita
singula de César ei exactamente nues-
tra capiíaeiÓH^
SixoNiuiA. Impuetto, eoníribucid»^
carga i gravamen, esaecidn, derrama, ca-
pitación, subsidio, tributo, pecAoi, gabe-
lis. Impuesto viette de impositum, par-
ticipio pasivo del verbo tmponere, que
quiere decir ii/iponer, como la pala-
bra lo indica. Imponer supone la idea
de superioridad, de dominio, de man-
do, porque equivale á ^9H¿r una cosa
sobre otra. Así decimos que el ven-
cedor impone condiciones al vencido,
ó que el fuerte se impone al débil,
cuja locución es propia v eficaz, por-
que significa que el débil está alútí-
do por el fuerte, debajo de él, y que
el fuerte está sobre el debíl, que se le
hA puesto encima. Este modo de hablar
es nna imagen viva, natural, lógica,
hasta bella, di^n lo que quieran cier^
tos nimios críticos.
Esta significación etímoldgiea del
verbo imponer, explica satisnctoria-
mente el sentido actual de la palabra
que nos ocupa. Toda orden, toda ley
que se mandaba guardar j cumplir,
era una obligación impuesta; j siendo
la primera obligación de los pueblos
la ae pagar, esta paga pública vino á
ser necesariamente la primera de tas
imposiciones. He aquí explicada la voz
impuesto.
Impuesto es el vocablo con que se
designa cualquier sitbiilio que se
impone á un país. Pero este impuesto
sería una quimera, si sólo consistiese
en el mandato; es decir, en el hecho
de la imposición. Esta imposiñ-Jn debía
realizarse, j esta realización no podía
tener lugar sin que cada individuo
del país contribuyese con su pacte,
segón sus haberes, 6 lo que es lo miS'
mo, según los goces que le proporcio-
naba y le garantía la sociedad, por-
que cuando contribuímos al i<Istado, no
hacemos otra cosa que pagar la custo-
dia <S la garantía que de la sociedad
recibimos. Si la sociedad me guarda
y me defiende muchas propiedades,
natural es que yo pague mucho por
esa especie de guardería; como natu-
ral es que la pague poco, cuando es
poco lo que me guarda. Este impuesto
proporcional, equitativo, organizado,
convertido en sistema, es lo que se
llama contribución.
La diferencia entre las dos palabras
IMPÜ
de que hemos hablado hasta aquf, no
puede ofrecer U menor duda.
El impuesto dice relación al qne go-
bierna, al ^ae impone.
La nntnbndán dice reladón al que
eontribuje, al que obedece.
En el impuetto no haj mis que man-
dato.
En la contribución entra la idea de
justicia.
El impuesto es un sefiorío.
La contribucién es un régimen. Así
sucede que haj nna Dirección de Con-
íribuciones, mientras que no haj oiSei-
na alguna de impuestas.
Esta contribuevfñ tomtf luego el nom-
bre de csfva, bien porque servia para
atender a las cargas públicas, bien
porque cargaba á los contribuyentes
con la obligación de pagar.
Pero amen de las cargas de costum-
bre, solían j suelen decretarse cargas
extraordinarias, doblemente onerosas
al pueblo. Esta carga, que el pueblo
no podía soportar, se llamó gravamen.
De modo que se denomina yraoamM
todo impuesto que no es de plantilla,
por decirlo así; todacoiitribución que,
saliendo del régimen establecido, vie-
ne igravar los ínteres 's generales. El
uso déla lengua nos ofrecerá un ejem-
plo evidente. «Parece que el Gobierno
se propone modificar las cargas públi-
cas.» No puede decirse que se propo-
ne modificar los públicos gravámenes.
¿Por quéy Porque el gravamen no es la
carga social, ordinaria, establecida,
elevada á régimen admínistratiro, si-
no una carga contingente, arbitraría,
violenta, injusta, que no puede entrar
en la organización del sistema, en la
ciencia económica, en la 1^ del Esta-
do. T no siendo una lejr del Estado,
claro es que el Estado no puede inten-
tar modificarla. Lo que el Estado pue-
de hacer con los gravámenes, es abo-
tirios, no modificarlos, porque quien
dice modificar, dice regimentar; y no
fiueden regimentarse la arbitrariedad,
a violencia y la injusticia.
Este ejemplo nos hará ver la dife-
rencia con que el uso distingue las
dos voces de que nos ocupamos.
La carga es un sistema: sin cargas
no hay nación.
E\ gravamen es una ruina: con gra-
vámenes no hay nación rica y prós-
pera.
La palabra exacción no se refiere á
la idea de dominio, como el impuesto,
ni á la idea de pegii pública, como
contribución, ni á la idea de sacrificio,
como carga, ni á la de abuso, como
gravamen, ni i la de recaudación ó ex-
tracciJn, cDmo se ha creído equivoca-
damente.
El nombre de que hablamos, no ex-
presa más que un accidente, una cu-
riosidad histórica. Exacción viene de
acto, derivado del latín agr^e, hacer,
obrar, y que equivalía a) griego ago,
agétn, que en sentido propio significa
arrear, cuyo sentido expresa bien la
idea de acción, de movimieiuo, que
atribuímos al verbo hacer. Del propio
origen vienen exioíntii y exactitud^ vo-
ces que son casi sinónimas deí^mcciV*.
IMPÜ
Lo que antiguamente se llamaba
ejiaccidUf no era otra cosa que la «uc-
iitud 6 la eatigenáa con que los cobra-
dores de impuestos públicos ilun, de
puerta en puerta, 'pidiendo las cuotas
que tocaban 4 cada vecino. Dichos
cobradores eran muy exactos, lo eual
vale tanto como decir que se movían
ó que obraban con mucha exacción.
Nos pareceque todo lo que sea acudir
i otra parte para explicar esta palabra,
será estar fuera de la etimología y del
buen sentido. Hacer venir exacción de
extracción, es desconocer absolutamen-
te el origen de ambos vocablos, por-
que ra hemos dicho qae exaeeiht vie-
ne de ag're, mientras que extracción
viene de trah're, que significa traer,
acarrear, llamar hacia sT. Bxtraer no
es más que traer de dentro para 7*^e,
conducir de aquí para allá. Éxtrae-
ción, pues, equivale £ exportación,
mientras que exae Íón equivale á <«u-
titud. Por analogía, significó después
carga Ó impues'o.
El nombre de derrama no se aplicó
nunca á las contribuciones del Estado,
á los impuestos generales; sino á una
exacción particular, ora exigida por
el enemigo en tiempo de guerra, ora
acordada por el cabildo de la locali-
dad, para atender á cargas concejiles.
Así se dice hoy: derramas vecinales ó
municipales, para designar la contri-
bución particular de cada municipio.
Con la voz talla ha sucedido poco
más ó menos lo que con la palabra
exacción. Aquella voz no significó pri-
mitivamente ninguna idea de carga ó
de impuesto. He aquí su historia.
Talla se deriva de íalea, talltat por
corrupción, que significa lámina ó
plancna de madera, porque los agen-
tes ó recaudadores de aquel impuesto
llevaban unas tarjas, en las que mar-
caban ta cantidad, con que cada reci-
ño contribuía.
Corarrubias la hace venir del verbo
toscano tagliar, porque el impuesto
público tallaba ó tajaba una parte
de la hacienda de cada vasallo; pero
esta etimología es más ingeniosa que
verdadera. La que primeramente he-
mos expuesto es la que merece, en
nuestro juicio, ser admitida.
Existían dos clases de talla; una
general, que se aplicaba á toda clase
de riqueza y de haberes; j otra, per-
sonal, que se repartía por cabeza de
vecino. Esta última fué la que se lla-
mó capitación, término derivado de
caput, capitis, que en latín significa
cabeza. Este modo de hablar, tan cas-
tizo y tan filosófico, se conserva aún
en nuestro idioma, y no debiera an-
ticuarse nunca, ya que — ¡gracias á
Dios! — no ha tenido ningún saltim-
banquis la ocurrencia de llevarse esta
joya de nuestra lengua, dejándonos
en cambio una bisutería. A.sí decimos:
tantas cabetas de ganado; tocamos á
tanto por cabeza. No faltará entendi-
miento alambicado que diga que esto
huele á pa'io burdo; pero nosotros le
contestamos que él nos huele á nos-
otros á paño ierdo. ¿ ué imagen más
propia, más viva, más discreta, y al
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IMPÜ
IMPÜ
IMPÜ 37
mismo tiempo más proHinda, que de-
signar al humbre par U cabeza, esa
cabeza que es la casa de su püusa-
miento, el asiento de su juicio j de
so razón, la estatua de aquel pedes-
tal, el remate del g^ran monumento?
¿Qué es ta cabeza sino el discurso, el
nciocinio, el almaV ¿Y qué es el alma
siuo el hombreV ¿Qué imng-ea más
bella j más sabia que desig-nar al
hombre por esa cabeza que pone eo
sus manos el señorío de la obra de
Dios? ¿Por qué no hemos de designar
al hombre por la cabeza, cuando desig-
namos al rejr por la corona, j al pon-
tífice por la tiara, j por la toga al
magistrado? ¿Qué majror toga que
nuestra frente, una frente que es la
gran diadema que puso Dios sobre
nuestro cuerpo? A tañí» tocamot por
cabeza. Aconsejamos á la juventud que
no ponga en desuso una locución tan
eastt'llana y tan elocuente.
Subsidio viene de suhñdium, palabra
latina que quiere decir socorro, auxi-
Jio, avuda, V por extensión se dio este
nombre á la exacción extraordinaria
con que los vasallos ayudaban al xty.
Cuando por guerra ó calamidades no
bastaban los impuestos establecidos,
el señor acudía u un tab$idio, que es
como si dijéramos á nn tocorro; pero
solía acontecer á menudo que la peste
j la guerra se iban, 7 el subsidio que-
daba. Y de tal manera quedó, ^ue
aún tenemos nosotros el subsidio in-
dustrial 7 de comercio. Hoj se llama
arbitrio i lo que se llamaba subsidio
antes.
La voz tributo viene de íníií.porquB
el tributo era el impuesto que paga-
ban las ír/iiix del pueblo romano. Y
como el impuesto que se pag«ba en-
tonces era una especie de reconoci-
miento político, como un homéaaje
que se rendía al señor, la idea de ob-
sequio personal ó de sumisión entró
naiuralmente en la toz tributo. De
este modo se explica que esta voz ten-
gados sentidos: uno, que equivale á
contribución, j así decimos: sistema
írí¿N (arto, queescomosi dijéramos: sú-
temadeco*tribudOHes¡ y otro,que equi-
vale á rendimiento ó pleito-homena-
je, 7 asi decimos: la India es tributa"
ria del Reino-Unido; el tributo de las
cien doncellas. Por lo tanto, tributo se
distingue de las otras palabras de este
articulo, en que tiene una trascenden-
cia social, cierto sabor político de que
carecen las demás voces.
Pecho fué el nombre primitivo de
lo que hov se llama multíi. Con el d^-
ckoK castigaban los delitos que las
lejes no juzgaban merecedores de pe-
na aflictiva. Así es que en la antigua
legislación hallamos ejemplos repeii-
dtsimos en que se dice: el que come-
tiere tal ó cual delito, qnepecÁe tanto
ó cuanto.
Después pasó i significar el censo
ó canon que el siervo pagaba á su se-
ñor por razón de su hacienda, 7 como
en sefial de acatamiento ó de vasa-
llaje.
El que pagaba e\ pecho se llamaba
pichero, que era lo contracio de n^^bie,
7 el registro en que se anotaba lo
que pagdba cada pechero, se denomi-
naba pechoria.
Gaheia es toda carga que se hace
insoportable. Así »e dice: el pueblo no
puede con tantas gabelas. Esta palabra
aüade algo á la voz aravameii, como
la voz gravamen añade algo á la voz
caraa.
La relación característica de cada
una de las voces de este largo artícu-
lo es la siguiente:
Impuesto signiñca autoridad, do-
minio.
Contribución, sistema.
Cargas, atenciones.
úrramtmen, arbitrariedad.
Exacción^ apremio.
Derrama^ vecindario.
Capitación, casa.
Subsidio, ayuda.
Tributo, vasallaje.
Pechos, censo ó canon feudal.
Gabela, sobrecarga insufrible.
Impugnabílidad. Femenino. Cua-
lidad délo impugnable.
Impugnable. Adjetivo. Lo que se
puede impugnar. U Anticuado, Inbx-
Impugnación. Femenino. La ac-
ción 7 efecto de impugnar.
ETiuoLüGfA. Impugnar: latín, fffl-
pugnatío, ataque, asalto, cerco; forma
sustantiva abstracta de impugnatvs,
impugnado: provenzal, impugnación;
catalán, impugnado; francés, tmpugna-
tion; italiano, impugnaziont.
Impugnadamente. Adrerbio de
modo. Con impugnación.
Etimología. Impugnada 7 el sufijo
adverbial mente.
Impugnado, da. Participio pasivo
de impugnar.
ETiiiOLOaÍA. Latín impvgnaíus: ca-
talán, impugnaíf da; francés, impugne';
italiano, impugnato.
Impuniador, ra. Masculino 7 fe-
menino.^1 que impugna ó hace opo-
sición.
Etih&looía. Impugnar: latín, tm-
f'ugn&tor; italiano, impugnaíore; cata-
án, impugnador, a.
Impugnante. Participio activo de
impugnar. El que impugna.
ímpagnar. Activo. Combatir, re-
futar lo que otro dice ó hace.
EtiuolooÍa. Latín impugnare, aco-
meter, contradecir; de in, en, ypi^na-
re, pugnar: provenzal, impugnar, em~
jíugnar, emDNtt^ar (empeñar); catalán,
im/u^nary francés, impugner; italiano,
impugnare,
impugnativo, va. Adjetivo. Lo
que impugna ó es capaz de impug-
nar.
EtiuoloqÍa. Impugnar: catalán, im-
pugnaíiu, va.
Impulsador, ra. Adjetivo. Que
•impulsa.
ETiMOLOofA. Impulsar: latín, t«-
ptiisur, tmpuísoris, el que impele 6 sa-
cude; instigador, consejero.
- Impulsar. Activo. Impeler, dar
-impulso.
Étimolooía. Impulso: catalán, im-
puUar; fraiicr's, impulter.
Üentido etimológico,— Impulsar es la
forma intensiva de impeler, por cuva
razón siguifíca un oraen inferior de
hechos 7 de ideas.
Se imbele un mármol: leÚMjwífaun
pensamiento.
Impeler es mover el cuerpo: impul-
sar es mover el alma.
Muchos impelen: pocos impulsan,
¡Qué historia tan triste!
Impulsión. Femenino. Iupulso-
Etuioldoía. Latín impulsU, la ac-
ción de impeler: forma sustaotÍTaab»>
tracta de mpulsus, impulsado: pro-
venzal, impulsio; catalán, impuisid;
{t&üeé9,im^lsion;itAU3Ln<ijimpnlsione,
Impulsivamente. Adverbio de
modo. Con impulso.
Etuiolooía. Impulsiva 7 el sufijo
adverbial mente.
Impulsivo, va. Adjetivo. Lo que
impele ó puede impeler.
Etimología. Impulsión: italiano,
impulsivo; francés, impulsif; pruven-
zal, impulsiu; catalán, imjmlsiu, ra.
Reseña. — Aumentarla irritabilidad
del corazón, vale tanto como aumen-
tar su fuerza impulsiva. (BosstTBT,
Obras, ¿orno 8.*, página 17.)
Impulso. Masculino. La acción
7 efecto de impeler. B Adelanto, me-
jora, progreso; 7 así decimos: dar im-
pulso á las cieucias ^ artes, l nato-
ral; propensión, estimulo, exhorta-
ción casi instintiva con que nuestn
propia naturaleza nos inclini i obrar
en ciertos casos; 7 así dedmoe; cel
hombre que se hiela, busca el ñiego
por un IMPULSO M¿Hra¿.> Estos impul-
sos naturales son siempre el resultado
del sentimiento de la conservación. ¡¡
física. La acción de todo agente, el
movimiento de toda actividad, ó sea
la impresión extrínseca que produce
necesariamente la potencia de uii cuer-
po. |¡ Moral. El efecto que causan las
afecciones del espíritu en cualquier
materia; 7 así se dice: «el impllso de
las ideas, el im:>ilso de las pasiones;
la esperanza, el pensamiento 7 el amor
son los grandes impulsos de la vida
humana.» Q ¿bcreto. Teología. Emo-
ción íntima de la fe, en CU70 sentido
se dice: «no parece sino que Dios ha
dado á nuestra alma un iutolso m-
creío que la llama á sí.» | IfoDjuuK
LOS impulsos. Frase. Moderar las in-
clinaciones 7 los apetitos.
Etimología. Latm impulsus, impul-
sas, choque, ímpetu, estímulo, insti-
gación,consejo;simetrico de impulsus,
impelido, participio pasivo de iinpellt-
re, impeler: italiano, impulso; catahín.
impuls.
Impulsor, ra. Masculino v feme-
nino. El que impele, j] A¡'ab\to im-
pulsor. Física. Aparato que impriiiic
l'uerzas para lograr algún elVi tu.
Etimología. JmpuUar: latín, impul-
sor; francés, impuUeur; catalifit impul-
sor.
Impnnar. Activo antíeaado. Im-
pugnar.
Impune. Adjetivo. Lo que queda
sin castigo. || Delito iupuNB..^0r«Mr.
Delito que no sufrú la pena de la 107.
Etiuolog/a. Lhttn impünit: italia-
no 7 catalán, impune.
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3S
IMPU
Sentiih rtlm di'gico, — El latín impU-
nis se compone de tn privativo, sin. ^
pasna, pena: im-pctua, im-püniSf sin \z
pena debida.
Impunemente. Adverbio de modo.
Con impunidad.
Etimología, impune y el sufijo ad-
verbial mente: latín, impune; catalán,
iinpunement; francés, impunément; ita-
liano, impunemente.
Impunidad. Femenino. Falta de
cas ligo.
Etiuolooía. Impune; latín, impmí-
tas; italiano, impuniíá; francés, mpn-
nité; catalán, impunitat.
Impanido, da. Adjetivo anticua-
do. lyKTNB.
Etimología. In privativo y punido:
latín, impühltus; italiano, impunito;
francés, tmpuni; catalán, impúnií, a.
Impuramente. Adverbio de modo.
Con impureza.
Etimolooía. Impura j el sufijo ad-
verbial mente: latín, impüre; italiano,
impuramente; francés, impuremcnt; ca-
talán, impurament.
Impureza. Femenino. La mezcla
de partículas groseras ó extrañas á un
cuerpo ó materia. || Metáfora. Falta
de pureza ó castidad. | db sangre.
Metáfora. La mancha de una familia
por In mezcla de mala raza.
Etimología. Impuro: latín impTirt-
tas é impUrítía; italiano, impurita;
francés, mpurete; catalán, impuriíat,
impureia.
Heseña hittórica. — 1. Le¡f de Moitét.
Estado 6 condición de la persona, la
cual necesitaba de rehabilitación mo-
ral. El menstruo de la mujer se tenía
en concepto de iupuhbza, de ia cual
había de purificarse á beneficio de
cierto número de baiios. El hombre
no podía tener cópula con la mujer
hasta haberse purificado, so pena de
caer en la nota de inmundo. La lUPU-
BBZA de la ley de Moisés venía á ser
una especie de culpa pasiva.
2. Legitlaciim antigua. -^XuwvMZk
lep»L Mancha que caía sobre el indi-
viduo que ejecutaba ciertas acciones
vedadas por la ley, de las cuales tenía
que purificarse con las expiaciones es-
tablecidas. Se llamó impureza legal,
porque las acciones prohibidas se de-
nominaron impuras.
3. La IMPUREZA (como sinónimo de
impudieidad) es el pecado más opues-
to a la comunión. (iJourdaloub, Ins-
trucciones so'ire la rumuniúH, exhor., to-
mo pi'iqina 4o-}. J
Impuridad. Femenino anticuado.
Impureza.
Impurísimo, ma. Adjetivo super-
lativo de impuro.
Impuro, ra. Adjetivo. Lo que no
es puro. II Corrompido, lascivo, des-
honesto.
Etimología. 7« privativo y puro:
latín impUrus, sucio, deshonesto, mal-
vado-, italiano, impuro; francés, tmpur,
ttre; catalán, impur, a.
Imputa bili dad. Femenino. Cuali-
dad de lo imputable. || Forense. lui-i'-
TABII.IDAD de un /techo; responsabili-
dad hipotética del hecho imputable
autelale^. Q Teología. Imputa bilidad
IMPÜ
de los méritos de Nuestro Sefior Jesu-
cr'\<tn.
ETiMOLoai A. . Imputable: catalán,
impuíaóiiit'tt: tVanc-s, imputabtlité.
Imputable. Adjetivo. Forense. Lo
que se puede imputar en vías de de-
recho. II Moral. Lo que puede impu-
tarse en el orden de la conciencia, en
cuyo sentido se dice que los vicios
son IMPUTABLES eu el fuero interno. ¡|
Teología. Tudo lo que puede tornarse
en abono de la rehabilitación moral
del hombre, como los méritos de la
pasión y muerte del Divino Mesías.
Etimolojía. Imputar: italiano, >m-
putaáile; francés j catalán, imputable.
Rese'a.—LtL acción que no depende
de nuestra voluntad ó de nuestro ar-
bitrio, no es libre; j no siendo libre,
no es imputable. Por consiguiente, lo
IMPUTABLE no sc concíbe, sino dentro
de la libertad del albedrío, lo cual
quiere decir en último término que
la libertad es la sanción eterna contra
el libertinaje.
Imputación. Femenino. La acción
y efecto de imputar. | Teología. Apli-
cacíóu de los méritos de Nuestro Be-
ñor Jesucristo á la rehabilitación mo-
ral del granero humano. || Derecho ro-
mano. Compensación de una suma con
otra.
Etimolooía. Imputar: latín imputa-
fío, partida de una cuenta, en el Di-
gesto; acción de imputar, en san Isi-
doro; italiano, imp*íamento,impula2Ío-
ne; francés, imputaíio»; catalin, tnpH-
íaáó.
Imputado, da. Participio pasivo
de imputar.
Etimología. Latín impStatus, par-
ticipio pasivo de imputare: catalán,
imputat, da; francés, tmpví^; italiano,
imputato.
Imputador, ra. Masculino j fe-
menino. El que imputa.
Etimología. Imputar: latín impUíi-
tor, el que pone en cuenta; italiano,
imputatore, acusador; catalán, impuíO'
dor, a.
Imputar. Activo. Atribuir á otro
alguna culpa, delito ó acción. Q TVo-
/o^ /a. Aplicar á la salud del hombre
los méritos del Salvador, quien sufrió
voluntariamente la pena de nuestro
pecado eu el martirio de la eruz.
EriMOLOOfA. Latín impúíSre, de in,
en, dentro, y pitare ^ pensar: catalán,
imputar; francés, tmputer; italiano,
imputare.
Imputativo, va. Adjetivo. Que
imputa. II Teología, Concerniente á la
aplicación de los méritos de Nuestro
Señor Jesucristo. || Justicia imputa-
tiva. Reforma religiosa. Adición de la
Gracia, en cuya virtud se nos aplican
los méritos del Redentor, para com-
pensar la imputación del primer pe-
cado.
Etimología. Imputar: latín, impii-
taticux; trances, imputatif; provenzal,
impulatiu.
Reseña histórica. 1.— Calvino, tanto
ó más que Lutero, se valió de lajus-
íijcacidn para pasar á la justicia impu-
tativa, considerándola como el fun-
damento común de toda la nuiva re-
IN
forma. (BossuaT, Tar. IT, pdrrt'
f-yi . ^
2. Ni los padres, ni Juan de Huss,
ni Wiclef, su maestro, ni los orto-
doxos, ni los herejes, ni los alhigen-
ses, habían pensado antes que él eu la
justicia imputativa. (Ibidbu,/J, pá-
rrafo i 7 9.)
Imsak. Masculino. Religión maho-
metana. Comida que los musulmanes
hacen antes del alba, durante sa ra-
madán.
Id. Preposición latina, que en cas-
tellano sólo se usa en composición, y
por lo común es negativa, haciendo
que la tos á que se antepone signifi-
que lo contrario de lo que significaría
, sin ella; como incapaz, no capaz; in-
j HÍBIL, no hábil, etc. (Academia.) | La
fl de in desaparece en todos los casos
en que el latín la convirtió en / por
asimilación, como en illicitus, i-lki~
to. Q Se torna en m ante las labiales b
y p^ como en imberbe, impelir. \ Se
I convierte en r, por asimilación, en to-
dos los casos en que precede á otra r,
como en ir-regular, ir-religioso, ir-res-
ponsabk. || La n de in se conserva
simpre antes de vocal, como en insc-
/leo, isepto. Inorgánico; asi como antes
de h, como en inhibir, lahiibil, in**-
mano, litkumar. Q Literatura latina. Co-
mo partícula componente, tiene dos
sentidos principales: primero, signi-
fica superposición, aplicación, movi-
miento, quietud, permanencia: segun-
do, designa tendencia, dirección. |
Otras veces es privativa, como en cas-
tellano, y equivale á 110 ó sin. [j Con-
siderada como preposición, correspon-
de al número de las llamadas varia-
bles, porque rige, jra acusativo, ya
ablativo, segunlas circunstancias. Bd
cuanto á su sentido, es tan vario como
la multitud de relaciones que signifi-
ca: en, entre, hacia, á, contra, mien-
tras, durante, respecto á, e» razó» de.
según, bajo.
ETUfOLOOÍA. 1. Sánscrito tia, recor-
tar; úna, menos; an, a, sin; esto es.
nada: griego, áv, ¿v, ti? ( an, í«, eis);\*-
tín, in; godo, %%; alemán, «»-,«; in-
glés, un; gaélico, ao, ei; kimry, an.
2. El ruso «nie es el sánscrito Am,
menos; griego, «viu (áneu, áneg), sin;
godo, imoh, wana; alemán, oAa, mthn.
Reseña. — Es tan curioso como prác-
tico j verdadero el siguiente resu-
men que hace Monlan.
In, m, la, i, kn, bns, bm. Del latín
IN, que es á un tiempo (lo mismo que
en castellano) partícula inseparable
negativa ó privativa, y prefijo de con-
notación varia. El in negativo contri-
buye á la composición lo mismo que
ei í» prefijo legítimo, y, por lo tanto,
aunque el uno tenga diversa etimolo-
gía que el otro, aunque sean homóni-
mos y no sinónimos, no hay inconve-
niente en jumarlos aquí, y tratar de
ellos á la vez, bajo nuestro especial
punto de vista, que es el de la com-
pcsición de las voces.
In expresa la negación, correspon-
diendo h1 an ó á la a privativa de los
griegos, en cuyo caso destruye el va
ior del simple,' como en i-letOt im-pre-
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INAB
mío, in-amisUht in animado, in^divito,
t»-opinado,i»-iomnio,ir-retponsaltle;j
aao añade con frecuencia alguna idea
teeesoria desfavorable, ó toma una
cdnnotaciÓD depravativa, como en in-
digno, in-fiime, in-noHe, in-úíil, etc.
Recordemos ahora que kar, además
de «t otros prefijos, como aet, dis, ex,
M, ce, qne Umbién connotan á su mo-
do la privación ó la negación; de don-
de resultan varias voces compuestas
sinónimas, cujas diferencias de sig-
uiñcado, á veces muj delicadas, pero
siempre reales, se han de determinar
por medio del análisis etimolóo-ico jr
del estudio de los buenos hablistas.
Analizando, pues, y estudiando, se
logrará encontrar la diferencia que
haj, por ejemplo, entre im-jpar y dis-
Mf, entre in-animado j ex-anime, en-
ire in-fando j ne-fando, entre xn-forme
j de-forme, entre in-iania y ve-sania,
entre iH-Zamar y dis-faatar, etc.
Is, prefijo legítimo, expresa rela-
ciones de superposición, o de direc-
ción hacia un punto, de agresión, de
entrada ó de ingreso: en-cender, im-po-
ner, im-jpi^wr, in-^iíar, in-dncir, tn-
iretar, tn-mücuirse, in^mutar, in-spec-
toff in-nltar, ir~riti^, etc. Otras Te-
ces el in es in^tentivo, aumenta la fuer*
za del simple y equivale á mucho,
MiHf, etc.: en-tonar, in-clito (muy glo-
rioso), in-yente (extraordinariamente
grande), inrtensidad, in^íensión. Otras
veces, en fin, expresa un movimiento
de reversión, ó que un objeto vuelve
hicia sí mismo, teniendo entonces el
sentido del gríeg-o ana (hacia atrás, de
nuevo), y haciéndose sinónimo de re,
como in-frin^ir, in~slaurar, in-vesíir.
In se convierte en im antes debóp,
según habrá podido notarse en varios
de los ejemplos que dejamos puestos,
y según se ve en im-oe'cil, im-6erbe,
improMle, im-prudente, im-piier; en
ir, cuando le s'igae r, como en ir-rfgn-
lar, ir-remediable, ir-reprensiUe, excep-
túase el anticuado in-remanerado; yea
i, antes de como en i-l^ible, t-le-
fal, i-líeito, i'liíeratOf etc.
Ik toma muchas veces la fbrma po-
pular en (y en pronuncia igualmente
el francés el in prefijo de casi todos
sns compuestos), como se ve en en-
ajenar, en-ulbardar, en-cargar, en-ce~
rrar, en-golfar, ensacar, etc.
En (forma de in) se convierte á ve-
ces en tns, ó toma una $ eufónica, en
en-t-aUar, en~s-anckar, etc.; y se con-
vierte en eat antes de b óp, como en
m~^rear, em-beher, em-parejar, em-
prendtr, en-pnjar, etc.
^>J> por último, algunos compues-
trisque toman indistintamente la for-
ma n ó la in: así en-crasar, en~/urtir,
en-kiesío, en-oemar, etc., valen tanto
^mo in-cratar. in~furtir, in-hiesto, in-
remar. Sin embargo, por regla gene-
nl. la forma primitiva y regular in
es más culta que la popular en. (Mom-
Ul'.)
Inabarcable. Adjetivo. Que no
puede abarcarle.
Inabastecido, da. Adjetivo. Que
00 ha sido abastecido.
Inabdicable. Adjetivo. Lo que no
INAD
se puede abdicar por ser inseparable
de algún cargo, dignidad, etc.
Inabolido, da. Adjetivo. Que ño
está abolido.
Inabrogable. Adjetivo. Que no
puede abrogarse.
Inabrogado, da. Adjetivo. Que no
ha sido abrogado.
Inabstinencia. Femenino. Falta
de abstinencia.
InacabaJ)le. Adjetivo. Lo que no
se Duede acabar.
ÉtiuolooU. ín privativo y aeaba~
ble: catalán, inaatMble.
Inaccesibilidad. Femenino. La
cualidad dé lo inaccesible.
Etiuolooía. Iniccesible: latín, Ínao
cetsUU tas; francés, inaceesíibililé; ca-
talán, inaccessibiliíat.
Inaccesible. Adjetivo. Lo que no
es accesible. || Aquello adonde absolu-
tamente no se puede llegar, ó donde
no se puede llegar sino con mucha di-
ficultad. ]¡ Metáfora. Se aplica á la
persona de difícil acceso.
Etimología. In negativo y accesi-
ble: francés y catalán, inaccesible; ita-
liano, inaccesibile; latín, inaccessUUit^
Inaccesiblemente. Adverbio mo-
dal. De un modo inaccesible.
ETiHOLoafa. Inaceetibie y el sufijo
adverbial menU.
Inacceso, sa. Adjetivo, iNACCHtíi-
BLE.
Inacción. Femenino. Falta de ac-
ción, ociosidad, inercia.
Etiholoqía. /■ privativo j acctVft;
catalán, inacctá; &ancés, inacíion; ita-
liano, inazione.
Moral de la familia.— La inacción
engendra el hastío. Este hastío es la
pena terrible con que Dios castiga
nuestra ociosidad. De aquí resulta
que, para castigar nuestras faltas, se
vale de la disciplina de nuestros pro-
pios vicios. habrá quién di^a que
no h&y Dios? El ocio y el aburrimien-
to son una mísma cosa. .A tal padre,
tal hijo: á tal familia, tal azote. Pro-
piamente hablando, la inacción es el
presidio de los que andan sueltos.
Inaco. Masculino. Mitología. El
más antiguo re^ de Argos, padre de
lo, á quieu amo Júpiter. Dió su nom-
bre al río Inaco, que baña la ciudad
de Argos, y i todo el Pelopaneso. ¡
Historia natural. Género de crustáceos
decápodos.
Inactivamente. Adverbio de mo-
do. Sin actividad.
Etiuoldoía. Inactiva ^ el sufijo ad-
verbial mente: francés, tnaclitement.
Inactividad. Femenino. Falta de
actividad.
Etiuolooía. Inactivo: italiano, in-
atíivitá; francés, inacílviíe'.
Inactivo, va. Adjetivo. Que no es
activo, en lo físico y en lo moral.
Etimología. Jn privativo y activo:
italiano, inattivo; francés, inactif.
Inacuoso, sa. Adjetivo. Que no es
acuoso.
EnuoLOofA. In privativo y acuoso:
latín, índqaosas, sejo, árido, sin agua;
italiano, tH'icquoso.
Inadaptable. Adjetivo. Lo que no
es adapta ' ,
INAD
39
Etiuolooía. I» privativo v adapta-
ble: italiano, tnadatíabile; cataLn, (»-
adaptable.
Inadecuable. Adjetivo. Que no
puede adecuarse.
Inadecuablemente. Adverbio mo-
dal. De modo inadecuado.
ETiiiOLOaÍA. Inadecuable y el sufijo
adverbial mente: italiano, inadepiuta-
mente.
Inadecuado, da. Adjetivo. Lo que
no es adecuado.
Etivolooía. In privativo y adecúa-^
do: firancéa, inade'qnat; italiano, inade-
gwto; catalán, inadequaí, da.
Reseña. — En alg^unoa sistemas filo-^
sóficos, idea inadecuadíl vale tanto
como idea oscura: una idea concreta
es inadecuada ú oscura, si Vnhis las
ideas que ta componen no están pre-
sentes en el alma. (Bon'net, Ensayos
analíticos, alma, c. 16.)
Inadicto, ta. Adjetivo. I )k--^\fkltu.
Inadmísibilidad. Feun iiinu. i'nn-
lidad de lo inadmisible.
Etiuolooía. Inadmisible: italiano,
inamissibililá, inammitsi6iliii; francés,
inamissibilite'.
Inadmisible. Adjetivo, Lo que no
es admisible.
Etiuoloqía. In privativo t admisi-
ble: francés, inadmtssible; italiano, in-
amisslbile, inammitilbile; catalán, i«-
admissible.
Inadmisión. Femenino. Falta de
admisión.
Etimología. In privalivu y admi-
sión: francés, inadminion .
Inadvertencia. Femenino. Falta
de advertencia.
Etimología. In privativu v líf/rcí-
tencia: cíLtaXkn, inadverten i: 'r.uicéí,
inadverience; italiano, inaci-erien:a.
Sinonimia. Inadeertenciu, descuido.
La inadvertencia puede ser un defe^-to
disculpable causado por una tarda
percepción del ánimo, ó de una dis-
tracción involuntaria.
El descuido es siempre un defecto
reprensible causado por una negli-
gencia indisculpable ó una distrae,
ción voluntaria. Aquélla falta :i hi pr> •
caución conveniente; éste falta á la
obligación debida.
Un general que se halla .soipn;nJi-
do por falta de precaución -, no [jik!-
de excusar su descuido cui lulo lie
inadvertencia, porque en a . . '.\:í> <.•[■■-
cuDstancias no ha^ falta •iisciil¡>a) 1 .
Los rt'CÍprocos cumplidos ijue ha
establecido el uso entre los amigos y
familias, producen á menudo dist-n-
siones y quejas, por las in ni r uñas
de los amos y los descuidos de lus cria
dos. (Huerta.)
Inadvertidamente. Adverbio de
modo. Con inadvertencia.
Etimología. Inadvertida y el sufijo
adverbial mente: francés, inadra-livu-
mení; italiano, inatvertiiunmiiy.
Inadvertido, da. Adj iivu n s '
aplica al que tío advíeri<' > i' :<:i:;i "i
las cosas que debiera. \\ L > 411' n ■ lia
sido adverti'io.
Etimoi.ooía. In privativn v .¡drcrli-
do: catalán, («tfríTÍíV, di¡ iraíiinio, in~
avterliio.
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40 INAL
-Ziiftfobilidad. Femenino. Falta de
afabilidad.
Inafable. Adjetivo. Que no es afa-
ble.
Inafablemente. Adverbio de mo-
do. Sin afabilidad.
Ktiuolooía. Inafahlt j el sufijo ad-
verbial mente.
Inaféctado, da. Adjetivo. Lo que
no es afectado.
Inajenable. Inajbnablk.
Inagitable. Adjetivo. Que no pue-
de abitarse.
ExiMOLoaÍA. In ^úy».ÍUo y agitable:
latÍD, inígítaHílit,
Ina^itación. Femenino. Falta de
agitación.
Inagitadamente. Adverbio de
modo. Sin agitación.
Etimoloqía. Jnagitada y el sufijo
adverbial mente.
Inagne. Adjetivo anticuado. Ina-
ne.
In agone (bstar). Frase latina usa-
da en castellano t aplicada al que
está agonizando. (Caballebo.)
Etiuolooía. £1 latín in agone sig-
nifícui en competencia, porque es el
¡ibliitivo át egOf agdHts, certamen, lu-
cha. Estas' in aoonb es un barbaris-
mo, que no puede pasar sino como
frase burlesca.
Inagotable. Adjetivo. Lo que no
se puede agotar.
Etimología. Jn utgdiivo y agotable:
catalán, inagotahU.
Inagotado, da. Adjetivo. Que no
se ha agotado.
Inaguantable. Adjetivo. Lo que
no se puede aguantar ó sufrir.
ETiuoLOofA. In privativo y t^uan-
tahU: catalán, inaguantable.
Inaguantablemente. Adverbio de
modo. Sin poderse aguantar.
Et-holgoía. Inaguantable y el sufijo
adverbial mente.
Inajenable. Adjeti vo.Inalien a BLB.
Inalado, da. Adjetivo. Que no tie-
ne alas. B Ornitología. Sección del or-
den de los pájaros nadadores, com-
prensiva de los que no están provistos
de alas, propiamente dichas, sino de
una especie de muñones que sirven
para la nrttaciún.
Inalegable. Adjetivo. Que no pue-
de aligarse.
Inalegado, da. Adjetivo. Que no
ha sido alegado.
Inalegórico, ca. Adjetivo. Que no
es alegórico.
Inalentado, da. Adjetivo. Que no
tiene resolución.
EimotOGÍA. In privativo y alen^
fado.'
Inalienable. Adjetivo. Lo que no
se puede enajenar. || Tiene uso en el
orden político; y asi se dice; «los de-
rechos de la nación soii inalibna-
L'LBS.» {I Se emplea también en el or-
den moral, como cuando decimos: «el
honor es un bien inalienable, de que
cada cual debe responderse á sí mis-
mo;» «la virtud ti. ne un derecho in-
alienable sobre el corazón. j| Histo-
ria Tomana. Título del dominio de los
antiguos emperadores, que era lo que
%e llamaba el sacro dominio.
INAM
Etimolooía. In privativo y aliena-
ble: forma adjetiva ficticia del latín
a/iSnarí, enajenar: italiano, inaltenábi-
le; francés, inalienable; catalán, inalie-
nable.
Inalterabilidad. Femenino. La
cualidad de lo inalterable. || Metafísi-
ca. Condición T estado de las substan-
cias espirituafes ó incorpóreas. '.
ExiuoLoaÍA. Inalterable: italiano,
inalterahilita; francas, inaltérabiliti;
catalán, inalíerabiiitaí.
Reseña. — 1. Una de las tres propie-
dades del oro y de la plata, conside-
rados como los únicos metales per.ee-
tos, es la inalterabilidad respecto
del aire y del agua. Las dos propieda-
des restantes son la ductilidad y la
fijeza respecto del fuego. (Buffón,
Mineralogía, tomo 5.*, página 6.*)
2. La INALTBBAB1I.IDAD de los mo-
vimientos celestes está demostrada
por la observación de todos sus fenó-
menos; cujo principio parece concor-
dar con la opinión de los que no ad-
miten la posibilidad del vacío en la
naturaleza. (Extracto de La Flacb,
Exposition III, 3.)
Inalterable. Adjetivo. Lo que no
se puede alterar, en cujo sentido se
dice qué la esencia es inalterable. ||
Por extensión, se aplica á los objetos
menos expuestos á sufrir modificacio-
nes que pudierau descomponerlos ó
degenerarlos, como cuando deciinos
que el oro es más inalterable que la
plata, sin embargo de que no puede
considerársele como inalterable en
absoluto. I Se aplica á los hechos del
orden moral; y así se dice: virtud,
amor, verdad, principio inalterable.
Etimoloqía. In privativo y altera-
ble: italiano, inalterábite; francés, in-
altérable; catalán, inalterable.
Inalterablemente. Adverbio de
modo. Sin alteración.
STiüOLoafA. Inalterable ^ el sufijo
adverbial mente: italiano, tnalíerabil-
mente.
Inalterado, da. Adjetivo. Loque
no tiene alteración.
Inamisibilidad. Femenino. Teolo-
gía. Cualidad de lo inamisible. |] Re-
forma religiosa. La Reforma sacó de
este principio el dogma llamado in-
amisibilidad de la justicia, en cu^a vir-
tud la justicia, una vez recibida, no
puede perderse jamás. Tal es el argu-
mento con que los reformados pre-
tenden demostrar que los elegidos no
pueden nunca convertirse en reprobos,
cuj^a doctrina condena, como absur-
da, el sabio y virtuosísimo Bossuet.
Inamisible. Adjetivo. J^ro^oy/a. Lo
que no se puede perder, en cujro sen-
tido dicen los teólogos que la perfec-
ción evangélica llegó á tornarse en un
amor inamisible.
Etiuolooía. /« privativo y (iwíís/ÍÍí'.'
latín, in&missíiiíiis; francés, inarnissi-
ble.
Reseña.— \, María, en virtud de la
concepción, tenía una gracia inalte-
rable y, scg-Lin el lenguaje de la teolo-
gía, INAMISIBLE. íBüL'FcDAl.OUE, \íi/SÍC-
res Conv. de la Vierte, tomo 2.", pá-
gina Í2.)
INAP
2. La fe inamisible no se halla más
que en los elegidos. (Fenelón, tomo H.*,
inamovi'idad. Femenino. Cuali-
dad de lo inamovible, en cuyo senti-
do se dice: la inamovilioad ae la ma-
gistratura; la INAUOVILIDAD do loS
empleos.
KriHOLoaf A. Inimomble: italiano,
inamovibiliti; francés, inamombiUíd.
Inamovible. Adietivo. Lo que no
se puede mover. Aplícase á los empleos
y carg-os perpetuos.
Etimología. In privativo y amoot-
ble: italiano, inamocibile; francés y ca-
talán, inamovible.
Inane. Adjetivo. Vano, fútil, in-
útil.
Etimolooía. Griego Iveív (ineín),
vaciar: w5v (inSn), vacio; latín, inanis,
desocupado, frivolo.
Inanición. Femenino. Medicina,
Notable debilidad por falta de alimen-
to ó por otras causas.
ETiuOLOaÍA. Inane: latín de san
Isidoro, inanWo, vacuidad; francés,
inanition; provenzal, inanicio; catalán,
inanieid.
Inanidad. Femeniuo. Vacío de una
cosa. I Futilidad. H Tieuros de inani-
dad. Cronología. Epocas anteriores á la
lej de Moisés, por considerarse como
tiempos vacíos para la historia.
GTiMOLoaÍA. inane: latín, inSnítas:
italiano, inaniíá; francés, inanite'; ca-
talñn, inanitat.
Inanimación. Femenino. Falta de
animación.
Etimología. Jn privativo y anima-
ción: francés, inanmation.
Inanimado, da. Adjetivo. Lo que
no tiene alma. Q Lo que no está dota-
do de animación, ó que ha dejado de
tenerla.
Etiuología. In privativo y anima-
do: latín, inanímafns: italiano, tNa»i-
matj; francés, inánime; catalán, taoíif-
maí, da: que no está dotado de anima-
ción, ó que ha dejado de tenerla.
Inánime. Adjeiívo. Ex.ánimb.
Etimología. Latín íniiwmis, sin
aliento; de in, no, jaft)í»ia,alina,vídn;
catalán, inánime.
Inantéreo, rea. Adjetivo. Botáni-
ca. Desprovisto de anteras.
Etimología. In privativo y antJreQ:
francés, inantkéré.
Inapagable. Adjetivo. Lo que no
puede apagarse.
Etimología. Ih privativo y apaga-
ble: catalán, inapagable.
Inapeable. Adjetivo. Lo que no se
puede apear. \ Metáfora. Lo que no se
puede comprender ó conocer. ^ Metá-
fora. Se aplica al que tenazmente se
aferra en su dictamen ú opinión.
Etimología. In privativo y apeable;
catalán, inapeable.
Inapelable. Forense. Adjetivo que
se aplica á la sentencia (^e que nu s«
pueae apelar.
Etimología. Inapelación: catalán,
inope i- la 'lie.
Inapelación. Femeniuo. Falta de
apelación.
Inápendiculado, da. Adjetivo
In - PENDIZALtO.
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INAR
INAU
INCA 41
InuendúKado, da. AdjetÍTO. Ztnh
¡yla. Epíteto da los criutáeeoi que
eareeeií de apéndices.
iDapercibidamente. Adverbio de
modo. Sin apercibimiento.
BtiuolooU. JnaperciHda y ÚMMñlo
adverbial mente.
Inapercibido, da. Adjetivo. Que
no ha sido percibido.
Etuiolooía. itt privativo j tt^A*»'-
iido: francés, inapercu.
Inapetencia. Femenino. Medicina.
Falta de apetito ó de gana de comer.
STOfOLoaU. In privativo y aprien-
as: catalán, tnapeUncia; francés, inap-
peíenu; italiano^ inappeíenza.
Inapetente. Adjetivo. £1 que no
tiene apetencia.
ETiiioLoaÍÁ.' Inapetencia: italiano,
inappetente; catalán, inapetenl, a.
Inapetitosamente. Adverbio de
modc. Sin apetencia.
ETUfOLoaÍA. Inapetitosa y el sufijo
adverbial mente.
Inapetitoso, sa. Adjetivo. Que no
es apetitoso. Q Falto de apetito.
Inaplacable. Adjetivo. Iutlaca-
ETiuoLOofA. In privativo y aplaca-
catalán, inaplacable.
Inaplicable. Adjetivo. Lo que no
se puede aplicar d acomodar a otra
cosa.
EnuoLOofa. J% y aplicable: cata-
lán, inaplicable; francés, inapplicahle;
italiano, nnapjtiicabile.
Inaplicación. Femenino. Dssapli-
CiClÓM.
Etuiolooía. In y aplicación: cata-
1 D, inaplicació; fraacés, ina^plication.
Inaplicado, da. Adjetivo. Dbs-
APUCADO.
Etiuolooia. Inaplicación: catalán,
'Mplicat, da.
inapreciable. Adjetivo. Lo que no
se puede apreciar por sa mucho valor
ó mérito.
E-nMÓLOorA. 7» privativo y ajjrecia-
hle:cita\iii,ÍHapreciable-t{T&ac68titMp-
f/rédahle.
Inaptitud. Femenino. Defecto
üe aptitud.
EnuoLoaÍA. In privativo y aptitud:
catalán, inapíituí; francés, tnapiitude;
italiano, inaltiíudine.
Inaquis. Femenino. Mitología, lo,
bija de Inaro, ó Isis.
Inárcnlo. Masculino. Mitología.
Rama de g-ranado en forma de corona,
que llevaba en la cabeza la sacerdoti-
sa romana que dirigía los sacríñcios.
Etimología. Latín in árenle.
Inarticulación, Femenino. Falta
de articularon, ¡[ Historia natural.
Ausencia di miembros articulados. ||
Gramitica. Imposibilidad da articular
las palabras.
Etimología. /« privativo y articula-
cik: italiano, inarticulazione; francés,
imrt 'cuidtion.
Inarticuladamente. Adverbio de
:n>da. Sin articulación.
ExiMOLoaÍA. Inarticulada y el sufijo
1 iv. rbial iuunte.
Inarticulado, da. Adjetivo. Lo no
ariiculado. ,1 Ilisloria natural. Que no
presenta a|-tÍL-uÍacióa de ninguna es-
pecie. \ Sonidos inarticulados. Ora-
máíiea general. Los sonidos (^ue se ar-
ticulan imperfectamente, o que no
pueden articularse, como el silbido
con que imitamos á las culebras, 6 el
rumor especial con que ae arrea á una
caballería.
ETiyOLoaÍA. In privativo y articu-
lado: latía, inarticuídtui, dicho con os-
curidad, con poca expresión; italiano,
inarticolato; francés, inarticule'; cata-
lán, inarticulat, da.
Éeseña.—El león, el oso y la zorra
nacen informes, casi inarticulados.
(Aristóteles.)
Inarticulum. Masculino. Hittoria
antigua. Hamo de granado con que se
coronaba á la reina de los sacrificios,
antes de verificarse éstos.
Inasequibilidad. Imposibilidadde
consecución.
Inasequible. Adjetivo. Lo que no
es asequible.
Inasimilable. Adjetivo. Didáctica.
No susceptible de asimilación.
Etimología. In privativo y asimi-
lable: francés, inassimilable.
Inasimilación. Femeuiuo, Falta
de asimilación.
Inasimiladamente, Adverbio de
modo. Sin asimilación.
Etimología. Inasimilada y el sufijo
adverbial mente,
.Inasimilativo, va. Adjetivo. Que
no es asimilativo.
Inasociable. Adjetivo. Quenopue*
de asociarse.
Etimología. In privativo y socia-
ble: francés, inassociable.
Inatacable. Adjetivo. Inbxpl'qka-
ble, porque no puede ser atacado.
Inauditamente. Adverbio de mo-
do. De una manera inaudita.
Etimología. Inaudita y el sufijo ad-
verbial mente.
Inaudito, ta. Adjetivo. Lo que
nunca se ha oído.
Etiuolooía. Latín tnauditus: ita>
Uano, inauliío; catalán, iuaudit, a.
Inaugurable. Adjetivo. Que ae
puede inaugurar.
Inauguración, Femenino. £1 acto
de inaugurar. || Exaltación de un so-
berano al trono.
Etimología. Inaugurar: latín, inau-
gurat'o; italiano, inaugurazione; fran-
cés, inauguration; catalán, inaugura-
ció; portugués, inauguracáo.
Sentido etimológico. — 1, El latín in-
augürdt'o significa comienzo, porque,
al acometer una empresa, al comenzar-
la, tomaban ó consultaban losagüeros.
2, La i.NAUGURACiÓN es enteramente
gentil.
Inaugurado, da. Participi «pasivo
de inaugurar.
Etimología. Latín inaug^rSius, par-
ticipio pasivo de inaugurare, inaugu-
rar: italiano, inaugúralo; francés, in-
augure'; catalán, inaugural, da.
Sentido elimoi 'gico. — El hitíii inau-
güralus significa: «practicad^) ó elegi-
do después de tomar los ag-aeros - (Ci-
cerón): id iNAUGL'RATO liu.iudux fecc-
rat; 4esto hi/.o Kóuiulo después de
haber consultado los agüeros.» (Tito
I L^vio.)
Inaugural. Adjetivo. Lo que per-
tenece á la inauguracidn, como solem-
nidad INAUGURAL, ceremonia inauou-
RAL.n Oración ó discubso inaugu-
ral. El discurso con que se solemniza
la apertura de un establecimiento pú-
blico; las más veces, de enseñanza.
También se dice de la oración que el
catedrático pronuncia al tomar pose-
sión del magisterio. Extensivamente,
se aplica ¿ todo discurso con que se
celebra la erección de algún monu-
mento 6 de cualquier festejo litera-
rio.
EtimolooÍa. Jnaugurañón: francés,
inaugural, le; catalán, inaugural.
Inauguralmente . Adverbio de mo-
do. Por inauguracidn.
SnifOLoaU. Inaugural y el sufijo
adverbial mente.
Inaugurar. Activo. Politeísmo.
Adivinar supersticiosamente por el
vuelo, canto ó movimiento de las
aves. II Dar principio á alguna cosa
con cierta pompa. | Abrir solemne-
mente algún establecimiento públi-
co. II Celebrar el estreno de alguna
obra, edificio ó monumento de públi-
ca utilidad.
Etimología. Latín tnaug^rm^et con-
jeturar por el vuelo ó canto de las
aves; tomar loa agüeros; dedicar, con-
sagrar, adivinar; de in, en, y aug&ro-
re, augurar: italiano, i«as^«rartf; fran-
cés, inaugurer; latín, inaugurar.
Sentido etimológico.-^!. El latín i«h
augÚrSre significa consagrar un para-
je, un templo, una ciudad, un sacer^
dote. (Vabrón.)
2. También se tomaba en mala
parte: cana etpoculis magnis inauqu-
ratur dus latronum; «en medio del
banquete y da grandes brindis, ae le
proclama jefe de loa ladrones.» (Apu-
LEYO.) -
Inauricttlado, da. Adjetivo, Botá-
nica. Desprovisto de orejas 6 de aurí-
culas.
Inaveriguable. Adjetivo. Lo que
no se puede averiguar.
Etimología. In privativo 7 averi-
güable: catalán, inawri^uahU,
Inávido, da. Adjetivo. Exento de
avidez.
Inca. Masculino. Nombre de los
antiguos monarcas del Perú.
Etimología. Reseiía histórica. 1. —
Voz peruviana, aplicada primeramen-
te á Manco-Capac 7 á su mujer Man-
ca Ocello, fundadores del antiguo im-
perio del Perú.
2. Créese que cuando se verificó la
conquista de los españoles, el famosa
imperio de I08 IHCAS contábala sobra
cuatrt) siglos,
3. Ks indudable que dicho imperio
debió alcanzar dicho período de civi-
lización, puesto que ae han hallado
los inmensos restos de las fortalezas
con que los incas se parapetaban con
tra las excursiones de los salvajes.
Incalar. Activo anticuado. Tocar
ó pertrnbckr.
Etimología. In, en, y el antiguo
caler, importar, convenir.
Incalcinación. Femenino. Falta
de calcinación.
TOUOIU s
Digitized by VjOOglC
43 INCA
INCA
INCE
Incalcinado, da. A.djetÍTO. Que no
ha sido calcinado.
Incalculable. Adjetivo. Lo que no
puede calcularse.
BtimolooÍa; I% nejg^atiro y calcula-
ble' francés t catalán, intalculahU;
italiano, incafcolabiU.
Incalculablemente. Adverbio mo*
dal. De un modo incalculable.
Etiuología. Incalculable y el sufijo
adverbial mente: francés, incalculable-
ment; italiano, incalcolabilmeníe.
Incalculado, da. Adjetivo. Que no
ha sido calculado, | Impensado, im-
previsto.
Incalíceo, cea. Adjetivo. Botáni-
ca. Caliñcactón de las plantas que ca-
recen de cáliz.
Incalumniable. Adjetivo. Incapaz
de ser calumniado.
EriuoLoafA. In privativo y eahta-
niable: francés, incalumniable.
Incambiable. Adjetivo. Que no
puede cambiarse,
Incameración. Femenino. Canci-
llería romana. Unídn de alguna tierra
á la cámara eclesiástica.
Etimología. Incamerar: italiano,
¡Hcamcrazione; francés, incame'ration.
Incamerar. Activo. Cancillería ro-
mana. liic:)rporar alguna cosa al do-
minio eclesiiistieo.
Etimología. Francés incamérer, del
italiano incamerare; de in, en, dentro,
sobre, y camerare, forma verbal ficti-
cia de camera, cámara.
Incandescencia. Femenino. Esta-
do de un cuerpo calentado hasta el
grado de hacerse luminoso.
BtiuolooÍa. Incandescente: italiano,
incaleteema; francés, incandescence.
Incandescente. Adjetivo. Que se
halla en estado de incandescencia.
Etimología. Latín incandescens, in-
candetceniií, que se inflama; partici-
pio de presente de incandesctre, infla-
marse; de ík, en, y candescere, forma
verbal de candídus, blanco: francés,
incandescent; italiano, incandetceníe*
Incanonizable. Adjetivo. Que no
puede ser canonizado.
Incanonización. Femenino. Falta
de canonización.
IncanonizadOf da. Adjetiro. No
canonizado.
Incansable. Adjetivo, Lo que es
incapaz ó mujr difícil de cansarse.
Etiuología. Jm privativo y cantar-
se: catalán, incansable.
Incansablemente. Adverbio mo-
dal. De un modo incansable.
Etimología. Incansable y el sufíjo
adverbial mente: catalán, incansabie-
ment.
Incantable. Adjetivo. Música. Lo
que no se puede cantar, por no alcan-
zar la voz a la distancia que haj entre
tono y semitono.
Incautación. Femenino anticua-
do. Encanto.
Incapacidad. Femenino. Falta de
capacidad para hacer, recibir ó apren-
der alguna cosa, y Metáfora, Rudeza,
i'alta de entendimiento.
ETiHOLOOfA. Incapaz: italiano, inca-
pdcita¡ francés, incapacité; catalán, ta- !
Mpacitat» I
Incapacitar. Activo. Inhabilitas.
Incapaz. Adjetivo. Lo que no tie-
ne capacidad ó aptitud para alguna
cosa. ¡I Metáfora. Falto de talento. ||
Incapaz de sacramentos. Locución
familiar. Negado del todo. O Ha bsta*
DO INCAPAZ. Locución &miliar. Ha es-
tado fatal, ha estado cruel, aludiendo
á cualquiera que lo ha hecho pésima-
mente.
Etimología. In privativo y capaz:
latín posterior, incUpax, inepto; ita-
liano, incapace; francés, incapahle; ca-
talán, incapás, a.
Incapazmente. Adverbio de mo-
do. Con iiicHpacidad.
Etimología. Incapaz y el sufijo ad-
verbial mente.
Incardinación. Femenino, Admi-
nistración de una iglesia 6 jurisdic-
ción.
EnuoLoaÍA. Prefijo t's, en, dentro,
y cardinacim, forma sustantiva abs-
tracta ficticia de cardinSiutt ajustado;
de cardo, cardinis, quicio, ajuste, el
punto principal, lo esencial de una
cosa.
Incasable, Adjetivo. El que no
puede casarse. Dícese también del que
tiene gran repugnancia al matrimo-
nio.
Etimología. In negativo y casable:
catalán, incasable.
Incastamente. Adverbio de modo.
Sin castidad.
ExiMOLoaÍA. Incasta y el sufijo ad-
verbial mente: latín, incasté, en Séne-
ca, simétrico de incesté^ lo cual prueba
que incestus representa in-casíut, «no
casto.»
Incastidad. Femenino. Falta de
castidad, lujuria.
Etimoloqía. Incasto: francés, in-
chas teté.
Incasto, ta. Adjetivo anticuado.
Deshonesto.
Etimología. In privativo y casto:
latín hipotético, ineastuSj paralelo de
incestus.
Incatólico, ca. Sustantivo y adje-
tivo. El que no profesa la religión ca-
tólica.
Incautación. Femenino. La acción
y efecto de incautarse.
Etimología. Incautarse: catalán, in-
cautaciÓ.
Incautamente. Adverbio de modo.
Sin cautela, sin previsión.
Etimología. Incauta y el sufijo std-
vethial mente: latín, incaute; italiano,
incautamente; catalán, incauíament.
Incautarse. Recíproco. Forense.
Retener alguna cantidad de dinero ú
otra cosa por vía de fianza hasta la
conclusión de un litigio.
Etimología. Prefijo in, dentro, y
cautarse, tema verbal ficticio de cauto:
catalán, tncaularse. Incautarse es reci-
bir alguna cosa por cautela ó caución.
Incaútela. Femenino. Falta de
cautela.
Etimología, In privativo veauí«¿a;
latín posterior, incaútela; italiano, in-
cautela.
Incauto, ta. .Adjetivo. El que no
I tiene cautela. J Inocente, inofensivo,
i Etimología. /» negativo y cauto:
latín, tneautus; italiano, ineauto; cata-
lán, incauí, a.
Incendiadamente. Adverbio mo-
dal. Uo un modo incendiado.
Incendiar. Activo. Poner tf pegar
fuego á alguna cofla. Uaase también
como recíproco.
Etimolooía. Latín incendere, poner
brillante, quemar; de in, en, y cande-
re, resplandecer, tener una blancura
luminosa: italiano, incendiare; fran-
cés, encendier; catalán, incendiar.
Incendiaria. Femenino. Bistoria
natural. Ave desconocida, cuva apari-
ción, según los antiguos, presagiaba
un inceudio.
Incendiario, ria. Masculino r fe-
menino. Forense. El que maliciosa-
mente incendia algún edificio, mia-
ses, etc. II Adjetivo. Lo que está des-
tinado para incendiar ó puede causar
incendio. | Metáfora. Escandaloso,
subversivo. En este sentido se dice:
artículo, discurso, libro incbkdia-
aio.
EtimOlgoÍa. Incendiar: latín, incen-
diartus, lo que pone fuego 6 lo lleva
consigo, en Suetonio; un incendia-
rio, en Tertuliano y Tácito; italiano,
incendiario; francés, incendiaire; cata-
lán, incenUiari, a..
Incendio. Masculino. Fuego gran-
de que abrasa edificios, mieses, etc. B
Metáfora. Se aplica á los afectos que
acaloraii y agitan vehementemente el
ánimo, como el amor, la ira.
Etimología. Incendiar: latín, ince*-
dium; italiano, incendio; francés, encen-
die; catalán, ineendi.
Incendioso, sa. .\djetivo. Encen-
dido.
Incensación. Femenino. La ac-
ción y efecto de incensar.
Etimología. Incensar: italiano, in-
censamenío; francés, encensement.
Incensadamente. Adverbio de
modo. Con incensación.
Etimología. Incensada- y el sufijo
adverbial mente.
Incensar. Activo. Dirigir con el
incensario el humo del incienso hacia
alguna persona ó cosa. || Metáfora. Lx>
SONJBAR.
Etimología. Incienso: italiano, «»-
censare; francés, encenser; catalán, m-
censar, incensar.
Incensario. Masculino. £1 brase-
rillo con cadenillas y tapa que sirve
para incensar.
Etimología. Bncensar: italiano, ta-
censiere; francés, encensoir.
Incensiyo, va. Adjetivo anticua-
do. Lo que enciende o tiene virtud de
encender.
Incensó. Masculino anticuado. In-
cienso.
Incensor, ra. Masculino y feme-
nino anticuado. Incendiario,
Incensurable. Adjetivo, Lo que
no se puede censurar.
Etimología. Jn privativo v censura-
ble: catalán, incensurable; italiano, im-
censurabile*
Incensurablemente, Adverbio
modal. De un modo incensurable.
EnuoLGOÍA. Incensurable y e\ sufijo
adverbial mente.
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INCE
fecensaradamente. Adrerbio de
modo. Sin censura.
EriMOLoaÍA. Incatsnrada y el tufijo
adverbial mente.
Incensurado, da. AdjetÍTo. Ko
censurado.
Incentivo. Masculino. Loque mue-
Te ó excita é alc;una cosa.
BTiuoLoaÍA. Latín incenífmt: cata-
lán, ineeuíiv.
Sentido etimológico. — 1. El latín in-
cenCimu significa lo que pertenece ó
sirve al cántico, forma adjetiva de in-
cenUif, el que dirige el canto, ó de tn-
cenílo, concierto de Toeei, oaneión mir
gio.
2. Todos estos vocablos son simé'
trieos de inciTtere, cantar frecuente-
mente; de I», en, dentro, j cañare,
cantar. In~cincre representa in-canere,
3. El primer incentivo fué la ar-
monía del canto. ¡Vué lástima que se
havan perdido esas inocencias de la
palabra j del sentimiento, esas her-
mosuras de la sencillez y del candor,
esas dulces memorias de la lengua y
del alma!
4. Haj autor que confunde las vo- ,
ees iNCBNTivo ^ aliciente, ¿ijué tiene
que ver el alictenie, que viene de tazo,
con el INCENTIVO, que viene de can-
eidnf Confundir esos-dos vocablos va-
le tanto como si confaudíéramos, en
historia naturalt la tórtola j el bui-
tre.
Inceptor. Masculino anticuado. El
que empieza.
ETisioLoofA. Latía ineepíor, el que
principia alguna cosa, forma agente
de incestare, comenzar. (Terencio.)
Sentido etimoiógitO. — 1. Inceptare
es la forma de incepiuSf participio pa-
sivo de inciphe; de en, dentro, y
cepTre^ tomar.
2. Incíp^rt signiñcd primeramente
tomar en la mano; 7 extensivamente,
dar principio á una obra, lo cual ex-
plica el significado de incbptob.
Incerteza. Femenino anticuado.
Incbrtidiicbrb.
Incertidniobre. Femenino. Falta
de certidumbre, duda.
E-nMOLOofA. In y certidumhre.
Moral de la familia. Hají que tener
sumo cuidado en no admitir á un
huésped tan mol sto. Si se convirtie-
en carcoma, seria positivamente la
carcoma del alma. La duda turba el
entendimiento: la incertidumbhe tur-
ba el corazón; y tanto lo puede turbar,
que lo mate. ¡Cuántos y cuántos no
han sido víctimas de una terrible in-
cehtidumdbb! jCJué sabio es el refrán
que dice: «cuentas claras; aunque no
parezca dinero!»
Swo'siuik. Incertidumbrti duda. La
ineertidumire [iroviene de la falta 6 es-
casez de conocimientos. Lududa, déla
escasez ó insaficiencia de las razones
ó pruebas en que se funda una opinión
<i un hecho, Virgilio dice: incerti quo
í-tta ferant; estov incwrío, no sé d Jnde
me ílevará el destino. Lo dudo, res-
pondemos, cuando se nos da una no-
ticia inverosímil. La incertidumbre ex-
eluje la creencia; la dwta excluye el
cun vencimiento. (Moia.)
INCE
Incertinidad. Femenino anticua-
do. Incebtioumbbb.
Incertísimo, ma. Adjetivo super-
lativo de incierto.
Incertitud. Femenino anticuado.
Incertidumbre.
Incesable. Adjetivo. Lo que no
cesa (í 110 pui^de cesar.
Incesablemente. Adverbio de mo-
do. InCESANTiÍMENTB.
Incesante. Adjetivo. Lo que no
cesa.
Etiuología. In negativo y cesante,
«no cesante:» latín, incessans, inces^
santis (en Quichebat, Addenda): ita-
liano, ineessaníe; francés, inceisaní,
ante; catalán, incestahU, inceisant.
Incesantemente. Adverbio de mo-
do. Sin cesar.
ETiuoLOQfA. Incesante y el sufijo
adverbial mente: latín, incessabílíier,
en san Jerónimo; incestanter^ en Sido-
nio; italiano, ineestabilmeníe; francés,
inceisammení; catalán, incessahlemení.
Incestar. Neutro anticuado. Co-
meter incesto.
Incesto. Masculino. Derecho canó-
nico ¡/ civil. El pecado carnal cometi-
do por parientes de los grados prohi-
bidos, ü ESPIRITUAL. Cánones. Unión
ilícita entre personas ligadas por afi-
nidad espiritual, como el padrino y
la ahijada. U Ayuntamiento carnal en-
tre el confesor y su penitenta. || Con-
dición del beneficiado que posee dos
beneficios, dependiente el uno del
otro, y Alguimia. Unión de materias
á que se atribuía una afinidad imagi-
naria.
Etimología. Latía incestus; de in,
negativo, y cesíus, forma frecuentati-
va de castus, casto. Inceslut quiere de-
cir incastus, <no casto,» lascivo, luju-
rioso: italiano, incesto; francés, inces-
te; catalán, incest* — cCipula de acceso
carnal con pariente por consanguini-
dad ó afinidad.» (Diccionario de Auto-
ridades, 17íi6,)—'*Q\xe el emperador
Octaviano cometiese incesto con sa
hija Julia, decláralo muí bien Sue-
tonio Tranquilo.» (Comendador, sohre
las 300, copla 4i.J
Reseña aisíórica. — 1. Antes de la
ley escrita, los patriarcas más santos
buscaban estas alianzas (las del ma-
trimonio) dentro de sus mismas fami-
lias, porque entonces eran en corto
número los adoradores del verdadero
Dios, y temían contraer semejantes
enlaces con familias idólatras.
2. SI iMCBSTO entre los hebreos. —
«Ningún hombre se llegará á la que
le sea cercana por sangre, para des-
cubrir las vergüenzas. No descubri-
rás las vergüenzas do tu padre, ni las
vergaenzas de tu madre. No descubrí-
ráslas vergüenzas de la mujer de tu
padre, porque vergüenzas de tu padre
son. No descubrirás las vergüenzas de
tu hermana de padre ó de madre, que
haya nacido dentro ó fuera de casa.
No descubrirás las vergüenzas de la
hija de tu hijo, ó de la nieta por par-
te de hija, porque tus vergüenzas son.
No descubrirás las vergüenzas de la
hija de la mujer de tu padre, á la que
parió para tu padre, y que es herma-
INcE 43
na tuja. No descubrirás las vergüen-
zas de la hermana de tu padre, por-
que es carne de tu padre. No descu-
brirás las vergüenzas de la hermana
de tu madre, por cnanto es carne de
tu madre. No descubrirás las vergüen-
zas de tu tío paterno, ni te llegarás á
su mujer, porque tiene contigo paren-
tesco de afinidad. No descubrirás las
vergüenzas de tu nuera, porque es mu-
jer de tu hijo, ni descubrirás su igno-
minia. No descubrirás las vergüenzas
de la mujer de tu hermano, porque
vergüenzas son de tu hermano. No
descubrirás las vergüenzas de tu mu-
jer ni de su hija (tomando por muje-
res á la madre y á la hija á un mismo
tiempo). No tomarás la hija de su hijo,
ni la hija de su hija, para descubrir
sus vergüenzas, porque son canie de
él, y tal coito es incesto. No tomarás
por concubina de ella á la hermana de
tu mujer (no partirás tu lecho con la
hermana de tu mujer), ni descubrirás
sus vergüenzas, viviendo aún ella.
(Leviíico, capítulo XVIII, versículos
desde el 6 ai i 8.) El que durmiera con
su madrastra, y descubriere las ver-
güenzas de su padre, mueran entram-
bos de muerte: su sangre sea sobre
ellos. Si alguno durmiere con su nue-
ra, mueran entrambos; porque come-
tieron un crimen: su sangre sea sobre
ellos. £1 que además de la hija se ca-
sare también con la madre de ella,
cometió un crimen: arderá vivo con
ellas, y no permanecerá en medio de
vosotros tan grande abominación.
(Ibidbm; capítulo Xt versículos 11, il¿
y 14.) No tomará un hombre la mujer
de su padre, ni descubrirá la cobertu-
ra de el. (Deuíeronomio, XXJI1 30.)»
3. «El hebreo no podía casarse con
su cuñada, sino en el caso de que su
hermano hubiese muerto sin dejar hi-
jos. Cuando esto se verificaba, la lev
(Deuteronomio, XXV, 5) obligaba al
hermano á tomar la mujer de su her-
mano, que había muerto sin dejar su-
cesión, para que los hijos que nacie-
ran fueran considerados como hijos
del hermano difunto. Y esta misma
ley prohibía al par que el hermano
tomara por mujer á la que había sido
repudiada por su hermano.» (San
Agustín, in Levitico, Quasíio LXl.)
4. Entre persas y egipcios. — Parece
ser que el incesto nubo de principiar
fior el casamiento de los hermanos con
as hermanas, el cual empezó á efec-
tuarse entre los sucesores de Cambí-
ses. Teodoreto afirma ( Q,uasíio XXI V,
in Levitico) que entre los persas se
veían estas abominables alianzas.
5. Fntre los primitivos cristianos. —
«Por cosa cierta se dice que ha^ entre
vosotros fornicación, jr tal fornicación,
que ni aun entre los gentiles: tanto,
que alguno abusa de la mujer de su
padre. Y andáis aun hinchados; y ni
menos habéis mostrado pena, para que
fuese quitado de entre vosotros el que
hizo tal maldad. Yo en verdad, aun-
que ausente con el cuerpo, mas pre-
sente con el espíritu, va he ju/.g'iido
como presente a aquel que así se por-
tó. En el nombre oe nuestro ¡Se&or Je-
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íNtíl
sucristo, conffreg'ados vosotroa y mí
espíritu, con la potestad de nuestro
Señor Jesús, aea el tal entregado á
Satanás para mortificación de la car-
ne^ y que su alma sea salva en el día
de nuestro Señor Jesucristo (San
Pablo, Bpittola primera á lot coriníios,
eapiíulo y, versículos 1 á 5.)
6. Calíeula decía públicamente que
su madre había sido fruto del incesto
de Augusto con su hija Julia. (Sub-
TONio, Vida de Caligula.)
7. La antigua legislación castiga-
ba el INCESTO con pena de muerte.
Incestuosamente. Adverbio mo-
dal. De un modo incestuoso.
ETiuoLoofi.. Incettuosa y el sufijo
adverbial mente: catalán, incetiuosa-
ment; francés, inastueiuement; italia-
no, ineetíttotameníe.
Incestuoso, sa. Adjetivo. El que
comete incesto, y lo que pertenece á
este pecado. Q Historia eclesiástica*
Epíteto de unos herejes del siglo xi*
los cuales creían que el casamiento
era permitido entre parientes de cuar-
to grado, sin embarazo de la termi-
nante prohibición de U Iglesia. ¡ Me-
táfora. Se emplea en sentido moral,
como cuando se dice: ^uidii incbs-
TuosA, deseo incbstüoso.
ExuioLoaÍA. Incesto: latín, tncet-
tuQtus (en QuiCHBRAT, ÁddendaJ; ita-
liano, incestnoto; francés, incestueux;
provenzal, eiu€$tmói; catalán, incet-
íuds, a,
Incicatnxable. Adjetivo. Que no
puede cicatrizarse.
Incidencia. Femenino. Lo que so-
breviene en el discurso de algún asun-
to ó negocio; pr así se dice: el suceso
se habría verificado, á no mediar tal
6 cual tMCiDBKCiA. | Furente. La ocu-
rrencia de un hecho legal accesorio á
la materia de que se trata. | Física,
Caída, sobre una superficie cualquie-
ra, de todo cuerpo sosceptihle de ser
reflejado, en cujo sentido se dice que
los rajos se parten en el punto de su
INCID8NCU. I Angulo db incidencia.
Angulo bajo el cual un móvil ó un
rayo de luz encuentra el plano en que
se debe reflejar; j así se dice que el
ángulo de reflexión es igual al ángu-
lo de INCIDBNCIA. I También se llama
así el ángulo comprendido entre el
rajo que cae sobre un plano j la per-
pendicular tirada sobre el plano en el
punto de incidencia. Q Cfeonetría. La
caída de una línea, de un radio ó de
un cuerpo sobre otro; esto es, inter-
sección de una línea con otra ó con
una superficie. | PilotofU, Proposi-
ción accesoria combinada con otra
cosa principal. Q Gramática» Natura-
leza de una oración incidental. || Náu'
tica. Inmersión.
ETiuoLOaÍA.. Incidente: catalán, tn-
cidéncia; francés, ineideucei italiano,
incidema.
Incidental. Adjetivo. Incidente.
[] Accesorio, propio de la incidencia.
ETiuoLOafA. Incidente: francés, in-
cidentel,
Inddentalmentfl. Adverbio de
modo. Incidbntbuentb*
Etiuolooía. Incidental j el sufijo
adverbial mente: cntaMrv,incidentment,
Incidentario, ría. Adjetivo. Que
produce incidencia.
ETiMOLoaÍA. Incidente: francés, tn-
cident'iire.
Incidente. Adjetivo. Lo que so-
breviene en el discurso de algún asun-
to ó negocio. Se usa más comunmente
como sustantivo. Q Masculino. Litera-
tura. El suceso accesorio que sobre-
viene en el curso de la acción princi-
pal de una obra dramática 6 de un
poema. [| Forense, Cuestión que se
presentad arante la instrucción de una
causa ó proceso, la cual se trata en
pieza aparte, ó se resuelve con la ac-
ción principal, según su importancia
y trascendencia.
ETiHOLOQÍA./nciWir: latín, incídens,
incídentis; italiano, incidente; francés
y catalán, incident.
Incidentemente. Adverbio de mo-
do. Por incidencia.
Etiuoloqía. Incidente y el sufijo
adverbial mente.
Incidido, da. Participio pasivo de
incidir.
ETiuOLoaU. Incidir: catalán, inci-
dit, da.
Incidir. Neutro. Caer ó incurrir en
alguna falta, error, extremo, etc.
Etimología. Latín incid"re, caer
en, acaecer, sobrevenir; de t», en,
dentro, sobre, y cadtre^ caer: catalán,
incidir. La i breva de tntílé^ es la a
breve de codo.
Incienso. Masculino. Substancia
que se extrae de varias especies de
enebro, siendo la mejor la que crece
en las plajras del mar Rojo. Es trans-
parente y de color amarillo, y cuando
se quema, despide un olor fuerte y
agradable. Se llama incienso macho
efque el árbol arroja de sujo, é in-
cienso üBiiBBA, el que se extrae de él
artificialmente, el cual es menos esti-
mado. H Metáfora. Lisonja.
Etimología. Provenzal encenst en-
sens, enees, eces: francés j catalán, en-
cens; portugués é italiano, incensó, del
latiu de san Jerónimo incensum, toda
materia quemada en sacrificio; bol
causto; el incienso; forma simétrica '
de incensus, (Quemado; participio pasi- '.
vo de incendire, quemar. I
Inciente. Adjetivo anticuado. El '
que no sabe. |
Etimología. In privativo y esciente. '
Inciertamente. Adverbio de mo- |
do. Con iucertídumbre. ;
Etimología. Incierta y el sufijo ad-
verbial mente: catalán, incertament: '
francés, inceríainement; italiano, incer-
lamente; latín, incdríi, en Ennio. i
Incierto, ta. Adjetivo. Lo que no |
es cierto ó verdadero. || Inconstante, I
no seguro, no fijo. Q Desconocido, no I
sabido, ignorado. '
ETiMOLOofA. Jn privativo y derla:
latín, incertus; italiano, incerto; fran- :
cés, incertain; catalán, incert, a. |
Sinonimia. Incierto, dudoso. — Lo ,
dudoso supone en el ánimo indeciso
razones, motivos ó antecedentes, que [
inclinándole igualmente á opiniones
ó acciones diversas, suspenden su re- !
solución. Lo incierto supone falta de ,
aquellas mismas razones, motivo! ó
antecedentes que constitujen \o dudo-
so, la cunl deja el ánimo sin &cultad
ó luz suficiente para fijar su resolu-
ción ó su persuasión.
Es dudoso el partido que se debe
tomar en una guerra civil. Es incierta
la hora de nuestra muerte. (Huer-
ta.)
Incindente. Adjetivo. Incisivo ó
cortante.
Etimología. Incindir: latín, inct-
dens, incídentis, cortante, participio
de presente de incid're, inciudir.
Incindir. Activo. Cortar.
Etimología. Latín incldére, acor-
tar, de IB, en, dentro, j cadtre, cor-
tar, dividir.
Incinerable. Adjetivo. Que no
puede reducirse á ceniza.
Incineración. Femenino. La ac-
ción j efecto de reducir una cosa á
cenizas. |¡ jlní^Oft/iu/M. Ceremonia en
que se reducía á ceniza el cuerpo del
difunto, honor que se le tributaba, en
cujo sentido se dice: la incineración
de los eadáoeret, \ (¿uimica. Operación
que consiste en quemar una materia
orgánica que contiene partes minera-
les precisas, á fin deobtenerlassepnra-
das bajo la forma de cenizas. (Littré.)
\ Obtiénesegra'n cantidad deeseálcaU
mineral, llamado sosa, por la combus-
tión j la incineración de las plantas
que nacen á orillas del mar, las cua-
les, como es consiguiente, están im-
pregnadas de sal marina. (Buppón,
Mineralogía, tomo 3.*, página SSl,)
Etimología. Incinerar: provenzal,
incineratio; catalán, indneraci4; fran-
cés, indnération; italiano, incinera-
cionr.
Incinerar. Activo. Qkímim. Redu-
cir una cosa & cenizas, en cujo senti-
do se dice: incinerar las plantas ma-
rinas.
BTiH0Loa¿A. In, en, dentro, y el la-
tín cinis, cinéris, ceniza: italiiino, in-
cinerare; francés, incinérer; proven/al,
encendrar, incinerar.
Incipiente. Adjetivo. Lo que em-
pieza. II En?eruedad INCIPIENTE. Me-
dicina. Enfermedad que aún no h;i
desarrollado todos sus síntomas, pur
cuja razón no puede fundarse diagc—
n istico.
Etimología. Latín incipíens, inci-
pientxSf participio de presente de inci-
pVí, principiar: i^Xmxío, incipiente, —
Incipiente é inceptor son la misma pa-
labra de origen.
Incipit. Masculino. Paledgrafia.
Aplicase á los vocablos con que prin-
cipia un manuscrito.
Etimología. Latín incip^ret comen-
zar: francés, incipit.
Reseña. — Incipít es la tercera per-
sona, número singular, del presente
de indicativo de dicho verbo. Quiere
decir literalmente principia.
Incircuncidabilidad. Femenino.
Cualidad de lo incircuncidable. (Ca-
ballero.)
Incircuncidable. Adjetivo. Inca-
paz de ser circuncidado.
Incircuncidado, da. Adjetivo. No
circuncidado.
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iNCl
Indlrcandsióii. Femenino, f^lta
de cireuncisión.
ETiMOLOOfA,. Incircunciso: francés,
incircuncision; catalán, incircu»citi<!.
Incircunciso, sa. Adjetivo. No
circuncidado.
Etiuoloo£a. In negativo j circunci-
so: latín, incircuncisui; catalán, incir-
cuncís, a; francés, inctrconcú; italiano,
incirconcito.
Incircunscribible. Adjetivo. Que
no pnede circunscribirse.
ETnioLOGÍJL. Jnáreunseñío: italia-
no, incircotcritUHU; francés, MCtr-
con$cripUble.
Incircunscripto, ta. AdjetíTo. Lo
aue no está comprendido dentro de
etenninadoa limites.
BtuoloqU. /n privativo -j circnnt-
eripto: latín, incircUnscriptut (en Qoi-
CHBRAT, Addenda); italiano, incircot-
crilto; francés, incirconscrií; catalán,
incirconscrit, a.
Ortografía. — La ortografía de cie-
cuN^CRiPTo es la etimológica; pero
conviene uniformar nuestra manera
de escribir: ó se escribe drcunscriío,
por ciBCUNSCBiPTO, 6 escripío, por es-
crito. No cabe en el sistema de un
idioma adoptar dos ortografías respec-
to de un mismo vocablo etimológico.
Es de esperar qne la ilustre Academia
Sroveera á estas dificultades, fijando
e una vez nuestra dudosa ortografía.
Incisión. Femenino. Cortadora ó
abertura que se hace con instrumento
cortante en algunos cuerpos, y Ciru-
gía. División metódica de partes blan-
das con instrumento cortante. Q Anti-
cuado. Poéticaé Cbsuha.
ETiMOurafA. Inciso: latín, tscííío,
e >rtaaura, forma sustantiva abstracta
de incitus, cortado; provenzal, imñtió;
maulan, incisió; feincés, imion; ita-
liano, incisione»
Incisivo, Ta. Adjetivo. Lo que es
apto para abrir 6 cortar. \ Anatomía.
DucNTES iNCisiTOs. Los cuatro dientes
que nacen en la parte anterior de cada
mandíbula, así llamados, porque son
los instrumentos cortantes de la bocs.
F Medicina, Mbdicahbntos incisivos.
Medicamentos que se considersn á
prüpísito para atenuar los humores. |
Masculino plural. Los incisivos for-
man uc orden de atenuantes más ac-
tivos que los simples aperitivos, pero
menos que los fundentes. (Littoé.) p
Metáfora. Agresivo, mordaz, en cujro
sentido se dice: palabras incisivas;
discurto INCISIVO.
BtiuolooÍa. Inciso: catalán, tncisiu,
ra: francés, incisif; italiano, incisivo.
ñesiña. — La Medicina antigua ha-
bla de dos seríes de medicamentos:
■ttractivos é incisivos. (Historia de
Mondeville, folio ii4, siglo xvi.)
Inciso, lusculino. Órtcgrafia, Co-
UA. B Gramática, El senticCo parcial de
un período que se anuncia en pocas
palabras. ¡ Adjetivo. Go&taco.
BrufOLoaÍA. Latín ineisuint coma,
la menor parte del período simétrico,
de inéisus, cortado, participio pasivo
de incidiré^ dividir; de in, en, dentro,
j cadtre, cortar: italiano, inciso; fran- 1
cés, incise; catalán, inciso, \
iNCl
tnoisorio, ria. Adjetivo. Lo que
corta ó puede cortar. Se dice comun-
mente de los instrumentos de cirugía.
Etimoloqía. Inciso.
Incísura. Femenino. Cortadura en
un hueso. (Oabal'.bbo.) || Historia «a-
tural. Nombre dado á los resortes de
ciertos órganos, ora sean regulares,
ora irregulares.
Etiuolooía. Inciso: latín imíisura,
cortadura, en Oolumela; poda de los
árboles; líneas 6 rayos que se señalan
en la palma de la mano; ras^s, tra-
zos, divisiones, en Plinio: italiano,
inciswra; francés, inciswe»
Incitabilidad. Femenino. Cuali-
dad j estado de las cosas incitables. |
Fisioloffia. Facultad ^ue tienen los
cuerpos vivos de sentir la acción de
los estimulantes.
Etimolooía. Inetíable: francés, tnei-
tahilité.
Incitable. Adjetivo. Fisiología.
Que puede incitar ó ser incitado.
EriuoLOofA. Incitar: latín de las
f 'losas, inc-^tabílis; italiano, incitabiU;
ranees, incitable.
Incitación. Femenino. Accit5n 6
efecto de incitar. || uotbiz. Fisiología.
La acción nerviosa que produce la
contracción de los músculos por la
mediación de los nervios de movi-
miento. II Medicina, La acción de au-
mentar la vitalidad j el resultado de
aquella acción. (LiTTSá.)
Etiuología. Incitar: latín incitáño
é inci^mentnm, vehemencia, ímpetu,
movimiento pronto; italiano, incitazio-
ne, incitamento; francés, inciíation, i»-
citment; catalán, inciíament.
Incitadamente. Adverbio modal.
De un modo incitado,
ETiHOLoofA. Incitada y el sufijo ad-
verbial mente.
Incitado, da. Participio pasivo de
incitar.
Etimoldoía. Latín incítStus, parti-
cipio pasivo de incitare: catalán, inci-
táis da; francos, incité; italiano, tnct-
tato.
Incitador, ra. Sustantivo j adje-
tivo. Que incita.
BTiuoLOOÍA./aater: latín, incttátor^
incítatrix; italiano, indtatore; firancés,
incitateur; catalán, incitudor.
Incitamento. Masculino. Lo que
incita á alguna cosa.
Incitamiento. Masculino. Instiga-
ción ó excitación.
Incitar. Activo. Mover 6 estimular
á alguno para que ejecute alguna
cosa.
Etimología, Latín ctere^ mover; ci-
tare, mover frecuentemente; indure,
( in citare), apresurar, mover con ímpe-
tu: italiano, incitare; francés, inciíer;
catalán, incitar.
Sentido etimoiígieo. — El verbo del
artículo se toma en mala parte las
más de las veces, jr este sentido des-
pectivo viene de su origen, porque
quien incita, atropella. La virtud nos
exhorta, la fe nos alienta, el amor nos
impulsa, la pasión nos incita. ¡Cuán-
tos no han sido los escogidos, por ha-
ber sido los incitados!
Incitativa. Femenino, Forense» La
.ÍNCL 45
provisión que despacha el tríbanal su-
Serior para que los jueces ordinarios
agan justicia j no agravio a las
partes.
ETncoLoofA. Inciíatito.
Incitativo, va. Adjetivo, Lo que
incita ó tiene virtud de incitar. Ss usa
también como sustantivo. | Furente,
AOUIJATOBIO.
Etimología. Incitar: italiano, inci-
tativo; provenzal, incitatin; catalán,
incifatiu, va.
Incivil. Adjetivo. Falto de civili-
dad j cultura.
EnuoLoaÍA. /« privativo y civil:
latín, indit^liSf soberbio, arrogante,
cruel, en Gelio; injusto, en el Diges-
lo; italiano, inciviie; francés j cata-
lán, incivil.
Incivilidad. Femenino. Falta de
urbanidad. || Hecho ó dicho grosero.
ETiuOLoaÍA. Incivil: latín, tncivW-
tas, crueldad, insolencia, rustiquez;
italiano, incivilita; francés, indvtlií ;
catalán, inciviliíat,
Incivilización. Femenino. Falta
de civilizaciÓD.
Incivilizado, da. Adjetivo. Falto
de civilización.
Incivilizador, ra. Sustantivo j
adjetivo. Que ínciviliza.(CA6ALLBao.>
Ittcívilizar. Activo. Hacer perder
la civilizaciin. (CASALLsao.)
Incivilmente. Adverbio de modo.
De una manera incivil.
EtiholooÍa. Indvilj el sufijo ad-
verbial mente; italiano, incivilmente;
francés, incidlement; hitín, inctvilíter,
violentamente, en Suetonio; con orgu-
llo, en Horacio; injustamente, en el
Digeslo.
incivismo. Usscnlino. Falta de ci-
vismo.
Etimología. Incivil: fhincés, ind-
visme,
Indán (Juan Miguel db). Arqui-
tecto español, que nació en 1774. Sus
obras más notables son: la fachada do
San Juan, de Burgos; Santa María,
de SigQenza; cárcel y cementerio de
Antequera, j retablo mayor» mesa jr
tabernáculo de la catedral de Badajoz,
Además de esto escribió unos Apuntes
para la historia de la arquitectura,
Inclarificado, da. Adjetivo. No
clarificado.
Inclasificable. Adjetivo. Que no
puede clasificarse.
Etiuología. In privativo y dasifi-
cable: francés, indassable.
Inclasificado, da. Adjetivo. Sin
clasificar.
Inclemencia. Femenino. Falta de
clemencia. || Metáfora. Uígor de la es-
tación,especialmente en el invierno. |
A LA incleubncia. Mi)do adverbial.
Al descubierto, sin abrigo.
EtuíolooÍa. Incl'-mente: latín, inclh
mentía, rigor, crueldad; italiano, in-
clemenza; irancés, incle'mence; catalán,
incleménda.
Inclemente. Adjetivo. Falto de
clemencia.
Etimología. In privativo j clemen-
te: latín, ••tcliinens, inclemenlts: italia-
no, inclemente; provenzal, catalán y
francés, indemfnt.
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46 INCL
INCL
INCL
Inclinación. Femenino. Fitiolo-
gia. Instinto propio del natural de
cada uno, resultado inmediato del
temperamento, modificado por la edu-
cación, por el trato, por las costum-
bres, lün este sentido sa dice: «Fulano
tiene buenas ó malas inci.inacionbs;»
«los padres deben estudiar con sumo
cuidado las inclinaciones de sus hi-
jos.» I La acción y efecto de inclinar
é inclinarse. || La reverencia que se
hace con la cabeza ó cuerpo, en testi-
monio de veneración ó de cortesía. |
Metáfora. Afecto, amor, propensión i
alguna cosa; en cujo sentido se dice:
«nuestra inclinación por el teatro,
por la pintura, por tal o cual mujer.»
I Geometría. La relación de oblicui-
dad; y asi se dice: ángulo de incU'
NACIÓN, ó la INCLINACIÓN dt dot plo-
noi, dispuestos el uno sobre el otro. |
Aiíronomía. Angulo que forma con la
eclíptica el plano de la órbita de un
planeta, en cuto sentido se dice: la
INCLINACIÓN del eje de la tierra sobre
la eclíptica. | Inclinación ds la agu-
ja lUANTADA. Física. Augulo que for-
ma con el horizonte una aguja que
Suede moverse libremente al rededor
e su centro de gravedad en el plano
vertical del meridiano magnético. ||
í3bújdla de inclinación; instrumento
3ue sirve para medir la incunacióh
e la aguja imantada. La brújala ho-
rizontal indica la dirección con sus de-
clinaciones; mientras que la brújula
vertical pone de manÍ6esto la incli-
nación de la aguja. Esta inclinación
''ambia frecuentemente más que la de-
clinación, según los lugares; pero es
más constante en cuanto se refiere á
los tiempos. (Buppón, Mineralogía, to-
mo 9.', piíginatSl . ) |] Inclinación del
bacinete. Anatomía. £1 ángulo que
esta caja huesosa forma con el plano
horizontal en que se le sitúa. || Incli-
nación DB LA TOBERA. Mineralogía.
Angulo que forma con el horizonte
hundiéndose en el foco.
BruiOLOOfA. Inclinar: latín, incti-
fM<Io, mutación, conversión; forma
sustantiva abstracta de tnclAnatus, in-
clinado; italiano, inelínattone; francés,
inrlinaison; catalán, inclinad^.
Sinonimia. Artículo primero. — In-
clinación, PROPENSIÓN. La inclinación
nosarrastra: la propensión nos expone,
Aqu tla es puramente moral: ésta es
moral v física. En la inclinado'» tiene
muclia parte la voluntad: no así en la
propensión, que es toda de la naturale-
za, y por esta razón se dice que debe-
mos curre j^tr nuestrns malas inclinado-
1U8, y no nuestras malas propensiones.
Un muchacho sale mal inclinado y
nn raid propenso. Por el contrario, de-
cimos: soj muj propenso al llanto, al
temor, á la cólera. — Fulano es muy
propenso á constiparse, á la tos, á la
jaqueca. En estos ejemplos se nota in-
medi:itamente que la voluntad no tie-
ne parto alguna.
La inclin ición sup >ne cierto gusto,
cierta preferencia, y por eso se em-
plea esta palabra para denotar el pri-
mer grado de amor, ó como sinónimo
d« ftfecto. (Conde ds Lk CoaTi.VA.)
1
Articulo segundo. — Inclinación,
phopen-i3n, vocación, gusto. Incli-
nación. Decimos: Juan ama á Matilde.
Tiene esa inclinación. Antonio se incli-
na i, \& jurisprudencia, á la milicia, i
las artes, al comercio, á las matemá-
ticas.
No puede decirse: Juan tiene la^iro-
pensión, la vocadht á el gusto de amar
á Matilde. Ni diríamos con igual pro-
fiiedad: Antonio tiene la propensión,
a vocación ó e\ gusto del comercio, de
la jurisprudencia, de las matemáticas.
La inclinaeiiín consiste en afectos.
Propensión. De una persona que pa-
dece frecuentemente de erisipela, de
calenturas, ó que se vuelve tísica, so-
lemos decir que é9 propensa á la erisi-
pela, á las calenturas, á la tisis.
No podría decirse que tiene la incli^
nación, 1 l vocación ó el gusto de pade-
cer la tisis, las calenturas ó la erisi-
pela.
ün joven tiene la costumbre de hur-
tar. Su madre díce que desde niño ti&-
ne esa propensión.
No sería tan propia la palabra in-
címaciVn, porque no se trata de un
sentimiento, sino de un vicio, j fue-
ra inadmisible el empleo de las pala-
bras voeaciin y gusto.
De modo, que cuando la ÍMli%ación
es viciosa, cuando consiste en una de- :
bilidad de temperamento ó de carác-
ter, se llama propensiin.
Vocación. En esta palabra haj un
espíritu religioso que no conviene á
ninguna de las otras palabras de este
artículo. Se distingue además en que
nú se refiere nunca á la persona, sino
al estado, por cuja razón no tiene
verbo ni adjetivo, mientras que los
nombres restantes tienen adjetivo ó
participio ^ verbo.
Inclinaron tiene inclinar, incli-
nado.
Propensión, propender, propenso.
Gusto, gustar, gustoso.
Vocadón de fraile, de cura, de mon-
ja, de cenobita. No tiene vocación de
casado. Esto quiere decir que haj en
el individuo cierta concentración de
sentimiento, cierto espíritu religioso,
que lo aleja de la vida matrimunial.
Gusto. En gusto entra la fantasía, la
belleza. «Tiene un gusto exquisito en
vestir, en elegir colores; tiene un ex-
celente gmío crítico.» «El arte ha es-
tablecido las reglas del buen gusto.'»
Nada más co.itrario al sentido de
nuestra lengua que decir: tiene una
exquisita vocadón, inelinadónópropen-
sión críiica.
De lo dicho puede deducirse que la
inclinación s: refiere á las emociones.
La propensión, al organismo j i la
conciencia.
La tocación, al estado religioso.
El gusto, i ta imaginación.
Por lo tanto, la inclinación es afec-
tiva.
La propensión, orgánica y moral.
La vocación, asodtica.
El gusto, artístico.
Di -ho de otro modo: la inetinación
nos lleva.
La p¡-opensión nos vence, |
La vocación nos llama.
El gusto nos atrae.
Inclinadamente, Adverbio de mo*
do. Con inclinación.
ETiMOLoaf A. Inclinada y el sufijo
adverbial mente: catalán, inclinada-
nent; italiano, inclinantemeníe.
Inclinadísimo, ma. Adjetivo su-
perlativo de inclinado.
Etiuolooía. Inclinado: catalán, tn-
elinadlssim, a.
Inclinado, da. Participio pasivo
de inclinar, g Adjetivo. Afecto, pro-
penso, I BtBN ó UAL inclinado. De
buena 6 mala índole.
Etiuolosía. Latín ineUnSíuM, par-
ticipio pasivo da inetfnSref inclinar:
catalán, inclinat, da; francés, incline';
italiano, inclinaío.
Inclinador, ra. Masculino j feme-
nino. £1 que inclina.
EriMOLOofA. Inclinar: italiano, íh-
clinatore.
Inclinante. Participio activo de
inclinar. El ó lo que inclina ó se in-
clina.
Inclinar. Activo. Torcer un poco
hacia abajo alguna cosa. Se usa tam-
bién como recíproco. || Declinar ó
apartar hacia un lado. Q Metáfora.
Persuadir á alguno á que haga ó diga
lo que dudaba hacer ó decir. Q Neu-
tro, Parecerse ó asemejarse alg&n
tanto un objeto á otro. Se usa también
como recíproco. || Itecíprocj. Ten<ir
propensión natural á alguna cosa.
Etimología. Latía inclinare, doblar-
se; de m, en, y diñare, inclinarse: ca-
talán, inclinar, inclinarse; francés, in-
cliner; italiano, inclinare. El latín di-
ñare tiene varias formas enlasU-ngua.<;
romanas: ginebrino,c¿fWr;provenzal,
diñar; francés, eligner; italiano, chi-
nare.
Indinarse. Recíproco. Tomar l.i
posición oblicua. II Bajar la cabeza (i
el cuerpo hacia abajo. Q Desviarse i'.
un lado.
Inclinativo, va. Adjetivo, Lo que
inclina ó puede inclinar.
Etimología. Indintr: latín, incUnü-
(Ivus; italiano, inclinativo; catalán, i*-
clinatiu, va.
Inclito, ta. Adjetivo. Ilustre, es-
clarecido, afamado.
Etimología. Latín tnclííus, forma
incorrecta, é inclytas, del prefijo in-
tensivo íny del griego T^Mi6^(klgtós),
excelso, famoso, ilustre: italiano, rn-
dito; catalán, índil, a.
Sentido etimológico. — 1. El grieg »
kltftós representa una forma de Aíi^d
(xX-jdü), oir, de donde nace el latín
elaere, oirse nombrar, tener fama.
2. Por consiguiente, la significa-
ción etimológica dif í>iclito, es famo-
so; de cuyo sentido debemos partir
{tara no confundirlo con las voces ans-
onis.
Incluimiento. Uasculino, Inclu-
sión.
Incluir. Activo. Poner una cosa
dentro de otra ó dentro de sus lími-
tes, [| Contener una cosaáotra. || Com-
prender un número menor en otro
mayor, ó una parte en su todo.
Étiuolooía. Latín eUds, llave;
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INGO
cbs£Vr, cerrar; incMere(in elandért,
cerrar en), contener: cataláui inclvu-
rer; tencés, inelwre; italiano, inchiu-
dffe. La w larg'a de indítd^re es la a
larga de clacis, cuya identidad de pro-
sodia prueba la identidad de origen;
lunque no faltará quien se asombre,
viendo que damos al acento ana cien-
cia tan grande.
Inclusa. Femenino. La casa en
donde se reeogen y crían los ni&os
expósitos. Q Anticuado. Esclusa.
EnMOLOofA. No obstante la aparen-
te etimología de incluir á del latín
dátiJere, esta voz no es más que una
cormpción de Fnkuitifn, ciudad de
Holanda, de la cual trajo un soldado
español una imagen de Nuestra Seño-
ra, que se colocó j se Teñera todavía
en la capilla de la casa de niños expó-
sitos de Madrid. De esta corrupción
salió, 7 ha quedado, el nombre vulgar
deIncluM. (Monlau.)
Inclusero, ra. Adjetivo que se
aplica á los que se criaron en la in-
clusa.
IndusUla. Femeninoanticuadodi-
mioutivo de inclusa.
Inclusión. Femenino. La acción j
efecto de incluir. ^ Conexión ó amis-
tad de una persona con otra.
BnuoLOQÍA. Latín inclUsio, la ac-
ción de encerrar; forma sustantiva
abstraeta de íimISsiUm incluso: catalán,
ineluti^; francés, «úliutm; italiano,
imebttione.
IndoEÍTamente, Adverbio de mo-
do. Con iiiclusijti.
Etiuolggía. Juclutiva y el sufijo
adverbial mente: catalán, inclusica-
mení; francés, inclusivemeat; italiano,
InclnsÍTe. Adverbio de modo pu-
ramente latino. Inclusivambntb.
Etiuolooía. Inclusito: latín, t»c¿H-
tivi; catalán, inclusive.
InclosiTO, va. Adjetivo. Lo que
inclujre ó tiene virtud j capacidad
para incluir alguna cosa.
Etimoloqía. Incluir: catalán, «»c¿»-
*ÍM, m; francés, inclutif; italiano, <«-
clntito.
Indnio, M. Participio pasivo ins*
guiar de incluir. Sólo tiene uso como
adjetivo.
BruiOtoaÍA. Latín inclütutt conte-
nido, encerrado; participio pasivo de
inelid^re^ incluir: francés y proven-
zal, incluí; italiano, incluso*
Indavente. Participio activo de
incluir. Lo que incluye.
Incoación. Femenino. Acción de
incoar,
BnuoLOOÍA. Incoar: latín, mcAosíIío,
fonoa sustantiva abstracta de mcAoS-
Au, incoado.
Incoado, da. Fkrticipio pasivo de
incoar.
SrmoLoaÍA. Latín ineAoStui, empe-
udo, no concluido, imperfecto; parti-
cipio pasivo de incAoSre, principiar:
italiano, ineoaío.
Incoagulable. Adjetivo. Lo que
o 1 puede ser coagulado.
BnifOLOofA. In privativo y coagw-
laHe: iVaiicéí, incoagulable.
Incoar. Activo, Comenzar alguna
INGO
cosa. I VN BXPBDiBMTB. Administra'
ción. Principiar ¿instruirlo, || onpro-
CB30, UNA ACCIÓN. Forense. Entablar
los procedimientos oportunos.
ETiHOLoaÍA. Griego yon'* (choein),
hacer un hoyo, ahondar: latín anti-
guo, ckoare, pisar la tierra, afirmarla,
para levantar una construcción; latín
clásico, inckoare.
Sentido etimológico. — 1. El latín in-
ckoare significa: «echar en el molde
el metal Fundido para hacer una esta-
tua;» y por extensión: cechar los ci-
mientos, poner las bases de una cosa,
comenzar.»
2. Los eruditos De Miguel y Mo-
rante dicen que el verbo latino se com-
pone de in y wArm, caos, lo cual es
un error claro y patente, bajo el do-
ble concepto de forma y de sentido.
El latín tnchoare es el antiguo choare,
forma literal del grieeo ckóein*
Incoativo, va. Adjetivo. Lo que
explica ó denota el principio de al-
guna cosa, 6 la acción de principiar.
\ Vbebos INCOATIVOS. Gramática. Ver-
bos que designan el principio de al-
guna acción, ó el pasaje de un estado
a otro, como marchar, morir. \ Los
verbos llamados auxiliares (ser, estar,
haber) no pueden ser incoativos, pues-
to que expresan la existencia y la si-
tuación de un modo absoluto. \ El ca-
rácter del verbo incoativo consiste en
que ha de derivarse de un adjetivo,
como resplandecer, principiar á ser
reblandeciente; agrandar, principiar á
ser^rant/«;enrojecerse, principiar á ser
ro/o; blanquear, principiar á ser blanco.
Etimología. Latín tnckoafivus, una
de las especies de verbas que significa
el principio de una acción, forma ad-
jetiva de inckoare, prÍncipíar(CAPBLA):
catalán, incoaliu, ta; francés, incoka-
tifi italiano, iiwokalivo.
Incobrable. Adjetivo. Lo que no
se puede cobrar ó. es muy difícil de
cobrarse.
Etiuolgoía. In privativo y cobra-
ble: catalán, incobrable,
InooercibUidad. Femenino, Fisi-
M. Falta de coercibilidad. \ Condi-
ción y estado de lo incoercible.
EriHOLoofA, Incoercible: francés,
incoercibilité; italiano, incoercibilita.
Incoercible. Adjetivo. Física. No
coercible. |] FujiDOsiNCOERcXBLEs.Las
causas del calor, de la luz, de la elec-
tricidad, del magnetismo, las cuales
no pueden contenerse en un espacio
dado, sea el que fuere. || Metáfora. Se
aplica á los hechos de la vida interior,
aludiendo á que no pueden retenerse
ni sujetarse. En este sentido decimos
que el pensamiento esiNCOBRCiBi,B. j¡
También empleamos la voz del artícu-
lo para dar idea de ciertos caracteres
indómitos, como cuando decimos: es
im espíritu incoebcislb, para signifi-
car ^ue es un hombre que no admite
ni termino ni valla.
ETlMOLoaÍA. /« privativo j Mírci"
ble: frahcés, incoercible.
Incogitado, da. Adjetivo anticua-
do. Impensado,
Etimología. In privativo y cogita-
do: catalán, incogiiat, da.
INCO
47
Incógnita. Femenino. Maímiti^
eos. El término desconocido de una
ecuación ó problema. ¡ Metáfora. La
causa ó razón de algún hecho que se
examina. Así se dice: despejar la in-
cógnita de la conducta de Fulano, de
la pretensión, de la tristeza ó de los
actos de Zutano,
Etimología. Incógnito.
Incógnito, ta. Adjetivo. Lo que
no es conocido. Q Db incógnito. Modo
adverbial de que se usa para signifi-
car que alguna persona constituida en
dignidad quiere tenerse por descono-
cida, y que no se la trate con las ce-
remonias ^ etiqueta que corresponden
á su dignidad: así se dice que el em-
f arador José II viajó de incógnito por
talia.
Etu«X.ooía. Latín incognítus, no
averiguado, en Cicerón; no visto, en
VirgUio; de in privativo y cognttus,
participio pasivo de cognosctre, cono-
cer: italiano y francés, incógnito; cata-
lán, inc4gnit, a.
Incognoscible. Adjetivo anticua-
do. Lo que no se puede conocer ó es
muy difícil de conocerse.
Etimología. Latín incognoscihílis
(en QoiCHBRAT, Áddendajt forma de
in privativo y et^noseÜre, conocer: fran-
cés, inec^noscibie,
bicoherencia. Femenino. Inco-
nexión, despropósito. | Desconformi-
dad, falta oÍb conveniencia ó relación
entre dos cosas. | Incohbbbncia bn
LAS IDBAS. Medicina. Estado mental
síntomáticode algunos envenenamien-
tos y de ciertas embriagueces, en que
el enfermo dice lo que cree ver y oir.
Este estado tiene por causa la excesi-
va movilidad de las ideas y alucina-
ciones, la cual hace que las figuras que
seofrecen ála imaginación del enfermo
cambien sin cesar de una manera ver-
ti^nosa.
Etimología. Incoherente: italiano,
iñcoerema; francés, incokérence.
Incoherente. Adjetivo. Inconbxo.
l Física. Que no tiene coherencia, en
cuyo sentido se dice que las partes
del agua son incohbbbntbs, de donde
: resulta su fluidez, porque, si fueran
coherentes, constituirían una masa
sólida. |] Capas incouesiíntes. Geolo-
yía. Capas cuyas substancias constitu-
tivas no tienen cohesión alguna entre
sí. I Metáforas incoherentes. Retó-
rica. Metáforas en que hay dos imágtí-
iies que se contradicen, como sí dijé-
ramos, hablando de Homero, que era
un astro que se desbordaba, lo cual es
tan absurdo como decir que era un to*
rrenle gue te encendía. Ni el torrente se
euciende, ni el sstro se desborda, j
ambos casos pueden servir de ejem-
plos en punto a metáforas incoheren-
tes.
Etimoloqía, I» privativo y coheren-
íi': latín, incoherens, incokerentis; ita-
liano, incoerente; francés, incohtrent.
Incohesión. Femenino. Física. Ca-
rencia de cohesión.
Etimología. In privativo y cohe-
sión: francés, incohesión.
Incola. Masculino. El morador ó
habitante de algún pueblo ó lugar.
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48 INCO
INCO
INCO
Etiuolooía. Latfn inclSla, íiahlthn^
te, en Cicerún; indígena, en Horacio
y Plinio; forma de incaleré, habitar;
in, en, T colare, estar de asiento.
Incoloro, ra. Adjetivo. Se aplica
al agua pura, al cristal y á las otras
substancias que carecen de color.
EtiholooÍa. Latín ineitlor f&lotat
de FiLoxKxo): francés, ineolwé.
Reteña. — La san^pre del pollo es al
principio un licor incoloro; después
se pone blanquecina; luego» amari-
llenta; líltimamente, roja. (Bonnbt,
Leit. div.y tomo XII, 16,)
Incólume. Adjetivo. Saludable,
sin lesión ni menoscabo.
Etiuolooíá. Latín incSUmis, sano,
salvo, entero; de ift, en, y ehlümis,
salvo, libre, en Planto; forma adjetiva
de cdlumen, el techo de un edificio:
italiano, incólume.
Incolumidad. Femenino. Salud,
conservación de alguna cosa. Se em-
plea en sentido moral, como cuando
se dice: la incoluuidad de la virtud.
Etimología. Incólume: latín, incolü-
mitas, conservación, sanidad, buen es*
tado, forma sustantiva abstracta de
iitcdlSmis, incólume.
Incombinable. Adjetivo. Que no
se puede combinar.
Incombustibilidad. Femenino.
Cualidad de lo incombustible, como
el amianto.
Etiuolooíá. Incombustible: catalán ,
incomousíitfiliíat; francés, incombusti-
hilité; italiano, inc(m6usíi''iliíi.
Incombustible. Adjetivo. Lo que
no se puede quemar. || Houbrbs in-
COUBUSTiBLBS. Antigüedades. Nombre
que se daba á cíerios farsantes que
recorrían la Europa, durante la Eind
media, los cuales hacían pruebas de
inoombustibiliilad por medio de enga*
'ios j trapacerí.is. Estas trapacerías
dieron origen ¿ las voces embuste^ em-
'U'fe o.
EruiOLOofA. In privativo y combus-
ti • : CiiAi.-ü, incombustible; francés,
1 ombustiile; italiano, inco,a'msl'ibÍle.
Incom'DUSto, t«. Adjetivo auti-
-uadn. 1^0 que no se ha quemado.
EtiudlogIa. Incombustible.
AUijumerciable. Adjetivo. Aquello
- i\ lo cual no se puede comerciar.
Iicómodamente. Adverbio de mo-
'. Con ioco:nodidad.
ÍTiuo;.OiÍA. Incómoda y el sufijo
iveriiiitl mente: catalán, iuc'm'tda-
■ »t; fritne s, íncommodément; ítalia-
>. ittiM.no lamente.
Incomodado, da. Participio pasi-
I de incomodar.
KTtuoi.oaÍA. Incomodar: cataUn, in-
aodat, da; francés, incmumodé; ita-
!aiio, incommodaío, incomodato.
Incomodar. Activo. Causar inco-
d dad. I] Recíproco. Alterarse, de-
- inHr'^''.
IStimología. Incómodo: latín, incom-
■ aare; italiano, incomodare; francés,
aeommo.ier; catalán, incomodar.
Incomodarse. Recíproco. Sentir
incomodidad.
Incomodidad. Femenino. Moles-
tia, da'o, taita de comodidad.
SroiOLoafA* Incómodo: latín, incomr
mfídttas, daño, trabajo, pena: ineommo-
ditas temporis, infelicidades de los
tiempos; ital'ano, incommoditá; fran-
cés, tncommodile'; provenz»l, encmmo~
dit'it, incommoditat; catalán, incomo-
diíat.
Sentido etimológico, — La incouodi-
DAD significa al pie de la letra: <l>rí-
vación de nuestro nodo de vivir.»
Todo lo que turba ese modo de vida,
incomoda.
Incomodadisimo, ma. Adjetivo
superlativo de incómodo.
Incómodo, da. Adjetivo. Lo que
incomoda ó lo que carece de comodi-
dad. II Masculino anticuado. Incomo-
didad.
Etimolooía. In privativo y cómodo:
latín, tneo/nmodus, en mal estado: va-
letudine íncommodd esse, ser de una sa-
lud quebrantada; y extensivamente,
enfadoso, importuno, intempestivo:
italiano, incómodo, incommode;ínn<té8,
incommode; catalán, incómodo, a.
Forma. — El latín incommSdus se
compone de in, no; c«m, con, j mSdut,
modo: in cum-m^dus, <no con modo,
no según la manera habitual, no con
arreglo á la costumbre.»
Sinonimia. Incómodo, moletto. Lo in-
cómodo estorba 6 disminuje el goce;
lo molesto produce malestar y pena. El
asiento en que no haj bastante hol-
gura para que todos los miembros ten-
gan sus movimientos libres, es incó-
modo. El asiento duro, con prominen-
cias y desigualdades que obligan á
tomar una posición violenta, es molet-
to. El sentido metafórico de estas vo-
ces observa la misma graduación. Una
visita demasiado larga, incomoda; una
reconvención agria, molesta, (Moba.)
Incomparable. Adjetivo. Loque
no tiene ó no admite comparación.
ETiHOLOOfa. In privativo y compa-
rable: latín, incoMpítrSbUit; italiano,
incomparaüig; francés y catalán, in-
comparable,
Incomparabiemente. Adverbio
de modo. Sin comparación.
Ktiuoloqía. Incomparable y el sufi-
jo adverbial meníf. latín de san Agus-
tín, incompcirabilUer; italiano, incom-
parabilmente; francés, catalán y pro-
venzal, incomparahlemertí.
Incomparado. Adjetivo. Incompa-
RABLB.
Etimología. In negativo y compa-
ra io: francés, incomparé.
Incompartible. Adjetivo. Lo que
no se puede compartir.
Etimología. In privativo y campar-
tibie: italiano, incompartXbile; catalán ,
incompartible.
Incompasibilidad. Femenino.
Cualidad de lo incompasible.
Incompasible. Adjetivo. Incompa-
sivo, y Teología. Impasible de un mo-
do simultáneo; en cu^o sentido se
dice: las personas de la Santísima
Trinidad son incompasibi.bs.
Etimología, y» negrativo jr c««pa-
sible: francés, incompassible.
Incompasivamente. Adverbio de
modo, tíiu compasión.
Ktih(».ooía. Incompasiva y el sufijo
adverbial mente.
Incompasivo, va. Adjetivo. El que
carece de compasión.
Etimología. In privativo y compa-
sivo: francés, incom patissant.
Incompatibilidad. Femenino. La
repugnancia que tiene una cosa para
unirse con otra, en cujo sentido se
dice: la incompatibilidad de caracte-
res, de geniales, de condicioues. || lx-
GAL. Legislación, Imposibilidad moral
de que un funcionario desempeñe si-
muftáneamento dos fundones, 6 de
que una función este desempeñada al
mismo tiempo por dos funcionarios.
O judicial. Imposibilidad legal de
que dos hermanos, ó un padre y un
hijo, hagan al propio tiempo los ofi-
cios de juez en un tribunal. ¡ Farma-
cia. Oposición química con que se ex-
clujren ciertos ingredientes en bus
mezclas, de tal suerte que no cabe
asociarlos. \ Metífora. Tiene grande
uso en el sentido figurado, como cuan-
do se dice: la incompatibilidad de las
opiniones, de las escuelas, de los par-
tidos, de las rivalidades.
Etimología. hompatibUi catalán,
incompaíibilitaí; francés, incompaíibUi-
té; italiano, incompaíibiUti.
Incompatible. Adjetivo. Lo que
no es compatible con otra cosa. J Fo-
rense. Se aplica á las funciones ó dig-
nidades que no se pueden reunir si-
multáneamenteen unmismosujeto. Q
Oficios ó cargos incompatibles. Cá-
nones, Cargos ú oficios que una mis-
ma persona no puede poseer al mismo
tiempo. J] La voz del artículo se aplica
á cosas materiales, como cuando deci-
mos: «el agua y el fuego son incompa-
tibles.» Se aplica también á personas,
como cuando dice Bossuet: «los lu-
teranos y los calvinistas son dos na-
ciones irreconciliables é ihcompati-
BLBS.» Se aplica, por último, á seres
morales, en cu^o sentido tiene ^an
trascendencia e inmensa extensión:
«la gloria y el deleite son incompati-
bles en el santuario del alma;» «lu
caridad, que nos ideutifica con el Ser
Supremo, es incompatirle con la con-
dición del pecado;» «lo i.vcoupatiplb
está en todas partes, menos en los
grandes corazones que saben conver-
tir el odio en amor.» [| Las cosas que
parecen másconciliables suelen serlas
más incompatibles. Así acontece que
las dos cosas más incompatibles del
mundo moral son dos tontos.
Etimología. In negativo y compa-
tible: francés y catalán, incompatible;
italiano, incompat bile.
Incompetencia. Femenino. Falta
decompetencia ó jurisJicción. { uatb-
BiAL. La de un j uez que conoce en una
materia sometida á olro juez, ¡j perso-
nal. La de un juez que falla entre
personas que no son realmente las
justiciables en aqui^l asunto. ¡| adui—
NiSTBATivA. La imposibilidad legal
en que se halla un funcionario de eje-
cutar actos que no están dentro de sus
atribuciones. | Metáfora. Incapacidad
evidente para hablar y tintunder en
ciertos asuntos, ora por f<ilta de cono-
cimientos, ora por falla de experien-
cia. Asi decimos que un teólogo ea
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INCO
iKcoupBTBNTB parft tratar de patolo-
gía, 6 que un médico es dicompetbs-
TB para tratar de teología. *
Etiholooía. Incompetente: catalán,
{competencia; francés, incompétence;
iialiano, tncompetenza.
Incompetente. Adjetivo, ywmjirtt»
deuda. Lo que no es competente, como
cuando decimos: j'ii» incOupetehtb,
tribunal incou.>etemtb. | Parte in-
cojiPBTEMTB. La parte no idónea para
contestar en vías de derecho, Lo que
DO se hace con oportunidad y al tiem*
po debido, l Metáfora. El que no re-
uDé la instrucción necesaria para ser
TOto en una materia; ,y asi decimos
qae un paleto es incoupetbntb en
materia de literatura.
Etimolooía. /n privativo y compe-
íe*íe: laiíu» incomp^íeiUt incomptteniit;
iuliauo, incompetente; francés, iMom-
p tentf ente; catalán, incompeient.
Incompetentemente. Adverbio
de modo. Derecho romano. Sin compe-
tencia.
BtiyoLOOÍA. Incompetente j el sufijo
adverbial méate: catalán, incompeíeut-
ment; francés, incompe'íemment; italia-
no, »co»t^«/ra¿eiRín¿0' latín, incomp^-
lenteTt en el Códig-o teodosiano.
Incomplejo, ja. Adjetivo. No com-
plej ). I NcUiNATlVOÓ AGENTE INCOM-
PLEJO. Crramdtica. El nominativo déla
oración expresadopor un solo nombre,
'-■orno Dios ama al bueno, á diferencia
del nominativo complejo, que sería:
el Dio» de todo lo criado ama al bueno.
\ PaopociciüN INCOMPLEJA, Proposi-
ei m cuvos sujeto j atributo son sim-
plea, ]| Silogismo xncou. lejo. Lógica.
.Silogismo cujas prop >sieiones no son
compuestas. || Nlhsiio incomplejo.
Aritmética, húmero concreto que no
comprende subdivisiones de especies
diitiütas. \ Cantidad incompleja.^^
geBra, Cantidad expresada por un solo
tsmiao.
Etihología. In privativo y eomple-
ii: latía posterior, inco nplexus; italia-
no, ÍK^m^ímo; fi-anc3S, incomplexe.
Incompletamente. Adverbio de
m ido, ite un modo iucompleto.
Etimología. Incompleta y el sufijo
adverbial mente: francés, inampléte-
ment; italiano, ÍHCompietamenfát tncom-
piuUtmente,
Incompleto, ta. Adjetivo. Lo que
na está completo. | Ideas incomple-
tas. Filosofía. Las que no significan
más (^ne una parte del objeto, como
caaDOo decimos: 0ios es clemente,
poesto que la clemencia no es más que
ona parte de los atributos de Dios. H
Xi.<(pA INCOMPLETA. Sntomología. La
que está provista de alas v de patas,
pero que no se mueve. Q Flob incom-
pleta. Botánica. La flor <jue carece de
uo urg-ano, ora sea el cáliz, ora la co-
rola, ora los estambres, ora el pistilo.
] Los iNCOMPLF.T )s. Masculino plural.
Lihrer'ui. Exposición colectiva de las
publicaci :nes que no se han comple-
tdu. |j ilet funi. La voz del artículo
se emplea también en el lenguaje figu-
rado, co no cuando decimos: «el hom-
hre á quien falta la fe, es un alma
incompleta. >
INCO
Etimoloqía. In privativo y comple-
to: latín posterior, inco.npletas; italia-
no, incompleto^ incompiutj; francés, i'n-
complet, incomplete; catalán, incom-
plerí, a; in omplet, a.
Incomplexo, xa. Adjetivo. Des-
unido V sin trabazón ni adherencia.
Etiuología. Jncomplejo.
Incomponible. Adjetivo. Lo que
no es componible,
ETiuoLoaÍA. In negativo y compo-
nible: francés, incompossible; catalán,
incomponilfle.
Incomportable. Adjetivo. Lo que
no es comportable.
Etimología. Jn privativo y compor-
table: italiano, incomportahite; catalán
antiguo, incomportable.
In composibilidad. Femenino. La
imposibilidad ó dificultad de compo-
nerse una cosa con otra.
Etimología. Incomposible: catalán,
inco iipossibilit' t.
Incomposij}Ie. Adjetivo. Ihcümfo-
NI. LE.
Incompo icián. Femenino. Falta
de comp.sicíÓD ó debida proporción
en las partes que ciomponen un todo.
|] Anticuado. Descoh:>ostuea ó des-
aseo.
Etimología. Jn privativo y coinposi-
ciü'n: catalán, in o uposicié.
Incompreneibili iad. Femenino.
La imposibilidad ó la suma dificultad
de comprender alguna cosa, en cujro
sentido se dice: «la Tríuidad de las
personas divinas es el gi*an misterio
de la iNCüMPRENSiuiLinAD de Dios;»
«la misma incompbensiiulidad está
contenida dentro de la razón formal
de lo infinito.»
Etimjloqía. Incomprensible: cata-
lán, incomprehensibi tU: francés, !»•
compre'Aensibilite'; italiano, incompren»
ñbtlitá.
Incomprensible. Adjetivo. Lo que
no se paede comp:%nder. | Expresión
neutra. Lo in-compbessible; idea co-
lectiva de las cosas que no pueden ser
comprensivas; en cu^o sentido se dice:
«1) iNC0Mi'RB«3i3LB DOS rodca por to-
das partes.» || ¡Es incouprbn3I3lb:
Ex.clamacíón de que nos valemos pura
sigiiitícar las circunstancias extraor^
diuH rias de alguna persona 6 de algún
su'eso.
ETiM0L0Qfi:.7)i privativo T compren-
sible: latín, incompr^hensíbilis; italia-
no, in Oiaprens} bile; frmcés, incompre-
Aenñbl -. catalán, incomprehensible.
In comprensible nen te. Adverbio
modal. De un modo íucompren<tibIe.
Etimología. In -omprensike v el su-
fijo adveroial mente: francés, incom-
pre'heasiblement: italiano, iucomprcnsi-
¿(7M«H¿if; latín, incomprehentUHííer, en
san Jerónimo.
Incomprensión. Femenino. Falta
de compreusiún.
Etimología. In privativo^ compren^
sio'n: (.■¡itaian, iv •0:i>preh''usf',
Incomprimible. Adjetivo, Física.
Incapaz de compii iiirsi', ex-presi in de
ios cuerpos cuvo volumen no puede
reducirse por la compresión, en cujo
sentido decimos que los líquidos son
INCOHI'UIMIBLES.
INCO
49
Etimología. Jn privativo j rompyi-
mible: catalán, incompriniihli': fian -és,
incomprrssible; italiano, incomi/ress'ibi-
le. — El francés y el italiano tienen la
forma sustantiva abstracta: incompren-
sibllité, incompressibilitá.
JÍM^ñd.— La propiedad car^cterísti*
es de los fluidos, ora sean elásticois,
ora INC0HPK1M1BLE8, es la extremada
fiicilidad con ^ue cada una de sus mo-
léculas cede a lá presiÓQ. (L^ Place,
Exposition III, 4.)
Incompuestamente. Adverbi«> de
modo anticuado. Sin aseo, con desali-
fio. |] Metáfora antigua. Sia impos-
tura, desordenadamente.
Incompuesto, ta. Adjetivo anti-
cuado. Que está sin coinjioiier ó sin
formar.
Incomunicabilidad. Femenino.
La calidad de lo incomunicable. |] Teo-
logía. Uno de los atributos de lu divi-
na esencia.
Etimología. Incomunicable: francés,
incom II nica bi lite'.
Incomunicable. Adjetivo. Lo ^ue
no es comunicable. | Metafítiea. k%nf>
buto de la subsiaucia espiritual, en
cuyo sentido se dice que el alma es
INCOMUNICABLE.
Etimología. Jn negativo y comuni-
cable: latín de sau Jerónimu, inronunr-
nicdbílis; italiano, incom inuniciibi le;
francés, incommun. cable; catalán, ifiK-
municable.
Incomunicación. Femenino. La
acción y efecto de incoraanifar ó in-
comunicarse. |] For.nse. Es;:ido djl
preso á quien no se permite tratar cou
nadie de pnlübra, ni por escrito.
Etimología. Incomunictr: citalán,
incomanicaci'!.
Incomunicadamente. Adverbio
de modo. Sin comunicai'ÍÓQ.
ETiHOLoaÍA. IncomunicKd* j el 4ufl-
jo adverbial mente.
Incomunicado, da. Adjetivo, El
que no tiene comunicación. Q Forense.
Dícese de los presos, cuantío no se les
permite tratar con nadie de palabra,
ni por escrito, á fin de evitar un con-
cierto doloso. La iNC''MuNiCACió.v no
tiene lugar sino en el teniiiíi p de la
prueba; esto es, cuando la causa está
en sumario. Q Participio pasivo de in-
comunicar.
ExiMOLOaÍA. /ficoiiiiHiü»r.* francés,
incommunique'; latín, incommTavcatus
(en QuiCHBRAT, Áddenda).
Incomunicar. Activo. Privar de
comunicación á personas ó cosas. I| F^,-
rente. Reducir á un preso al estado de
incomunicación, j; Recíproco. Aislarse,
negarse al trato con otras personas,
por temor, por melancolía ú otra
causa.
Etimología. In privativo y coinuni-
car.
Inconcebible. Adjetivo. T.o que no
puede comprenderse ni c - t ljirse. ||
ilt't^ifora. hxtraordi:iario.
Etimología. In privativo v cmcebi-
blr: úiiiices, inconce cable; iuiliano, in-
con-rpibilr.
Inconcerniente. Adjetivo. Xo con
cerniente.
Inconciliabilidad. Femeniuo.Cua-
TOMO III
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1
50
INGO
Itdad de lo inconciliable. (Caballbso.)
Inconciliable. Adjetivo. Lo que
no puede coaciliarse.
Etimología. /« ptivatÍTo j amcilia-
lile: i'rancés, inconciliable; italiano, in-
conciliahile.
Inconcino, na. Adjetivo. Desor-
denado. des':ompuesto, desarreglado.
EtiuolooÍá. Latín inconclnnus, des*
compuesto, desaliñado. (Cicerón.)
Inconcusamente. Adverbio de
modo. Si^guramentei sin oposicíiSn ni
disputa.
EtihologU* Inconeuu y el sufijo
adverbial mente: latín, inconeiute; ita-
liano, inconcussamenU,
Inconcuso, sa. Adjetivo. Lo q^ue
es firme, sin duda ni contradice-ion.
Etimología. Latín inconcussut, es-
table, íirme, inmoble; de in privati-
vo j concuasas, sacudido violentamen-
te, perturbado, participio pasivo de
concui're, sacudir, conmover, abitar:
italiano, iniotteuuoj catalán, tneon-
a.
Incondicional. Adjetivo. Filotofia
y gramática. Lo que no es condicional.
ErmoLoaÍA. Jn privativo jr condi-
ciontt!'. trances, incundiiionnel,
Incondicionalmente. Adverbio de
modo, din condiciones,
EriifOLoaÍA. Incondicional y el sufi-
jo auverbial mente: francés, incondt-
íionnellement.
Incontidipedo, da. Adjetivo. Zoo-
logía. Epíteto de los animales que no
pueden ocultar sus patafl debajo del
cuerpn.
ETiuoLOofA. Latín incondtíus, con-
fuso, y pest p'dis, pie.
Inconducente. Adjetivo. Lo que
no es condu<*eQte para algún fin.
ETiMOLoaÍA. In privativo j courfii-
cente: catiilán, incondukent.
Inconexamente. Adverbio de mo-
do. Sin conexión.
£txuoloo¿a,. Inconexa y el sufijo ad-
verbial menté.
Inconexión. Femenino. Falta de
conexión ó unión de una cosa con
otra. Aplícase á objetos del orden mo-
ral, por cu^a razón no se dice: inco-
NBXióN de telas, de c»ballo«, de semi-
llas, de frutos; sino inconbxión de
juicios, de ideas, de noticias, de pala-
bras, de métodos.
ExiMOLoafA. Inconexo: catalán, ift-
connexiú; francés, inconnexion.
Inconexo, xa. Adjetivo. Lo que
no tiene conexidii con otra cosa.
Etimología. In privativo y cowxo;
catalán, mconnexo; francés, incomwxe.
Inconfeso, sa. Adjetivo. Forense.
Aplicase iil reo que no confiesa en jui-
cio el delito de que se le pregunta.
Etimología. /« privativo y confeto:
latín, ta o» etsust en Ovidio, que no
ha confesado; francés antiguo, ineon-
ffs; moderno, incon/enéi catalán, m-
confés, a.
Inconfidencia. Femenino. Dbs-
CONFIANZA.
Inconlidente. Masculino, \onkbr :
que se dio, durante la guerra de suco-
siún, á las «spafioles de quienes se
sospechaba que sostenían relaciones
cjn la C438 de Austria*
INCO
Incongruamente. Adrerbio de
modo. Sin conveniencia ni oportuni-
dad.
Etimología. Incongrua y el sufijo
adverbial mente: latín, incongrui, en
Macrobio; incongraenter, en Terencio;
italiano, tncoit^rumímfnfe; francés del
siglo xiT, incoi^ruement; moderno, ím-
conarüment; catalán, incofigrueníment.
Incongruencia. Femenino. Falta
de congruencia.
Etiuología. Incongruente: latín, in-
congrueníta, ineongruttaSt despropor^
cíód; italiano, incongruenza; francés,
incongruite; catalán, incon^n¿ncia.
Incongruente. Adjetivo. Lo que
no es conveniente.
Etimología. la privativo y con-
gruente: latín, incongruens, incon^rucn-
íis, desproporcionado, impropio, no
conforme, en Plinio; italiano, incon-
gruente; catalán, incongruent.
lacongruent emente. Adverbio de
modo. Con incongruencia.
Etimología. Incongruente y el sufi-
jo adverbial mente.
Incongruidad. Femenino anticua-
do. iNCOKOaUBNCIA.
Incongruo, graa. Adjetivo. Lo
que no es conveuiente ni oportuno. |
Cánones. Se aplica á las piezas ecle-
siásticas que no llegan á la congrua
señalada por el sínndo.Llámanse tam-
bién iNCONüBüOS los eclesiásticos que
no tienen congrua.
Etimología. In pri vativo ^ congruo:
latín incongruus; italiano, incongruo;
francés, í«cowyrií;catalán,í«C(jiynH), a.
Incoqjurabla. Adjetivo. Que no
puede conjurarse.
Inconmensurabilidad. Femeni-
no. La calidad de lo que no es mensu-
rable, en cavo sentido se dice: la in-
coNMEN iUBAuiLiDAD del espacio. I Geo-
metriag aritmética. Carácter de lo que
es inconmensurable, en cujo sentido
se dice: la iNCO.suBssuBADiLinAO de la
diagonal del cuadrado con el lado ex-
plica la dificultad de la cuadratura
del círculo.
Etimología. lM<mmensurahle: cata-
lán, inconmensurabiliíat; francés, in-
commensurabilité; italiano, inco-nmen-
suraHlit •..
Inconmen8urabl\ Adjetivo. Lo
que nu se pucdeconmensurar, en cujro
sentido se dice: el ser de las cosas es
iNCüNUENaURABLB. [| Aritmética g geo-
metría, l^píteto de dos cantidades que
no tienen medida común; v así deci-
mos que la raíz cuadrada del 2 es ih-
CONMBNSUBASLB con la unidad, puesto
que no haj número, entero ni que-
brado, que pueda expresarla exacta-
mente, II Metáfora. Aplícase á todo lo
que sale de su medida propia, como
cuando se dice: virtud, talento, saber,
pat^ieneia, inconhbnsubablb.
Etimología. In privativo yconme»'
guruóie: francés, incommensurable; ita-
liano, incommensurabile; catalán, (w-
conmensurahle.
Inconmutabilidad. Femenino an-
ticuado. Inmutabilidad, calidad de lo
inmutable. |[ M^afnica. Condición
esencial de las cosas espirituales.
Etimología. Ineonmuta'/le: latín, in-
INCO
commütabílítat; italiano, ineommutaii^
litá; francés, incommutabUiU.
Inconmutable. Adjetivo. Inmuta-
ble, l Loque no es conmutable. ¡ Pao-
PiBDAD INCUNMUTA8LB. Juritprudenda.
La propiedad de que no puede despo-
seerse a su dueño legítimo. || Edicto
iNCONMurADLB. ffisioria de la Edad
media. Ciertos edictos que no podían
ser revocados ni alterados en modo
alguno, referentes con especialidad á
la proclamación de los principes y al
juramento de fidelidad que les hacían
los pueblos. El siglo zvi ofrece aún
ejemplos de edictos incoxiiutablbs*
Etimología, /«privativo y mutable:
latín, incoMiaütabuift italiano, incom-
mutabile; francés, ineomnuUaile; cata-
lán, inconmutable.
Reseña.— 4Qiienn que los Estados
de Francia y Milán le jurasen, y que
este juramento se publicara por me-
dio de edicto inconmutablb;> «il to-
lait quí les Estats de France et de Hi-
lan le jurassent, et que cela fust pu-
blié par edici iNCOuutrrABLB.t (U* db
Bellat, 26^t siglo xYi.)
Inconmutablemente. Adrerblode
modo. De una manera inconmutable.
Etimología. Inconmutable y el sufi-
jo adverbial mente: latín, inconmUiS-
bíltter; iuliano, incommuíabiliHeníei
francés, incunmuíablemeni.
Inconoddo, da. Adjetivo anticua-
do. Ignoto.
Etimología. In privativo y conod^
do: francés, inconnu.
Inconquistable. Adjetivo. Lo que
no se puede ó es m\xy difícil conquis-
tar á fuerza de armas. | Metáfora. El
que no se deja vencer con ruegos ni
dádivas.
Etimología. In privativo j ms^wm-
table: catalán, inconguisíable.
Inconquistado, da. Adjetivo. No
conqnistíid
Etimología. Jn privativo y conquis'
todo: irducs, inconquit»
Inconsciencia. Femenino. P^c^
logia. Falta de percepción, tratándose
de ciertos actos intelectuales y mora-
les. I Es lü que se llama generalmen-
te falla de cmciencia.
Etimología. Inconsciente: latín, in-
coii-.cx lií'-a, en las glosas de Fíloxeao;
francis, inconsciencc.
Inconsciente. Adjetivo. Psicolo-
gíd. El que no tiene conciencia de sf
mismo, j así se dice que los locos,
por ejemplo, son criaturas incons-
C1ENT.ÍS. j¡ T'imbién se aplica á cosas,
como cuaudo decimos: «las acciones
de un hombre, bajo la infiuencia de
lii alucinación ó del frenesí, son he-
chos iNCüNiCiiiNTBS.» U El carácter de
las acciones iKCONáCiBNTBá lleva apa-
rejado el no ser justiciables, puesto
que, no existiendo el libre albedrío,
ñilra el motivo de la responsabilidad.
Etimología. Latín incontcíus, igau-
rante; de in privativo y contcíus, que
sabe, que conoce; compuesto de cum.
con, y scire, saber; francés, - íwoíwcítfiíí.
Inconsecuencia. Femenino. Falta
de consecuencia en lo que sa dice ó
hace.
Etimología. Inconsecuente: latín, iu-
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IMCÓ
líítío
ÍISÍCO 5i
/■jmthnenña, falta de unión y corrés-
pondencia en una frase: italiano, i'm-
conseyuenta; francés, inconséquence; ca-
talán, inronte^üencia.
Inconsecaente. Adjetivo. Incon-
siaviBNTa. I El que procede con in-
eons"cnencia, sin formalidad.
EiniOLOaÍA. In prÍTativo y conse-
cwente: Uún, incont'^guenst incoiuequen-
íii; italiano, inconse^nenU; francés,
ineomequent; catalán, tffCOM«^^¿.
Inconsecnentsmente. Adverbio
de modo. Con inconsecuencia.
ErtHOLoaÍA. Ina>n*ec%ente j el su-
fijo adverbial wu»U: francés, tncotué-
qnmmml: italiano, MCVMWiwfKnRm^.
IncoDsenrabilidad. FemeDino.
Cualidad do lo iaeonservable.
Inconserrable. Adjetivo. No eon-
«rvable.
Inconsiderable. Adjetívo. Que no
puede considerarse.
EriHOLOdÍA. 1% privativo j conside-
rahU: catalán, incontiderabie; italiano,
inecntideradiU,
Inconsiierablemente. Adverbio
de modo. Con inconsideración.
EnuoLOOÍA,. Jnconsidera&le j el su-
fijo adverbial mente: latín, ÚHWuZt^,-
yinífr é ineonsidtrite; francés, inconti-
dirément.
Inconsideración. Femenino. Fal-
ti de consideración ^ reflexión.
BtiuolooU. Latín ine<mñd¡tra»tla
.SuBTONioj B ifuonald'fMU; catalán,
inwmderació; francés, meotuidération;
italiano, in^mtideraúotu, ineon$i2era-
tasa.
Inconsideradamente. Adverbio
'ie modo. Sin consideración ni refle-
xión.
Etiuolooía. Incontiderada j el su-
ñja adverbial mente: latín, íncontidera-
í¿; italiano, inconsideratamenU; etta-
lÍD, ineontideradament.
Inconsiderado, da. Adjetivo. Lo
que no se ha considerado ní reflexio-
aado, I El inadvertido que no consi-
dera 01 reflexiona.
EmioLOofA.. Ju privativo y conside-
rado: latín, inconslaírátus, en Cicerón;
italiano, inconsideraío; fraucés, i«C0h-
íidéré; catalán, ineons derat, da.
Inconsiderancia. Femenino antí-
eoadij. Inconsi ibraciók.
Inconsiguiente. Adjetivo. Lo que
n^M enn^isT'iíente.
Inconsistencia. Femenino. Falta
ie üi^ii^iisteucia.
Etimología. Jnroniisiente: francés,
íncQiuislence; italiano, incontistenta.
Inconsistente. Adjetívj. Muda-
ble, Teleidoso. I Incompatible, impli-
:atnri t.
ETiMOLoof A. In negativo y contíi-
t *te: iraoctts, inconsitianí; italiano,
wentitteiUe.
Inconsolable. Adjetivo. Bl que se
-ODiuela con dificultad ó no admite
; >n»nelo.
EmiOLOofA. In negativo j contola-
^'u- iraaces y catalán, ineontolable;
tisliano, incom$(4a6ile; Istín, ineontoUt-
iUú. i
^consolablemente. Adverbio de |
modo. Sin consuelo. ,
^HOLGOÍA. JnamoUble y el sufijo !
adverbial mente: italiana, ineontetaMU
mente; francés y catalán, ineonsolable-
mení.
Inconstancia. Femenino. La falta
de estabilidad y permanencia de al-
gxina cosa. |j La demasiada facilidad
y ligereza con que alguno muda de
opinión, de pensamientos, de amigos,
de conducta. En las mujeres, puede
llamarse coquetería ó liviandad; en
los hombres, es la completa degrada-
ción del ser humano.
BTmotoaÍA. Inconttante: catalán,
inconstancia: irancés, inconttance; ita-
liano, incostanta.
Inronstante. Adjetivo. Lo aue no
as estable ni permanente. ¡ El c^ue
muda con demasiada facilidad y lige-
reza de pensamientos, opiniones, con-
ducta, amistades, amores, afectos. |
Masculino. El inconstantb, los in-
COHSTANTSS, en cuyo sentido se dice:
«LOS INCONSTANTES debieran servir
para veletas de los campanarios.»
GriHOLoaÍA. /n privativo y consíanr-
te: catalán, inconsíant; francés, ineons-
íant, ante; iuliano, inr.osíaníe; latín,
inconstani, inconstaníit.
Sinonimia. Articulo primero. — In-
coNiTANTB, VOLUBLE. El primer adje-
tivo se refiere á los afectos; el segun-
do, á la imaginación 7 á la conducta.
Es inconstante et que cambia con fre-
caencia los objetos de su afecto. Es
wluéle el que no se fija en ninguna
ocupación, en ninguna empresa, en
ningún estudio. (Moba.)
A riículo segundo, — Inconstantb,
VOLUBLE. La incunítancia proviene del
corazón: la volubilidad, del alma. Es
inconstante aquel que varía de afectos
á cada paso, pero fijándose en tanto
que dura este afecto. Es voluble la
persona que no se fija en nada, y que
varía contindamente de objetos, ün
niño es w¿»¿^; un amante es «acmí-
íante.
El inconstante vacía; el voluble no se
fija. (LÓPBZ Pblbqrín.)
Inconstantemente. Adverbio de
modo. Con inconstancia.
ExmOLOofA. Inconstante y el sufijo
adverbial mente: latín, inconstaníer;
catalán, ineonstantement, insconstaní-
mení; francés, tiicojutommm^'^italiano,
ineostantemente.
Inconstantísimo, ma. Adjetivo
superlativo de inconstante.
Etiuolooía. LBLtín incoHstanííssi-
mus.
Inconstitucional. Adjetivo. No
constitucional.
Etimología. In privativo j consti-
tucional: francés, inconsiiluíionnel; ita-
liano, incosíiíiízionale.
In constitución alidad. Femenino.
Cualidad de lo iucoustitueional,
Etiuolosía. Inconstitucional: fran-
cés, inconsíUuííúnalite'; italiano, incos-
tiíutionalitá,
Inconstitncionalismo. Masculi-
no, oposición á los preceptos consti-
tuciunales; esto es, la inconstitucio-
j nalidad elevada á sistema.
I Inconstttucionalmente. Adver-
I bio de modo. De una manera iascoiis-
Ititucionai,
ETiuoLOof A. íncMStitueional y el su-
fijo adverbial mente: francés, inconsti-
tuíionnellemení; italiano, incosliiuiio-
nalmente,
Inconstitnlble. Adjetivo. Que no
se puede constituir.
Inconstituído, da. Adjetivo. Que
no ha sido constituido.
Inconstruible. Adjetivo. Lo que
no se puede construir.
Etiiioloqía. In privativo y conslrui-
ble: calaláu, inconstruhihle.
Inconsulto, ta. Adjetivo anticua-
do. Lo que se hace sin Gonúdeneit^
ni consejo.
Etiuoloqía. Latín inteumUtx, in-
considerado, temerario; de «1 privati-
voV consültus, aconse|B^.
luconsútil. Adjetivfk Lo que no
tiene costura. Se usa comunmente ha-
blando de la túnica de Jesucristo.
ExiMOLoafA. Latín inconsUíílif, que
no tiene costura; de in privativo y
consüíílis, cosido juntamente, forma
adjetiva de consu''re, cosur con; decoM
por cum, en compañía, y su''re, coser;
Italiano, incoíWttrt/í;catal:ín,iíicoMs¡í/íí.
Incontable. Adjetivo. Lo que no
se puede contar ó es mujr díueil de
contarse,
Etimglooía. In privativo j CMito*
ble: francés, inconíable,
Incontaminable. Adjetivo eomáa
de dos. Que no es susceptible de con-
taminación d de mancha, así en sen-
tido físico como en moral. Por consi-
guiente, con igual corrección podre-
mos decir que el fuego j el espirita
son incontarainables.
Etimología. In privativo y canta-
minadle: latía, incoHíamnabllis, en
Tertuliano; italiano, ÍncontamáMÍile;
catalán, incon lamina ble.
Incontaminado, da. Adjetivo. Lo
que no está contaminado.
Etimología. In privativo y conte-
fninado:cAt3L\\ü,incontaminattda;U».ii-
cés, incontaminif; italiano, i»coníami~
nato; latín, incontamtnaíus.
Incontestable. Adjetivo. Lo que
no se puede impugnar ni dudar eon
fundamento.
ETiuoLOeÍA. In privativo y contes-
table: francés y catalin, incontestable;
italiano, iacontealabile.
Incontestablemente. Adverbiode
modo. Indudablemente» sin contro-
versia.
Etimología. Incontestahh y el sufi-
jo adverbial mente: proveuzal y fran-
cés, incontestablement; italiano, iwo»-
tesíabilmeníe.
Incontinencia. Femenino. Vicio
opuesto á la continencia, esoecialmen-
te en el refrenamiento de las pasiones
de la carne, y db obina. Medicina. En-
fermedad que consist* en no poder
retener la orina.
Etimología. Tncmtineñtei latín, in-
contíneniia; italiano, tnf£?ij/í«fl«ía; fran-
cés, incontinence; cataUn, inconíin/ti-
cia.
Reseña. — La incontinencia fué el
único m)tivo que separ-j á Enri-
que VIII de la Iglesia catiílica. (Mau-
CROIX, Schisme, livre J.J
incontinente. Adjetivo. El desea*
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S2
IMCO
frenado en las pasiones de U carne. |
El que no se contiene. Q Adverbio de
tiempo. Incontinenti.
Etimología.. Jn pi-ivatiro jcoüím"»-
tt: latín, in':onÜnent, inco/iíínentis, que
no se detiene, en Plinio; Ímpetaos>>,
violento, en Séneca; voluptuoso, en
Horacio; italiano, incanílneníe; fran-
cés, incouíinent, ente; catalán, inconti-
ñení: provenzal, ineontinen*
Incontinentemente. Adverbio de
tiempo anticuado. Incontinenti ó AÍn
dilación. [| Con incontinencia.
BTiMOLoaÍA. Incontinente y el sufijo
adverbittl mente: latín, incontínenter.
Incontinenti. Adverbio de tiem-
po. Propia mente, al instante, al panto.
Etuiolooía. Incntíneníe: francés,
inconlinenti; catalán, incontinenti.
Incontrastable. Adjetivo. Lo que
no se puede vencer 6 conquistar. ||Lo
que no puede impugnarse con urg'u-
mentos ni razones solidas. |[ Metáfo-
ra. El que no se deja redacir ó con-
vencer.
ETiMOLOofA. /« privativo y «»-
íriutaifle: italiano, incontrasí&hle; ca-
talán, incontrastable.
Sentido «/moíi^teo.— Imcontsasta-
BLB quiere decir: «que no admite coa-
traste; esto es, variación.»
Incontrastablemente. Adverbio
de modo. Finalmente, de un modo
incontrastable.
Etiuolooía. JncontrattahU y el su-
fijo adverbial mente.
Incontratabl 3. Adjetivo. Intra-
table.
IncontroTertible. Adjetivo. Lo
que DO admite duda ni disputa, como
cuando decimos: argumento incontro-
vertible.
ETiuoLoaÍA. In privativo y contrO'
vrrtible: italiano, incontrovertlbile; ca.-
ta\in,incontroi>ertibU, — ^Kl francés tie-
ne incontroversit como si dijéramos
incontrovertidom
Inconvencible. Adjetivo anticua-
do. Invbncihlx. II El que no se deja
convencer con razones.
Etiuoldoía. Jn negativo j conven-
ei&ie: uatalán, inconvencihlet que no
hav mediii de convencerle.
Inconvenible. Adjetivo anticua-
do. Lo que no es conveniente ó con-
venible.
Inconveaiblemente. Adverbio de
ni do anticuado. Sin conveniencia.
l^riMOLOGÍA. Inconvenible y el sufi-
jo :id/«;rbi;il '/tente.
Inconveniencia. Femenino. Inco-
modidad, desconveniencia. Q Descon-
formidad, despropósito é inverosimi-
litud de alguna cosa.
KTiuoLOQfA. IncMunimUi latín,
mc-oap nienfU^ forma sustantiva abs-
tracta da tHCMB "ttlíMi, inconveniente;
italiano, inconveniensa; fraucás, incon-
venance; catalán, inconveniencia.
Inconveniente. Adjetivo. Lo que
no es cunveiiiente. ¡¡Masculino. El im-
pL'dimeiito ú obstáculo que bay para
hacer alguna cosa, ó el daüo y pur-
juicio que resulla de ejecutarla. I| Me-
táfora. Aplicase á touas las aLcioues
que no se a ustan á las regalas del buen
trato du g-eut.s; jr así decimos: ci'u-i Etimología. Incorporal: Iztia, in-
meó
laño estuvo inconvbnibntb en tal re-
uni')n.>
Etimología. /«privati voy MsrírtiVn-
te: laiín inconv^nUm , incono ni ntis.
discordante, en Cicerón; desemejante,
en Fedro; indecoroso, indecente, en
Apuleyo; provenzal, inontenien, Ín~
contenient; catalán, inconventent; fran-
cés, in-^onvéniení é inconvenible: italia-
no, incMoenieníe é incontenemle.
Inconvenientemente. Adverbio
de modo. Con inconveniencia.
Etimología. Jnconoeniente y el su-
fijo adverbial mente: latín, incon9''nien-
ter; italiano, inconvenieníewunte; fnn-
cés, ineoneeMiíement.
Inconversable. Adjetivo. El in-
tratable por su genio, retiro y aspe-
reza.
Inconvertible. Adjetivo. Lo que
no es convertible.
Etimología. Jn privativo y eonver-'
tibie; Lain, inconvertíbílii, inmutable;
italiano, inconvertlbile; francés y cata-
lán, inconvertible.
Inconveniente. Masculina anti-
cuado. Disgusto, suceso desagradable.
Incordio. Masculino. MeiUcinj, El
tumor que se forma en las ingles, y
procede del mal gálico, | Metáfora.
¡QuA incordio! Exclamación familiar
con que ponderamos la molestia que
alguno nos causa.
EtixolooÍa* Tn negativo y coráio,
fbrinu de cordial, como si dijéramos
in cordial, «no cordial, no ingenuo, no
benévolo, no afectuoso, malo, cruel:»
catalán, incordi.
Incordióse, sa. Adjetivo familiar.
Que es pesado y fastidioso.
Incorpórame. Adjetivo anticua-
do. Incorpóreo.
Incoiporación. Femenino. La ac-
ción y efecto de incorporar 6 incorpo-
rarse.
Etimología. Incorporar: latín, in-
corjiSratío; italiano, incorporazione;
francés, tncorporatíon; provenzal, in-
(w/íoroíiV; catal 'in, incvrporacid; ^ot-
tugués, incorporacao.
Incorporadamente. .Adverbio mo-
dal. De un modo incorporado.
Etimología. Incorporada y el suñjo
adverbial mente.
Incorporadero. Masculino. En las
minas, el patio ó lugar donde se in-
corpora el azogue con el metal.
Incorporaio, da. Participio pasi-
vo de incorporar.
Etimología. hAtin incorporaíns, par-
ticipio pasivo de ineorplrire; catalán,
incorporat, da; francés, incorporé; ita-
lino, incorporato.
Incorporal, .Vdjetivo anticuado.
Incorpóreo. |j Se aplica á las cosas
que no se pueden tocar. Q Teología,
Que no está dotado de cuerpo, en cuyo
sentido se dice: tnbstandas ihcorfora-
LBS.
Etimología. In privativo y corpo-
ral: lauu, t,.corp''ralis; italiano, incor-
pórale: raiicés, iitcorporel; provenzal
y catalán, incrporal.
Incorporaiíaad. Femenino. Teolo-
ii. Cualidad de los seres incorpora-
les.
INCO
eotp^aí^íaB, carencia de «uerpo, en
Macrobio; italiano, incorporaliía; fran-
cés, incorporante'; provenzal, incorpo-
ralitat,
Incorporalmente. Adverbio de
mod.i. Sin cuerpo.
Etimología. Incorporal y el sufijo
adverbial mente: latm, incorp^dllter;
italiano, incorporalmente; catalán, in-
corporalment.
incorporamiento. Incorporación.
Incorporar. Activo. Agregar, unir
dos ó mas cosas para que hagan un
todo y un cuerpo entre sE. H bentar ó
reclinar el cuerpo que estaba echado
y tendido. Se usa también como reci-
proco. I Recíproco. Agregarse una 6
más personas i otras para formar un
cuerpo.
EriMOLOof A. Latín incorporare, unir,
agregar en uo solo cuerpo; de in, en,
y corporare, forma verbal ficticia de
Corpus, corpdrii^ cuerpo: catalán, t«:or*
porar; francés, ipcorporer; provenzal,
encorporar, incorporar; italiano, Mwr-
porare.
Incorporarse. Recíproco. Levan-
tarse sentado cuando se eati tendido
I Entrar á ser parte de ana corporal
ción, y así ss dice: incorporarsb en
el colegio de abogados-
Incorporeidad. Femenino. La ca-
lidad délo incorpóreo.
Etimología. IncorpSrto: provenial,
ine 'rporeitat; francés, ineorporéité; ita-
liano, inrorporeitá.
Incorpóreo, rea. Adjetivo. Lo que
QO es corp>)reo ó material, |1 Substan-
cias incor:-üRbas. Metafísica. Sinóni-
mo de substancias espirituales, como
cuando se dice: cel alma es una razón
INCORPÓREA que el hombre no puede
concebir, sino por medio del sentido
íntino ó conciencia refleja.»
Etimología. In privativo ^ corp^co:
latín, incurpúr^us; italiano, t*cor/hft'«o,'
catalán, incorpíreo, a.
Incorporo. Hasculino. Incorpora-
ción.
IncorrecciAn. Femenino. Falta de
corrección, fl Abuso de estilo.
Etimología. In privativo y correc-
ción: latín posterior, incorrect'o, forma
sustíintiva abstracta de incorrectas, in-
correcto: italiano, íCOiTíriOHi-; francés,
incorrection; catalán, incorrección
Incorrecto, ta. Adjetivo. Sin co-
rrección, desarreglado, defectuoso.
Etimología. Jn privativo y correcto:
latín, iacoirecíus, no ennaendado; ita-
liano, incorretlo; francés, ineorreet,
forma provenzal; catalán, incorrecte,a.
Incorregibiliiad. Femenino. La
obstinación y dureza que hace impo-
sible ó muy dificultosa la corrección
de alguno ó de alguna cosa. {| Bstado
y carácter de lo incorregible.
I Etimología. Incorrrgihle: catalán .
¡ incorregihiliUl, incovret<¡ibilÍtat; fran-
■ ees, incorrigih'úité; italiano, ineorreg~
I gibilitá, incorriggihíliti.
Incorregible. Adjetivo. Lo que no
es corregible. Dícese del que, por su
dureza y terquedad, no se quiere en-
mendar ni Cííder á los bueaos conse-
! jos. Se aplica igualmente á las cosas,
como cuando decimos: tondncta in-
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COtRBOIBLB, INCORRRGIBLB pertinacU.
Etísiología.. In privativo y corregi-
lalÍD, ineorrigibílis; italiano, in-
corre^gibile, incorriggXbile; francés, «-
corrigible; catalán, xncorregibUt incor-
retgxble.
Incorregiblemente. Adverbio de
modo. Obstinadamente, sin admitir
corrección.
ETiuoLoofA. Incwr^hUjA sufijo
adverbial mente.
Incorrupción. Femenino. Estado
de una cosa que no se corrompe ó no
deja de ser lo que era. | Metáfora. La
pureza de vida j la santidad de cos-
tumbres. Dícese particularmente ha-
blando de U justicia j la castidad.
Etiholooía. /» privativo j c^rmp-
ción: latín, ineorrupíío, forma sustan-
tiva abstracta de ineorru^tus, inco-
rrupto: catalán, ineorrupctó; francés,
incorrupíion; italiano, incommone*
Incorruptamente. Adverbio de
modo. Sin corrupción.
EtiuoloqÍa. Incorrupta j el sufijo
adverbial mente: latín, incorñipte; ca-
talán, incorrupíament.
Incorrupuoilidad. Femenino: La
imposibilidad de corromperse una co-
sa. Se aplicaá objetos materiales,como
cuando decimos: la sncokbui>tibu.idad
dt la lux; i seres morales, como cuan-
do decimos: la incobruptibilidad es
un carácter más necesario de la ley
natural que de la lej escrita; á perso-
nas, en cuyo sentido se dice: la inco-
BBUFTiBiUDAD del magístndo. | Me-
ta/itica. Uno de loa atribntos esencia-
les del espíritu.
EtiholuqU. incorruptible: latín, iV
corruptíbiíitas; italiano, incorrottibili-
ta, incorruítibilitá; francés, incorrupíi-
biliíe; provenzal j catalán, incorrvpíi-
bililat.
Incorruptible. Adjetivo. Lo que
no es corruptible. || M<;táfora. Lo que
uo se puede pervertir ó ea muj difícil
que se pervierta. H ffístoria ecleíiásii~
M. Nombre de una secta eutiquiana,
cuja doctrina consistía en enseñar que
el eaerpo de Jesús era incobruptiblb.
Etiholooía. Jn negativo jr corrup-'
íi&U: Utín, iiuorrup£í6ÍUt¡ francés j
catalán, ÍHCorritpfÍbU¡ italiano, mcor~
rmiUbile.
Xncormptiblemente. Adverbio de
modo. i)e una manera incorruptible.
ErmoL^sfA. Jneorruptibk j el sufi-
jo aaverüial mente: latín, incorrupfíbí-
iUer; italiano, incorruUibilmente; fran-
cés, incormptiHement.
Incorruptísimo, ma. Adjetivo su*
perlaiivo de incorrupto.
Incorrupto, ta. Adjetivo. Lo que
esta sin corromperse. | Metáfora. Lo
que no está dañado ni pervertido, ||
Se aplica á la mujer que no ha perdi-
do la pureza virginal.
EtiuolOjÍa. fn privativo j corrup-
to: latín, incorrSptus; italiano, tsMr-
ruíio; francés, íncorrompu; catalán an-
iig>iio, inai i umputf da; moderno, m-
c/rrupte, a.
Inrrasación. Femenino. Medicina,
Acci >n ó efecto de incrasar.
Incrasante. Participio activo de
incrasar. Medicina. Lo que íncrasa,
iNCft
en euvo sentido se dice: remedios IK-
GBASANTss. n Masculino. Un incra-
sante, los incrasantes.
ETiifOLoaÍA. IñGrasar'. francés, fu-
crassant.
Reseña histórica. — 1. Los humoris-
tas atribuían á los incrasantes la pro-
piedad de calmar la sangre j los hu-
mores.
2. Los INCRASANTES representan el
término contrario de los incisivos.
Incrasar. Activo. Mediana. SiY-
ORASAR.
Etimología. Latín inerassare, en-
grasar; de i«, en, dentro, sobre, 7
crassSret forma verbal de crassa, gra-
sa: INCRASSATUS cst gladius; el hacha
del sacrifícador está ja embotada de
sangre (san Jbrómimoj: catalán, in-
crassar.
Increafale. Adjetivo. Sistema de
D'A lembert. Lo que no se puede crear.
Según dicho sistema, la materia es IN-
creable; por consiguiente, increada;
por consiguiente, eterna. (D'Alem-
BBBT, Carta al rey de Prusia, 30 de JSfo-
viembre de 1770.)
Etimología. In privativo j crear:
francés, incréable,
Reseña.~^^it sistema de D'AIem-
bert está muj lejos de tener el mérito
de la originalidad, puesto que hace
muchos siglos ^ue los chinos euseñan
la propia doctrina. Seg^ún ellos, «la
materia es eterna, infinita, increada.»
(Didbrot, Opiniones de los antiguos Jí-
lósofoSf malebranquismo.)
Increado, da. Adjetivo. Lo ^ne no
ha sido creado, en cujo setitido se
dice: el ser increado (Dios); el Verbo
increado; la Trinidad increada. |j
Teología. La sabiduría increada: ex-
Eresiún con que se designa el Hijo de
líos, ó sea el Divino Yerbo.
ETiMOLoaÍA. Jn negativo j creado:
catalán, increaí, da; francés, incr¿é,
masculino; incréée, femenino; italia-
no, increato; latín, increütns (en Qm-
CHBRAT, Addenda).
Reseña,— 1. Aunque Dios constara
de partes, estas partea no serían jamás
hechuras de mauo, puesto que el Crea-
dor, el ser incrbado, no puede com-
ponerse de creaturas. (Bossubt, ffis-
toire, IJ, i.)
2. ¡Oh muerte! {Oh destino! ¡Oh
Dios de la luz, Creador incrbado de
la naturaleza entera! (Voltairb, Gaé-
bres, lll, 5.)
Sinonimia. Increado, injíntío, inmen-
sOf eterno. Dios no tuvo principio.
Esto quiere decir que no tuvo origen,
que nadie le creó: he aquí lo increado.
No tiene fin: he aquí lo infinito.
Nadie le ha medido, porque el es-
píritu no admite medíua: he aquí lo
inmenso.
No puede destruirse, porque el es-
píritu no puede acabarse: he aquí lo
eterno.
Increado diee relación al principio.
Infinito, al fin.
Inmenso, al espacio.
Eterno, «1 tieiiipii.
Incredibilidad. Femenino. Impo-
sibilidad ú dificultad de ser creída
ana cosa.
IMGR
53
¿TiuoLoaU. Increíble: latín, mcv-
áíillUas; italiano, ina-edibiUíá; fran-
cés, incrédibilité; catalán, incredibi-
litat.
Incredulidad. Femenino. Oposi-
ción á creer una cosa. | Falta de fe en
reliffión.
Etimología. Incrédulo: latín, incre-
dülUas; italiano, incredulitá; francés,
ineredulite'; catalán, increcuUiat.
Incrédulo, la. Adjetivo. El que no
cree lo que debe: se dice especialmen-
te de los que bo creen lus misterios de
nuestra santa religión. || El que no
cree con facilidad j de Ugijro. f Usase
como sustantivo; v así decimos: uu
tHCRéDULO, los INCÜÉDULOS.
EtuiologIa. In privativo j crédulo:
latín, incriduius; italiano, incrédulo;
francés, ineredule; catalán, incredul, a.
Reseña Aisíérica. — ^En el lenguaje de
algunas escuelas, incrédulo es sinó-
nimo de filófifo,
Increibílidad. Femenino. Incre-
dibilidad.
Increíble. Adjetivo. Imposible ó
diñcil de creerse. | ¡Eb increÍjle! Ex-
presión hiperbólica con que pondera-
mos le extraordinario de algún su-
ceso.
Btiuolooía. In privativo y creíble:
latín, incriUidUis; italiano, incredibile;
francés antiguo, incredible; moderno,
incrogahle; catalán, increíble.
Increíblemente. Adverbio de mo-
do. [)e una manera increíble.
Etiuolooía. Increíble y el sufijo ad-
verbial wtnte: catalán, increibument;
ínncéSfinerogablement; italiano, incre-
dibitmente; latín, Íncrcd!b1líler.
Increíbles (los). ¿Tifíona. Nombre
que se dió en tiempos del Directorio,
hacia l'vOfi, á cierta clase de jóvenes
que afectaban un gran esmero en su
traje y en su modo de hablar. Lleva-
ban el cabello largo y empolvado de
, blanco, en dos largas trenzas, llama-
' das orejas de petro, que caían hasta
I los hombros. £1 vestido consistía, en-
tre otras prendas, en un pantaljn cor-
to, callante — ya que esta palabra, to-
; mada de nuestros vecinos, está san-
, Clonada por el uso — verde ó negro.
' abotonado hasta la rodilla; cuerpo sin
I mangas, de pana, con botones de ná-
I car, redingote, etc. £1 sombrero era de
los llamados á claque, y de una gran
altura. Llevaban además medanóli,
collar V otros objetos, notables por su
exageración. El buen tono do los
increíbles consistía en h:iblar de u.i
modo afectado y ridículo, suprimien-
do la r en cuantas p:tlabras la tenían;
y así decían: ma paole d' konneu, m'i
petite paole panache'e, y sobre todf,
cuando algo les admiraba: en veite,
c est incasable, exclamación de que
tomaron su nombre. Eran por de con-
tado los héroes de bailes v sal mes, y
representaban el partido áe la^ gentes
montadas á la antigua, sin tener ja-
más verdadera importancia, Bl pue-
blo los llamaba muscadins.
Incremento. Masculino. Aumen-
to, ü Matemáticas aníiguar. Nombre
-leí cálculo de las fluxiones, ó cálculo
.liferencíil 11 ^üisíema nenloviano. Can-
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54
INCR
tidad infinitamente pequefla, de donde
se forma una cantidad capaz de cier-
tas combinaciones. Bl sistema nevto-
niano ba demostrado que el iHCftB-
MBNTo, producto de una cantidad
matemática, es menor que la mái pe-
queña parte asignable.
EtiuoLoaÍA.. Latín inerhHentum,
crecimiento, desarrollo; de in, en, j
una forma de cr.''scere, crecer: italiano,
incremento: francés, incrémeni; proven-
zal y catalán, incremení. £1 catalán
íHctementeí, incremento pequeñOi es
un díminutÍTo, como el latfn ineri-
mentitlum, que se halla en Apujrelo.
Increpación. Femenino. Acción 6
efecto de increpar.
EriuoLoafA. Increpar: latín, incre~
patío, manifestación de la cqIm con
c^ue se reprende ó castiga, en Tertn-
liano; exorcismo, en san Isidoro; for-
ma sustantiva abstracta de inerepitut,
increpado: catalán, i%crepad4i italia-
no, increpazione.
Increpado, da. Participio pasÍTO
de increpar.
Etimología. Latín incr''patuSt par-
ticipio pasivo de incre^Hre, increpar:
catalán, inerepat, da; italiano, %%cre-
patOi
Increpador, ra. Adjetivo. Que in-
crepa.
ÉtiuolooÍa. Increpar: latín, í»cr?-
]iat'jr, en las glosas; forma agente de
iner''pátÍ0t increpación: catalán, incre-
pador, a.
Increpante. Participio aetíro de
increpar. ^ ue increpa.
ETiuoLoaÍA. Latín incr^antt incr^
pantis, participio de presentado inerK-
pare, increpar.
Increpar. Reprender con dureza.
Etimología. Latín tmTí'JpflM, so-
nar, hacer raido; j extensivamente,
reñir con bulla, reprender, acusar; de
t», en, j cr?pare, simétrico de crepita-
re, crepiur: catalán, increpar, '
. Sentido etimol '^ieo. — 1. Crepitar é
increpar representan el mismo vocablo
de orififen.
2. Incrbpab significa literalmente:
«reprender á gritos, temblando de có-
lera.» El primer individuo que ihcrb*
pó, temblaba de furia; esto es, crepi~
taba,
Incrimpolado, da. Adjetivo anti-
cuado familiar. Lleno de perifollos,
muy estudiado.
Incristalizabilidad. Femenino.
Imposibilidad de cristalizarse. (Caba-
llero.
Incristalizable. Adjetivo. Fitica,
Que no se puede cristalizar.
EnMOLOoÍA. In privativo j crittali-
zable: francés, incrtsíalisable*
Incriitalización. Femenino. .F'ii»-
ca. Estado de los cuerpos no cristali-
zados.
Incriticable. Adjetivo. Que no
puede criticarse.
Etiuolooía. In j criticable: francés,
incritiquable; italiano, incriíieaHle.
Incruento, ta. Adjetivo. No cruen-
to. ¡¡ Sachificio incruento. Teología*
La sairradü Imstiii BLicaríslicá.
Etimología. /íi privativo y cruento:
latín, incrumlMt uo sangriento; ita-
INCÜ •
liano, inrrnento; catalán, incruent.
Incmstación. Femenino. Acción
ó efecto de incrustar. J| La misma co-
sa incrustada. | Metáfora. Lo que cu-
bre ó cohonesta. |¡ Costra salina c^ne
suele formarse en alg^unas substancias
minerales. || Patología. Depósito cali--
zo que se forma á veces en los tejidos
orgánicos, ó en su superficie.
Etimología. Incrustar: francés, m-
crtisitítum: italiano, incrottatura; latín,
inerust&C-o, ornamento que se hace en
la piedra dura j pulida; forma sus-
tantiva abstracta de inerut^tiUt in-
crustado.
Incrustado, da. Adjetivo. Botáni-
ca. Epíteto de las semillas adheridas
al pericarpio.
Etiuología. Latín tuerafíSAu, par-
ticipio pasivo de ¿«criM/dr;, incrustar:
italiano, incrosta'o; francés, incrusté.
Incrustador, ra. Masculino j fe-
menino. El que incrusta.
Incrustante. Adjetivo. Epíteto de
las aguas saturadas de sales cali/as,
que depositan capas sobre los cuerpos
colocados en el fondo de los cauces.
Incrustar. Activo. Embutir.
Chapear. Adherir una cosa á otra.
Ejercer ciertas aguas su acción sobre
los cuerpos sumergidos en ellas, ou-
briéiidoíns de una capa salina.
Etimología. Latín incrustSre, ador-
nar un edificio de mármoles t otras
piedras brillantes en las entalladuras
de las paredes; de m, en, dentro, so-
bre, jr crusiSre, forma verbal de crutía,
costra: italiano, incrosíare; francés,
incruster.
Incuartación. Femenino. Separa-
ción del oro j de la plata al disolver-
se en ácido nítrico.
Incuartar. Activo. Añadir plata al
oro para copela rio.
Etimología. Prefijo in, en, dentro,
y cuartar, forma verbal ficticia de
cuarto, aludiendo á que se añadía la
cuarta parte de plata.
Incubación. Femenino. Ornitolo-
gía. Acto de empollar las aves sus
nuevos, j el tiempo en que lo veri-
fican. II Acción de echarse sobre el la-
do derecho. I Medicina. Se entiende
por INCUBACION el tiempo que trans-
curre entre la acción de una causa
morbífica sobre la economía animal,
y el tiempo en que la enfermedad se
presenta con sus síntomas propíos ^■
característicos. En este sentido se di-
ce: la incubación de la vacuna, de bi
viruela, de la peste. Q Período de in-
cubación. El período que transcurrí-
desde el momento en que se recibe el
germen de una enfermedad, hasta
aquel en que la enfermedad comieir/. i
de un modo efectivo ^ caracterizad >.
EtiholooÍa. Latín tncuhalío, el acto
de emp.jUar las aves los huevos; for-
ma sustantiva abstracta de ineíí^tus,
primitivo de incubítaSt participio pa-
sivo de incu^ret acostarse, empollar
los huevos, en Varrón; de in, en, y
cubare, echarse; francés, incubaíio»;
italiano, incuhazione.
Reseña. — Historia antigua* Costum-
bre adoptada en lus templos de las di-
vinidades de Medicina, donde iban los
INCtí
enfer:iios i consultar á Esculapio. A
la derecha de este dios, había un le-
cho, en su templo, i-erca de Titorra.En
Babilonia, las mujen's iban á pasar la
noche al templo de Mjrütta, a fin de
t mer sue'ios ,é inti'rpretarlos después.
Los magistrados de Bsparta, antes de
tomar alguna decisión importante,
¡)>an H dormir TÍ un templo de Pasif»,
cerca de la r>íudad,para interpretar
su sueño también. La costumbre de la
mcuDACióK se seguía en Epidauro en
tiempo de san Jerónimo. (Véase, en-
tre otras obras, la de A. Gauthier,
Reckerches hittoriques turl'exerdcedela
Medicine dans lea /«m/¿«, París, 1814.)
lacúbito, ta. Adjetivo. Empo-
llado.
BriMOLOaÍA. Incubación.
Incubo, ba. Adjetivo que se aplica
al demonio, que, s 'gún la creencia
vulgar, tiene comercio carnal con al-
guna mujer bajo la apariencia de va-
rón. I Pesadilla. Medicina. \\ Espíri-
tu malhechor que se suponía sofocar
las personas dormidas.
Etimología. Latín incübui, acciden-
te que da en sueños, con que se com-
prime el corazón; simétrico de iiidíi^,
mcübdnis, pesadilla, de inc&bare, acos-
tarse: francés, incube; italiano, incube;
catalán, incubo.
Reseña AtsAfrtcs.— I. Especie de de-
monio que se creía tomar forma de
hombre, para gozar de los placeres del
amor con mujeres dormidas ótranspoi^
tadaa al día del sábado, «ncubo repre-
senta el término contrarío de ruc^bo.
Roberto el Diablo, según la tradición
que ha seguido Scribe, era hijo de un
ÍNCUBO j de la mujer del duque de
Normandía. j^Han e:LÍstido realmente
los íncubos j ios tuccuiosf Todos nues-
tros sabi-ís jurisconsultos demonógra-
fos admitían ig-ualmente la existencia
de los unos j de los otros. (Voltaibb.
Diccionario Jilosófico, Íncubos.)
2. Llámanse íncubos unos demo-
nios que se transforman á ffuisa de
hombres, y tienen acceso de cópula
carnal con las hechiceras, /mim» sor-
exeres, (Pareo, XIX, 99,)
3. Los médicos entienden que el Ín-
cubo (como pesadilla) es un mal, en
que la persona se siente oprimida j
como sofocada por un cuerpo que pesa
sobre ella, cujo fenómeno se verifica
generalmente durante la noche. El
vul^e cree que es una vieja, la cual,
echándose sobre los cuerpos, los com-
prime, y la llama chocha-pollo, (Idbm,
XIX, 33.)
4. Excusado parece decír que el an-
iigiio íncubo, sinónimo de duende ó
cosa semejante, no es otra cosa que el
latín incüous, accidente que da soñan-
do alguna cosa triste, de donde la ima-
ginación de las gentes sacó la historia
romancesca del íncubo trasnochador y
aventurero. En cuanto á nuestros días,
si haj algún Íncubo, nocturno^ diur-
no, casi pudiéramos afirmar, sin dar
nuestra alma al diabl-i, ^ue no es un
demonio que toma la guisa de hom-
bre, sino un hombre que toma la gui-
sa de demonio.
5. Debe notarse que el latín tiicv-
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Goo^e
INCU
in M eneaentn por piim«n ves en
Agustío, forma evidente de tncá-
k, »c«¿eiit<, el qae está echado lobre
una cosa, para guardarla, como se ve
eo Petronio, á cuyo roeablo dió Ter-
titlíiDO el sentido de pesadilla.
Incabones. Maseuiiao plural. Áñ-
UfUiada, Genios encargados de cas-
todiir l'>a tesoros ocultus.
Btimolgoía. Incubo.
Incnlcftción. Acciún <S efecto de
ÍDCulcir. I ¿iisíoria di U filosofía. La
iMCULCaaÚN era una de las maneras
de inrüir de la tjscutíla est tica.
BnHOLoefa. Inculcar: latín, mc«¿ca-
la acción de repetir una cosa; for-
ma sustantiva abstracta de incMlcatntt
ineDlcado;catul¿u, íf^lcaeió; francés,
iinioi/tM; italiano, inatlcawme*
Incnlcadmmente. Adverbio, mo-
dal. De un modo inculcado.
Etihología. Jnenkada y el su6jo
adverbial mente.
Incnlcftdo, da. Participio pasivo
d« in'-ulear.
ETiMOLoofa. Latín inculcaíutf par-
licipio pasivo de inculcaré, inculcar:
catalán, inculcaí, da; francés, %%c%l-
ifté; italiano, inculcato.
bicalcador, ra. Sustantivo y ad-
jetivo, (jue inculca.
Btiholooía. - nculcart latín, incul-
ciior, el que pisa 6 acalca con los
pies, en Tertuliano, forma agente de
nenUii^Ot incnlcación.
beolcante. Participio actÍTO de
iarolcar.
Inculcar. Activo. Apretar una cosa
contra otra. HñUase usado también
como recíproco. || Repetir con empeño
muchas veces una cosa á alguno. ^
imbuir, infundir con ahinco en el
inimo de alguno una idea, un con-
cepto, etc. H Imprenta, Juntar dema-
siado unas letras con otras. H Recípro-
co. Afirmarse, obstinarse alguno en
lo que siente ó profiere.
BTafOLOOÍA. i. — El latín tiene cala,
alcit, el ulón, cujo vocablo produjo
cftícia"*)!!, el carcañal.
2. Calcattrum produjo caleirtt pisar.
3. Calcare produjo ineulcSre (tn-<al-
tart), calcar frecuentemente aobre al-
cana cusa. Jneukar no es más que
cs^r sobre una idea, sobre un senti-
tnieoto, sobre un propósito: catalán,
inaUcér; francés, iNca^iw; italiano,
inculcare.
Incolcarte. Recíproco. Infundirse
«D el ánimo, grabarse en la mente, en
el sentimiento, en las costumbres,
como cuando decimos: los recuerdos
de la oiúez ss iNCULcaN para siempre
en la memoria; los consejos de un pa-
'■re 81 INCULCAN hondamente en el
■monzón : las sencillas máximas de la
firtud SB INCULCAN con facilidad en
un lima inocente.
Incolpabiiidad. Femenino. Falta
de Cttipabilidad.
Btiiiolooía. IneulfébU: italiano,
'*Mjiahili((i,
Inculpable. Adjetivo. No culpa-
ble.
BnyoLooÍA. 7)i negativo y ca/Da'^í?;
liititi, inc»i¡iahiln; italiano, inco
•f. inco pitóte; francés y catalán, i«-
INCU
eñlpahU, El francés tiene también tV
eoupaiU, forma incorrecta.
Inculpablemente. Adverbio de
modo. Sin culpa.
ETiMOLoaÍA. Inculpable y el sufijo
adverbial mente: latín, inculpatim, en
el Digesto; catalán, inculpabfemenl, in-
culpadament.
Inculpación. La acción y efecto
de inculpar.
Etiholuoía. Inculpar: latín, incul-
paí-ü (uu QuicaRBLkT , AdUenda), forma
sustantiva abstracta de inculpaíus, in-
culpado; catalán, inculpado; francés,
inculpaiion; italiano, íncolpamenío.
Inculpado, da. Adjetivo. El que
no tiene culpa.
KTUi(n.oa¿A. Jiuulpar: francés, t«i-
Inculpar. Activo. Echar á uno la
culpa.
Etiuoloqía. In privativo y culpar:
latín, inculpare; italiano, tncolpare;
frunces, inculper,
Inculpatisimo, ma. Adjetivo su-
perlativo anticuado. Que no tiene la
menor culpa ó tacha.
Inculpe. Adjetivo. Sin culpa.
Incultamente. Adverbio de modo.
De una manera inculta.
EnuoLoaÍA. Inculta y el sufijo ad-
verbial mente: italiano, incoltamente.
■ Incultar. Activo anticuado. Ocul-
TAn, KNLAZAB.
Incoltísimo, ma. Adjetivo supera
lativo de inculto.
Incultivable. Adjetivo. Que no se
puede cultivar.
Etimología. In privativo y cultiva-
ble: francés y catalán,, incultivable,
Incultivado, da. Adjetivo. No
cultivado.
Btucolooía. ya privativo y »¿íica-
do: francés, incuUtve'.
Inculto, ta. Adjetivo. No cultiva-
do. 11 Metáfora. Grosero, tosco.
Ktiuoloqía. In negativo y culto:
latín, tMCH¿íwx, desierto, despoblado,
erial; frauces y provenzal, incuiie; ita-
liano, iucolío; catalán, ineult, a.
Incultura. Femenino. Falta de cul-
tivo ó de cultura.
ETiHOLoaÍA. Inculto: latín, ineultusy
ineultüs, descuido, grosería, falta de
cultura; catalán, incultivament; fran-
cés, incuiture; italiano, incollurat in-
cultura.
Incumbencia. Femenino. La obli-
gación y cargo de hacer alguna cosa.
Etimología. Incumbir: italiano, t'n-
cum'feiiza: catalán, incumbencia.
SiNOMHiA. Incumbencia, competen-
cia. La incumbencia es privada.
La competencia es judicial.
Un padre dice: á mí no me ÍMumbe
reprender y educar al que no es mi
liijo.
Un jues dice: & mí no me compete
conocer en asuntos extraños á mi ju-
risdicción.
Competencia se distingue además de
incu/noenda en que significa ta idea de
discordancia y de disputa, por lo cual
dice nuestro Cervantes que Ooo Qui-
jote tuvu muchas veces competencias
con el rura de su lugar(que era hom-
bre docto, graduado en Sig&euza)i so-
INCU
55
bre cuál había sido mejor caballero,
Palmeria de Inglaterra ó Amadís .de
Gaula.
Nada más extraño que decir qne
tuvo incumieniias con el cura.
Incumbente. Participio activQde
incumbir. * ue incumbe.
Etimología. Latín í«c«í«.'' -ív, íji-
cuiu'ie.ttis, particijjio de presente de
incumb''re, incumbir.
Incumbir. Neutro. Est:ir á carg;o
de uno alguna cosa.
Etimología. 1. El htín cubus, cu-
bo, formó cü'jitus, codo, porgue el
codo tenía la exteusión de un cubo,
medida geométrii^a.
2. CüSitus, codo, se refirió á t^bi-
tutt cama, porque los que se acuestan
juntos, se dan codo con codo.
3. Cííy/M, cama, produjo cUb'lrf,
acostarse.
4. C&bare produjo incubare, recos-
tarse sobre alguna cosa, é incumbarc^
que cayó en desuso.
5. Incumbiré produjo incumbiré, qiu;
quiere decir: cestar acostado al pie de
uno, tocarle, importarle, pertenecer-
le;» catalán, incumbir; francés, in-
comber.
Incunable. Adjetivo. Imprenta Se
aplica á las ediciones hechas en lüs
primeros años de la imprenta. (Véa^e
nuestro artículo lu renta.)
Etimología, in, e.i, dentro, y cium;
latín, incUmbUuM é iutUfa'itla, cuna
de un niño: fra.icés, incunahU.
Incurabilidad. Femenino. Cuali-
dad de lo incurable.
Etimología. Incurable: francés, in~
curaóilUé; italiano, incurahiliii.
Incurable. Adjetivo. ife£¿;(.-/H ;. Lo
que no se puede curar ó sanar, ó es
mwy difícil de curarse. |] Metáfora. Lo
que no tiene enmienda ni remedio. |j
Usase también como sustanlivo, en
cujo sentido se dice: kotpital de incu-
KABLES.
Etímología. In privativo ^ curahle:
latín de las fflosas, incUralAliti italia-
no, incurabile; francés y catalán, tRfu-
rabU,
Incuralilementa. Adverbio de
modo.'C.m imposiliilidad de cumrse.
Etiuolooía. Incurable y el suñj i
adverbial Mente: /rancés, incurabie-
ment.
Incurado, da. Adjetivo, Que se ha
quedad') sin curacióii.
Etimología. /« privativo y curaño:
latín iiicüratus, en Horacio: iialianu,
incurato.
Incuria. Femenino. Poco cuidado,
neylig.ot-ia.
ETIMOLOGÍA' Latín incuria, desaseo,
neglige..ciii, descuido; de in pi-ivativo
y Güra, cuidado: italiano, incttriu;
fraucés, inearie: catalún, incúria.
Incuriosamente. Adverbio de iw-
do. Con incuria.
KtimolqgÍa. Incuriosa y el sufijo
adverbial mente: lutín incürióse. des-
cuidada, neglig.:ntemente¡ francés.
ittcuricuseiHtul.
Incurio&iiad. Femenino. Destrui-
do reprensible en aprender lo que se
ignora.
I^TIMOLOOÍA. Incurioso: latín posLe-
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56
INGU
riori inciwUiitat, □«glí^aucia; iUlíft-
no, inearUuitÁ; fraDCMi inenriosilt;
proveazaU innriositat.
Incurioso, sa. Adjetivo. El que es
descuidado en lus cosas.
Btimolooía. In prÍTativo y curioso:
latÍD, incirlosus, descuidado; italiano,
incurioso; franctís, incurieux,
Incurrímiento. Masculino. La ac-
ción y efecto de incurrir.
Gtimolooíá. Incurrir: catalán, «fi-
curñment.
Incurrir. Neutro. Junto con sus-
tantivos que si^ui&can delito, falta,
error, etc., es cometer algiina acción
Secaminosa, errada ó defectuosa. J]
unto con sustantivos que signifícan
odio, indigoaci Jn, pena, castigo, etc.,
es hacerse merecedor de estas cosas,
ó cometer uiia acción i que está im-
puesta j aneja cierta y determinada
pena.
BtiuolooU. Latín incurriré, correr
hacia un punto, caer en falta; sobre-
venir, aco.iteccr; de in, en, dentro,
hacia, sobre, y curr^e, correr: pro-
venzal, encorre, encorrer; catalán, in-
currir, y mejor, incírrer; francés del
siglo xui, rncaurre; moder no, ««CúHrír;
italiano, incütrere.
Incursión. Femenino anticuado.
La acción de incurrir. \ Milicia. Co-
BRBafa,.
EtiholooÍa. Incurto: latín, incurtío,
correría» invasión en país enemigo,
simétrico de ineunut, incurtúx, asalto;
de incununit supino de ineurrertt co-
rrer contra ó hacia: catalán, incwtió;
francés, tnctfm'm; italiano, iwttr$io»e,
Incursivo, va. Adjetivo. Que tien-
de á la incursi jn.
Incurso, sa. Participio pasivo irre-
gular de inc.trrir. |] Masculino anti-
cuado. AcoiiBTiiáiaNTo. U Foreme, Se
aplica al individuo que ha caído en
falta, como INCURSO en tal ó cual pena.
Etwoloqía.. Latín incursus, incu-
rrido, udídi) en alta, participio pasiva
de incurriré^ incurrir: italiano, tncor-
<o; catalán, iwun , a.
Incurvabilidad. Femenino. Facul-
tad de encorvarse. || Curvatura.
Incurrable. Adjetivo. Que puede
cnivirvarse.
Etimología. Latín incurvare, de «'«,
eu, y curoüre, torcer, doblar. El latín
incurcabílis está construido con la par-
tícula privativa in. siguí Gcando lo que
no se puede encorvar ó torcer: francés,
incur Dable.
Incurvación. Femenino. Didúcíi~
ca. La acci ni y efecto de encorvar y
encorvarse, en cuyo sentido se dice:
laincurvación de In columna vertebral.
Etimología. Kntín iucurtitlo, la ac-
ci jn de doblar, fuma sustantiva abs-
tracta de iHcurcüíux, encorvado: fran-
cés, incurvitioH italiano, incurtiatura.
Incunri.bli^io, da. Adjetivo. De
hojas encoivadas hacia d 'ntro.
EnuoLOQÍA. Latín mrnrnif, torcido,
y fSliatus; de fUium, hoja: francés,
incurcifolie'.
Incusación. Femenino anticuado.
Acusación.
Incusar. Activo anticuado. Acu-
SAB.
INDE
Incitación. Femenino anticuado.
HlKCHAZÚN.
luchante. Adjetivo anticuado. Le-
vantado, crecido.
Inchar. Activo anticuado. Henchir,
llenar.
Inchimán. Masculino. Navio in-
glés del coiqercio de la India, armado
en corso.
Indagación. Femenino. La acción
y efecto de indagar. | Forenxe. Proce-
dimientos y diligencias que se uracti-
can en averiguación de un hecho jus-
ticiable.
Etimología. Indagar: latín, indaga-
do, pe-quisa, forma sustantiva abs-
tracta de indSgSíuSt indagado; catalán,
indagad'»: itiliano, inda^azione.
Indagado, da. Participio pasivo
de indagar.
EriMOLOOfA. Latín indagaíus, parti-
cipio pasivo de indagSre, indagar: ca-
talin, ind-ig-tt, da; italiano, indágalo.
Indazaaor, ra. Masculino y u:me-
nino. El que indaga.
Etimolgoía. Indagar: latín, indagSr
íor; italiano, indagaítrre; catalán, in-
dagador, a.
Indagar. Activo. Averiguar, inqui-
rir alguna cosa, discurriendo por con-
jeturas señales. H Forente. Practicar
indagaciones en términos legales.
Etimología. Latín indagare, perse-
guir las fieras, buscar, descubrir: ita-
liano, indagare; catalán, indagar.
Indagatoriamente. Adverbio mo^
dal. Forente, De un modo iudagato-
rio.
Etiholooía. Indagatoria y el au6jo
adverbial mente.
Indagatorio, ría. Adjetivo. Foren*
te. Lo que conduce á la averiguación
de un hecho, como declaración inda-
gatoria.
Etimología. Indagar.
Indar. Masculino. Especie de aza-
da que sirve para extirpar las matas.
Indayo. Masculino. Especie de ga-
vilán.
Indebidamente. Adverbio de mo-
do. Sin deberse, ilícitamente.
Etimolgoía. Indebida y e\ sufijo ad-
verbial mente: catalán, mdegudanent;
ftancés del siglo xiv, induement, en
Oresme; moderno, indítment; italiano,
indebitamente;\iLtm, indéHíeó indeh^tn,
en Ulpiano.
Indebido, da. Adjetivo. Lo que no
se debe hacer. | Lo que no es lícito ni
permitido.
Etimología. In negativo y debido:
latín, tnd?^ítus, lo que no se debe;
italiano, (n£/^¿iío,-francBs del siglo \iv,
indeu; moderno, indu; catalán, ind ~
gut, da.
Indecencia, Femenino. Falta de
decencia ó modestia.
Etimología. Indecente: latín, indf-
ceníia; italiano, indecenta: francés, tV
de'ceace; catalán, indecencia, \
Indecente. Adjetivo. Lo que no es |
decente y decoroso. I
Etiuología. Jn privativo y decente:
latín, m VticM, indrcentis; italiano, in- \
decente; francés, inde'ceul, ente; cata-
tán, inifc^f. '
Indecentemente, Adverbio mo- ,
índe
dal. T)e un modo indecente, coa io-
decencii.
Etimología. Indecente y el sufijo
adverbial nrftí^: catalán , indecentmnl;
francés, indycemment; italiaoo, inde-
centemente; latín, Índ''cevler.
Indecentísimo, ma. Adjetivo su-
ppplntivo Ha indecente.
Etimología. Indecente: catalán, ís-
decntti sim, a.
Indecible. Ad'etivo. Lo que no le
puede decir ó eipliear.
Indeciblemente. Adverbio modal
De un modo indecible.
Etimología. Indecible y el sufijo ad-
verbial mente.
Indecisamente. Adverbio de mo-
do. Con indecisión.
Etíicolooía. Indeduij el sufijo ad-
verbial mente.
Indecisión. Femenino. La irreso-
lución ó dificultad de alguno en deci-
dirse.
Etimología, /h privativo y ¿«««íii:
catalán, indecitió; francés, indecisión.
Indecisivamente. Adverbio d«
modo. Sin decisión.
Etimología. Indecisiva y el sufijo
adverbial mente.
Indecisivo, va. Adjetivo. No de-
cisivo.
Etimología. /a privativo y deeiti-
vo: francés, ittdécittf; catalán, itu^n-
dií, da.
Indeciso, sa. Adjetivo. Lo que no
está decidido ó resuelto. | Dudoso ó
indeterminado.
Etimología. Latín indScitu» (en Qui-
CHBRAT, Addenda), no cortado, no re-
suelto; del prefijo negativo in y déci-
sus, participio pasivo de decidiré, de-
cidir, «no decidido;» catalán, inde-
cisa a; francés, inde'cis; italiano, inde-
ciso.
SiNo.NiMiA. Indeciso, irresoluto. De-
cimos propiamente: Fulano es hombre
irresoluto. ¿Puede decirse: Fulano es
un hombre indeciso? Xo. ;,C ímo lo de-
bamos decir para expresarnos con pro-
piedad^ Debemos decir que Ffflane
está indeciso.
¿En qué razón se funda esta prác-
tica del lenguaje? Más claro: ;por que
paede decirse: Fulano es hombre irr^
solutof Porgue la voz ÜTetoluío signi-
fica que la trretolucidn está en nuestra
conciencia, que forma parte de nues-
tra voluntad, como la cualidad forma
parte de la substancia á qu» conviene,
como el elemento forma parte de la
combinación en que entra. Está allí
ele.iientalmente; es una pr >pitídad in-
alterable de nuestro ánimo. Puede de-
cirse: Fulano es hombre irreso'uto,
<:nmo puede decirse es un ente moral,
es un ser libre; de U misma manera
que se puede deeír: Fulano es un hom-
bre. La irresolución es una parte de su
conciencia, como el ser hombre es un
carácter de su vida, comi> el ser libre
et una cualidad de su albedrío, como
el ser moral es un privile;rio de su ra-
zón. Aquello existe (mi el individuo;
es unal-jy de su iiaturnle?.»; una con-
dición de su S'f, y p ir esto puede de-
cirse que es irreroluív.
V ¿por qvíd no se pu<'de decir; Fu-
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INDE
hno M nn bomb» initmo? Por^un U
iadíciii n ao está en la alma, no fisr-
paite de «a eoQcieneiii no es un
itrÍDiito Meiwial, no «i cualidad aajñ,
j no teniendo la cualidad de ttr ind*-
ci$Ot no twulo indeeitOt no puede de-
cine que lo 0t.
T ^por qué le puede decir <jue etti
Utitcisof Puede decirse que «tta indeci-
te, porque la indecitióñ no expresa cua*
lidad, SIDO accián; no es ánimo, sino
[QOTÍmieato; mejor dicho, no es ter,
lino ettar, y expresando gstado, nada
más natural j lóg^ieo que el valemos
de la expresidn ettá inaéciio.
La ÍrretolitH(ín toca al albedrío; está
dentro, es esencia en el hombre.
La imUeitidn se refiere al acto; está
fuera, no entra en el $er moral, en el
ter lÓ^co, en el ser humano.
Bl trretoiuío no delibera.
El indéeüe no obra.
Bl irretoiuio no sabe quá determi-
nar.
Bl indeciso no sabe qué hacer. Cree-
mos, pues, que todo cuanto se ha opi-
nado sobre las palabras de este artícu-
lo, es aventurado y volandero, y que
ta diferencia fundamental consiste en
que lo irretoimto expresa cualidad,
miantaf que lo üidteito expresa es-
tado.
La irresolución et.
La indecisión «$tá.
Somos irresolutos.
Estamos indecisos.
Indeclinabilidad. Femenino. Cua-
lidad de lo indeclinable. | &ramáíiea.
Carácter de los nombres que no se de-
dínan. | Cualidad y estado
de lo qne es inevitaUe, en cujro sen-
tido se dice: la ihdxcumabilidad de
la f^cia.
BnuOLOOÍA.. Indeclinable: italiano,
indeeiinalñiiíá; francés, indeclinaót-
lití.
Indeclinable. Adjetiro. Loque de
oecesidad tiene que hacerse ó cum-
plirse. I Oranfitica. \.p\íc&se i las par-
les de la oración que no se declinan,
por cuja razón llevan el nombre de
mvariables, como la conjunción, la
preposición, interjección, adverbio y
parttealas expletivas. | Grramáíica la^
tim. Epíteto 4e los nombres que no
rarían de. terminacidn en ninguno de
los casos oblieuos, como eomu, que
sirve para todos los casos del si ngu-
lar, j el antiguo pondo, que servía
para todos los casos del plural. || Fo-
renitt. Aplícase á la jurisdicción que
Bo se puede declinar. H Juicio indb-
-cuMasLE DB LA SAZÓN. C<ihini$mo. El
libre albedrío, considerado como con-
sentimiento de la libertad de querer,
el cual no puede en ningún caso per-
derse ni evitarse.
BnuoLoefA. /n privativo y declina-
^ catalán, inde lina&U; francés, in~
iielinable; italiano, indeclinabile; del
latín inddcknSfnlis,
Indeoorado, da. Adjetivo. Despo-
jado de decoraciones ó de adorno.
Indecoro. Masculino. Falta de de-
core. I Adjetivo anticuado. Indbco-
aoso.
KriHOLOeÍA. Jn negativo y decoro:
INDE
latín, indSeSris, en Tácito; indícoTt en
Prisoiano; catalán, indecoro.
üidecorosamnite. Adverbio de
modo. Sin decoro.
ETluoLOofA. Indecorosa y el sufijo
adverbial mfttíif; italiano, indecoramen-
te; catalán, indecorosamení; latín, ts-
dicóre, indlc^r&bUUer.
Indecoroso, sa. Adjetivo. Lo que
carece de decoro.
ETiuoLOofA. Indecoro: latín, indUcSi-
rut: italiano, indecorOf indecente; ca-
talán, indecorós, a.
Indefectibilidad. Femenino. Cua-
lidad (\ti lo indefectible.
Etiiiolooía. Indefectible: catalán,
indefeclibilitat; francés, indéfectibililé;
italiano, indefetdbilita.
Indefectible. Adjetivo. Lo que no
puede dejar de ser.
Btiholdoía. }n privativo y dsfectir-
hle: catalán, indefectible; francés,
fectihle; italiana, indefetUbile.
Indefeetiblemenw. Adverbio mo>
dal. De un modo indefectible.
Etimología. Indefectible y el sufijo
adverbial mente: catalán, indefeetibie-
ment.
Indefendible. Adjetivo. Indbfbn-
SIBLB.
Indefrasable. Adjetivo. Lo que no
se puede defender. (Acadbmia.)
Indefensibie. Adjetivo. Qne no
puede ser defendido. j| Imdbfs»so.
(Caballero.)
Etimología. In privativo y defensi-
ble: catalán, indefensable; U^ncés At\
siglo XVI, indefensibie; anticuado, in-
dé/ensable; moderno, indéfen lahle.
Indefeatíón. Femenino. Incapaci-
dad 6 falta de defensa.
Indefenso, sa. Adjetivo. Lo que
no tiene defensa.
Etimología. Latín indefensus; de
i* negativo y dffeiuus, defendido: ca-
talán, indefens, a; indefensaí, da; indi-
fes, a; francés, indéfewlu,
Indefeso, sa. Adjetivo anticuado.
Infatigable, incansable, continuo.
Etimolooía. Latín Índéf?ss*s, infa-
tigable; de in privativo, no, ^v defes-
su; fatigado, (Virgilio.)
Indeficiente. Adjetivo. Indbpbc-
TtBLE.
Ktimología. Latín inieficíens, entis,
que no puede faltar; de i« negativo v
c^Jíé^enSf deficiente: italiano, indefi-
eient'.
Indefinible, .\djetivo. Lo qae no
se puede definir.
Etimología, /n privativo dejíni-
ble: catalán, indefnible; francis, indé~
finissable: italiano, indefn hile.
Indefiniblemente. Adverbio mo-
dal. De un modo indefinible.
Etimología. Jndefuible y el sufijo
adverbial mente.
Indefinidamente. Adverbio mo-
dal. De un modo indefinido.
Etimología. Indefnida y el 3u6jo
adverbial mente: latín, inde/inlti; ita-
liano, indefinitamente; francés, inde'fi-
nimení; catalán, indufnidament.
Indefinido, da. Adjetivo. Lo que
no está dL-fínido. H JjSgica, La propo-
sición que no tiene signos que la de-
terminen. \ Lo que no tiene término
INDE 57
señalado 6 conocido. \ Filosofía. Tér-
miuQ opuesta} de infinito, porque lo
iNrtB.'iNiDo supone que no vemos el lí-
mite de las cosas, mientras que lo i's-
finito supone que afiraaamos en abso-
luto la imposibilidad de la limitación.
En este sentido se dice: espacio inde-
finido, mientras que no puede decirse
espacio infinito, pues convertiríamos el
espacio en un espíritu universal, no-
ción suprema que sóIj conviene al
Criador de todas las cosas. \ Gramáti-
ca. Epíteto de lo ^ue expresa ideas no
aplicadas á un objeto determinado, en
cu^o sentido se dice que viu)(un hom-
bre) es un pronombre indefinido. En
el mismo caso se hallan alg»ití>, cnal-
quiera^ tal, cual, tantOt omnto. En esta
frase: tyo te d^ri tanto^ cuanUt, sea lo
que tú me des,» no expresamos, no
de^nimos, las cosas que nos vamos á
dar: «mi conducta será para tí, tal
«MÍ sea la tuja para mí.» Las pala-
bras tal cual no defnen que clase de
conducta será la que adoptemos mu-
tuamente, por cu va razón las denomi-
namos no.nhres iNOEi^miDOs. \ Mouos
iNDBPiNiuos; modos de los verbos qir'
no tienen personas, tales como el in-
finitivo (amar) y el participio (aman-
te, amado). U Combinaciones indbi-i-
NiDAS. Q,aímica. Las combinaciones
que se practican en proporciones ili-
mitadas. II PaRTBS INDBi-INIDAS. Boí í-
nica. Partes cujro número no se puede
fijar, en cujra acepción suele decirse:
estamhres indefinidos. | Tallos ó ha-
mos INDEFINIDOS ó CENTRÍPETOS; Ins
ramas y los tallos cujo botón termi-
nal se prolonga indefinidamente. II In-
FLORESCBNCIA INDEFINIDA; inflorcscen-
cia en que las fiores nacen de la axila
de las hojas florales, óde lasbrácteas,
de tal suerte que, siendo todas latera-
les, el eje puede desarrollarse de una
manera indb. inida.
Etimología. Ja ^púwsXiio y defnido,
iniéfin'ttus: italiano, indefinito; fran-
cés, inde'fini; catalán, indefinit, da.
Indefinito, ta. Adjetivo. Indefini-
do. I Que no tiene término señalado.
Indehiscencia. Femenino. Botáni-
ca. Privación de la facultad de abrirse
espontáneamente,
Btihología. Indehiscente: francés,
indekiscence.
Indehiscente. Adjetivo. Botánka.
(jue no se abre espontáneamente on la
'ípoca de la madurez, en cujro sentido
se dice: pericarpio imdbhiscbnTB.
BriMOLoaía. In privativo j dehis-
cente: francés, indeniscení,
Indelebilidad. Femenino. Cuali-
dad y estado de lo indeleble, como
cuando se dice: la ihdblbbiudad del
carácter sacerdotal.
Etimología. Indeleble: francés, i«-
déle'biiité; italiano, indelebiliíá.
Indeleble. Adjetivo. Lo que n<> se
puede borrar ó quitar. Se aplica entre
otros usos, al carácter que algún sa-
I cramento imprime en el alma, com >
I la comunión, la extremaunción, el
bautismo.
I Etimología. Latín Índel?bUis, qn<
j no puede borrarse; de in, negación, v
; ^('¿^¿i/iV, forma adjetiva de deleo, bu
tomo 111
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58 INDE
mr frecuentemente, derindo del an-
tiguo fóo» borrar: italiano, úidelibile;
francés, inddlSile; catalán, indeUile.
SwoNniu,. Indelebie, inexUnáutble.
En el sentido recto, lo indelebíe es lo
que no se borra; inextit^uiUe^ lo que
no se apaga. El sentido figurado guar-
da una perfecta analogía con estas dos
significaciones, porque lo indeleble per-
tenece al entendimiento, j lo inextin-
guible, á la voluntad. Cuando la ima-
gen de una mujer llega á ser indeleble
en el eorazdn de uu enamorado, su
pasión puede llegar i ser inextingui-
ble. (Mora.)
Indeleblemente. Adverbio modal.
De un modo indeleble, iin poderse
borrar.
EnuoLoaía. Jndtleblt j el sufijo
adverbial mente: italiano, indekbu-
mente; catalán, indelehlement.
Indelegable. Adjetivo. Que no
puede delegarse, como cuando deci-
mos: poderes ihdblboablss.
BTiuoLoaÍA. In privativo j delega-
ble: francés, indéUgabU.
Indediberable. Adjetivo, Que no
admite deliberación.
Indeliberación. Femenino. Falta
de 'deliberación ó reflexión.
Btimología.. Jn privativo j delibe-
rañén: catalán, indeUberaeüf; francés,
ind^bération ¡ italiano, tíuUHbera-
ñon*.
Indeliberadamente. Adverbio de
modo. Sin deliberación.
ETUfOLOofA. Indeliberada v el sufijo
adverbial mente: catalán, inaeliberaaa^
ment; francés, indélibérémeni.
Indeliberado, da. Adjetivo. Lo
que se ha hecho sin deliberación ni re-
flexión. Q Moral. Epíteto de todas las
acciones no dependientes del libre al-
bedrfo, como el movimiento del cora-
zón, por ejemplo. El carácter délas ac-
ciones iNDELiBERaDA.s consíste en que
son inocentes, como el primer ímpetu
del dolor. ¡ Teología. Atractivo in-
deliberado. El atractivo del placer
sensible, «1 cual ejerce su influencia
sobre todos los actos de la voluntad,
j que se considera como el cambio
mu esencial qne el pecado operó en
nuestra alma. 1 Filosofía del cristia-
nismo. La salud que infunde en nues-
tro espíritu la gracia del Divino Ver-
bo, no es el resultado pasivo de la vo-
luntad, sino un placer ikdru3brado.
ü Prasologia. La irresponsabilidad de
las acciones indeliogradas comien-
za en donde acaba la fuerza motriz,
que reside en la voluntad, fuente ne-
cesaria del libre albedrío; v por con-
siguiente, de todos los hechos respon-
sables.
EnuOLoaía* In privativo ^ delibe-
rado: latín, inditSbirÜtus; italiano, in-
deUberato; francés, %ndélihfy¿; catalán,
indeliberaí, da.
Indemne. Adjetivo. Derecho roma-
no. Libre ó ex.ento de algún dafio.
Etiuoloqía. Latín, indciimis; de in,
no, ^ damnns: in^damnus, libre de da-
llo; ituliano, indenne; francés y cata-
lán, indemne.
Indemnemente. Adverbio de mo-
do. Con indemnidad.
INDE
Etiuolooía. Indomne j el suQjo ad-
verbial mente.
Indemnidad. Femenino. Derecho
romano. La seguridad que se da á al-
guno de que no padecerá daño ó per-
juicio, y Peudalismo. Derecho que de-
bía pagarse al señor, cuando un feu-
do cafa en manos muertas. Tal era
el derecho que la Iglesia estaba obli-
gada á pagar por todos los feudos que
adquiría. | Derecho que el señor feu-
dal debía percibir, cuando un feudo
adquiría algún título en cuya virtud
dependía del re^. Tal era el derecho
que se pagaba siempre que el prínci-
pe expedía cartas de franquicia á fa-
vor de un vasallo feudal. Q Bill de ih-
DBUNiDAD. Parlamento iiulü. Dispo-
sición solemne con que ía Cámara de
Inglaterra exime á los ministros de
responsabilidad por la adopción de
medidas extralegales. |j RestanraciCn
francesa. Suma votada para indemni-
zar á los emigrados, cujros bienes se
conflscaron j se vendieron durante la
revolución. || Constiíncúín francesa del
año 112, Sueldo que percibían los in-
dividuos del Congreso j los del Di-
rectorio.
ETiuoLOaÍA. Indemne: latín, indem-
níías; italiano, indenniíÁ; francés, ín-
demnite'; catalán, tndemnitat.
Indemnixable. Adjetivo. Que pue-
de indemnizarse.
Indemnización. Femenino. Resa^
eimient') de los dafios causados.
Etiuología. Indemnitar: catalán,
indemnisaci í; francés, indemnítatíon;
italiano, indemnizzazione.
Indemoizadamente. Adverbio
modal. De un modo indemnizado.
ETiifOLooÍA. Indemnitada y el sufijo
adverbial mente.
Indemnizado, da. Participio pasi-
vo de indemnizar.
EtuiolooÍa. Indemnitar: catalán,
indemnisat, da; francés, indemaiid; ita-
liano, indemnitzato.
Indemnizar. Activo. Resarcir de
al^án daño 6 perjuicio. Se usa tam-
bién como recíproco.
ExiMOLoaÍA. Indemne: francés, «n-
demniser; italiano, indemniaare; cata-
lán, indemnisar.
Indemnizarse. Recíproco. Librar-
se, zafarse de un cargo ó responsabi-
lidad. Q Darse una compensación á sí
míAQO, cuja acepción es de grande
uso en el lenguaje figurado, como
cuando se dice: «tomando el fresco de
la noche, me ihdeunizo del calor del
día.»
Indemostrable. Adjetivo. Imposi-
ble de demostrar.
ETmoLOOÍA. In privativo y demos-
trable: latín, indímonstrábílis; francés,
indénonfy^able.
Indentadón. Femenino. Didácti-
ca. Escotadura semejante á la señal
que deja la mordedura de un diente;
en cujo sentido se dice: la indbnta-
ciÓN luminosa en el disco de un astro.
EriuoLoaÍA. In, en, y diente: fran-
cés, indentation.
Indentado, da. .\djetivo. Botáni-
ca, Hojas indbntadas; hojas despro-
vistas de dientes y de dentellones.
INDE
BriMOLoafA. In privativo y dentudo:
francés, indenté»
Independencia. Femenino. Falta
de dependencia. | Libertad, y espe-
cialmente, la de una nación que no es
tributaria ni depende de otra. \ Ente-
reza, firmeza de carácter.
Etiuolooía. Independiente: catalán,
independencia; francés, independenee;
italiano, independenta.
Independente. Adjetivó anticua-
do. iNDSraNDIBNTB.
Independentemente. Adverbio du
modo anticuado. Ihdbpbndientbuintb
Independienté. Adjetivo. Lo que
no depende de otra cosa. | Metáfora.
La persona que sostiene sus derechos
y opinionei, sin que la doblen hala-
gos ni amenazas. | Adverbio de modo.
iMDBPBHblENTBUBNTB; J así SO dice:
indbpbndibntb de eso,
Etiuolooía. Jn privativo ^ depen-
diente: francés, indipendent; italiano,
independente; catalán, independent.
Independientemente. Adverbio
de modo. Con independeucía.
Etiuolooía. Independiente y t\ su-
fijo adverbial mente: catalán, indepen-
dentment;h&TLcés,Índ^endammenti ita-
liano, independentemente.
Independientes (los), ffistoria.
Secta que se formó, entre los presbi-
terianos de Inglaterra, en tiempo de
Carlos I. Bn religión, no admitía sí-
nodos, ni i|erar<^uía, ni ncerdotes, ni
sfmbolo, ni disciplina, ni ceremonias.
En política, reclamaba la abolición
del poder real, de la Cámara de los.
lores, de las clases y de los títulos, j-
Uevaba la democracia hasta sus últi-
mos límites.
Indescifrable. Adjetivo. Que no
puede descifrarse. | Indefinible, ha-
blando de personas. | Oscuro, intrin-
cado, relativamente al pasaje de un
libro.
Etiuolooía. Jn privativo y desci'
frable: francés, indecJíijf rabie.
Indescifrablemente. Adverbio de
modo. De nn modo indescifrable.
Etiuolooía. Indes^frabU y fA soA-
jo adverbial smnIí; francés, útd^if-
frabUment.
Indesciftado, da. AdjetiTO. Qne
no se ha descifrado.
Etiuolooía. Jn privativo y dosci-
frado: francés, iruLechiffri,
Indescomponible. Adjetivo. Lo
que no se puede descomponer; espe-
cialmente, en materia de física; j así
decimos: <cada uno de los intervalos
del espectro solar contiene colores tH-
DBSCouPONiBLBs por el prisma, cuja
circunstancia ha sido parte para que
se les diese el nombre de colores pri-
mitivos.»
BtiuolOoía. In negativo y desem-
ponibte: catalán, indescomponshle; fran-
cés, indécomposable.
Indesciibible. Adjetivo. Impasi-
ble ó difícil de describirse.
Etiuolooía. Jn privativo jr deseri-
biUe: italiano, indescrivibile.
{ Indescriptible. Adjetivo. Lo que
lio se puede describir ó definir.
I Etiuolooía. In privativo v descrip
1 tibie: francés, indescriptible,
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INDE
INDI
INDI 59
Indascríptiblemente. Adverbio
de modo. De un modo indescriptible.
ErafOLoof A. lHde$cripíibU j el sufi-
jo adverbial nuníe: francés, máeterip-
ühlment.
Indesignable. Adjetivo. Lo qae es
imposible ó muj difícil de señalar.
udestructibilidad. Femeaino.
Coalidad dé lo indestructible.
^tamxJMik.. Indestructible: francés,
itdettnetibiUíé; italiano, indeitrutíibi-
liíi.
Indestructible. Adjetivo. Lo que
no pnede destruirse por estar mny
fnnaado jr defendido.
ErmoLOofA. I* priratívo j ásitrue^
tibie: francés y catalán, mdettnutible;
italiano, ináe$tru(tibi!e.
Indeterminable. Adjetivo. Loque
no se puede determinar. H El que no
se determina tS est& indeciso.
Btiholooía. In privatiTo j determi-
%áble: latín, indUgrmíi^bílit; francés,
indeterminable; catalán, indetermina-
ble.
Indeterminación. Femenino. Fal-
ta dtt determinación j resolución. Q
/fíeio/iía. Ausencia de datos y relacio-
i»i que dan i una cuestión su sentido
concreto; j asf se dice: la iNDBTBRyi-
RACiÓM de un juicio, de una materia,
de nna condición. Q Á Igebra, Situa-
ción y caráeter de lo que no está de-
terminado, como cuando decimos: la
liWBTSRUiHACiÓH de una fórmula 6 de
UD problema.
ETmoLOOfA. In negativo j determi-
nación: catalán, indeíerminacüf; fran-
cés, indetermination; italiano, indeter-
miüoúcne.
Indeterminadamente. Adverbio
de modo. Sin determinación.
ETUfoLOOÍA. Indeterminada j el su-
fijo adverbial mente: catalán, indeter-
minadamenf; francés, indéterminAneHÍ;
italiano, indeterminatamenie.
Indeterminado, da. Adjetivo. Lo
Ínenoestádeterminadoniresnelto. [
I que no se resuelve á ana eosa. |
Gruiitiea, Aplicado & los nombres,
verbos, preposiciones, etc., lo qae no
está determinado ni contraído i cosa
cierta. ¡ Psoblbuas indbtbruinados.
Mttemiticat. Problemas -^ue admiten
un número indeterminado de solucio-
nes; en cujo sentido se dice: <un pro-
blema que admite cíen soluciones, es
más iNDBTBBuiHADO quo el que admi-
te diez, por ejemplo.> \ Gantidadbs
IHDBTBBUIMADAS. Cantidades <jue se
introducen en el cálculo, sin asignar-
las presentemente an valor definido.
BmiOLOOfA. In negativo y determi-
nado: latín, indeíermlnStui; italiano,
indeterminaío: francés, indéterminé; ca-
talán, indeterminat, da.
Indeterminativo, va. Adjetivo.
Filosoíia. Que no determina.
Indevoción. Femenino. Falta de
devoción. | Derecho romano. Falta de
obediencia j respeto á la voluntad del
que tesik, f Cddiao teodosiano.)
Btdiolooía. In privativo jr devoción:
latín, indetoÜo; Italiano, indevotione;
francés, indévotion; catalán, indevocid.
Indevotamente. Adverbio de mo-
do. Coa indevoción. \ Derecho romano.
La bita de respeto i la volantad del
testador, fCddtffO de Jusllniam.)
BTniOLCúfA. Indevota y el sunjo ad-
verbial mente: latín, indevoti; catal&n,
indevotameni; francés, indhotement.
Indevoto, ta. A^'etivo. El que está
falto de devoción. El que no es afecto
á alguna eosa Ó persona. \ Derecho ro-
mano. Falto de obediencia y respeto á
las lejes. (Di^eeto.)
Etiuolooía. 1» privativo y devoto:
latín, indevotta; catalán, tMevot, a;
francés, indévoí, ote.
Index. Ussoulino.lNDiCB. I Nonio.
flTiuoLoaíA. Indice: catalán, m-
<^.—<Lo mismo qae índice. Úsase
de esta voz con especialidad hablando
del de los reloxes. Es voz puramente
latina v poco usada. Q Congregación
del Index. Se llama en Roma aquella
á cujro cuidado está el examinar los
libros que no se permiten correr has-
ta estar expurgados y corregidos por
la misma. > (Acadbuia, Diccionario
de 1726.)
Indezuelo. Masculino diminutivo
de indio.
India.Femenino. &eoffra/itt.~\. DI-
tiitián del territorio. — La India ofrece,
perfectamente marcadas, dos gandes
divisiones geográficas: la oriental ó
de allende el Ganges, transgangética
ó Indo-China, j la occidental 6 de
aqaende el Gangds, cisgangitica ó
Indostán propio. Las describiremos
separadamente par.i más cabal inteli-
gencia de nuestros ilustrados lectores.
I
INDIA TRANSOANadnCA 6 INDO-CHINA
2. Situación y limites. — Esta dila-
tada península se encuentra entre los
96'-113* de longitud oriental del me-
ridiano de Madrid y l*-27'' de latitud
septentrional, confinando: al Norte,
con el imperio chino; al Este, con el
mar del mismo nombre; al Sur, con
el estrecho de Malaka, y al Oeste, con
el golfo de Bengala y el Indostán.
d. Sxtentidn^poblaeiifn, — El terri-
torio tiene 3.900 kilómetros de lar-
go, de Norte á Mediodía; 1.700 de an-
cho, de Oriente á Occidente, y so-
bre 2.294.000 cuadrados de superfi-
cie, que pueblan, aproximadamente,
de 35 á 40.000.000 de habitantes.
4. Montañas, ríos y ffol/os.—\tí&-
viesan esta comarca, apenas conocida
en el interior, varias cordilleras ele-
vadfsimas, prolongación de las del
Asia oriental, las cuales descienden
del Norte y se dirigen paralelamente
bacía el Mediodía, siguiendo las cos-
tas y determinando el curso de sus
caudalosos ríos, que se desbordan pe-
riódicamente. Entre éstos, se distin-
guen el Arakán, el Irauaddv, el Zit-
tang, el Brahmaputra, el Cambodja,
el Menam, el Tavag, el Tenasserim,
el Thsan-Luen, el Sang-koi y el Me-
nam-kong.El golfo de Siam se interna
por la parte del Sur de este país, sepa-
rándole de la península de Malaka,
5. Clima ^producciones,-~ToáM\aa
circunstancias anteriormente expues-
tas, contribuyen á que el clima sea
vario, en general; ardiente^ al Medio-
día y en las costas, y templado, en el
interior. Las producciones son análo-
gas á las del Indostán: sus magníficos
bosques producen en abundancia el
teck, el sándalo, el ébano, el sicómo-
ro y el bambú; las llanuras cultiva-
das, el arroz, principal alimento de
los naturales, algodón, seda, aceite,
añil, caña de azúcar, tabaco, goma lacaí
pimienta, ananas 6 piaas y naranjas;
machas de sus corrientes arrastran
arenas de oro, y algunas de sus mon-
tañas contienen ricas minas de plata,
rabíes, záfiros, á^tas ; otras piedras
preciosas; el reino animal ofrece, en-
tre las especies carniceras, el ele&nte,
el rinoceronte, la pantera y el . mono
blanco; diversas clases de pájaros de
vistosas plumas j la ^londrina laUth
gana, notable y rarísima por siu ni-
dos gelatinosos.
6. Industria y cowítcio.— Los pro-
ductos industriales, sí no tan adelan-
tados, se parecen bastante á los de la
China. Las relaciones mercantiles con
los earopeos serían mucho más acti-
vas, si á ello no se opusieran las cos-
tumbres salvajes de sus moradores.
Bato no obstante, la plaza comercial
de Singapoore es de las más ricas del
mundo, y los franceses 7 los ingleses
han conseguido al fin establecer reía*
cienes con Siam, cuyo comercio ha
venido siendo, por espacio de ochenta
años, privilegio exclusivo de la China.
7. Divisi^ poliiica. — Bajo el punto
de vista político, la mayor parte de los
geógrafos dividen esta península en
las seis grandes regiones siguientes;
Imperio Birmán: situado al Ñor.
deste déla Indo-Cbina, en el espacio
que dejan los ríos Sainen é Irauaddj:
comprende los Estados de Birma y
Laos-Birmán, distinguiéndose, entre
sus poblaciones, Mandalé, capital del
imperio; Sahainy, sobre la orilla de-
recha del uauaddjr, con hermosos
templos, T Áva (Ratnapura), ciudad
grande, plaza fuerte y antigua capi-
tal de Birma, con magníficos edificios
y hermosos jardines. El gjbíerno de
este Estado es absoluto; el emperador
tiene derecho de vida y muerte sobre
sus vasallos, á quienes inspira cier-
ta especie de veneración; él mismo
designa cuál de sus hijos ha de suce-
dería en el trono; pero la proclama-
ción de un nuevo príncipe suele pro-
vocar enconadas guerras civiles: co-
bra el diezmo sobre todos los produc-
tos del país y de las mercancías im-
portadas; ejerce el monopolio de va-
rios artículos industriales y es dueflo
único de todos los elefantes del impe*
tío. La organización política de la In-
do-China se parece macho al sistema
feudal. Los habitantes son idólatras,
pero humanos y muy amantes de la
poesía, de la música y de las diver-
siones.
3.' Reino de Siam 6 Thai: se halla
entre los imperios de Birmán y de
Annam y se divide en las cuatro pro-
vincias de Siam propio, Lao Siamés,
Camhodje Siamés y península de Ma-
laka, entre cuyas mejores poblaciones
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éO INDI
INDI
INDI
fiffavttt Baitfflol, capital dsl refoo,
edificada en parte sobre balsas ama-
rradas á lo largo de las márgenes del
rio Meinam, con gnn palacio, buen
arsenal, excelente puerto, una rica
pagoda, numerosas j colosales esta-
toas y macho comercio; Stam^ antig-ua
capital, eon puerto de reg:ular tráfico
j gran número de notables templos
en «a recinto j en las cercanías, que
recuerdan su espléndido pasado; y
Ánkor, celebra por sai minas. El go-
bierno de este Estado ek una monar-
quía absoluta: el nombre del re^ no
puede ser pronunciado; imaginar la
posibilidad de su muerte, constituje
un crimen capital: se lleva un regis-
tro de toda ia población malaj^a, la
cual se destina, durante seis meses,
al servicio militar; el soldado no reci-
be pa^ ninguna y está obligado á
suministrarse cuanto há menester. Ca-
da distrito tiene un jefe militar, nom-
brado por el soberano; no ha;r ejército
Sermanente, i excepción de la guar-
ía real, compuesta de mongoles y de
un cuerpo de indios, que se jactan de
descender de sangre real: an batall m
compuesto de 4(Ml mujeres, elegidas
eon gran esmero entre las jóvenes más
bellas j robustas del país, forma la
guardia particular del ny; reciben
un buen sueldo y están perfectamen-
te organizadas; á la edad da 13 años
entran á formar parte de aquel privi-
legiado cuerpo; a los 25, pasan á la
reserva, y cuando abandonan el servi-
cio personal del soberano, se las agre-
ga a la guardia de los castillos reales.
Al ingresar en el ejército, hacen Toto
formal de castidad; sin embargo, al-
gunas veces las distingue el monarca
concediéndoles plaza entre sus muje-
res legítimas. Este batallón, sin el
cual no asiste el ny á ninguna expe-
dición militor, admira y encanta al
mismo tiempo por la riqueza de su
vestaario, tu marcial continente, su
destreza en el manejo de las armas y
excelente disciplina. Los habitantes
da este reino son cobardes, idólatras
y supersticiosos: ios sacerdotes se lla-
man talaponeu
3/ Malaka independiente: la parte in-
dependiente de esta península no con-
tiene más que pueblos salvajes, cono-
cidos con el nombre de mti/a^új; viven
libres al abrigo de las montaflas del
interior ó en la costa meridional, cous-
titurendo los cinco pecjueños reinos
de Perak, Salan^ore, Djohore, Pahang
y Rumbo; son negros, feroces y muy
diestros en el manejo del puñal; se
visten eon un pedazo de tela, que se
rodean á la cintura, y habitan en caba-
ñas, que cubren con hojas de bambú.
—Malakay puerto de mar, sobre el es-
trecho de su nombre, y en la cual con-
servan los ingleses una fuerte guar-
nición; Tiohor y Tronganon, puertos
también de considerable comercio en
cera, especería y piedras preciosas,
son sus principales poblacionei.
■ 4.* Imperio de Án»am,-~-\^ ú ma-
jor de los Estados que forman la /»-
ata íransf/angéíica: abraza toda su par-
ta oeieutal, couüuaudo: al Norte, con
la China; al Este y Sur, con el mar
de igual nombre, y al Oeste, con el
reino de Siam: comprende los Estados
de Tonqutn (Ánnam septentrional),
CochÍnciina{ Ánnim meriaional),£7an-
W/«jalgnBOS territorios feudatarios.
Los naturales son valientes t buenos
soldados, pero idólatras.— Entre sus
poblaciones más importantes se euen-
tan: PÁu-CAuan ó aue, capital de la
Cochincfaina y de todo el imperio,
plaza de taa más fuertes del Asía, oon
un buen puerto fortificado i la euro-
pea. Tasto arsenal, astilleros, hermo-
sos edificios y un gran palacio, que
ocupa el emperador; Tonquín y Bac-
kinkt su capital, ciudades considera-
bles j de muchísimo comercio; Ket-
cko, capital de Tonquín, asentada
junto á la embocadura del Sang-koi,
eon anchas calles, inmensos jardines
y mezquinas chozas; Satgm, capital
de Cambodje, ciudad bien fortificada
y primera plaza mercantil del impe-
rio, con palacio real vastísimo, que
ocupa el centro de la población, y un
arsenal marítimo que podría competir
eou los mejores de Europa: los reinos
de Ftiampa y Laciko son poco exten-
sos; carecen de poblaciones notables,
y sus moradores, casi salvajes é idóla-
tras, pasan ana vida errante, entrega-
dos ála casa. — £1 soberano de Annam
lleva el título de dovai; su poder es
despótico; el mandarinato es la única
dignidad que confiere ála nobleza; la
dirección del ejército está confiada á
cuatro mandarines militares.
5.' Posesiones inglesas: se extien-
den de Norte á Mediodía por la costa
occidental de la Indo-Chiná, j se divi-
dan en dos partes: una al Norte, que
comprende los Kstados de Assam,
Aracem, Pegi y Tenasserin, depen-
dientes de Calcuta, y otra, al Sur,
que forma el gobierno de los E$trechos,
compuesto de una parte de la Malaka
y de las islas de Singapoore y Pulo-
Pinang» Como poblaciones notables
deben citarse las siguientes: Akijab,
capital de la Birmania inglesa, con
puerto de gran comercio; Djorhat y
Jtangpur, ciudades famosas por sus
fábricas de tejidos, tráfico en espece-
ría y minas de carbón; Arakán, capi-
tal del antiguo reino de su nombre y
punto de peregrinación; Jorge-Town,
ciudad liudísima, en la isla del Prín-
cipe de Gales, bien construida, mejor
fortificada y con floreciente comercio;
Mulmein, población nueva y cabeza de
los establecimientos ingleses de esta
^Att6;Am/ierste-To/rn, plaza importan-
tísima, bajo el aspecto militar / me>
cantil; y ¿Ungapoore, en la isla así lla-
mada, escala de los buques que van á
los mares de la China y puerto franco
de los más concurridos del A.sia, con
espaciosos astilleros y vasto arsenal.
Estas posesiones van cada día en au-
mento eon las conquistas de nuevos
territorios.
6/ Islas: forman una extensa cordi-
llera, que se extiende de Norte a Me-
diodía, en el golfo de Bengala, entre
el cabo Negro y la isla de Sumatra,
eonstitujreudo los dos archipiélagos
de Nikaiar y Andamám, eon algunos
pequeños establecimientos di□ama^
quesos, y este último eon dos célebres
puertos: «1 de ComoaUt y el CÁaíam*
U
UfDIÁ ClSOAHOéTICA, 6 IHDOSTXx
8. Forma, — La dilatada península
del Indostán presenta la forma de un
inmenso triángulo, e«ja base esU aa
el Norte, y el TÓrtiee en el Sur.
9. Siinaeiá» «slrmtfiMMs.— Hállase
ésta entre loa 9* 5r-36' 4^ éa latitud
septentrional y los 70M01* de longi-
tud oriental del meridiano de Madrid.
10. Limites. — Este vasto territorio
confína: al Norte, con los montes del
Himalaja, que la separan del Tíbet;
al Este, con la Indo-China y el golfo
de Bengala; al Sur, con el Océano In-
dico, y al Oeste, oon la región pérsi-
ca, Belutchistán y A.lfghanistán.
11. jlrM.— Mide 3.000 kilómetros
de largo, de Norte á Mediodía; 2.500
de ancho, de Oriente i Occidente,
y 3.160.000 cuadrados de superficie.
12. Divisiones naturales, — Las de
esta región pueden reducirse las
siguientes: 1. , laa cadenas del Hima-
la/a y sus valles; 2.% la llanura del
Granges, poco elevada sobre él nivel
del mar, y expuesta, por lo tanto, á
las inundaciones periódicas de aquel
río; 3.*, la llanura superior del mis-
mo Ganges, hasta el pie del Hima-
la^a, limitada, al Sur, por los montes
Vindhjrah, y al Oeste, por el Gran
Desierto; 4.', la parte Norte de la
gran meseta central basta el Nerbud-
da, que la divide en dos mitades dis-
tintas; 5.*, la segunda parte de esta
meseta, situada al Sur del expresado
río, más elevada que la anterior y que
termina en la unión de las cadenas de
los Ghattes; 6.°, el llano que se ex-
tiende desde Coimbatore hasta el cabo
Gomorin; 7.*, la lengua de tierra que
ciñen el mar y los Ghattes del Oes-
te; 8.°, el terreno comprendido entre
el golfo de Bengala y los Ghattes
orientales; y 9. , la península de
Gudj érate. Todas estas regiones son
completamente distintas las unas de
las otras, tanto por su aspecto ñsico,
su clima, su formación geológica, so
flora y su fauna, como por los carac-
teres etnográficos de las naciones j
de las tribus que las habitan.
13. Cosías. — Las del Indost in, pre-
sentan: al Noroeste, la península de
Gudjerate; al Oeste, los golfos de
Cutch y de Cainbodje, y las bahías
de Bombaj y de Goa; al Gstu, la em-
bocadura del Caverjr, en el golfo de
Bengala. Sus cabos más notables son
los de Comorín y Oiu.
14. Orografía, — En la misma base
del triángulo que, como jra liemos
dicho, forma esta comarca, se extien-
den tres grandes cordilleras, separa-
das por altos valles, las cuales van
elevándose á medida que avanzan eo
dirección al Norte. La del Himalava
corre por esta parte, mareando el li-
mito entre la íkdia, y la China, en
donde descuellan los montes más eul-
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INDI
mínutw del globo, y envía namero-
su nmifieaetones al Mediodía; entre
otM, la de ffAattci, que se bifurcan en
deicadenas ja oriental jla occidental.
Íindelas respectivamente á las costas
el ffolfo de Beng^ala j de Omán.
En » isla de Ceilan se distingue el
monte Hamazel 6 Pico de Adam.
15. S^Togfftfia. — La multitud de
cordilleras q^ae dejamos mencionadas,
dan origen a una infinidad de cauda-
loiai corrientes, ^ne crazan t bañan
el país en todas direcciones. Bl Oom-
fe$, río sagrado de los indios, nace
en la &lda meridional del Himalaja.
redbe & la izquierda las aguas del
Rét^ñnga, Ghmttf, Gondak y Tittah;
i la derecha, las del Djamnah y Soné.
Ídnemboea, dividido en innumera-
Us brazos, en el golfo de Bengala,
despoéi da 2.200.tílómetro8 de curso:
el Jmdo á Sind se forma al Norte del
mismo Himala^a, recoge á la derecha
el Ki^t 7 Kahir; á la izquierda, el
Pandjad con sus cinco ríos: el Vjhe-
Im, Tekenab, Ravei, Sutleje y Bed-
jai, y desagua en el golfo de Omán,
il Oriente y al Occidente, se ven dos
Tastísi mas albuferas, denominadas res-
petivamente Ckilka y Kin.
16. Climatología, — La temperatura
^ne se experimenta en esta extensa
Rgi6n, varía según la altura y latitud
qtte oenpan los pueblos. En el Norte,
el clima es generalmente dulce y sano:
en al Sftediodia v en las costas, los
calores del estío llegan i hacerse in-
soportables. La temperatura media
anual raras veces excede del 27*: en
realidad, no se conocen más que dos
estaciones, Im seca y la lluviosa, oca-
sionadas por los monzones, que son
los vientos dominantes en las comar-
cas de la India.
17. Qeologla. — Las rocas, da for>
maeiiSn primitiva, son las únicas que
se aaeuentran en los macizos más eie-
ndoa: en ellos predomina el gneis,
mezclado con el granito, la pizarra, el
esquisto, la piedra caliza j el már-
mol. Bd los macizos más hacia el Me-
diodía jr menos elevados, el sílice cons-
titaje su base, la cual termina en la
Ilaaun del Ganges. Atravesando ésta
en dirección al Norte, se ve correr, de
Oriente á Occidente, por el centro del
fndntán la cadena de los montes
Vindhjah, cuja formación consiste
principalmente en gneis, excepto en
su base. Los Ghattes occidentales j- el
ettribo que termina en el cabo Como-
ría, descansan sohre rocas graníticas:
el gneis, el talco y el granito, que
eompoDen la base de las cadenasorien-
tales, aparecen frecuentemente cu-
biertos de creta y de diferentes már-
moles primitivos de varios colores. Bn
el distrito de Midnapore j en algunos
otros parajes del Indotíán se encuen-
tra una especie de cal carbonatada,
conocida con el nombre de kauiar,
propia de la geología de la India; v al
Norte, sobre las dos riberas del Da-
moda, se extiende un gran valle hu -
üero, de 90 kilómetros de largo por 18
de ancho. Desde el mencionado río
Damoda hasta Benarés, las formacio-
INDI
' n«f gfraníticas son las que m&s domi-
nan; pero, al aproximarse i Soans, el
sílice viene á ser la roca de la superfi-
cie del suelo, extendiéndose, en aireo*
ddn Norte, hasta Ag^a, por el 28* de
latitud. Bl basalto cubro el territorio
de Hjderabad, rodea la costa de Ma-
labar y forma las márgenes del Con-
can: las grandes llanuras del G«nges,
del Indo 7 de los caudalosos ríos del
Indotíán, se hallan compuestas de te-
rrenos de aluvión.
18. MineraUgia. — Bn todas las co-
marcas de este país se encuentran es-
parcidos con profusión el hierro, el
cobre, plomo, estaño, zinc, imán, sí-
lice, arcilla, basalto, pórfidos, bórax,
gres, hulla, sal, azufre y tierra de
porcelana; así como amatistas, záfiros,
rubíes j otras piedras preciosas. Bn
el interior se hallen mucaos j hermo-
sos diamantes; partícalarmente, en
Bengala y Bundelkand, qae son los
más ricos del mundo; en las costas,
bellísimas perlas, y entre las arenas
que arrastran las corrientes de los
ríos, los dos minerales más codiciados
de la humanidad: el oro y la plata.
19. Zoología. — Eatre las numerosas
especies de animales que se crían en
los espesos bosques y risueños valles
del Indostán y de sus islas, se distin-
guen: el elefante, el rinoceronte, el
tigre, el leopardo, el búfalo, el oran-
gután, el oso, el vampiro, el drome-
dario, la ardilla, la marmota, el gato
de algalia, el camello, la gacela, el
ciervo, el chacal, el iabalí, el mico y
una gran variedad de monos. Bn tí
Sintoresco valle de Cachemira, abun-
an las cabras, con cuya finísima lana
se fabrican los famosos chales que lle-
van aquel nombre: las ballenas fre-
cuentan las costas, mientras que las
anguilas hormiguean en el fondo de
los ríos. Las serpientes son monstruo-
sas y terribles; especialmente, las que
se encuentran en las márgenes del
Ganges: la boa alcanza hasta 7 j 8
metros de largo. Bntre las aves, des-
cuellan el buitre real, el casoar, el
cisne, el pelícano j más de cuarenta
especies de papagayos. Los insectos
son namerosisimos, pero el gusano de
seda está considerado como 3 más no-
table y precioso de todos,
j 20. Agricultura. — El suelo de esta
región es uno de los más feraces del
globo, debido principalmente á la íu- '
j Huencia de su clima tropical. La ve-j
ffütacíún ostenta por todas partes esa I
□zanía propia de las tierras vírgenes, '
I y es, por lo general, tan activa, que |
I en muchos parajes da dos cosechas al
año: una, en Septiembre v Octubre, y
' otra, en Marzo y Abril. En el Dekán, I
el terreno de aluvión mide más de dos
metros de profundidad, y el valle del
i Ganges es, sobre todos, de una ferti-
I lidad extraordinaria. Bn casi todas las í
I comarcas se ven crecer plantas de bri-
I liantes flores, de vistosas hojas ó de j
útiles aplicaciones fabriles y medici- 1
nales, como la adormidera, la zarza- i
< parrilla, el riubarbo, el jengibre, la |
jalapa, el betel, el sésamo 6 ajonjolí, i
, el alcanfor, la rosa y el jazmín; y it~ \
INDI
61
¡ boles gigantescos, de espeso follaje,
de olorosa madera y de preciosos pro-
ductos, como la palmera, el teek, el
plátano, el gnajabo, el bambú, el co-
cotero, el ébano, el moral, el sándalo,
la goma laca, el bmoso árbol del in-
eieoso y la inmensa higneia nopal.
Entre los demis cultivos figuran: el
arroz, alimento preferente de los in-
dios; trigo, cebada, maíz, avena, mi-
jo, café, azúcar, añil, tabaco, seda,
cáñamo,algodón, coral, marfil, agrios,
frutas deliciosas, especias y aromas
muy estimados, maderas finss y de
construcción, legumbres de Buropa y
todas las dem&s prodaeeiones de. los
trópicos.
21. Industria. — La industria agri-
cola del Indostán se halla muj atrasa-
da, no obstante la asombrosa fécnndi-
dad de tu suelo. La baratara de los
géneros alimenticios y la pereza pe-
culiar del pueblo indio, le naeen des-
cuidar el cultivo de los campos hasta
tal punto, que algunas veces llega á
hacer el hambre verdaderos estragos
en la península. No sucede lo mismo
con la industria manufacturera: los
objetos de fabricación india han sido
siempre notabilísimos y muy solicita-
dos en los mercados de Buropa por su
elegancia, solidez y exquisito gusto.
Las telas, llamadas tndianta, vienen
sosteniendo brillantemente, desde los
tiempos más remotos, la reputación de
los &bricantes indígenas; / no es me-
nor la celebridad que gozan ans exce-
lentes paftoa y pañuelos, ni las pre-
ciosas sederías recamadas de oro y
plata de Murchidabal, Bengala t Sa-
nta, ni los ricos chales de Cachemi-
ra, ni los magníficos tapices de Patna,
ni las ciento veinticuatro elases de te-
jidos de algodón, que se trabajan en
Uadrás, Paliaeata, Masulipatam y
otros puntos. Los indios se distinguen
también en las obras de filigrana^ en
la &brieacii5n de armas blancas; y la
ciudad de Golconda, por sa célebre
depósito de diamantes, admirablemen-
te pulidos y tallados.
22. Comercio. — El del interior, se
halla en poder de los banianos 6 in-
dios, y es tan activo como importan-
te. Consiste principalmente en el cam-
bio de los productos del país y distri-
bución de las mercancías europeas,
que desembarcan en los pueblos de la
península. El cabotaje es también bas-
tante extenso, y sus pequeñas embar-
caciones llegan frecuentemente hasta
la isla de Ceilán. El Comercio exterior
está explotado casi exclusivamente
or la Inglaterra y otras naciones de
'uropa, que han conservado sus esta-
blecimientos en el Indostán, Los prin-
cipales artículos de exportación son:
madera, azúcar, algodón, especias, sa-
litre, goma laca, bórax, cardamomo,
tejidos de seda v de algodón v chales
de Cachemira; los depósitos o escalas
más considerables, Calcuta, Madrás,
Bombajr, Surata, Mangalose y Pondi-
chéry.
23. Poblaeidn, — El número total de
habitantes que ocupan las diferentes
comarcas del Indostánt asciende, se-
I'
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62 INDI
Sán eilculosaproximados, á 193 ini-l
ones, entre indios 6 indígenas, ma-
Ujos, mongoles, chinos, guebros 6
parsis, árabes, turcos y europeos,
principalmente, ingleses,
- 24. Afonedas i petoi V medidas. — Las
monedas de oro de la India son: la r«-
;Ka(40 pesetas próximamente) j los
dÍTOTSos pagodas (2 pesetas 56 cénti-
mos): las de plata, la rupia (2 pese-
tas), el fanón, el medio fanón j el anas:
las de cobre, el dudon j el íncan. Em-
pléase además como moneda una es-
pecie de concha, el cawis de las Lake-
divas. — Pesat: el iandi (230 kilogra-
mos aproximadamente), el seer, el pa-
lón, el lar j el man. — Medidas itinera-
rias: la lengua india ó cosr (3.084 me-
tros), el^aa T el nari. De longitud y de
superficies: el yes (30 centímetros), el
malom, la pnkhi^bigga y la cutcha-
bigaa.
25. División geogr^ea. — Bajo el
punto de vista geográfico, las divisio-
nes territoriales de U India, han ex-
Eerimentado frecuentes cambios. Bal-
i la divide en las cuatro regiones si-
guientes: l.*/ii(¿0r¿a'« septentrional, que
comprende las comarcas montuosas^
al Oriente del Setledje hasta Bután ó
Bhotán, incluso el valle de Cachemi-
ra. 2.' Indostán meridional, que abar-
ca la major parte del imperio mogol
antigno. 3.° Dekán septentrional, des-
de el Nerbudda, al Norte, hasta el
Tumbedra y el Krichna, al Sur. 4."
Dekán meridional, en que termina la
genínsula, al Mediodía, hasta el cabo
omorín. — Estas regiones se subdiví-
4en^el modo siguiente: Indostán sep-
4enlrio»al: Kasnimir 6 Cachemira,
Gherovd> Nepal, Anda, AUahabad,
Behar y Bengala. Indostán meridio-
nal: Labore, Multan, Sind, Katch,
Guzzerat, Malwa, Adjemir, Oelhi y
Agrah. Dekán septentrional: Kaudeich,
Aurengabad, Bedjapur, Haiderabad,
Bider, Berar, Ganduana, Oríssa y Sir-
kars del Norte. Dekán meridional:
Kauara, Malabar, Eotchin, Travan-
kora, Koimbetur, Karnatic, Salem ó
Barratnahal, Maissur y Balaghat.—
La isla de Ceilán y los archipiélagos
de lasMaldivasj Lakedivas están uni-
dos al Dekán meridional.
. 26. Dicisidn política. — Bajo el con-
cepto político, el Indostán se divide en
esta forma: Sstados independientes: Ne-
pal y Batán 6 Bhotia. Estados alia-
dos í tributarios de Inglaterra: Sin-
dhj, Nizam, Mjsore, etc. Estados
europeos'. India inglesa, holandesa,
francesa y portuguesa.
India tnglesa. — Se da este nombre á
los numerosos territorios que la Gran
Bretaña posee en la India, cuya ex-
tensión es igual ¿ la que ocupa toda
la Europa continental, sin compren-
der la Rusia.— Tiene de superfície
2.430.269 kilómetros cuadrados, que
pueblan sobre 283.000.000 de habi-
tantes, de los cuales, 196.000.000 son
subditos" directos, y 87.000.000 va-
sallos feudatarios. Esta dilatada re-
gión, en la cual la Corona de Ingla-
terra sólo poseía en 1818 la isla de
Ceilán,' perteneció á la célebre Com-
INDI
]paS(a de las Indias orientales, la mas
rica y poderosa corporación del mun-
do. Para la India mgangétiea se dis-
tinguen, en los territorios ingleses,
las posesione» inmediatas y las posesio-
nes mediatas: aquéllas, se dividían en
siete gobiernos ó presidencias: Benga-
la, MadriSt Bomhay, Pendjah, Iza pro-
vincias del Noroeste, \m provincias cen-
trales y ú Uda.'El primero era el asien-
to de un gobernador general, de un
Consejo supremo y de un subgoberoa-
dor; los dos siguientes contaban, cada
uno, un gobernador, un subgobema-
dor y un Consejo; el Pendjab, las pro-
vincias del Noroeste, las provincias
centrales y el Uda estaban adminis-
tradas por nn subgobemador. — Las
posesiones mediatas se hallan goberna-
das por príncipes ind^enas, vasallos
ó aliados de la Gran Bretaila, la cual
puede tener sus goarnícionei en las
plazas fuertes. Estos posesiones, son:
Ádjemir, que comprende los Estados
de Bikanir, Bundi.Djesseimira, Djey-
pur, DjudpuróMarwar, Kotah, Odey-
pur y Tonk: KatcA, los de Katch y
Bhudj: Malwa, los de Holkar, Bopal
y Dawa: Giazeral, los de Bauswarra,
Therad, Turrad, Duboi, Noangar,
Gundal y Kambaya: ^IWaÁoM, los de
Rewah, Tehri y Pannah: Ágra, los
de KaroH, Bhurtpora, Dholpury Mat-
cherry; Delhi, el de Sirhind: Bedja-
pur, el de Colapur: Raiierab, Bider y
Aurengabad, el reino de Dekkan: Mais-
sur, Malabar, con los Estados de Tra-
vancor y Kotchin. Islas Lakedivas,
compuestas, en su mayor parte, de is-
lotes inhabitados. — En la India írans-
gange'tica pueden dividirse en dos gru-
fios los Estodos sobre los cuales tiene
nglaterra un dominio real ó simple-
mente nominal. — Territorio al Oeste
del Irauaddp y del Sainen: reino de
Assam; países de los moitay y de los
karrows (tributarios); de Djíntiah,
de Katchar, de Arakan y de Pcgú. —
Países al Este de ¿a/uen: provincias
de Martaban, de le, de Tavay y de
Tenasserim; isla del Principe de Ga-
les, la de Singapoore y el territorio de
Malaka. Todas las posesiones de la
Indo-China, basto el Arakan, depen-
dían de la Presidencia de Calcuto: el
resto formalu la Presidencia de la Bir-
mania británica. — El gobierno de las
Indias en Inglaterra sufrió un cambio
radical en 1858: la célebre Compañía,
después que hubo perdido el monopo-
lio del comercio de las Indias, abierto
en 18{)5átodos los ingleses, y en 1833,
fiara todas las naciones, sólo conservó
a administración política del país,
bajo la soberanía de la Corona: sus
poderes debían ser renovados cada
veinte años por una acto especial del
Parlamento, y este renovación se llevó
á cabo en 1854. Por esta época, el go-
bierno de la India en Inglaterra se
componía de tres autoridades: 1.* La
Corte de los propietarios, reunión de los
poseedores de 25.000 francos en ac-
ciones, los cuales tenían el derecho de
elegir parte de la Corte 6 Consejo de
tos directores, 2." Consejo de los dire^
iores, compuesto, de los poseedores
INDI
de 50.000 fianoofl en acciones, haitt
el número de 18: 12, nombrados por
el Consejo de los propietoríoi, y 6, por
la Corona, quienes constituían un cion-
sejo encargado de dirigir todos los
asuntos de la Compañía, el cual nom-
braba, bajo la aprobación de la Coro-
na, el gobernador general y altos fua-
cionanos de la India. 3.* Una ojicinon
registro, cuyo presidente era miemÍ)ro
del Gabinete y vigilaba, en nombre de
la Corona, los actos de los directo-
res.— La rebelión de los indios hko
sentir la necesidad de simplificar esta
administración múltiple: en 1858, la
Compañía fué disuelto, y su activo
quedó á cargo del Estodo, mediante
una rento perpetua de 10 por 100 del
capitol social; el Consejo de directores
y las oficinas quedaron abolidas, pa-
sando directamente i la Corona él go-
bierno de la Ihdu,, el cual quedó eons-
tituído, en 1865, de este modo: nn
ministro secretario de Estado para las
Indias, á, quien auxiliaba en sus fan-
ciones un Consejo consulttto de 15
miembros; 8, de nombramiento del
Gobierno y 7, de elección de sus cole-
gas.—Las Indias estoban divididas
en 8 gobiernos; y la administración
general de cada uno de ellos, confia-
da, bajo la presidencia suprema del
gobernador, á una especie (de minis-
terio, dividido en departomentos del
Interior, de Hacienda, del Extenor,,
de Asuntos militores y de Justicia..
Cada gobierno se hallaM sabdiTÍdido*
en distritos, administrados por un co-
lector ó recaudador, en coyas atribu-
ciones entraban los impuestos, la jus-
ticia, la policía y las obras piiblí^
cas. — ^El presupuesto de U Ihdia era,
en 1856-57, de 825.000.000 de pe-
setas próximamente; la deuda, de
1.600.000.000. La insurrección de
1857 elevó aquélla á más de 3.384
millones; y el presupuesto de 1875-76
se evaluó en 1.361.000.000 los gas-
tos, y en 1.295.000.000 los ingresos.
Ocasionaron principalmente este au-
mento los gastos de la guerra: el ejér-
cito de las Indias se componía, en
1857. de 320.000 hombres, en esto
forma: 240.000, de tropas indígenas,
llamadas ápayos; 30.000, de contin-
gentes indígenas, suministrados p')r
los Estodos confederados y dirigidos
por oficiales ingleses;20. 000, europeos
detrupas de la Compañfa.y 30.000, eu-
ropeos, de tropas reales.— Inglatern
invierte en estos posesiones 2.000 mi-
llones de pesetos al afio, obteniendo
muy poco más. Los ingresos y gMt<^
calculados para el afio económico qne
terminó en Marzo de 1889, fueron
de 81.636.678 libras esterlííiaá v
81.659.660 respectivamente.— En la
misma fecha la deuda ascendía -á
206.619.559 libras esterlinas. El efec-
tivo del ejercito se eleva á 230.000
hombres, de los cuales 73.000 son in-
gleses y 23.000 voluntorios europeos
y mestizos.
India francesa. — La constituye un
gobierno, cuya capitol es Pondichérj.
comprendiendo además á Barical.
Yanaon, Chandernagor y Mahó, y
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INDI
riulog^ias sn Misulipatam, Calicat j
Sonta; la población total asciende á
285,022 habitantes, y U superficie, á
49.622 hectáreas cuadradas.
Ihdu netrUindeté. — (Véaw BoUmda,
cohnias.)
hioiA. p0ríiig%eta. — Se compone de
Goa, Pandjim, Damann j Diu, cuja
soperficie, de 3.922 kilómetros cua-
drados, pueblan 447.617 habitan-
tes.
27. ffitíoria, — Los pueblos de la
aatigfiedad disica no han debido co-
uoeer la India hasta una época relati-
vamente cercana á la nuestra. Las ex-
pediciones de Semtramis j de Sesos-
tris no aparecen del tododemostradas,
y las narraciones de los indios no ofre-
cen más que lejrendas poéticas, en las
que sólo se mencionan algunos hechos
nistóricoa, desprovistos de cronología.
Las leyes de Hanú, c^ae nos presentan
el cuadro de las antiguas institucio-
nes de la India, permiten conjeturar
qae los indios no formaban una sola
raza; que estaban unidos, más que por
la identidad de origen, por la comu-
nidad de religión, j que los brahma-
nes, procedentes sin duda de la Aria-
na, impusieron su jugo á las diferen-
tes razas que poblaban aquel Tasto
país. La India parece no haber for-
mado, en ua principio, más que un
solo imperio, basta que algunas di-
nastías se repartieron más tarde el
territorio. Bd el poema del Rám&yana
aparece uno de los soberanos del Es-
tado de Ayodhya (Uda), apellidado
Rima, reuniendo bajo su cetro á toda
U India; y otra epopeja, el Mak&bi-
raia, presenta el país dividido en di-
ferentes Estados independientes y des-
garrado por las discordias de dos fa-
milias poderosas, los panáavat y los
hunwu. Distintos imperios, denomi-
nados Bastínapura, Uathura, Ifagha-
da, Mitila, Kasi, existieron más adc-
laate, ra simultánea, ya sucesiva-
oeote. La historia de la India empieza
it adquirir algda grado de certeza en
el sigloxi antes de Jesucristo. Darío I,
re; de los persas, sujetó el país situa-
do entre el Paropamiso t el Indo, for-
mándola 20.* satrapía de su imperio,
é hizo explorar las orillas del Indo,
p-ir Seyiax. Herudoto, que es quien
refiere estos hechos, sólo llegó a co-
aocer la parte oriental de la India ; y
de la septentrional, el pequefio Tibet,
adonde iban loa indios todos los años
i proporcioaarse el oro que necesita-
ban para pagar su tributo i los per-
ns. La expedición del gnn Alejan-
dro, llevada á cabo antea de la venida
de Jesucristo, abrió á los occidentales
el amino de la India. Los macedo-
uios encontraron sobre la corriente su-
perior del Indo un gran número de
príncipes independientes , mientras
que el Mediodía se hallaba dividido
•-n repúblicas aristocráticas. Alejan-
itro quiso llegar hasta el Ganges y
penetrar en la ciudad de Palibothra
(Patoa), capital del poderoso imperio
délos pratti, situada en la confluen-
'^^ 4" '^^^^^ / ^1 Djumnah; pero
ia ^éicito le obligó á detenerse sobre
INDI
las márgenes del H^phase. Después
de su muerte, un indio escure, á quien
los griegos llaman Sandrocottus (el
Tckandraarupía de los historiadores),
sublevó el país, sometido á los mace-
donios, se nizo el libertador de su pa-
tria ^ arrojó del trono á la raza de los
prani, ocupando su lugar. Las expe-
diciones de Alejandro y de Seleuco;
las narraciones de Aristóbulo, de One-
slcrites, de Nearco y de Megástenes,
embajador del rej de Siria, habían
dado £ conocer los paíaes del Indo y
los, del Ganges, y revelado á los grie-
gos la forma triaitgular de la India y
la existencia de la isla Taprobana
(Ceilán). La fundación de los puertos
de Berenice y de Myos-Hormos sobre
el mar Rojo, así como el descubri-
miento, hecho por Hippalo, de los mon-
zones ó brisas del mar de las Indias,
establecieron un comercio regular en-
tre la India j el Egipto; los ^riee-os
conocieron entonces las especias, los
vinos de arroz y de palma, el azúcar
de caña, las telas de seda, U goma
laca, el aceite de rosa y de otras esen-
cias, y, finalmente, los animales de la
India y las plantas de los trópicos.
Estas relaciones continuaron cuando
la dominación romana hubo reempla-
zado i la de los macedonios: dos reyes
indios enviaron sus comisiones i Au-
fusto; Claudio recibió una embajada
el radjah de Ceilán. PlÍnÍo menciona
una multitud de pueblos de la India,
entre los cuales, los prasii aparecen
aún como los más poderosos; pero se
detiene poco más allá de la emboca-
dura del Ganges. En Ptolomeo, los
conocimientos de los antiguos se re-
montan más hacia el Oriente; la India
está dividida en India de allende el
Ganges, é India de aquende el Ganges,
comprendiendo los pai$e$ del oro y de
la plata y la península de oro (impe-
rio birmano). En la península cisgan-
gética, el imperio de los ^(mü se pre-
senta limitado en tiempos de Ptolo-
y parece haber cedido la prima-
cía al ae los caspireai (Cachemira),
que se extiende en el valle del ludo
hasta Gagasmira (Adjemir). La obra
de Ptolomeo es la última que da noti-
cias ciertas de la India antigua, cuya
hittoria aparece de nuevo envuelta en
la oscuridad más absoluta, basta la
invasión musulmana, época en que
puede decirse que empieza á ser real-
mente conocida. Por los años 707 de
la era cristiana, Kotaibah, lugar-
teniente del califa Abdul-Melek, se
hizo dueño de las orillas del Indo; y
en los comienzos del siglo xi, Mah-
mud, sultán de Ghiznee, en Affgha-
nistán, atravesó este río, diezmó la
población india y destruvó los Ídolos.
A fines del siglo xii, lograron los
a^ghans arrojar del territorio á los de
Ghiznee; penetraron en el Indostán, i
bajo las órdenes de Mohamed Guri, y ¡
3uedó el país completamente sometí- ;
o al mahometismo. Muerto Moha-
med, su general Cootub se declaró in-
dependiente, estableciéndose en Del-
hí, en 1193. Desde esta época hasta
1SÜ25, vinieron sucediéndose hasta 26
INDI
63
príncipes tjfgkemt en el reino fundada
por Cootub. Hacia 1450, los Lody, go-
Dernadores de Labore, se habían apo-
derado de Delbi y de otras varias pru-
«incias; pero en 1518, Baber, biznie-
to de Tamerlán, invadió la India, al
frente de los tártaros mongoles, arro-
jó del trono al último soberano de la
raza de Cootub, y formó un poderosí-
simo imperio, el cual aloantó el más
alto grado de esplendor bajo el reina-
do de Aurengzevb, cuyos dominios
llegaron & extenderse por casi to^a la
península. Desda la muerta de .esta
monarca, acaecida en 1707, su dilata-
do imperio va deoayendo sensiblemen-
te por la debilidad de sus príncipes y
desmembrándose rápidamente con las
conquistas de Nadir-Schah, en 1739,
y las intrigas de los ingleses, hasta
quedar el país dividido en numerosos
Estados independientes, regidos por
los nab&h$ y tubait mongoles, i cuyo
frente se hallaban los seikAs y los
mahrattes. Los portugueses y holande-
ses explotaron en los siglos xti y zvii
las costas de la Indu, cuyo camino
3uedó abierto a los europeos con el
escubrimiento del cabo de Buena
Esperanza. Has adelante, los £rance-
sea y los ingleses, mezclándose en los
asuntos de los indígenas y aprove-
chándose de sus discordias, nieron en-
Erandeciendo sus respectivos Estados,
as guerras entre Francia é Inglate-
rra, en el aiglo xviii, se extendieron
hasta la India, en cuya época, lord
Clive, general inglés, emprendió se-
riamente su conquista: empezó apode-
rándose de Bengala, enl7o9; sometió
é hizo tributarios de la Gran Bretaña
á los jefes de las tribus de Uda y de
los ciscara del Norte, de cu^o modo
fué engrandeciéndose poco a pooo la
colonia y tomando, el imperio iodo-
británico las colosales proporciones
que actualmente tiene. Tipoo--Saib
tuiso oponerse enérgicamente á la
ominación de los ingleses, y murió
en 1799, con las armas en la mano.
Las últimas conquistas de Inglaterra
fueron las del reino de Lahoie y
del Syndhy, en 184<), y la de Uda.
en 1856, que provocó al año siguiente
la formidable insurrección de la In-
dia. La anexión violenta del último
de estos Estados, cuyo soberano había
sido injustamente depuesto por el go*
bernador general, lord Dalhousie, eu
1856, colmó la irritación de los indí-
genas, entre quienes circulaba una
tradición, igualmente popular entre
los musulmanes y los indios, la cual
fijaba para el centesimo afio la ruina
de la dominación inglesa, que databa
de 1757. Desde fines de 1856 co-
mienzos del siguiente, una vastísima
conspiración militar, que ocultaba un
pensamiento de independencia nacio-
nal, fué fraguándose entre los cipayvs
ó tropas indígenas del ejército de Ben-
gala, por medio de símbolos misterio-
sos que pasaban de mano en mano en
toda la Presidencia. Una preocupa-
ción religiosa hizo estallar la revolu-
ción: el tercer regimiento de caba-
Ueria, que se haluba acantonado en
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64 INDI
Meerut. m rtsistíó tenazmente i reci-
bir unos oartuchos qne, según de pú-
blico se decía, habínn sido confeecio-
nados «on manteca da puerco, subs-
tancia impura á los ojos de los indios
j cu^o solo contacto "les hacía perder
su casta: se reunió un consejo de
fl*uerra en 9 de iáiyo de 1857, j como
fueran sentenciados á diez años de
prisión 85 de sus individuos, se su-
blsTd al siguiente día todo el regi-
miento, puso en libertad á los prisio-
aeros, arruteó á la infiinteria indíge-
na en sa rebelión j asesinó á cuantos
ofieialea y ñincíonaríos europeos ca-
jeron en su poder. Bl día 12, entra-
ron los reroltosos en Dethi, y secun-
dados por la guarnición indiana,
que se oabía adherido al movimiento,
se apoderaron de los establecimientos
ingleses, de la caja militar, del ar-
senal j da las f6ru6caciones; conti-
nuaron los asesinatos de europeos;
sacaron del palacio, en donde le tenía
preso la Compañía, al descendiente
de los mogoles y le proclamaron rej
de la India, con el objeto de unir al
inoTimíento ta población musulmana.
SI general Roed, ¿ la sabeza de algu-
nas tropas europeas, que había logra-
do reunir, se dirigió apresuradamen-
te contra Üelhi; pero llegó casi sin
artillería^ tuvo que ocupar solamente
las alturas que dominan la ciudad, en
donde qa6d!o muT luego sitiado por
los insurrectos. Al recibir la noticia
de lo ocurrido en Meerut j Delhi, le-
vantáronse los ciperos en todas las
provincias del Noroeste. El ejército
acampado delante de Delhi, que en
dos meses había librado 23 combates
á los insurgentes, se reanimó con la
llegada de algunos refuerzos. £1 go-
bernador de Pendjab, sir John La wren-
ce, había conseguido mantener á su
provincia en la obediencia, desarman-
do á las tropas indígenas sospechosas
j aprovechándose Imbilmente del odio
que 4 los aeikhs del Pendjab, celosos
musulmanes, animaba contra los in-
dios, j envió al general Nicholson
contra Delhi al frente de 14.000 hom-
bres, con cuyo auxilio pudo aquel
ejército salir de la defensiva. El sitio
empezó el 19 de Agosto, y la ciudad
azyó, al fin, en poder de los ingleses,
después de seis días de repetidos y
terribles asaltos. Preso el rey, fué
condenado á prisión perpetua, y sus
hiji>s, degollados en la plaza pública.
La toma de esta y otras dos ciudades
importantes, que se hallaban en po-
der de los revoltosos, hirió de muer-
te á aquella insnrreeción formidable,
que no contaba ja con otro centro de
resistencia, y eujos mantenedores
eran derrotados en todas partes por
los generales Grant, Leaton, Outram,
Inglis, Whitlock y Rose, que los per-
seguían sin descanso, auxiliados do
Juiih-Bahadur, monarca de Nepal.
Desde Octubre á Diciembre de 18jS,
hubo necesidad de sostener una se-
f funda campaña en el Uda, en donde .
a Beg%m, esposa del último soberano, |
y tres jefes indígenas, Nana-Safaib, |
Beni-Madho y Tantia-Topia, habían i
INDI
intentado una nueva guerra. Una pro-
clama solemne de la reina Victoria,
publicada en 1." de Octubre, anun-
ciando que el gobierno de la India
pasaba a la Corona, y prometiendo,
con lina amplia amnistía para los que
se sometieran antes del 1." de Enero,
el respeto de las propiedades particu-
lares jr de la religión, fué mu; bien
recibida y arudó eñcazmente las ope-
raciones militares. Se recogieron más
de 1.420.000 armas de todas clases;
S6 tomaron 1.569 fuertes ó cindadelas,
de las cnales se destruyeron 1.525,
quedando las 44 restantes para el ser-
vicio del Grobiemo, y la autoridad
británica quedó, por último, comple-
tamente restablecida en el Uda, en el
mes de Enero de 1859. Tantia-Topia
fué preso T ahorcado en 7 de Abril;
Beni-Madho, muerto poco después, y
Nana Sahib desapareció. La insurrec-
ción de los cipayos, que estuvo á pun-
to de acabar con la dominación ingle-
sa, duró dos años; aumentó la deuda
de la India en más de mil millones;
Suso fin á la existencia de la famosa
ompañía, la cual, según ya hemos in-
dicado, filé abolida, como poder polí-
tico, por una acta del Parlamento, pa-
sando directamente á la Corona el go>
bierno de la India; el Gabinete de
I«ondres creó, en 2 de Septiembre de
1858, un ministerio especial páralas
Indias, en tanto que, en la península,
se reorganizaba el ejército bajo una
proporción mucho más considerable
de tropas europeas, y el territorio
quedó mejor repartido entre siete go-
biernos, con la creación del de Pend-
jab, el de las provincias del Noroeste,
el de las provincias centrales y el de
la Birmania británica para los terri-
torios de la Indo-China. Después de
esta época, todavía fueron segregados
de la Presidencia de Calcuta los go-
biernos del Uda y de Assam, admi-
nistrados cada uno por un comisario
en jefe. En 1871-73, se hizo un empa-
dronamiento general de la India, de
numerosos documentos estadísticos
publicados; y en la actualidad, las di-
visiones políticas y administrativas
de aquellas posesiones inglesas, bas-
tante distintas de las divisiones his-
tóricas y geográficas antes citadas,
son las siguientes:
La Prbsidbncia db Bbnoala, la más
extensa é importante de las tres en
3ue se halla repartido el territorio in-
o-bñtánico, está bajo la dirección su-
prema del gobernador ^neral, y se
divide en 10 gobiernos inmediatos y
2 regiones tributarias: 1.** Las Proñn-
ciat Bajas 6 Bengala inferior, regida
por un gobernador, comprende 10 di-
visiones (Bhagalpur, Burdván, Chit-
tagong, Chota-^agj)ur, Daka, Ench-
Benar, Orissa, Presidencia ó Calcuta,
Patna y Rajshabi), administradascada
una por un subdelegado ó comisario
y subdivididas en 48 distritos. 2." Las
provinciat del Noroeste, bajo el man-
1 do de un subgobernador, abrazan 7 di-
I visiones (Agrá, Altahabad, Buiiares,
I Ihansi, Kemaon, Moernt y líoiiil-
ikund), y éstas, 34 distritos. 3." La
INDI
provincia de Uda, gobernada por on
comisario en jefe, consta de4dÍTÍsio-
nes (Feyzabad, Lucknow, Barcilly y
SitapurJ, y éstas de doce distritos.
4. " , provincia de Pendjab, mandada por
un subgobernador, cuenta 10 divisio-
nes (Ambala, Amretsir, Delhi, Dera-
jah, Hissar, Djallandar, Labora, Mul-
tan, Peschawer y Rawalpindi), gub-
divididas en 30 distritos. Este gobier>
no está encargado de la vigilancia po-
lítica de un numero bastante conside-
rable de principados indígenas, repa>
tidos en tres grupos: principados de
allende el SulUdie, de los cuales, el
principal es Cachemira; ^riflctj^tuTof de
aquende el Sulledje y llanura del Sir~
ktnd, á cuya cabeza está Bhawalpur.
5. * Las provinciat centrales, goberna-
das por un comisario en jefe, com-
prenden 4 divisiones (Chattisgarh ,
Djubbulnur, Nagpur y Nerbuddah),
con 18 distritos, y el particular del
Godavery superior, administrado por
un diputado comisario: de este gobier^
no dependen igualmente algunos prin-
cipados indígenas, entre ellos, el de
Bastar. 6.*, Auam, bajo la inspec-
ción de un comisario en jefe, fue es-
tablecido aisladamente en 1873, y
repartido en distritos y principados
tributarios. 7.* Birmania briídniea,
gobernada por un comisario en iefe;
se compone de 3 dirisiones (Arakan,
Pegú y Teuasserín), subdivididas en
15 distritos. 8.' El Radjepatmah,
comprendiendo el distrito inmediato
de Adiemir y Maiwara, está admi-
nistrado por un comisario en jefe
(1871) y siete agencias, que vigilan á
los príncipes indígenas de Meíwar ú
Odypur, de Djeypur, de Marwar, de
Harasti, de los Estados orientales, de
Alwar y de Sirohi. 9.* El Sérar, en
el centro de la India, está dividido en
Bérar oriental y Bérar occidental,
con 3 distritos cada uno, y gobernado
por un comisario en jefe, ^ue es al
mismo tiempo enviado político cerca
del Estado ae Nizam ó de Haydera-
bad. 10. Bl Curqt distrito inmediato
de la costa del Imilabar, se halla tam-
bién bajo el gobierno de un comisario
en jefe, con el carácter de enviada po-
lítico cerca del soberano de Mysora.
Las otras dos regiones, en las cuales
el gobierno general de la India con-
serva agentes políticos, sin el carác-
ter de administradores de distritos
territoriales, son: 1.*, la India central,
dividida en nueve agencias (Indora,
Gualior, Bhapal, Bundelkund, Bha-
galkun, Malwa occidental, Bhopa-
wur, Maunpur y Guna); y 2.*, el
Hanipur, situado en las fronteras de
Assam.
La Presidencia de Boubat, la mis
oiícidental y menos extensa del Indos-
tán, está rt gida por un gobernador j
comprende 3 di visiones administradas
cada una por un comisario: 1.*, la di-
cisión del Norte (de Bombay), subdivi-
dida en 10 recaudaciones; 2.', la di-
visión del Mediodía, en 9; 3.*, la rftü¿-
ü ¡n del Sind, en 5. De este gobierno
dependen 19 agencias, contándose,
como principales, las de Kuth, Katti-
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INDI
INDI
INDI 65
m, Baroda, Kolapur, SattaraK j
Khairpur, bd el Suid.
La Prbíiubncia ub Madhás, que es-
tá aseatada ea la parte meridional de
is península iudostánica, se encuentra
ssitaismo bajo el mando de un gober-
aador; abraza 20 distritos, do repar-
tidos en divisiones, y tiene á su car-
?o la vigilancia de ti principados íq-
úig-enas; entre ellos, Ijs de Cochín y
Travanora.
Lai capitales respectivas de estas
tres presidencias son: Culcuía, que lo
es también de toda la I.n'dia inglesa,
situada sobre la orilla izquierda del
Hooghljr, uno de los brazos del Gan-
ges, ciudad magnífica, resideucia de
ta autoridad superior, con buena cin-
dadela, sob.rbius edificios, mucho co-
mercio, establecimientos científicos,
gran movimiento literario y puerto
de los más concurridos del mundo. —
Bomhaif, en la extremidad de la pe-
r^ueña isla de su nombre, cerca de la
costa de Cuniiaaa, ciudad grande,
ceairo principal del comercio inghís,
puerto franco y escala además de los
vapores que van á Suez, por Koratchi
y Aden, y poner» la India en comuni-
cnción con Londres, por el Cairo, Ale-
jandría y el Mediterráneo. — Madras,
pjblacijQ hermosa, «sentada en la
casta de Coromandel, en el golfo de
Bengala, con excelentes estableci-
mieutos científicos y literarios, puerto
de muchísimo tráfico, manufacturas
de tejidos y una de las mejores forta-
lezas de la India. — Si á los gobiernos
que dejamos ligeramente descritos, se
añaden ahora el de la ísIa de Ceilán,
una de las más grandes é importantes
del Asia, así por su situación como
fi3r los productos de su suelo, el de
os establecimientos del Elstrecho (Sin-
gapjore, Malaka y Pulo-Pinang) y la
comisaría, subdelegación ó consulado
de las islas Andamán y Xicobar, for-
mado en 1872; gobiernos c^ue, aunque
no dependen de la administración de
La India, completau este país al Orien-
te y al Occidente, teadra el lector á la
visu el enorme conjunto de las pose-
siones inglesas en las Indias oriénta-
los.
28. Btno^raJUt, — Bajo el nombre
general de tndiot se comprende á todos
los pueblos que habitan la península
iudustánica, excepción hecha de los
colonos europeos, asiáticos, america-
nos y maUjos, que se hallan estable-
cidos en el país. En la actualidad se
conocen sobre 25 dialectos ó lenguas
distintas, que indican otras tantas na-
ciones diferentes, pudiendo elevarse
basta 5u, si se incluven las tribus sal-
vajes y bárbaras de las montañas,
i^ntre los pueblos, pueden citarse,
como principales, los bdugalios o ben-
galestfs, los origas, los maratas, los
gudj-ífatanos, los telingas, los carna-
•esjr lus indios, pr 'piameute dichos;
eutre las tribus bárbaras, los gondos,
i.iscatías, los nepaltnos y otros.— El
i^dio es alto j bien formado: tiene la
ciira oval, los labios gruesos, la mira-
•ia triste v lánguida, las cejas arquea-
das, loa cabellos finos y negeos, las
manos y los pies psqueños, pero las
rodillas disformes y las piernas delga-
das; el color, negro en la parte meri-
dional jr amarillento en la septentrio-
nal. Las mujeres son delicadas y de
buenas formas; las de las clases infe-
riores, tienen el cutis de un moreno
muj oscuro; las de las clase; eleva-
das, casi tan terso y transparente
como el de los europeos. El indio es
sobrio, paciiinte, cortés, de costumbres
sencillas, de genio vivo, industrioso
y mwy hospitalario; pero afeminado,
sensual, perezoso, apático; y como
cree en la predestinacidn, se somete á
todo con bajeza. Se alimenta esp-acial-
mente de legumbres, se abstiene de la
carne de animales y pasa el día fu-
mando tabaco y mascando betel. Las
familias distinguidas han adoptado
un traje parecido al de los maho.neta-
tíos; pero el pueblo conserva el vestido
nacional, compuesto de pedazos de
tela con qutí se cubren los ri.iones.
Los ricos llevan zapatos bordados de
oro y plata: los pobres caminan con
los pies desnudos. Los indios habitan
generalmente en chozas, cujos techos
son pendientes; las paredes de lieri'a,
en alg-unas partes, y en otras de peda-
zos de bambú entrelazados, cubiertos
de paja ó de hierba; las habitaciones
de la gente acomodada tienen dos pi-
sos j están construidas de ladrillo, con
techos planos ^ elevados. Lo que ca-
racteriza los pueblos indios y su ci-
vilización, es la diferencia invariable
de castas: cuéntanse cuatro principa-
les, subdivididas en 84 clases. Según
los brahmanes, el sabio legislador
Maná dijo que, para la propagación
de la raza humana, ¿ra^m produjo
de su boca al brahmán, es decir, al sa-
cerdote; de su bra¿o salió el cAaíria ó
el tey; de su muslo nació el vessiak, ó
baniano, esto es, el mercader y el cul-
tivador, casta la más esiimada entre
los indígenas; de su pie, en fin, saeó
al sudra, ó sea al artesano, que es el
servidor, el esclavo de las otras cas-
tas. A los brahmanes se les confió la
enseñanza de los Védas ó Escritura
Sagrada, el cumplimiento de los sa-
críñcíos, la vigilancia de los reyes,
el cultivo de la literatura, de las
ciencias, de las artes, de la instruc-
ción pública, el ejercÍL-io de los car-
gos públicos y la observancia de las
leyes; el ckatria ó radjuk tuvo el deber
lie gobernar según la ley de Dios, con
el apoyo de los sacerdotes, y t'l de pro-
teger al pueblo; el vessiak ó vaysiá
fue obligado á trab ijar la tierra, cui-
dar de los anijnales, tejer his lelas,
fabricar todos los ubj ;t.)s necesarios
para la vid», practicar el ca nbi ), ha-
cer el comercio y pagar el impuesto;
el sudra, creado el ultimo, tuvo que
resignarse á la ob-'dieucia y á la es-
clavitud. A este seguía el paria, con-
siderado como la escoria de la socie-
dad, que no constituía casta, y á quien
una antiquísima preocupuciou recha-
zó del trato civil, comí) sucedió en Eu-
ropa con los gitanos. Todas estas ca-
tegorías no pueJtíu mL'zclarse entre sí,
puesto que los hijos están obligados á
' seguir la profesión de los padres. El
matrimonio se halla autorizado entre
los indios desde la edad de 7 & 9 años,
I para las muchachas, y de 12 á 14 en
los jóvenes. La poligamia está permi-
tida. Los naturales de este país son
supersticiosos y ponen fácilmente tér^
I mino á su existencia para probar la
sinceridad de su fd. Todo el mundo
' sabe que las viudas acostumbran á
quemarse sobre los cuerpos de sus es-
^ posos. Algunos de sus alfaquíes ó
djogis viven hasta 40 años en jaulas
I de hierro; otros, permanecen peudíeof'
tes de los árboles hasta aue sus bra-
I zos se anquilosan y extenoani J otros,
I en fin, conservan cetradu lu manos
I hasta que las uñas» en su ereeimiento
natural, atraviesan la carne de parte
á parte. Los indios tienen una infíni-
¡ dad de lugares sagrados adondt; con-
j curren en peregriuaoijn: en algatius
de sus fiestas religiosas reina el des-
¡ orden más completo, la lÍL'eiicia más
; escandalosa, hasta el punto de que
las mujeres impúdicas se pasean en
triunfo á la vista de la maltitud pros-
ternada. Lavan en el río r en los es-
tanques consagrados üi imágflnei de
la divinidad a quieu celebatit y al
fuego desempeña un papel iatpó^n-
ta en las ceremonias de sua Mcnfidos*
I Las dévedassis ó áa^údent Mtt dertaf
' cantantes y bailannat que, antes da
la edad ndbíl, se destinan al servicio
de los templos y de sus ministros, pa-
'sando luego ai del pábli>-o, al cual
■ venden sus gracias y ravnres en bene-
ficio exclusivo de los brahin uies.
29. Bellas artes. — l.Ar/iii¿eciura. —
I Los monumentos religiosos de la In-
, OIA pueden dividirse en tres clases:
los templos subterráneos, las rocas ta-
lladas y esculpidas y las pag'odiis edi-
ficadas con materiales ordenados. Es-
, tas tres clases representan otro:; tres
' períodos distintos y saeesivos del arte
arquitectónico; pero ainga&a de lu
construcciones actuales pareee remon-
tarse más allá del siglo vm de nues-
tra era. Los templos snbterr&neos se
j manifiestan debajo de las montaflas de
pórfido, en una extensión do algunos
kilómetros: los más célebres, se en-
cuentran en las cerc:inías de Bombaj
y en la isla de CeiMn; los más curio-
sos, en la pequeña villa de KUora ó
Elora, en lus Estados da Nizain. En
la costa de Coromandel, cerca de Ma-
dras; en la antigua ciudad de !Maha-
balipur; en la isla Elefanta; en l;i cié
Salsette ó Salset; en Karli (entre liom-
bay y Puaah), se ve todavía multitud
de grutas ó cavernas consagradas.
Estas cavernas 6 grutes, ordinaria-
mente cuadradas, descansan sobre na-
merosos pilares y se abren en un pe-
ristilo ó galería sostenida por colum-
nas. Bn el fondeé independiontomen-
te, se encuentra el santuario, dispues-
to en una especie de nicho. Los pila-
res son generalmente cu adran «rula res
: y terminan en forma de columnas es-
I triadas, que sirven de aj^iyo á un ca-
pitel, sobre el cual descansa un cima-
cio cúbico con cartL'las. Kl trabajo quf
1 ofrecen los templos tallados en las ro-
TOMOUI
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Goo¿
66
INDI
oftB, no es menos asombroso. Las for- 1
talezas, como en las demás comarcas .
del Asia, encierran el palacio de los
reyes j el templo de loa dioses, j ocu- '
pan un espacio considerable. Él pala- !
cío de Madurah, que no tendrá menos
de ana milla de circunferencia, con-
tiene en su recinto bosques, estan-
ques, jardines, galerías, edificios j
una magníñca pagoda, cu^o basamen-
to es de piedra de talla, 7 la parte su-
perior, de ladrillo barnizado: tiene 37
metros de ancho en su base, j 50 de
altura. La construcción de las pago-
das ó templos, elevados al aire libre,
es puramente caprichosa: terminan en
una cúpula ó media naranja de forma
aplastada; presentan los cielos rasos
abovedados; las fachadas cerradas, ^
dMCaasando sobre las espaldas de gi-
g^ntesoos elefantes. — Los palacios se
compones ordinariamente de peque-
ños patios, cercados At edi6oios; al-
gunas veces, al deeñabierto; pero con
más frecuencia» adornados de árboles;
oada uno de aquéllos, se halla rodeado
deunacoliimniita on forma de claustro.
La constrLicciüQ de Lis ediíipios es só-
lida; los techos, planos con azoteas,
sobre los cuales su pueden levantar
siempre con regularidad algunos pi-
sos: las es -aleras son estrechas y muy
empinadas. Las casas particulares
están edificadas con arreglo á los mis-
mos principios: algunas tienen las
paredes estucadas de blanco; otras,
pintadas de na color rojo oscuro; en el
interior, se Ten cubiertas de pintu-
ras, representando árboles ó asuntos
mitológicos. L« oostumbre de levan-
tar torres en las puertas de lu etuda-
des 6 de los grandes templos, es tan
general en la India como en el anti-
guo Egipto, salvo una pequeña dife-
rencia, j es, que los indios no elevan
más que una sobre la puerta, en tanto
fjue loa egipcios colocan dos, uua en
cada lado. Las obras más grandes de
los indios son quizás sus vastos estan-
ques: partfí de ellos, abiertos en el sue-
lo, cerca de las ciudades, sirven para
los baños j el riego; los otros est in
formados por los valles, cu^as salidas
ciegan diques inmensos. Aparte de
estos grandes dep jsitos de agua, exis-
ten igualiaente una especie de pjzos
redondos ó ooadradoi, da una anchura
j profundidad eontiderableStrodeados
de galenas hasta el nivel del agua, á
los que se desciende por anchas esca-
leras. Entre los monumentos de la ar-
quitectura india se cuentan también
las columnas v arcos de trimifo, de
forma cuadrada, elevados en iionnr de
los héroes victuríosos, y los puentes,
curvos raaelios ó pilares, coinpui'stos
de eiiorm';s pedruscos, están unidos
los unos ;i los otros p3r piedras de
talla de una s jLi pieza. Iin .1 igiiaiiis-
tán se encuentrau monumentos sepul-
crales de una construcción particular,
denominados topes ó slupas; los dugo-
has de la isla de CeiUu afeenin una
forma un tanto diferente: son una espe-
cie de túmulos que terminan en pirá-
mides. Determinar las bases de la nr-
quitoetora ¡adía, sería punto menos
INDI
que imposible, si se atiende á que las
reglas impuestas á los arquitectos por
los pri ncipios religiosos, más bien que
el estilo de escuela, eran las i|ue indi*
caban á aquéllos la disposición é im-
portancia de los edificios. Bn cuanto
a la ornamentación, debía ser exclu-
sivamente jerática (especie de escri-
tura sacerdotal representada por figu-
ras ó signos abreviados) y herir cons-
tantemente la imaginación ardiente
y desordenada de aquellos pueblos,
que habían quedado estacionarios en
su civilizat-i in. Los musulmanes fue-
ron en la Edad media á imponer á
estas naciones su religión, sus cos-
tumbres y su gusto artístico, viéndose
entonces reemplazar las mezquitas y
los minaretes á los templos antiguos
de la India. Los príncipes deldjonki-
des, mogoles y persas, elevaron nu-
merosas mezquitas T palacios de un
esplendor sin igual. Más tarde, los
dominadores cristianos edificaron sus
mezquinos ^ endebles manu.nentos
del gusto clasico, que forman extraño
eoiitraste on las colosales construc-
ciones di! los tiempos anteriores; Ma-
dras, Boinba^, Calcuta j Chanderna-
gor se parecen á otras tantas ciudades
griegas.
II. ¿'icttiíura. — Las reglas de la
arquitectura india se hallaban deter-
minadas en los libros sagrados, 7 los
arquitectos, revestidos de un earácter
semisacerdotal, no podían separarse
de ellas. Los escultores eran dueños
de ejecutar sus obras dentro de una
esfera mucho más lata: su arte tenía
también sus reglas t sus principios,
sus tipos, para las divinidades; pero
g;ozaban de una libertad absoluta para
inspirar respeto y espauto á los pue-
blos, dando á las partes arquitectóni-
cas y ú los ornamentos las formas más
extravagantes y caprichosas. Los in-
dios encontraban en su mitología
asuntos verdaderamente inagotables;
pero el simbolismo arbitrario que re-
presentaba imágenes ó ideas popula-
res, hacía mují difícil la ejecución
artística. El escultor, condenado á
representar las divinidades con tres
cabezas, y con cuatro y hasta con doce
brazos, no podía llegar nunca á pro-
ducir obras ordenadas. Los artistas
indios se han ejercitado también en el
bajo reliare j en la estatuaria; aun-
que algunas de sus figuras no carecen
de ejLpresión, todas, sin embargo, re-
velan una falta absoluta de habilidad
en la ejecución j una ignorancia com-
pleta de la anatomía y de las propor-
ciones. En lo que más se distinguie-
ron, fué en las labores y adornos ara-
bescos.
III. Piniura.~~^\ arte pictórico se
halla todavía en la infancia entre los
iudius. Las paredes de los palacios y
de las casas ofrecen diferentes asuntus
pintados al fresco, y algunas veces al
oleo, los cuales representan escenas
mitológicas, batallas, procesiones, lu-
chas y animales, bajo la forma más
grosera. Las miniaturas de la India,
conservadas en los manuscritos, no
earecea de gracia cuando representan
INDI
escenas de la vida íntima, j, por la
facilidad del dibujo y la expresión,
están consideradas como superiores á
las chinescas. En la biblioteca impe-
rial de París existe ana bellísima co-
lección de obras del siglo xvi, y el
manuscrito de una Historia de lot rad-
\jahs del Indottiin, escrita por el coro-
nel Gentil, en 1772, j adornada de
curiosísimas miniaturas que el autor
encarg.i á un artista indio.
IV. Mísica. — La de los indios cuen-
ta 84 tonos; pero ordinariamente sólo
se emplean 3o. Cada uno de éstos tie-
ne una expresión particular, destina-
da á producir su efecto sobre deter-
minado gusto ó afección. Estos tonos
toman sus nombres de las estaciones
del año, de las horas del día y de la
noche, y debe tener cada uno alguna
cualidad apropiada al tiempo del cual
toma la denominaci jn. Los aires in-
' dios se parecen entre sí y son nota-
blemente dulces y melancólicos: la
ejecución más agradable es la de una
sola voz, acompañada por la vina ó
lira indiana; pero la más frecuente es
la que se efectúa can instrumentos de
cuerda y con tambores, cujro estruen-
do consiguen dominar los cantores
dando gritos dolientes y demasiado
penetrantes para oídos europeos. El
diapasón de los indios procede por oc-
tavas, como el nuestro; pero ellos no
conocen nuestra armonía. Entre los
instrumentos que les son peculiares,
se deben citar: el sovg, bocina en la
que los brahmanes soplan con todas
sus fuerzas para llamar al pueblo; el
ga%tka, pequeña campaua de bronce,
adornada de una cabeza ; dos alas,
3ue aquéllos tooin en los vestíbulos
e los templos antes de empezar los
sacrificios; el eapii» ó bin, compuesto
de dos calabazas de desigual tamaño,
unidas por un largo tubo de madera,
sobre el cual se extienden dos cuerdas
de acero y varias de algodón engoma-
do; el íambura, cayo cuerpo esta for-
mado de una especie de calabacín con
un largo mango, montado por tres
cuerdas que se hieren con un plectro;
el taranguit instrumento parecido al
' violoncello, aunque más pequeño, y
montado por majror número de cuer-
! das; el sarnida, violón grosero, con
cuerdas de algodón; el omerti^ especie
¡ de timbal, formado de una nuez do
coco, cubierta de una piel finísima,
; sobre la que se extienden algunas
cuerdas; el urni, instrumento del mis-
mo género, pero de una soia cuerda:
el hauk, tambor enorme, adornado do
' plumas V de crin, del cual solo se hace
uso en determinadas festividades, pre-
vio permiso de la autoridad y median-
I te el pago de cierta suma; el huia,
tambor más pequeño, el cual se toca
con la mano; el mirdeng ó kloie, tam-
bor de barro cocido; el domjt, grau
tambor de figura octógona; el thobta.
compuesto de dos tambores; uno, de
barro cocido; y otro, de madera; el
íiÁora, formado tambi n de dos tam-
bores; pero de tamaño desigual; el
d^ugo ó djumpa, cilindro de barro co-
cido, sobre el que se extiende una piel ,
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U caal pndacB, eon el firoteminfo <te
an «rao, un» especie de tumbido ó su-
sarro socdo y cootínaado; el tnram^
«isi, eonstrutdo de largos trozos da
bambú, aoidos por pequeflai cnerdas
qne los atraTÍesaa; el ramtif^a, g^ran
trompeta, formada de cuatro tubos de
metal maj delgados, que entran los
unoB en los otros; el bawnk, que puede
compararse i nuestra trompeta por la
forma t por el sonido; el snnctre, es-
pecie de clarinete; el Uhrit muj pare-
cido ¿ la zampoúa 6 gaita; el Miuy,
flauta de figura de pico; j el erúAma,
especie de flautín que se sopla con la
nariz.
30. LengMoi. — La lengua que se ds-
sigoa con el nombre de ttntcrtto, j
que los brahmanes importaron en la
India en una época no aTerigoada,
fué la dominante en esta región, du-
rante algunos siglos, como lo prueban
ias huellas que ha dejado «n casi todos
los dialectos posteriores. Algunos sa-
bios han pretendido que ú san$eriío
no llegó jamás á hablarse; qne era una
lengua punmeute artificial, creada
por ios ministros de la religión para
su oso parlioular; pero autores distiu-
guidísimos se resisten á admitir el
aosurdo de que un idioma del cual se
encuentran señales en todas las len-
guas conocidas con las denominacio-
nes de añamu ó indoeuropeas, hajra
podido ser una creación arbitraria t
caprichosa de algunos sabios. Éd
sMuerito ha sido hablado en tiempos
maj remotos, en las orillea del Gan-
ges, por los adoradores de Brahma.
B«to no quiere decir que ha^a tenido
allí su origen; pero lué introducido
por aquella raza poderosa aue habita-
ba la antigua As», sobre las riberas
de Üindon-Kho, y que tantos testimo-
nios irrecusables ha dejado de sns le*
janes emigraciones en una infinidad
de idiomas. Bsta lengua, importada
por hombres más civilizados que los
prímiciros habitantes de la India, rei-
nó allí del mismo modo que imperó
más tarde el latín en los países donde
lo impuso la conquista romana. En
cuantu á la época eu que dejó de em-
plearse, como lengua vulgar, no ha
uodido precisarse aún; pero se sabe
i(U4, reejiplazada por los idiomas que
uacierun de ella, quedó reducida &
lengua de la religión, de las leyes j
de la buena litemcura. — El tanscrito
estH considerado como U lengua más
perfecta y acabada que se conoce, la
que mujor satisface laa exigencias del
lenguaje y la que más reoursns ofrece
para la emisiiín de los sonidos v la ex-
presiún del pensamiento. Su gramáti-
ca, oomphja al parecer, es realmente
je una sencillez admirable, que deja
mtxy atrás la del latíu, Ja del griego
y la del germánico. Sintético por en-
jeleacia, el santcrito expresa con una
í'acilidad v claridad perfectas las ideas
más :ibstractas j los argumentos más
«Utiles: es la verdadera leng-ua filosó-
ñca de los hombres y una de las más
;> Míticas por su flexibilidad en la com-
posición de las palabras j lo pinto-
reseo df sos eipresíones. Al genio
líÍDI
'eminentemente sintético de la raza
ariana se atríbujen, eon fundamento
[ sobrado, no tan sólo la facilidad que
ha comunicado á su lengua de signi-
ficar en una misnu frase ▼ por simples
cambios en la terminación ó prin-
cipio de las palabras, un considera-
ble número de ideas con sus relacio-
nes; sino también el poderoso talento
' que revelan sus grandiosas epopeyas;
tan admirables por el conjunto y uni-
dad de acción, como por la variedad
j riqueza de los episodios. A este
I mismo genio sintético de los arianos
. de la India debe igualmente atribuir-
I se, con el carácter altamente filos 3ñeo
de su lengua, la grandeza de compo-
8Í''Íón que resalta en suscooeepcioaes
' religiosas y filosóficas. Y es de notar
I que los arianos no han tomado nada
I de nadi%, y que, separados, desde su
origen, del tronco común, hallaron el
' arte de dar a su lengua j á sus con-
{ cepciones toda la perfección que en
ellas admiramos. — ^Las raíces del wm-
criío son m mosílábicas. Gl número de
las radicales se eleva á 1.700; pero de
las voces simples pu>de formarse otro
I número iudefínido de palabras com-
puestas. La analogía de esta lengua
con las indo-europeas no consiste sólo
en la identidad de las radicales, sino
en la semejanza que existe en la estruc-
tura gramatical. Por ejemplo; el tant-
critó presenta laa privatíva.losaumen-
tos y duplicaciones del griego, los in-
crementos del latín; tiene, como estos
idiomas, tres géneros gramaticales,
j trds números, como el griego. Su
declinación ofrece ocho casos (dos más
que el latín, ei local y el instrumen-
tal); sin embargo, eu número dual,
los casos se reducen i tres. Los adje-
tÍTos tienen, eomo loa sustantivos,
inflexiones de casos. Como en el latín
y el griego, la terminación del nomi-
nativo singular es ordinariamente la
vocal a, para el femenino, j una na-
sal, para el neutro; la $ es, por lo co-
mún, la final del genitivo. La conju-
gación del sánscrito cuenta seis tiem-
pos, seis modos y tres voces: el indi-
cativo,tres presentes/ dos futuros; los
modos subjuntivo ú optativo, impera-
tivo, precativo, condicional é iafini-
tivo. un solo tiempo, que es el presen-
te. En el activo, los verbos regulares
presentan, según diferentes gramáti-
cos, de siete á catorce conjugaciones.
SI pasivo aUo tiene una forma: pero
hay que añadir los verbos causitivoa,
desídeiativos y frecuentativos, que de
él se derivan. La conjugación no ad-
mite, sino exeepcionalmente, el em-
Ipleo de un auxiliar, que es el verbo
I sustantivo contraído. El satuerito es
muj libre en la construcci .3u grama-
tical; su prosa ofrece una extraordi-
naria variedad de giros, y su poesía,
una gran ri-iueza de metros. Se escri-
be con un alfabeto que le es propio, j
cuva forma actual no es muv anti-
gua; el (¿íranayár/ (escritura de losdio-
863) comprende catorce vocales j dip-
tongos, dos caracteres que expresan
la nasalidad y la aspiración finales, y
treinta y cinco consonantes: no hajr
ni puntuación en las frases, ni separa-
ción entre las palabras; sólo el cono-
cimiento de la lengua permite distin-
guir donde empieza y termina cada
vocablo. La ortografía está siempre en
Earfecto acuerdo con la pronunciación,
os lingüistas reconocen en el «afueri-
na dos estados diferentes, que corres-
ponden á los dos periodos principales
de su historia. Los Védat, monumen-
to ei más antiguo de la literatura
india, se hallan mu; distantes de las
obras posteriores, que se atribujen á
la edad clásica de esta literatura. Su
estilo es irregular, casi informe; las
palabras carecen frecuentemente de
desinencia gramatical; las frases S'm
cortas; la construcción, sencillísima:
no se encuentra ese esmero en la eufo-
nía, ni esa precisión de formas, que
distinguen el taiaerito literario; ciertas
voces en los Véda$ no tienen el mismo
sentido que en 1» lengua clásica, y las
partículas separables son menos fre-
cuentes. Hacia el siglo m antes de la
ara cristiana, el sánscrito (de una pa-
labra compuesta que significa acabado,
perfecto) tuvo que ceder su puesto,
como lengua vulgar, al prakrtlo {voz
india que quiere decir derivado, infe-
rior, imperfecto). Algunos críticos han
pensado que era esta lengua un resto
de los idiomas que se hablaron en la
península antes de la llegada de los
brahmanes; pero la opinión general la
considera como un santcrito alterado y
corrompido en la boca de las castas in-
feríoree. En los dramas indios, los per-
sonajes distinguidos, príncipes y brah-
manes, hablabanel5awcrtí0; el pueblo
y las mujeres, ei prakrito* Bsteha deja-
do & su res de ser vulMr; pero ha que-
dado como lengua ruigiosa entre los
t^'sdMf, dando origenávarios dialectos
modernos, como el ^ai^acki, el maghor
dit el makratte, el stantés y otros. Oiei^
tas composiciones literarias déla India
aparecen escritas en diferentes idio-
mas: los dioses hablan el sánscrito; los
genios benéficos, el prakriío; los de-
monios, el patcachi; los genios más
inferiores, el maghadi. Esto no obstan-
te, existen también algunos poemas
compuestos únicamente en prakrito,
como el Seta Bandka, La medida de
los versos y de las estancias es en és-
tos más variada que eu la poesía sáns-
crita. De un dialecto prakrito nació,
hacia el siglo vi de nuestra era, el
pali ó ¿a¿(, que los budhistas emplea-
ron para la redacción de sus \\htoB
sagrados. &te antiguo idioma de la
India pasó al estado de lengua muer-
ta; pero subsiste en Ceilán y la Indo-
china, como lengua de la religión y
de la ciencia, sirviendo de vínculo
entre los pueblos budhistas, cuyos
idiomas vulgares son con frecui-ncia
muy distintos lus unos de los otros.
Burnouf y Lassen creen que el pali
nació en el Indostán, de donde salió
con las doctrinas de Budha, de las
cuales era interprete; que, como deri-
vado del sánscrito, ofrece el grado de
deformación que esta lengua sufrió en
el siglo V de nuestra era; que sus alte-
raciones mismas dieron origen al/ra*
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r.
Arito, j que las modificaciones sucesi-
Tas del sansvrito antij^uo haa sido el
resultado de un trabajo interior, no de
la íntlueEicia de niugán idioma ex-
tranjero, i^l pali abrevia las vocales
larcas del sunscrito,j iinadt, por una
especie de compensación, á duplicar
las consonantes. Opera también fre-
cuentes contracciones; conserva los ca-
sos del sánscrito y no altera las termi-
naciones de la declinación j de la con-
iug;acióu, sino cuando ofrecen reunio-
nes de letras que ana pronunciación
debilitada no puede /a articular. Ha
desechado el número dual j eonterva-
do los tres géneros, así como el sistema
casi completode los pronombres, filem-
leo de la voz pasiva se ha hecho raro;
a Toz media ha desaparecido; oomo
igualmente loa modos precativo j con-
dicional. Para escribir el pali, existen
varios alfabetos: losbirmanos sesirven !
de una forma cuadrada; los siameses :
tienen el aicictei khoAmen, compuesto j
de pequeñas líneas, dispuestas angu- ;
larmente entre sí, y otro alfabeto más I
cursivo. Estas diversas escrituras pare- 1
c?n derivarsedeunantiguo alfabeto de
los budhistas, formado por el modelo |
del devaníigart brahmántco, del cual
aan desaparecido algunos elementos, '
mientras que otras letras han sido '
cargadas de acentos para representar!
las gradaciones de la pronunciación '
empleada en la Indo-Cliiaa. Ex.isten '
vanos libros escritos en este idioma; !
ns europeos han leído y explicado, de
ana manera más 6 menos completa, !
d versos poemas designados bajo el
nombre de tcheriias; el Rasamhini, ,
colección de levendas; una crónica in- ^
titulada .l/ah t cansa; el Boromal, trata-
do de teología y de filosofía; el Diva-
pama y el Dhaía Jhaíuvansa, obras his-
tóricas en Terso; el Xammum, código
de las ceremonias que hay que obser-
var para elevar á un sacerdote de Bu-
dba á las ordenes superiores; el£aflt-
mamak^üt ritual del culto de los bu-
dhistas, j el Pkaíimokkha, cuerpo de
las reglas que se deben seguir para
conservarla salud. — Anteriormente al
siglo X, otra lengua, la hinduia, deri-
vada del sanscriíí/ y escrita como éste
cm el alfabeto devanúgart, se exten-
dió en todo el Norte de la Indu, y
aun hoy se la encuentra bajo el nom-
bra de brajbhakha, en el país de Braj i
(Bundnlkundj. Kl hinduía, aunque al-
terado por los mismos indios, conser-
va, por lo regular, todos los elemen-
tjs del detanágart, y se conoce actual-
mente con el nombre de hindi^ el cual
obtiene la preferencia respecto de la
lengua literaria de los pueblos no mu-
sulmanes de la Imdia. Este es el idio-
ma que, en el paísd'^ Agrá j de Delhi,
se llama kk lfi boli (lengua pura). Pos-
teriormente al siglo xii, los indios
musulmanes empleaban tlkindmtani,
ijuo es una mezcla de voces ánbes y
persas, y en el cual se distinguen dos
dialectos principales: el wrd% (lengua
de los campos), que se usa en el Nor-
t y el dakhni, que se habla en el Me-
diodía. El Aindiutaai, adoptado en la
corte de los grandes mogoles j en casi
ÍMÜÍ
todas las ciudades importantes, ha
permanecido, bajo la dominación in-
glesa, como lengua de la diplomacia,
de la administración y del comercio.
La gramática del kinduitam es mucho
más sencilla <^aa la del sameriio: sólo
cuenta dos géneros, dos números y
seis casos para los nombres, los adje-
tivos y ios pronombres. Bn algunos
de los tiempos de U conjugación, se
haca uso de dos auxiliares, de los
cuales, el uno, que se emplea con la
voi neutra j la voz activa, significa
ter 6 llegar á $er; y el otro, que acom-
paña la voz pasiva, significa *>. Cada
voz se conjuga con un solo paradig-
ma; pero los verbos compuestos pue-
den, según la forma particular que Ies
den ciertas modificaciones traídas al
sentido primitivo, dividirse en diez
clases: nominales ó adverbiales, in-
tensivos,potenciales, completivos, in-
coativos, permisivos, adquisitivos, de-
siderativos, frecuentativos y continua-
tivos. Los viajeros dan el nombre de
moors á una forma corrompida del AtV
dusíini, patués plagado de términos
t )mado8 de todas las naciones coa las
cuales la población de las costas se
co:nunica; principal méate, de los por-
tugueses.— En la Indu, existen ade-
más, entre otros menos importantes,
los siguientes dialectos provinciales,
derivados del sánscrito: el bengali, len-
gua que se habla en Bengala, deno-
minada también yaNf, del nombre de
la antigua capital de las comarcas en
donde aquJUa está en uso. Es la len-
gua de la euseaanza y de la polémica
literaria; de la conversación, de la
correspondencia y de los negocios; y
el Gobierno inglés está obligado á em-
plearla en sus relaciones con los in-
dios. Aparte de algunos términos de
origen desconocido, el bengali se com-
pone, en más de la mitad, de palabras
procedentes del sánscrito sin altera-
ción; y el resto, de las tomadas al
persa y al árabe, con algunas voces
malacas, portuguesas é inglesas, que
han ido introduciéndose con el fn-
cui'ute trato comercial. La gramática
del bengali, en lo que se refiere á las co-
sas ordinarias de la vida, es sencillísi-
ma: las construcciones se hacen con
una regularidad y claridad notables;
pero al pasar á otro orden de ideas más
elevado, t )ma sus eipresiones j sus
giros d.d sanscril-), participando, por
consiguiente, del sabio artificio de esta
lengua sagrada. Los sustantivos pi*e-
seittan los tres géneros: el masculino
y el femenino tienen, para los dos
números, terminaciones especiales;
pero el neutro carece de forma parti-
cular en plural. Cuenta siete casos de
di'ciinación, ordenados de este modo:
no:ninativo, acusativo, instrumental,
dativo, ablativo, genitivo y locativo.
Los adjetivos se hallandesprovistosde
números y casos; sólo tienen una ter-
minación especial para componer el
femenino. Los grados de comparación
se forman, bien con afijos, como en el
santcriio, bien con partículas, como en
nuestras lenguas modernas. Los pro-
nombres no tienen géneros. En el ver-
rm.
bo, la raíz constituve el imperatívpí
los modos son el indicativo, el optati-
vo ó subjuntivo, el inceptivo y el fre-
cuentativo. Todos los tiempos del in-
dicativo, á excepción de un presente,
de un pretérito y de un futuro, se for-
man del participio presente combina-
do con el verbo ser ó estar. Uno de los
medios de componer la voz pasiva,
consiste en poner el nombre del agen-
te en caso instrumental, dejando el
verbo en la forma activa. Haj tres
verbos irregulares, que correspondou
á nuestros verbos ir, venir y dar. El
participio es susceptible de tres tiem*
pos: el gerundio tiene una declinación
completa. En la pronunciación del
lengali, es de notar la intercalación de
una o breve, como la a breve en el
sánscrito f entre las consonantes que no
se hallan separadas por otra vocal.
La escritura es una modificación del
devanügari: las formas, más redondas
y cursivas. — El kawif idioma antiguo
de la isla de Java, es una corrupción
del sánscrito, en la cual ha sido éste
despojado de sus infiexiones, tomando
en cambio las preposiciones y loa ver-
bos auxiliares del javanés vulgar. El
kawi, que se hablaba igualmente en
Madura y en Bali, dejó de estar en
uso en el siglo xiv de nuestra eia:
sánscrito por su nomenclatura, tiene
generalmente la gramática del java-
nés j de otros idiomas malayos. Hoj
haca las veces de la lengua literaria y
sagrada. Su literatura es rica; pero, en
su mayor parte, una imitación de la dt-
la Lndia. Entre las obras que abraza,
merecen citarse: el Kanda, poema, cujo
original se cree perdido, y del cual se
conserva una traducción en javanés,
en la que se representa la lucha de las
divinidades indias con las indígenas;
el Brata 2Wia(la ffuerra santa ó U
guerra de la desdicha), poema de 719
estancias de diferentes rimas, cujo
asunto está tomado de la epopeja in-
dia del Afa&i&kSrata; el MoMeA-JÜ^a
(el hombre), poema en que se expone
la cosmogonía de los javaneses, se^ún
el dogma de los budhistas, j el A*íf-
sasíra, tratado de moral del sigln xu
ó XIII.— El cingalét ó ckinguUs es un
idioma derivado del sánscrito, rico,
enérgico 7 armonioso, dumínante en
la isla de Ceilán. Su construcción,
aunque muy complicada, es siempre
regular; los sustantivos tienen tres
géneros, dos números y seis casos; los
adjetivos son indeclinables; el compa-
rativo y el superlativo se forman can
el auxilio de partículas. La conjuga-
ción es bastante completa. £1 alfabeto
se compone de 48 letras, y tiene ade-
más 480 sign )S para expresar otras
tantas abreviiituras de sílabas. — El
mahraiíe, idioma indio que se emp^'»
en el Concán, en el Gundwana y umü
parte de las provincias de Mahvah, de
Kaiul isch, de Aureng-Abad. de Bed-
japur, de Gudjerate y de Berar. Baj >
el punto de vista lexicográfico y gra-
matical, el makratteno es más que una
mutilación del sánscrito y puede con-
siderársele como hermano del bengal*.
Bu él se encuentra un determinado
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mm
número de sustantivos persas, íntro*
ducido por la conquista musulmana;
pero los adjetivos y los verbos son
puramente sánscritos. Como en el Ai»-
aula, las inflexiones gramaticales pue-
da decirse que han desaparecido para
dar lagar al sistema analítico de las
partículas y de los auxiliares. La cons*
trucción se parece &la del Aindiatani;
pero el makratte «s más lógico que
aquella lengua por la composicidn
j derivación de las palabras. Tiene
varios dialectos, como el basojiuri y el
uadi, que se hablan en el Malwah; el
Desh, en el Nordeste de Punab; el
ioi**Í, en el Kokunt.j otros. La pro*
nunciaciún es sorda, lánguida 7 pesa-
da. Los maAraítes emplean dos alfabe-
tos diferentes: para los asuntos reli-
giosos ó de carácter elevado, el balhodh
ó haiabandi, que no es otro que el de-
tanñgar¡ de los libros sánscritos; para
las relaciones ordinarias, la correa-
poudencia y los negocios, el mod 6
modit que se compone de 44 letras, di-
fíciles de leer bajo su forma cursiva.
Se conocen varias crónicas, composi-
ciones morales r cantos de guerra es-
critos en esta lengua: Im base de la
versificación es, ja la medida de las
siUbas,^a la rima.— El gweraU 6 gud-
jerate, dialecto indio que se usa en la
península de igual nombre jen al-
gunas provincias bañadas por el Ner-
buddba, entre los parsis que profesan
U religión de Zoroastro. Se aproxima
mucbo al hindustani; tiene la misma
senrilíez de declinación j de conju-
gación; las reglas de la sintaxis son
casi idénticas también en ambos idio-
mas. El quiérate sufrió una grande
modiBcación durante la invasión mu-
sulmana. Su escritura se distingue
por la ausencia ó separación de la lí-
nea horizontal que, en las otras escri-
turas de la India, une la parte supe-
rior de los caracteres. — Él pendjabi,
dialecto indio, derivado del sánscrito,
que se habla en el Pendi&b, j en el
cual están escritos los libros santos
de los sejkhs. Se consemn de esta
lengua las Gramáticas de Carej j de
Leach T nn Diccionario por Starkej.
El ttnaki, dialecto indio, derivado
ig'ualmente del sánscrito, que se em-
plea en las comarcas del Sind ó Indus
inferior. Se tienen una Grramáíica pu*
blicada por Wathen, j un Diccionario^
por Stack. — El orissa es uno de los
dialectos de la India moderna, nacido
del sánscrito. Se tienen de él una Gra-
mática de Sutton y un Diccionario de
Kattak.— Independientemente de los
idiomas de origen brahmánico, se ha-
blan en el Dekán distintos dialectos,
como el íamuí ó malabar, el Manara 6
Umáiico, el ma¡a¿fála y otros.
31. Literatura. — La Inou, es, con
la Grecia j la Italia, la comarca del
antiguo mundo que major número de
obras literarias ha producido. — Su fe-
cundidad en todos los géneros ha sido
inmensa. Europa se halla muj lejos
de poseer todos los libros compuestos
en la India antigua y moderna; y, sin
embargo, los manuscritos ó textos im-
presos «n Orienta qae j» conoce y los
mm
que lle?a publicado», forman una
grandísima biblioteca. Estas obras,
algunas de las cuales están muj ex-
tendidas, no han Uendo á nuestras
manos hasta fines del siglo ultimo.
En su major parte, no han sido aún
traducidas á las lenguas de Europa;
y un gran número de las traduccio-
nes corresponde á la Alemania j á la
Inglaterra. Francia ha entrado hace
poco en esta misma senda j puede j^a
adquirir conocimiento del Ünente sin
necesidad de recurrir i sus recinos.
En cuanto á España, posee ttmbién,
aunque pocas, algunas rersiones j
extractos de los libros de algunos fa-
mosos orientalistas. Las obras que
constitujen la literatura de la India,
no han sido producidas en un corto
número de años, ni aun de siglos: sus
poesías más antiguas son anteriores á
todo lo que queda de los monumentos
más antiguos también de la raza aria-
na, j no puede decirse que la litera-
tura sánscrita haja terminado, puesto
que si bien es cierto que la antigua
lengua brahmánica es nna lengua
muerta, no lo es menos que algunos
brahmanes de nuestros tiempos escri-
ben todavía en sánscrito j lo conside-
ran como el verdadero idioma Utem-
rio. Así, pues, la Uteraturaáñ la India
es tan grande por su antígaedad como
por la variedad de sus admirables mo-
numentos. Pero la parte clásica de
esta literatura se encuentra limitada,
en cuanto al territorio en donde las
obras han sido compuestas, á un espa-
cio bastante reducido, — En efecto, ai
se exceptúa el V^da, que es el libro
primitivo de toda nuestra raza, sin
excepción, el cual no pertenece exclu*
sívamenU á la India, y algunas otras
producciones búdhicas que pueden
asimismo haber sido escritas por los
indios en un país extranjero, la in-
mensa mejoría de las obras sánscritas
ha sido compuesta á orillas del Gan-
ges y del lamuná, j, muj particular-
mento,ácort8 distancia de U confluen-
cia sagrada de estos dos ríos. Se sabe,
especialmente por el primer libro de
las lejes de Manú, que la casta de los
brahmanes, que era casi la única que
cultivaba las letras, tenía el deber de
no franquear cierto límite territorial,
] comprendiendo el valle medio y supe-
'rior del G-anges con sus afluentes.
I Allí fué donde se elevaron las ciuda-
des de Auda, de OelUi, de Bénares y
otras, no menos célebres por la gran-
deza de su civilización moral litera-
ria, que por la riqueza j bienestar
de sus ha'bitantes. A partir de la época
védica, se hallaba la India eu pose-
sión de una idea que no apareció sino
muj tarde entre los griegos, y aun en
loa escritos de algunos filósofos: la
idea de la unidad de Oíos. Utos fué
concebido, desde aquellos tiempus re-
motos, no solamente como causa crea-
dora, en lo que pueda haber en él de
iiciivo, sino como principio neutral é
iiulivisible, en su abstracción más
' elevada. La noción panteística de
Brali;Uii animó toda la literatura de la
, India hasta el momento en que el bu-
INDI
69
dhlsmo, rama desprendida del brah-
manismo, la hizo entrar en otro nuevo
orden de ideas j de doctrinas. De la
concepción primera de la unidad de
Dios y de la unidad substancial de to-
dos los seres, nació una moral austera,
cujos principios esenciales quedaron
establecidos desde los tiempos más
remotos. El panteísmo vino á ser si-
multáneamente como el regulador de
la vida práctica j del pensamiento; j
así sucede que se le encuentra cjos-
tantomente en las obras, ciijo con-
junto forma la literatura india, como
se encuentra el políte.'smo en todas las
firoducciones del geiii i griego. Pero
a moral que entraf^a el p.intoísmo
aventaja con mucbo á la del politeís-
mo de los helenos, lo cual consiste en
que la esfera en que se mueven las
personas y en que escriben los autores
de los libros indios, es muj superior
á la que tenía la antigua Grecia. Esto
mismo sistema panteísta ha colocado
á los indios, frento á frente de la na-
turaleza, en una sítuaeijn espiritual
completamente distinta de la de los
griegos. Aquéllos no han visto en el
sistema de la creación más que nn tea-
tro de la actividad humana; en las co-
sas inanimadas j en la vida ve^tativa.
nn conjunto de materiales útiles; eu
los animales, unos enemigos d auxi-
liares i quienes importaba domar á
toda costa: lo que los modernos llaman
el sentimiento de la naturaleza, que no
es otra cosa que la concepción de la
vida universal en lo que ésta tiene de
poética j de símpUica, no existe en-
tre los griegos, y se encuentra en
todas partes y en todas las épocas en
los escritos de los brahmanes. Se ha
dicho que en las obras de los indios,
el hombre se anonada y desaparLce
anto la naturaleza omnipotente; j es
un error que la lectura de un poema
cualquiera de la India puede fácil-
mente desvanecer: al contrario, en
ninguna literatura antigua se mani-
fiesta la fuerza moral def ho:nbre con
tanto vigor y grandeza; nadie ha dado
tanta importancia ni exagerado tanto
el poder j la supremacía de la ciencia
j de la virtud, como los indios en
ciertas doctrinas religiosas, v algunas
veces en sus poemas. — El conoci-
miento de la literatura de la India es
de grandísimo interés para U Europa.
Se ha pretendido — dice un notaole
orientalista — que Atenas inspiró el
genio indio; pero hoj se saba ja po-
sitivamente que, en la ép'>ca helé-
nica, llevaban más de dos inll años de
existencia los grandes monumentos
de filoso ta, moral, literatura j legis-
lación del .\sift. Los Vedas están con-
siderados como el más antiguo mo-
numento de los pueblos indo-i-'uropeus:
algunos autores hacen remontar su
origen á los primeros períodos del úl-
timo gran cataclismo gcol 'gico. En el
concepto de los brahmanes, fué re-
velad) en el erida-yuga (primera edad)
de la creación. Este libt-o, que verda-
deramente anuncia un estado social
al que sólo pudo llegar el itombre
después de una elaboración de mu-
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70
INDI
cbísimos siglos, encierra las formas
más completas y sig^aifícativas de su
leng*ua común y debe ser considerado
como la clave fundameatal de sus
idiomas particulares. No es posible,
por lo tanto, hacer nin^tín progreso
real en el estudio de estas leog-uas sin,
un conocimiento previo del idtomi
védico, al cual sólo puede llenrse por
el del sánscrito. A.demáa, loa libros de
la India, priaciiMilmenta los Vida,
contienen los mitoa pnmitiros que
han aervido des;)ués de punto de par-
tida á todas las mitologías occidenta-
les, desde la Persia, el Asia menor y
la Grecia antigua, hasta la Irlanda y
Portugal; si bien los misioneros del
budhismo propagaron después en una
gran parte del mundo antiguo sus doc-
trinas, cujro eco resonó basta en la
misma Grecia civilizada. En tiempos
de los rejes macedoníos en Egipto, el
mundo griego, cura civilización se
hallaba concentrada en Alejandría,
ojró predicar y profesar en el Museo
las doctrinas de la India y se las asi-
miló; de donde se ha conjeturado <^ue
dichas doctrinas fueron las que facili-
taron en Oriente la difusión del cris-
tianismo y que ejercieron alguna in-
fluencia en la teolo^íi de Alejandría.
En otras épocas diferentes, las ideas
de la India invadieron la China, el
Tíbet, Ceilán, la península de allende
el Ganges y un considerable número
(le islas de los archipiülagos de Crien-
te. As! es que nuestras relaciones con
estas comarcas, que la ciencia, la in-
dustria y el comercio estrechan más j
más cada día, dan un poderoso atrac-
tivo y aun hacen necesario el estudio
de los libros originales, en donde es-
tán depositados tos tesoros de su sa-
biduría maravillosa. El estudio de la
India, en su literatura, ofrece grandes
dificultades, tanto por la falta de cM-
nología, como por la casi imposibi-
lidad de determinar la fecha de las
principales obras sánscritas. Sin em-
bargo, los trabajos de los últimos
orientalistas, particularmente los de
Lassen y Eugenio Burnouf, han de-
mostrado que el eiamen crítico y
comparativo de las doctrinas que en-
cierran, permite alcanzar algunas fe-
chas, al menos relativas para un de-
terminado número de obras esenciales.
Por otra parte, el budhismo ha empe-
gado en la India el periodo histórico;
liene una cronología, conservada en
algunas partes del mundo oriental, y
que ofrece, con lo^ viajes y las histo-
rias de los griegos, de los chinos y de
los pueblos del Mediodía del Asia, si n-
crouismos preciosos. Por último, la
naturaleza de ios dogmas védicos y
loa caracteres de su lengua permiten
también afirmar que muchos da los
himnos del Rtg-Vida son anteriores á
lo que el Occidente nos presenta de
nás anticuo en el mismo géuer»; es
ilecir, á Homero y Zoroastro. Sin Ue-
i^ar, pues, á fechas exactas y precisas,
se pueden, no obstante, determinar
aproximadamente ciertas épocas, en
las cuales se operaron los grandes
désenvoWimíentos de las ideas y de la
, tNDI
emlización de la India, y se produje-
ron las obras admirables en que aqué-
llas se manifiestan. Tres movimientos
religiosos se diitinguen en esta lite-
ratura, á los cuales corresponden otras
tres categorías de obras: la religión
primitiva, contenida en los Vida»; el
brahmanísmo, que inspiró la literatu-
ra clásica de la India, y el badhismo,
cujas doctrinas dieron origen á un
iinndmero de producciones compues-
tas, ra en sánscrito, y% en los idiomas
que de él se derivan.
Período védico.—i. Los himnos de
lo» Vidas. Los orígenes del período li-
terario á que corresponden los Védas^
no se encuentran en el Indostán, sino
en la re^iin de los Cinco-Ríos ó Pen-
jib: así al menos lo Índica la lectura
de los himnos de aquel libro, en don-
de estos ríos, afluentes del Indo, apa-
recen designados con los mismos
nombres que los griegos han reprodu-
cido en su lengua, desfigurindolos. B^t
de creer que algunos de estos cantis
sean anteriores á la época antiquísima
en que los árlanos fuerob á establecer-
se en la Pentapotamia. Pero sea de
esto lo que fuere, lo que importa ha-
cer eonaur es que la firma primitiva,
ba|o la cual apareció el pensamiento,
fue el verso; ei primer genero poético,
el himno; la oda, poesía lírica p ir ex-
celencia, constituye otro género de
fecha posterior. Todos los himnos
comprendidos en los cuatro Vidas,
forman por sí solos un período litera-
rio de larga duración, porque, si los
más antiguos se compusieron fuera
del Penj&b, los últimus lo han sido
seguramente en los valles del Ganges.
Por consiguiente, no es dndoso que
los árlanos, antes de descender á estos
valles, descansaran largj tiempo en
los Cin:o-Rios; fundasen estableci-
¡ mientos; rechazaran á los primitivos
, habitantes hacía lasmontaíUs cireun-
. vecinas, donde se les re todavía, y
compusiesen, durante su estancia en
estos deliciosos panjes, la mayor pa^
te de sus cantos sagrados. Tal es la
época primitiva (^ue constituveel ver-
; dadero período vedico. He aqu[ ahora
I los nombres y la naturaleza de estas
I obras: K^(/a(; esta palabra, que sig-
nifica ciencia, desigua un conjunto de
' obras poéticas que forman la c^grada
I Escritura de los indios. Sí á estas
composiciones primitivas se añaden
I los desenvolvimientos y progresos que
I han experimentado bajo el nombre
de BrAhmanas y de Sutraa, se ten-
drá el cuerpo completo de esos li-
bros dogmáticos. Én la actualidad,
los Vidas son en número de cuatro:
el R el S&VM^ el Yaj&r y el Á íkar-
w. Ía» tres primeras de estas cuatro
colecciones, están reconocidas, no so-
lamente como auténticas, sino como
canónicas, p ir todos los sabios de la
India. BI Atkarva-Vida goza de me-
¡ nos autoridad, sin duda pjr pertene-
I f.et á una épjca posterior á las otras.
tSl R'g'Vtaay ó simplemente Vida,
i como se le nombra con frecuencia, es
, el m is antiguo, y al mismo tiempo,
el mis renendo de los libros: como el
INDÍ
Sima, Aó Contiene más que verso^
(rik); pero este últí no, que forma er
cierto modo el ritual de las ceremo-
nias sagradas, se compone de versos
tomados del R'g~V>'da, arreglados
confirme i las necesidades del culto:
de suerte que el ¡Síima no es otra cosa
que una reproducción del Rf^-Vida.
con algunas variantes de mas ó mt-
nos importaucii. El Ya; &r~ ViJa ettñ
escrito en rerio y en prosa: los versos
pertenecen general mente al R'g-VMa:
ta prosa consiste en fórmulas ó reglas
correspondientea á escuelas distintas
y señalan una época más avanzada
de la teología india. Forma el Yaj^r
dos colecciones (sankití), denomina-
das Yaj&r blanco y YajUr n^gro, cu jos
asuntos son idéuticos; pero que no
ofrecen la misma coordinación. Bn la
Srimera, se encuentran l:is fórmula^
el sacrificio; en la segunda, al con-
trario, la^ fórmulas van seguidas ordi-
nariamente de etplícaciones dogmá-
ticas y de todo lo que concierne al ce-
remonial. Bu cuanto ^XAtharoa- Vida,
está compuesto «uhisivamentedehim-
nos en verso, c irao el R'g- VCda, cujo
DÚmera púa d-í setecientus; pero e^tos
cantos tienen por objetos principal-
mente las fuerz-is d.iSiructoras de In
naturaleza, los animales da'iinos, tas
enfermedades, los enemigos públicos
y privados; ^ maroan una época en
que las doctrinas c is aol gícas de los
tiempos anteriores, al caer baju el do-
minio de la plebe, habían ido adulte-
rándose con sus grnsens y rídfculaí.
Supentieioaes. El R'g- Vida no es In
obra de un solo genio, como lo de-
muestra el hecho evidente de que cad:i
himno de la col«ecijn va acompañado
de los nombres de más de trescientos
tyátatt que así se llaman en suscrito
los compiladores de la India, cuyos
ejásat pertsn«een á épocas, familias v-
panijes distintos del Saptasindhu.
Esto induce i creer que la duraciín
del periodo de los himnos no baj»
ciertamente de tresci entos h&os; pero
debe notarse que este período fué pre-
cedido de ot;-a edad poética, durantj
la c jal se mezclaron las ^adiciones in-
dias con las de los persas, así cono con
las de todas las regiones europeas ocu-
padas á la sazón por pueblo:^ ariaoos.
En cuanto á la época en que se compu-
sieron los hi niius, no hajr monumen-
tos que ladetenninen djamente;sibien
existen ciertos indicios que pueden
servir de criterio para cal;iilarla de un
modo aproximado. Bn etectt>, Budha
murió en el año Ó-ll ó Ó-13 autes de
Jesucristo; su ref)rma, de una moral
irreprensible, supone una anticua ci-
vilización, que no pudo ser orre que la
brahmánica, la cual, como toda época
de cultura, tiene su período origina-
rio, su elaboración sucesiva y su edad
media. Fundados en esta considera-
ción, no faltan eruditos que atribu-
len á la cultura de los brahmanes
mil años de anterioridad respecto de
la predicación de Bu^lha, cuyo cálcu-
lo implica que los himnos del Rtg
fueron compuestos hacia el siglo xv
6 XVI antes del Salvador. Coasid»-
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INDI
ndofl aquellos cantos como ohtAS li-
Utuíta, puede afirmarse ^ue eons-
titojren et monumeato casi único ds
este género perteaeeieate á nuestra
nía, puesto que los himnos de la an-
tigua Grecia se han perdido, sentadas
raras excepciones. Los del Rt^- Vfda
100 clásicos, así en el fondo como en
li forma. Se diating-uen en que su
poesía se inspira siempre en la natu-
ralesa exterior, 6 en ta vida normal
de las poblaciones arianas. Los fenó-
menos físicos, como el día que se
aauncia, el ravo que fulmina, los
vieotos que soplan, el fuego sacro que
se enciende, que se propaga y que se
exüugue; la marcha de los arias por
éntrelos pueblos enemigos jrbárbaros;
U agricultura, la vida pastoril, el na-
cimiento, el matrimonio y la muerte:
tales son los asuntos ordinarios de
iqaellos himnos, asuntos que apare-
eao tratados generalmente con gran
luuUsz j euetitttd. Al lado de estos
hachos reales, aquellos fkaosos eantos
ofrecen todo an mundo da ooncepcío-
oes simbólicas, presentando la mis
Íerfecta analogía con las dirioidades
e la mitología griega. — Cada orden
da fsnÓmenos naturales se atribujre á
un poder viviente, al cual presta la
imiginaeión una forma humana, ha-
ciéndole influir después en la manera
da obrar de los hombres de aquellos
tiempos. Existe, pues, no pantii» té-
dieo, compuesto de seres ideales, pre-
sidiendo a la naturaleza entera j n-
prodaciéndola de an modo oliuco j
poético bajo infinitas formas. Bn al
Ftá9 no se encuentran esos seres
moastruosos que tanto abundan en el
panteón brahmánico de las épocas pos*
teiiores; en loa ideales védicos so ob-
servan, por el contrarío, la misma
medida v proporción que los artistas
griwos nsQ sabido dar á laspintores-
eas divinidades de su país. El estado
de la sociedad en que fueron compues-
tos los himnos, se halla vigorosamen-
te descrito en toda la colección del
Rr^ Vida. Las familias se unen estre-
chamente por su origen i sus ascen-
dientes casi divinos, los cuales son
considerados como los autores de los
dioses, es decir, de los símbolos. En
ia doctrina mística de aquellos tiem-
pos, un mismo principio ígneo j sa-
bio anima á todos los seres vivientes;
se transmite á las generaciones y se
manifiesta sobre el altar en donde arde
al fuego. De aquí resulta que los pa-
dres son para los hiioSf no solamente
los autores de sus rormas corporales,
SIDO también el principio esenciU de
donde les ha sido transmitida la exis-
tencia. Y este gran principio de vida,
que Qo se puede destruir porque es
eterno, une las generaciones las unas
á las otras de una manera indisoluble
7 Tiene á ser «1 fundamento de la fa-
milia.
2. ^asuVis.— Bl primitivo estado
de] orden doméstico se halla indicado
por los nombres de parentela, cujra
'•riginaria significación da el idioma
rtiuicu, ¡nauífdstando con toda clari-
liad las iunciuues j relaciones de sus
IXDI
diversos miembros entre sí. El padre
es el jefe de la familia; la madre, la
que gobierna la casa; la hija, la que
ordeña las vacas; el hijo, el defensor.
Loa vocablos védicos que expresan
estas relaciones, son los misnios que
en latín, en griego, en alem&n j otros
idiomas; pero su signiñcacíjn no se
explica fácilmente, sino en la lengua
de los himnos.
to del R 'g- Védat se hallan ja ejemplos
de poligamia, aunque la monogamia
fué y es todavía la institución común
de todos los arias de la India. La mo-
ral de aquellas generaci mes venía á
ser una especie de metafísica severa,
donde la lioertad de la mujer fué com*
pleta en todos los caaos de la vida; de
tal suerte, que su autonomía se con-
servó incólume aun en medio de la
polig;imia. Tampoco hubo jamás com-
pras toleradas por la lejr, cuja prácti-
ca parece pertenecer casi exclusiva-
mente á las sociedades semíticas.
4. Sitada tocial. — La división en
castas de la sociedad india no existía
aún en tiempos del R'g-Véda. Haj en
en él brahmanes, rljat y el pueblo de-
signado bajo el nombre de etp; pero
se podía ser rd/a y brahmán á la vez,
como lo prueban numerosos ejemplos.
El derecho absoluto de sucesión en las
funciones no aparece allí establecido,
puesto que los brahmanes ejecutan
actos que se reservaron después á las
gentes del pueblo y aun á los mismos
pidras. El brahmán del R'g-Védtk es
el padre de familia en el ejercicio de
las funciones sagradas, como lo es el
rej mandando el ejército ó gobernan-
do su territorio en tiempo de paz,
como el vic represente en absoluto el
pueblo de los «nos. Pero, á medida
que el establecimiento de éstos se
hacía antiguo y se consolidaba en la
India, fueron formándose familias sa-
cerdotales, encargadas de la custodia
del himno y de la enseñanza religio-
sa, y familias feudales, cuja autori-
dad, fundada al principio en la rique-
za, fué luego confirmada por la cere-
monia de la consagración. Ultima-
mente, llegó an tiempo en que la
riqueza y u poder de los señores die-
ron á éstos cierta superioridad sobre
los sacerdotes, los cuales sólo conser-
varon desde entonces el poder espiri-
tual, fundado en la tradición y en la
ciencia. La jerarquía de las castas que- '
dó definitivamente constituida cuando ,
estos dos poderes pasaron á manos de |
una sola familia; la del gran poeta vé- |
díco Viewlmitra. Esta profunda revu-
lución, que se llevó á cabo entre el pe- ,
ríodo -del R'g y el del Yagíír, no en
las comarcas del Ganges, sino en los
valles del Saptasindhu, marca la épo-
ca famosa en que dió principio eu la
India la sociedad branmánica, cuja
constitución ariana ofrece una grando
semejanza con el sistema feudal de
nuestra Edad media. A partir de los
últimos himnos áeiXRig-Véda, la socíe-^
dad tiende á constituirse heroicamente
fior el estilo de la sociedad griega de ,
08 tiempos de Homero; esto es, á di- j
INDI
71
vidirse en an número considerable da
pequeños reinos ó señoríos.
5. Culto extemo.— "ñn cuanto al cul-
to, los V^hs suministran loa detalles
más cariosos y circunstanciados de
todas sus ceremonias. Sin embargo,
' para restebleeerlas bajo su forma mis
antigua, es necesario buscarlas en el
Rtg y demostrar después sus desen-
volvimiuitos en las otras compilacio-
nes, como en los Br&hmanat y 1»
S&írat. El culto del Rtg es sencillísi-
mo. No haj templo; todo se reduce á
un altar de tierra, erigido en un pa-
raje descubierto, con un círculo sagra-
do, en donde los sacerdotes, en núme-
ro de cuatro, después, de siete, van á
colocarse para desempeñar cada uno
su función respectiva. Se enciende el
fuego sacro por medio del frotamien-
to díe dos pedazos de madera; la pri-
mera chispa se alimenta cjh mauieca
clarificada; se inflama la pira; los sa-
cerdotes llevan allí la ofrenda de las
tortas y el licor fermentado y alcohó-
lico del sáata, que, por medio del fue-
go, se ofrece á los dioses. Estos pre-
sencian la ceremonia, sentados sobre
el césped sagrado, esparcido alrede-
dor del altar. Durante este tiempo,
los sacerdotes cantan el himno en ho>
aor del numen. Tal es el conjuuto de
una ceremonia védíca, la cual se repi-
te tres veces al día; al despuntar la
aurora, al medio día j á la puesta del
sol. En circunstancias extraurvÜna-
rias, se ofrecían también sacríñcius de
sangre, para lo cual se inmolaba un
caballo, precedido de un macho ca-
brío, y la carne de la víctima, asada
al fuego sagrado, se repartía entre los
asistentes que querían comerla; pero
este sacrificio era muj costoso y que-
dó como ceremonia real, conocida con
el nombre de acmatedka. Todos los
detalles del culto védico se hallan es-
trechamente unidos á una metafísica
profunda, expuesta en todos los can-
tos de los Vidas.
6, Metafísica de los mitos. — El foa-
do de esta doctrina consiste en la teo-
ría de los asuras ó principios de vida
(asu). Estos principios de la creacikin,
esencias vivificadoras del universo,
son los siguientes: Agni ó el fuego es,
en su revelación substancial j prima-
ria, la llama que arde en el combus-
tible, alimentada en el altar con los
cuerpos de las ofrendas. Aquel fuego
se extingue; pero en realidad no hace
mis que ocultarse aparentemente para
renacer en cada ceremonia, sin consu-
mirse nunca. Agni es también el fue*
go de la vida que se condensa en los
vegetales j los animales; el fuego del
rajo que se acumula en la nube y
que, descendiendo con la lluvia, nu-
tre las plantas j sirve de pábulo á la
t;xistencia; es el mismo principio que
reside en la manteca consagrada, ex-
traída de la leche, primer alimento de
todos los animales. Considerado como
principio de vida, es también él autor
de las formas y llena las funciones de
Prometeo y de Vulcano; y como las
cosas no tienen utilidad práctica sino
por sus formas sensibles, resulu que
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72
INDI
Áffni viene á ser también el {¡redac-
tor de todos los bíeaes. Coasiderado
en los animales, se transmite de uno á
otro con la semilla j lleva el nombre
de Puriaha ó principio masculino, j
en este concepto, está mirado como
el origen de las g-eneracionesjjcomo
causa primera de la luz j productor de
las formas es, por último, el autor de
la inteligencia que las concibe. Este
padre universal da los vivientes resi-
de, por lo tanto, en todas las cosas: tal
es ei Á^ni del Rl0-Véda, Los aturai
del cielo le están Ultimamente anidos;
los unos representan las diversas ener-
Í'ías ceUilis del día j de la noche, bajo
os nombres de Mitra, Varuna j Ar^ü'
mán; los otros, los del sol, coa la de-
nominación de Süria, que qoiere decir
brillante. Como Tiajero eeíeste. Siria
es un enano, el cnaf ereee, j en breve
espacio recorre por completo el firma-
mento. En sn punto culminante, toma
el nombre de VisAni, qoe significa:
«el que penetra. > Bajo la denomina-
ción de iSatatri, este atura está desig-
nado eomj productor de formas, j con
la de PátAan. como mantenedor ó pro-
vidente. Kn tin. y^ieasuDat es la pala-
bra por la cual se quiere significar
que penetra j habita en todos los se-
res, y bAjo este punto de vista, su mi-
nisterio en la creación se aproxima al
de Ayui. En efecto, la energía atmosfé-
rica del sol se halla simbolizada en la
persona de Jnira, dios de los aires,
que aparece al amanecer en un carro
de oro, tirado por caballos amarillos,
precedido de un cortejo celeste j de la
Aurora, escoltado por los ifaruis, que
son los céfiros suaves j sonoros de
Levante. Iiulra es un je» de guerra j
llega para librar baulla contra los
genios que retienen las a^uas en la
nube j producen la esterilidad. Bl
y^Aia esta llano de himnos en que se
describe el combate de Jndra, armado
del rayo y autiiiado de los vientos,
contra aquellos genios de la tempes-
tad aniquiladora. Con su victoria, hace
brotar las plantas, nutre á lus anima-
les y á los nombres, mereciendo el ti-
tulo de Atura; esto es, genio de la
vida. Considerado como símbolo, su
.iiguíficaciún jerárquica es distinta,
mesto que representa el dios de los
,'uerrerus. Vivatnvat es el autor de la
.aza humana^ padre de Maná, primi-
I ivo ser pensante, y también de j'ama,
dios de los muertos y de la justicia,
tuvos dos personajes son el Miuos y
•:1 'Rbadamanto de los cretenses. To-
dos loi pormenores de la mitología
védica le agrupan en torno de estas
úus cjncepciones: el fuego Agni y el
ool. — Los Védat dan á conocer del
nidmo modo el origen del poder espi-
ritual entre loa arias de la iMDja.
liste poder se confundió primitiva-
mente con la autoridad paternal, por-
que, sieado público el culto, transmi-
tieudusj con el himno la doctrina á
las faiuiiius, el padre era el preceptor
cíe sus pr<<pius hijos, de quien recibían
por la eusti.ianza sagrada este segua-
' o naciniiauto, que íes duba el nom-
ure de üicijas, entre ios brahmanes.
INDI
La perpetuidad de esta enseñanza y
su transmisión de padres á hijos cons-
tituían la codiciada herencia del sa-
cerdocio. Además, el sacerdote estaba
considerado, por su ciencia teológ-ica,
como el único hombre capaz de com-
prender los símbolos, de aplicar las i
ritualidades, de ofrecer en debida for- !
ma el sacrifício, de evocar á los dioses '
y de pedirles gracia y avuda, en cam- ■
bio de la ofrenda de que disponían, '
para sí y para los asistentes. Después, '
en tiempis del 4 Marra- Vf'dtt. el poder '
de la invocación alcanzó tal importan-
cia, que, por sí solo, podía dar la vic- '
toria, curar las dolencias, procurar
toda suerte de bienes materiales, re-
animar á los moribundos y resucitar
á los muertos; para lo cual habían
compuesto los sacerdotes un gran nu-
mero de fórmulas en verso, que se ha-
llan en la última colección de lós T/-
dat; es decir, en el Atharva-VAia. Fi-
nalmente, cuando la sociedad de los
arias as constituyó en castas y hubo [
tomado á los c&drat como siervos he- '
reditarios, estando las funciones le-
galmente distribuidas, la de estudiar
y enseñar la ciencia sagrada pertene-
cía exclusivamente á los brahmanes
descendientes de los antiguos autores
de los ritos y de los cantos del VMa.
Su independencia recíproca les pro-
porcionaba una completa libertad de
pensar; se engolfaron en los proble-
más más arduos y oscuros de la meta-
tísica y llegaron á ese inmenso des-
arrollo del panteísmo, que caracteriza
el Oriente indio;pero que no halogrado
nunca atraer á ningún brahmán. El
himno guarda el depósito de la fe anti-
gua y de las ciencias tradicionales; es
el fundamento único de la religión, de
la lejyde la moral pública;de tal suer*
te, que la sociedad toda descansa en
el Vida, Siendo la conservación de los
cultos de familia la salvaguardia de
la misma, se tenia un grande interés
en conservar los himnos, en los cuales
se hallaban todos los símbolos de la
fe. Á.SÍ se ve que los niüos los apren-
dían oyéndolos cantar á los padres al
rededor del altar, y estudiándolos lue-
go bajo la autoridad paterna. Así es
como los himnos han venido conser-
vándose durante el transcurso de algu-
nos siglos, de modo que el día en que
se siuti ) la necesidad de compilarlos,
no hubo más que dirigirse á los des-
cendientes de los antiguos sacerdotes,
({ue los habían conservado y que los
cantaban cada dia en los altares. No
hay el menor motivo para dudar de
su autenticidad, perfectamente de-
mostrada por toda la literatura sáns-
crita de los tiempos posteriores iiasta
el día de hoy. En la India, el l'éda us
el fundamento de toda la constitución
religiosa, como lo es el mosaísmo en-
tre los hebreos; el Ecangelio, entre
[ los cristianos, y el Corán, entre los
I musulmanes, amén de ser la base de
toda la constitución civil y política,
iisí como del estado social délas cas-
tas.
7. Nuevo espíritu de la meíaflsica re-
li^iosa, — Puede afirmarse cou toda
INDI
certidumbre que no hay en la India.
nino;ún libro tan venerado como el
Véda, sin embargo de que las escue-
las disiilentes sembraron en él gérme-
nes manifiestos, puesto que hay doc-
trinas heterodoxas, señaladas en el
mismo R'g, en donde ya se indiea
cierto espíritu crítico, desirrnllado
luego en las opiniones de Kapüayde
Patanjali, elevado después a dogma
en las predicaciones búdhicas. Lo di-
cho demuestra que no es posible se-
guir las corrientes de las ideas que se
Sropagan de siglo en siglo, á través
e los tres mil años de la civilización
india, sino remontándose al origen,
que se halla en el Vt'da; y principal-
mente, en el Htff, Bajo otro punto de
vista, el primero de dichos m')numen-
tos, aunque perteneciendo á los arias
del Indo, arroja vivísima luz sobre los
tiempos primitivos y las antiguas
creencias é instituciones de los otros
Sneblos arianos. Los más cercanos á
i India, eran los del Irán moderno,
comprendiendo sobre todo á tos medos
y persas.
8. SI Avesía. — Los pueblos anti-
fuos de estas comarcas nos han lega-
o un libro sagrado, el Aveita, el cual
ofrece respecto del V¡'da las más gran-
des analogías. Pero contiene un vio-
lento antagonismo por lo que toca á
la doctrina india de los dévas, que
reemplazó á la de los aturas, lo que
prueba que pertenece á una época pos-
terior á la de los himnos védicos. En
efecto, en el Vida no se nota el menor
indicio de semejante rivalidad. Ade-
más, la grande concepción metalisica
del Avesta, Ormuzd, lleva en zend el
nombre de Ahurat que no es otro que
el de Asurat lo que acerca más toda-
vía la doctrina de los pueblos de Irán
á la que contienen los himnos del M'g
y del iSáma, Los cultos iranianos,
idénticos á los del Véda en su rituali-
dad y en su dogmatismo, les son in-
feriores en su belleza literaria, asi
como en su espíritu tilosótico; de modo
que, en el estudio de los antiguos
tiempos del Asia occidental, no es po-
sible alcanzar grandes progresos sin
el conocimiento de los himnos indios.
9. ínfi-aencia de la India en los arias
de £uropa.— Lo propio puede decirse,
con mayor motivo aún, de los arias
europeos, comprendiendo, al Medio-
día, los griegos é italianos; y al Xurte,
la mayor parte de los pueblos de nues-
tro continente, que forman hoy las
naciones modernas. Pero el estuuio de
las tradiciones y de los oiígtínes grie-
gos es mucho más difícil que el de las
antigüedades indias, porque los grie-
gos no nos han dejado un libro como
el Véda, y porque sus orígenes son
múltiples y no exclusivamente aria-
nos, tíia embargo, la mayor parte de
las antiguas religiones griegas, así
como las instituciones civiles y políti-
cas del mundo helénico, perteneciendo
á la raza de los arias, encuentran su
explicación en las del Vt'da: no por-
que se originen de estas últimas, ni
porque suan de ú-clia m .s reciuiite,
sino purque la aniigaedad del f \da y
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iNDr
INDI
INDI 73
U claridad de sus doctrinas, cu^a ex-
plicación natural se encuentra casi
siempre al lado del símbolo, permiten
crítico buscar en él las luces que la
Grecia no le puede sumtaistrar. Añá-
dase que las palabras que entre los
^rit-^os designaban á los diosas, los
objetos del culto, los grados de paren-
tesco, las funciones sociales j otros
hechos análogos, carecen casi siempre
({«sentido en la lengua friega, tan
apartada de su ori^.-n, mientras que
aquellos mismos términos, empleados
en el idioma del Vt'd.t, tienen, gene-
ralmente hablando, un significado evi-
deate y clarísimo. Cuando se procede
ala comparación de ambas literaturas,
dice un crítico in<íigne, nótase desde
luego el hecho de que las creencias é
instituciones que trajeron las antiguas
|)eblacioDes.griegis, llamadas pelas-
gas, se aproximan á las del K^^a mu-
cho más que las de loá. helenos; de
manera que el período da los liUmet
pjre^e equivaler al de los aturas, que
mujr anterior á los VéeUu j que
subsistía aún en tiempos del Ríe, en
tanto que los dioses nuevos úolimpt-
eós corresponden eiactísímamente al
(WQ^éón brahmáuico, posterior al Vé-
da. A. partir de esta fecha, es cuando
sé pueden co nparar, punto por punto,
aquellas antiguas tradiciones.^ com-
prender las dtí Grecia con la facilidad
que no pudo obtenerse antes del des-
cubrimiento de loa faimn.ot. Bste des-
cubrimiento es mujr reciente, pues el
primer impreso apareció en 1833; la
tfadúcción francesa del B '^- Véda data
de 1851: el texto completo es todavía
posterior; j sin embargo, á pesar de
to poco qofl se sabe aún sobre el Yají^
j el Átiutna, las antigás tradiciones
délos arias europeos del Norte han
recilüdo ja numerosas «xplieaciones.
Piero, si sa exceptúa el Ba(U de S(e-
mnnd, en donde se halla cousiguada
la mitología escandinava jr cuja fecha
no se remonta más allá del siglo xi de
npestra era, apenas se encuentra otro
guia que las tradiciones esparcidas en
toda Europa, las cuales han sido co-
leccionadas, en su major parte, en los
últimos tiempos. Porque es notable la
perfecta analogía que existe entre las
creencias antiguas de nuestras comar-
cas jr Us que se hallan extensamente
consignadas en la literatura del gran
pueblo que describimos, Bitendidas
entre nosotros, separadas de todo cen-
tro j completamente extrañas á las
doettinaa del oristianismo, que las
ha reemplazado, ae manifiestan oscu-
ras V frecuentemente extravagantes;
naidasásus análogas del Véda, vie-
nen á hacerse naturales é inteligibles,
dejándonos entrever en el pensamien-
to de nuestros antepasadas un mundo
mitoló^co j metafíisico que, sin a^uel
libro, jamás habría podido concebirse.
ÍO. C*ettián.'~-T^ot último, la apa-
rición del texto del Véda en Europa
ha resuelto, en términos definitivos,
una cuestión desde largo tiempo con-
trovertída: la del origen de nuestras
lenguas j de BUS respectivas afinida-
des. £te las hacía derivar del sánscrito
V se atribuía al griego una antigüe-
dad más remota que ín del latín j que
la de las lenguas del Norte; pero
euando se ha visto que el Véda no es-
tá en sánscrito, sino en una lengua
de la cual dicho idioma se deriva, j
que se aproxi ma mucho á la del A vet-
ta, la critica no ha vacilado en dar &
nuestros idiomas un origen vedico.
Continuando luego la comparación de
las lenguas del Occidente con las del
Oriente, se ha visto con toda eviden-
cia que el griego j el latín no proce-
den el uno del otro; que el celta es
probablemente anterior al antiguo ale-
mán y al gótico, del mismo modo que
á las lenguas eslavas y escandinavas;
que todos estos idiomas del Norte pue-
den igualmente rivalizar en a:itígae-
dad con los greco-lntinos; j, por úl-
timi, que los idiomas de Europa son
extraños al sánscrito y toman direc-
tamente su caudal de la lengua pri-
mitiva, que se habló antiguamente á
orillas del Oxus. De este modo queda
restubldcida en sus elementos la uni-
dad de la familia ariann, 'lenominada
ernmeamente indo-germánica. Entre
todas las lenguas que la familia aria-
na ha hablado, ó que habla todavía,
no haj niiiguua cujo estudio sea de
tanto provecho como la del Vida, pues-
to que, á fuer de original, sirve de
explicación á todas las otras, lo
cual no sucede en el mismo grado ni
aun respecto del propio sánscrito,
atendiendo á que representa un idio-
ma derivado. Antes de abandonar el
punto central de su raza, los arias
pudieron estar, por lo que toca al
Norte, en contacto con las poblacio-
nes tuzanianrtg, las cuales habitan en-
tre el mar Caspio j el mar del Japón,
ó sea entre la cadena del Tíbet j las
arenas del Océano. En cuanto al Sud-
oeste, puede afirmarse que no estu-
vieron en comunicación con los semi-
tas, sino por su raza iraniana; j así
sucede que la literatura védica noofre-
ce el ejemplo de una sola tradición
hebraica ó caldea, sino que, al contra-
rio, el tetto j el espíritu de la men-
cionada literatura está en completa
oposición con el dogmatismo j la le-
gislación de Moisés. Más aún: los pri-
meros indicios de relaciones entre los
hebreos j los arias, que se advierten
en la Bilflia^ no son anteriores al rei-
nado de Salomón v se refieren al co-
mercio marftimo. De aquí ha podido
inferirse fundadamente que, en tiem-
pos de aquel rej, los primitivos arias
habían llegado ú la orilla del mar, lo
que dió origen, en las épocas heroi-
cas posteriores, al periodo de los him-
nos del Rig. Las razas amarillas que
encontraron los arias á su llegnda en
la cuenca del Indo, eran salvajes, v
no pudieron ejercer influencia sensi-
ble sobre la cultura de los conquista-
dores de raza blanca; de donde se in-
fiere que es indispensable admitir la
existencia de los himnos védicos j de
cuanto contienen, como creación es-
fiontánea j absolutamente original de
a familia ariana,de donde saca esta
gran &milia el carácter fundamental
que la distingue de todas las genera-
ciones de la tierra. Y si atendemoa i
su remota antigüedad, la civilización
de los arias indios debe considerarse
como el documento primitivo j monu-
mental de nuestra raza.
//. Los Bráknuauu V ¡m Sü^ss. —
Los^rJ^MaiMf sirven ne complemento
j de explicación á los Védas, pues fue-
ron compuestos durante el período que
separa los himnos de la epopeya brah-
manica, y contienen colecciones de
notas aclaratorias, transmitidas ú las
familias de sacerdotes, las cuales di-
fieren entre sí, según las ideas filosó-
ficas de estas familias j segiín el Véda,
al cual se refieren, ous comentarios
son preciosos para la interpretación de
aquellos libros, — LoaS&íras contienen
los Bráhmanat y son también comen-
tarios de los Védat; pero sucede que
sus explicaciones parecen resumirse &
medida que se mnltiplican, j esta
concisión aumenta más j yás saoaott-
ridad, por cu jo motivo sneleaenme-
nos claros que el mismo VHñ. En m
majoría, pertenecen á una época en
que la sociedad brahmánica existía
con su división regular en cuatro cas-
tas. El texto de los himnos su tíjó de-
finitivamente y para siempie en his
escuelas de los brahmanes, durantela
edad media heroica, sin que desde en-
tonces haja sufrido ningun» altera-
ción. La gramática, la pronunciación,
la métrica j la cantinela de los him-
nos quedaron establecidas en los tra-
tados que han llegado á nuestros días
Íque se remontan á aquella época,
oa numerosos trabajos relativos á la
gramática j el cuidado de fi^ el sen-
tido de las voces védícas, prueban que
este idioma no estaba ja en vigor j
que era reemplazado por la lensrua
sánscrita, cujas reglas consignó P..-
nini.
/2. Lo$ üpanishad$,Loi Upanishadi
corresponden sin duda á épocas muj
distintas, j son igualmente comple-
mentos dogmáticos del Véda. La me-
jor parte de ellos figuran entre los
Srikmanas; pero algunos tienen tam-
bién una existencia j valor indt^pen-
dientes. Estos últimos no son, gene-
ralmente hablando, más que el üco de
especulaciones filosóficas propias de
taló cual escuela brahmánica. Por lo
demás, los sabios no los han clasifica*
do todavía bajo este punto de vista
histórico.
Perioio 6rakminieo.-^Í . Ette |»erfo-
do, famosísimo sobre todo encareci-
miento, constituye lo que se llamafy;^-
ca sánscrita. 00 porque la lengua, en
la cu»I se escribieron sus libros, sea
esencialmente distinta de la del Véda,
sino porque esta última viene á ser
como el fondo común de todos los
pueblos de lengua ariana, mientras
que el sánscrito es el idioma clásico
de la India. El género épico atoica
las primeras edades del periodo sans-
ci-ito; los otros géneros vinieron daS-'
pues, lo mismo que en Grecia; j m&o
en dicho país, el género épico no cesó
de cultivarse mientras que los otros
se desarrollaban, j tomó en los parió-
TOUO lU 10
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74
INDI
dos de decadencia nuevo impulso y
major energía; de suerte que, bí las
dos grandes épopejas indias se reñe-
Ten, como la JUaáa y la Odisea, á los
antiguos tiempos de la literatura clá-
sica, las Pwrána$, lo mismo que los
aryoMH/M, son de una fecha mujr pos-
terior y aun reciente. Entre estas épo-
cas extremas del período cl&síco, se
colocan los demás géneroi literarios;
entre otros, el dramático, el Urico y
la poesía ligera.
^. El Mak-márata. El MaUbUra-
ía, esto es, el Gran bardiío (palabra
moderna que traduce con cierta exac-
titud el vocablo que encabeza esta di-
visión), parece ser, en su parte esen-
cial, la más antigua de las epopeyas
indias: dábase, desde los tiempos más
remotos de la India, el nombre de bk&-
rata i los poetas que componían ver-
sos T relaciones heroicas. Los aedet 6
bardos indios venían y&, desde larffo
tiempo, rela^ndo en verso, al son de
la vina, las hazañas de los dioses ^ de
los héroes, cuando la guerra formida-
ble de dus familias arianas, en el No»-
te de la Ixdia, se hizo como el tema
principal de los cantos épicos. El
Maháoh^rata no llegó á ser conocido
en Eur>jpa en toda su integridad, sino
por la edición publicada en Calcuta
en 1839: ae tenia una idea del suma-
rio y poseían varios fragmentos que
habían sido impresos con su traduc-
ción, ^a latina, ja en alguna de las
lenguas modernas, como la Bhagual
Geela ( Bhágavad-Gm), de Wilkins
(1785);elAaíií</'iVflífl;de Bopp (1819)
y el Diluvio, con algunos episodios
diversos (1829). Este poema épico de
los indios no contiene, en su totali-
dad, menos de 250.000 versos, gene-
ralmente divididos en dísticos 6 elokas
de 32 sílabas cada uno: estas 32 síla-
bas forman dos versos de á 16, divi-
didos á su vez en dos hemistiquios
de 8. Este es el verso épico de la poe-
sía sánscrita 6 clásica de los indios;
pero algunas veces también, cuando
el giro del pensamiento lo exige, se
alarga 6 acorta el verso y toma una
forma más 6 menos lírica: esto es lo
que se nota principalmente en las par-
tes del poema que se consideran rela-
tivamente modernas. La epopeja se
compone de 18 cantos ó panas y con-
tiene, como complemento, el poema
llamado Harivausa (cujro título quiere
decir genealogía de Harí^ esto es, de
VishiLu), traducidoal francés por mon-
sieur Langlüis (1835). El asunto fun-
damental del poema, como ja hemos
indicado, es la guerra de los Curus y
de ios Pdndus en PantchMas, con mo-
tivo de la supremacía real de la India.
Los adversarios son los hijos de dos
hermanos, Pándu y Dhritarásktra, des-
cendieutes del dios de la Luna. Dhri-
íarás/itra tenía cíen hijos, de los cua-
les, el primogénito, Durifód/tana, era
el más furioso contra sus ciuco pri-
mos. Tres de éstos tenían por ma-
dre á PritH ó Kunti y eran encarna-
ciones divinas, en esú forma: Indhis-
tkira representaba la encamacijn de
Dhatma ó la justicia; Bhrin^t de V&-
INDI
jes ó el viento; Arjuna, de Idra, dios
del cielo. Los dos restantes, que com-
pletaban el número de cinco, ñamados
Nakula y Sahadtva, eran las encarna-
ciones de los caballeros celestes, ape-
llidados Ápnius (Azuínos), qne son
los Dioscurós del panteiSn branmáni-
co, y contaban por madre i Mádrí,
hija del rej de Madra. Dkrit&rásihra
reinaba en Hastinftpura (Delhi), no
obstante ser su hermano VkaA}x(elpár-
lido) el primogénito; pero el color de
la tez de este ultimo le había excluido
de la sucesión al trono, por eujo mo-
tivo hubo de retirarse al Himalava,
en donde murió. Huérfanas las cria-
turas, fueron conducidas al lado de su
tío, el cual las educa y asiste como si
fueran sus hijos propíos. El Mak&bhA-
rata presenta respecto de las epopejas
de otras naciones, particularmente,
respecto de la litada, notables seme-
janzas. Este poema, tomado en sa to-
talidad, contiene una multitud de 1»-
jandas; las unas, de un carácter pu-
ramente histérico, se refieren á los
tiempos más antiguos de los arias;
las otras, evidentemente simbiltcas,
sirven de complemento ó de explica-
ción á las que se encuentran ja men-
cionadas en el Véda, Casi todos los
símbolos helénicos son originales del
Asia; pero transformados por el genio
poético de los griegos y localizados
hábilmente por ellos en su propio
pjís. No admite duda que la major
parte de este pojma es de épocas muj
diversas y relativamente recientes, j
que su caudal primitivo apenas tenia
la quinta parte de la eitensidn que
tiene en la actualidad. Los textos suce-
sivos del Mahibhdraia han ido agran-
dándole cada vez más v han hecho de
él una obra sin unidad de lengua, ni
de doctrina, que pertenece á civiliza-
ciout;s y á creencias sensiblemeute
distintas las unas de las otras. Todo
induce á creer que, en la escritura pri-
mitiva, los héroes humanos no se ha-
llaban aún revestidos del carácter mís-
tico que presentan en el gran poema;
que eran rejes árlanos j no encarna-
ciones divinas, j que los dioses no se
interesaban en los acontecimientos,
sino en la medida en que se interesan
en Homero. Reducido á sus primeras
dimensiones, el Ma&ábháraía puede
elasiñcarse con alguna razón éntrelas
obras más antiguas de la lengua sáns-
crita j remontarse á los tiempos h»r
roicos del pueblo indio. En cnanto á
las adiciones sucesivas qué ha recibi-
do el Mah&bhArata primitivo, no es
posible, en el estado actual de la cien-
cia, fijar con exactitud las épocas de
aquellas adiciones. Lo úuicoque puer'
de decirse es que en él se encuentra
el eco de las diversas doctrinas reli-
giosas ó ñlosjficas que ha producido
la India.
3. La Bh'tgavad-Gitá, Haj una
parte de aquella obra que forma por
sisóla un verdadero p.ema, j cuja
uni ín con la grande epopejaes pura-
metile aruñcial: tal es U Bhdgucad-
G 'td, nombre que significa caii¿o excc'
lente, considerado en la Ihou como el
INDI
ultimo del AfakdbUdraíA. &1 poeta su*
pone que antes de la gran batulla épi-
ca de JCur x.'íra, le faltd «1 valor al
héroe Arjuna, á la presencia de aque-
llos ejércitos fratricidas dispuestos
al combata: su escudero Krishna, qne
no es otro qne Vishnn «ntiarnado, le
infundió ánimos, exponiéndole la ley
de la transmigración j el destino de
los buenos j de los malos. Sea cual
fuese la escuela filosófica á que se atri-
buja la B&lgaead'Glíi, la doctrina
que enseña es esencialmente brahmá-
utea, fundada en las lejes de Manú y
en los Vidas, cuja autoridad se invo-
ca t¡n más de una ocasión. La creencia
en los dioses antiguos de la India, al
sistema fundamental de las castas, 1m
deberes de cada una de ellas, se recA«-
miendan allí como los principios con-
servadores de la sociedad j las condi'
ciones indispensables de la nlnd etei^
na. Siendo el alma inmortal— s^ón
sus doctrinas— la muerte es indiferen-
te, y el discreto j comedido signen
impasibles las lejes de su casta, sin
desear ninguna recoinpensa, entrega-
dos en absoluto á la contemplación
que conduce á la unificación coa la
divinidad. Cumplir su deber pensan-
do en el Hacedor, tal es la doctrina
enseQada en los tiempos anteriores &
Manú. La inacción no es una virtud
por sí misma; la acción vale mucho
más que aquélla, si tiene por priaci-
Eal objeto, por término final, unirse i
líos por la contemplación, eis decir,
por la sumisión de los sentidos j el
sacrificio de los deseos, y por el cono-
cimiento de la esencia divina: tal es el
soberano bien j el punto supremo de
todos los esfuerzos del prudento. Los
hombres que posponen la práctica &
la eontomplacíóu ^ que creen la obra
superior á la inteligencia, no sólo se
engañan, sino que nO pueden identi-
ficarse con Dios por el peusamteuto,
condenándose á volver a la vida por
la lej de la transmigración. — Kl único
medio de sustraerse á esta candición
del renacimiento, es el de conocer la
naturaleza divina y tener sin cesar el
espíritu fijo en ella. Por este camino,
las acciones de la vida, realizándose
según la Ii>j j con todo desinterés, en
vez de encadenar el alma á lOs senti-
dos y á las cosas materiales, la dejan
en esa santa libertad que le permite
confundirse en la esencia divina 7 ase>
gurar la vida eterna. — La doctrina mo-
ral, contenida en\a Bh^ataa-GiíA, es
de una elevación ineun mensurable j
de una filosofía más trascendente y ea-
piritoal que la del apóstol de los grie-
gos, el gran Platón. Y tengase pre-
sente que estas doctrinas no son una
serie de prescripciones dirigidas á loa
solitarios v á los ascetas, sino que es
la m >ral de hombres que viven en el
muudo, para quienes el pensamiento
de la divinidad es un principio capaz,
por sí solo, de convertir en hechos
virtuosos las acciones más ordinarias
de ta vida. El lector ique desee cuno—
cer todas las doctrinas contenidas en
la Bkágavad'Gttíít puede ver la tra-
ducción inglesa, por Wilkins (Lou-
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lííDt
¿m, 1785); U lUmana, pnr Peiper
(Leipxi^, 1834): U latina, not Schle-
Sl, edición de Laiien (en o.% Bonn,
Ú); Ten, tndacoión griega da Gap
baM (Atenas. 1848), j O. de Hom-
boldt, Soire tl tpisoáiú del JíakSikira-
te mocido con tJ nornh^ de BkSffatad-
m (BerUn, 1827).
4. SI RAwtítyaiut 6 sea historia de
Rima. El Rimiyané, de menos exten-
sión, ofrece esa unidad de lengua ^
de doctrina qae caracteriza la obra de
no solo hombre. Además, Vyita es
en la iNoia nn personaje casi fabulo*
so, mientras qae i VdmtH se le ha
tenido siempre por nn hombre que
realmente ha existido. Este solo he-
cho, uuido i la perfección literaria
del poema, deraostrarfa que el Rámá-
jraas es posterior al Jtíaadbháraía. El
asanto del poema se refiere i la con-
i^uista anana del Indostán en su di-
urno período, pueato que la conduce
hista la .isla de íCfilin. T por tiltímo,
el earieter alegifrieo de los personajes
indica una época m¿s avanzada en el
desarrollo paotefsta del pueblo indio.
Sin embargo, la orftica no encuentra
modo de admitir que la referida epo-
peja descanse sobre un fondo de tra-
diciones realmente históricas, y que
Rima haja sido en efecto el conquis-
tador j civilizador del Mediodía. Vol-
viendo á la época en que el poema de
Tilmtki fué escrito, debe suponerse
que ^a existía cuando los antiguos
navegantes griegos, anteriores & Ale-
jandro, recorrieron las costas del mar
Br^treoT conocieron las Indias sáns-
critas. Bl Rdatájfana podría, pues, co-
locarse entre esta época j la de Ho-
mero; puesto que no de|a oi aun sos-
pechar siquiera, la existencia de la
leli^ón bildhíea. Aparte de esto, los
erítieos europeos tienen que examinar
relativamente i este poema, asi como
para la grande epopei^a, las partes
realmente antiguas j originales; por^
que es evidente que algunos fn^-
mentosjrtodo lo que concierne ala
encamación de Vishnu en R&ma, son
interpolaeiones.
5. Im P»ráiMU.—hM Purinas, pa-
labra qne [>[>dría traducirse con bas-
tante •xaetitod por antigíuáadet,j que
deaiffna ciertos poemas indios que
coauenen varias leyendas humanas 6
divinas, recogidas por sus autores en
las tradiciones nacionales j en los es-
erítos antiguos de los brahounes, per-
tenecen al ginero épico, con algunos
otros poemas de menor importancia.
En tiempos remotos, existían varías
obrma poéticas, llamadas Pnrinas, las
nales, 6 se han perdido, 6 sus textos
no han llegado hasta nosotros. Estas
obras, qne quizás se remontan á la
epoea de las grandes epopeyas, han
servido de puutu d« partida á las P»-
''4a«« actuales. Las Rosque se poseen,
las cuales se tienen por las más im-
portantes, ofrecen la forma de las
ep:>peya8; la naturaleza de las doctri-
nas que en ellas sa desarrollan, pme-
la edad moderna de su composi-
' Um, puesto que se refieren al culto
.-' B Us eocaruacionas de \ ithau j de
mt
(^iva. esto es, i las dos religiones más
recientes de la India..
6. Lejfei de Ma%i.—h. la antigua
literatura india corresponden las leaet
deMani,
7. Código de TSjnavalkya. — Este
código es mis moderno, puesto que
data del siglo vi de nuestra era.
8. Varios géneros de erudición. — Las
obras relativas á la legislación, lia-
ijadas Dkarmacisiras, son numerosas
en la literatura sánscrita y correspon-
den á todas las épocas, desde los di-
versos códigos que llevan el nombre
de Mand, hasta nuestros días. A estas
composiciones, de una extensión ge-
neral, hay que añadir los tratados
especiales en que están contenidas las
prescripciones y las reglas propias á
cada priictica, a cada ejercicio, a cada
función. El número de estos tratados
éli considerable.— De la danza india
nació el drama (en prlkrito, naiaj;
como de las fiestas de Baco salió el
Coro, el cual constituía casi por sí solo
los primeros dramas de la Grecia. La
•htnza misma parece descender de las
ceremonias vedicas, lo que explica el
por qué los indios atribuyen al drama
un origen divino y suponen un poeta
dramático y una compañía de actores
celestes dando representaciones en la
corte de Indra. Sin embargo, el drama
no Ue^ó á conocerse en la iNoii^hasta
después de secularizada la danza: sus
asuntos están á veces tomados de la
vida ordinaria; frecuentemente apare-
cen inspirados en la tradición épica
del ÁíaMikirata ó . del Rámáyana; al-
gunos, en el Vida mismo; otros, en la
Teyenda de Krisbna. Las composicio-
nes dramáticas antiguas son, ó mito-
lógicas, como Vihrama y Urvact; 6
de intriga y carácter, como el Carro
deareiila 6 el MndrÚrlUxata (el anillo
del ministro). En la India no había
teatro público; éste se componía de la
corte y de los invitados; los actores,
?[ue pertenecían á los dos sexos, no
ormaban una clase menospreciada.
Una representación escénica, hábil y
variada, figuraba los objetos fantásti-
cos, como los naturales, ^ algunas
escenas de grande espectáculo para
recreo exclusivo de la vista. La regla
de las tres unidades se reducía sim-
Slementa i la unidad de acción: el
rama en da suyo romántico, sin
tocar en el materialismo, y sin exce-
derse de los límites de la verdad, del
buen sentido y del decoro. Una curio-
sidad singularísima nos ofrece el tea-
tro indio, y es: la composición de unas
piezas enteramente metafísicas, cuyos
personajes eran ideas ó imágenes; á
este género pertenece el Prabddka-
TcÁandrSdaya ísalida de luna de la
inteligencia). Este hecho supone un
público como no se ha conocido otro
Igual en ningún teatro de Europa,
antiguo ni moderno, al par que carac-
teriza la sociedad culta de aquel país.
La poesía lírica y los géneros ligeros
cuentan en la India numerosos escri-
tos: entre éstos debemos citar, como
más notables: Za Nube mensajera 6
Mégkadütat que se atribuye á KlllidA.
ÍÍÍDI 75
sa, el poeta más célebre de la India,
cuya composición ha servido de mo-
d^o á muchas obras parecidas, y el
QitO'tHvinda (cauto del pastor), de
Javadéva. El estilo de esta poesía ro-
mnntica (excepHÓn hecha de su últi-
mo poema, que es una especie de canto
de amor místico y simbólico) es fre-
cuentemente afectado, y algunas ve-
ces toma cierto carácter sensualista
y hasta libertino. Este género data,
por lo g^>neral, de los tiemp )s en que
se hallaban en todo su vigor los cultos
de Civa y de Krisbna, y se extendió
en los comienzos de la era cristiana,
conservándose durante la dominación
de los árabes.
9. La fáb%lay el cuento. — La fábula
y el cuento se hallan igualmente re-
presentados en la literatura india por
varias composiciones importantes, cu-
ya existencia está ligada á la histo-
ria de los mismos géneros, en Occi-
dente. El libro más antiguo de fábu-
las es el Pantchalanlrif, cuya fecha no
se puede fijar; pero seguramente no es
el primer libro de fábulas que había
sido escrito en aquel país, á juzgar
por su perfección. La naturaleza délas
creencias religiosas de la India ponía
al ser inteligente en rel.icióu con los
irracionales, hasta el punto de vivir
en común, lo cual hizo que el houibre
sacase las realas de su conducta prác-
tica de los hábitos instintivos del ani-
mal. No hay, pues, motivo para con-
Í'eturar que los indios hayan imitado
as fábulas griegas, cuyo género pudo
desarrollarse del mismo modo am la
influencia de la India; pero es punto
perfectamente averiguado que la fá-
bula vino del Asia con Esopo el Fri-
gio, cuyo personaje, casi mitológico,
pudo inventarla ó tomarla de los
orientales. Supuesto cualquiera de los
dos casos, resulta que la fábula es una
creación de Oriente. El Uiijpadtca
(instrucción saludable) es un compen-
dio del Pantchataníra, y ambas obras
se atribuyen al brahmán Vishnucar-
: ma. Schlegel y Lassen han dado una
traducción latina, que fué publicada
en 1831; Johnson, una inglesa, en
1848; M, Lancereau, otra francesa,
en 1855; pero la versión alumana,
Í»or &f. Benfey, está considerada como
a más fiel y perfecta. Esta última
obra, de origen brahmánieo, no con-
tiene ninguna aventura, hecho ni pa-
saje que recuerde el budhismo, y pa-
rece, si no anterior á esta religión,
contemporánea al menos de sus pri-
meros desarrollos.
10. Filosofía. — No nos es posible
tratar aquí en detalle de la literatura
científica, que, por sí sola, forma en
sánscrito toda una biblioteca. Entre
las obras que la componen, aparece
en primer término la ttlosofía, ya por
su importancia absoluta, va por sn
antigüedad y largo desarrollo históri-
co. £1 período vedico había ya discu-
tido ó abordado la mayor parte de las
cuestiones de metaFísica y de cosmo-
logía, antes que estos mismos proble-
mas fuesen tratados en lengua sáns-
crita; no ha habido interrupción en
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ÍNDÍ
este movimiento de ideas, ni en el
uso de las dos lenguas, puesto que
ambas han coexistido durante algu-
nos siglos. En el Véda y en los más
antiguos Bráhmanai es donde hzy que
buscar tas fuentes de toda la literatu-
ra filosófica de la India. En cuanto
á los escritos de este género qne le
poseen, la existencia de antiguas es-
cuelas que han perpetuado su cele-
bridad» prueba que fueron precedidos
de otros muchos» algunos de los cua-
les existen aiia indudablemente. Los
tratados de filosofía llevan el nombre
de SUins, hilo, encadenamiento de
ideas. Los más antiguos ae atribulen
á Kapila, personaje que fué diviniza-
do luego, j á quien se considera coma
el fundador del sistema sánkhua. La
metansica del budhismo se halla es-
trjchamente ligada á ta de aquel sis-
tema, cujas legendas lo presentan
como muj anterior al Budba. En efec-
to, todo induce i conjeturar que Ka-
pila debe corresponder al primer pe-
ríodo de la lei^ua sauscrita. Patanja-
li, j después Yálnaralkja, fundaron
j aplicaron á la vida práctica la doc-
trina del Yó^a. Estos autores apare-
cen como budhistaa, (S al menos como
auxiliares de los ascetas de «ta reli-
gión, en un tiempo en que probable-
mente no era aun considerada sino
como un sistema de filosofía moral.
Haj, por lo tanto, una relación ínti-
ma entre los libros que tratan del sis-
tema sdnA&ya j los que exponen el
yóifa, 6 doctrina de la unuí» misíica.
Entre estos últimos debe contarse,
«demás del XII libro del Mahábh&ra-
tttj la Bhigavad'Git&, que aproxima
la doctrina del Yñga al culto popular
de Krishna. Este hecho parece indicar
que aquel poema no debe ser de una
focha muj antigua, amén de qne al-
gunos de sos pasajes hacen sospechar
que sea contemporáneo de la predica-
ción budhista en la India, la cual
comprende por sí sola una larga serie
de años. En esta época colocan algu-
noi criticos el mavor desarrollo de
esta parte de la literatura filosófica
entre los indios. Al lado de esta es-
cuela, florecía, poco tiempo después,
ta fil'jsofí.-i que entrañan los Mítnánsá-
KÍ:Íírits. El autor del más antiguo de
ostos libros, que se da como el revela-
dor del Sdma- Véda^ es Jaimini. El
ira de Bááaráyana representa el se-
g-undo desarrollo de la misma doctri-
na; y sin embargo, la autenticidad de
estos dos escritos no está probada
todavía. Merece (ütarse también el
Bfáhma-Sútra, el cual establece que
los diferentes sistemas filosóficos son
más ó menos erróneos; que el mundo
no tiene realidad substancial, jr que
sólo Dios existe en su unidad absolu-
ta. Bsta obra, aunque antigua, es de
fecha posterior á las precedentes.
1 i. Lógica. — Lalógica está represen-
tada en sánscrito por una larga seriede
producciones, denominadas también
S'Uras, que se enlazan á los diferentes
sistemas de filosofía y de metafísica.
Los tratados más antiguos se han per-
dido ó no han llegado hasta nosotros;
mt
los más recientes han sido colecciona-
dos bajo los nombres de Kanida y de
Gdí'imi, autores de época incierta.
Í2. Gramática, diccioaario, retórica,
poética, métrica.— 'IjA gramática ocupa
un puesto honroso en la prodigiosa
aglomeración de la literatura que des*
cribimos. Piniui, considerado como el
legislador de la lengua sánscrita, per^
tenece á una época muj remota: su
Gram'íiea es estimada como un libro
de inmenso valor, que los indios han
enriquecido con multitud de comen-
tarios. Merece mencionarse el vocabu-
lario de Amarasínha, autor contempo-
ráneo de Kálidísa, según algunos crí-
ticos. En cuanto á los tratados de re-
tórica, poética y métrica, compuestos
en diversos períodos, deben reterirte,
por lo lejano de su origen, i la edad
antigua de los Védas,
i s. Attroítotnía, números decimallu,
aritmética, álgebra. — La astronomía ha
producido en la India un número bas-
tante considerable de obras, algunas
de tas cuales, de una importancia real
para la historia de esta ciencia. Los
indios han sido también los inventores
de los números decimales, de la arit-
mética y del álgebra, transmitidas al
Occidente por medio de los árabes,
quienes la tomaron nuevamente de los
indios con la astronomía.
14, Medicina.—ljL India, posee mu-
chos tratados, que son preciosos, ja
considerados en si mismos, ja bajo el
punto de vista de la historia de dicha
ciencia.
15, Otrot rarttot. — La literatura in-
dia abunda en tratados relativos á la
pintura, escultura, arquitectura y ar-
te militar.
16, Literatura búdhica, — Budha apa-
reció en el siglo vi antes de la era
cristiana y predicó sin escribir una
sola letra. Sus predicaciones se diri-
gían, ora á los brahmanes, ora al pue-
blo, debiendo notarse que, bajo el
concepto metafísíct^ se asimilan al
sistema t&nkkga y no contienen nada
de nuevo; pero tendían á reformar las
costumbres j las prácticas religiosas,
y provocaron, por el principio de la
igualdad de los hombres ante la lej,
la abolición de las castas, y por con-
secuencia, una inmensa revolución
política. Esta tendencia democrática
de la reforma se hizo sentir en toda
la literatura búdhica, porque al diri-
girse á las masas populares, los nue-
vos predicadores v los moralistas se
vieron obligados a emplear sus expre-
siones, su lenguaje y sus fíg^uras de
estilo, y á separarse, no tan sólo de
las reglas de Pánioi, sino también de
lo9 hábitos gramaticales de la socie-
dad cuita de su tiempo. En la litera-
tura brahmánica, el prAkríto no apa-
rece sino accidentalmente en los dra-
mas; en la literatura búdhica, por el
contrario, se le encuentra en todas
partes. Además, las necesidades de la
enseñanza popular forzaron al maes-
tro á desenvolver extensamente sus
ideas, á presentarlas bajo diversas
formas y a apoyarlas con ejemplos é
imúgene^, de donde nace la difusión
■mt
que reina en muchas de las obras
búdhicas, sus repeticioues ^ sus re-
dundancias. Este necho explica tam-
bién el inlpris vivísimo de sus narra-
ciones j la impresión profunda que
hicieron sus parábjlas. El sentimien-
to moral, la caridad, constituje ordi-
nariamente el fondo de los escritos
búdhicos, al menos de los antiguos,
pues las doctrinas metafísicas j las
reglas jerárquicas no fueron expues-
tas hasta mucho después en obras es-
peciales. Sin embargo, según U tra-
dición, al primer concilio, ^oe se re-
unió en el llaghada inmeidiatamente
después de la muerte de ^álEja-muni,
dividió ja los escritos sagrados en
tres series comprendidas bajo el nom-
bre de Tripitakaá las Tret catas; esto
es, las tres compilaciones: la primera,
contenía la doctrina de Budha con el
nombre de Sitrat; la segunda, las re-
glas de disciplina ó el Vinaga; la ter-
cera, la metafísica á Ahkidhanna, Esta
división primordial ha quedado per-
manente en los países budhistas del
Norte j del Mediodía. Los S&tras
sánscritos del Nepal, como ha demos-
trado Eugenio Burnouf, son dos épo-
cas diferentes j se dividen en doscate-
gorias: los SAtrat simplet y los grandes
mitras; éstos, posteriores por la len-
gua, la forma y la doctrina, no son
más que el desarrollo de los primeros
j presentan al maestro en medio de
una corte de dioses j de personaje!
fantisticos, que no se encuentran en
los S&iras simples, cuja anterioridad
está demostrada por su sencillez rela-
tiva. Los jS4/riu üúdbicos más anti-
guos, los que se remontan al último
concilio, ofrecen el cuadro de una so-
ciedad moral y materialmente decaí-
da por el exceso mismo de su civili-
zación, lo que explica claramente el
extraordinario éxico que alcanzara la
predicación de Budha, así en el pue-
blo bajo como en todas las castas de
la Indu. Las numerosas obras cono-
cidas con el nombre de ToMtra^, titulo
que designaba ja los escritos brah-
mánicos de un periodo literario más
antiguo, deb.:n considerarse coma pos-
teriores á la colección del TripUaka.
Plagados de fórmulas de superstición
j de magia, los Tantras búdhicos pa-
recen ser el producto de una alianui
entre el culto de Budha J el de Civa:
de modo que este último, que se halla
en vig >r en la India, se encuentra,
por el solo hecho de su unión con el
budhismo, colocado entre los últimos
desenvolvimientos de las ideas brah-
mínicas. El examen atento de los li-
bros búdhicos servirá grandemeatu
para resolver importantes cuestiones
de cronología en el campo inmenso de
la literatura indiana. Parécenos que
aquel examen hará p isible la compa-
ración de las tradiciones del Medio-
día v del Norte con los datos que su-
ministran los chinos V los gríseos^,
lográndose fijar el enlace de las doc-
trinas filosóficas j religiosas de cad <
ép'jca, así como el carácter de su esta-
do social, político, moral j literario.
Por fortuna, 1 >a estudios sánscritos
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INDI
INDÍ
INDÍ 77
liaa hecbtf boUbles progresos en Ii!u~
ropa, de algún tiempo á esU ^artc;
sus eoQocimieDtos vaa extendiéndose
mis cada día; j todo induce ¿ creor
que, acrecentándose, como se acie-
cientan, nuestns relaciones con el
Oriente , el interés hará lo que no ha
podido hacer el amor de la ciencia j
tÁ deseo ilustrado de preparar el por-
venir.
S'i. Analogías torprendeñUf.—Sin
poner nada de nuestro juicio, sin con-
sultar en modo alguno nuestras creen-
cias j nuestros sentimientos, vamos á
exponer el prodigioso cuadro de la
teología india, ja seg^n el contexto
de sus libros, ja también según la
opinión de los eraditos más consuma-
dos. Las concordancias que se echan
de rer respecto de otras religiones,
son tan sorprendentes, que haj un
instante en que se apoderan del racio
cinio más seTero, de la conoieneia más
persuadida, del espíritu más profun-
do. Dejemos ahora que hablen sin ro-
deos los libros j los sabios. «Bosque-
jado el cuadro que precede; dados los
antecedentes que dejamos expuestos,
bien se puede, afirmar que la especie
de maternidad que á la India se atri-
baje, es de todo punto irrefutable, j
que Egipto, Judea, Grecia, Roma,
toda la antigüedad, en fin, no ha he-
cho otra cosa que copiar la sociedad
brahmánica en sus castas, sus teorías,
sus religiones, j adoptar sus Brahmas
6 divinidades, sus sacenlotes j sus
levitas, como ja anteriormente había
adoptado la lengua, la legislación j
la fiiosona de la primitiva sociedad de
los Védas. — Del sánscrito se han for-
mado todas las lenguas antiguas, de
las cuales se derivan las modernas, j
tomado sus nombres la mitología de
lea pueblos primitivos; j así se ve que
el Olimpo griego nació seguramente
del Ulimpo indio. En cuanto á la
Iluda, esiá calcada en el Rám&yana,
así como las fábulas de Esopo son las
mismas del indio Pilpaj j del brah-
mán Ramasamgajer. La historia de
la filosofía de la Inju, sÍ hemos de
creer lo que dice Coussín, es el com-
pendio de la historia filosófica de la
humanidad. Bl Véda, considerado en
sns himnos más antiguos, no ofrece
el menor indicio de otra filosofía ni
doctrina religiosa anteriores á las
sajas. Bl desenvolvimiento de la filo-
sona de los indios ha sido original
durante el lai^ período de su du-
ración: no haj, pues, ni asomo de
motivo para suponer que los grie-
gos bajiin ejercido sobre ella infiuen-
cia sensible; antes bien está demos-
irado que en la época en que los anti-
gnos filósofos de la Grecia trajeron
sus conocimientos de lejanas expedi-
ciones por el Oriente, ja la India
había visto aparecer sus primeros
glandes sistemas de fiolosofía védica,
la reacción liberal que produjo la
leatntiva de Kfipila j la profunda
Hrmentación de ideas de donde salió
vlbudhismo;doctrinareformador8que ¡
■ ino á cambiar las costumbres j los
nsbitos de Oriente, j á modificar su ¡
estado social, completamente pertur-
bado por los sacerdotes brahmanes,
predicando U igualdad de loshombres
é inslitujendo una lej común, un
culto universal, en oposición con los
cultos naturalistas á que se hallaba
entregada por completo el J^sia. El
budhismo fue la postrera revolución
religiosa que sufrió la India; la últi-
ma que puso término á la lucha gi-
gantesca j á la emigración en masa
de los pueblos indios, que iban en
busca de países en donde no les al-
canzara la venganza de los brahma-
nes. La India, pues, no llegó á ver el
budhismo sino durante un corto espa-
cio de tiempo, relativamente á la lar-
ga duración de su historia, debiéndo-
sela considerar como la tierra clásica
del brahmanísmo; religión é institu-
ción social que han resistido á las in-
vasiones sucesivas de los mongoles,
de los árabes j de los pueblos de Oc-
cidente. No es en el VUa ni en sns
apéndices donde haj que ir á buscar
los elementos de esta djctrina, puesto
que el Vtda es de fdcha anterior, j la
major parte de sus manifestaciones j
comentarios sou concepciones indivi-
duales j no libros canónicos. Tres es-
critos contienen principalmente el
drahmanismo ortodoxo: las leves de
Maná; el Rám'iyana y el MaAáhMrJÍa:
el primero, bajo la forma de código;
loi restantes, en dos grandes acciones
épicas. Pero el brahmanísmo no ha
dejado, en ningún tiempo, de fundar-
se en la autoridad del Véda, que es el
libro revelado, la escritura sagrada
de los indios, mientras que los him-
nos del Riff- Vtda son, en su mejoría,
anteriores á la creación del brahma-
nísmo, si bien contienen en germen
casi toda su doctrina religiosa t parte
de sus instituciones sociales. La reli-
gión de los brahmanes es panteísta,
en su doctrina abstracta; politeísta,
en su culto; espiritualista, en su mo-
ral. La unión del panteísmo con un
culto j tendencias politeístas tiene
por efecto el simbolismo que caracte-
riza esta religión, j la asimila á la de
loa antiguos griegos. Tres concepcio-
nes constitujen sobre todo su esencia:
Brahma, el alma del mundo ^ la je-
rarquía de los seres. Por encima de
todo ser individual, se ve aparecer,
hacia el fin del periodo védico, j des-
prenderse por grados de toda forma
humana, al Ser absoluto é invariable,
despojado de todo atributo especial,
de todo carácter de personalidad; su
nombre es neutral como él mismo; no
ejecuta ninguna acción determinada,
ni entra en relaciones de ningún gé-
nero con los seres individuales; no
sjlo difiere de ellos absolutamente,
sino que es infinitamente superior.
He aqui, en efecto, la naturaleza del
panteísmo: sin admitir la doctrina oc-
cidental j semítica de la creación,
conserva entre el Ser absoluto y los
dem^s seres una distancia infranquea-
ble. Decir que en el brahmauismo
todo es Dios, es confundir esta reli-
gión, profundamente concebida j lle-
na de grande;£a, con los cultos feti-
chistas de los salvajes. La substancia
inñnila, que es BraAma, tiene por de-
bajo á los grandes diose8, deIos cuales,
el más elevado, SraAmi (nombre mas-
culino), se llama el gran creador de
los mundos. ¿Cómo está primer prin-
cipio activo j maseulino ha podido
salir de Im substsncia íi^nita de Brah-
ma? Los indios, para responderá esta
preg nti, han concebidi) á Mayi, cu*
JO n mbre significa magia, ilusión r
cuja significación metafísica es la de
materia (medida j Hmite, tiempo j
espacio). J/a^d ue es un personaje,
sino en un sentido misterioso j simbó-
lico; en sí mismo no es absolutamente
nada, j corresponde á lo que Platón
llama el topos, 1% madre utii versal, la
para y simple posibilidad de más y de
menos. Brahtní no es, poes, eterno
como Brahml, sino que existe en la
duración iafinita, pero divisible, del
tiempo: las leyes del Mané dan, para
fijar el dogma á h» ojos de la Qiul-
titud, la duración del día de Brahmí
j de sus subdivisiones. El alma 4el
mundo, ParamiíMi, es, respecto del
universo, el principio únieo de la
vida, que procede de Brahmft: tomada
de su unidad, no tiene eoneiencía de
sí misma j no coastituje una divini-
dad; pero, en virtud del principio in-
telectual, M.mas, que as el vunos de
los griegos j el meas de los latinos; de
ella nace J.AaMÍ(irJ, cu jo genio re-
presenta el yo; esto es, la personalidad
necesaria de los seres iutoligentes de
todo orden. De aquí resulta que la in-
teligencia es la causa de la individua-
lidad j de la parsonalidad de los se-
res; j como el ViuM4 proviene del alma
del mundo, de la eual es una forma
determinada, j el alma misma trae su
origen A» Brahmd, se ve que todos Ijj
seres tienen su priucipio en «ste gran
creador, del cual se alejan tanto me-
nos, cuanto más desarrollado j mejo.*
dirigido ae halla en ellos el principi a
intehctual; estoes, la razón. Tales son
los principios metafísicos que condu-
j eroc á los brahmanes á su gran teorí^i .
de la jerar^ía de los seres. En efec-
to, la dignidad de cada uno de ellos
crece ó disminuje con su inteligen-
cia, j sólo por el predominio de la
razón pueden aproximarse á su ori-
gen, que es BriMm&. Todo lo que sir-
va de obstáculo á la inteligencia; todo
cuanto puede oscurecerla o aminorar-
tiende á alejarlos j hacerles descen-
der en esa jerarquía en que se hallan
clasificados por su propia naturaleza
espiritual. Por la inteligencia de que
están dotados, se elevan los seres ha-
cia el Creador j se unen á él mental-
mente; por la pasión, son arrastrados
hacia los objetos materiales, cuva
magia j encanto los envuelve, los se-
duce j los sepulta eu las tinieblas de
la ignorancia: j una vez privados de
la inteligencia j de toda conciencia de
sí mismos, descienden á los últimos
peldaños de la escala de los seres,
cuja cima ocupa el Dios del univer-
so,— Toda la legislación de la India
se encuentra igualmente en Roma,
legataria de Egipto j de Grecia; exa-
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78
ÍNDÍ
tlíDt
míoenae las leyes indias, codificadas
miles de años ahtes de la venida de
Cristo; véanse los libros 8,* j 9.* del
famoso código de Maná, que tratan
de las lejes civil j criminal, del pro-
cedimiento, de la conciencia pública,
de los testigos j del testimonio, y de
las lejes penales para los crímenes j
delitos, j se veri que el juramento,
la propiedad, U prueba, el testamen-
to, el interés, la caución, la multa, la
prenda, la fianza, el arriendo, el al-
quiler, la hipoteca, el mateimonio, en
una palabra, todos loi derechos y to-
das las acciones de los hombres, han
pasado sucesivamente de la India, á
nuestra legislación. El código de Ma-
ná, M&navúrdhartM'Qastra^ se halla
dividido en doce libros, comprendien-
do 5.370 versos, en la edición publi-
cada en París, en 1830; en los cuales
se exponen, como enseñanza revela-
da, los preceptos de la ley. Maaú es
el nombre de un ser superior, fre-
cuentemente citado en la literatura
india: su primera mención se en-
cuentra en el Rtg- VtíU, monumento
rl mis antiguo aú pensamiento hu-
mano, en donde aparece como el padre
común de tos hombres; loa poetas le
atribuían la institución del sacrificio;
los arias del Indo le consideraban
como su primitÍTO legislador, desde
antes que descendieran, hacia el Sud-
este, á los valles del Yamun& y del
Ganges. Este fiimoso sabio de la In-
dia, llamado comunmente «el hijo de
Snajfambhuvapt es decir, de «aquel que
existe por sí mismo,> no es un per-
sonaje exclusivamente indio, puesto
ue su origen se pierde en la noche
e las edades antehistóricas; las tra-
diciones le hacen remontar i los tiem-
pos en que su rasa vivía, en su nnidad
primordial, & lo largo de las orillas
del Oxus, Toda su legislación esti
fundada en el Vtíía; el espíritu gene-
ral que anima sos leyes puede resu-
mirse en estas dos frases: jntrvfa/Uioi
y sforej; tnhordinae^ de lot kom&ra
entre ti. Los elementos que componen
esta sabia legislación, se hallan tan
estrechamente unidos, que es muj di-
fícil determinar si las castas han sido
creadas para conservar el espíritu re-
ligioso, ó si la doctrina religiosa fué
concebida ea vista de la conservación
de las castas. No es posible suprimir
□i modiScar ninguna de las partes
esenciales que constituyen este gran-
dioso monumento de la legislación in-
dia, sin que se venga abajo toda la
obra. — No menos notables que las an-
teriores, son también las analogías que
se echan de ver entre las religiones
budhísta y cristiana. El budhismo, se-
gdn H. Dufa j,e8 el cristianismo délas
razas amarillas. La profunda diferen-
cia que existe entre las dos religio-
nes, es Correlativa i la diferencia de
las razas que han practicado el origi-
nal védico-brahmanico. En efecto, las
religiones, como las demás institu-
ciones sociales, son producto peculiar
del genio de cada raza; y aparte del
elemento tradicional ^ue conservan,
llegan al nirel moral e intelectual de
los pueblos que las adoptan. Budha j discípulos para la predicación ; final-'
hubiera sido Jesús en el Occidente, I mente, fué conducido al suplicio por
mientras que Jesús habría sido Budha I los enemigas de sus doctrinas, y, al
en el fondT de la India. Ambos refcr- espirar, tembl'í la tierra y se cubrió
madores tuvieron un mismo modelo,
Xritkna, el hijo de la virgen Dewna-
guy, la encarnación más alta de Vísh-
nu, sobre la cual está basado el su-
bli.ne do^.na del Redentor cristiano.
Jezeut ArisAna, como Budha y como
Jeaít Cristo, vino i cumplir la pala-
bra de Dios y rescatará la humanidad
de los pecados cometidos por sus ante-
cesores. El nacimiento de aquel Re-
dentor esti anunciado en Ins pr 'fecíaa
del Génrit indio, el cual explica la
creación del mundo, la rebelión de los
dfvat 6 ángeles, el nacimiento de
Adhina j de ffeva, el diluvio, que la
cronología india señala al fin del tma-
para yuga, es decir, tercera edad de la
existencia ,del mundo (más de cuatro
mil años antes de nuestra eraS y de
cuyo catacli.smo salóse salvaron Wai-
msvaía, su familia, las semillas de
las plantas y una pareja de todos los
animales, que aquél encerrara en el
buque, construíao por consejo del Se-
ñor. Las obras de teología más autén-
ticas relatan igual:netite la vida de
Devant^ay, la Virgen María, el naci-
miento de KrükM, las persecuciones
del tirano de Madura, la degollación
de los inocentes, la infancia del Re-
dentor, su vida militante, sus máxi-
mas, sus parábolas, su enseñanza filo-
sófica y religiosa, y, por último, su
muerte en las orillas del Ganges, ca-
lificada de «verdadero asesinato sacer-
dotal.» Krishua.como Budha después,
como Jesús más tarde, se había ro-
deado de algunos discípulos, los cua-
les continuaron luego en su prístina
pureza la predicación del maestro, dis-
tinguiéndose, entre todos ellos, un jo-
ven llamado Ardjuna, descendiente de
una de las principales familias de Ma-
dura, el cual, abandonándolo todo, se
unió i su maestro, jurando consagrar-
le toda su existencia, y ayudíudole
en la propagación de sus salvadoras
doctrinas. El bautismo cristiano no es
iitra cosa qus el bautismo indio: los
partidarios de Krishua tienen un río
sagi-ado, el Ganges, como los sectarios
de Juan Bautistt tienen el suyo, el
Jordán, sirviendo ambos igualmente
para lavar la mancha de origen. Pero
esta costumbre nació en el extremo
Oriente, en el país cliísico, digámoslo
así, de las abluciones religiosas. Cuan-
do se lee la historia legendaria de
Budha Sakyamuni, dice un erudito,
no parece sino que la vista recórrelas
pág;inas de San Mateo, eapítulot /, //,
/f y XXVII. Segdn la leyenda,
Sa'tyamuni nació de una virgen de
estirpe real, cuando reinaba la paz en
toda la tierra; se profetizó su naci-
miento; fué en su cuna adorado por
reyes; presentado al gran sacerdote
del templo, quien le vaticinó que lle-
garía a realizar grandes empresas;
niño aún, asombró con su sabiduría á
los doctores; se retiró al desierto, don-
de hizo penitencia durante diez añ )s;
fué tentado ñor el demonio; escogió
el cielo de sombras. Según JaeoUiot,
la opinión científica de la India anti-
gua, sobre la creación universal, fué:
que el principio material y el priiici-
fiio de vida se uqieron en el agua bajo
a influencia del calor, y que el ser
animado ha ido progresando por las
üolas fuerzas de la naturaleza, elevin-.
dose gradualmente, de un tipoinfertor
r'i un tipo superior, desde la mónada
primera hasta la prodigiosa creación
del hombre. La l'>yenda sacerdotil dió
origen á las anticuas legislaciones y
creó en el mundo el derecbu divino
del sacerdote y del rey, las castns y la
esclavitud. La leyenda p>ética inven-
tó las fábulas que después produjeron
todos los gérutx^, acomodándolas á tas
épocas y á los pueblos á que se desti-
naron. El caos, el espirita divino na-
dando sobre las aguas, la separaeián
de la luz y las tinieblas, la creación
del cíelo y de la tierra .en seis días; el
séptimo en qne el Señor descansó,
después de ver que era buena su obra;
la rebeli ín de los ángeles, que eran
arrojados & los inflemos, todo, en flUi
se halla en los antiguos libros de la
India, incluso el pecado original. He
aquí con qué senctllezy delicadeza se
da cuenta de la caída ^el p-imer
hombre. — «Distinguió al hombre por
la fuerza, la estaturayla maj.!stad,y
le llamó AdAima (en sánscrito, el pri-
mer hombre); dió á la mujer en dote
la gracia, la dulzura, la belleza, y
la llamó ffeva (en sauserito, 16 que
completa la vida). Entopces Ádhima,
volviéndose haoia su mujer, la miró,
y su corazón latió ñiertemente en su
pecho á la vista de tan perfecta her-
mosura. Ella permanecía en pie de-
lante de él, sonriéndose con virginal
candor y turbándose por desconoci-
dos deseos; sus largos cabellos, ex-
tendidos en derredor de su talle, se
entretejían en caprichosos rizos, sir-
viendo de velo á su púdico rustro y á
su desnudo seno, que la emoción co-
menzaba á agitar. Adhima se aproxi-
mó á ella; pero temblando. El sol iba
á desaparecer en el Océano; Adhima
se aventuró entonces á pasar la mano
por la cabellera perfumada de su com-
pañera; sintió como si un escalofrío
invadiese el cuerpo de Heva, y este
escalofrío se apoderó de él también.
Tomóla entonces en sus brazos y la
dió el primer beso, pronunciando muy
bajo el nombre de Heta, que se le
acababa de dar. <¡A.dbiraa!> murmuró
suavemente la mujer al recibirle. Y
vacilante, desvanecida, se desplomó
en los brazos de su esposo. — La noche
había llegado coa sus misterios; los
p'ijaros apag.iban sus cantos en los
bosques; la voluntad del Todopode-
roso estiba cumplida, porque había
nacido el amor, previa la unión de
U)S dos sexos. .\.sí lo había querido
Brabma, para enselvar á sus eriatunis
que la compañía del hombre y la mu-
jer, sin el incentivo del amor, sería
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INDI
nnt monstraoaidad contraria i la na-
taraleza j i sa lejr. Bste h«cbo tenía
logar en la isla de Ceilin, ó aea en el
paraíso de la India,.
S3. Todavía sowwt eriiUamt.—'Ño
parece sino que el origen tiene nn es-
píritu aniversal que se transmite £ los
oi^aismos de la vida, dando su alien-
to j su inspiración á todas las formas
derivadas del principio común. Así
acontece que, al leer el HhnAyana, se
nos figura que leemos la lllada, ó al
leer U lUada, se nos figura que lee-
mos el R^mi^ana. Pero hecha abstra"-
ción de esta metafísica íncompreosi-
ble, casi digmntica, de los hechos orí
ginarios, ¿podrá decirse que la Iliadn
está bisada sobre un poema indio,
que el autor del poema griego no o^ó
nombrar tal vez? Algunos filólogos
lleTtn ten adelante su orientalismo,
que Ten en los poemas de la Grecia
meros plagios de los poemas de la
Im>ia, cujas ridiculas exageraciones
no merecen una seria refutación.
j[G6mo se pUgia la guerra de Trova''
j^Cómo se plagian us divinidades y
los héroes^ ¿Cómo se plRgi:in los rui-
dos armoniosos del inmortal ciego de
Ksmirna? Bu fin, ¿cómo se plagia el
atma del poeta HomeroV Quien fuera
capaz de plagiar ese espíritu, sería
capaz de crear el mundo de la nada,
puesto que sería capas de plagiar á
Oíos. Grande j original as el RámA-
jfana; grande y original es también la
/liada. Si vale expresar nuestro pare-
cer respecto de la epopeja última,
afirmamos que no es ciertamente más
originil; pero que es más grande.
Ahora decimos acerca de la religión,
lo que acabamos de manifestar aoerra
de la poesía. Asi como la litada no
tiene explteación posible fuera de Ho-
mero, asi la. historia y la legislación
del moaafsmo no pueden tener expli-
cación posible fuera del gran legisla-
dor israelita, en armonía con su pre-
destinación religiosa j con los secre-
tos del Altísimo. Se copia una expre-
sión, se copia una idea, se copia una
imagen; pero no se copia la inmensa
creación de un Uoisés; más claro, no
se copian los genios. Y si esto no ad-
mite duda respecto de Moisés, menos
duda debe admitir respecto de Jesús,
complemento final de la ley y de la
prufecíi. ¡Se habla de copias! ¿Cómo
ae opia la sencillez del BvangelioV
¿Cómo se copia la sublimidad? ¿Cómo
se copia el llanto de la Virgen María?
¿Cómo se copia aquella lágrima, la-
ineatación profunda de todas las ge-
nencioues, suspiro de la tierra, últi-
mo modelo de la moral, último mode-
lo del arte * Hablando del conjunto de
iiiittstras Sagradas Kscrituras, pregun-
ta nos también: ¿cómo se copian esas
initagrusas genealogías, que han ve-
nido perpetuándose y cumpliéndose
á -sde el fondo de los tiempos bíblicos
hasta »1 día postrero de la Revelación;
es deCi r. désdeel Paraíso h ista Patmos,
desde Átium hasta el Evangelista, des-
de el (renetit hasta el Apocalifisi de
san Juan.'' ¿Cómo se copian tantos ar-
canos, tantos portentos, tantas belle-
INDI
zas, tantas maravillas? ¡Ahí Un Tios
se concibe, se siente, se ama, se ado-
ra; no se dibuja: un Dins se reve-
la; no se plagia. Las concordancias
de la teología de los indios respecto
de otras religiones, no quieren de ir
2ae sean meros plagios las creencias
e los demás pueblos. Lo que prue-
ban, es que la iNoia sirvió de cuna
al pensamiento del género humano,
lo cual explica naturalmente el que
allí encontremos las tradiciones re-
ligiosas de los tiempos vírgenes, ini-
ciaciones venerandas del vaticinio y
de la fe. plegarias solemnes de los
primeros hombres, memorias divinas
de augustos misterios; ó, lo que es lo
mismü, memorias divinas de todas las
memorias humanas. Tampoco admiti-
mos, porque no lo creemos, que el
evangelista cristiano copiara de la In-
DT&, cuando tenia delante su original,
sin hacer menciín de que un san Ma-
teo tiene bastante con no Cristo; como
no admitimos de la propia manera que
los jurisconsultos romanos opiasen
sus códigos de tal 6 cual libro de Me-
nú, que no conocieron probablemente.
Lo que admiti-nos, es que las gran-
des necesidades de la vida, del enten-
dimiento y de la conciencia son comu-
nes á todos las hombres; lo que cree-
mos y profr-saraos, es que el tiempo
comprende por iguales partes á todos
ios siglos, por cuya razóii es el cristal
de la Providencia en donde vienen á
reflejarse todas las historias, todas las
emociones, todas las esperanzas, todas
liis leyes, todos los principios, todos
los dogmas, todos los mundos. Por
consecuencia, considerándonos i nos-
otros mismos como generací >n hama-
na y raza política, admiramoa las
grandes cosas del extremo Oriente;
pero continuamos apellidándonos hi-
jos de Grecia y Roma. Como seres ca-
paces de convencimiento religioso, no
desconocemos las excelencias del bu-
dhismo; pero ontinuamos apellidán-
donos hijos del fiazareno, hijos de M^-
ría, hijos d.>l Calvario, engendrados
en los santos dolores de la Cruz. Nues-
tra Biblia, en su período hebreo y
cristiano, está considerada por todos
los sabios como el primer libro de la
tierra, enunciación la más portentosa
de la esencia divina y de la mente Im-
mana. ¡Se habla de copiar! ¿Cómo se
copia eao? .Si el copiar bastase á pro -
pósito de las Bscrituras Sagradas, es
evidente que pudieran existir muchas
copias. Pues ¿cómo acontece que en t:l
transcurso de mis de dos mil quinien-
tos años no se ha escrito más que una
Bihliaf ¿Cómo acontece que la huma-
nidad Rí)ngr.!gada no sería capaz de
añadir una letra al mibgro de nues-
tros dogmas' En fin, lo repetimos:
iod'ivia tomi'X crisíiinos.
S4. Co¡iclu<:ióii. — Hemos llegado al
último término del presente artícul'».
al cual hemos dado toda la e:itensi nt
que de nosotns reclamabau la imp >r-
tancia y trascendencia de las materias
que en él se tocan, cuyo- conocimien-
to, siquiera sea superfícial, considera-
ra s del mayor interés para la erudi-
INDI
79
ciún de nuestra patria. Con efecto^ es-
tudiar la Imdia, como dice Jacolhott
es remontarse á los primitivos oríge-
nes del linaje humano; su pasado y su
porrenir, como afirma De Jancigny,
intaresan en el más alto grado á la
humanidad entan, porque el nasado
de la iNDiA-enaerra en sus profundi-
dades algunas de las principales reve-
laciones-de-la historia del mundo, y
su porvenir se liga de una manera
cada vez más íntima á la suerte de las
grandes naciones europeas. Por otra
parte, bajo el punto de vista científi-
co y bajo el del complemento intelec-
tual de la especie humana, el estudio
de los tiempos anti^os de la India 6
del mundo brabmanico, forma esen-
cialmente parte integrante del pro-
greso de toda la tierra, al-mismo tiem-
po que, mirado como dogma del poN
venir, pertenece sin duda á los gran-
des aroanos del espíritu. Tal es la
India, Tastístma re¿itfn del Asia me-
ridional, considerada como la más ci-
vilizada del mundo antiguo, cuna del
saber t de las creencias religiosas de
todos IOS pueblos, teatro de Tm revo-
luciones más formidables, de las ha-
zañas más heroicas, de los sucesos más
inesperados, más grandes y maravi-
llosos que registran los fastos del
mundo; tierra feracísima, vegetación
incomparable, historia üamaaa á des-
correr el velo que nos oculta cien civi-
lizaciones perdidas, pueble que ii.tn
visitado los filósofos más profundos,
ios más grandes historiadores, los
hombres más ávidos de ciencia, los
especuladores más atrevidos, y cuya
conquista llevaron i cabo los héroes
mis famosos de todas Us edades.
BriHOLoafa. Sánscrito Sindkiu,
nombre del Indo, río: Utín, I»iía;
italiano, India; catalán, India; fran-
cés, Indi.
Indiana. Femenino. Tela de lino
ó algodón, ó de mezcla de uno y otro,
pintada por un solo lado.
ETiuoLoaÍA. India, de donde proce-
de: catalán, indiana.
Indianero, ra. Masculino y feme-
nino. El que trabaja en fábricas de
indiana.
Indianista. Masculino. La persona
conocedora de la lengua de los indios.
Indiano, na. Adjetivo. El natural,
pero no originario, de la India ó las
Indias, y lo que pertenece á las mis-
mas. I Llámase umbién asi al que
vuelve rico de ellas. | de hilo nkoro.
Avaro, miserable, mezquino.
Ktiuología. India; latín de las íiis-
cripci'>nes, indiánus: italiano, indiano;
t'ranc -s, (tu/iVif; catalán, india, indiana.
Indias. Femenín > ^)lural meiafóri-
eo. Riquezas, preciosidades. | Tenüu
UN TÍO BN Indias. Locución proverbial
con que hacemos burla de quien se
promete villas y Castillas, sin más
ayuda que la de un.deseo casquivano,
despertador de necios caprichos.
Etiuúloqía. Indias eceidmtalit.
IndibiL Jefe de loa ilergctes de
Espa :ia, que vivía «n el siglo lU antes
de nuestra era. Hizo alianza oon los
cartagineses, jr gand oon lu auxilio
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80 INDI
INDI
INDI
una completa victoria á BscIpMn, en
p\ a5o 211, Después se uniiS a los ro-
manos, esperando que le degaríaa su
reino; pero engañado por éstos, se re-
belij contra ellos j los derrotó en va-
rias ocasiones, muriendo, por fin, en
una batalla dada en el aflo 205 antes
de Jesucristo.
Inücación. Femenino. La accidn
ó efecto de indicar. I ¿ÍK^útM. Noción
suministrada por u examen del en-
iFecmo, de la cual puado dedacirae el
tratamiento que debe emplearse.
firiuoLoaía. iniicor: latín, indt€&-
fÜo, precio, tasa, estimación material
de las cosas, en Ulpiano; señal, en
Plinio: catalán, indieacUi francés, *«-
dicaíion.
SiNONiuiA. IndicaeüSnt intinttaeiá»,
advertencia, fretenciónt obtenación. La
indicado» no dice nada, no da á cono-
cer luda de un modo formulado.
Indicar es, propiamente hablando,
hacer ana ae&al, en cu^a virtad poda-
mos veair, por deducción, en conoci-
miento de la cosa. £1 canto de la$ avet
m indica q%e antanua. Bato quiere de-
cir: To sé que las aves cantan todos
los días al amanecer; es asi que jo
oigo el primer canto de las aves, lue-
go debo creer que amanece. Temí que
habíate; le indiqué por medio de una tc-
*a que callara^ v, en efecto, calló.
La persona a quien se indicó qne
callara por medio de señas, no com-
prendía acaso su situación; pero la in-
dicación le obligó á deducir que iba á
cometer una imprudencia, j se redujo
á guardar silencio. No sabía de qué se
tra^ba, no conocía la cosa de un modo
terminante, al .motiro de la indi^ién
era un secreto para él; sinemWgo,
infirió que debía callar.
. La inátcMidn, pues, no es otra cosa
que un amago, un llamamiento á
nuestra ratón.
La insinmaci^ se diferenpia del an-
terior Vocablo en que puede ser, j es
frecuentemente maliciosa, aguda, epi-
gramática. El pasaje del padre Cobos
es un buen ejemplo de insinuación,
«Hermano, quien quiera chocolate,
que vara á tomarlo á su celda.» El
padre Cobos se iMisiuf admirablemen-
te i su compañero con esa indirecta.
Días pasados oí de<;ir i una señora
la siguiente frase: cSíempre que Fu-
lano viene i mi casa, se insinM que-
dándose á comer.» Este es otro ejem-
plo que explica mujr bien la signifi-
cación picaresca, el chiste agre:jÍTo j
burlón de la palabra que nos ocupa.
Siempre que se usa con intención sa-
tírica, noi deja algo picante en el
oído.
La advertencia está en relación con
las ideas de bien j de mal, de vicio y
de virtud, de premio j castigo. Siem-
pre expresa un hecho de conciencia,
de moralidad. El padre advierte al hijo
que no salga de noche, que no se
case con tal ó cual mujer, que no em-
prenda esta ó la otra negociación. Ad-
vertimos para que la parsona advertida
no caiga en un lazo, para que evite
algún peligro, para que no le vaa^n
mal. Advertir es cumplir un deber.
La prevención supone mando, auto-
rida;í. El jefe previene á sus soldados
que estén alerta.
La obsermciín supone juicio, análi-
sis, razonamiento. Para Uijgiir al co-
n:cÍiuiento de la verdad, hajr varios
sistemas que se llaman criterios. Uno
de ellos es el criterio de obsercaciJn,
.Vs! se dice: la prudencia aconseja no
desatender las obtervaciones del sabio.
La ohsertaeián, pues, pertenece á la
filoBoHa del enteudímieuto; es una de
las grandes aptitudes de nuestro es-
píritu.
El amante indiw su amor con una
mirada.
El satírico se insinia eon una in-
vectiva.
El amigo advierte.
El superior ^rípüfttf.
El sabio observa.
De modo que la indicad^ se oje.
La insinuación h»ce reir.
La advertencia debe oirse.
La prevención debe obedecerse.
La f'bscrvación debe estudiarse.
Indie «do, da. Participiu pasivo de
indicar. || Masculino. Medicina. El
medio que emplea el médico para
comb:Ltir la enfermedad, cuja indica-
ción le ha suministrado el estado ac-
tual del enfermo.
Etimología. Latín indícáíut, parti-
cipio paiiivo de indicare, indicar: cata-
lán, iñdlcai, da; francés, indique'; ita-
liano, indicato.
Indicador, ra. Masculino y feme-
nino. El que indica. || Adjetivo. Pro-
pio de! índice. || Que indica. H Mascu-
lino, Pieza móvil de un telégrafo que
representa los signaos, Q OrHitologia.
Genero de aves. j| Indicb.
EtIuolooÍa. Indicar: francés, indi-
catenr; italiano, indicatore.
Indicante. Participio activo de in-
dicar. Lo que indica. Se usa también
como sustantivo.
ETUiOLoaÍA. Latín indícans, indican-
íts, participio de presente de indicare,
indicar: catalán, tndicant.
Indicar. Activo. Dar á entender ó
significar alguna cosa con indicios y
señales. || Dibujo. Representar un ob-
jeto sin furroas detalladas, en cujro
sentido se dice: inuicar las masas de
un cuadro.
Ktuiolooía. Latín indicare, de in,
en, ueuiru, sobre, y dícare, dedicar,
destiuar, ofrecer; forma frecuentativa
de indic W, declarar, descubrir, mos-
trar brevemente; de ih, en, y díc''re,
decir: italiano, indicare; francés, tWi-
quer; catalán, indicar.
Indicativo, va. Adjetivo. Lo que
indica ó sirve para indicar. ¡1 Gramá-
tica. El primer modo de cada verbo,
qne indica ó demuestra sencillamente
las cosas; como: vo soy, tú auas. j| Kl
carácter del modo indicativo consiste
en aSrmar las cosas de un modo ab-
soluto. Comprende este modo todos los
tiempos que tiene el verbo hasta lle-
gar al modo imperativo. Por consi-
guiente, corr.!spijndün al modo mui-
caTivo el prusi-'ute, el pretérito i;iiper-
fucLo, elpü.'fectu, el pluscuaiupurfecto
y el futuro. |¡ Lógica, Cosa afirmativa.
(San Isidoro.) \ Fóhmula lndicativa.
Teol gía. Fórmula absoluta del sacra-
mento. H SlQNOS INDICATIVOS DE UNA
ENFBBMBDAD. Medicina. Señales que,
por su propia naturaleza, por sí mis-
mas, enseñan al médico lo que debe
hacer.
Etiholooía. Indicar: latín, úhAcSO-
vus, que designa ó señala; indicativus
nodus, modo ¡ndicativo de los verbos,
en Piisciano; italiano, indicativo; fran-
cés, indicatif; provenzal, indicatiu; ca-
talán, indicatiu, va.
Indicción. Femenino. CouTOcación
ó llamamiento para alp;una junta ó
concurrencia sinodal o conciliar. \
Cronología, El período que se forma,
coutando de quince en quince años,
de cuyo cómputo se usa en las bulas
pontificias. La indicción es uno de los
tres ciclos que entran en el período
juliano. I Cañones, Prescripción im-
puesta á todo el cuerpo de los fíeles,
en cuyo sentido se dice: indiccxóm de
un ayuno obligatorio para (oda la
cristiandad católica.
Etiuolooía. Latín indicHo, eonvo-
cacíón, emplazo para concilio ó junta,
en el Código teodosiano; forma sus-
tantiva abstracta de indicius, declara-
do, notorio, participio pasivo de tiuA-
c're, hacer saber; de in, en, y dicere,
decir: italiano, indizione; francés, i%-
dicíion; catalán, indicció.
Reseña. — 1. Cuando se quiere ha-
blar del año primero, segundo ó ter-
cero de una indicción, se dice: indic-
ción primera, indicción segunda, in-
dicción tercera, ^ así sucesivamente
hasta llegar al numero de quince.
2. ^i'ríarta eaí^ttd. Tributo en gra-
ni), impuesto por los antiguos roma-
nos i tiicilia r Cerdefia, para las ne-
cesidades de la annona de Roma. El
Senado la decretaba y Bjaba el precio
á que debía ser pagado el grano.
3. Indicción thihutabia. Tributo
anual, impuesto á las provincias ro-
manas, para la provisión de loa alma-
cenes militares.
4. Indicción chonolóííica. Ciclo de
quince años judíos, fijado, según se
cree, para la revisi in catastral que
servía de norma en el reparto del nue-
vo impuesto. Se conjetura qne fué in-
ventana en tiempo de Constantino, ó
de Constancio, lo más tarde. Cuando
Cario Magno hizo al Papa soberano
temporal, la corte de Roma principió
á contar por índiccionbs, siendo la
piümera la del i." de Enero de 813.
Entonces se distinguía la inoicción
i/itpei'ial 6 césariana, cuya verdadera
fúclia era el 24 de Septiembre.época en
que la recolección está terminada, y el
pueblo en disposición de pagar los
impuestos; y romana ó papal. Antts
de Cario Magno, los papas contaban
por los años denlos emperadores; y á
fines del siglo x, por los años de su
pontíñcado.
Indice. Masculino. Indicio ó señal
de alguna cosa. ¡| Licita ó enumeración
breve, y por orden, du libros, capítulos
ó cosas notables. {| Catálogo contenido
en uno ó muchus volúmenes, en el
cual, por orden ali'abélico ó cronolúgí-
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- INDI
co están escritos lós «titorea 6 mate-
rias de las obras que' se conservan en
uom biblioteca, T sirve ^«ra hallarlos
con facilidad 7 n-anquearloscon pron-
titud á cuantos los buscan ó piden. Q
La pieza 6 departamento donde está
el catálogo, etc., en Us bibliotecas
páblicas. U La manecilla 6 mostrador
He los relojes. Q Indbx ó índick; CatiU
de los libros sospediosos de he-
rejía, cuva lectura prohibe la Santa
Sede, aunque no ha^an sido condena-
dos i la sazón de un modo jurídico. \
BXFDBOATOBio. Catálogo de los libros
caja publicación j venta se prohiben,
aturante el tiempo en que se les «xpur-
gt-coa las correcciones impuestas. Q
OMQEIKOACIÓN DEL ImDICS. La OUe
existe en Roma para examinar los li-
bros nuevos, pronibiendo su lectura j
%a venta en caso oportuno, p Poner
UN U8BO EN BL ÍNDICE^ Locnción pro-
verbial. Incluirlo en el catálogo de la
prohibición. | Ponbr dna. cosa, bn bL
ÍNDICE. Frase meuforiea. Prohibir-
la, y Véase Dbdo.
Etimolooía.. Indicar: latín, Índex,
Udicit (cuto ablatÍTO es índice); ita-
liano, tMoue; francés y provenzal,
tñdtx; catalán, fndiee,
' BéisMa kittdriea. — Nombra con que
se designa el Jndes librorwm prohthi-
fonm, ó sea el catálogo de los libros
prohibidos por la Iglesia romana, por
canteaer errores o herejías. Desde
los tiempos más antiguos han sido
Proscritas por la autoridad eclesiástica
LS obras reputadas como peligrosas
para la lej j para Us costumbres,
como, por ejemplo, las obras de Arrio
y de los autores paganos condenados
jn los Concilios de Nicea j Constanti-
lopla, en 325 j 40Qi Estas prohibí-
¿imes se renovaron durante toda la
Edad media, pero fueron más nume-
rqsaial principiar la moderna, cuan-
do, merced al descubrimiento de la
imprenta y al moTimiento de la Re>
rorma, se multiplicanm los libros t
tos ataques contra la Iglesia. En 1545,
U univetBidad de Lovaina formó, por
orden de Carlos V, nna lista de las
obras que juzgaba peligrosas; y este
■ejemplo fue seguido por los principa-
les Estados de la cristiandad; jr prin-
'ipalmente, por Roma, donde el papa
Paulo IV, en 1559, confió á la Con-
gregación del Santo Oficio ta redac-
-iÓD del primer Index publicado por
'a Santa Sede. El Concilio de Trento
iprobó esu institución, (jue regulari-
•j el papa Pío V, instituyendo, en
1565, Dajo el nombre de Congregación
'fei Index, un Consejo encargado de
' iTitinuar la lista de las obras piohi-
>idas. Desde aquella época se ha con-
inuado en Roma la publicación del
'Wat, jr la pena por las infracciones
-s la de excomunión mayor; pero la
iereridad de* las prohibiciones está
■ompensada por los in'inltoSy ó sean
irencias concedidas á los sabios t á
'i religiosos para leer las obras in-
iiiídas en el Indicb.
Indiciado, da. Adjetivo. Forense.
'.\ que tiene-contra sí la sospecha de
• ber cometido un delito. | Indicio.
INDI
Indiciador, ra. Masculino y feme-
DÍno. Kl qae indicia.
ETiMOLOofA. Indiciar: catalán, indi-
ciador, a.
■ Indiciar. Activo, Forense. Descu-
brir algún reo por indicios. || Indicar.
EruioLoafA. Indicio: catalán, indi-
ciar.—«Dht ú ocasionar indicios de
alguna cosa, por donde se Tenga en
conocimiento de ella.» (Academia,
Diccionario de f7S6.)
ladicip. Uasculino. Cualquier ac-
ción 6 seflal que da á conocer lo que
está oculto. I Indicios ó sospechas
VBHEMBNTKS. Forense. Aquellos que
mueven de tal modo i creer que algu-
no es reo, que ellos solos equivalen á
semiplena probanza.
' EriMOLOaÍA. Indicar: latín, indi-
ctum, señal, argumento, acusación;
tema sustantivo de indicare, indicar:
italiano, indizio; francis, Índice; cata-
lán. Índice. XjS i breve de indí-cíum es
la í de indicare. Si viniera de índiccre,
anunciar, la r sería larga: indidnin.
' Reseña. — 1. El indicio es una voz
de derecho romano, y significaba: «el
f tremió de ia delación,» puesto que la
e^ concedía cierto benefacio al que in-
dicaba alg^o en materia de crímenes.
2. Cuando el que presentaba el in-
dicio era reo, alcanzaba la impuni-
dad, como recompensa de la delación:
iNDiciUM projiteri ú aberre; delatar á
los có^nplices para lograr la impuni-
dad de su delito. (Cicerón.)
SiNONiuiA. Indicio, señal. Indicio
y señal, cuando se usa como sinónimo
de indicio, son las circunstancias que
pueden contribuir al descubrimiento
de un hecho oculto; pero la señal es
más patente, y depende más directa-
mente del hecho que el indicio. Una
puerta descerrajada es señal, y no in-
dicio, de violencia. La ocultación de
la persona á quien se atribuye aquel
acto, no es seña^, sino indicio de su
culpa. Bl humo es señal, no indicio,
de tue^; las huellas correspondientes
á las dimensiones de los piés de una
persona, son indicios de su tránsito
por el sitio eu que se descubren.
(Mo :a.)
Indico. Masculino. Indigo.— «Lo
mismo que añil.» (Academia, Diccio-
nario de i 726.) — «Hócese del gasto el
indico, que es como ñor de pastel, del
cual usaa los pintores para dar el azul
oscuro.» (Laguna, So/jre Dioscdrides,
li'/ro II, capítulo i 76.)
Indico, ca. Adjetivo. Lo que per-
tenece á Ift India ó es natural de ella.
Etimolooía. Latín indUus.
Indicto, ta. Adjetivo anticuado.
Señalado, convocado.
BTiuoLoaÍA. Indi 'cidn. ,
Indiculo. Masr!ultno. Indicb.
Indiestro, tra. Adjetivo anticua-
do. El que no es die^stro ni hábil para
alguna cosa. ¡
indiferencia. Femenino. Estado
del ánimo en que no se siente Íni.'li-!
nación ni repugna-ic-ia á un objeto ó
negocio detenninailij, como cuando:
decimos: indi •e.tiisciA religiosa. |] Fi~ '\
losofia. Libertad que p 'r.-nite la imdi-
PBRBNCXA en punto á opiniones. \ Me-,
INDI
81
táfora. Sueño del alma, en que no
sentimos el estímulo de las pasiones;
especialmente, del amor, jj Químicd.
Estado de una substancia que no tien-
de de ningún modo á combinarse con
otros elementos, por estar combinada
ya con aquellos cuerpos que le son
químicamente afínes.
ExiyoLOOÍA. Indiferente: latín, in-
diferencia; italiano, índijferema; fran-
cés, indiférence; caXáXí,^, indiferencia.
Indilerent*. Adjetiro. Lo que por
sí no está determinado á una cosa
más que á otra. Q Lo que no importa
que sea ó se haga de una ó de otra
mrma. Q Lo que es tan frivolo de su-
yo, que no merece decidir nuestra vo-
luntad, como en este ejemply; ^.quie-
res el pañuelo de lista blanca, ó de
lista axuL^ El interrogado contesta: es
iNDiPBBBNTB. Q Q,%lm\ca. Cl'BRPOS in-
Dii'EBBNTBS. Cucrpos compuestos que
no ejercen ya reacciones eléctrico—
químicas, si se combinan con otros
cuerpos.
Etuiolooía. Latín indejtrens, m-.
dijftrentu, da in privativo y diJ7re»M,
diferente; <no diferente, igual al ma-
Íor número de las eosar^ eontún, ni
ueno ni malo:» italiano, indiferente;
francés, índiférent; catalán, indife-
rent, a.
Reseña. — Cuenta la historia que un
filósofo griego, Anaxarco, maestro de
Pyrrón, se cayó en un hoyo á presen-
cia de su discípulo, Pyrrán pasa cerca
del hoyo, en donde estaba su maestro,
sin dignarse siquiera volver la vista.
Se comprende que no le alargara una
mano, porque la escuela potlía des-
abrirse; pero parece natural que le
preguntase: «¿Se ha desnuoado usted,
señor maestro?» Sale Anaxarco de su
hoyo con los huesos acribillados y los
pelos de punta, mientras que Pyrrón
le contemplaba de hito en hito. Bl
maestro, no solamente so le echó en
cara BU desdeñosa eruelda4) sino qne
le juró que había estado Terdadera-
mente sublime. La sublimidad de
Anaxarco era la extraña sublimidad
de no amar á nadie; ni á su maestro;
ni al padre de su alma.
Moral de la familia. — ¿Qué es peor,
ser iNDiFBRKNTB Ó Salvaje':* La huma-
nidad contesta: ser indiferente: y la
humanidad tiene razón. Kl salvaje es
algo; el indipbrbntb no es nada.
Indiferentemente. Adverbio de
modo. Indistintamente, sin diferen-
cia.
ETiuoLoaÍA. Indiferente ^ el sufijo
adverbial mente: catalán, tndiferenl-
ment; francés, indi^éremmmt; italiano,
indiferentemente; latín, imtijf¿f*nter.
Indiferentismo. MasonÜno. Bita-
do del ánimo que hace rer con indi-
ferencia los sucesos, ó no adoptar iii
combatir doctrina alguua. Aplicase
principalmente á las'creenoiaa y prác-
ticas religiosas.
Etimología. Indiferente: italiano,
indij^'-rtrntisino; francés, indiférentis-
me: cataMn, inieferentishie.
Indiferentista. Adjetivo. Propio
del indiferentismo. | Partidario oel
Íi> Jii'orentismo.
TO MO III
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INDI
Etiuolooía. Indifereníittno: italia-
QO, indij'erenliíía; francés, indifféren-
iisie; catalán, indi/ereníisíiu, secta.
Indígena. A.djetÍTo. £1 que es na-
tural del país, proTÍQcia o lugar de
que se tnita.
ErufOLOofA. Latín inUgína, nativo
de un país, hablándose de hombres j
de dioses; de antigua forma <íe
m, en, dentro, t genere, engendrar;
«engendrado dentro, en el país:» ca-
talán, indigena; francés, indtghu; ita-
liano, indígeno.
Sentido eíimoldgico.-~-ho contrario
del latín indhena era advena, advene-
dizo, venido de tierras extrañas. (Mon-
Indigencia. Femenino. Falta de
medios para alimentaraot vestirse, etc.
Et.uologU.. Indigente: latín, indi-
gentía, forma sustantiva abstracta de
indigent, indigente; catalán, indigen-
cia; francés, i»digenee¡ italiano, tndi-
genté.
Indi^eneidad. Femenino. Cuali-
dad de indígena.
Indigente. Adjetivo. £1 que está
falto de medios para pasar la vida.
Etimología. Latín indígens, ind^gen-
lis, participio de presente de Indígere,
formado de indu, arcaísmo de ib, en,
dentro, y egere, estar necesitado: ca-
talán j francés, indigttU; italiano, iit-
digente.
Indigentemente. Adverbio de mo-
do. Con indigencia.
ETiHOLoaÍA. Indigente y el 8u6jo
adverbial mente.
Indigerible. Ihdiokstiblb.
Indigerído, da. Adjetivo anticua-
do. iNDIdBStO.
Indigestar. Activo. Impedir la di-
gestión.
Etimología. Ittdtgeito.
Indigestarse. Recíproco. No veri-
fícarse la digestión.
Indigestibilidad. Femenino. Cua-
lidad de lo indigesto. | Condición ás-
l}era; ^enio duro.
Indigestible. Adjetivo, Lo que no
se puede digerir 6 es de muy difícil
digestión.
Etiuoloqía. Indigestar: latía, indi'
gtsiUUis; italiano, indigaUbile; fran-
cés, indigestibU,
Indieestión. Femenino. Medicina.
Falta de digestión; ó sea turbación
momentánea del tubo intestinal, du-
rante la cual permanece la digestión
como detenida. Q Metáfora. Usada esta
palabra en sentido moral, cu^o uso es
frecuente, resultan una porción de is-
iiiOBSTioNEs, tales como la indiobstión
(le las ideas, de las palabras, de los
lichos, de las miradas, de los amores.
H De la voz del artículo nos valemos
)ara signifícar 6guradamente que es-
;amos hartos de cosas que fatigan, ó
lue repugnan por su pesadez y falta
lio sentido. Ka este concepto, hay i.v-
iiioBSTiÓN hasta de personas, como se
ve por el sig*uiente ejemplo. Uno ha-
l)laoa á otro de una tal Mariquita,
iiempre que acertaba á encontrarle,
iiasta que el sujeto invadido tuvo que
.lecirle: «Hombre, haga usted el favor
de callar, poique ha ae saber que jra \
INDI
tengo una iNoiQBSTiÓNdeUaríquitas.»
Etimología. In privativo y diges-
tión: latín, indigesih; italiano, indtges-
ttone; francés, indigestión; provenzal,
ind^estio,end^est¡o;eñta\iü,Índigestuf,
Reseña. — 1. La historia refiere in-
DiOBSTiONES cariosísimas; pero lamas
cariosa es la de Diógenes, quien se
comió un pie de buej, sin aliño ni
condimento, puesto que estaba crudo,
cuya iNDi'JBSTiÓN le costó pasar á me-
jor vida.
2. La gota, el mal de piedra y la
INDIGESTIÓN son los terribles huéspe-
des de la vejez. (Montbsquieu.)
Indigesto, ta. Adjetivo. Lo que no
se digiere, ó se digiere con dificultad.
} Metáfora. Lo que está confuso, sin
orden y distinción que le correspon-
de, n Duro, áspero en el trato. |¡ Can-
sado, en&doso, en cuyo sentido se
dice: «no sea usted xmdiobsto.» «iQué
iNDtGBáTO eres!»
Etimología. Provenzal y catalán,
indigesí; francés, indigeste; italiano,
indigesto; del latín indíaestus, desorde-
nado, confuso, falto de método, en
Plinio; sin digestión, ea Macrobio; el
que no ha digerido, en san Isidoro;
de in negativo y dtgésíus, digisto.
Indigetas. Masculino plural. Cho-
grafía antigua. Antiguos habitantes
de la España tarraconense que linda-
ban con el mar, desde el cabo de Tosa
al de Creus.
ETiMOLoaÍA. Latín ind^etes^ dioses
tutelares. (Virgilio, Aulo Gblio.)
Reseña kiitu'rica. Antigüedades.—
Nombre que los antiguos romanos da-
ban á los héroes divinizados y adora-
dos como protectores de un sitio par-
ticular: Fauno, Eneas, Rómulo, etc.,
eran diese» indígbtas.
Indigitamento. Masculino. Anti-
güedades romanas. Inscripción que ha-
cían en un libro los romanos de los
dioses y de las ceremonias que á cada
uno correspondía.
EtimolooÍa. Latín indigílaminta,
los libros de los pontífices, en que es-
taban escritos los nombres de los dio-
ses y sus ceremonias (Fbsto): fran-
cés, indigitament.
Indignación. Femenino. Enojo,
ira, enfado contra alguno.
Etimología. Indignar: provenzal,
indignado, endignacio; catalán, indig-
nactó; francés, indignation; italiano,
indegnasione, indi^natione, ind^namenr
lo; del latín indtgmílo, enojo, forma
sustantiva abstracta da indignStns, in-
dignado.
Indignadamente. Adverbio de
modo. Con indignación.
Etimología. Indignada ^ el sufijo
adverbial mente: latín, indtgnanier; ca-
talán, indignadament.
Indignadísimo, ma. Adjetivo su-
perlativo de indignado.
Etimología. Indignado: catalán, i«-
dignadissim, «,
Indignado, da. Participio pasivo
de indignar.
Etimología. Latín indignatus, par-
ticipio pasivo do indignari, indignar;
italiano, iniignato; francés, indigné;
cataláa, indignat, da.
INDI
Iiulignainente. Adverbio deotodo.
Con indignidad.
Etimología. Indigna y el sufijo ad-
verbial wnte: latín, indigné, ind^nX-
ter; italiano, indinamente; francés, m-
dignement; catalán, ind^nament,
Indípuinte. Participio actÍTo de
indignar. El qae indigna ó n in-
digna.
Indignar. Activó. Irritar, enfadar
á alguno. Se usa tainbién como recí-
proco.
Etimología. Latín indwniri, llevar
á mal, no poder sufrir, forma verbal
de indignus^ indigno: italiano, indeg-
nare; francés, indigner; provenzal, t«.
dignar, endignar; catalán, indignar.
Sentido etimoi^ico,^^^ indignaeién
es el enojo que causa en nuestro áni-
mo lo indigno.
Indignarse. Recíproco. Llenarse
de indignación.
EtiuolooU. Forma raflexÍTa de in-
di^uar: cataláa, indignarse; francés
sltndianer; italiano, indegnani.
Indignidad. Femenino. Falta de
mérito y de disposición {>ara alcana
cosa. B Cualquiera acción impropiada
las circunstancias del sujeto que la
ejecuta, ó inferior á la calidad del sa-
jelo con quien se trata. | Anticuado.
Indignación,
Indign aimamente. Adverbio de
modo superlativo de indignamente.
Etimología. Indigno: latín, indigni-
tas, forma sustantiva abstracta de in-
dignut, iodijgno; italiano, indegnita',
francés, indi^nite'; catalán, indigiUtat»
Indignísimo, ma. Adjetivo super-
lativo de indigno.
Etimología. Indigno: catalán, ind^
níssim, a.
Indij^no, na. Adjetivo. El que no
tiene mérito ni disp )sición para algu-
na cosa, y Lo que no corresponde á las
circunstancias de algún sujeto, ó es
inferior á la calidad y mérito de la
persona con quien se trata.
Etimología. In privativo y digno:
latió, indigna*; italiano, indegno ( indi-
ño ): francés, indigne; catalán, úulig-
ne, a.
Indigo. Masculino. Añil.
Etimología. Latín ittdícum, la tinta
de China, simétrico de indícus^ india*
no, porque el índigo vino de la India:
francés, Índigo,
Reseña,— \. Hay muchas especies
de ÍNDIGO, pertenecientes todas al gé-
nero in ligo/era, familia de las legu-
miuosas.
2. Lo que se llama ÍMt)iGK> biUtardo
es el nombre vulgar de la nmorfke
fruticulense, de los botánicos franceses.
3. «Hay en esta provincia de Gu-
zurat mucho pimiento, j^engibre é ín-
uioo.» (Marco Polo, 6b0, siglo xiii.)
Indigocármina. Femenino. Qsí-
mica. Substancia purpúrea de que se
ex.trae el índigo impuro..
Etiholoqía. índigo y aurmin: fran-
cés, indígocarmine.
bidigófero, ra. Adjetivo. Botáni-
ca T química. Que produce índigo.
I Etimología. Francés indigo/ére, del
. latín indicnm, índigo, y /Vrrtf, lle-
var.
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INDÍ
Indigotsto. Ibseuliao. Química.
CombiaaciÓQ del ¿cido iadígÓtieo con
ana base.
BtiuoloqU. Indigitíw! francés, *»-
difoíate.
Indigotero. Masculino. BoUnica.
El arbusto qne produce el fndig«.
Indigótico, ca. Adjetivo. Quími-
ca. Epíteto de un ácido producido por
Ii acción del ácido nítrico sobro el ín-
dico.
ETiuoLoafi. Tnáijioteror francés, in-
difotiffue.
Ikaxgotina. Femenino. Quimica.
Sobitancia extraída del índigo.
finacfHXWÍA. Ind^Ótka: francés, ta-
áigjti*e.
indijado, da. Adjetivo anticuado.
Lo que está adornado con dijes.
Indiligencia. Femenino. Falta de
diligencia j de cuidado.
Indio, día. Adjetivo. Bl natural j
originario de las Indias. || Lo que es
de colur azul. \ db ckvlql. El que en
las Indias conducía de una parte á
otra las cargas, supliendo de esu suer-
te la falta de muías j caballos. || ¿So-
mos INDIOS^ Btpresiün familiar con
que se reemvíene á alguno cuando
quiere engañar ó cree que no le en-
tienden lo que dice. ¡| Es un inbio.
Exprjsión hiperbólica de que nos va-
lemua en equivalencia de: es un sal-
vaje.
Btiuolooía. India: catalán. •«-
dio, a.
Indireccíón. Femenino. Falta de
dirección.
Etimología. In privativo j direc-
ción francés, indirtction.
Indiracta. Femenino. Cualquier
medio ó proposición de que se usa
paim hacer ó decir alguna cosa distin-
u de lu que á primera vista se mani-
fiesta. H DKL PADRE CoBOS. Familiar.
Bl medio ó proposieidn con que clara-
mente se pide alguna cosa, ó se dice
á oteo lo que le es desagradable.
BnuoLooÍA. Indirecto: catalán, »»-
directa,
bdinctamante. Adverbio de mo-
do. De un modo indirecto.
B-nMOLoaÍA. Indirecta y el suBjo
;idverbial mente: catalñn^ provenzal,
imdireclamení; francés, tndireetement;
italiano, indirettamente.
Indirecto, ta. Adjetivo. Lo que no
va rectamente á algún fin, aunque se
e.:cimine á él.
EruuLoofA. Jn privativo jr directo:
Utiu, indirieíns; italiano, indiretíq;
proTenzal y francés, indirect; catalán,
tudireeíe, a.
Indirigible. Adjetivo, Que no ad-
mite dirección.
Indisa. Femenino. Medida de lon-
gitud asada en Bsmirna.
Ikdiscerníble. Adjetivo. Imposi-
ble de dÍ8cerDÍr.||/'ííoíq/Ya de Leiinik.
PRINCIPIO iNDisCRRNiBi.B. Principio en
cuja virtod no pu- den existir dos co-
sas exactamente igitnles en (tantidad
y eo calidad, 'miradas bajo el pubto
ne vista de sus diferentes relaciones,
p rque tal semejanza equivaldría á ia
'idi-ntidarf.
EtiuolooÍ A. In privativo y düeemi-
INDI
\ ite: italiano, indiscernible; francés,
ihditeemable.
Indisciplina^ Femenino. Falta de
disciplina.
Etimología. In privativo y diicipli'
na: latín de las glosas, indisciplina;
italiano, inditciphnateaa; francés, tn-
discipline; catalán, indisciplina.
Indisciplinable. Adjetivo. Loque
es imposible 6 muj dincil de ser cty-
rre rido ó enseñado.
Etimología. Indisciplinar: italiano,
indiscipUnábile; francés j catalán, m-
ditciplinalle.
IncHadplinadamente. Adverbio
de modo. Sin disciplina.
BTiiiQLOofA. Jnditcvplinada y el su-
fijo adverbial mente: latín, indiscipti-
naté, en Commodíano.
Indisciplinado, da. Adjetivo. El
que carece de enseñanza ó corrección.
Q Milicia. £1 que se vuelve contra la
disciplina.
Etiuología. Indisciplinar: latín, *V
ditcipiinátue: italiano, indisciplinaío;
francés, indiscipliné; catalán, indisci-
plináis da.
Indisciplinar. Activo. Causar, in-
troducir la indisciplina.
Etimología. IndiacipUna: francés,
indiscipliner.
Indiscinliaanie. Recíproco. Obrar
contra la disciplina.
EmcOLoaÍA. Forma reflexiva de *'«-
disctp.inar: francés, t' indiscipliner.
Indiscreción. Femenino. Falta de
discreción y prudencia.
Etimología. In privativo y discre-
ei<fn:-\atín, indiscreítc{QvicaEtiKT, Ád-
denda), forma sustantiva abstracta de
indiscretas, indiscreto; catalán, indis-
credó; provenzal, indiscretiá; francés,
indisirJHon; italiano, indiscretione^ in-
discreteua.
Indiscretamente. Adverbiode mo-
do. Sin discreción ni prudencia.
BnuoLoofA. indiscreta y el sufijo
adverbial mente: catalán, indiscreta^
mtní¡ francéa, indiscretemtnt; italiano,
indiscretamente; latín, indiscreté^ indis-
crHim, sin dÍ8ttnción,-confu8amente.
Indiscreto, ta. Adjetivo. El im-
prudente, que obra sin discreción. Q
Lo que se hace sin discreción.
Etimología. In privativo v discreto:
latín, inditcretus, no dividido ó sepa-
rado, no distinguible; italiano, indis-
creto; francés, indtscreí; catalán, indis-
creí, a.
Indisculpable. Adjetivo. Lo que
no se puede ó no es fácil disculpar.
Etimolooía. In privativo y diseñé
pable: catalán, indisculpable.
IndisculMbl emente. Adverbiode
modo. Sin disculpa.
ÉriMOLoaÍA. Indiscnípahle y el su-
fijo adverbial mente.
\ Indiscntíble. Adjetivo. Que no
puede discutirse.
Etimología. In privativo y discuti-
ble: francés, indiscutable.
Indisolubilidad. Femenino. La
imposibilidad de ser disuelta ó des-
unida itlguna cosa de otra. | Química.
Propii'dad de la substancia que -no se
puede disolver en tal ó cual menstruo,
en enyo sentido se dice: la indjíolu-
INDI
S3
siilDAD del oro en el ácido nítrico.
(Littké.) U Cánones. Imposibilidad de
romper los vínculos que imprimen
carácter religioso, como cuando deci-
mos: la INDISOLUBILIDAD del casft-
miento.
Etimología. Indisoluble: italiano,
indissolubiliíá; francés, indissolubilité;
catalán, indissolubilitat.
Indisoluble. Adjetivo. Lo que no
se puede disolver ó desatar. | El lazo
INDISOLUBLE. Exprcsíón piroverbial. El
matrimonio.
Btimolooía. Latín fW»f¿UftHÍ»,
que no puede desatarse 6 romperse; de
M privativo y dissSUtUiUs, disoluble:
italiano, indissolkbile; francés, indisso-
luble; catalán, indissoluble.
Indisolublemente. Adverbio mo-
dal. De un modo indisoluble.
Etimología. Indisoluble y el sufijo
adverbial mente: catalán, indissoluble-
ment; francés, indifsolublement; italia-
no, indissolubilmente; latín, indissolñ-
Hiiíer, sin poderse romper ní desatar.
Indisolvente. Adjetivo. Que no
tiene virtud disolvente.
Indispensable. Adjetivo. Lo que
no se puede dispensar. | Lo qué es ne-
cesario ó mu7 regular que suceda. |
Hacbbsb bl indispbksablb. Frase fn-
miliar. Exagerar su valimiento; obrar
con ínfulas de gran señor.
Etimología. In ne^tivo j di^en-
sable: francés y catalán, indispensable;
italiano, indispenmbile.
Indispensablemente. Adverbio
de modo. Forzosa y precisamente.
Etimología. Indispensable y el sufi-
jo adverbial mente: francés, iñdispensa-
blement; italiano, indispensabilmeníe.
Indisponer. Activo. Privar de la
disposición conveniente, ó quitar la
preparación necesaria para alguna
cosa. Se usa también como recíproco.
Q Malquistas. Se usa más comun-
mente como recíproco, j así se dice:
iNDispoRBBSB con alguuo. I Causai-
alguua indisposición ó falta de salud.
Se usa más comunmente como recí-
proco por experimentar alguna indis-
posición.
Etimología. In privativo ^ dispo-
ner: catalán, indisposar; francés, indis-
poser; italiano, in'lisporre.
Indisponible. Adjetivo. Forense.
Aquello que no se puede disponer.
Indisposición. Femenino. Falta dv
disposición y de preparación para al-
guna cosa. II La desazón ó falta nu
muy grave de salud.
Etimología. Indisponer: catalán, in-
disposició; francés, tndisposition; ita-
liano, indisposñione.
Ittdisposicioacilla. Femenino di-
minutivo de indisposición.
Indispaesto, ta. Participio pasivo
irregular de indisponer. U Adjetivo.
El que se siente algo malo ó con algu-
' na novedad ó alteración en la salud.
I EriMOLoaÍA. Indisposición: latín, it,-
- dispusitus, desordmiitdu, mal compues-
to, de in, no, y dispUsílus, distribuido
con ordea; cataUn. indisposat, da
francés, in'it:pose'; italiano, indisposío.
i Indisputable. Adjetivo. Lo que
, no admite disputa.
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84
Indi
ErncoLOofA. In privatiTd y disptiia-
ble; itsli&no, indispuíabile; francés y
catalán, indÚBUtaSiU; latín, indúputS-
6Uis.
Indisputablemente. Adverbio de
modo. Sin disputa.
Ktiiiolooía. Indisputable j el sufíjo
adverbial mente: francés, indi$putahU'
ment; italiano^ indisputaiUmente.
Indistinguible. AdjetÍTo. Lo c^ne
no ae puede distinguir ó ea muj difí-
cil que ae diatioga.
EnuoLGOÍA. Jn privativo v dittin~
guibieí italiano, iniittiiK^ulbiu; fran-
cés, inditíinniMe.
ladifltintaniente. Adverbiode mo*
do. Sin distinción.
Etiuolooía. Indistinta j el sufijo
adverbial mente: latín, induiincte; ita-
liano, indistintamente; francés, Índit~
tineíemení; catalán, indisiinctamení.
Indistinto, ta. Adjetivo. Lo que
no se distingue de otra cosa. | Loque
no se percibe clara y distintamente.
EriHOLoaÍA. In negativo j distinto:
\iítíntindittinctus;CAt&lán,indistincí,a;
francés, indistincí; italiano, indistinto.
Indístríbuido, da. Adjetivo. Que
está sin distribuir. — «Adjetivo que
regularmente aplican los lógicos al
medio en el silogismo, cuando no está
afdcto con el signo universal, ó no se
puede hacer el descenso por particula-
res.» ( AcADBUiA, Diccionario de 1726.)
IndÍTÍa. Femenino. Achicobia.
ETiuoLOaÍA. Bndibia, La forma tx-
divia, qué aparece en algunos Diccio-
narios^ es bárbara.
Individua. Femenino familiar. Ca-
lificativo de la mujer que no se cono-
ce, 6 que no se quiere nombrar, to-
mado siempre en mala parte. | ¡Quá
individua! ¡vaya una individuaI KiL-
clamaciones familiares c^n que signi-
ficamos que se trata de una müjer de
historia.
Etiuolooía. Individuo.
IndíTidnación. Femenino. Ihdivi-
duaudad. i Filosofía. Conjunto de
las cualidades particulares que coos-
titujenal individuo considerado como
el término contrario de especie.
Ktiholdqía. Individuo: catalán, in-
dieidaació; francés, i'n iividualion.
In di vidual. Adj eti vo. Didúcí ca.
Lo qiie es propio del individuo ó lo
que le pertenece. ¡1 Lo más particular,
propíi) y característico de alguna cosa.
UTiuoLoaÍA. Inditiduo: italiano,
inditiduale; francés, individael; cata-
lán, individual.
Individualidad. Femenino. Cali-
dad particular de alguna cosa, por la
que se da á conocer 6 se señala sin-
gularmente. Ij Personalidad, conside-
rada como sujeto; en cu^o sentido se
dice: «acudieron á la reunión todas
las INDIVIDUALIDADES más importantes
del partido, [| ¡Sistema de Gally Spur-
zheim. Conocimieiiio distinto de los
cuerpos esteriori'S.
ExiMOLoaÍA. Individual: latín, indi-
ziduítas; italiano, índicidualitá; fran-
cés, individuante; catalán, individua-
litaí.
Individualismo. Masculino. Filo-
sofa. Sistema de aislamiento de cada
INDI
cüa!, efi fos a''ectn8, en los intereses,
en los estudios, término contrarío del
espíritu de asociación. | Política. Teo-
ría que hace prevalecer los derechos
del individuo sobre los derechos de la
sociedad, porque considera que los in-
tereses sociales no son otra cosa que
una consecuencia délos intereses hu-
manos. La práctica del individualismo
político, tal como lo entienden las es-
cuelas modernas, consiste en la con-
sagración de los derechos primordia-
les y necesarios, inheitentes á la na-
turaleza humana. En este acepción,
puramente política, el individuausuo
es lo contrario del socialismo.
Etimología. Inditiduo: francés, iV
dividualisme; italiano, individualismo.
Individualista. Slasculino. Parti-
dario del individualismo.
Etiuolooía. Individualismo: italia-
no, individualitia; francés, individua-
liste.
Individualización. Femenino. Ac-
ción ó efecto de individualizar. | Fi-
I losofia. Situación y carácter del objeto
individualizado; j así se dice: «Du-
rante las épocas transcurridas desde el
' período terciario, ningún tipo nuevo
ha aparecido en la .superficie del
globo; pero, en cambio, los seres exis-
tentes han adquirido un carácter más
general y más profundo de individija-
lizaCión; esto es, han adquirido for-
mas más definidas j determinadas.»
^jFx/rac/o í/#FouviBLLB, Presse scienti-
fique i i 863, tomo i.*, página 458.)
ExiMOLoaÍA. Indivtdualitar: italia-
no, individuasioHe; francés, individua-
lisaíion.
Individualizado, da. Participio
pasivo de individualizar.
ExiuoLoaf A. Individualizar: catalán,
individual, da; francés, individualisé;
italiano, individuato.
Individualizar. Activo. Indivi-
duas. Q Filosofía, Hacer individual;
revestir del carácter de individuo, co-
mo cuando se dice: individualizar las
ideas.
EtimolooÍa. Individuo: italiano, »k-
dividuarj; francés, individnaliser; cata-
lán, individúan sar,
Individualménte. Adverbíodemo-
do. Didáctica. Con individualidad. ||
Con unión estrecha ¿inseparable.
Etiuolcoía. Individmt y el sufijo
adverbial mente: italiano, tndividuaí-
menle; francés, indiciduellement; cata-
lán, indiv'dualmení, inditiduamenl.
Individuamente. Adverbio de mo-
do. iNSBPABABLBUBNTg.
Individuar. Activo. Especificar al-
fruna cosa, trater de ella con particu-
aridad y por menor. ¡| Filosofía. Dar
la forma individual, constituir el in-
dividuo.
EtimolgoÍa. Individuo: francés, /n-
diviuuer; catalán, individuar.
Reseña. — \. La Real Academia Es-
pañola refiere individualizar á indivi-
duar,considerando dichos verbos como
voces idénticas, lo cual ofrece ciertas
dificultades.
2. Inditidualitar quiere decir: enu-
merar indi vid ualmenle; esto es, enun-
ciarlas cosas con sus señas individua-
ItlDÍ
les; como sí presentera individuo poif
individuo.
3. Individuar quiere decir: dar U
forma individual, constituir la fuerza
6 el agente que se llama individuo.
El verbo individualizar lo específica:
el verbo individuar lo hace.
Individualisar enuncia: inditiduar
compone.
Individualizar crea el detelle, iWt-
viduar crea el ente.
Individualitar represente una ac-
ción: iWtnVMr represente un método.
Supongamos que hacemos la pin-
tura de un hombre, eipresando todas
Us circunstencias y señales que des-
criben etactemento su psrsona. Pode
mos decir que lo hemos individualisa-
do: eso es individualizar.
Supongamos ahopa que lo compara-
mos á otros hombres, que lo distin-
guimos de los demás, que le dam js su
forma propia, su propia expresión, su
concepto característico, como si creára-
mos una substancia metafísica, un su-
jeto lógico, un ente de razón. Dado
este supuesto, podemos decir que he-
mos creado un individuo; aso es indi-
ñduar,
Individnidad. Femenino anticua-
do. Individualidad.
Individuo. .Masculino. Cienciu.
Todo cuerpo considerado con un ser
distinto de la especie á que pertene-
ce. II Lógica. El particular de cada es-
pecie, como: Pedro y Juan son indi-
viduos de la especie humana, y Qu -
mica. Todo cuerpo simple ó compues-
to, crístelízable ó volátil, sin descom-
posición. II Zoología y bodinica* Todo
cuerpo organizado, que vive ó ha vi-
vido con existencia propia. Q Derecho
político. El ser personal, considerado
como término opuesto de sociedad ó
Estedo; j'así decimos: derechos lndi-
viDUALBi. H Pbbsona. Ya con referen-
cia á tel ó cual elasé 6 eorporación,
como: individuo del Consejo de Bste-
do; INDIVIDUO de la Real Academia
Española; ;fa denoUndo un sujeto,
cu^o nombre y condición se ignoran
ó no se quieren decir, como en «1 ejem-
plo siguiente: «allá encontré á vari -s
INDIVIDUOS.» ti Familiar. La propia
persona ú otra, con abstracción de las
demás, como: «Fulano cuida bien de
su iNOivipuo; me he propuesto con-
servar el individuo.» II VAGO. El inde-
terminado é incierto. ¡| Mi inuiviulo.
Mí persona, en estilo faoiiliar.
Etimología., individuo i: francés,
iñdividu; catalán, inlividuo.
Individuo, dua. Adjetivo. Indim-
dual. jl Lo que no se pu^de separar,
ni dividir, en cuja acepción es siuv-
nimu de indiviso. -
Etimología. Indiviso: lat|n,. iMt/fc/-
duus; individua corpora, átomos; esto
es, cuerpos indivisibles.
Reseña histórica.-^\. El latín esco-
lástico tiene individua ó indichVAtta,
que significaba los seres particulares
en que se dividen las especies, pro-
I ductos á su vez de la diviaióu de los
géneros.
2. También tenia la expresión in-
DiviwvM para u^aitiear la idea
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lNt)0
¿a nomU&ft indÍTÍdualei}, da nombres
Sropios, como Pedro, Sócrates; de
onde TÍane la costumbre de entender
por INDIVIDUO todo ser tonlado de un
modo singular de cualquier especie.
(Extracto de Ch. db Rbuusat.)
IndÍTÍsamente. Adverbio de mo-
do. Sin división.
EtiuoloqU. Indiviia j el sufijo ad-
verbial vunte: latín, indiñié; francés,
imdivitftnení,
ladivísibilidad. Femenino. La
incapacidad de separarse una cosa de
otra ó de dividirse en partas. | Física.
Cualidad y estado délo que no puede
ser dividido, como cuando se dice: U
IND1VIS1BIUDAD de UD átomo. Q ^eía~
JUiea. Atributo de las substancias
espirituales» consideradas como subs-
tancias simples, y Teologia, Atributo
de la esencia divina.
ETiuoLoaÍA. Indititihléi catalán,
indmtihiliiaí; francés, indivitibilit^;
italiano, indivisibUita.
Indivisible. Adjetivo. Física, Lo
que no se puede dividir. Q Metafísica.
Cualidad del espíritu jr de los seres
espirituales. || Teología. Cualidad j
atributo de la divina esencia. II Filo- ,
INDO
varbial mfííie! catslán» indécUmatt;
francés, indoálement.
Indoctamente. Adverbio de modo.
Sin instrucción.
EriuoLoafA. Indocta j el sufijo ad-
verbial mente.' latín, indocÜ; italiano,
indottam¡ent€; francés, indoctemení; ca-
talán, indocíament.
Indoctísimo, ma. Adjetivo super-
lativo de indocto.
ETiuoLoofA. Latín indoeíissímus.
Indocto, ta. Adjetivo. El qae no
es docto é instruido.
Etiuolgoía. In privativo j docto:
latín, indoctus; italiano, indoíto; fran-
cés, indocte; catalán, indocíe^ a.
Indoctrinado, da. Adjetivo anti-
cuado. El que carece de doctrina 6 en-
señanza.
Indole. Femenino. La inclinacidn
natural propia da cada uno.
Etiuolooía. Latín fWcí¿«t: italiano,
Índole; catalán, Índole.
Sentido etimológico.— ^\ latín indSles
se compone de tndu, arcaísmo de in,
en, dentro^ y de olescere, crecer. Por
consecuencia, la índole es el genial
q^ue crece con el individuo, que cons-
tituje el fondo de su carácter, de su
INDR
85
tofh. Unidad indivisible. La unidad inclinacidn, da su modo de ser, pues-
del juicio, que es la unidad del alma; to que equivale á un reflejo de su na-
también la unidad da la verdad, infi- turaleza.
nitamente más segura que la percep- j Sinoniuia. índole, temple, genio, ca-
te, la misma responsabilidad. _ ^ ^ temple es la disposición á asas mismas
EtuolooCa.. fn privativo y divisi- cualidades en un momento determina-
bU: latín, indiiñsUuis; itaiiano, indi- do, j así decimos que un hombre de
tisibile; francés y catalán, inditisible. ^ buena índole puede estar de mal. tem-
IndÍTÍBÍbIemente. Adverbio de .pie. Genio es la inclinación natural á
modo. Sin división. | cierto modo de obrar en ocasiones es-
ETWíOLoaÍA. Inditisible y el sufijo peciales; como á la precipitación an la
adverbial mente: catalán, indivisible-, duda, á la ira en la ofensa, á la ezas-
nrsí.'francés, indivisiblem^nl; italiano,
indivlsihilmente; latín, indivisibilíter.
Indiviso, sa. Adjetivo. Lo que no
está separado 6 dividido en partes. |
Pao INDIVISO. Mjdo adverbial. Foren-
se. Que se dice de las herencias cuan-
do no están hachas las particiones.
Ktiuolooía. Latín indltñsus; de in
negativo y dit^us, dividido: catalán,
inJivís, a; francés, inditit; italiano,
imdieiso.
Indivulgable. Adjetivo. Que no
debe divulgarse.
Indiyncucable. Adjetivo anticua-
do. Lo que no se puede ó no se debe
juigar.
Indocibilidad. Femenino. Falta
de docilidad.
Indócil. Adjetivo. El 6 lo que no
tiene docilidad.
ErufOLOofA. In privativo y dócil:
latin clásico, indocÚis; italiano, indd-
peración en las dificultades. Carácter
es el conjunto de todas las cualidades
y hábitos del hombre, tanto los natu-
rales, como los adquiridos en el trato
con los otros individuos de su espe-
cie. La Índole j el temple excitan amor
ú odio; el genio y el carácter^ la esti-
mación d el desprecio. (Mora.)
Indoloncía. Femenino. Insensibi-
lidad á los objetos que mu«ven regu-
larmente á otras personas. Q Flojedad,
pereza.
Etiuolgoía. Indolente: latín, ind^-
leníta; italiano, indolema; francés^ t'ff-
dolence; catalán, indolencia.
Indolente. Adjetivo. Insensible á
los objetas que mueven regularmente
á otras personas. || Flojo, perezoso. |
Medicina. Que no causa dolor, como
cuando se dice: gota indolbntb. ||
También se usa .como sustantivo, en
ciijo sentido suele decirse: cel mundo
ciie; francés, iudocile; catalán, indócil. , est i lleno de indolentes.)
Indocilidad. Femenino. La falta
de docilidad.
. EtÍholooCa. Indócil: latín, indocUí-
lítas, en Apulevo; italiano, indocilitá;
francés, indodlité; catalán, indociliíat.
Indócilmente. Adverbio de modo.
Con indocilidad; en términos indó-
ciles.
BtiholooU. Indócil y el sufijo ad-
Etiiioloo£a. Latín indUens, indUen-
lis; de in, no, y dolens, doliente; »«-
doliente, que no siente dolor: catalán
y franc -s, indolent; italiano,. tWo¿m¿«.
Indolentemente. Adverbio de mo-
do. Ton indolencia.
Etimolgoía. Indolente y el sufijo ad- ;
yerbial mente: francés, indolemmení: '
italiano, indolentemrnle.
Indoleta 6 Indoletes. líasculiuo
plural. Mitología, Sobrenombre de
Baco, vencedor de la India.
Indomabilidad. Femenino. Cuali-
dad de lo indomable.
ETiyoLcoÍA. Indomable: francés, ts-
dompiabiíite'.
Indomable. Adjetivo. El á lo que
no se puede domar. | Metífora. In-
flexible, con relación á seres morales,
como furia indomíBlb, carácter ó ge-
nio INDOMABLE.
Etimolooía. In privativo y doma-
ble: latín, indomabílis; italiano, indo-
mabile; francés del siglo xvi, indonta-
ble; moderno indomptahU; catatán,
indomable.
Indomado, da. Adjetivo. Lo que
está sin domar 6 reprimir.
Indomeñable. Adjetivo. Indoma-
ble.
Indomesticable. Adjetivo. Loque
no se puede domesticar.
Etiuolooía. In privativo y domesti-
cable: catalán, indomesticable.
Indomesticado, da. Participio pa-
sivo de indomesticar.
Etimología. In privativo y domesti-
cado: catalún, indomesUcaí, da.
Indoméstico, ca. Adjetivo. Lo qua
está sin domesticar.
Indómitamente. Adverbio modal.
De un modo indómito.
Etiúolooía. Indómita y el sufijo
adverbial mente.
Indómito, ta. Adjetivo. Aplícase
al animal que no se pueda domar y al
qua no está domado. \ Metáfora. Lo
que es difícil de sujetar ó reprimir.
Etimoldoía. Latín indomUus, feroz;
de in privativo y dSmUns, domado,
participio pasivo de domare, domar:
italiano, iHÓldmiío; catalán, indmit, a.
Indúuito é indoméstico represenh»u •.!
mismo vocablo de origen.
Indostes. Caudillo español, jefe de
una de las tribus celtíberas, situa-
das en las inmediaciones del Ebro.
Después de la derrota de Istolacío,
por Amílcar Barca, le reempla?. > In-
ooátes en el mando de los celtíberos;
fué atacado por el general cartaginés,
que le hizo prisionero j la mandó cru-
cificar.
Indost&n ó Hindostán. Voz com-
puesta de hindout, hindus, indous, in~
dns, indio, y del persa stuu ó están,
país: esto es, país de los indios. — Stan,
están, tan (persa), son voces desinen-
ciáles que significan país, y se en-
cuentran en muciios nombres geográ-
ficos, como Aquitinia (país de los
aquitanos), Sdeíania, Mauritania (país
de los moros), etc. (Munlau.) I India.
Indotación. Femenino. Forense,
Falta de dotación.
ETiuoLoofA./n privativo jr (^o/oerus:
catalán, indotació.
Indotado, da. Adjetivo. El ó lo que
está sin dotar. (| Metáfora. Siupreudas
que le hagan recomendable.
Etimología. In neg.itivo y dolado:
latín, inaolalus; catalán, in/olat, da.
Indra. Masculino. Mitohgía indio.
El primero de los ocho l\ous en la
religión de Brahma, Es eí dios del
aire, conductor de las n<ib¿5, uno A<i
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e6
INOÜ
los ffuardianes del maado j regeots
del Oriente.EalMpiaturasfle le repre-
senta montado en el elefante Iravat,
con cuatro brazos y los ojos vendados.
Sus atributos son el loto j el rayo.
ETiuoLOofA. S.in8crito Indras, dios
del cielo: grieg-o, itOíJp (aiikér); latín,
atker, el meg^o elemental, la esfera
del fuego, la región más alta del aire,
la parte más sutil de el, el aire, el
cielo, la luz, Júpiter, dios j padre del
aire. (Cicerón.)
Indubitable. Adjetivo. Lo que no
se puede dudar.
Étimolosía. Latín iniuhitahUit; de
««, no, j dUiía&íliiy dubitable: italia*
no, indubiíaHle; francés j catalán, in-
d%bitaUe.
Indubitablemente. Adrerbio de
modo. Ciertamente, sin podene du-
dar.
EnuoLooÍA. Indubitable j el sufijo
adverbial mente: latín, indubítabílíter,
ind&bííSté, ind&bííSníer; francés j ca-
talán, indubiíabUment.
Indubitadamente. Adverbio de
modo. Ciertamente, sin duda.
EnuoLoaÍA. Indubitada j el sufijo
adverbial mente: eatal&n, indubitada-
ment.
Indubitado, da. Adjetivo anticua-
do. Lo que es cierto j no admite du-
da. I Forente. Firua, indubitada.
EriHOLOOfA. Jh privativo y dudado:
latín, indébítitus; catalán, indnbitatt
da.
Inducción. Femenino. Inatigacidn ,
persuasión. Q Filosofía. Argumento
que se forma observando el mayor nú-
mero posible de hechos ó casos, para
venir a establecer como regla ó verdad
general lo que en todos ellos se veri-
hca uniformemente. Esto demuestra
que la inducción es un procedimiento
analítico en que vamos de los efectos
á las causas; da lo particular á lo ge-
neral; de las consecuencias al princí-
{lio. Por consiguiente, basta conocer
o que es verdad en algunos hombres,
para saber por inducción lo que es
verdad en el género humano; ó lo que
es verdad en algunos países, para sa-
ber lo que es verdad en toda la tierra,
supuesta la igualdad perfecta de cir-
cunstancias. I Retórica. Argumentoen
que, por U enumeración de los parti<
culares, se infieren las proposiciones
generales que el orador intenta pro-
bar. La inducción retórica, como la
INDUCCIÓN lógica, consiste en una per-
cepción, en que el análisis nos lleva
á la síntesis. |¡ Corrientb db induc-
ción. Física, Acción por cujo medio
se hace pasar la corriente eléctricades-
arroUada por una pila, ó por un imán,
al través de un hilo de cobre de cieiv
ta longitud, aislada por un hilo de
seda que lo cubre, enrollado en ana
canilla.
^tiuqidqík. Inducir: latín, tnducíh,
introducción, argumento oratorio; for-
ma sustantiva abstracta de inducíus,
inducido: provenzal, inductio; catalán,
inducció; francés, inductiont italiano,
induzione.
Inducía. Feminino anticuado. Tre-
gua ó dilación.
INDÜ
EriHOLOafA. Latín, indScU, tre-
guas, descanso; de in, no, j (¿fic>«,
conducir; tno conducir las tropas, no
lidiar.»
Inducidamente. Adverbio de mo-
do. Por inducción.
Etiuolooía. Inducida j el sufijo
adverbial mente: latín, inducílvi.
Inducido, da. Participio pasivo de
inducir.
Etiwolooía^ Latín inducíui, parti-
cipio pasivo de indSc''re: catalán, úi-
duAit, da; francés, indnií.
Inducidor, ra. Masculino j feme-
nino. El que induce á alguna cosa.
ETiiiCH.oafA. Jndueir: latín de las
? losas, indietorp forma agente de f»-
ucí1o, inducción; francés, itutueteur;
italianb, indutíore; catalán, induki'
dor, a.
Inducimiento. Masculino. Ihddc-
CIÓN ó PERSUASIÓN.
Inducir. Activo. Instigar, persua-
dir, mover á alguno, f Anticuado.
Ocasionar, causar.
Etiholooi'a. Provenzal enduire,
en/urre; catalán, indu&ir; francés, in-
duire; italiano, inducere, indurre, del
latín induciré, hacer entrar; de in, en,
dentro, sobre, j i^icVí, conducir.
Indúctil. Adjetivo. FUiea. Que no
tiene ductilidad.
SruioLQOfA. In ^tintíro j dietil:
francés, indnetile*
Inductivo, va. Adjetivo. Filon-
Jta. Que procede por inducción, en
CUJO sentido se dice: método inducti-
vo. I Capacidad inductiva. Fitica.
Facilidad, más ó menos grande, con
que la electricidad neutra se descom-
pone j se recomp)ne en el interior de
una misma molécula; término contra-
río de coiiduclibilidad, la cual consiste
en la facilidad, más ó menos grande,
con que la electricidad de una molé-
cula se comunica á las moléculas si-
guientes. (LiTTRtf .)
ErmoLOofA. Latín indueíttut; ita-
liano, 4nduíiivo; francés, indueti/¡ ca-
talán, indueíiut va.
Inductor. Adjetivo. Física. Círcu-
lo inductor; círculo que efíectúa la
inducción. [| Músculo inductor. Ana-
tomía. Músculo que produce una con-
tracción inducida.
Etiholooía. Inducir: francés, tfi-
ducíeur.
Indudable. Indubitable.
Indudablemente. Adverbio de mo-
do. De un modo indudable.
Etimología. Indubitablemente.
Indulgencia. Femenino. Facilidad
en perdonar ó disimular las culpas ó
en conceder gracias. ] Remisión que
hace la Iglesia de las penas debidas
por los pecados. [[ parcial. Aquella
por la que se perdona parte de la pe-
na, l PLBNARiA. Aquella por la que se
perdona toda la pena.
Etimología. Indulgente: provenzal,
indulgencia, endulgencia; catalán, itt-
dulgencia; francés, indulgence; italiano,
indulginza; del latín inau^entía,ÍQtm9^
sustantiva abstracta de indulgens^ in-
dulgente.
Reseña histórica. — Remisión de pe-
nas temporales, concedida por la Igle-
ÍNDü
sfa á los pecadores penitentes, £ eon-
dioión de ajunos, oraciones, actos
de reli^i in, obras piadosas, limosoii,
peregrinaciones, donaciones para cons-
truir iglesias ú hospitales, etc. Según
la pena, se remite en todo ó en ^rte;
son pleMrias 6 parciales, no pudtendo
conceder las primeras más que el
Sumo pontífice La distribución de
las INDULGENCIAS en Alemania por el
monje Tetzel, en nombre del pipa
León X, en favor de los que contríbu-
jeron á la construcción de San Pedro
en R )ma, fué la causa ocasional de ha
predicaciones de Lotero, en lól7. El
Concilio de Trento reprimid el abuso,
pero mantuvo el derecho.
Indulgente. Adjetivo. Bl que es
fácil en perdonar j disimular los pe-
rros ó en conceder gracias. .
Etimología. Latín indulgens, entit,
participio de presente de indulgiré,
conceder, permitir, perdonar: italia-
no, indulgente; francés, indulgent, ente;
catalán, indulgent.
Indulgentemente. Adverbio de
modo. Con indulgencia.
ETiMOLOofA. Indalgeate j el sufijo
adverbial mente: catalán, indulgent-
ment; fnincés, indulge mment; latín, iVt-
duLenter.
Indultado, da. Participio pasivo
de indultar.
EtimolgoÍa. IniulUtr: catalán, te-
dnltai, - a.
Indultar. Activo. Perdonar á uno
la pena que tenía merecida; excep-
tuarle ó eximirle de alguna lej ú obli-
gación.
EriMOLoafA. Indulto: catalán, in-
dultar.
Indultarlo. Masculino. El sujeto
que, en virtud de índnlto ó gncia
pontificia, podía cbuceder baneflcios
eclesiásticos.
EnuoLOOfA. Indulto: italiano, iu-
dultdrio; francés, indultaire; catalán,
indultari.
Inlulto. Masculino. Gracia ó pri-
vilegio concedido á alguno para que
pueda hacer lo que sin el no podría. |
Gracia por la cual el superior remite
la pena, ó exceptúa j exime á alguno
de la lev ó de otra cualquier obliga-
ción. I Cancillería romana. Privilegio
atorgado, en virtud de bulas del Sumo
pontífice, á cualquiera corporación ó
particular, de poder proveer ciertos
beneficios, ó de conservarlos en su po-
der, mal grado las disposiciones del
derecho común. || ds los rbvb^. Fa-
cultad de hacer nombramientos en
los beneficios consistoriales. || db los
CARDENALES. Facultad de conservar
Ins beneficios, así regulares como se-
culares. ¡I Anticuado. Derecho que sj
adeudaba al re_y de España por lo que
venía de las indias occideutales en
los antiguos galeones.
Etimología. Catalán j francés, ñt-
dult; italiano, indulto, del latín indul-
tus.
1. El latín indultus significa cosa
acordada. (Littbé.)
2. Esto es un error, el cual provie-
ne de que se ha confundido el ultus
de indmitus, indulto, con el ultnt de
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INDU
ensnlíiUt participio paaivo de amiMI-
re, consultar.
3. Esos dos temas no tienen rela-
ción alguna, puesto que el *U*S de
■ndultus representa una forma paralela
de ulíto, Tengi-anza; mientras que el
niiut de coHtuUtu representa una for-
ma de amsül?re, tema verbal de cón-
sul, cansUlit, eónsult magistrado, con-
sejero público.
4. 7Wíi¿<o significa, no cosa con-
sultada, no cosa decidida, sino per-
dóo, concesión, indulgencia, como For-
ma simétrica de indnltiu, participio
pasivo de induí^ertf ser indulveote.
5. La forma etimológica de indul-
tu» es in. Dejación; d eufónica y uitío,
venganza: tnr'á~%líia, «no venganza,
perdón, olvido.»
6. La d del vocablo latino tiene por
objeto distinguirlo de inulíui, no ven-
gado, qoe esla misma palabra radi-
cal: in-uliut, no vengado; in-d-tilliu,
concedido.
Indumentaria. Femenino. Arqueo-
logia. Tratado acerca de los trajes, y,
por extensión, de los muebles j ador-
nos dn la antigüedad.
E-nHOLoaÍA. Latín ind^mintum, el
vestido, eu Cicerón, forma de indúo,
(j^ue es el griego ivSúw (endúd), ves-
tir.
Indumento. Masculino anticuado.
Vestidura,.
Indarable. Adjetiro. Que no pue-
de durar.
Indnraci¿n. Femenino anticuado.
Enjub.!cimignto. Q Medicina, Acción
j efectu dtí endurecerse, como cuando
se dice: induración del tejido celular;
iNDURACioNBS del vientre.
BTiuoLoaÍA. Latín índürSíus, endu-
recido, participio pasivo de indurare,
endurecer: italiano, indurare^ i»duri-
re; francés, indurar; de tu, eu, j dUra-
re^ forma verbal de (Alnu, duro: fran-
cés, indtiration,
Indasia. Femenino. Botánica, Es-
pecie de túnica membranosa en que
están eacerndos los cuerpos reproduc-
tores de los helechoi. | Mineralt^ia,
Nombre que dió Bosc á unos cuerpos
fósiles, que presentan la forma de un
tubo de 6 á'lO milímetros de diáme-
tro, j de 6 á 8 centímetros de longi-
tud, abierto's por un lado j cerrados
por el lado opuesto. Parece ser que
dichos cuerpos fósiles proceden de un
insecto, perteneciente al orden de los
neceó pte ros- (Lsooarant.)
ETiuoLoaÍA. Jndutio: francés, in-
dulte.
Indunado, da. Adjetivo. Historia
ntturul. Que está cubierto por una in-
dusía.
IndasianOf na. Adjetivo. Geolo-
gía. Bjiíteto de las capas de terreno
que 3irv.:n de cubierta á los restos de
utras capas.
B-nMOLOGÍA. Tnduño»
Inausio. Masculino. Antigüedades.
Especie de túnica que las mujeres ro-
manas Hevabau interiormente á modo
d'.' eamisn.
EnuoLooÍA. Latín indüsXum, cami-
sa de mujer; forma de indu^re, vestir.
1. El lat'n indu're está formado de
INDU
dentro, j un radical uére, que
no se conoce. (Litthé.)
2. Estamos seguros de que el sabio
autor no llegó á ver las anteriores lí-
neas, porque, si las hubiera visto, ha-
bría discurrido en el acto que el ver-
bo indu^re^ vestir, es literalmente el
griego ivSúti) (endúS), jo me visto.
Industria.Femeuiuo. Maña y des-
treza ó artificio para hacer alguna co-
sa. ]] La ocupación, el trabajo que se
emplea en la agricultura, fábricas, co-
mercio v artes mecánicas. Q Ds indus-
T&iA. Modo adverbial. De intento, de
propósito.
Etimolooía,. Latín industria, habi-
lidad, destreza en cualquier arte: ita-
liano, industria: francés, iiuíustrie; cap
talán, industria.
Sentido etimológico. — 1. El latín »«-
dttstria se compone de indu, forma an-
tigua de in, en, dentro, js^ra."», cons-
truir, fabricar.
2. Las ideas que significa el vocá-
blo latino son las siguientes: idea de
rapidez: industria itenerit; rapidez en
el viaje (Subtonio); de esfuerzo j vl-
^or: samni» industriis; con esfuerzos
inauditos (Pláuto); de diligencia, de
cuidado, de esmero: ta scrtbendo ta»-
tum iNDUáTBi^ ]^anam; pondré tanto
cuidado en escribir... (Cicerón); de
ejercicio y hábito: ÍH^mwn industria
aUtnri el talento se alimenta con el
^ercitío. (Ibidsk.)
3. El modo adverbial-de industru,
á propósito, es enteramente latino, se-
gún vemos en Cicerón.
4. La industria, ateniéndonos á su
significado etimológico, representa la
fábrica interior de cada nombre, la
particular manufactura de cada casa.
Industrial. Adjetivo. Lo que per-
tenece á la industria. \ El que vive de
ella.
ExiuoLoaÍA. Industria: italiano, f h-
dusíriale; francés, indutíriel; catalán ,
industrial.
Indostríalinno. Ibsculino. Siste-
ma que consiste en considerar la in-
dustria como el más importante obj >
to de un Estado. | Preponderancia de
la industria.
Btucología. Industria: francés, in-
dusírialisme.
Industrialista. Masculino. Parti-
dario del industrialismo. | Adjetivo.
Conceruiente al industrialismo.
Etimolooía. Industrialismo: fran-
cés, indüsírialiste.
Ininstrialmente. Adverbio de
modo. Con industria.
EriMOLoaÍA. Industrial y el sufijo
adverbial mente: latín, industríi; ita-
liano, industrialaeníe; francés, indus-
triellement.
Indastriar. Activo. Instruir, en-
señar, amaestrar á alguno. Se usa
también como recíproco.
EtiuolooÍa. Industria: italiano, ¿n-
dustriare; francés, industriar; catalán,
industriar.
Industriarse. Recíproco. Adies-
trarse. H Manejarse bien para vivir.
ETiMor.OGÍA. Furraa reflexiva de in-
dustrial-: tciliano, indusiriarti; fran-
cés, s'iudustrier; catulún, in.ius triarse.
INEF
87
IndoatrioMmeiiia. Adverbio de
modo. Con indastria j maña. | Anti-
cuado. De industria ó de propósito.
Etiholooía. Industriosa y el sufijo
adverbial mentf: latín, industríSsi; ita-
liano, indusíri&sameníe; francés, indus-
trieusemení: catalán, industriosament.
Industrioso, sa. Adjetivo. El que
obra oon industria. | Lo que se hace
con industria. | Hacendoso. | Hábil
en agenciarse lo necesario para vivir
bien.
EruiOLOofA. Industria: latín, indus-
íríosus: italiano, i. duslrioso; francés,
itfiustrieux; catalá'n, industriÓs.
InduTÍa. Femenino. Botánica. La
parte accesoria de una flor que cubre
el fruto.
EnuoLDOÍA. Latín indHie, vestido:
iNDUvi.c arboris, corteza de un árbol
(Plinio); francés, iudutie.
InduTÍido, dd. Adjetivo. Botáni-
ca. Cubierto por una induvia.
Induvial. Adjetivo. Botánica, Que
cubre el fruto.
EriHOLOofA. Induvia: francés, indu-
vial.
Inebriar. Activo anticuado. Eu-
BMAOAa ó BHBORBACHAB. || Metáfora
antigua. Turbar la razón ciertos afeo-
tos violentos y pasiones, como la ira,
el amor, etc.
EtiuolooÍa. Latín inébriire, em-
borrachar; de in, en, y f triare, forma
verbal de Ibríus, ebrio.
Inebriativo, va. Adjetivoanticua-
do. Lo que embriaga o tiene virtud
de embriagar,
InecoBomía. Femenino. Falta de
economía.
Ineconómicamente. Adverbio de
modo. Sin economía.
ETiHOLOofA. Ineconómica y el sufijo
adverbial mente.
Ineconómico, ca. Adjetivo. No
económico.
Inedia. Femenino. Msdidna, Esta-
do de una persona que permanece sin
comer ni beber por mas tiempo del
resillar.
£tiiioloq(a. Latín imdía; de in
privativo, no, y edo, yo como.
Inédito, ta. Adjetivo. Aplícase i
lo que está escrito y no se ha publica-
do aún.
EriuoLoaÍA. Editor: latín, inedííus,
no publicado; de in, negación, y edí-
íus, forma de ed^'re, sacar á luz; ita-
liano, inédito; francés, incdit; catelán,
inédit, a.
Inefabilidad. Femenino, Imposi-
bilidad ó grave dificultad de ser ex-
plicada alguna cosa con palabras,
como cuando decimos: la inefabili-
dad de Dios.
KriuoLOofA, Inefable: latín, ineffSr
btUías: italiano, inejfahilitái francés,
inefabililé; catalán, inefahiUtat.
Inefable. Adjetivo. Lo que con
palabras no se puede explicar, en zwyo
sentidu se dice: gozo inbfablb, miste-
I rio INEFABLE, INEFABLE sabiduría, 1NE-
^FABLB felicidad. ¡| Cuando decimos: la
, INEFABLE boudad, U iMBi^ABLE clemcn-
¡ cia, se entiende que hablamos de la
clemencia y bondad de Dios.
Etiuoloqía, Latía ine^aÜtist ^u*
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88
INEP
no puede explicarle ni ftun daclne; de
m, no; ef, por «r, fuera, 3^ fiiHit^
Torma' adjetiva ficticia de _/dr», nablar:
in-ef'fai'tlis, «palabra que no puede
salir fuera:» italiano, inffáhile; fran-
cés, inefable; catalán, inefable.
Inefablemente. Adverbio de mo-
do. Sin poderse explicar.
Etimología. Inefable y el sufijo ad-
verbial mente: latín, ineffabUíter; ita-
liano, ineffabiltnente; francés, ine^a-
blement; catalán, inefabUmení.
Ineficacia. Femenino. Falta de
eficacia j actividad.
BTnfOLOofa. Inejtw: italiano, tuef'
Reacia; francés, tfuJleMiHíi catalto,
ineñeetcia.
Ineflcai. AdjetÍTO. Loque no ei
eficaz. ,
ETUfOLOofa. Latín inej^icax, inef-
jícSeit, inútil; de in, no, pr eJ^ícaXf efi-
caz: italiano y francés, tnej^cace; ca-
talán, inefcát; provenzal, inefcas,
Inéficazmente. Adverbiode modo.
Sin eficacia.
BTiuoLOofA. Ine/icaí y el sufijo ad-
verbial mente: francés, ine^acement;
htiut ine^ca(^íer, sin efecto.
Inegualdad. Femenino anticuado,
Obsioualdau.
Ihcqecución. Femenino. Falta de
ejecución.
BriHOLoafÁ. In privativo j ejecu-
ción: catalán, inexecuciéi francés, úi-
ex/eníion.
Inejecutable. Adjetivo. Que no
puede ejecutarse.
ETiuoLoafA. In privativo j ejecuta-
ble: fr&aees,inexécuíable.
Inejecutado, da. Adjetivo. Que
uo se na ejecutado.
Inejercido, da. Adjetivo. Que no
se ha ejercido.
Inelegancia. Femenino. Falta de
clcj^ncia.
. fiielegante. Adjetivo. Lo que no
os elevante.
Inuegantenente. Adverbio de
modo. Sin elegancia.
Etiholooía. Inelegante j el sufijo
:idverbial mente.
Inelocuencía. Femenino. Falta de
elocuencia.
Inelocuente. Adjetivo. No elo-
cuente.
Ineludible. Adjetivo. Lo que no se
puede eludir.
Inembrionado, da. Adjetivo. So-
lánica. Calificación de las plantas cu jo
modo de germinación no está descu-
bierto.
BTiuoLoaÍA. In privativo y em-
brión,
Inenijanabilidad. Femenino.
Cualidad de lo inenajenable.
Inenfdenable. Adjetivo. Imposi-
ble ó dilicil de enajenarse.
Inenajenado, da. Adjetivo. No
enajenado.
Inenarrable. Adjetivo. Inbfablb.
Inepcia. Femenino. Necedad.
Etimología. Inepto: latín, ineptía,
necedades, boberías: italianu, inezia;
.'rancés, inepíie; caialún, inepcia.
Ineptamente. Adverbio de modo.
Sin aptitud ni proporción, necia-
mente.
INER
ElTluoLoofA. Tn^ta y el sufijo ad-
verbial mente: latm, ineptí; italiano,
inettamente; francés, inepíemení; cata-
lán, inepíament.
Ineptísimo, ma. Adjetivo superla-
tivo de inepto.
Ineptitud. Femenino. Inhabili-
dad, "alta de aptitud ó de capacidad.
Etimología. Inepto: italiano, inetti-
titdine; catalán, ineptitud.
Inepto, ta. Adjetivó. Lo que no es
apto ó á propósito para alguna cosa.
Lapersona necia ó incapaz.
Étiholooía. Latín inSptus; de «n,
no, y ofitut, apto; «no apto:» italiano,
iwíío; ' francés, provenzal y catalán,
ineple.
Inequiangular. Adjetivo. Geome-
tría. De ángulos desiguales.
Inequidad. Ihiquiuad.
Inequilátero, ra. Adjetivo. Mine-
ralogía y botánica. De lados desigua-
les, en cuyo sentido sé dice que las
hojas del olmo son inei^uiláteras. ■
Etimología. In privativo j «{'tti^-
tero: francés, inéquilatere.
Inequipedo, da. Adjetivo. Zoolo-
gía. De piés desiguales.
BriHOLOofA.. in privativo y equipe-
do: francés, inequipede.
Inequitativamente. Adverbio de
modo, qíu equidad.
Etiholoqu. Inequitativa y el sufijo
adverbial mente: francés, in/guiíable-'
ment, - -
Inequitativo, va. Adjetivo. Falto
de equidad.
Etimología, ifi privativo j *^íto-
tivo: francés, inéquiíable,
Inequivalvado, da. Adjetivo. His-
toria natural. De valvas desiguales.
Etimología. In privativo y equival-
vado: fraoces, inequivalve.
IneqñiTalTO, va. Adjetivo. In-
equivalvado.
Inequívoco, ca. Adjetivo. Lo que
no admite duda ó equivocación. D Pa-
tente, eficaz, como cuando se dice:
pruebas inequívocas de cariño.
Inercia. Femenino. Flojedad, de-
sidia, inacción, ¡j Falta de energía. Q
Ciencias. Estado j carácter de lo que
es inerte, ó sea falta de aptitud para
cambiar espontáneamente de situa-
ción. I Física, Propiedad elemental de
la materia, en cuja virtud no pueden
los cuerpos modificar, por su propia
fuerza, el estado de movimiento ó de
reposo en que se hallan. |] Inercia db
la matbiz. Medicina. Estado de este
órgano, que no se rehace ni estrecha
sus paredes después de la expulsión
del feto,
EtiuolooU. Inerte: latín, iñertia;
italiano, inenia; francés, inertie; cata-
lán, inercia.
Reseña. — 1. Todo cuerpo, indife-
rente por sí mismo al reposo j al mo-
vimiento, sigue infalibleiuente la mis-
ma línea en que se le ha movido. Esta
propensión natural á no mudar de es-
tado se llama inercia.
2. Por consiguiente, la inercia no
es más que la tendencia de los cuer-
pos á permanecer indefinidamente en
3U estado de movimiento 6 de reposo.
3. Debe notarse que la resistencia
INES
de los cuerpos á moverse, esU en re-
lación íntima con su masa, de donde
se infiere que es proporcional, como
el peso, á la cantidad de materia que
les es propia.
4. Por último, en la inercia no de-
bemos ver otra cosa que un resultado
necesario de la gravedad. Quien ex-
plica la lej de la gravitación, explica
sin duda las leyes de la inebcia.
Inerme. Adjetivo. El ó lo que está
sin armas. Q Metáfora. Inofensivo,
como cuando se dice: carácíerisEKHK,
persona inerme; esto es, incapaz de
nacer daño. || Botánica. Que no tiene
espinas, en cujro sentido dicen los bo-
tánicos: tallo inerme. II Zoología. Epí-
teto de los animides que no tienen
cuerno ni defensa,
Etimoloqía. Latín inermis, de in,
negación, y ermis^ por armts, tema de
arma, arma, arma; «sin armas:» ita-
liano, francés y catalán, inerme.
Inerrable. Adjetivo. Lo que no se
puedo errar.
Etimología. In privativo y etrable:
catalán, inerrable; latín, inerrabílis.
Inerrante. Adjetivo. Astronomía.
Lo que está fijo y sin movimiento.
Inerte, Adjetivo. Flojo, desidioso.
Se aplica en sentido material, como
en cuerpo iheete, y en sentido moral,
como cuando decimos: a/ma inerte. |
Física. Lo que no tiene actividad pro*
pía, en cuja acepción' se suela decir
que los minerales son cuerpos inertes,
puesto que aclarecen como despojados
de toda especie de actividad. |j Suelo
INERTE. Geología. Parte de la tierra
que se halla entre el suelo activo y él
subsuelo, la cual es siempre de la
misma naturaleza que la del suelo
activo.
Etimoloqía, Latín i»eriÍSt de in,
negación, y eriis, por aríis, tema de
ars, arlis, articulación, movimieiíto.
Inertis representa in-artist como íüfr-
mit representa tn-armis: italiano y
francés, inerte; cataláui inei't, a.
Inerudición, Femenino. Carencia
de erudición.
Etimología. Latín tntrMltío (san
Jerónimo; francés, inérudition.
Inerudito, ta. Sustantivo y adje-
tivo. Falto de erudición..
Etimología. Latín ÍJíéríít/íítíj. (Ci-
cerón, I^UINTILIANO.)
Inervación. Femenino. Acción in-
terior de los nervios.
Etimología. I por j«, en, dentro,y
nervacian, forma sustantiva del latín
nervus, nervio.
Inés. FemeDÍoo. Nombre propio
de mujer: santa Inés.
Etiuqlooía. Latín Agites, simétri-
co de agnust cordero: griego, á|ivóc
(amnds); francés y catalán, Agnes.
Inés. Primera mujer de Alfonso VI
' de León, hija de Guido, duque de
I Aquitania. Se casó con Alfonso en
1073 y contribuyó eficazmente á la
I mutación de las ceremonias en la misa
; y el rezo. Murió sin sucesión en 1075
y fué enterrada ea el monasterio de
' Saliayun.
Inescación. Femenino, Anligüeda-
\ des. Práctica supersticiosa que consis-
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INES
tía en curar á un enfermo, haciendo
qué un animal tragase una figura de
la parte afestada.
Etimologíji. Latín ínescatío, el acto
de engañar, forma sustantiva abstrac-
to de ineseStut, atraído^ participio pa-
sivo de ínet^re, cazar 6 pescar con
comida 6 cebo, atraer, seducir, enga-
ñar; de iM, en, dentro, sobre, j escare,
comer; de «sea, comida . (San Aoustín.)
Inescrutahílíiad. Femenino. Cua-
lidad j carácter de lo inescrutable.
BrniOLoofA. JneternUbU: catalán,
iuterutaiilitat.
Inescrutable. A.djetiro. Lo que no
se puede «aber ni areríguar, como
cuando se dice: los imbscrutablbs
designios de la Providencia, losiNBS-
CBUT&BLBS arcanos de la creación, la
ciencia inescrutable de la vida.
E^iuOLOof A. In negativo y eseruía-
bU: italiano, ineseruíábiU; catalán, «n-
Inescrutablemente . A d r e i b i o
modal. De un modo inaveriguable.
BniiOLOofA. iMicníabU j el sufijo
adTerbial mtníe.
Inescudriñable. Adjetivo. Inbs-
CBUTABLE.— «Adjetivo de una termi-
nación. Lo que no se puede averiguar
ó escudriñar.» (Academia, Sicetona-
ñode me.)
Ineaencial. AdjetÍTO. No «uncial.
Inesenci símente. Adverbio de
modo. Sin ser esencial.
ETiuoLoaÍA. JneiencUl y el sufijo
adverbial nunte.
Inespecificable. Adjetivo. Que no
puede especificarse.
Inespecificación. Femenino, Fal-
ta-de especificación.
Inespecificadamente. Adverbio
de modo. Sin especificación.
Btimolooía. Inesptei/íeada j el su-
6jo adverbial mente.
Inespecificado, da. Adjetivo, Que
no está especificado.
InesperadAmente. Adverbio de
modo. Sin esperarse.
BimoLOOÍA. Inetperada ^ el sufijo
adverbial mente: italiano, tnetperafa-
nentej francés, inespérément; catalán,
inaperadament.
uie^Mrado, da. Adjetivo. Lo que
sucede sin esperarse.
BnuOLOOÍA. /* privativo y espera-
do: italiano, inetperaío; francés, >m«-
pér¿; catalán, inesperaí, da.
SiNomyiA. Inesperado, imprewsto.
iMSperadc supone conocimiento de la
posibilidad de una cosa q^ue no se es-
Sera en ana ocasión ó circunstancia
aterminada. Imprevisto supone ígno-
nmeia de la posibilidad de la cosa.
La muerte de un hético que se que-
da hablando, puede mt ineiperada, se*
gnu las ' eircunstancias; pero nunca
puede ser impretitía.
Un buen general prevé en la gue-
rra los lances que parecen más remo-
tos, j está sieínpre dispuesto á las sor-
presas que parecen menos posibles,
porque estos accidentes, aunque ta»-
perados, nunca deben pan él ser m-
fiTfrittos. (HusaTA.)
Inespiritnal. Adjetivo. No espi-
ritual.
INEV
Inespiritnalidad. Femenino. Fal-
ta de espiritualidad.
Inespiritualmente. Adverbio de
modo, bin espiritualidad.
EtiuolooÍa. Inespiritual y el sufijo
adverbial mente.
Inestable. Adjetivo. Instable.
Inestambrado, da. Adjetivo. Bo-
tánica. Que carece de estambres.
Inestancable. Adjetivo. Se dice
de los géneros ó productos que es im-
posible ó muj difícil de estancar.^
In estato cao. Expresión latina.
In STAT0 QUO.
Inestimabilidad. Femenino. Ca-
lidad de lo inestimable.
BtiifOLOofA. Inesíimaile: catalán,
inesíima&Hitat.
Inestimable. Adjetivo. Lo que es
incapaz de ser estimado como corres-
ponde.
ETiyoLOOÍA. In privativo y estima^
ble: latín, inasíímabilis; italiano, ines-
timabile; francés v catalán, inestima-
bU.
Inestimablemente. Adverbio de
modo. Con inestimabilidad.
ETiifOLoaÍA. Inestimable y el sufijo
adverbial mente: francés, inestimable-
ment; italiano, inettimabilmenie ;\&tín,
intestimabilííer.
Inestimadamente. Adverbio de
modo. Sin ser estimado.
EtuiolooU. Inatimada y el sufijo
adverbial mente.
Inestimado, da. Adjetivo. Foren-
se. Lo que está sin apreciar ni tasar.
Ineterno, na. Adjetivo. No eterno.
Ineufonia. Femenino. Gramática.
Palabra inventada por Carlos Nodier
para significar la falta de eufonía.
Esta voz, aunque gráfica, es en nues-
tro juicio innecesaria, pues es lo mis-
mo que cacofonía.
Ineufónico, (». Adjetivo. Filolo-
gía. Que carece de eufonía, como cuan*
do se dice: vocablo ineufónico; articu-
ladén INEUPÓNICA.
IHeraloadOida. Adjetivo. Sin eva-
luar.
Inevangélico, ca. Adjetivo. No
evangélico.
Inevidencia. Femenino. Falta de
evidencia.
Etimología. Inevidente: &aneés, in-
évidence.
Inevidente. Adjetivo.No evidente.
EnwoLOQfA. In privativo y evilen-
íe: iVaDcés, in/videní; latín, inévXdens,
ineoideníis. (Quichsrat. Addenda.)
Inevitabilidad. Femenino. Filoso-
fia. Cualidad de lo inevitable, en cuvo
sentido se dice: inbvita bilí dad del
juicio, como resultado necesario de la
percepción.
EtiuoloqU. Ineñíable: francés,
éoitabilité.
Inevitable. Adjetivo. Lo que no
se puede evitar,
BTiuoLOofA. ín privativo y «ííaWc;
latín, inenitahilis; italiano, ineviiábile;
francés, inecitdble; catalán, inevilabl:
Inevitablemente. Adverbio de
modo, Sin poderse evitar,
Etiholoqía. Jneciíable y el sufijo
adverbial mente: catalin, inevitable-
mtníi francés, inévHabUmtnti italia-
INEX
89
no, ineviíabiUnente; latín, inép"ía Mlíter,
inexactamente. Adverbio de mo-
do. En térmiuos inexactos, con in^
exactitud.
ETiiíOLoaÍA. Inexacta y el sufijo ad-
verbial mente: italiano, inesattamente;
francés, inexacíement.
Inexactitud. Femenino. Falta de
exactitud.
EriuOLoafA. Inexacto: italiano, in-
esattezta; (riacéa,inexacíiíude; catalán,
inexactitut.
Inexacto, ta. Adjetivo. Lo que ca-
rece de exactitud,
EtimolooIa. In privativo y exacto:
italiano, inetatto; francés, inesact; ca-
talán, inexacle, a.
Inexcusable. Adjetivo. Lo que no
se puede excusar. Q Indispensable.
BtiuolooÍa. In privativo y excusa-
ble: latín, inexcüiaoílis; italiano, Ínes~
cusábile; francés, inexcusable; catalán,
inetcusable.
Inexcusablemente. Adverbio de
modo. Sin excusa. | Indispensable-
mente.
Etiholooía. Inexcusable y el sufijo
adverbial mente: italiano, inescusabil-
mente; francés, inexcutablement; cata-
lán, inesentablement.
Inexhausto, ta. Adjetivo. Lo que
por su abundancia ó plenitud no se
agota ni se acaba.
Inexigible. Adjetivo. Que no pue*
de exigirse.
Etimología. In privativo y exigi-
ble: italiano, inesigibUe; francés, ts-
exigible.
Inexistencia. Femenino anticua-
do. Existencia de una cosa en otra. B
Falta de existencia.
EtiuolooU. Inexistente: francés,
inexitíence.
Inexistente. Adjetivo anticuado.
Lo que existe en otro. \ Lo que care-
ce de existencia.
Etimolooía. 7» privativo y existen'
te: latín, inexisíeni, inexistentis (Qui-
CHEBAT, ÁddendaJ; francés, iuexisíant.
Inexorabilidad. Femenino. Cuali-
dad de lo inexorable.
EriuOLOOfA. Inexorable: italiano,
inesorabilitá.
Inexorable. Adjetivo. El que no se
deja vencer de los ruegos, ni condes-
ciende fácilmente con las súplicas que
le hacen.
ETivOLoaÍA. Latín inexdrabíUs; de
in, negación, y exdrábílis, exorable |
tno exorable;» italiano, iiiesorabilef
francés y catalán, inexorable.
Inexorablemente. Adverbio mo-
dal. De un modo inexorable.
Etimología. Inexorable y el su^a
adverbial mente: italiano, ñwonbíi"
mente; francés, inexoraileáunt.
Inexperiencia. Femenino. Falts
de experiencia.
BnuoLoaÍA. In privativo y experien •
cia: latín, inexp^ientía, en Tertuliano;
italiano, inesperienza; francés, inexpí"
rience; catalán, inexperie/tda.
Inexperimentadamente. Adver-
bio de modo, Sin ser experimentado Ó
sin experiencia.
Etimolooía. Inexperimentaá» j e>
sufijo adverbial mente» ,
TOMOUl
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¡9
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9) INEX
InexperímdatftdOp da. Adjetivo.
Na ox.peTÍaien1iado.
BnuoLOoU. /« privativo y experi'
mentado: francés, inexpérimenU; cata-
lán, inesperimentat, da.
Inexpertamente. Adverbio de mo-
do. Sin e-iperiencia,
Etihología. Inexperta j el sufijc
adverbial mente.
Inexperto, ta. Adjetivo. El que
está falto de eiperiencia.
Etimología. Jn privativo j experto:
latía» Uuxperttu; italiano, inesperíOi
francés» prorenzal j catalán, úu^
psrt.
Inexpiable. Adjetivo. Lo qae no
sapuede expiar.
BTiiiOLMu.7fi privativo j tspiable:
latín, áinmiSUis, lo que no ae puede
perdonar 6 tatisfacer con lacrincios;
Italiano, inespiibile; francés j catalán»
inexpiable. — <Lo que no puede ser
perdonado ú satisfecho con sacrificios
ú otras cereiaoDÍas satisfactorias.»
(AcAüicMiA, Diccionario Je Í7S6.)
Inexpiadamente. Adverbio de mo-
do. Siti espiaciÓD.
Etiuología. ¡nexpiada y el sufijo
adverbial menís.
Inexplicabilidad. Femenino. Cua-
lidad de lo intix.plicable.
Inei^licabb. Adjetivo. Lo que no
se puede explicar.
ÉrtHEOLoeÍA.. I» neffativo j expUca-
hU: iatín, intaspUcabUiv, italiano, inctr
plieiMU¡ ñaness j catalán, wewpUca-
ble.
Inexplicablemente. Adverbio de
modo. iJe una manera inexplicable.
Etimología. Inexplicable y el sufijo
adverbial maitr. italiano, inesplicabil-
mente; francés, inexplieablement; latín,
inexpttcah'ilíter,
Inexplicación. Femenino. Falta
de explicación.
Inenlicadamente. Adverbio de
modo. Sin explicación.
KTtuoLooü. InexpHeada y el sufijo
adverbial nuiUe.
Snexplioado, da. AdjetiTo. Que no
ha sido explicado.
BnuoLOoli,. Latfn iuéxpRcatm; de
in privativo y explíi^tia, explicado:
francés; inexjjligue.
In explícitamente. Adverbio mo-
d.il. De lia modo inexplicito.
Etimología. /««rpííciía j el sufijo
adverbial menU.
Inexplicito, ta. Adjetivo. No ex-
plícito.
Etimología. In privativo y explíci-
to: latín, inexpticiím, difícil de enten-
der, eiiigmátioo, oscuro; francés, in-
ej/pliciíe,
Inexplorable. Adjetivo. Que no se
puede explorar.
B^KOLoeU. /«privativo y explora-
ble: francés, üuxptorable.
Xnezplondamente. Adverbio de
modo. Sin exploración.
Etimología. Inexplorada y el sufijo
adverbial mente: latín, inexplSraíi, ca-
sualmente, por descuido.
Inexplorado, da. Adjetivo. Que
no ha sid» explorado. |
Etimología. /b privativo y explora- ,
do: francés, inexploré, del latía inex- \
INEX
pióratust no descubierto, no reconoci-
do, no experimentado.
Inexploaible. Adjetivo. jPVrú».
Que no produce explosión» en eujo
sentido se dice: la mezcla del oxígeno
y del^hidrógeno en volúmenes conve-
nientemente desiguales es inbxplosi-
BLB.
Etimología. In privativo y expl«sir-
ble: francés, inexptotible»
Inexpoaíción. Femenino. Falta de
exposición.
Inexpuesto, ta. Adjetivo. No ex-
puesto.
Inexpugnabilidad. Femenino.
Cualidad de lo inexpugnable.
Inexpugnable. Adjetivo. Lo que
no sd puede tomar ó conquistar á fuer-
za de armas. | Metáfora. El que no se
deja vencer ni persuadir fácilmente.
ETiuoLoaÍA. In privativo y expug-
nable: latín, inexptynabllit, que no
puede rendirse 6 conquistarse; italia-
no, inegpuanábile; francés y cataláu,
inexpugnable.
Inexpugnablemente. Adverbiode
modo. De una manera inexpugnable.
EriifOLoaÍA. Inexpugnable y el sufi-
jo adverbial mente.
Inextenaamente. Adverbio de mo-
do. Sin .suñciente extensiín.
Etuiolooía. Inextensa y el sufijo
.adverbial mentt.
Inextenaíbilidad. Femenino. Fí-
sica. Impjsibilidad de extensión.
Btiuoloqía. InexteiuibU: francés,
inexíensibilité,
Inextensible. Adjetivo. Fitic». Im-
posible ó difícil de extenderse.
Etiuoloqía. In privativo j exieeui-
ble i'rancés, inextensible.
Inextenao, sa. Adjetivo. No ax-
tenso.
Etimología. In privativo y extenso:
latín, inex^ntu»; catalán, inesíent, a.
Inexterminable. Adjetivo. Impo-
sible de exterminar.
Etiuología. Ih privativo y extermi-
nable: latín de san Jerónimo, inexUr-
ffl"na¿i¿u, inmortal; francés, inextér-
mi«abie.
Id exterminado, da. Adjetivo.
Que no ha sido exterminado.
Inextinguible. Adjetivo. Lo que
no es extinguible. |j Metáfora. Lo que
es de perpetua ó larga duración.
EtiuolooÍa. In privativo ^ extin-
guible: latín, inexíiitguibUit; italiano,
inesíinguibite ; francés, inextinguible;
catalán, inexíingible.
Inextirpable. Adjetivo, No ius-
ceptible de extirpación.
Etimología. In privativo y extirpa-
ble: latín, inextirpabílis; francés, inex-
íirpable; italiano, inestirpábile,
inextir^do, da. Adjetivo. Que no
ha sido extirpado.
Inextricaittlidad. Femenino. Cua-
lidad de lo inextricable.
Etimología. Inextricable: francés,
inextricabtlilé.
Inextricable. Adjetivo. Lo que no
es fácil de desenredar, ó lo m\iy in- |
trincado v confuso. |
I Etimología. Latiu inextricabtlis, de .
, donde no se puede salir ó desembara-
I zarsei de in, no, y ext$'i^!fUit, forma ,
INFA
adjetiva de eatñ^e, desenvotvec:
francés y catalán, inexIrieaiU; italia-
no, inettrieabile.
Inhcetiaimo, ma. A^jetÍTo su-
perlativo de infaceto.
Infaceto, ta. Adjetivo. Insulso.
Etimología. In privativo y faceto:
latín, infácHus, frío, insípido, sin
chiste ni gracia; italiano, infaceto.
Infactíble. AcLjetÍTO. Que no pue-
de hacerse.
Etimología. In privativo y factihU:
catalán, infactible.
Infacundo, da. Adjetivo. SI que
no es fecundo ó el que es de pocas pa-
labras y de tosca explicación.
Etimología. In privativo y facun-
do: latín, inficnndiu: italiano, infa-
eondo.
Infalibilidad. Femenino. Imposi-
bilidad de engañar ó enrañarse. j
Ortodoxia. Imposibilidad de errar en
materia de fe, la cual corresponde á
la Iglesia, á los Concilios y al sumo
pontifica. I InPALIBIUDAD PA.PAL. Ls
qui) se ha proclamado como dogma en
el último Concilio ecuménico.
Etimología. Infalible: catalán,
infal-libilitat; francés, infailUbilité;
italiano, infaüibilita, infalUbiletsa.
Reteña. — «La in aliuilidad de los
Concilios universales está demostrada
Sor las Escrituras v por la tradición
e la antigua Iglesia.» (Bossinr,
Tar., XV, m,)
Xnfalibilista. Uaaeuliao. Partida-
rio de la infalibilidad del Papa.
Infalible. Adjetivo. Lo que no pue-
de engañar ni eugaOarse. Seguro,
cierto, indefectible.
Etimología. Latín infalUHlit (Qci-
CHEBAT, Addenda); de in privativo y
fallUilis, falible: catalán, infalMile;
francés» infailUHe; italiano, infalU-
bile.
InfaliUemente. Adverbio de me-
do. Con infalibilidad.
Etimología. Infalible y el sufijo
adverbial mente: catalán» infai-lible-
ment; francés, infailliblemení; it^3%ao,
in/alUbilmeníe. fil italiano tiene m-
faUaníemente; de w, no» j el latín fU-
linter, con falacia.
InfalsificaUe. Adjetivo. Imposi-
ble de falsificarse.
Etimología. Jn privativo y faieití-
cabie: francés, infalsijtable.
Infamable. Adjetivo. Sosoeptible
de ini^amia.
Infamación. Femenino. La acción
y efecto de infamar.
Etimología. Infamar: latín, ^ff-
mat^o; italiano, infamatione; foaneés,
infamation; catalán, infawMcit!,
Infamadamente. Adverbio modal.
De un modo infamado.
EnMOLOoÍÁ. Infamada y el sufijo
adverbial mente.
Infamado, da. Participio pasivo
de infamar.
Etimología. Infamar: catalán»
famat, da; francés, infamé; italiano.
infámalo.
Infamador, ra. Masculino y fe-
menino. El que infama.
Etimología. Infirmar: latín» infa-
. naior, forma agente de in/imStlOf in-
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fssnciótt; ttaliano. infimalore; cmt»-
lio, infamador^ a.
Infaman te. Participio activo de
rahmñj, Foreiuf. El ó lo que infama.
BnuoLOOfA. Latín i»fÍmMt,in^-
mtntñ, participio de presente de i»-
fimare, infamar: italiano, infamante;
ftaiicés, infámauí.
Infamar. Recíproco. Quitar la fa-
ma, honra j estimación á alg^una per-
sona. Se usa también como recíproco.
I DesacrediUr, minorar la estimación
en qae se tiene alguna cosa.
EnuoLoofA. Infame: latío,^ infa.na-
re; italiano, infamare; francés, infa-
wter; catalán, infamar,
SiNomwA. Infamar, desacreditar.
Estas dos palabras se diferencian en
3 ni infamar as quitar la honra á esta
aquella persona» J desacreditar es
desconceptuarla para evitar que con-
siga el objeto que se prop me. El que
i«/a«w, lleva la peor intención j cau-
sa un mal directo: el que ietaeredita,
rebaja i la persona de la opinión que
tienen mncnos formado de ella, j lle-
va el deseo de la venganza 6 de la en-
vidia. SI que i«/afM4, deja una man-
cha difícil de borrar en el individuo ú
quien le quita la honra: el que det~
acredita, trata únicamente de inutili-
zar el mérito ó bondad de él.
La infamia tarde se borra. El des-
ertdiio cae c ^n más fuer/a sobre el que
desacredita que sobre el desacredita-
do. (Lónsz PeleobÍn.)
Infkmarse. Recíproco. Dbsson-
BARSB. I Ser infikmado. \ Anticuado.
DaTKaiGuasB.
InCunaCiTO, va. Adjetivo, f óren-
te. Lo que in&ma ó puede infamar.
hlfiimatorio, ria. Adjetivo. Far^
M. Lo que infama.
UnvoLoofA. Infamaiiw. italiano,
■fl/aisa/ono; catalán, infamaíori, a.
Ittbme. Adjetivo. Lo que carece
de honra, crédito j estimación, g Lo
qae es malo j despreciable. Q Forense.
Nota que imprimea ciertas sentencias
de la insticin.
EnuoLOOÍA. Latín infamis, sin cré-
dito; de tu, no, j fama, filma: italia-
no j catalán, tii/iim<f; francés del si-
glo xnr, infame; moderno, infame.
SiNoxiuiA. Infamtf inieno. Infame
es el hombre que por su conducta pú-
blica se hace acreedor al odio de los
demás; pero que obra en virtud de un
deseo Tetiemente de su interés propio,
tía cuidarse del mal ajeno, y contra
laa reglas de la moral v de la justicia,
estaUeetdas en la sociedad. Infame en
su sentido propio quiere decir sin
fnima; pero como la fama, también en
sentido propio, sólo se aplica á los que
hacen bien, á los que ilustran á sus
semejantes, resulta de aquí, que el
que no sólo no ilustra, ni hace bien,
sino lo contrario, es un infame. Inieno
es el hombre desmoralizado, j que se
complace en el mal ajeno hollando las
lejes divinas y humanas, que goza en
sna maleficios, 7 cuya idea dominante,
cajo pensamiento continuo, único j
eadusivo, ea el de dañar. Es infame
on ladrón; ea inicwt un asesino. (Ló-
INPA
Infamemente. Adverbio de modo.
Con infamia.
Btimología. Infame j el sufijo ad-
verbial mente: italiano, infamemente;
francés, infAmement; catalán, infame-
ment.
Infamia. Femenino. Descrédito,
deshonra. | Maldad, vileza en cual-
quier línea. | Pubuar la infamia.
Forense, Frase que se decía del reo
cómplice en un delito, que habiendo
declarado contra su compañero, no se
tenía por testigo idóneo, por estar in-
famado del delito, j poniéndole en el
tormento jr ratificando allí su declara-
ción, se decía que puroaba la infa-
mia, y quedaba válida la declara-
ción. \ Refundir infamia. Frase me-
tafórica. Infamar, deshonrar.
Etimolooía. Infame: latín, infamia;
italiauo, infamia; francés, im/oww; si-
glo XVI, infamet/; catalán, infamia.
Inf^uBÚdad. Femenino anticuado.
Infamia.
Infámiaimo, ma. Adjetivo super-
lativo de infame.
Infamóse, sa. Adjetivo anticuado.
Infamatorio.
Infancia. Femenino. La edad del
niño desde que nace hasta los siete
años. 1] Metáfora. El primer estado de
una COSA, después de su nacimiento ó
er¿cción;como la infancia del mundo,
de un reino, de una institución.
EtimolcoÍa. Infante: latín, infan-
ña; italiano, fii/aiuia, infaníiliti; fran-
cés, enfance; provenzal, enfatúa, e/an-
ta; catalán, infancia.
SentidoetimológiGO, — Se llamó infan-
cia, porque es la edad en que no se
habla con expedición. Esto explica el
significado del latín infanÜa, en Lu-
crecio: «ignorancia en el hablar, fal-
la de explicación.»
Sinonimia. Infancia, niñez. — Infan-
cia es la primera edad del hombre, j
por extensión la primera edad de una
cosa cualquiera.
Niñez es la infancia considerada con
respecto á la ignorancia j debilidad
que la acompaña.
Decimos la infancia del mundo, la
infama de la sociedad, porque consi-
deramos aquella edad en sí misma, ó
con relación á sus buenas cualidades;
un filósofo podrá decir que el mundo
es todavía niño, si medita sobre la pe-
queñez de los hombres j la ignoran-
cia de BUS verdaderos intereses. La
infancia del hombre es la edad de las
f gracias, de la inocencia y del candor:
a niñez es la edad de la ignorancia, de
la debilidad pr de los males. Cuando
acariciamos a un niño, le llamamos in-
fanlito: cuando queremos excusar sus
faltas, decimos que todavía ea muj
niño.
Privar de la existencia á una cria-
tura racional se llama infanticidio: del
hombre que por su inexperiencia ó
poco espíritu se deja gobernar por los
demás, decimos que es un nifio. Las
acciones que suponen pequenez de es-
píritu, se llaman niñadas; los objetos
de aquellas acciones, se llaman niñe-
rías.
De lo dicho proviene que, en un es-
INFA
91
tilo algo elevado, decimos infante en
lugar de niño; y el llamar infantes i
los hijos de príncipes, creo que no
tenga otro origen. (Jonama.)
Infancino. Masculino anticuado.
Aceite que ae extrae de los olivos ver
des.
Btimología. Infancia, aludiendo i
su poco tiempo.
In&ndo, da. Adjetivo. Lo que es
torpe é indigno de que se hable de
ello.
Etimolooía. Latín infandt, que
no pueda ó no debe decirse; de in, no,
Ífandus, participio futuro de fari,
ablar: italiano, infando; catalán, in-
fundo, a.
Infanta. Femenino. La niña que
aun no ha llegado á los siete afios de
edad. Q Cualquiera de las hijas legí-
timas del rey, 6 la mujer de algún in-
fante.
EnuOLOofA. Infante; catalán anti-
guo, in/anteaa! moderno, infanta,
Infantadgo. UaseuHno. Infan-
tado.
Inbintado. Masculino. Territorio
destinado para la manutención de un
infante real. B Dignidad de in&nte.
Etimología. Infante: catalán, ta-
faniat.
Infantado (duqub pbl). Hombre de
Estado español, teniente general y
grande de España, nacido en 1113 y
muerto en 1845. Hizo la campaña de
Cataluña contra la república francesa,
en 1793, con un regimiento levantado
á sus expensas. Estuvo complicado en
la célebre conspiración del Escorial, y
aunque acompañó á Femando VII á
Bayona, de vuelta á Espafia sirvió en
clase de corondl en el ejéroito de José
Bonaparte, hasta que después de la
batalla de Bailen dejó el servicio y
abrazó la causa de la independencia.
En 1814, Fernando VII le nombró
presidente del Consejo de Castilla,
puesto que ocupó hasta que la revolu-
ción de 1820 le desterró á Mallorca.
Fué presidente de la regencia nom-
brada en Madrid por el duque de An-
fttlema, en 1823, y reemplazó en 1825
Cea-Bermúdez en la presidencia del
Ministerio, basta que las intrigas del
partido apostólico le derribaron. Des-
pués de la muerte de Fernando Vil,
pasó á Francia; y aun cuando luego
volvió á España, permaneció comple-
tamente alejado de los negocios públi-
cos hasta.su muerte.
Infaataríano, na. Masculino y fe-
menino. Nombre que daban los genti-
les á los cristianos, porque creían que
éstos inmolaban niños.
Etimolooía. Latín infaniartut, el
que ama á los niños; matadores de
niños, usado en plural. (Tertuliano.)
Infantazgo. Masculino anticuado.
Infantado.
Infante. Masculino. El niño que
aun no ha llegado á l;i edad de sietü
años. U Cualquiera de los hijos varo-
nes y legítimos del rey, nacidos des-
pués del primogénito, y £1 soldado
que sirve á pie. | Antícoado, Hasta
los tiempos de Don Juan I &e llamó
también así el hijo primog^to dal
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92 INF-A
ÍMPa
INPE
rar. Se solía añadir hereáere 6 primo-
génito heredero. || A.aticuado. El des-
ceadíente de casa j sangre real; como
los INPANTKS de Lara. || Femenino an-
ticuado. La hija de! rejr, Q ó infantb
DB CORO. En algunas catedrales, el
muchacho que sirve en el coro j en
varios ministerios de la iglesia, con
manto j roquete.
Etimología. Provenial en^an, ej'an,
efan: catalán , infant; biirguiñón , éfan;
picardo, afán, ejant; francés anti-
cuo, enjte, e»fet; moderno, enfaní; ita-
liano, infante; del latín infam, que
no habla, que está en la niñez; de «m
privativo v fant, fantis, participio de
presente de fari, hablar. El francés
tnfant^ infante, está tomado del voca-
blo español.
Reseña histórica.— 'Jnfam: compues-
to de tfi, no, j fans, fantis, participio
de presisnle de for, faris, fari, que
significa hablar: in-Jans, non-fans, el
que DO habla. El niño que no habla,
el que está en la infancia, edad que se
extiende hasta los siete años. — El hijo
primogénito del re^ se llama principe;
y los demás, infantes. El primer híjo
del rej que en Castilla se llamó in-
fante (dice Covarrubias) fuá el pri-
mogénito del T6y Don Fernando II de
León, dicho Don Sancho, j que por
usarse en Inglaterra este título, le in-
trodujo acá su madre Doña Leonor,
infanta de. Inglaterra. El mismo títu-
lo de INFANTU dieron á su hermano
Don Fernando, que está enterrado en
las Huelgas de Burgos. (Monlau.)
Infantería, Femenino. AfUicia. ha.
tropa que sirve á pie. |] DB tÍNSa. La
que, formada en divisiones, batallo-
nes ó trozos menores, combate siem-
pre unida j constituye en las accio-
nes el principal cuerpo de la batalla. |l
LiosaA. La que, fuera de las líneas,
hace el servicio de avanzadas, escu-
chas y descubiertas, combate en par-
tida! sneltas, j en las acciones se ocu-
pa principalmente en distraer al ene-
migo, acusarle los flancos, fatigarle j
perseguirle en sus retiradas, observar
sus movimientos j cubrir los del pro-
pio ejército, | la ó quedas de infas-
TsnÍA. Frase familiar. Andar á pie el
^ue iba á caballo 6 cuando otros van
a caballo,
KTaiovoaÍA.* Infante: catalán, infan-
tería; francés, infante'ríe; italiano, »«-
fanteria.
Infanticida. Común de dos. Foren-
te. El matador de niños ó infantes,
EtiuolcoÍa. Latín infanticida; de
infant, antit, niño, y ead're, matar:
italiano y catalán, infanticida; fran-
cés, infantieide*
Sentido etimológico, — Entre los lati-
nos, se denominaba infanticida, el
que daba muerte á un híjo suyo. (Teb-
TULIANO.)
Infanticidio. Masculino, Forense.
La muerte dada violentamente á al-
gún niño ó infante.
Kti moloqí A . Infanticida : latín,
ittfanticidium; italiano, infanticidio;
francés, infanticide; catalán, infanti-
cid i.
Infantico, ca, Uo, Ua, to, ta.
Masculino j femenino diminutivo de
infante é infanta.
Infantil. Adjetivo. Lo que perte-
nece á la infancia.
EtiholooÍa. Infante: latín, infanCf
lis; italiano, infantile; catalán, *«/an-
íil.
Infantino, Ha, to, ta. Adjetivo di-
minutivo de infante.
Etimología. /n/a«<tf; catalán, infan-
té; latín, infantÜut*
Infanzón. Masculino. El hijodalgo
libre de todo g^énero de aervicio, que
en sus tierras y heredamientos no ejer-
cía otra potestad ni señorío más que
el que le permitían sus privilegios y
donaciones.
ETiyoLOOÍA. Infante.
Infanzonado, da. Adjetivo. Lo que
es propio del infanzón ó pertenece á él.
Infanzonazgo. Masculino. El te-
rritorio y solar del infanzón,
InTanzonia. Femenino. La calidad
de infanzón.
Infartación. Femenino. Cirugía.
Acción Ó efecto de infartar ó infar-
tarse.
Infartar. Activo. Cirugía. Produ-
cir un infarto.
ETiuoLOaÍA. Infarto: latín, inftr^
cire, rellanar.
Infartarse. Recíproco. SobreTonir
un infarto.
Inbtrto. Masculino. Cingia. Tu-
mor.
Etiuoloqía. Latín infarcíus; de tn-
farñre, rellenar; compuesto de in, en,
y farctre, embutir: francés, infarcíus.
Sentido etimológico. — Se llamó in-
pasto, porque parece que la glándula
está como rellena ó embutida.
Infatigabilidad. Femenino. Im-
posibilidad ó dificultad de fatigarse.
ETiMOLoaÍA. InfatigahUi francJR,
infati^abiliti.
Infatigable. Adjetivo. Ikcansa-
BLB,
EnHOLOaÍA. /«privativo j/a/ya-
hle: latín, infUíigabilit; italiano, infa-
ticabile; francés y catalán, infatigable.
Infatigablemente. Adverbio de
modo. Sin fatigarse.
Etiuoloqía. Infatigable y el sufijo
adverbial mente: francés y catalán, im-
fatigablement; italiano, infaíiai&ilnun-
te; íatín, infafígabílííer.
Infatuación. Femenino. Acción ó
efecto de infatuar ó infatuarse. ^ Fa-
tuidad, y Vanidad, orgullo, presun-
ción. I Preocupación hacia alguna
cosa.
ETUiOLoeÍA. Infatuar: catalán, in-
faíuadó; francés, infatuation; italiano,
infaíuasione.
Infataadamente. Adterbio de mo-
do. Con fatuidad.
Etimología. Infatuada y el sufijo
adverbial mente.
Infatuado, da. Participio pasivo
de infatuar.
Etiuología. Catalán infatuat, da:
francés, infatué'; italiano, infatúate,
del latín infatuatns, participio pasivo
de infatuare, infatuar.
Infatuador, ra. Sustantivo y ad-
jetivo. Que infatúa.
Infatuar. Activo. Volver á alguno
fatuo, engreírle. Se usa también como
recíproco.
EtimolooCa. Latín infatutíre, embo-
tar el enteudimiento; de tff, en, yfSr
íuare, forma verbal ficticia de /a(«itt,
fatuo: catalán, infatuar; francá, inft^
tuer; ii&Uíno, infatuare.
Infatuarse. Recíproco. Enorgolle*
cerse. | Volverse fatuo.
Infaustamente. Adverbio de mo-
do. Con desgracia ó infelicidad.
Etiholoou. infautta y el infijo ad-
verbial mente: catalán, vífautUmetí;
italiano, infaustamente.
Infaustísimo, ma. Adjetivo sapB^
lativo de infausto.
Etiuolooía. Latín infauttú^ut:
catalán, infaustitsim, a.
Infausto, ta. Adjetivo, í)esgraeia>
do, ínfeliK.
EtiuolOjÍa. In privativo / fausU):
latín, infanstus; italiano, infausto; ca-
talán, infausi, a.
Infección, Femenino. La acción 7
efecto de inficionar. B Áíediana. Ac-
ción que ejercen en la economía los
miasmas pútridos ó los líquidos viru-
lentos. I Sistema de Medicina que se
vale de la infección, como de un me-
dio terapiutico.
Etiuoloqía. Infecían provenxal,
inf'ectio, infeccio; catalán, infecció:
francés, infecíion; italiano, infesione.
del latín infectío, forma lus^ntiva
abstracta de infecíus, infecto.
Infeccionadamente. Adverbio de
modo. Por infección.
Infeccionado, da. Participio pa-
sivo de infoociouar. . .
Etimología. InfecctMor: catalán,
infecciónate ^/ia.
Infeccionar. Activo. IhfxciÓnah,
I Causar hedorj corromper.
ETiuOLOofA. Infección: catalán, in-
feccionar.
lofeccionista. Masculino. El mé-
dico partidario de la infección*
Infecir. Activo anticuado. Infi-
cionar.
Infectación. Femenino anticuado.
Infección.
Infectadamente. Adverbio modal.
De un modo infectado.
Etimología. Infectada y el sufijo
adverbial mente.
Infectado, da. Infecto, ta.
Infectador, ra. Sustantivo 7 adje-
tivo. Que infecta.
Etimología. Infectar: latín, infec-
tor, infectbris, el tintorero; italiano,
infettatore.
Infectante. Participio activo de
infectar. Didáctica. Que infecta, en
cuyo sentido se dice: tubttancia infec-
tante; ffiÜUma INFSCTANTB.
ETiMOLoaÍA. InftGtar: itax»fié9, »-
fecUwt.
Infectar. Acüvo. Xvficiomar« en
las dos acepciones de esta voz* :
Etimología. Iiatíu infictre^ teüir:
itali-ino, infetlare; francés^ mfecier:
catalán, infectar.
Sentido etimológico. — ^Nótase la ad-
mirable ñlosoña de la lengua. Hl la-
tín iitficCre (in, en, y fac¿re, Iwcei)
significa teñir, variar de colores, v
extensivamente, viciar, corromper»
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r
INFE
INFE
INFE S3
(^rque se «dvirtid que las subíta&clas
eoifom^idas mudaban de color. Así
aconteció que la química de la len-
gua descompuio la idea de desteñir ea
la idea de infbctáb» aludiendo i que
lo infectado se desteñía.
Infectivo, va. Adjetivo. Lo que
inficiona ó puede inficionar. ¡| Afedici-
M. Lo que ocasípna enfermedades pú-
tridas. B Enpbbmbdadzs inpbctivas.
Enfermedades producidas por la in-
fluencia, ora virulenta, ora miasmáti-
ca, de los líquidos ij de los tejidos IN-
racTivos.
BnuoLOoÍA. Infecto: latín, «t/fcff-
na, en Vitrubio, propio pan teñir;
italiano, iufetíivo; francés, in/eetieux.
Infecto, ta. Participio pasivo irre-
gular de infecir. Q Adjetivo. Inficio-
nado, eontag^iado, pestilente, corrom-
pido.
ExiMOLoaÍA. Infectar: latín, infec-
tut, participio pasivo de infícere, in-
fectar; provenzal j francés, infecí;
italiano, infetto; catalán, infecte^ a.
Infecandamente. Adverbio demo-
do. De una manera infecunda.
Etimolooía. Infecwnda j el sufijo
adverbial mente: latín, in^cundi.
Infecnndar. Activo. Privar de la
fecundidad.
lufecandarse. Reciproco anticua-
do. Hacerse infecundo.
Infecandidad. Femenino. Falta
de fecundidad.
EnuoLoafÁ. Infecundo: latín, infe-
cundílat; italiano, infeconditá; francés,
infécondité; catalán, infecunditat.
Infecaado, da. Adjetivo. Lo que
no era fecundo.
Etiholgoía. In privativo j fecun^
do: latín, infecUndus; italiano, tn/econ-
do; francés, infécond; catalán, infe-
«tmdo.
Inlélice. Adjetivo. Ihpbuz.
InfelicMnente. Adverbio de modo.
Ihpbuzubntb.
Infelicidad. Femenino. Desgracia,
desdicha.
BnuoLOOÍA. Infeliz: latín, infettcU
tüt; italiano, infeiiciia; francés, tnfi'
lidt^t siglo xvi; catalán, infelicUat,
Inifelicisimo, ma. Adjetivo super-
lativo de infeliz.
Etiholgoía. Infeliz: catalán, infeli-
cistim, a; latín, infelicissimus.
Infeliz. Adjetivo. Desgraciado. ||
Familiar. El sujeto bondadoso y apo-
cado.
EtxuolooÍa. In privativo j feliz:
Utín, infelixy infecundo; italiano, «V
feUw; catalán, inftlí*.
Infolizme&te. Adverbio de modo.
Coa infelicidad.
Btuolgoía. Infelit j el sufijo ad-
verbial wuníe: latín, tnfelícUer; ita-
liaoo, infeUemenU; catalán, infelit-
me»t.
Inferaxilar. Adjetivo. Situado en
el sobaco.
EnnoLoaÍA. Latín infínu, bajo, y
veilar.
Inferencia. Femenino. Ilación. \
Acto ds ispbbbncia. Lógica, Acción
del juicio en que, apreciando algunas
de las propiedades de un objeta, le
atlíbuje todas las demás propieda-
des, en ea^a virtud corresponde £ nna
clase particular.
Etimología. Inferir: francés, infé-
rence; catalán, inferencia.
Sinonimia. Induccién, inferencia.
Por la inducción, lo particular nos sir-
ve de criterio para llegar á las propo-
siciones generales: por la inferencia,
la parte nos sirve de criterio para lle-
gar á un todo.
La inducción es el método de la uni-
versalidad: la inftreneiat el método de
la clasificación.
Induciendo, se comprende un siste-
ma: in^riendOf se comprende un or-
den, una serie.
Inferídad. Femenino. Estado d ca-
rácter de lo infero.
Inferior. Adjetivo. Lo que está de-
bajo de otra cosa 6 más abajo que
ella. [ Lo que es menos que otra cosa
en su calidad 6 en su cantidad. | El
que está sujeto á otro.
Etimología. Latín tn/tVior, com-
parativo de infiruíf infero: italiano,
inferiore; francés, inferieur; catalán,
inferior.
Inferioridad. Femenino. La cali-
dad de lo inferior. | La sítuacién de
alguna cosa que está más baja qae
otra ó debajo de ella.
Etiiiolooía. Inferior: catalán, infe-
rioriiat; francés, inferiorité; italiano,
inferioriíá,
Inferiormente* Adverbio de modo.
Con inferioridad.
, Etimología. Inferior j el sufijo ad-
verbial mente: catalán, inferiorment;
francés, inférieurement; italiano, infe-
riormente.
Inferipido, da. Adjetivo. Zoolo-
gía. Que tiene los piés inferiores.
Etimología. Latín inftríor^ infe-
rior, y pe», pvdit.
Inferir. Activo. Sacar consecuen-
cia ó inducir una cosa de otra. | An-
ticuado. Ihcloib. i Ocasionar.
Etimolooía. Francés, inférer; ita-
liano, inferiré; del latín inferre, sa-
car consecuencia, argüir; de in, en, j
ferré, llevar.
. Sinonimia. Inferir, deducir, colegir.
Se injiere v se deduce de las pruebas j
de los hechos; se colige de los indicios
j de las analogías, lii que infiere y el
que deduce, sacan consecuencias; el
que colige, aventura un juicio. El ló-
gico y el matemático deducen ó inferen
consecuencias y corolarios; los inteli-
gentes en minería atli^en por el color
de la tierra la presencia de los meta-
les. Sin embargo, no es perfecta la
sinonimia entre inferir y deducir. De-
ducir supone un trabajo más compli-
cado y mayor número de auteceden-
, tea que inferir. Se infere de un hecho,
de una proposición, de un principio;
se deduce de muchos hechos, de mu-
chas proposiciones, de muctios prin-
cipios. Descartes ha dicho: Pienso,
luego existo. Esto es inferir, uo dedu-
cir.{^ío^k.)
Infermentado, da. Adjetivo. Que
no ha forraeniado.
Etimología. In privativo 7 fermen-
tado: latín, .nfermeníalus.
Infernáculo. Masculino. Especie
de juego de muchachos qae consiste
en trazar en el suelo varias rajas en
cierta disposición que dejen casillas,
Sor las cuales se hace pasar una pie-
ra ó tejo, empujándolo á saltos cou
un pie, teniendo el otro alzado.
Etimología. Forma diminutiva del
latín inferna, los infiernos.
Infernal. Adjetivo. Lo que es del
infierno ó lo que pertenece a él. Q Me-
táfora. Muv malo, dañoso 6 perjudi-
cial en su línea.
Etimología. Inferno: latín, infer-
nalis; italiano, infernale; francés, tft-
femal, ale; provenzal, infernal, ¿fer-
nal¡ catalán, infernal.
fofemar. Activo. Ocasionar £ al-
guno la pena del infierno 6 lu conde-
nación. [| Metáfora. Inquietar, pertur.
bar, irritar.
Etimología. Inferno.
Inferno, na. Adjetivo. Poética. In-
fbrnal.
Infero, ra. Adjetivo. Infernal. \
Botánica. CalificaciJu de las partes de
una planta con relación á otras que
están encima de aquéllas.
Etimología. Latín inferut, inferí,
el infierno, en san Jerónimo; simétri-
co de inférui, infera, inferum, bajo,
profundo.
1. Sánscrito adhas, bajo; adhara,
inferior; adhama, ínfimo, puesto que
la dh del sánscrito se convierte en/.
(Bopp.)
2. Forma simétrica de inferln»,
comparativo de infra, bajo. (Etimo-
logistas latinos.)
3. El latín inf'rus, bajo, representa
una forma paralela de infero, yo llevo
adentro, jo introduzco, jo entierro;
de in, en, j ferré, llevar.
Inferobrant^uio, quia. Adjetivo.
Zoología. Que tiene las branquias co-
locadas bajo el borde saliente de la
cubierta, refiriéndose á moluscos.
Etimología. Inferir y branquia*.
Inferovariado, da. Adjetivo. Bo~
tánica. Que tiene infero el ovario.
Ittfértil. Adjetivo. No fértil.
Etimología. Latín inferíílit, esté-
ril; de 1» privativo j ferülit, fértil:
italiano, infertile; francés, inferlile.
Infertilidad. Femenino. Esterili-
dad.
Etimología. Infértil: latín, injert>
litas; italiano, infertiUíá; francés,
fertilite; catalán, infertilitat.
Infertilizable. Adjetivo. Que no
puede fertilizarse.
Infertilización. Femenino. Falta
de feriílizaciún.
Infesta. Femenino. Cuesta que
desciende á una hondonada. En Ga-
licia.
Infestación. Femenino. La acción
j efecto de infestar.
Etimología. Infettar: latín, infes-
tatto; ítikliano, infestagione, infestatio-
ne; francés, tii/Íf<to/f0M,* catalán, tM/V»-
taciij.
Infestadamente. Adverbio modal.
De un modo infestado.
Etimología. Infestada j el sufijo
adverbial mente.
Infestado, da. Participio pasivo
de infestar.
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• ÍNPI
EriMOLOofA, Infestar: latín, infei-
l'ilus: <_-ai;ii:ín, tn/esíaí, da; francés,
infesté; italiano, infesíato.
Infestador, ra. Sustantivo 7 ftdje-
tÍTa. Que infesta.
, ^ETilkOLOaÍÁ. Infettar: catalán» <«-
fésíhdór, a.
Infestar. Activo, Inficionar, apes-
tar. B Causar daños t estragos con
hostilidades y correrías. Usase tam-
Inén coa referencia á loi estragaos j
molestias que ocasionan los animales
j las pláQtiis advenedizas ea los cam-
pos cuUivadu3, j auQ en las casas.
Qtimoluüía. Catalán infestar: fran-
cés^ infesler; italiano, infestare; del
latín infeé^re, hacer daños, estragos,
correrías.
1. El latín w/íííiM, pernicioso, ene-
migo, representa una forma paralela
de infensus, participio pasivo de in-
JíHrfíff,- atacar. (Pbisciano.)
2. Infesíut se compone de tu, nega-
ción, j fesíus, alegre, feliz. (Otros
BTIUOLOOISTAS LATINOS.)
3. Ssta última etimología no admi-
te discusidn. ^estus, dichoso, es un
tema simétrico de fettnm, día de fies-
ta, día dedicado & la religión, día sa-
grado. Construyamos ese vocablo con
el prefijo privativo in, no, j significa-
rá no tehz, no festivo, no religioso,
no moral, no bueno; v extensivamen-
te, impío, KdTsrso, odioso, dañino, «»-
f estad o.
Infestísimo, ma. Adjetivo super-
lativo de infesto.
Infesto, ta. Adjetivo. Poética, Da-
ñoso, perjudicial, incómodo.
Etimoloqía. Infettar: latín, infes-
Ms; italiano, infesto,
InfoStOSO, la. Adjetivo. Que pue-
de infestar.
InflBudacldn. Femenino. ENPiTma-
ClÓN.
EriMor.oafA. Enfeudación: catalán,
infeuda^-ti'i.
Infeudar. Activo. Enpbudab.
Etimolooía. Enfewiar: catalán, in-
feudar.
Infiable. Adjetivo. Que no puede
fiarse.
Inflbiüación. Femenino. Opera-
ción que bonsiste en colocar una ar-
golla ú otro obstáculo en las partes
genitales, para evitar ciertas conse-
cueacias.
ETiuOLOaí*. Jnfibular: francés, i»-
fbulaííón; italiano, in/íbulazione.
Reseña. — LLainfibulacíún se prac-
tica del modo siguiente: se tira del
pn!piu'io Iiacia adelante; se le atravie-
s:i <¿on un lulo grueso, el cual queda
ensartado hasta que se hayan cicatri-
zado los ag-ujeros, en cuja sazón se
sustitijj-e t i hilo por un anillo, argo-
lla ú ntr.i iibstáculo, que permanece
en su lu^ar.
2. Por consiguiente, la infibula-
ctÓN no es otra c&sa que la reunión,
por m(>dio de un anillo ó cosa seme-
jante, de los órganos cuya libertad es
necesaria al acto de la generación.
- InfibttEar. Activo. Hacer la infibu-
lación.
' SmiOuaU. Latín i»/^¿ií/Srtf, ajus-
ta, apretar con hebilla; de ix, en, y
INFI
fU&laret forma verbal de fíbula, fí-
bula.
Inficiente. Participio activo anti-
cuado de infecir. Lo que inficiona.
ETiMOLoaÍA. Injtei '*: latín, infl-
cíens, entis, participio de presente de
injlc^re, inficionar.
Infición. Femenino anticuado. In-
PBCciÓN. B .Anticuado. Ficción.
Inficionado, da. Participio pasivo
de inficionar.
Etwolooíí.. Inficionar: catalán, tn-
fcionat, da.
Inficionamiento. Masculino. Ac-
ción ó efecto do inficionar.
Inficionar. Activo. Corromper,
contagiar. || Metáfora. Corromper con
malas doctrinas ó ejemplos. Usase
también como recíproco.
EriMOLoafA. Inñcim: catalán, t*^-
cionar.
Infidel. Adjetivo anticuado. In-
fiel, por el que no tiene la fe católica.
Infidelidad. Femenino. Falta de
fidelidnd, deslealtad. || Carencia de la
fe católica. Q El conjunto 7 universi-
dad de los infieles que no conocen la
fe católica.
Stiwolooía. In^l: catalán, infde-
litat; francés, inñdélité; italiano, inji-
delita, infedelita, infedelta; del latín
injídilUaSy perfidia, falta de fe, en Ci-
cerón; el error de los infieles, el paga-
nismo, en san Jerónimo: ¡quantrn inf-
delitaíes i» amicis! «¡Qué de traiciones
en la amistad!»
SiNONiuiA. Infidelidad, deslealtad.
La infidelidad se refiere á la falta de
cumplimiento de los deberes que el
hombre tiene en sociedad para con su
familia j con sus amigos; deberes
que nacen de la moral bien entendida
j aplicada á las necesidades huma-
nas. La deslealtad es esta misma ii^
delidad de los inferiores respecto á los
superiores, pero en el orden político.
Es infiel un nombre, y una mujerque
faltan á su vez á los deberes del ma-
trimonio. Es infiel un amigo que pu-
blica un secreto que se le ha confiado
por otro.
Es desleal un guerrero, un magis-r
trado, ó cualquiera otro funciouario
público que falta á sus deberes como
tal, con animo decidido de perjudicar
á sus superiores. (López Pblbgrín.)
Infidelísimo, ma. Adjetivo super^
lativo de infiel.
Infidencia. Femenino. Falta & la
confianza j fe debida á otro.
BnHOLooÍA. Infido.
Infidente. Adjetivo. El que come-
te infidencia.
Etimología.. Jff^eÍMaa: catalán, in-
fident.
Infido, da. Adjetivo anticuado.
Infiel, dbslbal.
Etiuolooía. Latín ¿m/Ww, infiel;
italiano, infido.
Infiel. Adjetivo. Falto de fideli-
dad, desleal. || Cfentíl, pagano.
Etimología. In privativo y fiel: la-
tín, infedelis; italiano, infedele; fran-
cés, infdile; provenzal, infizel, enfzel;
catalán antiguo, infael; moderno, tn-
fel, infidel.
Sinonimia. Infiel, pérfido, traidor.
falso, doble. El infiel falta á la fideli-
dad ó á la fe; el pérfido oculta sus in-
fidelidades y aparenta ó finge fide-
lidad.
La perfidia se aplica solamente i
las personas: la infidelidad se aplica
algunas veces i los aaimalei en sen-
tido figurado. — Por esto dice Buffin
con mucha pio{»edad y elmocia:
«El gato es un criado infiel, a quien
mantenemos por necesidad.»— Se elo-
gia la nobleza del caballo 7 la fideii-
dad del perro; pero cuando no tienen
estas propiedades, se dice t^ue el ca-
ballo es traidor, 7 el perro ti^tl.
Una esposa será infiel sí <a i la
fe prometida; mas si procura pareeer
fiel, no siéndolo, es pérfida*
El traidor falU á la fidelidad que
prometió ó juró á su patria, & su prínei*
pe, á su amigo, ó á los hombres en ge-
neral. Así es que su <a ínfiu7e nás
en el orden social que la del infieh es
más pública 7, por decirlo así, perte-
nece más al común de los demás hom-
bres, 7 por lo mismo eon8titu7e ano
de los delitos que castigan las leyes
socialee en todo país civilizado. He
aquí la razón por qué llamamos frst-
dor á un hombre que nos ataca de
improviso, y con ventajas indebidas,
ó al que descubre nuestro secreto ó
nuestros designios cuando se los he-
mos confiado, aunque ni uno ni otro
nos hayan hecho promesa ni juramen-
to alguno, porque existen ciertas pro-
mesas y convenciones tácitas entre
los hombres, dictadas por la lasÓa
natural, y necesarias para la conser-
vación del orden social, que obligan
á todos, aunque carezcan ellos de los
mismos materiales.
Se dice que un hombre es falto^
cuando no obra conforme á la verdad
y se esfuerza por pareeer cual no es,
para engañarnos. Este adjetivo se
aplica indistintamente en sentido rec-
to y en figurado á las personas, á los
animales y á las cosas, siempre que
hay ocultación de la verdad para en-
gañar. «Elste hombre es falso como
muía de alquiler.» «Es falso como mo-
neda de plomo.» «Un amigo falso.*
«Una forma falsa.9 «Una noticia
falsa,»
Doblé f en su sentido recto, es lo
que contiene ó vale dos veces la mis-
ma cosa sencilla, y este adjetivo,
aplicado á las personas, parecería sinó-
nimo perfecto de faUot si el buen nio
no hubiese establecido una diferencia
notable entre ambas palabras. Esta
diferencia consiste en que el adjetivo
doble se aplica únicamente al corazón
del hombre; esto es, á sus intencio-
nes, á 9U alma, al paso que falso in-
dica no solamente los designios, sino
las acciones. Doble pertenece al carác-
ter; falso, á la conducta. Así decimos:
doblez de corazón; doble intención; Í0-
ble objeto.
En todos estos casos indica «1 adje-
tivo doble el fin, designio, intención
6 disposición del alma. El hombre
doble es acaso menos perjudicial que
el falso, porque aquel no hace mái
que ocultar su segiinda iateneíóai y
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INFI
INFI
INFI
éita DO ■oUmeote U oculta, simo que
Soge que no lo hace. FinalmeDte.para
conocar bien la diferencia que hay
eatre estas dos palabras, basta aten-
der al significado de sus contrarias:
ftka es contrario de verdadero: dobU
H contrario de tencillo.
La infidelidad puede ser efecto de
debilidad ó de irreflexión; perolapír-
fiáie, la traición, la falsedad j el do-
blet, suponen premeditación, estudio
j Aprobación de medie». (Condb db la.
Costina. )
Infielmente. Adverbio de modo.
CoD infidelidad.
. KTatOLOOiA. lujiel j el sufijo ad-
Tsrbial mente: italiano, infedelmente;
fnacés, im,'<'de'lewmt; catalán, in^l-
«n¿. ñ/delwtettt.
luBerno. Masculino. El lugar des-
tinado por la divina justicia para eter-
no castigo de los malos. Se usa tam-
hiéo en plural en el mismo sentido. Q
El tormento j castigo de los condena-
doi. I £1 lugar adoude creían los pa-
nnos que i >ao las almas después de
u muerte. Se usa en plural en el mis-
mo sentido. U Licubo ó seno de A.bra-
han, donde estaban detenidas las al-
nas de los justos esperando la reden-
eiÓD. B Bl lugar en que ha^ mucho
alboroto j discordia, y U misma dis-
cordia; y ui se dice: un mal matri-
monio es un iNíiEBNo; [qué infierno
degentel {} Eo algunas órdenes reli-
ns que deben por institato comer
lernes, el hospicio ó refectorio
donde se come de carne. Q £a la taho-
na, el lugar ó cjncavo debajo de la
tierra en que sienta la rueda y artifi -
cío con (}ue se mueve esta máquina. |1
Proiincial Navarra y Aragón. Pilón
adonde van las aguas que se han em-
pleado en escaldar la pasta de la acei-
tuna pan apurar toao el aceite que
coatiene, en el cual, reposadas aqué-
lla^ se recoge uno de inferior cali-
dad, llamado aceite de inf ubno. ¡ Da
DS&AOBADBCIDOS BSTÁ EL INPIBBNO
IXSNO. Refrán con que se denota que
la tagratitad es el más aborrecible t
el mú comÚD de todos los vicios, f
Sbb hut dbmcaoo paba bl infierno.
Frase familiar con que se moteja al
que se queja con leve ó ningún moti-
lo. I ¡Vete al infierno, que se vaya
U. INFIERNO, ASÍ SE FUERAN Á LOS IN-
FiBBNOs! Locuciones familiares con
qae significamos nuestra mala dispo-
«eión y voluntad respecto de al-
guno.
Btiholooía. Latín injerni, los in-
fiéraos, en Propercio; tnfema, en Ta-
nto; injernus, latín de san Jerónimo;
'ariante de injerut, inferior, lugar
profundo: provenzal, in/em, yfer, etir
/f"»» 'jT^rn: catalán, infern; francés,
**/er; picardo, infer; burguiñón, m-
ftr; italiano, injemo»
Ittflesto. Masculino. El terreno si-
tuado al pie de alguna altura ó mon-
Uña.
EnuoLOofA. Infesta*
Infigurable. Adjetivo, Lo que no
puede tener figura corporal ni repre-
sentarse con ella.
EtiuolooU. In privativo y figvo'a-
hlei italiano, infywkhiUi catalán. »r-
fi^nrabU.
Infigurado, da. Adjetivo. Que no
tiene ^ura,
ExiMOLoaÍA. /« privativo j^^ywa-
do; latín, in/^Srátiu; francés, ts/f-
ffure'.
Infllema. Femenino. Cavidad que
deja un instrumento punzante en el
cráneo, al hacer alguna operación.
Infilosófico, ca. Adjetivo. Que ca-
rece de filosoHa.
Infiltración. Femenino. El acto y
efecto de filtrarse los líquidos en cuer-
pos sólidos. B Medicina. Obstrucción
blanda, producida par la presencia de
un líquido derramado en los tejidos,
entre sus elementos anatómicos, que
tiene como separados, en cuvo sentido
se dice: la infiltración de la serosi-
dad en el tejido celular. Q Metáfora.
Se aplica en sentido moral, como cuan-
do decimos: «tales ideas ó tales cos-
tumbres son el resultado de la infil-
tración de ciertas doctrinas.»
Etihiolooía, InfiUr&r: catalán, ta-
JiUració; francés, injíiíratün; italiano,
in^íratione.
Infiltrado, da. Participio pasivo de
infiltrar, y Medicina. Epíteto del órga-
no, miembro ó tejido, cuando ha pene-
trado en alguno de ellos cierto líquido
ó serosidad, eu cujo sentido se dice:
tgido celular ihpiltbado.
ETiMOLoaÍA. Jniiirar: francés, «-
filtré.
Infiltrar. Neutro. Introducir un lí-
quido en los poros de un cuerpo. ¡| Me-
táfora. Empapar á otro en las doctri-
nas que uno profesa. | Medicina. Pe-
netrar algún líquido ó serosidad en
algún tejido, órgano ó miembro, como
cuando se dice: «la serosidad infil-
tra las piernas del enfermo.»
Etiholoqía. Prefijo tu, en, dentro,
sobre, y filtrar: francés, infiltrer; ca-
talán, tajíltrar»
Infiltrarse. Recíproco. Filtrarse.
Infimo, ma. Adjetivo. Lo que en
su situación está mur bajo, g En el
orden ; graduación de las cosas, lo
último y lo que es menos que las de-
más. I Lo más vil y despreciable en
cualquier línea, y así decimos: la ín-
fima plebe.
Btimoloqía, Latín injimns, lo más
bajo, superlativo de injtms, bajo, in-
ferior: catalán, ínfimo, a; francés, itifi-
me; italiauo, infinno.
Inflngido, da. Adjetivo anticuado.
Fingido.
Infingidor, ra. Masculino y feme-
nino anticuado. El ^ue fín^e.
Infinible. Adjetivo anticuado. Lo
^ue no se acaba ó no puede tener
Infinidad. Femenino. La calidad
de lo que no tiene fin. y Gran número
y muchedumbre de cosas ó personas,
como cuando decimos: «infiníiiad de
gente; infinidad de pájaros.» || Meta-
física. Necesidad inexplicable que el
alma del hombre tiene de lo infinito,
y así se dice: «el espíritu goza j se
dilata en la idea de la infinidad.»
Etimología. luñnilo: latín, infini-
tas; italiano, inñniia; francés, infini-
té; ytQV^tLisX, infiniiat, enfsffikitj ca-,
Ulan, ii^míat.
Inflmtamente. Adverbio modal.
De un modo infinito.
Etimología. Infinita y el sufijo ad-
verbial mente: catalán, infiaitament;
francés, infinimeni; italiano, infinita-
mente: latín, infinité.
Infinitésimo, ma. Adjetivo. Ma~
íemtUicas. Infinitamente pequeño.
Etimología. Latín í»/?míi«, infi-
nito, y el sufijo esimus, que expresa
número ordinal, como vtgesímuSt vi-
^simo: francés, infinitéitme; catalán,
tnfiniíe'ssim, a.
Infinitesimal. Adjetivo. Matemá-
ticas. Cálcalo que comprende al inte-
gral y al diferencial. || Que tiene el
carácter de una cantidad sumamente
pequeña. \ Por extensión, se aplica á
las partes mu^ sutiles ó diminutas,
como en el ejemplo siguiente: «Si una
firogresión armónica reina entre todos
os seros terrestres; si una misma ca-
dena los abraza á todos, es mu^ proba-
ble que esa cadena misma se prolon-
gue á todos los mundos planetarios,
que los una & todos y que no sean
otra cosa que partes constitutivas é
infinitesimales de la misma serie.»
(Bossuet, Palingenesia, S.)
Etimología. Infinitésimo: catalán,
infinitessimal; francés, infiniíésimal;
italiano, infinitetimale* '
Infinitísimo, ma. Adjetivo lami-
liar superlativo de infinito.
Infinitívo. Masculino. Gramática,
Uno de los modos del verbo que no
denota tiempo determinado, ni núme-
ro, ni persona, como amar, leer. Por
consiguiente, amar y leer son respec-
tivamente el modo infinitivo dedichos
verbos. | sustantivado. El infinitivo
empleado como sustantivo común, y
asi se dice: *el amar y el cazar penden
del azar;» eel leer malos libros es mu-
cho peor que no leer.» | El infinitivo
sustantivado se forma siempre ante-
poniéndole el artículo el en singular.
Etimología. Infinito: latín, iNt^iNi-
Tivus modns, moao infinitivo, así lla-
mado porgue no se expresa ó define
número ni persona; italiano, infiniti-
vo; francés, injíniíif; provenzal, infi-
nitiu, enfinitiu; catalán, infiniíiu.
Sentido etimológico. — Se le denomi-
nó infinitivo, aludiendo á que no de-
termina nada, como lo infinito. Por
decirlo asi, es' el infinito gramatical.
Infinito, ta. Adjetivo. Lo que no
tiene fin ni término. | Lo que es muv
numeroso, grande y excesivo en cual-
quiera línea. || Adverbio de modo. Ex-
cesivamente, muchísimo. || Metafísi-
ca. Idea de las cosas infinitas, cujro
concepto es Oíos. || hatbmÍtico. Geo-
metría, Nombre dado á las cantidades
mejores que toda otra cantidad asig-
nable, cujra idea se descubrió eu el
primer período de la geometría. Así
sucede que el infinito matemático, si
no se formuló, se presintió por todos
los antiguos geómetras. || Calculo ub
lo infinito; orometría db lo infini-
to. Nombre dado primeramente á lo
que hoj se llama cálculo diferencial é
integral. Según Rolliu, el cálculo de
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96 INFL
LO INFINITO, que dicho aatof deaoml-
na maravillólo, faá debido al gnu
Newton.
Etimología. In privativo y ^nito:
latín, infínítut; italiano, infinito; fran-
cés, innni; provenzal, infinit, enjinit;
burguiñón, in^ni; catalán, injinit, a;
infinií, da,
^fífia.— El cálcalo diferencial j el
integral se llamaban adn el cálculo de
LO INFINITO en tiempos de Voltaíre:
cXewton iaventó el cálcalo que se
llama de lo infinito, demostrando un
principio nuevo que hace mover i
toda la naturaleza.» (Diccioiwrio filo-
sófico.)
Infinitobista. Masculino. Btitoria
de la fieiologia. Partidario de una doc-
trina segán la cual todos los cuerpos
organizados son resultado del des-
arrollo de girmenes que van saliendo
unos de otros hasta el infinito.
ETiuoLOOfA. Infinito j el griego
hio$t vida.
InfinitOTÍsta. Infinitobista. La
forma infiniíocista, que se halla en al-
gunos ííiccionarioSt es birbara, puesto
que el elemento vista no representa
el griego ^ío^ (bíosj, vida.
Infinta. Femenino anticuado. Fin-
cimiento.
Infintosamente. Adverbio de mo-
do anticuado. Fingidamente, con en-
gaño.
Infintoso, sa. Adjetivo anticuado.
Fingido, disimulado, engañoso.
Infintnosamente . Adverbio de
modo anticuado. Fingidamente, con
engaño.
Inflriente. Participio activo irre-
gular de inferir.
Infirmación. Femenino. Accidn 6
efecto de infirmar. | Forense, Invali-
dación.
Stiuolooía. Infirmar: latín, «ii^r-
mStíOy la acción de quitar la fuerza,
forma sustantiva abstracta de infirma-
/«, participio pasivo de infirmare, in-
firmar: francés, infirmation.
Infirmar. Activo anticuado. Dis-
minuir, minorar el valor j eficacia de
alguna cosa. [| Forense. Invalidas.
Etimología. Latín infirmare, debi-
litar; de in privativo j firmare, forma
verbal de firmus, firme: provenzal,
enfirmar, enfermar; francés, infirmer;
italiano, infermare; catalán, infirmar.
Inflación. Femenino. La acción /
efecto de inflar. S Uetáfora. Engrei-
miento y vanidad.
Etimología. In/tar: latín, infiatío,
ventosidad, forma sustantiva abstrac-
ta de infiSlus, inflado: provenzal, Ín~
fiado, enfiaton; catalán, infiaciÓ; fran-
cés, in/íaíion; italiano, infia^ione.
IníUmabilidad. Femenino. Físi-
ca. Cualidad de lo inflamable.
Etimoloqía. Jnfiamable: francés, in-
fiamahilite'; italiano, infiammahiliíá.
Reseña. — Todas las materias ani-
males j vegetales contienen una gran
cantidad de aire fijo, en lo cual con-
siste uno de los principios de su in-
flamabilidad.
Inflamable. Adjetivo. Lo que es
fácil de inflamarse ó levantar flama.
l Substancias inflamables. Qnímico.
INFL
Substancias simples, no metálicas, que
firenden fuego fácilmente j arden con
Lama. I AiRB inflamable. Nombre
que se dió antiguamente al gas hidró-
geno, fl Metáfora. Se emplea también
con relación al orden moral, como
cuando se dice: carácter inflamable,
genio inflamable, ^lara dar idea de
un hombre fogoso, o que se apasiona
fácilmente.
Etimología. Infiamar: italiano, iii^
fiammaHle; trances, infiammaUe; cata-
lán, infiamahle.
Reseña. — «Hav artes que debían
transformarlo todo en el mundo, como
el de la pSlvora inflamable.» (Vol-
TAiBE, Costumbres, VIH.)
«Los raros fenómenos que presenta
el aire inflamable, llamaban por en-
tonces la atención de losfisÍcos.>(CoN-
DORCET, Buc^uet.)
Inflamación. Femenino. La acción
7 efecto de inflamar é inflamarse. | Fí-
sica, Fenómeno de un cuerpo tyit ar-
de, levantando llama. j| Medicina. Ar-
dor preternatural en el cuerpo animal,
estado caracterizado por cuatro cir-
cunstancias: tumor, color rojizo, ca-
lor 7 dolor en la parte afecta. La in-
flamación se origina siempre de ana
afluencia anormal de sangre en los
vasos capilares. Q Metáfora. Enarde-
cimiento de las pasiones y afectos de
ánimo.
Etimología. Infamar: latín, infia-
mSíio; italiano, tnfiamatione; francés,
in^ammation; provenzal, in/tammado,
en/tamaeio, effiamacio; catalán, infia~
macio; giuebrino, enfiammation.
Inflamado, da. Participio pasivo
de inflamar.
Etimología. Infiamar: latín, in~
fiammatns; catalán, infiamat, da; fran-
cés, enfiammé; italiano, infiammaío.
Inflamiador, ra. Adjetivo. Qne in-
flama.
Etimología. Infiamar: italiano, m-
fiammalore.
Inflamamiento. Masculino anti-
cuado. Inflamación.
Inflamante. Participio activo de
inflamar. ¡| Adjetivo. Que inflama.
Inflamar. Activo. Encender algu-
na cosa levantando llama. Se usa tam-
bién como recíproco. || Metáfora. Aca-
lorar, enardecer las pasiones y afectos
del ánimo. Se usa también como re-
cíproco. Q Recíproco. Ponerse alguna
cosa de color bermejo parecido al de
la llama. I Medicina, Enardecerse al-
guna parte del cuerpo del animal to-
mando un color encendido.
EtiholooÍa. Latín in/lammSre; de
in, en, dentro, sobre, 7 fiammare, tema
verbal de fiamma, llama: italiano, in-
fiammare; francés, enfiammer; proven-
zal, enñamar; picardo, enfiamher; cata-
lán, infiamar.
Inflamarse. Recíproco. Encender-
se produciendo llama. \ Enardecerse.
Q Ser atacado de inflamación.
Inflamatorio, ria. Adjetivo, i/i^í/i-
cina. Lo que causa inflamación ó pro-
cede de ella, en cuyo sentido se dice:
calentura mviJtMk.TQmK\ fenómenos in-
FLAUATOBIOS. \ SaNGBB INPLAMATO-
Ku; sangre evacuada en una sangría,
INFL *
la cual, una vez coagulada, presenta
una especie de corteza.
Etimología. Infiamar: catalán, in~
fiamatori, a; francés, infiammafátre;
italiano, inñammatorio.
Inflar. Activo. Hinchar alguna
cosa con aire, gas ú otra substancia
aeriforme. || Metáfora. Ensoberbecer,
engreír. Se usa más eomnamente
como recíproco.
Etimología. Latín in/tirtf hinchar
con el viento; de in, en, dentro, so-
bre, y fiare, soplar: catalán, inflar.
■ Inflativo, va. Adjetivo. Lo que in*
fla ó tiene virtud de inflar.
Etimología. Infiar: catalán, t'ii,^
tiu.
Inflexibilidad. Femenino. La ca-
lidad de inflexible. Q Metáfora. Cons-
tancia 7 firmeza de ánimo para no
conmoverse ni doblegarse.
Etimología. In^exsbte: italiano, «11-
fiessibilita; francés, infiesñHlité; cata-
lán, iniemhilitat.
Inflexible. Adjetivo. Lo que es in-
capaz de torcerse 6 de doblarse. | Me-
táfora. El que por su firmeza 7 cons-
tancia de ánimo no se conmueve ni a«
doblega, ní desiste de su propósito.
Etimología. I» privativo ydeñble:
latín, infiexíMlis; italiano, infiessibile;
francés 7 catalán, infiexible.
Inflexiblemente. Adverbio de mo-
do. Con inflexibilidad.
Etimología. Infiexible 7 el sufijo
adverbial mente: italiano, infiessilñl-
mente; francés 7 catalán, infiexiblement.
Inflexión. Femenino. Él torcimien-
to ó comba de una cosa que estaba de-
recha. \ Música y declamación. Hablan-
do de la voz, es la elevación ó depre-
sión que se hace con ella, quebrándo-
la 6 pasando de un tono á otro. | Gro'
máHea» La variación del nombre por
sus casos 7 números, 7 la del verbo
por sus modos, personas 7 tiempos..
Etimología. Latín infiexío, dobla-
dura, sinuosidad, rodeo de un cami-
no, forma sustantiva abstracta de in-
fiexus, doblado, participio pasivo de
infiecthe, encorvar; de in, en, 7 fiect?-
re^ loblar: italiano, infiettere; catalán,
infiexió; francés, infiextm; italiano,
infiessione.
1. El latín fiexio significa también
la idea de infiexión gramatical, como
lo demuestra Quichbrat en su Ad-
denda,
2, Hay lenguas CU708 verbos tie-
nen muy pocas inflexiones, como la
hebrea.
Inflexióscopo. Masculino. Agiro-
komta. Instrument 1 para medirla des-
viación de los ra70s luminosos.
EriMOLoaÍA. Latín infi?rus, dobla-
do, desviado, 7 el ^'riego skopel», exa-
minar; vocablo In'biido,
Inflexipado, da. Adjetivo. Zoolo-
gía. Que puüde doblar con facilidad
las patas anteriores.
Etimología. Latín infiéxuf, dobla-
do, parlicipio pasivo de infiectere, do-
blar, 7 pes, pjüis, pie: francés, infiexi-
pede.
Inflicción. Femenino anticuado.
Castigo corporal.
Etimología. Infiigir,
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INFL
suplico i nited que interponga su «i-
Jíuíneia.
Hablándose de una persona de Ta-
límiento, solemos decir: csu injlujo
me mata.» La palabra in^uencia no
expresarla esta idea con el mismo vi-
e:or.
A.1 hablar de Dios, no deberíamos
valemos de injluencia, sino de injujo,
porque Dios es la persona en sumo
grado. ¿Quién se resiste al m^k/o de
Jios?
Pongamos dos ejemplos; uno, con
relación á cosa, j otro, con relación i
persona, y seguramente no habrá un
entendimiento tan poco versado en ca-
sos de lengua, que no eche de ver el
distinto sentido de las dos palabras.
_ _ ^ Ejemplo de cosa: nadie desconoce
fnncis, injiiger; italiano, U^/^§ere; la injlaeni^a de la poesía del Dante en
del latín injtighct dar^ herir. I la literatura de la Bdad media.
1. El latín iñjC^tre se compone de | Ejemplo de persona: el ministro ce*
ú^^ en* y fl^íte^ golpear, como lo de- . dió por fin al injíujo del rej.
muestra jta^-nanf Jiag'ellnm, azote. Pongamos indujo en lugar de iV
(LimA.) \^uencia, ó iujluenaaan lugar de íhJIw
2. Bsta etimología es «rr¿nea. El jo, j notaremos seguramente cuanto
latín in/ti^ífre representa literalmente ; pierden las frases anteriores en pr»-
la preposición in, en, dentro, j Jligí- ! piedad j fuer/.a.
re, chocar. { La infiuencU as un injtmjo univer-
Inflorescencia. Femenino. Boíá- sal.
nica. Orden ó forma con que aparecen ¡ El in/lt^o es una imfiueneU perso-
' INFL
Enflictívo. T«. A.djetÍT0. Foretue.
Que inflige. | Propio de la inflicción.
BmiOLOOfA. In^igir: catalán, injti-
íint va¡ fraoc'*s, in^iclif, en Cotgrave
(siglo XTi); italiano, in^iitioo*
fiaflictof ta. Participio pasivo Írre>
Sillar anticuado de infligir. | Forense.
scíase del castigo que se imponía &
alguno.
BriyoLoafÁ. Injligir: latín, in^ie^
tm, golpeado, herido; participio pasi-
vo de in^üre; catalán, indicie; fran-
cés, iñ/lige'; italiano, iniiíío*
Infligente. Participio activo d« in-
fligir. Que inflig'e.
Infligir. Activo. Forense. Hablan-
do de castigos j penas corpirales, im-
ponerlas, e mdenar á ellas.
Etiuolooía. Provenzal infligir:
INFO
97
colocadas las flores al lírotar en las
plantas; y así se dice: m.<L08ijCBN-
CIA. en parasol, en espiga, racimo, ra-
millete, etc.
BnuoLOofA. Pre^'o tu, en, dentro,
sobre, j /íoreteeneia: frane¿s, injlores-
Inflncidn. Famanino anticuado.
Inflnencia. Femenino. La aeciqn
7 efecto da influir. Q Metáfora. La ín-
tervencióa que alguno tiene en un
negocio por su autoridad, valimiento
J persuasión. | Metá bra. La gracia é
inspiración que Dios envía interior-
mente á las almas. Q Física. Acción
que nn cuerpo electrizado ejerce á
cierta distancia sobre otro cuerpo en
su estado normal, g Física antigua,
Bmanacíón ó fusión material que se
nal.
Inflnente. Participio activo da in-
fluir. Lo que influjre.
laflaontements. Adverbio de mo-
do. Con influencia.
Etiuoloqíá. Injluenigj el aufijo ad-
verbial menle,
Infloidunaata. Adverbio de modo.
Por influencia.
BmcoLoaÍA. Influida y el sufljo ad-
verbial mente.
Influido, da. Participio pasivo de
influir.
BtiiiolooU. Injluir: latín, injluxus,
participio pasivo de it^uüre, influir;
iraucés, enjlué; catalán, inluit, da.
Influir. Activo. Causar ciertos efeo*
tos unos cuerpos en otros, como el sol
sobra la tierra. | Se aplica igual men-
:eriai que se te á causas morales; j así se dice que
suponía provenir del cielo j de los I im'LUYaM el ejemplo, las lejres, las
utros, ejerciendo su influjo en las ' costumbres, etc. U Metáfora. Contri-
ponona» j en las cosas. buir con más d menos eficacia al éxito
BnifOLOOfA. InjSair: latín, inJiUn- de nn negocio. Q Metáfora. Inspirar ó
üa, forma sustantiva abstracta de in- comunicar Dios algún efecto d don de
jUant, i»/íúentist influyente; iialiano, su gracia, como cuando se dice: Dios
vtflaamü; francés, inflnenee; catalán, | es, por si mismo, el bien esencial que
INPLUVB el bien en cuanto hace. (Bos-
SUBT, Libre albedrio^ f.) ¡| Física eaíi-
ywd. Comunicar el fliíido desconocido
iinjb»¿»ñi.
SmoNiHiA. Influencia, influjo. — /n-
punda tiene una aplicación general,
de las más generales que conocen los
idiomas. 7h^b«ícmi políticas, socia-
les, científicas, filosóficas, administra-
tivas, relio;iosas, morales, físicas, at-
mosféricas. Todo tiene influencia en
el mando, desde el aire que nos mece
el cabello, hasta la historia que nos
educa la inteligencia; desde la estre-
lla basta «l arbusto.
No puede decirse: influjos atmosfé-
ricos, físicos, morales, religiosos.
influjo se refiere especialmente ¿ la
opiuión, á las personas.
«Snpliso á usted qae interponga su
influjo.^
Í^ue se suponía proceder del cielo j de
os astros, obrando simultáneamente
sobre los hombres y las cosas, n Medi-
cina Ajitigua, Virtualidad propia de la
materia sobre la economía animal, en
cuyo sentido se decía: ttoda la dife-
rencia de los tumores proviene sín
duda de la naturaleza de la materia,
la cual iMPLUTB y hace el tumor.»
(Pareo, V, S,)
Btmolgoía. Latín influiré, inun-
dar; de fM, en, y flu>e, fluir: italiano,
influiré, influere; francés, enfluer; ca-
talán, influir.
Inflojo. Masculino. Ihfluxkcia. I
Esto as más efieas que si se d^ese: : Metáfora. El valimiento y poder da
una persona para Con otra, 6 la inter-
vención y parte que tiene en algún
negocio.
EnuoLoofA. Ii^uir: catalán, t'»*
flux, iafluxo; francés, influXy flujo.
Inflnvente. Participio activo da
influir. Influbhtb.
Etiuolooía. Influir: latín, inflúens,
inflUeniis; italiano, influente; francés,
influent,
Inflayentemente. Adverbio de
modo. Infldbntbiibntb.
Infoliado, da. Adjetivo. Botánica,
Que no tiene hojas.
ETiuoLúofA. Jn privativo y ^IÍS-
lus, de /dllutn, hoja.
Inforciado. Ausculino. La segun-
da parte del Digesío 6 Pandectas de
Justiníaao.
Información. Femenino. Laacción
y efecto de informar ó informarse. |
Forense, Averiffaacién jurídica y legal
de algún he<mo 6 delito. | Pruebas
que se hacen de la calidad y circuns-
tancias necesarias en un sujeto para
algún empleo ú honor. Hoj tiene más
uso en plural. | Metáfora antigua.
Educación, instbucciúh. Q ad pbrpb-
tuau, ó ad pbbpxtuah bbi mbuobuu.
Forense. La que se hace judicialmente
y á prevención para que conste en lo
sucesivo alguna cosa; como cuando los
testigos son viejos ó se han de ausen-
tar, fon oBRBcao ó bn dsbbcho. El
escrito que hace el abogmdo en fkvot
de su parte. Hoj es lo mismo que pa-
pel, SN DBBBCHO. | DB POBBlí Ó DI PO-
BBBZA. La que se hace de que alguno
no tiene bienes, para que no le exijan
los derechos que se originan en el se-
guimiento de algún pleito ó recarao.
B DB VITA BT HOBIBUS. La qUC 86 haOC
de la vida y costumbres de aquel que
ha de ser admitido en alguna comu-
nidad ó antes de obtener alguna dig-
itidad ó cargo. || buharía. La que por
la naturaleza y calidad del negocio se
hace por el juez brevemente y sín las
solemnidades que se observan regu-
larmente en las demás informaciones
jurídicas. Q Filosofía, La acción de
revestir de forma, como cuando ae
dice: «el hombre es la xnfobhacióh
suprema y como la síntesis viva de las
fuerzas creadoras del globo.»
EtiholooIa. Informar: latín, («/Ár-
maiio, el primer borrón, traza ó dise-
üo de una cosa; y figuradamente, ima-
gen, idea, representación que se for-
ma en el entendimiento: infobuatio
verbi, etimología de una palabra, en
Cicerón; provenzal, informado, enfor-
nado; portugués, informacáo; francés,
iuformaíion; italiano, informatione; ca-
talán, informació.
Informadamente. Adverbio de
modo. Con información.
BmcoLOOÍA. Informada y el sufijo
adverbial mente.
Informado, da. Participio pasivo
de ittf'ormar.
Etimología. Latín informUtus^ par-
ticipio pasivo de informSre, informar:
italiano, tn/orsiiifo; francés, informé;
catalán, informal, da.
Inrormador, ra. Masculino y fe-
menino. El que informa.
sonó III
19
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98 INFO
INFO
INFR
EtimologU. Injormar: latín, in/or-
miíort foima a^nte de infomStio, ía-
formac¡6n: italiano, in/ormaíore; fran-
cé§, infomaíeur; catalán, informa-
dor, a.
Informal. Adjetivo. Lo que no
guarda las reglas ^ circunstancias
prevenidas. Q Se aplica también á las
personas que en su porte j conducta
no observan la conveniente gravedad
j puntualidad.
Informalidad. Femenino. La ca-
lidad qne. constituya informal i una
persona ó cosa.
BtiuolooU. Informal: catalán, («-
formaliíat.
Informalmente. Adverbio de mo-
do. Con informalidad. J Informb-
UBNTB.
EtiholoqU. Informal y el infijo
adverbial mente.
Informamiento. Masculino anti-
cuado. Inforujlción, por la acción t
efecto de informar d dar noticia de al-
guna cosa.
Informante. Participio activo de
informar. El que informa. Q Masculi-
no. Kl que tiene encargo j comisión
de hacer las informaciones de limpie-
za V calidad de alguno.
Informar. Activo. Enterar, dar no-
ticia de alguna cosa. Se usa también
como recíproco. || Forense. Hablar en
estrados los fiscales j los abogados en
cumplimiauto de su empleo, f Filoso-
fía, 3er la forma aabstancial de algún
cuerpo. I Uetáfora antigua. Formar,
perfeccionar á alguno por medio de la
instrucción j buena crianza.
Etiuolooía. Latín informare, darla
primera forma, diseñar, imaginar,
instruir; de in, en, dentro, j/orjíiar^,
formar: catalán, informar; francés,
informer; italiano, informare; proven-
zal, informar, enfermar, eformar*
Informarae. Recíproco. Enterarse
de algo; tomar informes.
Informativo, va. Adjetivo. Lo que
informa ó sirve para dar noticia de
alguna cosa. | Anticuado, filosofía.
Lo que da forma j ser á alguna cosa.
BrnioLooU. Informar: catalán, in-
formatiu, va.
1. Informe. Uaseuliuo. La noti-
cia ó instrucción que se da de al-
gún negocio ó suceso ó acerca de al -
guna persona. || Forense. La exposi-
ción que hace el letrado ó el nscal
ante el tribunal que ha de fallar el
proceso.
Etimología. Informar: catalán, tn-
forme.
Sinonimia. Informe, información.
Informe es el simple relato de los an-
tecedentes que se piden aobre la cues-
tión de que se trata.
Informaci<fn expresa la idea de una
serie de informe* distintos, hecha con
el objeto de poder comparar difer.'ntes
datos j adquirir una cabal noticia del
asunto, según juicio prudente.
De la información que acabo de ha-
cer, resulta que son falsos todos loa
informes que me dieron.
El informe se da.
La informaeién se hace.
Bi iñform« relata.
La informaron busca, observa, pre-
gunta, se esconde, averigua.
El infortM puede ser ingenuo.
La informacidn es siempre astuta j
maliciosa.
Se piden informrs i los particulares
j á los jefes.
Se entablan informacionei ante la
justicia.
Ambas palabras vienen de forma,
voz derivada del griego morp i?, que
significa molde, hechura 6 modelo.
Informarnos de una cosa no es más
que procurar saber en qué forma ocu-
rrió el suceso de que se trata; parece
^ue informándonos, damos fisonomía
o fiffura á los hechos.
¿ Informe. Adjetivo. Lo ({ue no
tiene la forma, figura y perfección que
le corresponde. || EsraaLLas ihfor-
UBS. ÁstroMo nía nntigwt. Las i^ae no
entraban en ninguna constelación, lla-
madas también espirsiles, Q Jurisprn-
dencia. Lo que se presenta sin la for-
ma prescrita en derecho.
EriMOLoaÍA.. Latín informis; de in
privativo / format «sin forma:» ita-
liano, francés, catalán j portugués,
informe.
Informemente. Adverbio de mo-
do. i)e una manera informe. . ^
EnuoLoaÍA. Informe 2 j al sufijo
advuroiai mente: latín, inforlnitfr.
Informidad. Femenino anticuado.
La calidad del informe.
ETUiOLOOÍa. Informe ?; latín, in-
formitas; italiano, informiía; francés,
informite) catalán, informital.
. Infortificable. Adjetivo. Lo que no
se puede fortificar,
ETIM0I.O0ÍA.. In pr¡v«tÍvo j forlifi-
cabie: francés, infoiüjicíble; catalán,
infortificable.
Infortificado, da. Adjetivo. No
fortificado.
Infortuna. Femenino. Se^ún Ins
astrólogos, el influjo adverso é infuus*
to de los astros.
ETiuoLOofa. Infortunio: catalán,
iníortuna,
'Infortunadamente. Adverbio de
modo. Sin fortuna, con desgracia.
Etimología. Infortunada j bI sufijo
adverbial mente: íatín, infor tanate, en
Plauto; italiano, inforíMnatamenie; ca-
talán, inforíunadamení.
Infortunado, da. Adjetivo. Dbs-
AFOHTUNAUO.
Etimología. Latín infortanaíus, in-
feliz, miserable; de ín privativo j for-
íunatus, dichoso: italiano, infortunato;
francés, infortune'; provenzal, inforíth
nat; catalán, inforíunat, da.
Infortunio. Masculino. Desgracia,
desventura.
Etimología. Latín inforfUnium; de
in privativo y fortuna: italiano, infor-
tunio: francés, infortune; cataHn, in-
fortuni.
Infortuno, na. Adjetivo anticua-
do. Desavobtlnado.
Infosura. Femenino. Veterimria.
AouADURA. — cLo mismo que aliito en
las bestias.» (Academia, Diccionario
de 17^6.) —«Jnfosi'.i a en nuestra len-
cua castellana, es lo mismo que de-
cir replexión; cáusase por haber co-
mido el animal más mantenimientode
lo necesario.» (Abbbdondo, Beeopila-
cidn de Álbeiteria, capitnlo 3f.)
Infrs. Voz que entra en la compo-
sición de varías palabras, aftadiendo
una idea de inferioridad ó posteriori-
dad en cuanto á orden.
Etimología. Latín tn/fo, síncopa de
infüra, simétrico de tn/^rat, bajo, de
inferre, llevar adentro.
iNf'RA, Del latín infra, derivado de
in, pasando por el adjetivo inferut,
como quien dice: infera parte. Denota
que una cosa está puesta debajo de
otra, según se ve en infr^eterito
(abajo firmado); 6 que la cosa es me-
nos principal ó notable que la sig-
nificada por el simple: por este mo-
tivo, siendo el día primero t el últi-
mo de una octaca los más solemnes de
ella, se da el nombre de infra-oetavai
los seis intermedios. — Apenas se usa
el infra en otras voces que las dos que
acattamos de citar. (!ÍIonlau.)
Infracción. Femenino. Transgre-
sión, quebrantamiento de alguna lej,
pacto ó tratado.
Etimología. Infringir: latín, in-
fractlo, rotura, quiebra de alguna co-
sa, forma sustantiva abstracu de «a-
fract^t infracto; italiano, la/rozww;
francés, infraction; catalán, ta/rse-
do.
Infracto, ta. Adjetivo. El que es
constante j no se conmueve fácil-
mente.
ErufOLoofA. Infringir: latín,«ii/>S£:-
tus, quebrado, roto; participio pasivo
de infringiré, infringir.
Infractor, ra. Masculino jr feme-
nino. TRAXSORBáOB.
Etimología. Infringir: latín, la-
fractor, forma agente de infractio, in-
fracción; francés, infracieur; catalán,
infractor.
Infraescrípto, ta. Adjetivo anti-
cuado. iNFaABSCRlTO.
Infraescrito, ta. Adjetivo que se
aplica i las personas que se nombran
6 firman al nn de aig.;n escrito.
Etwología. Latín infra, por in^-
ra, abajo, j escrito: catalán, injirát"
erií, a.
Infraganti. Adverbio da modo. Bh
FRAGANTE.
Infralapaario, ría. Adjetivo. Epí-
teto de los teólogos que sostienen qns
Dios dió el ser á cierto número de
hombres únicamente para condenar-
loa.
Btiuolooía. Latín infra, debajo,
después, y lapsus, caída: catalán, sn-
fralapsarit; francés, infralapseáre.
Infrangibie. Adjetivo. Lo que no
se puede quebrar. || Metafórico anti-
cuado. Lo que no se puede quebrantar
ó violar.
Etimología. Latín infra^Uit; de ta
privativo y frogUit, frágil: francés,
infrangibie.
Infranqueable. Adjetivo. Imposí-
. ble ó difícil de franquear.
Etimología. Jn privativo ▼ fran^
qucahle: francés, infranchiseable.
Infraoctava. Femenino. Liturgia,
Los seis días compreudidcs en la oc-
tava de a^oaa festividad da la I^le-
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1— -;.Tr —
ÍÍÍFÜ
■ii, no contando el primero j A úí-
timo.
BnHOLoaÍA. Latín iii/ra, debajo, y
úctava: catalÁn, infraoclivS,
Infraoctavo, t«. Adjetivo. Aplí-
case á cualquiera de los días de la in-
frioctava.
BnuoLoafa Infrtoelava: catalán,
infraoctan.
Infrascripto, ta. Adjetiro. iKVRa-
■scsrro.
Infrascrito. Adjetivo. Inpbabs-
CBtTO.
Infraternal. Adjetivo. Que no et
fraternal.
EnuoLoofA. I» ^ñnÚYo j fnur~
nitl: francés, infraieinel.
Infrecuentable. Adjetivo. Que no
puede frecuentarse.
Infracuantado, da. Adjetivo. Que
no n frecuentad-)
EtiuolooÍa. 7n privativoy frecuen-
tado: fraHcés, infréqntntf.
Infrecuente. Adjetivo. Que carece
de frecuencia.
Btiuolooía. /« privativo y/rí(at«i-
íí: francés, infréqiunt; catalán, wfre-
Infrecaentemente. Adverbio de
modo. Sin frecuencia.
' Btiu<hx>oía. Infrecuente j el sufijo
adverbial m«¿¿: francés, infréqnem-
menl; catalán, infreqüenímení.
Infrin^damente^ Adverbio de
modo. Con infracción.
BtiholgoÍa. Infringida y el sufijo
adverbial mente.
Infringir. Activo. Quebrantar. Se
aplica á Irs leyes, drdenes, etc.
BTntOLOOÍA. Latín infrimfhey que-
brantar con frecuencia, nacer pedazos;
de is» en, y frangiré^ romper: catalán,
ñfriiuir,
In& ingina. Becfproco. Ser infrin-
gido.
Infracción. Femenino. Cierta ren-
ta que se pagaba antiguamente al
daeüú de una heredad.
Infructíferamente. Adverbio de
modo. iNPBUCTnOSAVBNTE.
Inl^ctifero, ra. Adjetivo. Lo que
no produce fruto. || Metáfora. Lo que
no ed de utilidad ni provecho para
nÍBg.in fin.
Infructuosamente, .\dverbio de
modo. Sin fruto, sin utilidad.
Bny<»x>ofA. JnfmetHota y el sufijo
adverbial MM/«;«ataláti, infntctuota-
wtent; francés, infructuerntement; ita-
liano, infrutínotaMenie.
Infructuosidad. Femenino. La ca-
lidad de lo infructuoso.
EriMOLOofA. Infructuoso: francés,
infmcimotiié; catalán, infmctítosiiaí.
Infructuoso, sa. Adjetivo. Loque
ea inútil para algún fin.
BnuoLOOfA. y» privativoy fructuo-
sa: Iñtia jinfrucíudtus; italiano, infrui-
tmoto; francés, infmctueux; provenzal,
tnfrmctuot; catalán, infrucluós^ a.
Infragifero, ra. Adjetivo. Imfruc-
TÍmo.
Inftilado, da. Adjetivo, Que tiene
infdlas.
Inftdns, Femenino plural. Adorno
de kna blanca á manera de venda
qq« se ponía sobre la eabesa de loa
IIÍFÜ
sacerdotes de los ífentiles y sobre las
de las víctimas, liábanlo también en
la antigüedad algunos reyes. H Metá-
fora, Presunción ó vanidad de alguno
en portarse de un modo superior á su
clase ó facultades; así se dice: N. tie-
ne fNPUL\s de marq^ués.
Gtiuolooía. Latín infila, banda,
faja, mitra, adorno de cabeza de que
usaban los sacerdotes y las vírgenes
vestales, con el cual cubrían también
las víctimas; y figuradamente, man-
do, gobierno, autoridad: catalán, ín-
fulas^
Heteña. -^Antigüedades. Adorno que
llevaban en la cabeza los sacerdotes,
y más generalmente, las bestias des-
tinadas al sacrificio, entre los grie-
gos y los romanos. Era una especie
de banda ó diadema, que terminaba
en dos cordones en forma de olivas
ó aceitunas, hecha de lana, y de co-
lor verde en los sacrificios fúnebres.
Los vencidos se las ponían también
para indicar sunnisidn á los roma-
nos.
Infundadamente. Adverbio de
modo. 3in fundamento.
BnuoLooÍA. Infundada y el sufijo
adverbial mente.
Infundado, da. Adjetivo. Lo que
carece de fundamento racional.
ETUfOLOOÍA. In privativo y funda-
do: catalán, in^undaí, da,
Infundibüídad. Femenino. Infu-
sibilidad.
Infundible. Adjetivo. Infusible.
Etiholoqía. Infusible: catalán, in-
fundióle.
Infundibulifero, ra. Adjetivo.
Historia natural. Terminado por nn
disco en forma de«ventosa.
EtiuolgoÍa. Infundihula y t\ latín
/«rrtf, llevar.
InftindibuUforma. Adjetivo. Di-
dáctica. Que tiene figura de embudo.
ETiuoLoaÍA. Latín infnndibUunt
embudo, y forma, forma: francés, in-
fnndibuliforme; catalán, infundibuli-
forme.
Infündibulo. Masculino. Añato-
mía. Nombre de ciertas cavidades del
cuerpo que tienen forma de embudo.
II Historia natural. Nombre délas par-
tes que tienen dicha forma.
EnHOLoaÍA. Italiano, infundibulo:
frauiiés, infundibiUum; del latín t«-
funUbilum^ embudo ; de infundere,
echar dentro un licor, infundir.
Infundido, da. Participio pasivo
de infundir.
Etimología. Infundir: catalán, «n-
fundií, da: francés, in^sé.
Infundir. Activo. Echar algún li-
cor en alg;una vasija u otra cosa. ||
Anticuado. Poner algún simple ó me-
dicamento en un licor por cierto tiem-
po. |¡ Metáfora. Comunicar Dios al
! alma algún don ó gracia. || Causar en
el áni no algún inipulso.monil ó afec-
tivo; como iKFUNDiB miedo, fe, cari-
ño, etc.
EnuoLoaÍA. Latín infundiré; de ta,
dentro, y fund''re, fundir: catalán, **•
fun-íir; francés, infuser,
Infurción. Femeaino, Tributo que
se pagaba al se&or de. un lugar en
INFU 99
dinero ó especie, por razón del solar
de las casas.
Infurcioniego, ga. Adjetivo. Lo
que estaba sujeto al tributo de infur-
ción.
Infurtir. Activo. Enfubt s.
Infuscar. Aetivo aafcieuado. Oseo-
recer, ofuscar.
Infusibilidad. Femenino. Cuali-
dad de lo iafusiblflb | ^Íiks. Besia-
teacia i la aooíón del Smgti, resulta-
do de la pureas i «mptuídsd dala
materia. Toda materia impuia d eom-
uesta tiende natunliaonte i la fiui-
iliflad.
BTuioLoafa. In/niüU: frsaeéf, ¿s-
fusibiiité.
Infusible. Adjetivo. Lo que no
puede fundirse ó derretirse, cumo el
cuarzo ó el jaspe, por ejemplo.
Btiiíoloqía. In privativo y fusible:
italiano, infusibile; francés, infusible.
Infusión. Femenino. La acción y
efecto de infundir. || i^arMac/a. La peí»-
manencia de un simple ó medicamen-
to en cualquier licor. Llámase tem^
bien así el iioor sn que han estado por
algún tiempo loa simples y medua-
mentos. j Hablando del sacramento
del bautismo, la- accióa de echar el
agua sobre el que se bautiza. || K^tar
BN INFUSIÓN PARA ALGUNA COSA.. Frase
metafórica j familiar. HalLirse en ap-
titud y disposición para conseguirla
en breve. Q Metafísica. La acción de
derramar en nuestra alma, como cuan-
do se dice: «el Espíritu Santo es un
maestro invisible y secreto que se co-
munica con el alma pev la swusidH
de la verdad.»
Etiuoloqía. Latía infüsío, la ac-
ción de infundir á echar dentro un li-
cor, forma sustantiva de infWiMt, in-
fundido: provenzal, inftísto, enfutie¡
catalán, infusil; francés, infusión; ita-
liano, infusione.
Reseña.— «Kl bautismo se practicó
primeramente pjr inmersión, la cual
tomó después la forma de infusión.»
(BossuBT, Var., lii.J
Infuso, sa. PartÍL'ipío pasivo irre-
gular de infundir, 'laro conocimien-
to de Dios y amor profundo ct>n que
nuestro espíritu se eleva al primero de
todos los seres, en cuyo senUdo se
dice: <la eoaüneia de una verdad di-
vina parece ser una idea infusa en el
alma del hombre.» | Teología, Cibn-
ciA infusa; cieneia da Adam por la
naturaleza que tenis de Dios, Tibns
ó casa TBNSR U OIBHC.A INFU;iA. Lo-
cueión familiar con que nos burlamos
délos sabiondos presumidos.
ETiMOLoaÍA. Latín infüsus, derra-
maüü, participio pasivo de ¡nfuiuiere,
infundir, esto es, ecbar deutro algún
licor: catalán , in fúSf a; franeút infut;
italiano, infuso.
Infusorios. Masculino plural, ffis-
toria natural. Clase que comprende los
animalillos que ae desarrollan en las
iafusiones vegetales y animales. £^
táo dotados de epidermis y de pesta-
ñas, habiéndose advertido que, cuan-
do carecen de pestaSsa, tísnen drga-
nos de. una fotms áetennínada, los
cuales les sirven como de resortes
ZS21Í
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fan el moTimieuto. | PaUontoUgíá*
'Asiles microscúpícoi de carapachos
silicosos ó calcáreos, que se hallan en
las aguas dulces j en los depósitos
marinos. Q Adjetivo. Epíteto de cual-
quier gusano que se desarrolla en las
infusiones, como cuando se dice: gu-
sano» INFUSORIOS, aftimalillot infuso-
rios. Q Masculino. Anatomía, Instru-
mento propio para introducir un lí-
quido en las venas de algún cadáver.
BtiuoloqÍa.. Infundir: latín de san
Jerónimo, iiifüsdrtum, cañón que con-
tiene el aceite de las lámparas; italia-
no, in/tuorio; francés, infuioiret.
Inga. Femenino. BoUniett. Especie
de planta leguminosa de la America.
MntOLoaÍA. El francés tuga quiere
decir: «nombre de una corcha á corte-
za de América, astringente y tínica.»
Inganable. Adjetivo. Imposible 6
difícil de ^nnar.
Etimología. In privatÍTO yganable:
francés, iiigagnaUe.
Inganaao, da. Adjetiro. Que no
ha sido ganado.
Ingarantíbilidad. Femenino. Gua*
lidad de lo ingarmutible. (Caballo-
RO.)
Ingarantíble. AdjetÍTO. Qae no
86 puede garanUr.
íngarantiblemente. AdTubio de
modo. Sin garantía.
EmuaLoaÍA, IngaranñbU j ú sufijo
adverbial mente.
Ingarantido, da. Adjetivo. No ga-
rantido.
BnuoLoafA. In privatívoy^anMíí-
do: francés, ingaranti,
IngarantizadOt da. Adjetivo. In-
garantido.
Ingen. Masculino. Mitología. Divi-
nidad moderna de los japjneses.
Ingenerabilidad. PilosofU, Cua-
lidad de lo íngenerable, como cuando
ae dice: la iNasNSRAsiLiDAO del alma.
BTiHOLoaÍA.. Ji^enerabÍé:{nucéM,
wg«»éré'jilité,
Xeggia, — ^La teorU de la inobnera-
BiLiDAD se encuentra ja como bosque-
jada en Aristóteles.
Ingenerable. Adjetivo. Metafísi-
ca, Lo que no puede ser engendrado.
Siendo Dios inobnurablBi es eterno;
j siendo eterno, es inalterable. (Teó-
filo DB Antioquía.) y Melafítica anti-
gua. Atributo del espíritu, considera-
do como iNasHBRABLB é incorruptible,
puesto que se veía en él una porción
de la misma divinidad. (Bossubt,
ÁvertittemeiU nr U reprockt i'idolor
trie. -2tí.)
EnMOLOOf*. /n privativo j genera-
bUi catalán, ingeiurabUi fnncM, im^
nirahie,
Ingenerativo, va. Adjetivo. Que
no engendra.
Ingeniador, ra. Masculino j femé-
niño. La persona que ingenia ó in-
ven tn.
ETiuoLOofA. Ingeniar: provenzal,
engiiikaire, enginkador; francés anti-
guo, engigneret engigneor, engígnenr;
moderno, ingénieur, ingeniero; italia-
no, ingegnere; del bajo latín ingínia-
tor, forma agente de ingtniSri, inge-
niar.
Zngéníar. Aetivo. Trazar 6 iftren-
tar ingeniosamente.
ETiuoLoaÍA. Ingenio: bajo latín, iV
g^niari; catalán, engingur, ingeniar;
francés, ingénier.
Ingeniarse. Recíproco. Discurrir
con ingenio trazas y modo para con-
seguir alguna cosa, 6 ejecutarla.
EnuoLOofA. Forma reflexiva de in-
geniar: catalán, enginyane, ingeniarse;
francés, iengénier; italiano, if^fg-
narsi.
Ingeniatnra. Femenino fiimiliar.
La industria j arte con que alguno se
ingenia y procura su bien.
Ingeniciüo, la. Adjetivo. Botáni-
ca, Califieación de las plantas que no
tienen nudos.
EtdiolooÍa. /n privativo y el latín
^Vcií/uM, nudo de un tallo 6 sar-
miento; gínicUns, el nudo que echan
las varas de las plantas. (Varróx.)
Ingeniería. Femenino anticuado.
El arce que enseña á hacer y usar las
máquinas y trazas de guerra.
Ingeniero. Masculino anticuado.
El que diacurre eon ingenio las trazas
y modos de conseguir ó ejecutar algu-
na cosa. I Milicia, El que sirve en el
cuerpo de ino3nibros, el cual tiene á
su cargo la disposición, traza y ma-
nejo de las máquinas de guerra, eon
todo lo relativo i las obras de fortifi-
caciÓD y ataque y defensa de las pla-
zas fuertes, fOB CAMINOS, CANALBS T
PUBRTO). El que traza y dirige estas
obras. || db marina. El oficial militar
que dirige y vigila la construcción y
compostura de loa bajeles de la arma-
da y sirve en la disposición, traza y
manejo de las máquinas y edificios
propios de este cuespo. | db uinas. El
que dinge el laboreo de éstas.
SriMOLOaÍA. /«fMMitfr: catalán,
tngingert ingenier.
Ingenio. Masculino. Facultad en
el hombre para discurrir é inventar
con prontitud t beilidad. Q El sujeto
ingenioso ó dotado de habilidad y
agudeza. I La industria, maña y ar-
tificio de alguno para conseguir lo que
desea. || Máquina ó artificio mecánico,
jj Cualquiera máquina ó artificio de
f uerra para ofender y defenderse. Q
nstrumento con que los encuaderna-
dores recortan el papel y los libros
que se han de encuadernar, y se com-
pone de una tuerca que pasa por dos
maderillos llamados mesas, y de una
lengüeta de acero fija en una de ellas,
la cual al movimiento de la tuerca se
acerca hacia la otra mesa, y va cor-
tando el papeL B db azlcar. El con-
junto de aparatos para exprimir la
caila j obtener el azúcar. Llámase
también inobnio ¿ la finca que contie-
ne el cañaveral y las oficinas de bene-
ficio, y El escritor dramático. || Afi-
lar BL INOBNIO. Frase metafórica. Po-
ner algún estuerzo extraordinario de
ingenio para salir de alguna dificul-
tad ó satisfacer á ella. Q Aouzar el
iMOBNio. Frase metafórica. Aplicarlo
atentamente á la inteligencia ó cono-
cimiento de alguna cosa ó para salir
de una dificultad.
ETU«H.oa<ju Latín ingMnm, índo-
IKGE
propiedad, virtud nativa de lis eo*
I sas, disposicidn con que el hombre
discurre; forma sustantiva de ingíi^
re, inculcar desde el nacimiento; de
in, en, y el antiguo gín^e, engendran
provenzal, engn, engein, engienk, «a-
^in; normando, engin; francés del si-
glo xii,efuiM; moderno, engin; portu-
gués, ingenio; italiano, ingegno; cata-
tán, ingeni.
El ingenio es un genio de forma, de
detalles, de pormenores; un genio ia-
dustrioso, casi mecánico; la maúa del
genio.
fil genio orea: el ingenio combina.
El genio hace: el ii^enU dispona.
Ingeniosamente. Adverbio da
modo. Con ingenio.
EnuoLoaÍA. Ingeniosa y el sufijo
adverbial mente: catalán, ingeniosa^
mení: francés, ingéniensement; italiano,
i»gegnosamente; latín, inghtÍoiÍ,
Ingeniosidad. Femenino. La cali-
dad del ingenioso.
Ingeniosiaimo, ma. Adjetiva sa-
psrlativo de ingenioso.
Ingenioso, sa. Adjetivo. El ^ue
tiene ingenio ó lo que se hace eon in-
genio.
EriMOLoafA. Ingenio: latín, ingKnid-'
sus; iialiano, ingrgnoso; francés, inaé'
nienx; provenzal, enginhoo; eatal»,
ingeniús, a.
Ingénito, ta. Adjetivo. Lo que no
ha sido engendrado. | Lo que es con-
natural y como nacido con alguno.
BTiMOLoaÍA, Latín ingénitus^ con-
natural, innato; de in, ea, y gfnítus,
engendrad», participio pasivo de ge-
nere, componente de gignJfre, engen-
drar: italiano, ingénito; catalán, inge-
nií, a.
Ingente. Adjetivo. Lo que es mu;
grande.
EriMOLoaÍA. Latín ingens, ingentiSt
grande con exceso; de >*, prefijo au-
mentativo, y gínirtt engendrar; ita-
liauo, ingente.
Ingenuamente. Adverbiode modo.
Con ingenuidad 6 sinceridad.
EtwolooÍa. Ingenua y el sufijo ad*
verbial nenie: catalán, ingénmmenl;
francés, ta^c''ttU'n«K/; italiano, ingcnut-
mente; latín, ingenié^ con cortesanía jr
nobleza.
Inzennídad. Femenino. Sinceri-
dad, buena fe, candor, realidad en lo
que se hace ó se dice. ¡| forense. Esta-
do ó condición del que ha nacido lí •
bre. Llámase así en contraposii:ión al
estado y eondicí íu del que ha conse-
guido su libertad por ahorro ó manu-
misi ín.
Btuioloqía,. Ingenuo: latín, inge-
nutías; italiano, ingenuita; francés, w-
genuiÚ; catalán, ingenuitaí,
SiNOKiuiA. Ingenuidad, tineeridod,
franqueza. La ingenuidad es una cuali-
dad permanente del carácter: la since-
ridad es accidental y pasajera. Un
hombre que no es ingeauot puede ha-
llarse en el caso de hablar con since-
ridad. El ingenio dice todo lo que sabe
y siente: el sincero, lo que le conviene
decir. La frangueta obra coa más am-
plitud, 7 no se limita á expresar la
verdad, sino que pide, exig^ y manda.
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Bat& mis en I* coaducta y en Us ac*
eiooes que en las palabras. Hay hom-
bres tan ingenuos, que no pueden di-
nmular sus defectos. Mi amig^o me
eontá con sinceridad sus apuros, y
turo la franquna de pedirme dinero
prestado. (Moba.)
Ingenuo, nua. Adjetivo. Real,
docero, candoroso, sin doblez. \ Fo-
rme, El que nació libre y no ha per-
dido sa libertad.
BnuOLOOfA. Latín ingínuut, nativo,
honrado, noble, forma adjetiva de im-
WaJrí, inculcar desde la niñez: cata-
lán, ii^énuOf a; francés, ingénn; italia-
QO, ingewno.
Ortografía etimológica»— 1^^ Acade-
mia debe adoptar la ortografía latina
iiyénno, puesto que la de ingfínw es
bárbara.
Reseña Aiiídrica. — iHasifCO se lla-
maba el ciudadano romano nacido de
padm libres, 6 solamente de padre ó
madre libre. En la época de los empe-
radores, desde el tiempo de Augusto,
los libertos podían llegar á ser inGK-
Kuos por merced del principe, qae les
confería todos los derechos de eiuda-
daous romanos. Se les llamaba inob-
moa del César.
Ingenuo (Déciifo Lauo). Uno de
los usurpadores romanos conocidos con
el nombre de los treinta tiranos. Era
gobernador de la Panonia cuando el
emperador Valeriano partió para su
expedición á la Persia, dejando el go-
bierno & sn hijo Galieno. Por no obe-
decer á este príncipe, se vistió la púr-
pura j se proclamó emperador; pero
GalieDo, al saberlo, atravesó la Iiiria
7 derrotó al usurpador cerca de Mar-
sa, en el año de 230, desapareciendo
éste sin que pudiera saberse cómo
murió.
Ingeridamente. Adverbio de mo-
do. Entremetidamente.
EriuoLoafA. Ingerida j el sufijo ad-
verbial mente.
Ingeridor. Masculino. Abbidob,
nsTaja de ingertar.
Ingoridura. Femenino. La parte
por (^nde se ha ingertado el árbol.
Ingerir. Activo. Introducir una
cosa en otra, incorporándola eon ella.
I Metáfora, ^clair una cosa en otra
ueiendo mención de ella. | Recípro-
co. Entrometerse, introducirse en al-
guna dependencia ú negocio.
fimiOLOOÍa. Latín ingerifre, llevar
dentro; de in, en, dentro, sobre, j
gertre, llevar: italiano, ingeriré; fran-
cés, ingérer; catalán, ingerirse,
Ingertación. Femenino. Acción ó
efecto de ingertar. | Epoca en que se
ingerta.
Ingertador, ra. Masculino j fe-
menino. La persona que ingerta. ||
Adjetivo. Que sirve para ingertar,
Ingertar. Activo. Introducir una
púa verde de an árbol en el tronco ó
fama de otro árbol. Hay diferentes
modos da ingertar, y, según la di-
versidad de eHos, tienen varios nom-
bres; j así se dice: ikobrtar de ca-
natillo, de coronilla, de corteza, de
eaendete, de mesa, de pie de cabra,
«teéteia.
EriMOLoofA. Forma aumentativa de
ingerir.
Ingerto, ta. Participio pasivo irre-
gular de ingerir. | Masculino. Arbol
ingertado.
Ingesta. Femenino. Bigiene. Nom-
bre que se da á las materias introdu-
cidas por las vías digestivas, como
los alimentos, los ingredientes, las
bebidas necesarias á la digestión.
EniCOLOOÍA.. Latía ingesta, termina-
ción femenina de introduci-
do, participio pasivo de «K^tfr¿lr«, inge-
rir: francés, ingesta.
Ingestión. Masculino. Fisiología.
Absorción de un medicamento ó ali-
mento por la vía digestiva.
Etimolooía. Ingesta: latín, ingestto,
forma sustantiva abstracta de inget-
tas, llevado adentro; francés, ingestión.
Ingina. Femenino. Quijada.
Inglaterra. Femenino. Ge<^rafía,
Uno de los tres Estados diferentes de
que se compone en Buropa el Reino
Unido de la Gran Bretaña.
1. Noticias preliminare». — Este di-
latado pais insular parece haber iÍdo
separado del continente j dividido
por las irrupciones del Ociano polar,
cuyas aguas barrieron algunas veces
su superficie y trastornaron sus sel-
vas, convirtiéndolas en minas de hu-
lla y abundantes hornagueros. Estas
islas, que tan distinguido lugar ocu-
pan en la historia moderna, permane-
cieron ignoradas de los pueblos de la
antigüedad. Tomadas por los roma-
nos, fueron luego invadidas sucesiva-
mente por los sajones en 447, por los
daneses 6n 879 y 1012, y por los nor-
mandos en 1066. Esta tierra fría y
brumosa, conquistada siete veces por
los bárbaros; esclavizada por las leyes
romanas, sajonas, danesas y norman-
das; devastada durante siete largos
siglos por guerras feudales, dinásti-
cas, extranjeras, civiles y religiosas;
gobernada por cincuenta reyes, de
los cuales ninguno llegó á merecer el
nombre áe Justo, estaba sin duda des-
tinada por la Providencia á ser un día
la patria de uno de los más grandes
pueblos modernos, cuna de las liber-
tades civiles de Europa, modelo de
los gobiernos parlamentarios, funda-
dordel juicio por el jurado, t de cuyos
famosos puertos partieron los atrevi-
dos na vegantes que han fundado sobra
las orillas del Ganges un imperio tan
poderoso y extenso como el de los Cé-
sares romanos. Sus legisladores, sus
comerciantes é industriales han cons-
tituido el poder industrial, mercantil
y marítimo más grande de la tierra;
sus filósofos y sus inventores han
dado á la civilización europea los des-
cubrimientos más maravillosos. Los
pueblos contemporáneos le deben el
conocimiento déla gran fuerza motriz
que dirige la mecánica celeste, la in-
vención de la vacuna, del alumbrado
por el gas, los caminos de hierro y la
aplicación del vapor á las manufac-
turas, á los transportes y á la nave-
ga<*ióo. Patria de Baeon, de Newton,
ae Jenner y de James \Vatt, Inqla-
TBRRA ha adquirido legítimamente
INGL
101
por el portentoso genio de estos hom-
bres ilustres, títulos indisputables al
reconocimiento eterno de todas tas
naciones. Su libertad política; su ín-
I dustria, que han multiplicado las ri-
que/as de su suelo; su culto, que debe
I so principal fuerza al aislamiento de
toda influencia extranjera, han inspi-
rado á sus habitantes, según expre-
sión de Malte-Brun, ideas exclusi-
vistas, principios de egoísmo, que se
ha convenido en llamar espíritu na-
cional, los cuales han dado á la polí-
tica inglesa una dirección oblicua,
que hasta sus mismos aliados obser-
van con recelo. ¡Extraño y admirable
país, cuya fuerza, puramente arti-
ficial, como la de las máquinas ^ua
centuplican los productos de su in-
dustria, ha llegado á extenderse de
tal modo, que no se puede contem-
plar sin asombro el espectáculo de sn
poder formidable, que tanta influen-
cia ejerce en la bal anza del mundo!
¡Región sin igual, en donde el lujo y
el boato corren parejas con la mise-
ria; en donde la buena fe del indi-
viduo se encuentra en contradicción
flagrante con el sistema gubernamen-
tal, basado en las máximas de Ma-
qiiiavelo, y en donde el amor á la pa-
tria se ve afeado por la ruindad del
exclusivismo!
2. Geografía física. — Límites, La
Inolatbbba, propiamente dicha, está
limitada: al Norte, por la Escocia, de
la cual la separan una parte de la
corriente del Twed, los montes Che-
viot ^ el Liddel; al Este, por el mar
del Norte; al Sur, por la Mancha, y
al Oeste, por el canal de San Jorge y
mar de Irunda.
3. Situación oitronómica. — ^Bl terri-
torio comprendido en los expresados
límites, ocupa la parte meridional de
la isla denominada la Gran Bretaña,
y se extiende, con el de la Escocia,
en forma de triángulo, entre los
49* 57'-55' 49' de latitud septentrio-
nal y los 5' 25' Kste y los 3* Oeste
del meridiano de Madrid.
4. Extensión, — Los geógrafos la
evalúan en 408 kilómetros de largo,
400 de ancho j 1.080 de circunfe-
rencia.
5. Afareit islas y faros. — Los maret
que rodean las islas británicas son:
6Í del Norte, la Man 'ha, el canal de
Irlanda y el Océano .\tIántico, que
las ciñe por el Occidente. — Las Í$la$
situadas cerca de las costas de Inqla-
TBBRA, la de Wiglit, al Mediodía; las
Sorlingues, en número de 145, al
Sudoeste, y la de Man, al Occidente,
en el mar de Irlanda. — Entre la mul-
titud de faros principales que se ha-
llan en las costas, se distinguen, el
de Eddystone, colocado en la entrada
de la bahía de Plymuth; el de Tus-
car, sobre la costa de Wexford, en
Irlanda, cuyas luces rojas y blancas
se dittinguen desde más de 30 kiló-
metros de distancia: el de Bell-Bock,
cerca de Berwick, en Escocia, cu/os
movimientos rotatorios se perciben á
los 36 kilómetros, y el de la isla da
Lundy, en la embocadura del canal
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102 INGL
INOL
mat
de Brístol, cuyos TÍvísimos resplan-
dores se alcanzan desde los 40.
6^ Cosíast cabos, yolfot, bakUu y ea-
Mles.—hn» cosías orientales y meri-
dionalea se presentan menos cortadas
qne las occidentales, y miden sobre
2.000 millas, comprendidas las sinuo-
sidades.— Bstas ofrecen algunos eabot,
que Tienen i ser para la marina na-
cional como otros tantos puntos de re-
conocimiento: frente por frente de las
islas Sorlingues, avanza el de Land's-
End 6 Finisterre» el Bolerium Promon-
torium de los geág-rafos antiguos; al
Norte del Paso rie Calais se encuentran
los dos de Suth-Foreland j Nort-Fo-
reland* este üitimn en la entrada del
fólfo donde desagua el Támesis; el de
lamborugh, formado de rocas blan-
cas da 150 á 180 metros de elevación,
y el de San David ó David's-Kead, el
cual termina al Oeste el país de Ga-
les.— Entre loa golfos más considera-
bles deben citarse, al Oriente, el de
Wash, en el mar del Norte; que apa-
rece cubierto de agua en las altas ma-
reas» casi seco, en las b:ijas, y que es
muj peligroso á causa de las arenas
movibles; al Mediodía, el de Eteter;
en la costa oriental, loa de Murraj y
Dornoch, y en la opuesta, los de C\y-
de y Solwaj. — Las bahías más impor-
tantes llevan los nombres de Caernar-
vón T Cardigan. — Los canales, el de
San Jorge, cujas aguas lamen ellitoral
del condado de su nombre, al Oeste
del país de Üales, y el de Brístol, si-
taado al Oriente, en el mar de Irlan-
da, que baña el litoral Sur del conda-
do de Monmnth, la parte oriental del
de Qliieester y las costas septentrio-
nales de los de Sómmerset y Devón.
7. Montañas, ríos y lagos. — Las
montañas que ocupan el centro de Tn-
-olatbhra son numerosas, aunque
poco elevadas; 160 de éstas han sido
medidas porJámeson, Plajfair, Smith
y Conjrbeare, y su altura varía de 500
á l.OOO metros: todas ellis forman
una cadena de colinas con muchos pi-
cos ó crestas, la cual se ettiende des-
de el cabo Fintsterre hasta los montes
Cheviots, en una bngitud de 720
kilómetros, elevándose y ramificándo-
se en Escocia, en donde uno de sus
lámales toma el nombre de montes
(irampianos.— Casi todos los ríos de
¡MaLaTHRBA descienden de las monta-
ñas que atraviesan el país en su par-
te occidental; su número asciende á
325, y entre loa mñs caudalosos, se
cuentan: el Támesis (Thames), que
tiene su origen en los montes Cots-
wold; el Trent, que nace en el monte
•Stone; el Tav, que parte de Ben-Lho-
roond, y el Severo, que arranra del
monte Pljnlimmon: este último des-
emboca en el canal de Brístol; los tres
primeros, en el mar del Norte. Casi
todos se hallan unidos por numerosos
canales navegables, que ofrecen al
país un vasto sistema de comunica-
ción; las embocaduras de los más im-
portantes de aquellos ríos se encuen-
tran en las entradas de mar, formando
exedentes puertos. — Entre los lagos
d« major importancia, figuran el
de Derwent, que mide cerca de 4 ki-
lómetros de largo por 1 '/i de ancho; el
Winandermere, situado sobre el lími-
te de los condados de Lancáster y de
Westraoreland; el Ulliwater, el So-
liammere y el Ramsajmere.
8. Climaíoloffia. — En Inolatirrá
no se conocen esos calores y fríos ei>
tremados que se experimentan en los
países del continente situados en la
misma latitud: atemperadas las esta-
ciones más opuestas por las constan-
tes brisas del mar, la temperatura que
se disfruta es, por lo general, dulce,
templada, casi tibia. La excesiva hu-
medad del aire v de la tierra conser-
va en la vegetación una frescura y lo-
zanía que no se encuentran enninguna
de las otras comarcas. El fenómeno de
la lluvia tiene lugar en Tnolatbrba
bajo la influencia de todos los vientos,
y así debe naturalmente suceder,
puesto que la incesante evaporación
del mar es transportada allí por cada
fluctuación del aire, sea cual fuere
su direcci-ín. Ahora bien; la cantidad
de agua que anualmente desciende,
está calculada por los hidrógrafos
en 1.000 milímetros: 600 de éstos co-
rresponden á las estaciones de otoño
y del estío; pero como no se necesitan
más que 541 para el riego de los cam-
pos, resulta un sobrante de 59 milí-
metros, que retardan la madurez de
los vegetales j, principalmente, délos
frutos. El viento Oeste distribuje las
lluvias de una manera muj desigual
entre las dos costas opuestas de la
Gran Bretaña: en la oriental, se cuen-
tan sobre doscientos treinta dfas bue-
nos; en la occidental, ciento sesenta
solamente; en los parajes eombatidos
por los vientos borrascosos del Atlán-
tico, la excesiva humedad del clima,
favoreciendo la vegetaeión, viene á
ser para sus moradores causa perenne
(le numerosas enfermedades. Los mé-
dicos atribuven ¿aquella humedad la
frecuencia de la consunción, la cual
produce la cuarta parte da la mortali-
dad de Londres.
9. Ventajas y desreníajas de U silua-'
ción topográfica del territorio británico.
— Una situación insular, que contri-
buje á la seguridad del país j man-
tiene su independencia; la gran proxi-
midad de las regiones occidentales de
Kuropa, foco de la civilización mo-
derna; un clima templado por la ín-
Hnencia que ejerce el Océano sobre la
atmósfera; un suelo que hace fecundo
la tibia humedad del aire; un des-
arrollo de costas de más de 24.000 ki-
lómetros, qne facilita las comunica-
ciones comerciales j favorece la pesca;
grandes ríos que permiten á los bu-
ques internarse en el país; la multitud
de puertos qne ofrecen las costas en
toda la circunferencia de la Gran Bre-
taña y de Irlanda; laauaencia absolu-
ta de algunas de lasfalagas que desoían
á ciertas comarcas del continente, co-
mo los temblores de tierra, las sequías
V las inundaciones de insectos: tales
son, según M. Moreau de Jona?s, las
ventajas del territorio británico. He
aquí ahora, en opinión del mismo au-
tor, Bus principales desventajas: una
posición que somete lasprovinciasiep-
tentrionales á laínfluencia atmoifgriea
de las regiones boreales, y que priva
al país de los hermosos cultivos de
Europa, particularmente, del viñedo;
una inmensa extensión de tierras es-
tériles, como los arenales de Imola-
TERRA propiamente dicha, los panta-
nos de Irlanda, los matorrales de
Escocia y los terrenos cascajosos del
país dfl Gales; la falta de bosques j
de selvas, que, no obstante la abun-
dancia de las minas de bulla, ejerce
una influencia perniciosa en el estado
físico y social del país, j las copiosas
v frecuentes lluvias, ocasionadas por
la evaporación continua de los mares
que le circuyen. El clima* empero, si
bien húmedo, es bastante saludable,
especialmente en las comarcas del in-
terior, menoa expuestas que las marí-
timas £ las constantes brumas qne in-
vaden la atmósfera desde los primóos
días del mes de Noviembre; y la esta-
dística demuestra que haj en Ingla-
terra gentes tan robustas y de edad
tan avanrada como en los demás paí-
ses europeos.
1 0. Riqueza y clasijicaci 'n de los te-
rrenos,— Haj tres modos de poseer el
suelo de Ingcaterra: bajo el nombre
de free-held iteiiÁo franco) se designa
toda propiedad que pertenece por com-
pleto al que la ocupa, aunque lo sea
mediante una renta anual; el copy-hold
(arriendo temporal) es la pr opiedad
dependiente de alguna tierra feudal,
j sujeta á contribuciones en caso de
fallecimiento ó transferencia; se da,
por último, la denominación de leate-
\old (arriendo por contrato) á la pro-
piedad cuando el enfiteuta, terrate-
niente ó propietario, no la posee más
que por vida, ó por un término que
puede extenderse á algunos siglos. Or-
dinariamente, el verdadero propieta-
rio otorga el derecho de enajenación
mediante una renta. Según recientes
estadísticas, las dos séptimas partes
de los agricultores de la Gran Breta-
ña poseen el suelo que cultivan. El nú-
mero de éstos, en Inolatbkra y el
país de Gales, se evalúa en más de
20:K000; las rentas anuales de aque-
llas propiedades varían deade 40 scbe-
lines (48 pesetas próximamente) á
100.000 libras esterlinas (2.425.000
pesetas). En el Oeste, la propiedad se
halla más dividida que en eí Esta, en
donde el suelo ha sido acaparado por
los grandes arrendatarios. — La Imqla-
TEERA. propiamente dicha, y la Irlan-
da apenas cuenten 2.572 kilómetros
cuadrados de bosques j de selvas, ó
sea, sobre poco más ó menos, la vigé*
simaqtiinta parte de su superScíe; es,
sin disputa, el país menos poblado de
Europa. En cambio, las praderas j
aprovechamiento de hierbas ocupan
más de una tercera parte del suelo,
esto es, 24.2^8 kilómetros cuadrados;
las tierras cultivadas, 22.736, la ter-
cera parte de su superficie total. He
aquí la última estadística da Ingla-
terra, que nosotros conocemos, tal
cual aparece en los documentos pa-
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Uíetdo^ no htee mocho tiempo, por
el Oobierno británieo: tierras Udo-
nbles jr úrdiaes, 10.352.800 acres
(160 percDts cada uao); praderas,
pistos 7 aguazales, 15.379.200; bos-
ques j rarios pastos susceptibles de
coItiTo. 3,354.000: terrenos comple-
tinieateestériles,3.2o6.000.— Lacul-
tura del trJg^o ocupa anualmente so-
bre 1.500.000 hectáreas (3.040 kiló-
metros cuadrados, casi la undécima
parte de la superficie total); la d^l
centeno, 100.000 hectáreas; la de la
cebada, 900.000; las del trébol, coles
jotras verduras, 1,200.000; la del lú-
5010, 19.000; huertas, 29.000; semi-
enw, 6.6')0, Loa principalef bosques
son el de Wíndsor, cantado por Pope
j Dr/deu, j tos de Dean Sherwood.
11. Producciones. — I. Agricultura.
Bl laelo, montuoso j arenisco en Es-
cocia, j pantanoso en Inglatesba,
sólo se muestra fecundo en las llanu-
ntj en los ralles; pero el genio emi-
'jeatemente laborioso j activo de los
ingleses ha logrado vencerlos obstácu-
los naturales, j le hace producir toda
i-'lase de substancias alimenticias en
aajor cantidad de la que permiten
lu eondíciones del terreno, merced
lambían ¿ los progresos, cada vez más
notables, que en este país alcanza
:iqa8l importante ramo de la rique-
'A de los pueblos. Las haciendas más
ertiles son las de los condados de
Xorthnmberland, Norfolk, Sussex j
issex; el mejor trigo se cosecha en los
leKent, Su "ore, Rutland, Hertford,
Sssex, Henfnrd, Berks j Hamp. La
¡ebada constituía antiguamente U
base del alimeato de los campesinos:
íojr, sólo se emplea en el principá-
is de Gales, en Cumbetland y ea
Westmoreland. Las mavores cosechas
de patatas se hacen en los condados
leCbester, de Lancaster, de York, de
'Umberland, de Bssex j de Cornuai-
Ues; la cidra abu'ida en los del Me-
diodía j del Sudeste; las cerezas son
excelentes «n el de Kent. Las prin-
cipales producciones agrícolas con-
sistan en granos, patatas, legumbres,
'ratas, azafrán, lino, cíñamo j lúpu-
lo, con el cual se fabrica la cerveza.
— n, Ganaier'a. La mitad de las tie-
rras cultivables están reservadas para
pastos, que se de!;tinan á la cría de ga-
nados y mejora de las razas, que cons-
útu/en la riqueza territorial delNOLA-
raasA. Los caballo) ingleses, especial-
mente los de caza j carrera, son los
más estimados de toda Europa: de las
lem-ís especies se saca todo el partido
pasible, así de la carne como de la
■aanteca, sebo, queso j cueros que
proporcionan. Los carneros permaoe-
,:eD en el eamp> de día j de noche,
lurante casi todo el año, lo que aú-
nenla n itablemeute la finura de la
lana. Los estadistas ingleses no han
hecho t >davía, que nosotros sepamos,
an recuento exacto del ganado vacu-
no; pero todo induce á creer que pasan
de 6.000.000 de cabidas: el número de
los carneros de Ingl\tbbeia j del país
de Gales está calculado en 36.000.000.
E3 peso medio de un buejr es de 800
INGL
libras inglesas; el de un becerro, de
140; el de un carnero, de 80; el de un
cordero, de 40 & 50. Los cultivadores
j especuladores de Londres j de sus
cercanías sostienen sobre 12.000 va-
cas, cu va leche produce 800.000 libras
esterlinas (19.400.000 pesetas pró-
ximamente); en algunos condados se
cría una magnífica raza de cerdos,
cuyos jamones son objeto de un con-
siderable tráfico, — 111, Mineralogía.
Bi granito constituje la base de todas
las montañas que cruzan el territorio.
Los terrenos que las rodean son todos
ricos en minas de hierro, estaño, co-
bre, plomo j carbón de piedra. La pi-
zarra jr la hnlla son las dos produc-
ciones minerales de mayor importan-
cia de la Gran Bretaña. Las principa-
les hornagueras se hallan, al Norte, en
Mánchester, Newcastley Sunderland;
al Norte jal Noroeste, en Bírminghara ,
Chesterfield, Newcastle-under-Tine y
WBdnesbur_y;al Oeste, en Caermathen,
Deaoforest, Swansea v Tenbj; los de-
pósitos de hierro, al Norte, en Brad-
fort, Dalton, Newcastle, Rotherbam
y Sheffield; al Noroeste, en Bír-
mingham, Coalbrookdale y Wolver-
hampton; al Oeste, en Abergavennj,
Deanforest, Tjdwill y Neath. Las mi-
nas de plomo, al Norte, en Bakewell,
Allondale, Darlington, Richmond y
Stockton; al Norte j al Oeste, en Brís-
tol, Holjwell, Uold vWolverhampton;
al Sur, en Helston; las de estaño, al
Mediodía, en Bedruth, Anstel, Tavis-
toch, Helston, Truro y en las monta-
ñas de granito t de esquisto del Gor-
nuailles y del Devonshire (estas mi-
nas vienen explotándose desde hace
más de dos mil años). Las de cobre
se encuentran, al Sur, en Hawk's-
Head, Newcastle-under-Tine; al Sud-
oeste, en Aber-Conwajr, en la isla de
.\nglesej y Hol/well; al Oeste, en
Helston, Sent-Anstel, Sent-Just, Ta-
vistock, en el Devonshire v Cor-
nuailles. Kn ciertos parajes se en-
cuentran también algunas minas de
oro, plata, zin-; y antimonio. Los es-
Udistas evalúan en 240.000.000 de
pesetas la riqueza mineral de la Gran
Bretaña y de Irlanda. Las salinas más
abundantes están, al Norte, en Spa,
Button, Weterbv,Hor¡o\vg,ite,Leam-
nigton jMathocítjal Este, en Witham;
al Oeste, en Bath, Cheltenham, Gló-
cester y Hotwels; al Sur, en Tun-
briHge. — IV. Caza y anca. El ciervo,
el g.irno y el corzo sólo se encuentran
en los parques: los lobos y los osos
han sido casi por completo extermi-
nados; las aves acuáticas, la cigüeña
V varias clases de rapiña, particular-
mente el águila, son bastante nume-
rosas. La pesca es abundante, varia-
da y exquisita, especialmente las tru-
chas 7 los salmonesque se crían en los
lagos de Bscocia, los cuales constitu-
yen la riqueza más importante del
país.
12. Industria. — Por todas las cir-
cunstancias que dejamos expuestas, j
por diferentes razones puramente his-
tóricas, la lNaLATBHR\ debe ser con-
siderada como el pueblo más indus-
INGL
103
trial del mundo. Sin embargo, la su-
Seriorídad de su industria sólo data
e ochenta años á esta parte. La es-
tadística de los principales inventos
industriales hechos ó introducidos en
aquel país, demostrará lo que pueden
la energía y la actividad de un pue-
blo. La primera manufactura de vi-
drio fué establecida cerca dé Lon-
dres, en 1457, bajo el reinado de En-
rique VI; la hulla viene empleándose
como combustible desde el año 1307;
en 1588, se publicó en Londres el
primer diario ingles; los primeras ma-
nufacturas de seda datan de 1600;
en 1670, un francés importd en Inqla-
TBRSA el arte de estampar los tejidos
de algodán; en 1725, estableció New-
Comen la primera gran máquina de
vapor, llamada atmosférica; en 1738,
inventd John Wvat, ele Bírraingham,
otra ^ara hilar el algodón, la cual no
quedó realmente establecida hasta
1770; ocho años más tarde, dió á co-
nocer Crórapton la ^fnll•Jenny, má-
quina con la que se obtenía el núme-
ro 315 en la filatura del algodón;
James Watt, que en 1769 haliía ja
montado las primeras máquinas de
doble efecto, aplicó esta poderosa fuer-
za á la mecánica de las hilanderías;
en 1801, estableció TrvithicV las de
vapor de alta presión v locomotrices,
y en 1803 inventó Radcliffe otn me-
cánica con la cual se obtenía, á nn
mismo tiempo, el encadenamiento ó
ligadura j la trama de los tejidos.
Finalmente, en 1809, concedió el Par-
lamento á Cartwright una recompensa
de 250.000 francos para el perfeccio-
namiento de un telar movido por el
vapor; y en 1812, James Watt cons*-
trujó sobre el río Cljde el primer bu-
que de vapor que ha surcado las aguas
de la Gran Bretaña. No entra en nues-
tros propósitos hacer la historia de la
industria inglesa; sólo hemos (querido
indicar estos grandes descubrimien-
tos, porgue ellos han sido otros tantos
manantiales de la riqueza de un país
cuja actividad comercial ha venido
igualmente desarrollándose hasta el
más alto grado. — La industria britá-
nica abraza toda clase de manufactu-
ras, sobresaliendo singularmente en
las de algodón, quincallería, maqui-
naria, paños y otros tejidos, que se
transportan á las Indias orientales, á
Persia, á las Bscalas de Levante, á los
países del Norte, á España, Portugal
y á las Américas.
13. Comercio. — Como quiera que la
industria j el comercio de un país
marchan siempre en perfecto parale-
lismo, por la variedad v riqueza de la
industria inglesa ¡todrá fácilmen-
te deducirse la actividad t extensión
de su comercia. Este puede dividirse
en cuatro categorías bien distintas:
I.', mercancías importadas, que se in-
vierten en el consumo de las fábricas
ó de la población: 2.^ morcain'ias ¡mi-
portadas que quedan en depósit i para
ser luego transportadas ¿ oirus para-
jes; 3.*, mercancías exportadas, pro-
venientes de las manufacturas ó de la
agricultura del país; 4.% mercincíu
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104 INGL
INGL
INGL
exportadas proeedentss de lai colonias
6 del extranjero. — Las operaciones
mercantiles de Inol^tbrra están era-
luadas en más de 3.OU0.OO0.OO0 de
Sesetas anuales, no comprendidas Us
el tráfico exterior. Bste extraordina-
rio moTimiento está representado, se-
gún M. Moreau de Jonnes, por el flete
de más de 26.000 buques, aforados en
3.000.000 de tonelada8;Ios salarios de
200.000 marineros j de 7.000.000 de
iidustriales; los gastos de construc-
ción de 1.300 buques por año; el cré-
dito necesario para sostener una deuda
Íue ascendía no hace machos años á
9.000.000.000; j. por último, el sos-
tenimiento» para asegurar este comer-
cio inmenso, de una flota de 500 á 000
buques de guerra y armada de 8 1 . 000
hombres, que, en tiempos de paz,
cuestan ila nación sobre 300.000.000.
La importación j exportaciones con-
sisten principalmente en caballos, ga-
nados de todas especies, manteca, o ue-
so, espenna, carne, pescados salados,
cerveza, ron, tejidos de todas clases,
manufacturas de sombreros, zapatos,
curtidos, paños, armas, instrumentos
de todo g'inero, relojes, quincalla, jo-
yería, papel, colores, vinos j artículos
coloniales.
14. Vías de comunieacidn. — Contri-
burén también poderosamente á la en-
Tidiable prosperidad del comercio in-
flés la inmejorable posición geo^rá-
ca qae el país ocupa j la bcilidad
j expedición de las comunicaciones,
así terrestres como marítimas.— ^ous-
tituje las primeras una inmensa red
de ferrocarriles (raiUtayt) que tiene
por centro ¿ Londres; son éstas la del
Norte, la del Noroetíe, la del Oeste, la
del Sudoeste, la del Brighton, la de los
condados del Oriente y la de Cambrid-
ge, de las cuales se desprenden multi-
tud de ramales de consideración que
cruzan el territorio en todas direccio-
nes. FaTorecen las segundas infinidad
de canales, como el de Foríh, el de
Clyde, el Caledonio, el gran Tronco, el
que va de Leeds & Liverpool j otros;
los magníficos puertos de Lon 'res,
Brittol, Liverpool ^ Southampton, j
una numerosa marina mercante, pro-
tegida por otra de guerra que es, sin
disputa, la más formidable del mundo
y sólo tiene por rival la de los Esta-
dos Unidos en tiempo de guerra.
15. Arquitectura. — Los monumen-
tos más antiguos de la arquitectura
inglesa son las piedras druídicas 6
célticas, de formas variadas: se lla-
man menhirt (del céltico men, pie-
dra, é Air, larg^) ó peulvans (depeul,
f)ilar, j van, piedra) ciertos mono-
itos de forma prolongada, planta-
dos verticalmente en la tierra á una
profundidad bastante considerable, j
cuya altura sobre el nivel del suelo
varia, por lo general, de 2 á 10 me-
tros. Estas construcciones , elevadas
por los pueblos célticos, principal-
mente en las Galías y en la Gran
Bretaña, en una época que no se ha
podido precisar, han recibido en esta
última comarca el nombre de mensao
(piedras derechas), y ofrecen cierto
interés, si no bajo el punto de vista
del arte, al menos como testimonio de
una civilización todavía naciente. Va-
rios arqueólogos hacen remontar has-
ta la época ae loa bretones algunas
pequeñas fortalezas que se encuentran
en diferentes puntos del país v que se
cree hayan servido de residencia á sus
caudillos. Las primitivas edificacio-
nes civiles, en Inglaterra, fueron de
madera, de arcilla, de cañas ó de pie-
dras irregulares: las casas eran circu-
lares; los techos, de bálago ó paja, se
elevaban en figura de pirámide y pre-
sentaban una abertura, que servía de
chimenea, por donde penetraba la
claridad. Los romanos no llegaron á
construir más que malecones y muros
fortificados, destinados á atajar las
correrías de los caledonios. Desde la
conquista romana hasta la de los nor-
mandos, los anglo-sajones emplearon
frecuentemente á los artistas france-
ses para la construcción de sus igle-
sias y monasterios; el convento de
Weremuth y la catedral de Hexham
fueron levantándose en el siglo vii por
obreros del continente. La ornamen-
tación ofrecía por entonces una mez-
cla confusa y utntástica de figuras de
animales. Los an^lo-sajones no han
tenido nunca arquitectura propia, por
mis que se haya introducido en la
lengua de las artes la denominación
de estilo ssj-'n, — Los normandos im-
portaron efestilo grosero de la arqui-
tectura romano-bizantina, que toda-
vía se observa en las catedrales de
GlÓcester, de Durham, de Bxeter, de
Peterborugh, de Santa Cruz, cerca de
Wínchester.y delPriorato deBotholp,
pertenecientes á la misma época. Como
obra de arquitectura militar, puede
citarse el Torreón blanco de la Torre
de Londres. La ojiva ó arco diagonal
en la bóveda gótica, vino, como en
Occidente, aunque un poco más tarde,
£ reemplazar la cimbra, siendo intro-
ducido por el obispo de Winchester,
Enrique de Blois, hermano del rey
Esteban, Bajo el mando de Enrique II,
el estilo ojival quedó definitivamente
establecido, pasando de la forma m&s
sencilla ála más complicada en el si-
glo xir. El número de los edificios re-
ligiosos levantados desde el siglo xin
al XV es considerable; sólo bajo el
reinado de Enrique III se han con-
tado hasta 157, Efntre los más nota-
bles, figuran la catedral de York, la
de Cantorbery, la de Salisbury, la de
Lincoln, la de Lichfíeld, de Wells,
de Winchester, de Chíchester y el
monasterio de Wéstminster. La ar-
quitectura militar sigue las mismas
ñises; la civil ofrece el palacio de
WindsoT y el gran salón del palacio
de Eduardo llf, en Wéstminster, con-
siderados como dos notabilísimos mo-
delos. El estilo ojival inglés presen-
ta dos caracteres que le son propios:
1.*, los cruceros de las ventanas, que
suben rectos hasta la bóveda prin-
cipal, de donde tomó el nombre de
perpendicular, que le han dado algu-
nos arqueólogos; 2.", las bóvedas
cuadradas que se hallan en cierto nú-
mero de iglesíair. En general, elutllo
gótico se ha bastardeado en Iwll-
tbhra: los edificios son más gr<weios
y se hallan más recabados de ador-
nos que en el continente; en lugar de
las elegantes capillas abovedadas, que
se encuentran en los templos france-
ses, sólo se ve en el fondo de la nave
una capilla alumbrada por una venta-
na enorme; las naves son largas y bt'
jas; las torres, cuadradas y guarneci-
das de almenas, que le dan todo el
aspecto de las torres almenadas de
los castillos feudales. La decadencia
se anuncia por el estilo amanerado y
exuberante que se llama de lo$ JV-
dors, el cual consiste en una mezcla
singular de los caracteres del estilo
gótico con las formas del Renacimien-
to. La desaparición del género gótico
se ha atribuido sin fundamento al
cambio da religión de los ingleses,
siendo as! que fué ocasionada por la
reforma que, en el arte arquitectóni-
co, se produjo en Italia y que penetró
en Inqlatbrra más tarde que en los
otros países. Los monumentos mis
curiosos del estilo de los Tudors, son
el palacio de Richmond, construido
por Enrique VII; el de Hamptors-
yi el monasterio de Wést-
minster, antes citado, la capiWi lla-
mada de Enrique V'III. El estilo clá-
sico acabó por generalizarse en Ihola-
TBRRA, y los colonos ^reco-romanos
prescindieron en absoluto de loa ador-
nos flamígeros de la olÍTa. Jaime I
hizo edificar por Iñigo Jones el pala-
cio de Whíte-Hall; el mismo arqui-
tecto levantó la galería de Sommerset-
Huse, la iglesia de San Pablo en Co-
vent-Garden, y la casa real de Greín-
wich, hojr hospital de los invilidos
de la marina. La arquitectura, aban-
donada bajo los gobiernos respectivos
de Carlos! y la república, na volvió
á remontar su vuelo hasta después de
la restauración de los Estuardos.
Cristóbal Wren, i consecuencia del
incendio de Londres, ea 1666, propu-
so un plan general de reconstrucción,
conservando el eatilo francés en la
mayor parte de sus edificaciones. Bajo
U dirección da este artista se levanta-
ron U iglesia de San Pablo, bajo el
modelo de la de San Pedro, en Roma;
la de San Esteban, el Theatrum de
Oxford y el hospital de Chelsea. En-
tre los arquitectos contemporáneos de
Wren, se citan á James Gibbs, que
construyó los templos de San Martin
y de Santa María, en Londres^ i Ni-
colás Hanksmoor, q^ue trabajó en los
castillos de Blenheim y de Howard;
á Tomás Archer, á quien se debe la
iglesia de San Juan, en Wéstminster;
á Juan James, que edificó la de Green-
wich y la da San Lucas, en Middlesex;
i Fliteroft y é Taiman, arquitectos
respectivamente de Woburn-Abbey y
del palacio de Chata .vorth. John Van-
brugh, pintor arquitecto ñ la vei,
empleó el estilo del Renacimiento,
descargándole de los adornos capri-
chosos que le distinguen en otros
países: sus construcciones civiles son
grossraa y prueban que no compren-
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INGL
dfi It belldz» de lu prdporcionAt 7
d« lo» detalles, así eorao U distribu-
día de U luz 7 de la sombra. Los
grandes señores del sigilo xviii hteie-
con restanrat sus castillos feudales,
j los arquitectos se TÍeron entonoes
obligados á estudiar el estilo, con el
objet'> de imprimir á aquellas cons-
trucciones el carácter propio de la
época; pero resultó una escuela de es-
tilas diferentes, que da ,á la arquitec-
tura inglesa cierto- viso de singula-
ridad extravagante. Por esta misma
época se operó una revolución, pro-
vocada por la publicación de la obra
de Rerett j James Bstuart> sobra los
monumentos de la antigua Grecia, en
virtud de lo cual desapareció casi del
todo el estila del Renacimiento, sin
que fuera reemplazado por otro oiigi-
nal. La imitación de la arquitectura
griega prevalecii por fin después de
Hte liempó; los ingleses sé apresura-
ron á reunir los dtbajos de todas las
eoostrucciones de aquella proceden-
cia, j hoy poseen las mejores colec-
ciones que existep de las obras anti-
guas, las cuales reproducen en sus
espléndidas publicaciones, Bl descur-
brüniento. de las ruinas de Pompeja
J dfl.Heroulaoo ha venido- á aumentar
esta jnsi m de los iof Uses por lo an-
tiguo. Algunas sociedades sabias iija-
rofi igualmente su atención en el arte
gótico; Jobo Cárter, Britton, Piigin
j otros artistas han pablieadp al efecr
tQ varios trabajos mu7 importantes,
7.Sn la actualidad» no sólo se restau-
ran los antiguos montt.me&fe», sino
que se imitan oon perfección. Entre
los grandes trabas moderaos, «e ci-
tan el puente de Waterloo, uno de los
más notables del mundo, j el famoso
túnel que pasa por debajojdel Táme-
sis, construido por el arquitecto fran-
cés Brunel, .Los ingleses se distin-
goeo f>or la valentía de sus obras de
fuadíción, de las cuales dieron una
brillante prueba en la ereccíjn del
palacio de la Exposición universal de
Londres en 1851, denominado Crtttal
Paket, transportado después á S7-
deaham.— Pueden verse Areheoloffia
&ritaȖica, obra publicada por la so-
ciedad de los anticuarios de Lon-
dres, 1770; Ducarel, ÁntífftedaeUs om-
glfh-tajonM, traducida al francés por
LéeliaBdé d'Anisj; Strutt, Áníi^uiíief
0/ SmgUnd, traducida al francés por
BoulHrd; W. R07, The militar^ aníi~
quUies oftKe Romans i* Britain, Lon-
dres, 1793; Iw. King. Monumenta a«-
'íyaa, 1799-1806; Storer, Áníiguariam
líinerary, Londres, 1815-18; Pugin,
Soecime» of Gothie architecture, 1821;
Ckronole^icalandhistoricalillMtrations
of ike ancUnt architecture of &Teat-
Brtíai», Londres, 1820-25; J. Cárter,
The aucient architecture of England,
1 «líó-1816; Dallwa^, Eft^Uth archiiec-
Ure, Landres, 1840; Uugdale v Bilis,
^oaatíicoñ GaUicannm, 1817-30.
It), j?«¿s//W(i.— Bste arte no llegó ¡
nunca á florecer entre los ing-leses. I
L"S antiguos bretonas, pooo hábiles
<D tji reproduecióa de las imágenes
dejiiunbres 7 de animales, esculpían
INGL
adornos de diferentes géneros sn sus
carros de guerra. Los romanos lleva-
ron i iNOLaTBRRA Us estatuas da sus
dioses 7 de sus grandes hombres; pero
fueron destruías por los eristianos,
los ealedonios 7 los daneses. Sólo un
modelo de escultura resta de los an-
glo-sajonea: el cuerno de Ulphus, oon-
servado en Tork. Después de la con-
quista normanda, las obras más no-
tables fueron ejecutadas por artistas
extranjeros: tales son, entre otras, la
urna de Eduardo el Confetor^ del es-
cultor romano Pedro Cavalini, coloca-
da en la iglesia de Wést ninster; las
esculturas de los templos de Cantor-
ber7, de Oroviand, de lor':. de Wear-
mouth 7 de EI7. Hasta el siglo xiii no
empezó la-escultura inglesa á produ-
cir obras estimables; pero sólo como
auxiliar de la arquitectura, eu70s mo-
numentos decoraba. Los trastornos
provocados por la herejía de Wiclsff
7 la guerra de las Dot Sota», detu-
vieron estos primeros progresos del
arte escultural. En tiempos del Rena-
cimiento llegó de Italia un artista
distinguido, Torregiano, el cual hizo
dos obras maestras: el sepulcro de
Enrique VII j el de su madre Marga-
rita, condesa de Ricfamond. A. esta
misma época perteuece el túmulo de
lad7 Isabel Busall, que se ve en el
monasterio de Wéstminster, obra de
un autor desconocido. Después de la
restauración de los.Estuardos, produ-
jo lNai.AT8RU dos escultores nota-
bles: Gibbons, que sobresalió ei^ el
trabajo en madera, 7 Gibber, autor do
las estatuas de la Demencia, que ador-
nan el vestíbulo del hospital de Bed-
lam. En el siglo xvxii ejecutó Fraa-
cis Bird algunos bajo relieves en el
monasterio de Wéstminster; el fran-
cés Roubilliae, discípulo de Coustou,
las estatuas de la Elocuencia 7 de
IVewUm; 7 el flamenco R7sbrack, los
monumentos de Newton, de Prior,
del almiranto Vernon 7 un Bérculei,
cuva cabeza ha sido copiada de la del
Hercules Farnesio. En general, los
artistas ingleses se han distinguido
más en la escultura de ornamentación
que en la estatuaria. Los bustos, las
estatuas ó los grupos de Westmacolt,
de Rossi, de Barr7, de Hacdonald,
de Wvat, de NoUekens, de Carew 7
de West, gozan de una reputación
merecida.
17. Grabado. — Los grabadores in-
gleses empezaron á darse á conocer
en los siglos xvi 7 xvii, siguiendo la
misma senda trazada por los artistas
de las demás nacioties. Strange imi-
tó á Laurent Cars; Vivares 7 Voolet
tomaron la forma de Le Bas; pero
unos 7 otros sobrepujaron á sus maes-
tros, 7 Voolet, partitiularmente, hizo
granaes7nobles esfuerzos eo el mane-
ja del buril. La escuela ingUsa alcan-
zó UQ erando éxito en el grabado de
animales; 7 las láminas ó planchas de
Landseer son, en este género, verda-
deras obras maestras. Por lo que toca
al estilo elevado, iNaLATiíBBA. no ha
dejado modelos dignos de estudio,
por cu7a razón se debe suponer que
IN&L
103
no se hsllaba en armonía con el genio '
particular de los ingleses, más práe-.
tico ^ue imaginativo, más sólido que
estético. . . , ;
18. Pistara.— Este sublime, arte
vino desarrollándose con lentitud, ca-
si con pereza, entre los ingleses: has-
ta el siglo XVI no se conocen más que
las iluminaciones de los manuscritos
7 algunos frescos groseros eu las pa-
redes de las iglesias 7 de los castillos.
Los monumentos más antiguos son el
LViro de Darahm, el Eeati^elio de San
Cuíhbert, el Ziira de San' EtheUpald.j .
diversas miniaturas de San Dunstán-,
en la Bibliotoea bodleinae. La Refor-
ma destrujró la ma7or parte de las pin-
turas religiosas. A la aparición de al-
gunos extranjeros débese el que el
arte inglés alcanzara cierto brillo des*
Bués de esta época: Mabuse, Gerardo,
iorenbottt 7 Holbein florecieron en la
corte de Enrique VIH; Antonio Moor,
bajo el gobierno de María Tudor; Zuc-
chero, Lucas de Heere 7 Cornelio Ka-
tel durante el reinado de Elísabetb. El
retrato era entonces el género de mo-
da, j dos ingleses, Hilfiard 7 Olíver,
se conquistaron cierta reputación al
lado de los artistas extranjeros. Jaco-
bo I llamó igualmente álNaLA.TBRBA.al
holandés Mjtens; Carlos I, apasiona-
do por la |>intura, que él mismo culti-
vaba, llevo á su corte á Rubens, i Van-
D7ck, Diepenbeck.Gentileschi 7 Juan
Petitot; adquirió algunas pinturas dt
Rafael 7 reunió una preciosa colec-
ción de cuadros. Bl retratista Jorge
Jámeson, qne practicó su arto en Es-
cocia, fué discípulo de Rubens; W.
Dobson 7 Roberto Walker se forma-
ron con el estudio de las obras de
Van-D7ck. Por estos tiempos, la mi-
niatura alcanzaba notable perfección
en las hábiles .-manos de John Hos-
kins 7 de Samuel Coopar. La influen-
cia del partido de los puritanos, du-
rante la revolución de iNaLJkTBBRA,,
fué tan funesta para la pintura como
lo había sido antes el triunfo de la Re-
firma: á los ojos de esto partido, las
artes, como la literatura, eran obrado
Satanás, basta el punto de que el
Parlamento iar^ hízo vender los cua-
dros 7 las estatuas del palacio de
White-Hall. Después da 1» restaura-
ción de los {Gstuardos, dos extranje-
ros, Peter h^lj 7 Gk)ttfried 7 Kneller,
devolvieron á la pintura de retrato su
antiguo brillo; adornáronse de frescos
la mH7or parte de los edificios, en los
quA alcanzaron gran renombre dos ex-
tranjeros, Verrio 7 Laguerre. La pin-
tura de historia en iNaLATüBBa tuvo
su origen en los primeros aúos del si-
glo xviii; pero toda ella se reducía
sencillamente á escenas mitológicas 7
alegorías faltas de gusto, 7 si excep*
tuamos á James Thornhiíl, que la dió
.-ilgún impulso con sus pinturas de
San Pablo, en Londres, del palacio de
Bleinheim 7 de la. sala de armas en
Green-Wich, no tuvo escuela ni su-
cesores. W. Hogarth fué el pri mer pin-
tor verdaderamento original ^ue pro-
dujo iNQLATBRBa, el cusl croo la cari-
(■atura de su país, sobresalió eu la sá-
TOMO III
M
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106 INGL
INGL
INGL
tin dsUs eostúmbrei d« au tiempo j
de loa Tietos iahenntM i U humani-
dtd; imprimió i lapiatura ciarU tea-
tencia & ezpniar eiacUmente la na-
turaleza ^ue la earacteriza, y grabó
una in6aidad de obraa muj estima-
dai de los inteligentes. Después de
Hogarth, Joshua Rejrnolds, aunqae
debía su celebridad al retrato princi-
palmente, se empeñó en dar impulso
a la gran piatura j ensalzó en sos es -
critos el mérito de los maestros italia-
nos, que él mismo había estudiado.
Todos los esfuerzos ^ue se hicieron en
esteeénero fueron inútiles, por más
que los grandes señores formaban ri-
cas galerías de cuadros; faltaba & la
pintura de historia la protección y el
auxilio del GolñeniOt qne no eneomen-
daba grandes trabajos, j loa artistas
tenían (^ue sigetar su genio á las con-
Tenieneias j á loa caprichos da los
particulares, mientras que el clero an-
glicano hacía una oposición tenaz á la
pintura decorativa de los monumen-
tos religiosos. Rejoolds encontró dig-
nísimos rí rales en los retratisus Alian
Ramsaj^ y Jorge Romnej, en Tomás
Gaínsborough paisista j pintor de
animales, T, principalmente, en Ri-
cardo Wilson, imitador de Claudio
Lorxain. Benjamín West, que le reem-
plazó en la presidencia de la Acade-
mia Real de Bellas Artes de Londres,
fué menos notable por sus obras t^ue
por la organización de las expoaicto-
nes da pintaras. Barrj, Opie,NorÍhco-
te, Wn^ht, Coplej y damáá pintoras
de la misma época, tienen mis ó me-
nos calor é imaginación; pero todos
pecan por la debilidad del dibujo j la
exageración de lo heroico j délo pa-
tético. Lotttherbourg se conquistó un
lugar distinguido como pintor de
marinas, y G. Morland trato los asun-
tos de la vida común al estilo flamen-
co. Por último, U pintura sobre vi-
drio tomó nuevo vuelo, gracias á los
trabajos de Jarvis y de Bginton, y
R« Barker cultivó con éxito la pintura
de panorama. Bn el presente siglo no
faltan artistas en Ihoutbrra. La re-
volución operada por David, en Fran-
cia, en la pintura de historia, apenas
ha ejercido influencia sobre los ingle-
ses: Westall es quien mejor ha imita-
do los efectos teatrales y el estilo atil-
dado y pulido del artista francés. En
Bo^dell. Hilton, Ettj, Briggs, Sto-
tliard y otros hay más independencia;
John Martín ha sabido crearse una
escuela con sus composiciones colo-
sales; pero Danby, imitador de su es-
tilo, apenas ha llamado la atención.
Entrelos retratistas, figuran Tomás
Lawrence, John Jackson, Jorge Dawe,
Th. Philipps, A. See, H. ^oward,
W. Beechey. James Ward. R. Ro-
thwell, Pickersgill y W. Hobday; en-
tre los p lísistas más notables. Consta-
ble, Colliiis, Lee, Glover y Calcott;
entre los acuarelistas, género que ha
tomado prodigioso desarrollo, deben
citarse á Wild, Prout, Robson, Essex
y Nash, y finalmente, entre los mi-
niaturistas se distinguen Engleheart,
Harding, Newton, Roberston, Douglas
y Davis. — Véanse H. Walpole, Ame-
dota of painUf^ i% Sngla»d; J. Cár-
ter, ^mi«n¿ paintins and tcul^turs in
ffn^Und, Londres, 1837-1838, y L. de
Pesquidoux, Jícóle anútais*. París,
im.
19. Mútica, — Loa primitivos habi-
tantes de la Gran Bretafla tenían un
gusto muy pronunciadjo por la músi-
ca*, los bardos, poetas y músicos á U
vez, llegaron á sar muy eatimados por
los jefos de tribu, y sus cantos, llanos
de impetuosidad ó de ana melancolía
salvaje, tenían el doble privilegio de
excitar y de aplacar el furor de los
combates. Guando los bratonesj hu-
yendo de ta invasión de los sajcNies y
de los ingleses, se retiraron al país de
Gales, instituyeron allí anualmente
las fiestas musieiúea (StitMÍimod);
fij-íionae las r^laa da k poesía y ae
la música y se concedinon recompen-
sas á los más hábiles. Esta tradición
se perpetuó hasta fines del siglo xui,
época en que Eduardo 1 sometió i los
habitantes de aquel país é hizo pasar
á cuchillo á los bardos. Esto no obs-
tante, el EisUddwood fué restablecido
en tiempos de Enrique VII y protegi-
do después p^r Enrique VIII y Elísa-
beth, viéndose con frecuencia en nuea*
tros días á ciertos cantores, agrupados
al rededor de un tocador de arpa, im-
provisar vwsos ó oantar femmiit (ea-
trofas antiguas). Loa sajottes introdup
jeron e6n ellos otnn cantos, enjro ca-
rácter contrastaba eon U máma da
las tribus célticas; sus airea naciona-
les se distinguían por la energía y la
sencillez. Después de la eonveraióm de
los anglo-sajones al cristianismo, el
canto gregoriano fue adoptado en las
iglesias, y los monjes abrieron escue-
las para la enseñanza de la música
eclesiástica; pero se tes aenaa de ha-
ber hecho desaparecer todaa las can-
ciones profanas de los nuevos conver-
tidos, de las cuales no queda, en efec-
to, la menor señal. La imperfección
del sistema y de la notación musical
era tal en aquella época, que loa estu-
dios no duraban menos de diez años.
El óigano ae generalizó en Imolatb-
RBA, mucho tiempo antes que eu Fran*
cía. El rey Alfredo el Grande tocaba
el arpa con maestría, y fundó, en 886,
una cátedra de música en la univer-
sidad de Oxford, sin qne la invasión
normanda consiguiese ahogar estos
primer'» progresos del arte. En la
batalla de Bastings.el músico ambu-
lante Taillefer entonó, á la cabeza del
ejército de Guillermo el Battardo, la
famosa canción de Rolando. En el si-
glo XIII, un monje de Evesham, Wal-
ter Odington, escribió un interesante
tratado sobre la música de sus tiem-
pos, y en él se ve que las notas del
diapasón se designaban por las siete
primeras letras del alfíibeto; que el
solfeo se practicaba en iNOLATaRRA
según el método de Guido de Are.^zo,
y que allí se conocía el espacio musi-
I cal de cinco líneas, la distinción de
las largas y de las brevet en el canto
llano, ta división de los tonos y hasta
. el empleo de la apoyatura. Del tiempo
de loa mdaieoa ambulantes se han eanp
servado algunos eantoa eelesiáatiooa^
ai bien los profknos han desaparecida
por completo, pues el más antiguo
2ue se posea fuó escrito oon motive
e la batalla de Aziocoart, en 1415.
Los instrumentoa de música que se
usaron en Iholatebba hasta el li-
flo xH, fueron: el arpa, una eapecie
e violón de cinco cuerdaSr el eiitra,
el oboe, la zarapofia, el caramillo, la
flauta, el clarinete, la trompeta, el
tamb-ir y el címbalo; las obras de
Chaucer mencionaa aidem.áa 1» violn,
la gaita, el salterio, el laúd y la gui-
tarra. No sa conoce la época ea qaa
los signos actuales de 1» noteoión mu*
sícal fueron introdueido» «n Ikola-
Tsana. Tomás da Walain|^m (sin-
glo XV) meañeon «inoo aignoa qM
se usaban en sa tiamj^ b iHÚnsM, Ka
¿arya, la hrete, ta imthne y k aMÍit-
ffw. El modelo máa antiguo da música
impreaa ae eneuantra ea el Po^ciro-
nicón de Ralph Higden ^Wéstaaiits-
ter, 1495)^ Existas •émaia doa coleo-
oionea de mú«ea inglesa, eampoaata
en el siglo zv: ana de eUa«, eoatiene
los airea que ae atribuyen i W. de
Pewark, Sheriogham y Turgea (aUb-
sicos de Enrique VI); Tutor ó Tudor,
Banester, Browne, Ricardo, INivy y
Cornyshe (músicos de la eapUla de
Enrique VII),y Phelyppes y Faiitfcx,
eompomtores muy conocidos e» el dfai;
an la otra, eonaervada an la aaoaaU da
máaia d« Oxford, ae encuentran ha
composiciones religiosas de Tavamer,
Avery Burton, Kafar, Hueh Ashtoa,
Th. Aahwell, J. Norman, J. Shephard
y Tye. Kirique VIH compuso algu-
nas piezas sagradas y profanas, que
muestran cierta instrucción en el con-
trapunto.—En la reforma litúrgica,
que se operó bajo el gobierno de
Eduardo VI, suprimiéronse los him-
nos á la Virgen y á los santos, y se
tradujeron al inglés loa salmos de
David para adaptarlos al antigno can-
to gregoriano. En cuanto á la música
pro ana, hallábase casi completamen-
te abandonada euando, en 1588, pu-
blicó Bird una colección da madriga-
les eoB acompañamiento' da espineb,
importados de Italia, cuyo género fué
cultivado con algún éxito por Weel-
kes, Kirbye, WiTbye, Murley, Dow-
land y Bennet. El laúd y la viola eran
entonces, con la espineta, los princi-
pales instrumentos de la músiea de
cámara, para los cuales se escribían
algunas pie:cas en estilo {ygato, duro
y grave, pero bien entendió). Duran-
te la comida de la reina Bliaabeth, se
cjecutabau singulares conciertos eon
trompetas, timbales, pífanos, cometas
y tambores. A este reinado se hace
remontar la introducción da la músi-
ea en las representaciones dramáticas:
los violones se dejaban oir antes del
primar acto; las cornetas, antes del
segundo; las flautas, antes del tercero;
los oboes, antes del cuarto, y los tam-
bores, antes del quinto. Pocos serán
los dramas de Shakespeare en que no
se encuentren algunas piezas de can-
to. La revolución de Inulatbbba fué
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mt
lón más faaeste qa« U Reforma pan
el arte muiícal, puesto qae Im igle-
nas fueron despojacks, la música la-
pada prohibida» loa órganos des-
truidos T los teatros eerredos. Des-
pués de la restaurMÍ.Sn d« los Situar-
dos,qaedd restaHeeido el senieio ^e
la eapIU nal; se agregó ana banda
d» 24 riolones i la eorte de Carlos ti;
inatitnjréxonse eoneiertos públicos, se
ioaoguro en Londres una ópera ita-
liana oa el teatro Haj-Market, r aúlo
•Dtonees erapetó i (jamarse realmen-
te alguna idea del arte del canto. Bn-
ríqne Pureell, Hnmpliraj ^ Qibbous
fueron los compositores mas notables
de su tiemp'>. Al lado de la ópera ita-
liana se abrieron otros teatros Ifrieoi:
eu Drorj-Lane j en CeTent*Garden,
se representaron algunas operetas in-
glesas, análogas «las óperas eómi-
cas franeesas; pero este nuevo género
aleansó eoita rida, pues la alta socit-
dad lo abandonó por la dpera italiaaa
T él pueblo sólo gastaba da tns ne-
lodiaa nacionales. Bn iNOLATsmA
eiisten boT muchas asociaciones im-
portantes: ios cantantes y los instro-
meotistas se reúnen en gran número
para hacer oir las obsas de los gran-
des maestros; pero la ejecución, grava
j UH^eataosa, notable por el oonjanto
,v la precisión, conserra siempre al-
gima frialdad j carece de ese primo-
rose ana, de eia delieadesa de grada-
dones que se admira en otros países.
Bn resaoaen: iMOLBTaaBA, mjo el
punto d« vista del arle musical, se
halla maj distante de los países del
eootioente. Esto no obstante, ha pro-
ducido Tanas ohw de mérito, entra
la* qae sa citan: Una wifrorfascMfa <tt
Uwi$ie* wrécíiea, por Th. Morley,
Londres, 1597; Prmñpiot de wtitica,
por Ob. BnÜer, 1636;^^ loiprinci'
fiotMiunUe$iUlaarmimía, par W. Hol-
der, 14S94; ffitíoria genétal dt i» wiá-
nos.porHa^ns, 1778.
20. LnfM. — La lengua iaglesa,
tal cual se habla j se escriba en nues-
tros días, tuvo por elementos: el o//-
tia, idioma primitivo de los pueblos
ochentales; el teutónico 6 germánico,
intndneido en la Oran Bretaüa en el
siglo Tpor loo angl'>aa]ooes, j el «er-
«We ó franeés mixto, que iñUaban
«n d siglo xt QniUertto el CmuútO'
(hrjtút compañeros. Paede decirse
qae el inglés actual se compone de
ona tareera oarte, 6 ftoM menos, de
palabni gálicas ó eéUieas, de otra
tereeia parte de palabras sajonas ó
aleannas, de nn gran número de vo-
cablos franceses j de ciertas voces la-
tieas, qae no ban quedado en el idío-
na francés. La lengua de los anglo-
sejeses, qne estavo en aso durante
Mis siglos en todo el país, excepto en
«1 Curaberlaad, los países de Gales j
deComuailles, en donde la población
pRmitivs había buscado un refugio
oontia la invasión gemánioa, no<&s-
■paieeió por completo hasta nn siglo
étspoés da la conquista normanda.
Viciada per asta conquista^ que aban-
^Maado «a aso i laa clases inferiores
Mastrananta, dió la preferencia ála i
IIÍGL
ló:
lengua francesa, resistió, sin embar- 1 ie, el uso de la inversión y de la elip-
gO) J se enriqaeeiódeexpresionesnae- sis, sobre todo en la poesía. Paro el
Tas, de giros felices y de cierta el»- desarrollo de la nueva forma de len-
g«ncia y energía, de qne no habría ffua fué tan lento, tan p^raduado« que
sido susceptible sin el auitlio de un la dificultad de lle^r a una solución
nuevo elemento. ¿Bn qué época deberá cualquiera quedó ca«i la misma, pues-
-fijarselafbrmaciondela lengua ingle-
sad cHaeia 1130, dice al Dr. Johnajn,
el ansio-sajón tomd una forma en la
cual distinguíanse ja los primeros ele-
mentos de fa lengua in^^Iesa actual; la
introducción del nuevo idioma no fué,
G<»no ^neralmente se cree, el efecto
inmediato de la oonquíata, viato el
corto número de palabras francesas
que se encuentran mezcladas en la
lengua hablada ó ascriu durante todo
el siglo último.» Importa no olvi-
dar que en 1042, bajo el reinado de
Bduardo el Couftgtr, que había pasa-
do Teiotisiete afios en su destierro de
Normandfa, la lengna francesa no era
eompletamenta eatrafia en la eorte de
to qae las composiciones liteñríai
de aquella época pueden pasar por las
últimas producciones de la lengua
madre^ ó por los primeros frutos de
la que se le da por hija. Desesperan-
zados de determinar la causa, los me-
jores maestros modernos han conclui-
do por introducir, en sus tratados
sobre la vieja lengua, la palabra fran-
cesa temisaj0¡t(í, para expresar este
estado miito v todo lo que ha apare-
cido desde 1150 a 1250. Podría aún
añadirse que el idioma inglés no llegó
i hacerse popular hasta los tiempos
de Chaueer (1328), que fué quizás el
hombre que más eficazmente contri-
bajó á la formación de la lengua.
este monarca, y no es de extrañar que Durante el tiempo transcurrido desde
eiertos autores bajan colocado la apa- la conquista (1069) basta mediados
rieión da la lengua inglesa en una del siglo xiii, fueron uniéndose los
época anterior á la que le han asigna- ' .-
Johnson, Bilis, Hallam j Camp-
bdl, entre otros. Sin embargo de que,
después de la conquista,» lengua
priiaitíva no volvió á aparecer en los
actos públicos j en la sociedad de las
clases superiores, enouéntransa toda-
vía algunos escritos en prosa awlo-
aajona, hacia el reinado del rej £te-
normandos y las razas pritníU vas pau-
latinamente hasta confundir sus inte-
reses j sos sentimientos. A medida
que la seguridad y el bienestar iban
consolidándose, reanimábase la poe-
sía nativa, j loa poetas, traduciendo ó
imitando las baladas normandas, los
cuentos y los romanees de los trova-
dores franceses, enriquecieron la len-
ban (1135). Un contemporáneo del ^ gua de, palabru nuevas, introducidas
poeta angÍo>aormando Roberto Waoe, ^ en los originales extranjeros; j según
el anglo-aajón Ijijainont, hiso en su
lengua madre una tradnocidn del Bnh
to de aquel pieta, t au obra debe se-
ftalu «1 principio de la inglesa, por
la mezcla de las voces normandas in-
troducidas en el poema, que estaban
ja consagradas por el uso. Bxiste
también una oomposición literaria
que un erudito del siglo rvi, Petras
Novilis, dió á conocer en Francia sin
recordar su origen inglés. SI paít de
Coea^m (The Land «/* Cokayue) ha
la neteesidad que experimentaran de
sustituirlas i las de su propio Toca-
bulario, las empleaban como más ex-
presivas 6 más agradables. Bs da sa-
poner que» en uu principio, llegara á
establecerse entre las clases del pue-
blo una especie de jerigon;:a, j^rodu-
cida por la mezcla de los dos idiomas;
sin embargo, la lengua nacional, al
recibir del francés la cantidad de
voces necesaria para expresar laa
ideas j laa cosaa nuevas, no hubo de
servido á los rebuscadores de los orí- admitirlas sino por grados j después
B^nes da la lengua inglesa para pre-
cisar aproximadamente la época de
su definitivo establecimiento. Según
sus diversas opiniones, se han necesi-
tado casi dos siglos ^ara llegar á este
resaltado; pero la extinción de las
Tooes aaionas, j, lo que caracteriza
principalmente la lengua inglesa, sus
nomerosos galicismos, que se introdu-
jeron en el siglo xiii, dan fe de ello.
Si se compara, dice Hallam, el in-
glés del siglo xiii con el anglo-sajón
del siglo XII, se ve que el primero
de estos idiomas es una lengua par-
ticular, mis bien que una modifica-
ción del st^undo. Uistintos procedi-
mientos han podido concurrir muj
bien á la transformación del sajón en
inglés, tales como la contracción ó
modificación de la pronunciación j
de la ortografía de las palabras; la
omisión de ciertas inflexiones, es-
pecialmente en los nombres, j, por
conseenenda, el empleo mis frecuen-
te del articulo y da los auxiliares; la
adopción, frecuente también, de las
de someterlas álas reglaa de su pro-
pio idioma v de su gramática. Bato
es lo que le ha dado el carácter par-
ticular que distingue á la lengua
inglesa, la cual, formada de elemen-
tos distintoi;, ha sabido aprovechane
del genio de las otras lenguas sin
perder nada de su originalidad. La
lengua ingleu ofrece ciertas singula-
ridades que proceden más de su carác-
ter primordial que de ninguno de los
diversos idiomas que le fueron im-
puestos, en los cuales no se encuentra
nada parecido. Bn efecto; un solo mo-
nosílabo, tMe, sirve de artículo defi-
nido para todos los géneros j todos
los números; s ó sa, según que U pa-
labra que le siga empiece por una
consonante ó por una vocal, atrve de
artíenlo indefinido pata los dos géne-
ros. Bl pronombre posesivo presenta
otra particularidad, puesto qne se re-
fierflt, no al géaero de la co«a poseída,
sino al del poseedor: kit (mu, tns) se
emplea oaando el poseedor pertenece
al géaero masculino (hit «on, su hijf).
termínaciOLaes francesas, j, finatmWi humando del padre); ker, cuando al
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108 tmt
fem«DÍno (hír ton, teñúéüáoéé i lá
madre). Haj Umbiéu un proDOinbra
particular para los aaimalds y las
cosaa inanimadas: itt. El futuro, en
los verbos auiiliares j otros, ofrece
igualmente una singularidad notabi-
lisimaf j es que se compone del infí-
nitiro con dos tu x.iliares, thall j mil,
cajo empleo cambia completamente
el sentido d« la fnsa. Skall, en la
primera persántt 7 tnll, en las dos
restantes, desig'nan simplemente una
accidn futura; ¡eill, en la primen per-
sona, j shallt en his otras dos, expre-
san la Toluntad del que habla, la re-
solución, la promesa, la orden ó la
amenaza: yo» tvill tee, «usted terá;»
yon thall tel, <soj yo quien habla, yo
se lo haré rer á usted.» Una costum-
bre especialísima en el idioma inglés
es la prodigiosa cantidad de abrevia-
turas que se emplean en la lengu-i
hablada, y que hacen dificilísima lu
audición para los extranjeros. Por lo
demás, la lengua inglesa cuenta casi
tantos dialectos como condados. Pue-
den citane, entra otros, el cooincy, el
Joarin^ j el northumhifn; pero nin-
guno de los dialectos se aleja de una
manea sensible del idioma principal.
Las diferencias consisten en una ten-
dencia más pronunciada á las abre-
viaturas, en la coaserración de cierto
número de palabras anticuadas ó no
usadas en otras partes, jr en el empleo
de algunosidíotismos locales. Pueden
verse las obras siguientes: Pevton,
Bitíorif of íhe Siiglit language^ Lon-
dres, 1771; Henshall, The . Saxotk and
Sn^ítih langnaget reciprocaüy iUiutra-
(he of each other^ Londres, 1798;
Skinner, Étjfmologicm lingum anglica-
Mí, Londres, 1671; Siamoloaicum an-
glicanum, Oxford, 17^; W. Lemon,
£i^lisheÍymologyfLoaána,nS^i Baí-
lejr, Univwsal eíymolaneal SnglUk
Dietionnry, Londres, 1736; S. John-
son, Dictimary of the BnylitA lang%a~
ge» Londres, 1755, completado por
Joord, Londres, 1818; Swalker, A
critical pronouncing dictionary, Lon-
dres, 1791; Webster, Dictimarg of
the English language, Londres, 1831;
Lindlev Murray, The Bnglith gram-
mar, York, 1795; Siret, EUmenls de
la langue anglaite, París, 1805; Edwid
tiuest, Bistory of Fnglish rhuthms,
Londres, 1838. Además han sido pu-
blicados varios Diccionariot ingleses
V franceses por Boyer, Chambaud,
Fleming, Ttbbins v otros, y ano de
Kelham de las palabras Iraneo-nor-
mandas que se encuentran en la len-
gua inglesa.
21. ZUeratnra. — Los primeros en-
sajros de la literatura inglesa, que
había precedido á la de los anglo-sa-
jones, datan del siglo xiii: á partir de
esta fecha, un «preciable crítico fran-
cés la divide en los siete períodos si-
guientes.— Primer periodo. La crónica
rimada del monje Kobartu de Glóces-
ter, desprovista de arte y de originali-
dad, indica, no obstante, la época en
que la lengua empezó á formarse: esta
obra no aparece escrita ni ea sajón ni
en francés, sino en inglés. Por este
mi
mismo tiempo, los poetas de ta Gran
Bretaña traducían o imitaban á los
trovadores; pero la poesía no llegó á
tomar verdadero carácter basta el rei-
nado de Eduardo IIL Lat Fisiones de
Pedro el Labrador data del afio 13G2
y es la primera obra poética de algu-
na extensión y de cierta importancia
que se encuentra en la historia de la
literatura inglesa. Fué escrita por un
sacerdote secular, Roberto Langland,
quien se propaso hacer la sátira ale-
górica da las costumbres del clero y
w sociedad laica de su tiempo; pero
el escritor más grande del siglo xiv
en iKaLATBiuiA fué Chancer, a quien
se llamaba, en el estilo de la antigua
crítica, el padre de la poetUt británica.
Bn sus primeras obras imitó la forma
alegórica de la Aooela de la Rota;
después hizo un viaje en Italia y se
inspiró en las producciones italianas,
particularmente, en las de Boccacio.
ou grao poema, los Cnentot de Canter-
bmry, que contiene varios retratos de
las costumbres contemporáneas vigo-
rosamente trazados, y en el que em-
plea todos los tonos, desde el más fa-
miliar hasta el más sublime, está
compuesto bigo el modelo de los cele-
brados Cueníot del citado autor ita-
liano. Ghaucerha conservado el lu^r
más distinguido en la literatura in-
glesa, puesto c^ue la crítica moderna
le coloca al nivel de Spencer y de
Shakespeare. A.1 lado de su ilustre
nombre, se cita alguna vez el del
poeta Gower, de quien se tiene un
poema intitulado: Confettio amaniit.
A. esta primera época pertenecen el
viajero Mandevüle, que había visita-
do el Oriente, y John Wickliffe, pro-
fesor de teología en Oxford, los dos
primero! funcudores de la prosa in-
f lesa. — Segundo periodo (de 1400 á
553). «La aparición de Chaucer en
la historia de la literatura inglesa ha
sido comparada á la de un Eermoso
día de primavera, que habiéndose an-
ticipado prematuramente á la marcha
regular de las estaciones, se ve luego
reemplazado por los fríos v las nie-
blas.» En efecto, después de Chaucer
no se encuentran, por espacio de mu-
cho tie:upo, más que escritores de se-
gundo ordea. Ea la poesía se citan á
Ljdgate, que hizo la historia de To-
bas jr la de la destrucción da Troya;
á Roberto Henrjson, que compaso al-
gunas fábulas morales, y el conde de
Surre^, soldado, viajero y poeta, el
cual imitó la rima j la melodía de la
poesía italiana y tomó i Petrarca por
modelo. Surrej tuvo por rival i sir
Tomás Wyatt, cujas canciones y so-
netos, á pesar de su afectación, no
carecen de gracia ni de viveza. Los
reinados más estériles de este período
fueron los de Eduardo IV, Ricardo III
y Enrique VII. Eutre los principales
Írosistas aparecen: en el sigl > xv, sir
ohn Fortescue, que escribió un tra-
tado político sobre la Diferencia entre
tna monarguta absoluta y «m wMur-
quia limiíaaa, obra destinada á demos-
trar la supremacía de Inqutbeba
•obre Francia; / después, bajo ei ret-
ítÍGL
l nado de Enrique VIII, el céleWe to-
más Morus, autor de la Utopía y át
j varios escritos en los que se encuen-
tran los primeros modelos de la bellí-
sima prosa inglesa. Mientras que To-
más Booms deludía la fe católica, oiro
hombre de talento, Hugh Latiine^,
combatía en favor de los protestantes.
El escritor más erudito de principios
del siglo xvt fué Leland, discípulo
de las universidades de Cambridge j
de Oxford, y tan conocedor de laslea-
guas antiguas y modernas como de
la suya propia. El moTimiento litera-
rio que se produjo durante el reinado
de Enrique VIII, tuvo un carácter
esencialmente religioso, y su resulta-
do más importante fué la publicación
da varias traducciones de la St.Uia,
de las cuales la mejor se dio á luz en
MTitemberg bajo la inspiración direc-
ta de Lutero. Entre los escritores de
esta épica se cita á Roger A.scham,
preceptor de la reina Isabel, el cual,
en su Maestro de escuela, expusa sa-
nas y elevadísimas ideas sobre la edu-
etcUn.— Tercer periodo (de 1558 i
1649). Constituye este período la edad
de oro, el siglo de Anguato de U lite-
ratura inglesa. El estudio de las lite-
raturas clásicas, la invención de la
imj^renta, la libertad con <^ue se día-
cutía sobre todas las cuestiones reli-
giosas y el predominio de la filosofía
de Platón sobre la de Aristóteles, die-
ron á los talentos de aquella época
una fuerza y actividad singulares. La
leogua se earíquecíó de muobas voces
importadas de la antigüedad, al mis-
mo tiempo que el Rtinacimíento pasó
de Italia y Francia á IzjaL&TBRRA.
Algunos escritores iugleses traduje-
ron, no solamente las obras maestras
de los griegos y de los ladinos, sino
tambíéu las de loa italianoa modernos
y de los franceses. La lectura de la
Biblia, traducida á la lengua vulgar
y repartida con profusión en todas las
clases de la sociedad, contribuyó po-
derosamente á aquel movimiento lifae-
rario, exaltando las imafipínaoiones y
proponiéndolas pur modelos las belle-
zas sublimes de In poesía hebraica.
Isabel dispensó toda su protección á
las letras, y principalmente al teatro;
y sus sucesores, JaL;obo I y Carlos I,
príncipes más literatos que políticos,
continuaron la obra comenzada, coad-
yuvando con generoso ardor á Ida pro-
gresos de la literatura inglesa. Fuen
de la escena, el nombre más ^orioao
entre loa poetas fué entoncea el de
Speucer, autor de ¿a Reina de tas Ha-
das, poema caballeresco j alegórico,
en que el rey Artur<) deaempeüa el
firincipal papel. El poeta, uniendo
a alusión á la alegoría, designa ba-
jo nombres con vencí ocales algunos
de los personajes más Conocidos , de
su tiempo. La Reina de la* Moda*
fué acogida con ^ing^ular entusias-
mo por Ta nación inglesa, la cual ad-
miro en ella el lujo de 1%8 imágeneay
la melodía de la rima. Spenoer as« en
efecto, el más armonioso jr abundante
de los poetas descripttvoa de iMaLa*»*
RBA. Su imaginación ao.«g.ni.Qujf
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gorOML óu« U d« ¿.riosto j del ^assdi
aas modelos; pero 1« contÍDuactóa de
U alearía hace U lectura de su obra
meaos agradable y más difícil de
comprender que la Jtrutalén Uberíada
j el Rotando furioso. En una linea in*
ferior á Speneer, &guran: Roberto
SouthwelU sacerdote católico, perse-
goido j encarcelado por sus creen-
cias; Daniell, autor de tragedias, de
poemas j de alganas piezas ligeras j
agradables; Tom&s Garew, poeta cor-
tesano, indinado i los cumplimientos
oficiales 7 i los panwirieos. t Fair-
hxj el brillante tradaetor dd Tasso.
Pero las obras en que más sobresalió
la poesía inglesa, en el siglo xti, fue-
ron las dramáticas. Bl teatro tuvo su
origen en iHaLATBBBA, como en el
resto de Buropa, en los Misterios, apó-
logos ó sentencias morales de la Edad
media. La primera comedia, propia-
mente dicha, que lleva el título de
Balph RoysUr Dontttr, és de N. Udall
Í' data del reinado de Enrique VIH;
a primera tragedia es la de Oorioduc
6 rerrex jr Porrex, escrita por Sac!v-
TÍlle j Norton, jrepresentaaa en V^hi-
tehau, en 1561, aute la reina Isabel.
Antea de la aparición de Shakespeare,
varios poetas dramáticos habían obte-
nido ja algunos triunfos en la escena.
Entre ellos figuran: Ljlj, autor del
Supkues ó de la Ánaíoutía del espíritu;
Kjd, autor de la Tragedia española,
tan popular en un principio jr tan ri-
diculizada más tarde por ios escritores
dramáticos; el satírico Nash, el deli-
cado Greene, y Lodge, actor, poeta j
médico. El mas célebre de los prede-
cesores de Shakespeare, es Ccistábal
Marlowe: tres de sus obras, Eduar-
do 11, tragedia histórica; el Judio de
Malta, j principalmente, la Vida y ta
muerte del doctor Fanttus, encierran,
entre algunas eiafferaeiones j bufona-
das de mal gusto, bellezas admirables.
Rl nombre de Shakespeare bastaría
por sí solo para llenar la ffloria lite-
raña del siglo de la reina Isabel: es el
poeta dramático, cujo renombre se ha
extendido más j disputado menos en
el mundo. Shakespeare tomó sus asun-
tos de los noticieros italianos, de las
leyendas de la Edad medin, de las
antiguas piezas inglesas, de las Vidas
de Plutarco, traducidas por Nortb, ó
de las crónicas nacionales de Holins-
hed: Shakespeare escribió tragedias,
comedias j piezas llenas de imagina-
ción j de fantasía, que no pueden cla-
sificarse en ningún género determina-
do. Sns mejores tragedias son: Él Rey
Lear, Sámlet, Otelo, Macbeth, Julio
Osar, Ricardo II j Ricardo 111; en-
tre sus comedias, se citan en primer
término: SI Mercader de Venena, Las
üleores comadres de Windsorj Como us-
ted quiera; entre las piezas puramente
&ntásticas, SI Sueño de una noche de
•eranejLa Tempestad. El gran mérito
de Shakespeare consiste en la variedad
J profundidad filosófica de sus con-
cepciones. Puede haber obras más
acabadas que las suyas, pero más vi-
gorosas, no. Su estilo es desigual con
meneocia, gnseio j afectado alga-
lias vdces; perj estos defectos desapa-
recen ante la abundancia de las imá-
fenes j el brillo de su poesía alucina-
ora. Shakespeare, que apareció en una
época la más fecunda del teatro in-
glés, había tenido predecesores; turo
en vida rivales, j el movimiento dra-
mático del siglo, que no había empe-
zado con él, no terminó tampoco coa
su muerte. El público inglés aplaudió
al mismo tiempo que á Shakespeare, j
aun después de éste,i Ben Johnson, el
más sabio j clásico da los autores
dramáticos de esta época, el cual com-
puso tragedias romanas j comedias
regulares; Beaumont y Fletcher,cujas
tragedias se aproximan algunas veces
á las de los maestros; Chapman, que
tradujo á Homero y escribió para el
teatro; Webster, autor de La Duquesa
Amaljiyáel Diahlo ¿/nMco/Míddleton,
Marston y Massinger, cujas obras se
representan todavía en Londres; Ford
j Tomás Hejwood, que tenían el don
de lo patético, j Shirlej, coja elegan-
cia es muj renombrada. Este teatro
tan poderoso fué brutalmente cerrado
for la revolución de Inqlíltebm,, en
642, j no volvió á abrir sns puer-
tas hasta la restauración de los Es-
tuardos. El número de prosistas que
firodujo este brillante período de la
¡teratura inglesa, no fué menor que
el de los poetas. El primero que apa-
rece es Felipe Sidiiej, quien com-
puso, treinta años antes que Orfej
publicara La Astrea, la célebre pasto-
ra de la Arcadia. Hooker está consi-
derado en la Gran Bretaña como uno
de los talentos más vigorosos que ha-
Ían escrito sobre la teología; Bacon
a fijado en el Noeum oryanum las re-
glas del método experimental j abier-
to á la ciencia moderna un sendero
que no había sido seguido desde Aris-
tóteles. Pero el genio de Bacon era
universal: su nombre famoso merece
ser citado, no sólo como filósofo, sino
también como hombre de Bstado,como
publicista, como orador, como juris-
consulto, como historiador y como
moralista. La Inqlatsbba no ha con-
tado otro prosista mejor, debiéndosele
considerar como el primero que hizo
de la prosa inglesa una lengua tan
concisa j enérgica como el latín. Sir
Walter Raleign, tan conocido por sus
aventuras j por su inmensa fortuna,
seguida de una terrible desgracia j
de una triste muerte, creó, en su B'is'
torta del mundo, el genero j el estilo
históricos, que habían de inspirar des-
pués libros inmortales. En asta misma
época distinguiéronse también mu-
chos cronistas doctos v concienzudos
viajeros, como Howell j sir Tomás
Herbert; arqueólogos y anticuarios,
como Guillermo Camden, y filósofos
como Hobbes, que redujo la filosofía á
la observación de los fenómenos sensi-
bles, j la política al derecho del más
fuerte. Entre los teólogos, pertenece
el primer lugar á Jere.iu'as Jajlon, á
quien se ha llamado el Speucer y aun
el Shakespeare de la teología angticana.
Este ^ran escritor compuso, para las
necesidades de la polémica del día,
109
üd gfan número de obras de contro-
versia, que es la porción menos im-
portante de sus producciones. Sus es-
critos dogmáticos respiran major ele-
vación moral, un gran deseo de cono-
cer las verdades divinas y un desdén
absoluto de las pasiones mezquinas
que agitan á los hombres. Si se qui-
sien hacer el resumen de los caracte-
res generales de los pr 'Sistas de esta
edad, se vería i^ue lo que más domina
en ella es la libertad de la composi-
ción j el amor de la antigáedad. En-
tonces no existían ni escuelas ni gé-
neros determinados: muchos poetas
escribían en prosa, j no pocos prosis-
tas componían versos. Unos mismos
talentos se ejercitaban en los asuntos
más variados j más opuestos, al pa-
recer, debiendo decirse que aquella
época fué el siglo de los genios origi-
nales.—CaaWo/jíJÍorfoíde 1649á 1689).
Estos cuarenta años son el período de
transición entre el siglo de Isabel y
el de la reina Ana. Los grandes ta-
lentos que en él se distinguieron, no
aparecen aún afiliados á nio^una es-
cuela; ofrecen la misma originalidad
j espontaneidad del tiempo presente,
j, sin embargo, en manos de los últi-
mos de ellos, la lengua se pule j toca
á la perfección clásica. Entre los poe-
tas, descuellan: Cowlej, que sobresa-
lió en la oda anacreóntica j cuja na-
turalidad V sencillez llegaron á ha-
cerle popular; Waller, poeta de salón,
elegante, gracioso j tierno, adulador
de la república y de la restauración
sucesivamente, j Denfaam, autor de
un poema descriptivo escrito con sol-
tura j excelente gusto. £1 nombre
poético más grande de este período es
el de Milton, el cual, antes de su Pa-
ralsoperdido, que es la única obra que
de él conocemos, había ja escrito al-
gunoa poemas encantadores del géne-
ro descriptivo: Comus,Lyeidas, Allegro
y el Penseroso. El estilo de Milton es
clásico j pintoresco ála vez, modelado
en el de los poetas trágicos de la Gre-
cia, lleno de imágenes y de vida. Su
Srosa nerviosa v extensa lleva el sello
e las obrns latinas, en las cuales está
calcada, j cujas inversiones v giros
conserva en inglés. Samuel Butler ad-
quirió al lado de Milton una celebri-
dad que dura todavía, merced á la pu-
blicación de su poema burlesco Hudi-
brás. El teatro, cerrado por los puri-
tanos, fué abierto pür Garlos II; pero
llegó á representarse más que
no
un pequeño número de las obras que
habían sido ja juzgadas por el públi-
co antes de la repuolica. El rej j los
cortesanos, á su regreso de Francia,
pusieron en moda, en lugar de las
obras dramáticas de Shakespeare, tra-
gedias heroicas, en versos rimados,
imitadas del francés, pero escritas con
una libertad de lenguaje que respon-
día á la relajación de las costumbres
de la corte d*; lNaLA.TBRRA. La licen-
cia de las obras dramáticas, que ve-
nían i seruna pura comedia de intri-
ga, imitación de nuestro teatro, era
tal, que ni aun hoj puede leerse nin-
guna de las piezas que Drjden com-
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110
im
puso para diversiáD y entretenimiento
de los hijos de Carlos I. Este período
habría sido lie completa decadencia
para el teatro inglés, si á él no ^irte-
neeieran las dos obras más patéticas
que han sido representadas en la es-
cena da la Gran Bretaña, la ffuérfana
y Venecia salvada, de Otwaj; de las
cuales ha dicho un crítico c(^ue ha-
bían hecho derramar más lagrimas
que Romeo y Julieta y Otelo.» A la
cabeza de loa prosistas de esta época
aparecen dos nombres: Milton y Dr^-
den. — En la filosofía v en la política
siguen, después de Milton, Gowle^,
cuja prosa es tan sencilla como enfá-
tica su poesía; Al^ernon Sidnej, au-
tor de la obra intitulada Discurtos so-
bre el gobierno, en favor de las ideas
republicanas; Tomás Burnet, que dejó
una Teoría sagrada de lá tierra; sir
William Temple, uno de los escrito-
res que más han contribuido á los
progresos de la lengua inglesa; y á
quien se deben algunas Memorias^ va-
rías notas oficiales, una vasta corres-
pondencia diplomáticai nuas miscelá-
neas llenas de gracia y naturalidad;
y por último, Loe^:e, cujra filosoña,
que explica todas nuestras ideas por
la experíencia y los hechos derivados
de la sensacidn t de la reflexión, fué
introducida en Francia por Voltatre
Í desarrollada luego por Condíllac. —
a historia se halla dignamente repre-
sentada en este sijlo por lord Claren-
don, quien ha relatado, en un estilo
sobrio, la lucha de los realistas jr de
los republicanos, en la cual había el
autor tomado una parte muj activa,
figurando en las filas de los prime-
ros.—La Iglesia anglicana nos ofrece
también los nombres de algunos de
sus más elocuentes predicadores r de
sus miís profundos teólogos: Stilíing-
fleet, Sherlock, South j, sobre todos,
Barrow v Tillotson. Los sermones de
Barrow admiran por la profundidad j
la fuerza de pensamiento; los de Ti-
llotson, escritos frecuentemente sin
arte y en un lenguaje inculto, encan-
tan, sin embargj, por la naturalidad
del sentimiento j la elevación moral
que en ellos campean. A la literatura
propiamente dicha, se unen las obras
de FuUer, de Walton, de Eátrange 7
de Tom Brown. La lista de los escri-
tores de este período puede terminarse
con el nombre glorioso de un escritor
que, desde la más humilde condición
social, supo elevarse hasta las eleva-
das regiones del genio: Bunjan, el
autor del Viaje del peregrino, la más
popular de las obras que han sido es-
critas en lengua inglesa, sin excep-
tuar RoHnsdn Crusoé, y de la cual se
habían hecho ya, en los comienzos del
siglo XIX, más de cincuenta edicio-
nes,—Quiníooíríorfo (de 1689 á 1727).
.En este período, que generalmente se
designa con el nombre de Siglo de la
reina Alta, imperó la escuela ñ-ancesa:
el carácter común que en él domina es
el buen juicio, la corrección y la ele-
gancia. Jamás la lengua inglesaba
sido empleada con más discernimien-
to ni escrítt coa mái arte. Los postas
IHGL
no tienen nada de la petulancia y des-
igualdad que distinguen álos escríto-
res del siglo de Isabel: son claros, pre-
cisos, oportunos, siguiendo religiosa-
mente las reglas del Arte poética, de
Boileau. El primero,en fecha, es Prior,
hombre político, diplomático, repre-
sentante de la corte delNaLATBRRÁ en
Versalles. Todo el tiempo que le de-
jaban libre sus trabajos oficíales, lo
empleaba casi exclusivamente en es-
cribir odas, canciones, epístolas, epi-
gramas y cuentos: in variificaciún,
ñcil y armoniosa, esmaltada de imáge-
nes bríllatites y de pensamientos atre-
vidos, recuerda á Horacio,áquientomó
sin duda por modelo. Pope se aproxi-
ma más todavía al poeta latino, al
cual se le puede comparar rouj bien
por la pureza del gusto y la sosteni-
da elegancia de su estilo, siempre co-
rrecto y delicado. Es, sin disputa, el
más clásico de los poetas ingleses. La
escuela moderna le ha atacado con la-
fiudo empeño; pero no ha conseguido
destruir sa fiima ni arrebatarle el mé-
rito de haber compuesto, en diferen-
tes géneros, las obras más acabadas
de la poesía inglesa. Rn «u Botqw de
Winasor, revela este poeta un senti-
miento verdadero de las bellez^a de la
naturaleza; en su Bpittola deSiolta á
Abelardo, una sensibilidad exquisita;
en flu Smajfo sobre la critica, un espí-
ritu firme y seguro; en su Dnnciade,
el talento de la sátira; en su Entag9
sobre el hombre, el alma de un filósofo
y de un sabio, y en todas sus compo-
siciones, la imaginación y el estilo de
un gran poeta. En la Ópera y en la
pastoral, especie de drama bucólico,
obtuvo Gay un éxito que debió al do-
naire de su fácil estilo. La Ermita, de
Parnell, que Pope llamaba una obra
excelente, valió i su autor una popu-
laridad merecida. Al lado de estos poe-
tas queridoi del público, consignare-
mos, como recnerdo, los nombres de
Green, de la condesa de Wínchelsea
y de Sommerville. — La literatura dra-
mática de este período si^o ofrece
obras de segundo orden: en todos los
escritores que trabajaban para el tea-
tro, se nota la misma falta de inspira-
ción. La prosa nos o^ee un genero
nuevo de literatura, que ha dado orí-
gen á la Revista moderna: el En*ago,
periódico semanal, consagrado á des-
cribir las costumbres nacionales 6
á reproducir los rasgos más salien-
tes de la naturaleza humana. Steele
fué el fundador de este nuevo géne-
ro, creando El Hablador; Addison,
el periodista que más lo engrandeció,
en su célebre Espectador* La inlluen-
cia de los Ensayos fué igualmente
favorable para la moral y la lengua.
Addison, particularmente, difundió
por todo el país una infinidad de ideas
sanas, al mismo tiempo que daba á la
prosa una corrección y una pureza
elegante, de que apenas se encuen-
tran ejemplos en las épocas anterio-
res. En 1719, Daniel de Foe, uno de
los escritores más fecundos de su
tiempo, inauguró brillantemeute la
novela moderna con la creación de su
Dowper I
popular Rohinsén Cnaoí. — Ei
epooa, el género epistolar, que Gowper
había ja empleado eon éxito, fué cul-
tivado por ladj Montagú, esposa del
embajador de ÍNaLA.TBRRÁ cerca de La
Puerta Otomana, la cual ha dejado,
de su viaje por Cliente, una sene de
cartas poéticas y picantes.— La filo-
sofía tuvo por representante á Shaftes-
burjr, uno.de los talentos más atrevi-
dos del siglo xTii, autor de las O&sn^
vaeiones aobre U virtud y de nna
famosa «píitola aobre el «ntuiiasmo;
^ i Berkelejr, creador de un uttama
idealista, «n virtud del cual los cuer-
pos no existen, pues sólo presenUai
nuestras miradas una apariencia en-
gañosa, semejante á la Jdága da los
indios. A esta misma época perteoeoe
el más grande erudito de iHOLi^TEBRjk,
Bentley, editor de Horacio, de Te-
rencio y d« Fedro. — En la teología,
nos encontramos con el nombre del
célebre doctor Clar ee, adversario de
Espinosa y de Hobbes, j corresponsal
de Leibnitz. — Sexto periodo (de 1727
á 1780), Este fué; si no de loa más
f grandes, d« los más fecundos de la
itaratum áaglesa, y en el que alcan-
zaron las letras majrores progreso! en
el pueblo, penetrando hasta en las
clases iafisriores de la sociedad. Bla&r
compuso un poema intitulado El Se^
pulcro; Young escribió sus XocAes, las
cuales no respiran, como han creído
algunos espíritus superficiales, ladul-
ce melancolía del siglo xiz, sino que
expresan el dolor acerbo de dd alma
herida. Thomson elevó en Las Estaco-
nes el género descriptivo, por la no-
bleza del sentimiento moral, la vívese
del patriotismo y el amor de la liber-
tad, que animan sus escenas, copia-
das de la naturaleza; y Collins dejó
algunas égloga* orientales y varias
odas, notables por la brillantez del
colorido mns qne por la novedad y la
energtftdel pensamiento. Los PÍaes-
res de la imaginacitín, de Akenside, es
UD poema demasiado filosófico y abs-
tracto, pero en él se respira la moral
más pura; y las Odas pindárieas, de
Graj, pueden compararse á los mejo-
res fragmentos de poesía lírica que ha
producido la literatura inglesa: su
elegía del Cementerio ha sido vertida
á todos los idiomas. — ffl teatro experi*
mentó durante este período la influen-
cia del gusto friincás: la separación
del género trágico y del oÓmico/ que
Johnson había jra indicado en tiempos
de Shakespeare, quedó establecida
como una ae las lejes fundamentales
del arte dramático. Esto periodo faá
infecundo en obras originales, pero el
genio del actor Garrió'.^ supo dar vida
y popularidad á las piezas que inter-
pretaoa. — Entre los prosistas del si-
glo xviii, ocupan el primer lugar:
Kichardaon, gran anatómico del ct>-
razón humano; Fieldin^, pintor sutil
y verdadero de la sociedad j de la
vida práctica: no pretende conmover
el corazón, pero interesa vivamente
el espíritu por la variedad y la exac-
titud de los cuadro! que nos pre-
senta; SmoUett, poeta» bistoriulor,
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INGL
dtdactor 7 crítico ha dejado atg'unas
aoTcIas muj populares en Inolatb-
BRAr qoe aon mucho más estimadas que
su. trabajos históricos; Steroe ejer-
ció una grande inflaencia sobre el
gasto da aas contemporáneos, j está
coDiideiada como uno de los mas cé-
leWea escritores aatírieos ingleses. A
U escuela de este último pertenece
otro escritor más delicado, auoque
menos original r ameno, Bnrique Ma-
ckenzie, autor de Fl BoJithre tensihle,
de St Hombre de mundo j de J%lia i»
Rothi^né, — La historia está igualmen-
te representada por grandes nombres
en esta gloriosa época de la literatara
inglesa, inspirada por el espíritu crí-
tico j penetrante de la filosofía mo-
derna j exornada con todas las ^alas
dd lenguaje. En 1751, apareció el
primer volumea de la Sntoria de la
GrtmBrttaÜa, de Hume; obra que no
ha alcanzado graa autoridad, bajo el
punto de vista histórico, pero cujra
daiidad J galaoun de estilo, así
como el arta primoroso de las narra-
doaes, la hacen interesante é instruc-
tiva. Robertson, autor de la HixhrU
de StcocUt no tiene el aticismo j el
gracejo de sa rival; pero es docto,
erudito, de miras generosas r libe-
rales, j llega a frisar en la elocuen-
cia por la sinceridad j la elevación
moral del sentimiento. A las cuali-
dades comunes de estos dos histo-
riadores, reunía Gibbon conocimien-
tos mucho más vastos: en su Hitíoria
de té decadencia y de la eaida del im-
ferio remano abraza un asunto más
grande que ninguno de sus predece-
sores, revdiando en su desarrollo una
utansión de talento que ni Hume
ni Robertson alcanasron. — Bntre los
fil(^fbs encontramos el nombra de
David Hume, el cual atueó la idea de
««» T la relación de cauta & efécto^
eceando un escepticismo de un géne-
ro nuevo qae njs reducía al nihilis-
mo; Reíd, adversario del anterior,
aplicó el método de observación al
•otendimieato humano. El poeta Beat-
tie tomó parte tambiéu en la lucha
coQta U escuela escéptica, pero sin
ceiinw á las rigurosas reglas de la
lógica. A la escuela filosófica del úl-
tiño siglo pertenece también el esti-
mado moralista j economista Adam
Smitb. el cual, en su Teoría de loe
letímifUu morales, explica toda la
uoial por la simpatía, j, en su Al-
fana d* la$ «ocimei, recomienda la
civisiín dd trabajo y la libertad com-
pleta del comercio y de la industria. —
La teología fuá objeto de empeñadas
dispatas, en las que se desplegó gran
lujo de talento y de ciencia. Ba el
numero de los teólogos, figuran, en
primer término, Warburton, White-
neld, Weslejr, el doctor Blair, más
conocido como critico que como autor
de sermones, y el doctor Campbell,
qos escribió, en contestación á Hume,
ana Diteríaeidn tobre Íot milagros. Los
literatos puros, que no pueden figu-
rar en ninguna categoría determina-
da, eonstitujren ana clase namerosa,
• COJO frente aparece Samuel John-
INGL
son, crítico enérgico y de sano jui-
cío. — La elocuencia paríame utaria,
que cuenta nombres ten celebrados
como los de Chatham, Burke, Fox y
Shéridaa, no es de los géneros litera-
rios menos gloriosos de esta época fa-
mosa.— Sétimo periodo (desde 1780
hasta nuestros días). — Aquí empieza
lo que generalmente se llama escuela
romántica. £1 movimiento intelectual
que anima en Alemania la crítica, y
las obras de Herder y de Gcethe, se
comunica & Inolatirra en el momen-
to mismo en que la Historia de lapoe-
s!a, de Warton,jde las viejas baladas
nacionales, reunidas por el obispo
Percy, afirman el imperio y la liber-
tad nativa de la poesía inglesa. El re-
sultado de este retorno á la inspiración
espontánea de la Edad media, fué:
subordinar el arte á los vuelos de la
imaginación y desarrollar en los es-
critores el gusto de la fantasía, á ex-
pensas del método y de la medida,
que eran los signos característicos de
la edad precedente. El poeta que dió
la señal de esta transformación de la
poesía inglesa, fué Cowper, el cual
fiasó casi toda au existencia en la so-
edad: sus versos llevan impreso el
sello de una melancolía religiosa que
era el rasgo más salieute de su carác-
ter. El creó, en algún modo, la nueva
poesía lírica, en la que el alma, dila-
tándose por completo con sus más se-
cretos impulsos, entra en comunica-
ción con la naturaleza. El recibo de
un retrato de su madre, el aspecto del
campo en invierno, uu paseo por el
bosque, eran para él motivos de poe-
sía íntima, que los escritores de la
escuela de Pope habrían positivamen-
te desdeñado. Tal era el carácter de
la nueva escuela. Después de Cowper,
Darwia, eseritoi ingenioso y brillan-
te, abusí tanto del estilo descriptivo,
que sólo alcanzó una popularidad efí-
mera. QüTord perteneció á otra es-
cuela: erudito y satírico, conservó las
tradiciones de Pope, j en su Baviade
y su Afotviade ridiculizó á los malos
Soetas de su tiempo. Crabbe fué uno
e los escritores que mejor han des-
crito los países ae lNaLATBBR.\; sus
escenas marítimas son verdaderas y
encantadoras. Samuel Rogers, en su
mejor poema, Los Placeres de la memo-
riat se ocupa más bien en observar
las evoluciones misteriosas ds la inte-
ligencia que en reproducir el aspecto
movible del mundo exterior. La poe-
sía de Wordswortfa, el poeta más
grande de la escuela romántica, des-
pués da Bvron, es metañsica j des-
criptiva á la vez: divaga generalmen-
te sobre las relaciones del hombre
y de la naturaleza; pero no pjdría
ser transportada & un idioma ex-
traño, porque el encanto de sus ex-
presiones pintorescas y la melan-
colía un tanto va^ de su imagina-
ción, se evaporarían necesariamente
al abandonar las hermosas tinieblas
del claustro materno. Coleridge es
también un poete lírico renombrado
en Inglaterra.; pero su estilo, Un
adornado y recargado de imágeneSi
INGL
111
no siempre corresponde £ la intensi-
dad de la pasión que le anima v á la
elevación de sn pensamiento. — El arte
dramática ha alcanzado en iHatA-n-
ttBx ana fbrtana totalmente contra-
ría i la de la poesía lírica; de suerte
que, á medida que éste se elevaba,
aquél decaía. El procedimiento de los
sentimientos personales, de los euales
era indicio infalible la invasión del
lirismo, ahogó forzosamente el drama.
Shéridan Knowles, el mis felñ de los
trágicos modernos, ha tratado los
asuntos de Virñnia, Cayo Oraco y
Guillermo Tell, En cuanto i la come-
día, su reaparición en la escena fué
debida al telento de Jorge Colman,
autor de una infinidad de piezas po-
pulares.— En la prosa, la novela ocu-
pa el sitio de preferencia como en el si-
flo anterior. La primera obra noteble
e este fénero, posterior al año 1780.
es el Valíek de Backford,caentoárabe,
que recuerda las graciosas ficciones
de lai Afil y %na noches^ SI Fraile, de
Lewis, producción extraña, pero ori-
ginalísima, en la que se mezcla lo pa-
tético con lo maravilloso, ha obtenido
un grande éxito j merece larga vida.
Godwia, publicista, moralista, bió-
grafo é historiador, expresa, en su
célebre novela de Caleb Villiam, los
sentimientos valientes^ filantrópicos
que inspira á aquellas almas genero-
sas el espectáculo de los vicios del
sistema social. Edgeworth ha descrito
con delicadeza, en obras interesantes
y morales, las costumbres de su país.
Pero todas estas celebridades quedan
oscurecidas ante la gloria de Walter
Scott, que supo elevar la novela á la
altura ael drama y del poema heroico.
Éste insigne escritor poseía en un gra*
do eminente todas las eaalidades del
novelista: imaginaeidu, sensibilidad,
espíritu de análisis, finura, graeta y
viveza de genio. Baste recordar los tí-
tulos de sus obras, Kenilworth, Los pu-
ritanos de Escocia, Ivanhoí, La prisión
de Bditnburgo, que serán siempre otras
Untas jojas de la literatura universal.
Después de 1780, la ciencia histórica
alcanzó en iKaLATBBRA los misinos
progresos que en el continente: la
Historia de Greda, de Mítford, empe-
zada en 1784 ;^ concluida en 1810, na
sobrepujado a todo lo que anterior-
mente se había escrito sobre el asun-
to. Roscos, muerto en 1831, dejó es-
critas la Vida de Lorenzo de Méaiás y
la de León X. Maekintosh y Linp'ard
sa consagraron al estudio de la histo-
ria natural. Hallam, por su Ojeada so-
bre el estado de Europa en la Edad me-
dia y por su. IntroJnccL'n i la historia
de la literatura en Europa, llegó á ad-
3uirirs6 una doble gloria de crítico y
e historiador: la firmeza de sus jui-
cios, la extensión de sus coaociinien-
tos T la gravedad y energía de su esti-
lo, le colocan á la cabeza de los prosis-
tas modernos. El coronel Xapier ha es-
crito su Historia de la guerra de Espaiia
con más impareíalidad que Alisen su
notable Hittoria de la Europa de 17S9
á Durante este último período
de la literatura inglesa, la filosofía ha
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112
estado gloriosa mente rtpresentadft por
Üunld Stawirt, cutas obnB » han
hecno cláiicas; por Brown, su sucesor
en U cátedrt de U anirenidad de
Bdimburgo, j por Uaeldntoili. Bnfre
los autores de misceliness literarias,
sería injasto pasar en silencio los nom-
bres de Haxlitt, crítico delicado, j de
Isaac Israeli, autor de las Curiosidades
de la literatura. Ba otro orden de ideas,
Jeremías Beutham j Malthus se hau
conquistado igualmente una gran re-
putación; el primero, como moralista
j jurisconsulto, j el segundo, como
economista. — Terminamos este breve
é imperfecto resumen histórico, con-
signando: que el carácter más notable
de la actual literatura inglesa es el
predominio de U pronaobra la poesía,
y en la prosa, la saperiorídad de la
historia j de la novela sobre los demás
géneros. Todas las celebridades poéti-
cas se han visto eclipsadas por la ñima
del historiador Macaulaj, así como
por los brillantes tiiunfüs de Dikens j
de Thackeraj. — Puede verse á Rober-
to Chainbers, Cj dopediaof Englith li~
teraíure; S. Johnson, Zí/« of thepoett;
Warton, The hittoryojBngíiik poetry;
Horacio Walp.}Ie, Catalogue of thero~
¡fal and noHe autiort ofÉngland, Lon-
dres. 1806; J.-G. Bar! lace, íIh hislori-
cal skítch of the progresa in knowleige
in Syiand, ^Nichols, Historia de
la literatura inglesa, 1817-31; Graj,
Historkal sketch of tíü origin of E%-
alish prose Utonture muí %ts progreseUf
Londres, 1835; Hawkins, The orúi»
of ihe Snglith drama, Oxford, 1773;
Campbell, Lifes of ihe poet»; Ch. Co-
quarel, Bittóire de la poetie anglaite,
París, 1827; Allán Cúningham, Bio-
granhical and critical history of íheBrü
tish literature of the Uut jff/íy yeart,
París, 1834; L. Uézi&res, Hittoire cri^
tique de la liítírature MfUiu, París,
1841, 3 volúmenes.
22. &oHemo. — Bl de Inouterba
es una monarquía hereditaria j cons-
titucional. El soberano renne a la dig-
nidad de magistrado supremo de Ta
nación, la de jefe de la Iglesia: la pri-
mera, le da el derecho de coavoear el
Parlamento cuando las ciroanstancias
lo exijan, declarar la guerra, hacer la
paz, alianzas 6 tratados de comercio,
levantar tropas de mar j tierra, pro-
rrogar, suspender ó disolver las Cá-
maras, nomorar á todos los empleados
civiles j militares, j á las principales
dignidades eclesiásticas; la segunda,
le confiere el de couvocar los sínodos
nacionales y provinciales.— El re^
confía el poder ejecutivo á doce mi-
nistros, que forman el Gabinete, á sa-
ber: el presidente del Consejo, el Gran
Canciller, que preside la Cámara de
los Pares, el Canciller del sello priv».
do, el primer lord de la Tesorería, que
es el primer ministro; el ministro de
Hacienda, an secretario de Bstado
para los asuntos interiores, j otro
para los exteriores y las colonias, el
presidente de la ofícina del Registro
j del Comercio, el intendente de la
Moneda /elprimer lord del Almiran-
tazgo á ministro de Marina. Bstos dft*
INGL
partamentos ministeriales j las admi-
nistraciones qae de ellos depsaden,
ocupan un número menor de funcio-
narios qae an los demás países euro-
peos, relativamente i la población,
pero están mucho mejor remunerados.
Bl poder legislativo se halla represen-
tado por elTarlamento inglés, el más
antiguo de las asambleas legislativas
de Europa. Se compone de dos cáma-
ras: la de ios Pares j la de los Comu-
nes. Constituyen la primera 3 prínci-
Ses, 2 arzobispos, uno de ellos, irían-
és; 20 duques, 22 marqueses, 138
condes, de los cuales, 28 son escoce-
ses y 16 irlandeses; vizcondes, 27
obispos, 112 barones j 11 pares. Se
distinguen en cuatro clases: pares de
Inolatbuu, de Irlanda, de Escocia j
eclesiásticos: su número varía, según
las vacantes por defunción t los nom*
bramientos. La Cámara de los Comu-
nes tiene un número determinado de
658 miembroB.- 471 por IvaL&TBBRA,
29 por el país de Gales, 53 por Bsco-
cia y 105 por Irlanda. De los 471 di-
putados que corresponden á lKai.A,TB-
BBA, 144 son nombrados por los conda>
dos, 4 por las universidades y 323 por
las ciudades y villas. A. los represen-
tantes de los condados se les designa
con el nombre de knigkts of the shire,
caballeros del condado. Bl Parlamento
propone las le^es y los impuestos
anuales; pero ni éstos son elevados á
la categoría de lev sia la aprobación
previa de las dos Címaras, ni aquéllas
adquieren fuerza ni valor alguno has-
ta después de recibir la sanción real.
23. Sistema electoral. — Según el Ac-
ta de reforma dt i 867, que ba modi-
ficado el sistema electoral de Inqu-
TBBR&, todo habitante de \m grandes
villas (ciudades) que ocupe una casa
á título de propietario, es elector,
siempre que lleve un año de residen-
cia y naya satisfecho la cuota munici-
pal ó de pobres. Los enfiteutas, houso-
holders Qefes de fiamilia), son elec-
tores después de an afto de domicilio,
y á condición de pagar personalmen-
te la cuota municiml, y por el arren-
damiento, un schellingj medio cuan-
do menos (1 peseta 82 céntimos pró-
ximamente) cada semana. Los qne se
designan bajo la denominación de com-
puni householders , deben satisfacer
directamente la cuota que antes en-
tregaban porconductode sus landlords
ó propietarios territoriales. Bu cuanto
á los inquilinos parciales (loJgersJ,
tienen el derecho de franquicia, siem-
pre que justifiquen un año de residen-
cía y pagiien anualmente un alquiler
de 10 libras esterlinas (243 pesetas).
Bn los condados basta para ser elector
poseer la propiedad de una tierra que
produzca 5 libras esterlinas, ó de ocu-
par un inmueble, pagando 12 libras
de alquiler ó arrendamiento, y estar
sujetos á la correspondiente cuota de
pobres. Las circunscripciones electo-
rales han experimentado también al-
guna modificación, pues varias pe-
queñas poblaciones que, por sí solas,
elegían en otro tiempo un represen-
tante, se ven hoy privadas de tal
INGL
Srerrogatíva. Las ciudades de menos
e 10.000 almas, sólo mandan nn di-
puUdo al Parlamento. Bl número de
los electores, después de la citada re-
forma, se avalúa en 1.440.000; de és-
tos, 730.000 corresponden á las gran-
des ciudades, de los cuales 45U.000
son obreros. En Inolit^kba, la elec-
ción se hace levantando la mane; pero
si el resultado es dudoso, se recurre
al poli ó voto escrito.
24. Organización judicial. — La jus-
ticia está administrada en los conda-
dos por jueces de paz, elegidos entre
los principales propieúrios, y su nú-
mero asciende en Inolatbbba y el
país de Gales á más de 18.000; pero
el título sólo es honorífico para algu-
nos de ellos. Ejercen gratuitamente
sos funciones, conferidas casi siempre
á perpetuidad ¡ y entienden en lo crimi-
nal y en lo civiL Su competencia civil
está circunscrita, poco más ó menos,
á los mismos límites qne nuestrosjuz-
gados de paz; pero cuando ise reúnen
en sesión trimestral, constituyen un
gran jurado y su iurisdícción es mu-
cho más extensa. La justicia civilestt
igualmente ejercida por los tribunales
de los condadoSj especie de juzgados de
primera instancia, compuestos de un
solo magistrado inamovible. Imoli-
TBRRA. está dividida en 8 circunscrip-
ciones judiciales, las cuales son -visi-
tadas cada seis meses por los miembros
de los tribunales superiores de' Lon-
dres,quienes presiden los jurados. En
dicha capital existen además tribuna-
les especiales t como el del Almirautat-
go y el de Divorcios. La Cité tiene dos
tribunal» de policía, regidos por el
lord corregidor y un aldertnan, cuyo
último ear^o equivale á nuestros re-
gidores. Ciertas causas pueden ele-
varse en apelación ante la Cámara de
los Lores.
25. Administración comunal. — El
cuerpo municipal, totalmente refor-
mado en virtnd de una acta reciente
del Parlamento, se compone de un al-
calde y de varios regidores (alderman)
y burgueses. Se comprende bajo esta
última denominación, á todos los in-
dividuos que llevan tres años de re-
sidencia an la población y son due-
ños de una casa 6 tienda, los cuales
son llamados á elegir los concejales.
Para ser elegible, es necesario poseer
un capital de 1.000 libras esterlinas
en las ciudades compuestas de cuatro
bar.'ios ó distritos fwards), y otro, de
500 libras, en las poblaciones menos
considerables. Bl número de los con-
cejales es proporcionado al de la po-
blauiún.
26. MaHnaif fuerzas militares.
prosperidad de la navegación inglesa
data del protectorado de Crom wel: una
acta reservó exclusivamente á los bu-
ques nacionales el comercio delNGLi-
TBBBA y de sus colonias: las mercan-
cías procedentes de los demás países
no podían entrar en los puertos de la
Gran Bretaña, sino bajo el pabellón
inglés. La marina mercante ha sido
desde entonces una grande escuela,
de donde la marina militar ha reclu-
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INGL
U3b los hombres mái hábiles é intré-
ptdoi ptra cubrir las- Tacantes que
dejabaa eu las tripulaciones así las
TÍctoriM como laa derrotas. — Compo-
nen la marina real inglesa 910 bu-
ques de toda clase, i saber: 312 de
construcción moderna; 213 de eons-
traeción antigua; 90 torpederoa de
1.* elase; 70 de segunda; 147 vapores
y barcos de veta para servicios de es-
táeidn j 78 vapores para servíeioi va-
rios. Los 312 buques de construcción
moderna suman 1.098.995 toneladas,
con fuerza total de 2.245.500 caballos;
tienen en conjunto 1.889 cañones de
mis de 10 centímetroé,' 955 tubcs
lanzatorpedos' j 74.875 tripulantes.
Lo8 213'Duqdes de construcción anti-
gua suman 480.923 toneladas, 338.000
caballos de fuerza, 998 cañones, 164
tubos lanzatorpedos y 34.342 trípu-
láctes.— La defensa del territorio está
confiada princípalmeott á las fuerzas
navales; el ejército ñgurt en segunda
línea, á menos que el enemigo no
aoftenace las costas, ó qne el Gobierno
interrenga en las guerras continenta-
les. El reemplazo del ejército se hace
pfir alistamiiintos voluntarios; y es
necesario que una lej declare en pe-
ligro la patria, para obligar á un ciu-
dadano inglés á empuñar latí armas,
ffl Parlamento fija el número de las
tfopas regulares todos los años. El
reclutamiento de la marina se hace
también por alistamiento, como en el
ejército; pero, en tiempo de guerra,
paede el Uobierno recurrir á los alis-
tamientos forzosos ó orase (leva), la
e&al consiste en apoderarse de todos
los individuos que parecen aptos pira
el servicio de la marina* — BÍ efectivo
d^l ejército permanente es de 253.675
individuos, de los cuales 132.005
pxeátaa servicio en el Reino Unido j
los restantes se hallan distribuidos en
la India (73.162), Malta (10.682), Co^
lonia del Cabo y Natal (8.733), Gi-
btalUr (5.430) j Egipto (4.369).
27. fnttrueciét pública. — El Gobier-
no-británico no sostiene grandes es-
tablecimientos de instrucción; pero el
pais^ cuenta, sin embargo, muchas
instituciones fundadas y asistidas por
los particulares. — La enseñanza su-
perior se da en nueve universidades,
entre las que figuran: la de Oxford,
fondada en el año 896; la de Cam-
brid^, en 915; la de Londres, en
1826; la de Edimburgo, en 1852; la
de Glasgow, en 1453; la de San An-
drés, «n 1411; la de Aberdeen, en
1494 ! 7 la de DabUn. en 1591. Los
treegmndes colegios de Eton, Wést-
mioster y Winchester están destina-
dos para preparar á los discípulos que
deben seguir los cursos en las univer-
sidades. Los establecimientos de ins-
traeción primaria han sido, en su
mayor parte, creados por los particu-
lares, ó por sociedades filantrópicas:
la eoseSanza es gratuita. Se distin-
!^en las ercuelas de párvulos; las de
los domínaos, que frecuentan sobre
2.000.000 de adultos, y las naciomleg,
«n donde se sigue el método conocido
con el nombre ae emeiwta wtuína»S^ü
INGL
et importe de las suscripciones de
particulares, se ha costeado también
el Colfgio del Rey, establecido en Lon-
dres; en casi todas las poblaciones
manu&etureras se han fundado, bajo
la denominación de mechaniet insti-
tuífs (academias mecánicas), estable-
cimientos para los artesanos, ^ los
dUtentert o disidentes han envido
multitud de escuelas para los niños
de su» correligionarios. Bl número de
las academias é institutos eientHieos
es considerable; especialmente, eu los
grandes centros de población, y los
trabajos de algunos de ellos los han
colocado en primera línea, entre las
sociedades cientíñcas de Europa: tales
son, por ejemplo, la Sociedad Seal de
Londres, fundada en 1662, y la Socie-
dad Real de Edimburgo, El Gobierno no
contribuye en nada al sostenimiento
de estos centros de instrucción, cos-
teados e^Lclusí va mente por las suscrip-
ciones voluntarias. — Las bibliotecas
públicas son riquísimas en obras pre-
ciosas y se calculan en 900.000 los
volúmenes qne contienen,
28. Poblacién y euUos.~ljk Ihols.-
TBBRa, propiamente dicha, vendrá á
ser como la mitad de la Prusia, la
Noruega ó la Italia: la superficie de
su territorio no está en proporción
con el número de sus habitantes, con
su poder y sn riqueza. Su actual po-
blación es de 27.4H3.490 habiUntes.
— La división de esta población, se-
gún la diferencia de cultos, ofrece de-
talles de estadística extremadamente
curiosos. Las prolongadas guerras ci-
viles, de \fM cuales fué la religión,
si no la causa, el pretexto, dejaron
á los habitantes de las islas briti-
nicas.dtvídídos en varías sectas, éhe-
migas irreconciliables las unas de las
otras. Los anglicanos siguieron los ri-
tos de la Iglesia episcopal de Inola.-
'T>^aRa, establecida por Enrique VIII,
cuando éste se separó de la Iglesia ro-
mana, que era el culto dominante, la
religión del Estado, la que poseía la
autoridad y la riqueza. Los católicos
constituyen el culto primordial y el
de la mayor parte de la población ir-
landesa. Los disidentes forman tres
categorías: la de los mfíodisUu, espe-
cie de reformados anglicanos, que se
han multiplicado prodigiosamente en
iNuULTBSRa desde priucipios del pre-
sente siglo; la de los pariíanott que
componen la población de Bscocía,
que fueron los más ardientes auxilia-
res de Cromwell y los que más contri-
buyeron al establecimiento de la re-
pública en Ikglktbrra; la de los ana-
oapíistas ó cuákeros, esparcidos por
todas las islas británicas, los cuales
cooperaran poderosamente ála funda-
ción de las colonias inglesas, de que
se formaron los Estados Unidos, y los
ju lios, que residen principalmente en
ínoljlt. BR&. La Iglesia anglicana po-
see en este reino sobre 9.860 parro-
quias: el personal da su clero se com-
pone: de dos arzobispos, el de York y
el de Cantorbery; de 23 obispos, qne
son los de Londres, Durfaam, Win-
chester, 3ftngorf Bath y Wells, Gar-
INGL
113
lisie, Chester, Chichester, Kly, Em-
ter, Glócester y Brístol, Herefort,
Lichfield, Lincoln, LlandafF. Mán-
chester, Norwich, Oxford y Peterbo-
rough, Ripon, Rócbester, Salisbury,
Stasaph, Sent-Davids, Wórcester, So-
dory Man. El número de los minis-
tros del expresado enlto se calcula en
20.000; sns rentas, en 222.500.000
pesetas próuoumente; la dotación de
eada eclesiástico, en mis de 11.000
peseta8.~Los prelados mejor retri-
buidos, son: los de Ourhara, que po-
seen sobre 576.000 pesetas de renta;
los de Cantorbery, 500.000; los da
York, 336.000, Los menos ricos, son
lós de Sodor y de Man , cuya renta
apenas excede de 55.000 pesetas. Los
rectores de las parroquias están me-
nos retribuidos que ¿i alto clero: la
mayor parte de ellos sólo perciben
2.000 pesetas. Los ministros disiden-
tes ni tienen rentas ni honorarios, por
cuya razón están atenidos á los dona-
tivos voluntarios de sus feligreses.
Desde el reinado de Enrique VIH, los
soberanos de Inol&tbbu vienen ejer-
ciendo la doble autoridad temporal y
espiritual; son los jefes supremos de
la Iglesia y los que disponen ú orde-
nan l:;s ayunos, las oraciones y los que
confirman los nombramientos de los
' prelados. La celebración deldumingo
¡ se observa en Inolaterba con una re-
' ligiosidad de que no se conoce ejem-
I pío en ningún otro país. Asi sucede
: que en dicho día no se abren los tea-
! tros, ni se baila, ni aun se juega en
I las casas pariiculares, llegando esta
rigidez hasta el extremo de imponer
multas al que se arriesga a cantar ó
tocar algún instrumento. Londres, en
un día festivo, más qne una ciudad,
parece un campo santo.
2 \ Propiedad terriíorial. — La no-
bleza inglesa es la menos nnmerosay
la más rica del universo: no cuenta
otros privilegios que los que van uní-
dos á su calidad de propietaria y á la
dignidad de pares, ni está exenta del
pago de los tributos. Algunos lores
disfrutan una renta que supera con
mucho á la que figura ea los presu-
puestos de^varing soberanos de otros
países: la casa de Sutherland posee en
Escocia una superficie de 400.000 heo*
túreas, ó sea 1.168 kilómetros cua--
drados. La propiedad daba, no hace
mucho, sólo en la Gran Bretaña, un
total de 22,668.000 hectireas de tie-
rra y 2.511.994 casas habitadas é iu-
h-ibitadas: el número délos propieta-
rios apenas ascendía á 600.000. Por
consecuencia, cada propiedad repre-
s^'utaba, por término medio, 40 hec-
táreas y 4 fincas. Se cuenta un pro-
¡ pietario de tierra ó de casas por cada
¿i iiabitantes; un propietario rico
' por cada 350 personas, y un propieta-
rio acomodado por cada 33. Contraria-
mente á lo que fucede en otros países,
las propiedades medianas son mñs nu-
merosas que las pequeñas, y estas úl-
timas no forman más que una 125,'
parte de la población. Con razón,
pues, se dice que Inglatebra. es la
nación más rica de Europa y la que.
XOHO 111
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114, imh
encierra majoi númflrodfl gentu mi-
lerablei.
30. Montdat^^h^ quinen, moDoda
de oro, vale ceret de 25 pesetas 75
céntimos: la corona 6 eronm, de plata,
ie divide en cinco scAelUnes, cada uno
de los cuales equivale á 1 peseta 25
céntimos: el schellíu se subdivide en
12 penichet ó dineros. La libra eiierlina
vale aproximadamente 24 pesetas 25
céntimos.
31. Dhisión política. — La Inqlá-
TiíRRA. j el país de Gales, incorpora-
do á'ésta en 1285 por Eduardo I, con-
tienen juntos 52 thires ó condados:
40, la primera, jr 12, el segundo; 6, es-
tán situados ú Norte; 10, al Medio-
día; 18, en el centro; 6, al Oriente, j
12, al Occidente. Los condados del Ñor-
ti son: Norlhumberlandt Ciimierland,
Wetmoreland, Durhain, York y Lán-
catíer: sus capitales respectivas, New-
castle, Carlisle, Applebr, Durham,
York j Láncastér. — Condadot del Me-
diodía: Sémmerset, Wilí, Berck, Su-
rrejf, Kent, Cornwall, Devon, Dorcel,
Soatham¡.tjn y Sussex: capitales, Bath,
Salisburj^, tieading, Guílford, Can-
torbjr^, LauQcesti n, Eiteter, Dorches-
ter, Winchester^ Chichester. — Con-
dados del centro: Chetter, Derhyt Not-
tinghariit Liiicoln, Síajford, X,éicester,
Rutlandy Shrop, Wórcester^ Warmici,
Northampton^ Hnntinúíon, Meri/ord,
UonmoutÁ, Oldce$ter^ Oxforit Bedfori
y Búckin^kam: capitales, Ghester^
Derbjr ( Nojttingham, Lincoln (Stafford ,
Léicester, Oakiam, Sbrewsbnry.'WiJr-
cester, Warwich, Nortbampton,Hun-
tiogton,Hertford,Monmouth,Glóce8-
ter,Ox.ford, Bedford^Búckingliam.—
Condados delOr tente: NorfolkJ^amhr^-
ge, SuJ'olk, Bere/ord, Ésseay Middle-
tex: capitales, Norwich, Cambridge,
Ipswich, Herfort, Gólcbester y Lon-
dres.— Condados del Occidente ó delpais
de Gales: Anglesey, Caernarvon, Den-
bigh, Flint, Merioneth, Monígomery,
Cdrdigan, ítadnor, Pembroke, Caermart-
hen, Brecknock y GUmorgan : capita-
les, Beaumaris, Caernarvon, Denbigh,
Flint, Dulgellji Montgomerjr, Cárdi-
gan, Raduor, Pembroke,Caernurthen,
Breeknock y Cardiff.
32. Poblaciones. — Las m&s notables
del reino que se describe, son: Lon-
drest cantal (véase en la letra respec-
tiva).— Acorta distancia de aquélla, se
halla Wtndsor, sobre el Támeais, resi-
dencia ordinaria delacorteicon 13.000
habitantes (población aproximada),
hermoso palacio con magnífica capilla
y- parque. — Birmingham, con 240.000
almas, considerada como el inmenso
taller del reino por sus grandes fábri-
cas de armas, sus joyerías, máquinas
de vapor y gran coraarcio en quinca-
lla.—Zíc rpaolt ciudad grande^ her-
luuSB, eminentemente mercantil, si-
tuada en la embocadura del Mersej,
con 440.000 habitantes, vastísimos
astilleros, buenas fábricas de maqui-
naría, muchos establecimientos cien-
tíficos, soberbios edificios, gran centro
manufacturero, el primer depósito da
algodón el segundo puerto del mundo
por stt activo y extenso comercio. Para |
INGL
tus nuestros ilustrados lectores ^ue-
an concebir una idn del movimien-
to vertiginoso de Liverpool, bastará
decir que loa buques que frecuentan su
puerto anualmente, representan más
de 6.000.000 de toneladas.— J/iíiicAtrf-
ter^ ciudad populosa del condado de
Láncastér, asentada sobre el Irwol,
con más de 400.000 almas, y el ma-
yoi centro de la industria algodonera
que se conoce en el globo, rodeada de
poblaciones con excelentes fábricas de
seda j maquinaria.— ¿«ir<¿i, centro de
los huadoa de lanas, de la fabricación
de paños y primer mercado de estos
artículos en el reino, situada en el
condado de York, con 190.000 habi-
tantes.—íSIí/íW, con 140.000 j bue-
nas fábricas de obras de aeero y de
máquinas de vapor. — Plgmontht asen-
tada sobre la costa en el condado de
Devon, entre las embocaduras del
Pljm y del Tamar, con 100.000 al-
mas, puerto militar, quizá el más
considerable de Inqlatbrba, arsenal
f' fortificaciones. — Bríslol, ciudad
impía, hermosa, bien edificada y la
más mercantil después de Londres,
con 160.000 habitantes, vastos esta-
blecimientos para construir locomoto-
ras y vapores, industria, universidad,
baños termales y magnífico puerto. —
Greenmich, en las cercanías de Lon-
dres, coa 80.000 almas, espacioso as-
tillero, hospital para la marina y el
principal observatorio astronómico del
reino. — Porímouíh, en la costa meri-
dional y condado de Southampton,
frente á la pequeña isla de Wigth,
con 80.000 habitantes, principal de-
partamento de la marina inglesa, pla-
ta de las más fuertes del Remo Unido
y puerto de- los más extensos, más se-
guros y mejores del Océano. — Bath,
con 60,000 almas, fábricas de papel y
famosos baños termales mujr concu-
rridos.— Oxford, capital del condado
de su nombre, ilustre y célebre por su
docta universidad, con 35.000 almas,
multitud de colegios, bibliotecas y
gabinetes de curiosidades. — TorAf
ciudad lindísima, antigua mansión
de emperadores romanos, situada so-
bre el Ouse, con 40.000 habitantes, y
una catedral, que es de los mejores
edificios góticos de iNOLATaRBA. —
ffuU, sobre la orilla izquierda del
Humbert, en excelente situación para
el comercio, que hace con todos los
países del mundo, con 100.000 almas
y el primer puerto del reino para la
pesca de la ballena. — SouíAaníptont
con 45.000 habitantes, extraordinario
comercio en vinos frauceses y princi-
fial estación de los vapures que hacen
a carrera de América y de las Indias
oútüUl&MtSúnderlumlt con 140.000
almas, numerosa marina mercante,
activo comercio, abundantísimas mi-
nas de carbón, espacioso puerto y uu
elevado puente s >bre el Wear. — Cam-
bridge, con 36.000 habitantes, célebre
universidad y buenas bibliüteca.% —
Derbg, con 50.000 almas, fábricas de
loza y china. — Chesler, situada sobre
el Dee, con 30.'l00 habitantes, nota-
I ble por su canal jr ei^uisito ^ueso. —
INGL
Nottinghant capital del condado d«
igual nombra, con 70.000 habitantat,
considerada oomo el principal depó-
sito de las mejores medias de seda, de
lana y de algodón. — Ceterm trtAen, ca-
fital del principado de Gales, con
0.000 almas, en cujra comarca se en-
cuentran las notables minas de estaño
de Cornuailles y las de hierro de i/«r-
lAjr-Tgdtil.
33, ilistoria. — Por los años 55 antes
de la era cristiana, conquistaron lus
romanos la Inolatebra t una parta
déla Bscocid. Esta grande isla hnllá-
base entonces habitada p ir los Cele-
donios, que ocupaban el Norte, y los
bretones, el Mediodía, quieuea habían
conservado los hábitos de la Galia
céltica. El retrato que César v Tácito
nos han legado de estos pueblos, re-
cuerda á los naturales de la América
septentrional. Julio César dio la pri-
mera descripción auténtica del país
ue nos ocupa, al cual se trasladó,
espués de la conquistada las Gallas,
sin que obtuviera grandes resultados.
A principios del siglo v abandonaron
la isla las legiones romanas; peroquer
daron sus moradores sujetos á las co-
rrerías de los pictosy scotos del Norte,
y en 449 viéronse obligados á recla-
mar el auiílio de los pueblos de la
baja Sajonia, denominados anglt, an^
glos y sajones, los cuales, so color da
iimigos y de aliados, arrojaron á los
fiictüs del territorio, y haciendo luego
o propio con los bretones, se ajpodera*
ron del país, lo dividieron en siete pe-
queños estados, 7 tomando sus respec-
tivos jefes el título de rejr, viéronse
entonces elevarse otros tantos reinos,
unidos entre sí por una confederación
politica, conocida en la historia con la
denominación de hepíarquia, la cual
duró hasta principios del siglo ix. Por
esta época (827), tueron reuuid'-S esr
tos siete reinos en uno solo, y quedo
fundada la monarquía inglesa baxo el
cetro de Egberto, rey de Wessex, el
cual dió á todo el territorio que abM-
caban sus dominios^ el nombre de
AngUhmi (tierra de los anglosjt
donde se deriva la denominación mo-
derna Fngland, que tos españoles %Ür
ducimos por iNQLATBftU. Bratt loStait
glos una tribu de suevos, pueblo da
raza germánica; habitaban el Schles-
wig, entre el li:ihico y el. mar del
Norte; se establecieron principalmen-
te en el Nortbumberland, que com-
prendía toda la parte septentrional del
Humber y la meridional del Jorth, é
importaron de la Germaiiía loa priO"
cipios de nrganizacion social y políti-
ca. Alfredo el Grande intentó en vano
introducir luego los reglamentos ad-
ministrativos de Larluiuagno, sia que
sus sucesores alcanzaran resultados
mis felices en su oposición con el es-
píritu de libertad que animaba á sus
pueblos. En 1014 fué conquistada por
buenón, rey de Dinamarca, y en 1066
ciñó la corona Guillermo de Norman-
día, llamado el Conquistador; fijjí 1»
divisiúu geográfica actual y fundó el.
¡ ftíudaIÍ3iiia,pii-j sin poder destruir I»
1 antigua base de la orgauizaoión so-
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dil
fiíat
dil «nglo-sajona, qae «un subsistía
en al espíritu del pueblo iofi^lés. Des-
de el año 1100, Enrique I, hijo de
ute dltímo monmrct, le vid forzado á
leeoDoeer los derechos de las ciudades
j manicipios, concediendo á sus va-
nllos lm Moffna Cartay primer funda-
mento déla CoDstítación iaglesa: este
pacto político, entre el pueblo 7 el so-
berano, reconocía la necesidad de una
Asamblea nacional, el derecho exclu-
sivo absoluto de autorizar el impues-
to, la garantía del juicio (5 fallo de los
pares j de la observancia de ciertas
formas leales en todo procedimiento
eñDunal.BBjo-la8 dinastías de los sa-
jones la Asamblea nacional, óWiíen-
agmaí, se componía de prelados, de
abades ó clérigos, de alderman j de
jueces: bajo las de los normandos, U
eonitituyeron exclusivamente los je-
fes de fa Iglesia 7 del ejército. Bn
1215, los condados, las ciudades y los
manicipios arrancaron á Juan ¡sin
Tierra una nueva confirmación de la
Mi^M Carta; pero este monarca, des-
pués de haberlo prometido á los baro-
nes revoltosos, se hizo relevar de su
jaramento pOT el Papa, el cual declaró
la Caria ilícita é inicua, anulándola
j prohibiendo su observancia bajo pe-
na dfl excomunión. Los barones enton-
ces acudieron á las armas j elevaron
a] trono i Enrique III, quien confir-
mólt Mjigna Cartas en Í2()5,eon gran-
des modificaciones; en 1272, fue san-
cionada por Eduardo, 7 los miembros
dtil Parlamento alcanzaron una sen-
tencia de excomunión contra quien
quiera que violara el pacto fundamen*
tal. Birece, sin embargo, dice un his-
toriador, que estas precauciones no
inspiraban gran confianza, puesto que
el Parlamento exinó repetidas veces
de los soberanos ^e Inolatb&ra la
ratificación 7 confirmación de aquel
gran código político, á saber: cuatro
veres ¿ Enrique III, quince á Eduar-
do ni, siete á Ricardo ÍII, seis á En-
riqüe IV, T una á Enrique V. Merced
i «sta noble 7 valiente perseverancia,
quedó establecido el principio funda-
mental de la Constitución inglesa, de
que «ningún impuesto sería reclama-
do sin previo consentimiento del co-
mún consejo del reino.»
34. Dinoitlas. — Las dinastías que
se baii sucedido hasta el día de ho7
en l>oi,\TBRRA, son once: las de los
sajones v Plantagenets, que duraron
de200 ó 250 años, 7 las de los Tudors
7 de la casa de Brunswick, que reina-
ron durante más de un siglo. Después
de la dinastía sajona, la de los Plan-
tagenets ha sido la que ma7or nú-
mero de re7es ha dado á Inolaterra.
Durante este largo período, el gobíer*
no ingléiexperimentó profandos cam-
bios 7 grannes vicisitudes. Las gue-
rras sangrientas 7 luchas civiles que,
desde largo tiempo, venían perturban*
do al país, llegaron á su colmo por la
competencia de las casas de Láneaster
7 de York, que se disputaban la coro-
na eon empefio, dividiendo i la na-
ción an los dos famosos bandos de la
nn (¿san 7 la rota encarnada, por los
íngl
afios de 1461; Enrique YIH produjo
un cisma, en 1534, separándose del
gremio de la Iglesia romana: su hija
Isabel elevó la lHaLA.tBaBA á un gra-
do de poder extraordinario é hizo im-
portantes adquisiciones en Ultramar;
pero manchó su gloriosa historia 7 su
grande genio, haciendo morir en un
cadalso, en 1587, i su prima María
(Sstnardo, reina de Escocia. El secreto
del gran poder de Ihglaterev no er»-
pezó á ser conocido hasta el reinado
de aquella princesa. Isabel fué llama-
da al trono en el instante mismo en
que la reforma religiosa arrastraba
tras sí á todos los espíritus; se puso
al frente del movimiento, 7 hábil en
sacar todo el partido posible de la
Constitución inglesa, tuvo el singular
talento, el raro tino, de gobernar des-
{lóticamente sin herir los instintos de
a nación. Restableeid el poder de las
lejes, introdujo el orden en la Hacien-
da, diÓ nuevo impulso al comercio 7
& la marina, armó una flota pan que
diese la vuelta al mundo, envió coló»
nias á las dos Indias 7 echó los ci-
mientos de aquella poderosa compa-
ñía comercial que conquistó después
todas las comarcas que fertilizan el
Ganges 7 el Indo, fundando de esta
suerte el pueblo más rico del globo.
Su sucesor, Jacobo VI, rev de Esco-
cia, proclamado soberano de Imql&tb-
Ra& bajo el nombre de Jaime l, re-
unió las dos coronas que el interés co-
mún debió colocar,desdeIargo tiempo,
sobre unas mismas sienes. Bajo el ru-
ñado de este príncipe alcanzó el co-
mercio exterior un alto grado de pros-
peridad; pero la paz del reino serió
turbada por una profunda revolución
i que dieron margen la debilidad 7
tendencias despóticas de su hijo Car-
los I, el cual, condenado por los jueces
partidarios de Gromwell, fué decapi-
tado en 1619. Con el dictado de pro-
tector, gobernó Cromwell el reino, bajo
CU70 mando adquirió la marina ingle-
sa un poder extraordinario, que será
siempre un título de gloria para aquel
astuto^ terriblehombrede Estado. Res-
tablecida la monarquía, subió al trono
Carlos II, quien, sabiamente aconse-
jado por Clárendon, protegió el co-
mercio-7 la agricultura, 7 fundó la
Sociedad Real de Londres; pero compro-
metió luego los intereses de iNQLaTB-
RRA, uniéndose á Luis XIV para des-
truir el poder de Holanda, 7 su suce-
sor, Jaime II, arrojado del trono por
la doble influencia de la Iglesia atigli-
cnna 7 de la aristocracia, vio después
decretada la corona en favor de su
verno Guillermo, príncipe de Orange.
El Parlamento, iastruído por la ex-
periencia del pasado, redactó el Mll^
ri^ht ó petición de derechas, que res-
tringía el poder real 7 encargaba á
las Cámaras la vigilancia de los gas-
tos públicos. Durante el reinado de
A.na, hija de Jaime II, Terranova, la
bahía de Hudson, Menorca 7 Gibral-
tar fueron reconocidas como posesio-
nes inglesas. Bn 1714, eon arreglo al
acta de sucesión, la casa de Brunswick
suministró á la Gran Bretaña una
ítÍGL
115
nueva dinastía. Los reinados de Jor-
ge I 7 de Jorge II tuvieron que lu-
char oontra las usorpaciones del prín-
cipe Carlos Eduardo. Elevado al trono
Jorge III, en 1760, firmó en 1763 al
tratftdo que aseguraba & Inoi^tb&ba
el Canadá, la isla de Francia, el cabo
Bretón, la Dominica, la Granada, Ta-
bag). San Vicente 7 una parte del
Senegal; pero estas conquistas habían
agotado el Tesoro público, cu^a deu-
da llegó ¿ elevarse á la considerable
suma de 3.552.000.000 de francos.
Para atender al pago de esta enorme
cantidad, se aumentaron los impues-
tos, los cuales hirieron de una mane-
ra especial ¿ las colonias de la Amé-
rica del Norte, que, hasta entonces,
habían disfrutado el derecho de deter-
minarlos en sus asambleas provincia
les. Los diputados anglo-amsricanos
rechazaron el impuesto votado por el
Parlamento ingles, 7, reunidos en
congreso nacional, publicaron la eile-
bre declaración en virtud de la cual
las colonias coaligadas se erigían en
Estados libres 7 soberanos, bajo le
denominación de los Trece- Ettados-
Unidos. Mandados por Washington 7
auxiliados por la Francia, consiguie-
ron los anglo-americanos emanciparse
fiara siempre del 7ugo de la raetrópo-
i. Como si intentara indemnizarse de
la párdida de la América del Norte,
conquistó la iNOLaTERBa la mitad de
los Estados de Tipoo-Saeb, en la In-
dia, 7 echó de este modo los funda-
mentos de la m&s rica de las siete co-
lonias. Bn el interior, la tolerancia re-
ligiosa hizo grandes progresos; el de-
recho de los jurados, en nuteria
criminal, quedó establecido, 7 la abo-
lición de la esclavitud proclamada.
Cuando estalló la revolución francesa,
sus principios fueron acogidos con
verdadero entusiasmo en las reuniones
políticas; pero el partido tory, recupe-
rando en el acto todo su imperto, or-
ganizó contra la Francia, en 1793, la
primera coalición, terminada por el
tratado de Amiéns, en 1802. Una nue-
va coaliciin, llevada á cabo en 1805,
bajo los auspicios de lN0LATd8RA,díó
por resultado la caída del imperio
francés 7 el restablecimiento de la
casa de tíorbón.
$7. Sesnmen Aistdrico, — El fenda-
lismo duró en iNeLATSRRA desde 1066
á 1485, ba^o los rciinados de veintitrés
re7es; el despotismo, desde 1485 i
1641, bajo el mando de siete monar-
cas; la república 7 el protectorado,
desde 1641 á 1660, y el gobierno re-
presentativo, desde 1668 hasta nues-
tros días. —He aquí ahora el cuadro
de los soberanos que han reinado en
la Gran Bretaña, desde la invasión
normanda: Guillermo el Conquistador
I subió al trono en 1066; Guillermo II,
!en 1087; Enrique I, en 1100; Bste-
¡ban, en 1135; Enrique 11, en 1154;
Ricardol, en 1189; Juan sin Tierra,
en 1199; Enrique III, en 1216; Eduar-
do I, en 1272; Eduardo II. en 1307;
Eduardo III, en 1327; Ricardo II,
¡en 1377; Enrique IV, en 1399; Eori-
I que V, en 1413; Enrique VI, en 1422;
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Il6 iMí
Bdoardo IV, en 1461; Eduardo V,
en 1483; Ricardo Til, en 1483; Bnri-
quo VII, en 1485; Bnriquo VIII, en
1509; Bduardo VI, en 1547; U reina
María, en 1553; Isabel, en 1558; Jaco
bo I, en 1603; Carlos I, en 1625; repú-
blica 7 protectorado de Cromwell,
desde 1641 á 1660; Carlos II, en 1660;
Jaime II, en 1685; Quillermo III 7
María 11, en 1689; la reina Ana, en
1702; Jorge I. en 1714; Jorge II, en
1727; Jorge III, en 17fi0; Jorge IV, en
1820; Guillermo IV, en 1830; en
1837, Victoria I, y en 1901, Eduardo
VII, que actualmente reina.
36. Btnografia, — La palabra in~
gíé» recuerda uno de los pueblos más
grandes del mundo, j Tiene ¿ ser
como siaÓDÍma de nacionalidad, de
actividad mercantil, de industria, de
riqueza j de Estuosidad. Estudiada
etnográñcamente, la nación ingle-
sa se halla muj lejos de ofrecer la
homogeneidad de raza que i prime-
ra vista presenta. Los deaeenaiflntes
da los antiguos anglot j tajonet, es
decir, de los ingleses de pura raza,
forman una fomuia tan bien propor-
cionada como vigorosa. Los galos,
3ue habitaban la comarca, á la cual
ieron su nombro, han conservado,
sin mezcla alguna, el tipo bretm:
son menos rudos j francos que los
descendientes de los anglos; pero
más afables j muj corteses con los
extranjeros. Bstos tipos, estas di-
versidades de razas, tienden á per-
derse, 6 mejor dicho, á confundirse
en la gran nacionalidad inglesa. Con
tod^i en el suelo británico, más que
en ninguna otra comarca de Buru-
pa, las tradiciones se hallan pro-
fundamente arraigadas; las coatum-
. bres tienen allí fuerza da lev, j un
hombre de Bstado, sea cual fuese su
influencia, no osa jamás atacar de
frente los usos de tos tiempos aoti-
?^uos. A principios de esta siglo, un
amoso escritor francés , Cn&teau-
briaad, trazó, en su Genio del C'risiia-
nismo^ el siguiente retrato: «El pue-
blo inglés, mezcla de sangre alemana
j de sangre francesa, descubre por
todos conceptos su doble origen. Su
gobierno, formado de trono 7 aristo-
cracia; su religión, menos pomposa
qiie la católica, j más brillante que
la luterana; su soldado, tardo j acti-
vo á la vez; su literatura j sus artes,
su lengua, sua ímpetus, y hasta las
formas de su cuerpo, todo, en fin,
participa de los dos orígenes de que
procede. A la sencillez, á la calma, al
- buen sentido, á la lentitud germáni-
ca, reúne la brillantez, la ira, la sin-
razón, la vivacidad y la elegancia del
carácter francés. Los ingleses tienen
el espíritu público: los franceses, el
. honor nacional.» Los hombres j las
cosas, añade otro escritor francés, han
cambiado mucho desde entonces: en
. nuestros días, la cualidad más domi-
nante del carácter inglés es ese orgu-
llo indomable que le arrastra á aco-
, meter las empresas más difíciles.
cBste pueblo se considera superior eu
todo á las demás razas que pueblan la
tlem. Guando dice: tov inffl^, cree
haber dicho: csojr todo ío que se pue-
de ser en esta mundo.» Afladamos,
empero, que las costumbres inglesas
van despoj indose paulatinamente de
su repugnante exclusivismo j que, si
se encuentran todavía an Inolateru
U gravedad j la flema tradicionales,
se observa también al miamo tiempo
una marcadísima tendencia hacia el
nuevo espíritu de sociabilidad; aun-
que el carácter nacional, absorto en
sí mismo, se resista aún al senti-
miento de efusión humana. Desde
tos comienzos del presente siglo, el
inglés ha viajado mucho por el conti-
nente, de tal modo, que así se le
halla en los Alpes 7 en los Piri-
neos, como en las alturas del Tibet jr
del Himala^ra. Franco jr leal, poco
exigente bajo el pimto de vista de
Xas cumplimientos, el inglés ha veni-
do á hacerse un huésped bastante
cimodo, por consecuencia de su con-
tacto con loapuebloi del continente, j,
sobre todo, del francés. Pero no es en
el extranjero donde hajr que estudiar
el carácter, las costumbres, los hábi-
tos, el tipo de una nación: dibujemos,
pues, con el citado autor, el retrato del
loglés en sí, en su ciudad de Londres,
en sus condados, en sus ciudades, en
sus villas, en sus cortijos. — La socie-
dad inglesa, asentada todavía sobre
la base del feudalismo, presenta tres
categjrías diferentes: la aristocracia,
el estado burgués ó clase media j el
pueblo. La aristocracia goza todavía
de una parte de tos privilegios de la
Edad mediajcasitodossuslorestieneD
la pretensién de descender de los gen-
tilnombres norraandoi que acompa-
fiaron á Ouillermo el Vonquittadm'^
T no obstante, según algunos genea-
íogistas, es muj dudoso que lord John
Bussell mismo, ese -Mootmorencj de
Inoljltbrba, descienda de los Rous-
sel normandos. Bjran, el gran poeta
Byron, decía también con orgullo que
sus antepasados pertenecían á la raza
conquistadora. Sin descender á ínves*
tigar et fundamento de estas roman-
cescas pretensiones, diremos solamen-
te que la ma^or parte de los lores in-
gleses descienden de comerciantes, de
industriales ennoblecidos, sin contar
que algunos son hijo» de <w« ohrdt.
Hoberto Peel ^ lord Brou^ham se han
creado á sí mismos sus títulos nobi-
liarios. La nobleza inglesa ha tenido
siempre el buen talento de red uta r
entre las capacidades v celebridades
del estado burgués. Tan luego como
un industrial, UA mercader, un abo-
gado ó un médico ha adquirido bas-
tante fortuna para comprar una villa^
es decir, para nacerse elegir miembro
de la Cámara de los Comunes, toma
asiento en et Parlamento; r si llega á
ser un buen orador, un nombre de
Bstado distinguido, bien pronto se le
concede un escudo de armas j un bla-
són, j al hacer su entrada en el mun-
do aristocrático, se le recibe como si
realmente descendiera del mismo Gui-
llermo el £7oN^iMite</ar. Los lores son
los hacendados, los enfiteutas, esto es,
los señores dil suelo naeioni!, jr tet|<
ben el sudor j la sangre de las vast^
líos, mientras que los lores eclesiásti-
cos reciben el diezmo. Puede afírIaa^
se qiie las excesivas riquezas del clero
anglicano, como las excesivas de la
aristocracia británica, han de ser ta
causa infalible de la común ruina. El
sistema que pone en manos de veinte
señores feudales el terreno dé la in-
inensa ciudad de Londres, no tiene
títulos para ser más estable que el sis-
tema de la usurpación. Lo cierto ei
que, según dice la historia de todos
los pueblos, una riqueza tan fastuosa,
una opulencia tan desmedida, es el
enemigj más formidable de'los hom-
bres. La clase media inglesa es, ante
todo, comerciante é industrial: sejMi-
rada de.la aristocracia por una linea
de demarcación hasta hoy infranquea-
ble, se ha mostrado en todo tiempo
favorable á los movimientos populares !
que han estallado en las naciones ve-
cinas. La Cámara de los CoiQunes, eo
la cual toman asiento sus representan-
tes directos, es el centro, el foco re^l I
del gobierno, del poder, de la nació- j
nalidad: en esta Cámara es donde se I
han formado todas las celebridades
políticas y hombres de Bstado, á quie-
nes debe Inolatsrra sus libertades
constitucionales. El pueblo, es decir,
la clase obrera de las ciudades j de
los campis goza de toda la pleoitud
de la libertad individual: la lej le !
protege, como a los lores j i los bor-
f'ueses; pero estas dos últimas clases i
e tratan con cierto desdén, el cual ha ¡
inspirado á un viajero francés las si- !
guientes frases: «en iMaLATaBsá, el !
obrero está mejor retribuido; enFrsn-
cia, más considerado^» T » \
efecto: en Ihola.tbrba, el precio de
los salarios es más elevado que en
Francia; pero el obrero se halla, en
cierto modo, reducido al estado de
paria indio; la' sociedad, con asegu-
rarle el precio de su trabajo, cree ha- I
ber cumplido todos sus deberes. Así 1
ae ve el aspecto triste y desconsola
dor que ofrecen las calles de M^n-
chestec, de Bírmingham y aun de
Londres, cuando las fábricas arrojan
aquellas oleadas de millares de obre-
ros sucios, andrajosos, embrutecidos
por el abuso de los licores fuertes.
Debemos hacer constar,' sin embar-
fo, la solicitud con que el Gobierno
a procurado en todo tiempo mejo-
jrar la existencia material de los arte-
sanos, y así sucede 4^ue casi todos los
artículos que constituyen el prin-
cipal alimento de las clases popu-
lares se hallan exentos de pago de
derechos. La aristocracia inglesa quie-
re, ante todo, que el trabajador ett'
alimentado, pero nada máf. La bes-
tía de carga debe tener fuerza para
trabajar, llevando á la casa del amo
su utilidad y su jgranjeria. Quien no
ve el peligro de este régimen, está
ciego, porque es claro que llegará una
hora en que la bestia conocerá que es
hombre Tarrojarálacarga.~ElingIés,
observado y estudiado en el hogar do-
méstico, en la familia, presenta tam-
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INGL
INGL
INGL 117
Uén nh tipo 7 un carácter que le «olí
|>ropios. Él derecho de primogenítura
existe allí en todft su extensión; U pro-
piednd es en a1p<in modo inalienable;
desuert« que, para comprar una tierra .
es necesario comprar también el título
á la cual va casi siempre unido. Si un
lord ó un opulento Hacendado tiene
hijos varones, así que éstos van eum-
filiendo la edad de 2l años, los llama j
ES dice: «Tú, que eres el priningénito,
heredarás mis títulos y todo lo que jo
poseo, así lo quiere la le^ inglesa; tú,-
que eres el segundo, seras militar, jo
te compraré un grado en el ejército;
tá, que erM el menor, irás á Calcuta
ó i otra poseslén británica, yo te daré
Qoa pacotilla, harás tus negocios, te
enriquecerás, regresarás á lüaLATB-
SBA. a los 40 años, comprarás entonces
un títnlo é irás á sentarte en la Gáma>
ra de los Lores, al lado de tu hermano
májor. » En cuanto á las jóvenes, si no
encuentran un esposo, no sólo rico,
tino con títulos, no les queda otro re-
fugio que los conventos o monasterios,
á menos que no prefieran envejecer,
Injo el nombre terrible de ílas^ eo la
casa paterna. Y he aquí llegada la
ocasión de decir algunas palabras so-
bre la condición déla mujer en Ih-
ouTBBBA, 7 de destruir algunos
errores tan grandes como inveterados.
Créese generalmente que en la fami-
lia inglesa la mujer desempeña un
papel seeondario, y no es cierto. En
ningpán país del mundo se encuentra
la posición de la mujer mejor deter-
minada, más claramente dennida, que
entre los ingleses. La madre de fami-
lia, ya sea noble, ya burguesa, no se
ocupa más que de los cuidados del
interior, mientras que el marido le
ahorra los quehaceres de los negocios
de faera, j jamás le comunica el me-
nor detalle sobre este punto. La mu-
jer, por su parte, educada según la
tradición nacional, no pregunta nun-
ca nada sobre aquellas cosas que
deben serle extrañas. >Si es bastante
rica, ni aun se ocupa del interior, de-
Í'indo este cuidado á una ama de go-
liemo. En cuanto á la influencia mo-
ral que ejerce, es tanta ó quizás me-
jor que en otros- países de Europa,
ta donde las obligaciones de la madre
de familia están incontestablemen-
te mal definidas, j en donde se la
ve constantemente mezclada en los
asuntos comerciales ú otras ocupacio-
nes, sin tener asignado en la sociedad
un oficio concreto. La ventaja, por lo
tanto, se encuentra desde luego de
parte de la madre de familia inglesa,
it cual no ha conocido nunca las diñ-
eultades é inconvenientes que ofrece
la vida pública. Se dice también que
cada &milia inglesa viva en el más
eoapleto. aislamiento, retirada en sí
-misma como en una fortaleza: en efec-
to, las reaniones son raras en aquel
país, á menos que no tengan un ob-
jeto político, j aun en estos casos ex-
-ttpeionales, no se mueven los ele-
mentos de la vida pública como se
'úaaven j se combinan en otras par-
ta.-.En J.848,.ie insurreccionó el pue-
blo de Londres; millares da obreros,
reunidos en uno de los barrios de
aquella populosa capital, amenazaban
atentar seriamente contraía seguridad
pública; pero así que los relojes de
Londres aieron las seis de la tarde,
toda aquella enfurecida muchedumbre
se dispersó como por encanto. ¿Qué
era. pues, lo que allí había ocurrido'
¿Habían recibido los grupos alguna
carga de los horsegaard$ (guardias de
á-cabailo)? Nada de eso; era la hora da
tomar el te, j el obrero, rutinario por
carácter j esclavo de las necesidades
materiales, había ido á encerrarse en
las tabernas, olvidándose por completo
del objeto del motín. Es esencialmen-
te positivo el profundo, el religioso
respeto que el pueblo inglés pro»sa á
la lej; la vara negra de un jefe de po-
licía basta para disolver un grupo, y
no se ha oído jamás que haja habido
quien se resistiera al mandamiento
ae aquel humilde magistrado. Pero es
preciso que los legisladores y las per-
sonas encargadas de la ejecución de
las lejes permanezcan fieles .al culto
de la tradición, aun á las costumbres
más vulgares. Así el lord canciller
sería considerado conio un profano, si,
en el ejercicio de sus funciones, no
llevara puesta la peluca tradicional
que, por sí sola, eonstituje la mitad,
cuando menos, de su autoridad origi-
naria. Los jueces j los abogados no
ejercen sin peluca: será niuj grotesco;
pero la tradición queda.de esta suerte
mantenida en toda su fuerza, j en
iNQLATsaRA ha reinado siempre de
una manera tan despótica y absoluta,
que, en nuestros días, los nombres de
Estado se ven obligados á invocarla
para obtener las reformas más útiles
y necesarias. Eso que se ha convenido
en llamar el de corum, ejerce también
una grande influencia sobre la socie-
dad inglesa. Cuando los ingleses han
evitado el shocking (chocante) creen
hallarse á cubierto de toda tacha, por-
que el thocking sirve j^ara expresar
todo lo que podría henr las conve-
niencias sociales, lo que nosotros lla-
mamos el ridicuku La mujer inglesa,
además de sos cualidades físicas, que
son excelentes, es buena, afectuosa,
caritativa, y, después de la francesa,
la más afable del universo.— El inglés
es alto, delgado, rubio, inteligente, sa-
faz, valeroso, idólatra de su indepen-
encia y amante de su tradición: orgu-
lloso de sus instituciones liberales, no
estima más que aquello que pertenece
á su patria. Un embajador extranjero
decía: cen todas partes, la pobreza es
una desgracia; en iN'QLATSREtA, un
crimen.^ No haj .país en el mundo en
donde menos rubor cause el pedir j
recibir dinero. La seriedad flemática
^ujB, generalmente, caracteriza á los
■ingleses, hace que se les juzgue mal
á primera yista; pero cuando conceden
su amistad, lo hacen sin reserva j sin
.dolo. La piitria y la familia absorben
por completo todas ^us afecciones:
íiaj en el fondo da su carácter una
extraña mezcla de generosidad, hu-
manidad, codicia j egoísmo. Como
eosmopolitarj pródigos, raeorren to-
das las reptónos del globo buscando
un remedio contra el $ple€» ó melan-
colía negra q^ue los devora, causa de
tantos suicidios. Las clases inferiores
se entregan á la bebida, y el número
de los criminales condenados es me-
jor en lNai.A.TBRBA. que en ningún
otro de los Estados de Europa. La
gravedad j el desdén nacionales tien-
den á desaparecer, de algún tiempo á
esta parte; el Gobierno mismo, sepa-
rándose de la senda del aislamiento j
del exclusivismo, procura acortar las
distancias que separan á los pueblos,
favoreciendo con su poderosa influen-
cia y eficaz iniciativa las relaciones
internacionales. En efecto; en 1851
dió de ello noble ejemplo á todos los
países de la tierra, abriendo an gran
concurso á las artes, á la industria, á
todas las prodnccíonesdelgeniohuma-
no; espectáculo verdaderamente gran-
dioso que constituye uno de sus mejo-
res timbres, y que ba sido más tarde
dignamente imitado por otras nacio-
nes; luchas magníficas, en que ven-
cedores y vencidos pueden estrecharse
fraternalmente las manos; santas vic-
torias que, sin costar una lágrima,
sin derramar una sola gota de san-
gre, han inaugurado la nueva era
de la fraternidad de los pueblos. Pero
el organismo interior de la^ familia
inglesa exige de nosotros una palabra
mas.
. 37. Vida ÍHíma. — Por lo qnese re-
fiere á la vida íntima de las clases
acomodadas, puede decirse que el in-
glés ha copiado su vida del árabe,
raza única en materia de procurarse
goces, mi matrimonio en Inqlxtbbba.
no se junta jamás en una misma es-
tancia y en un mismo lecho, sino para
loa fines del amor. Fuera de dichos
casos, vive en habitaciones inmedia-
tas, pero distintas, cuja separación
conviene á la salud, á las aficiones, á
los hábitos ó á los achaques de cada
uno, evitando así la presencia de cier-
tos hechos de la vida real. Podrá de-
cirse que tales hechos son naturales,
pero nadie ignora que la naturaleza
tiene inconvenientes, que son contra-
rios á las fantasías de un deseo amo-
roso, porque no hay nada tan fantás-
tico como las aprensiones del deseo.
^.Cuántas y cuántas veces no consiste
nuestra felicidad en una aprensión?
El matrimonio no ve allí lo que no de-
bería ver ningún matrimonio, ni oye
tampoco lo que un matrimonio no
debe oir. Bí evidente que en la vida
íntima del hombre j la mujer, haj
muchas cosas que deben dejarse al fe-
liz secreto de la ignorancia, y esta dis-
creción no es posible sino en el siste-
ma de los árabes, que es el sistema de
los ingleses. La inglesa ae levanta por
la mafinna y se encierra en sn tocador,
en donde el marido no puede entrar
sin permiso de su mujer. Los ingleses
ven á sus esposas cuando ya están ade-
rezadas, pudiendo conservar indefini-
damente la virginidad de sus ilusio-
nes, por lo cual se ha dicho con razón
que «las inglesas no dejan nunca da
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118
imt
ser iiOTÍas.> Respecto de lo que fue«>
de eo otros países, no es necesario ha-
blar. Un hombre se casa eon una mu*
jer, qae él llama un ángel, j acaso
acontece que el áneel amanece con un
párpado legañoso, naciendo caso omi-
so ae ciertas flaquezas y hasta de cie^
tas liTÍandades de tempenmento, por-
que «1 temperamento de cada cual tie-
ne también sus lÍTÍandades. A.quella
mujer será tan án^l j tan deidad
como sn esposo quiera; pero es algo
raro ver á una deidad con légañas.
¡Cuántos maridos no están hastiados
de sus mujeres al octaro día del casa-
miento! ¡Cuántas mujeres no están
hastiadas de sus maridos al tercer día
de su matrimonio! La situación de di-
chos casados es la siguiente: la des-
ventura, si se toleran; el divorcio, si
no se sufren; el euTenenamiento j el
asesinato, si acuden al crimen. La
eonstitneidn interior de la familia en
Inolatbru, el régimen, doméstico,
tiene muchas ventajas: 1.', la salubri-
dad j la higiene del matrimonio; 2.*,
el decoro j la libertad de la mujer;
3.*, la independencia j la comodidad
del hombre; 4.*, el menor número de
divorcios j de delitos; 5.% el mejora-
miento de la raza, en virtud de una
idealidad que no puede explicarse,
pero qne existe realmente en la meta>
física misteriosa de la imaginación v
del sentimiento. No se sabe el por que,
pero la alegría, la felicidad j el amor
de los padres aparecen en la genera-
ción de los hijos. Puede asegurarse
3ue el sistema interior de la casa in-
emniza al inglés ea cierta manera
de las enormes monstruosidades del
orden civil, no menos que de los aza-
res de nna política excesivamente na-
cional, apasionada, peligrosa, fantas-
ma terrible de lo futuro.
Ingle. Femenino. La parte del
cuerpo en que se juntan los muslos
con el vientre.
EtiuoloqÍa. Sánscrito anji, las
partes púdicas: latín, tTi^uen, las par-
tes naturales y la ingle; italiano, in-
ffuine; francés, ain^ (forma que aparece
en el siglo xu, Job, 444); walón, ine,
emez; provenzal, lengw; esto es, l'en-
Sentido etimolóúico. — La significa-
ción de iNOLB es la de pirtes puden-
das, así en sánscrito como en latfa.
bkglés, sa. A.djetivo. El natural de
lujglaterra y lo perteneciente á aquel
reino. Se usa también como sustanti-
vo. Q Masculino. El idioma inglés. |¡
A LA. INGLESA. Modo adverbial. Al uso
de Inglaterra. || Un inglés. Metáfora
familiar, ün acreedor. Mi ixoLrts.Mis
INGLESES. Mi acreedor, mis acreedo-
res. Q Estar llbno db inolbsbs. Lo-
cución familiar. Estar lleno de dea-
das.
ETiifOLoafA. Catalán ingles^ a: fran-
cés, anglaxs; italiano, inglese, de An-
ffies 6 Anales, nombre de un pueblo
3ue ocupaba lo que es hoj el ducado
e Mecklemburgt), el cnal dió nombre
á la Inglaterra.
^ Inglés (Jorqe). Pintor español del
ligio XV. Se distinguió en los cuadros
de historia jen los retratos. Sus prin-
cipales obras son: los retratot del mar'
quét de Santilltma ^ dttn ^tpota, y el
retablo mayor d« U iglesia del hospital
de fiuitrago.
Inglés. (José). Pintor español, dis-
cípulo de Richarte, qne nació en Va-
hneia en 1718 t murid en 1786. Fué
subdirector de la Academia de Valen-
cia, y dejó en aquella ciudad algunos
cuadros de mérito, como son: La yir-
gen de los Desamparados y /vuestra Se~
ñora del Rosario.
Inglesismo. Masculino. Defecto
que consiste en emplear en el lengua-
je voces ó construcciones propias de la
lengua inglesa.
Inglete. Masculino. La linea obli-
cua del cartabón que corta en dos án-
gulos iguales el recto.
ErniOLoaÍA. IngUt por semejanza
de forma.
In globo. Loeueidn adverbial, pu-
ramente latina, pero admitida y asa-
da en todas las lengnas romances,
qne significa en glewt en masa, en
conjunto.
Inglomania. Femenino. Pasión
por todas las cosas inglesas.
Inglorioso, «a. Adjetivo. No glo-
riosa
Etimolooía. In privativo j^Íor»'Wo;
latín, iji^loriósus, que vive sin gloria;
francés, inglorieux, siglo xiv.
Inglosable. Adjetivo. Loque no se
puede glosar.
EriuOLOofA. ín privativo y glosable:
catalán, iníflosable*
Ingluvies. Masculino. Zooiofilm.
Parte del cuerpo de los mamíferos
comprendida entre las ramas de la
mandíbula y la cima de la laringe.
Etiuolooía. Latin wgUvíett ba-
che de las aves, en Colnmela; estó-
mago, en Apulejo; de in, en, dentro,
y gula, garganta. (Db Mioubl j Mo-
BANTS.)
Ingobernable. Adjetivo. Que no
puede gobernarse. | Metifon. Indó-
cil.
EtiiiolooÍa. In privativo y gober-
nable: catalán, ingobernable; francés,
ingonternabU,
Ingoña. Femenino. Especie de
bebida muj agradable fabricada con
el zumo de una fruta, en Senegam-
bta.
Ingradnable. Adjetivo. Que no
puede graduarse.
E-mcoLOOÍA. In privativo ygradna-
ble: catnlÁn, ingradnable,
Ingraduadamente. Adverbio de
modo. Sin graduación.
EtiuolgoÍa. Ingradnada y el sufijo
adverbial mente,
Ingradnado, da. Adjetivo. Qae no
está graduado.
Ingramatical. .\djetivo. Que no ae
acomoda á las reglas gramaticales.
EmiOLOofA. Jn privativo ygramati'
cal: francés, ingrammatiüaL
Ingramaticalmente. Adverbio de
modo. De una manera ingramatical.
Etiuología. Ingramatical y el sufi-
jo adverbial mente.
Ingratamente. Adverbio de mo-
do. Con ingratitud.
BrmoLOoU. Ingrata y -el sufijo aá-
verbial mente: catalAn, ingraíament;
francés, ti^ralment; italiano, tiyrs-
tameníe; latín, ingriti, sin gracia, sÍB
glasto.
Ingratisimamente. Adverbio de
modo superlativo de ingratamente.
Ingratísimo, ma. Adjetivo supei^
lativo de ingrato.
BriHOLoaía. Latín ingratitñmn»:
catalán, ingraíiásim, a.
Ingratitud. Femenino. Desagra-
decimiento, olvido ó desprecio dalos
benefícins recibidos.
Etimolooía. Ingrato: latín, ingrad"
tüdo: italiano, ingratitudine; francés,
ingratiíude; provenzal y eatalán, ís-
graíitut.
Ingrato, ta. Adjetivo. Desagrade-
cido, el que olvida 6 desconoce los
beneficios recibidos. | Desapacible,
áspero, desagradable.
EnuoLGOÍA. In privativo y grato:
latín, ingritni; italiano, ingrato; fran-
cés, provenzal y catalán, ingrat,
Ingre. Femenino anticuado. Im-
olb.
Ingrediente. Masculino. Cual-
quier cosa que entra coa oiraa en al-
gún compuesto, como remedio, bebi-
da, ffuisado, etc.
EnifOLOOfA. Latín ingr?^*nt, in-
grH enlxs, el que entra, participio de
presente de ingrídi^ entrar en; de m,
en, dentro, y grHdit ir, marchar: cata-
lán, ingredient; francés, ingréUtní; ita-
liano, ingrediente.
Sentido ettmol^ico. — 1. InoredisN'
TB significa cel que entra,» aludien-
do á que es el simple que entra en
la composición y aderezo de alguna
cosa.
2. La defiaieión de la Academia,
que va al frente, es inmejorable.
3. La voz del artículo tiene un uso
frecuente en el lenguaje metafórico^
como cuando decimos: tel buen ape-
tito es el gran iNaRBOiBim d« Los
guisados;» «la alegría de la salud es
el gran ingrbdibntb de las diver-
siones;» «el contentamiento inefable
de una conciencia pura, la hermosa
sencillez de la virtud, el candor de
un deseo virgen, son los primeros
maRBDisNTBS en los manjares dri es-
píritu.*
Ingrenable. Adjetivo. Que paede
ingresar.
Ingresar. Neutro. Entrar una pe^
sona ó cosa donde baj mis individuos
de su especie, ó en un sitio destinado
á depósito.
ExiuOLOofA. Ingreso: catalán, <*"
grexsn;
Ingresíón. Femenino. Imobbso.
Etimología. Latín ing^essío^ forma
sustantiva abstracta de in-
greso: francés. i»gresgÍon.
Ingreso. Masculino. Kntbada, p*f
el espacio por donde se entra en algu-
na parte. || Acción de ingresar. I I»"
TRADA, p)r principio. Q El caudal que
entra en poder de alguno, y que
de cargo en las cuentas. | i*l«
TAB.
ErmoLDOÍA. Latín «>''^**í;^
gressñt, entrada, priníipi»; simei"»*'
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INHA
¿t iiigrtstuM, el ^ue ha entrado, su*
pÍDO d« M^reí/i, ingresar; de i%, en,
lieotro, j $rUi, ir: catalán, ingrét;
iUlitno, in§r€tt9t
Ing^lar. Activo anticuado. Aou-
na,
InroMUZO y Rivero (Pbdbo db).
Prelado, teólogo T canonista español,
Qitural de Asturias. Fué diputado en
lu Cortes de Cádiz, donde manifestó
sus opiniones puramente raonárqui-
cis. A la vuelta de Fernando VII, ob-
tuvo elobispado de Zamora y después
el arzobispado de Toledo, así como las
(iigoidadtis de decano del Consejo de
Hitado j la g^ran cruz de Carlos III.
.Vsiatió al cónclave en que salió elec-
to Gregorio X\'I; empezó á levantar
en Toledo, junto á la parroquia de
■WAndréa, un maj^nífíco edíGcio que
destinaba á seminario conciliar, el
cQil no lleg>ó á concluirse, j que^ fué
laes» destruido, j murió en dicha
dudád en 1836, retirado i causa de
sos opiniones políticas.
Innaina]. Adjetivo. Anatomía. Lo
<{ixt u refiere á las infles, ó corres-
pondeáellas, como ^litulula ingU-Nal,
iparato ó vendaje inouinau Q Canal
LVGUiNAL. Especie de canal situado
sobre el plieg-ue de las ingles, oblicuo
de alto abajo, de atrás hacia adelante
; de dentro hacia fuera. Q Hernia in-
óoiNiL. Hernia que se forma en el
canal del mismo nombre. Cuando el
tumor uo está más ^ue en lag ingles
lo denominan heruta bubonocele, que
Dosotros llamamos imouin^l ó incom-
pleta, aludiendo á que no cae en el
escroto. (Pareo, VJ, 14.J
SmiOLOoIa.. Jnyle: tatin, iu^ninalis;
italiano, tn^uinable; francés, tn^uinal.
Inguinaria, Femenino. Botánica,
Planta parecida al poleo, que se usa
para aplacar los dolores de las ingles.
Btuholooía. Inguinario.
Inguinario. I.nguihal.
BnuoLOota. Inguinal: catalán, «V
jtiwi, a.
Ingargitable. Adjetivo. Que se
paeds ingurg-itar.
lagnrffit ación. Femenino anticua-
do. Mtdtcina. La acción y efecto de
iagorgitar.
BnuoLOofÁ. Inguf^ilar: francés, ¿a-
ugsrgitkr. Activo anticuado. En-
gullir.
BnuoLoofA. Latín in^ur^ítSre, en-
gallir; de (tt, en, j gurgltare, forma
verbal ficticia de gurget, abismo: ita-
liiao, ingorgare, ingurgitare; francés,
ingiurgiter.
Ingoatahle. Adjetivo anticuado.
Lo que no puede ó no se puede gus-
ur.
Btiuoi.ooía. Jn aeg&Üvo y guttaUe:
ntsUu, ingustable: latín, ingustSbUis.
IngVT, Véase Fery.
Inhábil. Adjetivo. Falto de habili-
dad, talento é instrucción. Q El que no
tiene laa calidades j condiciones ne-
«larias para hacer alguna cosa. | Fo~
El que por alguna tacha ó de-
lito no puede obtener ú servir'algún
empleo ó dignidad.
BTmoLooU. /» privativo j hábil:
INHA
latín, inkdbUÍ$: italiano, inahile; fran-
cés, inhabile; catalán, inhábil.
Inhabilidatd. Femenino. Falta de
habilidad, talento ó instrucción. || /'o-
rente. Defecto 6 impedimento para
ejercer ti obtener algún empleo ú
oficio.
ETiMOLOofA. Inhábil: provenzal j
catalán, tnhabilii'í; francés, inhabili-
íe'; italiano, inabilitá.
Inhabilisimo, ma. Adjetivo super-
lativo de inhábil.
Inhabilitación. Femenino. La ac-
ción y efecto de inhabilitar.
Etimología. Inhabilitar: catalán,
inhabilitacié.
Inhabilitad amen te. Adverbio de
modo. Sin habilitaci ín.
ETiMOLOaÍA. Inhabilitada j el sufijo
adverbial nente.
Inhabilitado, da. Participio pasi-
vo de inhabilitar.
EnuoLOOÍA. Inhabilitar: catalán,
inhabiUíai, da; francés, inhabilité; ita-
liano, inabiliiato.
Inhabilitador, ra. Sustantivo y
adjetivo. Que inhabilita.
Inhabilitamiento. Masculino an-
ticuado. Inhabilitación.
Inhabilitar. Activo. Forense. De-
clarar á uno inhábil ó incapaz de ejer-
cer ú obtener algán empleo u oficio,
g Imposibilitar para alguna cosa. Sa
usa también como recíproco.
Etiuolooía. Inhábil: catalán, inha-
bilitar: t'ranctis, inhabUiier; italiano,
inabilttare.
Inhábilmente. Adverbio de modo.
Sin habilidad.
ETiuOLOüfA. Inhábil y el sufijo
adverbial mente: catalán, inábilatení;
francés, inhabilenent; italiano, inabil-
meníe.
Inhabitable. Adjetivo. Lo que no
es habitable.
Etiuoluoía. In privativo y habita-
ble: latín, inhUtíabílis; italiano, in-
abitdbile, in ibiíevole; francés y catalán,
inhabitable,
Inhabitaclóa. Femenino. Falta de
habitación.
Etimología. Jn privativo y habtía-
cién: lalíu, inhdbUalío; francés, iti^a-
biíation.
Inhabitado, da. Adjetivo. Lo que
no se habita.
EtmolooIa. In privativo y habita-
do: latín, iuh'Uítaías; italiano, inhabi-
tato: francés, inhabite; catalán, inhabi-
tat, da,
Inhábito. Masculino. Falta de há-
bito.
Etimología. In privativo y habito:
francés, inhahitude.
Inhabituado, da. .Adjetivo. Que
no está habituado.
Etimología. In negativo y habi-
tuado: francés, inhabitue'; siglo wi, en
Pasquier.
Inhabitual. Adjetivo. No habi-
tuado.
Btimolooía. In privativo j habi-
tual: francés, inhahíael.
Inhabitualidád. Femenino. Falta
de hábito.
Inhabitualmente. .Adverbio de
modo. Sin habituaii ¡ad.
INHI
119
Etiuoloo/a. Jíihabitual j el sufijo
adverbial menUm
Inhalación. Femenino. Botánica.
.\cción de penetrarse laa plantas del
aire y de los fliiidos, en medio de los
cuales viven. I Die^ticA. Acción de
aspirar. || Medicina. Absorción, por
respiración, ora de vapores de éter 6
de cloroformo, con el objeto de pro-
ducir la insensibilidad, ora de ciertas
aguas minerales en algunas enferme-
dades de las vías respiratorias.
EtimoloqU. ÍMAd/ar: latín, inhala-
tío, acción de introducir un olor; for-
ma sustantiva de inhalaíus, inhalado;
f.aucés, inhalaiion.
Inhalante. Adjetivo. Anatomía
fisiología. Que aspira d absorbe. _
Va:»os inhalantes. Vasos cuja exis-
tencia se suponía, para explicar los
fenómenos de la absorción; pero la
observación ha demostrado que no
existen.
ETiMOLOofA. Inhalar: francés, %nha~
lanU
Inhalar. Activo. Fitioh^la, Aspi-
rar ó absorber por inspiración.
ETiuOLoaÍA. Latín inhalare, soplar
en ú sobre, en Lactanoio; exhalar, en
Cicerón; de íh, en, sobre, dentro, y
halare, soplar: francés, inhaler.
Inhalt. Masculino. Profesión de fe
de los católicos y de los protestantes
bajo Carlos V. (Landais./
Inhallable. Adjetivo. Difícil de ser
hallado.
Inhartable. Adjetivo. Insaciable.
Inherencia. Femenino. Filosofía,
La unión de cosas inseparables por su
naturaleza, 6 que sólo se pueden se-
parar mentalmente y por abstracción,
como la cualidad en la substancia,
como el modo en la esencia, como el
contorno en la figura, como la línea en
el contorno, como el juicio en el pen-
samiento, como la verdad en el juicio.
La inherencia hace en filosofía lo que
la adhesi n hace en física, puesto que
la iNHBRE.\'CiA liga por dentro, como
la adhesión liga por fuera,
BTiuoLoaÍA. inherente: catalán, i'a-
ho'encia; francés, inkérenct; italiano,
inerenza.
Inherente. Adjetivo. Filoso/U. Lo
que por su naturaleza está de tal ma-
nera unido i otra cosa, que uo se puede
separar, en cujro sentido se díce que
la gravitación, esto es, la tendencia
hacia un centro, significa una propie-
dad INHBRSNTE á la materia.
Etimología. Latín inharens, in-
hareníis, participio de presente de
inharere; de in, en, y aarere, estar
unido: italiano, tnerenie; francés, m-
itérent; catalán, inherent.
Inherentemente. Adverbio de
modo. Con inherencia.
Etimología. Inherente y el sufijo
adverbial mente.
Inhestar. Activo. Enhestar.
Inhibición. Femenino. Forense. La
acción y efecto de inhibir ó inhibirse.
ErufOLOOfA. Inhibir: latín, inhibí-
tío, acción de recular, forma sustan-
tiva abstracta de inhW.tM, inhibido;
francés y provenzal, inhibition; cata-
i lúu, inhbici'j; italiano, inibizione.
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120
INHO
Inhibido, da. Participio pasivo de
inhibir. ^ Adjetivo. Forense. Lo que
es objeto de inhibición, eotaojuet in-
hibido.
EtiuolooU. Inhibir: latín, inhUt-
íus; catalán, inhiiitt da¡ francéi, tn-
hiié.
Inhibir. ActÍTO. Forense. Impedir
que un juez prosiga en el conocimien-
to de ug-una causa. Se usa también
como recíproco.
EtiuoloqU. Latín inhibiré, conte-
ner, impedir, estorbar, imponer un
castigo; de m, en, j Aabíre, tener:
pruvenzal j catalán, inhUiri francés,
inhikr.
lahibitoriamente. Adverbio mo-
dal. Forense. Da un modo inhibitorio.
EnuoLOofA. Iñhiiitorú y el su6jo
adverbial mente.
Inhibitorio, ria. Forense. Adjeti-
vo que se aplica al despacho, decreto
ó letras que inhiben al juez. Se usa
también como sustantivo en la termi-
nación femenina.
Btiuolooía. InhVñr: francés, inhi-
'Híoire; catalán, inhib'Aorio, a.
Inhiesta. Femenino provincial. £1
pueblo sentado en un acirate á que se
sube desde un valle.
StuioloqU. Jnkiesio.
Inhiesto, ta. .Adjetivo. Enhibs'TO.
Inhonestamente. Adverbio de
modo. Dbshohbstaubntb.
Btdiología. Latín tnki^sti: italia-
no, inonestameiUe; eatatán, inkonesta-
menl,
Inhonestidad. Femenino. Falta
de honestidad Ó decencia.
ExiMOLoaÍA. I* privativo y honesti-
dad: latín, inhonestas é ínhSHestáíío;
italiano, inonesía.
Inhonesto, ta. Adjetivo. Dbsho-
MBSTO. l Lo que es indecente é inde-
coroso.
EthioloqU. Jn privativo y honesto:
latín, Inhiíndsíus; italiano, inonesío;
catalán, inkouest, a.
Inhonorabilidad. Femenino. Cua-
lidad de lo inhonorable.
EtimolooU. Inhonorable: latín, ín-
h^norStío, deshonor, en san Jeróni-
mo.
Inhonorable. Adjetivo. Que no
merece honor.
Btiuología. Jn privativo v honora-
óle: latín, ^tnltonorabUis é ínhondratM;
íialiaiio, inmorato; francés, inhonoré.
Inhonorablemente. Adverbio mo-
dal. De un modo inhonorable.
EtiuolosÍa. Inhonorable j el sufijo
adverbial mente.
Inhonorar. Activo anticuado. Das-
HONRAR.
Etimología. Latín líiiA¿(iiorar«. (Ter-
tuliano.)
Inhonoriflcamente. Adverbio mo>
dal. De un modo inbonorífíco.
Etimología. Inhoaoríjtca y el suBjo
adverbial mente.
Inhonorifico, ca. Adjetivo. Que
no es liotiorífico.
Etimología. /« privativo j honorí-
fico: latín, "mkonoríJicM,
Inhospedable. .Adjetivo. Inhospx-
TAPLE,
EtuioloqÍa. Latín íi^osjpHUUs, de
INHU
fN, no, j hospUalis, hospital: italiano,
inospitait; francés del siglo xvi, inhos-
piíaile.
Inhospitable. Adjetivo. Po4Hea.
Lo inhospitalario.
Inhospitablemente. Adverbio de
modo. De una manera inhospitable.
EtiuoldoÍa. Inhospitable j el sufijo
adverbial mente.
Inhospital. Adjetivo. Inhospita-
lario.
Inhospitalariamente. Adverbio
modal. De un modo inhospitalario.
BnitOLoaÍA. Inhospit daría ^ el su-
fijo adverbial mente: francés, inhospi-
taUérement: latín, ínhospítSltter.
Inho3p:ta'arÍo, ria. Adjetivo. Fal-
to de hospitalidad. | Pneo humano
para con los ex.traíios. Q Lo que no
ofrece seguridad ni abrigo; así se di-
ce: plaja INH0S.ITALAR1A, etc.
Etiuolooía. Inhospitable: francés,
inkospitalier.
Inhospitalidad. Femenino. Falta
de hospitalidad.
Btiuología. /n privativo y hospita-
lidad: latín, inhospital- las; italiano,
inospilaliíá; francés, inhospilalité; ca-
talán, inkospilalital.
Inhostil. Adjetivo, Que no es hos-
til.
BnuoLoofA. 1% privativo 7 kattih
francés, inkotíile.
InhostUidad. Femenino. Falta de
hostilidad.
Inhostilmente. Adverbio demodo.
Sin hostilidad.
Etiuolooía. Inhostil y ú sufijo ad-
verbial mente.
Inhumación. Femenino. Acción á
efecto de inhumar.
Etiuología. Inhumar: francés, in-
hmnation,
Keseña histórica. — 1. Los persas r
los egipcios la practicaban, aunque
no les era desconocida la cremación
de los cadáveres; pero los primeros
temían profanar el fuego, que consi-
deraban como una divinidad; y los se-
fundos, que lo creían una fiera ó una
estia inanimada, ae abstenían de em-
plearlo para este fío, pues sus doctri-
nas les prohibían entregar á las fie-
ras los cadáveres.
2. Los griegos de los primeros
tiempos inhumaban los muertos. Hér-
cules introdujo la costumbre de que-
marlos, usanza que ^a estaba en vigor
eu tiempo de la guerra de Trojra y
que después fué general. Esto no obs-
tante, no renunciaron por completo á
la INHCUACIÓN, que en tiempo de Pla-
tón aun se practicaba, según la conve-
niencia délas familias.
3. Los romanos principiaron por
inhumar los muertiis: los quemaron
desde tiempos de Numa, pero nn
abandonar la inhuuaoón, cu^o uso
se conservó entre algunas familias,
aun en la época de los emperadores.
Los muertos por el rajro, j los niños
que perecían antes de echar los dien-
tes, eran inhumados.
4. La iNHUUACíó.v se conservó en
Roma para los pobres plebeyos, como
medida de economía. Sus cadáveres
se arrojaban en una especie de cister-
INHU
ñas, que servían dé fosa común 7 que
estaban situadas en los suhurHos 6
afueras de la ciudad. Hubo mucho
tiempo en Roma una de estas sepul-
turas en el monte Esquilino, Los ricos,
los ciudadanos de la clase media, los
esclavos y los libertos de las caus
grandes, eran quemados.
5. Esta costumbre priucipió ápet-
dersB en tiempo de Teodosio el Ciran-
de, y se perdió por completo en el de
Teodosio el Jopen,
fi. Sem^'ante revolución se atribu-
ye al cristianismo. La doctrina de la
resurrección de los muertos t el tfr*
mor tal vez de quemar el eauárerde
algún santo, destinado después i con-
servarse en reliquias, fueron caaiai
bastantes para volver á la inbuua-
CIÓN, que llegó á ser la regla invaria-
ble de IOS pueblos cristianos.
7. Los galos, en la época de la con-
quista romana, quemaban los cadá<
veres, costumbre que aun se practica
en la India.
8. Bntre los antiguos, ia inhuha-
CIÓN se verificaba al lado de los cami-
nos ó en los campos. Así se hizo tam-
bién en algunas naciones modernas.
9. Hacia el siglo ix, ó cuando más
al X, el deseo de ser sepultado en tie-
rra sagrada hizo nacer el uso de las
sepulturas en las iglesias y ante-
iglesias.
10. Este sistema de enterrar i los
muertos llegó a ser sumamente funes-
to á los vivos, y en el siglo pasado se
establecieron numerosos cementerios
en las afueras de las poblaciones, que
deben bendecir j consagrarlas auto-
ridades eclesiásticas.
11. El sistema de iNHUuACtÓN vuel-
Te & ser considerado funesto, sobre
todo en las grandes poblaciones, y el
de cremación de los cadáveres va ga-
nando terreno; principalmenteV en
ciertas naciones extranjeras.
12. Las lejes deteriniuan Us for-
malidades y solemnidades que re-
quiera toda INHUUACIÓ!?, así como las
penas en que incurren los que eluden
ó infringen su cumplimiento.
InhumanamentÍB. Adverbio de
modo. Con inhumanidad.
BtuiolooÍa. Inhumana y el sufijo
adverbial mente: catalán, inhumana-
inent; francés, inhumainement; italia-
no, inumanameníe, latín, inhümani.
Inhumanidad. Femenino. Cruel-
dad, barbarie, falta de humauídad.
ETiHOLOofA. Inhumano: latín, tnhS-
maníias: catalán, inhumaniíat; fran-
cés, inhumanite; italiano, inumanité.
Inhumanísimo, ma. Adjetivo su-
perlativo de inhumano.
BriKOLOofA. Latín inkumanisstmui.
Inbumanizable. Adjetivo, Impo-
sible ó dincil de ser humanizado.
Inhumano, na. Adjetivo. Falta de
humanidad, bárbaro, cruel.
Etiuolqoía. In privativo y hnma-
np: latín, ínhümánus; italiano, inuma-
no; francés, inhumain; catalán, /híw-
má, na.
I Inhumar. Activo. Dar sepultura.
I Etimología. Inhumare, poner bajo
! tierra; de tV, en, y humare, tema ver-
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bal de Hmui, el saelo: iuliano,
mar«; francés, inhumer»
Slnoniuu. Inhumttr, Mterrar. E%-
Unar es el teto mater»! de poner ó
meter entre tierra una coia. Inhumar
M enterrar con las ceremonias reli-
giosai, con los honores fúnebres» los
de la sepultura. Se eníiem todo lo
tpi9 n cubre en la tierra; pero no le
akima sino i U persona numana i
quien se hacen los nonores fúnebres.
Los mÍQÍstros de la religión inhuma*
i los fieles: un asesino eníierra el ca-
dÍTer de uno á quien ha asesinado.
Se tntierra en cualquier parte; pero
■ólo se inhuma en lugares santos, en
los que están consagrados para este
aso piadoso. (CiBNrU¿oos.)
Iniciable. Adjetivo. Susceptible de
ler iniciado.
Iniciación. Femenino. Ceremonia
ó acción de iniciar 6 iniciarse.
BtiumaqU. Iniciar: latín, inítia-
&o, iatroduccióñ, conocimiento que
se da anticipadamente de los miste-
ríos de la religión; forma sustantiva
alntracta.de inUi&tntt iniciado; italia-
no, initiiaionei fnncési initiatimt; ca-
talán, iniciacid.
Iniciadamente. Adverbio de mo-
do. Con iniciación.
EriuoLoofA. Intekda J el infijo ad-
Tcrbial m€nt€.
Iniciado, da. Participio pasivo de
iniciar é iniciarse. Q Adjetivo. lotro- '
dacido en sociedades j asuntos secre-
tos. D Informado en las interioridades '
de algún negocio, empresa ó condue- '
ta, en euvo sentido se dice: iniciado I
en la política del gobierno, en las
tendencias de la diplomacia, en el se-
creto dé las negociaciones. I Dícese ;
también del que ha penetrado en nn ;
derto orden luperíor de ideas j doc- i
trinas, como cuando decimos: «está '
wiciAtK» en loe arcanos de las cien-
cias.» I PoliíHimo, Instruido en los
miateri(» de una religión pagana, ad-
mitido en sus ceremonias, como cuan-
do se dice: ikiciaoo en los misterios
de Eleúsis, | Usase también como
sostantivo: un imicudo, los inicia-
dos.
Btimolooía. Latín tnítíShUf parti-
cipio pasivo de inítiiret iniciar: ita-
liano, inixiato; francés, initi^; cata-
lán, inieiat, da.
bidal. Adjetivo. Todo lo que se
refiere al principio da las cosas, como
coando decimos: da marcha inicial
de las enfermedades;» «el carácter ini-
cial de los fenómenos.» | Vslocidad
INICIAL ns DM PROYECTIL. MeUnica,
La veloeidad con qne recorre una lí-
nea sensiblemente recta, al salir del
ca&ón. I Letra imicul. Caligrafía é
inprtnta. La letra majúscnla con que
se principia un nombre propio, un
capitulo, un período. | Pabtícula ini-
cial. 0ramÁtica, La partícula que se
pone delante de los vocablos radica-
les, como elemento de composici ón,
con objeto de modificar su sentido,
según vemos en </«icomponer, dlt^o-
Qcr, iMponer, «poner, en donde ha-
llamos que los elementos des, dit, im,
«I ion partículas ihicialis. J Fame-
INIC
niño plural. Las iNictALSS. Las pri-
meras letras de un nombre propio,
como cuando se dice: «en tal inscrip-
ción aparecen unas iniciales.» | Ci-
vilización inicial; tbocracia ini-
cial. 6^M¿tfSMf/<0r(f/feM. Civilización
ó teocracia que aparece en el fondo
de la historia, considerada eomo el
fundamento de las teocracias ;f eiyili-
xaciones saeesivas, como la eiviliza-
ción de Moisés, ó bien como la teo-
cracia de los pontífices de la antigua
Persia.
Etimología. Iniciar: latín, íntti&-
Ut; catalán, inicial; francés, tniíial;
italiano, initiale.
Iniciar. Activo. Admitir á alguno
á la participación de alguna ceremo-
nia o cosa secreta, enterarle de ella,
descubrírsela. Q Se usa metafórica-
mente con aplicación á cosas abstrac-
tas ó de alta enseñanza; j así se dice:
INICIAR ó iNiciARSB eu los arcsuos de
la metafísica, en los secretos de las
artes, etc. | Instruir en materia reli-
giosa, como «iniciar á los paganos en
los nntos dogmas de nuestra reli-
gión.» I Metáfora. Dar i entender con
cierta cautel» alguna intención, algún
Sropósito, algún deseo, eomo cuando
ecimos, hablando de cualquiera: «no
hizo más que iniciar sus pensamien-
tos ó sus planes.» || Polittitmo^ Ins-
truir en el conocimiento j admitir en
las ceremonias interiores ó ritos secre-
tos de una divinidad del paganismo,
como cuando se dice: «se inició en los
misterios de Baal.»
ExiMOLOofA. Latín inttiSrt, instruir
en los misterios de Ceres y de Baeo,
en Cicerón; bautizar é instruir, en
Tertuliano; principiar, en Palladio;
trazar un camino, en san Jerónimo;
forma verbal de intitumt comienzo; de
ÍM, en, é iíuM, supina de tV;, ir: ita-
liano, inifiare; francés, tnitier; cata-
lán, iniciar.
Iniciarse. Recíproco. Imponerse
en los secretos de una secta o en los
principios de una ciencia ó arte. | Re-
cibir las órdenes menores. B Metáfora.
Insinuarse con precaución; 7 así de-
cimos: «^a se inicia, ja principia á
INICIARSE.»
Iniciativa. Femenino. Derecho cons-
tiludonal* La prerrogativa de hacer
proposiciones j projectos de lev, en
cit^o sentido se dice: «el derecho de
INICIATIVA corresponde á los diputa-
dos j á los ministros de la corona en
las monarquías parlamentarias.» jl El
heeho de adelantarse á otros en ha-
blar ú obrar, como cuando deeimos:
«Fulano es hombre de iniciativa; Zu-
tano toma siempre la iniciativa.»
EnuoLOofA. Iniciar: francés, iffsWa-
/ttv.
IniciatÍTO, va. Adjetivo. Lo que
da principio á alguna cosa.
-ETiifOLOofA. Inieiaiito: catalán, tnt-
ciaíiu, vff.
Inicnámente. Adverbio de modo.
Con iniquidad.
EtiuolooÍa. Inicua j el sufijo ad-
verbial mente: catalán, inieaMent, iW-
^Kam-^/; francés, tni^%ement¡ italiano,
tnicuameníti latín, ínfgui»
12t
Inicuo, ona* Adjetivo. Malvado,
injusto.
EnvoLOOÍA. Provenzal teú, ente:
catalán, inick, en; francés, inipte; ita-
liano, inÍ¡no; del latín íni^utu; de te,
negación, j «;«w,igual: ««-«faiit, no
igual, no justo, no proporcionado.
Inienoefalia. Femenino. Ttratola-
gia. Estado de los monstruos inien-
céfalos.
ETiuoLOofA. Jnienc{fak: firaneés,
inieHcephalie,
Inienceráliano, na. Adjetivo. Con-
cerniente á la inieneefíilia.
Iniencéfalo. Masculino, Teratolo-
gía. Monstruo cu^o cerebro hace her-
nia en el occipucio.
Etimología, Griego rvtoK (inion),
nuca, j encéfalo: francés, iniencéphale.
Iniesta. Femenino anticuado. Re-
tama.
Inignal. Adjetivo anticuado. Dbs-
10 UAL.
Inignaldad. Femenino anticuado.
Dbsioualdad.
Inimaginafale. Adjetivo. Lo que
no es imaginable.
EnifOLOofA. /• privativo ¿ imog'~
' nahle: italiano, tamMe^ine^í^; fran-
' cés j catalán, tnímaginabU.
Inimicicia. Femenino anticuado.
Enemistad.
Btiuolooía- «Lo mismoc^ue enemis-
tad. «(Academia, Diccionrrr.ode I7Í6.)
«Puesto que se hacía diñeultosa tal
empresa por la iniaticicia grande que
entre nuestros padres conocí».» (Cbh-
VANTBS, Galatea, libro In folio W.)
Inimiciamo, ma* Adjetivo super-
lativo anticuado. Ene miouísimo.
Inimitakle. Adjetivo. Lo que no
es imitable.
EtimolooIa. /« privativo é imiia-
hU: latín, HímXíihUit; italiano, íntMt-
Uhile; francés y catalán, in 'mitahle.
Inimitablemente. Adverbio mo-
dal. De un modo inimitable.
Etimología. InimitabU j el sufijo
adverbial mente: francés, inimitable-
ment; italiano, inimiía^lmente.
Inimitado, da. Adjetivo. <v'Ue no
ha sido imitado.
EtiuolooÍa. In privativo é imitado:
francés, inimiiá,
Inimizdad. Femenino anticuado.
Enb mistad.
Inimprimible. Adjetivo. Que no
se puede imprimir.
EtiuolooÍa, In privativo é impri-
mible: francés, inim^tmahU,
Ittindnstrial. Adjetivo. No indus-
trial.
Etimología. Jn privativo d íw^as-
trial: francés, inindnttrieux.
Ininflamable. Adjetivo. Que no es
inflamable.
Ininfusible. Adjetivo. No fusible.
Ininjuriable. Adjetivo. Que no
puede recibir injuria.
Ininteligencia. Femenino. Falta
de inteligencia.
Etimolgoía. Ininteligente: francés,
ininíelUgtnee.
Ininteligente. Adjetivo. Que ca-
rece de inteligencia.
BtuiolooÍa. Ih privativo £ inteli-
geníe: francés, ininíelíigent.
ToAio 111
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122
INIR
laUtelijf «BtementQ. Adverbio de
modo. Sia tnteligeíicit.
STUiOLOOf^. Inintelifeníe j el sü^-
jojulverbUl fitmcés, ininielli-
iBÍntrii^bilidad. Femenino.Cua>
lídad de lo laintelígible,
EtwolooU. Ini%Ul^ihU: francés»
ininklligibilité.
Inintelíffible. AdjetiTo, Lo que no
es inteligible.
ETiuoLoaÍA. In privatiTO é inteligi-
ble: btm,^fliftíí¿¿^yw¿í«; italiano, 1»/»-
Ulligibile; francés, ininUil'gibit; cata*
láa, ineniel-iigihle.
IninteligíblemeDte. Adverbio de
modo. Ds una manera ininteligible.
Etiuou)oíá. Ininteligible y el sufi-
jo adverbial mente: francés, ininielli-
giblement; italiano, inintelligibilm'níe.
Inintennitencia. Femenino. Me-
dicina, Falte de intaimitencia.
Ininterpretable. Adjetivo. Impo-
sible ó díToil de interpretei.
BnHOLOofA. In privativo é interpre'
íable: latín^ íninUr^rUHbUit, en Ter-
tuliano; francés, intnierpre'íable.
Iniaterpretado, da. Adjetivo. Que
está sin interpretar.
ETiuoi.oofA./n privativo ó interpre-
table: IntÍQ de san Jerónimo, ininter-
pretaUs: francés, intnierpréíé,
Iniaterrupción. Femenino. Falte
de interrupción.
ETiHOLoafa. In privativo é wtem^
eidn: francés, tmníempíto»*
Ininterrupto, ta. AdjetiTO, No in-
terrumpido.
ETiiioLoaÍA. In privativo i inUrruf-
ío: francés, ininterrompu,
Ininyectable. Adjetivo. Que no
puede in^ecterse.
Iniodimia. Femenino. Teratología.
Monstruosidad debida & la reunién de
dos individuos por el occipucio.
Btuiolooía. G-riego Niov ((nion),
nuca, jr SíSuiw? (Mdymot), gemelo:
francés, iniodgmie.
Iniodímio, mía. Adjetivo. Terato-
logía. Qub presente el ftndmeno de la
iniodimia.
Etiuolooía. Jiúodimia,
Iniodimo. Masculino. Teratología.
Monstruo por iniodimia.
^ .Etimología.. Iniodimi^: francés,
iñiodgme.
Iniope. Hasealivo. Teratología.
Monstruo con un ojo «i el occipucio.
ETiuoLOofA. Griego Ntov (ínion),
nuca, y ^^ {ops), ojo: francés, iniope.
Iniofiia. Femenina. Teratología.
Presencia anormal de un ojo en efoc-
cipucio,
EtiuoloqU,. Iniopet francés, iniopie.
Iniquidad. Femenino. Maldad, in-
justicia grande.
EpiuoLoaÍA. Inicuo: latín, htü^ul-
ías; itflj^ano, iniguitá; francés, intgui-
íe; provenzal, iniquitat, enequilaí; ca-
UIhd, iniquiiat; burgui&ón, iniquitai.
Iniquisimamente. Adverbio de
modo superlativo deinic.uamente.
Iniquisimo, ma. Adjetivo super-
lativo de inicuo^
Inirrítabilidad, Femenino, Cua-
lidad de lo ínirriteble.
InirritaUe. Adjetivo, No irritable.
IKJÜ
Iinodieial. Adjetivo. Que no es ju-
dicial.
I^jaramentado, da. Adjetivo.
Que no ha sido juramentedo.
Etiuolooía. In privativo j jwrw'
mentado: latín, w;5r3/M.
lijaría. Femenino. Agravio, ul-
traje de oba ó de palabra. Q Fwente,
Hecho 6 dicho contra razón y justi-
cía. y Metáfora. El daüo 6 incomodi-
dad que causa alguna cosa.
Etiuolgoía. Provenzal injuria, en-
juria: catelán, injuria: francés, injure;
italiano, ingiurtaj del latín injñrta; de
in, contra, yju»,jarit, el derecho, la
lejr; ccosa contraría á la justicia.»
Sentido etimológico, — La ixjubia es
lo contrario del derecho, del jut lati-
no, oomo resulte del siguiente texto
de Cicerón: áejtire et injurid disputare;
cdisputer sobre lo justo j lo injusto.»
SiMONiin A.— /lUNTÚi, ultraje. Incuria
presente la idea del agravio violento.
ultraje presente la idea del vilipendio
público.
Desconfiar de la honradez de un
hombre de bien es una injuria; trater-
le públicamente de ladrón es un
Trater de fea á una mujer hermosa
es un agravio que, cuando más, no
debiera pasar de injuria; pero habrá
pocas que no lo miren oomo ultraje*
(HOBBTA.)
Iqjuriable. Adjetivo. Que puede
ser injuriado.
lainriadamente. Adverbio de mo-
da. Con injuria.
SniK»<00ÍA. Injuriada y el sufijo
adverbial mente.
Injuriado, da. Participio pasivo
de injuriar, y Adjetivo. Lo que ha
sido objeto de injuria.
Btihqlooía. Injuriar: catelán, tn-
Juriaí, da; francés, injuré; iteliano,
it^iurato,
Injaríador, ra. Masculino y feme-
nino. Forense.^ ^ue injuria.
EtimolooÍa. Injuriar: catelán, t«-
juriador.y a.
I^juriamiento. Masculino anti-
cuado. La acción y efecto de injuriar.
Ii^ttríante. Participio activo de
injunár. Forense. El que injuria.
Iqjuriar. Activo. Forense, Agra-
viar, ultrajar, con obras 6 palabras
penadas por la lej. | Dafiar, menos-
cabar,
Etiuología. lajürüiri, causar daño,
forma verbal de tnjüria, injuria: íte-
liano, ingiurare; francés, injurert pro-
venzal y catelán, enjuriar.
Imariosamente. Adverbio de mo-
do. Forense. Con injuria.
Etuioloqía. Injuriosa y el sufijo
adverbial mente: iteliano, ingiuriota-
mente; francés, enjurieusemení; proven-
zal y catelán, in^uriosamení; latín, in-
jurióse.
Injurioso, sa. Adjetivo. Forense.
Lo que injuria.
EtiuolgoÍa. Injuria: latín, injürw-
sus, injusto; iteliano, ingiurioso; tnn-
céa, injurieux; provenzal, enjuriosi ca-
talán, injuriés, a,
. Injustamente. Adverbio de modo.
Con injusticia, sin razón.
INMA
ETiaoLoaÍA. Injusta y el sufijo ad-
verbial mente: cateUn, i»ju$lmeni;
fíranoés, injusíement; iteliano, injusté-
mente; latín, imutíi.
Injusticia. Femenino. Acción con-
traria á la Justicia. | Falta de justi-
cia. ¡ NOToau (recurso de). Forense.
En nuestro antiguo procedimiento, el
recurso extraordiDano que, por apa-
recer contenerla, se daba contra las
sentencias de los tribunales superio-
res para ante el Supremo. Hojr sola-
mente subsiste en los negocios de co-
mercio, ^ue se substencten con arre-
g-lo al Código del ramo.
ETiyoLoaÍA. In privativo y justicia:
latín, injusíiíía; italiano, ««^íw^úia;
franeés, tft;Mítc«;provenial,ttt/w/ww;
catelán, injusticia.
Injusticiabilidad. Femenino, Cnar
lidad de lo injusticia ble.
I^juaticiable. Adjetivo. Forense.
No justiciable.
Ii^usticiablamente. Adverbio de
modo. De un modo injustícíabla.
ErmoLoaík. Injustieinble y el sufijo
adverbial mente.
Injustificable. Adjetivo. Imposi-
ble ó difícil de justificarse.
Etiuología. In privativo y justiji-
cable: francas, injurtiñcable.
Injustificación, femenino. Falte
de justificación.
ÉtiuolooIa. In privativo y jusiiji-
cacion: frapcés, injusíi^caíton.
Injnstificadunente. Adverbio de
modo. Sin justificación.
Etiuología. Injustificada y A sufijo
adverbial mente,
lojuatificado, da. Adjetivo. No
justificado.
Injustíaimamente. Adverbio de
modo superlativo de injusto.
Iigustisimo, ma. Adjetivo super-
lativo de injusto.
Inj uato, ta. Adjetivo. Lo que no es
justo.
ETiyoLOOÍA. Latía injUstus^ de m
privativo yjustus, justo: iteliano, ís-
giusío; francés, injuste; provenzal, ía-
just; catalán, tnjusí, a.
Inlegible. Adjetivo^ iLsaisLa.
Inllevable. Adjetivo. Lo que now
pujsde soporter, aguanter ó tolerar.
inma. Femenino. Especie de tierra
roía que usan los persas para dañe
color.
Inaucnlable. Adjetivo. Que no se
puede manchar.
Inmaculada. Adjetivo. Epíteto de
la concepción de la, SanU Virgen. |
Femeaiaometafóricó. LaInhagulada.
La Virgen María.
Inmaculadamente. Adverbio de
modo. Sin mancha,
Etiuolooía. Inmaculada y el sufijo
adverbial mente.
Inmaculadísimo, ma. Adjetivo
superlativo de inmaculado.
Inmaculado, da. Adjetivo. Lo que
no tiene mancha. Se usa comunmen-
te en sentido metefóríco.
I BTmoLoaiA. 1% negativo y mácula:
latín, imm^úliíus¡ catelán, iumaculat,
da.
Inmacolicómeo, nea. Adjetivo.
Sístomoloj/ia, Calificación de losiofec-
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INMÉ
INME¡ 12.^
tos cu/is aataau soa de an solo color
no manchas.
Btuiolooía. In prirativo, wUcula y
cárneo-
InmadoTM. Femenino. Cualidad
6 utado de lo inmaduro. | Falta de
raflexifín en el modo de pensar ú
obrar.
BtuoloqU. /» |»rintíTO 7 moín-
m: francés, inmaturií/; italimno, turna*
Inmaduro, n. Adjetivo anticua-
do. ImiATVBO.
Inmaleabilidad. Femenino. Falta
de maleabilidad.
InnakaUe. AdjetÍTO. Que no es
maleable.
Inmanchable. AdjeÜTO. lumaea-
Iible.
bimanejsible. Adjetivo, Lo que no
es man^abre.
EtiuolooÍa. Jn privativo 7 Maff«/a-
iU: catalán, inmanejable.
Ininanente. Adjetivo. FilotojXa,
Que se aplica £ la acción cuyo térmi-
no se queda en su [mismo principio 6
causa que la produce; como la intelec-
ción 6 acto del entendimiento. { Ac-
cioNBS iNUANBNTBS DE Dios. Teologia.
A^oellas que tienen bu término en
Dios mismo, por oposicidn i las ac-
eiones transitorias^ que tienen au tér-
mino fuera de Dios. Por ejemplo: Dios
engendró al Hijo 7 Bspíritu Banto en
virtud de aocionet INIIA.NBNTB3, mien-
tias qne cred el universo en virtud de
aedoaea transitorias. \ Inseparable de
It naturaleza de un objeto, como cuan-
do se dice: «la gravitación es inua.-
N'^vrB en laaparticulas materiales.» J
Metáfora. Constante, permanente, co-
mo eoanda decimos: «la dialéctica
griega se volvía hacia la especulación
INUANBNTB del genio oriental; la esen-
cia divina, > (CouBNOT, Del enlace de
*^ttnu eonoeimienios, II, 447.)
SnuoLoofA. Latín inaiJbirsi, forma
nmmSmire, permanecer en un para-
je; eompoeafeo de í», en, 7 maOre, mo-
rar, denvadb de mSme, maflana. Sig-
nifica, poea, un atributo que mora ó
permanece en el interior de los obje-
toa, que está unido á su esencia, 7 que,
meado ana cualidad inmutable de la
Mfastancia, no puede alterarse por la
udón de fenómenos exteriores: ca-
talán, inmanent; francés, inoMnení,
mmanenl'.
Innaaentamente, Adverbio mo-
dal. De un modo inmanente.
SruioLOOÍA. Jnmanante 7 el sufijo
adverbial wuníe: catalán, inmanení-
ment.
Ismamafactarado, da. Adjetivo,
Que no se ha manufacturado.
luHircmible. Adjetivo. La que
no se puede marchitar.
BnuoLoofA. Latín mmarmaSSlii;
ae ts privativo 7 marcenHmit, mar-
ebitable: catalán, inmareeitUU.
iBBardiitabla. Adjetivo. No mar-
ehiuble.
BtnKXmfa. 7» privativo 7 «wrcAt-
««r; catalán, inmarxittkhU. I I
iBDUgiaado, d«. Adjetivo. His-
Ima Miwvi. Que no tíeue ribete dis- <
tinto.
inmaterial. Adjetivii. Lo que no
68 material.
Btiuolooía. 2h privativo 7 maU-
rial: latín, inmat:rtalit; italiano, m-
maíeriale; francés, inmatíriel; catalán,
inmaterial.
Inmaterialidad. Femenino. Meta-
JUica. Calidad de lo inmaterial.
BnuoLOofA. Inmaterial: italiano,
immaterialiíá; francés, mmaíérialiU;
catalán, inmaterialitat.
Inmaterialismo. Masculino. Sis-
temas Jílotífieot. Sistema de los que
pretenden ^ue todo es espiritual 7 que
no ha7 mas que sensaciones imagi-
narías.
ETUcoLOQfA.7snsí«na¿:itaIiano,t«-
materialismo; francés, immatériaUtme.
Inmaterialista. Masculino, Parti-
dario del inmaterialismo.
Btiuolooía. Inmatertalimo: italia-
no, inmaterialista; francés, inmatéria-
liste,
Inmaterialmente. Adverbio de
modo. Sin matarialídad.
Etiuolooía. Inmaterial 7 el sufijo
adverbial menU.
Inmaturo, ra. Adjetivo. Lo que
no está maduro 6 en sazón.
ETiHOLoaU. Latía immXtfbmin de
ta privativo ^ »3¿Srw, maduro.
Inmediación. Femenino. Conti-
güidad, cercanía de una cosa i otra.
EtiuolooÍa. Inwudial»: catalán, *s-
mediació.
Inmediatamente. Adverbio de mo-
do. Con íumediación, | Adverbio de
tie:npo. Luego, al punto, al instante.
Etimología, Inmediata 7 el sufijo
adverbial mente: italiano, inmediata-
ment; francés, inm/diale»unt; catalán,
inmediatament.
Inmediata. Adverbio de modo. In-
UBDUTAUBNTS.
Inmediato, ta. Adjetivo. Lo qae
no tiene punto de intermisión respec-
to de otra cosa, á diferencia de lo me~
diaU>, que es lo que está en medio.
Por consiguiente, sucesor inubdiato
es el que sigue al predecesor sin nin-
funa persona intermedia, como el
ijo respecto del padre. \ Por exten-
sión, se entiende lo que está contiguo
ó mu7 cercano á otra cosa, aunque
ha7a puntos intermedios, como cuan-
do hablamos de poblaciones inmedia-
tas, sin embargo de estar separadas
por grandes exteusiones de territo-
rio. II Ei'BCTOs INUBDXVTOS. Filosofía.
Llámanse así los primeros efectos de
las causas finales. | Insbrción inub-
DUTA. Bot'inica. La inserción que deja
libre el órgano inserto, desde el mis-
mo panto en que aparece, y Pbimci-
PtOS INMBDIATOS DE LOS VBGBTALBS Y
AlUHALBS. Aiultomia general. Los úl-
timos cuerpos salidos, líquidos d ga-
seosos, á los cuales se puede Uegnr
por la vía puramente anatómica; esto
es, sin descomposición química. Otros
autores dicen que son principiot ik-
UBDiATos los que se obtienen de los
cuerpos orgánicos, sin ejercer una ac-
ción descomponente. . I Análisis inme-
diato. Qaimica orgánica. Separación
de los principias uiubdiatos, conte-
nidos en una aubst~ncia orgánica, en
virtud ' de {>rocediihiente8 espeaiales,
como los reactivos los disolventes,
fl Contagio inmediato. Afedicina. El
que se verifica mediante el contacto
entre el individuo, afecto de una en-
fermedad contagiosa 7 la persona
sana.J Sb^obes y pbudos inmedia-
tos. Feudalismo. Los se&ores v feudos
que dependían directamente de algún
emperador ó rej, sin admitir ni re-
conocer otro soberano. Littré cita el
ejemplo de Enrique de Gortz, nacido
en Franconia, oarón lvukduto del
imperio. El nombre da éarone4 iumb-
DUTOS era mu7 comdn ea los tiempos
feudales. ] La s:mEDtATA. Expresión
familiar con que significamos la ne-
cesidad de una acción, que debe se-
guir sin demora, como en este ejem-
plo: fsupuesto un desaire, la inub-
ouTA es coger la puerta.» Dicha ex-
presión, envuelve una frase elíptica,
equivalente á si dijéramos: supuesto
un desaire, la acción inubdiata, la
conducta inmediata, la cosa inubdia-
ta que ha7 qae hacer, es coger la
puerta. Q Echábala, inubdiata. Frase
nmíliar. Negar una cosa descarada-
menta, ó despedir á uno en términos
mu7 desabridos, como cuando se dice:
«apenas conocí sus intentos, le hchií
LA inubdiata.» i DaBLB a AUIUNO POK
LAS INUEDIATAS. Fnse familiar. Es-
trechar ó apretar á alguno con accio-
nes ó palabras, que hiriéndole en lo
que siente, le convencen 7 dejan sin
respuesta. || Llboae i. las inmedia-
tas. Frase. Llegar á lo máa estrecho
ó fuerte de ta contienda en alguna
disputa ó pelea.
BriuoLooU. Latín inm^diatuM (en
Quichbbat, Áddenda); de in pcivati-
vo, equivalente á no, 7 mUdiSín*, me-
diato; «no mediato, que no ha7 nada
por medio:» italiano, inmediato; fran-
cés, inmédiat; catalán, inmediatt s.
Sinonimia. Ártícnút primero. — ^Ih-
ubdiato, próxiuo, contiguo, cbsca-
NO. Inmediato expresa \k idea de una
cosa que está á corta distancia de
otra, pero en movimiento las dos.
Próximo expresa la idea de una cosa
puesta en movimiento para llegar á
otra que, no estando lejos, no se mue-
ve. Contiguo expresa la idea de cosas
inanimadas, separadas entre sí por un
pequeño espacio. Ctrcano expresa esta
misma idea, pero suponiendo ser ma-
7or la distancia que separa una cosa
de otra. (López Piílbqbín.)
Artienlo legundo. — Inmediato, fbó-
xiMo, obbcano. De io inmeJiaío nos
separa menor distancia que de lo jtní>
ximo; de lo ^n£nMo, menos diftanqa
que de lo coreano. Si ae habla da lo-
calidad, lo inmediato es lo oontigno;
si se trata de tiempo, es lo que sucede
sin intervalo al tiempo en que se ha-
bla. La casa inmediata á la Qiía es la
que está pared en medio. Está cercano
a la costa un buque cuando, según
las circunstancias, puede decirse que
no está lejos. Está próximo á entrar,
cuando se halla á la boca d.el puerto.
El ríú considerable más cercano á Cá-
diz es el Guadalquivir. (Mora.)
Inmedicable. Adjetivo metafórico.
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l24
ÍMMti
Lo qofl no se puede remediar 6 tfatar.
Inmejorable. A(i|jetÍTO. Que no m
puede mejorar.
Inmejorado, da. A^jetiTO. Que no
hi recibido mejora.
Inmemoralua. A^jetÍTO antioaa-
do. Ikusmobial.
ETUcOLoafA. In nentiro t memora-
ble: latía, imm^miírioílit; italiano, iw-
mmorábiU; francéa, mmánorabU.
Inmemorablamente. Adverbio
modal* De un modo inmemorial.
Btimolooía. lummorabU ^ el sufi-
jo aáTerbial mente: catalán, tnmemarñ-
6imeñí¡ italiano, immmorabUmníe,
Inmemorial. Adjetivo. Lo que es
tan anticuo, que no haj memoria da
cuindo comenzó.
Etiúoloqía. l»wimorable! catalán,
inmemorial; francés, immémorial,
Inmemorialmente. Adverbio mo*
dal. De un modo inmemorial.
Etimolooía, Inmemorial y el sufijo
adverbial mente: francés, immémoriaU-
ment.
Inmensamente. Adverbio de mo-
do. Con inmensidad.
Etiuolooía. fnmenia j el sufijo ad-
Terbial mente: italiano, inmensamente;
fitaneéa, immentément; catalán, inmen-
Mment.
Inmensidad. Femenino. MeUfUi-
ca. Infinidad da la exiensiéa; atributo
de sólo Dios, infinito é inmensunble.
I Muchedumbre, número 6 extensidn
grande.
ExiuoLOOfA. Inmenso: latín, immen-
sitas; italiano, immensiíá; francés, tta-
mensite'; catalán, inmensiíat; portu-
gués, inmeiuidade.
Inmenso, sa. Adjetivo. Metafísica.
Lo que no tiene medida ó es infinito
ó ilimitado; j en este sentido, es pro-
pio epíteto de Dios v de sus atriou-
tos. I Por exageración, lo que es mu^
grande ó maj difícil de medirse ó
coatarse.
BnuoLoota. Inmhuut; de m priva-
tivo j mensns, medido, participio pa-
sivo de mé^i, medir: italiano, {mmen-
»; francés, immiue; catalán, i«»flu,<r«
Inmensarabilided. Femenino.
Cualidad de lo inmensurable.
Inmensurable. Adjetivo. Lo que
no se puede medir.
ETi:t:oLoo(A. Latín immens9ribUis,
que no ae puede definir; de in, no, j
mensürabílist mensurable: italiano, »m-
mensuraÓile; francés, immensurabU é
immesurable; catalán, inmensurable.
Sinonimia. Inmensurable, inconmen-
surabUf inmenso, — El primero es ge-
neral j se aplica indistintamente á
todo lo que no puede ser medido.
El segundo se emplea respecta de
otra cosa ó cantidad; esto es, se apli-
ca á eualquiera cantidad ó cosa que
no puede tenar una medida común
con otra.
El tercero se limita á dar la idea de
todo lo que excede á una medida co-
nocida.
Jnmettsurable prescinde de toda com-
paración.
Inconmensurable se funda en la com-
paración (como lo indica la partícula
cun latina que entra en su composi-
ci<Sn); pero la establece, no tüitt las
cosas j la medida, sino entre las co-
sas mismas solamente.
Inmenso^ por el contrario, compara
la cosa con la medida que se conoce á
que adopta el entendimiento.
La fuerza de la naturaleza es w-
mensurable.
La circunfereaoia de un círculo es
inconmensurable con su radio.
Un campo, cuando es mayor de lo
que esperábamos, nos pance ifmenso.
Inmensurable é inmenso se asan in-
distintamente en sentido recto j figu-
rado.
In&mmemwrahle, solamente en sen-
tido recto. (CoNDB db la Cobtina.)
Innensnrablemettte . Ad t erbio
modal. De un modo inmensurable.
Etiuolooía. Inmensurable j el sufí*
jo adverbial ment*: latín, inmensSra-
tim.
Inmerecidamente. Adverbio. Sin
liaberlo merecido.
ETiifOLOQÍA. Innureddn j el sufijo
adverbial mente.
Inmerecido, da. Adjetivo. Lo que
no se ha meneído.
Inmer^ente. Adjetivo j participio
activo de inmergir ó inmergirse. Di-
dáctica. Que inmeive ó se inmerge.
BriHOLOaÍA. Latín inmergenUy
ablativo de immergeiat immei-gentis^
participio de presente de imaiergire,
inmergir: francés, immfrgeant.,
Inmergir. Activo. Didáctica» Su-
mergir algún cuerpo «n el líquido
basta que éste le cabra, 6 en ua flui-
do, sombra, etc.
ÉTiuoLoaÍA. Latín inmerg're, su-
merff'ir; de ta, en, jnteryVí, hundirse
en el agua: italiano, inMetyer:; fran-
cés, immergfft.
Inmergirse. Beeíproco. Sumergir-
se en algún cuerpo capaz de ello.
Inméritamente. Adverbio da mo-
do. Sin mérito, sin razdn.
EmiOLOofA. Inmérita y el sufijo ad-
verbial mente.
Inmérito, ta. Adjetivo aotieuado.
Lo que no tiene mérito.
Etiuolooía. Latín «míbVICíw, ino-
cente, sin culpa (ViROiLio); no mere-
cido, injusto. (Ovidio.)
Inmeritorio, ria. Adjetivo. Lo
que no es meritorio.
Etimolcoía. Jn privativo j merito-
rio: francés, imméritaire; catalán, in-
meritori, a.
Inmersión. Femenino. La acción
de entrar alguna cosa en el agua ú
otro líquido nasta quedar sumergida
en él. ¡Punto db ihmbb^ióh. Oj^tica,
El punto por donde un rajro luminoso
se sumerge en un medio cual [uiera.
Q Astronomía. Prineipio de un eclip-
se, á sea el instante en que un plane-
ta entra en la sombra de otro planeta,
en cavo sentido se dice: <la inubb-
siÓM de la luna en la sombra de la
tierra.» Así, pues, la inubrsión de un j
cuerpo planetario, considerada en su '
efecto visible, no es otra cosa que su I
oscurecimiento, producido por la in-
terposición de otro planeta.
ExiiiOLoaÍA. 1. Inmergir: latín, '
inmersíOf el acto de inmergir, forma ,
mm
sustantiva abstracta de mmirm, pkt*
ticipio pasivo de immerghtp hundir
en el agua: italiano, immersione;Ítttíi-
cés, immertion; catalán, inmersÚ.
2. Esta serie viene del sánscrito.
El latín mertus, sumergido, es el sáns-
crito manías, lavado; lituanio, merkit,
merklas; así como el latín mergens,
que se sumerge, representa el sánscri-
to marjal, que lava.
Inmersivamente. Adverbio die
modo. Por inmersión.
Etimología. Inmersiva y el safijo
adverbial mente.
InmersÍTO, Ta. Adjetivo. Coneei-
niente i la inmersión, |.Calcuu-
ciÓN iHUBRSivA. Didáctica, Lft prneba
qae se hace del oro ea el agoa. fuerte.
EtiuoL'oaÍA. Inmersión: italiano,
immersivo; francés, immertif,
Inmersor. Masculino. El que me-
tía en el agua al que se bautizaba por
inmersión.
Inmigración. Femenino. La ac-
ción 7 efecto de inmigrar.
Inmigrar. Neutro. Trasladarse á
una reglón, para establecerse en ella,
los q^ue estaban domiciliados en' otra.
Se dice especialmente de los que pa-
san á formar nuevas colonias, ó á na-
turalizarse en las 7a formadas.
EtduxxkiÍa. Smigrar: latía, inmi-
grare.
Inminencia. Femenino. Condicidn
de lo que es inminente, en especial
hablando de algún riesgo. Q Inuihbh-
ciA MÓBBiDA. Medicina, Estado inde-
finible del organismo, que no es toda-
vía la enfermedad; pero que la prepa-
ra y la anuncia, como ai fuera ta pri-
mar florado.
EtiuoloqÍa. Inminente: latín, |MI•^
nenlta; italiano, imminenea; francés,
imminence.
Inminente. Adjetivo. Lo que ame-
naza ó está para suceder, hablándose
de riesgos, desgracias y peligros,
como cuando decimos: ruina imivxzv-
TB, eaíá»tro/e inuinbntb. Q También
suele aplicarse á todo suceso presu-
mible, que se juzga cercano, como en
este ejemplo: la sabida al trono de
tal ó cual príncipe, es un hecho imu-
NENTB-
Etiuolcuía. Latín immfnens, immt-
nentií, participio de presente de immí-
ft¿rf, amenazar, estar cercano; de ta,
en, dentro, sobre, y mSnere, permane-
cer: iHUiNBBB morti, estar para darse
la muerte, en Séneca: imuinbbb r^^v*,
buscar la ocasión, en Tácito: francés,
imminení; italiano, imminentej cata-
lán, i/nMÍnent.
1. La t breve de immínere represen-
ta la a breve de vtaneoi yo permanez-
co; asi como lá« larga de immt^e,
es la e larga de mUnere, permanecer.
2. Bsto demuestra que imm^virei^
preseuta imm&Hére, permanecer en an
objeto, morar junto á él, estar pen-
diente, de donde vieae el sentido lógi-
co de amenazar.
Inminentemente. Adverbio de
mod '. ('ou inminencia.
Etiuolooía. Inminente y el sufijo
adverbial mení^.-francés, imminommení;
italiano, imminentemente.
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tmo
tttmíacibilidad. Femenino. Pütea^
Cualidad de lo inmiscible.
Btiicoloqía* Inmüeible: finacis,
iumiteiinliU.
lamiscible. Que no es susceptible
de mexcUrse, en cuja acepción deci-
mos: iuhsíanciat iHiciaciBLBS.
BTiHOLoaÍA. Latín iwnist^bUis
(QuiCHBRAT. Adde%4a); de tu, no, j
mi$e\lttl%$j lo (|ae puede mezclarse:
francés, immitcthU^
Inmiscaente. Participio dctivo de
inmiscuir. ^
Inmiscuir. Activo. Q,%ímica. Mez-
clar dos ó más substancias. || Recípro-
co. Entretenerse, tomar parte en un
asunto 6 negocio, especialmente cuan-
do no baj razón ó autoridad para
ello.
BrmoLooÍA.. Latín i»mise9re; de *k,
en, j miieirc, mezclar: francés, ímmt«-
eer; italiano, inmicir, inmiscaírse.
InmiBericordiB. Femenino. Falta
da misericoi^ia, dureza de corazón,
iühnmanídad.
BriuoLoaÍA. 2n ne^tivo t miteri-
e9rdia: catalán, inmterieoraia; fran-
cés, Ímmi$¿ricorde; latín, ivmísMcor-
dia, (Tbbtui.ia.no.)
InmÍBaricordiosamente. Adver-
bio de modo. Sin misericordia.
Etimología. Inmitericordiosa j el
sufijo adverbial mente: catalán, inmite-
rieordiotamení; francés, immitíricor-
diemtewunt ; latÍD , mmíiMeerditer,
(Tbbtoliako.)
Inmisericordioso, la. Adjetivo.
Despiadado.
BriHOLOOfA,. Inmisericordia: cata-
Un, inmiterieordidif a; francés, immité-
ñcor^ens; latía, «MnlCf Vlícort, que no
tiene compasión. (Cicbróx.)
Inmiiion. Femenino. Acto de en-
cerrar una cosa dentro de otra.
BnuoLOofA. Latín immis$ío, acción
de enviar ó de dirigir contra; forma
sustantiva abstracta de immíssus, par-
ticipio pasivo de immiíí^re, enviar ha-
cia; de in, en, dentro, sobre, j mtít?"
rt, enviar: catalán, inmissi !.
Inmóbil. Adjetivo. Inmóvil.
BtiuoloqU. Inmdnl: catalán, iiisuF*
bU: francés, immobiU,
Imnobilidad. Femenino. Ikmovi-
UDAn.
. fhoáOLoaÍA. InmooiUáad: eatalin,
iimoiititat; francés, immoiilitó.
Inmoble. Adjetivo. Lo que no se
Saede mover. | Lo que no se mueve. ||
[etsfora. Constante, firme é invaria-
ble en las resoluciones 6 afectos del
ánimo.
BnuoLoaU. Immáñl: catalán, ift-
wtobU.
Inmoderación. Fenianino. Falta
d« moderación.
BnHOLoaÍA. Latín imm^dhUtto; de
i» privativo y mdderaíU, moderación:
catalán, inmoderaeid; francés, immodé-
r«¿í<m; italiano, tmoderaíetta.
Inmoderadamente. Adverbio de
modo. Con inmoderación.
BmcoLoofa. Jumoderada j el sufijo
.adverbial mente: catalán, i»moderad'.i-
jNM/: francés, immodér^ent; italiauo,
S»oderaíameníe; latín, inmüdtraie.
Inmoderado, da. Adjetivo que se
IKMO
' apitca á la persona 6 cosa qne no tíe-
I ne moderación.
I BTiuOLOofA. Latín immMhatut; de
' in privativo r mSdhatH$t moderado:
I catalán, inmoderat, da; francés, msio-
d¿rá; italiano, smt^erato.
Inmodestamente. Adverbio de
modo. Con inmodestia.
Btiholooía. Inmodesta j el sufijo
adverbial mentt: catalán, imnodesía-
mení; francés, immodestement; italiano,
immodetíameníe; latín, immSdesíé.
Inmodestia. Femenino. Falta de
modestia.
Etwolooía. Inmodesto: latín, immS-
destla: italiano, immodestia; francés,
immodestie; catalán, inmodestia.
Inmodesto, ta. Adjetivo que se
aplica á lo que no es modesto.
EriHOLoaÍA. Latín inmodestus; de
in privativo j miSdestu», modesto: ca-
talán, inmodest, a; fhincés, immodeste;
italiano, immodesto.
Inmódico, ca. Adjetivo. Que no es
módico.
EriHOLoafA. Latín titmMfl», exce*
sivo; de in, no, j mSdtcus, módico
Inmodificable. Adjetivo. Que no
se puede modificar.
Etimología. In privatÍTO y modif-
eaUe francés, immdiJiabU; italiano,
immodi^eabiie.
Inmoinlable, Adjetivo. Que no
admite modulación.
Inmoinlablemente. Adverbio de
modo. De una manera inmodulable.
Etimología. InmodulahU y el sufijo
adverbial mente,'
Inmoduladamente. Adverbio de
modo. Sin modulación.
ETiHOLoaÍA. Jnmodnlada y el sufijo
adverbial mente.
Inmodulado, da. Adjetivo. Que
no es modulado.
EtiuoloqU. Latín inmdd&laíut, fal-
to de armonía; de in privativo y md-
dülaíus, modulado: francés, immodnlé;
italiano, immodnUto.
Inmolación. Femenino. La acción
j efecto de inmolar. | Dogma cristia-
no. Se entiende por inmolación el sa-
crificio del cuerpo del Mesías, del mis-
mo modo que se entiende por infusión
el sacrificio de su sangre, como precio
de redención del ^nero humano. En
este sentido se dice: «el cuerpo y la
sangre, euja inmolación v efusufn sal-
varon al mundo en Ja Cruz.» (Bos-
Sübt, Var., IVt piírrafo 8.')
Etimología. Inmolar: latín, immS-
l&tío, sacrificio de una víctima; italia-
no, immolazione; francés, immolation;
catalán, inmolacid,
Rfseña histiSrica. — La inmolación
de víctimas humanas es común á mu-
chas naciones y gentes de la anti-
güedad.
1. Herodoto afirma, al describir los
sacrificios que los escitas ofrecían al
dios de la guerra, que le inmolaban
víctimas humanas. (Hollín, HiHoria
antigua, Obrta, toma S.°,p ¡ginaltí.)
2. A fin de reparar aquella falta, in-
molaron i Saturno doscientos hijos de
las mejores casas de Cartago. (Ibidbm,
tomo i,", página 19^,)
3. Los galos, los sirios y los aatí-
fMoi gríe^s nos ofrecen también el
^rbaro ejemplo de esto género de
INM0LACI0NB9. (VoLTAIBB, Cotinm-
bres, i47.)
4. Los romanos cayeron después
en semejante crimen de idolatría, m-
MOLANoo i dos griegos y á dos galos,
con el fin de expiar ciertas galante-
rías de tres vestales. (Plutabco.)
5. Antigüedades romanas. — Ceremo-
nia de los antiguos romanos, que con-
sistió al principio en echar, sobre la
cabeza del animal destinado al sacri-
ficio, harina de trigo mezclada con
sal, lo que se llamaba mola salsa. Los
griegos se valían de granos de trigo ó
de cebada, á que tamoién mezclaban
sal. Posteriormente se llamó inmola-
ción todo el acto del sacrificio.
Inmolado, da. Participio pasivo
de i D molar.
Etimología. Latín immSlitus, par-
ticipio pasivo de immilare: catalán,
inmolat, da; francés, immoU; italiano,
immolaío.
Inmolador, ra. Masculino y femé-
niño. El que inmola.
Etimología. Inmolar: latín, inmiila'
tar; iuliano, inmolaíore; francés, in-
molateur; catalán, inmolador, a.
Inmolar. Activo. Paganismo. Ma-
tar degollando en honor de una divi-
nidad, en cuyo sentido se dice: «in-
molar víctimas.» I Politeísmo romano.
Derramar la salsa mola sobre una víc-
tima antes de degollarla, (Catón.) J
Recíproco metafórico. Dar la vida, la
hacienda, el reposo, en provecho de
alguna persona ó de algún principio,
como cuando se dice: «inholabsb en
aras de la patria; ihmolarsi en aras
de la fe de Cristo; iHMOLAasa en aras
del amor.» | Metáfora. Sinónimo de
sacrificar, como en el ejemplo siguien-
te: fpueden inmolabnos; no envile-
cernos, ni oprimirnos.»
Etimología. Latín mSla, harina tos-
tada, molida y espolvoreada de sal,
de que usaban en los sacrificios; in-
milare (in-mÓlare), sacrificar matando
alguna víctima: catalán, inmolar;
francés, inmoler; italiano, inmolare.
La o breve de inmolare es la o breve
de mUa.
Reseña. — 1. Derramar la <a¿ia mo-
la sobre la victima antes de degollar^
la, tiene en latín la siguiente corres-
pondencia: salsa HOLA ncA'sMsi asper-
gtre^ rociar la víctima con la salsa
MOLA.
2. Horacio y Tito Livio hablan de
corderos y bueyes ihuolados á la dio-
sa Diana.
3. De un pasaje de Cicerón se in-
fiere que los romanos solían inmolar
víctimas á muchos dioses á la vez:
quum pluriius diis iNM0LA.Tua.
Inmoral. Adjetivo. Lo que se opo-
ne á U moral ó buenas costumbres.
Etimología. In negativo y moral:
francés, immoral; italiano, mmorale.
Los eruditos catalanes deban aOadit
esta palabra á su Dieeionas^
Inmoralidad. Femenino. Falta de
moralidad, desarreg^lo en las costum-
bres.
Etimología.. Inmoral: francés, m-
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126 tmió
moraUtí; italiano, mmoraUtA, Falta I
tambiéa en el Diccionario catalán.
Inmoralizable. Adietiro. Que no
es susceptible de moralizarse.
Inmorig'eradamente. Adverbio de
modo. Sin moriste ración.
BnuoLoaf A^. Inmorigerada j el sufi-
jo adrerbial mente.
Inmorigerado, da. Adjetivo. Que
no es morigerado.
Inmortal. AdjetÍTo. Lo que no es
mortal ó no puede morir. H Uet&fora.
Loque dura mucho tiempo.
BriuoLoaÍA. Latín immortalii; de in
privalivo T moriSlit, mortal: catalán,
'tal; francés, immorlel; italiano,
immoríaie,
Inmort:ilar. Activo anticuado. In-
VO&TALIZAR.
Inmortales (los). Masculino plu-
ral. Historia. Cuerpos de tropa desti-
nados á la guardia de los antiguos
reres de Persia, cuyo efectivo fué de
10.000 hombres. — Es de advertir que
se llamaron así, porque, tan pronto
como uno moría, era reemplazado por
otro, de suerte que nunca disminuía
su número.
Inmortalidad. Femenino. La ca-
lidad de inmortal, y ^Tetáfnra. Dura-
ción mujr larga de alguaa cosa en la
memoria de loi hombres. Q Bl premio
de la ciencia, del heroísmo, de la san-
tídad y de la virtud.
ETUiOLOofA. Inmortal: catalán, in-
mortaliíat: francés, immortalite'; italia-
no, immortaliíi; portugués, inmoríati-
dade; del latín imnortHitat, forma sus-
tantiva abstracta de inmorliUs, in-
mortal.
Inmortalizable. Adjetivo. Que
puede inmortalizarse.
Inmortalización. Femenino. Ac-
ción ó efecto de inmortalizar.
EtiuoloqU. Inmortalizar: francés,
immortaiisation.
Inmortalizado, da. Participio pa-
sivo de inmortalizar.
Etiuoloqía. Inmortalizar: catalán,
inmorUtlitatt da; francés* tnmoría-
IM.
Inmortalizar. Activo. Hacer per-
petua una cosa en la memoria de los
hombres. Se usa también como recí-
proco.
Etimoloqía. Inmortal: catalán, in~
mirtali ar; francés, immortaliier; ita-
liano, immoríalare.
Inmortalizarse. Recíproco. Ha-
cerse memorable ó inmortal en la me-
moria de los hombres.
Inmortalmente. Adverbio modal.
De un modo inmortal.
ETiHOLoaÍA. Inmortal 7 el sufijo
adverbial mente: catalán, inmortal-
mní/francés, (mmortellement; italiano,
immortaimente; latín, immort'ilííer.
Inmortiflcací¿n. Femenino. Falta
de' mortificación, J Atutismo. Estado
de una persona no mortificada.
■ Etimología. 7n privativo ^ wor/i-
ficación: catalán, inmortijicactó; fran-
.cés, immortiñcation: italiano, immorti-
ficazionr. ■
Inmortíficado, da. Adjetivo. Lo
^ue no está mortificado.
ETnioLOOÍA. In privativo y morti-
I fiea^o: francés, tnmortifié; catalán, in-
moHÍJi'cat, da.
Inmoto, ta. Adjetivo. Lo que no
se mueve.
EriuoLOofA. Latín inmütus, inmo-
ble, estable; de 1* privativo 7 ind<u,
movido.
Inmovible. Adjetivo. Inmoble.
EtiuoloqÍa. Latín tmníobllis; de tn
privativo 7 mdbUi$j móvil: catalán,
tnmoñble.
Inmóvil. Adjetivo. Inmoble.
EniioLoaU. Inmovible: catalán, tfi-
mópil.
Inmovilidad. Femenino. La inca-
f acidad é impotencia de moverse. Q
alta de movimiento. I Metáfora. Fir^
meza 7 constancia en las resoluciones
6 en los a'^ectos del ánimo.
ETiuoLoofA. Inmovible: latín, m-
mobíltías; catalán, inmovilitat.
Inmovilizado, da. Adjetivo. No
movilizado.
Inmovilizar. Neutro. Hacer in-
móvil.
Inmudable. Adjetivo. Inmutable.
Inmueble. Adjetivo que se aplira
á los bienes raíces, en contraposición
de los bienes muebles.
ETiMOLoaÍA. In privativo j mueble:
provenzal, immoble; {nncés, immeuble.
Inmundamente, Adverbio modal.
De un modo inmundo.
ETiuoLoofA. Inmunda y el sufijo
adverbial mente: latín, immUndé,
Inmundicia. Femenino. Suciedad,
basura, porquería. |j Metáfora. Impu-
reza, deshonestidad.
Etiuolooía. Inmundo: latín, m-
mundítia é immundíttes; catalán, in-
mundicia; francés, immondice; italiano,
immondizia.
Inmundicidad. Femenino. Cuali-
dad de lo inmundo.
Inmundísimo, ma. Adjetivo su-
perlativo de inmundo.
Etiuolooía. Latín immundistímus:
catalán, inmundissim, a. .
Inmundo, da. Adjetivo. Sucio j
asqueroso. I luPUBO, 6 aquello cujo
uso estaba prohibido á los judíos por
la lej,
BTiMOLoafA. Latín immUndus, as-
queroso; de in privativo 7 mundus,
limpio, puro, bello: italiano, immun-
do; francés, immonde; catalán, t«««B-
do, a.
Inmune. Masculino 7 femenino.
Libre, ex.ento. [| Adjetivo. Lo que go-
za del privilegio de inmunidad.
Etimología. Latín immMnis, libre,
exento, privilegiado; de in, no, 7 mü-
ffttf, servicio, carga: italiano, immune;
catalán, inmune.
Inmunidad. Femenino. Libertad
ó exención de ciertos oficios, cargos,
Sravámenes ó penas, que le eonceae á
eterminadas personas, 6 es inherente
á algunos lugares 6 sitios.
Etimología. Inmune: latín, {mmUnt-
tas; catalán, tnmunitat; provenzal, im-
munitat; francés, immunile; italiano,
immuniíá. El catalán antiguo tiene
tmmuniiaí, forma etimológica.
Inmutabilidad. Femenino. Cali-
dad de lo que es inmutable; 7 así se
dice: la inmutabilidad de loa eternos
decretos de Dios. ¡ El atributo 6 prtf«
piedad de inmutable ó de no estar
sujeto á mudanzas. ] MeiafUitít. Atri-
buto de la esencia.
ETiuoLoaÍA. Inmutable: latín, *m-
m^tibUítaí; italiano , immutabiHtdt ;
francés, immutabilit/; catalán, inmuta-
bilitat.
Inmutable. Adjetivo. Lo qne no
es mudable. || Metáfora. El iincDTA—
ULE. El Altísimo.
Etiuolooía. Latín {mmitcíbUit; de
in privativo 7 m&<a¿K¿i>, mudable: ita-
liano, iftímutabile; ñ^ncés del siglo XT»
immutable; moderno, mtnuable; cata-
lán, iimutable.
Inmutablemante. Adverbio do
modo. Sin mutación.
EruiOLoafA. Inmutable j el sufijo
adverbial mente: italiano, inmutait^
mente; francés, immuabiemént; catalán,
¡niüutablement.
Inmutación. Femenino. Laaccidn
7 efecto de inmutar ó inmutarse.
Etimología. Inmutar: latín, tmaff-
tatío; italiano, inmutañsne; catalán,
inmutació.
Inmutado, da. Participio pasivo
de inmutar.
Etiuolooía. Inmutar: latín, msffi^í-
tus, participio pasivo de immSíire; cife-
talau, inmuíatt da; italiano, immatato.
Inmutar. Activo. Alterar ó variar
alguna cosa. | Recíproco metafórico.
Sentir cierta conmoción repentina del
ánimo, manifestándola por algún ade-
mán ó por la alteñeidn del semblante.
Etimología, Latín immMtSre, va-
riar; de in, en, 7 mutáre, mudar: ita-
liano, immutare; catalán, inmutar.
Inmutativo, va. Adjetivo. Lo que
inmuta ó tiene virtud de inmutar.
Etoiología. Inmutar: catalán, m-
mutatiu, va.
Inmutilado, da. Adjetivo. Que no
está mutilado,
ErmoLOGÍA. Latín inmUtílatut, par^
ticipiu pasivo de inmüt'lSre; de 1* ne-
gativo 7 nS¿í/3r«, mutilar.
Innacible. Adjetivo anticuado. Lo
que no puede nacer.
Innaciente. Adjetivo anticuado.
Lo que no nace.
Innasal. Adjetivo. Gramática. Que
no es nasal.
Innasalidad. Femenino. GframáH-
ca. Cualidad de lo que no es nasal.
Innascibilidad. Femenino. Cuali-
dad de lo innascíble.
EtiuoloqÍa. Innatcible: proven-
zal, tainua¿i7rra<,- francés, innascibiU'
té; latín, innascWlítat (Quicherat,
Áddenda).
Innascíble. Adjetivo. Que no pue*
de nacer ó ser engendrado,
Etiuolooía. Latín innascíiüli*; de
¿«privativo 7 natiHb'ílis, que puede
nacer: francés, innascible,
Innasciente. Adjetivo. Que no n»-
ce de otro.
Innato, ta. Adjetivo, Lo que es
connatural 7 como nacido con el mis-
mo sujeto. |] Ideas innatas. Sistema
ftloiáficíf de Descartes, Ideas no adqui-
ridas por la experiencia ó por la per-
cepei^in, como inherentes a la inteli-
gencia del hombre, teles como lee de
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INXE
ctiM-j afecto, del géaeio 7 del. indi-
nduo.
flTUKtt.OQU. X«tt£n iunSíut, creado
BD, natural de, compuesto del ]^reñjo
M, en, dentro, y MiuSf nacido: italia-
ao, innaío; francés, ÍnH¿¡ catalán, tn-
Reiiia. — Otros filósofos, antes que
Descartes, nos presentan la teoría de
las ideas innatas; pero las referimos
«1 sistema cartesiano, porque Descar-
tes j su escuela son los que hicieron
de aquella teoría una especie de tesis
filosófica.
Innatural. Adjetivo. Que no es na-
tural.
BnuoLOOfA. I» privativo y natural:
Utin, iuuaíUrális (Quicuerat, Adien-
da); italiano, intialurale; francés, inna-
tunl.
Innaturalidad. Femenino. Falta
de naturalidad.
bmatoralmente* Adverbio de mo>
do. Sin naturalidad.
BruKHjooÍA. JiuMiural y el sufijo
adverbial mente.
Iftnavezable. Adjetivo. Lo que no
es navegable.
'Etuiolooía. Latín innavtgab'ílis; de
ÍK privativo y nacydhilis, navegable:
italiano, innav'.gihiLe; francés, innaci-'
gaUe; catalán, innavegable.
Innebuloso, sa. Adjetivo. Que no
tiene nubes.
Innecesariamente. Adverbio de
mrdo. Sin necesidad.
ETiuoLoaÍA. Imucesaru^ y el sufijo
idreibial mente.
Innecesario, ría. Adjetivo. Lo
qae no es necesario.
SiMOxiuiA. InnecesariOf snper^uo. Lo
iwnecetario no hace falta.
Lo tuperjiuo sobra.
Lo innecesario es una prodigalidad
del momento.
Lo ia^er^uo es una prodigalidad
elevada á sistema.
El que da dinero por lo Mnecetario,
m^gasts.
El que lo da por lo iuperjuo, dila-
pida.
Lo Wmeatario puede ser un error.
iMnper/tuo es siempre un exceso j
OB vicio.
Pero no digo bien; lo superfno es el
moustmo que ha causado más vícti- ¡
ntu en el mundo. Es la locura del [
ene, no teniendo bastante con lo que i
un hecho Dios y la humanidad para
la dicha de los hombres, quiere ser '.
dichoso pidiendo limosna á sus capri- !
chos, para perecer en el hastío y en la ,
mina; esto es, en la miseria del alma
J del cuerpo.
El Que usa lo innecetartOi tal vez
podrá luchar.
El que se engolfo en lo npérflno,
tiene que caer.
InneEar. Activo sntteuado. Aboux-
HU. DEáHOKRAS.
ETiuoLoaÍA. In, en, y nXfat, la
maldición gentil, la palabra contraria
t los dioses.
Innegable. Adjetivo. Ld que no se
puede negar.
EtuiqlooÍa. 1% negativo j negable:
italiauo, innegahile.
INNO
Innegociable. Adjetivo. Imposi-
ble 6 difícil de negociar.
Etiuolooía. In privativo 7 fieyscia-
ble: francés, innegociable.
Innerrable. Adjetivo. Fiaiolo^la.
Lo que está dotado de la innervación,
d propósito de loa elementos nervio-
sos, poredntrapoaici 'n respecto de los
otros elementos no dotados de aquella
propiedad.
ETiHOLOofA. Innervacidn: fraticés,
innfrca'ile,
Innervación. Femenino. Fisiolo-
gía. Conjunto de I^fc fenómenos ner-
viosos del organismo, ó sea: modo es-
pecial de actividad, inherente á los
elementos anatómicos nerviosos, ^,
por consecuencia, á los tejidos nervio-
sos central y periférico, en cujro sen-
tido se dice: «conjunto de acciones
nerviosas.»
Etimología. I», en, y nervio: fran-
cés, innervation.
SiNONiuiA. Inereaeitm, sensibilidid.
Muchos confunden estas dos voces sin
ratón alguna para ello, puesto que
equivale á confundir la parte con el
todo. La iNERVACiÚM es la actividad
propia de los elementos y tejidos ner-
viosos: la tensibilidad es la actividad
propia de los órganos de los sentidos
y de los nervios llamados sensibles.
(LiTTRd.)
Innervado, da. Adjetivo. Historia
natural. Qua carece de nervosidades.
Etuiolooía. In privativo y neroio.
Innoble. Adjetivo. Lo que no es
noble.
ExiHOLoafA. Catalán innoble: fran-
cés, ignoble; italiano, ignobile, del la-
tín ignobílis; de por in, negación,
y gnobílis, noble.
Innoblemente. Adverbio de modo.
Sin nobleza.
Etimolcoía. Innoble y el sufijo ad-
verbial mente: francés, ^Hd¿í«»iíttí; ita-
liano, ignobilmente.
InnocÍTO, va. Adjetivo. Que no es
nocivo.
Innocuo» caá. Adjetivo. Lo que no
hace daño.
Etiuoloqía. Latín inniicaus^ lo que
no es dañoso ó perjudicial; de is, no,
y sjcat», fonna adjetiva de nücerej
dañar.
Inn<Hninable. A4jetivo. Imposible
de nombrar.
BTiuoLoofA. Latín inndmínSbílis, lo
que no se puede expresar ó explicar
coa su nombre; de in privativo y no~
iniuábtlis, lo que puede nombrarse,
forma adjetiva de ndmen,nomínis, aom-
bre: francés, innominable; italiano, ««•
nomiHabile.
Innominadamente. Adverbio de
modo. De una manera innominada.
Etiuolooía. Innominada y el sufijo
adverbial mente.
Innominado, da. Adjetivo. Ana-
tomía. Que no tiene nombre; epíteto |
dado á diferentes partes del orga- .
nismo, como los huesos iMNOuiNADOj,
los huesos ilíacos, la arteria inno-
uiHADA, una de las grandes arterias |
del cuerpo. Q La Medicina anticua
empleó la voz del artículo, como sinó- \
nima de cuneiforme, según resulta del |
INNÜ
127
pasaje siguiente: «los tres huesos in-
NO^NADOS (enneiformes) del tarso. >
(Pareo, fV, 38, siglo xvi.)
ETl^roLoc5fA. In negativo y nomina-
do: catalán, innominat, da; francés,
nominé; italiano, innominato.
Innoto, ta. Adjetivo. Desconocido.
Etimología. In privativo y el latín
nSíus, conocido, participio pasivo de
noscere, conocer.
Innovación. Femenino. La acción
y efecto de innovar. \\ Botánica, Se
aplica á la ramificación de las hepáti-
cas caulescentes (cripl-j'gamasj. La in-
novación consiste en el desarrollo de
un botón, el cual produce la eontinua-
ción del tallo.
Etiuqloqía. Innovar: provenzal,
ennovacio; catalán, innovado; francés,
innotation; italiano, nmovarione; del
latía inndvafío, forma sustantiva abs-
tracta de innotatnSf innovado.
Innovadameste* Adverbio de mor'
do. Con mutación 6 novedad.
EnHOLoaU. isaoRt^sj el niSjo ad-
verbial mente.
Innovado, da. Partiripío pa^vo
de innovar.
Etuiolgoía. Latín inHwaíus, parti-
cipio pasivo de innovare, innovar: ita-
liano, innóvalo; francés, innové; otta-
láti, innovat, da.
Innovador, ra. Masculino y fe-
menino. El que innova. H Espíbitus
ivHovADOKEs. Epí1»to qu« vuAt den»
á los reformistas.
EiiuoLoaÍA. Innovar: latín, inn8v^
ior (QuiCHEBAT, Addendaji italiano,
innovatore; frano¿i^ MMK/Mr; ckta<-
lán, innovador, a.
' InnoTamiento. Sbueafiui» asti--
Cuado. iNNOTACláff.
Innovar. Activo. Mudar 6 altenr
las cosas, introduciendo novedades. |
Anticuado. Renovar.
Bti]I0L(X}£a. Latín innovare, intro*
ducir usos nuevos ó renovar ios anti-
guos; de in, en, dentro, y novare, re-
novar, forma verbal de noous, nuevo:
provenzal y catalán, innovar; francís,
tuttover; italiano, innovare.
Innúlnl. Adjetivo. Qu» no «a nd-
bil.
Etiuoloqía. In privativo y núbil:
latin, inn&but; de w privativo y «SiJ-
re, casarse.
Innumerabilidad. Pemenino. Mu-
chedumbre graude y excesiva.
Etiuología. Innumeriible: latín, tn-
nüm rab'.éUas; italiano, innumerabiUtá.
Innumerable. Adjetivo. Lo que
no se puede numurar ó es mu^^ difícil
de numerarse.
Etiuoloqía. Latín innüm 'rabUis; de
in privativo Jrtií//i>¿¿í7;s, numerable:
catalán, innumeraUe; italiano, innu-
nerabite; francés de La Montaigne,
innumerable; tiempjs de Peirón y de
Go3.Teteau, Ínau7neraljií; moderno, t»-
nombrable, forma ac^jetíva de nombre»
número.
Innumerablraaente. Adverbio de
m ido. Siunúmero.
ETiuOLOaÍA. Innumerable j^n.%)0
adverbial mente: it&liano, tnmwi«ni3./*
,ncnte; francés, innombrahlement', cata-
lán, innn/nerablemeHt.
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128
INOB
Innúmero, ra. AdjstiTo. Innuub -
BABLE.
ETiuoLOofA.. Latín umúrnUruf. (Ci-
CBBÚN.)
Innupta. Femeaíno antieuido.
SOLTBBA.
Etimología. Jnnúbil: latía, innSpía;
cataláu, ianupla; innupta Minerva, la
casta Minerva-, inuftjs, vírgenes, don-
cellas. — cAdjetÍTO usado solamente
en la terminación femenina, para sig-
nificar la mujer soltera.» (Acaobuia,
Diecionarió de 1726.)
Znnntriciótt. Femenino. Falta de
nutrición.
InnutritÍTO, va. Adjetivo. No nu-
tritivo.
Ino. Femenino. Mitología. Hija de
Cadmo y de Hexmione, tercera mujer
de Atamas. Creyendo que era una leo-
na, dio muertd á sus hijos Learco j
Uelicertes, que imaginaba eran dos
leoncillos. Después, desesparada, se
precipitó en el mar, j ^eptuuo la
convirtió en ninfa.
Inobediencia . Femenino, Falta
de obediencia.
EtiuolooU. Inobediente: latín, in-
SUdientXa; catalán, inohediéncia; fran-
cés de Oresme, inoiediettce; moderno,
wtobéitsance; italiano, inoibedienia.
SiNomuiA. Inobediencia, daobedien-
eia. La inobediencia no consiste sino en
la simple falta de obediencia; la des-
obediencia supone un movimiento con-
tra los principios morales que á todos
nos imponen la obligación de obede-
cer.
Bl hijo que tiene la inmensa des-
gracia de no obedecer á sus padres,-
es inobediente; el hijo que comete el
inmenso crimen de levantarse contra
la sagrada autoridad paterna, es des-
obediente.
La inobediencia no puede paliar de
ser un defecto; la desobediencia puede
ll^r á la rebeldía.
Generalmente hablando, se princi-
pia por la inobediencia para llegar á la
desobediencia^ como se principia por la
falta para concluir por la culpa; como
se principia por la culpa para concluir
por el pecado.
Inobediente. Adjetivo. Bl que no
es obediente.
EnuoLoaÍA. Latín inSbedíens, lis,
participio de presente de inSbedlre, no
obedecer: catalán, inobedient, a; ita-
liano, inobbediente.
Inobedientemente. Adverbio de
modo. Faltando á la obediencia.
IÍTIUUL03ÍA. Inobediente j el sufijo
adverbial mente.
Inoligetable. Adjetivo. Que no ad-
mite objeción.
Injbgetablemente. Adverbio de
mo lo. De un modo inobjetable.
EtiuolooÍa. Inobjetable j el sufijo
adverbial mente.
Inol» etadamente. Adverbio de
modo, bin objeción.
EriuoLoaÍA. Inobjetada j el f afijo
adverbial mente,
Inobjetado, da. Adjetivo. Que no
ha sufrido objeción.
Inobli^able. Adjetivo, Que no se
puede obligar.
INOC
Inobligacíón. Femenino. Sxen-
ción de ooligacióo.
Inoblígadamente. Adverbio de
modo. Sin obligación.
Etiuolgoía, Inobli^ada j el sufijo
adverbial mente.
Inobli^ado, da. Adjetivo. No su-
jeto á obligación.
Inobligativamente. Adverbio de
modo. Sin que sea oblíg.ición.
EriHOLoaÍA. Inobligativa y el sufijo
adverbial menté,
InobligatÍTO, va. Adjetivo. No
obligativo.
InobligatcMÍainente. .Adverbio de
modo. Ihoblioativaubntb.
Etimología. Jw/bligatoria j el sufi-
jo adverbial mente.
Inobligatorio, ría. Adjetivo. Ih-
OBLIQATIVO.
Inobserrable. Adjetivo. Lo que
no puede observarse.
Etiiíolooía. In privativo y observa-
ble: latín, inobservabais; francés y ca-
talán, inobservable.
Inobserradauente. Adverbio de
modo. Sin observación.
EnuoLOGÍA. Inobservada y el sufijo
adverbial mente.
laobiervado, da. Adjetivo. Que
no ha sido observado.
ETU«n;,oo£i,./H pri vati vo y observado:
latín, inobservaíus; francés, inobseroé,
Inobservador, ra« Adjetivo. Que
no es observador.
Inobserrancia. Femenino. Falta
de observancia.
Etuiolooía. Inobservante: latín, Kn-
observantia; catalán, inobservancia, in-
observansa; francés, inobseroance.
Inobaervante. Adjetivo. El que no
es observante.
Etiuoloqía. In privativo y obser-
vante: latín, inobservant, inobservaníis;
catalán, inobservant,
InolMorrar. Activo. Faltar & la
observancia.
InobstractÍTO, va. Adjetivo. Me-
dicina. Que no obstruje.
Inobstruidamente. Adverbio de
modo. Sin obstrucción.
BTiMOLoaÍA. Inobstruida y el sufijo
adverbial mente.
Inobstruido, da. Adjetivo. Que no
está obstruido.
Inooarpio, pia. Adjetivo. Botáni-
ca. Que tiene el fruto fibroso.
ETUiOLOOfA.Oriego t^, Ivó^ ( is, inos ),
robustez, fuerza, uervio (robur, vis,
nervus), y xapnó; (karpós)y frutó,
Inocarpo. Mascmíno. Botánica,
Género de plantas dicotiledóneas, de '
Sores compuestas. |
BTDiOLOoía. Inoeaffio, I
Inocencia. Femenino. Estado y ca-
lidad del alma que carece de culpa. |
Estado del que se halla inocente v li- ,
bre del delito c^ue se le imputa. || Sim- \
plicidad, senctUez. \
EtiuolooÍa. Inocente: provenzal,
innocencia; burguiñón, igndcence; cata-
lán, innocencia; francés, innocence; íta- '
liano, innocentia, del latín innocenfia,
moderación, integridad, forma sus-
tantiva abstracta de iflMj£«ns,ittocente.
Inocencio. Masculino. Nombre de i
varón: san Inucbncio, 1
moc
EtikólooÍa. Latín InnXeenñMi, «a
san Isidoro y san Gregorio.
Inocencio. Agrónomo. Debió vivir
en tiempo del emperador Constancio,
según se infiere de Amiano, (^ue le
cita como existente en aquella época.
Sus obras se han perdido, y el excerp-
ta ex libro XII de literis que" se le
atribujre, parece, en opinión de For-
eellini, un extracto del libro XII zur-
cido por alguna pluma poco diestra.
(De Migubl y Morante.)
Inocentada. Femenino familiat.
Acción ó palabra sencilla ó simple.
Inocente. .Adjetivo. Elqueeitá
libra de culpa, m usa algunas veces
como sustantivo. Aplícase también á
las acciones ^ cosas que pertenecen i
la persona inocente, y Cándido, lin
malicia, fácil de engañar. Q Lo que no
daña, 6 lo que no es nocivo. Q Se apli-
ca al niño que no ha llegado á la edad
de discreción, y por eso son llamados
iNOCBNTBS los niños que hizo degollar
Herodes. Se usa también en esta acep-
ción como sustantivo, j] ¡Qu¿ inocbntb!
Exclamación familiar que equivale á:
iqué cándidol y [El inocente! ó ¿qué
tal? ¡El iNOOBirTBl Exclamación fami-
liar de que nos valemos para dar i
entender que una persona es mu^ la-
dina, 80 color de apariencias candi-
das.
BrofOLOOfA. Latín innScens, innX-
centis, no dafiino; de in privativo y
nScenSf participio de presente dewfc^
re, dañar: italiano, innocente; francés
y catalán, innocent; provenzal, inno-
cent, innocen; bur^uiñón, i^nO^an*
Sentido etimológico. — ^Inoobmtb vale
tanto como in-noeivo.
Inocentemente. Adverbio de mo-
do. Con inocencia.
BruiOLoaÍA. Inocente y el sufijo ad-
verbial mente: catalán, innocentmení;
Bnry,innocentement: hargmñóa, tgno-
faman; firaneéi^ wnoeemment; latín,
niScenter,
Inocentes (los santos). Masculi-
no plural. Festividad que celebra la
Iglesia en 28 de Diciembre, conme-
morando de este modo la piadosa m^
moría de los niños que Herodes man-
dó degollar. Q En otros tiempos había
que poner mientes en los préstamos
que nacían en dicha fiesta, porque al-
gunos solían pasar por inocentada. Haj
fiueblos todavía en donde se reúnen
as solteras, eligiendo una calle de
tránsito. A todo el que pasa por allí,
se le reclama ó se le toma alguna
prenda (ordinariamente es el sombre-
ro), la cual va á la confitería y allí
queda como en calidad de rehenes,
mediante el trueque de cierta canti-
dad de dulces. Excusado parece decir
que el interesado tiene que ir á resca-
tar su prenda, pagando, cotno se su-
pone, la cantidad en que fué tasada.
Inocentico, ca, lio, lia, to, ta.
Adjetivo diminutivo de inocente.
ÉtimolooÍa. Inocente: catalán, in-
noceníet, a. El Diccionario catalán no
trae estas formas, pero recordamos ha-
berlas oído en Cataluña.
Inocentisimamente. Adverbio de
modo superlativo de inocentemente.
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■ni"
moo
taooentisimo, ma. Adjetivo la-
ptrlatiTO de inocente.
ETIU01.00U. Jnocentt: cataláut *»-
nfiottUUtim, a; latín, inm^jcentUtímut.
Inocantón, na. Adjetivo «umenta-
tivods inocente. | Met'ífora. Demaiía-
do sencillo j fíteil d« engtflar.
Inoeaiud. FemeDincGaalidad de
lo q ue no es nociro.
SriHOLOOfA. Inwcw.
InocBlación. Femenino. La aeción
de inooalar, ó sea da comunicar arti-
Adalmenta ana enfermedad oontagio-
sa, con el fin de deavirtoatla, iatro-
doeiéndo el principio material, esto
es, el virae; j así se dice: la inoouu-
ciÓN de la Tacana, la inoculación de
la TÍruela. y Metáfora. Transmisión 6
pn^gación de los sistemas* de las
ideas, de Us opiniones, de las creencias
teligiosas, en cujo sentido luele de-
cirse: <el siglo XVI se distingue de los
ien^ parla rápida inocul\ción de
pensamientos atrevidos j máximas he-
Fátíeas;» g Las más dé las veces se to-
ma en mala parte, como si se aplicara
á la INOCULACIÓN del vicio, considera-
do oomo el- virus de la conciencia; pe-
ro debe notarse que este significado
decpeetiro no se extiende i todos los
casos de la lengua, la eoal noi hace
ver que la bondad de la virtnd es tam-
biú capaz de inoculación, como
eaaodo se dice: «la primera de todas
las eonquistas es la inoculación de la
libertad en el espíritu de los pueblos,
en el sentimiento de las naciones.» |
Por tNoouLACiÓN se entiende aetoal-
mente la vacuna.
BnmcoolA. Latín xuSt^li^t 1* ac-
ción de ingerir un árbol en otro, for-
□u sustantiva abatnusta de inSc&latntt
inoculado: catalán, inoeulacüf; firancés,
meuUtüm; italiano, inocHiaticne,
Bmña. — :1. La inoculación del vi-
ras eoQta^oso se practicó con éxito
en la antigua Arabia. (Buffón, Su"
fUmMto Á M Hitioria natural, Obrtu»
íauíi, página 26i.)
2, La inoculación propiamente di-
du, qne era muj útil, pasó dwde
Canstantinopla á Londres (1721), en
donde el médico Mead la practicó, á Je
nunera de los chinos, con un indívi-
(lao que se le dió al efecto. (Fraa-
Meníos tobT9 la hitioria, artículo 23.)
3. La reina de Inglaterra mandó
que se ensacara la inoculación en
cnatro criminales; j así se hizo, eoa
buen resaltado.
: 4. La iNOcuuoiÓH se anunció en
Francia cuatro a&os después del ensa-
co qna se efectuó en Inglaterra,- como
-lo dnmoeetra la carta de un. médico
fiancéci dirigida á Dodard, primer
médico dé eamara, é. impresa en Pa-
ti» en 1725. Sin embargo, no fué
adoptada hasta 1755. (Littrí.)
' &• Bl Parlamento consultó á la Fa-
cultad de Teología sobre la couvenien-
<na de la adopción, á pesar de haber
-declarado no ser voto en materia de
sacramentos. (Ü'Albhbert, Caria á
Vaüairt, 7 de Agosto de 1763.)
6. Bu tiempos del autor citado,
^uve lugar la inoculación del re/ j
ie.su bmilia, ló cual pone de mani-
fiesto que la inoculación era ja un
hecho público y solemne. (D'Albu-
BBET, Caria al reg dt Pmsia, 1* de
Julio de 1774.)
7. El médico Trouchin filé llama-
do á París para la inoculación del
dut^ue de Orleáns. (Condobobt, Trou-
chin. )
8. Bl uso de la inoculación es con-
veniente en sumo grado para conser-
var la hermosura. (fiuproN.)
9. A la iNOCUUCiÓH, propiamente
dicha, liguio la Tacana. (Lirrat.)
Inooiuadamento. Adverbio de mo-
do. Con inoculaeidn.
BnHOLoaÍA. InoeuUuU j tü sufijo
adverbial mente.
Inoculado, da. Participio pasivo
de inocular.
Btiuoloqía. Latín it^c^látut^ par-
ticipio pasivo de it^cUlSre: catalán,
inoculat, da; francés, tnoM^; italiano,
inocchiato, inoculato,
Inocnlador. Masculino. Bl que
inocula.
Btiuoloqía. Inocular: latín, iftífe£?
láíor, forma agente de indciilaiio, in-
oculación; catalán, inoculador, a; fran-
cés, inoculaieur; italiano, inoeulaíore.
uocular. Activo. Medicina, Co-
manicar por medios artificiales una
enfermedad, contagiosa, g Metáfora.
Pervertir^ cootaminar á otro con el
mal ejemplo ó la falsa doctrina. Tam-
bién suele emplearse en buen sentido,
como cuando se dice: cinüculab en el
corazón el santo amor de la virtud;»
«inoculas el sentimiento de la justi-
cia en el espíritu de los hombres. >
BtiuolooIa. Catalán inocular: fran-
cés, inoculer; italiauo, inocchiare, in-
oculare; del latín inde&lire, ingerir,
íngertar; de «ii, en, dentro, j ocilut,
ojo j jema de los árboles. La u breve
de inoeúláre es indudablemente la u
breve de ocúlm.
Inocolarae. Beciproeo. Empaparse
en eitos ó las otras ideas.
Inocnliatá. Femenino. Partidario
de la inoculación.
BTiuoLoaÍA. JnoetUar: fkancés an-
tiguo, inoculitte*
Inocultamente.. Advedño de mo-
do. Sin ocultación.
BTiii(».oaía. Im privativo j oenlta-
wteníe.
Inoculto, ta. Adjetivo. Que no
está oculto. ■
Inocupación. Femenino. Falta de
ocupación.
. Btiuoloqía. Jn privativo j ecupa~
eiáni francés, ÍMoeet^iont
InocupadOi da. Adjetivo. Que no
está ocupado.
Inodorifero. Adjetivo. Que no es
odorífero.
BTiifOLOQÍA. In privativo j odorife'
ro: italiano, inodorabile^
Inodoro, ra. Adjetivo. Lo que no
tiene olor.
EtiuolooIa. Latín indddrus, del pre-
fijo negativo in j odorut, oloroso, for-
ma adjetiva de odor, odbrist olor; ita-
liauo, inodoro; francés, inodore.
Inodular. Adjetivo. AnaíomiapaíO'
Idaica, Concerniente al iuódulo, como
ti tejido inodular*
INOL
129
EriHOLOofA. Inédnlo,: francés, ino-
dulaire.
Inódulo. Masculino. Anatomía pa~
tológica. Tejido fibroso accidental que,
desarrollándose en las llagas, cuando
supuran, forma el tejido de las cice-
trices. (Dblpbch, De quelquet phénom,
de t'inf., página 37S,)
BriuoLoaÍA. Griego hil¡iri^{ind,di*)t
fibroso, é uXi) (hyte), substancia, «salñ-
tancia fibrosa:» francés, tnoduíaire,
Jteseia. — Las voces inodular i inó-
dulo fueron inrentadas por el eir^jano
Oelpech , gloría inmortal de la eirugía
j de la escuela de Moutpeller, eujo
retrato hemos venerado machas ve-
ces en el salón de aquella ilustre es-
cuela.
Inofendihle. Adjetiyot Qne no pue*
de recibir o/ensa.
Inofendido, da. Adjetivo. Q;;^ no
ha sido ofendido.
BTIifOLOQfA. Latín ínoj^nsut; in
privativo j omentos, ofendido, parti-
cipio pasivo de oj'end-'rt, ofender.
ínofensíble. Adjetivo. Que no es
ofensible.
Inofensivamente. Adverbio de
modo. De uoa manera inofensiva.
BTiMOLOofA. Inofeniiva j el sufijo
adverbial mente: francés, tno^ensiv^
ment; iulíano, inoJ'entivamenU}Uítíxít
iiufinti, sin daflo. (Aulo GBup.J ,
inofensivo, va. Adjetivo. Lo que
no es capaz de ofender.
BTmoLOQÍA. Prefijo negativo ta j
ofensito: cataUn, inofentiu, va; fran-
cés, inoj'ensif; italiano, inoj^entiao.
Inofenso, sa. Adjetivo anticuado.
Ilbso.
Inoficiosamento. Adverbio de mo-
do. Sin oficiosidad.
Etiuología. Jno/dcta j el sufijo
adverbial mente: latín, íno^icioth
Inoficiosidad. Femenino. Falta de
oficiosidad.
ETiuoLoaÍA. Prefijo negativo in
Í- ojiciotidadt latín, im^tciontat; ita-
iano, ino^Hositá; francés, fao^cton-
tá; catalán, inofi^otitat^
Inoficioso, sa. Adjetivo. Forense,
Lo que contraviene al cumplimiento
de los deberes familiares de piedad,
consignados en. las lejes. Aplícase
respecto á los tes.tameutos, dotes j
donaciones, cuando con ellos se per**
judica á los derechos de los heniaeroi
á quienes se debe legítima.
Etuioloq£a. Prefijo negativo in j
ojicioso: latín, inoficioms, intratable,
que á nadie obliga; italiano, ino^cio-
$0; francés, ino^deu»; catalán, ino^-
eiii, a.
Reseña. — Inoficioso es voz de de-
recho romano: inoffxciosuu Uitame»-
tum; testamento contra las lejas de la
piedad. (Cicbbón.)
Ino^o. Meseiilino anticuado. RoDt
LLA.
ETniúLOQÍA. ffinojo.
Inclita. Femenino. Mineralogía.
Cal carbonatada de esirtictura fibrosa.
ExuiOLoaÍA. Griego Evó? (inós), ge-
nitivo de ( isj, nervio, fibra, j litaos,
piedra, «piedra fibrosa:» frencés, Íno-
lite. Los autores no traen esta etimo-
logía, pero es evidepte*
TOMO 111
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17
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130 INOR
Inolvidable. A-djetivo. Lo quo no
paede 6 no debe olvidarse.
XnoIvidadOrds. A-djetiro. Que no
ha sido olvidado.
Inominioso, sn. Adjetivo anticua-
do. lONOUINlOSO.
Inope. MasculÍQo anticuado. Po-
bre.
Btuiolooía. Inopia.
Inoperable. A.(^«tivo. Cirugía. Que
no se puede operar, como úlcertt in-
OPBRABLB, eaUrata inoperable.
BtiholoqU. 2n privativo j opera-
ble: írancést tMpérabU.
Inoperado, da. A.djetivo. Que está
sin opjrar.
Inoperante. Adjetivo. Que no pro-
duce operación.
Inopexia. Femenino. Fiiiologia,
Goaffttlacidn de la fibrina.
Etiholooía. Griego fe, lv¿c (U,
indtjtñhn, jn^K (p9mt)t coagula-
ción: francés, inopexie.
Inopia. Femenino. Indigencia, po-
breza, escasez.
Btuiolooía. LaUn UMa, ^breza;
de ta negativo y qtei, UM nquezas:
catalán, inopia.
Inopinable. Adjetivo, Lo que no
es opinable. \ Anticuado. Lo que no
se paede ofrecer á la imaginación 6
no se puede pensar que suceda.
BTiif<H.oofA. Latín inopinobtlis; de
ffi, no, V opíniHtú, opinable: catiJán,
inooMoole,
Inopinadamente. Adverbio mo-
dal. De nn modo inopinado.
finMCS.oofA. Incmnada j el sufijo
adverbial nentt: latín, lndpiína»ter,
tní!ftnati é tnd^inatd; italiano, inopina-
UmMtí; francés, inopin/ment; catalán,
iHMinadameni.
Inopinado, da. Adjetivo. Lo que
sucede sin pensar ó sin esperarse.
BTnroLOOÍA. Latín ti^pinatui, par-
ticipio pasivo de InSpinari; de in, no,
y opínUrt, opinar: catalán, inopiñat,
da; francés, tMj^tftí; italiano, tiw;|«M<o.
inoportnnamente. Adverbio de
modo. Sin oportunidad.
BmcoLOQU. InoporíuH» ^ «1 sufijo
adverbial mente: catalán, tnopartnno'
mnt; francés, fM/tpor/iM^iw»^* italia-
no, inopportWMmentt,
Inoportnnidad. Femenino. Falta
de oportunidad.
BTmoLoaÍA. In/^^twnoi francés,
inopporluniíé.
Inoportuno, na. Adjetivo. Lo que
se dice ó hace fuera del tiempo con-
veniente.
GTiMOLaQfA. Jn negativo y oportn~
no: latín, inopporíUnns; catalán, tnopor-
íút na; francés, inopporínn; italiano,
inopportnno.
Inopulencia. Femenino. Falta de
opulencia.
Inopulentamente. Adverbio de
modo. Sin opulencia.
InopnlentOi ta. Adjetivo. Que ca-
rece de opulencia.
Inoración. Femenino antieaado.
lONORANCU.
Inorancia. Femenino antíeoado.
lONOBANClA.
Inorante. Participio activo anti-
cuado de ignwar.
INOS
Inorar. AeÜvo anticuado. IaM<»Aa.
Inordenadamente. Adverbio mo-
dal. De un modo inordenado.
Etiholooía. Inordenada j el sufijo
adverbial mente: latín, ínordtiatet in-
ort^nStimt inordínalíter. (Celso, Ahia-
HO Mabcslino, Cato Aubbuo.)
Inordenado, da. Adjetivo. Lo que
no tiene orden, lo que está desorde-
nado,
Btuiolooía. Latín üttrdíniita, de
m privativo j ordínatnSt ordenado: ca-
talán, inordenatt da.
Inordinado, da. Adjetivo. Ikobob-
NADO.
Inorgánico, ca. Adjetivo. Sitloria
natural. Bpíteto de lo que no tiene diy
ganos, por oposición i los seres orga-
nizados ó vivientes. I Cuitapoa utoa-
oInicos, Cuerpos cada una de cuvas
moléculas representa un individuo
completo, y cujas condiciones de exie*
tencia están sometidas únicamente á
le/es mecánicas, físicas j químicas.
Estos elementos, que algunos autores
llaman primeros, signiácan el térmi-
no contrario de los elementos segun-
dos, q^ae los miamos autores llaman
orgánicos. Q Reino inohoámico. Con-
junto de los cuerpos desprovistos de
or^nización, el cual comprende los
ouneiales. Por consiguiente, bbiho in-
OEoXKicoquiere decir reino mineral, g
Lbtba IHOta^NIOA; siqno inosoánico.
Qramitica general. La letra ó el signo
que no pertenece i la razón etimoló-
gica del vocablo; esto ei, á la consti-
tución esencial j primaria de sus ele*
mantos.
Btuiolooía. Prefijo m, negación, y
orgáuicu: italiano, iitorginico; francés,
inorganique; catalán, inorgánicA, ca,
Inorganizable. Adjetivo. Que no
se puede ó no'se debe organizar.
ExiuoLoafA. In privativo y «ya»*-
$able: francés, inor^anitable.
Inorganiiado, da. Adjetivo. Que
no está orguiizado.
Inoi^anizador, ra. Adjetivo. Que
no es organizador.
Inori^ario, ría. Adjetivo. No
originario.
Ulorme. Adjetivo anticuado. Enobt
HB.
Inermemente. Adverbio de modo
anticuado. Bnobiíbubnts.
Inortodozia. Femenino, ^toio-
doxia.
Inortodoxo, xa. Adjetivo. Hete-
rodo x.o.
Inosato. Masculino. Qnimtca, Sal
formada por el ácido ioósico. | db po-
tasa. Principio inmediato existente
en el tejido muscular de los mamí-
feros.
K-ciuOLOaiá..QñegoXi,lt6i;(it,inóiJ,
fibra: francés, inotate*
Inosculacíón. Femenino. Anastó-
nosiB.
Etimolooía. Prefijo m, en, v ofdí-
ISri, besar, de oseúluwit beso: trances,
inosculation.
Inósico, ca. Adjetivo. Química.
Ácido que halló Liebig en la carne
■muscular.
Etuiolooía.. /«ofato: firancés, tiio-
eigue.
IN PU
laoaita. Femenino. Anétomin. 8abs-
tancia cuja compoaieióa ha haelui qoe
se la clasifique entre, los asáoires;
pero que fué hallada en los músculos.
ETiH(».oafA. Inotató: ñnneés, mo-
$ite,
Inosteátomo. Masculino. Medid'
na, Bspecíe de tumor, forsudo de
corpúsculos gaseosos y da masas de
fibras.
BniiOLoafA. Gríeg^ tnói, fibra,
y ésíeátama: trancés, inoeíealome.
Inoto, ta. Adjetivo anticuado. lo-
MOTO.
Inozidabilidad. Femenino. Cali-
dad de lo inoxidable.
Inoaddablo. Adjetive. Quemo pae-
de oxidarse.
BnHai.OoU. Prefijo muraüve «a y
omidaüe: francés, inMtjfdeSie.
Ino3ddadamente. Adverbio do
modo. Sin oxidación.
Inoxidado, da. Adjetivo. Qné no
está oxidado.
Ittoyo. Maseolino anticuado, fio-
D1LLA.
BnuoLoaÍA. Inege,
In pace. Nombre dado al lugar
donde se eneerrabai según se afirma,
á los religiosos condenados á miurte.
Bocerrada la víctima, se cabría la se-
pultura con la piedra de entrada, di-
ciendo: Vade m ncs. Haj todavía
algunos de extos calabosos, y se cüa
uno de la abadía de JnmiégN.
In partibua. Bspreetón pacaaants
latina, adoptada en eastaUano paca
designar á los prelados que tienen por
título episcopal el nombra de al^a
lagar ó territorio ocupado por iafie-
les. Así se dice: obispo in MSTiBUj,
sobrentendiéndose la palabra infdt-
lium, que completa el concepto. | Me-
táfora. Bipresión de que nos valeiota
pera significar que nos hallamos en-
tre adversarios o enomigos; especial-
mente, en punto á opiniones y escue-
las. Por ejemplo: un librepensador
entre doctrinarios, 6 un doctrinario
entre librepensadores, pedsá decir:
«en este certamen, en esta mnión,
en esta asamblea, soy el obispo m par
Btuolcoía. Ja, preposición de
ablativo, en;^ar/i^, ablativo plural
de f»ert, parttt, parte, é in/ideUtm, ge*
nitivo plural de tn/ideUt: in pabtibus
infidelium; en partes, lugares 6 terri-
torio de infieles.
In plano. Sustantivo y adjetivo
masculino. Tipografía. Looumón.pu-
ramente latina, usada en libreria y en
imprenta, para significar la forma ó
la hoja impresa que sólo tiene una pá'
gina en cada lado.
In promptu. Bxpresión latina, que
se aplica á las cosas que están á la
manó ó se hacen de pronto; y asi se
dice: Tojar uh naaTiDO, ó óoiiaTea
UN ACTO IN PaOUPTU.
Btiuolooía. /fl, prepoeioión de
ablativo, y promptu, ablativo ámpron^
tus, pronto.
In púribuB ((jubdabsb). Frase fa-
miliar. Quedarse desnudo. H Recípro-
co. Quedarse sin nada de lo que se es-
peraba ó Be ha distribuido á otros.
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r —
lííQÜ
^ inquebrantable. Adjetivo. Que
no pQpde quebrantarse.
Inquietación. Femenino anticaa-
do. In^uistud.
Inquietado, da. Participio pasÍTO
de inquietar.
EnitoLOQU. Latín itiquietatut, pai^
ticipio pasivo de /fl^HÍrfdr^, ÍQ(}uietar;
italiano, inquiétalo; francés, inqméU;
catatán, inquigíáí, da.
Inquietador, ra. Masculino y fe-
menino. Bl que inquieta.
Inquietamente. Adverbio de mo-
do. Con inquietud.
BtimoLooía. Inquieta j el sufíjo ad-
Terbial mtnle: italianOi tHauiftamen-
It; francég, inquiitmení; latíSf in-
quiiíK
Inquietar. ActiTO. Quitar el sosie-
go, turbar la quietud. Se usa también
como recíproco. | forense. Intentar
despojar á uno de la quieta y pacíñca
posesión de alguna cosa, ó perturbar^
le en ella.
Btuio'looía. Jn^uüto: latín, tnquii-
tire: catalán, inquietar; francés, inquié-
íer; italiano, inquietare.
Moral de Ut familia. — fSi un ojo te
iNQUiiTA, arráncalo 7 tiialo i la ca-
lle.» (Svangelio.)
Inquietarse. Recíproco. Perder el
«o«ipgy): sentir alguna incomodidad. |
Estar inquieto.
Inqnietisimamente. Adverbio de
modo superlativo de inquietamente.
Inqniefieimo, ma. Adjetivo luper-
latiro de inquieto.
Btiuolooía. Latín inquielisttmus.
Inquieto, ta. Adjetivo. El que no
está quieto, 6 es de índole bullicio-
n. B Metáfora. El que está desasose-
gado por alguna agitación del áni-
mo. I Metáfora. Se dice de aquellas
cosas en que no se ha tenido quietud,
tplicando el efecto á la causa de él; j
uí se dice que ba pasado una noche
iNQUiiTA el que la ha pasado con do-
siiosiego ó inquietud.
BnifCH/WÍA. 1% negativo j quieto:
latín iu^fituSf agitado, turbado exte-
rior é interiormente: catalán, ttt-
quiett a; fraucés, inquieí, ¿te.
Inquietud. Femenino. Falta de
quietud, desasosiego, jr también al-
boroto, conmoción.
EninxAOÍÁ. Inquieto: latín, inquie-
ndc; italiano, inquietudine; francés,
iuquiétud*; catalán, imquietuU
Inqnüi&atOi Masculino. Arriendo
de una casa ó de parte de ella. | De-
recho que adquiere el inquilino en la
casa arrendada.
Etiholooía. Inquilino: catalán, in~
^uiíinaí; latin, inquítinaíus; la habita-
ción del inquilino.
Inquilino, na. Masculino j feme-
nino. Gl que ha tomado una casa ó
Eirte de ella en alquiler para habitar-
L Jj Forense. Akbendatauio.
&nuOLOOÍA.. Latín inqui^nnSf for-
ma de incol^e, inorar en un paraje
dado; de la, en, y cotere, cultivar, y
extensivameate, vivir, porque el hoiít-
bre vive en el terreno que cultiva. /»-
fuUino vale tanto como iih^lono.
Rueiú, — ^La formacidn, de que ba-
Ualfontau, es inadmisible. Tnquiti~
ÍNQÜ
»M, del prefijo m, en, colo^ eolito cote*
re, habitar, yaiienuSf aliena^ alienum,
cosa ajena; como quien dice: el que
habita en un lugar ajeno; quati ÍHCoíent
aliena.
Inquina. Femenino &miHar. Aver-
sión, mala voluntad.
ETiMOLOofA. InquitMT.
Inquinado, da. Participio pasivo
de inquinar.
ErniOLOofA. Latin inquín&tuf, par-
ticipio pasivo de inquinare^ inquinar.
Inquibamiento. Masculino anti-
cuado. Infección.
Inquinar. Activo. Manchar, conta-
giar.
BTiMOLoefA. Latín iN^K«Sr«, man-
char, emporcar; de ta, en, dentro, so-
bre, y «t(»*r«, hacer del cuerpo.
Inquirido, da. l^rticipio pasivo
de inquirir.
Etimolooía. Latín inquxñtuit parti-
cipio pasivo de inquXrere, inquirir.
Inquiridión. Masculino anticuado.
En'QUIBIDIÓN.
Inquiridor, ra. Masculino y feme-
nino. Gl que inquiere.
Inquiriente. Participio activo de
inquirir. Que inquiere.
Inquirimiento. Masculino. Acción
de inquirir.
Inquirir. Actívo. Indagar, averi-
guar o examinar cuidadosamente una
cosa.
Etiuolooía. Latín inqulrere; de in,
en, 7 ^KtfrtVr, buscar: catalán, ta^»»-
r«r, inquirere de re eapiialit instruir un
proceso criminal.
El que busca, se mueve; el que in-
quiere, busca con intención, con dis-
cernimiento, con cuidado.
Inquisición. Femenino. La acción
j efecto de inquirir. | Tribunal ecle-
siástico, establecido para inquirir y
castigar los delitos contra la fe. fl La
casa donde se juntaba el tribunal de
la Inquisición. Llamábase también así
la cárcel destinada para los reos per-
tenecientes á este tribunal. Q Hacbr
iNQinsioiÓN. Frase metafórica y fami-
liar. Examinar los papeles, y separar
los inútiles para quemarlos. J Inqui-
sición del BsTADó. historia. Tribunal
8eereto,'de atribuciones ilimitadas, es-
tablecido en la antigua república de
Veneeia. J Instrucción de un proceso,
entre los latinos. (TÍ.CITO.)
BxuiOLOofA. Inquirir: latín, ta^sT-
sítio, averiguación, forma sustantiva
abstracta de inquisitus, inquirido; ita-
liano, inquitizione; francés, inquisiíion;
provenzal, inquisido; catalán, inqui-
tidó.
Reseüa histMca. — 1. La Inquisición
fué una institución eclesiástica, fun-
dada por la corte de Roma, con el fin
de indagar ó ifursirtr 7 castigar todo
delito contra la fe.
2. Su origen se hace remontar al
aSo 1204, época en que el papa Ino-
cencio III, deseando contener los pro-
gresos da la herejía de los albigeíises,
envió sus delegados, Pedro de CssteU
ñau y otros muchos religiosos bene-
dictinos, á predicar al Mediedía de la
Francia. _ ' '
3. Estos fueron en realidad loa pri-
inqíj lai
meros inquisidores; y hasta algunos
afios después, el de 1215, la institu-
ción no tuvo un principio dé organi-
zación, que puedia fijarse en el nom-
bramiento de santo Domingo para el
cargo de inquisidor general.
4. El papa Gregorio JX acabó la
obre de sus predecesores y constituj^ó
deñnitivamente, en 1238, este tribu-
nal que, sometido tan sólo á la Santa
Sede, tenía el derecho de perseguir y
juzgar á los herejes y á sus adictos.
5. De Italia, donde fué adoptada en
varios Estados, pasó á Francia, en el
reinado de San Luís (1255); pero no
pudo sostenerse en el país que la ha-
bía servido de cuna, si así puede de-
cirse.
6. No fué asi en Espafia, donde esta
iutitución, fundada en 1232, hizo rá-
pidos progresos, y donde recibió, en
tiempo de los Rejres Católicos, una
nueva organización y poderes verda-
deramente formidables.
7. Constituida en nuestra nación
con el fin capital de perseguir á los
judíos y moros relapsos, tomó el nom-
bre de Santo O^do, y fué colocada
bajo la dirección de un gran inquisi-
dor, con un consejo adjunto, denomi-
nado la Suprema, y cuarenta y cinco
inqilisidores generales.
o. El primer gran inquisidor fué el
célebre Tomás de Torquemada, prior
de los dominicos de Segovia; pero su
nombramiento, lo mismo que el es-
tablecimiento del Santo Oficio, fué
aprobado con sentimiento por el papa
Sixto IV, á quien haj que hacer la
justicia de consignar que kahia visto
con dolor los ilimitados poderes del nut'
vo tri&unai.
9. Establecido al principio en Sevi-
lla (1481), el Consejo Supremo de la
Inquisición fué trasladado á Madrid,
donde se reunía bajo la presidencia
del gran inquisidor, asistido de seis
jueces, de un procurador fiscal y otros
dignatarios, cayo nombramiento era
hecho ó aprobado por el rej. Había
además en toda España un gran nú-
mero de individuos afectos al Santo
Oficio, llamados familiares, que lo
eran frecuentemente personas de la
nobleza, á causa de los grandes pri-
vilegios de que gozaban.
10. Bl procedimiento inquisitorial
debía ser secreto. Bl acusado, ence-
rrado en una prisión, denominada
casa santa, era sometido, en los casos
menos graves, á penas espirituales;
en los demás casos, podía sufrir hasta
la prisión y la muerte.
11. Entregado en este último caso
al brazo secular, generalmente era
conducido al suplicio cubierto con un
sambenitOt vestidura en forma de saco,
con una cruz delante y otra detrás,
con diablos bordados ó pintados. Su
sentencia, solemnemente pronuncia-
da, era lo que se llamaba auto de Je.
12. En tiempo de Felipe II fué
cuando la Inquisición estuvo en auge
en fispaDa, ^ sobre todo, en los Paí-
ses^BaJos, con motivo ó pretexto de
l^rseguir las herejías.
13. En el siglo xviii, Juan VI, rejr
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132 m<iv
mñÁ.
meo
de Portugal, la suprimítS en sa reino.
14. Napoleón I, por decreto de 4
de Diciembre de Í8u8, U abolió en
España.
i.j. Femando VII U restableció
en 1814, y las Cortes la suprimieron
defínitivameate en 1820.
16. La Inquisición, establecida en
Roma por Pío VII, no fué más qae un
tribunal de disciplina pan el cJero.
17. Como tan impoftanta amato
histórico, en que nos abstenemos de
comentarios, excita el interés de todo
lector ilustrado, recomendamos la lec-
tura de las sig^uientes obras: Lim-
borch, HitUñre de l' Jnquisiíion; Lló-
rente, Siiíoria d$ la Inuuisieión; J. de
Mnistre, Lettres ««r V jn^uüiíio» e>~
jiayuole; Hétele, L* cardinal Ximtnet
eí i' S$U9e d' Bspagne; v Balmes, El
ProUttantitmo y el CiUoíicitmo coi»;»-
radot,
18. Si nuestra toz, siempre impar-
cial, pudiera ser oída, rogaríamos á
la Academia de la Historia y al cuer-
po de archiveros-biblioteearÍM, que
diesen i luz, por cuantos medios pu-
diera sugerirles el amor i la historia
patria, los preciosos documentos re-
latiTos á la Inquisición, Tcrdadero
tesoro de nuestros archivos.
19. Escritas las líneas anteriores,
hallamos cuatro antecedentes que co-
. rresponden á esta materia.
1. £1 conde de Tolosa adoptó la
Inquisición en 1229.
2. Inocencio IV la estableció en
toda Italia, excepto Ñápeles, en 1251.
3.. La Inquisición tuvo sus tribu-
nales en Italia, Francia, España, Pur*
tugal y en la» Indias.
4. «Al código de los risigodos se
debju todas las máximas, tudos los
principios, todas las tendencias de la
actual Inquisición.» (Montbsquiku,
Sspiriiu.de lat lej/es^XXVJJ,)
Inquisidor, ra. Masculino feme-
ninoa Imquiisidob. \ Juez eclesiástico
que conocía de las causas de fe. |j Pbs-
QUisiDOE. I Provincial Aragón. Cada
uno de los jueces que el rey ó el lu-
garteniente ó los diputados nombra-
ban para hacer inquisición de la con-
ducta ó contrafuerus cometidos por el
vicecanciller y otros ma^^istraaos, á
fin de castigarlos se^dn las calidades
desús delitos. Estos inquisidores, que
se nombraban de dos en dos aúos,
acabada su encuesta, quedaban sin
jurisdicción. | apostólico. £1 nom-
brado por el inquisidor general para
entender en los negocios pertenecien*
tes á la Inquisición. || os £!sta.uo. En
la república de Venecia, cada uno de
los tres nobles elegidos del consejo de
los Diez, que estaban diputados para
inquirir y castigar los crimeaes de
Estado, con poder absuluto. | gbni-
HAl» El supremo inquisidor, á cujro
cargo estaba el gobierno del consejo
de laquisición y de todos sus tribu-
nales. I OBDiNA,Bio. El obispo ó el que
en su nombre asistía á sentenciar en
definitiva las causas de los reos de fe.
' EmiOLpoÍA. Inquirir: latía, sm^hI-
atOTt inquUUorist inresti^dor» el qae
'inquiere; catalán, inquisidor.
In^ttisitiv&mente. Adverbio de
modo. Con el designio de averiguar.
InauisitÍTO, va. Adjetivo anticua-
do. El que inquiere v averigua con
cuidado V diligencia las cosas ó es in-
clinado 8 esto.
VermoioaU.. Inquisición: latín, i»-
^utslíitut; francés, infuisitif; catalán,
tn^isiíiu, w.
Inqnisttoríftdo, da. Adjetivo. Con-
denado por el tribunal de la Inquisi-
ción.
Inquisitorial. Adjetivo. Concer-
niente á U Inquisición.
BTUOLoaÍA.. Inquisici<m: italiano,
inquisitoriale: francés, inquisitorial.
Inramo. Masculino. Nombre dado
á un algodón en rama que se extrae
de Egipto por el Cairo.
Inremunerado, da. Adjetivo an-
ticuado. Lo que se queda sin remune-
ración.
Inretar. Activo anticuado. Irritar,
anular.
Insabible. Adjetivo familiar. Lo
que no se puede saber ó es inaveri-
guable.
Insadabilidad. Femenino. Cali*
dad de lo que es insaciable.
BTiHOLoaÍÁ. insaciable: italiano,
insaiiabilila; francés, insatiahiliíé; ca-
talán, insaciahilitat; del latín poste-
rior insSiiabUíías, cualidad del apeti-
to que todo lo quiere, sin satisfacerse
jamás.
Insaciable. Adjetivo. Lo que no se
puede saciar.
EriuoLoaÍA. Prefijo negativo 1117
saciabie: catalán, insaciaole; francés,
insaiiable; italiano, insatiable; latín,
insatid/nlis.
Insaciablemente. Adverbio de
modo. Con insaciabilidad.
ETiuoLoaÍA. Insaciable y el sufijo
adverbial mente: catalán, insaciabíe~
ment; francés, insaíiablement; italia-
no, insatiabitmente; latín, insSti&bílt'
íer.
Insaculación. Femenino. La ac-
ción y efecto de insacular.
EtiuoloqU.. Insacular: catalán, im-
saculació.
Insaculado, da. Participio pasivo
de insacular.
Etiuología. Insacular: catalán, in-
saculat, da,
losaculador. Masculino. El que
insacula,
Etiuolooíá. Insacular: catalán, in-
saculador, a.
Insacular. Activo. Poner en el
saco, cántaro 6 pliego, el nombre de
las personas señaladas para los oficios
públicos.
Etimología. Prefijo «, en, y sacu-
lar, forma verbal del latín saccüluSt
saquillo, diminutivo de saecuSf saco:
catalán, insacular.
Insalificable. Adjetivo. No salifi-
cable.
lasaliración. Femenino. Fisiolo-
gía. Mezcla de los alimentos con la
saliva.
EtuiolooÍa. Prefijo ím, en, sobre,
dentro, j saUvaeidñ: francés, smalim-
íion.
InsalÍTar. Activo. FisxohgUt, Mez-
clar la saliva con los alimantof «b it
acto de la masticación.
Etiuolooía. /m, eu, y salivar.
Insalubre. Adjetivo. Lo qm ei
mal sano ó dañoso á la salud,
ETiiioLoaÍA. Latín insSÜibris; de in
privativo y sUSbris, salubre: itaWo
y francés, insalubre*
InMlnbreinente. Advorlño da mo-
do. (;^n insalubridad.
EtwolooU. Insaluhr* y el snfijo
adverbial nunU: italiano, insaUbr».
m^nie; francÓs, insalubrement; latía,
insidübríter.
Insalubridad. Femenino. Falta de
salubridad, j Cualidad de las eoai
insalubres.
ETUiOLoaÍA. Insalubre: latía, tsil-
lübriías; iuliano, insalubritá; francés,
insalubrité.
Insanable. Adjetivo. Lo que no le
puede sanar ó es incurable.
Etiuolooía. Latín insUn&bíUst in-
curable, en Cicerón; morul, en san
Jerónimo: catalán, vuanable.
Insanamente. Adverbio da modo.
De una manera insana.
Etiuolooía. Insana y el sufijo
adverbial mente: latín, insine, loa-
mente.
Insania. Femenino. Locuba.
Etiuolooía. Latín insania é insti^
tas, locura, furor; forma sustantiva
abstracta de insSnus, insano: fraacés,
insanilé; italiano, insania.
Insano, na. Adjetivo. Loco, da-
mente, furioso.
EtiuoloqÍa. Latín insSnus, insen-
sato, furioso; de in, no, y sSrius, sano;
c no sano, enfer.no del juicio, loco:*
catalán, insá^na.
Insaturable. Adjetivo. Que no
puede saturarse.
EtuiolooÍa. h&tia insSíarabUiSt Íd-
saciabie; de in privativo y saÍHtaÚUs,
saturable: francés, insaturable.
Inscribir. Activo. Grabar letreros
en metal ó en piedra, para conservar
la memoria de algún sujeto ó de at-
fún hecho memorable, g Geometría.
ormar una figura dentro de otra, de
suerte que toque en varios puntos al
cojitorno de ésta. U Apuntar su nom-
bre eutre otros para un objeto deter*
minado. Usase también como recí-
proco.
Etiuolooía. Latín imcrtbtret ioti-
tular; de in, en, sobre, y scrUtre, es-
cribir: francés y proveozal, inseriré;
catalán, iuscriurer; italiano, ifucricere.
Inscribirse. Recíproco. Escribirau
nombre. |¡ Suscribirse.
Inscripción. Femenino. El letrero,
grabado en metal, piedra ú otra ma-
teria durable, para conservar la me-
moria de algún sujeto ó suceso. | Do-
cumento Ó título de una renta perpe-
tua á cargo del Estado.
Etiuolooía. Latín inscrip(Uj, títiilo
de libros, monumento público de In
estatuas y de los sepulcros, en Cice-
rón; acusación, eu Ulpiaiio; nota de
infamia, en Petronio: provenzal, ins-
cripíio; catalán, inscripcid; francés, isl-
cription; italiano, inscritione.
Inscripcionbs db los uoinnnw-
Tos.— 1. Costumbre general de Uae-
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INSE
iNSE m
tíffSe&d faé ponw en los mouumfln-
tóa piiblícos 1KSCB1PC10NB3 de dedica-
toria, pira conmemorar qué aoberano
ó qué magistrado le había erigido,
coa qaé motivo y en qué año.
2. Bst» eoatambre fué seguida tara-
luéD «Q los- monumentos de los partí-
enlares; sobre todo, en los sepulcros.
3. Dichas inscripoionbs son de
gnn precio, consideradas como do-
eomentos históricos.
4. El arte que estudia, traduce, io-
terpreta j comenta las inscripcionbs,
es ta epigrafía.
5. En Frftocia hubo una verdadera
manía de poner en latín las inscbip-
ciONBS de todo género.
6. Bn Italia, sobre todo en Roma,
se ha conservado la costumbre anti-
gua; la edificación, como la restaura-
ción, se consagra por una inscbifción
especial.
7. Respecto de B8pafla,no nos acu-
de qué decir, porque no quisiéramos
censurar, ni ser tampoco eómplices de
nnestro oriminal abandono. Lo cierto
es que aquí tenemos la costumbre de
ir i visitar los monumentos y las ins-
cupciONBS de otros países, cuando te-
nemos ea nuestra casa iNscaiPGiONBS
j monumentos que bastarían para ha-
cer de Bspaña el pueblo más célebre
de Europa. •A.l recorrer nuestras olvi-
dadas provincias, el ánimo se llena de
dulory de asombro. Nada más común,
aun tratándose de las poblaciones de
menos consideración, que encontrar
sillares de casas ruinosas con inscrip-
cionbs antiquísimas, entregadas á las
injurias de los elementos y de los
hombres, cuando otras naciones las
guardarían cuidadosamente entre cris-
tales. Amén del Museo arqiuológico na-
mmdt Sspa&a debería tener uno de
los siw«as «jtúrificos más ricos del
mundo, Y no faltará quien pregunte:
«Pero ¿qué significan las iNüOBIpcio-
HBS?» Nosotros contestamos que las
uscBipcioMBS, lo (}ue pudiéramos lla-
mar anales lapídanos, represeutan hoj
el complemento último de la literatu-
ra de tus pueblos, porque la historia
primitiva de la humanidad fué la his-
toria de piedra. Para los pueblos cul-
tos, los monumentos son la escritura
mis auténtica del pasado, los grandes
tatamentos de la antigüedad,
Inscriptible. Adjeuvo. Que ss pue-
de ÍDScríDÍr.
EtuiolooUt Jiueriío¡ francés, ins-
criptiáU.
Inscripto, tft. Participio pasivo
írtegular de inscribir.
ETUcoLoaÍA. JmeriHri latín ifu&rip-
A», participio pasiTO de xntcribíre,
inscnbir: francés, úucrií; catalán, ¿m-
erií, a; italiano, inscritto.
Inscrito. Inscripto.
Inscrutable. AdjetÍTO anticuado.
Inbscbutablb.
luculpir. Activo. Esculpir.
Insecable. Adjetivo ñimiliar. Lo
qas no se puede secar ó es muy difí-
cil de secarse.
' BTUIOI.OOÍA. /« negativo v secable:
eaulán< imecable,—m\%MxLViueCah'ilis
tifiruifica indiviñble; de m, no, y tecÁ-
hUiSt forma adjetivada $hire, cortar:
iNSBCABii.iA. eorpora, cuerpos indivisi-
bles, en Eonio: fírancés, tnsecabU; ita-
liano, insecábile.
Insección. Femenino, Incisión ó
cortadura.
Inseotero. Hasculino. Bntomó-
FOBO,
BrncoLoafA.. Insecto,
Insectícida. Adjetivo. Que des-
trure los insectos.
Etimolooía. Latín inieclum, insec-
to, j cadérg, matar: francés, intecti~
cide.
Insecticidio. Masculino. Destruc-
ción de los insectos.
Insectifero, ra. Adjetivo. Knto-
HÓPORo. 1 Mineralogía, Que contiene
insectos fósiles.
Etiholooía. Latín insectwn, insec-
to, y /«Tí, llevar: francés, instclifire.
Insectil. AdjetÍTO anticuado. Lo
que pertenece á la clase de los insec-
tos.
Insectívoro, ra. AdjetÍTo. Zool^^^
gia, Qne se alimenta de insectos.
ErncoLGOÍA. Latín insicium, insec-
to, y tarare, devorar: francés, inseeti-
vors.
Insecto. Masculino. Entomología.
Nombre que se da á una clase de ani-
males que todos son pequeños, ovípa-
ros, y carecen de sangre, de huesos
y de corazón; tienea, cuando menos,
seis piés, machos de ellos, dos ó cua-
tro alas, y el cuerpo cubierto en parte
con una costra mas ó menos dura. La
major parte de ellos, hasta llegar á
adquirir todos sus miembros, pasan
por tres estados diferentes, bajo for-
mas distintas de las que tienen des-
pués.
B-ruHK^fA. Catalán, inseete; fran-
cés, imocUi italiano, insttto; del latín
miScAmk fbrma sustantiva de (M/e8r«,
dividir, compuesto de m, en, y siftíhre,
cortar, poique el insecto tiene vérte-
bras ó articulaciones, y cada articula-
ción fué considerada como una sección
natural. Por consiguiente, tiM«cto (Quie-
re decir cortado, dividido en verte-
bras.
Reseña.^!, Zoología as/iyiM.— Pe-
quefio animal invertebrado, cujro cue>
{)0 está dividido por anillos ó artiou-
aciones.
2, Zoología moderna, — Clase del reí-
no animal, en que figuran los anima-
les articulados, provistos únicamente
de seis piés.
' 3. Los insectos más grandes que se
conocen en el globo, son los del Bra-
sil, de la Cayena j demás provincias
de la América meridional. (Buppón,
Cuadrúpedos, tomo 3."}
4. Es curioso notar que el aceite es
una substancia venenosa para los in-
seotoí; en tales términos, <^ue basta
derramar unas gotas de aceite sobre
sus estigmas, para que mueran en el
acto. (BoNNET, Observaciones.)
Insectología. Femenino. Bntouo-
LOGÍA.
ETiMOLoaÍA. Sntomologia: francés,
insecíologie.
Insectólogo. Masculino. Bntouó-
LOOD,
ETiuoLoaÍA. Smtoml^iéo: f^anciís,
insectologiqu',
Insecuestrabie. Adjetivo. Que no
puede secuestrarse.
Insedttcido, da. Adjetivo. No se-
ducido.
Inseguir. Neutro. Seguir, prose-
guir, continuar; y así se dice: insi-
ouiBNoo en tal sistema.
£tih(»aoía. Latín insi^.
Inseguramente. Adverbio de mo-
do. Con inseguridad.
Btuioloqu. Inseguirá y el sufijo
adverbial menU.
Inseguridad. Femenino. Falta de
seguridad.
ETiuoLOOÍA./iu«^i(fo; francés, *iur-
CUfité.
Inseguro, ra. Adjetivo. Falto de
seg-uridad.
insembrado, da. Adjetivo. No
sembrado.
Inseminadón. Femenino. Próctica
supersticiosa á la cual se atribuía la
virtud de curar llagas y heridas, y
que consistía en impregnar una por-
ción de tierra del pus de la herida <}ue
se quería curar jluego sembrar dli la
planta que se consideraba conveniente
a la curación, regándola con el agua
que había servido para lavar la llaga.
Etuiolooía. Bajo latía intew^iiMtiQ,
del latía »M¿ffilfiar«, sembrar en algúu
punto, producir; de in, en, y s^míndre,
sembrar: francés, insÁninatton.
Insenescencia. Femenino. Cali-
dad de lo que no se envejece. Q ds las
PAOULTADBS INTELECTUALES. Historia
de la biología. Propiedad que algunos
fisiólogos atribulen á las focuítadcs
mencionadas.
BTUioLoafa. I» privativo y el latín
senescére, envejecer, forma verbal de
$huw, anciano: francés, insénescenu.
Insenescente. Adjetivo. Que entra
ea Is senectud.
Insenescer. Recíproco. Entrar en
la senectud; hacerse muj viejo.
Btucoloqía, Latín insenesceré, pos-
terior á la época de Auf^usto; de in,
en, y sínescíre, hacerse viejo.
Insensatamente. Adverbio de mi>
do. Con insensatez.
BTiiiOLoaÍA. Insensata y el sufijo
adverbial mente: catalán antiguo, tit-
sensadameni; francés, intentémení¡ la-
tín, insensaté, en san Jeróuimo.
Insensatez. Femenino. Necedad,
falta de sentido ó de razón.
BTiHOLOaÍA. Insensato: catalán an-
tiguo, insensada; moderno, intensatesa.
Insensato, ta. Adjetivo. Tonto,
fatuo, sin sentido.
Etimología. Latín insensS^, sin
sentido; de in negativo y sensatns,
sensato: catalán, insensat, 'a; francés,
insensé; italíaoo, insensato.
Insensibilidad. Femenino. Falta
de sensibilidad. || Metáfora. Dureza
de corazón ó falta de sentimiento en
las cü.sas que lo suelen causar.
Etiuolooía. Insensible; latín, insen-
tUUiiat(i^mcasviATtÁddendaJ; italia-
no, intensibiliíá; francés, insauibiliíé:
catalán, insensibiliíat; portugués, in-
sauibilidade.
Insensible. Adjetivo. Lo que care-
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134 INSE
ce de facultad seositiva ó qae no tiene
sentido. I Privado de sentido por al-
gán accidente ú otra causa. Q Ihper-
CBPTIBLB. O Metáfora. El que no sien-
te las cosas que causan dolor j pena
ó mueven á lastima.
Btiuqiooía. Tn ^ñvttiro j geiuible:
\mtín,inteiuí6Uit: italiano, iníentiHU;
francés y catalán, intenñhU.
Insensiblemente. Adveibio mo-
dal. De un modo insensible.
StucoLOofÁ. Itueiuiilt j el sufijo
adTttrbial .ménít: italianOf úuentiitl-
mente; francés y catalán, inttntiMi-
rneut; latín, insemtWMUr,
Insensitivo, va. Adjetivo. Desti-
tuido de la facultad de sentir.
Inseparabilidad. Femenino. Ca-
lidnd de Lo que es inseparable.
Etimolooía. Inseparable; latín, m-
sépdraÓUitai; provenzal j catalán, tit-
teparabiliíat; francés, inséparaítilite'.
Inseparable. Adjetivo. Lo (^ue no
se puede separar. Dfease también de
las cosas que se separan con dificul-
tad T de las personas estrechamente
unidas entre si con víneulos de ami^
tad ó de amor.
BtuuxxmiU. In nativo ▼ separa^
ble: latín» ñtaplírii^Us; eatalán, inse~
pnmiU; franeesi im^pirttHe; italiano,
intepamHle,
Inseparablemente. Adverbio de
modc. Con inseparabilidad.
fiTiuoLOOÍA. Inseparable j al sufijo
adverbial mente: catalán, inteparable-
mení; francés, int^arabúment; italia-
no, inteparabilneníe; latín, insipai'aiU
íiter.
tnseparadamente. Adverbio de
modo. Sin separaci<ín.
>, ^iuqloqU. Jnteparada j el siifijo
adverbial mente,
Inseparado, da. Adjetivo. No se-
parado. ,
Insepnltable. Adjetivo. Qua no
puede o no deba ser sepultado.
InMpoXtado, da. Adjetivo sntí-
cundo. íhsbpulto.
Insepulto, ta. Adjetivo. El cadá-
ver que no está sepultado.
BTlu<».oofA. Latín insépñltm, par-
ticipio pasivo de intepetire; compuesto
de M, no, y sepe^re, enterrar.
Xnsepúftnra. Femenino. lia cir-
cunstancia del cadáver insepulto.
Inserción. Femenino. La acción j
efecto de insertar é insertarse. | Áua-
tomítt. Intima adherencia de una parte
del cuerpo en otra, la cual sirve de
punto de apojro; j así se dice: la m-
ssaciÓH.de un músculo, de un liga-
mento, de un tendón, en tal ó cual
bueao. I ¿aífÍNÚa. La misma adheren-
cia respeeto da loa órganos de una
planta, como cuando decimos : la IH-
SBRGiÓN del ovario, da los estambres,
de la corola. || Cada uno de los puntos
por donde se efectúa dicha adheren-
cia.
Etiuolooú. Latín interlto, iagert-
miento, forma sustantiva abstracta de
interius, inserto: provenzal, insercio;
catalán, tnierció; francés, intertion;
italiano, inserttone.
Inserenable. Adjetivo. Que no
yveda serenBna.
Inserenidad. Femenino. Falta de
serenidad.
Insereno, na. Adjetivo. Que no
esU sereno.
ETmoLOOÍa. Latín interhuu, (Esta-
CIO.)
Inserir. Activo anticuado. Insbr-
Ta,R. y Anticuado. Inobrir, inobrtar.
II Anticuado metafórico. Plantar ó
sembrar alguna cosa.
ETiuoLOofa. Latín úuerere,
Insertable. Adjetivo. Susceptible
de insertarse.
Insertado, da. Participio pasivo
de insertar.
EriMOLOafA. Insertar: catalán, i«Hr*
tat, da; francés, insére,
Insertador, ra. Sustantivo j adje-
tivo. Que inserta.
Insertar. Activo. Incluir, introdu-
cir una cosa en otra, formando con
ella un conjunto, \ Poner en los perió-
dicos un artículo, noticia, anuncio ó
cosa semejante.
Btuiolooía. Latín «Mj«ríar«, poner
dentro» frecuentativo de inseriíre, in-
cluir; de i», dentro, y serere^ enlazar,
unir: catalán antiguo, inserir; moder-
no, ifutfrtor; provenzal, inserir; fran-
cés iiuérer; italiano, inseriré.
Insertarse. Reciproco. Anatomía
i historia naítml. Estar adherida nna
parte del cuerpo en otra, como en el
ejemplo siguiente: cBl caaobar tiene
una vejiguilla de hiél; y su canal, que
se cruza con el canal hepático, va á
insertarse, por la parte de arriba, en
el duodeno.» (Buppón, Pájaros^ Uh
mo Í.\p¿ginaSÍi.)
Inserto, ta. Participio pasivo irre-
gular de insertar. | Adgetivo anticua-
do. Inqbrto. i Anatomia i historia na-
iaral. Que ha sido objeto de inserción,
ó que tiene un punto de adherencia,
Íasí ae dice: músculo insbrto en tal
ueso; hoja insbrta en el tallo, es-
tambres INSERTOS en el ovario, etc.
BriuoLoaU. Latín inseríust partici-
pio pasivo de isier^f, introducir: fran-
cés, insére'.
Inservible. Adjetivo. Lo que no es
servible ó no está en estado de servir.
Insesión. Femenino. Medicina. Ba-
ño de vapor en el cual está lantsdoel
enfermo.
EriuoLoaÍA. Latín insessus, que sir-
ve de asiento, participio pasivo de «r-
stdere, estar sentado sobre; de in, en,
sobre, dentro, y sedere, sentarse.
Insexual. Adjetivo. Historia naln-
ral. Que carece de sexos, como algu-
nas abejas.
Etiuolooía. In privativo y iesuét:
francés, insexé.
Insidia. Femenino. Askohanu,.
EnuoLoaÍA. Latín insUHUt asechan-
za, forma sustantiva de insÚere^ estar
apostado: catalán antiguo, insidia,
Insidiadamente. Adverbio de mo-
do. Insidiosaubntb,
Insidiador, ra. Masculino y feme-
nino. El que insidia.
Etimoloqía. Insidiar: latín, insidia-
tor; francés, insidtateur; catalán, ifu¿-
diador, ra.
Inaidiar. Activo. Poner asechan-
zas.
Etjuoloqía. Latín insídÜre, eatir «a
emboscada; de in, en, y s>dtre, seo-
tarae; catalán, insidiar.
Insidiosamente. Adverbio de mo-
do. Cnn insidias.
Etimolooía. Insidiosa y el sufijo
adverbial mente: catalán, insidiosa-
ment; francés, insidieusemení; italiuo,
insidiosamente; latín, insidiisi.
Insidioso, sa. Adjetivo. El qae
arma asechanzas. | Loqueas hace con
asechanzas.
ItrmouMÍA. Insidia: latín, úuWiS-
sus; eaulán, insidiós, a; francés, ísft-
dieux: italiano, insidioso,
SiNONiifiA. Insidioso, capcioso. Insi-
dioso es el que prepara cautelosamea-
te los medios de hacer da&o; eapeioso
el que emplea el enga6o j el artificio
Sara cautivar la voluntad ajena, ó in-
ucir á otro en error. El instrumento
del insidioso es la asechanza; el del
capcioso, es la mentira sutil y el aoga-
ño. Se dice, hablando en metáfora,
que el veneno cubierto de floras «s m-
sidioso, y llamamoa capciosa & la pre-
gunta hecha con ánimo de compro-
meter al que responda. (Mora.)
Insigne. Adjetivo. Célebre, Üi-
moso.
ETmoLOQÍA. Latín inií^nis; de ts,
en, y sifnnm, signo, marca, sefial:
italiano y francés, insi^.
Sentido etimalt^ico, — El latín úuig-
nis se tomaba en buena t en mala
parte, como en los ejemplos que si-
gnen: iNsiGNis facie, de cara bellísi-
ma; esto es, de una belleza singular
(Viaaiuo); ceci et clandi et nt gnu m-
siQNis escesserit; los ciégaos, los cojo*
y todos los que tenían alguna de^r-
midad al morir. (Tbrtuliamo.)
Insignemente. Adverbio modal.
De un modoánsigne.
Etiuolooía. Insigne y el sufijo ad-
verbial mente: latín, insignUi; cataUa,
Uitt^nement.
Insignia. Femenino. Señal, distio-
iivo ó divisa honorífica. | Entre los
romanos, cualquiera de las banderas ó
estandartes de sus legiones. Se aplica
también esta voz á los pendones, es-
tandartes, imágenes y medallas que
son propias de alguna hermandad ó
cofradía. \ La bandera de cierta espe-
cie que, puesta al tope de uno de los
palos del buque, denota la gradua-
ción del jefe que lo manda, ó de otro
que va en él.
Etiuolooía. Insigne: latín, ins^ne,
inslgniss señal, indicio, nota distinti-
va; catalán, insignia.
Insignido, da. Adjetivo anticua-
do. Distinguido, adornado.
Insignmoacito. Femenino. iNsiOr
NIPICANCIA.
ETtMOLOof*. Ins^nifieanaa: cata-
lán, insignificaeié,
Insignilicaacia. Femenino. Nula
importancia de una cosa.
Etimolooía. Insignifi^mis: ftenees,
insigni/iance.
Insignificante. Adjetivo. Lo que
nada significa ó importa.
Etimología. Jn privativo y signifi-
cante: francés, insignijMH; catalán»
imigni/eanU
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\ INSI
iBSunificatiTO, va. AdjetÍTO. Lo
aada significa 6 axpreta.
Inuenisimo, na. A.djetÍTO luper-
lativo de insigue.
EniiOLOofA. Latín úu^ntwlíMw.
(Tkbtuuáno.)
I&simalar. Activo anticuado. Aeu-
ux ó delatar á uno da alff ún delito.
fiTllK»i>of^ Latín insiMularef acu-
Mi de in, en, j $ímul, juntamente.
buinnaaMato. Masculino anti-
ciudo. EhsbSahza. i Anticuado. Pre-
cepto^ mandato.
Insinaación. Femenino. La acción
jr efiacto de insinuar 6 insinuarse. ||
FtrtMe. La manifestación ó presenta-
ción de un instrumento público ante
joex competente, para que éste inter-
poBj^ en él su autoridad j decreto
judicial. I RttÓrica. Una délas espe-
cies de exordio de que se vale el ora-
dor para captar con disimulo la bene-
volencia j atención de los oyentes.
BnitoLoaía. Latín iiul%m(io, la
acción da introducirse, hablándose
del mar; forma sustantiva abstracta
^ iadbita^t insinuado: catalán^ tu-
túuuaé; francés ^ proTenzal, ñuinité'
tiu^ italiano, tii»«ii«io»r,
Insiniiado, da. Participio pasivo
de inainnar.
Etimología. Latín tMtaaaíM, in-
troducidot participio pasivo de int^
ntare, insinuar: italiano, tniinuaío;
fnocás, insinué; catalán, insinuat, da.
Insint&ante. Adjetivo y participio
aeiivu de insinuar. Que posee el ta-
leuto de insinuar. ¡ Si^niñcativo, ex-
presivo. Q Penetrante, irresistible, ¿a-
blando de lenguaje, ademanes, etc.
Etiuolooíá. Jnñamr: francés, *k-
iiniuni; italiano, imtinuaníe, del latín
Wiaaaiu, iniítmaniis, participio de
pcesentfl de insinuare^ insinuar.
Insuñantemente. Adverbio de
modo. Con insinuación.
Exuiolooía. jH$ÍHUMíe j el sufijo
adverbial nuntt.
Insinuar. Activo. Tocar ligera-
mente j de paso alguna especiti ó no-
ticia, uo hacer más que apuntarla. ||
Indicar la voluntad ó deseo de alguua
cosa. I Forense. Hacer la ínsiQuación
ó maniftístación de un iastrumento
ante el juez competente, para que iu-
terpoDga su autoridad, y Reciproco.
Iniroducírse mañosamente en el áni-
mo de alaguno, ganando su gracia y
afecto, y Metáfora. Introducirse blan-
da j suavemente en el ánimo algún
alecto, vicio ó virtud, etc.
BriHOidOoLk. Latín insínudret italia-
no, insinuare; francés, insinuer; cata-
lán, insinuar.
Sentido etimoh^ico. — ^£1 verbo lati-
no se compona de i», en, j sínuaret
doblar, encorvar, forma verbal de <iP
ñus, seno; de donde viene el signifi-
cado de introducir que tiene insinuare:
iNsiNUAKS raíem Ur,is, «hacer entrar
un navio en la ensenada.» ¡Curiosi-
dad di^na de ateueión! La insinua-
ción primera fué la de las aguas ó la
de las naves.
SiMONUUA. Insinuar, sugerir. Se »»-
simia para dar á entenderi se sugiere
paxa obrar. Pan «MÚnwr n Tequiare
INSI
intención; no asf para sugerir, j asf
puede decirse: el menor incidente bas-
ta para sugerir el asunto de una come-
dia. Me insinué su deseo de via|ar, j
esta idea me smirié el desigmo de
acom|n&arlo. (AÍora.)
Insinuarse. Recíproco. Bxpresar
muj someramente el pensamiento,
voluntad, deseo, etc.
InsinuatÍTamanto. Adverbio de
modo. De una manera insinuatin.
Btiuolooíá. InsvMuttiva j el sufijo
adverbial mente.
lasinuatÍTO, va. Adjetivo. Que in-
sinúa ó se ínsioúa.
StiuolcoÍa. Insinuar: francés, in-
sinuaíij'; italiano, insinuaíteo.
Insípidamente. Adverbio de mo-
do. Con insipidez.
Btiiioloo^. Insípida j el sufijo ad-
verbial mente: francés, imipidemení;
italiano, insípidamente.
Insipidez. Femenino. La calidad
de lo insípido.
Etiuolooía. Insijiido: provenzal,
insipidilat; francés, insipidttá; italia-
no, insipideua; catalán, insi^^idesa.
Insipidisimo, ma. Adjetivo super-
lativo de insípido.
ErniOLOOÍa. Intipido: cstiUn, insi^
piditsiMy a.
InsiiúdOt da. Adjetivo. Lo que es
desaborido ó no tiene sabor ni sazón.
|] Metáfora. Lo <^ue no tiene espíritu,
viveza, gracia ni sal.
jBTiuOLOoÍA. Latín insípidus, sin sa-
zón, sin ^usto; de in, no, j sapídus^
sabroso: in-süpídus, «no sabroso:» ca-
talán, iasíjiií, da; firancés, insipide; ita-
liano, insípido.
SiNONiuiA. IntipidOf desabrido. Insí-
pido es lo que uo tiene sabor; desabri-
do m\o que no tiene el sabor que co-
rresponde á su naturaleza. Haj mu-
dias substanciasqueson por si mismas
V en todas oirounstancias, ins^idas.
Una fruta que no ka llegado i su ma-
durez, d que está demasiado madura,
ei desabrida, ho desabrido no carece de
sabor, pero lo tiene viciado y desagra-
dable. Estas dos significaciones co-
rresponden perfectamente á la etimo-
logía de las dos voces respectivas.
(MOBA.)
Insipiencia. Femenino. Falta de
sabiduría ó ciencia, |j Falta de juicio.
Etluoloqía. Latín iutipientia, de
ta, no, y sapientía, labiduría: italia-
no, insipiema.
Insipiente. Adjetivo. Falto de sa-
biduría ó ciencia. || Falto de juicio.
ETiuoLoaÍA. Insipiencia: latín, insU
f'iens, de in, no, y sapiens, sabio; ita-
iano, insipiente. Insipíent representa
in sapiens.
Insipientemeiite . Adverbio de
modo. Con insipiencia.
ETiuoLoaÍA. Insipiente j el sufijo
adverbial mente: latín, insipienter.
Insipientísimo, ma. Adjetivo su-
perlativo de íhsipieute.
Etuiolooía. Latín insipieníissímut.
(Sjínbca. ;
Insistencia. Femenino. La perma-
neucia, coutinuaciiSn y porfía acerca
de alguna cosa.
EtxuoloqÍa. InstMisute! catalán, ««-
INSO 135
^stenáa; firancés, miwAnu»; italiano,
tnsisíema.
Insistente. Adjetivo y participio
activo de insistir. Que insiste^
Etiuolooía. Latín inOstent, intii~
tentis, se mantiene y persevera;
participio de presente de insisiere, in-
sistir: francés, intistant; italiano, in-
sisíente,
Insistidaiamte. Adverbio de mo-
do. Coa insistencia.
BruiOLoaÍA. Inmtida J el so^jo ad-
verbial menU.
Insiatidor, ra. Adjetivo. Que in-
siste.
Insistir. Neutro. Instar porfiada-
mente, persistir 6 mantenerse firme
en alguna cosa.
Stiholooía. Catalán insistir: fran-
cés, insister, del latín insist^e, parar-
se en, estribar, apojar una cosa en
otra; de i», en, sobre,^ y sistere» pa-
rarse, simétrico de stire, estar, cnno
lo demuestra el supino stiítim.
Sinonimia. Insistir, persistir. Se in-
siste antes de persistir: de modo que
persistir no es más que insistircou más
empe&o ; tesón. Hajr, pues, una gra-
duación entre las dos acciones, la se-
gunda de las cuales es más enérgica
que la primera. Aquello en que se «»-
tiste, es menos grave que aquello en
que se persiste. El pretendiente insiste
en su solicitud; el hereje ^lírn^ttf en
su error. (Mosa.)
Insito, ta. Adjetivo, Lo que es
propio y connatural i .alguna con y
como nacido en ella.
ETiHOLoaÍA. Latín tMi/w», ingerto,
simétrico de insitus, participio pasivo
de inserere, ingertar.
Inaitor. Masculino. J/tísAyía. 0Íos
que presidía á las operaciones de agri-
cultura, y en especial, á los ingertos.
ExiMOLoaÍA. Innto: latín, imítor,
uno de los dioses campestres (SiMa-
ca); el que ingiere. (Punió.)
InsoDriedu. Femenino. Falta de
sobriedad.
Insobrio, bria. Á^io^^ó. Qoe no
es sobrio.
Insociabilidad. Femenino, ^ts
de sociabilidad.
ETUiOLoaÍA. Insoeiaiie: catalán, in-
sociabiUíat; francés, insociabilÍt¿; ita-
liano, insocia&iUía.
Insociable. Adjetivo. El huraño ó
intratable é incómodo en la sociedad.
ETiifOLOofA. Latín insSciabUis: fran-
cés y catalán, insoeiailei italiano, m-
socialtile.
Insociablemente. Adverbio mo-
dal. De un modo insociable.
EnuoLoaÍA. Insociable y el sufijo
adverbial monte: istncés, ñuociabú-
mmt.
Insocial. Adjetivo. Insocublb.
EriuoLoafa. In privativo y social:
francés, insocial.
Inspcorríble. Adjetivo. Que. no
puede socorrerse.
Insocorrido, da. Adjetivo, Que
no ha sido socorrido.
I|isolación. Femepíno. Medicina.
Enfermedad esusada en la cabeza por
el excesivo ardor del sol. j Terapéuti-
ca, Medio empleado para excitar la
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'136
TNSO
INSP
ecoaomU animal, 6 para producir la
rubefaccióa. || Física. Cantidad de ca-
lor solar, derramada en la tierra. l| Di-
dáctica. La acción de exponer al sol,
como cuando se dice, en términos di-
dácticos: la INSOLACIÓN de papel de
cloruro; la insolación de las tinturas,
de los bálsamos; la insolación de las
plantas de adorno.
- BtutoloqU. Imokrt latín, iiuSlS-
úo, la acción de poner al sol, forma
sustantiva abstracta de insdiátus, par-
ticipio pasivo de insolSrt, insolar; ca-
talán, imolació; francés, intelation;
italiano, insoUggione,
Insolar. Activo. Diddeíiea. Poner
alg^una cosa al sol; como hierbas, plan-
tas, etc., para facilitar su fermenta-
ción ó secarlas. |j Recíproco, ¿solear-
se, enfermar por el demasiado ardor
del sol.
EriuoLoaÍA. Insolare, exponer al
sol; de tn, en, y soláre, tema verbal
ficticio de tol, sdlis. el sol: francés, in-
toler: italiano, imolare.
Insolarse. Recíproco. Exponerse
al sol.
Insoldable. Adjetivo, Loque no se
puede soldar. | Metáfora. Se aplica al
jarro ó acción que no se puede en-
mendar ó corregir.
ETniOLOQÍA. I» privativo y toldan
bU: francés, itUO%dahU; catalán, intol-
InsolcUdo, da. Adjetivo. Qae no
está soldado.
-'. Insolencia. Femenino. Aeeión
desusada j temeraria. | Atrevimiento,
descaro. | Dicho Ó hecho ofensivo é
insultante.
BtiholooÍá. Insolente: latín, ins^
lent'ia; italiano, insolenta; francés, ift-
solence; catalán, insolencia.
Insolentar. Activo. Hacer á ano
insolente j atrevido. Se usa más co-
mo recíproco.
BtiuoloqÍa. Insolente: latín, iM^
Useere; catalán, insolentar; francés, m-
tolenter; italiano, in*oUiUá'$,
Insolentarse* Recíproco. Decir 6
hacer iusolenctas.
Insolente. Adjetivo qae se aplica
al que eomete insolencias. Se usa tam-
bién como sustantivo. Q Orgulloso, so-
berbio, desvergonzado. | Anticuado.
Lo que es raro, desusado v extraño.
Stuiolooía. Latín insU^, tnsdlen-
tis; de in, no, y sSlens, participio de
presente de iSUre, acostumbrar; «no
acostumbrado, fuera de regla, desme-
dido:» catalán, insoUni, a; trances, in-
soient; italiano, insolente.
Sentido eíimotdfico. — El primer in-
solente fué el que obró de una ma-
nera insótiíat cujo sentido radical in*
terpretó muj bien la definición de la
Academia.
Insolentemente. Adverbio de mo-
do. Con insolencia.
. ETiiioLoafa. Insólenle y el sufijo
adverbial meiUe: latín, (MoíAUct-, fue-
ñ de la costumbre, de un modo insó-
lito; italiano, insolentemente; francés,
insolenment; catalán, insoUnínent*
Insolentísimo, ma. Adjetivo su-
perlativo de ÍQsultíute.
Etimolooíá. Insolenta latín ituo-
lenlisslmus; catalán, intolentiistm, a*
Insólidamente. Adverbio de mo-
do. Sin solidez.
EriiioLoafA. Insdlida j el sufijo ad*
verbial mente: francés, insoUdementé
Insólidos. Femenino. Falta de so-
lidez.
Etiuolooí^ InsdUdo: feancés, insih
lidité.
Insólido, da. Adjetivo. Que no es
sólido.
Etiuoloqía. Latín insSUdui, de in,
no, y s8lidtu, sólido: francés, insoUdg.
In sólidnm. -Adverbio de modo.
Forense, Por entero, por el todo. Se
usa más comunmente de esta voz para
expresar la ftenltad ú obligación que,
siendo común á dos 6 más personas,
puede ejercerse ó debe cum^irse por
entero por cada una de ellas; y asi se
dice que Juan y Pedro son deudores
IN 8ÓL1DUH.
EnuoLoofA. Latín in, en, dentro,
sobre, y soltdnm, sólido, firme, esta-
ble, entero, cabal: catalán, in sólidnm.
Insólitamente. Adverbio de modo.
De una manera insólita.
EriHOLoaÍA. Insólita y el sufijo ad-
verbial mente: latín, UuSñü; fnneés,
imolitement.
Insólito, ta. Adjetivo. Lo qne no
es común y ordinario.
EriuoLOofA. Latín insíUtut, no
acostumbrado, extraordinario; de w,
no, y solUus, participio pasivo de sd-
lere, soler: italiano, insólito; fhineés,
insolite; catalán, insÓlit, a.
Insolubilidad. Femenino. Quími-
ca y matemáticas. Cualidad de lo inso-
luble.
BTiMOLOafa. Insoluble: latín, insi^
lüoilttas; italiano, insolubilitá; francés,
insolnbiliié; catalán, insolubilidat.
Insoluble. Adjetivo. Química, Epí-
teto de las substancias que no se pue-
den diluir, como cuando se dice: la re-
sina es iNSOLUBLB en el agua, p Mate-
mática», Lo que no se puede resolver,
eomo en el pasaje que sigue: «hallar
el secreto de medir este ángulo y de
conocer sa diferencia, cuando la tie-
rra esté en Cáncer j cuando se halla en
Capricornio; tener por este medio lo
que se llama la paralaxis de las estre-
llas fijas, es un problema insolublb,
sí no se emplean otros instrumentos
que los conocidos hasta el presento
(VoLTAiRB, Newton^ II, i.) II Filoso-
fía. Lo. que no se puede definir ni ex-
plicar; y así se dice: cuestión insolu-
ble; tesis insolublk; metafísica inso-
luole. II Lo que no se puede pagar, en
cuya acepción suele emplearse figu-
radamente, como cuando se dice: «las
deudas del hombre para con Dios son
INSOLUBLBS.»
«Denilaa del ooraióa
IKBOLÜBLBS ■OB..
Etiwolooía. Latín insUluMliSt lo
2ue no se puede pagar, en Séneca; in-
udable, en Quintiliano; indisoluble,
en Macrobio; de «*, no, y solUbUis, so-
luble: italiano, insolÚile; francés y
catalán, insoluble.
Insolvencia. Femenino. La inca-
pacidad de pagar alguna deuda.
Ktiuolooía. Insmenle: francés del
siglo XVI, iíuohente; moderno, jafsf-
vabilité; italiano, insolvabilitÁ; cata-
lán, insolvencia^ del latín ficticio insel-
venita, forma sustantiva abstracta de
insohens, insolventis, insolvente.
Insolvente. Adjetivo que sesf^ea
al que no tiene con qué pagar.
KTiHOLoaÍA. Latín insolveiu, insol-
ventis, participio de presente de insol-
veré; de in, no, y sólvíre, desligar,
pagar, satísfocer:-italiano, insoltinle;
francés del siglo -xvi, insolvení; mo-
derno, insoloaole; catalán, tHiofe^Rf.
Insomne. Adjetivo que se aplica
al que no duerme ó está desvelado.
Insomnio. Uasculino. Vigilia,
desvelo.
Btiuch.ooU. Latín insomnia, vigi-
lia; de in, no, y somnus, sueüo: fran-
cés, insomnie; italiano, insonnia.
Insondable. Adjetivo. Lo que no
se puede sondear. Dícese del mar
cuando no se le puede hallar el fondo
con la sonda, g Metáfora. Lo que no
se puede averiguar, sondear 6 saber á
fondo.
Etimología. In negativo v sondaiU:
francés y catalán, insondable,
Insondado, da. Adjetivo. Que está
sin sondear.
Insonoridad. Femenino. Cualidad
de lo insonoro.
BruiOLoaÍA. Insonoro: francés, tsw-
norite; italiano, insonoriíi,
■ Insonoro, ra. Adjetivo. Lo qae
está destituido de sonoridad. | Corr-
pos INSONOROS. Física. Cuerpos que no
tienen la propiedad de producir sonir*
dos, como el asfalto que se comprime,
ó sea el empleado en pavimentos.
Etimolooía. Latín instinam»; de ta,
no, y sonoms, sonoro: francés, tMmo-
re; italiano, insonoro.
Insoportable. Adjetivo. Insufri-
ble, intolerable. \ Metáfora. Lo que es
muy incómodo, molesto y enfadoso.
Etimología. I» privativo y sopor-
table: italiano, insopportabile; fran-
cés, insopportable; catalán, insoporít'
ble.
Insoportablemente. Adverbio de
modo. De una manera insoportable.
EnuOLOOÍA,. Insoportable y el sufijo
adverbial m«>i<«: italiano, insopporta-
bilmeníe; francés, insupportaoument;
catalán, insoportablement,
Insorprendible. Adjetivo. Que no
puede sorprenderse.
Insospechosamente. Adverbio de
modo. Sin sospecha. (Caba.llbro.)
Etimol hjÍa. InsospecÁosa y el sufijo
adverbial mente: latín posterior, insm-
peeíi.
Insospechoso, sa. Adjetivo. Que
no infunde sospecha.
Insostenible. Adjetivo. Que no
puede sostenerse.
BtiuolooU. /• privativo y sostm-
ble: italiano, uuMtenibilo; francés, M-
soutenablo.
Inspección. Femenino. La acdós
y efecto de inspeccionar. | El cargo y
cuidado de. velar sobre alguna cust.
|¡ La casa de despacho ú oficina dei
inspector. Q Inspeccionks gbnbbalbs.
Altas dependencias del Estado, encai-
gadas de la vigilancia superior de lof
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■ msp
ramoi i que pertenecen. { Protestan-
timo. Uivisión eclesiástica.
EtiuologÍa. Latín inspeetio^ obser-
ración diligente, revisiónj foima sus-
UntÍTa abstracta de inspictus, partici-
pio pasivo de inspie''re, inspeceionar:
catalán, inspeccid; francés, inspectton;
italiano, Ín$jpetÍone,
Inspección able. Adjetivo. Que
paede 6 debe ser inspeccionado.
Inspeccionadftmente. Adverbio
da modo. Con inspección.
EnuoLoafA.. Inspeccionada j el su-
fijo adverbial «tente.
Inspeccionar. Activo. Examinar,
reconocer atentamente alg^una cosa.
BTUiOLOOfa.. Latín inspectartt con-
siderar atentamente, reconocer; forma
verbal de inspectum, supino de inspíci-
re, examinar con diligencia: catalán.
Inspeccionar.
Inspector, ra. Masculino j feme-
nino. E\ que reconoce ^ examina al-
^na cosa. |] El jefe militar encargado
en otro tiempo de velar sobre la con-
^enración j buena disciplina de los
cuerpos de infantería ó caballería del
ejército ó de los de milicias, etc. Hoj
se da el nombre de dirsotobss obnx-
BALBS á todos ó la mavor parte de es-
tos jefes. Q El de carabineros, conser-
n el nombre de inspbctob obneral.
EniioLOofA. Inspgeeidn: latín, in$~
peetoTt inspeeíoriit visitador; italiano,
iupettore; francés, inspeeínr; catalán,
inipeetor.
Inspirable. Adjetivo. Lo que se
puede atraer con el aliento.
Inspiración. Femenino. ^MÚ)^<a.
La acción de atraer el aire é introdu-
cirlo en los pulmones, llevando á di-
chos órganos varios principios (jue
inflamen más 6 menos en la sanguifí-
^eión. I Metáfora. Ilustración ó mo-
vimiento sobrenatural que Dios co-
munica á la criatura. R Ocurrencia ó
^eie que se ofrece á la imaginación
repentinamente y como sufrida por
algán ser invisible, | Entusiasmo que
arrebata el espíritu de los poetas, de
1m ^ntores, de los músioos.| poética.
Sinónimo de estro ó numen poético.
EmioLOÓÍA. Inspirar: provenzal,
insjñraíio; catalán, inspiraaó; portu-
^és, insjtiracSo; francés, inspiraíion;
italiano, inspirazionef del latín inspira-
lío, inspiración, ora poética, ora dívi-
aa, en Solino; resuello, en san Isido-
ro, forma sustantiva abstracta de ins'
pirainit inspirado.
Inspiradamente. Adverbio de mo-
do. Con inspiración.
Etmología^. Inspirada j el snfijo
sdrerbial mentei latín, tiu^rStó.
InspiradOi da. Participio pasivo
de inspirar.
BnuoLoofa. Latín intpiritns, par-
tícipÍ3 pasivo dú istptrSre; inspirar:
catJUiín, inspírate da; francés, inspiré;
italiano, inspiraío.
Inspirador, ra. Adjetivo. El ó io
que inspira.
ETniotoofa. Inspirar: catalán, ins~
pirador, a; francés, inspirateur; italia-
no, inspiratore; latín, tnspirSíor,
Inspirante, Participio activo de
in^izar. El que inspira.
INST
Inspirar. Activo. Fisloli^la, Atiaer
el aire externo al pnlmón por la dila-
tación del pecho. | Infundir en otro
alffuna cosa; como aliento, espíritu,
valor. D Anticuado. Hacer aire con al-
guna cosa, n Metáfora. Iluminar Dios
el entendimiento de alguno ó excitar
y mover su volantad. | Soplas la
UUSA.
BTiuoLOQfA. Provenzal jr catalán,
inspirar: francés, intpirer; italiano,
inspirare, del latín inspirare, introdu-
cir viento; de ta, en, dentro, y tpirSr-
re, soplar.
Inspirativo, va. Adjetivo. Loque
tiene virtud de inspirar,
ETiMOLoaía. Inspirar: catalán, úu-
piraliu, va*
Inspíratorio, ría. Adjetivo. Fisio-
logía. Que sirve para la inspiración,
como cuando decimos: /Moctrntrn^oiiNS-
PIRAT0KI05. II MÚSCULOS INSPIRATOBIOS.
Anatomía. Músculos que sirven como
de resorte á la inspiración, producien-
do la necesaria dilatación del pecho.
El diafragma es el principal de dichos
músculos.
EtiuologÍa. Inspirar: (nucís, ins-
piratoire.
Inspisación. Femenino, Farmacia.
Extracto que se bace de varios vegeta-
les.
EniiOLoafA. Latín de Vegeeio, si-
glo IV, inspistSre, espesar; inspisUUuSi
espeso.
Inspisado, da. .A.djetivo. Farma-
cia. Concreto ó espesado, hablando de
ciertos extractos medicinales de plan-
tas.
Etiuolooía. Inspisación.
Inspisamiento. Masculino. Inspi-
sación.
Insqnisito, ta. Adjetivo anticua-
do. Exquisito, buscado, allboado.
Instabilidad. Femenino. Falta de
estabilidad.
Stimolooía. Instable: latín, insti&t-
liíaf; italiano, instabiUtá; francés, ins-
íabitite'; catalán, insíabiliíat,
InstaUe. Adjetivo. Lo que no es
estable.
ETiuoLoafa. Latín insíXbílis, del
prefijo negativo ta y stUSilis, estable:
Italiano, instahiU; francés y catalán,
instable.
Instablemente. Adverbio de mo-
do. Sin estabilidad.
Etimología. Instable y el sufijo ad-
verbial kínte: francés, instablemente;
italiano, inslabilmcnle; latín, insídbUt-
ier. j
Instadamente. Adverbio de modo. '
Con instancia. |
Etimología. Instada y el sufijo ad-
verbial mente.
Inalado, da. Participio pasivo de
instar.
Etiuolooía. Latín insíStum, supino
de inst&re: catalán, instaí, da.
Instalación. Femenino. La acción
y efecto de instalar ó instalarse.
Etimología. Instalar: catalán, ífu-
talaciá; francés, insíallaíion; italiano,
instaltazione.
Instalar. Activo. Poner en pose-
sión de un empleo, cargo ó beneficio.
Usase también como r¿dproco.
INST
137
EriuOLOOfA. Latín síSre, estar: ale-
mán, Stal, lugar cubierto, habitación;
bajo latín, síallum, staila, vivienda;
stallns, silla de postas; installSre, po-
ner estaciones; catalán, instalar; fran-
cés, installer; italiano, installare.
htatalarse. Reciproco. Posesionar-
se. II Establecerse.
Instancia. Femenino. La acción
de instar, | Forense. El ejercicio de la
acción en juicio después de la contes-
tación hasta la sentencia definitiva.
I Memorial, solicitud. | En las es-
cuelas, la impugnación de alguna
respuesta dada i un argumento. | Da
PBXUIBA INSTANCIA. Modo adverbial.
Al primer Ímpetu, de un golpe. Q
Primeramente, en primer lugar, por
la primera vez. p Absolveb na la ins-
tancia. Frase forense. Absolver al
reo de la acusación Ó demanda que
se le ha puesto, cuando no baj méri-
tos para darle por libre ni para con-
denarle, quedando el juicio abierto
para poderlo instaurar con nuevos mé-
ritos. II Causar instancia. Frase fo-
rense. Seguir juicio formal sobre una
cosa por el término y con las solem-
nidades establecidas por las le^es; y
así se dice: con la protesta que ante
todas cosas hago de no causas ins-
tancia. I PaiMBBA, SBQUNDA Y TKBCB-
RA, INSTANCIA. Forense. Primero, se-
gundo, tercer juicio.
EriuoLoofa. Instar: latín, instanña;
italiano, istansa; francés, instance; pro-
venzal, instancia, instanssa; catalán,
instanaa,
Inatantáneamente. Adverbio de
modo. En nn instante, luego, al
punto.
Etiuolooía. Instantánea y el sufijo
adverbial mente: catalán, instantánea-
ment; francés, ÍHstantandmení;iU,Hnao,
instantineamente.
Instantaneidad. Femenino. Cua-
lidad de lo instantáneo.
Etiuolooía. Instantáneo: francés,
istantanéit/.
Inatantineo, nea. Adjetivo. Lo
que sóli) dura un instante.
Enutn/MÍA. Instante: catalán, iii*-
tanti neo, a; francés, instaníané; italia-
no, itíantaneo.
Instante. Participio activo de ins-
tar. El que insta. Q Masculino. La se-
xagésima parte de un minuto. Kn la
acepción común signifíca tiempo bre-
vísimo. I At INSTANTE. Modo adver-
bial. Luego, al punto, sin dilación. |
Cada m tantb. Modo adverbial. Fre-
cuentemente, á cada paso. || En un
INSTANTE. Modo adverfaíaL Brevísi-
mamente, prontísi mámente, Poa
INSTANTES. Modo adverbial. Sin cesar,
continuamente, sin intermisión. | De
un momento i otro.
Etiuolooía. Latín tnstans, insUm~
tis, forma de instare, instar; ó bien de
in privativo, no, y stans, antis, que
esta presente; <lo que no está, lo i^ue
no es estable, lo que pasa lue^o:s ita-
liano, istante; íVaucés y catalán, ins-
ta» í.
Sinonimia. Instante, monmto. Un
momento no es largo; un «uftmfs sa
más corto aún.
VOUO lU
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ié üístí
EriuoLoofÁ. Inttrumentar: frftncíff,
iiutnmentatioñ; iteliaao, ütrumenta-
tioiu.
Instrumental, ¿djetívo. Lo qu«
perteaeca & los instrumentos mdfi-
cos. I Fortme, Lo perteneciente á los
instrumentos á escrituras públicas; j
así se llama prueba instbuiibnti.l la
que se hace aólo con estos instrumen-
tos. I Causa instrumental. Filotofia.
La que sirve de instrumento.
KmfOLOofA. Jnttruwunto: catalán,
itutrumeiríai; provenxal, ins^umental,
útrumeníal; francés de Oresme* insím-
menttl; modernOt itatmmtntal, aU; ita-
liano, ittntmentale.
Instrumentalmente. Adverbio de
modo. Como instrumento.
KxvíOLoaÍA, instrumental j el sufijo
adverbial mente: catalán, insírumeníal-
ment; francés, instmmentalement; ita-
liano, isírumeníalmente.
Instrumentar. Activo. Música,
Verificar la i nstra mentación.
Btiicolooía. Jnttrumento: francés,
instrumunler; italiano, isíromeniare.
Instrumentista. Masculino. El
músico de instrumento. J| El &brican-
te de instrumentos músicos.
BincoiAaÍA. Instrumento: catalán,
iniinmeniisía; francést instruméntate.
Instrumento. Uascultno. Cual-
quiera de las herramientas y máqui-
nas de que se sirven los artífices para
trabajar en sus oficios. | Ingenio 6
máquina. | Aquello de que nos servi-
mos para nacer alguna cosa. Q Foren-
se. La escritura, papel ó documento
con que se justifica ó prueba alguna
cosa. B Mústca. Toda máquina ó arti-
ficio hecho para producir sonidos ar-
mónicos. I Metáfora. Lo que sirve de
medio para hacer alguna cosa ó con-
8eg*uir algún fin. | db canto. Música.
Anticuado. Instrumento. || db vibn-
TO. I4OS instrumentos músicos que se
tocan por medio del aire ó del alien-
to. I MRUUÁTicos. Plural. Los instru-
mentos músicos de viento. | Acordar
LOa INSTRUUBMTOS UÚSICOS i LAS VO-
CBS. Frase. Disponerlos y templarlos
según arte para que entre sí no di-
suenen. j| HaGBR HABLARÁ ALOÚNINS-
TBUMBNTO. Frase metafúrica. Tocarlo
con mucha eipresión jr destreza. || 1
SBBvm DB iMSTRUUBNTO. Locucíón fa-
miliar. Contribuir maquiaalmente á
la realización de los planes de algu-
no, tobándose ordinariamente en ma-
la parte.
KriMOLoaÍA. Latín instrUmentum,
forma de instm^ret fabricar: catalán,
instrumentt insturment; provenzal, tfu-
írument, estrument, esíruwun, esturmen;
barguiñón, esíreuman; francés del si-
glo XIII, estruaianzt estruwun; moder-
na, intírument; italiano, iitrumento,
strtmenío.
lastruto, ta. Adjetivo antícoado.
Instruido.
Insuave. Adjetivo. Lo que es des-
apacible, ingrato á los sentidos, que
causa una sensación áspera jr desagra-
dable.
ETiuoLoaÍA. Latín insnavts; de in,
no, y suavis, suave: francés, insuave;
italiano, insoave; catalán, insunu»
Insaaremente. Adverbio Aé mo-
do. Sin suavidad.
Etimología. Insuave ^ el sufijo ad-
verbial mente: catalán, tntuaument,
Insubordinable. Adjetivo. Qua no
puede subordinarse.
Insubordinación. Femenino. Fal-
ta contra la subordinación y el act»
de cometerla.
Btucolooía. Insubordinar: francés,
insubordination; italiano» insubordina'
ñone.
Insubordinadamente. Adverbio
de modo. Sin subordinacidn.
BmiOLoaÍA* Insubordinada j el su-
fijo adverbial mente.
Insubordinado, da. Adjetivo. El
que falta á la subordinación. | Parti-
cipio pasivo de insubordinar.
ETUfOLOoÍA. Insubordinar: francés,
insubordonne: italiano, insubordínalo.
Insubordínador, ra. Sustantivo
y adjetivo. Que insubordina.
Insubordinar. Activo, Introducir
la insubjrdiuación. Es más usado co-
mo reciproco.
Insiwordínarse. Recíproco. Su-
blevarse, rebelarse contra los supe-
riores.
Insubsistencia. Femenino. Falta
de subsistencia.
EtuioloqU. Prefijo negativo in y
subsisieitcia: catalán, insubsistencia.
Insubsistente. Adjetivo. Lo que
no es subsistente. Q Falto de funda-
mento ó razón. '
EtiuolooÍa. Insubsiitfueia: catalán,
insubsi- tent.
Insubyugado, da. Adjetivo. Que
no ha sido subyugado.
Insuculencia. Femenino. Falta de
suculencia.
Insuculento, ta. A^fetivo* Qne
carece de jugo,
STiMOLoaÍA. Iiuuculenda,
Insudadamante. Adverbio de mo>
do. Con mucho trabajo. | A&nosa-
mente.
ETiu(»x»fA. iMudada 7 él sufijo
adverbial mente.
Insudador, ra. Sustantivo y adje-
tivo. Que insuda.
Insudar. Neutro. Afanarse ó po-
ner mucho trabajo, cuidado y dilí-
1 gencia en alguna cosa.
Etimoloqía. Latín insudare^ sudar
sobre; de tn, en, sobre, dentro, y su~
daré, sudar.
Insuficiencia. Femenino. Falta de
suficiencia 6 de inteligencia.
Etiuología. Insujciente: latín, ¿a-
tu^ícientía, forma sustantiva abstrac-
ta de insu^icíens, insuficiente; pro-
venzal, insujíeiencia; catalán, insu^-
ciencia; francés, insuJlsMce; italiano,
intu0eiensa.
Sinonimia. Insu/teiencia, incapaci'-
dad, ineptitud. Se desigua por estas
palabras la falta de la disposición ne-
cesaria para salir con lo que uno se
propone, pero con esta diferencia:
La insujíciencia viene del defecto de
{troporcion entre los medios y el fin;
a incapacidad, de la privación de los
medios; la ineptitud, de la imposibili- 1
dad de adquirir ningún medio. j
8e pneae muchas veces suplir la,
bísu
insujícieneiaj i veces se pneda enmefl-»
dar la incapacidad; pero la ineptitud no
tiene remedio.
Es una falta precisar á los jóvenes
á ser eclesiásticos cuando se conoce su
insu^iencia; es un crimen, cuando se
conoce su incapacidad; y es un despre-
cio sacrilego de la religión, cuando se
les fuerza por la razón misma de la
ineptitud; sin embargo, no es raro ver
esto. (Makc.)
Insuficiente. Adjetivo. Lo que so
es suficit-nte.
ETucOLoaÍA. In privativo y snjSeteu-
te: latín, iiaupciens, insufiaentis; ca-
talán, insujicxent; francés, inn^^wat;
italiano, insujíciente.
Insuficientemente. Adverbio de
modo. De una manera insuficiente.
Etiuología. Insuficiente ^ el sufijo
adverbial mente: catalán, tnsu^eient-
ment; francés, insu^samment; italia-
no, insuMcieniemente.
Insuflación. Femenino. Acción ó
efecto de insuflar. || Medicina. Soplo
por cujo medio se introduce un líqui-
do, un gas ó una substancia pulveru-
lenta, ora en nn órgano, ora en una
cavidad, como cuando se dice; «ta
insuflación de ciertos polvos en el
ojo; la INSUFLACIÓN del aire en el pe-
cho de un individuo abogado.»
BnMOLOaU. /fUfj/for; latín, intuf-
Jlaíío, la acción de soplar ó de inflar,
forma sustantiva abstracta de insm^
re, insuflar; francés, insu0aiion.
Insuflado, da. Participio pasivo
de insuflar.
ETiMOLoaU. In^^fiari frane&i ^
suMé.
insuflador, ra. Sustuitíro 7 á^js-
tivo. Que insufla.
EtiuolooÍa. Int^fiar: fhuieésy in-
suj^aíeur.
Insuflar. Activo anticuado. So-
plar. I Médieina. Introducir (con ayu-
da del soplo), aire, gas, polvo, líqui-
do, como procedimien¿D terapéutico;
y asi se lUce: «insuflar aire en la
boca de un asfixiado; insuflar una
vejiga.»
ciTtMOLOoÍA, Latín insudare, soplar
ó inflar dentro; de in, en, dentro, so-
bre, y s^^are, soplar: francés, ts-
suMer.
insufHbie. Adjetivo. Lo que no es
sufrible.
Etimología. Prefijo negativo <'m y
sufrible: catalán, intufriUei francés,
insouffrable, siglo xvi.
Insufriblemente. Adverbio mo-
dal. De un modo insufrible.
ETiHOLOaÍA. Insufrible j el sufiio
adverbial mente: catalán, insufrible^
ment,
InsniHdero, ra. AdjetÍTO anticua-
do. Insufrible.
Insuf^ido, da. Adjetivo. No sufri-
do. Q Quisquilloso.
Etimología. Prefijo negativo in y
sufrido': catalán anticuado, «Ms/rif,
da, impaciente.
Insula. Femenino anticuado. Isla.
Etimología. Latín insÚla.
j 1. Prefijo in, en, y el radical tul,
j que se en ex'sul, pra^pl* (LiT*
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V ■ INSÜ
INSU 141
2. Síffún esU intarpretacítín, insti-
la ngaifica: cen el suelo, en la tie-
rra,» puesto que el radical tul, de que
habla Littré, representa sSlum, el
laelo.
3. Prefijo M, en» j talo, ablativo
de silwm, el mar: i*'t<Ílo, inrtüla, ía-
mla, en el mir. (Gubcio.)
Ambos orígenes son discretos j
bien bascados, pero el sentido parece
indinarse en favor de la interpreta-
ción de Carcio: catalán antiguo, (uiif
la; francés, iiuule.
Insulano, na. AdjetiToanticoado.
Insular. Adjetivo. IslbRo.
BtniaAOlA. . nsuU: latín, iniUlU-
ra; catalán, inm^nr; francés, nuulai-'
re; italiano, ímoUm,
Insulsamente. AdTsrbio de modo.
Con insulsez.
ErniOLoaÍA. In$ul$o y el suSjo ad-
Terbíal mente: latín, Íns*UÍ, fna, ne-
ciamente, sin gracia ni TÍveza; cata-
lán, intuísamení*
Insulsez. Femenino. Calidad de
lo insalso.
Etim&looía.. Insulso: latín, insulsi^
tas, frialdad, desabrimiento, imperti-
nencia; catalán, insulsedaí.
Insulaisimamente. Adverbio de
modo superlativo de insulsamente.
Insnlsisimo, ma. Adjetivo super-
lativo de insulso.
losnlso, sa. Adjetivo. Insípido,
xonzo j falto de sabor. | Metáfora.
Falto de gracia y viveza.
EnuoLoaÍA. Latín insulsus, desabri-
do, del prefijo negativo in, no, j sal-'
su, salado, participio pasivo de m¿-
tUrSt salar; «no salado, sin sal.> /»-
nlsus quiere decir tMalsus: catalán,
iasuls, a.
Insultado, da. Participio pasivo
de insultar.
BnuoLoofA. Insultar: catalán, tN-
tnlíaí, da; francés, insulté; italiano,
insnlíaío.
Insultador, ra. Masculino jr femé*
oino. El que insulta.
EnuoLoaÍA. Insultar: latín, insul~
ütrixy la <^\M insulta, en san Jeróni-
mo; francés, tnsultateur; italiano, ik-
sultatore.
Insultante. Participio activo de
insultar. £1 que insulta j las palabras
ó acciones con que lo hace.
BnuoLoaÍA. Latín intuUam^ intuU-
ttMtíi, participio de presente de inutU-
tire, insultar.
y Insultar. Activo. Ofenderá alguno
revocándole é irritándole con pela-
ras 6 acciones, fl Recíproco. Accidbn*
TABSB.
Etiholcoía. Latín insultare, saltar
•obre; de in, en, j saltare, saltar: ca-
talán , insultar; francés, insuUer; ita-
liano, insultare.
Sentido etimológico. — 1. El latín in-
sall&re representa in-saltare, saltar en,
dar de patadas, befarse, ultrajar. SÍ
primero que insultOt fué el que atacó
t otro, como si cajrese sobre él.
2. Él sentido de dar patadas se en-
eoentra en Terencio: insoltabb fores
nleitus, dar patadas en una puerta.
Insulto. Maseuliao. La acción j
efecto de insultar. || Acometimiento ó
asalto repentino y violento. Q Acci-
dente, en la acepción de enfermedad
ó indisposición repentina.
ETiMOLoaÍA. Insultar: latín, insul-
tus, &s, é insultatio, mofa con sober-
bia y desprecio; catalán antiguo, in-
sulto; moderno, insult; francés, íiifK^
te; italiano, insulto,
Insumaiale. Adjetivo. Lo que por
su gran número no puede sumarse, y
asf vale tanto como: innuicbbablb,
iNCRBÍBLB, cuANTioiO, etc, según los
casos.
Insume. Adjetivo anticuado. Cos-
toso.
ETiuoLoaÍA. Insnmaite.
Insumergible. Adjetíro. Que no
puede sumergirse.
Insumisamente. Adverbio de mo-
do. De una manera insumisa.
Etiuolooía. Prefijo negativo iny
sumisamente.
Insumisión. Falta de sumisión.
Insumiso, sa. Adjetivo. Que no
está sumiso.
Insuperable. Adjetiro. Lo que no
es superable.
Ktiuolooía. Latín ins^perabílis; de
in, no, y süperSiilis, superable: cata-
lán, insuperable; francés, insupérable;
italiano, insuperabile.
Insuperablemente. Adverbio de
modo. Sin poderse superar.
BTiuoLoaÍA. Insuperable y el sufijo
adverbial mente: latín, insúperabtU-
ter.
Insupurable. Adjetivo. Lo que no
se puede supurar.
BTUfOLOOtA. In privativo j «vpsni-
hle: catalán, insupurable,
Insupnración. Femenino. Medi-
cina. Futa de supuración.
Insurgente. Adjetivo. El levanta-
do ó sublevado. Se usa también como
sustantivo.
Etimología. Latín insurgens, iiaur-
gentis, participio de presente de insur-
gircy levantarse; de tn, eu, y surgiré,
surgir: italiano, insorgente, de insor~
gere, sublevarse; francés, insurgenís;
catalán, insurgent,
SiNOMiuiA. Insurgente, rebelde, fac-
cioso, amotinado. — El insurgente nace
una acción legítima ó legal: usa de
su libertad ó de su derecho para opo-
nerse á una resolución, ó levantarse
contra un designio ó empresa, como
lo indica su mísmo significado, pues
se deriva de insurgere, esto es, de sur-
gere y de in, levantarse contra.
El rebelde abusa de su libertad ó de
sus medios para oponerse á las leves
vigentes y desobedecer á la autoridad
legítima.
El faccioso excita los ánimos á la
rebelión.
El amotinado persiste con obstina-
ción en la desobediencia.
La insurrección supone la voluntad
general de una nación ó de la majror
parte de sns individuos.
La rebeldía easi siempre se funda
en intereses particulares.
Guando España se levantó contra la
dominación de Napoleón Bonaparte,
se intvrrteeioitd, y tos españoles que
I sé opusieron á ells, fueron tnMrgmíss;
I pero las turbulencias causadas en Cons-
tantinopla por los genízaros, fíieron
rebeldía manifiesta, excitada por los
facciosos (^ue fundaban en ellas su in-
terés particular. Todos los que tuvie-
ron parte en estos movimientos, fue-
ron rebeldes, y los ^ne por más tiempo
y major obstinación permanecieron
rebeldes, fueron amotinados.
Sin embargo, la palabra «m/{m indi-
ca un número de personas más corto,
menos considerable, y un movimiento
menos duraderu que la imwnveeMt.
(CONDB DB LA CoBTINA.)
Insurgir. NsuM antíeosdo. Aii-
ZARSB.
ETiuOLOOfA. Insurgente.
Insurrección. Femenino.El levan-
tamiento, sublevación ó rebelión de
algiin pueblo, nación, etc.
BriMOLoaÍA. 2nsurrec0: latín, Us^
surrecño, forma sustantiva sbetosetit
de insurrictus, insurrecto; catalán, ííi-
surrecció; francés, insurreetion; italia-
no, insurreñone.
Insurreccionable. AdjetiTO. Que
se puede insurreccionar.
Insurreccionado, da. Psrtieipio
pasivo de insurreccionar.
Etimología. Insurreccionar: francés,
insurge',
Insurreccionador, ra. Sustantivo
y adjetivo. Que insurrecciona.
Etimología. Insurreedorntr: fnrxtéa,
insurrecleur.
Insurreccional. Adjetivo. Goneer*
niente á la insurreccidn.
Etimología. Insurreeeicn: catalán,
insurrecciomil: francés, insumetümnel;
italiano, insurretionale.
tnsnrreocionalmente. Adrerbio
de modo. Con insurrección.
Btimolooía. Insurreccional y el su-
fijo adverbial mente: francés, insurrec'
lionnellement; italiano, insurretional-'
mente.
Insurreccionar. Activo. Concitar
á las gentes para que se amotinen con-
tra las autoridades. Q Usase tsmUéñ
como recíproco.
Etuiología. Inswreeeidn: latín, ts-
turgtre, ponerse en armas, levautana
contra alguno; itftllftao, imkymí
francés, insur^er,
InsurreccionunM* BeeCptoeo. Su-
blevarse 6 rebelarse etrntrn algún po-
der establecido.
Insurrectamente. Adrezino de
modo. Con insurrección.
Etimolooía. InsurrtU9 J A sufijo
adverbial mente.
Insurrecto, ta. Participio pasivo
irregular de insurreccionarse. [| Insur-
gente.
Etimología. Latía insurrectus, le-
vantado en armas; participio pasivo
de insurgere, insurreccionarse.
Insusceptibili dad . Femenino.
! Falta de susceptibilidad.
Insnsceptibie. Adjetíro. Que ao u
susceptible.
Etimología. Prefijo negatiroís,
no, y susceptible: fisnois, umteffií-
ble, siglo XVI.
Insusceptiblemente. Adverbio
modal. De un modo insusceptíble.
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142 INTÉ
INTE
tlÍTE
EriMOLo&fA. Tmmetptibléj ílwiñ^o
adverbial mente,
Iii8U9tancial. A.djetiyo. Lo qae es
depoca 6 niaguna subataDcia 6 valor.
Btuiolooía. Pre6jo negativo in j
suiíaueial: catalán, insubsíaneial; frau*
cés, imiábtíaníiel.
Insostancialmente. Adverbio de
modo. Sin subsUacia.
BtiuolooU.. lutustaneial j ú lufijo
adverbial nunU,
Ininstancialidad. Femenino. La
calidad de insustancial.
Intacto, ta. Adjetivo, Lo que no
ha sido tocado ó palpado. B Lo que no
se ha ventilado ó aquello de que no se
ha hablado. Q Metáfora. Lo que no
ha padecido menoscabo 6 detáriora-
ción; puro, sin mezcla.
EtiuolooU- Latín i»íacíui; de in,
no, j íactiu, tocado, «no tocado:» ca-
talán, intaetef c; francés, i»tMÍ; italia-
no, intatlo,
Intackable. Adjetíro. Lo que no
admite ó merece tacha.
Intangibilidad. Femenino. Cuali-
dad ó estado de lo intangible.
EtiuoLoaÍA. Intangible: francés, tV
tMuiHUté.
Intangible. Adjetivo. Lo que no
debe ó no puede tocarse.
EnuoLOQÍA.. Pre6jo negativo m j
tangible: francés, intangible.
Intangiblemente. Adverbio mo-
dal. Da un modo iotangible.
ETiMOLoaÍA. Iníangióle j el aufijo
adverbial mente.
Intasado, da. Adjetivo. Que esti
sin tasar.
Integérrino, ma. Adjetivo super-
lativo de íntegro.
ifonlOLOaU. JnUgro: latín, integerrir
Mw; eataUtt, integérrimt a.
látegrabíe. Adjetivo.A^tf¿rd.Que
se puet^ integrar; j así se dice: fun-
áones iMTmaAELBS, algebraicamente
consideradas.
BmcoLoala. Integrar: franeéii inte-
gra l/ie.
Integración. Femenino. Algebra.
Acción ó efecto de integrar.
Etiuolooía, Integrar: latin, inte-
grSUo, forma sustantiva abstracta de
int^rStm, integrado; francés, intégra-
tion; italiano, integrazione.
IntegradOi da. Participio pasivo
de integrar.
ETiffOLOQfa. Integrar: latín, inte-
gritnt, renovado, restaurado, partici-
pio pasivo de iníegrire, integrar; fran*
cés, integré; italiano, int^rato.
Integrador, ra. Sustaativo; adje-
tivo. Que integra,
Btiuoi^ooU. Integrar: latín, inte-
gr&íor, forma agente de integri^, in-
tegración.
Integral. Adjetivo. Filotofia, Que
se aplica á las partes que entran en la
composición de un todo; á distinción
de las partes que se llaman esenciales,
sin las que no puede subsistir una
cosa. \\Matemáticai. Cálculo inverso
del diferencial, | db una cantidad di-
PBBKNCiAL. Cantidad cu^a diferencial
es 8u incremento infinitamente pe-
quefto.
BtimolooÍa. Integro: catalán, inte-
gral; francés, UU^ral; italiano, inté-
grale.
Integralmente. Adverbio modal.
De un modo integral.
ETiMOLoaÍA, Integral j el sufijo ad-
verbial mente: francés, intégralement;
italiano, integralmente.
Integramente. Adverbio de modo,
Entbbaubnts.
EnuouHiÍA. íntegra j el sufijo ad-
verbial mente: catalán, ínísgrament;
francés, integrenent; italiano, integra-
mente; latíu, integré.
Integrante. Participio activo de
integrar. El ó lo que integra, | Inte-
gral. |j Parte I^^TBORANTa db un sa-
CBAU ¿NTO. Teología. Parte qae lo com-
pleta; paro que no trasciende á su
constitución esencial; de tal suerte
que, sin la parte intbobantb, al sa-
cramento podría existir. Por ejemplo:
hablándose de la penitencia, tas prue-
bas penales son la parte integrante
de aquel sacramento, las cuales no
alteran su sentido espiritual, interior,
profundo, puesto que, sin las pruebas
penales, el saemmento de la peniten-
cia conservaría su significación teolé-
gica. H Partes intboramtbs. Fitica.
Partes constitutivas de los cuerpos,
cuj'O carácter substancial consiste en
ser semejantes á la masa. Pueden ser
simples, como en los cuerpos elemen-
tales, ó compuestas, como en los que
contienen muchos elementos; y así
decimos: <las meUculat intborantbs
del mármol, por ejemplo, son el car-
bonato de cal, cujas moléculas ele-
mentales son el uleio, el carbono y
el oxígeno.»
Etiuolooía. Integrar: catalán, inle-
grant; francés; integrtní, ante; italia-
no, integrante»
SiNONiMU. Int^rante» neneUL Es
integrante cuanto es necesario para
conservar la integridad del ser; es
eeencial cuanto es necesario para cons-
tituirlo. Los órganos de la sensación
son partes integrantes át^ hombre; sus
facultades etencialet son el entendi-
miento j la voluntad, (Mora.)
Integrar. Activo. Dar integridad
á una cosa, componer un todo de sus
fiartes integrantes. ¡| Materna ticat.Kn'
lar la integral de una cantidad dife-
rencial, en cavo sentido se dice: «in-
tbgbar una diferencial.» | Anticua-
do. Rbintsobar.
BTniOLoaÍA. Latín integrSre, reno-
var, restaurar, restituir á su primer
estado; forma verbal de integer, ínte-
gro: catalán, integrar; francés, iníé-
grer; italiano, int^rare.
Integridad. Femenino, Perfección
que constituye las cosas en el estado
completo que deben tener sin que les
falte nada. | Metáfora. La calidad de
una persona íntegra, desinteresada y
virtuosa. || La pureza de las vírgenes.
Etimología, integro: latín, wíí^fí-
tas, el total; italiano, iníegritá; fran-
cés, intégrité; catalán, iníegriiat.
Integrífoliado, da. Adjetivo. Bo-
tánica. Que-tiene completas las hojas.
EnuoLoalA. Latín tnt'grum, neutro
de intíger^ integro, y^oliitn», forma
adjetiva de fólhm, hoja.
Integríforme. Adjetivo. ffiiforU
natural. Ue forma completa.
Etiuolgoía. Integro y forma.
integro, gra. Adjetivo. Aquello i
que no taita nínguaa dejsus partes, f
Metáfora. Desinteresado, recto, probo.
ETiif(x.oaÍA. 1. Latín infger, por
intí^er; de in, do, y el antiguo tíigtr*,
tocar; centero, tal como debe ser por
razón de su naturaleza:» catalán, fn-
tegro, a; provenzal, integre^ entegre:
francés, int gre; italiano, Íntegro,
2. La e breve de int?ger representa
sin duda la a breve de tiigire, tocar.
3. íntegro é intacto son la misma
palabra de origen.
IntegnÓBtomo, ma. Adjetivo. Co*-
jniliologla. Epíteto de las conchas
que tienen la abertura entera por de-
lante.
BTnioLoaÍA. Latín int^mm^ ínte-
gro, y el griego stdma, booa, abertu-
ra; vocablo híbrido.
Integumento. Masculino anticua-
do. Envoltura ó cobertura. | Anticua-
do. Disfraz, ficción, fábula.
Intelección. Femenino. La aeeiéD
y efecto de entender: | Filotofia, La
tiacultad de concebir, no con relación
á la percepción de los sentidos corpo*
rales, sino en relación con el sentido
íntimo ó conciencia refieja; en cujo
sentido se dice: «la mTBLBCCiÓN de
Dios no puede veuir de los sentidos
exteriores; aino del sentido espiritual
de la reflexiou.»
KtiuoloqÍa. Latín intellectto, la ac-
ción y la capacidad ó virtud de enten-
der; sinécdoque; forma sustantiva
abstracta de intellSetnit entendido:
provenzal, entelleetio; francés, intelUc'
tion; italiano, intelletione. — «Lo que
es capaz de entender. Usase regalar-
mente sustantivado, poi la poteneia
del alma racional, que la hace capas
y apta para entender en las cosas,»
(AcADBULA, Dieeionario de 17Í6.^
Intelectivamente. Adverbio de
modo Relativamenteála inteligencia.
Etiuología. Inítleelivay tS naS^o
adverbial mente.
Intelectivo, va. Adjetivo, Lo que
tiene virtud de entender. Se usa tam-
bién como sustantivo en la termina-
ción femenina por la facultad de en-
tender.
Etuiolooía. Intelección: latín, m-
tellecUtut; italiano, intellettivo; fran-
cés, intellectif; provenzal, intelledm;
catalán, ínící-íccíta, ra.
Intelecto. Masculino. Bntbndi-
HiBNTO. I SistmatHloeófieo». Facultad
del alma que le da la aptitud de con-
cebir, cual si fuera el agente del» in-
telección. II El alma misma en enanto
concibe, ó sea el espíritu humano
considerado como potencia capas de
comprender y reflexionar. \ Intblbc-
TOAaBNTB. Escolástica. Facultad men-
tal que concibe de un modo activo las
ideas, mediante sus propias percep-
ciones. Q Intelbcto pacientb. Facul-
tad mental que no concibe sino las
ideas que le envían los sentidos exte-
riores. 11 Teoría db loí intelbctos.
Filotofia de Abelardo, Teoría de los
conceptos ó ideas genendea.
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INTE
SfOtOLOOfA. Iníekceid».
Intelectual. ¿djetÍTo. Lo que per-
tenece al entendí niento. \ Espibitual
i sÍD cuerpo, g Anticuado. El dedica-
do al estudio y meditación.
Ktiuolooía. Intelección: latín, intel-
leeíMalis; ítii\ÍAiio,intglleíiuale; francés,
■nUUectuel; proveazal, inUllectnal; ca-
talán, Íntel~UctuaL
Inielectaalidad. Femenino anti-
caado.ENTBNLiiuiBNTO en la acepción
de potencia. |i Filosofía. Cualidad de
iu cosas intelectuales. || Melajitiea.
Término contrario de materialidad.
KnifOLOGÍA. Intelectual: latín, in-
tdUctü&titoi: italiano, iníelleítualitÁ;
.ODcéa, inielUeiuaUíé.
^oxiuiA. InteUciualidadt inteligen-
cia, entendimiento. Inteleeíualidad ex-
prew la cualidad indefinida que tie-
otn las cosas de sar intelectuales, lo
coal quiere decir que es un nombre
abatracto, aunque esto no lo explica
todo, ó mejor dicho, no explica nada.
La abstracción tiene un carácter es-
paciil, tan especial como digno de
estadio, j vamos á decir lo muv poco
(]ru nos ha sido dado aprender en
medio del cruel desamparo en que
aoa existe la crítica de la palabra,
eita critica que debía ser (j lo será
dffda día) el último ramo, la ciencia
lus noble jr más necesaria de la era-
dieióa universal, porgue el kaklar no
as otra cosa que la máa alta j la más
difieil de las profesiones del ser inte-
li^ate.
El carácter raro que hemos hallado
en la abstracción, consiste en lo si-
guiente: no eipresando el nombre
ahftzactolas cualidades de las cosas
d« un modo concreto, en una forma
determinada; siguiñcándolas de una
manera indefinida, nuestra fantasía
eacaentra en él cierta expresión vaga,
eoafosa, casi poética, casi armoniosa; |
la vaguedad j la confusión que vemoi
por fuerza en un todo que no conóce-
nos, que no descubrimos, que no ana-
Humos; la armonía j hasta la belle-
it con que nos cautiva todo misteric.
SI Qomore abstracto significa el con-
jooto, la aaiversalidad de las cuali-
dades; j como que el conjunto no apa-
rece, como que nosotros no divisamos
la universalidad que el nombre sigai-
fiea, resulta que nuestra imaginación
Te nn arcano, porque la imaginación
prioeípia á ver en donde principia á
Qo Tet la inteligencia. Él nombre
abstracto significa un todo que nos-
otros no conocemos: vislumbramos
sombras; la fantasía se exalta con
aquel barrunto de lo maravilloso, con
sqael «mago de una creación casi ago-
rera; y he aquí por qué el nombre
abstracto particip:i algo de la idea de
■DTención, de la idea de arte, de la
idea de figura; he níyai por qué tiene
ósrto eoutorno estético, sin dejar de
ser ana elaboración metafísica. Y esto
'W decimos nos da ahora luz sobre un
nndmeno que hemos experimentado
mil veces, sin haber procurado nunca
^Uar su razón. Cuando estudiamos
QD panto metaHsico, un hecho abs-
tM), la misma íalta de una figura
INTE
en que apojar nuestro raciocinio, la
misma falta de una forma real j sen-
sible, hace que pidamos ajuda á la
imaginación, y que nos creemos un
ideal, un símbolo; j así ocurre que, á
'alta de una forma existente, nos
agenciamos con nuestra industria una
forma inventada. La forma no existe
tíu el objeto metafisico, nuestra alma
no la puede ver; mas la puede inven-
tar, V la inventa. No haj realidad,
pero haj fantasía; no está allí la for-
ma, pero está la figura; no está la
idea, pero está la imagen. He aquí
cómo en la abstracción entra un algo
poético, un al^ artístico, un algo
creador, indefinido, bello, que da su
último gusto i los estudios espiritua-
les. He aquí cómo la metafísica se
roza con la imaginación; he aquí có-
mo es posible la alian» de la verdad
7 de la belleza, de la ciencia J del
arte, del espíritu y de la invención;
he aquí cómo la metafísica es la últi-
ma y la mis elevada poesía de la in-
teligencia, el último j el más noble
arte del pensamiento.
¿Qué significa inteleetuatidadf ¿Ex-
presa más ó menos que entendimiento?
;,Es más universal, más trascenden-
te, más profunda <^ue intel genciaJ ¿En
qué consiste la vida especial que se
echa de ver en aquella palabra? ^ué
idea alimenta ese oculto atributo?
Esto preguntaba un acreditado filó-
sofo de nuestro siglo, y no es extra&o
que lo preguntase, porque estaría can-
sado de revolver libios, diccionarios
y enciclopedias, sin conseguir dar á
sus dudas un momento de calma y re*
poso. ¡Cómo está la crítica del lengua-
je! Es decir, ¡cómo está el lenguaje,
porc^ue no haj^ lenguaje sin crítica!
¿Cuando querrá Dios que un hombre
de talento, un hombre que nazca para
el caso (|Dios le dé tantas luces como
luces hajr en el cielo!), venga por fin
y ponga orden en este inmenso fá-
rragol
Cfontestando al filósofo que hace
aquellas preguntas, decimos: que w-
íelecíualiaad no se diferencia de enten-
dimiento en que exprese menos ó en
que exprese más; que no se distingue
tampoco de inteligencia en que sea más
ó menos profunda, más ó menos uní-
versal ó trascendente. Se diferencia
de ambas palabras en que tiene cier-
to espíritu de invención, cierto gusto
imaginativo, cierto limo de arte. La
inteligencia y el entendimiento hablan
del raciocinio, del conocimiento, del
discurso; la intelectualidad habla de
un misterio, de una vaguedad, de una
armonía, de una creación, porque
creación es toda imagen, toda figura
que se inventa, aunque sirva de orna-
to al pensamiento más oculta y más
metafisico. La inteliaencia y el enten-
dimiento discurren. La intelectualülad
adivina. La inteleetnalidad es la poesía
del entendimiento, como la idealidad
es la poesía de la idea, como la sono-
ridad es una poesía del sonido. En
esto consiste la idea especial que echa-
ba de ver el filósofo mencionado; en
esto consiste el atributo oculto de la
INTE
143
palabra que nos ocupa: es metafísica
y poética, como lo es todo nombre
abstracto, como lo es necesariamente
toda abstracción.
Sentado esto, nada más fácil que
diferenciar los tres vocablos del ar-
tículo.
La inteligencia conoce.
El entendimiento jjizgti.
La intelectualidad idealiza.
La inteligenita es vasta, extensa,
profunda, universal.
El entendimiento es agudo, incisivo,
concreto, práctico.
La intelectualidad es vin, armonio-
sa, fecunda, brillante.
La inteligencia es un principio.
SI aUendimienio es un órgano.
La intelectualidad es na ente de
razón.
De modo que la inteligencia está en
la humanidad.
El entendimiento, en el hombre.
La intelectualidad, en la abstracción ;
es decir, en la metafísica y en alarte.
La intelectualidad es como el genio
de la inteligencia.
Intelectaalmente. A-dverbio mo-
dal. De un modo intelectual.
ETiuoLoafa. Intelectual y el sufijo
adverbial mente: catalán, Íníel4eciuat-
ment; francés, intellectuellement; ita-
liano, intellettmlmente.
Inteligencia. Femenino. La faeuU
tad intelectiva. | Conocimiento, com-
prensión, el acto de entender. { El
sentido en que se puede tomar una
sentencia, dicho ó expresión. || Habi-
lidad, destreza y experiencia. Q Trato
y correspondencia secreta de dos ó
más personas entre sí. ]| Substancia
puramente espiritual, n intsuqbn-
cia. Modo adverbial. En el concepto,
en el supuesto ó en la suposición. |
La SUPBKU& INTGUOGNCIA., DÍOS.
Etuiolooía. Inteligente: latín, intel-
tigenita, forma sustantiva abstracta de
intelligent, inCelligentis , inteli^nte;
catalán, Íntel-lige'ncia; f^ncés, tnlelli'
genee; iUMtuo, intelligenza.
Inteligenciado, da. Adjetivo. En-
terado, instruido.
Inteligente. Adietiro. Sabio, pe-
rito, instruido. | El que está dotado
de facultad intelectiva.
ETiuoLOofa.. Intelección: latín , iníel-
ligente, ablativo de inteillgens, intelli-
gentis, forma adjetiva de inteWgere,
entender: catalán, inlel-ligeni; francés,
intelligent, ente; italiano, iníelligente.
Inteligentemente. Adverbio de
modo. Con inteligencia.
Etiholoqía. Inteligente y el sufijo
adverbial mente: francés del siglo xvi,
intelligeamment; moderno, iníeltigem-
mení; italiano, intelliqenlemente.
Inteligibilidad, f'emenino. Cuali-
dad de lo inteligible.
ETiieoLOOÍa. Inteligible: francés,
inteltigi(/ilit¿.
Inteligible. Adjetivo. Lo que es
fácil de entenderse. || Lo que se oje
clara y distintamente. Q Filoso/ia. Se
aplica á las cosas que sólo existen en
nuestro entendimiento.
Etiuolooía. Inteligente: latín, *fl-
tellígtiíUti catalán, iníel-ligibte¡ fraa-
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INTE
eés, inleWqihle; italiano, iníelligiHle.
blteligiblementc. A-dverbio mo-
dal. De nn modo inteligible.
BnuoLoaÍA. Iníeliaiole j el Bufíjo
adverbial mentg: catalán, intel-ligihle-
mmt; francés, iuUlligihlment; italia-
no, intelligitílmeiUe; latín, vnUUigíb'i-
UUr, en san Agustín.
Intemible. Adjetivo. Qae no es de
temer.
Intemperadamente. Adverbio de
modo anticuado. Sin templanza.
"^nuQUiaiK. Intmperada j el sufijo
adverbial menU: catalán, intemperada-
mení; francés, intempérémení ; latín,
intemperanler.
Intemperado, da. Adjetivo anti-
caado. Destbuplado ó <o de tem-
planza.
Intemperancia. Femenino. Falta
de templanza.
BtimoloqÍa. Prefijo negativo in j
tmperancia: latín, intempuraiUía; ita-
llano, iníemperaiua; francés, íníempe-
rtmee; catalán, inimparancia.
Intemperante. Adjetivo. Destem-
plado ó falto de templanza.
Etiuolocía. Intemperancia: latín,
intemperans , intemph-OñtUi francés,
intempéranl.
Ellatín tiene inUmphatug, destem-
plado: catalán, inlemperat, da; fran-
cés, iniempe'r/.
Intemperatura. Femenino anti-
ciudo. Imtempbbxk.
Intemperie. Femenino. Destem-
{tlanza 6 desig^ualdad del tiempo ó de
OI humores del cuerpo humano. Q A
LA iNTBUPBBiB. Modo adverbial. A cie-
lo raso, en descubierto, desamparada-
mente, 6 sea expuesto al riffor de los
elementos, como el frío, la lluvia.
Btuiolooía. Latía intemperies, des-
templanza de los elementos ó de los
humores en el hombre; del prefijo ne-
gativo in, no, y temperies, clima tem-
plado, forma de íempus, íempifrit, tiem-
po: catalán, intemperie; francés, in-
tempérie; italiano, intemperie.
uitempesta. Adjetivo. Poética.
Que se aplica & la noche mujr en-
trada.
GmcoLOofa. Latín intempestas, la
hora en que todos se recogen; de in,
no, j tempestas, saztSo; de íempus,
tiempo, porque el tiempo es la sazón
universal.
IntempestÍTsmenta. Adverbio
modal. De un modo intempestivo.
BTmoLOOÍA. Intempestiva j el sufi-
jo adverbial mente: catalán, iníempes-
tivament; francés, iníempestioemení;
italiano, intempestivamente; latín, i«-
íempesítvé.
Intempestivo, va. Adjetivo. Lo
que es fuera de tiempo y sazón.
Etiuoloqía. Intempesta: latín, ta-
íempestitms; italiano, íntom;>«f /tro; fran-
cés, intempesíif; provenzal, intempes-
tiu; catalán, intempestiu, va.
Intención. Femenino. La determí-
naciiSn de la voluntad en orden á al-
gún fin. I Metáfora. El instinto dañi-
no que descubren algunos animales,
i diferencia de lo que se observa gene-
ralmente en los de su especie; y así se
dice: caballo, toro de intención, et-
INTE
eéiera. { Dar intención. Frase. Dae
ESPERANZA. | Fu.VDAR 6 TB>fBR FONDA-
DA INTENCIÓN CONTRA ALGUNO. FrSSe
forense. Asistir ó favorecer á uno el
derecho común para ejercer alo^una
facultad sin necesidad de probarlo. |
Priubba iNTBNCiÓN. Expresión fami-
liar. Modo de proceder franco y sin
detenerse á reflexionar mucho. ^ Sb-
OUNDA INTENCIÓN. Familiar. El modo
de proceder doble y solapa-lo. ^ Ccba
DE PRiuBRA INTENCIÓN. La que se hace
de pronto á un herido.
^TiuoLOQÍA. Intentar: latín, inten-
so, vehemencia, deseo, conato; forma
sustantiva abstracta de inteníus, par-
ticipio pasivo de intendíre, dirigir,
tender hacia un punto: provenzal, en-
tencio, eníensio; catalán, intencúí; fnn-
cés, intentioñ; italiano, intenzione.
Artículo primero. — Intención, de-
siQNio, MIRA, PROYECTO. La inímcifín es
un movimiento del alma, por el cual
se propone el Hombre ana cosa que
esta lejana ^ que tal vez ei incierta.
El designuo es una idea resuelta ya
y adoptada, j supone meditación j
método.
La mira indica un fin determinado
y cierto, que no pasa más allá de lo
que se desea, ni supone grandes eom-
binaciones.
El proyecto es el arreglo y combi-
nación de los medios que deben em-
plearse para lograr un fin. Sus tntenr-
ciones serán tan sanas, como vastos
sos dv^nios. Puso sus miras en Fula^
oa, aunque el matrimonio no entraba
en d numero de sus proyectos. Este
provecto nüpone intenciones muy puras,
designio* tany vastos y miras may di-
latadas. (Condb de la Cortina).
Artículo segundo. — Intento, inten-
ción, propósito. Son actos de la vo-
luntad que se proponen objetos deter-
minados, con más energía que el sim-
ple acto de querer; pero la intención es
más inactiva y oculta que el intento,
y ni propifsito, mas vehemente que el
intento y la intencúín. El paso del Ru-
bicón por César fué uq intento. Su in-
tención era entrar en Roma, habiendo
formado el propósito de usurpar la au-
toridad suprema. (Mora.)
Articulo tír«rfl.— Intención, in-
tento. Un hombre resuelve marchar
á las Indias sin dar parte á nadie de
su pensamiento. Este pensamiento es-
condido, este secreto de su voluntad,
es una intención. Ha resuelto ir.
Acude después i los arbitrios de
que dispone para realizar su propósi-
to; empieza á convertir en hecho aque-
lla idea oculta; este es el intento. Pre-
tende marchar.
De modo que la deliberación del tn-
tenio se llama intención, y la realiza-
ción de la inteneúín se llama intento.
Más claro: llevado el intento á la
conciencia, es intención.
Llevada la intención al orden de los
hechos sensibles, es intento.
Por consecueucía, intento es una in-
tención práctica, y la intencid», un in-
tento moral.
La inteneii^ se esconde.
El intento se manifiesta.
INTE
La intención resuelve.
Gl intento ejecuta.
La intención es alma.
El intenta se inclina al acto.
Persona mal intencionada quiere de-
cir que oculta malos pensamientos,
malas ideas: es espíritu.
Robo intentado es el que se ha que-
rido ejecutar: es materia.
Asi es que Don Quijote, resolviendo
deshacer agravios, enderezar tuertos,
enmendar sinrazones, mejorar abusos
y satisfacer deudas, uo da parte á per-
sona alguna de su intención, y sin que
nadie le viese, una mañana, antes del
día, cabalga sobre Rocinante, cou el
peregrino atavío de sus pertrechos y
de sus armas.
Aquí se trata de un intento oculto,
misterioso: esta es la intención,
Pero más adelante halla un camino
que se divide en cuatro, v «luego se
le vino á la imaginación (as encnun-
jadas en donde Tot caballeros andan-
tes se ponían á pensar euál camino fe
aquellos tomarían; y por imitarlos, se
estuvo un rato quedo, y al cabo de ha-
berlo muy bien pensado soltó tas rien-
das á Rocinante, dejando á la volun-
tad del rocín la suya, el cual siguió
su primer intento, <yxe fué el irse cr-
mino de su caballeriza. >
Aquí se trata de la realización de
una voluntad, de una intencidn que
camina hacia un punto, de una inte*"
don práctica: es decir, se trata de nn
intento,
Don Quiote oculta su propósito: he
aqáí la inúneiát.
Rocinante sigue su primer impul-
so, practica su inítneión primert; le
aquí el intento.
La palabra intendin, aegán su eti-
mología, significa como tener dentro,
intus tenere, lo cual expresa perfecta-
mente el sigilo propio de los hechos
morales, el secreto de la conciencia.
Intento vale tanto como tener tendnr
eiaSt tender hacia una cosa, como si
dijéramos aspirar, cuyo sentido pri-
mitivo aigninca muy bien esa especio
de holgura ó de ensanche que los he-
chos toman cuando se aplican;' porque
parece que una cosa no se puede ve-
rificar sin que cobre la nueva ente*'
sión que necesita para tornarse en he-
cho. Guando una idea pasa á otra es-
fera, cuando significa otras relacio-
nes, cuando su sentido se agranda,
parece que tiene que agrandarse ella.
Pues bien, esta necesidad de dilatar-
se, de extenderse, que tienen los hecho*
que se aplican, es lo que significa la
palabra intento.
Intencionadamente. Adverbio de
modo. Con intención.
Etimología. Intencionada y el sufi-
jo adverbial mente: francés, intentioñ
nellement; italiano, intenüonatamente.
Intencionado, da. Adjetivo. El
que tiene alguna intención. Se üs*
sólo con los adverbios hien, mal, «K/'^
y peor. ^ ,
ETiHOLOofA. Intención: catalán,
teneiouat, da; francés, iníentionn/.
Intencional. Adjetivo. Lo que per
teneee i los actos interiores del alma*
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INTE
Btiholooíi. Inleiwtóñ: latín poste-
ñor, iittentiSntíü; catilán, inieiuiomali
francés, inteuíioniul.
Intendonalmente. Adverbio mo-
dal. De nn modo intencional.
Btdiolooíá. JnUncional j el sufijo
adverbial menU: catalán, iníencitmai-
m*nt; francés, int€»ÍÍ4mnelUmentt
Intendencia. Femenino. La direo*
cidni cuidado j gobierno de alguna
con. ¡ El distrito á que se extiende la
jurisdicción del intendente, y El em-
Sleo de intendenta. || La casa ú oficina
el iatendante.
BnuOLOoU. Latin iníendÜre, entau-
der: oataltin, intewieneU; francés, t«-
iemdmmer, iuliaoo, intatdeiua.
Intendenta* Femenino. La mujer
del intendente,
' KTiiii».eafA> IntemlmUi francés, tN-
tmdaníe.
Intendente. Masenlíno. Bn el anti-
gvío sistema administratiro, e! primer
jefe j director de la Hacienda pública
en una provincia. Solía darse el mismo
tCtulo a algunos jefes de fábricas ú
otras empresas entabladas por cuenta
del Erario. || db bjírcito. El que diri-
ge la distribución de los fondos entre
UM cuerpos del ejército que existen, no
sólo en la provincia donde reside, sino
en las demás comprendidas en la mis*
macapitaníageneral. ¡| nnuánciTOSH
OUPASA. Kl que preside en el ejército
i b distribución ae los fondos y aba»
tecimiento de lo necesario para la ma-
nutención de las tropas. I db palacio.
Bl jefe de la contabilidad y hacienda
de u real casa.
BimoLoafA. IntendencU: eatalin,
inteadent; francés, intendant; italiano,
imienienU.
Intender. Activo anticuado. Bh-
nNDSB.
Intensamente. Adverbio de modo.
Con intensión.
Btdíolooía. Intensa j el sufijo ad-
Terbial mente: catalán, inteiuttmenL
Intensidad. Femenino. Intensión.
I BbÚJULaIdB INTBNSIDAD.^Í»M.AgU-
j» imantada, sostenida por an centro
de levedad, la cual determina con
ana oacilaeiones la intensidad magné-
tiea. I Intensidad db sonido. La nu-
jor ó menor fuerza del sonido, deter-
minado por la extensión de las vibra-
ciones del cuerpo sonoro al rededor de
aaposiciónde equilibrio. | Gramática.
Aplíeaae al major grado de fuerza con
que apoTamos la pronunciación sobre
una sílaba acentuada, aludiendo á que
sobré ella, cae la intensidad de la voz
dacento. g Gram-iticageiural.T^Tahién
se emplea para significar la diferen-
cia que se nota entre los sonidos de
las articulaciones ó consonantes fuer-
tes y suaves; y así decimos ^ue la in-
TSNSiDAD de la p, articulación fuerte,
es distinta de la de la b, articulación
débil; y otro tanto pnede decirse de
la t respecto de la ó de la i respec-
to déla ^.
BmoLOOÍA. Intento: catalin, inten-
iUat; portnffués, inténtidadg; francés,
inintité; italiano, útítiui^.
Intensión. Femenino. La actin-
dad j faena de las ealidadei de los
INTE
cuerpos naturales. |La Tefaemencia de
las operaeiones y afectos del ánimo.
ETiMOLoaÍA. Intente: latín, inteuth,
en Séneca* actividad, ardor, empeño,
eficacia, ftnrma sustantiva abstracta
de tNíminf, intansoi catalán, inten-
tió.
Intensisimamente. Adverbio de
modo superlativo de intensamente,
Intensisimo, ma. Adjetivo supsN
lativo de 'intenso.
Intensivamente, Adverbio de
modo. Con intensión, de un modo in-
tensivo.
ETiuoLoaÍA. Jntentita y el sufijo
adverbial wunte: francéa, intentive^
mení; italiano, intentivaMeníe,
Intensivo, va. Adjetivo. Intenso.
I Forma intensiva, o db los vbbboí
INTENSIVOS. Gramática, Verbos deri-
vados que expresan la acción con más
intensidad ó con más frecuencia; j asi
decimos que ^tro^esr, por ejemplo, es
la forma intensiva de piiar. Q Meta-
fitica. Término contrario de colecti-
vo; j así se dice: lo infinit-j represen-
ta una totalidad absoluta de ser, que
no es colectiva, sino intensiva. (Fb-
NBLÓN, Extracto de una caria nbrt la
refutación de Espinosa.)
Etiuolcoía, Intenso: catalán, inten-
sin, va; francés, intensif; italiano, in-
tensivo.
Intenso, sa. Adjetivo. Lo que tie-
ne intensi .'n. Q Metáfora. Lo que es
mu^ vehemente v violento. | Mátiea»
Dícese del sonido que vibra fuerte-
mente, g Enfbbhedad intbhsa. Medi'
ciña. Enfermedad eujos síntomas se
manifiestan violentamente.
BnuoLoaU. /s<Mm, antiguó par-
ticipio pasivo de iníendere, extender;
de ta, en, y tendlh-tt tender: catalán,
intent, «; fmncés, m<mu«; italiano, in-
tenso.
Intentable. Adjetivo. Que pnede
intentarse.
BmioLOofA. Intentar: latín de las
glosas, inCeníSbUit,
Intentado, da. Phrtíeipio pasivo
de intentar.
BtiuolooÍa. Intentar: latín, inten-
titus; catalán, intentai, da; fmnfiés,
intente; italiano, iníentaU>,
Intentar. Activo. Tener ánimo de
hacer alruna cosa. I Procurar ó pre-
tender. \Forente, Proponer, deducir
el actor su acción en juicio,
ETiuoLoaÍA. Latín intentare^ enten-
der con frecuencia; y figuradamente,
presentar demanda ante la justicia,
amenazar, atacar en términos de ora>
toria, forma verbal de inteníut, parti-
cipio pasivo de intendire, tender hacia
un punto: catalán, intentar; francés,
intenter; italiano, intentare.
Esto demuestra que el latín intenta-
re representa la forma frecuentativa
de intend¿re, de donde el romanos cas-
tellano derivó entender.
El ^ue intenta, entiende y obra.
Bl intento es inteligencia y acción.
Intento, ta. Adjetivo anticuado.
Atento, || Masculino. Propósito, in-
tención, designio. | La cosa inten-
tada.
Etiuolooía. Intentar: latín, ts^-
INTE
145
fw; italiano, M<M<0; eatalán, intent.
Intento é inteiuion representan la mis*
ma palalna de origen.
Intentona. Femenino &miliar; In-
tento temerario, y especialmente si se
ha frustrado.
Etiuolcoía, Intentar: eatalán, in~
íentona.
Inter. Adverbio de tiempo anti-
cuado. Interin.
BtiuolooÍa. cPreposieión latina,
mujr usada en castellano, especial-
mente en composición; y fuera de ella
se usa como adverbio, ^ vale lo mis-
mo que entretanto y mientras.» (Aca-
dbuia. Diccionario de 1726.)
SiNomuiA. Inler, entre, entre. De la
preposición latiua inier, formada de
tn y de la desinencia adverbial ter. Su
sentido propio es connotar que una
cosa está en medio de otras que la ro«
deán á la tocan por todas partes, ó
que en aqnel mismo espacio interior
se verifica alguna acción: inter-calar,
iníer-ét, inler-Unear (entre- renglo na r),
inier-mediOt inter-peiar, inter-regno, i«.
ter-venir.
Eufonizaciónpopularde interés bn-
TBB, como se ve en entre-cejo^ entré-tC'
jer, entre-tiempo, etc. — Bntre equivale
á veces i los adverbios mal, ligera 6
escasamente; así entre-ahrir, es aorir á
medias; entre-cano, el que no está cano
del todo; entre-nntar significa untar
por encima, medio untar.
Jís/rstoma la forma entro en el ver-
bo entrihmefery sus derivados, los cua.
lea tienen poco uso, pues sa dicé más
comunmente entremeter, entre-metido,
(MoNLAp.)
Interantenario , ría. Adjetivo,
Zoología. Que esta situado entre las
antenas.
BTiuoLoaÍA. Inter, entre, j antena:
francés, intérantennaire.
Interarticular. Adjetivo. Anato-
mía, Que está situado entre las arti-
culaciones, como los ligamentos ó los
fibro-cartílagos inter-articulares.
EtdimxwU. Inter, entre, y aríieu"
lar: francés, intérarticulaire,
Interbran^uial. Adjetivo. Histo-
ria ne^wrai. Situado entre las bran-
qniaa.
BtiuolooÍa. Inter, entre, y iran-
jniat: franoéi, inieriranekial.
Intercadencia. Femenino. Des-
igualdad defectuosa en la conducta ó
en el estilo. ¡ Falta de uniformidad
en alguna cosa. H Medicina, Desigual-
dad en la sucesión da las pulsaciones
arteriales.
BtiuolooÍa. Intercadente: francés,
intercadence; cataláni intercadencia.
Intercadente. Adjetivo. Medicina,
Lo que tiene intercadencias; y así se
dice: eaífS WTsaOADBNTB. ¡j Fami-
liar. ^TAB intebcadbntb. No luUarse
bien.
BtiuolooÍa. Latíu ínter, entrci j
cádens, oSf^ffKú, pattioipio de presmts
de cS^e, eaen fraocés j cataUüt, i»-
Urcadent.
Intercadentemente. Adverbio de
modo. Con intercadencia.
Etiuolcoía. InUr y el sufijo adver-
bial mente: catalán, intercadeníment.
Touo m
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146 INTE
IntercalaoiAn. Fememno. La ae-
ei6a j efecto de intercalar,
EruiOLoaU./ftf^caíor: latín, wln*-
cUlStio; italiaao, intercalatiofu; frta-
céSf ittUrealation; catalán, iniercalactc.
lUteña histórica, — 1. Los g^riegos j
los romanos dieron este nombre k la
operación iaventada para hacer al año
solar, que fué al principio su aflo ci-
Til, idfual á la revolución del sol en el
zodíaco.
2. El año griego era de 354dfaa: j
siendo el solar de 365, se compensó la
diferencia añadiendo tres meses de 4
treinta días al fia de cada afio.
3. Los días fueron llamados npU-
menUífiott y los meses, intercalares.
4. BU afto romano era de 335 días:
j la compenstcitfn se hacía afiadien-
do 88 j 90 días altematÍTsmeiito du-
rante ooho años, T 66 lolamente des-
pués de eada petfodo da 24 aflos.
5. Pero como no querían alterar el
ndmero de meses, todos los días eran
intercalados (y de aquí la toz del ar-
tículo) entre el 24 el 26 de Febrero,
que al prinoipio filé el último mes del
año.
6. Los pontífices estaban en Roma
encargados de hacer la intbbcala-
cióm; peiO no lo efectuaban de un mo-
do rwulat, i causa, en mis de una
ocasión, de las supersticiones popula-
res. A veces, T eon miras difisrentes,
oonsuniían afargar 6 acortar el afio.
7. fisto acabó por ocasionar tal con-
fnsión en el cómputo del tiempo, que
Céut se Tió en la precisión de acome-
ter la reforma del calendario.
Intarcaladameute. AdvetMo de
modo. Con intercalación.
Btxuolooía. hUertítladé j al sufijo
adverbial mente.
Intercalado, da. AdjetÍTo. Añadi-
do Ó interpuesto. | Bpíteto de los días
no críticos en las enfermedades, j de
los días de apirexía en las fiebres in-
termitentes.
BTDioLoaía. Intercalar: catelén, in-
tercálate da; ínneéa, M«m»l/;italiáno,
uUercalato.
Intercalar. AetÍTO. Interponer ó
poner ana cosa entre otras. Dfeese con
propiedad del día que de cuatro en
cuatro años se añade al mes de Febre-
ro. Q Adjetivo. Lo que le ha puesto,
ingerido ó añadido i otra cosa.
BTncoLoafa.. Latín inleré&tére, po-
ner entre otras cosas, de inier, entre,
V eitlüre, llamar, anunciar en alta voz,
forma simétrica de edlendm^ calendas,
porque primeramente se dijo del día
que, de cuatro en cuatro aflos, se aña-
de al mes de Febrero: italiano, wter-
calare; francés, wtereal$r¡ catalán, in-
tercalar.
iNTBROALAnB: compuesto de ínter,
entre, V catare, en gnego ialein, lla-
mar, líamar en alta voz. Intercalar es
interponer ó poner una cosa entre
otras; dfeese con especialidad del día
que de cuatro «i cuatro años se añade
u mes de Febrero. Intercalar (interea*
Mr, rntercalarins) estambi^ un ad-
jetivo que significa lo que se ha pues-
to, ingerido j añadido i otra cosa.
(MONLAU.)
DÍTE
Interceder. Neutro. Ronr ó me-
diar por otro para alcanxarle alguna
gracia ó librarle de algán mal.
EriuoLoafa. Latín inierckUret in-
tervenir; de Ínter, entre, y cidire, lle-
gar; «ponerse en medio:» italiano,
intercederé; francés, intercéder; cata-
lán, intercedir.
bitercepción. Femenino. Inte-
rrupción del curso directo ds una
cosa. \ Interceptación.
ETiuoLOOfa. Latín intereepfío, la
acción de coger, forma sustantiva
abstracta de interceplus, interceptado:
proveiizal, iniereejicio; francés, ínter'
eepiion; italiano, tntereetione.
Interceptación. Femenino. La ac-
ción j efecto de interceptar.
Interoeiitadamente. Adverbio da
modo. Con interceptación.
EriHOLoofa. Interceptada j el sufijo
adverbial mente.
Interceptado, da. Partieipio ps-
sivo de interceptar*
ETUiOLoaÍA. Interceptar: latín, m-
tercepíus, participio pasivo de iníerci-
píre, interceptar: catalán, interceptai,
da; francés, intercepté; italiano, ínter-
cettato.
Interceptar. Activo. Apoderarse}
de algruna cosa antes qae llegue al
lu«tr ó persona á que se destinaba.
ETiuoLOdía. Latín intercíp^et sor-
prender, coger á uno en el lance; de
tN^, entre, j cap>e, coger: catalán,
interceptar; nancM, intereepter; italia-
no, intercettare,
Intereervical. Adjetivo. Zoolojia,
Situado entre las vértebras del cuello.
Intercesión. Femenino. La acción
j efecto de interceder.
BTiMOLOofA. Latín intereessto, fo>
ma sustantiva abstracta de intírcessni,
participio pasivo de inter<^i1re, inter-
ceder: italiano, intercessione; francés,
intercession; catalán, iniereessid.
Intercesor, ra. Masculino j feme-
nino. Bl que intercede. | Femenino.
La intkbcbsora db los pbcadobbs.
La Santa Virgen.
Btimolooía. Initrcaidn: latín, tn-
tereetsor, ínterceitífri$¡ italluo, üUer-
«estore; francés, intercettewr; catalán,
interceuor,
InteroeiOTlamente. Adverbio de
modo anticuado. Con Ó por intercesión.
ETUfOLoeíA. Inlerceioria y el sufijo
adverbial mente.
Intercesorio, ria. Adjetivo. Se
dice de lo que sirve para interceder.
Intercidencía. Femenino. Música.
Paso que en el canto llano se ejecuta
en la última nr>tii, ordinariamente
después de una larga subida.
Etwolooía. Intercadencia.
Intercidón. Masculino. Síitologia.
Dios que presidís la corta de los bos-
ques.
BTniOLOOfA. Latín intercUtre; de
in, en, dentro, j esdUre, cortar.
Intercidona. Femenino. J6'ío¿9^ía.
Divinidad campestre, adorada princi-
palmente por los carpinteros. Imtbb-
ciDÓH. I Diosa que protegía á las mu-
jeres contra los insultos da los silva-
nos 6 dioses de las selvas.
1 Etiholooía. Intercidón*
INTE
Iittarcisión. Femenino antienado.
La acción de dejar alternadamente nn
hueco igual al que se llena.
BnuoLoaÍA. Interdtc: latíui inlert^
sío, cortadura, división.
Interciso, aa. Adjetivo anticuado,
que se aplicaba al día su que por la
mañana era fiesta j por la tarde se
podía trabajar*
EtucolooÍa. Latín ínteróisni, divi-
dido por el medio, participio pasivo
de inter&d:re^ dividir; de tatn*, entre,
y cmdhe, cortar.
Interclancular. Activo. Anaio-
mia. Que está entre las clavículas, ó
que se extiende de una á otra.
EtiuolooÍa. Latín ínter, entre, jr
clavicula: francés, ínterclaviculaire,
Interclusión. Femenino anticua-
do, ffl acto de encañar una ooea wtre
otras.
Intercolnaiiiío. Maseoliao. Ar-
mdtectura. El espacio que hay entre
dos columnas.
EtimolooÍa. Iníercahumo: &anoés,
iníercolunnaire,
Interoolnaio. Htscnlino. Ima-
OOLiniNlO.
EnuOLOofA. Jnter, entre, v eolnnma:
latín, intereSinmníim; catalán, interca-
hmni.
Intercostal. Adjetivo. ÁnatmU.
Lo que está entre las coatillas.
BTIUQI.OOÍA. Latín «Uer, entre, j
esrto, costilla: catalán, mlfrcssAij; fran-
cés wfercoitalt «if.
Intarcnrrenoia. Festeniae. iM*-
dna. Desiguiddad en él corso de una
enfermedad.
BnicoLOOÍA. Intéreurrente.
Intercurrente. Adjetivo. Medici-
na. Desigual, hablando del pulso.
BtiholooÍa. Latín inter&^rens,
entis; de inter, entre, j cnrrem, co-
rriente: francés, íníerckrrent,
Intercntáneo, nea. Adjetivo. Me-
í^cina. Lo que está entre cuero 7 car-
ne. Aplícase regularmente á los hu-
mores. B Zooiojfia. Lo que está entre
carne j piel.
EriHOLoaÍA. Látín inter^ entre, j
cntáneo: francés, intercittané.
Interdecir. Aetivo. Tsbai ó no*
Bina.
Btxholooía. Provenzal entrediré:
francés, interdire; italiano, iníerdíre,
del latín intert^cüre, decretar, interpo-
ner su autoridad el magistradó, pro-
hibir; de inter, entre, j dicere, decir.
Interdentario, ría. Adjetivo. Si-
tuado entre los dientes.
Interdicción. Femenino. Acción ó
efecto de interdecir. | Prohibición,
^enie. Suspensión de oficio, carff.>
ó ministerio. U I^rmee. Estado de la
persona que na sido declarada inca-
pas de los actos de la vida civil, á la
, que se le nombra un curador como á
los menores.
Etiuolooía. Interdecir: latín, >a/«r-
dtetía; italiano, ínterditione; franoéi,
interdiction; catalán, interdicdÓ.
Interdicción del ftaego j del
agna. Historia, Pena judieiana que
los romanos imponían al ciudadano
que querían condenar al destierro. Al
I principio, el Ciudadano romano «na
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MTñlkblei y el qlutiarfo IiabiM* rido
ana Terdaden TÍot«neia, pues li no
' Quertt sameterse i é\, habría sido pre-
cito apelar á la fuerza; pero negtodo-
le en sa patria el fue^ y el tigOM, h
' U oUigai» & expatriarse.
Interdicto. Haseulino. Fortme.
Juieio posesorio, sunario ó samartsi-
mo. I Bntredielio.
ETOfOLOofa,. ItUtrdieeühtt latín, in~
teriictuMj decreto, prohitrfcitfn; eata-
Mb, interdicte; pnrenzal, entredick;
ftaneés, imUrdií; italiano, inlerdetio,
¡teteus AwMím.— Gennira eelesiis-
tiea pronunciada en otro tiempo per
al Papa é yot los obispos, que prÍTaba
i les habitantes de una ciudad, de
una proTÍneia 6 de an reiao, de los
■aeramentos, del serricio divino j de
la sepultan en lugar sagrado. Sin
embalo, se administraba el bautismo
á los nifios y la confesiÓD y el viáti-
00, á los moribundos. Hoj no está en
uso; sino tratándose de una iglesia
que tmenaee ruina ó esté profanada
por nn eriraen; pero e« todavía nna.
suspensión de funcíoneB pronunciada
eontralofl ministros del culto.
latercUlfttado, da. Adjetlrn. iTíú-
tfris Mlura/i Bpitsto ds Us eisamu,
&oÍa8 y «tras paites intsrmediariu,
ntatdiM entee otru dos, siendo éstas
máspequefiasi
Interduca» Femenino. ^diUiE^SA^a-
ia. Nombre con qne los antiguos ro-
manos inToeabau & Juno, euando se
coadueía la recién casada á casa de
sQ marido.
&TiMOi,ooÍA. Latín interdtica, de
ter, entre, 7 dmeíre, conducir: oata-
lin, iníerdmei.
Interés. Masculino. ProTecho,nti-
Itdad, ganancia, g Bl valor t^ne en sí
tiene argtma cosa* | Inclinacién más
nenes vAemente del ánimo hacia
tm objeto, peisene 6 narracién que le
atrae ó oonmueTe. | El lucro del oa*
^tal. I Plural. Bienes de fiwtona. |
IimusBfl Á «umaciÓN. Cuenta que
se redoeaá dividirlos pagos que se
baeen, 4 ensota de algún eapital que
produce iNTnufSss^ en dos partes pro*
-poreioaeies á la cantidad del débito y
i la enmsi de los intereses devenga-
dos, aplicándose á este respecto en
parte de «xtin^to de uno70tro;edmo,
por ejemplo, si el débito fuese veinte,
y los WTaBBSBS adeudados diez, y el
pago es de seis, se aplioaa cuatro al
eapital y dos á los i.ntbrbsbb. | A
PionsATA. Caeata que cooiiste en su-
poner el débito que han de producir
los lirmiesBS en cierto dia; y al tiem-
po de pagarse alguna porción á euen-
u, se cubre primeramente oon ella ^
inrporte ínt^ro de dichos réditos,
aplicándose elreste en cuenta del dÓ-
iMto principal, el cual se queda esta-
bleciao en el míssao día qne se causó,
7 desde él produee les ihtebmbs que
corresponden 4 la cantidad áqne que-
da r«daeído.
Btmolooíá. Latin int^ue, impor^
tar; de inter, entre, j ette, ser, estar,
eüstír: eatelán, imterdi; provenzal é
italiano, inter«$9«t fraaoes dri s{*-
gto MT, imtmit; «odstno, intMt.
Senfidéeíimldgico.—Ei interdi es la
relación que existe entre las cosas.
Interesable. Adjetivo anticuado.
Interesado, codicioso.
Interesadamente. Adverbio de
modo. Con interés.
BiiuoLoafA. Interesada y el sufijo
adverbial mentet catalán, intereuada^
ment.
IntereSadisiiBO, ma. Adjetivo su-
perlntivo de interesado.
BtDKKAafa. Htmvsad»: catalán, m-
terestadímm. a.
Interesado, da. Adjetive. Bl que
tiene interés en alguna eoaa. Ss usa
también como sustantivo. | Bl que se
deja llevar demasiadamente del inte-
rés, ó sólo se muere por él. || ^rtioi-
pio pasivo de interesar.
EnitOLOaÍA^. Interesar: catalán, tu-
tereisat. da; francés, intérest4; italiano,
interesiato.
Interesal. Adjetivo anticuado. In-
teresable.
Interesalidad. Femenino. Capaci-
dad de admitir 6 excitar interés. (Oa-
BALUIRO.)
Interesante. Adjetivo. Lo que in-
teresa.
Bniic».oaíA. Interesur: italiano, in-
teretsante;fnneéM,i»tématnti catalán,
Mlnwto*/.
Interesar. Neutro. Tener interés en
una cosa ó sacar utilidad ó provecho
de ella. Se usa también como recípro-
co, Q Activo. Dar parte á al^^uno de
alguna negociación ó comeroio en que
pueda tener utilidad ó interés. ^ Ha-
cer tomar parte ó empeño á alguno en
los negocios 6 intereses ajenos como
si fuesen propios. Q Mover una narra-
ción ó nn poema leído ó representado
á los oventes ó lectores. | Inspirar in-
terés o afecto á alguna persona.
BTiuOLOaÍA. Interes: catalán, inte-
ressoTt intereuarse; francés, intéresser;
italiano, interetsare.
Interesarse. Recíproco. Tomar in-
terés por alguna persona 6 cosa. H Te-
ner empeño en algo. | Tomar parte en
alguna negociación, || Afectarse ó re-
sentirse, como cuando decimos: inte-
resarse el corazón, imterxsarsb al-
guna entraña.
Interese. Masculino anticuado. Ih-
terAs.
Interesencia. Femenino anticua-
do. Asistencia personal á alg^ acto
Ó función.
Btwolooía,. Latín Ínter, entre, y
euentia, esencia: catalán, interessen^
cia.
Interesente. Adjetivo anticuado.
£1 que asiste 6 concurre á los actos de
comunidad para poder percibir algu-
na distribución que pide asisteaNS
personal.
BmioLoafa. Inttnieneia: eatalán,
interessent.
Interesillo. Masculino diminutivo
de interés. Usase siempre en sentido!
desprenativo.
Interespinoso, sa. Adjetivo. Ana-
(emiat i}ü9 se halla situado entre las
apófisis espinosas de las vértebras, an
cujo sentido se dice: les míscnios ih-
TSaBSPlNOSOS.
BnuOLOsfA. Jnter, entre, y $spiw>-
101 francés, intérespineux.
Interferencia. Femenino. FUica.
Fenómeno que la luz presenta en su
inflexión en las extremidades de cier-
tos cuerpos. \ Conjunto de los fenóme-
nos qne ss refieren i la anterior pro-
piedad que tiene la luz.
EvnioLoaÍA. Latín ínter, entre, y
ferré, llevar: francée, interférenee,
Reseña,^»GvM.náú un punto lumine-
so envía sus rajos ¿ dos espejos lla-
nos metálicos, los cuales forman entre
sí nn ángulo de 1^ grados próxima-
mente, squellos rayos. reflejádoS so-
bre un almnico de chimenea, no pro-
ducen una luz constante y uni^tne,
sino una sucesión de ráfagas alterna-
tivamente brillantes y osearas. Esas
ráfagas ó bandas alternativas de luz
se denominan iktsbpbrbncias.
Interferente. Adjetivo. Física.
Concerniente á la interferencia, l Lo
que presenta los fenómenos propios de
aquella propiedad de la luz. | Ratos
interpbrsntbs. Los que |ifodneen
bandas ó ráfagas alternativamente
brillantes y oscuras.
BtiholoqU. Iníerfereneiat ftaneés,
ittíerferení.
Interflbrilarío, ría. Adjetivo.
Ánalmía. Colocado entre los fllnilss
da los músculos, en cujo sentido di-
cen los anatómisos: lípiido istsaFi-
BRILARIO.
Interfoliiceo, cea. Adjetivo. Bo~
tánica. Epíteto de las flores, espinas,
frutos, etc., que nacen alternativa-
mente entre la unión de las hojas
opuestas.
ExiMOLoafA. Latín itUer, entre, 7
fSliaceusí de^íKam, hoja: francés, tV
íerfoliacif.
Interfoliar. Activo. Bncuademar
un libro, metiendo hojas blancas en-
tre las manuscritas.
EriMOLOofA. Interfoiiáceo,
Interfirontal. Adjetivo. Ánntunía.
Situado en(» las dos piezas huesosas
del fnutal. I Bntm^l^la, Pieza de la
cabeza de los insectos.
EriMOLOOfA. Inter, entre, y frontal:
francés, interfronlal.
Interiáa de Ayala (Juan). Merce-
nario calzado español, doctor en teo-
logía 7 catedrático de la universidad
de Salamanca. Fué uno de los qne
primero entraron en la Academia És-
pañola 7 trabajaron en el Diccionario
de la lenyma. Nació en Tenerife, una
de las Canarias, en 1666, y murió en
Madrid en 1730.
Interin. Masculino. Intuomioíd.
I Adverbio de tiempo. Bnteetanto ó
mientras.
EriuoLOofA. Latín istAúi, entre-
tanto; de inter^ entrCj é «m, arcaísmo
de Mw, sobrentendiéndose ^^him';
inter-enifi ttmpim, centre aquel tiem-
po:» catalán, interim, ínterin; francés,
tntérim.
Reseña histórica. — 1. Formulario de
Cerlos V sobre varios puutoa de reli-
gión, el cual no debía ser válido aiiio
hasta que un Concilio viniese á deci-
dir soMe aquellas materias, por cujra
nsón llevaba el nombre de tNTvaiii.
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Í48 ÍNTÉ
2. 8t ÍNTBftiH d« Carloi T permitía
el MSAmiento de los déri^s j U eo-
maaitfn bajo Ua doa eapeeiei.
3. Carlos V pablied en U Dieta da
-Augsburgt}, el 15 de Hajo de 154B,
&a 9nm íníerim, (jue es no formulario
de fe T de disciplina. (Voltaiki, Ámt'
Í€t; Emperador Cario» V.) Lo «pues-
to, está de acuerdo eon los si^uieates
datos: Decreto de Julio Fluvio, obis-
po de Naamburgo, Sfi^uel Heldinsf,
■ obispo titular de Sidóu, Juan Agrí-
cola, predicador del elector de Bran-
deburgo, y confirmado por Carlos V,
en law, que conteafa piescripeiones
en materia de religión que debían ser
.Taloderas hasta la definitiva decisión
del Concilio de Trento. Aanqae con-
forme en los demás puntos a la doc-
trina oatóliea, permitía el matrimonio
de loa cléríg:o8 j la eomunidn bajo las
doa especies. No satisfizo ai i los lu-
teranrá ní i los católicos, y sólo por
• la fuena pudo ser pueste en vigor.
Intflrínación. Femenino forense
anticuado. Intbbina.mibnto.
Interinamente. Adverbio de tiem-
po. Con interiaidad ó en el ínterin.
EnicoLoaÍA. Interina y el sufijo ad-
verbial mente: catalán, iníerinameHt.
Interinamiento. Masculino foren-
se anticuado. La acción y efecto de
interinar.
Interinar. Activo forense anticua-
do. Aprobar, ratificar 6 confirmar una
cosa jurídicamente.
BnuoLcoÍA. Interin,
Interinario, ría. Adjetivo aaticna-
do. Ihtbrino.
Interíngerto» ta. Adjetivo. Inger-
ta entre dos partes.
Interinidad. Femenino. Calidad
de interino. | Gobierno establecido
interinamente.
Etwoloqía. Interino: cataláui tM-
teriniiaí; francés, iníérimaí.
Reseña histérica, — La historia uo
guarda uoticia de una imtbkinidad
que ha ja sido buena. Esto consiste en
que tiene la contra de dos males gra-
vísimos: la inatabilidad, que es la du-
da de lo presente, v la iocertidumbre,
que es la duda de lo futuro.
Interino, na. Adjetivo. Lo que sir-
ve por algún tiempo, supliendo la
falta de otra cosa. B Aplícase más co-
munmente al qoe ejerce un cargo ó
empleo por ausencia 6 falta de otro.
Etimolooía. Interin: catalán, i*le~
riño, a; francés, intérimaire.
Interior. Adjetivo. Lo que está de
la parte de adentro, y Lo que está muj
adentro, y lül ánimo, | Metáfora. Lo
que sólo se siente en el alma, y Mas-
culino. En los coches de tres divisio-
nes ó cajas, la de enmedio. y Masculi-
no plural. Entrañas.
Etimoldoía. Uatalán interior: fran-
cés, intMeur; italiano, interiore, del
latín interíoft comparativo del anti-
guo intírus, del mismo radical qiie el
prefijo i», en; (Littrí.)
SuKuniOA. Articulo primero. — Ih-
TSaiOR, IMtBBNO, INTBÍNUCO* InUrtOT
se dice particularmente de las cosas
espirituales; interno tiene más rela-
ción oon las partes del cuerpo; mM»-
iée0 <e aplica al valor 6iU calidad
que resulta de la esencia de las cosas
mismas, independientemente de la es-
timaoidn que de ellas hagan los hom-
bres.
La devoción debe ser interior; las
enfermedades internas son las más pe-
ligrosas. Las frecuentes variaciones
en la moneda han enseñado á poner
más atención en su valor infruueeo,
(Marcu.)
Árticnto tegnndo. — Intbbior, intbb*
NO, fHTiuo, iNTRÍNSBCO. IntcrtOT é in-
terno expresan solamente colocación;
intimo é intrinteco expresan, además
de colocación, unión y naturaleza.
Interior es lo que está debajo de la
superficie de los cuerpos, 6 dentro de
los límites de la extensión. Lo inumo
dista más de la superficie j de los lí-
mites que lo interior. Lo Intimo, no
sólo pertenece i la parte central de
las cosas, sino á su modo de ser. Ijo
intrínseco está identificado 6 forma
parte de la esencia. Lo interior de un
reino es todo lo que no es frontera ni
costa. Son internas las enfermedades
de las visceras. Una convicción pro-
funda está en lo íntimo del alma. Un
vicio intrínseco ao se desarraiga fácil-
mente. Se dice ropa interior, conmo-
ciones internas, relaciones intimas y
cualidades intrínsecas. (Mora.)
Interioridad. Femenino. Condi-
ción ú cualidad de lo interior. | Plu-
ral. El ánimo ó la mente, ó lo que pasa
en ellos. || Secretos ó sucesos privados
de las familias, en cuyo sentido se di-
ee: chajr que respetar las intbbiori-
DAD8S de cada uno.» U Metáfora. Se
aplica también en sentido moral, como
cuando decimos: las intbbiohidadbs
del corazón; las intbbiobidadbs de la
conciencia; las iht8biobida.obs de un
deseo.
ExiuoLoafA. Interior: catalán, <n-
terioritat; portup^ués , interioridade ;
fraueés, iníériorttá; italiano, interio-
ritá,
Interiorisimo, ma. Adjetivo su-
perlativo de interior.
Interiormente. Adverbio de lu-
gar. En lo interior.
EtiuolooU. Interior j el sufijo ad-
verbial mente: catalán, tnteriorment ;
franeés, intériewremení; italiano, inte-
rionuníe,
Inteijección. Femenino. Gframdti-
ca, Una de las partes de la oración
que sirve para expresar los afectos /
movimientos del animo.
ETiuoLOofA. Provenzal iníerjeetio:
catalán, iníerjeecúS; francés, iníerjee-
tion; italiano, interjesione; del latín ih-
terjecdo, interposición, forma sustan-
tiva abstracta de interjecius, colocada
entre, arrojado en medio, participio
pasivo de ínterjieere, ingerir; de Ínter,
eattt, jacíret arrojar, porque la «a-
tefjeccuíñ es una parte de la oración
que se arroja en medio de la frase.
Inteij acciona!. Adjetivo. Propio
de la interjección.
Intei^eccionalmente. Adverbio
de modo. Por interjección.
ETiiioLoofA. Interjeeeioñal j ú su-
fijo adverbial atente.
tNTí!
taterjectivamente. AdvaUs é»
modo. Por interjección.
BnuOLoaía. I»letjeelÍ9* y el sufijo
adverbial mente: francés, merjeUiee-
ment; latín, interjecttvi,
intenectiTO, ra. Adjetivo, Gr$.
mitiea. Que envuelve interjecoióa. |
Relativo á la interjección.
BTUfOLOOÍA. Iníerjeedén: latín, w-
terjeeavms.
Interlinea. Femenino, imprente.
El espacio que media entre dos lias»
escritas ó impresas, y Lámina de me-
tal que sirve para separar eonveniea-
temente las líneas.
EtiuolooÍa. Latín ietíer, entre, j
linea: francés, iníerligne; italiano, in-
terlinea; catalán, interlinea,
Interlineación. Femenino. La ac-
ción V efecto de interlinear.
EriuoLoaía. IníerUnenr: eataltn,
interiineaeia'; francés, ietíerlUtéation.
Interlinaadamento. Adverbio de
modo. Entre renglones, y Con ínter-
lineaciones.
EnuoLOGÍA. Interlineada y el sufijo
adverbial mente.
Interlineado, da. Participio pasi-
vo de interlinear, y Imprenta^ Adjeti-
vo. Lo que eatiá separado por ioterU-
neas, en cuyo sentido se dice: molde n-
TBRi.iNiíADo, impresión intsbi.inbad&.
ETmoLOOÍA. Interlinear: catalía,
interuneat, da; francés, interligné; ita»
liano, interlineato.
Interlineal. Adjetivo. Lo que sa
escribe en el blanco que haj eatra
dos líneas ó renglones, en eujo sen-
tido se dice: yMfs uiterlinial. Se
aplica i la versión de la Biblia entre-
rrenglonada 6 impresa de modo que
vaja alternando un rene^lón de U
traducción con otro de la lengua ori-
ginal; y así se dice: la iktbruneal
de Arias Montano, y Biblias int^ru-
NBAUts. Biblias en que el latín está
impreso entre las líneas del hebreo j
del griego, en cujro sentido se dice
<iue la políglota de Londres tiene una
interpretación intbrlinb&l, la ctul
no se halla en la políglota de París.
(BicHABD SiifÓM. Crittc^ del AnUgw
Testamento, página 583, en RickeUt,}
y Vbbsión iNTBBLiHBAj.. Pfooedimies-
to discurrido por Maasais, como mé-
todo para enseñar una lengua. (Coh-
DiLLAG, 0raaUíie»,)
BrufOLoafa. InterUmea: catalán, in-
terlineal; francés, ñUerlútdaire; italia-
no, interlineare^
Interlinear. Activo. B>T<tBaRBN-
OLONAB.
Etimolooía. Interlínea: catalán, is-
terlinear; francés, inierligner; italia-
no, interlineare.
Interlobular. Adietívo. Ánaiemla.
Situado entre los lóbulos de un ór-
gano.
Etikolooía. Latin inter, entre, 7
lobular: catalán, interlobular; francés,
inter lobulaire.
Interlocución. Femenino.. Plática
ó conferencia altwnada entre dos ó
más personas.
EnuoLOQU. tatfn Mlsr¿¿CeiAe. ie-
terrupción de ana plática por interpo-
sición de otra, forma sustantiva abt-
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INTE
INTE 149
' .fiméta de inítrlSf^tus, ptiticipio pasi-
. To de inierlíqui, interponerse en la
• nnTersaeión; da wta^, entre» j toqui,
hablar; cattlán^ interiocuei^; francés,
iuterloeuiio»; italiano, ütterlocwñane.
biterlocntor, ra. Masculino j fe-
. menino. Bl que habla á alguno o lle-
ra la Toz en nombre de otro. | Cada
- uno de los personajes que se introdu-
cán en un diálogo. £n las comedias se
- llaman por lo común personas.
EtiuouxjÍa. Iñtertocución: catalán,
■ iiUeriocuíor, a; francés, iníerlocuíeur;
- italiano, interlocutore.
Interlocutorúmente. Adverbio
. modal forense. D.e un modo interlo-
eutorio.
Btimología. Jníerlocuíoria j el su-
fijo adverbial meníe: catalán, inUrlo-
cutoriamení*
InterloGutorio, ría. Adjetivo fo-
rense qoa se aplica al auto ó senten-
- cia qae aa da antes de la definitiva.
BnuoLoofa. Interlocttctám eatal&n,
iu^locuíorif a; francés, imierlocuicire;
italiano, interloeutorio.
Intérlope. Adjetivo. El comercio
fraudulento de una nación en las co-
lonias de otra, ó usurpación de privi-
legios concedidos á una compañía
^ra las colonias. También se aplica
» los but^ues dedicados á este tráfico
sin autorización.
ETmoLooÍA. Alemán literario, ««-
ierUnfen; de unUr, entre, y h*fe*t
- correr; «correr entre otros, deslizarse
fraad alen lamente:» bajo alemán, en- '
terlQpe%; inglés, U> interiop«, hacer el
oficio de intérldpe; francés, intérlope»
Interlunio. Masculino. Attrono-
«lis. "ÉX tiempo de la conjunción en
que no ae Tela luiuu
EnuoLoafa. Latin MferAñilfim, el
tiempo en que no se ve la luna, cuan-
do «sti en eonjunción con el sol; de
Mfer, entre, j iñna: catalán, (n¿«r¿Mttt;
francés, interlune; italiano, interlunio»
Intermarginal. Adjetivo. Situado
en la parte interior del borde.
Intermaxilar. Adjetivo. Anato-
mía. Situado entre los dedos maxila-
res. \ HUSSO INTBRU&XILAB Ó INCISIVO.
Zoolí^la. Hueso ]^ar que ocupa la ex-
tremidad del hocico, en la majror par-
te de los mamíferos.
ETUioLOafa. Inter^ entre, j main-
lar: francés, iníermamüüire.
Intermediado, da. Adjetivo anti-
.enado. IuTBCUBDia
Intennadiar. Neutoo. Existir 6 es-
tar ana cosa en medio de otras.
Etiholooía. luUrmedto: ctt&Un,
üUtrwudiar,
Intormed ¡ariamente. Adverbio
de modo. Intermediando,
EnMOLDOÍa. Intermediaria j el su-
fijo adverbial mente.
Intermediario, ría. Adjetiva. Que
intermedia.
ETUtOLOoía. Intermedio: francés, tV
terwudiaire; italiano, intermediario.
Intermedio, día. Adjetivo. Lo que
está entremedias ó en medio de los
extremos de lugar 6 tiempo. || Mascu<
lino. Bl espacio que hav de un tiempo
.á otro 6 de una acción á otra. U Kl
.paile, múaica, saínate, etc., que se
ejecuta entre los actos de una comedia
ó de otra pieza de teatro, | Cada uno
de los espacios en que la escena que-
da vacía, j cae el telón de boca.
Etuiolooía. Latín intermüíílut, de
Ínter, entre, v m^dint, medio: proven-
sal, m<r«n«cA; ca talán, úií«fm«at; fran-
cés, intermide; italiano, intemem, in-
termedio.
Interminable. Adjetivo. Lo que
no tiene término ó fin.
BtuioloqU. Latín iníermínabílis,
del prefijo negativo in y termindbilis,
forma adjetiva ficticia de terminare,
terminar: catalán, interminable; fran-
cés, infármwabie; italiano, iníermina-
bile.
Interminablemente. Adverbio de
modo. Sin término.
EriMOLoaía. Intemoablt j el sufi-
jo adverbial mente,
Interminado, da. Adjetivo. Que
está sin acabar.
BTUcoLoaÍA. Latín tafímlíiiS/w, par-
ticipio pasivo de intermínSri, de in,
DO, y íermtnari, terminar: catalán, in-
terminat, da; francés, iniemUná; italia-
no, interminato.
Intermisión. Femenino. Interrup-
ción ó cesación de alguna labor ó de
otra cualquiera cosa por algún tiem-
fto. y Medicina. Intervalo que separa
os accesos de una afección intermi-
tente, como cuando se dice: hay neu-
ralgias cuyas iNTBRUisioNBS duran
veinticuatro horas. Q Jíetá/ora, Tam-
bién se emplea figuradamente, como
en el ejemplo que sigue: «La tristeza
es el descanso del dolor, especie de
iNTKBicisiÓN de la fiebre del alma, que
nos lleva á la curación ó & la muerte.»
(Chatkaubbund.)
BniioLoofa, Provenzal itUermúiio:
catalán, iníermiatid; francés, intermis-
sion; italiano, intermissione, del latín
iníermissío, cesación, descanso, forma
sustantiva abstracta de intermittutt
participio pasivo de inttrmUt^, inter-
mitir.
SiNOMiuiA. Articulo primero, — In-
TBBMisiÓM, iNTHBBUPCiÓN. La intermi-
tión nace de la cosa misma de que se
habla; la interrupción, de la cosa mis-
ma ó de una causa extraña. Hay tn-
Urmisié» en el pulso, en las erupcio-
nes Tolcáuícaa, en los vientos. Hay
interrupeúíH cuando un fuerte ruido
obliga al orador á callar; cuando la
guerra suspende el curso de los nego-
cios. (MoBa.)
Artículo tegwndo, — Intbruisión, ih-
TBRROfCiÓN. La intermisión es una tre-
gua, un descanso.
La interrupción es un trastorno,
casi una alarma.
La intermisión puede ser un medio
de armonía, de paz, de mejora.
La interrupción es siempre un obs-
táculo, un peligro, una especie de
rompimiento, una verdadera turba-
ción.
Lo que es capaz de intermisiones,
pierde intensidad.
Lo que padece intsrrupdwMtt pier-
de concierto, unidad, fuerza.
Todo hecho que no es infinito,
puede tener sus naturales wf^i'ttOMf*
Kl que intente dar cabo á una em-
presa, procure con mucho cuidado po-
nerla á cubierto de la más pequefla
interrupción. Más vale continuar per^
I diendo, que interrumpir ganando.
Hay intermisiones en las calenturas,
en la política, hasta en la historia. Lo
que se llama edades medias en los
anales de la humanidad, no son otra
cosa que verdaderas intermisionet del
espíritu humano.
Hay interrupciones en nuestros pla-
nes y negocios.
Intermitencia. Femenino, Medi^
ciña. Discontinuación de la calentura
ó de otro cualquier síntoma que cesa
y vuelve. {( dbl pulso. Fenómeno que
se verifica siemipre que faltan uno ó
muchos latidos, tratándose de un nú-
mero determinado de pulsaciones. Por
consiguiente, equivale á la interrup-
ción anormal del pulso. |j Física. Es-
tado natural de la electricidad pro-
ducida por los.aparatoa electro-mag-
néticos, en que la corriente se com-
pone de. una serie .de movimientos
impulsivos, los cuales tienen la pro-
piedad de contraer los músculos. |
Cualidad y carácter de lo intermiten-
te, en cuyo sentido ae dice: la ihtbr-
MiTBNCiA de un manantial.
EtwolooÍa. Intermitente: cataláu,
intermitencia, francés, intermiííenee;
italiano, intermittenza.
Intermitente. Adjetivo. Lo que se
interrumpe, ó cesa y vuelve á prose-
guir. I FxBBBB iNTaRMiTBNTB. Medid-
na. Fiebre que cesa y vuelve con in-
tervalos determinados, y Tipo iNTaa-
WTBHTB. Orden que siguen los sínto-
mas de una enfermedad, mostrándose
T desapareciendo alternativamente. |
Pulso intbrkitbnts. Pulso cuyos la-
tidos cesan por intervalos desiguales.
EnuOLOoia. Latín inlermittínst in-
termittentis; participio de presente de
intermitiere, intermitir: catalán, Ínter-
mitent; francés, imtermittestíi italiano,
intermitente.
Intermitentemente. Adverbio de
modo. Con intermitencia.
ETiHOLoofa. Intermitente y el sufijo
adverbial mente.
Intermitir. Activo. Suspender por
algún tiempo una cosa, interrumpir
su continuación.
Etiuoloqía. Latín intermitfrt, ha-
cer tregua; de inter, entre, y miUHre^
poner: italiano, intermitiere,
Intermuscular. Adjetivo. Anato-
mía, Que está entre los músculos, en
cuyo sentido se dice: las aponfurosis
liNTEBMUSCULABES.
ETiuoLOGÍa. Inter y mutcular: fran-
cés, iníermusculaire.
Internación. Femenino. La acción
y efecto de internar ó internarse; y
así se dice: derecho de internación.
ETiifOLOaÍA. Internar: francés, i«-
ternaíion, tomnáo de nuestro romance;
catalán, tntemació.
Internacional. Adjetivo. Lo (^ue
se refiere á las relaciones que median
entre diversas naciones ó reinos.
ETiuoLoafa, Latín inter, entre, y
nacional: francés, iuítmationali itaíiar
no, intenusmaiéU,
V
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150
latomad», dft. Fartioipie pMÍTo
de iatetnar.
EtiuqlooU. InUnurt cttaUn, tn-
Umaif d»¡ fmic^> interné; italiano,
inteméto*
Intomamente. Adnrbio d« logar.
iNnRIOBUBNTI.
Intammr. AetÍTO. CondueiT ana
cota tiem adentro. Usase eomo »c(-
proeo tratándose de personas. { Neu-
tro. Penetrar. | Recíproco metafórico.
Introdacirse 6 insinuarse en los secre-
tos y amistad de alguno 6 profiindí-
xar alguna mataría.
BnuoLOoU. Inttmo: catalán, inter-
nar, inteméne; £tancés, intenur; ita-
liano, ifftenwrs.
Internarte. Recíproco. Internar,
como neutro. | Sondear alguna ma-
teria. I Metáfora. Ir más allá de lo
prudente en asuntos que erigen cier-
te preeaaeid&; 7 así se dioe: «ese hom-
bre se ufTBSHA demaaiado;9 cea los
anntos de sa Camilla, no dejó de in-
RBNABn.»
Iatera«ción. Femenino. Hatnnu
extraordinaria, eamieerfa.
Btuiolooü. Latín intemif^ matan-
za; de Ínter j entre, y nex, muerte ale-
Tosa: iMTBBNicio geníit, exterminio
de nn pueblo. (TÁCITO.) San Isidoro
tiene intemedet,
Interao, nn. Adjetivo. Interior.
l Db interno. Modo adverbial anti-
cuado. Iktbriorubntb. i Masculino.
Bl que vive en un establecimiento pá-
blieo, ora para recibir una enaeñan-
u, era para ejercer cualquier oficio
BO mannal, en oujo sentido se dice:
iNTBBNO de nn eolegío; intbrno del
Hospital general ú otro. I| Angulos
iNTCBNOS. QemetfU, Angolos forma-
dos interiormente por dos paralelas 7
una secante. | Botonbs intbrnob. Bt-
tiniea. Los que pertenecen ocultos
en el cuerpo del tronco, del tallo 6 de
la rama, hasta la sacón en que ger-
mina la jema. \ PRiMcmOá intsrnos.
FitiologUt* Principios inherentes al
cuerpo humano, sin los cuales no po-
dría existir ninguna materia organi-
zada. La vida, en lo que tiene de esea-
cuü, no es otra cosa que un ^incifio
INTERNO, eminentemente fisiológico.
I BNPEniiBDADBSiNTBRMAS. Medicina*
Las que tienen su asiento en un órga-
no interior 7 que se derivan de una
cansa intbrha. I PatolooÍa. interna,
6 MbDICINA PBOmHBMTB DICHA. La
que se ocupa de las enfermedades que
provienen de cansas interiores. \ Ana-
Am<a. Que está cerca de nn plano ver-
tical 7 que se supone atravesar el
cuerpo, siguiendo la línea mediana 7
diyidiéndoloen dos partes simétricas. j|
Todo lo que existe en el interior de la
economía animal, en cuanto define ó
califica la situación de un iSigano;7aflí
se dice: fa* intbrha del cráneo. ¡ His-
toria intbrna. La que se ocupa en el
examen de los hechos, considerados
en af mismos, sin relacionarla de nin-
n*án modo con sus causas, ni con los
oocomentos históricos, fl Obsbrvación
ñmsKA. Pñwlogia. Acción de nues-
tto oipirittt que estudia los hechos que
te Tenfiean en sí propio; esto es, en el
í
INTE
sentido íntimo 6 conciencia refleja.
La observación intbrha no es otra cosa
que la reflexión, la cual se conoce, se
siente 7 se estudia á sí misma con
ideas propias. \ Fubeo intbrno. Sticct
ó^loieñn moraL Bl sentimiento natu-
ral del bien 7 del mal, considerado
eomo prindpio de virtud 7 norma de
eondttcte, el cual tiene por regla la
Batisfkcetdn 7 el remordimiento. | Lo
iktbrno. La ooneienoia, el alma, en
cuvo sentido solemoi decir: ceso toca
á lo intbsno.»
ETiyoLOOÍA. Latín inUmmt;á.tintert
entre, dentro: italiano, interno; fran-
cés, interne; eaUlán, intem^ a.
Sinonimia. Articulo jjrtwwro.— In-
terno, INTERIOR, ÍHTiHO. Una ds las
anomalías más notebles de la lengna
castellana es la eonserracióa de mu-
chos comparativos 7 superlativos pu-
ramente latinoa, CU70S positivos no se
usan 7 carecen de dios ó los suplen
con otros de diferente níc. Asi es,
que decimos menor 7 müUmo; ulterior
7 úitimo; inferior 7 nprewto; essterior 7
eatremo; inferior e injímo; 7 no hace-
mos uso alguno de sus positivos pro-
pios, á diferencia de mejor 7 Óptimo;
peor 7 pétimo; mayor 7 máañmo, ciijqs
positivos bueno, malo 7 magno son los
mismos que conservan en latín. De
aquí debemos deducir que interior é
intimo son dos grados de comparación,
7 que éste determina claramente la
diferencia de su significado.
Interno es lo que está profundamen-
te oculto dentro de una cosa, 7 cuan-
do nos servimos de este adjetivo, pres-
cindimos de la posibilidad que puede
tener lo wiemo de no serlo, ó de ser
externo. Por esta razón se emplea con
más freeneneia en sentido figurado, 7
nos valemos tento de interno como
extemo para indicar lo que está den-
tro ó fuera de una cosa, porque con-
viene así en cierio modo á la esencia
déla misma cosa. Así decimos: en es-
te colegio ha7 discípulos intemot 7
extemot.
Lo interior está oculto por lo exte-
rior; esto es, llamamos interior á lo
que se oculta á nuestra visto, porque
la superficie de la cosa que lo contie-
ne, nos impide verlo. Por esta razón
decimos: vida interior; habitación in-
terior; el wteñor de nn reino, 7 en
ninguno de estos casos usamos del ad-
jetivo interno, (Conde im la Cortina.)
Articulo eegundo. — Intbrno, ihtb-
RiOR, íntimo, intrínsbco. Lo interno,
supone organización, cuando se em-
plea en sentido propio. Patología •»-
tema, lesión interna. No puede decir-
se: patología interior, intima, intrinse-
ea, ni lesióaintrínseca, intima, interior.
Lo interior se aplica á todo aquello
que tiene cavidad; pero cavidad que-
esté guardada por formas exteriores.
Bl interior de una botella, de una
casa, de un abismo, de un hombre.
No puede decirse: lo interno, lo intimo
ó lo intrínseco de un abismo, de una
casa, de una botella. No puede decir-
se tampoco, para significar la misma
telteión, lo wfemo, lo intimo, lo w-
fr(aww de nn hombre.
intime se aplict al ser ñefeuL Lo
intimo es el secreto de nnettrat ideas,
de nuestros afectos, de nnettrat imá-
genes, de nuestras esperanzas, de
nueatros dolores; es la lumbn que
nos calienta en él hogar del alma; se
á nn mismo tiempo un gran arcano»
una gran lucha 7 nna grtn poesCt.
Asi decimos: la Terwtd partee fsr
la esencia intínut del pensamiento.
Ei amor es la esencia intma de noot-
tros corazones.
No puede decirse: la esencia int*~
ríor, la esencia interna, la esencia in-
írímeea, porque no ha7 nna etsneia
que sea extrinsecet, qne tea Mterwr,
que sea externa.
^ tina madre dice: guardo la memo-
ria de mi hijo en lo más tefiew de mi
corazón. Nada más absurdo que deeír:
en lo más interior, en lo más iatíemo,
en lo más imtrituéco de mi eorasfo.
Intrínseco se refiere á la constítu-
ción esencial de lat cettt, á esa serie
de eualidadas que van nnídát á las
substancias que Dios ha creado, for-
mando con ellas nn todo indivisible,
un grupo invariable, una IS7 de la
creación, nn dogma natural.
El astro es luminoso: sin la lux no
existiría el astro.
La luz es clan: sin la clariikd no
existiría la luz.
La luz es una cualidad wfKwmi
del astro.
La claridad es otra cualidad intriñ-
seca de la luz.
Todo atributo toa qne el objeto
nace, es ieUrtmeeo en aquel objeto.
Pensar* querer, sentir, imaginar,
asociarse, creer, moverte 7 reprodu-
cirse; he aquí otras tantas enalidades
inMmoeat del hombro. Borradts esu
cualidades, se borra el ser hamaoe.
Bl que atente contra esas cnali^Mcs
originarias, no atenta conten d. Wanr
bre, sino contra el orden nnÍTMSsl,
contra la lej de la natnralesa, «entra
la Ie7 de Dios.
Lo interno es orgánico»
Lo interior, físico.
Lo íntimo, moral.
Lo intrínseco, filosófico.
Lo interno se estudia 7 te toligt*
Lo interíor se re^stea.
Lo íntimo te tiento.
Lo intrínseco se explica.
latemodio. Masculino. SotíniM,
El espacio que ha7 entre dos nudo*»
en los tallos de las plantas.
BrtMOLOOfa. Latín inlemSd'lMih »
fwrte que media entre lot nndot en
os tallos de las plantas; de ínter» en-
tro, 7 iñdns, nudo.
Intemomediftl. Adjetiro. -o»""*"
to^ia. Epíteto de la cuarta nervadura
principal del ala de los insectos.
Etimolooía. Interno 7 medial: fren-
cés, interno-médial. .
Intemóteos. BíascnUno
Nombre que se da á los doce inútetiw
de los dedos.
BtuiolooÍa. Interno j óseo.
Intemnnciatam. Femenino- w
go de internuncio. ,
BfiMOLoaí&./«<«nMNa«.' ix»^^^
iemonciatnre; italiano, ttíoi
«1
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INTE
Internancio. Masculiatt. Kl cnie
haUa por otro, el tnterloeutor. | Mi-
DÍstro pontificio que hac« veces de
aimeio. Llámase Umbiéa así el mí-
DÍstro del emperador de A.ustri« que
reside en Constaatiaopla.
BnuoLoaU. Latín intemuaííut, for-
ma sustantiva de iníernuntiáre, parla-
mentar; de iníeTf entre^ j nuníiáre,
ananciar: catalán, inUr*u»ci; francés,
i*íer*once; italiano, iniernuntio.
Interoceánico, ca. á.djetivo. Que
está entre dos oce'auos, como el Atlán*
tico y el Pacífico.
EnHOLoaÍA. Latín iníer^ entre, j
oaÓMico: francés, inttrocáauiqut,
Ittteroculor. Adjetivo. Zoología,
Situado «ntre los ojos.
BnMOLOOÍA. Inter j oeuUr: francés,
intéroeutain.
InteróMo, im. Ánatonia* Adjeti-
vo. Que ef tá «ntre los huesos, en cu^o
sentido se dice: arttrias intxrósras;
UmU 1NT8BÓSBA,S. | MÚSCULOS INTEB-
óssos. Músculos que ocupan él espa-
cio que los haesos del metacarpo j
del metatarso dejan entre si. g Liqa-
UNTOS xntkejSBOS. Ligamentos colo-
cados entre ciertos huesos, para evi-
tar que se desvien, y Múscülo sbmi-
nrTUÓSBO. Ánaíomía antigua. Nombre
dado i dos músculos pertenecientes:
el uno, al pulgar; J el otro, al £n-
diee.
Etiuolooía. Inter j ¿sm: ftuacAi,
MrMtena.
Intorp^iUr. Adjetivo. Situado
«otn lea papUu.
InteraanetsL Adjetivo. Ánate-
Mfst ^iteto de un hueso que se halla
entre ios frontales, los parietales j el
oeópnt superior en los mamíferos. La
Vetariaaiia suele llamarle kue$o cuct-
drado,
Bmiouraf A. Inter j parietal: fran-
«éa, inttrpariéíal,
Inteipelación* Femenino. La ac-
ción y efecto de interpelar.
BriiiOLOoU. Interpelar: latín, inier-
peUñíío; italiano, interpellatione; fran-
cés, interpellation; catalán, interpelóles
áó.
latflrpeUdftmwite. Adverbio de
modo. Con interodaeión.
HtimoloqU. Interpelada j «1 «n^o
adverbial mente.
Interpelado, da. Participio puivo
de interpelar.
-BnuOLoaía. Interpttar: latín, inter-
felUtne; catalin, iníerpel4at, da; fran-
cés, interpelé; italiano, interpeÜaUK
bterpelador, ra. Sustantivo y ad-
jetivo, (^ue interpela.
BTlU0U>aía. Interpelar: catalán, m-
terpei'iaaor, a; francés, interpetlaíenr;
italiano, iníerjtellator^\
Interpelante. Participio activo de
interpelar, (jue interpela.
Interpelar. Activo. Implorar el
awdlio de alguno ó recurrir á él so-
licitando su amparo y protección. ¡|
Ftírenu. Rtt^uenr é instar sobre el
cumplimiento de algún mandato. |
Aplazar i alguno pan reconvenirle
soore la legalidad o conveniencia de
algún hecho en que ha tenido parte. |
En los cuerpos pt^ticos deliberantes,
INTE
hacer cargos, ó pedir explicaciones en
son de censura.
ETiuoLoaÍA. Latín útterpellSre, in-
terrumpir; de Ínter, entre, y el anti-
guo ^f//are, simétrico de peñere, arro-
jar; «arrojar en medio de la conversa-
ción, cortar la plática, interrumpir:»
catalán, interpeUlar; francés, imterpel-
ler; italiano, interpellare.
Interpínado, da. Adjetivo. Botá-
nica. Bpiteto de las hojas que tienen
foliólas pequeñas entre sus foliólas
prÍDcipaies.
BtiuologÍa. Francés interpinné; ds
Ínter, entre, y pinni, del latín pinM-
tutt alado; de^tnmi, pluma, que es el
griego nívvi] (pinnej, de ttl-oíyju (péta~
mai), volar; icswv¿< (peteinA), ave.
Interpolación. Femenino. La ac-
ción y efecto de interpolar. | Matmá-
ticas. Método por el cual nos propone-
mos encontrar una fórmuU algebrai-
ca, la cual satisfaga cierto número de
observaciones y que pueda substituir,
dentro de las observaciones mencio-
nadas, á la verdadera ley del fenóme-
no. I Física. Operación que consiste
en intercalar, por medio del cálculo,
ciertos términos entre dos series de
números ó de observaciones. Q Inte-
rrupción, intermisión ó cesacidn en
alguna cosa.
ETUcoLoaía. Interpolar: catalán, im-
terpolació; francés, tnterpolation; ita-
liano, ínter polatione, dellatín interpo-
litio, la acción de ajustar y de comp»
ner, fbrma sustantiva abstracta de
interp^litus, interpolado.
Interpoladamente. Adverbio de
modo. Con interpolación.
EriuoLoaU. Interpolada j ti sufijo
adverbial mente: catalán, interpolada-
ment.
Interpolado, da. Participio pasivo
de interpolar.
Etiuolooía. Latín iníerpolalus^ par-
ticipio pasivo de iníerpUare, interpo-
lar: catalán, interpolat, da; francés,
interpolé; italiano, intervolato.
Interpolar. Activo. Interponer una
cosa entre otras. Q Interrumpir ó ha-
cer una breve intermisión en la conti*
nuacióu de una cosa, volviendo lueg»o
á proseguirla.
Enu^iiXiía. Latín interpolare, com-
poner, renovar; de ínter, entre, y pS-
hre, hacer girar, volver; de jtdlus,
polo: catalán, interpolar; francés, in-
terpoler.
1. El verbo pdlSre se halla en En-
nio: POLARB agros, laborear los cam-
pos; esto es, hacer girar la tierra, re-
volverla, mezclarla.
2. El latín p3lare, por pSlere, ei el
griego polein (noXs tv).
Interponer. Activo. Poner unas
cosas entre otras. Se usa también como
recíproco. ¡| Anticuado. Poner, apli-
car. II Metáfora. Poner por intercesor
ó medianero á alguno. | Forense. For-
malizar por medio de un pedimento
alguno de los recursos legales, como
el de nulidad, de apelación, etc.
EtiuolooU. Latín interj^^re, de
Ínter, entre, v pdnere, poner: catalán,
interposar: francés Mlflyofsr; italia-
no, tnterporre
INTE
151
Interjponerse. Recíp»^. Poneue
en medio. Q Mboiab, por interceder.
Interposición. Femenino. La si-
tuación ó posición de una cosa entra
otras. Q Metáfora. La mediación ó in-
tervención da algún sujeto en cual-
quier negocie. 1 El espacio que media
de un tiempo i otro,
ETUiOLOata. Latín interposUio, for-
ma sustantiva abstracta de interpSsí-
tus, participio pasivo de interpin^re,
poner en medio: provenzal, interpni-'
do; catalán, interpésido'; francés, ift-
terposition: italiano, interposizitne.
Internósita persona. Locación la-
tina usada en el foro para denotar el
sujeto que hace alguna cosa por otro.
Interpositivo, va. Adjetivo. Botá-
nica. Interpaesto, refiriéndose á cier-
tas partes de los vegetales. | Flores
iNTBBPOSiTiVAS. Lss Quo iiáceu eut»
dos pares dé hojas opuestas, alternan-
do con ellas. ¡ BSTAMBUES INTSRPOSI-
Tivos. Los que están situados entre
las divisiones de un perianto simple
ó de uua corola. | Pétalos intbbfosi-
Tivos. Los que alternan con las divi-
siones del cáliz.
ETiuoLoaÍA. Interponer: francés, tu-
terpasitif; provenzal, interpositiu.
Interpoútor. Masculino. IIeoia-
DOR.
Interprender. Activo anticuado.
Tomar u ocupar por sorpresa alguna
cosa.
Interpreaa. Femenino. UUkU.
Acción súbita é imprevisU.
Etiuolooía. Inter y presa.
Interpretable. Adjetivo. Que se
puede interpretar.
ETiuoLoaÍA. Interpretar: latín, im-
terprHabUis; italiano, interpretáUle;
francés, interpritaUe; catalán, inter-
pretable.
Interpretablemente. Adverbio
modal. De un modo interpretable.
ETiuoLoaÍA. Interpretable y el sufi-
jo adverbial mente.
Interpretación. Femenino. La ac-
ción y efecto de interpretar. ¡ t)B lbh-
OUAS. Secretaria en que se traducen
al castellano los documentos y pape-
les legales escritos en otra lengua.
EruiOLCÓfA. Interpretar: laub, in-
terpriutttot forma siutantiva abstracta
de interpr^Utlns, interpretado: proven-
zal, interpretado; catalán, tñterprstadd;
francés, interpr¿tation; italiano, Mffr-
pretatione.
Interpretadaménte. Adverbio de
modo. Por interpretación.
ETDfOLOQÍA. Interpretada y el sufijo
adverbial mente.
Interpretado, da. Participio pa-
sivo de interpretar.
ETiMOLoafA. Latín intérprít&tne,
participio pasivo de interprftSre, in-
terpretar : catalán , interpretat, da;
francés, tnterpre'té; italiano, interpré-
tate.
Interpretador, ra. Masculino y
femenino. El que interpreta. Q Anti-
cuado. Traductor.
EnuOLOofA. IiU^pretar: latín, in-
terpretStor, Torma agente de iníerpri-
taffo, interpretación: provenzal, inter-
ipretádor, interpretaire; catalán, inter^
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155
INTE
priímdor, a; fraocés, ÍM^/H'/¿«/íiir, en
CotgraTe; italiano, interpretatore.
Interpretante. Participio actiro
de ÍQterpretar. El que interpreta.
Interpretar. Activo. Explicar ó
declarar el aentido de alguaa cosa. |
Tradaciide una lengua á otra. | En-
tender 6 tomar en buena <S mala par-
te alguna acción 6 palabra, y Atriouir
una acción ¿ algún fia 6 cansa par-
ticalar.
EnHOLOGÍA. Latín interpreta!, tra-
ducir, explicar, de Ínter, entre, j de
un radical pret, conocer: sánscrito,
prach; Htuaaio, protas, inteliff'encia;
godo, fratkjan, ^ot prathjan; alemán,
J'raffeu, por pragen; proreozal, inter~
pretor, eníerpreíar; ntiíinfiníerpreítr;
francés, iuterpre'ter; italiano, interpre-
tare.
InterpretatÍTamente. Adverbio
modal. De un modo interpretativo.
BruioLoaÍA. Interpretativa ^ el su-
fijo adverbial mente: francés, tníerpre-
tativement; catalán, iníerpretaíioament.
Inteipretativo, va. Adjetivo. Lo
que airve paraioterpretar alguna cosa.
ErufOLoaÍA. Interpretar: provenzal,
iniérpreíatin; catalán, inlerpretatiu, va;
fnaeéa, inierprétaU/i italiano, inter-
pretativo;
Intérprete. Común de dos. El (jue
interpreta. | Metáfora. Cualquiera
cosa que sirve para dar á conocer los
afectos j movimientos del alma.
ETiMOLOaÍA. Interpretar: latín, in-
terpret, interprUi*; catalán, intérprete;
^ncés, inierprite; italiano, interprete.
Intérpretes. Uasculino plural.
Historia. Nombre que se daba á cier-
tos agentes de corrupción que, entre
los antiguos romanos, comerciaban
en los comicios para obtener los su-
fragios de los ciudadanos i favor de
los candidatos que los pagaban. Eran
los agente* electorales da la antigüe-
dad.
Interpaecto. Partieipio paaÍTo
irregular de interponer.
EtiiiolOoU. Interponen latín, la-
terposttuit participio pasivo de inter-
ponere, interponer: catalán, inter^osaí,
dm francés, inierpot4; italiano, xnter-
potto.
Interráneo, nea. Adjetivo. HisU>'
ria natwal. t¿ue crece en el seno de la
tierra.
Interregno. Masculino. £1 espa-
cio de tiempo en que un reino está
sin rej,
Etiuolooía. Latín interr^nnm^
Ínter, entre, j r^^aaM, reino: catalán.
ínterregm; francés, inUrregn»; iUMt-
no, Mferrá^N0.
Beteña histJriea, —-I, Llamábase
asi en Boma la vacante momentánea
del consulado, cuando espiraban los
poderes de los cónsules y sus suceso-
res lio habían sido nombrados por los
comicios. Estas treguas, aunque ra-
ras, procedían de auspicios desfavo-
rables, ó de intrigues que habían im-
pedido á los comicios reunirse á tiem-
po ó realizar sus decisiones. Y á fiu
de que el gobierno no estuviese va-
cante, el Senado escogía de su seno
un miembro que investía con el poder
INTE
consular, dándole el título de interrex.
Este magistrado no ejercía su poder
mis que cinco días, al cabo de los
cuales se le nombraba un sucesor,
que reunía j presidía los comicios /
les hacía nombrar nuevos cónsules.
Si no sucedía así, transmitía su poder
á otro ínterrea, que tenía las mismas
atribuciones; j así se iban nombran-
do otros, hasta la elección de cónsu-
les. El primer interre» no podía re-
unir los comicios, sin duda para que
el pueblo tuviese algunos días de re-
flexión, pues el iNTBBREaNO en pro-
ducido casi siempre por disentimien-
tos populares.
2. Ea la antigua Polonia, cuando
vacaba el trono, el arzobispo de Gues-
ne gobernaba con el título de interrea,
Interrey. Masculino. Título que
en algunas unciones han tomado ios
encargados del gobierno mientras el
trono ha estndo vacante.
ETiHOLoaía. Interregno; latín, inte-
rrex, egig.
Interrogación. Femenino. Psb-
GüNTA. y (Magra/ta. Nota ó sefial que
se usa en la escritura cuando se pre.
gunta, j se usa asi (í). \\ Betúrica. Fi-
gura da pensamiento. La pregunta
que el orador hace, no porque duda,
sino para declarar con más fuerza y
vehemencia algún afecto, / alguna
vez para convencer y confundir á
aquellos i quienes se dirige la pa-
labra.
EtiuologÍá. Interrogar: latín, in-
terri^aUo, forma sustantiva abstracta
de tnterrS^atuif interrogado; catalán,
interrogació; portugués, interrogando;
francés, interrogation; italiano, ínter-
rogoiione.
Interrogado, da. Participio pasi-
vo de interrogar.
EriMOLoaÍA. Latín interrUoSín», pre-
guntado, participio pasivo ae ínterrS-
gare, preguntar: catalán, mterrogat,
da; francés, interrogué; itidiano, inter-
rogato,
Interrogador, ra. Sustentivo y
adjetivo. Que interroga.
ÍEmiOLOOfa. Interrogar: latín, in-
terri^itor, forma agente de interroga-
tio, interrogación: catalán, interroga-
dor, a; francés, iníerrogatenr; italiano,
iníerrogatore.
Interrogante. Participio activo de
interrogar. El qne interroga. |¡ Adje-
tivo. Gramática. Se aplica a las notas
y señales de interrogación; y así se
dice: puuto iNXBaBOQÁNTs.
Interrogar. Activo. PBEOüNTaa. U
Hacer preguntas eon autoridad pu-
blica y solemne, como la del juez
que iNTBBKoaa al reo, ó con autori-
dad moral, como la del hombre que
interroga á su propia conciencia, ó
como la del padre que interroga i su
hijo en materia grave.
Etimología. Latín iníerrdgSre, pre-
guntar, acusar, argüir; de Ínter, en-
tre, y robare, pedir coa instancia: pro-
venzal, interrogar, enterrogar; burgui-
ñón, etarrúgai; francés, ínterroger; ita-
liano, interrogare; catalán, interrogar.
Sinonimia. Interrogar, preguntar.
Estas dos palabras se refieren á lo
INTE
que se dice á alguno para saber de él
aquello de que uno se quiere infor-
mar.
Preguntar indica un espíritu de cu-
riosidad; interrogar supone autoridad.
(Ló;>BZ PBLBOaÍN.)
Interrogativamente. Adverbio de
modo. Con interrogación.
ETiiioLoaÍA. Interrogativa j el sufi-
jo adverbial mente: catalán, tnterrega-
tivamení; latín, inlerrSgaíivé, por modo
interrogativo.
Interrogativo, va. Adjetivo, ffre*
mátiea. Lo que sirve para preguntar;
y así se suele decir: modo de hablar
XHTBBaoaATivo, seúal 6 nota iNTKsao-
SATIVA.
EnuoLoaÍA. Interrogar: latín, ts-
terrdgadvus , en Priscíano; italiano,
interrMativo; francés, interr^ati^; pro-
venzaL interr^atia; catalán, taCnrs-
gatin, va.
Interrogatorio. Masculino. Foreu-
te. La serie de preguntas que se ha-
cen al reo ó i la parte y los testigos:
ó bien el conjunto de las ^ue, para
asuntos administrativos, dirige el Go-
bierno ó los jefes superiores á sos su-
bordinados.
BTiMOi^ía. Interrogar: latín, m-
terrdgatortnt, en el Dtgetto; italiano,
interrogatorio; francés, interregaltñre;
provenzal y catalán, interrogatori,
Interromper. Aetivo aationtdo.
Intbbruhpib. .
Interroto, ta. Participio pasivo
irregular anticuado de interrumpir.
Interrumpidamente. Adverbio de
modo. Con interrupción.
Etiuolooia. Iníerntmpidamentei la-
tín, interrupíe; catalán, iníerrompude-
nent.
Interrumpido, da. Participio pa-
sivo de interrunipir.
ETUi<H.oofA. Francés, iníerromp»:
italiano, interrotto; del latín intemtp-
tnt, participio pasivo de interrumpere,
interrumpir.
Intarrumpir. Activo. Estorbar ó
impedir la continuación de algona
cosa.
Btiholooía. Provenaal enírerompre:
catalán, interrtímprer ; francés, inte-
rrompre; italiano, iníerrompere, del la-
tín interrumpiré, atajar, impedir, es-
torbarla continuación; de iníer,tüXn,
y rumpifre, romper.
Interrupción. Femenino. La ac-
ción y efecto de interrumpir, g Retj-
rica. Sinónimo de suspensión ó reti-
cencia.
EtuiOLoaÍA. Latín interrupHo, des-
continuación, aposiopesis ▼ reticen-
cia, en Quiatiliano; forma sustantiva
abstracta de intermptn», interrumpi-
do: italiano, ínterruzione; franeés, ta-
terruption; catalán, inierrapciá,
Interrnpto, ta. Partíeipio pasivo
irregular de intemimpir.
Interruptor, ra. bustanttvo y ad-
jetivo. Que interrumpe.
ETiuoLoaÍA. Interrumpir: latín, i»-
terrupíor; italiano, interrutUtre; frto-
cés, interrupteur.
Intersecarse. Recíproco. Cfeome-
íría. Cortarse ó cruzarse dos líneas,
Etihoumsía. Interteeeidn*
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INTE
Intersección. Femenino.
SRCci<)n con qae dos-líneas 6
superficies ó cuerpos se cortan entre
sí; jBsí se dice: Is línea recta es la
i^BSEccxÓN <1« doa^lanos, el círculo
t;f la iNTBSSBCCiÓN de dos esferas, etc.
£TlifOt.oof&. Latín iníersecífo, cavi-
dad que haj entre los dientecillos de
una frisa, en Vitrubio; operación ce-
sárea, en san Isidoro; de inter, entre,
jsaáo, sección, corte, forma snstan-
tira abstracta de intenectug, partici-
pio pasivo de intert-eirí; de iníer, en-
tre, j títArtf eortar: francés» i%Urtec-
A'm; itftliano, ittítrswtione; catalán»
Inteñerir. Activo antienado. In-
^rír nnas cosas entre otras.
Intenittdo. Mascalino. FUiea. La
hendidura ó espacio, por lo común
ptqutaño, que media entre dos cuer-
pos ó entre dos partes de un mismo
caerpo, ea cu^o sentido se dice: bl
msBSTicio de la* moUcutat. QIntbb-
VALO. I Porentei W espacio de tiempo
que, . sejrún las legres eclesiásticas,
aebe mMiar entre la recepción de dos
óréenM sagradas. Se usa comunmen-
te an plural.
StuM)¿ooía. Latín inUrtttitttM» es-
pacio» intervalo» distancia; forma si-
aiflteiea de ñUnlSret estar en medio,
da imttr, entre, j iOre, estar: italia-
no,- imftnfitíoi francés» 4iitertíiee; ca-
talán» tñttrstid.
Intertr«iverao» u. Adjetivo. Si-
tuado entre las apófisis trasversas de
tas vértebras.
Intertrigo. Masculino, Medicina.
Escoriación de la piel por roce ó por
la acritud de la orina.
BTm<X.oofA. Latín intertrigo, inter-
tríeinis, desolladura de una parte que
laae con otra, en Varrón; de inícr,
entre, j fr're, consumir frotando,
moler: trances, interiri^é.
Intértro^ical. Adjetivo. Geogra^
JU. Que esta situado entre los trópi-
cos, en eujo sentido se dieérjMU«f
iNTBBTBOPiCALKa. \ Que poEtcáece á
las regiones intertropicales» como
cuando decimos: «el carácter inter-
tropical de las floras sucesivas du-
rante los cuatro primeros períodos
g'eolúgicofl.»
EmoLÓofA. Latín tater» entre» 7
tnpical: francés, intertropical,
interasurío. Mascuíino. Forenee,
Interés de nn cierto tiempo, ó el pro-
vecho j utilidad que resulta del goce
ó posesión de alguna cosa. | iiotal.
Furente, £1 interés que se debe á la
mujer por la retardación en la restitu-
ción de su dote.
ETiifOLOoÍA. Latín interisMrínm,
nnancia» interés de cierto tiempo» en
Ulpianc: catalán, iníertanri.
Jtetena, — Es voz de derecho romano.
Intervalo. Masculino. El espacio ó
distancia <}ne htj de un lugar á ota>
ó Ap un tiempo á otnh | Músiea. El
tiempo qi^'media entre un sonido j
otro. Loa hay sencillos y dobles. ||
Clako intervalo. Lúcito intbiivalo.
I LÚCIDO INTSRVALO. El espacio de
tiempo en que los que han perdido el
jnieie hablan en ractfn.
INTE
BtiuolooÍa. Catalán interoal-to:
provenzal, enireml; francés, intervalU;
italiano, interoalla, del latín intTVH'
llum, intermedio de lugar j tiempo;
de inter, entre, y valtus, valla, «espa-
cio entre dos vallas» límites 6 barre-
ras.» El catalán anticuado tiene fli/r«^
valí.
SiNomuiA. Intervalo, intermedio. El
intervalo es la interrupción pasajera
de lo que se está haciendo; el interme-
dio es el t»<«rM¿0<^ue divídelas partes
de un acto homogéneo, como los en-
treactos de una comedia. Hay interva'
¡o entre el almuerzo y la comida, en-
tre el ocaso y la noche, entre escribir
una carta y enviarla al correo. Hay un
intermedio en los cuerpos colegiados»
cuando se suspende una sesión para
continuarla después. (Mora.)
Intervención. Femenino. La ac-
ción y efecto de intervenir. [| Forente.
La.asistencia de algún sujeto, nom-
brado por el juez ú otro superior para
intervenir en algón negocio, sin cuya
presencia y asenso nada se puede ha-
cer. Q Ádministració». Oficio público y
oficina del interventor.
EtiuolooU. Intervenir: latín, inter-
ventio, forma sustantiva abstracta de
interventiu, participio pasivo de inter-
v^nlre, intervenir; catatán» interoenciií;
francés» interoention; italiano, inter-
venxione. El catalán antiguo tiene in-
tereeniencia.
Intervenido, da. Participio pasi-
vo de intervenir.
Etimología. Latín interveníut, par-
ticipio pasivo de interventre: catalán,
entrevingut, da; entrevengut, da.
Intervenidor, ra. Masculino y fe-
menino anticuado. Interventor.
Intervenir. Neutro. Asistir con
autoridad á algún negocio. [| Interce-
der, ser mediador en un negncio ó in-
terponer su autoridad. || Haoer tenido
parte en algún asunto. | Impersonal.
Acontecer.
Etiholoqía. Latín tníerutníre, de
inter, entre, y vÜnJre, venir: proven-
zal, intervenir, eniretenir; portugués,
iníereir; francés, interoenir; italiano,
interventre; catalán, entrevenir, interve-
nir.
Interventivo, va. Adjetivo. Con-
cerniente á la intervención.
Etiuolooía. Intervenir: francés, in-
íer cení i/.
Interventor, ra. Masculino y fe-
menino. El (]ue interviene. | Emplea-
do ^ue autoriza y fiscaliza ciertas ope-
raciones, á fin de que se'hagan con
le^lídad.
EnicoLOOfA. Intervenir: latín, in-
terventor, iníervenídritp forma agente
de interventíú, intervención; catalán,
interventor; francés, interventeur; ita-
liano, interventore.
Intervértebra. Femenino. Anaío-
MÍ1. Vértebra interpuesta entreoirás
dos. .
Intervertebral. Adjetivo. Anato-
mía, tíituado éntrelas vértebras. | Te-
jido iNTBRvERTüBiíAL. Tejido fibroso,
provisto, en el centro, de una substan-
cia blanda análoga al cartílago» y co-
locado entre los cuerpos de las vérte-
INTE
bras, exceptuando el atlas y el axis! |
AauJEROstvTBBYERTSBRALBS' Abertu-
ras redondas que forman las sesgadu-
ras de las ap^ínsis transversales ate las
vértebras, juntándose dedos en dos.
Las aberlura» intbrvbrtbbRalbs se lla-
man también abertura! de conjugación,
y son las que dan paso á los nervios
espinales.
EriuoLoaÍA. Inter j- vérie&ra: fnn-
cés, intereertéirúlei'
Inter vivos, ^ense. Expresión
latina que los jurisconsultos aplican á
las donaciones que se hacen de pre-
sente y de un modo irrevocable.
ETiuoLoaÍA. Latín Ínter, entre,
vives, acusativo plural de vivut, vivo.
Interyacente. Adjetivo. Lo que
está én medio 6 entre otras cosas.
ETiuoLoofA. Latín interjHcent, in-
terj&éeniie, participio de presente de
inlerjíícere, estar en medio; de inter,
entre,.y yáfffí, yacer.
Intestable. Adjetivo. Derecho ro-
mano. El que no puede testar^y ei.que
no puede ser testigo.
Intestadamente. Adverbiode mo-
do. Sin testar.
Etiuolooía. Intestada y el sufíjb
adverbial mente.
Intestado^ da. Adjetivo. Forense.
El que muere sin hacer testamento.
EriMOLOofA. Iníestaío: francés, ts-
teiíat; catalán, intestat, da; del latín
iniestatus; de te» no» y íestStuSf parti-
cipio pasivo de testari, testar.
Intestinal. Adjetivo. Anatomía.
Lo que pertenece á los intestinos, y
así se dice: eont^ucfo intestinal; ywa-
nOS INTESTINALES.
Etiuoloo<a. Intestino: francés» in-
testinal; italiano» intestinale.
Intestino, na. Adjetivo. Lo ^ue es
interno. || Metáfora. Civil, domestico,
y así se dice: ^»«rra intestina. | Mas-
culino. Medicina. Nombre comunmen-
te usado en plural: conducto membra
noso, muscular, situado en el vientre,
y cuya longitud es seis ú ocho veces
mayor que la del cuerpo, y sirve prin-
cipalniente para terminarse en él la
digestión de los alimentos, principia-
da-en el estómago, y para expeler los
excrepientos. Los anatómicos los di-
viden-en dos clases: delgados y grue-
sos; los primeros se nombran duode-
no,yeyuno é íleon, y los segundos,
ciego, colon y recto. El intestino se
extiende desde el estómago, hd^ el
ano,
1. ^«•ícaciVaeritfMTfl.— Latín intcs-
ünnt, interior; de intns, dentro: cata-
lán» intettíf na; francés, intesti», ine;
italiano» intestino.
2. Derivaddn segunda. — Intestino 1:
Utin, iniesiSnnm; y mejor, intestina,
orum, los intestinos; catalán, intesti;
francés, intestin; italiano, intestino.
3. La raíz de esta serie es el sáns-
crito an ^ )i mover, penetrar; an-
irán, antiSfan, entrañas; griego £vt::ov
(énteron).
Sinonimia. Inlestino, tripa. Ning-ti-
na de las dos palabras da noticia íuv.í-
tómica de aquellos órganos. Amb;)s se
refieren á circunstancias accidentales.
Touo m
so
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154
INTI
litítííñio, i la situaeitfiu
Tripa, i la forma.
XnUstino quíare decir qua está dea-
tro: intk» ttare.
Tripa vieae de estirpe, tUrptt ttir^
pi$, ea latín, que significa raíz, por-
que las tripas son parecidas á las raí-
ces.
Intima. Femeniao. Intimación.
Intimación. Femenino. La aeeión
y efecto de iutímar.
BrtifOLoaÍA.. IníiMor: latíu, íníXmo-
Uo, notificación, forma sustantiva abs-
tracta de tnílÍMaíM, intimado; catalán,
intimot intinwaá; francéi , MmatiM;
pfOTenzal, intkiwuUio¡ italiano, mA'mo-
Intimadamanto. Adverbio da mo-
do. Goit intimación.
ETiuoLoaU. IntitMda j «1 aufijo
adverbial menU,
Intimado, da. Participio pasivo
de iriH^nar.
BtuioloqU. Intimar: catalán,
mit, da; francés, vUmé; italiano, «h-
timato.
Intimamente. Adverbio de modo.
Con iatiraidad.
ET1UOI.00ÍA. Intima y el sufijo ad-
verbial ruente: catalán, inUmame%t;
francés, intimemMt; italiano, intimO'
mmíe; útin, intími.
tnlímar. Activo. Declarar, notifi-
car, hacar atibar alguna eoaa. D Foren-
se, béspachar cartas 6 despachos inti-
matorios. I Recípnieo, latioducírse
UQ cuerpo ó una cosa material dentro
de otra por las porosidades ó espacios
huecos. [[ Metáfora. Introducirse en el
Hfecto ó ánimo de alguno, estracharse
con alguno.
BruiOLoafa. Intinto: latín, intimare,
liaeer notorio, declarar, exponer; pío*
vfluzal j catalán, wtimar; francés, im-
tinter; italiano, intimare.
Intimatorio, ría. Adjetivo foren-
se que se aplicaá las cartas, dea;pachos
o letras con que se intima algún de-
creto ú orden.
ETiuoLooía. Intimar: oatalin, mI¿-
m ttori, a.
Intimidable. Adjetivo. Que se in-
timida.
Intimidación. Femenino. Aeciún
de intimidar ó intimidarse.
E-nMOLoaÍA. Intimidar: francés, ¿a-
timiáaíion; italiano, iníimidatione*
Intimiiad. Femenino. Amistad
estrecha é íntima.
Etimolooú. Intimo: eatalán, iuti-
milat; francés, intimiíe; italiano, w/í-
miía.
Intímidadamente. Advexbio de
iimdo. ''on intimidación.
Btiholooía. Intimidada y A Infijo
adverbial mente,
Intími lado, da. Participio pasivo
de intimidar.
EtimoloqU. Intimidar: catalán* m-
íimidaí, di; francés, intimidé^ ttalia-
iníimidaío.
Intimidar. Activo. Ponsz 6 úosar
mitido.
Btihología. Prefijo in, en, j tí>ai-
d'>: caialiiu, tníimidar; fraacéá, iniiati-
dtr; iialiuno, inl'mxdare.
SiNOM lA. Intimidar, amc 'rentar.
INTO
La misma dífarencia hay entre estas
dos voces que entre timidez y miedo,
de las cuales se derivan. Lo que inti-
mida, produce menos efecto que lo que
amedrenta. Lo que intimida, embara-
'¿a; lo que amedrenta, retrae. Los obs-
táculos intimdan; los peligros ame-
drentan. Un orador novel se intimida
en presencia de un concurso numero-
so; al hombre más intrépido, ameiTenr
ta la certeza de una muerte inevita-
ble. (Mora.)
Intimidarse. Recíproco. Sentir
miedo.
intimo, ma. Adjetivo. Lo más in-
terior, ó interno. || Se aplica también
á la amistad raur estrecha j al amigo
muy querido y de confianza.
Etiu(hx>oÍa. Sánscrito tat, dentro:
grie^, ¿vTÓc (entdt); latín, taía4, den-
tro; míimus, íntimo; italiano, intimo;
francés, intime; catalán, {«¿m, ■.
Intindón. Femenino. Liturgia. In-
mersión de un pedacito de hostia con-
sagrada en el cáliz.
Etiuolcoía. Latín intinctio, accidn
de mojar; acción de templar el bierro
en el agua, en san Isidoro; el bautis-
mo, en Tertuliano, forma sustantiva
abstracta de intinctus, participio pasi-
vo de intingife, mojar en; de in, en,
j tingire, teüir, mojar: francés, m^Íhc-
tüm.
Intitulación. Femenino anticua-
do. TÍTDLO Ó imcaiPCióH.
Intitulado, dá. Participio pasivo
de intitular.
Etiuolooía. Intitular: catalán, «n-
tiíttlat, da; francés, intitnlé; italiano,
intilo'.ato.
Intitular. Activo. Poner título á
un libro ú otro escrito. Q Dar algún
título particular á una persona ó cosa.
Se usa también como recíproco, || An-
ticuado. Nombrar, seúalar ó destinar
á alguno para determinado empleo ó
ministerio. \ Anticuado. Dedicar una
obra á alguno, poniendo al frente su
nombre pan autorizarla.
BTiHOLoaÍA. Catalán MítAUsr: pro-
venzal, inHtolar» intitular; francés, in
titaler; italiano, intiítlarei del latín
iníít&lire; de m, en, y UtUSre, ti-
tular.
Intitularse. Recíproco. Darse al-
gún título. Q Tener esta ó la otra de-
nominación.
Intiyuyu. Uascalino. Culebra
grande y temible del país de las Ama-
zonas.
Intolerabilidad. Femenino. La
calidad de lo intolerable.
EtimolooIa. InUtlerablt: francés, (»•
íolérabiliíé.
Intolerable. Adjetivo. Lo qne no
se puede tolerar.
Étiholoqía. In negativo y tolera-
ble: latín, ini^jleribilig; catalán, intole-
rabie; francés, intolerable; italiano, is-
toUerubile.
Intolerablemente. Adverbio mo-
dal. De un modo intolerable.
Etiholoqía. Intolerable pr el sufijo
adverbial mente: catalán, tníolerabte-
meni; francés, intoléraUement; italia-
no, iHíollerabilmen^; latín, iníurrabí-
Itter.
INTR
Intolarado, da. Adjetivo. Que no
ha sido tolerado.
Btiholooía. Latín tnídlerStm; de
in, no, y tórritut, tolerado: intoler^
tus ager, enfermo no recreado con al-
gún alimento: francés, intoléré.
Intolerancia. Femeniao. Falta de
tolerancia,
ETiMOLOofA. Intolerable: latín, int&-
VranÜa; italiano, •NÍo¿¿fra«a; francés,
intolérance; catalán, intolerancia.
Intolerante. Adjetivo. Bl que no
tiene tolerancia.
Etiuolooía. Intolerable: latín, iñl^
l^rans, intjl'rantit; italiano, tiiMj«nm>
te; francés, intol&aníí eatalán, inta-
lerant.
Intolerantemente. Adverbio de
modo. Sin tolerancia.
ETUiOLoafa. Intolerante y el sufijo
adverbial mente: francés, intoléram-
ment; italiano, iníollerantemeníe; latín,
intWranter,
Intolerantiamo. Masculino. Doc-
trina de la intolerancia.
ETnioLoaÍA. Intolerante: eatalán j
francis, intoleranOtme; portugués é
italiano, intolerantimo.
Into&BO, sa. Adjetivo que se a^i-
ca al que no tiene cortado el pelo. |
Metáfora. Ignorante, inculto, rw-
tico.
BTmouKifa. t«at£n m^afsr, no eox^
udo el cabello; de m, no, y Ont»,
forma de tvaiire, ttesquilar.
Intorse. Adjetivo. Mistoria natnrd.
Torcido bacía dentro.
ETUioLoofA. Francés intorse, del It*
tín iníortnm é intortns, sincopa de m-
trotersnt; de intro, dentro, j esrf «I,
vuelto; «vuelto bacía dentro.»
Intoraióa. Femenino. ^Soíániea.
Torsión natural de las plantas trepa-
doras.
Etiholooía. Latín intortto, torce-
dura, forpaa sastantiva abstracta de
intdrtns, torcido, doblado, participio
pasivo de intor^úire, torcer en; de m,
en, y torqnéra, torcer, doblar; Áaneés,
intorsion.
Intoxicación. Femeninb. Mediciu
¿«ya/. ÉttTenenamiento. | ifei^Ktas. In-
troducción de una substancia tóxica
en la economía viviente; v asi decimos
que las exhalaciones de los pantanos
son verdaderas intoxicaciones. Q In-
toxicación SATuaNiNA. Nombre dado
á los efectos tóxicos producidos por la
acción pmlongada de los preparados
de plomo. Llamóse saturnina, aludien-
do á que el plomo estaba consagrado
á Saturnu.
Btiuoloqía. Intoxicar: bajo latía,
intoxicamentum; francés del siglo xu,
intosekemení; moderno, intoxicatíon*-
Intoxicar. Activo. Envenenar.
EruioLoafA. Latín in, en, j toxican,
tósigo: provenzal, entoyssegar,entia/te-
gar, entoxigar; francés, intoxi^ner, fo.
iFabri.
Intra. Del latín intri, derivado de
Ȓi, pasando por el adjetivo inUras,
como quien aice iNTEaA-/wríí. Equi-
¡ vale á dentro de, y solo tieue uao en in-
Tox-murot (dentro de murallas, deii-
' tro de uüa ciudad, villa ó lu^ar). De
inieras salieron también intenor (com-
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INTñ
|nrttíTO)fl<ii<»iiw(8up8rIativo). (Mon-
UD.)
Intracrescente. Adjetivo. Que
crece ea el íoterior.
bitradós.BfaBculÍno. Arquitectura.
L« can c¿acava de una dovela ó de
BD arco.
EtiholooU. Francés intrad«t, del
UUq «/ra, entre» y el francés iot, dor-
so, espalda.
IntradncibU. Adjetivo. Que no es
tradncible.
EtmoLooÍA. Prefijo negativo m t
índueible: italiano, intraáucibiU; fran-
cés, intriulMmUe.
Intradncido, da.. Adjetivo. Que
no está traducido.
BnHOLOoU. Prefijo ne^tivo i» y
tndwü o: francés, Í%lrad%tt.
latrftiiHiros. Modo adverbial lati-
no. Dentro de una ciudad, villa ó lu-
g:ar.
BnuOLOofa. Latín imita, dentro, y
M»rM: francés y catalán, imtrormuros,
tomado de nuestro romance. El latía
de Aseonio tiene intramüranm», lo que
está dentro de las muí-alias.
Intraneidad. Femenino. Incorpo-
ración de un caerpo «n otro 6 de una
cosa en otra.
BrtuoLoafa. IntriMt.
Intráneo, nea. Adjetivo antiena-
do. Intbrno.
BTiuoLoefÁ. Latín tn/rSiiew, de
adentro, del interior.
Intran?itaMe. Adjetivo que se
aplica al lugar 6 sitio por donde no
se puede transitar.
ÉnuoLooÍA. Prefijo n^ativo in y
trantiíabU: catalán, iníran$itabU,
Intransitado, da. Adjetivo. Que
110 ha sido transitado.
Intransitivo, va. Adjetivo. Gra~
MiííicB. Que se aplica á los verbos
cuja acción no pasa á otra cosa; por
ejemplo: »ae€r, morir, aWar, viajar,
puesto que no pnede decirse: yo naseo
tlnaemteuto, yo muero la muerte, yo
ando la andadura, yo viajo el viaje.
BrucOLOoU. Prefijo »«, no, y tran-
litiw latín, «nAwMlffMM, que no pasa
111 si^nificacida i otia cosa o persona;
i-ataUo, intramitiut w; francés, *«-
traatitif; italiano, inírantiS^vo,
IntransnintabiUdad. Femenino.
Didácíiea. Calidad- de lo que es in-
tnaimutable. '
Intransmutable. Adjetivo. Didác-
tica. Lo que no se puede transmutar.
Etihol'ooía. Prefijo in, no, v íram-
mutable: francés, intranimuahle; cata-
lán, intratUMa t ible.
Intransportable. Adjetivo. Que
DO puede transportarse.
wmoiLOQih. Prefijo Mf n V trau*-
fOrtakU: francés, iiftransporíaole..
Intrahterino. iNTaAUTERmo.
Btiholooía. La forma iuíraníerino,
que aparece en alguuos Diccionarios,
es errata de imprenta.
Intrasmntaulidad. Femenino.
IVTBAHSMUTAIIILIDAD.
latraamnlable. Adjetivo. In-
TSANSMUTABLE.
latrasportable. Adjetivo. In-
TBAKdPORTABLK.
btratt. Femenino anticuado, Re-
INfk
fresco ftl entrar enj^osesión de algo.
BTiMOLOofA. Latín inírSía, toma de
posesión, de intrátuSj entrado.
Intratable. Adjetivo. Lo que no
es tratable ni manejable. | Se aplica á
loS' lugares y sitios difíciles de tran-
sitar. I Metáfora. Insociable 6 de ge-
nio áspero.
Etiuolooía. Prefijo in, no, y trata-
hWt francés, intraitable; italiano, iit-
tratábile; catalán, intractabU.
Intrauterino* na. Adjetivo. Ana-
tomía y filotofia. Que te verifica den-
tro del útero.
Etiuolooía. Latín intra^ dentro, y
uterino: iranoés, iníra'Utéri».
Intrépidamente. Advwbio de mo-
do. Con intrepidez.
BnuoLOOÍA. Jntréj^ida y el sufijo
adverbial mente: catalán . intrépiiament;
francés, intrépidememt; italiano, intré-
pidamente; XtXxn.intrcpidi.
intrepidez. Femenino. Arrcño, es-
fuerzo, valor en los peligros. Q Osadía
ó falto de reparo ó reñeuÓn.
EtimoloqIa. Intrépido: catalán, iii-
trepidesa, intripeditat; francés, intré-
pidité; italiano, inírepidetsa,
In^épido, da. Adjetivo. El que
no teme en los peligros. | Se luele
aplicar al que obn ó habla sin re-
flexión.
BniKOAaÍA. Catalán, intrépiíf da;
francés, in&épide; italiano, inírípidOy
del latín inírepUiut, arrojado; de i'm,
no, y írhidut, tembloroso. Intrépido
quiere decir literalmente «que no
tiembla.»
Intribntar. Activo anticuado.
Atbibutab.
Intricable. Adjetivo anticuado.
Intrincable.
Intricación. Femenino anticuado.
Intrincación.
Intricadamente. Adverbio de mo-
do anticuado. Intrincadauentb.
Intricamiento. Masculino anti-
cuado. Intbinoamiknto.
Intri<»r. ActiTO anticuado. Enre-
dar. 6 anmanflar una eow con otra.
Usábase también eomo recíproco. |
Metáfora antigua. Ihtrincab.
Intriga. Femenino. Manejo caute-
loso, acción que se ejecuta con astu-
cia y ocultamente, pan conseguir al-
gún fin. H Enredo, embrollo.
Etimolooía. Latín írica, tricarum,
bagatelas: catalán, intriga; francés,
intrigue; italiano, intrigo.
Sentido etimolégico.— Según la eti-
mología, la intriga es un oficio de es-
casa monta, una cortesanía al menu-
deo, una baja industria.
Intrigante. Participio activo de
intrigar. El que intriga.
Intrigantemente. Adverbio de
modo. Con intriga.
Etiuolooía. Iníriganie y el sufijo
adverbial aunte.
Intrigar. Neutro. Ejercitarse en
intrigas.
Etiuolooía. lutria: catalán, iníri'
gár; provenzal, enírtcar, intricar; fran-
cés anticuo, entri^uer; moderno, t»-
trigner: italiano, intrigare.
Intrincable. Adjetivo, Lo que se
puede intrincar.
INTR
155
Etiuolooía. Intrincar: catalán, in-
trincable. ,
Intrincación. Femenino. Ift ac-
ciúu y efecto de intrincar.
Intrincadamente . Adverbio de
modo. Con intrincación.
Etiuolooía. Intrincada y el sufijo
adverbial mente: catalán, intrincada-
ment.
Intrincado, da. Participio pasivo
de intrincar.
Etiuolooía. Intrincar: catalán, tn-
írincaí, da.
Intrincamiento. Masculino. In-
trincación.
Etiuolooía. Intríucaeió»: eatalán,
inírincamení.
Intrincar. Activo. Enredar 6 «-
marañar al ^na cosa. | Metáfora. Con-
fundir ú obscurecer los pensamientos
ó conceptos.
Etiuolooía. Intrigar: latín, imtrica-
re; catalán, intrincar.
Intrínsecamente . Adverbio d«
modo. Interiormente, en lo interior.
Etiuolooía. /ttírÍMíca y el sufijo
adverbial mente: latín, intrinsecus; ea-
talán, intrlnsecament; francés, inírin^e-
quement; italiano, intrínsecamente.
Intrínseco, ca. Adjetivo. Interior.
[| Metáfora. Intiuo- | dórente. Judi-
cial. I Física. CONTBXTÜBA INTBÍN-
SICA de los cuerpos; la contoxturA de
que están dotados en virtud de las le-
ves inalterables de su naturaleza. Q
MúsctTLOs intrínsecos. Añaíomia.
Músculos propios y exclusivos de cier-
tos órganos, términos contrarios de
otros músculos que pertenecen á los
mismos órganos y á otras partes con-
tiguas. Q Arouubntos intrínsbcos.
Líbica. Argumentos sacados de la
misma índole de las cosas. Q LuoAass
couuNBS intrínsecos. Retórica anti-
Íua. Ciertas propiedades capitales que
as retores ae la antigüedad oonsi-
deraban como de esencia en el sujeto,
entre las cuales figuraban laj si-
guientes: ta defiuiciún. la enumeru-
ciótt, las causas v los efectos, tas se-
mejanzas j desemejanzas. Estas pro-
piedades capitales se llamabun tam-
nién lugares comunes interiores v
eran el término contrarío de los laga-
res comunes extríusejcos ó ex.lK^i6r>>s.
(Sxtracto de Littré.) |¡ Cualídapbs
INTRÍNSECAS. FHosoJia. Cuslídadus
esenciales al concepto de la cosa; v
así se dice: <la incorporeidad es unu
cualidad intrínsbca del espíritu.» jj
Valor intrínseco; el valor que tie-
nen las cosas en virtud de lo que son
y representan por sí mismas; esto es,
independientemente de todo conve-
nio. El valor intrínseco de la onza
(moneda) ei el que tiene por razón de
su peso y de los quilates de sn oro,
por oposición al valor extrínseco, que
es la estimación convencional v anto-
rítaría que te da el Estado. valor
intrínseco de una cadena ó de unos
' pendientes será el que tengan dichos
I objetos, en relación directa con su
fiesú y con el precio de su materia; ó
o que ea lo mismo, excluida la mano
de obra.
Etikolooía. Adverbio latino lalns-
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166 nm.
sícH», interiormente; de iníra, dentro,
y s?c»i, \o \atgo de una cosa, expre-
sando la idea de una long'itud 6 espa-
cio interior: bajo latín, ÍHtrins"cus;
italiano, intrínseco; francés, ínlrinsé-
gue; pro-venzal, intrintec; catalán bd-
tfguo, iñtrinek, m; moderno, inUin-
sech, ea,
Intro, entro, entr. Del adverbio
UtÍDo intrdf formado de la preposición
iut pasando por el adjetivo inusitado
úUertu: es una abreviacidn de i*tero,
subentendido loco. Es el opaesto de
extra, j si^niñca (¿en/ro, en lugar in-
terior, y pot lo común con la idea ac-
cesoria de movimiento. Apenas tiene
uso más qae en iníré-ito, en intro-
ducir y sus derivados, y en el verbo
anticuado intro-me terse, hoy, entro-
metrrse 6 entr e-meterse. — Fntr-ar, del
latín intrare, no es más que el adver-
bio intrd, con la desinencia ar (are),
de la primera conjus^ación. (Monlau.)
Introducción. Femenino. La ac-
ción y efecto de introducir. | Metá-
fon. Entrada j trato &miliar é ínti-
mo con alg^unft persona. | Prepara-
ción, disposición, 6 lo que es propio
para llegar al fin que uno se ha pro-
puesto; en este sentido se llama tam-
bién INTRODUCCIÓN el prólogo de un
libro ó de otro escrito.
Btuiolooía. Introducir: latín, tu-
troductío; italiano, introdusione; fran-
cés, iníroduction; catalán, iñírodwxió;
portugués, introdu^ao.
Introducido, da. Adjetivo. El que
tiene entrada y familiaridad en una
casa.
EtimoldoÍá. Latín intrSductus, par-
ticipio pasivo de intrddUc^re: catalán,
itttrodukit, da; francés, introduit.
Introdocidor, ra. Masculino y fe-
menino anticuado; Intboductor. Q
Anticuado. Mbtbdob* en la acepción
del que introduce contrabandos.
Introducir. Activo. Meter adentro
ó dar entrada á uno en algún lugar.
Se usa también como recíproco. | Ha-
cer hablar á uno en algún diálogo,
escrito ó cosa semejante. 3 Metáfora.
Dar principio á una cosa ó ponerla en
uso. fí'acilitar, j^roporcionar; como
la gracia, la amistad. Se usa también
como recíproco. | Recíproco. Entho-
UETcass, en la acepción de meterse
uno en lo que no le toca.
Etimolooía. Provenzal entroduire:
catalán, inlrodvhir; francés, introám-
re; italiano, introdurre; latín, introdU'
eére; de inlro, dentro, r dücíre, con-
ducir; «conducir hacia dentro.»
iQtroducirso. Recíproco. Lograr
entrada en al>^una parte.
Introductivo, ¥a. Adjetivo. Que
intro'duce.-ll'Conceraiénte á la intro-
ducción.
BniiOLOafÁ. Introducir: provenzal,
itiírodücíiu; francés, inírodueíifi ita-
liano, introduttivo.
Introducto, ta. Adjetivo anticua-
do. Habituado, acostumbrado.
Introductor, ra. Masculino / fe-
menin'p. que ijitroduce. y db bmba-
JADOUBS.'ÉI sujeto destinado'en algu*
ñas cortes para acompañar á Jós em-
bájadores' y ministros extranjeros en
las entradas públicas j otros actos de
ceremonia.
Btuiolooíá. Introducir: latín, in-
troductor; italiano, introiutlore; fran-
cés, introductew; catalán, introduc-
tor, a.
Introductorio, ría. Adjetivo an-
ticuado. Lo que sirve para introdu-
cir.
BtiuolooU. Introductivo: latín, >m*
tr3duet5rÍHt; francés, intrjductoire.
Introito. Masculino. Entrada 6
principio de una cosa. I Lo primero
que lee el sacerdote en el altar al dar
principio á la misa.
Etiuoloqía. Provenzal introit: fran-
cés, introlt; italiano, introito; del la-
tín introítuSf introliUs, entrada, simé-
trico de introííus, adonde se ha entra-
do, participio pasivo de introire; de
intro, dentro, é iré, ír; catalán, intróit;
francés, tntrolt.
Intrometerse. Recíproco anticua-
do. Entrombtbbsb.
Intromisión. Femenino. Intro-
ducción.
Etiuolcoía. Provenzal iníromissio:
francés, iníromitsion; italiano, la/ro-
messionet del latín t«/r9]iiüm,' admiti-
do dentro, participio pasivo de intrS-
milfre; de intro, dentro, y miíttn,
poner.
Intropelvimatro. Masc^ulino. Me-
dicina. Instrumento destinado á me-
dir los estrechos de la vagina.
Etuiolooía. Iníro, pelvu y metro.
Intropion. Masculino. Medicina.
Encorvadura de los párpados hacia
dentro.
ETiuoLoofA. Francés, fN<roptM.
Introrse. Intorso. '
Etimoluoía. La forma introrse, que
se halla en algunos Diccionarios, es
bárbara.
Introspectivo, va. Adjetivo. Di-
dáctica. Qiie sirve para examinar el
interior de una cosa.
ETiuoLoafA. Latín introspecütre,
mirar por dentro, frecuentativo de
introspicere; de intro, dentro, y el an-
tiguo *;)íc"rí, examinar: francés, tn-
trospectif.
Intrusamente. Adverbio de moáp.
Por intrusión.
Etimología. Intrusa y el sufíjo ad-
verbial mente: catalán, intrusament.
Intrusar. Activo. Meter, introdu-
cir, colocar una persona sin derecho
ó indebidamente.
EriMOLOofA. Latín inirSdt^re, en-
trometerse; de in, en, y trudhe, ím-
Íieler cbn ' fuerza: italiano, intrudere;
ranees, intrure.
Intrusarse. Recíproco. Apropiar-
se, sin razón ni derecho, un cargo,
una autoridad, una jurísdisccidn, etc.
Intrusióp. Femenino. La acción
de introducirse sin derecho en alguna
dignidad, jurisdicción, oficíb; pro-
piedad, etc.
ETiMOLOofA. Intrusarse: catalán,
iñtrusio'; francés, intrusión; italiano,
intrusione.
Intruso, sa. Adjetivo. El que 6 lo
que se introduce sin derecho.
Etuiolooía. Latín intr&svs, partici-
; pió pasivo da inírSd^e: catalán, in-
INTÜ
trús, a; francis, mAw; italiano, tu-
truso.
Intsia. Femenino. Botiniea. Géne-
ro de plantas leguminosas de Mada-
gascar.
latsUceo, cea. Adjetivo. Botáni-
ca. Concerniente ó análogo i la intsia.
Intuición. Femenitío. Teología.
Visión bbatÍpica. | Filosofía, La per-
cepción clara, íntima, insta&tánea, de
una idea 6 una Terdad, tal como ii se
tuviera & la vista.
EriuoLOofA. Latín intUttXo (QtiiCOS-
rat, Áddenia), vista ioiérior; forma
sustantiva abstracta dé intuitos^ par-
ticipio pasivo de intuert, contemplar;
de tM, dentro, y tueri, mirar; «mirar
dentro:» catalán, intuido; francés, ts-
tuition; italiano, ttt¿Ht»'-.Ní.
Intuitivamente. Advérbio de mo-
do. Con intuición.
Etimología. Intnitita y el sufijo
adverbial mente', francés, infitioe-
ment; italiano, intuitivamente; catalán,
intuitivament.
Intuitivo, va. Adjetivo. Lo per-
tanecienta á la intuición, 6 que par-
ticipa de sú carácter. | Teol^üt, Vi-
sión INTUlTtvi. YlSlÓM BEATIFICA. B
Sistemas filosóficos. Pan algunos filó-
sofos, la reflexión no es mas que una
fórmula de la intuición, sin cu;o se-
creto no podría levantarse el hombre
á las' ¡deas más univér£ales; j, por
consiguiente, á los conocimientos más
abstractos. Q Proposición intuitiva.
La que no admite demostración, por
lo mismo que lleva en si la evidencia
absoluta, en la cual ve el espíritu un
concepto simple; y como simple, in-
definible; y como indefinible, inde-
mostrable. Ejemjtio de una proposi-
ción ó de ona verdad intuitiva: %ser
y pensar mu una misma cosa. pán el
alma del hombre.» Todos estamos pe-
netrados ^e la verdad divina de aque-
lla senteiicia; pero no hallaremos nin-
gún^ sabio eujra ciencia pueda expli-
carla.*
Etiuoloqía. Intuición: catalán, ts-
tuiti'u; va; francés, intuiíif; italiano,
iníttitito.
Intuito (por). Adverbio de modo
anticuado. En ataneiÓn, en,oonsiden-
ciórí, por razón.
EfiuoLOOÍA. Intuición.' ,
Intuitn. Masculino anticuado. Vis-
ta, ojeada ó mirada. J Pos intuitu.
Modo adverbial anticuado^ Pos in-
tuito.
BTiii(a.ooÍA. Intuito.
Intum. Masculino. Botánica. Espe-
cie de planta corirtibífera de la Gui-
nea, cujTQ jugo emplean loa negros
para pintarse la piel. ■ . ,
Intumescencia. Femenino. Didác-
tica, La acdión de hincharse cualquier
objeto. Q MOVIU.IBNTO db intumbscbh-
CIA DB LA COSTRA TBRRBaTRB. Gcolo-
gia. Movimiento que preside á la edi-
ficación de las masas continentales ^
que no se ejerce en una línea, sino en
una grande superficie. B Bot 'nica.'^^-
mefacci,ón de las hojas de la sensitiva,
producida en la Biüsé del pecíolo, fl Ft-
sioU^U y Medicina. Aumento de volu-
men de un tajido, en uua parta cnal-
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llíÜlt
qttíen del cuerpo, jr así se dice: la|
ixTOuBSCftNCU del bazo. \\ Hinchazón.
^ttuco/Xííá.. Latía iulUnetcere, hin-
eharse; de i« y íúmeieere, forma ver-
bal d« fjínor. tumor: &ftneés, iníums-
eentí; italiano, intumei^ta; catalán
aati^uo, iñtMteteencia,
lotns, inte, índn, in. Del latín m-
tu, adverbio formado de úi j del sufijo
ta, ttu. Significa del interior, interior-
mente, pot adentro. ktíindihiíTiaeqm-
Tale á ilruere á construir interiormen-
te; i%te-Uge%cÍa, i intut-Ugere, leer por
dentro; in-i/írío, á estímulo ó aguijón
interior; intue-tiacepción, á tomar por
dentro, habiéndose dado este nombre
al modo de nutrición j crecimiento
de loa aeres organizados ó vivos.
fagamos nour ahora que infra, tV
tetf inttUt intro é f m/m, están formados
de w; que tu, según se ve en los
poetas anteriores & la edad de oro del
latín, tenía, ya como preposición se-
parable, va como prefijo, las formas
endo é indu (formas muj afines de las
rríe^s endon, Mftu, que vale i»tus)t
diciéndose, verbigracia, e»d<hperaíor
á ituíu-perator por im-perator, indu~pe-
dio por ÍM-ped\o, indu-gredi por in-gre-
di, etc., j que los derivados de in par-
ticipan más ó menos de la signiñca-
cíón de este pre6jo radical, observán-
dose empero que cuando se usan como
preposiciones denotan más comun-
mente relaciones de lugar, j relacio-
nes de modo 6 manera cuando se usan
como adverbios. (Monlau.)
Intusnscepción. Femenino. Fisio-.
le^. Introducción en un cuerpo or-
^nieo de las materias que se asimi-
laaiél. H Cirugía. Introducción anor-
mal de un intestino dentro de otro. |
PoB iNTDSUáCBPC>ÓK. Anatomía. De.
dentro afuera.
BniKx/KiÍA. Latín intns, dentro, j
tuelp^re, tomar; de tusuntt hacia arri-
ba, j cápere, coger: francés, intutsus-
cepcion.
ReieSa. — 1. Todas las partes del
cuerpo se desarrollan en virtud de hi
LNTUáuscBPCiÓN de Us moléculas que
les son análogas. (BuPFÓN, citado por
Littré.)
2. Dicese que un cuerpo organizado
se desarrolla, cuando sus partes se
extienden en todos sentidos por la ik-
nisuscBPCiÓM de materias extrañas.
(BoNSBT, Palingenesia, FJ, 4.)
Inola. Femenino. Botánica* Bspe-.
cíe de planta sinantérea.
BiiuoLoafA.Latíiitiiií/s, hierba más
pequeña j más amarga que la pasti-
naca (pLiHio): francés, inute,
Inúleo, lea. Adjetivo. Análogo á
la fnuln.
Inalina. Femenino. Q,*imica. Es-
pecie de almidón sacado de la raíz de
la ínula.
BTiuoLoofA. ínula: francés, inuline.
Inoloideo, dea. Adjetivo. lNih.EO.
Inulto, ta. Adjetivo. Poética, Lo
qae queda sin venganza.
BnilOLDOÍA. Latín inulíus; de in,
no, f nttñi, vengado, participio pasi-
to oe uíeiici, vengar, vengarse.
^ liúlmeridatl. Femenino anticuado.
LXKgiiKBABlUDAO. - i
I inundación. Femenino. La abun-
dancia de las aguas cuando cubren
los campos, ó salen de madre los ríos
ó el mar. ¡| Metáfora. Multitud exce-
siva de cualquiera cosa.
Etimolooía. Inundar: latín, inun-
daíío, forma sustantiva abstracta de
inwndattu; catalán, inundaeid; francés,
inondatioa; italiano, iwmdañone.
Inundado, da. Participio pasivo
de inundar.
ETiuoLoaÍA. Latín inunditu», par-
ticipio pasivo de inundare: catalán,
inmdaí, da; francés, inond^; italiano,
inondato; ginebrino, ¿nondé,
Inundancia. Femenino anticuado.
Inundación.
Inundante. Participio activo de
inundar. El ó lo que inunda.
Inundar. Activo. Cubrir de agua
los campos 6 anegarlos. \ Metáfora.
Llenar un país de gentes' extrañas ó
de otras cosas. Se usa también como
recíproco.
ETiuoLoaÍA. Latín inundare, cubrir
de aguas; de in, en, ^ nndare, levan-
tar olas: catalán, tnnndar; francés,
inonder.
Inunible. Adjetivo. Que no se pue-
de unir.
Inurbanamente. Adverbio de mo-
do. Sin urbanidad.
Etiuolooía. Inurbana y el sufijo ad-
verbial mente: italiano, taiir^aaamMí^-
latín, inurbani, rústicamente, sin cul-
tura ni gracia.
Inurbanidad. Femenino. Falta de
urba'iidad, desatención, descortesía.
Etimología. Inurbano: italiano,
inurbaniiá; francés, inurbanité.
Inurbano, na. Adjetivo. Falto de
urbanidad.
Etiuolooía. Prefijo in, no, y urba-
no: latín, tniir¿anM,-italiano,t)i«r¿dtt9.
«Rústico, poco cortés ó poco cultiva-
do.> (^cADE-uiK, Diccionario de ilÜS.)
Inus 6 Inuus. Masculino. Mitolo-
gía. El dios Pan, que preside j guar-
da los ganados.
Inusado, da. Adjetivo anticuado.
Inusitado ó desusado*
inusitadamente. Adverbio mo-
dal. De un modo inusitado.
Etimolcoía. Jnittiíttda y el sufijo
adverbial mente.
Inusitado, da. Adjetivo. Lo que
no es usado.
Etiuol^gía. Latín, inUsUatus, de
ta, no, y witaíus, usado: catalán, ifi-
witaí, da; francés, inutttó; italiano,
inusitaíOf inutato.
Inusual. Adjetivo. Que no es usual.
Inútil. Adjetivo. Lo que no es útil.
Etiuolooía. Prefijo »m, no, y útil:
latín, inütílis; italiano, inutile; fran-
cés, inulile; provenzal, inútil; catalán,
inútil.
Inútile. Adjetivo anticuado. In-
i ÚT!L.
Inutilidad. Femenino. Falta de
utilidad, ó calidad délo ^ue es inútil.
Etiuolooía. Inútil: latín, inStílíías;
italiano, inuíHita; francés, inuíilite';
catalán, inutilitat; portugués, inutili-
dade.
Inútilísimo, ma. Adjetivo super-
1 latÍTÓ de inútil.
INVA 157
Inutilización. Femenino. Acción
ó efecto de inutilizar.
Inutilizadamente. Adverbio de
moHo. He una manera inutilizada.
Etiuolgoía. InutiUtaia y el sufijo
adveruiiil menU.
Inutilizado, da. Participio pasivo
de inutilizar.
EnuoLOofa. In%tili*ar: francés, is-
Míilité; catalán, innliUnt, da.
Inutilizador, ra. Sustantivo y ad*
jetÍTo.-Que inutiliza.
Inutilizar. Activo. Hacer inútil,
vana ó nula cualquier cosa. Se usa
también como recíproco.
Etiuolooía. Inútil: catalán, MH<t-
lisar.
Inutilizarse. Reciproco. Volverse
inútil alguna cosa.
Inútilmente. Adverbio' de modo.
Sin utilidad.
Etiudlooía. 7«iíf«r^ el sufijo ad-
verbial mmíf: catalán, tffií/rteeii/; fran-
cés, inutilement; italiano, inutikunte;
latín, inñtíHíer.
In utroque. Expresión latina que
se usa precedida del noinbre doctor,
Sara designar al que lo es en ambos
erechos, esto es, en el civil y canó-
nico; y se dice figuradamente del que
esti instruido en dos facultades, pro-
fesiones, etc. D Numitmática. T&mmén
aparece la misma expresión en el exer*
go de las onzas de oro: in utroque
lix, sobrentendiéndose hemisferio ó
mundo: cfeliz en ambos mundos ó he-
misferios.»
Invadeable. Adjetivo que se apli-
ca al río que no se puede vadear.—
cAdjetivo de una terminación que se
aplica al río que no se pueda vadear;
y por traslación se dice de otras cosas.»
(ACADEUiA, Dieeioiurío de i7S6.f
Invadido, da. Participio pasivo de
invadir.
BtiuologÍa. /amitr: latín, úieiíftti,
participio pasivo de invid^e; catalán,
tncadit, da.
Invadirá Activo. Acometer, entrar
por fuerza en alguna parte.
ETiuoLoaÍA. Latín tnvadire, acome-
ter, asaltar, entrar por fuerza; de in,
en, hacia, dentro, y vdd'^re, ir: italia-
no, invadere; catalán, invadir.
Invaginación. Femenino. Cingla.
Introducción preternatural de una
porción de intestino en el que le pre-
cede ó sig-ue,
Etiuolooía. Latín in, en, y vagi-
na, vagina; propiamente, vaina, caja,
estuche: francé^, wot^inaHon.
Invaginarse. Recíproco. Meterse
un intestino en el contiguo.
Etiuolooía. Invaginación: francés,
inoaginer.
Invalidación. Femenino. La ac-
ción y efecto de invalidar.
Etiuolooía. Invalidar: catalán, tn-
validació; francés, inwUidatio»; italia-
no, invalidatione.
Invalidad. Femenino anticuado.
Nulidad.
Inválidamente. Adverbio de mc-
do. Con invalidación.
EtiuologÍa. Inválida y el sufijo ad-
verbial mente: catalán, inválitíntMnti
francés, invalidemeni; italiano, imwi*
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i5S ÍNVÁ
INVE
ÍNVB
dametUe; latín, i»calid¿, — <Sia valor,
con nulidad.» (Acadeuia, Diccionario
de me.)
Invalidar. Activo. Hacer inválida,
nnUi ó de nii^a valor j efecto alg^u-
II a cosa.
Etiuolooía. Inoéliio: catalán, invor
iidav; francés, invilider; italiano, i«-
ealidare.
InvalidM. Fanenino. Falta de va-
lidas.
KlliuiLoafA,. Jnmtido: catalán, inta-
liáitat; francés, inwlidií/; italiano, i»-
talidita.
Inválido, da. Adjetivo. Lo que no
tiene fuerza ui vigor. Aplícase por lo
común á los soldados viejos ó estro-
peados. Se usa también como sustan-
tivo. II Motúfora. Lo que es nulo ^ de
ningúit valor, por no tener las condi-
ciones que exigen las le^es. || Falto
de vigor j de solidez en el entendi-
miento ó en la razón. | Plural. El re-
tiro, pre ó jubilación qae se concoide
á los soldados que han servido cierto
n&iQWD de años, ó que han hecho ai-
ganos servicios de los eoales han que-
dado estropeados.
BnuouMsia. Prefijo %%, no, víUdo:
latín, inviÜdiUf débil, enférmizo; íta-
tiaao. invalido; fraacés, invalide; cata-
lán, ittv'ílil, áa. — tinválido se llama
coiniiiiiiieiite el soldado que jra no
puedtí servir en la campaña, ó por
achaques, ó por vejez.» (Acadbuia,
Diconario de ÍI^G.)
Invarlabilídad. Femenino. La ea-
lídiid de invariable.
Etiuolooía. InDiriable: catalán, in-
mriabilitaí; francés, invariabilité; ita-
liano, inmriabilitá.
Invaiiable. Adjetivo. Lo que no
padeofl 6 no puede padecer variación.
BTiicoLoaia. Prefajo in, uo, y varia-
ble: francés j catalán,. imariaoU; \%k-
liaa», imvarMhiU.
fayariaMimarto. Adverbio de
modo. Sin variación.
BnuoLOOÍa. IntariaiU y el sufijo
•adverbial mente: italiano, invariabil-
menie; francés y catalán, invariable-
iiient.
Invariación. Famenino anticuado.
Substancia permanente y sin varia-
ción de alguna cosa ó en alguna cosa.
Invariadamente. Adverbio de mo-
do anticuado. Sin variación.
Btiuoloqía. Insariada y el sufijo
adverbial Mi««¿«.
Invatíado, da. Adjetivo. Lo que
no se lia variado.
Etiuoloqía. Prefijo i», ao,y varia-
do: catalán, issana/, «^.—«Cosa sin
madaaza 6 variedad.» (Acadbmia,
Diecionario de i7S6.^
. Invasión. Femenino. La acción y
efecto de invadir.
EtiuologÍa. Latín invasío, acome-
tida con violencia é ímpetu, forma
sustantiva abstracta de invasut,'p&rú-
i-iplo pasivo de inmd^re, invadir: ita-
liano, ¡ncaüune: fiMUcés, invasión; pro-
venz il, envazio: i'iUalán, invasiá.
Sinonimia. J m-'imn, incursión, irrup*
ci-JH. I.a intdsiiia es una hostilidad
ordenada, que tieue su origen en la
pQlítici,/,qU4 se hice según las prác-
ticas militares, y con movimientos
estratégicos. La incursión es una co-
rrería (•■) territorio extraño, hecha con
rapidez, acompañada de saqueo y
mortandad, pero que no envuelve for-
zosamente la idea de posesión dura-
ble. La irrupción es una incursión he-
cha en grande, y con el objeto de con-
quistar. La ocupación de Argel por
las tropas francesas fué una ineasión;
las entradas de los indios por el Nor-
te de Méjico y por el Sur de Chile*
son inenrsione». Las conquistas de Ita-
lia, España y las Gallas por las na-
ciones de la Germania fueron irrup-
ciones. (Mora.)
Invasivo, va. Adjetivo. Concer-
niente á la invasión.
ETiuOLOofA, Invasión: francés, i«-
vasif.
Invasor, ra. Masculino y femeni-
no. El que invade.
ETiaoLooÍA. Invasión: latín, íaeo-
lor: cat il MI, incasor,
Invectira. Femenino. Discurso
acre y vehemente contra alguna per-
sona /) C'isa.
Etimología. Latín posterior invec-
íte^t Prisciano, las Catilinarias de
Cieerjn, de invectns, participio pasivo
de invehiré, desencadenarse contra; de
in, en, y vei^e, conducir, arrastrar:
cataljn, invectiva; francés, invective;
italiano, inveííiva.
Sinonimia. Incectiva^ sátira. <La
diferencia que hajr entre estas dos
palabras, consiste en que invectiva se
refíjre siempre á censurar j criticar,
con violencia y acritud, á un solo in-
dividuo; mientras que \k sátira, ver-
daderamente tal, censura y critica las
costumbres públicas, ó las opiniones
de muchos, valiéndose al efecto del
ridículo, de la gracia y del chiste.
Aquélla es una saeta que hiere; ésta,
un espejo en donde se retratan en toda
su desnude?, los vicios y las miserias
humanas. El objeto de la invectiva es
mancillar, irritar; teniendo por cau-
sas motrices á la ira, á la envidia y á
la venganza. L^ invectiva, por consi-
guiente, es innoble, como hija de pa-
siones ruines. hK sátira, por el con-
trario, es noble, porque sus causas
motrices son la inteligencia, el talen-
to y la ilustración. La invectiva, colé-
rica y llena de saña, señala con el
dedo á un individuo, al que quiere ha-
cer su víctima. \aSí sátira, cun el cora-
zón tranquilo, la frente serena, y son-
riéndose, mira, contempla y compade-
ce á la humanidad.» (LÓPBZ Pelborín.)
Invectivamente. Adverbio de mo-
do. Con invectivas.
Etimoloqía. Invectiva y el sufijo
adverbial mente: latín, invectivalíter.
Invehir. Activo anticuado. Hacer
ó decir invectivas contra alguno.
Etimología. Latín incea''re, des-
atarse en injurias. (Plimo.)
Invencibilidad. Femenino. Cua-
lidad de lo invencible. (Caballero.)
ETiMOLoaÍA. Invencible: italiano, in-
vincibiliíá.
Invencible. Adjetivo. El ó lo que
no puede ser vencido.
Etimología. Prefijo í», no, y venci- \
ble: latín, invtndbUit; italiano, lana-
ciHle; fnncéa, invinci ble; catalán, ts-
zinciblf, invencible.
Sinonimia. Invencible, invicto. In-
vencible es un adjetivo; invicto es un
epíteto. Llamamos invencible vX que no
lia sido ni puede ser vencido; Msteto,
al héroe que se ha distinguido por sus
eminentes prendas militares y por sus
grandes triunfos en la guerra. De tal
cuerpo del ejército se oice que es ta-
venetbl'. Nuestros historiadores dan el
titulo de invicto á Carlos V. (Moba.;
Invencible. Adjetivo y masculino.
Mitología. Sobrenombre de Júpiter.
Invenciblemente. Adverbio mo-
dal. Ue un modo invencible.
Etimología. Invencible y el sufijo
adverbial m^nte: catalán, invindbu-
menl, invenciblernent; francés, invinci-
bUjneni:\U\\s.tio,invincÍbHtMnte; latín,
invinctbílíter.
Invención. Femenino. La acción ,}
efecto de inventar. 9 La cosa inventa-
da. I Hallazgo. || Engaño, ficción. |
liel'rica. Parte de la retórica que en-
seña á disponer del modo más conv>>-
iiiente un discurso.
Etimología. Provenzal inveniio: ca-
talán, invcnció; francés, inventi^; ita-
liano, tncinufW, del latín iiuénño.
hallazgo; forma sustantiva abstracta
de inventas, hallado.
Invencionero, ra. Masculino y fe-
menino. El que inventa. | Bmbuste-
ro, engañador.
Invendible. Adjetivo. Lo que no
puede venderse.
Etimología. Prefijo in, no, y vendi-
ble: latín, invendí^iis; italiano, inven-
dibile; francés, invendable,
Invenerable. Adjetivo. Que no
puede venerarse.
Inveng .ble. Adjetivo. Imposible
de vengar.
Inventado, da. Adjetivo. Que no
ha sido vengado.
Etimología. Prefijo ih, no, y venga-
do: francés, inveiue'.
InveniÜe. Adjetivo anticuado. Lo
que se puede hallar 6 descubrir.
Invenir. Activo anticuado. Hallab
ó DESCUBRIR.
Inventación.Femeninoantteuado.
La acción y efecto de inventar.
Inventado, da. Participio pasivo
de inventar.
Etimología. Inventar: catalán, >ff-
ventai, da; francés, inventé; italiano,
inventato.
Inventador, ra. Masculino y fe-
menino anticuado. El que inventa.
Inventar. Activo. Hallar 6 descu-
brir, á fuerza de ingenio y medita-
ción, ó por mero acaso, alguna cosa
nueva o no conocida. | Fingir hechos
fkisos, levantar embustes.
Etimología. Inr^ío: latín, inveníre;
italiano, inventar 'raocés, invenler;
BaTTy,s'inventer, icibirse; catalán,
inventar.
Inventar.' adámente. Adverbio de.
modo. Con inventario.
Etimología, inventariada y el suBt,
jo adverbial mente.
I Inventariado, da. Participio pasi-
{ vo de inventariar.
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INVE
INVE
mVE 159
EnuoLOOf A. Inventariar: catalán ,
invemíariaif da; francés, iuventorU,
Inventariar. Actiro. Hacer inven-
Urio.
Etimología- Inventario: francés,
inuntorier, de inventoire, anticua for-
ma de mcMtotrv; catalán, tntenta-
rier.
Inventarío. Masealino. Forense.
Bl asiento de los bienes y demás co-
sas pertenecientes á alguna persona ó
comunidad, hecho con orden v distin-
ción; ordinariamente, mediando auto>
ridad de juez. Llámase también así el
papel ó iastrumento en que están es-
entaidiebascosas.— *Se llama asimis-
mo la memoria de bienes qae dan los
caballeros de las órdenes militares to-
dos los años, para cumplir con el voto
de pobreza.> (Acadbuia, Diccionario
de me.)
Btiuolooía. Provenzal j catalán,
inventari: francés, invenlaire; italiano,
inveníariOf del latín inveníarlumt lis-
ta, memoria de hacienda j bienes,
forma de inotnire, hallar. El inventario
M una nota de cuanto se halla,
InventiTa, Femenino. La facultad
7 disposición para inventar. || Anti-
cuado, Tnvbmcióh.
Etiiiolooía. Inventivo: catalán, ««-
teníiva,
InventÍTO, va. Adjetivo que se
aplica al que tiene disposicidn para
iaventar, y también i lo que es inven-
tado.
ETiuoLoafA. Inventar: catalán anti-
guo, inceiitin, va; francés, inveníi/.
Invento. Masculino. Intención.
Btiuolooía. Latín tnoenlus, parti-
cipio pasivo de inv'^níre, hallar; de in,
en, sobre, y wnJre, venir; catalán, in-
Cfnto.
Inventor, ra. Masculino j feme-
uino. Bl que inventa. I| El que finge
ó discurre siu más fundamento que su
volantaríedad y capricho.
Bti|iolog{a. Inventar: latín, ineen-
tor; italiano, inventare; francés, inven-
tewr: catalán, inventor; a.
Inverecnndo, da. Adjetivo que se
aplica al que no tiene vergüenza.
BnuoLooÍA. Prefijo t«,^no, t tere-
cundo: latín, i«o''r?cS«iii«.--c Desho-
nesto, torpe y &Uo de vergüenza.»
(Acadbuia, Dicciomrioáe 17Í6.J
InveridicOf 'Ca. Adjetivo. No ve-
rídico.
Inverísimil. Adjetivo. Lo que no
tiene apariencia de verdad.
ErmoLOofA. Inverosímil. — «Lo que
no tiene apariencia de verdad, por lo
enal no se puede ó no se debe creer.
Algunos dicen inverorímil con menos
propietjad. Latín inverisimilis.» (Aca-
demia, Diccionario de 1 7S6.)
Inverísimilitad. Femenino, Falta
de apariencia de verdad.
BrniOLooÍA. Inverosimilitud.
Inverísimilmente. Adverbio de
■aodo. iNVEBOSÍHlLMeNTS.
Invemacíón. Femenino. Acción ó
efscto de invernnr.
BTiHOLOOfA. Invernar: francés, Aí-
Invemácvlo. Masculino. El lugar
«ttHerto y abrigado artificialmente
para defender las plantas de la impre-
sión del frío.
Etimología. Invernar: latín, Alíír-
nSeiila, cuarteles de invierno.
Invernada. Femenino. La estación
del invierno.
Etimología. Invernar: italiano, ta-
vemaía; catalán, ivemada.
Invernadero. Masculino. Sitio có-
modo y i propósito para p.isar el in-
vierno, y destinado á este fin. Díceso
más comunmente de los parajes des-
tinados para que pasten los ganados
en dicha estación.
BTiHOLoaía. Invernar: catalán, iver-
nader,
Invemadara. Femenino. iNvea-
NACIÓN.
Invernal. Adjetivo. Lo pertene-
ciente al invierno.
Etiuolooía. Invierno: francés. Ai-
vernal; del latín AlbemáUs. (En Qui-
che rat, Áddenda.)
Invemamiento. Masculino. In-
vernación.
Invernar. Neutro. Pasar el invier-
no en alguna parte. | Ser tiempo de
invierno.
Etiuolooía. Invierno: latín, ¡íl6er--
ndre, forma verbal de hUernus; italia-
no, invernare; francés, kivemer; pro-
venzal y catalán, «WMar.
Inverniso, sa. Adjetivo. Lo que
pertenece al ínTÍemo o tiene sns pro-
piedades.
Etimología. Invierno: catalán, «iwr-
nenck, ca.
Inverosímil. Adjetivo. Inverisí-
mil.
Etiuolooía. Latín m, no, venu,
verdadero, y timíle, semejante; «no
semejante á la verdad:» catalán, tnr;-
rosimil.
Forma etimológica, — 1 . La forma
inverisUnil, aceptada por nuestra Aca-
demia, no es conforme á etimología,
puesto que el elemento veri es el ge-
nitivo de virus y las derivaciones no
parten jamás de dicho caso.
2. Inverosímil significa literalmen-
te: «no semejante a lo verdadero,» lo
cual demuestra que el latín térus debe
estar en dativo, y nadie ignora que el
dativo de virus es vero: in-tero-smíle.
Deseamos que la ilustre Academia
adopte la forma gramatical, si juzga
convenientes nuestras razones.
Inverosimilitnd. Femenino. Inve-
risimilitud.
ETiuoLoaÍA. Inverosímil: catalán,
inverosimiliíuí, forma correcta.
Inveroaimilmente. Adverbio de
modo. Con inverosimilitud.
Etiuoloqía. Inverosímil y el sufijo
adverbial mente.
Inversado, da. Adjetivo. Blasón.
Epíteto heráldico de las figuras pues-
tas inversamente en el escudo.
Etiuolooía. Latín inversSri, fre-
cuentativo de inverCre, invertir.
Inversamente. Adverbio de modo.
A la inversa.
Etimología. Inversa y el sufijo ad-
verbial mente: francés, inversement.
Inversíble. .Vdjetívo. Que puede ó
debe ser invertido. j¡ Botánica, Califi-
cación de las toliculas de las plantas
susceptibles de juntarse can & efcra
por la parte superior, dirigiéndose
hacia la cima del pecíolo común.
Inversión. Femenino. La «cciÓn y
efecto de invertir. Q Gramática. Desíg-
nase así toda construcción que se apar-
ta del orden analítico; esto es, de la
sintaxis natural; y asi decimos que el
latín, como el italiano y el etfwfiol,
abunda en inversiones. | Inversión
BXPLÁKiCA. Anatomía. Especie de ano-
malía que consiste en desviar las vis-
ceras de su posición normal y aun co-
locarlas en sentido opuesto, f MiUeia.
Disposición de un cuerpo que tiene á
la izquierda su primera subdivisión,
en lugar de tenerla á la derecha,
Marina degnerra. Evolución mediante
la cual pasan á ocupar la última línea
los buques que estaban al frente. |!
Música. Especie de imitación que coti>
siste en reproducir una parte de la
melodía, tomando las notas en un or-
den inverso.
ETIU0L03ÍA. L>itíu incerslo, trastor-
no de las cosas, alegoría, anástrofe;
forma sustantiva abftracta de inver-
sus, inverso: catalán, t»wr<»tf; francés,
inversión; italiano, inversione.
Inverso, aa. Participio irregular
de invertir. || Adjetivo. .Alterado, tras-
tornado. Q A LA ó ME LA IHVnaSA.
Modo adverbial. Al eontrarío. l Pro-
posición inversa. L^iea. La proposi-
ción cuyos términos están construidos
en un orden inverso relativamente á
los términos de otra proposioión, oorao
en este ejemplo: «toda virtud es bue-
na; toda bondad es virtuosa,» ó como
en el siguiente que cita Littré: «los
locos son malos; ios malos son loeos.>
O Romboide inverso. Mineralogía.
Aquel ciivoB ángulos salientes son
iguales á los ángulos planos del nú-
cleo, presentando una forma invsrsa
de la primitiva. Q Cantidad inversa.
Mat'máticas. Variación de cantidad
que aumenta á proporción que otra
disminujre, ó que -disminuye á pro-
porciJn que la otra aumenta. Por
ejemplo: en una balanza de bnsos
desiguales, el peso «jue forma el equi-
librio está en relación inversa de la
longitud del brazo. Q Regla de tres
inver-ía. Aquélla en que el número
que se busca es tanto mayor ó menor,
cuanto es menor ó mayor el númem
dado. Por ejemplo; cien obreros han
empleado veinte días en dar cima li
un trabajo: ¿cuántos días necesitarán
quince obrerosV He aquí uii caso de
regla inversa, y Música, Imitación
INVERSA. Inversión. ¡| En razón in-
versa. Modo adverbial. En un senti-
do diametral mente opuesto; y ast de-
cimos que la masa mayor afrae á 1»
menor en razón inversa del cuadrado
de sus distancias.
Etimología. Latín inversus^ vuelto
al contrario, participio pasivo de in-
vertiré, invertir: italiano, mr no; fran-
cés, inverse: catalán, inver$, «.
Invertebrado, da. Adjetivo. Zoo-
logia, Que carece de vertebras 6 de
esqueleto interior, en cuyo sentido
dice: los animales IN verte URAOor
Masculino plural. Los inveetb
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160 INVE
INVI
INVI
DOS, que n dividoD en tinnulados (mmo
si dijóniDOS anillado»), vertebrados y
gastivos, moluscos, radisríos y espon-
g-isrios.
EriHOLOofA. Prefijo in, no, J verU~
hado: francés, iutert¿hré.
Invertido, da. Participio pasivo
de invertir.
Etiuolooía. Invertir: catalán, »«-
oertií, da; francés, inver4i,
Invertiiniento. Masculino. Inver-
sión.
luTertir. Activo. Alterar, trastor-
nar las cosas ó el orden de ellas. \
Hablando de caudales, emplearlos,
gastarlos. | Hablando del tiempo, ocu-
parlo de ana ú otra manera.
BtuiolooU. Latín ineertre, tras-
tornar; de ÍN, en, j vertiré, volver:
francés, invertir; italiano, intertere;
catalán, invertir,
Investo (Matbo). Escultor español
del siglo xii. Su obra más notable es
el retablo de la iglesia de Villacas-
tin.
Investiduni. Femenino. La acción
y efecto de investir de alguna digni-
dad, jurisdicción, etc. |¡1)brecho db
INVESTIDURA. Hittoria del pontificado.
Derecho que tenía el sumo jpontifíce
de dar la invbstídura. de slgnn feudo
ó dignidad eclesiástica. | £1 mismo
derecnp respecto de la autoridad real;
y así se decía: «dar las investiduras
de tal ó cual reine.»
ETiuoLoaÍA. Jnvestir: italiano, f»-
vetfiíwa; francés, inceetiture; catalán,
ilutettidMra.
JteieñA histérica.— Kcto de poner en
njuesión de un inmueble, de un feudo
O de na beneficio. Esta traslación de
dominio iba acompañada, en la Edad ,
media, de ciertas forous simbóli-
cas, yh naturales, ^a de convenio. Se
efectuaba publicamente, en la corte
del soberano ó del señor, en presencia
de sus oficiales, y levantando el acta
oportuna.
Investigable. Adjetivo. Según el
uso casi común, lo que no se puede
investigar.
ETmoLOOÍA. Investigar: latín, inves'
a^iiUis; itaXaao, iiitw¿¿^aj><s; cata-
lán, inves^ahle.
lUTOStigación. Femenino. La ac-
ción y efecto de investigar.
EruroLoaÍA. Latín investigado, pes-
quisa, examen, forma sustantiva abs*
tracto de invesógatns, investigado: itO'
liuiOt investigazione; francés, investid
^aíion; catalán, investioañá.
Investigado, da. Participio pasi-
vo de investigar.
Btuiolgoía. Latín invesRgatus, par-
ticipio pasivo de investigare, iuvesti-
^r: catalán, investigatf da; italiano,
Mvettigato.
Investigador, ra. Masculino j fe-
menino. El que investiga.
Etiuolooía. Investigar: latín, imom-
íigator; italiano, invest'gaiore; francés,
invettigaíeur; catalán, investigador, a.
Investiganúento. Masculino. In-
VBSTIOACION.
Investifar. Activo. Hacer diligen-
cias para descubrir alguna cosa.
BriuoLOOfA. Latín investigare, in-
dagar, descubrir, hallar el vestigio
dealguna cosa; de in, en, y vestigare,
forma verbal de vesfígium, vestigio:
italiano, investigare; catalán, investi-
gar.
InvestigiatiTa. Femenino anti-
cuado. Facultad de investigar.
Investir. Activo. Conferir alguna
dignidad ó cargo importante. No tie-
ne ja régimen directo sino con las
preposiciones con ó df, y aun así es de
poco ó ningún uso. Se dice más bien
DAR LA INVESTIDURA de doctor, dc Ca-
ballero de alguna de las órdenes mili-
tares, etc.
EtimolcoÍa* Latín investiré, reves-
tir, cubrir, guarnecer; de tn, en, y
vestiré, vestir: francés y catalán, im-
vesíir; italiano, investiré.
Inveteración. Femenino. Acción
ó efecto de inveterar.
ErutOLoafA. Inveterar: latín, inv?-
íÜratío,
Inveteradamente. Adverbio mo-
dal. De un modo inveterado.
EtimologU.. Inveterada y el sufijo
adverbial mente.
Inveterado, da. Adjetivo. Anti-
guo, arraigado,
ETiuoLoaÍA. Latín invettratut, par-
ticipio pasivo de invHySre, inveterar:
catalán, inteterat, da; francés, inveteré;
italiano, inveíeraio.
Inveterar. Activo. .4.rraigar algu-
na cosa: asegurar su duración.
Etiuolooía. Latín invUerare, con-
servar alguna cosa para que se haga
añeja; de ijt, en, y víterSre, forma
verbal de veías, viejo: italiano, invete-
rare; francés, inve'térer; catalán, tiie«-
íerarse.
Inveterarse. Recíproco anticuado.
Envbjecbbsb.
Inviar. Activo anticuado. Enviar.
Invictamente. Adverbio modal.
De un modo invicto.
EtimoldoÍa. Invicta y el sufijo ad-
verbial mente: latín posterior, iavicte,
incontestablemente.
Invictísimo, ma. Adjetivo super-
lativo de invicto.
Etiuolooía. Invicto: catalán, invic-
tíssim, a; latín, invictissimut.
Invicto, ta. Adjetivo. No vencido,
siempre victorioso.
BTiuoLOofA. Latín invicíus, de in,
no, y vicias, vencido: catalán, invicíe.
ínvidia. Femenino anticuado. En-
vidia.
Invidiar. Activo anticuado. Envi-
diar.
Invidioso, sa. Adjetivo anticuado.
Envidioso.
Invido, da. Adjetivo anticuado.
Envidioso.
Etiuolooía. Latín invtdus: invidus
laudis, envidioso de la gloria. (Cice-
rón.)
Invierno. Masculino. Una de las
cuatro estaciones del año, que cj-
mienza el día 22 de Diciembre y aca-
ba el 21 de Marzo. |] Cuando bn vera-
no ES invierno, y bm inviebno vbra-
No, NUNCA BS BUEN aSo. Refrán. ("Véa-
se Verano.) I
BTtuoLOofA. 1. Sans'.'rito !
fhij, derramar; himan, Akiomn, njeveí
griego, eheXma (xeH"t)> po' in-
vierno; latín, kiems, Aimit, el frío de
la nieve; kí&émus, el invierno; cata-
lán, tff«r»; walón, 'ivijir; bnrguifldn,
Aivar; francés del idglo xiit, ivem,
que pasó al provenzat y al catalán;
moderno, hiver; italiano, iavemo; li-
tuanio, tierna; ruso, tima.
2. E\ griego y tífLit (cheiitifi) repre-
senta A''tma, traducción evidente del
sánscrito hiiman, cosa que se derrite,
que se difunde, que se derrama; nieve.
Invigilancia. Femenino. Acción ó
efecto de invigilar.
Etiuolooía. Invigilar: francés, tw-
vigilance.
Invigilar. Neutro. Cuidar solícita-
mente de alguna cosa.
Etimología, Prefijo «, no, y vigi-
lar: latín, invigilare.
Invinación. Femenino. Teología,
TransubstanciaciÓn del vino en san—
gre de nuestro Señor Jesuerifto.
EtiuolooU. In, en, y nnoi francés,
intinatioa.
Invincible. Adjetivo anticuado.
Invencible.
Inviolabilidad. Femenino. La ca-
lidad que constituye inviolable algu-
na persona ó cosa, y asi decimos: la.
iNvioLABiiJDAD de U lejT, la inviola.-
BiLiDAD del magistrado, la invio:abi-
LiDAD de los templos.. [| de la corona.
Derecho eonstitactonal. Alta prerrogati-
va que tiene el monarca, en los stst^
mas representativos, de no ser respon-
sable de los actos de 'su gobierno, |
LBOiSLATivA. Ls que oorresponde al
diputado de la nacido, en cuanto á ta
expresión de sus ideas en el santuario
de las le/es, así como & la gánntía y
seguridad de su persona. Q db asilo.
Historia antigaa. Sinónimo de dere-
cho de asilo.
Etiuoloqía. Inviolable: catalán, m-
violaUlifat; francés, Ínviola6ilite'; ita-
liano, inviolabiliiá; portugués, invio—
labilidade.
Inviolable. Adjetivo. Lo que no
se debe ó no se puede violar ó profa-
nar. B Derecho constitncional. Condi-
ción y carácter inherentes á la autori-
dad o & la persona del monarca, en
los sistemas representativos, á conse-
cuencia de no ser responsable de los
actos de su gobierno.
Etiuolooía. Latín invilíli&iliii -la
que no se puede quebrantar ó profa-
nar; de in, no, v vi^lH&ilis, violable:
italiano, immoÚoi^?; francés y catalán,
inviolable.
Inviolablemente. Adverbio de
modo. Con inviolabilidad. | Invali-
blbmentb-
Etiuolooía. inviolable y el sufijo
adverbial mente: latín, ineióUbílíter;
francés, provenzal y catalán, inviola~-
blement; italiano, inviolabilmente.
Inviolado, da. Adjetivo, Lo oue
se conserva en toda su integridad y
pureza.
Etiuolooía. Latín intiUatus, ínte-
gro, perfecto, sin corrupción ni man-
cha: italiano, inviolato; francés, invio-
le'; catalán, inviolaí, diu
Invirtud. Femenino anticuado.
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lííVT:
Filia de rirta^, aceiÓn opuesta á ella
Invírtaoswnente. Adverbio de
modo ántictudo. Sio TÍrtud, vieiosa-
aente.
lavirtUMO, Adjetivo anticua-
do. Lo qua es falto de virtud ú opaes*
to i ella. -
Innsilnlidad. Femenino. La ca-
lidad q^ofl eonstítnjre alguna persona
ó cosa iDTÍsible.
RnuoLooiK» I»vüi&le: latín, i»oiti~
híUtas: italiano, ínvitibilita; francés,
UvitiÓilií/; provenxal j catal&n» ««i»-
slHUtat.
Invisible. Adjetivo. Lo que es in-
capaz de ser visto. Q E.v un invisible.
Bxpresión familiar anticuada, Prontf-
símamente, en un momento,
BñMOLOofA.. Latín ini^sWilis; de in,
no, j vUWlis, visible: italiano, invi-
úhiCe; fraucés V catalán, intñtible; pro-
^'ftDzal, inviaibU» ewDttihle.
IiiTOÍMem«nte. Adverbio modal.
De un modo invisible.
Bnuotoofa.. fnvMibUjttX su6jo ad-
veriñal mente: francés j catalán, invi-
tiUewtení; italiano, invitibÜmeute; la-
tín, inñitHliter*
bivitable. Adjetivo, Digno de sor
invitado.
BnuOLOOfA. Invitar: latín, intñtS^
híÜSt deleitable, blando, gustoso,
atractivo^
Invítacióii. Femenino. La acción
/ efeeto de invitar. |J Convite.
BnuoLOOlA. InxñHr: latín, invitS^
üo, brindis demasiado repetidos; ita-
liano, invitazione; francés, inniaiion.
Inritadamente. Adverbio de mo-
do. Con invitación.
VsmOLoaijL. Invitada j el sufijo acU
varbial flifltfe.
iBfitádor, rm. Ifasculino j feme-
nina. Bl d U que invita.
Invitar. Activo. Convidar, incitar.
BnuoLOOÍA.. Catalán invitar: fran-
cés, inviter; italiano, Mvttor», del la-
tín úwitare.
SufOHiuiA. Invitar, convidar. Yo i»-
ñUti mi contrario, con el fin de que
niga en una reunión los cargos que
pienso dirig^irle.
Convido a mis amigos, ó ¿ mis su-
periores, con «1 proprísito de obse-
iniarles. . ' '
La inviíaeitjn puede ser astuta, oap-
üosa, desleal, arresiva.
' El convite puede ser ambicioso; pero
W ambición que convida, es galante,
iibeial, ag|asajadora.
' üú^invitactiín ha llevado i machos
al cadalso.
Del convite se pasa muchas veces á
ladisolaeión.
/snfo para qae me oigan.
Cowido para que me celebren.
- En naestro siglo son algo más fre*
ooentes las invitaciones (^vtttlQS convites.
Bu nna palabra, la invitaeiím es el
fBcuiso de los pequeños.
El convite es el golpe de Estado de
los grandes.
Los convites me hacen sonreír.
' Im invitaciones me hacen sudar.
Twitatiój entre los latinos, aignift*
nba cierta idea de arorócaeidn. iQaé
"bioeststol ■
INVO
laVitfttÍTO, vü. Adjetivo. Tmvit*.-
TOIIIO.
Invitatorio. Maseuliao. Litnrgia
católica* La antífona aue se canta y
repite en cada vorso del salmo Venite,
al principio délos maitines. ¡Cartas
iNviTATORUs; cartas aue el Papa di-
rigía á los obispos de las ciudades su-
fragáneas, invitándoles á qne fuesen
á Roma para formar el concilio ro--
m:ino, el cual tenía lugar en cada ani-
versario dé la eonsagracidn del sumo
pontífice.
BriMOLoafA. /untar: f^neés, imir-
tatoire.
Invito, ta. Adjetivo anticuado. In-
vicm
Invocable. Adjetivo. Qoe puede
ser invocado.
Invocación. Femenino. La acción
7 efecto de invocar. \ Poética. La par-
te del poema en qne se invoca alruna
deidad, verdadera 6 fklsa, para dar á
la acción el sentimiento maravilloso,
carácter propio de la epopeya.
Btiuolooía. Invocar: latín, inviicií-
ño, la acción de llamar, forma sus-
tantiva abstracta de %nvS<^w, catalán,
invocació; franeés, invocation; italiano,
invocatiime,
Invocadamenta. Adverbio de mo-
do. Con ó pjr invocación.
Etimolgoía. Invocaba j él sufijo
adverbial mente.
Invocado, da. Participio pasivo
de invocar,
BTmoLOOÍA. Invocar: latín, ¿iie^cS-
ías; italiano, invócala; francés, inao-
qué; catalán, laiWM/, da.
Invocador, ra. Masculino j feme-
nino. Bl que invoea.
ETiHOLoaU. Invocar: latín, inodcS-
lor; italiano, invocatore; fraqipés, *six>-
cateur.
Invocar. Activo. Poética, Implo-
rar el aux.ilio de una divinidad, ver-
dadera ó falsa, para dar al poema la
fábula maravillosa. Q Llamar uno á
otro en su favor j auxilio. Usase tam-
bién hablando de cosas, como cuando
se dice; invocab el auxilio de Dios,
la clemencia del rej, el nombre de la
patria, la sombra de los antepasados,
los manes de un pueblo.
BmiOLOofa. Latín invÜMret llamar
adentro; de in, en, dentro, sobre, y
vScSre, llamar: italiano, /mvom»; fran-
cés, invoqner; catalán, invocar»
Sinonimia. Arílculo primero. — In-
vocas, IMPLORAR. Bl que invoca, lla-
ma á otro para que lo auxilie; el que
implora, pide con insisttíncia, con fer-
vor T con lágrimas. El cristiano invo-
ca el nombre de Dios, é implora su
misericordia. (3foRA.)
Articnlo segundo, — Invocar, bvo-
CAB. Invocar es pedir una ajuda, una
esperanza, un consuelo.
Evocar es traer algo del otro mun-
do, es arrancar algo de las tumbas.
invoca una deidad, se (hmca un
recuerda glorioso.
Se evoca una sombra.
Invocar es retórico.
Svaear es &ntástico.
La invoeaeidn alienta.
La evocae^n espanta.
INVO
161
Invocatorio, ría. Adjetivo, Lo
que sirve para invocar.
BnuOLoafA. ineocar; italiano, i«ro-
catorio; francés, invocatoire; catalán,
invocaíori, a.
lavolcablo. Adjetivo. Qna no pue-
de volcarse.
Involuc^. Femenino. Botánica,
Especie da bráctea, que se encuentra
en la base de las umlielas par'^inles.
I Involucro secundario eon relación
i un involucro generaL
BnvoLOofA. Involutivo: francés, in-
volucelU.
Involucelado, da. Adjetivo. Bo-
tánica. Provisto de una involucela.
Btiuou)oU. Intolncela: francés, in-
volitcellf.
Involución. Femenino. Botánica.
Posición de' lo involutado.
BriMOLOOÍA. Involutivo: latín, s'ae¿-
IStto, la acción de envolver; francés,
involution; provenzal, envoludó.
Involucrable. Adjetivo. Suscepti-
ble de ser involucrado.
InvolacraciÓD. Femenino. Acción
ó efecto de involucrar.
Involucradamente. Adverbio de
modo. Con involucracióa.
BTiyoLooÍA. Intolucrada j el sufijo
adverbial menif.
Involucrado, da. Participio pasi-
vo de involucrar. |j Adjetivo. Botá-
nica, Provisto de un involucro.
Btimoloqía. Involncrar: francés, m-
volneré.
Involucrador, ra. Masculino j
femenino. Bl que involucra.
Involuoral. Adjetivo. Botánica.
Que unce en el involucro.
BniioLoafA. Involucro: firancés, m-
volucral.
Involucrar. Activo. Ingerir en los
discursos ó escritos cuestiones ó asun-
tos extraños al principal objeto de
aquéllos.
BtiuolooU. Intolucro,
Invol aeriforme. Adjetivo. Histo-
ria natural* Que presenta la forma de
un involucro.
Involucro. Masculino. Botánica.
Compuesto de brácteas dispuestas de
un modo e'ctraño. (Caball&ro.)
EriMOLOOfA. Latía involücrum, todo
lo que sirve para cubrir, forma de in-
volvUref envolver: francés, involucre,
Jieseña.—'Rl involucro consiste en
la reunión de brácteas que forman,
en torno de una flor, cierta cubierta
general á manera de gargantilla. £1
INVOLUCRO es propio j exclusivo de
las umbelas.
Involuntariamente. Adverbio de
modo. Sin voluntad ni consenti-
miento.
Btiuolooía. Involuntaria ^ el sufi-
jo adverbial mente: italiano, tnvoluntt^
riamente; francés, involuniairement; ca-
talán, involuntariament. — «Forzada-
mente, sin voluntad ni consentimien-
to.» (ÁCADEUIA, Diccionario de 1726,)
- Involuntariedad. Femenino. La
calidad que conatituje las acciones
involuntarias.
BnuoLoaÍA. Involuntario: catalán,
invoiuntarietat.
Involuntario,- ria. Adjetivo. Lo
TOMO lil
ai
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162 INYE
que no ef Toluntario. Aplíetse tam-
bién i los moTimíentOfl tísicos 6 mo-
rales oue saceden independientemen-
te de la voluntad.
BnuoLOoU. Latín Ínt><5lMníarÍMs; de
«II, no, 7 vdlimtSrtiu: italiano, «moo/om*
iario; francés, invoUitíairt; eatalin,
involuntañ, a.
Involatíi. Femenino. Voluta.
iDTolnUdo, da. Adjetivo. Botáni-
ca, De bordes arrollados, hablando de
ci»tas hojas de veg^etales; y así se
dice: péiaíot ihvoldta,i:03.
EtiuolcoU. JnvoluUvo: francés, in-
voluU.
Involutifbliado, da. Adjetivo.
Que tiene las hojas arrolladas desde
su juinta hasta la base.
BnuoLOaÍA. Involutath y el latín
fSUataa, de^Kvm, hoja,
InvolutiTO, va. Adjetivo, Botáni-
M. De flores arrolladas.
ETiuoLoofA. Latín invHüíut, en-
vuelto, participio pasivo de involvitre,
envolver: francés, inwlntif,
luTolTente. Adjetivo. Qae envuel-
ve.
EmiOLOofA. Latín mdSAwm, mvdl-
vfítíis, partíeipio de preseüte da invol-
tÜre, envolver.
Invnlnerabilidad. Femenino. Cna*
lidad de lo invulnerable.
BTuoLoaÍA. Invulnerable: italiano,
invulnerabilitá;íx9iXitéSfinv%lnerabiUté,
Invulnerable. Ai^'etivo. Lo qne no
puede ser herido.
KriuoLoaÍA, Latín ini>%li^SÍÍÍl%$t
lo que no pnede ser herido; de i», no,
y vulnÜrSoUis, vulnerable: italiano,
inwlnerá&ile; francés, invulnerable; ca-
talán, invulnerable.
Invulnerablemente. Adverbio de
modo. Con ín vulnerabilidad.
IBensiOLoaÍA, Invulnerable ^ el sufi-
jo adverbial mente: francés, tnvulnéro'
blemeití.
Inxír. Activo anticuado. Arrojar,
echar.
Inyección. Femenino. La acción y
efecto de infectar. | Introducción de
ciertas materias en los va«os, ora sea
para alterar su volumen, ora para da>
les color especial, en cujo sentido se
dice: «la invección de un cadáver.» |
Medicina. El líquido inyectado como
remedio: intección emoliente, in-
YBCciÓN detersiva. | Estado de reple-
ción de los vasos capilares por la san-
gre. II Inybcciombs ánatóuioas. Pie-
zas anatómicas preparadas por la in-
YSCCtÓN, las cuales han perfeccionado
frandemente la anatomía, al par que
acen su estudio menos repugfoan-
te. I Geología, Penetración de una
raca líquida en otra roca no solidifi-
cada aún; en cuyo sentido se dice; la
INYECCIÓN del granito en el ^neis.
Etimología. Infectar: latm, injec-
tío, fürma sustantiva abstracta de in-
jecíkí, echado dentro, participio pasi-
vo de injiche, echar sobre.
i^j¿Ha.— Las INYECCIONES anató-
micas fueron invención del holandés
Rujrsch, quien, á la gloria del inven-
to, supo unir la excelencia en tales
trabados.
Sutoria. — Impuesto que estableció
IÑIG
Jufltíniano, á favor de los que morfan
de hambre ó peste. Los que se libra-
ban de estas calamidades pagaban
este impuesto.
Inyectación. Femeniao. Iimc-
OlÓN.
Inyectador, ra. Masculino y fe-
menino'. Bl que inyecta. Q Masouliao.
El instrumento con qne se inyecta.
BnicoLoefa. Inyeetari fnneés, ta-
Jeetewr,
Inyeetamlento. Hasenlino. Ih-
TBCCIÓN.
Inyectar. Activo. Medicina, Intro-
ducir algún fluido en otro cuerpo con
algún instrumento; y asi se dice: w-
YBCTAS cierto líquido en los vasos de
un cadáver, en el recto, en una Haga;
INYECTAS las venas, las arterias, los
vasos linfáticos con mercurio.
Etiholooía. Francés, injeeter: ita-
liano, injettare, del latín injeciSre,
arrojar sobre, forma verbal de injee-
tum, supino de injiche, compuesto de
in, en, yjiacürgt arrojar.
Reseña histérica. — Reynier Giaaf
fué el primero que inventó una nueva
especie de jeringa, por cuyo medio
inyectaba en los vasos una materia
colorada. La observación del movi-
miento de la sangre en los vasos le
sugerió el ínventode la jeringa. (Fon-
TBM8LLE, RutfSch.)
Inyectarse. Recíproco. Medicina,
Recibir un exceso de sangre en los
vasos capilares, y así se dice: «sus
ojos se iNYBCTAH.> Q Estar lleno de un
líquido inyectado, como cuando deci-
mos: «el mercurio SB INYECTA en los
vasos linfáticos; las venas se inyectan
Eor el orificio aórtico del corazón.» Q
llenarse alguna cosa de líquido.
Inyectar, ra. Masealino y femeni-
no. Inyecta DOB.
Inyuncto, ta. Participio pasivo
irregular anticuado de inyungir.
Inyungir. Activo anbcoado. Pre-
venir, mandar, imponer.
Etiuolooía. Latín inj^^re, encar-
gar, disponer: injungére delectas, dis-
poner ó decretar alistamientos de gen-
te para la ffuerrs. (TáciTO.)
Ifiame. Masculino. L>ame.
ifligo. Masculino. Nombre patro-
nímico. lONAClO.
tüiguez. Masculino patronímico.
El hijo de íñi^o. Después pasó á ser
apellido de familia.
tñiguez de Kendoza (ImAs). Una
de las muchas favoritas d« Alfonso IX
de León é hija de don Ifiigo de Men-
doza, ricohombre y seflor de Lodio.
Parece que debe contarse como la pri-
mera favorita que tuvo el rey, pues
antes de casarse con Doña Berenguela,
había ya nacido Doña Urraca, hija de
Don Alfonso y de Doña Inés. Esta
Doña Urraca casó con don Lope Díaz
de Haro, señor de Vizcaya. Su madre
fué muy célebre por su extraordina-
ria hermosura.
Iñiguez de la Vega(ELviBA). Hija
de don Suero Fernández de Villalo-
bos. Kstaba dotada de singular talen-
to y belleza, y fué amante del rey de
Castilla Enrique II, que tuvo de ella
dos hijos: Alfonso Enríquez de Gasti^
lOÜI
lia, del cual descienden loi condes de
Noroña; y Juana, que casó coa Pedro
de Aragón, b^e d«l marqués de Vi-
llena.
Iflonur. Activo anticuado. I«no-
aiB.
Iñueloa. Masculino plural. Büoi
que forman decos v sirven en lot
lares paia snlBzar te tala que Sft«eab«
con la que empieza.
lo. Femenino. MHokgia, Hija de
Inaoo, amada de JáplUr que, para
substraerla álaa asechanzas de Venus,
la convirtió en vaca. Juno se la hi»
entregar y le puso por gaaidián á A^
gos, el de los cien oíos. Habiéndola
abortado Mercurio de su vigilante,
filé perseguida pox un tábano; reco-
rrió tierras y mares, y llegó, por fta,
á Egipto, donde recobré su forma pri-
mitiv&. Casó con Telégono y fué ma-
dre de Epafo. Según las fábulas grie*
gas, introdujo en ^ipto el culto de
Ceres, bajo el nom«e de Isis. Fué
también adorada y su culto m coafitá*
dió con el de dicha diosa. El m«dio da
que se valió Merenrlo paia dai ma»
te á Argos, fué el de adormecerle tar-
fiendo la flauta. Se dice qae cuando
lo iba huyendo del tábano que contsa
ella envió Juno, pasí junto á su pa-
dre, y con el pie escribió su nooure
en la arena, con lo cual se dió á cono-
cer; pero, al irla á coger loaeo, la
picó el tábano y se arrojó al mar.
Pasó á nado todo el Mediterráneo, y
llegó á Egipto, donde Júpiter la vol-
vió á su forma primitiva, y tuvo de ella,
á Epafo. Los egipcios la erigieron ^-
tares y la dedicaron sacrifidos, ba^o
el sombre de Isis. Júpiter laconcedió
ta inmortalidad y la casó coa Osiris.
Se la ha representado baja difereaetos
formas , confundiéndola frecnentia-
mente con Cibeles.
lodam* ó lodamia. Faneurno.
Mitoloyia. Sacerdotisa de Miuwva,
que penetró una noche en el santaa-
río Sñ la diosa, por lo que ésta la pe-
trificó mostrándola la cabeza de Me-
dusa. I Otra, madre de Deuealión.
lodnidrato. Masculino, QnÍmum.
Sal formada por la oombínaciÓB del
ácido iodhídnco con una base.
ETiuoLoaÍA. lodhidrico: ftancés,
iodhydrate.
lodhidrico. Masculino. Qhímícs.
Ácido compuesto de iodo y de hidró-
feno, por cuya razón se le llama tam-
ién ácido hidriódico.
Btiuolooía. lodo é Aidr^eiUK ten*
cés, iodhydrique.
I6dico,ca. Adjetivo. QttlMtoi. Aci-
do iónico; el segundo de los ieidoe
que el iodo produce en «unbinaeión
con el oxígeno.
EtiuologÍa. Iodo: íraneés, iodique.
lodido. Masculino, Química, Com-
binación del iodo con un cuerpo me-
nos electro-negativo que él, en la
cual las relaciones atómicas eon las
mismas que en los ácidos.
EtuiologÍa. Iodo: francés, iodide.
lodismo. Masculino. Medieinom Ac-
ción mórbida produmda por d- uso
reiterado d«l ioda;
ExucoLOOfA. Iodo: franoés» iodime*
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ÍOGL
ÍOT
If»SU 163
todo. Haseulino. QvtMíes. Gnerpo
rimple no metilieo, de olorfaerte, que
M emplea en la euneión de paperas,
obttraeeiones j escirtoa.
BtiuOLOofA. Griega Xw (Um), vio-
leta; Uík8i]^ (isdftj: francés. iW^.
lút4*é hi$t<íriai.—l. El iodo faé
hallado por Oottrtois en lis ag-uae ma-
dres de loa Va*'ff^es á principios del
sig-lo «etual. 1811. El iodo, de bolor
azuloso con brillo raetñlíeo, se fande
á 107' 7 esparce, inmediatamente qae
se le calienta, nn vapor de color de
violeta, de cuja circunstancia tomó
nombre. (Littr^.)
2. En efecto, el ^ego \áh¡<i signi-
fica: «de color de violeta.»
. Iodo-bórico, Masculino. ^%(miea.
Ácido aue resulta de la combínacióa
del ieiao itfdico j del bórieo.
firmoLoofi. Iodo j Mrieo: &«aeés,
iado-borifiu,
lodo-doraro. Masculino. Q»<M^-
M. Compuesto que resulta de la eom-
binacióa del iodo ó de un ioduro con
DD clomro.
RtwoloOía. Jodo j clorvo: fran-
e¿a, íodo-ekhntre.
kdoformo. Masculino. Química,
Cuerpo particalar correspondiente al
eloroiormo. Los elementos de este
cuerpo estin agrupados de tal modo,
que representarían los del icido fór-
míeo, si el oxígeno de este icido se
sostitttjera por un equivalente de
iodo.
SnuouooíA. Iodo 7 fdrmieo: firaa-
ees, iodoj'orme.
lodo^nosta. Pemeníoo. Estadio
del iod I.
BnxoLoaÍA. Grieeo li&fii)< fÍ5di$),
color de violeta, iodo, j ymati (gn^
m), conocimiento: francés, iodognose.
lodometria. Femenino. Química,
Método para determinar el peso ó la
dosis de la cantidad de iodo contenida
ea lili líquido. '
Etiholooía. lodo y el griego m^
tron, medida: francés, iodoméírit.
lodosol. Masculino. Qitímí^a. Nom-
bra de lot ioduros dobles, ó sea de las
sila producidas por la combinacién
de un ioduro de metal electro-negati-
vo eoa na ioduro de metal electro-po*
SitÍTO.
BtiHOLoaf A. Francés iodoselí da
Mi V »ett sal.
lo^oUiia. Femenino. Mtdicina.
Disininneión de carnes j fuerzas, pro-
docidas por abusa de iodo.
BriHOLOOfA. Iodo j tisit: francés,
iodop/itnisie.
lodnro. Masculino. Química, Com-
binación del iodo eon un cuerpo sím-
pie.
Stiuolooia. Iodo: francés, iodvre.
lofoaa. Femenino. Tiempos heroi'
cot. Ninfa que, según algunos mitó-
logos, faé madre de Deucalión. Otros
dicen «jne este fué hijo de lodamia j
de Júpiter.
loglar. Masculino anticuado. Jo-
oukB. I Anticuado. Músico.
loglaria. Femenino anticuado.
Jurla, didio fastivo.
lozlwia. Femenino anticnado. lo-
logo. Masculino anticnado. Jdboo.
I Anticuado. Burla.
lograr. Masculino anticuado. Ju-
glar, burlador.
loguer. Neutro anticuado. Tener
acto cama!.
loicio. Masculino anticuado. Jm-
010.
lolcos ó lolchos. Femenino. Mi-
tologia. Capital de la Tesalia, famosa
por haber nacido en ella Jasón, j ha-
berse reunido los príncipes criemos
ue fueron i eonquistar el vellocino
e oro.
lolas. Masculino. Mitología. Hijo
de Ificles, nieto j corapafiero de Hér-
cules, á quien avodó a vencer la hi-
dra de Lerna quemándola con un
hierro candente. Según Díodoro Sícu-
lo, condujo á Cerde&a una colonia de
helenos.
lole. Femenino. Miíologia. Hija de
Burito, rej de ^calia, amada de Hér-
cules, que la llevó i Trachina. Cuan-
do murió dicho héroe, casó con su
h\jo Hgllus.
lolito. Masculino. Mineralogía. Pie-
dra que tiene el color de la violeta.
EtuiolooÍá. Griego fov (ion), vio-
leu, j X(tt<K (lÍthot}t piedra: fnncés,
iolilkt.
lón. Masculino. Tiempot Heroicos.
Hijo de Xuto j de Creusa, hija de
Brecteo. Casó con Hélice, de quien
tuvo varios hijos y reinó en el Atica,
que se llamó mucno tiempo Jonia, re-
cordando su nombre. Llevó varias co-
lonias al Asía menor, estableciéndo-
las en la Caria, que antes había con-
({tiistado. Fné el fundador de la raza
jónii:a, hermano de Aqueo j marido
de Hélice, hija del rey detíno. Según
Bstrabóo, reinó en el Atica entre
Erecteo II y Cecrops II, j fué quien
dividió en tribus á los atenienses.
Eurípides le representaba como hijo
de Apoto j de Creusa. Según Velevo
Patéreulo, bajo la conducta de un lla-
mado lÓN, fueron los habitantes del
Atica á colonizar el Asia menor; pero
no fué de este Ión, hijo da Xnto j
marido de Hélice.
longleria. Femenino anticuado.
Burla, dicho festivo.
lopas. Masculino. Mitología. Prín-
cipe de Africa, que tocó el laúd duran-
te el festín que Dido dió i Eneas.
lo-paean. Interjección. Grito de
alegría j de invocación, que los anti-
guos repetían en los sacrificios, en los
juegos solemnes, etc.
loplokos. Masculino. Miiolagía.
Sobrenombre de Baco.
ErmoLoafA. Griego lonXóxw; (iopló-
kos), el ^ue entrelaza violetas, de Tov
(ion), violetas, j lOdxtú fpUASjt jo
tejo.
lord. Femenino. Mitología escandí-
nava. La tierra, mujer de Odín.
lornada. Femenino anticuad o. Joa<
HADA.
los. Masculino. Geografía antigua.
Nombre que tuvo la isla do Nio, una
de las Spórades, donde se dice que
murió Homero.
lot. Femenino. /V/ojc^ia, Décima
letra del alfabeto gótico j alemán»
equivalente i una t muj breve, j £
veces i una j.
londebnik. Masculino. Historia.
Título de nn eódiso ruso, publicado
por el czar Iván IV, en 1550.
Ionios. Masculino. Antigüedades
griegas. Canto en honor de Ceres.
Ipecacuana. Femenino. Botánica.
Planta de la América septentrional,
que echa las hojas unidas, opuestas,
muj prolongadas, lisas j planas; las
flores blancas y pequeñas; las bajas
casi aovadas y tersas, con una celdi-
lla que encierra dos semillas unidas,
oblongas, planas por dentro y gibosas
flor fuera. La raíz de eíta planta, que
leva el mismo nombre y el de i^u-
quillot es emética, tónica, purgante v
sudorífica.
BTMOLOofA. Brasileflo ipetíuuana,
que quiere decir raía rayada (Pou-
cejkt): latín técnico, aselepiat atthma-
tica, de Linneo, ipecacuana de la Isla
de Francia; ascúpias vincetoxieum, de
Linneo, que es la ipecacuana de los
alemanes, denominada por los france-
ses dompte venin^ doma-veneno, tra-
ducción del latín vincetoxieum ^ vence-
tósigo; catalán, ipecacuana; francés,
ipécacuann.
Ipil. Masculino. Árbol de Filipi-
nas, de madera muv dura y correosa.
Ipo. Masculino. Veneno activo que
fluje de algunos árboles del archipié-
lago índico.
Ipocrisia. Femenino anticuado.
Hipocresía.
Xpoctono. Masculino. Mitología,
Sobrenombre de Hércules, por haber
destruido los gusanos que roían las
vides.
ErncoLOofA. Griego tnoxt^voc (ipok-
tónosj, de r<|. (tps), gusano, y xTÉivto
(ktéind), yo mato: francés, fpoctone.
Ipomea. Femenino. Botánica. Plan-
ta convolvulácea.
Etiholooía. Francés, ipomée.
Ipso facto. Locución puramente
latina, usada en castellano, que signi-
fica inmediatamente, en el acto, y tam-
bién por el mismo hecho.
ETiuoLoaÍA. Latín ipso, ablativo de
ipse, el mismo, y facto, ablativo de
factus, hecho, «por el mismo hecho;»
francés y catalán, ipso facto,
Ipso jure. Locución latina usada
en A foro para denotar que una cosa
no necesita declaración del juez, puea
consta por la misma Uy.
EnuoLOofA. Ipso y jure, ablativos
de ipse y jus, juris, derecho: «por el
mismo derecho.» — «Modo adverbial,
que equivale por el mismo derecho,
sin necesitar de nueva declaración. Es
voz puramente latina, pero muv usa-
da.» (AcADBUiA, Diccionario de
—«Aunque el delito sea de tal cali-
dad que imponga la pena i/;st)jKr¿.»
(Becopilación^liiiro V, titulo 10, ley 1.^)
IpSnliceS (UÍÁOBNES). AtiligHeda-
des. Medallones ó láminas de metal,
en forma de hombres j mujeres, i^ne
los magos usaban en los sacrificios
amatorios.
BtiuolooÍa. Latín iptct el mismo,
é iltfíSt iliieii, ave de raelamo, atrac-
tivo, lúlago: francés, ipnUtk$$.
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164 IR
Ir. Neutro. Andar 6 moTene ét ttti
lug^r hacia otro. Se usa también como
recíproco. I Estar ó ser. Caminar de
acá para allá. || Aposta.r,7 así ae dice:
VAK cien doblones á que sucedió tal
cosa, d CoDiistir» depender; ^ así se
dice: en eso vá 6 le va. la TÍda 6 la
honra á Fulano. | Importar, intere-
sar; T así se dice: nada me va ao ello.
H Disting-uirse, diferenciarse una per-
sona ó cosa de otra; j así ae dice: lo
aue VA del padre al hijo. Q Se asa para
enotar hacia donde se dirige un ca-
mino; y así se dice: este camino va i
tal parte, j Seg'uir alguna carrera; J
jsí S6 dice: tB por la iglesia, por la
milicia, etc. | Obrar, proceder. | De-
clinarse, 6 eonj ugarse algún nombre
Ó verbo por otro. || En varios juegos
de naipes, entrar, jj Junto con los ge-
rundios da algunos verbos denota la
acción de ellos v da á entender la ac-
tual ejecución de lo que dichos verbos
significan; verbigracia: vahos cami-
nando; ó que la acción empieza á ve-
rificarse como: TA ANOCHECIENDO, esto
es, principia á anochecer. || Junto con
algunas voces, significa el modo de ib;
como IB i pie» á caballo, á fausto, bien
6 mal. I Junto con el participio pasivo
de los verbos activos, significa pade-
cer su BcciÓDt y con el de los recípro-
cos, ejecutarla; v así se dice: xa vendi-
do; IB atenido. Q Junto con la prepo-
sición á j algún infinitivo, significa
■disponerse para la acción del verbo
con que se junta; por ejemplo: voy £
salir; vahos & almorzar. Q Junto con
la preposición con vale tener ó llevar
lo que el nombre significa; jr asi se
dice: lE con tiento, con miedo, con
cuidado. I Junto con la preposición
contra, vale perseguir, y también sen-
tir ó pensar lo contrario de lo que sig-
nifica el nombre á que se aplica; como:
IR contra la corriente, contra la opi-
nión de alguno. | Recíproco. Morirse
ó estarse muriendo, g Salirse algún lí-
quido insensiblemente del vaso ó cosa
en donde está. Aplícase también al
mismo vaso ó eosa que lo contiene; j
así se dice: ese vaso, esa fuente se va.
|¡ Deslizarse, perder el nivel; así se
dice: IRSE loa pies, por resbalar; ibsb
la pared, por amenazar ruina, y Gas-
tarse, consumirse ó perderse alguna
cosa. I Desgarrarse ó rompersealguna
tela, y también envejecerse. Q Vento-
sear ó hacer alguno sus necesidades
sin sentir. || adelante. Frase. No de-
tenerse, proseguir en lo que se va di-
ciendo ó tratando, J| al Jordán. Frase
familiar con que se denota que al;>:uno
se ha remozado ó ha convalecido. Q
AllíL 8b va. Véase Allí.. U Allá va
BiO ó ALLÁ TA LO QUE KS. Vcase
Allá. II Ib alto. Frase. Se dice de los
ríos ó arrojos cuando van may creci-
dos, l BiBM Ó UAL, Frase. Hallarse en
buen d mal estado alguna cosa. 1| con
ALQUHO. Frase. Ser de la opinión 6
didteaien; eonvnúx con ¿1. y Estar de
■a parta d á su fiivor. Q Ihásb lo ama-
do tqübdabá lo dbscolobado. Refrán
con que se da á entender que, pasado
el deleite que causa alguna pasión
d«tonlo&ad«i qiwd« §úU u dsssrédito,
m
el deshonoróla vergüenza. J Ib pa-^
BANDO. Frase con que se significa que
alguno se mantiene en el mismo esta-
do en orden á su salud 6 conveniencia,
sin especial adelantamiento ó mejoría.
II LBJ03 ó UU7 LBJOS. Frase metafóri-
ca. Estar muy distante de lo que se
dice, se hace ó se quiere dar i enten-
der. I Ibsb uubibndo. Frase metafóri-
ca. Ir 6 caminar may despacio, con
desmajo ó lentitud. U roa alto. Fra-
se. En el juego de trucos y billar es
cuando ano hace saltar fuera su bola
por encinu de la tablilla, con lo cual
se pierden rajas. | alouka cosa. Fra-
se metafórica. No entenderla ó no ad-
vertirla. I LOS OJOS TEAS A LO UN A P8B-
BONA Ó COSA. Frase. Quererla, desear-
la con extremo. | sobbb alouna cosa.
Frase. Seguir algún negocio sin per-
derlo de vista, f Ib y venir. Frase.
Insistir en alguna cosa, revolviéndole
continuamente en la imaginación, j
así se dice: si da usted en ir t venib
en eso, perderá el juicio. Q A qran ib,
AL MÁS IR. Expresión anticuada. A,
TODO CORRER. | Ni VA NI VIBNB. Bx-
firesión familiar con que se explica
a irresolución de alguna persona. |
^QuiáN VA? 6 iiQuiáM VA ALLÁV Expre-
sión de que se usa regularmente por
la noche, cuando se descubre algán
bulto ó se siente algún ruido j no ae
ve quién lo causa, i Sin iblb mi ti-
HiBLB. Expresión de que se usa para
dar á entender que no le importa i
alguno aquello de que se trata. || Pob
donde fueres ó donde pubbbs, haz
couo viBRRS. Refrán que advierte que
debe cada uno acomodarse á los usos
V estilos del país donde se halla, y
Tanto se le da pob lo que va couo
POB lo qub viene. Frase con que se da
á entender que á alg^uno no le impor-
ta nada lo que sucede, y Vaya. Usado
como interjección, sirve para expresar
algún enfiido, j también para apro-
bar alguna cosa, j para excitar ó con-
tener; j asi se dice: ¡vaya! deje usted
eso; ¡vaya, vaya! despache usted, etc.
JEsTAB IDO. Frase familiar. Estar
elado ó profundamente distraído.
EtholooIa. Griego l»(46)tyQ voj:
latiu, «o, irt; italiano, ir*; fnnoésj
ca talán, «>.
Ib. Del latín «0, ú, «>«, im, itMm,
que significa ir, andar. El verbo sim-
ple iré se junta con casi todos los
prefijos (ab, ad, anb, ante, com, «2, tn,
t«/cr, obt per, frans, etc.), j da lugar
á un gran número dé compuestos.
(Monlau.)
• SiNO.MHiA. Artiwlo primero. — Ib,
IRSE. Estos dos verbos no pueden
usarse indistintamente, porque irse
tiene la fuerza de ausentarse sin rela-
ción al paraje á ijae se va, sino sólo
al que se deja; é «r, por el contrario,
no hace relación al q^ue se deja, sino
á aquel adonde se va.
Hb resuelto iru de Madrid, puede
no saber adónde irá, ó qué camino
elegirá; j no se dirá en este caso: ha
resuelto ir de Madrid, sin determinar
Srecisamente el paraje adonde va, ó
catino que lleva. Y asi cuando digo:,
me VOJ, formo una &ase completa.
tfiAC
porque como el verbo portf solo kaes
relación determinadamente al pataje
en que me bailo, explico completa-
mente que le dejo, que me ausento;
pero ñola hago igualmente completa
si digo solamente; jo voj, pues falta
saber adónde, jorque el verbo no lo
determina por sí solo. (Hcbrta.)
Árticulo f«yWo.— Ik^ ibsb. Ir es
moverse de un lugar para otro deter-
minado: poner el cuerpo en movi-
miento con cierta dirección fija. Ine
es simplemente ausentarse. Nótase
estadiferendaanlosejamploB siguien-
tes: ¿dónde han ido los ^ue se Jíertuf
Se /%¿ de la casa para tr i la iglesia.
Me oey, j puede que vajfa i paseo.
(Moba.)
Ira. Femenino. Pasión del alma,
que mueve á indignación j enojo, j
Apetito ó deseo de injusta vengan»:
es uno de los siete pecados capitales,
y Apetito ó deseo de venganza, según
orden de justicia. \ Metáfora. La furia
ó violencia de los elementos. | Plural.
La repetición de actos de saüa, enco-
mio, Tenganza.|i)B DiosI Expresión de
que se osa para "manifestar la extrafie-
za que causa alguna cosa, ó la dema-
sía de ella, especialmente cuando «e
teme produzca sus malos efectos con-
tra nosotros. | Iba db HEavANOS, iba
ra diablos. Refrán que da á entender
^ue son mucho peores los efectos de la
ira cuando es entre personas que, por
el parentesco ú otros motivos, deben
tener más unión j amistad. \ A iba
DE Dios no hay casa fubbtb. Refrán
con que se da á entender que al po-
der de Dios no haj cosa que resista.
I Ob iba DEL SEÑOB Y DE ALBOROTO
DBL PUEBLO TE LiBBE Dios. Refrán que
denota cuán temible es el enojo y la
violencia en los poderosos j una con-
moción popular, y Dbscaboáb i,a iba
BN ALauNO. Frase. Desfogarla. |Ll>-
NABSB DB IRA. FrasB. Eofodarse 6 irri-
tarse mucho.
Etucülooía. Sánscrito
(trs) ó irsift aborrecer, envidiar; ini,
aborrecimiento, cólera: griego,
(¿ris), contienda; latín, tra; firancés é
inglés, iré; ruso, iarot/¡ italiano, pro-
venzal j catalán, «ra.
Iracaba. Femenino. Botánica. Ár>
bol de las islas occidentales, de hojas
parecidas á las de la higuera, de flo-
res amarillas y aromáticas, j de fruta
parecida á la pera.
Iracundamente. Adverbio de mo-
do. Con iracundia.
EtiholoqÍa. Iracunda j el sufijo ad-
verbial 0UM¿f.- italiano, iracondaMenle;
latín, irac&ndé.
Iracundia. Femenino. Propensión
á la ira.
Etiuolooía, Latín iracundia; italia-
no, iracontíia; cataláUf iraeundia'-~
«Por lo regular se toma lo mismo que
ira; j añade el ser con exceso ó ser el
hábito vicioso de quien fíicilmente se
dejar llevar de la ira. Es vos jiuramen-
te latina. > ( Acadbuia, />M:efON<ina
deilSe.J—^i&Mcho va de la ira,á la
iracundia; porque Ja ira nace deU
ocasión, j la iracundia de mala oon-
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IRAL
miA
IRIA ' 165
ík\6d,> (GcbtaÚ, BptttoUt fami-
litrei,)
Iracuado, da. A-djetivo. El aae es
fropeoso i la ir», l Po/tica. Aplícase
tos elementos, cuando están dema-
■tadamente alterados 7 enfurecidos.
BTiifOLOOfA. Iracwtaia: latín, ira-
^§ñáiu; italiaao, iracondo, iraeondiao;
eatalán, iracundo, o.
Indé. Masculino. Decreto impe-
rial en Tnrqufa.
BuHOLOofA. Pronunciación turca
del árabe irada (V^t)|}> Toiuntad,
deseo: francés, irad/.
Irado, da. Adjetivo anticuado.
Bandido. | t pagado. Expresión que
se halla en donaciones antíg'aas de
los rejes, de la cual se usaba af tiempo
de nombrar lo que se reservaban en
los lug-ares donados. Eutre estas re-
servas, ana era que el rej había de
poder entrar en los tales lugares siem-
pre qae quisiese, irado t pasado;
esto es, airado 6 apaciguado, de gue-
rra ó de pax.
BTUioi.oofa. Airado. Es una bri-
llantísima iaterpretaciÓQ.
Irak. (Bajo latín.) Masculino. Vi-
drio de Irak. |¡ Vaso ó redoma de la
misma materia.
BrmoLOOfA. Arabe Cirakl}^
adjetivo relativo del nombre propio
Vrai, provincia de la Babilonia de los
anti^oa, en donde se fabricaba un
vidrio umejante al cristal, llamado
ti vidrio 'irakl (ji'j^t
Rettfla kitttfnea^—EL latín de la
Edad medía nos ofrece muchas y va-
riadas formas del radical árabe.
1. Jrttkt. cVaaos vitríos, eouza
(conzB) iraké,» (BtpaXa Sagrada, LX,
409.)
2. Iraaam. «Et concham iragan.9
(Ihid., ÍXXVJ. página 50.)
3. ¿rachas* cEt tres fíalas quas di-
cant rotomas iraeha»:» «que llaman
redomas de lrak*> (Ibid.)
4. Aeyralis. «Vasa vitría: concas
atr/ralit II.» (Yaras, Crónica di la or-
den de san Benito, V, 424.)
Iraíba. Masculino. Palmera del
Brasil, cuja médula es comestible.
Irala (DoHiMao Martínez db). Ca-
pitán espafiol, uno de los conquistado-
res de la América meridional. Nació
en 1486; formó parte de la expedición
de Mendoza, en 1534; contribuyó al
descubrimiento de los paísesque riega
el río de la Plata; sucedió en el go-
bierno de Buenos Aires & Juan de
Ajólas, T luego, á Alvaro Núñez Ca-
beza de Vaca, j murij en 1Ó57.
Irala Tuao (Matías Antohio).
Pintor y grabador espaúol, que nació
eo 1680 j murió en 1753. Tomó el
hábito en el convento de la Victoria
de Madrid, jr siguió practicando su
arte, en el que formó algunos buenos
discípulos. Entre sus cuadros más no-
tablea se distinguen: san Francisco de
^aula dittriiujfendo^nías medicinales
i les paires; santo Tomás de Áquino^
qne existe en AlcaU de Henares, j
gran número de dibujos y grabados
ae S0 eonserran en él museo de Ma-
rid.
IrarM. Recíproco anticuado. Ax-
RAaSB.
Irascencia. Femenino anticuado.
Iracundia.
Irascibilidad. Femenino. Propen-
sidn á la ira.
EnvoLoof A. Irascible: italiano, •Vm*
eibilita; francés, iraseiHlité.
Irascible. Adjetivo. Lo pertene-
ciente á la ira. | El que es propenso á
irritarse.
EtiuolooÍa. Ira: latín, irascUtlit;
italiano, irasclbile; francés y catalán,
irascible.
Irenarca. Masculino. Entre los ro-
manos se llamaba así el magistrado
destinado á cuidar de la quietud y
tranquilidad del pueblo. O Historia
úriega. Oficial encargado de mantener
la tranquilidad pública en las provin-
cias del imperio griego.
Etiuolooía. Griego eípi)váp^f)c ( eiré-
nárckes); de eireni, paz, y archein,
mandan latín, irhiarcha; francés,
iréhargue. El griego tiene también la
forma tlpi^vxpyo^ (eirenarcAos).
Irene. Femenino. Nombre griego
de mujer.
EraíOLoafA. Griego Eípiívi] (Siré-
né), Irene j paz: latín posterior á la
época de Augusto, /fak; francés, Ire-
ne; catalán, frena.
1. Irene. Del griego eireni, paz,
tranquilidad. Nombre propio de mu-
jer, como Ireneo (pacífico) es nombre
propio de hombre. De abí también
irenarca, como quien dice: jefe de los
pacificadores; entre los antiguos grie-
gos y romanos, juez áepas; magistra-
do destinado á cuidar de Ukpat, de la
equidad y tranquilidad del pueblo.
(MONLAU.)
2. Irene. Femenino. Planeta te-
lescópico, descubierto en 1851.
EnuoLoaÍA. Irene 1: francés, Irhu.
Irénico, ca. Adjetivo. Historia
eclesiástica* Lisaca irénioos. Libros
destinados á calmar las discordias en-
tre las opiniones cristianas de los pri-
meros siglos.
Iriarte (laNACio). Pintor español,
que nació en Azcoitia en 1620 v mu-
rió en 1685. Fué discípulo de Herrera
el viejo; se distinguió como paisajista,
mereciendo grandes elogios de Muri-
Uo, y fué iino de los fundadores y pri-
mer secretario de la Academia de Se-
villa, en cuja ciudad murió. En el
museo del Prado existen algunos pai-
sajes sujos.
Iriarte (Don Touás). Siguiendo
las huellas de la del 8r. Fernández
Navarrete j otros notables críticos,
vamos á trazar la biografía de este
erudito literato, que debe á sus céle-
bres /lUttlat literarias un nombre ver-
daderamente universal. Nació el se-
ñor íaiARTB en la villa de Orotava
(Tenerife)el 18 de Septiembre de 17o0.
Sus padres fueron don Bernardo de
Iriartb j doña Bárbara de las Nieves
Hernández de Oropesa* A los diez
años comenzó á estudiar la lengua la-
tina bajo la dirección de su hermano,
Fraj Joan Tomás de Iriabtb, de la
orden de Predicadores, haciendo ta-
les adelantos que, á instancias de su
tío don Juan de Iriabte, biblioteca-
rio del rej, salió para Madrid i prin-
cipios de 1764, despidiéndose de su
patria eon unos dísticos latinos, que
nadie crejó pudiesen ser de un joven
de tan corta edad. Continad Bn>Ma-
drid su educación su tío don Juan de
laiARTB, i cujo lado estudió latini-
dad, humanidades, matemáticas, geo-
grafía, historia, física, j las lenguas
inglesa, francesa é italiana. A los sie-
te años de enseñanza, j después de la
muerte de so tío, se ocupó de la co-
rrección é impresión de la gramática
latina (1711), j de las demás obras
que publicó hasta 1776. Tuvo Iburtb
siempre gran afición á la música, j
ja en Canarias tocaba varios instru-
mentos; pero en Madrid se perfeccio<-
nd eon las lecciones de su amigo y
maestro don Antonio Rodrl^aas de
Hita. Su mucho amor i la poesía le
hizo escribir, cuando apenas conta-
ba 18 años, la comedia Hacer ^ue ha-
cemos, que imprimió en 1770 con el
anagrama de Don Tino Imarela, tra-
duciendo luego del francés, para los
teatros de los sitios reales, las come-
dias: Bl Filósofo casado. La Escocesa,
La Tragedia, El Huérfano de la C/íi-
Ha j otras, amén de algunos dramas
originales, ocupándose en estos tra-
bajos hasta 1785. En la colección que
{lublicó de sus obras, dejó de incluir
as comedias: Bl Malgastador, La 3t-
cocesa. El mal hombre, El Aprensivo,
La Pnpihjuiciosa ^ El Mercader de
Bsmirna. rot fallecimiento de su tío
don Juan de Iriartb, le sucedió en
1771 en el empleo de ofieial traductor
de la primera secretará de Estado,
cargo en el que le había soplido du-
rante sus enfermedades, asistiendo
con el marqués de los Ll;inos úlas se-
cretarías del Perú ^ de la Cámara de
Aragón. Por este tiempo (1772) tuvo
la comisión de componer Él Mercurio
histórico y político, que mejoró mucho,
j tradujo de orden puperior varios
apéndices para una obra en defensa
de Palafox, escribiendo los versos la-
tinos j castellanos al nacimiento del
infante, é institución de la orden de
Carlos III. Por entonces aserlbi¿ au
notable obra Los literatos en cuaresma,
y varias poesías sueltas, j algunas
epístolas a su amigo doa José Cadal-
so. En 1776 se le nombró arehiveio
del Supremo Consejo de la Goerra, J
al año siguiente publicó la tradttcciott
^et\ Arte poética de Horacio. Sedaño, el
colector del Parnaso Español, la criti-
có duramente, contestándole Iriaiítb
con el conocido diálogo: Donde las lo-
man las dan, en 1778. A principios
del año 1780, Ibiarte, dice otro de sus
biógrafos, se propuso que la música
no careciese de un libro Heno de pre-
ceptos, como ja contaban la poesía y
la pintura, y escribió su famoso poe-
ma La Música, obra mo^f ' apreeiaUfl
por las ideas y acertados eonsejos que
encierra, por más que no cuente, con
una de las condiciones esenciales del
poema, que es la inspiración poética,
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166 IRIA
afecto qaiz¿s da U m&xímt de Ikiart^
de que Uu versos debían ser ^ácileSt fw-
tufalet y exentos de artijícioso ornato.
Batre los convidados á la lectura de
este poema se hallaba el satírico é io-
exozable Huerta, el antagonista de
Ibusts en todo, j «I oir eite verso:
■La* aamillai de mq.xitl «rtsoutOi*
se IsTantó Huerta j abandonó U sala
diciendo: que ni aquel era verso, ni el
aator, poeta. Cierto que el citado vex^
so no es bueno; pero no lo es menos
q^oe Iriutb devohió i Huerta la cri-
tica de un modo cruel, como veremos
mis adelante. Bn 1782 publicó sus
célebres Fábulas lilerarias, que fueron
criticadas en El Amo erudito, de For-
ner, al que contestó Ibiartb con su
ñimosa sátira: Para casos tales, suelen
, tener los maestros oficiales. Entusiasta
de Virgilio, quiso ensacarse en un
Soema épico, y eli^ó la conquista de
[éjico; pero conociendo las grandes
dificultades que el asunto ofrecía, le
sustituyó por la traducción de la Snei»
da, deque publicó cuatro libros. Por
orden del ilustre conde de Florida^
Manca, escribió las Lecciones inttructv-
009 soéro ia moral, ¡a hñtorta y la y^o-
frafla, para iastrueción de íos niños
de las escuelas. En 1787 publicó la
colección de sus obras en seis tomos,
que después de su muerte se ha reim-
preso eu ocho, afiadiendo en los dos
últimos muchas obras inéditas. Eo
dicha colección incluyó La Señorita
mal criada, El Señorito mimado j El
don de gentes, comedias que compuso
en distintas épocas. Hallándose en
Andalucía (1790) á restablecerse de
sus males, escribió el rann ílogo Guz-
mán el Bueno, y en El Corresponsal del
Censor publicó una sátira en latín ma-
carrónico contra el mal gusto de núes*
tras escuelas. Tradujo con gran pure-
za j erquisita gracia El Nuevo Rohtn-
so», de Campe, de cuja obra se han
hecho maltítud de ediciones. La vida
sedentaria que hacía, agravó su pade-
dimiento de gota, de cujas resultas
murió en 17 de Septiembre de 1791,
siendo enterrado al siguiente día en
la parroquia de san Juan, de Madrid.
«Poeta de escaso numen— dice el se-
ñor Gil j Zarate — pobre versificador,
pero literato de vasta erudición j pro-
fundos conocimientos. Su posií^ión so-
cial, su ameno trato j extensas rela-
ciones, le dieron g^an fama j le hi-
cieron tener en la literatura un influjo
funesto, pues su ejemplo acreditó el
prosaísmo en la poesía, defecto que
enndióde un modoasombroso. Iriartb ,
sin embargo, á la manera de Huerta,
logró publicar una obra que asegura
su fama: las Fábulat literarias non un
monumento que nunca perecerá; aco-
modábase mM este género á la Indole
de su talento j á su manera de versi-
ficar; haj en estas composiciones gra-
cia, viveza, naturalidad, j basta los
versos son mejores que en sus demás
obras. Al escribirlas, iRt&BTS se mostró
una vez en su vida lo (^ue no era, poe-
ta.» Nuestro gran Quintana, contea-
tando á cierto artículo pablieado por
IRIA
Mr. O... en la Vkada Jlosdfca, contra
las fábulas de Ibubtb, dice: «Mire
usteii, señor sentenciador, aunque
Iriabtb, como fabulista, está á una
distancia inmensa de Lafontaine, tie*
ne, sin embargo, dotes muj aprecia-
bles para que nadie se permita hablar
de él cnn esa severidad desdeñosa.
Invención ingeniosa las más veces,
oportunidad en las aplicaciones, na-
rración despejada, lenguaje claro j
paro. Es cierto que carece de la sen-
eíllei! j del talento descriptivo, que
distinguen al Esopo francés; pero el
carácter burlón j chistoso que ma-
nifiesta en estas composiciones, la
viveza j propiedad de su dialogo, in-
teresan j agradan generalmente, ha-
lándose tan lejos del vicio de la in-
sulsez, que acaso da en el extremo
opuesto de excesiva discreción
Ks falso que todas las fábulas de
Iriabtb bajan sido escritas con el
objeto de zaherir á los escritores de
quienes el autor estaba quejoso; pues
aunque algunas de ellas puedan tener
aplicación á sus querellas literarias,
la major parte descubren la intención
general de dar consejos á los literatos
principiantes, bajo la forma de apólo-
gos. Nosotros preiciadimos de si éste
es ó no nn defecto tan esencial como
el diarista pretende; pero es incontes-
table que las Fábulas literarias de
Ibiástb no han dejado por eso de co-
rrer en boca de los literatos, v de los
que no lo son; que se aprenden con
facilidad por los muchachos á quienes
se dan á estudiar; que muchas de sus
expresiones se han hecho proverbia-
les, T que se repiten con frecuencia
las ediciones que se hacen de ellas.
^Pueden acaso los franceses decir otro
tanto de sus fabulistas posteriores á
Lafontaine?» Para concluir, copiare-
mos las frases del célebre literato
francés Florián, que debió gran parte
de su reputación á las imitaciones que
hizo de nuestra literatura, el cual
dice á este propósito: — «Yo debo mu-
cho á Iriabtb. poeta muj estimable
para mí, de quien he tomado mis me-
jores apólogos.» No queremos dar por
terminado nuestro trabajo sin copiar
la famosa posdata de una interesante
carta de Ibubtb, fechada en Madrid
el 27 de Marzo de 1787, en la cual va
devuelto el golpe á Huerta, de que
hablamos anteriormente, j sin copiar
el retrato que de este literato hace el
erudito escritor Sr. Ochoa: — cHuerta
fué enemigo de todos los literatos de
su tiempo, j no perdonó ni aun á los
antiguos. Con todos mantenía polé-
micas j á todos criticaba: era tan orí-
pfinal en sus costumbres como en sus
ideas literarias; empeñado á toda cos-
ta en llevar adelante su projecto de
reforma literaria, se creó una escuela
nueva, cnjo lema era españolismo, j
no había quien pudiese hacerle com-
firender j admirar las mejoras j ade-
antos de las demás naciones. Era esta
idea una especie de caballerismo en
él, ^ le poseía de tal modo, que al
mejor de sus amigos ridiculizad
■iempra que directa o indirectamente
TRID
despreciaba ó ajaba á sns pretendidos
ídolos literarios. Por esta causa, For-
ner, Ibiartb, Jovellanos, j todos los
literatos del siglo pasado, noi han
dejado escritos romances 6 invectivas
contra él j sus doctrinas, criticándo-
le: unos, de pedante; otros, de loco;
los más, de intratable é iocorregible,
á pesar de no negarle ingenio j faenn-
dia.» — He aquí ahora laoartadelBUR'
tb: — <Ya sabrá uated que murió el po-
bre Huerta, j que ha dejado vacante
una silla en el Parnaso j una jaula en
Zaragoza. He sentido su pronta moer-
te, por su persona, á quien nanea
tuve odio, sin embargo de que hizo
todo lo posible por perder cuantos
amigos tenía; j jo, uno de ellos; pero
en cuanto autor, creo (j entre nos sea
dicho), que el buen gusto nada ha
perdido. Ahora me ocurre el modo de
reducir á un epitafio en verso el pen-
samiento que apunto arriba; pero no
diga usted á nadie que es mío, porque
no quiero meterme con los muertos:
•De jiiioio, if , mas no d« iiie«ido momo,
Aquí Hnarta •! HadRK deacanso goM;
D«ja xm pacato vaea&t» «n el Parnaao
Y ana jaola Taoia «n Zaragos».*
Irídáceo, cea. Adjetivo. lafnno.
Iridación. Femenino. Afineralogia.
Propiedad de ciertos minerales que
produeen en el órgano de la ñeta la
impresión de los colorea del iris.
Etiuolooía. Irideo: francés, trúo-
íion.
Irideaa. Femenino plural, ffoíáni-
ca. Familia de plantas cujo tipo es el
iris.
Etimología. Irideo: francés, iriddes.
Iridectomia. Femenino. Cimgla.
Escisión de una parte del iris.
Etimología. Iris íf j el griego
¿XT0(JLT¡ (ektome), escisión; de ek, fuera,
j tome, sección: francés, irideetomie,
Iridectómico, ca. Adjetivo. Con-
cerniente B la iridectomia.
Irideo, dea. Adjetivo. BvUmiea.
Parecido al iris, y Femenino. Género
de algas.
EtiHOLOofA. Iri» S: latín, irhsut,
IrideMlTi^e.Femenino.BpÉMKBO.
Iridescente. Adjetivo. Que refleja
los colores del iris.
EriMOLoaÍA. Iris 1: ^ncés, iridet-
cent.
Iridico, ca. Adjetivo. (Rímica,
Epíteto del óxido del iridio y de lai
sales que produce*
BTiuoLOOfA. Iridio: franela, vri-
diqv*.
Iridio. Masculino. Química. Cuer-
po simple que pertenece á la quinta
sección de metales.
BTniOLOGÍA. Latín técnico iridimm,
metal descubierto en 1803, uno de los
cuerpos simples, forma de irtf, por-
que las disoluciones del iridio pre-
sentan todos los colons de aquel me-
teoro.
Iridipenne. Adjetivo. Ornitología.
Que tiene nías erizadas.
Etimolooía. Jris 2 j el latín pen^
na, ala, pluma: francés, iridipenne.
Iriditis. Femenino. MediHi», In-
flamación del iris.
StiuolooÍa. Vocablo híbrido, dd
L
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IRIS
latín irSdit, ^«nitivo d« tris, J al sa-
fijo griego iíu, laññvueióu,
Xndocele. Femenino. Ciruja. Hei-
oía del iria, á través de ana llaga 6
á» una úlcera de la e*5rnea.
Btiuolooía. Jrü, membrana, j
it'l^t tumor: francés, iridodle.
Irido-colóboma. Femenino. Cirv-
fia. E.seisi'ín del iris.
Etuiolooía. Ii-it, membrana, j ko-
í-i¿dma (juAóSfé^), mntikcida: fran-
cés, trodoeolobomf.
Iridodialis. Femenino. Ciruglü*
Daspraadimiento da uns parte del
itii púa piodueir ana papila artifi-
cial.
BTiHOi.oe(A> Iri»t mombrana, y
üxkfti* (6iAufft(), MparadiSn; francés,
fte,
>pitosis. Femenino. Cingta.
Procedencia del iris.
BTiMOLoaÍA. Jri», membrana, j
^^t». caída: francés, iridoptou.
Irídosmiaa. Femenino. Mineral»-
fia. Liga natural del iridio y del os-
mio, llamado también iridio nativo.
EnuOLOofA. Iridio j agmto: francés,
iridoimine,
Itidtecopo. Masculino. Cimgia.
Instramento fbrmado de ana concha
opan. eon ana pequeña perforación j
dattínado al «xamen del interior del
ojo.
BmiOLooÍA. lri$t membrana, y el
fri^ tkopémt, examinar; francés «n-
doKtpe.
bidoao, aa. Adjetivo. lafoico.
frtdotomia. Femenino. Ctn^ía.
lacisiÓB del iris pata praetiear una
papila artifícial.
ETXMOK.00U. /rú, membrana, y to-
me, sectión; francés, iridoiomU.
Irína. Femenino. Química. Cuerpo
3ae n separa en cristales del ag^a
estilada de la raíz de violeta.
BnuOLOofA. Irino: francés, trtM.
Iringio. Mascolino. Nombre dado
al cardo corredor.
Irino, na. Adjetivo. Farmaeia. Epí-
teto da nn ungüento en que entra el
iría.
BnniLoafa. Jris, planta.
1. iris. Femenino, ifi/o/o^io. Hija
del centauro Taamas y de Blectra,
^aa fué mensajera de los dions; par-
tiealarmente, do Juno, 7 convertida
<o arco-irÍ4. No haj estatua alguna
qoe la represente; pero en los vasos y
bajo relieves se ía figura con túnica
la^, cabello sujeto por una banda,
lias en los hombros y el caduceo y
ana cesta de fruta por atributos.
BmiotooÍA. Griego 'Ipt^ (JrifJ¡ la-
tín, Jriif IfUit; francM y eatalin,
Irii.
Ib», laiDis: del griego aVq, jo ha-
Uo, yo anuncio. Nombre propio de la
acnsajera de los dioses, aplicado lu-
eesÍTamente al arco celeste que llama-
moa areo-trit, £ una piedra preciosa,
i ana especie de planta, etc. (Moh-
Uü.)
3. Irla. Masculino. Mintralogia*
Arco celeste de varios colores que se
ve en las nubes. Q Piedra preciosa.
ÓPALO NOBLS. I Ánatmia, Oircalo de
varios eolores que se ve inmediato i
IRLA
la pupila del ojo. || Metáfora. El que
Soné paz entre los que están discor-
es.
Stih(k.ooÍa. Jrit i,
3. Iría. Masculino. Botánica, Gé-
nero de plantas qne tiene por tipo la
familia de las irldeas y cujas espe-
cies dan unas raíces útiles. Q Ibis db
LOS PANTANOS, ó tRIS AMARILLO DB LOS
PANTANOS; IBIS PSBUDO-ACOBUS, de
Linneo, cujas semillas tostadas se
emplean para dar aroma al café de
achicorias. \ Ibis db Alemania (iris
Í'trmániea, de Linneo); cultivado en
os Jardines, como planta de adorno
por sus hermosas flores azules. Q Pi-
QUBílo ibis; ibis Pinin.A de Linneo. f
Ibis db FLo::B:fCiA; lai» PLOBBNTmA
de Linneo. H Polvos db ibis. Polvos
de olor, de la raíz de dicha planta. ||
Vbbdb ibis. Color delicadísimo que,
formando un hermoso verde, tiene
empleo útil en la miniatura j en la
aguada.
Btdiolooía. Jrit 2, por semejanza
de color: francés, trif.— ^Planta que
ftroduee sos hojas muj parecidas á
as del gladiolo, aunque más anchas
j más viciosas. Produce las florea en
diversas partes del tallo, diatantes
igualmente unas de otras, j de dive^
sos colores. La mis es nudosa, maci-
za j de muy gxato olor. Diúaele este
nombre por la diversidad del color de
sus flores, qne son semejautes á las
del artuhirit. Bu esta acepción es sus-
tantiva ibmenino.» (Acadbuia, Dic-
eúmario de 17S6.) — cLa trtx, llama-
da en nuestro vulgar east^lano lirio
cárdeno, produce las hojas semejantes
á las del gladiolo.» (Laguna, So^e
Diosetkidet, libro 1, capitulo i.')
Irisación. Femenino. Aspecto que
presentan varios cuerpos matizados
de distintos eolores.
BTUfCttOOfA. Irxtar.
Iríaado. da. Adjetivo. Qne presen-
ta los colores del iris.
BrnioLoofA. Jritar: francés, irisé.
Irisar. Activo. Comunicar los co-
lores del iris. (Caballbro.)
BmiOLOoÍA. Irit i: francés, frtwr.
Irisar ó iriaar. Activo. Minvrtío-
gia. Despedir destellos de las eon los
colores del arco-iris.
Iritis. Femenino. Ibiditis.
Irlanda. Femenino, Cierto tejido
de lana j algodón, <jue tomó este
nombre por haber venido de Irlanda.
Tela fina de Uno que viene de esta
isla.
Irlanda. Femenino. Geografía*
Grande isla de la Europa occidental,
enclavada en el Océano Atlántico, al
Oeste de la Gran Bretafis, con la cual
forma el Reino-Unido del mismo nom-
bre.
1. Situación y Uniíes. — Se halla
comprendida entre los 51"26'-55<'23' de
latitud septentrional j los l°45'-<i*48'
de longitud occidental del meridiano I
de Madrid, j limitada: al Norte,!
Oeste y Sur, por el Atlántico, y al '
Este, por el canal del Norte, el marde |
Irlanda j el canal de San Jorge, que
la separan de la Gran Bretaüa. I
2. Sattmiány pobUdám,—^ teiri- 1
IRLA
167
torio presenta la figura de un romboi-
de, cujo mayor largo es de 400 kiló-
metros, desde el cabo Mízen hasta el
de Fair, j su major ancho, de 256,
desde la costa del condado de Majoá
la del Down: la supsrfieie se evalúa
en 8.277.379 hectáreas, que pueblan
4.704.750 habitantes, según censo de
1890.
3. JiUtt caho$t hakiat y pueríct. —
La costa irlandesa apereee como sem-
brada da pequeñas íslaa, entre la<!
cuales se distinguen las de AchlUe.
Clare, South-Arran, Valentía y Bacb-
Uo. Los cabos principales son loa de
Aehille, Clear, Cmmaon, Fair, Malin-
Keads y Dunmore, punto el Bkás occi-
dental de Burops; en la sosta m«idio-
nal se enea«ttran las bahías de Gonrt-
maeksherrj, Cloghaakiltj v otras:
en la oriental, Us de I>ubUa, Dun-
dalk» Dundrum j We\ford-Haven; en
la occidental, las da Done^l, Slig ,
Killala, Clew, Galwaj, Tralee, Bran-
don, Dingle, Bantrj j Dunmanus;
en la del Sor, sa ven los puertos
de Cork, Waterford, Dungarvajo j
Youghall.
4. -IfontañaSj riot y l iffo».—'BÍ sutüo
de Iblanda es todo llano al Norte j
al centro; montuoso, al Mediodía. A
excepción de las cadenas de Devil'sbit
j de Sliebhloocn, qne ofrecen bastan-
te desurollo en 1m condados de Tip-
perarj, de King's y de (^een's, las
restantes del país forman grupos ais-
lados de poca extensión: el más im-
p)rtante de éstos está situado «1 el
lingulo Sudoeste déla iria, en los con-
dado» de Kerrj j de Cork, al rededor
de l«i lagos Killernej. Las cum-
bres más elevadas son las de Wíc-
klow, en el condado de igual nombre,
sobre la costa oriental de Iblamda; la
de Mourne, en el condado de Üown:
el grupo del condado de Dooegal, los
deLeitrim, Sligo. Majo, Galwaj, j,
principalmente, el Gurrana-Tual, que
es la major de todas y mide sobre
1.000 metros.— Los ríos más notables
de los infinitos que lertilizao el terrip
torio, son: el Shanenon, el Blackwa-
ter, el Suir, el Nore, el Barrow, el
Lee y el Bandon, que se unen al Océa-
no, en la eosta meridional; el Slanej,
elLiífej y el Bojne, tribuUrios del
mar de Irlanda, j el Bann j el Joj-
le, que desaguan en la costa septen-
trional de la isla. Los lagus ó longÁM
cubren una superficie de 455.j99
aeres (160 perchas, ó sea 46.0(55 me-
tros cuadrados), distinguiéndose en-
tre ellos el Neagh, el Brue, el Corrib.
el Mask, el Alien, el Hee, el Derg y
los de Killarnej, célebres en todos los
snales irlandeses por la belleza desa>f
paisajes*
5. Climatohyia.—'Lñ temperatura
de Ihlanda es poco variable; el clima
bastante benigno, aunque húmedo.
Bn el Norte, el tennómtitro se eleva,
por término medio, 4 + 8* 89 ceati-
grados; en el Sur, á-|- 11" 11. Bn Us
re^-iones meridionales J occideutales,
las nieves j los hielos son de muj
corta duración: los vientos dominan-
tn, los del Ueste y Sudoeste, qup rei-
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168
IRLI
■ttañ fffiaerttcaeate dunate naett'me-
-ses del año.
' 6. Geolo^ia.—E\ suelo de Irlanda
es de foraucido primitiva j de tran-
licidn. Lot MouFQe 7 otrai montafias
del Nordeste ettán compuestas de gra-
nito, pizarra» pórfido, etc.; el granito
domina en el grupo de Wicklow; y en
los condados de SU jo y otras comar-
cas del Oeste, se encuentra mezclado
coa el gneis, la pizarra, el cuarzo y
ana especie de arena rojiza. La piedra
caliza abunda en toda la isla, excepto
en algunos parajes del Occidente y del
Norte. Entre los principales ralles
hulleros figuran los de Killcennr,
Tipperarj, Cork, Kerrj, Limerick,
Loug'h, Alien, Monagbao, Dublín y
Galwaj. Los condados de Donegal y
de Galwa^ dan ¿ la estatuaria már-
moles casi tan hermosos como los de
la misma Italia, j, particularmente,
los grises j negros de Eilkennj son
mo^ buscados.
7. Produccionet. — Entre las rique-
zas minerales de la isla le cuentan el
antimonio, el manganeso, el serpen-
tín, el espejuelo, amén del cobre y del
plodia, qne se encuentran en los con-
dados de Cork, Wicklow-, Kerrj j
otros.-— El suelo de Irlanda tiene aca-
so la tierra mis rica de Europa, j, sin
embargo, bajo el punto de vista agrí-
cola, el país es de los más pobres. La
eteesÍTa humedad impide en ciertos
parajes el cultivo del trigo; el de la
patata, principal alimento, si no el
únieo, del irlandés, es considerable, y
en menor cantidad la avena, la cebada
y el centeno. Los terrenos cultivados
se evalúan en 13.464.300 aérete dividí-
doe en esta forma: avena, 1.922.406;
trigo, 565.764; cebada, 243.235; ha-
bas, 25.823; guisantes, 24.926; cen-
teno, 21.502; pataus, 742.899; na-
bos, 255.058; cáñamo, 53.863; he-
oor 1.154.302. Les tierras no cultiva-
das sé elevan i 6.295.735 acra* Cons-
titnjen la principal ri<]ueza del suelo
loe pastos, mnj superiores á los más
exqitísitos de los eondados de Ingla-
tarñ, y con los qne se alimenta tnu-
efafsimo ganado. Las especies bovinas
están cruzadas con las razas inglesas;
el caballo es de pequeña alzada, pero
fuerte ^ robusto; el .carnero de ongen
irlandés tiene tanto pelo como lana;
latf^ cabras son numerosas; la cría de
cerdos, considerable. En 1895 se con-
laban en el país 533,320 caballos;
4.407.741 cabezas de ganado vacuno;
4.080.694 de ganado lanar; 1.405.508
cerdos; 92.8^ asnos, j sobre 8 '/j
millonee de aves. Los mares que ro-
dean las islas son abundantísimos en
toda clase de pescados: á mediados de
siglo ocupábanse en la pesca 15.932
barcas y 70.011 pescadores, entré
hombres y niftos.
8. Industria y comercio. — LalnUN-
DA DO es un país manufacturero. Antes
de la revolución de 1688, la fabrica-
ción de paños alcanzó bastante impor-
tancia; pero la envidia délos fabrican-
tes ingleses la destruyó en gran par-
Ce, y ei) 18^9 sólo contaba la isla 31
hilanderías de lana, que proporcxo-
IRLA
naban trabajo á 1.236 personas. La
industria de los hilos es mucho más
importante; la elaboración de licores,
considerBble;los tejidos de seda j lana,
llamados muselinas, muj estimados.
La exportación de los productos bru-
tos alimenta casi exclusivamente su
comercio: la cantidad de telas exporta-
das ha llegado áelevarseá 14'>.50!).000
metros, loa cuales representaban un
valor de 4.000.000 de libras esterlinas
(97.000^000 de pesetas). Su principal
mercado es la Gran Bretaña: los tres
grandes centros de exportación Liver^
pool, Bristol y Glasgow.
9. Canales y ferrocarriles. — Bajo el
punto de vista de las comunicaciones,
los caminos irlandeses están mu; bien
conservados. Los gastos de construc-
ción y reparación se cubren por medio
de cuotas y donativos voluntarios, Du-
blín es el centro de tres líneas férreas:
el Qreat-South- Western, que recorre
toda la parte Sudoeste de la isla; el
Cfrsat- Western, que une á todas las ciu-
dades del Oeste; la línea de Dublin á
Belfast, y de Belfast á Armaeh, Bn-
niskillen y Sligo.— Las vfas fluviales
son numerosas, pues. casi todas las
corrientes se prestan á la navegación:
entre las más notables, citaremos el
Gran Canal, el canal Real, el canal
de Ulster y el de Suir.
10. Dmsiáñ política, — El reino de
Irlanda está dividido en cuatro pro-
TÍDCias, á saber: Ulster, al Norte;
¿einster, al Oriente; Afunster, al Me-
diodía, y Connua^ht, al Occidente, las
cuales se hallan á su vez subdÍTÍdidas
en 32 condados, repartidos en esta
forma: Provincia db Ulstbk: conda-
dos, Ánírin, Doten, Armagh, Tyrone^
Londonderry, Donegal, FermánagA, C'a~
M» y Monaghan; capitales respecti-
vas, Belfast, Downpatrick, Armagh,
Omagh, Londondery, Donegal, En-
niskillen. Cavan y Sumaghan. — Pbo-
TiNou DB LBiRsna: eondados, Dw*
hlin, Ltmth, JSast'Meaíht Wiekloit,
Wtíe/ord, Kilkenw, Carlorv, Kildare,
Queen's-Cowtg, I^ng's-Conntyt West~
Meath y Longford; capitales respecti-
vas, Dublín, Dundalk, Trim. Wick-
low, Weiford, Kilkenny, Carlow,
Kildare, Marjborougb, Puilipstown,
Mulliugar ; Long^rd. — Provincia
DB Munstbr: eondados, Clare, Lime~
rick, Kerry, Cork, Waterford y Tip-
perarg; capitales respectivas, Knnis,
Limerich, Tralee, CorJt, Waterford y
Clonmel. — Provincia db Connauqbt:
eondados, Leitrim, Sligo, Roscommon,
Mago y Galwag; capitales respectivas,
Garrick-on-Shannon, Sligo, Koscom-
mon, Castlebar y Galwa;.
11. Poblaciones importánteit—Dih-
bHn$ capital del reino, situada en la
bahía de su nombre, en una posición
sumamente pintoresca, con 353.082
habitantes, sede arzobispal, magní-
fico palacio, excelentes ediücios, an-
tigua casa del Parlamento^ colegio de
la Trinidad, Bolsa real, aduana, cuar-
teles, hospital de inválidos, universi-
dad,- industria extensa y mucho co-
mercio. Corkt segunda plaza mer-
eantil de Irlanda, con unos 80J200
IRLA
habitantes, buen astillero' militar j
uno de los mejores puertos de Europa,
¿í/^nsí.puertoj ciudad lindísima, con
208.200 habitantes, muchas fábricas
de telas y de algodón y activo comer-
cio. Limerick, ciudad notable por su ex-
tensión, con 39.670 habtUntes; puer-
to de mucho tráfico. Waterfi.rdt una
de las primeras ciudades del reino, con
112.768 habitantes, puerto bien de-
fendido y considerable comercio en
Imanados. Qahtag, ciudad grande,.eon
44.000 almas v pesca de saliñones.
Kilkenny, con l2.50a habitantes, edi-
ficios revestidos de mármol j fábricas
de buenos paños. Londonderry, ciudad
nueva, hermosa y fuerte, con 29J200
habitantes, 7 Wexford, población rica,
oonl4.000habitantes7notable puerto.
12. Grobiemo. — La Cónstitución de
Irlanda es casi idéntica á la de In-
glaterra; pero hasta el afio 1829 no
empezaron los irlandeses á gozar de
las mismas prerrogativas políticas de
loa ingleses: antes de esta fecha, esta-
ban considerados como ilotas de la
Gran Bretaña. Desde el acta dé mnión,
este reino se halla representado en la
Cámara de los Lores por 28 parea vi-
talicios, elegidos por el cuerpo entero
de los pares irlandeses, y por coatro
arzobispos, perteneeíenterá los cuatro
arzobispados de Irlanda; en la de los
Comunes, por 105 miembros, elegidos
por los individuos que pagan una con-
tribución mínima de 20 libras ester-
linas (485 pesetas). El poder ejecutivo
está confiado á un virrej, ó lord-lugar-
teniente, ó durante su ausencia, á nn
lord-juez, un lord-canciller, un coman-
dante de las fuerzas y un oonsejo pri-
vado, compuesto principalmente de
altos funcionarios ministeriales. Bl
lord-lugarteniente tiene bajo sus ór-
denes á un secretario en jefe; el' cual
es miembro de la Cámara de los Co-
munes V especial responsable del go-
bierno de la isla. La administración de
1'usticia está á car^ de un lQrd.canei-
1er amovible, auxiliado por algunos
magistrados y 12 jueces procedentes
de ios tres distintos tribunales: el res-
to del mecanismo judicial es el mismo
que en Inglaterra. El lord-canciller
puede nombrar y separar á los magis-
trados de los condados, de cu^a cooí*
ducta es responsable. El manienimien.
to de la tranquilidad pública está en-
comendado á un lord-lugarteniente, i
quien auxilian infinitos vicelorps<In-
garteníentes; el cuerpo de policía,
mandado por un inspector general,
euenta con varios subinsipeetores é ins-
peotores de condado. La fuerza arma-
da, que en'tiempo de paz es de 26,000
hombres próximamente, se ihalla bajo
la -direoción de un eomandante,-eiiJ6
euartel general está en Kilmainliam.
13. ^¿»»u«.— Las dos terceras par-
tes de los habitantes de Irlanda pro-
fesan el culto católico romano. Esta
Iglesia se encuentra dividida en 4a^
zobispados, 2^ obispados y, ún deter-
minado número de parroquia^; la an^
glicana es la religión del Estado y
euenta 2 arzobispados, 1-0 obispados
y sobre 2.400 parroquias» A;l luo de
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IRLA
IRLA
IRLA 169
•rtof dot priooipalM oaltot, txiite
mulUtud de sectas disídentei de la re-
K^ótt protestante, eon mia de 500
cjog-reracíonei.
14 Instrucción pública. — El Gobier-
no inglés haee todo género de esfuer-
zos por extender la instniooián en la-
unda; i mediados de siglo, el aúma-
ro de las escuelas nacionales se eleva-
ba i 4.109, á las que asistían más de
500.000 alumnos, además de las 2.936
llamadas del domin^Of que eosatau
sobra 250.000 discípulos.
15. Idioma. — £1 irlandés es uno de
loa idiomas célticos de la rama ffaélí-
sa, Uuuda erinaek por tos que le ha-
blan 6 iriai por los iagleses. Está
llsM da sonidos guturales, y pocas
seria las langoas cuja oicograua se
se|Mxa tanto de la pronunciacidn.
Gníese que en otros tiempos los drui-
das del país escribían este idioma por
medio de runa» ó signos misUriosot
(caracteres particulares de escritura,
propios de la raza germánica primiti-
n), los cuales llevaban el nombre de
(tfssi, j ae componían de pequeñas
llaeas trazadas perpendicular u obli-
eoamente, en una larfpii línea hori-
sontal que Im» reunía. En los manua-
eríios más antiguos aparece eacrito
■adianta una variedad particular del
alfiibeto latino, eujra inveneidn se atri-
ba/e i san Patricio. Véase Uae Cur-
tía, BUmtntt of th9 Iriik langnage,
LoTaiaa, \12&,r Si^litk-lritk metió-
9try, París, 1732; O' Brien, 2rit Sn~
fUtck Dielionaru, París, 1768, a Irith
Qnnwutr, Dublín, 1809; Vallenoej.
Án Buay on the antiquitv of íhé Irith
tatfuof*, Dublín, 1772, j Orammar
«f Ue Ibtmo-Ctlíic or Irith ianaua~
f*il782;J.-J. Mareel, Ahhabet ir-
iandait pricedé d'une Noticu hittori-
fif, París, 1801; O ReiUy, lrÍ>K-Bn-
fUth Dicíionargy lo which it annexed
am Irith Srammar^ Dublín. 1817^2,
J O'Donovau, Grammar of the Irith
tmnoffe, Dublín, 1815.
16. Literatura. — ^La irlandesa
prende dos clases distintas de eom-
Csieionea: los viejos cantos de los
idos gentiles, que nos ha conserva-
do la tradición, j las obras cristianas
de los antiguos monjes. Algunos can-
tes irlandesM, cujro origen es muj
probable que se remonte á los si-
glos VI j vn, se encuentran coleccio-
nados en la importante obra publica-
as por el doctor O'Connor, baj» el
tfloto de: Rerawt hibernicarum tcripto-
»M wíereSr cuatro volúmenes en 4,".
U tradtciÚD de las letras latinas y
gri^s se eonservú en Irlanda desde
«i siglo V al Tin, período durante el
J»! cayeron ea la barbarie los países
deleontineute: en Hy.Lismore, Ban-
for, Cloufort, Clonard, Armagh, etc.,
«tableeiéronse eaouelaa, adonde iban
a lÉtadiar de todas las regiones reci-
us. Entre los maestros irUndeses que
*npnndiaron sns excursiones por el
ttintinente, figuran: en los siglos vi
yptt san CoTombaolo, que visitó la
wii, la Suiza 7 la Lombsrdía; san
«all, tn disfiiptUo; sao Rodíng, fun-
udor da Beaiüiea» en Argonna; san
JuToio, fundador de La^n^, 7 san
Livín, que predicó la fe cristiana & los
gaoteses; en el siglo vm, San Virgi-
lio, obispo que fué de Salzbourg, y
sus compañeros de predicación en Ba-
viera, san Declán j san Alto; Dobdán,
llamado el Qriepo, obispo de Chiam-
sée, y los gramáticos Cokhus ó Coel-
chu el Sabio, Cruiudmelus y Malra-
chanus; en el siglo ix, Clemente, que
fué llamado á la corte de Cario Mag-
no; el monje Dicnil, autor del De men-
t%ra orhi* térra, publicado por Walc-
kenaer, en 1807; Claudio, que ha de-
Í'sdo diferentes glosas sobre casi todos
08 libros de la Sagrada B^critura;
Dungal, encargado por Cario Mag-
no de la instrucción de la juventud
de Pavía, y Mannón y Juan Scot Erí-
fene, que estuvieron en Francia
urante U época de Carlos el Cñl-
•0.
17. ffoMhrei notables. — La Iblah-
DA ha producido muchos hombres
ilustres, asi en las letras, en las cien*
cias y en las artes, como en la guerra
y la marina. Ossián dió su nombre i
nna infinidad de cantos nacionalea,
fierpetnados hasta nuestros días por
os bardos, sus continuadores, y loa
traductores ingleses Swift, Shéridan,
y Tomás Moore, los cualea ilustraron
su país en las letras como Castlereagh
en la política; Welliogton, el gene-
ral mM famoso del Reino-Unido, na-
<MÓ en eata isla, jr, últimamente, la
Cámara de los Comunes de Inglaterra
recuerda aún laa brillantes y caluro-
saa protestas del célebre O'Connell,
en favor de la independencia política
y religiosa de Iblamda.
18, Etnografía. — Los irlandeses
perteneosQ a la raza gaélica, en ge-
neral, ó más bien á la gran familia
eéltioa, de la cual han conservado los
caracteres distintivos, caracteres que,
desde principios da este siglo, van
perdiéndose bajo el azote déla mise-
ria. Los irlandeses, se^n Brice, pue-
den actualmente dividirse én dos cla-
ses: ia bien mantenida y la mal alimen-
tada. Bsta ultima presenta nna pas-
mosa uniformidád física y moral: el
pelo es oscuro ó negro, particular-
mente en la parte meridional de la
isla; los ojos, pardos ó azules; las ce-
jas, bajas y espesas; la cara, larga; la
nariz, pequeüa y algo arremangada.
La estatura es, por lo común, elevada;
las formas, proporcionadas, sobre todo
en el Norte, donde el tipo ^aélico se
conserva más puro. Los irlandeses :
tienen ana extraordinaria facilidad
de lenguaje, y es euríostsimo advertir
que todo mendicante es un hombre
de baen talento, orador ó filósofo.
Desde el reinado de Isabel, la pobla-
ción del Mediodía de Irlanda fué
mezclíndose con los españoles j los
alemanes palatinos. Los naturales del
país son vehementes eo sus pasiones,
crédulos, vanos, irascibles, irresolu-
tos y llevan hasta la exageración el
amor ó el odio: son valientes basta la
temeridad, pero se amilanan fácil-
mente ante el infortunio; leales y
sdictM á sus conviccioDes religiosas y
políticas, pero intemperantes y pere-
zosos hasta el extremo.
19. Bistoria*—\ja primitiva histo-
ria de Irlanda es muj poco conocida.
Antiguamente se Hamo ffibemia^ ifi^
vernat Ir, Sri, Srin; en inglés, y«-
landi Impotentes los romanos para so-
meter la isla á su poderoso imperio,
sólo han dejado en ella insignificantes
vestigios. Én el siglo v de nuestra era
introdujo san Patricio el cristianismo
en aquella comarca. Esto es todo lo
que se sabe de los primeros tiempos.
Las continuas guerras entre los pa-
queaos soberanos del país, interrum-
pidas por las invasiones de Jos dane-
nes: he aquí todo lo que refieren eon
alguna elaridsd los anales irlandesas
hasta el «fio de 1171, época en que
Enrique II de Inglaterra logró apode-
rarse del territorio. El rej Juan lo
dividió en doce condados; pero el po-
der de Inglaterra era por entonces
sólo nominal, V ciertas familias, como
los O'Connor, ios O'Neil, 0*Meaghlin,
Bjrne, O'Toole, entre otras, conser-
varon todavía por mucho tiempo su
autoridad real, fin 1315, Eduardo II,
hermano de Roberto Broce de Esco-
cia, invadió la isla, y la famosa gue-
rra de las Dos Rotat^ en la eual se viÓ
aquélla obligada á tomar parte^ la
arrastró á tu ruina. El gobierno de
Enrique VIII y la Reforma arrcjsron
& la iBLikNDA a ana serie da revolu-
ciones sangrientos, qne se prolonga-
ron hasta el reinado de Isabel, Uno
de los miembros de la familia O'Neil,
que la gobernaba, llamó á España en
auxilio del catolicismo amenazado: la
destrucción de la terrible armada de
Felipe II forzó á los irlandeses & so-
meterse. El reinado de Jacobo I j los
comienzos del de Carlos I, fueron
tranquilos; pero después de la muerte
de este último monarca, estalló en
Iblanoa una formidable insurrección;
llegó Cromwell i la isla, 7 para some-
terla, tuvo que tomar por asalto i
Droghoda y pasar á cuchillo 4 todos
los habitantes de esta ciudad. Para
prevenir nuevas rebeliones, desposeyó
a los propietarios de los Vg de sus
tierras, las cuales entregó i sus sol-
dados. Empezaba la isla á reponerse
de este terrible golpe, cuando aconte-
ció la caída de Jacobo II, el cual, arro-
jado de Inglaterra, se refugió en Ir-
landa, donde los católicos romanos le
recibieron con los brazos abiertos.
Este destronado príncipe, pueato á la
cabeza de las tropas franco-irlandesas,
intentó mantenerse en la isla; pero
las batallas de la Bojne, en 1690, 7
de Anghrim, en 1691, en las cuales
quedó aquél derrotado por Guiller-
mo III, fueron los últimos esfuerzos
de la independencia irlandesa. El
nuevo soberano de Inglaterra otorgó a
los vencidos una capitulación honrosa
bajo el nomhtaÁQ contenió de Simenck i
el cual les dejaba alguna libertad;
pero la violación de este tratado, po-
cos años después, consternó al país,
que, incapaz de sublevarse, emigró
en masa. La juventud corrió á alis-
tare en laa filas de loa ejércitos fran-
TOüO lil ^
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170
mo
eeMi» eti^oi puestos supieron oooser-
▼ar con honor. Después ds la revolu-
eidn fra Deesa ,'eonta Dan los irlandetes
recuperar su libertad con el auríUo
da la Francia; pero el mal éxito de la
insurrección de 1798 acabó de desco-
razonarlos. Con el fin de atraerse &
este pueblo, tan pronto vencido como
en armas, el G^obierno ingles le con-
cedió en 1800 los mismos derechos
que á la Gran BretaQa, dedicándose
luego arteramente á enervar, por la
miseria, & sus enérgicos y belicosos
habitantes. Hoj, después de algunos
años de una tranquilidad que parecía
inalterable, el orden públíoo ha vuel-
to ¿alterarse en Iblanda. Las auto-
ridades inglesas han mandado cerrar,
con este motivo, las oficinas del co-
mité de la Lú/a Agraria^ en^os miem-
bros han daiío al país nn manifiesto
protestando contra el acto de faena
del Gobierno da Inglaterra, j exhor-
tando al pueblo irlandés á que perse-
vere en su resistencia pasiva, negán-
dose al pago de todo alquiler 6 arrien-
do. Esta declaración de guerra de la
Liga al Gobierno, ha sido contestada
con otra declaración de guerra del
Gobierno á la Li^, el cual, conven-
cido de la necesidad de entrar en el
camino de una represión enérgica, ha
«nprimido la Liga Agraria, declarán-
dola criminal; ha arrestado á sus indi-
viduos; detenido á los representantes
de lBLAjn>Á,qne han protestado vigo-
rosamento en las Gamaias inglesas,
7 enviado refuenos á las órdenes del
virrej. Este, haciendo uso de todas
Ittg facultades que le concede tXlill
de represión, ha ocupado el país mi-
litarmente, declarando á algunos con-
dados en estidn de guerra, verificado
numerosas prisiones, sin que, hasta
la presente, pueda traslucirse el des-
enlace de este nuevo conflicto.
Btiholoqía. i. ¿Iteración del la-
tín Jierujfú, Irlanda. (Whitlby Sto-
n.)
2* Vascuence Irrilandat cuerpo
agradable. (Cita de Momlau.)
3. Irlandés Bria, tierra d« Srín:
inglés antiguo, Brin¡ moderno, /r«-
Umd* (Idbu.)
Derivación. — Irlandéa^rta;antiguo
inglés, Sr%%: moderno, Jreland; latín,
Irlanda, Irlandia; italiano j catalán,
Irlanda; francés, Irlande,
Irlandés, sa. Adjetivo. El natural
de Irlanda j lo perteneciente á esta
isla. Se usa también como susuntívo.
Etiuolooía.. Irlanda: italiano, ir-
latt'ií-ye; francés, tr/fffu/aú; catalán, «r-
land/t, a,
Lridnd«8co, ca. Adjetivo antieiu-
do. Iblani ii.
Irmin. Masculino. JftVo^ia sajona.
Nombre que los antiguos sajones da-
bu á M»te. I Bnndidón. Bautua an-
tigua que representaba un hombre
armado i U maneta de loe antiguos
fírmanos, qoa estaba colocada en
resbarg. ciudad fuerte de Wesrfalia,
y que fue destruida por Cario Magno.
Hallase también en los autores bajo
el nombre de Armensul.
Iro. Masculino. Mi^hgUu Mendi-
IRRA
go de ítaea, ano de los pretendientes
de Penélope, i quien Ülises mató de
un puñetazo. Su extremada pobreza
llego i ser proverbial, y se dió sa
nombre A todo al que vive en la ma-
yor miseria. También se la llamó
ÁmeOt que debe considerarse como
sn verdadero nombre. Q Tiempos he-
roicos. Otro, hijo de Actor j padre de
Euritión.
Ironia. Femenino. Retáriea. Figu-
ra con (^ue se quiere dar á entender
que se siente lo contrario de lo que se
dice,
EtiuologÍa. Griego tlpuytta (eiri'
neíaj: latín, trteta/ittlianojr catalán,
ironía; francés, ironie.
Sentido etimlógieo» — ^Bl griega eir^
neta representa una forma de >lpw
(eirojt JO digo. Por consiguiente,
quiere decir: «dicho intencionado.>
IsoNfa: del griego eirdneia, disimu-
lo, burla, derivado de eirdn, burlón,
disimulado. — Consiste la xbonía. en
atribuir á un objeto cualidades con-
trarias á las que tiene, pero de modo
que se conozca que no le convienen
realmente. La ibonU se deja conocer
por el tono de voz en el que habla, y
por al contexto j demás circunstan-
cias en el que escribe.— La ibonU
toma diferentes nombres según el
modo y la intención con que se usa.
Siete especies de ibonía cuentan los
preceptisías, y todas llevan nombre
griego, á saber: la antí/ratis (contra-
frase), el asteism (urbanidad), el ca-
rientismo (graciosidad), el cUuatmo
(irrisión ó mofa), el diasirmo (chanza
pesada), la mimesis (imitación ó re-
medo) y el sarcasmo (escarnio). (Mon-
U.U.)
Irónicamente. Adverbio de modo.
CoD ironía.
Etimología. Irónica y el sufijo ad-
verbial mente: catalán, irónieamenl;
francés, ironiqnement; italiano, Írd~
nicameníe; latín, irdnicit
Irónico, ca. Adjetivo. Lo que con-
tiene ironía.
BTDfOLOOÍa. IrottU: griego «tfwvtxéc
(eiróni/ttisj; latín, irdnSau; catalán,
iréiiek, di; francéi, iromifw; italiano,
irónico,
Iroqués, sa. Sustantiro 7 adjetivo.
Natural y propio de una comarca del
Canadá.
Irracionabilidad. Femenino. Na-
turaleza de lo irracional.
Irracionable. Adjetivo anticuado.
Ibbacional.
Irracíonablemente. Adverbio de
modo anticuado. Ibbacionalukntb.
Irracional. Adjetivo. Lo que ca-
rece de razón. Usado como sustantivo
es el predicado esencial del bruto,
qae le diferencia del hombre. |] Lo
3ae es opuesto á la razón ó va fuera
e ella. | Geometría y aritme'tica. Lo
que no nene medida ^conocida ni se
puede explicar con número cierto. |
Matemáticas. Se dice de la cantidad
que no tiene medida común con nin-
guna unidad.
Etiuolooía, Latín irrStiBnSlis, de
in, negación, y r&íionalis, racional:
italiano, irrasionalej ^noés, irraíion-
IRRE
nel; provenzal, mrafÍMal¡ oataláa, «pu
raeionai.
Irracionalidad. Femenino* Li ea-
lidad de lo irracional. .
EnuoLOaÍA. IrratíonaU latín, irnt-
tidniiiUtat; italiano, irra^onMitíí;
catalán, irraeionaUíat*
Irradonaliaimo, ma. AdjetÍTOsn-
perlativo de irracional.
Irracionalmente. Adverbio de
modo. Con irracionalidad, de un mo-
do irracional.
EtiuoloqÍa. Irracional y el sufijo
adverbial mente: catalán, irraeional-
ment; francés, irrationnelloment; ita-
liano, irragionetoliiMnU; latín, fm¡(/i9-
n&ttter.
Irradiación. Femenino, Píiiu.
Emisión de los rajros de nn cuerpo ta-
minoao, como cuando se dice: «la
UBADIAOIÓH de las estrellas sobre la
superficie del mar.» Q Difusión opera-
da en las imágenes de los cuerpos lu-
minosos, la cual aumenta su diámetro
aparente. Newton propuso un medio
sumamente sencillo para evitar qoe
los diámetros aparentes se alterasen
con los efectos de la ibbadiación. (La
Placb, Exposición 4 V, 3, que Zitlré
cita.) II Ibbadución db labfibb&sódb
LOS VASOS. Ánatomia. Disposición que
laa fihraa ó los vasos presentan cuan-
do, partiendo de un centro común, se
dirigen, en forma de rajoa, hacia una
Sacte perirérica más ó menos extendi-
a. I FiñolMÍa, Hablándose del ser
organizado, llámase ibbai>xacióm todo
movimiento qne se efectúa del centro
á la circunferencia; y así ae dice que
el plexo solar es un centro de ibbadu*
ciON para los órganos de la vida ve-
getativa. (LiTTBá.) D Botánica, Lámi-
na íctricularia que llena las mallas
de las capas leñosas.
BtiuolooIa. Irradiar: francés, k-
radi'iliün.
Irradiador, ra. Adjetivo. Qus iris*
dia.
Irradiar. Activo. Física. Difundir
rajroB de lux nn cuerpo laminoso so-
bre otro.
BnK(K.oafa. Francés irradier: ita-
liano, irradiare t del latín irrUiSre,
iluminar con rajros de luz; de ir, por
«a, en, j rUdiSre^ radiar.
Irrazonabilidad. Femenino. Cua-
lidad de lo irrazonable.
Irrazonable. Adjetivo. Lo que no
es razonable. | Anticuado. Ibbacio-
maL- . ,
EtiuologÍa. Irracional: latín, íf""
tidn&bllis; iialiano, irra^io»evole;tn^
cés, irraisonnable; catalán, irrakonaok.
Irrazonablemente. Adverbio de
modo. No razonablemente.
Etuíolcoía. Irratonable y «1 bobJ"
adverbial menU: francés, irraisvsnn»
ment; latín, irrStionihíliter,
Irreal. Adjetivo. Falto de reslidad.
Irrealidad. Femenino. Caalidao
de lo irreal. ,
Irrealisable. Adjetivo. ^0 reali-
zable.
Etiuolooía. IfruUí francés,
lisabie. ,
IrreaUzablemenU. Adverbio»»-
daU De na modo irrealizable.
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IRRÉ
BruioLOaÍA. JrrMiMU J ú infijo
ulTerbial mente.
Irrebatible. AdjetlTo, Ihdxspdta-
BLI.
Irrebatiblemente. Adverbio de
modo. IndispaUblementfl, sólida, con<
nneeatemente.
BtdcolooÍa. IrreHtiSH j el eafijo
adrerbial mente»
IrracoineBdable. AdjeÜTo. No re-
feomeDdable.
Irreconciliable. Adjetivo qae ae
ipliea al que no quiere roUer i u paz
j amistad con otro.
ErutoiAofA. Prefijo *r, por ta, ne-
gtcióu, jrtconeHiabur catalán, tfTíCM-
eiUo6U; francés, irreconciliable; ita-
liiQO, irreconciliabile.
Irreconciliablemente. Adverbio
modil. De un modo irreconciliable.
BTmoLOaÍA. Irreconciliable j el su-
fijo adverbial mente: catalán, trrecon-
aUabletnent; francés, irr/conciliable-
mení; italiano, irreeonctHabilmeníe.
IrrecnperaLble. Adjetivo. Lo que
ao se puede recuperar.
BmfOLOOíi,. Prefijo ir, por ta, oa-
gacióu, V reenjurabte: eatafán, irrecn~
pertiU; naaces,«rr«eM9ra¿í«;Ítaliano,
irreenperabiíe, del latín irrífcUpÜrSbilie.
Irrecnsaible. Adjetivo. Lo que no
le puede recusar. | Anticuado. Inbvi-
TARLB.
BTniOLoafa. Prefijo ir, por la, ne-
ncióu, j recusable: latín, irrUcutUbí-
lit; francés, irrécutable; catalán, irrecvF-
uble.
Irrecnsablemente. Adverbio de
■nodo. De una manera irrecusable.
EtmoLoaía. Irreaaable ^ el sufijo
adverbial nuntet hanoés, trri&uabU-
mnU,
ImchasnUe. Adjetivo. No recha-
table.
Irredar^ible. Adjetivo. No re-
dtrgCLible.
Irredimible. Adjetivo, Lo que no
n puede redimir.
É-riHOLOOfA. Prefijo *r, por », ne-
neiÓQ, j redimible: italiano, irr^iml-
bilt; caulán, irredimible.
1. Bl equivalente en francés es ir-
rt^tahU; del prefijo negativo tV, por
is, j rtekeUtble, forma adjetira de ro-
cieter, comprar nuevamente; de re,
reiteraciiSn, j acheíer, derivado del
bajo latín aeeapiíare: francés del si-
g\o XI, ackeíer; xv, ackapter; norman-
ao, tcater; burguifldn, echetai; proven*
ul j anticuo español, acaptar,
2. £1 bajo latín accapiídre se com-
KDedeoc, por ad, cerca, j cMput, ea-
u.
Irreducible. Adjetivo. Loque no
SQ puede reducir.
ÉriHOLOOfA. Prefijo ir, por la, ne-
0«eiun, T reducible: francés, irrédncti'
ole; catalán, irreduible.
Irreembolaable. Adjetivo. No re-
embolnable.
BnuoLoofA.. Prefijo iV, por in, ne-
peiuD, j reemboltaSle: francés, irrem*
bourtable.
Irreflexión. Femenino. Falta de
raflexi<Sn.
BrufOLoafju Prefijo tr, por in, no,
J re/texivn: fraaoú, irre/leMon,
iRRíi
Irreflexivamente. Adverbio de
modo. Con irrefieiión.
EriMOLOofA. Irrejíeaiva j el aufljo
adverbial mente.
IrrefleziTO, va. Adjetivo. El que
no reflexiona, 6 lo que se dice j hace
sin reflexionar.
BmiOLoaÍA. Pre^o ir, por ta, ne-
gación, j rejlemvo: francés, wr4JU^
cki.
Irreformable. Adjetivo. Lo qne
no se puede reformar.
EtuioloqÍa. In negativo j refor~
mable: catalán, irreformable; francés,
irr/formable; latín, irrU^ormabiU*,
irrefragable. Adjetivo. Lo qne no
se Düede contrarrestar.
Btiuoldoía. Latín irr¡lfrSgn}Alis(fiXi
QuicuBBAT, Addenda), compuesto de
in, negación, y refrag%r%t contradecir,
coatender, oponerse.
1. El latín refragdri se compone
del prefijo reiterativo re j de un radi*
cal fragt que entra en $n-fre^-ium.
(LiTTBÉ.)
2. Rejrag^ri se compone del prefijo
reiterativo re y de fratufo, yo rompo:
re-frangUre, re-fragare, re-fr¡^Srij rom-
per muchas veces, luchar, oponerse,
contradecir. (Etimolooistas latinos.)
3. Por consiguiente, el radical frag,
de que habla Littré, es el latín fran-
g^re, hacer pedazos: catalán, irrefra-
gable; francés, irrefragable; italiano,
irrefragábile.
4. Confirma la discreta interpreta-
ción de loa etimologistas latinos el
antecedente de que la forma primiti-
va de frango es frago.
Irrefragablemente. Adverbio mo.
dal. De un modo irrefragable.
ETJM0iOQÍÁ,é Irrefragable j el sufijo
adverbial mente: francés, irrefragable-
nent; italiano, irrefragaiilmeníe; ettih-
lán, irrefragabtemení.
Irregenerable. Adjetivo. No re-
generable.
ErmoLoaÍA. Prefijo ir, por in, ne-
gación, jr regenerabU: francés, irrégé^
nérable.
Irregular. Adjetivo. Lo que va
fuera de regla 6 es contrario á ella. |
Lo que no sucede común j ordinaria-
mente. I El que ha incurrido en algu-
na irregularidad canónica. | Gramati'
ca, Cual<^uiera de los verbos que en su
ooajugaciÓD no conservan constante-
mente las letras radicales 6 las termi-
naciones ordinarias.
EriKotoofA. Prefijo tV, por ta, no,
V regalar: provenzal, irregular, yregn-
lar; francés, irre^ulier; italiano, irre~
golare; catalán, irregular.
Irregularidad. Femenino. La ca-
lidad que constituj^e las cosas irregu-
lares. \ Impedimento canónico para
recibir las órdenes ó ejercerlas por
razón de ciertos defectos naturales ó
por delitos.
Etuiolooía. Irregular: provenxal ;
catalán, irregularitaí; francés, irr/gu-
lariU; italiano, irregulariíá*
Irregularmente. Adverbio de mo*
do. Con irregularidad.
EtluoLOOÍA. IrregiUar y ú sufijo
adverbial mente: catalán, irregular*
ment; francés, irreguliirement.
tmn iii
Irrehnaable. Adjetivo. Qoe no
puede rehusarse.
Irreligión. Femenino. Falta de
religión.
ETiiioLoafa. Prefijo ir, por ía, no,
^ religión: francés, irreligión; italiano,
xrreligione; catalán, irreligión
Irreli^osamente. Adverbio de
modo. Sin religidn.
EnuoLoafa. Irreligiosa y el sufijo
adverbial mente: francés, irr^tgiense-
ment; catalán, irreligiotament; italia-
no, irreligiosamente; latín, írrel^gioié.
^ Irreligiosidad. Femenino. La ca-
lidad que constituye á uno irreli-
gioso.
Etiuolooía. Irreligioso: latín, irrlf-
lifidsUas; italiano, irreligioríta; tna-^
ceStirreligiosiíe;eMt»\in,irrelÍgiositat,
Irreligioso, aa. Adjetivo. Falto de
religión, y Lo qne se opone al espíri-
tu de la religión.
Etuología. Prefijo tr, por m, ne-
gación, 7 rtf/i^íow; latín, trrWg^n;
italiano, irreligioso; francés, irreii-
gienx; provenzal, irreligios; catalán,
irreligiós, a.
Irremediable. Adjetivo. Lo que
no se puede remediar.
ETiifOLoaÍA. Prefijo ir, por in, ne-
gación, y ríe medial/le: francés, irre'me-
aiable; italiano, irremeaiabile, irreme~
diivole; catalán, irremediable.
Irremediablemente. Adverbio de
modo. Sin remedio.
ErufOLoaÍA. Irremediable y el sufijo
adverbial nmff; fraaeés, irremediable'
ment; Italiano, irremediabilmente; cata-
lán, irremediabUment.
Irreminiscencia. Femenino. Fal-
ta de reminisceuida.
Irremisible. Adjativoi Lo qne no
se puede remitir d perdonar.
Étiuoloqía. Latín irr^mist\VllÍM, de
ir, por iM, negación, j rími5íTíí/(í, re-
misible; catalán, irremisible; francés,
: irremissible: italiano, irremissibile.
Irremisiblemente. Adverbio de
modo. Sin remisi ln ó perdón.
EtiuoloOÍá. Irremisible j el sufijo
adverbial mcnle: cataMn. irremissible-
OTíní; francés, irrémissihUment: italia-
no, irremissibilmente; latin, irremissi,
Irremiaiótf. Femenino. Falta de
remisión.
Irremorible. Adjetíto. No remo-
vible.
Irremnnerable. Adjetivo. No r»-
munerable. 1 De mucho mérito.
Etiholoqia* Prefijo tr, por ta, no,
^ remunerable: latín, wrfagafriWís;
Italiano, irremunerabilem
Irremunerado, da. A^Jettvo. No
remunerado.
Irreparabilidad, Femenino. Ona-
lidad de lo irreparable.
Irreparable. Adjetivo. Lo que ao
se puede reparar.
émiOLoaÍA. Prefijo ir, por ib, ne-
ffaciun, y reparable: latín, irr!ht^ñói-
is; iuUano, írri»fMr¿Mlf; catalán, 4rri#*
parable.
Irreparablemente. Adverbio de
modo, bin arbitrio para rspacar algún
daflo.
ETXK0L0<ri!ju Irreparable y el sufijo
adverbial nuñtet catalán, irreparmhb-
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1T3
m^t; francas, irreparablmcnt; lUllá-
ñb, impanHlmenU.
. Irnprensibilidftd. Femtnino.
Caalidad de lo irreprensible.
irr^réheHsiéiliíé,
Irreprensible. Axljetirot Lo qa«
00 «s dig-no de repreniiÓn.
EnuoLGOÍA.. Preñjo tr, por in, do,
^ reprenfiltlt: latín, irripreh^nsUtlis;
Italiano, irreprentibile; francés, irr«-!-
préhen$ible; catalán, irreprehemible.
Irreprensiblemente. Adverbio de
modo, bin motivo de reprensión.
KTtuOLOQÍA. JrrepnnüUe ^ el lufi-
jo adverbial mente: catalán, trreprehen-
tiblefuenl; francés, irre'prékensVAement;
\t»\\Kií<i>t%rreprensibilmeKte; latín, irrc
prekmñhíítíer,
Irreprochabilidad. Femenino.
Cualidad de lo irreprochable.
Irreprochable. AdjetiTO. No re-
pioehaole*
BTXHOLoafÁ. Prefijo tr, por in, no,
^ reprochable: francés, irr^rechaHe;
italiano, irreprobabile,
Irreproductivo, va. Adjetivo. No
reproductivo.
ETiuotooÍÁ. Pre6jo ir, por in, no,
y reproductiro: francés, irréproductif.
Irrepublicano, na. Adjetivo, No
republicano. (Cabalbiíso.)
Irrescatable. Adjetivo. No resca-
table.
Irresistibiüdad. Femenino. Cua-
lidad de lo irresistible. || os la qrjl-
ciA. Teclogia. Principio condenado
por las decisiones del Concilio de
Trento.
GTXHOLOofÁ. Irresistible: francés,
irrésistibilií.'.
Irresistible. Adjetivo. Lo que no
puede resistirse. [ Gracia laBBSisTi-
BLB. Teología* Qracía que se impone
al creyente j que anula su libre albe-
drío, puesto que no la puede resistir,
cuya doctrina es herética, según el
Concilio do Trento.
EriHOLoaÍA. Preñjo ir, por in, no,
y resisíií/ie: catalán, irreiisíibU; fran-
cés, irresistible; italiano, irremtlbile,
¿nretistiblemente. Adverbio de
modo. Sin poderse resistir.
EtiholooU. Irresistible j el snfijo
adverbial mente: francés, vrrésistibu^
ment¡ italiano, irresistiiilmeitte; oata*
iáo, irresistiblement.
- Irresoluble. Adjetivo. Loqneno
se puede resolver ó determinar. |
Jbrssoluto.
. GTiyoLOoiA, ir, por ta, no, y reso~
luble: latín, irr^sUübilis; catalán, irr*-
'Soluble; francas, irresoluble; italiano,
irresolttbile,
> Irresolución. Femenino. Falta de
resolución.
■ : Btuiouioía. Prefijo tr, por t», no,
y resolución: catalán, irresoíudd; fran-
jees, itrátolufion; italiano, irretohuime.
' Irresolutamente. Adverbio de
•modo. Con irresolución.
ÉriuOLOOfA. Irresoluta j el snfijo
adverbial ííRücéB,irré$ohimeití;
■italiano, irresolvícinente.
Irresoluto, ta. Adjetivo. Bl que
< no tieoe resolución.
- BxwoLOOÍA. Latín irrKiIflMUt de
IRRE
«r, por i», no, y ritiílitfU, Msaslto:
catalán, irresolut, e; franeéli vrréspW;
italiano, irresoluto.
Irrespetnoiamente. Adverbio de
modo. Sin respeto,
BtucologU. Irrespetuosa y el snfijo
adverbial mente: francés, irrespectnen-
tement,
IrrespetoosOi sa. Adjetivo.' No
respetuoso.
fiTWOLOOÍf. In privativo y respe-
tuoso: francés, irrespectueus*
Irrespirable. Adjetivo: ^íedietna»
Lo que no es propio para la respira-
ción, en cuyo sentido se dice: aire
irrespirable, gas irrespirable.
EviuoLoofA. /r, por in, no, y rtspi-
rabie: latín, irrespJrSbUis; catalán,
irrespirable.
Irresponsabilidad. Femenino.
Falta de responsabilidad.
ETiuoLOalA. Irresponsable: francés,
irresponsabiliíé.
Irresponsable. Adjetivo. Derecho
constitucional. No responsable. B Po-
DBB laRSáPONSABLB. KI poder real.
ETiuoLoaÍA. In privativo y respon-'
sable: francés, irresponsable.
Irresponsablemente. Adverbio
de modo. Sin responsabilidad.
ETiifOLoaÍÁ. Irresponsable y e] sufi-
jo adverbial mente: francés, irresponsa-
blement.
Irrewelto, ta. Adjetivo. Isnaso-
LUTO.
Irreverencia. Femenino. Falta de
reverencia.
BTiuoLoaÍJk. Irreieerente: latín, trrt'-
i^rentU; francés, irr/vérence; italiano,
irreverenta; catalán, irreverencia.
Irreverente. Adjetivo. Lo que es
contra la reverencia ó respeto debi-
do.
BtiuoLoaU. Preñjo ir, por in, no,
y reverente: latín, irrít^írens, irrUohen-
ti»; italiano, irreverente; francés, irre'-
vérent; catalán, irreverent.
Irreverentemente. Adverbio de
modo. Sin reverencia.
Etuiolooía. Irreverente j el sufijo
adverbial mente: catalán, irreverent-
meni; francés, irretéremment; italiano,
irrevernUemente,
brrevocabilidad. Femenino. La
oalidad que constituye una cosa Irre-
vocable, oomo la laftBvoGABiuiDAD de
los tiempos pasados; la isaavocA-Biu-
nao de la historia.
BTiuoLoaÍA. Irrevocable: francés,
irrévocabi'itc; italiano, irreoocabiliiá.
—«Estabilidad ó Srmeza de un acto,
que hace que no se pueda revocar.»
(AcADBifiA, Diedonano de 1726.)
Irrevocable. Adjetivo. Lo que no
se puede revocar, cuya voz se emplea
en sentido político, judicial, forense,
moral y dogmático. Ejemplo de la
acepción política: le^ isrsv. cablb; de
la judicial: strn^scia iRBBVOCaBm; de
la forense: (¿OMCKfaxBBavoCABUt.de la
moral: decisión iBASfockBUtf tol untad
iBasvocABLE; de la dogmática: «los
decretos de Dios son irbevocablb¿.>
BTIUOLOaÍA. Prefijo ir, por í», no,
y recocable: latín, irrhocabUis; italia-
no, irrevocabile; francés, irr¿voeable;
catalán, irrevocable.
ÍRM
Irrevocablemente. Adverbio »o*
dal. De un modo irrevocable.
Brtuoi^ÍA. irrevocable y el sufijo
adverbial mente: latfa, irremabí^ter;
iXÚUw, irrevocabilmentet{tnnaé9,irr¿'
tocablement; catalán, irrevocablemení.
Irrigación. Femenino. Riego. |
Medicina. Aoeión de dejar caer sobre
una parte enferma algún líquido,
ETluoLoaÍA. Proveuzal irrigado:
francés, irriya/im; italiano, im^azio-
ne, del latín irrtaSiío; forma sustan-
tiva abstracta de irrf^'itiLS, reeado,
participio pasivo de trrí^ire; de ir^
por (N, en, y rfySrv, ngar.
Irrísibla. Adjetivo. Loque es dig-
no de risa y deaprecio.
Btuoloqía. Latín irruíbllis, aque-
llo de que se puede hacer burla; de ir,
por in, en, y rUUtliSf risible: catalán,
irrisible,
Irriaiblemente. Adverbio modal.
De uu modo irrisible.
ETiuoLoaÍA. Irrisible y el sufijo ad-
verbial mente.
Irrisión. Femenino. Burla, despre-
cio, chocarrería.
BTUCOi,oaU. Catalán irrüiJ: fran-
cés, irrisión; italiano, irritione, del la-
tín irristo, desprecio, burln; forma
sustantiva de trriti», participio pasi-
vo de irrUire, mofarse; de ir, por tn»
en, y rídere, reír.
Irrisoriamenta. Adverbio de mo-
do. Por irrisión.
BiiuoLoaÍA^ Irrisoria y el suüjo
adverbial mente t catalán, irrisorior-
meiU.
Irrisorio, ría. Adjetivo. Lo que
mueve ó provoca á risa y burla,
ETiuoLOafA. Irrisión: latín, trftf^
ríu$; catalán, irrítori, a.
Irritabilidad. Femenino. La pro-
peasiún á coumoverse ó irritarse con
violencia y facilidad. Q Cualidad y es-
tado de los caracteres Ó temperameo-
toa irritables. |i Fisiúkfia. Nombre
dado á las diversas grauciones de la
ac^vidad en Us propiedades substan-
ciales de los elementos anatómicos;
sobre todo, de la actividad en las pro-
Siedades animales de que están dota-
os ciertos tejidos. Esto es lo que los
fisiólogos denominan «diversos gra-
dos de la actividad vital.» Por consi-
guiente, si se suprimiera 1» ibrita-
BILIDAD, como propiedad elemental y
animal de la materia organizada, no
sería posible la vida. | Bot iniea* Pro-
piedad que caracteriza á los filetes
de ciertos estambres, los cuales son
capaces de movimiento durante la
época de la fecundación. Los antiguos
atribuían á la elasticidad estos fenó-
menos de la iBBiTABiUDAn de los ve^
ge tales.
EniíOLOaÍA. Irritable: latín, írrí/a-
btliías, pr»pensión á la ira; francés,
irritabiliíé; catalán, irritabilitat; ita-
liano, irritabilitá.
Reseña.— \, Sistma de Haller. En-
tiéndese por iBRiTABiLtDAp la propie-
dad de que están dotadas ciertas par-
tes de los cuerpos vivos, en cuya vir-
tud se contraen por si mismas, inde-
pendí entf^m^n te de la voluntad. d«l
aiiimal. sprnetiAo á 1» pruebs, J sín
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muí
qae experim«at«ii dolor ilguno. (Cw-
DOtcrr.)
2. SitíetMt de Bonnet. — La ibrit*-
BiuD&D es U propiedad de las fibras
muscalares, por cayo resorte se con-
traen por sí mismas al contacto de
todo cuerpo» ora sea sólido, ora sea
fluido. ( UonsidaracioTies, Cuerpog oryá-
nim, tomo 6.* y página 405,)
3. Yo no conocía á la sazón la teoría
de la laaiTABiLiDAD, que ha represen-
tado «n físioloffta un papel tan grande,
T que atribuí á la elasticidad, con
.ueoal DO tiene relación alguna. (Bon-
mr, Ohw, tomo 1.', pigina 176,)
4. La IBBITABIUDAD Tegetal está
excitada por un estimulante como
la IRRITABILIDAD aníioal. (Idbu, Con~
tempUciona naturales, tvaio 1.°,
mota 10.)
5. El estimulante de la iRRrrA.Bii.i-
DiD Tegetal es la necesidad de repro-
ducir j perpetuar la especie, lo cual
explica el aecho curiosísimo de ^ue
la IRRITABILIDAD de los filetes de cier-
tos estambres QO se desarrolla sino en
la época de la fecundación.
Iiritabilismo. Masculino. Ststtma
j(i»oí'^]^tei7. Sistema délos irrttabilistas.
Imtabilista. Masculino. Sistema
iñolágica. Sectario que atribule todos
loa fenómenos fisiolígieos á un alma
sensitiva cayo agente principal se su-
pone ser el sistema nervioso.
BTXUOLoaí A . Irritabilidad.
1. Irritable. Lo c|ue es capaz de
irritación ó irritabilidad. || Lo que
tiene ^rticular propensión 4 irritar-
se, asi física como moralmente, en
cujo sentido se dice: «sistema nervio-
so irritablb; aenio irritablb.» || .^i-
sr«¿c|^ía.Cualíaad de que están dotadas
todas las partes de los cuerpos titos,
cairas eiciCaciones, arregladas conve-
niantemente por la naturaleza, son
eauaa de que aumenten de intensidad
todas BU9 propiedades. De este prínci-
{no se deduce qae, para la práctica de
a finolocía, irrita: Lb quiere decir
intonso. También se infiere que, sin
laiBBrrABiUDAD, las propiedades subs-
tanciales de los elementos anatómicos
7 las propiedadss animales de los te-
jidos no podrían llegar á su majror
grado de desarrollo, esto es, á su ma-
jror grado de perfección, quedando
manca la actÍTidad vital. \ Experien-
cias repefcidísímas han demostrado que
las partes vitales soi^ las más irrita-
SLES, entre las que ocupan el primero
7 el segando lugar las visceras st-
goíentes: primero, el corazón; segun-
do, los intestinos 7 el diafragma. Q
Estambhbs iRRiTABLBá. BoíáiMa. Es-
tambres cujos filetea son capaces de
cierto moTÍmieoto en la época de la
feenndaeión, sin que se pueda atri-
buir i ninguna faerza mecánica cono
«da. No parece sino que, en el mo-
mento de facundar, la naturaleza con-
vierta «L vida lo que no es más que
órgano» cuya hipótesis nos llevaría á
suponer una fisiología vegetal tras-
cendente. 1 Tumor laatTABLE dbl pe-
CBO (ceU de la mujer). Patología, Tu-
mor que causa Tivísímoa dolores 7
qM wneU tomar por ua cáncer.
mm
BteuoLOQÍa. ¿rriíar: latin, irrltiíM-
lis; iulíano, irrüiHl^ francés 7 cata-
lán, irritable,
2. IrritablB. Adjetiro. Forense.
Lo que ae puede anular ó inTalídar.
Etiho£.oqía. írrititcim 2.
1. Irritación. Femenino. Enojo
graTC. l Medicina, Conmoción ó agi-
tación TÍolenta de los humores; esto
es, acción que ocasiona cierta actí-
TÍdad exeesÍTa en una parte, 7 el re-
sultado de aquella acción. Puede ser
interna, como la irritación de los
iatestiaosi, ó externa, como la irri-
tación de la piel que produce el veji-
gatorío ú otro cáustico.
BniKn.oo{A. Irritan latín, mt3<3-
íto; italiano, irriíatione; francés, irri~
tatio»; catalán, irritaeid; portugués,
irritacSo.
2. Irritación. Femenino. Fortnse.
Invalidación.
EriyoLoaÍA. Latín tVHí^tM, rano,
nulo; de m, no, 7 ratus, fijo, constan-
te, Taledero: testatnfntum ibritum /»"
cifre; anular su testamento. (Cicb-
RÓH.)
Forma etimol^ica. — Nótesela admi-
rable filosofía de la lengua. La segun-
da i de irritns, que es breve, represen-
ta la a breve de riítut: innatas, tr^dtm
(por asimilación de la rj, ir-rítu$¡ irri-
tiK, no valedero, no fijo, no cons-
tante.
Irrltadamente. Adverbio modal.
De un modo irritado.
ETiicoLOofA. Irritada 7 el sufijo ad-
verbial mentí.
Irritadisimo, me. Adjetivo snpe^
lativo de irritado.
BTmoLoaÍA. Irritado: catalán, «m-
tadissim, a.
Irritado, da. Participio panvo de
irritar.
Etiholooía. Irritar: latín, irrita-
tus; italiano, irritato; francés, irrité.
Irritador, ra. Masculino y feme-
nino. £1 que irrita.
BTDfOLOGfa. Irritar: latín, irrita-
íor.
Irritamente, Adverbio de modo.
Forense. Inválidambntb.
KTiuoLOofA. Irrita 7 el sufijo ad-
verbial mente: latín, irríti, vanamente.
Irritamiento. Masculino. Irrita-
ción.
ETiMOLOaÍA. Irritar: latín, »rrí/a-
mentum: francés, irritament; catalán,
irritament.
Irritante. Partieipioactivo de irri-
tar. El ó lo que ¡rríta. g Mbdicaubn-
Tos IBRITANTBS. Medicina. Los que
excitan nuestros órganos hasta el pun-
to de hacerles perder el concierto nor^
mal de sus funciones. Q Masculino
f>lural. Los irutantbs. Comprenden
03 rubtifacientes, los cáusticos, los
espispásticos ó vejigatorios. | Biolo-
gía. Se ha observado que los irritan-
tes suelen ser un principio de secre-
ción, como sucede con el musco que
el ratón almizclero secreta, cuando la
irritación de aquella substancia no
permite que el animal la retenga en
su bolsa.
EnuoLOOÍA. Irritar: latió, irriíans,
irrtíaníit, participio pasivo de irrJla-
173
re, irritar; italiano, irritante; fnncés
j catalán, irritant,
i. Irritar. Activo. Excitar viva-
mente laira. Q Conmover7 agitar on
violencia. | Producir cierta excitación
en nuestro organismo, á consecneacia
del ejercicio irregular de algunas fun-
ciones, como el estornudo repetido,
que suele irritar la membrana pitui-
tosa, 6 como el mueho hablar, que
irrita la garganta. En estos casos,
la fisiología jla patologia se confun-
den. I MÓdiáM. Ganiar ana imta-
ción.
Btiiuk^oU. Sánscrito de los Vedas
rat, rágati, él ladra: latín, trrira, «s-
nr«, ladrar, graSir; MM, «oflire-
cer á un perro; italiana, tmlsn^&ail^
cés, irriítr; catalán, irriíof,
1. La forma latina hirrire es bár-
bara, puesto que el verbo del articulo
se compone del prefijo in, en, v rire,
gruñir, del sánscrito védico raí, la-
drar.
2. El latín irritare no es otra cosa
que la forma frecuentativa de irrire,
gruñir, como creen fundadamente los
etimologistas latinos.
3. En efecto, añadamos el antiguo
itare, frecuentativo detV«, al elemento
»rr, radical de «rrir», j taadieoiec A
verbo dri artSealo: mt Í0t», irrUtr»,
irritar,
2. Irritar. Activo. Foronn, Ans-
iar, invalidar.
BTiuoLOofA. Irrita&¿ni:\h1&a cpf^
tare: quoi contra koe faetum fnerit,
irritatur; «sea nnio todo enantose
hiciere sobre esto.» (Código Ttodctia-
no.)
IrrítatÍTO,va. Adjetivo. Medicina.
Que írrita, que tiene la facultad de
irritar, como el movimiento irhitati-
vo que la trichina produce en loa mús-
culos.
ETluoLoaf A. Irritar: francés, irrita-
ti/; italiano, irritativo.
Irrito, ta. A4|atrT«, Ffmta, (Pe-
rgeko rommu.) Inválido^ sbi fbaiM ni
obligación.
EnHOLoaÍA. LatAf IrrVfsf, nnlo,
abolido; de in, no. j r¿/us, pensado,
previsto, seguro, firme, sólido; parti-
cipio pasivo (ie reor, r'eri, creer, pen-
sar: catalán, irritaí, da; irrií, a.
Irrogable. Adjetivo. Que sapasda
irrogar.
Irrogación. Femenino, AoeMa 6
efecto de irrogar.
Etiuolooía. Jrrogar: latín, irrÜgi-
íio, forma sustantiva de irrUgStus,
irrogado.
iSissiia kistírita. — Modo depvonaa-
ciar una nstencia ó dictar una pena
contra nn ciudadano. Lof romanos
atribuían gran importatteia i Ul ob-
servancia de las fótmttlast las pala-
bras eran, por decirlo así, saenmen-
tales. En general, se seguía para la
inROOACiÓN la misma forma que para
la adopciijn de una lev.
Irrogado, da. Participio pasivo de
irrogar.
Etmología. Irrogar: latín, irrogü-
íus, impuesto, establecido; participio
pasivo de irr^irtf irrogaar: oatalao^
trrogatt itfr
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174 ISAB
ISAB
ISAB
Irrogador, ra. SutantiTO j tdje-
tÍTo. Qu« irroga.
IlToguniento. Hueolino, Ibbo-
Irroffar. ÁeÜTO. Cansar, oeaaio-
ntr; asi se dice: la ibbooó un gran
paijuieio. Se nía también como recí-
proco.
BnuoLoaÍA,. Latín irrlS^Srtt «ta-
blecer; de ir, por i», en, j redare, pro-
mulgar una le;: catalán, irrogar,
Irrnente. Participio actiro de
irruir.
Emiotooíju Latfn irrüent, irrÜen-
tU, participio de preaento de irmXre,
irruir.
Irrnidor, ra. SaetantiTO j adjeti-
vo. Qae irnije.
Iirnimianto. Haienlino. Ibbdp-
OldM.
Irmír. AetiTO. Aeonutar eon Im-
petu. I IHVA.DIB.
BnHOLOofA. Latfn ^rv^, entrar
con furia, arrojarse eon ardor sobre;
de i», en, y At^e^ caer precipitada-
meote: catalán antiguo, %rr%ir.
Irrupción. Femenino. Acometi-
miento impetuoso ó impensado. | In-
vasión.
BnuoLoafA. Latín irrupfío, inva-
sión, correría, acometimiento violento
é impeaiado; forma sustantiva abs-
tracta de irruptiUt participio ^sivo
de immpertt totrodueirse oon ímpe-
tu; de >R, en, j rtm^tre, romper, des-
pedatar: italiano^ srn»i(W«; lancea,
%rruptiimí catalán, irrmpeU»
Irruyente. Partici]no activo de
irruir.
Irse. Recíproco. BIarchabsb. { Me-
táfora. Monrse. | Deslizarse. | Gas-
tarse. I Ventosear ó hacer alguno sus
uecesidades sÍd sentir. Q Excederse de
algún modo. \ Ibsb dkl SBauRO. Lo-
cución familiar. Decir disparates, de-
nuestos, iosolencias. y Ibsb de punto.
Locución familiar.
Isaac. Masculino. Biblia. Hijo de
Abraham y de Sara, que nació el
año 1896 antes de Jesucristo, tenien-
do entonces 90 años sn madre y 100
an padre. Sara se ech¿ i reir cuando
le fué vaticinado el nacimiento de
Isaac; y de ahí este nombre, formado
del hebreo Uahak, que significa rita,
sonrisa. (Monlav.)
Isabel. Nombre propio de majar:
SANTA ISABBL.
EriuoLOafA. Hebreo Je»ah§l, mujer
de Acbab. (Biblia.)
Isabel. Reina de Inglaterra, hija
de Enrique VIII y de Ana Bolena;
nació en 1533 y murió en 1603. Aun-
que su padre la había declarado ilegi-
tima é incapaz de reinar, revocó esta
declaración en sn testamento, é Isa-
bel subió al trono & la mnerte de su
hermana María, en 1558. Uno de sus
primeros actos fn¿ restablecer la reli-
gada protestante queMaría había pros-
crito y constituirse jefe de la Iglesia.
Bajo su reinado florecieron la agri-
cultura, el comercio y la marina, y se
hicieron grandes economías en la Ha-
cieoda; pero empafiÓ su gloria con la
conducta que observó con la infortu-
nada reina de Escocia, María Bstuar-
do. Irritada contra esta príncesá, que
había tenido la impmdeneia de tomar
el título de reina de Inglaterra, pero
cujra principal causa consistía en ser
mucho más hermosa que ella, promo-
vió disturbios en sus Estados, la Ua-
md á Inglaterra, donde la tuvo pri-
sionera, 7 la envolvióen nna acusación
de atentado contra su persona, llevan-
do su rencor hasta hacerla decapitar
en 1587. Con pretexto de vengar esta
muerte, armó Felipe II, rej de Espa-
ña, contra la Inglaterra una escuadra
formidable que llamó la Invencible, y
que, como es sabido, fué dispersada
por las tempestades y batida an detalle
por los enemigos. Isabel envió en se-
Suida socorros á Bnric^ue IV, ocupa-
0 entonces en conquistar su reino;
reprimió á los irlandeses, á quienes
España había sublevado en 16W, y fo-
mentó á sn vez la insurrección de los
Pafaes Bajos contra España. Muchos
soberanos solicitaron su mano, y en
más de una ocasión la invitó el Parla-
mento á fijar sü elección, pero~ jamás
quiso casarse; tuvo, sin embargo, mu-
chos favoritos, entre ellos Uudlej,
duque de Leicester, y Roberto, conde
de Essex. Habiéndose sublevado este
último contra ella, hizo que le conde-
naran á muerte; pero apenas se eje-
cutó la sentencia, se arrepintió de su
conducta, y llena de dolor murió á
poco, designando por sucesor á Jaco-
bo, re/ de Escocia é hijo de María
Estuanlo. Isabel gobernó con un des-
potismo casi absoluto j convocó po-
cas veces el Parlamento: reunía á lea
cualidades de un gran rej, todas las
debilidades de una mujer. (Sala.)
Sesumen.—!, Anítt de subir al tro-
no. Durante el reinado de su herma-
na María Tudor, hija de Catalina de
Aragón, fué perseguida» como pro-
testante, por el obispo Gardiner; y
habiendo resultado comprometida en
la conspiración de Wiat, se vio eoce-
rrada en la Torre de Londres y en el
castillo de Wosdstock.
2. Sn el ^ono. — Creo la Iglesia an<
glíeana en virtud del bilí délos treinta
y nueve artícelos.
Logró que el Parlamento la decla-
rara reina de derecho divino y gober-
nadora suprema, así de la Iglesia
como del ^tado. .
Impuso á los individuos del clero y
á los funcionarios civiles el^tirdmeii/e
de supremacía espiritual de la corona.
Terminó á merced de la paz de
Chiteau-Cambresis (1559) la guerra
en que Felipe II, eomo esposo de Ma-
ría Tudor, había empeñado i Ingla-
terra contra Francia.
Se alió con los calvinistas del oon-
tinenta.
Supúnese que no fué extraña á la
conspiración de Amboíse, que debía
derrocar á los Guisas.
Recabó que Conde v Colígnj, en
premio de su ajuda, la pusieran en
posesión de la ciudad del Havre(15^),
que tuvo que restituir dos aflos des-
pués.
A más de la persecución de María
Eituardo, tavoreció en Bseoeia & loa
partidarios de John Knox contra U
regenta María de Loreoa, sirviendo
de esta suerte la cania del protestan-
tismo.
Se coaligd oon Enrique IV y tomtf
la ofensiva contra España, de cujas
resultas Hawkins saqueó las colonias
españolas de América, al propio tiem-
o que el conde de Esssx oomber^
eaba a Cádiz.
Apoyó en Portugal las pretensiones
del prior de Crato, con el intento de
perjudicar los derechos de Felipe II i
la sucesión de aquella corona.
Anuló la acción de ambas Cámaras
y no tuvo más lej que su libre albe-
drío.
Sustituyó al jurado tos tribunales
de excepción, tales como el tribunoiát
alta comisión y la famosa e&mara «ttr»-
liada, cómplices humildes de las pa-
siones de la mujer y de la política de
la reina absoluta.
3. Retrato de la reina. — Inteligen-
cia superior, talento profundo, carác-
ter teuaz, habilidad maravillosa, in-
triga consumada, gran espíritu de
gobierno. Gstas extraordinarias dotes
vienen á explicarnos la situación del
pueblo inglés bajo aquel prodigioso
reinado: Spencer, Shakespeare j Fran-
cisco Bacon enaltecían con sus libros
las artes y las ciencias, cubriéndolo
todo con su manto de gloria; el pri-
mer periódico inglés, TÁe Engltsk
Aíercnrjf, se dió & tusen aquella época;
6orecían inmensamente la industria y
el comercio; se inauguraba la Bolsa
de Londres, con el título de Soj^él
Sxchaí^ey cambio real (1571); la ma-
rina contaba 1.232 buques, de 40 que
antes tenía; Cavendísb, Waltar Ra-
leig, Drake, Hawkins, Davis, Hum-
fthrej Gilbert y Frobisher surcaban •
os mares, realizando las osadas em-
presas de donde viene la Inglaterra de
aoy. Sólo asi se explica también el
hecho casi fabuloso de que una reina
en quien se mezclaron más de una
vez la reina y la dama, se viera idea-
lizada por todo ti mando con el epí-
teto de la Reina virgen.
4. Retrato de la mujer. — Carácter
moral, (Tondueta liviana, irritabilidad
extrema, vaoidad pueril, envidia r«n-
corosa, crueldad heredada de sn pa-
dre.
Carácter iníelectMal. Isabel fné in-
dudablemente la, mujer más docta de
BU país y uno de los entendimientos
más educados de su siglo. Hablaba
correcta y fácilmente el griego, el la-
tín, el italiano y el francés; de tal
modo, que compartía los largos ocios
de SUS deleites con el placer de tradn.
cir á Sófocles, Demóstenes, Horacio,
y en comentar al ^ran Platón. Tra-
tándose de esta mujer singularísima,
uno de los genios más confusos que
conocen los fastos humanos, la histo-
ria no tiene mis qne dos caminos:
adorarla antes v quemarla después, ó
quemarla en vida y adorarla en mnerte.
5. Entre los pretendientes que la
solicitaron en matrimonio, figuran el
duque de Holsteio, el de Alengon, el
hijo del Elector palatino, d conde da
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ISAB
ISAB
ISAB 175'
Airan, «1 nj d« Suecia y Felipe IT.
6. ConlgÁBKLftcalxS la nmt de los
Tador.
Isabel de Borbón. Beina de Espa-
ñi, hija de Enrique IV de Francia y
de María de Médioís, nacida en Fon-
tiinebleaa en 1602 j maerU en 1644.
Siendo de corta edad, fué prometida
«1 príncipe del Piamonte; ^eio poco
deipués ae ajustó j llevó a efecto el
doble nutrimonio de esta princesa con
el TBy de España, Felipe IV, j de la
hermana de éste, Ana de Austria, con
Lois XIII de Francia, hermano de Isa-
Bn« Consagrada desde entonces á los
intereses del reino, no pudo ver con
iadiforencia la inevitable ruin» á que
le conducía la desatentada adminis-
tneíÓD del cond»4uqaede Olivarea,^
trabajó asiduamente hasta conseguir
10 caída; eontribujrd con eficacia á
levantar un ^ército de 50.000 hom-
bres para sostener el honor de las ar-
mas españolas, é hizo que su marido
le pusiera á la cabeza, quedando ella
entreunto encargada del_ gobierno.
Querida de todos, y después de haber
hecho cuanto bien estaba en su mano
realiiar, murió á los 23 años de reina*
do y 41 de edad. En esta princesa,
como en Isabel de Valois, se ha ceba-
do la calumnia durante dos siglos, su-
¡MBÍéndolft anos criminales amores
con el famoso cuanto desdichado don
Joan de Tarsis, segundo conde de Vi-
llamediana. A pesar de las pruebas
aducidas por los que han querido sos-
tener esta calumnia histórica y del
«pojo que parecían prestarle algu-
nas eomposiciones del mordaz poeta,
ho; la luz ha venido á esclarecer este
punto, y la virtud de Isabbl dk Bob-
BÓH ha quedado ¿ salvo de toda ca-
lumniosa imputación. SI doctísimo li-
terato don Juan Eugenio Hartzen-
busch, en su discurso de contestación
ádonFranciacoCutanda, al hacer éste
la recepción en la Academia Española,
ha contribuido tan poderosamente á
esckrecer este episodio del reinado de
Felipe IV, que hoj nadie se atreve á
sostener teñamente lo que basta aquí
sa había eonsiderado como verdad m-
eontroTertible.
Isabel de Braganaa. Reina de Es-
paba, bija de Juan IV de Portugal /
mojer de Fernando VII, qne nació en
Lisboa en 1797 y murió en Madrid
en 1818, Casada en 1816 con Fernan-
do, muy pronto su carácter dulce y
Graneo, su sólida instrucción y su
amor á las ciencias y á las artes, así
como los beneficios que derramaba en
torno SUJO, unidos al interesante es-
pectáculo que ofrecía el verla en pú-
olieo dendo el pecho á una bija que
tuvo, la granjearon universales sim-
patías. Estas se manifestaron plena-
mente en las demostraciones publicas
de dolor qne dio la nación entera al
ocurrir au temprana muerte.
Isaibel Qara Eugenia de Aus-
tria, la&nta de Bspafia, duquesa de
Brabante y condesa de Flandei, hija
de Felipe 11 y de Isabel de Valois;
nació en 1566 v murió en 1635. Pro-
puesta por el Gabinete español» oomo
nieta del pariente más próximo de
Enrique, para ocupar el trono de
Francia, vió éste frustradas sus pre-
tensiones cuando se atendió al mejor
derecho de Enrique de NaTarra. Cuan-
do Felipe II perdió la eiperanxa de
cefiir la eorona de Francia £ las sie-
nes de su hija, la casó eon Alberto,
hijo de Maximiliano II, en 1597, dán-
dola en dote la soberanía de los Paí-
ses Bajos T el Franco Condado, Isabbl
acompañó á su esposo en las euerras
contra los holandeses, y hallándose
en el sitio de Ostende, se dice que hizo
voto de no mudarse de ropa blanca
hasta haber tomado la plaza. Esta, no
obstante, resistió tres afios el sitio, y
como la princesa cumpliera escrupu-
losamente su promesa, sus ropas to-
maron un color leonado, que dio orÍ-
fen al color llamado Isabbl. Privada
a la soberanía de los Países Bajos
por su sobrino Felipe IV, que no la
dejó sino el título de gobernadora, de-
fendió el Brabante contra los repeti-
dos ataques del príncipe de Orange y
desbarató una conspiración que se tra-
maba para erip^ir los Países Bajos ca-
tólicos en república independiente.
Isabel de Castilla ó Isabel la Ca-
tólica. En el oscuro cuadro en que se
agitan las figuras del débil é impo-
tente rej Enrique IV; de su ambicio-
sa mujer la princesa Doña Juana de
Portugal; del orgulloso favorito don
Beltrán de la Cueva, que, merced al
amor de Doña Juana, se elevó en po-
cos años desde paje de lanza á la alta
dignidad de marqués de Ledesma, du-
que de Alburquerque y gran maestre
de Santiago; y de aquellos nobles re-
beldes, encanecidos en las facciones,
que en una asamblea reunida en la
ciudad de Avila deponen á Enrique IV
^ le despojan en estatua de todas las
insignias reales, aparece la infanta
Do.^A Isabbl, nacida en la villa de
Madrigal el 22 de Abril de 1451, como
un punto luminoso, como una blanca
estrella en un cielo oscuro, como la
hermosa luz que ha de ^uiar á Casti-
lla al puerto de salvación, según tra-
taremos de demostrar. La reina Doña
Juana había dado ¿ luz una hija, que
los enemigos de su esposo trataron de
ilegítima, apellidándola la Beltranea»
Sor juzearla Mía del orgulloso valido
on fieltrán. Educada DoRa Isabbl,
en Arévalo, con la major piedad y re-
cogimiento por su noble madre, con-
taría doce años apenas cuando Dou
Enrique la llevó á su palacio, con su
hermano Alfonso, aparentemente para
terminar su educación, pero, en reali-
dad, dice el padre Flórez, para que
no sirviese de bandera á los descon-
tentos. Tarea inútil, pues los nobles
rebeldes, al deponer a Enrique, pro-
clamaron á Alfonso. Muerto repenti-
namente Don Alfonso, el 5 de Julio
de 1467, en Cardeña, j privados de
un jefe los nobles confederados, ofre-
cieron la eorona á la infanta Do5:a
Isabbl, que la rehusó diciendo: Desee
á mi hermano el rey una larga vida, y
mentrat él «tea, %u%ca consentiré en to-
mar ti titulo di rtina; noble respuesta
que le eaptÓ las simpatías de todos los
castellanos, los cuales, vista la ilegi-
timidad de la Beltraiujat obligaron á
Enrique á reconocer por su heredera i
su hermana Isabbl, acto solemne que
se celebró el 19 de Setiembre de 1468
en la Venta de lo» Toros de Quisando.
Entre los diversos pretendientes á la
mano de DoSa Isabbl, se contaba el
infante DonFernando de Aragón; pero
este enlace no era del agrado de una
parte de la nobleza, que habría prefe-
rido una alianza con Portugal, y mu-
cho menos de Enrique, que á él se
opuso con todas sus fuerzas. Doña
Isabbl, sin embargo, aconsejada por
sus parciales 7 atendiendo al porve-
nir de Castilla, resolvió unirse con
Don Fernando, desposándose con él
en Valladolid, i euja ciudad había
llegado seeratamente el.ia&nte de
Aragón el 18 de Oetnb» da 1469, ea-
sáadose al siguiente dia en oLpaúeio
de un campeón, don Juan de vivero.
Días antes había escrito á su herma-
no, que estaba en Sevilla, pidiéndole
permiso para presentarse a él con su
marido; y apenas realizada la boda,
los jóvenes esposos le enviaron emba-
jadores, asegurándole su obediencia j
su deseo de considerarle como á un
padre, remitiéadole las capitulaciones
firmadas por el infante Dou Fernan-
do. El re^ acogió muv fríamente á los
embajadores, los soalas no pudieron
recabar de él otra respuesta que ésta:
Sem^aníe asunto es muif grave y yo iv-
solveré sobre él. Sea que, Enrique. ao
hubiese olvidado los iatiureaes de la
que juzgaba, 6 aparentaba al mraos
juzgar como sn hija, ó que la boda de
su hermana con Don Fernando no le
agradase, lo cierto es que anuló la
declaración hecha en favor de Dofía
Isabel y declaró á Doña Juana por
su sucesora única j directa, en la hora
de su muert«(12deDiciembrede 1474).
Fernando é Isabbl protestaron. Dona
Juana, desposada recientemente, por
consejo de sus amigos, con el xay Don
Alfonso de Portugal, que ambiciona-
ba la corona de Castilla, v apojada
por el arzobispo de Tuledo, el mar^
qués de Villana, la familia de los
Mendosas y obros nobles, resolvió fiM
su causa al t^ee de las armas. La
infanta Do.^a Íbabbl tenía á su favor
i la mejoría de la nobleza y del pue-
blo, por la brillante reputación que
había logrado adquirir en medio de
aquella corrompida corte y á través
de aquellos turbulentos dí;is. Durante
algún tiempo vaciló la fortuna, basta
?ue en la célebre batalladeToro(1476)
ué derrotado el ején-iio del rej de
Portugal y los partidarios de la Bel-
íraneja comenzaron á someterse, hasta
que la infeliz princesa, abandonada de
Don Alfonso, qne ^ no podía alcanzar
con su mano una corona, tomó el
velo de religiosa en Coimbra. Don
Fernando heredó en aquel mismo año,
por muerte de so padre, el íeiao da
Aragón, y al tratarse de la unida de
ambas coronas, apareció la primera
nube en el cielo de Isabbl j Fernando,
que Isabbl supo disipar con su gran
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176
ISAB
talento y ia rntg^ainimo eonctfn. Bn
«oftambrfl en U Edad media que el
lexo más fuerte ejerciese todos los de>
reehos por el mis débil; pero los cas'
tellsnos, celosos de su independencia
7 de las prerrog>ativas de sa reina,
resolvieron asegurarla el ejercicio real
de ellas. Al fio, se acordó que los
nombres de los dos esposos figurasen
juntos en todos los actos del gobier-
no; jr en la moneda, el del rey el pri-
mero, en consideración á su sexo, pero
en el escudo real» las armas de Casti-
lla las primeras; que Isa.bsl nombra-
ra para todos los empleos civiles y mi-
litares de Castilla j para los benefi-
cios eclesiásticos; que siempre que se
hallaren reunidos gobernasen juntos;
y cada uno en la provincia en que se
bailare, cuando estuviesen separados.
Tal divisidn de poderes, dice un ilus-
trado aatori fué religiosamente obser-
vada durante toda su vida por Doña
Is&BSL, á eujras altas dotes j singular
capacidad se debió la paz j baena in-
teligencia en que vivió con el ambi-
cioso Don Fernando, sin tolerarle in-
tervenir en el gobierno de Castilla.
Sin embargo, el rej de Aragón mostró
claramente su reseutimiento por la
superioridad de facultades otorgadas
á su esposa; pero ella consiguió aqui>
tarle dulcemente con las protestas de
su amor y eon las seguridades de que
ella sólo sería reina donde él fuese
re/. Las fiimilias de los Quzmanes y
de los Ponces, así como otras varias
de AndalnoUt so color de afianzarse
eonttm los ioemigos del reino, acre-
centaban fus estados é iban haciéndo-
se temiUes. DoSa. Isabbl tomó £ su
amo tan grave asunto: llegó á Se-
vilU (1478j; arregló las disensiones
entre el duque de Medina-Sídonia j
el marqués de Cádiz, recobrando las
tierras que tenían de la corona; orde-
nó varios castigos j, por último, otor-
f*ó un perdón general, que le atrajo
as bendiciones de gran número de
fiimilias. En esta ciudad y en este año
dió á luz al príncipe Don Juan. Re-
sueltos los reyes á dar una prueba de
vigor contra la morisma y aprove-
char la división que reinaba entre los
árabes, exigieron al rej moro de Crra-
nada el tributo pactado con sus ante-
CMores, que hacia tíempo que los ára-
bes no pagaban. El rej moro, sin in-
tímidarse, respondió: Que donde los
árahee «uñaban ra noiüdttt forjaban
íambie'n las armas, y sin razón tii de-
recho se apoderaron de la importante
plaza de Zafaara, dando así la señal
de nna invasión de los castellanos en
Andalucía y de una tenaz y porfiada
lacha. Resuelta á todo, Doña Isabiíi.,
que había quedado en Castilla orga-
nizando tropas, se presentó en el ejér-
cito de Andalucía, causando su pre-
sencia, dice el señor Díaz Canseco, el
mayor entusiasmo entre aquellos in-
domables guerreros, v no sin funda-
mento, pues ora auxiliaba á Don Fer-
nando con sus consejos, ora reelntaba
fuerzas, ora se exponía i los majrores
peligros, prestando nuevo valor á sus
•oludos, que teniéndola eeresi se juz-
ISAB
gabán eapsees de los más altos hechos.
En el campo moro ardía la peor de
todas las guerras, la guerra civil: el
infante fioabdíl, en unión de su tío
Mohamed-el-Zagal, destronó i su pa-
dre, y luego tío y sobrino se declara-
ron la guerra; los suyos les obligaron
á dividir el dominio del reino y á lu-
char sin tregua contra los cristianos.
¡Triste ilusiónl Boabdil, sitiado en
Loja (14S6), no recibió loa auxilios
ofrecidos por su tío, y herido y de-
rrotado, se entregó á Don Fernando,
ouien, oído el parecer de la reina, le
dejó en libertad, logrando lo qne Do-
Ña Isabbl había predicho, esto es,
que apenas se vió libre, volvió las ar-
mas contra su traidor tío Mohamed-el-
Za^al. A pesar de sus divisiones in-
teriores, que llevaron á una de las
facciones moras á luchar al lado de
los cristianos, y de ser Granada una
ciudad abierta, su conquista costó
diez largos años de nna lucha obsti-
nada y sangrienta, durante los cuales
fué tomada Alhema, baluarte y ante-
mural de Granada; Málaga, depósi-
to del comercio entre España y el
Africa, y Baza, ciudad entonces de
50.000 habitantes. En el interior de
la ciudad sitiada, el hijo combatía
contra el padre; Abdalah y su tío el
Zagal se repartían los restos de aque-
lla soberanía agonizante; y Boabdil,
firisíonero en un nuevo combate de
os reyes castellanos, teniendo en po-
der de ellos á un hijo en calidad
de rehenes, y habiéndose visto obli-
gado para salvarse á reconocerse va-
sallo de Isabbl y Fernando, seguía,
más bien que impulsaba, la obstinada
defensa del pueblo. Do.^a Isabbl, ído-
lo de los castellanos, sitió la ciudad
con 80.000 soldados, á cuyo frente se
hallaban los futuros conquistadores
de Berbería, Málaga y Xápoles, Pedro
Navarro, el marqués de Cádiz y el
Gran Capitán. No es posible pintar
las contrariedades y las luchas que el
ejército cristiano nubo de sostener,
contento y satisfecho, por tener á su
lado á su querida reina; ni la fe y el
valor de aquella heroica señora, á la
que nada logró vencer, ni menos des-
animar: un moro fanático intentó dar-
la de puñaladas, salvándose mila^-
samente; nn incendio destruyo el
campamento, que ella reedificó, no de
lienzo, como el anterior, sino de pie-
dra, haciendo levantar en ochenta días
la población da Sania Fe, con lo cual,
al par que mostró su diligencia por
el soldado, indicó á los moros que, si
persistían en no rendirse, el sitio se-
ría eterno. Agobiada la ciudad por el
hambre, el pueblo amotinado abrió
sus puertas á Isabbl y Fernando, bajo
la promesa de que se les dejarían jue-
ces de su nación y el libre ejercicio
de su culto; y el 2 de Enero de 14^2,
la enseña de Cristo substituyó en los
altos minaretes de Granada á la me-
dia luna. Cuando Boabdil presentó á
los reyes la llave de la ciudad, y Íes
pidió permiso para retirarse al Africa
con gran parte de sus riquezas, la
noble reina arrojó ti hijo de Boabdil,
ISAB
que tenía ftn rehenes, en los biaiot de
su padre, como el mejor eonsaeloqas
ftodfa darle en lance tan amargo. Pare
a conquista de Granada, la salida de
España de ta morisma, después de
ocho siglos de incesante lucha, la le-
conquista de nuestro hermoso SHelo,
no bastaban á su gran corazón, y el
cielo le pruporcionó la dicha de uuir
su nombre á una empresa considerada
entonces imposible, al descubrimiento
de un nuevo mundo. Un pobre y os-
curo genovés, Cristóbal Colóo, lia
nombre, sin pan que llevar á la booa,
él, que llevaba en la frente un mondo,
conoce los errores de la antigua geo-
grafía, proclama nuevos principios,
ofrece á su patria, primero, y In^o á
los reyes de Portugal y de Inglaterra,
un nuevo mundo, que nadie acepta.
Acude al campo de ^iita A, delante
de Granada, y habla eon el rey Fer-
nando, que le despide eon neritud;
pero estaña allí Üo.^a Isabel, que era
un talento profundo, una iiitaligeneU
superior, que oye á Colón, que le oom-
S rende y le admira, y que, en vista
e la negativa de su esposo á tomar
la más mínima parte en la empresa
por cuenta de su reino de Arsgsn,
empeña sus alhajas por las cantidtdei
necesarias para la expedición. Ocho
meses después de la conquista de Gra-
nada salió Colón del puerto de Palos,
en Huelva, eon tres carabelas, púa Ir
á surcar mares deseouocidos, onsear
otro continente en el hemisferio occi-
dental y conquistar nn nombre eterna
Después de una navegación larga y
penosa. Colón r^esd á Palos al lo
de Marzo de 1493; los reyes se halla-
ban á la sacón en Barcelona, y el ilus-
tre marino corriiáaquelU oíudsd, eo
la que obtuvo una entrada triunfid,
á darles cuenta de su viaje, á noti-
ciarles sus descubrimientos, á presen-
tarles los individuos de las razas que
habitaban aquellas zonas, hasta en-
tonces desconocidas, y á entregarles,
con el oro de sus montañas, lü pro-
ducciones más raras y curiosas de la
7ona tórrida. Isabel y Fernando le
hicieron sentar junto ásn trono,entt»
blecieron á su familia eon el tltólo de
duque de Veragua, confirmaiDn los
privilegios que con él habían pactado
y prepararon una nneva escuadra pera
que Colón continuase sus descuorí-
mientos y estableciese nuevas colo-
nias. ¡Lástima grande que esta ilustre
señora, dejándose llevar delasqunas
de los cortesanos envidiosos de Colón
y de los turbulentos aventureros á
quienes él tuvo que castigar, creyera
q.ue la malversación y la avaricia de
Colim eran las causas del poco dinero
que se recibía, y tolerase que el gran
almirante atravesara cargado d« cade-
nas los mismos mares que su poderoso
genio había dominado! Por fortuna,
comprendió que había sido pérfids-
mente engañada y le devolvió su gra-
cia, dándole el mando de una nueva,
aunque pequeña, escuadra al objeto de
buscar un camino más corto pars las
Indias. Durante la guerra de Granadn,
los Reyes Cst>51ico8 pagaron el ipoyo
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ISAB
qao los nobles les prestaron i costa
de graades privilegios j ricas oonce-
sioDes: casi Codas las propiedades te-
rritoriales» dice un autotj se hallabaa
ea podev de los grandes; una parte de
lu tierras conquistadas pasaba a sus
manos, j las iamunidades y derechos
d« los nobles los elevaban al rango de
peqqeüos soberanos; los alistamientos
voluntarios fueron ínsafieientes para
la guerrat y como los bienes de la
nobleza se bailaban exentos de las
ca^s públicai, U de saminiitiac
soldados puií soUmente sobre laseta-
dadet. ho9 rojea confiaron i las ciu-
dades el caidsdo de Kurteser sus ejér*
eitoi, eoncediéndolei en premio rae-
ros, privilegios j voto en Cortes; re-
vocaron las concesiones heehas á los
grandes para comprar sn snmisión,
así por Enrique Iv como por ellos;
pooo á poco-eitendieron las prerroga*
uvas de la corona j recortaron el po-
der dé los nobles; por último, frente
i 1o< seftores pusieron á his ciudades,
eujos diputados, con gran disgusto
di los nooles, tenían una oonsidera-
bla parte en el gobierno, puesto que
Us Cortes votaban las oontríbuciones,
oto^ban los subsidios para la gue -
na, decidían las cuestiones más ar-
dus y publicaban Us lejes. Da este
modo, y las más veces por decisión
del Cónsfljo de Castilla, morón arran-
eando á los gmndw las oonsiderables
tieriafl que so* predecasorei y ellofe
mismos les habían aoneadido; en la-^
Jar de abandonarles la goberoaeidn
el Retado y los primeros puestea de
la administración, fueron llamando
para ocuparlos i hombres del pueblo;
reanisron ios tres grandes maeatraz-
gos de las órdenes militares de A.lcia-
tara, Santiago y Uontesa, teniendo
la habilidad da hacérselos conferir
por los mismos caballeros, con la
aprobación del Papa, y conquistando
así de un golpe un numeroso ejército
J enantioaos bienes. Llegamoa á la
negra nube que oscurece el reinado
de Dou IsABBL, al ostableeimíento de
la Inqnisición, realizado i instanrás
del eélebr* fraj Tom&a de Torqae-
mada, por U «sois eizaña nmcUda
emite el grano do U fe, por la maU-
cu del enemigo, por el comercio congen-
Ut mahometanas y judaica» y por el mh-
eko desorden de lot reinados precedentes.
El eondo d9 Fabraquer, ocupándose
de éste asunto, declara que la Inqui-
sición destruyó por largo tiempo la
felicidad de los pueblos y sofocó el
genio y las luces bajo un odioso des-
potismo; lo cierta es que su estableci-
oieato, aunque dirigido en un prin-
cipio oontra los moros 7 los judíos,
li^ó á ser un arma terrible, y el plan-
teamíento de aquel odioso tribunal
encontró grandes obstáculos en Bspa-
úa, principalmente en A.ragón, pues-
to^ qos en Zaragoza, y dentro del
mismo templo, fué asesinado ano da
les inqoisiaores para atemorizar á los
demás. Una Tez colocado el pie en
ana pendiente tan resbaladiza, no era
posible retroceder; así es que los ju-
díos no tardaron en recibir U orden
ISAB
de convertirse & la fe cristiana d salir
de España, en el término de cuatro
meses, sin poderse llevar oro ni pla-
ta, abandonando nuestro suelo ctento
setenta mil familias, que se refugiaron
en Portugal, Italia y Africa, llegando
el caso de dar una viña por un peda-
zo de tela para cubrirse, j ana casa,
por un caballo para huir. Esta ezpul-
sión fuá terrible para la población y
la industria de España; y sin embar-
go, siete años después (1499) se dio
an golpe todavía major. Al mirar
violada la majoria de Us condiciones
con que los moros de Granada se en-
tregaron, víctimas de U animosidad
del clero, y no pudiendo sufrir U
opresión en que vivUu, se lanzaron
los moros á las Alpujarras, aguardan-
do socorros de sus hermanos de Afri-
ca. Oou Fernando se presentó ante
ellos con un ejército; pero reconocien-
do lo cara que pagaría sa victoria,
ofreció á los moros buques para pasar
al Africa, á raxán de veinte ducados
por familia, logrando de este modo
que emigraran más setenta mil fa-
milias, las cuales le produjeron con el
pago de su huida un tesoro inmenso,
que Don Fernando empleó en asegu-
' rar la superioridad de sus armas en
Italia. En el ho^ar de la reina no ha-
: bía más que tristezas y lágrimas: la
muerte de sa híjq Don Joan fué le-
fuída de U de U princesa iMbel, casa-
a con el rej de Portanl; de los sínto-
mas de locura de la infanta Dofia Jua-
na, la infeliz esposa de Felipe el ffer-
moso; y del repudio de Doñ^ Catalina
for au disoluto esposo Enrique VIII de
Dglaterra. Do.^a. Isabel, dice uno de
sus mii distinguidos biúgrafos, aque-
lla gran reina, adorada del pueblo,
no pudo resistir á tantas desgracias;
una mortal languidez minaba su eus-
teneia, 7 los pesares domésticos, uni-
dos á una enfermedad del pecho, de-
bilitaron su oonatitueión física y mu-
rió en Madrid el año de 1504, Clorada
de $us súhditos y admirad^ de la Baro~
pít, d^ando poi heredara universal de
sas estado* a sa hija Qoñt Jn«na, y
disponiendo que fi el nrohidoque,
esposo de éaU, no qnería venir á Es-
paña, fuese su «spoao Don Fernando
Sobernador de loa reinos de Castilla
asta que sa nieto Garlos llegase á la
ma^or edad. Dulce y generosa, tem-
pló oon au cleoiencia el riguroso ca-
rácter de Oon Fernando; protectora
de los Ulentos y del genio, los animó
y dió vida con su liberalidad. A ella
se debe U expulsión de los moros, el
haber abatido el despotismo de los
f grandes y restablecido el imperio de
as leyes; el descubrimiento de Amé-
rica; el mejoramiento de la adminis-
tración pública; U creación de la San-
ta Hermandad, encargada de perse-
l^uir y castigar los detitos cometidos
mera de poblado; U recopilación de
las Ordtnanzas y U introducción de
grandes mejoras en la legislación ci-
vil. La ilustre escritora francesa Ma-
dame Mongellas, dice «que Do^a Isa-
BBL reunU á las cualidades de un
grande hombre, Us amables prendas
ISAB
177
da ana majer, y qne, tan liábil en
manejar las riendas del Estado como
en conducir un ejército, s^bía inspi-
rar confianza, exciUr el vMor, apro-
vecharse de Us círcunsUaeias, vencer
las dificulUdea j llegar á su objeta,
bien por el camino de an héroe, bien
ojn la destreza de an político profun-
4o.> Otro ilustrado publicista afirma
que DoSa Isabel, para ser admirable
en todo, jamás olvidó por Us ocupa-
ciones dtl gobierno y de la guerra las
obligacioues propias de su sexo; aña-
de que dirigía por «i misma U edu-
eaoian de sas hijos, enseñaba i Us
hembras las Ubof es femeninas, 7 se
preciaba de qaa su marido no se ou-
Diese puesto une camisa fus sl¡a no
hnHese hilado y cosido. Gonclujainos:
si, como afiripa nn emiaente liísto-
rUdor, DoSa Ísasbi, fué apuesta por
completo al establecimiento de la tn-
quisiciJa, y «ólo cedió & imperiosas
exigencias df U época j i necesida-
des del momento, bien puede asegu-
rarse, sin dudas y sin temores, que el
reinado de Isabbl la Católica es la
págiiia mús gloriosa de nuestra histo-
ria patria.
J»iHM*tfii.— Opinemos como opine-
mos, vajamqs adonde vayamos, los
españoles somos hijos: antes, de Oon
Alfonso el Sahlo en la? Partidas; des-
pués, de Isabbl la Católica en el
territorio. De todos fué madre, puesto
que á todos nos dió gloria y patria.
Isabel de Foraesio. Reina de Es-
paña, hija de Eduardo 111, duque de
Parm(i,7 mujer de Felipe V de Espa-
ña, que nació en 1692 y murió en 1766.
Aunque poco agraciada de rostro, el
resto da su persona no estaba despro-
visto de encantos, unido lo cual á una
vjva imaginación y un talento é ins-
trucción superiores á su sexo, llegó á
dominar tan completamente á su ma-
rido, que ésta, no sólo la profesó siem-
pre una verdadera pasión, sino que
en todos los negocios seguía con pre-
¿sreneia sus indicaciones. Esta in-
fluencia empezó á dejarse sentir en la
expulsión del reino de la Princesa de
los Ursinos, acto que le conquistó bien
pronto ana ardiente popularidad, aun-
que luego U malogró hasta cierto
punto con la preferencia que manifes-
tó en la distribución de car^s públi-
cos. No obstante, conservo siempre
gran influencia en los negocios^ tuvo
00 poca parta en todas las medidas
que señalaron aquel reinado, j, parti-
cularmente, el ministerio del cardenal
Alberoni. Después de la muerta de
Felipe V, vivió en U major reclusión
en San Ildefonso^ y sólo cuando murió
su hijastro Fernando VI, volvió á U
corte á gobernar el reino hasta la lle-
gada de su hijo majror Carlos III, <iue
se hallaba en Nápoles. Murió siete
años después, en Aranjuez, j fué en-
terrada con Felipe V en San Rdefonso.
Isabel de Portugal. Reina de Es-
paña, segunda mujer de Don Juan II
de Castilla j de León, hija del infan-
te Don Juan de Portugal y de Isabel
Barcelos; casó con Don Juan II en
1447, contribuyendo poderosamente á
TOUO III
23
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1Í8 ISAB
ISAN
ISCA
U Olida del coadesUble don Airara
de Lana. Tuto ds ua matrimonio dos
hijos: Isabal, que luego fué réioa de
Bipafla, coa el título de la Católica, y
Alfonso, & qaien el rey se inclinaba
á dar el cetro, por algunos disgustos
que le había dado efpríncipe finri-
(^oe, hijo de su primera esposa Cata-
Una de Aragvjn, pero cujro pensa-
miento no efectuó por no exponer el
reino i la guerra civil. Biaeito Don
Juan II, en i454, Isabel sintió tinto
su pérdida, que fué acometida de una
enajenación mental, por lo cual se re-
tirá á la villa de A.révalo y allí vivid
haita el tfio 1496, en que murió des-
pués de cuarenta j dos de viudez,
cuando ya reinaba en Castilla su hija
Isabel, «leipo fué tnsladado por
Im eoiditdM d* ¿ite «1 mouMafia de
MimOoni^ 4a fitiig«s» ú háo de sa
esposo.
Isabel de Valois. Reina de Espa-
ña, tercera mujer de Felijie II. Nació
en Fontainebteau en 154d y murió en
lifadrid en 1568. Era hija de Enri-
que II j de Catalina de Médicis. Fué
prometida al hijo de Enrique YIII de
Inglaterra, Eduardo VI, que murió
antes de efectuarse el matríuionio;
después lo fué del desdichado prín-
cipe Carlos, hijo de Felipe II, y con
este motÍTO fné llamada Princesa de la
Pat, porque sa nnidn produjo el tra-
tado de Chltoaa-<kmbre8Í8, que puso
Sn & Ugoeir* sntre Bspafla y Fran-
ca. P«D tamo 9a este tiempo faubie-
n mnerto la esposa de Felipe II. Ma-
ría Tador, reina de Inglaterra, pidió
éste para sí la mano de Isabel, qaele
fué concedida, verificándose las bodas
en París, donde el duque de Alba re-
presentó al monarca español. Reunié-
ronse los esposos oGcialmente en Gua-
dalajara y después se trasladaran &
Valladolid, para asistir al juramento
del príncipe Carlos como heredero
del trono. Bn 1503 pasaron al Bsco-
rial, para presenciar la ceremonia de
colocar la primera piedra en el mo-
nasterio de San Lorenzo. En 1566 dió
á luz IsABBL una hija, que se llamó
Isabel Clara fliuania, que fué gober-
nadora de los Países Bajos, y al afio
siguiente tuvo otra, que se llamó Ca-
talina Micaela y casó con Carlos Ma-
nuel, duque de Saboya. En 1568 vol-
vió á sentirse embarazada; pero los
médicos, que desconocieron su mal,
empezaron á propinarla drogas y pó-
cimas, m\iy comunes en aquella épo-
ca, y que sólo consiguieron provocar
U11 aborto que produjo la muerte de la
reina. Esta repentina desgracia, acae-
cida casualmente á los pocos meses
del fallecimiento del príncipe Carlos,
cuntribu^ó no poco á cimentar la ca-
lumniosa sapoucída da ^aa había sido
eareaenada por mandato de Felipe II,
qae^ conocedor de los criminales amo-
res de su hijo con su esposa, había
determinado lavar con la muerte de
antbps ofensas hechas á su honra.
Afortunadamente la historia ha doshe-
cho hoj tales fábulas, y sólo la novela
puede entretenerse en mancillar la re-
putación de una pzinoesa que siem-
pre fué justamente tenida por decha-
do de virtudes. Su cuerpo, sepultado
primero en el convento de las üescal-
zas, de Madrid, fué trasladado al Bs-
corial en 1577.
Isabela. Comdn dados. Isabbuno,
segunda acepción,
laabelino, na. Adjetivo. Se aplica
& la moneda que lleva el busto de
Isabel II. || Con el mismo epíteto se
distinguió á las tropas que defen-
dieron su corona contra el preten-
diente i ella. I Tratindosa de caba-
llos, color de perla 6 entra blanco y
amarillo.
Isadelfla. Femenino. Botánica. Es-
tado de las planUs isadelfias. | Tera-
tología. Estado de los monstrnos do-
bles, compuestos de dos cuerpos per^
fecta é igualmente desarrollados, cada
uno de los cuales tiene todos los órga-
nos necesarios á la vida.
ETiuoLoafa. Jtadelfo: ftaneia, wa-
delpMe.
taadelfo, fa. Adjetivo. Botánica,
Que tiene los estambres reunidos en
dos haces iguales. | Teratología, Mons-
truo por isadelfia, como los gemelos
siameses que estuvieron en París.
STiuoLOofA. Grieffo fvoc (itat),
igual, y sSeABÓc (adelphátj, hermano:
francés, isadelphe.
Isagoge. Voz puramente latina,
derivada del griego* Intboduccióh.
BmiOLOOfA. Griego ümrfiayi^ (€Í$a~
gdgUj; de isot^ igual, y agdffói, qne
conduce; «que conduce de nn modo
igual:> latín de Gelio y de san Isido-
ro, isügdffa, plural, principios, elemen-
tos de cualquier ciencia 6 arte; cata-
lán, isagoge.
Isagógico, ca. Adjetivo anticuado.
Lo perteneciente & la isagoge 6 intro-
ducción.
Isaías. Bl primero de los cuatro pro*
fetas majrores. Era hijo de Amóa j so-
brino de Amasias, rey de Judá; vivía
á fines del siglo viiiy principios del vii
antes de Jesucristo y profetizó bajo
los reinados de Osías, Joatam, Achaz
y Bzequías. A esta último príncipe le
anunció da parte de Dios, primero,
que iba i morir mnr pronto; después,
que su vida se iba a prolongar quince
aSos más; y para confirmar su prome-
sa, mandó retroceder la sombra del
sol dos grados sobre el cuadrante de
Achaz. Al fin, fué condenado á muer-
te y partido en dos mitades bajo el
reinado del impío Manases, hijo de
Ezequias, hacia el año 694 antes de
Jesucristo y cuando contaba 130 años
de edad. Isaías se distingue por la
vehemencia de la expresión, por la
sublimidad de las imágenes y la cla-
ridad de las ideas. Aunque escribió
en prosa, es uno de los grandes poetas
hebreos.
ETiyoLOOÍA. Del hebreo /ascAs, sa-
lud, salvación, y lak^ el Sefior, Nom-
bre del primero de los cuatro profetas
principales. Era hijo de Amos, her-
mano de Amasias, rejr de Judá. (Mo.v-
LAU.)
Isandro. Masculino. Tiempos he-
roicos. Hijo de Belerofonte y de Filo-
noe, que murió á manos de Marte en
ana batalla que dió i lof f oUnoa, pío-
tegidos de aquel dios.
Isantéreo, rea. Adjetivo. S^iití'
ca. De antenas igoales.
BTXUOLoafA. /raaío: griego, ii0i,
igual, y antkifM, ñotlio', francés,
isanthere,
Isanto, ta. Adjetivo. De tegumen-
tos florales parecidos entre sí.
ETiuOLOofA. Griego <«(», igual, j
áníhos, flor: ívo^ SvOx; francés, tiaiUA«.
Isara. Masculino. Geografía. El
IsABA, río de Francia, que nace ea
Saboja (Plinio). B Bl Uise, río de
Francia, que nace en Honao j des-
agua en el Sena.
BtiuolooÍa. Latín Itára,
laaría. Femenino. Boíániea, Géne-
ro de hongos caracterizados por una
especie de capa forináeaa qno los cu-
bre.
Iiariado, da. AdjetÍTO. Botámita,
Parecido á la ísaria.
Isátida. Femenino. Boíániea, Es-
pecie de plaftta crucifera. | Zoología.
Especie de mamífero.
ÉtuiolooÍa. Imtis.
Isatideo, dea. Adjetivo, ffittoria
natural. Parecido i la isitida.
Isatina. Femenino. Quimiea. Pro-
ducto de la oxidación del fndiffo azul,
calentándole eon una porción de ácido
nítrico débil.
EnuOLOota. Itatit: fteneés, tiatiiu,
Isatia. Femenino. Botánica, Espe-
cie de lechuga silvestre. } Otra, hor-
tense, llamada glasto» que sirve para
teñir de azul.
Btimolooía. Griego foontc (itatit),
de \.vé.^ta(isÁd*S}, yo pulo, jo aderezo,
porque se orejó que el jugo de uta
filante deshacia las arrogas de la pial:
atfn técnico, isatis ttnctoria, de Lin-
neo; francés, isatis; latín, itStis, yit-
láatoídea. Adjetivo. Medicina, Epí-
teto de la bilis azulada que se Tomita
en alftiinas enfermedades.
BTmoLOaÍA. Itatit y eldos, forma,
aludiendo á que la isaíit es da color
azul.
Isániico (tributo), ffittoria^, Im-
puesto que los emperadores de Orien-
te se obligaron á pagar i los iaauros,
pan impedir sus incursiones en tie-
rras del imperio.
Isca. Femenino. Qeogra^ aaft-
gna. Ciudad de la Bretaña. (Antohi-
NO Pío.)
Etiholooía. Latín /rea.
Iscañote. Sustantivo y adjetivo.
Natural j propio de Iscarioth, anti-
gua población de Judea. \ Traidor,
por alusión & Judas Iscariote.
ETiMOLoaÍA. fsearioih, ciudad de la
Judea, en la tribu de Bfraim. J*d*t
IscARiOTB llevaba el nombre de dicha
ciudad, por ser hijo de ella: latín,
Jtciridtes; francés, Jsearioíe, (Biblia.)
Iscariotistas. Masculino plural.
Historia religiosa. Sectarios que te-
nían la major veneración á cuantas
habían causado mavores malea en el
mundo, tributándoles una especie de
culto religioso. Figuraban, comopa-
tronos especiales, Caín, Cham, wtll
y otros, bajo el patronato general de
Judas Iscariote.
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ISÉO
Iscnocia. Femenino. MeHeina*
Del^átix dal cuer^.
KmcoLoof A. Griego Is^*^ (itehndtjt
flaeo, débil.
IscDofonia. Femenino. Mtiicina.
Debilidtd de la voz.
BtIHOLOGÍA.. Griego tcrxvofwvta
{itekiioph^Ía); Abuchn x, débil, jjiAd'
«f, voz: francéa, itckn(^kMÍe.
lacoblenia. Femenino. MtdiHna.
Sopresión de un flujo mucoso.
BnuoLOOÍA. Griego iir)(tn (isehein),
detener, j bléna, mucosidad.
Iscofonia. Femenino. Medicina.
Vicio de la roz que consiste en la di-
ficultad de pronunciar ciertas letras.
EnuoLoeÍA. Griego Uciei», dete-
ner, impedir, ^ ph5ni, voz.
Iscogalactia. Femenino. Afedici-
«4. Falta de leche en los pechos.
BTUOLoofA. Griego íschein, dete-
ner, j aála, ^álaktoif leche.
Iscóloqmá. Femenino. Medicina.
SnpresiiSn de los loquios.
ÉnifOLoaÍA. Griego itckeiñt dete-
ner, j lockéUit loquios; forma de lóckos
(Uyoc), parturienta.
ucomania. Femenino. Medicina.
Sapresión de los menstruos.
Étuolooía. Griego isehein, dete-
ner, j mrn (|j.^v), mes, regla.
laconiosis. Femenino. Medicina.
Sapresión de una excreción habitual,
KTUiOLooía. Griego ítcAetn, dete-
ner, j (iiüov), pus.
Iscnpto, ta. Adjetivo anticuado.
BsOUTO.
bcrético, ca. Adjetivo. Medid'-
u. Cálificadón da los medicamentos
que se emplean oontxa la iscuña.
Bniccn.oola. /«mtm; franeéa, itekn^
rHifiu.
Iwmría. Femenino. Medicina, Re-
tsneiún da orina.
EniiOLOOfA. Griego tv^oupía ^ú-
ehnria), ele isekeint detener, 7 oUron
(oupov), orina: francés, itehurie*
Itea. Femenino. Mitolcgia, Una de
lu nereidas. (ApoLOooao.)
Iseas. Femenino plural. Historia
^niigna. Fiestas en honor de7«M, que
duraban nueve días, j á las cuales se
Ueraban vasos con trigo j centeno.
Bntre los romanos degeneraron en es*
cenas licenciosas, porlo que el Senado
lu prohibió en el año 696 de Homa.
BI emperador Cómmodo las resta-
bleció,
IselástioM (jusaos). irw<0m«N-
áfnm. Combates de atletas que, entre
los antiguos griegos, daban al rence-
dor el derecho de entrar en su ciudad
natal sobre una cuadriga, pasando por
una brecha formada expresamente en
la muralla para recibirle. Bl vencedor
ara mantenido después, hasta el fio
de lus días, ¿ expensas de la patria.
Estos combates formaban parte de loa
cuatro grandes juegos de Grecia, que
eran los olímpicos, píticos, ístmicos 7
ñemeos. Roma otorgó & los atletas
tSKLÁsnoos los mismos derechos que
Qrecia les había concedido.
Imo. Masculino. Retórico griego
eileidense, preceptor de Demóstenes.
(QniiTiLUNo.) \ OtrOf también grie-
go, oontempotánso da Plinio, á qdan
ÍSID
este autor alaba mucho. (Pumo.)
EnHOLOofA. Latía Isaut.
Iseón. Masculino. Antigüedades.
Nombre de un templo consagrado á
/sir.
Iserina, Femenino. Mineralogía.
Especie de mineral férreo.
Étiii(U.ooía. Francés iserine.
lafíBBdiar, Masculino. Mitologia,
Angal eastodio de la castidad de las
mujeres. (Landais.)
Ishi. Masculino. Nombre que los
habitantes de la isla de Formosa dan
á Dios.
Isiaco, ca. Adjetivo. Lo pertene-
ciente i la diosa Isis. | Masculino.
Antigüedades. Mbsa isíaca. Nombre de
un monumento célebre de la antigüe-
dad, el cual contiene la figura v los
misterins de Isis con un gran numero
de ceremonias religiosas de los egip-
cios. LafMsmsÍAOA, hallada en elsa-
queo de Roma de 1525, existe en Tu-
rín y ha sido grabada. (LittbA.)
Btiuoloqía. 7«ú: latín, ieiHent;
francés, isiaqne,
laiacos. Masculino pluTal. Histo^
ria antigua. Sacerdotes de Isis, Ves-
tían una larga túnica de lino, lleva-
ban & veces Ta estatua de la diosa y
en las ceremonias, el sistro, instru-
mento de metal sonoro.
ETiuoLoafA. Latín isiSeus, en Ovi-
dio; isidci, plural, en Suetonio,
Reseña histórica, — No podían comer
carne de puerco ni camero, ni condi-
mentar con sal su comida. Llevaban
la cabeza rasurada y se distinguían
por diferentes singularidades en su
traje y en su modo de vivir.
ísiacos (misterios). Adjetivo plu-
ral. Sisloria antigua. Misterios de
Itist una de las divinidades egipcias,
que era & !a vez y bajo diferentes con-
ceptos, hermana, esposa y madre de
Osiris.
laidoríaao, na. Adjetivo. Lo per-
teneciente á san Isidoro. || Se dijo de
ciertos monjes jeróoimos, instituidos
por frajr Lope de Olmedo y aprobados
por el papa Martino V, los cuales,
entre otras cosas, tuvieron la de san
Isidoro del Campo, en Sevilla.
Isidoro (san). Cronista, gramático
/ teólogo erudito, y uno de los san-
tos que más honran á su patria. Na-
ció en Cartagena, ciudad de España,
el afto 570 de la era cristiana. Fué
hijo de Se veriano, gobernador de aque-
lla ciudad, y se «aneó con su herma-
no Leandro, anobispo de Sevilla, al
cual sucedió en 601. Fué el oráculo
de España durante treinta y cinco
afios, y murió en 4 de Abril del
año 636, Dejó escritas muchas obras,
entre ellas, un Cronicón que compren-
de desde los tiempos de Adán hasta
el año 636 de la era cristiana; la His-
toria de los reyes godos, vándalos y sue-
vos; veinte libros de Etimologías; un
Catálogo de los escritores eclesiásticos;
Comentarios sobre las Sagradas Sscritu-
ras, etc. Pero la que entre todas se re-
comienda más á los amantes del latín
y de la sabía antigüedad, es la terce-
ra do éstas, la cual tiene por título
Or^imim «m Btgmologianm liM XX,
ÍSIS
179
La mejor edición de las obras de sah
Isidoro es la de Madrid, dos volúme-
nes en folio. (Da Miodbi. y Morante.)
Isidro (san). Patrón de Madrid,
<a cotra villa nació por los años
de 1083 j manó en 30 de Noviembxa
de 1170. &a hijo de padrea humil-
des; su principal ocupación fué la de
labrador, jr en la extensa y fértil ve-
ga ^ne lodaaba entonces á Madrid,
simó i nn rico hacendado, llamado
Iván de Varras. Casado con una don-
cella natural de Torrelaguna, cujas
virtudes la han elevado también á los
altares con el nombre de santa María
de la Cabeza, su vida fué dechado de
piedad t modelo de virtudes. A su
muerte fué sepultado en la parroquia
de San Andrés, debajo del sitio en
que hoj está el altar major, en el
cual se señaló el de la sepultura por
una reja. Después ha tenido varias
colocaciones, / hoj sus restos se ha-
llan, en unión de los de su esposa, en
iina magnifica urna de plata en el
altar majror de la eolegiaU da su ad-
vocación. Aunque la piedad del pue-
blo de Madrid, atenta á la tradición
de sus muchos milagros, había conta-
do i Isidro desde su muerte en el nú-
mero de los bienaventurados, has-
ta 1619 no fué pronunciada su beati-
ficación, acto que celebró Paulo V á
instancia de Felipe III. Tres años
más tarde, en 1622, Benedicto XIII le
canonizó, y la ya. entonces corte de
Madrid le escogió para su patrono.
Las fiestas que la villa celebró con
este motivo fueron suntuosísimas. De
ellas nos ha dejado extensa relación
multitud de documentos da aquella
época, y especialmente un poema que
Lope escribió para aquella solemni-
dad, compitiendo con Calderón, que
celebró en gallardos romancéalas vir-
tudes del santo. Recuerdo de la vida
de este bienaventurado varón, se con-
servan en Madrid:'una capilla en una
casa de la calle del Aguila, en que,
según tradición, vivió el santo; otra,
en la casa llamada de los Vareas, si-
tuada en la plaza de San Andrea, con-
tigua á la parroquia de este nombre,
por suponerse que allí vivió y murió
Isidro siendo criado de Iván de Var-
gas, y otro santuario en la casa nú-
mero 3 de la calle del Almendro, hay
propiedad del marqués de Villanueva
de la Sagra, en la que se dice que el
santo encerraba sus ganados. Su fies-
ta se celebra en Madrid el 15 de Ma-
jo, la cual consiste en la célebre ro-
mería que lleva el nombra del santo
patrono.
Isión. Masculino. Mitolyia. Tem-
plo y simulacro de Isis»
Isis. Femenino. MiíolMÍa. Diosa
de los antiguos egipcios, hermana y
mujer de Osiris, cu^o tocado simbóli-
co consiste en un disco con dos cuer-
nos de vaca. Era la personificación del
poder generador y fecundante de la
naturaleza, y se la representaba bajo
la forma de uoa Dovilla ó ternera; sin
duda por esto los griegos la identifi-
caron con la vaca lo. Los egipi:Íos,
que le debían las primeras nociones
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18Ó
ÍSLÁ
dfl «grienltura, jr también <! oso del
trig'o y otrot granas, U asimílaroa
coa Cérea. Q Como mujer de Osirii,
que era el sol, representó Ta luna. Q
Fué madre de Horo j HarpcScrates. Q
Tenía culto célebre en Sais, Busirii»
Coptog, y su culto pasó á la Grecia* |
Desde el siglo t antes de Jesucristo,
tuvo ua tacellun cerca del templo de
Esculapio Arcageta^ á setenta esta-
dios de Titorea, en Fóeida. Loscoria-
tios la Teneraban como protectora de
la navegactón, j Apule;^o ha dejado
una curiosa descrijpción d« suf Bas-
tas. I En Roma tue conocida an tíem-
Sé da Sila. Ba loa monumentos ^ me-
llas apareoB como una mujer joven
j hermosa, de cabeza con caernos 6
con un globo lunar; j firecuentamen-
te, laclando a Horo. Sus atributos eran
el loto j el sistro. Los artistas roma-
nos sólo U distinguían de Juno por
un largo manto j un velo con fim-
brias. I Puede afirmarse que la histo-
ria de esta diosa no fué conocida fu^
ra de lü^-pto más que por las relacio-
nes de los griegos, fisto explica las
contradicciones en que incurren va-
rios autores de la antig&edad al ha-
blar de la hermana y mujer del gran
Osiris; contradicciones que, por otra
parte/nos ereemos obligados á con-
signar para que el lector erudito pue-
da aintetixar lo más impártante que
se ha dicho acerca de una divinidad
tan célebre. Según los griegos, Isis
fué bija del Tiempo, Croóos ó Satur-
no, j de Rea. No laltan mitólogos que
la suponen hija de Júpiter j de Juno.
Los egipcios la llamaron Pi~joh y la
creyeron hija de ciertas divinidades,
que tenían un nombre especial en su
lengua. Casó coa su hermano Osiris,
con quien enseñó á los hombres el
cultivo de la tierra. Muerto Osiris por
Tifón, Isis recorrió tierras y mares
para hallar los restos de su esposo; y
cuando los encontró, le erigió dife-
rentes mausoleos. I Eadeadvertirque
Isis fué considerada como peraonifíca-
ción de la naturaleza. Bnel frontispi-
cio del templo q^ue tuvo en Sais, se
leía esta notable inscripción: Soy todo
lo que earUttt y itinyún mortal ha podido
levantar el velo que me cubre. Los mm-
ierios de Isis tenían alguna analogía
con los de Ceres Eleusina, y los egip-
cios celebraban anualmente una fies-
ta en conmemoración de su viaje. I
A stronomia egipcia. El signo Virgo. |
Isis sidub. Á$tronomia romana. La es-
trella de Isis ó de Venas (Plihio). || á r-
íronomia moderna. Pequeño planeta des-
cubierto en 1856 (Littbí). | Historia
natwral* Género de pólipos. (L&ndais.)
SnHOLOoía. Griego Hau; (hit): la-
tin, Uitt Itidisi francés, liit; italia-
no, /»*.
Isitas. Masculino plural, ffitlária
religiosa. Miembros de una secta ma-
hometana, que negaba al origen di-
vino del Corán.
EnuoLOofA. Ita'Merdard, &nátíco
fundador de dicha secta.
Isla. Femenino. Cierta porción de
tierra rodeada entaramente de agua
por el mar ó por algún r(o. \ Metate-
ra. Ua edificio 6 conjunto de casas
cercado por todas partes de calles. \
En isla. Modo adverbial. Aislada-
mente.
KTiuoLcaÍA. Latín intUa: italiano,
isola; francés del siglo xii, %»U; mo-
derno, tle; provenzal j catalán, isla*
Isla (el padre Francisco dk). Na-
ció el 21 de Abril de 1703 en el lugar
de Vidanes, casualmente, por ir su
madre á cumplir una promesa i un
santuario cerca de Valderas, antigua
villa del reino de León, en que se es-
tablecieron después. Sus padres, que
descendían de noble cuna, llamában-
se don José Isla de la Torre y dn:.a
Ambrosía Rojo, señora tan Instruida
como piadosa. Desde niño dió Isla
claras muestras de su precoz ingenio,
de suerte que á los once años había
ja concluido, con admirable aprove-
chamiento, los estudios previos al
bachillerato en lejes, cujo título re-
cibió en tan corta edad. Lejos de
habef pensado en su juventud en
abrazar el estado eclesiástico, intentí
casarse con una señorita hermosa y
distinguida; mas ja sea, como opinan
algunos, que juznra díHcil vivir en
su nuevo estado, basta recibir la he-
rencia de sus padres, sin otros bienes
que su trabajo, ó que la causa fuera
otra, es lo cierto que, no sin trabajo,
rompió aquéllas relaciones y logró de
S I buena madre que le permitiera de-
dicarse á practicar los ejercicios espi-
rituales de san Ignacio de Lojola, en
la Compañía de Jesús. El resultado
fué entrar en la Compañía en 1719,
cuando contaba 16 años, ^ ser con-
ducido para el noviciado a Villagar-
cía de Campos. Novicio tan ejemplar
como esclarecido ingenio, tradujo del
francés, cuja lengua no conocía á
fondo, una Novena de san Francisco
Javier^ emoltiaudo todo su tiempo en
el estudio ae la geografía, cronología,
francés, y muj particularmente de la
historia eclesiástica y pro/ana, A los
19 afios tradujo la obra francesa de i
Fleehier: Historia del gran 2^odoiio,
una de aus mejores obras, i pesar de
lo poco satisfecho que se mostraba de
este trabajo. Estudiando teología en
Salamanca, el erudito padre Luis de
Losada, conociendo su mérito, tomó
á Isla por colaborador en la obra La
Jwentud fy-iun/antet notable descrip-
ción, en prosa y verso, de las fiestas
que celebró el colegio de jesuítas de
Salamanca en Junio de 1727, con mo-
tivo de la canonización de san Luis
Gonzaga y san Estanislao de Kostka,
religioso el primero y novicio el se-
gundo de la Compañía, No tardó Isla
en ser maestro y en desempeñar cáte-
dras muj principales, tales como las
de ^loso/la y teología, en Segovia,
Santiago y Pamplona, donde se ejer-
citó también en la predicación, v lue-
go, en Valladolid. Estando de lector
de teología en Pamplona, tradujo con
gran acierto el Compendio de la tíistO'^
ria universal de Sspaña, del padre Dn-
ehesne, precedido de un excelente pró-
logo, con notables aclaraciones acerca
de loa soberanos de Nararra y del
ISLA
reinado de Fernando é Isabel La pri-
mera obra qne dió á luz con su ver-
dadero nombre ^ apellido, fué el Día
grande de Navarra, descripción de las
fiestas reales celebradas en Pamplona
en 1746 por el advenimiento de Fer-
nando VI at trono, y la primera tam-
bién en que mostró su carácter festivo
y satírico, ridiculizando la pomposa
exageración con que entonces se es-
cribían los relatos de las fiestas y so-
lemnidades públicas, lo cual le valió
duros cargos, de que le absolvió la
Diputación de Navarra, declarando
que la citada obra contaba con sn
major aprecio y estimación, A pesar de
que muchos prelados y homores de
letras le inducían á escribir obras
originales, dado su gran talento j
vasta instrucción, Isla ae empeñó en
traducir el célebre Año cristiano del
padre Croisset (tarea que hubo de in-
terrumpir Varias veces por su falta de
salud T las obligaciones de su institu-
to), persuadido de que con esta piado-
sa empresa realizaba Un gran bien.
La reina Doña María Bárbara de Por-
tugal quiso tenerle por confesor; pero
Isla, dandó una nueva prueba de su
modestia, se eicusó de aceptar tan ele-
vado cargo. A los 26 aflea comenzó i
predicar, y viendo el lastimoso estado
en qat se hallaba la oratoria aagrada,
inició la reforma por medio de sus
Sermones, publicados en 17^, En el
año siguiente insistió en lamentarse
de los malos predicadores, (^ue no ha-
cían más <iae peinar la retórica, atusar
las voces y formar un juego de ajedrez
con las palabras. Conociendo la inuti-
lidad de estos trabajos y decidido á
extirpar los vicios de la oratoria sa-
grada, apeló á la poderosa arma del
ridiculo y escribió su célebre obra
Historia del famoso predicador Fray
Gerundio de Campatas, á la que debe
en gran parte su grande fama litera-
ria. Según el erudito Monlau, Frai/
Gerundio es el Don Quijote del púlpi- .
to, con lo cnal ereemos haber dicho
cuanto podíamos en su elogio, j el re-
verendo padre maestro fray Alonso
Cano, calificador de la suprema y ge-
neral Inquisición, dice en la censura
de esta obra (26 de Octubre da 1757)
que la Historia del famoso predicador
Fray Gerundio de Uampaza$ es un li-
bro que falta, como otros muchos sobran.
A los 50 años, la salud de Isla se ha-
llaba profundamente quebrantada, por
lo cual sus superiores, que le trataban
con especial cariño, accedieron á sus
deseos de retirarse á alguno de los co-
legios situados en poblaciones cor-
tas; los últimos catorce años que per-
maneció en España, los pasó en V'i-
llagarcía de Campoa, donde conoció
al padre José Petisco, gran maestro
en lenguas, que encargó á Isla la
interpretación de algún autor latino,
escogiendo Isla la Senectud y Amatad,
de Cicerón, que se imprimieron eon
sus notas, T tradujo también en verso
castellano las Sátiras latinas de Lucio
Sec taño f yuTti que sirviesen á los dis-
cípulos del colegio, coa quienes tenía
freeuelitei conferencias. Óbligado por
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ISLA
ijplieii no padodttsatencter, pre-
dicó en la cuaresma de 1757 ea Zara-
gota 7 luego se retiró al colero da
FoDteTfldxa. No cesó de escribir j re-
cibir eartai, paes muj amante de todo
progreso, ^uerúi conocer todas las
uñeras obras y todos los adelantos
nusfos. Recibid con la mnjror resiff-
Dicíón la orden de expulsión de los
jesuítas (3 de Abril de 1767), pero ai
líg'uieQte día fué atacado de un acci-
dente de perlesía: tratóse de sangrar-
le j eritar que partiese con sus com-
paíieros, pero él se negó resueltamen-
U í quedarte j fué coaducido en una
liten. KepitiÓseleelataque, pr merced
i ana sangría» pudo llegar a Santia-
go, donde contaba con amigos jr pa-
rieotea, j donde le sobrevino un ter-
cer ataque que se cre^ó mortal. A.tí-
sado ei capitán general de Galicia,
dispuso que el padre Isla no conti-
nuase el Tíftje hafta recobrar las fae>
lu, y que fuese alojado en alguna
eomnnidad rel^osa, m fin de que re-
eflnera todos los auxilios necesarios.
Tnudadado al monasterio de benedic-
tinos da San Martín, á pesar del cui-
dado con que fué atendido, volvió á
soMr un nuevo ataque apoplético,
qae se resolvió naturalmente. Cuando
se le consideró con fuerzas para entrar
en una litera j reunirse con sus her-
manos, que era su deseo, fué conduci>
do á la Corafia* adonde lleg5 débil y
enfermo, peto contento por hallarse
entre loa sujos. A. pesar de los con-
sejos de sns superiores, se empeñó en
marchar á Italia con sus compañeros,
embarcándose en el navio San Juan
Nepomneeno, no sin recibir del capitán
general las mayores muestras de res-
peto j catiflo. Éste navio fué separado
de los otros ^or una tempestad en el
golfo de León, alcanzando en veinte
aiasáCivitmvechia; pero no pudiendo
desembarcar en las plavas italianas,
bordearon por el mar de Toscana, lle-
gando por último á Calvi. Difícil era
nftllar alojamiento para todos; pero
Isla tuvo la fortuna de que el prebos-
te le ofreciera su casa, en la que per-
maneció los catorce meses que los je-
suítas estuvieron en Córcega, tradu-
ciendo las Cartas del abDgado Cont-
taaüni, obra de ocho tomos, que
eoBclujó después en los Estados pon«
lifidos j que le sirvió para perfeccio-
narse en la lengua toscana. Cuando
la piedad de Carlos III ordenó se les
diese paso libre para los Bstados pon-
tifleios, j dinero, el padre Isla se di-
rigió por Sestri j el Apenino á Bolo-
nia. Cferca de esta ciudad, en la aldea
de Crespelano, en la quinta y en el
mismo aposento del conde Grasst, que
éste le cedió, dedicóse nuevamente al
estudio y al trabajo. Merced á su es-
clarecida fama, pronto se vió rodeado
de bombres ilustres j literatos distin-
goidoSf de quienes recibía las majo-
res maestras de admiración y afecto.
Un din» cierto caballero comenzó á
denigrar de tal modo la Compafiía de
Jtsús, que IsLÁ no pudo menos de sa-
lir i su defensa. Síipolo el cardenal
mivexxí» 7 en U noche dd 8 al 9 de
ISLA
Julio de X773 fué allanada la eása por
los esbirros, y el fiscal ó juez del cri-
men se apoderó de Isla y de sus pá-
peles, y lie trasladó en coche á la cár-
cel eclesiástica ó de corona, destinada
á los que eran juzgados por el tri-
bunal del arzobispado. A los diez y
nueve -días fué sacado de Bolonia para
la aldea de Budrín, lugar de su des-
tierro, y antes del mes su^o la orden
de extinción de la Compañía de Jesús.
Tenía, poes, que trabajar para vivir.
y el padre Isla era muy anciano para
eso. Si se hubiese hallado libre, los
condes Tedesqui se le habrían llevado
á Bolonia, pues le querían mucho; y
á fin de conseguirlo, escribió una hu-
milde carta al conde de Fioridablanca,
embajador de España en Roma; pero
no pudo alcanzar su pretensión hasta
dos afios más tarde, en que falleció su
<ntÍMC*a{/<irelcardenalMalvezzi,1775.
De vuelta i Bolonia, fué recibido con
grandes demostraciones de cariño: los
condes TedMqni le albergaron en sn
casa y pusieron un criado i sus órde-
nes, y el número de sus amigos au-
mentaba de cada día. El cultivo de es-
tas relaciones le hizo conocer quién
fué el que le delató al cardenal, y sa-
bedor de que no podía casar á una
hija qae tenía por serle imposible al-
canzar una dote que para ella solici-
taba, fué Isla á ver i una de las prin-
cipales damas de Bolonia, v logró la
dote para la hija de su delator. Por
favorecer á un caballero español c^ue,
maltratado por la fortuna, le suplicó,
no dinero, pues sabía que Isla no le
tenía, sino alguna obra suja que ven*
der para mejorar su estado, puso en
castellano la célebre novela ^oMíartu
de Qil Bla» de Santitlana^ y le remitió
el manuscrito. Otras varias obras es-
cribióel padrelsLA, délas cuales, unas,
salieron al público, y otras, quedaron
inéditas. Entre las primeras, se ha-
llaban las Carta* de Juan de la Sncina,
obra satírica, ingeniosa y festiva,
para ridiculizar el pedantesco Método
racional de curar sahañoneSt que publi-
có un cirujano de Segovia, y de la
cual se hicieron varias ediciones. Re-
jlewionei cristianas sobre ¡as grandes
verdades de la fe y sobre hs pvtnctp ales
misterios de la Pasión de Nuestro Señor
Jesucristo (iiíánA, 1785, imprenta de
Ibarra); versa sobre la muerte y el
pecado mortal; abunda en apotegmas
y en refleiiones sentenciosas, advir- ,
tiéndose en toda ella una sincera con-
vicción religiosa. Cartas familiares,
publicadas por su hermana en 1786,
comprendiendo las particulares escri-
tas a varios sujetos, modelos en su
género, tanto más notables, cuanto
que no las escribió con el objeto de
publicarlas, como lo prueba el decir,
tanta era su modestia, «que el que
fuese su major enemigo no le podría
hacer major mal que publicar unas
cartas escritas sin cuidado, de galope,
ninguna de erudición, las más familia'
res, casi todas de confama, y todas, sin
casi, ligerisimas* ¡Imprimir unas cartas
de estilo alegre, de alusiones festivas, de
gradas frescas, de iietivunes francos.
ISLA 181
y dt unjesuita/*,. ¡Qué poco saben uste-
des el berenjenal en que me meterían!»
Esto respondía ¿ los amigos que le in-
vitaban a que las publicase. El último
de sns trabajos literarios es la traduc-
ción del Arte de encomendarle i Dios,
escrito en italiano por el padre Be-
Uatí, hecha para rwalarla a su her-
mana dofia María Francisca de Isla
y Losada, mt^er reputada por literata
y de ^nde talento, i la enal que-
ría entrañablemente. Imprimióse «sta
obrita en Madrid (1783), v en 1786 se
hizo una nueva edición. La fama de
Isla necia de cada día más. El Insti-
tuto cientíñco de Bolonia y los hom-
bres más eminentes buscaban el Fray
Gerundio como joja iaestímable; los
críticos nacionales y extranjeros le
enaltecían, varios solicitaban su Co-
rrespondencia, y muchos hicieron el
viaje desde sus respectivos países para
conocerle personalmente. Poco apega-
do á los bienes temporales, rebusdlos
auxilios que le ofrecían, excepción he*
cha de los que le enviaba su querida
hermana, y no sacó de sos obras pro-
ducto alguno, pues una vez cubierta
la cantidad que tomaba para impri-
mirlas, abandonaba en beneficio de
otros el producto de sus pi^nancias,
repartiendo entre los necesitados todo
10 ^ue le quedaba. En Italia se le re-
pitieron con major fuerza los ataques
apopléticos, que sobrellevó con ejem-
plar paciencia, manifestándose más
chistoso cuanto más aumentaban sus
padecimientos físicos. No eran efecto
sus sátiras, como han creído algunos,
de un carácter aero r maligno, olvi-
dando que en ellas solo habu Joviali-
dad j gracejo, sin la menor ofensa,
7 que ísuí. sólo las dirigía contra la
ignorancia orgnllosa Ó la ridiculex
atrevida, obrando meramente como
censor festivo y severo, dentro de la
república de las letras, pero sin aten-
tar jamás contra las cosas privadas y
Eersonales. La pureza de sus eostum-
res y su amor á las máximas y pre-
ceptos del cristianismo fueron elogia-
dos por sus más enconados adversa-
rios; y en las cartas que escribía á su
cariñosa hermana procuraba templar
el dolor que su próxima muerte ha-
bía de eausarie. En el año 1779 fui
mujr marcada su decadencia, y el día
11 de Abril, mientras que rezaba el
rosario, ^nedó desmajado en brazos
de su enado. El viático, que recibió,
le produjo gran consuelo j alivio cor-
{loral. Agravado á los tres días, pidió
a extremaunción, que pareció reani-
marle, si bien le quedaron lisiados el
muslo j pie izquierdo é impedida la
mano, impedimento que pronto se ex*
tendió á todo el costado. Largos me-
ses sufrió postrado el padre Isla, has-
ta la madrugada del 2 de Noviembre
de 1781, en que falleció, & la edad
de 78 años, seis meses jocho días.
La condesa Tedesqui, en cuja casa
espiró, hizo modelar su cara en jeso
para formar luego el busto, y dispuso
un entierro grandioso. Su muerte fué
universalmente sentida, sobre todo
en España é Italia, sn cuna 7 sn se-
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182
ISLA
pulcro, tino de sna antiguos hermanos
escribió en la sepultura del padre Isla.
(que la tiene en la parroquial de Santa
María de la Múratele de la ciudad de
Bolonia) el sififuiente epitafio^ modelo
de estilo Upidario:
J>. O. Ji. (A Dios fiptlmo miximo.)
A JMéf Fratwiteo 4$ leu,
nmetón «tpaHoi, dtUnitf» miSh,
Varón
De infftnio
Oraeioto, /«cundo, CHttltimo,
Am*mMmpp4ít mu eltganté paritdad:
D* tnttndiMttnto
Amplio, detptjado, tutUm»,
DUpuftopor nattir<ü*nátada$lm»et»nrin»{
En ea%i toia» tílat iludido:
Dé Juicio
JJuatado 4 toa rt^é* le «rWea,
BHérica urbanUimt*,
SlméM/t»tí»e d^mtor «la fo «Iotmmíb
Mffrada,
etoffioa.
De quien
Ifuneo M cansó ti que le ola,
ííunca te caneará ei que le li-a;
Quien puede deriree
Qutfui en la oratoria patria, un T*^Í0,
Sn Is kMoHa, un Lii>4»t^
En la po«ato Itrita ^joeota, «m Soneto;
Quien
tfkaíio m tierra de Valtt^mo, M reino
do León,
A U 4o Abra 4o jm.
Per tu Éximia iugouuidaá 4o oerotín,
PitrlairroproHOOi'oSoniaddeeuteoetumbroo,
fiuumudo de $ue familiarto,
Aprooiadíoimo de lo» extroHao,
OrudmomU Maltratado por loo utomttiiu
knmanae;
Meto do ánimo t'furzado i invicto:
Mx-JetHlta deeterraáo,
píamente t'alierió en B 'hnia
A J de Xiiv.e'iibre de 17SX
Con dolor de su» amigos.
P.
paes,alj)iedel Apenino, lejos
de «o! patria, diee MonUu, como las
de otros varios españoles célebres, re-
posan las cenizas de nuestro simpáti-
co escritor* Duélenos la distancia que
nos separa de ana inanimados restos,
j desearhmos que con los de Moratín
j de otros espaQoles iosig-ues, á quie-
nes el hado aa Terso hizo que muriesen
en el ostracismo ó en extranjera tierra,
ocupasen sus respectivas uríias en un
panteón narianal, qui; fuesi; ;v na tiem-
po venerable g^aleria fiiiiebre de nues-
tras celebridades un todos Lis ramos, j
templo augusto eii c\\\o a;irt)Í!'nte de
gloria eucuntrarían inspiraciones de
virtud T de esfuerzo nuestros jüveaes,
recuerdos de noble orgullo los espa-
fiolei todos, j motiVM de admiración
y respeto los extranjeros que visitan
nuestra patria. Vamos á terminar. Bra
el padre Isla,, seKÚn udo de sus me-
jores biógrafos, de estatura pequeña,
Sero bien proporcionada: algo rehecho
esde su edad media, ni grueso ni
flaco; gesto grave j mesurado, color
encendido, ojos vivos y brillantes.
Hasta los 6"} años, época en que sin-
tió los primeros amagos apopléticos,
su lengua era ágil y graci i^a, como
la fantasía, cuvos feliL-es arranques
interpretaba. Su conversación era
amenísima é iba sazonada siempre
con cueiitecitos, agudezas, antítesis jr
alusiones escocidas y eruditas; y esta
amenidad envidiable era constante,
igual como su carácteri sin sombra de
ft{aet»ci^ 7 sin tacha de verbosidad.
ISLA
Si hubiese sido dable recoger todoi
los dichos graciosos, las prontas agu-
dezas y los saladísimos epigramas con
que salpicaba abundantemente sus co-
loquios, tendríamos hoy una volumi-
nosa floresta 6 colección, incompara-
blemente superior á la de los más in-
geniosos y fecundos decidores. El se-
ñor Gil y Zarate dice de él: «Kucho
más aventajado literato .(^ue Feijóo, y
no menos osado, fu¿ el jesuíta José
Fkancisco db Isla, cu;70s escritos
ocupan gran parte del siglo en que
vivió j cuya famosa obra Fray 6tru»-
dio di Campatai tavo un éxito prodi-
gioso.» Otro distinguido escritor le
juzga de esta suerte: "E\ padre Isla
fué un escritor de mucho ingenio, de
copiosa erudición, de festiva pluma,
laborioso por demás, y sobre todo, un
escritor útil y de sano juicio. Si no
regeneró completamente la oratoria
sagrada de España, puso de su parte
cuanto le era dado para conseguirlo.
Educado I^a en la atmósfera de los
resabios del culteranismo, domada su
imaginación por la severidad inflexi-
ble de las prácticas de su orden, ^ sin
prosadores ni poetas contemporáneos
a quienes emular, no era fácil (^ue
diese rienda suelta á sus inspiracio-
nes, ni que oease erigirse en dictador
literario, aun cuando se hubiese sen-
tido con bríos para desempeñar tan
envidiable papel. El padre Isla re-
flejó su época: no hizo, ni tal vez pu-
do hacer más. Tal cual alarde que se
permitió en sus primeras armas lite-
rarias, hubj de costarle caro; y la po-
lémica acre y la persecución y el ana-
tema 00 son, en verdad, incentivos
(mucho menos en España y á media-
dos del siglo xvm) para que el eenio
se deje llevar de su espontaneidad.
Para concluir, transcribiremos algu-
nas de las décimas que el padre Isla
compuso cuando la Inquisición pro-
hibió la circulación de su famosa no-
vela Frau Gerundio do Cttmpauu, en
vista de las polémicas, el escándalo j
las protestas que había producido:
•Aunque por diversos modoS
Ia emuíacióii obre ya,
Mi Gerundio imoraso eat4
En la memoria de todos.
No se librarán de apodos
Loa truhanes babladoreSi
Charlatanes decidores;
Y mucho mejor obrara
La Inquisición, si mandan
Becoger predicadores.
ISLA
j obras, diee un antor, deben eonser-
, varse como monumentos histéricos de
grato recuerdo y provechosa enseñaa-
! za; á todo lo cual añadimos nosotros
. de nuestra cnenta y riesgo que, guar*
I dada la conveniente proporción da
¡ país y de aiglo, nuestro padre Isla
¡ es la enorme figura del Rabelaii es-
pañol.
Ifllami. Masculino. Entre los tur-
cos, «mi^o y pacífico.
Islamismo. Masculino. Culto déla
religión mahometana. | Mabometit-
mo.
EnuoLoafA. Árabe itlSm ({«^|)
«resignación á la voluntad de Diotu
francés, ülamimg¡ italiano, úUmit-
mo.
IsIamisU. Masculino. Mahoub-
TANO.
ETiMOLOOÍa. Itlamitmo: flraneés, »•
lamite.
Islán. Masculino anticuado. Cierta
especie de velo, guarnecido de enca-
jes, con que se cubrían la cabeza las
mujeres cuando no llevaban manto.
ííslandés, m. Adjetivo. El natural
de Islandia.
'^TtMOLOdih, ItUndia: italiano, ú-
landese; francps. iilaiuiai».
Islandia. Femenino. QeogrolU.
Grande isla de América, en el Atláo-
tico septentrional, denominada gene*
raímente tierra de hielo,
BnuoLoaÍA. Inglés /c<-ía«, de ict,
hielo, y lan, tierra.
Islándico, ca. Adjetivo. Lo perte-
neciente á la Islandia.
Islas Filipinas. Geografía. Archi-
fiiélago de la Malasia, situado entre
os 120 y 130° de longitud Este del
meridiano de Madrid y ó y 21* de la-
titud Norte. Fué descubierto por Ma-
gallanes y perteneció á España basta
1898 eu que fué cedido á los Estadas
Unidos en virtud del tratado de Pa-
rís, Población. 7.500.000 habitantes.
Comp nese de unas 1.200 islas é islo-
tes. La mayor de todas, la de Luxón,
tiene U figura de un brazo doblado,
Tan severo tribunal,
Fuera mejor que celara
Que del carro no tirara
Tanto fi^rosero auimal.
Hombre justo, león real,
Aguila de agudo pico,
Y buey grave: no replico;
Que asi el profeta lo vió:
Mas ¿qué va que no se halló
Entrelos cuatro un borrico?
Recoja, sabio, advertido,
El tribunal de la fe,
Gerundios que andan & píe
Y hacen daño conocido.
No preste piadoso oído
A tanto (íerundia orate,
Y dfl persuadirse trate
gue las quejas aparenta,
orqne le falta la renta
Del tabaco y chocolate.»
Tal fué el padre Isla, escritor cuyss
dos lagos, el de Bay j el de Faal, al-
gunos volcanes en actividad, ua no
considerable, el Pasie, en cuya orilla
se asienta la capital del arcbipiélt£^>
Manila; cuenU 107.171 habitantMj
edificios públicosy religiosos notabi»
antes del terremoto de 1863, qoe loi
destruyó en su mayor parte; li bi«
algunos, como la catedral, se han re-
edificado. Es puerto espacioso y moj
frecuenUdo. Cavite, en la misma isU.
tiene astillero y arsenal. La isla de
Mindanao es la segunda porauex"""
sión: el interior está habitado por
tribus malayas musulmanas. Zam-
boanga es la principal población de
esta grande isla.
En el grupo de las Visayas baj p«-
.|ueñaf islas notables por su riquo^
y por lo denso de la población, "i*""
do las principales Samar, Leyte./e-
bú y Panay, que mantienen, especi*
i mente las dos últimas, activo comer;
¡ cío exterior. El arcliipielngo de Jo'^;
¡ situado al Sur de Filipinas recoot)C"'
en 1877 la soberanía del gobierno «-
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ISMA
ISOB
ISOC 183
piílol. Lu prodacciones principales
na: abacá, tabaco, axácar^ atroz,
eicto j café. Sa flora j su fauna rí<itLf-
nmas sod laa propias de los trópicos,
aaDqae, excepto el caimáa, no existen
tllí las grandes j dañinas fieras j
reptiles ^ne fracueotan otras islas de
U Malasia. Abunda el carbin, el hie-
rro, el oro; pero las ezplotacioaes mi-
neras están en la infancia. Reciente-
mente unido el archipiélago al resto
del mundo por uu cable submarino y
por una línea regular de vapores co-
rreos, desestancado el tabaco é inicia-
da una enltura material poderosa,
con líneas telegráficas j una red de
fetroearriles, es seguro que ha de en-
trar en el concierto universal con las
riqueiai sin explotar que encierra su
focando suelo, ou población, católica,
calta en cierto modo j de antiguo fa-
miliariiadn con lu costumbres j las
artes enropeas, es apta para el traba-
jo j lo sena mis si en su seno se des-
fiertasen lu necesidades propias de
Ds pueblos civilizados. Entre la mul-
titud de dialectos que los filipinos
hablan, los principales son el Ugalo
/ el visaja. fin Manila hay una nni-
Tersidad y muchos centros de ense-
ñanza.
BmcoLoaÍA,. Se denominaron Fiu-
mus por haber sido descubiertas en
tiempos de Felipe II,
Iilefio, fla. Adjetivo. Bl natural
de alguna isla j lo perteneciente á
lai islas,
VittMoioaÍA. lila: catalán, itlti^, a;
UlmiMo, «.
uleo. Muculino. Terreno aislado
6 cercado de peñascos, de suerte que
00 esté llana la entrada á él. — <Parte
da isla, 6 á manera de isla, que por
lo regular es de peñascos en forma
decorooa.» (Aoadbuia,, Diccionario
i* me.)
Isleta. Femenino. Isla pequeña.
BnitoLoofA, ItU: firanccs, tUtte;
catalán, itleta,
lalica, lia, ta. Femenino diminu-
tivo de isla.
BnuOLOafa. hla: catalán, islot.
Islilla. Femenino, La parta del
eoarpo desde el cuadril hasta debajo
del brazo. — «La parte del cuerpo en el
animal, desde el cuadril hasta debajo
del brazo, que también se llama ijar.»
(áCADBina, IHeeioÉario de 17Í6,J
Islote. Masculino. Isla pequefia j
despoblada. Q Peñasco mujr grande,
rodeadil del mar.
BTZUOLOaÍA. Jila: catalán, itloL
Iimaelianos. Masculino plural.
BiiUtria, Musulmanes que creían que
los verdaderos imanes eran los ali-
du; que Ismael, hijo de Djafer, había
sido el último imáu visible, j que el
califato pertenecía de derecho á sus
descendientes, como verdadera poste-
ridad de Fátima, hija de Mahoma.
Abdallah (Obeídallali-al-Mahadí),
?iretandÍdo descendiente de Ismael,
andó la dinastía de los fatimiUs, 6
UMAtLiANos del Oeste,, de donde su
doctrina pasó i Egipto con la dinas-
tía. L« doctrina de esta secta, com-
pletamente subversiva para el isla-
misino, aunque afectaba gran celo en
sn favor, sé propagó en las logias se-
cretas, llamadu agambleas de ta »abi~
dmrla y presididas por el daial-doat 6
misionarib supremo. Comprendía nue*
ve grados de iniciación, durante los
cuales se combatían todas las creen-
cias de los discípulos, se les persua-
día de que todas las acciones son in-
diferentes, de que nada es verdadero
j de que todo es permitido. Este odio-
so escepticismo, combinado con el
fatalismo oriental y la completa su-
misión al jefe de la secta, sirvió pos-
teriormente á Hassán-Sabah para ían-
á^T la Orden de los Asetinot. Las opi-
niones ismaelianas, mezcladas con un
sinnúmero de locuras y supersticio-
nes, subsistieron mucho tiempo entre
los drusos del Líbano, algunos de los
cuales veneran todavía al califa xsuan-
LI4NÓ Hakem, como encarnaciSn de
Dios.
Ismaelismo. Masculino. Sistema
de l:)s ismaelitas.
Etiuolooía. Ismaelita: francés, ti-
ma¿litme.
Ismaelita. Adjetivo. Nombre que
se da á los árabes como descendieuies
de Ismael. | Aoarbmo 6 sanitACBNO.
BTiuoLoafa. Ismael, hijo da Abra-
ham: francés, ismaélite»
Ismara. Femenino. Tiempos heroi-
eos. Monte famoso de la Tracia, cujo
vino, según Homero, elogió Ülises.
Teseo, rsy de Tracia, fué llamado Js-
mario por el nombre de aquel monte.
J Ciudad de Tracia, cerca del monte
Ismaro.
Iimaro. Masculino. Tiempos heroi-
cos. Hijo de Marte, que dió su nom-
bre i un monta. B Hijo de Antaco,
que mató á Hipomedonte delante de
Tebas. Q Hijo de Eumolpo, el primero
de los eumólpidas, que institujó con
su padre los misterios eleusinos.
Etiuolgoía. Griego ^IsftÁpwi ( Ismá-
rosj, monte de Tracia: latín, IimUms.
(Virgilio.)
Ismene. Femenino, Mitología, Hija
de Edipo j de Yocasta, y hermana de
Antígona. (Estacio.)
ETiuoLoafa.. Griego 'Iffitijvsí (Isme-
nesj: latín, Ismenes.
Ismenias. Masculino. Músico fa-
moso de Tebas. (Plinio.) Q Un jefe de
los beocios. (Tito Livio.)
STOCOLoaía. Latín Ismenías,
Isménides. Femenino plural.
Mitología, Ñín&s del ifflWMo. río de
Beocia. | Sobrenombre de los teba-
nos.
Ismenio. Masculino. Mitología,
Sobrenombre de Apolo, tomado del
culto que se le tributaba en Beocia,
donde corre el río Istneno,
Ismeno. Masculino. Mitología,
Hijo de Pelasgo, ó de Anfión pr de
Niobe, que dió sn nombré á un no de
Beocia. Según Plutarco, herido por
las flechas de Apolo, se precipitó en
el rio Cadmo 6 Ladón, que después
tomó su nombre,
lamo. Masculino. IsTuo.
lao. Prefijo técnico, del griego ívoc
(isos), igual,
Isobafla. Femenino. Historia naíif
ral. Estado de nn enerpo qu aSía
fleta un color.
ETiuOLOOfÁ. Griego fmc (Um),
iffual, y potfij (iaphí), color; de ^itptn
(oáphetn),t&ñir: mncé», isobaphie,
Isobaromótrico, ca. Adjetivo. Ft'
sica. Que presenta las mismas altutaa
geométricas, en cujo sentid ae dice;
curvas ISOBAROMéTRICA.S.
ETiuoLoaíA. Jso y ¿ofwMSMwr fran-
cés, ¡sobar orne trique.
Isobriado, da. Adjetivo, Botánica.
Que crece igualmente por uno y otro
larlo.
Etiicolooía. Griego isoSf igual, y
brgein (^pOet^), impultt» eo& fiumt
francés, iso'jryé.
Isocardas. Femenino plural. jStt^
toria naHural. Qénero de coiuhu, coi»»
prensivo de loa animelés enemadoi
en una eoaeba moy o^est, eoIdil6^-
me, como la iBOOAMU.j'^etiilMm
BnMOLoaía. I$o y íaféU, eonu^:
francés, isoearde,
laocárpeo, pea. Adjetivo. Boláni'
ca, PukNTAs isoJÁBPBASi plantas cujo
fruto presenta tan tu divisiones como
el perianto.
Etimolooía, Xwy jUijMSi, flrato:
francés, isocaypé.
Isocilindnco, ca. Adjetivo. Geo-
arafia astronómica. De cilindros igua-
les, como la proyección isociLÍND&ica.
ETniOLOOÍA. Iso y cilíndrieo: fran-
cés, isacglindrique,
IsooUnOt aa. Aiiy'etivo. Didicíka,
Que tiene la miima inelinatídn que
otra con.
Eriuoboaík* Qriego ises, igual, y
klinif ínclinaeidn: mncés, isocUns,
IsodAn. IsocoLÓH. La forma tM-
el n, que aparece en algonoi 2HttU~
nariost es b;irbara.
Isocolón. Masculino. Retórica, Pe-
ríodo cuvos miembros son iguales.
EriMOLoaÍA. Griego ÍVoí (isos),
igual, ^ ittüXov ( kdlon), miembro: fran-
cés, isocolon.
Isócrates. Nombre de uno de los
oradores griegos más famosos, nacido
en Atenas e) año primero de la olim-
píada 86." (436 antes de Jesucristo).
No pudiendo sacar butanto partido
de la oratoria, se dedicd i Ofoftaot ÚM
elocuencu y á oomponar ainonoB j
alegatos de encawo, con lo enid gand
sumas considerablei. Nicocles, rej de
Chipre, le diÓ veinte talentos ^( cerca
de 20.000 duros) por un solo discurso.
lacere. Adjetivo. Historia natnral.
De color uniforme.
EriuoLOaÍA. Isos, igual, y chróa
(Xp(ía), color.
laocristos. Masculino plural. His-
toria eclesiástica. Herejes del siglo vi,
que pretendían que los apóstoles, para
gozar de alguna ventaja en la resu-
rrección, debían ser iguales á Jesu-
cristo. Tomaron sus doctrinas de Teo-
doro de Capadocia, discípulo de Orí-
genes. Más g^malaento tediee: tec-
la xsocBista.
ETiHOLoefA. Gríeg)» fonC (iiot),
igual, y XoMt^ fCmtdtJ, Giisto:
francés, isocnriite,
Isocromia. Femenino. Siadnimo
de litocromía.
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m
isoa
- Etimolooü^ 7^01 y tkr$'¡M, color:
francés, isochromie.
laocronismo. Masculino. Mecáni-
«g. Condición 3 carácter de lo isócro-
no. \ Igualdad de duración, ea cujo
sentido se dice: el iBocaOMisyo de la
péndula. Q Fisiología. Simultaneidad
de acción eotre dos órganos que se
corresponden.
. BTw<».oaU. líóoroM: feanoé^ üo-
ehronisvu.
. Isócrono. Adjetiro. Mteániea. Se
aplioa i los moTÍmientos qae ae ha-
cen en igual tiempo, por cujra razón
se. denominan mettmieníot isócronos.
H PuiJSACiOMBS ISÓCRONAS. Fisiologla,
Las pulsaciones arteriales respecto de
las del corazón.
ETUcoLoaÍA.. Griego Wi^povoc (ité-
chronotj; de üos^ igual, / ckr<í»ot,
tiempo: catalán, iiócrom; francés, úo-
ckrone*
Isodictilo, la. Adjetivo. Zoologia.
Que tiene cuatro dedos hendidos, dos
hacia adelante j dos haoía atrás.
BruoLOofA. 2so j tíetih: francés,
isotUctwie.
Isodinimico, oa. Adjetivo. Que
tiene la misma fuerza* LUtea isodiná-
uica; línea que pasa, por los puntos
de la tierra en donde la inflaencía
masrnética es la misma.
. ETDioLoaÍA.. Ito jdinimieot fran-
cés, isoi^mmigue,
Isodinamo, ma. Adjetivo. Bi>tá*U
jM. Que crece con igualdad por ambos
lados.
ETiMOLoaÍA. Jso ^ dynamis, fuerza.
Isodonto. Adjetivo. Zoolwfia. Ca-
lificación da los reptiles ofidianos que
tienen diantea maxilares simples é
iguales.
ETiuoLoaU. Itosy odoSs» oddkío»,
diente: francis, itodonie,
Isoédrico, ca. Adjetivo. JUituralo-
gia. De fteetas iguales.
BnxaxraÍA. Griego itos, igual, j
édra^ cara, faz: francés, isoédrique,
Isoetaa. Femenino plural. Botáni-
«a. Familia de plantas criptógamas,
3ue se conservan del mismo modo
uraate todo si aflo.
STiHOLoafA. Griw-o Xm^ (is»t),
iff tuüfj S'TOC ( éto9 }, año: n-as cés , itoétáes.
Isófllo, la. Adjetivo. Botánica. De
hojas iguales;,
BtiuolooÍa. Griego Uot, igual, j
phvllon, hoja: francés, itophylle.
Isótimo, na. Adjetivo. De voz igual.
HnicoLoaU. /w y pidni^ voz.
Isogeotermo, ma. Adjetivo. Fiti^
ea. D« igual temperatura. | Línea.
isooaOTBBMA. Línea que .pasa por to-
dos los puntos en que la temperatura
media del suelo es lajuisma.
EtiuolooÍa. Griego itoi, igual;
gaia, tierra, y ikermo't, caliente: tvo;
■pía 6ep|ióí: francés, isogéotherme.
bogónico, ca. Adjetivo. Mintra-
logia. Que tiene la misma declinación,
esto as, que describe loa mismos án-
gulos. (LiTTRé.)
BTiifOLOOfju Itdffant: francéa, ito-
gonique.
Isógono, na. Adjetivo. GeomelrUt,
De ángulos iguales.
BmiOLoaíI. Griego Un, ¡gnal» 7
ISON
gonott ángulo: catalán, itogono; fran-
cés, íío^oaí.— fTérmioo geométrico
^ue se aplica á las ñgaras que tienen
ángulos iguales. Es voz griega.»
(AoADBUiA, Diccionario de i7z6.)
Isograña. Feraeoiao. Reproduc-
ción exacta de manuscritos y géneros
de escritura, y Facsímile.
EtiuoloqU. Ito y graphan^ des-
cribir: francés, itographit.
Isogriflco, oa. Aoíjetivo. Goneer-
■niente á la isografia.
lajlogo, ga. Adjetivo. QaÍMtoo.
CuBRPOS isÓLoaos. Cuerpos que tie-
nen una oomposición igual o seme-
jante. II Sustantivo plural. Los isó-
Loaoi del alcohol normal.
ETiuoLoafA. Ito y ¡^ot, relación:
francés, isologue.
Isomería. Femenino. Álgebra.
Operación por la cual se despoja una
ecuación de las fracciones. || Química,
Conjunto de causas que pueden vol-
ver isómeros á los cuerpos. D Cuali-
dad y estado del compuesto isómero.
Isomérico, oa. Adjetivo. Belativo
á la isomería.
ErniOLOttÍA. IttnurUu firaneéa, ¿10-
m/rigue,
IsMnerismo. Ibtseulíno. Quimiea,
Condición en cuja virtud ciertoa cuer-
pos, dotados de una misma constitu-
ción moleenlar, tienen propiedades
diversas.
EiTMOLoaía. It^iunt francés, if9-
mérísme.
laómero, ra. Adjetivo. Mineralo-
gía. Que esú formado de partes seme-
jantes. B CuBapos isÓHBRos. Qaimiea.
Cuerpos compuestos de los mismos
elementos y en numero igual; pero
cujas propiedades físicas y químicas
difieren en la esencia, cuja circuns-
tancia induce á creer que están disr-
puestos entre sf de nn modo distinto,
y Sustantivo plunl. LosisóiiiBOS.ea
CUTO sentido se dice que la esencia
del limón es uno de los isóvbros de
la esencia de trementina. (Littré.)
ErntoLoafA. Ito y [Upoc (mérot),
parte: francés, itomire.
Isométrico, ca. Adjetivo. Mineror
logia. De dimensiones iguales.
Etiuolooía. Ito y méiri&tt francés,
itométrique.
Isomorfia. Femenino. Qirfsifea. Es-
tado de lo isomorfo.
Etiuología. homorfoi francés, Uo~
marpkie.
uomorflsmo. Masculino. Isoicob-
FIA.
ETiMOLoaÍA.. Itmwfias francés, Í99-
morpkitme. ■
Isomorfo, Ca, Adjetivo. Química.
Epíteto de las substancias que afectan
la misma forma cristalina en sus com-
binaciones, con respecto á idénticas
proporciones atomísticas.
Etiuolooía. Ito y [lop^ií (morpAi),
forma: francés, isomorphe.
Isonomia. Femenino. Igualdad de
derechos civiles. | db los cri-^talbs.
Mineralogía. Estado ó cualidad de los
mismos cristales construidos segúu
la misma regla.
BtiuoloqU. Itdnomo: francés, ito~
nonie.
ISOS
Is¿norao, ma. Adjetivo. Minen-
logia. Cristalbs isÓNQifos. Criatiles
cujos decrecimientos son iguales, uí
en sus bordes como en sus ángulos,
Etimolooía. Ito y (niaut)t
1^J> regla: francés, ittnome.
laoperimetro, tra. Adjetivo, De
contornos iguales en longitud, en
cujo sentido ae dice: polígonos lacK
PBBÍMBTftOS, polígonos CUJQ CifCUÍtO
es igual.
BmcoLOofA. Ito y parimttro: fran-
cés, itopéríwtitrt.—tTétmiao geomé-
trico ^ua se aplica á alcanas figuras
que tienen ámbito ó cirounfereacia
igual á otras con quienes se oompa-
ran: eomo un cuadro de cinco pies de
línea, que se dice ser isoperímatro i
un pentágono de cuatro; porque aaa
y otea figura tienen veinte piés At
ámbito. Ke voi griega.» (Aoadbiua,
Diccionario dt f7Í6.)
Isopétalo, la. Adjetivo, Boíéaité,
De pétalos iguales.
BrtMOLoaÍA. Ito y pUalot franeéi,
itopetale.
Isoplearo. Adjetivo. T&mino gtt-
néíñeo, <Lo mismo que iriiagido
equilátero, ó oujos lados son iludes,
Bt voz griega.» (Academia, Dtoeiomh
rio de 1726!)
Isópodos. Masculino plural, ¿otn
¿«^ía. Los xsÓPODOs; orden de crustá-
ceos que comprende las euoaracbu
caracterizadas por un abdomen volu-
minoso, cabeza pequeña, siete pares
de pies semejantes, sin ó^nos rta-
piratorios en el exterior.
BTuoLoaÍA. Ito y jwit, poddt^ pie:
francés, isopodt.
Isopósono, na. Adjetive* Orw'o-
Ayia. CaTífícación de las aves que ti»
nen iguales los lados de la barba.
BTUfOLoaÍA. Ito y pogí», barba.
IsopoUtia. Femenino. Igualdad de
derechos políticos.
BTnc<x.00ÍA. Griega InneXmía (Íi»'
politeíti ): de isot, igual, j ^UUUt de*
recho civil: francés, isopoltíie.
Isoquxro, ra. Adjetivo. Hittoria
natural. De brazosóapéndíees igualas.
ETtuoLOoiA. /«« 7 eMr (x>H
mano.
Isorimnno. Masculino. Botinica.
Árbol de Malabar, cuja savia se asó
cpmo eficaz remedio contta las pul-
monías.
Isósceles. AdjetiTO. OMmtIrla.
Véase TniÁNODLO.
B-miOLOOlA. Griego teoaxíXi|< (itoi-
kéUt); da itot, igual, 7 fiU^H,' pierna:
latín, itotdiUti francés, itotdUáitoci'
catalán, itótceltt.
IsósCBLEs; del griego tiof, iw»
igual, j de tkélot, pierna. Lláttsas
isósceUt al triángulo que tiene doi
lados iguales, los cuales, ooraoqucle
sostienen, se consideran como dos
piernas. (Monlau.)
Isoscelia. Femenino. flWswM*.
Propiedad de un triángulo isóseelei.
ETmoLOGÍA. ItóteeUt: francés ««-
célie.
Isoaférioo, ea. Adjetivo. Qoe es
de esfera igual.
BniiOLoaÍA. Ito y tt/ifUoi ftaneás,
itutpÁért^nt,
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ISPI
.IsosUraono,iia. A(^etÍvo. Botdui-
es. Galifietción d« plantas que
tMiieii an ndmqro d« eitambns igual
al d* U« diTÍiiooM da U eoiolm en
cayo leotido se dice: Jtor i$o$íéMOH0
(Qor que tiene igual numero de péta-
loi que de estamtjirei).
StwolooU. Js9s j i timón (raf^ib»),
estambre: francés, isosUmoiu,
Isotelia. Femenino. Ant^üeiades
pi^at. Grado medio entre la eondi-
eiiín del extranjero domiciliado j la
de ciudadano griego propiamente
dicho.
fimiOLoaÍA. Griego IvtniXcta (isoU-
teia); de ifos, i^ual, j télot, carga,
impuesto páblieo: francés, isotélie.
Isótelo. Masculino. Bl <}ae gozaba
de la isotelia, en cuja Tirtud se le
coneadían .todos los pririlegios inhe-
rentes al derecho de ciudad.
ÉnicoLoaÍA,. Itoielia: griego, («wct-
Ai¡( (itotelis); francés, isotile,
Isotermo, ma. Adjetivo. Física,
De i^ual temperatura. | Líkbas iso-
TiBius. Meteorología. Lineas que pa-
san por todos los lugares deiglooo,
en que la temperatura media del año
ei la misma. El espacio comprendido
eotn dos líneas isoteshás lleva el
aambre de zona 6 borde uoTsaHO.
(LlTTBd.)
BnuoLoafA. Tso j thermótt calien-
te: ftaneés, Uoíhertne.
AtfAte.— <£1 sistema ds lineas iso-
niíi&«, isdteras é isoquímenai que
propuse en 18I7,.|^odrá tal yez sumi-
nistrar naa base cierta á la elimatolo-
gÍM eomparada.» (UuuaoLOT, Chsno-
}9aU,)
Isótero, ra. Adjetivo. il/>ííoroía;¿a.
LíHBÁ isÓTEBA- Línea (jue pasa por
todos los puutos de la tierra que tie-
nen en verano la misma temperatura
media.
Etiuolooíá. Griego Toof (isos)t
igual, j Ojpo; (théros), estío: francés,
itotkére.
Reseña, — La voz del artículo fué
inventada por el sabio alemán Hum-
boldt,
Iipara. Femenino. Hfitolo^Sa, J)i-
rinidad de Jos habitantes de la costa
de Malabar. Ba voz que sólo sa halla
ea las relaciones de los viajeros, j
qae probablemente representará una
uteraci ín de Jswara. La forma Jtpare-
i<t, de algunos Diccionarios, es una
alteracián mayor.
kpida. Femenino. Órnitologla. Ave
solitaria j brava, pequeña de cuerpo.
Tiene el lomo verde cerúleo, y pues-
ta al flol, parece záSro. £1 pecho pare-
ce una ascua de lumbre, no tiene más
qae dos dedos en los piés; las uñas
torcidas, el pico pequeño y derecho,
las alas cerúleas, las plumas primeras
langas, con algunos puntillos á mane*
ra de rajos de sol, y la lengua muj
pequeña. Susténtase da peces, por lo
eoal la llaman también martín-pesca-
doc (AcADBHU, Diccionario de 17$6,)
«Xa (</»tWa,que en Portugal llaman
Acábela, y en latín Martin tt Piscaíor,
Íen Castilla Ave del Paraíso, pir la
enoosiva de sus plumas, 9» ave pe-
qnefta jf tiene el lomo verde jr eeriU^o*»
ISQU
(Jtmu. Wstoria natural de ates y ««*•
mtles, libro 1, capitulu 39,)
Ispir. Neutro. Esponjarle alguna
cosa.
Xsqaemia. Femenino. Medicina*
RetancitSn ó suapensidn de un flujo
habitual de sangre, | Patología. De-
tencitín de la circulación arteriaU
Btiiíolooía. Griego Uckein, dete-
ner, y Aaíma, ksata, sangre: francés,
isch^tnie,
IsquemAn. Masoalino. Nombre
griego y latino de cierta hierba.
Etimología. Griego lffx«4«í f*^"
chaimas): latín, itehawton. (Plimio.)
Isqoiadelfla. Femenino. Teratolo-
gía. Monstruosidad de dos fetos uni-
dos.
BtiuoloqÍa. Isqmadelfo.
Isquiadélfico, ea. Adjetivo. Tera-
tología. Que presenta los earaetores de
la isquiadelna.
Isquiadelfo, fa. Adjetiro. Terato-
logía. Monstruos isQUiADBi.Foa.Mons-
truos dobles, cuyos cuerpos, situados
en sentido contrario, están soldados
por el bacinete; esto es, por la parte
inferior del tronco.
EtiuolooÍa. Griego íschein^ dete-
ner, y adelphdSf hermano; Xv^tn á8«X-
ifó^: francés, ischiadelphe,
Isquíagra. Femenino» Medicina.
Gnta fija en la cadera.
ETDfOLoaÍA. Griego isckion, hueso
innominado, y ágra, invasión; irjfjLW
af^at: francés, isckiagre*
Isqniagria. Isquuob^* La forma
itquiagria, que aparece en algunos
Dicáottarios, debe ser errata de im-
prenU.
laquial. Adjetivo, Anatomía, Refe-
rente al isquion.
Etiicolooía. iifaiM: francés, «s-
chial.
Isquialgia. Famanino. Jff^icífla.
ISQUIAOBA.
ÉnuoLoaÍA. Jsqnion y álgos, dolor.
Isquiático, ca. Adjetivo. Ánato-
tnia. Que se relaciona con el isquion.
BT;uoLoaÍA. Jsguion: francés, is-
chiaíiqne.
Isquiatocele. Femenino. Isqdio-
CBLB.
Istjuidroflds. Femenino. Medicina,
Supresión del sndor.
Étiuolooía. Griego Uckein, dete-
ner, é ¡11/ /Or, agua.
Isquiepatli. Masculino. Zoología.
Animal de Guatemala parecido a la
zorra.
Isquiedra. Femenino. Botánica.
Árbol mnj alto de los bosques del
Porú.
Isijaio. Voz qne entra en la eom-
posictón de varías palabras de anato-
mía para indicar la cadera.
BnicoLoaÍA. Griego Xay>i.M (iscMon)y
el hueso innominado.
Isqnio-anal. Adjetivo. Anatomía.
Perteneciente al isquion j al ano,
eomo el músenlo i3:íuio-anal.
BtuiolooCa. Jsqnio y ano: francés,
ischio-anal.
laquio- cavernoso, sa. Adjetivo.
Anatomía. Perteneciente al isquion y
al cuerpo cavernoso, eomo al músculo
UQUíO'CAVBBXOSO.
ÍSRÁ
185
ETiuoLoaÍA* Isjnia j eateruoso;
francés, iscAio-cavemenx,
Is(}uiocele. Masoulino. Cirugía.
Herma isquiática.
BnuoLoafA. Griego isckion j kéli,
tumor; Xrgwi xi{X«} : francés, iseaiocéir,
Isqnio-eoccigep. Adjetivo. íÍm-
toaiia. Referente al isquio y al eoccis,
c )mo el oidscnlo laQUio-coccíOBO, que
va de la espina eici¿tica al borde del
eoccis j i la parto inferior de la fez
lateral del sacmm.
BtUI0LOO<^ /Sf«M 7 CMCti: ft«IM<l|
ischioC'Ccigien.
bquio-femoral. Adjetivo. Anato-
mía. Heferento al isquion y al fémur,
como el músculo isQUKVFBifoaaL.
Btiuolooíá. Isguio j femoral: fran-
cés, i$c/iio-femoral.
bqnxon. Mascnlino. Anatomía,
Parto inferior de las tres piezas que
esmponen el hueso innominado tnlus
nifios. ¡ EUgidn inferior del mismo
hueso en loa adultos.
BriicoLoafA. Isquio: francés, t<-
ehion,
Isquiopagia. Femenino. Tarafolo-
gla. Anomalía que caractarisa á los
monstruos isquiópa^jwu
BtiuoloqÍa. Jsjutiípagot francAi, »•
ehiopagie,
Isquiópagos. Masculino. Téraiota-
gía. Los is.¿uíúpagos. Monstruos com-
puestos de dos individuos que tienen
un ombligo común y que están uní-
dos por la región hipogástrica*
BTiuoLoaÍA.' Isqmo 7 jtageía, t^o;
t vj^iov miyttc: francés, isektohagt,
1. IsraeL Masculino. Sobrenom-
bre de Jacob. } Dios oi Isbabu Jeo-
vah. U Hno db Isbasl. Hombit de la
lej antigua.
EriuoLoofA. Hebreo fWii,aer prin-
cipie, T Al, Dios, sobrenombre que
dió á Jacob el ángel que luchó con
él: latín de Prudencio, Israel: francés,
Israé'l; lenguas romanas, Israel. —
<Nombre dado al patriarca Jacob con
motivo de su lucha contra un ser di-
vino: del hebreo sara^ combatir, y El,
Dios ( capítulo XXXII del Génesis), —
Sus descendientes se llamaron israeli-
tas 6 kebreos después del destierro de
Babilonia, yndíos, de Jekendi, Judea,
Jndá, — Otros descomponen la vpx Is'
rael, haciéndola equivalente á al que
ve á Dios.» (MoNLAU.)
2. Israel (bbino db). Uno da los
reinos que se formaron en Palestina,
en tiempo de Roboam, sucesor de Sa-
lomón. Comprendía diez tribus he-
braicas: Aser, Neftalí, Zabulón, Isa-
car, Manasés, Efraín, Dan j Simeón,
al Oeste, 7 Gad 7 Rubén, al Bste. Su
capital fué Sichent después Samaría.
Correspondía á lo que se llamó mñs
tarde Galilea, Samaría, Perea 7 la
Sorción Oeste de la Judea propia. lu-
el al verdadero Dios, casi siempre
entregada i la idolatría 7 en guerra
contra el reino de Judá, tuvo qne su-
I frir diversas invasiones. Después Te-
glath-Phalasar, rey de Asiría, se apo-
deró de la porción del país situada al
Bste del Jordán, así como de las tri-
bus da Aser, Neftalí 7 Zabulón. Su
sucesor Salnunasar tomd i Samaría,
TOMO III
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186 ISRA
ea 718 aotei de Jesucristo; coacluytl
con el reino de Isrul j llevó noa
parte de sus ha1)ifaates en cautÍTÍdad
a üs ocillas del Tigris» Los rejes de
IsaasL faetón:
AatM
del
... M— Iw
Jeroboam . . ... . 962
Nadab 942
Haasa. . . I . . . . 919
. Ela. , 918
* Zamrt. .... . : . 918
Amrí 907
Acab.". 888
Ocosías. ...... 887
Joram. ....... 87^
■ Jehú 874
Joacbáz 832
* Joás.; ". 817
Jeroboam ll. ; . . . 776
IJITBBEBaNO
Zacarías 767
8ellam 766
Manabem 754
Phaeeia. ...... 763
Phaeeo 726
Oseas 718
Cfréeso que el país ocupado por los
iiiaelitas uo extendió sus límites más
allá del Oáucaso, por la parte del Nor-
te; del archipiélago griego, por la de
Oaste; d} la emoocadura ael golfo
arábigo ó del mar Rojo, por la del
Suridel nacímieato del Kuiratesipor
la del Este.
EtuColooía. Israel 1,
Reseña. — I. La Sagrada Gseritara
llama i Israel <puéblo y heredad del
Señor.! (Exodoy capitulo TU, versícu-
lo 7; Levitico, XJlX, 26; DeuUrotto-
niot IV, SO; primer Uhra de ¡os Re~
3fM,X, i.)
2. Las diez tribus de Iskabl se se-
pararon de la casa de David, conforme
a la predicción del profeta Ahias.
3. Dichas tribus son trasladadas á
la Asiriá. (Libro III de los Reyes,
4. Muchos de TseasL siguen á los
levitas á Jerusaléo contra las diez tri-
bus. (II de losParalipóme%Qí,XI, 16,J
Israelita. Adjetivo. Lo pertene-
ciente al reítio de Israel. Se usa tam-
bién como sustantiro.
ETiuoLOOÍa. Israel: latín, isrSe^ía,
en san Jerónimo; francés, israélite;
italiano j catalán, israelita»
SiNONiHiA. Israelita, judio, Israel
quiere decir hombre que ve á Dios. Esta
palabra no designó al principio nin-
gún pueblo, sino que fué el nombre
que » ángel dió á Jacob, como se re-
fiere en el capitulo XXXII Añ\ Gréne-
sist nersiculo iS,
«iSi dijo (el ángel): de ninguna
manera se llamará tu nombre Jacob,
sino Jtrael.»
Después se aplicó á todo el pueblo
hebreo, salvado de Egipto, j última-
mente designó las diez tribus que
formaban el reino de Israel.
Judio viene de /«(¿a, hijo de Jacob
T de Lía, hermana de Racneli bija de
Labán.
f Concibió la cuarta teipjparitf un
ISTM
'lijo, j dijo: ahora alabará al Sefior,
V por esto le llamó Judd, j cesó de
parir.» (G¿hesit, capitulo XXZX, mt-
tkulo 35, J
De modo que Judd significa «Zs-
banta.
Este hijo de Jacob fué después el
cabeza de un reino, de donde viene el
pueblo judío, que se llamaba primiti'
vamente el reino á^Judá, para distin-
guirlo del reiuo do Israel.
Por lo tanto, pueblo de Imtel quie-
re decÍT pueblo de Jaeoi,
' Paeblo judio equivale & pueblo da
Judd,
Los israelitas se llamaron hebreos
basta el destierro de Babilonia. Des-
pués de esta época tomaron el nom-
bre de judi'>s.
Israelítico, ca. Adjetivo. Lo per-
teneciente al reino de Israel.
Israfil Masculino. Religión maho-
metana. El ángel que hará resonar la
trompeta del juicio final.
Issachar. Masculino. Biblia. Jefe
de tribu hebrea.
ETiuoLoaÍA. Voz hebrea que quiere
decir hay recompensa, aludiendo á las
mandragoras que Lía dió á Raquel.
.Stfftfjla.— Bata tribu obtuvo el me-
jor terreno de Cauaán. Se extendía á
lo largo del valle de Jezrael: al Me-
diodía tenía la media tribu occidental
de Manases; al Norte, la de Zabulón;
al Oeste, el Mediterráneo. Eran las
más notables de sus 16 ciudades R<^
meíh ó Jaramoíh, jBnyannim 6 Ánem,
ciudades levíticas; Sunam ó danem, en
la que acamparon los filisteos antes
de atacar á los israelitas en la monta-
ña de 0-elboé, donde murió Saúl con
tres hijos sujos; Ápe/, ante la cual
fuer m derroudos dos veces más los
israelitas; Jezrael, en. el centro de la
tribu j en nn valle célebre por la vio-
toria de Gedeón, qu9 con 300 hom-
bres venció á 135.000 madianitas; y
Cesiifk j Daberelk, ciudades también
levíticas.
Issoria. Femenino. Mitología. So-
brenombre de Diana, en Esparta.
Ista (llbvab k La). Femenino anti-
cuado. Llevar en alto ó á cuestas.
Istmicas. Femenino plural. Título
de las odas de Píúdaro en alabanza de
los vencedores en los juegt» istmios.
ETiuoLoaÍA. Istmico.
Istmico, ca. Adjetivo. Coneemiea*
te al istmo j á los juegos istmios.
Etiuolooía. Istmo: uitín, isthmícus.
Reseña histérica, — Juegos institui-
dos por Sísifo en honor de Melicertes,
hijo de Atamas, rer de Tobas, j de
Ino. Estos juegos nieron reorganiza-
dos por Teseo, j eran parecidos á los
olímpicos. Se celebraban cada tres,
cuatro ó cinoo años en el istmo de Co-
rinto, en honor de Neptuno, j consis-
tían en lucha, carrera, salto, disco,
música jr poesfa. El vencedor era pre-
miado con una corona de hojas da
pino.
Istmios, ias. Adjetivo plural. Ait-
tigüedades griegas. Certámenes ó jue-
ños que se celebraban cada tres años,
amados istmifte, jorque tenían lagar
en el istmo de Gorinto.
ITAL
BtücolooU. Jitmo! latín, itikmí;
plural; francés, isthnieu.
Istmltia. Femenino. MediwM. In-
flamación del velo del paladar.
ETn«».oafA.. Griego utkmós, aago»>
tura, pasaje estrecho, j el sufijo mé-
dico itis, indamaetón.
lato». Masculino. QeofrafU, Len-
gua de tierra que une dos continen-
tes, ó una penínsola ooa un continen-
te, oomo el de Panamá, el de Gorinto
ó el antiguo istmo da Soez. || ámU-
mU. Nombre con qaa se designan eie^
tas partes del cuerpo por su semqau'
za respecto de la forma de un istmo;
j así se dice: bl istmo de la gargan-
ta. S DB ViBüssBNS. Relieve día fibras
musculares que se halla al tededor de
la tosa oval del tabique de las aurícu-
las del corazón. | Botánica. Gompre-
sión que separa dos divisiones en no
fruto articulado.
ETiuOLoaCa.Oriego U^^(%»thm4*},
{tasaje: latín, itthmus é «f MsMs; eati-
án, istwse; francés, istkme,
IsTHVus; del griego isthmm, que
significa cuello, j según otros, éneo-
adnra. — ^Lengua de tierra que une ó
, unta dos continentes t que tiene la
brma de un conducto o oaello largo.
'MONLAC.)
Istmocarpo, pa. Adjetivo. Botáni-
ca. Epíteto de las plantas eujo firñto
es estrecho en la parte media.
EtdiolooÍa. Itthmós, angostura, y
harpis, fruto: francés, istkmocarpe.
Istria. Femenino. Geografía. Pro-
vincia de Italia, en los confinen del
Ilírieo.
Btiholooía. Utria, Btstría, (Pu-
nió.)
Istriar. Activo. Bstbiáb.
Istrio, tria. Sustantivo jadjetivo.
Natural jr propio de tstria.
BnMOLOoU. Latíu ü/nu, úlHteiu.
latsrara. Masculino. Mit'^ogia in-
dia. La inteligeueia suprema, creado'
ra jr conservadora, según el sistema
de filosoiía india, llamada sánihga,
formado por Patandjalí.
Itaca. Femenino. Geografía anii-
{ua. Isla del mar de Jonia, reino de
¡aertes y de Ulises.
BnMOLooÍA. Latín JthSea. (Viaai-
uo.)
Itadano, na. Sustantivo j adje-
tivo. Natural j propio de Itaca, isla
jónica.
Btimolooía. /taca: latía, UhScHiu,
ithaansis, ilhicéatns, iíh&cus.
Itaco, oa. Sustaativo j adjetivo.
Itacumo.
Italia. Femenino. Geografkt.lttiat-
sa península de la Europa meridiosal.
1. Situación astronómica. — Se eo-
euentrn comprendida entre los 36^
AQ'-W 39* de latitud septentrional J
10' 10 -22' 10' de longitud oriental
del meridiano de Madrid.
2. Confines. — Los ramales de los
Alpes la separan: al Norte, de la Frsn*
oía, de la Suiza j de la Alemania; si
Este se halla limitada por el Adriáti-
co y el canal de Otranto; al Sur, por
el mar Jónico y el Mediterráneo, y si
Oeste, por el golfo de Génova j et floar
Tinano. .
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iTAn
ITAt
ITAL' 187
'd. 'Ttfritcria.^Sgk» ñúo; tal cutí
aptreM boj constituido, conp nnde
la penfaanU iUlica, ha iaha de Cer-
deña. j de Sicilia, 7 los anhipiélagoa
ToBCUío f de Lípati. .
4. Cimjí^acid». — La península
italiana presenta la fomui perfecta de
uña gan bota .de noabaTt eaya espue-
la termina en el oKmte Gargraao,
5. ÍSmperJítieyp»blaciát^'—-El ma^or
Uigo de esta poxtáón dfl Europa mide
1.300 kilÓBOíetros; su aacKo, 500; al-
gunos de sus estrechoJi 60; le super-
iete total, 296.323 kilómetros cua-
drados, que poablaa 29.943.607 habi-
tantes.
6. Cpgtat. — Las del A.drlátioo tie-
nen 1.043 kUdmetros de desarrollo;
están formadas de alaTÍón, enUertas
de ag^uazales y son muj poeo aínae-
sas, pues únicamente ofrecen dos hen-
didaras ó entradas notablea: el gulfo
de Venecia, en U extremidad septen-
trional, j el de ManfredOQÍa, deter-
minado por el vasto promontorio del
monte OarnnoL; la del mar Jdníce,
de 843 kilómetros de longitud, pre-
senta el golfo de Taranto 7 el de Squil-
laee; U occidental, del antiguo reino
de Nápolea, en el mar Tirreno, mide
1.110 kilómetros y en ella se encaen-
tian los golfos de Gioja, Santa Eufe-
mia, Pohoaatro, Salerno, Nápolea y
Gaeta-, en la Mediterráneo, de 555
Idtómein» de exfeenaién, se ts el gran
golfo da GéooTa.
7. Ca&ot é UUu. — Los cabos más
«alientes, qoe forman la artremídad
de la península italiana, llevau los
nonlmB de Ñau, CaTallo, de Leuca,
de Us Colomnas, Stilo, Spartiranto y
deU'Ajmi; siguen á éstos después los
del Vftticaao, Licosa, Campanella y
Cireeo. — ^Todaa las islas que depen-
den geográficamente de Italia, están
aitoadas en el Mediterráneo, ex.cepto
el pequeño art^piélago de Trementi,
que se halla en «1 Adriático, loa Íalo-
tes del «tifo de Taranto y las rocas
▼eeiDas ael cabo Ñau , sobre ana de
las en^ea et^ocaron los antigaos la
■onda de Calipio. Las tras más imp-
portantes de estaa ialaa, aon: laBíei-
lia, la Cardeña y la Córcega.
8. Orografía, — ^A. dos se reducen
las principaKs cordilleras de monta-
ñas que cruzan este territorio: la de
ios AipM y la de los ApemuM. — La
primara se extiende, trazando un se-
mieíreolo irregular, desde el golfo de
GénoTB haata el Adriático; rodea casi
por completo la región septentrional
de la.lTAUA, determinando este lími-
te y separándola del resto del eonti-
nestCi, j, tomando distintos nombres,
cambia de rambo en algunas partes,
snbdindiéodose engrandes eslaboues
Saa le dan una extensión inmensa,
otee los Apeninos y el monta Viso,
se Uaaa A lpe$ MarUimo*; entre el Viso
7 el monte Ceñís, Á^t Colio$; entre
el Genis 7 el monte filanco, Alpes
&rtflfai;entre el Blanco 7 monte Rosa,
Aíptt Penninot; entre el Rosa y el
moBte San Gotaide, Lepontinos;
7 más al Oriente, Alpn R/íicos, Cúr-
aseas f Jmliams 7 Dimricat. Los Á
Nóricot flú^ un ramal que, dírigiéd-
dose haela d TTbroeate, termina en «1
OuiBbio, carea de la capital de Aus-
tria. Bata cordillera presenta las eunl-
bres más deradas del continente: al
monte Blanco^ el Rosa^ el OrtUr^ el
Sylwo, el Ginebra, el Iteran, el Viso
y ti grande de San Bernardo, — IjS se-
Sonda, ó sea la de los Apeninos, se
es[Mrende de la anterior en el monte
Cassino, al Noroeite del golfo de Gé-
nora, atraviesa toda la península de
Norte á Sur., costeando aquel ^olfo, 7
se bifurca, hacia la parte meridional,
en dos ramales que, tomando direccio-
nes opuestas, eoneln7en, al Oriente,
en el cabo de Lenca, 7 al Mediodía,
en el estrecho de Messina. Los dife-
rentes eslabones que, apo7ados en
esta gran cadena, se prolongan hasta
el UMiterráneo 7 el Adriátíeo, forman
distintos sistemas que toman Um nom-
bres de Apenitu) Septentrionalt Apenino
Central, iSnb^Apenino Toseano, S»b^
Apenino Romano, Apenino Meridional
y Apenino Vesubio/no, Las cimaa más
altas de esta cordillera son: el Cono,
el Felino, el monte de la Sibila, el
Gargano y el VesuHo, — Bu los Apeni-
nos, como en los Alpes, las comunica-
ciones se Terifican por los estrechos
desfiladeros que ofrecen las montañas.
Los pasos de Tende, del monte Gine-
bra, del monte Cenia, del pequeño 7
grande San Bernardo 7 del Simplón,
son los más célebres de los Alpes; las
garantas de la Boeehetta, de Ponte-
moli, de la Pietra-Mala 7 algunas
otras del Apenino Meridional, las más
notables de los Apeninos. — Entre las
montañas de segundo orden, se cuen-
tan: la Golfanera, en Toscana, 7 los
monotes Afassic», Bárbara, Capua y
Santo-Angelo, en Nápoles.
9. Hidrografía, — Los ríos de este
país, poeo caudalosos á causa de la
corta extensión que tiene la península
de Oriente á Occidente, forman tres
Tertientes notables: la oriental, que
euTÍa siu aguaa al Adriático; la me-
ridional, al mar Jónico, 7 la oociden-
taL al Mediterráneo. Bl más impor-
tante da todos los da la vertiente
oriental, es el Pq: nace en el monte
Viso, en los confines de Francia; baña
á Catiff nano 7 Tarín, riega el antiguo
reino Lombardo* Vé neto 7 desagua en
el Adriático, después de recibir,» dere-
cha e izquierda, numerosos afluentes:
el Adige sale del Tírol, pasa por Tren-
te, Varona 7 Legnano, y se divide eu
varios brazos cerca de su desemboca-
dura; el }{eía%ro y Tronío fecundizan
los antigaos Estados pontificios; el
Pescara, Ofanío 7 otros menos cauda-
losos corren por el territorio de Nápo-
les. En .el mar Jónico se vierten el Bra-
daño, B'isento 7 el Giarretta, que pasa
por Sicilia. En Mediterráneo desem-
bocan, entre otros, el rsr, que sirve
de límites entre Franciarla Cerdeña;
el Jifiifrii, que corre por los territorios
de Módena 7 Toscana; el Tíber, que
crasa los que fueron Estados del Papa,
7 el Chiana^ que se bifurca en el Ar-
nc. Los lagos son infinitos 7 pinto-
rescos, aunque de mediana extensión,
distinguiéndose el de ff(a«Íra;q'ae Se
baUa en los oonfinei de la ^j'a';el
Ttuimeno, en ou7as cercanías alcan-
ad Aníbal uno de sus más gloriosos
triunfos; el Covm, que da nacimiento
alrío^«^a,Tel ^o^rar, en donde tiene
su origen el Tesine. Los de Lesina,
Verano, Salpi, Concaeckio y Cutíiglio-
ne comunican con el mar 7 están cla-
aificados en el numero de las lagunas.
10. CUmatoiogia, — La dulzura, la
apacilálidad del clima de Itaua, sin-
gularmente en las comarcas meridio-
nales 7 en la isla de Sicilia, es pro-
verbial: en las regiones del Norte,
bastante desapaelUa. Ba las Alpes, el
frío que le experimenta es tan exten-
so como el del Norte del Báltiee: en
los Apeninos 7 en la Uaaara del Po
desciende algunas vecea á — 10* centí-
grados, mientras que, en la Calabria,
el descenso apenas alcanza á O*, ele-
vándose freeuente:nente á-t-So". En
los Estados romanos 7 en la Toscana,
los calores llegan á hacerse insoporta-
bles. El clima, aunque cálido en ge»
neral, es saludable, excepto en las la-
gunas del Po, eu los arrozales de la
Lombardía, en las Msrmmot de Sie-
na 7 de Pisa, en los aguazales Ponti-
nos de Roma 7 en las costas del mar
Tirreno, á causa de lis vapores pald>
dicos que exbalan aus terrenos panta-
nosos. Todo el literal comprendido
entre el Amo 7 el Voltorno es eono-
oido büjo el nombre de Áfaremmoi, en
cuva especie de campiñas, sitaadas
sobre la orilla del. mar, es donde la
vegetación se muestra mía súbita 7
aeiiva. Sus desiertos, que ocupan una
grande extauaión del territorio, se ven
de golpe cubiertos de riquísima mies,
la cual desaparece con la misma cele-
ridad para Oar cabida á inmensas pra-
deras upizadas de césped, en donde
pacen numerosos rebaños, que los pas-
tores guardan montados á caballo 7
lanza en mano. Bn Italu, no se cono-
cen más que tres estsciDoas: un estío
caluroso, un invierno breve 7 una pri-
mavera agadabilisima. Los árboles
florecen wi Enero 7 Febrero; el vera-
no empiexa en Abril ó Ma70, 7 las llu-
vias en Octubre 7 Noviembre.
11. Ú^tfO^td.— Las rocas esquisto-
sas, micáceas, graníticas, tálcicas,am-
fíbólicas 7 calizas, constituyen princi-
palmente el centro de los Alpes italia-
nos. Sobre sus pendientes se encuen-
tran fragmentos de cantos rodados, 7
en los depósitos intermedios, en donde
se hallan las rocas del centro, restos
orgánicos 7 numerosas calizas grises
7 negruzcas. Estas calizas forman to-
das las mootaüas que se elevan sobre
el Adriático. Terrenos intermedios,
mezclados con una gran cantidad de
grawaea (arena) 7 rocas serpentinosas
7 calizas constitu7en el Apenino, dos-
de los Alpes haata laa Calabrias. So-
bre las vertientes de esta cadena te
ven calizas compactas, grises y blan-
cas, sostenidas por varios dep isitus de
espejuelo que encierran oousíderables
bancos de azufre. Las capas superio-
res del Apenino están compuestas de
terrenos terciarios que contienen mul-
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188
ITAL
titud de eondlM ftísileg; en lal Cala-
brias, pnsentan el vnnlto, el ffneii,
mica 7 alg>anos depósitof seeunurioi.
Los terrenoi Toleinieoe forman los
f grupos de Santa Fiora, al Mediodía de
a Toscana, de Viterbo jrde Roma, en
los aatig^uos Estados pontificios; de
'Santa Agata, de Hoea-Monfiaa y de
Nápoles, en el aiitigfuo reino de las
■Dos Sicilias. AI Sste se encuentra el
del monte VoUurno, j al Sur el del
Vesubio, único cráter en aetÍTidad en
-el continente italiano.
' 12. Min$rél$fla,'—lTáidk posee
f grandes riquezas minerales, partieu-
armente en mármoles, que son hei^
-moioa j abandantes. Bn los Alpes se
eneaentranloadelVicentfn; en elApe*
niño, el verde de mar de la Boechet-
ta; el portar (especie de mármol negro
con Tetas amarillas) del cabo Venero,
el estatuario de Cerrara, el jaspe de
'Barga, los verdes de Florencia ^ de
Prato, el negro de Pistoja» el lapislá-
zuli, el amarillo de Siena y el broca-
tel (mármol jaspeado) de Piombino.
£n loa terrenos Tolcánicoa existen va-
rios criaderos de hulla; en Volterra,
magnifico alabastro; en el Talle de
'Aosta, pórfidos j cristales de roca; j
en Toscana, ágatas, calcedonias j
'otras piedras preciosas. El alumbre j
el azufre son oomuaes á todas las co-
' marcas: la pncelana j la sal gema
'abundan en los Estados romanos y en
'los alrededores de Nápoles, sobre todo
en PuzzoU. Sa cuentan además algu-
nas vetas de oro- j varios filones de
plata, cobre, hierro, plomo, mercu-
rio, zinc, vitriolo, arsanico y antimo-
nios. En cuanto á las aguas minera-
les, frías y termales, son renombra-
das las de Acqui, Aíz, San Gervasio
y Oleggio, de ios Estados sardos; las
de Luca y San Julián, del anticuo
ducado de Toseana, j los infinitos
manantiales gaseosos que se encuen-
tran en los alrededores de Nápoles.
13. Flora, — EL suelo de Italia pre-
senta una gran variedad de plantas
alpinas y tropicales. La Lombardía
' produce abundante grano y posee nu-
' merosos arrozales; el lino de la Tos-
cana es renombrado, y en los territo-
rios de Niza, Genova j Luca se cul-
tiva toda clase de frutas exquisitas.
"El olivo, el naranjo, el limonero, la
higuera, la palma y el alfóncigo cu-
bren las provincias meridionales de
los Estados romanos; el algodonero,
la caQa de azúcar, el tabaco, el rega-
liz, el azafrán, la rubia, el maná y
otras resinas abundan en la parte Sur
del antiguo reino de Nápoles. La vid
da en casi todas las comarcas excelen-
tes vinos: en las regiones superiores
de los Alpes se elevan el abedul, el
tejo, el alerce, 6 cedro del Líbano, y
abeto. El haja no alcanza un des-
arrollo arriba de 1*760 metros de al-
tura; la encina, TllO, y el castaño,
O'SOO. Italu está, por lo general,
poco poblada de árboles; sin embarga,
en los parajes del Mediodía sa enouen<
tian hermosos grupos de cipreses, de
áloes y de moreras. En el monte C^ar-
granosa encuentran algunos bosques
ITAL
Ürondosísimos, ▼ en la (Talabri* M
cita, como notable, el de Sila.
14. Faina, — En las montañas v en
las selvas viven el oso, el iabaíf, el
lobo, el tejón, el puerco esptn, el zo-
rro, el hurón, el lince, el lirón, la
marmota, al ciervo, el corzo, la ga-
muza, el macho cabrío y mucha caza
menor. El águila y el buitre se cier-
nen sobre las cumbres de los Alpes;
infinitas especies de pájaros pueblan
las risueñas campiñas de Itália, J su
ornitología ha sido objeto de un tra-
bajo notable de S. A. Ch. L. Bona-
parte, príncipe de Masignano. Los
reptiles venenosos y los insectos peli-
grosísimos son también numerosos:
entre los primeros, se citan la víbora
y el áspid; entre los segundos, el es-
corpión, la tarántula y la cantárida.
La cría de abejas y de gusanos de
seda es importante. Las costas, los
ríos y los lagos abundan en pescados
de diferentes clases; el mar Tirreno
suministra gran cantidad de atunes,
anchoas y sardinas; la costa calabre-
sa, jibias, almejas y corales. El gana-
do vacuno, lanar y cabrío es numero-
so y de hermosa raza; las cabras y los
carneros, muj estimados; los cerdos,
sabrosísimos, particularmente los de
la Calabria. Los caballos, si se ex-
ceptúan los de las Dos Sicilias, no ^o-
zan do gran fama; pero, en cambio,
las muías y los asnos son excelentes
y Utilísimos para el servicio de los
transportes.
15. Agricultura, — La variedad del
clima y la feracidad del suelo de Ita-
lia bastarían á hacer de este delicioso
país uno de los más productivos de
Europa, si el importante ramo de la
agricultura no sa hallara aún tan
atrasado, especialmente en las comar-
cas del centro y del Mediodía, jr an
los antiguos dominios de la Iglesia,
convertidos en desiertos pestilantes. '
Sin embargo, á pesar de estas cir- 1
cunstancias desnvorables, las pro- 1
ducciones agrícolas son abundantísi-
mas, y no sólo satisfacen las necesi-
dades de la población, sino que dejau
un sobrante que es objeto de una con-
siderable exportación. Los bien rega-
dos campos de la Lombardía y de la
Toscana dan anualmente de cuatro ¿
cinco cosechas; las llanuras piamon-
tasas y lombardas, arroz en grande
escala; las maremmaty exuberancia
de granos. El cultivo del maíz, vino,
aceite, frutas, abrios, azafrán v otros
artículos es casi general ec Itaua.
La cosecha de cereales está evaluada
en 65.000.000 de hectolitros; la del
vino, en 20.000.000; la del aceite, en
1.552.000. El valor toUl de los pro-
ductos agrícolas excede de 3.000 mi-
llones de pesetas.
16. InátttUia. — La Italia, que en
la Edad media se hallaba á la cabeza
de la industria manufacturera, figura
hoj después de Inglaterra, Francia
y Alemania. Esto no obstante, mu-
chas de sus comarcas constitujen
otros tantos centros fabriles de algu-
na consideración, distinguiéndose: en
loa tridos de seda, Turio, Genova,
ITAL
Luca, Nápoles, Palermo, (Ratania, A.n-
cona, Florencia, Pésaro y Bolonia; en
terciopelos negros, Genova; en guan-
tes da hilo, Palermo; en flores artifi-
ciales, Genova, Turín, Bolonia y Ro-
ma; en guantes de pieles, Nápoles,
Ga'nova, liorna y Luca; en curtidos,
Rieti, Aneona, Roma, (jónova, Solfra
j Arpiño; en papel, Luca, Pescia,
Colla, Genova, Tabrino, Turín v Fi-
brino; «n esencias y azúcar piedra,
Florencia, Niza, Ñapóles, Reggio,
Roma y Palermo; en instrumentos de
óptica, Módena y Turín; en bisutería,
Roma, Bolonia, Floreaeia, Turín y
Nápoles; en ratinas (especie de teji-
dos de lana), el Píamente; en jabones,
Nápoles y Liorna; en Titriolo, Viter-
bo; en aceites, Toseana y Nápoles; en
quincallería, Turín, Genova, Varallo,
Pístoja y Campobusto; en hierros, el
Piamonte y la Calabría; an cristales,
Crévola; en porcelanas, Florencia y
Turín; en loza, Faenza, Pésaro y Pi-
nerolo; en obras de barro cocido, Flo-
rencia; da alabastro, Volterra y Cas-
telvetrano; de mármoles, Carram y
Dussardo; en paños, Mondovi, Savi-
glíano, Turín, Pinerolo, Voltri, Bor-
zpnasca. Arpiño, Nápoles y Estados
romanos; en cererías. Liorna, Flo-
rencia, Roma y Nápoles; en cuerdas
de guitarra, Nápoles y Roma; en som-
breros de paja, Toscana, Nápoles,
Genova y Tnrín; en obras de eoral,
Genova, Nápoles, Liorna, Pisa, Cas-
telvetrano y Catania; da ágata y de
ámbar, Catania; an perlas falsas, Ro-
ma; en mosaicos, Florencia. — La in-
dustria manu&cturera de Italia cuen-
ta ja sobre 377 sociedades, las cuales
reúnen un capital de 1.500 millones
de pesetas próximamente.
17. Comercio. — El de este país, si
bien no se halla en el estado próspero
y floreciente que alcanzara en los
siglos XII, xin, XIV y xv, es todavía
bastante considerable. Los principales
artículos de exportación consisten: «i
seda, aceite,, granos, sal, cáñamo,
frutaa secas y en almíbares, naranjas,
limones, vinos, vinagres, rosoli, esen-
cia^ jabones, quesos, lana, caballos,
corú en bruto j - labrado, mármol,
alumbre, azufre, pucelana, perlas
falsas, papel, pergaminos, tejidos de
seda, terciopelos, guantes de pieles,
brocados de oro y plata, tríaca, y un
considerable número de objetos para
el culto, de bellas artes, mosaicos,
cuadros y esculturas. En los de im-
fiortaciótt, figuran: géneros colonia-
as, pescados salados, algodón, telaa,
paños, quincallería de Hierro, vinos
de Francia y una infinidad de objetos
de manu&ctaras extranjeras, especial-
mente de modas. — La pesca del atún,
de U anguila, de las anchoas y sardi-
nas; los bancos artificiales de ostras
del lago de Fúsaro y las carnes sala-
das, son objeta de nn importante trá-
fico en el interior.
18. MovimUnto mariíimo mercantil,
— Durante el año de 1889, entraron
en los diferentes puertos de Italia
sobre 116.790 buques nacionales y
extranjeros, aforados en 20.906.315
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ITAL
ITAL 189
toDoladti.— El comercio exterfoi fué,
aproximadamente, de 1.006 millones
d« pesetas, las exporUciones, y de
1.441 las importacionés; total, 2.447.
19. Marina mercaníe. — La del país
qae se describe, cuenta 6.442 bar-
eos de vela, aforados en 6 42.''225 to-
neladas, j 279 Yapores, en 182.249, —
La población na ral mercante asciende
i 193.400 marineros.
20. Bstablecimientot de crédito* —
Comprenden éstos: el Banco de It*.-
Lu, formado, en 1864, de la reunión
de los antiguos bancos Sardo j Tos-
cano, al cual cuenta once estableci-
mientos principales, de que dependen
namerosas sucursalea; el Banco de
bs Do8 Síeilias, fundado en el si-
glo XTi, reorganizado en 1863, y que
conserva en el Mediodía nna grande
importancia; la Caja del Comercio y
de la Industria, y mia de 150 de
ahorros.
21. CanaUt y puertos. — La Italia
posee un considerable número de tra-
oajos bidráulicos notables, j la parte
■epttntrional,sobre lodo, es un modelo
por sn excelente sistema de riegos. El
antiguo reino Lombardo- Véneto se
halla cruzado de canales de toda es-
pecie: siSIo en Venecia se cuentan 2 13,
muchos de ellos naTegables. Bn las
demás comarcas de la península, par-
ticularmente en CerdeSa, Mídena y
los Estados romanos, son más los de
ríe^ que los navegables; entre estos
últimos, se citan los de Pisa, Cento y
Tassoúi; el que pone á Ferrara en
eomunicacióa con el Po di Maestro y
et de Módena i Panato. Entre los
fraudes canales de riego y de desagüe
el Norte del país figuran el de Ivrea,
Cagliano y Botto, los cuales forman,
con sus numerosos brazos, el sistema
de ríefro de las fértiles provincias de
TercelH, Biella y Cásala. Los anti-
guos ducados de Toseana y Módena y
las legiones de Ferrara, RáTena y
Bolonia se encuentran igualmente
surcados de canales; y como notables,
ion dignos de mención los de la Ve-
naría, Caloso, Chiana y Ombrona.
Finalmente, el más famoso de todos,
por su antigüedad, es el pequeño ca-
nil de Castel-Gandolfo, en los anti-
guos Bstados del Papa, que data de
cuatro siglos antes de nuestra era. —
Los mejores puertos son los de Geno-
va, Ñapóles, venecia. Liorna, Paler-
mo, CiTÍta-VeccbÍá, Ancona / Messi-
na.
22. Carreteratff ferroearriUs, — En-
tre laf Tfos de comunicación terres-
tre, (jue ponen £ la Italu en contac-
to directo con las demis comarcas
de Europa, merecen consignarse: los
soberbios caminos del monte Cenis y
del Simplón; los que fueron abiertos
por el Spliegen, Stelvio, la Cortina j
la Ponteba, en la Itaua austríaca;
los de San Gotardo, en la Italia sui-
za; jr en el interior, el de Genova á
Liorna, el de Cagliari ¿ Sassíán, el
de Turfn á Genova, de Génova á Xiza,
de Liorna á Grossero, el de la Calabria
y el que oonduce & Brindis. Estas ca-
rreteras ¿ caminos ordinarios ocupan
nnft extensión de 90.221 kilómetros.
—Las vías férreas forman un vasto
sistema, cujos centros se hallan en
Roma, Florencia, Turín, Nápoles y
Verona; da los cuales parten las li-
neas da Venecia á Verona y Milán;
de Verona á Mantua, de Milán á Car-
melata, de Turín á Génova, de Ale-
jandría i Arona, de Mortara á Vige-
vano, de Turín á Susa, de Turm á
Pignorólo, de Turín á Coni, de Flo-
rencia á Liorna, de Pisa á Luca, de
Roma á Frascati y s Monte-Cattini;
de Florencia á Pistoja ó Pistoia, y de
Nápoles á Novara. Todas estas líneas
han ido mejorando v prolongándose
síngiilarmente: en 1889 contaba va
Italu coa 13.063 Idlómetros de fe-
rrocarriles.
23. Cataa» principales de progreso. —
El considerable aumento que, en los
últimos años, han experimentado las
riquezas del suelo de este país, débe-
se principalmente á los progresos de
la libertad política, á la supresiún de
las aduanas interiores, producto de la
unidad italiana; á los tratados de co-
mercio, concluidos en las condiciones
del libre cambio, con la majror parte
de las potencias europeas; y, final-
mente, al notable desarrollo de las
instituciones de crédito y vías de co-
municación, que dejamos ligeramen-
te apuntadas.
24. Gobierno, — La fbrmade gobie^
no de la nueva Italu es monárquica
constitucional. £1 rey gobierna por
sus ministros, con el concurso de dos
Cámaras: hay un Senado vitalicio,
nombrado por el monarca, y un Con-
greso de los Diputados, que elige la
nación, cada cinco aúos, por sufragio
restringido. El censo electoral no ex-
cede de 40 francos. — Constituyen el
Gabinete nueve ministros: Interior,
Ne^cios extranjeros, Culto y la Jus-
ticia, Guerra, Hacienda, Instrucción
pública. Obras públicas, Marina y
Agricultura, Industria y Comercio.
Los ministros están auxiliados por
secretarios y directores generales. Un
Consejo de Estado y un Tribunal de
CueuUs completan la organizacijn
superior administrativa.
25. División política. — Hasta hace
poco tiempo, la península italiana
estuvo dividida en diversos territo-
rios, regidos por soberanos indepen-
dientes, amen de las comarcas que se
hallaban bajo el dominio del imperio
austríaco. Hoy lleva la denomiaaciiín
exclusiva de reino de Italia, puesto
que el territorio de las legaciones pon-
tificias fué incorporado á la unidad
nacional eu el último movimiento. La
monarquía iuliana se divide en 69
provincias, repartidas en los 8 países
siguientes: — 1, Lomfjardia, 15 provin-
cias: Alejandría, Bérgamo, Brescia,
Cagliari, Como, Cremona, Coni, Gé-
nova, Milán, Puerto-Mauricio, Nova-
ra, Pavía, íi^assari , Sondrio y Turín.—
II. Venecia^ 9 provincias: Belluno,
Mantua* Padua, Rovigo, Treviso,
Udina, Venecia, Verona ^ Vicenza.—
III. Emilia^ 9 provincias: Bolonia,
Ferrara, Forli, Muss-Carrara, MJde-
na, Parma, Plastncia, Rárena y Reg-
f io de Emilia.— IV. Marcas y Om-
rla, 5 provincias: Ancona, Ascoli,
Macerata, Perusa y Pesare— V. Tos-^
cana, 7 provincias: Arezzo, Florencia,
Grosseto, Liorna, Luca, Pisa y Sie-
na.— VI. Territorio napolitano, 16
provincias: Chieti (antigua Abruzzo
citerior). Teramo (primer Abruzzo ul-
terior), Aquila (segundo Abruzzo ul-
terior), Potenza (antigua Basilicata),
Benavento, CTosenza, (Calabria cite-
rior), Reggio (primera Calabria ul-
terior), (^atanzaro (segunda Calabria
ulterior), Foggía (antiguo Capita-
nato), Campo-Basso (antigua Moli-
sa). Ñipóles, Salerno (antiguo Princi-
pado citerior), Avellino (Principado
ulterior). Barí, Caserta (antigua Tie-
rra de Labor), y Leeca (Tierra deOtran-
to).— VII. lila de Sicilia, 7 provin-
cias: Caltanisetta, Catania, Girgenti,
Messina, Siracusa, Palermo y Trápa-
ni. — VIH. Lo que se llamó Territorio
romano está hoy reducido solamente
á la provincia de Roma, 6 Latió, que
comprende los distritos de Roma, Vi-
terbo, Civita-Vecchia, Velletri y Fro-
sinone. — Estas provincias se hallan
subdivididas en distritos; los distri-
tos, en cantones, j los cantones, en
mutiicipios.
26. Organización administrativa. —
Cada una de las mencionadas provin-
cias se encuentra administrada por nn
prefecto ó gobernador, asistido por un
consejo de gobierno, ó de prefectura,
formado de cinco individuos, y de un
Consejo provincial, compuesto de20 á
60 miembros, los cuales nombran una
diputación provincial de cuatro indi-
viduos para que los representen eu el
intervalo de sus sesiones, que no
exceden de quince al abo. Los
distritos están gobernados por sub-
prefectos. Los términos municipales
cuentan nn Conseje comunal, formado
de 15 á 60 miembros, el cual celebra
dos sesiones al aflo j elige anual-
mente una/aato muMcipal, compuer-
ta de nn alcalde, qne nombra el rey
cada tres aflos, y de 2 & 8 asesores ó
adjuntos.
27. Organización judicial, — La jus-
ticia está representada: por jueces de
paz en los cantones; por triounilei de
primera instancia en los distritos; por
24 tribunales de apelación, eu Roma,
Turín, Génova, Casal, Milán, Bres-
cia, Bolonia, Parma, .Encona, Floren-
cia, Luca, Nápoles, Trani.Catanzaro,
Aquila, Palermo, Messina, Catania,
Cagliari, Venecia, Macerata, Perusa,
Módena y Potenza; y finalmente, por
cuatro tribunales de casadóHt en Turín,
Florencia, Xipoles y Palermo.
28. Cultos. — La religión general y
dominante en Italia es la católica,
con tolerancia de todas las demás. Los
f riegos profesan su rito; los indivi-
iios de origen germánico, el lutera-
nismo y el calvinismo; en las gran-
des ciudades y plazas de comercio
existen algunos judíos. El catolicis-
mo cuenta 260 diócesis, repartidas en
213 obispados y 47 arzobispados.
29. Jnstruecvf» pública. — del
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190 ITAL
ITAt
tTAL
pftís que nos ocupa, kt exparimentS'
do de algunos años i asta parte un
extnordinario desarrollo. Se distin-
^•n tres clases de ensefianza: la su-
perior, que se da eo las universida-
des; los colegios de instruccióa supe-
rior» y las escuelas especiales. Las
univarsidadeSt en número de 20, se
hallan establecidas: en Nápoles^ Pa-
vía, Turín, Pisa, Bfideaa, Padua,
Bolonia, Catania, Palermo, Parma,
GénoTa, Siena. Cagliari, Measioa 7
Sassari; Ferrara, Perusa, Urbino, Ma-
cérate j Camerino. Las quince prime-
ras están sostenidas por el Estado; las
cinco restantes, por las provincias ó
municipios. La escuela superior de
Roma (anticua universidad transfor-
mada en 1870), y el Instituto superior
de Florencia, creado en 1859, reúnen
todos los ramos de la enseñanza. En
esta ciudad existen, ademit: una es-
cuela práctica de medicina y cirugía
y un museo de dencias fEsícas y na-
turales; en Mílin, una escuela de in-
genieros, y en Pisa, otra normal pre-
paratoria para los profesores destina-
dos á la enseñanza secundaria. Esta
se da en 87 liceos, 250 gimnasios (co-
legios comunales)j^ 147 institutos téc-
nicos (escuelas profesionales). La ins-
trucción primaria comprende: 30.321
colegios elementales; 21 preparato-
rios para institutores; 18 para institu-
trices, y 3.576 escuelas de noche y de
domingo. El presupuesto de la ense-
ñanza pública, que en 1858 impor-
taba 5.4^7.000 liras, por todos los
Estados de Itaua, se devó, en 1873,
á 19.377.000.
FutruamUitargt. — Constitujen
éstas el ejército activo, con las reser-
vas y la g'uardia nacional movilizada
y la marina. ,
31. Sjá-cito,—Ea 1890, el ejercito
italiano contaba 2.852.323 hombres,
de los cuales servían en activo 262J247
con 14.211 oficiales. — El contingente
anual es de 100.000 hombres; la du-
ración del servicio de doce años: tres,
en el ejército activo» y los nueve res-
tantes en la reserva.
32. Marina, — En el referido año
de 1890, oomponían la armada italia-
na 252 buques, clasificados en esta
forma: 12 buques de combate de pri-
mera eUse acorazados, 3 de segunda
aeoracados también, 10 de segunda
no acorazados, 19 de tercera clase,
5 transportes de primera, 7 de segun-
da, 5 de tercera, 6 buques escuela,
5 para la defensa de costas, 50 torpe-
deros de alta mar, 59 para el servicio
de costas y otros varios, con un total
de 242.3 i8 toneladas, 628 cañones y
18.250 hombres de tripulación.
33. Organización militar. — El reino
está dividido en cinco comandancias
de cuei-po.t de ejército: Roma, Mili'm,
Verona, Ñipóles, y Palermo; y éstas
en 16 tubditisionet miliíares terriioria-'
jes: Verona, Padua, Milán, Homa,
Turín, Alejandría, Genova, Bolonia,
Florencia, Perusa, Nápoles, Chietí,
Bari, Salemo, Palermo y Messina.
34. Escuelas y ettailedmientot mili-
OrM.— Las principales oscualas que
cuenta el ejército de Italia,, ton: U
Academia de Turín, para las armas
especiales; una escuela de aplicación
á Estado Majror; las dos escuelas de
infantería, dnlvrea j da Módena; la
esouela de caballería de Pignerolo; la
escuela normal de los iersa^lieri, en
Liorna, y los colegios militares de
Milán, Asti, Florencia, Parma, Ñápe-
les y Palermo, en donde se forman los
alumnos para la Academia de Turín.
Entre los establecimientos figuran:
los talleres generales para la prepara-
ción del material, en Turín, Floren-
cia y Nápoles; las fundiciones de ca-
ñones en Nápoles, Parma y Turín;
las fábricas de armas, en Turín. Bres-
cia y Torre-Annunciata, cerca de Ná-
poles; fábricas de pólvora, en Fossano
(Piamonte) y en Scafati (provincia de
Avelino); un laboratorio pirotécnico,
en Turín, j una fábrica de pontones,
en Pavía.
35. Or^anúaeidH mariUma militar.^
Las costas de la península é islas itáli-
cas se hallan divididas, como las nues-
tras, en tres departamentos: el del Nor-
te, en la Spezzia, que comprende las
costas del mar Tirreno hasta el Tévere
con la isla de Cerdeña; el del Sur, en
Nápoles, ^ue abraza la St<-ilia y las
costas occidentales r meridionales de
las provincias napolitanas hasta el ca-
nal de Otranto; jeldel Adriático, para
todas las costas de este mar, en Ve-
necia. Al frente de cada uno de estos
departamentos, se eneaentr* un pre-
fecto de marina.
36. £scuelas y estahleamienios marí-
timos,— La armada italiana posee dos
escuelas de marina: ana, «n Genova,
y otra, en Nápoles. Al frente da los
establecimientos marítimos aparecen:
los arsenales, situados en Genova,
Spezzia, Porto- Fe rrajo, Nápoles, Pa-
lermo y Ancona, y los talleres de
construcción, en Génova, Varigaano
(en el golfo de ^jMZzia), Liorna y Gas-
te Ua-ma re.
37. Presupuestas y deuda. — El pre-
supuesto total de ingresos, de 1891,
ascendió á 1.830.248.142 liras ó peae-
Us; el de gastos, á 1.872. 13a27I. La
deuda estaba representada, en 1.* de
Junio de 1890. por 578.984.932 pese-
tas de intereses.
38. Poblaciones principales. — Entre
las numerosas ciudades que cuenta
este reino, merecen mención particu-
lar, Roma, capital de la monarquía,
cuya descripci Jn haremos en su lugar
respectivo. Florencia (véase en la letra
correspondiente). -'Nápoles, capital
que fué del antiguo reino de las Dos
Sicilias, considerada como una de las
ciudades más agradables del mun-
do, asentada sobre el golfo de su.
nombre, con 494.314 habitantes,
clima apacible, suelo feracísimo,
buenos palacios, suntuosas iglesias,
hermosas fuentes, dilatados paseos,
magníficos teatros, excelente uni-
versidad, precioso museo, numerosos
establecimientos científicos y litera-
rios y una rica biblioteca en manus-
critos antiguos; puerto cómodo y se-
guro; industria extensa y variada; co-
mercio activo y pintorescos abedtdo-
rea, sembrados de recuerdos venen-
bles desús pasados tiempos.— Paítfrsio,
capiul de toda Sicilia, situada sobre
la costa septentrional de esta isla, en
el fondo del golfo de su nombre: es
ciudad grande y fuerte, con S^^fi.OOO
habitantes, buenos edificios, calles an-
chas y rectas, plazas anchurosas y
adornadas de estatuas, que recuerdan
la dominación española; universidad,
jardín botánico, monumentos artísti-
cos, establecimientos literarios v de
beneficencia; dos puertos, abundante
campiña, varias fabricas, mucho co-
mercio y alrededores igualmente fér-
tiles y deliciosos. — Mmnt ciudad im-
porUnte, llamada la Grande, con 12 ki-
lómetros de circuito y una de las más
bellas de toda Italia, capital de la
Lombardia y da la provincia de su
nombre: ae encuentra situada w on
risueflo Talle, regado por el Olont, so-
bre la oiílla izquierda ¿Jt este río; es
residencia de fas primeras autorida-
des del país, de un tribunal de casa-
ción y de un arzobispado, ilustrado
por san Ambrosio y san Carlos Bo-
rromeo, y cuenta 321.839 habitantes,
frandiosos edificios , riquísimas bi-
liotecas, liceos, gimnasios, colegios
de internos, escuela militar, politéc-
nica, elementa], de veterinaria, de
uímica, de bellas artes, de música,
e sordomudos y otros tarioa estable-
cimientos de instrucción; archivos,
museos de pinturas y de medallas,
gabinete de bistoria natural, jardín
botánico, observatorio astronómico,
vasta industria, extenso comercio y
notables monumentos, entre los que
sobresalen la catedral (ilDnomoJ, in-
menso bosque de capiteles, verda-
dera maravilla del arte; la basílica de
san Ambrosio, el palacio del faenado,
el palacio real de Ciencias y Artes y el
famoso teatro de la Btcala. — Turín,
capital del antiguo reino de Cerdeña y
del nuevo de Italia Hasta el año 1861;
se halla colocada en medio de una lla-
nura, perfectamente regada por el Po
y el Doria, con 252.80U almas, espa-
ciosas callea, grandiosos edificios,
universidad, academia, líceo, teatros,
buen arsenal, floreciente industria y
notable cindadela, de la que ae con-
servan importantes foitiftcadonea que
hacen de la ciudad una excelente ma-
za de armas. — G^ta^ ciudad bellísi-
ma, capital que fué de la antigua y
poderosa república de Génova; se en-
cuentra situada, en forma de anfitea-
tro, sobre el golfo de su nombre, con
179.500 habitantes, soberbios paseos,
calles magníficamente adornadas de
edificios de mármol pulido, establecí*
míenlos literarios y de beneficencia,
nniversidad, fábricas de tejidos de se-
da,algodón, paños, cintas, papel, pas-
tas, esencias, jabón'y flores ariificta-
les; vasto arsenal con grandes astilla*
ros de constracción para la marina de
guerra, fundicionesde cañonesy puer-
to militar de los más mercantilea dél
reino. — r«i««M, ciudad oélebre, rica
y de las más hermosas de Europa; eli-
davada en el Adriático y «difiteda to*
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ITAL
bntftuni* aa al eentto da un iiim«n-
n lago qu« llera su nombrt: forma
jobre 70 islotes, diTÍdidoi por 149 ca-
italsi, enlazados por 450 paeates, 7
meados por 9.000 góndolas negras,
qoe dtB a esta población singular un
aipeeto sorprendente j maravilloso:
II» calles son generalmente estrechas,
U* plazas anchurosas; cuenta sobre
1^800 almas, una biblioteca con
más de 600.000 ndúmenei é infinidad
de maaiiseritoa preciosoi; rico museo;
Tirios es tablecimiea tosliterarios j 30-
bubios edificios j monumentos de
arte, oomo el palacio ducal, la iglesia
de &ft Marcos, el arsenal 7 el campa-
uiúo (il eampMiU ), ^ue vienen á ser
otros tantos testimonios de su pasada
grandeza. — Liorna, ciudad lindísima,
sitoada á orillas del Héditerráneo, y
ana de laa plazas mercantiles más
»aeariidas de Itaua., con 97.000 al-
mas, buen lazareto, escala principal
da vapores jr puerto franco de consi-
derable comercio, defendido por exce-
lentes fortificaciones, perfectamente
combioadas. — Boloñia, ciudad arzo-
bispal, grande, industriosa, mercantil
7 la aáa impártante, después de Ro-
ma: sa halla enclavada en el canal de
la nombra, entre el Reno 7 el Savena,
ea ana deliciosa campiña, con 75.000
habitantes, notables iglesias, palacios,
casa de moneda, instituto, museo, bi-
blioteca, teatros, una torre oblÍQua 7
uoa universidad ilustre, que fué mu7
eonoirrida en la Edad media 7 está
coasiderada oomo la más antigua de
Buropa.— J/«»»w, ciudad episcopal,
gande 7 hwmosa, fundada por los
antiguos wuttnioi 7 capital de la pro-
vídcu de sa nombre, admirablemente
situada, an forma de anfiteatro, sobre
la margen oriental del puerto; está
bien construida, carada de murallas
7 perfintamente d^endida por una
«iodadela de construcción moderna 7
por los fturtes de San Salvador 7 de la
Liuíema: encierra 130.000 habiuntes,
notables edificios, buenas calles, un
liado paseo, llamado del Corso, uaa
«Qcba plaza, en la que se admiran
una Cuente 7 la estatua ecuestre de
Cirios li; preciosa catedral; un famo-
■0 Cuo, colocado sobre una elevadísi-
ma torre, psra que sirva de guía á los
nasegautes, 7 el primer puerto mili-
Ur 7 mercantil de la Italu meridio-
aal, escala da los vapores de la línea
de Ñipóles á Palermo» — Catanh, ciu-
dad ígnalmMite grande 7 hermosa,
con 60.000 almas, ssdearzobispal , uní-
verñdad,«atableeimÍentos científicos,
jardín botánico^ buenoa edificios, ezi-
tensa iudoatria, puerto de mucho co-
mercio en granos, 7 en oa7as iumedia-
eiones se levanta el Eíua ó Mougiheliú,
ca^oa torrentes de lava han cubierto
freeuentemente sus famosos monu-
mentos.-—KtfroM, ciudad magaifíca,
bien edificada, con 70.000 habiUn-
tes, sociedad de ciencias, academias
de agricultura, escultura, pintura,
eoflMreío 7 artes; museo, arsenal, nu-
Bisroaoa monumentos antiguos 7 mo-
dernos, 7 l^nsa fuerte sobre el Ádige,
jfie, em Legnano, sitotd» lobre al
ITAL
mismo río, ^ Mantna t Peseliiera, g»-
bre el Miocio, forma lo que se llama
el cuadrilátero, posición estratégica
de las más ventajosas de Europa.—
Ancona, ciudad episcopal, construida
en forma de anSteatro en la pendien-
te de una colina que se extiende sobre
el Adriático, con 29.000 almas, plaza
fuerte, puerto franca, con un soberbio
muelle de máa de 650 metros de lar-
go, dof áreos de triunfó, macho co-
mercio en granos, seda, lana 7 cera,
7 estación de los vapores de Trieste 7
de Levante. — Padua, ciudad fuerte,
colocada sobre el Bacchiglione, á 35
kilómetros Oeste de Venecia, 7 no-
table por su universidad, fundada
en 1228 é ilustrada por sus profesores
Galileo 7 Guglielmini, 7 por discípu-
los como el Dante, Petrarca 7 Tasso:
encierra sobre 74.000 habitantes, bue-
nos edificios 7 maraTillas de arte,
como el palacio de Justioia, la cate-
dral, las iglesias de San Antonio 7
San Justino 7 el monumento de Pe-
trarca; academias de ciencias, lite-
zatara 7 artes, nutridas bibliotecas,
jardín botánico, museo, observatorio,
Íes patria además de san Antonio 7
e Tito Livio. — Alejandría, eiudad
lindísima, edificada sobre el Tanaro,
en la confluencia de este río con el
Bórmida, de 56.000 almas: sus admi-
rables fortificaciones, construidas du-
rante la dominación de los franceses,
hacen de Alejandría una de las plazas
más fuertes da Italu, famosa por los
sitios que ha sufrido 7 en cu7as inme-
diaciones, poco fértiles, se entiende
bacía el Sudeste una espaciosa llanu- '
ra en la que se levanta la peque&a vi< .
lia de Marenao, célebre por la batalla
que, en 1800, ganó Bonaparte á los
austriacos. — Purwa, capital que fué
del antiguo ducado de su nombre,
ciudad deleitosa, rodeada de muros 7
defendida por una eiudadela, 7 resi-
dencia de los tribunales civil 7 crimi-
nal y de un obispada: contiene 47.000
almas, hermosos paseos, calles anchas
7 rectas, escaela militar, colegios
eclesiásticofl de Afarta Zuisa 7 de &e~
nedictinot, de bellas artes, de canto,
de sordomudos, colección de estam-
pas, galería de cuadros, museo de an-
tiga^ades, jardín botánico, teatros,
fábricas de paños 7 de lienzos, 7 una
universidad fundada en 1423, supri-
mida en 1532 7 restablecida en 1854,
que comprende las facultades de teo-
logía, de derecho, medicina, física,
matemáticas, filosofía 7 letras.—
teneia, ciudad fuerte, colocada sobre
la ribera derecha del Po, á 53 kiló-
metros Noroeste de Parma, con 35.000
almas, escuelas de jurisprudencia, de
pintura 7 de escultura, cindadela 7
un hermoso puente sobre el Trebia. —
Afódena, población bellísima, capital
que fué del ducado de igual nombre,
situada entre el Sechio 7 el Panaro,
7 residencia actual de un tribunal de
aj>elac¡jn, de un obispado 7 de una
sinagoga, con 60.0U0 habitantes, ex-
celentes edificios, establecimientos de
instrucción, sociedad italiaaa de cien-
cias, escuelas da taterinazia, militar
ITAL
191
7 de ingenieros, magnífico palacio
ducal, espaciosos cuartclas 7 una ca-
tedral construida de mármol, con to-
rre elevadisima, llamada Ghirlandi»
na. — Cagliari, capital de la extensa
isla de Gerdeña, silla arzobispal 7
puerto de mar, en el golfi» del mismo
nombre, con buen castillo, nDÍvwai-
dad, vasto comercio 7 38.0EK) habi-
tantes.— Trápanit antigua Drepanim,
eiudad fortificada 7 capiul de la pro-
vincia de sn nombra, fundada sobre el
Mediterráneo, en la extremidad orien-
tal de la isla de Sicilia, á 81 kilóme-
tros de Palermo, con 38.231 almas,
obispado, colegio real, fabricación de
objetos de coral, puerto de mucho trá-
fico en granos, numerosa marina mer-
cante 7 varias ruinas antiguas, entre
las que se distingas un tfvtflo de
Venui.-^Fogffia, capiul del anti-
guo CapUamato, \íoj de la provineía
de BU nombre, con 40.283 habitan-
tes, hospicio, escuela de economía nt-
ral, senunario, biblioteca 7 extraor-
dinario comercio en granos 7 almen-
dras.— Femra, eiadad grande, a-
pital da su provincia 7 plaza fuerte
sobre nn brazo del Po. con 75.553 al-
mas, silla arzobispal, suntuosas igle-
sias, magníficos MÍficios, buena uni-
versidad, archivo famoso, mucha in-
dustria, floreciente comercio 7 nn
hermoso eanai de navegación hasta el
Adriático, que la pone en comuniea-
ciÓQ con el Pd di Maetíro. — Pita, ciu-
dad arzobispal 7 capital de la provin-
cia del mismo nombre, con 38.000 al-
mas, observatorio astronómico, cé-
lebre universidad, notables bafios,
llamados de San JulUm, magníficus
puentes sobre el Amo j ana pneiosa
torre oblicua. — Zuca, ciudad fortifica-
da, capital del antiguo ducado de sa
nombre, 7 wrtualmeute, de ana de las
provincias da It^lu; edificada sobre
el Seehio, en el centro de ana campi-
ña cultivada como un jardín, con
68.000 habitantes, arzobispado, tri-
bunales, establecimi entibe de cien-
cias, artes, letras 7 bibliotecas con
buenos mannscrítos.— ^te«d, ciudad
arzobispal, grande 7 hermosa, capi-
tal de provincia, situada i 60 kildme-
tres de Florencia, sobre tres colinas,
en sitio delicioso, con 25.000 almas 7
numerosos edificios que neuerdan su
antigua opulencia. — Tm'enío, ciudad
de la provincia de Lecee, con 27.000
habitantes, buen puerto en el golfo
de su nombre, rada importante, vas-
tas salinas, manufiicturas de algodón,
telas, mosélinas, regular comercio 7
abundante cosecha de exquisitos vinos
en las cercanías. — ^^aetws, ciudad déla
Srovincia de Crénova, con 3t>.3()0 ba-
ilantes, puerto sobre el golfo de este
nombre, sede episcopal, pla/a fuerte,
fábricas de fundición, de cristales,
loza, jabón, áncoras, papel, lienzo y
blondas, 7 gran comercio de géneros
culoniftles. — Girgtnti, capital de su
provincia, situada en una colina,
con 22.000 álmas, restos de monu-
mentos antiguos, puerto mu7 oonca-
rrido, algunas fortificaciones, gran cu>
seeba da «eradas 7 zios minas ds
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192 ITAL
ITAL
ITAL
azufre «n tai eontornói.— <S^'r<n»a»
antigua metrópoli de la Sicilia/ capi-
tal ho^ de la provincia de su nombre,
con 27.000 almas, puerto sobre la ex-
.treinidad oriental de la isla, en el
Mediterráneo, sede, arzobispal, colé-
Sto real, seminario j muchos recuer-
os hístóiicos. — Mantua, patria de
■ Virgilio, capital de la provincia de
igual nombre, situada sobre un la^o
2ae forma el río fiiíncio, con 30.000
abitantes, grandiosos edificioa J una
de lu plazas más formidables deEuro-
ipí,—kreffio, anticua Husaiim JuUi,
capital de la provincia de su nombre
en el estrecho de Messina, con 19.000
almas, considerada como la pobla-
ción más rica del reino por el comer-
cio j la industria de sus moradores. —
Rávena^ capital también de su provin-
cia, asentada entre el Moatono y el
Ronco, circuida de terrenos pantano-
sos que emponzoñan la atmósfera,
con 6U.334 almas, edificios antiguos,
calles estrechas, que dan á la pobla-
ción cierto aspecto sombrío, tribunal
de comercio, galería de cuadros, mu-
seos, templos, en uno de los cuales se
conservan las cenizas del Dante, j
varias antigaedades que recuerdan
que fué el principal apostadero de la
marina da los Césares y capital de lot
egareai, — Niza, actualmente incorpo-
rada á Francia, era la capital de los
Alpes marítimos, situada á 18 kiló-
metroa de la desembocadura del Var,
con 88.300 habitantes, bellos edifi-
cios, biblioteca, liceo, escuela de hi-
drografía, puerto franco, abundante
pesca, deUfflioaoB alrededores j un cli-
ma cuja benignidad atrae todos los
inviernos & considerable número de
forasteros.
39. Ftnógrafia, — Los habitantes de
algunas comarcas de Italia, particu-
larmente del antiguo reino de Cerde-
fla, son faertes, uboriosos, activos j
emprendedores; los de otras, como los
antigaoa Bstadoa pontificios j reino
de Ñapóles, débiles de carácter, flo-
jos, fanáticos, j más inclinados á la
vida artística que á los azares j es-
truendo de la guerra. Los italianos se
distinguen, generalmente hablando,
por su natural aptitud para las bellas
artes; It&ua ha marchado siempre á
la vanguardia de la civilización, j de
este país clásico han salido en to-
das apocas los genios más privi-
legiados en la música, la pintura,
la escultura, la arquitectura y el gra-
bado.
40. .jlr^at/etfAini.— Blartearquitec-
tónico italiano puede decirse qne data
del siglo IV da nuestra era, pues repre*
senta el momento histórico en que se
derrumba el poderoso imperio romano
y en que el cristianismo, extendiendo
el dominio de su dogma, ofrece á los
artistas nuevos manantiales de inspi-
ración. Los monumentos de la anti-
g.iedad permanecen todavía en pie,
como otros tantos ejemplos vivientes,
j las tradiciones del arte pagano se
perpetúan de continuo en las escuelas;
pero el ^uato, pervertido por un largo
«omerao eon u Qriente, sa manifiesta
extraño i las reglas severfsimas de la
sencillez y de la belleza; se trabaja
activamente, pero sin estudios repo-
sados y profundos y sin otras miras
que la ganancia. De aquí resulta que
las exigencias de la vída fastuosa,
como los capricho! de la imaginación
desordenada, producen naturalmente
una exuberancia de detalles j de ador*
noa tras los cuales desaparecen por
completo las grandes formas. Los mo-
numentos antiguos van á perecer tam*
bien al par que los verdaderos princi-
pios del arte. En tiempos de Teodosio
□o quedaban ja en Roma más que el
bautisterio de San Juan de Letrán y
el mausoleo de Santa Constancia, que
se remontan á la época de Constanti-
no; se juzgó necesario reedificar la
major parte de los monumentos de-
gradados ó destruidos; pero los prime-
ros emperadores cristianos, lo mismo
que los bárbaros, procedentes de la
Crermania, en el siglo v, continuaron
la obra de destruccidn: Constantino,
Teodosio y Honorio mandaron cerrar
ó demoler los edificios consagrados al
paganismo. Salida de las catacumbas,
adonde la persecución la había lle-
vado en busca de an asilo, la nueva
religión no podía producir de un solo
golpe un arte nuevo. Empezó, pues,
por apropiará sus necesidades algu-
nas de las construcciones aun exis-
tentes; las basílicas romanas queda-
ron convertidas en templos cristianos,
pudiendo decirse que,hasta el siglo xx,
tal fué el único plan que se adoptó
para la construcción de todas las igle-
sias del Occidente. Constantino man-
dó erigir en Roma, eon las columnas
y los restos de los monumentos paga-
nos, las basílicas del Salvador, ó de
San Juan de Letrán, de San Pedro,
de San Pablo, de Santa Cruz, de San
Andrea, de Lorenzo, de Santa
Inés j de los Santos Marcelino y Pe-
dro; estas iglesias primitivas, obras
precoces de un arte imperfecto, casi
rudimentario, debieron ser reconstrui-
das por Teodosio ó por los papas de
los siglos T j TI. Más tarde se edifi-
caron, entre otras, Santa María la Ma-
vor, Santa Agata, Santa Bibiana, San
Pancracio, San Sabino, Santa Práxe-
des, San Silvestre, Santa María Ara-
celi y San Clemente, imitaciones to-
das de la basílica. Bajo Yalentinia*
no III, la ciudad de Rávena, en la
cual residieron la mavor parte de los
emperadores de Occidente, vio levan-
tarse la basílica Major, Santa Agata,
San Francisco, San Juan jr la capilla
sepulcral de los santos Nazaño y Cel-
so. Las únicas modificaciones impor-
tantes que se introdujeron en el esti-
lo de la arquitectura, fueron: 1.°, la
sustitución de la bjveda en el arqui-
trabe, que prevalecía precedentemente
sobre las columnas; 2.*, la prolonga-
ción de la pnrte transversal de la ba-
sílica, necesaria para formar la cruz;
3.°, la construcción, en las afueras é
inmediato á la basílica, de un bautis- 1
terio, en donde se confería el bautis- \
mo. Batas mismas reglas arquitecto- ,
nibas fueron observadas durante U]
dominación de los ostrogodos. El g^n
Teodorico, educado en Bizancío, don-
de había cobrado afición á las artes,
hizo edificar en Rávena la basílica de
San Apolinar, la de Hércules, la de
San Teodoro, el bautisterio de Santa
María-in-Cosmedino, un palacio j un
mausoleo, en va cúpula estaba forma-
da de una sola piedra de Istria, v que
narece ser hoj la iglesia de Santa
María-della-Rotottda. Símaco noa ha
conservado el nombre del arquitecto
Daniel, director de las obras ae estos
monumentos. Otro arquitecto, Aloi-
sius, fué el encargado de restaurar los
edificios de Roma. Bn Pavía, en Mon-
za y en Nápoles se levantaron varias
iglesias, palacios y baños; ^ cuando
Cassiodoro, nno de los ministros de
Teodorico, se retiró del mundo, fun-
dó el célebre monasterio del Monte-
Cassíno. Amalasunta, hija de Teodo-
rico, continuó ornaudo á Rávena;
j á su reinado pertenecen la iglesia
de San Vital y el bautisterio de San
Juan, construidos en estilo bizan-
tino. Aunque en la historia de las
artes se ha ja empleado la denomina-
ción de etíiio lombardo, los lomba^
dos, que ocuparon la Italia septen-
trional desde 508 hasta 774, no llega-
ron á tener en arquitectura nn estilo
que les fuera propio. Salidos de los
bosques de la uermauia á ignorando
los primeros elementos de la construc-
ción, no pudieron menos que adoptar
el arte de los vencidos, esto es, el arte
romano degenerado. Los monumen-
tos, bastante raros, de este período, se
reconocen en sus formas bajas y r^
dondas; en las columnas cortas, que
descansan sobre un simple pedrusco;
en los capiteles cónicos, adornados de
follajes y de animales; en las bóvedas
de albaftilería, ^ue reemplazan Ím te-
chos de maderaje; en ona grosera or-
namentación de columnatas j d« ar-
cos, unidos al muro; en los cabos ó
cordones que marcan exteriormente
los pisos, j en las ventanas estrechas,
como las saeteras ó torrecillas. En
las lejes de los lombardos se va que
Como fué la ciudad que auminístró
entonces los mejores aro uitectos j pi-
capedreros. Hasta el siglo zi, los ita-
lianos, ja por efecto de su hábito, ja
por antipatía contra los griegos, ja
por rigidez de los papas en no dejar
que se alterara sensiblemente el tipo
primitivo de la basílica, tuvieron que
atenerse al estilo latino. Pero las re-
laciones comerciales de Amalfi, de
Pisa, de Genova, de Ancona j de Ve-
necia eon el imperio de Oriente, tra-
jeron una alianza del elemento latino
con el bizantino, de donde resoltd un
nuevo estilo, denominado ronsM, r^-
mano-hizantino j, algunas veces, Am»-
bardo de la segunda ¿poca. Por el con-
tacto de Europa con el Asia .durante
las cruzadas, recibió el nuevo estilo,
sobre todo en Venecia j en Sicilia,
el sello fantástico j maravilloso dalos
I orientales, singularmente en la omm-
\ mentación. Otros cambios experimen-
, tó también la arqnitectnn: ^e proloa-
I gómás aún la oartft tf^nsvenal que
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ITAL
ITAL
ITAL 19S
formaba I» mus latina j le adornaron
da ea pillas sos eatremiaade8;ae agran-
dé la bóveda; le elevó más ó menos el
coro; ae ensanchó la cripta, en donde
u depositaban las reliquias, que vino
i formar oomo una pequeüa ifflesia
■ubterránea; las naves colaterales de
la basílica, extendiéndose hasta más
allá de los brazos de la cruz, tomaron
la forma abovedada: una cúpula se
levautd en el panto de iatersecciún de
la nave principal y de los brazos de las
emees; los techos de vigas horizonta-
les fueron sustituidos por los techos
abovedados en madera, y los pilares,
por columnas; las formas de sus capi-
teles variaron hasta el infinito jr los
zótt^oi se elevaron sensiblemente; las
ventallas se aumentaron, se hicieron
más anchas j frecuentemente dupli-
cadas; las puertas se decoraron de es-
culturas; sobre los edificios de media-
na impartancia se levantaron torres
de campanario, mieutras que las ca-
tedrales conservaban , como escep-
ciún, sus cúpulas aisladas; lo» arcos
de bóveda simulados sólo sirvieron
para marcar los pisos sobre los muros
exteriores; la fachada principal se
adornó de un gran rosetón calado ó de
una anchísima ventana circular; los
edificios tomaron de día en día mayor
elevación, apoyando sus muros en es-
tribos extenores. Las piedras de dife-
rentes colores, empleadas en la cons-
trucción, eaprichosamente cpmbíoit-
du con el ladrillo, ofrecían á la vista
una yaiiedad agradable. Bu el núme*
ro de los monumentos de este período,
que se eatiende hasta el siglo xiti,
están comprendidos los de San A mbro-
siú de Milán; San Zenún, San Fermo
y San Antonio de Verona;Sao B ueban
de Bolonia;SanCiriacojSanta María
de ¿.ncona, y Santa María de M^n¿a;
las catedrales de Parma, de Plasen-
cia, de Módena, de Como, de Mantua,
deCremooa, de Ferrara y de Pisa;
las ermitas de Padua; San Miguel de
Pavía; San Miguel de FbreDciii y San-
ta Marta de Bergamo; las iglesias de
Santa María la Major, San i''raiicisco,
San Juan San Pablo, en Roma. Las
torres anejas á los monasterios da-
un también de esta época: las más
notables son las de San Juan de Le-
trán j de San Pablo, en Roma; y la
de San Zenón, en Verona. La arqui-
tectura civil siguió el mismo movi-
miento de la arquitectura religiosa.
Bn todas las ciudadesselevantaron pa-
lacios públicos, en los cuales se obser-
van principios comunes de construc-
ción; es un cuadradoque rodea un pa-
tio interior, cujo pórtico f ^rma el piso
bajo, sobre el cual se encuentran los
departamentos destinados para ías
juntas 6 sesiones, alumbrados por
grandes ventanas, mientras que al-
gunas estatuas adornan ordinaria-
mente el frontispicio. Como las riva-
lidades de las poblaciones entre sí, ó
de los partidos de ana misma ciudad,
«n^ndraimn luchas frecuentes y san-
grientas, los edificios municipales,
y aun las viviendas de los ricos pro-
pietarios, se fortificaron y almenaron
de una manera conveniente para re-
sistir un verdadero sitio. Tales son
los antiguos castillos de Florencia, de
Verona, de Vicenza, el palacio ducal
de Ferrara y el castilla DelU Torri,
en Turín. A pesar de la multitud de
monumentos elevados en Italia du-
rante el período romano, son contados
los nombres de los arquitectos <^ue
han llegado hasta nosotros. Bn Pisa
hizo Busc/tetío la cúpula; Deotisalvi,
el bautisterio; Bonanno, la torre ó
campanario perpendicular; NicoUit y
Andrea construyeron San Michel-in-
Borgo, el campo santo y el cimborio
de San Xicolás. Al primero se le de-
ben también el palacio de los Anzia-
ni, en Pisa; la Trinidad, en Floren-
cia, j San .Antonio de Padua. Grivdeití
levantó la fachada de San Martín, en
Laca; Mttrchiont d' Árezzo, las cate-
drales de Pistola y de Volterra; la
Íiarroquía de Arezzo y la torre de los
/onti, en Roma; Bgidio de Afilan^ el
palacio de Eccelín; Leonardo BoccaUc-
ca, el salón ó palacio comunal de Pa-
dua; Lorento Mactani, la media na-
ranja de Orvieto; Aguxtiny Agnalode
Siena, el palacio de la ciudad de este
nombre; el fraile Ristoro di Cambio,
la iglesia de Santa María Nueva, en
Florencia; Arnolfo di Lapo, la cate-
dral, y el religioso Juan, el puente
de la Carreja en la misma población.
Bn Roma se distinguió la familia de
loa Cotmator, llamada así de su jefe
Cosma; eran todos habilísimos en el
arte de las incrustaciones en mosaico,
i T. como arquitectos, dejaron las tri-
bunas de San Lorenzo, de Santa Ma-
ría Araceli y de San Cesáreo, el claus-
tro de Subiaco y el pórtico de la ca-
tedral de Civita-Castellana. Dos de
sus discípulos, Pedro y Juan, cons-
truyeron los monasterios de San Juan
de Letrán y da San Pablo, en Koma.
.V fines del siglo xiii se ve aparecer
fior primera vez el eitilo ojival, que
os italianos llamaron gótico ó aleiitán,
\y aun b.irbaro, porque fué importado
f' tor los alemanes prncedentes de aque-
la raza. Pero este nuevo estilo se ern-
I pleó como ornamentación, más bien
' que como sistema arquitectónico.
\ Mientras que las fachadas y puertas
principales afectaban la forma ojival
' y se adornaban ali^tinas veces de cim-
¡ balillos, conservábanse en el interior
de las iglesias el arco, las bóvedas de
arista, las columnas redondas, los ca-
piteles y las coritisas. debiendo notar-
se que la cúpula no se sustituyó en
ningún caso por el campanario y la
ag-uja. Dos ediñcios úincamente fue-
ron concebidos y ejeiMitados en el es-
tilo puramente ojival: la igle^iía su-
fierior de San Francisco, en Assisse, y
a catedral de Milán, cuyas dos obras
I se atrib'iyen á los arquitectos alema-
nes Jacobo y Bnrique de Galmodia.
Los edificios en que se empleó el ea-
' tilo ojival simplemente mezclado con
' el estila romano, son: el campo santo,
Santa-María- iella-Spina de Pisa, San
Anastasio y la catedral de Verona,
San Antonio de PaJua, las íglesiiis ca-
tedrales de Florencia, d Arezzo, de Sie-
na, de Orvieto y San Jnan de Nápoles.
Giotto, más conocido eomo pintor^
levantó la media naranja de Floreu-
cia; Andrés Oreagna fué el arquitecto
de la Loggit dei Lanxi de la misma ein-
dad. Con el siglo xii empezó una edad
nueva para el arte italiano, el cual
supo romper las trabas que impedían
todo movimiento á la escuela romano-
bizantina. Los modelos antiguos, que
lograron salvarse de la destrucción de
los hombres y del tiempo, fueron es-
tudiados con verdadero ardor. En este
período, que ha recibido el nombre de
Renacimi'^nto, no pudieron adoptarse
las divisiones y las disposiciones ar-
quitectónicas de los edificios greco-
romanos, puesto que el plan de los
monumentos modernos era el resulta-
do de necesidades desconocidas en las
sociedades paganas; pero se volvió á
la antigüedad en cuantos las propor-
cionesi delincaciones y ornato. El es-
tilo del Renacimiento fué, más que un
sistema nuevo de arquitectura, una
nueva forma de ornamentación, ini-
ciada por Bruoellesclii, natural de
Florencia, y autor de la cúpula de la
catedral, de las iglesias del Santo*
Espíritu y de San Lorenzo, y del pa-
lacio Pitti, en aquella ciudad. La
alianza del arte antiguo y del estilo
romano, y algunas veces también de
la ojiva, que se observa en las obras
de aquel grande arquitecto, se dis-
tingue igualmente en los trabajos de
sus discípulos éimitadores, tales como
el palaciu Ricardi, el de Tornabuo-
ni y el de Cafareggi, en Florencia; y
el castillo de la Faggiuola, por Mi-
chelozzi; el palacio Strozzi, en la mis-
ma ciudad, piir Beuito Majano y Cro-
naca; los paiac-ios levantados en Siena
y en Urbíno por Francisco de Giorgio
y por Uoselliiii; las iglesias de S;in
Agustín y de Santa María del Pueblo,
en Roma, por Pintelli; los pórticos in-
teriores del palacio llamado de Vene-
cía, en la ciudad de este nombre, por
Julián Majano, y el grande hospital
de Milán, por Antonio Fílarete. La
llegada de los griegas fugitivos de
Constantinopla, en 1453, dió nuevo
impulso al gusto por lo antiguo, y no
pasó mucho tiempo sin que desapare-
cieran por completo las últimas huellas
de los estilos de la Bdad media. Ha-
cía esta misma época se encontraron
los libros de V'itrubio, los cuales, es-
tudiados y comentados, vinieron á ser
el único código de la arquitectura.
Alberti esíjribiií su grande obra De re
adijcatoriá según los preceptos del
autor latino, que é\ puso en práctica
en el palacio Rueceliat y en el coro
de la Anunciada, en Florencia, y en
las iglesias de Snn Andrés, en Man-
tua, y de San Francisco, en Riminí.
De la Toscana, el estilo del Renaci-
miento se extendió á todas partes* En
Venecía, donde los monumentos da
estilo bizantino se hallaban cubiertos
de adornos de un gusto puramente
oriental, el arte antig'uo no pudo con-
servar más que la sencillez y la pure-
za de sus líneas, y las obras concebi-
das según sus principios, ofrecieron
TOMO (.1
i»
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i94
ITAL
irnalmente una g:ran riqueza deeota-
tiTa. La imitación de lo antiguo em-
pezó i manifestarse de nna manera
ostensible en las construcciones dirí-
g>idasporuna célebre familia de ar-
quitectos, los Lombardi: Pedro Lom-
bardi levantó los templos deSanta Ma-
ría de los Milagros j de Santa María
Madre de Dios; los palacios Contarioi,
Vendraminojr Comer, y los monumen-
tos deZem y Mocenigo; Martín Lom-
bardi hizo la escuela ó cofradía de San
Mareos j la fachada de San Zacarías;
Moro Lombardi, la iglesia de San
Miguel de Murano. A esta misma es-
cuela pertenecieron: Bergamasco, ar-
quitecto de la capilla Emiliana j del
palacio de los Cfamarlengos; Biccio,
autor de la escalera de los Gigantes y
de la fachada interior del palacio de
los Diix, j Scarpagnino, a quien se
debe la fachada de la escuela de San
Roque. — Contra este lujo de ornamen-
tftciüD de la arquitectura veneciana,
partió de la Lombardía una protesta
vivísima, que tuvo por principal órga-
dO á Lazzari Bramante. En el claustro
de San Ambrosio^ en el Lazareto, en el
palacio Castiglioni, en la iglesia de
Santa María de los Angeles j otras,
se observa todavía ana mezcla del
estilo romano j del estilo del Rena-
cimiento; pero los monumentos que
aquel arquitecto hizo en Roma, el
palacio de la Chancillen'a, el de Gi-
raud, el patio del Vaticano en su for-
ma primitiva j la iglesia de San Pe-
dro, tal cual él la concibió, son la
expresión más acabada del estilo clá-
sico italiano en toda su sobriedad y
belleza. Entre los discípulos ó émulos
de Bramante, se cuentan: Peruzzi,
que ediñcó en Roma la Farnesina t
los palacios Chigí y Mássimo; Rafael,
de quien se tiene en la misma ciudad
los palacios Berti y Vidoni, v en Flo-
rencia los de Gaadolfini / Uguccio-
ni; Sangallo, director del palacio Fa>
nesio, en Roma; Ligorio, arquitecto
de la ciudad Pía, en la misma pobla-
ción, y SerKo, que fué á Francia á
trabajar en los palacios del Louvre y
de Fóataiuebleau, — Sin embargo, un
nuevo elemento, el pintoresco, iba á
introducirse en la arquitectura 7 á al-
terar su pureza. Hasta aquí, los edi6-
;ios, creados con un objeto de utili-
dad ó para un destino importante, ha-
bían ostentado el sello de la grandeza
y de la senirillez: ahora, con el propó-
sito de satisfacer el gusto de los prin-
cipes y de los señores por el lujo, los
arquitectos van á dedicarse á buscar
iiraias, combinaciones y efectos que
a^ra'ien á la vista. Miguel Algel, con
toda la autoridad de su genio, consa-
gró esta introducción del elemento
pintoresco, de que ja habían dado
ejemplo los artistas veaecianüs: San
Pedro de Roma y su tniuensa cúpula,
la decoración exterior del Capitolio,
el claustro de Santa María de los An-
feles j la biblioteca Lauretana, en
lorencia, son sus principales obras.
Después de él, algunos talentos supe-
riores, Julio Romano, en Mantua;
Fontana, eo Roma; Sansoviao, Sca-
ITAL
mozEi y Da Ponte, en Veneola, sostn-
vieron el sistema pintoresco, el cual,
no obstante, privado del soplo podero-
so de Miguel Angel, que lo había ani-
mado, dejaba entrever una próxima
decadencia. En vano Vignole, Alersi,
Ammanati, San-Micheli ; Palladio,
ateniéndose á los preceptos antiguos
j á la escuela de Bramante, protesta-
ron contra la invasión del pintoresco.
El siglo xvii no tuvo otro ideal que
buscar la pompa v la riqueza, desple-
gándose un lujo de adornos verdade-
ramente deslumbrador; de aquí lo que
los críticos italianos llamaban el etUlo
de los flia^wflif/df.— Después de esto,
se quiso encarecer y aumentar et va-
lor de lo que existía, y eajendo el
arte en la extravagancia, se llegó al
estilo estrambótico. Las estrías de las
columnas fueron adornadas; los capi-
teles, los arquitrabes, las cornisas y
los frisos se recargaron de volutas, de
follajes, de adornos, de festones j mol-
duras, bajo los cuales desapareció la
línea recta. Cario Maderno, que ter-
minó las obras de San Pedro de Roma,
fué uno de ios iniciadores de esta ar-
quitectura corrompida. Lorenzo Be-
mini, que levantó la columnata, el
baldaquino ó palio, y la cátedra de
San Pedro, en Roma; la grande esca-
lera del Vaticano y el palacio Barbe-
rini, llevó más allá todavía el lujo y
la grandiosidad en el ornato. Ponzio y
Ramaldi, en Roma; Buontalenti; Pa-
ri^i» Nigetti y Silvani, en Florencia;
Mida y Mangoni, en Milán, y Victo-
ria y Champagna, en Veneeia, siguie-
ron el mismo camino. — Lo que pro-
dujo el siglo Jtvm, no merece en rea-
lidad el nombre de arte: los arquitec-
tos italianos apenas hicieron otra cosa
que imitar servilmente á los extranje-
ros. Ivara y Vanvitelli, autor del cas-
tillo de Caserta, quiso traer la arqui-
tectant á sus verdaderos principios;
pero sus nobles esfuerzos fueron com-
pletamente estériles. En cambio, Pi-
ranesi y Milizia alcanzaron más tarde
lo que Vanvitelli no pudo conseguir,
y entonces se formó una escuela digna
de este nombre; la del marqués Cag-
nula, Simonetti, Campesi 7 Stem, á
quienes Milán, Roma y Nadóles son
deudores de sus recientes edificios. —
Para más datos, puede verse: Saruelli,
Antiea basilicografia. Ñápeles, 1702;
J. Blaeuj íiuevo teatro de Jíaliot en
holandés, Amsterdam, 1704, 4 volú-
menes en folio; Burmann, Thesaurus
antiguitatum Jtalia; Séroux d' Agni-
court, Ilistoire de V arípar les mo»8-
ments, París, 1803-23, 6 volúmenes en
folio; Cordero, Della italiana artíhiiet-
tura durante la dominazione longobarda,
Brescia. 1829; Kinglit, La arquiiectn-
ra ecleaitstica de la Italia, en inglés;
L. Tajflor y l). Cresj, Arquitectura de
la Edad media en Italia, en inglés,
Londres, 1829, en 4."; Selvático, 5í//a
arckile llura et della scultura di Vetu-
cia, Veuecia, 1847; Letarouilljr, Les
Edi/ices de Rome moderne, París, 1840
y 18o5, 3 volúmenes en folio de plan-
chas y un volumen en 4." de texto.
41. Escultura. — En el último siglo
ITAL
del imperio romano, la escultura, aun
cuando recordaba la composición, el
adorno, el ajuste y la expresión de las
obras más antiguas, revelaba, sin em-
bargo, una gran ignorancia en la
ejecución. Los bajo relieves del arco
de Constantino, en Roma, los sarcó-
fagos de la emperatriz Helena, de
Santa Constanza, de Junius Bassas,
de Probns Anieins y de Oljbriu», v
los demás monumentos del mismo ge-
nero que se conservan en el museo
del Vaticano, demnestran la íklta de
habilidad práctica de los artistas. El
cristianismo era, digámoslo asf, de-
masiado joven todavía para crear ti-
pos nuevos: después de haber derri-
bado muchos ídolos del paganismo,
los cristianos que se dedicaron á' las
bellas artes, se circunscribiaroá k imi-
tar los modelos que habían escapado
á la destrucción; únicamente^ bajó la
influencia de ideas morales m&i aus-
teras, se veló lo desnudo 7 se celardn
más las formas. La escultura 89 em-
f)leÓ, desde un principio, en decorar
as basílicas cristianas. La mavor^at-
te de las estatuas se ba,cía entonces
en metales preciosos: el bibliotecario
Anastasio menciona un considerable
número de ellas, las enales fueron .da-
das por los emperadores á los papas,
ó ejecutadas á expensas de estos últi-
mos; pero ninguna ha llegado hasta
nosotros, pues todas desaparecieron
en los saqueos de Roma por los bár-
baros. En cuanto á las ctuces, pate-
nas, vasos sagrados, incensarios, can-
deleros y lámparas con ornamentos y
figuras, que también existían, sólo
han podido conservarse algunas raras
reliquias en el Tesoro do Roma. Las
estatuas ecuestres de Teodorico el
Grande, fundidas en Roma, en Ráve-
na, en Nápoles y en Pavia, prueban
que el arte del fundidor se conssrvaba
tddavía en el siglo vi, Ó cuando me-
nos que había recibido nuevo impul-
so bajo la dominación de los godos.
Pero las obras más notables de estos
primeros siglos de la Italia, cristia-
na, fueron hechas en marfil: tales son,
entre otras, los dípticos, los báculos
y las sillas episcopales, las cubiertas
de los evangelios, los altares portáti-
les y los relicarios. Hasta la época He
la invasión normanda, apenas había
pasado la escultura al interior de las
basílicas, 7a porque las estatuas en
materias preciosas no podían séir ei-
Suestas por fuera, bien por no ree6r-
ar á la muchedumbre, recientemen-
te convertida, el culto de los ídolos.
Bajo los lombardos, empezaron & de-
corarse de esculturas las puertas prin-
cipales de los templos: las estatuas de
Rolando y de Oliveros'que se ven en
la catedral de Verona, natan de esta
época, y ellas atestiguan la barbarie
de los artistas, como igualmente los
\ bajo relieves de la Puerta Romana, en
Milán, no obstante haber sido ejecu-
tadas dos siglos más tarde. Sólo bajo
la influencia del gusto bizantino en-
tró la escultura en una vía de pro-
greso. Desde fines del siglo ix, un
artista lombardo, Volvinus, adornó
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ITÁL
ITAL
ITAL 195
én pUU'ei célebre altar de la iglesia
de San Ambrosio, en Milán. En el si-
rio XI, las puertas de bronce esculpi-
das, qae se UcTaron de Grecia para
decorar loa pórticos de los templos de
San Marcos en Veneeia, de San Pablo
en Roma, j de la catedral de Nápo-
les, sirrieron de modelo para las puer-
tas de las catedrales de A.malfí j de
Benevento, j después, para las de
Pisa, ejecatadasen 1180 por Bomano,
jlas del bautisterio d» San Juan de Le*
tr&n, en Roma, construidas, en 1203,
por Pedro j Huberto de Plaseneia.
Los nombres de los demás artistas del
siglo XII que se han conservado, son:
Guillermo, autor de los bajo relieves
de la catedral de Módena; Nicolás de
Jicarolo, que decoró á San Zenón de
Verona j la catedral de Ferrara; An-
telani, cjae trabajó en Parma; Rober-
to, en Pisa; Bidnino,«n Luca, j Grúa-
monti, en Pistoia. Sus obras revelan
cierta eleraeión de ideas, pero la eje-
cución es todavía bárbara. Gn el si-
glo xiif , Nicolás de Pisa, escultor y
arquitecto £ la Tez, diÓ nueva direc-
ción i los estadios. Discípulo de
maestros eriegos, que trabajaban en
la catedral de sa patria, siguió en un
frrincipio su estilo; pero, admirado de
a belleza de ciertas esculturas anti-
guas, que habían sido trasladadas de
Grecia por los písanos, meditó sobre
sus modelos, adoptó los principios
que enseñaban y condujo el arte al
estudio de la naturaleza. Las escultu-
ras dé las cátedras de Pisa y de Sie-
na, asi como las del sepulcro de San-
to Domingo, en Bolonia, demuestran
los progresos que había realizado. —
Andrés de Pisa hizo, en el siglo si-
guiente, una de las puertas del bau-
tisterio de Florencia; y entre sus dis-
cípulos ó imitadores esculpieron: An-
drés Orcagna, el altar de oro de San
Miguel; Massucoio, los sepulcros del
re; Roberto j de la reina kancha, en
Nápoles; Alberto di Arnaldo, la Ma-
dona del Bignllo, en Florencia; Lam-
berti,lnde la Misericordia, de Arezzo;
Lan^ni, el sepulcro de los Pépolí, en
Bolonia; Bononí da Campione, el de
Can della Scala, en Verona; Baldue-
ei<s el de San Pedro mártir, en Milán;
Calendario, los capiteles adornados de
estatuas del palacio ducal, en Vene-
eia. En la misma época, Cione, padre
de Orcagna, su discípulo Leonardo,
Pedro de Florencia, Qíulio de Pisa y
Jacobo de Ognabene hicieron el altar
de la catedral de Pistoia y el del bau-
tisterio de Florencia, dos obras nota-
bilísimas en platería. Cuando llegó el
Renuimiento, la escultura ae desarro-
lló rápidiraente por el estadio de la
antigüedad y adquirió esa habilidad
de ejeención práctica que faltó á la
edad precedente. En Siena se formó
nna escueta, bajo la dirección de Ja-
cobo della Quercia, llamado della Fon-
ie á causa de la fuente Qaja (ale-
gre, encantadora) que ejecutó en
Aquella población, y del cual se con-
serran también bellísimas obras en
Laca j en Bolonia; de esta escuela sa-
lieran excelentes artistas, como Ma-
teo de Luca, Nicolás del Arca, Vec-
chietto, Nicolás di Piero y otros. Sin
embargo, la ciudad de Florencia pro-
dujo escultores más notables todavía.
Lorenzo Ghiberti hizo las dos famosas
puertas en bronce del bautisterio, en
cujTos bajo relieves supo reunir, á la
sencillez y elevación del pensamiento,
la nobleza del adorno, la hermosura
de la forma, la pureza de la ejecución
j el efecto dramático délos contrastes
pintorescos. Ejecutó también varias
estatuas en bronce para la iglesia de
Oro de San Miguel; los sepulcros de
San Zenobio y de San Proto; algunos
bajo relieves para la iglesia de San
Juan de Siena, y diversas obras de
filatería que se han perdido, cuja de-
icadeza y gusto encomia Vasari. Do-
nato ó Donatello fué quien mejor im-
primió á la escuela florentina, y aun á
toda la escultura italiana, ese carác-
ter de naturalidad que ha conservado
después. Preocupado exclusivamente
con la idea de la verdad y de la imi-
tación exacta de la naturaleza, se ol-
vidó que la belleza es una de las con-
diciones esencialísimas del arte, y
descendió hasta el realismo. Sus obras
se distinguen, más que por la energía
y la nobleza'del pensamiento, por la
expresión profunda de las formas, re-
velando una gran ciencia anatómica,
una rara habilidad de ejecución y un
cabal conocimiento de los efectos de
las pasiones sobre el organismo. El
alma no se había visto nunca tan bien
retratada en el cuerpo, lo cual signi-
fica que supo dar ser á una escultura
trascendental y sabia, á cujo título
merece el claro renombre de escultor
filósofo. Sus principales obras son, en
Florencia, las estatuas de san Pedro,
de tan Marcos, de san Gregorio, de J«-
ditht de Demdt y varios bajo relieves
en San Lorenzo y en la catedral; en
Padua,Ia estatua ecuestrade Gaítame-
laía y otros bajo relieves en la cate-
dral. A Lucas della Robbia se deba
un lugar distinguido por sus escultu-
ras en barro cocido y barnizado, en
las que la pureza del gusto y un esti-
lo casi antiguo ae unen á la ingenui-
dad y sencillez de la Edad media. Des-
pués de Ghiberti, de Donato y do Lu-
cas della Robbia, siguen el arquitecto
Brunelleschí, de quien se tiene un
hermoso Crucifijo de madera en Santa-
Marfa-Novella; Filarete, que esculpió
las puertas de San Pedro en Roma;
Antonio Rossellini, autor de los se-
pulcros del cardenal de Portugal, en
San Miniato, T de María de Aragón,
en Nápoles; Bernardo Rossellini, su
hermano, j Benito Majano, los cuales
hicieron respectivamente los mauso-
leos de Marzupiui y de Strozzi, en
Florencia; Andrés Verrochio, de quien
posee Veneeia la estatua de CoUeoni;
Andrés Sansoviao, cuja producción
más notable es su bellísimo grupo de
santa Ana, la Virgen y el Niño Jesús,
que se encuentra en San Agustín de
Roma; Vellano, Juan de Pisa, Bertol-
do y Nanni di Banco, discípulos de
Donatello; Desiderio de Settignano,
Agustín de Guccio, Minio de Fíésole
y los hermanos de la Robbia, imita-
dores del estilo de Ghiberti; y, final-
mente, Rusticci, Baccio de Montelupo
y Benito de Rovezzano. En Roma fué
donde se distinguió Paolo Romano,
autor de las estatuas en plata de los
apóstoles, fundidas por los alemanes
durante el saqueo de la ciudad enl527;
y en Nápoles, se dieron á conocer An-
drés CÍccione,i^ne hizo el sepulcro de
Iiadislao, j Aniello Fiore,ciy^as obras
se admiran en la iglesia de Santo Do-
mingo. Los progresos de la escultura
fueron más lentos en la Italia septen-
trional, desprovista casi por completo
de monumentos antiguos; sin embar-
go, pueden citarse, en Veneeia, dos
familias de escultores: la de los Bon
(Juan, PantaleÓQ y Bartolomé), cujo
buril sencillo y natural recuerda aún
las tradiciones de la escuela bizanti-
na, j la de los Lombardi, célebres
también como arquitectos, los cua-
les experimentaron más la influencia
de los modelos antiguos. La escoltara
de ornamento llegó á ser una rama
importantísima del arte. En el núme-
ro de los artistas célebres que á ella
se dedicaron, figuran, además de los
citados Ghiberti, Brunellesch! y Lu-
cas della Robbia, que habían em-
pezado por ser simples plateros, en
Lombardía, Ríccio Briosco, de quien
conserva Padua el magnífico cande-
labro de san Antonio; Alejandro Leo-
pardi, autor de los pedestales en bron-
ce de la plaza de San Marcos, en Ve-
necia, y Basti, Bambaja, Brambilla
V Agrate, cujos trabajos enriquecen
la hermosa Cartuja de Pavía. La pla-
tería tomó igualmente un desarrollo
considerable: Leonardo di Ser Gio-
vanui, Bartoluccio Ghiberti, Verro-
chio, Cennini, Pollajuolo, y princi-
palmente, Benvenuto Cellini, supie-
ron elevarla á un alto grado de per-
fección. El último de estos notantes
artistas dejó también varias obras de
estatuaria muj celebradas, tales como
el PíTíííí de la Loggia de los Lanzi,
en Florencia, y la Kinfa de Fontai-
nebleau. — Como ja lo había hecho
para las formas arquitectónicas, el
j^enio portentoso de Miguel Angel,
elevándose algunas veces sobre las re>
fias de la escultura, empleó la forma
umana en creaciones colosales, en
las que el estilo j la expresión presen-
tan un carácter en cierto modo sobre-
humano; sus obras más encomiadas
son: las estatuas de la Mañana, del
Medio día, de la Tarde j de la Noche,
en el sepulcro de los Médicis; la esta-
tua de Lorenzo de Médicis, conocida
con el nombre de Pensiero (Pensa-
miento); el Moisés del mausoleo de
Julio 11, en Roma, y las dos figuras
de esclavos que posee el museo del
Louvre. El Baco y el David, que se
ven en ¥\oxíXíC\h\ Nuestra Señora de
la Piedad, en el templo de San Pe-
dro, en Roma; el Cristo de l¡i iglesia
de la Minerva j el Angel de tíanto
Domingo, de Bolonia, son obras (jue
este insigne artista ejecutó en su ju-
ventud; menos grandiosas, pero más
humanas. Los discípulos mis ilustres
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Id6 ITAt
IfAL
qua taro Miguel Angel, fueron: Mon«
torsoli, Montelupo, Guillermti della
Porta, tutor del sepulcro de Pío III,
en 3an Pedro de Roma; Amanati, que
hizo la fuente da la plaza del Gran
Duque, en Florencia, y Danti y Ban-
dini. Miguel Angel tuvo tambii;n un
rival, Baccio Bundinelli, el cual deco-
ró de estatuas j de bajo relieves el
coro de la catedral de Florencia, obras
cuya exageración, falsa grandeza j
pésimo gusto, contribujreroa podero-
•amente á la decadencia de la escul-
tura italiana. En efecto; á partir del
siglo xTii, los eseultorei, ieparándose
del buen camino, buscan, mái que la
gracia j la belleza de la línea, la ex-
presión y el efecto pintoresco. El Ber-
nin ostentó, lo mismo en la escultura
que en la arquitectura, un carácter
teatral y afectado: no hay nada más
pomposo que las estatuas de Constaa-
lino y de Longino, eu San Pedro de
Koma; nada más expresivo que la
fígura de santa Bibiana, ni nada más
sensual que la de santa Teresa, en la
iglesia de la Victoria. Todo el cuida-
do de los artistas de entonces era dar
al mármol la flexibilidad de la carne
vde las telas. Moechi, Baggi, Bolgí,
Ferrata t Aspetti, Baratta, Fansega
y Algardi tomaron á Btrnin por mo-
delo; Cioli, Fon;ginÍ, Mosca, bcaha ^
Lorenzetto, rindieron menos culto á
la extravagancia. Las obras da Juan
de Bolonia fueron igualmente conce-
bidas y ejecutadas en mejor estilo,
como lo prueban su Hapto de las sali-
nas, en Herencia; el MercuriOf de Bo-
lonia, y la fuente de Baboli. Stéfano
Maderno fué también uno de los que
protestaron, aunque vanamente, con-
tra los errores del arte. — La decaden-
cia continuó todavía durante el si-
glo XTiu, en cuya época aparecen
Uusconi y Pompeo Battoni como los
únicos escultores dígaos de mención.
Hacia fines del si^o, el veneciano
Canova inteutó regenerar la estatua-
ría, llevándola al estudio de la anti-
güedad; pero sus obras no son otra
cosa que imitaciones pálidas, sin ener-
gía, en las que la gracia ocupa el lu-
gar de la verdadera belleza. Entre sus
discípulos se citan á Antonio de Este,
famoso por sus bustos y sus relieves;
Giuseppe de Fabris, autor de los mo-
numentos del Tasso j de León X;
C. Tadolíni,G. Jinelli, los dos Fe-
rrari, y principalmente, Bartolini y
Pompeo Marcbesi, que figuran en pri-
mer lug;ir. Fuera da esta escuela,
los únicos quQ han adquirido cier-
ta reputación, boq Cajetano Monte,
B. Comollí, Sangiorgio, Paftí, Pam-
paloiii y Pérsico. Finalmente, el di-
namarqués Thorwaldsen, durante el
tiempo que permaneció en Italií,
formó, entre otros discípulos, á Galli,
Bemoní y Teueraiii. — Citaremos, co-
mo uno de los autores que mejor tra-
tan esta materia, ú Cikiognara, Sío~
ria delta Scultura, Florencia, 1813*18,
tres volúmenes en folio.
42. Grabado. — Los primeros graba-
dores italianoseran dibuiantesorigi na-
léSj como Botícelli, Anana Hantegna
y PoUajuolo, los cuales reproducían
con el buril sus propias concepciones
con una corrección y firmeza de dibujo
verdaderamente admirables. Pero á
fiartír de Marco Antonio Kaimondi,
a escuela de los grabadores sobre
metal se consagró a popul*"'zar las
obras de loa grandes pint>r's, cir-
cunstancia que la puso en ^' ' '' ^3S
conHiciones da proj^raso, I. .«ndi,
discípulo de Rafael, reprodúw, bajo
su dirección, loa dibujos de loa car-
tones de su maestro, y contribuyó de
esta manera á popularizarlos: se hizo
luegojefe de escuela y dejó namero-
aoa discípulos, entre otros, Agustín
de Veneeia, Marco de Rávena, Vico
da Parma, Buonasone de Bolonia y
los Ghisi, notables todos por un di-
bujo generalmente correcto y un buril
preciso, ajustado, pero seco. Ugo da
Carpí llegó ú dar tres y cuatro tonos al
grabado en camafeo. Valpato y Rafael
Morghen, á pesar de su reputación,
fueron grabadores monótonos, qua no
supieron tomar el carácter de sus mo-
delos, y á cuya feliz elección debieron
ririncipalmeute su renombre. Los Mü-
1er, no obstante su origen germáni-
co, pertenecen á la escuela italiana,
y sus Vlrgtnet ton obras muy nota-
bles.— En la actualidad, la escuela
italiana sigue las tradiciones da la
escuela francesa, de la cual ha toma-
do la facilidad y la brillantez. Eutre
sus grabadores más distinguidos figu-
ran: M. Toschí, autor de la Entrada
de Enrique JV en París; Mercurí, á
quien se debe Los segadores en las la-
ganas Poníinat, y M. Calamatta, el
cual ha grabado el Vuío de Luis XIII,
43. Pintura. — Losmonumentos más
anti„''uos de la pintura cristiaua se en-
cuentran en las catacumbas de Roma;
pero no hay motivos para afirmar que
esos monumentos sean anteriores al
siglo V. Ninguno de los escritores de
las edades precedentes habla de pin-
turas existentes en las catacumbas, y
el poeta Prudencio, que es el primero
que menciona ana representación del
martirio de san Hipólito, no Índica
el lugar en donde se hallaba colocada.
En una carta dirigida por Adriano I
á Cario Magno, se ve que el papa Ce-
lestino I (424-432) hizo adornar de
pinturas el cementerio de Santa Pris-
uila. Por lo tanto, es verosímil qua,
hasta después del triunfo del cristia-
nismo, no se decoraran los lugares en
donde hab.'an sido enterrados sus pri-
meros santos y sus mártires. £n las
catacumbas de los santos Marcelino
? Pedro, de san Calixto j de sania
iiés, reputadas por las más antiguas,
los artistas cristianos han pint«lo el
Cristo bajo las figuras simbólicas de
Orfoo, de Moisés, de Tobías, de Da-
niel, de Jonás y del Buen Pastor; há-
llanse también varias imágenes ro-
deadas de coronas de laurel; Jesús,
en medio de sus apóstoles; la Virgen
y el Cristo; la Comida de las ágapas;
los jóvenes hebreos en la hornaza, y
otras escenas del Antiguo Testamen-
to. El estilo de estas obras es bárba-
ro, aunque demuestra uu imitación
de los modelos de la antigüedad pa-
gana. Por lo demás, las pinturas de-
corativas de las catacumbas han sido
hechas en diferentes épocas, y proba-
blemente hacia fines del siglo vm.— ■
LasdeSanPoncianoy^e San Valentín
presentan figuras menos paganas; los
adornos son más austeros y los asun-
tos da invención, más recientes, como
El Bautismo de Cristo, La CrueijSadó»
y Los santos emUíañot conmédos por
la Divinidad. -^Lu pinturas fueron
igualmeata «jeeatadas an los templos:
san Paulino, obispo de Ñola, adornó
eon ellas U Basflíoa de San Félix;
Prudencio habla de una pintara de
san Casiano en la iglesiit. 4e Imola;
el papa Símaco hizo pintar La Confe-
ti Jn de san Pedro ,y León I , los retratos
de los 4G primeros papas an la basí-
lica de San Pablo. Las pinturas que
cubrían las paredes de los edificios
sagrados y de los palacios han desapa-
recido casi por complato, pues lasque
se conservan en la iglesia de los san-
tos Xazario j Celso, en Varona, son
del siglo vil ú VIII. — Durante el mis-
mo período, el mosaico fué con fre-
cuencia preferido á la pintara propia-
mente dicha: estas obras, aparte de su
mayor solides j duración, presentan
las figuras colocadas sobre un fondo
de oro, que aumenta U riquexa del
trabajo y exige menos estudio para
la ejecución. Los mosaicos da Santa
María la Mayor y del bautisterio
de San Juan de Letrán, del siglo v,
y los de los santos Cosme y Da-
mián, del siglo VI, están ejecutados
eu el estilo latino y son sin duda
obra de maestros italianos. Loa mo-
saicos de Santa Inés, de Santa Práxe-
des y de San Clemente, en Roma; de
San V'ítal, en Rávena; de San Marcos,
en Veneeia; de San Ambrosio, en Mi-
lán; de San Pedro, en Pavía; y de San
Esteban, en Ñápeles, perteuecen á los
siglos vit al XI. — La pintura sobre
manuscritos ha dejado también algu-
nas obras. El Virgilio del siglo v que
posee la biblioteca del Vaticano, oon-
tieue varias miniaturas que ofrecen,
respecto de las pinturas de las cata-
cumbas, un parecido notable. En el
Terencio del siglo ix, ({ue conserva la
misma colección, la imitación de lo
antiguo es mucho menos sensible y
más incorrecto el dibujo. — Los tras-
tornos políticos de Italia, la insufi-
ciencia de los artistas y le severidad
de la arquitectura romana, que se
prestaba menos que la basílica primi*
tiva á la decoración pictórica, habían
hecho caer la pintura en la barbarie,
cuando en el siglo xi vino á operarse
un verdadero renacimiento bino -la in*
fluencia del arte bizantino. Se esta-
bleció en Roma una asouela ^ríe^. y
cierto número de artistas siguió las
prácticas de aquel arte, pero dulcifi-
cando la austeridad con la gracia. Di-
chos artistas fueron Guido, Barabuoi
y Diotisalvi. Mino de TurriU, oriun-
do también da Siena, decoró en Roma
parte de Santa María la Mayor y res-
tauró el mosaico de San Juan de Le-
trán. Oaddo Gaddi, hábil mosaiata»
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ITAt
ITáL
ITAL 197
tfibajá en Florencia t en Rima, j sus
obras, como las de Mino, ofrecen una
meiela del estilo latino con el ^rU^n.^
Gianta de Pisa fué quien niejr>r dió á
flui fiaras U expresión humnnn, en
«I siglo XIII.— -Bajo la direcci m de
Apolonío, uno de los maestros extran-
jeros que ornaban de mosaicos la igle-
sit de San Marcos de Venecia, hizo
Cimabue sus primeros estudios. Pero
el ejemplo de í^ieolás de Pisa, el cual
Í regeneraba la escultura por el estud Ío
Ta ioterpretacióii de la naturaleia,
I hizo abandonar los procedimientos
tradicionales. Los progresoaque Uotó
á cabo en el arte excitaron la admi-
ración de los contemporáneos, en ta-
les términos que su Madona de Santa
Ifaría Notrella, considerada como la
maraTÍlla de sus tiempos, fué llevada
procesional mente por los florentinos.
La ejecución dista mucho de ser aca-
bada, pero la concepción no carece de
originalidad j de grandeza. En Assise
exilien también algunas de sus pintu-
ras. Con Cimabue empezó el verdade-
ro estilo italiano y lo que se llama
etCMeU Jorentina. Giotto, su discípu-
lo, le aventajó en gracia: la exjiresión
sehíxo en él más humana, más ver-
dadera; las formas llegaron á ser más
eorreetas, el ropaje más natural, j
los eseorzos empezaron entonces á
estudiarse. Hubo durante el siglo xiv
una escueia giotltsca, compuesta de los
discípulos de tiiotto, Stéfano de Flo-
reoeia. Tadeo Gaddi, Simón Memmi,
CaTallini, Capaniia, Laurati, Giotti-
no, Simún de Nápoles, Juan de Mi-
lán, Menabuoi de Padua, Guillermo
de Forli, Antonio de Venecia j An-
siólo Gaddi. — Otros artistas, como
tíafialmacco, los Orcagna ^ Traíni,
permanecieron fieles al estilo anti-
guo, del cual conservaron las tradi-
cioaes típicas. Los artistas de dos es-
cuelas riTiilea desplegaron á porfía
tos talentos «n la decoración del cam-
po uuitOt «n Pisa, único monumento
de la pintara al freieo.— La escuela
da Oiotto, no sólo prosperó en Tosca-
na, sino que se extendió igualmente
á Lombardta, en donde llegó á contar
eotre sus miembros áStéfano j Jaime
de Verona. Guisto, Juan Miretto, A.1-
liehiero y Jaime Avanzi. Por la mis-
ma época, la escuela de Siena, repre-
sentada por Simone de Martino, con-
tinuaba (iistiiiguiéndose por la dul-
zura del estilo, el cual degeneró luego
rápidamente hasta debilitarse j extin-
guirse. Los pintores á quieaes se ha
liado el n ^mbre de miniaiuritias, entre
los que figuran Odertgi d'Agubbio,
Franco de ijülonia, Vital delle Mado-
ne, Pianello Lippo Dalmasio, Getitile
de Fabriano, Guido Palmemeci y Fra
Angélico de Fiésole, se iospiraron en
su talento; es la misma manera de
pintar con tintas débiles; el mismo
cuidado en evitar todo rasgo dema-
siado saliente de la vida real v de es-
piritualizar la naturaleza huuiana. —
''on el siglo XV se manifestó, en la
pintura italiana, ana tendencia cada
día más pronanciada á reproducir la
naturaleu en toda su verdad; á rom-
per las trabas impuestas hasta enton- |
ees al arte por las exigencias del es- [
tilo religioso, y á abarcar, con una
libertad iti;mitada, todos los asuntos,
asi profanos como sagrados. El do-
minio del arte iba á engrandecerse:
forma, cl^resión, disposición, ador-
nos, mc'^'.ülado, claro-oscuro, colo-
rido, debía ser objeto de un
cuidado' examen. Tres pintores de
la escuela florentina ejercieron una
grande influencia sobre este nuevo
desenvolvimiento de la pintura en
el camino de la naturalidad: Paolo
Uecello, el cual aplicó i su arte los
principios de la perspectiva lineal;
Massolnio, con quien la ejecución
práctica obtuvo notables progresos, y
.Massaccio, sobre todos, quien, desem-
barazándose de los últimos restos del
arte tradicional, inauguró lo que po-
dría llamarse estilo dram 'itico. Después
de éste, se puede mencionar á FiUp-
po Lippi, el primero que representó
en los cuadros paisajes de cierta im-
portancia; á Botticelli, BaldoDÍnetti,
Andrés del Cartagno, Benozzo Gonza-
li, Roselli, Ghirlandajo y PoUajuolo,
cuyas pinturas se distinguen ^_or la
ciencia anatómica, y á Luca bigno-
relli, Fra Bartolomeo y otros. Una
costumbre común á todos estos pinto-
res, fué la introducción en susobrasde
retratos de contemporáneos. ElfMfura-
lismo llfgó igualmente ¿practicarse en
Lombardia, y ai no se le encuentra
aún en la escuela de la cual formaron
parte Joppa, Civercbio, Revilacqua,
Fossano y Montorfano, inspiró al me-
nos la de Padua, fundada por Squar-
cione r Andrea Montegna: de aquí se
extendió á los Estados venecianos con
Parentino, Pizzolo y Buono; á Bolo-
nia, con Lorenzo Costa; á Ombría,
con Fíorenzo di Lorenzo; á Parma,
con los hermanos Mazzuoli; á Lodi,
con los hermanos Piazza, / á Milán,
con Bramantino y Borgognone. Sin
< embargo, hubo en Ombría, particu-
larmente en Perusa, una escuela que,
adoptando completamente los progre-
: sos que hacía la pintura en la eje-
cución práctica, conservó las tradi-
: clones del estilo religioso, sin dejar-
las alterarse al contacto de las ideas
antiguas y paganas, y que puede con-
siderársela como nacida de la escuela
' de Siena 7 de los miniaturistas del
' siglo XIV. Después de haber contado
I entre sus maestros á Tadeo Bartolo, de |
■ Siena; Martinelli, Antonio de Folig-
1 no, Besonfigli y Nicolás Alunno, aa-
! quirió nuevo brillo con Pinturicchio
, y Pedro Vannuchi, llamado el Perugi-
■ no, el cual tuvo á su vez por discípulo
) á Luitrí l'ln^egnoy Manni, San Gior-
i gio, Pacchiarotto v últimamente á
1 Kafael Sanzin, que los eclipsó á todos.
! Bolonia tenía también, eu Francesco
> Francia, un jefe de escuela, el cual se
- aproximaba bastante á los artistas de
- Perusa por el sentimiento piadoso y
• la delicadeza de la ejecución. Aparte
t de los pr gresos del naturalismo en el
i arte, el siglo xv vió operar otra revo-
k lución, cuya señal dió la escuela ve-
' nsciana, que había permanecido fiel
más tiempo que las otras á la pintura
bizantina. Antonello de Messina, po-
seedor del secreto por el cual Juan de
Bniges había hecho más fácil el em-
pie.) de la pintura al óleo, lo introdu-
jo en Venecia por loa años de 1450,
en tanto que el Dominico lo daba á
conocer en Florencia. Este género de
pintura fué adoptado en todas partes
para los cuadros de caballete; pero los
primeros que se sirvieron de él para
reemplazar el fresco en las grandes
comp )SÍciones, fueron los artistas ve-
necianos. Juan Belliní y gn hermano
Gentile dieron á la escuela veneciana
esa superioridad de colorido qne tan-
to la na distinguido siempre. Entre
sus discípulos ó émulos, se citan á
Cima de Conegiiano, Basaiti, Buon-
consi^Iio, Marescalco, Previtali, Pe-
nacchi, Catena, Bissolo, Santa Croce,
Rocco Darcone, Juan de Udiue, Ca-
riano de Bérgamo, Pellegrino de San
Daniele, Carpaccio, Mansueti, Laz-
zaro Sebastiani, Libérale, Francesco
Morone, Girolarao dai Libri y Mon-
tagna de Vicenza. Cualquiera que
f íese el mérito de estos pintores, to-
dos ellos quedaron mujrpor debajo de
los artistas que condujeron el arte al
úhimo extremo de la perfección, como
Leonardo de Vincí, Miguel Angel,
Rafael, el Giorgione, elTizianojel
Correo;gio, jefe de la escuela de Par-
ma, llamado el Divino. Por la cir-
cunstancia de haber nacido hacia fines
del siglo xr, se les designó por sus
discípulos con el nombre de Cingue-
centisíi, esto es,auíoretdeldécimojui»Ío
siglo, Leonardo de Vinci, después de
haber estudiado en Florencia con Ve-
rrocchío, llevó á la escuela milanesa
nueva y fecunda vida. Puede afirmarse
que ningún artista realizó tan cumpli-
damente como él la idea que se tenía
de la antigua pintura: ciencia de la
perspectiva y de la luz, estudio minu-
cioso'de la tbrma, arte del modelado,
anchura del dibujo, suavidad exqui-
siu de pincel, profundidad de expre-
sión; no le faltó más que el genio
creador de Miguel Angel 6 de Rafael
para ser el pintor más grande de los
tiempos modernos. Sin hablar de la
famosa Cena de Milán, fresco admira-
ble, considerado como su obra maes-
tra j del cual apenas quedan restos
hoy día, pueden citarse los lienzos
que posee el museo del Louvre: la Vir-
lyen, el Niño Jesús ¿ianía Ana, y ese
retrato de Mona Lisa, célebre bajo el
nombre de la Joconda, pintado, según
las expresiones de Vasari, «de una
manera capaz de hacer estremecer al
artista más vigoroso.» Después de
Leonardo de Vinci, la escueta mila-
nesa fué representada en el siglo xvi
Sor Bemardino Luini. Melzi, .^alaino,
[arcod'Oggione, Cesare da Cesto, Sa-
lario, Beltrafüo, Gauden^ío, Ferrari,
Kazzi, apellidado eI^o'/ü]»a,yBecca Ai-
mi. Miguel Angel se abrió un camino
independiente. Apenas dejó más que
una obra de pintura, el asombroso fres-
co del Juicio final c^Me adorna la bóve-
da de la capilla Sixtinade Roma, pues
los cuadros que le le atribuyen fueron
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Íd8
ITAL
ejecutados por sus discípulos según
sus dibujos. El calor de su composi-
ción, su conocimiento profundo de la
anatomía t la Talentía de sus contor-
nos j de sus eaeorzos, le dieron, como
en U arcjuitectura 7 ^ escultura, una
originalidad poderosa, llevada hasta
la exageración por sus imitadores.
Si se exceptúan á Daniel de Valtena
y Sebastián del Piombo, demasiado
éonoeedores para reproducir las faltas
del maestro, no se encuentran, des-
pués de él, más que pintores que ca-
yeron en la hinchazón y en la false-
dad, como Yasari, Rossi, Naldini,
los Zuccari.. Vanni, el caballero de
Arpiño, Fontana, Cesi, Semíni y
Cambiaso. En la pintura de retrato,
Atigello Allori, llamado Broncino (tos-
tado ó quemado del sol), j su sobrino
Alessandro, pertenecen i una misma
escuela. Ha^ que exceptuar á Andrea
del Sarto, cuja pintura se aproxima
á la escuela naturalista, aunque sua-
vizadft por una gran sencillez y una
ertremada finara de dibujo y de ex.-
presión. Fueron sus discípulos Fran-
ciabigio, el Pontormo y el Rosso.—
Rafael Sanzio, apellidado el Dimito^
es el verdadero jefe de la escuela roma^
na. Reunió las cualidades de los otros
maestros, sí no en el mismo grado de
perfección y de autoridad, en una
medida que fai-/.o de él el primero de
los pintores, según el juicio de su
época: aunque más ^ue juicio, pu-
diera llamarse sentimiento. Habiendo
tenido por maestro al Perugino, se-
gún queda manifestado, tomó de la
escuela ombriana esa expresión pia-
dosa, ese donaire recogido y casto,
esaduhura indefinible, esos contornos
sutilísimos, envueltos en un aura que
nos fascina, cujo género se adaptaba
tan admirablemente i la naturaleza
de su inspiración. Rafael tuvo indu-
dablemente la concepción más alta y
sublime de la grandeza ideal de la
naturaleza humana, y su genio mara-
villoso se refleja en todas sus obras,
sin debilitarse nunca, con la misma
belleza, pura, misteriosa, solemne.
De entre sus grandes creaciones cita-
remos solamente: El Pasmo de Sicilia;
La Disputa del Santísimo Sacramento;
La Escuela de Atenas; La Transjigv-
raciiSn; Las Sibilas; El Triunfo de Ga-
latea; Las Bodas de Psyché; La Ba-
talla de Constantino; La Virgen de Fo-
ligno; La Madona de Sixto V; La Sacra
Familia, del Louvre, j los retratos de
^«¿10 JI y áe la Fomarina. Hasta
aquí hemos seguido las ideas de los
tivmpos del gran pintor, aquellos
tiempos que lo divinizaron, porque
Rafael no era el maestro, sino el Dios
de Roma y sus discípulos. Los mo-
dernos, sin mermar en nada el in-
menso renombre que le pertenece
pues la fama tiene también su juro
de heredad, no ven en Urbíno el pri-
mer genio de la pintura italiana, su-
bordinándolo á los dos maestros que
Síntaron los célebres cartones de los
Lédicis. Rafael de Urbino se formó
mediante la industria de su díligen-
eift, en tanto que lo« doi mantros de
ITAL
los cartones se crearon por su propia
virtud, cual sí la inspiración divina
se hubiese reflejado en el maravilloso
panorama de su genio. Realmente,
Rafael estudió el ideal clásico de Leo-
nardo de Vinci, la magnífica audacia
de los frescos de Miguel Angel, el co-
lor magistral de Fra Bartoíomeo, la
naturalidad de los antiguos florenti-
nos, la antigüedad en las coleccio-
nes de Roma; y de todos los caraote-
res, de todas las formas, de todas las
bellezas, que supo trastornar, acomo-
dándolas á su imagen y semejanza,
resultó el milagro de su escuela; es
decir, cierto conjunto armonioso, sor-
prendente, fascinador. Cuando se es-
tudian las dos épocas de la pintura
de Rafael, se ve claramente que es un
discípulo de los grandes cartones de
Florencia, lo cual significa que viene
de los dos maestros verdaderamente
reformadores y ori^nalísimos, Leo-
nardo de Vinci y Miguel Angel. Para
couTencemos de este verdad, basta
examinar los frescos de Urbino en la
basílica del Vaticano, pertenecientes
al primer período de su arte, y el
fresco que se halla en la pared dere-
cha de los corredores por donde se
va á la capilla de Sixto V, el cual re-
presenta el famoso incendio de Íl Sor-
go, en que un hijo salva á su padre
anciano, llevándole sobre las espal-
das entre torrentes de llamas rojizas
Í' de humo negro. En los frescos de
a basílica de San Pedro admiramos la
corrección prnpia de Urbino, limpia,
brillante, angelical; pero desnuda de
la majestad de la proporción v del
prestigio de la fuerza creadora. En el
fresco del célebre incendio del barrio
de Transtévere, encontramos ya. la
noble osadía, la imponente grandeza,
el generoso Impetu, el alma creadora
y potente, que Urbino tomó de otra
parte. Tor ultimo, en los frescos del
Vaticano, Rafael pintó con sus propios
pinceles: en el fresco deilBorgo, pin-
tó con el pincel del monstruo que ha
inmortalizado la capilla Sixtina. Los
mejores maestros de la escuela roma-
na, después de Rafael, fueron Julio
ITAI
maestro i su vez de Cagliari, de Pal-
ma el Joven y de los Bassanos. En
cuanto á Correggto, si bien pecó bajo
el punto de vista de la pureza y gra-
vedad del estilo, sobresalió en cambio
por la anchura del modelado, la dis-
tribución de la luz y de lat sombras,
la calidad del tono, la excelencia del
empaste T la solidez de lá pintura. Bl
arte del Gorreggio era el reiultado de
un instinto y ae na sentimiento par-
ticulares, que no podían formularse
en doctrinas, por cuja razón no llegó
á constituir una escuela, dus obru,
sin embargo, excitaron el entusiasmo
general, y de aquí el que tuviera mu-
chos imitadores; entre ellos, Francis-
co Mazzuoli , apellidado el Pannegiani-
no, y Schidone de Módena, en quien
la dulzura degenero en morbidez, el
sentimiento en afección, j la fisei-
lidad en licencia. Después de esta
edad gloriosa de la pintura italiana,
empezó la decadencia en el siglo xtii.
Tres hermanos, Luis, Aníbal y Agus-
tín Garraeci, Intenteron atajarla; hi-
ciéronse jefes de una escuela llamada
ecléctica, en la cual se procard reunir,
como en un haz, las cualidades intai-
tivas de los maestros precedentes. De
esta escuela salieron Tiarini, Cavedo'
ni, Spada, Massari y Salví, eclipsa-
dos luego por algunos de sus compa-
ñeros, los cuales contaron á su vez
discíj^ulos distinguidos: el gran Gui-
do Reni, maestro de Cagnacci, de Se-
meuza, de Canuti y d'Elisabeth Sira-
ni; Barbieri, apellidado el Ouerckino
(el tuerto); Albano, maestro de Mola
y de Andrés Sacchi, j el llamado Do-
miniguino, Domenico Lampuri, cujrt
Confesidn de san Gregorio es hoj ri-
val de la Tramformación y de Nuestra
Señora de Poltgno, los dos cuadros
maestros de Rafael. A pesar de los no-
bles esfuerzos de los hermanos Garrae-
ci, los pintores adoptaron el estilo de-
corativo y teatral, que les valió el so-
brenombre de maquiniítas, tomando
frecuentemente por modelo la natura-
leza más vulgar. Al frente de ellos fi-
guraba Miguel Angel de Caravagio,
<^uien tuvo por principales discípulos
Romano, el Primaticio, Niccolo dell'- á Lafranco, Pedro de Corteña, Carlos
Abbate, Francisco Penni, Ferino del
Vaga, Polidoro de Caravagio, Andrea
Sabbatini, Pellegrino, Benvenuto Ti-
si, llamado il (raro/alo, Giacomone
de Faenta, Timoteo Viti ^losCampi.
Giorgione j Ticiano, discípulos de
Juan Bellini, dieron á la escuela vene-
ciana todo su brillo. Los retratos del
uno son notables por su color y su
verdad: el otro, admirable como pin-
tor de historia y también de retratos,
y considerado como el primer gran
maestro que el paisaje ha contado,
posejó en grado sumo la fuerza y la
armonía del color, que constitujcn el
carácter propio de su hermosa escue-
la. A éstos siguieron después Palma
el Viejo» Bonifacio, Lorenzo Lotto,
Schiavione, Paris, Bordone, Pordeno-
ne, Moroni, Romaníno-Man;anza, Bru-
sasorci.Moro, MorGtto,Farittata, Cam-
pagnola, Zelotti, Savoldo, j, final-
mente, Tintoretto y Pablo YennMe,
Maratta, Antonio Canaletto y Car-
los Cigoain. Estos mismos principios
fueron aplicados á la escuela napolita'
na, la que, hasta la llegada de Penni
Íde Polidoro de Caravagio, sólo ba-
ta producido á Colantonio del Fiore
y Antonio Salario, conocido con el
nombre de el Zíngaro (el gitano). Ri-
vera, llamado el Bspagnotetto; Preti,
apellidado ilCalabresse; SalvadorRosa,
Luca Giordano y Solimene, están se-
ñalados como los representantes mM
famosos que tuvo aquella escuela.—
El estilo de los maquinistas fué impor-
tado á Venecia por Turchi 7 Basseti,
á Verona, por Salmeggia, Tiépohy
Ricci. Otro pintor, el tíarocho, poso
en moda la gracia melindrosa 7 «'
sentimentalismo, que fueron tai^ien
los caracteres de Carlos Dolci.— En ^'
iglo xviii, sólo figura Pompeo Batto-
li, afiliado á laescuela ecléctica, ües-
iu6s de esta época,- Appiadi^ «A Hi-
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ras
■ US
más
ITAL
lán; Benvenuti, en Florencia, y C«-
maecini, en Roma, experimentaron
más ó menos la inSuencta de la escne-
la francesa de David j se Ies puede
considerar, por sus garandes decoracio-
ñas al fresco, como unidos á la escue-
la da loa maguinistu. Merecen citarse,
por último, el pintor francés Fabre,
estableeido en Florencia, cuyos paisa-
jes no son menos notables que sus cua-
dro» históricos; Hajrez y Pelagio, pin-
tores de historia, en Milán; ^gliara,
pintor de arquitectura; Brmini, antor,
en Floreocia, de lindísimas miaiatu-
s, T Sabbatini, muy elogiado por
s dibujos hechos a pluma,— Para
BS cabní conocimiento de la historia
de la piutura italiana, puede verse:
Vasari, La Vita de pillori, Florencia,
1550, en folio, traducida al francés
por Jeanron y Léclanché, París, 1840,
10 Tolúmenea en 8.°; Lanzi, Éittoirt
de la peiníure en lialie, traducida al
fíancés por M.""» Dieudé, París, 1824,
5 volúmenes en 8.*; Artaud, Contide~
raíiong <«r l' etat de la peintwe en lia-
lu daiu les úuaíre sihlet gui <mtpréc¿-
tUeeUi de Éapkaél, París, 1808 y 1812,
eu 8.*; Andy, Riitoire de la peinture
en Jíalie, París, 1817. en 12.%Bour-
bet, ffittoire de la peiníure en lialie,
París, 1817; G.-T. James, The Ualian
schools of painíingt Londres, 1820,
en 8/; W. Ottlev, Bisioirede la pein-
ture iialienne, París, 1834, en 8.**; Ros-
síni, Storia della piitura italiana, Pi-
sa, 1840; J. Coindet, Bisloire de la
fieintnre en líalir, París, un volumen
«Q 12.*; De Stendhal, Histoire de la
jteiníure en /¡alie, nueva edición, Pa-
rís. 1860, en 12/
. 44. Música. — En loa primeros si-
g-los qne siguieron & 1» caída del im-
perio Mmauo, la música italiana es-
ubi reducida al canto llano, en sus
dos formas sucesivas, denominadas:
Canto ambrosiano y Canto gregoriano;
su escala, imperfecta y reducida, ser-
vía igualmente para las composicio- '
lies del gñnero profano. No ha sido
posible hasta ahora determinar en qué
ftroporcipn empleó el arte cristiano
os elementos de la música hebraica y
de la música griega. Tampoco ha po-
dido fijarse con exactitud la época eu
qne fueron empleados los instrumen-
tos en el servicio divino: según gene-
ral opinión, el uso del órgano en la
Iglesia romaua data del aQo 670. Des-
de esta fecha hasta el siglo xi, los
hechos relativos á la música italiana
son rarísimos. A Oui d'Arezzo, monje
benedictino, muerto en 1050, se le
atribuyen grandes reformas en el sis-
tema musical; creó el diapasón mo-
derno, convirtiendo en un hexacordo
los tetimcordos de los griegos; dio á
las DOtas los nombres con que hoy se
Ies designa; imaginó el espacio y es-
tableció el uso y la distinción de las
llaves. Forlcel ha combatido victorio-
samente esta tradición; pero no por
elloqaeda menos demostrado que Uui
d'Arezzo coleccionara los preceptos de
indsiea, poco extendidos entonces, de
^us antecesores y contemporáueos, y
que introdujera un naevo método para
ITAL
la enseñanza del canto. Las guerras
de que fué teatro la Italia durante la
Edad media, detuvieron los progresos
del arte musical, y para hallar nuevos
indicios, hay que remontarse á fines
del siglo siii. Dante elogia á un mú-
sico llamado Casella. y un amigo del
mismo poeta, Scocchetti, puso en mú-
sica algunos de sus versos. Por esta
e'poca, Marchetto de Padua, comenta-
dor de Francdn de Colonia, escribid
un Lucidarinm música plana y un Po-
marium música mensurata,insevto8 por
Gilberto en su colección de los Serip-
tares eclesiasíici de musieá sacrá (to-
mo III). — En el siglo xiv, un floren-
tino, Francesco Landino, apellidado
Cieco (el ciego), fué muy celebrado,
no solamente como compositor, sino
como organista, y algunas de sus
obras se encuentran en un manuscri-
to de la Biblioteca imperial de París.
En 1310, una sociedad de músicos
ejecutó en Florencia los Landi spiri-
tuati. Boccacio nos representa á los
ftersonajes de su Decamerón tocando
a viola y el laúd, como acompafta-
miento de canto y danza; de donde se
puede inferir que la música se culti-
vaba ya por las gentes del vulgo.
También habla de un tal Minuccio
d'Arezzo, como excelente tocador de
violay cantor consumado. Finalmente,
existe una bula del papa Juan XXII,
en 1322, en la que se prohibían las
semibreves, las mínimas, las armonías
bárbaras j todos los adornos (^ue ha-
bían alterado la pureza primitiva del
ITAL
199
Nápotes se fundaron tres escuelas: la
de Santa María di Loreíto, en 153^; la
Pietá dei Turehini y Sant'Onofrio, en
1583, y la de Ipoveri di Giesu Ckrit-
to, en 1589. En Roma, en Florencia,
en Verona y en Milán, florecieron
otros establecimientos de la misma
clase. Los géneros de composición se
distinguen los unos da los otros, peto
todos se cultivaron con buen éxito. A
IVlestrina, discípulo del francés Gon-
dinel y sucesor de Animuccia, como
maestro de capilla de San Pedro, en
Roma, se le apellidó el Creador de la
música de iglesia modema;a\i» composi-
ciones, si bien carecen i veces de me-
lodía, se distinguen, en cambio, por
la claridad y majestad del estilo, la
sencillez en la modulación y la obser-
vancia severa de las reglas de la ar-
monía. Fué jefe de la escuela romana
y contó entre sus discípulos é imita-
dores á los hermanos Juan María y
Bernardo Nanini, Felice Auerio, An-
tonio Cifra y Ruj^iero Giovanelli. La
escuela lombarda se hiao igualmente
famosa y contó, además ae su jefe
Costanzo Porta, á Pietro Ponzio, de
Parma; á Orazio Vecchi, de Milán, y
á Paolo Cima. Rocco Rodio fué la
principal gloría de la escuela napoli-
tana, en tanto que la veneciana, fun-
dada por el ñameuco Willaert, tuvo
por representantes á Giovanni Croce,
Giovanní Feretti, Mateo Asóla, An-
drea Gabrieli, Giovanni Gabrielí, so-
brino del anterior, y Antonio Sarto-
rio. A este mismo siglo corresponde
una nueva forma de composición sa-
canto eclesiástico. — Durante el si-
glo XV, varios artistas de U escuela \ grada: el oratorio. La música profana
galo-belga vinieron á dar impulso al tomó vuelos al mismo tiempo qne la
genio italiano. La capilla del Papa y
í8 de las otras cortes de Italia re-
clutaron varios compositores y canto*
res flamencos, franceses, españoles y
alemanes, Juan Tinctor partió de Bél-
gica, por los años de 1450, para fun-
dar una escuela en Nápoles; un ale-
mán, Enrique Isaak, fué el primero
que, hacia 1475, escribió en Florencia
los Cantos carnacalescos. Entre los ita-
música religiosa. Las melodías popu-
lares napolitanas, conocidas eon los
nombres de ana, eanxonetta j villa-
nella, estuvieron en moda en toda Eu-
ropa, como lo habían estado en la Edad
medía los cantos de los trovadores.
Diferentes sociedades de aflcionados
cantaban madrigales, compuestos para
varias voces y en un estilo /it^aío, so-
bre versos de Petrarca, de Ariosto ó
líanos, en quienes el ejemplo de los | del Tasso, por Animaccia, Palestrina
extranjeros excitó la emulación, se y Luca Marenzio, de la escuela roma-
cita un famoso organista de Floren- ¡ na; el príncipe Gesualdo, de la escae*
cía, Antonio dfglt organi. El piutor la napolitana; José Calmo y Giacomo
Leonardo de Vinci fue músico y toca- Gastoldí, de la escuela lombarda, y
ba diferentes instrumentos; el duque ' Costaazo Festa y Antonio Bi£S, de la
Luis Sforza fundó en 1483 una es- | escuela veneciana. Hacía 1583, tomó
cuela pública de música, en Milán; nacímieato en la corte de los duques
Prosdocimo de Beldemandis, natu- 1 de Ferrara y en Venecia una nueva
ral de Padua, es autor de unos tra- , especie de música, la música concer-
tados sobre la música acompasada ' tante, cuya introducción se atribuye
y sobre el contrapunto; Francisco Ga- , á Annibale Melone, compositor de la
torio, de Lodi, abrió en Mantua, en escuela romana. Finalmente, en 1590,
Verona y en Milán varios cursos pú- fue considerablemente perfeccionado
blicos sobre la música, mientras que el sistema de la armonía por Claudio
en sus obras: 2'heorica música, Practi- Monteverde, discípulo de la escuela
ca música. De harmonia musicorum ins- , veneciana. Otros varios escritores con-
írumentorum, se halla completamente tribuyeron también á los progresosdel
expuesto el sistema musical déla épo- arte, particularmente, Pedro Aarón,
ca. Con el siglo XVI empezó un período Luis Fogliani, Juan María Lanfran-
brillante para el arte italiano. Octavio co, el i)adre Angel^de Picitón, Nicolás
Petrucci de Fossombroue inventó, en Vicentino, el abad Aifi*uino, Juan
"^"•^ ' " -'aArtusi ■ "
aatematí
Bottr¡ga__, __ _ _
con este medio de propaganda. En na, el padre Ludovico Zaccoui y Zar-
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200 ITAL
ITAL
ITAL
loni, quo fué il más aotable de todo».
Bl siglo XVI presenció el estreno da
un genero nuevo, el género dramático,
destinado á adquirir en las edades au-
cetÍTas una importancia j una aupe-
rioridad iacon testa ble. La aplicación
de la música á loa dramas era sin du<
da más antigua, puesto qua en 1440,
seffÚD UQoa, 6 aa 1480, aes-ún otros,
se oabia ja reprasentado en Roma una
Converiiónde t»n Pablo coa música de
Francisco Barerini; en 1475, un dra-
ma de Angel Politién, titulado Or/eo;
y aun se añade que, desde el año 1300,
se recitaban en verso las acciones he-
roicas de los grandes capitanes al
compás de la música. Pero estos anun-
cios del arte no eran más que ensayos
informes. Alfonso della Viola, maes-
tro de capilla en Ferrara, pasa por el
primero que unió el canto á la .decla-
mación en las representaciones escé-
nicas, j 0,0 cabe ya. duda ninguna de
qu0 la pieza más antigua que apare-
ci5 .en forma de ópera es el Orbeccko,
de Oiraldi Cinthio, tragedia que aquél
puso en música j que fué representa-
da en Ferrara en 1541. Claudio Ue-
ruUi Orazio Vecchi t Emilio del Ca-
valiere hicieron también algunas ten-
taiivas dfll mismo genero; pero todas
ellas no eran más que especies de mo-
nólogos, compuestos en estilo de ma-
drigales y cantados por varias voces,
sin acompañamiento de ningún ins-
trumento. Con la Dafne, de Perí, re-
presentada en Florencia en 1597, y
en Im cual la declamación hablada
fué sustituida por el recitado ó decla-
mación lírica, se diú un gran paso
hacia adelanta. El brillante éxito de
estn inn)vaci>ín fué consagrado por
U Swridice, de Parí y de Julio Cacci-
nt, oajro estreno tuvo lugar en Fio*
rencia en 1600, con motivo del ma-
trimonio de Enrique IV con María de
Médicis, y por la Ariadna y el Or/«o,
de Mouteverde, en 1607. Es digno de
notarse que por este tiempo empeza-
ron á emplearse algunos instrumen-
tos de orquesta. El drama lírico per-
maneció estacionario durante los pri-
meros años del siglo xvji. Francesco
Cavalli, maestro de capilla en Flo-
rencia, intentó, en su ópera de Ja$Q»
(1649) ponerla expresión de sus arias
en armonía con la situación de los
Sersonajes, mientras que Carissimi
íó más gracia al recitado, más movi-
miento, variedad t elegancia á los
acompañamientos de bajo; una forma
más regular á los oratorios, y puso
en moda la initramantación de or-
questa en la música de los templos.
Álejand ro Scarlatti separó del recitado
el aria, la cual se confundía frecuen-
temente con él, y creó la »info»ia. La
construcción de teatros permanen-
tes y públicos permitió multiplicar
las representaciones, que, hasta en-
tonces, habíun tenido lugar en los
salones particulares. Dominico Maz-
zocchi, músico de la escuela romana,
se distinguió en la composición de los
madrigales; Gregorio Allegri, Valen-
tioi, Beruabeí, Henévoli, Pertí j Sté-
fani, en U música sagrada; Colonna,
en 6! oratorto. Horacio Benévoli, maes-
tro da capilla del Vaticano, perfeccio-
nó la ciencia del contrapunto, en tanto
que la cant-xta, destinada á reempla-
zar al madrigal, fué cultivada feliz-
mente por Carissimi, Stradella, Scar-
latti, Cestí, Ludovíco Rossi, Bassani,
Latti j Gasparini. La música instru-
mental marchaba á la par con la vo-
cal. Dos familias de guitarristas, de
Cremona, perfeccionaron en samo gra-
do la fabricación de loa violones. Una
escuela de violón, fundada por Gorel-
li, produjo, entre otros tocadores dis-
tinguidos, á Francesco Geminiani,
losnermanos Somis, de Turín; Albí-
noni, de Venecia; José Torrelli, de
Verona; José Valentini, Üarietto, de
Ñápales; Pedro Locatelli, de Berga-
mo, y Veracini, de Florencia. Un cé-
lebre músico de Ferrara, Frescobaldi,
organista del Vaticano, inventó una
nueva manera de tocar el órgano, la
cual consistía en ligar y sostener los
sonidos, representando^ reproducien-
do alternativamente algunos temas ú
objetos de imitación. La ciudad de
Bol onia se distinguió entre las demás
por sus escuelas musicales, hasta el
punto de que tres sociedades se for-
maron en ella en pocos años: la de los
Floridi, fundada en 1615 por Adrián
Banchieri, la de los FUomusi y la de
los Filoschici, establecidas en 1622
y 1633 por Jeirónimo Giacobbi, las
cuales quedaron refundidas en \ti Aca-
demia JUarmónica, creada en 1666 por
Vicente Carratl. Entre los autores de
obras teóricas, se citan á Lemmo Ros-
si, Lorenzo Penna, Scipión Ceretto,
Esteban Bernardi, Camilo Anglería,
Juan María Buononcini, Angelo Be-
rardi, el padre Daniel BartoTi j, so-
bre todos, J.-B. Dont. El siglo xviii
fué, sin disputa, la época más notable
y fecunda de la música italiana. Maes-
tros renombrados conservaron escue-
las de las que salieron grandes talen-
tos en todos los géneros: los Fedi y
Amadorí, en Roma; Pistocchi, en Bo-
lonia; Redi, en Florencia; Brivio, en
Milán; Piíli, en Módena, y Giz/.i,
Púrpora, Leo, Durante, Feo, Sala,
Fenarolí y Tritto, en Nápoles. En
ningún otro tiempo se ha practicado
el arte del canto de una manera tan
brillante: la escuela romana dió á
Bernacehi, Pasi, Fabri, Guarducci,
Ausani, Crescentini, la Gabrielli y
la Catalani; la escuela napolitana fué
ilustrada por Farinellí, CaffarelU,
Gízzielli, Millico, Aprile, Matncci y
la Mingotti; á la escuela lombarda
pertenecen Appiano, Salimbeni, Mon-
ticelli, Guadagni, Giovanne Paita,
Cario Scalzi, Aug. Fontana, Ottani,
David, Marchesi, Viganoni, la Vis-
contina y la Grassini; Porporino y la
Bordiui se formaron en Venecia; Man-
zuoli y la Tramontini, en Fioreticia.
Los escritos teóricos se multiplicaron
y entre sus autores figuran Zacharía
Tevo, el padre Martíni, el padre Sac-
chi, el conde Algarotti, el padre Pao
lucci, el caballero Planelli^Signorelli,
J.-B. Mancini, Maufredjni, el padre
Valotti, el canónigo Belli y el padre
Sabbatini. Con todos estos elementos,
los recursos se aumentaron y el tra-
bajo de la composición llegó á ser
mas rico y abundante. La música sa-
grada contó entre sus tesoros las obras
de Ottavio Píttoni, de Pórpora, de
Leo, de Durante, los 6'laÍaí de Pergo-
lese y de Boccherini, los Salnot de
Marcelo y una infinidad de piezas es-
critas porFioroni, Saludini, Mei,San-
Martini, Santarelli, Bertoni, Casali,
los PP. Martini y Valotti, Zanotti,
VigQoli, Ottani y Orsíai. Lt poesía
del drama lírico, notablemente per-
feccionada por Metastasio, excitaba
sin violencia la inspiración de los
músicos. Tres generaciones de com-
positores dramáticos vinieron suce-
aiéndose en progreso constante en el
transcurso de nn mismo siglo. Perte-
necen á la primera: Pórpora; Leonar*
do Vinci, el cual supo dar á las arias
majror desarrollo y una forma más re-
gular; Perg<)lese, llamado el Divino,
cuyas melodías, llenas de expresión,
aunque poco celebradas en su tiempo,
e:íCitaron después de su muerte el
más frenético entusiasmo; Logrosei-
no, i quien los napolitanos llamaban
el Diot do la ópera bufa; PistorinI, do-
tado de un talento flexible, y Galup-
pi, uno de los mejores compositores
para la ópera cómica. En la segunda
generación figuran: Jommelli, cuja
música de cámara y de iglesia, como
la de sus obras teatrales, se distio-
ffue por la originalidad de las ideas,
a sencillez admirable de las melo-
días y la riqueza dé la armonía; Pic-
cinot, músico de una gran fecundi-
dad, el cual fijó la forma del dúo; Sar-
ti, dulce y elegante en sus melodías,
aunque poco profundo, y Sacchiní,
tan elogiado en Francia por U pureza
y la expresión de sus cantos como
por la facilidad y riqueza da sus aeom-
pañamientos. Tres maestros, por últi-
mo, aventajaron todavía á sus prede-
cesores: Guglielmi, Paisiello y Cima-
rosa, cnjas composiciones, considera-
das como obras maestras de canto,
llevan impreso el sello de la más pro-
funda originalidad. — En la música
instrumental, el siglo xviii produ-
Í'o también artistas distinguidísimos,
osé Tartini. célebre por la invención
de un aistema de armonía, formó una
escuela de violón, en la que enseñó el
nuevo modo de manejar ó conducir el
arco, que él había aprendido de su
maestro Veracini: contó entre sus dis-
cípulos á Nardini, Morigi, Ferrari,
Capuzzi, Gelestini y Pugnati, maes-
tro á su vez de Yiottí y de Brun .
Alejandro Rolla se dió á conocer por
su talento en la viola y en el violoo;
Antonio Lolli 6gura igualmente en-
tre los violinistas; y los hermanos
Alejandro j Jerónimo Berozzi alcan-
zarun una gran reputación: el uno,
en el fagot, y el otro, en el óboe. —
Los últimos años del siglo xvm y^ l 'S
primeros del xix forman un período
intermedio, que se prolonga hasta la
aparición de fíossini, durante el cual
los compositores se concretaron á imi-
tar los modelos de U edad precedente
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ITAL 201
ji perfeeoionar lot procedí mÍ«iitoi;
lia qaa m noten en todo esa tiempo
progreioa seasibles bajo el punto de
TÍstt de Ift ÍDvencí jn. Loi unos, fue-
ron i eitableeerse j hacer represanUr
su obras en el attranjero: Salíeri j
RigkiDi, «a AlemaDÍa; Bernardo Hen-
gaztí, Bernardo Porta. Della Mar(a,
bpontoni, Gherubiní, Paér y Carafa,
en Fraoeia. Los otros, que permane-
cieron en Italia, quedaron eclipsados
con la lleuda del nuero compofitor»
figurando entre ellos: Narzolinii mú-
sico gracioso, aunque falto de nervio;
Vicenzo Federici, el cual escribía
para los teatros de Londres / de Ita-
Lu; Francisco Mosca, de un talento
limitado, j i quiea se atribuye el
primer empleo del crescendo; Francis-
co Gnecco, curo estilo es incorrecto,
débil y trivial; Zio^relli, director
del eoaservstorio de Nápoles; Simón
yÍAjt 6 Majer, imitador do Mozart;
Floiannti, nombrado maestro de ca-
¡ pilla en Roma; los heroaanos Orgita-
I 00, notables por la originalidad de
sui eantínelms; Francisco Morlaccfai,
¡ mósieo bastante feeu udo j estimado, j
I Carlos Coccia, director de la ópera iía-
¡ lianaen Lisbns j en Londres.— A este
periodo se refieren dos grandes funda-
ciones: la del Licfo musical (1805), en
donde ense&ó el padre Mattei, j la del
Cnsenatorio de Milán, á eujo frente
íigaró Asioli com > primer director.—
Macha parte de la gloria da Italia
dorante el sigilo xix, reside en el genio
briUtnta j fecundo de Rossini, cujas
obru maestras alcanzaron na éxito
aiombrosoea el mundoenteio.En 1813
di¿ Tañendo j La líaliana en Argel;
! en 1816, Bl Snrbero de SeviiUj el Oie-
i»; en 1817» La Gazza ladrn j La Ce~
\ nerentola; en 1818, Mosé in Sgitto;
«a 1819, La Donna del lago; en 1824,
Scmlnmis; en 1827, SI sitio de Corin-
to, que no es más que un Maometto re-
tocado para la escena fraQcesa;en 1828,
' Bi Conde Org, j en 1829, Guillermo
TeU. La popularidad de esta música
no puede ser comparada con ninguna
otra de tiempos anteri ^res, encontrán-
dose en ella un caudal prodigioso de
cantos felices, de ¡tispiraeionas dra-
iDttieasjr de melodías elegantes, que
encantan el oído j eonmuerea el co-
razón. En las óperas de los antiguos
maestros abundan los recitados, las
nrías y l.)S dúos: de los primeros usó
It ssini^ pocas veces en sus obras,
> ncuizándolus con riquísimos dibujos
de orquesta; dio más movimiento a la
«ceióu, mayor importancia á los cuer-
pos corales 7 no dejó nunca que el in-
terés se debilitara en el intervalo de
j«i piezas. Todos los medios materia-
les empleados por los precedentes com-
positores, ules como la variedad de
ritmos, los dúos, los concertantes, el
fraceiido, los diversos géneros de mo-
dulieiones y de acompañamientos,
sapo Rossini apropiárselos hábilmen-
te; estos medios, infecundos sin duda
ni las manos de las medianías, reci-
bieron naeva vida eon la fecundidad,
la gracia j el éalor de sas inspiraci o-
Lumias d« Bomíoí ancoaCiaron
interpretes dignísimos, como Veluti,
Hubioi, Zozzari, Galli, Lablancbe,
A. Nourrit, Duprez, la Pasaroni y
Pasta. Los demás compositores ita-
lianos del siglo XIX no hicieron otra
oosa que seguir el sendero trazado por
Rossini é imitar sus cantos, las for-
mas y la instrumentación, entre loa
caales se cuentan: Pacini, Vacoaj, Va<
léntini, Persiani, Baldacci, Aspa, Pe-
trelli, Ricci, Raimondi, Bonficoi, Sa-
Sienza, Coppola, Costamagna, Ne^ri,
ini, Lillo y Casamorata. Por encima
de estos compositores debemos colocar
al famoso maestro Mercadante; y por
encima de Sfercadante y al nivel de
Rossini, i los inmortales Donizetti,
nacido en 1798, lauro hermosísimo de
sus tiempos,7 Bellini, naeído en 1802,
gloria eterna de nuestro siglo, incom-
parable en una dulzura que él supo
convertir en encanto. Si el arte con-
siste en nn embeleso, en nn éxtasis,
en un hechizo, Bellini es superior
á todos; á Rossini también. Cuando
Rossini ojró La Sxtranjera, que fué
una de las primeras obras de Bellini,
exclamó: «Este principia por donde
nosotros concluímos.» Las principales
obras del fecundo y magniBco Doni-
zetti son: Ana Bolena, SI Bllsir de
amor, Lucrecia Sargia, Oemma de Ver-
g^, Marino Faliero, Belisario, La Hija
del Regimiento^ Don Pascual, la Lituia
de Ckítmonaix, Maria de Bohán^ La
Favorita, Los ¡iártíresy Lncla de Lam-
mermoor, cujos nombres bastan para
hacer latir nueaíro pecho y alucinar
nuestra fantasía. Entre las operas más
célebres de Bellini, deben citarse: SI
Pirata, La Sxtranjera^ Mónteteos y
Capeletos, Beatriz de Tenda, La Sonám*
bula. Los Puritanos ^ la Norma, la
perpetua desesperación da los músi-
cos, cuja ópera no es más ni menos
que una melodía. Los afortunados
intérpretes de Bellini fueron: Ru-
bieri, Tamburini, Heric-Lalanda, la
Pasta j la Malibrán, la última de
las cuales interpretó el alma del mú-
sico con el interés de un doble ge-
nio, porque era el interés del genio
¿del amor. Si fuera pérmitido esta-
lacor comparaciones entre talentos de
la suprema alcurnia, pudiéramos de-
cir que Rossini es al poeta sabio; Do*
nizetti, el ángel; Bellini, el querube.
Rossini nos hace ver un mundo; Do-
nizetti nos abre las puertas del Paraí-
so; Bellini nos conduce al cielo. Cuan-
do veamos que alguna criatura llora,
ojendo cantar, no preguntemos quién
es el autor de a^uel canto. Bl interior
de Vicente Bellini es un alma pobla-
da de seres divinos. Murió cuando no
había cumplido 32 aüos. ¡Qué dolor
tan grande para el artel Bs decir, ¡qué
dolor tan grande par» todos! Paro de*
bemos eonsolarnos:
■Si bnen» flor m net taé,
Bsen aroma noc d«j6.>
El compositor más nombrado des-
pués fué José Verdi, notabilísimo por
sus progresos en materia de instru-
mentación y da interés dramático.
Rossini decía que todo lo malo de
Verdi era sujo, mientras que lo bueno
I
ara copiado. La aborrsef* en talas
términos que, hallándose una vea
en Bolonia, si mal no recordamos,
abandonó inmediatamente la ciudad
porque allí se representaba el Bigoletto.
Sin embarffo, Verdi eaiuó eierta revo-
lución eit la mdsiea de tn siglo y ma-
chos le llaman: el rey de U escena. Bu
la música religiosa puede citarse al
abate Baini, compositorj cantor de la
capilla ponti6cal, y i Tereiani, maes-
tro de capilla de San Juan de Letrán.
Bn la música instrumental, se distin-
guieron el organista Parisí y los vio-
linistas Poliedro y Rovelli, que el
maravilloso talento de Paganini hizo
olvidar. Paganini era una especie de
semidiós del violín, conTartido por
aquel gran genio en arca misteriosa
da la música.
45. Lengua, — El italiano as ano de
los idiomas neo-latinos, al eaal ha aído
considerado, aa sa más elevado ori -
gen, como una daodécima forma del
antiguo latín. Bn efecto, al latín pri-
mitivo, siguiendo la lej {^neral da
las lenffuas, fué continuamente per-
diéndolas formas complicadas de sus
declinaciones y conjugaciones, para
adoptar las más claras y analíticas; ai
lado, pues, del latín literario, fijado
por los escritoras de genio y hablado
por laa clases instrnmas da la socie-
dad romana, existía una lengaa me-
nos correcta, aunque igualmente ló-
gica, llamada lengua rustica y lengua
de los campos, que era la de los cam-
Sesinoa, la de la plebe y la da los sol-
ados. Desda el siglo ii de la era eris-
tiaua, se ancaentran sefialas da asta
lengua en las inscripciones da las es-
taca mbis, en las.cuales veíase ja ano
de los caracteres principales qaa ha-
bía de ofrecer luego el iuliano: la su-
presión de las declinaciones, j la ten*
dencia hacia ana terminación única
délos sustantivos. Con el tiempo, j
bajóla induencia de los cataclismos
históricos, esta lengua popular acabó
f)or sustituir al antiguo latín en el
enguaje ordinario. El primer monu-
mento escrito en este nuevo idioma,
que puede ja llamarse italiano, data
del a5o 1135; as una inscripción en
varso grabada sobre una piedra de la
bóveda de la catedral de Ferrara; paro,
desde el siglo iz y aun el tux, sa en-
cuentran también rastigios de la nae-
va lengua en los nombres propios
de hombres j de lugares (^ue contie-
nen las actas privadas ó publicas. Los
caracteres de este italiano antigno,
que ha conservado el italiano moder-
no, consisten: 1.°, en una terminación
invariable ó casi invariable, sustitui-
da á las desinencias variadas de la de-
clinación latina, j que fué, ^neral-
mente, la del ablativo latino singular:
así, se dice genitore, domino, en vez
de geniíoris, genitorem, domini, domi-
num; 2.*, al italiano descompuso las
formas complicadas por las enales al
antiguo latm marean los diversos
tiempos del verbo, por medio de Yer-
bos auxiliares, como ter6 estar, haber
ó tener, hacer, ir y venir; 3,*, H sopre-
sión de los casos, qoe determinaban
tDHÓ III CQ
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202 ITAL
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ITAL
lai relaciones bajo'Us caáles concebía
la intelig'encia los objetos exteriores,
trajo el uso de voces particulares (pre-
fiosiciones) para continuar marcando
as relaciones expresadas: líber Petri
viene ¿ ser il libro di Pietro, El anti-
guo adjetivo del latía Ule, illa, em-
pleado ja por el mismo Cicerón con
el g^enitivo de un modo determinado,
vino á ser como el compañero insepa-
rable del sustantÍTO, j formó la espe-
cie particular de rocablos llamada
artículo: il, U», eali. La inmenia
majoría de laa palabras italianas ea
incontestablemente de origen latino;
sin embargo. la Ztaua llegó á vene
durante largo tiempo tan perturbada
por las invasiones, que puede decirse
que su lengaa tiene una Ssonomía
menos latina que el español. El ita-
liano ha conservado un considerable
número de voces pertenecientes á las
lenguas de los pueblos que precedie-
ron á los latinos, tales como el ílíri-
eo, el etrasco, el ombriano, el oseo j
el sabino; ha tonudo algunas ex-
presiones á las razas conquistadoras,
galos, germanos y eslavos, j recibido
otras varias de los sarracenos j de los
ponedores griegos de la baja Italu.
Mái armonioso, aunque menos sonoro
que el español, el italiano tiene de
nuestra lengua la abundancia v la
sencillez; sencillez que está unida al
origen democrático de la lengua, la
cual se formó en las poderosas repú-
blicas de Pisa, de Florencia, Genova,
Venecia y Pav(a. Por otra parte, el
fran numero de genios diferentes que
an escrito en asta hermosa lengaa,
la han adaptado á todos los tonos,
desde el más trivial hasta el más su-
blime. Aquí debe notarse un fenóme-
no oariosiiimo, el cual demuestra que
las lenguas se subordinan en su for-
mación j desarrollo á ciertas leyes de
una filosofía que pudiera llamarse
histórica. Realmente, en las alterna^
ti vas del idioma italiano se ven refle-
jadas punto por punto las distintas
fases de la vida política de aquella
gran nación. Asi sucede que la len-
gua aparece sencilla, concisa, viril,
en progreso constante, mientras que
el pueblo de aquellas repúblicas, des-
fdegaiido toda su energía, todo su va-
or, todas sus virtudes, conservó en
sus costumbres la sencillez j la rude-
za da la sobriedad. Por el contrario,
la lengua italiana perdió sin duda la
fuerza nativa de su origen, la virtud
de las primeras razas, ctiando las cos>
tumbres se corrompieron, cuando los
hombres se afeminaron, cuando la na-
ción, caída del antiguo trono, notuvo
aliento para defender el sagrado de-
pósito de su independencia. Al caer
el pueblo cayó su palabra, como cayó
subistoria, como cayó su literatura,
como cayó también su hermoso arte.
£1 italiano se halla muy lejos de ser
hablado con la igual pureza en toda
la península, pues existen numerosos
dialectos, mu^ separados del italiano
clásico, que tienen su origen en la
invasión y la conquista. Los más in-
eorrectot ion «1 lombardo, el vmciano.
y particularmente, el nap»litano de los
calabreses y de los abruzos. El tosca-
no de Florencia es el italiano niás
puro, castizo, entonado y armonioso,
notándose que, en boca del pueblo ro-
mano, toma un acento particularísimo
de nobleza y de melodía. Así se dice,
á guisa de proverbio: «habla toscana
en lengua romana.» En efecto, oirel
toseano i una mujer educada de Ro-
ma, es eomo oir fa vibración de un
arpa 6 ú canto de un av«. No pa-
rece sino que el italiano clásico es el
dialecto toseano, elevado á la cate-
goría de lengua nacional, en virtud
de cierta cultura que la historia ex-
plicará un día. Sin embargo, hay una
opinión que considera el italiano li-
terario como formado indistintamente
de todos los dialectos de Itai-ia., el
cual ha conservado lo que cada uno
de ellos tenia de más perfecto. Esta
opinión, que es la del Dante, ha to-
mado recientemente cierto crédito en
el reino de Itaua.. ¡Lástima cierta-
mente que de un idioma tan hermoso
hayan hecho una simple solfk, esque-
leto deforme de la lengua madre! £1
que tenga necesidad da adquirir ideas
más extensas sobre este punto, puede
consultar las obras siguientes: Aeca-
rísio, Graninatica voi^are, Bologna,
1536; Scipio Lentulus, Jíalica fframa~
tica pracepía ac ratio, Nápoles, 1568;
Nouvelle meíhode de M. M. de Porí-
Royal pour apprendre la langue italien^
He, París, 1660; Veneroni, Le maítre
italient Ams., 1691; Corticelli, Rególe
ed otseroationi della lingua toscana ri^
doíta á netodot Bologna, 1745; Soave,
Grammatica ragionaia della lingua ita^
liana, Parma,l772i Luneau de Bois-
fermaia, Conn de Uiuue itaUenne,
arís, 1783; Barberí, Grammaire det
grammaires iUtliennet, París, 1819;
Martelli, Oranmaire iialienn* éUmen-
taire, París, 1826; Cerutti, Gramma-
tica jloso^cé della lingua italiana, Ro-
ma, 1839; Accarisio, Vocabelario ed
ortografia della lingua volgare, Cento,
1543; II voca&olario degli academici
della Crmca, Venecia, 16X2; Antoni-
ni, Ditionario italiano, latino ifrance-
$e, 1735; Atberti di Villanova,2?íc/iW
naire italien /fai^ais,'pAiis, 1825; Bo-
navilla, Voeabolarioettmologicct Milán,
1825; Tomaseo,iV^M<7eo Dmonario dei
tinonimi della lingua italiana. Floran-
cía, 1830; Ditionario della Ungua italia-
na, Bolonia, 1819-26; Vocabolario «»(-
v«rsale italiano, Nápoles, 1829-40, —
Jr. Alunno, Le richeiie delta lingua
italiana, Venecia, 1543; Giambullari,
Jl Gelo, cioé ragionameníi della prima
origine della toscana lingua, Florencia,
1546; Persio, Discorso iniorno alia con-
formita della lingua italiana con la gre-
ca^ Bolonia, 1592; Buonmattei, Della
lingua toscana libri II, Florencia ,1643;
F. de Diano, Fiume delV origine della
lingua italiana é latina, Venecia, 1626;
Oct, Ferrari, Origines lingua itálica,
París, 1676; Galeaoi, DeW uto é de'
pregi della lingua italiana, Turín,l791;
Tozzellí Mazzoni, Origine della linaua
italiana, Bolonia, 1831; Romani, Ó^e-
re tojira ia lingua italiana, Úilan,
1825; Castiglía, Studii dtlla lingua iUh
liana, Patermo, 1836.
46. Literatura. — La historia de la
literatura italiana puede dividirse en
cinco períodos: el l.'.que se extiende
hasta el siglo \iv, abraza la reapari-
ción de las letras en Italu después
de la invasión de los bárbaros, y los
primeros ensayos de los poetas bajo la
influencia de los modelos provenzalei;
el 2.*, que aparece dominado por tres
grandes figuras: el Dante, Petrarca y
Boccacio; el 3.°, que comprende la se-
gunda mitad del siglo xv, todo el xvi,
que^ es la edad del Renacimiento, y
encierra lo que se llama el siglo d«
León X; el 4,°. que se compone del si-
glo xvix, durante el cual la Italia, á
f tesar de su decadencia, obró sobrólas
iteraturas vecinas, y del xviu, en
que experimentó la influencia france*
sa; y el 5.°, que comprende It edad
contemporánea.
Primer período.— ha literatura ita-
liana no procede inmediatamente de
la literatura latina, pues las letras ro-
manas, que se hallab an en decaden-
cia casi desde la época da los empera-
dores, fueron decliuando hasta Uins-
tantino, «1 cual, abandonando á Roma
fior Bizancío, did el golpe mortal á
as letras y á las artes en toda Italia.
A partir del triunfo de la religión
cristiana bajo aquel emperador, la li-
teratura eclesiástica fue la única que
suministró obras notables: aunque la
invasión de los bárbaros aniquiló toda
cultura moral, y, si bien introdujo uu
elemento nuevo en el agotado suelo de
la vieja Italu, su esterilidad continuó
todavía durante mucho tiempo. Sin
embargo, el estado de este país bajo
los reyes godos y lombardos no Ue^ó
á ser tan desesperado como podría
creerse; los vencedores tomaron algo
de la civilización de las naciones con-
quistadas, y basta citar á Teodorieo
para demostrar que los monarcas go-
dos consideraron como un alto honor
el proteger las letras. En la época de
Cario Magno hallábase la Italia más
civilizada que los demás países de
Europa, por cuya razón vemos que
aquel príncipe se empeüa en atraerá
su corte á literatos y artistas italia-
nos; entre otros, á Teodulfo, godo de
origen, obispo que fué de Orleáns.
Con los sucesores de Cario Maffoo
vnelve el reinado de las tiniebiu,
que es el reinado de la escolástici.
Los únicos estudios de estas edades
remotas son la jurisprudencia y »
teología; las miserables disputas de
escuela absorben todavía á los pocos
talentos que se ocupan de aqoellia
ciencias; las palabras sustituyen á los
conceptos; la sutileza y el sofisma, »
la ingenuidad y sencillez de los me-
jores siglos. El pontificado de Greeo-
rio Vll (1073-1085) vio aparecer lo*
primeros vislumbres del renacimien-
to de la literatura en Italia- B't«
Papa dió orden á los obispos para que
conservaran cerca de su Iglesia una
escuela destinada'á la eoseñanza de
las letras, al mismo tiempo que j»
condesa Matilde fundaba la oDivern-
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TTAL
ITAL 203
did de Bolomii, en donde m ei tupiaba
al Código de JastÍDiaDO. Todas las
Dotabiliaades de eita época son hom-
bres de i^li*sia, j los dof más eéle-
bnst nacidos en Italul» pasaron so
TÍda lejos dtt ^sa país. Fneron ¿stos
Lafinueo, da PaTf a, que hixo del mo-
sutetio dfi Bao» en Normandía, una
esooela &iaosa, 7 combatid enérgica-
meota la herejía do Beraoger; j sao
áaselmo de Aosta, su discípulo, mon-
je, orno él, de Bec 7 anobispo de
CaDtorber7. — El sig-Io zii hiso eatrar
ea la dviUzaeión europea na elemen-
to naere: las croxadas habían estable-
cido jcomunicaeíones entre Constaotí-
aopla é Italia, 7 los obispos italia-
nos, flOTÍados freoasntemente como
embajadores cerca del imperio de
Oriente, tavieion ocasiiSn de iniciarse
ea el eonoeimiento de la lengua 7 de
la litecfttttra de los grieg-os. Desgn-
eiadament», la Iglesia 7 la Italia
•tan objeto de lepetídos trastornos;
las eleceioaes de los papas ocasiona-
ban «Htflietos, qae los emperadores
da Alemania resoW&tn; varios antípa-
m prorocaroQ eismas; Arnaldo de
Breseia intentd establecer ea Roma
uaa república, que el papa Adcia-
so IV no podo destruir sino con el
toxilio del emperador Federico Bar-
banoja. Durante estas turbulencias,
lis letras languidecían é Italu no
llegS á producir otro hombre célebre
que Pedro Liombardo, llamado al Maet-
trtdé ia$ sentencias, fota fué ta época
d« la gmnde autoridad de Aristóteles;
lis leuas se hallaban reunidas á la
gramática, 7 la dialéctica 7 las dispu-
Us de los rMlitíM 7 de los nominates
íufadian las escuelas todas. El italia-
no no eustía ana; 7 si algún idioma
To^ar se bablaba comanmaote, no sa
eianbía, pues el latín, que había pa-
ssdo al estado de lengua muerta, era
la lengua única de los autores. Las
producciones más notabln de este pe-
ríode son las crónicas locales. Písa^
Génova 7 líilán tenían su historiador
o(KÍal, w cnal narraba los aconteci-
mientps, de que él mismo era testigo,
con parcialidad, sin duda, pero no sin
eurioaidad é interéa. Bn tanto que al
iiaUaao sa elai»raba lenta 7 oscura-
mente, axistiaa 7a ea el Mediodía de
la Franeia una lengua completamen-
te formada 7 una escuela de poeaía
flneeieate. Los troTadores, llamados
á Ituja, tavieron allí sus imitadores
jseeoaeesL Bl primer italiano que se
did á conocer eomo poeta provenzal,
hi Alberto Malaspina, hacia fines
del siglo xii. Cítaase también s Sor-
dflllo, de Mantua, á quien Dante ha
eoKsagrado, en su PHrffaíorio, algunos
da sus más hermosos versos; á Lafran-
eo Cicala, de Genova; á Bartolomeo
Zoiri, de Venecia; ¿ Lambertini, de
Bolonia; i Laofranchi, de Písa, 7
otros. Pero la influeacia de los trova-
dores, no sólo produjo en Itaua poe-
tu proveníales, sino que hizo nacer
los primeros poetas italianos, que se
sirvieron de la lengua de su país. A
partir del año 1220, Federieo II tuvo
«a Sioilia oM eorts bnlla«ts, ea U
q» se ealtÍTÓ la poesía natñonal, cuts
escuela ll^ó á ser tan célebre, que,
según el Dante,, dábase en su tiempo
á toda obra en verso el nombre de 1»-
ciliana. k esta misma escuela pertene-
Meron también Gtullo de Alcamo, Fe-
derico II, su canciller Pedro de las
Viñas, Jaeobo de Sentino, los dos Co-
lonna (Guido 7 Odo), Ramieri 7 Bu-
riero de Palermo. De 1250 á 1270, se
formó en Bolonia otra nuera escuela
de poesía, eu70 jefe fue Guido Ouini-
CfUi. Cuando se comparan las obras
de este autor con las de sus anteceso-
res, se encuentra en ellas más arte en
el conjunto, más imaginación 7 ras-
gos ingeniosos en los detalles, ma7or
elevación de sentimientos j de ideas,
así oomo un lenguaje mas flexible,
mis limado 7 onginal; pero en sus
piezas, salvo raras excepciones, se
aota también el gusto. 7 el sistema
proveazal, puesto que todas ellas ver^
san sobre el amor eaballeresoo. A la
eaeuela de Bolonia pertenece igual-
mente Guidotto, notable por su exqui-
sita senñbilidad. Brnnetto Laiini, el
maestro de Dante, compuso algunos
versos amorosos; cultivó oon preferen-
cia la ciencia, la filosofía 7 la litera-
tura, 7 se dice que tradujo al italiano
la Retórica 7 varios fragmentos de las
arengas de Cicerón, sentando de este
modo los principios de gusto 7 de
composición literaria más generales 7
elevados que los dominantes hasta
entonces. La principal obra de Bru-
netto, intitulada SI Tesoro, es nn re-
sumen de toda la ciencia de su tiem-
po, que logró adquirir en sus nume-
rosos viajes. Por el doble efecto de loa
preceptos 7 de los ejemplos de Bru-
netto Latini, la tendencia hacía los
estudios 7 las especulaciones filosó-
ficas se generalizó, refiejáodose hasta
en la nueva escuela de poesía que
acababa de formarse en Florencia, la
enal ae cuidaba, más que de expresar
el amor, de definirlo sutilmente en el
sentido de las opiniones de Aristóte-
les. Guido Cavaloanti, poeta de esta
escuela, compuso algunas baladas 7
canciones, en las que introdujo in-
oportunamente sus disertaciones filo-
sóficas 7 recuerdos de la antigüedad.
Seauudo periodo. — Junto á los ma-
nes de machos siglos desgraciados;
sobre las tumbas de cien generaciones
despedazadas; entra cien osamentas
de edades perdidas, hav un hombre
puesto de pie, con los brazos cruza-
dos, de mirada tranquila, de frente
inspirada, de corazón ardiente, de
fe profunda, de pensamiento pidero-
so, de inspiración sublime; está páli-
do, silencioso, inmoble, como la figu-
ra de la eternidad: es el Dante, jbs-
pectáculo portentoso! Un solo poeta,
al judio errante de su siglo, el alma
de los gibelinos de su nación, pone la
controversia sobre la urna veneranda
de las tradiciones; pone un libro sobre
la omnipotencia del pontificado; ea el
germen oculto de formidables guerras
religiosas 7 muda de un golpe la faz
del mundo. jSíI Aquel homlnre que-
mado.en efigie, el hereje d« aqaellu
edades, creí eon sus dolores un imeTo
espíritu 7 anima eon él el asqne-
leto del presente 7 el fantasma in-
menso del porvenir. Aquel peregrino
que recorre las ciudades de Itali a oon
un niño ea «1 hombro, casi imploran-
do la caridad pública, impera hov en
todas partes eomo profeta de los tiem-
pos, oomo apóstol de las eonmeaelas,
como re7 de la historia. ¡Bien ha7a
al cíelo que así dispone invisiblemen-
te las cosas de la tierral ¡Oh Ser altí-
simo 7 augustol ¿Quién será capaz de
sondar oon su ciencia los abismos de
tu aabiduría? Ya que no sabemos com-
prenderte, es preciso sentirte 7 ado-
rarte.— Dante inauguró magnífica 7
brillantemente una civilización nue-
va. Aparte del poemo épico (La Divi'
na Comedia), por el cual es general-
mente conocido, dejó otras varias
obras importantes. La primera es la
Vita «MM (Vida nueva), que eseribid
en 1291, á la edad de 21 aftos. Bajo
este título coleccionó todas las poesías
que había dedicado á Beatriz, muerta
después de ano 6 dos aAoi, 7 las unió
entre si por sus comentarios históri-
cos ó psicológicos, en donde consignó
todo lo que su memoria le recortura
acerca de las causas que le habían ea-
tímulado á componer aquellas poesías
7 las impresiones bajo las cuales ha-
bían sido escritas. — El tratado latino
De Bloquio vul^ari (De la lengua 7 de
la elocuencia vulgar), sa halla divi-
dido en dos partes. La primera está
consagrada á la historia de los dia-
lectos italianos: Dante los clasifica
con método 7 sienta algunas afirma-
ciones curiosas. Según él, el dialecto
en el cual escribían los poetas del si-
glo xui, no era el diidecto ^rtieolar
de ninguna de las provincias, ni de
las ciudades de Ituia, sino nn dia-
lecto de corte, un dialecto ideal, mo-
delo formado indistintamente de lo
más perfecto de los dialectos locales,
7 al que da el nombre de dialecto
cardinal ó ilustre* Bn la segunda par-
te del tratado de la elocuencia vul-
gar, ha establecido los principios de
una hipótesis sobre la poesía. Des-
pués de ocuparse de ésta, en general,
trata de su forma 7 de sus diversos es-
tilos, que son el trágico, el cdmieo 7 el
elegiaco; pero toma estos términos en
un sentido completamente distinto de
su sentido clásico 7 escolar. Por trá-
gico, entiende el estilo noble 7 ele-
vado; por cómico, el estilo bajo 7 me*
dio; por elegiaco, el estilo bajo, con
exclusión completa de otro, sin en-
trar en explicaciones particulares re-
lativamente á estos dos últimos esti-
los, el elegiaco 7 el cómico; 7 en cuan-
to al trágico, sólo encuentra tres
asuntos que le convengan: el vml>r
guerrero, el amor 7 la virtud. Una
tercera obra de Dante, SI Banquete
(21 conñto), es nn comentario ci<ntífi-
co 7 filosófico de 14 canciones de las
más bellas que hasta entonces había
escrito. Finalmente, se tiene de él uu
tratado latino. De monarcAid, escrito
Sara sostener el partido dd empera-
er Bniiqus VII. En estft obra, divi-
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204 ITAt
ÍTAL
tTAL
dida ea tras partes, eiamiña: 1.*» ti
la monarquía univeraal M necesaria á
la felicidad del común da los hom-
bres; 2.°, si el pueblo romano había
tenido el derecho de ejercer esta mo-
narquía; 3.% si la autoridad del mo-
narca proceda ó depende de Dios 6 de
otro ministro ó TÍearío de Dios. Re-
sueltas afirmativamente las dos pri-
meras cuestiones, en la tercera se
ciñe principalmente á demostrar que
el emperador es independiente del po-
der del Papa; sostiene que los sobera- ;
nos dependen directamente de Dios,
j tiende á no reconocer la autoridad
del Papa fuera de lo espiritual. La
fama de Dante dominó su siglo, pero
sería injusto pasar en silencio el mo-
vimiento literario de entonces. Era
aquélla la época en que Roberto de
Anjou, rej de Nápoles j conde de
Provenza, protegía á los sabios 7 aun
turo la noble emulación de igualar-
les. La ma/oría de los príncipes de
Itaua, 7, a ejemplo de éstos, los ciu-
dadanos ricos, turíeron i gloria el
proteger i los escritoras 7 i Tos artis-
tas, los cuales quizás no bajan al-
canzado nunca majror protección ni
más honores que en aquella época.
Las universidades de Bolonia j de
Padua contribuyeron poderosamente
á propagar v etteader el gusto de las
letras en Italia, 7 sus profesores
eran, en su major parte, hombres de
talento reconocido, como Pedro de
Albano 7 Ceceo de Ascoli Ciño de
Pistola, profesor de jurisprudencia,
era igualmeote conocido como poeta,
7 hasta el mismo Petrarca le dispen-
só el honor de imitarle. La historia,
que es el género en que más se han
distinguido los italianos, empezó á
tener sus intérpretes: Diño Compa-
gni, florentino, escribió una Crónica
que se ex.tiende desde 1280 á 1312;
Juan Villani redactó también, si no
con más latitud 7 talento, con cierta
especie de dignidad, aunque en esti-
lo débil, una historia de Florencia,
desde su fundación hasta el año de
1343; obra que Mateo Villani, su
hermano, 7 Felipe, hijo de Mateo,
continuaron hasta 1364, 7 que ha si-
do colocada entre los libros clásicos
italianos. Venecia tuvo también su
historiador, el dur Andrés Dándolo,
CU70 libro, escrito en latín, compren-
de desde los primeros aflos de la era
cristiana hasta mediados del siglo xiv.
Albertíno Mussato, de Padua, cronis-
ta 7 poeta, dejó escrita una historia
intitulada Augusta, que contiene, en
16 libros, ta vida del emperador En-
rique Vil. Bn otros ocho libros rela-
ta los acontecimientos que sobrevi-
nieron á la muerte de este príncipe,
hasta 1317; tres libros en versos he-
roicos, en que se ocupa del sitio de
Padua por Can Grande de la 3cala,
7 otro en prosa, en que describe las
revueltas v disturbios que descarta-
ron á dicha ciudad 7 que la hicieron
pasar ai dominio de los señores de
Verona. Las poesías deMussato, epís-
tola^ elegías 7 églogas, están escri-
tas en latín, 7 en un estilo Abundan-
te 7 fácil. Compuso además dos tra-
gedias, en la misma lengua, las pri-
meras que han sido escritas en Ita-
lia.: Sceelinut, 0U70 protagonista es
el famoso Bzzelino, 7 Áckilles,^a.e
tiene por asunto la muerta de Aqui-
lea.— ^Petrarca comparte con Dante la
frloria de haber formado la poesía itS'
iana. Sos obras latinas, en las cuales
fundaba toda la esperanza de su re-
nombre, 7 que han sido completa-
mente olvidadas, no carecen de méri-
to. Cicerón 7 Virgilio fueron los dos
modelos que se propuso en su prosa 7
en sus versos. ETntre sus mejores obras
se citan: un Tratado de la una y de la
otra fortuna, en el que se desarrolla la
idea fílosóñca de que es frecuente-
mente más diñcil de sostener la bue-
na que la mala fortuna; otros trata-
dos De la vida solitaria y sobre el ocio
de los reliáiosoti un tratado Del menos-
preeio delmwndot en forma de diálogo
entre el autor 7 san A^stfn; nn es-
crito singularmente original, intitu-
lado: De <» propia ignorancia y de la
de m%cho$ otros, en coatestación á al-
f unos jóvenes que le habían tratado
e ignorante porque no participaba
de su exclusiva admiración por Aris-
tóteles; un poema no terminado, el
Africa f en honor de Escipión e\ Afri-
cano; doce églogas, algunas de las
cuales son verdaderas sátiras contra
los papas 7 los abusos de la Iglesia,
7 una correspondencia sostenida con
todos los grandes hombres de enton-
ces, 7 en la cual se encuentra la his-
toria política 7 literaria de la época.
El Canzoniere (El Cancionero), colec-
ción de poesías en lengua vulgar, 7
que, por esta razón, la consideraba
Petrarca casi como un error de su en-
tendimiento, fué, sin embargo, lo que
le elevó á la categoría de uno de los
primeros poetas da Italia. Uno solo
es el asunto que llena por completo
aquella serie de pequeños poemas: la
pasión absolutamente platónica que
Petrarca sentía por Laura de Noves,
dama tan virtuosa como bella; pero la
monotonía del asunto desaparece ante
el brillante colorido de las imágenes
7 la magia encantadora del estilo.
Dante 7 Petrarca, genios igualmente
privilegiados, representan dos carac-
teres completamente opuestos. En Pe*
trarca todo es suave, todo es oulto,
brillante, delicado, como el rostro de
Laura; mientras que en Danta asoma
casi siempre la rudeza sublime del pa-
tricio, la bárbara sublimidad del hé-
roe. Petrarca es el ra70 de una estre-
lla; Dante es el ra70 de una tempes-
tad.— Boccacioes para la prosa lo que
Dante 7 Petrarca para la poesía: sus
escritos son el tipo del lenguaje cas-
tizo 7 elegante; su estilo, pintoresco
7 gracioso; libre en sus arranques,
pero siempre correcto en sus térmi-
nos, ha quedado como modelo de los
S resistas italianos. La principal obra
e Boccacio, el Decanterdn, na sido
mu7 estimada en todas partes. Entre
las producciones latinas, citaremos:
un Tratado de la genealogía de los dio-
u$t cu al cual ba reanido todo lo que
sus estudios le habían enseñado sobr*
el sistema mitológico de los antiguos;
un pequeño tratado sobre las monta-
ñas, bosques, fuentes, lagos, ríos, es-
tanques 7 los diferentes nombres del
mar, el cual pudo ser mu7 útil en
aquellos tiempos para el estudio de
la geografía antigua, ea7as nociones
eran entonces tan confusas como las
de la mitología; un Tratado de las des-
dichas de los hombres y de las mujeres
ilustres; un libro De las mujeres cele-
bres; diez 7 seis églogas que versan
casi todas sobre hechos particulares, ó
sobre asuntos de la historia de sn épo-
ca, diHcilesde comprender por la du-
reza 7 oscuridad det estilo. Boccacio
compuso varios sonetos 7 poesías amo*
rosas en lengua vulgar, los coales
arrojó al fuego cuando Uagj i eonoeor
los versos de Petrarca, conserrando
solólos grandes poemas. Se le debe
la gloría da haber inveatadn la otíava
rima, forma poética que fué desde
luego adoptada por todos los épicos
italianos, excepto el poeta Trissitto.
La TAe'seida fué el primer poema en
que Boccacio, renunciando á sus sue-
ños 7 fantasías, desarrolló, á ejemplo
de los antiguos poetas, una acciin la-
teresante, Hábilmente enlazada 7 sos-
tenida. El FilosíralOt poema dividido
en diez, partes, tiene por asunto el amor
de Troile, hijo de Príamo, por Chr7-
seis, la traición de ésta 7 la desespera-
ción del amante engañado. La Acade-
mia de la Crusea ha incluido esta pro-
ducción ea el número de las que ejerceó
autoridad en la lengua italiana. El Fi-
heapo, que parece ser su primera obra
en prosa italiana, es una novela deea-
baliería con todas las aventuras é io-
verosimilitudes propias del género; la
Fiammetía, novela también, dividida
en siete libros, aparece escrita en es-
tilo más natural: la heroína, que no
es otra que la primera María ae Ná-
piles, retiere en ella sus amores coo
Piinfíio, quien representa á Boccacio.
El Corbaccio^ 6 ¿abeñnto d'amore, es
una sátira violenta 7 frecuentemente
cínica contra una viuda á qnien Boc-
cacio había pretendido 7 de la cual
había sido desdeñado. Citanmos, por
últi mo , el meló 6 A dmeto, especie de
pastoral en prosa 7 verso, primer en-
sa7o de una invención tiueva, 7 el
Urbano, pequeña novela, ea la qae
figura como protagonista el empera-
dor Federico Barí larrojá. El hábito
adquirido en este gtkiero de literatu-
ra hizo que Boccacio, al componer su
Origene, vita i eos tumi di Dante A li~
g/tieri, escribiese, más que una histo-
ria, una novela, pasando ligeramente
sobre las acciones, los infortuni'~'S 7
las obras del gran poeta, 7 ocupñndo-
se largamente de sus amores. Las lec-
ciones que dió Boccacio en sus pos-
treros años acerca de La Ditina Come-
dia, las cuales se extienden hasta el
17." canto del Infierno, están cf'nside-
radas como el primer modelo italiano
de la prosa didáctica. En la segunda
mitad del siglo xiv se echó de ver el
poderoso impulso dado por Dante,
Petrarca 7 Boccacio, -causas evideutea
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tTAt
da aquelU grtnde actividad iateleo-
toal. Las uniraraidadea aaminlstra-
ban hombres notablas en todos los
nmos del humaDO saber. Luía Mar-
aigli, Luis Donato y otros muchos
ocupaban dignameote las cátedras de
teolog'ía. La astrología, ciencia qui-
mérica, pero mu^ estimada en la Edad
media, era cultivada por Andolone
del Ñero, Genois j Tomás de Pisano;
Pablo el Geómetra no se limitó á las
vanas inTestig'aciones de la astrolo-
fría; Pedro Orescenzio escribió sobre
a agricultura; y la jurisprudencia,
cultivada en todos los tiempos coa
buen éxito en la universidad de Bolo-
nia, recibió un nuevo impulso con las
obtM y la enseñanza de Bartoli , autor
de los tnUdoa De los güelfot y de los
gibeUnoSt Dt la adminisíraciij» de la
replica. De ¡a tiranía y otros. Pedro
Vülaui escribió las Vidas de los hom-
bres ilustres de Florencia y alcanzó
la gloria de ser elegido, en 1401, para
reemplazar á Boccacio en la interpre-
tacióu de £a Divina Comedia, que co-
mentaba por entonces Benvenuto de
Imola, autor de una Historia de los
emperadores. Marino Sanuto dejó una
narración notable de sus viajes á
Oriente» Bl número de loa versiSca-
dorea llegó á aer major todavía, y
entre ellos figuran varias mujeres.
Santa Catalina de Sena se hizo céle-
bre por la pureza y vivacidad de su
estilo; Federico Frezzi intentó imitar
en sn QuadriregiOt ó Qnadriren^e, La
Divina Conudia de Dante; Buonacorso
de Montemagno casi llegó á igualar á
Petrarca en sus poesías. En 1378, dió
á lux Gíovanni Fíoreutíno, bajo el
título de Jl Pecorone (El Necio), una
colección de cuentos superiores á los
de Sacchetti t que pueden figurar
dignamente al lado de loa de Bocca-
cio. De esta colección, conocida en
toda la Europa de la Bdad media,
tomó Shakespeare algunos detalles
que aparecen en ana obras; particu-
larmente, en la Historia del mercader
d* Vnucia.
Ttrur ;wríA/o.— Hemos llegado al
siglo da la erudición. Estimulados
por algunos principes Uteratosi como
loa Mediéis, determinaron los sabios
despertar de nuevo el gusto por la
antigüedad; descubriéronse numero-
sos manuscritos, y los que /a se co-
nocían, fueron explicados. La major
parte de los hombres que ilustraron
esta periodo, procedían de las escue-
las de dos célebres gramáticos: Juan
de Rávena t el erudito griego Ma-
nuel Chrjsolares. Guarino de V^erona,
discípulo de Juan de Rávena, se di-
rigió k Constantinopla con el objeto
ánico de aprender el griego en la es-
eaeU de Ohrjraolarea. De regreso de
sus viajes, en donde había recogido
roanuacritoa precíoaoa, fué pro^sor
alternativamente en Verona, en Pa-
duA, Bolonia, Venecis y Ferrara. Sua
principales obras aon traducciones la-
linaa de algunas Tidas y varías obras
morales de Plutarco, y aobre todo, de
la GeMrafía de Strabón; eacribió la
vida oa ¿riatótolas jr la da Platón, /
ITAL
Mmposo una gramática griega y otr*
latina. Jaan Anrispa fiie igualmente
Srofeaor en las principales ciudades
a Italia, estudió el griego en Cons-
tantinopla y explicó y multiplicó las
copias de las poesías de Calimaco, de
Píudaro y de Opiano; así como las
obras de Platón, de Plotino j de Je-
nofonte. Leonardo Bruni, discípulo
de Juan de Rávena, secretario apjstó-
lico y más tarde canciller de la repú-
blica de Florencia, dejó un grao nú-
mero de traducciones de los autures
griegos y Padres de la Iglesia ; una
Historiade Florencia, que abraza desde
su origen hasta el año de 1404; unas
Memorias 6 Comentarios sobre los acon-
tecimientos públicos de su tiempo, y
las biograffas de Dante jr de Petrarca.
Poggio-Braceiolíni gozó de alguna
autoridad en la literatura, y fué uno
de los que majores servicios prestaron
en esta época. Bncontró muchos ma-
nuscritos en los monasterios de Fran-
cía y Alemania; entre otros, de Quin-
tiliano, Vitrubio, una obra de Lac-
Cancio y varios discursos de Cicerón;
ademáscompuso algunos tratados filo-
sóficos notables: Del azote de los prínci-
pes; De las vicisitudes; De la fortuna;
De la hipocresía, y aan Historia deFlo-
renda, desda 1350 hasta 1455. Pogffio
sostuvo grandes polé-nicas con Tos
eruditos contemporáneos, habiendo
sido su adversario más célebre Filel-
fo, quien estudió en Constantinopla,
fué catedrático en Bolonia y Florencia,
dejó diferentes traducciones latinea de
la Seídrica de Aristótelea, de los tra-
tadoa de Hipócrates, de las Vidas dé
Plutarco, de la Ciropedia de Jenofon-
te, amén de componer algunos trata-
dos filosóficos; Diálogos sobre el mo-
delo del Banquete de Platón, sátiras 7
epístolas curiosas para la historia de
su siglo, y unas poesías latinas que
le valieron la corona poética de ma-
nos del rej de Nápoles. En el si^lo xt
tuvo principio la emigración de los
griegos á Itaua, que tanto contribu-
yó al renacimiento de las letras. Se
puso en moda el estudio de la ciencia,
que dió margen á frecuentes y apasio-
nadas polémicas, j se inauguraron
laa diaputas sobre Aristóteles y Pla-
tón. Pero los hombres de este siglo de
la erudición no se limitaron af exa-
men de los antiguos, al estudio de
sus lenguas j á la interpretación
de sus obras maestras, sino también
á la investi^acióndela9antig:iei.tades,
délas medallasjde los monumentos de
toda especie. Pomponíus Leto ó L¡£tus
exploro las a'ntigüedades de Koma con
Sróspera fortuna y dejó varios trata-
os sobre las le/es y laa costumbres
de los antiguos romanos, más una
historia délos emperadores. El histo-
riador más célebre de aquellos tiem-
pos fué i£oea$ Sjlvíus Píccolomini,
el cual llegó á ser Papa bajo el nom-
bre de Pío ll; eacribió unos Comenla-
rioi en doce libroa aobre loa acontecí-
mientos en Itaua, hasta au época;
díveraoa opúsculos filosóficos y algu-
nos tratados de gramática y de filoso-
fía. La literatura italiana aa ríquíai-
ITAL
ma eñ liiatoríadores, á lo caa! ha eoui
tribuido poderosamente el fracciona-
miento del territorio. SambellicQ 7
Bernardo Giustíanini escribieron en
este mismo siglo la historia de Vene-
cia; Vergerio, la de los príncipes de
Carrera; Juan Simonetta, la de Fran-
cisco Sforia; Bernardino Corio,lade
Milán; Giorgio Stella, la de Genova.
La major parte de estas obras fueron
escritas en latín, salvo la de Nápoles,
de Pandolfo Collenuccio, que aparece
en lengua italiana. Bl desbordamien-
to de los poetas latinos fué en este si-
glo mucho majror todavía que en el
precedente; pero aerfa inútil hacer la
enumeración de ana compoaícionea,
faltas de genio, en aa majoría^ 7
completamente olndadaa. La poeaia
italiana no estaba, sin embargo, dea-
atendida: el ejemplo dado por Loren-
zo de.Médicis vino á estimular á los
fioetaa. Laa canciones, las églogas y
as poesías morales de este príncipe
se hicieron notables por la elegancia
del estilo T la energía de los pensa-
mientos. Sigue á éste. Policiano, au-
tor de La Gonjuracitfn de los Pazziy
de las MisceUneaSt sabio universal,
filósofo, por seguir la corriente de su
tiempo, y poeta por naturaleza, cujo
numen empezó á manifestarse, desde
la edad de (Quince aAos, con la publica-
cí Jn de vanos epigramas y epíatolaa.
Sannazar expreao sus sentimientos pa-
trióticos en unos sonetos bellísimos y
armoniosos: au pastoral de la Arcadia,
a pesar de la pobreza del asunto, al-
eansó, sólo en el siglo xvi, haata 60
edicionea. Loa demáa poetaa italianos
de la misma época quedaron mur por
debajo de los precedentes, ffl siglo xvi
representa la grande época de la lite-
ratura italiana. Loa eruditos del si-
glo XV habían preparado inmensos
materiales á la generación siguiente,
y los herederos, al recogerla, se mos-
traron dignos de la herencia de sus
gloríoaoa antepasados. La epopeja
caballeresca, que produjo obras ma-
gistrales, está inspirada en la Crdi«-
ca de Cario Magno y en loa Dor^ pa-
res, atribuida al arzobispo Turpino.
Cada autor, sirviéndose de este nom-
bre para hacer pasar aua hiatorias
más increíbles, introdujo en ellas, aíu
ningún escrúpulo, las invenciones y
los caracteres que su fantasía le su-
ministrara. La familia de Cario Maff>-
no fué modificándose á capricho de
cada autor, y casi siempre encontró
medio de asimilar á aquel grande em-
perador la familia del pequeño prín-
cipe italiano que le protegía. Todos
estos poemas se parecen en la identi-
dad de fórmulas, en la incoherencia
del estilo y en la profusión de los de-
talles; et autor empieza cada canto
con una súplica y lo termina inter-
pelando á sus lectores, frecuentemen-
te para obtener sn benevolencia. A
los poemas de Cario Magno y de loa
D&cepam, siguieron después otros,
tomados de asuntos antiguos, par-
ticularmente de la ¿Hada y de la
Odisea, Tales son, entre otros, la Des*
tmcción de Troya, al Agüites, el Bneas
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m
j el UUtet d« Dolce, todas imítacio-
nei insulsas del sablíme Homero.
Bernardo Tasso, padre del ^raa poeta
del mismo nombr?, fué enviado a Es-
paña eo 1535 por Ferrante Sanseve-
rino, príncipe de Salomo, donde co-
nociií el Ámad'it de Gaula, de Montal-
TO, 7 compaso sobre tos principales
episodios da esta novela su poema de
Amadi^i di Francia, el cual es niia
imitaciiín libre del original, sin otra
modificación importante que la adi-
eidn de dos penonajes: Alidor, hei-
ittao da Orianot j Minnda, hermana
de Amadfs> Bl estilo es correcto, la
Tersificacidn pura, noble jr agradable.
Este poema ocupa el segundo lugar
en la epopeja romántica j sólo cede
la Bupreotacía á Rolando Furio$o, — El
Tasso compaso á los 18 años un poe-
ma épico en doce cantos, cujro héroe
es Reinaldo, hijo de A^món j primo
de Rolando: su amor por la bella
Clarisa, sus primeros hechos de ar-
mas, llevados á cabo para obtenerla,
los obsticolos que separan á los dos
amantes, y, finalmente, su unido,
constituyen el asunto, el nudo y el
desenlace de este poema de p^cos co-
liocído. Bu el ocaso de su vida, refan-
dió el Tas» au mejor obra en este
género, la Jermalén liberíadát en un
segundo poema intitulado Jerutalé»
conquistada^ que prefirió al primero.
Por la misioa época escribió Loi SieU
dlaSt poema sobre la creación del
mundo, obra no terminada, en la que
se encuentran trozos de una gran be-
lleza. La gloria del Tasso eclipsó la
de todos los poetas de su tiemp >. — El
arte dramático se formó en Italia.
antes que en los demás países de i£u-
copa. t¿u el siglo xiv, tenían va los
italianos algunas tragedias regulares;
en el XV, aparecieron ¿a Caíinia, de
Polentone; M An/irií» y Bl José, de
Cotlenuceío; y en el xvx, tas repre-
sentaciones dramátioas constituían la
principal dirersidn de todas las cor-
tes, inclusa la de Boma. León X hizo
representar á sus expensas la trage-
dia de Sophonisho, que Tríasino le ha-
bía dedicado. Este poeta se distioguió
por su imitación servil del teatro
griego y por la introdacción de los
versus libres en las composiciones d ra-
máticas, que él empleaba alternAn-
dolos frecaentemeote con los rimados.
Sophoni$bo marca un progreso sensi-
ble en la tragedia italiana, al par que
revela el gran talento de su aator. El
buen éxito de esta obra fué general,
así en ¡TAUa como en Francia, en
donde llegó á traducirse repetidas
veces. Gl florentino Ruccellayo, si-
guiendo el ejemplo de Trisaino, eligió
para su primera obra, intitulada Ro-
samunda, un asunto histórico, el cual
dispuso en la forma de los griegos,
empleando los coros v los versos libres
para el diálog'o. Su Oresl^s no es otra
cosa que la Jj'tgtnia en Táuride, imita-
da, si no traducida, de Eurípides. —
Martelli, autor de TulUa, tomó su
asunto de Tito Lívio: esta pieza, á
pesar de sus defectos y del carácter
tdioso de la heroína, oa sido consi*
ITAL
derada por los italianos eomo una de
Ins primeras entre las tragedias que
señalaron en Italia el renacimiento
del arte. — La comedia no había exis-
tido en este país antes del siglo xvi,
sino bajo la forma de farsa ó de pan-
tomima. En esta época se recurrió
de nuevo á los modelos antiguos. Las
comedias de Planto y de Terencio
fueron estudiadas y aun representa-
das, ya traducidas, ya en latín; y en
esta escuela se formó una pléyade de
autores cómicos, los cuales llegaron
á hacerse tan notables por su tuento
como por su iarooralidad. Bl carde-
nal Bibbiena fué el primero de aque-
llos que hizo representar ante León X
su obra titulada La Calandria, cayo
asunto no nos atrevemos á reseñar
por respetos al público y á nuestro li-
bro. Ma<^uiavelo compuso la Cliihia,
comedia imitada de la Casina de Plan-
to, igualmente libre, y una traduc-
ción de la Adriana de Terencio. —
Juan María Cecchi fuá uno de los me-
jores y el más fecundo de los autores
cómicos da su siglo; dejó impresas
diez comedias, tomadas, en su mayor
parte, de los citados escritores Plauto
y Terencio. Bn la lista de los poetas
cómicos, se encuentran inelaídoscasi
todos los nombres célebres da aquella
época: Anníbal Caro, el famoso tra-
ductor de la Enñda; Guarini, autor
del drama bucólico 21 Paslorfido; Ber-
ni, Firenzuola, Caporali y Tausillo,
quienes siguieron las huellas trazadas
por Aretino, autor de Ei Mariscal, La
CorUtana, Él Hipócrita, La Tarántula
y £1 Filosofo; y Gelli y Beolco, lla-
mado el Riazantef el cual llegó á ad-
quirir una celebridad extraordinaria
porsusfarsasde Carnaval. — La poesía
dídáeiica, para la cual se tomó siem-
pre á Virgilio por modelo, nos ofre-
ce: el poema de la A^ricnltura, par
Alemanni; el de lu Abejas, por Huc-
oellayo; Tarios sobre la ÑavegacUn,
porBaldi,y uno sobre la Cata, p)r
.'kandiaaese y por Valvasone. Entre
las poetisas que alcanzaron alguna
fama, figuran: Victoria Colouna, Ve-
rónica Gambara, Gaspara Stampa y
Laura Terracina. — £1 siglo xti tíó
aparecer la herejía de Lotero y la de
Cal vino, de donde resultó que ningún
teólogo se consideró dispensado de
combatirlas según sus fuerzas; algu-
nos de ellos lo hicieron con gran ta-
lento, distinguiéndose los cardenales
Bellarmino y Baronías. Kl primero
compuso varías obras de controver-
sia, propiamente dichas; el segundo,
consagró sa laboriosa erudición á es-
cribir los Anales eclesitisfieos, trabajo
inmenso, que revela un talento vasto
y profundo, para el cual tuvo nece-
sidad de investigaciones verdadera-
meute prodigiosas. — Las universida-
des continuaron durante esta época
en un estado ñoreciente. Los derechos ¡
civil y canónico, estudios favoritos |
de la Edad media, no liabían sido I
abandonados, y el de las lenguas an- i
tiguas se hallaba más en boga que ¡
nunca. Varias imprentas, magnífica-
mente establecidas, maltiplicaban las 1
ÍTAi
' obras maestras da la antigüedad: las
lenguas orientales, principalmente el
hebreo, eran cuidadosamente estudia-
das, como el griego y el latín; una
imprenta provista de caracteres orien-
tales se fundó en Roma; las aatigñ»-
dades eran igualmente consultadas,
las inscripciones reproducidas, mien-
tras que algunos sabios anticuarios,
como Sigonius, Pannini y Valeriano,
interrogaban constantemente los mo-
numentos romanos, griegos y egip-
cios, y fueron los verdaderos funda-
dores de este importante ramo de la
ciencia histórica. — Maquiavelo está
considerada como el escritor político
más grande de su siglo. Aparte de su
famoso tratado del Principe, escribió
una Historia de Florencia, varios dis-
cursos sobre el Arte de la guerra y so-
bre Tito Livío, en los que se admiran
la profundidad de sus pensamientosy
un estilo nervioso y elegante. La re-
putación de Maquiavelo eclipsó de tal
modo la de los escritores políticos de
su época, qae apenas son conocidos
los nombres de (íianotto, de Conta-
riui y del mismo veneciano Paruta,
cuyos excelentes Discwsos peUticos,
que forman dos libros, le aseguran
un buen lugar entre los publicistas
iulianos. — ^La historia fue uno de Ira
géneros que más se cultivaron en el
siglo XVI. Pablo Jove es quizás el
más conocido de los escritores que
trataron de la historia general. La
Historia de mi tiempo fue la primera
obra que emprendió, la última que
dió á luz, y la que le valió más elo-
gios y críticas. Aparte de ésta, dejó
también las Vidis de Alfonso I, du-
que de Ferrara, de Gonzalo de Córdo-
ba, de León X, del marques de Pea-
cara, del cardenal Pompeyo Colonna,
y una descripción de la Gran Bretaña
y de Moscivia, Todas sus obras, ex-
cepto un Comentara sobre la guerra
de los turcos, fueron escritas en latín.
Venecia tuvo también sus historiado-
res: el más célebre entre ellos fué Pa-
blo Parata. Su profundo conocimien-
to de los negocios públicos y de las
relaciones exteriores de su país, die-
ron á BU Historia una grande autori-
dad y un extraordinario interés.— El
cardenal Guido Bentivoglio compuso
una Historia de las guerras de Flandes,
muy superior a la que, sobre el mis-
mo asunto, publicó en latín el padre
Estrada, jesuíta. En el siglo xvi se
hicieron los italianos los historiógra-
fos de los pueblos extranjeros. Paulo*
Emilio fué llamado i Francia por
Luis XII, cuya hospitalidad le re-
compensó escribiendo una Historia de
Francia, que excitó la envidia y la
admiración de los eruditos franceses.
Pülidoro V irgilio publicó también la
Historia de Inglaterra; Davanzati Bos-
tichi, la Historia del cisma de Ingla-
terra, y Lucio Mariueo, la Historia de
España. En el género de los cuentos
populares, cDcontramos de nuevo a
Maquiavelo. Su Bdphegor, sútira diri-
gida contra las mujeres, en general,
y la suya, en particular, está escrito,
como . todas sus obras, en nn «súlo
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ITAL
ITAL
ITAL 207
brillante j con ana eieg:ancia que le
ha Talido el ser colocada en el núme-
ro da los textos de la lengua.— Firea-
xttola 7 el Lasca han dejado iffual'
mente algunos Cntntot encantadores,
notables por la originalidad de la in-
Tención j la pnreza del estilo. — Entre
las DOTefaa pueden citarse la Finela,
de Nicolás Franco, j las creaciones
hntisticas de rarios autores, menos
elegantes que ctprichosos, tales como
los DUeurtoi de los animalss ( Discorti
defH anmali) de Firenzaola; Los a»to-
jo$ Í9l Umekro, j la Circe, de J.-B. Gel-
Iñ— Casi todas las obras didácticas
de este siglo fueron escritas en forma
da diálogo. Entre ellas figuran: los
Ánlmii, de Bembo, j el Étcolano, de
Vaiehi, sobre la lengua vulgar; pero
las más cebradas de todas las de
este género han sido los Diálogos,
de Speroni, 7 £1 Cortetano, de Casti-
glíone* — A Aretino se le debe la pri-
mera eoleccián de Cartas, escritas so-
bre diversos asuntos, que aquel autor
tratd con su licencia acostumbrada.
Sa ejemplo fué imitado j la Italia se
TÍÓ materialmente inundada de epís-
tolas. Las colecciones más famosas son
las de Caro, Tolomei, Fracastor j
Bonfadio.
Cmarto poriodo. — Con el siglo xtii
se hizo sensible U decadencia de esta
literatnra. En la poesía lírica debe-
mos mencionar á Gabriel Ghiabreraj
el cual, abandonándola senda trazada
por Petrarca, imitó i los griegos,
pri&ei pálmente á Píndaro j Anacreon-
te. J.-B. Marini, el gran corruptor de
la j^oeaía italiana, adquirió una repu-
tación inmensa en toda la Europa, en
donde extendió su deplorable sistema
poético. Dotado de verdadero talento
y de una focilidad maravillosa, puso
todas sus brillantes facultades poéti-
cas al servicio de una imaginación
desenfrenada. Marini dejó escritos
nn considerable número de madriga-
les jr de sonetos; pero la cumposición
qne le dió mavor celebridad fué El
Admtiit la cual no es otra eosa que un
resumen de las cualidades 7 de los
defectos de su autor. Marini tuvo mu-
chos imitadores; algunos poetas, tales
como Fulvio Testi, Benito Menzini 7
Francisco Itedi, conservaron, sin em-
baigo, las tradiciones del buen gusto
Ír de la sencillez. Pero el poeta más
evantado, más moral 7 más patrióti-
co de todos los de Italia, fué Vicente
Filiea78, quien elevó la poesía lírica
á so ma7or grado de perfección. Es-
cribió varias canciones para celebrar
las victorias de los cristianos sobre
los tnrcos, que bebían sitiado á Víe-
na; pero la que más se admira, es la
3ae compuso para Juan Sobieski, rey
e Polonia. En la poesía didáctica,
Baldi, sabio matemático 7 autor de
algunas églogas imitadas de Virgilio,
escribió, en versos taoUi (sueltos) 7
excelente estilo, un poema de La iVo-
Mfaeúí*t sembrado de episodios inte-
resantes. Después de esta obra, se ci-
tan La Sertida, de Alejandro Tesauro; I
el poema latino de Benito Kogacci en ¡
dqttef biyo «1 título d« Sutino, sel
trata de la filosofía moral, 7 el árt¿ ¡
poética de Uenzini, escrito en Ursa n-
Ma, en el euid se ocupa el autor prin-
cipalmente de la lengua 7 da la ver-
sificación italianas. A fines del si-
glo xvx dió Caporali el ejemplo del
estilo satírico en su Viaje al Pama-
so, á quien imitó luego Cbiabrera en
sus Sermonif tomando á Horacio por
modelo. Ludovico Adimari explotó
el asunto, siempre fecundo, de la
crítica de las mujeres; 7 &ilvador
Rosa, pintor 7 poeta al mismo tiem-
po, compuso algunas sátiras, que se
nicieron populares, 7 afrontó con no-
ble valentía los vicios de su época.
En la comedia, J. B. Porta, natural
de Nápolea, discípulo de Plauto 7 de
Terencio, reunía, á una gran riqueza
de invención, un estilo noble, patéti-
co ó festivo, según las situaciones en
que colocaba á los personajes. Sus
mejores piezas son: Colérico, Los
hermanos rivales. La Hermana 7 Bl
Moro. Buonaroti el /omi, sobrino del
^ran Miguel Angel, tuvo la singular
idea de dar cinco comedias seguidas
sobre el mismo plan: esta obra, que
lleva por título La Feria, dura cinco
días 7 cada Jornada comprende cinco
actos. Su mérito principal consiste en
la pureza del lenguaje. La invención
del drama puesto en música, llama-
do ópera, data de principios del si-
glo XVII. Di^kno fué el primero que
se representó en Florencia en 1594.
Rinaceini mejoró este nuevo género é
hizo representar la Surydice, en aque-
lla misma población, 7 la Ariana, en
Mantua. La introduci;ión de la ópera
desterró del teatro italiano la verda-
dera targedia. En este siglo apare-
cieron, eu el género histórico, la Hir-
toria de Ñápales, por Capecelatro, 7
las obras de Leti, menos estimadas
que numerosas. En 169U se fundó en
Roma, en el palacio Corsini, que ha-
bitaba la reina Cristina de Suecia, la
famosa Academia de los Areadet, so-
ciedad compuesta de sabios 7 de lite-
ratos, á CU70 frente se hallaban Gra-
vina 7 Grescimbeni. Los principales
títulos de gloria de estos dos jefes fue-
ron sus trabajos de critica sobre la
lengua italiana. Gravina escribió: ¿a
RoMdn poética 7 un Tratado de la trage-
dia; Crescimbeni, un Tratado sobre la
helUza de la poesía italiana. La Biblio-
teca de la elocítencia italiana, de monse-
ñor Fontanini; los diversos escritos
de Apóstol Zeno 7 del marqués Maf-
fei, 7 la Perfecta poesía, de Muratori,
son guías 8eguro87de una importan-
cia indiscutible para el estudio de la
literatura de Itaua. La influencia de
la escuela filosófica de Francia se hizo
sentir, no sólo en las ideas, sino tam-
bién en el estilo, puesto qne los auto-
res italianos tomaron da la escuela de
Voltaira esa elegante precisión vesos
giros felices que caracterizan la es-
cuela del siglo xviu, 7 su tendencia
á la imitación los condujo hasta el
neologismo. José Baretti, el cual ha- 1
I bía viajado mucho tiempo por Fraii-
¡ cía, 7 particularmente por Inglaterra,
I fué uno de los primeros propagadores
I de las ideas filosófieaf . Vico fuftdó
en Italu la filosofía de la historia; el
abata Genovssi, que siguió 7 ampUó
las teorías da Vico, procuró elevar i
su nación al nivel de las que acal«-
ban de precederla en la carrera cien-
tífica, 7 publicó las Utditaeiones filo-
sMcat, imitadas de Descartes, .7 las
Lecciones de cmh^cm, justamente esti-
madas.—El jesuíta Javier Bettínellí
se hizo discípulo ardiente de Yoltai-
re; Melchor Cesaratti prestó un gran
servicio á las letras oon la publicación
de su Ensayo sobro la ^loso/ a de las
lenguas; 7, finalmente, Franoisoo de
Alberti merece citarse con admiración
por su colosal empresa del Diañóikario
universal, critico, enciclope'dieo^^lAa
ideas filosóficas del siglo xviu hicie-
ron también su revolución «a la. his-
toria, introduciendo en ella un espíri-
tu de crítica mucho más severo. Pie-
dro Giannone, en una HisUma eitil
del reine de Ñapóles, obra más erudita
que industriosa, se hizo notable por
sus atrevidas observaciones; Luía An-
tonio Muratori, en un estilo más na-
tural que aliñado 7 correcto, redactó
los Atifiles de Itaua, en los que in-
CIU7Ó los resultados de sus numerosas
investigaciones críticas; Garlos Dañi-
na hizo, en un estilo noble 7 atilda-
do, la Historia de las reoolueione$ de
Itaua, á la que siguió después la
Historia de las revolueiomet do AUma-
nia; 7 Pedro Verri, por último, escri-
bió una \¿rti(frís de Afilám, su patria,
tan interesante eomb instructi».-^£l
éxito infeliz que alcanzaran los ensa-
70S intentados desde Ariosto7 el Tas-
so en el géuero épico, no desanimó á
los italianos. Antonio Caraecio com-
puso un poema, bajo el título de El
imperio vengado, en el que ensalza á'
los príncipes de Occidente que se
aliaron para restablecer el imperio
de Oriente, mostrándose débil imita-
dor del Tasso.o— Los traductoxu fue -
ron más dichosos: la traducoióu de la
Eneida de Beverini es superior á la de
Anífattl Caro; Gornelio .Bentivcylio
publicó la tradueeión de la Tebaida de
Staeo, 7 el abad Gssarotti, uaa ver-
sión de los poemas atribuidos á Os-
sián, considerada generalmente como
verdadera obra maestra, 7 una tra-
ducción menos feliz de la íliada. — La
tragedia, abandonada completamente
por la ópera, hizo grandes esfuerzos
Eir levantarse de su lecho de muerte,
os primeros escritores que empren-
dieron de nuevo la senda abandonada,
fueron Delfino Martellí 7 el marqués
MalTei, eu70 Merope causó una revo-
lución en el arte dramático. El autor
se propuso en esta obra interesar á
sus compatriotas, dando á la tragedia
una nueva forma, que reunía lo natu-
ral 7 lo patético de los griegos 7 el
movimiento 7 la regularidad de los
franceses, sin otro objetivo que el
amor maternal. El éjcito que obtuvo
Merope fué eitraordinario, no sólo en
I Italia, sino en Francia, en donde
Voltaíre la censuró para imitarla lue-
go.—Kntre los ensayos de este g^-ne-
ro intentados por ouos esoritofas, de-
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•208
ITAL
i'
ViDÍ citar» las tragedias crúttftDai de
Aníbal Márchese / del padre Hianchi;
las notables Virginia y Bruto, que Ja-
vier Paosuti tomó de la historia romia-
nai/las producciones de Antonio Oon-
ti, escritas en asiib seTcro j con ud
verdadero sentimiento da U aatigae-
dad. tiigli 7 Jagiuoli ae esforzaron
igualmüate por inspirar ¿los italia-
nos el gusto de la sencillez j reg^ula-
ridad de las obras francesas. — \íctor
Aifíeri entró en la carrera literaria
con un plan de reforma perfectamente
combinado, siendo su ohjeto batallar
contra lo que él llamaba la corrupción
del teatro italiano j la molicie metas-
ídñea. Sa sistema poético tenía por
fin, no sólo restablecer el gusto lite-
rario de los italianos, sino devolver-
les, inspirarles, el sentimiento de la
libertad. Con este espíritu compuso
principalmente Vtr^inüi, La Conjura-
eid» de lo» Paai, Timoled», Los dos
Sruí«s, Ágisj Dok Carlos, entre otras
no menos notables prodaociones. Al-
fieri, escribiendo para la reforma mo-
ral j poética de aa siglo, debió for-
marse todo un sistema dramático; su-
jetó su estilo, en cuanto le /ué posi-
le, i la sencillez enér¿^ioa de Dante,
7, en sus esfuerzos hacia lo grandio-
so» no siempre logró evitar la rudeza;
se creí una Teisifícación vigorosa,
-limpia, brillante; simplificó la acción
trigica j desarrolló los caracteres á
expensas de los aconteeimientoa.Pero,.
sin que dejemos de admirar la eleva-
ción de los sentimieatos que expresa»
ae le puede tachar el haber recargado
de lombiai aof hermoioi euadroa, j
el haber hecho demasiado repulsivos
á sua traidores, lo cual constituje
siempre un defecto bajo el punto de
vista del arte y del conocimiento del
corasón humano. La noble tentativa
del inmortal Alfieri, censurada seve-
ramenta en un principio, acabi por
obtener la aprobación general j cons-
tituir una escuela famosa, en la cjue
Uagd á formarse toda una generación
de poetas. — La comedia había sido
igualmente abandonada por la ópera
en «1 siglo xvu, j todos los literatos
que florecieron en los comienzos del
siglo xvm comprendieron la necesi-
■dul ds restablecerla 7 regularizarla.
\ este objeto, Jer 'mimo (iigli tradujo
ni italiano Bl Hipócrita^ de jloliere, j
LosHi'iganteStáñ Racine,dandodeeste
modo á sus compatriotas una idea de
lo que debía ser la buena comedia.
El marqués MaTei publicó Las Ctre-
mo%xa,s y El Raguet, en la última de
las, cuales, particularmente, trató de
poner en ridículo á los italianos que
desnaturalizaban su idioma intructu-
'■ieudo en él locuciones francesas. Ju-
lio César Becelli atacó á los pedantes
de su tiempo en Los Falsos sahios, SI
A bogado y Los Poetas témicos. Hiccobu-
ai intentó resucitar la antigua come-
dia nacional, en tanto que el mar-
qués de Liveri, atendiendo particu-
larmente á los efectos escénicos, diJ
á la escena major animación, dispu-
so los personajes por grupos, hacién-
doles contribuir, de una nuneta bá-
ITAL
MI i ingeniosa, al efecto general. To-
das estas reformas parciales prepara-
ron el camino á Goldoni. Dotado de
un talento seguro, vigoroso v origi-
nal, no menos que da una ñicilidad
extraordinaria, dió al teatro ISObhras,
en las que se observa una admirable
variedad de intrigas, de caracteres j
de situaciones, tiu estilo no es del
todo correcto, amén de que sus pro-
ducciones se resisten algunas veces
de la precipitación con que fueron es-
critas; pero, en cambio, no puede ne-
gársele un estro poético singular, un
profundo conocimiento de los resortes
de la escena j del carácter italiano.
El gran Goldoni dio dos empresas á
su patria: el teatro cómico de su tiem-
7 1a gloria de un nombre ilustre.
Sus mejores comedias san: La Joven ,
honrada^ La Buena mujer^Sl Ca fé, El ,
Ca&alleroy ladama, Pamela^ El Aman- :
te militar. El A binado veneciano y El ¡
Verdugo benéfico, la última de las cua- 1
les fue escrita para el teatro finncés. — '
£1 soneto, composición métrica muj ¡
estimada en Itáiia, fué cultivado en
el siglo xviu por J.-B. Cotta, Julián
Camani 7 Onofrio Minzoni, los cua-
les se consagraron á perfeccionar este
pequeño 7 difícil poema. Frugoni es-
cribió, no sólo sonetos, sino odas,
églogas, epístolas 7 sátiras, en cujos
géneros demostró nna imaginación
riquísima 7 una gian' soltura de ex-
firesión. Angel Mazza, último poeta
¡rico, hizo hablar á su milsa el len-
guaje de la filosofía. J. Carlos Passe-
roni 7 Lorenzo Pignotti se ejercita-
ron en el apólogo, en el cual el jesut-
taRoberti desplegó alguna invención;
Bertola sobrepujó frecuentemente á
sus antecesores en la sencillez j en la
acracia; P. Rolli, aparte de un oonsi-
aerable número de traducciones, com-
puso varias cantatas mu7 estimadas;
7 Spolverini dejó un poema didácti-
co sobre el Cultivo del arroz. Entre los
poetas satíricos» mencionaremos á
tr. Gasti, autor de Los Animales par-
lantes,— La Itaua, tan rica en histo-
rietas versificadas, ha carecido en
todo tiempo de novelas en prosa. La
única producción notable de este gé-
nero es El Congreso de Ciíeres, del con-
de Algarotti, especie de sátira contra
las mujeres. El conde Alejandro Ver-
si, erudito mu7 versado en la histo-
ria antigua, publicó una Vida de
Erástraío, que dijo haber descubierto
en un viejo manuscrito, 7 Las Áveníu-
rat de Safo, en que procuró imitar la
elegante sencillez de los griegos.
Pero la obra & la cual debe princi-
palmente su reputación, es la de Las
Noches romanas, que se componen de
una serie de conversaciones que el
autor supone haber tenido con las !
sombras de los antiguos romanos más !
ilustres; especialmente, con Cicerón,
de CU70 asunto, originalísimo enton- j
ees, deduce algunas comparaciones,
ingeniosas entre las instituciones de|
la antigua Roma j las de la Italia ¡
moderna. Lo (}ue más distinguió á
este escritor fue la gracia 7 la natu- ,
ralídad de so. estilo, formaÜo en U es- 1
ITAL
cuela da los grandes prosistas Italia-
nos,
Q,uinte y último períod$, — Los tras-
tornos que la revolución francesa pro-
dujo en Italia, el espíritu militar 7
las ideas liberales que despertó, 7,
fior consecuencia, las aspiraciones á
a unidad política, se reilejaron seusi-
blemente en la literatura patria. £11
la lengua, el partido de los puristas
manifestó una tend<'ncia marcadísi-
ma á purgarla de toda locución frati-
cesa, remontándose al origen nacio-
nal de Dante 7 de otros escritores an-
tiguos. En la poesía, se entabló una
lucha empeñada entre los clásicos, que
habían permanecido fíele* á la tradi-
ción mitológica, 7 loa románticos, í
quienes las literaturas ingesa 7 ale-
mana habían abierto nuevos horizon-
tes. Los puristas llegaron, por fin, al
logro de sus deseos; pero loa estados
sucesivos de opresión 7 de revuelta,
de decaimiento 7 de sobreexcitación
política, por los cuales ha venido pa-
sando Italia hasta nuestros días, no
han dejado á los espíritus la calma
necesaria para ocuparse seriamente
de tales cuestiones, 7 la contienda en-
tre clásicos 7 románticos no ha que-
dado terminada aún. Al frente de los
puristas aparece Antonio Cesarí, el
cual llevó hasta el extremo su predi-
lección por la lengua del, siglo xiv,
CU70 sistema verdaderamente exclu-
sivo exageró Pellegrino Farini. Vin-
cenzo Monti se manifestd también
purista 7 clásico, pero con más guáto
7 talento, así como su 7erno. Uiulio
Perticari, profundamente vefsado en
el conocimiento de las antigüedades
italianas. Sin mezclarse para nada en
las luchas políticas, como los otros
escritores, Giusjppe Parini logró for-
marse, en sus poesías, un eslilo enér-
gico, original. Hugo Foseólo escribió
algunas tragedias, imitadas de las de
Alfieri; pero no contribu7eron tanto á
su reputación como sus últimas cartas
dejacobo Ortls, imitación del Werther
de Gcethe, 7 otros trabajos sobre Dan-
te, Petrarca 7 Boccacío. Las obras
dramáticas de Silvio Pellico, conoci-
do por el precioso libro intitulado:
Mis prisiones; las de Maroncelli, de
Lui^i Scevola, de Cesara della Vallen
de Francesco della Valle j de Gosen-
za, son bastante endebles. Al lado de
los románticos se ha colocado á Ale-
jandro Manzoni, el cual, en dos trage-
dias, Jl Conle de Carmagnola j Adel-
chi, abrió nuevas sendas al arte dra-
mático italiano 7 tuvo por imitadores
á Tebaldo Fores, Cristoforis, Hossini
7 Cario Marenco, quienes llevaron al
teatro los grandes acontecimientos
que tuvieron lugar en Italia durante
la Kdad media. Otros varios poetas
dieron modestamente el nombre de
dramas á sus tragedias, tales como
Giuseppe Kevere, Antonio Gigliani,
Felice Turatti ^ Giacinto Batiaglia.
Los draatat htsí<íricos de Giovanne
Sabbatiní, más tyio obras dramáticas,
son escenas históricas. En la comedia,
Gerardo del TesU se :ha conquista-
do un lugar distinguido^ GervdQ dt
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ITAL
RoMi M mnj «timado por sn ti-
tile ntírieo T nordaz; Albeito Nata
aobnsalfl en la deliaeaeióa da los ca-
racunsy j al eoade Gíraud por la ex-
teuidn f la eficacia del sentimieato.
L» obn aiáa notable, en el venero
épMMt M la de Tommaso Oroisi, i £om-
ürditíUpTvm cr^ciaía, en 15 cantos;
Florio y Aiiei ion «atores de una es-
§ecí« de ^>ope/a romántica inlitula-
a: La Deitrucaónd* JenuaUn. SíItío
Psllioo ba publicado varías poesías
bajo al título da Ántiche; Costa, an
poami aobn el deaeubri miento de
Xmériea; üomanieo fiiorei* La Pace
d'AdriémoptH, j Oiovanni de Marti-
no,£a Or§da regenerata, cujros dos úl-
timos poemas están inspirados en el
ranaeimientú político de la Grecia. Bn
el número de los poetas líricos, ñga-
raa: Clara. Bonf^i, G. Fantoni, A. Pa-
radisi, Ger, de Rossi, G. Meli, Moa-
ti, SíItío Pellico, Manzoni, el conde
Leopardi, Luigi Carrero, Giovanni
Bereheto, A^tíno Ca^noli, Giovan-
ni PrUi, Giuseppe Guisti, BrofTerio,
Gionaiki Slarebetti j otros muchos.
Un áoreotíao, Angelo d'Elcí, ha me-
neido poraut sitiraa el sobrenombre
da Jmwiuñt itaíianc. La novela ha to-
naáo ana a^itensión considerable, cu-
JO primar impulso partió del ^enio
da Manzoni cúnsanPromntitpoitfLoi
J)apo$ad»9L cuadro brillantísimo de
Iw eostnmbres t de la historia del si-
glo xTii en el Norte de Itália.. A esta
obra, signen después: La Monaca di
Moma j Luisa Strozti, por KossíqÍ;
L'BUart Fitrramotea j el Niccolo dt
Lnpif por Mássimo d'Azeglio, j el
iimrce Viteonti de Grossi. Figuran
también como novelistas distinguidos
Várese, Bazzoai, Falcoaettí, Lanzetti,
Gneratsi, Sacehi, Marocco, Zorci,
Vina, el príncipe de Santa-Rosa, Ba-
taglia y Ranieri. La historia se culti-
va en tí presente siglo con tanto cui-
dado eomo acierto. Entre las investi-
gadonat doctas deben mencionarse,
ea primar tínoino, las de Micali, La
Itaua anUf de la dominación roma-
na, y de Garzetti. Pero todos estos
tmbajof , muy apreciables sin díspn-
ta, desaparecen ante el gran monu-
raanto histórico que coloca i Italia
á la cabeza de los pueblos cdltos en
este género, el más importante da las
buenas letras: la Hittoria universal de
César Cantú, esfuerzo milagroso de la
erudición de un solo hombre. Bl au-
tor que da cima á ana obra tamaña,
se nos representa en la imaginación
casi tan grande cotuo la humanidad.
BÁ el generoso puebli italiano no le-
vanta una piedra á esa ffisloria. pue-
de aQrmarse que ja no hav piedras
en Itaua. Cesare tíalbo, Lutgi Bartí,
Gius'-ppe Compagaoni y Ant. Coppi
se hallan igoalmeiite ocupados «n la
historia general de Italia, en tanto
qite la historia especial de las provin-
cias y de las ciudades ha sido objeto
de numerosos trabajos, entre los cua-
les se citan: la Historia de Sápoles,
por Pagano; laé Vtsp&as sicilianas, de
Amsij las Tablas ouynpl'gicas de la
kistarU d* fíanneia, póí' Reumont; la
ITAL
BistoriA de Toscana, por Lorenzo Pig-
notti; la Historia de Mitán, por Piettro
Custodi; ta Historia de Pisa, por Bo-
naini; la ffisloria de Ge'nova,^oT Car-
io Várese j por Girolarao serra; la
Hisloria de la Sicilia, por Giuseppe
Alessi; la Historia de la revolución de
Nájioles, por Cuoco; la Historia moder-
fu de Ñapóles, por Colleta; la Histo-
ria de ia Siálta, por Piettro Lanza,
prfaeipe de Scordia; la Historia de
Italia, por Cario Botta, autor tam-
bién de una Historia de la guerra di la
independencia de los Bttados-rnidoi de
Ámriea. Finalmente, el conde Pom-
peo Litta ha publicado Las Familias
celebres de Italia; t Lanzi, Cicogna-
ra, Giuseppe Bossi, FumigalH, Fe-
rrario, Inghirami, Rossini y Visconti
se han ocupado de la historia de las
bellas artes. Sobre la literatura ita-
liana, pueden verse las siguientes
obras: Alaecí, Poeta anlicM, Ñapóles,
1661; Crescímbeni, Storiadella volear
poesía, 1698; Muratori. Delta perfeita
fioesía italiana, Módena, 1726, dos vo-
úmsnes en 4.*; Quadrio, Storiaire^iO'
ne d'oani poesía, Bolonia, 1739; Gim-
ma, Idea delta storia delt Italia lette-
rata, Nápoles, 1723, dos volúmenes
en 4.*; Mazzuchelli, GUserittorid'ljX'
tu, Breseia» 1753; Tiraboachi, Storia
delta ¡etteratura italiana fino aW an-
nomo, Módena, 1777-81. 14 volú-
menes en 4.*; Corniani, I secoU delta
letter atura italiana, Brescia, 1818,9 vo-
lúmenes en 8.*, con una continuación
por Ticozi, Milán, 1832-33, dos volú-
menes en 8.*; G. MaíTei, Storia delta
letteratura italiana fino al secóle xix,
Milán, 1834, cuatro volúmenes en 8.°;
Ugoni, Delta letteratura italiana nelta
teconda netá del secólo xviii. Brescia,
1820 V 21, tres volúmenes en 8.*; Am-
brosoli, Manuale delta letteratura ita-
liana, Milán, 1831-33, cuatro volúme-
nes sn ^,'\G\ngM«íii, Histoire de la lit-
t^ralure iíalienne, continuada por Salfi,
París, 1811 i 1835, 13 volúmenes en
8.*; Salfl, Revsméde V kistoire de la Ut-
terature italienne, París, 1826, dos vo-
liimenesan 8.*; Sísmondi, De lá Hité-
rature du midide V Burope, París, 1629,
cuatro volúmenes en 8."; Riecoboni,
Histoire du thé&tre itatien, París, 1727,
dos volúmenes en 8.'; Rannucei, Ma*
nuale delta letteratura det primo secólo,
Florencia, 1837; L'imorelli, Origine 1
proaresi delte helte lettereitaltane, Milán,
1845; Giudíci, Compendio delta storia
delta letteratura italiana, Florencia,
1851 ; Rather V, Injluenee de V Italie sw
les lettres fran^aises, París, 1853, en8.'
47. Italia antigua y sus divisiones
sucesivas hasta nuestras dUu,—lAM an-
tiguas divisiones generales.anteríores
á la república romana, son poco cono-
cidas. Bn fll sifflo VI antes de la era
cristiana so hallaba dividida en Galla
cisalpina, Italia propiamente dicha,
y Grande Grecia. Bajo el imperio as
dividió en once regiones: Galia cisal-
pina, Lig-uria, Verietia, Btruria, Om-
bría, Sabina, Latium, Samnium,
Apulia, Lucania j Brutíum. Bn la
división del imperio romano, an 337,
la Italia entera formó una da las pre*
ITAL
209
facturas del imperio de Occidente, di>
vidída en cuatro diócésia y proconsu-
lados. Después de la caída de este
poderoso iiupsrio, en 570, quedó de
nuevo dividida en posesiones lombar-
das, (|ue abarcaban toda su parte sep-
tentrional, una sección de sn parte
oentraI(co ataban 36 condados), j en
provincias del imperio de Oriente,
que comprendían el exarcado de Rá-
vena y la Pentápola. En el siglo ix,
formó Cario Magno nn reino de Ita-
Ua con la Lombardfa y las provincias
de aquende los Alpes, oediando doi-
Sués i loi pontífices el oxaroado de
■ávena t la Pentipolak A partir del
siglo X, basta al xn, quedé la Itaua
fraccionada en una multitud de pe-
3uefios ducados j condados iudepan-
ientes, en incesante guerra los unos
con los otros. En el siglo xil se eri-
fleron en repúblicas todas las oiuda-
es marítimas, como Venecia, Géno-
va, Pisa, Amnlfi v Xápoles, mientras
que en Lombirdfa cierto númwo de
ciudades libres eonstitujeron una
confederación llamada Liga lensharda,
i enjo firente aparecieron MiUn y
Pavía. Hasta la revolución franeasa,
vino la Italia siendo objeto do otras
varias divisiones y sufriando la domi-
nación, 7a do los omporadorea do Ale-
mania, 7a do los papas ó de otrai po-
tencias. Antes de 1^, presentaba ol
siguiente grupoi el reino de CerdoSOt
la república de Genova, la de Vano-
cis, los ducados de Módena, do Tos-
cana, los Estados de la Iglesia y el
reino d« Nápoles. En 17v7, la parte
de la Italia conquistada por la Fran-
cia formó la república cisalpina,
comprendiendo el Milanesado,laLom-
bardía, los ducados de MÓdena, de
Maasa-Carrara T trae l«racÍonea do los
Estados de la iglesia, fin 1805, la re-
pública cisalpina, unida al imperio
frane^, tomó el nombre de runo de
Italia, que,oxtendióndose por diver-
sas partea dol temtorio, llegó á con-
tar 24 departamentos: Agooa, Olona,
Lavio, Adda, Petio, Meüa, Alto-Po,
Mincio, Adige, Alto-Adige, Baechi-
glione, BrenU, Adriática, Pavía, Ta-
gliamento, Passariano, Crostúlo, Pa-
nero, Rano, Bajo*Po, Rubieona, Me-
tauro, Musona y Tronto. Bn 1808, el
ducado de Toscana formó los departa-
mentoa del Mediterráneo, Arno y
Omfafoaa; loa Estados del Papa com-
ponían jra los da Trasimena y Roma,
en tanto que el reino de Nápoles
dependía del imperio franeéa. Des-
de 1815, la Itaua, salvas ligeras mo-
dificaciones, vino conservando laa di-
visiones políticas siguientes: el reino
de Cerdeña, que a« dividía en princi-
pado del Piamonte, ducado de Gano-
va, ducado do Saboja ó iala do Gorde-
fla. — Los cuatro ducados italianoa de
Parma, Módena, Luca y Toscana, que
se subdividían: el primero, en Parma»
Plasencia / Guastala; el secundo, en
Módena, Reggio y Mirándola; el ter-
cero, en Luca; y el cuarto, en Floren-
cía, Siena y Pisa. — Los Bstados Ponti-
áciot so dividían on 30 provincias. —
I «vino ie Nápoktt on oinoo regiones,
TOMOUt
ar
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210 ITAL
ITAL
ITAL
i nbar: loe Abrazos, Apalift, Tierra
de Labor, las Calabrias y la isla de
CerdeQa. — Llegada U hora de llevar
& cabo la anhelada unidad italiana j
de constituir un Estado poderoso, el
reino de Gerdafia sirvió de núcleo á su
formación, al cual faeroa anexionáa-
dose lucesiTamente los ducados de
Parma, de Módena, de Toscana ^
otros pequeQos territorios; todo el rei-
no de Nápoles ó de las Dos Sicilias;
las provincias que se hallaban aún
bajo el domiaio del Austria t los Bs-
udos de la Iglesia. Hoy la lTja.ÍÁ es
de los italianos, y su territorio, como
jra hemos consignado en otro lugar de
este artículo, comprende, además de
las islas de Cerdeña y de Sicilia, ^ de
los archipiélagos Toscano j de Lipa-
ri, toda la península itálica, excepto
el cantón «uixo del Tasaiao t el Tirol
iuliaao, ntudoi al UedioaU da los
Alpes.
48. Sutoria,— Ia Italu ac llamó
SrimítÍTamente Satvmin (la iSktefiilía
e Justino), nombre que la Tino de
Suturho, el cual, según tradiciones
fabulosas, habíase refugiado en esta
comarca, cerca del rey Jano, á quien
enseñó el uso de las letras t ae la
agricultara. Hacía los a&os de 1710
antes de Jesncristo, recibió la deno-
minación de Enotria (la CSnotria de
Servio), de (Snoirus, fundador de una
colonia de arcadios; recibiendo, por
último, la de Itaua, de Italia, uno
de los sucesores de (SnSUrm, Por esta
misma época, edificó Eneaa a& esta
Safs la ciudad da Lañnw (ct LaHüAw»
a Tito Livio). Talu ion las primeras
tradiciones latinas que encontramos
de la región que se describe. — Bn su
origen estuvo poblada de aborígenes,
liburnos, óseos, pelasgos j siculos,
después de los cuales fueron estable-
ciéndose sacesívamente los helenos,
los etruscos j los celtas. Bstos últi-
mos llegaron 150 años después de la
fundación de Roma, en el momento
mismo en que el poder del pueblo
etrusco se hallaba en todo lu apogeo.
Traoscurrido un si^Io, tres naciones se
dividieron el dominio de esta penín-
sula: los galos al Norte, los romanos
en el centro, j los aamnítas al Medio-
día. Pero Roma, que era la llamada i
reinar sola an este vasto territorio,
sometió sucesivamente á los samnitas
j & los galos á hizo de Itaujl una
provincia romana, 42 años antes de
nuestra era. Esta comarca sufrió en-
tonces todas las vicisitudes del im^te-
rio romano, j á la destrucción de este
se vio desgarrada por los bárbaros,
quienes se habían arrojado sobre su
fértil suelo, pasandu alternativamen-
te á podar de los hérulos, de los godos
j de los lombardos. Estos últimos, se
dividieron el país con el imperio de
Oriente y fundaron en él una monar-
uía que duró dos siglos, la cuál fué
eitruída por Cario Uagno. El poder
temporal ae los papas empezó á ssta-
blecerse; pero nasta (Gregorio YII
permaneció dependiente del poderoso
imperio de Alemania. Por esta misma
época se poMsionaroa loi Kormtndoi
de la parte meridional ds Ita.lu,, Tt
en 1130, tomó Rogero 11 el título ae
rejr de las Dos Sicilias. La guerra de
los gdelfos V gíbelinos trajo luego la
expulsión de los normandos, de don-
de resultó que las ciudadéa lombardas
y toscanas, erigídaa nuevamente en
repúblicas, w vieron libres de aefto-
resdel otro lado de loa Alpei. Una
infinidad de pequeños Estados se re-
partió después la It&lu, la cual vino
siendo teatro de continuas revueltas
y de las discordias civiles mis de-
sastrosas. Las Visceras Sicilianat,
en 1282, separaron á Nápoles de la
Sicilia; Milán, constituido en metró-
poli de un ducado, pasaba, délas ma-
nos de los Yisconti, á las de los Sfo>
za; Amadeo 11 daba á la Saboya,
en 13tj3, una grande importancia; la
casa de Este reinaba en Ferrara; lot
Gonzaga, en Mantua; loa Médicis co-
menzaban ya i dominar en la Tosca-
na; los Dux de Venectn ensanchaban
el territorio de esta república, mien-
tras que los pontífices, arrojados da
Itaua hacía mucho tiempo, fijaban
nuevamente su residencia en Roma.
Francia y España se disputaron en-
tonces eldominio de esta comarca, la
cual, después de haber intentado ava-
sallarla Carlos Vai, Luís XII y Fran-
cisco I, pasó, por último, á formar
parte de la corona de España. El rei-
no de las Dos Sicilias fue conquista-
do en 1505; el ducado de Milán, ana
de sus provincias, en 15W, acabando
[lor ejercer so preponderancia en tod«
a penínsuU durante dos siglos, ex-
cepto Venecia, que supo conservar sn
i nde pendencia. En el siglo xviu, pasó
el Milanesado á poder del Austria;
los Estados de Parma y de las Doa Si-
cilias, al de dos príncipes de la casa
de Borbón,y España perdió toda su
influencia en Itaua.. Las guerras de
la revolución y el imperio francés
cambiaron completamente la faz de
este país: la Saboya, el Piamonte, el
Milanesado, la Lombardía, Genova,
los Estados romanos, Nápoles, «1 Ti-
rol, toda la Italia, excepto la Carde-
ña y la Sicilia, cayó bajo la domina-
ción francesa, prolongándose ésta has-
ta la caída de Napoleón. El acta del
Congreso de Viena, en 1815, restitu-
vó al Papa sus BsUdos; al Austria, al
Milanesado y Venecia; i la easa de
Saboya, la áaboya, el Piamonte, Ge-
nova y Niza; dos príncipes anstriacos
obtuvieron la Toscana y Módena; Ma-
ría Luisa, el ducado de Parma; y,
después de los Cié» días, regresó á Ná-
poles Fernando IV, cuyo soberano se
había retirado i Sicilia durante la
ocupación francesa. En 1848, Venecia
y el Milanesado se sublevaron contra
el poder del Austria; Roma arrojó al
Papa y se constituyó en república,
cuyo ejemplo siguió la Toscana. Un
afio después, los ejércitos austríacos
le posesionaban del reino Lombardo-
Véneto t da la Toieana, mientras que
los de Francia restablecían la autori-
dad pontifical an Roma,
49. Oj)reti(í» austriaca, — El poder
del Austrift en U península ¡tilica
llagó á ser omnipotente dude 1849
hasU 1859: en Módena v en Floivo-
cia, bajo el reinado de loa arehida-
ques; «n Parma, bajo Carlos III de
Borbón; en Nápoles, bajo Fernan-
do II; y en Roma, combatiendo la
reforma que reclamaba la Frauda,
logró ocupar, durante diez años, las
Mareas y las Romanías. POr los tra-
tados parciales firmados con los pe-'
queños príncipes del centro, obtúvu
el derecho de intervenir por la fuerza
en las revoluciones popularas y de
ocupar el país militarmente en caso
da guerra, cjmo defensa avanzada de
sus propias posesiones; inquietando i
la Cerdeña, por su extensión sobre el
Apeuino, al mismo tiempo que ani-
quilaba el reino Lombardo -Véneto
con impuestos y requerimientos mi-
litaras. Pero sn influeocin fué dismi-
nuyendo en Europa, en donde sé ha-
bía enajenado las simpatías de las
grandes potencias: de la Prusia, da-
ilitando su importancia en Alema-
nia (1850-52); de la Rusia, pagándo-
la con ingratitudes en la guerra de
Oriente; de la Francia y del Reino
Unido, no tomando ninguna parte ac-
tiva en la guerra, ¿ pesar de sos pro-
mesas y oponiendo todos los obstácu-
los posibles á la constitución de los-
Principados Unidos y á la libre nave-
gación del Danubio. La Cerdeña, por
el contrario, se había engrandecido
por la parte gloriosa que tomó en la'
guerra de Oriente, por lá consolide-
ción del régimen constitucional, por
el refugio que ofreció á todos loi pros-
criptos de la península j por la nabi-
lidad, audacia Ó astucia con qaeio
ministro, M. de Cavour, sefiafó i la
Europa entera, an el Congreso de Pa-
rís, las üsurpaciones del Austria y la
situación deplorable del pueblo italia-
no. Este es el lugar de hacer presente
que el Austria bizo cuanto supo, y
mis, para malquistarse la opinión df
Europa y del mundo: 1.", á principios
de 1859, reunió más de 200.000 sol-
dados en el reino Lombardo- Véneto,
postrando las fuerzas pr la vida de
aquel país; 2.°, obligó a la C^efia ú
que acudiese en defensa de su opre-
sión; 3.°, rechazó las ideas propuestas
por las grandes potencias continenta-
les acarea de Is urgencia de nn Con-
graso y de un desarme general; 4.*,
intimó i la Cerdeña un desarme en
el preciso término de tres días, ame-
nazándola con una invasión inmedia-
ta en caso contrarío. La usurpación y
el despotismo tienen también su fre-
nesí; y debemos creer, aun cuando
sea poco caritativo, que el Austria se
encontraba en el período frenético-
No fué la suerte de las armas la que
arrojó al Austria del territorio italia-
no, sino el absurdo de su sistema; I»
cual hace evidente que las naciones,
antes de caer en sus ejércitos, eaén
en su política; y antes de caer en su
política, caen en sn espiritu, en su
conducta, en sn tentimiento moral.
Bl'Auatria cnyó en el territorio por-
que antes había eaído en U eon-
ciencia*
2
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ItAL
60. Za gmnra dt ia indeptHdeneui.'r'
La Cerdeña fué auxiliada j aosteaida
por la Francia, la cual no podía ver
impasible extenderse la inrliiencia
aottriaca más allá de los límites fija-
dos por los tratados de 1815 j amena-
xar los Alpes. — El general austriaco
Gjula/ pasó el Tessino el 29 de A.bril
j destruyó en diez días la proviacía
de Novara, eu tanto que los franceses
scudíao, por Susa j por Genova, en
socorro de los piamonteses. La victo-
ria del general Forej en MoHtibelle,
en 20 de Majo, iaaugunS brillante-
mente U campaña; la victoria de los
piamonteses en PaUttro, el 30 jr 31
de Majo; U gran batalla de Mwtntat
«n 4 de Jiinio, ganada por Napo-
liÓD 111; la de J/ar/^nán, 8 de Junio,
fior el general Baragaa; d'Hillters, j
os progresos de Garibaldi, que en
•1 Norte había avanzado victorioso
hasta Bérgamo, hicieron perder á los
aastriacos en medio mes toda la Lom-
bardía. Ku 24 de Junio, intentaron
reouperarla con una fuerza de 220.000
hombres eu la jornada de Solfeñno,
la cual duró diez j seis horas j abrió á
les aliados victoriosos la entrada del
eaadrilátero de plazas fuertes. Pero
la agitación que se propagaba por
toda la Ita.lu, principalmente en los
Estados pontiñcíos, por el levanta-
miento de las Homanias j da Perusa;
las amenazas de ana guerra en el
Rhín, lanzadas por la major parte de
los príncipes alemanes afectos al Aus-
tria, obligaron á Napoleón & detenerse
j iconcluir con Francisco José la paz
de Tillafranca, en 11 de Julio, que
fas confirmada por el tratado firmado
en Zurich, entre Francia, CerdeQay
Austria, el 10 de Noviembre. Esta
última potencia vió pasar á ia Cerde-
úa la Lombardfa, desde Tessino basta
Mincio, pero conservó sus plazas fuer-
tes del cuadrilátero. — Bl partido li-
beral italiano, sostenido j alentado
por las promesas de Inglaterra, hizo
uacer en toda Italu la idea de la uni-
dad política, bajo la casa de Sabojra,
céntralo estipulado sn los tratados de
Tillafranca j de Zurich, los cuales
maban ana confederación italiana,
en la que entraban: el Austria, los
Srittcipes restaurados de Parma, de
[ódena v de Toseana; el Papa j el
rev de Nápoles. Desde principios de
la guerra, el gran duque de Toseana
le vió forzado á huir de Florencia,
en 27 de Abril, cujo país quedó bajo
la protección de Víctor Manuel. Par-
ma j Módena sigueron la misma
conducta, así que partieron sus so-
beranos j otro tanto hicieron los
romanos tan luego como el Austria
hubo retirado sus tropas el 8, 11 / 12
de Junio. Los Estados del eentro, á
cuyo dele^do llamó el Gobierno sar-
de, proceaieron entonces al nombra-
miento de los gobernadores nrovisio-
iiales: Ricasoli lo fué de Florenda,
en 1." de Agosto; Farini, de Módena
V de Farma, en 27 de Julio j 18 de
Agosto; j Cipriani, de Bolonia, en
2 de este último mes. Batos tres go-
bamadorei íbroarou una liga militar
iTAt
defensiva, T,bajo su protección, sin la
presencia de un solo soldado piamoti-
tés, las Asambleas de aquellas cuatro
firovincias votaron la prescripción de
as derechos de sus antiguos sobera-
nos j se anexionaron á la Cerdeña.
Víctor Manuel, ligado por los compro-
misos de Villafranca, aceptó aquellos
votos ^ ofreció sostenerlos ante las
potencias de Europa, pero sín aceptar
definitivamente las ofertas que se le
hacían. Las Asambleas nombraron en-
tonces al príncipe de Carignán, primo
del rejr, regente de la Ita.ua. central;
pero habiéndose éste negado á aceptar
el cargo, fué elegido Buoncompagni
gobernador ^neral de la Liga, c^ue
quedó dividida en dos Estados distin-
tos: la Toseana, bajo el gobierno de
Ricasoli; y Parma, Módena j la Ro-
manía, que se unieron, bajo la auto-
ridad de Farini, j tomaron el nombre
de Gobierno real de la Emilia. Abo-
liendo las aduanas entre los Estados
de la Liga y la Cerdeña; adoptando
las lejes civiles del Estatuto sardo,
prepararon los Estados del centro la
unión política, realizada al fin por un
segundo voto de las Asambleas y por
la aceptación del rejr de Cerdefia,
quien, en cambio de este engrandeci-
miento, consentido por Francia, cedió
á esta pstencia la Saboja v Niza por
el tratado de Turiu, de 24 de Majo
de 1860.— Uaa campaña de dos me-
ses, emprendida por dos ejércitos for-
midables, había libertado á la Itaua.
septentrional; el eentro debía su inde-
pendencia á la habilidad de sus hom-
bres de Estado, pero quedaba intacta
todavía la parte Sud del territorio.
Fernando II, rey da las Dos Sicítias,
había muerto el 22 de Majo de 1859;
y su hijo, Francisco II, perseverando
en la política de su padre, continuaba
la opresión violenta en el interior y
la alianza estrecha con la Austria en
el extranjero. Bl 4 de Abril de 1860,
estalló eu Sicilia una revolución; Pa-
lermo, Uessina v Catauia se subleva-
ron; pero estrechados en el interior de
las ciudades, retiráronse los insurrec-
tos al interior de la isla, en donde
fueron auxiliados porGaribaldi, quien
no cesaba de agiur al país, á pesar
de la desaprobación oateasibíe del go-
bierno de Xurín. Bl 10 de Majo des-
embarcó Garibaldi en Marsala, al
frente de una partida de 2.000 hom-
bres; tomó la dictadura de la isla en
nombre de Víctor Manuel, organizó el
día 14 un gobierno provisional, batió
dos veces, él 15 j el 16, á las tropas
reales y se apoderó de Palermo, que
fué bombardeado, el 27, por la armada
napolitana. Estos reveses obligaron á
Francisco 11, en 26 de Junio, á ofrecer
al país una Constitución y una alian-
za con la Cerdafla; pero ja era tarde.
Garibaldi, después de haberse apode-
rado de Measina el 28 de Julio, pasó á
Reggio j marchó sobre Nápoles (en
donde entró el 7 de Septiembre), cu jo
ejército real, medio desorganizado,
sólo opuso una débil resistencia. Fran-
cisco II se retiró á Capua j se ence-
rró, por último, en Gaeta, después de
ítál
211
haber ^sto i su ejército deshecha en
las orillas del Volturao. Al mismo
tiempo, las tropas pontificias, que,
bajo las órdenes del general francés
Lamoriefóre t autiliadas por las na-
fiolitanas, habían conseguido detener
os movimientos de G»ribaldÍ, se vie-
ron sorprendidas por la invasión de
los piamonteses en las Marcas j la
Ombría; batidas por ellos en Castel-
fidardo, el 18 de Septiembre, vióse
Lamorici¿re forzado á refugiarse en
Attcona, en donde, atacado simtiltá-
neamente por mar j por tierra, tuvo
que capitular algunos días después.
Dueños los piamonteses de las Mar-
cas j de la Ombría, entraron en el
reino de Nápoles j batieron en Iser-
nia á los napolitanos. Consultadas las
provincias por medio del sufragio nní-
versal, proclamaron todos por rej á
Víctor Manuel, el cual hizo en Ñápe-
les su entrada solemne el 7 de No-
viembre, aceptando el 22 la anexión
á su reino de las Marcas j de la
Ombría. Bl joven rej de Nápoles, si-
tiado por los pÍamonles<^s, se defendió
en G-aeta con bríos heroicos durante
cuatro meses; pero, obligado á ceder
ante 'uerza major, abandonó la ciu-
dad j se retiró á Soma, el 13 de Fe-
brero de 1861. A la toma de Gaeta
siguió luego la apertura del primer
ParlamiUo italiano, el cual proclamó
i Víctor Manael rejf de Italia, el 17
de Marzo. La muerte prematura de
M. de GaTOur, acaecida el 5 de Junio,
el fraccionamiento de los partidos po-
líticos, el estado de la Hacienda y el
bandolerismo que imperaba en las
provincias napolitanas, hicieron difi-
cilísimos los comienzos del nuevo rei-
nado. Faltábanle, para abarcar toda
la península, Roma j Venecta, la
cual conservó el Austria basta 1866.
A principios del citado año, la gue-
rra entre el Austria y la Prusia pare-
cía inmiuente, mientras que Italia,
aliándose con esta última potencia,
declaró la guerra en 18 de Junio. La
armada italiana, que había franquea-
do el Mincio el 23, se vió rechazada
más allá de este rio por la victoria
que el archiduque Alberto obtuvo so-
bre ella en Custozza al siguiente día;
j el 20 de Julio, la fiou de Itaxia,
mandada por el almirante Persano,
quedó deshecha en Lissa, sobre las
costas de Dalmacia, por el almirante
austriaco TegethoíF. Sin embargo, las
victorias de los prusianos en Bohe-
mia fueron la salvación de la unidad
italiana. Bu 4 de Julio reclamaba
Francisco José la mediación de Na-
poleón III, cediéndole Veneoia; el 25
quedó concluida una suspensión de
armas entre Italia y Austria, á la
que siguió la paz firmsda en Viena
el 3 de Octubre, siendo incorporada
Vsnecia al reino de Italia. En cuan-
to á Roma, aquella potencia, en vir-
tud de un convenio ajustado con
Francia el 15 de Septiembre de 1864,
se comprometió á no atentar contra
el territorio pontificio; á establecer
en la frontera de este Bstado una
fuerza militar capaz de impedir toda
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mt
iafí^óa lie los volüaUrios¡ toiaar i
sa otrg>o Qoa parte de U dinda ro-
mana, proporcional á U imporUnoia
da las proTiaoias pontiOeias anexio-
nadas á la corona, y ttasUfiar JT^'
biemo de Turío á la ciudad de FIo-
renoia* la cual fas declarada oficial-
menta capital del r^ino el 26 de .Vbrü
d« 1863. La Francia, en cambio de
estaa concesiones, se oblíg^aba á era-
caar i Roma en al téripiuo de dos
aftoi. Bu e ecto, el 12 de Diciembre
da 1866 abandonaba el territorio ro-
mano el última cuerpo áft tropas fran-
ceiu; j el Papa, para la mejor deíen-
n de aua flatados, había organizado
on ejército de voluntarios franceses,
balgis, auiiríaeos j suizos. Las deser-
ciooea de al.u;anos de estos soldados,
particularmente las del ouerpo fran-
cés denominado legión de Anítóes, mo-
tivaron que el ministro de la Guerra
de Francia llamase á la obediencia á
sus soldados enviando ú Homa á uno
de sus g-enerales. Quejóse Itaua, de
estas medidas, cunsiderándulas como
una infracción del convenio de 15 de
Septiembre, j en el verano de 1867,
numerosos Tolantarios garibaldinos
inteataroa franquear la frontera ro-
mana. En el mes de Octubre, la inva-
dió Qaribaldi con algunos millares
de hombres j marchó sobre Roma, en
donde esperaba ser secundado, pero
la capital permanecid inalterable. Un
cueroo de ejército francés partid de
Toltm, eontribu/endo con las tropas
pontificias á la derrota de Garíbaldi
en Mentaaa, j desde este momento
empezó la secunda ocupación france-
sa. £1 general Paillj abandonó á Ro-
ma el 2 de Diciembre, dejando una di-
visión en Civita-Vecchía. Bl Gobier-
no italiano, después de haber desar-
mado á los voluntarios que sobrevi-
vieron al desastre de Mentana, j de
Íirender al mismo Garibaidi, activó
as negociaciones relativas á los inte-
reses de la deuda pontificia, la cual
quedó fijada en 17.000.000 anuales,
que debían satisfacerse al Papa ^or
mediación ds Francia, j reclamo i
ésta' que retirase sus tropas da Itaua;
j á Pío IX, que otorgase un indulto
á los condenados políticos. Estas re-
clamaciones fueron desatendidas, j la
irritación que produjo subió de pun-
to cuando se tuvo noticia de la re-
unión del Concilio del Vaticano^ cu^as
doctrinas se consideraban como una
amenaza contra las instituciones ci-
viles y políticas de los Estados. Así
que, tan luego como Francia, al ex-
perimentar sus pri ¡ñeros reveses en
su guerra contra la Prusia, tuvo ne-
cesidad de retirar sus tropas de los
Estados pontifioiofl» al 6 de Agosto
de 1870, el territorio papal fué inme-
diatamente invadido por el ejército
italiano, el cual, con el apojo del par-
tido nacioiial, entró casi sin resisten-
cia en la ciudad de Roma el 21 de
Septiembre.
51. Nueva Itaua.— El 2 de Octu-
bre del citado año de 1870, un plebis-
cito, expresado por 133.680 votos
afirmativos contra 1«507 negativos.
ÍTAt
reelamd U incorporación de los Bstai^
dos pontificiofl ¡i reino de Italia, 1>
cual quedó decretada el 8 j ratificada
el 21 y 29 de Diciembre pnr lasC&ma-
ras italianas. Roma fué declarada ca-
pital; j una le^, llamada de garantíate
votada por el Parlamento, determina-
ba las relaciones entre el Estado italia-
no y el soberano pontífice. 5n virtud
de esta lejr, el Papa conserva todos los
privilegios homiríticos de la sobera-
nía; una pensi.ín anual de 3.223.000
francos, consignada en los presupues-
tos italianos, ^ara sostenimiento de
la corte pontificia; los palacios del Va-
ticano j de Santa María la Majror,
con todas sus dependencias; la ciudad
dfl GastelrGandolfo y aquellos pun-
tos sn que el Papa reside aún tempo-
ralmente, los Duales se hallan exclui-
dos de la jarisdicción del Bstado. Las
legaciones de la Santa Sede y los mi-
nistros acreditados cerca del soberano
pontífice conservan las prerrogativas
reconocidas por el derecho internacio-
nal á los agentes diplomáticos. Con el
objeto de establecer ia teoría dp \zlgle-
sia libre en el Ettado lUre, ideal de Ca-
vour, el ejercicio de la autoridad reli-
giosa del Papa está exento de toda in-
ferencia del poder civil; el juramento
e los obispos, el e^^tM/ar mí quedan
abolidos; los concilios y laa reuniones
tíolesiástioas, de cualquier naturale-
7.a, pueden verificarse libremente v el
Papa comunicarse con el episcopado y
todo al mundo católioo, sin que pueda
inmiscuirse en ello ol Gobierno iialia*
no. Finalmente, las eorpontcíones re-
ligiosas cujros edificios fueron reco-
nocidos como necesarios en Roma para
establecer las administraciones públi-
cas, por consecuencia del traspaso de la
capital, recibirían una renta de cinco
por 100 igual al producto neto de los
edificios expropiados. El 2 de Julio
de 1871 el Gobierno italiano trasladó
oficialmente á Roma la capital de la
monarquía, en la cual hizo su entrada
el rejr VCctor Manuel, seguido de la
major ^rte de los ministros extran-
jeros, mientras que el soberano pon- '
tífica, que había rechazado laa propo- 1
siciones que anteceden, protestó con-
tra la ocupación de su territorio. Tal ¡
es la historia y la vida de Itaj,ia, her- ¡
mana ilustre de nuestro país, hermo- ,
so SorÚD de la Europa y del mundo. '
Ktiuolooía. Griego 'UaXtu^flí'iIotJt
de donde los latinos dijeron d-UuIiís,
vU&luSf ternero, novillo: latín, Jiálía, \
el país de los buepres; italiano y cata-
lán, Italia; francés, iíalir,
Italianismo. Masculino. Modo de
hablar propio de la lengua italiana
aplicado á otra.
Btxholooía. luUano: italiano, «te-
Utmumoi fraacéi^ xta,l%anUme,
Italianización. Femenino, Acción
ó efecto de italianizar. (Caballero.)
Italianizador. ra. Sustantivo y
adjetivo. Que italianiza.
Italianizar. Activo. Dar acento,
aire ó apariencia de italiano. \ Hacer
adoptar la paneras italianas.
Etiuolooía* Italiano: francés, Ha- [
liañi»er, i
ITEM
Italianisarje. Recíproco. Adoptar
el acento Italiano. \ Mexelar f talianis-
mos en la eonversacióo 6 escritura.
Italiano, na. Adjetivo. Bl natural
de Italia y lo perteneciente 4 ella. |
Masculino. Bt idioma Italiano. D A la
ITALIANA. Frase. A estilo de Italia.
EriKOLoafA. Itálico: italiano, ita-
liano; fi-aacés, itaUtn; catalán, ittUit
na.
Itálico, ca. Adjetivo. Lo pertene-
ciente á Italia; y así ae dice: antigüe-
dades itXlicas; guerra itálica. || El
natural de Itálica. || Uanza itálica.
La inventada, en el reinado de Au-
gusto, por Piladas y Baülo; daña
teatral, compuesta de pantomimas cé-
lebres. Q Secta itAlica. La secta de
Pitágoras, denominada así, porque
este filósofo enseñó en Italia, es decir,
en la parte oriental de Italia, llamada
Magna-Grecia. | Horas itálicas. Las
veinticuatro horas del día natural, que
se cuentan entre dos ocasos consecuti-
vos del sol. 11 Caractsrss itáucos.
Los que no difieren de los romanos,
sino en ser algo más curvos.
EnuoLoaÍA. Italia: latín, itlllicui;
italiano, italit, itdlMit^ italiana; ca-
talán, iUlich, ca; francés, iíali^ne.
Itálico ÍD^üiiBCEio). Adjetivo. ffÍ$ÍO'
rio. En la república romana, consistía
en la exención de impuestos de que
gozaban ciertas propiedades de los
pueblos de JtaUa, desde el Rubieón
hasta el estrecho de Sicilia. Teqlan
las mismas cargas 6 iguales derechos
que los latinos, excepto no poder lle-
gar directamente á ser ciudadanos ro-
manos sin pasar antes por el derecho
de Lacio.
Etiuoí.ooÍa. Latín jas italicl-u.
Itálico (Siuo). Poeta épico latinn,
que nació hacía el año 25 de Jesucris*
to, en Italia, según unos, ó en la
antigua Itálica, ciudad de España,
según otros, y murió el afio 100, sien-
do pra de edad may avanzada. Nos
dejo un poeipa épico en 17 libros,
cujo argumentó versa sobre la ssgno'
da guerra púnica- Esta obra fué des-
cubierta por Poggio en 1414, en la
Vbadía de St.-Oall. <Db Miofiu. y
Moran TB<)
Atalo, Masculino. Historia antigua.
Hijo de Telégono y Penélope, que se
estableció en Italia, á que dio nom-
bre, j reinó sobre los enotrios.
ETUiOLoaU..Latin7í(r/Nj (Virgilio).
Italo, la. Adjetivo. Poética, Ita-
ua no.
Item. Adverbio latino de i^ue se
usa para hacer distinción de artículos
ó capítulos en alguna escritura ú otro
instrumento, y también por señal de
adición. Dícese también (teu uÁS.
ETiyounÍA. 1. Sanscriio íttM; la-
tín, ita, dfl esta manera: ita e$t homo,
«es un hombre así, de e^ta calafia; tal
es su genial,» en Terencio; sánscrito
itíhum, así; latín, i/m, así, del mismo
modo, iím.hi';a\fifrgraiummi/iijecerii,
ñau Sctevola i «grandemente me com-
placerás, también áEscévoIa,» en Ci-
cerón; lenguas romanas, iíem,
2. Él latín ita ó ¡íím representan la
miaipa palabra de origen.
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ITlL
pai de nn^tim.
Itovmdte. Funnino. hí bmI6ii j
•fceto il« itemr.
BrmoLoofA. RtUtr^tiÓ»: UtÍD,
fWf, U aecido de rtitQimr, en Cié»-
Tém Bflguada Tuelu qua m da i vn
ttmno, en ColomeU; dereelio de se-
gunda manumjtiáii, en Ulpiano; for-
ma lastantiva abitraota da it^ritiu,
itevado; eataláa, iUr»cU; proveasal,
iUftío: fnincéa,»lA'«iiM;iCaIiano, iti-
Iterado, da. PMtieipift piÜTO de
iterar.
BrncOLOoU. Lat{a ilíritui, partici-
pio pasÍTo de itífrire: eataUn, iier»ít
dé; miBoés, Ít&^ italiano, ittrato.
Iterar. A.ctÍTo. Repetir.
Btiu(H^íi.. Sanserito iMm, otro:
latf», itfmm, otm ves; iterare^ repe-
tir; italiano, iltnrti ffaBoé^ üérer;
catalán, itermr.
Iterativo, va. Adjetivo. Füfenst.
Lo ^ne tíene la eonduión de repetirse
ó reiterarse,
BmiOLOofA. Ittrar: catalán, iteran
It«rícia. Femenino. Totbricia.
Itifálico. Masculino. A%tigii4dade»
friegMi, Referente al itífalo. || Métrica
griega j latina. | Vbrso itipálioo.
V^stso compuesto de tres troqueos ó de
tfes dvíotilos T an ^ambo, llamado así
porque en el qoe M «autaba en las
fiestas de Baco.
BTiMOLoaÍA. Tíífalo: grieifo, Ik-
»kXXtxó< (UkypUUiMs}i latín. VMy-
^mUÍAcnm; fianoés, iikj^pkñlíifnt,
ItiCalo. Uasculiao. Amuleto, en
forma de pene, que se llevaba anti-
¡^mante al eaeUe.
Bnuoc/rafa. Griego ItúvaXXw; /"«My-
fkUU»}; de lt¿c ^<<iy«^/ derecho, y
^áUot; (phállo$)y representmción. del
miembro rihl, la cual figuraba an tas
tiestas de ciertas deidades, espeoiat-
menteea las de Baco, eonsiderándola
>wmo UD símbolo de la fecundidad de
la natanlezaí fmncés, itAyph«lU.
ItifaláforocMasculinoplaral. An-
tigUtUcht, Saeardotss de las o^ías,
qne, en las proeedones de las bacan-
tes, iban disfiruadoa de Pannos, re-
sudando H las personas ebries j can-
tando hi maos taquieos.
BnMOSMfa. ItíftU j phortís^ que
lleva: eatalin, itiJéiií/«ro$; bajo laun,
Atttia AíMAús^Eian aaosrdotes
de Príapo, loa enalas, en las fiestas
ealebradaí* en su henor, Uevábsa iü-
/•U», da dnade tomaroa el nombrado
ITX'ALÓFOBOa.
ItüUo, la. Adjetiro. BtUmiM. Que
tieoe hnjai rectas.
BnuoLooíiL. Griego itkyif daxeelio,
7 pkyllon, hoja: ;tÁ fv^lw.
Itil. Masculino. VAeAíttíce. Árbol
qae se cría en la proTincía de Luja,
en el Potú, lemejants axteriormente
al awasaiio, pero de tan dafliaos eflu-
vios, ^ne hasta pasar por junto á él
pan hiooharse,
Itilo. Maacalino. Mitología, Hijo de
(^to y de Aadoaa. Una noeha su ma-
dre 1« iKRtó involaatariaiMate; / Im-
ITOR
biendo pedido la muerte á los diusea,
fué eonrertida en jilguero,
EriifOLOofA. Latín It^lus,
ItimlK». Uaseuline. AmtífüMlt'fe».
Canción de loa antiguos en honor de
Baco. I Másioo qae la ejeoataba. ||
Baile con la música de esta misma
eaneidii.
Itinerario, ría. Adjetivo. Lo per-
teneciente á caminos. | Masculino. La
descripción 7 dirección de algún ca-
mino, eipresando los lugares y posa-
das por donde so ha de tmnsitar. |¡
Milicia* La partida ^ue se adelanta
para preparar alojamaeoto á la tropa
que va de marcha.
Stwoloqü.. Latín iiín^raríum, des-
eripeíón de un viaje; forma de iter,
itíiurit, camino, jornada; forma de
iíum, ido, supino de iré, ir: catalán,
itineran; flranoés, iti*éraire.
Itinarario da Antoniae Pió. iñ»-
toria jf arfueologia. Véase lo que, aoer-
ea de eate preeioaa moaumento de la
antiffaadaa, decimos en nuestro ar-
«mío GALzaDA.
Itis. Masculino. MitolagU. Hijo de
Teseo. Progne, su madre, le sirvió
para ser comido en nn festín, j fué
convertido en faisán; ssgúa algunos
autores, en ruisefior. | Nombra de un
guerrero. (Bstaoio.)
BTii«».oaÍA. Latín
Itoé Itóa. Maseulino. Mitote^.
Nieto de Deeaalicte, que invento el
arte de laborar los metales.
Ilómata. Adjetivo masculino. Mi'
íalopía, Sobnnombra b^o d enal era
Jdpiter adorado en Ii9vU, mudad de
Tesalia.
ItoNoas. Fameaino plural, ffisto-
ria anft^iw. Fieatas qua aanalraente
se eeleblrabau en Mésenla en honor de
Júpiter, qne había sido criado por las
ninfas JCotue y Neda en las grutas de
Itomtf en Tesalia.
Itómeta ó Itomeo. Masenlino. Mi'
teloaid. Sobrenombre de Júpiter, to-
mado del culto que se le tributaba en
liorna, eiudad de Tesalia, doQde se
oelebrabao en sn honor las llamadas
jUsItu imiBAt.
Itría. Femenino. Óaido de itrio.
BriMOLoaU. (Landais.)
Itrio. Masculino. Bspaeio da subs-
tanda metálica.
BmcoLOOf A. Itria.
Itrocarita. Femaniao. Qatefca.
Fluato de itrio y de eerio.
Itárbide (AousTf.N). Emperador de
Méjico, qne nació en Valladolid de
Méjico en 1763 y murió en 1834. En-
tró i servir á las 17 años como volun-
tario en los provinciales de au eiudad
natal, en eujo cuerpo era teniente
cuando en 1810 estalló la insurrec-
ción acandillada por el curada Dolo-
res, don Miguel Hidalgo. Invitado
iTÚBitu por el jefe de la insurreooión
á tomar parte en ella, resistió cnéigi-
camante y prestó gtaadea servicios al
Gobierno español, persiguiendo tin
descaneo á loa aublendoa y oeasio-
n&ndirfes infinitaa pérdidas, «n recom-
pensa de lo cual ascendió en poco
tiempo al empleo de coronal. Obtuvo
despuéa el mando de algunas provia*
ITOR
218
das; r la im^taaeia ana había ad-
quirido desperté ra amMeida en tér-
minos que , al saberse la revolucidn
die la ^DÍnsnk en 1^30, noeurd ob-
tener un mando; llamó á si á naa per-
eión de jafea distinguidos y alxó el es-
tandarte da la Mvolueióo qoe muj
pronto filé secnndada por todo el paia.
Venoidaa laa tsopas espaflolas an to-
das putee, se aeaaió na Congreso, (jue
empesd á dictar lejes,eaande ana m-
sarceoeidn militar, imponiendo su vo-
luntad al Congreso, proclamó empera-
dor á iTóasiDa el 18 de Mayo de 1822.
El Doevo soberano aetabkeció ana casa
imperial al estilo de las de Europa, y
raa j pronto, olvidando mum compro^
misos, quiso gobernar por sí solo, se
indisposo con el Congreso y la disol-
vió. En Dieismbre del mismo a&o, el
ooroael Santa Ana peodamó la repú-
blica, grito que fue rápidamente ae-
oundado por al méreito j las pobla-
eienea; y aunque Ivúrbim qaiao tran-
sigir, ranniando nneramente el Con-
freso disnelto, sdlo eonsiguió aer
spnesto por él y desterrado á Italia,
pan donde se embarcó en Í82S. Des-
pués de viajar por Eurooa algunos
meses, se fijó en Londres, desde Sonde
dió un manifiesto; y como las ootleias
^ue recibía de sus amigos le {untaron
a stt país presa de la más espantosa
anarquía, escribió al Congreso ofre-
eiéttdole sn persona, así eomo recur-
sos en armas, municiones y dinero.
Bl Con^fnoo le declaró traidor y le
condeno á muerte si volvía á pisar
el territorio de la repáblica; pero él,
sin tener noticia de esta determina-
ción, se ambared en Londrea j llegó á
las eoatas mejieanas en Julio de
Apenas naktó á tiarm. ftié preao por
las fuersas que mandaba el comandan'
te militar La Garza, que le condujo á
Soto-la- Mari na; y á peaar de la orden
que existía, envió una consulta al
Congreso del Bstado da Tamaulipas,
reunido en Padilla, y c(mdnjo allí al
prisionero. Bl Cong<reso reprendió á
La Garza por su vacilación en obede-
cer la le^ 7 dispuso inmediaumente
la ejecución de iTt'asiDB, que fué fu-
silado á las pocas horas.< láos restos
se trasladaron á Méjico eñ du-
rante ta ad^niatnieldn del general
Bustamante. "
Itmaoa. Mnaeidinoplunl. ^sofra-
Jta antigua. Naturales deiaTraaoní-
tíde, famosos porsa habilidad en ma-
nejar el arco. (CicsaÓN, Lucaho.)
BtiuolooÍa. Latín ItUrm, fbnna de
//fiTM, la Traeonítide, pafs de la Ca-
lesirta.
Iturita. Femenino. Geografía «i|fi-
gua. Nombre antiguo de una cf ndad
de la Tarraconense, que pnade ser
Sangüesa, tANTONiNO Pío.)
' EnHOLOofa. Latfn /Atrtiaa 4 Itm-
risa,
ItnnibiUan (Amionio di). Na-
I vegante espa&ol, que nació en Metri-
' co en 1656 7 murió an 171Í8. Hiao va-
rias campañason la América del Sur;
I se dísiÍDguíó contra los ingleses en el
{ Mediterráneo 7 se dedicó también á
¡la oonstmooiAi Daval, aoavoa da la
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cual escribió uua ubra titulad^:
glas y proporciones para la
bajeles.
lubre(Á). Locución Adrtrbial anti-
eaftda. Por 6 en otra parte,
lude^. MftmUap.ftfttwiMkdQ* Jubz.
lodeaWi^áiU ÁM^taM»» Bi^o de
jadío.
Indgar. Activo anticuado. Juzoih.
Indf o. MaaeajUuuu«9tiw«f^ ^"^^
dOi aenteacia. , •
. Indicio. MafeiiUno.uitleívido. Joi-
ludiz. Masculino anticuado. JoKZ.
ludizo. Masculino anticuado. Jui-
cio.
luego. Masculino anticuado. JOB-
,00. II Anticuado. Burla.
luez. Masculino anticuado. JuBz.
luge. Masculino anticuado. JuBz.
lugraressa. Femenino anticuado.
JuQLARBSSÁ, música.
luiz. Masculino anticuado. Jubz.
laiso.MaseulÍDo anticuado. Juicio.
lalgar. AetiTOitQttea^do. Juzgar,
decretar, aentenoiar..'
. i Ii|ltiq>pHaHitii»«ittieiud<k JoLio.
IBliior. Maaadliño aBtiéaado. Siíb-
dito de un majror d seflor.
lunir. Neutro anticuado. Jun-
TABSB.
lunnir. Activo anticuado, ükcir.
lunt amiento. MaacuHao anticua-
do. Vínculo.
luntar. Activo anticuad*)» Jhtntar,
. unir, ¡j Anticuado. Co^a. . . .
lar. MaBcalinoaaticaado. Dendio,
poder.
EriMOLoafa. Latín j%s,
lura. Femenino anticuado. Jmu..
JURAUBNTO.
larmda. Fameoiao anticuado. Ju-
naioutro. I Antíeuado. PanusA.
• lanmenter. Activo aatioaado.
OBAUBNTAB. .
luramento. Masculino anticuado.
JURAUBNTO.
luramientar. Activo anticuado.
JüRAUBNTAB.
luramiento. Masculino aatieuado.
JUHAMBN rO.
lurar. Activo anticuado. Jürár.
\ Neutro. Jurar con alguno. Fiase
anticuada. Conjaian^, formar ^r-
ciatidad.
luria. Femenino anticuado. lufiio.
lurio. Masculino anticuado. I)ere-
eho^ poder. | Antiattiuio.,Posi8tdif.
. BniKnAOtfa. Ar.
taro. Maaculino. anticuado. linio.
las. Adverbio da lugar aaticuado.
J nsa o.
lusano, na. Adjetivo a: 'i lado.
Loque está debajo. [| Antiuiado. Lo
- que viene rl^^spués, venidero.
EtiuologU. ittí.
luso, vdverbio de lugar anticuado.
Dbuajo.
. ETIUOLOOfA. lut.
lusta. Femenino anticuado. Jus-
ta. \ Anticuado. Contienda, pelea,
lustar. Neutro anticuado. Pblbar.
• ¡I Metáfora. Disputab.
. -BrtuoLoaU. Juttar,
.- :;liiBtioía.Feinenínoantieitado.JuB*
i KiOu. D Aotlauado. Oaattlfo, pena.
itt ^onticiar. .Retira «ntienado. Joz-
IXIF
OAR.|[ Anticuado. Ajustitnar, castigar.
lustiza. Femenino anticuado. Jus-
ticia.
lustizar. Activo anticuado. Sbn-
TBNCiAB. g Anticuado. Ajusticias.
lutancia. Femenino. Cópula car-
nal.
EtuiolooÍa. Uetitesis de iu»íar.
lutcar. Activo anticuado. Juzgar.
lutro. Masculino anticuado. Bui-
tre.
laaez. Masculino anticuado. Jubz.
Inycío. Masculino anticuado. Jui-
cio.
luys. Masculino anticuado. Jubz.
layzio. Masculino anticuado. Jui-
cio.
luKgado. Masculino anticuado.
Juzgado, tribunal. | Anticuado. Pro-
OBSO.
Iva. Femenino. Botánica. Iva hus-
CATA. Artética, ajruga 6 pirrilio. (Pu-
mo.)
Btucoloq(a. Francés if: normando,
i; bajo latín, ipput» del alto alemán
tica; alemán moderno, Sibe^ en rela-
ción con el céltico: kymrj, j/wi: bajo
bretdn, tein; inglés, yM>. (LiTrat.)
1. Esta etimología no está conforme
con las realidades de la lengua. El alto
alemán t'nw no es otra cosa que la al-
teración ff>ética del latín abUa, raíz de
abijfürt, obrar hacia fuera, hacer aboi^
tar, porque se creyó que la ita nar-
caía hacía abortar á las mujeres.
2. Bsto significa que la raíz de!
nombre del artículo es latina, no ale-
mana ni céltica. — «Especie de hierba
llamada así en las boticas, en griego
Umep^tis, y vulgarmente oya^a. Es
una planta algún tanto arqueada en
sus tallos, que se extiende por tierra;
las hojas son parecidas & las de la
siempreviva menor, aunque más me-
nudas y espesas. Huele mucho al pino.
Sus ñores son amarillas ó blancas,
muy menudas, y la raíz como la de la
chicoria. Llámanta vulgarmente pi-
níilo. Hay tres especies de ella, y ma-
cho y hembra; la segunda especie lla-
man en las boticas iva mutcata, 6 ar-
tética.» (Laguna, Sohrt DiMcdridiS,
libro jn, capitulo 169,)
Ivornal. Adjetivo anticuado. Lo
que toca al invierno.
Ivemar. Neutro anticuado. IinraR-
HAB.
Itímboo, ca. Adjetivo. Ibicbnoo.
Ivierno. Masculino anticuado. In-
viRRNO. I Metáfora anticuada. Cosa
mala.
Ixia. Femenino. Botánica, Planta
irídea que se cultiva por adorno en
los jardines.
BnuoLOofA. Latín ixia, la hierba
camaleón. (Punió.) — «Cierto humor
pegajoso, á manera de engrudo, que
se halla congelado en las raices del
chamaleón, hierba.» (Acaobuia, Z^í^
cionariode 17S6,)
Ixiiceo, cea. Adjetivo. Botánica.
Parecido á la ixia.
Ixient. Participio activo anticuado
de ixir. Saliente, qjin sala; saliendo.
Izieo, «a. Adjetivo. Ixxácbo.
Ixifonae. AdjetÍTO. Historia naln-
rai^ Que tiene ia fornu de ixia. .
I2SQÜ
Uioida. ffittfitia M/fiMÍ..lKra>
Kl.
Ixión. Masculino. Mitolo^, Rej
de los lápítas, hijo de Fle^ia. padre
de Piritoo, que prometió cierto pre-
sente á Deyogeno, y, no queriendo
pagar su deuda, le dio muerte. Re-
chazado por todos después de su cri-
men, Júpiter le compadeció de él vía
llevó al cielo, donde se atrevió á ha-
cer el amor i Juno, por lo que aquel
dios le precipitó en el Tártaro, doaáa
fué condenado á estar eternamente
encadenado á una rueda de culebrai
que está en continuo movimiento.
EruiOLOafA. Latín /xton. (OviD:a)
Ixionidea. Masculino plural. Jtfí-
tolpgía. Descendiente de Piritoo, hijo
de ixi-in. (pRorBRCio.)
EnuoLOGÍA. Latín IxtonUft.
Ixir. -Neutro anticuado. Saur.
EtiuolooÍa. Latín esirg; de «s, fu-
ra, é tre, ir.
Izómatat. Masculino plural, ffii-
torta aníiffua. Nombre que suela ha-
llarse con aplicación á. los escitas.
También se encuentra ía forma iaí-
matas y bxómatas.
BTUfOLOOÍA. Latín ejiSmítm é isi-
mkíe, (Valbbio Flaco.)
Izora. Masculino. Mitología. Díri-
oidad de los indios; voz que no debe
ser sino una corrupción de Iswara.
Ixtago. Masculino. Zoología. Bipe-
cie de serpiente del Brasil.
Ixa. Femenino. Qermanla. Mujer
fiública. \ ¡Iza! Voz de que se vtfen
os marineros para izar.
EnuoLOofA. JzaVf imperativo, se-
gunda persona .del aíngujar; iza U:
catalán, ista.
liado. Masculino. Gtrmaaia. Bl
anuncebado.
Izaga. Femenino. El lugar en don*
de hay muchos juncos.
Izar. Activo. J/iirtMd. Tirar de al-
guna cuerda ó cabo para levaatar Us
vergas y velas de la embarcación, /
hacer otras maniobras.
BtiuologÍa. Alemán hisie»: danés,
kei$e; antiguo inglés, Aogie; antig'uo
escandinavo, ktsa; sueco, hitta; ita-
liano, issare; francés, kitter¡ catalán,
iii«r; portugués, úar.
Izedei. Maseulino plural, iftf^
yfa india. Genios benéficos en la nli-
gión de Zoroaatro, creados por Or-
muzd. Son 28; van después de los si^
te Amchaspandos, á los cuales sirves
de ministros, y son los opuestos á loi
dioses ó genios del mal.
Izgi. Masculino plural. Gtegnfu
antigua. Pueblos de la India.
EnuoLoaÍA. Latín Itgi.
Iziralón. Masculino. Gt^rafía i»-
iigua. Ciudad de Tracia. (Amtomso
Pío.)
Etiuología. IHrillon.
Izizum. Masculino. GtograJU^CiO'
dad de Egipto.
Etiuología. Latín 7si2«»i>
Izquierda. Femenino. Szkbstu.
Btwolooía. Uguierdo: cauUn»/''
^urra; na esquerrat mano itqm*''
Izquierdear. Neutro rneuf^ríco.
Apaiursa de lo que dicto la ratóo 7
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IZQÜ
el juicio.— «Bastardear ó torceraet fí-
sica ó moralmente. Bs formado del
nombre izquierdo.» (AcADSUUt Dic~
dmuriodtmej
Izquierdo, da. AdjetÍTo que se
aplica • los miembros dobles del ani-
mal, que caen al lado del corazón. Los
aue corresponden al lado opuesto se
llaman derkchos. Por ampriación se
aplican estas TOces á los sitios j otras
cosas que caen al mismo lado, j Zur-
do. I Se dice de la caballería que por
mala formación saca los pies ó manos
hacia fuera, y mete las rodillas aden-
tro, l Metáfora antigua. Torcido, g
Nombre patronímico de Tarón.
EnMOLOOÍA. Latin seavut, tañóla:
catalán, esquerre, lo que está á la iz-
qaierda; uquerrát «a, zurdo, del an-
ticuo esqturrert o.
liqaierdo (Pbdbo). Bscultor espa-
ñol, enjn celebridad se debe á sus
trabajo! en al aitesonado del para*
IZQÜ
ninfo da la anÍTersidad de Alcalá, en
1519.
Izquierdo de Ribera y Lezaún.
(BcaBNio). Diplomático esj)añol, que
nació en Zaragoza j manó por los
a&os de 1816. En tiempo del ministe-
rio Qrímaldi fuá director del gabinete
de historia natural de3Iadrid;despnés
de desempeñar varias misiones que le
encargaron los ministros Floridablan-
ca, Lerena j Valdés, fué presentado á
GodoT,que le nombró consejero de
Estado Honorario. Estuvo encargado
de varias misiones confidenciales en
París durante el Directorio; nombra-
do ministro plenipotenciario en 1806,
firmó en 1807 el tratado de Fontaíne-
bleau, por el que se repartía el Portu-
gal entre Francia, España j el prín-
cipe de la Paz. Cuando supo que este
tratado quedaba sin efecto, vino á Ma-
drid V reveló todos los proyectos de
Napoleón, haciendo díspoiur nn naje
IZZI
215
de la familia real á Méjico. Luego que
Carlos IV pasó á Francia, fué algúu
tiempo su encargado de negocios cer*
ca del Gobierno francés, y después le
retiró á la vida privada.
Izzet-Molla. Poeta turco ap^lida-
do Ketckedjizadeh (hijo del cocinero),
que murió en 1830. Después de des-
empeñar algunos cargos judiciales,
compuso muchas poesías en honor de
Mahmud j alcanzó el favor de éste;
pero algún tiempo después fué deste-
rrado por haber escrito egigramas con-
tra el soberano con motivo de su ma-
nifiesto contra los rusos en 1828. Pu-
blicó varios /NosMt 6 eoleceiones de
poesías.
Isxi (Soliuán). Historiador turco,
que murió en 1755. Fué maestro de
ceremonias de la corte otomana j cro-
nista imperial. Su principal obra es
una Historia que comprende el perfo-
do de 1744 i 1752,
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J, Undécima letra de nuestro alTa-
ueto/octaTade las consonantes. Tiene
coQ todas las vocales la pronunciación
fuerte que la g en las combínauiones
p.gx. Su nombre ea jota. (Acadb-
HtA.) ¡I La JOTA, no se encuentra jamás
en combinación con la i, tratándose
de voces derivadas inmediatamente
del latía. Por eonsig-uiente, todos los
Tocablos en que aparezca la eombina-
ciÚQ mencicnada^ no son deproceden-
cía directa latina. | Tampoco ta naa
antes de consonante^ ai al final de las
ToeeS| sino en ciertos vocablos toma-
dos del árabe, ó en aquellos en que
la y representa la j:, como en carcaj
(carcax), reloj (relox). || El vulgo eiS-
paüol, especialmente en Andalucía,
aspira la A, cjnvirtiéndola enj; y así
dice: jacer, jacha, j<iragán,jigo, jigüe-
ra,jonto. | Es la décima letra de los
alfabetos francés j catalán. || En los
idiiimas neolatinos, \&j no se duplica
en ningún caso, |¡ Farmacia. Bu com-
binacioQ con ciertos sígaos, sígniííca
(la JOTA minúscula) las abreviaturas
de libra, onza, dracma, escrúpulo.
Desde la adopción del sistema deci-
mal, se cuenta por gramos, g Gramtt-
tica samerita, & la octava de las con-
sonantes j la tercera de las paladia-
les. I Gramdtiea árabe. El primitivo
ánlw lignificaba el sonido de /por
medio del djim (ilj); pero en el árabe
moderno se ha introducido nuestra^
eoo tres puntos encima. || Literatura
Utina. Décima letra del alfabeto lati-
no, consonante que, aunque primiti-
vamente se escribía con el mismo sig-
no que la vocal i, era ja considerada
por los antiguos como esencinlmente
distinta de esta vocal. Es la letra que
más estrecho parentesco tiene con
\ la í. Así sucede que en la formación
¡ de las palabras y en la flexión, lu j se
cambia fre que a te mente en i: Pompi-
jns, Pompei; Gaju!-', Gai; jam, ettam,
i/uonlam; ajo, aUam. Y recíprocamente
los poetas cambian ta i ea_;' por posi-
ción: a</jHe, ahjetUus, por ahite, abie-
tUus, etc. Como abreviatura signifi-
ca: J. O. M.= /oPt Optimo Máximo;
J. VL.^Jum Regina; J. V. T. WbÍio
Victrix Togat-i. |] El fenicio iot j el
griego idía explican el por qué los la-
tinos daban á la jota el sonido de t,
cuja pronunciación pasó al antiguo
romance castellano, en donde vemos
que jamás se escribía iamá». Por esta
razón los latinos no la combinaban
nunca con la t, lo cual hubiera equi-
valido á la repetición de sonidos idén-
ticas.
Etimología. Latín j, transfor-
mación del griego I, i (Iwa, iota); del
fenicio, iot.
Reseña*— \, La j, en su forma, no
es más que una i prolongada hacia
abajo, j era en el fondo la misma i.
La iota latina ha pasado en castellano
á y en unas pocas voces, como ayudar,
mayo, mayor, i,acer, yugo, etc., 7
impropia, gutural fuerte, ó juta^ en
las demás; verbigracia: Jocoso, Juan,
judío, juezy jumento, justicia, jucentud,
majestad, etc. , de jocoso, Joanne,judmo,
judice, jumento, justicia, juventtite, ma-
jes iate.
2. Bn el siglo xiv se introdujo la
práctica de poner un punto sobre la i
para major claridad en la escritura;
práctica que se extendió á la y, j se
conserva noj día, en atención á que
esta letra es tam)>ién una verdadera t.
3. Antiguamente, j hasta el reina,
do de Felipe IV, pronunciaba el cas-
tellano lajoto con suavidad (iota), lu
mismo que el provun/.al ó el francés:
asi la y de hijo sonaba como la de In
voz francesa joli. (Monlau.)
4. No habiendo sido la J antigua-
mente sino ¡a misma letra quu la 1,
careció de valor numérico; y solamen-
te se representó por medio de la J la
última I de las letras numerales, lla-
madas cifras fioancieras; verbigracia,
228 se escribe CCXXVIIJ. Aíffunos
autores pretenden, aunque sin uinda-
mento j -sin precisar la época, que la
J ha valido ciento; afirmación poco
probable, pues el valor de esta canti-
dad ha sido el numérico de la letra C.
Sin embargo, puede haber tenido un
valor numérico análogo, como en la
imprenta, por ejemplo, donde ha ser-
vido para marcar la décima hoja de
una obra. Q La J, como abreviatura,
sólo suele usarse en J. C. , que puede
tener la triple significación de ye»-'
cristo, Jurisconsulto y Julio César,
5. Hasta mediados del si^lo XVI, es
decir, hasta los primeros tiempos de
la imprenta, no se regularizó el valor
de la J, que se llamó entre los fran-
ceses, distinguiéndose de la I, como
la V consonante se distinguió de la «
vocal. Pelletier, en 1550, y Kamus,
en 1557, determinaron esta adopción,
y los impresoras holandeses fueron los
primeros que emplearon la J, llamada
entonces por esia causa J de Holanda.
En el latín de la Edad medía, para la-
tinizar los nombres bárbaros, se sus-
tituía frecuentemente la (7 á la J, ^
asi suele hallarse ^on^HIMI J/ortfi-
nu>n,gaola y jaola-
(i. En la derivacdós de «Ijfanu pe-
labras, las lenguu románAS han con-
vertido vtijlik^ litiu, como vemM. ^ • v
TOMOin 1» .
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218
JABA
en nuestro ^amba» del latín gamba,
pierna.
7. Los romanos dieron nn valor in-
variable á la J colocada ante vocal.
Esta letra constitujd por sí toda una
sílaba completa, larga 6 breve, como
en lo, patria dulcia, A. veces sólo for-
maba sílaba con la vocal sigaiente,
como en ianitor, iocns.
Ja. Masculino. Décimatercia letra
del alfabeto turco.
Jaa-lwchi. Masculino. Especie de
eapitán de inñantería entre los turcos.
Jaa-já. Masculino. Bspecie de ár-
bol de nigricia que crece en los para-
jes húmedos.
ETiuoLoofA. Vocahlo indigna*
Jaaroba. Femenino. Especie de fa-
seola del Brasil, cujras raices son co-
mestibles.
ETiHOLOofA. Vocablo brasileño.
Jaba. Femenino americano. Espe-
cie de cesto tejido de la hoja del ja-
rej. I Llbvab ó tenbr la jaba. Frase
familiar americana. Tener el pelo de
la dehesa. (CABALLBao.)
Jabado, da. Adjetivo americano.
Pintado de blanco j pardo 6 negro.
Se dice de loa gallos v gallinas.
Jabig*'^* HaseoTino plural. Re-
ligión nafumeUna, Sectarios mahome-
tanos que no conceden á Dios más que
unn presciencia limitada.
Jabalcón. Masculino. El madero
que se tiende desde la viga maestra,
en el tejado, jr el que se coloca obli-
cuamente para sostenes cualquier va-
no 6 voladizo.
Etuiolooía. Arabe djtmlt dj^mel,
(i^*tfin«/,eamello; q|^/JL|«£^ (¿jáma-
lo»), porque esa parte abovedada del
tewo presenta la forma del lomo de
aquel animal. (Quatbbmebs, Dozy.)
Jabalconar. Activo. Formar con
jabalcones el tendido del tejado. Q
Sostener eon jabalcones algún vano 6
voladizo.
Jabali. Masculino. Cuadrúpedo
montaraz, muj común en varias par-
tes de España, del cual, domesticado,
han provenido los marranos, y se dis-
tingue de éstos principalmente en t&-
ner los colmillos inferiores largos, en-
corvados y prolongados fuera de la
boca.
BiiKOLOofA. Árabe ijahal (^^Uj^}
monte; djabati (^Jh^^ montaraz:
catalán, iat»t¿i.
1. Pedro de AlcaU traduce jabalí
puerco por djabalit y puerco montes ó
jabalín por khiiuir djabaU,
2. «Llamamos en España Jabalín á
lo que el Moro llama Oibeli, que es
puerco montes.» (Rojas.)
3. Del árabe gebel, monte 6 sierra:
especie de adjetivo sustantivado que
se aplica para designar el puerco mon-
tes ó salvaje. (Momlau.)
Jabalín. Masculino anticuado. Ja-
balí.
1. Jabalina. Femenino. La hem-
bra del jabalj'« ~
2. Jabalina. Femenino. Arma á
manera de úna pica 6 vúiablo, de que
JABE
se usaba más comunmente en la caza
ma^or.
ÉTiuoLOofA. Medio alto alemán ga-
bilñt: antiguo ^?ímtxizo,gabelote,g ave-
lote; (tiacés,Javeloí.
Jábalo. Masculino. Hijuelo de la
jabalina.
Jabalón. Masculino. Jabalcón.
Jabalonar. Activo. Jabalconar.
Jabaluno, na. Adjetivo. Propio
deljabalí.
Jabañón. Masculino. Germania. SI
ratón.
Jabardear. Neutro. Hacer las abe-
jas segunda cría después de la princi-
pal, j separarse en corto numero de
su mnestra la madre.
Etiuología. Jabardo.
Jabardillo. Masculino. Jabardo,
por junta de gente.
Jabardo. Masculino. La segunda
cría que hacen las abejas después de
la principal, y se huye de la madre.
Q Metáfora, ^nta de gente baja ó de
mala vida.
1. Jabaris. Masculino. Cuadrúpe-
do de América parecido al jabalí.
2. Jabaris. Masculino plural, ^tf-
ligión moAímetaHa. Sectarios maho-
metanos que creen en la fatalidad.
Jabato. Masculino. El hijo peque-
ño á cachorro de la jabalina.
Jabe. Masculino. Historia, Nom-
bre que los samaritanos daban al Ser
Supremo.
¿TiuoLoafA. Hebreo jav, eon el
mismo significado.
Jábeba. Femenino. Flauta moris-
ca. I Jábsoa.
Jabebineta. Femenino. Bspecie de
raja que se pesca en hfi costas del
Brasil.
Jábocaó jábega. Femenino. Una
red grande ó conjunto de redes que
se emplean en pescar j otros usos. |
Instrumento músico, especie de flau-
ta, que usan los moriscos.
ETiMOLOOfa. Arabe ehaieka, red: ca-
talán, xábega* Jábega v jabeque son la
misma pfilabra radical.
Jabeguero, ra. Adjetivo. Lo per-
teneciente á la jábega. ( Masculino.
Provincial Andalucía. £1 pescador de
jábega.
Jabeque. Masculino. Embarcación
mujr usada en el Mediterráneo, de
construcción diferente de las fragatas,
aunque con igual número de palos:
navega á vela j remo. | Gfermanía, Ci-
catriz que deja en el semblante una
cuchillada, en cujo sentido se dice:
pintar un JABBQtm.
BTiuOLOofA. Arabe ehabala, ckabe-
ka,en'úeñc;chabak^ cAa¿rA,enJaI,red.
1. La forma del vocablo presenta
una variedad extraordinaria, pues se
encuentra chébek, chabbak, ckpobak, en
fiocthor, Marcel j Naggiar; chabbéc,
ehehbéc, ckobbéc, según la pronuncia-
ción africana; así como una antigua
forma tonbehX, sunbekl, en Meninski:
«buque muj asado en Asia;» genus
navigii i» Asia frequentis, de donde se
origina seguramente el italiano tam-
becco.
2. Jabegut significó al principio
red. (Jal.)
JABO
3. La transición de red i barco ea
donde hav redes, es muv dificultosa.
(DOZT.)
4. La voz del artículo, eomoel mii-
mo Dozj nos dice, significa red^ en
Marcel j Bocthor.
5. En cuanto á dar al buque, con-
tinente, el nombre de la red, objeto
contenido, no puede ser dificultoso,
porque en cometer esa figura eoosiste
cabalmente la metonimia.
6. Bl jabeque era un barco pesador,
como nsulta en un pasaje de la Ckn-
nica do Conde Do» Pedro, siglo ir,
que Jal cita, lo cual hace ver ({üb já-
bega, red, y jabeque, barco de pesca,
son la misma palabra de origen. Las
antiguas formas no permiten dudar:
xabeca, red; xabeque, buque.
Derivación. — Arabe diabbak, chab-
bek: italiano, sciabecco, %ambeca>,tiaK-
becco; francés antiguo, ckabek; moder-
no, chébec; portugués, xabeco, enxahe-
que, chaveco; catalán, xabech.
7. A la misma serie corresponde ti
Sortugués enxavyo, red para pescar,
el árabe eck-chabeka, red j pesque-
ría, en EdrisT, así como etaavegus,
«pesca de solhas (solías) e ontropeíie
miudoi» pesca de sollos / otro pesca-
do menudo. (Santa Rosa.)
Jabeqain. Masculino. Chajibbquín.
Jabeto. Masculino. Especie de
crustáceo muj pequeño de la costa de
Africa.
Jabi. Masculino. Arbol del Tuca-
tán, cujra madera se usa en la cons-
trucción de buques. II Especie de man-
zana pequeña y silvestre. \ Especie
de uva inferior que se cría en Gra-
nada.
BTiifOLOofA. Arabe cka'Bi, ach-
cha'btf en Cheeuri: «la manzana de
primavera es la que se llama ac&-
cAa'bi.»
Jabino. Masculino provinósl.
Chaparro.
EtiuolooÍa. Jabi.
Jabirú. Masculino. Género de avei
zancudas.
Etimología. Francés jabirú. (Buf-
FÓN.)
Jabladera. Femenino. Instrumen-
to de que se sirven loa toneleros.
- Btiuolooía. Francés jabliere, for-
ma dojable, jable.
Jame. Masculino. La cavidad cir-
cular en que se encajan las tiestas de
los toneles y botas.
BTiuoLoaÍA. Francés jabky cnjo
origen no se conoce. (LittbA.)
Jablonowski (los). Historia. Fa-
milia de principes de Polonia, cu^os
principales miembros fueron: Esta-
nislao, gran general de la corona; ;¡
José Alejandro, que fundó en Leipzig
una sociedad ó academia de la histo-
ria, llamada jablonoviana, que aun
existe.
BtiuolooCa. Jablonoi, nombre de
una comarca de la Gran Polonia.
Jaboleno. Masculino. Historia ro-
mana. Célebre jurisconsulto del tiem-
po de Trajano. (Capitolino.)
BxiuoLoaU. Latín Jabolinus.
Jabón. Masculino. Compuesto ar-
tifiicial de un álcali j aceite, que se
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JABO
JACA
JACA 219
iJisuelTeeii el ag'u», formando espu-
ma y tiñéndola de blanco. Sé usa
principalmente para lavar las ropas,
j M llama jabón blando el ^ue es de
eolor oscuro y de eo&sistencia de un-
g'aeoto, 7 JABÓN DUBO el que es de co-
lor blanco y tiene mucha ma/or con-
sistencia. O Metáfora. Cualquiera otra
masa que tenga semejante uso, aun-
3ae sea blanda ó no esté compuesta
e lo que el jabón común. Q de Pa-
LBHCiA. Familiar. La pala con que
las lavanderas golpean la ropa para
limpiarla y gastar menos j'abdn, y
por alusión se toma también por la'
zurra de palos. \ dr pibdra. Familiar.
El duro. Ij DB SASTRE. Piedra blanca,
especie de ^eso, con que señalan los
sastres lo que ban de cortar d coser. Q
Dab un jabón. Frase metafórica. Cas-
tigar & alguno 6 reprenderle áspera-
mente.
BnuOLoaU. Griego vaimiv (tapón):
latín, sapot saponii; italiano, sapo-
ne; francés del siglo xiii, sdvelon; si-
^lo XVI, savoa, forma moderna; por-
tugués, sa&So; catalán, sabó; proven-
zai, tah; picardo, tavelon,
1. Pliiiio dice que esta voz es de
origen galo: galUarum hoc inventum.
2. Sin embargo, el griego clásico
tapd* parece excluir la procedencia
cátiea de este nombre.
3. La V del vocablo francés es bár-
bara, puesto que la p del griego y del
latín se traduce por ¿ en el romanee,
como letras añnes.
Jabonado. Bfasculino. La acción y
efecto de jabonar. | Bl ciimulo de ropa
blanca, especiatmente la delpfada, que
se da á jabonar ó viene ya jabonada.
BTmoLOofA. Jabonar: francés, ta-
voitne: italiano, intaponaio.
Jaiwnador, ra. Masculino y feme-
nino. El que jabona.
BtiuologU. Jabonar: francés, »a-
ctmneur.
Jabonadura. Femenino. La ac-
ción j efecto de jabonar, y Plural. Bl
agua que queda mezclada con el ja-
bón j tu espuma, ó la misma espu-
ma que se forma al jabonar.
muoLOQÍA. Jabonador: francés, lo-
rMMMiue; italiano, taponaía.
Jabonamiento. Masculino. Jabo-
HADUBA.
Jabonar. Activo. Fregar ó estre-
gar la ropa ú otras cosas con jabón y
agua, para lavarlas, emblanquecerlas
ó ablandarlas. Q Metafórico y fami-
liar. Tratar á alguno mal de palabras
ó reprenderle ásperamente.
BTiMOLoafA. Jab-Jn: francés, taoon-
ner: iuliaao, insaponare; walón, <a-
treé.
Jabonatríz. Femenino familiar.
Jabonadoba.
Jaboncillo. Masculino. La bolilla
ó pastilla de jabón, confeccionado con
alguna cosa antmática, de que se usa
mucho para lavar las manos y hacer
la barba. | Un trozo de clarión, de
qne usan los sastres para delinear en
lu telas la figura j eorte de los ves-
tidos.
Jabonera. Femenino. Plasta que
crece espontánea en varías partes de
fiispaña. Consta de varios vastagos,
nudosos^ blandos, con hojas en for-
ma de hierro de lanza, con tres ner-
vios. Las flores nacen en hacecillos, y
son 6 blancas ó de color de rosa cla-
ro. El zamo de esta planta y su raíz
sirve, como el jabón, para limpiar la
ropa. ¡I ó JABUNBRA DE LA Mancha. En
Ara^n y otras parte dan este nom-
bre a una planta que es de dos pies
de altura, con los vastagos nudosos,
las hojas muy estrechas y carnosas, y
las llores pequeñas y blancas. Eu al-
gunos países la usan en lu^^ar de ja-
bón para lavar las ropas de lana. Q La
caja para el jabón que hay en los re-
cados de barba ó de lavar las manos.
Etiuolooía. Jabón: francés, rnton-
niere, saponaire; latín técnico, tapindus
SAPONARIA, del latín sapOt saphiis, ja-
bón, cujo jugo produce un efecto
análogo al de dicha substancia.
Jabonería. Femenino. Bl lugar ó
sitio en que se fabrica ó vendé el ja-
bón.
EnHOLoaU. Jabón: francés, tavon-
nerit; italiano, taponeña; walón, sa-
wnnreú
Jabonero. Masculino. La persona
que hace, fabrica ó vende el jabón.
Btiuología. Jabón: francés, tavon-
nier; italiano, saponajo.
Jabonete ó jabonete de olor.
Masculino. Jaboncillo*
Jaboniaar. Activo familiar. Jabo-
MAB.
Jabonoso, sa. Adjetivo. Lo que es
de jabón 6 de naturaleza de jabón.
ETiifOLoafA. Jabón: francés, tavon~
néux; itnU&no, saponáceo.
Jaborandi. Masculino. Planta de
raíz gruesa, de flor con cuatro hojas
blancas y fruto de dos cáscaras.
Jabotí. Masculino. Especia de tor-
tuga negra.
Jabuco. Masculino americano. Ces-
to redondo de boca estrecha, que se
hace de varios bejucos y cañas.
Jaburan^ba. Masculino. Botáni-
ca. Arbol del Brasil, eujras hojas pa-
san por un excelente específico contra
las enfermedades del hígado,
ErikKnxwía. Vocablo oratiUño,
Jabuticaba. Masculino. Bot&nica.
Grande árbol del Brasil.
BnuoLoofA,. Vocablo indU/ena: ttKtí-
céa, j abdicaba
Jabutra. Masculino. Especie de
garza de América.
Jaca. Femenino. Haca.
Jacacab. Masculino. Especie de
alondra del Brasil.
Jacal j jacale. Masculino ameri-
cano. Choza ó cobertizo hecho de ca-
ñas, carrizos, paja, etc.
Jaoamaciri. Masculino. Especie
de picaza del Brasil.
Jacamar. Masculino. Omiíoloffia.
Género de aves trepadoras de la fami-
lia de los cuneirrostros, que se ali-
mentan de insectos y habitan en la
América meridional.
Jacana. Masculino. Género de pá-
jaros zancudos.
EriuoLoaÍA. Francés /acaiia. (Lan-
DAIS.)
Jacanápero. Masculino. Especie
de mono'indígená de las islas de Cabo
Verde.
Jacapa. Masculino. Omitologia.Qé-
ñero de pájaras silvanos de la Améri-
ca meridional. -
ETiuotooía. Vocablo indígenat fran-
cés, jacapa,
Jacapani. Masculino. Ornitología,
Especia de ruiseñor muscívo^,
Jacapo. Masculino. Especie de gra*
ma del Brasil.
ETiuoLOofA. Vocablo brasileño.
Jaoapucago. Masculino. Botánica.
Arbol del Brasil, que produce una
nuez aceitosa.
EruiOLoaf A. Voablo indígena: {nn"
cés, jacapueajo.
Jicara. Femenino. Composición
poética ligera hecha en asonantes. U
Especie de son para bailar, y el baile
ó canto de este son. Q Bulla, algaza-
ra; reunión de gente alegre. | Menti-
ra. Q Familiar. Cuento, nistorieta. |
dianza, broma, f Familiar. Molestia
6 enfado.
EtiuoldoÍa. Latín juego,
chiste, gracia, donaire, aludiendo á
que es un canto divertido: catalán,
xdcara.
Jacaracia. Femenino. Botánica.
Planta espinosa del Brasil, cayo tron-
co está lleno de una médula que cae
hecha polvo cuando se quita la cor-
teza.
Jacaranda. Masculino. Botánica.
Arbol del Brasil.
Btiholooía. Francés jacarande: ca-
talán, sBoearanda,
Jacarandaina. Femenino. Jaca-
BANDANA.
Jacarandana. Femenino. Germa-
nía. Rufianesca ó junta de rufianes
ó ladrones. || Bl lenguaje de loa ru-
fianes.
ETiii(x.oafA. Jácara.
Jacarandina. Femenino. Germa-
nia. Jacarandana. || Jácara, ó el
modo particular de cantar los jaques.
Jacarandino, na. Adjetivo. Lo
que pertenece á la jacarandina.
Jacardo. Masculino. Chacal.
Jacarear. Neutro. Andar cantan-
do jácaras frecuentemente. | Andar
por el lugar cantando y haciendo rui-
do. I Familiar. Molestar á alguno con
impertinencias y palabras ridiculas.
Jacareo. Masculino. Acto ó efecto
de jacarear.
Jacarero. Masculino. La persona
que anda por el lugar cantando jáca-
ras. I] Bl que es alegre de genio y
chancero.
Jacareto. SfascuUno. Especie de
cocodrilo.
BTiuoLoafa. Francés jacaret, (L an-
dáis.)
Jacarílla. Femenino diminutivo
de jácara.
Jacari'ní. Masculino. Ontitotogía.
Nombre específico del tangara jaeari-
Ht, especie de pájaro del Urasif.
EriuoLOofA.. Brasileño jacarini:
fnncéSfjacarini.
Jácaro, ra. Adjetivo. Lo que per-
tenece y toca al guapo y baladrón. Q
Masculino. El guapo y baladrón. (| A
LO JÁCARO. Modo adverbial. Con afec-
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220
JACE
tációnt valentía ó bizarría en el modo
ó traje.
ETiuOLoaÍA. Jácara,
Jacativa. Masculino. Botánica, ki-
bol del Brasil que produce un fruto
parecido al limón.
ExmoLoaÍA. Vocablo brasileño.
Jacco. Masculino. Mitología. Pon-
tífice japonés encargado de la disci-
plina religiosa.
Jacea. Femenino. Botánica. Géne-
ro de eentáureas.
BtimolooCa. Latín técnico eenlawra
ihc&k, de Liuneo: francés, jac¿e,
Jaceinas. Femenino plural. Bútá-
Hxca. Tribu de plantas de flores com-
puestas.
BtiuolooÍa. Jacea: francés, jacéi~
néet.
Jacena. Femenino. Arquitectura.
La viga atravesada que sostiene las
demás vigas menores.
EtiuoLoofA. 1. Árabe
(djaizj, viga. (DozT.)
2. En efecto, añadamos & djait el
sufijo español ena j tendremos djaiu-
na, perfectamente paralelo de jacena.
3. La vacilación, ex.presada por Do-
zv, tendría lu^r cuando el si^niSca-
áa de usos términos fuese distinto;
pero .siendo idéntico, la duda es una
demasía de modestia.
Jacer. Activo anticuado. Tibar ó
ARROJAB.
Etuiolooía,. Latín ^'flííírí.
Jacerina. Femenino. Nombre de
una cota de malla muy fina.
KTiuoLoaf A. 1. Arabe A l-djatair, <la
ciudad de Argel,» en donde antigua-
mente se fabricaban esas armaduras.
(COVARRUBIAS, DÍSZ.)
2. «Esta etimología carece de base,
porque en .Vr^el no hubo jamás seme-
jante industria, como lo demuestra el
silencio absoluto de todos los auto-
res. >
«Según Beiffénbe^, el^n de jaceri-
na representa jaque, como jaque á
jaco de malla.»
«Resta cerina, que puede ser el ára-
be urad, del persa iir&, malla j cota
de malla.» (Dozy.)
Esta opinión del docto profesor de
Leyde no puede admitirse sin reserva.
1. La ap'icope áe jaque en el ja de
jacerina ofrece una grande dificultad,
no habiendo formas intermedias que
expliquen la transformación.
2. La prioridad de jaque ó jaco ns-
Secto de la voz del artículo no se ha
emostrado todavía; amén de que lo
demostrado hasta el presente hace
muT dudosa acuella prioridad.
3. Según DitZt jaque (jacof túnica,
eu cu JO sentido se deeifiiaeo de malla;
francés, jaque de maüUs) aparece
en 1358, de cayo dato no se puede
dudar, puesto que el francés /ac^u^ se
encuentra en Du Cange, siglo xiv.
4. Y esta noticia está confirmada
por la cita de Dozj, la cual se refiere
á un documento de 1369, once años
después de la cita de Diez.
5. Nuestro antiguo vocablojiMdran,
que se halla en el Cancionero de Bae-
ua, nos presenta la segunda a dejaza-
JACI
riño, lo perteneciente i la ciudad de
^rg'el, y este indicio merece llamar la
atención.
6. Demos á nuestro ^aiaraH la s del
francés jazeraní ó del portugaés^'azí-
riña j tendremos jazarán, per ecta-
mente simétrico de djazair, la ciudad
de Argel,
7. Por otra parte, el jo do jaco, tú-
nica ó cota, j el árabe tarad, utrad,
habrían diáo ja-zaradina, ja-feradina.
8. Suponiendo que la derivación se
hizo del persa, la forma debió set ja-
tirina, cuyos vocablos no aparecen en
ninguna parte.
9. Es de presumir que la afirma*
eion de Covarrubias ten^^ más im-
portancia de la que el sabio Dozj le
na concedido. Mientras que nuevos
datos no fijen la cuestión, no es po-
sible separar jatarino, cosa de Ar^el,
j jasaran, por jasaran, arma argelina.
Derivación. — Arabe Al-djazair, lá
ciudad de Argel; ^oíartíio, lo pertene-
ciente á dicha ciudad; jataran, arma,
en el Cancionero de B^tiiZ\jateran,ja'
ceran, en Saez; moderno, jacerina; por-
tugués, j'ítfmiw; francés antiguo, ^'a-
terant, jazerenc; italiano, gkiazterino.
Jaceríno, na. Adjetivo anticuado.
Lo que es duro j difícil de penetrar,
como el acero.
EtiuologÍa. Jacerina,
Jacilla. Femenínn, Jazilla.
Jacinta. Femenino. Nombre pro-
pío de mujer.
ETiifOLoaÍA. Jacinto.
Jacintina. Femenino. Especie de
piedra parecida al jacinto.
Jacintineo, nea. Adjetiro. Aná-
logo al jacinto.
Jacintino, na. Adjetivo propio del
jacinto.
Jacinto. }&A%ñix\\jío, Botánica. Plan-
ta de cebolla que entre hojas largas,
crasas j estrechas, echa una caña, y
en su cima seis ó siete flores en espi-
ga, por lo regular azules, y alguna
vez blancas ó algo purpúreas, conoci-
das eon el mismo nombre en la jardi-
nería. I Mineralogía. Piedra preciosa
de color rojo oscuro. Es transparente,
dura, y se estima para adornos. \\ Mi-
tología, Hijo de Ebalo. 0 Nombre grie-
go de varón: san Jacinto.
BTiuoLOaÍA. Griego ^üi&mvtiwifJíiú-
kintitos}: latín, Hyacinthut, Hgacin-
íhoi; francés, JaeintAe; catalán anti-
guo,'./actat; moderno, </aemto; italia-
no, Giacinto.
Reseña. — 1. Lospoetasfíngieronque
el JACINTO, planta, nació de la sangre
de Ajax, con las dos primeras letras
de su nombre, cuando, vencido por
Ulises, se dió muerte. '
2. El JACINTO, piedra, semejante al
rubí, es de tres especies: una, de co-
lor de naranja; otra, de girasol; otra,
de cidra.
3. Hyacinihus. Nombre propio de
persona, de una piedra preciosa, de
cierta planta bulbosa, etc. Voz helé-
nica y de origen mitológico, com-
puesta de al (aj) y ánthos, flor, por
alusión al desgraciado fin que tuvo el
joven y hermoso príncipu Jacinto,
hijo de Ebalo, cuya amistad se dispu-
JACO
taron el violento Bóreas y el amable
Apolo. (MONLAU.)
Jacio. Masculino. Marina. Calma
chicha.
1. Jaco. Masculino. Vestido corto
que usaban los soldados en lo anti-
guo, ceñido al cuerpo, de tela muj
grosera y tosca, hecha de pelo de ca-
bras. \ Jaqub. i También se decUí ja-
que y JACO de m illa.
ETXuoLoafA. Alemán Jache: sueco,
jacka; trances, yacjuí, en Du Cange;
inoderno,ya^««; italiano, ^tocco; cau-
lán, jaco,
1. La forma jaque se encuentra en
las Cortes de León y de Castilla.
( i J, página
2. El francés ^'oyite es la raíz de^a-
^uette, chaqueta. Por consiguiente,
jaco chaqueta representan sin dud¡i
la misma palabra de origen.
2. Jaco. Masculino. Caballo pe-
queño, tomado generalmente en la
acepción de caballo ruin.
STiuoLoaÍA. Jaca,
Jacob. Masculino anticuado. Nom-
bro propio. Santiago.
Jacob. Patriarca hebreo, hijo de
Isaac y de Rebeca, nacido en 1836 an-
tes de Jesucristo. El nombre de Jacob
viene del verbo hebreo áhab, de que
es futuro j que significa suplantado,
el que tiene cogido á otro por la plan-
ta del pie. Este nombre fué dado al
patriarca Jacob por haber venido al
mundo asido del talón de su hermano
Esaú, á quien quería retener en el
vientre materno a fin de venir al mun-
do antes que él; con lo cual, según la
Escritura, se demuestra que los dos
hermanos habían adquirido antes de
ver la luz la costumbre de disputarse
el derecho de primogenitura. Más tar-
de, Jacob, aconsejado por su madre,
que le prefería, habiendo comprado ñ
su hermano Gsaü la primogenitura
por un plato de lentejas y habiéndole
usurpado, por medio de una super-
chería, la bendición de su padre, hu-
yó para evitar su cólera á casa de su
tío Labán, en Mesopotamia, En el ca-
mino vió en sueños una escala miste-
riosa, que iba de la tierra al cíelo, y
cujos escalones estaban cubiertos de
ángeles que subían y bajaban. Al lle-
gar á casa de Labáu, se comprometió
á servirle siete años para obtener la
mano de su hija Rebeca; pero habién-
dolé engañado su tío, tuvo que pasar
otros siete en la servidumbre después
de haberle concedido en el primer
plazo Labán á su hija mayor, Lín.
Cargado de grandes riquezas, volvió
al cabo á la tierra de Canaán, se re-
concilió con su hermano, que fué á
vivir á la Idumeay se retiró áSethcl.
Jacob tuvo doce hijos: Rubén, Si-
meón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón,
Dan, Nephtalí, Gad, Aser, José y
Benjamín. Cuando su híjo José llegó
á ocupar una alta posición en Egipto,
llamó á su lado á su anciano padre y
le estableció en Gessén. Jacob murió
allí á la edad de 147 años, siendo el
tronco de las tribus hebraicas. El
nombre de Israel le había sido dado
en conmemoración de su lucha con un
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JACO'
JACO
JACQ 221
áng^el, fígara bíblica que ha sido ex^
plieada de diversas maneras.
BTiuoLoaÍA. Jacobs suplantado,
forma de akab, aludiendo á que nació
coD la mano asida al talón de su her-
mano Esaü.
Jacobea. Femenino. Botánica.
Subg^énero de plantas senecionídeas. |¡
Jacobea blbta.nte. Nombre que dio
llcench al seneción pseudo-elegante
de Lesson, el cual no debe confundir-
se con el ftf»^ci'>ttffí/'^aflí« de Linneo. ]¡
Jacobba. marítima. Uno de los nom-
bres Tnlgares de la sineraria marítima
de Ltaneo ($i*antéreas), llamada tam>
bien Ul cineraria. (Lsqoarant.)
ErucOLOofA. Francés jacoi», deJa-
coha, nombre latino de Jacques, por-
que dicha planta se llama vulgarmen-
te la hierba de Saint-Jac^w*
Jacobea'stro. Masculino. Botáni-
ca. Subdivisión de plantas del géne-
ro jacobea, <jue comprende las espe-
cies de perianto simple j monótilo,
con flores machoi j medios florones
hembras.
Jacobebide. Masculino. Botánica.
Subdivisión de plantas del género
jacobea, que comprende las esp^'cies
de perianto simple polifilo, j cujas
flores son hermafroditas.
Jacóbeo, bea. Adjetivo. Análogo
á la jacobea.
Jacobinico, ca. AdjetÍTo. Propio
de los jacobinos.
Jacobinismo. Masculino. Doctri-
na democrática revolucionaría.
Etiholoo[a. Jacoho: francés, jaco-
hinhme; caialán, jacolinismo.
Jacobinista. Sustantivo. Partida-
rio del jacobinismo.
Jacobinizar. Activo. Hacer & al-
guno jacobino.
Jacobino, na. Masculino j feme-
nino. El que profesa la doctrina del
jacobinismo. | Miembro de una socie-
dad palítica, establecida en París,
eujro programa era la igualdad ^ la
democracia absolutas. Por extensión,
pasó i ser el apodo de los partidarios
más ardientes de las ideas exagera-
das, no sólo en Francia, sino en toda
Europa.
Etimología. Se denominaron jaco-
binos purque se reunían en el con-
vento del mismo nombre, aludiendo á
(}ue se había edificado cerca de la
iglesia de San Jacobo, para unos re-
lig:iosos y religiosas de la orden de
santo Domingo: italiano, jacobino;
francés, jacobin: cataliín, jacobí.
Reseña, — Dicha sociedad se fundó
en 1789 j llegó á formar una podero-
sa facción política, casi un partido
nacional. Los franceses le llaman el
partido jacobino.
Jacobinos (club db tos), ffisío-
ns. — 1. Su origen fué el llamado club
hret¿n, fundado en Versalles. pocos
díu después de reunirse los Sstados
generales, por los diputados de Ure-
taúa, para conferenciarsobre los asun-
tos de los debates parlamentarios.
2. En él fueron recibidos los dipu-
tados de los tres órdenes y de las di-
ferentes secciones de la Asamblea ua-
eioual.
3. Trasladada ésta á París, des-
pués de las jornadas de 5 ^ 6 de Oc-
tubre, el club bretihi se instaló en el
convento de jacobinos, sito en la calle
de Saint-Honoré, admitió en su seno
á todo ol que fué presentido por cua-
tro socios, j tomó el nombre de Socie-
dad de los A migos de la Constitución»
4. El fia que se propuso primera-
monte este club, fué combatirla in-
fluencia de La Fa^ette sobre las guar-
dias nacionales 7 las municipalidades
de Francia, que quería contener den-
tro de la moderación y de la pruden-
cia; mientras los mienbros del clab de
los jacobinos se proponían oponer á
cada cuerpo civil t militar, partida-
río del orden legal, una sociedad de-
nunciadora V desorganizadora.
5. Admitido en el club, según he-
mos dicho, todo ciudadano propuesto
por cuatro socios, su número fué con-
siderable; ta popularidad se conquistó
por medio de las majrores ex.ageracio-
nes,y pronto estalló una escisión (Ma-
yo de 1790) por la usurpai;iÓn de in-
fluencia de la Asamblea nacional.
6. Los fundadores del club bretón
formaron después la Sociedad de Í7H9;
y al siguiente año el club de Feuillans,
que sirvió para avivar el ardor de los
jacobinos, cuya sociedad teuta rami-
ficaciones en toda la Francia y afilia-
dos más de 1.200 clubs en las pro-
vincias.
7. En el mes de Mayo de 1791,
apareció el Diario de la Sociedad de los
Amigos de la £7oMjí/¿ttc»(/R, que propagó
el espíritu revolucionario y preparóla
caída de la monarquía.
8. Los JACOBINOS organizadores de
las jornadas revolucionarias, sumi-
nistraron (10 de Agosto de 1792) el
personal á la célebre Commune de Pa-
rís, titulándose Sociedad de amigos de
la libertad y la igualdad. Desde dicho
día, estuvo en sus manos el gobierno
de Francia.
9. El 9 Thermidor puso fin á su
dominación, y la juventud dorada (véa*
se nuestro artículo titulado así) de
Fréron terminó la obra que los ther-
mídorianos habían principiado en la
Convención.
10. El CLUB OB LOS jacobinos fué
cerrado en Noviembre de 1794.
11. Los jacobinos ó, por mejor de-
cir, los restos de su partido, intenta-
ron más de una vez recobrar su ^oder
y fundaron, ai fin del Directorio, el
club du Manége, y posteriormente el
club de la rué du B.tc; pero el 18 Bru-
mario puso fin á estas sociedades.
12. Antes y después de la revolu-
ción, ae dió el nombre de jacobinos,
en general, á todos los demagogos
exaltados.
Jacobita. Femenino. Nombre de
una secta cristiana, monofísita, que
no admitía en Jesucristo más que una
sola naturale;.a. kan subsiste en .Siria,
Armenia y Etiopia, siendo I\ara-Araid
el punto de residencia de su jefe.
EtimolooÍa. ./acoio Zanzale, obispo
de Kdesa, fundador de esa secta cris-
tiana, muerto á fines del siglo ii
(178): fiíin:és,jacob¡if. |
Jacobitas.Masculinoplaral. Nom'
bre de los partidarios de Jacobo II
de Inglaterra, después de la destitu-
ción de aquel principe. |] Historia.
Nombre de los cristianos coftos de
Egipto.
ETiicoLOofA. Jacobo 12, en 1688.
Jacobo. Masculino. Nombre pa(ro<
nímico. Santiago.
Etiuolooía. Jacob,
Jacobo Trezzo. Escultor italiano,
sobrino y discípulo del siguiente, lla-
mado el Moio, para distinguirle de
aquél. Trabajó también en las obras
del Escorial, y entre otras, en los eu-
taHiidos y embutidos de la estatua de
Felipe lU.
Jacome. Masculino. Nombre pa>
tronfinico. Jaiub ó Saktiaoo.
Etiholooía. Jacob.
Jacome ó Jacobo Trezzo. Escul-
tor y grabador en hueco, nacido en
Milán en 1550. Habiendo cobrado
gran fama por su habilidad, fué lla-
mado á España y entr i al servicio de
Felipe II, quien le encargó la parte
de escultura y adorno del gran taber-
náculo del altar mayor dJl Esc>>rial,
obra que llevó ¿ cabo con primorosa
ejecución, valiéndole el ser colmado
de honores y distinciones. Su muerte
acaeció en Madrid, en 1589,.y en una
casa que, sicuada en la calle que hoy
lleva 8u nombre, había construido
para él su amigo Juan de Herrera.
El historiador Dávila, confundiendo
á Jacdhe Tbbzzo con otro caballero
italiano que vivió en Madrid por los
mismos tiempos, y cuyo nombre era
Jacobo Grattis, refiere al escultor una
vida de disipación y escándalo muy
semejante á la del legendario don
Juan Tenorio, y que terminó por un
arrepentimiento ferviente, traducido
en actos piadosos, tnles como la cous-l
trucción del santuario que, en memo-
ria del fundador, se llama del Caba~
llero de Gracia, Datos fehacientes han
venido á destruir el aserto de Üávila
y a probar que Jacoub Tbbzzo, que
dió su nombre á la calle de Jaeú.néire~
tOf no tiene relación alguna con Jaco-
bo Grattis, que dió el suyo á la calle
del Caballero de Grada,
Jacopin. Masculino. Especie depí-
cogordo de las ludias.
Etiuolooía. Francéayaco^ifo. (Lan-
DAI5.)
Jacqueria. Femenino. Historia.
Nombre con que se conoce la insu-
rrección de los paisanos contra los se*
ñores de Francia, durante la cautivi-
dad del rey Juan en Inglaterra (1358).
Apareció en el Beauvais, y ganó rá-
pidamente el Amíénois, el Ponthieu,
el Vermandois. el Valois, la Brie, y
toda la Isla-de- Francia. Su carácter
fué atroz, pues los jac^< arruinaban
los castillos y cometían contra los no«
bles toda clase de violencias. Los
burgueses de las ciudades y los seño-
res se reunieron para exterminarlos,
y siete mil de ellos fueron ahorcados
en Mean> .
Etimología. 1 . Jacque, palabra que
significa una especie de casaca.
2. yac^Htf lionhomme, sobrenombre
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222
JACU
que á Gaillet, jefe de los insurrectos,
daban sus tropas.
3. Según otros autores, se dió e^
nombre por los seilores, en aefial de
desprecio, á los paisanos, tanto tiem-
po dóciles T humildes.
Jacra. Femenino. Jugo que se sa-
ca de los cocos 6 del árbol que los
produce.
BTUfOLOOÍA. /lurra: francés, ^'acrí.
Jactin. Masculino. Medida de lon-
gitud usada en la Guinea.
Jactancia. Femenino. Alabanxa
propia, desordenada jr presuntuosa.
ETiuoLOofa. Latín jacíantUt arro-
gAucia, vanidad; forma sustantiva
abstracta de jacíanSy antis, participio
de presente de jactare, divulgar, va-
nagloriarse; frecuentativo de jaclfre,
arrojar: catalán, yic^anaa; provenzal,
jactancia; francés, jacUMce; italiano,
giattamia.
SiNONiyiA. Jactancia, arrogancia.
Jactancia es alabanza propia, presan*
tuosa y exagerada; arrogancia es as-
piración ostentosa y manifiesta á la
superioririad, expresada por la voz y
por el gesto. No todo el que esjactan-
tioto es arrogante. El hipócrita se yae¿a
en tono humilde de sus virtudes j de
sus penitencias. BI usurpador 8« «rr»<
yi faculudea i que no tiaas derecho.
(Mora.)
' Jactandosamente. Adverbio de
modo. Con jactancia.
BTiuoLOafa,. Jactanciosa y el sufijo
adverbial mente: l&tía, jactSníer.
Jactancioso, sa. AdjetÍTO. El que
se jacta.
ÉtiuoloqÍa.. Jactancia: catalán,yac-
tuHcióit a; ítaacés, jacíantieua.
Jactante. Participio activo anti-
cuado de jactarse. El que se jacta.
Jactarse. Recíproco. Alabarse ex-
cesiva y presuntuosa ó desordenada-
mente de la propia excelencia, y tam*
bien de la que el propio se atribuje,
y aun de acciones eriminalesd ver-
gonzosas.
EnuoLoaU. Jactancia: catalán, /ae-
tarse; francés, se jacter; XtXxn, jactare
te: JACTASE se de re aligua, vanaglo-
riarse de alguna cosa.
Jactura. Femenino anticuado.
Quiebra, pérdida ó daño recibido.
Jacna-aganga. Femeaino. Botúni-
ca. Pianu uel Brasil, cujras hojas pro-
ducen la misnia picazón que la ortiga,
j sus Hores son azules y amarillas.
BTniOLOOÍA. Vocablo brasileño,
Jacuano. Masculino. Especie de
árbol gomífero de Madagascar.
Jacnlación. Femenino. ÁntigUeda-
det» Juego de los griegos que consis-
tía en arrojar dardos, piedras, etc., lo
más lejos posible.
EriuouKtÍA. Latín jácUum, dardo
y todo objeto arrojadizo, en Cicerón y
en san Isidoro.
Jaculatoria. Femenino. Oración
breve y fervorosa con que el alma se
eleva á Dios. I
ETiuOLOoÍA.i/acu¿(i¿orÍ0.- catalán, |
jaculatoria; ívaaaéBfjaealatoire; italia-
no,/acaia/orio.
Jaculatoriamente. Adverbio mo-
dal. A modo de jaculatoria.
JAEN
BTiuoLOofa. Jaculatoria y el sufijo
adverbial mente.
Jaculatorio, ría. Adietívo que se
aplica á lo que es breve y fervoroso.
ETiMOLoaíl. Latín j&c%lat5riúi, lo
que sirve para disparar; áej&ciliri,
lanzar el dardo; forma verbal de ^^k-
¿ttm, dardo ó flecha; derivado áejací-
rcy arrojar: catalán, jaculatori, a.
Jacnlt. ]dasculÍno. Antiguo libro
de los jueces. íLandais.)
Jacurata. Masculino. Especia da
páiaro del Brasil.
ETiMOLOQfA. Jacurata. (Büffón,
Dietionnaire de Poitevin.)
Jacusi. Masculino. Mitokfta, Uno
de los dioses de los^aponeses, que pa-
rece ser el Bsculapio de los griegos.
Jacutaga. Masculino. El primero
de los dos eunucos á cu^o cargo está
el tesoro del sultán.
Jachalí. Masculino. Botánica. Ár-
bol de unos veinte pies de altura, in-
dígena de la América, bien p;>blado
de hojas en figura de hierro de lanza
y lustrosas. Su madera, que es suma-
mente dura, se aprecia, así como su
fruto, llamado jagoa.
Jada. Femenino. Provincial Ara-
gón. Azada.
Jadar. Hascnlino. Afitologia. Nom-
bre del buen principio en algunos
pueblos idólatras.
Jado. Masculino. Piedra muj dura
de color verde oscuro, de que se sir-
ven en América los naturales del país
eu lu^ar del hierro para hacer armas
y vanos instrumentos. Recibe un her^
moso pulimento, y por eso se hacen
de ella varios adornos ^ dijes.
EtiuoloqU. Francés jade, cujo
origen no se conoce. (Littré.)
Jadear. Neutro. Respirar con difi-
cultad y fatiga por el causancío.
HtimolooÍa. Onomaíopeya.
Jadeo. Masculino. La acción de
jadear.
Jadhar. Masculino. Mitología, Di-
vinidad benéfica adorada en la isla de
Madagascar. Bs el buen principio de
los Madecases. (Landais.)
Jadiano, na. Adjetivo. Que con-
tiene jade.
Jadiar. Activo. Provincial Ara-
gón. Cavar con la jada.
Jaecero, ra. Masculino y femeni-
no. El que hace jaeces.
1. Jaén. Masculino. Geografía. El
más reducido de los cuatro antiguos
reinos de Andalucía, formado por los
árabes é incorporado en el siglo xiu
á la corona de Castilla. Su pequeño
territorio abarcaba una extensión de
110 kilómetros de largo, otros tantos
de ancho y sobre 1.474 cuadrados de
superficie. Los cinco partidos que lo
constituían, según al Ivomenelator 6
Diccionario formado en tiempo de Flo-
ridablanca, comprendían 5 ciudades,
58 villas, 13 lugares, un barrio, 15
cortijos, 12 despoblados r 2 ventas,
repartidos de este modo: Jaén, 2 ciu-
dades, 21 villas, 5 lugares, 9 cortijos
y una venta. Andújar, una ciudad y
2 lugares. ^a»a, una ciudad, 14 vi-
llas, un lu^ar, un barrio, 5 cortijos, I
8 despoblados y una venta. Marios, \
JAEN
9 villas j un lugar. Úbeda, una ciu-
dad, 14 villas, 4 lugares, nn cortijo
y 4 despoblados. Los nuevos pueblos
de Sierra Morena, que componían
entonces una intendencia aparte, fue-
ron agre^ndose á la actual provin-
cia, en virtud de las divisiones terri-
toriales llevadas á cabo en el presente
siglo.
Jaén.— Una de las 8 pravincias en
que se halla dividida actualmente la
comarca de Andalucía, formada en
1822 de la mayor parta del antiguo
reino de su nombre, y de algunas pe-
queñas porciones de los de Granada y
Murcia y de la antigua provincia de
Toledo. Está considerada como de ter-
cera clase en lo civil y administrativo,
correspondiendo, en lo judicial y mi-
litar, a la audiencia y capitanía gene-
ral de Granada, y en lo ecleaiestieo
al arzobispado de Granada.
1. SitMtÁény limites. — Se encuen-
tra situada entre los 37** 28'-38'33' de
latitud septentrional, y los 0* 35' de
longitud occidental y 0° 50' de lon-
fitttd oriental del meridiano de Ma-
rid, á 286 kilómetros de distancia
de esta población. Confina, al Norte,
con la provincia de Ciudad Real; al
Este, con la de Albacete; al Sur, con
la de Granada, y al Oeste, con la de
Córdoba.
2. Bxtensión y po6laeié».—hm an-
teriores límites comprenden una ex-
tensión de 142 kilómetros, de Oriente
á Occidente; 1 15 de Norte á Mediodía,
y 13.426 cuadrados de superficie, que
ocupan 731 poblaciones, distribuidas
en nueve partidos judiciales (Andií~
jar. La Carolina, Catorla, ffneimot
Jaén, Linares, Martas, Orcera y Úbe-
da), divididos en 99 ayunumien-
tos, cuya población total asciende á
457.188 habiUntes.
3. Orografía, — >La provincia que se
describe se encuentra casi completa-
mente circuida de montañas, las cua-
les se ramifican por el territorio en
una grande extensión. Entre las prin-
cipales, figuran: Sierra Morena, que
se interna en el país por Villa Rodri-
go, determinando los límites que le
separan en Ciudad Real, por el lado
del Norte y parte del Oeste, hasta
Córdoba. En el pueblo de Geuave da
principio la sierra de Segura, que for-
ma el límite oriental de la prttvincia.
se enlaza en Bujaraiza con la de Ca-
loría y Cuatro Villas, y coni-luye. al
Este, en las márgenes del Guadianit
menor. De este parnje arranca otra
cordillera, que termina en la Piedra
del Neblin, entre los términos de Ca-
bra y Jodar, llamada Sierra Cmtada
ó Sierra de Cabrilla del Santo Crisif-
De la mencionada Piedra del Neblín
Sarte otra cordillera en dirección de
"ordeste á Sudoeste, la cual va to-
mando los nombres de diferentes pue-
blos que cruza, dividiéndose en Puer-
ta de Arenes, en donde nace una nufr
va cadena que se prolonga de Sur s
Oeste, atravesando otras varias pobla-
ciones comprendidas dentro del perí-
metro de la provincia.
4. Hidrografía.— E\ término de
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JAÉN
JAÉN
■JAÉN
223
Jkíttj rodeado de sierras, como 7a he-
mos indicado, presenta en el centro
una alternativa de cerros, más ó me-
nos elevados, j de valles deliciosos
que bañan j fecundizan numerosas
eorríentes, distinguiéndose sobre to-
das d Gmádalquivirt el cual recoge to-
das las affuas que flnjren por U pro-
vineia. Nace éste cerca de Caxorla;
costea su sierra j la de las Cuatro Vi-
llas, en direccidn al Este; pasa por
Bujaraiza, siguiendo diferentes rum-
bos j engrosando su caudal con el
tributo de muchos ríos, fuentes y arro-
jos, se interna por Montoro, en la
provincia de Córaoba. En el número
de aquéllos, que desaguan en el Gua-
dalquivir, figuran: el Aauacebat, ó
GiMtUceóaiy formado por dos ramales
{trincipales: el uno, naca en la fuente
lamada de la Aetna, en donde se
eontemplaa las risueñas explanadas
de Jabucaballo, j alimentado por di-
fere&tes arrojos se precipita de Orien-
te á Hediodia, formando las dos pin-
torescas cascadas conocidas con los
nombres de Chorro Gil y Chorro de ¡a
P%erU, por los cuales desciende el
agua desde una altura de más de cua-
renta metros; el otro, compuesto de
tres abundantes arrojos; uno, que
tiene su origen en Blanquilla la Baja,
otro en Piedras-Morenas, j el tercero
eñ el AgnuttUro d« lot HermanUlos, los
cuales, reunidos en la Serraduras
constitujen un riachaelo, cujas cris-
talinas aguas permiten ver las are-
nas j hasta los oligetos más diminu-
tos que se encuentran en su fondo;
el rio CatorU naca en la falda Noroes-
te de la sierra da igual nombre, corre
de Mediodia á Norte, y después de re-
gar multitud de TegAS, huertas y oli-
vares, desagua en la margen izquier-
da del Guadalquivir, en las iumedia-
ciones de Santo Tomé; el Guadiana
Menor, forondo también de dos rama-
les, el Barbaia y Chtardal, y de otros
varios ríos, desemboca por el sitio de-
nominado Puente de la Reina, término
de Ubeda, frente á Torre-pero-gil; el
Jandmlüla parte de la sierra de Huel-
ma, pasa faldeando las eminencias de
Si«n-</razada hasta la venta del Vi-
drio, corre por entre los términos de
Jodar y de Quesada, j, después de
recoger algunos arrojos, termina su
corso por frente de Ubeda, un poco
más arriba del Puente Viejo; el de
Cuadros, tiene su origen en la falda de
la sierra de Torres y Albanchez, baja
por el término de Bezmar, en donde
toma este nombre, atraviesa la aldea
de Garcies, fecundiza las tierras del
cortijo de Ninches r muere, como los
otros, eu el Guadalquivir, por el tér-
mino de Baeza, á muj corta distancia
del magnífico puente de Hazuecos. —
Finalmente, depositan sus aguas por
U orilla izquierda de aquel rio, el
Torres, el Ja^ y el Salado, mientras
ue lo verifica por la derecha el ffaa-
sitaiar.
&. Ctimaíoloffia.SÍ viento Oeste,
d mis constante de todos en cual-
quiera época j estación, denominado
Áirep por los naturales del país, es
fresco en el verano y húmedo en el in-
vierno; el Norte, que domina también,
aunque con menos frecuencia, seco j
frío; el Este, llamado Solano y que
reina algunas veces, abrasador en el
estío, frío en el ínTÍerno, y deletéreo
eu todo tiempo; el Sur, apenas llega
á ser conocido. La atmósfera, bien
sea {)or los cerros que circulen la pro-
vincia, bien por la posición elevada
que ésta ocupa, 6 por los vientos sa-
ludables que la combaten, aparece
casi siempre clara, pura, tibia j diá-
fana. El clima, aunque húmedo j cá-
lido en algunas comarcas, es gene-
ralmente sano j favorable i la vege-
tación; el termómetro Reaumur raras
veces excede de los 30° sobre O ni
desciende á 4" bajo 0. A todas estas
circunstancias se debe sin duda la
salud robusta de sus habitantes j la
ausencia casi absoluta át esas enfer-
medades endémicas que en otras par-
tes diezman las poblaciones.
6. CaUdttd ¡f eireunstancioM del te-
rreno,— ^Los montes que cíften este te-
rritorio ocupan más de la mitad de
su superficie. La parte comprendida
entre las vertientes de Sierra-Morena
j la orilla derecha del Guadalquivir,
constituje la zona más templada de
la provincia. La naturaleza de su te-
rreno, salvas pequeñas excepciones, es
silícea, poco compacta y muy i pro-
pósito, por consiguiente, para el cul- ,
tívo del olivo. Las comarcas situadas
entre los ríos Guadalimar j Guadal-
auivir, T desde la margen izquierda
e éste hasta la derecha del Guadia-
na, corresponden £ la segunda sona:
su temperatura es notablemente más
fría que la anterior; el terreno, extre-
madamente tenas j compacto, pues
en todo él se encuentra la greda en
abundancia, está destinado, casi en
su totalidad, á la siembra de cerea-
les. Bl espacio que se extiende entre
las desembocaduras del Guadiana y
del GuadalbuUón, ;)r la orilla izquier-
da del Guadalquivir, forma la terce-
ra zona: su temperatura guarda un
término medio entee las dos pre-
cedentes; el terreno, ni es tan ligero
como el de la primera, ni tan tenaz
como el de la segunda, pero da consi-
derables cosechas de granos r, parti-
cularmente, de aceites. Desde la iz-
quierda del GuadalbuUón j su des-
embocadura en el Guadalquivir, y
toda la izquierda de éste, hasta salir
de la provincia, se considera como la
cuarta j última zona: su temperatu-
ra, por lo común, si no tan elevada,
se aproxima mucho á la primera, es-
pecialmente en las inmediaciones del
Guadalquivir; su terreno es el más
privilegiado de todo el país; ni tan
tenaz como el de la segunda, ni tan
silíceo como las otras, guarda en su
composición la proporción más ade-
cuada para toda clase de cultivos, los
cuales son tan variados como abun-
dantes.
7. Producciones. — El suelo de la
provincia que nos ocupa es poco fér-
til en Ins puntos elevados, cuja su-
perficie aparece poblada de árboles;
estéril j arenoso en algunas comar-
cas; fecundo y riquísimo en los va-
lles; pero el cultivo de los campos está
algo descuidado, si se exceptúan los
alrededores de la capital. La sierra de
Segura presenta ana vegetación in-
mensa; sus maderas son numerosas y
de la mejor calidad. En sus cumbres,
en sus sinuosidades 'y quebradas ele-
vadísímas, crecen árboles corpulen-
tos, á propósito para la construcción
naval: el pino, de todas especies, par-
ticularmente el llamado blanco, ó sal-
gareño, es el que más abuuda j el que
adquiere dimensiones más colosales.
Siguen á éste la encina, el roble, el
fresno, el tejo j otros diferentes árbo-
les j arbustos útilísimos para la cons-
trucción civil y las artes, y para el
sostenimiento de los animales, que
constitujen la casi exclusiva riqueza
del país; la cantidad de enebros, de
que se hace uso para la extracción de
la miera; la salvia, el tomillo, el ro-
mero, la alucema y el espliego, que
producen estos montes, así como el
alquitrán, la pea j las resinas que de
ellos se saca, son igualmente de algu-
na consideración. Los montes de las
Cuatro Villas, como los de Cazorla,
Quesada j Pozo-Alcón, ofrecen en sus
ftrod acciones grandes analog'as con
os de Segura. En ellos se crían tam-
bién multitud de pinos, aunque de
inferior calidad; carrascos de una ele-
vación j rectitud admirables; sarga-
tillos,, robles, tejos, fresnos, auebis,
sabinas y enebros; infinidad de ar-
bustos, cmno madroños, agraces, len-
tiscos, marañas, coscojas, romeros y
boies; avellanos, perales y otros fru-
tales tan apetecibles como delicados,
j muchas plantas aro náticas j medi-
cinales, como la salvia, el sen, la cen-
taura j otras. La riqueza j variedad
de estos montes; la exuberancia y
finura de sus aguas; sus magiiífícas
cascadas, sus inmensos é impenetra-
bles bosques, sus profundos valles j
elevadas rocas, desde alguna de las
cuales se alcanza á ver una zona de
220 kilómetros, hacen de este país
uno de los más pintorescos, sorpren-
dentes j agradables del suelo penin-
sular. Entre las principales produc-
ciones agrícolas, citaremos: el trigo,
la cebada, la escaüa, garbanzos, ha-
bas, maíz, vino j aceite; algo de lino,
cáñamo y seda; muchas j sabrosas
legumbres j hortalizas, j trutas deli-
cadas de todas clases, entre las que
se distinguen las exquisitas guindas
garrafales del río de Jaén, las ricos
melones de Grañena, las apetecidas
brevas j granadas de Jíinen i, los ex-
celentes higos de Quesnda, los nom-
brados melocutones de A-lcaudete, las
ciruelas Claudias de Ubeda, que com-
ftiten con Us mejores de España, jr
as peras de agua de los pueblos con-
finantes de Jandulilla, que lio ceden
en lo dulces á las famosas bergamo-
tas de Guadíx.
8. Riqueta pe(^ria.—^ou los nu-
tritivos pastos que abundan en toda
la provincia, se mantienen muchos j
muj buenos ganados de todas clases,
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224
JAÉN
JAÉN
JAÉN
caballnr, malar, asnal, vacuno, lanar,
cabrío j de cerda. El ganado caballar,
aunque no goza hoy la nombradla
que alcanzara en otra época, por ha-
berse casi concluido la hermosa raza
de Loma de Ub^da, críanse, sin em-
bargo, en Jaén y en la místha Loma,
otros de gran fuerza y vigor, si no de
estampa tau gallarda como aquélla;
el mular, destinado general mente para
las rudas faenas del campo, se cria eu
toda la provincia, y es de buena es-
tampa, corpulento, brioso y de mu-
cha resistencia; el asnal, no es tan
basto como el de Castilla ni tan fino
como el de la Andalucía baja, pero
existen algunas castas excelentes que
reúnen la fuerza á la agilidad; el va-
cuno ha sido de los más bravos y aun
pujantes: encerrado durante seis me-
ses en la sierra de Cazorla, sin ver en
esté tiempo un solo hombre, ni á su
gañán siquiera, se hacia fiero y pega-
joso como ninguno; pero esta famosa
casta ha ido debilitándose hasta el
£ punto de no poder hoy competir con
US célebres ganaderías de otras par-
tes; el lanar no es tan abundante co-
mo en otra época por la falta de pastos
frescos que se observa desde que han
sido roturadas todas las sierras sus-
ceptibles de Ubor; sin embarco, críase
el suficiente para abastecer a los pue-
blos j aun para exportarlo á otras
provincias; el cabrío, menos delicado
para los pastos que el anterior, es
mucho mas numeroso, y de su lecha
se fabrican sabrosos quesos; el cerdal,
perfectamente cebado con los buenos
pastos que hay en los cortijos y dehe-
sas, y particularmente con la bello-
ta de las sierras, es excelente, abun-
dante y preferido al de los demás
países.
9. Cata y pescA. — La caza major y
mimor, así en los montes como en las
llanuras y en los valles, es también
considerable en esta provincia: la te-r
rrestre consiste en janalíes, venados,
corzos, cabras monteses, conejos, lie-
bres y ciervos, las cuales aparecen en
Sierra Morena tan luego como empie-
zan á derretirse las nieves; la volátil
es de perdices, chochas, codornices,
palomas, zorzales y otros pájaros de
fiaso. Kn todos los ríos que nacen de
i>s montes de Segura y de sus rami-
fícaciones, se pescan exquisitos bar-
bos, anguilas, bogas y muchas tru-
chas de gran tamaño, especialmente
en el Aguamala, algunas de las cua-
les han llegado á pesar hasta siete li-
bras.
10. Mineralogía.— '^iti importante
ramo ha constituido en todos los tiem-
pos una de las principales bases de
riqueza de la provincia de Jaén. To-
das las montañas que dividen su te-
rritorio, singularmente las de Sierra
Morena, contienen riquísimos criade-
ros de minerales de hierro, de plata,
de oro, y en particular de cobre y de
plomo, los cuales se preseatan, por lo
común, en filones de más 6 menos po-
tencia en terreno primitivo. Este úl-
timo, sobre todo, forma la base de la
industria minera del país: sus minas
producen anualmente, por termino
medio, sobre 2.750.000 kilogramos
de mineral, que dan: 900.000 kÍlo-
f ramos de plomo de primera^ 200.000
e segunda. — En lae faldas de todas
las sierras de la provincia se encuen-
tran abundantes canteras de piedra
tosca y berroqueña, jaspes y pizarras
de un brillo agradable: cerca de Jaén
existen algunas, de las cuales se ex-
trajo la piedra para su magnífica ca-
tedral, la elegante balaustrada que la
circuje y las columnas del museo de
pinturas de Madrid; es de un color
claro y hermoso, ni tan blanca como
el mármol, ni tan negra como algu-
nos jaspes. En el cerro de Jabalcuz
las hay también excelentes, de un co-
lor oscuro, aplomado / negro, de muy
buen efecto cuando se las pulimenta
con esmero; y en otros varios puntos
una piedra durísima, llamada ^aja/u-
na, y la franca de la Loma de Obeda,
que, aunque arenisca eu su raíz, se
endurece y fortifica extraordinaria-
mente con la impresión del aire at-
mosférico y se ennegrece por comple-
to con el baño de las aguas pluvia-
les.— En los términos de Cazorla y de
Quesada se encuentra multitud de es-
puraeros y arrovos salados, y en las
inmediaciones del camino de Baeza á
Jaén y sitio de la Venta Q^uwuiday se
ven las famosas salinas de Don Beni-
to, capaces de abastecer por sí iotas á
toda la provincia.
11. Aguas mineralet. — Los celebra-
dos baños de Jabalcuz, llamados así
por el cerro en cuya falda nacen, es-
tán situados á unos tres kilómetros de
Jabn, entre Oriente y Occidente. Sus
virtudes medicinales, según el resul-
tado de observaciones clínicas, son
eficaces en todas aquellas afecciones
que reconocen por principal causa la
irritabilidad del sistema nervioso, la
rigidez en los sistemas muscular y
fibroso, en los fiujos rebeldes j habi-
tuales, en la dismenorrea ó menstrua-
ciones eortas, en las gastritis cróni-
cas, obstrucciones viscerales y en las
nefritis calculosas; siendo aun más
marcada la acción terapéutica de es-
tas a^uas en las afecciones gotosas,
y mas especialmente, en las reumáti-
cas; cerca de Villalba, surge un ve-
nero de agua ferruginosa y medicinal
muy acreditada y eñcaz para las do-
lencias de estómago; á ocho kilóme-
tros de distancia de la ciudad de An-
dújar, se hallan las aguas sulfurosas
de la Fuente de la Encina, ensayadas
con éxito en los padecimientos cutá-
neos; y en los alrededores de Martos,
se encuentran los baños sulfurosos de
su nombre, que se recomiendan para
las mismas enfermedades que las de
la fuente anterior.
12, Industria. — Los principales ra-
mos industriales del país consisten en
la minería y la agricultura, cuyas
producciones van aumentando consi-
derablemente con la mejora del culti-
vo; sigue á éstos la corta y conduc-
ción de maderas de las sierras, la fa-
bricación de capotes, paño pardo, ja-
bón, sombreros, curtidos, lien/oa co-
munes, tejidos de hilo, mantelerías
finas y telas para colchones, cuyos
preciosos dibujos ^ colores imitan la
de Lombardta. Existen además nume-
rosos telares donde se tejen lienzos
ordinarios de cáñamo y lino, estam-
brados, estameñas y mantas para los
aperos de las muías de labranza; in-
finidad de molinos harineros; muchas
ebanisterías y ferreterías en notable
progreso, y todas las demás artes y
oficios que exigen las necesidades de
un pueblo culto. La elaboración del
aceite es extraordinaria, pues hay pue-
blos, como Ubeda y MÍsrtos, en cuyo
recinto se cuentan mág de cien moli-
nos aceiteros.
13. Comercio, — Entre los artículos
de consumo que son objeto de expor-
tación, figuran: el trigo, la cebada,
garbanzos, escaña, judías, centeno,
orejones, higos, ciruelas y otras fru-
tas secas; aceite, vino, aguardiente,
bellotas, castañas, peras, guiadas,
manzanas y toda clase de ganados; las
importaciones consisten en pescado
seco y fresco, atroz, azúcar, bacalao,
patatas, batatas, naranjas y otros pro-
ductos.
14. Ferias. — Las más notables de U
provincia son: la de Noalejo, que se
celebra el 8 de Septiembre; la de Al-
calá la Real, del 21 al 24 de Septiem-
bre; Baeza, del 18 al 31 de Majo; Ube-
da, desde el 29 de Septiembre at 15 de
Octubre; La Carolina, el 3 de Mayo, y
Andújar, del 20 al 22 de Septiembre;
los principales objetos de trafico, son:
ganados de todas clases, útiles para
la labor, frutas secas y frescas, ropas,
quincalla, dulces, juguetes para niños
y objetos de cobre y hierro. Kn Jaén
hay un mercado semanal, y sus ferias,
que tienen lugar el 15 de Agosto, el
18 de Octubre y el 30 de Noviembre,
consisten principalmente en ganados
asnal, caballar, de cerda y vacuno para
carne y labores.
15. Jaén. — Ciudad con ayunta-
miento, residencia de un gobierno a-
vil, de una comandancia militar, da
un obispado sufragáneo de Granada,
de uua administración de rentas, y
capital de la provincia j de la juris-
dicción de su nombre. Se encuentra
enclavada entre sierras, en la falda te-
rriza-de un monte denominado Cerro
del Castillo, sobre el GuadalbuUón, á
los 37' 48' de latitud septentrional y
O* 5' 30" de longitud orienUl del me-
ridiano de Madrid, con 2>.000 habi-
tantes. El clima es benigno y saluda-
ble; las estaciones se suceden con bas-
tante regularidad, si se exceptúa la
primavera, ^ue algunas veces no Ueg»
a ser conocida, ya por la prolonga-
ción del invierno, ya por la anticipa-
ción del verano; estas dos estaciones,
aunque suelen experimentarse en ellas
excesos de frío y de calor, son ge-
neralmente de poca duración; el oto-
ño es con frecuencia la estación ffiss
templada y agradable del año. Es-
ta ciudad estuvo encerrada dentro
de unos límites muy estrechos, du-
rante las guerras contra los moros,
en que la necesidad de la defensa
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Jaén
aglomendtt los edificios hac» 1» ra(s
d«l peñón del castillo: ho^ la pobla-
cúSn va extendiéndose por el lado que
míiñ al Oriente, en lérminos que, los
grandes barrios de San Ildefonso j
de la Catedral, han sido ediñcados
fiofira de las antiguas murallas. — La
eiadad está bastante bMn construida,
si se exceptúa la parte del castillo;
las callea antiguas son, por k> común,
más estrechas, inclinadas 7 tortuosas
que las modernas; están formadas por
•dificios miá irregulares j mediana-
menta empedradas. Las calles, ^r lo
general, son poco anchas; las prínei-
KIm tienen de cuatro i cinco metros
iatitadi la más notable de todas,
Uunada de la Carrera, es igual en
toda su extensidn y mide sobre diez
metros de ancho. — La necesidad de
aponer una resistencia ñrme contra
los Tientos del Oeste y Sudoeste, cuja
rioleocia ha llegado á derribar casas,
árboles y personas, ha hecho que las
casas se edifiquen con gruesísimas
paredes ó de buen tapial encajonado
ea esquinas T pilares de piedra. La
ioTtBA general de los edificios regula-
res consiste en un portal con segunda
puerta, un patio claustrado, habita-
ciones bajas pan Tcrano, un cuarto
mi« elevado con ventanas 6 balcones
con cristales y aposentos para invier-
no «m cocinas en el mismo piso; y
Mobn éste, una cámara con ventanas
i la calle. Por este modelo hay bas-
tantes casas magníficas, modernas
casi todas, muchas de .ellas con un
tercer piso habitable, hermoseadas
con jardines, particularmente las que
forman las líneas de circunvala-
ción, y con buenos pozos de a^ua po-
table,— Tres son las plazas principa-
les que embellecen esta capital: la de
Sania Maríaj qne mide 72 metros de
Jarffo, de Norte á Mediodía, por 43 de
ancho, de Oriente á Occidente; la de
San francisco» da figura un tanto irre-
Í-nUr, formando declive y con una
oento de taza en su parte más eleva-
da, j la del Mercado, que' es la mayor
de todas, de 74 metros de longitud,
de Oriente i Occidente, por 38 de la-
titud, de Norte á Mediodía, con bue-
nos bancos de piedra labrada y ador-
nada de flores vistosas, de acacias y
otros árboles americanos. — La pobla-
ción cuenta además numerosas fuen-
tes públicas y particulares de exqui-
sita agua, algunas de ellas de ele-
gante arquitectura; doce iglesias pa-
rroquiales, varios hospitales, baños
públicus, moute de Piedad, museo,
teatros, biblioteca, sociedad Económi-
ca de Amigos del País, cárcel, mata-
dero, cuarteles, hospicio, casa de ex-
pósitos, seminario, instituto, colegios
y multitud de escuelas de primera en-
seftaaza. Entre los edificios públicos
y da particulares, citaremos como no-
tables: el palacio episcopal y el de
los condes del Villar Don Pardo; la
casa del señor obispa Suárez de la
Faente el Sauce; la del capitán don
Femando Quesada Ulloa, la de don
Críitdbal de Vilches, la del conde
Qiniex j la llamada de los Masones; ¡1
JAÉN
el Calvario, el cementerio, el polTorfn
y ana alameda, cuyo salón tiene 94
metros de largo por 18 de ancho, con
asiento corrido y algunos pequeños
jardines. Entre sus monumentos es
digna de mención una hermosa cate-
dral, cura obra, trazada y dirigida
por don Ventura Rodríguez, director
de la Academia de San Fernando,
Íuedó completamente terminada en
801 y consagrada el 22 de Mano.
Este magnífico edificio, situado entre
la plaza de la Constitución, la de San
Francisco jr callejón de la Mona, ha
sido levantado sobre el mismo solar
que ocupaba una mezquita árabe, que
el rev Don Fernando III transformó,
en el siglo xiii, en templo del cristia-
nismo. Su planta exterior es rectan-
gular, pues aunque la sacristía v sala
capitular, situadas en el costado iz-
quierdo, T el sagrario, en el derecho,
forman dos cuerpos salientes, como
los brazos de una cruz, corre de uno
á otro extremo, comprendiendo la fa-
chada principal, un atrio, (j^ue cerca
un enverjado de hierro sólido y de
elegante dibujo, interrumpido por fi-
lares que sostienen, sobre bases áti-
cas, piñas y flameros. La fachada
principal, que mira al Occidente, tie-
ne 19 metros de elevación y 32 de la-
titud, sin comprender las dos torres
que la flanquean: éstas, que tienen
1 1 '50 metros de grueso en su base, se
elevan hasta una altara de 62 metros,
formando cuatro cuerpos: los dos pri-
meros, de sección cuadrada y senci-
llos; el segundo, tiene también dos
balcones á la altura de las ventanas
del atrio; el tercero, presenta en sus
ángulos dos medias columnas corin-
tias estriadas y adaptadas á unas pi-
lastras áticas, T en cada frente, tres
arcos, en donde se hallan colocadas
las campanas; el cuarto cuerpo es un
octágono inscrito en una balaustrada
de piedra, interrumpida por pedesta-
les (|ue sostienen unas preciosas pi-
rámides. En cada uno de sus lados
hay una ventana; en el centro de la
del Norte, está colocado el reloj, y so-
bre la cornisa del octágono, se elevan
unos remates, coronándolo todo la cú-
pula, que termina en otro en que des-
cansa la cruz. Las tres puertas, que
dan entrada á las naves de la iglesia,
aparecen divididas por ocho medias
columnas de orden corintio, estriadas:
la del centro, que es mayor que las
otras, está comprendida entre cuatro
medias columnas pareadas, y en sus
jambas y en la archívolta del arco
presentan una graciosa decoración, y
otra, mús sencilla, en las laterales.
Sobre estas puertas se destacan unos
altos relieves, que representan la
Asañeión, en el centro; santa Catali-
na, á la derecha, y san Miguel, á la
izquierda, perfectamente ejecutados.
En los intercolumnios se ven, en ni-
chos ligeramente decorados, las esta-
tuas de san Pedro y san Pablo, y en-
cima, así como sobre las puertas, cin-
co balcones en la fachada, y dos, en
I las torres, en la misma línea, adorna-
idoi con diferentei molduras. La cor-
JAÉN 226
nisa general, ornada con algunas la-
bores, sirve de apoyo á una balaus-*
trada de piedra dividida porped esteles
decorados, sobre los cuales descansan
las estatuas del rey Don Fernando, en
el centro, y los evangelistas y docto-
res de la ley, en los costados. Forma
el segundo cuerpo un ático, adornado
sencillamente con pilastras, entre las
que se ven tres ventanas, y sobre él
corte un zócalo, en el que se asienten
unos remates graciosos, que coronan
el edificio por todas sus partes. En el
costado del templo que da frente al
Mediodía, hav una linda portada de
los órdenes dérico y jónico. El arco
de la puerta ostenta una pintoresca
decoración, y en sus enjutas resaltan
dos alegorías de la Piedad y de la Re-
ligión, primorosamente ejecutadas;
sobre la puerta, nn relieve que repre-
senta la Asunción y varios angelitos,
que sostienen el manto de la Virgen.
La portada del Norte está formada
por dos columnas de orden compues-
to, que sostienen un cornisamento,
sobre el que descansa un ático, en
cuyo centro aparece un nicho, que
ocupa la Concepción, rodeada de se-
rafines, y á los dos lados, las estatuas
de David y Salomón. Bn los muros
laterales del templo se ven, en ei pri-
mer cuerpo, unas ventanas que dan
luz á las capillas, y en el segundo,
balcones adornados con moldaras y
frontones semicirculares. El cuerpo
del cimborio sobresale, y en sus mu-
ros tiene abiertas las ventanas que
dan luz á la iglesia, en cuya parte
superior hay una cornisa, en la que
asienta el zócalo, el cual sostiene los
remates qne adornan el edificio por
todos sus lados. Finalmente, en la
bóveda que cubre' este último cuerpo,
carga la linterna, en que ae reparten
ocho ventanas, que coronan una cor-
nisa, sobre la que se apriya la cúpula.
El interior de la catedral afecta la fi-
gura de una cruz latina, presentando
la forma de un paralelógramo rectán-
gulo, y, en dirección de su longitud,
se halla dividida en tres naves, de las
cuales, la central, que es la mayor,
tiene sus bóvedas sostenidas por gran-
des y elegantes pilares de orden co-
rintio de sección cuadrada, que des-
cansan sobre un elevado pedestal del
mismo género. El pavimento de este
f^rzn edificio es de mármol. Las naves
atórales presentan sus bóvedas apo-
yadas, por una parte, en los pilares
de la central; y el arranque da la
opuesta, sobre medias columnas co-
rintias en idénticos pedestales, adap*
tadas á la pared qne forma el frente
exterior de las capillas. Estas se en-
cuentran adornadas de ritjuíaímos
cuadros y esculturas de mérito. Una
de ellas contiene una preciosa reli-
quia, la Santa Faz, impresa sobre el
paño de la Verónica. Bl coro está de-
corado con gran lujo y riqueza. El
presbiterio se eleva sobre un atrio de
tres pies de altura, formado por una
escalinata de mármol negro, en sus
cuatro frentes, y cercado por una ver-
ja dorada; en su centro, sobre tres
TOMO lu m
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226 JAÉN
g^dat de jaspe «nearnaclo, se leTaaU
el altar, m. el que esti colocada una
mesa cubierta por na paño ejecutado
en bronce, 7 trea ángeles de mármol
blanco en ademán de recogerle. Sobre
aquella superficie se alza un taber-
náculo, compuesto de ocho columnas
de serpentina , con basas y capiteles
de bronce dorado, j otras preciosas
labores, y sobre una cornisa de már-
mol de mezcla, descansa la cúpnla,
que termina en una cruz de cristal de
roca: apoyados en los pedestales de
cuatro pilares en que descansa la bd-
veda, se elevan sobre nubes otros tan-
tos ángeles, cada uno de los cuales
sostiene una hermosa lámpara de pía*
ta. Bste magnífico monumento, que
acabamos ligeramente de resefiar, fue
obra del espirita religioio de los ha-
bitantes de Ja&h, la cualjpudo llevar-
se á cabo mercad á sai limosnas y al
celo de los prelados de aquella época:
en su fábrica, toda de piedra, primo-
rosamente labrada, el edificio aparece
grandioso; considerado en su orden y
suntuosa decoración, se ostenta ver-
daderamente sublime.
16. Té'minOfforma, divitiona, pro-
ductos, aspecto del país. — El término
de la ciodad se halla circundado de
montes y cerros en todas direcciones
y á distancias diferentes de la pobla-
ción, excepto por el Norte y Oriente:
su figura es irregular, con muchos
ánguos entrantes y salientes en su
eiroanferencia. £1 suelo puede divi-
dirse en dos grandes porciones: la
parte montuosa y de plantací(Sn; la
parte Uaná ó campiña. Todos los te-
rrenos comprendidos dentro del ex-
tenso círculo que abraza su término,
forman un magnífico valle, sobre el
cual se destacan gallardamente los
cerros del Zumel, Zumel Redondo,
PeQas de Castro, Peña de Celada y
varias colinas, ofreciendo á la vista
un suelo desigual, variado, extraor-
dinariamente pintoresco. Cruzan este
valle, en dirección del Mediodía al
Norte, el río de JaAm, con su magní-
fica corona de huertas, ^ el arroyo
Valparaíso, da Sudoeste a Este, com-
pleundo el encanto de su feeondisi-
ma ribera. En estos terrenos se en-
cuentran todas las plantaciones de
vides y olivos, las cuales tapizan casi
literalmente el suelo hasta la cumbre
de los cerros del interior. Hubo un
tiempo en que estos sitios eran mon-
tuosos y apenas producían otra cosa
que pastos, salvo algunas viñas y^ oli-
vares, diseminados siu urden ni ar-
monía: hoj, por el contrario, todo
aparece cuidadosameute cultivado;
todo es vida y vegetación. Los varia-
dos colores de la vid, del olivo y otra
infinidad de plantas; el animado mo-
vimiento de las gtjutes del campo; las
numerosas casas, de blanquísimas pa-
redes, que pueblan aquel valle; la
multitud de vereda:> qu.e lu cruzan en
todas direccionesjla transparencia de
las aguas que lo bañan, reflejando los
objetos, forman un conjunto delicio-
so, que ofrece grata contemplación al
filúsofo, inspiraciones al poota y mo-
JAÉN
tivos de aplicación práctica al econo-
mista. La calidad de los terrenos ri-
tuados al Mediodía de la ciudad, me-
jora en los parajes llanos que medían
entre los cerros; así es que, mientras
en las faldas elevadas de éstos, el te-
rreno se presenta arenoso v pedregoso,
en los llanos se ve con Secuencia la
tierra arcíllo-arenosa, tan á propósi-
to para el cultivo de la vid y del oli-
vo. Esta circunstancia y la de reco-
fer las humedades y substancias que
escienden filtradas de las alturas,
hacen de los llanos unos terrenos muy
superiores y susceptibles de sostener
por largos años la vegetación. Los
terrenos que se extienden al Oriente
y Norte de la población, desproTÍitos
de montes y de cerros, son los que se
conocen con el nombre de campiña.
Ea ellos no se encuentran plantacio-
nes de árboles, pues se hallan dedi-
cados casi exclusivamente al cultivo
de cereales; en particular, del trigo.
17. Flora. — La flora de este térmi-
no ea por demás variada: en la fami-
lia de las rosáceas, en sus dos tribus
más interesantes, tanto amigdaláceas
como pomáceas, se dan exquisitos
frutos: el almendro, el melocotón j el
ciruelo con muchas de sus variedades;
el albaricoquero y el cerezo, con otras
de extraordinario mérito; el manzano,
con otras muchas á cual más aprecia-
bles; el peral, con algunas varieda-
des excelentes; el membrillero, el nís-
pero y algún acerolo. En la especie
más notable de la familia de las am-
pelideas, que es la vid, se crían igual*
mente otras variedades muT buenas
fiara postre, las cuales se cultivan en
as huertas; en la familia de las in-
glandeas, figura el nogal, de sabroso
fruto ^ de rica madera. El espárrago,
alcarcil silvestre y la alcachofa de
cultivo son muy abundantes. En los
jardines y los campos crecen bellísi-
mas flores de delicioso aroma y deli-
cados matices: en las ranunculáceas
se encuentran los ranúnculos más
variados y de elegante poesía; en las
jazmíneas, el jazmín, U lila y otras
mil de gran mérito en diferentes es-
pecies; en las labiadas, que tanto
abundan en este término, principal-
mente en los montes, se cuentan el
romero, el espliego, la salvia, la men-
ta ó hierba buena, el tomillo, el oré-
gano, la mejorana, el toronjil y la
albahaca: entre las plantas medicina-
les, se citan la cicuta, la mostaza,
zaragatona, mal vas, mal va visco, cino-
glosa, vetónica, beleño, acónito, anís,
cominos, rudas, lepidimus laílfolium,
belladona, manzanilla, chicoria, sal-
via, rábano rusticano, lirios, sabina,
tréboles y otra infinidad que sería
prolijo enumerar. Entre las produc-
ciones agrícolas, haremos mención
del trigo, cebada, garbanzos, lente-
jas, alberjones, guijas, habas y maíz,
en cuanto á semillas; en líquidos,
aceite de olivas y vino; en horúlizas,
lechugas, escarolas, tomates, pimien-
tos, bijreugenas, nabos, rábanos, co-
les, brécoles, coliflores, acelgas, car-
dos, apio, habichuelas, calabazas.
JAÉN
verdolagas y zanahorias; en firatas:
los melonei, lu sandías, el pepino y
otras. Entre lai maderas, se ntilisan
el cerezo, el moral, el álamo, el fina-
no, el nogal y algunos pinoa.
18. Cata. — El desmonte y las rota*
raciones han disminuido mucho Is
caza, que en otro tiempo era abundan-
te; sin embargo, en la actualidad hay
bastantes perdices, chochas, lorzales,
palomas, codornices, trigueros, toto-
vías, gangas y otros pájaros; liebres
y conejos. Entre los animales dañi-
nos, se encuentran lobos, zorras, tu-
rones, tejones y topos. — En cuanto i
ganados, no 6s muy abundante; espe-
cialmente, el de cerda, caballar y la-
nar, por la falta de buenaa deheiu;
U labor de ando de la oampifia se
hace con bueyes; la trilla, con ye-
Suas, y las eonduccionei^ en cañetas
B bueyes 6 i lomo, en burros.
19. Industria. — La induatría agrí-
cola es la más importante de esta po-
blación, en la cual figuran ademii
varias fábricas de paños pardos, de
lienzos, de mantelería, lienzos lisos r
fuertes, telas rayadas para pantalo-
nes, fajas de estambre, jabón blando
y de piedra, y aguardientes; molinos
de aceite y demás artea y oficios ne-
cesarios.
20. Comercio. — El comercio es in-
significante; pues todo él se reduee á
la importación de los artículos india-
Sensables para el consumo de la ciu-
ad, y exportación del lobrante ds
las cosechas y de algunas manube-
tnras.
21. Poblaciones.— Li8 más nota-
bles de la provincia, son: Linares,
que describiremos en su letra respec-
tiva; Úbeda, ciudad situada en loi
famosos cerros de su nombre, con
20.000 habitantes, colegio de padres
escolapios, campiña feraz y nca en
f tastos, con que se mantiene una de
as mejores razas de caballos andalu-
ces; Alcalá la Real, ciudad también,
con 16.041. habitantes, un antiguo
castillo, campo poblado de vides y en
cuya jurisdicción se encuentran los
baños minerales de la Ribera y Fuelle-
álamo; Marios, población muy nom-
brada en la historia de Fernando IV
el Smplasadot por la célebre peña de
la cual fueron precipitados los herma-
nos Carvajales, con 17.000 habitantes
y aguas minerales; Baeza (véase en so
letra correspondiente); Ándijar, asen-
tada sobre el Guadalquivir, con 16.000
habitantes, abundante campiña, ex-
tensos olivares, hermoso puente, al-
guna industria y fábricas do alcarni-
zas; Baile'*, ciudad famosísima desde
la guerra de la Independencia, por 1«
gloriosa batalla ganada á los france-
ses en sus cercanías, con 8.580
tantos; Áleaudete^ en terreno quebrs--
do, pero muy feraz, con 6.237 almas:
Porcuna, población notable,
cho grano y 9.150 habitantes;
carrillo, con 8.219, aceite, garbanzos
y buenos pastos; Quesada, villa en paH
quebrado, con 4.822 habitantes y bue-
nas salinas; Cazorla^euUa sierrasdesu
nombre, con 5.580 habitantes y tbun-
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JAÉN
dueía de higos, maderaje j sal; la
CaroUna, población nueva, de hermo-
la eanstrueción, capital de las eolo-
Mu ir mUmaiui establecidas en Sie-
na-Korena en el reinado de Garlos III,
con 6.468 habitantes 7 considerables
plantíos de oHtos, moreras, vides j
frutales; Mancha-Rtal, en terreno de
mnebos granos, con 5.688 almas; Se-
nm, situada en la sierra de su nom-
ore, con 2.900 habitantes jr poblsdade
bos4jnes, que producen excelente ma-
dera de construcción; Arpona, villa de
algana importancia, con 6.524 habi-
tantes; T Navas de Tolota, célebre por
U grande j decisiva batalla que Al-
fonso Yin ganó á los moros, la cual
celebra la Iglesia anualmente bajo el
título da Triunfo de la Sania Cruz»
22. .ffAi<yra/?a.— Los habitantes de
esta provincia son, por lo común, ac-
tivos, laboriosos j sufridos, por ca-
ríeter; dóciles, sobrios j pacíficos,
por temperamento j educación; alti-
vos j agradecidos al mismo tiem-
po, ni saben mostrarse ingratos, ni
soportan con paciencia la hurailla-
cioD. La virtud de la hospitalidad es
general en todos los naturales del
país, si bien se marca más en los de
las aldeas y pueblos de escaso vecin-
dario. El carácter de los habitantes
de la capital participa de la honradez
j formalidad castellanas, sin carecer
de ese gracejo peculiar de los andalu-
ces; asi se dice, j no sin fundamento,
3ae la provincia de Jaén es la Galicia
0 las Andalucías. Las mujeres son
generalmente muj bien formadas, j
no es raro admirar en ellas todos los
eacantos propios de su sexo llevados
á UD alto grado de perfección.
23. ffitioria.—m origen de esta
iMblacidn se pierde en la oscuridad de
loa siglos: algunos autores dicen ha-
berse llamado Anringia; por cujo an-
tecedente, confirmado por otras cir-
HiQBtancias, se asegura que es la
Omuit hética, adscrita al convento
jurídico de Ecija, nombrada por Pli-
uio. Esta adulteración de Áurin^is en
Omyú 08, en concepto de un geógra-
fo, samameute fácil, siendo permuta-
bles la ^ j la (>, la A jr la J2 entre
los antigaos, como se ha observado
repetidas veces. — ^La historia, en la
pnmera mención qua haee de ella, la
presenta vat opulentísima, con un te-
rreno de los más fértiles, j á sus habi-
tantes, explotando minas de plata.
(Tito Livio.) El cartaginés Asarúbal
<TÍsg5n la fortificó con extraordinario
esmero, considerándola como ciuda-
deU inexpugnable para apocar en ella
sos expedicijnes mediterráneas, como
io era Cartagena para las marítimas.
£0 la famosa expedición militar lle-
vada & cabo por los dos hermanos Es-
cipiones, tan próspera 7 feliz que
casi puso á su disposición las dos És-
paíias, se dió enfrente de esta ciu-
dad, según el autor antes citado, una
gian Iwtalla, en la que quedaron los
•«rtaginesn completamente derrota-
dos, perdiendo 8.000 hombres, cerca
de 1.000 prisioneros y 58 banderas.
U» Bsdpiones no lograron, sin em-
Jaén
bargo, apoderarse de la ciudad, ni se
detuvieron ¿ ponerla sitio; su con-
quista estaba reservada para Publio
Cornelio EscipiÓn, llamado el /ovm,
7, más tarde, el Africano, el cual la
sitió estrechamente j la tomó, por úl-
timo, mediante un sangriento y horro-
roso asalto. Esta conquista fué mu^
del agrado de Escípión, quien no cesó
de aplaudirla, comparándola á la de
Cartagena, año 20W antes de Jesucris-
to.— Algunos restos de un acueducto
j otras antigüedades romanas, recien-
temente descubiertas, atestiguan tam-
bién su existencia en tiempo de los
romanos. Difícil sería puntualizar la
historia de Jaés durante las inva-
siones bárbaras que asolaron las pro-
vincias del imperio j muj particular-
mente la Bética, hasta que se redon-
JA¿N
227
del infante Don Juan Manuel. La his-
toria de esta ciudad no ofrece nada
de notable, desde esta faeha hasta
el año de 1808, en qus reconoció la
suprema autoridad del gobierno esta-
blecido en Sevilla, no sin algunos des-
órdenes, de los cuales fué victima el
corregidor, asesinado en un pueblo
inmediato, adonde había sido condu-
cido preso por sospechas de traición.
A fines del mes de Junio del citado
año, entraron los franceses sin resis-
tencia en este pueblo indefenso, que-
mando V saqueando las casas y dego-
llando basta los niños j los viejos.
En 1810, volvieron los invasores á
apoderarse de Jaén, en donde perma-
necieron hasta el 17 de Septiembre
de 1812, en que fué completamente
evacuado. En 26 de Febrero de 1820
deó el dominio de los godos en la pe-' salió el batallón de provinciales de esta
nínsula, hallándose envuelta en la ciudad contra el inmortal caudillo de
general del país. Destruida esta do- la libertad don Rafael del Riego; y en
minación en las orillas del Guadalete, 19 de Marzo juró la población el Có-
por el territorio de Jaén se dirigió
Tarik hacia Toledo, contándose entre
las poblaciones que quedaron bajo
el libre dominio del godo Teodomiro,
en virtud del céleore tratado de
Orihuela, celebrado entre aquél 7 el
caudillo musulmán Abd-el-Azid. En
el reparto de tierras hecho por Abul-
khatar, año 744, pasó esta ciudad á
los de la tribu de Kiusrin, de la cual
tomó el nombre de Kiuñn. Bajo el po-
der musulmán alcanzó un estado no-
reciente, pues los Arabes la fortifica-
ron T denominaron Gien, que los es-
pafioles tradujeron luego por Jaén.
Bu la división de España hecha por
Tttsuf, año 747, aparece con el nombre
de S^iurin ó Daquén, figurando entre
las principales poblaciones del Anda-
¿(Tf. Proclamado Abdalá por muerte de
su hermano Moudhir, emir de Córdo-
ba en 788, confió á Omar el gobierno
de Jaín, que su padre había ejercido
anteriormente, el cual fué luego pa-
sando de manos de varios walís, entre
otros, Omap-ben-Hescham-ben-Abd-
el-Acíd, Obeidalá-ben-Omeja, Labi-
ben-Obeidalá, Mohamed-ben-Abd-el-
Wadh, Abu-Djafar-el-Oskej v Abu-
Oman-Alí-ben-Muza; el cual lo era
en 1245, cuando el rej Don Fernando
Suso cerco & nuestra ciudad. El emir
e Granada, Mohamed-Alhamar, salió
en auxilio del walí de Jaín, siendo
derrotado por Fernando, que le salió
al encuentro. Finalmente, en 1246,
después de un sitio que duró algunos
meses, logró el monarca cristiano apo-
derarse de la población, cu jo territo-
rio se vió atacado y saqueado por los
árabes en 1295, 1368 j 1407. Los ha-
bitantes de Jaén figuran en varias
empresas militares de aquellos tiem-
pos, y entre otras, en la guerra que
el rey Don Juan hizo al de Granada
para obligarle á pagar su tributo; en
la algarada que el señor de Yaldecoi-
neja y el obispo de Jaéh emprendie-
ron por los campos de Guadix en
1435, y otras frecuentes hostilidades.
Üiez años después, la cedió el rey de
Castilla á su hijo el príncipe Don En-
rique, y en 1507 se hallaba en poder
19 de Marzo juró la población
digo venerando, formado por las Cor-
tes de Cádiz bajo el cañón enemigo. El
día 12 de Septiembre entró en Jaén el
general Riego, al frente de 7.000 in-
fantes y 400 caballos; el 13 se alarmó
el vecindario al tener noticia de la
aproximación de una división francesa
compuesta de 12.000 hombres; el ma-
logrado general Riego sostuvo un ata-
que reñidísimo por espacio de seis ho-
ras, defendiendo la puerta de Moros
y el castillo, viéndose los franceses
obligados á replegarse hacia la vega;
fero la llegada de otra diviaiÓQ de
8.000 hombres por el camino de An-
dújar, forzó & Riego á retirarse hasta
Jimena. En 30 de Agosto de 1835, se
sublevó Jaín contra el ministerio To-
reno; once días después salía el bata-
llón de milicia urbana con el provin-
cial de Murcia, el de Córdoba, algu-
nas compañías del de Guadix y Jerez,
el regimiento de caballería 4." ligero,
un escuadrón de Sagunto y siete ba-
tallones de milicia, que componían la
brigada de la provincia, á tomar el
punto de Despeñaperros, para hacer
frente á las tropas del gobierno, que
mandaba el general Latre, las cuales
se pronunciaron el 19 del mismo mes;
y el 25 entraban de nuevo en Íaé» la
milicia y demás tropas que habían sa-
lido, siendo recibidas con grandes fes-
tejos. En 1." de Agosto de 1836, pro-
clamó esta ciudad la Constitución
de 1812; en 8 de Septiembre de 1840
se pronunció la población, así como la
milicia, cuya sensatez evitó todo de-
sastre y el que se atentara, como al-
gunos pretendían, contra la vida del
gobernador; y en 28 de Junio de 1843
volvió de nuevo á pronunciarse por el
programa del ministerio López, ma-
nifestando las mismas tendencias li-
berales en todos los movimientos po-
líticos que, desde entonces, han veni-
do sucediéndose en España.
24. ffoMhres nútahlet,~~Zktn eañn-
ta entre sus hnos á los esclarecidos va-
rones Jorge Escobedo y Alarcón, ca-
marista de Indias y autor de varias
obras relativas á la mejor administra-
ción de aquellos países; don Gontalo
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2á3
Fernándn d« GiSrdoba, conmjoro de
CastiUft j autor da variaa obni saffa-
daa / de leg'islacitfn; Sebastián Mar-
tínez, pintor del rej Don Felipe IV;
Fray Manuel Molina, émulo de! ante-
rior; el arzobispo Don Maximiliano
de Austria j Fraj Francisco Rades de
Andraba, capellán da honor del rej
Don Felipe tí.
25. Heráldica. — El escndo de armas
de esta ilustre ciudad, cuartelado, os-
tenta dos easti líos y dos leones, orlado
de siete castillos dorados en campo de
gules, y siete leones rojos sobre plata
j corona real al timbre, concedida por
el rer Don Enrique I con los títulos
de MuT NoBLB y Mut Lbal Guabda, t
Defensa de los bbybs db Castilla.
Btiholoqía. Latín OÍ€«*íum, i,
Gieima, origen del inbe Djayén
2. Jaén. Adjetivo qne se aplica i
cierta uva blanca algo crecida y de
hollejo grueso t duro. Se da el mismo
nombre á la vid t Tiduüo que la pro-
duce. I En plural, jaénes.
EnuoLoaÍA. Jaé» I.
Jaén y Castillo (Alfonso). Lite-
rato español, que nació en 1134 j mu-
rió en 1762. Fué profesor de Filosofía
y bellas letras en Cádiz y dejó, entre
otras, las obras siguientes: FmíósÍÍ'-
eo$ tueñoi erítico-moralet; Carta métrica
en asunto del buen gobierno; Vida y vir-
tmdet de la reina 3oña María Amalia
de Sajonia, mujer de Carlos 111; Diario
de los obsequios hechos por la dudad de
Cádit al primer embajador de Marruecos
Sidi Hamed Gacel,
Jaenés, sa. Adjetivo. El natural
de Jaén ^ lo que pertenece á esta ciu-
dad ó reino.
Jaeriz. Masculino anticuado. Ja-
raíz.
Jaez. Masculino. Todo el adorno
que se pone á los caballos para lucir-
lo, l Adorno de cintas con que se en-
jaezan las clines del caballo en días
de función ó gala. Llámase medio jabz
cuando sólo están entrenzadas la mi-
tad de las clines. H Metáfora. Calidad
ó propiedad de alguna cosa. | Cferma^
nía* Éopa 6 vestidos.
ETiuoLGoía. Árabe if^p^ (djakH),
apparatus, «arreos de caballo.» en Ibn-
Batuta, Lañe, Frejtag. (Enoblmann,
DOZY.)
1. La forma jahe's se halla en el
Cancionero de Baena.
2. También se Átcitíjaeca de cama,
como se ve en el Diccionario del padre
Jerónimo Víctor.
Jafet. Masculino. Historia Sagra-
da. HijoprimogénitodeNoé. ('¿fd/iah
ETiuoLoaiA. Latín Jipheij J&'
pheth.
Reseña* — 1. Jafet pobló la mayor
parte del Occidente. (BosauET, SisU>~
ria, I, 2,J
2. JAvat desarrolló las ramificacio-
nes de su raza, de un lado por los va-
lles del Cáucaso, hasta las orillas del
Ganges,y del otro por el Asía menor y
las islas hasta las costas de la Grecia
y Its cercanías del Parnaso. Sus hijos
fueron Gomer, Uagog, MadaT, Javán,
Túbal, líasoch y Thiras. (Biblia.)
Jafético, oa. Adjetivo. Concer-
niento á Jafet,
Jaflk. Femenino. Geografía & histo-
ria. Ciudad y puerto de ¿iria, céle-
bre por la peste que diezmó la arma-
da francesa en 1799. En 1837 un te-
rremoto sepultó en ella á 13.000 per-
sonas; 6.000 habitantes.
Jaga. Femeninoanticuado. Llaqa.
Jaga-Baba. Femenino. Mitología.
Divinidad que parece ser la Belana de
los antiguos eslavos.
Jagaco. Masculino, Especie de pes-
cado abdominal.
Jagar. Activo anticuado. Llaqab.
Jagamat. Masculino. Mitología
india. Nombre bajo el cual los incíios
adoraban á Wishnd.
Jago. Masculino. Especie de pal-
mera muy elevada de la América me-
ridional. (Caballbbo.)
Jagoaruca. Masculino. Especie de
animal del Brasil, que ladra como un
perro y pasa por tal; su color es blan-
co y pardo.
BnuoLOofA. Vocablo brasileUo.
Jagout. yiascnliao. Mitología. Uno
de los dioses de primer orden entre
los árabes.
Jagra. Masculino. Azúcar extraído
de la nuez del coco.
EnuOLoaÍA. Persa cheker, azúcar:
francés antiguo, ya^r«. (Dbtic.)
Jagaa. Femenino. Fruto del jacha-
lí, que es de figa» de un cono, de co-
lor amarillo, y con la corteza lisa y
señalada con cuadros empizarrados.
Es de gusto dulce y agradable.
Jaguacati. Masculino. Especie de
mar tí u- pt:scndor.
Jagaacini. Masculino. Animal del
Brasil, de la magnitud de una zorra y
casi igual en color.
Jaguadero. Masculino anticuado.
DbSAOU ADERO.
Jaguar. Masculino. Zoología. Es-
pecie de cuadrúpedo carnívoro del ge-
nero gato.
Etiuoloqíá. Nombre de este animal
en el Brasil (Buppóm): francés, jo^Kar.
Ja^aarttte. Masculino. Enorme
gato indígena del Paraguay.
Etiholoqía. jaguar; tnncnjjagua^
rite, en Landais.
Jaguarondo. Mascilino. Mamífe-
ro del Paniguay, semejante al gato.
ETiuoLoaÍA. Jaguareté: ínncÓMfjua-
garundi, en Landais.
Jagüey. Masculino. En el Perú, la
balsa grande en que se recoce el agua.
Jahariz. Masculino anticuado. Ja-
raíz.
Jaharrado. Masculino. Enliicido.
ÉrncoLOOfA. Jaharrar.
Jaharrar. Activo. A Ibañilería.
Allanar la pared, igualándola con
yeso y raspándola.
EnuoLOOÍA. Árabe jU«^ fdjai-
ySr), cal; dja^ltrst {^jtí^ )» eencalar
con cal,» en Pedro de Alcalá.
Jaharro. Masculino. Acción 6 efec-
to de jaharrar.
Jahel. Femenino. Histeria sagrada.
Jaim
Mujer judfa que mató mientfal dor-
mía al general eananeo Sisan. íBi'
blia.)
EtíholoqU. Latín J&hel.
Jahivé. Masculino. GermauU, Bl
amanecer.
Jaim. Masculino. Pescado sin es-
camas de las cercanías de Nicea.
Jaime. Masculino. Nombre patro-
nímico. Santiago.
. Etiuolooía. Jacob: catalán, Jaurn.
Jaime (Conde db Urobl). En biz-
nieto de Alfonso IV de Aragón, y,
fundado en este derecho, disputó á
Don Fernando de Antequera la coro-
na de aquel reino; pero vencido por
su rival, murió en una prisión devo-
rando la ira que su derrota le había
producido.
Jaime I. Rey de Aragón, llamado
el Conquistador. Fué hijo de Pedro 11;
nació en Montpeller en 1208 y mu-
rió en Játiva en 1276. Sucedió á su
padre á la edad de seis años, y fué
colocado por los aragoneses bajo Is
tutela del gran maestre Guillermo de
Moredón. Después de apaciguar al-
funas revueltas intestinas y de haber
sredado el condado de Montpeller
por muerte de su madre, casó, en 1220,
con Doña Leonor, infanta de Castilla
y hermana de la reina Berengoela;
sometió al vizconde de Bearne y al
señor de Albarracín, y volviendo lue-
go sus armas contra los moros, con-
quistó á Mallorca, Menores, Valencia
y Murcia. Emprendió luego una expe-
dición pan ir á combatir! los infiues
en Palestina, pero una violenta tem-
pestad dispersó sus naves y malogró
su empresa. Acometido de una en-
fermedad, hizo voto de entrar en la
orden del Císter, pero murió sin ha-
ber podido cumplirle, dejando la co-
rona de Aragón á su hijo Pedro III, y
la de Mallorca, á Jaime.
Jaime 11. Rey de Aragón, llamado
el Jftsliciero. Era nieto «1 anterior é
hijo de Pedro III; nació en 1260
y murió en 1327. Proclamado rey de
Sicilia en 1286, derrotó á su competi-
dor Carlos de Anjou, cuyas fuerzu
marítimas fueron deshechas en más de
un encuentro por el almirante arago-
nés Roger de Lauria; conquistó lapt-
labria y las islas del golfo de Ñápela;
fue coronado rey de Aragón á la moer-
te de su hermano Alfonso III; hjW
alianza con el rev de Castilla; quiso
abandonar la Sicilia á los franceses,
pero su hermano Fadrique, á quien
había dejado allí de gobernador, »e
opuso á ello á mano armada; derroto
en 1299 la escuadra de este último;
fundó en 1300 la universidad de Lé-
rida; desterró de su territorio á los
templarios; se alió con el rev de Cw-
tilla para hacer la guerra á los moros
de Granada, fundíla orden de Mon-
tesa, reunió Cortes en Gerona y en fi"
ngoza y tuvo por sucesor á w «"J"
Alfonso. ..
Jaime I. Rey de Mallorca, hijo de
Don Jaime el Conquistador y d*,^"'
ña Violante de Hungría; nació en
1243 y murió en 1311. Recibió de su
padre en 1256 las islas Baleares, ei
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condado del Roselldn j el sefiorto de
Montpeller, oblivando i su hermanti
íDAjot Pedro III & que eoafírmase esta
donadón; tuvo ffuema eon éste, ;
después, eon su Hijo Alfonso 111, que
qaerfan incorporar & la eorona de Ara-
gón la parte que Jáiub I había sepa-
rado para su Hijo. Jaiub, tan injusta-
mente atacado, fué sostenido por los
papas j los rejres de Francia. En 1298
idxo un tratado definitivo con Jaimel I
de Araron, para arreglar las relacio-
nes délos dos reinos. Desde entonces
se ocnpó en fomentar la prosperidad
de su país, haciendo renacer la agri-
cultura T la industria; reedificó el
castillo de BelWer; fundó un gran nú-
mero de villas, acuñó moneu é hizo
varias fundaciones piadosas.
Jaime II. Re^ de Mallorca, nieto
del anterior é hijo del infante Don
Femando; nació en Sevilla en 1315
T mnritf en 1349. Elevado al trono de
Mallorca por muerte de su tio Don
&neho ea 1334, fué reconocido por
Jaime 11 de Aragón j Carlos Iv de
Francia. Hizo la guerra á los moros
T después ¿ los genoveses, hasta que,
habiéndose enemistado con Padre IV
de Aragfóo, éste aprovechó el momen-
to en que Jaiub se hallaba en lucha
con el rer de Francia á propósito del
seAorío de Mootpeller, j le hizo citar
para responder á una acusación de
felonía. Como no compareciera, Pedro
le despojó de todas sos posesiones
en 13^, sin que pudiera recobrarlas
á pesar de la protección del Papa.
En 1349 vendió al rey de Francia el
señoría de Moutpeller en 120.000 es-
cudos' de oro , que le sirvieron para
equipat una escuadra ^ desembarcar
en Uallorca; pero vencido en los cam-
pos deLluchmayor, pereció con tanta
gloria como poca fortuna.
Jaime IIl. Rej- de Mallorca, hijo
del anterior ; nació en Perpiñán en
1336 y murió en 1375. Habiendo
caído prisionero en la batalla en que
su padre perdió la vida, estuvo cauti-
vo doce años en Barcelona, donde sn
tio Pedro IV de Aragón no le escaseó
todo génerodebumilTacíones. Habien-
do logrado fugarse en 1362, se refugió
en Ñapóles, donde se casó con Juana,
viuda y heredera de aquel reino. De-
seoso de reconquistar el trono de su
mdre, le unid al ejército conducido á
España por el príncipe de Gales, para
sostener ¿ Don Pedro de Castilla con-
tra las pretensiones de Enrique de
Trastamara; pero aunque éste prome-
tió ayudarle, posteriormente olvidó
sus promesas. Después de caer prisio-
nero del de Trastatnara y de pagar
Juana un crecido rescate para obtener
sa libertad, volvió á hacer varias ten-
tativas para recobrar su reino, pero
siempre fué rechazado por las fuerzas
superiores de Pedro IV y murió repen-
tinamente en Vallderán, pueblo inme-
diato á Urgel, atribuyéndose su muer-
te ¿ envenenamiento.
Jairado, da. Participio pasivo de
pairar. | Mascolino. El corte que se da
jaírando.
Jairar. Activo. Cortar los zapate-
JALE
ros alguna pieza con la eacbilla in-
clinada hacia afuera.
Jaire. Masculino, Línea curva qne
se hace á una pieza que se ha de en-
samblar con otra.
Jakusis. Masculino plural. 3fiío~
logia. Espíritus malignos, que los ja-
poneses suponían esparcidos en los
aires.
Jal. Masculino, ffenumia. El do-
gal.
Jalaco. Masculino anticuado. Ca-
potillo DB DOS HALDAS.
Jalandrino. Masculino. Palomo.
Jalapa. Femenino. La raíz de una
planta que crece de suyo en varias
partes de Méjico; especialmente, en la
provincia de Jalapa, de donde tomó
el nombre. Es acre, de color rojo os-
curo, de olor desagradable, y se usa
en la Farmacia como un purgante po-
deroso.
ETMOLoalA. Catalán xalapa: tnn-
céa, jalap; italiano, scialaffa; la.tin téc-
nico, mtrabilit jaUpa» de Linneo; de
Xalapa, ciudad de Méjico, de donde
vino l& jalapa en 1609.
Jalápico, ca. Adjetivo. Química.
Ácido jalápico; resina que existe en
la jalapa, en pequeñísima cantidad.
Es lo que otros autores llaman rodeore-
íina.
Jalapina. Femenino, Química, Ex-
tracto de jalapa.
ExiuoLoafA. Jalapa: francés, yaía-
pine.
Jalares. Masculino plural, Qerma>-
nía. Los calzones.
Jalbegar. Activo. Emjalbboab. Q
Metáfora. AÍbitab 6 componer el ros-
tro con afeites. Se osa también como
recfproeo.
Jalbegue. Masculino. Blanqueo
con cal. f Metáfora. El afeite de que
suelen usar las mujeres para blan-
quearse el rostro.
EtiholoqU. Jalbegar.
Jaldabaot. Masculino. Nombre
que daban los nicolaítas á un ser á
quien tributaban los honores divinos.
Jaldado, da. Adjetivo. Jaldb.
Jalde. Adjetivo. Amarillo subido,
y Blatón, Epíteto heráldico del metal
oro, como cuando se dice: en campo
JALDB.
ETiicoLOofA. Latín aalius, color
verde claro: alemán, geU, amarillo;
inglés, tfellom; italiano, giallo; fnn-
cés y provenzal, jame; walón, y¿nr;
namurés, jane; picardo, gane.
Jaldera. Femenino anticuado. Fal-
da ó halda.
Jaldo, da. Adjetivo. Jalde.
Jaldre. Masculino. Cetrería. El co-
lor de las aves.
Etimología. Jalde.
Jalea. Femenino. Conserva conge-
lada y transparente, hecha del zumo
de algunas frutas. [| DEL AOBO. Con-
serva de cidra. || Hacbrsb una jalba.
Frase metafórica y familiar. Dbbbb-
TIRSB, por enamorarse.
Etiholooía. Jaletina,
Jalear. Activo. Iilamar los perros
¿voces para cargar ó seguir la caza. ||
Animar con pomadas, ademanes y
expresiones á los que bailan.
JALO
Jaleante. Recíproco. Bailar ja-
leo, n Divertirse bulliciosamente. U
Menearse con gracia.
Jaleco. Masculino anticuado. Ca-
potillo DE DOS HALDAS.
Etimología. Chaleco.
Jalemo. Masculino, jl/fío^la. Djos
que presidía á los honores fúnebres.
Reseña. — 1. Era hijo de Apolo y su-
frió tantos infortunios, que su nom-
bre se hizo proverbial en el sentido
de un ser desgraciado.
2. De este origen viene jalemiat,
término aplicado a los cantos con que
se celebraban los funerales.
Jaleo. Masculino. La acción ^ efec-
to de jalear. Q Diversión bulliciosa de
gente ordinaria.
Etimología. Onomatopega.
Jales. Masculino anticuado. Lien-
zo recio y grueso que sirve para cu-
brir las cargas.
Jaletina. Femenino. Especie de
jalea más fina v menos condensada,
que se sirve en las mesas, y se com-
pone del jugo de cualquiera fruta
mezclada eon azúcar; y también se
hace con substancia de pechugas de
gallina, manos de ternera y polvos de
asta de ciervo.
Etiuolooía. Gelatina.
Jalisco, ca. Adjetivo. Lo pertene-
ciente á este Estado de la República
Mejicana y el natural del mismo. Se
usa también como sustantivo.
Jalma. Femenino. Enjalma.
Etiholooía. Latín «o^ma, la albar-
da de las bestias de carga; simétrico
de tügitía, la saeta, porque la jalma
de los latinos era puntiaguda.
Jalmenus. Masculino. Tiempos he-
roicos. Hijo de Marta, uno de los jefes
de los griegos en el sitio de Troya.
Jalmero. Ifaseutíno. Enjalmbbo.
EriHOLoafA. Latín wmSHCm.
Jalón, Masculino. Geometría. Palo
ó estaca que sirve para alinear los te-
rrenos en las mediciones de los mis-
mos y en el levantamiento de planos
ó de mapas.
Etimoloqía. Bajo bretón gitalen,
verea: francés, yaíwi.
Jalonear. Activo. Poner jalones en
algún terreno.
Etimología. Jalón: francés, jalón-
ner.
Jaloque. Masculino. Viento. Si-
roco.
EriHOLOofA. Xirgut: árabj, xUluq,
en Pedro de Alcalá, «viento entre
Orientey Austro;» chaluk, ehfluk, cho-
Ink, formas árabes; ckaluq, en Nag-
giar y Delaporte.
1. El árabe ckaluq es la traducción
del español xaloque, simétrico de xir-
gue, porque el vocablo del artículo
distaba tanto de la forma de origen
que los mismos árabes no conocieron
su charqui, oriental. (Dozt.)
2. Esto hubo de suceder, pero no se
puede asegurar sin la ayuda de uue-
vos datos: 1.°, porque teniendo el ára-
be su vocablo charqui, oriental, no se
comprende qué oficio hacía el nombre
extranjero chalMh, que es el xulü'/ de
Pedro de Alcalá; 2.", porque la forma
chuiuit que Dozy considera como la
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230
JAMA
tnnicripcidn arábiga de nuestro ealo-
ffM, puede representar uaa variante
de cinrUq, la salida del sol, pues la r
7 U 2 10 eonfunden en árabe, del mis-
mo modo que en las lenguas roma-
nu; 3.*, porque la Ain'ea Ungum ara-
biemtnachalugt ekoluq, chuiuq, siroco,
adoptando laf de cíurUj, la salida
del sol. (Sxtraeío dt Dbvic.)
3. No es posible separar jaloqw y
sirgue fjirgue), cuto vocablo represen-
ta sin duiHi el áraoe chargui, oriental.
4. La opinión de Dozj es perfecta-
mente segura. La derivación ha teni-
do lugar del modo siguiente: árabe,
ckargui; español, xirgue, convertido
anjaloguef de donde viene el árabe
mthg, de Pedro de Alcalá.
Jalsontles. Ilíasculíno plural. Las
partas del metal mal molidas que se
remuelen.
Jallipén. Masculino. Qermunia. La
comida.
Jallnllo. Masculino. Provincial An-
dalucía. Pan 6 masa que se pone sobre
las ascuas para que se tueste ó ase.
Jamaca. Femenino americano. Ua<
lUCA.
Jamacaruo. Masculino. Especie de
higuera americana. (Landa.is.)
Etimología. Francés ^'awactfn»; vo-
cablo indígena.
Jamaicano. Sustantivo j adjetivo.
Natural y propio de la Jamaica, isla
de las Antillas, perteneciente á Ingla-
terra.
Jamaiqués, Jamaica.
Jamaiquina. Femenino. Quími»,
Baae salifieable descubierta en la cor-
teza de un árbol de la Jamaica: andina
inermit.
Etimolooía. Jamaica: francés, Jo-
maicine.
Jamáis. Adverbio de tiempo anti-
cuado. Jamás.
Jamal. Masculino. Pescado may
grueso de Egipto,
Jamambi^os. Masculino plural.
Religiosos fonáticos del Japón que
pretenden conversar con los espíritus
malignos.
Etiuolooía. Francés janambuxei*
(Landais.)
Jaman<na. Femenino &miliar. Co-
mida.
BriyoLCoU. Jambre^ pronunciación
morisca de hambre.
Jamancio. Masculino. Descamisa,
do, hombrón. \ Bullanguero por me-
drar.
Etiuolooía. Janumda,
Jamar. Activo anticuado. Llamar.
Jamarse. Recíproco anticuado.
Acudir, acogerse.
Jamás. Adverbio de tiempo. Nun-
ca, en ningún tiempo. U Unido con
los adverbios nunca y siempre les da
major fuerza, fl Anticuado. Sisupas.
I Anticuado.Algunavez. || Jaháspor
jamás. Modo adverbial. Nunca jamás.
Etiuolqoía. la y más, iamás, como
se escribía antig^mente: latín, jam
moffis; italiano, ytumfliiu; francés, ^a-
mais; burguiñón, jaimoi; nivernés,
^'atfflu; catalán provincial, jam/t; ca-
talán, tna¡f, habiendo omitido el ta,
JÍMtf^a.— La significación primíti-
JAMB
va y propia de este adverbio es: en tiem-
po alguno, en cualquier tiempo. De
suerte que jamás no es de sujo nega-
tivo; pero ha sucedido con este ad-
verbio lo que con nada y nadie, esto
es, que á fuerza de emplearse en fra-
ses negativas, en las cuales no es suja
sino de otras palabras, la negacit^,
llegó á significarla por sí solo. De de-
cir, por ejemplo, no lo veré jamás (en
tiempo alguno) se pasó á decir: jamás
(de ningún tiempo) le veré. Pero jamás
conserva aún su signíñcado positivo
en ciertos giros, verbigracia: ¿Le has
visto JAMÁS? |Castígueme el cielo, si
JAMÁS he pensado engañarte! Losjus-
tos gozaran de la presencia de Dios
por siempre jamás. (Monlau.)
SiMONiuiA. Jamás, nunca. Jamás ex-
presa la idea de lo que no se quiere
que suceda, por aquel que puede por
■í propio hacer alguna cosa, / está
decidido á no hacerla por el conven-
cimiento que tiene de que sería per-
judicial.
Nunca expresa la idea de que una
cosa que se apetece, no sucederá, y
no porque sea imposible, sino por la
desconfianza que el sujeto que la de-
sea tiene de su propia fortuna. La
idea da jamás se refiere á la fortaleza,
al enojo, á la indignación. La idea
de nunca» i la de pusilanimidad, á la
de duda, á la de desesperación. Jamás
transigiré con mis enemigos, dice un
general que espera la victoria al fren-
te de sus contrarios.
Jamás consentiré que mis dominios
sean menoscabados, dice un rej á sus
ministros. Nunca seré feliz, dice un
filósofo en el retiro de su gabinete;
nunca llegaré á conocer las causas de
las cosas; nunca la posteridad bará
justicia á mis investigaciones; yasiós
me apartaré de mi propósito; nunca
tendré recompensa. (López PaLsaaÍN.)
Jamasn. Masculino. Mitología.
Conjuro particular de los jammados en
sus operaciones mágicas.
Jamava. Masculino. Especie de
tela riquísima de la India.
ExiMOLoaÍA. Francés jsswMi, espe-
cie de tafetán de Indias, bordado ó
embutido de oro y de seda.
Jamba. Femenino. Árguitecíura,
Cualquiera de las dos piezas labra-
das que, puestas perpendicularmente
en los dos lados de las puertas ó ven-
tanas, sostienen el dintel de ellas.
ETiMOLoafA. Griego na^ir^fkampe),
curva: latín de Yegeeio, gamba, pier-
na; italiano y catalán, gamba; fran-
cés del siglo xitgambe; francés, ^am-
¿e; pro venza 1, camlia; picardo, yaní«.
Jambaje. Masculino. Arquitectura*
El conjunto de jambas.
Etimolooía. Jamba: francés. Jam-
baje.
Jambelán. Masculino, Botánica.
Arbol de la India ( Eugenia Jambos ),
que produce un fruto comestible, lla-
mado manzana.
Etimología. Malayo djamhelan, de
djamboa, djambut rosa: francés. Jam-
bóse, Jambosier; isla de Francia, ^am-
boloiígu!, jamboiigae; Santo Domingo,
jambolane. (Dbvic.)
ÍAUE
Jámbico, ca. Adjetiro. TIhbicO.
Jambilla. Femenino. Árguitecíura.
Diminutivo de jamba.
1. Jambo. Masculino anticuado.
Yambo.
2. Jambo. Absculino. Nombre
malayo de un fruto de Indias.
Etimolooía. Malajo djambou, roía:
francés, ^affi^o.
Jamboa. Femenino. Especie de li-
món de las islas Filipinas.
Etimolgoía. Jambo: francés, ^'sm-
bra.
Jambolero. Masculino. Botánica.
Arbol de la India que forma un gé-
nero en la familia de las mirtíneas.
ExiMOLOofA. Malajo ^^<^ (ipm^
bou), árbol de la India, que produce
un fruto comestible llamado momsss
de rosa, equivalente al Jíu^ani» «Osu-
dos de la botánica.
BeseMa, — Una eipeeie de jAia(x.no
tiene en malayo el nombre de «^'ssi-
bou-Kling ¿t^^^^)' quiere
decir literalmente : «jambolero de
Kling,» nombre que dan los malayos
á la costa de Coromandel.
Jambolón. Masculino. Boiémea.
Especie de mirto de la India.
Btimolooía. Jambo 2: francés,
jambolon, especie de jambelán, cuyo
fruto es muy semejante á la aceituna;
jambolier, árbol de Indias, de Is fami-
lia de los mirtos.
Jamborlier. Masculino. Provin-
cial Aragón. Camarb&o.
Jambosado. Masculino. Botánica.
Especie de plantas del genero jambo-
sero, cuyo fruto exhala olor de rosa v
sirve en las colonias para preparar
una bebida deliciosa y estomacal.
Jambosero. Masculino. Botánica.
Género de plantas miftoides,que com
prende vanos árboles v arbustos.
Etimolooía. Jambo z.
Jamboso. Masculino. E>specie de
jambosero.
Jambrar. Activo, Provincial Ara-
gón. Enjambrar.
Jamba, Masculino. Oermanía. El
apio.
Jamad. Masculino antícosdo. Ja-
HSTB.
Jambar. A.ctívo. GAiauBi rol-
garmente.
Jamelgo. Bíasculino. Caballo fla-
co, malo y de mal aspecto. | Mata-
lón.
Jamerdana. Femenino. El paraje
adonde se arroja la inmundicia de los
vientres de las reses en el rastro ó
matadero.
Etimolooía. Jamerdar.
Jamerdar. Activo. Limpiar los
vientres de las reses. g Lavar mal y
de priesa.
Etimolooía. Ja, eufonización án-
be, y laerdar, forma del latía mtrdtt
inmundicia.
Jamet. Masculino antícaado. Ja-
mete. ,
Jamete. Masculino. Especie de tela
que se usaba en lo antiguo. .
Jametería. Femenino. Provinciai
Murcia. ZalamebÍa,
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JANA
JANI
JANO 231
Jamid. Uasoalino ■nticuado. Ja-
UBTB.
Jamídas. Masculino plural. MUo-
lofié. Hijos ó descendientes de Jamns,
ane lobTesalieron, como ¿1^ en el arte
a los auff unos.
Jamilu. Femenino. Alpechín.
BnuoLOoU. Árabe JL^^ ^Jfh (dja-
wñl), írasa derretida.
1. Jamis. Femenino. Especie de
tela de al^od<5n de Levante.
2- Jamis. Masculino. Nombre de
ciertas mezquitas levantadas en Tur-
3 nía por los sultanes, que las dotaron
e rentas considerables.
Jammabos. Masculino plural.
Bittoria religiosa. Nombre de una sec-
ta de monjes japoneses» que seguían
una regla muj austera.
Jammalooon. Masculino. Mitolo-
gía. Infierno de loa indios, que co-
rresponde al pn^torio de los cris-
tianos.
Jamoji. Masculino. Bspecie de ar-
temisa del .Tapón.
Jamón. Masculino. Pbbnil.
ETUfOLOOÍA. Jamba, porque es la
jvmba 6 la pierna del cerdo: picardo,
fanbón; burgfuiodn,^ain¿t(ja; francés,
jüfnho».
Jamona. Adjetivo familiar que i e
aplica k la mujer que ha pasado ja
da la juventud; especial mente, si es
gruesa.
BTiifOLoaÍA. Jamón, Llámase jamo-
na, porque eati eurada como el per-
nil.
JamoBcico, Uo, to. Masculino di-
minutivo de jamón.
Jamrosa. Femenino. Especie de
jambosero de las Antillas.
Jamnga ó jamugas. Femenino.
Bspecie de silla Kecha de unos correo-
nes 7 brazos de madera á modo de los
de las sillas comunes, pero redondos y
más largos. Sirven para que las mu-
jeres vajran cou alguna conveniencia
sentadas en las caballerías, afirmán-
dolas j asegurándolas sobre el albar-
dón ó albaraa.
BTiicoLOaÍA,. Jornia, pierna, porcino
las fiemas van apoyándose en la Ra-
nina, por jomiii^e. Hemugtt es un vo-
cablo bárlútro, puesto que no existe la
forma kcmha.
Jamngnilla. Femenino diminuti-
vo de jamug-a.
Jamas. Masculino. Mitología, Fa-
moso adivino, hijo da Apolo.
Jamnscar. Activo anticuado. Cha-
HUSCAB.
Jana. Femenino. Mitología. Ve-
rrón llama así á la luna, denominada
también Diana.
Janaca. Femenino. Janaco.
Btiholooía. Francés janaca, en
Landais.
Janacis. Masculino. Nombre que
se da ea Turquía á los jóvenes vale- ;
rosos; j especialmente á los que se
destinan á las armas.
Janaco. Masculino. Bspecie de cua-
drúpedo africano del género antílope.
BniiOLOOÍA. Janaca,
Jananino. Masculino. Nombre que
dan los negros de la Guinea á unos
duendas que consideran como los ma-
nes de sus antepasados.
Janat. Masculino. Lugar de bien-
aventuranza prometido í los musul-
manes después de la muerte.
Jándalo, la. Adjetivo que se apli-
ca al modo de andar j hablar afectado
de los andaluces. Es voz familiar que
se usa comunmente para notarles la
pronunciación fuerte ó demasiadamen-
te gutural de la h. Se usa también
como sustantivo.
EtiholoqÍa. Aspiración moruna de
ándalo, por andaluz.
Jandiroba. Femenino. Planta tre-
padora de America, eujo fruto se pa-
rece á la pera.
ETiuoLoaÍA. Francés jandirobe; vo-
cablo indígena,
Janero, ra. Adjetivo anticuado.
Que pertenece al mes de Bnero.
Janfrederío. Masculino. Botánica,
Bspecie de mirto africano.
ETiuoLoofA. Francés ^aa/r/^me.
Jang. Masculino. Aiumal &baloso
entre los chinos.
Jan^ac. Masculino. Especie de al-
godón indiano.
Jangada. Femenino. Compuesto
de maderos ó fragmentos que se hace
para salvarla gente cuando se pierde
el bajel.
Jangomas. Masculino. Botánica.
Árbol de la isla de Java.
Btiholoqía. Francés joM/mat.
(Lahoais.)
Jangua. Femenino. Embarcación
pet^ue&a armada en guerra, muj se-
mejante á la jangada.
Jangn-mon. Masculino. Mitología.
Divinidad que adoraban los habitan-
tes de la Bretaña.
Jania. Femenino. Bspecie de cora-
lina.
Janicefalia. Masculino. Teratolo-
gía. Monstruosidad del janíeeps.
EriuoLoaÍA. Janicejis.
Janiceps. Masculino. Teratología.
Monstruo que tiene doble cabeza con
dos caras opuestas.
ETiHOLoaÍA. Latín Jinut, Jano,
dios con dos caras, y cept, tema de
c&pntt cabeza: ttaLaeia, janiceps.
Reseña, — ^Los janícbps tienen dos
cuerpos íntimamente unidos por la
parte superior del ombligo común.
Janicola. Femenino. GcMraJía an-
tigua. Nombre primitivo de Italia, for-
ma de Jano, su primer rej.
Etimología. Latín Janícula.
Janiculo. Masculino. Uno de los
siete montes de Roma, del otro lado
del Ttber; hoy, Montorio. Lo encerró
en la ciudad Anco Marcio, y se llamó
Janículo, aludiendo á un barrio ó
arrabal que allí levantó Jtmus, pri-
mer rej de Italia.
ETiuoLoafA. Jano: latín, JSnícúlim,
diminutivo de /aii«f, Jano: francés,
Janicnle.
Janiforme. Adjetivo. Do dos ca-
ras.
BTiHOLoafA. Latín JSnia y forma.
, Janipaba. Masculino, Botánica.
Árbol del Brasil y de las Antillas, de ■
ñores campaniformes j de fruto medi-
cinaL
EriMOLoaÍA. Franoés janipñia, sn
Landais; vocablo indígena,
Jano, na. Adjetivo anticuado. Lla-
no. I Masculino. Mitología, Nombre
de un antiguo repr del Lacio, á quien
los romanos erigieron un templo i^ue,
cerrado, simbolizaba la paz, y abier-
to, la guerra, y Cabeza con dos ros-
tros que miran á lados opuestos.
(Mabty y Caballbbo.) } Cbrrab bl
TBUPLO DB Jano. Frase proverbial.
Celebrar paces. Q El ubs om Jamo.
Historia romana. Enero.
BTiuoLoaÍA. Latín JSnut,
1. Üícese que viene de jjirf/er, por-
tero, porque la fiifoula pinta i JVno
como portero del cielo; ó de jStttía,
puerta, porque, como numen tutelar
del año, abre la puerta de este perio-
do de tiempo. (Moni.au.)
2. Cicerón hace salir JSnmo de
Banut; esto es, de eundo, de ir, por-
que el afio ó el tiempo anda, camina,
pasa, sin cesar. (Iobíi-)
3. Ambas interpretaciones son erró-
neas. Janus representa JJiáuus, cuya
forma se conserva en Diana. (Littb¿.)
4. Ciertamente; Janus representa
Dianui, como Júpiter representa i^in-
piteri del sánscrito dgu, cielo.
5. Confirma plenamente la ante-
rior interpretación que el significado
mitológico de Jano es Apolo ó ^ Sol,
pintado con dos caras; una, delante,
3ue es la figura del oriente; y la otra,
etrás, que es la figura del ocaso. Por
consecuencia, puede afirmarse eon
cabal certidumbre que y«M repre-
senta D^ust Día, el Sol; esto e^
Apolo, para el lenguaje de la fábula.
ReseiM.—^o era solamente un re;
del Lacio; sino también el nombre de
una gran divinidad romana, según
resulta de las noticias qoe insertamos
á continuación.
Tiempos heroicos. — Personaje de los
tiempos fabulosos de la historia ro-
mana, hijo de Apolo jrdeCreusa, hi-
ja de Brecteo, rejr de Atenas, qua fué
robado á Delfos, donde le adoptó-Xi-
feo, que se había eaudo con Ünosa.
A la cabeza da ana flota poderosa
fué & colonizar una peque&a región de
Italia, frente al sitio donde estuvo em-
plazada Boma, junto á la orilla dere-
cha del Tíber 7 sobre una colina que
llamó JanieaUa 6 Janieollit ( colina de
Jamo). Saturno se asoció á Jano, que
compartió con él su reino; y agrade-
cido el dios, hizo que pudiera leer lo
futuro y lo pasado. Nada se sabe del
reinado de Jano sino que fué muj pa-
cífico y se coloca hacia los años 1400 ó
1450 antes de Jesucristo. En tiempos
de Rómulo y de Tulio, Jano fué deifi-
cado y los romanos acabaron por con-
tarle en el número de los dioses majo-
res, invocándole al principio de todos
los sacrificios, por creerle inventor de
los ritos sagrados. Era dios tutelar de
las puertas y de los oaminos, j ae le
representaba oon doa eaxas, páfa tig-
nificax que tenU tü don dé ver «I pa-
sado ; el porvenir; j eon una llave
en la mano izquierda, como dios que
abría el año, cujro primer mes llevó
su noííiiiTe (JanudnusJ; y en la derecha
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232 JANS
JANS
JAPI
una baqueta, ama ó iniignift d« los
porteros romanos.
Jano Gifkvnte (tbuplo de), ffru-
diddn. Templo erigido por Rómulo j
"Tatio, entre los montes Gapitolíno j
■Qnirinal. Era mujr pequeño, todo de
^nmce, 7 estaba dedicado i Jamo,
como dios del aflo.
Jano Gémino (tbmflo db). Br%-'
dieiáh Bstalm situado en Boma, cerca
d* la puerta Carmental, j al píe de la
punta Sud del monte Capitolino. Fué
erigido por Numa, que consideraba &
Jáno como dios de la paz. Desde su
eonstruccidn, permanecía abierto en
tiempos de guerra, j cerrado en los
de paz. Existía aún con el mismo des-
tino bajo los últimos emperadores, j
era 1q bastante grande para que el Se-
nado pudiese reunirse en él. Durante
un período de mil años, no se cerró
más que ocho veces, siendo la última
que la historia menciona en 994, por
Gordiano III.
Janos. Masculino plural. HUtoria.
knoa de piedra, con cuatro puertas,
eujos ejes se cruzaban, destinados á
servir de cita i los pretores j banque-
ros de la antigua Roma. Loa más cé-
lebres fueron los erigidos en el Foro
romano, llamados: el uno, del Este; y
el otro, Janüs inferior^ llamándose
Jaños medios el espacio comprendida
entre ambos. Había otro, célebre tam-
bién, llamado Janus g%adri/on$, si-
tuado en el fontm harium (mercado
de los bueyes), del cual existen mi-
nas da mármol blanco macizo, cuyas
caras tienen veinte metros cada una.
Se oree que fué erigido por Domi-
ciano.
Janonro. Ibscuiino. Especie de
jaguar.
Janaenio (Coknblio Janséh, llama-
do). Obispo de Iprés (Bélgica) j pro-
movedor de una doctrina teológica
que se hecho célebre bajo el nom-
bre de jénsenismo; nació en una ciu-
dad de Holanda, poco distante de
Leerdam j llamada ¿cquoi, en 1585,
muriendo de la peste el 6 de Majo
de 1638. Su padre se llamaba Juan
Otto j tomó el nombre de Jans¿n ó
Jansbnio (hijo de Juan) en la univer-
sidad de Lovaina, donde hizo sus es-
tudios. Allí contrajo estrecha amistad
con el futuro abad de San Cjrán, en-
tqnces conocido por el nombre de Juan
Duvergier de Hauranne, quien le lle-
vó á fSrís j hizo que el obispo de Ba-
yona le encomendara la dirección de
un colegio que aquél había fundado
hacia poco. Jansbnio no ocupó aque-
lla plaza mucho tiempo, volviendo
en 1617 á Lovaina, donde se le confío
la dirección del colegio de Santa Pul-
quería. Aquella universidad le con-
fírió dos años después (1619) el doc-
torado en teología, y en 1630 una cá-
tedra de Sagrada Escritura, que des-
empeñó por espacio de cinco años.
Su elevación á la silla episcopal de
Iprés (1635) le fué fatal. La peste, in-
vadiendo su diócesis, hizo de Jansb-
nio una de bus víctimas. A sus cuali-
dades personales j á su mérito como
profesor, debió una consideración que
la gloria literaria no había consagra-
do, pues en vida sólo publicó dos ó
tres folletos, que no hubieran sido
bastantes á legar su nombre á la po»-
teridad, si una obra póstuma no hu-
biera cimentado su reputación de filó-
sofo. Bl Áuauttinus, esto es, el resu-
men de la doctrina contenida en san
Agustín, que Jansbnio quiso susti-
tuir á la de Aristóteles en la enseñan-
za, j que tenía por objeto principal
combatir al jesuíta español Molina,
fué impreso en Lovaina en 1640, á
Sesar de las intrigas de la Compañía
e Jesús para impedir su publicación.
Bl obispo de Iprés había encargado
poco antes de morir, á dos de sus me-
jores amibos, á Fromond y Calesio,
el más cuidadoso esmero en la impre-
sión, encomendándoles no la alterasen
en nada, «porque, decía en su testa-
mento, oreo que difícilmente admite
alteración alguna.» Pero, añadía:
«Sin embargo, si la Santa S^de quie-
re que se haga alguna modificación,
desde ahora la acato, como hijo obe-
diente y sumiso que soy de una Igle-
sia en cuyo seno he vivido y muero. »
A pesar de esta declaración, su deseo
no se vió cumplido. Impreso el An^iU-
tinus tal como su autcr le había escri-
to, bien pronto se vió á los teólogos
divididos en jansenittas y molinislas,
excitando á los papas Inocencio X y
Alejandro VII á condenar cinco de las
proposiciones del libro y á proscribir
a todos cuantos no se adhiriesen á
esta condena. Las cinco proposicio-
nes condenadas eran: 1.* Algunos
mandamientos de la ley de Dios son
imposibles de cumplir sin la gracia.
2.' Bn el estado de pecado no se resis-
te nunca á la gracia interior. 3.* üna
obra es meritoria ó demeritoria, cuan-
do se ejecuta sin la violencia; aunque
sin necesidad. 4.* La voluntad del
hombre puede someterse ó resistirse á
la gracia; y 5.* Jesucristo no murió
por todos los hombres, sino por ios
predestinados. A pesar de esta pros-
cripción, las doctrinas de Jansbnio
se esparcieron rápidamente, haciendo
tantos prosélitos, que en tiempo de
Clemente XI hubo necesidad de em-
pezar de nuevo la persecución. Refu-
fiadas en el si^lo ultimo en Francia,
oy puede decirse que no (^ueda de
las doctrinas de Jansbnio mas que la
admiración hacia un hombre que,
arrastrado 6 no por el error, demues-
tra en su obra un profundo estudio y
una intuición poco común.
Jansenismo. Masculino. La doc-
trina de Jansenio sobre la gracia, que
llama eficaz porque sin ella no pue-
de el hombre practicar el bien, y sobre
la predestinación, se^un la cua. el
divino Mesías no murió por todas Ib
criaturas.
Etimología. Jansen 6 Jansenius,
Jansenio, obispo de Iprés, autor de un
libro ruidoso sobre san Agustín: ímn-
cés^jansénisme; catalán, jansenisme.
Jansenista, .\djetivo. El que sigue
la doctrina de Jansenio.
Etiuolooía. Jansenimo: francés,
janséniste; catalán , jansenista.
Janaaniatico, ca. Adjetivo* Con-
cerniente al jansenismo.
Jantar. Activo anticuado. Yantas.
Jantina. Femenino. Zoología. Qé-
nero de moluscos gasterópodos, délos
cuales se extrae la purpura.
EriuoLoaÍA. Latín seanthnt especie
de piedra preciosa; del griego
( xaiUhéi) y neanlhíurnt especie de lam-
pazo, planta; del griego (ávOiev (aiit-
thion).
Sentido etimológico.— h\ jantina se
llamó así por ser del color de la pie-
dra preciosa y del lampazo.
Jante. Masculino. Geografía. Río
de la Tróade. g Otro, de Lidia. B Ria-
chuelo de Epiro.
EtiuolooL. Latín KamtknuiSvtr
GILIO.)
Sentido etimológico. — El Janto si
denominó así aludiendo al color de
sus aguas, semejante al de la piedn
preciosa xantkos.
Jantolitta. Femenino. Barbotina.
Janual. Adjetivo. Propio de Jano.
B Que tiene dos catas.
Etiuolooía. Jane: latín, jttudílit.
Januales. Femenino plural, ^a^'-
güedades. Fiestaa de Rema en honor
de Jano.
EtiuolgoÍa. Janual: latín, jaflKoZIa.
Reseña histórica. — Fiestas que los
romanos celebraban en honor de /«m
el 1.* de Enero, mes que le estiba
consagrado, y en que se le ofrecía in-
cienso, fruta y un pastel, llamado
janual. Bn dicho día, los parientes y
los amigos se hacían diferentes rega-
los, deseándose, como ahora decimos,
feliz entrada de año, pues apenas hay
uso ni costumbre en el mundo mo-
derno que no tenga sus raices en el
antiguo. Los cónsiues, ^ue en el mis-
mo día entraban en el ejercicio de sn
cargo, iban en nn caballo blanco al
Capitolio.
Janus-mon. Masculino. ÜitoUgia.
Divinidad adorada antiguamente por
los habitantes de la Borgoña.
Japeto. Masculino. Mitología. Uno
de los gigantes, hijo de la Tierra y de
Tártaro, padre de Atlante, Bpimeteo
y Prometeo.
Etiuolooía. Latín Jápetut, (Ho-
bacio.)
Japigia (sBGiÓN). Femenino. GeO'
grafía antigua. La Calabria ó la Pulla,
provincia de Italia.
Btucolooía. Latín JUpvgXa, la Ca-
labria; Jdpugíum, el cabo de Santa
María, en el antiguo reino de Ñapó-
les; jkpggest los calabreses. (Oyinio,
Punió.)
Japigio. Masculino. Geografía aur
tigna. Nombre del cabo del antiguo
reino de Nápoles, llamado hoy de
Santa María.
Etiuología. Latín Japygtwn. (Pu-
mo.)
Japis. Masculino. Médico que curó
una iierida á Eneas; el cual dió nom-
bre á la región Japidia. (Virgilio.)
Etiuolooía. Latín Jápis.
Japix. Masculino. Mitología. Hijo
de Dédalo, que dió su nombre ¿ la re-
gión Japigiv.
BTIUOLOGÍA.Lattn J^y«(HoRAGio).
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JAQU
Japón, na. Adjetivo. El nataral
del JapÓD 6 lo pertenaciente i «quel
reino. Se nu también eomo soatan*
tÍTO.
Japonense. AdjetiTO. El natural
del Japón j lo que pertenece á él.
Japonés, sa. AdjetÍTo. El natural
del Jspdn j lo perteneciente i eate
reino.
Jsqne. Masculino. Yalenftfn, ru-
fián, perdonavidas. Pndo deeirie de
JBQDB. I Bn el jue^ del ajedrez, el
Unce en que con esta voz se da stíbo
siempre que el rej está herido de al-
grona pieza ó trebejo del contrario,
para que se libre 7 aparte. Q Anticua-
do. Especie de peinado liso que esti-
laban las mujeres antisfuamente. Q
Prorincial Aragón. Cuaiqniera de los
dos lados de las alforjas. | luterjec-
ción con que se avisa á algnno que se
aparte ó se Taja. Dfcese frecuente-
mente JAQua de aqui, y se toma la
alusión del juego del ajedrez. { Ger-
mmmía. El rufián.
BrniOLoaU. Arabe persa eehchih,
el ny; del artículo ecA^ por al, el, j
ekoA, rev: francés, éckea; portugués,
fscs^x: italiano, faiccil>;proTenzal,
etcae; catalán, ^'o^, ««eses.
1. La expresión jaqne-maíe es el
¿imbe ech~ekat-mal, «el re; ha muer-
to:» francés, éckec eí mat; portugués,
TSjTW maíe; italiano, teacco mato.
2. Esto demuestra que el vocablo
tos^íe, del árabe mat, muerto, no tiene
relación alguna con matar.
Jaqueador, ra. Itaseulino j fe-
menino. £1 que jaquea.
Jaquear. Activo. Dar jaques en el
jau^ del ajedrez.
Jaqueca. Femenino. Medicina. Do-
lor grande de cabeza que da por lo
r^war en la mitad 6 en ana parte
de ella.
BnuOLOoU,. Griego xicj^tCía (kaehe-
xía); de xsxéc fkaMt^, malo, j t^ía.
fAá:ía), estado: francés, eachexie.
Jaquel. Masculino. Bkso». Cua-
dro.
Etimología. Jaque.
Jaquela. Famenino. Especie de
red.
Etiiiou>o(a. Jaquel.
Ja^qnelado, da. Adjetivo. Blatén,
Lo dividido en casas como las del aje-
drez. I Se aplica á los diamantes j
ütras piedras preciosas labradas á ma-
nen dfrcnadros,
ETUfOLoaf A- Jaquel.
Jaquelina. Femenino. Espede de
vasija.
ErmOLoafA. -Jaquel, por semejanza
de fbnna.
Jaquenae. Sustantiva y adjetivo.
Jaqués.
Ja^ero. Bfasculino. Peine peque-
ño j bno.
Jaqués, sa. Adjetivo. £1 natural
de Jaca j lo perteneciente á aquella
ciudad. f| Sueldos jaqubsbs. Antigua
moneda de Aragón, mnv nombrada
en la faistorín de aquel ilustre reino,
la cual TUTO diferentes valores. (Sábz,
Vahr He las moneda».) — cSe aplica á
-ierta clase de moneda que se labraba
íntignaoMats aa la ciadad de Jaca, v
JARA
que los reyes de Aragón juraban man-
tenerla, r no labrar otra de distinto
cuño ni En la una parte tenía la
efigie del rev, j en la otra, una cruz
patriarcal. Llamóse después moneda
JAQOBSA ¿ toda la del cuño de Ara-
gSn de lej y peso, y se jMoe por fór-
mula en todas las escrituras públicas,
con pena de nulidad en su defecto.»
(AcADBUiA, Diccionario de Í726.)—
«El rey confirmó la mm^da jaqubsa
que postreramente se había labrado
en tiempo del rey Don Pedro su pa-
dre; y ofreció y juró que no daría lu-
gar que de nuevo se labrase otra, ni
subiese ni bajase de ley ni de peso.»
(ZüEiTA, Ansleí de Arag-ín, lifro JI,
capitaíoli.)
Jaqueta. Femenino anticuado.
Chaqueta. \ Vestidura á manera de
justillo, con cuello y mangas y sin
faldones. Es voz extranjera, y de ella
se formó chaqubta, que es como tiem-
po há llamn exclusivamente esta
prenda de vestir.
?TiMOLoaÍA. Jaco i.
Jaquetilla. Femenino anticuado.
Chaqueta corta.
Jaquetón. Masculino aumentativo
anticuado. Chaqueta más larga que
las comunes. I| Jaqub, panparrSn.
Jáquima. Femenino. La cabezada
de cordel que suple por el cabestro
para atar las bestias y llevarlas.
Etiuolooía. Arabe «As^IsM
ktma). (Engblmann.)
1. La voz del artículo, con el mis-
mo significado que tiene en español,
se encuentra en un relato de Abde-
rramán III, que vivía en el siglo x:
«habiendo traído el criado una her-
mosa y«^sima (ehaquima) de seda, mi
abuelo me dijo: tómala, Abderramán,
que ella ta servirá grandemente para
evitar lances como el que ta ha ocu-
rrido hoy. Pónla bajo ta brida de tu
caballo y asegúrate, cogiendo el cabo
de \i jáquima, cuando te apees.» (Ibm-
HajÍíí, manuscrito de Oxford, folio 30,
citado por DozT.)T
Jaquimazo. Masculino. El ^olpe
dado con la jáquima. | Metafórico y
familiar. Pesar ó chasco grave dado á
alguno.
Jaquimón. Masculino americano.
La caneza de cuero que se une al
cabestro para atar las oestias.
EriuoLOofA. Jiquima.
Jaquir. Activo anticuado. Dbjab,
dbsam pasar.
Jar. ffermanía. Orinar.
Jara. Femenino. Botánica. Arbus-
to que levanta de alto á lo más dos
varas: echa unas hnjns encontradas,
largas, ásperas por el envés, y fiures
grandes, blancas con una mancha os-
cura, formada cada una de hojas dis-
puestas al modo de las rosas. Hay
otras varias especies del mismo géne-
ro. I La saeta ó palo anroiadizo, tosta-
do, con su punta muy delgada y sutil,
n CERVAL. Planta que crece de suyo en
España, y que se diferencia de la jara.
á la cual es muy parecida, en tener las
hojas de figura de corazón, las fiores
blancas, sonrosadas por sus bordes, y
en carecer del jago resinoso que aque-
JARA
233
lia tiene. I EsTBPA. Mata, especie de
JARA muy común en España, con ho-
jas aovadas, ásperas, Jugosas, y dores
olancas ó amarillas, «que son medici-
nales.
BriuoLOofA. Arabe cka'ra, «mata ó
breña,» en Pedro de Alcalá. La anti-
gua forma mará hace evidente esta eti-
mología, puesto que el cha se con-
vierte en ma eon suma frecuencia.
Jarabe. Masculino. Bebida dulce
y medicinal que confeccionan los bo-
ticarios hasta la consistencia del almí-
bar, y según tos ingredientes ó el
simple de que se forma, toma nombre;
como JARABE de violetas, de camuesas,
rosado, etc. | Metáfora. Cualquier be-
bida compuesta, que excede en el dul-
ce, especialmente sí no está muy fría.
11 Ser todo jarabe db pico. Frase con
que se manifiesta que alguno dice lo
que no ha de ejecutar.
ETiMOLoaÍA. Arabe chariba, beber;
ckarái, jarabe, en Becri: «julepe 6 xa-
rabe, lamedor que lame el dotieate,»
en Pedro de Alcalá; hidromel (ckarab
de miel), en Ibn-Djobaír; charabi, el
que vende jarabes: tifruporum venditúr;
charabaíi, «el que confecciona jara-
bes:» qui sjfrupos confecii; bajo latín,
tyruput, liruppus, ti/ruppus, en üu Can-
ge; tciruppus; italiano, t roppo^ tcirop-
po, sciloppo; francés antiguo, estyrot
(sig4o xm); yeterop (si^lo xvj; moder-
no, sirop; provenzal, emarop» isiaropf
yssaivp; portugués, xartme.
Reseña. — Devic establece la sime-
tría entre el portugués xarope y turra-
pa, cayendo en tres errores:
1. " El vocablo surrapa no es de ori-
gen portugués, puesto que representa
el español surrapa; y más propiamen-
te, surrapas.
2. " Este nombre significa «vino que
ha perdido su fnerza.»
3. * El español surrapas no tiene re-
lación alguna oon xarope, puesto que
se deriva del antiguo turras, pelos,
como dice muy bien Covarrubías.
Jarabear. Activo. Recetar jarabes;
darlos. I Neutro. Andar tomando ja-
rabes.
Jarabearse. Recíproco. Tomar ja-
rabes, regularmente para disponerse
y prevenirse á la purga. Se usa tam-
bién como verbo activo respecto del
médico que los da ó manda tomar con
frecuencia.
Jaraca. Masculino. Zoología. Es-
pecie de serpiente de la América me-
ridional. (Caballbbo.)
EnuoLoaÍA. Vocablo indígena.
Jaracuo. Masculino anticuado. Ja-
raqui.
Jaraíz. Masculino. Laoar. Kn al-
gunas partes se toma por lagar pe-
queño.
Jaral. Masculino. El sitio, paraje ó
lugar poblado de jaras. || Metáfora.
Lo que está muy enredado ó intrin-
cado, aludiendo á la eipesaia de los
jarales.
Jaramugo. Ibsculino. BaUniea.
Planta que crece de suyo en varías
partes de España: echa desde la raíz
^ hojas aovadas recortadas por sus bor-
' des, y de pie y medio de larprn, de enr
TOMO |U
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234
JARD
medio de las eatlasae levanta el tallo,
lleno en su parte superior de ramos,
que terminan en racimos de flores
pequeQas.
. Jarameño, ña. Adjetivo que se
aplica á.los toros que se crían sn las
riberas dsl Jarama, celebrados por su
bravura j ligereza.
Jaramugo. Masculino. Nombre
q^ue los pescadores de mar dan indis-
tintamente á todos los peces pequeños
de que se sirven para cebo.
Jarana. Femenino. Bulla, gresca,
alffvzara.
EnuOLOofA. La j de Jarana se en-
cuentra en el latín Jar^ívin, querella.
Jarandina. Femenino. wrmanU*
Junta de rufianes.
Jaranear. Neutro. Andar en jara-
nas.
Jaranero, ra. Adjetivo. Bl aficio-
nado á jaranas.
Jarano. Adjetivo masculino ame-
ricano. Ancho, chamberga. Se dice
del sombrero.
Jarapote. Masculino. Provincial
Aragón y Andalucía. Jxbopso.
Jarapotear. Activo. Provincial
Aragón jr Andalucía. Jaropear.
Jarapoteo. Masculino. Jaropbo.
Jaraqui ó Jaracno. Masculino.
Huerto ú sitio de recreación.
Jareraca. Femenino. Zoqlogia, Es-
pecie d^ víbora del Brasil.
Ettuolooía. Vocablo bratiléño.
Jarava (Juan de). Naturalista y
médico español, que vivía en Lovaí-
na á mediados del siglo xvi. Se cono-
cen las siguientes obras suyas: üisío-
ria de las hierbas y plantas ae Dioscóri-
(¿eSf Anatarbeo y otros eéUhret natura-
listas; /filosofía natural breve j Proble-
mas y preguntas problemáticas»
Jarazo. Masculino. SI golpe 6 he-
rida hecha con la jara.
Jarcia. Femenino. Carga da mu-
chas cosas distintas para algún uso ó
fin. I Kl conjunto de muchas CQsas di-
versas ó de una misma especie» pero
sin orden ni concierto; y así se dice:
hay tal JARCIA de esto ó de aquello,
etcétera. |] Los aparejos y cabos de un
buque. Se usa frecuentemente en pin-
ral. I El conjunto de instrumentos y
redes para pescar.
Btiuoloqía. Antiguo wareia: latín,
S'ircire, componer; sarditor» sastre re-
mendón, en las inscripciones; fttrcÜno-
componer sus ropas; sarcínaíor, el
castre, en Plauto; tareína, equipaje,
ardo de ropa, víveres, carga ae cosas
a/erentes, en César: catalán, aarcia.
1. jporme etimológica, — El antiguo
earáa representa f orcw, perfectamen-
te paralelo del latín tamiMg que sue-
na sáreina.
2. Los latinos pronunei^tron mil
veces esta voz en Espafta* jpaesto que
es un vocablo que emplea César.
3. Al derivar nuestro sarcia del la-
tín sardna, no exponemos una conje-
' ira, sino que datuos una etimología.
Jarciar. Activo. Bniabcub.
Jarda (líajo latín). Femenino. Ve-
líi-inaria* Tumor duro, flemoso algu-
na vez, que se desarrolla en la parte
lateral externa del jarrete del caballo,
JARD
en la parte {tostetior superior del hue-
so de la canilla.
ETiMOLoaÍA. 1. Árabe (dja~
radh), «todo tumor que nace en la
cuartilla del animal de carga, 6 en el
nervio inferior del pie;> tumor omnit
naíus in suffraginejumenti a*l in/eriore
pedís ñervo. (Menikski.)
2. Esta definición concuerda con un
texto del si^lo xni: cespecie de hin-
chazón blanda, del tamaño de un hue-
vo d mavor, que nace en losjarretes;»
quasimoUit si^afio ad magnitudinem
ovi aut amphus... nasdtitr in garreíts
{Líber de cura Muorumt compositms a
Jordano Rufo,miliíe calabrenst; manus-
crito latino, fondo antiguo de4a BibUo-
leca nanionaí de París, número 7058):
francés, jarde; italiano, giarda._ , j
Jardera. Femenino anticuado.
JALDBav.
Jardín. Masculino. Huerto de re-
creación, compuesto de diversas flores
y de hierbas finas y olorosas, forman-
do regularmente cuadros y otras dis-
tintas figuras con las mismas hierbas
y flores. |j En los bajeles, el lugar co-
mún, y La mancha que deslustra y
afea la esmeralda. D Germania. Tien-
da de mercader ó feria. S botánico.
El terreno destinado para cultivar las
S lautas que tienen por objeto el esta-
io de la botánica.
ETiuoLoaÍA. Godo, gards: antiguo
alto alemán, karto,garto; alemán, Gar-
ten; irlandés, gort; italiano, giardino;
francés y proveazal/^'íírim; burgui-
ñón, jaiin; Berry, jardrin; catalán,
jardí; portugués, yorrfíj».
1. Littré conceptúa que esta raíz
germánica está en relación con el grie-
go ^óptoí (ch'Srtos), corral Ó cortijo ce-
rrado con bardas para criar aves;latín,
chorSf ehortis y cors, coríis; bajo latín,
cwtiií antiguo eslavo, grad; ruso, go-
rad.
2. Otro etimologista, citado por
Monlau, pregunta: «^vendrán de jor-
Áden (JordinJ las voces Garden de los
alemanes y de los ingleses^ y^ertifíe
de los franceses y espaholesJ^»
3. Otros pretenden que la voz del
artículo se deriva del hebreo iahar,
que significa selva.
Jardincico. lio, to. Masculino di-
minutivo dejardín.
Jardinería. Femenino, El arte de
cultivar los jardines.
ETiiiOLoaÍA. Jardín: c&tsMn, Jardi-
nería, jaruinalge; francés, jardinage.
Jardinero, ra. Masculino y ^me-
nino. El que por oficio cuida y culti-
va algún jardín.
Etimología. Jardinería: francés,
jardinier; CRtAlia, jardiner; Berry, jar-
drinier; italiano, giardiniere.
Jardines colgados de Babilo-
nia. Historia, Estos pensiles han sido
considerados como una de las siete
maravillas del mundo. Estaban en
terrazas cortadas, sobre bóvedas de
ladrillo cocido, y se componían de
jardines de lujo, donde había gran-
des árboles y hermosas plantas, rega-
das por arroyos ó riachuelos ariífieia-
les. Los arcos estaban impregnados
JARI
de cierto iKtún, que haoíá en los tiem-
pos antiguos el oficio dé cal hidráuli-
ca, y descansaban en gruesos pilarei
de tierra, en los cuales, sin duda, es-
taban plantados los árboles grandes.
La construcción se elevaba al bordo
del Eufrates y presentaba nu cuadri-
látero de cuatro pleías (ó sean anos
124 metros) de fado,, compuesto d»
muy fuertes murallas; las. más altas
se elevaban i 60 piés (uáor26 metn»
del suelo). Se subía á estos jardines
Sor magníficas escaleras, y máqtiiiias
e Arquímedes servían para subir el
agua del Eufrates á los arpóyos. Se
atribuye su fundación á^mínHnia,i
Oiro,..6 i, Nabacodonosor; j se «üw
que este últiqió rey loi construyó páia
sü mujer eoñ'el botín prooede'ste'da
la conquista de Jadea. No ha .pitado
quien ha creído fabulosa la existencia
de estos jardines; pero examlnaado
Jos textos dé Q. CurcioVda Estrabón
y de Diodoro Sículbj por más que
esos textos no sean muy claros, se de-
duce que eran una obra colo3:il, 'inge-
niosamente concebida; pero de nio-
gúu modo imposible, ni de mi¿ em-
presa que la fabrica de las pirámides
de Egipto.. ,
. Jarainico, Uo. to. MasculTuo di-
minutivo de jardf n*
ETinÓLOaía. Jardín:, francés y cmU.-
lin,jardÍHet,
Jardinista. La persona eateodida
en jardines.
EnuoLpaík. Jardín: fnncés, jardi-
nis c.
Jardinomaniá. Femeniao. Blaofa
por los jardines.
Jardin6mano, na. Masculinoy fe-
menino; Bl maniático por los jardines.
Jareta. Femeniao. Costura que se
hace en la ropa, doblando la orilla ^
cosiéndola por un lado, de suerte que
quede un hueco para meter por él una
cinta ó cordón, a fin de encoger.ó^n-
sanchar la vestidura cuando se ata al
cuerpo. I Marina. La red hecha de
madera ó de cabos, debajo de la cual
se pone la gente á pelear para estar
con mái resguardo y seguridad. La
que está hecha de madera se llama
también ajedrez. \ dblajabciá. Ua-
rina. Las vueltas que forma un cabi
de los obenques de una banda á lus
de la otra, para sujetar las jarcias ;
detener las socalladas de los palos
cuando hay balances.
ETiicoLoaÍA. Arabe chariía, cuerda;
y, figuradamente, cordón.
Sentido eíimoldgico.^l. Lajflrt/s no
se llamó así, aludiendo á la coatura,
sino al cordón ó cicuta que se pasa.
2. El árabe ekarita quiera decir:
«cuerda de nave,» en Pedro de Alca-
lá; «cuerda,» en Ibn-Djobair y en el
Cartíis, (Enobluann, Dozy.)
Jaretera. Femenino. Jabbbtbsa-
Jaretón. Masculino. Alfosia.
BTuioLoaÍA. Jareta.
Jarii'e. Masculino, Jbbifb.
Jariío, fa. Adjetivo. Bof»*"."'
vistoso, bien compuesto ó adorusuo.
Etimolooía. Arabe cAarif, noWe.
excelente: antiguo, xari/o, xartfa-
Jariloca. Masculino. Tabli'aoe
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JABH
úiéfioi di» pulgada? de larga j me-
dia de «ncho, coa an diente en cada
Qba de sus extremidades y que sirve
deplantilla.
JaríUo. UaseulioA Planta. Barba
A>¿M ó DE AbÓN.
BtiuOLOOÍA. Jara.
' Jarnota. Femenino. Patata.
Jaro, ra. A.djetÍTo que se aplica á
loi pneteos que tiran á rojos ó cárde-
núa. ' *
Jarocho, cha. Uaseumo j feme-
nino americano. CAkraswo. Aplícase
también á los mulatos 7 ¿ todos los
d« ráz* africana.
Jaromazo. Mascalino. Entre pas-
tores, la herida hecha con jara ú otra
madera y la cansada por alguna caída.
Jarciar. Activo. Dar á alguno mu-
chos jaropes ó medicinas de ootica. |
Uetifora. Disponer j dar en forma de
jarope algún otro licor qae no sea de
botica.
Jarope. Masculino. Bebida ó con-
fección líquida que se da á los enfer-
mos, CUTO principal iop^redíente es
azúcar clarificado. Q Metáfora. El tra-
m amargo 6 bebida desabrida y fasti-
liosa que se da & alguno.
BriMOLoaÍA. Jarais.
Jaropear. Activo. Jaropar.
BmiOLoofA. Frecuentativo áa jaro-
par. Klaien jarwa, da muchos jaropes:
({aien jaropea, da muchos jaropes fre-
cuentemente.
Jaropeo. Masculino. £1 uso exce-
sivo y frecuente de jaropes.
Jarra. Femenino. Vasija de barro
fino con vientre, cuello y asa. | Orden
antigua de caballería en el reino de
Ara^n^ que tenía por insignia, en un
collar de oro, una jarra con azucenas.
I DX JARRAS ó BN JARRA Ó BN JARRAS.
nado adverbial para explicar la pos-
tura del cuerpo, que se hace encor-
vando los brazos y poniendo las ma-
nos en la eintura.
Btiholoqía. Árabe djarra (^|^);
portugués ,yarr«, tatra; francés, i'arr«;
italiano, ytara, parro; en el Arcnípié*
lago, iarros.
Jarra^n. Masculino anticuado.
El paraje 6 sitio en que había huertas
ó huertos para recreación.
Jarrar. Activo. Jaharrar.
Jarrazo. Masculino aumentativo
de jarra y jarro. | Qolpe dado con
jarra 6 jarro.
Jarrear. Neutro familiar. Sacar
frecuentemente agua «5 vino con el
jarro. \ Metáfora familiar. Beber mu-
cho, aer dado á la bebida, como cuan-
dosedice: cFttlaaojASRBA;» cjaestan
lARBBANDO.»
Jarrar, ra. Masculino y famenino
anticuado. Tabernero.
Btimología. Jarro.
Jarrero. Masculino. El que hace 6
vende jarros, y también el que cuida
<iel agua 6 vino que se pone en ellos.
Jarreta. Feraeniño diminutivo de
jarra;
Jarretar. Activo anticuado. Dbs-
JARRETAB. f Metáfora. Enervar, debi-
litar, quitar las fuenai 6 el ánimo.
Se usa también eomo recíproco.
Jarr
Jarrete. Masculino. En los cüa-
drúpedos, la parte posterior de la ai^
ticulacíón de la rodilla (que en el
hombre se llama corva), compuesta
por la tibia, los huesos tarsianos y los
metatarsianos.
ETiHOLoafA. Bajo bretón íar, garr^
pierna: galo, gar; francés del siglo xii,
garez, plural; siglo xiii, gare, gairCy
jarez; siglo xvi, jarréis en Pareo, que
es la forma moderna; italiano, yar¿(<o;
normando, ^arret; picardo,^tt^f,ya-
rei; gínebnno, jatrre: jarre de veau,
jarrete de ternera.
1. Las antiguas formas francesas
vienen á demostrarnos que la deriva-
ción se hizo del céltico yar, pierna.
2. Eltextofrancésdelsíglo XII dice
así: il Irenchad les oarbz des chevals ki
traistrent les chars; «cortó los jarretes
de loa caballos que tiraron de los ca-
rros.» (Rois, página 1i7.)
3. La etimología que deriva jabbb-
TB di jarra, por semejanza de forma,
es absurda de todo punto.
Jarretera. Femenino. Liga con su
hebilla, con que se ata la media 6 el
calzón jf>or el jarrete. | Orden militar
instituida en Inglaterra, llamada así
por la insignia que se afiadió á la or-
den de San Jorge, que fué ana liga.
ETiuOLoafA. Jarrete: francés, ^arf*-
tiire; burguiñ"ón,y«í«>í; BeTTy,jarr&'
íier; picardo, garíier; inglés, garter.
Reseña histórica. — 1. Orden de la
Jarbbtrba. La instituvó Eduardo III
en 1349.
2. La ocasión fué la siguiente: ha-
llándose en un baile la hermosa con-
desa de Salisburj, dama del rejr, se
le eajó una liga, que 0I rev cogió del
suelo, exclainando: «Baldonado sea
' quien piense mal de esta aventura;»
I esto es, «mal hajra quien mal piense
de esto;» (honni $oit qiU mal g pense),
3. La orden de la Jarretera se lla-
ma también de San Jorge, aludiendo
á que lleva ia imagen del santo encla-
vada en un círculo de oro guarnecido
de diamantes y atada á un cordón
azul. Este cordón se corre por el lado
izquierdo de la espalda j va á caer en
el lado derecho de la cadera, presen-
tando la forma de escarpa.
4. Lo expuesto está conforme con
los siguientes datos: «Eduardo III,
rejr de Infflatarra, instituyó esta or-
den de caballería, en 1340, con moti-
vo de la victoria deCrecy, donde ha-
bía dado como palabra de orden gaster
(jarretiere). Según otra tradición, y es
la más propagada, en 1349, la conde-
sa do salisburj, & quien Eduardo
amaba apasionadamente, perdió en
un baile una liga, que el rev princi-
ftió á buscar. Su acción excitó la hi-
aridad de los cortesanos. Honni soit
qui mal y pense: «¡aj de aquel que
f líense inall>dijoel rejr; «tal vezaque*
tos que se ríen, se crean un día muy
honrados con llevar una semejante;»
y poco tiempo después fundó esta or-
den de caballería, orden que tiene por
jefe al soberano de Inglaterra y que
no puede contar más de 26 miembros,
comprendido el rey ó la reina. Entre
otras insignias, los caballeros llevan
Jasi
235
una liga blanca en la pierna izquier-
da; y la reina, en el brazo. La divisai
es la misma: Honni soií guí mal g pen-
se, que hemos citado,
Jarretiera. Femenino anticuado.
Jarrbtbha, en la segunda acepción.
Jarretillo. Masculino diminutivo
de jarrete.
Jarrico, lio, to. Mascalino dimi-
nutivo de jarro.
Jarro. Masculino. Vasija de barro
ó de algún metal & manera de jarra
con un asa lola. Q Familiar. Provin-
cial A.ragón. El que grita mucho ha-
blando sin propósito, principalmente
si es mujer. {] db aoua. La porción de
ella que se saca de la acequia por es-
pacio de medio cuarto de hora. j¡
Echarle á uno un jarro db aoua.
Frase familiar y metafórica. Dejar á:
uno suspenso ó cortado en la disputa
6 enojo con alguna expresión burles-
ca ó insulsa.
Etimoloqü. Jarra: catalán, gerro,
jarro.
Jarrón. Masculino aumentativo de
^arro. iArgniteclnra. Adorno seme-
jante al jarro, que se suele poner en
los rematea de las fábricas, especial-
mente en las portadas.
Jarrnmbo. Mascalino. Gf«rm»nia.
El harxbro.
Jarseta. Femenino. Especie de
garza real.
Etimolooía. Fr&ncésjarsettet simé-
trico de garzeiíe, garceta, ave.
Jarsia. Masculino. OenuaUa. La
justicia.
Jart. Masculino. Mamífero de piel
bellísima, de la Laponía.
Jarnparicurabn. Masculino. Fru-
to del Brasil.
Etimología. Vocablo brasileño: fnn-
céa, jampariatrabu. (Landais.)
Jasa. Femenino anticuado. Saja-
duba.
Jasador. Masculino anticuado. Sa-
jador 6 SANORADOR. | Anticuado. Ins<
trumento para sajar.
Etiicología. Jota.
Jasadorcillo. Masculino anticua-
do, diminutivo de jasador.
Jasadura. Femenino anticuado.
Sajadura.
EtiholoqU. Jasa.
Jasar. Activo anticuado. Sajab.
Etimología. Jasa.
Jasia. Femenino. lo, hija de Ina-
co, rey de Argos. (Virgilio.)
EriMOLoaÍA. Jasio: latín, Jasía.
Jasio. Masculino. Tiempos heroi-
cos. Rey de Argos, padre de Atalan-
ta. (Ovidio.) Q Otro, r^ de Samotra-
cia, hijo de Júpiter y Electra,
ÉTivoLOofA. Latín JSsiut.
Jasión. Masculino. MitoU^la, Per*
sonaje fabuloso, nacido de Júpiter y
Electra, hija de Atlas, que llevó el
Palladium a Laocotracia, y se enamo-
ró de Ceres, de quien tuvo á Pluto.
Contribuyó mucho á que se extendie-
ra el culto de la diosa en Grecia y en
Sicilia.
Etimoloqía. Latín JMon, (Ovidio.)
Jasis. Femenino. Timpu kerokM,
Atalanta, hija de Jasio.
Etimolooía. Latín /liíf.
.Digitized by Google
á36 JASP
JAÜL
JA.VÓ
Jasón. Masculino. Mitología. Hijo
de Esón, rej de Tesalia, 7 de Alci-
meda, jefe de los argonautas. Casó
eon Medea, hija de Etas^ vty de Gol-
eos* ^ quien abandonó después.
Etiuoloiía.. Latín J&to». (Ovidio.)
Satüa. — Hi^o de Elsón, rej de lol-
cofl, en Tesilu, jr de Aicimede, que
fué confiado desde niño ftl centauro
QuinSn j despojado de U herencia pa*
terna por Palio. A la edad de 20 años
trattf de que Pello le Testitu/ese lo
usurpado; pero éste, deseando alejar-
le» le aconsejó que fuese á la Cólqui-
dft ¿ conquistar el vellocino de oro.
Reunió, en efecto, algunos jefes eolios
y fué jefe de la expedición de los ar-
f onautas. En la Cólquída robó á Me-
ea, con quien casó. La muerte de Pe-
lio no le restítujó el trono de lolcos.
Arrojado por Acasto, se retiró á Co-
rinto» donde repudió á Medea para
casarse con Creusa ó Glauca, hija del
rej Creón. Medea se vengó haciendo
morir á Creusa, Sísifo y los dos hijos
que había tenido de Jasón, quien mu-
rió miserable, según unos, después de
vivir errante j sin asilo; j según
otros, después de recobrar el poder en
lolcos, donde reinó paeÍ6cftmente.
Jaspacato. Jaspaoato. La forma
jaspacalOy que aparece en algunos Dic-
cionaríof, es bárbara.
Jaapagato. Masculino. Piedra pre*
ciosa, compuesta de jaspe verde y
ágata.
EriuoLoafA. Francés ^¡¡págate.
(LiTTBÉ.)
Jaspe. Masculino. Piedra dura,
que forma una de las especies de la
sílice / es susceptible de hermoso pu-
limento. Sus colores son el rojo, el
pardo y el verde, más 6 menos oscu-
ros, á veces con pintas. También hajr
lAsra listado. En el oso vulgar se en-
tienden con el nombre de jAsra pie-
dras dé otra naturaleza y más blan-
daS( como las serpentinas y algunos
mármoles.
Etimología. Griego Xtiinvi (íaspit):
latín técnico, jatpis, idis; italiano,
iaspide; francés y catalán, yaj^«; pro-
venzal,y«pi.
Jaspeado, da. Adjetivo. Lo que
está manchado y salpicado de pintas.
ETUfOLOarA. Jaspear; catalán, jas-
peaty da; jaspejaí, da; francés, jaspe.
Jaspeador, ra. Masculino y feme-
nino. Él que jaspes.
Jaspeadura. Femenino. Acto y
efecto de jaspear.
Jaspear. Activo. Pintar imitando
los colores del jaspe.
Etiuolooía. JaMp»! francés, ja$per;
&ita\iat jaspear ijaipejar; francés, /ai
per.
Jaspeo. Masculino. Acto 6 efecto
de Jaspear,
Etiuolooía. Joipeari francés, jat-
pure.
Jáspico, ca. Adjetivo. Que es de
jaspe.
ExiuoLoafA. Jas^e: fnncés^jatvi^te.
Jaapoide. Adjetivo. Parecido al
jaspe.
ÉTiuoLoafA. Jatpey^} griego Odot,
forma: ftuncés, jaipcide.
jastial. Masculino. Lieazn de pa-
red. II Metáfora. Hombrón rústico j
grosero.
Btiuolooía. Sasiión. Jastial re-
presenta bastiaL
Jataboca. Masculino. Especie de
bambú muy largo.
Jateo, tea. Adjetivo. Manteria. Se
aplica al perrillo que persigas á las
zorras,
Jati. Masculino. Especie de faqair.
Jatibés. Jativés.
ETiuoLoaiA. La foirok jatibéi, que
trae la Academia, no.es correcta, pues-
to que nuestro Jiiiva viene del árabe
Xátiva.
JitÍTa 6 Xitiva (pronunciada la
X como ch). Ciudad del antiguo reino
de Valencia, á la cual dieron los feni-
cios el nombre de Seíab't por alusión
á las ricas telas de lino que desde
mujr antiguo se fabricaban en ella.
Samuel Bochart supone dicho nom-
bre compuesto de las voces fenicias
seti iuít, tela 6 teüdo de lana (Puig-
blanch cree errada esta etimología).
Corrompieron este nombre los grie-
gos, llamándola: Estrabón, Setahit;y
rtolomeo , Saitahi»; á su imitación la
llamaron S9lahi$ los romanos y los go-
dos; estropeáronla á su manera los
árabes , con virtiéndolo en Xátiva
(Chátiva), y últimamente, nosotros
hemos acabado de desfigurarlo di-
ciendo y escribiendo Jítiva.
Jativense. Sustantivo y adjetivo.
Jativés.
Jativés, sa. Adjetivo. Lo pertene-
ciente á Játiva y el natural de esta
ciudad. Se usa también como sustan-
tivo.
Jato, ta. Masculino y femenino.
BacEsao.
JatroÜBito. Masculino. QkÍimíoi.
Combinación del ácido iotrófieo con
una base.
EriuoLoofa. Jatrpfo: ümioóa,jatr<h
pkate.
Jatr¿fico. Adjetivo masculino.
Química. Epíteto de un ácido sacado
de la simiente del jatrofo.
Jatrofo. Masculino. Botánica.
Planta de la familia de las euforbiá-
ceas.
ETiHOLOofA, Latín técnico, jatbo-
PHA m%itifide y jatkopha <mrcat <Lb-
ooarant): francés, jefro^Ae.
Jando, da. Provincial Rioja. El
manjar eon poca sal ó ninguna.
Jaigaó Janxa. Femenino, Qeogra-
/íe. Ciudad del Perú, á 175 kilómetros
Este de Lio», 115 Norte de Huanea-
bélica, sobre el río de su nombre, con
10.000 habitantes. Tal vez las riquezas
que traían de ells los indianos, como
antes se llamaba i los que venían de
Indias, dió origen á U proverbial rí-
3ueza que se atribule á dicha ciu-
ad. B ESTAB ó VIVIR BM LA CIUDAD DB
Jauja. Frase familiar. Vivir perfecta-
mente sin necesidad de acudir al tra-
bajo, ponderando as( la abundancia
de aquella población.
Jaula. Femenino. Caja formada de
mimbres ó alambres para encerrar pá*
jaros, n Encierro formado con enre- 1
jados de hierro 6 de madera, como 1
los que se hacen para' asegurar los
locos y las fieras. Q AroanaABsa tu la
JAULA. Frase metafériea y familiar.
Afanarse y fatigarse en vano por sa-
lir con su intento,
Etiuolgoía. Burguiñéo eatge:wt-
lón, chaive; provensal moderno, yMÍ;
francés, ay«; ittluMO, oaiÜa, wgia:
veneciano, ^6ia¡ del latín cM, de
eiPUSf vacío, hueco.
Jaulica, lia, ta. Femenino dioii-
nutivo de jaula. | Jauulla. Antieaa-
do. Adorno pata la cabeza hecho á
manera de red.
Jaulón. Masculino anmaatatiro de
jaula.
Janrado, da. Adjetivo antíeaado.
Xaurado.
Jiuregui (Gaspab). Guerrillero
espaüol. que naei-i en 17'»1 y murió
en 1844. Fué llamado el Pastor do-
rante la guerra de la Independenda.
Sorque ejercía aquella profesión cuan-
o tomó las armas y levantó una par-
tida, que causó grandes pérdidas á
los franceses. A la vuelta da Feman-
do VII foÁ nombrado brigadier, v
en 1820 se pronuncié en favor de la
causa constitacional, paleando ¿ las
órdenes de Torrijos contra el ejército
invasor en 1823. Emigró á Ingistern
cuando se estableció el absolutisiBo;
volvió á España después de la muerte
de Fernando VII, fué jefe político de
Cádiz é hizo la guerra de los siete
años, distinguiéndose por su aetivi-
dad y su valor.
Jábregoi y AguUar (Joan). Poe-
ta 7 pintor español, que nació pw los
años de 1570 y murió en 1650. Fué
caballero de la orden de Calatrava y
caballerizo de la reina Isabel de Bor^
bón, esposa de Felipe IV. Pasó á
Roma, donde cobró afición á las be-
llas artes y aprendi>i la pintura, lle-
gando i ser un artista aventajado.
' Uurante su permaneneia en la capi-
tal del orbs católico, publicó ana tra-
daccíón de la Amimta del Tasso. Los
demás escritos que dejÓ son: BaUtllt
naval de los dt César contra los gri*Jff
de Marsella; Bl Arte de lapiiUura; Dis-
curso poético contra *l kabíar culto y os-
<mro tn prosa; Sí Orfee, poema heroi-
co; y Bi Retraído, comedia. Gomo
pintor, dejó una Venus salinda del
laüo, y un Narciso,
JamrU. Femenino. El agregado de
perros que cazan juntos y componen
una cuadrilla.
Jauto, t^. Adjetivo. Provincial
Aragón. Insípido y sin ^al.
GTiMOLoaf A. Jaudo, El jando de la
Rima es el jauto de Araron.
Java. Femenino, Creografia, W«
famosa de la India.
Etimoldoía. Latín /aM.
Javarí. Masculino. Especie de ja-
balí americano.
Etimología. Jabali: francés, ja-
varis.
Javaro. Masculino. Javabi.
Javo, va ó Javanés, aa. Adjetivo.
El natqral de la isla de Java y lo per-
tetiaciente á ella.
I Javonaro. Masculino. Especie i«
[jaguar.
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JGA
Jiixo. Utseulíno. Sttprttmo pontf-
6(6 del Japón.
Jayán, na. Masculino j femenino.
La persona de grande estatura, ro-
buBtar de machas faenas. | Oerma-
El rufián á quien todos respetan.
EnuoLOofi.. JatjÍn es la toz ingl»-
n/Mfl/, gigante, escrita en castella-
no como se pronuncia en inglés; en
lo cual se ve prácticamente el anti-
guo sonido dental da la^ castellana,
eomoeorrespondiente al que dan los
ingleses i la y del citado nombre,
qae es dental 6 francés, no gutu-
ral.— ^Bs Tox que entraría por alto en
Bapafla (dice PuigbUncfa) en algún
balote de libros de caballería.— De
MutU hace venir también Goyarru-
Dias la TOz jayán,
Jayanazo, za. Btasealíno aumen-
tativo de jaján.
Jazmrino, na. Adjetivo anticuado.
K natural de Argel j lo pertenecien-
te á esta ciudad.
ETiHOLOofa. Arabe al-djatííir^ la
mdad de Argel.
Jazilia. Femenino. La seQal 6 ras-
tro que deja alguna cosa sobre la tie-
rra en que ha estado poralgún tiempo.
Jazmelea. Femenino. Especie de
aceite balsámico mineral.
B-rmoLOGÍA. Francés j«n«í^4r, aeei*
taoae se extrae de las flores de la
violeta blanca. (Landais.)
Jumin. Ibsculino. Botánica. Ar-
bostoqoo se cultiva en los jardines,
j echa machos tallos verdes, vestidos
de hojas encontradas, ^ compuestas
de hojuelas que se crian por pares
con una ma^or en el extremo. Sus
flores, que se conocen con el mismo
nombre, son blancas y de olor suave y
agradable. Q riíal. Especie de jazmín
qae algunos llaman jkzuís db Espa-
ña por criarse se ü alada mente en Ca-
taluña, Valencia y Uurcia. Sus tallos
son derechos; las hojas, aladas ó com-
puestas de machos pares de hojuelas,
rematan en tres reunidas hasta cierto
tteeho por sus bases, j las flores, á
las cuales se da el mismo nombre,
colorean algo por fuera t son blancas
por dentro; majrores, mas hermosas y
macho más olorosas que las del jaz-
HiV común.
BmiOLOofA. Persa y árabe yüsemin
(iaK^^W)* l^tín técnico, yMmittiNM,
jmemninm^ gelseminium, yelaemium;
portu{^ués y inncés,jasmin; italiano,
jekowrino; catalán, gessami, jasmí.
Forma. — El cambio de la y inicial
tnj espafiola es normal, como se ve
tajüeeo, átyelekf ó tnjueejia, dey»-
Jazmíneo, nea. Adjetivo. Sotáni"
ei. -De la naturaleza del jazmín.
ErmoLoofA. Jazmín: fnneés, jas-
mnée. , familia de plantas, en el sis-
teoiade Jassíeu.
Jazminoide. Adjetivo. Jazmíneo.
Jaz/gos. Masculino plural. Geo-
fnfía antigua. Los jazyoos; pueblos
üe la Sarmacia. (Tácito.)
EniiOLoafA. Latín ya^_^M.
Je*. Femenino. Tributo que se pa-
gaba-antiguamente por la entrada de
JEPT
los géneros de tierra de moros i Cas-
tilla T Andalucía.
Jeoba. Femenino. Geoorafia anti-
gua. Ciudad de Fenicia. (Plinio.)
Btimolooía. Latín Jehha.
Jebe. Masculino. Alumbre.
Jebús. Masculino. Historia Sagra
da. Antiguo nombre de Jerusalén.
EriuoLOofA. Latín GehM, hijo de
Canaán, que la fundó. (San 1sidoro.)|
Reseña. — Se habla de Jebús en el li-
bro de Josué (capitulo XV, versícu-
lo 8.'): en el da los Juecet {XVI, iO)
y en los ParalipÓinenos ( XI, 4).
Jebuseos. Masculino plaraL fíis^
loria Sagrada, Los naturales de la an
tigua Jebús. ,
EnuoLoofA. Jehét.
Reseña. — Los jbbusbos no pudie-
ron ser subyugados por Israel. (Jue-
ces, 1, 21.) Lo fueron al cabo por Da-
vid. (Segundo libro de ios Rfges, V, 7.)
Jecuiba. Masculino. Botánica. Ar-
bol del Brasil, cuja madera rojiza se
emplea en varias obras.
ETiHOLoaf A. Vocablo hasileño.
Jeda^iam Happenini Bedraschi
ó Rabi Jedahia. Poeta y teólogo ju-
dío, que nació en Barcelona por los
años de 1250. Era tan versado en el
conocimiento de la ley mosaica, que
sus correligionarios le eligieron por
su orador. Sus obras más notables
son: Bachinat Ol m (apreciación é exa-
men del mundo); Baquetka (oración),
poema, y Losha Zahaw (lengua de
oro), comentario de los salmos.
Jeera ó Jera. Femenino. La tierra
que dejaron en seco los esteros.
Jefatura ó Jefatura política. Fe-
menino. La dignidad ó cargo de jefe
superior político de una provincia. Q
Hoy se llama Gobierno ctvil. Edificio
en que están las oficinas de dicho
jefe.
Jefe, fa. Masculino y femenino.
El .superior ó cabeza de algún cuerpo
ú oficio. II Masculino. Blasón, El es-
cudo pequeño que carga sobre el gran-
de 6 principal. \ db du. üftVicta. Cual-
quiera de los que turnan por días en
el servicio de vigilancia. | db bscua-
DRA. En la marina, el ^rado 6 clase
que equivale á la de mariscal de cam-
po en el ejército. ¡| político. El que
tiene el mando superior de una pro-
vincia en la parte gubernativa, ó sea
el gobernador civil. |] Mandar en
JB?B. Frase. Milicia. Mandar como
cabeza principal.
EtimoloqU. Francés ckef: Berry,
ehé; ^rovenzal y catalán, cap; walón,
chif; Italiano, capo; del latín caput,
cabeza, principio.
Jefta. Femenino. Historia Sagra-
da, Ciudad de la tribu de Jada. (Bi-
blia.)
Etimolooía. Latín Jephta.
Jefti. Noveno juez de Israel, que
murió en 1182 antes de Jesucristo.
Era hijo de una prostituta, y los hijos
legítimos de su padre le arrojaron de
su compañía. Entonces se unió á unos
aventureros y sus hazañas fueron ta-
les, que sus compatriotas le llamaron
para que les anudara en la guerra
contra los amonitas, á lo cual no la
JEIT
237
firettd tino con la eondieidn de que
e nombraran sa jefe. En el momeuto
de salir á campaña, para implorar el
favor de Dios, hizo voto de ofrecerle
en holocausto al primero de su casa
que saliera á su encuentro á su vuel-
ta. Su hija única fué la que salió, y
4 quien hubo que sacrificar; aunq^ue
no se dice con seguridad si la quitó
la vida, 6 sólo la condenó á una
virginidad perpetua, como permiten
creer los textos sagrados, oscuros en
este punto. Hizo después la guerra á
los eiraimitas, celosos de sus triunfos,
y los venció haciendo en ellos una
gran matanza. La Escritura Sagrada
refiere que, después de ponerlos en
fuga, los hizo esperar en un desfila-
dero y i medida que llegaban les ha-
cía pronunciar la palabra tibbelet; loa
que decían tchihmet eran reeonoeidos
por efraimitas y sacrificados, pere-
ciendo así 40.000. (Biblia.
ETiHOLOofa. Latín Jepktke y
Jephte.
Segar. Neutro anticuado. Llboar.
Jenová. Jbhovau. La forma Jbho-
vX, que trae la Academia, no es la
etimológica. Propiamente hablando,
semejante vocablo no existe.
Jenorah. Masculino. Nombre de
Dios en la lengua hebrea.
EmoLOofA. Hebreo ttjh^ (leho-
vakj.
ÉettMa. — Nombre ineftible de Dios
entre los hebreos. Compuesto de cua-
tro vocales de la lengua de Israel, es
también una combinación de las le-
tras del verbo katak (ha sido eterna-
mente), esto es, el ^ue ka sido, et y
ttrá. Este nombre misterioso y aidora-
ble fué revelado á Moisés por Aqdbi.
que diÓ al hombre la maravillosa fa-
cultad de aplicar un signo sensible á
cada objeto ideal, de signiJícarjeomM'
nicar á sus semejantes hasta las ideas
más abstractas. (Mon*lau.)
Jehú. Rey de Israel, hijo de Josa-
fot, que murió en 816 antes de Jesu-
cristo. Era oficial del ejército de Jo-
ram cuando fué ungido, por un pro-
feta ^ue envió Elíseo, j al consagrar-
le le impuso el precepto de exturminai'
toda la raza de Acab, que favorecín
el culto de Baal y perseguía á los
adoradores del verdadero Dios, y en
particular á los profetas. Jbhú cum-
plió el precepto; mató á Joram j
Ocozfas, hizo precipitar á Jezabel por
una ventana de su palacio j pasar á
cuchillo á setenta hijos de Acab, que
quedaban en Samaría, á los hermanos
de Ocozías y á todos los adoradores de
Baal, cuyo culto desapareció del seno
de Israel. (Biblia.)
JeidoTesia. Masculino. Nombre
dado en Turquía á una raza de came-
llos de corta altura.
Jeito. Masculina Especie de red
sardinera.
HTiuoLOOfA. Jitar: provenzal, geí:
Berrj[, gitte; normando, jet; francés
del siglo XII, giest, gez fplural); mo-
derno, j(t; italiano, getto; del latín
jactus, participio pasivo de jaetre,
echar, esparcir.
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m JENt
JENO
JENO
J^. Femenino. En nuestras pro*
TÍncifts de Leyente, el trigo can deal.
Jején. Maiéulino. Uosquito común
en toda la América. Ei muy pequeño
j tan incómodo por su picadura, como
por el ruido que hace. Q Americano.
BaouA de los buquet.
Jek. Masculino. Serpiente acu&tica
del Brasil.
Jelfe. Mtsculino. El esclaro negro.
Jeliz. Ubliz. La forma jelit, que
trae la Academia, no es etimológica.
Jelosia. Femenino antictuido. Cr-
LOSÍA.
Jema. Femenino. La parte de ana
viga ó madero que queda con corteza
por estar mal escuadrado.
Jeme. Gbmb. La forma y<M«, ^ue
tiu la Academia, no es etimológica.
Jemoso, sa. Adjetivo. Se aplica i
la viga 6 madero que tiene alguna
jema.
Jenabe. Masenlino. Mostaza,.
BTiHOLoaÍA, Griego vívant (tínapi):
árabe, tinab; antiguo xenabe, xanablty
axenablr, en el Libro it la ¿ÍMleria
(folio S6).
Jenable. Masculino. Mostaza..
ETiuoLoaÍA. Genabe.
Jenero, ra. Adjetivo anticuado.
Perteneciente al mes de Enero. | Mas*
culino anticuado. Ensko.
Jen^brante. Masculino anticua-
do. Cierta confitura que se hacía de
jengibre.
Jengibre. Masculino. Raíz medi-
(■¡□nl de una hierba del mismo nom-
bre que se cría en las Indias. Es del
grueso del dedo pequeQo, un poco
aplastada, nudosa, cenicienta por de-
fuera y blanca amarilleata por aden-
tro: su olor es aromático agradable, j
de sabor acre j picante, como el de la
pimienta.
EriuoLoaÍA. Sánscrito ¿rin^avera;
de fringa, cuerno, j vera, semejante,
semejante al cuerno, aludiendo á la
forma de la raíz: persa, chankovér;
árabe, zanjabil; griego, C'níSipt
giberij¡ latín, tii^i& rt; italiano, w»-
SfHfV, tfíuero, untovero; francés, yim-
^embre; ^toyemal, jengibre, gingibre,
aengiebre; portugués, gengibre; cata-
lán, gingibre, genaiirg,
Jengibrero. Masculino. El qne
vende g-engihre.
Jeniquén. Masculino. Especie de
cáflamo de Chile, de que hacen las
jarcias en el astillero de Guajaquil.
Jenízaro. Masculino. Soldado de
un cuerpo de tropas turco y privile-
giado. Q Malvado, despótico.
BnuOLQOfA. Turco yeni
naevo^ y ieheri (^^^)t soldado, mi-
licia: yeni-tckeri (v^tí^iJ^): tttn-
céa, janitsaire; catalán, y»í»(iro; ita-
liano, gianniuero.
Retiña AtsiJWoi.— Cuerpo de infan-
tería turca, instituido hacia 1350 por
el sultán Grikhan, para la guardia
del trono V defensa de las fronteras,
y reclutado entre jóvenes cristianos y
prisioner'^s de guerra. Fueron 6.000
•n itt origen / llegaron faasu 150.000,
habiendo 40.000 de ellos sólo en Cons-
tantinopla. Tenían majror paga y me-
jor comida que las demás toopas, de-
biendo notarse la curiosidad de que
sus grados se designaban por medio
de nombres de empleos culinarios.
As! era que el sultán se llamaba pri-
mer alimentador; el primer oñcial, pri-
mer distribuidor de la sopa; y se-
guían el primer cocinero, el primer
aguador, etc. Cada regimiento tenía
su homo de cocina, mientras que la
marmita, que servía para la distribu-
ción del rancho suministrado por el
sultán, era venerada; á su rededor se
celebraba consejo; el perderla consti-
tuía una especie de infamia, j en
tiempos de revueltas, se' solía romper
delante del palacio en señal de insu-
bordinación. Después da haber con-
tribuido a los triunfos de los otoma-
nos, se alzaron en armas contra el sul-
tán, y Mahomed II (1826) decretó su
disolución, haciéndolos asesinar en
Constantiüopla y en todas las provín-
cías. La matanza de los jenízaros es
acaso la más horrible que conoce la
historia, hasta el extremo de que el
Bosforo fué convertido en un inmen-
so campo santo.
Jenner | Eduardo). Célebre médico
inijflés, nacido en 1743 en Berkelej
(Glocester) y muerto en Cheltenham
en 1823. Estudio en Londres en las
cátedras de J. Hunter y practicó la
Medicina en su ciudad natal, dedicán-
dose con incansable asiduidad al es-^
tttdio de la historia natural. Allí fue
donde, «n 1776, tuvo ocasión de obser-
var que el compox ( varióle vaecine}, eií-
fermedad de las vacas, cuando se ino-
cula en el hombre, le preserva de la
viruela, pero no publicó su descubri-
miento hasta 1788. Desde entonces,
el empleo de la vacuna se introdujo
en la Medicina, y la humanidad debió
á Jbnnbb uno de los más eminentes
servicios. Muchas corporaciones cien-
tfñcas de Europa le inscribieron entre
sus miembros; en Inglaterra se acuñó
una medalla en su honor; el Parla-
mento decretó una recompensa de
20.000 libras esterlinas á favor .sujro,
V en 1826 se le erigió una estatua en
la catedral de, Glocester. Jbnnbr dejó
escrita una obra titulada: An inquiry
inio the caw« «arf e^ecls of the vario-
Im vaccina, que se imprimió por vez
primera en Londres en 1798,
Jeno, na. Adjetivo anticuado.
Lleno.
Jenocles. Poeta trágico ateniense,
que vivía en el siglo iv antes de Je-
sucristo. Fué contemporáneo de FilÍ-
po de Macedonia y dejó diferentes
obras, que se han perdido.
Jenócrates. Filósofo griego de
Calcedonia, que floreció en el siglo v
anus^e Jesucristo. Fué discípulo de
Platón, dirigió la Academia después
de Espeusipo j trató de conciliar la
doctrina de su maestro con el pitago-
rismo. Fué célebre también por sus
virtudes y su desinterés jr obtuvo de
los atenienses comisiones importan-
tes. Sus principales obras son: Tra-
tado del arU de reinar y Tratado
de la natwaléia, ambas perdidas hoj,
JenóCanes. Célebre filósofo y poe-
ta griego, jefe de la escuela eleática y
fundador del panteísmo. Nació en do-
lofón, en el Asia menor, por los a|os
de 617 antes de Jesucristo y murió de
edad mu^ avanzada en la ciudad de
Elea, donde ejercía la profesión de
rapsoda. La esencia de su sistema
consistía en reducir cuanto etiite á
una unidad absoluta, que identificaba
con el mismo Dios; agregó á su doctri-
na metafísica una doctrina física, que,
de la manera absurda, propia de aque-
llas edades, explicaba los fenómenos
según las apariencias que se ofrecían
á los sentidos. De sus obras silo se
conservan algunos incompletos frag-
mentos, que se consideran como pre-
ciosos para la historia de la filosofía.
Jenofonte. Ilustre historiador,
filósofa V general ateniense, qae.aa-
ció en Erquia, en el Atica, hacia el
año 445 antes de Jesucristo y murió
en 335. De su familia sólo se sabe
que su padre se llamaba Grjlus. A
la edad de 16 años era yu uno de los
discípulos más queridos de Sócrates
f' estaba dotado de una singular be-
leza, ventaja mixy estimada entre los
griegos, que no creían que el talento
DÍ las virtudes pudiesen tener asiento
en un cuerpo mal conformado, Sócra-
tes, según refiere Diógenes de Laer-
cio, le encontró un día en la pía»
pública, jr sorprendido de su hermosa
figura le atajó el paso con su bastón,
preguntándole: «¿Dónde compras las
cosas necesarias á la vida? — En el mer
cado, respondió el joven.— íY dJnde
puedes aprender á ser hombre hon-
rado?» Je.\o?ontb se quedó suspenso.
— Sígneme y lo aprenderás, le argu-
Íó Sócrates. — Desde aquel momento
BMOFONTB 80 uníó de tal modo á su
maestro, que á todas partes le acom-
pañaba. Tan cerca de éi se encontra-
ba en la batalla de Delium (424), que
Sócrates le salvó la vida. Algunos
años más tarde, en un encuentro cuj^o
nombre ha quedado desconocido, pa-
rece ser que ^uedÓ prisionero de ios
beocios, siguiendo entre ellos, según
el testimonio de Philostrato, las lec-
ciones de PrÓdico de Ceos. Entre esta
batalla y la marcha de Jbnofonti al
ejército de Ciro, veintítréi aflos des-
pués, haj una laguna no explicada
en su biografía. Se supone que sirvió
en alguna de las expediciones de la
guerra del Peloponeso, y que, á I"
pericia militar desplegada entonces,
se debieran el puesto que ocupó en h
retirada de lot Diet m^lj la confian-
za de sus compañeros. Debió asimis-
mo escribir algunas de sus obras du-
rante este periodo, el Banquete, por
ejemplo, cujra fecha puede fijarse en
el año 421 antes de Jesucristo. El íé^
tfn, que es el pretexto del diálogo
fué dado, en efecto, con motivo de la
victoria de Autoljcas en el Pancrs-
cio, victoria que, según Ateneo, tt
alcanzó en el cuarto año de la olim-
piada 89. Este escrito debe ser, pues,
sólo posterior en algunos afios al en-
cuenlro de Delium. A otro diáioj;o de
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JENO
JENO
JEQU 23»
^EMOPOWTfc, el ffitrif», s« tsig^nt It
fecha de 402. Bntre el BafiqMeU j el
Bitr^, debió seguir Is escuela de
elocuencia de Iiócrates, caja influen-
cia, bajo el panto de vista del estilo,
parece manifiesta á los ojos de la crí-
tica en la segunda de aquellas obras.
Pandado en este dato, se cree que
títíó de 405 ¿ 401 en la corte de Dio-
nisio el Antiguo, tirano de Sicilia. En
la misma época acabó t publicó la
Hiitoria de ta puerta del Peloponeso,
dil Tucídides, eujo manuscrito sólo él
poseía. En 401, Jbnoponts partió
par* el Asia, llamado á la corte de
Ciro el Joven, Sócrates, á quien había
connltado previamente, no había
querido ni retenerle ni obligarle &
abandonar la Grecia, aconsejándole
que se atuviera al oráculo de Delfos;
pero Jenofonte, ¿ quien aquel viaje
halagaba vivamente, en lugar de pre-
giiutar si haría bien Ó mal en em-
prenderle, ae limitó ¿ consultar qué
«icriGcio debería hacer para atraerse
el favor de los dioses. A su vuelta de
Delfos, saludó á su maestro j se em-
barcó. En Cerdeña encontró á Próxe-
nes, enviado antes ({ue él & la corte
de Ciro, fiste príncipe, que iba á em-
prender contra Artajeijes la lucha en
qae perdió la vida, no dijo nada i
JisOFOUTE ile sus piojrectos; Clearco
eñ el único de los griegos que estt-
b* en el secreto de U expulición, j
ftij el que hizo partícipe de él i Jeno-
fonte. Después que la lucha contra
Artajerjes se desenlazó con la victo-
ria de Cunaxa j con la muerte de
Ciro, la. situación de los griegos que
éste tenía i sueldo se hizo por extre-
mo crítica; situación que se agravó
canudo Clearco y otros veinticuatro
jefes del ejército, calendo en un lazo
tendido por Tisapherno, fueron asesi-
nados. Én earte momento es donde
comienu «1 verdadero papel de Jbno-
roNTB. Cuando todo parecía perdido,
cuando los griegos, distantes más de
seiscientas leguas de su paísj en una
tierra desconocida j hostil, privados
de los jefes en que tenían puesta su
confianza, estaban próximos á des-
bandarse para buscar individualmen-
te sa saWaci 'n, Jenofonte reanimó
el valor de los soldados, demostró c^ue
nn ejército de 10.000 hombres, bien
armados j disciplinados, podía mu-
cho; reuniendo á los principales
capitanes, logró que adoptasen sus
ideas. Conseguido esto, fué elegido
con- otros cuatro para ejercer el man-
do, y aunque colocado en último tér-
mino por ser el más joven de ellos, fué
en realidad el alma de acjuella sorpren-
dente retirada de lot Diex mil, que ha
'inmortalizado al historiarla. Jeno-
fonte no abandon ') el ejército que ha-
bía salvado basta después de haberle
entregado en manos de Tjrmbrón, á
las óraenes del cual los mercenarios
griegos Volvieron al Asia á hncer la
guerra contra Pharnabaza y Tisapher-
no i sueldo de Esparta (399). En el
momento en que Jbnofüntb entraba
en Atenks, Sócrates era condenado á !
muerte. Puede suponerse que en esta |
épooa faé eaando escribió los Dichot
mmorahlet, la Apología de S<ícratett la
ScOKomía y la Hipparquia, Como apo-
logista de Sócrates, tenía por rival á
Platón; pero hay motivo para suponer
que existiera poca simpatía entre am-
bos, pues mientras que Platón no
nombra siquiera i Jenofonte, éste
sólo le menciona una vez, y á pro-
pósito de un hecho insignifii-aute.
Estos trabajos ocuparon á Jenofonte
durante el intervalo que separa su
vuelta de Asia, con los Diez mil, de
su marcha al mismo país á las órde-
nes de Agesilao. Su unión al ejército
expedieionario del rejr de Esparta se
debió á un decreto de destierro pro-
nunciado contra él á causa de su mco-
HÜmo; esto es, de su adhesión á la La-
cedemonia. Sólo por un error pudo
Pausaoias retrogradarla fecha de este
decreto á la épsca en que Jenofonte
partió con el ejército de Ciro, sin ver
que él mismo nos muestra que, á su
vuelta de la retirada de lot Diet mil,
todavía no había sido desterrado.
Acompañó, pues, i Agesilao al Asia,
volvió con este príncipe cuando la
coalición, excitada por los medos con-
tra Lacedemonia, obligó á la repú-
blica á poner sobre las armas á su
dército, y se halló al lado del rey de
Esparta en la batalla de Goronea.
A los atenienses, aliados de los teba-
nos en aquella guerra, les costó no
Soco trabajo perdonar i sus conciuda-
anos el haber peleado contra ellos; y
sólo al cabo de veintisiete años se
decidieron á derogar el decreta de
destierro. Jenofonte pasó todo aquel
largo período en Esparta. Se había
casado á la vuelta de su primera ex-
pedición al Asia y tenia dos hijos, á
quienes se llamaba los Dioscuros, no
sabemos si porque eran gemelos ó por
su agilidad en la equitación 7 en los
juegos circenses. Parece ser que pose-
yó en Scillonte, entre Esparta y Olim-
pia, considerables dominios, que le
habían sido donados por Esparta, lle-
gando á decir Pausanias que se le ha-
bía hecho el presente ds la ciudad de
Scillonte, colonia de Lacedemonia, lo
que es imposible, pudiendo admitirse
sólo que los lacedemonios le hubieran
conferido su gobierno. Sin embarg^o,
Jenofonte no habla de nada parecido
á esto, por más que se detenga con
complacencia en describir en el Ana-
batio. su estancia en Scillonte. En
aquel hermoso retiro es doude escri-
bió el Analasio (retirada de los Diez
mil), la Cyropedia, los Cynegéticos, el
Tratado de la F^uitacidn, y <íonde aca-
bó las Helénicas, de las que ya había
escrito anteriormente dos libros para
continuar la Hittorxa de Tucídides. Allí
vivía en reposo hacía cerca de veinti-
cuatro afios, cuando los helenos inva-
dieron aquel territorio (368); los do-
minios de Jenofonte fueron devasta-
dos y él mismo tuvo que emprender
la fuga. Entonces se retiró á Lepreum
y después á Corinto, llevándose con
él á sus dos hijos. Al año siguiente,
los atenienses, á propuesta de Eubulo,
revocaron el decreto de destierro que
pesaba sobre éh pero es dudoso que
volviera á Atenas, pues sn avanzada
edad, que ya frísaoa en los 80 afios,
hace creer que vacilara en cambiar de
domicilio. Demetrio de Magnesia su-
pone que murió en Corinto, donde ha-
bía terminado la Cyropedia y las ffelé-
nicaSf y escrito un breve tratado de
ffcoHomia sobre las cuestiones de ha-
cienda del Atica, «Antes de bajar al
sepulcro, que vea al menos á mi pa-
tria tranquila y floreciente,» deda en
ella, lo que prueba que el destierro no
había apagado su patriotismo. Sus dos
hijos se alistaron bajo las tanderas
atenienses, y como los papelea se ha-
bían trocado en Grecia, siendo enton-
ces Atenas aliadade Esparta contra los
tebanos, los hijos de Jenc^onte, com-
batiendo por su patria, permanecían
fieles á la política de su padre, siem-
pre adicto á Esparta, tino de ellos,^
Grylus, pereció eu Mantinea. Jeno-
fonte recibió esta noticia en Corinto,
en el momento en que celebraba ún
sacrificio. Al escucharla, se quitó lu
corona que tenía en la cabeza; pero
sabiendo luego que su hijo había
muerto con valor y que había herido
por su propia mano á Epaminondas,
volvió s ponérsela sin verter una lá-
grima, contentándose con decir: «Ta
sabía yo que tenía un hijo mortld.>
Los escritos de Jenofonte se divi^
en cuatro series. Escritos histórieos:
el Anaiasiot las Helé»icAiA% (^mpt-
dia y la Vida de Agesilao. Escritos di-
dácticos: la Hipparq%iat la Sj%itaci<ín
y los Cgnege'íicos. Escritos políticos:
la República dé Esparta, la República
de A tenas y las Cuestiones econ^icas
del A tica. Escritos filosóficos ó mora-
les: Dichos memorables de States,
Apología de Sécrates^ la Economía, el
Banquete y el Hierón. La primera edi-
ción, aunque incompleta, de \%%.Obras
de Jenofonte, se debe á Ph. Junte
(Florencia, 1516). La primera comple-
ta fuá emprendida por Melanchtnon
(Haya, 1540), y Bnnqne Estie^nedió
en 1561-1581 una mejor, i la cóal va
unida la tradaccíón latina. Posterior-
mente, Gail (1797-1804) hizo una edi-
ción que da , £ la vez que el texto gri^
go, las traducciones latina y francesa
en seis tomos, conteniendo el 7.' una
rica colección de variantes y de obser-
vaciones críticas. Entre las traduccio-
nes francesas que existen, además de
la de Gail, citaremos las de Dacíer,
Dumas, Larcher, Levesqué y Tal-
bot. De el A nabasio, la Úgropedia^ la
Apología de Sócrates, loa Bichos memo-
rables y la Equitaci'n, se cuentan un
gran número de traducciones y edi-
ciones separadas. Una de las más no-
tables por su esmero es la dé ]A:Bg%i-
taeióH, necha por P. L. Couvier, y que
va acompañada del texto grit:go. .
Jénolx. Masculino. JáNULi.
Jónuli. Masculino. Oropiúente,
color amarillo claro para pintar.
Jeque. Masculino. Voz árabe que
significa hombre anciano, y se toma
también por el superior ó regulo en-
tre los moros, que gobierna y manda
algún territorio ó provincia, ya sea
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240 JERE
JERE
JERE
como ibbfltaao^ ja como fiudatorio*
l La alfvqa. V^ase' Jaqub.
ÉTiuoLOaÍA.. Antíg^ao seque; del
Átabe ckeikA.
Jera. Femenino. Provincial Extre>
madun. La tierra que puede arar en
un día un par de bueyes. Q Anticua-
do. JiSA, banquete, festín.
Btiuos^Ía. Latín sirusy la tarde:
italiano, sera; francés, toir; |>roTen-
sal, ser, sera; burgfui&ón, lOt.-^Jera
repreaenta sera, porque la junta labra
haita la tarde.
Jerapellina. Femenino. Vestido
TÍejo beoho pedazos 6 andrajoso.
JArarca. Masculino anticuado. El
sttpenor j princifial en el orden de
Ut eoias eclesiásticas.
BtiuolooÍa. Jérarqnia: griego
(kierárckis)t el que preside á
las fiestas sagradas, pontífice: qui iO-
eripraest, poníi/es. (Léopold.)
Jerarcado. Masculino. Titulo 6
dignidad de jerarca; tiempo de su du-
ración y territorio de su jurisdicción.
Jerarquia. Femenino. El orden en-
tre los diversos coros de los ángeles
v-los grados diversos de la Iglesia.
Por extensión se aplica á otras perso-
nas r cosas.
Btiholooía. Griego Upapx'ct (hie-
rarchia ), de hierds, sagrado, j urchein,
mandar: latín, hierarekía; italiano,
ger^rehUi francés, kiérarckU; proTen-
sal, winireAM, ferarekia; catauua,/»-
fwvafa; .portugués, jflVfVMa.
Sentid* etimol^ico. — I. El griego
Uf6^(hier4t}, sagrado, está en relación
con ^ipoK (gérasj, honor, dignidad;
yipwv, i^ifcrnK (gér^ géroiUes), an-
cdano.
2» griego géroM, honor, es li-
teralmente el sánscrito yar4 (^)i
jez, de la raíz j&r.
3. La primera jiearquÍa que cono-
ció el muudo fué positivamente la an-
cianidad.
JerArqnico, ca. Adjetivo. Lo que
toca j pertenece á la jerarquía.
.Btiuolooía. Griego tepsp^^ixóc (kie-
rarekiMsJ: latín, hieranhiau (en Qui-
CBBBAD, Addenda): italiano, tf^rorcAi-
<a; ^neés, kiérar^iquei catuán, gé-
rdrmiekf ea,
JerMiiada. Femenino. Nombra de
las lamentaciones de Jeremías. | La^
mentaciones.
BnuoLoaÍA. Jeremtasi francés, j¿-
rémiade.
1. Jeremías. Uno de los cuatro
profetas mayores, que nació el a&o 630
iintes de Jesucristo en la aldea de
Anathoth, de la tribu de Benjamín, y
murió hacia el de 590. En la imposi-
Inlídad absoluta de comprobar los he-
chos relativos á un personaje tan dis-
tante de nosotros, hemos de conten-
tarnos con referir su vida, valiéndonos
de los confusos datos que ha dejado
él mismo en el libro de sus profecías,
j de algunos otros esparcidos en di-
versos pasajes de otros libros sagra-
dos. &giin ellos, JxRsyÍAS era hijo de
Helcias, uno de los sacerdotes de Ana-
thoth. Dios se le apareció t le dijo:
«Antes de tu coDcepción te he desti-
nado i ser el profeta de las naeiones.»
JBaBUÍÁS era entonces un niño j co-
menzó profetizando & su país males
espantosos v amenazando a sus habi-
tantes con la cólera de Dios, mientras
que renunciaba á las riquezas j des-
preciaba, no sólo los placeres, sino
hasta los cuidados y el amor de su fa-
milia. Perseguido por sus compatrio-
tas, se refugió en Jerusalén, donde
reanudó sus siniestras prediccione'^.
Eq esta ciudad pasó una gran . parte
de su vida. Las desgracias que anun-
ciaba á los judíos, entregados casi to-
dos á la idolatría, y la libertad de
BUS invectivas, pusieron más de una
vez su vida en peligro, sin reducirle
al silencio. La conquista del reino de
Judá por Nabucodonosor, las desdi-
chas de un pueblo gobernado por un
rej extranjero (Sedecías), j por últi-
mo, la ruina de Jerusalén j la mar-
cha de los judíos para la cautividad,
dieron un golpe terrible á su acendra-
do patriotismo. Entonces fué cuando
verdaderamente compuso sus Zatam-
íacionee, esos sublimes arranques líri-
cos que, como la tempestad, parecen
conmover hasta los ámbitos del cielo.
Nabucodonosor le dejó en libertad de
seguir á sus compatriotas ó de quedar
en Jerusalén. El profeta optó por esto
último, sin duda para prodigar sus
consuelos á los vencidos. Poco tiempo
después, el gobernador caldeo de la
Judea fué asesinado, jr un gran nú-
mero de judíos, temiendo la venganza
del rej de Babilonia, hujó á Egipto,
arrastrando consigo al profeta j a su
discípulo Baruch.Bn este país se cree
que muriera, lapidado quizá por sus
compatriotas, á quienes irritaban sus
reproches ^ sus amenazadoras profe-
cías. Ei hbro de las Lamentaciones,
uno de los más inspirados jr hermosos
de las Sagradas Escrituras, en donde
haj tantos libros tan hermosos y tan
inspirados, se compone de cinco capí-
tulos. Cuatro de ellos son las verda-
deras lamentaciones, mientras que el
quinto es una magnífica plegaria. Los
capítulos I, II y IV están divididos
en 22 versículos y cada uno de ellos
señalados por una letra del alfabeto.
No se sabe si estas letras han sido in-
troducidas en el texto por el mismo
autor 6 por sus comentaristas, como
signos numéricos. Se ha discutido mu<
cho sobre el acontecimiento que ins-
Siró las Lamentaciones. Josefo y san
erónimo las confunden con las que
el autor escribió sobre la muerte de
JosÍRs, lo cual no puede ser sosteni-
ble. El asunto principal no parece ser
otro que la ruina de Jerusalén. No
puede concebirse nada más conmove-
dor, más patético, que las quejas (^ue
arrancara al poeta la caída de la rema
de las ciudades; nada más tierno, que \
las ardientes súplicas que dirige &
Dios en favor de la ciudad abandona-
da. Además de este libro, escribió otro
de Lamentaciones sobre la muerte de
Josías, que no ha llegado á nosotros,
y otro, de Profecías, en 52 capítulos.
Esta obra, considerada literariamente,
tiene el defecto de todas las de su gé-
nero; está redactada en términos tan
oscuros, los pensamientos del escritor
están tan desordenados, que casi es
imposible dar con su verdadero senti-
do. Aumenta la dificultad que ofrece
su interpretación, el desacuerdo casi
continuo que existe entre el texto he-
breo y el griego, lo que hace suponer
que los Setenta no tuvieron á la vista
la versión hebraica que nosotros po-
seemos. jBB::if.'AS, sin embargo, nr>
escribió en el estilo pomposo j solem-
ne de los otros profetas; sus frases son
siempre enérgicas, pero sencillas, has-
ta el punto de aue signaos comenta-
ristas, entre ellos, el mismo san Je-
rónimo, las han tachado de trivialidad
desaliño. Esto, no obstante, se pue-
e afirmar que el secreto de las
«¿NteooMs es la sencillez de Jbrb-
uÍAS, como el secreto de la /¿<MEa es
la imponente sencillez de Homero.
Etiuolooía. Uno de los cuatro
grandes profetas. Su nombre está com-
puesto del verbo hebreo ramnm (ha
cantado, ha elevado ó ensalzado) j del
sustantivo lah (Dios); cjmo quien ^i-
ce: grandeza, elevación de Dios. Nació
el año 630 antes de Jesucristo. Se le
atribuje el admirable salmo cxxxvi,
¿'uper ^vmina Bahglonit, que se halla
traducido en todos los idiomas por los
mejores poetas, j en el nuestro por el
padre Fra^ Luis de León. Los Treno» ó
Lamentaciones de JbbbmÍas están di-
vididos en cinco partes ó capítulei;
cada capítulo consta de 22 estrofaa 6
períodos; j cada período empieza oon
una de las 22 letras del alnoeto he-
breo, Aleph, Beth, Ghimel, Daleth, et-
cétera. Los sirios, los árabes v los
persas siguen aún hoj día la misma
costumbre, como recurso mnemónico
ó mnemotéenico, en los escritos sen-
tenciosos y demás cujas partes no
tienen mucha ilación éntre lí. (Hon-
LAU.)
^»ña.— Cuando los judíos salie-
ron de Jerusalén para el cautiverio de
Babilonia, entonaron el magnífico sal-
mo de Jeremías: De lo profundo ekmé
á tlf ¡oh Señoril y la inspiración del
gran profeta retumbó al mismo tiem-
po en el centro del globo, en las altu*
ras de Bethel j en la cumbre del Gá\-
Sota, testigo de la Redención , s^pin-
a <;una del género humano. Touvía
bov se enseña á los peregrinos cris-
tianos el camino de la cautividad. Jbbb-
HÍAS vivió en una grutn, que euste
aún en los alrededores del valle llama-
do de la Gehenna, entre la gruta de
los Apóstoles y el Campo de Sangre,
comprado con los treinta dineros de
Judas, á muj poca distancia del gran
valle de Josa'at. La gruta tiene en-
frente el monte de Sión y la famosa
puerta de David. Desde aiuel hojo
(porque la gruta de Jeremías no es
más que un hojo practicado en la
roca) ojó el profeta el llaoto de los
niúos judíos que eran bautizados con
fuego en el valle del Hijo de ffinmín^
bárbara idolatría contra la cual pidii
justicia al cíelo la voz poderosa de
aquella conciencia inspirada j subli-
me. Jamás ningún pseta ha dado ¿
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JERI
JERI
JERO 241
lua eáatoi mu loaoridad mi» «rmo-
niosa, «na éntonaciiSn mÍM robusta,
u&a idealidad mia imponente, un
sentimiento mis proñindo, nn eapíri-
ta jnás Teligioio. iCñríotidad ineom-
prensiblel El más afortunado de los
mortalesr Salomón; el más afligido de
los hombres, Job; la mis contrariada
de Ub criaturas, el inmenso poeta de
las Zmwuntacionet, Jbbbicías, son los
tres genios á quienes debe el mundo
la pintura más formidable de las mi-
senas de la humanidad, al mismo
tiempo que pre^naban con su fe el
santo misterio de su grandeza. ¡Abl
Si la Biblia desapareciese de la tierra,
la humanidad quedaría casi i oscu-
ras; pero la Biblia, como las estrellas
del firmamento, no puede negarnos
n luz. Bn fin, JsBnnas, más que nn
hombre, es Una erocación solemne
del espíritu de la historia, una c^ue-
rella arrebatadora de la eoneiencia de
la humanidad.
2. Jeremias. Masculino. Nombre
que, por alusión al célebre profeta, se
da á la persona llorosa 6 quejumbrosa
HzwoLoaü. Jermias 1 .
Jera (Francisco). Historiador es-
paftol del siglo XVI. Acompañó & Fran-
ciseo Pizarro en sus expediciones j
eieribió ana Historia d$ la eononitta
Jeras. Hasoulino. Nombre de un
Tino procedente de la ciudad de este
nombre. Yéaae Cádiz.
EmiOLoaU. Ijitín C^iMam, Cwi-
Jeresano, na. AdjetÍTO. El natu-
ral de Jerez j lo perteneciente á los
pueblos de este nombre. Se usa tam-
bién como sustantivo.
Jerga. Femenino. Tela gruesa j
rústica. Tómase también por cual-
quier especie de paño grosero, sea de
lana* de pelo ó cáñamo, y Jebiochu;
7 asi se otee: habla en JBBaa. | Jaa-
a6as, H EsTAB ó ponib una cosa bn
JUOA. Fiase familiar. Haberse em-
pezado T no estar perfeccionada.
Jergón; Mascuuno. Funda gruesa
ea forma de colchón, que se llena de
pija, atocha ó cortaduras de papel. ||
Metáfora. Vestido mal hecho j poco
ajustado al cuerpo. | Metafórico y fa-
miliar. La persona gruesa, pesada,
tosca jr perezosa.
Etuiolooía. Jcrjfa.
Jerguera. Femenino. Especie de
sauce.
Jergaeral. Uasculiao. Sitio hú-
medo que abunda de jergueras.
Jergueta. Femenina diminutivo
dfl jerga.
Jergnilla. Femenino. Tela delga-
da de seda ó lana, ó mezcla de una j
otra, que se parece en el tejido á la
^ %ri£axgo. Masculino. Empleo ó
digpidad de jerife.
Jerife. Masculino. Nombre de dig-
nidad que se da entre los moros, por
la Doblexa que ¿Uos atribujren á los
descendientes de su fitlso profeto.
BrnoLOoU*. Axabe «iw^ noble:
catalán, y«ri/'.
Jerigonza. Gbbioonza. La forma
jerí^tnea, que trae la Academia, no es
conforme al origen del rociólo.
i2f»fla.— Jerigonza, y mejor, yífí-
^OHza, ^iri^onza. «Díjose cuasi gregi-
gonxa, porque en tiempos pasados era
tan peregrina la lengua griega, que
aun pocos de los que profesaban la-
cnltades la entendían, y así decían:
hablar griego al que no se dejaba en-
tender; Ó se dijo del nombre «yrw,
gyri, que es vuelta y rodeo...» (Cova-
BBUBiAS.1— Esta última es la verdade-
ra etimolojgfa, j la misma que da Ro-
sal,— Gengonxa se eompone do girar
y de yotue ó gotae; asf es una gerigoa-
ta ójerigtmzar, como se dijo antigua-
mente, girar las rilabas (como de Aar^
ta hacer takurL hacer girar las pala-
bras, como sobre un gozne, trastocar
las razones 6 argumentos, armar un
guirigay, etc. (Ik&NLAü.)
Jerigonzar. GBftiaoHzAB.
Jeringa. Femenino. Instrumento
compuesto de un cilindro Ó cañón
grueso de metal, en cuto extremo se
ajusta otro cañoncito delgado, por el
cual se atrae un líquido cualquiera al
hueco del cilindro, y después ae arroja
con fuerza hacia el punto que se quie-
re por medio del empuje del émbolo.
I Atuda. Instrumento, etc.
EtiuolooIa. Antiguo eeringa: (pe-
go oúpiYí ( sgrigx), tubo: latín, tgringa,
en Vegecio; italiano, ««Vtn^d, tcilivga;
francés, seringue; portugués, teringa;
provenzal, sirtngua; catalán, aerínga.
Jeringación. Femenino. Jibimoa-
DURA.'
Jeringado, da. ^irtieipio pasivo
de jeringar.
ETiiiOLOofA. Jeringar: catalán, «e-
ringat, da; francés, $&ring%é.
Jeringador, ra* Sustantivo j ad-
jetivo. Que jeringa.
Jeringadura. Femenino. Acción 6
efecto de jeringar.
EtuolooíA. Jeringar: catalán, Ke~
ringada.
Jeringamiento. Uasculíno. Js-
RINOADUBA.
Jeringar. Activo. Arrojar por me-
dio de la jeringa el líquido con fuer-
za y violencia á la parte que se desti-
na. I Introducir en el vientre con la
jeringa algún licor para limpiarlo y
purgarlo. 1 Metáfora familiar. Moles-
tar o en&dar, en cujo sentido se dice,
hablando de quien nos incomoda:
¡cuánto me jbbinoaI {Bien me ha »-
RiNOADo! ^Cuándo se hartará de }e-
BINOAUfB?
ErucfOXiofA. Jeringa: francés, teriih
gaerf catalán, aeringar, xirin^ar.
Jeringativo, va. Adjetivo. Que
jeringa o sirve para jeringar.
Jeringazo, Masculino. Acto de
arrojar ellíquido que está introduci-
do en la jeringa, y también el mismo
licor así arrojado.
EtiuolgoÍa. J^nga: catalán, a«~
rtngassa.
Jeringuilla. Femenino diminuti-
vo de jeringa. ,| Flor blanea y muy
fragante.
Jeringuita. Femenino diminutivo
de jeringa.
- Jéijenn. Femenino antleudo.
Cierta jpiedia preciosa.
J«i3«s. Quinto rej de Persia, hijo
de Darío I. Sucedió á su padre en 485
antes do Jesucristo, en perjuicio de su
hermano Artabazo; sometió al Egip-
to, que se había sublevado; emprendió
la segunda guerra de Media; invadió
la Grecia con nn eiéroito de un millón
de hombres, que atravesaron el He-
lesponto sobre un puente de barcas,
después de haberse roto uno por las
tempestades, lo que hizo que Jbbjbs
mandara azotar al mar y dar muerte á
los que habían dirigido la oonstruo->-
cíón. Marchó después hacia el paso de
las Termópilas, donde 300 esparta-*
noi, mandados por Leónidas, detn»
vieron algún tiempo á su inmeiiso
ejército; incendió a Atonas; tomó á
Tebas V á Platea; pero habiendo sido
destruida su escuadra en Salamina,
volvió al Asia, dejando un ejército en
Grecia. Perdió las batallas de Micale
y de Platea, en 479, 7 fué muerto
en 472 por Artabán, capitán de su
guardia.
Jerjirína. Femenino anticuado.
BachiUera, habladora.
Jeroboam I. Rev de Israel, que
murió en 954 antes de Jesucristo. Fué
hijo de Nabat, de la tribu de Efrafn,
Ír encargado por Salomón de eobrar
08 impuestos, escuchaba las oonti-
nuas quejas de los pueblos, que se la-
mentaban de las prodigalidades de
Salomón, y se interesaba en sus con-
flictos, lo cual le dió gran populari-
dad. Habiéndole anunciado el profeta
Ahías que llegaría á ser rej de diez
tribus, Salomón quiso deshacerse de
él, y sólo se libró de la muerte hu-
jendo á Egipto. Roboam, hijo v suce-
sor de Salomón, no quiso escuchar los
consejos de jBROBOAy, ni aliviar las
cargas de sus pueblos, lo cual produjo
la separación de diez tribus, que pro-
clamaron rej á Jbboboau. Este, ^ara
asegurar au dominación, fortificó
las ciudades, 7 á: fin de distraer á su
pueblo, estableció el culto del becerro
ae oro, fundando templos para este
ídolo en Bethel 7 en Dan, y nombran-
do sacriñcadores. El profeta Judón se
presento á reprenderle, 7 como el,re7
alzara la mano sobre él, la mano se
le secó V se partió el ara de los sacri-
ficios. Curado por la intercesión del
mismo profeta, persistió en sus extra-
víos, hasta que murió á los veintidós
años de reinado.
Jeroboam II. 607 de Israel, hiio
de Joás, que murió en 785 antes de
Jesueristo. Sucedió á su padre en
mientras que Amasias reinaba en
Judá. Estableció su capital en Sama-
ría; imito 7 excedió en impiedad á
sus antecesores; venció á los sirios,
que le habían despojado de una par-
te de su torritorio, 7 reinó pacífica-
mente cuarenta años.
Jerofonte. Masculino. Ántígieda-
deu Sacerdote griego que enseñaba
los misterios á los iniciados.
Etiuolociía. Griego Uponivn]; (hie-
rophánlesj; de Upó; (Merds), sagrado,
7 fatvEtv (phaUÜiaJt niostrar; «mos-
fOMOlU
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JERO
tnúrUa' wsu sagpncUi:» latíii, Aí^t-
rdpkMtat ÜÜrdjtiMitti fnncét, ¡li^
Jeroglifico. Maiculino. Símbolo
6 ñ^n que eontiene cierto lentido
misterioio. Usaban estos signos algu-
nos pueblos de la antigüedad, seAa-
ladamente los egipcios, j se conser-
Tan todavía en la escritura de ciertas
lenguas de Oriente. | Adjetivo. Lo
que pertenece al jeroglífico.
Etimología. Griego UpáyXiipoí
riígl^phos); de MerÓs, sagrado, y^íy-
pnetny grabar; «letras sagradas,> por-
que los sacerdotes eran los únicos que
las podían descifrar: latín, Aur8gi^~
páicut; italiano, gere^li^; francés,
M/ro/linhff sustaativo; Ai&Mliphi^
qué^ adjetivo; eataláut ^«tmJí^A.
^0«a;^Cav&ctBr aimbiSlieo que
usaban Im •gípctoi pam consignar
los misterios ae su religidn j los se-
cretos de su política. Está compuesta
de las dos voces gribas kUrét, sagra-
do, j glyphS, yo graoo; como quien
dice: earactertt sa§radot grabado» ó et-
culpiáot. Llamábanse sagrados, por-
que sólo los sacerdotes sfibísn desci-
nvrlos. (MoNLAU.)
Jevomico, ca, llq» U«, to, ta.
Ifasculino diminutivo de Jeromo, ma.
Jeromo, ma. Masculino j femeni-
no. Nombre patronímico de varón j
de mujer. Jebómiho, Jbbóniua,
JoronimiaBO, na. Adjetivo. Lo
que pertenece ¿ la orden de san Jeró-
nimo.
E^nuoLoaÍA. JerAimó: firanc^i,
rcnvvUque.
Jeroaimita. Masculino. Miembro
de la orden de san Jerónimo.
BnuoLoaÍA. Jtt^mot francés, AtV
ronvmiíet.
Ittuña. 1. — La orden de los jbbo-
NiHiTAS se llamó así, porque se for-
mó bajo la advocación de san Jeróni-
mo; pero seguía U regla de san
Agustín.
2. Se fundó en Espaflia durante el
siglo XIV y fué su primer superior
don Pedro Fernando Pecha, camar-
lengo de don Pedro el CriuL
3. Otros autores traen los siguien-
tes datos.
Hittoria r^/tytOM.— Belinosos que
se proponían pot modelo la vida de
san Jerónimo en U soledad de Betli^
leem. Los hubo de varias clases, á
saber: 1.*, de España, de la Orden
Tercera de san Francisco, iustitiiídos
en 1370 por Tomás de Siena y dedi-
cados á la educación de la juventud,
que poseyeron el Escorial; 2.", los ere-
mitas de san Jerónimo, congregación
muj austera, fundada en 1380, en la
Umbría, por Pedro de Pisa; 3.°, la so-
ciadad de san Jerónimo de Fiesole,
que seguía la regla de san Agustín;
y 4.°, ios JSKOMiMiTAS de la observan-
cia, fundada hacia 1424 por Lope de
Olmedo, que reformó la regla de To-
más da Siena.
Jerónimo (Sah). Hieronywu. Pa-
dre de la Iglesia latina, que nació ha-
cia el año de 331 enSiridón(Dalmacía)
y murió en 420. Siendo hijo de padres
gentiiesj estudió en Ro.iia bajo la di-
JERO
reeciÓB dé Donato; se convirtió al cris-
tianismo; viajó por la Galia y el Asía
y abrazó If vida monástica. Arrojado
por los cismáticos, á quienes había
combatido con ardor, desertó de la
Siria, adonde se había retirado; vol-
vió á Roma en 378; fue secretario del
papa Dámaso, t se retiró, por último,
al monasterio de Behtleem, en Pales-
tina, donde se dedicó sin descanso al
estudio. Las pasiones del mundo, que
turbaron el alma de san Janóxíiuo, la
agitación de los viajes j de las luchas
religiosas, así como las austeridades
del desierto, agitaron su imaginación
poderosa y dieron á su estilo una elo-
cuencia conmovedora j completarneuf
te original. Este es el carácter de la
versión de las Escrituras, conocida
por la V^ilgata y adoptada por ü Con-
cilio-de Trento, como U única canó-
nica. Sin embargo, donde más á lai
claras se mani0esta el estilo fogoso y
viril de SAN Jbkóniho, es en sus es-
critos polémicos contra Joviniano,
Pelagio y Vigilancio. Entre sus obras
históricas, la más célebre es la tra-
ducción de la Crónica de Eutebio. Ade-
más dejó una colección de Cartas fa-
niliares, verdaderos modelos de ele-
gancia 7 de inspiración. Muchas de
ellas contienen elogios fúnebres, bio-
grafías de santos ascetas j reOexiones
^ discusiones sobre la Biblia. Las me-
jores ediciones de sus obras son: la
de Martina;, París, 1639-1706 (5 vo-
lúmenes en folio), T la de Mafifei, Ve-
neeia, 1770. La úrlwia católica cele-
bra su fiesta el 30 de Septiembre.
Etiuolooí A. Griego *lEpúvu[i,oc
(ffierónymosj; de hieróSy sagrado, 7
oiMfma, nombre: latín, ffíerdnymns;
catalán, Geroni, Jerónimo; <7er(fním, a,
religioso de san Jerónimo.
Heteña. — Todavía se conserva en
Bethleemla habitación humildeenque
SAN Jbróniico tradujo la Biblia, del
mismo modo que nna palmera, sem-
brada por su mano en ün jardín pró-
ximo. Cuando se penetra en aquel
aposento, idealizado por la poesía sa-
grada de tantos arcanos j de tantos
sigloi, se nos figura que todo el mun-
do comparece ante el genio de aquel
coloso dd siglo IT.
Jerónimo de Praga. Cilebrehe-
resíarca del siglo xr, ami^ y discí-
pulo de Juan de Huss. Nació en 1378
Y estudió en París, Colonia y Heidel-
berg. Hombre dotado de un talento
sutil, pero de menos entereza de ca-
rácter que su maestro, á pesar de ha-
berle defendido con vigor en el Con-
cilio de Constanza (1413), no tardó en
abjurar de sus opiniones por temor al
suplicio. Libre de la prisión á que con
Juan de Huss había sido reducido, y
creyéndose á salvo de todo peligro,
volvió á emprender sus predicaciones.
Pero éstas duraron bien poco, porque
vuelto á caer en manos de sus perse-
guidores, fué quemado vivo en Cons-
tanza en 1416, como hereje relapso.
Sus escritos han sido coleccionados
con los de su maestro.
Jerónimo, ma. Adjetivo. Lo que
pertenece á la orden de san Jerónimo
JPSÜ;,
d i individuos; 7 asi se dice: moa-
je naÓNiMO. monja ishón^ua. Se usa
también como sustantivo en ambas
terminaciones.
Jerora. Femenino. Rosa de Jericó.
Jerosolimitano, na. Adjetivo. £!
natural de JerusaLén ó lo pertene-
ciente á esta ciudad.
EmoLOQÍA. Jenualtm: latín, kii-
rosiilyviií&itKt; aUMa^JfrotiUm y it-
rosolinilá^ na.
JeroTÍn. Masculino. Nombre de
un peso usado en el Cairo, eqniva-
leote á unas 200 libras.
Jerpa. Femenino, ffl ttnniento
delgado r estéril que echan las ^-
desporla parte ot abigo j junto al
tronco.
Jer^Mria. Femenino anticuado.
El sitio donde se matan los carneros^
Jerrícote. Masculino. Especie de
guisado ó potaje que se compone de
almendras, azúcar, salvia v jengibre,
cocido todo en caldo de gallina.
Jertas. Femenino pluraL 0trmá^
nia. Las orejas.
Jeroaalén. Femenino. Bistoria sa-
grada. Ciudad cajutal de la Juda»,
teatro de U íodeneión d«t género hu-
mano.
Etimología. Del hebreo leroutclU'
iMtn, lertmsckalm, que significa «-
sióñ de pat, visión per-fecta. Ue dicha
vos hicieron los griegos y los' latióos
Hyerotolyma (de Aierot, santo; sagra-
do; esto es, la Santa Salem^ la ciudad
sagrada) 7 leros&lem. La ciudad san-
ta, fundada en el Asia por el smno
«acerdote Melquiaededi, recibió Mi*
nombre de Salem (ciudad de la pat).
a&adido ^ modificado de varios mo-
dos en diversas épocas. (Monlau.)
JervigoiUef. Femenino. Género de
calzado que cubría el pie y parte de
la pierna.
Jervilla. Femenino antieatdo.
Sbrvilla.
Jese. Masettlino. Especie de pes-
cado del género ciprino.
Jesita. Femenino. Especie de cen-
cha univalva del Mediterráneo.
Jeso. Masculino. Nombre de na
dardo que tenía un codo Üe Utig»,
medio cuadrado y de punta mujegu-
zada. I Jbsb.
Jestari. Femenino. GermtuiU* La
caja. ^
Jesnato. Masculino. Histm* ttte-
siásíica. Individuo de una congrega-
ción de frailes laicos, que san Juan
Colombino fundú en Siena para eoe-
sagrarse al cuidado de los pobres y «
los enfermos. La aprobó Urbano v,
en 1367, y seguía la regla de sin
Agustín.
Etiuolooía. Jesús: bajo latín» jf"
swUi, plural; catalán, yffn(«í»;£f»"*''
Júnate*
Jesncristo. Masculino. Non^'
sacrosanto de nuestro Redentor el ni-
jo de Dios hecho hombre. Se compone'
de las palabras Jbsús, qne sig^íj*"
Salvador, y Chisto, que -sigoihca
UHOIDO. 9 ¡Jesucristo ub valo*-
elaaaeiui con que significamos que
nos-vemos en un grave apuro;
en peligro de muerte. Snale amF>*^'
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..... JÉstI .
m «b tentido ftsliro, para expresar
«B. movimÚBto de aorprasa. | Este
auito nombre ñgni* en varias locu-
ciDuumdgaies, ora come eonjurOf ora
como proverbio; y así ñ dice: «ni Js-
socteno IaIu de valer, si Mñgo i co-
gerle'.» ( Tambiéa se emplea Trecaeil-
téminte ea M^tiok de íaterjeccióu,
como cuando decimofi: ¡JasncftisTO de
«•jl¿M/¡JBeUCRÍáTO«£0.'¡jBSUCBISTO!
Nos valemos de las aoteriores iater-
jeceioaes {fau manifestar admiración,
•xtrañeza , entusiasmo. || Hisi .rio.
Orden de JasucblSTO. Orden de caba-
llería instituida ep AvígQ.5n, en 1320,
por el sumo pontífice Joan XXII. Su
insifpnia era una erus de oro, esmal-
tada de rojo, contenida en otra del
mismo metal.
Etiuolooía. Jesit j Cristo: catalán,
JefucrUí; fr&ncés, JÜMt-Ckrití; latín
de la lg\e»iií,J¿tus-Ckritíut.
Jescuta. Masculino. Beligioso del
orden de clérigos rag^ulares de laCom*
paitía de. Jesús, fundad^ por san Ig-
nacio de Lo/ola.
EtdÍolooÍa. Jnús: catalán, ^Mw^;
faíncéa,j¿t9itei italiano, gitsutía, y«-
niía,
RtuñA. — 1. Funddse dicha orden
en 1534 para la enseñanza de la ju-
ventud j el servicio de las misiones.
2. La abolió el papa Clemente XIV
en 21 de Julio de 1773, restablecién-
dola Píe Til en 14 de Agosto de 1814.
3. Francia expulsó a los jesuítas
en 1764 j después en 1881.
4. España los expulsó también en
un mismo día bajo el reinado de Car^
losm.
5. Aunque la opinión general mira
con sozobra la moral jesuítica por
ciertas restricdones mentales, debe-
moa decir que didia orden ha produ-
cido varones sapientísimos en todos
tiempos. Sn constitución es tan ad-
miraole, que ha hecho de la Compañía
de Jesás una red extendida en torno
del globo en que habitamos. En don-
de quiera que la humanidad no esti
dentro de la Compañía, puede asegu-
rarse que la Compañía esÜ dentro de
la humanidad. Créese que los Jisui-
TAS diseminados en toda la tierra no
exceden de 12.000.
^ Lo expuesto esti eonfonna con los
^núentes datos:
1. Orden conocida también con el
nombre de Sodedadó Compañía át Je-
tés, fondada en 1534 por Ignacio de
Lojola j aprobada por una bula de
Paulo III, de 27 de Septiembre de
1540.
2. Sus fines son: 1.", la instrucción
de los fieles católicos en la doctrina jr
en las verdades cristianas; 2.", la con-
versión de los herejes y de loa in-
fieles.
3. Los medios principales que em-
plearon son la predicación, la con-
fesión, los ejercicio* espirituales j la
edneadón'de la juventud.
4. Establecidos en los momentos en
que más necesitaba la Iglesia defen-
sores contra los ataques de la Befor^
Aia, los JBáuiTAS, además de los tres
votos eomunM a las dttnás órdenes,
obediencia, pobreza y castidad, ha-
cían el de ir adonde quiera que los
enviase el pontífice contra los herejes,
los cismáticos j los ínfiele».
5. De Faris, donde puede decirse
que nació esta orden, pues Ignacio de
Lojola había ido á aquella ciudad á
estudiar teología, el nuevo instituto
transportó pronto su centro de acción á
Roma, j auí se propagó con tanta ra-
pidez que, en 15o6, áia muerte de su
primer jefe, tenía doce provincias en
Europa, sin contar las de Africa, las
de las Grandes Indias y las del Nue-
vo Mundo, por medio de activos mi-
sioneros, españoles los primeros de
ellos, como Francisco Javier, Boba-
dilla, Laínez, Rodríguez, Salmerón
y el saboyano Pedro Fevre.
6. Este prodigioso éxito continuó,
merced al espíritu organizador del
padre Ijaínez, que reemplazó como
general & Ignacio de Lojrola^ bajo
U acertada uminístración de Claudio
Acquaviva (1581 á 1615).
7. Después de las constituciones
de los JBSUÍTAS, su gobierno se con-
fió, con la autoridad más absoluta, á
un general, residente en Roma, aseso-
rado de un consejo de muchos asisCenr-
tes, y colocado bajo la alta vigilancia
de un admonitor, encargado de exami- ;
nar su conducta.
8. Las asambleas ó eowfreyaciones i
generales, formadas por representantes
de la orden, se verifican regularmen-
te para la elección del general; tienen
fiotestad legistativa y deciden sin ajpe-
ición los asuntos de más cuantía,
amén de que pueden convocarse jun-
tas extraordinarias cuando la grave-
dad de las circunstancias lo exige.
9. La Compañía está dividida en
muchas naciones 6 asistencias, que se
subdíviden en provincias, cuja direc-
ción está confiada á directores provin-
ciales, nombrados por él general.
Jesuitesas. Femenino plural. Ilis-
torta religiosa. Orden de mujeres, ins-
tituida en 1534, á imitación de la de
jesuítas, p6r dos inglesas, Warda y
Tuitía. Hacían voto de pobreza, cas-
tidad y obediencia; pero no vivían en
clausura vpredicaban en las iglesias.
Urbano VUl suprimió esta orden en
1631.
Jesuítica. Familiar. Jbsvíta, en
la segunda acepción.
Jesuíticamente. Adverbio de mo-
do fomiliar. Con Jesuitismo.
EriuOLoaÍA. Jesuítica y el sufijo
adverbial mente: francés, J/suÍtique~
msHÍ.
Jesuitíco, ca. Adjetivo. Lo perte-
neciente á la religión de la Compañía
de Jesús.
ETiifOLOaÍA,. Jesuíta: catalán, ^'««f-
tich, ca; francés, jésuitique.
Jesuitisa. Femenino. Monja de la
enseñanza de la Madre de Dios.
Eruioi.oQÍA. Jesuíta: f^ncés, jésui'
tesse; catalán, /ciifiíúst».
Jesuitismo. Masculino. Doctrina
de los jesuítas. ¡I Metáfora &miliar. '
Conducta simulada; hipocresía. |
ETiuoLOofa.. Jesuíta: francés,
ti*w>i italiano, yrxwtVúmo. |
ÍESTT 243
Jesuitízar. Activo. Volver jesuíta
á alguno., (Mártt t Caballero.)
Jesús. Masculino. Nombre adora-
ble que se da á la segunda persona de
la Santísima Trinidad, hecha liombre.
para redimir al ^nero humano. ||
Usado como Inteijección, sirve para
manifestar admiración ó susto. Usasu
también como exclamación piadosa.
En uno y otro sentido no es raro es-
forzar lá idea con la frase: jJbsús uil
VBOBs! y Dbcir los JESUSES equivalía
en lo antiguo á ajudar á bien morir.
DEh UN DECIR Jbsus. Modo adverbial.
Muj brevemente, en un instante. Q
¡Jesús, María y José! Interjección
3U8 suele pronunciarse todavía, cuan-
0 se oje que alguno estornuda. Dí-
cese que viene esta práctica piadosa
de que hubo en lo antiguo una enfer-
medad en qué el estornudo era como
un síntoma de iniierte. Por conse-
cuencia, al oír estornudar, se decía:
¡Jesús, MabÍa t JosAl con el doble
fin de encomendar á Dios el alma del
muerto y de poner por mediadores
aquellos nombres sacrosantos, para
librarse de la calamidad.
Etiuoloqía. Nombre propio del
Hijo de Dios, diminutivo de Jekovah
(el que es, el Ser por excelencia),
nombre propio de Dios en la lengua
hebrea. —El monograma de Jesús es
IHS, cifra en la cual la ^no es nues-
tra H, sino la ¿to ó la if larga majus>
cula de los griegos. La cifra IHS en
rigor no es monograma, ni cifra, sino
una abreviatura ai modo de los grie-
gos, quienes ponían las dos primeras
letras y la ultima del nombre. El
acento que debe llevar la H (ita),
una veces es el cincunflejo; otras, es
una tilde 6 rajita horizontal, y otras
lo convertimos en una cruz (Monlau):
latín de san Jerónimo, Jésus; franzés,
Jésus; catalán, Jesús.
Jesús, HIJO DE SiRAC. Sabio judío,
á quien se atribuye el Eclesiástico. No
se saben particularidades de su vida,
y hasta se ignora la época en que vi-
vió, aunque la opinión más fundada
le coloca en el siglo u antes de Jesu-
cristo. Para la composición de sn obra
tomó sus apotegmas, en parte, del
Antiguo Testamento, y en parte, de
otras colecciones de sentencias 6 gnfl-
mos, que jra no existen, insertando
además en ella el fruto de sus propias
meditaciones, inspiradas por la lectur
ra de las Escrituras. Los protestantes
tienen el Sclesiásíico por apócrifo.
Jesús(Touá.s de). Escritor religio-
so español de la orden de los carmeli-
tas. Se ignora la fecha de sn nact-
mientovlas circunstancias de su vida,
sabiéndose sólo que murió en 16^ «,
dejando, entre otras obras, las si-
guientes: De la contemplación ditina;
Espejo de religiosos; Comentarios; Com-
pendio de hg arados de la oración, y De
la antigüedad y santos de ta arde» dtl
Carmen.
• Jesús y Jódar (Francisco). Car-
melita descalzo y teólogo espai^ol, que
nació en 1569 y murió en 1643. 0.»¿o
el favor de los rejres Felipe III y Fe-
lipe IV y dig'ó las siguientes obras:
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áii JfiTA
Difeur$9t; Mies dv los Uiw fnÜtH-
do$j EjercicUn gspirittutUt,
Jesús ▼ Madrid (Antonio Vickn-
n os), ratile franciscano rsseritor
español* que nació an 1702 y mmió
en 1770. Sus principales obras son:
SI Negro más prodigtoto; vida de tan
Benito de Palermo; San Pedro do Al-
cántara defendido, j Crdnien do U tr^
den de deteakos.
Jesús 7 Maris (ordbn db). Suto-
ria, Orden de caballería, instituida
en Roma bajo el jpontifícado de Pau-
lo Y. Cada caballero debía mantener
un hombre armado j un caballo para
la defensa del estado eclesiástico. Era
preeiso, para entrar en esto orden^
nacer pruebas de nobleza, 6 una fun-
dación de 600 libras de rents. La in-
signia en una cnu azul celeste, en
medio de la eoal estaban impresos los
nombres da Jesús t María; en las
solemnidades, los caballeros restían
de blanco.
Jesús Maris (Antonio ob). Car-
melita descalzo j hag^iógrafo español
del siglo xviu. Perteneció á la servi-
dumbre del marqués de Villena, con
quien pasó & Méjico en 1640; fué pre-
so por los argelinos en 1649 jr murió
algunos años después en Bspaña. Sus
escritos más notables son: Vida del
arzobitpo de Toledo Motcoto y Sandoval
y Boecio de Con$olaei<fn.
Jesús Haría (Bbrnasdo db). Mer-
cenario descalzo j teólogo español,
que nació en Madrid en 1616, profesó
en 1632 j murió en 1687. Sus princi-
pales escritos son: Teología moral;
Teología escolástica j Sermones.
Jesús Maria (Jacinto db). Fraile
agustino español ^ capellán castrense
en Filipinas. Nació á últimos del si-
glo XVI y murió en 1631, degollado
por un pelotón de indios que manda-
ba, al volver de una ezpeaición.
Jesús Maria (José db). Carmelita,
literato y hagíógrafo español, que mu-
rió en 1629. eSus escritos mis notables
son: Excelencia de ean Joti; Vida de
tanta Catalina de Toledo; Vida del ve-
nerable padre Juan de la Criu; Vida de
frag Francitco del Divino Jetút; Sit-
tona de la Virgen; A labamat de la cat-
iidadf y Escuela de oraciones.
Jesús Maria (Juan de). Carmelita
descalzo j teólogo español. Nació
en 1593; pasó á Italia, donde fué ami-
go del cardenal Belarmino ^ aun del
papa Paulo V j compuso vanas obras,
que se publicaron en dos tomos.
Jesusear. Neutro. Repetir mu-
chas veces el nombre de Jesús.
Jesusta. Masculino j femenino.
Miembro de una orden religiosa que
siempre tenía en la boca el nombre de
Jesús; se ocupaban en asistir j medi-
cinar á los enfermos. (Caballero.)
ETiuoLoaÍA. Es mu^ posible que
jesusta represente jetuato, por errata
de iiqprenta.
Jeta. Femenino. Los labios grue-
sos y abultados. ¡| Provincial Aragón.
BSPiTA. ^ KbTAR COK TANTA JBTA. Fra-
se familiar. Mostrar eu el semblante
enojo, disgusto ó malhumor.
Jetar. Provincial Aragón. Dssieir
.íltíA
algo ep cesa líquida; y asf dicen: n-
TAB la iftlsa, JBTAB uu sjo V echarlo
en el guisado. | Anticuado. Bbta.
Jeus. Masculino plural. Geografía
antúna. Los jbtas, pueblos de la isla
de fós^ en «1 mar Egeo. (Plinio.)
EriuoLOaÍA. Latín Jeta.
Jete (Granada). Masculino. Lugar
vecino al puerto de Almuñécar ó de
Sexif eorrespsndiente al Saaetadnm
del Itinerario de Antonino Pfo, que
ha heredado su nombre.
Jeto. Masculino. Provincial Ara-
gón. La colmena vuía, untada con
aguamiel, pan que aeu¿in & ella los
enjambres.
Jetudo, da. Adjetivo. El que tiene
jeta.
Jeyunar. Neutro anticuado. Atu-
HAB.
Jesabel. Reina de Israel, que casó
con Acab por los años 907 antes de
Jesucristo. Persuadió á su marido á
Jue desterrase el culto del verdadero
IÍ08> reemplazándole con el de Baal.
Hizo morir apedreado á Nabot, acu-
sándole, por medio de testigos falsos,
para vengarse de que no hubiera que-
rido vender su viña i Acab; bajo los
reinados de Oeozías y Joram, sus hi-
jos, tuvo menos poder, y cuando Jehú
fué une-ido rej de Israel y recibió
la misión de exterminar á la familia
de Acab, después de dar muerte á Jo-
ram y Oeozías, se dirigió al palacio
que habitaba Jezabel, yin hizo arro-
jar por una ventana, quedando muer-
ta en el acto, y siendo devorada por
los perros, según profeti/.ó Elias.
Jta. Femenino. Planta de la Haba*
na, sumamente espinosa.
Jiacotin. Masculino. Especie de
faisán de América.
Jibado. Gibado. La foijaz jibado,
que aparece en algunos Dxccionariot,
no es la aceptada con razón por la
Academia. Eu el mismo caso se en-
cuentran jibadwra, jibamiento, jibar^
jiboto*
Jibadura. Oibaddba.
Jibamiento. Gibauibhto.
Jibar. Gibas.
Jibaro, ra. Adjetivo americano.
Epíteto de loa animales domésticos
que se hacen montaraces, particular-
mente de los perros. I Metafórico ame-
ricano. Agreste, grosero.
Jibia. Femenino. Pescado parecido
al calamar, que carece de cola y tiene
dos apéndices en la cabeza. [| El hueso
blando de dicho pescado.
Etiuolooía. Jiba, por semejanza
de forma: francés,
Jiboso. Giboso.
Jícacos. Masculino. Hioacos.
Jicama. Femenino. Raíz semejan-
te á la yuca, que se cría eu la provin-
cia de California, de que hacen su pan
los indios.
Jicara. Femenino. Vasija pequeña
de loza, que sirve para varios usos, y
principalmente para tomar chocolate.
Etluolooía. 1. cLatín scgpAus, del
griego <Txú<^o<; (skyphot), taza para be-
ber.» (Anónimo.)
2. Por más oue se ensanchen las
nglas del método de la derivación, I
itUk
no ée puede explicar de qa< modo
tcyphnsan podido tomarse en jIoabaí
No negamos que baja sueedido, pues-
to que faaj ejemplos de corrupciones
aún mayores; pero repetímos que no
hay manera de explicarlo.
Jicarazo. Maaculíoo. La propina-
ción alevosa de veneno.
Jicarica, lia, ta. Femenino dimi"
nutivo de jicara.
Jicarón. Masculino anmentatívo
de jicara.
Jicote. Masculino americano. Es-
pecie de avispa de color amarillo y
negro, que pica terriblemente.
Jicotera. Femenino americano.
Panal que forman los jicotes en los
agujeros de las paredes.
Jicrita.^ Femenino. Saeo en que
llevan los indios la comida para sus
viajes.
Jifa. Femenino. Lo que se arroja ó
lo que falta y quitan en los matade-
ros cuando se matan y desenartizan
las reses para el público.
Etiholooía; Arabe djifa, ccarue
mortezína,» en Pedro de AleaU. {k<Sk-
DBMiA, Marina, MOllbr, Dozv.)
Jiferada. Femenino. El golpe dado
con el jífijro.
Jifería. Femenino, QI ejercieio de
matar y desollar las reses.
Etimología, Jifa.
Jifero, ra. AcQetive. Lo que per-
tenece el matadero, y por alusión vale
sucio, puerco y soez. || Masculino. El
cuchillo con que matan y descuarti-
zan las reses. \ Bl oñcial que mátalas
reses y las descuartiza.
EriuoLoafA. Jifa.
Jifia. Femenino. Pbz bspada.
Jiga. GiOA. La forma jiga, que trae
la Academia, no es etimológica.
Jigote. GicoTB. La forma j^ote^
que trae la Academia, no es etimoló-
gica.
Jiguilete. Masculino. Nombre que
se da en la India á la planta conocida
en castellano con el nombre de añil.
Jqallar. Masculino. Bl monte po-
blado de jijallos.
Jqallo. Masculino. Arbusto depoco
menos de una vara de altura, cuyas
hojas son muy angostas, cenicientas
y blandas. Es excelente pasto de ga-
nados.
Jijo. Masculino provincial. Ripio,
materiales menudos.
Jijona. Femenino. Variedad de
trigo de buena calidad qne se cría en
la Mancha.
Jilbo. GiLBO. La forma jUbo, que
trae la Academia, no es conforme i
origen. La Academia debe volverá It
forma antigua, única correcta.
Jileco. Masculino anticuado. Ca-
potillo DB nos HALDAS.
ExuioLoaÍA. Antiguo ¡eileeo,'
Jilguero. GiLGUERo. La íotrúnjit'
güero, que trae la Academia, no tleue
raíz.
Jílmaestre, Masculino. Artille-
ría. El teniente de mayoral que suple
por éstii en el gobierno de caballds ó
muías de transporte las piezaS.'
Jimagua. Masculino aijieriesiiO',
Gbhblo. •
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JIME
Jimená. Femenino. Nombn de U
mnjet del Cid.
ÉTiMOLoafA. Jimeno.
Jiménez, Masculino anticuado.
Nombre patronímico. Bl hijo de Jí-
meno. Hoj sólo se usa como apellido
de familia.
Jiménes (Francisco). Pintor es-
pafiol, que nació en AnrÓn en 1598
7 moño en 1666. Paad algunos afios
en Roma con objeto de perfeccionarse
en su arte, j al volver a su país eje-
cutó algunas obras da mérito; entre
ellas, dos cuadros que hav en la capi-
lla de san Pedro Arouéa de la catedral
de la Seo de Zaraguza j na» Adoración
de ¡n Reyest en la catedral da Te-
mel.
Jiménez (Francisco Mioubl). Pin-
tor español, discípulo de Domingo
Martínez, ^ue nació en Sevilla en la
primera mitad del siglo xvm y murió
•n 1792. Fué maestro j director de
la escuela de dibujo de Sevilla, j dejó
en aquella capital diferentes obras de
mérito; entre ellas, dos cuadros histo-
riados qne se hallan en la iglesia de
San Felipe Neri.
Jiménez f Josd Albbrto). General
de la orden del Carmen ^ grande de
Bspaña, que nació á mediados del si-
glo xvu!. Pío VI le confió una misión
para Ñápeles, con objeto de arreglar
ciertas discordias que había entre am-
bas cortes, j murió en 1781.
Jiménea (Luis). Obispo de Elvas
7 escritor ascético español del si-
glo XIII. Su principal obra se titula:
De vida angélica,
Jiménez de Alsuna (Juan). Bs-
enltor español j uno de los mejores
maestros de sn siglo. Sos obras mis
notables son dos estatuas de la ásim-
ei^ j de mu JtrifiUno, que presentó
Sira el retsUo mayor déla parroquia
a Cascante, en Navarra.
Jiménez Angel (José). Pintor es-
pañol del siglo XVII, natural de Tole-
do y discípulo de Antonio Rubio, de
aqaella ciudad. Sucedió i Claudio
Coello en la plaza de pintor de la ca-
tedral, T dejó varias obras de mérito;
entre ellas, el fresco que cubre el ca-
marín de la ermita de Nuestra Señora
de los Remedios, en la villa de Sonse-
ea, provincia de Toledo.
Jiménez Donoso (Josá). Pintor j
arquitecto español, que nació en Con-
sueta en 1628 j murió en 1690. Fué
discípulo de sn padre Antonio Jimé-
nez 7 después pasó á perfeccionarse
i Roma, donde sus principales estu-
dios fueron de arquiteetura 7 perspec-
tiva. Las obras mas notables que dejó,
son: dos cuadros en la capilla de ^n
Juan de Letrin, en Valencia; una
Virgen, un tan Juan, un tan Bruno 7
ana Adoraeüfn de los Reyes, en la Car-
teja de Valdecristo, en Segorbe; La
Bncamaeidn, en el colegio de Loreto
de Madrid; La Trinidad, en la iglesia
del mismo nombre; tan Ignacio, san
Francisco Javier 7 algunos frescos, en
San Isidro el Real; Líisioria de los san-
M Jutío y Pastor, en la parroquia del
mismo nombre; Vida de tan Benito,
ta 8u Hastío; Agwneúín, Swño de tan
JINE
Jase, 7 frescos, en san Basilio; el re->
tablo ma7or, san Francisco de Paula
7 varios retratos, en la Victoria; san
Agustín, en las Trinitarias; tan Ñico-
las de Barí, en el Caballero de Gracia;
.salón, antesala 7 escalera de la Casa-
Panadería; frescos de la sala capitu-
lar de la Cartuja del Paular, 7 san
Francisco de Salet, en Salamanca.
Jiménez de lúda (Rodbioo). Hi»>
toriador español, cardenal 7 arzobis-
po de Toledo. Asistió al Concilio la-
teranense , convocado por Inocen-
cio III, que le nombró su legado en
España por diez años; excitó á san
Fernando á derribar la antigua cate-
dral de Toledo 7 á edificar la que bo7
existe; asistió, en compañía de Alfon-
so VIH, i la batalla de las Navas de
Tolosa; conquistó á Cazorla 7 su te-
rritorio 7 murió en 1247, al volver de
su tercer viaje á Roma. Fué hombre
de profunda erudición 7 en extremo
dado á los estudios históricos, habien-
do dejado escritas las sip^uientes
obras: Historia de España; HttUma de
Un árabes é ffitíoria de Rma,
Jimeno. Masculino. Nombre patro-
nímico de varón.
EnifOLoaÍA. Jiménez.
Jimeno (Matías). Pintor español
del siglo XVII, discípulo de Vicente
Carducho. Entre sus cuadros más no-
tables, se citan: La Encarnación del
Hijo de Dios; Nacimiento de Jesucristo;
Ep^ania 7 Presentación en el Templo.
Jimenzar. Activo. Provincial Ara-
gón. Quitar á golpes de pala ó piedra
al lino ó cáñamo seco la simiente,
para llevarlo i poner en agua.
Jimio, mla-Maieulino j femeni-
no. Simio.
Jinebro. Uaienlino anticuado,
fimsno.
Jinesta. Ginesta. La forma yiiwi-
ta, que se halla en algunos DieGÍúna~
ries, no tiene raíz.
Jinestada. Ginbstada. La forma
Jinestada, que trae la Academia, no es
la etimológica.
Jineta. Femenino. Lanza corta
con el hierro dorado 7 una borla por
guarnición, que en lo antiguo era in-
signia de los capitanes de infante-
ría. Q Cierto tributo qne en otro tiem-
po pagaban los ganados. || El arte de
montar á caballo, según la escuela del
mismo nombre. Se usa en el modo ad-
verbial Íl. la JiNBTA. B El empleo de
sargento. || Tbhbb los cascos ¿ la ji-
neta. Frase familiar. Tener j>oco jui-
cio ó ser alborotado 7 bullicioso.
EmroLoafA. Jinete.
Jinete. Masculino. Soldado de &
caballo que peleaba en lo pintiguo con
lanza 7 adarga, 7 llevaba encogidas
las piernas con estribos cortos. | El
que está montado á caballo. Q Hállase
usado por caballero.
Etimología. Berberisco teneta,
nombre de una tribu que montaba
mu7 bien á caballo.
Jinetear. Activo americano. Do-
mar los caballos cerriles montándo-
los, II Americano. Subir en un toro.
Jínetón. ilasculíno aumentativo
de jineta.
jmi
245
Jinglar. Keutro. Moverse de nna
fiarte a otra colgado, como en el eo-
umpio.
Jingreta. Femenino anticuado.
Burla, mofa.
Jingiina. Femenino. Nombre de
una 6aut» pequeña de los antiguos.
Jiiya. Femenino anticoado. Azu-
PAIPA.
£T»f0L0OÍA.7lK/0.
Jiigo. Masculino anticuado. Azo-
Faifo.
BmiOLOOÍA. JonJolL
Jii^ol. Masculino. Azüpaifa.
Jinjolero. Masculino. Azufaifo.
Jipato, ta. Adjetivo americano.
Pálido, enfermizo en el semblante. B
Americano. HártO, repleto de comida.
Jiquilite. Masculino. Asiu
Jira. Femenino. El pedazo figo
fraude 7 largo que se corta ó rasga
e alguna tela. Q Banquete campestre
que se hace entre amigos con regoci-
jo 7 bulla. Jl Hacbb jiras t capwo-
TBS. Frase lamíliar. Hacsb mamoas t
CAPIROTES.
ExuiOLoaÍA. Girar, La forma jira,
que trae la Academia, dó es etimoló-
gica.
Jirada. Gibaoa. La fbrma^ jirada,
que aparece en algunos JHecionariM,
no tiene raíz.
Jirafa. Femenino. Camello pardal.
ETiHOLoaÍA. 1. Arabe soro/a, /<nf-
/a, 7 djarafa, en Humbert: catalán,
girafa; francés, girafe.
2. La forma asorafa, que se halla
en la Ohronica de 0o» Alonso X (fo-
lio 5, b,), es el árabe M-zora/a.
Jiraldete. Masculino. Roquete sin
mangas.
Etiuolooía. JireL
Jirándula. Girándula. La forma
jirándula, que aparece en algunos
Dieeionarios, no tiene n(z.
Jirapliega. Femenino. Especie de
eleetuario compuesto de cosas pur-
gantes.
Jirasal. Femenino. Fruto de un
árbol de la India llamado laca.
Jiraspe. Masculino. Hilo de oro 7
seda mu7 delgadito, 7 cordón de la
misma materia, que usan los árabes
como adorno.
Jiraumón. Masculino. Botánica.
Árbol de la India, cuja fruta, del mis-
mo nombre, es parecida á la calabaza.
Jiraupialffara. Femenino. Zoolo-
Í'la, Culebra del Brasil, que se sube á
& copa de los árboles á comerse los
huevos de las aves.
BmuHAofA. Vocablo hatiliño.
Jirel. Masculino. Especie de jaez.
EtiholooU. Arabe djilel, djellaU,
en Daumas; djellali, en Tristam, vo-
cablos que se usan aún en Argelia.
Jirgonz. GiROONz.
Jir|fonza. Femenino anticuado.
Especie de piedra á que se atribula
tener virtud contra el veneno.
Jírguero. Masculino anticuado.
Jll.OUBRO. .
Jiribado. Masculino. &ermania,
Bl guisado.
£ride. Femenino. Botdnicé. Plan-
ta que tiene las hojas como el lirio
cárdeno, aunque mas anchas 7 pun-
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JOB
JOB
tiaffudas. En madio de ellai lale un
tn\w da mediana grosura, del cual
nacen unas rainaa de trea esquinas
Uaaaa de ciertaa florea purpúreas.
Produce la simiente redonda j roja,
^nownda en unas como vainas, y
tiane hoUejas como loa de las habas.
^ n^edioinal, t Lagaña pretende que
sea la $pat%la faíida.
Jirimiquear. Neutro «marieano.
SOLLOSAB.
BnuoiAOU. ^orjermi^ar; da Jé-
remiat,
Jirino. Uáieuliao. Bl embrido de
la. rana.
Jirofina. Femenino. Especie de
salaa que se oompone de bazo de car-
nero, pan tostado jr otros ingredien-
tes.
Jiroflé. Masculino. Botánica. Ár-
bol de la India que produce los clavos
de especia, 7 crece nasta treinta pies.
ETiuoLOsfa. Griego xapuófuXXov
( laryóphp llon y, de xipuov ( káryon ), no-
gal, T foQXw (phylUm), hoja; «hoja de
nogal:»' latín, caryophylUm; italiano,
garofatto; francés del siglo xit, y iro-
fre; moderno, girofie; provenzal jr c^-
UXkviy girojle, gerofit.
JiroB. GiBON. La forma jtri^, que
,tne la Academia, no tiene raíz.
Jironcillo, to. Giboncillo, ito.
Jirpear. Activo. Cavar las cepas
de las vides al rededor, dejando un
hojo donde se detenga el agua cuan-
do se riegan ó llueve.
Jis. JoascuIÍBO, Pintwra. Clarión.
Jisca. Femenino. Cisca 6 cabbizo.
Jisma. Femenino anticuado. Cuen-
to á chisme.
EtimolooÍa. Citma.
JismerOt ra. Adjetivo anticuado.
Cuentero.
BmuniOaiA. /úsm.
JÍ3te. Masculino. La espoma de le
cerveza.
Jitar. Activo. Provincial Aragón.
Arrojar 6 echar fuera. Sdlo tiene 7a
.oso en las montaftas.
ETtu(x.ooÍA. Latín /acíSr;, frecuen-
tativo dejacere, lanzar: catalán, y;-
í*r; aragonés, yi/ar; Benj, giUr; pro-
venzal, aitart gíetar, geíar; francés,
jeler; italiiíaOt criiíare,geUar«.
Jito. Masculino. Fundición. La ca-
nal por donde corre el metal fundido,
jr también el agujero por donde entra
en la matriz. || M metal que solua de
toda letra ó pieza que se vacía.
Etiuolooía. Jitar.
Jitomate. Masculino americano.
Tomate.
Jif abar. Neutro. &erwuMU, Can-
tar.
{Jol Interieecidn de que ae uw pam
hacer parar las cabailenas.
Joa 6 Joba. Femenino. Marina.
Crecimiento de las ligazon&s de cuen*
fa en las cintas altas. — cEl crecimien-
to ó aumento que se da á los maderos
de cuentas en las puntas altaa que
hacen el costado. > (vocabulario marí-
timo de Sevilla.) — <íDeJoba medio codo
ó proa, repartido ec tantas partes
igjiales cuantas fueren las orengas.»
(Jtteopilapión de leves de Indioi,
Joan. Masculino. Nombre patroní-
mico anticuado. Juan.
Jóaneta. Femenino. Especie de tó-
nico.
Joaquimismo. Masculino. Doctri-
na que consiste en pretender que el
Evangelio de Jesucristo debe ser abo-
lido, como se abolió la le; de Moisés;
al cual sucederá un tercer estado, que
será el estado de la perfeceióUf lla-
mado el reino del Espíritu Santo. En
este reino, que el al»d Joaquín de-
nomina el Evangelio eterno, la propie-
dad será abolida, lo cual quiere de-
cir que el reino del padre Joaquín no
venará nunca, porque abolir la pro-
piedad es abolir al hombre. El hom-
bre es propiedad también, como todas
las cosas que no representan el ser
absoluto.
Etimología. Abad Joachim (Joa-
quín) de Floro, autor del Evangelio
etemo(sig\oxii):íraxxeéB,JoaccAim%sme.
Joaqnimiaia. Masculino. Sectario
del joaquimismo, ó sea del Evangelio
eterno.
ETUiOLoaía. Joetgwmimot firancés,
joaekimitU,
Joás. Masculino. ffittorU Sagrada.
Hijo de Ocozías, sobrino de AUlía.
BTXucn.oo£A. Latín Joát.
Job. Masculino. Historia Sagrada.
Personaje bíblico, que vivía en Ara-
bia hacia el siglo xvx antes de nues-
tra era, j que sólo nos es conocido
{lor el libro de la Santa Biblia, que
leva su nombre. A juzgar por este li-
bro, Job debía ser un hom we sencillo
j recto, temeroso de Dios y enemigo
implacable del mal. Habitaba en la
tierra de Has, territorio cuja situa-
ción se ignora. Tenia siet¿ hijos j
tres hijas; poseía 7.000 cabezas d,e ga-
nado lanar, 3.000 camellos, 500 pa-
res de bueyes y 500 caballerias; era
dueño de numerosos criados j se le
reputaba con justicia por gozar de la
posición más opulenta da la comarca.
A pesar de sus riquezas, conservó un
corazón recto ^ temeroso de Dios.
Paro como Satán afirmase que su fe
dependía sólo de su prosperidad, el
Señor, para probar lo contrario, le
permitió someter á Job á las más ru-
das pruebas, sujetándole á toda clase
de males, excepto la mnerte. A con-
secuencia de esta permisión, de alU á
poco los sábeos le roban sus buejes
7 caballerías; el fuego del cielo devo-
ra sus rebaños; sus 3.000 camellos
caen en poder de los caldeos, 7, por
último, un viento furioso, soplando
del Desierto, derriba la casa donde to-
dos sus hijos estaban reunidos y los
sepulta en las ruinas. Job recibe estas
tnstes noticias una & una, 7 un solo
grito escapa de su pecho: <Desn%do
salí del seno de la tierra, desnudo polv^
r¿ á ella. Di'jg me lo habla dado todo:
El me lo gwía; que su sanio nombre sea
bendito.» Peco la prueba se extiende
bien pronto al mismo Job. El desdi-
chado se ve cubierto de una lepra as-
querosa, que se extiende rápidamente
desde sus piés hasta su cabeza. Senta-
do en un muladar, rae con un pedazo
de teja el fétido humor que escapa de
sus úlceras, j cuando sñ mísnu mti-
jer viene á culparle por su resi^a-
ción ^ su humildad: Toda se U debe-
mos a Dios, le responde; ti de El reci-
bimos los bienes, ¿por gué no recibí üt
malesf Tres de sus amigos, Gliphat,
Baldad j Sophar, sabedoras de sus in-
fortunios, acuden á veife; ñero ante
el espectáculo de los males de que te
ven nerído, permanecen mudos siete
días 7 siete noches; por fin, oc^iffuen
hablarle 7 tratando de conTeneerle de
que las adversidades sólo pueden eaw
sobre los malvados, le dirigen las más
sangrientas invectivas 7 le abruman
6 humillaciones. Job toma á Dios por
testigo de su inocencia 7 protesta que
es oprimido sin razón. En la histo-
ria de Job se encuentran pensamien-
tos de una profundidad iacrefble con
respecto & la existencia del mal físico
7 del mal moni, bajo el imperio de
un Dios poderoso 7 bueno. De pronto
un nuevo interlocutor, llamado Blia
ó Elihú, más joven que los otros, toma
la palabra, no para acusar á Jos de
haber merecido por sus crímenes les
severos castigos que Dios le envía,
sino para hacerle notar que ha mos-
trado demasiado orgullo, protestando
de su inocencia, porque ningún mor-
tal puede jactarse de penetrar los al-
tos juicios de Dios 7 de haber sido
siempre perfecto á sus ojos. Lueeo
toma Dios la palabra, 7 después de
reprender la presunción del jovea
Ehhú, recuerda algunos de los prodi-
gios que ponen de manifiesto su po-
der, en un lenguaje lleno de eleva-
ción, de grandeza 7 de majestad. Bd-
tonces Job reconoce qne había traspa-
sado ios límites que debían marcarle
su pequenez 7 su ignorancia; á con-
secuencia de lo cual. Dios, satisfecho
de su mansedumbre, le cara de sai
males 7 le duplica las riqnetas qae
había perdido. El patriarca vivió to-
davía ciento cuarenta afios, durante
los cuales confióle Dios siete hijos
7 tres hijas. — El muladar de Job, su
resignación, los reproches de su mujer
7 las invectivas (te sus amigos, han
pasado al lenguaje vulgar, dando mo-
tivo á frecuentes alusiones. — La me-
jor traducción que, separándonos de
la incluida en la Biblia, se conoce del
Libro de Job, es la que M. Ernesto
Renán dió á luz en París en 1839.
En su prefacio, el autor declara qua
su versión está hecha sobre el tazto
massoréíieo, salvo dos ó tres pasajes,
en que todos están de acuerdo qne
deben corregirse; pero, francés antes
que todo, se aparta pi» completo del
método iJemán, qn* consiste en cal-
car eserupulosamante la palabra ale-
mana sobre la hebrea. 11. Renán ha
suprimido la división en capítulos,
como introducida en una época poste'
rior al poema, ^ ha tratado de inspi-
rarse en el estilo del ¿Abro i* Jos,
para que se sienta en la tradacción
algo de la sublime cadencia que pres-
ta tanto encanto al texto hebreo. Les
fiersonajes del poema no son judíos; el
ugar de la escena está aituade fuent
de la Palestina; en él no so sneo^nr
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JOB
JOCO
JOHA 247
tn. alusión alguna á los usos mosai-
eos, 7 Job no parece conocer otro cul-
to que el patriarcal. Desorientados
fior todas estas circunstancias, hálii-
Bs críticos han pretendido que el Li-
6ro de Job no era de origen hebraico.
Bsta opinión debe ser tenida como
errónea, si se quiere decir coa esto que
la lengua empleada en él no es puro
hebreo, ó que el texto que ha llegado
i nosotros no es m&s que la traduc-
ción hebraica de una obra escrita en
otro dialecto semítico. Lo que no ad-
mite dads, es qne el fondo de laa ideas
de Job no m especial de la raza he-
brea, sino coman á toda la semítica;
de donde es preciso concluir que el
Zidro ie Job es anterior á la época ¿n
que las instituciones religiosas de los
hebreos tomaron una forma deñnitiva
merced á la legislación mosaica. Se-
gún Renán, la composición entera de
esta obra admirable descansa en una
legenda idumea, j las tesis filosóficas
desarrollas en sus diálogos, no son
otra cosa que lugares comunes de la
doctrina semítica. Por la comparación
de los textos, por el estudio de los
historiadores y de la estética de la
lengua hebrea, hay fundamento para
adherirse á una opinión muy acredi-
tada, que coloca la aparición del li-
bro baeia el afto 700. Queda que son-
dear una nuera enestión, la cu la au-
tenticidad del precioso documento que
se examina. ¿Es todo ¿1 de la misma
mano? Renán no lo cree; pero al mis-
mo tiempo combate á los críticos que
le suponen obra de muchas genera-
ciones. A despecho de numerosas con-
tradicciones que presentan las diver-
sas partes en el londo j en la forma,
no admite como cierta otra interpola-
ción que la del discurso de Elíhfi>
A.qui termina la parte científica del
comentario de M. Renán; pero antes
de darnos el texto de la obra, se es-
fuerza en se&alar la grandeza j la
profundidad de su pensamiento. En
ningona parte, con efecto, la austeri-
dad, la elevación j sobrio ornato que
eaiscterizan á todas las obras origina-
les de la raza semítica, se manifiestan
con un hechizo más seductor. Jamás
libro filosófico ó religioso alguno ha
denotado tanta vivacidad de imagi-
nación, tanta fuerza, ni tanta pasun
concentrada jr encerrada en los lími-
tes del más escrupuloso razonamien-
to. M. Renán hace también notar que
la época del Libro de Job es la de la
deoulencia, entre los hebreos, de las
ideas mitológicas, que hormigueaban
en la Hj mosaica en sus primeros pa-
sos. Bn una palabra, el Libro de Job
es la expresión de la turbación inevi-
table que se apodera de la concien-
cia humana en a^uel instante supre-
mo en que principiaba á desvanecer-
se la vieja teoría patriarcal, fundada
únicamente en las delicias de este
mundo, es decir, en los goces de la
vida terrestre. Por consiguiente, el
Libro de Job marca un trastorno ne-
cesario j profundo en el espíritu de
aquellas edades, una verdadera palin-
geuesfa pnrvidencial.
^«íSa.— Príncipe de ¿rabia, céle-
bre por tres cosas que rajraron en lo
sublime: una fe extraordinaria, una
extraordinaria poesía j una extraor-
dinaria .paciencia; en cujo sentido se
dice, á guisa de proverbio: «tiene más
paciencia que Job.» (Anónimo.)
Jobero, ra. Adjetivo americano.
£1 que tiene el cutis manchado de
blanco y verde.
Etimología. Hohero. La^ de jobero
no es mis que la aspiración de la A de
hohero, Maravilla encontrar en Améri-
ca nuestro antiguo vocablo.
Jobo. Masculino. Arbol de Améri-
ca, muy alto jr frondoso, al^ parecido
al cedro, cuya fruta, del miuno nom-
bre, es una especie de ciruela amari-
lla, y CoaRER JOBOS. Frase familiar
americana. Hacbb novillos.
Jocabed. Femenino. Historia Sa-
grada. Madre de Moisés. (Biblia.)
Etiuolooía. Latín Jochahed.
Jocasta. Femenino, ¡diiologla. Hi-
ja de Meneceo, hermano de Creonte,
rey de Tebas, y mujer de Layo; muer-
to el cual, casó con su propio hijo
Edipo, de quien tuvo dos hijos, Eteo-
cles y Polinices, que se mataron uno
á otro; y ella, á si misma.
ETiUQLodú. Latín/tfeflf /«.(^HBCA. )
Jo«key. Masculino. Voz inglesa
que significa criado joven destinado á
seguir montado i su señw y correr
sus caballos ó dirigirlos.
Btiuoloqía. Inglés yocAw, del fran-
cés ^'a^tt^í, corrupción de Jacques, Ja-
cobo, aplicado á BÍgaificar la idea de
un homore de poco valer, de un pobre
diablo.
Jocó. Masculino. Especie de oran-
gután.
Jocoque. Masculino. Jocotiui.
Jocoqui. Masculino. Nata agria,
de que se hace mucho aprecio en al-
gunas provincias de Méjico.
Jocosamente. Adverbio de modo.
Con jocosidad.
EtiuoloqIa. Jocom y el sufijo ad-
verbial mente: latín, j^ati; italiano,
giocosamente; catalán, yocoMMM/.
Jocoserio, ria. Adjetivo. Lo ^ue
Sarticípa de serio y jocoso; y asi se
ice: romance jocosbbio. Q Lo que tie-
ne la propiedad de expresar con for-
mas festivas y alegres pensamientos
serios y sentenciosos.
ETiicoLoaía.. Joaao j tvrio: eatalin,
jocoserio, a.
Jocosidad. Femeaino. Chiste^ do-
naire.
Etiuolooía. Joeoto: italiano, yifffis-
sita; catalán, jocofitaL
Jocosísimo, ma. A^ietívo super-
lativo de jocoso..
Jocoso, sa. AdJetÍTO. Fsitivo y
gracioso.
BtuiolooÍa. Latín JSedtuSt alegre,
festivo, cliancero, gracioso; forma ad-
jetiva de Jocus, chanza, dicho agudo;
italiano, yrocúfo; catalán, ^ocúlt, o.
Sinonimia. Joeoto, festivo. Suele
confundirse la significación de estas
dos palabras, pero inexactamente. IíB
jocotidad es de suyo chocarrera, por-
que de suyo traspasa los límites de lo
festivo: aa Joeoto un hombre que en el
dseir pone en acción los más
ezagisrados de agradar á sus semcgan-
tes. Es fettivo un hombre que en el
decir pone en acción los medios más
finos, delicados y contenidos de agra-
dar á sus semejantes. El jocoso es ex-
travagante; t\p¿tivo,is alegremente
discreto. Bertoldo 'es un {(ersonaje^'o-
coso; Cervantes, un esoritor fotitvo,
(Lópiz PblborÍn.)
Jbcoyol. Masculino americano.
ACBDBRA.
Jocoyote. Masculino americano.
El hijo menor, que suele ser también
el mas querido ae sus padr^.
Jocundidad. Femenino anticuada.
Alegría, apacibílidad.
BtuiolooÍa. Jocwtdo; latín, jSetít-
ditas, agrado, encanto, deleite; italia-
no, Woconiifzza; GSLialin, jocuñditat.
Jocundisimo, m^\Adjetívo anti-
cuado superlativo de jocundo.
Jocundo, da. Adjetivo anticuado.
Plácido, alegre y agradable.
Etivolooía. L^UixJ&cundus yjocünr-
dus, agradable, forma de Jocus, gra-
cia, chiste, donaire, diverstón(DB Mi*
OUBL y Morante): italiano,, gMCOtute-
vote, giocondo; ítaücÓBtJoeonae.
Reseña. — El latía J9cu%ámt se li«Ua
en lasioscripciones como nomtee pn»>
pió, de donde hubieron de tomado
Átioato y La Fontaine paia inmoiti^
lizarlo con su genio.
Joel. Masculino. ffUíoria Swraétt*
Hirió priinogénito de Samuel./' SibUa.)
Etimología. Latín Joel.
Jofaina. Femenino. Au<ifai«í..
Jofor. Masculino anticuado. Fn-
nóstieó*
EmiOLoaÍA. Árabe ^afr ( j^?^)
en Ibn-Khallican, Ibn-Khaldún, Hei^
belot y Shaw. La voz del artícMlo se
halla en el Diccionario del padre Jaró>
nimo Víctor y en Mármol, cuyo últir-
mo autor dice: «jamás se tuvUnm por
contentos, sn^irando siempre con la
memoria de su antigua en, y confia-
dos en unas ficciones vanasJlsBMdas
Jofvr» 6 pronósticos: sólo en ollas po-
nían sn esperanza, porque les deefain
que habían de volver á ser mAros y á
su primer estado^» (Mtkeiián dé Ut shk
ritcot, folio 3t.)
Jofire. Masculino anticuado. Jor-
fe. Q Masculino. Nombre patronímico
de varón. Gopbkdo.
Joglar. Masculino anticuado. Jd-
OLAB.
Joglareu. Femenino anticuado.
JcaLABBSA.
Jo^leria. Femenino anticuado.
Pasatiunpo, regocijo, placer»
Joguer. Neutro anticuado. Acos-
tarse.
Jogní. Masculino. Nombre de unos
peregrinos indios, que viven de Li-
mosnas.
Johanniabeiy . Masculino. Uno de
los mejores y más estimados vinos del
Rhin.
ETiiioLoaÍA. Alemán Johanni:^-
BBRG, nomlwe drf lugar en cuyas cer-
canías existe el viñedo; de berg, mon-
tafia, y JoAunnef^ Juan: francés, JoAan-
nitierg.
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'2Í8
JOÑA
Joicio. Masculino anticuado. Jui-
cio.
-Jojoba. Femenino. Fruta america-
na, parecida i las judías paquefias y
de color de castaña.
Jóle. Femenino. Tiempo» heroicos.
Hija de Burito» rej de Oecalia. (S¿-
MCCA.)
- BtiuoloqU. Latín Jóte,
Jolgorio. MaBCttlino familiar. Be-
■ff'>cÍjo, broma, diversión.
EnMOLoaÍA. JTiff/yar. Joloorio re-
presenta ko^eriOf mediante U aapira-
eii5n de la A.
Jolíes. Fenienino. Acci(Sn alegre,
6 palalira festiva propia de la moce-
dad. Es tomada del fnncés joli, que
significa aleg;re jr festivo. (Academia,
Dtccionario de 17Í6.)
JoHto. Masculino anticuado. Cal-
ma, suspensión. ]] Quedarse ó vol-
téese UN JOLITO. Frase anticuada.
■Quedarse suspenso ó chasqueado.
EniiOLoafA. «Viene, según Cora-
rrubias, del verbo italiano gioire, que
vale tomar reposo j holffanza.9 (Aca-
DSuiA, Dieeümaño Je iT26,J
Jena ben Ganadt. Oramitieo ja-
dío, ^ue Tivfa en Córdoba á mediados
del sig'lo XI, ejerciendo la Medicina.
■GomtntiÓ las teorías gramaticales de
Judi Chaju^ y dejó además un Libro
de imettigaettín, Ctranitica y Dieciona-
rio heireot y otro, De Íot rmeáiot tim-
ptes.
Joná». Hittoria Sagrada. (De una
palabra hebrea que significa paloma.)
Uno de los doce profetas menores,
hijo del profeta Amathi, que vivía en
la legundm mitad del siglo vm antes
de Jasueriato, T orofetízó el reinado
de Jerobpam II. Habiéndole ordenado
d Señor que fuera & predicar á loi
ninívitaa la destrucción de su ciudadi
trató de evadir los peligros de esta
misión. La nave en que se había em-
barcado, estaba próxima á zozobrar,
euando ae persuadió de que su des-
obediencia i las órdenes del cielo era
la causa de la tempestad, y obligó á
los marineros á que le arrojaran al
mar para apaciguarla. Tragado por
una ballena, permaneció tres días en
el cuerpo del ceticeo, AJgunos críti-
cos han objetado que la garganta de
la ballena apenas basta á dejar pasar
un arenque, pero tales objeciones no
son admisibles, cuando de un mila-
gro se trata. No es mis difícil, con
efecto, pasar por una garganta de
cuatro centímetros cuadraos, que
permanecer tres días en el estómago
del cetáceo sin ahogarse.- Sin embai^
^0, JoNÁs no sólo vivió los tres días
indicados en el vientre de la ballena,
sino que compuso en él un cántico
2ue ha llegado hasta nosotros, siendo
espués arrojado vivo á la pla^a. En-
tonces recibió nuevas órdenes de Dios
y esta vez marchó i Nfnive con la ca-
beza cubierta de cenizas y amenazan-
do á la ciudad con la destrucción en
al plazo de cuarenta días. No obstan-
te, los ninivitas apaciguaron la cólera
de Dios con grandes penitencias, y
merecieron asi su perdón. Jonás en-
tonces se mostró afligido, temiendo
JONS
f tasar por un falso profeta; pero Dios
e hizo arrepentirse mediante una lec-
ción. Un corpulento árbol crece du-
rante la noche; pero & la mañana se
seca súbitamente: Josís, privado de
su sombra, comienza á lamentarse.
«Pues si así te añiges, le dice el Se-
ñor, por la pérdida de un árbol que
ha tardado una sola noche en crecer,
¿por qué quieres que destruja una
ciudad, cuya edificación ha costado
tantos siglos?»
Resumen. — Según sabios críticos,
los pasajes análogos á los de la balle-
na, no deben tomarse en un sentido
literal, sino en la acepción parabóli-
ca, casi jeroglífica, que constituye el
alma de la literatura de los orientales.
Etimología. Otros etimologistas
entienden que Jonás significa: «fuego
del Señor.»
Jonatás. . JTi'fforta Sagrada. Hijo
del rey Saúl.
Etuíología; Vocablo hebreo que
significa: dado á Dios, Deo date; la-
tín, JSn&that.
Jones. Masculino plural. Geoarajla
antigua. Los jones, pueblos de Jonia.
(Cicerón.)
ETiMOLoaÍA. Latín jWr.
Joneso. Masculino. Especie de ár-
bol de las Indias.
Jonia. Femenino. Geografía anti-
gua. Provincia del Asia menor. (Pou-
PONio Mbla.)
ETiyoLooÍA. Griego "Iwv (hn)^ uno
de los hijos de Heleno, padre de la
raza griega, según la tradición; latín,
lonía, francés, Jonie; catalán, /<»tta.
Jonias (islas). Femenino plural.
Geografía ant^ita. Islas del mar Egeo,
cerca ae Jonia. (Avibno.)
BxmoLoaÍA. Latín Jonídet imule.
Jónico, ca. Adjetivo. Bl natural
de Jonia j lo perteneciente á esta
provincia. | Arjuitecíiartt. Se aplica
a uno de los cinco órdenes de anjui-
tectura, en el cual la columna tiene
18 módulos, uno la basa, y el capitel
está adornado de cuatro grandes vo-
latas, y tiene doce partes de las 18 en
que se divide el módulo. || Dícese de
los edificios en que se observa este
orden, y se aplica á cualquiera de los
miembros que están constraídos con
arreglo á sus proporciones; como ca-
pitel JÓNICO, columna jónica, templo
jónico, i Masculino. Pie de verso que
conata de cuatro sílabas. Es mayor ó
menor: el major tiene las dos prime-
ras largas y las otras breves, y al
contrano, el menor. | Diaíeeto jónico;
uno de los cuatro en que se divide la
lengua griega.
Etiuolooía. Jonia: griego, ItovtKÓ^
(ionikés); latín, ionícnt; catalán, jó-
nick, ca; francés, ionien, ionigue.
Jonio, nia. Adjetivo. Jónico.
Jonjoli. Masculino anticuado.
Ajonjolí.
Jonopso. Masculino. Planta pará-
sita orquídea del Perú. ¡
Jonson (Bbn ó Benjamín). Poeta
dramático, contemporáneo de Shakes-
peare, que nació en Londres en 1574
y murió en la misma ciudad en 1637.
Obrero, soldado en Holanda, estu-.
JORD
diante en Cambridge, actor, duetísts,
converso al catolicismo y vuelto de
nuevo á la Iglesia protestante, acabó
por escribir para el teatro, en 1593,
bajo la protección de Shakespeare, de
quien en más de una ocasión se había
burlado, haciéndole blanco de morda-
ces sátiras. Poeta laureado en 1619,
murió, sin embarvo, en la miseria.
BI estudio de los clásicos j de las re-
flas del teatro, la erudición, cierta
ignidad T un verdadero talento pan
la sátira, nacen aprecíable la lectura
de sus obras dramáticas, queascienden
al número de cincuenta, sobresalien-
do entre ellas sus tragedias: Seganoy
Caíilina. Sus numerosas Mosquee (pa-
satiempos de salón) y sus poesíaE
{ Forett Underwodt ) revelan un talento
más puro. Además de esto, escribió
una Gramática inglesa, cjue demuestra
sus no escasos conocimientos en filo-
sofía. Su tumba se conserva en Wésty
mínster; sobre ella sólo haj grabadas
estas palabras: *¡0h extraño Bbn Jon-
son!» Xa mejor edición de sus obras
es la de W. 6iffi>td (siete Toliimenei
en 8.*), Londres, 1816.
Jonaco.Masculino americano. Rin-
cón ó cuarto húmedo y oscuro, que
se halla debajo de la escalera de las
casas.
Jope. Masculino. Especie de insec-
to. D Interjección familiar. Joro.
¡Jopo! Interjección familiar. iFae-
ra de aqui!
ExiuoLoaÍA. Hopo, por aspiración
de la A.
Joppo. Femenino. Geografía anii-
gua. Deliciosísima ciudad de Palesti-
na, no lejos del Carmelo y enfren-
te de san Joan de Acre; noj, Ja£i.
I Jaffa.
Etimología. Joppe. ( Biblia.)
Jorcar. Activo. Provincial Extre-
madura. Aechas.
Jorco. Masculino. Provincial K
tremadura. Fiesta ó baile algo Ubre
que se usa entre gente vulgar.
Jordán. Masculino. Se dice de todo
lo que remoza, hermosea y purifica.
Es metáfora tomada del río Joroán,
santificado por el bautismo del Sal-
VADOB.
Etiuolooía. Hebreo jor, tLtnyo, j
aden, edén, delicia; «río delicioso:» la-
tía, /or(/Snt>; italiano, A'onísstf; fran-
cés, Jtmrdain,
JoBDÁH, ANIS. De la voz hebrot
jor, arrojo, y aden, 6 edén, placer; rio
ávl placer, arroyo agradable. Este
célebre río llamado noj el 'Arden,
nace en el monte ffermén (en el aoti-
Lfbano), atraviesa el lago de Taba-
rieh (Genezareth) y la Palestina, J
desagua en el mar Muerto. (M(»(*
LAÜ.) ,
Jordán (Esteban). Pintor, escul-
tor y arquitecto español, que d«io en
Valladolid en 1543 y murió en loOJ.
Fué discípulo de Alonso Berruguete
7 amigo de Domingo Theotocópu"i
llamado el Greco. Hizo un viaje á Ita-
lia con objeto de perfeccionarse en su
arte, y al volver a España fué nom-
brado escultor de Felipe II. Sus obras
más notables son tres retablos qw
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JORN
asisten: «a It'MAgtlalanft de Vallido^
lid. ea Saate llarU de Rioneo / en
el natuarío de Montsemt.
Jordán (Saltador). Piator eipe-
flol de la escuela de Madrid, qae tí-
T£a por lot añoi de 1636. Adquirió
gnu reputación como retratíita, j
entre otros muchos, todos notables
por el dibujo j parecido, se cita en
particular el de don Francisco de
QneTedo j Villegas.
Jorfe. Ifasculino anticuado. Pared
de piedra seca. | Tormo de piedra 6
peAasco en alto.
BnuoLGOÍA. Arabe ájórf, montón
de tierra, trinchera, dique, terraplúi,
baluarte: agfer,
Jorfear. Neutro. Formar un suelo
sin b^Tedillas. | Anticuado, Fabricar
un jorfe.
aorgoUBt no. Masculino. &tm<H
*úi. Compañero 6 criado de rufián.
Jorguín. Masculino. Hollín.
Jorguina. JobouinsbU.
Jorgninsria. Femenino anticua-
do, Hbcuicbría.
Joijin. JoaaufH.
Jogina. JosouiNA.
Jomada. Femenino. El camino
que, jendo de riaje, se anda regular-
mente en un día. | Todo el camino ó
Tiue, aunque pase de un día. 0 Bx-
peución miliUr. y El riaje que los
rejes hacen i los sitios reales. Llá-
mase también asi el tiempo que resi-
den en alguno de estoa sitios. | Lan-
ce, ocasión, circunstaacis. | Metáfo-
ra. Bl tiempo de la Wda del hombre,
j tembién el paso que da el alma de
esta Tidaá la eterna. [| Metáfora. Cual-
quiera de las partes en que se divide
la comedia española, que por lo re-
gular son tres. \ Metáfora. En la im-
prenta es lo que puede tirar la pren-
sa en un día. || boupida. Anticuado.
.yilicia. Batalla ó acción general, g
A OKANOIS ó Á LABOAS JOSNADAS. Mo-
do adverbial. Con celeridad y preste-
za. ( Al pin db la jornada. E!Lpre-
sión. Al cabo de tiempo, al concluir-
se, al descub.irse alguna cosa, y Ca-
minas POR SUS JORNADAS. Frasc meta-
fórica. Proceder con tiempo j refle-
ádn en algún negocio.
Btdiolooía. Jornal: italiano, ytor-
,i*ia (de y<tf/-<í(í, día); francés, ^/onrit^!'
(del antiguo iomade, jouma'iej; pro-
venía! j catalán, JoDtarffl; tíerr/,yor-
née; burguifiún, jobc'í.
Jomada romana. Historia. Llá-
mase así el día rumano, ó la manera di'
distribuir el día en Roma. Dividíase
en mañana, mediodía y tarde ó noche.
Por la mafiana, los ricos recibían ó
sus clientes, que desde la aurora se
hallaban á sus puertas. Las visitas
duraban di>s horas, de seis á ocho de
la mañana. El patrooo subía en su li-
tera é iba á algún /brKiíi, mientras
que sus clientes más fieles le escolta-
ban á pie. En la tercera hora (xküt^c
de la mañana) principiaban los nego-
cios, que duraban hasta el mediodía,
ú hora texUi, en que iba á comer j ó
dormir la siesta hasta la hora octava
(dos de la tarde). Algunos se dodíca-
ban al trabajo durante una hora. A lu .
JORR
hora noM (tres de la tarde) principia-
ba la tarde ó la noche, en cuya sazón
cesaban los negocios, se IcTantaban
de dormir y se iban: unos, al carneo
de Marte, con el fío de hacer ejerci-
cios, y otros, á la Via Apia, paseo
principal de Roma, donde acudían á
caballo ó en carro. A la primera hora
ú kora prima (cuatro de la tarde), iban
al baño, comían después, á Teces lar-
gamente, y se acostaban at dejar la
mesa.
Jora«dica, Ua, ta. Femenino d¡-
miuntÍTO de jornada.
Jemal. Masculino. El estipendio
que gana el trabajador en un día en-
tero por su trabiyo. \ Anticuado. Me-
dida de terreno, como aranzada, fane-
K, etc., T sería la tierra que trabaja-
eaundía un jornalero. \ A jobnal.
Modo adverbial con que se explica al
ajuste que se hace de alguna obra
paludo los jornales, en contrapo-
sición de cuando se ajnsta á des-
tajo.
Etimología. Latín diurnSXit, forma
de diumm^ diurno: italiano, ^tonta/;:
francés, Journal; provenzal, joman;
catalÁn, jornal.
Jornalar. Neutro anticuado. Tra-
bajar á jornal.
Jornalero. Masculino. El que tra-
baja por su jornal.
BtiuolooU. Jornal: catalán, ^'onw-
ler¡ francés, /«nnwítsr; italiano, yiVr-
iutlier$.
Joro. Masculino. Especie de saúco
del Japón.
EtiuoLOofA. Francés, joro, (Lan-
DAIS.J
Joroba. Femenino. Cobcota. B Me-
tafórico y familiar. Impertinencia y
molestia en'adosa, como cuando se
dice: ¡QUE jorobaI
Jorobado, da. Adjetivo. Cobcova-
00. |j Participio pasivo de jorobar. Se
aplica en estilo metafórico y familiar
al que ha sufrido alguna molestia; y
así se dice: ¡bibn mb ha jobobado!
Jorobador, ra. Sustantivo j adje-
tivo. Que joroba.
Jorobadura. Femenino. Acción 6
efecto de jorobar.
Jorobamiento. Masculino. Joao-
BADUBA.
Jorobar. AcUto familiar. Moles-
tar, enfadar con instancias imperti-
nentes, oomo cuando decimos: ¡qub
UANBRA DE JOROBAB!
Jorobeta. Masculinofamiliar. Apo-
do que se da al jorobado.
Jorongo. Masculino americano.
Poncho con que se cubre la gente del
campo, y á veces la de las ciudades,
los que se hacen de tela fina j diver-
sidad de matices.
Joropa. Masculino. Especie de pal-
mera de la América meríoional.
Joror. Masculino. Red.
EtimolooU. Jorar,
Jorguín. Masculino. JoBOtrfif.
Jorrar. Activo anticuado. Rbhol-
OAB.
Etiuolooía. Jorro,
Jorro (á). Modo adverbial anti-
cuado. Marina. A bbuolqus. | Ycase
Rbd.
JOSA
249
EnuoLoa{A.l.Árabe^r^f4r«fTS^,
llevar arrastrando; y como vocablo de
marina, ramolear, «navegar á jorro,»
en Pedro de Alcali; «llevar á jorro,»
en Víctor^ «traer á jorro,» en Barran-
tes Maldonado; «levar á xorros,» «lle-
var á remolque,» en portugués.
2. De aquí proTÍeae el portugués
jorrS», torro, torra, carreta; esto es,
aparato que se remolca por los buejes;
terreiro, cachazudo; jtittf dejprro, palo
grueso que no podía transportarse sino
con ayuda de la carreta.
3. Covarrubias conocía perfoete-
mente el significado de jorro; pero
equivocó su etimología; «llevar una
cosa á Jorro es sacarla j tirarla con
guindaíata arrastrando, ora sea del
a^a, ora tea da la tierra; dizen ler
arábigo de cAnrr, qna significa lo mea*
mo.»
4. La etimología del árabe djarra,
remolcar, que es de Dozy, está confir-
mada por un pasaje de las Afil y nna
noches, que dicho autor cita: «los pira-
tas echaron garfios á la nave y la lle-
varon de remolque;» en donde la idea
de remolcar se expresa par ndjarroia,
que es el verbo en cuestión.
Josa. Femenino. Terrepo plantado
de árboles que llevan fruta de hueso,
7 se ingertan por lo eomiin en almen-
dros.
Josaíat. Sittoria Sagrada, Rej de
Judá, hijo y sucesor de Asa. Ocupó el
trono de 904 á 880 antes de Jesucris-
to, y no cesó de ser fiel al Señor, que
favoreció siempre sus armas. Los filis-
teos t los árabes le pagaron tributo.
La Escritura le reprocha su alianza
con Acab, al cual se unió contra el rej
de Siria, á pesar de las advertencias
del profeta Miqueas; pero él reparó
esta desobediencia con el celo con que
emprendió en su reino la tarea de
constituir el orden civil, escogiendo
sabios jueces y reformando la discí-
Slina sagrada por medio de atinadas
isposiciones. Su hijo Joram casó con
Atalfa, hija de Jezabel. — Moalled*
JosAFAT, próximo i Jerusalén, al pie
y al Este del monte de las oliras, es
célebre por la TÍctoria qua Josafat,
con la ajuda de Dios, alcanzó sobre
los ammonitas y moabitas. Se ha com-
prendido mal generalmente laprofecía
de Joel, que fija el lugar del último
juicio en el t»i¿/e Josafat. La ex-
presión del profeta es completamente
metafórica, aludiendo áque el valUde
Josafat es el inmenso cementerio de
Jerusalén.
Etimología. Del hebreo lota^k&h,
compuesto de laohf lehovah, Dios, t
sehaphat, juzgar: esto es, jntdo ao
Diot. Nombre propio de un monarca
de Judá, que entro á reinar, después
de la muerte de an padre Asa, hacia
los años 928, ó segdn otros, 914 an-
tes de Jesucristo.— Alcanzó una gran
victoria contra sus enemigos en el va*
lie situado entre el torrente Cedrón,
el jardín de las Olivas y Jerusalén, y
de ahí el dar á aquel sitio geográfico
la denominación da vallo do Jotafat.
(MONLAU.)
TOUO III
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250^ ÍOSÉ
JOSÉ
JOSE
• BéHMs,~~'ña'tí Ttllt del: mismo
nombre, por don^e corre el torrenU
Óedr'ón, se cóilserTa aúo él sépulcró'
monumental del personaje de e&ta bio-
grafía. Se halla en la párté deOríentei
00 lejoi del monte del S$ed*d<tlo, én
donde idolatfó Salomón, j del sitio en
que estuvo la higuera dondb se ékoteó
Judas Iscariote^
Jps¿. Pati^iarca hebreo, hijo de Ja-
cob ^ de Raquel, que nacid en 1213 j
m'und en,1103 antes de Jesúcristo, ó
»tf¡áu6títiS eronologías,nkció en 17^
2 mtuió en 1635. La pfedilecci(ía que
tenía por ü Su padre, excitó la eavi-
dia de sus. hermanos, que le' Tendie-
ron ¿'uhoi mercaderes, lOs cuales le
Ueífaron ¿ Egipto, donde entní de es-
¿Uto en casa de Pntíátf, uno de los
mis importsntes oficialas del palacio
de Faiiaón. Putifar le puso al frente
de sa casa j le díd las maTores prue-
bas de afefitoi doposítando en él su
con6anza¡ pero la dicha qne Josí go~
zaba en aquella casa se vió bien pronto
acibarada, porque habiéndose apa-
sionado de el la esposa de su sefior, j
viendo que JosA no la correspondía,
le acuso ante su marido de haber que*
rido seducirla, j fué encerrado en una
prisión. Inspirado allí JosAf or la aa-
biduria divina, explicó los sueños de
dospíisioneros.que estaban encerrados
con ftl, anuncí jmdoles su destino; pre-
dieción ijue se vió cumplida. Noticio-
so Faraón de estos suoesos, mandó que
le llevaran ¿ sa presencia para que ie
interpretara un extrañosueño que ha-
bía tenido y que nadie podía expli-
carle. José predijo entonces siete años
de hambre, precedidos de otros siete
de abundancia. Admirado el re^ de
tanta sabiduría, le nombró su primer
ministro jr le encargad que reservara
un residuo de los primeros años para
la é^ca de la escasez. Cuando llegó
este tiempo, Jacob, <o también de
granos, envid sus hijos i Egipto para
comprarlos, j entonces Jos& se dió á
conocer i sus hermanos, los perdonó
jr obtuvo para ellos la tierra de Oes-
8¿n. Gobernó j^or muchos años el
Egipto j murida losllO años de edad,
dejando dos hijos: Manases j Efraín,
que habían sido adoptados por Jacob
j que dieron su nombre i otras tan-
tas tribus hebreas.
EtuiolooÍa. Ioiej}i, losephiu: del
hebreo losupA, que significa aumen-
to, perfección, derivado de ituaph,
añadir, aumentar. Nombre propio de
uno de los doce hijos de Jacob y de
Raquel, del esposo de María j de otros
santos y personajes ilustres, (Mon-
José (san). Esposo de la Virgen
María y padre putativo de Cristo. Era
vástago de la tribu de David, vivía
en Nazareth, con bastante escasez de
fortuna, j ganaba su snstento ejer-
ciendo el oficio de carpintero. Guando
María se sintió encinta, quiso repu-
diarla; pero instruido por un ángel
del misterio de la Encarnación, con-
sintió en seguir viviendo con ella j
en educar á su hijo. Lne^o ^ue nació
Jesus,hu/ó con éi y con Marta á Egip-
to, para librar i aqufl de la perseca-
Cíón de Herodes, que quería hacer-
le morir. Después de muerto el rej,
volvió Josd á Naiareth v continuó su
oficio de carpintero. La Iglesia católi-
ca celebra su fiesta el 19 de Marzo.
José Bonaparte. Hermano mayor
de Napoleón, que nació en 1768, t su
carrera política estuvo siempre subor*
dinsda a la de su hermano. Durante
el consulado' de éste desempeñó algu-
nas misiones diplomáticas, y á poco
de establecerse' el imperio, en 1806,
recibió el trono de Nápoles. Dos años
después pasó al de España, á su pesar,
y en d ae nuntuTo nasta 1813, sin
«zar un momento de paz, por la lu-
ehtí que tuvo que sostener contra los
españoles. Después de la abdicación
de su hermano, se retiró á los Estados-
Unidos, donde vivió con el título de
conde de SurvilUers. (Sala..)
José(FRANcisco Lkclbbc DD TsBlf-
BLAT, conocido por el padre Joté). Na-
ció en París en 1577 v murió en 1638.
Era hijo de un presidente del Parla-
mento v embajador en Venecía, y de
María Lafayette, descendiente de un
mariscal de. Francia. El duque de
AlencÓQ, hermano de Enrique III,
y SM. hermana la duquesa de Angule-
ma,' le tuvieron en la pila bautismal.
Su educación fué brillante; aprendió
el italiano, el inglés, el alemán, el
español, el griego y el hebreo. Ta era
conocido en Europa con el nombre de
harán de AfanjHe; había abrazado la
carrera de las armas y hecho una cam-
paña á las órdenes del condestable
Montmoreacv, cuando, llevado de su
vocación, senízo capuchino en 1599,
á pesar de la oposición de su madre.
Arrastrado á la política, se le vió en
1616 agente activo de la corte en las
conferencias de Londum con Conde.
En 1617-19 excitó al duque de Nevera
á ayudar á los niegos contra los tur-
cos, y en 1618 hizo un viaje á Madrid
con el carácter ostensible de misione-
ro pars excitar el celo relinoso contra
la Turquía, pero en realidad como
explorador secreto de l^chelieu. Con-
fidente íntimo de los designios de este
ministro y su agente más adicto, es-
taba en relación con todoa los hom-
bres que tomaban parte en los asun-
tos políticos de Europa, sin tener,
empero, carácter alp;uno oficial. Su
correspondencia es siempre ambigua,
indirecta, oculta por un pseudónimo
que muchas veces es el de La Verdu-
re. El nombre por que más ae le co-
noce, es por el de la Sminencia gr%$,
con que le designaban sus contempo-
ráneos. Este personaje fué el enviado
en 1629 á la Dieta de Ratisbona, para
excitar á los príncipes alemanes con-
tra el emperador Fernando II é impo-
nerle la deposición de Wallenstein y
del lugarteniente de su ejército. El
fué quien en 1636 aseguró á Richelieu |
en el poder, después de la toma de
Corbia. Al saber su muerte, el carde-
nal exdamó: ciUe perdido mi brazo
derecho I>
José de Arímathea. Judío de la
tribu de Efraín, rico habitante de Je-
tnsalén < individuo ' del ÍBhnlejrín.
Afecto en secreto i las doetónu dt
Jesús, tuvo por razón de su cargo que
asistir al consejo en que filé condena-
do el Salvador, absteniéndose, sin em-
baído, de tomar parte en aquel per-
verso j uício. Muerto Jesús, y á pesar
de exponerse á perder con ello el
prestigio que entre esüribas y fríseos
gozaba, obtuvo de Pílato el cuerpo del
Crucificado, después de la Pasión; le
desprendió del infamante maderable
dió sepultura en un sarcófago, que
dentro del mismo huerto de su casa po-
seía. Canonizado por la Iglesia católi-
ca, su fiesta se celebra el 17 de Marzo.
. Josefia. Femenino. Nombre propio
de mujer.
EnMOLoaÍÁ. Jeti,
Josefina (Maif^ Josefuia Rosi
Taschbb bs LA PA.aniB).' Emperatriz
délos franceses y esposa de Napoleón
Bonaparte, que nació en Trois>Ilestc
(Martinica) de una familia originaria
del Blasois, el 24 de Junio de 1763.
A los 15 años se estableció en Fran-
cia, v el 13 de Diciembre de 1779 u
unió en matrimonio al vizconde Ale-
jandro de Beauharnais, del cual tuvo
dos hijos, Eugenio y Hortensia, Cuan-
do su marido fué encarcelado durante
el Terror, le rodeó de los más tiernos
cuidados jr, aunque ' sín conseguirlo,
hizo ios mejores esfiierzos para li-
brarle del cadalso. Presa ella misma,
no recobró su libertad hasta el 9 The^
midor. Amiga de Tatlién y de Barril^
mujer seductora, menos por su belle-
za que por su gracia, buena y virtoo-
sa, aunque un tanto frivola, hizo qa«
el general Bonaparte se enamorara de
ella y le diera su mano el 9 de Marzo
de 1796. En Malmaisón, como en las
Tullerías, dió suntuosas fiestas y aupo
atraer con su amabilidad no pocoi
partidarios á la causa de aquel que,
en el campo de batalla, poseía el se-
creto de hacer suja la victoria. El solo
reproche que la hacía Napoleón en
su prodigalidad y su lujo; pero hasta
en este defecto veía compensación,
pues eon él reanimaba el comercio, la
industria j las artes. Consagrada em*
peratriz el 2 de Diciembre de 1804,
no pudo enorgullecerse mucho tiempo
de ceñir á sus sienes la corona. El
cielo la había negado un heredero para
el emperador, y este príncipe, después
de las escenas más conmovedoras, It
obligó á un divorcio que ae consumé
el 16 de Diciembre de 1809. Entonces
Josefina se retiró á una hermosa fin-
ca de Navarra, de t^ue su marido
la había hecho donación, y desde allí
sostuvo con él una correspondencia
que no dejó de excitar los celos de
María Luisa. Después de la caída del
emperador, recibió notables pruebas
de la alta estima en que los re^es coa-
ligados la tenían, y murió en Mal-
maisón el 29 de Majo de 1814. Sus
restos mortales jacea en la iglesia de
Uueit. JosspiNA amaba las letras v
las artes, cultivó la botánica y dejó
una preciosa colección de plantas ra-
ras. Como muestra de sus no escasos
talentos, se conservan: Mmoriat acere*
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iíJóüfiúf ííbr5P*«' LenormandíSvo-
lúmeaes en 8.*); Carta* de NapoUdk á
Jotefina tharante la cámpaña tu JttUa,
9l eouniado'v él imperto, PKfiUf 1827;
7 Cm-U» de Josefina A Napoleón jf á s%
iff*. París, 1833 (2 TolúmeneB 8.')
Josefinos. Muculino plnral. ffit"
torta. Partidarios de Francia t del
rej José, hermano de Napoleón I, que
le dieron la corona de España en Ju-
nto de 1808. La major parte se vió
obligada á abandonar á Bspaña con
los ejércitos franceses en 1813; j des-
paés que Napoleón devolvió el trono
i Fernando VII, por el tratado de 1 1
de Diciembre de 1813, todos los que
habían desempeñado algún cargo fue-
ron proscritos sueesivamente por las
Cortes á causa de haber apocado la
invasión ertranjera; j por Fernando,
como partidarios del usurpador (f de
Febrero s 30 de Mago de 1814).
Jowflitu. Masculino plural. Hit-
torin reliffioiai Sectarios vandenses,
que sólo contraían matrimonio espi-
ritual. Sus errores fueron condenados
por los papas Lucio IIX (1184) j Gre-
gorio IX (1233).
Josefo (Flavio). Historiador úidío,
nacido en Jerusalén, el año 37 de
nuestra era, j muerto en Roma hacia
el 95. Pertenecía i la familia de los
Bfacabeos j muj joven se afilió á la
secta de los bríseos, en la cual se hizo
notable por su austeridad. Después
de haber tratado en vano de contener
la rebelión de los judíos contra Roma,
aceptó la misión ae defender su causa
•a la Galilea, ^ sostuvo én Jotapat
un obstinado sitio contra Vsspasiano
T Tito, Obligado á rendirse, predijo á
Vespasiano su elevación al imperio,
se eonquÍ8t<S su amistad, acompañó &
Tito al sitio de Jerusalén^ j, después
de la toma de esta ciudad, si^ió al
vencedor 4 Roma, donde recibió el
derecho de ciudadanía, el título de
caballero j una pensión. Dejó escrito:
ffisí«ria de lo» judíos contra los rom»-
■moe Jf de la ntina de Jenaalén, en siete
libros, obra mnj estimada de Tito,
qoien la hizo traducir al latín; Anti-
fUdadee judaicas, en 20 libros; ffit-
4oria áe toe jndioe desde el éenetit
iasUí el reinado do Nerdn; dos libros
Contra Ápi^, en que combate las su-
posieiones erróneas del pa^nismp
aceres de los orígenes j objeto del
culto hebreo; unas Mewutrias, en que
el autor da cuenta de su vida, j su
Discurso eo elogio de los Macabeos,
que JosBPO titula SI Imperio de la ra-
fjn. Todas estas obras fueron escritas
en lengua griega j conocidas por
AgTÍppa, hermano de Berenice, que
ha certificado su autenticidad en las
cartas laudatorias reproducidas por el
historiador. San Jerónimo, que llama
i JosBPO el Tito Lipio de la Grecia,
nos dice que se le elevó una estatua
en Roma. Las obras que se conser-
van de JosiFO, hftD sido reunidas por
Havercam'p, con la traducción lati-
na de J. Hudson, Amsterdam, 1726
(2 volúmenes en folio), t por G. Dui-
fbrf, París» 1865 (2 volúmenes), co-
leeeión Didot. La mejor inducción ti
íVanc^s es la del ^adre J. Cruflfét; lía-
rís, 175S (4 Tolumunes en 4.*). De
Amaldo de Andílly existe una' tra-
diicciónde las Antigüedades judaicas
j de la Guerra de los judias^ Amster-
dam, 1681 (5 volúmenes en 12.*) .
Jostrado, da. Adjetivo que wñ
aplica al virote guarnecido de-un cer-
co de hierro, al modo de las. puntas
de las lanzas de justar, j con u cabe-
za redonda.
Josué. Jefe del pueblo hebreo, hQo
de Num, de la tribu de Efraín, y su-
cesor de Moisés, que nació en Egipto
en 1534 y murió en 1424 antes de Je-
sucristo, i la edad de . 110 años. Se
llamó al principio Oseas, nombre que
Moisés cambió por el de Josoá; suce-
dió á aquél en el mando de los judíos,
i quienes condujo ¿ la tierra de pro-
misión, que dividió en doce tribus.
Pasó el Jordán, se apoderó de Jerícó,
haciendo derribar los muros de la ein-
dad al son de las trompetas, j veació
á Adonisedee, rey de Jebús, en Ga-
baón, así como á otros cuatro sobera-
nos que se habían coaligado eon este
príncipe para destruirle. La Escritura
refiere que, hallándose combatiendo
cuando declinaba el día, Josuá con
una palabra detuvo el curso del sol, j
el día duró hasta que terminó la pe-
lea. Empleó cuatro años en la con-
quista del país de Canaán, y tuvo, en
nn, la satisfacción de ver á aquel pue-
blo, que había llevado nómada del de-
sierto, establecido en la tierra que la
voluntad divina le señalaba por mo-
rada. En la Biblia hay un libro eon
su nombre, que se le atribuye, y que
contiene su historia. (Sala.)
Jota. Femenino, Nombre de la le-
tra J. I Cosa mínima. Se usa siempre
con negación, como cuando decimos:
ni JOTA. [| Tañido y baile muy usado
en España, y especialmente en Ara-
gón y Valencia. |] Ojota. Especie de
menestra que ya, ¿ lo menos con este
nombre, apenas es conocida. Q No sa-
BSR UNA JOTA. Fraso. Ser muy igno-
rante en alguna cosa. {] Sin faltar
UNA JOTA. Frase. Sin paltar una cova.
JotabiUa. Femenino. Especie de
alondra.
Jote. Masculino americano. Galli-
naza, ave.
Jovada ó Juvada. Femenino.
vincial Aragón. Bl terreno que puede
arar en nn día un par de muías.
Etimoloqía. Raíz árabe djabdha
tirar, como el buey tira
del arado; argelino, {{/«¿t^a^^y^^.^^
arado, y extensivamente, un par de
bueyes, en Cherbonneau y Martín. Bl
sabio Dozy demuestra esta etimología
con excelentes datos.
1. En Argelia no se mide nunca un
terreno que se cultiva, sino que se
dice: «esta tierra tiene tantas 6 cuan-
tas djebdas,* como sí se dijese: «tan-
ta»Jovadas,> (Cherbonneau.)
2. Diehda quiere decir en Constan-
tina: cía porción de terreno que pue-
de labrar en un día un par de one-
jes.» (Pbax.)
■ 5. Du'Cátíge atribuye el orig-en del
bajó \ú,tínjova, joMta, i los árabes de
las Baleares: «majoricensibus voces
familiares, qnas ií ah Arahibus Salea-
rium incoUs acMptas retinuere, apud
quos ítayif^^niM, seu modus ágri di-
citnr, taibetsi maioris qnantitatis.»
4. Esta misma viene á ser la defi-
-nicíón déyillanueva.conla diferencia
de que no se refiere á los árabes de
las Baleares, sino que habla de los
valencianos, qnienes recibieron la voz
propuesta de loi árabes de otros reí-
nos: «majoricensibus et olim Valenti-
nis voces familiares,ab arabibus utrius-
que regni incolis aecep^.» (Viaje ¡li-
terario, IV, Ü66.J 1
5. La forma yoüo, que eis el b^o la-
tín jova, aparece en el Fuero de Moli-
na: «vecino de Molina que bebiere
dos yoeos (yuntas) de bueyes con su
heretat.» (LLOBSifTX, Nottcias de las
tres provútcias Vascongadas, TV, i^.)
6. El bajo latín tiene joveitut con
el significado de gañán, en una carta
aragonesa de 1192, por la cual se
ordena: «que nadie dañe ni se apode-
re de los bueyes ni de los otros ani-
males de labranza, ni del arado con
sns aperos, ni del gañán, joverius;»
«constituentes ne boves aratorios aut
csetera quselibet animalia aratoría,
vel aratrum cum sais apparatibus, et
jOTBBio sive bubulco Isedere vel inva-
dere quoquo modo prasumat.» (Car-
piNTiKB, en Du Canob.)
7. La forma juverlus ae halla en
otro documento aragonés de 1291 con
el mismo significado: «ítem quod por-
tarius vel auquis oifficialis noster non
possit pignorare aliqua animalia ara-
toría, nec juverios, nec iostnuiienta
laborandi seu colendi.»
8. La {oTmu jubatta, con la signifi-
cación de jovaaa, se encuentra en la
cana de población de Egea, dada á
fines del sic'lo xii, 1180, por el rey de
Aragón AInmso el Batallador: eÉb in
illa torre de BscorÓn non avet nisi sei
jubaítas... similiter illa Torre de Ca-
nalla yi jubaítas... etilla Torre longa
dos;i{i(ií/(».»(MuÑoz,^»mw, I,29íf.)
9. La forma jotata-á» Du Cange
se halla tadibien en un documento
de 1273: citem pro \iti9.jovata vinese,
quam habernos in Alcudia Xativse
contigua vine» Joannis Martiniez de
Heredía:» «por una jotada de viña
que poseemos en Alcudia de J&tiva,
contigua & la viña de Juan Martínez
de Heredia.»
Jove. Mitología. J^tbr.
Jovellanos (Don Gaspar Melchor
db). Habiendo dedicado el distinguí-
do publicista señor Cean Bermúdez un
libro entero á reseñar la vida del gran
Eatricio, objeto de este artículo, nos
emos creído obligados i tomar pot
normR su trabajo, digno en todos con
ceptos de estima y de admiración,
sin perjuicio de consultar otros mu-
chos autores. Nació don Gaspar Mel-
chor DB JOTBIXAHOS CU Is Culta citt-
dad de Gijón, el 5 de Enero de 1744.
Era su padre don Francisco Gregorio,
regidor y alférez mayor de la citada
■vina, j tuvo ocho hermanoi^ cinco
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352
JOVE
TBronesi de loi cutíes él en «1 Inoero,
T tres hermanas. Los dos mayores
fueron dedicados á la marioa, j él,
atendidas sus dotes de carácter, fué
destinado á la lelesia. Al cumplir los
13 ailol* le confirió la primara tonsu-
ra el revereado obispo de la didcesis,
para qae pudieia obtener un beneficio
simple en San Bartolomé de la Nava,
en la misma provincia. CarnS el dere-
cho en la aaiversidad de Avila, obte-
niendo los grados de bachiller t li-
cenciado en le^es en ésta j en la de
Osma, trasladándose lúe» á la de
Alcalá, escuela renombrada entonces
en filosofía y letras Al terminar el
Srimer año, cediendo á las instancias
e su familia, á la que no había visto
hacía ocho, se trasladó á su país, es-
todiando minuciosamente sus produc-
tos, sua elementos de riqueza, sus
necesidades respecta i ilustración jf
el estado del proletariado, al ^ue mas
farde había de atender oumpladamen-
te. No tardó en lucir sus grandes co-
nocimientos en el derecho, en los ejer-
cicios á una cátedra de cánones en la
universidad de Alcalá, (jue hubiera
obtenido á no verse obligado á salir
de aquella ciudad para practicat fe-
rias informaciones de pruebas parii el
ingrreso de varios colegiales. Poste-
riormente quiso hacer oposición á la
canongía doctoral de Taj; pero al de-
tenerse en la corte, sus primos los
marqueses da Casa-Tremañes y su
grande amigo y protector el señor
Arias Saavedra, lograron disuadirle é
inclinarle á la magistratura, obte-
niendo para él el nombramiento de
alcalde de la Quadra, de la real au-
diencia de Sevilla (31 de Octubre
de 1767), cargo más bien honorífico,
puesto que no disfrutaba de sueldo
entero. Al despedirse del conde de
Aranda, éste le ordenó que no se enctu-
espald.
lamento de París, daterr*ndo tslet ta-
leoi. La critica, al verle an el tribunal
sin la famosa peluca» ae cebó en él,
juzgándole autor de una novedad,
proaooto de an mandato de su jefe.
Era DOK Qasp&r Hblohoe ob Jovb-
LLAHOS de estatura proporcionada,
más bien alto que bajo, cuerpo airoso,
cabeza erguida, blanco y rojo, ojos vi-
vos, pies j manos como de dama, an*
dar firme y decoroso, limpio y aseado
en el vestir; sobrio en el comer y el
beber, atento en el trato familiar,
dulce y persuasivo, generoso y aun
pródigo, religioso sin preocupación,
ingenuo y sencillo, amigo constante,
fuerte en el estudio y duro en el tra-
bajo. Su ^enio emprendedor le llev¿
por al camino do laa reformas; es de-
cir, del martirio, y desde ana prima-
ros afios, dice ú señor Diana, aa pro-
Iinao desterrar loa errores da noeatca
agislaeidn civiL El 20 da Diciembre
del mismo año empezó á diafhitar al
aneldo entero, jr el 26 de Febrero de
1774 ascendió al cargo de oidor. Muj
experto en el despacho de loa aaontos
cifila*, era nuevo en loa que §• rafb-
JOVE
rfan al gobierno; mas pronto conoció
el carácter / tendencias de la admi-
nistración pública y dió un nuevo ses-
go á sus estudios, convencido, según
escribió en un magnífico i? tiwr» tebre
la camesifo cíeiV (1796) de que «una na-
ción que cultiva, trabaja, comercia,
navega, reforma ana antiguas institu-
ciones y levanta otras nuevas; una na-
ción que se ilustra, que trata de mejo-
rar su sistema político, necesita todos
los días nuevas le^ea, y la ciencia de
que se deben tomar sus principios, y
el arte de hacerlas según ellos, son del
todo forasteros á nuestra común ju-
risprudencia.» Unió, pues, á los co-
nocimientos del legislador, los indis-
pensables de la economía civil ó polí-
tica, y aunque parezca increíble, tan
graves estudios no le impidieron de-
dicarse con entusiasmo á la poesía.
Sevilla fué para Jovelunos un pue-
blo lleno de felicidBdea; allí aumentó
sus ja grandes eonocimientoa, allí
g^ió da unaa simpatíaa nnirersalea,
siendo su casa el centro á que acudían,
lo mismo el magnate que el sabio,
igual el artista que el industrial ó el
obrero. [Cómo extrañar, por tanto,
que su nombramiento de alcalde de
casa y corte fuese recibido en Sevilla
con un sentimiento indescriptible!
Apenas llegado á Madrid, fiié visita-
do por sus primos los marqueses de
Valdeeorzana, los condes de Mora y
Fonclán, el marquéa de Escalona, el
duque de Almodóvar y otras distin-
Suidas personas, á oujos oídos había
egado la lama del gran talento que
le adornaba. La Academia de U Hia-
toria, á instancias de su director, se-
ñor Campomanes, le nombró indivi-
duo supernumerario el 16 de Abril
de 1779. La de San Fernando, dos
meses después, y la Española, el 24 de
Julio de 1781. Las comisiones del
(üonsejo, tales como repesar comesti-
bles y asistir á incendios, no se ave-
nían con su carácter; asi fué que sus
parientes lograron trasladarle á uoa
plaza del CTonsejo de las Ordenes (1780).
Una de sua primeras comisiones fué
visitar el convento de San Marcos de
León (Marzo de 1782) y autorizar la
elección de prior; y ja aerea de su
país, resolvió visitarle, llevando la
orden para construir el camino de
Oviedo á Gijóu, el cual vid comenzar
en sus dos extremos el 18 de Septiem-
bre. Intereaado grandemente en la
prosperidad de su patria, lejó á la
Sociedad de Amigos un elocuente dis-
curso exhortando á abrir una suscrip-
ción para enviar dos jóvenes á estu-
diar las matemáticas y la física en el
colegio de Vergara, projecto que,
aunque acogido con entusiasmo, no
se realizó por entonces. I)e Oviedo
TÍaitó Covadonga, como él lo hacía
nempre, estudiando loa terrenos, los
pnertoa, U instrucción, todo. A ins-
tiaeiaa da aua amigos, se decidió á
dejar que se representaran au magnf-
fiá tragedia Ptlayo y su notebla co-
media El DtliMetunU honradoy que al-
eanzanm un éxito ruidoso. Deapuna
da seia mesea de aotenci», r^reiió i
JOVE
Madrid, agregándole, al eirgo qu
desempeñaba, el de 8uperÍQ tendeóte
de los tesoros de las órdenes de Cala-
trava y de Alcántara, y á poco fite
nombrado ministro de la Junta de Co-
mercio, Monedas j Minas, alcanzan-
do tal popularidaa y tal aprecio, qoe
en todas laa esfsraa era conocido;
respetado, lo cual, como era de temer,
le suministró muchos envidiosos; es-
pecialmente, al ser elegido presiden-
te de la Junta creada, de orden del re;,
para premiar laa obras dramáticas
que se presentasen al concurso abier-
to con motivo de laa fiestas ^or el do-
ble alumbramiento de la prmeesa de
Asturias, que dió á luz dos infaates
gemelos. En 1786 escriluó y puUieó
en SI Cens»r dos famosas sátins;
en 1787, su célebre Jnforwu iohrek
iey aararia, y luego las biografías de
don Ventura Rodiíguez y Carlas 111.
un arquitecto y un rej, con el éxito
mis brillante. Era tal au fiima, que
hasta el Ministerio de Marina ^aiso
utilizar su capacidad y le envió a As-
turias para estudiar laa minas deca^
bón (Abril de 1790), Poco tardó an
desempeñar su cometido en Salaman-
ca, y habría seguido á Asturias á no
saber el arresto en Madrid de su gran-
de amigo el conde de Cabarrúa: pidió
permiso al ministro de Marina para
venir á la corte con objeto de infor-
mar reservadamente al tribunal de
las Ordenes sobre puntoa del majoi
interés; pero en realidad para tratar
de salvar á Cabarrúa. Súpolo el Go-
biemo y le intimó la salida inmedia-
tamente, teniendo qua ausentares de
Madrid sin lograr su noble designio.
ComprendiencK» que su salida era no
destierro, decidió vivir tranquilo jmo
doblegarse. á laa intrigaa cortesanas:
sus padres habían muerto, y au her-
mano don Francisco la preparó las
mejores habitaciones de la casa en que
había nacido; allí colocó an librería;
se dedicó á sus trabajos, estudiando
oon gran empeño las riquezaa que en-
trañaba su país, las Tentajaa de esta-
blecer comunicaciones entre las miass
y los puertos de mar, aaí como otros
medios de engrandecimienta. Sí en
Sevilla aa casa era el centro de los
hombres eminentes jel refugio délos
pobres, lo propio y aun máa acontecía
en su patria. Por fin, vid «knseg^ido
uno de loa más grandes deaeos de sa
TÍda: la concesión del Instituto á$ím^
ria$u>t obra á la que había dedicado
gran parte de su existencia, á la cual
sa consagró con el major ahia<^<
desempeñando la cátedra de gramáti-
ca general y pronunciando innumera-
bles discursos encaminadoa á desper-
tar la afición de sus alumnos. Esto
sin contar el eatablecimiento de es-
cuelas da niñas y niños en Qijón, el
empedn^o de 1h ealles, loa mnroi
que hizo conatruir para contrarrestar
el empuje de laa olai^ y otru impor-
tantísimas empresaa. A petar de \f»
deseos da qne Tolvíera á Madrid, qae
sos amigos, y más apecialmente el
señor Anaa Saavsdra, le manifesté^
han á fin da que Asete» iw telmlei^
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JOVB
fTéttMse nnnoi tervicio» 4 iu patria , 9e
negó diciendo que había resuelto es-
cribir ana obrita para la instrucciija
pública, j su corto influjo, favor y
amistad quarfa dedicarlo al nuevo es-
tablecimiento que estaba á su cargo,
y i etia pnñncta en q%e naci y cuento
morir. La comisión que le babía con-
fiado el Gh>bÍemo le obügó á marchar
á Vizcaya & estadiar sus industrias,
fijándose muj particularmente en la
ferrerfa, y i poco de sn regreso & As-
turias, se halló con el nombramiento
de smbajador en Rusia: dudaba en
admitir, cuando le llegó el nombra-
miento de ministro de Gracia j Jus-
ticia, j entonces el entusiasmo de sus
|MÍsano8 no tuvo límites. Con pena
abandonó su patria j sn tranquilidad,
encaminindose á la Oorte. Én Gua-
darrama se halló con su amigo Ca-
barrús, que le aguardaba, 7 por cayo
consejo Godoj había nombrado mi-
nistro á DON Gaspab. Mas al oir Jo-
TILLANOS de labios de Cabarrús la si-
tuación del país, las intrigas de la
corte j la oposición que la reina ha-
bía hecho i su nombramiento, supli-
có i su amigo que le permitiera r»-
niuciar la cartera y volver i Astu-
rias; pero faé en vano. Los dos ami-
bos Ue|raron al Escorial, y Godov los
invitó a comer. Jovellanos escribe de
esta OTmida que, al ver sentado i Go-
áoy entre su mujer v Pepita Tudó,
no pudo comer, m Aailar, ni sotegar.
Los rejes recibieron afectuosamente
á J0VSLLAN03, si bien m&s earíflosa-
mente el rej que la reina; en cuanto
á Godojr, el entusiasmo que vió pro-
ducir en el país la elevación de Jove-
llanos no pareció agradarle, y cuan-
do le pidió que despojara de su mitra
& aeito prelado de América y Jove-
llanos se negó sin antes estudiar si
«ra justo, el disgusto fué mayor. Bl
deseo de Gabarros era que Jotblla-
HOs jr Saavedra, asociaaos & Godor,
regenerasen el gobierno del país. No
se conocían Jovellanos t Saavedra;
pero grandes patricios y hombres su-
periores, bien pronto se comprendie-
ron, teniendo la franqueza de exponer
al Tty la situación de los negocios pú-
blicos sin ambajes ni rodeos. El rej
se deshacía en elogios á la reina díe
estos dos hombres, y ésta, que com-
prendió que cuanto ellos ganaran en
el concepto del re; lo perdería GKidoT,
no estaba satisfecha. Además de la
reina y de Oodoj, JovBLtANOs v Saa-
vedra debieron hacerse temibles á
otros que no vacilaron en apelar con-
tra ellos al Teneno. |Conseeaencia na-
tural da aouella degradada y corrom-
pida eortef Las virtudes cívicas y pri-
vadas de Jovm.ANOS y Saavedra, su
grande inteligencia, sn inmensa po-
pularidad y el cariño V la confianza
que el rej les mostraba, hicieron á
Godoj abandonar la secretaría de Es-
tado, si bien por poco tiempo, pues
un día, & pretexto de la mala salud
i^ue disfrutaban desde el conato de
envenenamiento de que fueron vícti-
mas Jotsllanosv Saavedra, se vieron
«Eoneiadof (15 oe Agosto de 1798).
JOVE
En los nueve meses que Jovellanos
ocupó el ministerio, dice el señor
Amador de los Ríos, no cesó de pro-
curar la vindicación da los derechos
de la propiedad, el amparo de los
oprimidos, la protección de las artes,
del comercio y de la industria, el li-
bre fomento de la agricultura, y
sobre todo, la instrucción pública. Al
despedirse de los rejres. Garlos IV le
manifestó lo satisfecho que quedaba
de sus servicios, y María Luisa le dijo
qae no había tenido parte en su exo-
neración. Semejante disculpa, cuan-
do JovBLLANOS uo la scusaba, prueba
claramente que á ella debió su caída.
La salida de Jovellanos del gobier-
no fué universal mente sentida; él por
su parte, no tuvo otro sentimiento, al
regresar á sn casa, que hallarla vacía
de su querido hermano Francisco,
que tanto le amaba. Resuelto á aho-
gar su pena en el trabajo, se dedicó &
mejorar la enseñanza de su Instituto.
En 1801, al notar que se le negaba
todo recurso, comenzó i, temer por él.
En una traducción al castellano, im-
presa en Londres, del Contrato social
de Juan Jacobo Rousseau, se hacían
por el traductor en las notas grandes
elogios de Jovellanos; y al saberlo,
sospechando que era un lazo de sos
enemigos, escribió al ministro de Es-
tado, quien le contestó que recogiese
los ejemplares que pudiera; pero aña-
diendo, gue se abstuviese de escribir á
ningún ministro. Por último, un día le
sorprendieron en su cama ; le coa-
dujeron & la isla de Mallorca, como
reo de Estado, apoderándose de todos
sus |)apeles. La villa entera de Gijón
despidió vertiendo amargas lágrimas
al que consideraba conio un padre.
Conducido sin prevenciones que pu-
dieran salvar su decoro, con una es-
colta, como un criminal, tardó treinta
y seis días en el viaje, sufriendo las
madores privaciones. Bn Palma fué
conducido i la Cartuja de Jesús Na-
zareno, donde encontró una habita-
ción decente y un cariñoso afecto en
los monjes, y allí redactó una notable
representación ai rej, en que hacía la
reseña de su prisión y de su viaje, j
pedía: l.'Que si se le imputaba algún
delito, se le hicieran cargos y se oje-
ran sus defensas. 2.* Que en cualquie-
ra tribunal á que se le sometiera, es-
taba pronto & responder de su conduc-
ta. 3.* Que una vez declarada su ino-
cencia, se le reintegrase de la nota y
baldón que había sufrido en su repu-
tación V buen nombre (24 de Abril
de 1801). Esta exposición fué enviada
al señor Arias Saavedra, á quien el
marqués de Valdecorzana había ofre-
cido presentarla al rev. En tanto que
los asturianos hacíanlos majores es-
fuerzos para salvarle, Jovellanos se
dedicó en la Cartuja á estudiar botá-
nica, bajo la dirección del religioso
boticario del convento, que era uo sa-
bio. El 5 de Majo de 1802 fue con-
ducido violentamente por el sargento
major de dragones de Nuraancia al
castillo de Bellver, á causa de haber-
se hallado varias copias de la exposi-
JOVE
2m
ción dirigida al rej. No tardó en ver-
se más cruelmente tratado, n^^dole
hasta los medios de curarse ona en-
fermedad contraída en su cautiverio,^
hasta los baños de mar para el alivio
de unas cataratas. Al fin, el 5 de Abril
de 1808 se le alzó el destierro, permi-
tiéndole venir á la Corte, con motivo
de la exaltación al trono del príncipe
de Asturias Don Pemando, ¿ quien
pidió, antes de abandonar U isla, qae
su conducta se juzgase por an tribu-
nal V se le devolviese la honra qne
había perdido. El 20 de Majo Uegó á
Baroelona, donde supo todos los gran-
des sucesos ocurridos en la Corte;
abandonó Barcelona, pan huir de las
visitas, j en Zaragoza tuvo una gran
ovación, pidiendo todos á Palafox que
le retuviera allí como consejero de
sus operaciones; el estado de salud de
Jovellanos no la permitió acceder á
los deseos de Palafox j de los zarago-
zanos; pero felicitó al general por su
deseo de oi^anizar la lucha j convo-
car las Cortes, saliendo de Zaragoza
con una escolta de escopeteros que
dejó en la primera venta. El 10 de Ju-
lio llegó i Jadraque, á la casa de su
amigo Arias de Saaredra; y al si-
guiente día recibió el nombramiento
de ministro del Interior de José Bo-
naparte, que rechazó. Pasó algunos
días entregado á su curación con la
asistencia de un médico llegado de
Madrid, cuando recibió el nombra-
miento de individuo de la Junta cen-
tral, juntamente con su amigo el mar-
qués de Campo Sagrado; bieu hubie-
ra querido excusarse con sus 65 años
j sus achaques, pero era un buen pa-
tricio j aceptó, llegando á Madrid i
fines de Septiembre. En la primera
conferencia, celebrada en la casa del
Príncipe Pío, trataron de combatir
las intrigas de los nunidos en Aran-
j uez, poniendo & sn frente al conde de
Aranas; j de las dietas que habían
de disfrotar los individuos di la Jun-
ta, j que él renunció. Luego se ocu-
pó en tramar los negocios y en emitir
un magnífico y profundo dictamen so-
bre la institución j forma de gobier-
no; pidió datos al ilustrado canónigo
Martínez Marina sobre la forma de
convocatoria por estamentos; reunió
en Madrid los magistrados, para que,
á pesar de la invasión francesa, pu-
dieran administrar justicia; y tomó
una parte eficaz en los trabajos de
traslación de la Junta central de
Aranj uez á Toledo, Talavera, Truji-
Uo T Sevilla, en cuja ciudad fue
recibido con un inmenso júbilo; allí
encontró los antigaos amigos, un
pueblo entusiasmadoj & su compañe-
ro de gobierno don francisco Saave-
dra. Las fuerzas de Jovellanos es-
taban casi agotadas, V sin embargo,
no hubo negocio de la Junta en que
no tomase parte activa: formuló un
dictamen para renovar los vocales de
la Junta en el plazo que se señalase.
Se ocupó en ella del desagradable in-
cidente respecto á la conducta del
marqaés déla Romana en Asturias;
expuso su opinión sobre las Oortes, j
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254
JOVE
fotmá u sabio pUn de instraccióa
pública. Al tnsladane la Junta & la
lila de Lfldn, fdé el último de sus in-
4ÍTÍdaoa que abandond Sevilla. Ins-
talada la primera Regencia, el 31 de
Rnero, depositó la Junta en ella toda
la autoridad que venía ejerciendo.
Afectado por las calumnias de que la
Junta fué objeto por parte de algunos
maldicientes, pidió ála Regencia per-
miso para retirarse á su país j un
sueldo para poder mbsúiir. La Regen-
cia se negó á separarle de su cargo de
consejero de Estado, tatíifeeha de los
importantes servicios que había prestado
A t% patria; peto, en gracia a su mal
estado de salud» le concedió licencia
pan ir & Gijón iconvalecer, j á su ins-
tancia restableció el importante /m/^-
tuto ÁtíuríanOj que él nabía creado,
dejándole en libertad de no percibir
la mitad del sueldo de consejero de
Estado, en beneficio de la patria, como
había ofrecido. Tranquilo su espíritu
por la actitud para coa él del nuevo
(iobierno, sólo le molestaba que todo
su capital para hacer un tan largo
viaje consistiera en 8.000 reales, te-
niendo que aceptar los 12.000 que
de sus ahorros de largos aQosle ofre-
ció su mayordomo don Domingo
García de Lafuente; mas deseoso de
pagar aquella noble acción, le cedió
eu propiedad una casa que poseia en
1(M arrabales de Gijón. El 26 de Fe-
brero de 1810 aalíj para Asturias en
el bergantín Nuestra Señora de Cova-
doiua. La noticia que tuvo al saltar
en Noja, de haber invadido Asturias
los- franceses, hallarse posesionados
de Oviedo, Gijón jr Aviles, le llenó
de consternación. Sin la c^enerosa
Bospitalídad de la viuda é hijos de
Cendón, el antigiio ministro no ha-
bría tenido donde albergarse. Un día
recibió lá feliz noticia de que los as-
turianos habían arrojado efe su suelo
á los franceses, j ja se disponía ¿
marchar, cuando tuvo la infausta nue-
va de que los franceses eran otra vez
dueftos do Oviedo ^ Gijón. Entonces
a|a ardor patrio le inspiró aquel subli-
me canto de gaetxtk, qu« empieza:
|A Im anua, vallantaa aatnraa,
Bnpafiadlas eoa naavo vigor,
Saa 6(r» vaa al tirano da aorop»
l aolar da FaUyo inanltól
¡Así escribU un anciano de casi
70 afios, dice uno de sus mejores bió-
ffrafosl Al cruel dolor de ver invadi-
do nuevamente su suelo natal, se unió
otria nueva pena. Una noche (¡ver-
güenza causa el escribirlo!) «se le pre-
sentó el coronel Osorio, en nombre de
la Junta de Santiago, á pedirle su
pasaporte V á inspeccionar sus pape-
les.» Herido en su dignidad el ilustre
anciano, honra de su patria, elevó
sentidas protestas j amargas quejas
á' sa Regencia j al capitán general de
Galicia. La Regencia reprobó la con-
ducta de la Junta de Santiago; pero
nada provejó respecto & las justas
quejas de JorELLUtos. Ocupálñse en
escribir la defensa de la Junta cen-
tral, cuando tuvo la dicha de abrazar
i su majozdomo García da Lafuente,
;JOVE
y el disgusto de'saber la muerte de so ¡
antiguo amigo jr protector el sefior .
Arias Saavedra. Al saber que el país \
se hallaba libre de franceses, se enca-
minó á Gijón; pero & pesar del secre-
to con que hizo el viaje, por todas
partes fué objeto de las más grandes
ovaciones. En Gijón se lanzaron las
campanas al aire, se dispararon las
f>iezas de artillería, se empavesaron
os buques, T el pueblo entero gritaba
bajo sus bafcones: / Viva el padre de
la patria/ Apenas llegado, se ocupó
de la reparación del Instituto, que los
franceses habían convertido en cuar-
tel; pero pronto se supo que los ejér-
citos de Napoleón invadían de nuevo
el país, y el achacoso anciano se ve
obligado á refugiarse en el bolantín
vizcaíno SI Volante, üna horrorosa
tempestad tuvo al buque ocho dfas
entre la vida j la muerte; por fin,
arribaron al puerto de Vega, entre
Luarca y Navia, y se dispusieron á
salir para Ribadeo. Saltó en tierra Jo-
VBLLAHOS j se hospedó en casa de
TicUes con su amigo el sefior Valdés
Llanos. Un horroroso huracán destro
zó ei buque aquella noche, y por mi-
lagro pudo salvarse el sefior García
de Lafnente, que en él había quedado.
La dolencia que aquejaba al sefior
Valdés Llanos, se agravó terrible-
mente al entrar en Llanas: Jovella-
Hos no se apartó un instante de la
cabecera de su lecho, sirviéndole por
su mano las medicinas; el dolor que
le produjo la gravedad del mal de su
amigo de la infancia, le postró en
cama, v declarada luego una pulmo-
nía fulminante, espiró Jovslluíos,
ignorando el fallecimiento del señor
Valdés Llanos, á la edad de 67 afios.
La Junta de Asturias, domiciliada en
Castropol, manifestó el profundo do-
lor que le causaba tan grande pérdi-
da, y comisionó á dos individuos de
su seno para que asistieran á su en-
tierro, que fue tan suntuoso y mag-
nífico como el lugar y las tristes cir-
cunstancias, por que al país atrave-
saba, lo permitían. La noticia de su
muerte cundió por toda Bspsfia con la
celeridad del rajo, y en todas partes
causó la misma tristísima impresión,
arrancando suspiros á todos los pe-
chos, y lágrimas i todos los ojos. Las
Cortea reunidas en Cádiz, dedicaron á
la memoria del insigne patricio el si-
f^uiente decreto: «Las Cortes genera-
es y extraordinarias, queriendo hon-
rar la memoria del difunto cO:4 Gas-
par Melchor de Jovbllanos con un
testimonio público que pueda ser co-
rrespondiente á su patriotismo y cons-
tante adhesión á la santa causa que
la nación defiende, á sus afanes j sin-
gular esmero por la educación, á su
amor á la humanidad, á su infatiga-
ble trabajo por difundir entre sus con-
ciudadanos las luces y la ilustración,
y la firmeza con que sufrió la pei^
seoución que le hizo padecer la mano
cruel del despotismo; y atendiendo
igualmente á las ventajas que pueden
resultar de la ensefiauza públiGa de
su Juforme sobre el expediente de la
J0V5¡
lejf erraría, han Tenido: l.*,á decla-
rar, como por el presenta declaran,
benemérito de la patria á don GAbíAB
Mblchob db JoviLLAHOs; j 2.*, en
mandar, que el Informe que extendió
él mismo sobre el expediente de la
ley agraria, se tenga presente en la
comisión de Agricultura de las Cortes^
para que acerca de su lectura en es-
cuelas ó estudios públicos, propon^
lo que crea más conveniente á la mis-
ma agricultura. Lo tendrá entendido
la Regencia del reino, j para que lle-
gue a noticia de todos, lo mandará
imprimir, publicar y circular. — Ma-
nuel Villafaña, presidente. — José Ma-
ría Calatrava, diputado secretario.—
Juan Antonio Sombieli, diputado se-
cretario.— Dado en Cádiz á 24 de
Enero de 1812.— A la Regencia del
reino.»
Las elocuentes demostneiones de
universal aprecio, añade an eminente
escritor, que se consagraron á la me-
moria de Jovbllanos, dicen mujalto
que su mérito era extraordinario, que
sus virtudes eran muchas, que sas
talentos eran grandes, que era, en
fin, uno de esos hombres que la Pro-
videncia envía al mundo como mode-
los acabados dentro de las condicio-
nes de la perfectibilidad humana. Bl
pensamiento dominante de Jovella-
NOs era que España participase de los
progresos y adelantos que en las artes
y en las ciencias conquistaban las de-
más naciones. Sus obras, encamina-
das á este fin, forman cinco tomos,
comprendiendo las siguientes mate-
rias: legislación, instrucción públi-
ca, &:eograña, historia, artes, anti-
güedades, literatura, industria j co-
mercio. El escrito que le díó ms^or
celebridad, fué el Informe de ley aftf'
rtd, verdadero pedestal de su gloria.
Sus opiniones sobre instrucción pú-
blica se mauifestaron repetidas veces
en sus lujormes. En uno de ellos dice:
«Ya no e's un problema, es una ver-
dad generalmente reconocida, que la
instrucción es la medida común de la
prosperidad de las naciones, y qufl
así son ellas poderosas ó débiles, fe-
lices ó desgraciadas, según son ilus-
tradas ó ignorantes.»
J^fVflWA.— Bl personaje de ests mo-
f 'rafia, considerado como poeta* como
itera to, como político, como economis-
ta, como magistrado, como estadista,
como legislador, representa induda-
blemente la personificación másexten*
sa y universal del si^lo xviii. Cotisida*
rado como patricio insigne, grave y
severo, parco y sencillo, observador J
diligente, alentado y brioso, sin men-
fua ni mancha de ninguna especie,
gurará siempre entre los mártires y
los héroes de España. Bajo cualquiera
de las dos figuras, su recuerdo P"*^
nece á U gloria que lo inmorialwó;
de tal suerte, que el nombre de Gas-
par Mblchob db Jovellakos se ha
convertido en una especie de blasoa
nacional.
Joven. Stasculino y femenino. Ls
persona que está en Uedad de la ju-
ventud. Se aplica también á amm*'
k
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JOVE
JOVI
JUAN 255
7. man á otras cosás; cerno tíena,
tía», olÍTar. I El jovbn qub no tra-
baja, CUANDO BS TIBJO DDBBUB BN PA-
JA. B«fr&Q qu« aconseja que debe tra-
bajarse en la jurentud, para no mo-
rir de miseria en la vejez. | Hacbbsx
ta. JovsN. Locucidn íamilíar, aplicada
i loa TÍejos qae quieren rejuTenecer i
la fuerza.
Btxholooía. Sánscrito y nosn: persa,
djttoan; latín, /jíp"*»*; alemán, Jun^;
TUSO, io4ni; italiano, giotine^ gimane;
francés del siglo xii, joau¡ moderno,
/mm«; proTenzal, jou; catalán, jova»
itmamaoijove, masculino..
1. El Mn jUv^ú jjüiare, ayu-
dar, representan la misma palabra de
origen, como lo demuestra el sánscri-
to jr» (^)» acrecer, aumentar, unir;
ySnvanan, juventud; y«n»i jo-
Tcn, simétrico de jfavanai, los que
«ombaten, los que auxilian, loi que
Ayudan,
2. La abreve de yJÍRMf es eierta-
inente la n á^JUvare,
3. La equivalencia catalana denues-
tro refrán es: lo jots qw no (rabalUf
fuén e$ veü dorm á la palla.
SiNONUOA* Joven, moto. La toi jo-
«» explica la idea absolutamente; la
vos w«z0 la explica comparativamente,
porque la juventud es la edad del
nombre entre la nífiez j la edad va-
ronil, como desde los catorce hasta
los veintiún años; v la mocedad es el
lismpo que el hombre conserva aquel
vigor, parecer ó disposición que son
propios de la juventud, y pueden du-
rar mis ó menos tiempo.
Un hombre de treinta años no es ja
ÍP90*t según la rigurosa propiedad de
la voz; pero es mozo todavía.
Por eso se dice con relación á aque-
lla disposición física que caracteriza
el esudo de mozo: es un buen mozo,
porque un buen^'mm no aludiría á la
<üs]»ai«ón ñsiea, sino á las buenas
prendas j calidades morales de un
Hombre que se halla determinada-
mente en la edad juvenil. En la es-
cuela militar sólo se admiten jávenet,
esto es, con relación á la edad deter-
minada que allí se requiere.
Por la misma razón, j con alusión
á la idea que aplicamos á la voz tno»,
llamamos asf vul^^armente al gana-
pán, aunque sea viejo; al criado que
se ocupa en los oficios que suponen ó
-requieren la agilidad j disposición
que naturalmente acompañan j son
propias de la juventud, i en muchas
partes se da el nombre de vwo i todo
nombre soltero. (Hubbta.)
Jovenado. Masculino. En algunas
drdenes reli^Osas, el tiempo que es-
tán los religiosos ó religiosas, después
-de la proiesión, bajo la dirección de un
maestro. Llámase también asi el sitio
donde habitan y se juntan.
Etimología. Joten,
Jovencico, ca, lio, lia, to, ta.
-Adjetivos diminutivos de joven. Se
usan máa comunmente como iostan-
tivos.
BnuoLoofA. Jov«nt catalán, jíne~
4;- latía.^tfffMdUw, señorito, pi-
saverde, en Catón ;/jÍ0mitía, mucha-
cha, doncella, en san Jerónimo.
Jovenete. Masculino diminutivo
de joven.
Jovenete, ta. Femenino familiar.
Jovbn.
Jovia. Femenino. Mitología. Sobre-
nombre de Venus. (Inscripciones.)
Etimología. Latín JÜna, nombre
tomado de Jovivs Pagas, aldea cerca
de Ñola, en donde había un templo
consagrado á Júpiter.
Jovial. Adjetivo que por su étimo*
logia significa lo perteneciente á Jovb
ó Júpiter. | Se toma generalmente
en significación de alegre, festivo,
apacible.
ETtuoLOofA. Latín jSoiSlis, en Ma-
crobio; lo perteneciente á Júpiter; y
extensivamente, de buen agüero, fes-
tivo, agradable, gracioso: italiano,
giociale; francés, jovial, ale; catalán,
jovial.
Sinonimia. Jovial, alegre, contenió.
Uno 6S jovial por carácter; uno es ale-
gre por temperamento; uno está con-
tenió por alguna circunstancia parti-
cular. Un hombre jovial se esfuerza
por hablar en chanza; da cierto colo-
rido de alegría á todo lo qne hace 6 i
todo lo que dice. Un hombre at^rt es
un hombre de humor festivo j diver-
tido. Un hombre está contento cuando
experimenta actualmente alegría, por
el Duen éxito de una empresa, en la
que él ha trabajado con calor para lo-
grarla. (Lópbz Pblbqrín.)
JovialiaSa Femenino plural. Poli-
teísmo. Fiestas que celebraban los an-
tiguos en honor de Júpiter.
STUOLoaÍA. Latín jovialía.
Jovialidad. Femenino. Alegría y
apacibilidad de ffenio.
Etimolooía. Jovial: catalán, jomar-
litai; francés, jovialit¿; italiano, ytV
vialita.
Jovialmente. Adverbio da modo.
Con jovialidad.
Etimología. Jovial j el sufijo ad-
verbial mente: ínucés, jovialemonL
Joviano. Masculino. Historia ro~
mana. Emperador de Roma, sucesor
de Juliano. (Auiano.)
Etimología. Latín Jovianus.
Jovianos. Masculino plural. His-
toria romana. Soldados de dos legiones
romanas. (Amiano.)
Etimología. Latín j'ovtSm.
Jovinianistas. ^sculino plural.
Historia eclesiástica. Herejes de la sec-
ta de Joviniano. (Sam Isidoro.)
Etimología. h»X\njtivinianUteB.
Joviniano. Heresiarca milanés del
siglo IV, cuyas doctrinas fueron refu-
tadas por san Agustín y san Ambro-
sio ^ condenadas por el Concilio de
Milán. Predicaba que todos los bauti-
zados que no hicieran abjuración del
sacramento, recibirían igual recom-
pensa en el cielo; negaba la virgini-
dad de Haría después del nacimiento
de Jesús; sostenía que el cuerpo de
Cristo había sido fantástico y que
ninguna clase de penitencia era pro-
vechosa al alma.
Etimología. Latín /«Mtiaw. (San
ISIDOBO.)
Jevio. Masculino. Sobrenombre de
Diocleciano. (Claudiano.) Q Lbgióh
jovia. Historia romana. Legión for-
mada por dicho emperador*
Etimología. Latín Jdtins, forma de
JÜvis, Jove.
Joya. Femenino. Pieza de plata ú
oro trabajada con primor y curiosidad,
en que están engastadas piedras pre-
ciosas, y que sirve para adorno de la
persona, especialmente de las muje-
res. U El premio que se da por alguna
acción de habilidad 6 destreza. | Ár~
qnittetwra y artilleria. AsraÁaALO. |
Plural. Todos los adornos y vestidos
que pertenecen i una mujer, especial-
mente cuando sale de an easa para ca^
sarse.
Etimología. Latín j^tcw, juego; esto
es, juego de luz, brillante: catalán,
joga; italiano, jtm^; francés, Ü-jou
(oijott); de bis, dos, y el latín /¿fcw;
fdoble juego de luz.» (MAhaos, Lxt-
TBÉ, Díaz.)
Joyante. Adjetivo. Se aplica á la
seda muy fina y de mucho lustre.
ETiMOLoaÍA. Joya, por el brillo.
Joyel. Masculino. Joya pequeña
que por lo común se lleva pendiente.
EtiholooÍa. Joya: bajo latín, Jf¿cS-
lis, jdcalla; catalán antiguo, fiwell;
^lOYomaX, joyel, joell; francés del si-
glo Til, joian; moderno, j'ayatt; italia-
no, gioietlo.
Joyera. Femenino. La que tiene
tienda de joyería. I Anticuado. La
mujer que bacía y bordaba adornos
mujeriles.
Joyería. Femenino. El trato y co-
mercio de joyas, la tienda donde ae
venden, y el taller en que se cons-
truyen.
Etimología. Joyat catalán, joyeriéi
francés, joaill»rie.
Joyero. Masculino. Iffl que tiene
tienda de joyería.
Etimología. Jej^a: catalán, jo^orí
francés, joailUer; ittXWao, pcjmUro.
Joyita. Funenino diminutivo de
joya.
Etimología. Joya: catalán, joyeta.
Joyo. Masculino. Especie de grama
que se cría entre los trigos y cebadas;
produce una espiga blanca y delgada
con seis ó más granos que salen al-
ternativamente de los dos lados de la
cima en forma de espígaillas, con una
semilla menor que la del trigo, ence-
rrada en una cáscara negra, que se ter-
mina casi siempre en cierta barbilla ó
raspa puntiaguda.
Joyón, hnisculino aumentativo de
joya.
Joyosa. Femenino. Oermasda* La
espada.
Joyuela. Femenino diminutivo de
joya.
Jua-bel. Masculino. Arbolillo de
América cuya raíz es medicinal.
Juaguarzo. Masculino. Arbusto
conocido en varias provincias, espe-
cialmente en la Mancha, que produce
las hojas sin pezón, vellosas por am-
bas haces, con tres nervios que corren
desde la basa hasta la punta,-y las flo-
res blancas en racimos.
Joan. Masculino, Membre propio de
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JUAN
JUAN
JUAN
varón: uuvJoAir. | (^mania. Cepo de
j^lesii. II D8 QAEONA. Germanía, El
-pfojo, I DÍAZ. Germania, Candado ó
cernulura. | dorado. GtnuutU, Mo-
neda de oro. | kachib. GernumU. El
machete. | pl&tbbo. GemtMÍa, Slone-
da da plata. | taufb. GemanUi. El
dado de jugar. Q Buen Juan. Expre-
aióa familiar que se aplica al hombre
sencillo y ficú de eogaSar. \ Don
Juan ó ooh Pbdbo db nockb. Don
dlboo db nochk. || juam db bubm al-
MA. Buxtf Juan. | lamas. Expresión
&miUar que se aplica al hombre de
f;enio apocado, que se presta coa fací-
idad i todo cuanto se quiere hacer
de él. I PALOMO. Familiar. El hombre
que no se vale de nadie ní sirre para
nada. | Hacbb san Juan. Frase fami-
liar. Despedirse los mozos asalariados
antes de eamplir el tiempo de su
ajuste.
EnuoLoaÍA. L Hebreo Jochanan»
que significa: cjehovah es elemente.»
(Lirrai.)
2. Hebreo Uhokhanan^ ^cia 6 don
de Dios; de Jekotah, Dios, y khanan,
ser misericordioso. (Monlau.)
3. Estas dos etimologías son una
en el fondo. Partiendo de la de Uún-
lau, la derivación es la siguiente:
Deriracij'n^ — Hebreo Jehoh&anan:
griego *|ci)iw7]; latín, /o¿Afwx;frauoés,
Jean (iatigaQJehan);poTt\igné8,JoSo;
catalán, /«I».- /tfr lo JoAir ^ Tarrago-
M (ftr V orníó ftr U dnenUsJ; «ha-
cana el desentendido;» eato ei, «dame
pan j dime tonto.»
• Jnut «1 Bautista. Preenraor de
Jesús, hijo de Zacarías y de Isabel,
que nació pocos meses antes que el
Salvador j murió el afio 32 de la era
-cristiana. Vaé consagrado á Dios des-
de sus primeros años y se retiró al
deaterto para entregarse allí á los ri-
Sres da una TÍda austera t ejemplar,
afio 29 de Jesucristo salió de su so-
ledad j predicó en las orillas del Jor-
dán la Tenida del Mesías. Multitud de
judíos couTertídos le pidieron el bau-
.tismo, lo cual le dió el sobrenombre
de BemlñU, El mismo Jesús quiso
reeibir de sti mano aquel signo de pu-
rificación. Poco después fué encerrado
en una prisión por haber protestado
enérgicamente contra la unión inces-
toosa de Heredes Antipas con Hero-
días, stt cañada, y más adelante con-
denado á muerte y decollado ¿ peti-
ción de Salomé m bailarina, hija de
Herodíaa. La fiesta de la Natividad
de SAH JuAM Bautista se celebra el
24 de Junio,
Reuña. — Aun se conserva en la an-
tigua ciudad de Samaría el calaboso
en que el Bautista fué bárbaramente
degollado, así como varias columnas
del palacio de Herodes, donde se dió
el convite en que la cabeza del santo
E recursor fuá servida en un plato ó
andeja á guisa de manjar. No habla-
mos de oídas, puesto que hemos visi-
tado dichos parajes y tenemos varias
reliquias de estas ucrosantas memo-
rias de nuestra fe.
Juan el Evanf^elistn. Uno de loa
doce apóstoles, hijo del Zebedeo y her-
mano de Santiago el Mayor, qne na-
ció en Betsaida (Galilea) y ejerció en
un principio el oficio de pescador.
Conuba escasamente 25 años cuando
fué llamado al apostolado por Jesús.
Testigo de casi todos los milagros del
Salvador y su discípulo más querido,
le acompañó al huerto de las Olivas y
al monte Calvario, j fué & quien Je-
sús recomendó especialmente á su ma-
dre al tiempo de morir. Empezó á pie-
dicar el ETvangelio inmediatamente
después de la Kesurrección; asistió
al Concilio de Jerusalén el afio 51 y
después se fué á predicar la fe al Asia
menor, crejréodose que llej^ara hasta
el país de los parthos. Fue el primer
obispo deÉfeso;^ habiendo sido pre-
so el año 95, fue conducido á Roma,
donde mandó Domiciano arrojarle á
una caldera de aseite hirviendo, sin
que sufriera lesión alguna, según la
tradición refiere. En seguida fué des-
terrado i la isla de Patmos, en donde
escribió «1 Apoealipm, esto es, la re-
velaciÓD, obra mística y alegórica,
cuyo verdadero sentido aún no se ha
podido comprender. Vuelto & Éfeso
ae8[)ués de la muerte de Domiciano,
escribió su Evangtlio y murió en di-
cha ciudad i los 94. años, el 101 de
Jesucristo. Quedan de él, además de
las obras expresadas, tres Bpütolat
canónicas. Su fiesta se celebra el 27 de
Diciembre y su emblema es el águila.
R$s4ña.—\. En la clasificación filo-
sófica de las variaa escuelas á que per-
tenecen los evangelistas, san Juan, el
mis sabio de todos ellos, representa
la escuela platónica.
2. Dentro del sentido ortodoxo, el
Apeealiptis es la parábola más subli-
me de las Sagradas Escrituras, rayos
del cíelo que iluminó el alma del dis-
cípulo, del evangelista y del apóstol.
3. Respecto del Apocaliptis^ acon-
tece lo que respecto de las sentencias
de Jesús y de las epístolas del inmen-
so apóstol san Pablo: no se sabe cómo
están escritas. Hay tal torrente de
inspiración, qne sa belleza no cabe
en nuestro espíritu, sin que podamos
determinar si tanta delicia se debe al
encanto del arta 6 al sumo ingenio de
Ufe.
Joan I, Rey de Aragón, hijo de
Pedro IV el Cermonioso; nació en
1350 y murió en 1395. Sucedió i su
padre en 1387 y se dejó dominar por
su mujer lolanda, que fué la que go-
bernó el reino. Los aragoneses se su-
blevaron varias veces á causa de la
preferencia que daba aquella princesa
a las personas y á los usos de Fran-
cia, su patria. Juan 1 rechazó al con-
de de Armagnac, que invadió sus Es-
tados; envió socorros á su sobrino
Martín, du<^ue de Montblanc,para con-
quistar la bictlia; sometió á la Cerde-
ña y murió de la caída de un caballo.
Juan 11. Duque de Pe&atíel, y
después rey de Aragón y de Navarra;
era hijo de Fernando l el Juslo; nació
en 1397 y murió en 1487. Ocupó el
trono de Navarra en 1420, por su ca-
samiento con Blanca, hija de Carlos III
el Noble; fué coronado con ella en 1429
y tuvo dos hijos: Cftrlos, dnqne de
Víapa, y Blanca, que casó qob fi^d-
que IV de Castilla, Tomó posettóa del
trono de Aragón por muerte de su her-
mano Alfonso el Ma^tUnimo^ en 1458,
y sostuvo una larga guerra con Ecri-
que IV de Castilla y con su propio
hijo Carlos, á quien tuvo que ceder el
gobierno de Catalufia. Muerto éste, le
sublevaron los catalanes, procUmando
rey á Pedro, infante de Portugal, y
luego, á Renato de Anjou; y para lo-
meterlos, tuvo que pedir recunos á
Luis XI de Francia, empeñando el
Rosellón y la Cerdefia, lo cual dió la-
gar á otra guerra, que Juan dejd sin
terminar cuando murió.
Juan I. Rey de Castilla y da León,
hijo de Eori:jue II, el de la$ Aferceáet,
que nació en 1358 y murió ^n 1390.
Sucedió i su padre en 1379; ratificó
la alianza que aquél había hacho eos
Carlos V de Francia; arregló el can-
miento de su hijo recién nacido, Bn-
rique, con la infanta Beatriz, hija de
Fernando de Portugal; y comoquiera
que éate faltase al pacto, le declaró
una guerra en que fueron derrotados
los portugueses, haciéndose, por fin,
la paz y arreglándose el mammoaio
de Beatriz con Fernando, hijo segun-
do del rey de Castilla. Se declaró «d
favor del papa Clemente VII, qne te-
nia por competidor á Urbano; jootÓ
Cortes en Segovia y ordenó que en lo
sucesivo 00 se contasen los años por
la era Juliana, sino por la de Cristo.
Habiendo muerto el rey de Portugal,
el de Castilla quiso nacer valer los
derechos de su nuera Beatris, bija del
rey difunto; pero encontró resisten-
cia en el país, donde, por fin, se pn>-
clamó rey al infante Oon Juan, mas»
trt de Avis, hijo de Don Pedro I y de
Doña Inés de Castro, siendo vencido
Don Juan I en la célebre cuanto des-
graciada batalla de Aljubarrota. Soi-
tuvo después otra guerra con al du-
que de Lancaster, esposo de Coostia-
za, hija de Don Pedro I de Castills,
que había invadido sus reinos, y por
fin hizo la paz con él, concertando el
matrimonio del infante Enrique coo
Catalina, hija de aquél, y estipulán-
dose que en lo sucesivo el heredero
de la corona de Castilla se llamara
Principe d* Aitnrias, Juntó Cortes
diferentes veces para arreglar asun-
tos del reino, y murió de una caída
que dió de un caballo, en Alcalá de
Henares.
Juan II. Rey de Castilla y León,
hijo de Enrique III, el Doliste; Q«*
ció en 1405 y murió en 1454. Suce-
dió á BU padre en 1406, bajo la tutela
de su madre Catalina y de su tío Fer-
nando. Habiendo sido elegido éste
rey de Aragón, y muerto poco des-
pués, así como la reina Catalina, con-
tinuó gobernando el mismo Consejo
de regencia que ésta tenía, hasta (}ue
el joven rey, al empuüar por sí mis-
mo, el cetro, nombró para sus con-
sejeros los mismos que lo habían sido
de su padre. La privanza de Don Al-
varo de Luna empezó á esparcir el
descontento, y una noche el ra/ fue
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JUAN
arrebatado por \o$ iafaotes Juan 7
Buciciue de A.ragón, que la condujo-
«OD i AtíU; pero pudo fufarse ^ for-
Mlk6 eausa á los rebeldes, i quienes,
ñu «mb«r^, perdoné en 142a. Estoi
TolTÍaroa a tomar las armat j arras-
traron á la lucha ¿ los reiaoa de Ara-
(fdn 7 de Navarra, obligando, por fia.
•1 Mj i deaterrar al condestable. Pero
opoto & .esto siguieran grandei axi-
^tnciae por parte del rer de Navarra
j del partido enemigo del de Lana,
qiM t«nia al rej como cautÍTo sin de-
jarle U menor libertad en sus accio-
nes, llegó á estallar una lucha en que
el rej de Navarra fué derrotado en la
batalla de Olmedo, muriendo en ella
«1 infant« Don Enrique j siguiéndo-
ae deade luego la vuelta del condes-
table al poder. Este llegó & indisj^
nacse con el mismo Enrique, príncipe
4a Asturias, / oon su madrastra Isa-
bel de Portógal, ¿quien había casa-
do con Don Juah IX, la cual, 4 fuer-
ai do asediar i su esposo, le arrancó
una orden de prisión contra D. Alva-
ro, siendo éste juzgado y decapitado
an Valladolid en 1453. Tantas luchas
/ penalidades habían acibarado la vi-
da del rej, concluyendo por acabar la
sojr* si sAo siguiente de la de su favo*
rito. Su debilidad para el gobierno no
le impidió tener gran valor personal
j notable pericia para la guerra; ganó
mnehas victorias a los moros de Gra-
nada; estableció una guardia real j
planteó un ejército permanente. Favo*
sació ü estadio del derecho, publicó
lajrss j nfovmas útiles 7 dispensó
gian proteceión & las letras, a las
coalas ara muy dado, floreciendo en
sneorte poetas tan eminentes como
Jnui da Mena, Jorge Manrique 7 el
marq^aés de Santillana. De su primer
matrimonio con María de Aragón dejó
á &ir¡que IV, el Impointe, 7 del se-
gando, oon Isabel de Portugal, á Isa-
bel la Católica 7 al infante Don Alfon-
so. Quien logró la fortuna de ser pa-
dre de Isabel la Católica, tiene grandes
títulos al amor de los espafioles; aun
prescindiendo del padrón ds sus pro-
oios hechos.
Jnan III ó Juan do Albret. Rev
de Navarra, hijo de Alano, seflor de
Albret. Casó en 1484 con Catalina de
Ñanrra, hernuna 7 heredera de Fran*
cisco Fabo, v fué coronado rev de Na-
varra en 1489; pero carecía de valor,
7 atacado en 1510 por Femando el Car
tóUc», huyó ante su qércíto 7 perdió
la alta Navarra, que fué incorporada
á la corona de Castilla en 1522. No
conservó más que el Beame 7 murió
en Francia en 1516, dejando ua hijo,
Enrique II, re7 titular de Navarra,
CDTa hija, Juana de Albret, fué madre
de Bnrique IV de Francia.
Juan. Infante de Castilla, hijo de
Alfimso el Sabio, 7 célebre por sus
turbulencias. Reclamó la ejecuclófi
del testamento de su padre contra las
Kitensíones de sn hermano, el re7
n Sancho; cssó con la hija de Loj^
da Haro; ae alió con los moros 7 sitió
á Tarifa, defendida por Guzmán al
¿aunw» i «U70 hijo, qna tenía en su
JUAN
podar, mandó matar; pretendió la re*
gencia durante la minoría de Alfon-
so XI 7 murió en 1313, en una expe-
dición contra los moros de Granada.
Su nombre póstumo, más que el re-
cuerdo de una vida, es la aparición
de una sombra, donde no se refleja
otn los qna la inmensa glorw de su
padre.
Juan. Hijo del anterior, llamado él
Cmitralueho, Sucedió £ su padre en la
parte de regencia que ejercía 7 fué
asesinado por orden de Alfonso XI,
al poeo tiempo de haber tomado las
riendas del gobierno.
Juan. Hijo bastardo de AKonso XI
de Castilla 7 de Leonor de Guzmán.
Fué muerto en 1359, á la edad de 19
aflos, por orden de Don Pedro el Crael.
Juan. Hijo de Alfonso IV de Ara-
gón V de Leonor, hermana de Alfon-
so XI de Castilla. Tomó parte en las
turbulencias de este último reino; en-
tró á poseer el señorío de Vizca7a. j
fué muerto por orden 7 £ presencia
de Don Pedro el Cr*el.
Joan. Príucipe de Asturias, hijo
de los Revés Católicos Dju Fernando
7 Doña Isabul, que nació en 1478,
fuéjurado heredero de la corona en
1479 en Toledo, Zaragoza, Barcelona
7 Valencia; casó con Margarita, hija
del emperador Maximiliano, 7 murió
sin sucesión eu 1497.
Juan da Austria (don). Frente á
la siaiestra figura del rev Felipe II,
se presenta la franca 7 leal de este
joven príncipe, cual un don déla Pro-
videncia otorgado á España para rea-
lizar ana de las más grandes empre-
sas que registra la nistoria de las
naciones civilizadas. Nos referimos al
combate de Lepanto, página la más
gloriosa de la cristiandad. Do.v Juan
Da AusTBiA era hijo natural del em-
perador Carlos V y de una joven de
Ratisbona, llamada Bárbara Blom-
berg, hija de un ciudadano particular
de Ratisbona i^jiA^^J que vivía de su
hacienda, la cual casu con Jerónimo
Piramo Kegell, comisario del ejército
del re7, da quien tuvo dos hijos; 7
una vez muerto Kegell, fué traída á
España por disposición de su hijo
Don JuaM, de acuerdo con su herma-
no Don Felipe II, que la asignó una
pensión de 3.000 ducados anuales,
estableciéndose en San Cebrián de
Mazóte (Castilla la Vieja) primero,^
luego en Colíndres, donde murió
en 1598. £1 niño Doh Juan fué con-
fiado por el emperador á su ma7ordo-
mo don Luis Quijada, señor de Villa-
garcía, ra mauor confidente, y á quien
Jiaha los más delicados secretos. Educa-
do en Lemanes, cerca de Madrid, se-
gún el historiador Vander Hammen,
por un clérigo llamado Bautista Vela,
sus primeros años los pasó mezclado
con los otros niños del pueblo, sin que
nadie sosjiechase su alta alcurnia.
Por disposición de su padre, 7 al ob.
jeto de que recibiera la conveniente
educación, fué trasladado el niflo i
Villagarcia, al lado de la esposa de
don Luis Quijada, doña Magdalena
de UUoa, hermana del marqués de la
JUAN 257
' Mota, dama tan instruida como vir-
tuosa. Alguna vez fué presentado £
Carlos V en su retiro de Yuste pur
Quijada, como un paje Stt70, gozando
el emperador con su presencia; pero
sin proferir ona frase que le permi-
tiese, si no comprender, adivinar al
menos que era su hijo. En 1559, sn
hermano Felipe 11 le nizo traer á va-
lladolid, para que presenc-iara en su
compañía un auto de fe; 7 á los pocos
días, dispuso ir con su corte al mo-
nasterio de la Espina, donde Quijada,
prevenido del caso, besó de rodillas la
mano de Don Juan; los nobles le hi-
cieron pleito homenaje, 7 el re7 Don
Felipe, ciñéndole la espada 7 colgán-
dole al cuello el Toisón de Oro, eicla-
mó: «/Buen ánimo, niño mío, que sois
hijo a* un noHlítimo taron! SI empero-
dar Carlos V» que en el cielo vive, fue'
mi padre ¡f el vuestro,» Jdzgune déla
sororesa de Don Juan. A sn regreso
& Valladolid, el re7 le puso casa,
nombrándole por a7o á don Luis Qui-
jada 7 ordenando que se le diera el
título de txcelencia, si bien todos le
llamaron alteta desde aquel día. En
las Cortes de Toledo (1560), para el
reconocimiento 7 jura del príncipe
Don Carlos, asistió Don Jdan con la
familia real, j como no contaba los 14
años cumplidos, el re7 hubo de dis-
pensarle la edad para que prestara
juramento é hiciera pleito homenaje
á su sobrino. En 1562 le envió el re7
con su hijo Don Carlos j su primo
Alejandro Farnesio á la ciudad de Al-
cala, tanto para que hiciera compañ^
al príncipe, cuanto para instruirse.
Don Felipe (díeese que siguiendo las
instrucciones de su padre) destinó ¿
Don Juan á la Iglesia, solicitando
para él en 1574 el capelo de cardenal,
que habría obtenido si providencial-
mente no se interpusiera la cuestión
de etiqueta entre los embajadores de
Francia 7 España. Al saber Don Juan
que se le destinaba á la Iglesia, excla-
mó, en un arranque de valerosa in-
dignación, <que se quitaría la vida
si supiese que otro amaba la gloria
más que él.» Atraído por la carrera
de las armas, al regresar de Alcali á
Madrid, sin consultar á nadie, se en-
caminó á Barcelona, resuelto á eon-
corrír, como un simple soldado, al
socorro de Malta; 7 eran tales las
simpatías 7 tan grande la influencia
que ejercía entre los nobles, por su
elevado carácter 7 su gran corazón,
que muchos caballeros resolvieron
acompañarle en su alentada empresa.
Postrado de la fiebre en Zaragoza,
apenas se encontró mejorado cuando
salió para Barcelona; pero en Mont-
serrat le alcanzaron los correos de su
hermano, con una carta en que le
amenazaba con su desagrado si no se
apresuraba á regresar, lo cual le hizo
retroceder de su empeño. En cambio
de sa obediencia 7 convencido de que
la vocación de Don Joan era la mili-
cia 7 no el báculo, le diÓel mando, con
el tltnlo de general de la mar, de la
escuadra encargada de limpiar las is-
las 7 las costas de los feroces corsarios
TOMO til 88
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253 JUAI^Í
JUAN
JUAN
queltt infestaban» colocandoáiu lado,
en eUae de lugarteniente, i doii Luis
de Requeséns; j entonces, con más
empeño que la vez anterior, resolvie-
ron espontáneamente seguirle muchos
nobles j caballeros. Con 33 galeras
salió del puerto de Cartas'ena, co-
rriendo aquel año el litoral del Océano
^del Idiediterráneo, pasando alternati-
yamente de una á otra costa de Espa-
ña y Africa, hasta Argel, Oran y Ma-
zalquÍTÍri dando siempre caza á los
corsarios berberiscos y acreditando en
aqnel j^mer ensayo $u capacidad para
majfores y más arduas «mnretas nava-
iet, A su, regreso i Barcelona y Ma-
drid (156S), fué recibido con tales
muestras de júbilo, que acreditólas
justas simpatías que había sabido ad-
quirirse. Se rebelan los moros de Gra-
nada, y Don Juan, siempre ansioso
de gloria, pide marchar á reducirlos.
No se decide por el pronto su herma-
no el rejTi se ignora si por el temor ó
por envidia; pero el ejército de Don
Felipa, <o de paeas, se desbanda y
comienza & talar ef país. Alarmado el
re^, no vacila ja en poner al frente
del ejército á Don Juan, cuja activi-
dad, valor, talento j fortuna, sobrepu-
jan á todas las esperanzas. Las disen-
aiones de los moriscos le ajodan po-
derosamente. Aben-Humeja, su rey,
Iterece asesinado por Aben-Aboo, que
e sucede, y que muere igualmente
asesinado. La discordia penetra ea las
filas de los sublevados y los moriscos
ceden al fín (1570), después de dos
años de una obstinada lucha y de ha-
ber perecido más de 20.000 españoles
y 100.000 moriscos en una guerra fa-
tal para la agricultura, las manufac-
turas y el comercio, j^rÚKitpaí causa de
la decadenzia de Sspaña, Después del
sitio de Malta, los otomanos se habían
apoderado de Chipre y sus progresos
en las costas del Mediterráneo alar-
mal»n á la cristiandad. El pontífice
Pío V excita en vano el calo de los
pueblos para emprender una guerra
de religión, Gl siglo de las cruzadas,
dice un distinguido historiador, había
f lasado va. Felipe U tan sólo escucha
a voz del pontífice y entra en la liga
que forman los venecianos y el Papa.
Una formidable escuadra se reúne al-
gunas semanas después en Mésiua, y
el mando de las fuerzas combinadas se
confia á Don Juan de Austria, para
quien se inventa el pomposo título de
generalísimo. Esta distinción» concedi-
da á un joven de 26 años, pareció ea
un principio debida al favor; pero
bien pronto fué generalmente aplau-
dida por la sorprendente liberalidad
del resultado. Los aprestos de Se-
lim n son dignos del sucesor del
magnífíco Solimán. Antes de que la
ñota de la liga hubiese salido de Me-
sína, la escuadra otumana, mandada
por el íntrépito Alí, reforzada con
todos los corsarios del Africa, sale de
Constantinopla, pasa el Helespoiitn y
el Archipiélago j se extiende a lo lar-
go de la costa occidental de Grecia,
hasta el golfo de Lepanto 6 Corinto.
Bl día 7 de Octubre de 1571 se avista-
ron tmbat esenadras. La snperioridad
de las fuarns musulmanas no puede
contener ní nn momento el gaenero
ardor de Don Juan db Austbia. Cuan-
do Andrea Doria, Ascanio de la Cor-
na j el mismo Sebastián Veniero se
muestran temerosos de entrar en la
lid,T llegan hasta decirle que con-
vendría retirarse, Don Juan exclama:
Señores, ya no es hora de aconsejar, sino
de combatir, y corriendo de la una á
la otra nave, comienza á arengar á sus
soldados. A los españoles les dice en
sonoro acento: «Hijos, á vencer hemos
venido, ó á morir, si Oíos lo quiere^
No deis lugar á que vuestro arrogan-
te enemigo os pregunte con soberbia
impía: ¿Dónde esta vnetiro Dtoif Pa-
lead con fe en su santo nombre, que
muertos 6 victoriosos gozaréis de la
inmortalidad.» A los venecianos, les
grita: «Hoj es día de vengar afren-
tas; en las manos tenéis el remedio de
vuestros males; manejad con brío y
cólera las espadas.» El fuego de sus
palabras inuma el ardor de los com-
batientes, y cual si el aliento de su
boca tuviese un poder invisible v so-
brenatural, el viento, contrario basta
entonces á la armada cristiana, se
vuelve contra las naves turcas. Don
Juan ordena, entre otras cosas, cortar
los espolones de todas las galeras, co-
menzando por la Real, que él monta-
ba, providencia, según se vítf des-
pués, importantísima. No resistimos
al deseo de copiar la descripción que
de esta memorable jornada hace el se-
ñor Lafuente en su magnífica ffisio-
ria de E$paña, siquiera naja de ser en
extracto: «Marchaban, como de van-
guardia, 6 galeras venecianas. El ala
ó cuerno izquierdo, compuesto de 60
f aleras, iba á cargo del proveedor
arbarigo. Mandaba el ala derecha
Juan Andrea Doria, con casi igual
número. En el centro, que consti-
tuían 66, entraba la Real, con el ge-
neralísimo Don JuaNi llevando á sos
dos lados & los dos generales de Ro-
ma j Venecia, Colonna j Veniero, j
á la popa, al comendador major de
Castilla, Requeséns, su lugartenien-
te. Constituían la retaguardia ó es-
cuadra de socorro 35 galeras al man-
do de don Alvaro de Bazán, marqués
de Santa Cruz. La armada turca, más
numerosa, formaba una media luna,
dividida también en tres cuerpos,
mandados por el virrej de Alejandría,
el de la derecha, con 55 naves; el de
la izquierda, por Uluch-Alí, que lle-
vaba 93, j el centro, que contaba con
96, por Pertew ^ AlÍ,lleTando además
su correspondiente Tetaguardia. De
suerte queeorrespondíanlrenteáfren-
te j cuerno i cuerno los de ambas
escuadras. Por todo el ámbito que
abarcaba la vista, no se divisaban si-
no batideras j gallardetes de variados
colores. Los dos ejércitos navales se
contemplaron un breve espacio con
mutua admiración. Interrumpió aquel
imponente silencio el estampido de un
cañonazo, que disparó la galera de.
Alt, á que contestó con otro la Real de
Don Ju4N. A las primeras detonacio-
áat da la artillería, que anunciaros
el combate, siguió pronto el clamo-
reo j los alaridos con que los musul-
manes acostumbraban a comenzar lu
batallas. Chocó primeramente la de-
recha de los turcos, mandada por el
virrej de Alejandría, con la izquierda
de los cristianos, que guiaba el pro-
veedor Barbarigo. Los venecianos p^
leaban á roatro descubierto, con Is
saña, el brío j el encono de qaieaes
combatían contra los verdugos de sus
compatricios. Habíaselas el genovés
Dona con el argelino Ulnch-Alí, ú
cual apresd la capitana de Malta y
pasd & eaohíUo á todos sos defísnspns,
excepción del prior j otros dos éahi-
Ueros qne, acnbillados de heridas, se
salvaron por contarlas entre los ^lue^
tos. Buscáronse con igual anhelo Alí
Bajá j Don Juan db Austbu, huta
el punto de chocar con terrible es-
truendo ambas galeras, pero haciendo
la artillería j arcabucería de la Reel
de España grandísimo estrago en la
gente de la del turco. Hízose general
el combate, y revolviéronse entre sí
las galeras enemigas. Blanqueaba si
mar con la espuma que formaba «1
hervor de las olas: el humo que bro-
taba de los cañones j arcabuces oscu-
recía el horizonte, haciendo noche ta.
medio del día, j las chispas que en
su choque despedían las espadu jss-
cudofl, parecían relámpagosque salían
de entre las negras nubes. CruzábiD»
se en el aire las balas j las flechas.
Tragábase el mar los leños, cajeado
revueltos turcos y cristianos, abraza-
dos, como hermanos, con el odio de
enemigos. Al lado de una nave que
engullían las olas, devoraba otras el
voraz incendio. Sobre un bajel turco
se veía enarbolada una bandera cris-
tiana, j encontrábase una galera de
Castilla guiada por un comandante
turco. Peleaban cuerpo á cuerpo des-
pués de iotas las espadas: todo era
estrago y muerte; la san^ lle^i
enrojecer el mar. Con su joven e in-
cansable brazo manejaba Don Juan
DB Austbia sin cesar su espada, siem-
pre en continuo peligro su persona:
joven parecía también en el pelear
el anciano Sebastián Veniero; no des-
mentía Colonna en el combate el ilus-
tre nombre de su familia; mostrábase
Requeséns digno lugarteniente de un
caudillo tan valeroso como DonJdan;
el príncipe de Parma acreditaba que
corría por sus venas la sangre de Ca^
los V; no arredraban al de Ürbino las
heridas que recibía; Figueroa, Zapa-
ta, Carrillo, todos los capitanes de Is
Real» trabajaban con menosprecio de
lu vida, como hombres avezados á los
combates; cuando la Real se creía apu-
rada, porque también Alí j Pertew*
Bajá peleaban como héroes con sa9
jenízaros, acudía don Alvaro de B>-
zin, como si moviera sus galeras un
rajo, V acuchillaba musulmanes, yl"
arrasaba todo, embotándose las bala»
en su rodela j escudo, j se movía
como un torbellino, sin que entibiara
su fuego ver hundirse á su lado baje-
les y caer sin: vida capitanes^ Cuando
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JUAN
i Doria le tenía astrachado; en conflio
to Ulaeh-Alí, allá arrancaba el mar-
qaés de Santa Graz, dejando asedara-
da la JU»l, y rescatando la capitana
de Malta, daba desahogo al venoves,
poniendo en afrentosa fuga al argeli-
no. Imposible sería reseñar las haza-
ftai gigantescas de cada capitán y de
cada soldado. Justo es citar, sin em-
bargo, al insigne autor da Don Q,uij<h
Uf el gran Miguel de Cervantes, que
postrado de fiebre en la galera 3far-
nm de Andrea Doria, abandoaá el
hamílde leeho en qae vaeia, para com-
batir; j herido en u peeho y en la
mano, no quiso retirarse hasta que
terminó el combate de su galera, en
qae murió su insigfne j denodado ca-
pitán Francisco de San Pedro. Caído
al Bgna Fertew-Baiá, perseguido por
don Juan de Cardona, t entrada sa
galera por Paulo Jordán Urbíno, tuvo
u senskier que ganar á nado una
barquilla en que huir. No dieron
los existiaaos el grito de ¡victoria!
hasta que rieron á Alí-Bajá, des-
pués de porfiados esfuerzos de los
300 jenízaros de su Real, . caer so-
bra erojift herido de bala en la frente
por vn Mcabocero de Doh Juan: otro
u cortó la cabeza pr la presentó al
Csimlíaimo, que hidalgamente afeó
nrisado la acción, ordenando que
filen arrojada al mar, si bien no pudo
impedir que fuese clarada en una lan-
ía. Bl último encuentro fué entre las
galeras de Ulnch-A.lí y las de Doria;
mu habiendo llegado las de Don
JcAM, hnjá el turco con 40 bajeles,
pereciendo su ^ente casi toda, traga-
da por el mar o acuchillada entre las
breflaa por loa renecianos, al tratar
de desembarcar. Perdieron los tarcos
en este memorable combate 224 baje-
les; de ellos, 130 quedaron en poder
da lof eristianot; maa de 90 se aumie-
na ea lai aguas 6 se qnemaront aal-
rindose 40 tan sólo. Molieron en el
combate 25.000 turcos, quedando pri-
sioneros 5.000. Tomáronles los coli-
gados 117 cafiones gruesos r 250 de
menor calibre. Mas de 12.000 cristia-
no^ que llevaban cautiros j como re-
maros, alcanzaron su libertad. Los
cristianos turieron también pérdidas
lamentables, pues murieron cerca de
8.000 raleroaos guerreros y marinos;
de ellos, 2.000 españoles; 800 del
pontífice; j los restantes, venecianos.
En cnanto á bajeles, tan sólo se per-
dieron 15. En cambio, los fanales de
oro, las banderas de púrpura, borda-
das de oro j plata, y las estrellas, la
lona 7 las colas del bajá, fueron pre-
ciosos trofeos que recogieron de la ba-
talla los aliados. Tal fué el combate
de Lepanto, aalración de la cristian-
dad,, el máa famoso qoe registra la
lústoria. Los jenízaros dejaron de ser
inrencibles, y la Sublime Puerta de-
bió perder su supremacía en el Medi-
tamneo, abandonando sus intentos
ds hacer á la Europa mahometana.
Así habría sido á creer al raleroso
Don Jdah» que deseaba acometer nue-
TU empresas pan acabar de aterrar
i loa táreos; pero sometido el asun*
JUAN
to á consejo de los Jefes de la liga,
según él hacía siempre, los pareceres
se dividierou, como de costumbre. So-
lemnizaron los rencedores su triunfo
con una festividad religiosa (14 de
Octubre), acordando que cada jefe se
retirara á invernar con su respectiva
escuadra. Partió Don Juan con la su-
ya. el 28 para Corfú, y el 31, después
de vencer recios temporales, se halló
de regreso en Mesina, donde fué re-
cibido con un júbilo indescriptible.
Hemos expuesto lasnzonei de porc^ué
no se saco de esta notoria, que hizo
famoso el nombre de Don Juan db
Austria, todo el fruto que se debien.
Las desavenencias entre los j efes de la
liga entorpecían toda empresa; y poco
después, la muerte de Pío V hizo di-
solver la coalición. Recibió Felipe II,
dice el conde de Fabraquer, con frial-
dad y celos la noticia de este gran
triunfo, pronunciando estas célebres
frases: «Don Juan víhcúÍ; ^ero le expu-
so demasiado y pudo Aaber stdo vencido;»
como si todo general no se expusiera
al dar una batalla. Don Juan ds Aus-
TBlA se apode» de Túnez (1572) y
acaricia la idea de fundar para sí uu
reino cristiano en Africa, sobre las
ruinas de Gartago, como an punto
aranzado de la civilización: aperado
por la Santa Sede, solicita de su her-
mano el título de tey de Túnez; pero
el desconfiado Felipe se lo niega, y
Eoco tiempo después de la marcha de
>0N Juan, Túnez vuelve á caer en po-
der de los musulmanes. En los casos
extremos, dice el señor Lafuente, y
cuando amenazaba algún grave peli-
gro ó estaba á punto de perdone un
estado, era cuando Felipe II recurría
á su hermano Don Juan; así le enrió
en 1570 & Granada, j, en 1576. á los
Países-Bajos, que no habían podido
reducir á la obediencia ni el infiexi-
ble duque do Alba, ni el conciliador
don Luii da Bequeséns. Apenas lle-
gado Don Juan Í Flandes, ratificó la
pacificarán de Gante y ofreció casti-
gar los desmanes de la tropa, bastan-
do estas promesas para que fuera re-
cibido por gobernador. Con gran sen-
timiento habían evacuado los Países
Bajos los tercios españolea. Blanco
Don Juan de crueles maquinaciones,
se retín á Namur. El príncipe de
Orange comienza las hostilidades
entn como un rejr en Bruselas. Re-
núevase la guerra; ruelren los tercios
españoles á Flandes y Don Juan inti-
ma á los Países-Bajos ^ue le entre-
guen el mando de sus ejércitos y cor-
ten toda relación con el príncipe de
Orange. Algunos nobles enridiosos
quieren prodamaral archiduque de
Auatría, Matías, hermano del empe-
rador de Austria, pensando de este
modo conquistar el apo^o da éste: la
división, dice un conocido autor, iba
á perder á los flamencos, cuando el de
Orange, no sólo accede, sino que
aplaude la elección de Matías. Entra
el archiduque en los Países-Bajos;
Sero sin contar con otro apo/o que el
e Isabel de Inglaterra, pues su hez*
mano el emperador se eucierza en una
JUAN
completa neutralidad. Don Juan no se
intimida j, al frente de su ejército, to-
ma á Charleroi y gana la famosa bata-
lla de Gemblours, causando á loa fla-
mencos una pérdidadelO.OOObombres
entre muertos, heridos j prisioneros.
Bl príncipe de Orange, al intento de
indisponer á Don Juan db Austria
con su hermano Don Felipe, cuyo ca-
rácter suspicaz y desconfiado conocía,
y lograr sa retirada de Flandes, pro-
paloqne Dos Juan andaba en tratos
para casarse con Isabel de Inglate-
rra, r con el apoyo de su esposa y la
aprobación de los flamencos, procla-
mane rey de los Países Bajos, asegu-
rándoles su nuera religión ; sus an-
tiguos privilegios. Cierto es que en lo
primero había algún fondo de verdad,
pues mediaron cartas y regalos entre
Isabel de Inglaterra y Oon Juan, con
la aprobación de Don Felipe, que, si-
guiendo sus ideas absolutas, esperaba
que el vencedor de Lepauto haría ab-
jurar á su esposa la religión protes-
tante; pero Don Juan no era de igual
opinión, 7, pensando con major no-
bleza, escribió á Doña Isabel dulce-
mente, desistiendo de la projectada
bo^ y rol viendo ¿ su primitivo pro-
resto de unirse con la desgraciada
María Stuard, reina de Escocia. Gomo
este plan, dice el teftor Lafuente,
había sido siempre tan del agrado del
Papa, se apresuró á enviarle las bulas
confiriéndole la investidura de aquel
reino. Gozoso Don Juan db Austria,
despachó á su secretario íntimo don
Juan de Escobedo para Roma y Ma-
drid, con el encar^ de dar gracias al
pontífice y de noticiar al rej su her-
mano las victorias que obtenía en lus
Países Bajos y su deseo de que no ol-
vidara sus promesas respecto de la
empresa de Inglaterra, pues muy
pronto confiaba volver á la obediencia
a las provincias de Flandes. Don Fe-
lipe, cada din mda celoso de ta AeraumOf
temeroso de ^ue Don Joan, una rea
obtenido el triunfo en Inglaterra, (|ai-
siera proclamarse rey de los Países
Bajos, comenzó por entretener á Es-
cobedo oon falsas promesas y acabó
Eor firmar su sentencia de muerte.
Ion Juan db Austria supo un día
con el más profundo dolor que su se-
cretario, su amigo, su confidente, ha-
bía sido muerto una noche en Ma-
drid al salir del palacio del rey. Adi-
vinó al verdadero autor de esta muer-
te, atribuida al secretario de Estado
Antonio Pérez, la cual permaneció
siempre en el mayor misterio. En
Flandes recibió Dom Juan un aviso,
enriado desde Londes por Don Ber-
nardino de Mendoza, según el cual
un titulado Moss de Racleff, cuyo re-
trato le enviaba, se había comprome-
tido á matarle, por encargo del almi-
rante Cobbe y mister Wálsinghen,
emisarios de Isabel de Inglaterra, que
sin duda pensaba vengar de este modo
el desaire y la actitud del héroe de
Gemblours. Con efecto, hallándose un
día Don Juan dando audiencia, pene-
tró Racleff sin ser visto, é impetró su
apoyo en nombre del rey, suherma-
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26 o ÍUaK
íuaN
no, eomo tíetínit que dijo ser k
desgracia^ T mártir de !■ nligión ca -
tdlica, ea la cual quería rirtr j mo-
rir. Don Jua,n, que le había coaocido,
le ofreció au proteccíiSD j disimulada-
mente ordeno al eapítáa de su guor-
dia que le prendiese al aalir. Preso
Raclefi j sujeto al tormento, declaró
que llevaba una daga envenenada para
clavarla á Doh Juah, tan pronto como
hubiera podido. Bl héroe de Lepanto,
hallándose en su campo atrincherado
de Namur, encara^iS & su ami^o, el fa-
moso ingeniero Gabrlo Cerbellonit la
construcción de un fuerte sobre un
collado llamado Bowsit & una legua
de Namur. Daraat« la obra, ambos
adolecieron de ealentums. üom Juam
se hizo llevar é la fortaleza, & un
cuarto desmantelado que ocupaba el
capitán Zúñiga, j á pesar de la eon-
fianza que los médicos mostraban du
curarle, llamó á su presencia á todos
los consejeros T generales, j nombró
Sor general del ejército jr gobernador
e los Estados de Flandes á su sobri-
no Alejandro Farnesio, hasta que el
rejr proveyese; luego tomó los sacra-
mentos j se dispuso á morir, no siu
recomendar á su hermano Don Felipe
que mirase por su madre j hermanos,
e hiciera colocar sus restos al lado de
los del emperador su padre. Después
cayó en un violento delirio, en que
representaba al vivo estar dando una
batalla, j al fía espiró el 1." de Octu-
bre de 1578, álus 33 años, llorado de
todo el ejército. No faltan escritores,
los cuales afirmen que Don Juan pe-
recióenvenenadOfjr para ello se fundan
en las sospechas que contra él mani-
festaba su nermano Don Felipe, j en
que CerbeUoni, enfermo de igual do-
lencia, se salvó siendo un anciano, j
Don Juan, que se hallaba en la ple-
nitud de la vida, sucambió, contra la
opinión de los médicos que le asistían.
Lo cierto es que el misterio que ocul-
ta la muerte del príncipe Don Carlos,
Srorecta su terrible sombra sobre la
e Don Juan, j aquí nos paramos, por-
que hajr enigmas que sólo pertenecen
a la divinfi Providencia. Embalsama-
do el cadáver de Don Juan, españo-
les, alemanes j flamencos se disputa-
ron la honra de conducir la caja mor-
tuoria, viéndose obligado Alejandro
Farnesio á disponer que, de tiempo
en tiempo, se remudaran los conduc-
tores, para que todos participaran de
tan ansiado honor, Tudo ú ejército
asistió llorando á la fúnebre ceremo-
nia, en tanto que la Europa entera se
conmovió al recibir tan triste noticia.
Sus oenizas reposaron en U iglesia
mayor de Namur, hasta que, en Mayo
de 1579, fueron traídas al panteón
del Escorial. Un célebre escritor ex-
tranjero, Vander Hammen, en el libro
3ue dedicó á reseñar su vida, le pinta
e esta suerte: «Fué Don Juam db Aus-
tria de temperamento sanguíneo, ga-
llarda presencia, algo más aue rae-
diaiu estatura, inclinado á lo justo,
dt ftgttdo ingenio, buena memoria,
Rentado y fuerte, tanto, que armado
aftdaba como si no tuviera cosa algu-
na flobra sC; ligero, agradabla, corteé;
gran honrador de las letras y las ar-
mas; excelente hombre de á caballo.
Tuvo la frente señoril, clara, espacio-
sa; ios ojos grandes, despiertos y gar-
zos; un mirar grave; hermoso rostro
Ípoca barba, nudo talle y airoso; li-
eralidad en acciones y palabras; fe
en las promesas, fidelidad en el servir
á su hermano, discreción y esfuerzo;
celo en la religión oatólica, reverencia
á las cosas y personas sagradas, se-
creto y presteza en ejecutar, crédito y
autoridad aun con los enemigos. Ven-
cía con denuedo, gobernaba con be-
nignidad, proveía y ordenaba con lu-
dureza; hallábase constante en los ca-
sos prósperos y adversos; experimenta-
do en la milicia terrestrey marítima,
de ^ran conocimiento en los consejos;
sabia elegir sus ventajas, medía bien
las fuerzas,y acomodábala provinden-
cia á los casos y deliberaciones, según
la variedad de los accidentes; presen-
tábase á lus soldados con afabilidad
y ordenaba con agrado. Con esto, y
con hablar á cada uno en ra lengua
materna, tenía obediente á lus órde-
nes y mandamientos tanta diversidad
de gentes, tanta variedad de costum-
bres, tanta desproporción de Animos
como le halla en los ejércitos, com-
puestos de ordinario de diferentes na-
ciones.» Otro autor extranjero, Ben-
tivoglio, en las Gnertas de Flaniei,
compendia la historia de Don Juan os
Austria en los siguientes términos:
«Ilustró su nombre en la profesión
militar con tres nobles empresas. En
la primera, enfrenó el atrevimiento
morisco; en la segunda, el org'ullo
mahometano; en la tercera, el furor
flamenco. En cada una, sus triunfos
sobrepujaron con grandes ventajas á
la edad: porque venció á los moros,
apenas salido de la infancia; humilló
á los turcos, apenas entrado en la flor
de la juventud; y reprimió á los bel-
gas con tal maestría de gnerra, que
un viejo y consumado capitán no la
podía mostrar mayor.»Para terminar,
el gran Lope de Vega dedicó á la me-
moria del célebre Don Juan db á.us-
TEiA el siguiente precioso epitafio,
digno, en i?ual y larga medida, del
poeta y del héroe:
•Hfsom» «teruo Leputoi
Moso h« mnerto, viejo tvd,
Qn« al mando en un ti*mpo di
Lástins, «BTidiA y •■pttnto.»
Al leer y estudiar la vida del per-
sonaje de estos apuntes, no ha^ más
remedio que exclamar: «regocíjese el
mundo, al ver que el cielo envía á la
tierra tales días de júbilo en las gran-
des solemnidades de la historia.» Los
pueblos cristianos no han labrado ana
piedra á la memoria de nuestro per-
sonaje; y nosotros decimos que la Eu-
ropa cristiana no ha sido agradecida
con el genio español que salvó i la
Europa y á la cristiandad.
Juan José de Anatria. Hijo na-
tural de Felipe IV, De nadie son des-
conocidos los escandalosos amores del
Salán monarca con la célebre come-
ianta llamada, por anos,Mar(a,y por
otros, Inés Isabel Calderón, y por to»
dos apellidada la Calderón^. Fruto de
ellos, nació en 1629 el personaje de
esta biografía, y en 1643, Felipe IV,
instigado por el conde-duque de Oli-
vares, que quería que el rey le diera
el ejemplo para reconocer a un bis-
tardo que se encubría con el nombre
de J%l%á% ó JnUaniUo Valcárctl, reco-
noció públicamente i DoN Joan Josí
DB AusTBU. Aquella preferencia que,
entre los muchos hijos naturales que
tenía, hacía el rey, no dejó de eicitar
la maledicencia del vulgo que, recor-
dando los escandalosos amores de la
eomedianta con el duque de Üedina
de las Torres, encontraba en el bas-
tardo rasfl*os fiaonómieoB del afortu-
nado rival de Felipe IV. Sea del he-
cho lo que quiera, lo cierto es que, al
reconocerle el monarca, le colmó de
honores y distinciones, eonfíriéndole
en 1647 el mando del ejército de Ita-
lia, donde se apoderó de Nápoles^de
otras plazas. Trasladado aespaes á
Cataluña, sometió en poco tiempo
todo el Principado, que se hallaba ea
rebelión, siendo desjpués enviado á
Flandes, donde perdió contra Turena
la célebre batalla de las Dunas. Des-
pués de gobernar en Flandfes algáa
tiempo, se le confió el mando de una
expedición á Portugal, en donde, des-
Sués de algunas victorias, fué veaei-
o en Estremoz. Muertd Felipe IV,
tomó parte en las revueltas que se
suscitaron con motivo de la regencia;
fué desterrado á Consuegra por. la rei-
na regente, que poco más tarde le
nombró virrey de Aragón. Cuando
Carlos II llegó á la mayor edad, le
llamó á su lado y le nombró su pri-
mer ministro, en cuyo puesto acabó
sus días el año de 1679, siendo sepul-
tado en el panteón del Escorial.
Juan Hannel. Infante de España
y uno de los poetas y literatos mis
ricos y g^loriosos de sn tiempo. Eia
hijo dú infante Manuel j nieto'del
rey de Castilla Fernando ni él Smío.
Nació en 1280 y murió en 1347, des-
pués de haber tomado parte en Us
revueltas y guerras civiles de la mi-
noridad de Alfonso XI, lo cual no la
impidió dedicarse al estudio y á las
tareas literarias. Sus principales obras
son: Bl Conde Liuanor; Crónica de Bs'
paña; Libro á$ lot sabios» del caballero,
del escudero V del infante; Libro de c*-
balleros; Libro de cata; Libro de los en^
aeños; Libro de los cantares; Libro de
ios consejos j Libro de lo$ ejemplos: Dos
Juan Manuel, presea y corona de los
ingenios de su siglo, representa in-
dudablemente' una de las grandeus
monumentales de la literatura patria>
Es, á buen seguro, una de las más
nobles y hermosas figuns del genio
español.
Juan de JoanM (Vicbntb Macip,
conocido por). Célebre pintor nacido
en Fuen te-la -Higuera, cerca de Valea-
eia, en 1532, y muerto en Bocairtnte
en 1579. Pasó muchos años sn Italia,
donde estudió las obras de RafiieU
cuyo estilo adoptó; se hi>o un pintor
notable, y de vuelta á ea patria, £ua«
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ÍÜAN
¿i «n TalsDíria ana escuela & qae
aoadió maltitad de discípulos. Do-
tado de una piedad tal que jamás
empelaba na cuadro sin prepararse
aates reoibieado los sacramentos y
eatr^ndose 4 ajnnos j peaitenciaSi
no podía poner su pincel al servicio
da otras ideas; asi es qne entre sus
namerosas obras no se encuentra una
aola de asunto pro&no. El ntf mero de
éatat que deooraa las iglesias de Es-
pafifti es eonsiderable. La ciudad de
Valencia aólo, posee más de 40 cua-
dros snjros, entre los cuales citare-
mos: san Francisco de Sale», Cristo
mntrto j SI Salvador en medio de dos
profetas.^X museo del Louvre conserva
muchos liemos de este ilustre maes-
tro, entre otros, una magnífica Cena^
j en el de lifadríd se custodia su obra
maestra , el Jifaríirio de um Esteban,
asunto desarrollado en seis tablas, re-
S atadas como un verdadero portento
e la escuela antigua española. Las
obras de Juan db Joanbs se recomien-
dan por la corrección j pureza del di-
bajo, por nn estilo lleno de nobleza,
por la verdad del colorido, por la ri-
queza j notable plegadura de los pa-
ños j por la majestad j expresión de
sus Bgaras, particularmente de las
cabezas de Cristo, en las cuales supo
infondir una dulzura infinita. Algu-
nos críticos le han tachado de frial-
dad; pero la contemplación de sus
cuadros, que despierta siempre en el
alma un poderoso sentimiento místi-
co, prueu de una manera incontes-
table el genio del que con razón est&
considenulo, no ja como jefe de la
escuela valenciana, sino eomo uno de
loa más notables maestros de la espa-
ñola. En fin, JvAM DI Joanbs es el
gran pintor de las Cenas del Salvador^
en cujos asuntos no tiene rival en
ninguna escuela conocida.
Juan (Pbdru). Escultor español j
uno de los mejores artistas de su épo-
ca. De su vida sólo se sabe que mu-
rió en 1436. Su obra más notable es
el retablo major de la catedral de
Ter>'ag:tna.
Juan de Sevilla ó de Luna. Ra-
bino judío del siglo XII. Cultivó las
matemáticas j la astronomía, j tra-
dujo, á petición de Raimundo, arzo-
bispo deToledo, algunas obras árabes,
relativas á la filosofa de Aristóteles.
Las principalei son: BpHome íoíius as-
trtlogim; Ckiromaníia j A l/ar^anum.
Jaan 7 Santacilia (Jobob). Céle-
bre marino, matemático, astrónomo,
geógrafo v explorador español, que
nació en No/elda, en 1713, j murió
en Madrid, en 1775. Siendo muy jo-
ven aún, entró en la orden de Maíta,
j habiendo abrazado la carrera de la
marina, hizo varias campañas en la
costa de Africa, como simple guardia,
T se halló en la eipedíción de Oran.
Bn 1734 fué comisionado, en unión
de don Antonio de UUoa, para acom-
pañar á los académicos franceses, La
Condamine, Bougner jGodin, envia-
dos al Perd £ metur un grado del me-
ridiano 7 á determinar la figura v di-
mensiüuea de la tierra. A su vuelta á
ÍUAN
Éspafia, taé nombrado capitán de na-
vio j comisionado para ir á Ingla-
terra á estudiar los adelantos de la
marina. Dirigió la construcción del
Observatorio astronómico de San Fer-
nando; fuá nombrado jefe de escua-
dra, comandante de los guardias ma-
rinas ^ director de los arsenales. Hizo
un viaje á Blarmeeos en calidad de
embajador extraordinario, j obtnvo
sucesivamente los cargos y honores
de director del Seminario de Nobles
de Madrid, individuo de la Sociedad
Real de Londres, de la Academia de
Berlín j corresponsal de la de Cien-
cias de París. Dejó varios libros es-
critos entre los que merecen especial
mención: fíisíorta del viaje á la Amé-
rica meridional; Noticias secretas de
América sobrt el estado naval, militar
ypoliíieo; Compendio de la navegación^
para nto de los guardias marinas; Exa-
men marítimo teSrieo-prácíico ó tratado
de meeánicA aplicada i la eonstruccidn,
eonoeimiento f manejo de los baques, y
Estado de la astronomUt en Europa. El
nombre de sabio español, con que le
señalan naciones extranjeras, poco
acostumbradas á reconocer relevantes
méritos en los hijos ilustres de Espa-
ña, demuestra sobradamente que la
fama de Jorob Jvkíf se ha extendido
más allá del país que, para gloria de
sus compatriotas, tuvo la suerte de
mecer su cuna.
Juana. Femenino. Nombre 'propio
de mujer.
EtiuoloqÍa.. Juan: latín, JoSnna,
(Biblia.)
Juana. Reina da León jr de Casti-
lla, segnnda mujer de Fernando III
el Santo. Era hija de Simón, eonda de
Dammartf n, t biznieta de Luis Vil de
Francia. Se había tratado de casarla
con el rey de Inglaterra, Enrique III,
y aun estaban concluidas las negocia-
ciones; pero no llegó á efectuarse U
boda por haberse descubierto que
existían entre los contrayentes víncu-
los de parentesco. Casada con Fer-
nando de Castilla, en 1237, le acom-
pañó en todas sus expediciones mili-
tares, se retiró luego á Francia y mu*
rió en 1278.
Juana de Castro. Esposa ¡legíti-
ma de Pedro I de Gaatilla. Era hija
de Pedro de Castro, caballero de Ga-
licia, y viuda de Diego de Haro, se-
ñor de Vizcaya. Enamorado de ella
el rey, que estaba ya casado con
Blanca de Borbón y con María de Pa-
dilla, la pretendió por esposa, y aun-
que ella rechazó las proposiciones del
monarca, éste halló medio de enga-
ñarla y se casó con ella en 1353,
abandonándola al día siguiente. Jua-
na vivió después ea Dueñas hasta au
muerte, ocurrida en 1374.
Juana de Portugal. Reina de
Castilla y de León, nacida en 1439 y
muerta en 1475. Era hija de Eduar-
do, rey de Portugal, y de Leonor de
Aragón, y casóeon Enrique IV de Cas-
tilla, que se había divorciado de su
primera esposa, Blanca de Navarra,
en 1453. Tuvo de aquel matrimonio á
la iniknta Juana, llamada la Beltra-
JUAN
261
neja, porque la voz pública atribifa
su paternidad al favorito D. Beltrán
de la Cueva. Algunas turbulencias
qne estallaron contra el privado, obli-
garon á la reina i retirarse de la corte
y á vivir en el castillo de Alaejos,
donde se dice que turo amores con
Pedro de Castelli, sobrino del ano-
bispo de Sevilla. Posteriormente vol-
vió i rennirse á su marido y murió
seis alios después que él.
Juana Hannel. Reina de Castilla
V de León, hija del infante Don Juan
Manuel y biznieta del rey Don Fer-
nanda ÍII. Nació en 1333; casó con
Enrique de Trastamara, quien des-
pués reinó con el nombre de Enri-
que II; estuvo presa de orden del rey
Don Pedro; huyó á Francia con su es-
poso, y después que éste dió muerte á
su hermano, en Montiel, fué procla-
mada reina, muriendo en Salamanca
en 13S1 r siendo enterrada en la ca -
pilla de los Reyes moros de Toledo.
Jnana, infanta de Castilla, llama-
da la Beltraneja, Era hija de Enri-
que IV, el Impotente, y de Juana de
Píirtugal, y nació en 1642. Las rela-
ciones amorosas de la reina con don
Beltrán de la Cueva hicieron se cre-
yese á Juana hija del favorito, lo
cual dió motivo a una liga para ex-
cluirla de la herencia del trono y
para dar la sucesión al infante Don
Alonso,hermanodelrey, Muerto aquel
príncipe en Cardeñosa, según algunos
suponen, víctima de un envenena-
miento, los confederados obligaron á
reconocer por sucesora á su hermana
Isabel. Bl marqués de Villena, para
conciliar ambos partidos, propuso la
mano de Isabel á Alfonso V de Portu-
gal, T la de Juana al príncipe Juan^
hereaero de aquél; pero Isabel se negó
terminantemente. Prometida Juaha
después al príncipe de Quíena, quedó
también sin efecto el matrimonio por
negarse las Cortes á sancionarlo. Lue-
go que murió Enrique IV, Alonso de
Portugal se decidió á tomar por es-
Sosa a Juana, y al efecto entró en
astíUa, proclamando su futuro ma-
trimonio, y tomó el titulo de rev en
unión con aquélla , intimando i Fer-
nando á Isabel á restituir la corona;
hasta que, vencido en la batalla de To-
ro, se retiró, pidió auxilios á Luís XI
de Francia para ayudar á Juana á
conquistar su reino, y no obteniendo
resultado, desistió de todo empeño é
hizo la paz con los Reyes Católico».
Jdama entonces entró en un monaste-
rio de Coimbre, donde, á pesar de sus
votos, fué solicitada posteriormente
en matrimonio por Francisco Febo,
rey de Navarra, hijo de Gastón de
Foix y de Magdalena de Francia, hija
de Luis KI. Más tarde lo fué también
por el mismo Fernando Y, viudo ya
de Isabel, el cual, por medio de aquel
matrimonio y alegando luego los de-
rechos de Juana a la sucesión de Bu-
rique IV, esperaba despojar á su yer-
no Felipe el Hermoso, que gobernaba
en Castilla Í nombre de su esposa
Juana la Zoca, Juana continuo en
Portugal, llamándose reina, y murió
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262 JUAN
en 1S30, «n al palacio d» Lisboa, i la
edad da 69 afioa.
Juana Enrít^ues. Reina de Na-
Tarra t de Arag-on, que naeid por los
afios de 1425 j man<i en 1468. Bra
hija de D. Fadriqae Earfquez, señor
de Medina de Rioaeco, conde de Mel-
gar y almirante de Castilla, j ae casó
en 1444 con Don Joan 11, rer de Na-
Tarra, j después, de Aragón, viudo
eatonces de Blanca, hija de Car-
los III el Noble, Tomó gran ascen-
diente sobre su marido, especialmen-
te después del nacimiento de Feman-
do, que luego fué el Re^ Católico. Le
hizo desheredar & su hijo major, ha-
bido en flu primer matiimoaio, el
Eríndpe de Viana, qae se había sa-
leTado, reclamando para s( el titulo
de raj de Nararra. Habiéndole hecho
Erisionam, te sublevd en su favor
atalufia, por lo que se vid obligada
& ponerle en libertad; pero la muerte
del desdichado príncipe, acurrida de
allí á poco tiempo, hace supouer que
le mandara envenenar. Esto aumenté
el furor de la insurreccién, j Juusá.
se vió sitiada en Gerona; pero llamé
en su auxilio i Gastén de Foix, que
la socorrió. Combatió contra Juan,
duque de Lorena, que disputaba la
Cataluña á su marido, jr murid en el
sitio de Rosas.
Juana la Loca. Reina de Castilla,
hija de los Rejres Católicos Don Fer-
nando j Do&a Isabel, que nació en
Toledo en 1479 j murió en Tordesi-
Uas en 15^. Se casó en 1496 con el
archiduque de Austria, Felipe el ffer-
mosot á ^uíen acompañó á Bruselas,
donde dié i laz i Carlos V. Volvió á
España con el archiduque en 1502,
llamada por la reina madre, que que-
ría cederle la corona, é hizo reconocer
sus derechos j los de su esposo en las
Cortes de Aragón r de Castilla. Ha-
biendo vuelto Felipe á los Países
Bajos, huleado del carácter irritable
j del excesivo amor de su esposa, se
quedó ésta en Bspafia con au madre;
j da las muestras da dolor que hizo
por aquella separación, empezaron al-
gunos i tomar pretexto para creerla
víctima de una enagenaoión mental,
que tal vez no reconocb otra causa
que los violentos celos que tenia de
su marido. Unseg^undoalumbramiAi-
to, ca/o fruto fue el príncipe Fernan-
do, no miti^ aquel triste estado, j
Juana, poseída de un verdadero fre-
nesí, corrió á Flandes & reunirse con
BU esposo. Poco después acaeció la
muerte de Isabel la Católica, j enton-
ces Juana se embarcó de nuevo con
Felipe en dirección i España j lleg5
i la península en 1506, después de
tras meses de estancia en Inglaterra,
donde les habían arrojado las tempes-
tades. Tomó Felipe las riendas del
gobierno bajo pretexto de la incapa-
cidad de Juana, queriendo ocupar el
trono exclusivamente hasta que ñiera
major da edad su hijo; pero los cas-
telíítnos se opusieron á sus desigpnios,
reconociéndola por soberana en las
Cortes de Valladolid, r i su hijo por
haredaro de Castilla j León. La muei^
JUAN
te prematura de Felipe llanÓ de tal
amargura el pecho de JüANAt que po-
cos fueron ja los que dudaron de su
falta de razón al verla entregada á las
extravagancias más caprichosas. Re-
corriendo media España tras del ca-
dáver de su esposo, del que no que-
ría separarse jamás, se estableció en
Tordesillas, donde díó sepultura álos
restos del que tanto había amado, j
allí vivió cuarenta 7 siete años sin
perder de vista el sepulcro un solo
instante.
Juana de Arco. Heroína torenesa
conocida con al nombre de la Doncella
de Orleánttj qua oontríbu^ó poderosa-
mente i. levantar el espíritu nacional
de la Francia para terminar la guerra
de loa cien años, arribando del reino
á los ingleses que le babCan invadido,
llegando á hacerse casi por completo
dueños del reino. Seg^ los últimos
datos, nació en Domremj (Baja Lo-
rena) en 1409 y era hiju de Santiago
de Arco ^ de Isabel Romée. Su infan-
cia j su juventud, pasadas en el cam-
po, donde se dedicaba á guardar ga-
nado, tuvieron por espectáculo todos
los males de la guerra, haciendo que
su imaginación, impresionada por la
vergüenza de la ocupación inglesa,
por las miserias de las discordias ci-
viles y el interés novelesco que des-
pertaba el delñn Carlos, la liicieran
creer qua el cielo la deparaba una mi-
sión sobrenatural. A la exaltadón de
su mente, acosada por místicos ensue-
ños, en que oía clara v distintamente
voces divinas, no tardó en unirse la
credulidad popular, que, esperando
ver realizadas sus más legítimas aspi-
raci-iaes, acabaron por impulsarla á
seguir una senda que había de hallar
por término el martirio. Después de
una larga lucha, se dedicó á aceptar
el papel á que, según ella, la destina-
ba el cielo. Entonces tenía 18 años, y
un tío SUJO, Andrés Laxart, que ha-
bía sido el primero en convencerse de
su misión, la conduio á Vaueouleurs,
y la presentó i Baudrícourt, ^berna-
dor de la plaza. Este la envió á Chi-
nón, donde el rej Carlos VII tenía su
corte. Allí llegó el 24 de Febrero
de 1429, fué introducida en la cime-
ra real, jr sin haber visto jamás al
monarca, le sefialó entre la multitud
de cortesanos entre quienes se había
ocultado; le habló, según se dice, de
secretos de él solo conocidos, y le pro-
metió hacer levantar el sitio de Or-
leáns, último baluarte de la monar-
quía francesa, j consagrarte en Reims.
Ante aquella resolución, el pueblo se
dejó convencer y la corte no se mos-
tró más rehacía. En su consecuencia,
se armó j equipó á Juana; los más
antiguos generales tuvieron que su-
frir el ascendiente de una mujer, y
los soldados, arrastrados por el fa-
natismo, se dejaron guiar por ella.
Afortunadamente, aquel entusiasmo
no fué perdido, puesto que el 29 de
Abril Juana entraba en Orleáns; el
4 de Majo de 1429, el ejército tomaba
posesión de la plaza, j el 8, Orleáns
se encontraba libre. La inspirada
JUAN
campesina se abrió an aagulda pasó
hasta Reims, por medio da la batalla
de Pataj, y el 13 de Julio cumplíala
última parte de su promesa, haciea-
do consagrar á Carlos VU. Entonces
Ju<g^\ crejó su misión cumplida j
quiso retirarse; pero ae la retuvo & su
pesar. Perdida ja la confianza en el
apojo sobrenatural que creía tener
hasta allí en su ajuda, sufrió una
derrota delante de París, acadiÓ al
socorro de Compiegue, sitiado por los
burguifiones, j penetró en la pla-
za; pero habiendo hecho una salida
el 24 de Majo de 1430, no pudo vol-
ver á entrar an la ciudad por haber
caído prisionera del bastardo da Wan-
domme. Juan de Luxemburgo, qae
mandaba el ejército sitiador, se hizo
cargo de ella v la vendió en 10.000
libras i los in«eses con asentimiento
del duque de Borgofia, su aliado. Los
ingleses decidieron que fuera juzga-
da como nigromántica j hereje, y un
largo é inicuo proceso se comenzó en
Rouen. El obispo de Beauvaia, Pedro
Cauchon, que debía su silla episcopal
al roj de Inglaterra, Enrique V, fué
nombrado para presidir el tribunal
infame. Se trató de envolver & Juana
en una red de sutilezas teológicas; se
la quiso persnadir, por lo menos, á
que confesara que el demonio la ins-
piraba; pero ella mostró durante sos
interrogatorios una sanare frfa, una
inteligencia, una elevación da senti-
mientos, una elocuencia sencilla j
persuasiva j hasta una ironía supe-
rior á su pericia militar, qua dasra-
necieroa aquella esperanza. Entonces
se puso en juego la astucia para ha-
llarle culpable, firmó ingenuamente
una declaración distinta de la que
había prestado, y después de habér-
sela condenado á prisión perpetua con
la prohibición de usar otros vestidos
que los de su sexo, se le quitó duran-
te la noche su traje de mujer. Sor-
prendida con la armadura que la ha-
bían dejado v con la cual, por pudor,
se cubrió á la aproximación de los
guardias, fué condenada como relap-
sa á ser quemada viva en la plaza del
Mercado Viejo, ejecutándose tan bár-
bara sentencia el 31 de Majo de
1431. Teinticinco afios después, Car-
los Tn, con el eoncarao del papa Ca-
lixto III, hizo revisar el proceso j re-
habilitó la memoria de Jujuui, enno-
bleciendo á su familia con el título
de Ly$ y eximiéndola de cargas J tri-
butos. Todos los años se celebra en
Orleáns con una procesión cívica el
aniversario de la libertad del territo-
rio. El 8 de Majo de 1855 se inaugu-
ró en una de las plazas de la ciudad
una hermosa estatua ecuestre, obra
del escultor Fojatier; Rouen había
levantado, desde hacía largo tiempo,
un monumento de escaso mérito a It
heroína; y en Domremj se sustitujó»
en 1856, con una estatua de bronce,
el busto colocado en 1820. La poesía
se ha inspirado muchas veces en 1*
casta j noble figura de la Doneelh d«
OrUán», Chapelain la ridiculizó fia
intención de hacerlo. Voltaira eoiaa-
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JUAN
JUAN
JUAN 263
tió la &1U impeidonable de quezer
befarse de ella en uii poema burlesco;
ftero al mismo tiempo Scbilleila idea-
izaba magníGcameate en ano de sus
mejores dramas. Entre los poetas fran-
ceses modernos, ha habido machos
que la han cantado; pero aunque al-
anos han rajado é gran altura en
inspiración t en elegancia, ninguno ha
podido rÍTalizar cou la patética seuci-
Uez de la historia. M. Jales Quicherat
ha publicado en la colección de la
Academia de la Historia de Francia el
texto «aténtico del proceso de Juana
DS Abco, de an sentencia j da su re-
habilitación. La historia completa de
la Doncella de OrUáni, por Lebrón des
Charmets, 1817 (4 volúmenes en 8.'),
aunque no está al nÍTel de la ciencia
histórica actual, es digna de tenerse
en cuenta. Entre los trabajos más re-
cientes, deben citarse los de Michelet,
Benzí, Vallet de Viriville, resumidos
en ana Vida de Juana db Arco, pu-
blicada en 1854 por M. A. Desjardins.
Lamartine, en Él Cmlúador, consa-
gró á JnAMA, DI Abco una eloeoente
biografía.
Reseña. — Cuando la Doncella de
OrUán* dejaba su prisión, con la fren-
te erguida, en el día del auto, dijo
tranquilamente al oído del obispo de
BeauTais: «Por tí voj á la hoguera,>
iCómo cajreron aquellas palabras de
Ta TÍctima en el corazón del obispo?
Unicamente la justicia divina lo pue-
de comprender. Esta razón es una de
las más grandes pruebas de que exis-
te nn Hacedor Supremo. Realmente
bar muchas cosas en este mundo ^ue
sólo las puede comprender la justicia
de Dios. Juana db Arco, tú moriste
en el fuego, para vivir siempre en el
amor del mando: ]hj de los que mue-
ren en la conciencia, para morir des-
pués en la eternidad! [Venturosa Jua-
na ns ArooI ¡Desgracido obispo de
BeauTaial
Juana (la papisa). ¿Existió, entre
el pontificado de León 1 Y j el de Bene-
dicto 1X1, un papa de nombre J uan VIH
que ha sido borrado de la lista de los
sucesores de san Pedro? ¿Era este papa
una mujer? A esta doble pregunta se
ha contestado de dos maneras diame-
tralmente opuestas. Mientras unos,
creyendo que de ello dependía el pres-
tigio del pontificado, se han obstina-
do en responder negativamente, otros,
haciendo an arma de la resolución de
este problema histórico, han afirmado
los hechos con no menos obstinación.
A nuestro juicio, no sÓlo ba habido
apaaionamiento por ana parte j por
otra, sino i^ue para ambas el trabajo
ha sido estéril. Ni el honor de la Igle-
sia pierde nada con que el sacro Co-
legio se dejara sorprender un día por
un impostor, ni nada tampoco ganan
los que creen que hechos ae esta na-
turaleza hacen perder su importancia
al pontificado. El único interés que
delw existir, para el historiador im-
parcial y justo, es el prestigio de la
verdad, razón y asiento de la historia.
Pongamos i nuestros ilustrados lecto-
res en alganos antecedentes. Nótase
que en el sfgls pasado nadid creía ja
en la legenda de la papisa Juana, cu-
jo movimiento principió al declinar
el siglo XI. En efecto, Florimond de
Boemond escribió un libro titulado:
El error popular de la papisa Juana
(1587), obra que dió comienzo á la
reacción contra la opinión admitida
hasta entonces universalmente. Na-,
merosos escritores sostuvieron des-
pués la tesis anterior, y lo que es más
curioso, los autores de la protesta, que
debían tener un interés major en des*
prestigiar al papado, fueron los que
atacaron con major ardor la leyenda
de la PAPISA Juana, llevados indüda-
blemente de una convicción sincera j
profunda, porque no debemos suponer
que entrara en sus intentos el nacer
alarde de generosidad histórica. To-
dos estos trabajos tienen por comple-
mento los escritos del cardenal Baro-
nio, cujo erudito, con el fin de des-
embarazarse de las dificultades j ma-
rañas de la cuestión, procuró remo-
verla en su fondo. El cardenal dice.
Jae las debilidades del verdadero
uan VIH fueron causa de que mu-
chos le comparasen á una mujer, en
donde la vul^r malicia, que siempre
se tuerce hacia lo malo', encontró asun-
to para dar ser í la lejenda de la pa-
pisa Jdana. Nuestra tarea queda re-
ducida á dar conocimiento de los da-
tos anteriores al siglo xvi, por supo-
ner que son los menos conocidos. El
fundamento de la lejeada de nuestro
Eersonaje consiste en suponer que hu-
0 un Juan VIII, sucesor de León IV,
cujo pretendido papa era una inglesa
ue, después de hacer graodes estu-
ios en Atenas, había ido á fijar su
residencia en Roma, ocultando su sexo
verdadero, j donde la reputación ex-
traordinaria de sus talentos la había
hecho elegir papa en 855, á la muerte
de León IV. Más tarde, habiendo que-,
dado en cinta de resultas de sus reía*
cienes eon uno de sus servidores, al
atravesar un día el trayecto que media
entre el Coliseo j la iglesia de San
Clemente, jendo en pública y solem-
ne procesión, había dado á luz una
niña, y a consecuencia de la vergüen-
za que tal acto la produjera, nabia
muerto allí mismo. Platina añade,
como cosa dudosa, pero generalmente
admitida, que, desde este escaadaloso
accidente, siempre <^ue se entronizaba
un papa, se le hacia sentar en una
silla horadada, colocada en la capilla
de Letrán, en la que el sacro Colegio
se aseguraba de que no había error
de sexo. Voluntariamente hemos omi-
tido en nuestro relato todas las cir-
eunstancias dramáticas con que re-
visten el hecho ciertos historiadores,
haciendo á Juana monja desde la
edad de 22 años, suponiendo que des-
pués huyó á Grecia en compañía de
un joven fraile, por quien había con-
cebido una violenta pasión, y otros
numerosos episodios que entran más
en el terreno de la novela que en el
de la historia. Sin embargo, el episo-
dio principal necesita una explica-
ción, jr ja que no podemos darla cum-:
plida, Vámes, por lo menos, i exami-
nar los testimonios en que seapoja.
Anastasio, bibliotecario del Vaticana
y contemporáneo de Juana, ha reco-
nocido él necho en su Líber ponttjicar-
lis. Es cierto que la mención de este
pontificado ha sido suprimida en las
diversas reimpresiones que del libro
de Anastasio se han hecho; pero exis-
te en la edición primitiva, que es del
año 1602. Después de Anastasio, se
encuentra entre los testigos de la exis*
tencia de la papisa Juana uiia gran
laguna, que se explica por el escaso
numero de escritores que existía en
aquella época y por la infinidad de
manuscritos perdidos en una larga
serie de guerras y revoluciones. La
primera mención que encontramos, se
refiere al siglo xi y pertenece á Ma-
rianos Scotus, del cual transcribimos
las simientes palabras: «A León IV
sucedió una mujer, Juana, por espa-
cio de dos años, cinco meses y cuatro
días.» En el siglo xu, Othón de Frin-
singen, en sus Crónicas; Godofredo de
Viterbo, en su PauteSn» y Biartín de
Polonia, capellán de Clemente IV, en
el siglo xiii, no son menos explícitos.
Desde entonces, es inútil acumular
testimonios, que se multiplican de
una manera verdaderamente abruma-
dora. El hecho de la existencia de la
PAPISA Juana es universalmente adop-
tado, de tal modo que, hasta fines del
siglo XVI, no se puede hallar un solo
escritor que lo contradiga. Entre los
que lo afirman, nos basta citar, á cau-
sa de su autoridad especíalísima, los
nombres de san Antonino de Floren-
cia, de Ranulfb, de Bernardo Quj, de
Qerson, de Piccolomini (más tarde,
Pío II) y de Fulgosio. Al lado de
estos testimonios escritos, no <an
tampoco algunos hechos materiales.
Teodorico de Nimes, secretario de di-
versos papas, había visto en Roma un
grupo representando á Juana j á su
hija, cajo hecho atestigua san Anto-
nino, 7 graves historiadores aseguran
que ¡Sixto V hizo arrojar al Tíber
aquel singular monumento. En el si-
glo XV, la basílica de Sieoa poseía
una colección de bustos de todos los
papas; el de Juana figuraba en ella
con esta inscripción: Joanes VIII, fe-
minaCJuan VIII, mujer). Mabillón^
Launoi lo vieron, / este .último, irri-
tado sin duda por contradicciones mal
fundadas, dice «que sería preciso ser
ciego para no verlo. » Baronio decidió
al papa Clemente VIH á suprimir este
bustoescand^oscFauchétjr MabUlón
vieron asimismo la &mosa silla hora-
dada, ideada por Benedicto III, para
impedir un nuevo error. Por último,
si tuera preciso invocar la autoridad
de la Iglesia misma en favor de la
existencia de la papisa Juana, encon-
traríamos en las dctas del Concilio de
Constanza uua omisión tan significa-
tiva, que tiene casi el valor de una
confesión terminante. El Concilio, que
procesó á Juan de Huss con el firme
propósito de condenarle, y que le hizo
sufrir un largo y minucioso interro-
gatorio acerca de sus errores, no pen-
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264
JUAR
wó jamiy «n emitir xaa opinídn formal
sobre la axisteacia de Juana. Vamos
á termiaar coa an antecedente (^ae no
debe omitirse, Godofredo de Viterbo
afirma que el nombre de la papisa
Juana nié suprimido en el catálogo
de los samos pontífices. Contra estas
noticias^que parecen irrefutables, hajr
el testimonio de Hincmar de Reims,
contemporáneo de Juaha, quien ase-
fifura-de una manera terminante «que
habiendo enviado (el emperador Lota-
rio) diputados á Roma, para obtener
un privileeio* supieron en el camino
la muerte de Leda IV. j qne, cuando
llegaron & Roma, Benedicto III ocu-
paba la silla pontifical,» cajo hecho
supone que no pudo tener lugar el
pontificado de la pahsa Jdana. £a
cuanto á nosotros, sin decir que sí,
sin decir que no, opinamos ^ue la
existencia dte la papisa Juana fue uni-
versalmente creída hasta fiaesdel si-
glo XTi, j que la legenda 6 la realidad
de dicho personaje es un punto histó-
rico, si no inexplicable, inexplicado.
JuuiRS. Femenino plaral. Palillos
ri usan los guanteros para ensan-
r los guantes.
Juanero. Masculino. ffermanU» El
ladrón que abre cepos de iglesia.
ErucoLoaÍA. /mu.
Juanete. Masealino. Bi hueso del
nacimiento del dedo graeso del {>ie
cuando sobresale mucho. I Cualquie-
ra de los dos huesos altos de las meji-
llas, cuando abultan demasiado ó se
descubren mucho. | Jfsn'M. Cada una
de las Telas que van sobre la gavia j
el velacho, j algunas veces tombién
encima de la sobremesana.
Juanetudo, da. AdjetiTo. El que
tiene juanetes.
Juanico, ca, lio, Ua, to, ta. Mas-
culinos j femeninos dimiautivot de
Juan, Juana.
Brnic&ooíi. Jtuut: catalán, Jéuet,
Jnaaiata. Sustantivo. Nombra da-
do en al n^lo t i loi defensorei de
san Juan Cnsdstomo.
Juanistas. Masculino plaral. J7tf*
toría áeUtiástiea, Individuos de una
secta cristiana, difundida en Asia, la
cual no administraba el bautismo más
que en nombre del Bautista.
ETiuoLoofa. San Juan Bautista:
toLncéifjoAannisíe.
Juaroa. Femenino. La suciedad
que contrae el paúo por el aceite, cola
7 otros ingredientes con que se ma-
niobra.
Juardoso. Adjetivo. Se aplica al
paño que tiene juarda.
Juárez (Benito ) Hombre de Es-
tado amerícaiiu y presidente de la re-
pública de Méjico, en los momentos
tal vez más dincíles por que ha atra-
vesado el que fué imperio de Mote-
zuma. Nació en el pueblo de Ixtláu,
en el Estado de Oaxaca, en 1805. Sus
padres, de condición humilde, perte-
necían á esa raza indígena pura, que
tan abatida j menospreciada se veía
entonces. Pobre y sin apoyo, tuvo du-
rante s'i juventud que luchar coa mi-
les de obstáculos; pero an terquedad le
hizo triunfar de ellos, consiguiendo el
JUAR
título de doetor en derecho de la uni-
versidad de Méjico ^ conquistándose
una justa reputación en el foro, en
los años que ejerció como abogado.
Tomando parte después en los asuatos
públicos, inauguró su carrera política
comogobernadordelEstadodeOaxaca.
En 1856, fué nombrado representante
de su proviacía en el Congreso; y al
año siguiente, elegido presidente del
Tribunal Supremo de Justicia, título
que le aseguraba, en caso de interini-
dad, la vicepresidencia déla repúbli-
ca. Después de la caída del Gabinete
Comoatort j de su reemplazo por el
del general Znloaga» Juabbz, que es-
taba al frente del partido eonstitueio-
nal, protestó en nombre de la Consti-
tucioa de 1857; rehusó reconocer el
nuevo poder j llegó á establecer un
gobierno en Veracruz. La guerra
civil dió comienzo. La suerte de las
armas fué por el pronto contraria á
los partidarios de Juírkz, á quienes
el general Miramón, comandante en
jefe del ejército del Norte, batió en
varios encuentros; pero estos desas-
tres, compensados por otra parte con
lai TÍctonas del ejercito del Este, no
dieron un resultado decisivo, gracias
& la incapacidad del presidente Zu-
loagft. Después de la sedición militar
?ue derroco á éste (23 de Diciembre,
858) 7 que colocó en su puesto i Mi-
ramón, JoXbbz rechazó con altivez
toda proposición de arreglo. Miramón
quiso atacarle en Veracruz; pero el
partido constitucional tomó en Méjico
una actitud sobrado amenazadora para
que el joven general se atreviera á
insistir en sus planes. Intentó atraer-
se las simpatías del país por actos de
liberalismo; pero en aquel momento
(Abril de 1859) JuXbbz obtuvo una
considerable ventaja, puesto qae el
Gabinete de Washington había reco-
nocido su poder. Miramón protestó,
pero su rival no tardó un punto en
aprovecharse de la sanción oficial,
que acababa de recibir, y decretó ac-
tos tan importantes como la institu-
ción del matrimonio civil; puso en
ejecución una línea férrea entre Vera-
cruz V la capital j confiscó los bienes
del clero. Entretanto, la guerra con-
tinuaba sin resultados decisivos para
ninguno de los dos bandos. En Marzo
de 1861, Miramón puso sitio á Vera-
cruz; pero JuáRSZ, no sólo resistió el
ataque, sino que rehusó ventajosas
proposiciones de paz. Rehabilitado
por mar, dejó á lot sitiadores consu-
mirse bajo los muros de la ciudad, y
oblígánoolos á levantar el sitio, apro-
vechó su debilidad para tomar la
ofensiva, j, á fin del año, logró ver á
Miramón reducido al valle de Méjico.
El 22 de Diciembre, su lugarteniente
Ortega dispersaba el último ejército
de su adversario en la batalla de San
Miguelito y aseguraba, al ñn, el triun-
fo al partido constitucional. Hecho
esto, y mientras que el g-eneral Mi-
ramón huía á Europa (II de Ene-
ro, 1862), JuÁRBZ entraba en Méjico,
formaba su Gabinete, destituíaá todos
los empleados del antiguo Gobierno,
JUAR
fionfa en vigor las lejes relativas i
08 bienes del clero y despedía con las
formas más expeditivas álos represen-
tantes de las potencias extranjeras que
habían demostrado sus simpatías al
general Miramón. Reconocido por In-
glaterra en el mes de Febrero, y por
Francia, algunas semanas después,
trató de afianzar su poder, haciéndo-
se reelegir presidente (11 de Junio,
18611; pero no por eso lo^ró compri-
mir los desórdenes interiores, ni ea-
tisfacer las reclamaciones de las na-
ciones extranjeras. Seducido á soste-
nerse por medio de la fuerza, después
de rom])er sus relaciones oon Bspafia,
no temió (17 de Julio) fiiltar a sus
compromisos con Francia é Inglate-
rra, suspendiendo por dos años el
pago de las indemnizaciones pactadas
anteriormente. Esta violación do los
tratados fué seguida de una coalición
entre las tres potencias europeas. Ta-
jadas en sus intereses, y bien pronto
una expedición francos oglo*española
desembarcó en Méjico. El Congreso
dió plenos poderes á Juírbz para re-
sistir á la intervención de los aliados,
en eu^a virtud hizo un llamamiento
á las armas á la nación entera (20 de
Septiembre, 1861). Descontento de ha-
ber visto fracasar los preliminares de
la paz (19 de Febrero, 1862), mandó
fusilar al ^neral Robles (23 de Mar-
zo) y exigió que los franceses le en-
tregaran al general Almonte, que
estaba bajo su protección. Rechazada
esta demanda, rotas las conferencias
entabladas en Drizaba (6 de Afarilj, la
guerra dió comienzo con Francia, por
haber quedado satisfechas Inglaterra
V España. No ae sabe eómoel ejército
francés, después de haber sido deno-
tado ante la formidable defensa de
Puebla, se vió obligado á retroceder en
medio de las majorea privaciones para
esperar refuerzos; pero ello es lo cierto
3ue este primer triunfo exaltó gnn-
emente las ideas y eaperansas de
JuÁBBZ. Sin embargo, las fuerzas del
Gobierno mejicano no podían ser ba»>
tantes á contrarrestar los poderosos
refuerzos venidos de Francia, lo cual
motivó que el año de 1863 no fuese
otra cosa para Juárez que una serie
no interrumpida de descalabros y des-
venturas, en loa cuales no tuvo otro
amparo que la perseverancia de su ca-
rácter y el aliento de su corazón. Des-
pués de evacuar la capital, se retiró á
Cuernavacas; luego, á San Luis de
Potosí, en donde procuró reorgaoiaar
su gobierno y eligió al general Dobla-
do para presidente de ministros,
niendo, por último, que retirarse y
establecerse en Zacatecas. Cuando el
nuevo imperio de Maximiliano pare-
cía á punto de consolidarse con las
victorias del ejército francés, Juáasz
tuvo el gran desconsuelo de verse
abandonado de sus más valiosos se-
cuaces, como Uraaga y Doblado, que
se adhirieron al imperio, en Julio y
Agosto de 1864. González Ortega y
Negrete resisten aún, fieles á la cansa
nacional; pero graves desastres sufri-
dos en las márgenes del río Naza^
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JUAR
cajo desbordamiento aumenta sus
pérdidju, acabaron por diaparaar las
armai en el mes de Septiembre, Ya no
haj posible contra la monarquia otra
cosa que el plan de guerríllaSi j Juá-
rez decide sosteoerse hasta el fin.
Perseguido de cerca, tiene que refu-
fiarse en Tejas; pero reaparece poco
espués. Alentado por el apoyo j
prestigio moral de la Unión del^or-
te, y más aún por las inspiraciones
dfl su fe» espera un momento, que
considera decisiro, j el momento lle-
gó. El cuerpo expedicionario francés,
erejendo asegurada la monarquía,
abandona á Méjico; pero apenas se
embarca, JuAkbz tómala ofensiva. En
los primeros días de 1866, los repu-
blicanos se apoderan de Bagdad; se
Iiacen duefios de Alamar, en la pro-
Tincia de Sinaloa, t, al mando de Es-
cobedo, el principal sostén de Juábbz,
obligan á la villa de Matamoros á ren-
dirse después de una serie de sangrien-
tos combates (24 de Junio de 1866).
Ai fin del año, el poder constitucional
de Juábbz toca á su término legal, j
su competidor, González Orte^, se
declara presidente de la república en
manifiesto fechado en Nuera Orleáns.
Pero la suerte se declara en &Tor del
primero y su competidor es hecho pri-
sionero en la Trontera de Tejas por or-
den del Gobierno de los'Estados-Uni-
dos, que reconocen i Juábbz como
presidente / le envían, en calidad de
representantes oficiales, & M. Camp-
beli j al general Sherman. Ortega lo-
i^ra, sin embargo, penetrar en Méjico;
p-'ro cae en manos de sus adversarios
y la autoridad de Juábbz queda con-
s alidada (Enero de 1867). Entretanto,
el emperador Maximiliauo se ve pre-
cisado á abandonar la capital para re-
fugiarse en Querétaro; pero bien pron-
to losjuaristai asedian la ciudad, al
mando de Escobedo, j el 15 de Mayo,
después dé una lucha de las más vi-
Tas, se apoderan de ella. Bñ medio de
la genenl ezacerbacidn de los odios
del partido triunfiinte, J'uXbrz hace
comparecer á Maximiliano ante nn
consejo de guerra que, el 19 ds Ju-
nio, le condena á muerte en nnién de
his generales Miramón j Mejía. Al-
íganos días después de laejecución de
la sentencia, Méjico y Veracrui se
rinden á discreción álas tropas del
presidente Juábbz; trata desde enton-
ces á los gobiernos extranjeros de po-
tMiL-iaá potencia; rehusa entre^r á
Austria los restos de Maximiliano,
mijutras que no sean reclamados ofi-
cialmente, y no consiente en entrar
en relaciones comerciales con las na-
cíonei europeas en tanto que no reco-
nozcan BU gobierno. Al mismo tiem-
po, convocaba, en virtud délas resta-
blecidas leyes republicanas, el con-
greso nacional, al cual proponía en su
mensaje un conjunto de reformas li-
berales, que fueron saludadas con et
aplauso del país. En el mes de Octu
bre era reelegido presidente de la ro
pública mejicana y prestaba de nuevo
juramento en 25de Diciembre de 1867.
^n embargo, á pesar del eutosiauno
JUAR
del partido republicano hacia su jefe,
diversas tentativas de revuelta tuvie-
ron lugar en Jalapa; y, sobre todo,
en el Yucatán; pero todas fueron so-
focadas en breve término. El general
Ortega, que había fomentado muchas
de ellas, acabó por abdicar de sus
pretensiones en favor de su rival, y un
decreto de amnistía, concedido á los
partidarios del emperador Maximilia-
no (Abril de 1869), acabó de asegurar
á Juábbz en el podar. — Querétaro fué
teatro del triun'b de Juábbz, y, sin
embargo, es la sombra de su vida.
Allí se habían encontrado dos hom-
bres esclavos de su deber. Maximilia-
no, el emperador que lleva su hidal-
guía hasta el punto de arrostrar la
muerte autos ae dejar el puesto en
que se le había colocado, se encuentra
prisionero del indomable indio de los
bosques, que lo había arrostrado todo
por la independencia da su país. La
república, triunfando del imperio, te-
nía un difícil problema que resolver:
la vida del emperador. Juábbz fué el
destinado á resolverlo en hora men-
f uada. Perdonares señal de valor;des-
acerse de un contrario vencido por
su mala fortuna, es un olvido lamen-
table. Podrá a^dirse que la opinión
pública lo hizo, 6 que lo hizo un con-
sejo de guerra, lo cual vale tanto
como pretender escudarse con la tris-
te política de excusas embozadas.
Juábbz acudió á un consejo de guerra
para derivar la responsabilidad del
atentado; pero la historia no se deja
engañar así. La historia sabe perfecta-
mente que el consejo de guerra era él.
Por cousi gruiente, hay que decirlo con
honrada franqueza: quien mató al em-
perador Maximiliano fué el presiden-
te Juárez. No admita duda que el
personaje de esta bíograña tuvo en su
abono ciertas razones; pero la san^^re
del desgraciado principe es un estig^
ma etarno. Entro el que sacrifica y el
sacrificado, nosotros nos arrodillamos
sin vacilar con quien se arrodilla
para morir. El que mata, antas que á
nadie, se mata á sí propio: el que
muere en una hora de terrible infor^
tuttio, puede morir con alma entera.
Venga la muerte; pero que nos halle
con nuestra alma. Antas que Juábbz,
antes que Méjico, antes que todo el
mundo, es un sentimiento de huma-
nidad. Aparte la sombra que se cier-
ne sobre el sepulcro de nuestro perso-
naje, el npúblicd mejicano, el patri-
cio insigne, es uno de esos genios
pjderosos á quienes Dios concede la
irracia de reproducirse de su sombra*
Finalmente, nuestro personaje no es
un individuo; es su patria. Mari<!
en 1872. Si hay un mundo más allá
de esta vida, en donde el hombre
pueda arrodillar^je para pedir perdón,
.'uábbz se debe arrodillar delante de
su victima, como su victima se arro-
dilló delante de una cruz. Las lágri-
mas de un pueblo, que venera su se-
pultura, dicen bien claro que Bbnito
Juábbz, el héroe de su pueblo y de su
raza, pudo engañarse, quemado por
lá fiebre del paciiotismo ; pero que su
JÜBI .565
noble memoria estará siempro muy
por etaeima de lu bnjas aalumnias
con que el odio ha intentado man-
charla.
Juárez de Toledo (Juufa). Espa-
ñola celebro por su valor, que vivís á
fines del siglo xv. Fué esposa de Juan
de Rivera, general de los Reyes Cató-
licos; defendió el paso de Montoma-
yor, contra el rey de Portugal,^ des-
preció con altivez laa proposiciones
que la hizo el monarca lusitano para
atraerla á su partido.
1. JnlM. Bbseulino. Nombre da
un dios moro.
EtiuolooLl. Fonm nmátiicB de
Jehovah y de Jdpitar.
Beieña. — El vocablo Joba, no es otra
cosa que la traducción morisca del
/pAoeaádelos hebreos, Ó del Júpiter
de los latinos.
2. Joba. Masculino. Bietorta an~
tigm. Nombro de dos reyes de Mauri-
tania, el segundo de los cuales, ven-
cido por los romanos, escribió en Re-
ma sobro geografía, historia y otros
asuntos. (Cébab.)
Reteiüi. — También hablan do los
anteriores personajea Plinto y Pris-
cianoi
Jubarba. Femenino. ¿o<ia»«. Fa-
TAcaaSA. I Hay cuatro especies da ju-
BABsa: una, que oomsponde al S0Si^-
vivum íecíorum, de Linneo; otra, que
corrosponde al tediun telephium; otra,
al tedum al&im; otra, al tedtm ure,
EnuoLOOÍa. 1. Latín Jooi» éarba,
barba de Júpiter: italiano, barba de
Giove; francM del siglo xiu, Jumbar-
be; modeiaOf joubarbe; provenzal, bar-
bayol; iiral6n,j0bade; namurés, jibau~
de; ñtinAVLt, pmbarbe, ioubar.
2. Littré, calculanao qne ap<:nus
exista semejanza entra la JUBaasA y
la barba de Jove^ sospecha ^ne cierto
nombre galo, citado por Diosoórides,
pudo confundirse con la ¿aria de Jú-
piter.
3. S^gún esta eonjetora, la tos del
artículo se derivaría del nombre galo
ioumbaroum, equiralente á U forma
griega que trae Dioscórides: Un^-
poói* (IV, 16).
Jttbera. Femenino anticuado. Casa
de labranza.
Jnberia. Femenino anticuado. Ju-
BBRA.
Jubete. Masculino. Xubbtb.
Jubeteria. Femenino anticuado.
La tienda donde se vendían jubones
y otras ropas. | Anticuado. El ofido
de jubetero.
Jubetero. Masculino anticuado.
El que hacía y componía, jubones j
otras ropas.
Jubilable. Adjetivo. Qne poado
jubilarse.
Jubilación. Femenino. Relevación
del trabajo ó carga de algún empleo,
conservando al que lo tenía los hono-
res y el sueldo en todo ó en parta. ||
Anticuado. Júbilo.
Etikolooía. Jubileo, aludiendo á
que es la remisión ó el jubileo del tra-
bajo: latín, ^»¿iíja^, aclamación, gri-
tos de alearía; tnneé»,j9ÍilatÍ9»s ce^-
tA\ñn,juhlacio.
TOMO |U Si
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m jTJBi
JÜBI
JUCL
JS«fM9#i— L« prívifcin jubilación
w ooDoadfa ¿ loi que babbn Mrridu
cincusQtft años, época que compren-
día el jubijeo de Moisés.
Jabilado, da. PArtioipío pasivo de
Jubilar. U Masoulinp. La persona á
quien se ha dado jubilación.
ÉsmoLoaik. Jubiiar: catal&n, ^'ft-
bihí, da; francés, ^'«¿tT/, Ueoo da jú-
bilo; italiano, gipbilálo.
JubÜftdori ra. Masonlinp» BS qne
jubila.
SriuoLOaU. JmHU»: itaU«no,/iK-
Jobilailúaato. Kasoaliao. Jobiu-
CIÓN.
Jiibilanto. Participio aQtÍTo anti-
cuado de jubilw. Bl qne se jubila ó
se alera.
JuBilar. Activo. Bumir i alguuo
del trabajo j funciones de su empleo
por ancianidad d enfermedad, conser-
vándole durante su vida el todo 6 par-
te del sueldo que disfrutó, j sus qo-
nprea ó los del grado superior. U Fa-
miliar. Desechar por inútil alfuna
cosa 7 no servirse más de ella. || Reci-
proco. Conseguir la jubilación. | An-
ticuado, Alegrarse, regocijarse^
EtímoumíÁ. JuHieo: catal&D, juH-
kir,ju6iiane.
Jubileo. Masculino. Entre los ía-
raelitas era una fiesta pública que se
. c^ebraba al terminar «ada período de
siete aemaoaa de a&os, ó sea al comen-
sal el año quinouegésimo. Ka este
añono se sembraba ni se segaba; to-
dos los predios vendidos ó de cual-
quier manera enajenados, volvían á
su antiguo dueño, j los esclavos he-
breos, con sus. mujeres é hijos, reco-
braban la libertad. || Entre los cristia*
nos es una indulgencia plenaria, so-
lamne j universal, concedida por el
Papa ea ciertos tiempos y en eiertas
oeasiooes mediante bula, en cujro sen-
tido se dice: la bula del jubileo. | El
espacio ^ue contaban los judíos de un
jubileo a otro. {| db caja. £1 que se
concede con la obligación de dar al-
guna limosna. Diósele este nombre,
porque, para recoger dicha limosna,
ae solían ponercajas. | Ganab el jubi-
leo. Frase. Hacer las diligencias ne-
cesarias para conseguirlo. || Pon jubi-
leo. Modo adverbial. Rara vez, con
alusión á que el jubilso se concedía
de cien en cíen años. ¡| Metáforat La
entrada j salida frecuente de muchas
personaa ta alguna casa ú otro sitio.
Etiuoloqía. Hebreo ídbel (^J^)
trompeta, aludiendo i que con trom-
peta se anuueíaba el jubileo; eAenaík
he^iit ( ÍTnjlíI^?^)' ^®
remisida: latía, Jujilaus; italiano,
gimhhÜeo; francés, jubile; provenzal,
ju'Aleuí catalán, ^'«^'¿#0.
Ifittoria. — Fiesta de los judíos / de
los cristianos. Entrelos judíos, se ce-
lebraba cada cincuenta años. Este año
su llamaba año^'tt¿«'¿ar ó del jubileo. ;
Entonces las deudas eran abolidas ó
presoritas, como diríamos hov; los
bienes enajenados eran devueltos á i
sos primeros poseedores, 6 i sos he- 1
redaroii lof individuos que le Halla-
ban en la servidumbre, recobraban su
libertad. Jubileo es palabra que vie-
ne de ^ovel, trompeta , porque su pu-
blicación se hacía con este instrumen-
to. Entre los cristianos, es cierto tiem-
po durante el cual el Papa concede
indulgencias plenarias, precedido y
acompañado de oraciones ó rogativas
especiales. Bonifacio YIII le estable-
ció en 1300. El jubii^ regular se ce-
lebraba al principio cada cien años.
Clemente VI le limitó á cincuenta;
Grworio XI, á treinta j tres; j Pau-
lo if, á veíntieinco. El nombre de ju-
BiLBO no fué adoptado hasta 1473, por
Sixto IV; antes se designó esta solem-
nidad con el nombre deyroa iudnlge»-
OM. También hay un jubileo al adve-
nimiento de cada Papa, que lo puede
asimismo ordenar en circunstancias
particulares y excepcionales.
Lo expuesto está conforme con los
siguientes datos:
1. JUBILAS enfiw. Del hebreo úfíoi,
sonido a^udo y prolongado, como el
de la bocina ó trompeta, al son de la
cual ae anunciaba el año de remisión,
que á esto equivale el año jubilar ó
del JUBiLBo, vox que otros sacan direc-
tamente del verbo hJbilt remitir, con-
donar, reptituir. — Entre los hebreos,
laa tierras j los instrumentos de su
labranaa estaban como vinculados en
las familias; y sus poseedores podían
enajenarlas por un tiempo dado ó em-
peñarlas ó desempeñarlas; pero en el
año del jubileo (de cincuenta en cin-
cuenta años) caducaban todos los em-
peños 7 prescribían todas las deudas,
volviendo los bienes al poder de sus
antiguos dueños. Asi es que los pres-
tamistas tenían que echar siempre sus
cuentas ajustadas á la mayor ó menor
proximidad del año jubilar.
2. En la lej de gracia, el jubileo
es también una indulgencia plenaria,
solemne v univenal, concedida por
el Papa, a imitación de aquella sabia
lejr del legislador de los hebreos.—
Boni&oioVÍII instituyó el jubilbü
cristiano, ó aáútaiUo, en la forma que
hojr conserva todavía, y se celebró
con gran pompa el año 1300, aunque
sin llevar el nombre de jujilbo, dis-
poniéndose que igual indulgencia se
ganase cada cien años. Clemente VI
ordenó que se ganase cada cincuenta
años, y lué quien le d¡ó el nombre de
JUBILEO. En 1389, Urbano V redujo
este plazo i treinta j tres años, en
memoria de los que vivió Nuestro Se-
ñor Jesucristo; pero en 1449, Nico-
lás V lo puso otra vez á cincuenta
años. En 1470, Paulo II lo redujo á
veinticinco años; y en 1473, Sixto IV
confirmó esta última reducción, que
es la que subsiste todavía.
3. Además de este JUBILEO ordinario
Ó periódico (el último año santo fué
el de 1852), el Papa concede otros á su
elección y en ciertas ocasiones ímpor-
; tantes. El último JUJiLEude esta clase,
ó extraordinario, ha sido el concedido
por su santidad Pío IK en su encícli-
I ca de l.^'deAgosto de 1854. (M.ónlau.)
I 4. El JUBILEO israriita era Ift pri-
mera de sos leyes civiles, puesto que
daba su constitución y su forma a la
propiedad.
5. Durante el jubileo que tuvo lu-
gar á mediados del siglo xiv, 1350,
acudieron á Roma sobre 200.000 pe-
regrinos.
6. En Francia, llámase también ju-
bileo á una festividad religiosa, pu-
ramente doméstica, con que se suele
celebrar el haber cumplido cincuenta
años de matrimonio, ó ds haber ser-
vido algún empleo durante ú tiempo
mencionado.
7. También se conoce el matrimoiUo
d$ jnsiXAO, que es. el que aa celebra á
los cincuenta afios de unión conyugal,
suponiendo que el primer easamieatu
ha quedado nulo, en virtud dé la re-
misión del JUBILEO canónico.
Júbilo. Masculino. Gozo, alegría,
regocijo.
EtiuolooÍa. Jubileo: latín, ^'SÍHiuh,
Írritos de gozo; italiano, catu-
án, jfiíM^o. El jubileo era el júbilo de
una fiesta, como el jóbua as el jubi-
leo del corazón.
Jubón. Masculino. Vestidura que
cubre desde los hombros bástala cin-
tura, cefiiday ajustada al cuerpo. Q dk
AZOTEá. Familiar. Los azotes que ae
daban por justicia en las espaldas. ¡
DS HuniLLoe. Es^cie de cota. | ojk-
TEADO. Cierta detensa, hecha en fbr-
ma de jubón, que usaban antigua-
mente, la cu^ era de una redecilla du
acero muy menuda, puesta sobre al-
guna cosa fuerte, como ante. Q Bub ■
JUBÓN UB TENGO BN FftANCIA. Frase fu
miliar que se usa para burlarse d>,-
quien se jacta de tener alguna cosa
que en realidad no le puede servir.
Etiholooía. Aljuba: árabe djub&eí,
djoubbet; i)rovenz8l, jupa, jupón; bur-
guifión,yt^a,- normando, /upta; por-
tugués, ftbáo; francés, jupe^ jupou;
italiano, ytH0/»s, aiubhone.
Reteñí,— Aijula, chupa v/aMi re-
¡Mresentan la misma palabra de oñ-
Jabona». Masculino aumentatív >
dejub>jn.
Jttboncíco, lio, to. Masculino di-
minutivo de jubón.
Jabonero. Masculino. £1 que tie-
ne por oficio hacer jubones.
Jucefia. Femenino anticuado. Ml-
neda de oro antigua.
EriHOLoafA. Árabe ¡¿^^lm-í^
(yotuofia), forma de Yusof, Fowo/*
(Abou-Ya'cub), sultán almohade que fu
acuñó en el siglo xvii, de llC2á 1184;
matmodina juzepia, en Sáez ( Valor de
la» monedat, S1A, 3i5j: valenciano,
jnsanvet, monedas antiguas. (Ros.)
Jada. Femenino, lina de las sefia-
les que los árabes ponen sobre sus
letras en vez de vocales.
EnMOLoaÍA. Arabe ehaUlt con el
mismo sentido, ÍMolleb.)
1. Dozy trae cAqA^ú, que se halla en
Ibn-Batouta y en Ibn-al-BaitSr.
2. Pedro de Alcalá emplea jucU y
xacla.
Forana.— 'l. El ch iniciiil se cjii-
viortc (¡a a, como «u ag^beh» de acA-
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ti$Íié9i M aiMílufti, de ach-ekiquéf\
ea «atofiteat, de ocA-Mt^ut^a, 6 como
en ajaraca, de ach-ckaraqa; v U mís-
nu fotma suele toniai el m medial,
como eu ttmxa^iUy de ar-reckS,aa.
Chaklxe^T^núíy pues, JiaAt.
2. 0 medial suele tornarse en
como en cAvea, de ekagqaf ó como en
di¿«¿a» de kaiaba*
Xakl representa mili.
3. Convirtamos U k medial en e,
como en carcaj, de tarkack. y tendre-
mos ímelf cujra pronunciftcióo suave
es suela, como la de mahieb es maha-
Ub; la de rah» rahal ó r^fal; la de roi-
U, roíOM; la de fohrií, takare^to. — «B
00 lo he tenido eD poca merced, hou-
la e gracia e merced que au Ex.' me
ha hwliú, en concederme esta merced
que le supliqaé,jporla cual en contí-
aeate tomé u pluma « vos escrebí la
CBute en est» letra arábiga clara e
xttchda (1), la qual vos mujr bien
e9noceTS.> {Carta (tel moro Zegrí al
duue ie Seta; Memorial histórico etp<h
mjnhlicado por ta Beal Academia de
la Historia, U»M III t página Üó.)
Juchicapal. Ifascalino. Botánica.
Arbol grande, de madera fuerte j ex-
quisita, que te cría en la Vera Paz,
provincia d« Guatemala» j da un bál-
samo ó resina muj* olorosa.
ETiifOLooÍA. Vocablo indijgena,
Jndá (tbibu db). Historia Sagrada.
La tribu de Judá, voz oue signiSca
akhama, se estableció al Occidente
de! mar Muerto. Fué desde un prin-
cipio la mús poderosa de las tribus de
Isnel. Ocupaba un terreno mcmtaoso,
pero lleno de valles fértiles, excepto
<-a la parte del Bste, que estaba baña-
da por el mar jra mencionado. Por el
Norte lindaba con la tribu de Benja-
mín; por el Oeste, con la de Simeón;
por el Sur, con los desiertos de Idu-
mea, Entre sus ochenta j tres ciuda-
des eran citadas particularmente las
niUTe ciudades reales de Jerimothf
COTO rej^ había resistido fuertemente
á Josué; Lachis, cuyos moradores fue-
roa degollados; Sobna ó Lebn^^ que
hiio también una larga resistencia;
Maeeda y Odolam, rodeadas de caver-
nas; Sglón j Dahir; Hebtón, ciudad
levfüca y de refiigio; Arud, que de-
pendía de los amorraos; Cariatht^
ns, 6 ciudad de los Bosques; Bethsa-
■■a, ciudad levítica; Betkleemt á más
da 16 kilómetros al Sur de Jerusa-
(1) Bi«D 3m ciada, m daelr, blsn pnafcanda
¿TOMlisudAí poniendo 4 Oftds oonson»nt«
el •icDo TOCftl qn» le eorr«apoQde. A estos
*iCnoa liHmsn loa grftmAticos ár^bea hara-
<•(, BocianM ú aJgttoada moyimiontoa, ^ox-
TuealizKn Im aoDsonuit* ¿ la maoran.
Parees ser qne «q el idioma vulgar de los
Moros granadinos, as llamaban xuclo*, pnea
Pfdro de Alcalá, ao sn ArUpara iigeramemte
-mbcrla lengua arábiga fCfranadn, nos, 4.*,
s.^táitíán), dio* »•! en al «apftolo primertf:
•Btatnwi danotazqna loa arábigos no iie*
nsn latraj voonlaa] como los latinos, mas
«t*Mn M hkffar dauas oiartaa Mfialas ana
•U«s dixen arnclof, con laa onalea a oon toaos
loa earactaras snsootehot leen y escriben
to4» lo naeaaario.» Xuda, enarébÍ|o,Bigni-
Sea pnnto «ncamado qae se pone sobre ana
eoaa blanoa, y como los árabes granadinos
j loa merisooa aroatumbraban É plntftr los
tigaoe Tooalea de barmelldn, prinoipalmen*
tseniraaaacrjtos aljamiadoB,da atnif aro-
*ia*slUatBar á las Tooalas aiMlMf M aon-
tia'b* fojrmO el vtrbo «vetar.
JÜDa
lén. j Sngaddi, á orillas del -mar
Sfuerto.
Judi - Ben - Samuel - Ha - Leyi.
Poeta, teólogo j eruditojudío, naci-
do en España iiacia 1080 j muerto
en 1140. Era hijo de un hombre tan
piadoso como sabio, Samuel-Ha-Leví,
^ suegro de Ab.ín-Ezra, personaje
Igualmente distinguido. Habiendo
emprendido un viaje á Jerusalén, Ju-
dí-Bun-Sauuel , llegó á la ciudad
santA con los piés desnudos j decla-
mando en voz alta una composición
en' verso que había compuesto sobre
las desdichas de Jerusalén, cuando un
mah )metano, irritado de oírle, lanzó
su caballo sobre él v le aplastó. JodX-
BsM-SiHUBL-HA-LBvf está reputado
por uno de los más grandes ^etas
judíos. De él se ecmservan poesías en
árabe y en hebreo, que han sido pu-
blicadas en diversas colecciones de
Siega rias, conocidas bajo el nombre
e Macheüors. Su obra principal es el
célebre Cozri, que compuso en árabe
T que Judá-Ben-Tibón tradujo al he-
breo. «Esta obra, escrita en forma de
diálogo entre un rey de Cozar y un
sabio judio, designado con el nombre
de Isaac Sanghari, dice Miguel Nico-
lás, tiene por objeto establecer la ver-
dad y la divinidad déla religión ju-
día. Para conseguir esto, el autor re-
futa las falsas opiniones de los filóso-
fos y los errores de los camítes, nom-
bre bajo el cual designa, SQgáa el
parecer de algunos, á los cristianos,
y trata de probar la necesidad de jina
revelación sobrenatural, demostrando
que la razón no puede por sí misma
llegar á conocer cuál es el culto que
conviene á Dios, sin que Dios mismo
la esclarezca de una manera especial. »
Los judíos tienen esta obra en la más
alta estima. Buxtorf, Wolff j Marto-
loccia le dedican ua profundo estudio,
y Silvestre de Sacv no duda en colo-
carla en primera linea entre los libros
del mismo género. La primera edi-
ción de la versión hebrea, hecha por
Judá-Ben-Tibón, es la de Yenecia,
1347, en 4.*. Buxtorf ha traducido el
Camal latín, Basilea, 1663; A.benda-
na, al portugués, 1663, y Jolowícx,
al alemán, 1841-42.
Jndá Hakkadosch. (Esto es, el
Santo.) Fundador de la escuela de Ti-
beriade, que nació en Séphora en 120
y murió en 194. Se honró con la amis-
tad de los emperadores Antonino y
Marco Aurelio y se le cree autor de la
Mischna, primera parte del Talmud,
cuja edición más completa es la de
Surenhusius, Amsterdam, 1698 (6 vo-
lúmenes en folio), en hebreo y latín,
con notas y comentarios.
Jndá (LsÓN db). Célebre hereje
nacido en Alsacia, en 1482, v muerto
en 1542. Tradujo casi todo ú Antiguo
Testamento del hebreo y el N'uevo, del
griego. Su versión, publicada en 1543,
se conoce por la Biblia da Zwrich.
Judaicamente. Adverbio de mo-
do. A estilo de judíos.
EnuoLoafá. Judaica y el sufijo ad-
verbial mente: latín, jidaie*; francés,
judaiquemcnt.
JÜDA
Q&1
JudaicQi ca. Adjetivo. Lo perte-
neciente á los judíos. I Judaica ó na-
lutA JUDAICA. Femenino. Petrificación
mu/ común en variai partas de Espa-
ña. Es ovalada, de media á una pul-
gada de la^o, puntiaguda por uno
de sus extremos, y por el otro, acom-
pañada de su piececillo. Las haj que
enteramente lisas, y otras, que
son
están cubiertas de puntos dievados á
de rayas.
Etuiolgoía. Indio: latín, jü'fatcus;
italiano, giudaico, giudesco; francés,
jndatgue; <MU\in,judáieh, ca.
Judaismo. Masculino. La religión
de los antiguos judíos, verdadera \ey
de Moisés, la cual fué perfeccionada
con la Uy de ^eía. | Se aplica hoj
á la supersticiosa y tenaz observan-
cia de IOS ritos j ceremonias de la lej
de Moisés, por los judíos dispersos en
el mundo. \ También se entiende por
JUDAÍsyo, según la doctrina de la es-
cuela cristiana, el grado de inferiori-
dad dogmática de la lej antigua eon
relación al Evangelio.
Etxholooía. Jltdaico: Ittía, f'SdíUt''
MM, en Tertuliano; italiano, gindais-
wo; fnxLeéa,judMim; m.túáa, Judait-
me.
Judaita. Ifasculíno. El natural de
Judá. I Nombre de una secta judia
que tuvo por jefe á un tal Judá, en
tiempoi de Poncio Pilatos. Para los
jUDAiTAa en un gran pecado obedecer
¿ Roma, por cnyn razón promovieron
on motin furioso contra el mismo Pi-
latos.
ETiuoLOQfA. /wíi: francés, Judafte.
Judaizante. Participio activo de
judaizar. El que judaiza. Se usa tam-
bién como sustantivo.
Etuolooía. Judaitar: latín de san
J&tóaimo,jiidaizant,jüdaitaníit, parti-
cipio de presente áejüdaixare^ judai-
zar; francés, j^dtOtaní; italiano, yÍM-
daizzante.
Judaiiar. Neutro. Abrazar la reli-
fión de los judíos; practicar pública
privadamente ritos y ceremonias de
la le; judaica.
EriifOLoaÍA. Judaico: latín de san
Jerónimo, ^w/atzorc; italiano, gindait'
tare; {íAncGS, jndalser; catalán, ^/w^i-
sar,Jndaghar,
Judas. Masculino metafórico. Ale-
voso, traidor. | El gusano de seda
que, subiendo al embojo, no hila, ó el
que, clavándose en alguna punta, se
muere y queda coleado, g Una figura
ridicula que se suele poner eu las ca-
lles en ciertos días de cuaresma y
luego se quema, jj Pabecbb ó sstar
HECHO UM Judas. Frase familiar. Te-
ner roto y maltratado el vestido, ser
desaseado. Q ¡Eslaestampa db Judas!
Exclamación familiar con que encare-
cemos la mala condición de alguno.
ETiHOLoaÍA. Judas Iscariote.
Jadas. Masculino. Historia Sagra-
da. Uno de los hijos de Jacob, que dió
su nombre al antiguo Israel, conver-
tido en reino de Judá.
ErmoLoaÍA. Raíz hebrea que sig-
nifica confesión*
Reseña histórica. — 1. Nacimiento d«
, Judas. ( Génesis, XXIX, oO.j
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268
JUÜA
2. Ignorándolo, ti«né oomereió ton
Thamar, mujer de la hijo. (Capituío
XXXVJII, 15.)
3. Da seg-uridad por iii bermano
Benjamín. (XLIIl, k)
4. Vaticinio de que no faltará el
cetro de Judá hasta que Tenga el Me-
sías. (XLIX, 10. )
5. De aquel Tatícinio se habla tam-
bién ea el Deutennumio (XXXIII» 7):
en el libro de los Jneeet /7, f); en el
segando de los Reye»( ViJf ii) y en el
serundo de los Paralipdmeiu» ( VI, 6. )
Judas Bañabas. Masculino.
torta Sagrada. «Bntonces pareció bien
á los apóstoles j á los presbíteros oon
toda la Iglesia elegir varones j en-
viarlos á Antioqufa con Pablo j Ber-
nabé, á Judas que tenía el sobrenom-
bre de BassabáS, t á Silas, varones
principales entre los hermanos. Os
enviamos, pues, á Judas, j i 3ilas,
qtie 03 dirán de palabra esto mismo.
Y Judas j Silas, que eran profetas,
consolaron con muchas palabras á los
hermanus t los confirmaron en la fe.»
(Hechos 4* \m ApüíaUt, XV, ¿2, 27,
3f.)
Judas Galileo. Masculino. Sitio-
ria Sagrada. Después de f \te (de Theo-
das) se levantó Jodas el Galileo en
el tiempo del empadronamiento, j
arrastró tras sf al pueblo; mas él pe-
reció también, j fueron dispersos to-
dos cuantos los siguieron. (Seckn de
lot Ápóttolet, F, SI,)
Restña. — 1. GI empadronamiento de
que se habla en los Hechoi de los A pJs-
toles, es el que llevó á cabo Cjnno,
gobernador de la Siria.
2. Con aquel pretexto solicitó el
impostor Judas al pueblo á que se
sublevase, dándole á entender que
aquel censo no tenia otra mira que el
hacerlos á todos esclavos, pretendien-
do por este medio que le tuviesen en
concepto de libertador de Israel. (Jo-
SEPO, aníiq»t Ubr9 XVIIJ» capitu-
lo Í.V
Judas Iscariote. Sisíoria Sagra-
da, Uno de los doce apóstoles, cujo
nombre parece <|ue viene de Keriotk,
ciudad ae Juda, ó de la tribu de
Efraín, donde nació. Se cree que era
el tesorero de la pequeña asociación
de Jesús j sus discípulos y que, oomo
tal, llevaba la bolsa común. San Juan
le acusa de ser un hombre sin hon-
radez, y como prueba de su avari-
cia, cita el pesar que le produjo el
ver i Mar .'a cíe Magdala derramar un-
güentos olorosos, sin duda de gran
valor, sobre la cabeza de su maestro,
en Betania. Llevado de esta avaricia,
ó tal Tez impulsado por resentimieu-
tos {personales, se presentó á los per-
seguidores de Jesús, ofreciéndose á
entregarle por 30 monedas de plata.
Aceptado si odioso pacto, cumplió su
promesa mostrando á su maestro con
la sefia convenida de antemano, que
era la de darle un beso en el rostro.
Arrepentido luego al ver las conse-
cuencias de su traición, quiso devol-
ver el dinero, ^ como no se lo admi-
tiesen, le arrojó en el templo y se
abozcfí de una higuera. Aquel dinero
JUDÉ
sirvid para comprar i un al&rero un
campo destinado ¿ dar sepultura á los
extranjeros; porque tales monedas,
dice la Bscritura, no podían ingresar
en el tesoro público, en razón á ser
precio de sangre. Así sucedió que el
terreno comprado se llamó Hakel de~
mak (Campo de Sangre). San Pedro di-
fiere de san Mateo en los detalles que
da sobre la muerte del apóstol traidor,
y también en que dice que Judas mis-
mo compró el campo con - el vil sala -
rio de su crimen.
Reseña. I. — Es elegido apóstol.
(Soaiwlio de San Mateo, X, 4,)
2. Contrata con los fariseos. (Sah
Lucas, XII, 4.)
3. Entrega á Cristo. (San Matbo,
XXFI, W y 46; San Mabcos, XIV,
4S;Sks Juan, XFIII)
4. Así estaba profetizado. (Psalmos,
XL, 10; LIV, 14; O VIII, 8; San
Juan, VI, 70; XII, 4.)
5. Judas Iscariote se ahorca en
una higuera que había en el valle de
Josafat, cujro paraje se muestra toda-
vía á los peregrinos cristianos.
JudasMacabeo. Historia Sagrada.
Célebre general judío, designado por
el sumo sacerdote Matatías, su pndre,
para suceierle en el mando de los
ejércitos. Derrotó áApolonío, Nicanor,
Gorgias^ Lisias, enviados contra él
por Autioco Bpifiines, rev de Siria.
Aprovechó un momento de paz para
restablecer el templo de Jerusaléu.
Emprendida de nuevo la guerra, de-
rrotó á los idumeos j á los amonitas,
y dispersando á loa pueblos que te-
DÍan sitiadas varías plazas fuertes del
país de Galaad, volvió á Jerusalen
cargado de despojos. Venció en varios
encuentros á los ejércitos de Antíoco
Eupator y de Demetrio Soter, y fué
muerto en un combate contra las tro-
pas del último, 160 años antes de Je-
sucristo.
Reseña, 1.— Blígenle caudillo de
sus hermanos.^i'rÚKr liiro de los Ma-
cábeos, II, 06.)
2. Pelea esforzadamente. (Segundo
di los Macabeút, VII, Í3.)
3. Muere. (Primero dé Ídem,
IX, 17. J
Judas Tadeo. Historia Sagrada.
Uno de los doce apóstoles, hermano de
Santiago el Menor y primo carnal de
Jesús. Se cree que se ocupaba en las
labores del campo antes ae seguir á
su maestro. Predicó el Evangelio en
Samaria, Judea, Siria, Idumea j Me-
sopotamia, suponiéndose que sufrió
el martirio en Petsia ó en Armenia.
Existe de él una epístola, que es la
última de las siete canónicas, en que
combate los errores de los nicolaítas,
lossimonianos j los gnósticos,^ cuva
autenticidad se ha puesto en duda, bu
fiesta se celebra el 28 de Octubre.
Judea* Femenino. Geografía anti-
gua. La tierra de Canaán, una de las
comarcas más famosas de los Santos
Lugares, testigos de todos los miste-
rios de la Redención.
BTiuoLOaÍA. Latín Judtea.
Judería. Femenino. Barrio desti-
nado para la habitación de los judíos.
Jubi
B Cierto pecho ó oontribueión quepi*
gabán los judíos. | Anticuado. Jo-
daísho.
Juderiega . Femenino . Tributo
que pagaban los judíos, de treinta di-
neros por cabeza cada a&o, ea pena
de haber comprado á Cristo por este
precio.
Judezno, na. Masculino j femeni-
no anticuado. Hijo de judío.
Judgar. Activo anticuado. Juz-
gar.
Judia. Femenino. Planta bien co-
nocida, que se cultiva comuamente
por el uso qns se hace de su fruto eo*
mestible, así seco como verde. Beba
los tallos endebles j las flores dis-
puestas en racimos mellizos.Se conoce
también esta legumbre con los oom-
bres de habichuela y de alubia. | db
CARETA. Especie de judía que vino de
la India á Italia, y de allí, á Bspaíia,
de tallo más pequeño que la comÚD,
casi derecho, y de vainas casi aplasta-
das y con arrugas y el grano blanco,
señalado en la punta con una man-
ehita redonda y negruzca.
Judiada. Femenino. Acción inhu-
mana. Jl Lucro excesívo^escandaloM.
Judiazo, za. Masculino y femeni-
no familiar aumentativo de judío.
Judicación. Femenino anticuado.
El acto de juzgar.
Judtcante. Masculino. Provinciil
Aragón. Cada uno de los jueces ^ae
condenaban ó absolvían i us miou-
tros de justicia denunciados y acusa-
dos por delincuentes en sus oficios.
Judicar. Activo anticuado. Jm-
qab.
Judicativo, va. Adjetivo anticua-
do. Lo que juzga 6 pnede hacer juicio
de al^o.
Etimología. Juzgar: latín, jfiíñ«-
tivus (QüicuBHAT, Addenda); italiano,
giudicativo; ír^ncéa, judieaÜf; prOven-
zaltjudicatiu.
Jndicatum solri. Derecho ff^*^'
Caución judicatuu solví. Caución
que se puede exigir á todo extranjero
que intenta una acción contra on
francés ante los tribunales francesei.
Etuioloqía. Judieatum solvi, <h
que se juzgue, debe pagarse;» de/i-
aicatum, cosa juzgada, y solvi, serpa-
gado, forma deponente de solthf^
pagar: francés, ^'«(¿ícaí»» solvi.
Judicatura. Femenino. El ejerci-
cio de juzgar. || La dignidad óemplíO.
de juez, y til tiempo que dura.
Etimología. Juzgar: catalán,
catara; francés, judicature; italiano.
giudicatura.
Reseña,— Ia judicatuba soeis re-
presentarse por medio de una estatua
sin manos j con los ojos clavados en
el suelo. Esto quiere decir que no debe
ver ni tomar.
Judicial. Adjetivo. Lo que perte-
nece al juicio ó á la administración de
la justicia. || Anticuado. Criminal.
ETiuoLoaÍA. Justicia: latín, ji^iaS-
lis; italiano, giudieiale ó giuditiaU,
judiciario á giudñiario; francé^/s^
ciaire; chX^lka, judicial.
Sinonimia. Judicial, jurídica, ÍA Ju-
dicial toca á la judicatura.
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JUDI
hojurteti^f i U jarisprudeacia.
Ealojitdidul actúan jueces j escrí-
bauos.
En lo Jmriáico no interriene nadie
mis que eljuritta.
Asi deeimos: procedimientos iudi-
déies. Nada mis absurdo que decir:
proeedímieDto8yi(W(¿t>ot.
Disertacidn/arí^icd. Nada más anó-
malo que decir: disertaciones judi-
Lo jndiM as la curia: una organí-
aáón.
LojmrtíUeo m el derecho, una cien-
cia.
Judicialmente. Adverbio de mo-
do. En juicio.
EtiuouȒa. Judicial j el su6jo ad-
rerbial nunU: latín, jüdíciálUer; ita-
liano, ^iudiáalmenttt giudizialmeníe;
fnjieés^ judieúirmmts catalán, jW»-
átlment.
Judiciaria. Femenino. Yáase As-
TROLOOÍA JUDICU.au.
Jodiciario, ría. AdjetÍTO. Lo per-
teneciente i la astrologia jddicu.bu.
Se usa también como sustantivo por
el que ejerea esta vana j supersticiosa
astrologia. || Anticuado. Judicial.
BtihologIa. Judicial: latín, j'ikíiCcfá-
rÜsf; catalán, jWwmW, a.
Jndicíosainente. Adverbio de mo-
do anticoado. Juiciosahbíiti.
Jodicioio, M. Adjetivo anticuado,
imcioso.
Jadiega. Femenino. Cierta especie
de aceituna buena para hacer aceite,
pero no para comer.
EnvoLOOÍA. Judiego, aludiendo á
qae es mala para comer.
Judiego, ga. Adjetivo anticuado.
Lo perteneciente á los judíos.
Jodihuela. Femenino diminutivo
de jadía, en sus dos acepciones.
ÉriuoLoofA. Judio: catalán, jm-
Judihuelo. Haaculino diminutivo
da jadío. Díeese también por despre-
oo de cualquier judío ó del que ha^
sospecha de que lo es.
Judio, dia. Adjetivo. Lo pertene-
cit!Dte á judíos, g Masculino y feme-
díqo. £1 que profesa la ley de Moisés.
Se dio este nombre á los israelitas
despaes del cautiverio de Babilonia,
perla prepoDderancia de la tribu de
/«ü, í Voz injuriosa 7 de desprecio
de que suele usarse en casos de cólera
J eQüjo. I Masculino. Cierta variedad
dejadla de hoja major j más redon-
da, «on laa Tainas nuis anchas, cortas
j estoposas, y que ae eonoce más co-
■nanmeate con el nombre de judio-
MS. Q Metáfora. Avaro, usurero. [| db
■¡M&iu El judío convertido á quien se
le permitía vivir entre cristianos, y
pata ser conocido se le ponía una se-
fial en el hombro.
BTnioLoaU. Judá: gfriego louSaio?
(ioudam); Iztíjif jüdai, los hebreos;
lUliano, eiitdeo; francés del siglo xii,
j^KH judíos; moderno, jMi/; proven-
ul,y«nn(, juzieu; catalán, juheu, va;
portugués, yní/eo.
Raeña, — 1, Sus ceremonias (las de
los JODÍos) eran una sombra de las co-
w» que habían de ser. (JSxodo, XII J, 9
JUDI
y f4; Nimerot, XV, 38; Dtuterono-
mOt XVI, i; ÉzEQuiBL, XX, iO; San
Pablo i lot corintios, primera epitío-
la, X, 1; teaunda, ILlt 13; i los he-
breos, VII, 17; VIII, 5; iZ, i, fO,
23; X 1.)
2. Algunas particulares costum-
bres de mdíos. (Gmesis, XXXII, 31;
Jueces, XI, 40; Ruth, IV, 7; segundo
de los Paralipómenos, XXXV, "io.)
Judio errante. Personaje lej^en-
dario, condenado á la inmortalidad
y al movimiento perpetuo, j que, se-
gún la tradición, no posee nunca más
de cinco monedas de cobre, de que
disponer á la vez, pero que encuentra
siempre esta exigua suma en su bol-
sillo. La levenda del Juofo bbbantb no
está ni en los Evangelios apócrifos ni
en las obras de los padres de la Igle-
sia. Parece ser oriffinaria de Constan-
tinopla ^ datar del siglo tv, época del
descubrimiento de la verdadera cruz.
De ella existen dos versiones princi-
pales: la de Oriente, mencionada en
el siglo xiii por Mateo de París, moa-
je de San Albano, que llama al Judío
UBRáNTS CaríapMlus y le hace portero
de Poncio Pilato; y la de Occidente,
más antigua en Europa que la prime-
ra, que le da el nombre de Akseverus
Íle asigna el oficio de zapatero eu
erusaleo. Según esta última, cuando
Jesús, llevando sobre sus hombros el
madero de la cruz, pasó por delante
del taller de ÁAsetei-us, los soldados
que conducían á la augusta víctima
al Calvario, movidos á piedad, roga-
ron al artesano le dejara tomar algu-
nos instantes de reposo en el zaguán
de su casa. Áhseverus no accedió á su
súplica, y dirigiéndose al Salvador le
dijo: *¡Anda¡ ¡anda!* «También tú
andarás,* — le respondió con dalzura
el sublime mártir; — recorrerás toda la
tierra haeta la consumaeiDn de los
siglos, T cuando tu planta ñitigada
quiera detenerse, esa terrible paubra
que has pronunciado te obligará á
ponerte en marcha de nuevo.» Desde
el día úg^x\QXxXei,Áhsecerus, impulsado
por una fuerza sobrenatural, debió,
para cumplir el decreto divino, co-
menzar su interminable viaje. «Jamás
se le ha visto reír,» dice uu escritor
que data de 1618, y añade: «Hajmu-
cbas personas de calidad ^ue le han
visto en Inglaterra, Francia, Alema-
nia, Hungría, Persia, Suecia, Dina-
marca, Escocia jotras comarcas; como
también en Rostock, en Weimar, en
Dantzi^ y en Kcenigsberg. En el aOo
de 157a, dos embajadores de Holstein
le vieron en Madrid; en 1599 se en-
contraba en Viena, y en 1601 en La-
beck. El año 1616 se le vio en Livo-
nia, en Cracovia y en Moscow, y mu-
chas de las personas que le vieron,
llegaron hasta hablar con él.» Acerca
de este asunto, se debe citar la anti-
quísima canción popular del Braban-
te, que da al Judío bbrantb el nom-
bre de Isaac Laqueden, Además de este
trozo de poesía, aue no brilla segura-
mente por la belleza de su forma ni
por la corrección de su estilo, otra
multitud de obras han sido inspira-
JUDI 269
das en diversos pafsea por la mara-
villosa levenda. Qcethe, en su juven-
tud (1774), tuvo la idea de tomar la
lejenda del Judío brbantb por asun-
to de una epopeya. En sus Memorias
expone el plan de este proyectado
floema, diciendo: «Quería servirme de
a leyenda como de un hilo conduc-
tor para representar el desarrollo pro-
gresivo de la religión y de las revo-
luciones de la Iglesia.» Otro célebre
poeta alemán, Schubert, ha dejado un
fragmento lírico sobre el eterno pere-
grino. Francia, además del Áksnerus
de M. B. Quinet, que hace del Junfo
BBBANTB U personificación del géne-
ro humano, después del advenimiento
de Jesús, tiene la novela de Eugenio
Sué, que, como nadie ignora, es una
obra de combate contra los jesuítas,
y una bellísima canción de Beranger.
}ue se ha traducido al castellano. Kl
UDÍo BBBANTB OS evidentemente el
símbolo del pueblo judío desde el sa-
crificio del Calvario.
Judión. Masculino. Judío, varie-
dad de la judía.
Judíos (los). Masculino plural. En
el artículo judío nos limitamos á de-
finir dicha palabra j A suministrar al-
gunas nociones elementales. Aquí nos
proponemos presentar en cierto con-
junto la existencia del judaismo, dan-
do alguna noticia de su origen, de
sus cambios históricos, de sus trans-
formaciones políticas, de sus adversi-
dades, de sus divisiones, de sus cis-
mas, de su ortodoxia, de sus perse-
cuciones, de su población, de sus
caracteres, de sus letras. Nos parece
que nuestros benévolos lectores no
llevarán á mal la presente resefia,
puesto que sn estudio compendiado
ahorra el sacrificio de macho tiempo,
el gasto y la consulta de no pocos li-
bros. La nza judía no tiene solamen-
te la importancia general de la histo-
ria; sino también el interés partíeala-
rísimo da un pueblo indefinible, el
cual se presenta ante la evocación de
diez y nueve siglos como una inmensa
sombra del Calvario, entre misterios
sacrosantos y augustas promesas que
adora nuestra fe.
Historia. — 1. Pueblo célebre del
Asia, salido de la raza semítica, de-
signado también con el nombre de
pneblo de Dios, por haber sido escogi-
do para recibir r conservar en depó-
sito sagrado todas las verdades reli-
giosas.
2. Primero se llamaron hebren, de
ffeber, ano de los antepasados de
Abraham; y después, israelitat, de la
palabra Israel, sobrenombre dado á
Jacob. Los JUDÍOS (luSatot, iudteoij no
recibieron esta denominación hasta la
cautividad de Babilonia, por razón de
?ue los habitantes del reino de Judá
ueron los últimos sometidos á la do-
minación extranjera.
3. La historia de la nacionalidad
judía puede dividirse en cuatro pe-
ríodos: 1.*, desde la promesa ó llama-
miento de Abraham hasta la salida de
Egipto; 2.*, desde la salida de Egipto
huta d establecimiento de los rejes;
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m jvm
JUDl
JÜDl
3.*, deade el estiblecimíento de tos
rejes hasta la vuelta de la cautividad
de Babiloaia; j 4.", desde la vuelta de
la cautividad de Babilonia hasta la
ruiaa de Jerusatm por A.driano.
4. Bl primer período comprende
desde 199ti á 1645 aatea de Jesucris-
to. El origen del pueblo hebreo se re-
monta & la ToeaeioD de Abraham, que,
Eaia corresponder al llamamiento de
líos, abandonó la Caldea, hacia el
año 1999 antes del divino Mesías, j
fué ¿ habitar la tierra de Canaán,
donde debía fijarse dei^aés toda la
nación de qae fué origen. A. la mner^
te de Abxafiam, eon quien había prin-
cipiado el gobierno patriarcal, esta
poder pasiS a su hijo Isaac, qnien le
transmitió á Jacob, uno de sus hijos,
al cual confirid todos sus derechos,
con la bendición paternal. Después de
haber marchado 7 casado en la Meso-
potamia, Jacob, que durante su riaje
había recibido el nombre glorioso de
Itrael, volvió al país de Canaán, don-
de fué padre de doce hijos, diez de los
cuales estaban destinados, con dos
hijos dft José, i ser jefes de las tribus
del pueblo de Dios. Jacob, llamado á
Egipto, donde su hijo José había sido
nombrado primer nüoistro de Faraón,
M ratableció en la tierra de Gessén
con toda au familia, compuesta enton-
ces de setenta personas (1729 antes de
Jesucristo). Sus deseendieutes se mnl*
liplicaron tanto, que los re/es de
Egipto, temerosos de su número, les
sometieron i la servidumbre t á las
faenas más penosas, terminando por
decr&tai la muerte de sus hijos varo-
nes. Pero Moisés, salvado milagrosa-
mente de las aguas para llegar á ser
el libertador da su nación, puso fin ¿
su esclavitud, haciéndola salir de
Egipto, después de haber operado va-
rias portentos, con el fiu de dar á co-
nocer la misión que de Dios había re-
cibido.
5. Bl aegundo período a>mprende
deade 164& á 108() antas del Reden-
tor. Bajo la conducta de Moisés, los
israelitas se pusieron en camino ha-
cia el país de sus antepasados, <][ue
llamaban tierra depr&misián, j prin-
cipiaron por acampar á orillas del
mar Rojo, an donde todavía se con-
servan los pozos, llamados salobres,
coa cujas aguas saciaron su sed los
fugitivos, mediante el milagro de
Moisés, que refiere la santa Biblia.
Después atravesaron dicho mar, cu^as
a^uas sepultaron eompletamante al
ejército egipcio que loa perseguía.
Llegados al desierto, pasaron cua-
renta años en medio de las vicisitu-
des de la vida nómada j recibieron
de Dios, al pie del Sinaí, esa lev ad-
mirable que se contiéne en el Decálo-
go j an el Levltico, la cual debía ser
su código religioso, político v civil.
A. Moisés, que murió en 1605, suce-
dió Josué ea el mando de los israeli-
tas. Más feliz que au antecesor, que
no había hecho mis que entrever la
tierra prometida, como figura de la
esperanza, condujo allí á su pueblo,
gr deapaés de haber combatido á las .
naciones enemigas que le disputaban
la conquista, partió las tienes y las
ciudades entre las doce tribus. Con el
establecimiento definitivo de los is-
raelitas en él país de Canaán, co-
menzó verdaderamente su nacionali-
dad (1580). El gobierno de Josué
que, como el de Moisés, se distinguió
por su carácter completamente teo-
crático y guerfero, fué reemplazado
momentáneamente por el deCaleb j el
de los antiguos, hasta la época en que
los israelitas cajeron en la molicie y
en la idolatría, siendo sometidos á di-
ferentes servidumbres. Bntonces apa-
recieron los jnecet, que, designados
por Dios ó escocidos ^or el pueblo,
cumplieron la difícil misión de gober^
nar las tribus indóciles, cuya majror
parte había tenido la suerte de sal-
varse déla dominación extranjera. La
administración de los jueces, que no
fué sino una continua alternativa de
derrotas y triunfos, comenzó en Oto-
niel(1554)jterminóenSamuel(1080),
á quien el pueblo, cansado jra de la
judicatura, pidió el establecimiento
del poder real.
6. Bl tercer período comprende des-
de 1080 & 536. Saúl, elegido 7 consa-
grado rejr por orden de Dios, en cujo
nombre continuaba ejerciéndose el
nuevo poder, se separo del camino
que debió seguir j la corona pasó á
David, quien, ¿ sus altas cualidades,
unió el honor de ser jefe de la familia
de donde salió luego el Mesías (1040
á 1001). Salomón, nijo de este prínci-
pe, heredó los talentos políticos j el
gsnio literario de David, y por sus
conquistas, unidas álas de sus prede-
cesores, extendió hasta el Eufrates j
el mar Rojo los límites de su reino,
que elevó al mayor grado de prospe-
ridad (1001 á 962). Pero bajo el rei-
nado tiránico de au hijo, se promovió
un cisma entre las doce tribus, dos de
las cuales, que permanecieron fieles á
Roboam, formaron el reino de Judá,
mientras que las otras diez constitu-
yeron el de Israel, en que Jeroboam
fué reconocido como jefe (962). Esta
separación violenta, dividiendo un
pueblo que no había formado hasta
entonces más que una ^gran familia,
así pob'tica como religiosa, ocasionó
entre los dos Estados rivales una lar-
ga serie de guerras, que prepararon
la caída común. Aunque Jerusalén,
capital del reino de Judá, fué el cen-
tro del culto tributado al verdadero
Dios, los príncipes que reinaron si-
guieron frecuentemente el ejemplo de
los reyes de Israel, entregándose á la
impiedad / á la idolatría. En vano
algunos, como Josafaty Ecequías, in-
tentaron sacar á la nación de su aba-
timiento moral; pero Acab j Atalía
encontraron muchos más imitadores
que los piadosos reyes, y el castigo,
anunciado mucho antes por los profe-
tas, intimidó á los dos reinos de Is-
rael y de Judá. El primero de estos
Estados fué destruido, en 7X8 antes
de Jesucristo, por el rey de Asiría,
Salmanasar, quien, después de haber
tomado á Samaria, la capital, llevó á
E^ínive cautivos á sus habitantes. Ün
I siglo después, Nabucodonosor II, ny
de Babilonia, invadió también el rei-
no de Judá y se hizo duefio de Jera-
salén, en tiempos de Joabhím (606);
después, bajo Sedeeías, habiendo voli-
to a tomar esta ciudad, la arroinó
por completo con su templo y redujo
a la esclavitud á la mayor parte u
sus habitantes (587). Conducidos los
JUDÍOS á Babilonia, vivieron allí se-
tenta aftos en el cautiverio (606á 530)
hasta la época en que Ciro, cooquis-
tador de Babilonia, les permitió re-
gresar i su patria y levantar de nae-
vo á Jerusalén.
7. El cuarto perfodo comprende
desde 536 antes de Jesucristo, á 535
de nuestra era. Lleg-ado al país, que
después se llamó Judea, el pueblo ju-
dío, bajo la dirección de Zorobabel,
de Esdrasy de Nehemías, se ocupó de
reconstituir su religión y su naciona-
lidad. El templo volvió á alzarse so-
bre sus ruinas, y el nuevo ^tado, di-
vidido en cuatro provincias principa-
les, formó una especie de repóbliei
teocrática, á cuya cabeza estuvo na
gran sacerdote, asistido por un Sa»-
iedri» 6 (Tonsejo de 27 ancianos. La
paz y la prosperidad que la Jadea
gozó bajo los reyes de Persia, fueroa
turbadas por la irresistible invasiéa
del grande Alejandro (332), tocando
lueg^ en suerte á nno de eus suceso-
res, Ptolomeo, rey de Egipto (320),
de cuyo poder pasó al dominio del
rey de Siria, Seleuco Nicator (300).
Vuelta muy pronto á poder de los re-
yes de Egipto, acabó (208) por volver
al de los seleucidas, que, so pretexto
de religión, hicieron sufrir á sus ha-
bitantes las persecuciones más crueles
y tomaron varias veces á Jerusalén y
su templo. Para librarse de uo yaff>
que había llegado á ser intolerable,
los JUDÍOS se sublevaron bajo .la con-
ducta de Matatías j de eus nijos, los
cuales, asegurando la independeoeia
de au patria, merecieron el gloriosos»'
brenombro de áfacaieos (169). Bn te-
compensa de sus servicios, ios Mac^
heos obtuvieron el privilegio de per-
petuar en su familia el poder sobera-
no, que ejercieron bajo el título de
grandes pontífices hasta el advenimien-
to de Aristóbulo I, (jue tomó el dicta-
do de rey (107). Vanos príncipes, co-
mo los de la raza asmonea, le habísn
dejado la aucesíón, cuando los roma-
nos, aprovechándose de la rivalidad
de Hircano II y de Aristóbulo H, ta-
tervinieron violentamente en los ne-
gocios del país y destronaron luego á
Antígono, qué mé condenado á muer-
te por orden de Marco Antonio. Con
este príncipe terminó el reinada de
los asmoneos (371), y un rey extran-
jero, Heredes el Idumeo, fue impues-
to á los JüDÍos por la política romana,
cuyos intereses había servido con
lor. Después de Herodes, en cuyo rei-
nado se verificó el nacimiento del Sal-
vador del mundo, dividido su reino
en cuatro tetrarquías, bajo los nom-
bres 4e Judea, Galilea, Iturea y Ba-
tanea, fué repartido entre sos nijos;
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JUDI
pMo mkj pronto los roaunot, por el
ttvio d* prociuraíoret enoaxgados de
administrar el país, aeabaron de eita-
blecer eom^^letamente su dominación.
Lai eoneauo&ea de estos gobernado-
res', entre quienes se distinguieron
Poaoio Pílalos. jr Gesio Floro, excita-
ron TUios leTantamientos; j para cas-
tigar ana de aquellas rebeliones (65),
V'e^asúno invadió la Judea j prin-
cipió contra Jerusalén el famoso cer-
co, qa« dejó para continuar á su liijo
Tito. Después de una resistencia de
las más obstinadas, dorante U cual
la lucha de las &ceionea interiores se
nnió i los ataques de los extranjeros,
la ciudad toé tomada por asalto (70);
d.tenqilo, presa de las llamas; jr la
mATor parta de los habitantes, conde-
nam 4 la muerte 6 á la escúntud.
Bepoblada otra vea la ciudad santa,
una nuera sedición, dirigida por el
impostor Baroboebiebae, atrajo sobre
ella la. venganza de A.driano V (135);
jdeatrujéndola completamente, orde-
nó la matanza deSOü.OOO judíos, dis-
pauando el resto de la población por
JOS diTezsos puntos del imperio. Con
este suceso termina la historia de la
nsionalidad de un pueblo que, desde
•ntaness, no ha tenido ni gobierno ni
patria; j que, extendido por toda la
tionm, títió en medio de los demás
pKoUos, pasando por las más terribles
TÍcisitudaa.
8. fiCientras qae cierto iiúmwo da
ftmiUss judías mu á llevar su reli-
gión á machas comarcas del Asia,
particalannente, á orillas del Eufra-
tes, otra parte de aquella nación, esta-
Üeeída en Occidente, principió á su-
fiñr los efectos de una intolerancia de
qaa día había dado un ejemplo espan--
toso en la cumbre del Gól^ta. La Sa-
grada Escritura lo había dicho: «quien
cara un hojo, cae en el hojo que
eava;> j la raza judía, cumpliendo la
aentenaa de los libros sagrados, ha-
bía caído en el hojro insondable de su
iaiquidad j de su desventura. En
efiisto, los JUDÍOS, objeto de aversión
paxa los cristianos, cujra religión ha-
bía legado á ser la de todo el impe-
lía, finroB molestados desde el reina-
do do Constantino, cujas host^icUt-
des,más ó menos j^sivas, se convir^
túoroa en verdaderas persecuciones
bajo los reinados de los emperadores
Jostiniano y Heraclio. Despojados de
sos derechos por los emperadores de
Orieate; proscritos por los príncipes
visigodos de España, su suerte mejo*
ró cuando las conquistas del islamis-
mo fueron al psís que halütaban. Loa
csli&s del Cairo y de Córdoba lesper-
y^itiapftti entregarse al comercio; j en
eoBlaoto con el genio de los árabes de
E^pafia, eoUivarop erai áxito las cim-
cias y la» artes.
9. Tratados poco faTOiaUemente en
los dilerentiss Estados d« la cristian-
dad; sobre todo, á partir de las cru-
zada^ sufrieron las vejaciones más
dnras, ora por parte de las poblacio-
nes cristianas, ora por parte de los
gobiernos. Puestos fuera del derecho
comttn;.secuestrades, por decirlo así.
JUDI
en cnart^fl aislados que habitaban;
llevando en su vestido marcas distín*
tivas y humillantes, eran frecuente-
mente condenados, bajo los más fri-
volos pretextos, á enormes multas y
á desuecros crueles.
10. Así se ve que en 1255 fueron
sometidos en Inglaterra á una «mtri-
bución de 5.000 marcos de plata; y
expulsados después (1290) del reino
por orden de Eduardo X.
11. En Alemania fueron propiedad
personal de los emperadores y de los
príncipes, v en más de una ocasión,
veadiaos, ó desterrados de Víena, por
Matías Corvino, sin volver allí hasta
el reinado de Fernando I.
12. En cuanto á España, donde los
JUDÍOS habían gozado de una larga
prosperidad, la Inquisición los expul-
só (1592); y una multitud de &milÍ8s
ftroBcritas marchó á refugiarse á Ho-
anda 7 á las principales nudadei
marítimas de Italia.
13. Después de haber estado en
Francia tolerados durante largo tiem-
po, fueron objeto de las prevenciones
Sopulares y víctimas de dos decretos
e destierro (1306 y 1395); pero vol-
vieron á entrar después (15 jO), y las
ciudades de Burdeos y Bayona les fue-
ron abiertas. A fines del siglo xvm,
Franciia dió el primer ejemplo de la
emancipación u los judíos. Exentos
dB8d*1784 del impuesto decapitación,
á que se hallaban sujetos, fueron
(1791) llamados, por un decreto de
la Asamblea constituyente, á gozar
de la igualdad civil j política; y des-
de esta época, asimilados por la ley
i todos los demás ciudadanos, pudie-
ron distinguirse en las diferentes ca-
rreras sociales.
14. Otros Estados, aun mejoranda
la condición de los judíos, los tuvie-
ron mueho tiempo sometidos i ciertas
prohibiciones: así vemos que en Roma
no podían habitar más que un cuartel
cerrado, llamado Vhtíto; en Alemania,
Ies fué prohibido ejercer tal ó cual
profesión, mientras que en Inglaterra
gozaron de gran libertad y se les
abrieron, aunque no sin difiráltades,
las puertas del Parlamento. A decir
verdad, las puertas del Parlamento
inglés no se abrieron tanto á los ju-
díos, como á las enormes riquezas de
una familia de aquella raza, uno de
cuyos individuos tuvo la fortuna de
ser el primer diputado en la Cámara
de los Comunes. Por lo que toca á
Busia, Portugal y España, sabido es
que las fronteras de dichos países 'ne-
rón infranqueables para los indivi-
duos de la raza en cuestión, mientras
que la Saecia no les permitió estable-
cerse en todas las ciudades hasta el
año de 1854, cuja especie de privile-
gio ó nacía fué.objeto de una ley.
15. £1 número de judíos disemina-
dos por las cinco partes del mundo,
se calcula en más de 7.000.000, cuya
mitad vive en Europa. Es curioso no-
tar que sólo la Rusia viene á tener
el 40 V„ de la total población ju-
día; el Austria, el 14; la Ptusia y todu
el resto de Alemania, poso más del
JUDI
^1
Vi */«. mientras qae la cíAa ,e» me-
nor en Francia qae «» Alemaaia y
Prosia en la proporción ds 1 á 8. Este
caadro estaaístieo demuestra qae el
mayor ó menor número de judíos está
en relación directa con el mayor ó
menor grado de civilización de los
pueblos en donde residen. H* aquí
el guarismo de la población iudía en
las naciones de que hemos nablado:
Rusia, dos millones ochocientas mil
(2.800.000); Austria, un millón tres-
cientos setenrtaycia«omil(1.375.000);
Prusía, trescientos cuarenta mil ocho-
cientos (340.800); resto do Alevoaoáa,
ochenta mil (80.000); Praneia, ein-
coenta mil (50.000).
16. Jítf¿f0VtfM.--Attnqae oonfandi-
dos eon toaos los pueblos de Is tierra,
permanecen flelos á la religión de sus
padres. El judaismo, llamado también
nosaítmo, porque Dios lo reveló á
Moisés, tiene por bases los principios
religiosos coateaidos en el Antiguo
Testomento, como la creeoeia en un
solo Dios (Movék, el Seftor), la in-
mortalidad del alma y el juicio final.
Por lo demás, les judíos no reoonocen
la divinidad de Jesucristo y esperan
siempre la venida de un Mesías, que
asegurará á su nación todo el imperio
de la tierra. En cuanto al culto, las
funciones diversas prescritas por el
legislador, estaban primitivamente
confiadas á los levita», ó miembros de
la tribu de Leví. La cetebrasíte del
de hi pMcmt-y otras- fiestas;
«
observancia del ayuno, átwtínencia de
las viandas prohibidas continuamen-
te, faeron practicadas siempre por loi
judíos; el hebreo es la leago* litúr-
gica, y durante las ceremonias que
practican en sus síuag'^s bajo la
dirección de sacerdotes, llamados ra-
bituu, llevan ordinariamente thepiliut,
con sentencias sacadas de. los libros
sagrados. Sin embargo de su aparen-
te unidad, ta religión judaica no ha
dejado de verse atacada por el espíri-
tu do secta, desde la profunda divi-
sión quo en ella produjo el fiamoso
cisflsa de Samaría. iDespoés da T<4ver
de la cautividad, los samaritanos acá.
barón de alterar el antiguo culto, mez-
clando algunas ceremonias del paga-
nismo asirlo y erigiendo sobre el mon-
te Garizín un temple rival d«l de Je-
rusalén (435 años antes de Jesucristo).
Otras sectas, esencialmente diferentes
en prioeipios y eostumbies, se hicie-
ron notar entre los judíos, tales como
las de los fariseoB, los sádoeeos, los
terapeutas y los essenios. Cuando se
consumó por Adriano la dispersión de
los JUDÍOS, cierto número de doctores
continuó entregado á los estudios -teo-
lógicos de las escobas fundadas en
Tiberiade y Asora, cerca de Babilonia}
y uno de ellos, el rabino Judá, com-
puso, bajo el título de Miscknm^ una
colección de tradiciones y de leyes
orales que, con la Oeitiara ú comenta-
rio del rabino Asser, forma lo que se
llama el Talmud, Esta vasta colección,
terminada en el siglo vi, vino á ser
p ira la mayor pane de los judíos el
fuudameato de sua creencias religij-
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272
JUDI
saa; pero rahüsando los disideiitei te-
conocerle autoridad alguna, se diÓ el
nombre de talmudistas a aquellos que
segpuían el Talmud, por oposición á los
uraitat que, sin admitir más que el
texto de la Biblia, rechazaban todo
comentario á loa libros sagrados. En
Francia, desde que el gran Sanhedrín,
coDToeado en 1806f reconoció la com-
patibilidad de las lejea civilei del país
con las prescripciones religiosas de
loa JUDÍOS, estos últimos no dependen
del Consejo superior, llamado Consa^
torio itraeliia, más que en lo telativo
al culto. Bn otros Bstado^ los rahinot
son Jaeces j sacerdotes de su nación.
Vf, Los JUDÍOS, originarios de la
Caldea, tuvieron al principio, i ejem-
plo de BU fundador Abraham, vida
pastoril y se distinguieron por cos-
tumbres completamente patriarcales.
Después de haber sido nómadas du-
rante su estancia en el desierto, se
fijaron es su suelo propio, una vez
dueños de la tierra prometida; j me>
eed á sus progresos en la agricultura,
esta región UegÓ ¿ ser una de las más
fértiles del Asia. Poco dados á las
ciencias, se entregaron con fortuna al
comercio; j más adelante su espíritu
mercantil se desenvolvió de tal suerte,
que en la fidad media concentraron
en sus manos el monopolio de todos
los negocios, principalmente, de la
banca, j muchas veces, de la usura.
Laa narraciones de los libros santos
que, al hablar de este pueblo, revelan
su inclinación á la superstición, á la
idolatría j á las insurrecciones, ates-
tiguan que tampoco estuvieron exen-
tos de otros vicios. Los judíos mo-
dernos han conservado cierta resig-
nación tradicional, al verse vejados ú
oprimidos; auncjue hajr quien dice que
aquella paciencia procede más de ser-
vilismo j de abyección, que de eleva-
ción de sentimientos y ¡grandeza de
alma. Pero lo que caraeteriaa verdade-
ramente al judio^ es la avaricia, sor-
da,dara,insaciable,universal,hasta el
panto de buscar con .el mismo ahinco
un miserable ochavo que una onza de
oro. Como él conciba que su interés
le llama, hará las concesiones más
bajas j viles, aun tratándose de los
objetos de su cariño, de su amor, de su
honra, si es verdad que una ansia tan
extrema puede tener honra, cariño y
amor. £1 judío cuenta el dinero con
suma prontitud, como nadie en el
mundo; marcha mur aprisa, como si
temiera que le van a pedir; mira fur-
tivamente, para que no sorprendan en
sus ojos el astuto secreto de sus caba-
las; camina con la cabeza inclinada
al suelo, encorvando un poco la nuca,
como si imaginase que lleva sobre las
espaldas un talego de oro. £1 sabio
que inventó, á modo de ídolo, el be-
cerro de metal dorado, se hizo dueño
indudablemente de la raza judía. ¿Se
habrá dado el caso de que hava muer-
to un solo JUDÍO, desde que el mundo
existe, sin tener encima al^uoa mo-
nedaV Nos parece que no. Excusado
fuera decir que todos estimamos nues-
tros intereses, quién más, quién me-
JUDI
nos, y es natural que así suceda;
pero el judío no los estima, los idola-
tra. El JUDÍO está enamorado del di-
nero como el hombre está enamorado
de la mujer; de modo que tiene para
una moneda hasta ternura, hasta ilu-
siones, hasta suspiros, hasta lágri-
mas. Haj que conocer de esta mane-
ra á la raza judía, para comprender
que el Iscariote vendiese al Redentor
por treinta dineros. En fin, el día en
que un judío no hace un negocio, se
le antoja que* se halla en gracia del
espíritu malo y ,siente la furia de un
poseído. Otro hecho concurre á for-
mar el carácter del raro individuo que
aquí se describe; una fidelidad estric-
ta en atenerse á ciertos usos de su na-
ción, conservando el aire oriental y la
costumbre de enlazarse exclusivamen-
te con las mujeres de su raza, en las
cuales hallamos tipos encantadores,
de íntimo misterio, de ilusión vaga y
poderosa, hermosos recuerdos de las
mujeres de la Biblia, sombras fantás-
ticas de las vírgenes de Sión. Mas
conviene advertir que la mujer judía
no tiene tanto hechizo en ninguna
parte, como en las poblaciones de
Africa. La hebrea africana es induda-
blemente una de las mujeres inás
ideales y fkseinadoias de la humani-
dad. Aunque el lector discreto plegué
sos labios con el firunee sutil de una
sonrisa maliciosa, casi se nos figura
que estamos más por las jodias que
por los JUDÍOS.
18. Literatura. — La lengua primi-
tiva de los hebreos, mezcla confusa de
muchos idiomas semíticos, se alteró
durante la cautividad de Babilonia y
se cambió en lengua siro-caldea, que
llegó á ser el idioma rabíaico emplea-
do en la Edad media. En el hebreo
Suro se compuaieron los libros sagra-
os, desde Moisés hasta los profetas;
en cuanto a las demás partes del An-
tiguo Testamento, algunas fueron re-
dactadas en caldeo; j otras, en grie-
go, lengua en que se hizo la célebre
versión llamada de los Setenta. Des-
Sués del Antiguo Testamento, en
onde se encuentran esos admirables
modelos de literatura sagrada, supe-
riores á cuanto el genio ha podido
crear, los judíos citan, entre el núme-
ro de sus composiciones nacionales,
leyendas, poemas históricos, obras
morales v colecciones genealógicas.
Bajo la dominación de los sucesores
de Alejandro, sus relaciones con los
griegos les llevaron á estudiar la filo-
sofía; y más tardé, entre otros siste-
mas, el gnosticismo halló entre ellos
muchos partidarios. Bs indudable que
se entres-aron al absurdo de las cien-
cias ocultas, como la cébala y la as-
trología; pero tampoco puede negarse
que en toda la Edad media cultivaron
con éxito la Medicina y las matemá-
ticas; y los sabios Aben-E/.ra y Maí-
mónide fueron célebres por sus escri-
tos. En los tiempos modernos, los tra-
bajos de Mendelssohn, de Üesau y de
Wereli, de Hamburgo, reanimaron,
por decirlo asi, la literatura rabinica,
que en nuestros días ha tenido im-
JUDI
portantea publioaciones en Alemania
y Francia, donde M. Cahén, cono-
cido ya. por sus Arckivet isi^Uíes, ha
dado una excelente traducción de la
Biblia, según el texto hebreo. Eatra
otras varias celebridades de nuestra
época, debemos citar los nombres fa-
mosísimos de dos compositores de mú-
sica: Mejerbeer y Haydn.
19. Representación social dt los n~
oíos en nuestro tiempo. — ^Puede dedris
que los papeles se han trocado de ua
modo absoluto. Los jonfos sonaetotl*
mente barones, diputados, caballenu,
capitalistas, príncipes de las grandes
ciudades, verdaderos re^s de los re-
jres de Buropa. £1 espíritu de toleran-
cia, que és dogma práctico de la ca-
ridad, les abrió el sepulcro en que vi-
vían. Ellos no creen en aquel espíritu,
alma sublime del Bvangelio; pero
aquel espíritu los ha resucitado.
20. Bibliográña. — Como comple-
mento de esta leve reseña, recomen-
damos á nuestros ilustrados lectores
las obras de Toray, Boissy y de Mol-
denhauer, sobre la historia de los ju-
díos de Inglaterra, Francia y de Espa-
ña; las Memoires surl'e'íat desjui/s,^!
Wav; Depping, Lctjuif» daau le nqrm
áae; Beugenot, Les judift do l'Oóá-
aent; y la excelente obra que en mus*
tros días publicó, sobre SÍ estado jfeoHr
dición Moaal de losjudiot en España, el
señor don José Amador de los Bies,
á cuvo glorioso recuerdo tributamos
este humilde j ferviente homenaje.
Jadith. Historia Sagrada. Ueroíaa
judia, hija de Merari, de la casa de
Simeón, y mujer de Manases, rico
ciudadano de Betulia. Siendo aún jo-
ven, se quedó viuda y vivía en Betu-
lia austeramente, cuando acudió á si-
tiar la ciudad Holofernes, general de
Nabucodonosor, rej de Babilonia. Ha-
bía jra éste cortado un acueducto, que
alimentaba de aguas la ciudad, T r^
ducido á sus habitantes al último
extremo, cuando se presentó JudiTh.
pidiendo permiso para trasladarse al
campo enemigo y prometiendo sal**'
la ciudad. Al efecto, se vistió sus me-
jores galas, y acompañada de una
criada, se dirigió en busca de Holo-
ferpes, y luego que estuvo en su pre-
sencia, le prometió entregarle á Be-
tulia, pidiéndole únicamente licencia
{tara dirigirse todos los días á-un va-
le inmediato á hacer oración. Uii>}
uso del permiso tres días, y al cuarto,
después de un banquete en que Holo-
fernes quedó completamente embria-
gado, le eortó la cabeza con su pro-
pia espada, y guardándola en un
saco, salió como de costumbre TS«
dirigió á Betulia. Los habitantes, lle-
nos de júbilo, y cantando alabanui
al Señor, hicieron una salida 7.**"'^
taron completamente á los asirios. SI
Libro de Judith es uno de los que
constituyen el Antiguo Testameato.
En él se refiere el sitio de Betulia. El
autor es desconocido, atribuyéndolo:
unos, al gran sacerdote Joaquín, y
otros á Josué, hijo de Josedec.
Reseña. 1. Viuda de Betulia, rica
y honesta. (Juditb, VIÍL)
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JUEG
JUEG
JUEZ 273
2. Corta U etbem i Holofer.ies
fXJJJ, 10).
3. Muere firy, i8).
4. La tumba de JuditHi casi des-
tnudA, se eonserTa aun al pie deja an-
tigua Betulia, qae es hoy ud monte
iotubitado, de poca elevación j casi
redondo. Se encuentra en los eontor-
noe del Campo de Jacob, del Pozo de
la Samaritana, del monte Hebal» del
monto Garizfn, en el territorio de la
antigua Sichem; hoj, Neápolis.
Jneces. Uaeculino plural. Siitoria
Súfrad», Entre los heoreos, jefes que
lo eran temporalmente, para lib3rtar
de U servidumbre al pueblo. Los úl-
timos unieron los poderes militar, ja-
dieial j sacerdotal. Su historia está
eonsig-nada en un libro de la santa
Biblia, llamado de los Jubcbs, cuyo
antw es dssconocido. He aquí la lista
de los jueces:
antoriores
al l£>»t>«
Othoniel 1554-1514
Jephté 12-13-1237
Ahod 1496-1411
Abesán 1237-1230
Deliam 1396-1356
AhislÓQ 1230-1220
. Gedeóa 1349-1309
Abdón 1220-1212
Abimeler.i. . . . 1309-1306
Sansón. 1172-1152
Thola. 1306-1283
Heli 1152-1112
Jair 12S3-1261
Samuel 1092-1080
Los juBCKa de Israel gobernaron
cerca de trescientos cincuenta años.
(Beckot de los Apitíolet, XIJI, 20.)
Juego. Masculino. Entretenimien-
to ó diTMsión. H Cada una de las ín-
Tsneionea ó combinaciones diversas
qse sirven para jugar con naipes, j
se distinga uea por un nombre especial,
CODO la malilla, traillo, etc. || Con*
junto de buenas cartas. |j Metáfora.
La dispoaiciÓQ con que están unidas
deseosas, de suerte quo sin separarse
paedan tener movimiento; como las
co^funturas, goznes, etc. Tómase Um-
bién por el mismo movimiento. | La
¡labilidad y arte para conseguir algu-
na cosa <S para estorbarla, y Un deter^
iniaado número de cosas que tienen
ciertaeoueziún y proporción entre sí;
como an juboo de hebillas, un juboo
de botones, etc. || Gu los carruajes de
cuatro ruedas, se llama así la arma-
zón compuesta de ruedas, ejes, va-
ras, etc. I Divídese en job-jo delan-
tero 7 JUBOO trasero. | Plural. Las
fiestas j espectáculos p 'tblicos que
se osaban en lo antig-uo. ; caíítbado.
Cualquiera de los de naipes que ao es
de envite. § db aol-as. ub luces, db
coLoaBs. Se dice de los visos y cam-
biantes que resultan de la caprichosa
mezcla ó disposición particular de
estas cosas. ¡¡ de cartas. De naipes.
(dbuanos. Acciones y movimientos
de alegría que hacen dos ó más per-
sonas retozando y dándose golpes con !
las manos. || La agilidad de mau'^s .
<»D que los titiriteros y otras personal i
engafian y burlan la vista de los es-
pectadores con varios géneros de en-
tretenimientos. II Acción ruin por la
cual se hace desaparecer en poco tiem-
po alguna cosa que se tenía á la vis-
ta. B DB MANOS, JUBOO DB VILLANOS.
Refrán que reprendo si retozar ^ju-
gar con las manos, como impropio de
gentes bien nacidas y de buena crian-
za. I DB NIÑOS. Uetáfora. Modo de pro*
ceder sin consecuencia ni formalidad.
I DB PALABRAS Ó vocBá. £1 USO de ellas
en diversas significaeiones ó en sen-
tido equívoco, || db pasa pasa. Jubqo
DB MANOS. I DB PSLOTA. Kspecie* de
JUBQO entre dos ó más personas, que
C3nsiste en arrojar de unas á otras ó
hacia alguna pared una pelota con la
mano Ó pala. Si se dirige de persona
á persona, se llama juboo i. labgo, y
si á la tapia^ se llama plb. Q La casa ó
el sitio destinado para jugar á la pe-
lota. I DB PRENDAS. Diversión casen
que consiste en decir ó hacer los con-
currentes alguna cosa, pagando una
prenda el que no lo hace bien. Q sts
subrtb. BÍ que depende sólo de la
suerte, y no de la habilidad y destre-
za del jugador. Q db tira t afloja. El
que consiste en asir cada uno de los
que lo juegan la punte de una cinta
ó pañuelo, reuniéndolas todas por el
extremo opuesto la persona que dirige
el juego, y cuando esta manda aflojar,
deben tirar los demás^ ó al contrario,
perdiendo prenda el que yerre. | db
trucos ó db billar. La casa adonde
se va ájugarálostrucosóal billar. Q
PUBRA. Expresión usada en algunos
juegos de envite cuando se envida to-
do lo que falta para «eabar el juego.
Q público. Ia eass en donde se juega
públicamente con permiso del Gobier-
no. I Acudir bl juboo 1 alouno. Dar*
LB BiBN. y COMOCBR BL JUBOO. Frase
metafórica. Penetrar la intención de
alguno, f Dab bibn ó mal bl juboo.
Frase. Tener favorable ó contraria la
suerte, y DssPiNTARSBBi.JUBao. Frase.
Engañarse por estar la pinta equivoca-
da,tomandonnpalo por otro. II Hacbr
jusao. Frase. Mantenerlo ó perseverar
en él. I Mbtápoba. Convenir ó propor^
Clonarse una cosa con otra. | Frase.
Entre jugadores, decir a^uel á quien
le toca las calidades que tiene; como la
entrada, paso, etc. fl Meter sn juboo.
Frase. Mbtbb bn fuoa. | Por juego
ó POR modo db juboo. Expresión por
burla, de chanta, y Vbb bl juboo.
Frase. Conocbr bl juboo. y mal pa-
sado. Frase. Conocer que a^ún ne-
gocio está en mal estado.
Etiholooía. 1. El latín tiene tres
voces sinónimas para sigoiScar la idea
del juego: ludus, lusus yjocuf. Una
de las principales diferencias entre las
dos primeras, es que ludut envuelve
la idea de ganancia; y Itisiu, la de
distracción ó entretenimiento agrada-
ble. Ludus lucñ, iusus volupíatts. dice
Rícter. Jocns se refiere más bien á
las palabras que á la acción, y sobre
todo, se opone completamente á terio,
oposición que no existe .respecto de
ludtís y lMsn$. Jocum vero aceipimm
qwd at eonírarium serio, dice Quinti-
liani. De Joeo, ablativo áejoeus, esti
formada nuestra voz juego; en fran-
cés, en catalán, yoc/t; y en italia-
no, gincs ó giecai en portugués, jogo,
(MONUU.)
2. Esta serie viene del sánscrito
<^*0i jugar. Por consiguiente, y¿ícss re-
presenta düaa, como /a» r^resenta
ditm.
Jnegnodco, lio, to* Masculino
diminutivo de juego.
Jaera. Femenino. Provincial Ex-
tremadura. Especie de harnero de es-
partos casi juntos unos s otros, suje-
tos con cuerdas, que sirve para lim-
piar ó aechar el trigo.
Jueves. Masculino. Bl quinto día
de la semana, y de comaobbb. El penúl-
timo antes de carnaval. ¡| de coui>a-
DRBS. Bl anterior al de las comadrea.
J DB LA ORNA. Anticuado. JUBVBS SAM-
to. y QORDo. El inmediato á las car-
nestolendas. I lábdbro. JuBVBS aoB-
DO. y santo. El de la semana santa, j|
Cosa dbl otro jubvis. Expresión.
Cosa muy extra&a ó difícil, ó pocas
veeei vista.
EtxholooIa. Latín Jovis diet, día
de Júpiter; italiano, giovedX; francés
del siglo xn, juesdi; moderno, Jeudi;
provenzal y catalán, dijons.
Juez. IdHscuIino. El que tiene au-
toridad y potestad para juzgar / sen-
tenciar. I DB primera instancia. £1
ordinario de un partido ó distrito, y
En las justas públicas y certámenes
literarios, el que se&ala para cuidar
de que se observen las leves impues-
tos en ellos, j distribuir los premios.
SEl que es ucunbrado para resolver
gana duda. || ad qubm. Forense, El
juez ante quien se interpone la apela-
ción de otro inferior. | ¿ quo. Forense.
ÉX juez de quf%n se apela jMira ante el
superior. J írbitro. Arbitro, en la
acepción 4« juez, y db SBCHO. El que
falla sobre la certeza de los hechos y
su calificación, dejando la resolución
legal al de derecho. Tales son los jue-
ces en cuestiones sobre riesgos y dis-
tribución de aguas. | jurado, en la
acepción de individuo del tribunal
del mismo nombre, f oaÑadero, bs-
TUECHO COMO SENDERO, ó DBBBCHO
COMO SENDBRO. Refrán que denota que
el juez que se muda cada año es estre-
cho en el cumplimiento de su oficio,
porque ha de ser residenciado presto,
I COMPBTBNTB. Bl que tiene jurisdic-
ción para conocer del asunto ó neg^
cío de que se trata, y couprohisario.
COHPROWSARIO. y COHSBRVADOB. Bl
eclesiástico ó secular nombrado para
defender de violencias & alguna igle-
sia, comunidad ú otro establecimien-
to privilegiado. Llámase también con-
servador simplemente, y de alzadas.
En lo antiguo, cualquier juez superior
á (^uien iban las apelaciones de los in-
feriores. II ox apelaciones. Juez db
alzadas. II DB balanza. Balanzario.
I DB COMPETENCIAS. Cualquiera de los
ministros de los consejos que compo-
nían la junta de este nombre, encar-
gada de decidir las competencias que
se suscitan entre diversos jubcbs so-
bre jurisdicción. | db cohpbouiso.
TOMO III
SB
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274
JUGA
CoMFBoms&uo. I DB SMQUEBTA. Mi-
nistro to^do de Angdn, c^ae hacía
inqaisiciúa contra los mimstroa de
justicia delincuentes, j contra los no-
tarios j escríbanos, j los castigaba
procediendo de oficio, jr no á instan-
cia de parte, g dblboado. Dblboado.
J DB BSTUt)io. En la universidad de
Salamanca era el que conocía de las
causas de los graduados, estudiantes
ministros que gozaban del fuero de
.a universidad. | de plz. El que por
nuestras actuales lejres oje á tas par-
tes^ antea ide consentir que litiguen,
procurando reconciliarlas, j resuelve
de plano las cuestiones de ínfímacuan-
tia. También, cuando es letrado, sue-
le suplir al juez de primera instancia
en las vacantes, enfermedades ú otros
impedimentos. | bntbbciadob. Aioal-
DB BHTRBaA.DOB. || SNCOHraTBHTB. El
qne no' tiene jurisdicción para co-
nocer en el negocio de que se trata, p
IN cmtu.. Cualquiera de los seis pro-
tonotarios apostólicos españoles, &
quienes el nuncio del Papa en estos
reinos debía cometer el conocimiento
de las causas que venían en apelación
á su tribunal, no pudiendo él conocer
por sí sino en los casos en que su sen-
tencia causaba ejecutoria: hoj conoce
la Rota de las causas de que ellos co-
nocían. I UATOB DB Vizcaya. Minis-
tro togado de la chancillería de Valla-
dolid, que por sí solo conocía en se-
gunda instancia de las causas civiles
j criminales que iban en apelación
del corregidor y juaticiai ordinarias
de Vizcaya. | Oficial ob cafa t bs-
PADA. Cualquiera de los ministros de
capa 7 espada que había en la audien-
cia de la contratación á Indias en Cá-
diz, cuando existía este tribunal. |
PBSQUisiDOR. El que se ctestinaba ó en-
viaba para hacer jurídicamente la pes-
quisa de algún delito ó reo. | 8DBDB-
LSaADO. SUBDBLBOADO.
Etimología. Provenzal y catalán,
j*íaei portugués, yntz; francés, jh^í;
italiano, yiwt», del jüdexy jüdt-
eUt de f'w, justicia, y des, díeú, tema
de áfe^t decir, establecer, determi-
nar.
Reseña Hbliea, — 1. Oficio j autori-
dad de los jueces. (Fwodo, ZVIII,
iSy 21; Levííico, XIX, 15; Deuteronth
«», /, 13; Jot%ét VII t 19; Primero
de los Beyes, VJII, 1; Segundo de los
Paralipémenos, XIX, 6; Bclesiásíico,
IV, 10; Psalmos, LXXXI; Prover-
6m, XVIII, 5, 19; Isaías, 7,16;
X, 1; Jeremías, V» t6.)
2. El Nuevo Testamento habla tam-
bién sobre este punto. (San Locas,
XVIII, 2; XXIII, í, 13, 2S¡Bav
JüAN, VII, U; VIII, 15,)
3. Oíos es el jubz del universo.
( Génesis, XVIII, S5; Deuteronomio,
X, 17.)
Jugada. Femenino. La acción y
efecto de jugar, l Metáfora. La aceión
mala inesperada contra alguno.
EriuOLOOfa. /«^ar; catalán, yu^at^a.
Jugadera. Femenino. Lanzadera.
Jut^ador, ra. Masculino j femeni-
no. El que juega. Q El que tiene el
vicio de jugar. || El que tiene especial
JUGA
habilidad y es muj diestro en jugar.
D DB UANoa. Bl que hace juegos de
manos. Q El uejos jugados sin cau-
tas. Expresión metafórica y familiar
con que se denota que se ha dejado de
incluir á alguno en el negocio ó di-
versión en que tiene mayor inteligen-
cia ó destreza.
BTUOLoaÍA. Jvgari provenzal, jO'
guador, jo^uaire; catalán, jugador, a;
francés, loueur; italiano, giuocaíore;
burpuifton, jueu.
Jagano. Masculino. Madera fuerte
de Guayaquil, que se emplea en aquel
astillero para la construcción de em-
barcaciones. .
Jugante. Participio activo de ju-
gar. El que juega.
Jugar. Activo. Entretenerse, di-
vertirse con algún juego c^ue tiene re-
glas, mediando ó no mediando inte-
rés. Q Perder al juego; y así se dice:
fulano HA JUQADO cuanto tenía. \ Ha-
blando de los miembros corporales,
usar de ellos dándoles el movimiento
que les es natural. Q En los jue^s de
naipes es echar la carta ó el naipe en
la mesa, || Hablando de las armas es
tener uso ó ejercicio de ellas. |¡ Ha-
blando de las armas ofensivas y de-
fensivas es usar de ellas. Q Travesear,
retobar. Q Burlarse de alguno. Q Ha-
cer JDBOO. Corresponder una cosa con
otra. I Ponerse alguna cosa, que cons-
ta de varías piezas, en movimiento ó
ejercicio para el objeto i que está des-
tinada; como las máquinas, las tra-
moyas en los teatros, etc. || Intervenir
6 tener parte en la disposición de al-
gún negocio; y así se dice: fulano job-
QA en este asunto. Q Arriesgarse, aven-
turarse; asi se dice: jugar el todo por
el todo. II En ciertos juegos de naipes
es lo mismo que entrar; y así, decir
jubqo es lo mismo que decir bmtro.
Q L LAS BONICAS. Frass que se usa
cuando dos personas echan la pelota
de una mano á otra, jugando sin de-
jarla caer al suelo. Aplícase también
á otros juegos cuando no se juboa in-
terés, l fubbtb. Frase. Aventurar al
Í'uego grandes cantidades. \ aauBSo.
■'rase. Juoab fubbtb. Q Se osa con
pronombre personal antepuesto ó pos-
puesto, pero sin perder la condición
de activo, en estas y otras expresio-
nes: sb jugó á un as toda la paga; jv-
GARNOS la vida. Q Ahí la jubga üh
ZURDO. Expresión familiar con que,
f positiva ó irónicamente, se pondera
a habilidad, destreza ó inteligencia
de algún sujeto. | Ni juega ni da db
BARATO. Frase metafórica y familiar
?ue significa proceder con total indí-
erencia y sin tomar partido.
Etimología. Juego: latín, jjIcSri,
chancearse; italiano, giuoeare; mncés
del siglo xui,Juer; moderno, jouer;
f troveaal, jogar; burguiñón,^'iM; wa-
ón.JoíMf; c&iAlin, jugar, jugarse.
Jugarreta. Femenino familiar. Ju-
gada mal hecha y sin conocimiento
del juego. | Familiar metafórico.
Truhanada, mala pasada.
Jugarse. Recíproco. Aventurar al-
guna cosa al juego. | Ser jugado, asi
en sentido físico como en moral; ju-
JUGL
GAR8B la vida, la hacienda, la honik.
Ha habido hombres que sb han juga-
do á sus propios hijos y mujeres.
Juglandaceo, cea. Adjetivo. Bo-
ídniea. Concerniente ó parecido al no-
gal.
Etiuología. Latín juglans, juglan^
íis, sobrentendiéndose nux, nuez; fru-
to del nogal; de j», tema de JUpíter,
Júpiter, y glam, bellota; «bellota de
Júpiter.»
Juglandeas. Femenino plural. Bo-
tánica. Familia de plantas separadas
de las amantíceas, cuyo tipo es d no-
gal (juglans regia, de Linneo).
Etimología. Jvglandáceo: francés,
jugíande'es.
Ju^landina. Femenino. Qs^imia.
Principio amargo de la eorteza de
nuez verde.
ETiM(H.oaÍA. JuglanMceo! friaoéi,
juglandtne.
Juglar. Adjetivo que se aplica al
qne se ejercita en juegos y truhane-
rías. Se usa más comunmente como
sustantivo. Q Anticuado. Farsante.
Etimología. Juego : latín , jSiMlSíor;
catalán antiguo, joglaresch, bufones*
co; moderno, juglar, joglar; proven-
zal, iuglar, juglar; francés, jonglewr;
italiano, gioceolatore.
ReseAa.-~~\. Los juglarbs modernos
han perdido todo su sabor, de anti-
güedad, y esa especie de continente
histórico, verdadero talante de ra»,
que da á Us cosas la metafísica de su
origen. Decimos metafísica de w m-
^«11, parque no existe un hecho origi-
nal sm la idealidad imponente y se-
vera de las causas originales. Los ju-
glares de los tiempos medios, á imi-
tación de los trovadores, componían
poemas, cuentos y apólogos que can-
taban en las ciudades, en los torneos,
en los castillos, en las abadías, en los
campos, en las florestas, en las pla-
yas, uniéndose al canto del hombre el
canto del cíelo, de la tierra y del mar.
2. En Francia se llamaron también
menestrales y constituyeron una esfie-
eie de clase civil. Así se ve en la his-
toria qne vivían en un mismo barrio
y que dieron lu nombre á la iglesia
de San Julián, de la cual fueron fun-
dadores, en 1331, los juglares Hugo
el Loreués y Jaime Grnre. (Duclos,
iién.jeux scéniques.)
3. Un documento del siglo xv ha-
bla todavía de los juglares como de
hombres á quienes cconviene casti-
gar, porque pretenden, á merced de
sus mañas é industrias, adquirir
cuantiosas riquezas en mi señorío, d*^
ma seigneurie.» (Ch. d'Orl., Bol., Izo,
citado por Littré.)
4. Posteriormente se dió el nombre
en cuestión á todo hombre de avealu-
ras, de galanteos en la oscuridad, de
pendencias, de desafíos, de cahas ro-
tas, de gregüescos agujereados, de
golilla sin gasa, que ha perdido el oí-
ato de la goma y del slmidón, te-
niendo por único consuelo el verse
mal traída y peor llevada. Bn fin,
hubo tiempo en que se llamabau JU-
j clares aquellos hidalgos indescnp-
I tibies de los siglos xv haata el xtu,
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JUGÜ
JUIC
ÍUIC 276
los euliles, ni aun pan dormir, apar-
ttlnn la espada del ciato, por cuja
ratón no podían nunca quedarse en
caen»; que disfrazaban la pasión del
hambre con la pasión de los amores;
qne rondaban las cortes de los prín-
cipes; que imploraban faTorpara mo-
rir briosamente en las batallas, no
habiendo pintado la gloria en camisa,
porque no sabían pintar. Hablando
en el lenguaje de aquellos siglos,
puede decirse que Miguel de Cervan-
tes 7- Lnis de Gamoens fueron dos ju-
OLiKBs de su tiempo.
5. Bn ciertos parajes de América se
da el mismo nombre á los adivinos de
tos salvajes; especialmttnte, cuando
ejercen la Medicina.
Joglara. Femenino anticuado. Ju-
QLAUSA.
Jaglaresa. Femenino, La mujer
juglar. B A.nticuado. Farsanta.
EniioLooíi,. Jmglart catalán, jn^la^
rm,
Jvgleria. Femenino, ¿demin 6
modo propio de los jagflares. l Parti-
da de juglar.
E-nuoLoafA. Juglar: latín, jdeúla-
S9; catalán, jufflwU, jo¡Ui¡ria¡ fran-
CM, jongUrie»
Jugo. Masculino. El zumo ó sns-
tancia de las hierbas y cosas húme-
das. I Metáfora. Lo provechoso, útil 7
lostancial de cualquiera cosa mate-
rial ó inmaterial.
BnuoLOGÍA. 1. Latín JM, el caldo
ó salsa, el moje; de juvire, porque el
jugo ayiuta al cuerpo hamsno. (Pac-
aoL, ^Utdopor Db MiaVBL y Moran*
TI.)
2. Bi una brillantísima interpreta-
ddn, según nsulta de U derivación
rigaiente:
Derivación. — Saneríto y», reunir,
mezclar, acrecer; raíz áBj&vSre, ayu-
dar; yUtkttt caldo; yts, yisas, salsa;
litoanio, J%ka; raso, incha; antiguo
alemán, jauehe; inglés, /««w, jugo;
itiaf,^ti^oso;j»Íciae$s, abundancia de
P^o; iutcelets, sin jago; francés, /iM,
parte líquida de los vegetales; latín,
pu, guiso, salsa, moje.
Jogosamente. Adverbio modal.
De nn modo jugoso.
HtiHOLOofA. Jugosa y el sufijo ad-
verbial mente.
Jncosidad. Femenino. La disposi-
ción Realidad de lo jugoso.
Jugoso, sa. Adjetivo. Lo qne tíe-
ne Jugn. g Metáfora. Sustancioso.
BnuoLoofA. Ju^o: francés, juteux.
Jugne. Femenino. Pringue, sucie-
dad húmeda.
ETIHOLOaÍA. Jugó.
Jnguete. Masculino. Alhajilla cu-
riosa j de poco valor, que sirve para
entretenimiento de los niños. || Chan-
za ó burla, g Canción alegre y festiva.
I Por jdoubtb. Modo adverbial. Por
eltanza ó entretenimiento.
BmiouxiÍA. Jnyo: fiancós, jotut;
^vny,joueííe.
Juguetear. Nentro. Bntretenerse
juMndo V retozando.
Jog^etico, Uo, to. Uaseolino di-
minutivo de juguete.
Joguetón, na. Adjetivo que se
aplica á la persona ó animal qne jue-
ga v retoza con fracuencia.
Jugaetonamenta. Adverbio mo-
dal. De un modo juguetón, ó reto-
zando.
EtiuoloqÍa. Juguetón» j él sufijo
adverbial mente.
JuguetoncUlo, lia, to, ta. Adje-
tivo diminutivo de juguetón, na.
Juiciero. Masculino anticuado. El
que juzgaba sin fundamento.
Juicio. Masculino. Facultad del
alma en cuya virtud el hombre puede
distinguir el bien del mal y lo ver-
dadero de lo falso. Q Lógica. Acto del
entendimiento, qne sigue á la aten-
ción y da por resultado el raciocinio.
II Bl estado de la sana razón como
opuesto á la locura ó delirio; y así
decimos: está en su juicio; está fuera
de JUICIO, ü Opinión, parecer ó dicta-
men. I El pronóstico que hacen los
astrólogos de los sucesos del año. J|
Metáfora. Cordura, prudencia. Q ^th
rente. El conocimiento de alguna cau-
sa, en el cual el juez ha de pronun-
ciar la sentencia. Q Forense anticua-
do.La sentencia del juez, J db faltas.
Forense. Aquel en que estas se per-
siguen y castigan ante los jaeces de
paz y con asistencia delpromotor fis-
cal, l BXTBAOBDiNAaio. fWrtWí. Aqucl
eu que se procede de oficio por el juez.
También se llama extraordinario
a^uel en que se procede sin el orden
ni reglas establecidas por derecho
para los juicios comunes. Q bjscuti-
vo. Véase Vía bíbcutita. | final.
JmCIO UNIVERSAL. Q PARTICULAS. El
que Dios hace del alma en el instante
en que se separa del cuerpo, y uni-
versal. Bl que ha de hacer Jesucris-
to de todos los hombres en el fia del
mundo para dar á cada uno el premio
ó castigo de sus obras. Q Juicios di
Dios. Pruebas que se hacían en lo
antiguo, como la del duelo, la de ma-
nejar hierros ardientes, etc g Justos
JUICIOS DE Dios. Expresión. Decretos
ocultos de la divina Justicia, g Abrir
bl JUICIO. Frase forense. Instaurar el
príncipe tf el tribunal supremo un
juicio ja iijecatoriado para que las
partes deduzcan de nuevo sus dere-
chos. I Amontonarbe bl juicio. Frase
fitmiliar. Ofusaano la razón por enojo
ó por error. Q Asentar bl juicio. Fre-
se. Empezar á tener juicio y cordu-
ra. H Cargar bl JUiciOt Frase meta-
fórica. Véase Cargar la cohsidbra-
CIÓN. ¡I Convenir i alguno bn juicio.
Frase forense anticuada. Ponerle de-
manda judicial. I A JUICIO. Frase fo-
rense anticuada. Acudir ó concurrir
al tribunal competente á litigar las
causas y pleitos. || Entrar bn juicio
CON ALGUNO. Frsse. Pedirle j tomarle
cuenta de lo que se le ha entregado y
ha practicado en cumplimiento de su
obligación. I Estar en su juicio ó
HUY EN JUICIO. Frase. -Estar alguno
bien dispuesto y tener cabal y entero
su entendimiento para poder obrar
con perfocto eonooimiento y adverten-
cia, ll Estas pubba db juicio. Frase.
Padecer la enfermedad de manía ó
locura. I Falto db juicio. El que pa-
dece alguna demencia. [[ Pabbcbr bn
JUICIO. Frase forense. Deducir ante el
juez la acción Ó derecho que se tiene,
ó las excepciones que exclnjen la ac-
ción contraria. I Pedir EN JUICIO. Fra-
se fbrense. Comparecer alguno ante el
jues á proponer sus acciones y dere-
chos. I Pbbdbb bl JUICIO. Frase de
que se usa para ponderar la extrafie-
za que causa alguna cosa. J Ponbr bn
Jtncio, Frase anticuada. Comprome-
ter en hombres prudentes la resolu-
ción de algún negocio. I Privarse de
jmcio. Frase. Volverse loco. Q Ser un
JUICIO. Frase familiar con que se pon-
dera la multitud confusa de personas
ó cosas, g Suspender el juicio. Frase.
No determinarse á resolver en aleuna
duda por las razones que hacen nier-
za por una y otra parte. Q Tener el
JUICIO BN LOS TALONES. Frase metafó-
rica V familiar con yie se da á enten-
der la poca reflexión y cordura con
qne alguno se porta en sus operacio-
nes. I VOLVER 1 UNO EL JUICIO. Frasc.
Trastornárselo, hacérselo perder. Q
VoLVÉRSBLB el juicio 1 ALGUNO. F»-
sa. Volverse loco.
ETiMOLoaÍA./»i^íir:provenzal,y«í-
jamen; catalán, ^udid; francés, juge-
ment; antiguo, juise; italiano, giudi-
do, giudicamenío; latín, jUdidum, fa-
cultad de puzgar, decreto, sentencia.
El catalán antiguo tiene j'sAty^'sAy.
Reseña Hblica. — No se debe dar un-
ció ó sentencia sin deliberar antes y
sin conocimiento de causa. (Génesis,
IJ2, 1i; XI, 5, i8. Si; Bsodo, IIJ,
8; XXIII, f; Deuteronomio, XIII, 6;
Xril, 9; XIX, 18; Josué. VII, i 9:
XXII, 13; Jueces, XX. S, 19; Prover-
bios, X VIII, 13; Beletiásíico, XI, 7;
Primero de los Maeabeot, Vil, 7.)
Juicios de Dios. Masculino plu-
ral. Historia de la Edad media, —
1. Pruebas judiciales, medios em-
pleados en justicia durante la £^ad
media, para asegurarse de la falsedad
ó de la verdad de una acusación. Como
suponían en todo una intervención
divina en favor del Justo, se llamaron
juicios db Dios. Había varias clases
de estas pruebas judiciales.
2. La prueba del agua se hacía de
dos maneras: por el agua hirviendo y
por el agua fría.
3. La del ayM caliente estuvo reser-
vada á los nobles» los sacerdotes y
otras personas Ubres; y consistió en
sumergir el brazo en una cuba, para
sacar de allí una piedra y un anillo
bendito, á una profundidad m^s ó
menos grande, según la naturaleza
del crimen; después de envuelto el
brazo, el juez ponía un sello sobre la
envoltura, jr si á la vuelta de tres días
el acusado no tenía quemadura, era
declarado inocente. Una nieta del em-
perador Loterio, acusada de incesto,
encontró quien sufriera esta prueba
en su lugar. El papa Inocente III la
prohibió en el Concilio de Letrán.
4. Tratándose de nuestro país, no
tenía lugar en una cuba, sino en una
caldera, de donde viene la leg Oalda-
RiA, que forma parte da los antiguos
códigvg, ó bien la legislación 'eudal.
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2Í6 iViC
5. La prueh del agua fr(a ettavo
firincipslraente destinada á los po-
ires, / consistía en arrojarlos s ua
río, ia^'i 6 cuba, después de atarles la
mano derecha con el pie izquierdo; j
la mano izquierda, con el pie derecho.
El agaa, de antemano bendita, de-
bía recibir al culpable; ^ si sobre-
nadaba, era declarado criminal, J ii
se sume^ía, era reconocida su ino-
cencia. Se^ún alrunos autores, la
culpabilidad se declaraba, por el con-
trario, en Tanas localidades, cuando
el paciente se iba al fondo del agua.
Esta prueba, prohibida en Francia por
Luis le Debonnaire en 829, continuó,
sin embarffo, siendo empleada, y
hubo eiemplos de ella ea 1590 y en
1617, a pesar de un decreto del Par-
lamento, en 1601, j fué impuesta á
los acusados de brujerías,
6. La prueba del fuego consistía en
hacer pasar al acusadlo á través de
una hoguera; de donde, 'si salía víto,
su inocencia era incuestionable, £1
sacerdote Barthelemy la sufrió en
Antioquía en 1099. Algunas reces
los libros fueron sometidos también á
la wueba del fu^Of arrojándolos en
medio de las llamas j juzgando, por
el estado sa que se sacaoan, si eran 6
no ortodoxos.
7* La prueba del hierro candente se
practicaba de diferentes modos. El
acusado, para probar su inocencia,
andaba con los pies descalzos sobre
nueve 6 doce barras enrojecidas al fue-
go. Otras veces, tomaba en la mano
una barra de hierro enrojecido, y la
levantaba dos ó tres veces en el espa-
cio de nueve pasos. En otras ocasio-
nes, el hierro candente tenía ta forma
de un guantelete, donde el paciente
metfa la mano y el brazo. Pasados
tres días, la mano, envuelta en un
saeo sellado, no debia ofrecer se&al
alguna de quemadura. Si presentaba
aleiiA vestigio, era declarado crimi-
nal.
8. La prueba del duelo consistía en
un combate entre el acusador y el
acusado: ea lo que le llamaba wmiate
judiciario,
9. En Al prueba de la erut, ambas
partea debían permanecer con los bra-
zos extendidos en forma de cruz; y el
que primero los dejaba caar, perdía
su causa.
10. Había un oficio eclesiástico es-
pecial, que precedía á las pruebas jn-
diciales, el cual se halla en los anti-
guos libros de la Iglesia, tales como
el Mandaíum de la iglesia de Loissón.
Por lo ^neral, se exorcizaba el agua
6 el hierro, diciéndose una misa, á
continuación de la cual comulgaba el
presunto reo v besaba la cruz. Por
consiguiente, las pruebas que encon-
tramos en la Edad media, llamadas
Juicios db Dios, son seis: agua ca-
liente, agua fría, fuego, hierro encen-
dido, desafío y cruz.
Juicios de la mar. Véase Olbbón.
Juiciosamente. Masculino. Cou
juicio.
BTUiOLoaÍA. Juiciosa y el sufijo ad-
verbial mente: catalán, judidotameni;
fnncést j'udicieuemeñt: italiano, p'ii-
diciosameníe.
Juicioso, sa. Adjetivo. El que tie-
ne cordura y asiento, y Lo que está
hecho con juicio.
Btiuolooía. Juicio: catalán, Judi-
cióty a; francés, judicieux; italiano,
giudieioso.
Jujuba. YuYUBA..
Julepe, Masculino. Farmacia^ Be-
bida dulce compuesta de aguas desti-
ladas ó licores cocidos y clarificados y
azúcar. Q Familiar. Reprimenda, cas-
tigo.
oTiHOLOafi,* Arabe persa djulah»
djulab (oM>). del persa gutSi; de
gulf rosa, y ab, agua; «agua rosada:»
francés y catalán, julep; portugués,
julepe; italiano, giuleboo; bajo latín,
julapium: «hacen una poción, que dan
al enfermo y que llaman julah: esto
es, agua Áervida, de donde es m\iy pro-
bable que se derive nuestro julep.»
(CflABDlN, Viajje á Persia.)
Forma,— 1. El dj árabe se convierte
normalmente en y, como en aljaba, de
al-dja'ba; como en aljamia, de aWad-
jam; como en aljo^/a, de aí-dji^á/a;
como eu aljuba, de aí-djubba.
Djulab representa yKM¿.
2. La a se torna en e, como en «to-
/ea, de at-ta/ak.
Jul&b representa juleb,
3. La h final se convierte en^, co-
mo en arrope, de ar~rob, 6 como en
lalep, de sahleb; y lo mismo acontece
cou la b medial, como en rápita, de
rabila.
Juleb representa yttí«;7, cuja pronun-
ciación suave esjul pe.
4. Labernia con8Íaerayu¿(r;?« yjarO'
pe como voces sinónimas, lo cual es
un error. Jarope se refiere ijarabe, no
k julepe jCwyu. advertencia no olvidarán
seguramente los literatos catalanes.
Jalonar. Activo familiar. Dar una
reprí menda. ^Familiar. Cascar, azotar.
Julepeo. Masculino familiar. Re-
primenda. |] Familiar. Zubra.
Julia. Femenino. Nombre romano
de mujer. [| Historia roraana. Hija de
César y de Cornelia. | La hija de Au-
gusto, desterrada á causa de sus li-
viandades. 1} La Uamadapor otro nom-
bre Procila, que fué madre de Agríco-
la. Q La hija de Tito, amada de Dio-
nisio.
EnuoLoaÍA.. Julio: latín, Julia.
Julia Bona. Femenino. Geo^rajia
antigua. Ciudad de la Galia bélgica.
Etihologíá. Latín JüUa Bonna.
Julia Concordia. Femenino. ffeo~
grafía antigua. Ciudad de la Hética.
ÉTUiOLOofA. Latín Julia Concordia,
Reseña, — También se llamaba Juila
VhrXtas y Julia Contrihuta.
Julia Campestre. Femenino. Geo-
grafía antigua. Ciudad de U Maurita-
nia tingitana. (Plinio.)
Etimología. Latín JÍlía Campes trie.
Julia Felicitas. Femenino. Geo-
grafía antigua. Ciudad de Portugal.
ÉtiuolooÍa. Latín Julia Felicitas.
Julia Félix. Femenino. Geografía
antigua. Ciudad de Umbría; hoy, ré-
saro.
JÜLl
Etiholcoía. Latín Jütíá FeHx.
Julia Fidancia. Femenino. Geo-
grafía antigua,- Ciudad de la Galia
cispadana.
Étimolooía. Latín Julia Fidenlk.
Julia Líbica. Femenino. Gaura-
fia antigua. Ciudad de Catalu&a¡1ioj,
Linca.
BTiuoLOaÍA. Latín JüUta Lvbiea.
Julia Seria. Femenino. Geografía
antigua. Lugar fuerte del antiguo rei-
no de Navarra; hoy, Seria.
EtiholooÍa. Latín J%Wt Seria,
Julia Tradacta. Femenino. On-
grafía antigua. Ciudad de Berbería;
no,y, Tánger,
ETUfOLoaÍA. Latín JltUa Traducía.
(Plinio.)
Julián (san). Obispo de Cuenca,
que nació en 1128 y murió en 1208.
Fué notable por su caridad, mante-
niéndose del trabajo manual v repar-
tiendo sus rentas entre los pobres. La
popularidad que adquirió porsusvir*
tudes, hiso que el pueblo le elevara i
los altares. Su fiesta sa celebra el 28
de Enero.
Julián (el comdb don). (Gobernador
de la Bélica á principios del siglo viu
y tristemente célebre en ]a historia da
nuestra patria por haber contribuido
poderosamente & la invasiiSn musul-
mana. En sus primeros afios defendíé
mucho tiempo la plaza de Ceuta con-
tra los repetidos ataques de los ára-
bes. Pero al advenimiento del rej Ro-
drigo, abrazó con ardor la causa de i
los hijos de Witiza, que habían sido
despojados de la corona eu 709. Lta
descontentos, no sintiéndose bastante
fuertes para despojar al usurpador de |
sus derechos sin el apojo extranjero,
llamaron á los moros en su auxilio.
JuuÁN les entregó la plaza da Ceata
y acompañó la expedición que des-
embarcó en España; en la batalla de
Guadalete peleo en su favor, y segán
algunos, en la noche que precedió al
tercer día del funesto combate, pisó
al campo enemigo á ver á los hijos de
Witiza, y á concertar la deserción da
éstos, que tuvo lugar al día siguiente.
A pesar de estos servicios, los vence- I
dores no guardaron consideraci<»i al- ,
ffuna al cohdb Ooh Julián después de
a victoria, sino que le encerraron ea
una prisión y le confiscaron sus bie-
nes, ignorándosocÓmo y cuándo mu-
rid. Una antigua tradición, que ao
han dudado en acoger graves historia-
dores, supone que la causa que arras-
tró al COMDB Don Juuán á su traición,
fué la violencia cometida por Rodrigo
en una hija de ac[uél, llamada Fio-
rinda por los cronistas cristianos, y la
Cata, por los árabes, y que serví»
como dama de la reina Egilona. Sia
embargo de la antigüedad de la tra-
dición, bo^ la historia, menos propen-
sa á dar crédito á leyendas, la hado-
clarado apócrifa, no dudando en atn-
buir la traición de Don Julián á las
causas que dejamos apuntadas en w
cuerpo de esta biografía.
Juliano (Flavio Claudio). Empe-
rador romano, hijo de Julio Coostaa-
cio y sobrino de CQnstautÍno,,quo iw-
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JÜLl
JULI
JUME 277
tíó en 3dl ée j6sucrísto;fu¿ nombraclo
gobernador de las Galias con al título
ae CétaripoT Constancio, en 335, fijan-
do su resideacía en Luctecia (París),
j se distÍDguifS en muchas expedicio-
nes contra los germanos, á quienes
derrotó cerca de Estrasburgo en 357.
Cuatro años después, habiéndole or-
denado Coastaneio que enviara de la
Gftiia al Oriente parte de sus tropas,
éstas se sublevaron j proclamaron
emperador i Joluno en 361. Gons-
tanúo maiebd inmediatamente á su
encuentro; pero murió en el camino,
de suerte que Juuano quedé dueño
absoluto del imperio. Entonces renun-
cié abiertamente al cristianismo, en
caja religión había sido educado i
su pesar, lo cual le valió el sobre-
nombre de Apóstata con que ha pa-
sado á la historia. Su administración
fué prudente j hábil; publicó lejes
sabias j reformé muchos abusos; j
aunque sin perseguirlos, manifestó su
profundo odio i sus antiguos correli-
g^onarios. Marché después contra los
persas, sometió la Armenia y la Me-
sopotamia; pasó el Tigris, tomé á Cte-
sifonte ▼ avancé hasta la Asiria; mas
babieDoo sido este país devastado por
el enemic-o, se vié obligado á retirar-
se; fué berido mortalmente en un
combate j espiró á la noche siguien-
te, después de dos años escasos de
reinado. Este príncipe, cuyo talento
igualaba á su elocuencia j á sus co-
Docimieatos ülosóficos, había adopta-
do el manto j la barba de los estoicos.
Dejé varias obras teológicas y mora-
les, así como satíricas, que son sus
mejores producciones, distinguiéndo-
se especialmente las tituladas: Lo$
Cesaret y el Mitopooíín.
EniiOLoaU. Latín Jsimmt,
Jnliano (Saltio). Jurisconsulto
distinguido. Floreció en tiempo de
Adriano, Antonino Pío y Marco Aure-
lio. Fué electo cónsul el año 148 de
ta «ra cristiana, y falleció hacia el
año 167. De sus obras se conservan
muchos fragmentos en el Dtgeslo. (Db
Miguel y Morantb.)
Jallas. Femenino. Qei^rafla míí~
Sw. Ciudad de Palestina. (San Isi-
DOBO.)
BTiHoi.oofA. Latfn JüUat,
Jalicft. Femenino. Cbrcbta, ave.
Julienses. Masculino plural. Geo-
fnJU amíiffua» Pueblos de la España
tarraconense. (Flihio.) Q Pueblo de
Italia, al pie de los Alpes. | Pueblo
de la Toscana, juuimsbs Aretíni. |
Pueblos de Carnia. juubnsbs CaTn<h-
nm. I Habitantes de Pisa. II Natura-
les de Frejus. Q Habitantes de Julió-
polis.
Etíuolooía. Latín julienses.
Juliers. Femenino, Geografía an-
ticua. Ciudad de la baja Alemania.
(Tácito.)
ErmoLoafA. Latín J^liScum.
Julio. Masculino. El séptimo mes
del año, según nuestro cómputo.
iviXi mensis. De Julio Césnr, pri-
mer emperador de Roma, que naci(>
•1 12 de este mes. Antes se llamnba
(ínafíKf, porque era en efecto el guñi-
lo mes del afio de Rómulo. — La fami-
lia/h/ío pretendía descender de Ju-
hijo de Eneas, el cual tomó este
nombre (dice Catón en sus Origenex)
después de haber dado muerte á Me-
sencio, porque en la época de aquel
combate tenía aún el primer vello de
barba, Ja lanugo 6 el bozo que los
griegos llamaban (ouXd; (ioalos).{}&.o:a-
LAÜ.)
Deríwtcián. — Griego IwiXo?: latín,
jBlíus, el mes de Julio; italiano,
luglio; francés, Juilleí; catalán, Ju-
liol; portugués, Julho; burguifión^
Jeuiilai.
Julio Cárnico. Masculino. Oeogra-
fia antigua. Ciudad entre la Italia y el
Ilirio.
ETiuoLoaÍA. Latín Jv,Uwn Cami~
cum.
Jalio Castro. Masculino. Geogra-
fía antigua. Ciudad de la Bética.
ETiHOLoaÍA. Latín JñHvm Casírwn.
Reseña. — También se la designa
con los nombres de J^líwm Forum^
Jüíium Sexíijírmium.
JqIío Romano (Julio Pifpi, cono-
cido por). Pintor, arquitecto é inge-
niero, y el mejor discípulo de Rafael,
que nacié en Roma en 1492 y murió en
1546. Educado al lado de su maestro,
desde los primeros pasos de su carre-
ra artística demostré sus felices con-
diciones para la pintura, hasta el
punto de que Rafael lo empleara en
sus trabajos del Vaticano y del pala-
cio de loa Borgias. Siendo todavía
muy joven, bosíjuejó una Santa Fa-
milta, que terminé su maestro, para
Francisco I y que, después de haber
sido uno de los más preciados orna-
mentos de la capilla del rey en Fon-
tainebleau, se custodia hoy en el mu*
seo del Louvre. A la muerte de Rafael
acabé con Perusi muchos de sus cua-
dros, T en particular, la célebre esce-
na déla ^dM/fyaracfVf». Deslumhrado
por la manera vigorosa de Miguel
Angel, quiso imitarle y se separo de
la suave sencillez de su primer mo-
delo, logrando sólo que su dibujo se
trocara en duro y exagerado. Duran-
te el pontiScado de Clemente VII, di-
rigió la construcción de la villa Mada-
ma en el Monte-Morio, la adorné de
admirables frescos y pinté la Derrota
de Majencio, que le colocó al nivel de
los primeros maestros. Sin embargo,
algunos dibujos licenciosos que, de-
jándose llevar de las aficiones de la
época, ejecuté en un momento de ex-
travío, le hicieron perder la protec-
ción del Papa, teniendo que retirarse
á Mantua, donde llegó á ser jefe de
una célebre escuela. Allí fortifícÓ la
ciudad, la preservó de las inundacio-
nes del Po y del Mincio, desecó los
pantanos de las cercanías y edifícó el
magnífico palacio del Te. En seguida
pasó á Bolonia, dió los planos para la
fachada de la iglesia de San Petronio
y no volvió á Roma hasta el pontifi-
cado de Paulo III. Allí construyó los
palacios de Censi, Albertini y la villa
Lante, y murió dejando un nombre
célebre en la historia del arte Bu Ju-
lio ROHANO se admira una gran fe- ,
euadtdad de imaginación, un profun-
de conocimiento ael gusto antiguo y
una composición correcta y llena cíe
energía; pero deslucida i veces por
un color desentonado y demasiado
brillante. Sus obras mas estimadas
son: en Roma, SÍ Diluvio; La Flage-
lación, Judith y la Fornarina; en el
museo del Louvre, La NaHvidadt A
Triunfo de Tito y Vespasiana, Venus y
Vulcano, la Virgen, ú Niio Jetát,
san Juan y su propio retrato, j en
Madrid, una TnntJ^wratüfnt imita-
ción de Rafael.
Juliópolis. Femenino. Geografía
antigua. Ciudad de Bitinia. y Otra, de
Egipto. Q Otra, de la gran Frigia.
(Plinio.)
EriMOLoaÍA. Juliopíílis.
Julis. Femenino. Geografía anti-
gra. Ciudad de la isla de (5eo. (Pli-
nio.)
Etíuolooía. Latín JuUt*
1. Julo. Masculino. Chiía d«l ga-
nado. Tómase por lo mismo que
manso.
2. Jalo. Masculino. Tiempos keroi-
eov. Julo Ascario, hijo de Eneas. (Vu-
QILIO.)
ETuiOLOOfa. Latfn Jslus,
Juma ó Jamá. Masculino. Nom-
bre que los moros dan al viernes.
Jumenta. Femenino. La hembra
del jumento.
Jumental. Adjetivo. Lo que perte-
nece al jumento.
Etíuolooía. Jumento: latfn,jjlnm-
fííríus, lo perteneciente & las bestias
de carga, en Apul^o; palaftenero, en
las inscripciones: meaiau jtihbnta-
Rius, el alWtar.
Jumentazo. Maicolino aumenta-
tivo de jumento.
Jumenticio, da. Adjetiro. Ju-
kbntal.
Jomentil. Adjetiro. Lo pertene-
ciente al jumento.
Jumentillo, lia, to, ta. Masculi-
no y femenino diminutivo de jumen-
to y jumenta.
Jumento. Masculino. Asko. Q Me-
táfora. El hombre ignorante y necio.
EriuoLoafA. 1. L&tínjümentum, voz
que generalmente se tiene como fbr-
madadeyjícSr^, ayudar, y la desinen-
cia mentó: esto es^ meníum^utans, co-
sa que ayuda. JtnuntOt en castellano,
significa asno, y metafóricamente, el
hombre ignorante y necio; pero ^ff-
mHtttm, entre los latinos, se aplicaba
á todo animal que ^udaba á tirar, i
llevar carga, ó & ubrar la tierra,
según puede verse en los autores.
(MONLAU.)
2. Sin embuigo, Aulo Gelio opina
ijue jütnentum viene dejungere, uncir;
jugiim, yugo; de modo que Jumenta
significa príncij^lmente los animales
de tiro, las bestias uneidas, atadas al
gugo, (Idbm.)
3. La etimología de juvart, ayudar,
es ho^ completamente insostenible.
El latín yfifftfníwm representa la sin-
copa áQjSgumentum, jugmintmm, for-
ma sustantiva de jungcre, uncir, de
jáyaw, yugo.
Z?ff->MOM."Latfn j^um, el yugo;
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278
JUNC
JUNI
JUNO
jungeret uncir; jltw«i/i*»i, potjuffmin-
íumtjuffumhtíum^ bestia da tiro: ita-
liano, giwaunto; francés, prorenzal 3
catalán t portugués, ivmento;
BeTtyjJeauiU.
4. Coafirma cata etimología el si-
ffuiente texto: juubntuh i jwkgendo»
V litlera aitritsi «jvhsnto Tiene del
gsrundio latino jwigemdo, juntando,
mediante la elíiión de ú letra $.*
(Nonio.)
5. Connrmala tambiénla • larga de
jüméníum, que marca sin duda la eli-
sión de la de jungendp,
Jameón. Masculino fiunilUr. S*,-
HUUBBIO.
Juncáceo, cea. Adjetivo. Sotíni^
ca. Parecido al junco.
EtiuoloqU. /meo; Utín» /widbf,
jun^nus.
Juncada. Femenino. Cierta espa-
cie de fruta de sartén. | Medicamento
compuesto de lo tierno j blanco de
los juncos, mezdado con manteca de
vacas j otros incrredientel^ para darlo
á comer i los caballos cuando tienen
muermo,
Juncagineo, nea. A^jettTO. Jün-
CiCBoi
Etimolooía. Francés juncagin/e$,
forma dñjuneoáfo, nombre inventado
por Toumefort, derivado de junen»,
junco.
Juncago. Masculino. Jnnoo bas-
tardo, planta.
BtiuoloqÍa.. Juncagineo,
Juncal ó Juncar. Masculino. El
sítioen donde se crían muchos juncos.
ETiuoLOaÍA.. Junco: \ítín,Junceíum^
na Varrón; catalán, ^'oncar.
1. Juncaría. Femenino. Botánica.
Planta ramosa j vulneraria.
EtuiolooÍa. Juncáceo,
2. Juncaría. Femenino. Qtogror-
fia antigua. Nombre latino de una
ciudad de la Tarraconense; hoj. Jun-
quera. (A,NTÜNIN0 Pío.)
EtiuoloqÍa. Latín Juncaría.
Juncia. Femenino. Botánica. Plan-
ta parecida á los juncos, con raíz lar-
ga, negra y olorosa, j vástagos trian-
gulares, j en cada uno una panoja
compuesta de pequeñas espigas esca-
mosas. Es medicinal. Q Vbndbs jun-
cia. Frase metafórica. Jactarse, echar
bravatas.
Btiuoloqía. Junco.
Jnncial. Masculino. Sitio poblado
de juncia.
Junciana. Femenino. Hojarasca,
jactancia vana j sin fundamento.
StimologÍa. Juncia.
Junciera. Femenino. Vaso de ba-
rro, cuya tapa tiene muchos agujeros
para que por ellos salga el olor délas
hierbas aromáticas que se ponen den-
tro de él con vinagre para perfumar
las casas.
Etiholooía. Juncia.
Juncino, na. Adjetivo. Lo que es
de juncos ó está compuesto con ellos.
ErncoLoaf^. Latín iuneinug. (Fil-
mo.)
Juncioso, sa. Adjetivo. Que está
lleno de juncia.
Juncir. Activo anticuado. ÜKCut 6
TUMCIB.
Junco. Masculino. Planta que se
cría en lugares muy húmedos j echa
muchos vastagos rollizos, flexibles,
puntiagudos j por dentro esponjo-
sos: las flores, que nacen tres ó cua-
tro pulgadas nuSs abajo de la punta
del vástagú, se componen de seis ho-
jas es forma de estrellas. | Especie de
embarcacidn pequeña que usan en las
Indias orientales. | db Indias. Cada
ramo nuevo 6 delgado de un árbol
maj espinoso, v de fruto redondo,
hermosamente adornado de estrías en-
carnadas, ^ue se cría en varios países
de la India oriental. Este junco es
mucho más consistente que el nues-
tro, aunque más flexible y elástico, j
por lo mismo sirve ordinariamente
para bastón, no excediendo su diáme-
tro de dos ó tres líneas, pues en sien-
do más grueso se llama caña ds In-
dias.
Etimología. Latín Juncíns, junto;
jungue, nnir;yimcM, lif^adura: italia-
no,yt'sfKo; fiñneés del siglo xu,june;
moderno, jone; ^ptorejail, jone, june;
catalán, ^oncA.
Juncosa( Joaquín). Pintor español,
religioso de la Cartuja de Scala Dei,
que naciá en Oornudella en 1631 j
murió en 1708. Estudió en Roma y
pintó, tanto en Italia como en España,
cuadros de mérito, entre los que mere-
cen citarse: s<m Bruno leyendo su regla
á sus discípulos; Nacimiento y corona-
ñón de la Virgen^ y frescos.
Juncosa (José). Pintor espa&ol,
firimo del anterior, 7 que mund por
!)S años de 1705. Aj'udó en varias
obras á su primo; pintó en 1682 los
frescos de la capilla de la Concepción
de la catedral de Tarragona, y además
un gran número de cuadros, como
son: san Die^o predicando^ santa Tecla
en el martina del fuego, y dos benedic-
tinos adorando al Santísimo Sacramento,
Juncoso, sa. Adjetivo. Lo que se
parece al junco. |j Se aplica al terreno
qne produce juncos.
ETiuoLoaÍA. Junco: latín, ^imcosim.
Junde. Masculino. ffermaUa, £1
soldado.
Junglada. Femenino anticuado.
Lbbbada*
Jnni (Juan db). Escultor, pintor y
arquitecto italiano, (jue vino á Espa-
ña á mediados del siglo zvi. Vivió en
Valladolid y ejecntiS, ent» otras obras
importantes, el retablo majorde Nues-
tra Señora de 'la Antigua de aquella
ciudad; el principal y trascoro de la
catedral de Osuna; el retablo de la ca-
pilla de los Benaventes, en la pa-
rroquia de Santa María de Rioseco; el
de la parroquia de la villa de Santia-
go V el de una capilla de la catedral
de Segovia.
Junia. Femenino. Junia Padilla^
mujer de Maximino. (Cicerón.)
Étimolooía. Latín Jünía.
Jnnio. Masculino. El sexto mes
del año, que era el cuarto entre los
antiguos romanos.
Btiuolooía. Latín Jüníus: italiano,
giugno; francés, provenzal.^anA
(Jui ); catalán,^*a«y; huignifíónt^eum;
Úmytjumi portugués, ^'««^ (j^^oj*
1. Jünlus YÍent áe juoeniiuSf junte*
ribus (los jóvenes), porque los roma-
nos habían dedicado este mes i la/si-
oentud qne servía en la guerra, (lía.—
CBOBIO.)
2. El mes de Jumo tomó el nombre
de Junio Bruto, qat expulsó i los ra-
jes de Roma. (Ctta de Momlau.)
3. Otros lo derivan de la diosa
no, y entre ellos, Ovidio, quien, en el
libro V de sus Faitott hace decir 4
aquella diosa:
Juanra 4 iiMire nonúM «o»>«N Ao&ac.
4. La etimología más probable ee
la de Juno; «mes consagrado á esta
divinidad gentil.» (Lirmá.)
1. Júnior. Masculino. Vozlatiaa
aplicada al joven religioso que, des-
pués de haber professao, esta aún su-
jeto á la enseñanza j obediencia del
maestro de novicios.
EtiuolooÍa. Latín jSníor, jWniiris,
comparativo áejüvenitt joven; íONIOR
annot un año mas joven.
2. Júnior. Mascnlino. Geógrafo
cujas obras publicó el sabio A. Mai.
(Db MlOUBL J MOBANTB.)
EtiuolooÍa. Júnior i*
Juniperáceo, cea. Adjetivo. Pare-
cido al junípero.
EtuiolooÍa. Latín jfiniper?nt.
Junípero. Masculino. Enebro.
EtiuolooÍa. Latín ^Ssíp.-fw; dejií—
níor, más joven, y párete, parir; esto
es, dar fruto, «que da fruto temprano. »
Juno. Masculino. Astronomía. Uno
de los planetas pequeños, situado en-
tre Vesta y Ceres, el cual opera sa
revolución al rededor del sol en mil
quinientos noventa y un días; esto es,
en cuatro años, cuatro meses y once
días. \ Mitología, Una de las princi-
pales divinidades del paganismo, her-
mana y esposa de Júpiter, reina de
los dioses. I El AVB db Juno. El pavo.
EtiuoloqÍa. Latín Juno, contrac-
ción de Jopino, forma de Jovis, Jove
(LiTTBÉ): francés, Junou; catalán.
Juno.
Reseña. — La diosa Juno, conside-
rada como mitología y como historia,
es al mismo tiempo una extensa crea-
ción de la fábula y uno de los genios
más poderosos que figuran en la Jlia~
da y en la Eneida, así como uno de
los mitos que más se extendieron por
una gran parte del Occidente, hasta
penetrar en las costas de Africa. Tal
es la razón que nos obliga á consa-
grarle una breve reseña. Nadó en
Argos, ó en Samos, y fuó robada por
el Océano y Tetis, según Homero y
Hesiodo; según otros autores, por las
Horas ó por los hijos del río Aste-
rión, ó por el arcadio Témenos. Sus
bodas con Júpiter fueron celebra-
das con extraordinaria magnificencia,
pues todos los dioses del cielo y de la
tierra asistieron á ellas, y sólo faltó
una ninfa, Quelonea, que fué conver-
tida en tortuga. De su matrimonio
nacieron Hebe y Vulcano. Según tra-
diciones posteriores, tuvieron otros
hijos, Marte y Tiefón, si bien se
creían nacidos únicamente de la dio-
sa. Trató cruelmente á las diviuida-
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JÜNT
JUNT
JÚPI 279
AtM é i las mortales preferidas por su
marido, tales como lo, Latona, Calixto,
Semele j Alcmena, qae sufrieron sn
celosa venganza. Persiguió i Hércu-
les, hijo de Alcmena, durante toda su
▼ida, y no le admitió en el cielo sino
á despecho sujro. El niño la mordió
en el pecho, j su leche, vertida en el
espacio, formó la Via láctea. Castigó
í Sidé, Cftsiope y Anazibia, que osa-
roo compararse á ella, y disputó en
las bodas de Tetis y Peleo el premio
de la belleza á Venus y Minerva.
Vencida por el juicio de Paria, tuvo
siempre implacable odio á la familia
de Príamo y persiguió i los trojauos
hasta Italia, lo cual explica el gran
papel que representa en Homero y
ViníUo. Mucho después, en los poe-
tas ae los siglos 11 y m, aparece ani-
mada del mismo rencor y toma parte
contra los romanos descendientes de
Eneas. Con este carácter, no podía
vivir en buena inteligencia con Jú-
piter, que más de una vez hizo sentir
sus iras á su esposa. Un día, en que
se dió á conspirar contra él, unida á
todos los dioses, Júpiter, ayudado de
Tetis y del gigante Briareo, la sus-
pendió con una cadena de oro entre
el cielo y la tierra, y así la tuvo hasta
2ae le aplacaron las súplicas de los
amás liioses. Jdno preside los matri-
moniosj protege la salud; es la dio-
sa de las mujeres castas, por el con-
trarío de Venus, que lo es de las cor-
tesanas. Su culto fué muj general en
toda Orecia, / su templo más célebre
estuvo entre Argos y Micenas, en
donde había una estatua gigantesca
de la diosa, obra de Policletes. Cada
cinco años se celebraban allí las Ae-
reas, fiestas famosas de su culto. Bu
Sames su templo gozaba del derecho
da asilo, mientras que su nombre era
adorado generalmente en Italia, Es-
paña y Cartago. Los atributos de di-
cha dtosa eran el velo, emblema déla
castidad, la diadema y el cetro, em-
blemas del poder, y el pavo real, em-
blema de la gallardía y de la hermo-
sura.
Junones. Müologia. Genios tute-
lares de las mujeres entre los anti-
Sios romanos, por los que jamban
s matronas.
EtimolooU. Juno: francés, Juwna,
Jonquera. Femeníoo. Junco, por
planta. || Nombre d« varías poblacio-
nes de España.
ETiuOLOofA. Junco: el latín tiene
Jnncartat Junquera, ciudad de la Ta-
rraconense, que existe aún entre Ge-
rona y Perpiñán.
Junqueral. Masculino. Juncal.
Janquillo, to. Masculino diminu-
tivo de junco. | Jcuquillo. Planta de
jardinería, de flores muy olorosas de
color amarillQ, cuya caña ó tallo es
liso T parecido al junco. Es una espe-
cie de narciso. Q Junco de Indias. J|
A rquitectura, Moldun redonda y mas
delgada que el bocel.
Jnnta. Femenino. Reunión de va-
rias personas para conferenciar ó tra-
tar de algún asunto, ^ cada uun de
las conferencias ó sesiones que cele-
bran. I El todo que forman varias co-
sas unidas 6 agradas anas á otras.
\ La unión de una 6 mis cosas. Q Mar-
nna. Empalme, costura. Q Cantería,
Cada una de las dos superficies la-
terales de un sillar que se ha de co-
locar junto á otros. || Juntura. \ ns
DESCAsaos. Tribunal ó junta de suje-
tos nombrados por el rey, que inter-
venía en el cumplimiento y ejecución
de los testamentos y últimas volunta-
des de los reyes, yen la satisfacción de
sus deudas. \ os clases pasivas. La
que, con sujeción á leyes y reglamen-
tos, acuerda el sueldo á que, por sus
años de servicio, tiene derecho un
empleado cuando se le declara cesante
ó jubilado, y asimismo las pensiones
de viudedad ú orfandad, || de sani-
dad. La que hay para precaver los
contagios en los puertos y otras par-
tes. No se hace mérito de otras juntas
bien conocidas, porque su objeto 6
funciones se designan claramente en
su propia denominación; verbigracia:
JUNTA DB ACRBBDORBS, DE MÉDICOS,
etcétera.
Etiuología. Juntar: latín, junctío,
forma sustantiva abstracta d.ñjunctus,
junto: antiguo francés, yotWtf; moder-
no, ^onction; catalán, junta, jvinmó,
junad; italiano, ^/unto.
Juntado, da. Participio pasivo
de juntar. J Masculino. Arquitectura.
Unión perfecta en un ángulo de dos
trozos de cornisa corrida con tanya.
EnuOLOOfA. Juntar: catalán,
tat, da,
Juntador, ra. Masculino y feme-
nino anticuado. El que junta.
ETiiiOLoaÍA. Juntar: latín, Junc^or.
Juntadura. Femenino anticuado.
Juntuba.
Juntamente. Adverbio de modo.
Con unión ó concurrencia de dos ó
más cosas en un mismo sujeto ó lu-
gar. II Anticuado. Unániubhbnte. |
Adverbio de tiempo» A un mismo
tiempo.
Etiholoo£a. Junta y el sufijo ad-
verbial mente: e^tMliatjuníattuni; íttiü-
eés,joníÍveme»t¡ italiano, y»iHi6if)imí«;
latín, yitncíín.
Juntamiento. Masculino anticua-
do. La acción y efecto de juntaró jun-
tarse, l Anticuado. Junta ó asam-
blea. U Anticuado. Juntuba.
Juntar. Activo. Unir unas cosas
con otras. || Congregar. Se usa tam-
bién como recíproco. || Acopiar, y asi
se dice: juntar dinero, juntab víve-
res, etc. y Reciproco. Arrimarse, acer-
carse mucho a otro. || Acompañarse,
andar con alguno. ¡| Tener acto car-
nal.
Etiholooía. Sánscrito, yw, que
toma la « como característico de cla-
se, yuno/mf, yo junto; ¡funjmas, nos-
otros juntamos: \%tin,jun^¿re, jun-
tar; Ju^um, yu^, juntura; italiano,
giugnere; francés, joindre; provenzal,
juu&er, jonher, jogner; catálan,yNftíar,
juntarse.
Sinoniuu. Juntar, unir. Estas dos
palabrasse refieren á la proximidad de
algunos objetos, de maueraque seto-
i can bi son distintos, ó que concurren
para formar un todo, si no existe nía*
gún género d« diferencia entre ellos.
Las cosas juntas están cerca las
unas de las otras; se puede separarlas
sin que muden de naturaleza. Las co-
sas unidas están de tal manera amol-
dadas unas á las otras, que es impo-
sible desunirlas sin que cambien el
todo, ó el conjunto que forman estan-
do unidas. Dos planchas, se dice que
eatin juntas, eii&ado, siendo distintas,
pueden ser separadas sin mudar el
todo que resulta de su reunión; se
dice que están unidas, cuando están de
tal manera amoldadas mutuamente,
que forman nn todo individual, y que
no pueden ser separadas sin cambiar
ó mudar este todo. (López PelbobÍh.)
Juntera. Femenino. Especie de ce-
pillo largo, cuyo hierro ocupa sola-
mente la mitad de la madera , y la
otra mitad, que resalta un poco, se
afirma en el canto de la pieza que se
acepilla.
ETiHOLOofA. Juntura.
Junterilla. Femenino diminutivo
de juntera. Juntera pequeña que sir-
ve para principiar los rebajos, por lo
cual se llama comunmente junteri-
lla de rebajos.
Juntillas {L pie). Locación adrer-
bial. Con los pies juntos.
Junto, ta. Participio pasivo irre-
gular de juntar. ¡| Adjetivo. Unido,
cercano. || Adverbio de lugar. Cebca.
y Adverbio de modo. Juntamente,
i un mismo tiempo, con anión y con-
currencia. I Juntos los Pids. Modo
adverbial. A pie juntillas. p de pob
junto. Modo adverbial. Por junto. Q
Pon JUNTO. Modo adverbial. Eo grue-
so, por mayor.
Etiuolooía. Juntar: \tLtín, junctus,
participio pasivo átjungere, unir: ca-
talán, junt; francés, joint; italiano,
giunto.
Sentidoetimol^ico, — 'EXlaXi^junctus
es el sánscrito yiy^as, jfuktat, unido,
ligado; lituauio, jungtas; así como el
latín junctío, juntura de partes, es el
sánscrito yuktU, unión. (Véase yuoo.)
Juntorio. Masculino. Cierta espe-
cie de tributo.
Juntura. Femenino. La parte 6
lugar en que se juntan y unen dos ó
mas cosas. \ Anticuado. Junta, por
el todo de varias cosas unidas ó agre-
gadas, y Anticuado. Mezcla, jj cla-
VAL. Anatomía. La unión de lo^ hue-
sos entrando el uno en el otro á ma-
nera de clavo. || hodátii.. Anitomia,
Juntura nudosa. | nudosa. Anato-
mía, La que forman dos huesos en-
trando en la cavidad del uno la cabe-
za ó nudo del otro, y es la que sirve
para el movimiento. ^ serrátil. Ana-
tomía. La que tiene dos liuesos en
figura de dientes de sierra, de modo
que las puntas que salea del uno en-
tran en los huecos del otro.
ETiHOLOOfA. Juntar: latín, junctü-
ra; catalán, /imíiiru; fnxicés, jointure;
ital iauo, giuntura.
Jupin. Masculino. Mitología. Nom-
bre que solían dar á Júpiter los poe-
tas franceses.
Júpiter. Masculino. Astronomía,
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280 JUPI
JUPI
JUPI
El mayor de. los planetas conocidoi,
quR tarda ea hacer sa revolución al
rededor del sol cerca de doce años. H
Química. Estaño. || Mitología, El so-
berano de los dioses. || El hado, el
destino.
£tiholoo<a. 1. Júpiter ^ Jovi>; de
dieipaier, padre del día; ó de Zeus j
paíer. Dios el padre, ó padre de los
dioses; 6 de juvans paíer, padre que
auxilia, que ajruda. — Júptíer m foi-
mó de Jehovah j lehomh, y ésta pare-
ce la etimoWia más cierta. Con efec-
to, de Jehovah hizo el latín Jovis^ coa-
virtiendo el ai hebraico en is, pues
debe advertirse qae Ton*, ademas de
ser el genitivo de Júpiter, fué primi-
tívuuente nominativo de Joi>i$, lotii.
Tenemos, pues, que JúpiUr equivale
á Jihupater, compuesto de JeMnah y
paier; en seguida se hizo Júpater, y,
pnr último, conmutando la aen que-
dó Júpiter, como Dietpiter, Manpi-
ter, etc. (Monláu.)
2. Júpiter representa Júpiter, Diupi-
ter, diut'páter, forma evidente del
sánscrito dvu, raíz de la palabra Dios^
simétrico de dya, raíz de la palabra
3. Por consiguiente, Júpiter signi-
fica: cpadre de los dioses,» que vale
tanto como decir: «padre de los días.»
4. Joñs,, Jove, no se formó de Jeho-
noil, lino que viene del s;rieg-o dydu»,
lo enal demuestra que ut forma eti-
mológica de Joñ» es DÍovÍs, por Pyo-
dit, expresión exacta del vocablo
griego.
5. T de dydut, derivado del sáns-
crito dyu. Dios, se formó Zeus, me-
diante la. elisión de la y de la con-
versión de la y en z, cuyo cambio es
normal en el griego, como dice muj
bien Littré.
6. La forma Dio$t genitivo do Zeus,
es una prueba incontestable de la
transformación.
Derivación. — Latín Júpiter, J^is,
Sor IHupUer, Diovit, «padre de los
íosm:» ftaneúf Júpiter; catalán, Jú-
piter.
Jietefla. — 1. Dios supremo de los
f riegos y de los latinos, cuya leyen-
a fué enriqueciéndose de edad en
edad por las ficciones de los poetas y
de las legendas de otros país.
2. Fue hijo de Rea v de Saturno,
el cual devoraba á sus hijos inmedia-
tumente que nacían, por cuya razón
JÚPiTBB tuvo necesidad de que lo sal-
vara su madre, quien presentó á Sa-
turno, en lugar de su hijo, la famosa
Siedra de la fábula. Se decía que ha-
ia nacido en un monte de la Arcadia;
y principalmente, en Greta, dond«,
según unos, fué amamantado por la
cabra Amaltea; según otros, por las
ninfas, hijas de Meliso, rey cretense;
y según los más, por los curetas y
coribantes, que bailaron al son de
timbales y tambores para impedir que
Saturno oyese los giitos de su hijo.
3. Los Titanes, para asegurar la
existencia del niño, atacaron á Satur-
no, le destronaron y prendieron. Jú-
piTBR no tenía á la sazón más que un
aüo; ayudado de los ciclopes y de los
centfmanoi Bríareo, Cotto y Cyna,
fué en socorro de su padre; atacó a los
Titanes en el monte Üthr^s, y desde
lo alto del Olimpo los precipitó en los
inñernos. Poco después, destronó á
Saturno, le sucedió y repartió el man-
do con sus dos hermanos, Neptuno j
Pintón; pero pronto los gigantes, hi-
jos de la Tierra, cómelos Titanes,
quisieron vengar á sus hermanos y
fueron poniendo unas monta&as sobre
otras para escalar el cielo. Júpitbb les
dió muerte á ellos y á sus nzas, ha-
biendo tenido en esta empresa el fa-
vor de los demás dioses, j en particu-
lar, la ayuda de Hércules, con cuyo
motivo quedó dueflo absoluto de todo
lo creado.
4. En «I cielo, juzgaba, castigaba
y avenfa i las divinidades. En la tie-
rra, dió muerte con sus rayos á Escu-
lapio; precimtó á Ixión en los inñer-
nos; hirió úTúntalo, Salmoneo, Capa-
neo, Idas, y encadenó á Prometeo en
la roca del Cáucaso. Una vez bajóá
las regiones de la Arcadia, oprimida
por Licaón, tirano impío; le convirtió
en lobo; incendió su palacio, y allí se
abrasaron seis hijos suyos. Bn otra
ocasión visitó la Frigia con su hijo
Mercurio, no habiendo hallado hos-
pitalidad sino en casa de Filemón y
Baueis, dos ancianos muy pobres y
muy virtuosos, cuya casa convirtió
JónTBB en un templo; y á ellos, des-
pués de muchos años, en ámbar j en
tilo.
5. Como juez del mundo, envió un
diluvio para castigar la maldad de los
hombres, no habiendo exceptuado de
aquel azote más que á Deucalión,
principe de Tesalia, y á Pirra, su mu-
jer; por cuya circunstancia aquel di-
luvio se conoce en la historia con el
nombre de diluvio de Deucalión.
6. Además de Juno, tuvo otras mu-
jeres, así diosas como mortales. Entre
las diosas, cuéntense: Mnemosina,
Temis, Ceres, Latona, Proserpína,
Venus y otras varías de menos condi-
ción. Entre los mortales: Niove, Se-
mele, Europa, Leda, Alcmena, madre
de Hércules, Dáuae, hija de Acricio,
rey de Argos, y otras muchas, que
fuera prolijo enumerar.
7. Algunos de aquellos matrimo-
nios parecen ser alegorías, como el de
Mnemosina, madre de las musas, que
representa el símbolo de la inteligen-
cia y de la memoria, de donde se ori-
gina la edad de oro.
8. Sus principales hijos fueron los
siguientes: Venus, Apolo, Diana,
Mercurio, Baco, Hércules, Pólux,
Perseo, y la gran patrona del Atica,
la que nació armada de la cabeza de
su padre, la guardiana de Troya ven-
cida, el genio hermoso del Partcnón,
magnífico portento del arte gentil;
Minerva.
9. Tales son, manifestados á la li-
gera, los hechos capitales de la asom-
brosa leyenda de Jiíiter, la más
asombrosa del polítcísnui; leyenda (
greco-romana, eoinpucsia de elemen-
tos infinitamente distintus, de tod:is
procedencias, eu donde parecen con-
centrarte las grandM ínTencíonei del
mundo pagano. Bn J(jriTBB, como en
todas las personificaciones de la mis-
ma índole que nos presenta la genti-
lidad, hallamos cierto fondo de histo-
ria, de filosofía, de erudición, entre
los fingimientos de la fábula; y sobre
todo, la suprema concepción religiosa
de los griegos y de los latinos, equi-
valente al Ser primero, al Ser por ex-
celencia, que han concebido y adora-
do todas las razas. En fin, Júpiter,
como las demás representaciones uní-
versales del gentilismo, viene á ser la
primera objetividad humana de la
esencia divina.
10. [Metafísica inconcebible! ¡Sabi-
duría verdaderamente inefitble! El te-
ma Jov, que las lenguas griega y ro-
mana aplicaron á Jupitbb, es el mis-
mo tema que encontramos en otro&
muchos idiomas para designarla exis-
tencia delgran principio, como vemos
en Jehoüak, Jesús y el Juba moro. Y
ese elemento t/oí, que representa Diov,
aparece en el griego Zeus, cuyo geni-
tivo hace Dios; como aparece en el
anticuo latín DÍus, que los clásicos
convirtieron en Deus, de donde viene
nuestro Dios; como aparece de la mis-
ma manera en la raíz dip, que signi-
fica cielo en lengua sánscrita; el mis-
mo div, que quiere decir genio en la
mitología persiana. jAhl ¿Quién se
atreve sin remordimiento á llamar
bárbara la vida de los primeros hom-
bres? ¿Quién se atreve á condenar la
civilización y la lengua de los anti-
guos? El sol que alumbró las maña-
nas vírgenes de la vida, es el mismo
sol que alumbra actualmente en el
cielo de la humanidad. Bn una pala-
bra; el Dios de entonces, es el Dios
de ahora.
11. Júpiter presidíalos imperios,
las ciudades, las familias, todos los
actos de la vida pública y privada.
Era el dios del juramento y de los su-
plicantes; mandaba en el trueno, en
el rayo, en la lluvia, en toda la natu-
raleza; estaba en el ambiente y en to-
das partes; de donde viene la senten-
cia: Jut'iTBR guogumque vides, como si
dijéramos: <en donde quiera ves á
JÚPITER.»
12. Fué adorado principalmente en
Creta, Arcadia, Olimpia y en los de-
siertos de la Libia, bajo el célebre
nombre de Júpiter AmmCn.
13. Su primer oráculo era el de
Dodona, en Kpiro.
14. Entre las fiestas principales,
que se celebraban en honor suyo, de-
ben citarse: los juegos olímpicos, las
Uceas de Arcadia y las diatias ate-
nienses.
15. Entre sus atributos, fieuraa;
el águila, la encina, el rayo y efcetro.
16. La mejor de las infinitas esta-
tuas erigidas al padre de los dioses,
era la de Júpiter olímpico de Fidias,
de oro y marfil, una de ias siete ma-
ravillas del mundo, la cual no existe
hace muchos siglos. Sin embargo,
Grecia conservaba aún varias figuras
antiquísimas de su primera divinidad .
17. Volviendo á la lucha de los Ti-
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JURA
taaes/ ds los ffigftutos» debe adrer-
tirae que aquellos combates fiimosos
llenan los libros 7 los monumentos de
la antigüedad griega, hasta el punto
de representar dos magnificas epope-
jas de los tiempos heroicos. ¡Tan cier-
ta es qae la religión, aun siendo fabu-
losa, es la ^ue crea m&s formas socia-
les, como SI enciarnara en el espíritu
de las generaciones, reproduciéndose
indefinidamente como un elemento de
historia, de ciencia, de moral, de lite-
ratura y de arte! Y esto consiste en
que los pueblos doblan humildes la
eerriz, no á quien tiene fuerza para
apoderarse de su cuerpo, sino á quien
tiene inspiración para enseñorearse
de sos esperanzas j de su fe. ¡Sí! Los
ftaeblos resisten á los que temen j á
os que odian: se entregan con delicia
á los que veneran y á los que aman.
T para decirlo de una vez, son rebel-
descon los conquistadores: son dóci-
les con los misterios. Están prontos en
toda sazón para conjurarse contra los
tiranos, como están dispuestos cons-
tantemente á sacrificarse en aras de sus
dioses; de donde resulta que el pensa-
miento de una primer cansa, como la
escala de Jacob, hace que el cielo baje
á ta tierra y que la tierra suba al cíe-
lo, simbolizando en una fórmula co-
mún la idea suprema de Dios 3 del
hombre. jtQueréis haceros dueños de
la humanidad? Pues haceos dueños de
su fantasía; haceos dueños de ese gran
mito; porque el hombre lucha contra
todo; pero no lucha con los arcanos,
Qo lucha con las sombras, no lucha
con la poesía, lo cual quiere decir que
no lucha con su propia imaginación,
qiíe es la poesía de su alma, la crea-
ción divina 7 el dirino reinado de su
genio.
Jar. Uasculino anticuado. Dese-
cho.
EmiotOGÍA. Juro.
Jura. Femenino anticuado. Juba-
unto, I El acto solemne en que los
estados ▼ ciudades de un reino, en
nombra de todo él, reconocen 7 juran
la obediencia á su príncipe, {j os uan-
CUADRA Ó OB LA HANCUADRA. Forense
antienado. Juraubnto db calumnia.
I Jura mala bnpibdbacaioa. Refrán
que enseña que no se debe ejecutar lo
mnlo, aunque se ha7a jurado.
Btwolooía. Jurar: latín, Jüraíío,
Tonna sustantiva abstracta de^Ñra/iM,
jurado; catalán, jurd.
Joraderia. Femenino anticuado.
JoBADUafA.
Jnrado. Masculino. El sujeto CU70
cargo versaba sobre la provisión de
víveres en los avuntamientos 7 con-
cejos. I EN CAP. Én la corona de Ara-
gón era el primero de los jvbaoos,
que se el^ía de los ciudadanos más
ilostres, que ya habían sido insacula-
dos én otras bolsas de jueádos, y que
tuviesen cuarenta años cumplidos. |
Tribunal de origen inglés, introduci-
do 7a en varías naciones, curo cargo
es determinar 7 declarar el hecho,
3aedando al cuidado de los magistra-
osla designación de la pena que por
las le7és corresponde al niismo. || L,lá-
JURA
mase así también cada uno de los
individuos que componen dicho tri-
bunal.
Etiuoloo{a. Latín jñrSíuit partici-
pio pasivo da j&r&re, jurar: catalán,
juratt da; franeés,/w/; italiano, gi%^
rato.
Jurador, ra. Masculino 7 femeni-
no. El que jura. Hoy sólo se dice del
3ue tiene vicio de jurar. Q Antieua-
o. El que declara en juicio con jura-
mento.
Etiuolooía. Jurar: latín, jf^Síor,
forma agente dejIírS^, jura; italia-
no, yimvfofv.
Juradoria. Femenino anticuado.
JlTRADUBÍA.
Jnrádnria. Femenino. El oficio 7
dignidad de jurado.
Juramentado, da. Participio pa-
sivo de juramentar. Q Masculino 7 fe-
menino. El que ha prestado jura-
mento.
Etihülooía. JurammUa^: catalán,
juramentat, da.
Juramentador, ra. Sustantivo 7
adjetivo. El que juramenta.
Juramentar. Activo. Tomar jura-
mento á alguno, I Recíproco, Obli-
garse con juramento.
ETiuoLoofA. Jmramfítto: catalán.
Juramentar, jwamentam.
Juramentarse. Recíproco. Com-
prometerse con jurameínto.
Juramento. Masculino. Afirma-
ción ó negación de alguna cosa po-
niendo por testigo á Dios, ó en sí mis-
mo ó en sus criaturas, jj asertorio.
Aquel con que se afirma la verdad de
alguna cosa presente ó pasada. Q con-
minatorio. Aquel con que se amena-
za á alguno. || db caluUnia. Forense.
£1 que hacen las partes al principio
del pleito, testificando que no proce-
den ni procederán con malicia. | db-
cisoRio. Párente. Aquel que una par-
te exige de la otra en juicio 6 fuera
de él, obligándose ¿ pasar por lo que
ésta jurare. \ dbfbbido. Dboisobio. Q
bxbcratobio. Maldición que se eáha
uno á sí mismo sí no fuere verdad lo
que asegura. | falso. El que se hace
con mentira. \ jíidicial. F<»fense. El
que toma el juez de oficio ó á pedi-
mento de la parte. [ promisorio. Fo-
rente. Aquel con que se promete al-
guna cosa. I suPLBTORio. Forensc. El
que se pide á la parte á falta de otras
pruebas. || St el juraubnto es por
NOS, LA BUBRA SS NUESTRA POE DtOS.
Refrán que da á entender la facilidad
con que algunos juran en falso por
su propio interés.
ETiHOLoaÍA. Jurar: latín, jüramen-
twn; italiano, ^i»rant««/0; francés,
rmení; provenzal y catalán, iNroMMí.
Jurante. Participio activo anti-
cuado de jurar. £1 que jura.
Jurar. Activo. Afirmar ó negar al-
guna cosa, poniendo por testigo á
Uios, o en sí mismo ó en sus criatu-
ras, j Reconocer solemnemente y con
juramento de fidelidad 7 obediencia
la soberanía de un principe. |[ bh fal-
so. Asegurar con juramento lo que se
sabe que no és verdad. || Echar votos
V reniegos. | jurársela ó jubXbsblas
JURI
m
i ALOUNO. Frase familiar. Asegurar
que se ha de vengar de él.
EnifOLoofA. Latín jürSre, de 7W,
jürit, la le7, la justicia: italiano, ^fV
rare; francés, jurer; provenzal 7 cata-
lán, jurar.
Éeteña. — El iurab es uno de los
hechos á que se da mis importancia
en las Sagradas Escrituras, desde el
Ge'ntsit, que habla sobre este punto
en diez capítulos, hasta el Apoeaiip-
ti4, que le dedica el versículo 6 del
capítulo X.
Juratoria. Femenino. Provindal
Aragón. La lámina de plata en que
está escrito el Bvangelio, 7 sobre la
cual ponen las manos los magistrados
para hacer el juramento, g Adjetivo.
Véase Caución íobatobia. •
Juratorio. Masculino. El instru-
mento en que se hacía constar el ju-
ramento prestado por los magistrados
de Aragón.
EriuOLOafA. Jurar: latín, jm^Ud-
rius; italiano, yt'srsíorio; francés«
ratoire; provenzal, Juratory.
Jurdía. Femenino. Especie de red
para pescar.
Jurel. Masculino. Pez que se cría
en los mares de España. Es de- pie 7
medio i dos píes de largo, azul por el
lomo, 7 ' por el vientre blanco con
manchas rojas. Tiene sobre el lomo
dos aletas, y en cada uno de los cos-
tados una linea de púas.
Jurgina 6 jurguina. Femenino
Hechicera.
Etimología. Latín ywrffÍKJM, quere-
lla: de iurgare, contender, reñir con
palabras; á&jure, ablativo de iu$,jü-
riSy el derecho, 7 hacer. El latín
tiene Jurgatrüt, la que rifle, en san
Jerónimo.
|Juri! Interjección anticuada. Es-
pecie de imprecación.
Juriar. Activo 7 neutro anticua-
do. JuBAB, vulgarmente.
Jurídicamente. Adverbio de mo>
do. En forma de juicio 6 derecho. |
Por la vía judiciaria, por ante un
juez. P Con arreglo á lo dispuesto por
la 107. I En términos propios 7 rigu-
rosos de derecho, en lenguaje legal.
Etíuolooía. Jurídica 7 el sufijo ad-
verbial mente: catalán, jurldicament;
(nncés, juridiquemenl; italiano, (fiuri-
dieameníe.
Juridicial. Adjetivo anticuado.
Judicial.
Juridíción. Femenino anticuado.
Jurisdicción.
Jurídico, ca. Adjetivo. Lo c^ne
está ó se hace según forma de juicio
ó de derecho.
Etdiolooía. Juieiii: latin, JprIíflíflM;
italiano, ffiuridico; francés, juriiique;
catalán, ^KríeítcA, a.
Jurio. Masculino anticuado. Jubo
ó derecho perpetuo de propiedad.
Jurisconsulto. Masculino. El que
Srofesa con el debido título la ciencia
el derecho, p En lo antiguo, ^ intér-
prete del derecho civil, cu7a respuesta
tenía fuerza de 107. | Jurisperito.
BTiMOLoofA. Latín jüritconsültms,
doctor en le7es, jurisperito; Aojas,
jürisj el derecho, 7 connllum, conaul-
TOMO lU
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JURI
tado, .süpino de eon$mtíre, consultar:
CAttXin, juritconsuli; (nncésjuriscon-
.tulíe.
^nrísdicciÓD. Femenino. Poder ó
autoridad qna tiene alguno para go-
bernarr poner en ejecución lasle-
jres. j l^nniao de algún lugar ó pro-
riaeia. p El territorio en que un juez
ejerce aui &eultades de tal. Q Autori-
dad 6 fuerza de alguna cosa sobre
otra. I DBLBOADA. La que ejerce al-
~guno en lugar de otro por comisión
que se le da para asunto j tiempo de-
■ temiinsdo. | forzosa, forense. La que
tiene el superior ó juez respecto de
sus subditos. I ORDINARIA. Forenu. La
que procede del fuero común, en con-
traposición i la privilegiada. | vo-
luntaria. Forensf, La que tiene un
juez sobre los que voluntariamente se
sujetan & su decisión en alguna cau-
sa. I Caer dibajo db la jurisdicción
ó PODBR DB ALQUNó. Fraso metafórica
y familiar. Estar sujeto á su dominio
ó Tolantad. B Declinar jurisdicción.
Frase forense. Alegar alguno no deber
comparecer ni contestar á la demanda
que se le pone ante juez que no es
competente. | Rbasumxr la jdbisdic-
ciÓN. Frase forense. Suspender el su-
perior ó quitar por algún tiempo la
jurisdicción que otro tenía, ejercién-
dola por si mismo en el conocimiento
da algún negocio. [| Kbfundir ó rb-
FUNDiRSB LA JURISDICCIÓN. Frsse fo-
rense. Recaer ó reunirse en una sola
persona ó en pocas la jurisdicción qne
residía en muchas.
EtiuolooÍa. Jurídico: latín, jürit-
(¿icíío; italiano, ^tvrtf^MiOfw; francés,
juriidiction; catalán, jurüdkci¿,jwe-
dicei¿.
Jurisdiccional. Adjetivo. Lo que
pertenece á la jurisdicción. | Sbñorío
JUBumiccioNAL. Feudalismo. El de los
sefiores territoriales de la Bdad me-
dia.
BtuiolooÍa. Jnrisdiccidn: catalán,
jurisdiccional; francés, jurísdietionnel;
italiano, ytW¿'(^tzioifa¿r.
Jurísperícia. Femenino anticua-
do. Jurisprudencia.
ETiyoLOOf A. Latín jñrtftpiriiía.
Jurisperito. Masculino. El que
conoce en toda su extensión el dere-
cho civil y canónico, aunque no se
ejercite en las tareas del foro.
Btivolooía. h^iin ^v.ritphitu$, doc-
to en el derecho; jut, jiris, la jus-
ticia, }a lej, ;r ;)^;íw, perito: italia-
no, ffiar'iijpífi /o; catalán, juritpérit.
Jurisprudencia. Femenino. La
ciencia del derecho. Q Bl conjunto de
Erineipios legales que tiene un pue-
lo ó una época, en eujo sentido se
dice:.LÁ JUBispRUDBNCiA de los anti-
guos; LA JURispRUDBNCiA de los mo-
dernos; la. jurispruosncia romana;
LA JDBispRUDBNClA españols. |¡ Orden
de' hechos establecido por prácticas
constantes, las cuales forman las tra-
diciones reglamentarias de una cor-
oración, como cuando decimos: cta-
es ó cuales disposiciones no se avie-
nen con LA JURISPRUDENCIA del Con-
greso.» l Concepto propio y persona-
lisimo con que un juez interpreta y
JURO
aplica las lejes, ajustándose á lo que
pudiera llamarse su criterio jurídico ó
conciencia le^. Por ejemplo: sen-
tando hipotéticamente que en la pro-
vincia d!e Madrid se cometen pocos
estupros y muchos robos, es eviaente
que la audiencia territorial será. más
severa con los robos que oon los estu-
pros, (>orque así lo .exige una razón
moral insejwrable del espíritu de la
lej, sustancia necesaria d!e todo dere-
cho. Supongamos, por el contrarío,
que en Aragón se cometen muy pocos
robos y muchos estupros, y compren-
deremosperfectamente que la audien-
cia de Zaragoza sea mas severa con
los estupros que con los robos, casti-
gando con mayor grado de penalidad
fas acciones que necesitan major gra-
do de represión. Al hablar ahora de
los mencionados delitos, podremos de>
cír que su pena es mayor ó menor,
según la particular jurisprudencia de
los tribunales de Madrid y de Zara-
goza. U Especie de sanción pública y
solemne de un hacho ejecutado du-
rante mudio tiempo á ciencia y pre-
sencia de todo el mundo, como sí hu-
biera recibido la ejecutoria del con-
sentimiento universal; en cuyo senti-
do se dice: «tal 6 cual cosa tiene en
su abono la jurispbudbncia de la cos-
tumbre.»
Etucolooía. Latín jUritprüdeuíU;
áü jüris, genitivo de ^'m, la justicia,
y jtrüdentlai conocimiento; «conoci-
miento del derecho ó de la justicia:»
catalán, yKrís^rurfíJWta; francés, jurit-
prudence; italiano, giuritprudtnta,
Jurispradente, Masculino. Jubis>
perito.
EtiuolooU. Latín iñritprUdeni, «»•
íis: catalán, iVw/írtóíJií.
Jurista. Masculino. El que estu-
dia ó profesa la ciencia del derecho.
B El que tiene juro 6 derecho á algu-
na eosa.
Etimología. Jmrídico: catalán, ju-
rista; francés, juriste; italiano, yisris-
tat doctor en derecho.
Jurjina. Femenino anticuado. Jur-
aiNA.
Juro. Masculino. Derecho perpe-
tuo de propiedad. [[ Especie de pen-
sión perpetua concedida sobre las ren-
tas públicas, ya sea por merced gra-
ciosa, ja por recompensa de servicios,
ó ya por vía de réditos del capital re-
cibido. I MOBOso. Aquel á cuya co-
branza se ha dejado de acudir por es-
pacio de cierto número de a&os, y
porque el dinero no esté ocioso se vafe
el príncipe de él con la calidad de sa-
tisfacerlo i la parte siempre que acre-
dite su pertenencia, y CÍasbr bl jubo
ó LIBRANZA. Frase. Tbnbr cabiuie.vto
en la relación por antelación. || Ob
.UBO. Modo adverbial. Ciertamente,
I por fuerza, sin remedio. Q ó por juro
I DE HBRBDAD. Modo adverbial. Perpe-
I tuamente, para que pase de padres á
i hijos.
EnuoLOofA. Latín jure, ablativo
!de_;ui, jüris, el derecho tomado ad-
I verbialmente, como vemos en Cíce-
' rón. Quiere decir; con justo título,
I con razón y ley.
JUST
Jtt^arba. Femenino. Planta.
Brusco.
EtiuolooÍa. Juharha. Lsforma^'sf-
barha, que trae la Academia, no tiene
raíz.
Jusello. Masculino. Especie de po-
taje que se haca con caldo de carne,
perqil, queso y huevos.
BriiiOLOGfA. Latínjvf, caldo, ñlsa,
mojeWiu coNDiTUUf salsa bien uzoaa-
da. (CacBRÓN.)
Jnseate. Femenino. Marea.
Btiholooía. Latín deorium, hacia
abajo; latín de la Edad media, ^oiaai,
jusum; fcnacés, jusant; portugués,;*-
sante. (Littré.)
Reseña. — Por juteníe se entiende la
bajada de la marea; y así es que los
franceses dicen: Jtoí et josant; fiujo
y reflujo.
Juagar. Activo anticuado. Conde-
nar á perder por justicia alguna eou.
EtuiolooÍ A. Juagar.
Justa. Femenino. Pelea ó combate
singular que se hace á caballo coa
lanza. 1 Torneo ó juego de á caballo
en que acreditan los caballeros ib
destreza en el manejo de las armas. |
QemaMa, La justicia.
ETiHOLOofA. Latín^Hf^it, plural, for
malidades, cesas convenidas ó ajus-
tadas: catalán, jw/a; francés del si-
flo xii.jotíe; \ui, juste; francés mb-
emOtjoHte, forma incorrecta.
Sentido etimológico. — Llamóse juiia
porque se ajustaba á ciertas reglas,
esto es, porque mediaba t^uiíe ó con-
venio.
Justador. Masculino anticuado.
Ajustador Ó jubón. [| Bl que ajusta.
BtimolooÍa. Justar: catalán, ^Mto-
dor; francés del siglo xii,joutteor; xv,
jousteur; moderno, jouteur.
Justamente. Adverbio de modo.
Con justicia. | Ajustadamente;' y así
se dice: este vestido viene justAHSN-
TB al cuerpo. || Cabalmente, ni 'más
ni menos; asi se dice: eso ha sucedi-
do JUSTA UBNTB como JO pensal». j
Adverbio con que se expresa la iden-
tidad de lugar ó tiempo en que suce-
de alguna cosa; y así se dice: Fulano
se hallaba justaubntb en aquel pue-
blo.
Btiholooía. Justa y el sufijo adrei^
bial mente: Uiíu, justé; catalán, ;'mÍ»-
mení; {nacés, jusíement; italiaDO,yiN^
(amenté.
Justaposición. Yuxtaposición. La
íoxm^justa-jposicidn, que aparece en al-
gunos/^icctosaWof, es bárbara .puesto
que j%tta representa yuta, del Utin
jnxta, cerca. JutUtpottcidn significa
posicid» justa» cuyo sentido no tiene
que ver con ^uxíapotiadn, que P**"*
ción inmediata, contigua, modo de
formación en los minerales; j así de-
cimos que las rocas se forman, aomoa*
tan, crecen, por yiMría/ioitCM^
Justar. Neutro. Pelear ó combatir
en las justas.
ETiMOLoaÍA. Jntta: caUlán, juit^-
Justedad. Femeninoanticuado.U
calidad de justo. || Anticuado. lgu"j-
dad ó correspondencia justa y exacta
de alguna cosa. ,
Jnstesa. Femenino. Cualidad ce
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JUST
JUST
JUSt 28á
lo justo 5 preciso. |j A.Qticuado. 3vs~
TBDAU.
BriuoLOolk,. Jutío: iUluno, pusíei-
ta; francés uiÚgnOt jmtUiá; moderno,
justesig.
1 . Justicia. Femenino. Virtud que
inelinii á dar á cada uno lo que le per-
tenece. Q Teología. El atributo de Dios
por el cual arregla todas las cosas en
número, peso j medida. Ordinaria-
mente se entiende por la divina dis-
posición con que castigólas culpas. |
Ortodoxia. Una de las cuatro virtudes
cardinales, que consiste én arreglarse
á la suprema justicia y voluntad de
Dios. I Derecho, razón, equidad. \ £1
conjunto de todas las virtudes, que
constituye bueno al que las tiene. [[Lo
que debe hacerse según derecho ó ra-
zcÍd;^ así se dice: pido justicia. Q
Pena 6 castigo público. Q El ministro
ó tribdual que la ejerce. H Masculino
antifuado. ALauACiLUAVOR. || dbAba-
oÓN. El magistrado supremo de aquel
reino que, con el consejo de cinco lu-
gartenientes togados, hacía justicia
entre el rej y los vasallos, y entre los
eclesi¿sticosjseculares. Hacía en nom-
bre del rejr sus provisiones é inhibi-
ciones,-cuidaba de que se observasen
los fueros, conocía de los agravios he-
chos por los jueces y otras autorida-
des, j fallaba los recursos de fuerza. Q
DB Di03. Bspecie de imprecación con
que se da á entender que alguna cosa
es indigna, como pidiendb 1 Dios que
U castigue. { db sanorb. Anticuado.
MlBO IIIPBBIO. |] UATOB DB CaSTILLA.
Diguidad de las primeras del reino,
que gozaba de grandes preeminencias
V iáeultades, y s la que se- comunica-
ba toda la autoridad real para averi-
(pur los delitos y castigar á los de-
líncuenteB. Desde el siglo decimocuar-
to se hizo esta dignidad hereditaria
en la casa de los duques de Bejar, en
donde permanece, aun^ne sin ejerci-
cio. Llamábase también de la casa
del rej j reinos. | on uñaría. Foren^
». La que tiene |K)r sí derecho de
conocer en primera instancia de todas
las eaasas ; pleitos del fuero general
qae ocurren en su distrito. | oaIOI^tAL.
La inocencia y gracia en que Dios
critS i nuestros primeros padres. \ Ad-
uiNiSTBAR JUSTICIA. Frsse forense que
dice de losjueces que juzgan sobre
ella, ó hacen que se ejecute lo que es
joito. U La justicia db Enbbo, Ex-
presión familiar con que se da á en-
tender que ciertos jueces, ú otros fun-
cionarios, no suelen perseverar en el
nimio rigor que ostentan cuando prin-
cipian á ejercer sus cargos. || ¡Aquí
as LA justicia! Expresión provincial.
¡Favor á la justicia! [| db justicia.
Modo adverbial. Debidamente, según
«isnciA T razón. § Estab k justicia.
Frase. Estar k dbrbcbo. Q Hacbr
JusTicu. Frase. Obrar en razón con
alguno ó tratarle según el mérito, sin
atender á otro motivo, especialmente
cuando ha^ competencia y disputa. |
la POB JUáTiciA. Frase. Poner pleito,
acudir á algún juez ó tribunal. |j Ju9-
Ticu, MAS NO POK MI CASA. Refrán que
io«eba que todos desean que se cas-
tiguen los delitos; pero no cuando Son
ellos los culpados, | Oír en justicia.
Frase forense. Admitir eljuezjse-
fuir la demanda según los términos
el derecho.]! Pedir bn justicia. Fra-
se forense. Poner demanda ante juez
competente. |[ Penm justicia. Frase.
En el sentido recto vale acudir al juez
para que la haga, y se extiende á sig^
nificar el pedir con razón y equidad
en cualquiera materia. | Poner pob
justicia. Frase. Demandar á alguno
ante el juez competente. || Tenerse X
LA justicia. Frase. Detenerse j ren-
dirse á ella. I Familiar. Castigo de
muerte. Así se dice: en este mes ha
habido dos jvsticias. | Db justicia
en justicia. Se dice de loa desterrados
que se conducen de pueblo en pueblo
o de alcalde en alcalde hasta su des-
tino.
ETiMOLoaÍA. Jutto: latín, jnsíUía;
italiano, ffivslizia; francss, Jusíice;
provenzal, justicia; ^talán, jmtida;
portugués, jiatiea; burgutftón, jeus-
tice.
Reseña. — 1. Jurisprudencia. — Jus-
ticia distributiva. La que arregla la
proporción con que deben distribuir-
se las recompensas y los castigos.
2. Justicia conmutativa. La que re-
ffla la proporción equitativa que debe
haber entre los objetos, cuando se
dan unos por otros.
3. Justicia de fuero interno. Ani-
mo decidido, voluntad perfecta y há-
bito constante de dar á cada uno lo
que es suyo.
4. La le^ escrita con relación á la
naturaleza de las causas 6 de los ne-
gocios que se ventilan en vías de de-
recho-,, j así decimos: justicia civil;
justicia criminal.
5. La justicia divÍM* La moral Su-
prema.
6. La justicia Awmm. La moral
del mundo.
7. La justicia. La administración
de justicia en toda la nación.
8. Justicia de Diot, Castigos de
la Providencia.
9. Feudalismo. — Justicia real. La
que se ejercía en nombre del ny.
10. Justicia patrimonial 6 señorial.
La que se ejercía en nomb/e del señor.
11. Justicia manual. La que daba
derecho al señorío de apoderarse de
los muebles del pechero, por razón
de atrasos en las rentas.
12. Su última perfección no se tie-
ne en esta vida, en donde vivimos con
pecado. (Génesis, VI, 3; VIH, 21. J
SiNONmiA. Articulo Rimero.— -3vs-
TiCiA, EQUIDAD. La jwftcía, consídcra-
da como sinónima de equidad, es una
obligación á <^ue se ha sometido el
homore reducido & sociedad, y que,
por consiguiente, se debe arreglar
psr la le^ positiva. La equidad es una
obligación fundada en los principios
de la lejr natural, que no está sujeta
á le^es humanas, antes bien éstas,
para ser justas, deben arreglarse á
ellas. Y así la justicia impone deter-
minadamente la obligación de dar á
cada uno su derecho, de la cual no se
puede separar, ni el juez que la ad-
ministra, niel individuo respecto de
su igual, sin exponerse á que una au-
toridad superior Ies obligue por fuer-
za á su observancia; pero la equidad
modifica aquella misma idea, repre-
sentándola respecto del juez con reía*
ción á aquella moderación prudente
con que, sin faltar á \a justicia, regula
en caso necesario el derecho dudoso,
las circunstancias, las recíprocas con-
veniencias, etc.; y respecto del indi-
viduo con relación á una obligación á
cui^ cumplimiento no se le puede
obligar con la autoridad legal, pero
que le imponen la honradez, la con-
ciencia ú otras consideraciones pode-
rosas.
Los arbitros juzgan muchas veces
más bien por una prudente equidad,
que por ei rigor de la justicia.
hh justicia exige que paguemos á
nuestros acreedores, y \tí equidad, que
socorramos á los menesterosos. (Huer-
ta.)
Articulo secundo. — Justicia, recti-
tud. La justicia consiste en el respeto
de los derechos ajenos; la rectitud, en
la estricta y escrupulosa observancia
de las leyes morales. Ia justicia no se
ejerce mas que en casos de conflicto
entre pretensiones ó derechos opues-
tos; la raiíitud, en todas las acciones
de la vida. El juez es justo cuando
sentencia con acuerdo á lo probado;
es recto cuando resiste á empeños, so-
duceiones y amenazas. (Mora.)
2. Justicia. Femenino. Mitohgia.
Diosa de los antiguos romanos, que
se representaba bajo la forma de una
virgen de aire severo, teniendo en
una mano el cuerno de la abundancia
ó una espada, j en la otra, una ba-
lanza.
Justicia (derbcho de). Historia de
la Edad media. Atributo de la sobe-
ranía, ora real, ora señorial, de la cual
hablaremos aquí. El señor feudal ad-
ministraba tresjusticiasta^fo, M«t/tay
baja. El seflor. alto justicibrO couocui
en todas las cansas civiles, no exeep:-
tuadas de su jurisdicción por lejes
expresas del soberano. En materia
criminal y en punto al régimen del
Estado, su autoridad estala limitada
por la del rej; aun cuando podía im-
poner la pena de muerte, si era señor
de horca y cuchillo, El medio justicie-
ro conocía únicamente en primera
instancia, tratándose de las causas ci-
viles. En lo criminal, su competencia
estaba reducida á imponer pequeñas
penas corporales y multas. Él bajo
JUSTicxRRO no conocía más que en las
acciones personales ó reales hasta de-
terminadas sumas, así como en cier-
tos delitos que se castigan con multas
de poca cuantía.
Justicia ma^or. Masculino, ifú-
toria. Gran justiciero, magistrado in-
violable y sagrado, creado en Aragón
para ser protector del pueblo, á seme-
janza de los tributios de Roma, y re-
presentante del rey, á semejan ^.a de los
eforos de Esparta. A fuer de intérprete
supremo de las leyes, podía recurrirse
á el contra las sentencias de losjueces
reales ó señoriales, oficio de impor-
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2S4 JUST
JüST
JUST
tBQCíft suma en aquellos tiempos, en
que la inmunidad v el privilegio do-
minaban en todas Tas esferas. Él jus-
ticia MAYOR, custodio de las liberta-
des del país, era quíen recibía del
inonarca, á su advenimiento en el
trono, el juramento de g^rdar los
fueros j estilos, teniendo eu su pecho
la punta de la espada desnuda del
iusTicu MAYOR. Ésta Ceremonia se
veriftcó hasta Pedro I, ó sea hasta
fines del siglo xi. El magistrado ara-
gonés extendía su jurisdicción á los
actos de los ministros, á quienes po-
día excluir de la dirección de los ne-
gocios; á la proclamación, á las orde-
nanzas y á la misma conducta del rejr.
Desde los primeros tiempos de la mo-
narquía, EL JUSTICIA fué escogido por
el re/ entre los nobles de segundo
orden, interesados en serrir de con-
trapeso á loa ricos-homes, como tam-
bién al- poder real, j hasta el aíio 1347
pudo ser revocado por el monarca, y
aun quedar aigeto a confiscación, de-
gradación j muerta. Habiendo llega*
do á ser fd único representante de los
fueros, por la abolición del prtviUoio
de imiií*, que permitía á los grandes
confederarse contra la corona cuando
creían violadas sus inmunidades, fué
declarado inamovible, y esta inamo-
vilidad fué confirmada por las Cortes
de 1442. Pero, al mismo tiempo, era
responsable ante las Cortes j ante la
comisión permanente, que cada asam-
blea nombraba al terminarse r que re-
gularizó unalev de 1461. En 1591 , Fe-
Upe II, aprovechándose de un tumulto
de los aragoneses, suprimió aquellos
fueros que no eran compatibles con la
autoridad real. El justicia matos
Juan de Lanuza pagó con su cabeza,
y aunque la dignidad de Justicia si-
guió aparentemente, fué en realidad
abolida, y su poder abrogado por el
rej, como antes de 1347, sin tener
ante el del monarca importancia al-
guna.
Justiciador. Masculino anticuado.
El que hace justificación.
Justiciar. Activo anticuado. Ajus-
ticias. [| Anticuado. Condbnab.
Justiciazgo. Masculino anticuado.
El empleo ó dignidad de justicia.
Justicieramente. Adverbio de
modo. Con arreglo á justicia. |j Que
castiga con rigor los delitos.
EtimolooÍa. Justiciera y el sufijo
adverbial mente.
Justiciero, ra. Masculino y feme-
nino. El que observa y hace observar
rigurosamente la justicia. | El que
castiga con rigor los delitos; jen este
sentido llamamos JUSTiCiRfto al rey
Don Pedro.
EtimolooÍa. Justicia: provenzal,
juslicier; catalán, jiMíicjíf, a; francés
Rntigao ^jiaticiere,jusiiceor; moderno,
justicier; italiano, giustUiere,
Justificable. Adjetivo. Que puede
justificarse.
Etiuoloqía. Justificar: italiano,
gi%stiji(able; francés, jusii^aUe,
Justificación. Femenino. Confor-
midad con Injusto. | Forense. Proban-
(^0.6 hace el reo de su justicia, des-
vaneciendo los cargos que se le han
hecho. ¡¡ Prueba convincente de algu-
na cosa. I Teología. Santificación in-
terior del hombre por la gracia, con
la cual se hace justo. || Imprenta. La
justa medida del largo que han de te-
ner los renglones que se ponen en el
componedor. \ Fundición de caracteres
de imprenta. Comparación de la letra
nuevamente fundida coa la letra ma-
triz.
JiTitíOLOoU. Juiti^car: latía de san
Jeiúnimo,Jtuti/lcátto, indemnización
del delito imputado, forma sustanti-
va abstracta aejustí/lcatus, justifica-
do; cít&lin, jutlificació; ínncésy^to-
venzail, jttsti^caiion; italiano, yÍMíi^-
catione.
Meseña.—'l. Justificación teoló^i-
ca. Zuíeranismo. Imputación de la jus-
ticia del divino Verbo, el cual, ha-
biendo pagado las culpas de todos los
hombres, hizo necesaria la no impu-
tación del pecado.
2. Doctrina católica. — Infusión de
la gracia que borra el pecado y da
santidad i nuestro espíritu, hacién-
dole agradable á Dios. (Bossubt, R¿-
fiexions sur l'écrit de Moianus.)
3. La JUSTIFICACIÓN del impío no
solamente se atribuye á la fe; sino
también á otras virtudes, como á la
esperanza f ^Ofltaaof, VIIl^ :2^^;ála
caridad (Éxodo, XX, 6; Proverbios,
X, 12; San Lucas, VII, 47 j; il te-
mor (Éelesiásticot /, 27, 28)f y á las
obras de penitencia (Sabiduría, X/,
24.)
4. Tratándose de la justificación
por la penitencia, se citan los ejem-
plos de la Ma^aiena, del hijo pródi-
go y del publicano.
Justíflcadaniente. Adverbio de
modo. Con justicia y rectitud. | Con
exactitud, sin discrepar.
EtimolooÍa. Justificada y el sufijo
adverbial nwMtó: catalán, _;i«/t/ícaí¿a-
me^t; fnnoéstjustifiabiementi italiano,
ffius tificaíamente.
Justificadisimamente. Adverbio
de modo superlativo de justificada-
mente.
Justiflcadisimo, ma. Adjetivo su*
perlativo de justificado.
Justificado, da. Adjetivo. Lo que
08 conforme á justicia y razón. |j Se
aplica al que obra con arreglo ¿ di-
chos principios. |j Teología. Él que ha
recibido la justificación. En este sen-
tido, suele usarse sustantivamente,
como cuando se dice: «el justificado
está seguro de sí mismo;» «los justi-
ficados no temen el juicio del mun-
do.» II Participio pasivo de justificar.
Etimología, haitin juslíftcdtus, par-
ticipio pasivo deyaífí/ícarí, justificar:
cítzUü, justifica í, da; {nams^Justífie';
itAViAuo, jitaíificaio.
Justificador. Bfasculino. Santifi-
CADOK.
Etimología. Justificar: latín, jusíí-
ficaior (eu Quichbbat, Aiideti4a), y
;'usít/)íca¿rt£, femenino, en Ttirtulíano;
\\»\\AXvo, giusíificatore; francés, jtisti-
Jicaíettr.
Justificante. Participio activo ¿a
justificar. Lo que justifica. Q Teotegia,
Que infunde la justicia de ta gracia;
esto es, que nos hace justos en el fue-
ro interior. U Masculino plural. Los
JUSTIFICANTES. Los documentos justi-
ficativos,
Etiholooía. Latín justifican», ju-
üfícantis, participio de presente de
jusítficSre: cntiiún, jusíificant; fnií-
cés, justifiant; iiaMuao, Justificante»
Jostiflcar. Activo. Hacer Dios jus-
to ¿ alguno dándole la gracia. I Pro-
bar judicialmente alguna coia. ¡ Pro-
bar alguna cosa con razones conviu-
centes, testigos y documentos, y Rec-
tificar ó hacer justa alguna cosa, g
Ajustar, arreglar alguna cosa con
exactitud. H Probar la inocencia de
alguno en lo que se le imputa Ó pre-
sume de él. Se usa también como re-
cíproco, p En la imprenta, igualar el
largo de las líneas según la medida
exacta que se ha puesto en el compo-
nedor.
Etiholooía. Latín jusíífican, de
jnstus, justo, y fitcare, tema frecuen-
tativo de /oc^, hacer: catalán, ^si/»-
ficar; fnneén, juitifier; italiano, ^tM-
íificare.
Justificativamente. Adverbionuh
dal. De un modo justificativo,
Etiholooía. /«fíf/feaít'oa el sufijo
adverbial meni€.
Justificativo, va. Adjetivo. Fo-
rense. Lo que sirve para justificar al-
guna cosa; y así se dice: instrunuo-
tOS JUSTIFICATIVOS.
Etiholooía. Justificar: provenzal,
justificaíiu; catalán, Justificatiu, w;
francés, jusíijwtif; italiano, giusti-
ficativo.
Justillo. Masculino. Vestido inte-
rior sin mangas que cifie el cuerpo, /
no baja de la cintura.
Btiholooía. JmHo: eatalán,jsf<(¿ío;
francés, juste.
Justínianol. Emperador de Orien-
te V uno de los más sabios legisladores
del mundo, hijo de un humilde labra-
dor, que nació en Taareslo, pueblo de
Dardanía, en 484, y ocupó el trono de
527 á 565. Elevado al imperio su tío
Justino, le educó con el más cuidadoso
esmero; le díó títulos de nobleza y le
invistió con las dignidades de jefe su-
Íremo de los ejércitos y de consol.
UST1NIANO, correspondiendo á estas
beneficios, rechazó al príncipe godo VÍ-
taliano, que aspiraba al trono, y se
captó las simpatías del pueblo por las
prodigalidades de su consulado, y del
elero porsu escrupulosa ortoduzia. Ce-
ñida a sus sienes la corona imperial por
abdicación de su tío, después de una
f uerra defensiva contra Persia (5^ J
32), sostenida especialmente pvr el
valor de Belisario, Justiniano resol-
vió dar uua sólida constitución al im-
perio romano. Era preciso ante todo
arrojar á los bárbaros de las provin-
cias de que se habían hecho dueños,
y obedeciendo sus órdenes, Belisano
destruyó el imperio de los vándalos
en Africa (532-634) y empezó por los
ostrogodos la conquista de Italia, qu«
liabía de terminar Narsiis. Una par-
te de la costa occidental de España
fué tomada á los visigodos, en o52,
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JUST
JUST
JUST 285
jr ana nueva g-uerra contra los persas
(540-562) aseguró á JtisriNiANO la
Cólquida, j á ios cristianos de ta Per-
sía la libertad de su culto oon la con-
diciÓB de pagar un tributo de 3.000
píaxaa de oro, mientras los búlgaros,
^ue habían atravesado el Danubio
t{)59),faei«B MchaxadoaparBeliaarío.
Nuestro personaje hizo construir de
añera planta la iglesiadeSaotaSoña,
en Conatantinopla; joonstru^ó jr repar
ró mn considerable número de ^^as
fuertes en Dacia, en Tracia, en Tesa-
lia, en Macedonia. en Bpiro j en las
odllaa del Eufrates, j reedificó la mu-
ralla con que Anastasio había prote-
fido á Consta utínópl a. En su reina-
o, dos monjes nestorianos trajeron
de la China los primeros gusanos de
seda, j sobre todo, se llevó á-cabo el
gsan pensamiento de la reda^ctán da
un cuerpo de legislación, obra qne con-
firió á Triboniano y á otros jariacon-
sultos. fin 529, apareció, bajo el nom-
bre de Código^ una nueva colección de
las Constituciones romanas, más com-
pleta que las de Grmirio, Hermóge-
aes j Teqdosip II. Su 530 publicó el
Dyfsto ó Pandeelat; compilación de
las obniA átí los grandes jarisaonsal-
tos; sobre todo, del siglo u, y las
Instituía* extractadas principalmente
de Gaio; en 534, dio á luz la segunda
•dición del Código, que es la que ha
llegado á nosotros, jr con las Novelas
puso ténnino á su obra. Salvo este
último cuerpo, los trabajos legislati-
vos de JuaTiNUNO no son más que
compilaciones que están mujr lejos de
sw perfectas bajo el punto de vista
del método ^ de la composición. Con
nzÓQ se ba censurado á Triboniano
j i sos. .colaboradores por haber mp~
dificado j &lsificado más de ana Tes
los textos los antigaos j uriseonsul-
tos, para ponerlos de acuerdo con la
politi&a del podqr absoluto, que reina-
ba eq aqael tiei^po, habiendo dado por
resultado una obra confusa, indiges-
ta, ininteligible j contradictoria. Sin
embargo, la compilación justíniaoa,
llamada Corpus j%rit civilis, ha hecho
llegar hasta nosotros una parte de los
monumentos de la le^slación roma-
na. Su influencia en el Oriente fué
escau, porque nuevas lejes, suce-
diéndose sin cesar, impidieron siem-
pre su aplicación; pero en Occidente
su trascendencia fué inmensa. A.I re-
nacimiento del derecho romano en el
siglo xu, el texto del Corpusjuris ci-
fltw fué cabierto de glosas; íoa juris-
consultos, salidos de las escuelas de
Italia^ se convirtiera en consejeros
de los emperadores en su lucha contra
los papas; j de los reyes, contra el
fenoahsmo, de donde resultó que las
le/€8 de JusTiNtANO, encarnando en
lu instituciones, en los usos j en las
coMumbres, fueron la base sobre que
descansa todavía una gran parte del
derecho civil de los pueblos de lüuro-
pa ^ de las nacíoues civilizadas en
toda ta tierra. Mirada ta cuestión de
este modo, JusTiNiANo es uno de los
hombres que han dejado más pensa-
mientos y más memorias en el mun-
do. Pero los hombres no son perfec-
tos, j el gran emperador tuvo que
rendir vasallaje á las flaquezas de la
humanidad. JuSTiNXAHoeasóecn Teo-
dora, antigás eomadianta del eíroo,
tanjsélebre por su hermosura como
por su licencia. La astuta cortesana
se ense&oreó de tal modo de su mari-
do, que lo envileció hasta el punto de
tomar parte en aquellas rivalidades de
azules j de verdes que ensangrentaron
más da una vez las arenas del circo;
que dieron margen á la conspiración
de Níka; qne produjeron la desgracia
de Belisario, y cerraron la famosa es-
cuela fílosófica de Atenas.
Jnstiniano (Códioo db). Masculi-
no. Código de JusTiNiANO, dividido
en 12 libros, el cual comprende las
Constituciones de los príncipes, desde
Adriano hasta Justiniano mismo, que
le mandó formar. Salió á luz por pri-
mera vez en al año 529 de la era cris-
tiana y, corregido y aumentado, vol-
vió á publicarse nuevamente en el
534. (Db MiouBL y Mobantb.)
Jostíno. Célebre historiador latino
del siglo u. Floreció, según se cree,
en el reinado de los Antoninos. — De
él nos ha quedado la historia titulada:
Hisioriarum Philippicarum et íotius
mundi oriffinum ex Ttogo Pompeio ess-
cerpíarum Ubri XLIV. La mejor edi-
ción de esta obra es la publicada por
Dübner, en Leipzig, 1S31, en 8." (Db
MieuEi. y Mobantb.)
Justiprecisüble. AdjetÍTO. Que
puede justipreciarse.
Justipreciación. Femenino. Ae-
(HÓn ó efecto de justipreciar.
Justipreciadamente . Adverbio
de modo. Con jastiprecio.
BtiuolooU. Ju$ttpreeiada y el sufi-
jo adverbial mmte.
Justipreciador, ra. Masculino y
femenino. Bl que justiprecia.
Justipreciar. Activo. Apreciar y
tasar alguna (osa.
Juatfprecfo. Masculino. Tasa-
ción.
EtihologÍa. Justo y precio,
Justiaimamente. Adverbio de mo-
do superlativo de justamente.
Jastisimo, ma. Adjetivo si^perla-
tivo de justo.
Justo, ta. Adjetivo. £1 que obra
según justicia y razón. | Lo que es
arreglado á justicia y razón. ¡El que
vive según la le^ de Dios. || Teología,
Bl que se encuentra en estado de gra-
cia. Cuando se toma en este sentido,
se emplea sustantivamente; y así se
dice: «la gloria es el reino de los ju&*
TOS.» I Lo (|ue es igual á otra cosa,
ja sea en numero, jra en peso ó medi-
da. II Masculino. Germaula. Jubón. ||
Adverbio de modo. Justamente, debi-
damente. II Apretadamente. Con es-
trechez. I Al justo. Modo adverbial.
Ajustadamente, con la debida propor-
ción. II Cabalmente, apunto fijo. |¡ Kn
JUSTOS Y cbbybntes. Modo adverbial
familiar de que se usa para asegurar
que uua cosa es cierta. || Pagar jus-
tos pob racADOftBS. Frase con que se
explica que á veces pag>an los inocen-
tes por los culpados. |
EriMOLOofA. h^ii'o.jusiusy participio
pasivo del antiguo ^tt^.'O, yo mando,
lurma verbal deyiu, el derecho.
1. £1 latín jm está en relación con
la raíz sánscrita ya, juntar, reunir,
porque el derecho viene á ser una liga
social. (Cita de Littbí.)
2. De Diia, Dios, perdida la i/, sa- •
cao algunos autores tus^jut, la justi-
cia, principal atributo de Dios. (Cita
de ^NLAU.)
3. Bu efecto; /w puede representar
dius, forma primitiva da Peus, Dios,
como Jovis representa Diovis; ó cjmo
jam representa dtam. La forma cuadra
y el sentido es perfecto; pero el sáns-
crito gu, adaptar, ajustar una cosa
con otra, reunir, nos ofrece la forma
gitis, acuerdo, ^ne parece llevarnos á
justus, justo, ó a Jut,Íüris, ta justicia
esto es, la unión, al lazo que junta á
todos los hombres. Como el lector ve,
esta etimología queda en suspenso,
esperando nuevas noticias.
SiNOmuiA. Articulo primero. — Jos-
to, bquitativo. Estos términos desig-
nan an general la naturaleza da nues-
tros deberes hacia los damas. Lo que
distingue éí sentido d« estas palabras
es la idea del fundamento an que es-
triban estos deberes.
Lo que es ^'«1^, se hace eo virtud
de un aereebo perfecto y rigoroso: su
ejecución puede exigirse por la fuer-
za, ai no se satisface voluntariamente.
Lo q^ue es equitativo, no se hace sinj
en virtud de un derecho imperfecto v
no rigoroso: su ejecución no puede
exigirse, sino <]ue pende del honor
de la conciencia de cada uno.
El contrato de alquiler da al pro-
pietario el derecho de exigir del in-
quilino, aun por fuena, el alquiler ó
paga de la caaa; es, ^vi9», justo pa-
garlo, y es ana ¿uai/tda eludir ó
rehusar an pago. M pobre no tiene
sino ua derecho imperfecto & la li-
moma <jue pide, y no puede exigi^rla
de justicia; pero el principio de la
igualdad natural la constituve un de-
ber para la conciencia del hombre
rico; es, pues, equitativo cumplir con
esta obligación y el dispensarse de
ella, cuando se puede cumplirla, sí no
es una injusticia, es al menos uua
iniquidad.
Las lejes positivas son las <iue es-
tablecen el derecho rigoroso; los prin-
cipios de la ley natural son los que
establecen el derecho mano$ rigoroso
conforme á la igualdad natura), y los
que, por consiguiente, determinan lo
que es equitativo ó inicuo.
La justicia está, pues, fundada en la
ley; pero la ley misma, para someter
las voluntades á la obediencia, y para
no ser tiránica, debe estar fundada en
la equidad, cuyas sanas máximas son
eternas, y deben ser el tipo de todas
tas leyes.
Los arbitros juzgan ordinariamen-
te más bien por las reglas de la «^ai-
dad que por el rigor de la justicia;
pueden hacerlo así, porque las partes
son libres en instaurar demanda ante
los tribunales, si no quieren confor-
marse con la decístÓa de los árbítros;
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2S6 JUVE
JUVE
JüZG
V deben hacerlo así, porque ejercen
un ministerio de conciliación y de
paz, que siempre supone medios ra-
zonables.
Los jueces subalternos ó inferiores
»inuuos Jueces de rigor, que no de-
ben desviarse en nada de \ajus¿Ícia,
parque no son más que los ministros
de la ley. Los jueces de los tribunales
supremos deben juzgar según equidad,
cuando la lej, por cualquiera razón
que sea> está en contradicción con sus
máximas; pues la parte de autoridad
que les esta confiada por el legislador*
los hace á la vez ministros i intérpre-
tes de la ley. (Uarch.)
Articulo s^wu¿o.— Justo, justxcib-
RO. Justo es el hombre que desea dar
á cada uno lo que es suyo, aun cuan-
do se equivoque después y sea injusto
en el hecho. Para wt justo, basta que
quiera serlo en el santuario de su con-
ciencia.
Justiciero es el hombre que hace
justicia^ aunque no obre en su alma
el de'seo moral del hombre ^luto.
El justiciero busca una sentencia.
El justo una razón.
KXjuitieiero es una práctica.
S\ justo es un convencimiento.
Acerca de la etimología de estos
nombres, dice Monlau: <L)e/>i«5 (ge-
nitivo de Zeus, aplicado á Júpiter),
perdida la d, sacan algunos autores
las voces latinas »»,/», el derecho;
y iusíiíiatjustitúti 1» justicia, princi-
pal átributo de Dios.»
iLástima, dirán más de cuatro, que
la justicia, derivación de Dios, no sea
administrada en el mundo por la in-
teligencia soberana de donde pro-
cede!
Jttsto (P&PiRio). Disting-uido ju-
risconsulto. Floreció después de la
muerte del emperador M. Aurelio An-
toninb. Tenemos en el Digetto algu-
nos fragmentos de sus 20 libros de
Constituciones. .j(DB MiauiL y Mo-
rante.)
Juta. Femenino. Pájaro de las In-
dias occidentales, muy semejante á
las aucas, que los salvajes de ta pro-
vincia de Quito crían en sus habita-
ciones.
Jutia. Femenino americano. Hu-
tía., animal cuadrúpedo.
Jntnrna, Yuturna.
Jauicio. Masculino anticuado.
Juicio.
Javada. Femenino. Jovada, en
Aragón.
Javara (Fblipb). Arquitecto ita-
liano, que nació en 1658 y murió
en 1755. Fué discípulo de Carlos Fon-
tana, é hizo varias obras de méri-
to en Mesina, su patria, Tarín, Mi-
lán, Mantua, Roma y otras ciudades
de Italia. Llamado i Portugal por
Juan V, did los planos para la iglesia
patriarcal y el palacio real de Lisboa,
y últimamente, habiendo pasado áBs-
pa&a, por invitación de Felipe V, á
reediñcar el antiguo alcázar de Ma-
drid, que acababa de destruir un in-
C'jndiu, murió al empezar á trazar tos
planos.
Juvenal. Adjetivo anticuado. Ju-
venil. Aplicábase mis comunmente i
los juegos que instituyó Nerón, cuan-
do se cortó la barba y la dedicó á Jú-
fiiter, y al día que afiadió Calígula á
as saturnales para que lo celebrasen
los jóvenes. ,
Etiuoloqía. hsXivíjiivh&lis! nivs-
NAUs dies, el día de la juventud, que
era el añadido á los délas saturnales
(SuBTONiu): jiv^alia, fiestas en ho-
nor de los jóvenes, equivalentes al 3U-
VBNAUS ludus, juego juvenal, qne se
halla en las inscripciones.
Juvenal (D. Junio). Famoso poeta
latino satírico, que nació en Aquino,
ciudad de Italia, el aflo 42 de la era
cristiana y se distinguió como orador
antes de darse i conocer como poeta.
Escribió su primera sátira en tiempo
de Domiciano; las más, en el reinado
de Trajano, y la décimatercia y déei-
maquinta, en el de Adriano. Él his-
trión Paris, favorito de esjte último, lle-
no de resentimiento por verse aludido
en la sátira séptima, intrigó para que
le desterrasen; y en efecto, á pesar de
su edad avanzada, le enviaron á Egip-
to con el especioso pretexto de que
mandase una legión, y allí se cree
que murió, contando ya más de 80
años. De él nos quedan 16 sátiras, lla-
nas de fuego y vehemencia; pero el
estilo es oscuro y poco natural, y tan
libre en algunas ocasiones, qne se
hace muy peligrosa su lectura. Una
de las mejores ediciones de estas sá-
tiras es la publicada por Ruperti en
Leipzig, 1820, 2 volúmenes en 8."(Db
MiaUBL y MORANTB.)
Juvenales. Femenino plural. Á%-
tiaüedades. Fiestas que celebraban los
jóvenes de Roma después de las satur^
nales,
BtwolooÍa. Juvenal.
Juvenalius. Femenino. Fiestas que
celebran los romanos en honor de Ju-
Tenta.
BmK»XK»{A. Juvenales.
Juvenco, ca. Masculino y femeni-
no anticuado. Novillo, lla.
Etiuolooía. Latía jü«ñK«f, joven,
hablándose de animales: jcvencus
(bosjt novillo. (ViBoiuo.)
JuTenoo (Vbcio Aquilino). Pres-
bítero y uno de los primeros poetas
cristianos, que nació en España de
una familia ilustre. Floreció en el rei-
nado de Constantino Magno, de quien
hace mención al final de su obra, y
debió escribir antes del año 337, en
que falleció este principe. De Juven-
co nos ha quedado la obra titulada:
ffistoria epaugelica libri IV, escrita
en versos hexámetros, la cual no es
otra cosa que la historia de la vida de
Jesucristo, donde sigue con laudable
fidelidad el texto délos cuatro evan-
gelistas. Monsieur Ladvocat dice que
su Tersifieación es de muy mal gusto
(d'uumauvaitfoüt) j su latinidad pé-
sima, sin un adarme de pureza (et sa
laíiniíén'ettpoint puré). Otros, sin em-
bargo, ven las cosas de muy diferen-
te modo, y el sabio Furlanetto, que
no es español por cierto, y á quien
nadie podrá negar con justicia su
gran voto en la materia, dice que Ju-
VKHCO en esta obra perspicua eatis et
nativa %tiíur dtcfione, Quizá hubiera
formado el se&or abate un juicio me-
nos desfavorable de nuestro compa-
triota, si, como nació en España, hu-
biese nacido al otro lado de los Piri-
neos. (Db MiauBL y MoRANTa.)
Jnveml. Adjetivo. Lo que psrta-
nece á la juventud.
Etiuolooía. Joven: latín, ^'jívlsl/u,-
italiano, ^iooeniUf giowmUe; francés,
juvenile; provenzal, joveml, JwnU;
catalán, y «vmi^
Juventa. Femenino. Mitología.
Diosa que presidía á la edad de la
adolescencia.
BnuoLoofA. Latín /tsAiIss, perso-
nificación mitológica de la edad juve-
nil. (QtCBaÓN, Hoaacio.)
Juvantud. Femenino. La edad que
media entra la niñee y la edad viril.
I Bl conjunto de jóvenes.
BnuoLoaÍA. Jotten: latín, y^eluíiM,
jiventUtis; itkíi*no, giopeník, ^iovinez-
ta; íruacés, jeuneue, juvéñlttá; etiUL-
liUfjuventut.
Juxtapoaición. Yuxtaposición.
Juyabal. Masculino. Uno de los
nombres del azufaifo.
Juzgado. Masculino. La junta de
jueces que concurren á dar sentencia,
y comunmente se da este nombre al
tribunal de un solo juez, y también al
sitio donde se juzga. | Judicatura, em-
pleo ú oficio c^e juez, y juzgado t sbn-
TBNCiAOo (estar i). Frtse ftmitiar.
Quedar obligado á oir y eonssntir la
sentencia que se diere. | Participio pa-
sivo de juzgar.
Btiuolooía. LsLtÍtljSdttílíUS,l^TÚ~
cipio pasivo de jfkltckre, administrar
justicia, establecer ^ determinar el
derecho: italiano, gtudicaío; francés,
jug/; catalán, yWtcaí, da.
Juzgador, ra. Masculino y feme-
nino auticuado. Jukz.
BnicoLOofA./iM^ar; proTensal,y«f-
gairejutjaire, jutgador^jmjador; fran-
cés del siglo jxWfj^ere, jugeor; mo-
áerao, ju^eurr en sentido irónico; ita-
liano, giudifMtore, El latín tiene jSdt'
tíitrÚB, jVdMtrieit, la que juzga ó de-
cide, en Quintiliano, lo cual supone
la fotcoA judicator, jüdicatdriSf juzga-
dor.
Juzgaduría. Femenino anticuado.
Judicatura, cargo ú oficio de juez.
Juzgamiento. Masculino anticua-
do. La acción y efecto de juzgar.
Jnzgamundoa. Común de dos. El
murmurador.
Juzgante. Participio activo de jua-
gar. El que juzga.
Juzgar. Activo. Dar sentencia co-
mo juez. I Persuadirse de alguna cosa,
creerla, rormar dictamen. || Anticua-
do. Condenar á alguno por justicia
en la pérdida de alguna cosa, confis-
cársela.
ExiMOLOOfA. Latín jSdtcSre, dar
sentencia , forma verbal átsjüdex, jS~
dicis, el juez: italiano, yiWtcar»; fran-
cés, j'a^w; provenzal, jutíafj jutgar;
cataíaUiyiKnair; portuguu, yaiyar
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K ■ Duodécimaletn del alfib«to eaa-
tellaao, y novena de laa oopsonaates.
Ha astado en desaso por espacio de
bastantes años, sapliéndose, como to*
davía se suple en algunos vocablos,
con la C antes de laSTOcales A, O, U,
/ eoD la Qiinterponiéadose laU, antes
de la B j de la I. g Entre los latinos,
la K significa kalendas, 6 calendas,
como ordinariamente se escribe aho-
ra. Como letra numeral, valía dos-
cientos j cincuenta; j popiÓudola una
nyiUi encima, X, valia doscientos y
einenenta mil. Su nombre es ká. || Las
voces que escribimos con proceden
de las lenguas siguientes: , alemán,
ánbe, chino, flameneo, ^iego,,groe-
landés, hebreo, holandés, indio, in-
£lés, japonés, latín, malabares, ma-
ijo, persa, ruso, sueco, tártaro; /al-
guna que otra voz de los dialectos del
Africa j América. |j Gravtáíiea sans-
criU. Ka la primera de las siete con-
sonantes ^turales. \ Gramática he-
brea. Undécima letra del alfabeto he-
breo, cu;^o sonido es Ao^. Jj. Gramática
¿rabe. Séptima letra del alfabeto ára-
be, Jka, perteneciente al. número de
las Utra» lunabks, y vigésimasegiin-
da, íéf, y Gramática griega. Decima
letra del alfabeto, cujo sonido es <(<í;i'-
pa. I Undécima letra de los alfabetos
alemán, ing^lés, francés j catalán.
I Numismática. K es la marca de las
monedas acuñadas en Burdeos, fl Bpi-
frajía, &n las antiguas medallas y
monedas de los emperadores de Occi-
dente, quiere decir Con^UmOño; y en
Us inscripciones de la Edad media,
K*rolut, Carlos; cuja abreviatura
adoptaron en las monedas nacionales
diferentes monarcas de Inglaterra. ||
Historia antigua» Los antiguos roma-
nos marcaban la K con un hierro can-
dente en la frente de los calumniado-
res. I Literatura latina. Undécima le-
tra del alfabeto, usada por los priegos
y apenas empleada por los latinos,
que la sustituyeron por la C. || El la-
tín antiguo tiene las formas Kato,
Kálhtda, Kana, Kanu», KharCago, Kot-
ndiiSj en san Isidoro, las cuales se es-
cribieron con C, cuando esta letra
sustituyó á la K, Q Además de las
«breviaturaa que cita la Academia, se
encuentra usada en las siguientes:
K^Caso; K k^Capitalis; KK^at-
trorum; K 8=Ciris sui$.,
Btimolooía. Griegp K x: x^itm ( ká/h
pa); fenicio, ia/, hebreo, hff;
árabe, kef.
Ka. femenino. Nombre de la le-
tra K.
Kaa. Femenino. Bspecío de cúrcu-
ma de Ceiláu.
Kaftb. Poeta árabe, que nació en
el año I de la hegira. Empezó escri-
biendo sátiras contra el Profeta y su
nueva secta, por lo cual fué desterra-
do cuando Mahoma se apoderó de la
Meca. Entonces se dirigió á Medina,
consiguió que le presentaran al Profe*
ta y le leyó una composición en honor
suyo y de la reforma. Mahoma le per-
donó y le regaló su m^nto verde, lo
cual hizo qqe se diera á la composi-
ción el nombre de poewt deí Manto,
Los herederos .de Kaab vendieron el
manto en 20.000 monedas de plata á
los omiadas, los cuales le conservaron
cuidadosamente, pasando después á
los abasidas hasta el añp 1258.
Kaarsaak. Masculino. Especie de
ave de Groelandia, llamada así por
su canto.
Etiuolooía. Voa^blo groclandü.
Kaava. Masculino. Bebida em-
briagante que extraen de »er.ta raíz
los salvajes de la isla de. los Arnica.
. Etiholooía. Arabe íaMm, cafe de
los árabes: francés, Aaro.— Kaava ó
KAVA y ca/«' son la misma palabra de
origen. (Ribhzi.)
Kab ó Gab. Masculino. Medida
hebrea, equivalente á un litro.
ETiuoLoafa. Hebreo eabi Granees,
ca¿, kab. (LiTTBÍ.)
Kabada. Femenino. Nombre de
cierto traje militar da los griegos mo-
dernos.
Etuiolooía.. Bajo latín ka.bbaí>iuu
tagmni catalán, kabada.
Reseña.—^ bajo latín kabbadinm,
supone una forma bajo griega xct^Si-
iwtfkabbááion).
. Kabak. Masculino. Especie de fu-
madero público en Moscovia.
BriHOLoafA. Ruso kabak, taberna:
francés,. AadaA.
Kabésqní. Masculino. Moneda de
plata de Persia.
Etiuolooía. Vocablo per$iano: cata-
lán, kaietqui.
Kabila. Kabila.
Kabin. Masculino. Matrimonio por
determinado tiempo, que se celebra
en algunos países jnahometaaos.
Etimolooía. Persa kabin: francés,
kabin, suma que el marido debe abo-
nar á las mujeres que repudia.
Kabal 6 Ai^hanistán. 1. Prdi-
minares. — Bl Afqhanistám ó Kabul
corresponde á los antiguos países del
Asia, de la Bacttiana, etc., que for-
maron un reino griego, después de )a
conquista de Alejandro. Emancipán-
dose hoy y volviendo á caer mañana
bajo la dominación de los reyes per-
sas y de los emperadores del Mogol,
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288 KADE
KALE
KALM
acometieron ála Persia, de cuyo terri-
torio fueron arrojados al cabo de cinco
años, en 1737, por Nadir-Scbah. Las
guerras civiles que, desde entonces,
no han cesado en Apohanistán, le
han arrebatado Zahora, Cachemira y
aun puede decirse que el Multan.
2. Diüitión política. — Las cinco
ffrandes del ApohamistXn, subdividi-
du en provinciM, Bon lai ñg^uientes:
PwviMiii Cinnui Huiruni
Afghanistán, pro-
piamente dicho.... KtOnd 6.000.000
Balkh Balkh l.OOO.OOO
KorMán-Afghán Berat 1.GOO.O0O
SaUtáa ¿ Sadieatáa DjOai-Ahtn... 60U.O0O
Hiüttii MtMán IXXXUnO
abtat 9«ural da la jwMaeMn. 10000.000
3. Gobierno. — El Afobanistán se
gobierna por un schad ó paditchah,
cujra autoridad no está limitada sino
por los grandes del Estado.
4. Religión. — La dominante en el
país es el islamismo. La de Brahmm
cuenta también numerosos sectarios.
5. Geografía. — Está situado entre
los 28 j 3«" latitud Norte y entre
los 64* y 190* longitud Este Madrid.
Lo limitan, al Norte, la Tartaria y el
imperio chino; al Estey al Sudeste, el
IndosUn; al Sur» el Beluehiitán; al
Noroeste, la Persia. Tiene anos 1.389
kiMnietros de foryo, por 1.111 de a««ii0
de Norte á Sur, y presenta una super-
ficie de 216.647 kilómetros cuadra-
dos. Bl país produce trigos, centeno,
arroz, tabaco, lino, algodón, rubia,
caña de azúcar, jengibre, etc. Es uno
dt los países más elevados del A.sia.
Los montes del Indo-Knsch ó Ciucaso
Indico se extienden al Norte de Este
á Oest«, el Braknikt ó Esbisnih, de
Norte á Sur, en el centro del Afqha-
vistjIn. £1 Sind 6 Indus, uno de los
principales ríos del Asia, lo separa del
Indostán y recorre las llanuras del
Alultán; el Selmend ddsagua ea el
lago Ztrrakt en el centro del pab*
6. Ciudades prineipaUt. — Kabul,
capital, situada sobre el río, que llera
su nombre, y residencia del soberano,
cuenta 80.0U0 habitantes. Kandahar,
antigua capital, sumamente mercan-
til, tiene 100.000. ^a/>i^ (Bactra) una
de las más antiguas, 7.000. Berat
(Alejandría)) ciudad muy comercial,
100.000. Bamián, al Este de Herat,
famosa por sus antigüedades esculpi-
das en la peüa Djeht-Abad, lO.OUO;
y Multan, ciudad grande conquistada
por Bunget-Suig, ny de Lahora,
60.000 habitantes.
Ekaci. Masculino. Especie de árbol
grande, de cuyo tronco suelen hacer
canoas los negros.
Kadel«a. Femenino. Especie de
judia de Malaca,
EriuoLoafA. Ifslayo kedeli: latín
técnico, p&aseolui mofftmiu, cadsi.ium,
de Rumf; franc», AadeUt, eadali, ka-
dali, cadelú
Kadenm. Femenino. Mujer del
sultán.
EriHOLOofA. Kadina,
Kadezalita. Femenino. Secta ma-
hometana, cuyas ceremonias, en las
honras tributadas á los difuntos, pa-
recen provenir de cierto conocimiento
del purgatorio.
EtiuolooÍa. Bajo latín kadesalitat
catalán, kadetalita.
Kadi. Masculino. Cadí.
Kadichah. Primera mujer de Ma-
homa, que nacidpor los aQos de 564
y murió en 628. Tuto del reformador
cuatro hijos y otras tantas hijas, en-
tre ellas, la bella Fátima. Bra de la
tribu de los koreiscitas, TÍnda de dos
maridos y de 40 aSos de edad, cuan-
do se eaáó eon él Profeta, el cual la
colocó en el numero de las cuatro mu-
jeres predestinadas.
Kadina. Femenino. Nombre que
se da á cada una de las primeras da-
mas del sultán después de la kadeum.
ETiuoLoaÍA. Turco qadin, forma de
khaloün, dama, señora de la casa; fran-
cés, iadine,
Kadoche. Cadochb.
Kahuana. Femenino. Especia de
tortuga, cuya concha se emplea en
obras de embutido.
EtiuolooÍa. Francés kaiowmne.
(LiTTRÉ.)
Kaid. Caid.
Katmac. Blascnlino. Bspecie de
sorbete torco.
ETiMOLoafa. Turco ^afsio^, crema
de leche: francés, Aatnue,
KaisBÍ Abn-Nasser El Feda
(BBN-AiSA BBN-KAN-BL-ACHBILf Ó el
Sevillano). Escritor árabe, que nació
en Sevilla y murió en Marruecos en
1140. Es autor de las obras siguien-
tes: Elogiot de los hombres ilustres por
tu erudición y talentos poéticos; Los Co-
llares de oro y De las pasiones del alma.
Kakatoes. Masculino. Ornitología.
Especie de loro notable por su mofio
de varios y brillantes colores.
EtiuolooÍa. Latín técnico OKaíiM,
onomatopeya del grito del pájaro.
(BUPPÓN.)
Kakerlak. Maseulino. Especie de
insecto ortóptero.
EtiuolooÍa. Holandés kakirUk:
francés, kakerlat, cancrelas, canerelat.
Kakeriaqne. Masculino. Nombre
de los albinos de la isla de Java.
EtimolooÍa. Francés kakerU^,
(LlTTRÉ.)
Kakerlaqnismo. Masculino. Con-
dición y carácter de los albinos de
Java.
Btiuolooía. Kakeriaqne: francés,
hakerlaguisme.
Kakodilo. Masculino. Química.
Radical compuesto, que es un líquido
incoloro, muy refrigerante, de olor
poco agradable y fuerte.
EtiuolooÍa. (iriego xaxóc (kakót),
malo, y el radical ¿fi (od), olor: fran-
cés, kakodgU.
Kalator, Masculino. Antigüedades.
Heraldo que anunciaba á los romanos
el día de fiesta para que suspendiesen
los trabajos.
EtiuolooÍa. Calendas: latín anti-
guo, kalator.
Kaleda. Masculino. Antigua mito-
logía sajona. Dios de la paz.
Kaleidoscopio. Caleidoscopio.
EtiuolooÍa. Caleidoscopio: francés,
kaleidoscope.
Kalenaa. Calenda.
Kalendado, da. Participio pasivo
del verbo kalendar en sus acepciones.
{hjCKTyamtL, Diccionario de f7S6.) — cY
así se ofrecen kalendados por ella al-
gunos concilios de Africa.» (Makqu¿s
DB MoNDÉJAR, Exdmen cronológico.)
Kalendar. Activo. Ponerla fecha
ó data del día, mes y año en las es-
crituras, cartas ú otros instrumentos.
Es tomado del nombre kalenda. (Aca-
DBUiA, Diccionario de 1720.)—*Kiü«»-
daba sos escrituras ^ contratos por
los años de su impeno.» (MAaQués db
MoNDÉJAB,^ irasiM crono^^ieo.J-tSiá'
nifíca también poner en lista para al-
fún fin.» (AcADBuiA, Dieeienariú da
726.)
Kali. Masculino. Nombre árabe de
varias plantas, de cuyas cenizas se
extrae la sosa. | Química. La potasa.
— «Lo mismo que Alkalí. Los quími-
cos usan esta voz sin el artículo Ai,
como los árabes.» (Agadbuia, Diccio-
nario de 1720.)
Btiu(».üoía. I^atín técnico, taísol»
KALI, de Linneo: francés, kali.
Sentido etimológico. — 1. SeleUama
salsola, que vale tanto como salada,
porque u eali, de hojas espinosas»
nace sin cultivo en la orilla del mar.
Pertenece á la &milia de las qutnopó-
deas y abnnda mucho en el continen-
te europeo.
2. El álcali de los árabes no es otra
cosa que una sal producida por la de-
cocción de dicha planta.
Kalidaaa. Célebre poeta indio, au-
tor del drama. titulado: El Reconocí-'
miento de Sakuntala 6 el anillo fatal, j
de muchos otros poemas. Vivía en la
brillante corte Vikramaditya hacia el
año 56 antes de Jesucristo y fué, por
consiguiente, contemporáneo de Vir~
gilío y Horacio. La ternura de san
sentimientos y el poderoso ímpetu de
su imaginación le colocan en un »ltq
puesto entre los poetas de todos los
países. Del atractivo de sus descrip-
ciones puede juzgarse por su intere-
sante drama Vtkrama j Ürvati, por
el poema Zas Estaciones y ^OTlnNn^
mensajera (Meghadota), en donde pin-
ta los transportes que la naturaleza ex-
fierimenta cuando, después de una
arga se(juía, aparece la primera nube
que indica la estación de las lluvias.
Se le deben también Aguimetra yMa-
laviea, comedia en cinco actos; Rava—
gunsa, poema en diez y nueve cantos,
y Nalodaga, poema en cuatro cantos.
Entre las traducciones que de algunas
de las obras de Kalidasa se lian he-
cho, merecen especial mención las
que del Sakuntala han hecho Chezy
(París, 1830), al francés, ^ el señor
Ayuso, al castellano (Madnd, 1860).
Kalium. Masculino. Qatotes. El
potasio.
KtimolooÍa. Kali: francés, kalinm,
(LlTTHK.)
Kalmia. Femenino. Botánica. Gre-
nero de plantas de la familia de las
ericíneas.
ETiuoLoaÍA. P. JCalm, discípulo
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KANG
sa«cp de Lúineo» & qaien aa maestro
U dsdied; frabcés, Aalmit,
Kcdmuco. Calmuco.
Kaípiik. Masculino. Bonete eon
fono, may usado en Oriente.
EríuoLOofA. Turco galpak: francés,
hahak, ealpakt talpack, eolhack.
Kamacita. Femenino. Mineralo-
tím, Combínieitfn ftrmeinosa que se
Italia ea e) hierro meteórieo.
BtiuoLOofA. Oríego {kámax),
armaxiÍD: francés, lUmaeiie.
Kamichi. Masculino. OnuWo^ia.
OénerodeaTea sanendaadel Braail.
(Casallbbo.)
KmioLOoU. V9eahUbrMtü«íto:tnTi-
cés, kamichi,
JléteHa. — 1 . El eauichi es un pája-
ro grande, ne^ro, del orden de los ca*
sadores, que vive en las marismasde la
Onjana j del Brasil. Hoj se conocen
dos especies: el k av ichi cornudo j el ka-
michi fiel, que guarda las aves caseras
como los mastines fardan el ganado.
2. Ambas especies corresponden al
OTá»n palamcdea, de Linneo.
Kaminal. Masculino. Nombre dado
•n {«erante á una sal impura com>
pnwta de alambre, petróleo j salfoto
Kuds. Masculino. MitoíógU jtpo-
MM. Hombre de lasdirinidades evjo
enlto es el siotismo.
BnMOLOoÍA. Japonés JTamú.
Xamioino. Nombre que dan los
tarcos á un ropaje que se ponen para
visitar las pagodas.
Kampen (Jacooo van). Cele-
bra anabaptista holandés, muerto
ea 1535. Fué uno de los principales
partidarios de Joan de Lejrden; le
acompañó á Mfinster; asistió á su co-
ronación j fué nombrado por él obis-
po de Amsterdin, en 1534. Después
se dirigió á dicha ciudad eon Juan de
Geelen j organixó ana vasta eonjura-
eídn, qne no tardó en ser descabierta.
Permaneció oealto sein meses, al cabo
de los cuales fué hallado, juzgado y
condenado & muerte, suplicio que su-
frió después de una hora de exposi-
ción pública, de cortarle la lengua y
la mano derecha, y siendo, por últi-
mo, entregado á las llamas; aunque
la hoguera no recibió otra cosa que
nn cadáver.
Kan. Kbak. La forma JTas, qne
trae la Academia, no es etimológica.
Kanato. Khanato.
Kanchii. Masculino. Zookytá, Ca-
brito de los bosques de Sumatra.
fimiOLOoU. Malayo iamtekil: latín
tienieo, mo$eku$ javanicui; francés,
kmKkil,
Kaneli. Masculino. Botánica. Ár-
bol de las Indias orientales, cajras ho*
Jas secas, reducidas á polvo y toma-
das en leche, cortan la diarrea.
Kanguroo. Masculino. Zoología.
Cuadrúpedo del orden de los marsu-
piales macrópodos, sin dedos pulga-
res en los miembros posteriores y enya
mandíbula superior presenta seis dien-
tes. Bs más á propósito para el salto
que para la carrera.
BnnoLoola. Francés, iimyafw, jls«-
furo», kanganm, kango%ro%. (LittkÉ.)
KANT
Kant (Manobl). Célebre filósofo y
matemático alemán, que nació en 1724
y murió en 1804. Estudió en la uni-
versidad de Kcenigsberg, j recorrió
en pocos aíios casi todo el círculo de
los conooimientos humanos; vivió por
espacio de mucho tiempo oscuro y
pobre, siendo durante quínoe años
pasante de una escuela. »i 1770 ob-
tuvo la cátedra de lógica v matemáti-
cas en la uníversidaa de Koenigsberg;
en 1786 fué nombrado rector do Ta
misma V en 1787 entró en la Acade-
mia de Berlín. Es autor de un sistema
que hace época, y que ha producido
en la filosofía una verdadera revolu-
ción, en el cual se propone someter á
la crítica todos los conocimientos hu-
manos, y de aquí ha tomado su doc-
trina el nombre de criticismo. Para
estodistingoe en nuestros conocimien-
tos dos partes: la una, que pertenece i
los objetos del pensamiento, y que ad*
auírimos por la experiencia, y á esto
ama él la materia, «l •hjttivo; la otra,
que pertenece al sujeto que piensa, á
3ue el espíritu saca de su propio fon-
o,para añadirlo á los datos ae la ex-
peneoeia; esta es la forma, *l tubfttí-
M. La rasón apliea la forma i la ma*
tena, eomo el sello deja su huella en
la cera; además cree ver, como exis-
tente en las cosas, lo que no está real*
mente sino en sí misma. Kant hace
la enumeración de estas formas, que
son inherentes á la razón humana, y
que llama indistiutamente ideas i
prióri, ideas oaras, categórioaa, colo-
cando á sn caneza las ideas de titmpo,
de espacio, de sustancia, de causa, de
unidad, de existencias, etc. Pregun-
tándose después cuál es el valor de
nuestros conocimientos, y si podemos
pasar legítimamente del sujeto kl ob^
jeto, declara que no podemos eonooer
directamente sino lo que nos snminis»
tra la experieneia; que todo lo demás
es simplemente un objeto de fe ó de
creencmi y que de este modo, nues-
tras ideas de alma, del universo, de
Dios, no tienen certidumbre alguna
objetiva. Sin embargo, por una feliz
contradicción, concede en moral á la
razón humana una autoridad que le
niega en metafísica; así oree en la li-
bertad, en la lev imperativa del deber,
en la necesidad de una armonía entre
el honor v la virtud, restableciendo
como indudables las verdades que
aquéllas implican) como son la exis-
tencia de Dios V la inmortalidad del
alma. En moral, enseña este filósofo
una doctrina rígida, fundada sobre
la idea del bien absoluto, y que re-
cuerda el estoicismo. Sus principales
obras son: Críticade la raidupura (Ri-
ga, 1781); Criliea de la ruón práctica
(Riga, 1788); Critica d«l jnicio ettético
y teológico; Prolfcdnenos para toda me-
tafUica futura (Riga, 1783); Funda^
mentoi de la metafísica de lat eoitnm-
brea (Riga, 178^; Principio» metafUi-
cos de ta ciencia de la naturaUía(Rigtí,
1786); La religión en los Umiíe$ de la
raK^/)iira (Koenigsberg, 1793); Me-
iaf (tica de tas eottumbres en dos par-
les: 1.' Metafísica del derecha {IW);
KAOL
289
2.* Principios metafisicos de la doctrina
de la virtud (lWlíy, Aníropolcgiá en el
seníidoprMmátic9{Kaa\gsheig,ll^y,
Lógica (KoBuigsberg, 1800); Pede^&-
yíe publicada por Pmlitz (Leipzig,
1817), V Lecdonet sobre la meíafíst'
ca, publicadas por el mismo (Erfurt,
1821). Sus obras relativas á las oien-
oias j á la filosofía de la naturaleza
son: Pensamientos sobre el verdadero m-
lorde tas fuertas vivas (Kcanígsbe»^,
1746); Teoria general del cielo (175^;
MttaphgsiGee enm &nmeHajwles m$us
M piilosophia (1746); Nueva teoria del
movimiento y del reposo (1758); Snsa-
yo sobre las enfermedades del espíritu
(1764); Programa de un curso de geogra-
fía física (1765), y De lasdi/erentes ra-
tas de ios hombres (1775). Kn Alemania
se ha publicado una edición completa
de las Obras de Kant, hecha por Ro-
senkranz; sus principales obras filosó-
fioas han sido traducidas al francés
por J. Tiason v por J. Barni (París,
1841-45, un volumen en 8.*), y reeien-
temente se han vertido al eastellano
algunas de ellas, tales como la Criti-
eade la rosón y la Líbica»
Kantismo. Masculino. FtUsofía,
Sistema fundado, á fines Aa\ pasado
siglo, porJfíMwj Kant, eujo filósofo
se propone determinar la parte que
tiene la razón humana en los conoci-
mientos, asentando la teoría de la ra-
zón ó ciencia pura. Bsta ciencia esta-
blece que, én el orden de la razón es-
peculativa, todo lo que traspau los
límites de la experiencia es puramen*
te hipotético; pero admitiendo que, en
la esRra de la razón práctica, lo que
no es más que hipotético, espeoolati-
ramente, llega á ser real en el terre-
no práctico. Por consiguiente, el re-
sultado de la crítica de Kant es el es*
eepticismomstafisieoj el dogmatismo
moral. (Lixisá.) | El kantismo signi-
fica una fórmula nueva, más acomo-
dada 6 la actividad del discurso, más
adaptada al resorte de los juicios; esto
es, más psicológica, pero no lleva al
mundo de la filosofía ningún nuevo
espíritu, ningún nuevo sistema.
Ka&tísta. Masculino, fil partidario
del kantismo.
BriuoLoaÍA. Kantismo: francés, kan'
tiste.
Kanan. Masculino. Comida fúne-
bre que celebran anualmente los rusos
en la tumba de sus parientes.
Kaolín. Masculino. Tierra con que
se fabrica la porcelana.
Etiii<».ooía. Chino kao, alto, y Ung,
colina: kaoling, colina alta, nombre
del paraje de donde se extrae la tierra
ó arcilla kaolín.
Reseña histórica,— l. Bl kaolín es
una arcilla blanca, suavemente pura,
con mezcla de alúmina, de sílice y po-
tasa, la cual entra, como parte esen-
cial, en la fabricación de la porcelana.
2. Los KAOLiNS más estimados son
los de la China y del Japón, los cua-
les se distinguen por la limpieza de
su blancura. Los de Sajonia tienen ao
ligero tinte entre amarillo y encar-
nado, el cual desaparece tan pronto
cjmo se expone al fuego. Loa de
TOMO 1(1
ti
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290 KARA
KARO
KAZI
Sa¡n(-Irltx-U-F«r(ih«, i outtro mirí&F
mttros de Limogea (Provsiiz»), son
blftoeos por lo general. (LiTTRd.)
KaoUnisacion. Femenino. Trans-
formación de una sabstancia en kao-
lín, j así se dice que el oligoclasis es
un mineral mu^ propenso a la kaoli-
mzACiÓN. (FouRNBT, AccdemU de
Cunetas, tamo 53, página 695.)
Kaolininr. ÁetiTO. Transfonnar
en kaolín.
EtzkolooU. kaolín: ficueés, ímU-
niter.
KaoUnizane. Recíproco. Trans-
formarse en IcmIíOi como cuando se
dice; el oUgoclftsis se kaoliniza fteil-
mente. ^LiTmd.)
Kaobno. Masculino. Eaolík.
Knovana. Kahuaná. La forma
iaovana, que aparece en algunos Die-
cionarioti no tiene raíz.
KapiÜi-bi|ji. Masculino. £1 que
custodia las puertas del palacio del
sultán.
Kapila. Filósofo indio, fundador
de la secta llamada Sankhya. Se le
considera ctuno un atarata 6 encama-
ción de Siva, y su doctrina, de que se
deriva el budhismo, se remonta á mis
de siete siglos antes de nuestra era.
Proclama la independencia de la ra-
zón j descubre el alma por los medios
de un justo discernimiento. El primer
objeto de Kahla, como el de Budha,
es curar & los hombres de los males de
la vida; es decir, de la ley de la trans-
migración. Los futras 6 aforismos de
Kapila. se hallan consignados en una
obra llamada Sankhya, impresa en Se*
rampur en 1821.
Kapot. Masculino. Arbol gigan-
tesco que produce una substancia al-
godonosa.
Kappa. Masculino. Décima letra
del alfaDeto gringo.
ETIllOLOOfA. A.
Kappike. Masculino. Moneda mos-
covita que equivale á unos siete ma-
ravedía.
Kara-angoUn. Masculino. Soíi-
niea. Arbol grande del Malabar, aue
produce á un mismo tiempo las no-
res, las hojas y los frutos.
Karabé. gXrabb.
Karad. Masculino. Tributo que |)a-
gan & la Sublime Puerta todos los sub-
ditos DO musulmanes.
Etiuología. Arabe kharSdj, im-
puesto anual.
Karaffán. Masculino. Animal car-
nívoro 1^1 género perro.
Etiuoloqía. Francés kart^an.
{Limi.)
Karaita. Común de dos. El que
nertenece i la neta judaica que pro-
fesa escrupulosa adhesión al texto li-
toral de la Ventura, rechazando las
tradiciones.
Karane. Masculino. FnidieiAh Es-
pecie de carruaje, tirado por muías,
que usaban los griegos.
EtiuolooÍa. Bajo latín karane, del
griego xipavoc y x¿pii)voc ( AdrSnos y kd-
reitjs), altura, vértice, cabeza.
Karata. Femenino. Especie de
áloe. (Caballbbo.)
ETiu(».oofA. Francés Aaroío,.
Reseña>-^1* La kakata u an ÍIoe
de América, del cual sacan los salva-
jes una especie de hilo empleado en la
fabricación de telas y redes.
2. También se llama de la misma
manera otra especie de áloe mujr co-
mún, así en las Antillas como en la
Jamaica, cayo fruto, parecido á una
pera, tiene un agridulce muy gasto-
so. (LlTTBd.)
Kari. Masculino. Polvo que se trae
de las colonias, con el cual se prepara
una mostaza mny fuerte, de que suele
usar el pueblo francés.
BTtu(».oof A. Vocablo indi^onax fran-
cés, inri.
KarÍTeti. Masculino. ¿tflÓNtco. Ea*
pecie de árbol del Malabar, cujo fruto
es purgante.
- . KanETona. Femenino. Casa de ma-
nufacturas reales en Persía.
Karlstadt ó Garlostadio (Andrís
BoDENSTEiN, llamodo). Célebre refor-
mador alemán, que nació en Karlstadt,
en FrancoQÍa, por los años de 1483 j
murió en Basiles en 1541. Fué profe-
sor de teología en la universidad de
Witemberg; tomó parte en la discu-
sión religiosa de Leipzig y sostuvo la
doctrina de san Agustín sobre la gra-
cia; designado como partidario de Lu-
tero ea la bula de excomunión lanza-
da coacra ésto en 1520, apeló de la
decisión del Papa á un Concilio gene-
ral; publicó después varios fofletos
contra el culto de las imágenes, con-
tra la confesión auricular y contra el
celibato de los sacerdotos. Tuvo des*
pués algunos altercados con Lutoro,
sufrió diversas persecuciones, jr, últi-
mamento, obtuvo un curato en Basi-
lea, donde acabó sus días. Sus princi-
paleiB' obras son: Dslasantidad cristia-
na; De las dos esvedes de la Cena; De la
e^caciade las inaulgencias; Del pontífice
romano; Del sacerdocio y del sacrijScio
de Cristo; De la abolieukt del cnlío de
las imágenes, y HcmlUu sobré el profe-
ta MaUqnlas,
KArmátíca. Adjetivo. Escritura
kabmítica. Escritura árabe siu pon -
tos diacríticos, más redondeada que la
escritura cúfica.
BtiuoldoÍa. Karmatiqne, (Littré.)
Karmes. Kbbubs. — cEl gusanillo
que se engendra dentro del coco de la
grana, por lo cual se llama carmesí la
tintura de esto color, mudando la k
en la c fuertevy en las boticas la con-
fección hecha de dicha grana se llama
confección de (tícAínnM, mudada la ti
en ^ la A en la £ aspirada. Bs voz
arábiga.» (Academia, Diccionario de
me,)
Karmeias. Femenino plural. A^-
tí^tedades. Ciertas ferias que se Qele-
brabsD periódicamente en Flandes.
Etiuoloqía. Flamenco kerk-misse;
de keri, iglesia, y misse, misa, porque
dichas ferias se solemnizaban con mi-
sas y procesiones: francés, karmesse,
forma antigua; kermesse, forma mo-
derna, que es la etimológica.
Karmonsali. Masculino. Especie
de navio, muj mal formado, que usan
los egipcios.
I Karous. Masculino. Especie de pez
que se erfa en casi todof loi rfu da
Énpto.
Kasi. Masculino. El cuarto pontí-
fice de los persas.
Katcher. Masculino. Lugartenien-
te del be^, entre los árabes.
Katmia. Femenino. ^0tí»tai.Nom*
bre del género ktbiscus, del cual se co*
uocen tres especies: kHiscus syriaeia,
kibiscus trioniwn, kibisens esculentus.
EtiuoloqU. Arabe kkaíml: francés,
kaími, ketmi.
Reseña.—!. Este género eorrespou-
de á la familia de las malváceu y
comprende gran número de plantas
exóticas.
2. El árabe khaírni, kkitmt, equiva-
le á la altea, en Frejtag; á la malva
délos manales (inglés marskmUloie),
en Richardsoo; al malvabísco, en B^-
thor, cuyo autor trae' también U
ma khetmijfa.
Katrán. Masculino. Katrán bh-
OARNADO DB Pallas. Baíz eucsmada
y leñosa que se emplea en Rusia para
el curtido de las pieles, la cual pro-
viene del síatiee taíi/olia, de Smitii.
familia de las plombagíneas.
Etimología. Ruso ¡üiran.
Kaaini v Gazini. (Bajo latín.)
Nombre dado á una especie de pUta*
que se empleó mucho durante laadád
media.
BroiOLOofA. 1. Árabe viqo,
antiguo, puro. (Moora.)
2. Arañe kkSrcJnl, liga de zinc y
cobre, en De Sae^; sine, en Humbe^;
zinc y liga de sine y cobre, en Boc-
thor.
1. La forma kami, que aparece ea
un documento de Asturias de 1078,
representa kasini, porque la » no se
puntuaba antiguamente. En aquel do-
cumento se dice: «que la noble señora
doña Major Frojlaz había vendido
una tierra en las Asturias al obispo
de Astorga, de quien había recibido
trescientos dos sueldos de plata «»-
»t:pro euo accepmms devoUs CCCJl
solidos de argento XAZia.»
2. Después se habla de un «caballo
apreóado en ciento cincuente sueldoi
de plato casini» y de un «vaso de pis-
ta purísima, que pesaba setenta/ ciO'
co sueldos;» et uno caiallo... preeiaío
in eentwn ^uin^na^inía solidos de argeO'
to KAZMi, el uno vasodepnrissmoaffen-
to pensante septnagintaqninqne solidos.*
(Bspaña Sagrada, XXXVÍJA 89.J
3. Esto demuestra que kasins no
significa viejo, antiguo, puro, ww*'
crejó Moura, puesto que para Awff-
nar la plato pura se emplea el jmrii-
nne argento, ,
4. La forma eazeni se halle en al
testomento de Ramiro, rey de A»-
gón , en 1061: ei illos vassM fuot
tius fiiivs mens comparaverit et redsmt-
rit, peso per peso, ae plata aiU de ca»*
NI, illos prendaí et reddimat. (J»»
Martínez, Historia de san * **
Peña, página 439.)
5. La forma kasini se encuentra w
tina escritura de venta de 1016, de-
mento portugués: «vendeo a LoT™?. .
Moura Zuleimáo Iben Giarah A""
huma grande ñizenda em tíUm* for
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KeaN
KEaN
veinte lofdos de argento k<ui%%.* {^h
Padm Santa Rosa, JJ, B9 y 10.)
6. La forma kaetmot M halla en
otro docnmento portuffaéi, que es ana
escritura de venta del siglo ix, 893:
foi opr^o 4S toldo» KAZiuos, cel pre-
ño roé 45 tueldot kazxmos.» (Santa
7. Debe creerse que la forma co-
rxeeta es luim, de acuerdo con la in-
terpretación del sabio Dozy.
8. Debemos notar,' con el único ob-
jeto de qne sirva de dato, que el ára-
be tiene ihatlna, tesoro del gran se-
ñor. La forma es perfecta, mientras
3 as el sentido no presenta grandes
ificultades, puesto ^ue la idea de
tesoro pudo pasar i significar la idea
de plata.
Keabe. Masculino. Santuario cona*
traído en el centro del templo de la
Meca.
BriMOLOOfA. Ki&la.
Xean (Bduohdo). Célebre trágico
inglés j uno de los maestros más an>
daees jr extraordinarios de la escena
moderna, que sació en Londres el 4 de
Noviembre de 1787 j murió en Rich-
mond el 15 de Majo de 1833. Tuto
por madre i la hija del poeta SaviUe
Carej, j por padre & un pobre tallis-
t*, Aarou Kean, hermano del famoso
m.fmico j ventrílocuo Moisés Kean,
por más que, andando el tiempo, pro*
tendiera hacerse pasar por bastardo
del duque de Norfolk, muerto en 1815.
Apenas pudo andar, se le colocó en la
eompaSía del teatro da Drurj-Lane,
donde, bajo la dirección de un titirite-
ro en bogarse dialocaron sus miembros;
j á los cinco años, figuraba al lado de
John Kemble para desempeñar el pa-
pel del eeniecfllo en las escenas de las
■brajas del Maebetk. Luejg^ fué envia-
do a la escuela; pero litti^ado de una
eaistencia demasiado uniforme se es-
capó de casa de su madre j se engan-
chó, como grumete, á bordo de un
boque próximo á partir para la isla
de Madera. La servidumbre absoluta
en que se encontró', no podía conve-
nirle; simuló una sordera completa jr,
después de pasar algunos meses en un
hospital, logró que se le licenciara.
De vuelta á Londres, no encontró ja
á sa madre. Batonces, sin abrigo j
■in dinero, no tuvo va más que un re*
earso; el de unirse a una compaQía de
saltimbanquis, en que le eontrataron
coa la miñón de representar el papel
de un mono, tarea que desempeñó á
las mil maravillas. Después de un
breve viaje á Portsmouth, donde sólo
dió represeutac iones en una casa par-
ticular, volvió á Londres, en donde
mis Tidswell, actriz de Drurj-Lane,
convirtiéndose en su protectora, le
hizo aparecer en Sadler's-Wells. La
manera con que recitó su papel le
hizo objeto de solicitud por pnrte de
ana empresa que tenía los teatros
del condado de Torksire, j aunque
sólo contaba trece aflos, obtuvo, con
el nombre de Caireg, que había toma-
do, ruidosos j merecidos aplausos.
En Wiadsor, representando ante la
iamilia red, túvola fortuna de llamar
la atención del doctor Drurj, que le
oolocó en el colegio de Etón; pero ha-
bituado, como estaba, á la vida inde-
pendiente v aventurera, no pudo per-
manecer aUÍ más de tres años. Desde
ac[uel momento, toma la rara profe-
sión de comediante de la legua; v
sufriendo tedas las vicisitudes-de tal
vida, tan pronto se le ve silbado en
una parte como aplaudido en otra. En
aquella época y como si su situación
necesitara comj^licarse, decidió con-
traer matrimonio. Entonces tenía 20
años, j en Julio de 1808 se casó con
María Cambera, una pobre muchacha
á quien la miseria había hecho actriz,
sin que la preocupase para nada un
arte que no comprendía. De aquel
matrimonio tuvo dos hijos, el mayor
de los cuales murió de corta edad. Por
último, Eduundo Kban encontró en
el doctor Drurjr un sabio apreciador
de su talento, cujros gérmenes empe-
zaban á manifestarse, j el 26 de Ene-
ro de 1814 consiguió presentarse por
vez primera en Drurv-Lane, en el pa-
pel de Shylock del Mereador de Veñe-
citt. Aquella fué la revelación de un
arte Q uevo. Despreciando todas las tra-
diciones, Kban presenta, en lu^ar de
un viejo avaro, de un usurero ávido de
riquezas, un ser perseguido j tras-
tornado por las ideas de venganza; re-
juvenece al personaje v de seguro le
convirtió en lo que nacía imaginado
Shakespeare. La ovación fué completa.
Alentado por aquel éxito, interpretó
los papeles de Hamlet,Tago j Romeo,
produciendo en todos un efecto indes-
criptible. Pero sus dos mejores crea*
cienes fueron las de Otelo j de Ricar-
do III. Su triunfo fué tal, que el teatro
en que trabajaba produjo en seis me-
ses más de 1.000.000 de francos de
rendimientos, calculándose que sas
ganancias personales ascendieron á
4Í50.000 francos por año. Esta extre-
ma opulencia, que sucedía á una ex-
trema miseria, deslumhró al gran ar-
tista, que se entregó á prodigalidades
sin límites, agravadas por las fanta-
sías más extravagantes j los gustos
más crapulosos. Sostenía una caballe-
riza espléndida; tenía muebles in-
crustados de oro, suntuosas casas de
recreo j no sabía prescindir de los
más ruinosos caprichos. Sin embargo,
eato no era más que un lujo aparente;
sus verdaderos placeres estaban en la
taberna, en la sociedad de una espan-
tosa banda de vagos, que él llamaba
sus queridos lobos j con los cuales po-
día entregarse libremente á su afición
al juego, á la esgrima, al boxeo j al
ffin. En una de las más ínfimas taber-
nas de Londres, en el Coai-Ifole (Agu-
jero del carbíSn), fué donde muchas
veces buscó los tipos de Ricardo III,
Hamlet y Romeo, para arrastrarlos
después por la escena, tambaleándose
por los efectos del alcohol. Más de
una vez, Kban apareció en el teatro
en tal estado de embriaguez, que
hubo que obligarle á ocultarse entre
bastidores. En la primera mitad de
su carrera, el público lo toleraba todo
en gracia á. su genio, del cual abusa-
ba hasta el punto de„salpicar uao de
los pasajes más solemnes de una obra
trágica con cierta pirueta caprichosa,
la cual recordaba el antig'uo arlequín
j que se hizo célebre en tos fastos es-
cénicos. El público fanatizado aplau-
día sin reserva hasta sus más inexpli-
cables extravíos, lo cual, unido i los
esfuerzos de un arto potente, difhndbi
su fama por toda Europa, de tal suer-
te que, cuando en el mes de Julio
de 1818 fué á París, Taima le ofre-
ció un soberbio banquete, en el que
estaban reunidos los artistas más dis-
tinguidos de la escena francesa. Ha-
cia el fin de aquel año, fué cuando
ejecutó el Bruto, con tal éxito, que
su reputación se ensanchó más jr más.
En 1819, apareció en Edimburgo, j
al año siguiente, pasó á los Estados
Unidos. A su vuelta, viendo que su
gloria comenzaba á eclipsarse, em-
prendió un viaje al Canadá, no como
actor, sino pensando en rehacer su
fortuna, como aventurero, entre los
explotadores de las minas; pero vien-
do que aquel provecto tenia más de
sueño que de realidad, no tardó en
dar la vuelta á Londres. De su in-
mensa fortuna no conservaba nada,
todo lo había derrochado en una vida
de disipación v de desorden; pero le
quedaba todavía bastante talento para
proporcionarse una cómoda existen-
cia. Los años de 1827 j 1828 vieron
sus últimos triunfos; en 1828, fué á
París é interpretó el Ricardo III en
el teatro Favart, Una noche fué pre-
ciso ir á buscarle al café Inglés, donde
se embriagaba, mientras que el pú-
blico esperaba ja en el teatro que se
levantara el telón. Por única respues-
ta, lansó una botella i la cabeza del
infeliz criado ^ne iba 4 darla el aviso.
Por fin, en un momento de lucidez,
se dirigió al teatro j apareció en es-
cena en un estado lamentable; tan
lamentable, que no ojó otro saludo
que silbidos atronadores. Aquellos
momentos de terrible explosión le
turbaron por unos instantes; pero
como si concentrase de un golpe todas
las fuerzas de su talento, hizo su pa-
pel con una perfección tan maravillo-
sa, que arrancó al público un grito
unánime de entusiasmo. ¡Aj! Aquel
esfuerzo casi sobrehumano, fué uno
de los últimos albores de su grande
espíritu. Al año siguiente, reapareció
durante algún tiempo en Cfovent-
Garden j después ingresó definitiva-
mente en Drurj-Lane; Cuatro aflos
después, gastado por las licencias de
au vida, murió en una edad en que su
talento hubiera debido estar en toda
su fuerza, dejando en la miseria á su
mujer Ó hijo. Alejandro Dumas ha
popalarizado su nombre en un drame
que lleva por título: SI desorden y i.
genio. Entre los grandes admiradores
de Kean, debemos citar en primera
línea á lord Bjron, que sólo acudía
al teatro cuando este actor hacía el
protagonista del Ricardo III, E^an
poseía un talento original j excep-
cionales cualidades para la escena,
desplegando siempre una anecia
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«temdori y una frtnca eipresida de
las pasiones; sobre todo, déla malicia
j de la orueldad. Los caracteres rudos
7 los sentimientos salvajes de la tra-
gredia góúctí tuvieron siempre en él
an fiel Intérprete. Los papeles de
Shjrlloc y de Ricardo til, que fueron
en todas Its épocas de su carrera ar-
tlitíea 809 má« ruidosos trianfoa i los
ojos de la maltitadi no pudieron nun-
ca competir con el ¿xito alcanado en
el acto tercero del Otilo, en el cual
se mostró por primera vez patético
j sencillo, nasta rajar en lo subli-
me. Eban fué siempre el ídolo de la
multitud, que veía en él su personi-
ficación mis elevada entre las magní-
ficas apoteosis de cien triunfos; en
tanto que los periódicos sacaban par-
tido hasta de sus defectos-naturales,
puesto que era bajo de estatura y de
voz ronca, celebrando como inspira-
eionw da su g^nio originalísimo los
gestos j ademanes desenfadados y la
manen completamente nueva de re-
citar. No obstante, si, como Lekaín,
pudo hacer olvidar sus desventajas
tísicas & f^ierza de expresión y de sen*
timiento, no se posesionó de la ma-
jestuosa sencillez que Kemble supo
desplegar en la íaterpretacíóa de los
personajes heroicos; aunque le aven-*
tajó en otro sentido,
Metumen, — Eduumdo Kbah fué el
fraude sucesor de Garrík, el formida-
le rival de Kemble j el actor más
osado de la escuela de Shakespeare.
Kemble no pasaba de ser el artista de
unag-eneración: Kban se convierte en
un demonio de la escena, aparición
sombría, extraña, indefinible, que uo
tiene iffual, como otro hombre gi^n-
tesco de aquellas edades se torno en
demonio de la poesía; an demonio que
inventa un siglo, un pueblo, una his*
toria, porque una historia crea i^uieii
crea un pueblo. Realmente, la histo-
ria antigua tuvo que hundirse bajo el
coloso de sus creaciones, como si no
pudiese con el peso enorme de aque-
lla cabeza.
Keberes. Masculino plural. Miem-
bros de una secta de Persi.i que pro-
fesaba el politeísmo, crejrendo en la
inmortalidad de las almas.
Kebir. Masculino. ÁiíronomU «a-
/tywa. Nombre de la estrella Sirio.
BruKXxmfa. Arabe JCeür, grande;
el perro grande, Sirio; ^ncés, £46ir,
Keepsake. Masculino. Libro que
se da de regalo entre los ingleses, el
cual contiene uua especie de miscelá-
nea de versos, fragmentos de prosa y
grabados.
Etimoldoía. Inglés keepsakg; de
ío keept guardar, y sake, amistad, re-
cuerdo afectuoso: francés, kteptakt,
Keith (JoaaB). Famoso cuákero,
que vivía eu Escocia en el siglo xvu.
Abrazó los principios de Fox, se dis-
tinguió por su celo y elocuencia jr fué
perseguido y encarcelado por sus opi-
niones religiosas. Viajó por Alemania
y América y se le condenó ¿ su vuel-
ta por su doctrina de la existencia de
do$ Cristos; el uno, corporal; y el otro,
esftlritual, en un sínodo general re-
', unido en Londres. Dejó una obra ti-
tolada: Ex(me% del eeíada del anke'
ritmo.
Kelín. Masculino. Botánica. Planta
rastrera de la India, cujas raices tu-
berculosas son comestibles.
Kelotomia. QoBLOToyfa.
Btiuolooía. Qw/0<oM<a: francés,
Itehtomie,
Kéllermann (PsANciaoo Caisró-
bal). Célebre general francés, que na-
ció en 1735 T murió en 1820. En 1752
emprendió la carrera de las armas,
hizo la guerra de los Siete años, se
encargó en 1771 de una honrosa mi-
sión en Polonia y fué nombrado co-
ronel en 1784 y mariscal de campo
en 1785. Adicto i la revolución, llegó
á general de división, comandante
del ejército del Mosela y ganó sobre
los prusianos, de concierto con Du-
mouriez, la batalla de Valmj, el 20
de Septiembre de 1792. Custine, gene-
ral en jefe del ejército del Rhin, le
denunció dos yeces i la Convención.
Enviado al ejército de los Alpes y de
Italia, la calumnia le persiguió aún
y fué encerrado durante trece meses
en la Abadia. Puesto en libertad des-
pués del 9 Thermidor, obtuvo de nue-
vo el mando del ejército de los Alpes.
De vuelta i París en 1797, organizó
la gendarmería y fué nombrado miem-
bro de la comisión militar organizada
por el Directorio. Napoleón le nombró
senador, gran cordón de la Legión de
Honor, mariscal del imperio, duque
de Valmj j general en jefe de todas
las tropas de reserva del Rhin. Ape- 1
sar de esto, EBLusBicaNH Totd en 1814 ¡
la caída del emperador y aceptó de la I
Restauración el título de par de Fran- '
cia.
KeUermann(FRANCisco Esteban).
Primero, marqués, y después, duque
de Valmj. Era híjo del anterior; na-
ció en Metz en 1770^ murió en 1825.
Siguió á Bonaparte a Italia; fué nom-
brado general de división después de
la jornada de Merengo; se distinguió
en las batallas de Austerlitz, Vimeiro
Ír Bautzen, y luego en la de Water-
00. Fué par durante loa Cien días, y
fior más que la segunda Restauración
o cxclujora, en 1820 sucedió i su
padre en U alta Cámara.
Semble (Juan Fbupb). Uno de los
más famosos actores con que se honra
la escena inglesa, que nació en Pres-
ión en 1757 j murió en Lausana el
26 de Febrero de 1823. Hijo de Roger
Komble y hermano de la célebre mís-
trcss Siddons, fué destinado desde su
más tiarna edad al estado eclesiástico,
por ol cual no mostró jam^s la menor
vocación. Después de haber acabado
sua estudios en Douai, abrazó mujjr
joven, contra la voluntad de su fami-
lia, la carrera dramática. Bu Wolver*
hampton, fué donde obtuvo sus pri-
meros triunfos; después apareció su-
cesivamente eu vanos teatros, entre
otros, en los de Mánchester, Liver-
pool y York, de donde pasó al teatro
de Dublín en 1780, j dos años des-
pués á Londres, contratado en el tet*
tro de Drurjr-Lane. A contar desde
este momento, su reputación, ensan-
ch&ndose de dU en día, no tardó en
hacerse inmensa. Bien pronto no tuvo
rival, sobro todo, en la interpretaciúa
de los sublimes ctraeteras de Hac-
beth, Otelo, Hamlet, Bruto, Bervelej
y Coríolano. Era desde hacía diez
años director de Drurj-Lane, cuan-
do, después de algunas dificultades
con la empresa, abandonó de pronto
aquel teatro, campo de sus triun-
fos (1801). Durante los dos años si-
guientes, recorrió Francia y España,
adquiriendo ¿ su vuelta á Londres uns
parte en la empresa del teatro de Co-
vent-Garden, donde continuó siendo
el actor favorito del piiblico y el trá-
gico más popular de su época, hasta
que en 1817 abandonó U escena para
siempre, retirándose & Lausana. Jomt
Kbmblb no era lo que puede llamarse
un actor de genio; tema un profundo
talento, excelente juicio, ambición,
una actividad extraordinaria, y estu
cualidades, ajudadas de los arran-
ques é inspiraciones de su hermans,
la sublime mistress Siddons, le hicie-
ron capaz de vencer, no sólo su <s
de genio, sino también los defectos
de una voi insegura y de una respi-
ración fatigosa. En un género de pa-
peles, en los heroicos, alcansó la per-
fección del arte. Si en la interpreta-
ción de las pasiones borrascosas ^
crueles pudo ser aventajado, ja aas
tuvo igual en calor y elevación épica.
Dotado de una majestuosa figura, de
una noble fisonomía que recordaba
los rasgos característicos del tipo ro-
mano, parecía que la toga en su tra-
je habitual. Youug, que se formó en
su escuela, le fué inferior, no habien-
do podido el mismo Kean sobrepujar
le en los personajes nobles, majestuo-
sos y caballerescos. El célebre trágico
se dió á conocer también como escri-
tor en algunas obras, tales como Tkt
projectt, Thefarm house, The Pannel;
Sero se dice que tuvo «1 buen jQÍ<!Í^
e condenar al fuego una edición
completa de poesías escritas en su ju-
ventud. Su memoria, glorificada eo
varias ocasiones por el pueblo inglés,
recibió un digno homenaje en 1833,
cuando se colocó su estatua en la aba-
día de Wetsmlnster, al lado de la de
Garríck. Falta otra piedra; la de Bd-
mundo Kean.
Kemble (Caslos). Actor in^es,
famoso también jr hermano menor del
precedente, que nació en Brecknock,
en el país de Galles, el 25 de No-
viembre de 1775, y murió en Londrw
en Noviembre de 1854. A la edad
de 13 años fué colocado en el colegio
de Douai por su hermano John; pero
á su vuelta á Inílaterra, deslumora-
do por los brillantes tnun'os de su
hermano y de su hermana (mistress
Siddons), abrazó la profesión de estoa
últimos, estrenándose eu 1792 en
SchefBeíd en el papel de Orlandjáv it
comedia Át jfon litu iU Su manera de
declamar, en general, sobria y dis-
tinguida, produjo poco efecto, dejan-
do en el ánimo, mas que la impr^on
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denu creación artística, la de una
lectan bien hecha. Falto de inspira-
eidn 7 de energía, por más que com-
prendiera perfectameDte los tipos qae
representaba, no podía despertar el
entasiasmo; sin embargo, sa concien-
cia para el estudio, su asiduidad y su
discreción acabaron por hacer de él
un actor que, si nunca se llevó tras sí
i las masasj no dejó nada que desear
á la Inás exigente crítica. Dotado de
una hermosa presencia, de una fiso-
nomía acentuada j de una notable
elegancia, representó con gran sape-
ñoridad tres clases de papeles: los
amantes tiernos, como Komeo; los
personajes trágicos, dotados de senti-
mientos nobles j elevados, como Laer-
tes y Fauleonbrid^, T los caracteres
de profianda sensibilitud, como Casio.
Si janUs mostró en la tn^dia ni la
originalidad, ni el atrevimiento, ni
Us&caltades de Sean, ni los impe-
toosos arranques de Macreadj, fue en
cambio más universal que estos dos
célebres actores, después de los cua-
les debe figurar inmediatamente. De-
dicado también al estudio de la lite-
ratura dramática, dió al teatro un
considerable número de obras, que se
representaron con aplauso j que, si
la mavoría ha caído en desuso, que-
dan algunas para probar que Carlos
Kbmblk era igualmente concienzudo
bajo el doble aspecto de poeta j de
actor,
Kempia (TouXs). Escritor ascéti-
co, nacido en Eempen, diócesis de
Colonia, hacia el aflo de 1379, y
muerto en 1471. Su verdadero nom-
bre era Hemerlen; en latín, Mfalleolvt,
que quiere decir pequeño martillo. A.
la edad de 20 afios, entró como novicio
en el convento de monjes regulares de
Afomíe Saní» I%é$, de que un hermano
SUJO era prior; pronunció sus votos
eo 1406, j recibió tas órdenes sacerdo*
tales transcurridos seis años. En 1409
se desterró con toda la comunidad,
obedeciendo ana orden del Papa, j se
retíró al monasterio de Lunekerke,
en Frísia. Vuelto al convento tres
afios después, fué elegido subprior y
acabó sas días en el ejercicio de sus
ftiucionef. Tal fué la apacible vida
de ote monje, cu;fo nombre traspasó
los moros silenciosos del claustro,
pan esparcirse por toda Europa. Sin
acontecimiento algnno, teniendo por
solo abono sus meditaciones y estu-
dios, sus copias de antiguos manus-
critos, sus trabajos teológicos y sus
oraciones, su nombre, llenando toda
la Edad media, ha llegado hasta nos-
otros, porque se le ha considerado, y
mnchos le consideran todavia hoj,
cerno el verdadero autor de la Imita-
ción de Jetncritto. Las máximas de hu-
laildad y de resignación, que abun-
dan en osla obra, cuyo autor no que-
ría ser conocido mát que de Dios, con*
eoardan admirablemente con la vida
estudiosa, sditaria, humilde y con-
tMtt^tÍTa d«l personaje de esta bio-
grsTO. ffin flml»^, Iwjr autores que
afirman que la Zmitmá» es obra del
teteillet Joan Genon ó Gersen, ha-
KEPL
hiendo dado esta tesis ocasión á una
interminable serie de polémicas, en
que la opinión ha parecido un mo-
mento pronunciarse en favor de este
último. No obstante, la balania se ha
inclinado en favor del primero, ha-
biendo contribuido poderosamente á
ello el celo del prelado belga M. Mo-
lón, que, en su obra Reckerchet sar le
véritable auíeur de l'Initation (París,
1858, tercera edición), después de
resumir todas las controversias ante-
riores á él, si no demuestra de una
manera palmaria que Tomís Keupis
sea el autor de tan preciosa obra, adu-
ce argumentos que dcgan poco espacio
á la duda.
Kan. Masculino. Medida de Siam,
equivalente á medía van.
EnuoLGOÍA. Bajo latín üm; cata-
lán, ím.
KenoBoico. Qübnozoico.
BnuoLooÍA. QttMozeico: firaneés,
ienozol^ue.
Kepis. Masculino. Especie de cha-
có pequeño. Es voz tomada del ale-
mán. (ACADBMIA.)
BtiuolooÍa. Francés k^{, gom 6
morrión que los soldados franceses
llevaban en Africa, alteración del ára-
be fSei, fisi, de Fez, en donde se ha-
cían. Por consiguiente, el alemán no
tiene relación alguna con la voz del
artículo,
Kepler. Masculino. Atíronomia.
Nombra de unt cuarta mancha de la
lona.
ETiuoLoaÍA. JTepler; astrónomo:
francés, K^Ur.
Kepler o Keppler (Jdan). Ilustre
astrónomo, y uno de los creadores de
la astronomía moderna, que nació
en Masttatt, cerca de Weil (Wurtem-
berg) el 27 de Diciembre de 1571, y
murió el 15 de Noviembre de 1630.
Hasta la edad de doce años sirvió en
una taberna, que había abierto su
padre; pero cerrado este estableci-
miento por una quiebra, tuvo que de-
dicarae á los trabucos del campo, que
bien pronto la debilidad de su cons<-
titución le obligó á abandonar. Bas-
cando entonces un porvenir en los
estudios teológicos, entró á los 18 aftos
en el seminario de Tubinga, donde
poco después, y gracias á los conse-
jos de MsBSÜin, le consagró al estudio
de las matemáticas, siendo nombrado
á los 22 años profesor en Grcetz (Sty-
ria). Arrojados en 1600 los profesores
protestantes de sus cátedras, tuvo que
abandonar la ciudad; pero llamado
por Tjcho-Brahe, fué a establecerse
en Praga, donde, á la muerte de aquel
sabio (1601), le reemplazó, como as-
trónomo de la corte, con la asignación
de 1.500 florines, que le fueron siem-
pre mal pagados. Nombrado luego
profesor de Lintz, trasladó á aquella
ciudad su residencia v de allí fué lla-
mado para salvar do la hoguera á su
madre, acusada de hechicería, mu-
riendo en Ratisbona en uno de los
viajes que se veía obligado i empren-
der pan solicitar el pago de los atra-
sos de sos pensiones. A su muerte
sólo dejó 22 escudos, un traje jr dos ca*
KEPL
293
misas, mientras loa príncipes á quie-
nes había servido, le debían 29.000
florines. Esplkr había abnsado el
sistema de Oopémieo y deseaba ar-
dientemente hacer un descubrimien-
to que lo confirmase. Gopérnlco y
Tjcno-Brahe habían conservado una
Earte de los círculos de Ptolomeo, y
[bplbs no se apartó por el pronto de
estos sistemas. En la nipótesis de mo-
vimientos circulares de los planetas
alrededor del sol, aceptada basta en-
tonces, era necesario admitir los cen-
tros de órbitas fuera del sol en un
pnnto vacío de materias. Kbplbb sos-
tuvo que los movimientos planetarios
debían referirse al centro del sol ver-
dadero. Pan explicar sus observa-
ciones, emprendió largos y penosos
cálculos, que le condujeron, por fin,
á la verdad. Las observaciones de
Marte, hechas por Tjrcho-Bnhe, le
habían llevado á reconocer que las
íttteraecciones de los planos de Iss ór-
bitas planetarias con el de la eclípti-
ca, son rectas que pasan por el centro
solar. Descubrió que las áreas descri-
tas por los rayos que parten del cen-
tro del sol, son proporcionales á los
tiempos y que las curvas descritas re-
presentan elipses, de las que el cen-
tro solar es un foco. Hasta el 6 de
Marzo de 1618, no pensó en comparar
la duración de las revoluciones con
el cubo de las distancias; pero un
error de cálculo no le permitió desou-
brir la lepr, hasta que, volviendo á sus
observaciones el 15 de Majo siguien-
te, eneontró al fin la proporción de
los cuadrados de las distancias con el
cubo de los ^es. De^fnciadamente,
Bjiplbb mezclaba á los más sabios
descubrimientos de su genio, diserta-
ciones extrañas sobre las ideas pita-
góricas nlativas á las propiedades
místicas de los números, a la rítmica
de los cuerpos celestes 7 á la in-
fluencia de los astros, tal como la
había considerado la astrología. En
cuanto & las predicciones sacadas de
sus observaciones astronómicas, se le
disculpa diciendo «que no hacía otra
cosa que ceder á las instigaciones
de los príncipes que le empleaban y
á las preocupaciones de su tiempo.»
En cuanto á las otras ideas, son fruto
de su imaginación idealista. Kbplbr
había buscado durante mucho tiempo
los lazos que podían existir entre las
distancias medias de los planetas al
sol; V había encontrado que, iroagi-
nando una sucesión de esferas de ra-
dios iguales á los de las órbitas de
Mercurio, Venus, la Tierra, Marte,
Júpiter y Saturno y circunscribiendo
á los cinco primeros el octaedro, el
icosáedro, el dodecáedro, el tetraedro
y el hexaedro regulares, cada sólido
sería inscrito inmediatamente en la
esfera inmediata. Pero las distancias,
mejor conocidas hoy, no eoncuerdan
con los números que se obtienen de
estas consideraciones geométricas,
además de resultar que Tos planetas
descubiertos posteriormente no po-
drían ser clasificados, puesto que no
pueden tenerse más de cinco p(^»*
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294
KERA
dros regulares. Sin embaro'O, Ebplbb,
ademii de tu poderoso talento, esta-
ba dotado de una perseverancia á toda
prueba, y después de estas ideas que
se encuentran expuestas en su prime-
ra obra: ProdroMUi diteríaíionum eos-
Mt^rapMcarum, publicada en 1596,
dio todavit un paso más. Una vez de-
terminadas las lejes del movimiento
dfl los planetas, estaba demasiadp ce^
ea de su causa; esto es, de la Uy new-
toniana, para no tratar de descubrirla.
Asf se le ve hacer residir la fuerza
motril en el sol y comparar la acción
de esta fuerza al flujo delaluzque.ema-
na de aquel astro, mostrando la afec-
ción mutua que existe entre los cuer-
pos, j probando que esta atracción,
semejante á la del imán, es propor-
cional á la masa. Lo sorprendente es
que la comparación que establece en-
tropía atracción y la luz, no le condu-
jera á la ley de la razón inversa del
enadradode las distancias. Las nocio-
nes mecánicas estaban poco adelanta-
das en aquella época jr ésta fné indu*
dablemente la causa de que Kbplbb
dejase i Newton la gloria de deseu-
bnr el principio de la gravitación
universal. Estos presentimientos de
ella se encuentran en la obra que tie-
ne por título: Asíronomia noea, tive
phisica calestit (Praga, 1609). A Kb-
plbb, dedicado también al estudio de
la óptica, se le debe: una teoría de la
visión, algunos estudios sobre la re-
fracción, una tabla de refracciones
astronómicas diversas explicaciones
de fenómenos relacionados con la as-
tronomía. Entra las obras de este
grande hombre, las principales, ade-
más de las qae jra hemos citado, son:
Dt tuUa MM tft p«de $erjte»tarii (Pra-
ga, 1606), obra en que se trata de la
aparición de una nueva estrella en la
constelación del Serpentario, j en la
que se pretende probar que el princi-
pio de nuestra era debe empezarse á
contar cuatro ó cinco años antes; Dü^
trica (Francfort, 1611, y Londres,
1653), donde estudia las propiedades
de los lentes; ^armoJiMfflHWt(Leintz,
1619), donde se encuentra expuesta su
tercera lej; De comentii Ubri tres
(Augsburgo, 1619), donde hace mover
los cometas en linea recta; Tabula
Rudolphina {\}\mt.t 1627), dedicadas
al emperador Rodolfo II, comenzadas
por Tjcho-Brahe, ; en que se en-
cuentra la historia de la invención de
los logaritmos, y /. Kepleri tomni^m
(Francfort, 1634), obra publicada por
su hijo j en la que se describen ios
fenómenos celestes, tales como apa-
recerían en un observatorio colocado
en, la luna.
Kepleriano, na. Adjetivo. Física.
Lo perteneciente á Kepler. | Lab tbbs
LBYBS KBPLBBiANAS. Llámause así los
principios que precedieron y facilita-
ron el descubrimiento de la gravita-
ción, como ii Newton descendiera de
Kepler, en cojo sentido se dice: los
KBPLBRUNOS.
Keracele. Qubbacblb.
BrtKOLOaU. QinmKei*: francés, ké-
KERM
Kerafiloso. Qubbafiloso.
Etikolooía. Querafiloio: francés,
k/rapfi¡fUeux.
Kerafilocele. QtJBBaPiLOCBLS.
ETiuoLoofa. Quera^loceU: francés,
k&aph^Uocéle.
Keramiano, na.Masculino y feme-
nino* Sectario musulmán, cuja doc-
trina consiste en suponer que ha de
entenderse literalmente lo que dice la
Betlia del Corán acerca de los brazos,
de los ojos y de las orejas de Dios.
ETUCOLoaía. Kerán, fundador de la
secta: bajo latín, ierániima; catalán,
keraniá.
Kerapseudis. QtiBBA,PSBtJDis.
GnuoLoaU. Q,uerapteudis: francés,
kérapseudis.
Keratectomía. Qdbbjltbctomía.
ErmoLoofA. Qneréteeiomía: francés,
kérateclomie.
Keratina. Qdbbatina.
Btiuolooía. Qfluratitut: francés,
ratine.
Keratitis. Qubbatitis.
BnvoLoaÍA. Queratitit: francés, ké-
ratiíe. Algunos Diccionarios traen las
formas ieraíitis y queratites, «inflama-
ción de la córnea,» en donde hallamos
dos errores: 1.* keratitis es vocablo
anticuado; 2.' queratites no significa
nada en lenguaje técnico.
Keratocele. Qubbatocblb.
BTUiOLOafA. Q,iuratQceU: francés,
kératocile,
Kerato-estafilino. Qubbato bb-
TAPIUNO.
Etiuolooía. Qwrato-estajilino: fran-
cés, kérato-staphylin.
Kerato-Üiringeo. Qubrato-fabín-
QBO. .
Etuiplogía. Querato-farii^eo: fran-
cés, kérato-phartfngien.
Keratonto. Queratopito.
BtucoloqU. Queraíojito : francés,
kératophyle.
Keratógeno. QuBBATÓaBNo.
ETUfOLoaÍA. QííteraUjgeM: francés,
kéralog'ene.
Keratoglosis. Qdbratoqlosls.
Keratoide. Qubbatoidb.
Etiholoqía. Q,neratoid«: francés,
kératolde.
Keratomalasia. Qubbatomalasu.
Etiuoloqía. Q,wratQmalMÍa: fran-
cés, kératomalasie,
Keratonixis. Qdbbatonxus.
BrucoLoafA,* Q^üratonixis: francés,
kératonjxis.
Keratotomia. Qubbatotouía.
BnuOLOola. QjiuraioUm^: francés,
kératotoinie.
Keratótomo. Qubbatótouo.
BrmoLoaÍA. Q^ueralótomo: francés,
káralotome.
Keraunográñco. QuEBAUNoaaí.-
PICO.
Etiuolooía. Queraunográ^co: fran-
cés, heraunograpÁique.
Kermes. Masculino. Historia natu-
ral. Insecto que se cría ea la coscoja
y del cual se extrae un hermoso tinte
' encarnado ó de color de grana. De su
[ nombre se han derivado las palabras
..CABMÍN y CABUBSÍ. fl HINBBAL. Cierta
, preparación roja ó encamada de anti-
, inoiiio.
KHOD
ETiuoLoofA. 1. Árabe al-qwmif,
del artículo árabe oí, el ^fatrsiú^: la-
tín técnico, chermes; portugués, Í#r-
mei; francés, kermh,
2. En el Diccionario del padre Je-
rónimo Víctor significa grano de es-
carlata.
Kerra. Kbsba. La forma Urra,
que se encuentra en algunos Dieei»-
narios, no tiene rafa.
Kerria. Femenino, ¿o^fatoi. Ar-
busto del Japón, pertenecieute á un
género de rosaceas.
Etiuolooía. Bellenden Km, botá-
nico inglés, á quien se dedicó dicha
planta: latín técnico, EBaaiá-jap^Uai;
trances, kerrie.
Kesra. Masculino. Ghamática ára-
be. Uno de los tres signos de que se
sirven los iraboB para formar loi so-
nidos.
ErucoLoaÍA. Árabe Íe<ra.
Reseña, — ^Bl U»ra suena como la < jr
se coloca delugo del nombre, en for-
ma de una pequefla ra;)ra horisontal,
semejante a nuestro guión.
l.Khan. Masculino. Título de la
autoridad soberana en Tartaria; y así
se dice: el khan de los tártaros, f En
la Puerta Otomana, únicamente el
gran señor puede llevar el título de
KHAN, pospuesto á su nombre: tuUán
Selim KHAN. I Bn Persia, el título de
CHAN designa el rango de los gober-
nadores de provincia.
BruioLoaÍA. Persa MS», variante
de un nombre tártaro, que sigaiñcs
dignatario, príncipe: francés, khan.
a. Khan. Masculino. Fonda pan
los pasajeros en Oriente.
ETUiOLoaÍA. Árabe khan, en rela-
cióu cuu kitaneht casa: francés, lia».
Khanato. Masculino. Dignidad/
territorio de jurisdicción del khan,
ETUicnx)ofA. Khan 1.
I Kharizi ó Alcarizi (Jbhudak bbn-
i Salomón). Rabino espa&ol del si-
glo XII. N'iajó por Palestina, Grecia,
Persia, Moscovia, Alemania y Fran-
cia, j además de algunas poestsaj
traducciones al hebreo, dejó con el
título de Tachkemoni ua tratado de
retórica, moral y poesía*
Khadive, Masculino. Título dade
al virrej de Egipto, único que se em-
plea en la actualidad.
KTiiiOLoaÍA. Persa Ihodin, prínci-
pe, rey, soberano: francés, khédiu.
I Khodon (Fax). Fundador del bu-
dhismo Biaméi, birmán y eambogia-
I no, que nació en una ciudad de la In-
' dia, llamada Kabillafat, por los años
' de 543 antes de nuestra era, j murió
: en 463. Bra hijo de Sirosutbot, rej de
I un pequeño estado de la India, / de
la princesa Maha-Ma^a. Se casó con la
princesa Pinfa, de quien tuvo un hijo;
pero poco después renunció á su es-
posa, á su palacio jr ásu corona, huvó
a las selvas, se hizo bonzo, y al cabo
de seis años de vida contemplativa,
salió de su retiro, seguido da una
^ multitud de discípulos, con los cualei
!„recorrió las principales ciudades, prfr
[ dícando una ley nueva. No sólo filé
' bien recibido, sino que hizo numero-
. sos prosélitos; pero al mismo tieot-
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KILO
KINK
KIRI 295
po n dofltrina 7 na TÍrtudM le i us-
cilftTOii eneraigoi, que después de ha-
ber intentado darle muerte, al fin le
envenenaroa en una comida. La teo-
gonfa india ha divinizado á este per^
sonaje, eonsídar&ndole como la cuarta
encamaoí<5n de Badha.
Kiang. Masculino. Palabra china
que significa río j entra en la com-
potieioB da mnenas voces geogrifi-
cu.
Kiuter. Masculino. Ciniffia aníi~
pM, Vendaje en forma de X, para
mantenei unidos los fragmentos de la
rtítala en caso de fractura.
Kiastro. Masculino. Ejasteb.
Kibla. Femenino. Punto hacia el
cual se Tuelven los mahometanos,
cuando onn.
Btmolooía. Arabe qiblat enfrente;
esto es, en dirección del templo de la
Heea: francés, kUla, iUlat.
Kief. Masculino. Vigésimaquinta
letra del alfabeto tarco.
Kifonismo. Quiponisuo.
BtwolooU. Q,%i/onitmo: francés^
fypkonume,
kiliárea. Femenino. Medida de
loperfide que equivale á mil áreas 6
diez hectáreas.
Kilo. Prefijo técnico, del griego
lQ»t {elUlúñJt mil, el cual se antepo-
ne i Tariaa unidades del sistema mé-
trieo para expresar la idea de millar.
Kilogramo. Masculino. Medida de
peso que tiene mil gramos. Equivale
próximamente i dos libras j una ssxf
ta parte más.
BnMOLOOÍA. Griego ytkm fehílioij^
mi\, jaramo: francés, kilogramme.
Kuolitro. Masculino. Medida de
capacidad que tiene mil litros.
SnuoLOofa. Griego chUiot, mil, j
litro: francés, iitoUtre.
Kilómetro. Masculino, Medida de
longitud que tiene mil metros. Una
legua espafiola equivale i algo más de
cinco kilómetros t medio.
BtiholoqÍá. Griego ekiUoi, mil, j
mélnm, medida; x^'ot fUtpov: francés,
Ulnütre; catalán, JUlámetro,
JKffHIa.— Atendido este origen, cla-
ro es que Ail^etro debería escribirse
jiUámetn, ehilám^o 6 palémttro, se-
gún puede verse por el valor á la pro-
nunciación que hemos dado á la le-
tra^ (cÁi). — Miriámetro debería ser
Umbiéa myrióméíro, miriómeíro, por-
que diez mil es |i¿jXoi (.myrioi): asi de-
cún los griegos Wfrio¡tarpot (que da
diez mil, ó muchísimos frutos), como
nosotros decimos termámtroy no ter-
mimttro. — "So son estos los únicos re-
rros que ponen los buenos helenistas
Us voces griegas aplicadas hacia
fines del si^lo xviii al nuevo sistema
inétrieo decimal. Casi todas (dicen)
son de ana formación irregular. De-
ámUn es nombre medio latino y me<
dio griego. Dtedmíro es el dnico que
está fbrmado según las reglas de la
lengua griega. Grrama y gramo ^ que
quiere decir linea, es tos pésimamen-
te escogida para la idea que se la hace
expresar. Pero el uso ha pasado por
enrima de todas esas irregularidades,
Mhándolesel selloUn profundamente,
que hoj día son 7a casi irreparables.
— Acerca de la autoridad del uso, da
Tarrdn (en su tratado de JUn^ua latí'
M, IXf 16) un consejo muj ingenio-
so. Cuando el uso (dice) ha autorizado
voces irregulares, pero que todavía es*
tán poco arraigadas 6 generalizadai^
refórmense sin demora; pero si están
muy arraigadas, j es casi imposible
tocar á ellas, lo mejor será usarlas lo
menos ^sible: de este modo se volve-
rán añejas, jr luego será más fácil refor-
marlas. Cwm siñt in eotuuetudine contra
raiionm alia verba ita %t ea facili tolli
pottint, alia %t viaduntnr esse fixa; qua
levitnr hmreni ac tine ojfensione commu-
taripouint, $íatim ad raííonem corrigi
Oj^oríeí; q%a tamen nm( ita %t in graten-
tta corrigere nequeat, quin ita dtcat, ki*
(moríet, ti po$$u, non uíi; fie enim 0^
fetcení, ae patea Jam oélitrata /adliui
cottmí poiemnt.
Kilopodia. Qqilopodu..
. Etuioloqía.. Qnilopodia: firancés,
Kima. Masculino. Bot^ica. Tri-
dacno gigante.
BTiuoLoaÍA. Malayo hJnta: francés,
hima; latín técnico, chima gigat.
Kimry. Sustantivo y adjetivo. Len-
gua céltica que tiene tres dialectos
principales: el «eUh, hablado en el
país de Galles, muerto hov; el aímico
o comnliano, que se hablaba en otra
comarca de Inglaterra, y el orsimesiw
6 bajo 6re0nt hablado en Bretaña, pro-
vincia de Francia. Por kimrg se suele
entender el melsh 6 galo.
EriHOLOaÍA. Francés kjfmri, kgnri-
qw, kgmryque.
Kinato. QuiHATO.
BrniOLoaíá. Qninato: firancés, ki-
naíe.
Kínesia. Femenino. Facultad quis
tiene el alma de imprimir movimien-
to & los miembros, tratándose de la
] aerie de funciones que dependen de
los actos volitivos.
EtiuolooIa.. Bajo latín, kínesia: ca-
talán, kinesia.
Kinesimetria. Femenino. Medida
del movimiento.
ETUfOLOOÍa. ITinetia y metro: bajo
latin, kinetimetria; catalán, kinetime~
tria.
Kinesiterapia. Qoinbsitbbapia.
Etiuolooía. Quineei terapia: fran-
cés, kinésitkérapie.
Kinesódico. Quinksódico.
Etuiología. Quinesódico: francés,
kine'sodiqne.
King. Masculino. Nombre común
á todos los libros de los filósofos chi-
nos. II Los ciMCO KiNOs. Nombre de los
libros sagrados de la China, los cuales
contienen la doctrina filosófica y mo-
ral de Confucto. (LiTTaá.)
ETiuoLoala. Chino Ungi francés,
kim.
Éinico. QuÍNico.
EtimolooU. Q,uÍnico: francés, hini-
qne,
Kinkfljou y Eincigoa. Masculino.
Zoología. Género de mamíferos plan-
tígrados, que comprende una sola es-
pecie: el potos candivolvulut, que habi-
ta en la América ecuatorial.
BnicoLOofa. VoeaBU ináigaMU hvi-
té$t iineajeu, kinkaion,
Kinni^aflóa. QuimioaBiriAit.
BnuoLoaía. (¿uiniugraJUit ínaeh,
kynnograpkion.
Kinnor. Masculino. Especie de
arpa que usaban los hebreos. (Gaba-
LLEBO.)
Reseña. — Bu medio de mil opinio-
nes contradictorias, sácate en limpio
que el EiN.voB era un instrumento de
madera, que tenía una forma trian-
gular, que estaba montado con ner-
vios ó intestinos de animales, tendi-
dos á lo largo del instrumento y que
el número de sus cuerdas era muy
variable. (La Faob, ffistoírt aénéraU
de la mneiqne, tomo Jl, page S92.J
^ Kinorntodón. Femenino. «La rosa
sUveatra que nace en los parajes in-
cultos. Tiene pocas hojas, que se mar-
chitan fácilmente, y á cualquier vien-
to se caen, y queda un botón grueso,
que se madura por el otoño, y se co-
noce estarlo eu el color muy rubio
que adquiere y de él se hace la con-
serva que en las boticas se llama kg~
norrkoddn. Es voz griega, que signi-
fica: Rosa de perro.a (acadbioa, Dte-
eionario de 17z6.)
Kinovate. Quinovatb.
EtiuolooÍa. Q;uino9ate: franeéi»
nooate.
KinÓTÍco. QuiNÓvico.
BTuioLoafa. QwW»».' franeéi, iy*
nomfue,
SiqjAil. Masculino. fúíffnajSs^ra-
da. Nombre de un ídolo que los israe-
litas adoraron en el desierto, f Biblia.)
Kiosko. Masculino. Mirador ó pa-
bellón de gusto oriental, conque sue-
len adornarse los parques y jardi-
nes. Q Por extensión se empieza á dar
igual nombre á los pabellones ó tien-
das circulares, ó de construcción va-
ría, que sirven para depósito ó des-
pacho de diferentes artículos en las
plazas y sitios más públicos.
BnicoLoaÍA. Persa y turco kSchkt
koScAÁ, quinta: francés, kiotque,
Kiosquiforme. A^etivo. Que tie-
ne forma de kiosko.
Kíótomo. QuiÓTouo.
EriMOLOafA. Quióíomo: francés, kio-
lome.
Kiriado, da* Participio pasivo del
verbo kiriar. Aquel á ^uien , Ó por
quien, se eantanlos kyries 6 re^on-
808. (AOADBuza, Dieeionario de 17z6.)
•Qa« todo pTi*d« puuM
p«r T»nir «n prooaudn
Kjfriada d* los nífloa
1» mojer qa» no« euuó.*
(QuaVKDO, Xu§a 7.*)
Kiriar. Activo. Cantar los kyries ó
responsos. Es voz inventada y fbnna-
da de la palabra ^rtes. (Acaoihia,
Discionanode i726.)
Kirie. Masculino. La deprecación
que se hace al Señor, llamándole con
esta palabra griega, al principio de
la misa. Se usa más comunmente en
plural.
. Btiuologí A. Kirieleisón.
Kirieleisar. Activo. «Cantar el
kirieleisón, de cura voz se formó, in-
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KIST
vtntiudolt.» (AoADsifiA, DieeioMrío
át i 726.)
da j á U femn b% -ana, visMi
la T»i qae m« Jtírt'eíafMii,
YMpoiMftn Y □aroemiosn.»
(AxABTASio PastalKSv, tu» obra».)
Kirieleisón. Blasculino. Kiais. Q
Familiar. El eaato de los entierros y
oficio de diruatoi. I Camtab sl kibik-
LSieÓN. Frue familiar. Pedir miseri-
_oordia.
ETiuoLOaU. Griego xúp» (kyrit),
vocativo de xúfito< (Hyrio»), Señor, y
¡Lkkrflv* («lié$o»), ten piedad, formado
íXitú, tener misericordia; «ten miBeri-
corcÚa, ¡oh S6ñorI:»fraacés, kyrié-éUi-
ION.
Kyríee. Masculino. Aquella parte
de la misa en que se repite varias ve-
ces la Toz kyrieélmon; v asi se dice:
cBstán en los kjries.» Es voz friega.
(AOADBiiu* DiccíOMorií de 1726.^—
«Lft repetición de estos clamores sig-
nifica también la repetición de los
rw.» (FñkY Luis D> Granada, Com-
pendio de la doctrina erisíiana.)-—*'PoT
alutión significa la repetición, con-
tinuación, ó abundancia de als^una
coM.S'(A.CADEmá.,Diccionariodeu!í6,)
— «Los viejos bebieron iíne tine, los
mosos, ad omnia, j las seSorai,^ los
KYRiBs.» (Cbbvantbs, NouU» ^em-
plaret.)
Kiriologia. '^uibiolooía.
ETiHOLoafA. Quirioloffía: &aacés,
kjftioló^ie.
Kinológico. QüiBioLÓQico.
Etiuolooía. Qniriolófico: francés,
hjffiologique,
Kirronosis. Quirbonosis.
Btiholooía. QaitrMMUM.- fiaaoés,
kirrmou.
KirS'Taser. Kibsch-wassbb.
BnuoLoafA. La forma itri-ooifr,
que traen álgunos Diccienariot ^ no
tiene raíz.
Kirsch -wasser. Masculino. Licor
espirituoso obtenido por la destilación
de ciertas cerezas silvestres,
BTiyQLOOÍA. Alemán Kirtckfcatter;
de hincha cereza, j fr<w«r, agua,
«agua de cereza:» francés, kincK-wat-
ter.
Kislar-agi. Bfasculino. Jefe de
los eunucos negroa en el serrallo.
Kiste. Kisto.
Kistico, ca, ó qoistiooi ca. Ad-
jetivo. Cirugía. Lo relativo al kisto Ó
3 oíste, en cnjo sentido se dice: cavi-
ad KÍSTICA.
BtiuolooÍa.. JTwío: francés, kisd-
q%e.
Kisto. Masculino, i'aíoío^ia. Veji-
ga ó saco, por lo común membranoso,
que se desarrolla anormalmente en di-
ferentes regiones del cuerpo j que con-
tiene humores ó materias alteradas.
Etiuolcoía. Griego winic (kjf$HtJ,
vejiga: francés, kiste.
ReteAa, — 1. El kitto 6 quitío es una
membrana sin abertura, la cual se des-
arrolla accidentalmente, mediante la
dilatación de los conductos excretores
de las diversas especies de glándulas,
caje orificio se obstruye. «Muchas
veces el hamor se halla encerrado en
KLEB
un KISTO j membrana que le et p^)-
pia. (Pabbo. V, 16.)
2. Convendría escribir quitto» á fin
de uniformar nuestra ortografía, dan-
do á los vocablos de esU serie una
forma espaftola.
Kístotomia. Quistotouía.
Etiuoloqía. QuitíotoMUu firancés,
kisíotomie.
Kistótomo. QuisTÓTOHO.
Etiuolcoía. (¿wtíiííomo: francés,
kitíoiome.
Kleptomania. Clbptomanía.
Etimología. Cleptomanía: francés,
kUpíoMaKie.
Ki-Tseu. Filósofo chino, que vivfa
en el siglo xiu antes de nuestra era.
Era tío del emperador Cheou-Siu, i
cujro sanguinario furor sólo consiguió
escapar fingiéndose loco. Bajo el rei-
nado del sucesor de este príncipe,
Wcn-Wang (1122) reapareció en la
corte j llegó á ser gobernador de la
Corea. Sus ideas científicas, filosóficas
y políticas, que se encuentran eipues-
tas en el Libro sagrado de loe anales,
del que Pauthier ha hecho la traduc-
ción en los £i&ros sagrados de Oriente,
son considerados por algunos como un
preludio del sistema de Confucio. Para
muestras de las reglas de conducta
que, según Ki-Tsbu, debe seguir un
soberaao, citaremos el siguiente trozo
de su libro: «El soberano debe culti-
var la virtud, reprimir el vicio j las
malas pasiones de sus subditos; re-
compensar el mérito j el talento; mos*
trarse indulgente con los que carecen
de apojo; firme, con los que son ricos,
fuertes j poderosos. Debe, sobre todo,
para inspirar odio al vicio j amor á la
virtud, alejar de su persona á los hom-
bres viciosos j rodearse de hombrea
virtuosos j de instrucción.»
Kleber (Juan Bautista). Uno de
los generales franceses de la época de
la Revolución que más se distinguie-
ron por su valor y sus conocimientos
militares en las guerras de la repúbli-
ca, que nació en Estrasburgo en 1753
v murió el 14 de Junio de 1800. Era
hijo de un modesto obrero; pero dos
nobles bá varos le dieron medios de ir
& París á estudiar las matemáticas j
la arquitectura, entrando luego como
alumno de la escuela militar de Mu-
nich. Alistado al servicio del Austria,
en el regimiento de Kaunitz, donde
fué subteniente én 1776, presentó su
dimisíju en 1783, entró en Francia j
obtuvo una plaza de inspector de las
fortificaciones públicas de Belfort.
En 1792 partió como voluntario; sir-
vió á las órdenes de Custine; se hizo
notar por su bravura j sus conoci-
mientos militares; defendió á Magun-
cia, como ayudante general, y dió co-
mienzo á su reputación militar en este
puesto, por más que no consiguieron
conservar la ciudad. Encarcelado des-
pués déla rendición de la plaza, fué en-
viado más tarde como general de bri-
gada á la Vendée, donde se distinguió
en el eucuentrode Torfou,en el que con
4.000 hombres resistió á 20.00Ü vea-
deanos; decidió la victoria en Cholet ^,
desDués de una desgracia momenta-
KLOP
nea, batió ilosvendeanos en Msaijso
Savenapr. Hubiera terminado la gue-
rra civil, si se le hubiese dejado admi-
nistrar el país insurrecto como él que-
ría; pero el comité de Salud públia
hizo funcionar la guillotina, Klubb
demostró su indignación y fué deste-
rrado. Sin embargo, bien pnmto sus
talentos militares fueron neeesarioi j
en 1794 fué nombrado general de di-
visión y enviado: primero, al ejército
del Norte, 7 luego, al del Sambrej
Mosa. Allí se cubrió de gloria en
Fleurus; destrozó á los enemigos en
Marchíenes; tomó á Mons, Lovaiaajr
Maestrich y dirigió durante el infier
no el sitio de Maguncia. En 1795,
hizo prodigios á la cabeza de UB ala
del ejército de Jourdán, forzó slpsio
del Rhin y venció al príncipe de Wa^
temberg, en Alteukircheu; al genenl
Krav, en Ealdieck, y al general War-
tensleben, en Friedberg. Estos triua-
fos iban á ser coronados por la rendi-
ción de Francfort, cuando cajó en des-
gracia del Directorio (1797j. Retirado
a Estrasburgo, trabajó en sus Mim-
rias, hasta que Bonaparte, encargado
de la expedición de Égtpto, jquerien-
do tener á su lado los mis hábilu ge-
nerales, llamó a Klbbbr, que aceptó
el puesto que se le ofrecía. Al escalar
los muros de Alejandría, recibió ua
balazo en la cabeza, que le tuvo algún
tiempo postrado; pero apenas restable-
cido, acompañó al general en jefe á Si-
ria y se hiso admirar en Jaf&, CorsuD,
Gaza, Monte-Tabor y Abukir. Bona-
parte, al abandonar el Egipto, confió
el ejército i Elbbbb, que consintió en
la convención de El-Arisch, para vol-
ver con sus soldados á Francia; pero
el almirante inglés Eeith se negó i
ratificarla, exigiendo que los fraa-
eeses se rindiesen como prisioneros de
guerra. KLBBBB,indignado, puso en la
orden del día la carta del almirante,
seguida de estas concisas palabras:
«tildados, á tales insolencias no n
contesta más que con la victoria. ^
paraos á combatir.» La batalla de fle-
iiópolis fué ganada por 10.000 fran-
ceses contra 80.000 turcos j el alto
Egipto quedó reconquistado. El vea-
oedor, ocupado en consolidar su obra,
empezaba á hacer sentir las conse-
cuencias de una sabia y enérgica ad-
ministración, cuando un musulmzn
fanático le asesinó en el Cairo, hacien-
do perder á Francia una de sus mas
legitimas glorias. El elogio de Klbw»
fué pronunciado en Egipto por í oo-
rier, y en París por Garat. Bstrubor-
go le levantó una estatua colosai w
bronce el 14 de Junio de 1810. KUj-
BBB fué un verdadero héroe, Ten»
esUtura elevada, una hermosa Sgon
y un rostro en que se reflejaba el ▼»*
lor de su alma y la nobleza de w »-
rácter. '
iZ¿íM««.— Klbbbb unía, »
lor audaz y sereno, una
penetrante y un golpe de "***»**^J(,
ro. Completaban su noble v eje»*^^
carácter la instrucción del homora
Estado y la nobleza del CBballwo-
KlopstOCk (PSDBBICO QOTWJ»"'-
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KLOP
KNOX
KNOX 297
Um4* 1m garandes poetas de Alema-
nú, que nací* an Qaedlinburgo (Sa-
janía) el 2 da Julio de 1724 y murió
el 24 de Harzft de 1803. Estudió eu
Jflna jr en Munich, y se adhiñó al
eírenlo de hombrea eminentes cuyos
libros T folletos iban dirigidos contra
Gottscner, defensor in'atigable de las
imitaciones^ de las traducciunes. Sin
embargo, se mezcló poco en las dis-
putas de escuela, y en lugar de escri-
bir para demostrar que los alemanes
debían pensar en producir por sí mis-
mos, prefíríú predicar con el ejemplo.
Separándose de los caminos trillados,
abordó un asunto más difícil y gran-
de que el de los poemas épicos más
famosos, y el «ño de 1748 aparecieron
los tres primeros cantos de la Mesia-
da. Su aparición produjo en Alemania,
entera un sentimiento anántme de
«sombro, hasta el punto de colocar el
nombre de 8u autor al lado de los de
Milton y Homero. A pesar de los
iplausos, Klosptqck prosiguió su
obra con la lentitud y la ealma que
reclamaban la trascendencia y la ma-
jestad del asunto. Después de haber
visitado la Suiza, díó á la estampa
eu 1751 los cinco primeros cantos, y
eii 1755 loa completó con cinco más,
llegando con ellos hasta la muerte
del dÍTÍno Mesías. Entonces residía
ea Copenhague, adonde había sido
llamado por Federico V, cuando ya
había contraído matrimonio con Mar-
garita Moler, más conocida por el
nombre de Meta y la misma que el
poeta canta con el de Cidlt en su Me-
tUd^. Los diez últimos cantoi de rate
poema, t^ue son los que celebran la Re-
surrección y los prodigios de que fué
acompañada, no aparecieron hasta
1T73. Toda la obra está escrita en ver-
sos hexámetros á imitación de los an-
tigaos. Klosptqck quiso, como lo in-
dica el nombre de su epopeya, cantar
el adyeniraiento del Mesías. Lo que
Milton había encontrado en el Áníi^no
Teiiawtmlo, el poeta alemán lo encon*
tro en el Nuevo. Como Milton, perma-
nece fielátodaslastradicioaesbíblícas,
permitiéndose sólo, en su calidad de
poeta, escoger los nombres, los hechos
y ks fechas que convienen mejn á
sus cantos. El poema la Mesütd* está
lleno de poesía y de elevación; los epi-
sodios se desarrollan perfectamente
Mttducidos, y en las narraciones bri-
lla ese talento que sólo poseen los
escritores superiores. Sin embargo,
las disertaciones pecan de difusas; en
in estilo se nota a veces una hincha-
zuQ que afea sus muchas bellezas; sus
héroes están demasiado elevados sobre
«l nivel de ia humanidad y los cau-
tos que siguen á la muerte del Sal-
vador, carecen del interés profundo
que en el cuerpo de la obra se admi-
ra. Mal grado estos defectos, la Me~
nada es el más hermoso poema épico
(te Alemania, y ocupa y ocupará stem-
E)Fe un digno puesto entre las más ce-
ebradas epopeyas antiguas y moder-
nas. Además de sste poema monu-
mental, Klosptoor ha legado h la
posteridad uua iio esr:iKi coleoción de
odas* en las que se encuentra á veces
la elegancia de Horacio, la energía
un tanto ruda de los antiguos bardos
y el entusiasmo sincero de los poetas
hebraicos; tres tragedias, tituladas la
¿fuerte de Adán, Salomón y Dwi-i; un
poema heroico y patriótico, que lleva
por nombre Hermán; algunos ensayos
en prosa, y una correspondencia tan
voluminosa como interesante. Las
obras de Klosptock han sido coleccio-
nadas por, üoeschen (Leipzig, 1798 V
1809, 7 volúmenes en 4."); por MM.
Spindier y Back (Leipzig, 18 volú-
menes en 8.°), y por Cutta de Stutt-
gart, del cual existe una edición en
un solo volumen en folio. De la Me-'
siada existen traducciones á la mayor
parte da los idiomas; pero las mejo-
res son las hechas al francés por
d'Honer (1825, 3 volúmenes en 8.*)
jM.n» A. de Carlovrita (1847, on To-
Inmen en 12.*)
KnipperdoIUnff ó Knipper-Dol-
link (Bbrmabdo). Jefe de los anabap-
tistas de Münster, que nació á fines
del siglo XV y murió en 1536. Acogió
en su casa á Juan Matshys y á Juan
de Leyden, y predicó públicamente la
doctrina de su secta, por lo cual fué
encarcelado varias veces. En 1534,
los anabaptistas le nombraron burgo-
maestre de Münster, mientras que
Juan de Leyden, entre^ndole la es-
{tada de Sansón, le erigía ejecutor de
a justicia. Con esta espada en la
mano y aeompafiado de cuatro satéli-
tes, recorría la ciudad, esparciendo el
terror y decapitando por si y ante si
á los que se oponían i su autoridad.
Cuando Juan de Leyden faé aclama-
do rey de los anabaptistas, le nombró
esíaíuder; pero cometió tales violeo-
cias, que tuvo que encerrarle por al-
gunos días. Habiendo al fin vencido
el partido católico, condenó á Knip-
PEaooLLiN» á ser desgarrado con te-
nazas candentes, y en seguida atrave-
sado con la espada de que él se había
servido, lo cual se ejecutó sin que des-
mintiera por un momento su valor
brutal y su bárbara ferocidad. El ca-
dáver fué metido en una jaula de hie-
rro y colgado del campanario de la
torre de »n Lamberto, como reliquia
de abominación j de escándalo.
Knout. Masculino. Suplicio usado
en Rusia, y que consista en colgar al
paciente de modoque el peso del cuer-
po carga sobre una viga en que se
apoya el vientre, y en esta disposición
se descargan sobre la espalda golpes
con un látigo de cuero terminado por
bolas de alambre.
ETOfOLoaÍA. Ruso knout, vocablo
que no existe en las otras lenguas es-
lavas y que parece ser de origen tár-
taro: francés, inout,
Knox (Juan). Uno de los promove-
dores de la Reforma en Eíscocia, que
nació en Gíffort ó en Haddington en
1505 y murió en Edimburgo en 1572.
Estudió en la universidad de San An-
drés, donde las doctrinas de Gerson y
de Pedro de Ailly, sobre la suprema-
cía de los concilios generales, sembra-
ron en su espíritu las primeras semi-
llas de las ideas democráticas, oue
quiso más tarde introducir en la Igle-
sia r en el Estado, y después de reci-
bir las órdenes sacerdotales, se dedicó
á la enseñanza de la filosofía. La lec-
tura de la BiHia y de los Santos Pa-
dres le hicieron repudiar la teoría es-
colástica; las predicaciones de Tindal
y de Wíshart le llevaron decidida-
menta á las nuevas doctrinas religio-
sas y no temió propagarlas desde su
cátedra de la universidad. Habiéndo-
sele amenazado con la hoguera, tuvo
que huir (1542); pero arrastrado de
nuevo á San Andrés por un motín,
fué hecho prisionero al apoderarse la
regente de la ciudad (1547). Fué con-
denado á remar en las galeras france-
sas y recobró su libertad en la época
del matrimonio de María Bstuardo
con el delñn, volviendo á Inglaterra,
donde puso toda su actividad y su
elocaencia al servicio de la Reforma,
rehusando un obispado, por no que-
rer admitir la jerarquía aristocrática
del clero inglés. Cuando la reina Ma-
ría restableció el catolicismo, dejó la
Inglaterra y fué á ponerse al frente de
una iglesia que algunos compatriotas
suyos habían fundado en Francfort.
Después se trasladó á Ginebra, donde
tuvo por maestro y por amigo á Cal-
vino, á quien igualaba en inflexibíli-
dad y sobrepujaba en energía, y, por
último, aprovechando la p^ítica tole-
rante de ÍUría de Lorena, regresó á
su patria, donde se preparó á ser el
organizador religioso de Escocia y su
dominador moral. Empezando por ga-
nar á la nobleza en favor de sus pro-
yectos, muy pronto contó con la adhe-
sión de lord James Stuard, hermano
natural de la reina y prior de San An-
drés, de lord Horn y de lord Erskine.
Bajo el impulso de estos poderosos
personajes, dos de los cuales fueron
después regentes de Escocia, las fami-
lias influyentes se constituyeron en
congregaciones religiosas y se com-
prometieron solemnemente á trabajar
en la propaganda de sus principios.
Sostenido por lo mis escogido de Es-
cocia, Knox se puso sin temor enfren-
te del clero católico de Edimburgo.
Allí, durante diez días y sin ninguna
oposición, explicó loa Evangelios ante
una multitud inmensa, atraída por la
elocuencia de sus predicaciones; pero
cuando quiso arrastrar al pueblo como
había arrastrado á la nobleza, la opo-
sición se desencadenó eontra él. El
clero apeló á la regente, y represen-
tándole los peligros de una innova-
ción religiosa, obtuvo fácilmente ple-
nos poderes contra el audaz predica-
dor, de quien ya había tratado de des-
embarazarse, por medio de la violen-
cia, en el condado de Augus. Knox
comprendió la inutilidad de resistir y
partió para Ginebra, donde se le ofre-
cía un curato. Sin embargo, no por
esto dejó de incoársele un proceso, en
que, acusado y fácilmente declarado
convicto de herejía, se pronunció una
sentencia de muerte en hof^uera, que
sólo en efigie pudo cumplirse en la
plaza de la Crut Alia de i¿dimburgo.
TOMO ui as
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293 KNOX
KOCK
KOCK
Hn esta época (1558) fué enmelo lan-
zó contra María de Inglaterra, la re-
gente de Escocia, j Catalina deMédi-
cis, su violento j curioso opúsculo:
M primer sonido da la trompeta contra
el monstruoso gobierno de tas mujeres,
Al año siguiente, volvió ¿ Escocia
llamado por sus partidarios, en el mo-
mento en que la funesta influencia de
los Guisas amenazaba la libertad re-
ligiosa. Las persecQcioDes le precipi-
taron & la revuelta, inevitable desde
su llegada, j proscrito por un conci-
liábulo que presidía el primado, su-
blevó á Perth, acompaño al ejército
protestante, que fué á apoderarse de
Edimburgo; pero que no pudo mante-
nerse allí, levantando por todas par-
tes el espíritu de los reformados, los
cuales dominaron después de muerta
la regente (1560). Una vez dueños del
pais, piden al Parlamento: 1.°, que el
clero católico fuera suprimido; 2.°, la
doctrina de la substanciación condena-
da; 3.", las peregrinaciones, prohibi-
das; j 4.°, subrogada la creencia en
el purgatorio j en la intercesión de
los santos. El credo ó profesión de
fe, que redactaron simultáneamente á
propuesta del Parlamento, fué votada
y sancionada por aclamación, á con-
aeeaencia de lo cual quedó prohibido
el ejercicio público j solemne de la fe
católica. La austera disciplina presbi-
teriana de Enox quiso imponerse;
pero halló una oposición invencible, á
causa del carácter democrático que le
era propio, no habiendo logrado que
fuese adoptada sino parcialmente. Por
fin, durante la regencia de María Es-
tuardo, desplegó una extraordinaria
energía de obra y de palabra, comba-
tiendo sin tregua el poder absoluto y
lasjerarquías del catolicismo. Además
del folleto que hemos citado, había
escrito: Exhortaciones cristianas á aque-
llos que profesan el Evangelio de Cristo
en et reino de Inglaterra (1554); Carlas
á la reina María, regente de Esco-
cia (1556); Breve exhoríaddn á Jnglor
térra (1559) ó Historia de la re forma
religiosa en Escocia, obra postuma, que
no vió la luz pública hasta algunos
años después de la muerte de su au-
tor. También se le debe una traduc-
ción inglesa de la Santa Biblia.
Resumen. — 1. Renato dé Knox. —
Fué un hombre fanático, intolerante,
de vasta instrucción, de inteligencia
luminosa, de excelente palabra, de pa-
siones profundas, de convicción inge-
nua, de carácter duro, de costumbres
puras, superior al miedo, inaccesible
á la corrupción, extraño i preocupa-
ciones V afectos personales, el genio
inglés de la Reforma, el alma podero-
sa v el corazón invulnerable de la rei-
na Isabel. Le <ó una virtud para
ser cristiano; perdonar. Le <ó otra
virtud para ser apóstol; ser cristiano.
2. Relrato de ta Reforma. — La Be-
forma prohibe al catolicismo, como el
catolicismo prohibe á la Reforma.
Por consiguiente, aquellas luchas no
fueron otra cosa que la proscripción
contra la proscripción, el odio contra
el odio, el veneno contra el veneno,
manía terrible y eterno achaque de
todas las sectas. Por fortuna, vino el
espíritu de tolerancia, salvándose con
él la pasión sublime de la Cruz, que
pregona en el mundo la pasión subli-
me de la caridad.
Eock (Cablos Pablo db). Fecundo
y popular novelista y autor dramático
francés, que nació en 21 de Majo
de 1794, en Passj, cerca de París, y
murió en 29 de Agosto de 1871. Kra
hijo de un banquero holandés, esta-
blecido en París, y que fue guilloti-
nado durante lá época del Terror.
Educado por su madre pan el alto
comercio, abandonó bien pronto esta
carrera por la de las letras, ¿ la cual
le había aficionado la lectura de Du-
craj-Dumínil y de Pigault-Lebrun.
Su primera novela. El hijo de mi »«-
jer (1813), que tuvo que editar á sus
expensas, no le dió resultado alguno,
por lo que, volviendo los ojos al tea-
tro, escribió varios melodramas lúgu-
bres, que se representaron en el 4m-
bigú. Sin embargo, demasiado com-
prendía que no era aquel el género
que convenía á sus facultades j, aban-
donando lo serio por lo cómico, se
dedicó á Qaaúh'vc vandeeilles y libretos
de óperas cómicas. Tampoco era aque-
lla la literatura de su vocación. De
las muchas obras que escribió en el
período de 1818 á 1823, sólo un vflK-
deville, Le Afuleíier, se ha salvado del
olvido, gracias, no al genio de nues-
tro personaje, sino á la música de Hé-
rold. En cambio, la novela, á cuyo
género tuvo que volver, le guardaba
muchas días afortunados, que le hi-
cieron popular en Francia y en el
mundo. La lista del repertorio de sus
obras asombrará sin duda á nuestros
ilustrados lectores. Novelas: El hijo
de mi mujer (1813); Georgina ó la kija
del notario (1820); Ghttíavo el calavera
(1821); Mi vecino Raimundo (1822);
M. Dupont (1824); Andrés el sabogano
(1825); ¿a hermana Ána (1825); El
Barbero de París (1826); La lechera de
Montefermeü(l8an)i La Casa Blanca
(1828); El huñ muehsiAo (1828); La
mmeTt el marido f el amante (1^9);
El hombre de la naturaleta y el hombre
eivilisado (1830); El Cornudo (1831);
Magdalena (1832); La doncella de Bel-
traducida al espaftol con el títu-
lo de la Inocente Virginia (1834); Nun-
cay siempre (1835); Zicina (1836); Flo-
res V mariposas (1836); Un quid pro
quo (1837); Bigote (1838J; Un joven
encantador (1839); El hombre de los tres
calzones (1841); La hermosa joven del
boulevard (1840); Bisiologia ael casado
(1841); Carotin (1842); 27» hombre
disponible (1843); I^ceía para casarse
(1843); Unmarido perdido (1843); Des-
venturas de u» iiuíés (1843); Eduardo
y s% prima (1843); El amor migado
(1843); Tyler el cobrador (1844); La
familia Qogo (1844); Mi amigo Pif-
fard (1844); Sin corbata (1844); ParU
al haleidoscopio (1845); Un baile en el
gran mundo (1845); El amante de la ;
Luna (1847); Taquinet el jorobado
(1848); Ai Jardín turco (1818); El
amor quepasag el amor que «>««(! 8 iO);
Un ruU» (185»); Cerisetíé (1851); SI \
pantano de Aníeuil (1851); Un señor \
atormentado (1853); La Ramilletera del I
Chateau d'Eau (1854); i/r. Okéram '
(1858); Mr. Choublanc en busca de su
mujer (1858); Pablo y t% perro (1858);
Madame de Mont^fiaquin (1858); La Se-
ñoriía del quinto piso (1857); La fami-
lia Braillard (1858); El Millonario
(1858); La mujer de tres caras (1859);
Mr. Qogo (1859); La doncella de los
tres corsés (1861); El Prado de amapo-
las (1862); Los Compañeros de la Trufa
(1862) ; Los Hijos del Boulevard (18^);
Los Nietos de Óartouche(\8&^); Las ms-
jeres, el vino y el jneao (1864), y La
$e»da de los druelos (iS65).— Duvab
BN TBBfl Ó uiñ actos: Madama de Val-
noir (1814); Catalina de Curlandia
(1814); El Trovador portugués (1815);
La Batalla de Veillune (1815); El Mo-
lino de Mansfeld (1816); Todo ó nada
(1836); La viepera de Wagram (1842);
La Bohemia de París, en colaboracíóo
con Gustavo Lemoine (1844), v Bl
Castillo de Vincemnes (1844).— Vm-
DBviLLBS r ÓPBBA8 oóuiCAs: El hijo
de mi mmer (1835); Una noche en ti
castillo (1818); Jf. Montón (1818); !
Los esposes de qninee años (1821); Él ¡
día de%oda (1821); Bl Mulero (1&3);
¿M infieles (1823); Los hijos die mam
i>«<¿ro(1825); Unah%emafortnina{\SS&)\
Bl Caiendarío do loo viajeros (182^); Xs
doncella do Bellenlle (1834); ¿7» buen
muchacho (1836); Sansifn y BaUla
(1836) ; Los Bisares de gnamidé»
(1837) ; Las Banaderas de PitUviers
(1838) ; La Ramilletera de los Campos
Elíseos (1838); Un baile de grisetas
(1839) ; La familia Fanfreluche (1840);
M. Gribouillet (1841); La Posada de
Ckantilly ( 1842) ; Juegos inocentes
(1842), en colaboración con Varin; El
Lazareto (1842); En la playa (1842),
on colaboración con Varin; El tea-
tro y la cocina (1844); El buey gordt
(1845); Mi vecino Bagnolet (18&); Un
aguacero (1845); Los baño» Á domicilio
(1845); Él agua y el fuego (1846); SI
Practicante i\8^Í);Bl BoticaríodePw-
toise (1845); Ojo y nariz (1849); El m-
ño de un propietario, en colaboiación
eon (iuérouU (1849), y Una casa en
que se tiene miedo (1858). Mnchos de
los asuntos de estas obras están saca-
dos de sus novelas. Además de ellas
tiene publicadas La alondra y la palo-
ma, comadiK de magia, en colaboración
con Garmousche; Cuentos en verso
(1842); Miscelánea crítica y literaria
( 1825) ; Cuentos y canciones ( 1843) ; Flon ,
fion, laríra, don, daine, colección de
canciones (1865), y diversos cuentos
ó pequeñas novelas diseminados en
diferentes publicaciones períódicas>
Resumen.—!, Su literatura. Paül
DB KocK, al pintar las costumbres
populares, copia al natural, y sus co-
lores son verdaderos; sobre todo, ale-
ares; pero, más atento i excitar U
risa del público y á tener un gran nú-
mero de suseriptores que á mantener-
; se dentro del decoro del arte y del
necesario continente moral, ha des-
prestigiado sus felices disposiciones,
dando lugar á que la critica ilustia-
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KON
KON
KOSC 299
da, en Tez de designarle con el honro-
so nombre dá'un buen noTelista, le
llame el escritor de las grisetas. En
muchas de las obras cujos títulos
hemos insertado, su literatura no es
más ni menos que el panorama escan-
daloso de su siglo.
2. jSW retrato. — Fecundidad extra-
ordinaria, chistes inagotables, t ra-
yes ura de ingenio, talento práctico de
obserraeíón, conocimiento minucioso
j profundo del corazón humano, cuyo
ciimulo de dotes dichosas está deslu-
cido ¡Mr un desen&do que raya en
licencia» por una licencia que raya i
Teces en cinismo. Pí^cl db Koce es
un genio que da risa por oro; que da
chocarrerías por fama popular. En
efecto, la chocarrería puede dar fama;
pero la fama dista bnstante de la glo-
ria. En Paul db Kock hay malea-
miento del gusto, porque hay malea-
luiento del espíritu, y esto es lo ^rave
de la cuestión. £1 hombre necesitaba
mucho, pedía mucho al noTelista, y
el noTelísta, para dar gusto al hom-
bre, se Tió en el caso de hacerse ju-
glar. Cuando se conozca una genera-
ción de escritores juglares, la elección
de rey no puede ser dudosa: toca in-
dudablemente á Pa.ul db Kook.
Kodafá. Uasculino. Jefe de los
sofís en Persia.
Kod£i. filasculino. El maestro del
sultán.
Ko(ya. Masculino. Secretario de
Bstado en Turquía y en los Estados
berberiscos.
BfiiiOLoafA. Bajo latín iodja: cata-
lán, kodja.
Kodreti. Masculino. Substancia
grasosa, en cuya composición entra el
petróleo.
KokadatOB. Masculino. Are galli-
nácea de Africa.
Kon-Fon-Tsea (Conpucio). Uno
de los más célebres filósofos chinos,
que nació en el aflo 551 antes de Jesu-
cristo, en Tseou, ciudad del princi-
pado de Lou, y murió en 479. Fué
hijo de un gobernador de provincia y
descendía de una familia de donde sa-
lió la dinastía de Chang, la cual había
dado á la China su primer legislador,
Hoaug-Ti. k los 17 años, tenía á su
carg^ una inspección de granos y de
TÍverea. Casado á los 19, fiié encar-
gado de una dirección general de
agricultura, cargo que renunció á la
muerte de su madre, para conformar-
se á una costumbre casi olvidada en-
tonces. Después de las exequias, en
las que empleó ritos fúnebres que re-
montaban su origen á muchos siglos
atrás y que duran hoy, se condenó á
un duelo solitario durante tres afios.
En aquel retiro, meditó sobre las leyes
eternas de la moral; estudió profunda-
mente las tradiciones de la sabiduría
antigua y resolvió reformar las cos-
tumbres de su país. A este fin, reco-
rrió las diversas partes del imperio.
El rev de Tsí le llamó á su corte; pero
Tiendo que allí no recogía más que
estériles aplausos, volvió al reino de
Lou, su patria, en donde se atrajo
durante diez años más de 3.000 diací-
fiulos; la mayor parte, hombres de
etras, mandarines, gobernadores y
oficiales militares, que propagaron
su palabra por todo el imperio. En-
cargado de la magistratura suprema
de la justicia, señaló su ministerio
con la ejecución de altos personajes,
los euaíes se habían enriquecido con
eueciones escandalosas. Fomentó la
agricultura; reglamentó los tributos
y acrecentó las rentas del soberano,
al mismo tiempo que aseguraba el
bienestar del pueblo. Sin embargo, á
pesar de esta recta y beneficiosa ad-
ministraeión, el amor & los placeres
estaba tan arraigado en las costum-
bres de los cortesanos, que no podían
ver con buenos ojos al que tomaba,
como base de sus leyes, la austeridad
y la virtud. A fuerza de intrigas y
maquinaciones, consiguieron deste-
rrar al ilustre filósofo, (jue se vió pre-
cisado á vagar largo tiempo de país
en país, tan pronto admirado, tan
pronto perseguido, pero en lucha
siempre con la miseria. A los 68 años
volvió á entrar en su patria, en donde
dió término á las obras que le inmor-
talizaron en toda la tierra. He aquí
una reseña de sus preciosos libros, que
serán siempre un monumento de la
literatura universal y la primera glo-
ria de su pueblo: Ckon-Kinff, tratado
de moral y de política, en ejemplos,
que resume Tetnte años de estudios
sobre el antiguo gobierno chino, des-
de el emperador lao hasta el año 621
antes del Mesías, abrazando un perío-
do de diez y ocho siglos. En el Chon-
King establece en términos concretos
las relaciones entre el soberano y los
subditos, entre el padre y los hijos,
entre el esposo j la esposa, viniendo
i ser una especie de génesis político
y social. Este libro se tradujo al fran-
cés por el padre Gaubil (París, 1770).
Bl Tck%m-Fticon (la primavera y el
otoño) es ana historia del reino de
Lou; el Rtao-Kin^, un diálogo sobre
la piedad filial, \Á como e
(la gran ciencia) t el Tehong-Yong
(el medio invariable) son colecciones
de preceptos morales. Estos libros han
sido traducidos al latín y parafrasea-
dos por los padres Intorccetta, Her-
drich, Bougemont y Couplet, baio el
título de CoNFUCius Sinarvs philoso-
phw (París, 1687). El Tckong-Yong se
fiublicó en chino con la traducción
atina y francesa, por Abel Rémusat
^ (1817), y el Fa~Hio, por Panthier
(1837). Se encuentran también estas
obras con difusos comentarios en la
colección del padre Noel: Sinensis im-
f\er%i Ubri clasici VI (Prag^, 1784),
ibro traducido al francés por el pa-
dre Pluquet (1784), 7 volúmenes en
18."). La Vida de Conpücio ha sido
Sublicada por el padre Amyot en sus
(emorias acerca de los chinos, tomo ISj
así como la Moral d<f Conpucio, en
Amsterdam (1688).
Jiesumen. — Generalmente hablan-
do, se tienen ideas equivocadas acer-
ca del gran personaje de esta biogra-
fía. No viajó fuera de su país, no tomó
nada de otras naciones para la forma-
ción de su sistema, ni fué legislador
de la China, como algunos autores le
llaman, puesto que no tuvo autoridad
para promulgar leyes, ni fué tampoco
innovador; sino restaurador de las
antíguaH civilizaciones. En efecto, lo
que hizo Coní-^ucio, no fué otra cosa
que reconstituir su pueblo con los
usos, con las costumbres y con las
leyes de los antiguos, de cuyo espíri-
tu sacó la esencia de su moral, la pri-
mera de todas, si no existiese el Etsu-
gelío. Con el fin indicado, corrigió el
Ché-Ki^t comentó el Li~hi y reTisó
los kifigs, libros sagrados del pueblo
chino. Por consiguiente, Confucio no
fué el civilizador: sino el creador de
la Cliina. Sus discípulos y admirado-
res fuoron bastante numerosos para
leTantnr una ciudad sobre su sepul-
cro. ¡Mag-iiíñca posteridad de seme-
jante tumba!
Kooro. Masculino. Nombre que
dan los negros á an instrumento de
música con 18 oueidaji^ semejante al
arpa.
Aopa. Frudicién. Nombre de una
antigua letra que ha quedado en el
alfabeto griego con la representación
numérica de noventa.
BtmozAGÍA. Griego xórnu no-
venta; xü xómaiftd képpa), marcadO)
señalado: latín, hoppa.
Kopek. Masculino. Honed» nM
de poco valor.
Etimología. Ruso kopeck, moneda
de cobre equivalente á poco más de
un Cuarto.
Kopu. Masculino. Especie de tela
fabricada en la China con la eortesa
de Un lirbol.
Kosa. Jefe de la tribu de 1m eo-
raischitas y abuelo de Mahoma, que
nació en 398 de nuestra era y murió
hacia 480. Sus talentos y sus eminen-
tes cualidades le valieron una alta
considerapióa en su tribu. Casó con la
hija da Bblil, gaardtán de la easa
santa; se apoderó, en 440, de la inten-
dencia de la Gaaba j del poder polí-
tico; reunió al rededor de la Caaba
las familias de su tribu, de donde pro-
vino su sobrenombre el Mond-Janmi
(el que une), con el fin de tener á su
lado los mantenedores de su autori-
dad; fundó también la ciudad de la
Meca á hizo construir un palacio lla-
mado Derannadwa (casa del consejo),
en que se trataron los asuntos públi-
cos, se llevaron á cabo los principales
actos de la vida civil y donde se en-
contraba el estandarte (liwa), que
Kosa ponía en mano de los coraiscni-
tas cuando partíu i la guerra. Este
jefe, que aurcaba hs principales
atribacionM religiosas, civiles y polf-
ticaa, ctmToeaba ^ presidía el consejo
de la nación ó imponía y levantaba
los tributos. Hizo reconstruir la Caa-
ba, impuso una carga anual para so-
correr á los peregrinos que acudían
á visitar aquel templo; y al morir,
transmitió su poder á su hijo Abd-
Eddar.
Kosciuszko (Tadho). Célebre ge-
neral y dictadorpolaco, nacido en 17-l(i
en Siehniewcze (Lituania), de padres
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300 KOSC
KOSS
KRAU
nobles, pero pobres, j muerto an So-
leara (Suiza) en 1817. Decidido i
abrazar la carrera de las armas, hizo
sus primeros estudios en la escuela de
cadetes de Varsovía, pasando luego á
Francia para completarlos. De vuelta
á Polonia, era ja capitán, cuando una
intriga amorosa le obligó á expatriar-
se, trasladándose á América, donde
peleá por la independencia de los Es-
tados-Unidos al lado de Washington
y de Lafavette, siendo nombrado in-
geniero del ejército con el grado de
coronel, primero, j más tarde, de ge-
neral. Cuando jra firmada la paz, es-
talló la guerra entre Polonia y Rusia,
en 1792, acudió á su país j tomó el
mando de una división á las órdenes
de José Poniatowski, distinguiéndose
en las batallas de Zielence y Dubien-
ka. Pero como el tej Estanislao Au-
gusto, resuelto á conservar su corona,
se apresurase á aceptar una paz poco
digna, KosciDSZKO, en unión de más
de 500 oficiales, hizo dimisión de su
cargo y se retiró á Leipzig, en donde
la Asamblea legislativa le confirió el
titulo de ciudadano francés. La tira~
nía de la Rusia produjo la insurrec-
ción polaca de 1794, cu^os jefes lla-
maron inmediatamente a Kosciuszko
y le pusieron á su cabeza. Después de
sostenerse algunos meses y de alcan-
sar victorias tan brillantes como la
de Bazlawice, cayó peligrosamente
herido en la batalla de li&ciciouze y
fué conducido á los calabozos de San
Petersburgo, donde permaneció dos
años. Al cabo de ellos, fué puesto en
libertad por el nuevo czar, Pablo I,
que tenía empeño en seguir una polí-
tica totalmente opuesta á la de Cata-
lina su madre. Volvió á América, en
donde pasó algún tiempo con sus an-
tiguos comparieros de armas, y regre-
só á Francia en 1798, pasando algu-
nos años eo Fontainebleau en casa de
su amigo Pedro José de Zeltner, an-
tiguo ministro plenipotenciario de
Suiza en Francia. Cuando abrió Na-
poleón la campaña de 1806, quiso que
KusciuszKO sublevase la Polonia; pero
éste exigió para efectuarlo garantías
que no se le concedieron, v Napoleón
liallú modo de dirigir á los polacos
una proclama firmada por Kosciusz-
ko, a quien prohibió desmentirla en
los periódicos. Alejandro I de Rusia
tuvo entrevistas, en 1814 y en 1815,
rleseando atraer á los patriotas pola-
cos; pero después del triunfo de los
aliados en Waterloo, cortó toda nego-
ciación, y KosciübZKO, profundamen-
te contrariado, se retiró á Suiza, don-
do acabó sus días dos aüos después.
Sus restos fueron trasladados á Craco-
via é inhuuiados en la catedral, entre
los de Juan Sobieski y los del prín-
cipe José Poniatowski.
Resumen. — La historia de este per-
sonaje nos presenta un hecho singu-
lar, precioso resumen de su vida, por-
que es un precioso resumen de su
alma. Bn el momento de morir, legó
en su testamento cierta suma con
el fin de fundar una escuela en Amé-
rica para la instrucción de los negros,
qne JélTerson ha abierto en Newark.
viendo á su patria en la esclavitud,
consagra su ultimo suspiro á la edu-
cación, qne es la redención de los
esclavos. La presencia de un hombre
ue se acuerda de los grandes dolores
el mundo en el instante de bajar á
la eterna sombra, tiene una expresión
que maravilla y hace llorar. Quien
muere de ese modo, no muere. Seme-
jante muerte vale algo más que el he-
roísmo necesario para ganar una ba-
talla. ^
Kossnth (Luis). Célebre revolucio-
cionario húngaro, que nació en 1806
en Monok, en el condado de Zemplin.
Desde muj joven se dio á conocer por
sus ideas patrióticas y su oposición á
la dominación austriaca; fué diputado
suplente en los Estados de Presburgo,
y con objeto de reconstituir el parti-
do patriótico, emprendió unapuolica-
ción periódica en forma de cartas ma-
nuscritas, que en poco tiempo reani-
maron el espíritu público, pero que al
fin costaron á sus autores una sen-
tencia de cuatro años de prisión. Am-
nistiado en 1840, tomó en 1841 la
dirección del Diario de Pettk, en el
que sostuvo los principios de una
moderada libertad. Abandonando lúe*
go el periodismo, se ocupó en fundar
asociaciones nacionales, cuyos afilia-
dos se comprometieron á usar exclu-
sivamente productos de la industria
húngara; impidiendo así el desarrollo
industrial del Austria en Hungría.
Elegido diputado en 1847, defendió
con gran elocuencia los intereses de
su partido; en 1848, pidió como ga-
rantía de las futuras reformas la for-
mación de un ministerio húngaro res-
ponsable, y habiendo acudido á Viena
á presentar la petición al emperador,
fué recibido en la capital con las más
entusiastas aclamaciones, y obtuvo
en efecto la formación del ministerio
Bathyanji, en el que se encargó del
departamento de Hacienda. Su con-
ducta en el ministerio continuó siendo
conciliadora, hasta el punto de acu-
sarle de tibieza por la causa nacional;
f>ero las rebeliones de la Croacia ; de
a Servia, favorecidas primero en se-
creto y después abiertamente por el
Austna, dieron nuevo giro á los acon-
tecimientos, promoviendo la disolu-
ción del gabinete Bathj^anji, y la for-
mación de una jnnta de defensa , á cu-
ya cabeza se puso Kossuth, revistién-
dole de poderes extraordinarios. Ha-
biendo estallado la revolución en Vie-
na, quiso marchar á apoyarla; pero
sus tropas hubieron de ceder ante los
imperiales; éstos en seguida se enca-
minaron á Presburgo, donde entraron
fácilmente, y de allí pasaron áPestb,
donde empezaron á ejercer las horri-
bles venganzas dispuestas por el (to-
bierno del nuevo emperador Francisco
José, llevando al caldalso multitud de
patriotas. Kossuth, que había pedido
recursos extraordinarios, se vió obli-
gado á aceptar la guerra de extermi-
nio, que en pocos días cubrió de ca-
dáveres y ruinas el suelo de Hungría,
la Transilvania y el Banato. El Aus-
tria, cada vez mis apurada, pidió
auxilio á la Rusia; y el Gobierno de
Hungría declaró oue la casa de Habs-
burgo había dejado de reinar eu ella,
y proclamó dictador á Kossuth. Este
organizó un ministerio, publicó una
protesta contra la intervención rusa,
pidió apoyo á los Gobiernos de Ingla-
terra y Francia, que ni le escucna-
ron, y procuró por todos los medios
sostener la lucha, que los ejércitos de
Paskiewitsch. Haynau, Nugent y
Jellachich iban concentrando en ud
círculo muy limitado, sin que pudie-
ran impedirlo las victorias de Vemy
Goerg.-y ; el brillante hecho de ar-
mas de Klapka, delante de Komom,
inutilizado por Ga?rgey, reanimó nn
momento las esperanzas. Pero un con-
sejo de guerra, en que Kossuth ma-
nifestó el deseo de sostener la lucha
mientras quedara un solo hombre,
desechó esta idea, y entonces aquél
presentó su dimisión, que la Uieta
aceptó, confirmando el poder dictato-
rial á Gcergey. Al saber la traición
de éste en Vilagos, se refugió Kos-
suth en Turquía, desde donde poco
después pasó á Inglaterra y de allí á
los Estados Unidos, volviendo á djar
otra vez su residencia en Inglaterra,
sin haber podido visitarla Francia en
aquella época, donde el gobierno de
Bonaparte le impídióá entrar. En 1875
se estableció en Turín y hacia el 79
dio al público la primera parte de sus
memorias, ^ue fué traducida en fran-
cés con el titulo de Recuerdo» y acri~
iot de mis destierros (París, 1880,en 8.')
En Septiembre de 1892 fué visitado
en Turin por 20 diputados húngaros
que fueron á felicitarle por haber cum-
plido noventa años y con este motivo
se celebraron fiestas en Hungría. Mu-
rió en Turín, en 20 de Marzo de 1894.
Kouán. Masculino. Botánica, Plan-
ta con cuyo grano se hace carmín.
Etimología.. A'£>íí<in. (Littró.)
Krause (Carlos Cristian Fbdbri-
co). Filósofo alemán, que nació ei;
Eisemberg (ducado de Altemburgo^
en 1781 y murió en Munich en 1«32.
Fué hijo de un ministro protestante «
hizo sus estudios elementales en sa
ciudad natal, enviándole luego su pa*
dre á completarlos en la universi dad
de Jena. La filosofía de Schelling y de
Hegel absorbían entonces toda la aten-
ción de Alemania. Erausb fué á oír á
dichos filósofos, se apropió una parte
de sus doctrinas; pero rehusó afi-
liarse á su sistema, abriendo en Je-
na (1802) un curso, que interrumpid
en 1804 para ir á continuar sus estu-
dios en Budolstadt, Dresde y Berlín-
Las lecciones que dio en esta última
ciudad tuvieron cierto éxito; pero las
suspendió para recorrerla Alemania.
Francia é Italia. A su vuelta de Fran-
cia (1822) abrió en Gcettinga un cur-
so libre, que trasladó en ln31 á Mu-
nich, muñendo al año siguiente, en
el momento en que daba la última
mano á muchas obras las cuales deja-
ba sin terminar. Sus discípulos han
Sublicado después los últimos ^tos
e la ciencia de su maestro. Uno de
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KRAU
KRAU
KRIC 30i
ellos, M. Pascual Daprat, ha sido el
que los Ka dado á conocer en Fraircia.
Krausb, filósofo ecltíctico, no tiene
más que uaa orig;iaalidad de segun-
do orden. El mismo resume de este
modo el espíritu de su doctrina: «El
sistema de la ciencia reconoce la críti-
ca del conocimiento humano,» j se es-
fuer2a en ejecutar y completar lo que
Kant había empezado. <Ea lo que toca
i los sistemas de Schelling j Hegcl,
participo de sus opiniones, que son las
mismas de Platón, sobre la existencia
de UQ conocimiento primitivo j fun-
damental; pero lo que ellos llaman
int»ieÍone* tnteUcímkst es para mí la
i»lmei¿n de Dios, del ier» Parto de un
hecho prímitiTo de eoncieocia, de la
iuíuición radonalt para añrmar en él
el principio de todas las cosas. Esta
doctrina no es, sin embar^, la de Ja-
cobi, puesto que Jacobi mega la posi-
bilidad de conocer el principio abso-
luto j se acoge á la fe. Convengo, por
!o demás, con él en que la afirmación
del Dios vivo es la condición de todo
verdadero conocimiento de la vida j
de los deberes que á ella se refieren,
aunque el conocimiento humano no
tenga necesidad para llegará ella del
sentimiento que supone.» Kuiiss*
como se advierte, tiene menos oonTÍo-
ciones personales que deseo de fundir
todos los sistemas filosóficos en uno
solo, que sería el eclecticismo, debien-
do notarse que su tentativa en Alema-
nia es contemporánea de la da Víctor
Cousin en Francia. Para él, no haj
sistema que sea la verdad absoluta;
sólo existe la ciencia, que los compren-
de, los compara, los generaliza, los
juzga. De esta manera extiende el
análisis científico á la universalidad
de los sistemas. El objeto de la cien-
cia es el alma humana; su fin, Dios j
la naturaleza. La naturaleza tiene su
razón en Dios, obra en él y la ciencia
misma toma del Ser divino su origen
j su autoridad. El análisis psicológi-
co explica á la vez la unidad j la va-
riedad de los conocimientos científi-
cos. Esta doctrina ha recibido en Ale*
manía el nombre de tieíema de la cien-
cia. Se compone de dos partes. La pri-
mera, es la parte iuhjeíiva ó anaUítca,
Corresponde á la psicología y á la ló-
gica y constituye el estudio del alma
Eumana. La segunda parte del siste-
ma es la sintética ú objetiva y corres-
ponde al estudio de la naturaleza y de
Dios, á las ciencias naturales, á la
teodicea y ála moral. Kbausb procede
por inducción y se remonta, desde el
individuo material j observable, hasta
Dios, en cujo seno llega á descubrir
por el discurso una individualidad
más poderosa, razón necesaria del in-
dividuo terrestre. Entre sus escritos
científicos, citaremos: Apuntes de la
l:gÜM histórica (Jena, 1803); F%nda~
meíUo de «» sistema J.losóJico de las ma-
temáticas (Jena, 1804); Manual de la
teoría de las combinaciones ^ de la arit-
mética con una exposición nueva y clara
i¡e la teoría de lo ^niío éin^nito (Dres-
de, 1812). Sus obras de filosofía, pro-
piamente dicha, son: Ensai/os sobre la
base científica de la moni (Leipzig,
1810); Diario de la vida humana (Dres-
de, 1811); Ensayo sobre el arquetipo
de la Auffianif^(it¿(Dresde, 1812); Tesis
^/jjo/íc¡ij(ü(Bttinga, 1824); Compendio
del sistema de la filosofía (Gcettinga,
1825): Apuntes del sistema de la Ugica
(Gcettinga, 1828); Lecciones acerca del
sistemade íajf/o50/ta(G-aettinga,1828);
Lecciones acerca de las verdades funda-
mentales de la ciencia, consideradas con
relación ála vidaiGoiiiWn^íL, 1829). Los
trabajos de Kbausb sobre el derecho
son: Fundamento del derecho natural ó
Enselvo fñ^óMo sobre el ideal del de-
recho (Jena, 1803); Apuntes acerca del
sistema de la filosofía del derecho ó de-
recho natural {GasÁúngíi, 1828). Ade-
más, se le deben otros muchos escri-
tos sobre la masonería, la música y el
lenguaje, entre los que merecen citar-
se: ÉspiritualizaciÓn de los símbolos
fundamentales de la francmasonería
(Freigberg, 1810); Los tres más anti-
guos monumentos fundamentales de la
francmasonería y su historia (Dresde,
1813); Compendio de la historia de la
música con instrucciones preparatorias á
la teoría de este arte {Qc&ttingst, 1827);
J)e la dignidad de la lengua alemana
(Dresde, 1816), é lutroducd-'m á un nue-
vo wcabfilariocompleto delalengua usual
alemana (Dresde, 1816). Los escritos
Sóstumoi de Kbausb se componen de:
•eccimus de la lógica analítica y de la
enciclopedia de la filoro^^ (Ocettinga,
1836), obra conocida líaio el titulóle:
Teoría del conocer y del conocimiento;
Filosofía absoluta de la religión (Goet-
tinga, 1835-36, 2 volúmenes en 8.*);
Ensayos estéticos 6 De la filosofía de lo
bello y de las bellas artes (Gcettinga,
1837, en 8.°), y multitud de opúsculos
y artículos en diversas pablicaciones
periódicas.
Resumen. — La doctrina de Kbausb,
más que el sistema de un filósofo, es
la maravillosa confusión de un sabio
dotado de una erudición increíble. En
su gigantesca literatura parece reñe-
jarse cuanto ha pensado y cuanto ha
dicho la humanidad, mereciendo el
título de ecléctico por antonomasia.
No es un filósofo de la escuela ecléc-
tica: es el ecléctico.
1. Diciendo que el ser equivale á
una constante contradicción, profesa la
filosofía de los orientales, la disolven-
te metafísica de los asiáticos, cuyos
tipos más universales son las castas
indias, el Ormuzd y Arhimán del ma-
gismo persa (el bien y el mal, el día
y la noche), y la autoridad omnipo-
tente de los faraones de Kgipto. Esta
filosofía engendra la teocracia, en re-
ligión; el absolutismo, en política; la
esclavitud, en el orden civil, la de-
gradación del ser humano, en el or-
den moral.
2. tiu teoría sobre el ser, uno y ne-
cesario; sobre la identidad del ser y de
la ciencia; sobre el prindpio de la cien-
cia que está en el sujeto, no es otra cosa
que la negación absoluta de la ley de
ta contradicción, que establece en otro
lugar, y un remedo de la filosofía teo-
I lógica de la escolástica; de modu que.
antes que un sistema de filosofía, debe
llamarse un sistema teológico.
3. Las in iinidualidades incompren-
sibles, que halla en el seno del pen-
samiento universal, dan lugar á cier-
tas corrientes divinas, cuya acción es
eterna en el seno de lo infinito. Esto
vale tanto como exponer en términos
krausistas el conocimiento primitivo
y fundamental de Platón, la mónada
de Pitágoras (que después pasó á ser
la mónada de Leibnitz), Ó la idea in-
nata de Descartes, ó la visión celeste
de Malebranche, ó la idea pura,, el
concepto absoluto, da otra escuela ale-
mana.
4.. El reoíifSM, que encontramos en
su doctrina, nos trae & la memoria la
experiencia de Loke j la sensación de
Condillac.
5. El idealismo su sistema lo pone
en relación con la metafísica de Kant
y de Fichte, de quienes ha tomado el
concepto subjetivo y objetivo de la cien-
cia, que Qs la ciencia misma en su
principio, en su acción y en su fin,
amalgama confusa de ciencia, de teo-
dicea y de moral.
6. La exposición dogmática de sus
teorías parece inspirarse en la identi-
dad absol^ta de Schelling; aunque debe
advertirse que esto es más bien una
concesión, hecha á la lógica del pro-
cedimiento, que una parte real de la
filosofía del autor.
7. En fin, la inmensa doctrina de
Kbausb, una de las revelaciones más
extensas y prodigiosas del espíritu
humano, no es un sistema; es un mé-
todo. Si no es un método, es eipande-
monium de una sabiduría que asusta.
Kremlin. Masculino. Palacio de los
czares de Uusia, en Moscou.
ETiuoLoaÍA. Ruso kremlím: francés,
hremlin.
Kreutzer. Masculino. Moneda de
Alemania, equivalente á la sexagési-
ma parte del ñorín, j que quiere de-
cir cruzado.
EriMOLOofA. Alemán Kreuiz, cruz:
francés, krentser; catalán, kréutter.
KricIinaóKrichsna. Nombre que
tomó Vishnú en su octava encarna-
ción, la más bella y pura de todas.
Según las leyendas indias, Kbiohha
nació en Mathura, de Vasudeva y de
Devakí. El hermano de éste, Kansa
(encarnación de Siva), amedrentado
por una predicción que amenazaba su
vida, quiso matar á su sobrino. Pero
el niño fué salvado por unos pastores
Í', llegado á hombre, triunfó en todas
as peligrosas pruebas por que Kansa
le hizo pasar. Después de haberle dado
muerte por su mano, tomó el partido
de los pandous, raza oprimida por los
kausous y aseguró la victoria á su
jefe Ardjuna. &ta lacha ei U conoci-
da con el nombre de Make^amia (gran
guerra). Se^m unos, se remonto en
seguida al Vaiimnia, palacio divino;
según otros, fué muerto accidental-
mente por el cazador Angada , en cuya
época comenzó la edad negra 6 de
hierro (Kalionga). Otra tradición dice
que el cuerpo del Dios-ílombre fué
convertido en uu trono de sándalo y
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302 KULD
KURD
KYRI
ue llevado por las apuas á Us orillas
el Orísa, se adora todavía en Dja-
gaentat.Seis mil ochocientas mujeres,
á quienes había inspirado amor, se
entregaron á las llamas, despaés de
su muerte. Bl mito de Krichna ofrece
singulares analogías coa los de Júpi-
ter, Apolo, Hércules j hasta con la
vida de Jesús; pero, en realidad, no
es otra cosa que el símbolo poético de
una lucha real entre los sectarios de
Vishná j los de Siva. La vida de
Kricbha es el asunto de un famoso
poema indio, el Skagavttta-Purana,
que se ntríbuye á Vopadeva, poeta del
siglo XIII, J que ha sido traducido al
francés por a. Bumouft en 1841.
Krik. lUaealino. Bspeeie de papa-
gñw verde de ¿Imáriea.
JCttbUfti-KlMadClii-Tsn. Empe-
ndot de U Chfiu, j fundador de la
vigésima dinastía llamada de los Yuan
ó Mogoles. Era nieto del conquistador
Gen^is-Khan. Nació en 1214 j muriá
en 1294 de la era cristiana. Reunió la
China á su imperio, que consistía en
la Tartaria, el Pegú, el Tíbet j el Ton-
kín; proteg-ió las ciencias y Us artes y
publicó un nuevo código legislativo,
tíegún los historiadores chinas, era
excesivamente supersticioso, mu^ afi-
cionado al vino y á las mujeres r te-
nía una adhesión ridicula a los íamoi
del Tíbet. El célebre viajero Marco
Polo, comerciante veneciano, recorríé
varike inoviacias del imperio elúao
dátente eti xeinado y escrifaiá tme ve-
leeidn de eae viqee, qna faenm con-
siderados por mueho tiempo eomo fa*
bul lisos.
Kugo. Masculino. Especie de sa-
cerdote del Japón.
Kuldeos. Masculino plural. Hislo-
ria. Nombre que se dió en Escocia,
hacia el siglo ix, á unos eclesiásticos
que c imponían el clero en unión con
los monjes, j que pasaban por haber
pertenecido i tt jefftrqaie de los ea-
nóaigoe*
EruiOLoafA. Irlandés eeiU Dae, ser-
vídores de Dios: francés, kuldees.
Kurdistán. Masculino. Geografía.
El KuanisTÁN j el Al-I)jezireh están
compreadidog en el país de Irak, de-
nominado generalmente Irak-Áraby.
Para la más cabal noticia de nuestros
ilustrados lectores, haremos á conti-
nuación una breve reseña de cada uno
de dichos territorios.
1. Irak-Araby. — Bl Irak-Arabj,
llamado también país de Irak ó de
Irán, comprende la antigua Babi-
lonia V la Caldea; el Kurdistán y
el A.l-Djezireh están á su Norte; la
Persia, al Oeste; el golfo Pérsico, al
Sudoeste; el desierto de Arabia, al
Sud j al Oeste. Su ma/or largura,
desde el golfo Pérsico hasta la fron-
tera kurda, es da 945 kilómetros; su
majror anchura es de 278 kilómetros,
contando 84 en su parte más estre-
cha. Bste país está regado en toda su
extensión por el Eufrates y el Tigris,
en cujas orillas viven un gran nume-
ro de tribus nómadas. Cerca de Kor-
ma se reúnen ambos ríos y forman
una sola corriente que, bajo el nom-
bre de Chat-El-Arab (Río Unido), di-
rige sus aguas hacia el golfo Pérsico.
—Toda la industria de esta provincia
puede decirse que está concentrada en
Bagdad, ciudad celebre por sus ricos
bazares, sus tejidos de algodón j sus
terciopelos.
2. Al-D^mnk.-^'BX nombre arábi-
go AUDjmreh significa lo mismo
que el Mesopotamia de los griegos;
uno y otro indican la situación de un
paÍH comprendido entre dos ríos. El
Tigris separa esta provincia del Kuit-
DiSTÁN j del Irak; el Eufrates la se-
para de la Arabia, de la Siria y del
Asia menor. La cordillera de monta-
ñas del Norte la sirve de límite para
con la Armenia; tiene 946 kilómetros
de largo, de Sudeste á Nordeste; su
anchura media es de 223 á 389 kiló-
metros, en que sólo se halla una Ua-
nura inmensa sin accidente alguno,
monótona como un mar de arena; pro-
duce ajenjo v algunas plantas aromá-
ticas; pero de todos modos, es país
estéril y no presenta ni un solo árbol
grande ni pequeño. Este desierto, se
mejante al de la Arabia (excepto ep
sus proporciones), está poblado de as
nos salvajes, de avestruces y de antí-
lopes ó gacelas, presa común del león
que loa acecha entre los tamarindos,
los cipreses y los sauces, que enees
en las márgenes de los ríos.
3. Kurdistán. — Al Sur de U Ar
menia turca se presenta el Kurdisták
ó KouRDiSTÁN, que linda, por el Este,
con la Persia. Esta provincia, que tie-
ne 695 kilómetros de la^ por 278 de
ancho, está coronada por los montes
Gordianos, cubiertos de bosques de
encinas ó de grandes dehesas. Sus ha-
bitantes, los Kurdos, son pueblos pts-
tores nómadas, sujetos á una especie
de gobierno feudal, divididos en pe-
queños principados.
Kurdo, da. Adjetivo. El naíunl
del Kurdistán j lo relativo á esta re-
gión.
Kurtchis. Masculino. CuerpG de
caballería entre los persas, compuesto
de la nobleza antigua.
Etimolooía. Persa kourtchi: fran-
cés, kurickis.
Kutubut. Masculino. Nombre ára-
be de una especie de melancolía, en
que el enfermo no se encuentra bien
en ningún lugar, pasando sin cesar
de un punto á otro.
BTUiOLOOfA. Vocablo árahe: eataUo,
kutubut.
Kwas. Masculino. Nombre de ana
bebida que los rusos componen con
frutos agrios y cortezas de pan, pues-
to todo en fermentación.
Etimolooía. Ruso jIwm.- franeés,
kmas.
Kymry. Kimry.
Kyríe. Masculino. Kirik.
Kjrie-Eleison. Masculino. Kirie.
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L
L. Décimatercia letra da naeatro
abecedariOt y décima de las consonan-
tes. Su nombre es ble. H Letra nume-
ral que tiene el valor de cincuenta.
(Acaobuia). i Cuando tiene una rava
eDcima, L, vale cincuenta mil. | La
Bi>8 se pronuncia pegando la lengua
al paladar. | Es abreviatura de la^
la*, en la fórmula de etiqueta social
B. L. M., besa la mano; B. L. P.,
besa los pies, y Comercio. A-breviatura
de libra, ya como moneda, ja como
peso.de cuja palabra es inicial. Q Quí-
mica. Abreviatura de liihivm en las
formulas atómicas. || Imprenta anti-
gua. En la foliatura de los libros,
significaba la duodécima hoja. || Co-
mo signo de orden, expresaba tam-
bién el duodécimo objeto ó lugar de
una serie. | NumimáUea, En las mo-
nedas francesas, es la inicial de Louis,
Luis, nombre de varios rejes de
aquella nación. ] Tratándose de los
rejes Luis XII, Luis XIV y Luis XV,
la L aparece con una corona en la
parte superior. Dos elei enlazadas re-
Eresentan el mismo nombre, por ser
t ci&a heráldica que usaron en sus
bordados, carruajes V escudos. Q Tam-
bién es la marca de la moneda acuña-
da en Bayona. J Gramática saiucriía.
Ssla vigésimaseptima consonante del
alfiibeto devanagari; la sexta de las
consonantes dentales j la trigésima-
novena de las letras sonoras, f Grama-
Uu hebrea. Duodécima consonante del
al&beto, cuyo nombre es iamed; aun-
qoe los gramáticos recomiendan que
le pronuncie como sal». | Gramática
értue. Letra vigésimacnarta del alfa-
beto j la déeimatercia de las talares,
euyo nombre es ía». l Gramática grie-
ga. Letra del alfabeto, cuyo nombre
ea íámbda^ | Como letra numeral, tenia
el valor de 30 7 de 30.000. en comU-
nación con nn tilde, semejante á una
coma. Cuando el tilde se colocaba
después de la letra, X,, representaba
treinta; cuando se ponía antes, ^X, re-
presentaba 30.000. I El tema U (la)
en los compuestos significa mucho,
valde. I La L, en la misma lengua, es
de las llamadas ametáholot («[utáSoXo^,
inmutable), aludiendo á que no pue~
de cambiarse por ninguna otra. En
las monedas griegas, en las toserás y
en los papiros, cuando aparece con su
forma antigua (<^), 7 no con la poste-
rior (A), significa ATKABAS (Lü-
KÁ.BÁS}, palabra griega antigua que
significaba año. Q Gramática general.
La L viene á ocupar el mismo lugar
en todos los alnbetos neo-latíaos y
germánicos, y puede decirse que re-
presenta la articulación dulce, líqui-
da ó lingual suave de la r, que es la
fuerte líquida ó lingual ruda; y esta
observación se comprueba ñor el he-
cho de que las personas que nronun-
cian difícilmente la r, y también Us
Eoco instruidas, la sustituyen por la
; verbigracia: ChamheU, por Óhani-
herí. Hay además pueblos enteros, tal
como el chino, que se hallan en este
mismo caso, y que no tienen en su
lengua la articulación r, por lo que,
al naturalizar todo nombre extranje-
ro, permutan dicha letra por su afi-
ne, la L. II La forma de esta letra, es
decir, la forma mayúscula, es la mis-
ma en todos los alfabetos modernos y
en muchos antiguos, tales como el
armenio, el árabe, el siríaco, el etrna-
co y el samaritano: no fué la misma
en el alfabeto griego antiguo, toman-
do una forma más angulosa é incli-
nada (O, qu9 M fvÁ mlinciido doa-
paé«( A ). OrmáiifiB gmarmU D nod^
cima letra de los aükbatos alemán.
inglés, francés y catalán. Q Historia,
Entre los lacedemonios, la L era el
signo distintivo que decoraba el ea-
taudarte de aquel pueblo. | Literatura
latina. Duodécima letra del alfabeto
latino, perteneciente al número de
las consonantes, y lina de las que
ordinariamente se liquidan cuando
va seguida de una muda. |l Muchas
consonantes se cambian en l por asi-
milicióo, como en UbiuMS, por Uhe-
rvtlus; anneiAMS, por anni(ÍÍUw;au.^0,
per adligo; «ll'ií, por ufiiUiu. | Bn la
primitiva lengua latina no aparecía
como signo doble; y asi se escribía
macelum, polmam» por mmoiUnm, jmí-
lucere. \ En el tránaifo del griego al
latin, ó sea al latinizarse ciertas pa-
labras griegas, la L doble, es decir,
la doble lámbda, se conmutaba en li,
lo cual explica el hecho curioso quo
del griego ipó/Aov (ph'!lio>iJ, hoja, se
formase el latín phblhim. que el latín
posterior convirtiií en /"liuni. |] (.'omu
abreviatura, sig^nitica Luctus, cuando
va delante de los nombres propios,
como: L. Cornelius Sulla, Lucio 6'ci--
tK¿M ^t^. II Epigrafía. En las inscrip-
ciones representa: Laríbus, latum, ti-
bens, liberta, libíríus, loco, longnu,
lex, ludí, legio, leuca, lector, lusírum,
Lycius.
EtiuolooU. Latin ¿, l; griego,
A, X, Xf[i6¿a (lámbda); hebreo,. ¿a»wt¿;
árabe, ¿m».
.^«ia.— 'Baialetm es la lingml por
excelencia, y en casi todos loa alfa-
betos conocidos tiene la figura más ó
menos parecida á una lemjua.
Conmutada en t, eu ube^a, ajeno.
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304
LABA
ajo, contejOt espejo^ myo, ojo, Uja, del
l«tf D apicuU, alienOf aílie, concilio, spe-
culOf mU'Of ocniOf tw*Ía.
Conmutada en H (artteulacitSn 6 le-
tra peculiar de nuestro alfabeto) la
doble l de los latinos, como en arella^
na, calU, fuelle, muelle, pollo, valle,
del latín avel-lana, cal-li 6 cal-le, fol-
li, mol'li, pul-lo, val-le.
El provenzal (catalún, valenciano,
etcétera), el portugués y el italiano
conmutan muchas veces la l de ori-
gen latino en //; los valencianos di-
cen, por ejemplo, espill, j los portu-
gueses, etpelko (esp -lio), al espejo, del
latín speculo; los catalanes y valen-
cianos hicieron /í/ (hijü),/tt//a (í"oja
ú hoja), mulUr (mujer), v ios italia-
nos. ^¿10 (fillio), foilia (follía), mo^lie
(moUie), dellatín fiUOt folia, muhere.
— Esta conmutación sa observa tam-
bién en el castellano antis-uo, como
en las voces baralla, concello, mellor,
moller (reñejo sin duda de la influen-
cia provenial), y otras varias, hov
anticuadas, habiéndose vigorizado la
muelle articulación de la II con la
sustitución de la y.* así decimos: bara-
ja, consejo, mejor, mujer. En el caste-
llano moderno (como en los demás
idiomas neo-latinos) la conmutación
de la l sencilla del ktín en ü es fre-
cuentísima cuando la l de origen va
seguida de (.* así es como de ^milia-
n», Apulia, balista, Btliana, Sulalia,
fuiÍ0Íne, Anmiliare, hibilia (latín bár-
baro, por Bispali), Juliano, Massilia,
wíuatia, han salido: Milhin, Pulla
Í]a), ballesta^ Villena, Olalla, kolUn,
humillar, Sevilla, Ulan, Marsella, vi-
tualla.
Suprimida en baño, del latín bal-
neo, y en umbral, que antes fué ¿«m-
bral.
Suprimida una l en coloquio, iluso,
mil, pilida, del latín col-loquio, il-lu-
30, mil-le, pal-lido; es decir, suprimi-
da una t siempre que la palabra ori-
final latina tiene dos, y no ha habi-
0' conmutación en II. (Monlau.)
1 . La. Gramática. Forma femenina
del artículo indicativo, que se ante-
pone á los nombres apelativos y mu-
chas veces á los propios de este géne-
ro. I Acusativo del singular del pro-
nombre personal femenino ella. Suele
algunas veces posponerse al verbo
formando una sola dicción con él.
Etimología. SI.
2. La. Masculino. Música. La voz
sexta de la escala ó diapasón.
EriMOLoafA. Ultima nota de la pri-
mitiva escala musical, inventada por
Gui d'Arezio, quien la tomó de la pri-
mera eatro& del himno da san Juan
Bautista: üTfucantlaxis REsonare /íbris
Mira ^estorum Vkmuli tuorum, solw
pollutt Lk.bü reatan. La escala de Gui
d'Arezzo constaba de seis notas, se-
gún acabamos de ver; mí, re, mi, fa,
sol, la.
Labact&u. Masculino. Saíiinica.
Arbolito de Gochinchina, de hojas
brillantemente plateadas y de flores latinas sino desáe la época de Cons-
blancas muj vistosas. tantioo el Grawle; pero, según I)u
LABA
siarca francas, que nacid en 1610 y
murió en 1674. Uespués de ser jesuíta
T distinguirse como predicador, se
hizo protestante fundó la secta llama-
da de los /a¿aiit</nf, que subsistió cerca
de un siglo en Alemania. Los princi-
pales artículos de su doctrina eran la
abolición de la jerarquía y subordi-
nación eclesiástica, la comunidad de
bienes y la autorización de suplir la
Biblia con la inspiración interior.
Labadismo. Masculino. Doctrina
consistente en pretender que la jerar-
quía eclesiástica debía a.bolirse, sien-
do suplida por la inspiración interior.
EriuoLoaÍA. Labaaie, teólogo fran-
cés del siglo XVII, 1610: francés, la-
badisme.
I*abadÍ8ta. Masculino. Partidario
6 discípulo de Labadíe.
BTiifOLOoU. Labadismo: firancés, la-
badiste,
Labán. Patriarca bíblico, que vi-
vía en el siglo xviii antes de Jesu-
cristo. Era nieto de Nacor é hijo de
Üatuel el ¿iirio, de la familia de
Abraham, y habitaba en Mesopota-
mia. Fué padre de Lía y de Haquel,
las cuales dió en matrimonio á Jacob
en recompensa de catorce afios que
le sirvió. Los bienes, ad-ninistrados
por Jacob, prosperaban y quería que
siguiese en su compañía; pero Jacob
dejó i su suegro sin decirle palabra,
y éste le siguió por espacio de siete
días, deseando alcanzarle pan mal-
tratarle y cogerle su ganado y bus
hijas; pero Dios se le apareció en sue-
ños y le prohibió hiciese el menor
daOo á Jacob. En el monte Galaad le
alcanzó y ofrecieron juntos sacrificios
y se reconciliaron, reclamando Labán
solamente á su yerno los ídolos que
suponía haberle robado. Jacob, que
estaba inocente, le invitó á que regis-
trara todo su equipaje; pero Haquel,
que estaba sentada encima, y que era
quien los había ocultado, se excusó
de levantarse, fingiendo estar indis-
puesta, por no restituir á su padre
aquel objeto de superstición y de &1-
80 culto. Contentos unos y otros se
separaron el año 1739 antes de Jesu-
cristo, y se cree que Labán en lo su-
cesivo se dedicd á la adoración del
verdadero Dios.
Labarino. Masculino. Especie de
turbinela.
Etimología. Francés labarin, del
latín labor, Wñ, baiar.
Lábaro. Masculino. Kl estandarte
de que usaban los emperadores ro-
manas, en el cual, desde el tiempo de
Constantino, se puso la cruz y cifra
del nombre de Cristo. \ La cifra del
nombre de Cristo, compuesta de la
X, Ji, y PyRo, griegas, que por man-
dato de Constantino se puso en el es-
tandarte imperial, que llamaban tam-
bién LÁBARO.
Etimoi.oo{a. 1. Latín lab&rum,
e\iyo origen no se conoce. El vocablo
en cuesticin no aparece en los autores
EtiuolooÍa. Vocablo indígena.
L«badie (Joam). Teólogo y here-
Cange, el láharo está impreso en las
medallas de los primitivos empsrado- cióu, vicio, peste
LABE
res. Y como allí figura á propósito de
las victorias alcanzadas sobre los bár-
baros del Norte, Du Cange cree que
los romanos recibieron la bandera j
el nombre de las naciones conquista-
das. (LiTTRÉ.)
2. El láharo era el estandarte mi-
litar de rica tela, bordada de oro j
guarnecida de pedrería, que los em-
peradores romanos llevaban á campa-
ña con alguna empresa ó divisa de su
escudo. Después de Constantino Mag-
no, se puso en medio de aquella ban-
dera una cruz con el alpha y el otarga
de los griegos (principio jr fin); y por
timbre, en lo alto del asta, el nombre
de Cristo cifrado en las dos letras
griegas X P. (Valbubna.)
3. El pueblo latino no recibió de
las naciones conquistadas la bandera
y el nombre, puesto que el vocablo
propuesto tiene en el latín una raíz
muj conocida. LM&rum representa
una forma simétrica de libare, balan-
cearse, ondear. Se le llamó Úbáru»,
porque ondeaba: catalán, lábaro; fran-
cés, labarum.
Lo expuesto está conforme con el
texto siguiente: cEstandarte militar,
que llevaban delante los Emperado-
res cuando salían á campañ». Era de
extraña riqueza por ser tejido con
oro y adornado de piedras preciosas,
y en el medio estaba puesto el nom-
bre del Emperador, y alguna empre-
sa suja, y se le daba especial culto
por todo el ejército; pero desde el
tiempo de Constantino el Magno se
mudó el epígrafe, poniendo en medio
del una cruz con el AlpkayOmega
de los griegos á los lados, y por tim-
bre en lo alto del asta, el nombre de
Cristo cifrado en las dos tetras grie-
gas R/loo y Chi. Hoy entendemos por
utnARo el nombre de Cristo cí Vado
de este mod3.» (Acadbmía, Dicciona-
rio de nn.)
4. Historia. — Era una pequeña ban-
dera de púrpura, cuadrada, fija j ten-
dida al extremo de una lanza, j con
una franja por bajo. Bn el centro es-
taban pintadas y entrelazadas las dos
letras griegas X yV, representando á
la vez el monograma de Cristo (Xpt>-
-có^) y la cruz del Salvador. Constan-
tino iba contra Magencío (312), cuan-
do una cruz luminosa se le apareció
en el cielo con esta inscripción: iN
Hoc SIGNO viNCES, j9or este si^no vence-
rás. X la no.'he sic-uiente, vió en sue-
ños á Jesucristo, llevando un estan-
darte adornado con un signo seme^
jante; y entonces hizo construir uno
igual al que había visto cu manos del
Dios-Uombre, y le llamó lababüu,
nombre cujo verdadero origen se ig-
nora. Esta bandera era llevadas la
cabeza del ejército ^ confiada á la
custodia de 50 preteríanos de los más
valerosos.
Labaza. Femenino. Laupazo.
Labdacismo. Lambdacisvo.
Lábdano. Masculino. Ládano.
Labe. Femenino. Mancha, tilde,
plaga.
ETuioLoaÍA. Latín labtt, corrup-
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ABE
1. Bl Utín lahei represénU una for-
mi de labor. Ubi, caer, perecer, morir.
2. Labi es simétrico de liba, iUhas-
u, eiUr para caer, j da labe$, ruina.
3. Todas esUfc formas esUn en re-
lación con el Terbo griego lamiánd
[U^Ttta), coger, arrebatar.
4. El griefo lambánd es paralelo de
lÜi (iaSi), ímpetu febril, acción de
coger, inrasíÓD (prehtmxo),
5. Bl griego labi es la traducción
^ega del sánscrito láihat, contacto,
íaTasión; del verbo lahk
cansar, morer. No cabe en el método
de la deri ración ficparar las siguientes
formas: ianscrito uibh, lábhat; griego,
UmUndy la&9¡ latín, Ú¿o, lUiascOt
htr, Ubet,
6. Sia embargo de la diferencia de
prosodia, las anteriores formas latí-
ais representan la misma palabra eti-
moUgica. Bsta palabra etimológica as
en aueatro juicio el sánscrito labht al-
eaniar, moTer, porij^ue la idea át al-
cance íios lleva a la idea de contacto;
como U idea de contacto implica
)a idea de sacudida ó de movimiento.
No damos ana etimología; sino ^ue
exponemos simplemente tina conje-
lon,
Libelado, da. Adjetivo. Conq%iUo-
lojU, Concha labblada.. Concha uni-
fUTa cujo borde interno se prolonga
, ea ana especie de labio.
BnuoLoaÍÁ. ¿«¿«ío: francés, labelU.
Labelo. Masculino. Botánica. Seg-
mento inferior de una cubierta floral
úiiiea, que se distingue generalmente
por una fonna j un color especíales.
El perianto de las orqaídeaa es un
ÉniioLoaU* Latín lUbdllum, dimi-
nntivo da k^nm, labio: francés, la~
MU.
Labéb. Masculino. Botámiea, Arbol
■aojr elevado de Madagascar.
Labeo (Mabco Antistio). Floreció
en Uejipo de Augusto, j gozaba de
gnn repotaciiSn, pasando por el pri-
our jurisconsulto de aquella ilustrada
épeca. Quedan muchos fragmentos de
sos tseritos incluidos en diferentes
lugares del Diffttto. (Di AbousL j
Morante.)
BnuoLoQÍA. Latín Zlibío.
Labeón. Masculino. IcííoUmÍh, Es-
p«eie de pescado peqaeflo maUcopte-
rigio,
Laberia. Femenino. Nombre roma-
no de mnjer.
BniioLoofÁ. Lahmúi latín, ¿UMa.
(Añthtlogia latina.)
Labbrinticamenta. Adrerbio mo-
^1< A modo de laberinto,
BnuoLooU. Laberíntica j el su6jo
«dverbial mente.
Laberíntico, ca. Adjetivo. Con-
eeraíente ó parecido ¿ un laberinto.
Bthología. Laberinto: latín, Idh-
riMtkicm; iuliano, ¡ab&iniieo; francés.
Laberintiforme. Adjetivo. Que
tiene la forma de laberinto.
Laberinto. Masculino. Lagar ar-
tificioumeute formado de calfes, en-
eraeijadu j plazaelu , para que eon-
LABÉ
fundiéndose el que está dentro no
pueda acertar con la salida. | Metáfo-
ra. Cosa confusa j enredada. [ Anato-
mía. La segunda cavidad del oído, |
Poética. Composición en que están co-
locados los versos ó dicciones de modo
<)ue por cualquier parte que le lea, se
encuentra cadencia j sentido.
EriiiOLoaU.. Griego XaSúptv6o< (la-
b^rinihos), por ramarenthot, del egip-
cio ra mare, palabra del rej Jifare, y
el sufijo griego intlm; latín, Ubyrin-
thm; catalán, laherintQ\ francés, tahj^~
riníhe; italiano, labirinío. Bl eatalan
antiguo tiene tabint.
Meeeña. — 1. Nombre dado por los
antiguos á un conjunto de salas ó ga-
lerías numerosas, que se comunicaban
unas con otras, j a todo lugar lleno
de revueltas j cortado por diferentes
caminos^ encrucijadas, hasta el pun-
to de ser diiicil el hallar la salida.
Había dos en Egipto: el de Mendet,
atribuido á un principe de este nom-
bre 7 situado en la isla del lago Mee-
ris; jr el de doce Seiores^ construido
al Súdate del mismo lago, haeia el
aao 660 antes de Jesucristo, porPsan-
mético y sus compañeros de poder.
Bate último estaba dividido en doce
palacios, cada uno con doce puertas;
tenía dos habitaciones; una, encima,
7 otra, bajo tierra, conteniendo en
suma 3.000 cámaras; j en la parte
subterránea, se bailaban los sepul-
cros de los revés j de los cocodri-
los sagrados. Éste monumento existía
aún en tiempos del emperador Au-
gusto.
2. El LABERINTO de Creta, construí-
do según se dice por Dédalo, confor-
me al modelo del de los doce SeÑoree,
estaba cruzado por grandes calles, j
destinado á sepultura de los reyes; se-
gún la fábula, sirvió de prisión al
Mi nota uro.
3. Hubo además el i.abb»into áb
Lemnos, donde los cabiros celebraban
su culto j que, según Plinto, supera-
ba i todos los demás en maguiocen-
cia; j un' LABERINTO de Clusium, en
Italia, vasto hipogeo, eujo autor se
cree fué Porsenna, nj de los clusinos
en la Etruria.
Laberio. Caballero romano j poe-
ta cómÍQO, escritor de mimos, que na-
ció el afio 648 de la fundación de Ro-
ma. Se citan hasta 43 títulos de otras
tantas composiciones suyas; pero sólo
se han conservado algunos fragmen-
tos que andan esparcidos en las obras
de varios . escritores antiguos. Cuéntsr
se de él que Julio César le obligó á re-
presentar uno de sus mimos; y como
se hubiese excusado inútilmente para
no hacer una cosa tan poco digna de
su edad j circunstancias, hace ver en
el prólogo que se le había forzado á
ello, j alce para disculparse:
A «nim ipti di negar» eui nikil potuerumt
tíoninem ms denagarñqmtpowtpatif
Se queja luego de au' mala suerte,
y añade:
Ei>90 hi» Mettiié aimü actí* «M m»tn,
Squu Romaniu tan $gratnu mM
Dottum TéMrtar Mímtal
fie Tenga luego en el euM do la ft-
LAB!
305
bula sembrindola de alusiones pican-
tes j maligüas contra el príncipe, j
dice en la persona de Siró:
/FftM taMUM Iñtrua, romamtil
j poco después añade:
Xta«*M étt «mUm Umemtfutm wuM Ummi,
Dicen que al pronunciar estas pa-
labras, todos loa espectadores fijaron
sus ojos en César, mu embargo, con-
cluida la representación, el empera-
dor le enrió un anillo de rmlo, per-
mitiéndole dejar el teatro. Este inci-
dente le eostó mnchaa humillaciones
á Labbbio por parte de los demás ca-
balleros, j al fin, murió en Puzoli
diez meses después que Julio César,
44 a&os antes de Jesucristo, (üb Mi-
guel J MOBANTE.)
Etiuolooía. Latín LUbMut,
Labia. Femenino familiar. La
afluencia persuasiva j gracia en el
haUar. — tBl modo de hablar suare,
perfumado T afluente. Trabe tu eti-
mología del nombre labio, por la afec-
tación j movimiento de la boca con
que se forman las palabras.» (Acadb*
uiA, Diccionario de 1726,)
Etiuolooía. Labio: catalán, Ihüa.
Labiado, da. Adjetivo. Botánica,
Se aplica á la flor de una pieca entera
p:>r la base, y que por arribase repar-
te en dos, alto j bajo, i manera da
labios,
ErtuoLDOÍA. Labio: catalán, llabiat,
da; francés, labi/; italiano, hbiaío.
Labial. Adjetivo. .Gramática. Se
aplica á las letras y roces que ae pro-
nuncian juntando los labios; como
son la B, U P, la V, la F 7 la M. |
Anatomía. Lo referente ¿ los labioSf
como Cuando se dice: articulación la-
bial. I MÚSCULO L-ABiAi, (múscillo or-
bicular de loa labios); múseulo oval,
colocado en torno de ía abertura da la
boca, en el espesor de los labios.
ETUioLOOÍA. .£a¿M/: francés,- ¿s^mI;
italiano, labiale.
Labiatifloro, ra. Adjetivo, ¿ofó-
nica. De flores labiadas.
BriMOLoaÍA. Latín ficticio labiSín$t
labiada, y Jos, J¡&rUt flor: francés,
labiatijlors.
Labida. Femenino. Sntomologia.
Género de insectos bimeoópteros de
mandíbulas moj grandes, eon un sob
diente.
BtuioLOOfa. Griego X»Sk (l»ii')t
pinzas.
Labidóforo, ra. A^jetiro. ZooU-
yítf. Que tiene una especie de tenaaas
en la extremidad del abdomen.
Etimología. Griego XaSí? //«M»/,
pinzas, V phorótt que lleva: francés,
labidophure.
Labiduro, ra. Adjetivo. Entomolo-
gía. Caliñcacíón de los insectos que
tienen la cola terminada por una es-
pecie de horquilla ó tenazas.
EtihologÍa. Griego labitt pinias,
j oúra, cola: francés, labidowe.
Labina. Femenino. Zoología» La-
bio belfo ó prolongado qne tienen al-
gunos animales.
EriuoLoafA. Griego labi», pinzas.
Labiémago. Masculino. Botániea.
Arbusto de nueTS áitíez piñ de dto.
TOMO ai
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306
LABO
coD hojas lanc«ada« de color Twde Oi*
caro j lustrosai.
Etiuolooía.. Zabierno.
Labjerno. Masculino. Ai.adibrna.
Labihendido, da. Adjetivo. Que
tídoe partido el labio superior.
I«atoiinatro.3(aaculiao. Oittetrieu.
Instrumento que consista en una es-
pecie de compás de prOporciónj adap*
tado á los mangos del fórceps; cuto
objeto es medir las dimensiones déla
cabeza de una criatura, contenida adn
en el útero.
BtimoiaoÍ A. Griego Ubit, pinus, J
mé(t'<m, medida: francés» laiatiire.
Labio, labios. Masculino. La par-
te exterior de la boca, que es carnosa,
sin hueso alguno j cubre la dentadu-
ra. || Metáfora. La extremidad jr bor-
de de alguna llaga, vaso ú otra cosa.
B Cerrar los labios. Frase. Ca.lla.r.
¡ MouDüRSB LOS LABIOS. Frase meta-
fórica. Mostrar uno sentimiento ó pe-
sadumbre de hallarse burlado 6 no
poder ejecutar ó decir lo (^ue desea, |
Frase metafórica j familiar. Violen-
tarse para reprimir la risa ó el habla,
n No D^üCOSBB LOS LABIOS. Frase me-
tafórica. Guardar silencio. B No dbs-
PpOAB ó NO DBSCOSBB ALGUNO SUS LA-
BIOS. Frase. Callar 6 no contestar. O
No uoRDERSB LOS LABIOS. Frasc meta-
fórica y familiar. Decir su sentir con
desembarazo j libertad. | Sellar el
LABIO Ó LOS LABIOS, FrasB metafórica.
Callpir, enmudecer 6 suspender las
palabras.
fiTucoLOOÍA. 1. Latín ViHum, forma
de ianb^rtt lamer, cujo Yerbo es toz
imitatira. (Cita dt Dk Miqubl j Mo-
nAíJTa.)
2. Gl latín lambtre se refíeñ al-^rie-
go Xáicmv (Uptem), lamer: el labio es
el órgano que lame. A. esta misma se-
ria corresponde el alemán Lipptt lar-
bio. (LiTTBd.)
3. La derivación es la úguiente:
sánscrito Up anunciar, ha-
blar, porque el labio es el órgano de
la palabra; Upoi^ boca, discurso: li-
tuaniot ¿Hjw, ¿tpimiu; céltico, lap; ale-
mán, Lippe; inglés, lip; griego, Xxn-
Tiiv (Uptein), lamer; latín, Ubíum,
por Ídpi»m; iamberót por laphSre; ita-
liano, iabbroi &ancÓ8, Uwe; proven-
zal, úbrat; catalán, llabi. Ubi.
lUtda. — Z^bio no se derivó de la-
mer; sino lamer de ¿sMo^ porque el ór-
gano quQ Ume, existid antes que la
aseión de lamer.
Labio-nasal. AdjetiTO. Gramáti-
ca. Epíteto de las letras que se pro-
nuncian con los labios j la nariz, co-
mo la flf ,
Etíuolooía. Labio y nasal: francés,
íabio-nasaly labtale natale.
Labo. Masculino. Ornitología. Gé-
nero de aves palmípedas longipennes.
SríMOLpoÍA. Griego labis, pinzas.
Lanpr. Femenino. Trabajo, así por
la acción como por el efecto de traoa-
jar. I En las telas j otras cosas es lo
mismo que DIBUJO. | La obra de coser,
bordar, etc., en que se ocupan las mu-
jeras. I Usado sienipre con el articulo
¿0, es la eséaeU de niñái donde aprea-
LABO
den i hacer labor; j en este sentido
se dice ir á la labor, sacar la niña de
la LAEo t. I Labranza, en especial por
la de las tierras que se siembran. U
Cada una de las vualtas de arado ó
cavas que se dan á la tierra. \ Entre
los fabricantes de teja v ladrillo, cada
millar de esta obra. | Provincial. La
simiente de los gusanos de seda. |
bianca. Entre las labores mujeriles
es la que hacen en lienzo. \ Hacer
LABORii. Frase. Provincial Aragón.
Tomar las medidas convenientes para
la eonsecueión de alguna cosa. Q Mb-
TBR BN LABOR LA TIERRA. FrSSe. Ls-
brarla, prepararla para la semente-
ra. U Vivir db sus labores. Frase fa-
miliar. Vivir de su trabajo; especial-
mente, de la costura.
GTiMOLOafA. \. Latín IMor^ en rela-
ción con ídbo, labar«y estar para caer,
vacilar, (De Mioubl t Mobahtb.)
2. Littré refiere el latín l&bor al
antiguo alemán arapeit; alemán mo-
derno, Árbeitf del sánscrito arabh,
rabh, obrar Tiolentamente, moverse
con rigor, cujo origen peca de exce-
sivamente erudito.
Derivación.— Latín lUbo, vacilar;
lÜbort trabajo; italiano, laboro; fran-
cés, labeur; provenzal, Ubor, ¿Mr; ca-
talán antiguo, labor,
3. La significación del vocablo la-
tino'es tan extensa como puede infe-
rirse de los siguientes textos: laborbs
uterit «las labores 6 tirabajos del úte-
ro;» esto es, los hijos (Claudio): la-
bores belU, «los trabajos ó empresas
militares» (Viboilio): accracit labor,
«crece la enfermedad» (Plauto): la-
BORBU Siutinere, «sostener el peso»
(ViTRUBio): ret na^ni labobbs, «cosa
de gran trabajo;» esto es, majr difí-
cil (Cicbbón): i« LABonB m«0, «en mis
infortunios» (Inxu): tumptnm ei labo-
BBM iniumere in rem aliguam, «hacer
gastos j ssftierzos (laboree) para reali-
zar alguna empresa» (Idem): labores
magnat suspicere, «soportar el peso de
grandes trabajos» (loBic): operum labo*
RBu miraíur, «admira el trabajo de los
artistas* (Vmoiuo): labores Lucina,
«las labores de Lucina;» esto es, el
partu. (Idem.)
4. El mismo autor tiene una ex-
presión sumamente feliz: solis lunttgue
labores, «las labores del sol y de la
luna;» es decir, los eclipses.
5. Por consiguiente, el latín ISbor
significa: trabajo, molestia, desgra-
cia, sufrimiento, dolor, enfermedad,
solicitud, cuidado, artificio, obra.
Laborable. Adjetivo. Lo que se
puede laborear Ó trabajar.
ETiMOLóifA. Laborear: francés, Is-
bourahle.
Laborado, da. Participio pasivo
de laborar,
Etiuoloqía- Latín Idhdr&tut, parti-
cipio pasivo de Idbdrare: catalán anti-
fi^uo, taioraí, da; francés, labowré\ ita-
liano, lavorato.
Laborador. Masculino. Trabaja-
dor ó LABRADOR.
Etimolcoía. Laborear: provenzal.
laborador, la&oraire, laboraire; bu^ui-
üún, iniboreií francés del siglo xui,
LABO
laboreor; moderno, laborenr; italiano,
iavoraíore; latín de san Agustín, IH-
bdraíor.
Laborante. Participio activo anti-
cuado de laborar. El que labora 6 tra-
baja.— «El oficial i^ue trabaja en cual-
quier especie; particularmente, en te*
las r sedas.» (Acadbuu, Dicctonarij
de me.)
BTiuoLoaÍA. Latín laborante, abla-
tivo de lUbSranSf aniit, participio de
presente de l^borire.
Laborar. Activo anticuado. La-
LRAB, (
EtiholoqEa. Laborear.
Laboratorio. Masculino. La ofici-
na en que se hacen las operaciones
químicas, las farmacéuticas v las ex-
periencias de la biología. Q Toda ofi-
cina en que se practican opéracíonei
semejantes, como cuando decimos:
«tiene un labobatobio de destila-
ción.» I Metáfora. Se aplica i los he-
chos naturales, en euvo sentido se
dice: «el labom^tohio de la naturale-
za,» para significar el seno de la tie-
rra, de las aguas, de la atmósfera,
crisol inmenso en que una química
portentosa opera las primeras modifi-
caciones de las substancias. Nada mis
común qué oír decir: «todo se transfin-
ma en el laboratorio del universo;»
«el astro es el laboratorio de la lux.»
Q También se emplea en sentido mo-
ral, como cuando se dice: «el espíritu
humano es el laboratorio invisible
de las ideas.»
Etíuolooía. Laborear: oatalán, U-
boruiou; francés, laboraiotre; italiano,
laboratorio.
Laborcica, lia, ta. Femsnino di-
minutivo de labor.
Laborear. Activo. Labrar ó tra-
bajar alguna cosa.. | Neutro. Marina.
Pasar y correr un cabo por la roldapa
de algún motón. U Beneficiar las tie-
rras o los campos.
ETmoLooÍA. Latín lüiSrSre, tomt
verbal de Ubor, labor, trabajo: italia-
no, lavorare; francés, ¿aAovrtfr; provep-
zal, laborar^ horar, laurar; cataUa
antiguo, laborar; picardo, rabonrer.
Laboreo. Masculino. Minas. El
trabajo que se hace en las minas
fiara descubrir y extraer los metí-
as, y Marina. El orden y disposición
de los que se llaman en las embarca-
ciones cabos de labor para el conve-
niente manejo en las vergas, maste-
leros y velamen. | Bl eoftivo da U
tierra ó del campo.
Etuiolooía. Laborear: italiano, Is-
vóreccio; francés, la^oara^e; provenial.
laboratge; burgui&ón, laiboraige.
Laborera. Adjetivo anticuado qne
se aplicaba á la miyer diestra en las
labores de manos.
Laborinto. Masculino anticuado.
Ladebinto.
Laborío. Masculino, Labob ó iva-
bajo.
Laboriosamente. Adverbio de mo-
do. Con laboriosidad.'
Etíuolooía. Laboriosa y el sufijo
adverbial mente: latín, ¿¿[¿m9f«;itaHa-
uo, laboriosamenU; francés, hborietáC'
ment; catalán, lak^ lQSamtnt.
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LalwríoBidad. FdmeniDO. Aplíca-
dia ó iitclinación al trabajo.
BnuóLoaÍA. ZíiloñMo: catalán, Ut-
horiañíai; fi-ftDcés, lahorímU; iíaM^-
Ménl de U /««tiw.— La laborio-
MDAO «a la graa hacienda del indÍTÍ-
doo. Bl hombre laborioso no puede
ser pobre.
Laborioso, m. AdjetÍTO. Trabaja-
dor, aficionado al trabajo» amieo de
trabajar. J Trabajoso, penoso. ¡ Di-
omi^N LABOBiosA. La que se rerifíca
da aa modo lento j con cierta penosa
di&saltad. | Parto labobioso. Bl que
excede de veinticuatro horas y que
reelama los auxilios del arte; acaso el
mío de ÍDatramentos, sin embargo de
la buena dúpoueítSn 6 litoación de la
cristura.
EnuoLoaÍA. Za&or: latín, Uhorid-
tui; iUlian^D, ¡^ariwi^ francés, la6o-
rien; provanzal, iahtnotj catalán,
Lftbra. Famanino. CamterU» La ac-
dte da labru la piedra.
Labrada. Femenino. Labbado,
por la tierra arada, barbechada p
dinuesta para sembrarla al año si-
patente. ]| Plaial. Qtmania, Las he-
billas.
BriuOLOafA. Labrar: catalán, ¿¿aH-
riif 7 lUurd: camp de llaubó; ccam-
po da labranza:» llauró de pa; stierra
de labor:» segona iXaubó; csegunda
Taelta.»
Lakmdeo. Masculino. Mitolojia.
Sobrenombre da Júpiter entre los an-
liffBos pueblos del Asia menor.
nuioLoaía. Latín Zairaáeut. (Pu-
m)
labradero, ra. Adjetivo. Lo que
ea proporcionado pan la labor j se
pOKÍa labrar.
Labradlo, dia. A^jetÍTo. L&bban-
Tto.
Labrado, da. Adjetivo que se apli-
ca i las telas ó géneros que tienen ai-
rona labor, en contraposición de los
Iisoa. I Mascnliao. El campo que está
labrad. Se usa más comunmente en
plural. { Plural. Gfermanía. Los boti-
aes ó borceguies. U Participio pasivo
ie labrar.
BnHOLOOÍA. Labrar: catalán, la-
bnt, da, pulido, a; Ikurat, da, an-
do, da.
Labrador. Masculino. El que la-
bra la tierra. Q Masculino y femesÍDO.
Kl ^ae posee hacienda de campo j la
cultiva por su cuenta. H El que vive
en aldea 6 paeblo pequeño, j aunque
no H ocupa en la labranza, tiene el
traje v costumbres de los labradores.
I Atyetávo. Lo que trabaja ó es á pro-
patito para trabajar. J Femenino,
&ermania. La mano, g Labrador chu-
CHiao, NUNCA BUEN APBRO. Refrán con
que se denota que el labrador que se
distne en la caza, adelanta poco eu la
l^ranza. | Labrador db capa neoba
FOCO ICBDRA. Refrán con que se da á
eoteider que lo que pierde á los la-
bradoxee es el lujo.
EriHOLoafa. Labrador: catalán^
Uatrador. a.
Labrador ^Juan). Pintor eiípaflol
LAfik
de la escuela sevillana, que nació en
la primera mitad del siglo xvi j mu-
rió en 1600. Fué discípulo del divino
Morales j no pintó mas que asuntos
da naturaleza muerta, igualándole po-
cos artistas en la representación de
flores jr frutos. Bn el palacio de Ma-
drid se ven varios ^orerot j /nierot
hechos de su mano.
labrador (Pbdbo Góubz). Diplo-
mático español, que nació á fines del
siglo último j muríd en 1843. Asistió
al Congreso de Víena, cu^as actas se
negó & firmar, por creer menoscaba-
da en ellas la dignidad de EspaSa:
pasó al servicio del Pretendiente, á la
muerte del rej Fernando Vil, jr fué
empleado por aquél en varias nego-
ciaciones. Dejó un opúsculo sobre el
Comreto de Viena,
Labradora. Femenino. En la ger-
manía significa la mano. (Juan Hi-
DALOO, en su Vocabulario.)
Labradoroico, ca, lio, Ua,to, ta.
Masculino y femenino diminutivo de
labrador, ra.
Labradoresco, ca. Adjetivo. Lo
ue pertenece á labrador y es propio
eél.
Labradorita. Femenino. Minera-
logía, Variedad de feldespato, que
abunda en las costas del Labrador.
Etimología. Labrador: francés, la~
bradorite, labrador.
Labrandera. Femenino anticua-
do. La mujer que sabía labrar 6 hacer
labores mujeriles.
Labrante. Masculino. El que en-
talla las piedras.
ETiifOLOOÍA. Labrar.
Labrantín. Masculino. El labra-
dor de poco caudal.
Labrantío, tía. Adjetivo que se
aplica al campo 6 tierra de labor.
Labransa. Femenino. El trabajo
de cultivar la tierra, g La agricultura
y arte de labrar las tierras, ó la profe-
sión de labrador. | Hacienda de cam-
Eo ó tierrás de labor. U Anticuado,
abor ó trabajo de cualquier arte ú
oficio.
BtiuoloqU. Labrar: catalán, Iktu-
ransa.
Labrar. Activo. Trabajar en algún
oficio, n Trabajar alguna materia re-
duciéndola al estado ó forma conve-
niente para usar de ella; y así se di-
ce: LABftAB la madera, labrar plata,
etcétera. | Cultivar la tierra. || Arar,
I BoiFiOAB 6 mandar edificar. | Coser
ó bordar 6 hacer otras labores muje-
riles. I Neutro. Hacer fuerte impre-
sión en el ánimo alguna cosa, y en
especial cuando es gradual y durable,
Etiuqlooía. Laborear: catalán anti-
guo, labrar, pulir; moderno, llaurar,
arar, beneficiar la tierra.
Labrax. Masculino. 7c¿io¿0^ía. Pes-
cado conocido vulgarmente con el
nombre de \oho marino.
ETiuoLoaÍA. Labro.
Ijabrero, ra. Adjetivo que se apli-
ca á las redes de cazonal, ó que sir-
ven para la pesca de tos cazones.
ETiMOLoaíA. Labro.
Labriego. Masculino. El iildeano
y labrador rústico.
Laca 30i
Etiuoloo^a. Labrar,
LabrieUo. Masculino anticuado di-
minutivo de labro, por labio.
EtiuolooU* Latín IdbelUm, (Ciob-
BÓN.J
Labro. Masculino anticuado. La-
bio. Q Ictiología. Pescado agradable^
de variados colores. || Zoología. Labio
superior de los mamíferos, || En^no-
logia. La pieza que forma la extremi-
dad del pico, en los insectos, v que
hace las veces de labio superior. \
Conquiliología, Borde extremo de una
concha univalva.
ETiMOLoaÍA. Latín labrut^ forma de
lahrum, labio, por semejanza de figu-
ra: francés, lawre, eenero de pescados
que tienen los laoios dobles j car-
nosos.
Labroideo, deo. Adjetivo. But»-
ria natural. Parecido al labro.
EriMotoGÍA. Lobroides,
Labroides. Masculino plural. le-
tiologia. Familia de pescados, cnjo
tipo es el ginero labro.
Etiuoloo^a. Latía la6ru$, labro^j el
griego eUoi, forma: francés, ¡a^r^tdes.
Labrusca. Femenino. La vid sil-
vestre.
ETiicOLOaÍA. Provenzal labrusca: ca-
talán, llambrusca; francés, labriuque,
lambuche, lambrusque; Berrv, lambreu-
cke; italiano, lambrusca; del latín la-
brusca, viña silvestre.
Laca. Femenino. Especie de goma
resinosa, muj encarnada, que elabo-
ran sobre las ramillas de un árbol de
la India oriental y de Méjico ciertos
insectos, y que regularmente se trae
en granos pegados á los palillos de di-
chas ramillas. U Color rojo que se hace
del extracto de la cochinilla, de la
raíz de la rubia y del palo del Brasil.
Q En general suelen dar este nombre
los pintores á los colores que M ex-
traen de varios vegetales.
EtiuoloqÍa. Sánscrito lakshA^ in-
secto que da esa especie de goma;
lakíaia, la laca; caldeo, ¿iiila;lnba-
persa, lakkylsk (jj;); italiano, Za<í(»;
francés, laque; provenzal, laca; cata-
lán, llaca,
Reseña. — 1. Los indios de la costa
del Malabar la denominan caiulacca,
cayo primer elemento es el malaxo
kagou ( ^ ), que significa árbol.
2. Los árabes aplican también el
nombre kkk, louk, likk» á ciertas subs-
tancias colorantes, análogas á la laca.
(fferbarium ÁmboinenseTj
Lacaisimo. Masculino &miliar.
Lacayo. (Caballbbo,)
Lacambra y Larroca (Josá An-
tonio). Médico español, que nació á
principios del siglo xviii y murió
en 1776. Fué profesor de anatomía en
Zaragoza, médico del hospital de Gra-
cia de la misma ciudad, director de
su anfiteatro anatómico^ socio de la
Academia de Oporto. Dejó, entre otras
obras, las siguientes: Materia medica
alphabetica sinopsis y Operaeién médica
ieifrico práctica.
Lacazgama. Femenino. Botánica.
Planta de faojas parecidas á las de la
3
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áÓ3
LACA
buglosa silvestre, con flores parpúreas
y semilla cenieieata.
Lacatana. Femenino. Botánica,
Variedad del banaDO, cultÍTado en Fi*
lipinafl.
Etuiolooía. Vocablo indígena.
Lacato. Masculino. Química. Com-
binación del ¿eido láccico con una
Lacayatrii. Fomeniao fiuniliar,
Gaiu)A.
EmiOLoaÍA. Lacayo.
Lacayo. Masculino. Criado de li-
brea cuja principal ocupación es se-
guir & su amo á pie, i caballo, ó ja
en la trasera del coche, ja en el pes-
cante del mismo, según sea su cons-
trucción. I Anticuado. El mozo de es-
puelas, ü Anticuado. Soldado ligero
de á pie, de dos que acompafiaban
como escuderos á los caballeros y ri-
cos hombres en la guerra j otros lan-
ces de empeño. | Lazo de cinta que
llevaban las mujeres colgado de la ca-
misa ó jubón.
. BtmolpoU. Vos de incierto ori-
gen, pues unos la sacan del etíope,
otros del latín, del vascuence, del
gríe^ moderno, del italiano, del
godo, del árabe, del alemán, etc. Su
primera acepción fué mozo do emtelaSi
que va delante del sefior enando éste
monta & oiballo. cBs vocablo alemán,
aflade Covarrubias, introducido en
Bspaña por la venida del rej Filipo,
que antes no se conocía.» Lope de
Vega, en una de sus comedias, (que-
riendo burlarse sin duda de las etimo-
logías de sonsonete, descompone la~
cayo de acá (haca) j ayo.
TA UsTftria tu oca,
pnu yo aeré da oca «1 ayo, y or«a
Ínl» potqa* «luafta, y d«l acá «1 ayo,
I dieron Mta nombr* d« Zioeayo.
(ifoiLAUO
iJtfnVactcAi.— Catalán alacayo, laca--
Ío; francés del siglo xv, laguariz, en
tu Cange; halagues, alagues, alacays,
lacayt, en el mismo autor; siglo xvi,
laquaiSf forma moderna; italiano, lac-
ché.
1. cZacd^o representa una forma de
laca, aludiendo á que el traje de los
primitivos lacajos era rojo.» (Anó-
nimo.)
2. Latín Uecire, lamer, golosinear,
de donde proceden el provenzal les,
lacai, goloso; antiguo portugués, ka-
CO,'{DÍBZ.)
3. Arabe /«¿tu, exponer; lacayo
quiere decir expósito. (Hbbbei.ot.)
4. «Latín ISqueare, sujetar; de ¿o-
Í'uíus, nodo, derivado de las, Uteit,
azo.» (Anónimo.)
^(0ma.— «El francés la^uait es una
forma idéntica del latín lágneus, IS-
queSre.»
Sentido.— '«E\ lacayo, gente engan-
chada para la guerra, sígniñca ama-
rrado, sujeto.»
5. Arabe lakiyy, sirviente, criado.
(PlUAU.)
Primera etimología. — Lacayo no pue-
de derivarse de Laca, porgue laca es
vocablo del siglo xvi, mientras que
lacayo aparece á principios del si-
glo XV,
StgyMáa,.—'&\ latín ¿wcirr. lamer.
tACfi
hubiera producido Ucayo, leceayo, Ur
quait, lecchi, de cujas formas no haj
ejemplo. Por otra parte, la significa-
ción de goloso, que Diez atribuje al
vocablo en cuestión, ño se relaciona
con el sentido histórico de la vos la-
cayo.
Tercera, — ^El árabe laeaa, exponer,
no está conforme con el significado
etimológico del nombre propuesto.
Cuarta. — La simetrís que se nota
entre el latín USqueus, nudo, j el
francés lajuait, hombre sujeto al ser-
vicio de otro, no tiene ninguna sig-
nificación, puesto que la forma radi-
cal no es lagnais, sino laquarit, hala-
gnest alagues, alacays, lacayt; lo cual
demuestra que el vocablo francés se
deriva del español lacayo,
Quinta. — Arabe lakiyy^ servidor,
dependiente.
Forma. — La A árabe es evidente-
mente la c del vocablo español, del
mismo modo que las áos yy de lakiyy
son la y de lacayo j lacayt, cuja ulti-
ma forma se encuentra en Du Cange.
Puede asegurarse que la y griega del
vocablo francés es la y del vocablo
español; así como la y del vocablo
español representa sin duda las dos yy
del nombre árabe.
Sentido. — El primer laeajo era ana
especie de escudero que acompañaba
á su señor á la guerra, de donde vie-
ne al francés laquais la significación
de gente enganchada ó de soldado,
que tiene en los antiguos textos. La
etimología de Pihau es la que más se
ajusta al espíritu j á la letra del vo-
cablo en cuestión,
Lacayota. Femenino. Botimca.
Planta trepadora de la América, j el
fruto de la misma.
EtiuolooÍa, Vocablo iniiaena,
Laeaynelo. Masculino diminutivo
de lacajo.
Lacayuno, na. Adjetivo familiar.
Lo perteneciente al lacajo.
Láccico, ca. Adjetivo. Q,uimica.
Acido Láccico. Ácido que existe en
la laca, en estado natural, ó sea en
bastnnes.
EtiuolooÍa. Laca: francés, lacctque.
Laccina. Femenino. Substancia
resinosa pura que Jorma la base de
las lacas del comercio.
Etiuolooía. Laca: francés, lacdne.
Laccifero, ra. Adjetivo. Que pro-
duce goma laca.
ETiMOLoa¿A,. ZoM y ferrt, llevar 6
producir.
Lacear, Activo, Adornar con la-
zos, y Atar con lazos. | Disponer la
caza para que venga al tiro tomándo-
te el aire.
Etiuoloqía,. ¿oro: provenzal, lassar,
lachar; valún, lési; namurés, lási; ita-
liano, allacciare; francés, lacer.
Laceario, ría. Adjetivo. Zoología.
Que tiene la cola comprimida.
Etiuolooía. Lato, por semejanza
de furma.
Lacedemón. Adjetivo. Lacbobuo-
Nio. I Mitología, Hijo de Jiipiter j de
Ta^gtíta, que dió su nombre á Espar-
ta, donde fué el cuarto rej. Los la-
cedemuniüs la atribuían la introduc-
Lacé
cíón cuito de las gradas «nOfeeU.
ETiuoLOofá. Latín L&cUesnon, Li'
cedamonit, hijo de Júpiter j de Taj-
geta, fundador de una ciudad célebre
que se llamó Laeedemonia,
Lac3demonii. Femenino, ffeoyra-
/ta antigua. Ciudad de la Grecia, en
el Peloponeso, célebre por sus lejes,
por sus hazañas, por sos oonqnistu j
sus costumbres,
Etuiolooía. Laeedmdn: latín,
aidamSnta; catalán, Laeedemonia; fran
oés, Lacédémone; italiano, ¿a«(¿mmú.
Reteña. — Uno d« los dos nombres
qne se daban i la ciadad de Esparta.
No obstante, el nombre de lacÉdbuo-
Nios se aplicaba principalmente á loi
habitantes del territorio de Esparta;
j el de espertiatet 6 «tpío-tanci, i los
de la ciudad.
Lacedemónico, ca. Adjetivo.
Concerniente á los lacedemonios.
Lacedemonio, nía. Adjetivo. El
natural de Laeedemonia y lo pertene-
ciente á ella.
ETiuoLoaÍA, Laeedemonia: latín,
Idc^deem'ínlut; italiano, lacedemonio;
francés, ¡aeéd¿mome»; catalán, Ucedo-
monit a.
Lacapede (Bbrhakdo GaaváN Es-
TBBAK DB Lavills, conde dej. Célebre
naturalista francés, que nació en Agen
el 26 de Diciembre de 1756, y murié
en Epinaj, cerca de Saint-Denis,- el 6
de Octubre de 1825, Era hijo do^uan
José Medard de Laville, lugartenienta
del senescalato.J tomó su nombre da
una heredad que le había legado al
morir un tío sujo. Su padre, viudo,
le educó con una ternura j uniiuidado
infinito, escogiendo con las más es-
crupulosas precauciones lo mismo sus
amigos que bus lecturas, A los doce
años, segiin su propia oonfesiite,LA-
OBPBDB no tenía la menor idea dsl nuL
De estas primeras -costumbres de su
juventud i« quedó nn tinte general de
optimismo que se extendía a todos sos
juicios sobre los hombres y sus astos,
uniéndose á esta benevolencia, nn tan-
to frivola, un ardiente deseo de haée^
se útil á cuantos le rodeaban. Las dos
pasiones, entre las cuales se dividió
su vida, fueron la historia natural J
la música. Los consejos de Buifón
de Gluck no contribujeron poco á
desarrollar estas dos aficiones. Ado-
lescente era todavía cuando envió á
dlack algunos trozos de la partitura
de Ármida, asunto que pensaba tra-
tar cuando supo que el ilustre maes-
tro se ocupaba en ponerle en música.
Aquella partitura le valió elogios, tal
vez un f oco exagerados, lo mismo (jue
Lin mediano trabajo sobre la electrici-
dad, que había remitido al oiismo
tiempo á Buffón. Exaltado por estos
primeros aciertos, corrió á París. Al
liía siguiente de su llegada, después
de haber sido acogido con la majar
cordialidad por los dos maestros orne-
tos de su culto, almorzó en casa del
arzobispo de Ljon, su deudo, jr se vié
allí rodeado por lo ^máa escogido en
las artes j en las ciencias. Gluck le
llevó i su casa j le liizo oír sn
eettet. Un principe alemán le procuré
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tACfi
LACE
LA cm SOñ
poco ctespsés un despacho de coronel
en no regimiento, jr por más que no
llegara i tomar posesión de su cargo,
ra nueva posición le permitió presen-
tarse dignamente en la sociedad.
De 1781 á 1785, publicó una Poética
dt ¡» música que fué mu^^ bien recibi-
da 7 que le valió las felicitaciones del
ley de Prusia, así como diversos qjús-
cmos sobre la electricidad j la física
general; qae le aseopnraron más j mis
l\ afecto de Buffón. Bste le propuso
entonces contiuuar su Historia natu-
ral d« lo» aninudet, j para qae pudie-
ra entregarse libremente & estos tra-
bajos, le alcanzó una plaza en el ga-
binete de historia natural del tey. La-
CBPBDB publicó en 1788, algunos me-
ses antes de la muerte de Duffón, el
primer volumen de su Historia de lot
audrípedos ovíparos, j al siguiente
año el segundo, que trata de las ser-
pientes. «Esta obra, dice Cuvier,
marca el progreso que habían hecho
las ideas iniciadas hacía ciurenta años
acerca de la historia natural. En ella
no se ven las huellas de esa antipatía
hacia los métodos y las nomenclatu-
ru, de que BuSISn se había dejado
arrastrar. Lacspbdb establece clases,
órdenes, géneros; caracteriza con la
major precisión las subdivisiones y
enamera con cuidadoso esmero las es-
pecies que deben agruparse en ellas.»
A. decir verdad, el plan estaba mejor
concebido que ejecutado; las subdivi-
siones adoptadas por Laobpbob esta-
ban fundadas en caracteres más apa-
rentes que verdaderamente científí-
eos; pero esto no quiere decir en modo
alguno que su nueva manera de ver
las cosas DO diera resultados felicísi-
mos para la ciencia. A semejanza de
muchos hombres de su país, aplaudió
los primeros actos de la Revolución,
cnjts consecuencias no podía prever,
j >e dejó llevar por el movimiento
mucho más allá que la major parte
de los nobles que se mostraron parti-
diños de las nuevas ideas. Llevado
SQcesí vam ente á la presidencia de su
sección, á una comandancia en la
euirdia nacional, al Consejo general
del departamento de París, á la Asam-
blea eonstitujreate j á la legislativa,
^ne presidió un momento, desplegó
en estas funciones las cualidades de
SD carácter, i la vez firme t benévolo.
Obligado i huir durante el Terror, le
eosto mucho trabajo verse separado de
sus estadios jf qaiso volver á Parts;
pero Robespierre, á quien consultó
CM este objeto, respondió prudente-
mente: «Si eitá en el campo, bien
estáallí.» Siguiendo este consejo, no
toItÍó á París hasta después del 9 Ter-
midor en que lo hizo con el título de
discípulo do ¡a Ssc%ela normal, título
extraño si se tiene en cuenta su edad
quefrisaba en los 40 años^ sus grandes
obras, jque tomaron con el Bougainvi-
Ue, Waiflj, Fourier y el mísmoXapla-
ce. La juntadelosnuevos profesores del
Museo se apresuró á llevarle á su seno,
pidiendoparaélla creación de una nue*
Ta cátedra relativa & la historia natu-
rtl de loa leptilei j da los peces. Lk~
CEPSDB obtuvo en ella un ¿xito bri-
llante, al cual debió ser llamado muy
pronto al Instituto, de cuyo cuerpo
fué uno de los primeros secretarios
en 1797 y 98. En esta época contrajo
matrimonio con madame Gautier, her-
mana del general Jubé, adoptando el
hijo que eUa tenia de su primer ma-
trimonio. Desde entonces se le ve com-
pletamente consagrado á sus primeros
trabajos. De 1789 á 1803 publica los
cinco volúmenes de la Historia de la$
mariposas, sn obra más importante, 4
la cual sigue, en 1804, la Historia do
los cetáceos. Pero de nuevo, j por un
llamamiento de Bonaparte, vuelve &
entrar en la carrera política. Por más
que Lacbpedb, á nombre del Insti-
tuto, hubiese jurado odio & la monar-
quía en manos del presidente de los
Quinientos, su repuolicanismo era de-
masiado débil para rechazar las ofer-
tas del usurpador. Nombrado sena-
dor en 1799, presidente del Senado
en 1801, gran canciller de la Legión
de Honor en 1803, senador perpetuo
en 1804 y ministro de Estado al mis-
mo afio, supo conquistarse en el des-
empeño de sus diversas funciones una
reputación de hombre da Estado ten
hábil como íntegro. Sin embargo, ana
sombra oscurece estas virtudes. Si-
guiendo al que había empezado por
reconoc^er como tirano, sus arencas
están impregnadas de una sumisión
que se parece al servilismo. Después
de la caída de Napoleón, se apresuró
á felicitar á Luis XVIIl, en Saint-
Onen, y quedó en extremo satisfecho
de la acogida que se le hizo. Nom-
brado inaividno de la Cámara de los
pares, pero privado del título de gran
canciller, que le concedieron los Cien
diaSf mostró por el rey, en la segunda
restauración, la misma adhesión que
había mostrado al emperador, y apre-
ciado como hombre aa ciencia, pero
00 muy bien quisto como hombre po-
lítico, acabó sus días de una fiebre
variolosa. Además de las obras de que
hemos hablado ya, se conservan en
las Memorias del Instituto, los Elogios
de Dolomieu, Daubenton y Vauder-
monde; algunas Memorias sobre el Ór-
gano de la vista en lot peces: una Nueva
tabla metódica para la clasificación de
las aves, otra Sobre los mamíferos, y
otra Sobre los mtrmecdfagos, así como
en los Anales del Museo, diversas mo-
nografías de animales no descritos
anteriormente y otros trabajos dignos
de aprecio. Dedicado á otra clase de
estudios, publicó también una Histo-
ria general de la Europa {\^ volúmenes
en 8.*), que no apareció hasta después
de su muerte, y una obra titulada
Anales de la naturaleza, igualmente
góstuma. Desmarest ha publicado las
^bras completas de historia natural de
Lacbpbde, con la sinonimia de los más
célebres autores modernos (1826, 11 vo-
lúmenes en 8.°). Como músico, la re-
putación de Lacbpbde no parece es-
tar fundada más que en complacen^
Has de salón. Había compuesto un
gran número de óperas: Omfale, Sean-
trberg y A (eina, una misa de repumt
y había puesto en música diversos
pasajes del Telémaco de Fenelón;
pero si no hubiera contado con otros
títulos, decididamente éstos no hd-
bieran hecho [íasar su nombre i la
posteridad.
Lacer. IbiricaUno anticuado. La-
ceria.
Lacera. Masculino anticuado.
Guarda.
Lacerable. Adjetivo. Qna puede
ser lacerado.
Etiuolooí A. ¡Aturar: francés, UU-
rabie; italiano, laceribiki del latín U-
tírSHlit.
Laceración. Femenino. I«a acción
y efecto de lacerar.
EtimoloqÍa. Lacerar: latín, l!íc?ra-
ño, la acción de maltratar ó de rom-
per; forma sustantiva abstracta de
laceratus, lacerado: francés, lacération;
italiano, laceramento, lacerazione.
Laceradamente. Adverbio de
modo. Con laceración.
ETiuoLoaÍA. Lacerada y el sufijo
adverbial mente,
IjaceradOt da. Adjetivo. Infeliz,
desdichado. [| Contegiado del mal de
san Lázaro.
SniiOLoafA. Latín Uct^tas, hecho
fiedazos; participio pasivo de Úctrire,
acerar: italiano, ¡acerato; francés,
loiíéré.
Lacerador. Masculino anticuado.
Acostumbrado á trabajos, eapaz de
resistirlos.
Btiuolooía. Lacerar: latín, Uehi-
tór; italiano, laceraíore.
Lacerar. Activo. Lastimar, gol-
pear, magullar, herir. Se aplica tam-
bién á cosas inanimadas, como la hon-
ra, la reputación. || Anticuado. Esca-
sear,ahorrar,gastarpoco. ¡ | Anticuado.
Penar, pagar al^ún delito. § Metáf -
ra antigua. Perjudicar, poner en mal
á alguna persona con otra. Q Neutro
anticuado. Padecer, pasar trabajos.
ErncoLpofA. Sánscrito uraco, hacer
jirones; cólico, Ppinw; (brákos), jirón;
gTÍego,XÍMpfn; (lákeros), desgarrado;
Aixo^ (lákos), desgarradura; Xaxitv (la-
kéinj, desgarrar; latín, lacer, hecho
pedazos; llWrire, romper; italiano,
lacerare; francés, lacérer.
Lacerarse. Recíproco. Mortificar-
se, despedazarse.
La Cerda (Alfonso db). Infante de
Castilla, hijo de Fernando de la Cer-
da y nieto de Al'bnso el Sabio; llama-
do el Desheredado. Hizo varios esfuei^
zos para sentarse en el trono de Cas-
tilla j en 1303 se retiró á Francia,
donde Garlos el Hermoso le di6 la ba-
ronía de Lunel, en la que murió
en 1327. Tuvo dos hijos, Luis v Car-
los, el primero de los cuales ñie almi-
rante; y el segundo, condestable de
Francia, que, nombrado por Juan el
Bufno en 1350, se atrajo más tarde el
odio de Carlos el Malo, rej de Nava-
rra, y fué muerto por orden suja
en 1354. Tuvo ademas otro hijo lla-
mado Juan, muerto en 1356 por Don
Pedro I de Castilla.
La Cerda (Fernando db). Infante
de Castilla, hijo de Alfonso el Sahio y
padre del anterior, que nació en 1354
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310 LACE
Lací
LÁ COM
y recibid el sobrenombre» que ¿08-
frués quedó como apellido de su famí-
ia, por ser en extremo relludo. Se
casó en 1269 con Blanca de Francia,
hija de San Luis» asistiendo á las bo-
das Felipe el Atrevido, su cu&ado,
Eduardo, heredero de Inglaterra, j el
Ttj de Granada. Encargado de la re-
gencia durante ttiyi ausencia de su
Sadré, murió en Villarreal en 1275,
ejando dos hijos, Alfonso y Fernán-
do, conocidos con el nombre de infan-
ta de la Cerda, que fueron despojados
de la sucesión por su tío Sancho IV
el Bravo.
I«acerear. Neutro anticuado. La-
cerar, por padecer, pasar trabajos.
I*aceria. Femenino. Miseria, po-
breza. I Trabajo, fatin, molestia. |
^ticuado. EnfermecUtd de san Lá-
zaro.
BnuoLOofA. 1. Lázaro: catal&n an-
tígoo, liaíteria, miseria; Uaíteria-
nunt, daño; líaíterita^, dafiar. No es
posible separar estas formas de LUt^
ter, Láxaro.
2. El latín liteirta, <}ue se halla en
las inscripciones, sigaiñca parte de&<
ferrada, restos, cenizas; forma ctÍ-
ente de lücerSre, lacerar.
Laceria. Femenino antícaado.
Conjunto de lazos,
liacerio. Uaacnlino aaticoado, La-
CBRIA.
Lacerioso, sa. A.djetÍTo anticua-
do. £1 que padece laceria Ó miseria.
Lacena. Femenino. A ntigüedadet.
Especie de manto que unban los ro-
manos.
BnuoLoofa. Latín Utcima, gabán
que se ponían los romanos sobre la
toga ó túnica contra las llnvías j el
fru>; derivado de ¡as, lUeitf lazo, por-
que se sujetaba al hombro con un
broche, lazo ó nudo, £ guisa de clámi-
de: francés, tacerne.
Reseña. — Especie de toga cuadran-
guiar, larga, casi siempre menos an-
cha que la verdadera toga, y que se
sujetaba 6 ceñía sobre el pecho. Fué
usada como vestidura militar en los
primeros siglos de Roma, y reempla-
zó frecuentemente i la toga en tiem-
po de los emperadores, desde el prin-
cipado de Augusto. Era generalmente
de lana blanca / de púrpura las más
ricas.
t«acertiano, na. Adjetivo. ZooUh-
gia. Que tiene analogía con el lagarto.
ETiMOLoaÍA. Lagarto: francés, la-
ceríiem.
Lacertiforme. Adjetivo. Eittoria
natural. En forma de laa;arto.
ETiuOLoaÍA. Latín lacerta y UUer-
íut, lagarto, y forma, forma.
Lacertínido, da. Adjetivo. Zoolo-
gía. Parecido al lagarto.
BTUCOLoaÍA. Lacertiano,
Lacertino, na. Adjetivo. Ctmeer-
niente al lagarto,
EnHOLoaíA. Lacertiano.
Lacerto. Masculino anticuado. La-
OASTO.
Lacertoide. AdjetiTo. Zoologia.
Parecido á un lagarto.
ETXUOLoafa, Lagarto y el griego
^o»f forma.
Lacertoso, sa. Adjetivo. Í/i«^M.
Musculoso. I Fornido.
Etimología. Lacerto.
Lacetano, na. Masculino y feme-
nino. Numbre de anos antiguos habi-
tadores de España.
ETXUOLOofA. Latín lacetani, los ha-
bitantes del territorio de Lérida, en
Catalufia (Gísab): catalán, laceti, m.
Lacxaación. Femenino. Desgarra-
dura.
ETiMOLoofA. LoHnia.
Lacinar. Activo. Desgarrar. | Me-
táfora. Disipar, mal£[astar.
Etiholgoía. Lacinia.
1. Lacinia. Femenino. Aüadidura,
ribete. || Metáfora. Proposición añadi-
da á otra principal, cuyo sentido que-
daría incompleto, si se quitase aquel la.
Etiuolooia. Laciniado: latín, laci-
nia, ribete con que se guarnece el ves-
tido, extremidad, orla; HcíniSsiu, di-
vidido en ondas por la orilla.
2. Lacinia. Femenino. Mitología.
Sobrenombre de Juno.
ETiuoLoaU. Latín LUi^nía; de Líl-
ctníum, cabo de las columnas, pro-
montorio de Calabria, en donde Juno
tenía un templo que fundó Hércules.
Reseña.— Él promontorio se llamó
Lücikfnn, aludiendo al nombre del la-
drón á quien mató Hércules.
Laciniado, da. Botánica. Epíteto
que se da á las hojas recortadas de las
plantas,
ETiMOLoofA. Griego XmTWv* (laAein),
fracturar; Xaxí? (lakísj, segmento: la-
tín, lit^nía, franja, tira, pedazo; fran-
cés, lacinia,
Laciniana (tabla). Baigraffa, Ins-
cripción que contenía ei sumario de
la invasión cartaginesa en Italia du-
rante la segunda guerra púnica. Es-
taba redactada eu lengua púnica y
griega, y grabada sobre planchas de
bronce, fijadas en un altar cerca del
templo de Juno, en el cabo Lacinium;
hojr, cabo de las Columnas. Aníbal eri-
gió el altar é hizo grabar dicha íns-
<;ripción el afio 547 de Roma, 206 an-
tes de Jesucristo, Esta inscripción se
ha perdido.
Lacinifloro, ra. Adjetivo. Botáni-
ca. Que tiene pétalos recortados.
Etuiolooía. Latín látñniSíut, divi-
dido, y ^os, ,/tÓris, flor.
Lacinifoílado, da. Adjetivo. Bo-
tánica. Que tiene hojas laciniadas.
GTiuoLOofA. Latín lUciniatus, divi-
dido, y f'iliSíut; de fiSltum, hoja: fran-
cés, lacinifolié.
Laciniforme. Adjetivo. Historia
natural. En forma de franja.
Etiuolooía. Laciniado y forma.
Lacinio. Masculino. Tiempos he-
roicos. Ladrón italiano de la Magna
Grecia, que fué muerto por Hércules,
ú quien había querido robar los bue-
yes de Gerión. Su nombre ha queda-
do al Capo Lacinio, donde al vencedor
levantó un templo á Juno Laciniana.
Etiuología. Latín Lacinias.
Laciniura. Femenino. Botánica.
Cortadura larga, estrecha á irregular.
EriuoLOaÍA. Lacinia: francés, laci-
niure,
I Lacínula. Femenino. Botánica.
Punta derecha de los pítalos de Ut
umbelíferas.
ETiuoLoaiA. Lacinia, díminntiTO.
Lacio. Masculino. Geografta saff-
gua. El país latino, la campana de
Roma; y extensivamente, la Italia.
(ViRoiLio.) Q Historia resume. B de-
recho del Lacio (jm Latii); el dere-
cho de todos los pueblos agregados á
la República romana. (Tácito, As-
CONIO.)
ETiHOtOGÍA. 1. Latín Láñum, for-
ma de Uítut, costa, ribera, orilla, tros*
eo del cuerpo.
2. Los autores que lo derivan de
látus^ ancho, no han tenido en cneota
la diversidad de prosodia, que hace
evidente la diversidad da raíz. Si LSr
ttum viniese de Vitus, sería jUAsh,
ortografía bárbara,
3. Látus, lado, orilla, reprsHDtt
Uíiret ocultar: Uuu», ancho, extenso,
representa ISUm, llevado lejos, supi-
no de ferré, llevar.
Lacio, cia. Adjetivo. Marchito,
ajado. O Flojo, descaecido, sin vigor.
Etiuolooía. Laxo.
SiNONiuiA. Lacio, marchito, aiido.
La palabra lacio se aplica á todo lo
, que pierde su brillo por el tiempo;
marchito, i la destrucción de las me-
jores cualidades de una cosa, y ajUa,
á esta misma destrucción producida
por un cuerpo extraño. Una flor que ■
esté en el tallo ocho ó nueve días, se i
pone lacia: una rosa que llegó á su |
nn, se pone marchita: un clavel, qoe I
ha sufrido la lluvia de un día, ó nié I
Sisado por un animal, se pone ijUo.
le' aquí procede que, aplicadas estas
Sdabras en sentido figurado, se diga
«o de nn semblante pálido que re-
vela alguna oculta enfermedad ó dura
pesadumbre; marchita, la hermosa
que ha perdido la belleza, y ajado, el
rostro del hombre anciano que ha te-
nido una vida desordenada. (Lópbz
pKLEQRfN,)
Lacístémeo, mea. Adjetivo. BUir-
nica. Análogo al lacistemo.
Lacistemo. Masculino. Botániat.
Arbolillo de la América meridional,
perteneciente á la familia de lai nttí-
ceas.
BnicoLoafa. Griego Xaxíc (UkUJ, ¡
división, segmento, j (ttéih |
maj, corona.
La Gondamine (CaRtos Huíi
db). Sabio viajero j profundo geógra-
fo que nació en Parfs en 1701 J mu-
rió en 1774. Siendo muv joven, qoi»
emprender la carrera de las armas J
sentó plaza como voluntario en el ejo^
cito, bin embargo, disgustada taaj
pronto del servicio militar, abandond.
en cuanto le fué posible, el uniforme
y entró como quimico-ajrudante en U
Academia de Ciencias. Su asiduidad
y sus conocimientos le gr»njean>n
mnj pronto una alta estimación, á u
que debió el que se le designara pii*
formar parte de la expedición qn^
Bouguer debía hacer al Ecuador en
1736, para determinar la magnitud ;
I la figura de la tierra. En este Tiaje.
que duró diez aflos, no mostró menj'
I sagacidad que Talar, Pe» i « ro»'
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LAGO
f*, eojno quiera que sin cont»r eon |
nadie publicara sus obseiTaciones, se .
eoemistó con sus colegas, contra loa
3ae tuvo que emprender, para dafen-
erse, una largfa polémica, en la c^ue
trhinftff poniendo de su parte la aati-
n, que su ingenio punzante j perspi-
caz sabía usar con tanta delicadeza
como oportuDÍdad gracejo. Dotado
de una curiosidad insaciable, unida á
un profundo saber j i una copiosa
suma de copoeimieBtos científicos, hi-
zo después otros varios viajes por su
propia euenta j fué recibido en 1760
en u A-cademia Francesa. Las princi-
pales obras de tan ilustre viajero son:
Brtve reUícián d« tm maje al interior de
la Ám&iea meridional {1745); La figu-
re, ie Id tierra determinada por M. M. de
La Condamine y Bouguer (1749); Dia-
ria del viaje keeho al Senador por orden
del rey (1751); Historia de lat pirámi-
ia de Q,nito (1751), jr diversos opútcn-
teteobre ta inoculac^fn, reunidos en dos
volúmenes. También se conservan de
él algunas poesías y otros escritos pa-
tamente literarios de escaso valer.
Laconfa. Femenino. Geogra/ia a»-
íijua. Provincia del Peloponeso, cuya
capital era Bsparta.
BnHOLoaÍA. Latín LScdnía: italia-
no, Laconia; francés, Laconie; catalán,
Lacéiia.
Lacónicamente. Adverbio de mo-
do. Breve, concisamente.
EiiyoLOGÍA. LacJnica j el sufijo ad-
verbial mente: catalán, lacénicament;
francés, laconignemení; italiano, laco-
ntcáwtente.
Lacónico. UascuHno. AntigUeda-
iet. Especie de estufa colocada junto
al sudario (cuarto de eudor) de un
bafio, entre los antiguos romanos, j
destinada á aumentar el calor.
EtuoLOofa. Latín lUtíinícnm, en Vi-
tnilno, con el mismo significado.
Lacónico, ca. Adjetivo. Conciso,
breve, compendioso. DIcese por lo re-
gular del tfstilo. — cDíeese siempre del
estilo, atendiendo al modo de nablar
;[ae tenían loa Lacedemonios, los cua-
ei afectaban concisión en su estilo.
Es vos latina; Laconicnt.» (Acadbmia,
DkeiMario de 1726.)
^luOLoaÍA. Laconio: griego Xaxb>-
vixic (takSniiós); latín, liconícut; cata-
lía, lacdnich, ea; francés, laeonigue;
italiano, lacónico,
Laconio, nia. Sustantivo v adjeti-
vo. Natoral jr propio de la Laconia,
antiguo país de la Arcadia.
Etiuolooíá. Griego Xáxuv (IdkdnJ,
laeedemonio: latín, mco j iieon, dnte;
francés, laconien.
Laconismo. Masculino. La propie-
dad del estilo lacónico. — cUna de las
llguras retóricas viciosas, la cual se
comete abreviando tanto la razón,
que <^ueda oscuro el sentido de lo que
•«quiere dar á entender.» (Academia,
Diccionario de 1726.)
BrufOLOofA. Láctico: griego Xaxw-
«•!»;[' iakonismót); italiano, ¿^oattmo;
fnncés, laconitme,
Reeeüa.-'XiiX griego (akdn, laconio
e laeedemonio. Laoohismo vale conci-
atén, brevedad, por cuanto éstas eran
LAGO
las cualidades que distinguían el mo-
do de hablar j el estilo lacánico 6 de
los laconioe, lacedemonios 6 esparta-
nos. (Monlao.)
Laconisar* Neutro. Hablar eon la-
conismo.
Btihología. Lacónico: griego Xsxw*
(lakonizein); italiano, laconiztare.
Lacordaire (Juan Bautista Bn-
riqub). Célebre predicador de la or-
den de santo Domingo, que nació
en 1802 en Recej-sur-Ource (Costa de
Oro), y murió en Soréze en 1861. Era
hijo de un médico e hizo sus estudios
en el liceo de Dijon, primero; luego,
en la universidad de aquella ciudad;
jr, por último, en París, donde recibió
el título de abogado. En 1824 entró
en el seminario de San Sulpicio, fué
ordenado en 1827 j llenó sucesiva-
mente las funciones de capellán en el
convento de la Visitación, de París,
en el colegio de Juillj j en el colegio
de Enrique IV (después, liceo Napo-
león). Ambicionando la gloria de los
misioneros, se disponía a partir paru
América cuando la levolución de 1830
estalló, j habiendo tenido ocasión de
ver i Lamennais enBrBtafia,le decidió
i trabajar con él en SI Porvenir, nue-
vo diario que apareció el 20 de Febre-
ro de 1830. La doctrina que susten-
taba aquel periódico érala separación
de la Iglesia j el Estado, un clero
dotado por los fíeles y no por la na-
ción, la libertad de la enseñanza j de
la prensa, j el reconocimiento de las
nacionalidades de Italia, Bélgica y
Polonia. Lacordaibs desplego en el
desarrollo de estas ideas una elocuen-
cia, una pasión, un calor y un talen-
to verdaderamente notables; pero El
Porvenir tenía demasiada franqueza y
bien pronto se le citó ante los tribu-
nales. Lacordaisb compareció tres
veces ^ lamentó los males de la pre-
sión ejercida sobre el pensamiento con
tal elocuencia, que eí tribunal se vio
precisado á absolver. En 1832, una
encíclica del Papa condenó las ideas
sustentadas por SI Poroenir, de cuvas
resultas Lamennait y Lacobdairb fue-
ron en persona á Roma con objeto de
defenderse; pero como quiera que sus
descargos no fueron oídos, nuestro
personaje se sometió á los decretos
pontificios, 7 desde entonces, no pen-
sando en otra cosa que en llenar sus
deberes sacerdotales, volvió á París á
ocupar el puesto de capellán de la
Visitación, que había abandonado.
Su carrera de predicador empezó en
París en 1834, ante los discípulos del
colegio Estanislao. Sus primeras con-
ferencias atrajeron de tal modo la
atención publica, que la autoridad
eclesiástica se vió precisada á inte-
rrumpirlas. En 1835 y 1836,monsefior
de Quelen, arzobispo de París, le en-
cargó los sermones de cuaresma en
Nuestra Señora. Allí tenía su audito-
riocompuesto exclusivamente de hom-
bres; la mayor parte, jóvenes, mez-
clando un poco de política, algo de
las cuestiones del momento á sus ex-
hortaciones piadosas, los supo arre-
batar de tal modo, que apenas pudú
LACR 311 '
la santidad del lu^ar impedir que se
le hiciera una ovación propia de la tri-
buna pública. Habiendo nacido para
la oratoria, comprendió que el dieber
le llamaba á hacer de sus facultades
un uso cuotidiano, y en 1840 ing-resó
en la Orden de Predicadores. AI afio
siguiente, reapareció en el púlpito de
Nuestra Señora; pero sólo predicó una
vez, volviendo, desde 18^ i 1851, i
reanudar sns conferencias de cuares-
ma, qné cada afio tenían un éxito
major. Sin embargo, las revoluciones
estaban llamadas i sacar siempre de
su centro al ilustre predicador. La
de 1830, le había lanzado en medio
de una acalorada polémica, colocán-
dole al lado de Lamennais, y la de
1848 le candujo á la Asamblea cons-
tituyente, donde se le vió sentarse,
envuelto en sus hábitos domioicanos,
en la cumbre de la montaña. Bu ora-
toria, arrebatadora en el púlpito, no
tuvo gran éxito en la tribuna, y des-
pués de abordar no pocas de las más
vitales cuestiones, presentó su di-
misión de representante del pneblo.
En 1860, el padre LACoaDAzas fué
llamado á la Academia Francesa á
ocupar el agiente qae el padre Ra-
vigttán había rehusado. Poco tiempo
después se retiró á Soréze, no lejos de
Carcasouá, donde había establecido
una misión dependiente de su orden,
en CUTO paraje murió. Sus Con/eren^
das de Nuestra Señora forman un
cuerpo de doctrina dogmática que,
teniendo por base la afirmación de la
inmutabilidad de la ^lesia, no exr
cluye las innovaciones que las nece-
sidades de las edades introducen en el
catolicismo, sin que su influencia lle-
gue en modo alguno á la ta. Las obras
que el padre Lacobdaibb dejó escri-
tas, son; CMsideraeÍMés Jílosdjiau to^
iré el sitíema de M. ¿omahmís (1834);
Con/ereneiat de Nnettra Señara de Pa-
ri*(1835-50); Predicaciones del reveren-
do padre Lacobdaibb en Nancg (1843);
Conferencias en Lyon y en Grenoble
(Ljron, 1845); Oraciones fúnebres de
M» do FonrUn-Janson^ del general
Druot y de O'Connell (París, 1844).
Su última obra. Sobre la libertad de la
Italia y de la Iglesia (1860), es una
elocuente defensa del poder temporal
del Papa.
Lacra. Femenino. Reliquia Ó señal
de alguna enfermedad ó achaque. |
Defecto 6 vicio de alguna cosa, sea
físico 6 moral.
EtikolooÍa. 1. cLatín lacea, tu-
mor, á modo de vejiga, que sale á las
caballerías en laspiernas.»(Anónimo.)
2. cLatín Ideara, femenino de Vicer,
mutilado.» (Idem.)
3. Lacra representa probablemente
Ideera, por síncopa de la e.
i. Lacrar. Activo. Dañarla salud
de alguno, pegarle alguna enferme-
dad. Se usa también como recíproco.
I Metáfora, Dañar ó perjudicar i al-
guno en sus intereses.
ExniOLoaía. Zaera»
/WsM.— Sincopemos la e del latín
Uc^rüre y tendremos IHerítre, estro-
pear, afligir, causar vejaciones.
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312 LACR
LACT
LACT
2. Lacrar. AcÜto. Cerrar, nllar
con lacre un pliego á otra coaa.
huen. Mascufino. Pasta de varios
colores, hecha de laca y otros combus-
tibleSf reducida i barritas que con el
fuego se ablandan, ^ sirven para ce-
rrar cartas é imprimir sellos.
BriHOLOofÁ. Laca, porque la laca le
dio el color rojo (Dbvic): francés, por-
tugués jr catalán, lacre. — cPasú que
se forma de cera, alcrebíte ^ otros
ingredientes, la cual encendida & la
luz arde j se derrite, j sirve para
cerrar las cartas j estampar sellos; j
porque su regular color es el encar-
nado, que se fe da con la goma lla-
mada Mca, se le di6 este nombre, aun-
que también le haj negro y de otros
colores.» (Aoadbuá, Diecumario de
me.)
Licrima. Femenino anticuado. LjL-
«BIMA.
Lacrimable. Adjetivo anticuado.
Lo que es digno de ser llorado.
Etuiolooía. Latín lacrhnabílis.
Lácrima-Gfaristi. Masculino. Vi-
no muj dulce V estimado que se cose-
cha al pie del Vesubio.
Btiuología. Latín lacrima^ lágri-
ma, j Chrisii, genitivo de Vhristut,
Cristo: «lágrima de Cristo,» lo cual
sirvió de asunto al dicho célebre de
un ^pa: Domim notter Jtn-Chrúte,
^ur0 non lacbiuastx iuper Ierran
iMtíramt cSeúor nuestro, Jesucristo^
¿por qué no lloroil* sobre nuestra
berra»
Lacrimatíón. Femenino anticuar-
do. Efusión ó derramamiento de lá-
grimas.
BTiHOLoaÍA,. Latín lacrímaiio, la
acción de llorar; forma sustantiva
abstracta de lacrimaíiu, llorado.
Lacrimal. Adjetivo. Anatomía. Lo
perteneciente á las lágrimas. U Glán-
dula LACRIIU.L. Pequeña glándula si-
tuada entre la apófisis orbitaria j el
globo del ojo, la cual es el órgano
que secreta las lágrimas. | Carúncu-
la LACBiHAL. Pequeño tubérculo si-
tuado en el ángulo nasal del ojo, el
cual tiene en su superficie algunos
Seloi cortos jr finos, cujo oficio es
etener los corpúsculos extraños que
van mesclados con las lágrimas. |
PmtTOS LACRIMALES. Pequeños poros,
en número de dos, superior é inferior,
3ue son los orificios siempre abiertos
e los conductos lacrimales. |j Con-
ductos LAcaiUALBS. Nombre de dos
canales que están á continuación de
los puntos lacrimales, como si fue-
ran una extensión de dichos puntos.
Saco lacrimal, aparato lacrwal.
onjunto de los órganos destinados á
secretar j excretar las lágrimas, j
Fístula ijkCsiUAL. Cirugía. Abertura
accidental ó saco lacrimal, que per^
mite á las lágrimas derramarse fuera
de las vías oraínarías.
Stuiolooía. Latín laaymat lágri-
ma: francés, lacrimal.
Lacrimar. Neutro anticuado. Llo-
rar.
Etiuoloqía. Latín lacrimare^ lacry-
mare, laentmare.
Lacrimatorio, ría. Antígmdadu
romanea. Adjetivo que se aplica á los
vasos en que los antiguos recogían
las lágrimas que lloraban por los di-
funtos, j que guardaban en sus mis-
mos sepulcros. Se usa también como
sustantivo en la terminación mascu-
lina.
ETiMOLoafA. Lágrima: catalán, Ita^
orimaíori, a; francés, laerimaíoire; ita-
liano, lacrimatorio; latín, ucbthis
cipiendit vas.
Reseña, — 1. Las «moff ó etuor lacri-
UATUBios son vasijas de tierra cocida
ó de vidrio que se han encontrado en
las sepulturas romanas; de donde se
infirió que debieron servir para guar-
dar las lágrimas que lloraban en los
funerales.
2. Nombre creado en el siglo xvi
para designar anos pequefios vasos de
cuello largo, de cristaló tierra, halla-
dos en las urnas cinerarias de muchos
sepulcros romanos. Los anticuarios
supusieron que estos vasos sirvieron
para recoger las lágrimas de las lloro-
sas ó de los parientes j encerrarlas
con las cenizas de los muertos, en vir-
tud de la creencia de que regocijaban
los manes del difunto. Según otra opi-
nión, dichos LACRIMATORIOS, qUO t^
nían una extensión de S á 15 centíme-
tros de alto, V solamente de 3 ó 4, se-
gún otros, debieron servir para colocar
perfumes, jr de este modo conservar
perfumadas las cenizas de los muer-
tos, j que serían pequeños, porque los
perfumes eran caros, y porque todos
los parientes debían llevarlos, motivo
por el que la parte aportada por cada
uno seria muj pequeña. Sólo se han
bailado algunos de estos vasos que
contenían lágrimas j perfumes; pero
esta es la excepción j no la regla. La
ma^or parte de lacrimatorios se ha
encontrado en las tumbas galo-roma-
nas.
Lacrimiforme. Adjetivo. Que tie-
ne la forma de una lágrima.
Lacrimosamente. Adverbio de
modo. Con lágrimas.
BtiholooIa. Lacrimosa v el sufijo
adverbial mente: latín, ¿acrímosé; cata-
lán, llagrimosamení.
Lacrimoso, sa. Adjetivo. Lo que
tiene lágrimas ó mueve á ellas.
ExiifOLoaÍA. Lágrima: latín, Uerí~
mdsus; catalán, llagrimós^ a.
Lacris. Masculino. Romero,
planta.
l>actacióii. Femenino. La acción
de mamar. || Medicina. La acción de
amamantar á una criatura. || Fisiolo-
gía, La función orgánica que consiste
en la secreción j excreción de la le-
che.
EtiHOLOafa. Lactar: latín, laeíatío,
forma sustantiva abstracta de ¡acíi'
ín$t lactado; francés, laeíaíion,
Lactado, da. Adjetivo. Que ha
sido objeto de lactación. | Participio
pasivo de lactar.
Etimología. Bajo latín latíStus, par-
ticipio pasivo de lact&re.
Lactancia. Femenino. El período
de la vida en que la criatura mama.
Etimolooía. Laclante: latín, lactan-
üa, hcticioios, fbrma sustantiva abs-
tracta de lacioMs, laeianHi, taeltatt:
catalán, lactancia.
Lactancio (Ceciuo Fibuiako). Be.
tóríco latino y célebre apologista de
la religión cristiana, que nació ea
Africa, según Baronio, j en Feano,
según otros, en el último tercio del
siglo m, y murió en Tréveris hacia el
año 325. Estudió la retórica con Ar-
nobio, j él mismo la enseñó después
en Africa j Nicomedia con tal repu-
tación, que el emperador Constantino
le eligió j>ara maestro de su hijo. De
este distinguido autor, uno de loi
más cultos j elegantes de su tiempo,
nos quedan muchas obras escritas ea
m\ij buen latín; entre otras, un libre
que trata de la cólera divina; otro* ds
ta obra d* Di&t ó de la formación del
hombre; las Jn$tit%cionn diviuSt en
siete libros. Pero la más celebrada de
todas es la que lleva ñor título: Ds
mortUns persecutürum. La mejor edi-
ción de US obras completas de Lac-
tancio es la de Roma, 1751-59, 14 vo-
lúmenes en folio. — Hubo otro Lactan-
cio {Lactaníius P lacidus), gnmiúco,
escritor del siglo vi, del cual tenemos
unos comentarios sobre las obras d«
Bstacio, la narración ó explicación de
las fábulas que se hallan en las Msía-
mor/osis de Ovidio, 230 fábulas j al-
gunas glosas. (Ob MxauflL jr Uo-
EANTB.)
ETuiOLoafa. Latín Laetanñni,
Reseña. — 1. Floreció en tiempo de
los emperadores Diocleciaao 7 Cons-
tantino, habiendo abrazado con gran
fervor la doctrina cristiana. Fué uno
de los escritores más elocuentes de su
siglo V de todos los cristianos. De la
obra de Lactancio, que forma parte
de las Instituciones cristianas, dicesan
Jerónimo: «Lactancio es un río de
elocuencia ciceroniana. ¡Ojalá que hu-
biera podido afirmar las cosas de nues-
tra creencia con la misma facilidad
con que destruía las gentiles!»
2. Célebre orador latino j apolo-
gista cristiano, que nació, según le
opinión más probable, en Ames, á
mediados del siglo xu. Estudió en Si^
ca, ciudad situada á 111 kilómetros de
Cartago, 7 en la que tuvo por maes-
tro á Arnobio. A instancias de Dío-
cleciano fué á establecerse en Nícome*
día, j aquel emperador le nombró
profesor de bellas letras en 290. Abra*
zó el cristianismo por los años de 300
j se consagró á la defensa de su nue-
va religión. Constantino le llamó por
los años deSlS á las Galías^ le con-
fió la educación de su hijo Crispo. Sa
cree que murió en Tréveris en 325.
Sus obras más notables son: Be opifi*
do Dei; Divinarnm institutionm li*
bri VII; Institutionn» epiUmt;Deif
Dei j D* m9ríi&us perteeutomm.
Lactante. , Ha soulino. SI qae
mama.
BruioLoafA. Latín latíante l(utnir
tis, participio de presente de lactin,
lactar.
Lactar. Activo. Amamantar. B
Criar con leche. | Neutro. Nutrirse
con leche.
EruioLoaía. Latía lacíart, foimt
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LÁCT
wbalde ¡M, laetit, leoha; italiano,
Umre; fcancéi, allaiUr; cataUn an-
t^roo, iUUtor, aUíar,
Xactarío, ría. Adjetivo. Líctbo,
TBA.J Columna ugtabia.. Arqueólo^
fía* Golamna levantada en el marca-
do de plantel de la antigua Roma, en
donde dejaban & los niftos expósitos. Q
BotínÍM. Epíteto de ciertos hongos
que daa nn jugo lechoso.
BtimoloqÍa.. Zdeteo: latfn, laetSrluti
francés, Uctaire.
Lactato.Mascalino.Q«Í)iiwa. Com-
binación de una base con el ácido lác-
tico. (Cábállbbo.)
BrufOLOofa. LieUco: francés, Uo-
íate.
BeteiUt, — Por lactato se entiende
hoj: <Ia sal producida por la combi-
nación del acido láctico con una base
salifieable.»
Láctea (vía). Mitolofia, Parte del
cielo compuesta de minadas de estre-
llas que foroaan nn largo rastro ó ca-
mino blanquecino, de Norte á Sur.
Los gríeffos decían qne Juno, laetan-
do a Hercules, que había hallado
abandonado en nn campo, dejó verter
aoa gota de leche, que formó la Vía
UoTBA, por la que, según oreían, en-
traban en el cielo los héroes diviniza-
dot.
Lácteo, tea. Adjetivo. Lo que per-
tenece á la leche ó es parecido á ella.
JTasob LÁCTHoa; vbnas lXctbas.
mUmía, Ckinductos quiliformes, de-
nominados así, á consecuencia del co-
ica de leche que tiene el líquido que
«(mdnoen. | Plantas lXctbas. Botá-
WM. Plantes que abundan en jugos
lechosos. I Vía líctba. Ástrommia.
Blancura irr^vlar que rodea al cielo
eo forma de cintura / que con8Í8to,|r^
oeralmento hablando, en una porción
inniimeiable de pequeAas estrellas.
Es la lona que vemos en el firmamen-
to i modo da faja blanquecina.
BnuoLOOÍA. Latín íactht, de /oc,
kcü$, leche: firanoés, lact¿; iteliano,
ktUo.
Lacteolim. Femenino. QnUñca.
leche desecada lentemento al fuego.
(Caballibo.)
BnuoLOQÍA. Zácíeo: francés, UeUíh
iüut lacloiine,
Baeñá. — La lacteouna es leche
concentrada por la evaporación, la
eaal vuelve á ser leche común median-
te la adición de una nueva cantidad
de agua.
LacteBoencU. Femenino. Didácti-
M* Cualidad de un líquido parecido
ák leche.
Btiuolooía. LMtetee»te: francés.
Lactescente. Adjetivo. Didáctica.
Que tiene jugo lechoso. Q Boíámea,
^^AlfTAS UOTBSCBNTBS. PlANTAS LXC-
TUS. I CONOHAS LACT88CBMTa8..Con-
ehas de color de leche.
BniiouMsts,. Latín lactítcens, laetit'
Mfír, participio de presente de laeUt-
e^, eonvertírse en leche, de üe, lac^
^ lecha: francés, lacte$ce%t.
Lacticíneo, nea. AdjetÍTO anti-
enado. LXorao.
Uotidido. MueuUno. La leohe ó
LACT
cualquier manjar compuesto con ella.
Etimología. Lácteo: latín, lacdcl-
nium, manjar sazonado con leche; ita-
liano, lattteinio; catalán, iacticini.
Lacticinoao, aa. Adjetivo. La-
caoso.
BTiHOLoaÍA. Lacticinio: italiano,
laííicinoto; catalán, ¡acticinds, a.
Láctico, ca. Adjetivo. Química.
Epíteto da un ácido que existe en los
fluidos animales; especialmente, en el
suero ag^o. | Btbb líotico; éter ob-
tenido por destilación del lacteto de
cal, del alcohol anhidro 7 del ácido
sulfúrico en proporciones iguales.
EtiuologÍa. Záekoí francés, Uc-
tiqae.
Láctido. Masculino. ^Hírntca.
Cuerpo que se forma durante la des-
tilación seca del ácido láctico.
BTXHOLoaÍA. LácttQ! francés, lac-
tide.
Laotifkgo, ga. Adjetivo. Que se
alimente de leche.
ETiuoLoofA. Latín laCt laetit» le-
che, y el griego pAagéin, comer, ali-
mentarse; vocablo híbrido.
Lactiféro, ra. Adjetivo. 4"«'^
mía. Que se aplica á los conductos ó
vasos por donde pasa la leche haste
llegar al pezón del pjcho. | Botánica.
Plantas . lactípbras ; plantas que
abundan en jugos lechosos, como el
titímalo y la lechuga.
EtiuologÍa. Latín lacti/er, de lae,
lactis, leche, v ferré, llevar ó produ-
cir: francés, íactifére.
Lactífico, ca. Adjetivo. Medicina,
Qne produce leche en. abundancia,
como cuando se dice: alimento» lactí-
ficos.
BTiuoLoaÍA. Latín laCt taetit, le-
che, j fatírt, hacer: francés, íactifi'-
Laotifloro, ra. Adjetivo. BotÍni~
ea. Que tiene lae floree de un color le-
choso.
ETiMOLoaÍA. Latíix loe, lactis, le-
che, y fiot,Jtwri»y flor.
ijictifiigo, ga. Adjetivo. Medici-
na, Eficaz para nacer retirar la leche,
en cujro sentido se dice que el corcho
es una substancia lactíkuqa,
Btimolooía. Latín lac^ lactisf le-
che, y fuffirtf ahujeatar: francés, lao-
tifagt.
Lactigeno, na. Adjetivo, '^ue au-
menta la secreciún de la Ut;he.
Etimolcoía. Latín ¿ac, lactis, le-
che, y genere, engendrar: fmncési/iK-
t^ine..
Lactma. Femenino. Qniotica, Azú-
car de leche, principio que existe en
la leche de todos los mamíferos.
Btiuología. Láctico: francés, laeti"
ne; catalán, lacticina,
ReseAa. — El catalán laclicina signi-
fica: «substancia que se compone de
oxígeno, hidrógeno y carbono; es
emoliente y analéptica, y se la conoce
también por azúcar de leche.»
Lactipeno, na. Adjetivo. Sntomo-
logia, Lnshctos LACxífBNOS. Insectos
(|ue tienen lae alas de un color le-
choso.
Etikolooía. Lácteo y el latín penna,
pluma, ala: francés, iacieipetme, ¡
LACU
3Í3
Lactipoto, ta. AdjeUvo, Que bebe
leche á pasto.
EriuoLoaÍA. Latín ¡a$, taetit, leche,
y potare, beber.
Lactivoro, ra. Adjetivo. Qne bebe
leche.
EtucolooÍa. Latín Uc, lactitt le-
che, y vdrare, comer, beber, alimen*
terse.
Lactómetro. Galactóubtbo.
Etiuolooía. Latín lac, laetit, le*
che, y nutmm, medida*, francés, lúcto*
mitre*
Lactoaa. Femenino. Qa^Mtce. Pro*
ducto de la destilación del ácido lác-
tico.
BTuiOLOofa. Láctica: francés, lac-
tone,
Lactóacopo. Galactóscopo.
Lactosis. Lactina,
Ijactúceo, cea. Adjetivo. Batámi'
M. Parecido á la lechuga,
EniioLoaÍA. Laetácica.
Lactúcico, ca. Adjetivo. Q,nimica.
Epíteto de un ácido que se halla en
la lechuga. (Caballbbo.)
BTXH(K.oaÍA. Latín kkftcOt lechu-
ga: francés, lactneiqne.
Retel», — 1. Por á«¿0 LACTÚCICO se
entiende ho/¡ csubstancia ácida des-
cubierta en el jugo lechoso de la lac-
tuca virota,*
2. Celso y Columela llaman al tití-
malo lactuca fnariüjna.
Lactucina. Femenino. Qaítntca.
Substancia que da la lechuga, dotada
de propiedades anodinas.
ETiuoLoaÍA. Laeíúcieo: firaneés, too-
tudne.
Lactumen. Masculino. Medicina,
Enfermedad que suelen padecer los
niños que maman, y consisto en cier-
tas llaguitas y costras que les ealen
en la cabeza j cuerpo.
BTi]i<H.oafA. Latín lactem, acusati-
vo de lac, íaetit, leche.
Lactuoso, aa. Adjetivo anticuado.
LXcTBp.
Laciarcia. Femenino. Miteilogia,
Diosa de los frutos ea leche. (San
Agustín.) ,
EtxuolooÍa. Latía UutwXa; ie
lac, laciitf leche.
Lacturgia. Lactuucu. La fornia
lactargia, que aparece eu algunos Dic*
eionariot, debe ser errata de imprenta.
Lacunar. ..Masculino. Espacio en-
tre viga y viga de un techo.
Btiholooía. Laguna: latín,
nir, te>3humbre de madera tallada eon
vigas á trechos, es dooir, dejando, va-
cíos ó lagnnat.
Lacunario, ria. Adjetivo. Minera-
logia. Építoto del conjunto de crista-
les en forma de tultos reunidos en
grupos con intervalos. \ Masculino.
Arquilectwa, -C^ÁA uno de los com-
partimientos que se hacen eu los in-
tercolumnios de los arquitrabes en
los planos horizontales que miran ha-
cia la tierra. | Botánlcay toologia. Que
presenta cavidades ó intervalos. ,
EnHOLoaÍA. Laguna: latín, ljcüm>-
ríiis, el que hace lagunaf ó fosos:
francés, lacunaire.
Lacuatral. Adjetivo. Lacustbb.
Lacnatre. Adjetivo anticuado. Fa-
TOHO ui
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314 LADA
LADE
LADO
lustre, lo que pertenece i lof lagoa 6
lagunas. | Botánica. Plantas Licufr-
TRBS. Plantas que' nacen j crecen en
losU^S. g 6^í0/(y<a.T8BRBNOSLACUS-
TuBB. ('ienas capas át tierra que pa-
recen haber lido depositadas en el
fondo de las aguas dulces. Jj Galca-
Rios LACUSTRES. Galcaríos fomuidos
en las aguas de las lagunas.
Etiuoloqía. Latín Idcusfrit; de
cutj lugo: francés, lacustre.
Lacustres. Adjetivo plural. Nom*
breque se aplica a varias ciudades de
Suizft, Sabojra j la alta Italia. Bstas
poblaciones lacustres están construi-
das sobre estacas, en la ribera de los
lagos, j habitadas por gentes de pro-
cedencia deaconociaa, que parecen ser
anteriores i la üegadia de los celtas i
dichos pafaes. Según HaToel de Se-
rres, hállase entre esas gentes multi-
tud de ¡mtrümentoi j utensilios que
son propios de tribus salvajes. (C'omp-
tes renant, Áead^ie de Sctenees.)
EruiOLOofA. Lacustre.
Lacy (Luis). General español, que
líació en San Roque en 1775 j murió
ea 1817. Entió m\xy joven en el ser^
vicio militar, y, después de desertar
una vez, era capitán del regimiento
de Ultonia cuando tuvo en Canarias
una contienda con el gobernador ge-
neral que le ocasionó un año de casti-
llo, j después, el retiro. Pasó luego á
Francia y se alistó en un regimiento,
entrando poco después en una legión
irlandesa, con la que vino á España.
No queriendo pelear contra sa ^tria,
abandonó las nías francesas ; entró
ñuevamente en el ejército español coq
el ^rado de teniente coronu, distin-
guiéndose en varios hechos de ar.mas;
uno de ellos, la batalla dt Talavera,
obteniendo el nombramiento de te-
niente general en 1810. Desempeñó
después sucesivamente las capitanías
generales de Cataluña y Galicia, y en
esta última se encontraba al regreso
de Fernando VII, que inmediatamen-
te le separó por sus conocidas ideas
liberales. En 1816 organizó en Ma-
drid una conspiración contra el go-
bierno absoluto, en que le ofrecieron
apoyo el conde de la Bisbal y otros
personajes, y que al afio sigoiente
3UÍS0 llevar i cabo en Caldetas, don-
e se hallaba tomando baños; pero de-
latadopor dos oficiales del regimien-
to de Tarragona, con que contaba, en
t-1 momento mismo en que se dirigía
á la casa de campo del general Miláns,
iniciado también en la conspiración,
fué preso por el coronel Lasala, que
mandaba dicho regimiento, y condu-
cido á Barcelona, donde un consejo
de gnerra le condeaó á muerte. Sin
eoiMrgo, temiéndose una subleva-
ción, no se ejecutó allí la sentencia,
trasladándosele al castillo de Bellver,
en Mallorca, donde recibió la muerte
con un valor i toda prueba. Las Cor-
tes de 1820 hicieron grandes honores
á la mwaoria del que había sido uno
de los mártires de u libertad.
Lacha. Femenino. Pez. Sábalo, i
Lada. Femenino. Botánica. JkRk.
BnuoLoaÍA. Persa ISd: griego X^ovJ
fUdot); latín, lada; latín técnico,
dum palustre, de Línneo; francés, ¡e-
don.
Ladanífero, ra. Adjetivo. Botáni-
ca. Que produce ládano.
BñifOLoaÍA. Latín Utd^nnm y forre,
prodaoir: francés, laáanifire.
Ládano. Masculino. Licor aceitoso
que destila lajera, y después lo espe-
san y dan consistencia a manera de
goma en las boticas. — <£1 licor pin-
SQe y craso, que arroja de sí la jara,
amada de algunos Lada 6 Ladón, y
de ahí este licor se llamó Ládano;
que dispuesto y cuajado en forma de
roma es el que se administra en las
boticas. Hay uno natural, que lo re-
cogen los pastores de las barbas y
pelos de las cabras á donde se pega,
y también azotando las jaras con unos
cordeles, de donde después les raen.
Otro hay artificial, que se forma en
las mismas boticas hirviendo los co-
gollos de U jara en agua, sobre la
cual nada este licor i manen de acei-
te, y recogido le espesan j endure-
cen, quedando con el color y forma
de .pez. Antiguamente sa traía de
Chipre, de donde ora el mejor, y de
Arabia y Libia, menos bueno.> (Acá-
dguia, Diccionario de i726.)
EtikolooÍa. Persa ¿oio», de ISdt
lada: griego, XiSavov (ládanon); latín,
ladanum; catalán, ládano; francés, la-
danum.
Ladas. Masculino. Gran corredor
que llevaba consigo él gran Alqan»*
oro. (Mabcial.)
EnuoLoaÍA. Griego Aiíac (Ladas):
latín, LSdas. • ■
Ladiapadi. Masculino. Nombre,
que dan los indios á una especie de
arroz que crece en las montañas.
Ladeadamente. Adverbio de mo-
do. Inclinadamente.
Etiuología. Ladeada y el sufijo ad-
verbial mente.
Ladeado, da. Adjetivo y partici-
pio pasivo de ladear; y así se dice: tal
o cual individuo se ka ladrado, para
significar ^ue no va por el buen ca^
mino, habiendo variado de propósito.
También se dice: asunto ladkado,
para expresar la idea de qoo ss un
asunto que se ha toreido.
Ladeamiento. Masculino. Acción
6 efecto de ladear 6 ladearse.
Ladear. Activo. Inclinar y torcer
alguna cosa hacia un lado. Se usa
también como recíproco. .[| Neutro. La-
DRARss ó iNCLiMARSB. || Andar ó cami»
nar por las laderas. Q Metáfora. De-
clinar del camino derecho, l Recípro-
co metafórico. Inclinarse á alguna
cosa, dejarse llevar de ella. Q Ladrar-
se CON ALGUNO. FnuM metafórica y fa-
miliar. Empezar 4 enemistarse con él,
obrar de mala fe.
Etiholcoía. Lado.
Ladeo. Masculino. La acción y
efecto de ladear.
Ladera. Femenino. El declivio de
un monte ó de una altura por sus la-
dos. Q Anticuado. Lado.
BtiuolgoÍa. Lado, porque esti la-
deada.
LaderUf Fem^ino anticuado. Pb<
qne&a llanura de U ladera de an
monte.
Laderxlla, ta. pemenioo dimlna-
tÍTo de ladera.
Ladero, ra. Adjetivo. Latiral.
Ladiemo. Masculino. Arbusto.
Aladibrha.
Ladilla. Femenino. Insecto de una
media línea de largo, casi redondo,
velloso, chato, sin alas, y de color
blanquizco. Tiene seis piés, armados
en sus extremidades con dos ganchi-
toa en forma de tenaza, con los cuales
se agarra estrechamente á las partes
más vellosas del cuérpo humano, de
cuya substancia se alimenta causando
mucha picazón. | Especie de cebada,
coya upiga tiene dos drenes de gra-
nos, y éstos son chatos y pesados. 1
PaoARSB couo LApiLLA. Frasfl metafó-
rica. Arrimarse á alguna persona coa
pesadez j QHileBt&naola.
Ladillo. Masetdino. La parte de la
caja del ooche que «sti i cada uno de
los lados de las puertecillas y cubre
el brazo de las personas qne están
dentro.
Ladinamente. Adverbio modal.
De un modo ladino,
Etuiolooía. Ladina y el sufijo ad-
verbial ntente.
Ladino, na. Adjetivo anticuado
aue se aplicaba al romance ó caste-
llano antigao. | Anticuado. Latín. Se
aplicaba u que hablaba con facilidad
alguna ó algunas lenguas ajieuMMi de
la propia. H Metáfora. Astuto, sigas,
taimado.
Bniioboofa* catalán, Zíuíf,
na¡ tadL sd*
. Ladito. Hasenlíno diminutivó de
lado.
Lado. Masculino. £1 costado ó pai-
to del cuerpo del animal, comprendi-
da entre el brazo y el hueso de la ca-
dera. I Lo qne esti á la derecha Ó iz-
quierda de un todo, jl El costado ó U
mitad del cnerpQ del animal de^de el
pie hasto la cabeza. Et; este sentida
decimos: la perlesía le ha cogíido todo
el LADO izquierdo. | Ct^alquiera Í2e los
parajes que están , reoédor, átt no
cuerpo; y así se dice: la ciudad ^
sitiada por todos lados, ó por.elí^DO
de la cindadela, ó por. el lado, del
río. I La estora que se pone arrimada
á las estacas de los lados de los ca*
rros, para que no se salga por eljtfi U
carga. Q El anverso ó reverso d^ ifot
medalla; las dos caras de una tela <!
de otro objeto que las tonga; verbi-
gracia: esta moneda tiene por un UífiO
el busto del monarca, y por otro, Ui
armas de la nación. | Sjtio, lugtt^* Ea
esto concepto decimos: haz.LADO, dé-
jale un LADO.. |¡ Metáfora. .Cada ^no
de los juicios que formamos aob^ upa
Sersona ó acerca de un negocio, y «»'
eeimos: por an lado pareció Fiuano
muy entendido; por óTRO,. mu^ pr^
suntuoso; por an lado jiropete ypa--
tajas esa empresa, mas por otro, 1^
juzgo muy arriesgada> I MetáfoiSr ^*
persona que protege á f^vqrece á-c^f !
y asi. se .dice: h» tenido fbrtnna en
dar coD buenos lados.. U X^V^MM^^
LADoa. íotsft ftíailiaí dftitts.iM*
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LÁbft
LÁDá
LAOR 31^
íemos pan d» i entatdw que uoa
persona está mftl íntoinda por las
gentes que la rodean. | Uetáfot*. SI
modo» medio 6 eamino qtie h toma
paxa alguna eósa; 7 mI •« dice: vian-
do qae me entendían, ecké por otro
LADO. I Geonufria. Cada una de las
dos líneas que fbrman tin Angulo. Q
Geometría. Cada una de las líneas
que encierran 6 limitan ua pol[»no;
j asi se diee: el ^ángulo es figura
de tres lados. J Costado; 7 así se di-
ce: por el LADO de Ik madrs es hidal-
go. | Ai. laük). Modo adrerbial. Muy
cerca» inmediato. | A oh lado. Ex-
pien¿n oonqueae advierte á alguno
o alanos que se aparten 7 dejen el
KISO libre. I COMltLB OH LADO 1 UNO.
Frase fiimiliav con que se da i enten-
der el gasto eontinno que alguna per-
sona hace i otra viviendo en su casa
7 onniendo & sus expensas. | Dab la-
do 6 DB 1.AD0. Frase. Marina. Torcer
la embarcación apo7Índoltf en tierra
ó en otra nave, para descubrir bien
todo el costado hasta la quilla 7 po-
derla limpiar 7 componer. ] Dar de
LADO Á UNO. Frase. Dejarle planta-
do, l Ir lado k LADO. Frase con que
se explica la ivaaldad de dos ó más
personas eaamu) se pasean juntas. |
tfmAB DB lado 6 DB UBDIO LADO. Fta-
se metafórica. Mirar con ceflo 7 des-
firecio, j también mirar con disimu-
D. I Dbjab i tiN LADa Frsss. Omitir
alguna eosa en la eonTersaeídn. I
Ectab L m LADO. Frase. Hablando
de nn negoeio ddilU;encia, m con-
dniila, fenecerla, g Db lado. Locu-
ei¿R adverbial. De costado, transver-
nlmente^ como cuando se dice, á pro-
pósito de cualquier buque: «le embis-
tieron, 6 embistió db ladO.»
BtiMOLOofa. Latín Mw, costado;
de IStire, estar oculto.
1. Ladón. Masculino. Jaba.
SmioLooÍA. Zada: catalán, Ihdd,
almeza. -
2. Ladón. Masculino. Geografía.
Río del Peloponeso 6 Morea. (Ovi-
moj yjíitolMia, ffl mismo rfo, padre
de Dame. | Nombre de un perro de
ieto^ii.
BniKXooU. Latía Laim.
Ladra. Femenino. Bl acto da la-
drar el perro.
Ladrada. Femenino. Mu7 corrida,
conocida hasta de los perros por su
mal modo de vivir, hablando de mu-
jeres.
Ladrado, da. Participio pasivo de
ladrar.
BtihologÍa. Latín lairStut, parti-
cipio pasivo de iatrSre: catalán, lla-
draí, aa.
Ladrador, ra. Masenliao 7 feme-
nino. El que ladra. | Antioaado. Pi-
sbo.
HrfMOEAoU. Lúdrér: latín, Utritor;
eslalin, {ladrador, a¡ lUirt^,
Ladéate. Participio activo de la-
drar. Blqne ladiadloque imita el
ladrido.
Ladriur. Neutro. Dar ladridos d
perro. | Hetáfora. Amsnaiar sin acó-
^Mer, I Uetáfora. Impugnar, mote-
jar. -Algttna Tes se «atiende con rasdn
7 jttsticift; pero de (üdiaario indiM
malignidad.
BTiuoLOola. Latín ¡aírSTe, onoma-
tope7a, como el griego 6X«rcf« (kjflap-
tíoj: catalán, lladrwr.
Ladrear. Neutro. Ladrar sin cesar
7 sin objeto; especialmente, en la
caza.
Ladrido. Masculino, La voz que
forma el perro cuando ladra. \ Metá-
fora. Murmuración, censura, calum-
nia con que se zahiera á alguno.
BTXKOLOOfA. latdrar: latín, h-
trSfm, ii; catalán, Ikdrit, Ikdf-
ment.
Ladrillado. Maieolino. El sedado
de ladrillos.
Ladrillador. Masculino. Bm.AOBi-
LLADOB.
TjidrilUI. Masculino. El sitio 6 In-
gar d<mde se fabrica el ladrillo.
Ladrillar. Activo anticuado.
Ehladbillui. i Masculino. Ladu-
LLAL.
Ladríllalo. Masculino aumentati-
vo de ladrillo. I Qolpe dado con un
ladrillo.
LadriU^o. Masculino diminutivo
de ladrillo. | Juego que suelen hacer
de noche los mozos colgando un la-
drillo delante de la puerta de alguna
casa, 7 moviéndolo desde lejos para
que de en la puerta, 7 crean los ae la
casa que llaman á ella.
LawtUéro. Masculino. El que ha-
ca 6 vende ladrillos.
Ladrillo. Masculino. Pedazo de
barro de forma por lo común cuadri-
longa, amasado v eocido, ^ue sirve
para construir edificios uniendo los
unos á los ota-os con cal, 7eso ú otra
mezcla. También se da este nombre
H otros más finos que sirven para
hacer los suelos. B Metáfora. La labor
en fignra de ladrillo que tienen al-
unes tejidos. j| Gervíonia» Ladrón.
DB CHOCOLATE. Metáfora. La pasta
de chocolate heoha en figura de la-
drillo.
BtiuolooÍa. Latín ¡aterc^iut, ladri-
Uejo, en César; diminutivo de UUer,
el ladrillo; derivado de liUut, lado,
porque el ladrillo tiene cuatro lados,
o porque se pone lateralmuto.
Ladrilloso, aa. Adjetivo. Lo que
es de ladrillo Ó se le asemeja eu el
color.
Ladrón, na. Masculino 7 femeni-
no. Bl que hurta ó roba alguna cosa. |
Masculino. El portillo que se hace en
las presas de los molinos ó aeefias para
robar el agua por aquel conducto, n La
pavesa encendida, que separándose
del pábilo se pega á la vela 7 la hace
correrse. \ Hacer del ladsón riBL.
Frase. Confiarse de alguno poco segu-
ro por necesidad ó precisión, f Osten-
tar honradez 7 sencillez para inspirar
confianza i otro. || Pibnsa bl ladbóh
QUE TODOS SON DB SU CONDICIÓH. Rfr-
frán que enseña cuán propensos somos
á sospechar de otro lo que nosotros
hacemos. R Pon un ladrón pierden
CIENTO BH EL MESÓN. Bcfráu quc ex-
plica la sospecha que se concibe con-
tra otros por el dafto qoa uno ha
causado.
^ BnicOLOalA. 1. Zatr». Esta voi la-
tina está sincopada, 7 es lo mismoque
latero, formado de laíu^, íateris, el la-
do 6 costado, del griego laíris, servi-
dor, criado. Laíro significó origina-
riamente un soldado mercenario de la
escolta del re7: de ahí taírocinari, ser*
vir al rejr, servir en el ejército. Ha-
biéndose introducido mu7 luego la
desmoralización entre los laterones 6
latrones, propasáronse á asaltar 7 ro-
bar á los pasajeros t^n los caminos: de
ahí vino el dar igual nombre á todo
el que robaba en despoblado. Los la-
drones, pues, ó laterones, fueron así
llamados porgue se apartaron del lado
de quien debían estar, ó también ouút
d Mere aggrediuntwr, porque en el ca-
mino salen por el \xÁo de los pasaje-
ros. (MONLAU.)
2. Curcío prefiere la etimología del
griego latrU (XaT^C^), mercenario, for-
ma evidente simétrica del latín latro,
soldado de la ^ardía del príncipe*
gente mercenana, sentido recto de la
voz del artículo.
Derivación. — Griego latrü: latín,
latro; italiano, ladro^ ladrone; francés
del siglo XI, larum; moderno, larron^
larronne$$e, ladrón, ladrona; proven-
zal, kurot Uíro; catalán, lUtdre; walón,
lárim.
Ladrón (Santos), Coronel espa-
ñol que en 1833 se sublevó en Pam-
plona, formando una de las prime-
ras partidas que , proclamando re7
de Bspafta á Don Carlos, hermano
de Femando VII, encendieron la
guerra civil. A los pocos días de
su sublevación, fué vencido, hecho
prisionero por el general Lorenzo 7
pasado por las armas en dicha ciu-
dad.
Ladronamente. Adverbio de mo-
do metafórico. Disimuladamente ó á
hurtadillas.
BnuoLOGÍA. Ladrona 7 el sufijo ad-
verbial mente.
Ladronazo, la. Adjetivo aumen-
tativo de ladrón,
EtiholooU. Itodríñi catalán, lla-
dronát,
I«adroncillo, lia, to, ta. Mascu-
lino 7 femenino diminutivo de ladrón
7 Iwrona. \ Ladroncillo de agu-
jeta, DESPUÉS suBB Á BARJULETA. Re-
frán con que ss denota que los la-
drones empiezan por poco 7 acaban
por mucho.
Btiiiolooía. Ladrón: catalán, lla~
dret, iiadreffaet, Uadregot, Uadronet; la-
tín, latmn<Al%tt ladronzuelo, en Cico'
rón; usurpador, tirano, intruso, en
Vopisco; pieza dri juego de damas, en
Séneca.
Ladronera. Femenino. Bl lunr
donde se abrigan 7 ocultan los la<uo-
nei. I Ladbóh, por el portillo de las
presas de loa molinos. | Ladronicio;
7 así se dice cuando alguno vende por
más precio délo regular; esto es, una
ladronbea. Q Hucha ó alcancía, ||
Fortificación. Matacanes.
EnHOLOOÍA. Ladrón: catalán, lla~
droHoro; francés, larronnUre.
Z«adrcneria. Femenino, Ladboni-
cio.
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SIS Lapa
lafa
lafa
InuoLOOÍA. Zédrv»: iUHiKí^'f'
dronajo, ladronaio.
Ladronesco, ca. AdiatÍTo fami-
liar. Lo que pertendcs i los ladrones.
SiiMOLoau. Zttdr^: italiano, U~
dronesto.
Ladronia. Femenino anticuado.
Ladronicio.
Ladronicio. Masculino. Latboci-
NIO.
Ladronzuelo, la. Masculino j fe-
menino diminutivo de ladrón j ladro*
na. I Hatero.
EnuoLOofA. Ladrón: francés, lar-
ronneau; italiano, ladroneello.
Ladveaant (María). A-ctriz espa-
ñola del sielo xviii. Trabajó en los
teatros de Madrid, siendo mujr aplau-
dida; pero la muerte cortó su carrera
á los 25 años, el de 1767, eausaudo su
pérdida un sentimiento general.
I«ady. Femenino. Voz inglesa' que
significa señora, forma femenina de
lord,
BnuoLoaÍA. Lord: inglés, lady (U-
dy); del anglo -sajón hlafdie.
Reseña. — Título que pertenece de
derecho en Inglaterra á las mujeres
de los lores, barones j)r tqvtrei, á las
hijas de los duques j de los condes,
y que se da por cortesía á todas las
señoras de la buena sociedad.
latíi9i,Vem6mao, ÁHíi^üedades, Es-
pecie de manto de lana, común á los
romanos 7 á los griegos. Estos la de-
nominaban x^tv« (ehlana). Era an-
cha, pero corta, y se sujetaba sobre
los hombros, de modo que dejase li-
bres los brazos. Los romanos no la
lleraban mis <^ue en el campo, jr les
servía de vestido de invierno. B El
plural Lanatf era el sobrenombre de
la ilustre familia Papilla en Roma.
EtiuolooU. Latín Imna. (Cicbbún.)
Laertes. Masculino. Hijo de Ani-
üio, rey de Itaca, padre de Ulises.
(Ovidio.)
EtiuolooIa. Latín Zaertet.
Lafa. Femenino. Arbol de Mada-
gascar que produce nnos filamentos
parecidos á crines.
Lafayette (Pablo UarU JosA GiL-
BBBSO DB MoNnaa, margues de). Uno
de los más célebres personajes de la
Revolución francesa, que nació en el
castillo de Chavaniac, en la Auver-
nia, en Septiembre de 1757 r murió
en París el 19 de Mayo de 1834. Ter-
minada su educación en el colegio de
Plesis, de París, se encontró maj jo-
ven todavía huérfano j poseedor de
una considerable fortuna, j á los 16
años contrajo matrimonió con made-
moiselle de Noailles. Habiendo prefe-
rido la carrera militar á los honores
de la cotte, se enbontraba de guarni-
ción en Metz cuando ejitalló la insu-
rrección de las colonias inglesas de
América. Lleno de entusiasmo por
aquella causa, equipó una fragata á
su costa, partió, á pesar de la oposi-
5Íón del (jtóbierno y da sn familia, j
desemlwroó en George-Town en Ju-
nio de 1777. Los americanos estaban
reducidos á nn ejército de'2.000hom-
'bres. LAVATBtTb, que contaba 20 años
escasos, te ofreció á servir como to-
liintiiríó, 7 el Congreso U tiombrd
mayor general del ejército. Ea su pri-
mer hecho de armas, en la batalla de
Brandjwine, fué herido gravemente
(11 de Septiembre). Enviado al Norte
con el título de general, se distinguió
en la batalla de Monmouth (1778);
pero como empezaran á correr rumo-
res de una euerra entre Francia Ó In-
glaterra, volvió á París en 1779, don-
de fué acogido con las mayores mues-
tras de simpatía, entregándosele una
espada de honor á nombre del pueblo
americano. Encargado por el Congreso
de negociaciones con la corte de Fran-
cia, obtuvo del gabinete de Versalles
la promesa de enriar ¿ loa insurrectos
un cuerpo de 40.000 hombres, con
cuya promesa volvió á partirán 1780,
siendo encargado de defender la Vir-
ginia. A pesar dé las escasas fuerua
que se hacían puesto i sus órdenes,
n&biles maniobras que tendían siem-
pre a evitar una batalla formal, obli-
garon á la armada inglesa á capitu-
lar en Yorck-Town, en 1781. De re-
f freso otra vez á Francia, había ya
ngrado determinar á España & que
se uniera á Francia en una expe-
dición combinada contra las colo-
nias inglesas, cuando, en el momen-
to en que se disponía á embarcar-
se, supo que Inglaterra acababa de
reconocer la independencia de sos
antiguas colonias. Entonces la repu-
tación de LafatkTtb tomó propor-
ciones verdaderamente gigantescas.
Luis XVI y María Antonieta, Fede-
rico 11 de Prusia y José II, dieron pú<
blicos testimonios al joven marqués
del aprecio en que tenían sus altas
dotes y con ellos dieron ocasión á que
éste mostrara sin rebozo sus senti-
mientos republicanos. Su populari-
dad, su celo en la petición de refor-
mas que cortaran antigfuos abusos,
hicieron que el rey le llamara en 1787
á formar parte de la Asamblea de los
Notables, siendo uno de los que pro-
vocaron la reunión de los Estados ge-
nerales de 1789, en los que tomó
asiento como diputado de la nobleza
de Auvernia. Gomo vicepresidente de
la Asamblea en la memorajsle fecha
del 14 de Julio, fué proclamado co-
mandante de la guardia nacional,
improvisada el día antes, Sn las jor-
nadas del 5 y 6 de Octubre, trató de
impedir al pueblo de París que fuen
á Versalles y acabó por seguirle con
la guardia nacional a fin de dirío;ir
el movimiento. Su presencia impidió
grandes desgracias y preservó á la fa-
milia real de los atentados de un pue- !
blo que empezaba á sentir verdadero
odio al trono. El rey, en -1790, llamó
á la guardia nacional á prestar sus
servicios cerca de su persona, con lo
cual Lafaybttb se vió comprometido
cuando tuvo lugar la huida & Varen-
nes (21 Junio 1791). Después de la
vuelta del rey, combatió, en la Asam-
blea, al partido que pedia la destitu-
ción de Luis XVI, y cuando se dispOf
nía una manifestación en el campo
de Marte» en este sentido, hizo des-
plegar la bandera roja y dii^ersar al
pueblo por la fuerza (17 Julio 1791)^
En Septiembre de aquel año,; eñanda
el rey oubo aceptado U Constitución,
LAFATim presentó su dimisión de
comandante de la guardia nacional;
pero en el momento de ü coalición
de Pilnitz, fué nombrado general del
ejército del centro. Entonces hizo ana
vana tentativa para castigar á loi au-
tores de la jomada del !^ de Junio,
yendo á denunciar á los iacobiaos
ante la Asamblea; pero no nabiendo
logrado nada, tuvo que partir á U
frontera, donde supo que el 10 de
Agosto se había derrocado la moaar-
quía. En el primer ímpetu, quiso ia-
üntar nn último esfuerzo; pero desti-
tuido, decretada sn acusación y bus-
cando un asilo en un país neutral,
fué detenido cerca de Namur sufrien-
do: primero, en Prusia, y después, en
Austria, una dura eaatividad qae lo-
portó con la mayor firmeza. l4eso e&
la cindadela de Olmutz, sólo debió aa
libertad á un artículo especial del tra-
tado de Campo-Formio (1797). Voelto
i Francia, después del 18 Brumario,
votó contra el consulado perpetuo j
vivió en el fetíro durante el impario.
En 1814, Lafaybttb trató de captar-
se las simpatías de los Borbonés. Du-
rante los Cien días, enviado á la Cá-
mara de los representantes, tomó una
parte activa en las medidas que obli-
garon á Napoleón i abdicar segunda |
vez. Vuelto i la vida privada, sólo
do 1818 á 1823 ocupó un puesto eo la
Cámara, y sieinpre en la oposidón.
Consideró á los fiorbones como ndieal- ¡
mente absolutistas, tendiendo sin ce-
sar á derrocarlos del trono. No habien- |
do sido electo en el su&agio de 1824, I
hizo un viaje á América, en donde I
obtuvo la acogida más entusiasta. El
Gobierno de la Unión, reconociendo
sus sacrificios durante la guerra de
la independencia, le hizo donación
de cuantiosas tierras y una suma de
200.000 doHars. ó sea un millón de
ftesetas. Restituido á U Cúnara de
os diputados, en 1827, siguió U lí-
nea de conducta que antes habiá em-
prendido. La revolución de 1830 1«
aclamó eomandante d« la guardia na-
cional y jefe del Gh)biemo pravidcnial,
siendo él quien respondió al enviado
con la anulación do las célebres orde-
nanzas: «Ya no es tiempo.» (Toando
Luis Felipe aceptó la corona, h*j
quien pretende que Lafaybttb le
abrazó diciendo: ¡Hs aqulla Mjor dt j
las repúblicas! Pero su conducta des-
miente este aserto. Tres semanas des-
pués presentaba su dimisión del pues'
to de comandante de la guardia na-
cional y seguía votando con la oposi-
ción. Minbeau decCa que «Lafaybt-
tb era un caiícter menos grande que
original; más descontento qne verda-
deramente fuerte; generoso y noble»
pero alimentándose siempre de fai^^ ^
tesis, vivía de ilusiones sin darse ja-
más cuenta de la realidad. > Todos los
Sartidos han reconocido la honrad»»
e Lafatetts; sin embargo, su muo^
te sólo produjo una mediana sans^
ción en Francia. Bn cambio, en Amo-
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LAFO
nea, el Congreso decretó luto nacio-
nal durante treinta días'j se le hicie-
ron los miamos honores militares que
se habían tributado á Wásliington.
La familia de nnestro personaje ha
publicado sus Mmorias, corresp -ndeur
eüt ¡f wumucriíos del general Lapayet-
TBíParís, 1837-38, 6 Tolúmenes en 8.°
Ea ellas se encuentran muchas noti-
cias interesantes jr curiosas sobre la
ReTolución; j especialmente, acerca
de los acontecimientos en que el céle-
bre general tomó parte.
La Fontame (Juan db). El prime-
ro de los fabulistas franceses j uno
de los más grandes poetas de su tiem-
Jo. Nació en Chotea u-Th i errj el 8 de
ulio de 1621 j murió en París el 13
de Abril de 1695. Su padre era ins-
pector de montes y ag^uas, jr su madre,
Francisca Pidoux, hija de un bailío
de Cqulomiers. Tuto por primer pre-
ceptor al maestro de escueia de su al-
dea; después entró en el oratorio de
Reims, «donde fué UeTsdo por su fa-
milia, no ciertamente por su Tocación,
pues él mismo confiesa que nunca le
inspiró mucha afición el estado ecle-
siástieo. Bien pronto loffró vencer la
obitinacidn que la había llevado allí,
j apenas pasado un año, volvió á apa-
reeer en el mondo. Desde entonces,
se hizo notar por sus distracciones,
su indolencia y su marcada propen-
lión á loa placeres. Un año escaso ha-
bía pasado desde su salida del semi-
nario, cuando ja hacía en casa de su
padre una vida desordenada, que in-
dudablemente le hubiera arrastrado
de licencia en licencia á una desgra-
ciada situación, si un oficial, de guai^
niclón en Ch&teau-Thierrjrino hubiese
declamado en presencia sujra la oda
dt Malherbe sobre la tentativa de ase-
sinato contra Enrique IV, llevada á
cabo en 1605. Aquellos versos produ-
jeron en La Fontainb un efecto tan
extnordinarÍD, que despertaron en su
alma los instintos de la poesía, cuyo
gniio debía latir en el fondo de su
existencia. Pero su gusto corría el
peligro de extraviarse con la imita-
ción de malos modelos, cuando un
ami^ le sugirió la idea de que con-
venía que leyese ¿ Homero, Virgilio,
Horacio, Terencio j Quintiliano. En-
tonces se dedicó con ardor al estudio
de los clásicos de la antigüedad y dió
á la estam^ una imitación de la co-
media de Terencio, Fl Eunuco, Este
estudio no le hizo perder su afición á
los autores modernos, entre los cua-
les prefería á Marot, Rebeláis jr Voi-
ture. La Fohtainb pasó cuatro años,
DO ocupándose de otra cosa que da
los placeres y de la poesía. Cuando
lle|fó á la edad de 26 años, su padre
quisoestablecerle,te transmitió el car-
go qao desempeñaba y le casó. Pero
el poeta era el hombre menos capaz
de soportar lazo alguno y el espíritu
menos dotado de aptitudes para los
negocios. Ademas, encontrando poca
simpatía entre el carácter de su mu-
jer y el SUJO, acabó por considerar el
himeneo como una pesada esclaví-
tod, qoe no tardd en romper, «leján-
LAPO
don del techo conjugal. Entonces
se estableció en París, donde fué
presentado al superintendente Fou-
Íaet, quien le asignó una pensión de
.000 libras, como poeta de la corte.
La Fontainb encontró en casa del
superintendente la vida máftconforme
á su carácter j á sus gustos que ja-
más hubiera podido imaginarse. Así
es que, fiel á su protector, después de
su caída, lamentó su desgracia en una
hermosa elegía (la sexta de sus obras)
en 1&51 j en una oda al rey en 1663.
En 1664j 1671, La Fontainb publi-
có sus Guentos y sus Narraciones en
verso, donde los fueros de la moral
salen como Dios quiere, j en 1668,
esto es, á la edad de 47 años, comen-
zó á imprimir la pieciosa literatura
sobre que descansa su gloriosa repu-
tación. Nos referimos a las Fábulas,
imitación las más de ellas de diver-
sos autores antiguos y modernos; pero
imitación hecha de una manera tan
original j tan hermosa, que valió
bien pronto al poeta el justo título de
inimitable. Esta obra consta de 129
fábulas, reunidas en 12 libros, de los
cuales, los seis últimos, no aparecie-
ron hasta el período de 1678 á 1694.
cLa Fontainb, dtce Ghamfort, ha
traído al apólogo la pintura de las cos-
tumbres; j el apólogo, al campo de la
poesía, haciendo de su libro una co-
medía en más de cien actos. Su carác-
ter distintivo es una maravillosa ap-
titud para trasladarnos al lugar de la
acción; dotar á cada uno de sus perso-
najes de na carácter particular, cuja
unidad se conserva en la variedad de
sus fábulas; j sobre todo, jpara haee^
los vivir con una personalidad que no
guede confundirse con otra alguna,
u estilo es sencillo, natural, elegan-
te, gracioso; cuando lo exige la índo-
le del asunto, sublime, y en todas
ocasiones, dotado de una sensibilidad
tan conmovedora eomo positiva. Es
indudablemente uno de los ejemplos
más asombrosos que ofrecen las lite-
raturas de todos lüs siglos, porque di-
fícilmente se hallará poeta que reúna
esa flexibilidad de. espíritu j de ima-
giqación, con que sigue todos los mo-
vimientos del asunto que desarrolla.»
Entre las obras de La Fontaixb, son
dignos de especial mención tres poe-
mas mitológicos, Psionis, Adonis y
Filetndnf Baucitr publicados los djs
primeros en 1669,jeliiltirao,enl685.
En ellos se encuentra la brillante ima-
ginación j la magia del estilo del
poeta, siendo de notar que el Psi^uis,
imitación de Apulejro, más que poe-
ma, es una novela escrita en verso y
prosa. Las cuatro ó cinco comedias
que escribió j dos óperas, que se can-
taron con aplauso, no añaden timbre
alguno á su gloria. La Fontainb es-,
tuvo ligado por estrechos vínculos de
amistad, no sólo con los más ilustres
literatos de su época, sino con todos
aquellos personajes que brillaron por
algún concepto en su tiempo. Sus ta-
lentos superiores j la dulzura de su
carácter, ^ue tuvo siempre algo de
•la ing^aiudad y del candor del nifio,
LAFO
81^
le atraían las simpatías de todos. A
consecuencia de su incapacidad para
los negocios, se había visto obligado
á dejar el cargo que le había legado
su padre, j su indiferencia hacia
todo lo que eran bienes materiales,
unida á su vida dispendiosa, habían
acabado por consumir su pequeña
fortuna, bus amigos le hicieron en-
tonces obtener el cargo de gentil-
hombre de la duquesa viuda de Or-
leáns; pero muerta esta princesa, en
1672, volvió á caer en una posición
Í trocaría. Lo que la duquesa de Or-
eáns había comenzado, lo continuó
M.°^* de La Sabliére, dama tan distin-
guida por las cualidades de su alma
como por las dotes de su talento. Aco-
giendo al gran niño en su casa, duran-
te veinte años, compartió con él las
penas j las alegrías de la vida mate-
rial; pero también esta vez tuvo el
poeta el dolor de sobrevivirá su bien-
hechora. A pesar de que en aquella sa-
zón contaba ja 72 años, la tutela j el
apojo de una persona amiga se ha-
bían hecho indispensables para él, j
todo lo encontró en Hr. De Hervart,
consejero en el Parlamento de París,
quien había conocido al poeta en casa
de M.»* La Sabliére. Daranta los úl-
timos años de su vida, La Fontainb,
aparte de la hospitalidad de Mr. De
Hervart, que l« había instalado en su
casa, no contaba con otra fortuna que
los beneficios de sus protectores el
duque de Borgoña v los príncipes de
Conti j Vendóme. La edad produjo
un cambio completo en su carácter j
en sus costumbres. Siendo joven, ha-
bía llevado una vida en extremo disi-
fiada; ja en la vejez, se arrepintió de
os errores de sus primeros años j los
expió practicando los ejercicios de
la más austera piedad. La Fontainb
tavo la suerte de disfrutar de su glo-
ria en vida; más que sexagenario era
ja, cuando se presentó á la Academia
Francesa, que le recibió en su seno
en 1684. Cnamfort ha formulado so-
bre el gran poeta un juicio, que pue-
de considerarse como un resumen de
la opinión general. cOfreció, dice, el
singular contrastedeun narradorlibre
con exceso j de un excelente moralis-
ta. Dotado del más delicado talento y
de la más ingenua sencillez, posejó
el espíritu de la observación j de la
sátira, siendo considerado siempre
como un alma bondadosa, y supo sa-
car provecho de su talento en oposi-
ción á las cualidades que suelen des-
lucir siempre al escritor satírico, lle-
gando i ser en su siglo, si no el prime-
ro, por lo menos, efmás admirable.»
Las ediciones de las Obras completas
de La Fontainb son poco numerosas;
pero, en cambio, las de sus FdbulaSt
son innumerables. Entre las prime-
ras, citaremos las de París de 1814
j 1817. Entre las segundas: las Fá-
bulas de La Fontainb con un comenta-
rio literario y gramatical por Carlos
Nodier (París, 1818); la de Walcknaer
con notas (París, 1827); la de Oror-
pelet, con notas j 75 viñetas en ma-
dera (Paría, 1830), y la de Coliñcamp,
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Laóa
coa noU* filológicw (Puta, 1636).
Laga. Femeninoaaticuaclo. Llaga.
Lagán. Masculino. Feudalismo.
Derecho que los señores tenían sobre
las naves que habían naufragado y
sobre las mercaderías que condu-
cían.
BtiuolooÍa. EscandinaTo k^, Uj:
auglo-sajón* It^A, laA; infieles, law;
francés, tapan; bajo latín, u^, ley ó
derecho, eomo en lmamotm, derecho
de la mar, y laganmmt que se halla en
Dn Caoge.
Lagano. Masculino. ÁníigUdadeu
Pasta de flor de harina de tríg« j
aceite, coa que hacían una especie de
torta, (jue constituía un alimento
económico entre las gentes menos
rieas.
Lagafia. Femenino. LsoAftA.
Lagañoso, sa. A.djetÍvo. LboaRo-
80, 81..
Lagar. Masculino. £1 estanque pe-
queño 6 alberca en qne se pisa la uva
para exprimir el mosto: tiene una ca-
nalíta por donde corre éste ¿ la tina
d vasija en que se recoge para echar-
lo después en las cubas 6 tinajas.
KTiuoLOaÍA. Latín laciu, laST",
cavidad, pila, pilón, porque el laqab
antiff'uo era una alberca, ea donde se
Eisftba la uva, 6 porque el mosto Tai
k tina ó pilón.
Lagarada. Femenino. Cada una
de las Teces que se llena el lagar, y
cada una de las porciones de uva con
qne se llena.
Lagarcgo. Masculino diminutiro
de lagar. | Hacbe.sb LAOAaBJO. Frase
metafórica y ^miliar. Apretarse los
mozos unos á otros los pescuezos por
baria y pasatiempo. || Hacbrsb laga*
BSio LA OTA. Frase. Maltratarse, es-
trujarse la ara que se trae para co-
mer.
Lagarero. Masculino. El que tra-
baja en el lagar pisando uva, || El que
trabaja en el malino de aceite.
Lagareta. Femenino. LAaissio.
Lagarós. Masculino. Métrica ^rie-
qa. Verso hexámetro, en cujo inte-
rior haj ana sílaba breve, en logar
de una sílaba larg-a.
SnuoLoaÍA. Griego Xopp^c (^a-
ró$), vacío; esto es, vacío de cantictad,
breTe: francés, la^arug.
Aff^Ak— Ua ejemplo de esta clase
de verso se encuentra en la Iliada^ II,
7d1. (Lirraí.)
liSgarta. Femenino. La hembra
del lagarto.
Lagartado, da. Adjetivo. Ala-
gartado.
Lagartera. Femenino. El agajero
ó madriguera del lagarto.
Lagartero, ra. Adjetivo. Se apli-
ca al ave ú otro animal qne caza la-
gartos.
Li^artezna. Femenino anticuado.
Lagastija.
Lagartiia. Femenino. Reptil mnj
comán en Espafia, cnjro cuerpo es se-
mejante al del lagarto, de unas tres
i cuatro pulgadas de lar^o, cubierto
todo él de pequeñas laminitas pues-
tas sn orden. Por la parte superior es
. de oolor pardo, y á veces rojizo ó ver-
La gas
doso, y por la inferior, blaiMO»Bfmaj
ligero y espantadizo.
Etimolooía. Lagarto.
Lagartijero, ra. Adjetivo que se
aplica á algunos animales qae cazan
y comen lanrtijas.
Lagutillo. MasenUno diminutivo
de lagarto.
Laffarto. Hasculiao, Zoología.
Reptil de diez á doce pulgadas de lar-
fo, muy común en varias partes de
spaña. Su cuerpo es estrecho, y tiene
cuatro pies extendidos horizontalmen-
te y armados de uñas;la cola tan larn
como el cuerpo, redonda y terminada
enpunta; T la cabeza ovalada, sin ore*
jas, y con la boca armada de machos y
pequeños dientes. Todo él está cubier-
to de laminitas, y de color blanco por
la parte inferior, y por la superior,
esta hermosa y vistosamente mancha-
do de Terde, amarillo y azul. Es su-
mamente ágil; anda arrastrando el
cuerpo y se reproduce de huevos, qne
se empollan de sujro con el calor del
sol. Ü El músculo grande del brazo,
que está entre el hombro y el ood<>. |
Familiar. Picaro, taimado, en cu^o
sentido se dice: ¡ja es un buen laqab-
TO! jVayaunLAGABTO! ¡QuéLAGARTO!
Q Familiar. La espada roja, insignia
de la orden de caballería de Santiago.
Itygrmanía. El ladrón del campo, ó
que muda de vestido para que no
le conoznn. \ diImdusi caiiijLh óco-
COOHILO.
EnHOLOofA. Latín IHeirtui y HUar-
ta, formas de Ulcera hecho pedazos,
aludiendo i las articulaciones ó vérte-
bas: catalán, llan^ardai», llapardaia,
llagart; provenzal, UuerU lamert; Be-
ny, Uzardt lizerd; ginebrino, Uutard;
portugués, lagarto; foincés del si-
fflo xii, leisard; moderno, láard¡ ita-
iano, laeeríat lucerta.
Reseña, — El vulgo de algunas pro-
vincias entiende que el laoabto es el
enemigo encarnizado de la mt^er; y la
culebra, del hombre.
La Gasea (Mabiano). Célebre bo-
tánico español, que nació en Encina-
corta (Aragón) en 1776 y murió en
Madrid en 1839. Después de haber
hecho Btts estudios de Medicina en Za-
ragoza y Valencia, se estableció en
Madrid, donde contrajo estrecha amis-
tad con Gabsnilles, profesor de botá-
nica en la universidad y director del
jardín botánico de la Corte. Nom-
brado suplente da aquél, fué encarga-
do, en 1803, de recorrer la Península
á fin de recoger los documentos nece-
sarios para la composición de una flora
española, y en su primer viaje por las
provincias de León y Asturias, descu-
brió el liquen de Islandia, lo que hizo
desde entonces inútil la importación
i Espafia de este precioso vegetal.
Cuando estalló la guerra de la Inde-
Sendencia, La GASCA era catedrático
e botánica en la universidad de Ma-
drid; rechazó las ofertas del Gobierno
invasor ^ se unió al ejército nacional,
donde sirvid como medieo militar. De
vuelta á Madrid, fué nombrado direc-
tor del jardín botánico y recobró su
c-itedra. Independientemente de mu^
Lagé
chas misiones Importantss,deqiiéfa¿
encargada, trabajó en diversas obras
Ífué elegido diputado i Cortas. Este
onor fue para él origen de grandes
calamidades, pues obligado en 1823 á
abandonar su patria y 4 trasladarse i
Cádiz con el Gobierno, tuvo d. áoht
de ver reducidos á eenicas, en Sevilla,
sns preciosos manaseritos y sa rico
herbario. «Allí decía él mismo algún
tiempo después, han encontrado su
tumba multitud de produccionu úti-
les para las ciencias naturales. Allí,
Clemente perdió los resultados de so
viaje á la serranía de Ronda j las ob-
servaciones que había hecho en el te-
rritorio de Sevilla en los años 1807,
1808 y 1809; allí, el ilustre Boij de
Saint- Vincent,coroneldel ejército fran*
cés, perdió ricas colecciones, formadu
á través de las balas de los patiíotu;
allí, se sepultó para siempre la parta
más prstnosa de mi herbario y de mi
biblioteca, y lo que es peor todavía,
todos mis manuscritos, excepto el de
la Cerei española, qne quedo intaeto
en manos de Clemente. » La Gasca se
refugió en Londres, donde coasa^rJ
los ocios del destierro á nuevos é im-
portantes trabajos. En Jersejr se halla-
ba cuando, en 1834, obtuvo el permi-
so de regresar á su patria, dónela vol-
vió á tomar la dirección del jardín
botánico, que conservó hasta su mae^
te. De 41 nos han quedado las sigaieo-
tes obras: Bellezas naturales de Sipsr
ña; ffienckus planíarum qum m hrUt
regia botánica Matritensi ctiUhantw ss-
no MDCGGXVi Noticias sobre el des-
cubrimiento del Ufuen de Itkmdia ea el
puerto de Pajares; Afemeria sobre &»
plantas sodíjeras de Bspaña; Floré es-
pañola; C'eres espoMola; ^fotieia sobre U
tnda literaria de don Josi Cabanillet;
Lista de las plantas útiles á la jardiat-
ría y Descripción de algunas plantas del
jardín botánico de Madrid, obra escrita
en colaboración con don José Deme-
trio Rodríguez.
La Gasca (Pbdbo). Hombre políti-
co español, que nació en el Barco de
Avila en 1485 y murió en 1560. Sotni
en las órdenes, fué consejero de la In-
quisición, y en 1546 le nombró Car-
los V presidente de la aadieneia del
Perú, con poderes amplios para hacer
ciuinto condujese & la pafliáescióa de
aquellos dominios. Guando Uwó a
América, acababa de morir el ntnf
Blasco Núñez á manos de Gonzalo Ph
zarro, que había quedado por daeflo
del país. Empleando maña y consUs-
cia, consiguió ir atrapréndose toaoi
los partidarios de aquel, ^ cuando le
vió débil, la atacó y venció. Después
de este triunfo, que le valió en Aras-
rica el nombre de Padre resíauradorí
pacificador, se estableció en el CaMO,
se ocupó en la colonización é hizo en-
trar grandes sumas en el Tesoro. O»
vuelta á España, recibió en recompen-
sa de sus servicios el obispado de bi-
güenza. v más tarde, el da Palenw».
en cuja diócesis acabó sus días.
Lagenia. Femenino, ^«'tf 'Síí
Especie de vasija á modo de wiw»
que usaban los romanos.
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LAGO
LAGO
LAGH 819
BnveLooCÁ. Latín l^h», que w el
gMgo (Ughu>t)y boteUa, fras-
eo, radona.
Lftgeniforme. AdjatÍTo. Hittoria
MAira/. Qaa tieaa U fiffttia de una
botella.
Rtuiolooía,. Latín l^ena, botella,
j forwu: francés, la^eniforme,
Lagttnóforo. Mascalino. Boíániea.
Oénero de plantas dicotil«dóneas, de
lasmonteñasdelaCochÍDchina. U Con-
páiMtgiu. Qénuo da conehat mujr
rátoaas.
BmcoLOGÍA. Griego Urijvoc (Ugi-
Mtjt botdlft, Tedoma, y <popóc (pkorós),
qna Uen ó produce.
Lftgarstremia. Femenino, BoUni-
u. Arbasto de adorno, pertenecieate
i la familia de las litraneas.
firiMOLOoía. Afa^ntu L¿aBRSTRCBN,
naturalista sueco» muerto en 1759, á
qaim Linnao lo dedífid: latín tácnico,
LaonasTBCEiiu, indica.
B$S€Ía, — Dicho arbusto se denomi-
na LA.aBBSTRBMlA dt lot ludiOf, de
tcaerdo coa la clasifíoación de Linneo.
Lageto. Masculillo. Botámiea, Ar-
bula da la Jamaiea, da madan muj
apredada.
Lagia. Famenino. ^pecie da tala
jHBtaoia qna sa haea an Segú.
ISitOKajoaik. Latín loghut egipcio,
£»■» de Liam$, Lago, padre da Pto-
lomeo^ raj de Egipto.
Lagida. Masculino. Hittoria anti-
yw. Miembro de una dinastía griega
qae reinó en Egipto, cuyo fundador
mé Ptolomeo, hijo de LagOt uno de
los capitanes de Alejandro el Gramde.
i Hascnlino plural. Los laoioas.
EnHOLOOÍA. Latín lamida, los ligi-
das, descendientes da La^%$, Lago:
francés, lapide.
Lagidia. Famenino. Zooloyia. Es-
pecie de auimalas zoedoras da Nueva-
Holanda.
Lago. Ibsenlino. Concavidad na-
tural, grande j extensa, que siempre
est& Urna de ag^, jra venga ésta por
nanantíalas 6 por arrojros. y db l«o-
NS8. Bl lag;af subterráneo ó cueva en
que los encerraban.
BmiOLooU. 1. Griego Xoxt^ (la-
i^J, dividir; Xíxac,X¿xiwc, (láiotj lák-
ht), divisióo; latín, ¡deus, concavidad
-proñinda en donde haj agua perma-
nente, la cual nace de los manantia-
les de su fondo: alemán, Lache (de ¿o-
chen^ cortar); escoeéf, locA; inglés,
laié; ruso, ¿a»; \ámxj, lUeck; cata-
Ud, iUek; francés / provansal, Uu;
italiano, lago.
2. Esta serie trae sn origen del
ttnscrito U (^). corUr; lui, htk,
raptan.
Lmo (Había db). Heroína españo-
la del siglo XVI. Era hija de una &-
nUia none da Madrid, casé con Fran-
cisco de Vargas, regidor y alcaide del
alcázar, j es célebre por la defensa
que kÍ20 dé éste cuando fué atacado
por los comuneros, en ocasión en que
Vargas se hallaba en Alcalá en busca
de aúiilios. Después da algunos días
«ataqaa, sin resultado alguno, se
'**us>n 1m. flfMunnazoi, ain liafaer
podido vencer la resistencia de Ma-
BÍA, i quien Carlos Y, después de la
muerte de Vargas , confirió el honor
de guardar el alcázar del rejr.
Lagocéfalo, la. Adjetivo. Zoolo-
gía. Que tiene la cabeza semejante á
la de una liebre.
EtucolooÍa. Griego Im-^ (lagdsjt
liebre, /xa^aXiJ (kepMÜJ, cabeza^ «car
beza de liebre:» firancés. U^océpkale,
Lagoecia. Famenino. Botánica*
Planta herbácea mu^ hermosa, indí-
gena del Oriente.
EmoLoaÍA. Latín lago, lagini», es-
camonea tanue» hierba qna nace an la
viña j en los campos (Pumo): fran-
cés, íogoécié»
Lagoftalmia. Femenino. J/íf(^«cÜM.
Diaposición viciosa del párpado supe-
rior, cuando no puede cubrir el ojo.
ETiHOLoaÍA. Griego XayciipftüiXjioíf'ifl-
gdphíhalmos ); de hgot, liebre, j oph-
tMlmét, ojo; «ojo de Uebn:> &ancéS|
lagopkthamie.
Ijagoft&Ímico,ca. Adjatívo. Medí'
ciña. Concerniente á la lagoftalmia.
LagograCía. Femenino. Zoología.
Descripción de la liebre.
Etiholoqía. Griego lagBi, liebre, j
grapheia, descripción.
Lagográflco, ca. Adjetivo. Propio
da la Tago^nfía.
Lagomu. Mascalino. Zoologia» Ma-
mífero de Siberia parecido i la liebre.
EiiHOLOafA. Griego l<^s, liebre, y
«yi, ratún; «rató a-liebre:» "kv^áx, |u>í;
francés, lagomyt.
Lagópedo. Masculino. Omitologia.
Especie de perdiz que habita en mon-
tañas elevadas.
BrniOLOOÍA. Grie^ UyoSt liebre, y
el latín pes, pedis^ pie: francés, logópe-
do; voeaolo híbrido,
I«i^po. Masculino. Botánica. Es-
Secie de trébol, la espiga de cujas
ores es velluda.
BnunAoU. Chriego lar^ (l<igo$),
liebro, y imü< fpoUi)t pie: latín técni-
co, tri/olinm laoopus', da lanneo;
francés, lagope.
Lagópodo, da. -Adjetívo. ^oo^yfa.
Que tiene pelo en la parte inferior de
los pies. Q tiene las partes vellu-
das, y Orniíologia. Pájaro del género
de los tetras, orden de lai galliná-
ceas.
ETucoLOoia. Lí^opo.
Lagosta. Famenino antíenado.
Langosta.
Lagostin. Masculino. LanoostÍn.
Lagoato. Masculino anticuado.
Lamqosta.
Itagóstomo. Mascalino. Cimgia.
Hocico de liebre.
Etiuolooía. Griego Xayt^ (lagds ),
liebre, y {síómaj, boca: francés,
lagostome.
Lagoteador, ra. Sustantivo y ad-
jetivo, (^ue lagotea.
Lagotear. Neutro familiar. Hacer
halagos y zalamerías pan conseguir
alguna cosa. Csase también como ac-
tivo.
ETiMOLoaÍA. Aféresis de haUuotear,
frecuentativo da Aalagarj oatalán, IU~
gotear.
LogoterU. Famenino familiar. Za-
lamería para congraciarse con alguna
perBoaa y lograr alguna oosa.
BTiuoLoaÍA. Lagotero.
Lagotero, ra. Adjetivo familiar.
Zalamero, que hace lagoterías.
Etiuolooía. Lagotear,
LagotiS. Masculino. Zoología, Ma-
mífero roedor semejante á la liebre.
Etimolcoía. Griego lagdi, liebre.
Lagotrofío, Masculino. Paraje en
que se encuentran muchas liebres.
Etimología. Griego ¿ct^dx, liebee, y
trophe, alimento: 'cpofií.
Lágrima. Femenino. Cada u|u de
las gotai del humor áQueo que sale
á los ojos por los lagrimales, cuando
se comprime el saco que lo contiene.
I Vino db lágeima. Véase Vino. |
Metáfora. La gota de humor que des-
tilan las vides y otros árboles después
de la poda. | Metáfora. Porción muy
corta ae cualquier licor. |j db Houn-
OA. Üna pequeña porción de cristal
cuajado en el agua en figura de cor-
nezuelo con cabeza redonda, qoe aun-
que es mujr dura por la cabeza, rora-
Síendo la punta se deshace en menu-
0 polvo. Q DB COCODRILO. Plunl me-
tafórico. Las que vierte una persona
aparentando un dolorqua nosiente. Q
DB David. Planta semejante á la eafia,
que florece por Junio y Julio, y de
cuya simiente, que son unas bolitas
muj duras, sa hacen rosarios llama-
dos por eso de lágrimas. \ db Moisás
ó DB SAN Pbobo. Faruiliar. Las pie-
dras ó guijarros con que se apedrea
á alguno. \ AasASAasB los ojos bn
LÁGRIMAS. Véase Ojo. || Cobbbb las
LÁGBiUAS. Frase. Llorar con abundan-
cia. I Dbbeuuab LÁOBiuAS. ^rAse.
Llorar de manera iju» caigan Las lá-
ORiVAs por las mejillas. j| Deshacbb-
SB BN lIobiuab. Frasp. Llorar qopio-
I sa y amargamente. | Lo qub no va bn
iÁGBiiuii TA BN BUSpXBoa. B^prest Jn
fomiliar eon que se satisface la queja
de alguno de qu^ no se le da todo lo
que pide ó le pertenece, cuando se le
da parte da ello en co^ equivalente.
\ Llobab k lágriua viva, llobas
lIobiuas db SANGas. Frase metafóri-
ca. £>eDtir con gran vehemencia al-
guna cosa, l Saltablb ó saltábsble
Á UNO las lágbiuas. Fxase. Enterne-
cerse, echar á llorar de improviso. \
ROOAB, SUPUCAR, PBDIR CON LÁGRI-
MAS, ó CON LÁORIUAS BN LOS OJOd.
Frase. Suplicar llorando, fl Metáfora.
LÁGRIMAS. Aflicciones, calamidades,
como cuando se dice, hablando de los
usureros: tese hombre se alimenta con
LÁGBIMAS del prójimo* aun euando el
prójimo no llore, propiamente dicho.
I La lágrima cristiana. El llanto de
la Vi^en María al píe de la .cruz,
considerado como modelo de aflicción,
de virtud v belleza, en cu^o sentido
sa dice: cías heridas ,del mundo no
tienen más que un bálsamo: la lá-
OBiiiA Cristiana».
Etimología. Griego Sáxpu (dácry),
forma poética, por Síxpuov (dákrgon):
latía antiguo, dacrema; clásico, iacrg-
«o, lacrima, lacriima, pltiral; céltico:
kimrj, daigr; bajo bretón, daeratten;
godo, legr, porisfy/aiitigaoaltoale-
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320 LAGU
LAGÜ
LAID
mán, tahart por d<thar; ingl¿a* iiar,
por deM^¡ oatalán» llágrima; proveiizal,
ñamará, Mfw; francés antiguo, ler-
mí; moderno, fórm«; italiano, lacrima.
— «Humor que sale formado en gotas
de la cuencA del ojo, de la eompre-
aidn de los músculos, causada por
algún dolor, afíícci^ín, Sa^tión ú otro
agente exterior. Viene del Utiuo
Mc^ma.» (A.CADBUU, Diccionario
de 1726.) l tliágrimas de la aurora,
llaman los poetas al rocío de la ma-
fiana, porque sobra las hierbas pare-
cea lágrimas.» tCoketet de Ugrimas,
Cierto género de cobetes que ¿espués
de halrar sabido á su majror elova-
eidiii despiden uaas laces como lagri-
mal^ eompnestas de aaufre y alcan-
for.» (Idbic.)
Xiagrimuile. Adjetiro. Lo qae es
digao de llorarse.
Lagrimal. Masculino, Angulo 6
extremidad del ojo por la parte más
cercana de la nariz.
EriuoLoaÍA. Lacrimal: italiano, la-
grimale; catalán, llagrimal,
Lagrimaniaco, oa. Adjetivo. Sen-
tí ubntau
Lagrimar. Activo. Llobas.
Ktiuoloqía. Lágrima: latía, lacrt-
mSre; italiano, lacrimare; francés del
sig^o XII, larmoier; moderno, larmoyer;
provenzal, la^rimejar; catalán, Hagri~
mñar.
Lagrimear. Neutro. Denamar al-
guna lágrima.
Lagrimeo. Hasooliao, El aeto de
lagrimar.
Lagrimiforme. Adjetivo. Minera-
Epíteto de una corriente de lava
que se derrama por una abertnra del
cráter j que va prolongándose poco á
pooo, como si negé ana lágrinu del
volcán.
BTnioLoaÍA,. Lágrinu j forma: fran*
cea, lacri/ mi forme.
Lagrimilla, ta. Femenino dimi-
nativo de lágrima.
BnuoLOou. Latín Uuíi'lmmlai cata-
lán, llagrimeía.
Lagrimón. Masculino aamentati-
vo de lágrima. | Adjetivo anticuado.
Lagrimoso, legañoso ó piUrroso.
BtiholooÍa. Ligrima: catalán, IIof^
grimasta,
Lagrimoncita. Femenino diminu-
tivo familiar de lagrimón.
Lagrimoso, sa. Adjetivo que se
aplica á los ojos tiernos y húmedos
por vicio de la naturaleza, por estar
próximos á llorar ó por haber llorado.
Dícese también de la persona 6 ani-
mal que tiene los ojos en este estado.
I Lo que hace llorar ó merece ser llo-
rado. I L.0 que tiene semejanza con el
llanto; como los árboles que despiden
la resina en figura de lágrimas.
BTXuoLoafA. Latín lacrímdsia: cata-
lán« lligrimótt a.
Lagua. Femenino americano. Pu-
ches.
Lagain. Masculino. Botánica, Es-
pecie de árbul de Filipinas.
Laguar. Activo anticuado. Lla-
gas.
-liaguna. Femeniaot CoAcavidad
en la -tierra donde se juntan r man-
tienen muckas aguas. || Metáfora. En
loa escritos, es el hueco que se quedó
sin escribir á cuya esentura consu-
mid el tiempo. B Interrupcidn 6 falta
que se nota en el teito de algún au-
tor. I Botánica. Nombre de ciertas ca-
vidades que se forman en algunas
plantas, particularmente en las acuá-
ticas. D Anatomia, Pequeña cavidad
que forma el oríñcio común de una
reunión de folículos, perteneciente á
las membranas mucosas. Q No bebas
EN LAGUNA MI OCHAS ui.3 QUE UNA
ACBiTUNÁ. Refrán que Índica ser bue-
no para la salud el abstraierse de am-
bas cosas. H Saua de laounas t kn-
TBAR BN MOJADAS. Rsfr&n. SaLXR OBL
^DO T CAER BN BL ARBOTO.
BnuOLOofa. Lago: latín, Idettna; ca-
talán, llagnna; francés, taemu, lagwo;
italiano, laguna.
Laguna (Andrés). Médico j filólo-
go español, que naci<S en Segovia en
1499 y murió en 1569. Hizo sus pri-
meros estudios en Salamanca j des-
pués fué á completarlos á París, re-
gresando á Bspaña en 1336. Tomó el
grado de doctor en Toledo ; luego
Sartíó para Flandes, donde se hallaba
arlos V, el cual le empleó en sus
ejércitos; residid algunos años en
Metz; visitó luego la Italia, perma-
neciendo sucesivamente en Padua,
Bolonia j Roma, ea cu^a última ciu-
dad fué nombrado medico del papa
Jalio in, conda palatino j caballero
de San Pedro. De allí paso á Alema-
nia y i los Países Bajos, y por últi-
mo, volvió á terminar sus días en Es-
paña. Las principales obras que dejó
escritas son: Método anatómico; De la
preservación de la peste y su curación;
Epitome de las obras de Galeno; Ánota-
cionet á Dioscdrides y diversas traduc-
ciones de Aristóteles, Luciano y otros
autores de la antigüedad. El doctor
Laguna fué indudablemente ana de
las más grandes inteligencias del si-
glo xtx.
Lagnnigo. Masculino. Bl charco
que queda en el campo después de ha-
ber llovido 6 haberse inundado de
otro modo.
Lagunar. Ifasculino. Cada uno de
los huecos que dejan los maderos con
que se forma el techo artesonado. |
Anticuado. Lagunajo.
Lagunazo. Masculino. Lagunajo.
La^uncular. Masculino. Botánica.
Especie de arbusto de las Antillas.
Etiuolooía. Latín l^unc&lSris;
forma de lUgun^ns, diminutivo de
lilgüna, laguna.
Lagunero, ra. Adjetivo. Lo per-
teneciente i lalap^una. | Nombre pa-
tronímico de varón.
Lagunoso, sa. Adjetivo que se
aplica al sitio que abunda en charcos
6 Qua tiene lagunas. | Historia natn-
raL Que tiene lagunas ó vacíos; esto
es, soluciones de continuidad.
Btiuología. Laguna: latín, Idcmo-
sus; francés, lacuneur.
Lagúreo, rea. Adjetivo. Zoología.
Que tiene la cola parecida á la de la
litibre.
Btucología. Griego Xij¡9ui {U~
geios), de liebre; latín, ¿^2w, especia
de vid, aludiendo ¿ que su rus tiene
color de liebre.
La Hoz (Joan de). Poeta dramiti-
co español, de los últimos mantenedo-
res del buen gasto en el triste perío-
do de decadencia por que atravesaron
nuestras letras desde el último tercio
del siglo XVI. Nació en 1620, fué re-
gidor de la ciudad de Burgos j caba-
llero del hábito da Santiago y murió
¿ fines del siglo xvii. Entre sus obras
que, por la robustez v. elegancia de
la versificación recuerdan las de Lope,
se citan con especialidad: SI Castro
de la miseria, cuvo asunto está toma-
do de una novela de doña María de
Zajas, j M montañá Juan Pascual y
rmtr asistente de Senilla, episodio cíe
vida de Don Pedro el Crutl,
Laical. Adjetivo. Lo perteneciente
i los legos.
EtiholooÍa. Laico: catalán, laycal,
laical; italiano, laicale.
Laicismo. Masculino. Doctrina
ue reconoce en los legos el derecho
e gobernar la Iglesia, cuja teoría
aoarece en Inglaterra durante el si-
glo XVI,
BTU(as.0QÍa. Laico: &aac¿s, Islew-
me,
LaidsU. Sustantirai Partidario
del laicismo.
Laico, ca. Adjetiro aatscoado. i
Lbqo. Usábase mis comunmente eo- ¡
mo sustantivo.
BTiuoLoaÍA. Griego ASo; (Liot),
pueblo; Xaix¿< (lalkds); latín, Üttcus;
catalán, laycA, Ilaych, laich, ca; pro-
venzal, laic, laye; francés del si-
glo XVI, lalc; moderno, laifue; Italia^
no, laico.
Senlidoetimol<^ico.—2Aticut:áe\gTÍe-
go laikós, popular, formado de taos,
pueblo; esto es, no ordenado, no ecle- ¡
siástico, de la clase del pueblo, se-
glar. (MONLAU.)
Laicocefalismo. Masculino. Sis- I
tema que reconoce en un lego la po- |
testad de ser cabeza de la Iglesia.
Etiuología. Griego lafkós, del
pueblo, laico, y kfíthale, cabeza.
LaicooéfÚo. la. Masculino j fe-
menino. Partidario del laicocefalismo.
Laidadnra, Femenino antiimado.
Fealdad, f Anticuado. Rotura.
Btimología. Laido: francés, iai^
deur, del antiguo laidece, laidure.
Laidamente. Adverbio de modo
anticuado. Ignominiosamente, ver-
gonzosamente.
Etimología. Laida y el sufijo, ad-
verbial mente: provenzal , laiamn;
francés, taidementi italiano, hida- \
mente. \
Laidamiento. Masculino anticua-
do. Laidadura.
Laideia. Femenino antieaado. ,
Fealdad. |
LaidOi da. Adjetivo anticuado. !
¡ Afrentoso, ignominioso. I Anticuado. I
Triste 6 eafoo de ánimo. ¡ Anticuado. I
. Feo ó afeado. I
I Btiholooía. Antiguo alto alemán !
leid; sueco, led; anglo sajón, Udk;
I francés del siglo xi, la»; modeiniOt
3
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I^AJE
LAMA
LAMA 321
üi^ píotÁnzBl, Uid, Uiff UUt Iw,
UÁ;ékUMn, U«ígt lleija; en reltcion
eon el latín ledo, yo daüo.
Laia. Maiculiao anticaado. Fla-
no, nombre propio de varón.
Laines. Hascalino. Nombre patio-
nímieo. Hijo de Laín. Se naa como
apellido de familia.
lAÍnes (Santuoo). Jesuíta espa-
ftol jr uno de los primeros j mis ao-
tÍTOS discípnloa de ^rnaeio de Lo-
Tola, qne nació en loÍ2 j murió en
1565. Bstodió an Alcalá, pasó á Tor-
qolft con ra maestro; rehusó la dig-
nidad eardenalieia qae la ofreció Pau-
ló IV; sueédió i Lojdla en la digni-
dad de general da Ia orden, en 1558;
sa la bizo conferir con autoridad ab-
soluta 7 (ürecAo de tener prüione»; j
ui sustituyó i la sencillez del funda-
dor una poUtica inhumana que hizo
reeaer bien pronto la odiosidad sobre
la nueva fundación. LáÍnbz se distin*
guía particularmente por un gran ta-
lento de organización, superior acaso
al de su maestro.
Xijrirén. AdjatíTO. Be aplica i ciar-
la especie de uva de ereéido grano j
dsfMlleio duro, qae es buena para
gaudana< pícese también de las c»^
(«s qttd la producen y dal vadoño de
esta especia.
Lals. Cortasana griega, qoa nrp
áó probablemente en Córinto 7 viTÍa
tn el sigla v antes del Mesías. Fué
contemporánea de Aspasia 7 pasaba
por la mujer más hermosa de su tiem-
po. Se hizo célebre por su avaricia j
sai caprichos; entre sus innúmera-
blsi amantes, se cita al filósofo Arísr
tipo, que le dedicó dos obras. Se ena-
moró de Buróbatas de Cirene, atleta
Toieedor en Olimpia, habiendo ter-
miudo sus días entre los excesos de
la embriaguez.
Lais (la joven). Cortesana griega,
hija de Timandra, que nació en Sici-
lia titU á principios del siglo iv
anta de Jesucnsto. Parece ser que fué
hedía prisionera y Tendida á un co-
rintio por los atenienses, cuando éstos
hideron ana expedición á Sicilia. Se
anamoTÓ de un joven tesalio, llamado
Hipoloquio ó Hipostrato, 7 le acom-
pañó á Tesalia; pero las mujeres de
aquel país, envidiosas de suhermosu-
la, U mataron á pedradas.
Laiacar. Activo anticuado. Dbjar.
Etuiolooía. Latín laxaret adojar,
desatar, esto es, dejar libre: iuliano
antiguo, iassare¡ moderno, Uuciare;
francés del siglo x, lutier (Eulalib);
moderno, lúiter; provenzal, latnar,
kwtr; catalán antiguo, leimr; picar-
doj kinier, Uicher; walón, Uit; lom-
bardo, ittgA,
Lria. femmino. Lancba, por pie-
dra llana t lisa. \ Marinm, La pefia
![ue suele haber en la barra ó boca de
os puertos de mar, como la de Carta-
gena 7 otras.
BtuolooÍa. Arabe kédjM^, piedra,
jr con el artículo, al^kadjar, la piedra.
' Laiodo. Masculino. Lamchab, en
Oalieu.
. t^jraitM. Femenino. Bspacie da
piad» aa foraia de botella.
BmfOLOOÍA. Latín %?m, redoma.
Lakchmy: Femenino. MitologUt in-
diana. Diosa de la abundancia, mujer
de Yishnú, nacida de las ondas de
un océano de leche. Se la representa
en las monedas con la cabeza cubier-
ta con una mitra lactando á un niño,
ó con una flor de loto, que le estaba
consagrada. Bn muchas pagodas ar-
día en honor sujro an ínego conti-
nuo.
Laldstat. lAascnlino plural. Los
LAXISTAS. Poetas ingleses modernos,
cuya escuela ea una profunda simpa-
tía por la naturaleza 7 nn esplritua-
lismo llevado al extremo. Los lakis-
TAs son poetas descriptivos, como
Wordsworth y Coleridge.
BfUfOLoaÍA. Inglés lake^ lago, alu-
diendo á que machos laxistas ha-
bitaban ó »ecuentaban los I^^s del
Norte de Inglaterra: francas, ^
liste.
Lalá. Masculino. Título honorífico
que los sultanes suelen dar á los
grandes de su imperio.
Lalación. Femenino. Acción, efec-
to ó defecto de lalar.
. ErniOLOOÍA. Lalar: latín, lallaíío;
francés, ¡alUtion,
Lalar. Neutro. Pronunciar tarta-
miideando las silabas que comienzan
por L.
Btihología. Latín lallSre, onoma-
tope^a.
Laletania. Femenino. Geografía
antigua. Territorio de la España tarra-
conense ó citerior, que comprendia la
mavor parte de Cataluña.
Btiuolooía. Latín LaUtanUy Cata-
luña. (Marcial.)
I«aletano, na. Masculino 7 feme-
nino. Nombre de unos antiguos habi-
tantes de Espafia.
EtiúolooU. Laletania: latín laleía-
nuSf el habitante del territorio entre
Gerona 7 Tarragona; catalán, ¿sííAuu,
plural.
Lam. Masculino. Nombre de la vi-
gésimacuarta letra del alfabeto árabe.
1. Lama. Femenino. El cieno ó
lodo que queda en el fondo de los pa-
rajes o vasos en que ha7 ó ha habido
agua largo tiempo. Q Tela ó nata que
cría el agua en su supei^cie; particu-
larmente, en tiempos tempestuosos. |
Tela de oro ó plata en que los hilos
de estos metales forman el tejido 7
brillan por au haz, sin pasar al revés,
y Entre mineros, la harina ó tierra
sutil de los metales, l Provincial An-
dalucía. La arena mu7 menuda 7 sua-
ve que sirve para mezclar con la cal.
Etuioloo£a. Griego XiyM^ ( lámos ):
latín, ¿ama, sitio pantanoso.
2. Lama, l&sculino. Saeerdotede
los tártaros occidentales vecinos á la
China.
ETUfOLGOÍA. Dialecto del Tíbet, hUt-
ma, que se pronancia lama, derivado
de bUt sobre. Lama signíáca «el su-
perior, sobre todos.»
Reteña, — 1. El laha es el sacer-
dote de Budha en el Tíbet 7 entre los
mongoles.
2. Según ellos, no son divinida-
des, pero representan á la divinidad.
Lamaísmo. Masculino. Doctrina
de los adoradores de Lama. | Nombro
del budhismo en el Tíbet.
Etuiolooía. Lama: francés, Umats-
me.
Lamaista. Mascalino. Adorador
del gran Lama. \ Adjetivo. Concei^
niente al lamaísmo.
EnuoLoafA. LauMi francés, lamáis^
U,
Lamanda. Femenino. Zbókgia,
Seroiente grande de Java.
Lamantino. Masculino. ZooUgia,
Anfibia herbívoro desprovisto de
miembros posteriores 7 coa coia' hori-
zontal.
SniiOLOaU. Nombre corrompido
probablemente de manate 6 maríati,
que se ha conservado en español 7
que es un vocablo galibio (XiEGOa-
rant): francés, lamantin.
Lámar. Activo anticuado. Llahak.
Lamartine (Luis María Ali'onso
DI pRAT db). Célebre poeta 7 hombre
político francés, que nació en Mácon
en 21 de Octubre de 1790 y murió el
28 de Febrero de 1869. Su verdadero
nombre, según algunos biógrafos, de-
bía ser Pratt y hzy quien dice que no
había tomado el de Lahartinb hasta
la muerte de nn tío materna. Otros
quieren, por el contrario, que Lahar-
tinb sea el nombre de toda au &mí-
lia, 7 que, sólo para distinguirle de
su hermano mavor, añadió á su nom-
bre el padre del poeta el apellido
Pratt tomado de un castillo que los
Lahartinb poseían en el Franco-Con-
dado. Sea ae esto lo que quiera, el
padre de nuestro personaje era oficial
de caballería cuando estalló la reTo-
lucijn de 1789; combatió con los aui-
zos en la jornada del 10 de Agosto da
1792, contra la insurrección popular,
y fué detenido durante el Terror en
Mftcon, míentraa que loa demás indi-
viduos de su üimilia lo eran en Aa-
tum. La caída de Rob^spíerra devol-
vió la libertad á los cautivos. Estos
sucesos explican la adhesión qae nun-
ca dejó de demostrar á la rama me-
jor de los Borbones, por más que
abrazara con calor las ideas republi-
canas. Libre de la prisión, la familia
de Lahartimb se retiró á MÍII7, cérea
de Micon, en donde transcurrieron
los primeros años del poeta, quien ha
pintado la dulce vida pasada allí 7 las
profundas impresiones que grababa
en sa alma la educaeimi maternal.
Sus estudios fueron mu7 irregulares
7 poco clásicos por cierto. Los cuen-
tos de M.™* de Genlís 7 de Bérqufn,
el Tele'maeo de Fenelón, las novelas
de Bernairdiuo de Saint-Pierre, la Bi-
blia de Bavmond 7 U JemtaUn Hbn*'
toda del lasso; tales fueron sus' pri-
meras lecturas, más propias para des-
arrollar su sensibilidad 7 su imagi-
nación que para darle un sólido jui-
cio 7 una razonada facultad de pen-
sar. A los doce años, queriendo que
aprendiera latín, se le colocó en casa
del abate Dumont, del que más tarde
había de tomar el poeta algunos ras-
gos en su Joceign; pero, como quiera
que sas progresos dejaran mucho que
TOMO ni o
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322 LAMA
LAMA
LAMA
desear, se le IUyó: primero, al cole-
gio de Ljon» y después, se confió su
educación i tos jesuítas de Bellej, en-
tre los que permaneció hasta termi-
nar sus estudios. De vuelta á MÍUj,
ea 1809, reanudó sus antiguas lectu-
ras, uniendo i ellas el Oaute, Patrai^
ea, Shakespeare, Milton, Chateau-
briand; y mis que todo, Ossi&n. Su
gusto, formado en tal escuela, tuTO
que ser necesariamente m&s brillante
quejuictoso. Cuando se trata de for-
mar el criterio, no ha^ nada tan per-
judicial como la falta de método en
los primeros pasos del estudio. Des-
pués de la lectura , siguieron los TÍa-
Íes. Un pariente su^o le lleró á Ita-
ia (1811-1813), V visitó Florencia,
Roma T Ñipóles, En las cercanías de
esta última ciudad, fu¿ donde cono-
ció i aquella Gabriela, la conmove-
dora heroína de sos ConfitUneiat, j á
la que ha consagrado un recuerdo en
una de sos mis tiernas elegías. Lla-
mado i Francia, con gtan disgusto
su^o, por la inquietud de su &milia,
asistió i la caída del imperio é ingre-
só en el cuerpo de goaraias de corps.
Sin embargo, la vida de guarnición
seavenía mal con sus gustos j no tar-
dó en abandonar su nueva carrera, ha-
ciendo, en 1816, una excursión á Sa-
boja. A.I1Í coatrajo relaciones con José
de Maistre y su familia, relaciones
que afirmaron todavía más sus ideas
espiritualistas; j encontró en los ba-
ños de Aix i aquella Elvira, de cu^o
nombra estin llenas las Meditaeiones.
Desde hacía mucho tiempo, dedicaba
sus ocios al cultivo de la poesía, y en
1817 Uyó en casa de M.»* Bro^lie
algunas eUgU$t que fueron acogidas
coa aplauso. Alentado por este triun-
fo, publicó en 1820 sus primeras Aíe-
ditMtiones. Exclamaciones de sorpresa
y de entusiasmo acogieron este des-
conocido canto que, de repente y en
un lenguaje armonioso, rico, lleno de
color ^ de facilidad, traducía los tor-
mentos religiosos y los íntimos sue-
ños de su alma. Los jóvenes y las mu-
jeres hicieron su mis preciado confi-
doate de un poeta que daba el ejem-
plo de alegar los sufrimientos secre-
tos de su corazón, buscando el con-
suelo de sus ilusiones perdidas en la
adoración del Ser Supremo y en la
sumisión i sus misteriosos designios.
Los mismos filosófos se dejaron sedu-
cir, y Jouffroj llegj á decir un día
«que Lamabtinb era el más grande
de los poetas de nuestro siglo, por-
^[xe había sabido exponer en el len-
guaje más brillante uno de los más
lílevados y más abstractos problemas
de la filosofía: el destino del hombre
en la tierra y más allá de la vida pre-
sente.» El Gobierno se crejró en el de-
ber de honrar y alentar al autor de
las Mediiacionetylt nombró secretario
de U embajada de Nápoles. Desde allí
fué enviado i Londres, y después, i
Florencia, donde se casó con una jo-
ven inglesa, mis Elisa Mariana Birch.
De estos felices aflos datan: la Muerte
de Sócrates, poema imitado de uno de
los diálogos de Platón; las Nueva*
Afediiacionei (1823); el Ultimo canto de
cuide Harold (1825W las Amonio»
po/ticasv reli^iogas (IS29). LaHABTiNB
había alcanzado el apogeo de sa glo-
ria literaria y la Academia franceaa la
abrió sus puertas en 1830. El Minis-
terio Polignac le ofireció el puesto de
secretario general en el departamento
de Negocios extranjeros, que no acep-
tó por no estar conforme con la marcha
del Gabinete, y en su lugar fué nom-
brado representante cerca del prínei-
Se de Sajonia-Coburgo, nombrado toy
e los griegos. Sin embargo, como
este príncipe no aceptara la corona,
la misión de Lauartine ho pudo lle-
varse i cabo, viéndose obligado i
vífgar por Suiza, no como diplomi-
tico, sino como poete. La revolución
de Julio le sorprendió en estas excux^
siones. Aquí comienza el segundo
período de su vida, período en que la
política había de ocuparle mucho mis
que la literatura. Bl nuevo Gobierno
le había hecho de antemano prome-
sas, que, por delicadsxa, no aceptó;
pero queriendo tomar parte en la vida
Sública, se presentó candidato á la
iputacíón de Tolón v de Dunker(|ue.
La derrota que sufrió, tuvo un epilo-
go todavía más amargo: los groseros
insultos de que Barwelem^ le hizo
blanco en una de sus obras satíricas,
le obligaron i salir de su inercia; 7
aunque, ante su defensa, la opinión
pública se puso de su parte, nadie
pudo librarle de la amargura que
aquel incidente le produjo. Sin em-
bargo, olvidando por un momento la
fiolitica, deseoso de realizar uno de
os suefios de su vida, partió i Orien-
te, desplegando en su TÍaje tal lujo,
que los irabes no le oonocían por otro
nombre que el del emir francá. En
aquellos países que tanto había anhe-
lado visitar, experimentó una de las
desgracias que nabían de amarnr au
gloria y su fortuna; su hija Julia, la
mitad de su oora«5n, la parte más
hermosa de su alma, munÓ en Bej-
ruth, en 1833. Para distraer al poeta
de su profunda melancolía, los elec-
tores de Bergnes (Norte) le elidieron
diputado y tomó asiento en la Cámara
desde las primeras sesiones, con el ca-
rácter de representante independien-
te conservador-liberal, sosteniendo,
según sus impresiones 7 sin espíritu
sistemitico, tan pronto a la oposición
como al Gobierno, examinando siem-
pre las cuestiones bajo el punto de
vista moral y social, pero mostrando
las más de las veces poca simpatía
hacia la casa reinante. En 1839, la
ciudad de MIcon le confirmó el man-
dato legislativo, Sín embargo, no por
eso había renunciado i las letras.
Eu 1835 publicó su Viaje á Oriente,
improvisación brillante, deslucida i
trechos por inexactitudes geográficas
que hacen perder su carácter al libro.
En 1836 publicó el Joeeljfn, obra en
la que aparecía el autor bajo una
nueva fase. Después de haber funda-
do la poesía lírica francesa, enrique-
cía aquella literatura con un nuevo
género de epopeTa, semieristiana,
ssmífiiosófiea, en que la origiai^ídad
del asunto, el color y la vívaeidad de
la narración y la oonmovadoiia seooi-
llez de los cuadros campestres se
unían para comunioar i la obsa nn
interés que no logsan destruir la del-
udida extensión de las descripoio-
nes, algunos pasajes oscuros y un
lenguaje algunas veces incorrecto. Sn
el pensamiento del autor, Jocelyn no
era más que un episodio, j oomo el
Srincipio de un gran poema sobre el
asarrollo y las asesprogresivaa de la
humanidad. En efecto, dos afios des-
pués (1838) publicaba , bajo el título de
la (Uida de nn ÍMfel, una nueva parte
de la inmenaa obra que so:iaba,Bxag«*
radones extrañas y ridiculas, unidas á
un estilo cada vea más descuidado, ex*
pilcan la auma frialdád oon que se aco-
gían este poema ^ los Hecogimienta
poétito», que le siguieron en 1839; jr
que no eran ciertamente las oblas que
estaban llamadas á granjearle el &Ter
M público. Sin embargo, ocho afios
después, una obra en prosa le devol-
vía toda su antigua popularidad. La
Hittoria de loe Gtrondinot aparecía «a
1847, y i despecho de los defectos qm
la crítica le señala, aquella vordad»-
ra epopeTu de la revoluoiiúi de 1789
ejerció una influencia tan poderosa en
todas las imaginaciones, que ao ain
razón se la designa oomo ana de las
causas que produjeron la revolución
del 48. En ik Cámara, LaKaaTi» m
llevaba de día en día tnsaí la opÍDÍéa
pública, é inolinindose progresiva-
mente i h opoaición, lanzaba aque-
llos presagios 7 amenazas contn la
monarquía da (Jrlaáns que han pasa-
do i la historia. Bn 1839, había di-
cho, atacando la inamovilidad dal po-
der: tZa Frtnda es nna nación f m te
aburre.* En 1842, insistiendo ea el
mismo reproche, decía: «Si ésta es
todo el talento del hombre de Estado,
convengamos en que el hombre de Es-
tado sobra: un tuerto hatt i ^ra goier~
nar i los ciegos.» Por último, en un
banquete reformista de Mftcon (1847)
anunciaba i la monarquía: «después
de las revoluciones de la libertad /
las contrarrevoluciones de la gloria,
la revolución de la conciencia publica,
U revolución del desprecio.* Alguaua
meaes despuéa estallaba la revolación
de Febrero. Laiur^nb tomó en ella
una parte decisiva, sosteniendo, ante
la duquesa de Orleáhs, presentada i
la Cámara popular, la necesidad de
un gobierno provisional y de un llt'
mamiento al pueblo. Podrá apreciarse
con diversidad de oriterios su papel
en tales circunstancias; pero sólo con
admiración puede considerarse al bom*
bre que, al día siguiente, rodeado de
una multitud amenazadora, en medio
de los disparos que resonaban en los
corredores de la casa de la Municipa-
lidad, y mientras que las balas silba-
ban sobre la cabeza del orador, por
uno de los más prodigiosos tciuafos
do la elocuencia humana, arraocaba
de manos de un pueblo arrebatado la
bandera roja y mantenía la tricolor en
los balcones ae la casa da la Uaaiei-
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Lama
LAMB
lAMB 323
ptlídad. Bd el mismo dft piocUmabt
Ta abolición de la ^ena de muerte
51» los detitos políticos, ^ el 4 de
ano dirigía á. las 'potencias aqueil
méitijfato que, nn eonoesioaes que
httbienn lastimado el honor nacional,
teeptaba como wi Aecho loa tratados
de 1815, eontribujendo con ello sin
duda aignna i mantener la paz euro-
pea. B) papel de moderador ^ue repre-
sentabft en el ^biemo proTÍsiunal , cu-
jas medidas radicales asustaban á la
opinión, acab4.por conquistarle en Pa-
rís en los dejpaitamentos una popu-
laridad casi 8>n ejemplo «n la fiisto-
ria.daodo marg-en á qneiheeditfritos le
eligieran su representante en la Gons-
titúlente; mas ¡aj! todo aquel presti-
gio desapareció en unos cuantos me-
ses. Debilitado, desde luego, por la
necesidad en que secrejó desostenerá
so eoler* de gobierno, Ledhi-Rollín,
contra las desconfianzas j la declara-
da hostilidad de la Asamblea, j de
exigir que se le diera un puesto en la
comisión ejecutÍTa, su poder fué de-
rrocado sin tr^ua {mr la explosión de
las jomadae de Jnnio, que llevaron al
poder al general Gavaignac. Trocado
en simple represmtante, cesó de ejer^
eer una influencia tal en las delibera-
ciones da la Asamblea, ozeepto onen-
do combatió el pensamiento de elegir
por la Asamblea, no por el pueblo, el
presidente de la república. Siete mil
novecientos diez Totos solamente, en
las elecciones para la presidencia, [wr-
maneeieroQ fieles al hombre á quien
ta Francia entera había tenido por
ídolo. En cuanto á las elecciones ge-
nerales de 1849, ni nn departamento,
ni el mismo de su ciudad natal, le
acogía como su ca.ndidato, entrando
sólo en U Asamblea legislatÍTa por
ana eleeeión complementaría r par-
cial de un distríto oscuro. El golpe del
2 de Diciembre le deToWíó ala TÍda
privada 7 á las letras. Bntoncea en-
tnba en el último y más triste perío-
do de sn vide. Su TÍaje i Oriente, U
meloción de Febrero, j antiguas
aCeioBce al lujo 7 i la prodigalidad,
^ae se habían hecho en el necesidades
invencibles, habían agotado su fortu-
na j empeñado su patrimonio. Desde
aquella hora, le fue preciso, para res-
ponder á sus acreedores, someterse i
on tmbajo casi superior á sus fuerzas.
Ni lafrconcesibnea territoriales que le
biso el sultán, ni la explotación de
sus obras por ana sociedad financiera,
ni ana suecripción nacional, que la in<
difarencia pública hizo punto menos
qne ilusoria, ni sus múltiplea publi-
caciones, pudieron -salvarle de las
privaciones 7 de los apuros. Sólo
en «A último afio de sn vida, hubo
manera de conseguir que el Cuerpo
legislativo le votase una pensión,
de que pudo disfrutar apenas. La
Francia, en aquella ocasión, como en
otras muchas, siguiendo el pernicioso
ejemplo de otras naciones, llegaba
tarde con el remedio. Las principales
publicaciones de Laiia.stinb, después
de h revolución de 1848, soa. Tret
wm en el poder (1848); ffitíoria de k
nwkeMt de 1848 (1849); ¿as eonfi-
deneiat (1850); Toutsainí'Zouveríure,
drama en verso (1850); Nueva* con/-
^máat; Genoveva v el Picapedrero de
Saini^Point (imy, GVawífer (1852);
ffistoria de U Restaurad 'n (1851-
1853); Nneno viaje á Orie»ie, 7 Visio-
nes, fragmentos de un poema (1853);
Histeria de la Turauia (1854); HitUh-
ria de Xttsia (185o); ffl consejero del
pueblo (1840-1850); Bl dvilHador
(1851); Cwrso familiar de literatura
(1856 7 siguientes). Bn 1871 se han
publicado unas Síemorias de Laiua-
TiNB (1790-1815), 7 en 1873, su Co-
rrespondencia (1807-20) 7 nu Poeiias
inéditas*
Bjpisodios,—'!, Una verdulera de
Batignoles, al saber que de LA.yA.BTi-
se hallaba en mala situación, hubo
de calcular que no tenía qué comer, 7
se dirigió á su casa con el fin de lle-
varle 20 francos, que la buena mujer
había economizado á fuerza de estre-
checes. Por el camino, como si qui-
siera consolarse de aquel sacrificio de
sn caridad, iba diciendo en alta voz:
¡Pobre de Lamabtinb!, ¡pobre de La-
uartinb! Llega á casa dtí favorecido,
es decir, llega al palacio del ex presi-
dente del gobierno provisional, 7 se
encuentra en un patio magnífico, don-
de varios lacajos de librea estaban
limpiando carruajes de lujo. La Tcru
dulera, atolondrada ante aquel apara-
to, vuelve grupas furtivamente, con-
vencida de que había equivocado la
casa. Üno de los lacajros le preguntó
qué se le orrecía, á cuja pregunta res-
pondió con aturdimiento:
— Nada, nade; he equivocado el
portal de Mr. Alfonso de Lamabtinb.
— Ño, señora, no ha equivocado
usted el portal. Esta es la casa de
Mr. Alfonso db LAUABtiNa.
— Pero ¿ustedes?...
— Nosotros somos loe laoa70S de
Mr. Alfonso na LAUjjtTna.
—Pero leaos coches?...
— Son los cocees de Mr. Alponso
DB LaMABTINS.
Calculen los lectores la sorpresa 7
el pasmo de la pobre mujer. La ver-
dulera se volvió á Batignolea, excla-
mando: «Compraré unas botas á mi
hija, que va casi descalza.»
2. La suscripción pública abierta á
ftvor de-nuestro personaje, produjo en
Inglaterra óchenla mil duros, los cua-
les no bastaron para desempefiar el
castillo feudal del poeta.
3. De Lauartinb era un seftor de
la Edad media que quería ser jefe de
una nación republicana. No le mató
el olvido del pueblo; le mató sn ol-
vido.
4. A estas fechas, es mu7 posible
que París le ha7a erigido 7a una es-
tatua.
Lunatoriceo. Lomatorricbo. La
forma lamatoriceo, que aparece en al-
gunos JHccionarioif es errata de im-
prenta,
Lambftd. Mascnlino. Viento 8ep>
tentríonal que mortifica periódica-
mente á los nabítantea de bmirna.
LambaUe (María Tmbsv Luisa
otf Sabota CarionXn, princesa ds).
Desdichada dama francesa, que na-
ció en TuTÍn en 1748 v murió en
1792. Era hija de Luis Víctor de Ss-
bo7a Carignán, 7 casó en 1767 con el
hijo del duque de Penthievre, Luís
Estanislao José de Borbón, príncipe
de Lamballe 7 montero ma7or de
Francia. Habiendo enviudado al afio
nguiente, vivió retirada hasta el ca-
samiento de María Antonieta con el
delfín. Cuando ésta llegó k reina, le
confió la superintendencia de su casa
7 la tuvo siempre á su lado, manifes-
tando hacia ella la más viva amistad.
Después de los primeros incidentes de
la revolución, niso un.viqe á Ingla-
terra; pero no tardó en volver v se ha-
lló al fado de la reina en los días 20
de Junio 7 10 de Agosto de 1792. Se-
parada de la familia real desde esta
última fecha, fué conducida á la pri-
sión de la Fuerwa, donde pereció en
las matanzas de los primeros días de
Septiembre. Su hermosa cabeza, pues-
ta en ^ hierro de una pica, fue pa-
seada por París 7 expuesta á las ate-
rradas miradas de María Antonieta,
CU70 amor había sido causa principal
de sn muerte.
X«ambarero, ra. AdjetiTo&miliar.
Adulador, zalamero que no m recata
de parecer tal.
Lambda. Masculino. Duodécima
letra del alfabeto griego.
ETiuoLoaÍA. £.
Lambdacismo. Masculina. Vicio
de la pronunciación cuando se hiere
la L con demasiada fuerza.
EttmolooIa. Lamhda.
Lambel. Masculino. Blasá». Pieza
que tiene la figura de una faja con
tres caídas mu^ semejantes á las go-
tas de la arquitectura. Pénese de or-
dinario horizoatalxente en la parte
superior del escodo, á 0U70S lados no
llega, para sefialar qne son las armas
del hijo segundo, 700 del heredero
de la casa.
firiHOLOofa. Latín Imhu, &ja: ita*
liano, lemho; dialecto de Como, Ím~
peí, por lambel; ^neés, {anjees.
Lamber. Aetivo antieaado. I«a-
UBB.
BTniOLoaÍA. Latín Umhire.
Lambicar. Activo anticuado.
Alambicas.
Lambiche. Masculino, Alondra de
mar.
Lambia. Masculino. Especie de
concha univalva 7 mu7 sinuosa.
Lambrequin. Masculino. Blasón.
La cobertura del casco ds armas,
como la cota lo era de lo restante de
la armadura antigua; hacfase.da tela,
que eubrfia el casco 7 descendía i ji-
rones por detris. Se usa más comun-
mente en plural.
EnuoLGOÍA. Lambel: firuioés, Icm-
brequins.
Lambrqa. Femenino. Lokbbiz. !I
Metafórico 7 familiar. La persona
mu^ flaca.
Lambrusca. Femenino. Especio
de vífia silvestre / la uva de ésta.
Btiuolooía* L<¡ '.'Tusca: franeési haor
brusgusi catalán, fiambrusea*
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LAME
LAM&
Ltntech. Fitriarea hebreo, qtilnto
descendiente de Caín, leg^n la
ilia, é hijo de Mattualén. Tuto dos
mujeres, Ada y Sella: de la primera
eng^ndrtf á Jabel, padre de los pasto-
ree, j á Jabnl, padre de los que tocan
los instrumentos músicos; y de la se-
cunda & Tubalcaín, que enseñó á tra-
bajar el hierro y el bronce, y i No8-
ma. La Sagrada Biícritura dice que
(aé el primer polígamo y el segundo
asesino, pero no se sabe i quién mató.
A la edad de 182 años engendró á
No¿¡ TÍ7Íó todavía quinientos noven-
ta ^ eineo afíos y engendró otros hijos
é bijai.
XÁmccnloB. Maacalino fámiliar.
Mote de U persona qoa te humilla i
otraf ádulindolaa.
Lamed. HasouUno. Duodécima le-
tra del alfabeto hebreo.
BruioLoaU. L.
Lamedal. Masculino. Bl sitio 6 pa-
raje donde ha^ mucha lama 6 cieno.
BtiholooU. Lama i.
Lamedort ra. Masculino y feme-
nino. El que lame. Q Masculino. Com-
posición que se hace en las boticas de
varios simples da azúcar, 7 es de
menos consistencia que al electuario,
Í' mis que el jarabe. | Metáfora. Ha-
ago fingido ó lisonja con que se pre-
tende suavizar el ánimo de alguno á
quien se ha dado á ae pretende dar al*
gún disgusto, j Das LaMBDoa. Frase.
Entre jugadores es.hacerae ano al
principio perdidizo, para volver des-
pués sobre ri contrario y ganarle el
dinero con más seguridad.
Lamedura. .Femenino. La aooión
y efecto de lamer.
BTXMOLoaía. Latín lambítutr Ht,
Lamelibranqaio, quia. Adjetivo.
Zooliuía. Que tiene branquias lamina-
res. I Masculino plural. Los lambli-
BBAHguios. Famiua de moluscos acé-
falos.
BroiOLOofa. ¿ssiimp 7 krm^itui
francés, UmUyamcKe,
l4uaeUcómeo,ilM. Adjetivo, Zoo-
logU, Que tiene antenas a modo de
hojuelas.
BTiuoLoaÍA. LtmUiair j tíntr.
francés, lamellicaruf,
Lamalífero, ra. Adjetivo, Zoolo-
gía. Que tiene úminillaa. IMasculino
plural. Los LaMBLÍnaos. Familia de
pólipos.
BTmouMÍA. Latín lamilla, dimi-
nutivo de lamíiu, lámina, y ferré,
llevar d producir: francés, l«melii-
prt*
Lameliforme. Adjetivo. Sittorla
natmral. Que tiene la forma de una la-
minilla.
EniiOLoaU. I<atfn limiUa, lamini-
lla, V forma: francés^ UtmUiform,
Lamelipedo, diL. Adjetivo. ZooUh-
gia. Gujos pies son lameliformes.
BtiuoloqU. Latín limella, lamini-
lla, jjim, pídú, pie: francés, taMeUÍ~
pide.
Lamelirrostro, tra. Adjetivo. Or-
nitología. De pico lameliforme.
BtiMOLoaÍA. Latin limiila, lamini-
lla, y rotírum, eapolda» pico; ¿ranees,
hmllirottre. .
Lamelosodentado, da. Adjetivo.
Ornitología, De pico lamelífero.
EriydLoofA. Latía ISmelloetu^ forma
adjetiva de ISmilla, laminilla, y ie»~
todo: francés, lamellotodenté.
Lamelosquitoso, sa. Adjetivo.
Bolííniea. Cuja estructura es laminar
y hojosa á la vez.
BrtuoLoaÍA. LdmUa y esqwtto.
Lamennaia (Francisco FblÍcitas
RoBBBTO de). Célebre escritor políti-
co V religioso francés, que nació en
Saint-Malo el 19 de Junto de 1782 y
murió el 27 de Febrero de 1854. Pon
tenecÍB á una familia noble, aunque
pobre, ^ dotado de una predisposición
instintiva al fervor religioso, abrazó
el astado eclesiástico 7 pnbHeó algu-
nw escritos sobre relig^dn, uno de los
cuales fué prohibido por A Gobierno
imperial; y otro escrito, durante la
Srimera restauración, le obligó á salir
e Francia y á refugiarse en Ingla-
terra en la época de los Cien días.
De vuelta á Francia, emprendió la
publicación de su Bntayo sobre la 1»-
aiferencia, que elevó su nombre á la
raajror altura, en términos de que,
habiendo hecho un viaje á Roma
en 1824, León XII le ofreció el capO'
lo de cardenal, llamándole el último
Padre de la Iglesia. No obstante, sus
ideas liberales le habían suscitado ya
muchos anatemas, y cuando en sus
escritos posteriores, sobre todo en SI
PwvoMTt expuso el fondo de su pen-
samiento, proclamando todas las li-
bertades, en su forma más absoluta,
bajo el amparo de la Iglesia, ésta fué
la primera que le rechazó, condenan-
do sus doctrinas por medio de una
encíclica de Gregorio XVI y obligán-
dole á firmar una solemne retractación
de sus escritos. Desde entonces consi-
deró completamente rotos sus lazos
con la Igle.sia católica y se consagró
enteramente á escríbirpara el pueblo,
llegando á ocupar el lugar de primer
apóstol de la. democracia. La revolu-
ción de le envió á la Asamblea;
j nombrado individuo de la comisión
encargada de redacta! el código fun-
damental, presentó un provecto com-
pleto que sus coleas desecharon por
demasiado radical. Por espacio de cua-
tro años continuó asistiendo á las se-
eiones y protestando con su voto de
las traiciones de los partidos. Gl gol-
pe del 2 de Diciembre le sumió en al
major abatimiento; buscó un lenitivo
á su amargura en la traducción de la
Divina Comedia y acabó sus días con
la tranquilidad del justo, rodeado de
su familia y firme hasta el último
instante en las creencias que había
Srofesado. Bn su entierro desplegó el
tobiemo da Didembre un gran apa-
rato militer y no permitió entrar más
de ocho personas en el cementerio del
padre Lachaise, donde no ae pronun-
ció una sola palabra sobre su sepultu-
ra, la cual no ae distingue ni por r.na
sola piedra, según expresa volun-
tad del finado.— Sus numerosas obraS
pueden dividirse en tres grupos.—
AscdTiCAS: Tradnc^ón de la guia espi-
ritual, de Luís de Blois, 7 ae la Imi-
taeidn Jt Cristo; Peligro del mvndt «S
la primera edad; Diario del cristiano, 1
TraduceiJñ de tos Svangeliós.^Di si-
LiaiÓN Y filosofía: Regiones sobre el
estado de la Iglesia en Francia d%ra%U
el siglo xvui a s» situación actual; Tr¿
dición de ta Jg testa sobre la insíitucióa
de los obispos: Injneneia de las doctñ..
nos filosó^eas en ta sociedad; Emauo
sobre la indiferencia religiosa; Áfisctlá-
neas teoUSgicas g^losó/cas; Sumario de
un sistema de conocimientos humanos;
pe la Melígién considerada en sns rek-
eiones con el orden político y ávil;Car:
tas al artohispo de París; De tospregrer
sos de lús rewtncionet M de ta gnerra
contra in IglessM; Paíairas de un ere-
gente; AswUoi de Soma; Bosqueje de
una ^tosoJU; Discusiones críticas y pe%-
samtentos diversas sobre ^losofU g reli-
gión; De la r ligién; AmscAisfanJot y
Darvandos; De ta sociedad pnmitita g
sus leyes ó de ta religión, — JbbaspolÍ-
TiCAs: Del derecho del Gobierno sobre
la educación; Reñexiones sobre la esusu-
ra y la universidad; SI Libro del pueblo; ¡
Política para uso del pueblo; Delalu- '
cha entre la corte y el poder parla- \
mentarlo; De ta esclavitud moderna;
Cnestiones políticas y Jílos<ffcas:Si Paít
y el Gobierno; Pasado y porvenir del
pueilo; C'na múdela práiJn; Proyecto
de conslitueidn de ía repUUca francesa;
Proyecto de constttuciJn del cre'diío so-
cial; Cuettidn del írabaiot y Déla fami-
lia y ta propiedad' Publicó además,
entre otros, loa periódicos SI Porve-
nir ^ SI Mundo y SI Pueblo constitu- ¡
yente, y fué colaborador de SI Conser-
vador, SI Dj/ensor, La Bandera blanca.
El MemorialCatJlicOt La Cotidiana,Ln
Revista católica»^La Revista de Ámbot
mundos, La Revista del Progreso y La
Revista independiente.
Resumen,— Lh hermosa figura de
Lambnmais, que debe colocarse entre
las de los grandes escritores de Fiao*
cía, recuenla á, Pascal, Rousseau, de
Maistre7 Bonald. Nadie ha esetjto
más elocuentes frases en pro 7 en con-
tra de la revolución, del paeUo 7 de
la Iglesia. Eiagerando u mal qae
ataca, ve en todo adversario un ene-
ntigo, y en todo abuso, un orimea.
Pero Laubnmais no exageraba por ig-
norancia ó por malignidad, sino por
la fuerza de su inspiración 7 la deoi-
lidad de su temperamento. Su orgt-
nizaciín era flaca 7 propensa álos
males físicos, de cuvos dolores nació
lo que pudiéramos llamar su sublime
misantropía. Aquel es{>íritü poderoso
solía caerse desde sus idmensas alta-
ras, porque no tenía bastante cuerpo
para sustentarlo. Bra una magaifica
estatua sin el necesario pedestaL En
cuanto á su vida privada, puede «fir-
marse que fué un modelo acabadísimo
de todas las virtudes, el gran teatro
de sus triunfos, el m«or laurel de sus
glorias. Bn medio del escándalo, de
que se vio cercada más de una vez,
permaneció co ra pleta mente limpia ^
pura, como el ra^o del sol que ilumi-
na con su celestial transparencia la
supcrácie de los lagos inmundos. He
aquí su preciosa biografía, escrita {or
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Lame
LAMI
Lamí 325
^7Ó(^i úiano: «Nada tengo aae
«eharme ¿n rostro por lo que toca £ U
liaceridad de mis palabras; pero con-
fieso que me equivoqué en mas de una
bcaiión; j en alguna de ellas, grave-
mente. » Francia le debe el siguiente
fepitafío: «El alma de este hombre fué
el oratorio de un saatuarío» de som-
bra Confusa y sagrada, en donde arde
d!a j noche nnaluz divina.»
' X^anentabile. Femenino. Música.
Voz italiana pan indicar un movi-
miento g^ve 7 una expresión melan-
cólica.
BrmoLOoU. Lamentable.
LamentaUe. A.djetÍTo.Loque me-
rece ser sentido ó es digno de llorar-
se. | Lo que infunde tristeza y horror;
^ en este sentido se dice: toe, rostro
tJkHBNTABLB.
EniioLOofiL. Lamentar: latín, Utmen-
UlñlU; italiano, lameniahiU; &ancÓs j
catalán , lamentable.
SiNONiuiA. Lamentable, deplorable.
Es lamentable todo suceso que afecta
el corazón con sentimientos de dolor r
pesadumbre. £1 suceso es deplorable
cuando, ¿ las mismas circunstancias,
se reúne la de algún error, crimen,
descuido ó accidente que fué causa de
la desgracia ocurrida. Es lamentable
la muerte de una persona que nos es
cara. La pérdida de España, por los
amores de Don Rodrigo, fué un hecho
deplorahi*. Bste último adjetivo suele
aplicarse i sucesos menos graves que
los qué merecen la aplicación del pri-
mero. Asi decimos: que san deplora-
bles las flaquezas de un gran hombre,
la pérdida de una buena reputación j
la discordia de una familia. (Moba.)
Lamentablemente. Adverbio de
modo. Con lamentos.
EmioixxsÍA.. Lamentable j el sufijo
adverbial mente: francés, lamentable-
Ment; italiano, lamentabilmente.
Lamentación. Femenino. La ^ne-
ja dolorosa junta con llauto, suspiros
ú otras muestras de dolor. | Cada una
de las partes del canto lúgubre de Je.
remías, llamadas trenos.
Etdiolooía. Latin lamentado, for-
ma sustantiva abstracta áelamentStns,
lamentado: catalán, lameníació; pro-
venzal j francas, lameníaiion; italia-
no, lamMtaztone,
Lamentado, da. Participio pasivo
de lamentar.
EtuiolooÍa.. Latín lümenlatus, par-
ticipio pasivo da lamentdri; catalán,
lamentaíf da; fnucé», lamente; italiano,
lamentato.
Lamentador, ra. Masculino 7 fe-
menino. El que lamenta Ó se lamenta.
BtmoLoau. Lament r: latín de las
glosas, Umeniaior; italiano, lamenta-
tare; catalán, laMntador, a.
Lamentúte. I^rticipio activo de
lamentar.' El que lamenta 6 se la-
menta.
Lamentar. Neutro. Quejarse con
llanto, sollozos ú otras demostracio-
nes de dolor. Se usa también como
recíproco, y alguna vez, como ac-
tivo.
BTUunxwfa.. Lamento: latín, Umen-
catalán, lamentar; francés anti-
guo, faman^f gumanter, guermanier;
moderno, ktmfítter.
Lamentarse. Recíproco. Quejarse
cou exteriores demostraciones de do-
lor. Jj Mostrar nno lástima por los ma-
les de otro, como cuando se dice: «lu
LAUBNTO de que usted no siga mi par-
tido;» «MB LAHBNTu dc que usteu se
obstine en su perdición.»
EriuoLoaÍA. Latía ISmeníari: cata-
lán, lamentarse; walón, se lammenier;
normando, se guermenter; Berrj, se
gnementer; francés, » iamenter; italia-
no, lameníarsi.
Lamentin. Masculino. Pescado
grande del río de las Amazonas.
Etiuolooía. Lamantino.
Lamento. Masculino. Lamenta-
ción, por queja.
Etiuología. Latín ¿£nñ»í««, afére-
sis de elámMninmi de elSmor, elSmdris,
clamor: italiano y catalán, ¡amento*
(LlTTRá.)
Lamentoso, sa. Adjetivo. La per-
sona que prorrumpe en lamentos ó
quejas. Q Lamentable.
Lameplatos. Masculino. Apodo
que se suele aplicar á los que son go-
losos, y también á los que sirven las
comidas j refrescos. | Persona ruin,
sin decoro, dispuesta a sufrir todo gé-
nero de humillaciones, por lograr un
objeto mezquino; en cujo sentido se
dice: €es un lameplatos.»
I^amer. Activo. Pasar repetidas ve-
ces la lengua por alguna cosa para to-
mar el gusto de ella. j¡ Metáfora. To-
car blanda y suavemente alguna cosa;
y así se dice del arrobo cuando corre
mansamente que laub las arenas. Q
Tbnbb ó llbvab qüb laubb. Frase.
Haber recibido algún mal que no pue-
de remediarse pronto.
Etiuolcoía. Latín lamb¡íret lamer.
1 . Voz imitativa. ( Cita d$ Dn Mi-
QXSñL y MOBANTB.)
2. El latín lamberé» que representa
lapb^re, laptÜre, está en relación con
el gñBgoMonuv (lápteinj, que tiene
el mismo significado.
Lameré. Masculino, Paraje desti-
nado para las lamas da los metales.
Lamerón, na. Masculino j feme-
nino. Lauinebo, goloso.
Lameruzo, za. Adjetivo familiar.
Calificación de la persona glotona y
golosa.
Lametada. Femenino. LbnoOb-
TADA.
Etiuolooía. Lamer.
Lamia. Femenino. Monstruo fabu-
loso que se decía tener rostro de mu-
jer hermosa y cuerpo de dragón, el
cual devoraba á los niños, según la
creencia vulgar. [| Plural. Mitología.
Fantasmas horribles con ñ^ura de
mujer, que, según la creencia de los
antiguos, arrancaban á los nifios del
seno de las madres para devorarlos,
ó se escondían en los bosques, cerca
de los grandes caminos, para arrojar-
se sobre los pasajeros. Otras tradicio-
nes les atribujrju formas encantado-
ras y seductoras voces, de que se va-
lían para atraer á los jóvenes é inex-
pertos. II Mujer hechicera. | Nombre
de la familia romana de los Élios. || ,
Ictiología* Bfpecie de cetáceo. I Bnte-
molcgía. Qónero de insectos eoleópte->'
ros.
EtuíOUMÍL. G-riego li^un (lámia):
latín, Límta; italiano, Idmié; francós,
lamie; catalán , lamia. '■ '
Reseüa. — Según la Academia, el ce-
táceo de que hemos hablado, es el ti-
burón.— «Voz que entre los antiguos
tuvo varias significacíoaes. Unos juz-
garon que era demonio en figura de
mujer, que con halagos atraía á los
hombres para devorarlos. Otros, que
era una especie de fiera en el A^ica,
con el medio cuerpo superior de mu-
jer hermosa, y el inferior de dragón,
que también atraía y dévoraba los
hombres; y otros, que era una mujer
hechicera que se comía ó chupaba los
niños, lo que corresponde hay i nues-
tras brujas. Es voz puramente lati-
na. Lamia,* (Academia, Dicc'<mari9
de 1726.J — cPescado cetáceo de des-
mesurada grandura, may ancho por
los hombros y cabeza, y delgado por
la cola, la cual tiene dividida, y el
cuerpo todo cubierto de un cuero may
áspero y dnro. Tiene siete aletas, dos
pequeñas junto á la cola, otras dos á
los lados del vientre, otra sobre el
lomo, y las otras dos a un lado y otro
de las agallas. 3tt cabeza es grande,
los ojos redondos y espantables, la
boca rascada y armada de seis órde-
des de agudos y duros dientes, for-
mados como en triángulo, los prime-
ros caídos hacia fuera, los segundos
derechos, y los demás encorvados ha-
cia una parte y otra. Es mujr crual y
tragador de carne, v tiene un traga-
dero tan ancho, y el vientre ó estóma-
fo tan capaz, que se traga los pésca-
os vivos del mar, los animales de la
tierra, y aun no perdona los cuerpos
humanos. Es su carne muv dura y
excrementosa, por lo cual la suelen
salar dividida en pedazos, y algunos
la guisan con cebollas jespecias'pára
que sea más gustosa.» (lDBii.)-*^«Se
llama también la mujer pública, 6 ra-
mera, con alusión & fas iamiá3 de los
antiguos, ó á una célebre ramera de
la antigüedad que tuvo este nombre.»
(Idbm.)
Lamia. Cortesana ateniense, que
vivía en' el siglo iv antas de Jesucris-
to. Empezó su carrera como Qautista
y obtuvo gran celebridad, haciéndose
oir en el teatro. En la batalla naval
de Salamina (306), ca^ó en poder de
Demetrio Poliorcetes, a quien inspiró
una fuerte pasión y le dominó por es-
pacio de muchos años. Se distinguió
por sus profusiones y por la magnifi-
cencia de sus banquetes, y alguna vez
hizo buen uso de las riquezas qne De-
metrio la prodigaba, eomo fue man-
dando construir un esplendido pórti-
co en Sicione.
Lamxaca (oubrba). Historia. Nom-
bre dado á una guerra qne se sucedió
después de la muerte de Alejandro el
Grande (323 años antes de Jesucristo)
entre la Macedonia y la Grecia, y cu-
jos principales sucesos se realizaron
cerca de ¿amia. Hipérides y Oemús-
, tenes impulsaron á los atenienses y á
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326
LAMI
loi demás gtitgoM i toma Um armas
contra ÁntTpater. Eito noenl, bati-
do por Ledstenes, jefe de lai tropas
coaUgadaSfpuso i sitio Lamia, y Leo-
oat perdió uaa batalla j la TÍda al in-
tentar aliar dicho sitio. Pero muerto
LeiSstenes, á eonsjcueneia de una he-
rida recibida en una escaramuza, fue>
ron Tencidos los g^riegos por A.ntípa'
ter j Cratere, en Cranón, el afio 322
antes de Jaiuaisto. Antípater impu-
so á los atenienses una constitución
aristocrática j una guarnici¿a mace-
dónica en Muniquia. La aoBaaa la-
iUA€a comprende también la muerte
de Hipérides y Demóstenes.
Laáaario, ría. AdjetÍTo. Fníou»-
Ayls. Concerníante ¿ análogo al in-
secto lamia.
Lamido, da. Adjetivo metaffSríeo.
Lo que está gastado con el oso 6 con
el rooe continuo.
Etímolooía. Lantr.
Lamienta. Participio actÍYO ds la-
mer. El que lame.
Lamín. Masculino* Provincial Ara<
g^n. Golosina.
Lámina. Femenino. Plancha del-
fada de algún metal. | Ia plancha
e cobre en q^ue está grabado algún
dibujo para tirar estampas de él. Jj La
pintura hecha en cobre. | Metáfora.
La plancha del^j^ada, hoja o chapa de
cualquier materia.
Btuiolooía. Latín Uímina ^ lammoj
como se ve en Horacio: catalán, lámir-
m; provenzali lamina. Urna, Imim:
francés, Um*; italiano, lama.
Laminado, da. Adjetivo. Qname-
cido de láminas ó planchas de algún
metal.
Laminador. Masculino. Instru^
mentó para tirar láminas.
Iiiminat. Activa. Provincial Ara-
gón. Lamer ó golosmear.
BtuioloqU. Lamín»
Laminar. Adjetivo común á los
dos géneros. Mta£rati^h, Que está
compuesto de láminas paralelas. | Ro-
TUBA, LAiOHAR. Botura qus presenta
pequeñas láminas. | La LAWitAn. Bo-
tánica. Planta de la clase de las algas
fucáeeas.
ETiuoLoalA. Lámina: francés, Umi-
naire; italiano, laminart*
Lami&ario, ría. .Adjetivo. Lahi-
NAK.
Laminara. Femenino. Provincial
Aragón. La abeja suelta oue se ade-
lanta á las demás al olor del paato y
comida que le gusta.
Etihouwía. Lamín*
Itaminero, ra. Masculino j femé-
niño. Bl que nace láminas ó^fuarnece
relicarios de metaU | Adjetivo. Oo-
I^aminica, lia, ta. Femenino di-
minutivo de lámina.
EriuOLOofA. Láminit: latín, ¡imilla;
catalán, lamineía.
Laminoso, sa. Adjetivo. Química.
Lo que, al cristalixar, presenta una
superficie compuesta de nojas ó lami-
nillas. I Tkjido lauinoso. Anaíomia
aníioaa. Nombre del Ujido celular.
¿TiHOLoaÍA. Lámina: latín, ISmínO'
s»t¡ francés, lamimui^
LAMP
Lamió. Masculino. BttímUa, Ár-
bol de Filipinas cuja madera se em-
plea en tablas de forro de embarca-
ciones.
ETiMOLoafA. Latín técnico lauiuh
albuin^ de Linneo.
Lamiro. Masculino. Nombre que
da Plinio al lagarto marino.
Lamiscar. Activo. Lamer con prie-
sa V con ansia.
Lamixis. Maseulino. Botánica. Gé-
nero de hongos que se crían en las
ha vas.
Lamo. Masculino. Mitologia. Hijo
de Neptnno, rejr de los lestrigones.
(Horacio.) Í Geografía ani^na* Ciu-
dad de los lestrigones, cerca de Gaeta
y Formía. (Viaaiua)
EtiuolooÍa. Latín LÜmu.
. liamoBO, sa. Adjetivo. Lo que tie-
ne ó cría lama.
I^ampacear. Activo. J/drtM. Lim*
piar la humedad de las cubiertas y
costados de una embarcación bregan-
do coa el lampazo.
Etiuolooía. Lampo.
Lampaceo. Masculino. Operación
de limpiar con el lampazo.
Lampacero. Masculino. El indi-
viduo que lampacea.
Lámpada. Femenino anticuado.
LiliíARA.
Lampadaddn. Femenino. Tor-
mento o martirio que consistía en
aplicar mechas encendidas al cuerpo
del paciente.
Etimología. Lampata.
Lampadario. Masculino. Hitioria
antigua. Sacerdote que en Constanti-
nopla tenía á su cargo al cuidado del
templo. (Caballbbo.)
ErmoLOOfA. Latín laMpadarínSt de
lamffas, lámpara: francés, tampadaire;
italiano, lampadario.
Lampadedromia. Femenino. An~
tigtíedides. Carrera ^ue los atenienses
daban en los parajes públicos, lle-
vando en la mano una mecha encen-
dida.
Etimolooía. Griego hmpát, antor^
cha, y drómos, carrera: Xaiiná; Spóiu>^.
Lampadodrómico, ca. Adjetivo.
Goñcerniente á la lampadedromia.
Lampadias. Masculino. Ásírono-
mia. Cometa ó meteoro que tiene la
forma de una hacha encendida.
Etiuolooía. Latín lampadiast forma
de lampa», lampíiU, hacha, antor-
cha.
I«ampadista. Masculino. Bl que
se ejercita en el juego de las antor-
chas.
EtiuoLoaÍA. Griego XgtiiicaStffti}^
(lampadisíés), de lamp.it, antorcha:
francés, Umpadittt.
Lampadoforias.FemeninopIural.
Aníigiedada griegai. Fiest&a en que
se servían de lámparas para los sacri*
ficíOB.
Etiuolodía. Lampado/oro.
Reseña. — Historia antigua. Fiestas
que anualmente celebraban los ate-
nienses, y que eran tres, á saber: la
atenea, celebrada en la fiesta de Mi-
nerva; la hefesiicia 6 mlcania, ea la
de Vulcano; y la frometea, en la de
Prometeo. Se veriñcaban junto i la
lamp
Academia, en la puerta Dfpil^ al
Noroeste de la ciudad, v consistftn
en carreras á pie ó á cthallo, ejecuta-
das por la juventud de Atenas, Los
que en ellas tomaban parte diebían re-
correr una distancia de seis estadios
olímpicos (I.lOO metros próximamai^
te) y correr con la mayor Tclocidad,
ó á galope si iban á caballo, llerande
una antorcha encendida. El que lle-
gaba al fin sin que se le apagase, re-
cibía el premio; 7 en el caso contra-
rio, pasaos la antorcha 4 otro, reti-
rándose el no favorecido.
Lampaddforo. Masculino. Á»U-
aOedadet gricg», ffl qus llevaba la
lámpara en las eeremonias religiosas.
EriuOLOofA. Griego Xi|i,ngiSof¿poc
(lampadúpkdrosh de lampác, antorcha,
ypííordst que lleva: francés, issyo^
piore.
Lampadomaucia. Femenino, ^a-
íigüedaaes. Adivinación por el eolot
de la llama ó dirección del hamo de
una mecha encendida.
ETiMOLoaÍA. Griego lampádot, ge-
niüvo de lampát^ antorcha, y steafñs,
adivinación.
Seteña. — Mitología . Adivíaaeióa
que se practicaba observando la for-
ma, el color y los movimientos de Is
luz de una lámpara, considerada como
agOero para descubrir lo futuro.
Lam^adomintíco, ca. Adjetivo.
Concerniente á la lampadomaucia.
Lámpara. Femenino. Bl cuerpo a^
tíficialmente luminoso que arroja de
sí luz. B Vaso de vidrio redondo en
que se echa aceite, en el cusí se pooe
la mecha sostenida de unos alambres
que tienen unos corchos. \ Ba las
iglesias, una especie de bacía grande,
de plata ú otro metal, pendiente por
lo común de tres ó ciutro cadenas asi-
das á un capitel, en cujro centrj está
el vaso con la luz que arde delaute
del Santísimo Sacramento ó de algu-
na imagen. Las hay también de otras
formas, y no sólo en los templos, sino
también en palacios, teatros y casas
de gente acomodada. | Velón de un
mechero, de forma por lo regalar de
columna, y de más ó menos lujo por
su materia y adornos, p La mancha
de aceite que cae en la ro^. B El ramo
de algún árbol que los jóvenes ponen
á las puertas de las casas en manifes-
tación de sus regocijos y de sus amo-
res. B Atizarla LÁMPARA ó KL CANDIL.
Frase. Sacar un poco la mecha ylioí'
piarla para que arda mejor. | Frua
familiar. Volver á echar vino eo el
vaso ó los vasos para beber.^
Etimología. Lampo: francés, Ía»fe:
iUliano, lampa; latín, lampai, Umpa-
hentido etimoliígico.~D6 lampade,
ablativo de lampas, lampadit, tomado
del griego lampas, lammdot, denjado
de lampo, lucir, brillar, alumbrir,
echar luz 6 lumbre, abrassr. (Mos-
LAU.) -
Lamparería. Femenino, l-ug"'
donde se fabrican ó venden lámp««».
Etimología. Lámpara: francés, ««*
pisterie. . ^ f.
Lamparero, ra. Maseuhuo v ía
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LAMP
mmino. SI tiene cuidado de las
lámparas, Umpiándolaa, echándolas
aeeite r eneendiéndoUs. | SI que hace
6 reiiiie lámparas.
BtiuolgoÍa. Lampan: italiano,
Umpadajo; francés, lampüíe.
Lamparilla. Femenino díminutÍTo
de lámpara. Q La torcida pequeña de
ptpel, de estopa ú otra materia, que
H pona en uu plato para conservar
luz toda la noche. | Tejido de lana
delarado j ligero, de que se solían ha-
cerlas capas de verano.
Lamparín. Masculino. Bl cerco de
metal en que se pone el vaso en las
lámparas de las iglesias.
umpariata. Común de dos. Lau-
paauo.
Lamparón. Masculino. Tumor qua
se forma en laa fflándulas del cuello.
finiiOLOoU. Zámparút aludiendo i
lo anoendido de su color.
Lamparón. Masculino. Ibncha
grande ea la ropa» ora aludiendo al
color de la mauoha, ora porque fuese
Is mancha de aceite caído de una lám-
para.
Lamparonoso, sa. Adjetivo. Es-
CaOFtlLOSO.
Lamparoso, sa. Adjetivo &miliar.
Lleno de manchas.
Lampasado, da. Adietivo. BUuin,
Epíteto de los animales heráldicos
qie tíeoan la lengua fuera de la boca
j de diferente esmalte que al resto
del cuerpo.
Btimolooía. Francés law^éué, del
antiguo laatpat, migiaiUí,
Lampatan. Masculino. CmNa,
planta o caís qoa viene de «ate im-
perio.
I«ampato. Masculino. Química.
Combinacifín de ácido lámpico con
«na base.
BnifOLoaÍA.. Lámpico: francés, lam~
pote.
1. Lampazo. Masculino. Planta:
ailOa OB HOBTBLAMO.
Brai«.OGÍA. Latín lapfHit el lampa-
so, hierba. (Viboillo.)
Sentido étimold^ieo.—Ei latín Idppa
está en reladón con el griego XaSt'v*
(UiOnJ, agarrar, preñar. (Os Mi-
OCBL vlfoaaHTB.)
2. Lampazo. Masculino, ¿i orina,
Bspeeie de estropajo hecho de filásti-
ca u figura de borla, de cerca de dos
vuas da lai^o, que sirve para fregar
laa cubiertas interiores de laa embar-
vaeiMies y apurar el agua que queda
sobre ellas.
BTniOLoaÍA. Lampo. — «Hierba que
noduoe las hojas como laa de la cala-
baxa, aunque mucho mayores, más ne-
grea j cubiertas de vello. El tallo es
bUoquecino, encima del cual arroja
una norecita de color purpúreo, v unos
cadillos ásperos j espinosos, del tama-
be de aveluiDas, que regularmente se
p^n á la ropa. Su ruz es grande,
blanca por dentro j negra por fuera.
Covarrubias quiere que venga del
griago LapátMs, que significa eva-
caarv ablandar, por la virtud que
esta hierba time de ablandar d vien-
tce; pero Tamarid pone esta vos entre
los nombres arábigos que andan mes-
LAMP
eladoaen nnaatra lei^ua.» fAcaoB-
lOA, DiedoKariode ^72o./^<Se llama
por semejanza la hoja da cualquier
hortaliza, que ea máa grande de lo re-
gular. > (Ídeu.) — «En Ta náutica es un
estropajo grande hecho de fíláciga,
puesto en un palo con que se estrie-
gan j lavan el piso del navio j los
interiores dél.» (Idbm.) — «Paros db
LAH.-AZO. — Se llaman las tapicerías, j
verduras j boscages, por componerse
sus dibujos de laupazos, con sus
hojas muy grandes. Trábelo Covarru-
bias en sn Tesoro.» (Idbm.)— «Lampa-
zos, se llaman también las manchas
que silen en el rostro A otra {«rte del
cuerpo, i trechos.» (Ideu.)
Lámpico, ca. Adjetivo. Química.
Acido producido por la acción de un
hilo de platino, incandescente, puesto
sobre una lámpara da espíritu de vino.
Etiuolooía. Francés tampigue» de
laMptf lámpara.
Lampiáo. Adjetivo. El hombre
que no tiene barba. [| Lo que tiene
poco pelo. I Se da esta calificacián al
trigo que carece da vallo en las glu-
mas florales.
Etuiolooía. Lamvo^ porque la piel
sin 1»rfoa luce, brilla.
Lampión. MucuUno. Farol 6 lám-
para grande.
ErtHOLOOfa. Francés lampio»t fo^-
ma de ¡ampe, lámpara: italiano, lan-
pione.
Lamerá. Femenino. ZotUogia.
Nombre científico de la hembra del
Ummfti» tploiiidMla, puesto que el
macho no as fosforescente.
BmiOLOOÍa. Griego Xo^iiituplc (lam~
pifrísjt de lámpein, brillar: francés,
lampare*
Lampo. Poética* Resplandor, luz,
brillo pronto j pamjero, como A del
relámpag->.
ETluoLOOia. Griego Xiiineiv (lám-
pein)^ brillar; Xanitá^ (lampát), antor-
cha: latín, lameré, lucir; ItmpatjSdiSt
lámpara; italiano, lamaa, lampada;
francés, lamp$; provenial, lampa; ca-
talán, llamp, rajo; lUmpechj relámpa-
go. El catalán tiene ¡lUmpui/t inter-
jección de admirad m j de sorpr«sa,
como si dijéramos: ¿chispas!
Lampocarpo, pa. Adjetivo. Botá-
nica. Que tiene los frutos brillantes.
ETiMOLoafA. Griego íampás, antor-
cha, y kirpús, fruto; Xn«tá< latpitóq.
Lampote. Masculino. Tela de al-
godón que se fabrica en las islas Fili-
Sinas, jcon la que se comercia en
[^ico en gran cantidad.
Lamprea. Femenino. Pez marino
de tres a cuatro pies de largo. Es ci-
lindrico, Uso, sin escamas visibles, j
terminado en una <;ola puntiaguda; el
lomo es verde, manchado de azul, j
tiene sobre él dos aletas pardas con
manchas amarillas, y, rodeando la
cola, otra de color azul; sobre la ca-
beza se ven dos agujeros, por donde
despide al agua que traga para res-
pirar. Vive asido á las peftas, & las
que se agarra fuertemente con la
boca. Su carne es muy estimada. Q
Fes de río muy parecido al de mar del
mismo nombre, del cual se diferencia
LAMP
327
en ser más pequeño. Viva en agua
dulce, especialmente «i las balsas ó
ríos de poca corriente. Su cama sa
estima todavfa más que la de la taai-
FREA de mar.
Btimolooía. 1. Forma de ¿osijio,
mejor que de ¿si»¿0r«jD«^at, porque di-
cen que este pescado lame las piedras
ó suele estar pegado á ellas.(MoNLAU.)
2. La etimuogía de Monlau no
puede sostenerse, como lo denraeatra
el latín de las glosas.
Derivación. — Latín de las glosas,
lampetra; de ktmÜfre, lamer, y ¡ttíxa,
piedra; alemán, Lampreíc, metátesis
de lampetre; inglés, ¡amprey; italiano,
lampreda; francés, lampfoide; proven-
ial, ¿ataprni, Aw|pnsa, In^prada; ca-
talán, itanym».
Lampreado, da. Partieimo pasivo
del verbo lamprear. Lo asi guisado
y dispuesto. (AcaosuiÁ, Stmonario
de im.)
Lamprear. Activo. Componer 6
guisar alguna vianda, friéndola ó
asándola primero, cociéndola después
en vino ó agua, con azúcar ó miel y
especia fina, á lo cual sa añade un
poco de agrio al tiempo de saowrla &
la mesa.
ETiwoLoofA. Lamprea.
l«amprehu^ o lampreiUa. Fe-
menino. Pez de rio semejante & la
lamprea, de sólo unaa tinco pulgadas
de largo. Se distingue de ésta en que
su boca termina en punta j en tener
sobre la oabesa un mAo respiradero
en forma de tubo. 8s CMuestible,
aunque ne tan apreeiable eomo la
lamp.-ea.
Lamproo, prea. Adjuro anticua-
do. Lóbrego, triste.
Lampriaco. Maaculino americano.
Latigazo fuerte.
Las^rülio (Euo). Biógrafo latino,
anterior á Flavio Vopisco. Floreció
en tiempo de Constantino Magno, á
quieu dedicó sus obras. No ftlta quien
cree que éste ea LawBioio y Si-
partiano, de manera que LaHPBiDio
y Sspartiemo no son dos personas dis-
tintas, aino una sola. Nos dejó escri-
tas las Vidas de los emperadores CdmO'
do, Áníonino, Diadumeno, SeUogáhaU
Ái^andro Scvsro, las cwas se ha-
lan incluidas en la eoleocion: Hisio-
rÍ4B Angusi» wr^plnvf. (Da Miousl y
MOR-VMTB.)
EriMOLoofa. ¿ssipHhffar. (&noMio
Apolinar.)
Lamprocles. Poeta y músico ate-
niense, que vivía 500 años antes de
Jesucristo. No existen acerca de él
más que noticias vagas; pero que
todas concuerdan en que practicó un
estilo severo en música y en poesía.
Plutarco le atribuye el perfecciona-
miento del modo musical lla.nado
misio UdiOf y según el escoliasta de
Aristófanes, compuso el Aímao á Palas
á que hace alusión en los Nublados '.
LamprofUeo, lea. Adjetivo. Botd-
mea. De hojas lisas y brillantes.
BnuoLoafa. Griego >a|Ai:póc (lam-
, luminoso; de lámpein^ brillar, y
'off, hoja.
mpróforo, ra. Adjetive, iíitto-
'¡ti
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328
LAMP
ria nstural. Da enroltun 6 eabíerta
brillante.
^TUíoLOoU. Orieffo Umpró», lumi-
■nofOi jr pkc^t que lien.
Lamprómetn». Masealino. FUiea.
Eepecie de fotómetro.
ÉTiMOLoaÍA. Griego lamprdt, lumi-
noso, j m¿íron, medida: franeés, ¿am-
.pronitre..
iHunpropo, pA< Á.dietÍTO. Zoología.
De pies 6 pezuñas brillantes. \ Botá-
nica. De tronco 6 tallo reluciente.
EnuoLOQÍA. Grieg-o lamprós, bri-
llante, j poüt, pie: X9t(inpó{ noü^.
LuapsacenoB. Masculino plural.
Los naturales j habitantes de Lamp-
saco. (CtCEaÓN.)
. EtimoloqU. Lamptíteo: latín, Ump-
LftmpMCO. Masculino. 6feograJÍa.
Ciudad del Aján menor. (Plinio.)
EtiuoloqU. Lfttín ZamptXcus.
ZiOmpsaiia. Femenino, Soiániea.
Especie de berza silvestre de un píe
de alto, que tiene ordinariamente tres
hojas crespas, j en medio, un tallo
con una flor blanquecina.
Etimología. Griego Xe([L4^> Xat^-
VI] (latnptáné, laptánej: latín, laptina
Ílap$S»Ínm (la última forma, en san
eronimo), especie de col silvestre:
UPBANA. viverc, alimentarse de berzas.
(Pumo.)
Retma. — ^1. La LAUPSAiia, es planta
anual/de fioru amarillas, que crece
en los bosques, en lu jardines, en las
ruinas j.en las mnralus viejas.
. . 2. Bs la LAUpsaiTA. comniutú, de
Xínnao, perteneciente i la bmiUa de
\u emptu$t0$ li^uli^aru, .
LaiDpteiiu. Femenino plural.
Hútoria taUigita, Fiestas de los anti-
guos griegos, celebradas en Pellene,
en honor de Baco, j llamadas así
porque se verificaban á la luz de ha-
chas 6 antorchas. Celebrábanse des-
pués de las vendimias, j se repartía
vino & tódos los transeúntes.
EnuoLoaíi.. Zampíer, nombre de
un lugar de Beocia, patria de Baco.
Lampnga. Femenino. Pez de cua-
tro & oineo piés de la^, aunque en
los mares de Espafia apenas pasa de
dos. Dentro del agua aparece todo
idorado, á pesar de que por el lomo,
que es casi recto, es verde con man-
clias de color anaranjado, j por el
vientre plateado. La aleta del lomo,
que corre desde el medio de la cabeza
hasta la cola, es amarilla con una raja
azul en la base; la de la cola es ver-
de j las restantes enteramente paji-
zas. Es pes comestible, pero se apre-
cia poco,
E T I M OLO of A. Lamprea: catalán ,
llampuga,
Lampugo. Masculino. Laupuoa.
Lampttrda. Femenino. Botánica*
Planta herb&cea de troncos ramosos j
alonas veces espinosos.
. £TiuOLOof A. Francés, íampowrde.
(LiTTIUÍ.)
Lampase, «a. Adjetivo americano.
Descarado.
Lampnyán. Masculino. Botánica.
Especie de jengibre.
ETlHOLoaÍA. Malayo lampüyang
LANA
^éi)^}* de lampn, excesivo, alu-
diendo al olor fuerte de esta especia:
francés, lampoujM»,
Lan. Femenino. Brudidd», Nom-
bre de las principales divisiones te-
rritoriales del remo de Suecia, que
significa gohierno 6 prefectura.
Lana. Femenino. El velldn 6 pelo
de las ovejas j carneros, que se nila
y sirve para hacer paño y otros teji-
dos. U Se suele llamar así el pelo de
otros animales; como lana de vicuQa,
perro de lanas. | El tejido de lana y
el vestido que de él se hace; y en este
sentido se dice: vestir lana. Q db
CAÍDAS. La que tienen en las piernas
los ganados. Q bn babbo. En las fábri-
cas de paflos es la lana más pura que
sale del peine antes de hilarse. | Ba-
tís LA LAMA. Frase. Provincial Ex-
tremadura. Esquilar el ganado de
LANA. I Cardarle Á UNO LA lana. Fra-
se úietafórica y familiar. Reprenderle
con severidad y aspereza. ¡ Ganarle
cantidad considerable en el juego. |
Cual uís, cual menos, toda la lana
ES PELOS. Refrán con que se manifiesta
que es inútil escoger entre cosas 6
personas que adolecen de unos mis-
mos defectos. D Ir pob lana t volver
trasquilado. Refrán que se usa para
denotar que alguno ha sufrido per-
juicio 6 pérdida en aquello en que
creía ganar ó hallar provecho. | La-
var LA LANA í ALOUNO. Frasc metafó-
rica y familiar anticuada. Averiguar
y examinar la conducta de alguna
persona sospechosa hasta descubrir la
verdad. || Poca lama., t bsa bn zar-
zas. Refrán que se aplica al que tiene
poco, y eso con trabajo 6 riesgo.
Btiuolooía. QtiegoX&ivr¡(iáchn¡):
latín, lana; catalán, llana; provenzal
é italiano, lana; portugués, Id; fran-
cés, laine.
Sinonimia. Lana, vellón. Un vellán
es la totalidad de la lana de que el
animal está naturalmente revestido.
Se distinguen diferentes clases de la-
HOf en un tallón.
Se corta, se lava, «e vende el vellón;
pero ésta es la lana que la industria
prepara y trabaja de mil maneras.
El veÜ^ no es más que un objeta
de venta; la tana es la materia misma
puesta en obra por diferentes medios.
El vell-ÍH, después de que se hacen
con él varias operaciones, llega á ser
lana, la que én mano de los fabrican-
tes sirve para diferentes usos.
El vellón está en bruto, y forma por
sí solo un conjunto de lana; ésta no
es más que el pelo que cubre al ani-
mal; pero, considerada en particular,
haciendo abstracción de este conjun-
to. (LÓPEZ PeleorÍn.)
Lanada. Femenino. Instrumento
que sirve para limpiar y refrescar el
alma de las piezas de artillería des-
Sués de haberlas disparado. Consta
e un asta ó palo larff'o de unas tres
varas, con un pulleju de carnero chu-
rro, liado á su extremo con la lana
hacia fuera, la cual se moja para iu-
' troducírla en el cañón.
Etimología. Lana: catalán, llanada.
_ LAKC
Lañado, da. Adjetivo. Ludoi-
MOSO.
Etimología. Lana: latín, UUitn;
italiano, lanato.
X«anar. Adjetivo. que se aplica al
ganado, que tiene lana.
Etimología. Lema: latín, Unirit;
francés, lanaire.
Lañaría. Femenino. Botánica.
Hierba de que usan en los lavaderos
para limpiar la lana: echa flores ama-
rillas, jr su raíz tiene' sabor de rá-
bano. . .
Etimología. Lana: latín, Ünm-U
herba; francés, lanaire,
I^anarquita. Femenino, ifiiurah-
gia. Substancia eompuasta de 47 wr-
tes de carbonato de plomo y de &3 de
sulfdto del mismo.
Lancasteriano, na. Masculino j
femenino. El natural-dé Laneaster. |
Partidario del sistema da ensefianu
de Laneaster. I Adjetivo. Conceroíea-
te al condado de Laneaster y al siste-
ma de enseñanza inventado por Lan-
easter.
Etimología. La»ea$ter¡ faneés,
lancatte'rien.
Lancastriano, na. Adietivo. Hit-
íoria de Inglaterra. Partidario de U
casa de Laneaster, ó Lancastre, y del
Sartido conocido bajo el nombre de
Iota roja.
Etimología. Laneattre: francés,
lancatírien.
Lance. Masculino. La acción ;
efecto de lanzar 6 arrojar. | La acdón
de echar la redpara pescar, jr la-pMca
que se saca. | Trance ú ocasién críti-
ca. Q Suceso señalado 6 aituaeién no-
table; y en este sentido se Uaoian
LANCES los diferentes sucesos que con-
tribuyen al enredo ó deienredrf de U
fábula dramática. | Encuentro, riña,
quimera. Q En la casa, cada una de
las armas que arroja la ballesta. B
apretado. Caso a»etaoo. Q de for-
tuna. Casualidad, accidente inespe-
rado, g DB LANCE. Modo adverbial. Se
dice de lo que se compra barato, apro
Techando alguna coyuntura. | A po-
cos LANCBS. Modo adverbial que sig-
nifica á breve tiempo, sin tropiezos di
dificultades. IOb lahcb in luici-
Modo adverbial. De una, acción en
otra, ó de una razón en Otea* | háxmt
DB HOMoa. DasApfo. | Bcbab -«ms o
MAL lancb. Frase. Conseguir uno lo
que ha intentado, ó frustrarse ni
cálculos, sus esperanzas. \ JuOva
LANCE. Frase. Manejar al^ún negocio
que ])íde destreza 6 sagacidad.
Etimología, ¿ferivadon primera.^
Lance, la acción de lanzar.
Derivación t^unda, como suceso: la-
tín lance, ablativo de tanx, íoscií.,''
balanza ó plato del peso. Esto expu«
el sentido de tnerte que tiene unce,
como cuando decimos: lance de tra-
eos; lance del juego de billar; íaM"
de .un drama; lancei de un pleito; «*-
oee de una boda; lance$ de un eonnm
lances d6 un sarao: catalán Um>i
tiguo; italiano kneet balanza* ,
Xanceado, da. Adjetivo. Boiput.
Se dice de las hojas que tienen figura
de hierro de lanza.
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iLANC
LAND
LAND 329
> Lanctfsdof, ra. SostaDtiTO'y.Rd-
j«tÍTo. Qde lancea.
Lancear. Actiro. Alancear.
BmiQLOaU. Latín Uncelbre, «n Xer-
tuliano, forma Terbal do laneÜn, lan-
ca; catalán', Uinetjar, modarno; lan-
uf»r, antiffao.
- La&técua. FeineniDO. BMbUea,
Hierba que ei la eapeeie menor ¿e
IUnt«n.
ETxuotooía* LatEn iarntitU, dimi-
notiTo de ÍMMlfa; lania;por lem^ansa
de forma.
Lanceoladot da. AdJetÍTO. Boíd-
«Me. Que tiene la figura de on hierro
de lanza.
EriMOLoaÍA. Latín lanceíidhu, f6t~
'ma de ianeaSUt, diminntivo de ImuH»,
lanza: francés, lancéolé.
Lancera. Femenino. Armario 6
percha en que seponUn las lanzas.
BriicoLOof^ «La percha 6 armario
en qae se ponen las armas j picas en
las armerua, cuerpos de guardia j
almacenes, y en los patios j zaguanes
de los hidalgos en algunos lugares.
Tráhelo Corarrubias en an Tesoro,*
(licu>mÉaÁ.tlHecioHario dt 1796.)
Lancería. Femenino antienado. La
tropa de lanceros.
Lancero. Masculino. El soldado
que pelea con lanza. El que usa ó lle-
va lanxa; como los vaqueros j tore-
na. I El que hace ó labra lanzas.
ETmocQOÍA.. Lanza: latín, lanceA-
rínr, lanctirlut; italiano, ¿aacim, lan-
áffo; francés, ¿aanVr, forma proven-
sal* catalán, iUncer,
Lanceta. Femenino. Instrumento
que sirve para sangrar abriendo una
usura éa la vena, y también para
abrir algunos tumores y otras eosa8«
Tiene la hoja de acero eoa el corte
muy sutil por ambos lados, y U pun<
ta agudísima,
BTiMOLoofA. Lanza, diminutivo:
itáÚtíkOf Uneeíío, diminutivo de lanza;
provenziíl, lámela; catalán, lUnceta,
Lancetada. Femenino, La acción
de herir con la lanceta, y la abertura
que -con ella se hace.
Lancetazo. Masculino'. Lancs-
TIDA.
Lancetero. Masculino. Estuche en
que se llevan colocadas las lancetas,
'BTitfOLOoíA. Lanceta: francés, £Üi-
cettier; italiano, lancettiere.
Láíucifoliado, da. Adjetivo. Boli'
aica,i)e hojas lanceoladas,
RhHQLodfA, Latín Uncta y /olístutt
de /offiiM, hoja.
Lanciforme. Adjetivo. Botánica.
Lanciolado.
BrufOLoaÍA. Latín laneÜa y fotutá,
Lancilla, ta. Femenino dimitiuti-
vo da lanza. — tOvardia de la lanci-
lla. Guardia de á caballo que sólo
lervta en las entradas de Reina, y en
los entierros de las personas reales.
Su arma Ó insignia era una lancilla
la^ j delgada, con una bander/lla
detafetáu'juato al hierro. En las en-
tradas iban vestidos de gala y la ban-
derilla era encarnada/ y en Ids entie-
rros de luto, con la banderilla negra.>
CAcADiHu, DUchnano dé 1 726.)
Lancinante. Adjetivo. Punzante.
I Medicina. Epíteto decíertos dolores
3ue se dejan sentir á modo de punza-
as.
EnifOLoafA. Latín Unétnant, tam^
nantis, participio de presente de lanci-
nare, lancinar: francés, lancinant.
Lancinar. Neutro. Dar dolorosos
latidos, traündose de tumores ú otras
afecciones.
BniioLOOia. Latín Uau, «no», pla-
to destinado para los sacrificios, en
donde se ponían los trozos de la vfe-
tima; UneínSre, destrozar.
Lancztar. Lanoinar. La forma Za«>
citar, que aparece en algunos Diccio-
narios, debe ser errata de imprenta.
Lancnrdia. Femenino. La trucha
pequeña que no llega á cuarterén.
Lancka. Femenino. Piedra ó pi-
zarra que sale de la cantera en hojas
planas y de poco grueso, á manera de
tablas. I i/ariM. Bmbarcaeidn de re-
mos, ancha de popa, por ser en aque*
lia parte donde debe hacer mayor
fuerza en el agua: sirve para levar las
anclas de los buques grandes, y trans-
Sortar los efectos de mayor peso ^ue
eben llevar á bordo. | MoníerUt.CicT'
to armadijo, compuesto de unos pali-
llos y una piedra, para coger perdi-
ces. Q BOUBABDBRA, CAÑONBSA, li OBU-
BERA. La que se construye de propó-
sito para Uevar un mortero, cañón ú
obús montado, y batir más de cerca
las escuadras, ú las plazas y fortale-
zas de tierra.
ErniCHAOfA. Aféresis de ^lancka,
porque primeramente significó una
plancha de piedra, habiéndose aplica-
do después a 8Ígni6car una pequeña
embarcación, por semejanza de figu-
ra: francés, iMcAe; catalán, Uanxa,
Lanchada. Femenino. La carga
que lleva de una vez una lancha.
BtiuolooÍa. ¿aacAa: catalán, llan-
wada.
Lanchar. Masculino. La cantera
de donde se sacan lanchas.
Lanchazo. Masculino. El golpe
que se da de plano eon una lancha de
piedra.
Lanchero. Masculino. Patrón de
una lancha 6 lanchilla.
Luichilla. Masculino diminutivo
de lancha. | Lancha pequeña que en
los atsenales lleva una bomba para
bañar y refrescar los buques desar-
mados.
Lanchón. Mascnlino aumentativo
de lancha. ¡Lancha grande.
Landa. Femenino. Extensión in-
culta de terreno.
BTiuoLoaÍA. Alemán Zand, campo,
tierra, comarca: francéa, Aik¿«; italia-
no, landa; bretón, km», tomado del
romance.
Landa (Jdah db). Pintor español,
que vivía en Pamplona á fines del si-
glo XVI y principios del xvii. Pintó
frescos y cuadros de historia, distin-
guiéndose entre sus obras el decora-
do del retablo mayor de Santa María
de Tafalla, ^ loa de San Miguel y :
Santa Catalina de la villa de Caseda. |
Landaburn (Maubrto). Oficial es*
pañol, cuyo amor á la libertad hizo
de 61 una de las víetiinai, que seña-
laron tristemente el reinado de Fer-
nando VIL Hallándose el 30 de Ju-
nio de 1822 de e'uardia en el palacio
real, varios soldados saludaron al
monarca al ^rito de /mea el rejf abso-
luto!, y habiendo querido oponerse á
esta manifestación, fué asesinado á
las mismas puertas del palacio. El
asesinato de Landaburo no fué sino
el preludio del &moso episodio del
7 de Julio.
Landamán. Masculino^ Nombre
de ciertos magistrados en Suiza.
ETiuoLOofa. Alemán Landammann;
de Land, tierra, país, y Ámmann, bai-
lío: francés, Idndamman.
Landamanato. Masculino*^ Cargo
6 dignidad de laudamán.
ETiMOLOofA. LandawUn: francés,
landammanal.
Landán. Masculino. Palmera de
las Molucas, de la cual se saca el
sagú.
Lande. Femenino anticuado. Be-
llota. '
ETiHOLOofA. Aféresis de ghndt,
ablativo del latín elans,alamdis, la be-
llota.
Landgrave. Masculino. Título de
honor y de dignidad de que hau soli-
do usar algunos grandes señores de
Alemania.
ETUfOLOOÍA. Alemán Landgraf; de
Land, tierra, y Graft conde: catalán,
landgrave, Uau-grave; firancés, Umi-
grave.
Reseña histórica.. — Se llamó así en
otro tiempo á los condes nombrados
por el emperador para administrar
justicia, en su nombre, en el interior
del país. En 1130, Luis III, conde de
Tunngia, tomó el título de lamdora-
VB, que desde entonces fué adoptado
por varios soberanos; entre otros, por
Thierry, conde de la baja Alsacia
(1137); por Alberto de Habsburgo,
conde de la alta Alsacia (1186). Lle-
van hoy este título el soberano de
Hesse-Homb'ourg y algunos prínci-
pes de la casa de Hesse.
Landgraviado. Masculino. Land-
ORAVUTO.
Landgraviato. Masculino. Ladig*
nidad de landgrave.
ETiuoLoaíA. Landgrave: francés,
landgraviaU
Landgravina. Femenino. La es-
posa dellandgrave.
Landó. Masculino. Coche de cua-
tro asientos, que por medio de ciertos
muelles se puede osar abierto 6 ce-
rrado.
ETiiiOLoaÍA. Francés landan, de
Landaw, ciudad de Baviera, que dió
su nombre á esta especie de carruaje.
El lando no es francés, sino bávaro.
Landra. Femenino, Bellota.
ETiMOLoaÍA. Landre.
Landre. Femenino.. Tumor del ta-
maño de una bellota que se forma en
los parajes glandulosos, como son el
cuello, los sobacos y las ingles, y Bol-
sa escondida que se hace en la capa ó
vestido para llevar oculto el dinero.
Q Anticuado. La peste de Levante.
ETiuoLoaf A. Lande.
Landrecilla. Femenino. Pédacito
TOMO I»
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330
LANG
(to cufta ndondo que ■« halla en va-
riu partes del cuerpo; como en medio
de los múeculoe del muslo, entre las
gHndulae del sobaco jr otras partes.
Btiiiolooü,. ¿andrt. — «Cierta car-
ueoilla blanca, que está en ;nedio del
muslo del animal. Tieue alguna gor-
dura, j en el carnero será del tamaño
de una nuez pequeña ó avellana. Llá-
mase por otra nombre Ifaba. Trabe
esta voz Gjvarrubias en su Tesoro,»
(AcJiDB¥iiV« Diccionario dé il26.¡—
*LaiidreciUat. Se llamen también cle^
ta especie de glándulas ó mollejuelas
qne se hallan en varias partes del
cuerpo del animal.» (Idbu.)
I^apárero, ra. Adjetivo. Mísero
3ae va ahuchando el dinero en la lan-
re d bolsillo aenltq hecho en al ves-
tido. O Oermania, IÁdr¿n que, trocan*
do algdn dinero, recibe el ajeno j no
da el SUJO, sobteniendo que ja lo ha
dado; 6 el que hurta abriendo la ropa
donde ve que haj bulto de diaero.
Landrilla. Femenino. La larva de
un insecto que se ^a deb^o de la
lengua j en las nances de algunos
cuadrúpedos. Es muj pequeña, blan-
qoisoai j con su mordedura levanta
unos granos eonooidos eon el mismo
nombre.
Etiuolooía. Landre,
Landstnrm. Masculino. Milicia
formada en Alemania en algunas oea-
liones por el levantamiento en masa
de los hombres útiles para el servi-
cio.
BTUioLoa£a. Alemán Ltmd, comar-
ca, j Sturm, somaténi alarma, asalto:
francés, landstum.
lAndwehr. Masculino. Parte de
población armada destinada en Prusia
a auxiliar en ciertos casos al cgército
permanente.
ETiuoLoaÍA. Alemán Landmhr; de
Land, comarcal j Wehr, defensa: fran*
cés, landmehr.
Lanería. Femenino. La casa ¿tien-
da donde se vende lana.
Btiholooía. Zona; italiano, lanería;
francés, Uinerie,
Lanero. Masculino. El qnc trata
en Usa. | Bl almacén donde se guar-
da la Una.
ETUI0I.OQÍA.. Zsm: latfn^ lanaritu;
italiano, lanajnolo; francés, lainier.
Li^gaa. Masculino. Zoologia. Es-
pecie de serpiente cuja mordedura es
m.qj venenosa.
Lángara (Juan db). Almirante es-
pañol, que nació en 1730 j murió
en 1800. Fué derrotado cerca del cabo
de San Vicente en 1780 por el almi-
rante Bodnej j obtuvo luego el nom-
bramiento de teniente general de la
armada. En tiempo de la coalición
contra Francia, mandó la escuadra es-
pañola que, en combinacién con la in-
Slesa., entré en el puerto de Tolón j
estrujó la escuadra francesa en 1793.
Se distinguió cu otras varias expedi-
ciones marítimas V fué ministro de
Marina de 1795 á 1798. Mientras ocu-
paba este puesto, hizo Mazarredo á los
melases levantar el sitio de Cádiz.
Langaruto, ta. Adjetivo familiar
que se dice de la persona ó cosa des-
LANG
proporcionada por ser moj laif* ^
angosta.
Langia. Masculino. Oeograjla emti-
gw. Pequeño rio del Peloponeio, en
Arcadia, llamado después Arquemoro,
por haber muerto en su orilla una ser-
piente al niño Arquemoro, hijo de Li-
curgo, rej de Tracia. (Bstacio, Vai,-
BUBNA.)
Etiholooía. Latín X^ngía*
Langit. Masculino. Botánica. Nom*
bre que dan algunos botánicos al ár-
bol llamado barniz del Japón.
BnuoLOofA. Malajo kSgU ISngthit
{<^^^^\í)t árbol del ciclo: francés,
iangii.
Langosta. Femenino. Nombre eon
que se designan varias especies de ín<
sectos que son de una á dos pulgadas
de largo, de color ceniciento, con cua-
tro alas, las dos exteriores membr»-
nosaaj enteraniente inútiles para vo-
lar. Tienen seis pies armados en la
parte inferior de uaa línea de púas,
j con los dos posterioras, que son más
largos, saltan á granda^distancia. Vi-
ven de vegetales, j se propagan á ve-
ces en tanto número, que devoran to-
das las plantas de provincias enteras,
especialmente, las mieses, |¡ Especie
de cangrejo muj común en los mares
de España. Bs de unos dos niés de
longitud, con el cuerpo ovalado, j la
cola mnj larga j ancha. Tiene la pa^
te anterior del carapacho armada de
púas j doB como eornexualos muj lar-
fos en la parte anterior de la cabeza,
u carne se estima como un manjar
sano j delicado. | Metafórico j fami-
liar. Lo que destruje ¿consume altt'u-
na cosa; j así llamamos á loa mucha-
chos LANGOSTA cuaudo SO apoderan de
una despensa, y Cova ais qub la lan-
gosta . Frase familiar con que aigni-
ficemos la glotonería de alguno. || Bs
MÁS TEIUBLB QUB LA LANGOSTA. FraSe
familiar con ^ae ponderamos el trato
molesto jpequdicial de algún indi-
viduo.
ETDiOLOQfA. Latín IddUta, U lan-
gosta, en Plinio; nombre de una he-
chicera, por cujo medio Nerón dió
veneno á Británico; v A^ripina, á
Claudio, según refiere Tácito: catalán
antiguo^ lagost, lagosta; moderno, lla-
gotta, llangotta; provenzal, langottOt
lengosíaf lingotta; portugués, lagosía;
francés, langowte; italiano, Atutía, lo-
custa.
Sentido etimoUgko. — El latín UcüS'
ta se compone de l&cus, lugar, j w/tti,
quemado, aludiendo á que todo lo
quema con su contacto, o á que todo
lo roe con su mordedura: qmd íactu
multa uraí, mortu omnia erodat. (Cita
de Db Mioubl j Morantb.)
Langostero, ra. Masculino j fe-
meuino.Elque pesca langosta. U Mas-
culino. ^ barco en que se hace la pes-
ca de la langosta. \ Femenino. Red
que sirve para pescar langostas.
EriMOLOQÍA. ¿aa^os/s: francés, /sk-
gosiier.
Langostilla. Femenino diminuti-
vo de langosta.
Langostín. Masculino. Bspécie de
LANG
[canji^rctio muj parecido al llamado
'langosta, pero mucho más pequeño.
Se diferencia principalmente de él en
que su carapacho carece de púaSi Es
manjar delicado.
Etimolooía. lamgoiUt «ataláo. Ha-
gostí.
Langostino. Masculino. I«anoo3-
TÍH.
Langostón. Masculino. Inseoto,
especie de langostín, ]a más grande
que se conoce. Ba de un hermoso co-
lor verde de esmeralda, j tiene Us
antenas mucho más largas que todo
el cuerpo. En las horas de más calor
durante la canículfi hace con las aUf
^ mismo ruido que el grillo.
Langravo. ttavculino. Lamo-
OnAVB.
Langraviado. MMculino. tuat-
obaviado.
Langrayano. Masculino. OnUtoto-
gia. Qrupo de aves de vuelo muj tir
pido que audau á caza de insectos.
Langú. Masculino. Boleto del no-
gal.
I«angnedoc. Masculiuo. CfeografU
aníigma. Provincia de Francia, que lot
romanos denominaron Galia narboni-
«a, narbonense.
BTiHOLOofA. Francés, Laagmsdoe:
catalán, IMnguaiack.
Reseña kislárica, — Una de Us pro-
vincias ó regiones más históricos fU
sus recuerdos, j más fikvoreeidu p«
la naturalesa en rásón de la dulsun
de su clima j de ú fertilidad de so
territorio. En el día comprende ocho
departamentos dé la Francia meridio-
nal. La palabra Lanoubdoc se des^
compone en laiuue d'oc, lengua de «c,
que era la que hallaban los habitan-
tea de la Francia meridional (cujs
capital era Tolosa), quienes decían an-
tiguamente oc por oui(sí)t al paso que
loa de la Francia del Norte (cu/a ca-
Bítal era París), decían oil^ oiU u o»i-
e ahí la lengua de olí j la lengua de oc.
(Mo.\LAU.}
Lingoidamonte. Adverbio de me*
do. Con lánguidos, coa flojedad.
BtimolooU. Zanguida j el so^u
adverbial mente: latín, ¡oMguW: ita-
liano, lánguidamente.
Languidecer. Neutro. Perder las
fuerzas ó el vigor. B Buflaqneetf» I
Estar enfermizo. ^
BtimolooÍa. Latín languere: ¡tahe-
ño, languire; francés, provenial j ceta*
lán, languir. El equivalente fl^riego ei
XcíXXáCeiv (lallátein), estar flojo, Uao.
Languidez. Femenino. Flaqueu,
debilidad. || Metáfora. Falta de espí-
ritu, valor j energía.
Etiuolooía. Lánguido: latín, ««-
9uor, lauguóris; italiano, langMf'i »*'
gnideaa; francés, laiunenr; protenal.
languor^ langor; catalán antiguo, m"'
guimtnt. ,
Languídesa. Femenino anticuado.
Lanouidbz. „
Lánguido, da. Adjetivo. FUco,
débil, fttigado. ¡| El que es de pw»
espíritu, valor V energía. ^ .
BtimolcoÍa. Languidecer: I»*"»»
g%Uns: iUliano, isiystrfa; f»'»«''
tanguiiie.
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f.,ANO
Iiangoillco, ca. Adj«tÍTO. Qua
caatt Itnguidez.
BriHOLOofA.. Latía laii^iitfieus; de
ítíifuor, lan|fuidez, y faeSre, hacer.
(A.traOMio.)
X<angnor. Masculino utticuado.
Languidez.
Luwnstino, na. Jldjetivo. Pat»-
cido á la laag^ita.
Laniado, da. AdjetiTo. Parecido
á U urraca.
LanaciOf cía. A.4iei¡ro. Parecido
i la urraca.
BruoLoofA. Ztmán,
Lanífero, ra. AdjetÍTO. Poética,
Que tiene lana.
ETiifC«.oofA. Latín UMftr, en Pli-
nio; de /ana, lana, j f(^9, llevar ¿
Producir: francés» lani/ire; italiano,
Lanificación* Femenino anticua-
do. XjANIFICIO.
Lanificio. Masculino. El arte de la-
brar la lana, jlas obras hechas de ella.
Etiuoloou.. Latín IvU/íétnm; de
lina, lana, j^ac<^<, haceti beneficiar:
italiano, lant^e,
Laniflor. AdjetÍTo* BoUmea, De
flores lanudas.
Laninro, ra. Adjetivo, jffittoria
tuthtraLut pelusa parecida i la lana.
Btimolooia. Latín Üníger; de Una,
j ftrere, llevar ó producir: francés,
MMy¿rv; italiano, Unigero.
^Anilla. Femenino. El pelillo (jue
le queda al paño por la hai. | Tejido
de lana m¿s delgado y ñno que la
lamparilla. \ Especie de afeite que
osaban las mujeres en lo antiguo.
BTiHOLOofA. Lana: latín, lán&la;
francés, laniUe; catalán, lUnilla.
Lanio, nia. Adjetivo. Lamae.
Lanión. Haacalino. Especie ds
ornea.
ETUfoi;.oofA. Latín linXo, UbuSaú,
el carnicero: francés, Union.
Lanipedo, da. Adietivo. ^soio^
Que tiene los pies vellosos.
BnHOLOOfa. Latín Una j pe-
diff pie.
Irfuiipendia. Femenino. La mujer
encargada da distribuir la lana en la
fábrica para manufacturarla.
EtiiiolooÍa. Latín IñnipendU; de
lina y ftwUre, pesar.
Lanista. Masculino. Antigüedades
rmawu. Nombre que daban los ro-
manos al que vendía, compraba 6
amaestraba gladiadores.
EnuoLoau. Latía ISnúta; de tíí-
aíirr, desgarrar.
Laniatrido, cia. Adjetivo. Que
tiene relación con el arte de los gla-
diadores.
Etwolooía. Latín litnisiríítiu. (Pb-
TBOHIO.)
Laaiviantre. Adjetivo. ZoologU.
Qae tiene el vientre lanudo.
Laño, na. Adjetivo anticuado.
Llako.
Lanoaidad. Femenino, Especie de
Una, pelusa ú vello suave que tienen
laa hojas de algunas plantas, frutas y
otras cosas.
t-BTUfOLOGÍA. Lamoto: latín, ¿ÜttSslU
tei, natoralaaa lanuda.
LANU
Lanoso, sa. Adjetivo. Lanudo.
Stuiolooía. Lana: latín, lanStut;
italiano, lanoso; francés, lainenx.
Lansquenetes. Masculino plural.
Historia* En su origen fueron llama-
dos así los escuderos, 6 sirvientes del
ejército, que acompañaban á los caba-
lleros cuando iban a campaña. Más
tarde se llamó asi á las bandas de
mercenarios, la major parte alema-
nes, que por primera vez aparecieron
en Francia en el ejército de Car-
los Tni. Durante más de un siglo,
los LANSQUENETES compusíerou una
San parte del qércíto francés, fin
eniaaia llegaron á ser célebres en
tiempo da Maximiliano t, siendo sn
jefe el famoso Joige Frundsberg.
Desde la formación de loa ejércitos
permanentes principiaron á desapa-
recer.
Etiuología. Alemán lansinechtCt
hombrea de lanza, lanceros; ó bien
landskntckte, hombre del país.
Lanteja. Femenino. Lenteja.
Lantquela. Femenino. Lente-
juela.
Lantema. femenino anticuado.
Linterna.
I^antemaio. Masculíao familiar.
CiNTABAZO, en la primera acepción.
Lantamero. tfaseuUno anticua-
do. LlNTBRHBRO.
IdutterniUa. Femenino anticuado
diminutivo de lanterna.
Lantemón. Masculino anticuado
aumentativo de lanterna.
Lantia. Femenino. Náutica. Espe-
cie de velón con cuatro mecheros que
se coloca dentro de la bitácora, para
ver de noche el rumbo que señala la
aguja, y Nombre de algunos cabos
gruesos.
BnnoLoaU. Latín laníima, linter-
na: catalán, lUníiat llaníió.
Lantisco, ca. Masculino aaticua-
do. Lbntisco.
Lanudo, da. Adjetivo. Lo que tie-
ne mucha lana ó vulo.
BmioLoaÍA. Zana: italiano, Unuío;
catalán, llanut, da,
Lanuginoso, sa. Adjetivo. Lo que
tiene una especie de lanilla ó pelusa.
ETmoLGOÍA. Provenzal, lanuginát:
francés, lannginews; italiano, lanu-
ginoso; del latín ¿^fffi^tadxKf, forma ad-
jetiva del latín lanñgo, iSnigtniit pe-
lusa; italiano, lanUgine.
Lannza (Juan de). Justicia major
de Aragón en el siglo xvi, célebre por
la defensa que hizo de los fueros de
su patria contra la tiranía de Felí-
Se ÍZ. Habiendo huido Antonio Pérez
e la prisión en que le tenía Felipe
en Madrid, secundado por el arago-
nés Gil de Mesa, se refugió en Zara-
goza á pedir amparo al justicia con-
tra el rej. AI saberlo éste, expidió
inmediatamente á don Iñigo de Men-
doza» marq[ués de Almenara, repre-
sentante de la autoridad real en Zara-
goza, orden urgente para que sacara
al preso de la cárcel de Justicia v le
trasladare á la de la Inquisición, Pro-
testó enérgicamente Lanuza -contra
esta violación de sus fueros, y sus va-
lientes palabras hallaron eco en ú in-
LANZ 331
signe pueblo zaragozano, que se su-
blevó, j asaltando las cárceles de la
Inquisición, sacó de ellas á Antonio
Pérez, que luego pudo huir j refu-
giarse en Francia. Irritado Felipe II
por aquel acto de independencia, á
ue ciertamente estaba poco acostum-
rado, envió & Zaragoza un ejército
de 10.000 infiintes, al mando de don
Alfonso de Vargas, el cual, apenas
entró en la capital de Aragón, se apo-
deró da Lanuza j le hizo decapitar,
el 20 de Diciembre de 1591, siguién-
dose á ésta otras muchas ^ejecuciones
j la pérdida de los fueros aragoneses.
Lanuza (Mastín Bautista db).
Célebre jurisconsulto aragonés, des-
cendiente de la ilustre casa de este
nombre, que nació en 1550 j murió
en 1622. Felipe 11 le nombró lugarte-
niente del justicia majorde Ara^n, y
á pesar de su próximo parentesco con
don Juan de Lanuza, que ejercía este
cargo, secundó al rej en aus proyec-
tos de unidad nacional, funestos para
los fueros de Aragón. Detuvo en Üa-
latavud á Antonio Pérez fugitivo jr le
condujo preso & Zaragoza, siendo en
premio de este servicio nombrado re-
gente del Consejo Supremo de Aragón
T justicia mavor, durante los reina-
dos de Felipe II v Felipe III. A pesar
de lo que contribuyó á la pérdida de
las libertades aragonesas, lo cual le
atrajo el odio de sus paisanos, se cita
en su elogio la circunstancia de que
procuró muchas veces suavizar las se-
veras Órdenes expedidas por la corte
contra los moriscos, templando loa
crueles rigores de los enviados de Fe-
lipe III.
Lanuza (Vicente Blasco oe). His-
toriador aragonés, que vivió en la
primera mitad del siglo xvii. Fuá pro-
fesor de teología en Jaca y Zaragoza
y dejó las siguientes obras: Historias
eclesi&sHcat g secnlara de Aragón; Pe-
ristephanon, sen de coronis sanctomm
arMonentinm,
Lann. Femenino. Arma ofensiva
compuesta de un asta ó palo largo, en
cuya extremidad está fijo un hierro
puntiagudo y cortante á manera de
cuchilla. O En los coches y galeras, el
palo que sale del juego delantero, y
colocado en medio de las bestias d'e
tiro, sirve para dar dirección al ca-
rruaje. Q El soldado que usaba del arma
del mismo nombre, fuese á pie ó á ca-
ballo. Q Uno de loa juegos del manejo
de á caballo, que consiste en figurar
un combate de lanzas. Se usa mas co-
munmente en plural y con el verbo
correr. ¡ Plural. Cierto servicio de di-
nero que pagaban al rey los grandes
y títulos en lu^r de los soldados con
aue debían asistirle en campaña. Q
BSHAOBB LA LANZA. Fnse. Eu Us
justas y torneos, sacar ó llevar la lan-
za fiiera de la rectitud que conviene
para lograr el bote. | Echar lanzas
EN LA tfAB. Frase metafórica. Traba-
jar en vano. || Estar con la lanza en
BisiliE'. Frase metafórica. Estar dis-
puesto ó preparado para acometer una
empresa, ó para reconvenir ó contes-
tar resueltamente a alguno. || No ha-
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Ü2
LaNZ
BBR 6 NO QUfiDAB LANZA ENHIESTA. F»-
se metafórica. Derrotar enteramente
al enemtg^>); no dejarle fuerzas para
Tolrer al com'bate. I^Qubbrak lanzas.
Fraae metarórica. Refiir ó disputar
con alguno, [j Romper lanzas. Frase.
Quitar las dificultades y estorbos que
impiden la ejecación de alguna cosa.
I No KOUPBR LANZAS CON NADIE. Fra-
se. Ser enemigo de riñas j contiendas.
EmiOLOaÍA. ProTenzal, Uuta: ca-
talá|i, llanta; portugués, ísstfa; fran-
cés, tanet; italiano, ^«^ .dcl latín
laneía,
1. Los autores aat)ga6s dicen que
es un nombre galo.
2.. Otros opinan que es español,
3. Littré lo cree en relación con el
griego "^óyyri (lógchej^ lanza, de cuj^a
opihidn parlicipaa nuestros eruditos
De MigueJ y Morante.
■Reseña histérica. — Arma de los no-
bles en loS tiempos feudales. Majr lar-
ga al principio j terminada en un
Hierro agudo j cortante, fué después
más corta T gruesa en el siglo xtv, y
se la añadió un fuerte puño. Como
instrumento de torneo, la lanzá -era
más ligera; estaba adornada con una
banderola j descansaba sobre un pun-
to d« ápoj'O «n la silla del caballo. Se
llamaban laNzas rotat las que habían
sido cortadas, cerca del remate para
que el choque fuese meaos violento,
y LANZAS coríwff*, las que tenían un
anillo en la punta del hierro. Se dejó
de usar la lanza en los torneos y en
la, guerra hacia fineft del siglo xvi.
Lanzas guarnecida» se llamó á una
tropa .compuesta da seis hombres,
3ue constaba de un caballero arma-
0 de LANZA, de un paje, arqueros^
un cuchillero.
Lanzada. Femenino. El golpe que
se da tatí. la lanza, j la herida que
con ¿1 se. hace. || os L va* Suerte que
se hace 'al toro esperándole con una
lanza muj fuerte, cujo cuento está
afirmado en un hojo que se abre en
tierra, y se le endereza el testuz para
fiar ti ríe U cabeza con el hierro de la
anza,7 dejarle muerto. || db ^oro iz-
quierdo ó ZURDO. Expresión de que se
syiele usar como imprecación deseán-
dole á alguno un mal grave.
^ EtimoloqÍa. Lanzar: italiano, lan-
R(iÍ!(i; catalán, llansada.
LjUizadera. Femenino. Instrumen-
to, qne usan los tejedores para pasar
el hilo, seda, algodón, láqa ú otra
cosa semejante por entre loa hilos de
la i^rdimbre. Su figura es á manen
de lina góndola Ó naTeetUa: en el me-
dio tiene una cafiita que se mueve fá-
cilmente en un eje que la atraviesa, y
en ella está devanado el hilo. | Ins-
truraeuto semejante en la figura a la
del tejedor, pero sin la cañita que tie-
ne en el medio. Usan de él las muje-
res para hacer nuditos, flecos y otras
labores.
Etimología. Lansar: catalán, Uan-
sadora.
Lanzado, da. Participio pasivo de
lanzar.
ExiuoLoala. Zantar: catalán, ¡Im-
sai, da; trances, lanc/; italiano, lanciato»
LAOC
Lanzador, ra. Masculino y feme-
nino. La persona 6 cosa que lanza ó
arroja. \ db tablado. El caballero que
en los torneos arrojaba lanzas á un
tablado que se hacía á este fin.
EriMOLOofA. Lanzar: francés, lan-
«Wr,-''¡taliano, laneiatore.
Lanzafuego. Masculino. Artille-
ría, BOTAFUEOO.
Lanzamiento. Masculino. Bl acto
de lauzar ó arrojar alguna eosa. Q -^o*
rensg, fll despego de alguna posesión
por fuerza judicial. I Marina, La pro-
jeeeión ó salida que tiene el codaste
por la popa, y la roda por la proa, so-
bre la longitud de la quilla.
ETiMOLOofA. Lanzar: catalán, llan-
tamenl; francés, lanemgnt; italiano,
lanciamento.
Lanzar. A.ctivo. A.rrojar, despedir
de sí alguna cosa con ímpetu. Se usá!i
también como recíproco. | Echar, ha-^
cer salir á uno de alguna parte; y en
este sentido se dice: lanzar los demo-
nios por echarlos ó hacerlos salir del
cuerpo del energúmeno. Q Soltar, de-
jar libre; en la volatería tiene mucho
uso hablando de las aves. Q -Ftanme.
Despojar dé la posesión i alguno. |
Anticuado. Echar por imponer ó ca^
gar. Q Anticuado. Emplear, investir,
fastar. | Recíproco anticuado. Intro-
uicirse, meterse en alguna parte. Q i.
TABLADO ó LANZAR BL TABLADO. FraSe.
Arrojar en los torneos lanzas ó dar-
dos á un tablado que se hacía para
esto hasta derribarlo ó québraniárlo.
Etimología. Lancear: catalán, tlan-
tar; francés, lancer; picardo, lancht;
proven^al, lansar: italiano, lanciare.
Lanzarse. Recíproco. Abalanzarse,
acometer. | Tirarse de alguna altura.
I Metáfora. Emprender álguna cosa
con resolución. j
Lanzón. Masculino aumentativo ,
de lanza. || Lanza oorta y gruesa con
un rejón de hierro ancho y grande, de
3ue regularmente usan los qtie guar- !
an las viñas.
Lanzuela.. Femenino diminutivo
de lanza. | Anticuado. Lanceta para
sangrar.
Laña. Femenino. Gbapa de hierro
d otro metal. \ Bl coco cuando está
verde. \ Anticuado. Lonja, hablando
del tocino.
ETiHOLoeÍA. Lañar*
Lañador, ra. Sustantivo y. adjeti-
vo. Que laña.
Lañar. Activo. Tablar, unir ó
afianzar con lañas aljguna cosa. | Pro-
vincial Galicia. Abnr el pescado para
salarle.
BriHOLoaÍA. Latín liniSre, despe-
dazar, porque haj que taladrar el: ob-
jeto roto para lañarlo.
Lao. Prefijo técnico, del griego X5(S<
(laát), pueblo; Uitoí /'ÍíIíoí}, público;
del sánscrito law, ver, parecer; lankat,
mundo; ^do, la%thí\ antiguo alemán,
le%t; antiguo ruso, liud. (Eichho:'P.}
— El sánscrito lauc es la níz del grie-
ga hke, luz..
Laocoonte. Masculino. Tiempos
heroicot. Hijo de Príamo y de Hécu-
ba, y sacerdote de Apolo 6 de Neptu-
uo, que.se opuso á la entrada del ea-
LAÓ
bailo de madera en Troya y U hiri<Í
con un dardo. Por este motivo, ó se-
fún otros, porque se había casado i'
isgusto de Apolo, fué ahogado, con
sus hijos Antifates y Timbreo, por
dos serpientes monstruosas. Bl cele-
bre grupo de Laocoonte, uno de loi
más bellos móflelos de la escuítnrti
antigua, es, segtitn Plinio, obra da
tres artistas griegos, Agesandro, P&-
lidoro y Atenodoro, que- florecieron
en el siglo i de nuestra era; ▼ fué
descubierto an 1506, pór 'Félix de
Fredi, en Roma, an el palacio de Tito,
en el lugar llamado Sala de Letti. Hoy
existe en el Vaticano.
Etuiolooía. Latín XoctC^, antis. .
Laocracia. Femenino, Influencia
de la pl^be.
Etiuólooía, Griego la^s, pueblo, y
kratéo, ser fuerte: Xaó; itpo^w.
Laodamia. Fenienino. MHologUt.
Hija de Acasto y dé Laodotea, muje^
da Í*rotosilao, que murjó abraiandó
la soml)ra del marido, mtferto & ma-
nos de BTéctor. ifOvioio.X j Hijavjdé
Belerofonte y de Aquejñdies; ánuitlA
de Júpiter, de quien, tuto Sarpb-'
don, que, fué despuSs xvy de Lidá.
(VAtnüBNA.l ■' ' V"
Etuiolooía. Latín LaJfaÜk^.
Laodicea. Femenin^. Geografía
ant'gua. Metrópoli de Siria. | Otra, en
Celesiria, junto al monte Líbano, g
Otra, en Lidia, juntlíf^'U 'E^' Liáo.-
(Plinio.) ''-Í^^'u,
Btimolooía. Latín Laodicüt.
Laodícense. Sastantívo' v adjeti--
vo. Natural y propio de Latí^jcea; ^'
Etimología. Latín laodícenk^t'lfGib:}
Laomedonte. Masculino. Tiempos
heroicos.* Rey de Troya, Hijo de lio y
{►adre de Príamo j de Hesiooe. qutr
evantó las murallas de su':ciuaad
anudado por Neptuno y Apoloi' Ha-
biendo negado á estos dioses el sala-
rio prometido, hicieron x^ue un mon»
truo marino asolase sos estados. Pep>
jaro dé nuevo con Hércules, que le
libró del monstruo y salvó á Uesioae,
vió sus estados devastados por el hé-
roe griego y pereció entrs las ruinas
de Troya.
ETntOLoeÍA. Latín LsSmMon.
Laosinacto. Masculino. Ministro
de lá Iglesia griega qne tenía á sa
cargo llamar á los diáconos y convo-
car la corte y el pueblo paxa las sa-
gradas ceremonias.
ETiuOLOaf A. Griego Xioauviicvi](^íao-
synákUt); de jaí9','ypiieblb, 'y 'Tx*kx*vt
fsynigien), convoOarf fninces, 'íaoajf-
nacte.
Lapa. Femenino. La tetilla 6 nat*
que' hacen en la superficie algunos
líquidos. \ Blarisco muy conocido en
todos Ibs mares, que tiene la forma dt-
una caperuza, y del cual hay un sin-
número de especies y dé variedades.
Todos ellos viven asidos' fuertemente
á las peñas de la orilla ó del fOndo
del mar. \ Hierba. Auoa del hortb-
LAÑO.
BtiMOLoaÍÁ. Griég^ff Ut^ (Upi*)*
la ostra que' haoá en la ^édta, ottr^
nata in petra, . r o k»-. ■
Lao-TiA 6 Lko-Tién. -Gtism
. ■ . . . . í t ,
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LAPI
LAPI
LAPL 333
filiSsofb eiíiao que títÍa & mediados
del siglo IV antes de la era cristiana.
Se le considera como patriarca de la
sect» religiosa de los Tao-se, riTal
del budhismo. Vivid en la corte de
Tclieu j- ss retiró en los últimos afios
al desierto. Deba la celebridad & su
Libro Tao-Teeking^ eaja doctrina es
mnj parecida & la de Confucio, j
cuja secta, llamada de los Tao-stt
caenU 100.000.000 de partidarios.
Lapachar. Masculino. Pantano 6
charco g^nde j cenagoso.
Lápade. FemoDino. Lapa., por ma-
risco.
EnuoLOofA. Griego Xeiráfioi; (lepá-
doij, genitÍTO de Xená^ (Upás)y^ lapa.
Laparocele. Femeoino. Cin^ia.
Herma lumbar.
BnuoLoatL. Griego Xam&ptt (lapá-
ra), flanco, y k¿le, tumor: francés,
Imparociie,
XaparDtomia. Femenino. Cirugía.
Incisión del costado en una hernia
lumbar.
BTtii(x.oafA.Z«wro, flanco, j tomdt
sección: francés, taparetomü,
Lapatina. Femenino. Qu(miea,
Principio amargo de la raíz del nmex
obtusifoliiu, deXinneo.
EriuOLOaÍA.. Griego Xáiwidov (lápar~
íAo»), paciencia: fruncés, lapaíhine.
Xápato. Masculino. ^^¿iÍMicd. Nom-
bre científico de la acedera.
EnHOLOqÍA.. Lapatina,
Lapicero. Masculino. Instrumento
en que se pone el lipiz para dibujar ó
escribir.
Lápida. Femenino. Piedra llana en
qpe ordinariamente se pone alguna
inscripción.
Btuiolooía. Griego XSa^ (íom),
piedra, roca, peñasco; latín, l&pht la
piedra, en. Cicerón; piedra preciosa,
en Plinio; italiano, lapida; catalán,
lápida^
jReteña.—^T^o creo que la palabra
lápida deba tomarse en un sentido tan
estrecho como quiere Mondexar, sino
mtts general, igualmente que la latina
lapit, de donde se deriva, de cualquier
genero que sea la inscripción gravada
en ú\tL.> '( Memorias Aiííoricas de latida
de Don Alfonso el I^oble, recocidas por
el MARQUÉS DB Mgindbxab é tinstrodos
con notas y apéndices ^or don Francis-
co Cbrdá RicOy WfHia iA4,)
Lapidación, femenino. Acción y
efecto de lapidar, en cuyo sentido . se
dice: la lapidación de san Esteban.
Btiu(».ooÍA< Zapidar: latín, UpídH-
tfa, la acción de apedrear ó apedrear-
se; pedrea, granizada; italiano, lapi~
datione; francés, lapidaUo».
.Ifapidador, ra. Sustantíyo j ad-
jetivo. Que lapida.
Etiuulooía. Lapidar: latín, lilprída-
tor; italiano, lapidaíore.
Lapidar, Activo anticuado.. Tirar
piedras; matar á pedradas.
JÍTmoLOQÍx. Lapida: latín, lapida-
re, apedrear; forma verbal de lapist la-
^Úú, piedra; italiano, lapidare; fran-
eás, Upider; provenzal, lapidar.
Lapidaria, Femenino. Arte que
tífiü9 por objeto tallar j pulir las pie*
dns precioiaa.
BintOLOOfA. Lapidario: itallaaOf U-
pidaria; francés, iapidaire.
Lapidario, ría. Adjetivo. Lo per-
teneciente á las piedras finas j pre-
ciosas, ó á las inscripciones que se
ponen en las lápidas; j así se dice:
estilo LAPiDAHio. Q Masculino. El que
labra las piedras preciosas ó trata en
ellas.
ETiuoLOofA. Lápida: latín, IdpídS-
rlus; italiano, lapidario; francés, lajñ'
daire; provenzal, tapidari; catalán,
llapidari, llapida¡/re.
Lapídeo, dea. Adjetivo. Loque es
de piedra ó lo perteneciente ¿ ella.
Étimoloqía. Lápida: latín, l&pl-
deus; italiano, lapídeo.
Lapidescente. Adjetivo. Que tie-
ne la consistencia de la piedra, ó que
se convierte en ella.
Etimología. Latín Upídescens, ISr-
pídesceníis, participio de presente de
ISpídetcere, convertirse en piedra: fran-
cés, lapidescent,
Lapídesco, ca. Adjetivo. Pareci-
do & la piedra,
Lamdificación. Femenino.
taú». Petrificación.
Lapidificar. Acti vo anticuado. Con-
vertir en piedra, adquirir su consis-
tencia.
EtiuolcoÍa. Latín posterior lapidi-
ficare; de lapis, piedra, j fXcare, tema
frecuentativo de faciere^ hacer: fran-
cés, Xapidifier.
Lapidificarse. Recíproco, Adqui-
rir la consistencia de la piedra; con-
vertirse en ella.
Lapidifico, ca. A^jeÜTo. Propio
para nacer piedras.
EtiíkoloqÍa. Francés ¡apidijt^; de
lapidijier, lapidificar.
Lapidosidad. Femenino. Cualidad
de lo petroso.
EnHOLoofA. Lapidoso,
Lapidoso, sa. Adietiro. Lapídeo.
Etiuoloqía. Lápida: latín, lilpídd-
sus; italiano, lapidoso; francés, lapi-
deux; cataUn, líapi$s<^t a, pegadizo.
Lapila. Femenino. Hierba. Lbn-
OUA DB PBRBO.
BtiuolooIa. Lapilo.
¿lapUo. Masculino. Arenilla de
Uva;
EriifOLOaÍA. Latín l&pUluSf piedrecir
ta, calina, diminutivo de ía;>ü, piedra.
Li^piloso, sa. Adjetivo. . JSoíánica.
Epíteto de un fruto en cuja pulpa se
encuentran concreciones mujr duras.
BniioLoaf A. Lapilo.
Lapislásuii. Masculino. Piedra
opaca más dura que el mármol, de
color azul, de diferentes matices, con
vetas y puntos blancos, sembrada de
marquesitas de color de latón pareci-
do á veces al de oro. Se encuentra en
pedazos bastante grandes, v adquiere
un lustre maj brillante después de
bruñida.
Btuiología. Vocablo híbrido, del
latín Idpis, piedra, y el árabe lasnerd,
ladjnerd (^;j¡p)^^£kD); del per-
sa lajoweerd italiano,
lapisUunliiStKixzitt la^ista*uU; cata-
lán, £ij»ú/á»»í>.— cPiedra exquisita
y de valor. Es de un color azul perfec-
tfsimo con unas vetas y puntos de oro,
quecentelleancomo una estrella. Dios*-
córides dice que haj muchas especies
de esta piedra, pero no tan noblesj
por ser su color menos perfecto, y no
tener mezcla alguna de oro. Govarru-
bias dice se pudo llamar UnUi del
nombre arábigo t^ue significa aauLi>
(AcADBuiA, ^tccionario de iiiS.)
Lapifonio, nia. Adjetivo. Ooncer-
niente á las lapítas. '
Lápiz. Masculino. Fósil más ó me-
nos negro, poco pesado, blando, g^a-
so al tacto, y del que se hace uso para
dibujar. || db color. Composición ó
asta que se hace con vanos colores
ándole la figura de puntas de lApiz^
y sirve bara pintar al pastel. | bncar--
HADO. Fósil de la misma naturaleza
que el lXpiz comúni que ^iene mez-
clada una. porción de ocre rojo de
hierro que le hace de color encama-
do. Q PLOMO. Fósil de color gris oseii-
ro ó negro pardusco, no muj pesado,
lustroso^ blando, suave y untoso al
taeto, que tizna mucho. Se emplea
para dibujar, usándolo por lo común
encerrado en unas cajas delgadas y
cilindricas de madera. Como nu se
funde al fuego, se emplea igualmente
para hacer crisoles, estufas, y por su
untuosidad para facilitar en las má^
quinas el movimiento.
ETiMOLOofA. Latín ISpis, piedra:
italiano, lapis; catalán, Uáms,
Lapizar. Masculino. La mina ó
cantera de lápiz. | Activo. Dibujar ó
ravar con lápiz.
Laplace (PbdeoSihók, marqués de ).
Ilustre geómetra, que nació en Beau-
montren-Auge (Calvados) el 23 de
Marzo de 1749 y murió d 6 d« Mar-
zo de 1827. Hijo de un pobraenltiva-
dor, á pesar de la estreches en que
vivía, se dedicó con asiduidad al es-
tudio y dirigió á D'Alembert una car-
ta sobre los principios de la mecáni-
ca, trabajo ^ue hizo más que cuantas
recomendaciones había puesto en jue^
go para encontrar un apojro que le
permitiera vivir en París. Llamado
Sor éste, obtuvo en 1768 la cátedra
e profesor de matemáticas de la es- -
cuela militar. La Academia de Cien-
cias le admitió en su seno, en 1773;
reemplazó á Bezont como examinador
del cuerpo de artillería, en I784j y
presidió, en 1796, la diputación que_
ftresentó al Consejo de tos Q,uinientos
a exposición de los trabajas dellns-..
titutoda Francia, desde su creación. -
Después de los trabajos de Clairaut,
de Euler, de D'Alembert y de Lagran-
ge, quedaban todavía no pocas regio-
nes de la ciencia astronómica que ex-
plorar y no pocas dudas que resolver
sobre la debatida cuestión de la .esta-
bilidad del sistema del mundo, no
admitiendo otro principio que el de
la gravitación universal. Laplacb con-
cibió el provecto de coleccionar los
trabajos llevados á cabo y busCar. la
razón de los fenómenos no explicados
dentro del sistema newtoniano, . Tal
es el origen de la inmortal obra que
tituló: TratadQ d€ la wcániM cektitf .
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334
LAPL
llamada por Fourier el Á Imoaato de
t% tifh. Los dos primeros Tofúmenes
aparecieron en 1799; el 3.% en 1802;
«I 4.', en 1805; r las diferentes par-
tas del 5.', en 1823. 1824 j 182^ La
obra estiK dividida «n dos partes: en
la primera, da los métodos j las fór-
mulas para determinar los moTimien-
tos, los eentros de gravedad de los
ciiei|)08 celestes, la figura da estos
caerpds, las oseilaciones de los Adi-
dos que los enTuelven, y sos movi-
mieatos al rededor de sus propios cen-
tros de gravedad; en la segunda, apli-
ca las formulas halladas en la prime-
ra á los planetas, á los cometas j i
los satélites. Traté de probar «que
todas las partieularidadea iaexplica-
daa da la Luna, de Júpiter y d'e Satur-
no son consecuencias de la gravedad
universal; y que la forma del esferoi-
de terres^ puede servir para darse
etunta de algunas irregularidades en
el movimiento de la Luna.» En el es-
tudio de los satélites de Júpiter, en-
centró las leyes que llevan su nom-
bre. Halló también la invaríabilidad
da las distancias medias de los plane-
tas al Sol y díó á las mareas una teó-
rica analítica que permita predecir
su altura. Sa Mecánica celeste es una
obra monumental por la importancia
de las soluciones, el orden, la claridad
y la precisión con que está expuesta;
una gran parte de las materias que
comprende pertenece sólo á su autor,
quien, en otras, snpo apropiarse los
aesea1»imieat0B hechos por la ciencia
antes que él. La Esposieuf» del sitiema
dtlmwnd» (1796, 2 volúmenes en 8.*}
es la enunciación, desembarazada de
fórmulas matemáticas, del estado de
loseeontecimicntoaastronómicos. Este
libro, escrito eon extrema sencillez,
está seguido de una historia abrevia-
da do U astronomía. Laplacb expone
en una nota de él su teoría sobre la
formación de nuestro sistema planetario;
teoría más conforme á las verdades
conocidas y á las observaciones de los
astrónomos acerca de las nebulosas,
3ue la de BufTón. Laplacb reunió,
esenvolvió v aplicó además los prín*
cipioa del cálculo de las probabilida-
des en su Teoría analítica de las pro-
babilidades (1812), 7 allí es donde ex-
pone su importante Teoría de las /un-
dones eeneratrices. Las lecciones dadas
por afilustre geómetn en la Escuela
Xormal, se encuentran en loa cuader-
nos 7.* y 8/ del Diario de la Bscnela
Politécnica. Lapucb se unió á La-
voisier para dar cima á sus investiga-
dones sobre el calórico y á su Teoría del
vapor y de la electricidad, así como á
Coadorcet, en sus trabajos de estáti-
ca. Después del 18 Brumario, fué du-
rante algún tiempo ministro del In-
terior; entró más tarde en el Senado,
del cual fué vicepresidente y canci-
ller, redactando el proyecto de aban-
donar el calendario republicano para
restituir el gregoriano. En 1808 fué
elevado á la dignidad de conde del
Imperio, lo cual no obstó para que
votara la calda de Napoleón, siendo
creadq en 1814, por Luis XVIII, par
LAQU
de Francia, y en 1817, mar.
En 1842, las Cámaras legislativas vo*
taron por cuenta del Estado la reim-
presión de sus obns. Además de las
que ya hemos citado, dejó: Teoría del
movimiento y de la J^nra elípíiea de los
planetas (1785) y Ensavo filosófico de
las probabilidades (1814). Ocurrida la
'muerte del ilustre sabio, Fourier pro-
nunció su el(w¡o.
La|dÍ8Ía. Femenino. Liebre ma-
rina.
Lapo. Masculino familiar. El gol-
pe ó cintarazo que se da con la es-
pada de planoóoon algiin bastón ó
vara.
Lapón, na. Sustantivo y adjetivo.
Natural y propio de la Laponia, re-
gión del Norte de Europa.
ETiMOLoaU. Laponia: latín, le^^fi-
nes; italiano, lapone; francés, ¡apon,
Laponia. Femenino. Óeoffrajía.
(Véase Subcia y NoBUEoa.)
B-nuoLooÍA. Latín Lapponía, terri-
torio extenso, situado hacia el Norte
de Europa, bañado por el mar Glacial:
italiano, ¿aponía; nancés, ZapoiUe.
Lapaabundo, da. AdjetÍTo. Que
está para caerse.
ETUiOLOofa. JMpso.
Lapsi^enia. Adjetivo. Zoología.
Que se cría en las coles.
ETucoLoaÍA. Griego lapsani, berza,
y eenes, engendrado: Xa<{ñvi{ ^rr^t.
Lapaivoro, ra. Adjetivo. Zoológia.
Que se alimenta de coles.
ETiuoLOofA. Latín lapsüna, berza,
y vSrare, comer.
Lapso, sa. Adjetivo anticuado. El
que ha caído en algún delito ó error.
\ Masculino. El curso de algún espa-
cio de tiempo,
EriuoLoafa. Latín bjww, caído,
participio de ¿a¿or, caer; simé-
trico de lapsus, ¡apsiit calda: firaneés,
lapsus.
Lapsus lingusB. Masculino. Ex-
presión puramente latina, que quiere
decir: caída de lengua. Nos valemos
frecuentemente de esta locución para
significar que hemos pronunciado un
vocablo por otro, como si la lengua
se nos hubiera ido.
Laque. Masculino. Lacayo que co-
rre delante, vestido regnlarmente á la
ligera. Algunos le llaman Volante. Es
voz francesa. (Acadbiiu, IHecionario
deiimj
Laquearlo. Masculino. Áníigaeda-
des. Atleta que peleaba en el circo de
Roma, armado de una cnerda con un
lazo corredizo para coger á su con*
trario.
ETiuoLOOfA. Latín laqueSrius, gla-
diador que peleaba con un cordel de
nudo escurridizo; forma de l&queus,
nudo, derivado de lax^ lacis, fraude,
lazo. (San Isidoro.)
Laqueario. ria. Adjetivo. Que tie-
ne forma de artesonado.
Ktiholooía. Lalín laquear, arteso-
nado, en Priseiano: de lícus, trecho
entre viga y viga en el lagunar; IS-
guearía, techo artesonado, en Virgilio
y Plinío; ISqueartns, el que hace los
techos de los edificios, en el Código
teodosiano.
lard
Laqaesis. Femenino. Miíoloak.
Una do las tres parcas, la qne tieae
la rueca en la mano. | Género de rep-
tiles ofídianos venenosos de Aioe-
rica.
EtimolooÍa. Latín ZiekkU: fran-
cés. Lacháis,
Lar. Ibsculino anticuado. Hoqab.
Etiholooíá. Lares: catalán, Msf, el
paraje en donde se hace el áiego: U
puesto tthont se Ja 'l fock.
Lara. Casa ilustre de Castilla eajro
origen se remonta al conde Feraán-
González, que murió en 970 y descen-
día por su padre de Bamiro I, m de
Asturias y Galicia, de 842 á 8w, j
Sor su madre, de los antiguos señorei
e Laba. Fernán tenía por hermano
á Gonzalo Bustos, señor de Salas, j
padre de los siete infantes de Laba.
Según una tradición, Mudarra, oett-
voliijo de Gonzalo Bustos, fué el he-
redero del nombre de LAnAvlotraor
mítió á sus descendientes. Sea de esto
lo que quiera, en 1130 se subdividiÓ
en dos la casa de LasA; la primen,
cuyo tronco fué Manrique de Laba,
tomó el título de vizcondes de Card(h
na; la segunda, de que fué tronco Xu-
fio Pérez de Laba, conservó el títalo
de conde de Laea. Esta rama fimon
se extinguió en la segunda mitad del
siglo XVI. Los sefiores de tan ilustre
casa hicieron un papel importaate ea
las guerras civiles que aesolaron á
Castilla en los reinados de Alfonso X,
Fernando IV y Alfonso XI, á cujm
principes disputaron muchas veces la
corona, y estuvieron casi siempre en
guerra con las casas de Castro y i*
Haro, ^ue sustentaban las mismts
pretensiones. La crónica de Zot Siete
tufantes de Lara es un precioso docu-
mento de la patria literatura.
Lara (Josú). Célebre escultor del
siglo xviii, que vivió en Zamora; don-
de fué maestro de Alejandro Carnice-
ro y de otros artistas distinguidos, J
ejecutó muchas estatuas y retablos
para aquella ciudad y para diferentes
templos de Castilla la Vieja.
Larales. Femenino plural. Fies*"»
que celebraban los antigaos en honor
ae los dioses lares.
ETiMOLoaÍA. Latín lUriUta,
Larario. Masculino. Entre loa g<°'
tiles, el lugar destinado en cada cau
para adorar los lares ó dioses domés-
ticos. Era una especie de capilla en el
interior de las viviendas, en donde los
romanos podían tribatar á sns mip'
res los honores divinos. ¡luaJímm-
BnuoLoaÍA. Lares: latín,
francés, laraire. , .
Larda. Kemenino. SobsUnciifl»-
fórica que se inflama en la sttp«»°'
del mar por el choque.
Etimología. Lardo.
Lardáceo, cea. Adjetivo. P»»»'*''
ó concerniente al lardo. ^ .
EniíOLoaÍA. Lardo: francés, *^
Lardado, da. Adjetivo ant¡cu»do.
L\CBRADO.
Lardar. Activo. Lardsab< ,
Lardayolo. Masculino. Bape»"'
hongo pequeño.
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LtARE
Lardear. Aetivo. Üntar con lardo
ó eras* lo que se eati anndo.
BnuoLOGÍÁ. Lorio: proTonzal, lar-
dmr; portugués, lardear; finneés, lar-
der; italiano, lardare,
I<ardara. Femenino. HsCHBBa.
ETDiOLOOÍa. Lardo,
Lardero. Adjetívo. Véase JoavBS
LABOBBO.
fimiOLoafA. ¿an/o: catalán, lUtrder;
dnom LLABDBRi — «Epíteto que se da
al jami qoe antecede al Dominga de
Oanieatolendas. Pudo Hamarae así por
ser <st» dü en que regularmente
abundan las ooeinas de todo género
de viandas, y se gasta más tocino y
manteca que en los ordinarios.» (Aca-
demia., Diccionario de 1
Lardiforme. Adjetivo. TecnicUmo.
Semejante al lardo, como («fufo lab-
DIPORHB.
Etiicolooía. Zenfo J fwruM: fran-
cés, iardi/orme,
Lardita.F«m6niiio. íiintralogia.
Silicato de alúmina.
BiiJiOLOofA. Lardo, por aemejanza
da aspecto: francés, lardite.
LudÍToro, ra. Adjetivo. Zoología.
PaaisROB LAimÍTOBOs. Parásitos que
comen Urdo.
Stxi«)looU. Lardo j el latín vMt-
re, eomer: franoéi, Im-ditore.
Lardo. Haseutiao. Lo gtrrdo del
tocino. I La grasa 6 unto de los ani-
males.
EnuoLoaÍA. Griego Xapiv¿c (lari~
mdkj, gordo: latín antiguo, lirídum
(por uhinumh carne de puerco; latín
clásico, lardimy hoja de tocino, lo
graso de él, en Ovidio; italiano, lar-
do; francés, Urd; provenzal, lar^ tari;
catalán, liarí.
IjardÓn. Masculino anticuado. En-
trt impresores, la adición que se ha-
cía al margen en el. original ó prue-
bas. I Entre impresores, el pedacito
de papel que por descuido suele que-
dar aa la nasqueta, el cual al tiempo
de tirar el pliego se interpone sobre
la fonaa» j as causa de que no quede
señalada alguna parte.
BTiii(H.oafA. Francés lardo», dimi-
natiro de load, lardo: catalán, llardo,
Lardosico, ca, Uo, lia, to, ta.
Adjetivo diminutivo de lardoso j la>
dosa.
Lardoso, aa. Adjetivo. Giasiento,
príogoso.
BTUiQLoaiA. Lardo: italiano, lardo-
so; ciulán, llardos, s.
Lare. Masculino. Omiteiogia, Nom-
bra moderno del género gaviota ó
quincho, familia de las palmípedas,
eo que se distingue el lars cjfomtrrhitb-
eo, ^ne es el grau qnineho (mowttsj,
eeaieiento {eeadréej, de Bunén.
Etdcolo^. Francés lare.
Larentales. Femenino plural.
tena mliffua. Fiesta de Á cea Labbn-
TXA, nodriza de Rómulo j Remo; 6
aeffán otra, tradición, rica cortesana,
en cnjo honor el rejr Ancus astable-
ei^S un. sacrificio anual, porque había
tnstitaído al paeblo romano por he-
redera sfijo. La. fiesta estaba asimis-
mo eonsíumda á Júpiter; eaia el día
déoimo dé las lulendaa de Enero
LARE
(23 de Diciembre) j consistía en
ciertas libaciones de vino y da le-
che, ofrecidas en un altar situado en
Roma, en el Vela&re superior,
ETWOLOofA. Latín larenUlía, fiestas
de Acca Zareníia.
Lares. Masculino plural. Los dio-
ses que fingieron los antiguos ser de
las casas u hogares. | Metáfora. La
casa propia.
ETiMOLoafA. Latín lar, IHris, j IH-
res, l&rum, dios del hogar doméstico,
en Cicerón; genio que protege v con-
serva, en Virgilio; la ciudad y la
casa, en Horacio; lo interior día la
casa, en Ovidio; la familia, en Mar-
cial; la patria, en Salustio; refugio,
en Séneca, pavent, inceríi laris: tem-
blando, sin asilo seguro; francés,
lares; catalán, llar, ho^ar; llars, lares.
Esta voz etrusca, avecindada en la an-
tigua Roma, llegó á ser una de las
grandes palabras de la latinidad.
Lares y penates. Mitología. Dio-
ses domésticos de los antiguos roma-
nos, protectores de La casa y de la fa-
milia. Eran las divinidades del Olim-
po, que cada cual escogía á su gusto,
y délas que ponían en las casas pe-
3 aellas estatuas ó imágenes de piedra,
e madera Ó de ]^ata, honrándolas ^
venerándolas los ricos en un oratorio
especial, llamado laraño; las gentes
de más humilde condición, en uu ar-
mario colocado bajo los pórticos del
atrio, ó bien en la cocina; y los más
pobres, en el hogar doméstico. Se po-
nía junto á los LARES la fígura de
un perro, símbolo de la vigilancia. La
devoción á estos dioses no estaba exen-
ta de interés, sino más bien en rela-
ción con los servicios que prestaban
ó favores que concedían: por esto, si el
presunto protegido no los hallaba pro-
picios á sus suplicas, imuriaba á sus
tutdaras, los cambiaba o los ponía en
venta. Los labss se transmitían d«ge>
neración en generacióit, por lo que se
les llamaba también dioses paUrnates.
Había asimismo larbs jyíbticos: unos,
urbanos, expuestos en nichos ú horna-
cinas en las calles de las ciudades;
otros, males, colocados en las encruci-
jadas de las grandes vias, y conside-
rados como términos. La ciudad de
Roma tenia también sus larbs, cus-
todiados en un pequeño templo cons-
truido en lo más alto de la via Sacra;
se cree que eran Júpiter y Juno, ó
Cástor y Pólux; pero no habiendo
acerca de este punto ninguna certeza,
el nombre de los lares de la ciudad
fué un misterio, á fin de que los ene-
migos de Roma no los pudieran evo-
car. El templo era sumamente oscuro,
para que nadie pudiese reconocer á
estas divinidades. Existía además otro
templo consagrado á los ia.rbs mari-
nos, en el campo de Marte, á orillas
del Tiber. El culto á los lares era
libre: unoslos adoraban todos los días;
otros, solamente en las kalendas, los
idus y las nonas; y otros, únicamente
en los novilunios. Se les ofrecía liba-
ciones de vinos, parte de las primi-
cias de los festines, coronas de flores,,
frutas, incienso^ ó solamente un poco
LARG 335
♦
de harina y sal. Los um» públicos
podían ser adorados y honrados por
todo el mundo y en todo tiempo; paro
tenían fiestas públicas anualOiente,
llamadas compítales. Los pbnatbs eran
los dioses domésticos de los griegos,
y su nombre significaba grau dios.
Cuando Eneas, nígitivo de Troya, fué
á Italia, llevó sus pbnatbs y los depo-
si tó en Lavinium. Los italianos adop-
taron este nombre de pkvxtbs, que,
traducido á la lengua del país, se con-
virtió en el de lares, a«»ido del atrua-
co lars, que significa señor. Los roma-
nos decían indiferentemente pbnatss
Ó lares; pero mejor pbnatbs del pue-
blo romano, caando se trataba dé tos
LABES de Roma.
Larga. Femenino. Entre zapateros
se llama así un pedazo de suela ó de
sombrero que ponen en h. parte pos-
terior de la horma para que salga
más largo el zapato, y En el juego de
billar, el más largo de los tacos, || Plu*
ral. Dilaciones, be usa más comun-
mente con el verbo(/ar. || Dab laboas.
Frase familiar. Valerse de cual ^uier
medio para dilatar el fin 6 resolución
de un negocio*
BTiuoLoafa. Laño.
Lasamente. Adverbio de modo.
Con eitensi :n,cumplidamente. Q Me-
táfora. Con anchura, sin estrechez; y
así se dice: Fulano tiene con qué pa-
sarlo LABQAHBNTB, |j Metáfozs. Fran-
camente, con libertad; y así se dice:
el generoso da laboauents. | Adver-
bio de tiempo. Por mudio ó largo
tiempo.
ETUioLoafA. Larga y el sufijo ad-
verbial mente: catalán, lUa^smtiU;
proveuzal, lárgame»; finuieés, ¡arte"
meuí; italiano, largamente; latín, utr-
gíter.
Largar. Activo. Soltar,dejar libre.
j[ Aflojar, ir soltando poco á poco. Bn
este sentido es muy usado en U ma-
rina. \ Marina. Despkgar, soltar al>-
ffuna cosa; como la bandera 6 las ve-
as. II Recíproco. Marina. Hacerse la
nave á la mar ó apartarse de tierra ó
de otea embarcación. Q Familiar. Irse
ó ausentarse con presteza ó disimulo
una persona.
ETiifOLOOÍA. Largo: latín, Urgiri;
italiano, largare; francés, larguer.
Largaria. Femenino anticuado.
LaBOO ó LONOITUD.
Etiuolooía. Largo: catalán, llarga-
río.
Largidón. Femenino. Donativo,
repartimiento de dinero.
EriMOLoaÍA. Latín largitid, dbn, dá-
diva.
Larncional. Masculino. Antigüe- •
dades. Título dado en el bajo imperio
al pr-ífecto del tesoro privado.
BTiifOLOofA. Latín largltionalit, lo
perteneciente á los donativos dados al
pueblo, en el Código teodosiano, for-
ma adjetiva de largtri, dar liberal-
mente, de largus, largo.
Largo (EscBiBONioj. Médico famo*
so, que floreció en el reinado de Tibe*
rio y Claudio. De él tenemos un libro
De cotnpositions medicameníorum y al-
gunos fragmentos del tratado Detimr
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336 £ARG .
pUeibus. El «tí!o de «stai obr» es
sumamente rudo j tosco. (Db Mxqusl
y MOBANTB.) .
Etiuolooía. Latín Laraus.
Lar§[ó, ga. Adjetivo. Lo qae tiene
dimensión contrapuesta & lo ancho. Q
Lo que tiene más extensión compara-
do con otro objeto más corto. J Metá-
fora. Liberal, dadivoso. tl Copioso,
abandante, excesiro. | Metáfora. Di-
latado, extenso, continuado. || Metá-
fora. Prontq, expedito, el que hace
en abundancia lo que significa el ver-
bo 6 Torbál con que se junta; y así se
dice: este oficial es largo en trabajar.
I Lo qtta excede la longitud que debe
tener; 7 así decimos que está larqo
el vestido. I Marina. Sublto; t así se
dice: está l&boo ese cabo. | Marina.
Se aplica al viento ó brisa que sopla
desde la dirección perpendicular al
rumbo que lleva la nave hasta la
popa, j es más 6 menos labqo según
se aproxima 6 aleja más á ser en
popa. Se usa también como sustanti-
vo» T en este sentido se dice que un
navio ha navegado i un la,roo en
toda su derrota. | Masculino. Lomoi-
TDD. I M6siea. Unos d« loa cinco mo-
vimientos fundamentales de la músi-
ca que equivale i despacio ó lento:
umbién se da este nombre i la com-
posición; T asf se dice que tocan un
LARGO. Q Adverbio de modo. Sin es-
casez, con abundancia. | t tendido.
Expresión familiar. Con profusión. I
A LA CORTA ó X LA LARGA. Expresión
&miliar. Tardb ó tbhpbano. Q A la.
LARGA. Modo adverbial. Según el lar-
go de una cosa; j así se dice: baj un
palo atravesado I la laboa. | Des-
'pués de pasar mucho tiempo. | Len-
tamente, poco á poco. I Difusamente,
con extensión. ¡I A labqo andar. Ex-
presión. Con el tiempo, andando el
tiempo; 7 así se dice: í. largo andar
todo se destroce. | Modo adverbial.
Al cabo, pasado mucho tiempo. Q A
LO LARGO. Modo adverbial. Según la
longitud de alguna cosa. | Modo ad-
verbial. A lo lejos, b mucha distan-
cia. ¡ Con extensión, difusamente. Q
Dar cinco db largo. Frase. En el
juego de bolos es pasar de la raja
hasta donde puede Ueg:ar la bola. j¡
DB largo. Modo adverbial. Con hábi-
tos 6 vestiduras talares. H Db labooX
LAROO. Modo adverbial. De punta á
punta 6 de extremo á extremo. [| Ib
LARGO. Frase familiar con que se de-
nota que alguna cosa tardará en veri-
ficarse. II Pasar db largo. Frase. Pa-
kñt por alguna parte sin detenerse ó
sin poner atención en cosa alguna de-
terminada. H Labqo, 6 largo db aquí
6 DR AHÍ. Expresión con que se man-
da á una ó más personas que se Ta-
jan pronto.
' EtiuologÍa. Latín largus: catalán,
Uarch, ga; provenzal, lare, larg; fran-
cés, largcj ancho; walón, lauge; ita-
liano, largo.
Sentido etimológico. — El latín largm
parece estar en relación con el gríe-
So XotOpo; (lauros), abundante. (Db
[lauBL 7 Morante.)
' Sinonimia, ¿aiyo, di/uto. Largo re-
LARI
cae sobra la duración; diftuo, sobre el
modo.
Es largo el sermón que dura mu-
cho; es difato cuando el predicador
trata con demasiada prolijidad la ma-
teria, el punto ó puntos de que se
compone.
El opuesto de largo es corto; el de
di/uso es lacónico. (Hubrta.)
t<ar^omira. Masculino. Anteojo de
larga vista.— <Lo miiimo que anteojo
de larga vista.» (Acádbuul, DiceioM-
rio de i7$6,)
Largón, na. Adjetivo aumentativo
de largo.
&TlM<M.oafA. Zargo: catalán, ¡argdtt
laraassa.
Largor. Masculino. Longitud.
EtuíolioqÍa, Jxayo: firancés, 2ar-
geur.
Largueado, da. Adjetivo. Listado
6 adornado con listas.
Etimología. Largo, aludiendo á
que las listas atraviesan lo largo de
la tela.
Larguero. Masculino. Cada uno
de los palos ó barrotes que ponen ¿
lo largo de alguna obra de carpinte-
ría, ja sea unidos con los demás de
la pieza, 6 ja separados; como los
LARGUBBOS 00 Iss ventauBS, etc. | Ca-
bezal tbatbsbbo, por almohada» etc.
Largnez. Femenino anticuado.
Largo, longitud, extensión de algu-
na cosa.
Largueza. Femenino. Largo 6 lon-
gitud de alguna cosa. U Libbrau-
DAD.
EtiuologÍa. Largo; latín, largítas;
italiano, larghezsa, forma sustantiva
abstracta de largheggiare j de largire;
francés, largetse; provenzal, largueza,
larguesa; catalán, llargueta, larguesa;
moderno, largitai, Uargüeta*
Largoico, ca, lio, lia, to, ta. Ad-
jetivo £minutívo de largo j larga.
Etiuologíí. Largo: catalán, llar-
guett a.
Largttiflno, ñ^A. Adjetivo. Qne
fluve abundantemente.
LargnUocno, coa. Adjetivo. Muj
locuaz.
Larguirucho, cha. Adjetivo fa-
miliar. Se aplica á las personas j co-
sas que son desproporcionadamente
largas respecto del ancho ó grueso de
las mismas.
Etiuología. Largot r de enlace j el
sufijo despectivo uckox largui-r^tteko;
catalán, Itargarut, da.
Larguísimamente. Adverbio de
modo superlativo de largamí^nte.
Etimología. Larguísima y el sufijo
adverbial mente: latín, lar^issíme.
LarKuisimo, ma. Adjetivo super-
lativo de larg^.
Etimología. Largo: latín, largitst-
mus; catalán, llarguíssim, a.
Larguito, ta. Adjetivo diminutivo
de largo.
Largura. Femenino. Longitud ó
largo de alguna cosa.
Lárice. Masculino. Botánica. Ár-
bol. Pino alercb.
Etimología. Griego Xipt| (Uria>):
latín, lárice, ablativo de IdriiHj ícit;
italiano, lárice; francés, íarix.
LARI
Laricina. Femenino. QsÍmím.
Substancia hallada en el lárice.
Etimología. Lárice: ^ncés, Ufi~
cine.
Laricino, na. Adjetivo, BoUitia.
Lo que pertenece al lárice.
Etimología. Lárice: italiana, lari-
cino.
Larideo, dea. Adjetivo. Or%Ít«líh
gia. Parecido al laro.
Larif^e. Adjetivo. Se apUcaádu-
ta especie de uva de color moj tojo. ,
Larigino, na. Adjetivo. Bstáim. \
De la naturaleza del lárix. I
Larín. Masculino. Moneda de pli- i
ta usada en las posesiones portugue- j
sas de las Indias. i
Laringe. Femenino. ^MíMíft. Eft-
Secie de conducto ternilloso «a fonu I
e caja, situado debajo de la p&rte '
Sosterior de la lengua. Es el órgano
e la voz j sirve para dar puo al
aire que respiramos, por medio de ana
abertura en su parte superior cozrei-
{ tendiente á las ñiuces, j deotraeo
B inferior, por la cual se eomuaiea
con la tráquea.
BTiuoLoofA. Grie^ Xápo^C (l^Sf)'
latín, largnxi trances, urgnx; itslia-
no, laringe,
Reseha, La larihgb, 6 nudo de la
garganta, no es otra cosa que la ex-
tremidad de la tráquea-arteria, lla-
mada vulgarmente la nuez de Adán-
(Parro, IV, 15.)
Laríngeo, gea. Adjetivo. isiA)-
mía. Concerniente á lalariogÍB. | li-
so larínobo. Instrumento iaventado
fiara insuflar el aire en el pulmón de
as personas asfixiadas.
Etimología. Laringe: francés, U-
rivgé, larin^ien.
Laringitis. Femenino. Meivxu.
Inflamación de la laringe.
Etimología. Grie^
ge, j el sufijo téenioo tíu, inflama-
ción: francés, laryngiUt italiuo téc-
nico, laringiii,
Laringograña. Femenino. D«-
cripción ai! Ta laringe.
Etimología. Griego lárvgxtY'^Y'
ge, j grapkétn, describir: francé», »-
ryiMographie.
LaringográflcQ, ca. AdjetiTO.
Concerniente á la laringografia.
Larinffágrftfo, fo. MaiMuIinoT fe-
menino. El que sábela laríugognna-
Laringología. Femenino. Tratado
sobre la hriiige.
Etimología. Griego tóiyyx, Uri"-
ge, j lúgos, tratado: francés, kr¡^^
Ugie,
Laringoldgico, «u Adjetivo. Con-
cerniente á la larin^logía.
Laringorragia. Femenino. Jw"*
ciH<t- Hemorragia de la laringe.
Etimología. Griego lárggs J f''3' ■
raíz de errhagne, aoristo primero oe ,
rhMnumi, brotar eruptivamente.
Laringorrágico, cav Adjetow-
Concerniente ála laringorragia.
Laringoscopia. Fenieniao.*»''
ciña. Examen del interior de la Uní-
ge con ajuda del laringóscopo*
Etimología. Laringéscopo: íituce*,
larungoscopie,
Laringóscopo. Masculino. Imf"'
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LARR
mMto queairve pan axaminar «lin-
teríor de la laringe.
Btuioloqía, Griego laryyafj tkopéd,
JO exAmino: francés, latynaotcope.
Laríngóstomo» ma. AdjetWo. Bn-
íowiúlogia. Calificación de los insectos
que tienen la boca formada por una
trompa contráctil, constituida por el
ñtffago.
BmcoLoaU. Griego larjfg» j st^,
boca: francés, Urjfi^íome*
Iiarín^tonU. Femanino. Cim-
yfo. Incisión de la laringe.
Btiuología. Griego laiy^x y tomi,
sección: francés, lari/ngotomie,
Larinoide. Adjetiro. Didáctica,
Semejante al lardo.
Etimología.. Griego Urin^, graso:
francés, larinoide.
Larísa. Femenino. Geografía anti-
gua. Ciudad de Tesalia, patria de
Aquilas.
EtiuolooÍa.. Latín LSfUta, (Tito
Livio.^
Linx. Hasculino. Lábicb.
Larneses. Hasculino plural. Qeo-
Mt/ia antigua. Pueblos que habitan
las ríberat del Lamo. (PunioO
BTiiiK.oafA.. Lanío: latín, iaménses.
Itarne. Masculino. Río de España.
(Plinio.)
. BniiOLOoff . Latín Zamum,
Laro. Masculino. Gaviota.
Btuolcoía. Latín de san Jeróni-
mo £Knu, el larb, pájaro negro de tie-
rra^ agua: francés, lare; francés zoo-
lógico, tare ¡yauorrhyn^ue; del griego
Xáfnx (iáre$),—*k.y^ de tierra j agua.
Es da color negro, algo más peque-
ña quala paloma, muj tragona y ra-
pas. Vocea macho cuando está de par-
ta, j no pone-hueTos, sino pollos ves-
tidoi do ploma. Tiene mu^ poca car-
ne, jr es muj contraria al cuervo
marino. Hnélgase j deléitase con la
tempestad del mar, jr para sacar la
carne de los caracoles marinas se sube
con dios mnjr alta, y los deja caer en
tienta donde ae hacen pedazos.» (Aca-
DBMia., Dieaonario de Í736.J
IfATona. Femenino, ffeogra/ía» Río
deToseana. (Catón.)
EnuoLoaÍA. Latín L&roú.
Larraga (Apolimab). Pintor espa-
ñol, natural de Valencia, que nació
en 1728. Aprendió su arte estudiando
las obraa de Pedro de Orrente, á quien
imitó en la pintura de genero j en la
de animales, dejando muchas obras
en los conventos de Valencia.
.LaiTaga (JosBí'A María). Pintora
española, hija del anterior, y que ri-
TÍa por los años de 1768. Fué discí-
pula de an padre j ae distinguió es-
pecialmente en la miniatura. Fandó
a sus expensas j dirigió durante mu-
chos años una academia de que salie-
ron notables discípulos, j dejó en Va-
lencia algunos cuadros, entre los que
ae citan un relicario de la Virgen j
na tanto Tomás de Villanueoa,
Larramendi (Manubl). Ilustre
filólogo j jesuíta español, que nació á
fines del siglo xtu j murió en 1750.
Fué profesor de teologal en la nni-
TSEsiqul de Salamanca, confesor de la
nina Mariana de Neuburg, viada de
LARV
Carlos II, j el primero que dió á co-
nocer gramaticalmente la lengua vas-
congada. Las obras que, acerca de
este importante estudio, escribió, son:
Antigüedad y universalidad del ratenen-
ce en España; SI Imposible vencido, arte
de la Ungua vascongada, y Diccionario
íriUnaüe del easteMno, vascuence y la-
tín. Fué una de las grandes inteligen-
cias del siglo zviii.
Larrañaga (Disao). Ingeniero de
minas español, que nació a mediados
del siglo xviii y murió en 1815. Ad-
quirió sus vastos conocimientos en
Sajonia y Hungría, siendo en España
uno de los hombres más distinguidos
en su ramo, á cujra ciencia ae deben
el método y buen orden de las labores
en las minas de Almadén.
1. Larva. Femenino. Mitología,
Nombre que entre los paganos se da-
ba á las almas de los malos y i las
de los que morían de muerto violenta,
6 que no recibían los honores de la
sepultura.
EtiuolooÍa. Latín Urta, &nta8-
mas, visiones, demonios, como vemos
en Tertuliano, por cuja razón algu-
nos autores refieren la voz del ar-
ticulo á ISrOt lUrSnda, la diosa de
los muertos: italiano, tana; f^cés,
larve.
Sentido etimoUgico. — 1. El latín lar-
va se empleaba también en el sentido
de ruin, infame, diablo, como en el
ejemplo siguiente: ¿eÚam loqu?re, lab-
va? «¿Aun osas hablar, malvadoVa
(Plauto.)
2. El mismo Plauto le da el sig-
nificado de espíritu maligno, como
cuando dice: labvaruii pUnus, fileno
de los demonios;» esto es, poseído.
3. Larva. Femenino. SntomoUgia.
Nombre que se da á los insectos cuan-
do acaban de salir del huevo, y no
han adquirido todavía todos sus miem-
bros. Én este estado son blandos, lar-
gos V estrechos, en algo semejantes á
una lombriz, de la que ae diferencian
en estar compuestos de varios como
anillos. Unas especies tienen piés, t
otras, uo, V todas carecen de sexo. |
Zoología. Se aplica también á los rep-
tiles batracianos en el estado casi em-
brionario. \ Mbdia-larva. Larra de
los ortópteros que no tiene la aparien-
cia vermiforme, como la de los otros
insectos. || Máscara ó disf'raz.
ETDiOLoafA. Latín ¿sraa, máscara,
Sorque el insecto, en su primer perío-
0 ae formación, aparece como en-
nuscarado bajo b forma de gusano:
francés, hrve; catalán, larva.
Reseña,— 'ha oruga es la labva de
la mariposa.
3. Larva. Femenino. Literatura
latina. La máscara del teatro. (Koba-
cio.) y Figurilla que se mueve con al-
guna máquina oculta; autómata. (Pb-
tronío. )
Etimología. Latín larva.
Larvado, da. Firbbb larvada*
Larval. Adjetivo. Lo que pertene-
ce á la larva. ¡
Larvario. Masculino. Nomhredado
á pequeños cuerpos cilindricos, poro-
sos, agujereados en su ceatro, que se ]
LASC 337
hallan en las capas da algunas con-
chas.
ETiuoLoaÍA. Zcrtw: francés, ¡ar^
vaire.
Larvas. Masculino plaral. Mitolo-
gía. Deidades domésticas que aterrap
ban con fantásticas visiones.
BiiuoLoaÍA. Larva 1.
Larvicolo. Adjetivo. ZooImU. Que
vive dentro del cuerpo de las lar-
vas.
ETUfOLoaÍA. Latín larta t eofórtf,
vivir: francés, Unible; j así ae dice:
pardtito LARvfcoLO.
Larvifomte. Adjetivo, ffistoña
natural. Que tiene forma de larva.
Larvipero. Adjetivo. Zoología,
Nacido de una larva.
ErncoLoaÍA. Larva y parhe, dar á
luz: francés, laroipare.
La Sala (Manuel). Poeta é histo-
riador español, que nació en Valencia
en 1729 o 1738, v murió: según unos,
en Bolonia, en 1798, y según otros,
en Valencia, en 1802. Entró en la or-
den de los jesuítas y enseñó en Valen-
cia las lenguas anticuas, la retórica,
la poesía y la historia. Expulsado de
España con todos los de su orden,
pasó i Italia y fijó su residencia en
Bolonia, donde vivió cultivando' las
letras, en relación con los hombres
más instruidos de Italia, y fué admi-
tido en las academias de los Fuertes^
de los Árcades, de loa Aborígenes y de
los/ff«xcruía¿¿».Sa8principale8obra8
son: jSnsayo sobre la historia general
antigua y moderna; Noticia sobre los
poetas castellanos; y las tragedias Josá
descubierta por sus hermanos; Saueho
Abarca; El sacri^cio de Je/Ú; Orme^
sinda y Luisa Miranda, ^
Lasapiiento. Mascnlinoanticuado.
Lasitud.
Lasaña. Femenino. Fruta ds sar-
tén, ORBTADK ABAD.
EtiuolooÍa. Italiano lasagna.
Lasar. Neutro anticua(^. Padk-
CBR.
EtiuolooÍa. Laso: latín, lassare,
cansar, fatigar; italiano, lassare; fran-
cés, lasser; provenzal, lasar.
Lasarse. Recíproco anticuado. Fa-
tigarse, cansarse.
Etiuoloqía. Lasar.
Lasca. Femenino anticuado. Lan-
cha, chapa ú hoja de piedra.
Lascada. Femenino. Lascadura.
Las cadenas de san Pedro. Fes-
tividad de san Pedro Ad vincula^
Btiholooía. Bajo latin fetíum
iSancti Petri: catalán, Uigami at San
Pera,
Lascadnra. Femenino. Acción
y efecto de lascar.
Lascar. Activo. Marina, Aflojar ó
arriar muy poco á j)oco algún cabo.
EtiuolooÍa. Latín laxare, aflojar:
catalán, lascar.
Las Casas (Bartolouí de). Céle-
bre prelado y dominico español, que
nació en Sevilla en 1474 y murió en
Madrid en 1566. Siguió, a la edad de
19 años, á su padre, que acompañó á
Cristóbal Colón en su segundo viaje
á América, volviendo después á Es-
paña, donde entró en la orden de
TOMO IH <s
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338
LASC
Santo Dominm. De vuelta i la Espa-
ñola, en I6mt i^n trabajar en la
converaMn de loa indígenas, fué orde-
nado j cantó miaa en Cnba. Mirando
como una injusticia la reduccidn de
los indios i fa esclavitud, renunció á
la porción de indígenas <]^ue le había
tocado en snerte al hacer el reparto
«ktre los eenc^uistadores, declarando
qoa lloraría toda su vida la falta de
ejercer un solo momento aata domina-
ción impía sobre sus hermanos. Des-
de entonces fué el protector declara-
do de loi indios 7 tuvo en más de una
ocasión la fortuna da detener los ex-
oesos de sus compatriotas, k fin de
Soner término & las fechorías á i^ue
aba lugar el nparíÍmie»to de los in-
dios, regresó i Espafia, donde logró
determinar al canienal Cisneros á
enviar i la Española una comisión,
compuesta de tres frailes Jerónimos,
para la oportuna pesquisa sobre los
hechos jr abusos denunciados. La pe-
reea con que esta comisión proceaió,
no satisfizo en modo alguno el celo de
Lab Casas, que volvió de nuevo á
España & solicitar la adopción de las
mas enérgicas medidas para la pro-
tección de los indígenas. El Gobierno
adoptó, por fin, las ideas que había
eoneebido para prevenir el «xtermi-
nio completo de esta raza, condena-
da i los más rudos trabajos. Pero la
imposibilidad de lograr progreso al-
guno en las colonias, si los españoles
se veían privados de forzar i los in-
dígenas al trabajo, era nn Óbice in-
superable para la ejecución del plan
de Las Casas. A. fio de vencer este
obstáculo, propuso comprar en los es-
tablecimientos portugueses de la cos-
ta de Aftica un número suficiente de
negros j transportarlos & América,
donde se emplearían, como esclavos,
en el trabajo de explotación de las
minas y en el cultivo del suelo. El
venerable padre Gregoire ha tratado
ds rebatir este hecho en una momo-
ría titulada: Apolo^ia ¿0 Las Casa?.
En ella pretende que los españoles
compraban esclavos negros á Portu-
fal mucho tiempo antes del descu-
rimiento del mievo Mundo, 7 que
los llevaron consigo desde el princi-
fiio de su establecimiento en Santo
)omíngo. Pero una memoria de Las
Casas dirigida al virrepr de lai Indias
é inserta en la colección manuscrita
do Muñoz, prueba que, el jprimero,
obtuvo una orden real autorizando el
transporte de negros á América, aujo
transpon no había tenido lugar hasta
allí sino como comercia da contra-
bando. Viendo que, á pesar da todos
sus esfúarzos, los indios continuaban
siendo tratados con la mis cruel bar-
barie, j desesperando de ver dulcifi-
cada Stt suerte en los establecimien-
tos formados por los españoles, Las
Casas solicitó del Gobierno la conce*
sión del territorio que se extiende á
lo largo de la costa, desde el golfo de
Paria hasta la frontera occidental de
esta provincia, hov conocida bajo el
nombre de Santa Marta. Propuso for-
mar allí una colonia compuesta de
LASC
cultivadores, artesanos j eclesiísti-
cos, esperando civilizar en el espacio
de dos años 10.000 indios S ins-
truirlos en las artes útiles, para poder
sacar de su arte j de su industria
15.000 ducados de renta para la co-
rona de Castilla. El Gobierno español
aprobó este plan, aunque restringien-
do el territorio conceudo i Las Ca-
sas i 300 millas á lo largo da la cos-
ta de Cumanát con curo motivo se
hizo i la vela para America en 1520.
Sin embargo, su empresa ^casó, y
la pena que esto le produjo, le obligó
¿ refugiarse en un convento de domi-
nicos de Santo Domingo, donde se
consagró á la obra de las misiones t
dió comienzo i su ffittoria general de
las India*. En 1539, Las CÍasab hizo
un nuevo viaje & España, encargado
de una misión de su orden j tamoién
con objeto de obtener de nuevo ayuda
j apo^o para los desgraciados Indios,
obteniendo de Carlos V la promesa
de que, en adelante, los habitantes de
America serían tratados como súbdi-
tos y no como esclavos. En 1544 se
embarcó por quinta vez con rumbo k
América, donde, habiéndose negado i
dar la comunión á los españoles que,
después de la publicación de las nue-
vas leyes, seguían teniendo reduéidos
& la esclavitud á sos colonos indíge-
nas, se atrajo, no sólo el odio de los
propietarios, sino también el de la
Iglesia. Abandonado de todos, volvió
tres años después á un convento de
su orden en España, reapareciendo an
la liza para defender los derechos de
la humanidad contra ol cronista Juan
Ginés Se^úlveda. Desde aquella épo-
ca empleo sus últimos días en termi-
nar su ffittoria general de las India»,
así como otras obras, entre las cuales
debemos citar: BrevUima relación de la
deetruccitfn de las Indias (Sevilla, 1552^.
Las Gasas (Ceistóbal de). Lexi-
cógrafo T traductor espafiol, natural
de Sevilla, qna murió en 1576. Es
antor de una obra títulada: VoeaiuUh
rio de las das lenguas italiana ¡f española.
Las Gasas (Gonzalo ob). Agró-
nomo español, que vivía en Méjico en
el siglo XVI. Compuso varias obras, de
las cuales la mas conocida es una
que se titula: Tratado sobre la cría de
giuanos de seda en Nueva Granada.
Las Gasas (Josá María Manubl
AuausTO DiBUDONNá, conde de). Per-
sonaje célebre por haber acompañado
voluntariamente ¿ Napoleón durante
su cautividad en Santa Elena. Origi-
nario, & lo que se cree, de una fami-
lia española, nació an 1766 én el cas-
tillo de Las Casas, cerca de Revel
(Alto Garona) y murió en 1842. In-
gresó primero en la escuela militar;
después, en la de marina, y ya era
capitán de navio á los 23 años, cuan-
do emigró, hizo en el ejército de Con-
dé la campaña de 1792, tomó parte
en la expedición de Quiberón y entró
en Francia después del 18 Brumario.
Entonces fué cuando compuso el A tías
hisíSrico, cronológico y geogríifico, pu-
blicado bajo el seudónimo de Le Sage,
en lH04f y que es una colección de
LASC
cuadros ¿9 historia, jprOpiM parfc M-
tenerse en la memona, qua obtuvlt-
ron nu ruidosoy merecido éxito. Kom<
brado, en 1810, chambelán de Napo-
león, fué entfargado de diversas mi-
siones, permaneció en Inglaterra,
mientras el emperador astaM en la
isla de Elba, 7 fué eseogido, ac«ptan-
do una eferta suya, por NapaleÓD
cuando ¿ste fué cautivo i Santa Bleas.
En el mes de Noviembre de 1816, té
le sa^ró del ilustre prisionero y se le
tuvo trece mesas eautívo en el Cabo.
Cuando Tolvió i Francia, Nhj^laóa
había ddado da eiistir. Bfttoncas ita*
blieó al Menírial de 8a»U Skwa (Pa-
rís, 1823), obra que ha sido impresa
despnéa multitud de veces y que es
en ^ran parte un diario da las conver-
saciones de Napoleón en todas las
épocas de su historia. En 1830, Las
(Tasas fué enviado & la Cámara de los
diputados por el distrito de Baiat-
Denis (Sena) y tomó asiento an loi
escaños de la oposición.
Las Casas (Manubl Pons Diso-
dohnC, conde de). Hilo del anterior,
qne nació an Yieüx-Ch&tel (Fineití-
rre), en 1800, y murió en 1854. Fué
en Baata Blana laeratario de Napo-
león, y i su vuelta i Europa, maltrató
de obra y da palabra i Hndson-Lowe,
que se negó a batirse con 41, Dipiitado
en 1830, acompañó en 1840 al ^tfa-
eípe de Joinville, encargado de coB-
ducir i Francia loS restos del enlpé-
rador, cuyo viaje describió ex ait*
obra publicada en 1841. Bn 1802 flté
nombrado senador.
Lascivamente. Advarbio d« tto-
do. Con lascivia.
Etiuolooía. lasciva y el sufijo ad-
verbial mente: cataUn, iascMiUMent;
francés, laseivemení; italiano, latdH-
nente; latín, lasóivi.
LasciTÍa. Femenino. Propensión i
los deleites camales. I Ántienftdo.
Apetito inmoderado de alguna cosa.
ETiMOLOofA. Lascima: latín, kt1^•
viH; italiano, lascivia; flrancés, Idséiei-
¿«(del latín iamMím): catalina fw-
eivia. — «En su riguroso sentido ii^
nifica el exceso en cualquiera cosa de-
leitosa ó lozana, Bs voz puramente
latina. Lascivia.* (Acadbwa, Diccio-
nario de i7í$,) — «Por antonomasia,
vale incontinencia y propensión i 1^
cosas venéress.» (Ideh.)
Sinonimia. Lasciviat imüudieieis,
sensualidad. Un exceso an el A«»«o ó
«n el goce de los placares sensaalei
del amor, es la idea comón de sstti
tres palabras.
La impudicicia es un vicio contra-
rio i la oistidad, á la moderación, *
la reserva que prescriban las leyes de
la honestidad en los placeres sensua-
les del amor. No contenta coa loa qoe
la ofrece la naturaleza, busca con ar-
dor otros nuevos y extraordinariw.
Esta es un desarreglo general de »
iraagina(íión, un deseo que '^¡f"
ciendo contínnamente, quí wtaam'
plii-'B de muchos modos dtfflWftf**/
no puede nunca hallarse sati^eao-
No se dice más que de loí homor^,?
de las mujeres, porque entre los-ani-
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Lase
m»Ie9, «1 I^inbr« os U únie« especie
que puede tna^var los límites que la
oatonlu» It* sQ^j^Iado por 1* wión
sennuü de los seibos.
Ijt Uuátia es un« fuerte inclint-
eida i los plaoeres sensuales del amor
causada por la vÍTaeidad del tempera-
mento, jr que. se manifiesta por los
i^ÓTÍmíeatos anteriores. Ssta se dice
dé loa hombres j da los animales,
pqrquft h motiv$ ana mifioa causa en
unoa j en otros.
Ia tMMW&'4atf » upa ioclinacitSa
violenta j cua irresistible de un sexo
lucia el otro, causada por la irrita-
ción j d eretismo frecuente de las
partes da la generacidn.
La imandieiei» está 9^ la im«jgpna-
ú6n; la'{iiscfvw> en la fermentación de
todas la^ partes del cuerpo; U tnatut-
liáad, én la impulsidn violenta de los
ówaoos sensuales. (López Pelbqbín.)
Lascivo, va. A^jetÍTo. Lo <^ue per-
tenece k la Uftcivia ó s.wsu,aUdad, j
la persona que tiend este vicio. |
Frondoso, lozano.
Exmotootk.. 1 . El lat^ lagt^nu. re-
presenta laaUcm, da ta^t lazo. (Da
MiOUBL J MOEA.1^.)
2. X<a anterior etimolo^a no es
«cwtáble, atendida la siguiente d«ri-
v^eida: nniKrito Im¡, jugar, bromear;
simétrico da iatk (^^^). ^
S«sr, Bour, coger; latín, UaiXtnUt
inguetoii, alegre, atrevido, licencioso;
ituiano, lascivo; firancés, Aun/; cata-
Un,^ la^cin, ta; latciviótt s; ¿el Istfn
íáicSrt^Mf, en san Isidoro.— tLo que
aicsde eii lo deleitoa» 6 lozano. Díce-
sé especialmente de los vegetales; co*
cao li^ vid* la hiedra, etc.» (Aajuuoaa.,
ZKcctosArÍQ dt 1726,)
Lascivoso, aa. Adjetivo anticua-
do. Lascivo.
Lascón, Mweüliao. Jtfan'ss. Ae-
tióix de lascar.
lÁSGonAiO. Masculino. Marina.
Arñadura g^nde y repentina que por
descuido hace el que lasea.
EriKOLOoú. ¿asc'dn.
Lasdrado, da. Adjetíro anticuado.
llMquiqoi i.nf&liz.
Id^M^^l Femenino antienado. La-
SITOp*
Liuer. ICaseutino. Nonbn qa« da
Rinio «J benjuí.
SmiOLooU. Lstfn UUtr. fPhüno.)
Laserado, da. Adjetivo. Que con-
tiene bsnjní.
BTiH(».oaU. Losar»
Láserpiclado, da. Adjetivo. Que
contiene Taserpicio.
Laserpicio. Maseulico. Botánica.
Hierba medicinal, de raíz grande,
crasa* llena de zumo oloroso, qus
ceba nd tallo asurcado, nudoso j fuu-
g0M¡ lay hojas dispuestas en alas j
armadas por el envea de pelos ¿spe-
rOV las Rores de üJtuBa de rosa en pa-
rUole% j las seminas unidas de dos
Vi dos cada una, eop enatro alas.
ftruiOLOok. Zibm^tfan, planta. de
S|ia, Armenili j Lidia, de la qu0 se
Sica 4 licor llamado paser, ata j ben-
M que es medicinal (Plinio): cata-
na, U99irpi€i,
Lasó
tiasia. Femenino. Botánica* Géne-
ro de musgos muj velludos.
ETmoLoaCA. Griego Xivto^ (látiot),
velluido: latín, liier; francés, lattr.
Rfteia.—Lk labia corresponde i la
familia de las umbellferai^
Lasianto, ta. Adjetivo. BoUnica*
Que tiene flores velludas.
BTiuoLoaÍA. Griego lísioSt velludo*
j ántkot, flor: Xástc^ ^do(.
LasTocarpo, pa. Adjetivo. Botáni-
ca. Que tiene el fruto pelusiento.
ETiuoLoaÍA. Griego tátiot, velludo,
j karpJs, fruto: Xíaio^ xapwSc.
Lasiocéfalo, la. Adjetivo. Botáni-
ca. Que tiene las flores dispuestas en
capítulos velludos.
Etimología. Griego U$Íú$, velludo,
j kephaíi, X¿vioc xcoaXiJ.
Lasiógloto.ta. Á.djetivo. Botánica.
Que produce legumbres lanosas.
ETiuoLoaÍA. Griego UsÍoí, velludo,
JfflStía, lengua, por semejanza de for-
ma: Xiirto^ yAuTca,
Laaiopigo, ga. Adjetivo. Zoología,
Que tiene nalgas velludas.
ETUáOLOoÍA. Griego láiiost velludo,
7 Pjfgi, nalga: Xivto; irJ-p).
Xasidptero, ra. Adjetivo. Ornito-
logía* Que tiene alas vellosas.
BTiicoLOofA. Griego látiot, velludo,
jr plerén^ ala.
Xaaiospermo^ ma. Adjetivo. Bo-
tinica. Cujo fruto es velloso.
ETiHOLoaÍA. Griego Utiot, vdludo*
j tpérma, simiente: Aiviof «tipfM.
Lasiostacpiiftdo, da. Adjetivo, ¿tf-
tánica. Que tiene las flores aispuestas
en espigas velludas.
Etuioloqía. Griego litiot, velludo,
j ttáchys, espiga: Xíntoq «ráj^u?.
Lasipedo, da. Adjetivo. Zoología.
De patás velludas.
BiiuoLoaÍA. Griego látiot» velludo,
latífa pet, pedtt, pie; vo^hlo ki-
Lasitud. Femenino. Desfalleci-
miento, cansancio, falta de vigor y de
fuerxas.
BmiOLoafA. Lato: latín, latitíido;
italiano, lastiíkdine; francés, lattiíndt;
catalán antiguo, latteta, lattií*t.
Lasinro. ra. Adjetivo, Zoología.
De cola velluda.
EriuoLoaÍA. Griego litiot, velludo,
j oúra, cola: X¿7io< o-jpa.
Laso de la Vega (Gabbibl Lobo).
Poeta V literato espailol, que nació en
Madrid en 1559. Fué udo de los in-
genios que brillaron en la corte de
Felipe II y Felipe III, de quienes re-
cibió grandes mercedes por sus obras.
Üe éstas, se citan como más notables:
Jomadat de lot dujuet de Pattrana y
Hnmtrta; Compendio de ffspaíia; Con-
det de Flandes y reyet de Stpaña; Va-
ronet tmignet da letras; Origen de los
reyes de Éspaña y de Jerusaíen; Trata-
do de Mas lot señoret da Cattiílaí Cor-
t¿t valtroto, poema,
Xiaio, aa. Adjetivo. Cansado, des-
Cilleeido, felto de fuerzas. | Lo que
está flojo j macilento.
BtiuoLoaÍA. Latín lassnt, síncopa
de ¡attSins, cansado, flojo, desfalleci-
do: italiano, iatso; francés, las, laise;
provensal, tat; catalán antiguo* las»
LAST ,339
laua; lattiéi, a; lasteí, s, anpoco fa-
tigado.
Xastar. Activo. Suplir lo que otro
debe pagar, con el derecho de reinte-
grarse I Metáfora. Padecer por la cul-
pa de otro.
ETiuoLoaÍA. Latto.
Lástima. Femenino. El efecto de
compasión (^ue excitan los males de
otro. I El objeto que excita la compa-
sién. \ Quejido, lamento, expresión
lastimera. Q Cualquiera cosa que cau-
se disgusto aunque sea ligero; así
decimos: tas lXstiua que no najamos
venido mas tampraaol | Das, haces,
POVER lXstiiu.. Frase. Causar lXsti-
icA 6 compasión, mover á ella. | ÍjIlo-
BA8 LÍSTIMAS, miseria, POBREZA, ctC.
Exagerarlas. | Quisn no quisba vxa
LÍ.STIUAS NO VATA L LA OQSRRA. Re-
frán que reprende á los que se quejan
después deliaber buseadb al daflo vo-
luntariamente.
BTiHOLoaÍA. Lattimar: catalán,
llátíima.
Sinonimia. Artícmlo primero. — Lás-
tima, COMPASIÓN. La lastima se aplica
con más propiedad á la sensación que
nos causa el mal que se ofrece á nues-
tros sentidos; j la eompatüfnt al efecto
que causa en el ánimo la reflexión del
mal, porque aquélla no explica por sí
sola más que la sensación de la pena
ó el disgasto que causa el mal ajeno;
Sero la eompast Jn afiade á esta idea la
e una cierta inclinación del ánimo
hacia lapersona desgraciada, eujo mal
se desearía evitar.
No nos mueve á compasión la suerte
de un asesino condenado á muerte,
pero nos da l^tma el verle padecer en
el suplicio.
Nos da lástima el ver morir á un
irracional; nos da compasión el triste
estado de una pobre viuda. (Huerta.)
Articulo s^undo.-~hÁsriuA, compa*
siÓH. Lástima es un sentimiento me-
nos vehemente j más pasajero que
compasión. La primera emana do la
impresión que nos causan los males
S|enps¡ la segunda, de ana disposi-
ción eonstante, de un afecto natural,
de ana cualidad sensible j benévola
del ánimo. Así es que de la palabra
lástima no se deriva un adjetivo apli-
cable al que lo siente, sino al objeto
que la provoca, j lo contrario sucede
con la palabra compasión, de que se
deriva compasivo. Son lastimeros 6 lat-
timotot los infortunios, las enfermeda-
des, el hambre j la persecución. Son
compasivas las personas en quienes es-
tos males producen lástima. (Mora.)
Lastimado, da. Participio pasivo
de lastim<ir.
ETiuoLOafA. Catalán llattmatt^ da.
Lastinamiento. Masculino anti-
cuado. La acción y ^cto de lasti-
mar.
Laatimar. Activo. Herir ó hacer
daño. Se usa también como recíproco.
- U Mover á lástima ó compasiún. \
Compadecer. Q Agraviar, ofender en
la estimación ú honra. ¡ Recíproco.
Dolerse del mal de otro. | Quejarse,
dar muestras de dolor v sentimiento.
BnMOLoaÍA. Bajo latín ficticio Im^
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áíO LAtA
LAtE
LAtÉ
tiniStf, freeaentatÍTO del Utfn tmÜrtt
dafiar: catalán, Uattimar.
Lastimeramente. Adrerbio mo-
dal. !>e an modo lastimero.
RnÍKn^fA. iMtHmera y el tafijo
adTerbial mente.
Lastimero, ra. Adjetivo. Aplícase
& Ufl quejas, gemidos, láeTimas j
otras demostraciones de dolor que
mueven i lástima j compasión.
Lastimosamente. Adverbio mo-
dal. De un modo lastimoso.
Etiuología. Lastinota j el sufijo
adverbial mente: catalán, lloitimosa-
nent,
Ijastimosisimo, ma. Adjetivo su-
perlativo de lastimoso.
Lastimoso, sa. Adjetivo. Lo que
mueve i eompasión ; lástima.
BfDiOLOoía. ZáiHwut: eatalin, llat^
timátt a.
Lasto. Masculino. Bl recibo d car-
ta de pago que se da al que lasta 6
paga por otro, para que pueda cobrar*
se de él.
Lastra. Femenino. Lancba 6 pie-
dra chata j extendida.
EtiuoloqU. Zttitrar.
Lastrador. Masculino. Dislas-
TftADOB.
Lastrar. Activo. Marina. Poner el
lastre á la embarcación. | Metáfora.
Afirmar alguna cosa cargándola de
peso. Se usa también como recíproco.
ETiuotoaÍA. Zaitre: catalán, le$tar.
El verbo catalán no viene de lastre
(llatirejt sino del antiguo lett, a, lis-
to, a. Lettar significa aprontar, dejar
listo, aviado.
Lastre. Masculino. Piedra tosca,
ancha y de poco grueso que está en la
superficie de la cantera, la cual no es
á propósito para labrarse, j sólo sirve
para las obras de mampostería. \ La
piedra, arena ú otra cosa de peso que
se pone en el fondo de la embarcación,
á fin de que ésta entre en el agua has-
tadonde convenga. | Metáfora. Juicio,
peso, madurez; j así se dice: no tiene
LA8TBB aquella cabeza.
Etiuología. 1. Latín ¿¿(pü, piedra.
(Ménaqb, COVAHBUaUS.)
2. Italiano hutra^ caverna. (Od-
TBT.)
3. Estas etimologías no merecen
atenuión alguna, según resulta de la
siguiente
Z^frípootAi.— Alemán Jmí, peso:
catalán, llaitre; portugués, lasto, las-
tro; italiano, tasto; francés, lest, last,
iaste, término de comercio marítimo,
usado particularmente en Holanda, el
cual significa dos toneladas de mar, 6
sea 2.000 kilogramos.
Lastrear. Activo anticuado. Las-
trar.
Lastro. Masculino anticuado. Tra-
bajo, pena.
Lastrón. Masculino aumentativo
de lastre, por piedra tosca y ancha.
Lasún. Masculino. Pez. Locha. ^
Lata. Femenino. Cada uno de los
palos largos y sin pulir conforme se
cortan de los árboles, que sirven para
formar techumbres, cubiertas de las
embarcaciones j otras cosas. || Hoja
OB LATA. Suele darse este nombre al
bote hecho de hoja de lata, con su
contenido 6 sin él; y así se dice: una
LATA de tabaco, de salmón, de pi-
mientos.
BtiuolooÍa. Provenzal lata: tran-
ces del siglo ut, late; moderno, taíle;
italiano, £i//a, del alemán LatU; in-
?;lés, lathf en relación con el céltico
lath, varilla.
Latamente. Adverbio de modo.
Con extensión, larga, difusamente. 1
Por extensión, en sentido lato.
ETOiOLoofA. Lata y el sufijo adver-
bial mente: latín, lüü.
Lataneo. Adverbio de modo anti-
cuado. A SURCO.
Latanero. Masculino. Botánica.
Especie de palmera de Madagascar j
de las islas de Borbós y de Francia.
Las hojas tienen la figura de un aba-
nico y se elevan mneno.
ETiuoLoofA. Genero lalama: fran-
cés, lataHÍer.
Latano. Masculino. Nuevo metal
hallado en el óxido de cerío.
Latas. Femenino plural. Afarina,
Las vigas de las cubiertas superiores.
( Vocabulario marítimo de Sevilla, )
Latastro. Masculino. ArqMtetínra,
Plinto.
Lataz. Masculino. Cuadrúpedo in-
dígena de América y Asía. Es de unos
tres piés de largo, de color pardo os-
curo, con las piernas mujr cortas y
ios dedos unidos eon una membrana:
tiene toda la cara y orejas cubiertas
de cerdas largas y erizadas; nada con
más agilidad que anda, y vive siem-
pre junto al agua.
LatebricoU. Sustantivo y adjeti-
vo. El que vive oculto ó retirado.
ETiuoLoaÍA, Latín lUtehra, escon-
drijo, y col 're, habitar,
Latebrosis. Femenino. Oculta-
ción.
BTUioLoafA. Latebroso.
Latebroso, sa. Adjetivo. Lo que
se oculta y esconde, j no se deja co-
nocer.
ETiuOLoaÍA. Latín Utebrosus; de
Idtebra, escondrijo, forma de latiré,
estar oculto.
Latente. Adjetivo. Lo que está
oculto y escondido. | Calob utsmtb.
Teenieitmo, El calor q ue no causa va-
riación alguna en el termómetro. |
Enfbsmbdab latbnti. Medicina. En-
fermedad cuyo diagnóstico no puede
formularse con seguridad, á causa de
que no presenta síntomas distintos ;y
caracterizados, y Vicios latentes. Ve-
terinaria. Ciertas enfermedades de los
caballos, susceptibles de estar ocultas
durante mucho tiempo, tales como el
huérfago ó aima, el muermo y el bor-
borigmo.
ETiuoLoofA. Griego XaOtív, XavMvctv
{laíhein, lantAdnein): latín, ISith'e, es-
tar oculto; Utens, entis, latente; ita-
liano, latente; francés, latent.
Lateral. Adjetivo. Lo que perte-
nece ó está al lado de otra cosa. | Fo-
rense, Lo que no viene por línea recta;
como sucesión latbral, línea latb-
BAL. I Pabtb lateral. Botánica. Par-
te que está situada sobre el costado
I de otra, como la antera lateral, los
cotiledones latbbalbs. | Insecto u*
TBRAL. Sntonulogié. Insecto eayocot' :
selete le diforeneia de las otras partai
del cuerpo por un color particular, \
Mí TODO LATBBAL. Cirwia antigua. Cis>
totomta perineal practicada en los cos-
tados déla línea media.
BriuoLOofA. Catalán Uterah bia-
cés, lateral; italiano, laterale; del la-
tín Uí'rSlis; de Idter, VUeris, costado.
Lateralmente. Adverbio de modo.
De lado.
EnuoLoaÍA. Lateral y el sufiío ad-
verbial mente: francés, latértíment;
italiano, lateralmente,
Lateramineo, nea. Adjetivo. Qus
parece estar hecho de ladrillo.
Btiuolooía. Latín Uter, l&tkis, el
ladrillo, y mínereas, hacer comba,
Lateranense. Adjetivo. Lo perte-
neciente al templo de San Joan de
Letrán; como concilio LATsaAmm,
padres LATBBANBNnts.
BmioLoefa. Bajo latín Utemiiuis,
IdíeraniUt laterano: ettalin, laten~
nense.
Laterano, na. Ac^etivo sntiniada.
Latbranbnsb.
BTmoLOOÍA. Zateranos,
Lateranos. Masculino plural. Fa-
milia may noble de la antigua Ronu,
la cual tuvo su casa en el monte Ce-
lio. (JUVENAL.)
BriuoLoaÍA. Latín Uterani; de
ter, lattrist ladrillo, porque de ladrillo
era la casa de dicha familia en el mís*
mo paraje que hov ocupa San Jun
de Letran, de donde viene á este tem-
plo su nombre.
Lateraría. Femenino. Arte dsfi-
brícar ladrillo.
EtuiolooÍa. Laíerario: latín, U&-
rSria, el. sitio en donde se fabrican
los ladrillos.
Laterario, ria. Adjetivo. Pareci-
do al ladrillo, ó hecho con él.
Etiuolcoía. Lateraius: latín, HUI-
rarlus, lo perteneciente al ladrillo j
el que lo fabrica.
Laterculano. Masculino. Áníigit-
dades. Oficial encargado de llevar j
conservar el latérculo.
ETniOLOOU. Latércnlo: latín, Viter-
c&tenses, los que jguardal»n los Ubns |
de asiento y registros de los empleos. ¡
Latéromo. Masculino. Ánti09iit-
des. Registro donde se apuntaban 1»
dignidades civiles y militares del im-
perio de Constaotínopla.
Etucolcoía. Latín laterculnm; de-
rivado de ldter,lal"ris, ladrillo, ciy*
forma tenía el registro meociocado.
Propiamente hablando, l&terdiltín os
forma simétrica de laterculus, \iAt^-
llejo, diminutivo de láíer, ladrillo.
Laterifloro, ra. Adjetivo. Jotíw-
ca. De flores laterales.
EtiholooÍa. Lateral yp».
Laterífoliado, da. Adjetivo. BsW
nica. Epíteto de las plantas cuju no-
jas están situadas lateralmente.
BriuoLOaÍA. Lateral y ti latín
lUUmi de fSltim, bojs.
Lateri^ado, da. Adjetivo. Zwf
gla. Que tiene la propiedad de aídsr
de lado.
BTXiiOLoaÍA. Latín Utn^jlathls,^
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LAtl
táiOf T friii, etmimr. firancéii Uti~
rígnuit.
Laterínervado, da. ¿.djetivo. ¿o*
íiatat, Bpfteto de las hojas cujas ner-
ndoras partan del centro i la panta.
BnuoLOOÍA.. Latín Idtut, laíéru, coa-
tado, y nenio: ^ncés» Uíerinervé,
Laterino, na. Adjetiro. Que pai-
tieipa de la naturaleza del ladrillo.
niiKX.ooÍA. Laltranot.
Laterita. Femenino. Chologia. Ro-
a jaspeada, semejante al ladrillo,
compuesta de una roca trapeua ; de
óxido de hierro.
BnicoLooÍA.. Latín l&Ur, ladrillo:
francés, latériU.
Latesco. Adjetivo. Sutoria natu-
ral. Que tiende á dilatarle.
Btxuolooía. Lato,
Látex. Masculino. Botánica. Jugo
propio de muchos Tceetales, el cual
eirenla en un orden de rasos parti-
eolar», denominados wun tactici/e-
roí.
fimiOLoeU* Latín iHieg, licor: fran^
eés, ¡atea,
Latibnlo. Miaaculino. Medicina tin-
(ifts. Nombra con que aa designaba
úíoto da humor febril que producía
lu aecasoa.
Btuioloqía. Latín UtíibUum, lugar
oeolto, escondrijo, forma simétrica de
liare, estar en panye sag^nro: itali»-
Do, ktlbuh.
Lática. Femenino. Medidna. Epí-
teto de una. fiebre remitente j eotidiar
u, COJOS Bceesos ion largoa j poco
nuaifiestos.
BnuoLoaía. Oxlego IMt (UtAOnJ,
eitar oculto.
Lftticande. A4jrtÍT0. Zockgia, Da
«Alarga.
BniioLoaí^ Latín Wm, lato, 7
castfs, cola.
Laticífero, ra. AdietiTO. Botánica,
Vasos laticíferos. Orden de vasos,
de tubos simples 6 ramificados, que
contienen el látex.
BnuoLoaÍA. Latín Idtes, licor, j
ftrre, llevar: francés, latidfire.
Laticlavia. Femenino. Especie de
tónica que usaban los romanos, como
signo de dignidad.
BnuoLoofA. Latín Uticlavia: cata-
lán, ¡atieUvia; francés, laHelave.
Se$eña kist<friea.'—l. La laticlavia
era ropa de senador, guarneeida de
aaa tira sobrepuesta con oiertos nu-
dos 6 botones de púrpura.
2. La tira sobrepuesta es lo que se
llamaba ¡ata, ancha, extensa, j el
botón y nudo de púrpura es lo que se
llamara clSvue, clavo. Por consiguien-
te, clavut significaba entre los anti-
Íuoi romanos el botdn de púrpura ó
B oro que llevaban en una banda los
noadores y personaje! en sefial de su
dignidad.
\ Esto explica el hecho de que da-
n» signifique en Plinio el empleo j
U dignidad de senador.
4. Entre la ropa de los senadores j
caballeros había una marcada diferen-
ót: latut eiavus era el tnue de los se-
D*dores: lattu anguitu, al de los ca-
baílelos. ^
Latícome. AdjetÍTo. Zoología. Que
LATI
tíena aitekaa lof cuernos 6 lai ante-
nas.
Etimoloqía. Zafe j cuerno,
Laticostado, da. Adjetivo. Con-
fmiliologia. Epíteto de una concha
cuja superficie se extiende de anchos
costados.
BTiitOLOOÍA* Latín Mdu, Uto,j
eottá, costilla: francés, latieoiíé,
Latidentado, da. Adjetivo. Zoú^
logia. De dientes grandes.
ETiuOLOaÍA. Lato j dentado.
Latido. Masculino. El movimiento
alternativo de contracción j dilata-
ciÚa del corazón j las arterias. Dase
también este nombre al golpe produ-
cido por aquel movimiento en el mis-
mo corazón y á los que se sienten en
las arterías de las partes del cuerpo
muj ínfiamadas. | El ladrido inte-
rrumpido que forma el perro de caza,
cuando la ve 6 la sigue. También
suele llamarse así el quejido triste
2ue forma este animal, cuando siente
Igún dolor. | Mttáfora, La palpita-
ción figurada de gnndes afectos, de
grandes estímulos, de ^^ndes pasio-
nes, como cuando se dice: <bl latido
de ú conciencia;> es decir, el remor-
dimiento; <Ia primera idea es el pri-
mer LATIDO del alma;» «la esperanza,
que resucita el porvernir, parece ser
un LATIDO de lo fiituro;» «el llanto es
el primer latido de la vida.»
ETiMOLoafA. Latir.
Latiente. Participio activo de la-
tir. Lo que late.
Latiflor. Latíploro.
Latifloro, ra. A^jstiTo. BoUmea»
De flores anchas.
ETiuoLoaÍA. Latín Uiut, lato, j
JloitJÍSriSt flor,
Latifoliado, ám. Adjetivo. Sotáni-
M. De hojas anchas.
EtdiolooÍa. Latín Ultu», lato, j fS-
liatut, de fdltum, hoja.
Latifolio, lia. Adjetivo. Latifo-
LUDO.
Latigadera. Femenino. Provincial
Andalucía. La soga ó correa con que
se sujeta el jugo contra el pértigo de
la carreta.
Etiuoloqía. Litigo,
Latigazo. Masculino. El golpe que
se da con látigo, espada de plano 6
cosa semejante. | £1 chasquido del lá-
tigo. I Met&fora. El daño impensado
que so haeo ¿ otro, d la reprensión
áspera j no esperada; j así se dice:
no la ha venido mal latigazo.
Látigo. Masculino. EL azote de
cuero ó cuerda con que se castiga j
aviva á los caballos j otras bestias, f
El cordel que sirve para afianzar al
Seso lo que se quiere pesar. \ La cuer-
a con que se asegura j aprieta la
cincha. Q Anticuado. Pluma que se
ponía para adorno sobre el ala del
sombrero j lo rodeaba casi todo.
Btucolooía. Latir: catalán, Utigo.
Latiguear. Neutro. Dardusqui-
dos con el látigo.
Latiguera. Femenino. Linoo,
por cuerda con que se asegura j aprie-
ta la cincha.
Latiguero. Maseulino* Bl qna ha-
ce látigos ó los rende.
LATI
^ LatígHÍll*, to. Iftaeolíno diminu-
tivo de litiga.
Latilabro, bra. AdjetÍTO. Zotio-
gia. De labio muj ancho.
ETiuoLOofA. Latín ¿á(w, lato, j ¡a-
^m, labio: francés, latitaire.
Latimano, na. Adjetivo. ZooUfU.
De manos anchas.
BnuoLOofA. Lato j mam».
Latín. Masculino. La lengua lati-
na. I Palabra 6 cláusula latina que se
intercala en algún escrito ó discurso
en romance. I Coobb k uno bn mal
LATÍN. Frase mmiliar. Coger á algu-
no en alguna falta, culpa 6 delito.
ETiHOLoaÍA. Latino: catalán, lltíi;
francés, latin; italiano, latino.
Retoña hietórica, — 1. Latín antigno.
El latín anterior al latín clásico.
2. Latín cláñco 6 alto latüi. La
lengua hablada j escrita por los au-
tores de la edad de oro, que compren-
de, en tesis general, desde el poeta
Enio hasta la época de Augusto.
3. Bajo LATUf ¡ el latín hablado j
escrito aaspués da la eaída del impe-
rio de Oeoidente, que se divide ea an-
terior j posterior o bárbaro.
4. Baio latín anterior; el hajo la-
tín hablado j escrito desde la época
de Augusto hasta la época de san Je-
rónimo, de san Agustín, de Orosto j
de Vegecio; ó sea hasta el siglo iv,
en eujo tiempo tenía aún la realidad
de una lengua viva; aunque apartada
de sus grandes modelos j caída de su
portentosa fortuna.
5. Bajo LATÜf jmíérior 6 hirhwro;
el latín que sobrenvid £ la inunda-
ción de los germanos, mezcla confusa
de latinidad, de godo jde céltico,
corrupción de una palabn muerta, ol-
vido del pasado, tinieblas profundas
de una noche qua duró ocho siglos;
hasta las Partidas. Bste idioma, sin
escuela ni pueblo, sin lengua ni alma,
vino i ser una especie de repertorio
adonde acudían los escribanos y los
frailes, para dar cierta forma latina i
los vocablos de la lengua vulgar, con
cujo expediente alcanzaban á poca
costa la fama de sabios.
Latinado, da. Adjetivo anticuado.
Que entiende el latín.
Latinajo. Masculino fiimiliar. Bl
latín malo j macarrónico. I Plural.
Se llama así el uso excesivo e inopor-
tuno de textos latinos.
ETUiOLOaÍA. Latín j el sufijo des-
pectivo ajo, como en tombrajo, espan-
tajOf ettropajo.
Latinamente. Adverbio de modo.
Bl latía propio j castizo.
EmiOLOOlA. Latina v el sufijo ad-
verbial mente: latín, Idíini; italiano,
latinamente; catalán, llatinamenl.
Latinar. Neutro anticuado. Ha-
blar ó escribir en latín.
Etiuolooía. Latin: latín, UUinSro;
italiano, latinare.
Latinear. Neutro. Latinar. | In-
terpolar con frecuencia latinas en la
conversación ó en los escritos.
Latinico, lio, to. líascnUno dimi-
nutivo de latín.
Latinidad. Femenino. La lengua
latina.
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M2 LATI
.EtiuoíA^tk, Záiin»: latín, Ua»iUs;
itiliáaó, íatiniti; frano^, íaHniU; ca-
talán, llatinitat.
üatiníparU. Fameoino. Lenguaje
de lof que afectan mezclar vocef lati-
nas, aunque espafkolizadat, hablando
6 eicribiendo en castellano. — La toz
d^l artículo es el título de una obra
d« Qneredo, titulada £• Oulli-lMti-
«MwrAi.-
Xatinismp. Hasculíno. Construo-
dte, modo de hablar propio j priva-
tíTO de la lengua latina.
BnifOU>ofa. Latín: catalán, llati-
níiwuj franeéa, tatinime; italiano, U-
tinitmo.
Latinista. Uasealino. Bl qne sabe
6 profesa latín.
Bmioi^U. Laiiuimoi italiano, ¿o-
íinitía; francés, 'liutnisíe,
LatinÍMcIte. femenino. Aeei6n
de latíaizar.
SmcoLOOÍa. Zatínimr: italiano, 2a-
LatiniMnte., Paitíoipio activo de
latinizar. Que latíniza.
lÁiiñisar. AátíVo. Dsir la terminap
ctda 6 iñdeiión Utina £ las palabras
de otra lengua. | Latinba.k, segunda
acepción.
BnuoLOoU. iMtín: \%%ía,láíimitííre;
italiano, laíinittare; francés, tslwiW;
catalán, Ilaíiniiair.
Latino. Masculino. Revdeloi abo-
rígenes j laurentes, padre de La-
vinia, la cual má eon Bneas. (Jus-
TIHO.)
Btiuolooía. Latino, na.
Latino pUAN). Poeta negro que
viria én Bspaña, su patria adoptÍYa,
en la ssganda mitad del siglo xvi.
N'aeido ea^ Btíopía por los aflos de
1515, sa eras qn« viniera i Bspaña en
calidtMl de esclavo, j toó educado en
casa de Oonzalo de Córdoba, nieto del
Gran Capitán. Dedicado al estadio,
por ios amoi^ sus adelantos filaron
tales, que don Psjifo Gneirero, arzo-
liispo de Granada, le confirió una c£-
te<uk de su iglesia por considezarle
el mtjpr latino de au tíempo. Su ta-
lento j- prendas personales le gran-
jearon tan univeraal eatímactón, qne
■ una joven de familia noble, llamada
doña Ana Carloval, le áiá su mano,
á pesar de sa origen, manifestándole
siempre, mucho cariño j elevando
á su muerte, ocurrida en Granada
en 1573, un monumento á su memo-
ria en, la ig^esj^a de Santa Ana, donde
lu^fo fuá sepultada con ¿1. Sus obras
más notables son: La Áiutríada, poe-
ma an loor de la batalla de Lepanto;
otro poema, titulado: De rebu» Pu
QainfU j una. colección de epitafios ;
epigramas en elegantes j sonoros ver-
sos latinos.
Latino, na. Adjetivo, BI natural
del Lacio j lo pertenAcientA á él. Se
asa también como susiantivo. i Mas-
culino ;^ femenino. £1 que sabe la len-
gua latina. Se usa. comunmente como
sustantivo en ambas temioaciones. 9
Lo que pertenece á la lengua latina ó
es brepio de ella, Q lousu. latina. La
Iglesia del Occidente en contnposi-
oóo d» la. gÁef^t j también lo que
Latí
pertenece á ella; j así se dice: tos pa-
dres da la Iglesia latina. | Rito la-
tino. El rito de la Iglesia romana. |
PuHSLOs LATINO^. Pucblos ds Occiden-
te. B BUPBSADOBSS LATINOS. BpítetO
da los emperadores franceses que rei-
naron en Constantinopla desde 1204
hasta 1261. | Masculino plural. Los
LATIMOS. Los eatólioos de la Iglesia
LATiHA, para diferenciarios de losoris-
tianos ds la Iglesia gfieg^* I Oaso
LATINO. QramáUca yMmii.Bl ablati-
vo, aludiendo á que es un caso pro-
{>io del latín, puesto que el griego no
o tiene. § Buque latino. Marina, Bu-
que armado de velas triangulares. Q
Fbrias LATINAS. AiU^üedodet roma-
na$. Fiestas instituidas por Tarquino
el Soberiño, para agrupar jr reunir á
todos los pueblos del Lacio. (Tito Li-
VIO.) I Vía latina. La que conducía
de EÍoma á Casilino. (CionnÓN.) Q Db-
KBCHO LATINO. Prívílegíos Ó inmuni-
dades que Roma otorgaba á las po-
blacionaa del Lacio.
BtwolooÍa. Latín UfflMh los natu-
rUes j habitantes del Lacio: catalán,
Uatino, a; ^ncáa, iatín, íatuut italia-
no, ¡atino, a. — «Bl que wa natural
ó gozaba los privil^os j exencio-
nes de la Provincia de L<uio, en Ita-
lia.» (Academia, Diccionario da 1726.)
I <Vbla latina. Una vela triangu-
lar de que usan las galeras, Saetías,
Ber^ntines, Tartanas y otras embar-
caciones que navegan en al Medite-
rráneo, j con menos viento hacen más
camino que las velas redondas. Viran
sobre el árbol en que suelen peligrar,
si el viento es grande. Pudo llamarse
así por haberlas inventado j usado
los latinos.» (Idbu.)
Latinoso, mu Adjetívo familiar.
Pertenecíenú á la lengna latina.
Latípedo, da. Adjetivo. Zoohffía.
De pies anchos.
ErniOLoafA. Latín ¡itiu, lato, jjWi
pedit, pie.
Latir. Neutro. Dar latidos, ó eje-
cutar el corazón j arterias sus movi-
mientos naturales de contracción y
dilatación. Q Formar el perro cierto
género de ladrido cuando ve ó va si-
guiendo la caza. Provincial. Ladrar.
Btuioloqía.. Onomaíojtej/a.
Látiro. Masculino. Botánietu ka,-
VEJA BiLvxsfBa. Género ¡otMym, de
Linnao, qne comprende: latkteusai-
tivut; LATHTRUS Istf/s/tW,' LATHTBUS
odoraíut; LATHTaus tuberotnt; lathy-
Bus eieera; latbtrus *il«»lri$; lathy-
BUS apkaca,
BriHOLOofA. Griego XiOupo^ (Utky-
rotj, guisante: francés, latiere.
Latirroatro, tra. Adjetivo. Omi-
iolMÍa. De pico ancho.
¿TiuoLoofA. Latín laíu$, lato, y
rottrum, pico.
Latitimamente. Adverbio de mo-
do superlativo da latamente.
Latísimo, ma. Adjetivo superlati-
vo de lato.
Latitante. Participio activo dela-
titar. Lo que está oQuLto.yesooadido.
BtiuolooÍa. Latín Idíúans, UCitan-
tis, participio de presente de lalitare,
escopdvs^ i. menudo; frocuentativo
Lato
de latiré, ocultarse: catalán, UUtant.
Latítar. Neutro anticuado. 'Bt-
conderae, ocultarse, andar escondido.
BtiuolooÍa. ¿afitoiite.— «Andar es-
condido ó escondiéndose. Es mnv osa-
do en lo forense.» {AoaPUiA, Dkaih
ñuño da mé.)
Latitud. FomMiino. La anchara
de alguna eosa. y Toda la extensión
de nn reino, pcormeia 6 diatrito, tan-
to en ancha como en la^. | Q^rtn
^fía. La distancia qae haj desde un
lugar á la equinoccial,, contando por
los gradoa da su meridiano. I 4^ln-
nomía. La distancia que haj desdia la
eclíptica á cualquier punto oonaidera-
do en la esfera hacia alguno de los
polos; y así se dice: latizuo mecidio-
nal, un grado ds utituo. B Laxitu-
des. Los diferentes clímaa, CQuadera*
dos con relación á su tempeiaUin,
Sussto ^ue la tamperatara degeode
e SU' dutancia al eciudoft saaSeada
por sus grados de latitud, en ea/o
sentido se dica: «recorrer todas las
LATiTUDBBj» «U hiimanÍífaMÍ paade vi-
vir en las latitudes más sitremas.»
J Altas latitudes Los paSsw agua-
dos al Norte. | Bajas latitvdbs. Lps
países situados al Mediodía.
BTiuoLOdÍA. Lato: latín. lá£tíSdp;
italiano, lalitndim; fieiwioál, UfUtde;
catalán, laíiíut.
Latitudinal. Atiyetivo. Lo qne k
extiende á lo ancho.
BxuiOLoafA. LaUtad: o^taUni U^-
tmdinaL
LatitndiBario, ría. Adjetivo^ Par
tidario del latitudinartsmo. | 'Eeolt-
aía, Bl que se p^rmit^ demasiAtJA li-
bertad en materia de reXiffidn , ó. que
habla de los, prinoipip» ti¡ligisaia nn
la debida madurez y examen. ¡| Si*-
íorié ecUaiátti^* Nombre de um
queña secta, cuja doctrina cqnsisiia
en propagar que todos los hoajireií
obtendrían su sa^vaoióa. Bs U s^
que se denominó nni-oertajiata dursflte
los siglos XVI y xyu. Q MasjBoUiio plu-
ral. Los LATITUOINARIOS.
BxulOLoaÍA. Latitud: fzaneás, l$t»r
iudinaire, latitndinarien.
LaütudinarÍ9i»o. Masculino. ^
tema religioso alemán, cujos proséli-
tos hacían alarde de sojrtener los prin-
cipios de la paz y de la confraternidad
universal. (CA3aLi,BB0.)
BnuoLoaf A. Laíiíndinario: fmncés,
latitttdinaire,
iZciAto.— La secta en ooestión no
natíd en Alemania , como dice el eru-
dito autor citado» sino en In^laterif'
difundiéndose i toda la Iglesia aogu-
eana protestante. «Aquella seuU no
hacía más qne hablar de paz y csn-
dad universales, mientras qu9 sus
prosélitos se daban á sí miamos f'
nombre da latitudünarios, para m^^-
festar toda la extensión de su toUi*»*
cia, que ellos denominaban oarid»"/
espíritu de mansedumbre, títiuo
pecioso con que se disfraza la tole-
rancia universal.» (Bos$U9T*) ■ ,
Lativenter. Adjetivo. ^coW"-
Que tiene el vientre ancho.
Lato, ta. Adjetivo. Dilatado, «»-
tendido. | Metáfora. Se aplica al m-
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LATO
tfdo de Us palabras cuando no se to-
man en su rigurosa signifi-cacíón.
BTmoLOQÍA. 1. Latín latut, aféresis
de pUi*s; del griego platói, variante
da piar, plakós^ toda cosa llana, igual,
Usa. (MONLAD.)
2, £sta etimología no puede admi-
tirse» porque la forma etimolúgica no
es ^fw, sino silaíus, por li^aíut, ex-
tendido, desplegado; participio pasivo
de sterneret extender en el suelo, des-
picar. (CORSSBN.)
iLfttoinia. Femenino. ffÍ9íoriaan-
t^ua, Priiídn aue Dionisio, tirano de
Siracusa, mandií cavar en una roca
próxima i dicha ciudad. Q Aníigüeda-
det fomatws. Cantera de donde saca-
ban la piedra j en la que trab^aban
los esclavos presos.
EtimolooIa. Griego A9-n>|i.Ca (Lato-
mía), de íaaSt piedra, r tomi, sección;
latín, iaUmUe^ laul&mía; catalán, lato-
mié; francés, laíomie. — «Canteras de
la antigua Siracusa, situadas próxi-
mamente en el centro de la ciudad.
Había tres muj profundas j grandes,
qae sirvieron de prisiones. Una de
ellas se llamó Oreja de Dionisio, por-
que tenia i cierta altura una cámara
estneha» donde aquel tirano iba, se*
gún se dice, á espiar secretamente
Th» conversaciones ae los prisioneros,
éosa que podía conseguir por lo sono-
ro de la cueva. Una de estas cante-
ras) que estaba á cielo descubierto,
Ka sido convertida en jardín da un
claustro, según un erudito autor que
consultamos para este artículo.
l*atón. Masculino. Aleación de co-
bre j sinc, de color amarillo pálido j
stücepiible de g^an brillo y puli-
mento.
ETUf<H.oofA. Provenzal, ¡até; cata-
lán, itauío'; francés, laiton; portugués,
Imtio; italiano, otíone; ingles, latten.
1. Inglés lead, plomo, del alemán
Lo(k, que significa lo mismo, de don-
da procede el italiano ¡oítone, eonver-
tido ea ottone. (ScaELsa.)
2. I^atfn luíeum, ee» »<nm, cobre
amarillo. (Rossiqnol.)
3. Latón representa una variante
de lata, por semejanza de forma, pues-
to que él latán es delgado y plano
oúiao la lata, (Díbz.)
4. La primera forma del francés, la
del siglo XIII, es latón, j este dato de-
cide la cuestión en abono déla etimo-
logía de lata, puésto que el germáni-
co laíA, plomo, 6 el latín «i LtiTauu,
cobre amarillo, no habrían dado la
foRDÉ latón, qüe es la primera que
aparece: «« bacin db l&toh bon et cler
ét Jh; «una palangana de latón bue-
ntt, dáro j fino.»
Latona. Femenino, ^fitología. Hi-
^del titán Ceeo jr de la titánid^ Fe-
, / ttiadre de Apolo j de Diana.
Hodkefo j Hesiodo, es solamente una
de las mujeres de Júpiter, antes que
Joño. En los himnos homéricos es
donde aparece como rival de Juno j
expuesta á sus persecuciones. Reco-
rrió toda ta tierra sin hallar un lugar
donde poder dar á luz los dos niños
aue Ilevabia en su seno; pero la isla
e íyétwnútgió de hs ondas para re-
LATO
cibírla, pues hasta entonces era flo-
tante jr á la sazón quedó fija, merced
á cuatro columnas que se elevaron del
fondo de las aguas. Juno suscitó con-
tra ella á la serpiente Vjtóa, que
Apolo mató con sus flechas, cuatro
días después de su nacimiento. Por Id
demás, sus hijos la vengaron más de
una vez (véase Niobe). Suculto^muj
extebdidb en Grecia, estaba ligado fu-
timamente al de Apolo.
BTuiOLOQÍa. Latín UUSna: catalán,
¿atonoi francés, Latone.
Latonwia. Femenino. Arte de tra^
balar el latón. | Oficio del latonero.
|| Lugar donde se ñibrican ó venden
obras de latón.
Latonero. Masculino. El que hace
j vende cosas de latón. Q Provincial
Aragón. Arbol. Aluez. | Provincial
Murcia. Hijuela péqueña de acequia.
Latorre (Carlos). Actor dramá-
tico español j una de las más legíti-
mas glorias de nuestra escena, que
nació en Toro, en 1799, y murió en
Madrid en 1851. Desde su niúez ma-
nifestó grande afición al teatro, y,
aunque en un principio encontró
grandes obstáculos que vencer, des-
pués de algunos ensajos en provin-
cias, hiso su salida en Madrid eon el
Oteú>¡ j i pesar de estar reciente to-
davía el modo inimitable eon que el
inmortal Isidoro Máiquez interpreta-
ba el rudo y apasionado carácter del
moro de Venecia, la ovación que al-
canzó La.torbb fué tan grande como
merecida. Contratado posteriormente
para los coliseos de Granada y Sevilla,
recoffió en estas dos capitales abun-
dantísima cosecha de aplausos, que se
vieron reiterados á su vuelta á la Cor-
te, hasta el punto que, con benepláci-
to de todos, fué nombrado en 1832
profesor de declamación del Conser-
vatorio, recientemente fundado. Bn
1838 pasó á París, ajustándose en uno
de los principales teatros para repre-
sentar el Don Sebattián de Portugal, y
el Hámlet, de Shakespeare, empresa
que llevó á cabo con éxito exraordi-
uario. Retraído de su profesión por
varias desgracias domesticas, volvió
á emprenderla en 1841, obteniendo
en todas partes completos y mereci-
dos triunfos. Aunque cultivó todos
los géneros, su talla corpulenta, su
voz más propensa á expresar los arré-
batos trágicos que las dulces y senci-
llas pasiones, y hasta sus maneras un
tanto rudas y arrebatadas, le hacían
poco á propósito para la comedia. En
cambio, la arrogancia de su persona,
la noble dignidad de sus actitudes, y
hasta su acento, que los arranques
dramáticos trocaban, ora m áspero y
rudo, ora en vibrante y sonoro, íe
daban tales aptitudes para la trage-
dia v el drama, que Oscar, Edipo, el
Otelo, el Pelayo, El Trovador, El Za-
patero y el Rey, El Puñal del yodo, Don
Juan Tenorio, Sancho Garcta, Marino
Faliero y otras muchas obras de este
género, q^ue sería prolijo enumerar,
son creaciones sujas, las cuales, aun
conservado por la tradición su recuer-
do, los mismos actores, que no llega-
LAUD
343
ron ¿ alcanzarle, traían dé eopíar los
admirables detalles de que las sem-
braba y que han quedado grabados
de un modo indeleble en la historia
de nuestro arte dramático.
Latría. Femenino. Teolóyía. Úvl-
TO DB LATRÍA. Adoración que se tri-
buta á Üioa, término opuesto al enlto
de dulia, que es el qué se consagra á
los santos.
ETiuoLOofA. Griego X«peti (la~
treiaj, servicio pagado, y figurada-
mente', culto; fbtma de yMwtJtátri*)^
persona alalariada: latlii, MN^í'éáta*
lán, klria; francés, iiint»
Latrina. Femenino. Lo mismo qne
Letrina. (Acadbioa, Di¿eioi»Ío dt
nati.) . ■
Latrocinio, Masculino. El hiirto ó
la costumbre de hurtar ó defráiidar á
loa otros en sus intereses.
Etimología. Ladran: ]MÍ{n,Jatroeí-
níum; italiano, latrodiaé; catalán, 7íe-
dronici, laírocini.
Laúd. Masculino. Instrumento mú-
sico que se toca punteando ó hiriendo
las cuerdas. Su parte inferior es cón-
cava V gibosa, compuesta de muchas
tablillas como costillas. || Embarca-
ción pequeña de figura langs y an-
gosta, semejante i un fiiluóEo, siñ fo-
que, aletas ni mesana.
BtuoLOGÍA. Arabe, al-'oSá, al-'9d
(c¿yJ/): púrtdgués, A¿wrf, atmde;
ficancés, luth; italiano, liuto; catalán,
Ilahttt; provenzal, lauí, lahut; ajemán,
Lauíe, — cinstrumento músuode cuer*
das, que sólo se diferenc-ia de ía |fuita-
rra en tener regularmente más numero
de cuerdas. Tiene la parte inferior
cóncava V gibosa, compuesta de mu-
chas tablillas como costillas. (Tovarru-
bias dice que algunos sop de sentir
se llamó laúd á Zaudandii keroi^i
porque á su son se cantaban las ha-
zar.as de los revés y héroes; pero que
es más natural traiga su origen del
griego Halieni, que se corrompió en
LeM y de allí laid, Tamsrid en su
Compendió de vocablos Arábigos pone
esta voz como uno de ellos.» (Acadb-
UI4, Diccionario de Í7Í6.J
Lauda. Femenino anticuado. Lau-
DR, por la lápida.
Etiuolouía. Latín íandare, alabar.
Laudabilidad. Femenino. C!náli-
dad de lo laudable.
Laudable. Adjetivo. Lo que es
digno de alabanza.
Etiuolcoía. Loar: latín, laudibitis;
italiano, laudevile, lavdaHle; francés,
louahle; portugués, loumvel; proven-
zal, laudable, iinsablei catalán, Unda-
ble.
Laudablemente. Advwbio modal.
De un modo laudable.
ETUiOLOofA. Laudable y el aufijo
adverbial mente: cataláu , laudabUment;
francés, louablement; italiano, laude-
volmeníe, laudavilmeníe; latín, landaté,
laudabíliler.
Láudano. Masculino. Opio ó su
extracto.
BtiuolooÍa. 1. Persa lüdan. (Va-
rios etimologistas.)
2. £1 periia ladan no ha significado
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344
LAUD
nanea otm eos» qne UdúM» (PíBkv.)
3. Bajo latín hvdSnum, del latía
hniire, alabar; «el medieameato aU-
bado.» (Gastblli.)
Dmvaei(ín.—BA}0 latfn laudSnum:
italiano j portug-ués, láudano; fran-
eéif ¡audanun; caulán, láudano.
Laudar. ActÍTo. Forense, Fallar 6
dictar lentencia el joea árbitro. | An-
ticoado. Alaur.
Laadativamente. Adverbio mo-
dal anticuado. De on modo lauda-
tÍT0.
BmcoLOOÍa. Landaliva j el infijo
adrerbial mente,
LandatÍTO, va. AdjetÍTO anticna-
do. LaUDATOBIO.
BnuoLOoü.. JÁndahU: latín, <MÍ2-
anu; italiano, ladaíito; franoái, koh-
datif¡ proTenzal, kudatiu,
tÁudatoríanieiite. AdverUo de
modo. Con alabanza.
BtdiolooÍa. Laudatoria j el fufijo
adrarbial mente.
Laudatorio, ría. Adjetiro. Lo que
alaba 6 coatiene alabanza. Se usa co-
munmente como sustantÍTO en la ter-
minación femenina.
Btiuolooía. Laudable: latín, laudS-
íoríut; catalán, laudatoria a.
Laude. Femenino. La lápida ó pie-
dra que se pone en la sepultura, por
lo común con inscripción ó escudo de
armas. | Anticuado. Alabanza..
BniiOLOOÍa. 1. Latín Upis, piedra.
(M(MtLau.)
2. Esto es un error oTidente. Law-
dey Upida sepulcral, representa una
forma del antiguo lauaa, sepultura;
del latín laudSre, alabar, porque el
epitafio contenía las alabanzas del di-
funto. Nuestro antieuo lauda es el
proTonzal lauea, de donde viene Iota.
3. Confirma la anterior etimología
el precioso texto siguiente: «La pie-
dra con inscripción que se pone en
la« sepulturas. Covarrubias dice se
llamó así del latino Laut, por escul-
ftirse en ella loa títulos y elogios de
08 difuntos, que jacen del»jo de
aquella piedra.» (AcaoBioA, Bieciaiuh-
Adeim,}
Z«aades. Femenino pluraL Una da
laa .partea del oficio aiWno, que se
diee después de maitínes.
BnuoLoaÍA. Latín ¿aw, laudii, ala-
banza, refiriéndose á lú alabanzas
dirigidas ¿ Dios, que contienen los
salmos cantados en esta parte del ofi-
cio dWioo; catalán, laudes.— €Ua% de
las partes del OGcio Divino, que se
dice después de los Maitines, j con
ellos compone la primera hora áú
rezo. Llámase así porque los más de
los Salmos de que se compone son lau-
datarioi. Es voz latina. Ad lai;dbs«<
per horas: frase latina, que, traslada-
da i nuestra lengua, significa conti-
nua d frecuentemente.» — cT^ecor á
LAUOBS. Vale alabarse uno á sí mis-
mo. Bs frase familiar.» (AoAmmA,
Dieeienario de 1726.)
Laudemio. Masculino. Forense, El
derecho que se paga al señor del do-
minio directo cuando se enajenan las
tíerraa y posesiones dadas á enfitéusís.
BroiOLoalA. B^o latín ¡auda, de
LAUR
Uudire, consentir; variante del latín
landire» alabar: catalán, Aia^nM»; fran-
cés del siglo xni, los; moderno, lodi;
italiano, laudemio. Lummao quiere
decir eonsentimiento, aceptación.—
«La parte que se paga al seflor del
directo dominio, en las ventas que se
^'ectttan de las alhajas dadas á censo
perpetuo ó enfitéusís. Antiguamente
era la qntneuayáima parte, y hoy va-
riamente suele ser la eeiniena ó la d^
cima.* (AcADEUiA, Diccionario de
me,)
Lando. Masculino. Forense, La de-
cisión ó fallo que diotan loa árbitroa
6 arbitradores.
Launa. Femenino. Lámina ó plan-
cha de metal, llamada también hoja
de Flandes. | Tierra 6 especie de ba-
rro blanco con visos morados de que
usan en la Alpujarra en vez de teja
para cubrir los tejados. Bn mojándo-
se, se une j traba de suerte que no la
penetra el agua. Críase subterránea
en vetas, como las canteras.
Btiuolooía. Latín lamna^ contrac-
ción de lamina (Hobacio): catalán,
llauna.
Laura. Femenino. Antigüedades,
Nombre de unos antigaos monaste-
rios de Oliente, cujas celdas, índe-
pandientea unas da otras, formaban
una especie de caserío.
EnifOLoaÍJU Griego liapa (¡dura),
lugarejo de callas largas; da kmros,
largo; latín, {aura.
Laura de Noréa. Dama de la Pro-
venza, á quien han hecho célebre loa
amores de Petrarca. Nació en Aviñón,
Í' tal vez en Nov¿s, arrabal de aque-
la ciudad. Su padre era Audiverto
de Novés, caballero poseedor de ex-
tensos dominios en el condado de Avi-
ñón. Laura, oasó en 1325 con Hugo
de Sade v se distinguió por su virtud
V su pudor en medio de la corrupción
de laa costumbres de la ciudad papal,
tanto como por el encanto de su her-
mosura j de su talento. Una nota la-
tina, escrita por Petrarca en uno de
los márgenes de su VirpliOt cu^a au-
tenticidad está completamente de-
mostrada, es el documento más irre-
eusabla para probar que Ladra db
NoTtfs as U dama que el poeta ha in-
mortalizado. Esta nota, traducida li-
teralmente, dice así: «Laura, ilustre
por sus propias virtudes j largo tiem-
po celebrada an mis versos, apareció
por primera vez á mis ojos, en los al-
borea de mi adolescencia, el año del
Señor 1327, eldíalfi del mes de Abril,
en la iglesia de Santa Clara de Avi-
flón; pero el afio 1348, aquella purí-
sima luz fué arrebatada á la vida,
mientras que jo estaba accidental-
mente en Verona — jajr de mí!— igno-
rante de mi desgracia. La fatal nue-
va Uufó i mí en Parma, por media-
ddn oe mi querido Luis, el mismo
afto el 10 de Majro. Aquel castísimo^
hermoso querpo fué colocado en la
iglesia de Hermanos menores^ el día
mismo de su muerte, por la tarde.» El
precioso Virgilio en que se encuen-
tra esta nota manuscrita, se halla de-
positado en la Biblioteca Ambrosina
LAUR
de Hilin, daiftaés.da haber. pttta-
necido durante el bravo parfodo de
1796 & 1815, £ la biblioteca nacional
de París. La indubitable certidumbre
de este documento ataja todas las hi-
pótesis da los críticos j los eruditos,
2ae no han querido ver en la Laura
^ el poeta otra cosa que un personaje
imaginario, una creación ideal. Sm
embargo, queda una duda. ¿Hajr idea*
tídad entre la Laura de Petrarca j la
Laura db Novds, casada con Hugo de
Sade? Este es un punto extremada-
mente delicado. El poeta dedicó á
Laura 318 sonetos j 88 canciones,
escribió los Triunfost rica apoteosis de
la belleza á quien amó, en donde el
vate mostró sus dolerea an arranques
poéticos que asombraron al mundo; j
sin embar^, an ninguna parte de eu
preciosa literatura haj un solo indi-
cio que pueda revelar á la mujer que
fué el delirio de su vida. El autor anó-
nimo de una Vida de Petrarca impre-
sa en 1471, ^ que fué contemporáneo
del poeta, dice: «que Laura no era
casada, que se llamaba Laureta, qoe
habitaba un castillo cerca de Aviñóo,
que fué la musa de Petrarca, que per-
maneció casta, en tanto que el poeta
desovó las exhortaciones del Papa,
que le suplicaba se casase c(m éua,
temeroso de ver disminuir su amor.»
Un anticuario italiano, Venutello,ha
corroborado este testimonio con sua
Sropias investigaciones; j el padre
ostanig, tomando en cuenta todos
los argumentos invocados por los ad-
versariüs de Laura db Novás, pretea-
de, en su Musa de Pbtrarca (1B20),
que «la dama ideal del poeta fué Lau-
ra db Baux, de la casa de Oranga,
cujra tumba se ve todavía en Galas.*
Esta hipótesis no debe admí ti rse, pues-
to que se tiene el testimonio de Pe-
trarca acerca del lugar de la tumba
de la que había cantado. En favor de
la identidad de Laura db Xo>¿s coa
la Laura de Petrarca, pueden citarse
los argumentos aducidos por Sada en
dos aoultados volúmenes titulados:
Memorias sobre la vida di Petrare*
(1764, 1767), de cu^as notíeias la de-
duce que, si la identidad no puede
tenerse por segura, es por lo menoi
muj probable. De lo referido miAB-
ciosamente por el gran poeta, se in-
fiere con seguridad que no entró nua-
ca en casa día Laura, que no la trato
ni habitó con ella, consistiendo va
relaciones exteriores én verla paseará
lo lejos bajo los limoneros de uq ptr-
que del castillo en que Laura vÍvw,
o bien encontrándola en la iglesia. £i
evidente que si Petrarca la hubiera
visitado, no habría comprado una he-
redad cerca del castillo de su amada,
la cual, uniendo al hechizo de stt att'
moaura U virtud del recato, *m
mantener siempre vivo el amor «1
poeta, Bsta amor puro no estaba exM-
to para él de ciertos dolores, puerto
que frecuentemente se queja de la vh»*
lencia de sus deseos. Laura era cele*
bre en vida, idealiiada ja en cierU
manera por loa sonetos J 1«» ""Sf
nes de su amanta, como lo patenui»
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b1 hwha de Carlos da Lumnbur^o,
epip^ndor después de Alemania. Ha-
jUeadú pando este personaje por Avi-
fliin, pra^fantó por la dama ideal del
^oata, coa cajo motivo faé presentada
a Carlos, entre las señoras de la ciu-
dad, bciándola en la freníey en loi ojos.
AjDua de las poesías del Petrarca, que
son ciertamente el primer monumento
jda la memoria de aquella mujer, su
Tstijito euste en un bajo relieve que
iog eruditos afirman haber perteneci-
do al gnn poeta, así como en ciertas
pintan» de Síin6n Síana, amigo del
Patnfca, las cuales se eonserran aún
«1 Aviadn. Créese que al mismo pin-
tor faixQ también el retrato de I«AUUf
aunque se ignora su paradereL De di-
cho retrato ;óla quedan, las r^roduo-
éionas qne se haílui sn* los grabados
de algunas ediciones del autor. Bn
.onanto ai r^'lidve^ de que hemos ha-
blado, pertenece boj & una &milia de
Florencia. Si Lauba sk Novbs fué
realmente la amada del iaspirado va-
te, murió á los 41 años, el o de Abril
de 1348, i consecuencia de una peste
que hubo en Avíaón pir entonces, de
donde se deduce que nació en el año
de 1307. Por consecuencia, cuando la
vi6 Petrarca el día 16 de Abril de
1327, en U iglesia da Santa Clara de
Avifltfn, Lauu costaba 20 aflea me-
nos 10 dias.
AfSfis. — ^Existe ún oiadro, donde
Lauba, aparece en ana pradera, cir-
jcnfda da aldeanas jóvenes, sentadas
«obre el césped, eon los vestidos pin-
toraaoos de aquella edad. La pradera
en cuestión está situada cerca de la
_&mosa fuente de yochué. A cierta
distancia del césped, en donde se en-
cuentra nuestra heroína con las aldea-
nas, sa ven unsis piedras rodeadas de
árboles, entre las cuales haj una figu-
ra de hombre, vestido de negro, pues-
to da espaldas, cujo semblante no se
▼e, porque el pintor hubo de tener
miedo deexpresar el arcano de aquella
▼ida. En la pintura (^ue examinamos
.Tienen á cooinindírse instantáneamen-
te las pasiones del sentimiento, los
vntíeiBtos delaconeiencia, las memo-
rias del campo j los prodigios de la
mujet, entre audaces imagiuaeiones
de lona indtil malicia. Ss un cuadro
de fiutasía vaga, armoñitjsa, índefini-
LAUR
Lánrea-. Femenino, Corona de lau-
rel.
BnuoLOofa. Laurel: latín, laur?a,
corona de laurel, gloria militar, triun*
fo: italiano, ¿aur^a; catalán, láurea. —
«La hoja de laurel; y por la sinécdo-
ehe significa algunas veces la corona
triunfal que se hacía de laurel. Es
voz puramente latina.> (Acadeuu.|
Diccionario de 17S6.J
Laureado, da. Adjetivo. Que tie-
ne corona de laurel.
EtiholoqU. laurear: latín, laurea-
íutf participio pasivo de laureare, Isu-
rear: italiano, lauréate; francés, íes-
re'aí.
Laureando. Uasculino. El que
está próximo á recibir grado an algu-
na universidad.
BniiOLoaU. Latín UtureSnduit lo
que debe laurearse, gerundio de lau-
reare, laurear; italiano j catalán, lau-
reando.
Laurear. Activo. Coronar con lau-
rel. | Metáfora. Premiar, honrar.
E-nuou>oÍA. Latín de Prisciano
laureare, forma verbal de kum, el
laurel.
Lauredal. Maseulino. H ntio po-
blado de laureles.
Laurd. Uasculino, Arbol bien co-
nocido, de mediano tamafio, de hojas
siempre verdes, largas, tiesas, pun-
tiagudas, venosas j aromáticas, con
muchas flores muj pequei^as, que
producen unos frutillos puntiagudos,
negros v amargos que se recogon para
d uso de las boticas. Q Metáfora. Co-
rona, triunfo, premio, I albjamdbino.
Botánica. (Ruscu$ raccinoius, de Lin-
neo, familia de las aspara^íneas.)
Planta cujas hojas son semejantes i
las del rasco, pero mavores, más tier-
nas j blanquecinas; el fruto es rojo t
del tamaño de un garbanzo, el cual
se cría eu medio de la haz de cada
hoja bajo de cierta hojuela de figura
de lengüeta. || bbal. Laubocbraso. |
Laurel db Apolo. Laurus nobilii, de
Linneo, tipo de la familia de las lau-
ríneas. I LaUBIL rosa t¡ OLEANDRO.
Nerium oUaudtr, de Linneo, familia
de las apocfneas. | Laurbl db San
Antonio. Bl epílobo en espiga, perte-
neciente al género de las cenotheras.
y Lacbbl de PoRTuaAL. Prunas lusi-
tánica, de Linneo, de la familia de las
LAUR
345
ble; de emoción íntima j profunda; rosáceas. J Laubel rosa de los Al-
d« fascinadora belleza. Petrarca, más pbs. Rkododendron ferrugin^um, de
qne como hombre, se representa allí
como una sombra. Lauba, más que
oQ^ier, es un ángel del mundo, un
suefio de la vida, un suspiro del alma,
dulce / apacible, como el aura que
mueve lasl lojas de los árboles; dulce
jr amoroso, como la esencia que vive
en la flor. ¡Aj! ^.quíén no ama la poe-
sía? ioaién no ama un sublime miste-
río? Ai mirar aquel cuadro, el eora-
n^m agranda j dice: ¡Qué hermoso
as «teer.'iqué hermoso es amari {qué
hennúao es vivirl
laanricM, cea. Adjetivo. Boíáni~-
es. Concerniente 6 parecido al lau-
reL
finiiov>aU. Laural: francés, lautth
ten, tauriim»
Linneo, de la familia de las ericíneas.
I Lauhbl tulipán. Magnolia grandi-
^ra, de Linneo, perteneciente á la
familia de las magnoliáceas.
Etimología. Latín laurus: italiano,
lauro; francés del siglo xi, /or, lorer;
moderno, taurier; portugués, loureiro;
provenzal, laWj laurier; catalán, ¿¿ofM*;
término provincial de Cataluña, ¿/or.
Sentido etimológico, — 1 . £1 latín Aih-
rw fué primitivamente taudus^á^ ¿sw,
hudis, alabanza. (Servio.)
^, Ésta origen explica el hecho da
?[ue el laurel sea el símbolo del tríun*
o V de la gloria.
Laurencio. Masculino. Nombre
propio anticuado. Lorenzo.
Lañrente. Masculino. Uno de los
oficíales que trabajan en el molino de
papel, eu^o principal trabajo es asÍ8>-
tir á la tina eon las formas é ir ha-
ciendo los pliegos.
Laurente. wografia antigua, Cíu-
dad del Lacio.
EriuoLOOÍA. Latín Zaur?H¿aM. ( Vib-
GILIO.)
Laurentina. Sustantivo j adjeti-
vo. Biblioteca Laubbntina. Célobre
biblioteca de Florencia, fundada por
los Mediéis, llamada así por estar
contigua á la iglesia de San Lorenzo.
ETiMOLOofa, Italiano Imutntina:
(naaés, laurentienne.
Lauréola. Femenino. 8a da lasta
nombre á dos plantas de diversa espe-
cie aunque de un mismo ^nero, am-
bas medicinales, j conocidas en laa
boticas conloa nombres impropios de
HACHO ^ hbubba, sieudo las dos her-
mafroditas. Se distinguen, entre otras
cosas, en que la lauréola uacho pro-
duce las flores en racimos y mantie-
ne la hoja todo el a&o; j al contrarío,
la llamada hembra eclia las flores de
tres en tres j píei-de las hojas todos
los aQos. Ambas son sumamente acres
j de uso en la cirugía. Q La corona
de laurel con que se premiaban las
acciones heroioas ó se coronaban los
sacerdotes de los gentiles.
Gtiuolooía. Latín laurelSla, dimi-
nutivo de lauria, hoja de laurel: fran-
cés técnico, daphné UuréoU; eatalán,
laureola,
JÍe$e»a. — 1. Cierta planta parecida
á la chamedaphne. — cEs una matice
de un codo de largo, j produce unas
varillas con muchos ramos correosos,
y de la mitad arriba rodeados de ho-
jas, los cuales están vertidos de una
corteza muj pegajosa. Sus hojas son
como las del laurel, aunque más tier-
nas y delgadas, y difíciles de romper,
y abrasau la booa .j garganta, por ser
de -propiedad muj' cálida. La flores
blanca, y el fruto negro, después de
perfectamente maduro.> (Academia,
Diccionario de 1726.)
2. La chamedaphne que cita la Aca-
demia, as el ;¿atiatSáovi] de los griegos
( chamaiddphne ) y o\ eh&madaphne da
Plinio, que hojr pronunciamos eme-
dafne, según los eruditos De Miguel
y Morante.
Laureóte. Masculino. El laurboto
ó espodio, que fie hace de cazmia y
fiieara de cobre, cuando se derrite en
os hornos de plata ; oro. (PuNiO.)
Etimología. Latín lauridíis, que es
el griego XaupttüTti; (lauridtis).
Lauretal. Masculino. Lugar don-
de hay muchos laiíreles,
Etimolooía. Latín lauf^Umi eata-
láo, iloredar,
Lauretano, na. Adjetivo. Refe-'
rente al puerto de Laürento. Q Mascu-
lino plural. Los LAURBTANOS. Los na-
turales de dicho puerto.
Btucoloqí A. Latín lawrea*u9, (Tito
Livio.)
Laúría (Roobb de). Célebre almi-
rante italiano, que nació en Nápoles
á mediados del siglo xm y muné en
Valencia en 1305. Secundó con todos
sus esfuerzos á Juan de Prtfcída, su
TOMO lU
M
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Siñ LAUS
LAVA
LAVA
el fkmow leTantamiento coDoc^ldo con
el nombre de Visperat tieilia»ai; fué
nombñdo almirante de Pedro III de
Aragón, obtuvo ana completa victoria
contra la escuadra de Cfarlos de An-
jou, y, después de repetidos triaufos,
sometió i bicilia j £ It ma^or parte
d« la Calabria j del Basilicato. En
los afios siguientes, sé sefialó por sos
gloriosos combates en el Océano t el
[editerráneo; n enemistó con Don
Fadrique de Aragón, y derrotó en
muchos enouentroa i las escuadras
sicilianaa; peio habiéndose hecho la
Saz, sn 1302, ss retiró i Aragón, j-
espuós i Valeacii, n donde termi-
nó sus días.
Láurico, ca. Adjetivo. Química,
Ácido lXurico. Cuerpo obtenido por
saponificación de la laurina, llamado
también icido laurosteárico.
Etuiolooía.. Laiwinaí francés, hu~
rine,
Xamifaro, ra. Adjetíro. Poética*
Que tiene laurel.
Btiuolooía. Latín ZsvW/rr; de Um-
ru$ jfSrOtjo UeTO.
Lanrifouado, da. Adjetivo. De
hoja* parecidas á las del laurel.
EtuíolooÍa. Latín laurus, laurel, j
fZlÜUug, forma adjetÍTa de fSñim,
hoja: finncés, Umrijolié.
Lanrigero, ra. Adjetiro. Qas ts
coronado de laureles.
Etiuolooía.. Latín Umrigtr; de lanh
rus y ffercrt, llevar. (Ovidio.)
uturina. Femenino. QiUmca, Subs-
tancia cristalizable qus se extrae del
fruto del laurel.
BfiuOLOofA. Laurel: francés, kmr$l.
Laurinoo. Laoeimo.
Laurino, na. AdjetiTo. Lo perte-
neeirate al laurel.
Erxuoioaíi. Latín ¡awJmut. (Pu-
ma)
Lanrívoro, ra. Adjetivo. Zoología.
Que come hojas de laurel.
BriuoLOOu. Latín Umm, laurel, j
vorítrtt comer.
Lauro. Hasenllno. LAtmaL. | Ue-
táfora. Gloria, alabanza, triunfo.
Itanroceraao. Masculino. Botáni-
ca. Arbol pequeño j hermoso, de ho-
jas aovadas, mis gruesas j relucien-
tes que las del laurel, con flores de
seis pétalos, dispuestos en forma de
rosa, j á que suceden unos frutillos
casi redondos 7 carnosos como las ce-
rexas, de donde tomÓ el nombre.
STUioLoaÍA.. Prwuu» ladbo-cbba-
sus, de Linneo, pertenecients £ la fa-
milia de las rosáceas.
Laurosteárico. LXdrioo.
EnuoLOoU. Láwrico j «1 griego
rciap (ttéar), grasa: francés, lawwua-
rifué,
Xanslandis. Ibsculíno fitmílfar.
Voz que se compone del nominativo
y genitivo de una latina que significa
alahataa, j en i^ual sentido se em-
plea en la expresión: un poco dé láus-
T.AUD1S, dienta de la.usláuois, como
quien dice: <nn ^oco de lustre;» «el
viento de la adulación ó de la lisonja.»
Lauso. Masculino. Tiempos heroi-
cos. Hijo de Numit^r, Iicr^nano de
Uía, i c[aien mató Amulio* rej de los
albanos. (Ovidio.) H Hijo de Mecen'-
cío, muerto por Eneas. (Visaiuo.)
Etimoloou,. Latín Lausus.
Laua Pompeya. Femenino. Oeo-
grafia antigua. Ciudad de la Oalia
traspadana.
EriHOLoaÍA. Laus PompHa.(Vumo.)
Laoaana. Femenino. &eografUs,
Hermosa ciudad de la Suiza, magní-
ficamente situada en la orilla oriental
del lago de Gínebxm, unida & esta
ciudad por un ferrocarril. Es capital
del cantón de Vaud;18.000habitantes.
EriuoLoafa. Latín ¿assAma.
Laosananse. Adjetivo 7 austaa-
tívo. Natural de Lansana 7 lo perte-
neciente á ella.
BtiuolooÍa. Latín Xauianítntk»
Lausonio. Masculino. QeograJUi.
El lago Lemán.
ETiuoLoofÁ. Lausoniut.
Lanticia. Femenino. Esplendidez,
suntuosidad. J| Limpieza, delieadezs,
gusto en vestir 7 comer.
BnuoLoaU. Latín Uasi^tía, esplen-
didez, magnificencia, ffusto exquisi-
to en comer 7 vestir (CicaftÓN); forma
de lautuSf lavado; participio pasivo de
lavare, lavar.
Lautíciamente. Adverbio de mo-
do. Con lujo, con esplendidez. | Con
sumo gusto, hablando ds ropa j co-
mida.
ExiuoLoaii. Latín lauü.
Lauto, ta. Adjetivo. Rico, esplén-
dido, opulento.
Etwolooía,. Latín Lauticia.
Laura. Femenino. Botánica. Flor
odorífera azul, originaria de China.
Lava. Femenino, En las minas se
llama así el baño ó loción que se da 4
los metales para limpiarlos de las im-
purezas. I Material derretido que sale
de los volcanes al tiempo de su erup-
ción, formando arro7os encendidos.
EtiholooU.. Lavar: italiano j cata-
lán, lata; francés, Une.
LaTabo. Masculino. Especie de
mesa en que se coloca el recado para
la limpieza 7 aseo de una persona. Es
voz de uso moderno. \ Culto católico.
Oración que el sacerdote dice duran-
te la misa, llamada así aludiendo &
la palabra con que principia: lavabo
manus meas inter innocentes, \ El pallo
de qne el sacerdote se sirve para en-
j ug^arae los dedos.
ExuiOLOofA. Latín lavabo^ futuro
simple de l^eSre, primera persona del
singular: «70 lavaré;» lenguas roma-
nas, lavabo.
Lavacaras. Masculino familiar.
El adulador.
Lanciaa. Femenino plural. La-
vazas.
ETiifOLOOÍA. Zavar, — «El agua su-
cia que sale de lo que se ha hivado.»
(AcADBiOA, Diccionario de IlíB,)
Lavación. Femenino. Lavaouba
6 LOCIÓN. Se usa más comunmente sn
la Farmacia.
ETiuoLOofA . Latín UfsStfff. (Ta-
RBÓN.)
Lavacro. Masculino metafóríeoan-
ticnado. El bautismo.
EtiuolooÍa. Latín ¿¿racram.— cBn
su riguroso sentido vale Uvttnio,!
p«ro tegularmente se tema por «t bau-
tismo. Es voz tomada de la latina La^
vacrum.* (AoADBiOA, Dic^anarie de
me.)
Lavada. Femenino. Especie ds ni
grande de tiro para pescar.
ErtuoLoafA. Loomó.
Lavadero. Uaaeulino. S lagarsa
que se lava.
Etihoumía. Lavar: latín de las ^o-
sas, UoáUitinm; italiano, lavt^inOtU-
vatojo; francés, lavoir; provenzalj la-
va ier. .
Lavado. Masculino. Lavadura.
EtiuolgoÍa. Latín ISvStus, partici-
pio pasivo de tXvSre: italiano, lavata;
francés ¡an/; eataláa antiguo, iavat,
da.
Lavadura. Femenino. La acción y
efecto da lavar 6 lavarse. | Lavazas.
I Entre guanteros, composición que
se hace con agua, aceite 7 huevos ba-
tiéndolos juntos, en la cual se templa
la piel de que se hacen los guantes.
OTUiOLoaÍA. Lavar: italiano, lawt-
tura; provenzal, lavadura; burguifidn,
laivare; francés, htenuñt; catalán an-
tiguo, lavament
Xavador, ra. Masculino 7 femo-
nino. El que lava. | Instrumento ¡le
hierro qne sirve para limpiar las ar-
mas de fuego. Es cilindrico v lai^ i
proporción del arma que se ha de la-
var. O Anticuado. Lavadero.
EtiuolooÍa. Lavar: latín, lUvitor;
italiano, lavaíore; francés, laveur.
Lavsjal. Masculino anticuado. La-
vajo.
Lavaje. Btasouliuo. El lavado de
las lanas.
EruioLOofA. Lavar: francés, lavaje,
l4av^jo. Masculino. Navazo.
BtiMOLÓafA. Lavar, cCiert ts lagu-
nas que sehscen al rededor de los la-
Sares, que se forman de las lluvias 6
t las corrientes de los rios v arro7o«,
donde las mujeres aoostnmbran a la-
var, 7 suele servir deabrevadero pura
los ganados. (AoADBinA, Dieeionario
de im.)
Lavajoso, mu Adjstivo. G»ya-
OOSO.
Lavamanos. Masculino. El de^ í-
sito de agua con caño, llave 7 pila
para lavarse las manos.
EtiuolooÍa. Lavo, verbo, 7 mssor:
italiano, lavamane; francés, lavamaim.
— »E1 reservatorio de metal 6 piedra,
con su llave, que ha7 en las sacris-
tías, para lavarse las manos los qns
han de celebrar el santo saerífieio ds
la Misa.» (AcADBUiA, Diccionaria da
im,)
Lavaiiiiento.Masculino.La aeeitfn
Í efecto ds lavar ó lavarse. | Ahtíeoa»
0. Medicma, Lavativa, por coci-
miento medicinal.
Lavanco. Masculino. Anads silvos-
tre ó bravfa.
EtiuolooÍa. Lavar. «Especie de
ánade ó pato bravo, qne ordinaria*
mente anua en las lagunas, rías ó en-
senadas de la mar, que continuamente
se está zambullendo 7 lavando en el
agua, por cura razón dice Covarru-
bias se le dio este nombre.» (AcADi-
1 MU, Dicdnaria de mS.J
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F
■LAVA
lAVtndá. Femenino. EsPLlsao. -
. EtucoLOOÍA. Francés latamdet ¿el
italiano kv»nda, forma de lavare, U-
Tar, por ser ona planta que da un
agua perfumada, c^n la cual nos la-
vamos. (Díaz, seguido por LiTTRá.)
Lavandera. Femenino. La mujer
que tiene por Oficio el lavar la ropa.
EnuoLoaÍA. Latand&ro: catalán an-
tiguo, lUuatdn^t lavandera ( hv^ade-
rm) j tavandinm, u mujer qae limpia
■(nníaé^rm).
LarAncUria* Femenino anticuado.
Latadcbo.
- Lamadero. MascoUno. SI que tie-
nejMir oAcio Uvar la ropa.
Ehw«x»U. £<Mr: italiano, leetw-
itj9, — <B1 que lava. En Madrid lla-
man también asi al que viene i traer
j llevar la ropa que se ha de Iavar.>
(AcADSUiA, JJicctottario dt Í7f6.)
Lavándola. Femenino antioiiado.
ESFLIBUO.
Btiuolooía; Lavanda.
Lavanha 6 Labana (Joan Bau-
tista), liatemitico é historiador es-
pañol 6 portugués, que nació en la
segunda mitad del siglo xvi. Fué cro-
nista de Felipe III, que le envió i los
Países Bajos a recoger materiales para
una historia genealógica da la mo-
narquía espafiola, j .maestro de cos-
mografía de Felipe IV« que le eolmó
de Ñivorea. Sos principales obras son:
Tratado de nimüea; Tratado da la etfe-
ra; Viaje dt S. M. el rejf nmesiro uMor
Don Felipe III á Ptrívgal; y iViiv/ra-
y 10 del navio So» AUerto.
Lavaplatos. Sustantivo. BI que
friega los platos. -
uvar. Activo. Limpiar con agua
ú otro licor cualquiera cosa. Se usa
también como reciproco. Q Entre los
albañiles ee dar lá última mano al
blanqueo, bruñéndolo coa un paüo
mojado. ¡ Metáfora. Purificar, quitar
algún defecto, mancha 6 descrédito.
fimioLOGÍA. Gríep^ XaUv» (loúein),
rociar, hacer aspenuones: latín, ¿a."»,
bañar; liítire, lavarj italiano, ¡avare¡
francés, laver¡ catalán antígno, ¡Uñar,
lavar; bnigaiñtfn, laivai.
1. «Lavab de kieeo. Se diee en Aza-
gdn cuando le oubre de hieso una pa-
red bruñéndola con una paleta.»
. 2. «Lavab la lana á alguna. Vale
averiguar j examinarle la causa, has-
ta descubrir la verdad. Trahe esta
frase Covarrubias en su Tetoro.*
3. «Lavo mit manoe. Frase con que
se disculpan aquellos á quienes con
repugnancia 6 violencia, se les obliga
k cgecutar alguna cosa que en su dic-
tamen es injusta. Puede venir de la
antigua costumbre de lavabsb la» «o-
awíos jueces, euaado daban alguna
sentencia, para dar á enteader la pu-
reza 7 limpieza con que lo hacían.»
4. «iV« lo LAVAai, em cuanta agua
lleve el río. Frase que se dice del que
es tan público y manifiesto un de^c-
to, que no puede purgarse de él por
más queie aolicite.» (AcADanu., ^ü*
donario de. i 7Ífi.)
Lavareto. Masenlino. Femado pa-
recido á la trucha.
LavaUr (Joan Gaspaii).. Qélebre
LaVa
escritor suizo, que nacid en 1741 j
murió en 1801. Abrazó la carrera
eclesiástica v obtuvo un ministerio
protestante, aisti aguí endose tanto por
su elocuencia como por los tratados
religiosos que compuso. Abandonan-
do después , esta profesión, se dedicó
exclusivamente á crear una ciencia
tan difícil como extraordinaria, que
consistía en conocer las inclinaciones,
el carácter V el porvenir de las perso-
nas. Una íarga serie de experimen-
tos ^ un constante j prolongado ea-
tndio le persuadieron de que podía
leer en el semblante los sentimientos
oeultoi del corazón, ▼ deducir de ellos
consecuencias inequívocaa. Halliado-
ae sitiada Znrich, su ciudad natal,
Eor los franceses, en 1799, se ocupa-
a en llevar socorros á loa heridos
cuando recibió un balazo en un cos-
tado, el cual te llevó al sepulcro des-
pués de unos cuantos meses de sufri-
mientos. Sus principales obras son:
Cantot keh/ticot; Ideat ¡obre la eíerwi^
dad; Afannal cristiano para uto de la
infancia; Cantos cristianos; Historias
sacadas de la Biblia; De la JitiognomÓ-
nica; La ^agelacién de JetúSt poema;
La Nueva Mesiada, ídem; Ptmeio Pi-
lato, fdem; Bl eora»j» humano, fdem;
Josd de iinswCM, Idem; Áhrakam é
Isaac, drama religioso; Viaje á Co-
penhague; Sermones r Cartas* (Sala.)
J2íf amea.— 1. Bl hombre cienti^co.^
Lavatbb no pndo escribir científica-
mente sobre frenología, por carecer
de los estudios necesarios para una
empresa de esta índole, tales como la
anatomía, la fisiología, la psicología
jr los varios ramos de historia natu-
raL Lavatbb, como Leasing, como
Zímermann, como Pernettjr, no hizo
más que apropiarse las teorías de
Juan Bautista Porta y J. Huarte, en
los tiempos modernos, y de Aristóte-
les en los tiempos antiguos. Las doc-
trinas de LAVaTBB tuvieron cierta fa-
ma hasta la aparición de nn gran
fisiólogo, ^ue dió á la materia la vida
de su genioh Al nacer Gall, murió
Lavatbb.
2. Bl hombre. — ^Lavatbb es uno de
loa caracteres más revueltos, una de
las naturalezas más complicadas, uno
de los espíritus más confusos de que
tiene noticia la historia. Defiende á
los insurrectos del lago de Zurich, y
salva la vida de sus jefes, mientras
que se levanta en 1798 áuntra los
firíncipíos democráticos del Gobierno
ranees y del Directorio helvético. Es
calvinista jescribe un poema en ho-
nor del culto romano. Creía en las
brujas como en los profetas; en la
evocación de los espíritus como en los
artículos de la fe; en los charlatanes
V taumaturgos como en las Sagradas
Escrituras. Abonan grandemente á
nuestro personaje la buena fe, el ainor
á la humanidad jr una vida martiri-
zada.
3. Bl jrwto.— Han sobrevivido á
nuestro autor las Canciones helvéticas,
precioso dechado de sencillez, de gra-
cia y de ternura. Puede afirmarse que
los Cantos heMtieos, más qae todas
LA Vi
84^
sos elucubraciones eientífieas, han
llevado el nombre de Lavatbb al se-
guro de la inmortalidad.
4. Bibliografía, — La principal obra
de Lavatbb, sus Fragmentos fsionó-
micos, aparecieron en alemán en 1775
á 1776 (4 volúmenes en 4.°), y fueron
traducidos diversas veces al francés,
siendo de notar la edición de París
(9 volúmenes en 4.*), hecha por
Moraau, con 500 grabados. Jorge
Gessner, verno del autor, publicó
una vida de su suegro, en tres volú-
menes en 8.'
Lavativa. Femenino. Attma ó
CLÍSTBB, por el instrumento con (|[ue
se administra el a^na ú otro líquido
fior la parte posterior. | Agua ú otro
fquido que, administrado por la par-
te posterior, sirve para humedecer,
refrescar y limpiar los intestinos. H-
Metafórico familiar. Molestia, inco-
modidad; j así se dice: ¡quí lavati-
va! ¡VATA UNA lavativa!
ETUfOLoaÍA. ¿at7fzr: catalán, lavativa.
Lavativazo. Masculino. Inyección
por medio de lavativa. j| Golpe dado
con la lavativa.
Lavativo, va. Adjetivo anticuado.
Lo que Uva d tioae virtud da lavar /
limpiar.
Lavatorio. Masculino. La aedÓn
de lavar ó lavarse. | Cocimiento me-
dicinal para limpiar alguna parte
externa del cuerpo. Q LavaMawos. |
La ceremonia de lavar los piés que se
hace el Jueves Santo. || Liturgia. Ce-
remonia que hace el secerdote en la
misa después de haber preparado el
cáliz, lavaudosi; los dedos, jj Liturgia
antigua. Piedra sobre la cual se lavaba
el cuerpo de los eclesiásticos y reli-
giosos después de su muerte.
KTiMOLoaÍA Latín lavalÓrUmt la-
vadero (Cflosas de FilorenoJ; Ünacés,
lavaimre! catal&n, lavatori,
L«Tnt>i& Fanwniaa bmiliar* La-
VANSaSAp
Lavasas. Vemenino pluraL Bl
agua sucia é meicUda oon la porq^ue-
ría de lo que ae lavó en ^ia.
Lave. Masculino. Minas. La ope-
ración de lavar los metales para en-
tresacarlos de la tierra j eteorias eon
que están mezclados.
Lavega. Femenino. Especie de
piedra de que se hacen vasijas mujr
resistentes al fuego.
Etimolooía. Lava: italiano, laveg-
gio; francés, lavége,
Lavema. Femenino. Mitología.
Diosa de los laditmiSi plagiarios, hi-
pócritas.
ETniOLoaiA. Latín LUvima, por
Uóimi, del griego iaSsi» (UM»), to-
mara
LavarnaL Adjetivo. Lo putene-
ciente i la diosa Lavema. | Poibta
Lavbbnal. Una de las de Boma, en
donde había un ara dedicada ála dio*
sa de los ladrones. (Vabbón.)
KtimoloqÍa. Latín lavernilist laver-
nal; lavbbmalis pobta.* puerta Lavar*
nal.
Lavinia. Femenino. Hija dd rej
Latino, mujer de KnfHk
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84¿ Lavó
LiTOisier (Antonio LobsMzo).
lebre químico francés, hijo de un co-
merciante de París. Recibió una ex-
celente educación en el colegio Ha-
zarinor en li que desde los primeros
momentos manifestó el futuro quími-
co una mareada afición á las ciencias
extetat. Siguiendo los cursos de as-
tronomía de La Caille« estudió la quf*
mica en el laboratorio de La Rouelle
y fué uno de los más asiduos ojentes
de Bernardo de Jussieu. Entregado
por completo al estudio, no tuTO nin-
guna de las pasiones de la Juventud:
se separó del mundo, absorto por com-
fileto en sus trabajos, j limitó sus re-
aciones á las de sus maestros t i las
de algunos sabios distinguidos, k
los 23 aQos obtenía nn premio en la
Academia de Ciencias. Bata había pro-
puesto, como tema del concurso: Me-
moria sobre el mejvr titíeiM de almmbnh
do deParü* La-toisish se encerró en su
habitación j permaneció más de seis
semanas sin rer otra luz qae la de las
lámparas sobra qne hacía sus expe-
rimentos. Al salir de su Toluntario
ostracismo, obtenía (Abril de 1766) la
medalla de oro. En 1768 entró i for-
mar parte de aquella docta corpora-
cíónf mediante otra memoria Soíre lot
yacimientos de lat montañas. Después,
deseando tener una posición que le
ftermitiera con desahogo dedicarse á
oi estudios de una manera indepen-
diente, solicitó j obturo, en 1769( el
cargo de recaudador general de im-
puestos. Desde ontonces, compartió
su Tida entre la ciencia j su nuero
destinoi que desempeñó siempre con
la más perfecta honradez j que debía
serle tan fatal, los judíos de Metz le
debieron la abolición de un impuesto
odioso, residuo tradicional de la bar-
barie de la Edad media. Turgot le co-
locó, en 1776, al frente de la comisa-
ría del impuesto de sal j pólvoras,
introduciendo en la fabricación de
esta última notables mejoras. En 178S
fué destinado i la caja de descuentos;
en 1790, nombrado individuo de la
comisión de pesos t medidas, j en
1791, comisario de la Tesorería. En
aquel mismo año publicó un Tratado
sobre la riqueza territorial del reino de
Francia^ cuja impresión, por cuenta
del Estado, decretó la Asamblea cons-
tituyente. En 1772 había echado los
primeros cimientos á sus teorías quí-
micas; pero su e^íritu esencialmente
creador esperó hasta 1783 para dar
el golpe de gracia á la doctrina de los
ñogísticos. Sabiendo multiplii-arse do
un tnodo increíble, publicó de 1772
á 1786 más de cuarenta memorias re-
lativas á su doctrina, siguiendo en
ellas un método tan lógico, que basta
leer aquellos opúsculos para compren-
der cómo se forma una ciencia. }<ada
se pierde, nada te crea; hé aquí su divi-
sa; la wiaíeria jtugde ser modificada en
su forma, pero ^amás alterada en tupeso.
Después, poniendo la balanza al ser-
vicio de este profundo pensamiento;
86 convierte en sus manos en un reac-
tivo infalible, que podía y debía por
»í solo operar una »cuuda revotuciúa
LaVÓ
«n la qaímic*. Entra «ui tramerosoi
trabajos, citaremos sobre todo: el det-
cubrimiento del axtgeno, que biso al
mismo tiempo que Priestlejr / que
Ue^ & ser la base de su teoría; el aiii*
Usu y la tinietis del aire (1777); la
del ácido earidnieo, la del aana j la de
las materias oryánicat. Desde entoncef
pudo explicar la combustión, U res-
piración j la fermentación. Al mismo
tiempo, se entreg.i á cuantos trabajos
exigen las necesidades del presente,
j emprende, en beneficio déla huma-
nidad, una larga' serie de experien-
cias malsanas 7 peligrosas en los ga-
ses y materias fecales, logrando re-
saltados por expremo beneficiosos. En
su Trataáo de química (1792, dos volú-
menes en 8.*), donde expone las bases
de la química moderna, se muestra,
eomo filósofo r como lógico, digno
émulo de Condillae. En 1787, Four-
croj j Berthollet adoptaron sa teoría.
Por fin, creó con Guatón de Morvean
la nomenclatura química. Lavoisibb
ha dejado también importantes traba-
jos sobre el calórico, estableciendo su
imponderabilidad, demostrando las
analogías entre los vaporea y el ^s é
inventando con Laplace un caloríme-
tro, con ayuda del cual se explican
los fenómenos de la respiración y del
calor animal. Una muerte prematura
detuvo el curso de sus trabajos, en el
momento en que los recogía todos
Sara formar una obra única. Aun hoy,
espués del transcurso de -todo un
siglo, sus descubrí mientoa son la
admiración de los hombres mis doc-
tos, en tanto que sus teorías sirven
como de alambre conductor en el in-
menso dédalo de las ciencias quími-
cas. Hablando ahora de s\i muerte, nos
repugna decirlo, pero lo tenemos que
decir. En 2 de Mayo de 1794, el con-
vencional Dupin presentó un acta de
acusación contra todos los asentistas 6
recaudadores generales de impues-
tos públicos; por consiguiente, contra
Lavoisibr. Transcurridos cuatro días,
el 6, fué condenado á muerte con
todos sus demás compañeros. Bl con*
denado pidió al tribunal que prorro-
gara por algún tiempo la sentencia,
con elobjeto de llevar á cabo algunas
experiencias interesantes, £ cuja ins-
tancia contestó el presidente del tri-
bunal qne «la República no tenfa ne-
cesidad de sabios.» Ciertos autores
atribuyen esta brutal contestación i
Dumas; otros, al acusador público,
Foaqnier Tinville; otros, al vicepre-
sidente Coffinhal. Sea de esto lo que
quiera, aunque debemos hacer constar
que no es punto histórico, ello fué
que nuestro personaje se vió incluido
en aquella especie de asesinato en
masa. Nuestros apreciables lectores
saben muy bien que no nos cuadra el
menguado oficio de acusadores impla-
cables, pero ante una barbarie tau
feroz jr tap ciega no es posible callar.
Hacer morir en la guillotina -i un
hombre inocente, es una herejía que
subiera elinimo de toda persona
dianamente honrada. La satine del
ilustre sabio, orgullo de su siglo y de
Laxa
su pueblo, será una manohá «terna «ti !
los anales de la revolueíón del 9i. ¡
¡(juién sabe los progresos de qot
aquella infamia privó i la eieneia! I
¡Qué responsabilidad tan formidable! ¡
Reseña*— i. Los dos monumentos
qne han oonaag^do la memoria del
personaje de esta biografía son un
retrato pintado por David y la eoroni
que presentaron á la víctima en an ea*
lab^zo los individuos del Liceo, pre-
cisamente en el día antes de la ejaea-
ción. Pero aquella víctima tieno ana
guirnalda y un retrato de macho más
precio: la gloría de ser inmortal en-
tre los genios más fecundos del sin-
glo xviu, la gloria inmarcesible de
vivir siempre entre loe héroes t Ioi
mártires de la ciencia, recibieado «o
pago el amor de todos; también el
nuestro. Al lado de este mundo infi-
uSto, ff^aé es una guiUotíua? jCrael-
dad inútil! ¡Barbarie impotente!...
2. Halle y Lotsel levantaros su vos
en favor de la víetinu; y aunque nada
legraron, debe eonrignarae lo qae
dice la historia.
3. Antonio Lorenzo Lavoisibr na-
ció en París el día 1€ de Agosto de
1743 y acabó en el cadalso el día 8 de
Mayo de 1794. Fué el cuarto de los
veinticuatro guillotínadoa en aquel
espantoso día. Su suegra, }l. Poulze,
con cuya hijaae había casado en 1771,
le precedió inmediatamente en la te-
rrible bá80ula;dB tal suerte que la gui*
Uotina mescló su sangre.
4. Galileo, con el telescopio, rero-
lueionó la aetronomía: Newton, con
la gravitación universal, revoludoDÓ
la nstea: Lavoíubr, eon el deseubri-
mÍL'nto del oxigeno, vevelueionó las
ciencias naturales y las ciencias mé-
dicas, puesto que llevó naeTOspriaei-
ptos á la naturaleza y ú la vida. |
Laxación. Femenino. La acción y |
efecto de laxar. !
Etimoloo'a. Losar: latín, laxiíle, ¡
forma sustantiva abstractade lawiíiis, 1
laxado: italiano, Íossomus; catalán,
iaxament. !
Laudo, da. Participio parivo da
laxar.
Btimolooía. Latía lái^Uist, partici-
pio pasivo de la^bre: eataláu, lastat,
da; »ancés, Uché; italiano, ¿oicw^
Laxamiento. Uaseulino. Laxa-
CIÓN ó LAXITUD.
Lazante. Participio activo de la-
xar. Lo que laxa, f Medicina. Lo qn -
evacúa ei vientre sin llegar i purga.-.
I Sustantivo. Un laxante; los la-
xantes.
Laxar. Activo. Aflojar, ablandar,
disminuir la tensión de alguna cosa.
H Áfedicina. Evacuar el vientre de on
m ido suave.
BTiuOLoafA. Lasio: latín, faaSre:
catalán y portugués, laxar; proven-
zal, laxar, ¿osMsr; francés antiguo,
lascker; moderno, Ueker; italiano, bu-
cíare.
Laxativo, ra. Adjetivo. MtdkiMS.
Lo que laxa ó tiene virtud de laxar.
8e usa también eomo suatautivoen U
terminación masculina.
ErmoLoaíA. ¿osar; Utfa, Itatíím,
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Laza
lo qoe tiniB TÍrtud d« ablandar;
\i%no, ■ lauaíito; francés, /íu><i/'|/; pro-
veDzal, Uaatiu; catalán, iaxatiu, va.
Laxidad. Femenino. Laxitud.
Lazifioro, rft. Adjetivo. Bot&nita,
Cavas flores están muj apartadas unas
de otras, en euro sentido se dice: tn-
Jtoretcencia laxiplora.
Btucoldoía. Latín /(kmi, laxo, j
Jlof,JUritt flor: francés, laaijlore.
laftzifoUado, da. ¿djetiro. Sotánir
es. De hojas mor separadas entre sí.
EriHOLOofA. Laxut, laxo, j /SUS^
au; de ^líum, hc^'a.
Laxitud. Femenino. Calidad de
laxo: como la laxitud délas fibras.
finuoLooÍA. Laxo: httjo latín, laxí^
tido; clásico, laxííai; catalán, laxitud;
firoTenzal, laxetatitnmaht lémf¿; ita^
iano, lassetia.
SiNONiuiA. Laatitud, relajacüfn. La
laxitad está en las doctrinas j en las
lejes; la rtlajacüf», en la conducta.
No ei extraño que donde h^j laxitud
en él ejercicio de la autoridad j en la
opinión pública, haja también relaja^
cto* en las costumbres. Se acusa de
laxitud i la ética del probabilismo.
Todos los historiadores convienen en
la retajaciáñ que infestó las dinastías
del bajo imperio. (Moba.)
Laxo, xa. A.djetivo. Lo que está
flojo 6 no tiene la tensión que natural-
mente debe tener, jj Metáfora. Se apli-
ca á la moral relajada. Ubre ó poco
sana; como las opiniones líxám de al-
g-unos casuistas.
Btu«>looÍa. Latín lamu, participio
pasivo anticuado de lan^ithret lang^ai-
decer: italiano, iatso; francés antiguo,
toicke; moderno, Idc&e, flojo, cobarde;
provenzal, í», /oie; catalán, laxo, a.
Laya. Femenino. Calidad, especia,
género; j así se dice; esto es de la
misma lata ó de otra lata. | Provin-
cial. Instrumento con dos puntas de
hierro, de una tercia cada una, con
QD cabo de madera, que sirve para
labrar la tierra j revolverla.
BnuotOGÍA. Antiguo escandinavo
Uid: anglo-sajón, láa; flamenco, leyde;
bajo latín, leía, /ta, laia, leda, ¿ada¡
francés, /o^, martillo de picapedrero
que tiene dientes en el corte.
Lavador, ra. Masculino j femeni-
no. Él quj labra la tierra con la laja.
Layar. Activo. Labrar la tierra
con la laja.
ETniOLoaÍA. Laya: francés, layer.
Laxada. Femenino. La atadura ó
nndo que se hace con hilo, cinta ó
cosa semqante, de manera que tiran-
do de ano de los cabos pueda desatarse
con fteilidad. | Lazo, por el enlace ó
nndo de cintas Qué sirre de adorno.
LazadiUa. Femenino diminutivo
de Ikzada.
Lazar. Neutro anticuado. Lazrab.
Lazareto. Masculino. £1 hospital
6 lugar fnera de poblado que se des-
tina para hacer la cuarentena los que
vienen de parajes sospechosos de al-
guna enfermedad contagiosa.
BnuoLoaÍA. Bajo latín lazaría, le-
proso, aludiendo al Lázaro del Evan-
gelio: italiano, lazaretto; francés, U-
ttrfti catalán, latareí.
Laza
Reseña. — Nombre que designaba
prílnitivamente un hospital de lepro-
sos, [colocado bajo la invocación de
san Lázaro, y que se aplica á los edi-
ficios aislados donde se obliga á hacer
cuarentena á las personas r á las mer-
cancías procedentes de países infecta-
dos 6 sospechosos de conti^io.
Lazarillo. Masculino. Bl mucha-
cho que ofuía j dirige al ciego,
EtuiolooÍa. Ldairo,
Lazarillos. Masculino plnral. «Se
llaman también los muchachos que se
curan la tifia en los hospitales de San
Lázaro.» (Acadbioa, Diedoturio de
me.)
Lazarino, na. Adjetivo. Que se
aplica al que padece la enfermedad de
lepra.
Lazaristas. Maseulinoplural. His-
toria religiosa. Son los llamados tam-
bién sacerdotes de la Misión, congre-
gación fundada en 1625 por san Vi-
cente de Paúl, para formar ó instruir
misioneros, aprobada por el papa Ur-
bano VIII en 1632 j llamada asi por>
que se estableció en París en una an-
tigua casa de hospitalarios de san Lá-
xaro. El general debía ser - francés j
residir en París. £1 convento de San
Lázaro era también una especie de
prisión donde se encerraba á los jóve-
nes de mala conducta. Los lazaris-
tas continúan predicando en loa paí-
ses extranjeros ^ dirigen los semina-
rios de varias diócesis.
Lázaro. Adjetivo anticuado. El que
padece ;la enfermedad llamada lepra
ó San Lázaro. Se usa también como
sustantivo, j ^íd/ia. Hermano de Mar-
ta j de Mana, á quien Jesucristo re-
sucitó, según el Evangelio.
Etiuolooía. Latín de san Jeróni-
mo, Ld£ítrus, nombre propio del por-
diosero, llano da úlceras, qne esme-
raba en la puerta del rico: catalán,
Lldtzer; potar eoM «n Lláíter, poner de
oro j azul.— -«Pobre andrajoso. Llá-
mase así por alusión al Lízabo men-
digo del Evangelio. Se toma también
por taimado, astuto j redomado.»
(AOADBUiA, Diccionario de 17S6.)
Lázaro (Rauón). Jurisconsulto j
canonista español, que nació en Bar-
celona en 1739 j murió en 1832. Es-
tudió en la universidad de Cervera,
donde obtuvo los grados de doctor en
lejes j cánones. Fué diputado en las
Cortes de Cádiz en 1810, maestres-
cuela en la iglesia de Lérida r rec-
tor j carcelario de la universidad de
Cerrera. Sus obras más notables son:
Derecho público general de España v de
Cataluña; Rigueza de la nactm, y Pro-
yecto sobre laudemios.
Lázaro (san). Biblia. Hermano de
Marta j de María, que vivía en Beta-
nia, en la época en (^ue Jesús predi-
caba allí el Evangelio. Muerto duran-
te una de las excursiones de Jesús,
el Divino Maestro lloró sobre su tum-
ba j le resucitó al cuarto día de su
muerte. Se ignoran los demás detalles
de su vida. La Iglesia catülica cele-
bra su fiesta el 2 de Septiembre.
Lázaro. Biblia. Hombre pobre j
cubierto de úlceras qae trató en vano
LAZÓ Stó
de conmover al rico avariento. Muer-
tos ambos, el rico avariento imploró á
su vez inútilmente, desde el fondo del
infierno, á Lázaro, convertido en bien-
aventurado. El sentido moral de esta
hermosa parábola de Jesús es evidente.
Reseña.— Jerusalén se muestra
todarfa i los peregrinos cristianos el
lugar en que estuvo la casa del rico
avariento, así como el sitio en que el
pobre Lázaro pedía limosna.
Lazaroni. Masculino. Nombre qua
86 da en Italia á los trohanes j ao-
drájosos.
EmiOLoaU* Bajo latís isson», le-
proso.
Reseña hisítfrica.—^omhn del po-
pulacho de Nápoles, en general, que
significa los grandes Lázaros, por se-
mejanza á su patrono, el Lázaro del
Evangelio, tipo de pobreza j desnu-
dez. Antiguamente eran mendigos,
casi desnudos, que no trabajaban sino
lo preciso para no morir de hambre,
que descansaban mientras tenían para
vivir, j que dormían, por lo g^eneral,
en los grandes graneros. Hacia fines
del siglo xTni, formaban una pobla-
ción de anos ^.000 individuos, que
escogía un jefe llamado capo Láfaro,
6 capitán Lázaro. Hasani«l6 (véase
este nombre) lo era, cuando estalló
la insurrección de 16i7. En 1798, los
LAZARONI, armados por. el cardenal
Ruffo, intentaron defender á Nápoles
contra la armada francesa j el gene-
ral Championnet. Hoj, los lazaboni,
al menos los del puerto, son activos j
laboriosos; no van desnudos, como en
otro tiempo, sino que llevan una ca-
misa j un calzón de tela; j en el in-
vierno, un capote largo con mangas
/ capuchón de paflo grueso.
Lazdrador. Ifaiealino antíeoado.
Lazradoh.
Lazdrar. Neutro anticnado. Laz-
BAB.
Lazibrar. Masculino. LapislXíuli.
Lazo. Masculino. La lazada ó nudo
de cintas ó cosa que sirve de adorno,
j se hace formando unas como hojas,
j dejando á veces los dos cabos suel-
tos 7 pendientes. || Adorno hecho de
algún metal ó piedras imitando al
LAZO de la cinta. ]j El adorno de líneas
j florones enlazados unos con otros
que se hacen en las molduras, frisos J
otras cosas. Q Cualquiera de los dise-
ños ó dibujos que se hacen con el boj,
arraján ú otras plantas en los cuadros
de los jardines.! Cualquiera los en-
laces artificiosos y figurados que hacen
los danzantes y ios que bailan contra-
danzas. I Lazada,, por el nudo que se
hace con hilo, cuerda ó cosa semejan-
te; y así se dice: lazo corredizo, f La
cuerda de hilos de alambre retorcido,
con su lazada corrediza, que asegura-
da en el suelo con una estaquilla, sir-
ve para coger conejos. Hácese también
de cerda para cazar perdices y otros
pájaros. ¡| El cordel con que se asegu-
ra la carga. | En la ballestería es el
rodeo que con los caballos se hace á
la res para precisarla á ponerse á tiro
del que la espera, engañándola j ha-
ciéndola huir por la parte en que no
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LEAL
se ha dejado rastro. Q Metáfora. Ar-
did 6 artificio engañoso, asechanza. \
Uai^Q, vinculo, obllgacidn. ] cisao.
En la ballestería le diee euando ae
intenta nutar á laso las reses sin rer-
las. \ AXUAK UZO, TRAMPA, ZANCADI-
LLA, etc. Frase metafórica y bmíliar:
Poner asechanzas, usaí de alguna tre^
ta tf artificio para engaftar á alguno.
II Mbtbb kl lazo al pib. Frase meta-
fórica anticuada. Abuab lazo. || Rosa
bl lazo. Frase. Huir de algún aprieto
ó peligro en que se estaba. | TBNSti
BL LAZO k LA oaroanta. Frase meta-
fórica. I TbNBB la SOOA k LA OABQAN-
TA. |[ Cabb bn bl lazo. Locucidn pro-
verbial. Cabb bn la trampa.
BTmoLoaÍA. Provenzal loe, Uu, latt:
catalán, llat; namurés, las'; walón,
Irs'; portugués, loco; francés, lact; ita-
liano, laccto, del latía lax^ ¡aci*, J lÜ-
gu?iu, Idqnei, en relación con el grie-
go UIm; eólico, brÁios, de la raíz
sánscrita mvfe.
1. El ladical sánscrito significa la
idea de hacer trozos, sentido que to-
maron el eólico brákos, que equivale
á jirón, / el griego lákot, forma evi-
dente de lakein, desgarrar, origen del
latín Idarare, por ligwrare.
2. Nótese la simetría que existe
entre el griego lakéin, Ujtot (XaxcTv,
Xáxo^), j el latín l^ueui, lazo.
3. Etimológicamente hablando, lato
quiere decír trozo 6 jirón, de donde
vino la significación de lazo ó nudo,
porque haj que anudar lo que se des-
garra.
4. Bl tazo pasó luego á significar
trampa, engafio, dolo, porque se ob-
servo que era un frauda del enemigo.
5. La serie de significados es: ji-
rón, nudo, ardid, fauicia.
Lazrádamente. Adverbio de mo-
do anticuado. Con lacería ó trabajo.
BTiuoLOof A. Zwnu^ j el sufijo ad-
verbial mente,
Lazrador. Masculino anticuado.
El que padece y sufre trabajos y mi-
serias.
Lucrar. Neutro anticuado. Pade-
cer; sufrir trabajos; miserias.
Etiuolooía. Contracción de lazar-
rar, forma de Lisaro.
Lazroso, sa. AdjetÍTo anticuado.
Atrabajado, que padece mucho.
BTiHOLoaÍA. Lazrar,
Lazulita. Femenino. Lapislázuli.
Q Híineraloaia, Piedra azul, opaca,
con venas Manqneeinas ▼ piritas fe-
rruginosas, semejantes al oro, oriun-
do de Persia, de China J de la Qran
BreUíia.
ETiMOLoafA. £4t»U: francés, 2aw-
liU.
Le. Dativo ó acusativo singular del
pronombre personal j dativo del
pronombre lemenino personal ella,
ETiuoLOOfA. Latín ille, illa, Ulett
illot, illas: italiano, A», la¡ por-
tugués, o, os; a, tu; francés, U, U$;
catalán, lo, U.
Leal. Adjetivo. Bl que guarda á
otro la debida fidelidad, dándole en
las ocasiones pruebas de su buena le;.
Aplícase igualmente ¿ las acciones
propias de un hombre fiel y de buena
LEAN
lej, y se usa también come snstentí-
To. I Aplícase i algunos animales do-
mésticos; como los perros ^ caballos,
que muestran al hombre cierta espe-
cie de amor, fidelidad v reconocimien-
to. \ Aplícase á las caballerías que no
son falsas. Q Fidedigno, verídico, le-
gal ; fiel en el desempeño de alg&n
oficio ó cargo. | Db los lbalbs si
HINCHBN LOS HOSPITALBS. Refriu OOU
que se denota que á las personas más
acreedoras á los premios y mercedes
se las suele dejar por la común aban-
donadas á su escasa fortuna. [| No
VIVB Uks BL LBAL QUB CUANTO QUIBBB
BL TBAIDOR. Refrán con que se advier-
te que el hombre sincero y franco
está expuesto £ las asechanzas y tiros
del alevoso.
BmcOLoaÍA. Provenzal liyal, Kat:
catalán, lleal; francés del siglo xi|
leial; moderno, loyal; italiano, léate,
del latín tegilie, forma de tea, fáaü,
la lev. Bl catalán tiene también leal
en el sentido de legítimo.
Lealdad. Femenino antienado.
Lbaltad.
Lealdat. Femenino anticuado.
Lbaltad.
Lealmente. Adverbio de modo.
Con lealtad. | Con legalidad, con la
debida buena fe*
EriMOLoaÍA. Leal y el sufijo adver-
bial mente: catalán , Ikalment; francés
del siglo xit, Uaumení, loiaument; xt,
loyamment; moderno, loyalement; ita-
liano, lealmente.
liealtad. Femenino. El buen porte
de una persona con otra, en cumpli-
miento de lo que exigen las le;es de
la fidelidad ; las del honor y hom-
bría de bien. | Aquella especie de
amor ó gratitud que muestran al hom-
bre algunos animales, como el perro
V el caballo. \ Legalidad, verdad, rea-
lidad.
Etimolcoía, Leal: provenzal, leval-
íat, leiauíatf lealtat; catalán, lleaitat,
lealtat; francés del siglo zu, leauté;
XIII, loiauié; xiv, leaulté; xvi, loyauU
téy loyaulé, que es la forma moderna;
italiano, leattá.
SiNONUiiA. Lealtad, Melidad. La
observancia de la fe debida i un so-
berano, es la idea que se considera
aquí como común á estas dos voces;
pero la ^delidad no explica por sí sola
más que la exactitud con que se cum-
ple la obligación contraída, con que
se observa la fe debida al soberano;
la lealtad añade á esta idea la del
afecto personal con que se cumple
aquella obligación.
Por eso no se dice juramento de
lealtad, sino juramento de Jidelidad.
Un republicano puede tener Jiáeli-
dad; un español tiene más, tiene leal-
tad. (HUBBTA.)
LealtauB. Femenino anticuado.
Lbaltad.
Leandro. Masculino. Nombre pro-
Sio de varón; san Lbandbo. ^ Joven
e Abidos, en Asia, á la orilla del
Helesponto, que, enamorado de Hero,
la cuu vivía en Sestos, ciudad de la
ribera opuesta, iba nadando de noche
á verla, nasta que una uoobs quedó
LÉ BaS
sumergido en el mar^ (Mabcial.)
BTUcoLoaÍA. Latín £«3«(/«r, ¿ras-
drut.
Reseña. — Este pasaje ha servido de
asunto á un precioso cuento de Tnie-
ba.
Leandro (3ah). Arzobispo de Sevi-
lla, que nació en Cartagena i media-
dos del siglo XI. Fueron sus hermanos
san Fulgencio, obispo de Ecija ; de
Cartagena, y san Isidoro, que lé su-
cedió en la silla episcopal de Sevilla.
Exponiéndose a graves peligros, se
dedicó con celo verdaderameute apo^
tólíco £ restablecer la fe de Nícea, por
lo cual se Vió amenazado repetidas
Taces por el re; Leovigildo; sobre
todo, por haber convertido á san Her-
menegildo, hijo ma;(>r del rev, i
quien su padre hizo i»r muerte, des-
terrando a Lbandbo; aiinque poco des-
Sués, arrepentido de su bárnra con-
ucta, le levantó el destierro. Hablen*
do enfermado LeoTÍ^ldo; hallándole
sin esperanzas de vida, llamó £ sah
Lbandro ; le encargó que Ín8tru;ese
en la fe católica á su hijo Recaredoi
San Lbandbo presidió el tercer coneí-
lio de Toledo; se ocupó en corregir U
litur^a, de tal manera que á él se debe
el ongen del oficio muzárabe, que san
Isidoro perfeccionó después. Bscribiií
varias obras ; murió en 596, dejando
& España la eterna memoria de su sa-
ber ; de su virtud.
Learco. Masculino. Mitología, Hi-
jo de Atamante ; de Ino. Su padre,
ciego de cólera, le dió muerte, visto
lo cual por su miyer Ino, arrebaté i
su hijo Melieerta j se arrojó <»n él
al mar. (Ovidio.)
ETUiOLoaÍA. ÍMinZeSrekia,
Le Bas (FsLin Francisco Jobí).
Patriota francés, individuo de la Con-
vención ; del comité de Seguridad
general, que nació en 1762 ; muné
en 1794. Perteneció ¿ aquella fráceióo
de la Montaña que aólo pensó en cum-
plir los deberes que le imponía su mi-
sión. Votó la muerte de Luis XVI,
sin apelación ni aplazamiento; al^
tiempo después marchó con Saint-
Just á desempeñar él cargo de cmi-
sario de la Convención en el ejército
del Rhin, ; luego en el Sambre;H(>-
sa. Unido £ Robespiern, cu^ com-
patriota era, pidió participar de w
suerte el 9 Thermidor; fué preso ;
conducido £ la prisión llamada da la
Fuerta con los dos Robespierre, Saiot-
Just j Couthón, ; puestc con ellossn
libertad por el pueblo, que loseóndo-
10 £ la casa del a;untamiento; P««
habiendo triun'ado de nuevo la Con-
vención, Lb Bas se suicidó de ua pit-
toletazo. (Sala.)
Resumen.— l. Nació en Tratent, po-
blación del Paso de Calais. .
2. Era abogado v uno de los admi-
nistradores de su departamento d««-
de 1791.
3. Fué elegido diputado de la Con-
vención en 1792. _
4. Casó en Agosto de 1793 con la-
bal Dupla;, una de las hijas del»
duefla de la casa «n que vivIftBftW»'
pierre.
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LEBE
- . 5. Sin embargo dt «a lutunl do-
cneneú, tomó poca parte en los deba-
tes di la tribuna.
6. Fué nombrado miembro del co-
mité de Seguridad general el día 14
de Septiembre de 1793.
7. Pacificó en el mismo año el de-
Sartamento del bajo Rhin, en unión
e en leal colega Saint-Just.
8. Contribttjó i recobrar las líneas
de Winmburgo y i levantar el aitio
de Landan.
9. A principios de 1794, asistió á
la toma de Charle-Roy j & la rietoria
d« Fleoras.
10. Durante el 9 TAtrmidor, vien-
do perdido á Robespierre, le pidió
permiso para hacer nn llamamiento al
pueblo y marchar contra la Conven-
cádn. i cuja propuesta se negó Ro-
bespierre.
11. Su eadiver fué i la goillotina,
sin embargo de tener destnxado el
coraión.
12. <Lb Bas ara honrado, modesto,
silencioso,» dice Lamartine. cSin otra
ambición que la de seguir las ideas de
Robespierre, creía en su virtud, como
en ra infalibilidad, y seeuia sus pen-
samientos como la estrella fija de sus
opiniones.»
Iiebdar. Aetivoanticaado. Lbudab.
libido, ^ Adyetivo anticuado.
Lmodo»
Iiabeck. Haseolino. üotfMcs. Bs-
peeie de aeaeia asiitioaj africana, eo-
nodda an U isla da la Reunión bajo el
aoBÚxn de madera negra.
BtiMOLoaíA. Árabe ^ (ItikkJ:
franeéi, lehbtek*
Beteña, — BI nombre del género ¡e-
^iüa, que comprende varios arbustos
del caM> de Bnena-fisperanza, trae sn
origen del nombre del artículo.
Lebeche. Masculino. Nombre que
se suele dar en el Mediterráneo al
Tiento Sudoeste.
BnuoLoaÍA. Griego X(^, XtS6^ (Hp$,
UbóiJ, viento del Sudoeste: catalán,
iUitif; francés, labeeh; italiano, li-
JSsfnU. — ^Bs inadmisible de todo
punto la opinión de Tamarid. — «El
viento que eorre entre Poniente y Me-
diodía. Usase en el Mediterráneo. Ta-
inarid dice que es voz arábiga.» (Aca-
iBUU, Diccionario de Í726,J
Le2>editzi Ghisar. Geografía antv-
/M. Ciudad del Asia menor, en Jonia.
tímacio.)
BruiOLOofA. Latín Líbídíu,
Lebeqnia. Femenino. Botánica.
'.specie de retama provista de vainas
ihndrícas polispermas.
BtiholooU. 1. Áeaeia lbbbbk, lla-
nada palo ne^ro en las islas de Bor-
bón j Ifaurieio. Conócese también
baje los nombres de ébano de Oriente,
palo negro del Malabar y acacia del
jlalabar. Es la «ismm lbbbbk de Lin-
neo. (Lbooarant.)
2. £ébiek representa literalmente
el árabe Uiik: bajo latín, le&eciia;
.'ranees, lebieek, USeckie, (Dbvic.)
Leberísco. Masculino. Zoología.
&paeie da víbora del Canadá.
LEBR
Lebetón. Masculino. Especie de
tánica sin mangas que usaban los so-
litarios de la Tebaida.
Lebrada. Femenino, üna salsa ó
guiso con que antiguamente se ade-
rezaban las liebres,
ETiuoLoa^A.. Liebre: catalán, lle-
brada.
Lebraatico. Masculino anticuado
diminutivo de lebrato. Lb8Ba.tico.
Lebrasto. Masculino anticuado.
Lebrato.
liebrastón. Masculino anticuado.
Lbbkato.
BTiuoLoafA. lÁebre, — cLa lia-
bra vieja.» (AcAOBina, Dieeioiurio
d9 me,)
Lebratico, lio, to. Mascnlino di-
minutivo de lebrato.
Etimología. Liebre: latín, lijmteÜ-
lui; francés, lévreteau.
Lebrato. Masculino. La liebre nue-
va ó de ^oco tiempo.
Lebratón. Masculino. Libbras-
TÓM.
Lebratoncillo. Masculino anticua-
do. Lbbrato.
Lebrel. Masculino. Variedad del
perro, que se distingue en tener el
labio superior v las orejas caídas, el
hocico recio, el lomo recto, el cuerpo
largo y las piernas retiradas atrás.
Diósele este nombre por ser muj á
propósito para la caza de liebrei.
Lebrda. Femenino. La hembra
del lebrel.
EnHOLOOÍA. Lebrel: catalán, l¡é-
brera.
Lebrero, ra. Adjetivo que se apli-
ca á los perros que sirven para cazar
liebres.
ETmoLOofi,. Lebrel: catalán, lU'
brer, a,
Lebrija ó Nebrga (Antonio db).
Célebre gramático español, que nació
en Lebnja en 1444 y murió en 1532.
Fué sucesivamente catedrático en las
universidades de Salamanca j de Al -
calá, así como uno de los más asiduos
jr doctos colaboradores de la Bibliapo-
iiglota del cardenal Cisneros. Además
de este importantísimo trabajo, dejó
varias obras, tales como: Dieíionariim
UtüiO'hiipanMm et kispano-latiwm; Gra-
mática ae la lengua castellana; Aulii
Pertii tatyra, cttm interpretalione Aitpa-
na; Ánrélii Prudentii Clemente Ubelli
c%m eommento; De perfectione regum ad
composíellam; Artit rethorica compen-
diosa eoapíaíio ex Arisíoíele, Cicerone
et Quintiliano; y Rerum >n Hispania
geetarum decades. Es uno de los padrea
de la lengua y literatura españolas.
Lebr^a (Francisca db). Sabia re-
tórica española, hija del anterior, y
una de las mujeres más doctas de su
tiempo. Nació á fines del siglo xv;
fué educada por sn padre, y adquirió
una erudición tal, que lle^ á susti-
tuir muchas veces á aquel an su cá-
tedra de Alcalá.
Lebri^ano, na. Adjetivo. El natu-
ral de la villa de Lebrija ó lo perte-
necitínte á ella.
Lebrillo. Masculino. Especie de
barreño vidriado, redondo, de una
coarta poco más ó menos de alto, que
LECC
351
desde el suele ss va ensanehaado has-
ta la boca, j sirve para lavar ropa«
para baños de piés y otros usos.
ETiMOLoafA. Griego XiSpijc (¡ébris):
latín, Ubes, lebetiSt palangana, calde-
ro, perol, bacía. (Viboilio.)
Lebrón. Masculino. La liebre
grande.J El macho de la liebre. \ Me>
táfora. ai hombre tímido y courde.
Etiuolooía. Liebre: catalán, lU^
brassa; francés, Uvron, onne.
Lebrona. Adjetivo metafórieo an-
ticuado. Tímida, cobarde.
ETiii(S.oaÍA. Lebrón.
Lebronaao. Masculino aumenta-
tivo de lebrón, hombre cobarde.
Lebroncillo. Masculino. Lbbrato.
I Anticuado. Dado, por pieza de hue-
so ú otra materia que sirve para los
juegos de suerte.
Lebruno, na. Adjetivo. Lo que
pertenece á la liebre ó se asemeja á
ella en alguna cosa.
Lecanomancía. Femenino. An^
güedades. Adivinación por el sonido
que producían los metales ó piedras
Í)r6ciosas al caer al fondo de una jo-
áina llena de agua. (Caballero.)
ETiuoLoaÍA. Griego XtKsvoiuivctía
(UkaHomanleía), deXtxxvij^^iiíff?^, pa-
langana, y (uvxcta (manúiaj, adivina-
ción: francés, lécanomande»
Beteña his^rica. —Género de adivi-
nación por medio de láminas de oro ó
de plata y de piedras preciosas, en
que estamn grabados ciertos caracte-
res, que se arrojaban en un vaso de
agua, con palabras consagradas en
ofrenda á los demonios, los que ha-
cían ó debían hacer oir su respuesta
desde el fondo del agua.
Ijecanomántico, ca. Adjetivo.
Concerniente á la lecanomaocia. |
Masculino. El que la practica.
Lecanóreo, rea. Adjetivo. Botó'
sica. Concemiento ó lemejanto al le-
canoro.
Lecanoro. Masculino. Botánica,
Género de liqúenes. Q Lbcamobo tim-
TÓRBO. (Tochínilla vegetal, que da ana
hermosa laca color ae violeta. (Lb-
OOARAMT.)
EtduxmU. Grieffo UMnit pslsn-
gana, aludiendo á la forma de las
apoteoias, las cuales tienen la figura
de un plato pequeño: francés, Mca-
nore.
Lección. Femenino. Lbctqra, por
la acción de leer. \ La letra ó texto
de alguna obra, ó el restablecimiento
de algún pasaje en la forma que se
descubre ó conjetura que lo escribió
su autor. Q Cualquiera de aquellos
trozos ó lugares tomados de la Escri-
tura, padres ó actas, sobre la vida de
los santos, los cuales se rezan ó can-
tan en los maitines al fin de cada
nocturno. | La instrucción ó conjun-
to de conocimientos teóricos ó prác-
ticos que en cada vez da á los discípu-
los el maestro de alguna ciencia, arte,
oficio ó habilidad. U Todo lo que en
cada vez señala el maestro al discípu-
lo para que lo estudie. || £1 discursa
que en las oposiciones á cátedras d
beneficios eclesiásticos y en otros ejer-
cicios litorarios se compone dentro de
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XECL
-ua término prescrito, sobre ub panto,
que por lo común se saca por suerte
y después se dice de memoria públi-
carnéate. |[ Metáfora. Cualquiera amo-
.neataciún, aeontacimiento, ejemplo 6
acción ajena queiQOS. enseña el modo
de coDOucirnos. jj Echas lbcción.
Fnufl. Sefialarla á los discípulos. |
TouAH LA LECCIÓN. Fruo. Entre los
estudiantes vale oírseU dar al discí-
pulo, por lo regalar con el libro ó
materia delaate para ver si la sabe de
memoria. ¡.Frase metafiSrtea. Apren-
der de otro, 6 para escarmiento o para
•gobierno propio en adelante. | Touab
LBCCIÓN. Frase. Ejecutar con el maes-
tro alguna habilidad 6 arte que se
está aprendiendo para i;se adiestran-
do en ella.
EruimXkafa. Zeer; latín, lectía, for-
ma sustantiva abstracta de UetuSt leí-
do: catalán, iUtsd; prorenzal, úitso,
Usto, Uyeton; pieardo, lecAou» elcAou,
er&hou; francés, lecon; italiano, letione.
Leccionarío. Masouliao. ¿tVwyú.
Libro de coro que contiene lai leccio-
nes de maitinei.
BrniOLoafA. Lec^^ francés» Uo-
íionnaire.
Leccioncica, Ua, ta. Femenino
diminutivo de leceidn.
Leccioaista. Masculino. Bl maes-
tro que da lecciones en casas particn-
lares.
Lecidea. Femenino. Botáatea, Qi-
ñero maj numeroso de liqúenes,
liedmi. Famenino antícnado. Lao-
OlÓH.
Leeionarfo. Hasenliao anbeoado.
Lbcciohabio.
Lecitia. Femenino. Lbcitis.
. Leoitideo, dea. Aditivo. BoUm-
es. Ooneeniiente al lecitis.
Lecitiaa. Femenino. QiiÍM»ai.
teria grasa fbsfiirea neutra, que se
halla en la fibrina.
BnuoLooÍA. Griego XixiOoc (Í^i~
thoi), amarillo de jema de huevo:
francés, lecitkine.
Lecitis. Masculino. Botánica. Gé-
nero de árboles mirteos, de hojas al-
ternas, originarios de la América can*
tral.
BTiii<u/)o£a. Griego Xíxtdo^ (Uki-
tk9t), oolor de jema de huevo,
líederc (Juan). Uno de los prime-
ros mártires de la religión reformada
en Fiansia, qne necio á fines del si-
XV T murió en 15^. Era carda-
or de lana, j habiendo leído el Nue-
00 Ttttmmto en finncés, adoptó la re-
ligión reforokada j tuvo el atrevimien-
to, casi imbécil, de poner en la cate-
dral de Meaux un cartel ó pasquín, en
que trataba al papa de ante-Crísto,
por lo cual fué azotado, marcado en
ta frente j desterrado. Pero no escar-
mentó con estos castigos; j hallándo-
se en Metx, rompió las imágenes que
debían servir para una procesión ca-
túlica pr entonces fué condenado á un
suplicio espantoso. Se le cortó la ma-
no derecha, se le arrancó la nariz, se
le atenacearon los brazos j el pecho,
se le ei&ó la cabeza dos ó tres veces
con aros de hierro candente j se le
arzfljó en ana hogaeia, sangriento j
LEGO
ihutílado, sin que exhala» una qne-
ja ni dejara de recitar un momento
ac[uel versículo del salmo CXV, que
dice: Su» idolot son dé oro y plata. Este
{tersonaje singular es nn ejemplo de
o que hace j de lo que puede el fa-
natismo. Le descuartizan j le que-
man, sin que de sus labios brotara
un lamento, como si su alma se pu-
siera eu lugar de la carne. j^Por qué?
Porque el unatismo es U locura de la
esperanza, como el delirio es la locu-
ra de la fantasía, como la pasión es
la locura del sentimiento j de la oon-
cíencia.
Leco. Masculino. Especie de es-
cualo de los mares del Norte.
Lécoria. Femenino Miíoiogia.
Una de las tres gracias.
XiecouTrenr (Adriana). Célebre
actriz de la Comedia francesa, que
nació en Fisme (Champaña) en 1690
j murió en París en l730.'Sa padre
era un pobre sombrerero, que fué á
E robar fortuna á París j qne se esta-
leoió en éiñuiboarg &tMt-€f9nMin,
cerca de la Comedia /raneaa, Bsta ve-
cindad reveló so vocación i la joven,
entonces lavandera, que organizó con
ajada de algunos vecinos un teatro
casero en el patio del palacio del pre-
sidente Legaj, en donde escuchó los
primeros aplausos. Pero aquellos pre-
maturos triunfos duraron poco, pues
visto el éxito que aqnella parodia de
teatro obtenía en el barrio, elevaron
una queja al rej ^ eesaion las repre-
sentaciones. El prior de Vendóme lla-
mó á su casa á loa jóvenes artistas, en
donde el actor Legrand, admirado de
las disposiciones que mostraba Adria-
na LacotfvBBoa, le díó algunas lec-
ciones de declamación, proponiéndo-
la á poco un contrato para Bstras-
burgo. Después de hafaer andado al-
gún tiempo de ciudad en ciudad,
siempre aplaudida j despertando en
todas partes el más vivo entusiasmo,
fué llamada á París; entró á formar
parte de la compañía de la C^)media
francesa, en 1717, ^ se presentó en el
papel de Mdnima, a los que siguieron
los de JSlecíra j ^«rmtM. Transourrido
nn mes, reciofa el nombramiento de
conedianía ordinma del rey para des-
empeñar los papeles tráficos y tricot.
Entonces tenía 27 afiot j se encon-
traba en toda la sazón de su talento j
en todo el esplendor de su hermosura.
«Era, dice un contemporáneo, de me-
diana estatura; tenía la cabeza j las
espaldas bien oolocadas; los ojos, lle-
nos de fuego; la boca, hermosa; la
nariz, un poco aguileña, mucha gra-
cia en las maneras j un continente
noble y majestuoso. Por más que no
fuese de una extraordinaria belleza,
su rostro era agradable j sus faccio-
nes las más propias para expresar con
facilidad todas las pasiones. El buen
gusto, la elegancia j la riqueza en el
vestir daban nuevo brillo á su aire
imponente, á su andar mesurado j á
su gesticulación sobria j enérgica.»
Adriana Lecouvbbub no era bella, si
la belleza consiste en la regularidad
de las Cudones, correctamente dibn-
. LECO
^adak; pero ti, para serio, basta rafle^
jar en el rostro na espíritu elevado,
un corazón ardiente j nn alma á U
vez tierna j apasionada, puede decir-
se que lo era en grado supremo, fias
papeles predilectos eran aquellos en
que la pasión dominad, mostrándose
siempre verdaderamente superior en
los de Panlina, Mínima, Bereniee, Yo-
casta, Alalia, Zenabiat Bojana, Her-
mione, £milia, Cornelia j Feira. Por
espacio de trece años, obtuvo en li
escena todo género de triun&s j ova-
ciones, nn faltándole ninguna da las
glorias que pudieran halagar la vaai-
dad de la mujer j de la artista. Su
existencia se vió agitada conataote-
mente por las pasiones que sentía/
por las no menos violentas que provo-
caba. Sus eontínuas crisis amoiosas
eran como el pábulo de an talento.
cAdbuha liÉcoüvBBua, dice Arsaaio
Houssaje, pasó su vida anaado: del
comediante Legrand, al caballeio d«
Rohán; del caballero de Roháa, «1
poeU Voltaire; del poeta YolUire, i
lord Peterbovoujgffa; da lord Petarbo-
rough, al manseal de Sajonja. Sin
contar con el que fué padre d« su pri-
mera hija; ain contar tampoco el que
filé padre de la segunda, ía encontra-
mos siempre empeñada en una inter-
minable serie de aventuras amorosu,
las cuales han dejado tras sí una lar-
ga descendencia, entre la que balli-
-mos hombres tan ilustres como el ma-
temático FrancoBur. Voltaire, poeo
aficionado á divulgar los secretos de
su vida privada, no ha hecho un se-
creto del amor que había sentido ha-
cia ella. Además de mostrar « ma-
chas de sus oartas una gran admira-
ei(ki por la trágica, en que se le esct-
{lan a veces expresiones demasiado
tiernas, no puede contenerse eusado
el.eura de SaiiU^nlpiee (San Sulpicio)
se niega i dar sepultura en saldos
los restos de Aduana,/ escribe versos
tiernos y sentidos, los más sentados/
tiernos que han salido quizá de su
pluma. En una de sus cartas, fechada
en l.* de Junio de 1730, explica au
emoción de este modo: «Mis versos es-
tán imprimados del justo dolnqne
siento todavía por au pérdida j de la
indignación, más viva todavía-, por lo
que ha ocurrido en su entierro: lodig^
nación disculpable en un hombre qae
ha sido su admirador, su amigo, au
amante.» El preferido siempre per
Adbiana Lbcouvbbub faé el hmoso
mariscal Mauricio de Sajonía; edsis*
mo que tal vez ocasionó su muerte.
El fin de la famosa trágica aparece
cercado de circunstancias extrañMj
misteriosas. En 17S6, Maurioo de
Sajonia, queriendo recobrar su doci-
do de Curiandia, pero faltándole el
principal elemento de la guerra, eato
es, el dinero necesario para entraren
campaña, Adriana LECouvBEtiR ven-
dió sus diamantes / su vajill»jr."
envió 40.000 libras, ün año despue».
Mauricio volvía Tencido en una desa^
trosa campaña. Requerido por toaa
las damas,- que veían en ""¿X
desgraciado, no ropo gosrdsr Bow
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LECO
LECT
LECT 35S
dad & la que le había dado tal prueba
de desprendimiento, j se entregiS &
los amores de una coqueta de alto
nttffo, Franeisea de Lorena, duquesa
de Bouillón. Sin embarg-o, los remo>
dimisntos hicieron bien pronto al de
Sajonia resistir & las seducciones de
■a nucTa querida, la cual, caprichosa
7 TÍolenta, comprendiendo que Adria-
HA en él obstáculo que se oponía i,
sus deseos, cooeibic, segán se supo-
ne, el projrecto de envenenar á la cé-
lebre tré^iea. Si vale creer en una
Torsión, imaginó servirse de un sa-
cerdote, el padre Bouret, á quien con-
fié BU designio j el que prometió su-
ministrar el veneno; pero Bouvet,
presa de los más atroces remordi-
mientos, dió nna cita á Adriana en
el Liaemburgo y le denunció toda la
tramoja. La queja fué elevada al pre-
fecto de policía, Hérault, quien se
eomprometió' á yelar por la s^uridad
de la eomedianta j del clérigo; pero
algunos días después, el primero des-
apareció, sin que jamás se haja sabi-
do su paradero, j la duquesa encon-
tró un nuevo medio de envenenar á
sa rival, haciéndola llamar á su pal-
co, de la Comedia francesa, una no-
che que representaba la Pedra (Junio
de 1730) j dándole á aspirar un ramo
impregnado de materias tóxicas. Se-
^u otra versión, el mariscal de Sa-
Íonía era amante de la duquesa de
ionillón al mismo tiempo que de
Adbiaka Lbcodvbbub; la actriz, irri-
tada por los celos, viendo á su rival
en su paleo, se volvió hacia ella y le
dirigió con energía unos versos del
papel que representaba ^ que cuadra-
Dan perfectamente á la ntnaeión. Dí-
eeie que el envió de un ramo envene-
nado siguió á semejante alusión pú-
blica. Preciso es añadir que ningún
antor contemporáneo ha referido esta
aventura sino como un rumor que
circulaba en los salones. Bl solo he-
cho irrecusable es la aparición de
Ad&iana en el palco de la duquesa de
Bouillón. He aquí como refiere este
episodio A. Dumas: cDos días des-
pués, Adriana se sintió indispuesta
en medio de la representación j no
pudo acabarla, viéndose obligada á
que la transportaran á su casa en un
coche. A partir de aquella noche, la
célebre trágica se desmejoró notable-
mente; ain embargo, trató de luchar
con*rael mal, y el 15 de Marzo re-
apareció en Yocasta, Entonces el pú-
blico pudo notar el cambio que se ha-
bía operado en ella; apenas podía ha-
blar j sostenerse, de tal modo, que
se crejó que no acabaría la tragedia.
No obstante, se la vio luchar y ven-
cer á la enfermedad, y su triunfo fué
uno de los madores de su carrera ar-
tística. Aquel era su adiós al público.
Cuatro dfas después, lanzaba su últi-
mo suspiro en medio de horribles con-
vulsiones. Se operó su autopsia: tenia
todas las entra&as gangrenadas, y se
biso correr el rumor de que se había
envenenado con un afeite. La sepultu-
ra eclesiástica fué negada á la gran-
d« irtiata, y unos eusutoi amigos, á
la una de la madrugada, la enterra-
ron clandestinamente en una de las
orillas del Sena, en U espina de la
calle de Sorgoia, en el sitio que hoj
ocupa la casa número 109.» £l episo-
dio de la muerte de Adbiaha Lbcod-
TRBUR ha servido de asunto & Scribe
y Legoavé para escribir un interesante
drama que, traducido á casi todos los
idiomas, ha servido de vasto campo
en que actrices notables han mostra-
do sos peregrinas dotes. Semejante
trágica bien merecía una tragedia.
Reseña. — 1. El cura de San Sulpi-
cio, que le negó la sepultara, se lla-
maba el abate Langaet,
2. El amigo que la enterró furtiva-
mente, anudado de cuatro mozos de
cordel, fué Laubinieve.
3. £1 acento de Lbcouvrbur era
triste y velado, lo cual daba á su voz
el doble hechizo de la melancolía y
del misterio, porque no hay misterio
sin sombra y sin dolor.
4. Uno de los grandes recursos de
su talento consistía en su manera de
escuchar al que hablaba con ella, pin-
tando en su semblante todas las pa-
siones de su interlocutor. Esta cuali-
dad fué tan excelente en Adriana,
que su ejemplo dió á la declama-
ción lo que pudiéramos llamar el atle
de oir.
5. La grande traeca, cuja reseña
terminamos, revolucionó la escena de
su siglo, sustituyendo la exagerada
hinchazón de su época con la tierna y
sublime sencillez. En fin, Adriana db
Lbcouvrbdr vino al mundo para ser
una artista de naturaleza y de genio.
Léctica. Femenino. Antigüedades.
Especie de silla de manos que usaban
los romanos pan llevar los cadáveres
á la sepultura.
Etiuolooía. Latín lecdca, silla de
manos; de lecíui, lecho, pnque hace
las veces de cama.
Lecticarío. Masculino. Nombre de
cada uno de los esclavos que condu-
cían una léctica. (Caballero.)
EriHOLOofA. Léctica: latín, leetici-
Hfw; catalán antiguo, leetieari,
Ééseña. — Los i.kcticarios eran los
encargados, durante el bajo imperio,
de conducir los muertos á la sepultura.
Leetisiemio. Masculino. Culto
2ue los romanos gentiles tributaban
sus dioses, ó en acción de gracias, ó
para implorar sus auxilios, y se redu-
cía á poner dentro de algún templo
una mesa con manjares, j al rededor
de ella, una especie de bancos, en
donde colocaban las estatuas de aque-
llas falsas deidades que ellos suponían
convidadas al banquete.
ETWOLOofA. Latín lectiiíerntum; de
leetus, cama, y síernhv, extender: fran-
cés, leeíUíerne.
keseña.— \. El lgctisternio era
una especie de sacrificio en que se po-
nían en los templos camas de tablas
con sus almohadas, sobre las cuales
colocaban las estatuas de los dioses,
al rededor de una mesa bien servida.
(Tito Livio.)
2. Sitio destinado en los templos
para acostarse. (Séneca.)
3. destín ó banquete fúnebre, reli-
gioso, solemne. (Inscripcionet,)
4. El ucTtstBRNio era el medio de
expiación á que acudían en las gran-
des calamidades públicas. (Littrí.)
5. Lo expuesto está conforme con
los siguientes datos:
Historia aníigita. Sacrificio público
entre los antiguos romanos, que con-
sistía en un simulacro de festín dado
á los dioses en los templos. Se coloca-
ban las estatuas en los lechos de un
triclinio, ante una mesa donde se ser-
vía una comida frugal; pero es de ad-
vertir que no se hacía así con .todos
los dioses, como de las palabras de
varios autores parece deducirse, sino
que las diosas estaban sentadas, y no
acostadas. Los lectistbbnios eran pú-
blicos y preparados por los septenvi-
ros-epulonet. Se celebraban periódica-
mente, en determinados tamploi; pero
por lo común, eran según la ocasión
Í duraban de uno i ocho dias. Tam-
ién se celebraban lectistbbnios con
motivo de ciertos hechos ó prodigios
que interesaban á la felicidad públi-
ca; y á veces, en señal de regocijo.
Los quindecenviros los ordenaban
después de haber consultado los libros
de las sibilas.
Liectivo, va. Masculino y femeni-
no. El que lee. \ £1 que en las comu-
nidades religiosas tiene el empleo de
enseñar filosofía, teología ó moral, p
El clérigo que en virtud de su orden
se empleaba antiguamente ien enseñar
á los catecúmenos y neófitos los rudi-
mentos de la religión católica, j en
leer el lugar de la Escritura sobre
que el obispo iba á predicar á los fie-
les. I Anticuado. Cualquiera catedrá-
tico 6 maestro que enseñaba alguna
facultad.
BTiMOLoaÍA. Leef: latín, lector, leC"
tiris, forma agente de lectio, lección;
provenzal, lector, Uctre; catalán, fec-
tor; portugués, leitor; francés, Ucíear;
italiano, Uttore, _ •
Lector, ra. Adjetivo que se aplica
al tiempo y días destinados en las
universidades para la enseñanza.
ETiMOLOofa. Lección: catalán, lee~
iiu, ta,
Reseña. — Historia eclesiásiiea. Se-
gunda de las cuatro órdenes menores
en la Iglesia latina primitiva. Los
LECTORES estaban encaigados de leer
en las iglesias las Santas Escrituras,
las actas de los mártires, las homilías
de los Padres y las cartas de los obis-
pos á sus administrados; de cantar
las lecciones á cada nocturno da mai-
tines, de bendecir el pan y los frutos
nuevos, y de instruir á los catecúme-
nos y á los niños. Sn la Iglesia grie-
ga, el cargo de lector es el primer
grado para llegar al sacwdocio; y el
que le desempeña, está encargado de
leer las Sagradas Escrituras al pueblo
los días festivos y en las grandes so-
lemnidades.
Lectorado. Masoulino, La orden
de lector, que es la segunda de las
menores.
EtiuolcoU. Lector: italiano, Utio-
raíw; catalán, foc/ora/
TOMO ut 4a
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354: LECH
LECH
LECH
Lectora!. Femenino. Üno de los
canonicstoB llamados de oficio que haj
en las iglesias catedrales J en algunas
colegiatas de Gspaña é Indias: se COd-
ñere por oposición i un naduado de
doctor ó licenciado en teoloffía, con la
obligación de explicar la Escritura.
Se usa como masculino, aplicado al
sujeto que obtiene esta prebenda, y
como femenino, aplicado á la misma,
Btuiologíá. Lector: italiano, Uttc-
rale; catalán, Uctoral.
tiectoria. Femenino. En las co-
munidades religiosas, el empleo de
lector.
Etiuolooía. Lecíoral: italiano, let-
íoria.
Lectnal. Adjetivo. Concerniente á
la cama.
Lectnario. Masculino anticuado.
Elbotuabio,
Lectura. Femenino. La acción de
leer. || Kn las universidades, el trata-
do 6 materia que un catedrático ó
maestro explica á sus discípulos, j
también el acto de enseñar pública-
mente j explicar de extraordinario.
11 Lección, por el discurso que se ha-
ce en las oposiciones á cátedras, bene-
ficios eclesiásticos, etc. || En algunas
comunidades religiosas, lbctoeía. [|
Letra de imprenta que es de un grado
más que ü de entredós, y de uno me-
nos que la atanasia. Hav lbctuba.
chica j LBCTiiRA g^rda; ambas se fun-
den en un mismo cuerpo, pero la chi-
ca tiene el ojo más pequeño que la
gorda.
ETUiOLOotA. Leer: catalán, lectura;
francés, letture; italiano, lettura, del
latín úcíüra, forma sustantiva abs-
tracta de lectum, leído.
Lechada. Femenino. Masa muy
fina de sola cal ó solo yeso, ó de cal
mezclada con arena, ó de yeso junto
con tierra, que sirve para blanquear
paredes ó para unír piedras ó hiladas
de ladrillo, y La masa suelta á que se
reduce el trapo moliéndolo para nacer
papel.
EtiuoLoaÍA. Leche*
Lechal. Adjetivo que se aplica á
los animales de cría durante la tem-
porada que maman. Q Aplícase á las
plantas y frutos que tienen un zumo
blanco semejante á la leche, y tam-
bién so llama así el mismo zumo.
-. E-niioi:.ooU. Ztche: catalán, Ileíó,
na.
Lechar. Adjetivo. Lechal. || Aplí-
case á la hembra cuyos pechos tienen
leche. [ Lo que cria 6 tiene virtud
para criar leche en las hembras de
especies vivíparas.
Lechazo. Masculino. Bl animal
3ue mama todavía, y Bl corderillo que
eia de mamar.
ETiuoLoaCa. Lechal: catalán, lle-
Uft a.
Leche. Femenino, Licor blanco
(}ue se forma en los pechos de las mu-
jeres ^ de las hembras de los anima-
les vivíparos para alimento de sus
hijos ó crías. |¡ El zumo blanco que
hay en algunas plantas ó frutos, como
en las higueras, lechugas, etc. y El
iug^ blanco que ^e e]ctrae de alg^unas
semillas machacándolas; como de las
almendras, cañamones y pepitas de
melón, calabaza, etc. y Con la preposi-
ción de y algunos nombres de anima-
les, significa que éstos maman toda-
vía; como ternera de lechb, cochini-
llo de LBCHB, etc. | Con la preposición
de y algunos nombres de hembras de
animales vivíparos, significa que éstas
se tienen para aprovecharse de la le-
che que dan; y así se dice: burras de
LBCHB, vacas de lechb. j| Metáfora.
La primera educación ó enseñanza que
se da á alguno, tanto sobre costum-
bres, como sobre ciencias y artes. \
DE CANBLA. El aceítc de canela disuel-
to en vino. \ db qaluna ó db píjabo.
Planta que nace en los sembrados; su
raíz arroja unas hojas algo parecidas
á las de la grama, acanaladas y con
ana ra^a blanca á lo largo, las cuales
se extienden por el suelo: su tallo
tiene á su extremidad unos botonci-
Uos, de los cuales brotan unas flores
que por la parte de afuera son verdo-
sas, y por la de adentro blancas como
la leche, jj de los viejos. Familiar. El
vino. II DE TIBBBA. MaQN'BSIA. jj VIBOI-
NAL. Farmacia. Licor blanco que sirve
para afeite del rostro, mezclado con
algunas gotas de tintura de benjuí
en la suficiente cantidad de agua. [|
Couo UNA LECHE. Locucíón familiar
con que se denota que algún manjar
cocido ó asado está muy tierno, y Con-
TAR LA LBCHB, EL HUEVO Ú OTBAS CO"
SAS SBMBJANTBS. Fntse. Separar las
partes mantecosas ó untosas de las
serosas. Se usa también como recí-
proco, ¡j ESTARALOUNA COSA BN LBCHB.
Frase que se usa hablando de plan-
tas ó frutos, para significar que están
todavía formándose ó cuajándose, ó
que les falta aún bastante para su
madurez ó sazón. [| Estar alguno con
LA LBCHB BN LOS LABius. Ftase que se
usa hablando de las personas jóvenes,
para denotar que les faltan aquellos
conocimientos del mundo que trae
consigo la experiencia ó la edad ma-
dura. I Frase metafórica. Haber poco
tiempo que dejó de ser discípulo en
alguna facultad ó profesión, ser prin-
cipiante, no estar versado ó ejercitado
en ella. \ Lo que bn la lbchb sb ha-
UA, BN LA MORTAJA SE DERRAMA. Re-
frán con (^ue se denota que todo
cuanto se infunde é imprime en los
primeros años, suele arraigar de ma-
nera que se retiene toda U vida. [| Ma-
UAB UNO ALGUNA COSA EN LA LECHE.
Frase metafórica. Aprenderla en los
primeros años de la vida, adquirirla,
contraerla entonces. |]Tenbb uno la
LECHE EN LOS LABIOS. Frase metafóri-
ca. Estar con la leche en los laníos.
Etiuología. Latín loe, lacíis: cél-
tico: kimry, llaeth; irlandés, lachl;
bajo bretón, leas; catalán, Ileí; pro-
Tenzal, lach, lag, laií; burguiñón,
taissea; walón, Úsas; namurés, lasia;
Haioaut, lachan, lassan; Üresau, las-
say; portugués, leite; italiano, latte;
francés del siglo xui, l--t, eu Joinvi-
lle; ils vivent du let de leur desíes,
«viven de la leche de sus animales;»
moderno, lait*
Reteña. — ^Es curioso notar que el
latín lae, lactit» se encuentra en e¡
griego ¿a, lahíos, segundo elemento
de TÍA», yÁkzKtwi (gala, gálaktotj, le-
che.
Lechecica, Ha, ta. Femenino di-
minutivo de leche, jj Plural. Las mo-
Uejuelas de los cabritos, corderos,
terneras, etc. jj Lechecillas. I^vin-
cíal. La asadura,
Lechemiel. Femenino. Fruta de un
árbol que se cría en el distrito de
Santiago de las Atalayas, en Nueva
Granada. Es del tamaño y figura de
un grano grande de uva, dividida en
dos partes por medio de una telita; en
la una encierra un licor lechoso, y en
la otra, miel muy delicada.
Lechera. Femenino anticuado, Va>
sija en que se tenía la leche. Hoy se
llama así la jarrita en que se sirve la
teche para tomar café ó té. y Anticua-
do. Litera, y Anticuado. El féretro ó
andas en que se llevaban los cadáve-
res á enterrar, jj Anticuado. Milicia^
Explanada, por el pavimento de ta-
blones ó de fabrica sobre que carga-
ban las cureñas en una batería. | Ad-
jetivo qne se aplica á las hembras de
animales que se tienen para que dea
leche; como ovejas, cabras, etc. Se
usa también como sustantivo.
ExiuOLOaÍA. Lechero: francés, lai~
íiére.
I^echeria, Femenino. Sitio donde
se vende leche.
EnuoLOof A. Leche: francés, laiterk.
Lechero, ra. Masculino j femeni-
no. El que vende leche. I Adjetivo. Lo
que contiene leche ó tiene alguna de
sas propiedades.
EtiuoLOofA. Latín lactarXia: italia-
no, iaííajo; francés, laitier; cataláoi
ileíer, a.
Lecherón. Masculino. Provincial
Aragón. La vasija en que los pastores
recogen la leche que ordeñan de su
ganado. Q Provincial Aragón. Maati-
a de bayeta ó de otra tela de lana en
que se envuelven los niños luego quo
nacen.
Lechetrezna. Femeaiao, Boídnica.
Se da este nombre á diversas especies
de titímalos, que son plantas eu ge-
neral herbáceas y llenas de hojas, y
con un jugo acre, mordicante y,bUn-
co como la leche. Echan los cálices de
las flores colorados por la parte inte-
rior: el fruto es una caja con tres cel-
dillas, en que está la simiente.
Etimología. Latín laclaría, la le-
chetrezna, nombre genérico de las
plantas que arrojan un humor pareci-
do á la leche.
Lechiga. Femenino anticuado. Fe-
retro ó andas ea que se llevaban los
cadáveres á enterrar, y Anticuado.
Cama ó lecho que servía para dormir
y descansar.
Etiuología. Lectica. Nuestro lechi'
ga es exactamente el lecRca de los la-
tinos.
Lechigada. Femenino. El conjun-
to de animalillos que han nacido ae
un parto y se crían juntos en un mis-
mo sitio. j| Metáfora. Compañía ó eos-
drilla de personas de una misma.pro-
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LECH
fetlón ó de UB mismo género de vida.
Por lo comúa se dice de gente baja ó
picaresca.
ETUtOLOofA. Leche, aludiendo á que
todos los que nacen de un parto han
de mamar la misma Itche.
Iiecbieado, da. Adjetivo anti-
cfudo» m que estaba acostado en la
eama.
BtuolooIa. Lechiga,
Lechigál. Masculino anticuado.
Lecho, cama.
Lechin. Masculino. Lbchino, por
grano 6 divieso, etc. ¡ Bn tierra de
ficija, especie de olivos que producen
nancha aceituna y maj abundante de
aceite. Llámase así también la misma
aceituna.
Lechino. Masculino. Grano 6 di-
vieso pequeño, puntiagudo v lleno de
aguadija j materia, que se nace á las
caballerías sobre la piel, | Conjunto
de hilas de figura de .clavo que los ci-
rujanos introducen en las neridas (5
llagas.
Lecho. Masculino. Cama con col-
chones, sábanas, etc., para descansar
y dormir. | Bspecie de canapé ó esca-
ño en que los orientales y romanos se
reclinaban para comer. | Metáfora. En
los carros ó barretas, cama 6 suelo jo-
bre el cual se coloca la carga. || Meta*
fora. Madre de río 6 terreno por don-
de corren sus aguas. |I Metáfora. La
porción de algunas cosas que están ú
se ponen extendidas horizontal mente
sobre otras. [| Cantería, La superñcíe
horizontal de una piedra ó sillar sobre
la cual se ha de sentar otra, Q Metáfo-
ra antigua. Féretro ó andas en que se
Llevaban los cadáveres á enterrar..
. Etiii(XmU. Griego Xifscv (lejetn),
poner; AÉ-jr©?, Xéxtpov {léffos, léktron},
techo: latín, ¿«cfiu; italiano, Í0Íío;,^T-
tugaés, leiío; francés, lií; provenzat,
leit, Uicht lüch; catalán, ¿¿t^- norman-
do, lieí; walón, Ut; namurés, Ifit; bur*
guiaón, la.
Lechón. Masculino. Cochinilloque
todavía mama. El uso ha extendido la
significación de esta voz á todos los
SuerCos machos. Q Metáfora. EL hom-
re sucio, puerco, desaseado.
Btxmolooíá. Lechet aludiendo á que
mama todavía.
Lechona. Femenino. La hembra
del lechón. Q Metáfora. La mujer su-
cia, puerca, desaseada.
Lechoncico, lio, to. Masculino
diminutivo de lechón.
Lechoso, sa. Adjetivo que se apli-
ca á las plantas y frutos que tienen
un jugo blanco semejante á la leche.
ETiHOLOaíi. £ecke: latín de las
glosas, Uctdtut; fiaocés, laiíeus; cata-
lán, lUtü's, a.
Lechuga. Femenino. Planta hor-
tense bien conocida, de , cuyo vario
cultivo en diversos climas han resul-
tado diferentes variedades; como la
repollada, la de oreja de muía y otras
muchas, que todas proceden en su
origen de la común, que se cultiva y
echa muchas hojas grandes, lisas v
largas sin formar cogjllo. Todas ella's
abundan de jugo lácteo, que mientras
\w tto entallecea, es agradable al
LECH
gusto, y después se vuelve acre. || Lb*
CHüGuiLLA, por la especie de cabezo-
nes y puños de camisa en figura de
hojas de lbchuoa, 7 por cada uno de
los fuellecillos furmados en la tela á
semejanza de dichas hojas. | silvks-
T.tE. Se conocen con este nombre dos
especies: la primera, se cría en los
campos j prados v en las laderas de
los caminos, con hojas verticales, lar-
gas, pequeñas y estrechas, recortadas
en senos profundos y llenos de zumo
lácteo; la segunda, produce las hojas
horizontales y despide olor nausea-
bundo. Amius son muj lechosas y
amargas. || Esa LSCHuax no bs db su
HUERTO. Eipresión familiar con que
se moteja al que se apropia las agu-
dezas ó invenciones de otro.
Etimología. Provonzal lachuga,
laytuaa: catalán, llatuga, Uetuga; fran-
cés, iai'lue; italiano, tattuaa, del latín
lactuca, forma de lac, lactti, leche,
aludiendo al jugo lechoso de esta
planta.
Lechuga (CkistÓ3al). General es-
pañol de artillería, que nació en Baeza
en 1557. Hizo la guerra por espacio
de veintisiete años, distinguiéndose
á las órdenes de Don Juan de Aus-
tria, Alejandro Farnesio, el conde de
Fuentes, el archiduque Alberto y
otros célebres capitanes de la época.
En los sitios de varias plazas, em-
pleando la artillería, y en el de Dor-
láns, se debió principalmente la de-
rrota del ejército francés que vino en
socorro de la ciudad, á la oportunidad
con que empleó Lechuga el arma que
estaba bajo su dirección. Inventólas
baterías enterradas; y en muchas oca-
siones, según, él mismo dice, llevaba
sus cañones sin armón con la boca
hacia adelante y arrastrando las con-
teras, para avanzar mejor sobre el ene-
migo, lo cual era un ensajo de la ar-
tillería montada. Publicó dos obras;
una, sobre el Cargo de maestre de caví'
po general; y otra, que tituló Discursos,
en que trata de la artillería y de todo
lo necesario á ella, con un tratado de
fortificación, y algunas otras impor-
tantes materi is militares.
Lechugado, da. Adjetivo. Lo que
tiene la forma ó figura de las hojas
de lechuga.
LecfatM^uero, ra. Masculino y fe-
menino. Ql (jue vende lechugas.
Lechuguica, Ha, ta. Femenino
diminutivo de lechuga.
Etiuología. Lechiga: latín, lactü-
cUa; catalán, Ileíwueía.
Lechuguilla. Femenino. Cierto
g.'nero de cabezones ó puflos de cami-
sa muy gL-andes v bien almidonados,
y dispuestos por medio de moldes en
figura de hojas de lechuga: moda que
se estiló mucho durante el reinado de
Felipe II.
Lechuguino. Masculino. El con-
junto ó cualquiera de las lechuguillas
pequeñas antes de ser trasplantadas.
II Metáfura familiar. El muchacho im-
berbe que se mete á galantear aparen-
tando ser hombre hecho. Se ha apli-
cado también al que en su trage sig^ue
escrapolósameate la moda.
LEDE
Etiuoloqía. Lechuga! catalán, let-
xuguino.
Lechuza. Femenino. Ave de rapi-
ña de un pie de largo, de color blan-
co ó rojizo con manchas pardas. Tie-
ne las piernas todas cubiertas de plu-
mas, el pico corvo y fuerte, así como
l&s uñas, y las plumas tan blandas,
que no hace ruido cuando vuela. Es
de las nocturnas, j su canto es un so-
nido monótono, lúgubre v desagrada*
ble. B Oermanitt. El ladrón que hurta
de noche.
EriuOLOofA. Latín noetüa, la lechu-
za; de nox, noetis, la noche. (Pumo.)
HeseñOt—liBCBüZL quiere decir ave
nocturna.
1. Lechuzo. Masculino. Apodo
que se da al que anda en comisiones,
j Se envía á los lugares á ejecutar los
despachos de apremios v otros seme-
jantes. | Adjetivo -metafórico que se
aplica á las personas que se asemejan
á la lechuza en algunas de sus propie-
dades^ Se usa también como lustan-
tivo.
2. Lechuzo. Masculino. Se aplica
á los muletos y muletas desde que na-
cen hasta que cumplen aa año.
EnuoLOOÍA. Lechó».
Leda. Femenino. Miiologia. Hija
de Testio, rej de Etolia, que casi con
Tindaro, rey de Esparta, amada por
Júpiter, que para seducirla tomó la
forma de un cisne, y que dió á luz dos
Iiuevos, de uno de los cuales salieron
PJlux y Helena, y del otro, Cástor y
Clítemnestra.
Etiuología. Latín Leda. (Ovidio.)
Ledamente. Adverbio de modo.
Poética. Con alegría, contento, pla-
cer.
EtimolooÍa. Leda y el snfijo adver-
bial mente.
Ledania. Femenino antiouado. Le-
tanía, por rogativa, súplica, etc. ||
Mtitáfora antigua. Letanía, por lista,
enumeración seguida. Q Anticuado.
LíuiTB. H Plural anticuado. Letanías,
por procesión, etc.
Ledesma (Alfonso de). Poeta es-
pañol, que nació en Segovia en 1552
y murió en 1623, á quien, con más
razón que & Góngora, debe señalarse
como iniciador en España del estilo
conceptista. Fué llamado el Poeta divi-
no, sobrenombre que se atribuye más
bien al género de poesía sagrada, á
que se dedicó, que á la sublimidad de
su talento. Las principales obras que
dejó, son: Conceptos espirituales; Jue~
gos de Noche-Buena; Él Monstruo ma-
gimdo; Epigramas y ierogliñeos á la
rida de Cristo; Festividades de Nuestra
Señora; Excelencias de- santos y grande-
za de Segovia, y Epitome de la Vida de
Cristo en discursos metafóricos,
Ledesma (Blas de). Pintor espa-
ñol, que vivía en Andalucía en el si-
glo XVI. Adoptó la manera italiana y
[ñntó con preferencia asuntos grotes-
cos, dejando igualmente frescos que
representan santosy hechos históricos.
Ledesma (Josb). Pintor español,
que nació en Burgos en 1630 y murió
en 1670. Hizo sus pzimeros estudios
artifticoi en sú patna, 7 se parfaeoio-
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966 LEiE¡R
LEGA
LEGA
nQ ea Utdyid bajo la díraccitÍD de
Juan Carreflo, cajo colorido imibS.
A pesar de «o. breva existeneia, dejó
muchos oiiadros, la mayor parte en
los eonventos de Madrid. Los m&s no-
tables son: san Juan Bautista; La Saii'
títima Trinidad; La Sncamadón; $an
Francisco; santo Domingo, j Critto en
el sepulcro.
K^deama (Uiqubl Jerónimo). Mé>
dico j erudito español, natural de
Valencia, que vivía á principios del
siglo XVI. Estudió las lenguas, la
filosofía, la poesía 7 la Medicina en
su ciudad jiatal, en U que lueg-o fué
profesor de ériego 7 de Medicina,
tíua obras mas conocidas son: Com"
peHdinm gracarum insíííution*»; Be
pUnrifido comentar iobu, etc.
LecUcia. Femenino anticuado. Ale*
OBÍA.
BTXMOLoaU. Ledo,
Ledo, da. Adjetivo. Poética. Ale-
gre, contento, placentero.
firiuoLOoU. Latín latus, alegre,
grato, acepto, favorable, próspero,
abundante, cujo último sentido tie-
ne el ivi^Ms lusty t simétrico del ale-
mán lustig j del ruso luczszii, en re-
lación clara j terminante con el sáns-
crito Idsikat, contento, alegre.
Derivad^. — Sánscrito "^^T
( lax)t amar,, recrearse; lastas, agrada-
bloj cujro sentido tiene el latín latus;
lásiiaSf contento: ruso, luczszü; ale-
mán, Uatig; inglés, lustg; griego, Xát»
(láo}t tener deseos, gozar; latín, latns*
Ledona, Femenino anticuado. Ma-
riña, Bl flujo diario del mar.
Ledro, dra. Adjetivo, Germania,
Bajo, ruin, despreciable.
Lee. Femeüino anticuado. Lbt.
Leedor, ra. Masculino ; femenino
anticuado. Lector, pjr el que lee.
Tiene uso en estas expresiones: es
maj iJSBOoa, es gran lbbdob.
Leana. Célebre cortesana griega,
que murió en 494 antes de Jesucris-
to. Parece que era amante de Aristo-
gitótt ó de Armodio, por lo cual fué
complicada en la cansa del asesinato
cometido poí aquéllos en la persona
del tirano Híparco. Puesta en el tor-
mento, se negó á revelar á Hippias
los nombres de los conspiradores, j
temerosa de que el dolor fa arrancara
alguna confesión, se cortó la lengua
con loa dientes. Los atenienses hon-
raron su memoria y la perpetuaron
erigiendo á la entrada de la Acrópolis
la estatua de una leona sin lengua.
Leenda. Femenino anticuado. Le-
yenda.
Leer. Activo. Pasar la vista por lo
escrito ó impreso, haciéndose cargo
del valor de los caracteres, pronun-
ciando 6 no pronunciando las pala-
bras, l Engañar ó explicar pública-
mente el profesor de alguna ciencia
ó arie á sus ojentes algún tratado ó
materia. Q Entender ó interpretar un
texto de cierto modo, suponiendo ser
ésta la mente del autor. | Decir de
memoria en público el discurso Ha-
^mado lección en las oposiciones y
^roa qercMioB litenríos. Cuando el
discurso es para oposiciones, se dice
también lbbb de oposición. || Metáfo-
ra. Penetrar él interior de alguno por
lo que exteríormente aparece, ó Teñir
en conocimiento de algiina cosa ocul-
ta que le ha^a sucedido. | de bx-
TR&.0RDINAR10. En las universidades
era explicar un bazfaílier en lejes ó
cánones, nombrado por el claustro, á
los estudiantes no graduados, el libro
ó materia que se les designaba, y re-
f alármente después que Tos maestros
abían concluido con sus respectivas
enseñanzas.
BTiHOLOaÍA. Griego Uftn (l^ein)^
compuesto de Xó^o^ (tilffos), pensamien-
to y palabra, razón y verbo, y aytvt
(ageln), dar el primer impulso: latín,
legere; italiano, leagere; francés, lire;
provenzal, legir, ügir; catalán, llegir;
portugués, ier; walón. Uro,
Leetad. Femenino anticuado.
Lbáltad.
Lega. Femenino. Monja profesa
exenta de coro, pero con la obligación
de servir á la comunidad en las ha-
ciendas caseras.
Etiuolooía. Lego: catalán, llega.
Legacía. Femenino. El empleo ó
cargo de legado, {j El mensaje ó ne-
gocio de que va encargado un legado.
II El territorio ó distrito dentro del
cual un legado ejerce su encargo ó
funciones. || Bl tiempo que dura el
ca»fo 6 funciones de un legado.
É^iHOLOofA. Legación, — «Llámense
asi en Italia las provineias eclesiásti-
cas, como son la de Bolonia, la de Fe-
rrara y las del Patrimonio, y otras,
á donde siempre envían cardenales.»
(AcADBUiA, Diccionario de 1726,)
Legación. Femenino. Legacía. |
El cargo que da un Gobierno á un in-
dividuo para que le represente cerca
de otro Gobierno extranjero, ja sea
como embajador, ja como plenipoten-
ciario, va como encargado de nego-
cios. H Él conjunto de indÍTÍdaos que
componen una legación.
BTiMOLOaÍA. Legar: latín, tegüíío, la
legacía, embajada, diputacioa, em-
pleo del embajador j la acción de en-
viarle; catalán, legació; portugués, le^
gapSo; francés, légaíton; italiano, lega-
zione.
Legado. Masculino. Forense. La
manda que un testador deja á alguno
en su testamento ó codicilo. || El su-
jeto 4^ue alguna suprema potestad
eclesiástica ó civil envía á otra para
tratar algún negocio. |j El presidente
de cada una de Tas provincias inme-
diatamente sujetas o reservadas á los
emperadores romanos. En algunas
provincias se daba al presidente el
nombre de lbqado consular; como á
los de la Bética y Lusitania en tiem-
po del emperador Adriano. H Cada uno
de aquellos socios que los procónsules
llevaban en su compañía á las provin-
cias, como por una especiede asesores
j consejeros, los cuales en caso de ne-
cesidad hacian sus veces. || En la mi-
licia de los antiguos romanos, el jefe
ó cabeza de cada legión. || Cada uno
de los ciudadanos romanos, por lo co-
mún del orden senatorio, enviados á
las provincias recién eonquistidaa
para arreglar su gobierno. \ La per-
sona eclesiástica que por diaposicíén
del Papa hace sas veces en algún con-
cilio, o ejerce sus facultades apost^i- |
cas en algún reino 6 prorineia de la |
cristiandad. || El prelado ele^do por I
el sumo pontífice para el gobieioo de
alguna de las provincias eclesiásti-
cas; como Bolonia, Ferrara. \ L lítb-
BB. Un cardenal enviado extraordiai-
riamente por el Papa, con amplísímai
facultades, cerca de algún ptiacipe \
cristiano. B Caducas. EL LBOAnoón*
DBicouiso. Frase forense, Bxtinguir-
se por &Ita del sigeto en quien deÜa
recaer.
EtimolooÍa. Latín legatuSf partici-
pio pasivo de ligSre, legar: catalán,
íegal, llegat; provenzal, t«^a<; fxincef ,
l^aí; italiano, legato.
El catalán llegat significa más bien
el l^adOf manda.
Reseña histCrica.—\, Magistrados
entre los antiguos romanos, que ve-
nían á ser como enviados ó lugarte-
nientes.
2. Los embajadores eran los lboa-
Dos del Senado, que loa nomloaba de
su seno.
3. Los procónsules tenían lboados
que mandaban los cuerpos de ejérci-
to, cujo número era proporcionado á
la importancia de la proTiucia á qo«
se destinaban.
4. César, proejnsnl en las Galias,
tnvo hasta diez lbqados.
5. Bajo los emperadoras, todos los
generales j todos los empleados erto
LEGADOS del emperador.
6. Augusto tuvo LEOADOS co%tnU'
res, que enviaba á gobernar las pro-
vincias llamadas de César [véase ro-
UANO (imperio)], que tenían el poder
militar: los legados propreloret eran
gobernadores de las provincias de ul- 1
tramar, investidos del poder civil j
militar; los lsoados legionarios eran
jefes de una legión y formaban parte
de un cuerpo estacionado en una pro-
vincia fronteriza pan guardarla j de*
fenderla. •
7. Bn tiempos de la república hubo 1
LEGADOS libreSf es decir, Aonormiei, I
que eran senadores encargados de irá ¡
las provineias para sus negocios pri- !
vados, v que recibían del Senado el 1
título de legados, que les daba el de- ¡
recho de gozar de ciertas inmunida-
des j honores anexos á la legación.
8. Ori^nariamente, la duración de
estas misiones era ilimitada, y se pre^
tó á muchos abusos. Cicerón la nizo
reducir á un solo año; César regla-
mentó las legaciones libres pormedio
de una lej que fijó su duración ea
cinco años.
Legador. Masculino. ProTÍnci«l*
El jornalero que en los esquileos saca
las reses lanares del bache, v laa at«
de pies j manos para esquilarlas.
KTiMOLOGfA. Legar: latín, l^aíor,
el que lega ó hace alguna manda en
testamento; italiano, legatore.
Legadoe del Papa. Historia. En-
viados j representantes del soberano
pontífice, que pueden sen 7.*. tnA»
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LEGA
LEGA
LEGE 367
DOS A (itere, Bñcogidos únicamente en-
tre los cardenales qae, paradesempe-
tMT SU mísiúD, abandonan la plaza
qae ocupan babitualmente al lado del
^pa. Son ordinarios, como los que
E residen las legaciones del Estado de
t Iglesia; ó exíraordinariot, investi-
dcw de poderes muj latos en alguna
eircunataDCÚt extraordinaria, en que
los más grares intereses religiosos se
hallan en peligro. Por esto se ha vis-
to desde los primeros siglos que los
UEOADOs han presidido los concilios;
2.*, LEGADOS enviados ó nuncios apostó-
lieos, representantes del pontífice de
segundo rango, que pueden ser nom-
brados de individuos que no pertene-
cen al Sacro Colegio, cuja misión es
temporal Ó permanente. Por lo gene-
ral, no se mezclan en los detalles de
la administración eclesiástica interior
del país en que residen, y no son más
que personajes diplomáticos, órganos
de las comunicaciones necesarias en-
tre las dos cortes; los internuneiot ó
reñáeiUet son nuncios de una catego-
ría inferior; 3.*, los lkoados Na¿0X,qu6
ndben su título de leqado sin otra
distinciÓD que la de ciertos derechos
honoríficos a la sola profesión de- una
dignidad eclesiástica á que es anexo
dicho título; así lo son los arzobispos
de Reims, en Francia; de Toledo, en
España; de Colonia, en Alemania; de
Praga, en Bohemia; j, en otro tiem-
po» de Cantorberj, en Inglaterra. En
^eiliat el mismo rej Luis, por una
bala de Urbano U (1099), confirmada
en sus sucesores ^or Benedicto XIII
(1728)f tuvo también el título de- lb-
OADO apoitdlieo.
L^adura. Femenino. Cuerda, cin*
ta ú otra cualquiera cosa que sirre
pta liar ó atar. Hoy sólo se usa en
algunas partes por la tomiza con que
ellegador ata las reses lanares para
esquilarlas.
Legajico, lio, to. Masculino dimi-
nutÍTO de legajo.
Legajo. Masculino. Atado de pa-
peles sueltos.
BTiyoLOGÍA. Legal, El primer lega-
jo fué uu paquete de escritos ó pape-
les legales*
It^al. Adjetivo. Lo que está pres-
crito por lejr j es conforme á ella. ||
Verídico, puntual, fiel j recto en el
cnmplimiento de las funciones de su
cargo. J Pbocedimibntos lbqalbs. Fo-
reme. Ritualidad marcada por la lejr
en la tramitación y sustanciación de
los asuntos sometidos á la justicia.
ETiuoLoaÍA. Zt^.'-latín, lejalis; ita -
liano, légale; francés, légal; catalán,
legal.
Legalidad. Femenino. Verdad,
f mutualidad, buena fe, rectitud y fíde-
idad en el desempeño de un cargo ú
obligación. II Anticuadu. Lbgauza-
CIÓH. n LBaALlDAD EXIST&NTE. £1 OF-
den actualmente establecido en la es-
fera política, considerado como expre-
sión suprema de los derechos consti-
tucionales; en cuyo sentido se dice:
«reconocerla leoauoad bxistbnte.>
Legalísimo, ma. Adjetivo super-
lativo de legal.
Legaliaación. Femenino. Forense.
La autorización ó comprobación de
un instrumento, la certificación de su
verdad ó legitimidad.
Etiuolooía. Legalitar: catatán, le-
galisació; francés, lé^alitaíion; italia-
no, l^aliszazioae,
Legaliiado, da* Participio pasivo
ds legalizar.
Etimología. Catalán, l^alitat, da:
francés, légalísé; italiano, legalktato.
Legalizar. Activo. Forense. Auto-
rizar un instrumento, certificando en
forma auténtica acerca de su verdad
j legalidad.
ETtMOLCOÍA. Legal: catalán, Ugali-
sar; francés, légaUtef; italiano, lega-
liztare.
Legalmente. Adverbio de modo.
Según ley, conforme á derecho. Q
Lealmente, con lealtad, fidelidad y
honradez.
Etiuolooía. Legal y el sufijo adver*
bial mente: latín, liMíer; italiano,
legalmenfy; fraucái, té^almettt; catar-
ían, legaJment,
Legamen. Masculino. Leqado,
manda del testador.
Legamente. Adverbio de modo.
Sin instrucción, sin ciencia ni cono-
cimientos.
ETiMOLoaÍA. Lega y el sufijo ad-
verbial mente.
Legamento. Masculino anticuado.
Ligadura.
Légamo. Masculino. El cieno,
lodo o barro pegajoso, g La grosura
de algunas tierras, su substancia ó
jugo untoso.
ETiuoLoofA. Limo.
Legamoso, m. Adjetivo. Lo que
tiene légamo.
Leguka. Femenino. Humor que
destilan los ojos y queda cuajado y
pegado á las pestañas y lagrimales.
Etiuología. 1. Artículo la y gaña,
alteración del latín grUmía, humor
viscoso que acude á los ojos.
2. Grataía viene de gramen, césped,
especie de musgo, porque la lagaña
parece ser el musgo de la vista.
3. El sentido se ajusta, mientras
que la forma no anda muy discorde:
ta-gramia, la-gamia, la-gania, lagaña.
(Anónimo.)
Este origen podría admitirse, si no
existiese la etimología de Puigblanch,
astuta, práctica, positiva; tan positi-
va como discreta.
<No viene de lagrimaña, formado
de lágrima, ni de lipgaña, formado
del latín lippitttdine, como dice Co-
varrubias, sino del adjetivo lemica-
ne(B, sobrentendiéndose sardes, deri-
vado de lemicus, que á su vez se deri-
va de lema, lema, lagaña. Díjose,
pues, en singular, lemicaneaj lemiga-
nea; después, lemganea; luego, lenga-
nea y leganea; y por último, légaña,
como de vinea se hizo viña* (Puig-
blanch): catalán, llaganga. La forma
etimulügica es légaña.
Legañoso, sa. Adjetivo. El que
tiene muchas légañas.
Legar. Activo. Forense. Dejar
una persona á otra alguna manda en
su testamento 6 codicilo. | Enviar á
alguno de legado ó con álguua lega-
cía. H Anticuado. Lioab ó ATAa: || An-
ticuado. Juntar, congregur, reunir.
I Neutro anticuado. Llboar. Hállase
tembién usado como recíproco.
SnuoLÓaÍA* Legado: latín, ligSre,
enviar, comisionar, dejar alguna man-
da en el testamento; forma verbal -de
lex, legist ley; italiano, iegare; fran-
cés, legner; catalán^ llegar, .
Legatario. Masculino. Forente, La
persona á quien se deja alguna man-
da de testamenta ó codicilo.
Etimología. Ltgar: latín,
rtus, la persona á i^aien se lega al^o
en testamento; italiano, leaatarto;
francés, légataire; catalán, llegatari.
Legazpi (MiauBL Lópkz db). Con-
quistador de las islas Filipinas, que
nació en la vida de Zumárra^a
(Guipúzcoa), á principios del si-
glo XVI, y murió en 1572. Habiendo
S asado á Nueva Espafia, fué nombra-
o, en 1555, escribano mayor del ca-
bildo de M^ico, y en 1564, bajo la
administración del virrey Don Luis
de Velasco, sé le confió « mando de
una expedición destinada á conquis-
tar las islas Filipinas. Salió del puer-
to de la Natividad con cuatro buques
menores y una fragata, Ó hizo su pri-
mer escala en las islas de los Ladro-
nes, llamadas hoy Marianas, toman-
do posesión de ellas en nombre de
España. De allí se encaminó al ar-
chipiélago, objeto de la expedición,
y después de evitar mil escollos y
correr mil peligros, fondeó el 27 de
Abril de 1565 en la rada de Cebú,
donde había muerto Magallanes. Ha-
biendo logrado entablar relaciones
amistosas con los indios, coatínuó
sus exploraciones y descubrió la isla
de Luzón, la mayor del arcbipiélago,
en la que decidió establecer el centro
de la dominación española. Después
de fundar una población en Cebú y
esperar la llegada * de los refuerzos
que había enviado á pedir á España
por medio del misionero Urdaneta,
emprendió, en 1570, la conquista de
Luzón, que llevó á cabo con toda feli-
cidad. En seguida fundó la ciudad de
Manila, que en poco tiempo llegó á ser
una población floreciente y centro de
un activo comercio, y murió álos dos
años de haberse instalado en ella. Las
islas Filipinas se llaman así aludiendo
á que el conquistador tomó posesión
de ellas á nombre de Felipe 11.
Lege. Femenino anticuado. Liv. ü
Anticuado. Lbchb.
Legenda. Femenino anticuado.
Historia ó actas de la vida de algúu
santo.
Etimología. Latín legenda, «cosas
que deben ser leídas,» nominativo
plural de legendas, lo que ha de leet^
se, gerundio de legare, leer.
Legendario. Masculino. Liturgia
antigua. El libro en que las catedrales
ó monasterios tenían antiguamente
recopiladas las actas ó vidas de san-
tos.
ETncoLoaÍA. Bajo latín l?gendSrtn»,
forma del latín Ihíre» leer: italiano,
leggendario; francés, légeniaire.
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859
LEGI
Legible. A.djetÍTO. Lo que se pue-
de leerf.
EriuoLoofA. Lter: latíu, PgibilU;
italiano, leaaibik;. fnncést lisióle; ca-
talán, Ilegible.
. Legiblemente. Adverbio modal.
De modo que se puede leer,
EfiuQLoaÍÁ. Legible y el aufijo ad-
verbial
Legión. Femenino. Cuerpo de tro-
pa romana compuesto de infantería y
caballería, que varió mucho se^ún la
diversidad de los tiempos. Dividióse
cada legión en diez cohortes. También
ahora se suele dar este nombre á al-
gunos cuerpos de tropas. | Biblia. Nú-
mero indeterminado de personM d es-
píritus; jaaí decimos: «lboióm de án-
geles; LBaiÓN de demonios.» U ¡A.s( lb
LLBVB UNA LBOIÓM DB DBUONIOS, Ó DB
diablos! Conjuro.
BTniOLOoiA. Latín Vg^íre^ recoger;
lyío, legiónit, reclutamiento militar:
catalán antiguo, llegió; moderno, le~
gió; proveazal, Ugio; francés, I^xoh;
italiano, legioite,
Reseha. — 1. «Jesús le pre^antó:
¿cuál es tu nombre? Bl respondió: me
llamo Lb31Ón; porque muchos demo-
nios habían entrado en aquel hom-
bre.» (Saci, Biblia; Evangelio de safi
Lueat» capUnlo VIH, versículo SO.)
■ 2. «Cuerpo de milicia entre los ro-
manos, compuesto de caballería ¿in-
fantería, CUTO número de soldados era
vario j dÍHoil de sefialar. Kónaulo,
que fuá el primero que las form i, las
sefialó el número de tres mil infantes
y trescientos caballos, la cual se divi-
día en tres trozos. Despu:js, en tiem-
po dé Tulio Hostilio, ss le añadieron
mil hombres de á pie; pero en adelan-
te varió mucho, y unas veces era de á
cuatro mil; otras, de cinco mil; y
otras, de seis mil infant as, y de dos-
cientos, trescientos 6 más caballos. La
LBQiÓN se componía de diez cohortes,
cada una mandada por un tribuno, y
constaba de tres compañías: y ae^^úii
la variedad de éstas, se variaba el nú-
mero de soldados de cada lboión. Lla-
móse así porque se escogían los sol-
dados para formar estos cuerpos.»—
(AcADBuu, Dieeionario de 17W.)
3. historia romana- — La Lsaióy era
una de las divisiones del ejército de
Homa, compuesta principalmente de
ciudadanos romanos. Era un cuerpo
completo, que reunía infantería pesa-
da y ligera, caballería y pertrechos
de sitio^ La infantería formaba diez
cohortes, y la caballería, diez turnos
ó escuadrones. Se atribujre á Rómulo
la ereación de la lboión, que al prin-
cipio tuvo 3.000 infantes y 300 caba-
lleros. Servio la elevó á 4.000 ó á
4.200 infantes. Desde la batalla de
Canoas hasta Mario, fué de 5.000, t á
de 6.000 á 6.100 infantes y 300
caballeros, y conservó este efectivo
hasta tiempo de Valentiniano 11; la ca-
ballería contó con 720 hombres. Cons-
tantino redujo la lboión á 1.000 ó
1,500 hombres. Cada lboión tenía un
número de orden j un nombre; verbi-
gracia: la Victoriosa, la Marcial, etc.,
j estaba mandada por nn tribuno.
LEGI
Sirva de ejemplo, en cuanto al núme-
ro y n(inibre, á que antea nos hemos
referido, el de Legio lepiima gemina,
romanceado en Zeiln, nombre de una
de nuestras capitales. (Véase Lbjn.)
Lagiói de Honor íobden db la).
Histovia. 1. Orden instituida el 19 de
Majo de 1802, por el primor cónsul
Bonaparte, para recompensar los ser-
vicios militares y civile.s.
2. Su insigaia es una estrella de
cinco rajos dobles, esmaltados de
blanco, con una corona imperial en
la parte superior. Bl centro, rodeado
de una corona de encina y, laurel, tie-
ne, por un lado, en un pequeño meda-
llón de oro, la imagen de Napoleón I;
y por el otro, un ángulo con el rajo y
con esta divisa: Honor g patria.
3. La RestauraciSo reemplazó la
imagen de Napoleón con la de Knri-
3ue IV; y el águila, con tres flores
e lis.
4. En tiemp> de Luis Felipe, éstas
fueron sustituidas por dos banderas
tricolores.
5. La furma primitiva de la cruz
fué restablecida después de 1848.
6. La LboiÍn db Honor se compu-
so, en su origen, de 16 cohortes; un
gran canciller, p:ira toda la orden,
residía en París, v cada cohorte tenia
á su vez su canciller.
7. Al prÍQcipio no hubo más que
cuatro grados jerárquicos: le^ioiiario,
oficial, comandante y gran oJic%aL
8. Cada cohorte tenía 7 grandes
oficiales, 20 coma:idantes, 3U oñcia-
ies y 350 legionarios. La leoió.n com-
prendía 6.512 miembros.
9. Con la institución del imperio,
se creó un quinto grado, superior á
todos; el de gran cordm y grande águi-
la; y posteriormente, los legionarios
cambiaron su nombre por el de caba-
lleros, y se aumentó sucesivamente el
número de todos los dignatarios.
10. No se podía pertenecer á la or-
den de la Lboión db Homor sino des-
pués de veinticinco años de servi ños,
salvo las acciones distinguidas en
tiempo de guerra v los casos especia-
les detallados en fas ordenanzas. Era
preciso estar cuatro años en el grado
de legionario para pasar al de ^cial;
dos en éste, para el de coMandaníe; tres
en éste, para el deyra» oficial; y cinco
en este último, para el de gran cordón.
11. En 1829, se redujo á veinte
años, en favor de los militares, el
tiempo de servicios que se exigía para
poder ser legionarios.
12. El sueldo asignado por Napo-
león I á cada grado, fué: 20.000 fran-
cos, al de gran cordón; 5.000, al de
gran oficial; 2.000, al de comandan-
te; 1.000, al de oficial; 250, al de ca-
ballero; y sirvió para pagar estos
sueldos una dotación en bienes nacio-
nales ó extranjeros.
13. Los acontecimientos de 1814
y 1815 quitaron & la Leoión de Honor
la major parte de sus propiedades,
por lo que se redujo á la mitad la
asignación de todos sus miembros, y
no se cancedid i lo« nuevamente nom-
brados.
LKQI
14. Luis XVIII, por ordsnansa
de 9 de Julio de 1814, cambió algu-
nas nominaciones de los grados, tal
como lii da comandante en comendador,
y la de gran cordón en gran cnu; fijó
el número de grande* cruces en 80;
el de grandes oticiales, en 160; el de
comendadores, en 400; el de o&eialM«
en 2.0J3, V dejó ilimitado el de ca-
balleros.
lo. PorundecretodeNapoleónlII,
:Ie 10 de Marzo de 1852, el tiempo
reglamentario para ascender degrado
á grado se restableció como en su orí-
gen; el número de cuballeros de la
orden fué ilimitado, y pudo tener
1.003 ofiütaleSi I.OOO comendadores,
2J0 grandes oficiales 7 80 grandes
cruces.
16. Las recepciones de caballeros,
comendadores y oficiales se hacen por
un delegado del gran canciller, de
un grado igual, por lo menos, al de
aquel á quien se recibe; los grandes
oficiales v grandes cruces son recibi-
dos por el jefe, del Estado, ó por el,
gran canciller, ó por algún funcio-
nario delegado y de un grado igual
también.
17. Los extranjeros son admitidos
en la orden, pero sin recepción j sin
ligurar en los cuadros.
18. La asignación ha aido restable-
cida para todos los legionarios mili-
tares, de este modo: los caballeros,
2<)0 francos; los oficiales 500; los
comendadores, l.OJO; los e^randes
oficiales, 2.000; y los grandes cru-
ces, 3.000.
19. Sí un legionario n ) cumple cju
su mujer é hijos las obligaciones que
prescriben los capítulos o." y 6.* del
Código Napoleón, el ministro de la
Guerra puede autorizar la retención
do la tercera parte ^de la asignación
que le esté señalada.
20. La cualidad de miembro de la
Lb jiün db HoNOrt se pierde por la na-
turalización en país extranjero; por.
la aceptación, no autúrízadu, de fun-
ciones conferidas por un gobierno de
otra nación; ó por alguna de las cau-
sas que suspenden los derechos de
ciudadano francés.
21. No puede ejecutarse' ninguuu
pena infamante cohtra un Iefi-iona.-Í0,
sino después de haber sido degrada-
do, según las fórmulas establecidas.
22. Los reglamentos determinan
las clases de insignias, su forma v
modo de llevarlas, conforme á los gra-
dos y al estado civil ó militar de las
personas.
23. En 1873, el numero de caballe-
ros se fijó en 25.000; el de eficialeSt
en 4.000; el de comendadores', en
1.000; el de grandes oficiales, en 200,
V el de grandes cruces, en 70; siendo
Ias tres quintas partes para los mili-
tares y las otras dos quintas partes
para los civiles.
Legionario, ría. Adjetivo. Lo qne
pertenece á la legión. \ Haicnlino.
£1 soldado que servia en las legiones
romanas.
BtwoloqU. Legión: latEn, V^^n^-
rius, en César, lo pertenecíeDte i la
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LEGI ,
legión romana; caUUa, le^tonari, a;
francés, l^ÍMnaire; italiano, legiona-
rio^
Legionense. Adjetivo. Leonés, sa.
Etxuolooía. Latín lboionbnsb re^-
mm; el reino de León, en Espaf<a.
(Db MiauKi, j Morante.)
Legislación. Femenino. Conjanto
ó cuerpo de leras, por laa cuales se
gobierna un Bstado. ¡ La ciencia de
las leves.
' ETUfOLooÍA. Lrgislar: latín 4^ s^ti
Jerónimo, legitlatío, le^; catalán, iU~
gislaciÓ; portugués, Uqtslarao; francés,
téffislaíion; italiano, íetfislazione.
Sinonimia. Legislactón. juritpruden-
eia. La legislación se refiere á la exis-
tencia de las lejea escritas, sean jus-
tas ó injustas, buenas ó malas.
La juritprndeneia se refiere á los
principios del derecho, á las realas
inmutables 7 eternas de la justicia.
La tegitlacién no se ocupa sino de
lo que se nos manda guardar j cum-
plir.
La Jurisprudencia establece lo que
nosotros debemos dar j lo que á nos-
otros se debe conceder. Lo que nos-
otros debemos dar, es nuestra oblig*;!-
ción. Lo que se nos debe conceder, es
nuestro derecho.
Huchas veces se ha dicho que la
legislación de nuestro país está embro-
llada. No puede decirse que está em-
brollada nuestra jurisprudencia, por-
que el conocimiento prudente del de-
recho humano no es una cosa que
admita el embrollo.
Bs bien seguro que no haj dos paí-
ses que tengan nna misma legisla-
ción.
Todos los pueblos civilizados de la
tierra, aun cuando fueran infinitos,
tendrían una jurisprudencia, porque
las proclamaciones substanciales del
derecho son un decálogo social para
todos los países cultos.
Por boca de la í<;^i<íaaV» hablan un
siglo, un monarca, unas Cortes, un
faTorito, quizá un usupador, tal ver
un tirano, porque tiranos han sido
muchos legisladores.
Por boca de la juriiprudenda habla
la humanidad.
La legislación es más extensa, más
Tasta; la jurisprudencia es más sabi.-i,
másjusta, más moral, más religiosa.
La legislación es un hecho; la_;'«í-í;-
prudencia es la primera ciencia social,
porque es la madre de las ciencias
políticas j económicas. La economía
y U política que no se funden en el
conocimiento del derecho del hombre,
no merecen la denominación de cien-
cias.
Legislador, ra. Masculino^ feme-
nino. £l que da ó establece lejres. ¡|
Uetáfora. Censor Ó censurador de al-
guna cosa.
Etimología. Legislar: latín, legisla-
tor; catalán, ¡legislador; francés, legis-
latenr; italiano, législatore.
Sentido etimoiogico.-^l . El latín le-
Íislaíor se compone de les, légis, In
ejr, j laíor, portador, forma agente
de ¡aíumt llevado, supino de ferré,
llevar ó producir.
LEGI
2. £a Cicerón se halla también lé-
gunlaior; esto es, laCor-legum, el que
lleva ó produce las leves.
Legislar. Neutro. Dar, hacer 6 es-
tablecer lejes.
ETiMOLOOfa. ¿eg: catalán, llegislar.
— «Metafóricamente significa censu-
rar y juzgar de las acciones ajenas.»
(AcADHMiA, Diccionario de 1720.)
Legislativo, va. Adjetivo que se
aplica al derecho ó potestad de hacer
lejres. |j Se aplica al cuerpo ó código
de leyes,
EriMOLoaÍA. Legislar: catalán, ile~
gislatiu, t>a; provenzal, leaislaíiu; fran-
cas, l^islitif; italiano, legislativo.
Legislator. Masculino anticuado.
Lboisladob. ■
Legislatura. Femenino. Cuerpo
legislativo en actividad j tiempo de
su duración.
EriuoLOofa. Legislar: catalán, lie-
gislaiara; francés, lágislatun; italiano,
legislatura.
Legisperito. Masculino. Jxmisps-
RITO.
Legista. Masculino. El letrado ó
profesor de leyes ó de jurisprudencia.
II El que estudia jurisprudencia ó le-
yes.
Etimología. Leg: italiauo, legista;
francés, legisle; catalán, Ueqista.
Legitima. Femenino, ¿"órense. La
parte de herencia que pertenece, se-
gún le;, á cada uno de los hijos legí-
timos en los bienes que quedan por la
muerte de sus padres.
Etiuolooíá. Legitimo: catalán, Ile-
gítima; francés, legitime; italiano, le-
gitima; latín, legitima, formalidades
en los actos judiciales, preceptos.
Legitimacióa. Femenino. La ac-
ción j efecto de legitimar alguna per-
sona ó cosa.
Etimología. Legitimar: catalán, lie-
gitimació; francés, legiíimalion; italia-
no, Irgiltimazione.
Legitimadaments. Adverbio de
modo. Por legitimación.
Etimología. Legitimada y el sufijo
adverbial mente.
Legítimamente. Adverbio de mo*
do. Con legitimidad, con justicia, de-
bidamente.
Etimología. Legitima y el suBjo ad-
verbial mente: latín, legUímé; italiano,
legittimamente; francés, legiíimemení;
catalán, Uegítimament. .
Legitimado, da. Participio pasivo
de legitimar.
Etimología. Legitimar: catalán, lie-
gitimaí, da; francés, legitimé; italiano,
legitíimato.
Legitimar. Activo. Forense. Pro-
bar ó justiñcar la verdad de alguna
cosa ó la calidad de alguna persona ó
cosa conforme á las leves. j| Hacer le- ¡
gítimo al hijo que no lo era. || Habili- ¡
tar á alguna persona de suyo inhábil .
para algún oHcío ó empleo.
Etimología. Ze^j'^mo: catalán, lie-,
giíimar; francés, Wgitimer; italiano,
iegi i timare.
Legitimidad. Femenino. La cali-
dad que hace legítima alguna cosa. ||
La autoridad de los monarcas con re-
lación al derecho tradicional de sus
' LEGO
359
dinastías. En tiempo de los reres ab-
soluto^ la LsaiTiUiDAD 86 ílamaba
derecho divino.
Etimología. L^itimo: catalán, lle-
gilimitat; fnncési Ugiíimifé; italiano,
legittimita.
Legitimísta. Sustanti.TO y adjeti-
vo. Nombre y epíteto de.los partida-
rios del derecho divino y de la suce-
sión á la corona por orden riguroso de
primogenitura.
Etimología. Legítimo: catalán, lle-
gitimista; francés, l^itimitte; italiano,
legiiimista.
Legitimo, ma. Adjetivo. Lo que
es conforme á las leyes. | Lo que es
cierto, genuino y verdadero en cual-
quiera linea. I En su sentido más lato,
todo lo que se funda en alguna razón
de detecho, de tiempo ó de conciencia;
de tal suerte, que no pueda dejarse de
reconocer y acatar, sin cometer una
injusticia. ■
Etimología. Leg: latín, legítímus;
catalán, llegiiim, a; provenzal, le^iiim;
francés, legitime; italiano, legitimo.
Sinonimia. Legitimo, legal. Lo legi-
timo es más esencial y más duradero
que lo legal, porque depende de la na-
turaleza y de las iustitucíones funda-
mentales de ios pueblos, en tanto que
lo legal es una emanación de la ley
civil. Por esto decimos: hijo legítimo
y de legitimo matrimonio, testamento
legal, autoridad Irgal, formas legales.
Legitima defensa es la que ia ley na-
tural permite; defensa legal es la que
hace el letrado delante del juez. Lo
legitimo lo es siempre; lo legal puede
dejar de serlo cuando la lej se muda.
En todos los códigos haj ficciones le-
gales; pero no hay ficciones legitimas.
La venta y el cambio son causas legi-
timas do adquisición; la primogenitu-
re y la prescripción son causas legar-
les. (Mora.)
Lego, ga. Adjetivo. El que no tie-
ne órdenes clericales. 8e usa también
como sustantivo. || La persona falta
de letras ó noticias. Q Masculino. En
tos conventos da religiosos, el que
siendo profeso, no tiene opción á las
sagradas órdenes. | llano y abonado.
Locución forense en que se eiplican
las calidades que deben tener el fia-
dor ó depositario; esto es, que no goce
fuero eclesiástico ni de nobleza, ^ que
tenga hacienda; aplícase también á
las fianzas. |] llano, uso r abonado.
Lego, llano y abonado. — «E^ seglar
que no goza fuero eclesiástico. Viene
de la voz latina ¿ai<;M.> (ACAO^MU,
Diccionario de f7S6.)
Legón. Masculino. Especie de aza-
dón, cuya forma varía según las pro-
vincias.
Etimología. «Especie de azadón,
de quien, según Covarrubias, se di-
ferencia en que el azadón sólo tiene
la pala con que se cava, y el legón
por una parte tiene la pala, y por la
otra, una piqueta. Sale del latino
Ligo, onis.» (Acadsmia, Diccionario
deim.)
Legoncillo. Masculino diminntivo
de U-gJn.
Legóte (Paoa). Pinto* nvillano,
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360
LEGU
qufl nació por los años da 1600 j mu-
rió hacia ^ de 1670. Sas obrks más
notables son las pinturas que ador-
nan el retablo major de la iglesia de
Santa María de Lebrija^las oualesre-
{treseataa la Natividad de JesucristOt
a Bpifinia, los dos ian Juanes y la
Anunctaeién. Pintó ademái, por en-
cargo del cardenal Espfnola, arzobis-
po de Sevilla, ud Apostolado, que
ocupa el salón de aquel palacio arzo-
bispaL En todas eataa obras se ad-
vierta mudu naturalidad» corrección
en el dibujo j buen colorido*
Legra. Femenino. Instrumento de
hierro con dos cortea muy sutiles j
torcidos por la punta, del cual se sír-
vea los cirujanos j albéitares para
descubrir jr raer el cráneo, y regfistrar
si haj en él rotura ó contusión.
ETiuoLOofá.. Latín le^Üla, el hueco
de la oreja, por semejanza de forma.
Legración. Femenino. La acción
de legrar. ■
I«egradara. Femenino. La acción
y efecto de legrar.
iMnmt, Activo. Cirugía. Raer y
maniraatar el casco 6 hueso en las he-
ridas de cabeza con la legra.
EriuoLOof A. L^ra,
Legrón. Masculino aumentativo
de legra. Legra ma^or que la regu-
lar, de que usan los albéitares para
legrar las partes sólidas de las bes-
tias.
Legua. Femenino. Medida longi-
tudinal de tierra, cuja magnitud es
varia entre las naciones. La legua
legal espa&ola, según la real orden
de 1801, eonsta de veinte mil pies, y
de esta clase de lequas entran veinte
en el grado. Q A lboua, ¿ la lbqua,
Á LsauAS, na cibn lbouas, ve huchas
LBOVAS, DBSDB HBDtA LBOUA. Modo
adverbial metafdrieo. Desde muy le-
jos, á gran distancia, || Por doquiera
HAT su LEGUA DB MAL CAHINO, ó TB-
MBB AIRONA COSA 8U LBOUA Ó PEDAZO
nn UAL OAMINO. Expresiones que en-
señan que en cualquiera cosa que se
intente hacer, se encuentran di6cul-
tades.
ErmoLoaÍA. Créese ^generalmente
quo viene de leuea, latinización de la
voz céltica lem. Otros dicen quo leuca
viene del griego l€ui<ís, blanco, por^
que antea de- usarse los pilares ó co-
lumnas miliares, las millas 6 leguas
se señalaban por medio de una piedra
bioñca, Bergier, Puigblanch y otros,
Ven en la voz tenca (por Umiea j Uw-
üea, y éste por lapídusa, entendiéndo-
se «ursura ó aüítzfKia^ una derivación
de íapis, la piedra. Según esa aa^az
denvaeión, ¿c^m, leuea, equivaldría á
la^ídica (distancia) ó á distancia me-
dida, señalada por una piedra. (Mon-
LAU.)
Derivaciíín.— Céltico; bajo bretón,
lew, leó; gaélico, lei^; irlandés, lei^e;
latín, leuca; inglés, leaque; italiano,
leaa; portugués, legoa; francés del si-
glo zx, Um; arant trente liwes, trein-
ta grandes leguas; moderno, tieue;
provenzal, Uffa; catalán, lUgua; picar-
do, liue.
• i. Kl francés del i^glo xi, re-
LEIB
presenta seguramente el bajo bretón
letr.
3. Confirma también el origen cél-
tico de la voz del artículo, el siguien-
te pasaje: tleuca, voz tomada del cel-
ta.» (San Isidoro, Orígenes, capítu-
lo 16,}
}ÍeseHa.-~htt lbqua es la antigua
medida itineraria de Europa. La de
España tiene 4.177 metros; la de
Portugal, 6.173; la de Suiza, 4.800,
y la cuadrada, 23 kilómetros cuadra-
dos; y la común de Francia, ó de 25
al grado, 4.445 metros.
Legada. Femenino. Botánica.
Planta; especie de campánula, cu^a
cápsula se abre en muchas valvas.
Legnero. Masculino. Peón cami-
nero.
Leguleyo. Masculino. El que se
tiene por legista y sólo sabe las lejes
de memoria,
ETiitOLoaÍA. Latín ieaüleius; de les^
ligis, la lev: italiano, leguleio.
Legumbre. Femenino. Todo gé-
nero de fruto ó semilla que se cría en
vainas de plantas herbáceas. || Por ex-
tensión se llama asi toda clase de ho^
taliza.
EnMOLoalA. Latín U^ümen y legü-
méníum, forma aímétrioa de ieg^lus,
recolector, forma de l^ere, recoger,
C(»achar: italiano, legume; francés del
siglo XII, leun, ¿«Át; moderno, legume;
provenzal, legum, liwm; catalán, líe~
gum.
Legumbrizar. áiitivo. Cultivar un
campo sembrado de legumbres. (Ca-
ballero.)
Legumiario, ria. Adjetivo. Que
tiene conexi<^ oon las legumbres. (Ca-
ballero.)
Etuiología. Latín l^gñmíndríus, lo
concerniente á las legumbres* (Cice-
rón.)—La forma directa es ^.^imMia-
rto,
Legúmina. Femenino. Química.
Materia vegetal y animal que se ex-
trae de las legumbres.
EriMOLoaf A. Ltgumhe: fnneési lé~
gumine.
LegumiBÍforme. Adjetivo. Botá-
nica. Que tiene la forma de una vaina.
Etuiolooía. Latín lfgüme%t legum-
bre, y forma.
Leguminivoro, ra. Adjetivo. Que
se mantiene de legumbres.
Etiuoloo£a. Latín Ug^nun» legum-
bre, y varare, comer.
Leguminodo. Masculino. Botáni-
ca. Fruto compuesto de muchas le-
gumbres, fijas en una misma base ;r
en una misma ñor,
firiuoLOGÍA. Leguminoso.
Leguminoso, sa. Lo que se pare-
ce á las legumbres en sus propieda-
des; como plantas leouui^osas.
Etimología. Legumbre: latín, /yw-
mtmsus, abundante de leg-umbres;
francés, léguminenx; italiano, legumi-
noso.
Leguo, gua. Adjetivo. Lego. U
Masculino anticuado. Lsao.
Leible. Adjetivo. Legidle.
Leibnitz (Uodqp-hbdo Guiixbrmo).
Filósofo, matemático, historiador, fí-
sioo, publicista, jurisconsulto, teólo-
LEIB
soy filólogo alemán, que nació ea
1646 y murió en 1716. Desde sus pri-
meros años se entregó con ardor al
estudio de las ciencias matemáticas y
filosóficas; trató en París al célebre
Hujgbens; pasó luego á Inglaterra,
y volvió á Alemania á la edad de
28 años, después de haber contraído
relaciones con los sabios más ilustres
de la época. El descubrimiento del
cálculo diferencial dio motivo á una
polémica entre los alemanes y loa in-
gleses, atribuyéndolo éstos á Newton,
mientras que los primeros presenta-
ban pruebas irrecusables de que aque-
lla gloria pertenecía á Leibnitz. El
resultado fué venirse en conocimiento
de que ambos filósofos habían descu-
bierto al mismo tiempo, sin ninguna
especie de comunicación entre ellos,
el método del cálculo más elevado c^ua
se conoce, y ¿ que deben las ciencias
los mayores progresos. Bu filosofía
introdujo Lbibnitz el eclecticismo;
quiso conciliar á Platón y á Aristóte-
les, á Descartes y Locke. Emprendió
la reforma de la metafísica, y su sis-
tema de las ideas y de las mónadas
excitó un entusiasmo universal, Exís*
ten, según él, ideas independientes
de la experiencia que tienen su origen
en el entendimiento; las ideas son
confusas y coordinales: en el primer
caso provienen de loa sentidos; en el
segundo, pertenecen eiclusivamente
al entendimiento. Sus ideas relativas
á los objetos ex-teriores están en ar-
monía con ellos, pues de lo contrarío
serían meras ilusiones. La razón su-
prema de los principios necesarios
está en Dios, fuente necesaria, eter-
na, de toda verdad. Hay mónadas pri-
mitivas, infinitas, y mónadas Umita-
das, que se distinguen entre sí por el
poder y la cttlidad de sus proporcio-
nes. Las mónadas sin percepción son
los cuerpos inertes; los animales son
mónadas que sólo tienen una percep-
ción confusa. Los entes racionales,
los espíritus, son mónadas dotadas de
una perfección clara. En el hombre,
el alma y el cuerpo no obran el uno
sobre el otro, sino que existe entre
estas dos substancias una armonía tan
perfecta, que cada una de ellas, no
haciendo más que desarrollarse según
las leyes que le son propias, experi-
menta modificaciones que correspon-
den exactamente á las modificaciones
de la otra; esto es lo que Lbidnitz lla-
ma armonía preestablecida, Eu su Tkeo-
dicea profesa el optimismo, enseñando
Sue entre todos los mundos posibles,
lios ha escogido el mejor, lo cual no
quiere decir aquel donde no hajr .nin-
gún mal, sino donde hay la mayor
suma de biene?. Daba grande iuñuon-
cia á las lenguas y quería crear, pa~í>
el uso de todas las ciencias, una ca-
racterística ó escritura universal, hus
obras forman una colección tic sciíí
tomos en 4.* francés. (Sala.)
Leibnitzianismo. Masculino. Sn-
temas /ííosó/icos. Doctrina de LeibaiU.
Etimología. LeiÓHitziaae: francés.
Uibniiiiattisúie.
Leibnitzia'no, n*. Aoljetivot^
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LEJA
LELE
LEMA 361
1 loitraitsUnismo. | Lo nfe-
ese sistema.
EtimolooU. Ldhnitt: finacés, Iñh-
wibien.
Leicesteria. Femenino. Bttámea.
Especie de arbusto.
Leición. Femenino anticuado. Lec-
ción.
I<eido, da. Adjetivo. El que ha
leído mucho j es hombre de muchas
noticias j eradieidn. | Participio pa-
sivo de leer.
E-nuoLoofA.. Latín leeíus: italiano,
Uíto; francés, lu; catalán, llepí,da.
Leigal. Adjetivo anticuado. Lk-
0AL.
Leigo, ga. Adjetivo anticuado.
LiocQ Masculino antícoado, Lsoo.
Leñar. Activo anticuado. Dbjás.
LeUa. Femenino. Especie de danza
morisca.
BrnioLoofA. Arabe Uila {}tXffj)t
noche, entre los árabes; sarao noctur-
no, entro los moriscos; IHtlya, en Ale-
po. (DozT.)
1. La forma antigua es legla^ como
se ve en Mármol. «La comisión nom-
brada por Carlos V quería «que los
moriscos no usaran las le»fla$ j zam-
bras á la morisca.» (M*mid» de los
awrúew, folio 336*)
2. En el mismo folio dice que Fe-
lipe II ordenó: «que no se fiziesen
zambras ni te¿fhs con ingtmmentos,
ni cantares moriscos.»
Leima. Masculino. Intervalo mú-
sico se«pin el sistema de los antiguos,
el cual estaba en la razón de 2o6 á
243, que próximamente es la razón
de 19 á 18.
Leinconito, ta. Adjetivo. Zoolo-
gUt. Que vive en los prados.
Leisto. Masculino. E»U>mU^ia.
Género do insectos coleópteros pentá-
mnos.
EriMOLoaÍA. Griego Xijmóc (l^*-
tái), raptor, ooMAot, prmdalor*
Zieitat. Femenino anticuado. Lbal-
TAD.
Leitón. Haseuliuo, Botánica. Ar-
bol parecido al laurel.
Leja. Femenino. Provincial Mur-
cia. VA9AB. g Anticuado. Manda.
Ijojania. Femenino. Distancia
grande.
Btiuolooía. Lejano: italiano, Itm-
tananta; francés, loiiUaineU,
Lejano, na. Adjetivo, Distante,
apartado.
EtimolooU. Lejos: provenzal, lonh-
dan, Inndhan, loindan; francés del si-
flo XII, loingtain; moderno, lointain,
el latín ficticio ¡ongiíSnutt forma de
¿(HWKs, luengo.
oiNONiuiA. Lejano, remoto, distante,
Lejnuo es lo que está separado por
una gran distancia del punto de que
se habla; remoto, lo que está separado
^r majror distancia que lo lejano; es
distante lo que está separado por un
espacio que no puede llamarse cerca-
nía. Lo distante puede estar á pocas
varas ó á muchas leguas del punto de
que se trata. Las tres palabras expre-
san ideas relativas; pero la expresada
por la Toz áitíMío es más relativa que
las expresadas por 1m otras dos. Ha-
blando en Ibdrid, podemos decir que
el Támesis está lejano; deSiberia,que
es un país remoto; pero si en uno y
eu otro caso nos valemos de la palabra
distante, el sentido quedará indefinido
j va^o, á menos de aplicarle un ad-
verbio, ó la expresión de una canti-
dad métrica. (Mora.)
Lejar. Activo anticuado. Dejar, le-
gar ó mandar.
Lejia. Femenino. Agua cocida con
ceniza, que llaman colada las lavan-
deras, y sirve para limpiar y blan-
quear w ropa, I Agua fermentada con
enalijuier ceniza 6 cosa terrea. || Me-
tafiíneo j familiar. Reprensión merte
ó satírica.
BTiuoLoaÍA. LixiviaU
Lejilloa. Adverbio diminutÍTO de
lejos.
Lcjio. Ibscalino. Entre tintoreros,
LBJÍÁ.
Lejisimos. Adverbio de tiempo j
lugar superlativo de lejos.
Lejivial. Adjetivo. Epíteto de las
sales alcalinas que se sacan de las ce-
nizas por medio de la' loción.
Etiuolooía. Lejia.
Lejos. Adverbio de tiempo j lugar.
Con mucha distancia ó ¿ gran distan-
cia, n Db lejas tiorbas. Frase. De
tierras lejanas. | Metáfora. Pintura.
Lo que está pintado en diminución,
j representa a la vista estar apartado
de la figura principal. La vista ó
aspecto que tiene una persona 6 cosa
mirada desde cierta distancia; j así
se dice: esta cara ó figura tiene buen
LEJOS, tiene mal lejos. || Metáfora.
Semejanza, apariencia, vislumbre de
alguna cosa. ¡| A lo lejos, db lejos,
DE MUY LEJOS ó DESDE LEJOi. Modo
adverbial. Alarga distancia, 6 desde
larga distancia. | ¡Lejos de aquí! Ex-
clamación &miliar de enojo. ¡Fuuba
DE AQuf!
EincoLOofA. Latín loug^, forma ad-
verbial de longMS, luengo: catalán,
llung; provenzal, long^ loing, lofh,
Iting, luenh, lunh (lueñ, luüj; portu-
gués, lotice; burguiñón, Ion; francés,
Join; italiano, Imge.
Lejuelos. Adverbio diminativo de
lejos.
Lejara. Femenino anticuado. La
mucha distancia de un lugar á otro.
Etimología. Lejos.
Lelaps. Masculino. Mitología.
Nombre de un perro de Acteón. ||
Nombre de otro perro de Cefeo.
EriuOLoaÍA. Griego Xa tXai]/ ^¿al-
lapsó lalaps), torbellino: latín, lalaps.
Lélegfls. Masculino plural. Qet^ra-
fia antigua. Hombres mezclados de
varias naciones errantes, que unos di-
cen ser los pueblos de Acarnania; y
otros, los de Aeaja. (Plinio.) ¡| Pue-
blos de Tesalia. (Lugano.) || Pueblos
de Asia, vecinos á los cares. (Virqi-
Lio.) i Los mismos cares j los locren-
ses.
Etimoloqía. Griego XUeyet (lék'
gesh latín, lel^ges.
Reseña. — Etnografia é ffistoria.
Uno de los pueblos primitivos de la
Grecia. En el Asia menor, Uerodotoy
Estrabón los presentan como mezcla-
dos á los carios ó carea, ocupando las
islas del marEgeo j la parte de costa
ue fué más tarde la Jonia. Se exten-
ieron por el Peloponeso, donde ha-
llamos un Lelexy en Megara; otro, en
Laconia; j otro, en Mesenia. En Ho-
mero aparecen como auxiliares de
Príamo, contra los helenos, habitando
una ciudad llamada Pedasa, lo mismo
que en Mesenia. Fueron los primeros
habitantes de Samos donde, según se
dice, fundaron el templo más antiguo
de Éera, diosa pelásgica. Todos estos
datos inducen a«onsiderar á los l£ls-
QBS como noa tribu de los pelasgos.
En el Norte de Grecia, en las costas
de la Acarnania j en las islas vecinas,'
aparecen, desdé Aristóteles j Dionisio
de Halicarnaso, como una raza helé-
nica pura, que ajuda á Deucalión a
arrojar á los pelasgos de la Tesalia, y
que pertenece á la misma familia de
los locrios; es decir, á la raza cólica.
Según las madores probabilidades,
se les debe considerar, y este es el
parecer de Estrabón, como una raza
mixta, aliada i los pelasgos y á los
helenos, originaria de los primeros,
que recibió, cuando la invasión helé-
nica, jefes de ac^ueila nación tam-
bién de loa lóenos, con quienes los
compara Aristóteles.
Lelia. Femenino. Nombre romano
de mujer.
ETiMüLoaÍA. Lelio: latín, Leelía.
Lelilí. Masculino, La grita ó voce-
río que levantan los moros cuando
entran en una batalla ó combate.
Btiuolooía. Arabe l¿ iláh illa ' Uah
( ajt ^) )> hay más Dios
que Dios.»
1. Cervantes emplea lelies, en Don
Quijote (IT, 34).
2. La forma lelilé se halla en la
Crónica general, folio 204,
3. El Diccionario de Autoridades
trae lblilleb: «La grita ó vocerío que
hacen los moros cnando entran en al-
guna batalla ó combate. Llámense
así porque lo que pronuncian y se
percibe es esta palabra: Leli, leli, con
que invocan á su falso profeta,> (Aca-
demia, Diccionario de ilÍ6.)
Lelio. Masculino. Historia romana^
Romano célebre por su amistad con el
primer Escipión el Africano. (Titj
Livio.)|| Lelio, llamado el -SoAia, ami-
go íntimo del segundo Escipión el
Africano. (Cicerón.)
BTmoLoalA. Latín Laltus.
Lelo, la. Adjetivo. Fatuo, simple
y como pasmado.
Etimolooía. Le, lo, onomatopeya
que imita las articulaciones cortadas
del imbécil: catalán, lelo, a.
Lema. Masculino. El argumento ó
título que precede á ciertas composi-
ciones literarias para explicar en bre-
ves términos el asunto ó pensamiento
de la obra. || Blasón. Letra ó mote
que se pone en los emblemas y em-
l)resas para hacerlos más comprensi-
bles. II Tema. || Especie de contraseüa
que se escribe en los pliegos cercados
de oposiciones y certámenes, para co-
TOMO m M
I Digiíized by GoOglC
362
LEMN
nocer, después del fitllo, i quién per-
tenece cads obra, 6 aTerí^ai el nom-
bre de los autores premiados. |
meMa. Proposición que se suele po-
ner sólo para demostrar otras sumÍ-
g^ientes.
BiucoLoofa. Grie^ XaSttv, >B|j.6á-
v(iv (labéittf lanbánetn), coger antici-
padamente; l9,fUi (¡9ma)t la acción de
tomar, invasiÓD; y extensÍTamente,
proposición que se toma ó le sienta an-
ticipadamente: latín, lemma, lemmHlit,
argumento, título, tema que precede
á los epigramas, odas, églof^s; ita-
liano, Umma; triíXiQés^Umme; catalán,
lema.
Lemán. Masculino anticuado. Pi-
loto práctico.
Lem&naje. Masculino anticuado.
Pilotaje, en su tercera acepción.
Lemánico, ca. Adjetivo. Referen-
te al lago Lemano.
ETiuoLOof A> LenuMo: ficancés. Urna-
ñique.
Lemanita. Femenino. Especie de
silicato de alúmina j de cal que se
encuentra á orillas del lago Lemano.
SruioLOofiL. Lmano: francés, Uma-
niu.
Lemano. Sustantivo. Lago de Gi-
nebra.
Etimología. Latín Lítnanus. (Cé-
sar.)
Lembario. Masculino. Soldado que
combatía abordo délos bajeles. Q Leu-
baria. Tropa de los barcos que se ar-
maban para combatir en los ríos.
Ktimolooía. Bajo latín lenbaríus,
del latín lembus, balandra, barco de
río: catalán antiguo, Imparta.
Lembo. Masculino anticuado. Bar-
co de velas j remos. Q Barca.
EriuoLoaÍA. Latín lembaSf balan-
dra, que es el griego Xi^oi (U'mbos),
Lembranaa. Anticuado. Membsan-
ZA. ¡Qué lástima de olvidos, día? de
luto para la lengua! ¡Cuántas verda-
des hemos ganado! Pero ¡cuántas be-
llezas hemos perdido! Caando halla-
mos la palabra lbubranza en la len-
gua de nuestros mayores, se experi-
menta un sentimiento que no se pue-
de definir. Es un vocablo lleno de poe-
sía armoniosa, como los recuerdos de
la niñez; de emoción tierna j dulce,
como las tristezu del amor. Cuando
se lee: las lbmbr&nzas del viejoy lo
mismo acuden á nuestro espíritu las
adversidades de la existencia que la
candidez de la infancia, que los mis-
terios del sepulcro ó qne la esperanza
en la mieencordia de Dios. Siempre
que pronunciamos el vocablo lembran-
za, nos parece que vemos una soledad
poblada de ángeles.
Lembrar. Activo anticuado. Re-
cordar. Usábase también como recí-
proco.
Etiuolooía. Zembratua: catalán an-
tigao, lembrarse,
Leubrarse. Recíproco anticuado.
Acordarse, hacer memoria.
Leme. Masculino anticuado* Ti-
món DB LA NAVa.
Lemera. Femenino anticuado. Ma-
rina. Limera.
LeaVUi* femenino^ Botánica, Nom-
LEMO
bre moderno del género lentfcnla ,
tipo de la familia de las lemnáceas.
(Leodarant.)
Etimología, Griego Xíiivai (iémna):
francés, lemne.
Lemnáceaa. Femenino plural. Bo^
tánica. Familia de plantas monocoti-
ledóneas, que viven en la superficie
de las aguas dulces estancadas, sobre
las cuales flotan libremente. (Lit-
TBÉ.)
Bmnxúofat Letnna: francés, lémna-
cees.
Lemnicola. Mascnlino y femeni-
no. El natural ó habitante de la isla
de Lemnos.
EriMOLoaÍA. Latín Zemnnt j eolére,
habitar.
Lemnio, nia. Adjetivo. Lo perte-
neciente á la isla de Lemnos. j| Tie-
rra LEMNiAÓ lemmana; tierra de di-
cha isla, á la cual se atribuían diver-
sas cualidades medicinales j que en-
tra en la composición de la triaca.
EtimologU,. Lemnos: francés, lem-
nien; latín, lemntus. (Viboilio.)
Lemniacata. Femenino. Qeome'
tria. Curra qutf tiene la figura de
un 8.
BtimologÍa. Griego Xíkivíoxoí (im^
Hískos), nudo de cinta que se colga-
ba de las coronas de los antiguos, por
semejanza de figura: francés, lenmt-
caíe.
Lemnisceroa. Masculino, Curva
llamada también nudo de amor.
Etimología. Lemniscata.
Lemnisco. Masculino. Faja ó lis-
tón que se rodeaba á la corona ó con
que se adornaban las palmas de los
atletas vencedores.
Etimología. Lemniscata: latín, lem-
nis^tutj adornado con cintas; Icmnts-
n, cintas, fajas; italiano, lemnisco;
foaneés, lemnisgne,
1, Se ha creído por algún autor
que el griego Xtiiivítcoí (lemnískos)
representa una forma de Lemnos^ lo
cual es un error.
2. La forma griega, que hemos
transcrito, es un derivado de X^vo; ( li-
nos), lana.
Reseña.— Antigüedades. Bandas, fa-
jas, cintas de púrpura que usaban los
romanos para adornar j sujetar las
coronas de hojas j de flores tjue lleva-
ban en los festines, y también las co-
ronas destinadas á los emperadores y
á los que obtenían algún triunfo. Los
extremos terminaban en punta y se
hacían caer delante del pecho.
Leamos. Femenino. Geografía an-
tigua. Isla del mar Egeo, llamada
también Estalímene, (Terencio.)
Etimología. Griego Aé¡ivoí (Lem-
nos): latín, Lemnos, Lemnus.
Lemodipodiforme. Adjetivo. His-
toria natural. En forma de lemodí-
podo.
Etimología. Lemodipodo y forma.
Lemodipodo. Masculino. Zoología,
Crustáceo que tiene los pies anterio-
res en la cabeza.
Lemográfico, ca. Adjetivo. Con-
cerniente á la lemografía.
Lemografía. Femenino. Descrip-
ción de la peste.
LEMO
Etimología. Griego Xoi^ (toimés),
peste, j_^r8yA«*, describir: francés,
usmograpAie.
Lemologia. Femenino. Tratado so-
bre la peste.
Etimología. Griego íoimtís, peste»
Í' lógos, tratado: francés, kmologie;
atín, leemodes, una enfermedad conta-
giosa.
Lemológtco, ca. Adjetivo. Refe-
rente á la lemologia.
Lemos (Francisco db). Humanis-
ta español, religioso del monasterio
de San Zoilo en Cerrión. De su vida
sólo se sabe que murió á mediados
del siglo xvii y que dejó varias obras,
siendo la principal de ellas, la titu-
lada: Júrenos Siermim
pheta.
Lemoa (Pbdro FsaNÁNDEz de Cas-
tro, marque's de ^KKRih y conde de).
Hombre de Estado español, que nació
por los años de 1560 á 1576 y murió
de 1622 á 1634. Siguió en un prínci-
l)io la carrera de las armas y se dis-
tinguió en las guerras de Flandes.
Se casó con una hija del duque dé
Lerma; 7, graciai á la protección del
poderoso ministro, llegó á las más al-
tas dignidades; fué presidente del
Consejo de Indias, en 1693, j virrey
de Nápoles en 1610. La caída del du-
que de Lerma ocasionó la suja en
1618 y pasó sus últimos años en la
desgracia. Se distinguió por la pro-
tección (^ue dispensó á los hombres de
letras. &endo sójo mar(^ués de Sarria,
tuvo por secretario al fénix de los in-
genios, Frej Félix Lope de Vep
Carpió, que más tarde le escribía:
«Bien sabéis cuánto os amo y venero,
y Cuántas noches he dormido á vues-
tros piés, como un perro.» Fué pro-
tector de Cervantes j de los Argen-
solas; y el primero le dedicó el Pirú-
les y Segismundo, su última obra J 1»
de que más satisfecho había quedado.
Los segundos fueron el principal or-
namento de las reuniones literanas
que tuvo en Nápoles, en cuyos saraos
desplegaba una extraordinaria mag-
nificencia.
Lemos (Tomás db). Religioso do-
minico y teólogo español, que nació
ee Hibadavia por los años de 1560 y
murió en 1629. Fué profesor de teolo-
gía en Valladolid, donde defendió la
doctrina de santo Tomás sobre j"
gracia; marchó á Roma por encargo de
au Orden á sostener las doctrinas do
san Agustín; fué nombrado consultor
de la santa y universal Inguisicu-'n ro-
mana, y pasó los últimos años de su
vida en el convento de la MinerTS.
Sus principales obras son: Panop^
gratis y Acta cor^regationum ac ats-
putationum de auxiliis divina jr^t'^' .
Lemosín. na. Adjetivo. El natu»i
de Limoges, y lo perteneciente ies»
provincia. [| Masculino. La lengua le-
mosiiia.
BTiMOLOQfA. Francés limous¡«: ca-
talán, llemosí; latín, leniovíct^stS' loi
ma de Lémovicum, nombre gaw
país de Limoges. , ■ „ d*.
Reseña.^kemosint» "'"^"""Is:
provenzal, eu virtud de lo qu«
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LKNA
LENC
LENC
tnron el LiuosfN con sus coplas ;
composiciones poéticas los trovadores
provenzales. (Monlau.)
Lemosteno. Masculino. Entomolo-
gía, Géaero de iusectos carábicos.
LemOTÍces. Masculino plural. Pub-
BLOS LEiioviCES equÍTale á pueblos le*
mosinos ó provenzales.
EtimoloqU. Latín Lémovíca, el le-
mosin, proviueia de Aquitania. (Cé-
Lempo. Masculino. Especie de em-
barcación pequeña que se parecía á
una galera*
Lemuras. Femenino plural. L£-
MURBS,
Lémures. Masculino plural. Mito-
Ic^ia, Genios tenidos generalmenio
por maléficos entre romanos y etrus-
COS. D Fantasmas, sombras» duen-
des.
ErUfOLúofA. Latín ¡¿mures, fantas-
mas, visioues, duendes, en Ovidio;de-
monios» en Sidonio; forma simétrica
de Ictnúría; fiestas instituidas por los
antiguos romanos para aplacar las
sombras j fantasmas de los muertos:
italiano, imurt; francés, lémures.
Restña hittdriea, — Nombre que los
antiguos romanos daban á las almas
de los malvados que, durante la no-
che, abandonaban su tumba para
atormentar á los vivos. También lla-
maban así á los que habían perecido
de muerte violenta j i los que no ha-
bían recibido los honores de la sepul-
tura.
l4emarianos. Masculino plural.
Zoología, Familia de mamíferos cua-
drumanos de hocico prolongado.
Etimología. Lémures: francés, le-
muriens, aludiendo á la forma repug-
nante de dichos animales.
Lemurías. Femenino plural. Fies-
tas nocturnas, que se celebraban en
Boma durante el mea de Majo, en
honor da los i^uüass.
Btucoloqía. Latín tím^¡a^, .(Ovi-
dio.)
Reseña» — BisU>ria antigua. Fiestas
fúnebres que celebiabau los romanos
para arrojar de las casas á los lémures
y también para aplacar las sombras ó
Us almas de los muertos. Consistían
eo ciertos conjuros, durante los cua-
les se arrojaban habas negras á los
lémures, y se daban golpes en vasos
de bronce para arrojarlos. Las lbhu-
SIA8 se celebraban anualmente, el día
tercero de los idus de Majo, que co-
rresponde al 13 del mismo mes, y du-
raban tres días, con uno de invervalo
entre cada uno de ellos. Según una
tradición, estas fiestas, se llamaron
romuriat por haberlas instituido JRó-
mmlo, á nn de aplacar los manes de
Ramo, errantes en las orillas de la
Bstigia.
Lea. A.djetivo. Entre las hilande-
ras se aplica al hilo ó seda cujas
hebras están poco torcidas, j por eso,
blandas.
. BnuoLooÍA. Zeno.
Lena. Femenino, Aliento, vigor.
BtiMOLOGÍA. Aliento: italiano antí-
^■0, aleiui moderno, lena; francés del
si^lo XI, aleine (Caución de Rolando,
CXXXIII); moderno, haUinti pro-
venzal, alen, aleña,
Lena. Femenino anticuado. Al-
cahueta.
Etimología. Lchú,
Lenaíe. Masculino anticuado. Li-
naje.
Lenaien, Uasculino anticuado. Li-
naje.
Lencera. Femenino. La mujer que
trata en lienzos 6 los vende, || La mu-
jer del lencero.
Lencería. Femenino. Conjunto de
lienzo de distintos géneros. || £1 para<
je de una población en que haj va-
rias tiendas de lienzos, y también
cualquiera de ellas. || Lugar donde
en ciertos establecimientos, como co-
legios, hospitales, etc., se custodíala
ropa blanca. || La colección de piezas
de ropa, hecha de lienzo, para uso de
un individuo, de una familia ó de una
corporación.
Etimología. Lienzo: catalán, llenee-
ria; francés, Ungerie,
Lencero. Masculino. El mercader
de lienzos, él que trata en ellos ó los
vende.
Etimología. Leñarla: catalán, lUnr
eer; francés, limer,
Lencinito. Masculino. Especie de
mineral de un color mate, terroso j
blando, cuja fractura es concoide j
que se adhiere & la lengua como ík
arcilla.
Lenciós (Ana, más conocida por
el nombre de Niñón de). Una de las
mujeres más célebres por su vida ga-
lante, no sólo de Francia, sino de
Europa entera, que nació en París el
15 de Mavo de 1616 j murió el 17 de
Octubre de 1706. Su padre era, según
algunos biógrafos, un hidalgo, que
había tenido en el ejército real el gra-
do de oficial, j según Voltaire, un
simple juglar ambulante; todos, sin
eml»rgo, convienen en que se dedica-
ba al vergonzoso tráfico de llevar mu-
jeres á las mancebías. Su madre per-
tenecía á una familia noble de Or-
leáns, los Abra de Raconis, alguuos de
cu^os individuos han brillado en las
mas honrosas profesiones. Uno de sus
parientes era obispo de Lavaur en
tiempo de Gichelieu; j él debió ser ^or
quien la seductora doncella conoció al
cardenal que, según Voltaire, fué uno
de sus primeros amantes. Educada
por un lado con todo el severo misti-
cismo de su madre; y por otro, acos-
tumbrada á las dulzuras de la vida,
del regalo j del epicurismo, que con
tanta perfección conocía su padre, va-
ciló algún tienuio entre los dos cami-
nos que se le onecían. Pero huér&na
bien pronto j dueña absoluta de su
albedrío, se entregó sin reserva al
amor j á los placeres, afición que de
su padre había heredado. He aquí có-
mo refiere Voltaire sus primeros pa-
sos en la vida galante: «Empezaré
por decir, en mi calidad de historió-
grafo exacto, que el cardenal de Ri-
chelieu obtuvo los primeros &Tore8
de NINÓ^f de Lsn'clós, que i su vez
debió obtener los últimos del c<ud9-
nal. Es, según creo, la única vez que
esta mujer célebre se entregó sin con*
sultar su gusto. Entonces tenía 16 6
17 años. Su padre era'un juglar, lla-
mado Lbnclos; j si el laúd que tañía
no le proporcionó una gran fortuna,
su hija suplió esta falta. El cardenal
Richelieu le asignó una renta vitali-
cia de 2.000 libras, que era algo en
aquellos tiempos. En seguida se en-
tregó á una vida un poco libertina,
pero jamás fué cortesana pública. Los
más grandes señores del reino se ena-
moraron de ella; pero no todos fueron
dichosos, sino aquellos á quienes su
corazón prefirió.» A pesar de estas pa-
labras de Voltaire, hemos de convenir
en que sus preferencias eran muchas:
Condé, Longueville, Estrées, La Ro-
chefoucauld, Sevigné, La Chatre, Vil-
larceaux, se sucedieron en su cora-
zón, alternando con nombres más os-
curos; pero que no por eso fueron
menos amados por aquella mujer In-
cansable para el amor. Lle^ó un día
en que se quiso poner término al es-
cándalo de los amores de Niñón. Dos
de sus amantes habían venido á las
manos por ella, j noticiosa del suceso
Ana de Austria, determinó encerrarla
en un convento. Sabedora ella de tal
resolución y como se la preguntara
qué convento escocia,- respondió con
la major tranquilidad del mundo que
K« convento de franciscanos. Entonces
hubo necesidad de noticiarle que se
la encerraría en las Doncellas arrepen-
lidas. «Eso es injusto, contestó, por-
que ni soj doncella, ni estov arrepen-
tida.» Por lo demás, contaba con la
amistad de demasiadas personajes de
alto rango, para que se pudiese em-*
plear con ella la violencia, y fué pre-*
ciso tomar la determinación de no mo--
lestarla* A pesar de sus vicios, no sólo
su hermosura, sino su talento y la
¿ondad de su carácter, reunieron en
torno SUJO los hombres j hasta las
mujeres más distinguidas de su tiem-
po. M.'^*^ de Sullj, de Lafajette J
de La Sabli¿re se honraTon con su
amistad, j la Maintenón, siendo ja
esposa de Luis XIV, la quiso llevar
ú su lado, lo mismo que Cristina de
Suecia, que la llamaba la ilustre Ni-
ñón. Sin embargo, ella prefería á la
estancia en Versalles, su pequeña
corte de la calle de Tournelles, en el
Marais, donde parecía haber forma-
do una escuela de buen gusto y de
elegancia, j donde pudo reinar hasta
los ochenta afios, época en que se en-
tregaba á los amores de! aluite Cha*
teauneuf, su nltma ¡oeura, como ella
llamaba aquel postrer delirio de su
vida aventurera. Dotada de un gusto,
de un ingenio y de una instrucción
superiores á su sexo, dió útiles conse-
jos á Scarrón, Saiat-Evremon^ Fon-
tenelle, j después de haber sido la
consejera de Moliere, adivinó el genio
de Voltaire, niño todavía, á quien
legó, al morir, 2.000 francos para
comprar libros. De Nimón de Lbnclús
quedan algunas cartas en las obras
de Saint-Evremont; otras, dirigidas
al marqués de Sevigné (París, 1752)«
y su Correspondencia secreta con J/l di
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364 LENG
LENG
LEÑO
VilUreeaiUB j Madame dt Uainknín
(1^89), eanqae har quien la ha su-
puesto apócrifa. Bret eserib¡<S unas
Memorias sobre Ni>fÓN db LenclóS,
qae se publicaron por vez primera en
París en 1751.
Lendel. Masculino. El círculo que
dé la continuación de andar hace la
caballería que saca ag^a de la noria ó
da movimiento á alg;una máquina.
Btihología. Linde. Lendel repre-
senta lindel.
Leodera. Femenino anticuado.
LlNDB.
Lendrera. Femenino. El peine
mujr espeso de púas que sirve para
sacar las liendres.
Lendrero. Masculino. Lugar en
que ha/ liendres.
Lendroso, be. Adjetivo. El 6 lo
que tiene muchas liendres.
Lene. Adjetivo anticuado. Suave 6
Mando al tacto. | Dulce, agradable,
benévolo. Q Leve, libero.
Etiuoloqía. Latín lenis, blando,
suave; lenlre, suavizar; linlmenimt,
propio para mitigar el dolor: italiano,
leño.
Léneas. Femenino plural. Fiestas
atenienses que se celebraban en honor
de Baco, y durante las cuales se efeo*
tuaban los certámenes dramáticos.
EriuoLoaÍA. Latín Ünaiu, uno de
los sobrenombres de Baco. ( Vuoiuo.)
Lenga. Femenino anticuado. Len-
gua, noticia.
Lengu. Masculino. Boliínica. Es-
pecie ue planta cayo fruto anguloso
es del tamaño j sabor de una nuez
verde.
1. Lengua, femenino. Parte ge-
neralmente carnosa j movible coloca-
da en la boca del animal; es el prin-
cipal órgano del gusto en todos los
animales j de la palabra en el hom-
bre. I El conjunto de voces y térmi-
nos con qoe cada nación explica sus
concefitos. | Intérprete que por su co-
nocimiento del idioma respectivo de
dos 6 m¿8 personas, que entre sí no
pueden entenderse, declara á cada una
en el sujo los pensamientos que mu-
tuamente desean comunicarse. Se usa
también como masculino. || Noticia
que se desea ó procura para algún
fin. Q El badajo de la campana. [| En
el peso, FIEL. I Cada una de las pro-
vincias ó territorios en que tiene di-
vidida su jurisdicción la orden de san
Juan; como la lbnoua de Castilla, la
de Aragón, la de Navarra, etc. | An-
ticuado. HÍbla, por el uso j facultad
de hablar. {| Anticuado. Espía. || ca-
nina. Planta. CiNoaLoSA. O oaavAi. ó
CBBViNA, 6 LBNOUA DB ciBBVO. Planta
medicinal que se cría en lugares som-
bríos j frescos, compuesta casi ente-
ramente de hojas largas, enteras, den-
tadas, puntiagudas, con las semillas
en el envés, dispuestas en líneas obli-
cuas á cada lado, encerradas dentro
de unas cajitas de figura de granos,
j tan menudas como polvo. || db
BUBY. Planta medicinal llamada en
las boticas buglosa. Tiene las hojas
largas j armadas de agudas espi-
nas. Sena nnas flores azoles en for-
ma de embudo, j sucesiTamenta eua-
tro simientes algo largas j romas en
cada flor, | ns ESCbRPiÓN. Metáfora.
El sujeto murmurador ^ maldicien-
te. I DB BSTaopAJO. Familiar. El bal-
buciente ó el que 'habla j pronuncia
mal, de manera que apenas 'se entien-
de lo que dice. || db pueao. Cada'una
de las llamas en figura de lbnoua que
bajaron sobre las cabezas de los discí-
pulos de Jesucristo en el día de Pen-
tecostés. J] OBL AQUA. La orilla 6 ex-
tremidad de la tierra que toca j lame
el agua del mar ó de algún río. | La
línea horizontal adonde llega el agua
en un cuerpo que está metido 6 na-
dando en ella. Q de pbbro. Planta.
CiNooLosA. I DB siBRPB. Foftificoñón..
Obra exterior <^ue se suele hacer de-
lante de los ángulos salientes del
camino cubierto. U Metáfora. Lbnqua
DB BSCORPlÓy. I DE TIERRA. El pcdaZO
de tierra largo j estrecho que entra
en el mar ó en algún río. ¡[ de víbora.
Especie de piedra en forma de lbnqua
con ciertos díentecillos al rededor,
que se halla en la isla de Malta, jj
Lbnoua de escorpión. Lengua vipe-
rina. II MATERNA. El idioma propio del
país donde se nace. Q matriz. La lbn-
oua de que proceden j se derivan va-
rios dialectos. I muerta. La lengua
antigua que no se habla ja como pro-
pia ^ natural de ninguna naddn. Así
se dice que la lbnoua latina j la he-
brea son lenguas muertas. || natu-
ral. Lengua materna. || popular.
Lengua materna. || santa. La he-
brea. II VIPERINA. La que es mordaz,
murmuradora j maldiciente. Dtcese
también del mismo murmurador. ||
VIVA. La que se habla en alguna na-
ción 6 provincia. H vulgar. La que se
habla en cada país ó nación. I| Andar
EN LENGUAS. Frasc. Decirse, hablarse
mucho de una persona ó cosa. || Atar
LA lbngua. Frase metafórica. Impe-
dir que se diga alguna cosa. || Bus-
car LA LBNQUA. Frase. Incitar i dis-
putas, provocar á riñas. | Caer alqu-
KO BN PODBR DE LAS LENGUAS. FraSC
anticuada. Exponerse, dar motivo á
que se hable de él con libertad. ¡I Cor-
tar LA LENGUA castellana, LATINA,
etcétera. Frase. Pronunciarla con
exactitud, limpieza y claridad. |j Con
LA LENGUA DB UN PALMO, Ó CON UN
PALMO DB LENGUA, 6 CON UN PALMO DB
LBNGUA FUERA. ExpresiÓD coo que
se explica el gran conato, deseo 6
ansia con que se hace 6 se apetece
alguna cosa. || De lbnoua en lengua.
Locución. De unos en otrost da boca
en boca. \ Dbstbabab la lbnoua.
Frase. Quitar el impedimento que al-
guno tenía para hablar. || Bcbar la
lengua, ó echas la lengua db tth
PALMO. Frase. Desear con ansia algu-
na cosa, trabajar y fatigarse por al-
canzarla. II Hablar con lengua de
PLATA. Frase. Pretender ó solicitar
alguna cosa por medio de dinero, dá-
divas ó regalos. || Hacerse lenguas.
Frase. Alabar encarecidamente ; con
singulares expresiones alguna cosa. j|
Irse 6 írsele k alguno la lbnqua.
Fiase. Decir alguno en la conversa-
ei<ín inconsideradamente expresionei
que reconoce después podían ser in-
juriosas 6 mal sonantes. ¡| Larqo de
LENGUA. El que habla con desver-
füenza 6 con imprudencia. | Liqbro
SUELTO DE LENGUA. El que Sin nin-
guna consideración ni miramiento
dice cuanto le ocurre ó se le viene i la
boca, g Mala lsnoua. Familiar. Apcv
do que se da al murmurador ó maldi-
ciente. I Malas lsnouas. Familiar.
El común de los murmuradores jr de
los calumniadores de las vidas v «»•
raciones ajenas. | Se dice también me-
ra de toda murmuración j maledicen-
cia por el común de las gentes; verbi-
gracia: así, 6 por ahí, lo dicen malas
LBNQUAB. o Mbdia LBNOUA. Familiar.
Apodo que se da al que pronuncia
imperfectamente por impedimento de
la lengua; ; también se dice de la
misma pronunciación imperfecta; ver-
bigracia: empezó á contar una noticia
aquel media lengua; y también: em-
pezó á contarla con su media lbnqua.
y Morderse la lengua. Frase meta-
fórica. Contenerse en hablar, callando
con alguna violencia lo que se qui-
siera decir. Usase con negación pare
significar lo contrario. || No dice más
la lbnqua que LO qub siente bl
CORAZÓN. Refrán con que se declara
que cada uno habla seeún sus iacli-
naeiones y afectos. | No dioa la lbv-
GUA POB DO PAQUB LA CABEZA. Rcfráu
que advierte que no se digan palabras
que acarreen daño al que las dice. \
Pegarse la lengua al paladar. Fra-
se. No poder hablar por alguna tur-
bación ó pasión de ánimo, y Qub^
LENGUA HÁ, ó QUIBN TIBNB LBNGUA, Á
HoMA VA. Refrán que enseña que el
que duda ó ignora, debe preguntar
para lograr el acierto. |l ^acar la
lbnoua X ALGUNO. Frasc. Burlarse de
él. Así decimos: todos le están sacan-
do la LBNOUA. H Tbnbb aloo bm la
LENGUA Ó BN BL* PICO DB LA LBNOUA*
Frase. Estar a punto de decir alguna
cosa. II Querer aeordarae de algo, te-
niendo de ello especies indetermina-
das. U TbNBR LA LBNQUA OOBDA. FrSSe
con que se da á entender que alguno
está borracho. || Tener hucha len-
gua. Ser muy hablador. Q Tomar len-
gua, VOZ 6 SEÑAS. Frase. Informarse
de alguna cosa, de algún país ó de
algún sujeto. || Trabarse la lengua.
Frase metafórica. Impedirse el libre
uso de ella por algún accidente ó en-
fermedad que la entorpece. ]| Lenouas
SABIAS. Las de los pueblos cultos de
la antigüedad que sólo se eonsemn
en escritos.
BTnun.ooía. Latín Ungtre^ lamer;
linaua, lengua, el ór^^no que lame:
italiano, lingna; francés del siglo xiit
langei moderno, langue; provenzal,
/nt^ttd, Unga; catalán, ILugua; portn-
fués, lingna, lingoa; walón, linm;
erviers,/«Pí;picardo y Berrjr, lingne.
Sentido etimológico. — 1. Esta serie
viene del sánscrito lih, ffustar, lamer,
cujo significado tiene el latín Itngtre.
2, Es curioso observar las muta-
ciones que ha sufrido la raíz sánscri-
ta en todas las lenguas en qae ha
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LENG
ereado alemana forma. El erie^ con-
TÍrtió la h del sánscrito lih en eh; el
latín, en nff; el godo, en ff; el alemán
jr el inglés, en ck; el Uíuanio y el
raso, en z; el céltico, en c& j en yA,
resaltando las varias formas de la sí-
diente
3. Derivación, — Sánscrito Uh, la-
mer; griego "ktXjta (Uicho); latín, lin-
go; antiguo alto alemán, liuhCn; an-
tiguo anglo-saján, Uccian; godo, lai~
fio; alemán, lechen; inglés, to lick;
ituanio, ruso, liz%; céltico: ir-
landés, ligh; gaélico, Ughañ; italiano,
Uceare, lamer; francés, lécher; proven-
xal, íícor, lechar; Berrj, Ucher; picar-
do, léker; borguiftón, lochai; walón,
Uchú
4. Confirma la derÍTación anterior
el godo lattfonds, «el que lame,* en
donde hallamos el tema lai del sáns-
crito laihat, cujo vocablo tiene la
misma significación; latín, lin(/ens;
alemán, leciend; Vitaamo, lizas,
2. Lengua. Femeníoo. Orden de
Malta. Nombre dado á las divisiones
de diferentes países ó naciones que
componen la orden de Malta. En
Francia había tres, á saber; la de
Provenza, la de Auvernia j la de
Francia. Después de perder su silla
en la isla de Malta, la Orden ha con-
servado las LENGUAS de Italia, Ale-
mania, Aragón y Castilla, cada una
de laa cuales tiene un jefe.
Lencaadeta. Femenino anticua-
do. El lenguado pequeño.
Len|fttado. Masculino. Pez de un
pie á pie y medio de largo, sumamen-
te chato, que tiene los dos ojos en
uno de los lados de la cabeza; el lomo,
en uno de los plaaos y el vientre, en
X
mnj esfímada.
Btiholouía. Let^ua, cuja fo
tiene: cataláa, llsnguado.
Lenguaje. Lenguaje.
Lenguaje. Masculino. Idioma, len-
gua particular de cada nación ó pro-
TÍncia. Q £1 estilo j modo de hablar
j- escribir de cada uno en particular.
I Anticuado. £1 uso de hablar ó la fa-
cultad de hablar. | FiaüBADO. El que
se habla 6 escribe usando mucbas
figuras retóricas. Q tuloab. El usual,
por contraposición al de los doctos. I|
CULTO. El empleado por las clases mas
instruidas de una nación. || técnico.
El que corresponde á la parte faculta-
tiva de las ciencias, artes, industria,
comercio j oficios.
EtiuolooU. Lengua: catalán, llen-
gmtge; provenzal, lenduatge; Berry,
langaige; bur^uiñón, tangtteige; fran-
cés, langage; italiano, linguaggio.
Sinonimia. Articulo primero. — Lbn-
OUÁJB, BSTiLo. Cuando queremos ex-
presar un pensamiento que e:LÍste en
nuestra mente, lo vamos analizando,
j resolviendo en todos sus accesorios
ó ideas parciales por meálo de los sig-
los de un idioma; por consiguiente,
sin que el pensamiento deje de ser
ano mismo, pueden variar los acceso-
rios según nuestro modo de consíde-
rario.
LENG
Salido te quejaba de lot rigores de su
amada; ésta es una proposición senci-
lla que se puede considerar bajo dife-
rentes aspectos. Si atiendo á la razdn
de la queja, diré por ejemplo: £1 in-
cauto 6'ahcio, que sin haber re^exíonado
jamás sobre si mismo, se habla dejado
arrastrar de su pasión, se quejaba injus-
tamente de Galatea porque, siguiendo
como él los impulsos de su corazón, le
miraba con ííííií/Íírí»«a.GarcÍlaso, que-
riendo lisonjear la imaginación j en-
ternecer el corazón con los lamentos
de Salido, deja á un lado todas las re-
flexiones, j se detiene en pintar los
pormenores de su situación en estos
versos:
Saliendo d« lai ondú anoendldo,
Bayaba de loa montea «1 altnr»-
El lol, oaasdo Salioio, reooatado
Al pie de Tina alta haya, en la verdura,
Por donde ana agoa clara con sonido
Atraveeaba el freaoo y verde prado;
El, con canto acoriiaao
Al rnmor que sonaba
Del agua qae pnBaba,
Se qaejaba tan dulce s blandamente,
Como si no eataviese de allí ansente
La qne de an dolor onlpa tenia.
Aunque rigurosamente no haj na-
da en estos versos que no pueda atri-
buirse al lenguaje, considerado como
instrumento de nuestras ideas; sin
embargo, conviene distinguir la elec-
ción de los accesorios, de la material
aplicación de los signos. A lo prime-
ro se le llama estilo del lenguaje ó sim-
plemente estilo; á lo se^uncío, se le
conserva su nombre genérico de ¿m-
guaje.
El lenguaje de la música es la colo-
cación de liis claves, notas y acciden-
tes, y sólo es susceptible de mayor ó
menor sencillez; el estilo de la música
LENG
365
el opuesto: por éste es de color blan- puede variar al infinito, pues com-
eo, y por el lomo, pardo. Su carne ea¡ prende las combinaciones de todos los
sonidos apreciables, ya cuando se
suceden formando lo que llamamos
canto ó melodía, ya cuando reunidos
forman la armonía.
Aplicando esto á los sonidos articu-
lados, llamamos lenguaje á la elección
Í' colocación de las palabras, según
as reglas de la gramática: y estilo, á
la elección de las expresiones, al ma-
yor ó menor número de accesorios, ó
a lo Corto ó largo de los períodos, al
orden directo o inverso, á las figuras
y tropos.
Por esto decimos del estilo, que es
conciso ó difuso, llano ó florido, bajo
ó sublime: cosas que, hablando con
rigurosa propiedad, no se pueden de-
cir del lenguaje; y si alguna vez las
decimos, es tomando aquella voz en
su acepción más generaf, que igual-
mente comprende el estilo.
Los defectos del lenguaje son los so-
lecisúios, los barbarismos t la dureza
de la pronunciación: los defectos del
estilo son la hinchazón, la frialdad,
la inconexión de ideas, la mala apli-
cación de las figuras, la afectación y
otros muchos.
El lenguaje de Solís es excelente: el
estilo de dervantes, inimitable. Por
no distinguir como conviene estas dos
especies, se han equivocado los que,
faaolando de la acepción de las vocei,
han dicho que un escritor de una ma-
teria no podía servir de norma - á los
escritores de otras: el lenguaje propia-
mente dicho, esto es, la ace|}ción de
las voces j su enlace gramatical, de-
ben ser el mismo en todos los estilot.
(JONAMA.)
Articulo segundo. — Lenguaje, ioio-
MA, HABLA, LENGUA. Lenguaje es un
conjunto de signos de nuestras ideas:
idioma es un sistema de estos mismos
signos, de modo que una parte del
idioma ó un cierto número de signos
bastan para formar lenguaje; yeto para
ser idiojna se necesita, no sólo que es-
tén todos los signos, sino que por su
analogía formen un cuerpo ó un sis-
tema más 6 menos recular.
£1 lenguaje es propiamente el ins-
trumento con que comunicamos nues-
tras ideas: el idioma es el arte que nos
guía. Las buenas cualidades del len-
guaje son la pureza, la propiedad y la
elegancia: las del idioma son la exac-
titud, la precisión, la riqueza y tam-
bién, la elegancia. La exactitud y la
precisión pueden también en algún
modo pertenecer al lenguaje; pero la
riqueza pertenece exclusivamente al
idioma, así como la pureza y propie-
dad no pueden pertenecer sino al len-
guaje.
Esto se entenderá mejor definiendo
cada una de estas voces. La exactitud
consiste, no sólo en que cada idea ten-
ga su signo distinto, sino en que. és-
tos guarden entre sí la misma co-
nexión que las ideas. La precisión
consiste en que no haya ni más ni
menos signos que los necesarios, y
que éstos sean los más sencillos.' La
riqueza consiste en la abundancia de
signos; y, por consiguiente, de ideas;
esto se ve que no puede pertenecer al
lenguaje, que no es sino la práctica
idioma; pues la ejecución de una
cosa no es buena ni mala por ser lar-
ga ni corta, sino por estar hécha se-
gún reglas.
La pureza del lenguije consiste en
que todos los signos y el orden de
ellos pertenezcan al idioma en que se
habla (1). La propiedad es lal)uena
aplicación de ellos á las ideas ^ue se
quieren ex'presar. La el^ncia co-
mún al idioma y al lenguaje consiste
en que las ideas están expresadas ó
pueden expresarse de un modo agra-
dable á los sentidos, por ejemplo: á
la vista se las expresamos con gestos
ú notas: al oído se las expresamos con
sonidos. Hay varias especies de idio-
ma, y, por consiguiente, de lenguaje:
tales son el de acción ó el de los ges-
tos arbitrarios, el de los sonidos mu-
sicales, el de la aritmética, el de los
sonidos articulados j otros varios. Al-
gunasdeestas especies tienen'un nom-
bre particular. £1 idioma y el lenguaje
de la música, por ejemplo, se llaman
solfa; los de la aritmética se llaman
numeración.
(ll Aqnf ge toma el verbo hablar en el
aentído inAs extenso de expretar cualquiera
coia por medio dé signo»; por «onsigoiente, no
■ólo entiendo por luuuar «1 . Domnnleare*
oon gealoi, alao tuibiin el «eriblr, «1 eo»
tar, ete.
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366 LENG
LEÑO
LENT
Asimismo el lenguaje de los sonidos
«rtiealados se llamft nabU j el idioma
át los mismos sonidos se llama lengua;
da modo que entra estas dos últimas
Toees haj la misma diferencia que en-
tre idioma y Unguajei esto es, el habla
es un conjunto de roces querepresen<
ta uno 6 muchos pensamientos; la len-
Í'M es el sistema más 6 menos regu-
ar de estas mismas voces.
La perfección del habla, por consi-
guiente, consistirá en que sea pura,
propia / elegante: la perfección de la
lengua^ en que sea, no sólo elegante,
sino también rica, precisa j exacta.
Habla es la voz propia j especifica
del lenguaje de los sonidos articulados,
ó de lo quff se llama leiuuaje hablado;
así como ¿n^iw lo es del idioma de los
mismos sonidos. Sin embai^, es pre-
ciso notar qae aquella tos no auele
usarse en toda la extensión de su sig-
nificado; y así no decimos: el habla
de Solfs, sino el lenguaje de Solís.
Bsto proviene de dos cosas: primero;
de todos los lengu&jet, el habla es el
da ma^or uso; es. digámoslo as{, el
letiguaje por excelencia, jr por esto le
conservamos su nombre genérico: se-
gunda; la voz habla es equívoca, pues
significa también la potencia 6 facul-
tad de hablar: por consiguiente, sir-
viéndonos de la idea general lenguaje,
prevenimos la ambigüedad que resul-
taría muchas veces de tomar la idea
más individual habla.
Da aquí resulta una regla general,
V es que se debe preferir esta última
voz como más propia» siempre que se
pueda, sin oacaridad ni doble sen-
tido.
Algunos ejemplos ilustrarán todo
lo dicho hasta aquí. Se aprenden los
idiomas j las lenguas: se observan j
analizan los lenguajes, J, por consi-
guiente, el habla: unos y otros se en-
tienden. Se dice el idioma de la razón,
T no podemos decir el leTignaje ni la
lengua de la razón. Al contrario, se
dice el lenguaje, no el idioma de los li-
bertinos 6 de los hipócritas. Aunque
se puede decir idioma francés, caste-
llano, se dice más comunmente lengua
francesa, lengua castellana.
De aquí podemos deducir otra re-
fla, y es, que en estas expresiones no
ebemos usar la voz general idioma,
sino para evitar el equívoco que re-
saltaría algunas veces de la voz len-
gua, que significa también el instru-
mento material de la articulación: en
todos los casos en que esté salvada la
eqnívoeación, debemos preferir esta
última voz como más propia.
En la suposición de que la lengua
castellana sea más perfecta que la
francesa, y que las tragedias de Raci-
ne estén mqor escritas que la Raquel,
diremos que el autor de esta última
escribió en mejor lengua; pero que el
lenguaje del otro es superior.
Knnonor de la verdad, permítase-
me una observación algo arriesgada:
me parece que Condillac debió decir
idioma ó lenguaje, y no lengua de lot
cÍImUmí i lo menos, en castellano
creo qoe es impropio el título ile
aquella obra. No podemos decir la
lengua ni el habla de la música 6 del
álgebra, pues estas voces pertenecen
exclusivamente á los sonidos articu-
lados. (Jqnaua.)
Lenguarada. Femenino. LenoO»-
TADA.
Iiengaaraz. Adjetivo. Hábil, in-
teligente en dos 6 más lenguas, y Des-
lenguado, atrevido en el hablar.
KriHOLOGÍA. Lenguaz: catalán, llen-
goter, a; hablador, deslenguado: xa-
rraire, detllenguaí.
Lenguaz. Adjetivo. El que habla
mncho con impertinencia y necedad.
EnuoLoafA. Latín Unguax, lingui-
eis: catalán, llengut, da; francés, lait-
guard; italiano, linguac^uto; de /i»-
guaccia, mala lengua.
Leng&ear. Activo anticuado. Es-
piar, seguir ik alguno preguntando,
tomando lengua ó noticia de él.
Lengüecica, lia, ta. Femenino
diminutivo de lengua.
Lengüeta. Femenino diminutivo
de lengua. \\ Gallillo ó epiolotis. H
El fiel de la balanza. || Instrumento de
acero en figura de lengua, de que
usan los libreros, puesto en el inge-
nio para cortar el papel, g Cierta la-
minilla movible de metal que tienen
algunos instrumentos músicos, y va-
rias máquinas cuvos agentes son el
agua ó el aire. | Arquitectura. La cí-
tara 6 tabiquillo que se construye en
la embocadura de una bóveda para
refonarla y enlazarla con el muro en
que estriba 6 para reducir su con-
vexidad i plano horizontal ú oblicuo,
n Cada uno de los hierrecillos de la
saeta que forman ángulo en la punta.
También se llama así el que en la
del accla, el anzuelo j la garrocha
sirve para asir el cuerpo en que se
introduce. || Horquilla en que se sos-
tienen los armadijos de coger mirlos,
mientras no entra el pájaro en la tram-
fia. |¡ Medicina. Especie de compresa
arga y estrecha que se aplica en las
amputaciones, fracturas, etc. Q Cierta
moldura ó adorno así llamado por su
figura. ¡I Barrena que usan los sille-
ros para hacer del tamaño que se
quiere el agujero empezado por el
berbiquí, Q de chiubnba. El tabiqui-
llo que separa unos de otros loa caño-
nes de chimenea que forman un mis-
mo tronco. También se llama así cada
uno de los tabiques de ladrillo que
forman un cañón de chimenea. |] de
HADBito. Especie de espiga continua
á lo largo de una tabla ó tablón del
tercio de su grueso para encajarla en
una ranura.
KtiuolooÍa. X-engua: catalán, llei^
güeta; fr&ncéa, languetíe; italiano, tin-
gueíta.
Lengüetada. Femenino. La ac-
ción de tomar cada vez alguna cosa ó
de lamerla con la lengua.
Lengüeteria. Femenino, El con-
junto de los registros del órgano que
tienen lengüeta.
EtimolooÍa. Lengüeta: catalfin, //«t-
gf-eíeria.
Lengüetero. Adjetivo masculino.
Et que sabe muchas lenguas.
Lengüeznela. Femen!ne dimlao-
tivo delengua.
Lenidad. Femenino. Suavidad,
blandura, indulgencia.
ETWOLOofA. Lene: latía, Uníías;
italiano, leniíá; catalán, lenitaí,
Lenidia. Femenino. Botánica, Qé-
nero de arbustos al^o trepadores, de
flores completas polipétalas.
Leniente. Participio activo anti-
cuado de lenir. Lo que suaviza 6
ablanda. Usase muchas vsces como
sustantivo.
Lenificable. Adjetivo. Susceptible
de ser lenificado.
Lenificación. Femenino. Acción
efecto de lenificar.
BtiuoloqU. Lenijíear: italiant^ le~
nifcamento.
Lenificador, ra. Adjetivo. Quale-
nt!:ca.
Lenificar. Activo. Suavizar.
Etiholooía. Latín lenit, suave,
blando, dulce, y rícare, tema frecuen-
tativo de faceré, nacer: italiano, íísi-
Jicare; francés, lénijier; catalán, leni-
Jcar.
Lenificativo, va. Adjetivo. Leni-
tivo.
EtiuoldoÍa. Lenijicar: italiano, le-
uijícaíivo.
Lenir. Activo anticuado. Ablan-
dar, suavizar.
Etiholooía. Lene: latín, leníre,
Lenitivú, va. Adjetivo. Medicina.
Lo ^ne tiene virtud de ablandar y
suavizar. | Masculino. La medicina
que sirve para ablandar ó suavizar. B
Metáfora. Medio para mitigar ó con-
fortar el ánimo.
ETiuoLoaU. Lene: latín, línííivus;
italiano, lenitivo; francés, lénitif; '^to-
venzal, lenitiu; catalán, lenitiu, va.
Lenizar. Activo anticuado. Sdavi-.
ZAlt.
Etiholooía. Lenir.
Lenna.FeAenino anticuado. LbíIa.
Lenn^e. Masculino anticuado. Li-
naje.
Leño, na. Masculino anticuado.
Alcahuete. D Masculino. Erudiciá».
Personaje de la comedia latina.
Etimología. Latín Uno, rufián; de
lenis, suave; lena, rufiana; ¿esa», pro-
curar mujeres á vil precio: lenahdi
callidua arte, diestro en el oficio de
alcahuetear. (Antología latina.)
Reseña. — Él lbno era el que hacía
en las comedias de los latinos el pa-
pel de alcahuete.
Lenocinio. Masculino. Alcahue-
TjIBÍA.
Etiholooía. Latín IhücUUm, ru-
fianería, halago, afectación en el es-
tilo. (Cicerón.)
Lenok. Masculino. Pez del genero
salmón, que vivo en los torrentes de
la Siberia oriental.
LenAn. Masculino antienado. Al-
cahuete ó rufián.
Etiholooía. Leño.
LenUmente. Adverbio de modo.
Con lentitud. .
Etimología. Lenta y el sufijo ad-
verbial menU: latín, Unil; itohano»
lentamente; francés, UitUme^i
[Un, Uníamení.
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LENT
. Léate. Iluealino. Diáptrion. Vi-
drio tallado en fornui do lenteja, de
qtfB se asa en los instramentos díóp-
tricos. I BICONVEXO. Bl terminado por
dos superficies convexas, eu^os cen-
tros están colocados sobre una misma
línea recta, llamada eje principal. \
PLASO GONTBxo. El formado por una
superficie plana 7 otra convexa, la
cual rodea su concavidad. \ cóncavo-
CONTKXO. Bspecíe de media luna for-
mada por dos superficies esféricas:
ana, {eterior; otra, exterior, la pri-
mera de las cuales tiene una curva
menor que la serunda.
Etuiolooía. Latía UnUt ablativo
de UtUt igntist lenteja, por semejanza
de forma: italiano 7 oataUna ieníti;
/rane¿8, ituíiiU, lenteja.
Be$tñ€.—h El lbntb «^iieceo-em-
veso se llama también weniseo eonver-
2. La Toz del artículo era ambi-
re; pero actualmente no se le da
otro género que el masculino, siendo
más frecuente sa uso en pluxal: los
LBNTES.
LenteoerM. Becíproco anticuado.
Ablandarse ó humedecerse.
SnicoLoafjk. Latín Uníeseertt po-
nerse flexible, suavizarse; forma de
ientut, lente: picit i* moren ad dígitos
LBMTSSCtr; <se ablanda entre los de-
dos como la pez,» hablando de una
tierra crasa {Cicbbón); lbntbscunt
témpora cura; «las inquietudes se cal-
man con el tiempo.» (Ovidio.)
Lent^a.Femeníno.fo^íttKíi. Plan-
ta cujo mito «s una legumbre de co-
lor pardo, pequeña, chata, redonda
y encerrada en unas vainitas largas
que terminan en punta. ¡| El fruto de
la planta del mismo nombre. | acuá-
tica 6 DB AGUA. Planta que nota en
aguas estancadas y cuyas hojas tienen
la forma del fruto de la lenteja. || El
peso en forma de lbntbja en que re-
mata la péndola del reloj,
BTUáOLOofA. Latín lenítcalay dimi-
nutivo de lent, Íe»íü, lenteja: cata-
lán, llentitt, ¡Imtilla; catalán nrovin-
eial, ÍUniija; provenzal, lentitU; Be-
rrj, nentilU; portugués, lenUlha; fran-
cés, lentilU; italiano, lenticchU.
Reseña. — 1. La lentbja correspon-
de al enmm leus de Linneo.
2. Hajr otra especie de lsntbja.
llamada bastarda, que es el ertmn er-
eilia de dicho botánico.
3. La LENTEJA es un excelente ali-
mento j una de las substancias más
nutritivas; de tal suerte, que se asi-
mila aún más que la carne.
Ijont^ar. Masculino. Campo sem-
brado de lentejas.
I«rat^uela. Femenina. Planchita
redonda de plata ú otro metal, que
sirve para bordar, asegurándola en la
ropa por puntadas qne pasan por un
agujerito que tiene en medio.
Etuiolooía. ¿enieja, por semejan-
za de figura.
Lenteza. Femenino anticuado.
Lentitud.
Lentibolarta. Lbnticulabia. La
forma UntibuUria, que se halla en al-
gunos JHccÍ0iMrÍ9s, ta bárbara.
LENT
L0ntícut«f Femenino. Botánica.
Lenteja diminuta. P Lenteja de agua.
Etiuolooía. Lenteja: latín, lentici-
la, diminutivo de lens, tentis, lenteja;
francés, lenticule.
Lenticulado, da. Adjetivo. Sinó-
nimo de lenticular.
EriHOLoaÍA. Lent{cula: francés, len-
itcule.
Reseña. — M. Costa, profesor de ana-
tomía j de botánica en la universidad
de Perpiñán, encontitS en la montaña
de Ñas una gran cantidad de pie-
drat LBNTicuLADAs; esto es, pedruscos
compuestos de piedme lenticulares.
(BuKFÓN, ÁdUimus if eorreetiones; Teo-
Ha í erres Ire; Olfras, Anue XI 1, pági-
na m.i
Lenticular. Adjetivo. Lo que es
parecido en su figura j tamaño á la
lenteja. | ViDBto lenticular. 2)ióp-
Irica, "Vidrio á que se ha dado la for-
ma de lenteja, cual concentra los
rajros solares en un foco, y Hueso len-
ticular. Anatomía. El más pequeño
de los huesos sencillos d^l oído. [¡
Piedra lenticular. Miruralogia. Es-
pecie de fi58il, resultado de las petri-
ficaciones de ciertas conchas.
Etiuolooía. Lenticula: latín, ienti-
c&laris, forma adjetiva de leniicíla,
lenticula; francés, lenticnlaire*
Lenticuiaria. Femenino. Botim-
ca. Especie de planta acaáüca« .
EriuoLoofA. Lenticuiaria.
Leatícalario. Mascniiao. Especie
de instrumento quirúrgico. (Gaba-
rj.EBO.)
EriuoLoaÍA. Lenticular,
Reseña. — Pareo (siglo xvi) habla de
este instrumento: «conviene cortar las
asperezas con un instrumento deno-
minado LENTICULAR ó LBHTICULARIO,
calificativo que se le dió, porque su
extremo es semejante á un grano de
lenteja obtuso.» /'K///, 20.)
Lentífero, ra. AdjetÍTO. Qae pro-
duce lentejas.
STiHOLoaÍA. Latín ¿mu, ienüi, len-
teja, 7 ferrCf producir.
Leauforme. Adjetivo. Mistaría nor
tural. Parecido á una lenteja óim
lente.
ETiuoLoaÍA. Lenteja 7 forma: fran-
cés, ientiforme.
Lentiginoso, sa. Adjetivo. Lleno
de lentejas. | Que participa de la na-
turaleza de la lenteja.
ETiHOLoaÍA. Latín lex^ínSna, He-
no de pecas.
Reseña histórica. — Esto proviene de
que los latinos daban á las pecas el
nombre de lentejas, por semejanza de
forma.
Lentiscal. Masculino. El terreno
montuoso poblado de lentiscos.
LentisciCbrOf ra. Adjetivo. Que
produce lentisco.
Etimolooía. L^ín lentiseut y ferré,
producir.
Leatiscina. Femenino anticuado,
AlmXcioa.
Lentisco. Masculino. Botánica,
Árbol de la familia de las terebin-
táceas, de mediana altura, hojas al-
ternas 7 casi pareadas, flor en racimo
7 frote qne pasa del eolor rerde al
LENT
3^
rojo, al pardo 7 al negro. So ntadeia
es aromática, 7 de si» zamaa n saca
por incisión la resiiu llamada almáci-
ga 6 mastique.
Btiholooía. Latín len^cus: cata-
lán antiguo, iientriscel, llentisck, len-
tisch; provenzal, ientise; ñanees» len-
tis^w; italiano, lentisco.
SentiJoetimoliíffico.-í^Lcntiscuse&xi'aa.
forma de ¡enlescíre, suavizar. Por con*
siguiente, lentisco ^ lemüva son la
misma palabra de origen.
Lentisimamente. Adverbiode mo-
do superlativo de lentamnkte.
Lentísimo, ma. Adjetivo superla-
tivo de lento, ta.
Btiwkaoía. Latín UnUssimns: lbh-
TissiMA /vc<0rs; corazones firíos. (Ovi-
dio.)
Lentitud. Femenino. La tardanza
ó espacio con que se ejecuta alguna
cosa.
Etimolooía. Lento: latín, lenütüdo;
italiano, lentesea; francés del siglo xvi,
lentitude; moderno, lenteur; catalán,
lentitut.
Lento, ta. Adjetivo. Lo que es ta^
do 7 pausado en su movimiento. || Po-
co vigoroso ^ e&Az. || Anticuado, Ha-
blando de arboles 7 arbustos, es lo
mismo que flexible ó correoso. \\.Afedi-
cilla ¡f Farmacia. Glutinoso, pegajoso.
ETiMOLoaÍA. Latín lenínSt flexible,
dúctil, tierno, suave, viscoso, flemá-
tico, tardío; contracción de lenlíus,
forma de iinis, blando, delicado, sua-
ve: italiano, lento; francés 7 proven-
zal, lent; walón, i¿ne; catalán, lenío,a.
Lentor. Masculino. Medicinay Far-
macia. Viscosidad ó gluten. || Anti-
cuado. Hablando de árboles ó arbus-
tos, es lo mismo que flexibilidad ó
correa.
Etiuolooía. Latín lentor^ Sris^ vis-
cosidad; de leníust viscoso.
Léntulo. Masculino. Sobrenombre
de U familia C(Hrnelia, de los Léntu-
los; una de las más ilustres de Roma,
Etiuología. Latín Lení^ns, forma
diminutiva de lexíus, lento.
Léntalo(PuBLio Cobnblio). Cons-
pirador rónuno, apellidado j$«ni,cóm-
plice de Cstilina, que murii d año
(53 antes de Jesucristo. Después de
haber sido pretor 7 cónsul,- fué ex-
cluido del Senado con otros por sus
malas costumbres. Entonces se afilió
al partido de Catilina 7 empezó á tra-
bajar en pro de la conjuración que
éste fraguaba. Habiendo quedado al
frente de la empresa por ausencia de
Catilina, tuvo la imprudencia de re-
velárselo todo á-los diputados aldbro-
ges, dándoles una carta pan sus eom-
gatriotas, 7 otra, para Oatilina. lame-
iatamente dieron aviso á Cicerón, el
cual mandó prender á los jisfos de los
conjurados; entre ellos, a Líniulo,
que, en unión de sus cómplices, fué
estrangulado en la prisión del Capi-
tolio.
Léatulo (PuBLio CoRNBLio). Patri
cío romano, apellidado Spinther, que
vivía- en el siglo 1 antea de Jesucristo.
Siendo edil el año 63, tuvo prisionero
á Léntulo Sura, como oómpliee de Ga^
tilina. Fué luego ¡wetor en Bspafta 7
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968 LEÑI
rocónsaf en Ciliciá, sigdió el partido
e Pompejo en la g^ern civil, fué
Tencido 7 se retiró á Rodas, igaoráa-
doae las circunstancias de su vida en
sus últimos años.
Lentora. Femenino anticuado.
LsNTOR, por flexibilidad 6 correa.
Lenatai. Adjetivo anticuado. Lo
que es de lienzo.
Lensón. Blaaeolino. Pedazo gran-
de de lienzo basto.
Lenzuelo. Masculino anticuado.
PaRublo.
Stiuolooía. Liento. — «Diminutivo
anticuado de lienzo. Bl pañuelo pe-
queño que sirve para limpiarse j otros
usos.» (Academia, Diccionario de
i me.)
Leña. Femenino. La parte de los
árboles 7 matas que cortada j hecha
á trozos se destina para la lumbre. ||
Leña, de bomebo t pan de panadera,
LA boroonbrU' entera. Refrán con
que se denota la holgazanería de los
Ubradores que compran el pan por no
cocerlo en su casa, y tienen lefia lige-
ra por no ir á buscar la recia más le-
jos. I Caboab de lera á alguno. Fra-
se familiar. Darle de palos. || Echar
ó PONER LEÑA AL FUEGO. Frasc meta-
fórica. Fomentar la discordia. || La
lbRa cuanto más seca uks AHDB. Re-
frán que advierte que la lascivia sue-
le ser más vehemente en los ancianos
que en los jóvenes. || Llevar leíía al
MONTE. Frase .metafórica j familiar
con que se moteja la indiscreción de
los que dan alguna cosa á quien tiene
abundancia de .ella y no la necesita.
II Da.b LEÑA. ■ líatáfora familiar. Dar
de palos.
E-nuoLoaÍA. Griego, Xtyvác (liandt)»
llama, humo: latín, lignum; italiano,
iMna; catalán, lltwfa: afegir llbnya
oí foch; echar leña al fuego; ignem
igni addere.
Leñador, ra. Masculino j femeni-
no. El que se emplea en cortar lefia.
¡1 El que la vende.
ETiuoLoaÍA. Leñar: latín, lignator;
italianp, legnajo, legnijualo, legnamaro;
catalán, llengader, llen^ador, ílenyater.
Leñame . Masculino anticuado.
Madera. | Anticuado. La provisión
de lefta..
Leñamiento. Masculino. Acción ó
efecto de leñar.
EriuoLoafA. Leñar: latín, tígnatto.
Leftur. Activo. Provincial Aragón.
Hacer ó cortar lefia.
Etiuolooía. LeSa: latín, lignari;
italiano, legnart,
Leñátil. Adjetivo. LEftoso.
Leñera. Femenino. El sitio desti-
nado para guardar ó hacinar leña.
STiuoLoaÍA. Leña: latín, lignaria
celia; catalán, llenger, lefiera; lUngam,
Ungam, maderada.
Leñero. Masculioo. El que vende
lefia ó tiene á su cargo el comprar la
3ue es necesaria' pira el surtimiento
e una casa ó comunidad. |¡ Lb.^bba.
Etiuolooía. Latín lignavtus.
Leñícola. Adjetivo. ZoQlogia» Que
habita en la lefia.
Etiuolooía. Latín lignum, lefia, y
eoVhtt habitar: francés, lignicole.
LEOC
Leñidión. Masculino. Botánica,
G-énero de hongos que crecen en la
madera.
Leñifero, ra. Adjetivo. Que pro-
duce leña.
Etiuolooía. Latín de las inscríp-
cíonea lignifer; de lignum^ leña, y
ferrct llevar ó producir.
Lefiificable. Adjetivo. Susceptible
ds ser lenificado.
Lefliflcación. Femenino. Acción ¿
efecto de lenificar.
ETiuoLoaÍA. Lenificar: francés, lig-
ni^caíioH, conversión en madera de
los botones ó retonos de un árbol.
Leñiflcar. Activo. Convertir en
lefia. \\ Dar consistencia de leña.
Etiuolooía. Latín lignum j facire,
hacer: francés, liqnifier,
LeñificatÍTO, va. Adjetivo. Que
leñifíca.
Leñiforme. Adjetivo. Mineralogía.
Parecido á la lefia; y así se dice: pie-
dra LIONIt'OBUB, rocas LIONIPORUES.
EnuoLoaÍA. Leña j forma: francés,
ligniforme,
LeñÍTpro. Adjetivo. ZooU^la. Que
roe la lefia. | Sustantivo plural. Los
LBÑÍvoRos. Familia de coleópteros.
Etiuología. Leña y el latín varare,
comer: francés, ligntvore.
Leño. Masculino. El trozo de ár-
bol después de cortado y limpio de
ramas. .| Embarcación de vela y remo,
semejante á las galeotas, que durante
la Edad media se usó mucho, particu-
larmenta en el Mediterráneo. \ Poe'ti-
ca. Cualquiera nave ó embarcación. ||
Metáfora. La persona de poco talento
y habilidad. ¡ hediondo. Planta. He-
diondo. I Metáfora. Bl santo lbRo.
La Cruz.
EnHOLoaÍA. Leña: italiano, legno;
catalán, ling.
Leñosidad. Femenino. Cualidad
de lo leñoso, Q Dureza de leño.
Etiuolooía. ¿^«0: francés, ligno-
tité.
Leñoso, sa. Adjetivo. Aplícase á
la parte de los árboles y arbustos que
es V se nombra madera. |j Hablando
de los árboles, arbustos y plantas, lo
que tiene una dureza y consistencia
como la de la madera. | Principio
lb.^oso. Botánica. Principio inmedia-
to iieutró, no azotizado, indisoluble,
3ue forma la base de la organización
e los vegetales.
EnuOLOofA. Zí^o: catalán, llengói,
llengosa; francés, ligneux; italiano, leg-
nosot del latín ligitiisui, forma adjetiva
de lignum, leña^
Leo. Masculino. Especie de cardo
espinoso.
Leocadia (Santa). Virgen y már-
tir española, natural de Toledo. Des-
cendía de una noble familia del país
y sus padres la educaron en la reli-
gióii de Cristo. Acusada ante la auto-
ridad de Daciano, que gobernaba la
España tarraconense en tiempos de
Diocleciauo y Maximiano, y como re-
sistiese á las repetidas intimaciones
c^ue se le hicieron para que sacrificase
a los ídolos, fué encerrada en una os-
cura j húmeda prisión con objeto de
intimidada, contándole los terrible;
LEON
f pormenores del martirio de santa Bo-
alia y de otros compañeros de to^
mentó. Pero la santa no se intimidó
y se cuenta que, cuando la levanta-
ron del suelo, había espirado, supo-
niéndose que Dios, por una gracia
especial, la dispensó de dar un públi-
co testimonio de su ardiente n. Sa
cuerdo fué arrojado al cam^ de \u
gentiles; pero algunos cristianos tu*
vieron cuidado de recosi^erlo y sepul-
tarlo, venerándose sn la catedral da
Toledo. Su fiesta se celebra el 9 de
Diciembre.
Leocorión. Masculino. Antigüéis
des. Templo erigido en Atenas á un
ciudadano llamado Leos, quien, ea
uoa época de hambre, inmoló á sus
hijas para calmar la ira de los dioses.
(ClCBBÓN.)
Etiuolooía. Latín Leoc&ríon,
Leocrocota. Femenino. Fiera 11-
gerísima de la India que imita, se-
gún dicen, la voz dd nombre. (Pli-
Nio.)
Etiuolooía. Latín leoerdedtUh in-
crdcdíta.
Sentido eiimoUlgico. — ^Bl latín leocro-
coíta se compone de leo, león, jcr^íed/ín,
túnica de color de azafrán, que es el
griego xpo)M)T¿í (krokoíós). Por consi-
guiente, significa: cleón azafranado.»
León. Masculino. Cuadrúpedo in-
díg;ena del Africa, de color entre ama*
rillo y rojo, de tres á cuatro piés de
altura y de siete á ocho de largo.
Tiene la cabeza grande, los dientes
y las uñas muj fuertes y la cola lar-
ga, cubierta de pelo corto y termina-
da por un ñeco de cerdas. El macho
se distingue por una larga guedeja,
que le cubre la nuca j el cuello, v
que crece con la edad. \ Insecto de
una pulgada de laigo. Tiene seis piés
Í cuatro alas transparentes y más
irgas que ei cuerpo. Todo él es de
color pardo con manchas amarillas, á
excepción de las alas, que son blan-
cas con nervios y manchas negras. |
Signo boreal, el quinto de los del zo-
díaco. Se expresa por los pintores con
una figura de león. | Culebra. Boa. |j
Metáfora. El hombre audaz, imperio-
so y valiente. || Germania. El m-
ñán. II MARINO. Anfibio de unos seis á
ocho piés de largo, de color blanco
oscuro. Tiene los piés muj cortos, y
los de atrás unidos en nn cuerpo; íes
dedos todos unidos con una membra-
na; las ancas tan estrechas, que re-
matan en punta; sobre la cabeza una
especie de cresta carnosa, y debajo de
la mandíbula inferior una bolsa cu-
bierta de pelo, que bincha á su arbi-
trio. II PARDO. Anticuado. Lbopasdo. |
REAL. León, por el animal cuadrúpe-
do, etc. II Desquijarar leones. Frase
metafórica con que se expresa que al-
guno echa fieros y baladronadas. || No
ES TAN .BBWO ó FIERO EL LBÓM COU')
i.B PINTAN. Refrán con que se denota
que alguna persona no es tan áspera
y temible como se creía, ó ^ue algún
negocio es menos arduo y difícil de 1 )
que se pensaba.
Etiuolooía. 1. Sánscrito lAf cor-
tar; l%nal, lunakaSt bestia feroz: gri«-
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LEÓN
Um (Uón)', latín, U9, lefias; al»-
mán, L¿K€; inglés, Hon; litaanio,
lutos; ruso. Uto; italiano, leong; fran-
cés, Uon; portugués, leao; prorenzal,
1*9; eataUn, tleó, ( Sistemas d» Boppy
i» Gbiuh.)
2. larirtamos el orden del Emnscrí-
(o hmat, fiera, j tendremos íi(¿a«,qae
es seg-aramente el lítuanio lutos.
León (Fbat Luis de). Célebre poo-
ta español, T uno de los mejores Arl-
eos de aquel brillante período de nues-
tras letras que se eonoce con el nom-
^ de siglo de oro» Nadé ea Granada
en 1527 y murió en Madrigal el 25
da Affosto de 1591. Encado muy jo-
rm á U unirersidad de Salamanea,
entró ¿ los 16 afios en la orden de los
agustinos; en 1561 obtaTO la eátedra
de teol<^a; j diez años despnés, la
de literatura sagrada. Su vida ejem-
plar le atrajo la admiración de «us
discípulos; pero la inmensa repa-
tacióa que te había conquistado su
talento, no tardó en excitar envidias
j rivalidades, creándole enemigos que
i^royecharon la primera ocasión para
perderle. Un amigo que no conocía
las isngaas antiguas, le pidió una tra-
dnecíón del Csn/or de los cantares, j
Fbat Luis db Lbón, suponiendo que
no saldría de las manos de aquel ami-
go. Uso la traducción literal, sindap
u la interpretación qne le da la Igle-
sia. Esto bastó para qne la Inquisi-
ctón le acusase de Uiterano j le tu-
viese oineo años encerrado en sus ca-
labozos; pero, al fin, pudo hacer pal-
pable su inocencia T fué puesto en li-
bertad, siendo recibido por el claus-
tro naiversitario en medio de las ma-
yores muestras de regocijo 7 sin que
sos labios exhalaran una sola queja.
Por el oontrarío, al apareeer entre sus
disdpalot, cuando todos esperaban
nxw alusión ¿ sos pasados rammien-
toi^ empesd su discurso oaa estas su-
blÍBUs palabras, llenas de tierna sen-
eiUei: «íMamos ayer...» 7 eontinnó
desempeñando sus cátedras. Fhat
Lcis OK Leóh empleó sus ratos de
ocio en cultivar la poesía y en publi-
car obras que han hecho de él uno
de los pdmeros clásicos españoles.
Profundamente cristiano, alma im-
pregnada de un poético misticismo,
en Ta Biblia fué casi siempre donde
bascó sus inspiraciones. Como poeta
j como prosista, sus obras fueron un
ao Ínt6rrum{)ido himno á Dios. La
áaiea excepción es su Profecía del
Tajo, nao ae los más bellos troau» lí-
ricos de la poesía castellana. Sin em-
ba^, su verdadero ffénero era la
poesía religiosa j moral. Su Vida del
campo, su Noche serena^ su oda á la
Aseemián y su Vida del cielo, parecen
ser, más que los cantos de uu poeta,
el místico ensueño de un extático, en
que se siente el aliento de los profe-
tas y la unción del Divino Maestro.
Este íntimo sentimiento es el que hace
^ue, hasta traduciendo á Virgilio y
a Horacio, resulte un poeta eminente-
mente cristiano. De su forma, tanto
en prosa como en verso, sólo diremos
que por propios y extiftftof ea taoido
LEÓN
por uno de los escritores que han ma-
nejado nnestro idioma de un modo
más castizo, más sobrio y elegante.
Mientras exista el habla castellana,
será un perenne modelo de la hermosa
sencillez aquella poesía que empieza;
Y dsjfts, Pastor lAnto,
To gr«y «n «ata valle hondo, osoaro;
así como lo serán los armoniosos pe-
ríodos de Za Perfecta casada, de Xos
Nombres de Cristo y de la Exposición
de los salmos.
León Z (Juan db M£dicis). Papa,
célebre en la historia del pontificado
por la decidida protección que dis-
pensó & los homares de valer, así
como por el gran esplendor que al-
canzaron en su época las artes y las
letras. Nació en Florencia en 1475
y murió en Roma en 1521. Era hijo
de Lorenzo el Magnlfco, y fué nom-
brado cardenal á la edad de 13 años,
por más que no recibiera las órdenes
sagradas nasta euatro años después.
La invasión de Carlos VII de Francia
en Italia le obligi á abandonar su pa-
tria y pasó á fijar su residencia en
Roma, en donde se capté la amistad
de Julio II; pero habiendo recibido de
éste el mando de Perusa, fué hecho
prisionero en Rávena, no recobrando
la libertad hasta que los franceses
evacuaron el Milanesado. Fué elegido
para suceder á Julio II, en 1513, y
comenzó su pontificado firmando la
paz con Luis XIII de Francia; intentó,
aunque en vano, por medio de hábi-
les negociaciones, dar á príncipes de
su familia los reinos de Nápoles y de
Tüscana; terminé el Concilio de Le-
trán j concluyó con Francisco I,
en 1516, el fbmoso concordato que ha
regido á la Iglesia de Francia por es-
pacio de tres siglos. Mandó predicar
en toda la cristiandad indulgencias,
que vendió á muyalto precio;prímero,
con el fin de costear una cruzada con*
tra los turcos; y luego, con 'a\ de aca-
bar la basílica de San Pedro, dando
lugar con este abuso á las disputas
(^ue produjeron !a Reforma, y por úl-
timo, en 1520, excomulgó á Lutero,
sin lograr por eso sofocar la herejía
que se extendía rápidamente por Ale-
mania, habiendo esto dado motivo á
que algunos autores, con escaso fun-
damento, hayan supuesto que murió
envenenado. Su pontificado se ilustró
por el progreso de las artes y de las
ciencias, de tal modo, que aquella
época se conoce en la historia con el
nombre de el siglo de Lsóm X. En él
florecieron Ariosto, Berni, Accolti,
Alamanni, Fracastor, Sannazar, Vi-
da, Bembo, Maquiavelo, Guichardi-
ni, Sadoleto, Miguel Angel, Rafael,
Andrés del Sarto, Julio Romano y
otros muchos artistas, que son hoy
una de las más legítimas glorias de
lUlia.
León (Juan). Geágrafo árabe-his-
pano, llamado el A fricano, que nació
en Granada por los años de 1483 y
murió en Túnez en 1552. Conducido
al Africa, todavía niño, después de la
toma de Granada, hizo sus estudios
en Fox. Viajó lue^ por el Koite d«
LEÓN
869
Africa, atravesó el Atlas 7 el gran
desierto, visitó á ConstantinO^la, Ara-
bia, Persia, Tartaria, Armenia, Siria
y Egipto. Al volver á su país, fué
apresado en las costas de Trípoli por
un corsario cristiano y conducido á
Roma, donde el papa LeÓn X le cobró
afecto, le hizo instruir en la religión
cristiana y le bautizó con los nom-
bres de JuAM Lbón, que eran los su-
yos. Allí aprendió varios idiomas y
enseñó el árabe; pero, segáa parece,
viéndose olvidado por los sucesores
de León X, volvió al AMca y se fijó
en TúneZf abrazando de nuevo el is-
lamismo, y acabó allí sos días. Sns
principales obras son: Deseripcié» del
A frica; Tratado de los sabios célebres
que ha» escrito m árabe; VocabalM^io
arábigo^español; Batracio de las erd»Í~
cas nuthometanas; Ds la reUgidn maho-
metana; Otamática árabe y Tratado de
retórica y poesías árabes,
León (ANDsás de). Pintor é ilumi-
nador español del siglo xvi, que na-
ció en León y tomó el hábito de reli-
gioso jerónimo en Mejorada, donde
aprendió á pintar con el padre Cristó-
bal Tmjillo. Pasó al del Escorial por
los añes de 1568, cuando se estaba
construyendo, y allí ejecutó varias
obras de ^^n mérito; entre eila^ las
iluminaciones del libro titulado Capi-
tnlario, y las de unos cuadros para el
camarín del mismo monasterio.
León (Andbés). Médico espaflol del
siglo XVI. Era natural de Granada;
sirvió en clase de cirujano en el ejérci-
to de Portugal, con el duque de Alba,
y en la guerra de Granada, con Don
Juan de Austria, Bjerciómuchos años
la Medicina y la cirugía en Baeza, y
dejó, entre otras, las siguientes obras:
Tratado de oMtomU y Práetú» de mor-
bo eallico.
León (Mabtín de). Escultor eapa-
Sol del siglo zvi. Sólo se le conoce
por haber ejecutado en 1554 la etti^
tna en alabastro de san Orevorio,
que está colocada en la puerta da su
capilla en la catedral de Sevilla.
León (Nicolás). Escultor español,
padre y maestro del anterior, y dis-
cípulo de Jorge Fernández Alemán.
Trabajaba en 1531 en la catedral
de Sevilla, y de su mano son los
adornos de la capilla de san Gregorio
y Virgen de la Estrella de dicha ca-
tedral, í
León (Rapabl). Escultor español,
uno de los raeíores artistas dd si-
glo xvt. Residió en Toledo; y como
algunos disgustos le hicieran dejar
aquella población, fué á buscar un
asilo al convento de beraudos de san
Martín de Valdeiglesias, cuyos mon-«
jes le encargáronla construcción de
una sillería para el coro y un facis-
tol, obras que llevó á cabo en diez
afios y que son dos magníficos mode-
los de arte.
León Leal (Siuón de). Pintor es-
pañol, que nació en Madrid en 1610
y murió en 1687. Fué discípulo de
Pedro de las Cuevas, y desempeñó al-
gunos empleos en palacio. Sus obras
más notables fueron: Bl ¡pritm^o de
TOMO 111
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370 LEÓN
»«. Nér.hertó, pan los premostratonses
de Madrid; ConcepcúS», para los capu-
chinos del Prado; Virgen de la Gloria,
para la Inclusa, j Martirio de san Ig-
%^0y para el colegio del Noviciado de
los jesuítas.
León (JuAK db). Escultor es]n&oI
del aiglo xtui. Entre sus mejores
obras se citan el sepulcro de la reina
Bárbara, mujer de Femando VI, que
se halla en el conTento de las Salesas
de Madrid; empezó también el de
a^uel re^, pero no llegó & concluirlo;
hizo vanos adornos para la capilla de
Nuestra Señora del Pilar de Zarago-
za, en compañía de Lorenzo Lozano,
y otras muchas que ejecutó para dife-
rentes templos de Madrid.
León (Fblipb de). Pintor español,
2ue murió en Sevilla en 1728. Imitó
e tal manera el estilo de Murillo,
que muchas de sus obras se confun-
den con las de aquel maestro. La ma-
yor parte de ellas existe en Sevilla, ;
entre las más notables se cita un
Eiiat subiendo al cielo e» su carra de
fuego, que es nn verdadero prodigio
de dibujo j de color.
León (Ceistóbal db). Pintor espa-
ñol, que murió en Sevilla en 1729.
Fué uno de los mejores discípulos de
Juan de Valdés Leal; pintó coa habi-
lidad diferentes frescos en la iglesia
de San Felipe Nerí de Sevilla, así
como 18 retratos de venerables de
aquélla congregación, de tamaño na-
tural y al óleo, todo con buen dibujo
j perfección.
■ Xieón(Disao).Condede6eIascoain,
Sneral español» que nació en Górdo-
en ISOTymurid en Madrid en 1841.
Entró de capitán en el regimiento de
Almausa, I." de dragones, en 1824;
fiasó luego á la guardia real de caba-
lería, y allí obtuvo el empleo de co-
mandante, que desempeñaba al esta-
llar la guerra civil. Destinado al ejer-
cito del Norte, se distinguió en las
accionei de Urbina, Muez, Nazar,
Asarta, puente de Arquijas, Los Ar-
cos, Larniga, Arroniz y Mendigorria,
recibiendo por esta última la cruz lau-
reada de San Fernando; continuó se-
ñalándose en Salvatierra, Guevara,
Estella, MoQtejurra, Arlabán, Berrio
Plano j Zubiri. Nombrado coronel del
regimiento de húsares, pérsiffuió á las
órdenes de Alaix á la expedición de
Gtimez, causando á éste en Cuenca
una terrible derrota, que le valió el
empleo de brigadier. Cuando se veri-
fico la expedición del Pretendiente al
interior, sa señaló brillantemente en
los combates de Gra, Aranzueque y
Huerta del Rej, siendo nombrado
mariscal de campo y encargado del
mando de las fuerzas destinadas á ope-
rar en Navarra; allí fué su hecho más
brillante el ataque del puente y pue-
blo de Belascoain, de que se apoderó
entrando-á caballo por la tronera dé un
cañón, T en premio del cual se le con-
cedió el título de conde de Belascoain.
Pacificadas las provincias del Norte,
pasó con su ejército á Aragón; tuvo
algunas desavenencias con el general
Sspafterot y habiéndole nombrado la
LEÓN
Reina Gobernadora teniente general,
no qniso admitir el empleo hasta ga-
narle al frente del enemigro, como lo
verificó en Segura, Castellote, More-
Ua y Berga. Cuando empezaron á ma<
nifestarse los primeros síntomas de
la revolución de 1840, fué nombrado
capitán general de Castilla la Nueva,
pero no pudo tomar posesión do este
destino por haber estallado el movi-
miento cuando llegó, j tuvo que limi-
tarse á tomar el mando de las tropas
que no se habían pronunciado j se
hallaban acantonadas en Tarancón,
en cuyo punto se mantuvo observando
los progresos de la revolución sin hos-
tilizarla. Colocado el general Espar-
tero al frente del nuevo ministerio, le
aconsejó hiciera dimisión del mando
y pidiera licencia para el extranjero,
como lo verificó León, pasando á Fran-
cia por algún tiempo, después del
cual regreso á Madrid y vivió retira-
do. En tal estado, tomó parte en la
conjuráción militar de que dió la se-
ñal el general O'DonneU sublevándo-
se en Pamplona en 1841 ^ apoderán-
dose por sorpresa de la cindadela; en
la noche del 7 de Octubre, día señala-
do para dar el golpe en Madrid, acu-
dió León á media noche á asaltar el
palacio real en unión con el general
Concha, el brigadier Pezuela, Mar-
chesi y otros varios, que habían lo-
grado seducir algunas fuerzas de la
fuarnición; pero atacados por el resto
e ella, j por la milicia nacional,
mientras que el esfuerzo de diez y
ocho guardias alabarderos les impe-
día penetrar en el palacio, hubieron
de emprender la fuga á la madruga-
da. Al llegar á la Puerta de Hierro,
perdió haoy su caballo, y tomando el
de un soldado, continuó huyendo, has-
ta que cayó, por fin, en poder de los
húsares que le perseguían, cerca de
Navalcarnero. Conducido á Madrid,
fué juzgfido por un consejo de guerra,
que le condenó á ser pasado por las
armas, sentencia que se ejecutó el
día 15 de dicho mes, sufriéndola con
el valor j serenidad que siempre le
distinguieron. (Sala,.)
Retiña. — El fusilamiento del perso-
naje de esta biografía fué un día de
luto para toda España. El general
Lbón se pone de rodillas, mira á los
soldados y les manda hacer fuego so-
bre su general, cuando no había cum-
plido ^ años. Los soldados lloraban;
y aquellos soldados que lloran, matan
al héroe. Hay sepulcros que están pe-
sando sobre otros sepulcros; y es evi-
dente que la tumba del insigne conde
de Belascoain pesa sobre una tumba
muy gloriosa, cuyo nombre no nos
atrevemos á revelar, porque el juicio
de la Providencia y la veneración po-
nen un sello en nuestros labios. No
es el mártir valiente quien tiene más
derecho á nuestras lágrimas, porque
un do^ma santo nos dice que, entre
el sacrificado y el saerifícador, no es
el sacrificado quien necesita que le
auxiliemos con el voto de nuestra pie-
dad. ¡Duerme tranquilo, Dieoo db
LbókI {Oaerme sin peña, ilustre víc-
LEÓN
tima! Si los muertos puedan teau
güilo, muéstrate orgulloso ante él iiú.
ció de las generaciones y ante k nis.
toria de tu patria.
León. Masculino, geografía. Aati-
gao reino de su nombre, creado en el
siglo vui por los reyes de Oviedo, su-
cesores de Pelayo, y reunido defioití-
vamente á la coronada Castilla «itl230
por ei rejr Üoji Fernando UI, Uamido
el Sanio, — Su territorio tuvo diferen-
tes límites, según los azares da Iti
guerras y de las conquistas de que foé
objeto; pero en su último estado abii-
caba aproximadamente el que lio;
ocnpan las provincias de Lbón, Zam-
ra, Valladoiid, Patencia y Salamna,
las cuales se hallaban comprendidas
bajo la denominación de Reino de
Lbón.— Este estaba situado entre loi
40' 10'-43' 5' de latitud septentriontl
7 6*-9* 31' de longitud occideatil,
confinando; al Norte, con Asturiu;
al Este, con Castilla la Vieja; al Snr,
con Extremadura, y si Oeste, con Gi*
licia y Portugal.
Lbóh es provincia de tersen due
en lo civil y administrativo, depen-
diente, en el orden judicial, de la ta*
diencia de Valladolid, y en el militar,
de la capitanía general de Castilli U
Vieja, formada, en virtud de decreto
de las Cortes, en 1822, de la majoi
parte de la antigua provincia de igual
nombre y de una pequefia poretén de
la de Valladolid.
I. Situación astronómica. — Encaéa-
trase ésta comprendida entre los 42*
4' 'W-i^' 6' O" de latitud septentrio-
nal y los O' 56' 37' W de Ion-
gitud occidental del . meridiuio de
Madrid.
. 2. ¿{fli¿tof.—^egiin la última divi-
sión decretada en 30 de Noviembre
de 1833, el territorio de esta prorin-
cia ge halla limitado: al Norte, poi la
de Oviedo; al Este, por la de Falen-
cia; al Silr, por las de Valladolid 7
Zamora, y al Oeste, por las de Lugo
y Orense.
3. Superjicie, — ^Los anteriores lími-
tes abarcan una extensión de 160 ki-
lómetros de largo, de Oriente i Oc-
cidente; 116 de ancho, deNorteáHe*
dtodía, y 15.971 cuadrados de sopei*
fieie.
4. /'«¿¿soA.— Asciende, s^ún el
último censo, llevado á cabo en 1887,
á 380.637 habitantes, distribuidos M
1.021 poblaciones, las cuales consti-
tuyen 234 ayuntamientos, agmpi-
dos en los 10 partidos judiciales si-
guientes: Astorga, La Bañeza, LeóVi
Murtas de Paredes^ Ponf errada, Rit^o,
SaAagún, Valencia de Don Juan, U
Veciíla y Villafranca del Bierzo. .
5. Cima. — La temperatura qne »
disfruta en esta provincia, es de tal
suerte inconstante, que el menor cam-
bio de viento ó la lluvia produce una
repentina y brusca transición del ca-
lor al frío y viceversa : esto no obs-
tante, el clima es generalmente seco
y sano.
6. Accidentesy calidad del terreno,^
Este país aparece cortado por vanas
sierras; además de ^a gr^n j»>r4ill*^*
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LEÓN
LEÓN
LEÓN 371
S» n inurcando, por la parte Norte,
Umite con Oviedo; 7, por el Oeste,
separando U pioTÍacia de las de Lugo
y Orense, existe otra mucho el^
T¡ada qae« corriendo de Norte & Me-
diodUr divide al territorio ei. dos
^rmndei saccionei; de estas cordille-
ras se deprenden numerosos ramales
que van formando valles más tS menos
extensos, hasta que, baj&ndose gra-
dualmente. Tienen á terminar en vas-
tbimas llanuras. — La calidad del te-
rreno es fipeneralmente arcillosa j are-
nisca ó sñícéa.
7. ^ÍM.-ErTodos los que nacen j_
corren por la parte oriental, van á
desaguar en el más caudaloso de la
comarca, el Duero, el cual la divide
casi en dos mitades; y, por el contra-
rio, todos los que tienen su origen y
fertilizan la sección occidental, des-
embocan en el Jíiño; entre los prime-
ros, figuran el Ssla, el Orbtgo, el
TnertOy el Luna, el JBemesga y el To~
rU; entre los segundos, el >SVt, el Boe-
sm, el Busbia, el Cha y el Valcaree,—
Todas estas corrientes, que constíta-
jen otras tantas riberas, más ó menos
r alongadas en ana extensión de 60
90 kUómetros, están llenas de saltos
y de cascadas, efecto del desnivel con*
tiderable que llevan sus aguas.
8. Producciones, — Las de este país
son, tan variadas como el clima; en
las montañas, especialmente en las
de Valdeburón, abunda el arbolado
de haja, madera may estimada por
su solides para toda clase de cons-
trucdones, cuyos gruesos y ramosos
árboles producen una fruta de la &-
milia de las bellotas, de la que se ex-
trae un aeeíte que suelen usar los na-
tuales .para el alumbrado; eií la cor-
dillera de. FoncebadiSn, loboatas en-
cinas j numerosos acebos; en ú Bier-
Ko, multitud de acebucfae^ ú olivos
silvestres y alcornoques; en los cru-
ceros de las riberas, se encuentran el
roble, la estepa, el brezo, fresnos,
chopos j álamos negros; en los valles
profundos, con exposición al Norte,
una especie de sauce, llamado husera,
eayt madera, superior al boj , es dura,
blanca, lustrosa y muj parecida al
marfil; el mostajo, el cerezo, el man-
zano otra inBntdad.de árboles de
fruta silvestre, que comen los patu-
rales de la jparte llana de la sección
oriental, mientras que en la occiden-
tal se crían los frutales de todas es-
pecie^ en [grande abundancia, pues
sólo en cerezas le conocen más de
Teínto variedades exquisitas. — ^En la
parte oriental se ven páramos estéri-
les, que sólo á fuerza de trabajo pro-
ducen alguna cantidad de centeno;
fértiles llanuras cubiertas de cereales
y legumbres; inmensas laderas pobla-
das de vides; extensas vegasj en que
abunda el Uno; valles cuajados de hor-
talizas ^ de forraje; dehesas, en que
se apacientan ganados de todas clases;
finalmente» montes j bosques que
saministran ezcelmtes maderas de
construeeidn, de combustible y na-
aeroM ata XBéyos y menor. £n los
9uiy«K MnaentwBf » en donde M íím-
firuta lo más templado de su díma,
merced á la excelencia de arbolado,
puede añadirse á los productos men*
cionados la plantación del castaño,
del nogal, de la higuera, del grana-
do, del olivo y de otros muchos árbo-
les frutales delicadísimos. — La pobla*
ción de la montaña es esencialmente
ganadera; la de los llanos, exclusiva-
mente agrícola; la de los valles, se
dedica á ambas cosas: los sabrosos y
nutritivos pastos de los partidos de
Murías de Paredes, Riaño y otros,
sustentan un considerable número de
ganados trashumantes; los del resto
dé la provincia, cantidad suficiente de
ganados estantes de todas clases. —
Aparte de algunas minas de hierro,
de carbón de piedra y de antimonio,
encuéntrense en las montañas limí-
trofes con Asturias algunas canteras
de mármol y jaspe de vistosos y va-
riados colores; en Boñar, una piedra
blanca muy fácil de labrar cuando se
extrae, pero que después se endurece
y toma un color amarillento; las de-
más moñtaftas son de pizarra, roca
primitiva, sillería 6 granito, frecuen-
temente incrustado de cristal de roca.
— ^Todos los ríos que bañan el territo-
rio, ofrecen abundante pesca de an-
guilas, truchas, sábalos, Wbos, ten-
cas j otros peces.
9. Industria. — La del país que nos
ocupa es de escasa importancia: las
fábricas son poco notables; los telares
de lino, comunes á todos los pueblos;
la ganadería, que es la que mejor
aspecto presenta, está reducida á los
productos de su agricultura. Los mo-
radores de las montañas se dedican á
la fabricación de ruedas y laboreo de
maderas para cubas y construcción de
edificios; en los distritos ganaderos,
que lo son casi todos los de la pro-
vincia, sé elaboran quesos, de no muy
buena calidad, y una manteca exqui-
sita, perfectamente imitada á la de
Flandes. Gran parte de las faenas del
campo'está connada al sexo débil.
10. Comerdo.-^La, exportación de
granos, frutas, ganados, particular-
mente el de cerda, que abunda en
todas las poblaciones rurales, y de sa-
brosísimos jamones, y la importación
de pescados de mar y otros artículos
de primera necesidad, constituyen
los principales productos de su co-
mercio.
11. León. — Capital de la provin-
cia, de la jurisdicción 7 diócesis de
su nombre, audiencia y capitanía ge-
neral de Valladolid. — Está situada en
una deliciosa y feracísima campiña,
en la confluencia de los ríos Torio y
Beroesga, que la bañan respectiva-
mente por el Oriente v el Occidente,
á los 42' 36' de latitud Norte y 1° 50'
de longitud Oeste del meridiano de
Madrid. — Dista de esta población 320
kilómetros; es resideocia de las pri-
meras autoridades civil y militar, de
un obispado, el más antiguo del rei-
no; y cuenta además 13.446 habitan-
tes, escuelas normal superior y de ve-
terinaria, aeminario eondliar, insti-
tuto; liútqintal, kbspiciOf teatro, cuar-
teles. Banco j varios ¡oflegíós de
primera enseñanza. — SI clima es ge-
neralmente húmedo y (tío, á causa de
las muchas nieves que cubren gran
Sarte del año las montanas del Norte,
el Oriente y del Occidente, no obs-
tante hallarse las más próximas á 28
kilómetros de distancia.— La ciudad
es de figura ochavada, según le ob-
serva en el curso de sus murallas^ '
construidas en tiempos de los roma-
nos, de las euales sólo quedan vestí-
fios; su plaza más notable, la Mayor
de la ConttitucióHt la cual presenu
un hermoso cuadro de ediñcios con
halcones, rodeada de soportales, que
sirve de punto de reunión á lo más
escogido de la ciudad, así en los días
crudos y lluviósos de invierno como
en las apacibles noches de verano. —
Entre sus ediñcios más celebrados, se
citan: la casa cajntular t/ consiitorial,
de órdenes dórico v jónico, edificada
en 1565 por Juan Bivera, de piedra;
sillería labrada con esmero, dos torres
en los costados y con escudos de ar-
mas y aguias guarnecidas de pizana;
el íeaíro, levantado, en 1845, «1. lá
plaza de San Marcelo; la casa de los
condes de Luna, de aspecto suntuoso,
y la llamada de los Gutmanes, toda de
piedra sillería pulidamente labrada;
el palacio episcopal, con hermosas ha-
bitaciones de invierno y de verano,
excelente patio con columnas de pie-
dra y una anchísima escalera de már-
mol, dividida en tres tramos; el mo-
nasterio de la iglesia de san Marcos,
que contiene una rica biblioteca; el
de San Isidoro, de estilo bizantino,
panteón de varios miunbros de las fa-
milias reales de Bspafta; la magnífica
capilla del antiguo eomeiUo deios be^
nedictinos; y finalmente, la eétedral,
templo famoso, al cual vamos i con-
sagrar algunas palabras. Bata sun-
tuosa basUica de la Asunciífn, de ca-
rácter esencialmente gótico ó de esti-
lo ojival, está considerada como lo
mejor, lo más grandioso y delicado
en su clase que existe en España.
Segán expresión vulgar, la catedral
de Sevilla es grande; la de Toledo,
rica; la de Santiago, sólida; pero la
de León,, las aventaja á todas en ele-
gancia, hermosura, gentileza 7^ clari-
dad. Su construcción es verdadera-
mente admirable, al par que dig^a
de su celebridad, por su ligereza y va-
lentía: asombra, en efecto, al genio
pensador el profundo, el subUme eo-
nocimiento de estática de su inventor
y la facilidad con que yor sus leves
aligeró los puntos de carga, condu-^
ciendo los enormes pesos, grandes es-
fuerzos de sus arcos y bóvedas de si-
llería, por medio de arcos botarles,
á los bien calculados estribos que las
reciben, apojan y aseguran Sólida-
mente: su obra, según la expresión
feliz de un autor, es una máqui-
na perfectamente organizada, cujos
miembros, armónicamente combina-
dos, forman el cuerpo arquitectónico
más esbelto 7 magnifico que se«ono-
ce; T maravilla como sn £ábli«Br de
piedla rillflria toda jr do tan «xtmo»-
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372 LEON
LEÓN
LEÓN
dinarU delíeiHlQM, se nuatieae en
pie tan íntegra j firme, sin que la
arrebate ni coumueva el viento.—
El exterior de este edificio, levanta-
do en el siglo xin« es grandioso, pues
en todas direcciones se advierten
corredorcillos, estatuas, candelabros»
áameros j otros adornos, rematan-
do los botareles, torrecillas j fronto-
nei. ffl pórtico á fachada principal,
que mira á Oeeidente, presenta cinco
hermosos araoi en ojiva, tres de los
cualei abren paso á otras tantas na-
ves d« la ig'lesia: sobre estoi cinco
arcoi» corre un elegante antepecho
calado; en el maro, se deva un cuer-
po que termina con dos templetes j
un rosetón igualmente calado en ter-
cer cuerpo; y en el centro del segun-
do, se ve una magnífica ventana cir-
cular: colocadas al rededor de los pi-
lares T entre las puertas, se cuentan
más de 40 estatuas, del tamaño poco
major que el natural. A. cada extre-
mo de los arcos, se elevan dos gran-
des torres, de indisputable belleza;
pero menos airosas J delicadas que
tas de Burgos; menos severas y ma-
jestuosas que las de Palma: en la que
da frente al Mediodía, más hermosa,
de mayor elevamdn y de mejor gusto
que U del Norte, se ve la excelente
máquina del reloj construida en Lon-
dres; ambas tienen cuerpo de campa-
nas y cubierta piramidal con torreci-
lla y varios remates por adorno sobre
el ultimo cuerpo. En el centro de esta
fachada, en un escaparate de cris-
tales y sobre un pedestal de sillería,
aparece colocada una ^ran figura de
Nuestra SeíLora, denominada La Blan-
ca, cuyo nombre lleva igualmente la
facha^. La del Sur, presenta un be-
llísimo aspecto; su decoración está li-
mitada á tres hermosos arcos góticos
de bastante luz, coronados con ante-
pecho calado y conteniendo rasgos de
miediaiu escnltnra y algunas estatuas
de regular magnitud. Las dos facha-
das se encuentran circuidas por una
elegantísima vei^a de hierro, entre
pedestales de marmol, de orden co-
rintio, los cuales rematan en esta-
tuas, jarrones, bolas y otros adornos,
primorosamente trabajados. Todo el
exterior de este maravilloso monu-
mento del arte arquitectónico presen-
ta una admirable profusión de esta-
tuas y esculturas; pero esta admira-
ción sabe de punto cuando se penetra
en el interior. Los pilares cuadrados
que sostienen los arcos de las bóvedas,
soa.de una.delicadua extremada, y
los muros que forman el circuito, han
sido de tal modo alambicados por los
artistas, que en algunas partes ape-
nas tienen 30 centímetros de espesor,
no concibiéndose cómo pueden soste-
nerse. La catedral se compone de nave,
crucero y presbiterio, que afectan la
figura de una cruz latina, decorada
de ligeros pilares, sobre los cuales
descansan los grandes arcos, en que
apoyan hermosas bóvedas de arista;
«n 9Í centro, sobre cuatro robustos
littM tonles, se eleva una media na-
xaajt, CM linterna, deeoxadas ambas
cou exquisito gusto. A. los lados del
crucero y al pie de la nave mayor, se
ven soberbias ventanas circulares en
el pie y brazo Norte, y una angular,
en el braio Sur, de extraordinario
diámetro, caladas de piedra y cerra-
das con cristales de colores; las que
se observan en los interpilares, sobre
sus capiteles y debajo de las cimbras
de las bóvedas de ansta, están forma-
das con nervios de piedra y cerradas
igualmente con cristales de colores,
que representan varias y bellísimas
figuras; y en el presbiterio» sobre el
retablo mayor, todos los Innatos tie-
nen también ventanas de sv magni-
tud y forma, cerradas, como las otras,
con lA misma especie de cristales. La
galería, que rodea la nave, as de un
trabajo maravilloso; y las ventanas se
encuentran separadas por grupos ca-
prichosos y pintorescos de cuatro es-
tatuas. El retablo principal, dedicado
á la Atwtción de Nuestra Señora, está
situado en el cascarón del presbiterio,
en un magnífico basamento de már-
moles oscuros, vetosos y bien puli-
mentados; sobre este basamento se
halla el primer cuerpo de arquitec-
tura, de orden corintio; y encima, nn
ático del mismo orden, ocupando: el
centro, la estatua de la AsmieidH,
de tamaño natural; y en los extre-
mos, las figuns de los apóstoles, con-
templando, como absortos, la eleva-
ción de la Virgen en una nnbe soste-
nida por querubines. Sobre el cruce-
ro y parte oriental del edificio, hay
siete capillas, con hermosos reta-
blos, decoradas por el estilo de las
demás naves y perfectamente cerra-
das con verjas de hierro. El coro
tiene dos órdenes de sillería, cuyos
sillones, de madera de nogal bien
trabajada, ostentan figuras de bajo
relieve hábilmente esculpidas : en
el centro del muro qne cierta el
coro, hasta la altura del órgano, hay
una puerta en arco de medio punto,
el cimI abre paso i la nave mayor; y
en este sitio, al lado de la epístola,
está el ór^no, notable por sus nume-
rosos registros v la belleza de las fí-
furas que le adornan. A. la entrada
el presbiterio se ven dos magníficos
pulpitos de mármoles embutidos y de
colores, cubiertos de bien trabajados
tornavoces, y los arcos, que comuni-
can con las naves, aparecen cerrados
de altas y robustas verjas, con ricos
dorados, sobre basamentos de mármol
oscuro y vetoso. Por último, el prM-
biterio y el coro se encuentran igual-
mente cerrados por otra hermosa Teiw
ja de hierro con adornos de bronce.
La &mosa catedral de León es una
especie de prodigio, en que se reúnen
armoniosamente el misterio del orden
gótico, la esbelta elegancia del orden
árabe, la idealidad del arte griego y
la solidez del arte romano. Con dolor
y orgullo nos despedimos de este
magnífico monumento de nuestra pa-
tria.— Los alrededores de esta capital,
S oblados de árboles y huertas, onecen
elieioafsimos paseos; el terreno es
d« exeelsata calidad; sos prineípales
produccioDCS consistan sn tfigo, ce-
Dada, legumbres, patatas, hort^su,
frutas, florea, drogas. Uno, del cual
hacen el ramo más importaate de ra
industria, oonvírtiéndoie enkilaxay
lenceria; baenos pastos, que se desti-
nan ála CTÍm de ganados; naochay
variada caza de aves, y abundante
pesca de truchas, anguilas y otros
peces. — La industria cnenta algunu
hilanderías de lino, fábricas de teji-
dos de lana, de telas, y, particular-
mente, de guantes, que son objeto de
un considerable comercio. — ^Bste es
insignificante, si se exceptúa el de
S ranos, c[ue se hace eon la provineii
e Asturias. — Las ferias que se cele-
bran en esta poldación son tras: mu,
el día de San Juan, en la que aa ven-
den ganado de todas clases, efectos
ftara Ta labranza, paños, lienzos, te-
as, mantelerías y objetos de quinca-
lla; otra, en Todot Santotj á la que se
lleva mucho ganado mular de cría,
caballar, asnal y boyal; ^ la tercera,
t\30d« Nwimortt idéntica en todos
la anterior, salva ú particolaridad de
concurrir mncho ganado de cerda.
12. Poblacione* nolahUs. — En el
Biem^ vaUe frondosísimo y abundan-
te en frutas, vino, castañas y Uno, se
encuentran: P<mf*rrada, con 3.974
almas; Villa/rMca, eon 2.913, y ÍTaN'
bibre, con 2.372, cuyos habitantes» co-
nocidos eon el nombre de mtragatos,
se dedican á la arriería, que ejercen
con toda probidad, y cuyo traje, que
no carece de originalidad y de elegan-
cia, se supone ser el de los primitivos
moradores de España.— jliíorya, du-
dad episcopal &mo8Ísima, con 6.000
almas, antiquísimas murallas y una
catedral gótica, en la que se ve el fa-
moso reloj de los mar^atoi. — La Bt-
ñeea, eon 2.776 habitantes, y Mmti-
lla, con 1.268, pueblos ambos ds con-
sideración por su gran comercio en
ganados. — Sahagúnt villa célebre por
su antiguo monasterio de banedieti-
nos, situáda sobre el Cea, con 2.657
habitantes. — Valencia <U Don Juan,
antigua Cogania, memorable por su
Concilio, asentada sobre el Esta, coa
campiña feraz y 2.380 almas, y Sm
Adftán del Valit, con 903 y agoas sa-
linas termales.
13. Carácitr de Im kabidtnUt^KÍ
tipo del kímé$ es, por lo general, so-
brio, franco, honrado, laborioso y pa-
cífico; el moníañéi, sutil, alegre, exce-
lente amigo, obsequioso, atable, tra-
bajador, agradecido y muy celoso por
U educación de sus hijos; el forme», \
morigerado, activo é iudastrioso; el
riberano, irascible, soberbio y mu/
dejado para la crianza de la familia;
el maragato, cuyo buen continente es
harto conocido para que nos detenga-
mos en reseñarle; y en cuanto á las
mujeres, el penoso trabajo del campo,
á que tienen forzosamente qne deai-
carse para suplir la ausencia de sus
maridos, las nace excelentes madres,
con una resignación y sufrimiento
heroicos para las privaciones de la
vida. Las «lavadas mentabas míe oeur
pan U parto «ás lapmtrimu M Is
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LEÓN
LEÓN
LEÓN 373
MovintSK. estáa poblados de hqmlirea
dóeÜM, sendllos j laboriosos, dedica-
dos easi exelusívamente al cuidado de
sus ganados vacuno j lanar, y á las
ferrerías.
14. BUtsria. — Créese que la fan-
dacióa de esta ciudad tuvo lug^r des*
puM d« terminada deñaitivamente la
yiiem cantábrica por Agrippa; los
ronunos, al establecerse en ella, la
lUmaron Lboio Séptima (remina, que
era el nombre de k leoión que la oca-
Saba (véase nuestro artículo Leoión),
el cual tomó el de hv6s, que ae-
toalmeute la distingue. De las an-
tigüedades romanas de esta pobla-
ción, sólo han quedado unos ladrillos
fraudes j gruesos, en los que se lee:
BG, VII GEM, P, F. Cuando Pto-
lomeo escribió sus É^ósis geográfioa^
era ja Lsón ciudad insigne, apare-
ciendo con el nombre de Germámt^
en vez de Gemina, por ignorancia sin
duda de los copiantes. En el Itinera-
rio de Antonino Pío (véaie nuestro
artículo Calzada), se lea correcta-
mente L^io Stpiima Gemina, figuran-
do eomo el término de un camino de
Italia, que cruzaba la Galia j toda
la península española, desde Oriente
á Norte, Bn los siglos medios alcanzó
derta celebridad; 7 cuando los bár-
baros del Norte hicieron presa de
nuestro país, establecieron en ella los
suevos sn corte. Por los años 717 se
apoderaron los moros de esta ciudad,
eujros moradores, sitiados por ham-
bre, se vieron obligados á capitular.
Lbóh fué la primera plaza importan-
te qne tomaron los cristianos á los
sazneenos» contándose entre las glo-
riosas conquistas de Don Pelajo,
eujro monarca la hizo fortificar j de-
fe^er por un buen castillo. Después
de haber lido tomada por Alfonso el
CatíUe», transcurrió largo tiempo sin
que el nombre de León volviese á
sonar en relación alguna verdadera-
mente histórica, con motivo sin duda
de los embates agarenos que tras de
aquella conquista sufriera; hasta que
Don Alfonso III la sacó de sus es-
combros j la fortificó con grande es-
mero, disponiéndose á esperar en ella,
por loa años de 882, af formidable
ejército ^musulmán de El-Mondhir.
Al a&o siguiente, talaron los cordo-
beses las cercanías de esta población.
Desde que el rej Alfonso dejó resta-
blecida la antigua ciudad de los le-
aiénarm, que nabía quedado despo-
blada bajo sus antecesores, fecháron-
se en día varios decretos, sin que en
niagnno de ellos llegara á apellidár-
sela jamás capital; no puede, por lo
tanto, atribuirse á aquel monarca el
encumbramiento de esta ciudad á me-
trópoli da un reino, como algunos
aseguran, ni dabe tampoco retardarse
este acontecimiento á los tiempos de
Ordofio II, como otros afirman. Cuan-
do Alfonso III abdicó la corona en fa-
vor de sus hijos don García, Don Or-
dofio jr Don Fruela, repartiéronse
ésCot amistosamente cuantas tierras
haU» poseído el padie, oon anuencia
Á$ lot zefl^setiTM TteindtriM para «1
reconocimiento formal de aquella
partición; cúpole en suerte á Don
García esta ciudad j estableció en
ella sn corte por los años 909 Ó 912,
desde cuja época vino á ser capital
del reino de su nombre. Constituían
este reino la ciudad de Lbón, los te-
rritorios situados entre el Duero j As*
turias j lot campos godos, llamados
Tierra de Campos. El rey Don García
hizo durante su corto reinado una
guerra durísima á los moros; taló sus
campos V saqueó sus poblaciones.
Muerto líe enfermedad en 914, juntá-
ronse en la eindad, según antigua
costumbre, los magnates j los obis-
pos del reino para nombrar sucesor
al monarca difunto, siendo elegido
por aquellas Cortes, en 19 de Enero
del referido año, el rej de Galicia,
Don Ordofio, hermano del antecesor,
el cual reunió bajo su cetro el go-
bierno de los dos reinos. No bien fué
coronado v consagrado por aclama-
ción popular, ó sea omne populo assen-
íienle, invadió Ordeño los Estados
del califa hasta las márgenes del
Guadiana, llevando la guerra des-
Sués de la decantada joma<U de Val
e Junquera, por el corazón de las
posesiones musulmanas, hasta la raja
oriental de Andalucía, se^ún afirman
algunos historiadores cristianos. A
fines del año 923 ó principios del 24
murió Ordeño al regresar á León, as£
que hubo subyugado los pueblos de
Nájera j Vicaría, que habían perte-
necido á los condes de Castilla, en
venganza sin duda del descontento
que éstos manifestaran de su autori-
dad, pasando ambos pueblos á poder
de su aliado el rej de Navarra. Los
electores civiles j militares del reino
nombraron por sucesor á Don Fiuela,
rej de Asturias, el cual vino á reinar
sólo en León desde Enero ó Febre-
ro de 934 hasta 1.* de Marzo del si-
guiente año, en que murió de lepra,
siendo enterrado junto á su hermano
Ordoño, en la iglesia de Santa María,
que este último había fundado. Suce-
dió á Fruela su sobrino Alfonso, hijo
segundo de Ordoño j de Elvira ó
Nuña; pero cansado de. la corona, ála
mitad del quinto año do su reinado,
llamó á su hermano Ramiro, que go-
bernal» el condado independiente dél
BierzQ, j le cedió . el cetro en 11 d«
Octubre de 930, retirándose al monas*
terio de Sahagún, donde tomó el há-
bito de monje. Poco tiempo después,
echando de menos Alfonso el brillo
de la ccnona, se presentó en Lsón con
ínfulas de soberano apojado por al-
gunos de sus parciales, que favore-
cían su intento, quedando sitiado en
esta ciudad por su hermano Don Ra-
miro; sus primos, hijos de Fruela II,
quisieron mediar por él en el asunto;
pero receloso Ramiro de su trama, se
dirigió contra ellos j los hizo empo-
zar en la mazmorra misma de Alfon-
so, en donde les fueron arrancados
los ojos. Durante este reinado, sue-
nan algunos combates lütemativosde
los cristianos j musulmanes, distin-
-guiéndosa entct aquéllos las batalltf
de Osma, Zamora, Simancas j San
Esteban de Gormaz; amén de algunos
conatos de los condes de Castilla con-
tra su predominio, los cuales fueron
reprimidos. Este monarca abdicó la
corona en favor de su hijo Ordoño III
en 5 de Enero de 950, cuvo principe,
al suceder á su padre, halláMse casa-
do con Doña Urraca, hija del femoso
conde de Castilla Fernán González.
Apenas hubo aquél ocupado el solio, .
se vió atacado por su hermano San-
cho, quien intentó por des vsees, aun-
que inútilmente, arrojarle de él,
auxiliado por el rej de Navarra j por
el mismo Fernán González, á pesar
de los lazos de parentesco que le
unían á Ordoño. Este monarca repu^
dió entonces á su esposa, devolviéndo-
la á BU padre, j casó en seguida con
una gallega llamada Gelvira ó Elvira;
hizo una entrada en territorio musul-
mán; sofocó las alteraciones de Gali-
cia; tomó por asalto j desmanteló á i
Lisboa; hizo las amistades con el oon- .
de de Castilla j le ajudó con sus ar- .
mas contra los moros. A mediados de
Agosto de 955 murió Ordofio en Za-
mora, pasando el cetro i manos de su
hermano Don Sandio, que tanto lo
había ambicionado desde la muirte
de su padre. Sancho I, apellídadp el
Gordo por su excesiva obesidad, fué
arrojado del trono, al año de su, rei-
nado, por el conde Fernán González,
su antiguo protector, el cual encum-
bró á Ordoño, hijo de Alfonso IV, á
quien había dado por esposa á sn hija
Urraca, viuda repudiada de Ordo-
ño III, como ja hemos manifestado.
I40S desmanes j violencias de este
firíncipe malquistáronle con todos
os pueblos de quienes había mereci-
do los apodos da intmso j malvadoí
Sancho, en tanto, había recabado el
auxilio de los árabes, j al presentar^
se en sus antiguos Estados al frente
de un numeroso ejército, fué recibido
como libertador, viéndose en breve
tiempo en posesión de todo el reino
de sus padres. Fernán González, apro-
vechándose de los trastornos del pais,
logró libertar sus Estados de todo pre-
dominio j establecer la independen-
cia de Castilla. Varios condes, mar-
queses j duques de Galicia, manco-
munados con el obispo da Composte-
la, trataron lueeo de desentenderse
de Sancho, con el objeto sin duda de
entronizar &- Bermndo , iáio de Or^
doño III, que 'se encontraba entre
ellos; pero fneron subyugados por
aquel monarca, el cual murió envene*
nado á mediados de Septiembre de
967, después de doce años j un mes
da reinado, descontado el tiempo que
ocupó el trono Ordoño IV.— La corona
de León pasó á las sienes de Rami-
ro III, hijo delanteríor, cujo príncipe,
que apenas contaba cinco años á la
muerte de su padre, entró desde luego
á reinar bajo la tutela de su madre
Doña Teresa Jimena j de su tía Elvi-
ra ó Creí vira, monja del monasterio de
San Salvador. Llej^do i la edad de
17 aflOB, casó Ramiro oon una seflon
lUmada Ssndu, j empuñó por sí las
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374 LEÓN
LEON
LEON
riendas del gobierno, viendo sos Hi-
tados presa de las victorias de Al-
mansor j de sangrientas guerras ci-
viles, pues los nobles de Galicia, des-
contentos de las ínfulas de soberanfa
del joven príncipe , j tal ves de sus
amenazas, volvieron por la causa de
Bermudo, & quien consagraron rejr
en 15 de Octubre de 982. Créese que
Beimndo, después de la batalla que
taro con Ramiro en Portella de Are-
nal, invitó á Almanzor para que acu-
diese contra el reino de Lbóm, adon-
de aquél se había retirado: sitiado por
los musulmanes de la raya y atacado
por Almanzor en persona, se tí<í Ra-
miro forzado i retirarse á Oviedo j i
Bahagún con las reliquias de los san-
tos y otras preciosidades atesoradas
Sor sus antecesores. Dueño Almanzor
e la ciudad, destruyó desde sus ci-
mientos las fuertes murallas que la
defendían, dejando en pie una sola
torre para que, pregonando la forta-
leza de Lbón, lo nictese asimismo de
su gloria por haberla rendido. La
ruina de esta población fué tan com-
Sleta qae, al hacerse Bermudo dueño
e los reinos asi devastados por Al-
manzor, no pudo residir en ella. Este
Monarca dis&ató de alguna tregua
en la guerra incesante que a^uel fa-
moso caudillo hacía á loa cristianos;
pero tuvo que sofocar la insurrección
de Gonzalvo Uenéudez de Galicia,
promovida quizás por el mismo Al-
manzor, que se hallaba en Africa por
entonces; y las armas de Hadgeb,
después de haber llevado el espanto y
la ruina por la Espafia oriental, se
volvieron contra los Estados de Ber-
mudo. Este monarca murió de la gota
hacia los últimos meses de 999, des-
Íués de diez y siete años de reinado,
e sucedió Alfonso V, su hijo, el
cual fué colocado en el trono por los
grandes del reino cuando apenas con-
tal» un lustro de edad. Durante la
minoría de este príncipe, tuvo lugar
la memorable batalla de Galatañazor,
en la cual quedó vencido el famoso
Almanzor, al par que una rebelión de
varios señores del reino, que fué pron-
tamente reprimida. Pelajo de Ovie-
do, al ocuparse de la llegada de Al-
manzor y de BU hijo Abd-el-Melek á
la ciudad de Lbón, dice: que arrasa-
ron sus torreones y destruyeron sus
puertas, que él supone en numero de
cuatrof mstribttídas en los cuatro
5 untos cardinales de Este, Oeste,
lorte y Sur; que fueron destrozados
los mumoles en que se hallaban gra-
bados los nombres de los prefectos
romanos, fundadores y pobladores de
la ciudad; que permaneció yerma du-
rante cinco años, hasta que Alfon-
so V, con motivo de haber convocado
dentro de sus muros un Concilio de
los personajes principales del reino,
así clérigos como seglares, mandó
reedificar las cuatro puertas, varián-
dolas los nombres anteriores, pues la
oriental se denominó del Obispo; la
voptentrion&l, Pottigo; la occidental,
, Cawwu$t y la meridional, del Arco,
CrétH qu« Pelayo Qjó la total restau-
ración de esta ciudad, en una época
posterior ¿ la celebración de aquel
Concilio, por haber interpretado sin
duda la expresión del eanon 20, en él
establecido, del mismo modo que lo
traduce un autor moderno: «Acorda-
mos también que la ciudad de Lbóm,
toda yerma, se repueble á fovor y en
virtud de estos ordenamientos escri-
tos.» El canon dice: «CoiuA'AnMM.
Hiamt LnaiOHBNBis civiía», omb de-'
populal» fuiit rept^puletur per ho» foros
scripios;» pero esto, como oportuna-
mente hace notar otro autor, pudo
decirse con relación al antiguo lustre
de eita ciudad, aue le trataba de vol-
verla, y i lo cual se refieran muchas
de las dispoisiciones adoptadas por
aquel Concilio, celebrado en 1." de
Agosto de 1020; algunas de ellas son
tan curiosas, c[ue no resistimos el de-
seo de transcribirlas. BI canon 29 dis-
ponía: «que el vecindario de LbÓn
hubiese de celebrar sus juntas, siendo
iguales en ellas los de dentro y los de
fuera de los muros, el día 1.* de la
cuaresma, en el capítulo de Santa
María, para aforar el pan, el vino y
la carne; arreglar los jornales de todo
trabajador y la administración de
justicia en el vecindario por todo el
año, imponiendo al pagador que se
desmandase, cinco sueBos, moneda
real, pagados al mayorino del rey;>
el canon 31: «si alguno cercenase el
peso y medida del pan y del vino,
pagase también cinco sueldos;» el 34:
«que el tahonero que cercenase el
peso del pan, por primera vez fuese
azotado; y por segunda, pagase igual-
mente cinco sueldos (lOU pesetas pró-
ximamente),»—De este modo se sin-
gularizó esta ciudad por aquella Cons-
titución religiosa, & la vez que políti-
ca y civil, tan justamente encarecida;
la primera quizás cuyos artículos se
hayan conservado, desde el Fuero Jvsr-
go de los godos. Consta de 48 cino-
nes: los 7 primeros tratan de la dis-
ciplina eclesiástica; los 40 siguientes,
de la legislación política y civil; y el
último, contiene el enérgico anate-
ma, consiguiente en semejantes jun-
tas españolas, lanzado contra cual-
quiera que atentase contra lo estable-
cido en el Concilio, aun cuando fuese
de prosapia regia. Dice así: €Q/itismit
ex nostra progenie, vel exiraneat Sane
nosíram conttiíutioium sciens frangen
Centavtrit; fraeta memu^pede et cervice,
evultis oeuíis, fiuit iníe$íinit, ^ercueus
lepra vm eun gladioanatkematuinater-
na dmnntiiúne eum dwhlo et angelis
ejus Iwt paiuu.»— Por esta Constitu-
ción se apellidó Alfonso V el de los
bonos foros. Este monarca murió de
un flechazo, haciendo la guerra á los
musulmanes, el 5 de Mayo de 1027,
á los 34 años de edad, dejando por
sucesor á su hijo Bermudo 111. Efste
príncipe contrajo luego matrimonio
con Doña Urraca Teresa Jimena, hija
de Sancho, conde de Castilla, y her-
mana de García, heredero de aquel
condado, y de Doña Mayor, primogé-
nita, casada con Sancho el &r«atde de
Navarra. BmbajadorM bm^leaea pi-
dieron á Bermudo la mano de m h«r-
raana Sancha para esposa de sn oon-
de García, la cual les fué oto^da,
pasando éste á la ciudad de Lbóm y
hospedándose en el barrio del Rey,
en tanto que Bermudo había salido
para Oviedo. Los hijos del conde
Vela, que habían sido arrojados de
Castilla por Don Sancho, padre da
García, reunieron una hueste por las
serranías, dirigiéndose á Lbón, y, al
amanecer de uu día, asesinaron al in-
fante García á la puerta de la iglesia
de San Joan Bautista, en venganza
de las (^nsas que Habían reciUdo da
su padre. Esta muerte fué origen da
una serie de revoluciones, i^ue termi'
nÓ por traer á una sola familia la po-
testad de la España cristiana, -cam-
biando casi por completo el aspecto
político de la península. Sancho el
Grande de Navarra, así que hubo ven-
gado la muerte de su cuñado García
mandando quemar vivos á los Velas,
en Monzón, se hizo vecino de Bermu-
do, coa la adquisición del condado de
Castilla. Las relaciones amistosas de
estos dos príncipes quedaron luego
interrumpidas por causas que no han
podido precisarse: mientras qne Ber-
mudo se ocupaba eñ refrenar den se-
diciones promovidas por los mamá-
tes Oveco Rosendo y SisenandoOa-
hariz, Sancho había ido apoderándose
del territorio leonés que media entre
el Pisuerga v el Cea, llegando hasta
las llanuras do Lbón, donde encontró,
por último, una tenaz resistencia. Al-
borotáronse los pueblos; y Bermudo,
después de reunir una hueste de ga-
llegos, le salió al encuentro. Hallá-
banse ya ambos reyes dispuestos &
trabar batalla; pero como mediaran
en el asunto los obispos de los dos
reinos, aviniéronse aquéllos á un ajas-
te, en el que se acordó que Femando,
hijo segundo de Sancho, se desposara
con Doña Sancha, hermana del rey
de Lbóm, quien le cedería en dote
cuanto ^ncho había conquistado, al
principio de la campaña, entre el Pi-
suerga y Cea; concediendo además á
Fernando el título de soberano de
Castilla, con la mano de Sancha, cu-
yos desposorios lleváronse á cabo boa
gran magnificencia en 1032. Al año
siguiente, hostilizó de nuevo Sancho
la ciudad de Lbón, logrando apode-
rarse de ella ^ reduciendo el dominio
de Bermudo a la Galicia; ejerció at^uél
la. soberanía de Lbón y de Asturias,
desde los primen» meses da 1034
hasta Febrero de 1035, en qne mnrió,
con cuyo motíTo volvió Bermudo í
tomar posesión de sus Estados. Bn
1036, juntó Bermudo una hueste com-
puesta de leoneses y gallegos, y se
dirigió contra Castilla, con ánimo
resuelto de recuperar las tierras ce-
didas en otro tiempo con la mano
de su hermana Doña Sancha; salióle
al encuentro Fernando, auxiliado de
su hermano García, rey de Navatra,
y murió alanceado en la batalla de
Tamarón, que tuvo lugar á 8 de Junio
de 1037. Extinguido, con la mnerte
da este monarca, el Uoáje el* los vann
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LEON
LEON
LEON 375
DM de loi WJM d« LaéSt neajeron
todos \m der^ckos ¿ la corona en la
hennana de Bemndo, oonsotto de
Femando, el enal, después de ganar
lá batalla referida, le dirigid TÍetorio-
80 basta las puertas de Lsón. El ve-
cindario opuso al pronto alguna re-
sistencia;pero considerando luego que
era el legitimo heredero del reino por
su matrimonio, le franqueó las puer-
tas de la ciudad, siendo ungido y co^
roñado solemnemente en 22 de Junio
de 1037. Fernando I unió el dictado
de re; de LsÓN al de Castilla, que ja
ostentaba, sin postergarle á éste, como
generalmente se ha creído; U antepo-
sición del título de Castilla al de Lbóm
debe datar de fecha posterior, puesto
qus en las actas de aquellos tiempos
saena Li6k antes que Castilla. £1
reinado de este soberano, que fué de
los mis interesantes, duró desde el
22 de Junio de 1037 hasta 27 de Di-
ciembre de 1065. Las sensibles des-
avenencias j desastrosa guerra entre
los dos hermanos, Fernando de León
y de Castilla, y Garoía de Navarra,
vinieron i terminar con la muerte de
este último en la funesta batalla de
Atapaerca. Bl re^ Fernando Uegó á
hacerae maj temible i los moaulma-
Des, ¿ quienes tomó numerosas pose-
siones, j murió después de haberse
eonquíatado el renombre de Grande,
siéndo enterrado en LbóHi en la igle-
sia de San Isidoro, que él mismo ha-
bía heeho edificar. De su matrimonio
con Doña Sancha dejó cinco hijos:
Urraca, Sancho, Alfonso, Elvira y
García, entre quienes- repartió sus Es-
tados; yerro político en que incurrió
á ejemplo de su padre Don Sancho, y
que, como entonces, fué causa de gran-
des desastres y empeñadas guerras.
Hizo á Urraca reina de Zamora; dió
i Blvirn la ciudad de Toro con otras
rentas; á Sancho, la Castilla; á Gar-
cía, la Galicia, j i Alfonso, Lbón. Es-
te principe, derrotado por su herma-
no Sancho en las batallas de Llanta-
da j de Qolpejare, tomó el hábito de
monje en Sahagún; se fugó á Toledo,
em cnTo emir trabó íntima amistad;
Tolviólaego áocupar el trono de León ,
siendo también proclamado rej de
Castilla y de Galicia; se apoderó de
numerosas -posesiones musulmanas,
sin contar que, con la rendición de
Toledo, quebrantó en sus cimientos el
poder del islamismo en España. A su
maerte, heredó la corona sn hija
Urraca, la cual casó en 1106 con Don
Alonso, rej de Araf^ón, continuando
el reino de Lióm unido al de Castilla.
Bl segando año de la muerte de Doña
Umcft casó su hijo Don Alfonso con
Doña Berenguela, hija de los condes
de Barcelona; j en 1135, reunidas
OóTtes en hmám, se acordó que Alfon-
so tomara el título de emperador,
siendo coronado en Santa María de
t<BÓN por el arzobispo de Toledo. Este
moTiarca, al distribuir más tarde sus
Sstidos entre sus hijos, señaló á Don
S-iDcho el reino de Castilla y á Don
Fernando el de Lbóh, quedando de
cite modo divididas ammi coronas,
durante 73 afios, al cabo de los cuales
qoedaron nneTamente reunidas, bajo
el cetro de Don Femando, para no
volver i separarse jamás, sonando
desde entonces bajo la corona de Cas-
tilla. Para terminar la interesante
historia de esta ilustre ciudad, que ha
sido la capital del primer reino cris-
tiano V residencia de los rejes de
Lbóh durante tres siglos, citaremos:
su rendición á Enrique II, que la sitió
en 1368; el abatimiento de su antigua
grandeza, desde que dejó da ser el
asiento de sus monarcas; el gran des-
arrollo (jue experimentó después cuan-
do le fue levantada la amortización de
su territorio, y finalmente, su Talero*
so alzamiento durante la guerra de la
Independencia, en la cual demostm-
ron los leoneses el arrojo y civismo de
sos gloriosos antepasados, eomo han
venido acreditándolo iguidmente en
cuantas vicisitudes políticas ha expe-
rimentado la nación.
15. Varonet ilustret. — Entre los mu-
chos hijos eminentes que cuenta esta
ciudad, figuran: el escritor don Die-
go de Santisteban y Ossorio; el obis-
po de Tujr; el poeta don Bernardino
de Eebolledo; el cardenal don Fran-
cisco Antonio de Lorenzana j Butrón
y su hermano don Tomás de Loren-
zana, obispo de Gerona.
16. Seráldiea. — ^Bl escodo dé ar-
mas do nuestra nobilísima exudad os-
tenta un LEÓN rampante coronado.
Lbón. 1. (Antiguo reino y ciudad
de España.) Viene del latín legiOt le-
gionis, la legión, y no de ¿ítf, Uonit,
el león, cual á primera vista pudiera
creerse. La actual Lbón es una ciudad
fundada por los romanos, y poblada
por su Legio Séptima Gemina: estas tres
voces formaban el nombre de la ciu-
dad, mas luego se suprimieron las
dos últimas, v (juedó en Legio, de
cujo ablativo Legxone salieron Legión,
Zetdn, Zetín.—C&d& legién romana se
componía de cuatro, mil á seis mil
hombres, equivaliendo poco más ó
menos á lo que ahora se lUma brigada
de ejército. Guando dos UgiwMi, que
habían sufrido muchas bajas en los
combates, se refundían en una sola,
ésta se llamaba Gemina (doble, geme-
la, melliza); y gemina era la legión
séptima que se estableció en Lbón.
(MONLAU.)
2. Por consiguiente, el nombre de
Lkón era: Legio Séptima Gemina,
Leona. Femenino. La hembra del
león. Q Plural, ffírmaníd. Las calzas, jl
Es UNA LBONA. Expresión familiar de
que nos valemos para dar idea de una
mujer, dotada de brío; pero excesiva-
mente dada á la ira, y para expresar
que una mujer es mu^ trabajadora en
el arreglo de la casa. Así sucede qne,
cuando se habla de una criada muj
dispuesta j muy afanosa en los que-
haceres de sn oficio, se suele decir:
«Fulana ó Zutana bs una leona.»
ETiuoLoaÍA. León: catalán, lleona;
proveuzal, leonesa; francés, lionne,
iionnesie; portugués, leoa; italiano,
Uonessa.
Leonado, da. Adjetivo. B latón. Lo
que es de un color rubio oscuro, se-
mejante al del pelo del leda.
BnicouMifA. Xedn: finncés, /tow.
Leonardo (Aoustín). Pintor espa-
ñol, que nació, según la opinión más
fundada, en Valencia, por los años
de 1590, y murió hacia el de 1640.
Abrazó el estado monástico, profesan-
do en el convento de la Merced de Já-
tiva. Hizo muchas obras para diferen-
tes conventos de su orden, entre las
que merecen citarse las siguientes:
SI Descubrimiento de Nuestra Señora
del Puig, Bl Cerco de Valenciaf La
Rendición de dicha ciudad, y la Éata*
lia del Puig, los cuatro para el con-
vento de Nuestra Señora del Puig, en
el reino de Valencia; Áparicidn lU la
Viraen á ta» Ramón, para el convento
de la Merced calzada de Ifadrid; £1
Milagro d$ los pana jr iot pecet^ para
los mercenarios calzados de Toledo, y
Jesucristo y la Samarüaua, para una
iglesia de Sevilla.
Leonardo. Masculino. Nombre
propio de varón: 8a.n Leonabdo.
Etiiioi.oo{a. Leén y el germánico
kert, fuerza, ánimo, valor: flamenco,
kard; ingl^, keard; catalán, Z/;o-
nard.
Sentido eíimoli^ieo, — Leonabdo síg^
nifíca cánimo ó fuerza de león.»
Leonazo, sa. Masculino y femeni-
no aumentativo de león y leona.
Leoncia. Femenino. La LBmtcu,,
piedra preciosa, llamada así por su
semejanza respecto de la piel del león.
, StiholooU. Griego Xtovtio^ (Uon-
tio$J: latín, Uon&os, (Punid.)
Leoncico, lio, to. Maaciúiño di-
minutivo de león.
ETiuoLoaÍA. León: catalán, Uetmet',
latín, leunculus.
Leoncio. Masculino. Nombre pro-
pio de varón: san Leoncio. | Nombro
de un escultor. (Punió.) Q Un obispo
de Arles. (Sidonio Apounab.) | His-
toria. Nombre del personaje que se
levantó contra el emperador Zenón y
que vistió la púrpura en Antioquía.
|¡ Otros, del mismo nombre. (Jnserip-
ct<mes, AusONio.)
Leonera. Femenino. Bl lunr en
que se tienen encerrados los leones.
11 Metáfora. La casa de juego. \ Fa-
miliar. Aposento habitualmente des-
arreglado que suele haber en las casas
de mucha familia.
EtiuOLoafA. Le<mgroi catalán, lko~
ñera.
Leonero. Masculino. La persona
que cuida de los leones que están en
la leonera. | Metáfora. Tablajkbo ó
OABITBRO.
Etimolooía. León: catalán, lleoner,
«Se llama también el que tiene en su
casa juego de naipes, dadoi^ y otros
prohibidos. Trae esta voz Govarrubias
en sn Tesoro, y dice que en esta
acepción está diminuto, pues se debía
llamar Áleonero, que es ^nero de
suerte.» (Aoadbuia, Dicetonario de
1736.)
Leonés, sa. Adjetivo. El natural
de León y lo perteneciente á este rei-
no ó ciudad. Se uta también eomo
sustautivo.
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376
LEON
iMOLooí*.. £edit: utaUa, ll«o~
né$, a.
I*eoni (León). Arquitecto, platero,
g^bador T escultor italiano, que mu-
rió en 1592. Vivió mucho tiempo en
Milin 7 fué protegido por la &milia
de los Gonzaga, á quienes hizo varias
medallas j una estatua en bronce de
D. Fernando, para la ciudad de Guaa-
talla. Carlos V le llamó á Bruselas 7
después & España, encargándole va-
rías ohras, por la realización de las
cuales le hizo caballero j le concedió
una pensión en Müán, adonde se re-
tiró después de la muerte del empe-
rador, habitando una ca»a magnífica,
que convirtió en un museo de artes j
de antigüedades. Trabajó además al-
gunas obras que Felipe 11 le encargó
con destino al monasterio del Bsco-
rial, y murió cuando se ocupaba en
estos trabajos, que acabó su hijo Pom-
Seyo. Sus obras más notables, además
e lasva citadas, son: estatna de bron-
ce de darhi V eoH el Furor a kspifs,
que existe en el Museo da Uadrid;
Susto del dnaue d« Ál^; $$tiitua del
marqués dd Vasto; sepulcro de Jaeobo
&oniaga, marqués de Marignán, que
se conserva en la catedral de Milán;
estatua de Marco Antonio; busto de Car*
los F; busto de Felipe 11; estatua en
bronce de la emperatrk Isabel; estatua
en mármol de Carlos V; estatua de Fe-
lipe II; estatua de la reina María de
Hungría; medallón con la ejigie de Car'
ios V; medalla con el retrato de Miguel
Angel, j otras que sería prolijo enu-
merar.
Leoni (PoupETo). Bscnltor y gra-
bador italiano, hijo j discípulo del
anterior, qae nació en Milán en !>> Pri-
mera mitad del siglo xrt 7 mnrio en
Madrid en 1610. vino á España con
su padre, 7 cuando éste, después de la
muerte de Carlos V, volvió a su pa-
tria, PoitPBVO se quedó al servicio de
Felipe II. So ocupó en hacer estatuas
V medallas del rey 7 su familia, figu-
ras colosales para un arco de triunfo
2ue se erigió en el Pardo á la llegada
e DoQa Ana de Austria, mujer de
Felipe 11. Bucargado por este moDa^
ca de la ejecución del retablo mayor
del Bscorial, pasó á Miláa á verificar-
lo bftjo la dirección de su padre, em-
pleando cerca de diez años en la obra.
En tiempo de Felipe III, se le encar-
gó el retablo mayor de Atocha, que
no existe. Pasó a Valladolid, Falen-
cia 7 Lerma, en donde ejecutó dife-
rentes obras, 7 murió después dejan-
do un glorioso- recuerdo, tíus princi-
pales obras son: estatua de Felipe III,
jovenjf armado, y dos medallones de Car-
los Y y su esposa, todo de mármol, en
Aranittez; estatuas de bronce dorado del
retablo mayor del Escorial, represen-
tando: los cuatro doctores, los cuatro
evangelistas, Santiago, tan Andr^, la
Virgen, san Juan, san Pedro, san Pablo,
el Saltador y los apóstoles; estatuas del
presbiterio de dicha iglesia, también
en bronce, ma7ores que el natural, 7
que representan: á Carlos V y sues'
posa la emperatris Isabel; la emperatriz
Mariaj las reinas de Francia g de Bun^
LEON
gria; Felipe II y sus esposas Ana, Ma-
ría é Isabel; estatita de Doña Juana,
princesa del Brasil, «n las Descalzas
de Madrid; estatuas de los duques de
Lerma, on Valladolid; cuatro apóstoles,
en la misma ciudad; estatua ad carde-
nal duque de Lerma, en Lerma, 7 otras
machas on diversos puntos de Espa-
ña. Su hijo, Miguel Leoni, le ayudó
en mnchas de estas obras.
Leóníca. Adjetivo. Ranina. 6 sub-
UNGDAL.
Leónidas. Re7 de Esparta, de la
dinastía de los agidas, que sucedió á
Cleomenes en 491 antes de Jesucris-
to, por matrimonio con su hija Gorgo,
7 murió gloriosamente en 480. La
política absorbente y conquistadora
de la Persia, que aspiraba a la domi-
nación universal, habíala llevado &
sojuzgar á casi todos los países del
Asia 7 gran parte del Africa. En
tiempo de Ciro, había llegado á apo-
derarse de las colonias griegas del
Asia menor, 7 en ei reinado da Darío
Histaspes, de la Tracia 7 la Maeedo-
nía. Grecia era un pueblo de corta
extensión territorial 7 además dividi-
do en multitud de pequeños Estados,
no sólo independientes entre sí, sino
también hostiles 7 rivales, lo cual
debilitaba notablemente sus fuerzas.
Persia, que tenía la conciencia de su
poder, no dejaba de contar tampoco
con aquella debilidad. Después de
grandes preparativos, á que le alen-
taba la sublevación de MÜíleto 7 otras
ciudades jonias, envió Darío á su
7erno Uardonio al frente de una ar-
mada 7 un ejército de tierra, mien-
tras sus enviados ncorrfau las ciuda-
des niegas intimándoles la rendi-
ción. Pero el ejército de tierra fné tan
valerosamente rechazado por los tra-
cios, que Mardonio tuvo que volver
al Asia, en tanto que la escuadra era
deshacha por una espantosa borrasca
al doblar el promontorio Athos. tiín
embargo, Darío, lejos de desmayar,
envió un nuevo ejército, mandado por
sus mejores generales, Datis 7 Asta-
fernes, 7 guiado por el traidor Hip-
pias, se apoderó fácilmente de la isla
de Eubea, desembarcando en el con-
tinente, no lejos de Atenas. Los ha-
bitantes de esta ciodad, en vista del
inminente peligro, pidieron auxilio á
Esparta, que se lo negó, bajo oí pre-
texto do que su religión Ies vedaba
salir á pelear aotes del plenilunio.
Las demás ciudades so intimidaron,
7 sólo Platea mandó un contingente
de 1.000 combatientes, los cuales se
unieron d los 10.000 do ^ue Atenas
disponía, y ^ue, puestos a las órde-
nes de Milciades, salieron en busca
de los persas. El ejército de éste era |
diez veces ma^or que el SU70. Sin I
embargo, las llanuras de Maratón fue- 1
ron teatro de una de las más glorio- j
sas TÍclorias para los griegos, que j
consiguieron la completa derrota del |
invasor; pero Darío, irritado por el ,
desastro de Maratón, disponía nuevas
tropas cuando le sorprendió la muer-
te. Su hijo 7 sucesor, Jerjes, fué el 1
heredero de su pensamiento. Sin tre- [
LEON
gua, continuó los preparativos ocmiea-
zades por su p^re, y desptiu de
aliarse con los cartagineses, que le
ofrecieron sus naves, levantó uno ¿a
los ejércitos más poderosos de que
hace mención la historia. Cínoaento
y seis pueblos diversos eoncurrieron á
él. Indios, vestidos de algodón; etfo-
pes, cubiertos de pieles; baluseos ne-
fros de la Gedrosia; tribus nónuuias
e la Mongolia 7 de la Bucaría; ca-
zadores salvajes, cómelos sagartia-
nos, armados sólo de lazos de cuero;
medos y bactrianos de ostentosos tra-
jes; lidios, con sus carros de cuatro
caballos; árabes, cabalgando en ca-
mellos; marineros fenicios, griegos
asiáticos y una turba de vagabundos,
mujeres y eunucos, que hacían subir
aquella masa & unos 5.000.000, le
daban un ejército hábil para la lucha
de 1.700.000 infantes y 4.000 caba-
llos. Al pasar revista á aquella pode-
rosa hueste, Jerjes no había podido
menos de preguntarse: «¿Osarán loi
griegos oponerse al paso da tantos
guarreros?» Pero apenas formulada la
pregunta, él mismo se dió la respMS-
ta: «Ciertamente, lo harán. Los lace-
demonios son libres, pero obedientes
á la ley, 7 la su7a los manda vencer
ó morir.» Y con efecto, mientras él
pasaba á Europa, por un puente d«
barcas colocado sobre el Helesponto,
atravesaba la Tracia, laMaeedonia,
a Tesalia 7 la Beocia, los Estados
gñegta, unidos por el paUgro, con-
vinieron en que el re7 de Esparta,
Leónidas, saliera al encuentro del
ejército invasor. Knbe la Tesalia t la
Lóerida se estndia ana garganta lla-
mada las Templas, rodeada por un
lado da horrenaos precipicios y do
los despeñaderos del monte (£ta: al
Levanta, de cenagosas lagunas, 7 tan
estrecha en ciertos puntos, que no po-
dían pasar por «lia dos carros d^
frente. Su exclusiva defensa era una
muralla que los fociansos habían fa-
bricado allí para contener las corre-
rías de los tesalíos. La empresa, no
sólo «a peligrosa, sino temeraria.
Leónidas y sus lacedemonios lo com-
prendían así; de tal modo que, antas
de dejar su patria, celebraron . sus
propios funerales con suntuosos ban-
quetes y solemnes juegos. Al final de
ellos, la mujer de Leónidas piegantó
al valeroso caudillo: «¿Qué encargo
me dejas?» — «El de casatte con ua
valiente digno de mí, 7 que te higa
madre de hijos dignos de ambos,»
contostó lacónicamente. En tanto,
Jerjes, que en doce meses de ca-
mino no había visto un solo enemigo,
cuando supo que los espartanos le
esparaban, envió mensajeros para in-
timarles á que depusieran las ar-
mas. —«Ven a tomarlas,» — le contestó
Leónidas. Sin embar^, creyendo
Jerjes que a(^uel arrojo cedería al
íin, les concedió una tregua de cua-
tro días^ Al quinto, uno da los
centinelas avanzados de! ejército la-
cademonio fué á decir i su gene-
ral: «Ya tenemos á los persas en-
cima.»— «Antes bien» contestó IdKh*
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LEON
LEON
LEON 577
Jiu^AS, los tenemos debajo.» Y como
quiera que vieron que daba las órdO'
nes para resistir, algilno hubo de ob-
|etarle: «Ve que son tantos los ene-
Dtigos» que si todos disparan á un
tiempo sus fieehas, formaran una nube
qae osearecerá el sol.» — cMejor; así
pelearemos á la sombra» — respondió,
según unos historiadores, el mismo
Lb(Widas, T según otros, su general
Diócenes. Pocos momentos después,
la lucha estaba empeñada. Los persas
en algunos días no pudieron adelan-
tar un solo paso. Los lacedemoníos,
alentados por a^oella resistencia que,
dada su inferiondad namérica, era ya
ana verdadera victoria, esperaban ver
huir muj pronto al enemigo. Pero
contaban solo con sn valor, y la trai-
ción vino á disipar sus esperanzas.
Un traidor, un griego, llamado EfíaU
tes, desertó de su campo, llegó i la
tienda de Jeijes j le ofreció mostrarle
un paso por el cual le sería fácil con-
seguir la victoria. Jerjes la tomó por
guía, j poco después los persas uiare-
cieron á espaldas de los griegos. Leo-
NiDAS comprendió entonces que había
llegado el momento de morir. Licenció
á todos los aliados v sólo con írescitit-
ios espartanos se dispuso á cumplir
con el deber que le imponían las lejres
de sa patria. Hecho esto, convocó en
un banqoete á todos los sujos. — «Esta
noche os convido á cenar con Pintón,»
exclamó apurando su copa; y dejando
la mesa del festín y amparado por las
sombras, lle^ á la tienda de Jerjes,
que ésta había abandonado ja, J el j
los SUJOS hicieron tal carnicería en
los enemigos, que no parecía sino
que, habiéndose propuesto acabar con
todos ellos, esperaban como término
la victoria, en vez de la muerte. Por
fin, vendidos por los tebanos j descu-
biertos por el día, sucumbieron. To-
dos quedaron sobre el campo; uno
solo sobrevivió ^ara llevar la triste
noeva á su patria. Bn el mismo sitio
donde fueron voluntariamente inmo-
lados aquellos héroes, se levantó des*
pués, para inmortalizar su memoria,
un monumento con esta inscripción
del poeta Simónides: < Viajero, te á
decir á Esparta que hemos muerto aquí
por ohedecer s%s santas leyes. > Cuando
Lacedemonia recibió la nueva, sólo
dijo, por boca de sus magistrados:
«Mis hijos han cumplido con su de-
ber.» Forzado el paso de las Termó-
pilas, penetraron los vencedores en el
corazón de la Grecia, sometiendo la
Beoeia y el Atica. Pero bien pronto
aquellas glorias se desvanecieron. Los
triunfos navales de Salamina y Mjka*
la, al par que la batalla de Platea,
hicieron huir á Jerjes, perdida la es-
peranza de someter & los griegos. Tal
fué el fin de las famosas guerras mé-
dicas. El desastre de las Termopilas
vino á ser el prólogo que dtó por re-
saltado la más imperecedera de las
victorias. La sangre de Leónidas y de
SDS trescientos lacedemonios no había
sido estéril. ¡Nunca lo es la sangre de
los pueblos libres!
BiuiOLoaia. Latín LcHUm, Bejr de
los espartanos, muerto heroieatnente
en el desfiladero de las Termópilas,
en donde se salvaron las libertades
griegas.
Leónides. Masculino, Historia a»-
tigna. Un ajo de Alejandro el Gran-
de. (pLiNio.) II Un discípulo de Pla-
tón, jefe de los conjurados contra
Clearco. (Justino.) 1| Un oficial lace-
demonio en el ejército de Perseo.
(TiToLivio.) g Un gobernador de Ate-
nas, contemporáneo de Cicerón. (Ci-
CBRÓK.) I Un general de Probo. (Vo-
pisco.)
Etiuolooía. Latín Leónides.
Leonino, na. Adjetivo. Lo^ que es
propio del león o pertenece á él. || De-
recho romano. Se aplica á las compa-
ñías j contratos en que se pacta toda
la ganancia para un socio, y toda la
pérdida para otro, ó aquellos en que
se pacta para un socio parte en la ga-
nancia y ninguna en la pérdida, j al
contrario. [| Se dice do cierta especie
de versos latinos usados en la Edad
media, cu^as últimas sílabas tienen
consonancia con las del hemistiquio.
I Femenino. Cierta especie ó grado
de lepra.
EtiuolooU. Leán: latín, ^ontftus;
catalán, lUoni, ho.
Reseña,^!* ¿/Mft-ato leonino. Es el
LBomNA iocieías de los romanos: «so-
ciedad en que un individuo se adju-
dica todaslas ganancias.» (Juriscon^
sulto Ulpiano.)
2. Llamóse LBONiNO, aludiendo á lo
que hizo el león de la fóbula en el re-
parto de la caza.
3. Verso leonino. Zeontni versus,
versos leoninos, cujas sílabas finales
están en consonancia con la última
de cada hemistiquio, como es el sí-
luiente;
*<tiiereba>U ruvos per newms omne favos.»
(Ovidio.)
4. Los versos leoninos se estilaron
mucho después de la Edad media. Son
bellísimos los de don Leandro Fer-
nández Moratín:
¡Oh on&nto padse» d« afanei otroada,
merocd anfcaflo da fiar o etupUgo,
an largo coMUgo Im prole da Adán!
[Ohl vaalva A nosotros la Ins desead»,
y dé sas promesas el cfalo cumplida*,
que ya rfpatida» en sombras están.
5. Loa versos leoninos pueden ser
hexámetros ó pentámetros.
Leonizar. Neutro. Andar en agios
ó en contratos leoninos. (Caballero.)
Leonor de Aragón. Reina de Na-
varra, hija de Don Juan II, rej de
Aragón, j de Blanca de Navarra. Casó
en 1436 con Gastón IV, conde de FoÍx.
A instigación de éste, Don Juan II
desheredó, en 1455, á su hno Carlos,
príncipe de Viana, y i Blanca de
BvreuZf su hija, major que Leonor,
j llamó á ésta al trono. Cfarlosj Blan-
ca reclamaron, con razones, primero,
j con las armas, después, la herencia
de su madre; pero Don Juan, ajuda-
do de su jerno, los venció. Haj quien
supone que el desdichado Carlos mu-
rió envenenado por orden de su mis-
mo padre, j Blanca, entregada á Leo-
nor, fué encerrada en el castillo de
Orthez, donde murió poco después.
Lbonok tté proclamada reina' i U
muerte de su padre; pero gozó poco
de su criminal triunfo, pues murió al
mes de su coronación.
Leonor de Aragón. Heina de Cas-
tilla, hija de Pedro IT de Aragón j
de Leonor de Sicilia, que nació en
135S j murió en 1382. Se casó con el
rej de Castilla Don Juan I, en 1375,
cuando éste no había subido adn al
trono, siendo coronados ambos en
Burdos en Í379. Fué madre de Enri-
que III, de Fernando de Aragón j de
Leonor, cu jo nacimiento costó la vida
á su madre en Cuéllar, & la edad de
24 años. Se hizo célebre por su casti-
dad y singulares virtudes; especial-
mente, por sus machas obras pia-
dosas.
Leonor de Aragón. Reina de Por-
tugal, que murió en 1445. Era hija
de Fernando el Jvsto, rej de Aragón,
T de Leonor Alburquerque. Cadó en
1428 con Eduardo, infante de Portu-
gal, que subió al trono en 1433 y
murió en 1438, dejando á Leonor por
tutora del rej Alfonso V, llamado ^
Africano, y regente del reino. Despo-
jada de este cargo, que se confirió al
infante Don Pedro, vino á Castilla
con el prior de Crato, j pidió á Don
Juan II que declarase la guerra á Por^
tugal; pero éste no siguió el Oonsqo,
j mientras tanto murió Lbonqb de re-
pente en Toledo, acusando la voz pú-
blica al condestable don Alvaro de
Luna de haber contribuido á aquella
muerte.
Leonor de Austria. Reina de Por-
tugal, j después, de Francia, hija de
Felipe el Hermoso y de Juana la Loca,
y hermana de Carlos V, ^ue nació en
Lovaina en 1498 j murió en 1558.
Fué educada en la corte de su herma-
no, que la casó, en 1519, con el rej
Don Manuel de Portugal, llamado el
Orando y el Afortunado. Habiendo en-
viudado en 1521, casó de s^undas
nupcias con Francisco I de ^aneía,
siendo este casamiento la primera
cláusula del tratado de Cambraj de
1526, denominado Pa$ de las Damas.
Empleó su influencia en mantener la
paz entre su marido j su hermano;
pero las infidelidades j galanteos del
primero la hicieron vivir retirada, en-
tregándose exclusivamente á ejerci-
cios de piedad. Volvió á enviudar en
1547 j entonces regresó á España,
acabando sus días en Talavera de la
Reina y siendo sepultada en «1 Bseo-
rial.
Leonor de Castilla. Reina de
Aragón, hija de Alfonso VIII de Cas-
tilla j de Leonor de Inglaterra, j
hermana de la reina Berenguela. Caso
en 1221 con Jaime I de Aragón, ma^
trimonio que se anuló en 12^ por un
Concilio reunido en Tarragona, á can*
sa de haberse descubierto el parentes-
co anterior de ambos cónjuges, de-
clarando, Bo obstante, heredero legí-
timo al infante Don Alfonso, coma
nacido de una unión coiatiaída de
buena fe; pero esta deoUcRCión fué
inútil, porque el príncipe murió an-
tes que su padre. Lbomor salió oon aa
TOMO lU ^
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878
LEON
hijo de ktngón, le trasladé á Cattílla
al lado da su hermana Barenguela» j
despaéf ae eneerró en el moaaaterio
de fas Huelgas dsBu^OB, donde ma-
nó en 1244.
Leonor de Castilla. Reina de Na-
Tarra, bija de Enrique II de Trasta-
mara 7 de Juana Manuel. Se casó en
Soria, en 1375, con Carlos II el NobU,
rej de Navarra, como vínculo de amis-
tad entre ambas coronas. En 1383 se
volvió i Castilla, porque la desagra-
daba la modesta corte de Navarra, al
paso que en Castilla se veía rodeada
aa magnificencia 7 de lujo. Pero co-
mo Ennqae III el Doliente» viéndose
obligado á hacer grandes economías,
suprimiera entre otras pensiones la
de su tia, ésta le suscitó algunas re-
beliones, hasta que él la sitió en Roa,
se apoderó de ella 7 la condujo hasta
la frontera de Navarra. Carlos III, su
marido, la recibió con amabilidad, ol-
vidando sus faltas; allí vivió todavía
veinte años 7 murió en 1416, siendo
enterrada en Santa María la Real, al
lado de su marido.
Leonor de GuEmán. Querida del
re7 Alfonso XI de Castilla, que nació
por loa años de 1310 7 murió en 1350.
C^ó, siendo mu7 joven, con un
caballero llamado Juan de Yelasco,
7 habiendo quedado viuda al poco
tiempo I contrajo relaciones con el
re7, que se prendó de su extraordi-
naria nermosura. Adquirió un ascen-
diente grandísimo sobre «1, en térmi-
nos que la reina María de Portugal
vivía casi olvidada en la corte. Tuvo
del re7 i Enrique de Trastamara,
que luego reinó con el nombre de En-
rique 11, Tello, Pedro, Juan, Sancho
7 Juana. Apenas muríÓ Alfonso XI,
pensó la reina sn vengarse de lo que
había sufrido por espacio de veinte
aflos. Leonor rae presa en Sevilla en
el mismo palacio, 7 á pesar de los es-
fuerzos de sus hijos, que querían de-
fenderla, Don Pedro el Cruel mandó
que la encerraran en el alcázar de
Talavera. Poco despaés, sc^ún algu-
noa biógrafos, LsoNon sufrió la muer-
te en garrote, á la vista da la reina 7
de BU hijo Don Pedro. Una crónica
de aquel reinado dice: «que él fué
^uieo dió muerte por su propia mano
a la rival de su madre, > contriba7en-
do esta venganza á las guerras civiles
que desolaron á Castilla.
Leonor de Iiu^laterra, Reina de
Castilla, hija de Enrique II de Ingla-
terra V de Leonor de Quiena. Casó
en 1170 con Alfonso VIH de Castilla;
fué madre de Berenguela U Grande 7
de Blanca de Castilla, reina de Fran-
cia. Muerto Alfonso en 121^ Leonor,
qua siempre le había amado entrafia-
blemsnte, se sintió poseída de un do-
lor tan intenso, que espiró & los vein-
tiséis días, siendo sepultada con sn
marido en el suntuoso monasterio de
las Huelgas de Burgos, que jautos
habían fundado.
Leonor de Portugal. Reina de
Aragón, hija de Alfonso IV, llamado
el Bravo, rej de Portugal, 7 de Bea-
triz da Castilla. 6» casó en Barcalo-
LEON
na, el afio da 1347, con Pedro IV de
Aragón, 7 marió en Jéríea al afio si-
guiente.
Leonor de Portugal. Emperatriz
de Alemania, que nació en 1434 7
murió en 1467. Era la ma7or de las
hijas de Eduardo, re7 de Portugal, 7
de Leonor de Aragón* Casó en 1452
con Federico III, duque de Austria,
7 después emperador, de cnvo matri-
monio tuvo á Maximiliano I, que su-
cedió á su padre, 7 áCunegunda, que
casó en 1^ con Alberto II, duque
de Baviera. Fué enterrada en Neus-
tadt, en la abadía de la Trinidad, que
había fundado.
Leonpétalo. Masculino. Lbonto-
PÍTALO.
Leonpetaloide. Adjetivo. Historia
«fara^ Parecido al leonpétalo.
Leontiasis. Femenino. Medicina.
Especie de lepra que comunica i la
fisonomía nn aspecto feroz.
Etiholcoía. Griego XsovtCaffw; (leon-
tiasis); de león, león, por el aspecto
que el enfermo presenta: francés, Uon-
tiasis.
Jieseña. — La leontiasis no es otra
cosa que la elefantiasis tuberculosa de
la cara.
Leóntícae. Femenino plural. Mi-
tologia persiana. Fiesta en honor de
Mitras, dios de los persas, por el cual
tenían al Sol 7 era adorado en una
cueva bajo la forma de león. (Val-
buena.)
Etimología. Latín leonHca» (Ins-
cripciones.)
Leontini. Masculino. Geografía.
Nombre de una ciudad de Sii»Iia.
(Cicerón.)
Etiuolooía. Latín Leontiim,
Leontino, na. Sustantivo j adje-
tivo. El natural 7 lo perteneciente i
Leontini, ciudad de Sicilia.
BTiifOLoaÍA. Latín leonñni, (Pu-
nió.)
Leontáfonos. Masculino. Animal
peque&o, que sólo nace donde el león,
al cual mata si gusta sus carnes, que
la son venenosas. (Plinio.)
Etiuolooía* Griego XiovxoipávtK
(leontopkónos); de líwv^i^s^, 7 «pivo^
(phónos), muerte: latín, leontdphonos.
Leontómigo. Masculino, Zo<}lo~
fia. Mamífero procedente de perra 7
león.
Leontopétalo. Masculino. Botáni-
ca. Planta de los climas cálidos, de
raíz tuberosa, negra 7 amarga, que
se cree eGcaz contra la picadura délos
escorpiones. (Landais.) || Rape7o, es-
peás de col, cuva raíz, bebida en vi-
no, es medicinal contra las serpien-
tes. (Plinio.)
EtiHOLoaÍA. Griego Xsovtoit^Tx^ov
(leontopétalon); de iéon, 7 pétalon: Xz-
tin,UmitSpetalon;(nacéaJeontop¿taloH.
Leontopodo, da. Adjetivo. Zcolo-
gia. Que tiene pitas semejantes á las
del león.
Etiuolooía. C riego léon, león, 7
podds, genitivo áv poUx, pie.
Leonura. Femiíiiino. Botánica. Ks-
f»ecie de ¡llanta parecida á la cola del
eón. i| Género de la familia de las
; labiadas.
LEOP
BviuoLoafA. Griego téH 7 Hn,
eola.
Leopnrdi (Gi&couo Ó Jacobo, con-
de de)t Célebre poeta 7 polígrafo iti-
liano, que nació en Recanati (Marca
de Ancona) en 1798 7 murió en Né-
polas en 1837. Era hijo del conde Mo-
naldo Leopardi, noble de vasta ins-
trucción, pero de ideas estrechas j
despóticas. Se vid precisado & com-
pletar por si mismo su educación,
devorando todos loa libros de la bi-
blioteca de su casa. Apenas adolss-
oente, poseía, ademia del italiano jr
del latín, el griego, el hebreo, al fran-
cés, el castellano 7 el inglés. A la
edad de 16 años acabó la tradneeiéa
latina, enriquecida de doctísimas no-
tas, de la Vida de Platino, de Porphi-
ro, habiendo escrito antes una Histo-
ria de la asíronomia, para la que se
valió de manuscritos Riegos inéditos
ú olvidados ; 7 sobre todo, de frag-
mentos de los cincuenta 7 cin«i pa-
dres de la Iglesia. El joven erudito
tradujo en seguida la Batrackomyoma-
chia de Homero, en sextetos italianos;
la ma7or parte de los cantos de la
Odisea y de la BnHda; la TitanoiMxkia
de Hesiodo 7 un considerable náme-
ro de poesías sueltas de autores anti-
guos. Dn Comentario al Petrarca v so
Bnsayo sobre los errores po¡nU»iK$ tu lot
antignosp dieron testimonio de una
profundidad de juicio 7 de nn talento
de observación, que hubieran bastado
6 conquistarle un nombre ilustre, si
todas estas obras no hubieran queda-
do oscurecidas por la publicación de
sus Camoni, insertas en el Stpectaior
de Milán (1818-1820), que le coloca-
ron en primera línea entre los poetas
italianos, hasta el punto de haber
3uien le supone el primero, después
el Dante. Su soneto Á Italia j sos
odas Al monumento del Dante en Fh-
renda 7 al Descubrimiento de la Refi-
j blica ae Gicerén, produjeron una im-
presión tan honda, que sn renombre
cundió por todas partes, siendo obje-
to de las más calurosas felicitsciones.
Leopardi estaba desde hacía la^os
años en correspondencia con sabios
de tanta importancia como Giordani,
Niebufar, Akerblad 7 Boissonade, que
adivinaron en él un filólogo emioeate
7 un gran poeta. A los 19 años era
miembro de la Academia de Ciencias
de Viterbo (1817); pero la fatiga del
trabajo 7 el hastío que engendra el
aislamiento, empezaba i dejarse sen-
tir. Conocido en Alemania, admirado
en Italia, fué á Roma en 1822. donde
Niebuhr, entonces ministro de Prn-
sta, le ofreció en la universidad de
Berlín una cátedra de filología griegt.
que el joven rehusó. Estaba ya ataca-
do de la tisis, que debía llevarle al
sepulcro. Doliente, pobre 7 entrega-
do i áridas tarea», se dejó en má*
una ocasión arrastrar por una melan-
colía que degeneraba en amor n i>
muerte. Después de numerosas pere-
grinaciones á Milán, Bolonia j Pm,
acabó por establecerse en Florenewi
donde ilustres 7 generosos amigos
atendieron á sus necesidades 7 w'^'
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LEOV
LEPA
LEPI 379
tarcm bs «ngustias de U sxiaeria. Bn
este momento de calma j de ventura,
esenbió sus Paralipámtnos á la Boira-
cAomgom»chia y publicó, merced á una
suscripción que se abrió al efecto, una
QueTa colección de Caneionés (1831),
que dedicó á sus amigos de Toscana.
Éa aquel mismo año, Ranierí le llevó
a Ñapóles^ donde el poeta pasó los sie-
te últimos años de su vida, siendo ob-
jeto de los más cariñosos cuidados por
parte de Ranierí jr su hermana. Por
fin, el 14 de Junio de 1837, cuando
apenaa había cumplido 35 años, el
^lan escritor lanzó su último suspiro.
Seseña, — 1. Algunos trabajos filo*
lógieos de Iibopabdi fueron coleccio-
DMOS en Alemania antes que en Ita-
lia; pero las obras completas vieron la
las pública en Florencia (1854), da-
das á la estampa por aa excelente
amigo A. Ranieri.
2. Los restos de Leofabdi fueron
sepultados en la pequeña iglesia de
las afueras de 3an Vitali, admirándo-
se en su sepulcro un epitafio de Gíor-
dani igualmente digno de ambos.
3. Fué colaborador del Espectador
de Milán, de las Efeméridei de Roma
7 de la Antología de Florencia.
Let^atrdmo, na. Adjetivo. Zoolo-
ffia. Concemiento ó parecido al leo-
pardo.
Btucolooía.. Leopardo: latín, leSpar-
Leopardo. Hasoulino. Zoología.
Cuadrúpedo indígena del Africa j del
Asia, 'nene el cuerpo de color rojizo
con manchas negras j redondas, la
cabeza semejante á la del gato, j los
dientes T las uñas sumamente fuertes.
Es cruel 7 sanguinario.
BnuOLOOÍA.. Griego XsoirápSaXo^ ( leo-
párdalotj: latín, l^ardus; italiano,
leopardo; francés, Uopard; provenzal,
leopartt leupart, Uupart, lupart; ca-
teun, lUopardo.
Sentido etimoÍ^ieo,'-E\ griego Xeo-
KÍpSaXoc se compone de mw (l¿dn),
j icá^akai (párdalot), pantera. Por
consiguiente, significa: ledñ*pantera.
LeoDoldo (OBDBH db). Éutoria.
1. Orden creada en Austria por el
emperador Francisco I, en 1808, en
memoria de su padre Leopoldo II,
para recompensar el mérito civil y
militar. La cruz es de ocho puntas, j
el escudo del centro tiene las le-
tras F. I. A, (FraAciscvs imperator
ÁMttria), con las palabras Integrilaii
tt Mérito; y en el reverso, esta divisa
de Leopoldo: Optt regum, corda subdi-
íamm.
I 2. Orden de Bélgica, instituida por
el rej Leopoldo I, en 1832. La cruz
está adornada con una guirnalda de
laurel, y encima^ teniendo en el cen-
tro la cifra del toy, por un lado; y
por el otro> el león belga, con esta
divisa : L'imion fait la forcé,
I«eoTÍgÍldo. Rey godo de Espafia,
que ocupó el trono desde 5G9 á 58(j.
Reino al principio asociado á su her-
mano Líuva, que se encargó del go-
bierno de las provincias de la Galia,
enea^ndole las de Espafia. Tomó al
impeno romano de Bizancio las ciu-
dades de H&laga, Mediáa-Kdonia y
otras; redujo á Córdoba, que se había
rebelado; quedó dueño de todo el rei-
no á la muerte de Liuva, acaecida
en 572; sostuvo guerras contra los
cántabros y los suevos de Galicia;
fundó á Vitoiia y también otra ciu-
dad, llamada Recápolie, en memoria
de sil hijo Recaredo. Para asegurar su
poder, asoció al trono á sus dos hijos
Recaredo y Hermenegildo, estable-
ciendo al primero en Setífpolis y al
secundo, en Hispali». Habiéndose ca-
sado éste con Ingunda, princesa cató-
lica, no tardd en abrazar fervorosa-
mente esta religión, lo cual apenas
supo LsOTiaiLDO, marchó con un ejér-
cito contra su hijo, y le sitió en Se-
villa por espacio de dos años, hasta
que, huyendo Hermenegildo á Córdo-
ba, se rindió lue^ á su padre, quien
al principio le hizo encerrar en una
prisión de Sevilla, creyendo ablan-
darle, y viendo que esto no se conse-
guía, le mandó decapitar. Habiendo
invadido su reino los franceses, envió
contra ellos á Recaredo, que no sólo
los expulsó de ^us Estados, sino que,
Senetrando en la Galia, se apoderó
e muchas ciudades, taló varias co-
marcas y volvió victorioso á Bs{)aña.
Lbovioildo, cada Tez más irritado
contra los catolice», á «quienes atri-
buía todas sos des^raciaSf empezó á
perseguirlos encarnizadamento; des-
terró a los obispos san Leandro y san
Fulgencio, al abad de Baldara y á
Liciiiiano, obispo de Cartagena, des-
truyendo ademas muchos templos y
apoderándose de sus riquezas. El úl-
timo acto importante de su reinado
fué la conquista definitiva del reino
de los suevos de Galicia, llevada á
cabo por Recaredo, que se convirtió
al catolicismo y elevó la monarquía
española al mayor ^rado de esplen-
dor. LsoviaiLDO fue el primer rey de
su raza que usó las insignias reales
de manto, cetro y corona. (Sala.)
Lepadiano, na. Adjetivo. Hieto-
ria natural. Parecida al lepas.
Lepadogástero, ra. Adjetivo. Ic-
tiología, Calificación de los pescados,
cuyas aletas pectorales reunidas for-
man bajo la g&rganta una especie de
escama.
ETiiíOLoaÍA. Lepa* y aatíro.
Lépalo. Masculino. Botiínica. Nom-
bre de ciertas escamiUas que se obser-
van en la base de los órganos machos
de algunas plantas.
Etimología. Griego XsTtt< (UpU),
escama: francés, Upale.
Reseña. — El lépalo es la reunión
de las piezas que forman el verticilo
del disco, cuando éste se eleva en ex-
pansiones petaloides ó glandnlarias.
Lepanto. Masculino. Ge<^rafia
antigua. Ciudad de Etolia (Grecia),
célebre por el golfo que lleva su nom-
bre, donde tuvo lugar la batalla en
que se salvaron, bajo las gloriosas
banderas de España, la Cruz y la
Europa.
ETluOLOaÍA. Griego Namc^tro^
(Naupáktos); latín, Naupactos.
Lepar. Activo. Germaaia. Pelar.
EniKOAofA. MeUiesU de pelar.
Lepas. Masculino. Sistoria nalw
ral. Especie de concha univalva, lla-
mada también patela.
Etimología. Griego Xenáí { lepas
concha y roca pelada, porque el lipas
se pega á las rocas: francés, lépat.
Lepeqninia. Femenino. Botánica,
Género de plantas labiadas con flores
amarillas.
Etimología. Lepicano.
Leperada. Femenino americano.
Acción villana, impropia de un hom-
bre regular y decanto.
Leperaje. Masculino americano.
Reunión de léperos ó canalla.
Lépero. Activo. Provincial de Mé-
jico. La gente más baja de la plebe
de aquella ciudad.
Leperusa. Femenino americano.
Pblandusca.
Lepiceno. Masculino. Boíinica. El
par exterior de las escamas que rodean
cada subdivisión de una espiga com-
puesta, en las gramíneas.
Etimolooía. Griego Xexíf (lepis),
escama, y wt^(koings), común: fran-
cés, l^icHe.
Lepidineo, nea. Adjetivo. Botá'
nica. Parecido al lepidio,
Lepidina. Femenino. Qw^niea.
Substaucia extraída del lbpidiuh ibe -
ris, de Linneo.
ETiMOLoaÍA. Lepidio: francés, l^i-
dine.
Lepidio. Masculino. Botánica.
Planto perenne de hojas anchas, al-
ternas, con dientes como de sierra por
todos sus bordes, y flores menudas y
blandas de figura de cruz. Es medici-
nal, muy picanto y antiescorbútica.
BtimolooCa. Griego XimStov (lepi'
dionj, de lepís, escama: latín, iMdíunif
el mastuerzo silvestre; francés, ¿4*^
dier.
Reseña. — Género de cruciferas, com-
prensivo del LBPIDIUH ja^tMHH» de Lin-
neo; del LBPEDiuM latifolium; del lbpi-
diuh gramiiMfolium; del lbpidiuh ru~
derale; del lbpidiuh didgnuM.
Lépido, da. Adjetivo anticuado.
Gracioso, lindo.
Etiholooía. Latín ¡¿pid%$¡ áe Íl^,
donaire.
Lépido. Prefijo técnico; del griego
XemS¿í (lepidós)t ^nítívo de Xeitíí (le-
pís), escama: latín, l^pisy lepldis.
Lépido (Marco Emiuo). Triunviro
romano, que murió el año 13 autos de
Jesucristo. Siendo pretor el año 49,
se adhirió á la causa de César; reunió
los comicios, que nombraron á ésto
dictodor, y al año sigaiento obtuvo
el gobierno de la España citerior con
el título de procónsul; más adelante
le nombró Cesar general de la caba-
llería, y dos veces, su colega en el
consulado. Después de la muerte del
dictodor, entró en conciertos con el
Senada y recibió el título de pontífi-
ce; pero posteriormente se unió á
Marco Antonioi jefe del- partido cesa-
rino, y á OcUvio, que mandaba las
tropas del Senado, pero que abando-
nó su causa viéndola perdida. Cons-
tituido el triunvirato, se repartieron
Iw provincias, tocando i LáHDO la
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380
LEPI
Bapafia j \é Galia Narbotaense, con el
cargo de gobernar la Italia en cali-
dad de cónsul, mientras que sus co-
legas iban á Oriente á combatir con-
tra Bruto y Casio. Al volver aquéllos,
vencedores de Filipoa, le despojaron
de sos provincias con pretexto de que
había sostenido relaciones con Sexto
Pompejro, j poco después le conce-
dieron como indemnización el Africa.
AUí permaneció cuatro años, j ha-
biéndole pedido Octavio, auxilio con-
tra Sexto PompejOf obedeció; pero
cansado de su papel subalterno, em-
prendió la guerra por su cuenta; se
apoderó de Mesina j otras plazas;
reunió un ejército de 20 legiones y
pidió la Sicilia j una parte igual .á la
de sus colegas en el poder. Octavio se
Sresentó atrevidamente á sus solda-
os, les dirigió la palabra, conjurán-
doles en nombre de la patria á no em-
peñarse en una guerra civil, y consi-
guió arrastrarlos consigo, obligando
a LéPiDO á abarse ¿ sus pies. En se-
guida le despojó del cargo de triunvi-
ro y de la provincia de Africa, deján-
doíe únicamente la dignidad de pon-
tífice, con la que vivió oscuramente el
resto de sus cuas. (Sala.)
Leipidocarpo. Masculino. Botáni-
ca. Pbotba.
ExuiOLoaÍA. Lepiáo j htrpdt, fruto:
francés, lépidocarpe.
LepidócerOf ra. Adjetivo. Zoólo-
gia. Que tiene las antenas erizadas de
pelítos escamíformes.
Btuíolooí A. Lepido y kéras, cuerno:
francés, lépidocire.
LepidoCUeo, lea. Adjetivo. Botá-
nica, Análogo al lepidófílo.
' Lepídófilo, la. Adjetivo. Botánica.
Que tiene hojas á modo de escamas. Q
Masculino. Género de plantas sinan-
téreas.
• BTiiiOLoaÍA.¿«/i¿e7pAy¿^hoja:
Lepidóflto. Masculino. Botánica.
Nombre de las plantas, cujo fruto
cónico está formado de escamas eoní-
feras.
EtuiolooU. Lepiio.y fhifion, plan-
ta: XcntSóc fúBov.
Lepidoide. Adjetivo. BUtoria na-
tural. GSCAUOSO.
Etiuoloqía. Zepiáo y ñdoj, forma:
Lepidolario, ria. Adjetivo. Mistó-
fia natural. Cubierto ó guarnecido de
escamas.
BtucolooÍa. Latido.
Lepidólito. Masculino. Jliineralo-
ffia. Substancia compuesta de una infi*
nidad de laminillas que brillan como
la plata sobre fondo Ula, y pasan de-
f enerando insensiblemente, á un color
lanco verdoso ó al blanco nacarado.
EnuoLOOÍA. Lepido y Hthos, pie-
dra: francés, lépidolithe,
Lepxdopo. Masculino. Ictiología,
Género de pescados óseos.
ETiuoLoaÍA. Lepido y poüi, pie:
Lepidópomos. Masculino plural.
/«¿ioM^ío. f amilim de pescados óseos
«bdomiaalei, que tienen opérculós
•seanuwos j boea desdentada.
LEPO
ErnibtAafa. Zepido j p8m («ütui)r
opérenlo.
Lepidóptero, ra. Adjetivo. Soolo-
gla. Que tiene las alas cubiertas de
una especie de polvillo. Se nsa eomo
sustantivo por mariposa.
Btiuoloqía. Lepxio y pttrdn, ala:
francés, lepidopOre,
Lepidwtendogia. F e m e n in o .
Zoología, Tratado sobre los lepidópte-
ros.
En>KX.oaÍA. Lqpiiépten j U^o*,
tratado.
Lepidopterológico, oa. Adjetivo.
Concerniente á la lepidopterología.
Lepidopterólogo. Masculino. Na-
turalista dedicado á la lepidoptero-
logía.
Lepidosarcoma. Masculino. Me-
dicina, Tumor carnoso y cubierto de
escamas que suele formarse en la
boca.
ETiuoLoaÍA. Zepido y $ariomat tu-
mor carnoso: francés, l^ido-sarcome.
Lepidósomo, ma. Adjetivo. ^00-
logia. Que tiene el enerpo cubierto de
escamas.
ETucoLOaÍA, Lepido y toma, cuerpo:
Lepidoto, ta. Adjetivo. Lbpit>ola-
ESO.
Lepiróflto. LspiDÓpiTO. La forma
lepirófito, que aparece en algunos
Diccionarios, es barbara.
Lepis. LAPIDO.
Lepisacanto. Masculino. Ictiolo-
gía. Género de pescados muy escamo-
sos, ásperos y auros.
Etuiolooía. Lipis y áhmtkay espi-
na: Xeitíf ¿úcavOs.
Lepisma. Masculino. Botánica.
Conjunto de escamas membranosas
que radican en la base de ciertos ova-
rios. I Entomología. Género de insec-
tos ápteros, cubiertos de escamas di-
minutas. Jetiologia. Bspecíe de la-
bro.
BTii«».oafA. Griego Xmíc (Icpítjt
escama.
IiOpisósteo. Masculino. Ictiología.
Género de pescados abdominales clá-
peos, que abundan en los grandes la-
gos de las regiones cálidas de Amé-
rica.
BiiuoLoafi^ Lepit y otteón^ hueso:
Xeitf^ 09x¿ov.
Lepisuro, ra. Adjetivo. Omitolo-
gia. Que tiene escamosa la aleta cau-
dal.
ETmoLOOÍA. Lepít y oúra^ cola.
Lepor. Masculino anticuado. Gra-
cia, atractivo.
EriHOLoaU. Latín lepor. — tGracia,
LEPR
Lepra. Femenino. Enfermedad »•
tánea y contagiosa que comiito u
unas pústulas hediondas^ ariaeinti.
das r escamosas, que se van exten<
díendo por todo el cuerpo, y tenoini
en una fiebre lenta. || blanca. Alut
nAzo,
Etimología. Griego Xfcm (Updt),
escamar; Xtití? (UpísJ, escama; Xntpót
(leprás)f áspero, escamoso; UTcft(ié-
^a), enfermedad: latín, kprayUprt;
Italiano, lepra, lebbra; francés del li-
gio xu, liepre; moderno, lipre; pro-
venzal, lepra; catalán, lepra, lUj^
Sentido etimológico. — LaraA quiere
decir escama, piel escamosa.
Retem histórica. — 1. La lepra le
consideró en los tienipos más antiguos
como signo de la cólera de Dios. Todo
el Oriente está lleno de cuevas óbi-
rracas, á cierta distancia de tas pobU-
clones, en donde vivían Ioslbpsosos.
Por consiguiente, las costumbre j
prácticas de la Edad media, por lo que
toca á los LBPBOsos de aquellos tiem-
pos, no son otra cosa que una remi-
niscencia de las teocracias inicíales,
2. La ley de Moisés procuró impe-
dir la propagación de la lepra, orde*
nando c|Ue los lbpbosos viviesen leju
de los sitios habitados, y evitando con
ellos toda comunicación.
3. Entre los pueblos cristianos, se
consideró á los leprosos como muer-
tos para el mundo, pues no podíw
disponer de sus bienes, ni compue-
cer ante los tribunales para ninguu
causa personal.
4. También lea estuvo prohibido
entrar en las iglesias, molinos, pana-
derías, ferias y mercados; lavarse ea
las fuentes y en los arroyos; tocar la
cuerda de los pozos; beber en otro
vaso ^ae no fuese de escudilla; tocar
los objetos que quisiesen comprar, á
no ser con un bastón. Debían vestir
de negro, y anunciar su aproiinución
con una esquila ó campanilla.
5. En repetidas ocasiones, el Tal-
go les acusó de haber envenenado las
fuentes y ocasionado las epidemias.
6. Los LEPROSOS habitaban, en las
ciudades y en las aldeas, en eaba-
ñas que se quemaban después de n
muerte.
7. Su patrón era san Lázarot W
mano de María y de Marta, que se so-
ponía murió de lepra.
8. La Iglesia, sin embargo, procu-
ró vencerla repugnancia que inspí'
raban los lbpbosos y íes señaló un
sitio aparte en los lugares sagrados;
en los cementerios. Con este fin, se
hermosura y buen gusto. Es voz pu- fundó la orden de san Lázaro, eu/os
lamente latina, y de raro uso.» (Aga- humanitarios propósitos dieron e^
DBiuA, Diccionario de 17^6,)
Leporario. Masculino. Vivar de
conejos ó liebres.
ETDCOLOofA. Lepórido.
Lepórido, da. Adjetivo. Zoología.
Parecido á la liebre.
lentes resultados; tanto que, de 19.000
LEPROSOS que en el siglo xui enitaba
la cristiandad, solamente hsbía eo
Francia 2.000.
9. Habiendo disminuido la lep»
v sido menos dañina desde el si-
EtimolooÍa. Griego Xénopu (l^o~ glo xvi, una multitud de vagabundos
r«;.- latín, lepore^ aolativo de Upus; se unió á los verdaderos lbpbosos
francés, léporide, . atraídos por las limosnas de los fieles.
Leporino, na. Adjetivo. Concer- \ A consecuencia de esto, varios se&oies
niente á la liebre.. I se apropiaron los bienes afectos a
BtiHOLcafa. | aquellos desgraciados, y asi vemoi
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LEPT
<)a6 BoTÍQue IV de Francia empled
parte de dichos bienes para pBffar á
los soldados heridos* j Luis XI V d^s*
tino el resto á los hospitales ordína-
xiof.
10. Para ilustración de este punto,
importantísimo para la historia j la
Medicina, recomendamos al lector
erudito la excelente obra de Labourt,
títalada: Reekereket twr Vorigine des
ladreriet, maladrerie» et Uproseries (Pa-
rís, 1854). Note el lector que Labourt
habla de ladreriet, porque los lepro-
sos fueron llamados ladres.
Lepraria. Femenino. Botánica.
Género de liqúenes parecidos á las
pústulas de la lepra.
Lepraríado, da. Adjetivo. Botáni-
ca, Anáío^ á la lepraria.
Lepreiia. Femenino. Conjunto ú
hospital de leprosos. | Hediondez de
lepra.
JStucolooIí. ¿tf^a: Ülrancés, lépro^
serie.
Leprosería. Femenino. Lbpbebía.
^ Leprostdad. Femenino. AbuncUn'
cía de lepra.
Leproso, sa. Adjetiyo. El que pa-
dece la ennrmedad llamada lepra. ||
Metáfora. Miserable, desaseado, ab-
jecto, como cuando decimos: es un
LBPBOSO.
Btiuoloqía. Lepra: latín, leprdsus;
italiano, lebbroso; francés, le'prewe;
provenzal, lebros; catalán, leprés, Ue-
frot, a.
Lepta. Femenino, Botánica. Ksjpe-
cie de árbol de hojas temadas. Q Gé-
nero de celastríneas, que tiene una
sola especie; la lbita tripilo. [| ^oo-
leyía, (xénero de arácnidos traqueaos,
comprensÍYO de la lepta autumnal
de ugunos autores, la cual se oculta
bajo la piel, causando un escozor tan
insoportable como el de la tíña, y que
no se calma sino lavándose con agua
y vinagre,
Etwolooía. Griego lsm6i(lepíds),
tenue, desnudo, partici|tio de Xhaa
(l^oj, quitar la corteza o la escama,
despojar: francés, lepie.
Leptacanto, ta. Adjetivo. Botáni-
ca, De hojas estrechas y delgadas.
BrUfOLoaÍA. Leptós, tenue; c de en-
lace y ántkos, flor: Xeirt¿í áv6o^.
Leptante. Adjetivo. Botánica» De
hojas pequeñas.
BTmoLoaÍA. L^la.
Lepte. Lepta. La forma lepíet que
aparece en aíranos Diccionarios, es la
tradnecidn du vocablo firancés.
Leptíntico, ca. Adjetivo. Medici-
na antigua. Atenuante.
BnuoLOofA. Griego XetpcuvwxÍí (lep-
tyntikós ); forma deXeifrúnEiv ( lepívnein },
atenuar, derivado de Xemó^ (íeptásj,
tenue; francés, leptyntique.
Leptis. Femenino. Geografía anli-
{na, Lebeda ó Lepeda, ciudad de Ber-
ería. (Cicerón.)
Btuiolgoía. Latín Leptis,
Leptis magna. Femenino. Qe<^ra-
fia antigna. Trípoli.
Etiuolooía. Latín Leptis nu^,
(Om MiauBL y Morantb.)
Leptismo. Maseulitto. JSÍedieina,
BtteBuaeiéa genoal del caerpo. '
LEPT
ExiMOLoafA. Lepta.
Lepto. Prefijo técnico; del griego
Ximóti ( leptós J, tenue.
Leptocai^o, pa. Adjetivo. Botá-
nica. De frutos delgados y largos.
E-riMOLoaía. Lepto y karp<fs, fruto:
Leptocanle. Adjetivo. Botánica.
De tallo delgado.
EtwoloqÍa. Leptoykanlés (xauXi»;),
tallo.
Leptócero, ra. Adjetivo. Zoologia.
De antenas delgadas.
ETiuoLoafA. Lepto y Aeras, cuerno:
Leptodáctilo, la. Adjetivo. Zoolo-
gia. De dedos la^s y sumamente
delgados.
Etiuolooía. Ztf^fo j dátíiht Xtirc¿c
Leptodonte. Adjetivo; Zoología,
De dientes diminutos.
ETiMOLoaf A, Zíp/o y odv&St diente,
Leptófilo, la. Adjetivo. Botánica.
De hojas delgadas y estrechas. || Mas*
calino. Especie de titímalo que se
cría entre, las piedras. (Plinio.)
Etiholooía. Griego XemócpuXXov (lep-
tóphyllon); de leptós, teuMe, y phgllon,
hoja: latín, lepttphyllon.
Leptofis. Masculino. Zoología. Gé-
nero de serpientes inmediato al boa.
Etimología. Lepto y Óphis, serpien-
te: Xexcóí %tí.
Leptofonía. Femenino. Dulzura
de la voz.
ETiifOLOQÍA. Lepto y phone, voz:
Xtircó^ «uivij.
Leptogastro. Masculino. Entomo-
logía. Género de insectos que tienen
efabdomen muj' delgado, prolonga-
do .y angosto.
Etimología. Lepto y gastro,
Leptogloso, sa. Adjetivo. Histo-
ria natural. De lengua estrecha.
BuHOLoaU. Lepto y glossa, lengua:
Xetctóí YXüiffoa.
Leptologia. Femenino. Retórica.
Estilo culto, discurso delicado, sutil.
Etimología, Griego XeTuxoXoYtá (le^
tologiaj; de leplós, sutil, y lÓgos, dis-
curso: francés, leptologie.
Leptómero, ra. Adjetivo, fisiolo-
gía y anatomía antiguas. Epíteto de las
partes más sutiles de la economía.
Etuiología. Griego XeirrotiE^c (lep-
tomeres); de leptós^ múl^y meros, par-
te: ficancés, leptomére.
Leptomórnco, ca. Adjetivo. Mi-
neralogía. Epíteto de los cristales muy
estrecnos.
Etimolooía. Griego leptós, sutil, y
morpheJoTtaíi'.fTttnceSyleptomorpMque.
Leptopétalo, la. Adjetivo. Botá-
nica. De pétalos estrechos.
ETiuoLoaÍA. Lepto y pétalo: Xsircó;
TtátaXov.
Leptopo, pa. Adjetivo. Botánica.
Que tiene un pie ó un estipo prolon-
gado. [1 Enlomologia. Género de in-
sectos nemipteros.
Btimología. Lepto y^oUs,\ pie.
Leptópodo, da. Adjetivo. Botáni-
ca. De pie delgado, jj De estipo del-
gado y cilindrico. || Masculino. Gé-
nero de plantas sinantéreas helián-
teas.
LEQU 381
Etimología. Lepíopo,.
L^toquímia. Femenino, Medicir-
na. Estado de los humores, cuando
están privados de los principios cons-
tituyentes.
Etimolooía. Griego leptis, desnu-
do, y c^MM, jugo, humor: XnroSc
Leptorránfoffii. Adjetivo. De pico
largo y angosto.
Etimología. Griego leptós, tenue,
y rhámphos, pico: "ktmftt, ^df[t<po{.
Leptorrínco. Leptorkanpo.
Etimología. Griego leptós, tenue,
y rhygchos, pico: Xíitró^ pii^oí.
Leptorríno, na. Adjetivo. Zoolo-
gía. Que tiene muy delgadas las fosas
nasales.
ETiHOLoaÍA. Lepto j rkUst naris:
Leptorriso, za. Adjetivo. Botáni-
ca. De raíces delgadas.
Etimología. Zepto y rküa, lafz:
Leptósafo. Masculino. Mineralo-
gía. Especie de mármol de Egipto.
ExiuoLoafA. Griego leptós, tenue,
y saphis, claro, evidente, manifiesto;
Leptósomo, ma. Adjetivo. Histo-
ria natnraU De cuerpo comprimido y
delgado.
ÉriuoLoaÍA. Lepto y soma, cuerpo:
XEircó<; axi)[Aa.
' Leptospermas. Femenino plural.
Botánica. Género de plantas mirtá-
ceas, una de cuyas especies, el lbi^
TOSPERMUM Jlorescem, de Smith, tiene
hojas y flores de un olor aromático,
las cuales se emplean en Australia
como infusión teiforme. (LiTTRá.)
ErmoLOGÍA. L^to y spérma, grano:
francés, lepíospermes.
Leptospérmeo, mea. Adjetivo.
Botánica. Parecido al leptospermo.
Leptospermo. Masculino. Género
de árboles mirtáceos de la Nueva Ho-
landa.
Etimología. Leptospermas,
Le^tostaquiado , da. Adjetivo.
Botánica. De espigas delgadas.
Etdiología. Griego leptós, tenue,
y síác/iys, espina: Xtitió? rcá^m.
Leptotriquia. Femenino. Medici-
na. Delgadez de los cabellos.
Etimolooía. Griego leptós, delga-
do, y thrix, íriekds (6pt{, ip^x^)! ca-
bello.
Leptara. Femenino. Bntamologia.
Género de insectos opleópteros muy
bonitos, con largas y sedosas ante-
nas. H Botánica, Género de plantas
gramíneas.
Etimología. Griego leplós^ tenue,
y oúra, cola: francés, lepture.
Reseña, — La leptura es un coleóp-
tero de la familia de los xilófa^s, y
se llamó así, porque tiene los élitros
más estrechos en la parte superior.
Leptureto, ta. Adjetivo, Historia
natural. Parecido á la leptura.
Lepturíos. Masculino plural. Bn-
tomo/(yía.-Familia de insectos coleóp-
teros, cuyo tipo es la leptura.
Lequegttana. Femenino. Zoolwia.
Especie de avispa venenosa del Bra-
sil.
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382
LÉRI
EnicoLoaÍA. Vécablo bratileñc.
Lera. Femenino. Hblbba,
Larcha. Femenino. ProTÍncial
Mancha. El jouquillo con que se atra-
viesan las agallas de los peces para
eolgarlos.
Lerda. Femenino. Veterinariiu
LSRDÓN.
Lerdamente. A-dveibio de modo.
Con pesadez y tardanza.
EnuoLOOÍÁ. Lerda j el sufijo ad-
verbial meníe: francés, lourdmení; ita-
liano, lordameníe; bajo latín, iurdi.
Lerdez. Femenino anticuado. Pe-
sadez, tardanza.
Etiuolooía. Lerdo: franeás, Icur-
dtw} italiano, lordetza.
Lerdo, da. AdjetiTo. Lo c^ue es pe-
sado y torpe en el andar. Dtcese más
comunmente, de las bestias. { Metáfo*
ra. Aplícase al que es tardo y torpe
pan comprender 6 ejecutar alguna
cosa. H Germania. Cobarde.
Etimología. 1, Variante de lurJo,
tema conservado en pohrdo: francés
del siglo xm, lurd, lor; xiv, lour;
XV, lourde; xvh hurd, pesado, que es
la forma moderna; burguiflón, lor,
lode; Berrjr, lourd; italiano, lordo, lu-
rido; napolitano, lurdo; bajo latín,
Inrdiu, del latín ¿firWw» amarillento,
lívido, sombrío, negro.
2. Las glosas de Rabán traducen
lUridut por fúl, podrido, lo cual de-
muestra que este signifícado es muy
antiguo en la forma latina.
3. Bl latía ISrídiu, inmundo, trans-
mitido al romance, significó estólido,
pesado de espíritu, w donde pasó á
significar pesado de cuerpo, cayo sen-
tido tiene el francés lourd.
4. El griego Xop8ó<; (tordos), curvo,
cóncavo, de que habla Covarrubias,
no es admisible: «Pesado, torpe y tar-
do. Aplícase regularmente á las bes-
tias. Algunos dicen viene do la voz
italiana lordo, según siente Covarru-
bias, aunque le parece mejor venga
del griego Lerdos, que signiüca el que
trae la cabeza inclinada hacia el sue-
lo.» (AcADBifiA, Diccionario de 1726.)
Lerdón. Masculino. Veterinaria,
Hinchazón ó tumor, las más veces
blando, que se forma en la parte de ta
rodilla, en donde w une el músculo,
y haea Tejiga i la parte de afüera y
dentro, de manera que, comprimién-
dolo, ó se esconde á sobresale.
Lardara. Femenino. Lsrdbz.
Lere. Masculino. Nombre de los
sacerdotes indios del Darién.
Lérida. Femenino. Geografía. Una
de las cuatro provincias que consti-
tuyen el antiguo principado de Cata-
luña, decretada por las Cortes en
1822: está considerada de tercera cla-
se en lo civil y administrativo, y de-
pende, en lo militar, de la capitanía
general de Barcelona; en lo eclesiás-
tico, del arzobispado de Tarragona, y
en lo judicial, de la audiencia teriito-
rial de Cataluña.
I 1. Siínaeidñ astronómica. — Hállase
ésta comprendida entre los 4V 16"-
42' 48' de latitud septentrional y 4"
2'-5* 36' de longitud oriental del me*
ridiano de Madrid.
LÉRI
3. Coa^fwx. — Bste territorio, en
virtud de decreto de 30 de Noviembre
de 1833, confina: al Norte, con los
Pirineos, que lo separan de Francia;
al Este, por las provincias de Barcet-
lona y Gerona; al Sur, por la de Ta-
rragona, y al Oeste, por las de Zara-
goza y Huesca.
3. Extensión. — La de esta provin-
cia, mide: 177 kilómetros de largo,
de Norte á Mediodía; 107 de ancho,
de Oriente á Occidente, y 12.366 cua-
drados de superficie.
4. Población. — Según el último cen-
so, asciende á 298.282 habitantes,
distribuidos en siete partidos judicia-
les (Bala^uer, Cervera, Lébida, ¿ieo
de tjrgel, Sorí, Tremjj y Vielta), di-
vididos en 324 ajantamientos, que
representan 1.021 poblaciones.
9. C¿«Ma.^-0[>nsiderando la provin-
cia dividida en dos partes, septentrio-
nal y meridional, una y otra se ha-
llan expuestas, con cortas diferencias,
á las mismas alteraciones: en la pri-
mera el clima suele ser frío con al-
gún exceso, debido á la frecuencia
con que la combaten los vientos del
Norte, llamados en el país íramonía-
^ y lorp, siendo, por lo tanto, mujr
propenso á fuertes catarros y pulmo-
nías; la segunda, perfectamente ven-
tilada por Tos cuatro puntos cardina-
les, disfruta de una temperatura más
suave 7 benigna, sin que, por lo co-
mún, se conozcan otras enfermedades
que las puramente estacionales y las
que ocasionan las frecuentes é inten-
sísimas nieblas del invierno; especial-
miente, en los parajes situados en las
cuencas de los ríos. Estas nieblas,
aunque de poca duración, aminoran
en algún modo los muchos encantos
que la naturaleza otorgó á esta parta
de la provincia, privándola de la pu-
reza y alegría de su cielo y de la be-
néfica influencia de los rajros del sol,
el cual permanece totalmente oculto
durante muchos días de los meses de
Noviembre, Diciembre y Enero. Esto,
no obstante, el clima de esta comar-
ca, aunque vario por lo general, es
acaso de los más saludables de Es-
paña.
6. Topo^fra/ia. — El territorio de es-
ta provincia es el más montuoso j va-
riado de las cuatro que comprende el
antiguo principado de Cataluña: su
supurficíe, cortada en todas direccio-
nes y extraordinariamente desnivela-
da, presenta, en sus tres cuartas par-
tes, una serie no interrumpida de va-
lles y de montes. Al Norte y al Este
aparece cubierta por los ramales de
los Pirineos, al Sudoeste, por inmen-
sas llanuras. La cordillera de monta-
ñas más importante es la pirenáica,
la cual divide casi por mitad la pro*
vincia y ciñe toda la parte septentrio-
nal, desde el puerto de Benasque has-
ta el valle de Andorra, el cual rodea
hasta llegar al puerto de Aveí-Coro-
nat, entre el expresado valle y la Cer-
deña francesa. De aquella cordillera
se desprenden grandes ramificaciones
de estribos que, internándose en el
país, le dan la forma topográfica des-
LÉRI
igual qne la distingae de ki etraa
tres provincias hermanas: la principal
de estas ramificadones es la que,
Srincipiando en el Sudeste de la Cer-
eña francesa, en el puerto de Finis-
trelles j Nuestra Señora de Nuria,
penetra en el territorio por los colla-
dos de Jou y Pendis, recorriéndole
todo de Oriente á Occidente y divi-
diéndole en dos porciones casi igua-
les, mediante el enlace de las monta-
ñas de Cadi con las de Ár/s y Mont-
sech. — De los montM Malditos ó Afa-
tadeíía y puerto de Yíella , se desga-
jan dos ramales que, prolongándose
paralelos en dirección de Norte á Me-
diodía, dan nacimiento y condutnn
las aguas del río Noguera Bibagorsa-
na, determinando en su curso ellími-
te de esta provincia j la de Huesca,
hasta más allá del puente de Monta-
ña: de los puertos de la Bonaigua,
Tabascán , Arer y Tor, arrancan dos
órdenes de montes menores, cujas
faldas constitujen las vertientes y
valles de Esterrí de Aneo, Cardós,
Alins y Farrera; y del Pirineo, al Sud-
este del Talle de Andorra, se separa
otro ramal que conduce el río Valíra
hasta un poco más allá de la Seo de
Urgel, cuva ciudad y fuerte circuje,
v, trazando después una línea para-
lela al Cadí, prosigue el curso de la
ribera derecha del Segre, hasta el es-
trecho deis T'rtf-^fiíí (de los tres puen-
tes). Como límite meridional de la
provincia, es digna de mención la
cadena de los montes de Prades, qu<->
forma la Unes divisoria de aquála y
la de Tarragona, á cujro territorio
pertenece en su majror parte. Las
cumbres más elevadas, entre las cor-
dilleras de los Pirineos, son sin duda
las montañas de Cadf y el puerto del
Compíe, en las cuales raro es el año
en que llegan á desaparecer comple-
tamente las nieves, por cuj^a circuns-
tancia figuran en la categoría de in-
mediat4s á las nines perpetuas.
7. Míos, — ^El más considerable del
país que se describe, es el Se^e, el
cual está considerado como el segun-
do, después del Ebro, de los que bañan
la vastísima comarca de Cataluña.
Tiene aquél su nacimiento en la Cer-
deña firancesa; entra en la provin-
cia por entre los términos de Prats,
Bellver y PruUani, partido de la Seo
de Urgel, y cruza el territorio en
toda su extensión, desde el extremo
Nordeste al Sudeste, trazando en su
largo curso curvas inmensas y reco-
giendo: los afluentes de los montes de
Cadt, por la izquierda, y de Bercarán,
por la derecha; las aguas del río Vali-
ra, que atraviesa los valles neutrales
de Andorra; las del Tuxén, proceden-
te de los montes de Josa, que pasa
por el pueblo de su nombre; las del
Hiera Salada, de curso perenne, que
nace en la parte meridional de las
montañas de Cambrils, y las del río
de la Valí de Riaup, que arranea de
los montes de Gavarra, atraviesa el
citado valle y entra en el punto deno-
minado Soltderiu por la margen dere*
cha. Desde Pons, prosigue el &^r4
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LÉRI
IiMte JLrtesa, en dirMeiión d« Oríeate
& Occidente, describiendo un notable
semieirculo por el Nordeste del pue-
blo del Tosal, recibiendo en su trán-
sito el río Bregót, llamado vulgar-
mente ZlobreffM, que baja de Pradfis
de la Molsosa, pueblo limítrofe con la
proTÍncia de Barcelona, y los de To^
rrtiknca ValUbrera; desde Artesa de
Segre, j trazando otro semicírculo,
corre por la villa de Alós hasta la de
Camarasa, aumentando sus aguas con
las del Stnill de Artesa j otras ver-
tientes del Moníteeh, particularmen-
te el río Boisíé de Baldimar, que des-
ciende de los montes de Vilianueva
de Meji; desde Camarasa, donde se
enenientn la eonfluenoia del Noguera
PaUaresa, sigue, en dirección de Nor-
te á Uediodía, hacia Balagver, en
caja ciudad se le agrega «1 Sié^ que
tiene su origen más alia déla villa de
Guisona y se desliza por Agramunt,
Mongaj y Sentiu; en el término de
Balaguer deja el Segre su encajona-
miento r entra en terreno llano; co-
rre por Menargues y Corbins, llega k
LéBiOA, desde donde prosigue cau-
daloso hacía Torres; craza por entre
Gerviá, Albagés, Alfés y Montolíu;
continúa desde Torres hasta Escarpe,
j Ta á perder su nombre en Uequi-
uenza, punto de su confluencia con
el Sbro, después de haber engrosado
su caudal con las aguas que llevan
el Farfala, el Nogi^ra Bid^^onana, el
Sed y el Cinoh
8. {7«ea¿«.— Bt segundo de estos
riofl nace al pie de los piiertos de Vie-
Ua y Rius, y baja por entre Senet y
Aneto, en cujos alrededores se preci-
pita desde lo alto de un peñasco, for-
mando una hermosísima cascada; si-
gue luego su marcha, de Norte á Me-
diodía, por el puente de ViLiller al
de Suert; recibe las aguas reunidas
de los arrojos qae tienen su origen
en el lago que se encuentra sobre la
cumbre de las montañas de Nues-
tra Eteflora de Caldas, de cuyo punto
se precipitan igualmente, formando
otn naeva cascada, j prosigue lue-
go sa curso hasta desaguar en el Se-
gre,
9. ÁeequUtt. — ^Del caudaloso río Se-
gre y de los dos Nogueras se deaprea-
den diversos raudales de agua, que se
toman para regar las muchas cuencas
qne forman en su curso: las más no-
tables son las de Balaguer y Lérida,
particularmente esta última, la cual
fertiliza una extensión de territorio
que no baja de 61 kilómetros de lon-
gitud por 20 de latitud, y mueve in-
finidad de molinos harineros, por cu-
ras circunstancias y por el considera-
ble caudal de aguas que lleva, distri-
buidas desde muj antiguo con la más
hábil aplicación de los principios hi-
dráulicos, ha sido clasificado en la
eattforía de canal de riego.
10. Fuentes, — ^Las de esta provin-
cia son numerosas, abundantes y de
distintas calidades: entre las peren-
nes, se citan las de Cardoner, Dos
Nogueras, Cambrils, Orgañá, Josa y
Tuxéa; entre las intermitentes, las
LÉRI
de Orgañá, Tres-ponts, Bxplubins y
la del Forat del Or (Agujero del Oro),
situada en las montañas de Montsech;
entre las ferruginosas, las de Nuestra
Señora de Caldas, en las faldas del
puerto de Areo, y la de Arseguel, al
Norte de Urgel; y entre las salino-
sulfurosas termales, las de los mon-
tes de Caldas de Bohí, de prodigiosos
efectos, y las de Sao Vicens, en el
Eartido de la Seo de ürgel, y las de
es y Artiés, en el valle de Arán.
Los manantiales sulfurosos fríos son
especialmente los de Pedra y Coma,
situados al Norte del partido de Sol-
sona, á la mareen izquierda del río
Cardoner: eonstitujen estos una fuen-
te bastante caudalosa, llamada Pvda,
que contiene una mezcla de varias
sales y ácido carbónico y sulfúrico,
y cujas aguas se recomiendan eficaz-
mente para las afecciones del estóma-
go, obstrucciones y mal de piedra; y
muj especialmente, para el reuma y
enfermedades cutáneas.
11. A^icnltara. — Las produccio-
nes agrícolas de esta provincia son
tan variadas como su topograña. En-
tre sus principales y más comunes
cultivos, figuran: el olivo, el viñedo,
los cereales, legumbres, hortalizas j
frutas de todas clases; cáñamo, barri-
lla, seda, miel y cera: en todos los
montes de la comarca se encuentran
igualmente multitud de plantas me-
dicinales y aromáticas, distinguién-
dose la ntantanilla de Liñola, y otros
pueblos del llano de Urgel, por su es*
pontáneo nacimiento y desarrollo.
12. Ganadería. — Siendo éste un
país agricultor, sus habitantes labo-
riosos, y contando con abundantes y
excelentes pastos, no puede menos de
ser ganadero, sin que por esto se en-
tienda que sus rebaños sean tan nu-
merosos como en algunos puntos de
Andalucía 7 las dos Castillas. Sin em-
bargo, la cría de ganado lanar, caba-
llar, de cerda, vacuno, mular y ma-
chal es bastante considerable, y los
tres últimos, particularmente, los que
ofrecen mejores ventajas.
13. Caza, — La de perdices comu-
nes, conejos, liebres, palomas silves-
tres, codornices, ánades y patos de
muchísimas especies es también de
alguna consideración en las estacio-
nes propias; conociéndose además otra
infinidad de aves de todas clases, in-
clusas de rapiña y carnívoras: en las
montañas del Pirineo se ven jabalíes,
lobos, zorras, cabras monteses, pavos,
fallos y dos nuevas especies de per-
ices; unas, blancas, mavores que las
comunes, y otras, parduscas, poco
más grandes que codornices, llama-
das ekerrat; y en loa ramales del bajo
Pirineo, cabras y jabalíes, y algún
oso en los más espesos bosques del
valle de Arán.
14. Pesca. — Limítase á barbos, bar-
billones, madrillas, anguilas y tru-
chas, en la parte baja de los ríos,
siendo notables las que se cogen en
los lagos del Pirineo por su color ne-
gruzco.
15. Minas, — Los productos mine-
LÉRI
883
rales de este país son tan buenos co-
mo abundantes y variados; especial*
mente, de hierro, cobre, plomo y car-
bón: el primero se encuentra en varios
pueblos de los Pirineos y en el parti-
do de la Seo de Urgel, hacía los va-
lles de Andorra; el cobre, aunque no
tan abundante, en el término de
Olius; el plomo, en los montes de
Durró y Taúl, en el valle de Bohí, v
finalmente, el carbón, en San Roma,
en el partido de Tremp; en Prats y
Nargó, en el de Seo de Urgel y otros
puntos. En los términos de Monrós y
Sorpe existen algunas minas de plata
y oro, si bien on pequeña cantidad.
16. Canteras. — Rtqufsimas j varia-
das son también las que cuenta esta
provincia ¡ las graníticas se hallan en
todo el Pirineo; la piedra blanca fina,
en todos los partidos judiciales; al
Occidente de la jurisdicción do Sort
es muy común una especie de már>
mol negro, v cerca de Isobol haj una
cantera de hermosísimo mármol: las
de cal y yeso son sumamente abun-
dantes en todo el territorio, v singu-
larmente, desde la villa de Torá has-
ta las inmediaciones de Balaguer,
debe existir todavía ana extensa cor-
dillera de jeso, del cual se servían
muchos pueblos para la conf^rucciÓn
de edificios.
17. /«í^tMfrút. — Algunas fábricas
de vidrio, de papel, de jabón, da
aguardiente, de oatir eobre v de ase-
rrar madera; máquinas hidráulicas de
cardar algodón y telares de lo mismo;
ferrerías, molinos aceiteros, construc-
ción de horcas para la trilla y dife-
rentes vasijerías y alfarerías consti-
tuyen, en resumen, las principales
industrias de la provincia que nos
ooupa, amén de los oficios indispen-
sables en toda población civilizada.
18. Comercio.— ^\ comercio consís*
te en la importación de ganado mu-
lar, de telas de algodón ^ de hilo;
paños y tejidos de seda; vinos gene-
rosos v aguardientes refinados; ñutos
y artículos coloniales; pesca salada,
pescado fresco, quincallería y otros
efectos manufacturados para al uso
común; exportándose tri^, aceite,
cáñamo, seda, maderas, hierro, car-
nes saladas y ganado lanar, vacuno y
cabrío.
19. Ferias y mercados, — ^Los centros
del comercio que se hace en esta co-
marca son las ferias y mercados: en-
tre las primeras, merecen lugar pre-
ferente las de Verdú, en los días 25
de Abril y 18 de Octubre; la d« Sa-
las, que se celebra el segundo domin-
go de cuaresma; la de Orgañá, el día
'¿9 de Noviembre; j la de la villa de
Sort, el 8 del mismo mes; á las cua-
les, particularmente la primera, Con-
curren en número considerable gana-
dos mular, lanar, machal y vacuno;
las de otras especies, se celebran en
las Borjas de Urgel, en los días 17 de
Bnero y 20 de Agosto; en Isona, el
8 de Febrero y U de Septiembre; en
Solsona, el 24 del mismo mes y 11 de
Noviembre; en Viella, el 15 de Sep-
tiembre y 8 de Octubre; en Agrá**
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LÉRI
munt, el 10 de Agosto t 4 de Dieiein-
brá; en OmnadelU, el 21 d6 Sepitíem-
br«<; el 13 de Ootabre, en Esterri de
Aneo; al 3 de Noviembre, en Seo de
Urrel v Ouisona; el 23, en Arbeca;
el 24 de Agosto, en Artesa; el 2 de
Septiembre, en Artont, y, por último,
en Balaguer, el 8 de Septiembre y 13
de Diciembre. En todas estas ferias
abundan las tiendas de toda clase de
tejidos, quincallería y otroa diferen-
te» géneros y artículos de consumo y
liao común del país. — Los mereadot
mÍM importantes son los de LéitiDA,
2 lie figuran entre los más animados
n Espafia, 7 Balaguer, Tárrega, Cer-
yon 7 Agramunt, cada uno de los
cuales, especialmente el primero, pue-
de conaiderarse como un granero in-
menso, donde se acumulan los trigos
de los principales cosecheros de los
pueblos de los contornos 7 ambas ri-
beras del Cínca, país feracísimo en
cereales.
20. Lébida. — Capital de la provin-
cia, comandancia y dii5ceais de su
nombre, audiencia y capitanía gene-
ral de Barcelona, y plaza fuerte de las
más importantes de Cataluña. Se en-
cuentra situada á los 41" 38' de lati-
tud Norte y 4° 19' de longitud Este
del meridiano de Madrid. El clima es
nebuloso y húmedo en los meses de
Noviembre y Diciembre 7 parte de
Enero; frío 7 seco, Iiasta últimos de
Febrero; sin embargo, la temperatu-
ra máxima apenas excede de los 30°
Reanmur en el fuerte del estío, ni
pasa de los 3° b^o O en el rigor del
lavíomo: la primavera 7 el otoño son
bellísimos; el climas por lo general,
sano. Parte de esta antiquísima ciu-
dad, que al través de los siglos con-
serva todavía su carácter de origina-
lidad gótica, reposa sobre la orilla de-
recha del río Segre, 7 el resto, sobre
la pendiente de una colina bastante
elevada- Entrando en la población
por la carretera de Barcelona, Tense,
al frente y ¿ la izquierda, diferentes
pórticos que, elevando sus robustas
ojivas, sirven de abrigo á numerosas
tiendas; á la derecha,la inmensa mu-
chedumbre que hierve en la plaza de
la Constitución, 7 d el observador se
coloca junto aX lienzo de Mediodía,
mirando iiacia la fuente, contemplará
una vista deliciosa, en la que, sobre
el movimiento de aquel gentío que
llena la plaza y dé ios apiñados edi-
ficios, se eleva majestuosa la catedral
antigua con su magní&ca 7 elevada
torre. La ciudad está mal ediñcada,
si se exceptúan los nuevos barrios del
lado del rio, de moderna construcción:
las calles son estrechas 7 tortuosas,
la mis notable mide un kilómetro de
longitud, pero todas ellas aparecen
animadas por ese movimiento cons-
tante, característico de las industrio-
sas poblaciones catalanas. Es residen-
cia de an obispo sufragáneo de Tarra-
gona 7 contiene, además, dentro de
sus muros, 24.311 habitantes, palacio
episcopal, hospicio, hospital civil 7
militar, casa de a7ttntamiento, bue-
nas fuentes, paseos delioiosos, institu-
LÉRI
to, colegios, seminario eoneílitr, es-
cuelas normal 7 de primen enseñan-
za, teatros, cárceles, establecimientos
de beneficencia, casas de baños 7 so-
ciedad de Amigos del País. Bl te-
rreno de la mayor parte de este térmi-
no es regularmente llano, fértil, de
regadío, y en lo general participa de
cascajoso y arenisco: en él no se ven
montes, propiamente dichos, sino al-
gunos cerros de poca elevación. Su
risueña campiña, tan frondosa como
bien cultivada, se fertiliza con las
aguas del río Segre, el cual ostenta
un soberbio puente de piedra. Sus
principales producciones consisten:
en trigo, habichuelas, aceite v vino
en grande abundancia; seda, lino 7
algo de cáñamo, muchas y muy sa-
brosas legumbres, hortalizas y frutas
de todas clases; ganado lanar, vacu-
no 7 cabrío, alguna caza de perdices,
liebres j conejos, é infinitas banda-
das de añades que, en la estación del
invierno, cubren los remansos del
caudaloso Segre 7 las grandes char-
cas inmediatas: la pesca que produce
este río, particularmente, la de angui-
las, es exquisita y considerable. Lé-
rida, cuyo vecindario, esencialmente
agricultor, reúne bastantes elemen-
tos para ser una de las poblaciones
industriales de másimportáncia, cuen-
ta hoy con buenas fábricas de lanas,
de curtidos, de papel, hilanderías de
seda, manu&cturas de al^dón, alfa-
rerías, tejares, homo de vidrio 7 mul-
titud de artes 7 oficios. £1 comercio
se halla macho más desarrollado que
la industria: su mercado de cereales,
como 7a en otro lugar hemos indica-
do, viene siendo, desde tiempos mu7
remotos, el emporio de Cataluña 7 de
Aragón; la exportación de granos con
destino á otros puntos del interior 7
litoral de aquel principado es impor-
tante, como igualmente la de made-
ras de constrnccíón y otros artículos,
y la plaza de Lérida goza en el comer-
cio de una excelente fama, tanto psr
la buena fe que se observa en las tran-
sacciones mercantiles, cuanto por la
exactitud con que se realizan los gi-
ros de fondos por los establecimien-
tos encargados de este género de ope-
ncimes.
21. Monume*tot, — Dos son los tem-
plos notables que enciern esta pobla-
ción: las catedrales antigua 7 moder-
na. La primera, resto magnífico de
la arquitectura bizantino -gótica con
mezcla de! gusto árabe, está conside-
rada, por su singular conjunto, como
una de las páginas más interesantes
7 exactas de la historia del arte, dig-
na de la admiración de los inteligen-
tes. He aquí la hermosa descripción
científica, que hallamos en un apre-
ciable autor, tomada de la preciosa
obra, impresa no hace mucho en Bar-
celona, titulada Recuerdos y bellezas
de España: «El frontis de este templo
se aparta del carácter general de todo
el edificio, 7 lo mismo que el de la
catedral de Tarragona, es una obra
g-ótica pura, unida á una fábrica
donde, si algo hay gótico, está adulte-
LÉRI
rado 7 ajustado & las exigeneÍBs d«t
género bizantino. Consiste aquél en
una portada eu7o ingreso forma una
grande ojiva en degradación, que
consta de cuatro arcos concéntricos.
A cada lado levántanse del suelo seis
bien esculpidos pedestales, en CU70
remate hay que admirar la hermosa
combinación de sus relieves; signen
después doce nichos sin estatuas, y,
sobre ellos, unos muy trabajados do-
seletes sin cúpula; á continuación
vense otros más pequeños, guarne-
ciendo todo el intradós de la gran ar-
cada, dispuestos de manera que á la
vez cobijaban la estatua que cada uno
tenía debajo y servían de pedestal á
otras. Mutilada como está la puerta,
productf muy buen efecto, 7 sí volvie-
ran 8 colocarse en los pedestales U
estatua de la Virgen 7 de los doce
apóstoles, que ahon existen deposi-
tadas en un pequeño oratorio de la
ciudad, sería aquélla una portada mu7
notable, ya que no por lo grandiosa,
por lo elegante y adornada. Por allí
se entra en el claustro, monumento
en que compiten lo singular 7 lo pin-
toresco. Consta cada corredor de tres
grandes arcadas desiguales en gran-
dor V adornos: 7 son dignos de estu-
dio los capiteles de los pilares que
apean los arcos, llenos de fantasía j
gracia. Las dovelas de las ojivas figu-
ran cables ntorcidos, dobles líneas on-
dulantes sumamente graciosas, dien-
tes de sierra, 7 aquel adorno, tan ca-
racterístico del género bizantino,
compuesto de grecas trabadas entre
si. A no existir ciertas imágenes en
algunos de sus capiteles, se creería
estar contemplando un resto de las
fábricas mahometanas: tan pronun-
ciado es el gusto árabe que aquel
claustro respira. La planta exterior
del templo afecta la figura de una
larga cruz latina, enteramente igual,
aunque en menores proporciones, á la
catedral de Tarragona, con cimborio
en el centro 7 grande ábside en el
extremo. Cada brazo lleva una porta-
da, que da mayor belleza al edificio,
engrandeciendo á la vez el punto de
vista. La del brazo que mira al Nor-
te, es rigurosamente bizantina. Bste
templo iu¿ destinado para cuarteles,
después de la toma de Léuda por Us
armas de Felipe V: se dividid en dos
altos, levantando además tabiques de
separación, que roban buena parte de
la altura 7 del efecto de las naves,
que son tres, divididas á uno 7 otro
lado por tres pilares compuestos de
un grupo de columnas, como los de
la catedral de Tarragona. Los capi-
teles convidan al estudio más com-
pleto y rico de adornos bizantino-
góticos: sierpes enlazadas, dragones
^ntásticos, monstruos, grecas, nero-
nes 7 caprichosas combinaciones de
líneas; todo parece que se copió de las
pintadas iniciales de una Biblia ó del
cartulario de algún monasterio del
Xorte. La nave central se muestra
más despejada y anchurosa aun, pri-
vada como ésta de casi el cuarto de su
altura. Completan la homogeneidad
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LÉRI
LÉRI
LÉRI 385
del fldifício aquellas preciosas venta-
nas bizantinas, que raras veces se ofre-
eeráa al esti^dio del artista. La mano
del tiempoy el furor de las guerras han
dado nueva sublimidad á estas masas,
ja de SUJO sublimes. En el presbite-
rio hsj un sepulcro fótico, compuesto
d« UD bello arco ojiTal, coa pilares
piramidales á los lados; j dentro de
aquel, una urna con una ngara echa-
da de uu sacerdote joven. Créese que
estuvo sepultado allí un hijo natural
del rej Don Pedro el Calmeo, canó-
nigo j sacristán de aquella ¡g-lcsia, j
en el pilar del crucero, de la parte
de la epístola, se ve una lápida de
mármol negro, en- la que se lee
esta inscripción latina: Aum Domini
M, CCLJV priáie iáuus Septemhris
oHit Peirus de rege canonien eí sacrista
itiiu» tedit ¡ui Juii JUus illusírissimi
domini regit Petri Aragonim, et cons-
Uiuit sin «MiWnnim ZV solido-
nm. Ánima ejut requiescat m pace,
awte». La portada del brazo del cruce-
ro, qae mira al Oriente, es bellísima
ea el género bizantino. £a lo que po-
dríamos llamar friso de toda ella, apa-
rees an rótulo en grandes majúscu-
laa bizantino-góticas que, siguiendo
el mismo carácter de toda la obra,
forman un arabesco á guisa de letras
floreadas con que enriquecían los ma-
hometanos las ajaracas ó almocárabes.
La capilla, llamada de Jesús, es pre-
ciosísima; su bóveda, profusamente
decorada, contiene pequeñas estatuas
{' escudos de armas, qur resaltan de
as dovelas, semejante! & graciosos
florones, sumamente trabajados, re-
aoieudo en una clava delicadísima,
que prolonga fuera de ella, una cruz
eoriquecida conlabores aSligraaadas.
Bl mejor trozo de la catedral, el pri-
mero qae debe visitar el artista, es la
gran puerta lateral, llamada en otro
tiempo deU FilloU ó de lot Infantes,
inmediata á la capilla de Jesús. An-
cha j elevada, compónese de numero-
sos arcos sembrados de detalles que
varían infinitamente en cada uno.
En la cornisa que cobija tan hermoso
portal, haj que mirar las ménsulas 6
modillonea, los espacios que quedan
entra ellos* el que media entre el arco
j aquel remate, j el resto de éste,
todo eincelado como una preciosa taza
de oro, sembrado todo de mil dibujos
árabes, bizantinos j góticos en parte.
Bl artista que quiera enriquecer su
álbum con la más escogida j abun-
dante colección de caprichosos dibu-
jos, examine -ista puerta j confiese
que pocas veces habrá visto una obra
más interesante. La magnífica torre
de campanas, (^ue se eleva en el ángu-
lo del Mediodía de los claustros, es
un edificio ochavado, que consta de
dos cuerpos, todo de piedra de sille-
ría, de prodigiosa elevación. Bn el
{irinur cuerpo resaltan ocho ventana-
es de forma ojiva, j en algunos de
ellos, pennaneeen restos de maravi-
llosos calados de piedra, que los enri-
quecían j cerraban. Por las ventana-
les asoman otras tantas campanas,
auegladas al diapasdn, j la pieza in-
mensa, q^ue ocupa este primer cuer-
po, contiene otras varias campanas
hasta el número de 18 c 19. Él se-
f lindo cuerpo resalta sobre el corre-
or á ámbito que le cireoje, j en el
centro de su nave está colocada la
campana de las horas, terminando el
edificio en iina espaciosa plataforma,
en cujo centro estuvo colocada el asta
de bandera del fuerte, que con fre-
cuencia abatía el huracán, por la pro-
digiosa elevación del edificio.» — En
Julio de 1202 puso el rej Don Pedro I
el CaíJlicolí primera piedra de este
hermoso templo, el cual quedó con-
cluido j consagrado en 1278. — La
catedral moderna, fundada bajo el
reinado de Carlos lU, es de orden co-
rintio, grandiosa y desahogada; cons-
ta de tres naves; tiene el coro en el
centro, j merecen contemplarse las
excelentes esculturas que lo enrique-
cen : las numerosas capillas , que
guarnecen las naves laterales separa-
das por pilastras corintias que se co-
rresponden con los pilares ae la cen-
tral, aparecen adornadas en su ingre-
so con columnas que apean el arco,
ostentando magníficos j bien escul-
pidos altares.
22. Fortificaciones. — La plaza de
Lérida, considerada, por su excelen-
te situación topográfica, como llave
de Aragón j Cataluña, constituje
uno de los principales puntos milita-
res de España: el Gobierno mismo de
Napoleón, reconociendo su grande
importancia, la declaró plaza de pri-
mer orden, elevándola a la categoría
de capital del departamento denomi-
nado de Las Bocas del Ebro. Esta pla-
za, c^ue no ha habido guerra, desde
los tiempos más antiguos, en que no
haja sido objeto de encarnizadas lu-
chas, se encuentra situada, en forma
de anfiteatro, con exposición al Me-
diodía, sobre la orilla derecha del tie-
gre, en la falda de una eminencia que
la domina j á 133 kilómetros de dis-
tancia de Barcelona, 122 de la Seo de
Urgel, 21 de Balaguer j 24 de Fraga,
primer pueblo de Aragón por la ca-
rretera de Madrid. Sus fortificaciones
consisten en una muralla antigua,
algo más modoma por la parte del
castillo, con pequeños torreones, ó
cubos, dos baluartes en el frente, lla-
mados de la Magdalena, con una con-
traguardia para la defensa de la puer-
ta de Zurradores; el muro antiguo,
que corre desde la puerta de San An-
tonio hasta cerca de la de Boteros, pre-
senta en sus gastados torreones todo
el carácter de obra romana, j el mo-
derno, construido poco antes de la
guerra de la Independencia, contiene
la referida ouerta; el baluarte deno-
minado de la Concepción, que quedó
intacto cuando se efectuó el derribo,
siendo embebido en la nueva obra,
que continuó hasta la puerta de San
Martin^ desde la cual sigue la mura-
lla remontando la colina del castillo,
basta cerrar la plaza por ai^uel lado:
el ángulo Noroeste de la misma está
cerrado con el muro que desciende
desde las fortificaciones altas del cas-
tillo, prolongándose su lienzo hasta
formar la batería, llamada del Car-
men, frente al suprimido convento de
igual nombre, y terminando en el
arrojo llamado de Noguerola. — El
castillo principal de esta plaza- se
eleva sobre la cumbre de un monte
que la domina, á cuja fitlda se en-
cuentran apojadas las casas de la
ciudad, extendiéndose hasta el río:
su fortificación, hecha pnr el méto-
do del mariscal Vaubán, consiste en
cuatro baluartes llamados la Asunción,
Rey, Louvigni y Jieim; un rebellui,
una lengua de sierpe j una falsa-bra-
ga, que cubre el frente del Norte, for-
mando dientes de sierra para cubrir j
ñanquear la caída de la loma. En lo
más alto del castillo se ve un torreón,
en donde estuvo la iglesia de los fo^Mi-
plarios: tiene un grande ediñcio, á
prueba de bomba, en el que se hallan
un cuartel, la panadería con dos hor-
nos muv capaces, sala de armas j
vastos almacenes de pólvora V de pro-
visiones de boca j guerra. En su pa-
tio' existe una batería que sirve de
caballero á todo el castillo, la cual di-
rige sus fuegos hacia el Mediodía, y
al otro extremo del mencionado to-
rreón, se eleva imponente la antigua
catedral j la torre de campanas, de
que hemos hecho mérito en otro lu-
gar.— Al Occidente del castillo prin-
cipal j á una distancia de 1.300 me-
tros,se encuentra el fuerte de Gardei^,
situado sobre una loma que termina
en una gran meseta dominando la
ciudad. Í)U recinto es irregular j al-
gunos de sus ángulos demasiado
agudos; la entrada está defendida por
dos pequeños flancos, formando una
tenaza en el frente que mira al río; j
continuando hacia la derecha, se ve
un ángulo saliente, acomodado todo
en cuanto lo permite la extensión de la
loma, quedando de este modo perfec-
tamente defendidos sus tres frentes
por lo escarpado del terreno. Sólo el
que se presenta en la prolongación del
monte, es susceptible de ataque, por
no estar flanqueados ni tener más fue- -
gos que los directos, pudíendo el si-
tiador llegar á cubierto hasta medio
tiro de fusil del fuerte, resguardado
por un barranco que tiene a la dere-
cha. En lo interior del fuerte existe un
robusto edificio de sillería cqn una
gran cisterna, que recibe las aguas de
sus azoteas; está construido á prueba
de bomba, para la guarnición y las
provisiones o repuestos de boca j gue-
rra. A unos 147 metros del ángulo de
la izquierda del frente principal, haj
uu pequeño reducto de tapia, rodeado
de un corto foso en dos frentes, j lo
restante de un simple muro: su posi-
ción es muj ventajosa, pues desde
ella se descubre una gran parte del
camino de Aragón y la falda del mon-
te. Según cálculos hechos en 1794,
esta plaza, castillo y fuerte necesitan
una guarnición de 4.300 infantes,
300 artilleros j minadores j 400 ca-
ballos.
23, Poblaciones inworíantes.'^Bala'
ywr, situada sobre etSegn, con 4.732
TOMO m
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386 LÉRI
LÉRÍ
LÉRI
habitantes, abundante campiña t for-
ti6caciones. Cervera, con 5.345 almas,
fábricas de tejidos da algodón, hilo y
cÁrlamos, restos de sua castill )S j un
notable edificio, en el caal estuvo ins-
talada la antigua unirersidad de Ca-
talafia. TÁrrega, con término bien
ctútivado, manufactuias, aguardien-
tes T 4.000 almag. AgramíMt, con
1.188, campo feraz j fábricas de teji-
dos. Solíona, antigua ciudad episco-
pal, con 2.367 habitantes, catedral,
herrerías, manufacturas de hierro, de
algodón j seda. Tremp, en un valle
amenísimo, llamado Conca, regado
por el Noguera-Pallaresa, con 4.90Ü
habitantes. Seo de ¿'ryel, ciudad epis-
copal, ediñcada en una hermosa j fér-
til vega, bañada por el Segre, con
3.057 habitantes, catedral, seminario
j un fuerte castillo. Sori, en suelo
mu; quebrado, con 948 habitantes j
un puente sobre el lío Noguera. Vie-
lUi en terreno fragoso, que forma el
valle de Arán, en los confines de
Francia, con 755 almas v minas de
plomo, cobre y hierro, j Talarn, con
745 y abundante viñedo.
24. Carácter, — El de los habitantes
de la provincia de Lébida es muy pa-
recido al que se observa en los restan-
tes del antiguo principado de Catalu-
ña: honrados, activos, laboriosos, re-
servados, económicos hasta en el ha-
blar, francos, veraces, emprendedores,
fuertes , arrojados , independientes ,
constantes en la amistad, amantes de
su país y acérrimos defensores de la
independencia de su patria; he aquí
los rasaos más salientes del carácter
distintivo de los leridanos.
25. BUioria* — En esta y en la geo-
grafía antigua aparece la ciudad que
nos ocupa con el nombre de Ilerda, el
cual vino luego á parar en el de lA-
BiDA mediante una pequeña adulte-
ración, causada por una ligera metá-
tesis. En sus primitivos tiempos llegó
á formar con otros pueblos de menor
importancia una gran confederación
fiolítica, y á ser la capital del país de
08 iUrgetes, El nombre gentilicio de
esta ciudad, extendido á los diferen-
tes pueblos de su confederación, ofre-
ce alguna variedad en los antiguos
escritores: en Plinio, se lee correcta-
mente ilerdensa; en Esteban de Bi-
zancio, ilerdiies, y en Ptolomeo, iUr-
gelet, quizás por error de copia. Se-
gún las memorias de los geógrafos
mayores, el territorio de aquella con-
federación se hallaba limitado, al Es-
te, por los laceianos; al Norte, por los
cerretanot amusianoi; al Oeste, por los
vatcones y edetanos, y al Sur, por la
parte de la Laeeíama de que se formó
una región distinta, llamada Auseía-
na,j los meseíanoSf que eran los de las
montañas de Prades. El río Segre la
separaba de los lacetanos y se dilataba
hacia Huesca, contada por Ptolomeo
entre los pueblos ilergetes, y 96g'ui&
el. confín de la Vasconia hacia el Ebro,
que la separaba de la Edetaniat hasta
la boca del mencionado Segre. Se^ún
Kstrabón,la¿0efte«taT6aía extendién-
loso, d«id« U raíl del Firsaeo, on
largas llanuras, hasta los confines de
Lékida y de Aytona: esta región fué
abíiorbida más tarde por sus dos li-
mítrofes, la vascona y la ilerdense, co-
mo refiere Ptolomeo. Este geógrafo
cita diez ciudades ilergetas: Bargasia
(Bálaguer), Celsa (Jelsa), Bergídum
(Bartustro), Srga (Orgaftá ó Ergañá),
'S'ucoia(Sariüena), Otca(lIuesca^, ¿«r-
íina (Almudévar). Gallica F¡avta(FTtL-
ga), Orgía (Urgel) y la denominante
Jlerda (Lérida). &gun Tito Livio,
el Itinerario da Antonino y otros mo-
numentos de la antigüedad, se sabe
que estas ciudades eran en número
mayor. Esta importante región vió su
libertad amenazada cuando el gran-
de A.mtlcar se lanzó sobre España
para reintegrar á su poderosa repú-
blica de la pérdida de Sicilia y de
Gerdeña, y disponerse á una naeva
guerra contra Roma, en la que inten-
taba llevar directamente sus armas
sobre aquella ciudad, lo que hubiera
verificado á no haberle sobrevenido la
muerte. Pero Aníbal, que no podía
menos de realizar el pensamiento pre-
dominante délas Barcas, buscó luego
un pretexto en la guerra saguntina;
desafió á Roma, recorriendo el país
oriental del Ebro, con cuya excursión
empezó su memorable campafia, so-
metiendo al yugo africano la libre
Ilerda y las numerosas repúblicas con
ella encabezadas bajuel nombre común
de iiergetat. El autor antes citado, al
ocuparse de la famosa marcha de Aní-
bal para Italia, dice: que así que este
gran caudillo hubo pasado el Ebro,
sujetó á los ilergeítij a los bargutios, í
los auseíanos y á la Lacetania (mal es-
crita, Aquitania). Mucho antes de la
invasión de los romanos tuvo Ilerda
príncipes particulares. Cerca de esta
ciudad retó, venció é hizo prisionero
Escípión á Haunón, á quien Aníbal
había dejado en la España oriental
para mantenerla tranquila bajo su
dominio, 216 años antes de la era
cristiana. Más tarde se hizo Lérida
fomosa en la primera campaña que
emprendió César contra Pompeyo en
la Península; y bajo los muros de esta
ciudad, ya entonces fortificada, batió
César á Afranio y á Petreyo, lugarte-
nientes del gran Pompeyo, los cua»
les, acorralados por aquél, y después
de reiteradas tentativas para romper
las líneas de César, viéronse forzados
á pactar con éste una capitulación en
la que ofrecieron abandonar inmedia-
tamente el territorio español. De este
modo logró César terminar aquella
campaña, 49 años antes de Jesucris-
to. Por este tiempo, refiere un histo-
riador, hallábanse ya Lérida y los
demás pueblos que encabezaba muy
adelantados en agricultura é indus-
tria, como los restantes de las regio-
nes orientales y meridionales de Es-
paña. El fecundísimo campo ilerdeu-
se era ya el granero de Cataluña y
aun de todo el imperio, j á los espa-
ñoles Julio Higinio y Hoderato Oo-
lumela debieron los romanos el que
la ciencia agrícola fuese reducida á
orden y método, flsta eiadad, ea lo
civil, estuvo adscrita al convento ju-
rídico de Zaragoza; acuñó moneda, j
por sus medallas se sabe que en tiem.*
pos de los emperadores Augusto y Ti-
berio fué elevada al rango de munici-
pio. Algunas de estas medallas, co-
mentadas en la colección de Flórez,
presentan la efigie de Augusto con la
inscripción /«p. Aiufust. Divi F, y
en el reverso una loba, j encima,
M%H. Ilbhdá. También en laa letras
floreció LfiRiDA bajo el poder romano,
pues su universidad, conocida ya ea
tiempo de Horacio Flaco, llegó á ser
sumamente frecuentada, conserván-
dose en ella la tradición de haber
dado lecciones de derecho el célebre
Poucio Pilatos, cuyo nombre lleva
aún el cuartel de caballería, edificado
sobre el local de la antigua universi-
dad, la cual fué demolida para dar
ensanche al glacis del castillo princi-
pal, que anteriormente hemos descri-
to. Bajo la dominación de los godos,
alcanzó Lérida la misma importan-
cia, figurando con la dignidad de ieie
epiícopal y celebrándose en su recin-
to un famoso concilio por los años
de 546. Durante la invasión de los
musulmanes, no fué ésta de las po-
blaciones que más padecieron, de-
biendo notarse que en la división
que Yusuf hizo de nuestro territorio
en 747, aparece con el nombre de
Lareda, como una de las ciudades
más notables de la provincia de Za- .
ragoza. En 793, cayó en poder de
los francos; en 797, la reconquistó
£l-Hakem; dos años después, se tÍó
asaltada y destruida por Luis el Bo»-
dadosot y en 24 de Octubre de 1149
fué conquistada á los moros por Don
Ramón Berenguer, último conde de
Barcelona y rey de Aragón. En 1213,
celebráronse en Lérida Cortes gene-
rales de Aragón y Cataluña, en las
cuales era j urado el rey Don Jaime I ,
á la edad de seis años. Esta población
fué una de las que en 1238 mandaron
sus tropas á la conquista de Valencia,
Ír como fuese la compañía de Lébida
a primera en romper el muro de aque-
lla ciudad, quedó como proverbio la
siguiente frase: \jLSKiÁ.la ha ^oradat
(Lérida la ha agujereado). Habiéndola
el rey otorgado el premio que por ello
ofreciera, envió esta ciudad á valen-
cia mil jóvenes y mil doncellas para
poblarla, origen de la nobleza vaien-
ciana;y de las cuatro flores de lis que
campeaban en su escudo de armas,
concedió una á Valencia para que la
pusiese en sus monedas, (señalando
además los pesos y medidas que debía
usar la ciudad conquistada, que eran
los de LáRiDA. El historiador de quien
tomamos estas noticias, añade que,
en distintas ocasiones, Valencia ha
saludado á Lérida con el honroso ti-
tulo de Madre y todos los años man-
daba dos síndicos á fiscalizar los pesos
y medidas, según lo atestiguan las
cartas guardadas en el archivo muni-
cipal, sin que haya podido averiguar^
se la causa de haberse interrumpido
aquella costumbre. Lérida fué duran^
te algunos siglsi la leaidencia de los
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LÉR
LÉRI
LERM 387
monarcas de Aragón. Bajo el nlnado
de Felipe lY resistió bizarramente i
los ataques del ejército frunces, man-
dado por el conde de Harcourt, qnien
intentó vanamente apoderarse de la
población en 1646; ^al año siguiente
se hizo notable el sitio que sufrió por
las tropas del gran Conde, las cuales,
á pesar de haber hecho abrir las ífí*»-
chera», por mera jactancia, al ion de
violinet, tuvieron que retirarse aver-
gonzadas ante la resistencia heroica
y valeroso empuje de los defensores
de una plaza que se hallaba reducida
al último extremo, diezmada su guar-
nición, acobardado el gobernador, des*
traída la ciudad por el estruendo de
las ruinas, las bombas j los proyecti-
les, sin contar los estragos del ham-
bre. Todos los afios, en el día de San-
ta Cecilia, se celebra en asta ciudad la
fiesta llamada del rescate 6 socorro, en
conmemoración del glorioso hecho de
armas que aseguró á la monarquía
española laposesión del principado de
CaUluña. En 12 de Octubre de 1707
tomó el duque de Orleáns por asalto
esta ciudad, que entregó al pillaje, j
en 14 de Majo de 1810 se apoderaron
nuevamente de ella los franceses, á
las órdenes del mariscal Souchet,
después de un horroroso bombardeo,
incendiando casas j llevándose un
rico botín en los tres días que duró el
saqueo. En 1812, el barón de Eróles,
puesto de acuerdo con un tal A.zequi-
nolaza, que se hallaba al servicio del
Gobierno francés en calidad de guar-
da-almacén, proyectó apoderarse de
la plaza j los castillos de Lbbida por
medio de la inicua, cobarde y crimi-
nal estratagema que un verídico his-
toriador refiere en los siguientes tér-
minos: «El plan consistía en hacer
volar los almacenes de pólvora del
castillo principal, j al abrigo de la
confusión ^ sorpresa que este acci- !
dente debía causar, introducirse el
barón con sus tropas, ^ue, al efecto,
estarían prontas en las inmediaciones
de las murallas. Cumplió el infame y
malvado Azequinolaza su palabra em-
peñada, con tan poca premeditación
cooao Ma crueldad. A. las doce de la
noche del día 17 de Julio, víspera de
la Virgen del Carmen, un espantoso
ruido, acompañado de una tremenda
oscilación, vino á despertar á los ha-
bitantes de Lbbida que no habían sido
sepultados entre los .escombros de sus
casas. Lanzáronse á las calles, desnu-
dos en su majoT parte, para refugiarse
en los templos, preguntándose mutua-
mente la causa, que los más ilustrados
atribuían á una erupción volcánica. La
realidad del hecho era que Azequino-
laza había introducido en un barril
de pólvora la punta de una mecha
fatal, cuya duración tenía calculada
de antemano, j encendiendo el extre-
mo, se puso en salvo, reuniéndose al
ejército, sin haber participado su pro-
vecto á su propio padre, a quien aejó
abandonado á la terrible venganza
del enemigo. Ochocientos y más quin-
tales de pólvora estallaron á la vez
debajo de la bóveda del antiquísimo
castillo de Templarios. Sobre esta bó-
veda estaba el cuartel de artillería,
y así sucedió que de los soldados que
allí había no se encontró ni el más
ligero rastro, porque debieron ser tri-
turados al estrellarse contra la otra
bóveda, que cubría el cuartel y que
servía de paso á la sala de armas. Los
dos lienzos del edificio volaron, arran-
cados de cuajo, en dirección á la pa-
rroquia de la Magdalena, desde la
prodigiosa elevación del castillo, cau-
sando los enormes sillares despedidos
por la pólvora una especie de nuevo
bombardeo, que en un instante apla-
nó los barrios de la citada parroquia.
Es incalculable el numero de perso-
nas que allí perecieron; pero el estra-
go habría sido aún ma/or á no ser
por la circunstancia de que la majo-
ría de los vecinos se hallaba en el
campo, ocupados en las faenas de la
trilla j pernoctando on las eras. Im-
posible sería describir los horrores de
aquella noche y del día que le subsi-
guió. En el interior de las casas, que
se salvaron de !a ruina, apenas que-
daron tabiques, ni pared maestra que
no se resintiese. Se podrá calcular la
fuerza de la explosión, al saber que
muchas de las piezas montadas en los
baluartes inmediatos, fueron arran-
cadas de sus montajes j lanzadas á
más de una milla-, y que en algunos
pueblos, á la distancia de 28 kilóme-
tros, se experimentó un temblor que
derribó los vasares y las vajillas que
sostenían. En el castillo no quedó un
solo saldado útil y los más perecie-
ron. La traición de Azequinoiaza fué
un tanto estéril, porque el barón de
Eróles no se determinó á ocupar la
plaza, á pretexto, según se dijo des-
pués, de no encontrarse con fuerzas
para sostenerla.» — En 1.* de Noviem-
bre de 1823 abrió Lérida sus puerlas
j á los invasores y á las tropas reales
españolas, siendo una de las últimas
fortificaciones que se sometieron al Go-
bierno de la restauración. La brillan-
te historia de este pueblo está como
sembrada de gloriosos hechos de ar-
mas j de memorables proezas, que
acreditan el civismo y la constancia
de sus habitantes, asi como el esfuer-
zo valeroso con que siempre pelearon
tanto por sus fueros j privilegios
cuanto por las públicas libertades.
26. Hombres célebres, — Entre ellos,
son dignos de particular recuerdo,
don Alonso de Borja, papa que fué con
el nombre de Calixto III; don Juan
Sentís, obispo de Barcelona y virrey
de Cataluña; el cardenal don Fran-
cisco Ilemolins; don Alejandro Do-
mingo de Roz, autor de una obra ti-
tulada Discursos políticos, dedicada á
Felipe IV; fray Cristóbal de Gálvez,
famoso predicador y religioso de san-
to Domingo; don Miguel de Cortia-
da, catedrático de le_y es y regente de
la rüal cancillería de Cataluña; Juan
Chico, esforzado adalid que tanto se
distinguió en la toma del castillo de
Ibíza, siendo el primero que subió al
asalto, y dos soldados de Lérida que
contribuyeron poderosamente & la
conquista de UalloTca por «I nj Don
Jaime.
27. fferÁldiea.—'BX escudo de esta
insigne ciudad ostentaba por armas
cuatro flores de lis, que se dice le dió
Ludovieo Pío, en el año 803, y el con-
de Don Ramón Berenguer IV le aña-
dió las cuatro barras da Aragón, co-
locando sobre ellas las tres Sores de
lis, que la quedaron, cuando hubo de
ceder una á Valencia.
ETiuOLoaÍA. Latín llerda, «; cata-
lán, Lleyda. «Ciudad ilustre en nues-
tra historia, capital de una de las
cuatro provincias de Cataluña, fun-
dada sobre las orillas del Segre, con
excelente agricultura y buen castillo.
Lérida es mansión sumamente agra-
dable.»
Leridano, na. Adjetivo. Lo perte-
neciente & Lérida^ el natural de esta
ciudad y su provincia.
ETWOLoaÍA. Leridense.
Leridense. Adjetivo. Lbribano.
ETUíOLoaÍA. Latín illerdensis: cata-^
lán, il-Urdés, a, cosa de Lérida; %l-ler-
det, a, leridano.
Lerina. Femenino. Geografía a»-
tigwt. Nombre de dos islas del Medi-
terráneo; hoy, San Honorato y Santa
Margarita.
ETiHOtOQÍA. Latín Lerina.
Lerma (Francisco Góhbz nB Sam-
DOVAL T Rojas, marqués de Denia ¡/
conde-duque de). Hombre de Estado es>
pañol, que nació á mediados del si-
glo XVI y murió en 1625. Siendo mai^
qués de Denia, fué nombrado caballe-
rizo mayor del infante, después Feli-
pe III, quien , al subir al trono , le
nombró duqub db Lbbua y primer
ministro. Su administración, que di-
vidió con don Rodrigo Calderón, em-
pezó desde luego de un modo desas-
troso. Emprenoió dos desgraciadas
expediciones contra Inglaterra, que
concluyeron con una paz que se vió
obligado á aceptar en 1604. No fue
más feliz en la guerra contra los ho-
landeses, la cual, después de una lar-
ga lucha , terminó con el reconocimien-
to de la independencia de las Provin-
cías Unidas, en 1608. En el interior,
estableció un sistema de corrupción é
inmoralidad inaudito, poniendo en
venta todas las dignidades, empleos
y cargos públicos, con lo cual en poco
tiempo se alzó con riquezas fabulosas.
Quiso establecer un impuesto sobre el
señorío de Vizcaya; pero los vizcaínos
se negaron abiertamente á satisfacer-
l ). En 1609 publicó el decreto de ex-
pulsión de los moriscos de España,
medida bárbara, que, además de no
poderse llevar á erecto sin gran de-
rramamiento de sangre, privó al país
de un sinnúmero de brazos útiles á la
agricultura, la industria y las artes;
pero, en cambio, acrecentó la fortuna
del ministro, que se hizo dar para sí
Í' su familia 500.000 ducados sobre
os despojos de los expulsados. La
miseria pública creciente y el abati-
miento en que se veía caer al país, ex-
citaron una aversión general contra
aquel Gobierno, y temeroso el du(JI)k
ob Lbrua de que llegaran á iadispo-
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338 LERN
LE SA
LESB
nerle con el rej, puso á su lado ea
Brimer lugar á su hijo» el duque de
ceda, como sumiller de corpa; y
después, como coufesor del re^, á
fraj Luis de Aliaga, hombre ente-
ramente SUJO. Pero tuvo el disgus-
to de ver á aquellos dos hombres
convertirse maj pronto en sus más
encarnizados onemigos j trabajar ac-
tivamente en su ruina, sin que basta-
ra i contrarrestarlos los esfuerzos de
su jrerno el conde de Lemos, y su pa-
riente don Francisco de Borja, á quie-
nes introdujo también en la cámara
real para que le sostuvieran. Como úl-
timo recurso para conjurar la tormen-
ta que le amenazaba, pidió j obtuvo
de liorna el capelo de cardenal; pero
este acto sólo sirvió para precipitar
su caída, porque el rej, no pudiendo
ja tratar con imperio á un alto dig-
natario de la Iglesia, se desprendió
de él sin esfucno, reemplazándole con
su hijo el duque de Ueeda. A la muer-
te de Felipa IIZ, los adversarios del
DUQUB DB Lbbua, consiguierou que se
abriera un proceso que llevó al cadal-
so á don Rodrigo Calderón, j respe-
tando en el duque la púrpura carde-
nalicia, 86 le condenó solamente á
fiagar al Erario 72.000 ducados anua-
es j el atraso de veinte años por las
rentas adquiridas durante el tiempo
de su privanza, condena que causó la
muerte de aquel hombre codicioso.
(Sala.)
Jleseña. — El ouqub db Lbbha mere-
ció de la antigüedad una famosa re-
dondilla:
Caantan ojoi qii« ta vleroa
Í.ne ai fniite lo qii« faiata,
iié por el aer que te dieioiif
uo por el «or qae toTlate.
Lerna. Femenino. Geografía antí-
gm. Ciudad de la Argolla.
EnuOLOoÍA. Latín Leme. (Plinio.)
Lernea. Femenino. Geografía anti-
úua. Laguna de Morea, célebre por
la eustcncia fabulosa da la hidraj que
mat '> Hércules.
Etiuolooía. Latín Lerna. (Punió.)
Lemeas. Femenino plural. Áníi-
Íüedadet. Fiestas que se celebraban en
.erna (Grecia) en honor de Baco,
Ceres j Proserpioa.
Etimoloqía. Lerna.
Lerneiforme. Adjetivo. Historia
naíwal. Que tiene la forma de un 1er-
neo.
ETiuoLoaÍA. Lemeo y forma*
Leraeo. Masculino. Entomología,
U-énero de insectos crustáceos parási-
tos, que viven generalmente en el
agua, j se adhieren á diversas partes
de la superficie exterior de los anima-
les: especialmente, de los pescados.
Etiuoloqía. Latín lernaui, lo que
es de la laguna Lfirnea.
Lerneocero. Masculino. Zoología.
Género de gusanos de cuerpo prolon-
gado, ventrudo hacia el medio j cu-
bierto de una piel lisa.
ETiuOLoaÍA. Lerneo j keras, cuerno.
Leraeomiso. Masculino. Zoología.
Género de gusanos de cuerpo ovoide
terminado anteriormente por una bo-
ca bilabiada.
Etiuolooía. Lemeo j myU (|w1at),
mosca.
Lerneopenne. Femenino. Zoolo-
gía. Género de gusanos de cuerpo
prolongado j cilindrico, terminado
anteriormente por un bulto cefálico,
j con un par de antenas cortas j
oblicuas hacia atrás.
EnuoLoaÍA. ¿«tha» j el latín pem-
na, ala, pluma.
Lenreo. Masculino. Zoología, Ei-
pecie de antílope de Berbería.
Lesa. Forma femenina da leio. |
Lbsa uajbstad* ó lesa hajbstad hu-
mana. La majestad del rej violada,
ofendida. Q Lbsa majestad divina. El
mismo sentido respecto de Dios. Q Le-
sa HUMANIDAD. El mismo sentido res-
pecto del hombre. | Lbso debbcho.
El mismo sentido respecto de la lej.
Q Lbsa uoral. El mismo sentido con
relación á la conciencia j á las cos-
tumbres públicas.
Etiuología. Lego: latín, lssa «o-
jeslas, lesa majestad; UBSvujut, leso
derecho; francés, lésa majettá.
Le Sage (Auxn Renato). Célebre
escritor mncéi^ que nació en Sarzeau
(Morbih&n) en 1668 j murió en 1747.
Estudió en el colegio de jesuítas de
Vannes; ocupó un modesto empleo en
Fermes; fué á París en 1692 para vi-
vir de su pluma, v un triste desampa-
ro fué el premio de su deseo de inde-
pendencia. Sus primeros trabajos fue-
ron: una traducción de las Carta» de
Árisieneto; otra de la segunda parte
del Quijote de Avellaneda, j varias
comedias imitadas del teatro español.
Una comedia en nn acto, Crüjdn, ri-
val de su amo, y una novela, imitación
6f mejor dicho, casi traducción del
Diaih abuelo de Guerara, publicadas
ambas en 1707, revelaron: la una, su
aptitud para el género cómico; y la
otra, el profundo conocimiento que
del idioma y de las costumbres espa-
ñolas poseía. Con otra comedia en cin-
co actos y en prosa, Turcaret{Ví^^)y
una novela, Gil JBlat de Sanlillana,
cuya primera parte apareció en 1715
y la continuación, en 1724 y 1735,
adquirió tal renombre, que los fran-
ceses le colocan á la altura de Moliere
en la pintura de los vicios, de los
defectos y de la parte de ridículo que
todas las clases sociales tienen. Tur-
caretf donde pinta las costumbres de
los comerciantes de entonces, fué para
Lb Saob una ocasión de probar la in-
dependencia y el desinterés de su ca-
rácter, rehusando 100.000 francos que
los comerciantes le ofrecían por reti-
rar su obra. Sin embargo, por grande
que fuese el éxito del Turcarel, su re-
putación se debe, más que nada, al
Gil Blas, novela cortada por el patrón
con que habían cortado las su jas Hur-
tado de Mendoza, Mateo Alemán,
Francisco Santos y los inimitables es-
critores picarescos del siglo xvii. El
Gil Blas retrata de tal modo nuestras
costumbres j nuestro modo de sentir
j de pensar, que no es mucho que
ilustres críticos, entre ellos el padre
Isla, hajan creído ver, no una obra
original, sino una traducción ó imita-
ción á semejanza de las que el mismo
autor dió del Gmmin. de Alfaraehe,
de don Querubín de Ronia, de Stteba-
nillo Gomálet y del Bachiller de Sala-
manca. Objeto de empeñadas polémi-
cas ha sido dilucidar este punto; de-
biendo nosotros añadir, sin que entra
Sara nada en la cuestión el espíritu
e amor propio nacional, (jue ann
prescindiendo de las observaciones del
sapientísimo padre José Francisco de
Isla j de las acertadísinuB- é incon-
testables de don Juan Antonio Lló-
rente, basta la simple lectura de dicho
libro, para convencer á cualquier per-
sona imparcial de que sólo un espa-
ñol, ó quien hubiera residido en Es-
paña la major parte de su vida, podía
conocer los usos, costumbres, lengua-
je j geografía de España con unos
detalles tan minuciosos como se en-
cuentran en el Gil Blas, Los france-
ses, queriendo hacer major el mérito
de Le Saos, alegan, como cirenna-
tancía relevante, t^ue jamás poto los
piés en España, sm pensar que esto
es precisamente lo que echa por tierra
sus argumentos, porque, ann después
de una residencia de machos años en
el país, sería obra de gran mérito en
un extranjero, y viene á ser comple-
tamente imposible en quien no cono-
cía ni la historia de España, como lo
firueban los crasísimos errores crono-
ógicos que cometió al intercalar cier*
to número de historietas en el relato
firincipal. Las mejores ediciones de
as Obras completas de La Saob son las
de París, 1831-22 (12 volúmenes en 8.*)
j 1828 (12 volúmenes en 8.'). ^ GH
Blas ha sido impreso, traducido é imi-
tado multitud de veces, llevando la
palma entre todas las traducciones, la
que hizo al castellano el padre Isla.
Lesa muestad (cbxubu db). ffis^
ioria. 1. Calificación qne se daba, en
la antigua jurisprudencia romana, á
toda empresa ó acto contra el pueblo
romano, su imperio ó su dignidad; y
á todo atentado directo ó indirecto
contra la tranquilidad interior ó exte-
rior de la república. Hubo en Roma
un tribunal especial para conocer de
estos delitos, j la pena del culpable
era la de muerte.
2. Augusto colocó los Ubetot y las
ofensas contra el emperador 6 sn ma-
dre entre los crímenes db lesa majes-
tad; j en tiempo de Tiberio, los de-
latores abusaron mucho de esta lej.
3. Bn Fnncia, estos crímenes se
calificaban de dos clases: el de lbsa
uajbátad diñna, blasfemia, sacri-
legio, etc.; j el de lbsa majestad
humana, atentado contra el soberano
ó contra los infantes, deserción al ex-
terior, conspiración, rebelión, etc. El
culpable era condenado á muerte con
los más horrorosos tormentos; pero
desde la revisión del Código pe-
nal (1832), el atentádo contra la vida
del soberano se castigó como parri-
cidio,
Lesbio, bia.. Adjetivo. El natural
de la isla de Lesbos ó lo referente á
ella.
BmcOLOOÍA. Letbot: latín, ksbin$¡
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LESl
LEST
LETA 389
LBSKüu pUctrum, la poesía lírica óú
verso alcáico (del poeta Alceo, que
fué de aquella isla); lbsbu. vates, la
poética Safo, en Ovidio.
LesbM. Femenino. Geografía anti-
em. Isla del Asia menor, en el mai
^;eo, hoy Mitilene, célebre por su
fertilidad, j más aún por ser patria
de Safo. Alfeo, Teofrasto j Pitaco,
nao de los siete sabios de Grecia.
(FtlNIO.)
BrncoLOOÍA.. Grieg^o AevSo; {£et~
hot): latín, Leshu»; francés, Lesoos.
Lesear 6 Lascar. Masculino. Ma-
rioero indio de la clase de los parias.
EnuoLOGÍA. Persa
ejército, tropa: francés, lascar.
Lesión, remenino. Daño ó detri-
mento corporal causado por alg^una
herida, golpe ó enfermedad. | Metá-
fora. Cualquier daño, perjuicio ó de-
trimento. \ Forense, Él daño que se
einsa dolosamente en las ventas por
no hacerlas en su justoprecio. Q enob-
I UB. Forense, El perjuicio ó agravio
qoe alguno experimenta, por haber
ndo en^ñado en algo más 6 menos
de la mitad del justo precio en las
compras ó ventas. Q bnormísiua. Fo-
rme. El perjuicio 6 agravio que al-
^o experimenta, por haber sido en-
gañado en mucho más ó menos de la
mitad del justo precio en las compras
j ventas.
BmiOLooÍA.. I^eso: provenzal, lezio;
catalán, lesió; francés, lésio»; italia-
ao, lesione; del latín lasío, daño, for-
mi sustantiva abstracta de lasui, par-
ticipic pasivo de ladere, dañar.
&MONUáu.. Artículo primero. — Ls-
siÚH, HBBLDA. La idea de lesión es mu-
' eho más extensa que la de herida^
¡ porque abraza, no solo el orden mate-
rial á que ésta se concreta, sino el
orden moral; las distinguen además
otras varias acepciones.
Iji herida puede ser casual; la le-'
tión supone un deseo premeditado.
£d la AíTkfa se ve siempre un daño,
un dolor que sufre la parte física del
indinduo. En la lesión haj siempre
una injusticia, que afecta, no sólo la
parte física, sino la moral del indivi-
üno, porque á las dos so extienden
sus electos. Se hace una herida con un
iastramento ó cualquiera otro cuerpo
duro que, chocando con nuestros
miembros, los descompone; la lesión
DO deseomj^one la parte física, sino
por el sentimiento del ánimo produ-
cido por una injusticia. (Lópbz Pk-
Articulo secundo. — Lbsión, daño. —
El médico dice: Fulano tiene una le-
tpí* on/ánica. No puede decirse: daño
'Orgánico.
El desperfecto que un animal causa
ea un sembrado ó en una heredad, se
llama daüo. No puede llamarse lesi(ín.
Nada más ridículo que decir: pido
que se tase la lesiiín que tal animal
u hecho á mi finca.
I Se reclaman daños y perjuicios. Nada
más repugnante al espíritu de nues-
lengua que reclamar perjuicios j
MÍM«I.
ün amante sabe que su amada le ha
sido infiel, j dice á la persona dequien
recibe la infausta noticia: me hahecho
usted un daño profundo. Si dijera que
le había hecho una ¡esúín profuMa,
significaría que le había herido pro-
fundamente en su cuerpo.
La lesúíu supone daño material, j
no un daño material cualquiera, sino
un daño en que ha^ descomposición
de tejidas, nn daño en que debe in-
tervenir la ciencia. Al hacerme una
ligera cortadura, al clavarme un alfi-
ler en un dedo, diré con propiedad que
me he hecho daño. No puedo decir que
me he causado una lesión, porque ni
el pinchazo dej alfiler, ni la ligera
cortadura se pueden reputar como en-
fermedades que hacen necesaria la pre-
sencia del médico.
La lesión, pues, es quirúrgica: el
daño es físico, civil y moral.
Es físico en el pinchazo del alfiler;
civil, en el desperfecto que hace el
animal en una sementera; moral, en
el dolor que siente el amante al saber
la infidelidad de su amada.
En cuanto i la acepción forense de
lesión, tampoco puede confundirse con
daño, por cuja razón fuera impropio
decir: daSo enorme, daño enormísimo,
en equivalencia de lbsióh enorme, le-
sión rnormisima. Bsta diferencia con-
siste en que el daño puede ser major
ó menor, total ó parcial, mientras que
la lesión ha de consistir precisamente
en el agravio de poco ó mucho más ó
menos de la mitad en las compras y
ventas.
Lesivamento. Adverbio de modo.
Con lesión.
BTWOLoaía. Letivay el sufijo ad-
rerbial mente.
Lesivo, va. Adjetivo. Lo que pue-
de dañar ó causar lesión.
Etiholooía. Lesión: italiano, lesivo.
Lesna. Femenino. Lezna.
Lesnordeste. Masculino. El vien-
to medio entre el Leste v Nordeste. J
La parte que está situada hacia el si-
tio por donde sopla el viento de este
nombre.
Leso, sa. Adjetivo. A^viado, las-
timado, ofendido. Se aplica principal-
mente á la cosa que ha recibido el daño
ó la ofensa; y así se dice: lesa majes-
tad, LESA humanidad, leso derecho
natural, etc. \ Hablando del juicio,
entendimiento ó imaginación, perver-
tido, turbado, trastornado.
BTmOLOOÍA. Laido: \9.ÚTí, lasus, da-
ñado, herido; italiano, leso; francés,
le'só; catalán antiguo, les, a,
Lessueste. Masculino. El viento
medio entre el Leste y Sueste.
Lest. Masculino anticuado. Lbstb.
Lesta. Femenino. Provincial Gali-
cia. Especie de grama olorosa.
Leste> Masculino. Marina. Entre
navegantes, viento Este, Solano ó
Levante. La parte ó punto que está
situado hacia el Oriente ó hacia donde
nace el sol.
Lestear. Neutro, Marina. Declinar
hacia el Este.
BTiMOLoaÍA. Léate.
Lestedo. Masculino. Provincial
Galicia. El terreno en que nace es-
pontáneamente la lesta.
Lestevo. Masculino. Sntomologia.
Género de insectos braquéütroa.
Leste^ocori. Femenino. AntÍ0tie~
dades. Ciudad y arsenal de Corinto,
en Morea. (Pumo.)
ETiuoLoaÍA. Latín L?cha, plural,
j Lechaum, singular.
Lestrígones. Hasculino plural.
Tribus de antropófagos que, según
las historias j poemas mitológicos,
habitaban en Sicilia. También se dio
este nombre á las de igual especie
que moraban en Campania.
BTiuoLOaÍA. Griego >atnpimvGC
(laistrygónes): latín, leu^fftket; nan-
ces, lestrygon.
Reseña. — Los lestbiqonbs de Cam*
ania eran los habitantes de Formias,
quien los antiguos poetas presenta-
ban como antropófagos.
Letable. Adjetivo. Que causa ale-
gría.
BTUiOLOofá^ Letadáñ: latín, Imior-
iUis.
Letabando. Adjetivo. Que rebosa
alftgría.
STiHOLOOfA. Letadin: latín, Imta-
hüiidus.
Letación. Femenino. Alegría.
ExiMOLoaÍA. Griego Xáw (lád), go-
zar; Xáito; (láitos), incólume; latía,
latus, alegre, en buen estado, hermo-
so; laíatio, alegría.
Letal. Adjetivo. Mortífero, ó lo
que causa ó puede ocasionar la muer-
te. Tiene más uso en la poesía.
Etiwología. 1. La etimología de
letum es incierta; algunos dicen que
viene del griego Uthét olvido. (Mok-
LAV.)
2. Latín levaíus, participio pasivo
de levSre, arrebatar. (Fbsto.)
3. Latín lere, borrar, primitivo de
detere, extinguir. (Peiscumo.)
4. Esta es la verdadera etimología.
Letum, muerte, representa una forma
simétrica de lelus, participio ficticio
de tere, borrar, destruir.
5. Lethnm es una mala ortografía,
producida por la influencia del griego
Xíj&7] (léíhe), olvido. La ortografía eti-
mológica es iHum, forma de tere, bo-
rrar, extinguir. (Littrjí.)
6. La opinión de este sabio autor
concuerda con la de los eruditos De
Miguel y Morante, quienes afirman
que la voz propuesta se deriva de leo,
primitivo de ditVlo, yo borro.
Derivacidn. — Latín, lere, borrar;
letum, muerte; leíalis, mortal: italia-
no, leíale; catalán, letal.
Reseña, — 1, tLetum se diferencia
de mors, en que esta última voz ex-
ͻresa la muerte misma, mientras que
eíum se refiere á la manera de morir,
según resulta del siguiente verso de
Estacío:
MtíU modte L^Ti müero» xobb tiiia ftíigat;
«los modos de morir son muchos; pero
la muerte es una.» (Lbssino.)
2. «Añadamos también que, aun
cuando letum exprese la misma idea
que mors, muerte, el uso de la buena
latinidad hizo de liíum una voz noble
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390 LETA
LETR
LETR
j poéti», escogida j solemne. Poético
es también el adjetÍTO letal.» (Mon-
LAU.)
Letalidad. Cualidad de lo letal.
ETiHOLoaÍA. Letal: francés, Utha~
liítf.
Letalmente. Adverbio de modo.
Uortalmente.
Btiholoqía.. Zeial y el sufijo ad-
verbial mente: latín, UiSltíer, mortal-
mente.
Letame. Mascnlino. Tarquín, cie-
no T basara con que se engrasa j abo-
na la tierra.
Letanía. Femenino. Rogativa, sú-
plica que se hace á Dios con cierto
orden, invocando la Santísima Trini-
dad, j poniendo por medianeros á
Jesucristo, la Virgen j los santos. Se
usa en plural en el mismo sentido. |¡
Procesión que se hace regularmente
por alguna rogativa cantando las lb-
TANÍAS. Se usa en plural en el mismo
significado. H Familiar. Lista, retahi-
la, enumeración seguida de muchos
nombres ó cosas. | uatorbs. Plural.
La procesión de rogativa que se hace
en la Iglesia católica el día de san
Marcos, cantando las letanías que
están señaladas. || mbnokss. La proce-
sión de rogativa que se hace en la
Iglesia católica los tres días antes de
la Ascensión. |] db la Virqen, ó le-
tanía LAUEKTANA. Cierta depreca-
ción á la Virgen por sus elogios j
atributos colocados por orden, la cual
se suele cantar ó rezar después del
rosario. j| Venib ó tbnibsb con leta-
nías. Frase familiar. Venir con histo-
rias. I Dejarse de letanías. Frase
familiar. Ir derecho al asunto.
Etimología. Griego Xítij (HUJ, rue-
go; XnavBÍa (litaneia), letanía: latín,
lita, diosas de los suplicantes; litaret
aplacar i los dioses con súplicas j sa-
crificios; Rtamen, sacrificio con que se
aplacaba á los dioses; Uí&nta, roga-
ciones; catalán, /^/aníá/provenzal, le-
tanías; francés, liíaniet; italiano, leía'
nie; Hainaut, létanie; walón, nétaléie.
Letargía. Femenino anticuado.
Enfermedad. Lbtabgo.
Etimología. Letargo: griego, XijOap-
yloL (lelAargla); latín, leíhargía; catSL-
lán antiguo, Ilitargia; moderno, letar^
gia; provenzal, letargía, liiarguia;
francés, le'thargie; italiano, letargía,
Xietirgicamente. Adverbio de
modo. Con letargo.
Etimología. ZeiMyica j el sufijo
adverbial menít,
Let&rgícOi oa. Adjetivo. Medici-
na. El que está con letargo 6 lo que
pertenece á esta enfermedad.
Etimología. Letargía: griego, Xtj-
^pytxót; (leíAargikdsJ; latín, lithargí-
ctw; italiano, letárgico; francés, Ulnar-
gique; provenzal, litargix.
Letargo. Masculino. Medicina. Ac-
cidente peligroso que consiste en la
suspensión del uso de los sentidos j
de las facultades del ánimo. |] Metáfo-
ra. Torpeza, insensibilidad, enajena-
miento del ánimo por la vehemencia
de alguna pasión,
BtiuolooÍa. Griego Xijdi) (léthe),
olvido; XijeapY*; (letüiyoi): latín, li-
íhargu»; italiano, letargo; francés, lé-
tkargut.
Letargoso, sa. Adjetivo. Lo que
aletarga.
Lete. Masculino. Mitología. Río del
Olvido, porque sus aguas nacían olvi-
dar lo pasado á los que las bebían.
Según la mitología, el Leteo separa-
ba el Tártaro de los Campos Elíseos.
(MONLAÜ.)
BTnioLOaíi. Griego AifOq {L/th3j:
latín, ZitAe; francés, £/th/.
Leteo, ea. Adjetivo. Poética. Lo
que pertenece al río Lete 6 Leteo, j
participa de alguna de las calidades
que le atribuje la mitología.
Etimología. Latín ¿^(Atnu: catalán,
leteo, a,
Leticia. Femenino anticuado. Ale-
gría, regocijo, deleite.
Etimología. Letación: latín, lati-
tía\ italiano, letizia; catalán antiguo,
letUña.
Letífero, ra. Adjetivo. Que da 6
lleva consigo la muerte.
Etimología. Latín letífera de litum,
muerte, j /«rre, prodacir: francés, ¡é^
thiñre.
LetiflcaeiÓn. Femenino. Acdtfn 6
efécto de letificar.
Letificado, da. Participio pasivo
de letificar.
ETncoLOGÍA. Latín latífíc^tiu, par-
ticipio pasivo de Uetíficare.
Letiflcador, ra. Masciüino j fe-
menino. El que letifica.
Etimología. Letificar: latín, latijl-
cator, en Tertuliano.
Letificante. Participio activo de
letificar. Lo que alegra. | Adjetivo
anticuado. Medicina. Se aplicaba á los
remedios que dan energía, actividad
j TÍ^r. Se usaba también como sus-
tantiTo mascttlino.
Letificar. ActÍTO» Alegrar, regoci-
jar. I Animar.
Etimología. Latín Ut&ficare, ale-
grar, de latut, alegre, j fac^re^ ha-
cer: italiano, letitiare.
Letifico, ca. Adjetivo. Lo que
alegra.
Etimología. Latín lafíflcus, de la-
tía, alegre, j faoíre, hacer: letifica
referre^ traer buenas noticias.
Let(jo. Masculino anticnado. Li-
tigio.
Letor, ra. Masculino j femenino
anticuado. Lector, por el que lee.
Letos. Masculino ^\Mt?\. Ántigie-
dades. Nombre da unos bárbaros del
Norte que, habiendo hecho una irrup-
ción en territorio del imperio romano,
obtuvieron ciertas porciones de terre-
no, previa condición de estar sujetos
al servicio militar de Roma. Bajo la
denominación de letos se entendía,
ora la población rústica que perma-
necía entregada al cultivo de los cam-
pos, ora lo más selecto de aquella po-
blación, que servía en los ejércitos
romanos.
EriifOLoaÍA. Bajo latín leti y latí,
forma de Letía, ribera de los Países
Bajos, (Don Martín, diado por Lit-
TRÍ.)
Letra. Femenino. La nota, cifra 6
carácter de un alfabeto, que por si
solo ó junto con otros forma una síla-
ba, j sirve para escribir nuestros con-
ceptos. Q En castellano ae distinguen
anas de otras las letras alfabéticas con
las siguientes denominaciones. Con-
sonante. La que no tiene sonido sin
el apoyo de una vocal, y algunas de
dos, como las, lacjson todas las del
abecedario, menos las vocales. || do-
blb. Cada una de las que se escriben
con dos signos, como la ch, la ll, et-
cétera. B LÍQUIDA. La consonante cajo
sonido se debilita cuando, precedida
de otra, forma sílaba con ella, como
en las palabras elote, pleno,meicla,dra-
ma, crimen, p'idre. La l 7 la r son las
únicas do esta clase en castellano. J
MUDA. Se ha dado esta calificación á
la consonante en cuyo nombre no pre-
cede á ella un vocablo como la d f iej,
la T (te), etc. |¡ semivocal. Llámase
de este modo la consonante que se
pronuncia anteponiendo á ella ana
vocal, como la p (efe), la m (eme), et-
cétera. I sencilla. Cualquiera de las
que se escriben con un solo signo: a,
B, D, etc. I vocal. Cada una da las
cinco que tienen sonido propio: a,
B, I, o, ü. n El sonido con que se pro-
nuncia cada uno de los caracteres del
al&beto. I La forma y modo particu-
lar que cada uno tiene de escribir, ó
la que es propia y peculiar de alguna
escuela, nación, etc. Q lema. En los
emblemas, etc. || El sentido gramatí-'
cal de una frase, sentencia ó discurso.
U El carácter ó cifra numérica. Q Le-
tra DE cambio, y Especie de romance
corto, cuyus primeros versos se sue-
len glosar. I Las composiciones, pala-
bras y expresiones que ajostaius á
las notas se cantan. | Familiar. Sa-
gacidad y astucia para manejarse; j
así se dice: Fulano tíena mocha i.b-
TBA. I Imprenta. Instrumento hecho
de plomo mezclado con antimonio,
que por un ertremo tiene releradn la
señal de una letra de abecedario ú
otra cifra, y sirvepara imprimir. Llá-
mase así también el conjunto de estos
instrumentos; y así se dice: esta com-
posición tiene mucha letra, las cajas
están llenas de letra. |¡ Anticuado.
Cabta, por el pap^l* ^t^c. |] Anticua-
do. Letrbbo. y Plural. La carrerm y
profesión de las ciencias; como la de
jurista, la de teólogo, y Orden, pro-
visión ó rescripto. Tiene más uso ha-
blando de los que se expiden en ma-
terias eclesiásticas, y Provincial. Ara-
gón. GertíficacüSn ¿testimonio.] | abibr-
TA. La carta de crédito y orden que
se da á favor de alguno, para qae se
le franquee el dinero que pida sin li-
mitación de cantidad, g aldina. Le-
tra CURSIVA. I bastarda. Cierta for-
ma de letra de mano inclinada hacia
el lado siniestro, y bastardilla. Le-
tra bastarda, y BORBOSA. La que no
tiene limpieza en los perfiles por de-
fecto del papel ó por la demasiada
tinta, y canina. La b, por la fuerza
con que se pronuncia en principio de
dicción y en otros casos, y la be siem-
pre que se usa. Q OAmAL. Lbtba ma-
yúscula, y corrida. Imprenta. La que
está trastrocada t cambiada, lo que
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LETR
LETR
LETR 391
suele suceder en los pcinoipios j fina-
les por descuido de los prensistas. |
La que está hecha con facilidad y sol-
tara. [ COBTES^A. Cierta forma ó ca-
rácter pequeño T garifo que se usaba
antiguamente. | cursiva. La de im-
prenta qoe es parecida á la de mano.
I u CJUiBio. Comercio. La orden de
jMgo que extiende T firma el comer-
eiaate, entregándola al ^ue le da di-
nero 6 valorea, para que este, en vir-
tud de ella, reciba su importe en el
punto donde le conviene cobrarlo. |
DB CAJA ALTA, imprenta, uayúscula.
I DB CAJA BAJA. Imprenta, hinúscu-
LA. ¡I DB IMPRENTA. LsTRA DB UOLDB.
I DE HANO. La que se escribe, á dife-
rencia de la de molde ó impresa. Q de
yoLDB. La impresa, Q db dos pun-
tos. Imprenta. La mayúscula de que
se suele usar en los carteles y princi-
pios de capítulo, así llamada por es-
tar fundidla en dos líneas del cuerpo
de su grado. | db tortis. Véase Tor-
T13. ^ DOMINICAL. En el cómputo ecle-
siástico, una de las siete primeras del
alfabeto, con que se señalan los siete
días de la semana, j en cada afio es
aquella que corresponde al primer día
de él, en lo cual alternan sucesiva-
mente. Q FLORIDA. Imprenta. La ma-
júscnla abierta en lámina con algún
adorno alrededor de ella. Q gótica.
La de forma rectilínea j angulosa,
que se usó en lo antiguo, y se usa
aún especialmente en Alemania. [| his-
toriada. La mayúscula abierta en lá-
mina con algunas figuras ó símbo-
los. ¡ MAYÚSCULA. La letra grande
que sirve para escribir loa nombres
propios, jr para empezar capítulo,
párrafo ó período. Sa nsa también
MAyúscuu como sustantivo femeni-
no. Q MENSAJERA. Antícuado. Carta
uiáivA. I UBNUOA. Familiar. Astucia,
sagacidad. | hihiIjscoia. La letra pe-
uefia y regular, en contraposición
e la grande, llamada mayúscula. Se
nsa alguna vez la voz minúscula co<
mo sustantivo. | humbeal. Cualquie-
ra de las que empleaban en la nume-
ración los romanos. Véase númsro. Q
PELADA. La igual j limpia que no tie-
ne rasgos ni cabeceados. | Letra pob
LBTRA. BxpresitSn metafórica. Entera-
mente, sin quitar ni añadir cosa al-
guna. I PROCESADA. Se llama así la
que eatá encadenada j enredada; co-
mo se ve en varios procesos anti-
guos. I RBOONDA. En la imprenta la
que no es cursiva. | Lbtras comuni-
CATORXAS. TbSTIMCWULBS. ^ DIVINAS.
La Biblia 6 Escritura Sagrada. U bx-
PBCTATIVAS. Los dcspacbos reales ó
bulas pontificias que contienen la
gracia de la futura de empleo ó dig-
nidad, prebenda ó beneficio, etc., á
favor de al^ún sujeto. || oobdas. Cor-
ta instrucción ó talento. Se usa más
comunmente con el verbo tener. || oó-
TiCAS. Anticuado. Corta instrucción
Í' talento. Q humanas. K1 estudio de
os autores clásicos griegos v latinos,
y también de loa mu notables escri-
tores de Us naciones modernas, con
el cual se adquiere por medio de la
imitación el buen gusto en el arte de
hablar j de escribir. | patentes. El
edicto público ó mandamiento del
príncipe q^ue se despacha sellado con
el sello principal sobre alguna mate-
ria importante para que conste su con-
tenido. I sagradas. Letras divinas.
II TIRADA. La q^oe por hallarse escrita
con soltura esta unida y enlazada con
otra, y formada de un golpe. || ver-
sal. Imprenta, La letra mayúscula. ||
A LA LBTRA, AL KJt DK LA LETRA. Mo-
dismo. Literalmente, según la letba
T significación natural de las pala-
bras, l Enteratnente, y sin variación,
sin añadir y quitar nada; y así se
dice: copiar, insertar Á la lbtba. Q
Puntualmente, sin ampliación ni res-
tricción alguna; como observar, cum-
plir Á. LA LBTRA. II A letra VISTA.
Modo adverbial. Entre comerciantes
y hombres de negocios, lo mismo que
Á. LA VISTA. II AtaRSB ¿ LA LETRA.
Frase. Sujetarse al sentido literal de
cualquier texto. | Buenas letras. Le-
tras HUMANAS. Q La letra con san-
gre ENTRA. Refrán que da á entender
ue, para aprender lo que se ignora,
adelantar en cualquiera epsa, no han
de excusarse el estudio ; el trabajo. ||
Mktbr LBTRA. Frase metafórica y fa-
miliar, ifeter bulla, procurar embro-
llar las cosas. Q Primeras letras. La
doctrina é instrucción en el arte de
leer, escribir y otras nociones elemen-
tales. I Comercio. Protestar una le-
tra. Frase. Requerir ante escribano
al que no quiere aceptarla ó pagarla,
para recobrar su importe del dador
de ella, con más los daños que se cau-
saren, l ^auiR LAS LBTRAS. Frasc.
Estudiar, dedicarse á las ciencias.
ETUiQLoaÍA. Latín littera y ¡itera.
1. ¿•¿/¿ra está en relación con As^a,
Unea; de Umm» lino; linihe, untar,
puesto que la letra es un líquido, una
untura. (Corssbn.)
2. Litt"ra representa lineaíüra, co-
mo Hneatüra representa linea; del grie-
go linón (Xívov), liso, unido, compac-
to, sin vello. (EsCALÍOERO.)
3. El latín Íit¿ra se deriva del sáns-
crito UÁh, escribir, grabar, (Mbyeb.)
Derivación. — Sánscrito likh, escri-
bir: latín, littera, litara; italiano, let~
íera; francés del siglo xi, leíre; mo-
derno, lettre; provenzal, lettra, letra;
catalán, lletra; portugués, letra; Be-
try, leíre; burguiñón, llótre.
Éeteña. — 1. fLas letras se llama-
ban entre los griegos stoijeia; j entre
los latinos, eUmenta, cuando se quería
expresar el sonido elemental; y para
indicar el signo de este sonido, em-
fileaban los griegos la voz ^rámma; y
os latinos, la voz littera ó Utéra.»
(MONLAU.)
2. Expresión proverbial. Tbnbr MU-
CHA LETRA MENUDA. Ser mujT legulcjo,
tener la costumbre de argumentar.
Letrada. Femenino familiar. I^a
mmer del letrado ó abogado.
Letradico, Uo, to. Masculino di-
minutivo de letrado.
Letrado, da. Adjetivo. El que es
sabio, docto é instruido* | Familiar.
Se dice del que presume de discreto y
habla mucho sír fundamento. ] An-
ticuado. El que sólo sabía leer. Q An-
ticuado, El que sabe escribir, y tam-
bién lo que se escribe y pone por le-
tra. Q Masculino. Abogado. D ^ lo le-
trado. Modo adverbial. Al uso de los
letrados.
Etimología. Letra: provenzal, le-
tra t; catalán, lleirat; burguiñón, fo/-
trav; francés, ¿r/A*/.
Letradura. Femenino anticuado.
Literatura. ^ Anticuado. La instruc-
ción en las primeras loteas d en el ar-
te de leer.
liStraduria. Femenino anticuado.
Dicho vano é inútil, proferido eon al-
guna presunción.
Letrán (palacio t basílica dr).
Sistoria. El palacio fué construido en
Roma porLATBBANUs/'^dnítM, áquien
Nerón hizo dar muerte para apoderar-
se de sus bienes, y donado por Cons-
tantino el Grande 9\ papa Melquíades.
Sirvió de residencia a los pontífices
hasta su marcha á Avignón en 1308.
Sixto V le reconstru/ó hacia fines del
siglo XVI. Inocente XII le convirtió
en hospital en 1693; v Gregorio XVI
en museo de antígOedadea cristianas
en 1813. La basíUca de san Juan de
Lrtrán se construjó junto al palacio,
por orden de Constantino, hacia el
año 324, y la donó al papa Silves-
tre I. Es una- de las cinco basílicas
patriarcales de Roma y la primera en-
tre ellas, porque allí toman los papas
posesión de su dignidad episcopal.
Se la llama también batilica conslanti-
niana por el nombre de su fundador,
y es una de las más bellas y do las
más ricas de Boma. En ella se cele-
braron trece concilios; cinco de ellos,
ecuménicos, hasta el año 1725. El
primero de estos últimos, bajo Calix-
to 11, en 1123, tuvo por objeto la que-
rella de las investiduras; en el segun-
do, bajo Inocente II, en 1139, se cod-
denó á Amaldo de Brescia; eu el ter-
cero, bajo Alejandro III, en 1179, se
acordaron reglas para la elección de
los papas; en el cuarto, bajo Inocen-
te líl, en I2I5, se excomulgó á los
valdenses y á los albigenses; y en el
quinto, bajo León X, se trató de la
extinción del cisma, de la reforma de
la Iglesia jr da la guerra contra los
turcos.
Letrar. Activo antieuodo. Dele-
trear.
1 . Letras dominicales. Femeni-
no plural. Cronología, Son aquellas
con que los primeros cristianos sosti-
tuveron á las letras iwmdifUtUt en el
calendario Juliano, 6 sean las siete
primeras del alfabeto, correspondien-
tes á los siete días que se divide la
semana. Marcan sucesivamente los do-
mingos: la letra A, frente al 1.* de
Enero; la B, frente al 2; la C, frente
al 3, V asi de las demás; es decir, que
cuando la lbtra dominical es A, el
1." de Enero es domingo; cuando E,
es domingo el 5 del mismo mes. Es-
tas letras sirven para fijar el día de
las pascuas.
2. Letras de oambio. Femenino
Slural. Comercio. Documentos de giro
e una plaza á otra, cu^a invención
3
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392
LETR
se atríbuje generalmente á los judíos
arrojados de Francia por Felipe Au-
gusto, en 1181, que se valieron de
este medio para salvar las sumas que
habían atesorado. Otros atribuyen su
invención á los florentinos arrojados
de Italia en el siglo xiii, por los gi-
belinos, y refugiados en Francia, si
bien es posible que no hicieran más
que imitar los procedimientos segui-
dos por los judíos en ocasión análoga.
En Francia, la ciudad de Lyon pare-
ce haber sido la primera en adoptar
las LETRAS DB CAMiiio, en tiempo de
Luis XI, hacia el aáo 1460. Es de ad-
vertir que los antiguos romanos co-
nocieron algo semejante á las lbtrás
DB cAUBio: nos referimos i los bonos
dados por los recaudadores de impues-
tos sobre las cantidades que recibían
en las provincias. Tal vez esos bonos
no se darían más que á los amigos de
lüs perceptores, j contra los grandes
centros, donde se recaudaba más;
pero lo cierto es que existieron, como
puede verse en Cicerón, Carias á Áti-
co (XII, 24).
Letrero. Alasculino. La inscrip-
ción ó rótulo que se pone para memo-
ria, noticia é inteligencia de alguna
cosa. Q Adjetivo anticuado. Lbtha.do.
BtiuolOOÍa. ¿tfínt.- catalán, ¿¿í-
ínro.
Sinonimia. Letrero, titulo, inscrip-
eién, lema, epígrafe. El letrero expresa
un nombre, un aviso de cualquiera
cla;e; el rótulo se reñere á lo que está
contenido dentro ó debajo de la super-
ficie en que está escrito; la inscrip-
ciófi sirve para conservar la memoria
de algún sujeto, de alguna acción ó
de algún acontecimiento; el lema ex-
Slica en palabras sucintas el asunto
e un emblema, de una empresa ó de
una composición en verso ó prosa; el
epígrafe alude al asunto de la compo-
siciónj pero no lo explica. Las pala-
bras que suelen escribir los viajeros
en los monumentos que visitan, ó los
soldados en los cuerpos de guardia,
son letreros; los que se ponen sobre
las puertas de las tiendas, para indi-
car lo que en ellas se vende, ó en lo
exterior de las botellas, con el nom-
bre del líquido que contienen, son ró-
tulos; las palabras latinas que están
sobre la puerta de Alcalá j sobre la
delJardin Botánico, son inscripciones;
el lema de las armas de la Academia
Española es: «limpia, fíja y da es-
plendor;! las memorias que se presen-
tan á los concursos abiertos por los
cuerpos científicos, llevan siempre un
epiarafe, (Mora.)
Letrilla. Femenino diminutivo de
letra. Q Composición poética de versos
cortos, que suele ponerse en música.
ETiMOLOOfA. Letra: francés, le'trille,
leírilie, tomado de nuestro romance;
catalán, llelrela.
Los siguientes versos son un buen
ejemplo de lbtkilla.
SUIUI.ACIÓI( AHOmOSA
Mí sftSftl m« Uftm»
grosera amadora,
mfci Mt^ á ia« rue^M
40» U halada roca;
LEUG
Oaando haaia laa flOTM
la llama no ignoran
d« amor, an que ardo
tarbada y medroia.
Bian qauiara «arle
human» «n la hora,
■In darla yo onenta
d6 mi afloión loca;
Hai ser atrevido,
Í hallar sasón propia
e vencer recatoa,
■ólo al varán tooa;
Qoe ei ¿1 entre espinae
no la bmoa y aorta,
de suyo A sa mano
no aa ha de ir 1» rosa.
(lautsus, LttrtÜn X.)
Letrina. Femenino. Lugar desti-
nado en las casas para expeler las in-
mundicias y excrementos.
ETiuoLOofA. Latín latrlna: italia-
no, lalrina; francés, latrines; catalán
antiguo, latrina,
1. £1 latín latrina representa lava-
trina, baño privado, forma de lavare,
lavar, según los gramáticos latinos,
(LlTTBÉ.)
2. Laírtna representa Idíeñna; de
laíere, ocultar. (Otros etimologistas
latinos.)
3. En efecto, sincopemos la e de
laterina j resultará la voz del ar-
tículo.
4. Según esta interpretación, letri»
na quiere decir lugar oculto; esto es,
secreto, cuyo sentido tiene en Sueto-
nío. — «Lugar destinado en las casas,
con una comunicación subterránea,
para echar las inmundicias ^ excre-
mentos. Covarrubias dice viene del
griego Lithron, que significa inmun-
dicias; pero lo más verosímil es que
se tomase este nombre del latino Latri-
na, por lo cual algunos dicen Latrina,
y entre ellos el mismo Covarrubias,
aunque el uso más común es Letrina.»
(Academia, Diccionario de 1736*)
Letrón. Masculino aumentativo de
letra. 1¡ Plural. Llamábanse así los
caracteres que se ponían, por virtud
de letras apostólicas, en las puertas
de las iglesias y otros lugares para
que constase estar excomulgados los
contenidos en aquéllas.
Letronízar. Activo anticuado. E»>
cribir algo con letras grandes.
ETUfOLoaÍA. Lelrón.
Letuario. Masculino anticuado.
Elbctuario. [| Anticuado. Especie de
bocadillo que se solía tomar por la
mañana antes del aguardiente,
Letura. Femenino anticuado. Lec-
tura ó LBYBNDA. | Lectuba en las im-
prentas, por una clase de letra. | Con
LBTUBA. Frase anticuada. Proceder
con aviso y conocimiento.
Leucacanto, ta. Adjetivo. Botá~
nica. Que tiene espinas blancas.
Etiholooía. Griego XeuxóxavOa (le»-
iákantha); de 'Uv>tót;(leuk<Ss)t blanco,
y ákantha, espina: latín, teñedcantha.
Leucáatema. Femenino. Botáni-
ca. Nombre de la margarita de los
prados.
Etuiolooía. Griego Xcux^c (leukós),
blanco, y ávdi][U( (ánthemaj; de áutkos,
flor.
Leucantéreo, rea. Adjetivo. Bo-
tánica. De anteras blancas.
ExiuoLoaÍA. Leuco j antera: Xswk¿<i
.LEUG
Leacanto, ta. Adjetivo. Botánica.
De flores blancas.
ETiuOLoaÍA.. Griego leuktfs, blanco,
y ánthot, flor: Xtuxóc ¿vOo^*
Leucasia. Femenino.. Geógrafo.
Isla del mar de Toscana. (Pumo.)
BriuoLOofA. Latin LencMa.
Leuce. Femenino. Hierba semejia-
te al mercurial. (Punió.) |] El álamo
blanco. (Sbrvio.) | Miíologia. Hijadel
mar Océano, amada de Neptuno, qnien
la colocó en los Campos Élíseos trans-
formada en álamo blanco.
BTzuoLoaÍA. Griego U<ÍKt¡ (leúfá),
de leuktis, blanco: latín, Lence.
Leucetiopia. Femenino. Medicina.
Estado anormal de la piel, cuando se
pone blanca.
Lencína. Femenino. Química. Subs-
tancia blanca que ae obtiene tratindo
la fibrina por el ácido sulfúrico.
EriHOLOofA. Lenco: francés, lencine.
Leucipe. Femenino. Tiempos he-
roicos. Esposa de lio, madre de Lao-
medonte. (Hioinio.) | Otras mujeres
llamadas así. (Inscripciones.)
ETiuoLoafA. Latín LeuiApe.
Leucipo. Masculino. Mitología.
Padre de Febe y de Hílaira, doncellas
muy hermosas á quienes robaron Cas-
tor y Pólux. (Ovidio.) | Padre de Hér-
cules y de Auge. (Hioinio.) | Uno de
los cazadores del jabalí de Calido-
nía. \ Nombre de un filósofo. (Cics-
BÓN.)
EriHOLOofA. Latín LencippMi.
Leucita. Femenino. Étneralcgia.
Granate anfígono (granate blanco).
EtiuologÍa. Griego Xewxi; (lenkés),
blanco: francés, leucite.
Lenco. Prefijo técnico, del gñ^ff^
Xeuxi5<: (leukós), blanco, forma de
(lúAe), la primera \m antes de salir el
sol, la cual es blanca: /HÚw Ifus t^t
solis ortum.
LeucoblefáT«o, rea. Adjetivo.
Zoología. Que tiene los párpados blaa-
cos.
EtiuoloqÍa. Griego lenkés, blaneo,
blepharÓn, párpado: Xnxó; pXawpóv-
Lencocarpo, pa. Adjetivo. Bata-
mea. De frutos buneos.
ETiuOLoafA. Leuat y karpSs, fruto:
Leucocéfalo, la. Adjetivo. Stít-
nica. De flores blancas reunidas en ca-
pítulos. B ffistoria Miwral De cabeza
blanca.
ETiuoLoaÍA. Leueo y ¡Ü^hiti, üibe-
za: Xeuxó; xetpaXif,
Le^cócero, ra. Adjetivo. ZoologU.
De antenas blancas.
Etmolooía. Lenco j kéras, cuerno.
Leucocitemia. Femenino.
na. Alteración nuevamente estudiada,
la cual consiste en un aumeoto con-
siderable de lo» glóbulos blancos, que
dan & la sangra cierto tinte entre gris
y rojo, , ,
ETiMOLoaU. Griego len^s, bUnco,
Kytos, célula, y kaima, hama, sangre-
francés, Uucocuthemie. Toda la forma
griega sería: Xeuxóí >wlxo?-«V"' „
Leucocitémico, ca. Adjeüvo.Oon-
cerniente á la leucocitemia.
Etimología. Lencodtmiai &idc«'
leucocjfthémigue.
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LEUO
LHUC
LEUC 393
Lencocito. Masculino. ÁMimU
gineral. Espacie de elemeato que se
presenta, ora en estado de células, ora
en el de núcleos sueltes t blancos.
ETUOLoafÁ. Leueo j lyíQS, célula:
francés, leuco^íe.
Leucocriso. Masculino. Mineralo-
Íta. Especie de piedra preciosa que
lanqnea como el cristal. (Plinio.) [|
Otn de la clase de los jacintos de co-
lor de oro con retas blancas. (Idem.)
EnHOLOofA. Griego Xtuxéxp»"»? (¿«w-
iócArysos): de leukós, blanco* j cArif-
m, oro: latín, leueoekrisot; francés,
Ifííeoehfyse.
X«en4»>dermo, ma. AdjetÍTo. ^00-
De piel blanca.
ETUfOLoaÍA.. Leuco 7 d/rma, piel:
Laacodontfl. Adjetivo. Zoohgla,
Que tiene dientes blancos.
Etiuolooía. Leuco j odóntot, geni-
tivo de odoü*t diente.
Lencófeo, fea. Adjetivo. Historia
uíwral. Que es de color ceniciento.
EruiOLoaÍA. Griego Xeux(¡cpatof ( leu-
léphaiot)f mezclado de blanco y de
oegxo; ex alio et fvaco «túf^w.
Leucófllo, la. Adjetivo. Boídniea.
De hojas cubiertas de peluailla blanca.
^iMOLoaU. Leuco y phyllon, hoja:
Leacoflegmasia. Femenino. Me-
dicina. Inflamación general del tejido
celular. ^ Anasarca..
Etiuolooía. Griego XeuxotpXeYiutrta
(leukophUgmaÜa); de Uukés, blanco, j
fhiégma (<{>X¿7iAa), flema: &anc¿8, Unco-
fklegmasie.
Leucoflegmático, ca. Adjetivo.
Relativo á la leucoflegmasía, en cuyo
sentido se dice: aeeideutet lsucoflbu-
HÁTICOS.
EnuOLoeU. Líueojl^iiuuia: fran-
cés, leueaphlegmaíicMe,
Leucofo, M. AdjetíTO. Ristoríana-
tero/. De color blanquinegro.
^uoLoaÍA. Leucó/eo.
Leucófrína. Femenino. Mitología.
Sobrenombre de Diana entre los mag-
nesios, aludiendo á que la represen-
taban con entrecejo blanco. (TXcito.)
Etimología. Griego Acuxofpúvj)
(LeuiopkrgneJ; de leukÓt, blanco, j
o¡ihrift, entrecejo: latín, Leuc^hryna.
LeacóCcino, na. Adjetivo. Zoolo-
tfis. Que tiene las cejas 6 pestañas
blsDcas.
RrnioLoafA. Zenaífrina.
Leaco&o. Lbucófbimo.
Leucoftalmo, ma. Adjetivo, ^a^-
Icgia. l)e ojos blancos.
ETUfOLoaÍA. Lenco j op&fhalmés,
ojo: Xsuxó^ offHaX^óti.
Lencogastro, ira. Adjetivo. ^00-
logía. De vientre blanco.
Etiuolooía. Leuco y gasíro.
Leucogea. Femenino. Mineralogía.
Piedra preciosa de color blanco, la
misma que galactite. (Plinio.)
Etimología. Griego Xtuxo^aía (leu-
iogaia); de leukós, blanco, y gala, tie-
Ra: latín, líuciígaa; francés, laukog^e,
Leacografia. Femenino . Medicina.
I>Hcripción de los albinos, teatado
■obre el albinismo.
BtihologÍa. Giisgo XsvwYpatpta
(leukografía); de leukét, blanco, t
graphéla, descripción: latín, leucogra-
phíat sinónime de Uncogea; francés,
leucographit, leucografía.
Lencógrafo, fa. Adjetivo. Botáni-
ca. Calificación de una especie de car-
do en cuyas hojas se encuentra un
delincamiento parecido « rasgos de
caligrafía, |] Masculino. El que en-
tiende de leucografía.
EtimolooÍa. XíwcfWfa/ía: griego,
Itmáypoir^t^ (leukégraphisj; latín, leuco-
gr&pÁis, especie de cardo. (Plinio.^
Laucolito. Masculino. Química.
Nombre con que Ampare designó to-
dos los metales que forman sales
blancas 6 incoloras con los ácidos no
colorados.
EtimolooÍa. Leuco j Igios (Xtiroí),
disuelto; francés, leucolyte.
Lencólomo, ma. Adjetivo. Histo-
ria naíurai. De bordes blancos.
Etimología. Griego leukós, blanco,
y lomaf orla, orilla del vestido: Xeuxó^
Xüfxa.
Leucoma. Masculino. Cirugía. Mau-
chita blanca que sale en U córnea
transparente del ojo.
EruiOLOOÍa. Griego XrixbMLCi {leúk!^-
ma); de Xwk¿u fleuAiíSJ, blanquear,
fbrma de leukds, blanco: francés, leu-
comaf teucome,
Lencómelo, la. Adjetivo. Historia
natural. De color blanquinegro.
ETnioLoaÍA. Leuco y m^hs, negro:
Xeuxó{ {xéXa^.
Lencomoria. Femenino. Medicina
anticua. Estado de languidez moral,
sinónimo de melancolía.
Etiuolooía. Griego Xiux¿c
blanco, y {tupía fmdríajt imbecilidad.
Leuconoto, ta. Adjetivo. Zoología,
De lomo blanco.
BTUC(»AQfA.. Griego Xemit (leuk^J,
blanco, y vwro; (nSíot), espalda.
Lencopatia. Femenino. Zoología.
Estado de un animal que, por vicio
de conformación, tiene la piel blanca.
Q Medicina, Albinisuo.
Etiuolooía. Leuco j patios (itáOo^),
enfermedad: francés, leucopaihítm
Leucope. Lbucópbdo.
Etiuoloqía. La forma leucope, que
se halla en algunos Diccionarios^ no
tiene raíz.
Leucopirro, rra. Adjetivo. Histo-
ria naíwaL De un color entre blanco
y rojo.
BtiuolooIa. Griego Xsox¿c (leukés),
blanco,'y^^^ (pgrrkÓs), rojo.
Lencopleuro, ra. Adjetivo. His-
toria natural. De costados 6 bordes
blancos.
ETUiOLOofa. ¿AK» y pleuri (iúUup¿),
costado.
Leucói)odo, da. Adjetivo. Zoolo-
gía. Que tiene los pies blancos.
Etimología. Leuco y podés, geniti-
vo áepoUs, pie: francés, leucopode.
Leacópogo, ga. Adjetivo. Histo-
ria naiuraltU^ rarba blanca. | Botá-
nica. Arbusto bicórneo de Nueva Ho-
landa.
Etiuolooía. Lenco y pógon, barba:
firancés, leucopogon.
Lencoprocto, ta. Adjetivo. Zoolo^
gía* De tnisero blanco.
Etiuolooía. Griego Xeux^ (leukés),
blanco, y itp(tíxt¿<; (arokttfs), ano.
Leucopso, sa. Adjetivo. Zoología.
De ojos blancos.
Etiuolcoía. Leuco y 4psis ($4^),
vista.
Leucóptero, ra. Adjetivo. Orní-
iologla. De alas blancas.
Etimología. Leuco y pterón, ala.
Lencoris. Masculino. Zoología. Bs
pecíu de antílope de las Indias.
Etiuolooía. Lenco.
Leucorraico, ca. Adjetivo. Lso-
COURBICO.
Leacorranfo, fá. Adjetivo. Zoolo-
gía. De hocico blanco.
Etimología. Leuco y rkámphos (^i*-
ipoí), el pico de las aves; rostrum avium.
Leucorrea. Femenino. Medicina,
Flujo blancojque padecen las muje-
res, consistente en una secreción mu-
cosa.
Etimología. Griego Xeuxo^oik (le%t-
kórrhoia); de leukós, blanco, y rhóos
(^o{), flujo; de rhéin (^kTv), manar:
francés, leuco)-rhée.
Leucorreico, ca. Adjetivo. Medi'
ciña. Concerniente á la leucorrea.
Etiuolooía. Leucorrea: francés, le%-
corrhiigue.
Lencorrínco, ca. Adjetivo. Omt-
tologii. De pico blanco.
Etimología. Leuco y rhggchos, pico;
Leucorrizo, za. Adjetivo. Botáni-
ca. De raíces blancas.
Etimología. Leuco y Míes, raíz.
Leucospermo, ma. Adjetivo. B^
tánica. De frutos blancos.
EtimolooÍa. Le%co y spéma, si-
miente, grano.
Leucóspilo, la. Adjetivo. Historia
natural. Que tiene manchas blancas.
EtimolooIa. Leuco y spilot (miXoc),
mancha.
Leucósporo. Masculino. Botánica,
Divisiún de agáricos que no tienen
velo ó que lo tienen variable, cuyas
hojas no cambian y que tienen blan-
cas las esporidias.
Etimología. Leueo y tporá («mpá),
grano, simiente.
Leucostina. Femenino. Mineralo^
gla. Roca volcánica protosolicosai con
cristales de feldespato.
Etimología. Leuco.
Leucóstomo, ma. Adjetivo. Zoo-
logía. De boca blanca.
BriMOLoaÍA. Le%a> y stiíma^ boca.
Lencoto, ta. Adjetivo. Da orejas
blancas.
Etiuolooía. Leuco y StdSt genitivo
de oUs, oído.
Leacoxanto, ta. Adjetivo. Mez-
clado de blanco y amarillo.
ETiM0LO0Ía.Z«M» y xant&ds ((av9¿c),
amarillo.
Lencózílo, la. Adjetivo. Botánica,
De tronco blanco.
EtimolooÍa. Zmco y í^lon (£óXov),
madera.
Leucrocota. Femenino, Cuadrú-
pedo de Etiopía parecido al asno sal-
vaje,
Btiuolooía. Latín leocrS^tta y leu-
crdcStía, de leo, león, y crocStía. (Pli-
nio.)
TOMO III
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394 LEVA
Leacrocuta. Lbucbocota.
BnuoLOofA. La forma lena-ecuía,
que aparece aa algunos Dtecionariot^
es bárbara.
Leucteft. Femenino. &eo^raJta ait-
tirita. Luanr de Beocia, en los coa-
tomos de Platea, junto al eual derro-
taron los beocios á los lacedemonios
bajo la conducta del tebauo Bpami-
uondas. (Valbübna.)
EtiholoqÍa. Latín Leucira.
Leudar. Activo. Dar fermento & la
masa con la levadura.
ETiMOLoaÍA. Leudo.
Leudo, da. Adjetivo. Aplícaseá la
masa 6 pan fermentado con levadura.
BnilOLOaÍA. Levadura. Leudo es la
contracción de levudo.
Leva. Femenino. Afarina. La par-
tida de las embarcaciones del puerto.
I Recluta 6 enganche de vente para
el serrieio de un Estado. Decíase co-
munmente de la reunión de ociosos y
vagos, que solía hacersfl por la justi-
cia para destinarlos al servicio de mar
ó tierra. Q Ibsk k lbva y i hontb.
Frase. Escaparse, huirse, retirarse.
Etiholooía. Levar: catalán, lleva;
provenzal, levada; francés, jjoÍA; ita-
liano, levaía.
1. €Pieza de leva. G1 cañonazo que
disparan los navios y galeras, para
avisar á los soldados y marineros de
su equipaje j pasajeros, que se reco-
jan a bordo, porque está pronto á ha-
cerse á la vela.» {¡aoKhvmKt Dieeiih-
noria de 1726.)
2. «Zfoof. Se toma ale-unas veces
por enredos, tretas j maulas.» (Idem.)
«Dijo el pobrete: vo soy hombre de
pro» y conmigo no hay levas*» .(Qüe-
VBDO, Cuentos.)
Reseña histórica.—-!, Lbvas milita-
res enírt los antiguos griegos. — 1. En
tiempo de Agamemnón, los rejres ha-
cían que la suerte designase los indi-
viduos de cada familia que debían se-
guirles á la guerra.
2. En Atenas, promul^das las le-
yes de Solón, las tres primeras de las
cuatro clases, en que se dividía el
pueblo, que comprendían las mis ri-
cas, eran las únicas que contribuían
al servicio militar. Todos los ciuda-
danos, de 20 á 60 años de edad, en-
traban en el ejército activo; y desde
los 60, sólo estaban obligados á de-
fender el territorio del Atica. Las le-
vas se hacían de este modo: un strá-
íegos ó general subía á un tribunal en
la plaza pública, y hacía citar á todos
los ciudadanos que, por su edad, esta-
ban obligados al servicio de las ar-
mas. Un taxiarca, oficial general, co-
locado á su lado, iba llamando á los
ciudadanos y tomando nota de aque-
llos que el stráíegos hallaba aptos para
el serrieio. Los extranjeros estableci-
dos en el país eran aceptados en las
necesidades urgentes, como también
los esclavos, si bien éstos se reserva-
ban, por lo general, para la ma-
rina.
3. En Esparta, todos los ciudada-
nos eran soldados desde los 20 á los
60 años, y la leva consistía en con-
vocar tal ó cual tribu. Bn casos ur-
LEVA
ffsntes, se disponía de los libertos y
de los ilotas.
11. hwVAsmiliiares entre los antiguos
romanos. — 1. Las hubo de dos clases:
legitimas y tumularias 6 subitarias.
Una y otra se hacían solamente por
orden del Senado.
2. La legitima era anual y servía
para reemplazar á los legionarios
muertos en la guerra, 6 que habian
extinguido su tiempo de servicio,
verificándose, en Roma, en el Capi-
tolio, en el Foro, ó en el campo de
Marte. Se convocaba para un día no
feriado á cuantos ciudadanos estaban
por su edad sujetos al reclutamiento.
El general que debía mandarlos, pre-
sidia la asamblea, desde su tribunal,
á cuyo pie se colocaban diferentes
atributos militares. Cada ciudadano
era llamado por su nombre, y exami-
nado por los tribunos, que decidían
si era ó no apto para el servicio, y
que, terminada la lbva, les hacían
prestar el Juramento militar, desti-
nándoles al arma en que habían de
servir.
3. La LETA tumularia 6 subitaria
sólo se verificaba de improviso, en
circunstancias críticas, en momentos
de un gran peligro, causado por una
guerra en Italia ó en las fronteras, 6
por una invasión de los galos. El ge-
neral que debía ir á combatir al ene-
migo, subía aX Capitolio, desplegaba
dos banderas, una, roja, para la infan-
tería T otra, Terde, para ta caballería,
y exclamaba; cQue me sigan todos los
que quieran saWar i la república.»
Éste llamamiento se denominaba con'
juración. Diferentes emisarios le rep^
tían en los campos, y esto se denomi-
naba evocadén. La leva tumultuaria
era una orden dada bajo la forma de
invitación; una leva en masa, para la
cual no se admitía excepción alguna.
4. En tiempo de Augusto y de sus
sucesores, siendo permanentes los ejér-
citos, y admitiéndose en ellos á todos,
la recluta se verificaba principalmen-
te en las provincias, j había al efecto
oficiales ndutadores. mismo mo-
do se hiao biyo Constantino y sus su-
cesores, sí bien solamente entre pro-
pietarios de determinados bienes.
Levada. Femenino. En la cría de
la seda es la porción de gusanos que
se alza y muda de una parte á otra. |
El movimiento airoso con que se ma-
neja la lanza, estoque, etc., antes de
ponerlos en su lugar. | Esgrima, La
ida y venida ó el lance que de una
vez y sin intermisión juegan los dos
que esgrimen. Q Anticuado. Salida ó
naeimie&to de los astros. [| Anticuado.
Llevada, recado 6 mensaje.
EnvoLOOÍA. Lew, catalán, llevada;
fér LLEVADA, pujar.
Levadero, ra. Adjetivo. Lo que se
ha de cobrar ó exigir.
ETiuoLoaÍA. Levar.
Levadizo, za. Adjetivo. Lo que se
levanta ó puede levantar con algún
artificio quitándolo y volviéndolo á
poner, ó levantándolo y volviéndolo á
dejar caer. Tiene más uso hablando .
de los puentes. |
LEVA
Etiicolmía. Letar: catalán, lUu^
dis, a.
Levador. Masoolino. £1 que lera.
Q Anticuado. Llbvadob, portador 6
conductor. Q Chrmania. ÉL udrón que
huye con prontitud después de ejecu-
tado el hurto. ¡| Germnía. £1 ladrón
astuto y sutil que usa de muchas tre-
tas para hurtar. || Operario que es las
fábricas de papel recibe el pliego que
otro lo alarga, dejándolo caer luego
encima de un fieltro extendido y cu-
briéndolo con un pedazo de tela.
Etimología. Levar: latín, IhSior, el
ue alivia, en sentido metafórico; li-
rón i en Petronio.
Levadura. Femenino. La harioi
amasada sin sal, fermentada 6 eodda,
hasta que se ponga agria.
EtucolooU. LevMr: italiano, ^eȒ9;
francas, levat»; provenzal, lewM¡m-
Idn, lotthai», feweatn.
1. Nuestro levadura viene de nai
forma ficticia, IhSfííraf simétrica de
Ihaior: el italiano ¿wnío se deriva del
bajo latín Irvítus, del latín levaíus, le-
vantado: las demás formas represen-
tan el latín levamen, la acción de le-
vantar.
2. La LEVADURA OS lo quc levanta ó
eleva la masa.
Levamiento. Masculino anticua-
do. Levantamiento, sedición.
Etimología. Levar: latín, t^vamén-
tum, alivio, consuelo, descanso; lsva-
MENTO esser, servir de alivio, consoUr.
(CiCBBÓN.)
Levantable. Adjetivo. Que puede
levantarse.
Levantadamente. Adverbio de
modo. Con elevación, en estilo subli-
me y levantado.
BTiHOLoaÍA. Levantada y el infijo
adverbial mente.
Levantadísimo, ma. Adjetivo iU'
perlaüvo de levantado.
Ifevantadizo, za. Adjetivo anti-
cuado. Provincial Aragón. Levadizo.
Levantado, da. Adjetivo. Elevado
ó sublime. U Orgulloso.
Levantador, ra. Masculino y fe-
menino. El que levanta. | Amotina-
dor, sedicioso.
KiOvantadara. Femenino anücaa-
do. Lbtantahiento.
Levantamiento. Masculino. La ac-
ción y efecto de levantar ó levantara»
alguna cosa. | Sedición, alboroto po-
pular. I Sublimidad, elevación. |¡ Pro-
vincial Aragón. Ajuste, conclusión y
finiquito de cuentas,
EtuiolooÍa. Levantar: catalán, U-
vaníament.
Levantar. Activo. Mover de abajo
á arriba alguna cosa, elevarla, poner-
la en lugar más alto que el que antes
tenía. Se usa también como recípro-
co. I Poner derecho ó recto lo que an-
tes estaba tendido, echado, etc. Se usa
también como recíproco. | Construir,
fabricar, edificar. B Metáfora, Erigir,
establecer, instruir. | Alborotar, «-
belar, mover sediciones. Se usa tanl-
bién como recíproco. | Fingir, atri-
buir, imputar afeuna cosa falsa y m"'
liciosamente. | Esforzar, animar, in-
I fundir confianza y ánimo, dar espin-
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LEVA
ta V valor. H Engrandecer, elerar, en-
salzar, l Mover, ahuyentar, hacer que
salte la caza del sitio en que estaba.
Se usa también como recíproco. |j En
los juégaos de naipes, alzar, j en al-
gunos de ellos, caroab. Q Reclutar,
alistar, hacer gente para el ejército.
Aumentar, subir, dar major incre-
mento ó precio a alguna cosa. || Su-
bir de punto la voz o los instrumen-
tos. I Cansar, ocasionar, formar, ex-
citar. Se usa también como recíproco.
I Mover, pasar de nn lugar ¿ otro.
Se usa también como recíproco. Qui-
tar, recoger, llevar; como la tienda,
las mieses. Q Recíproco. Dejar la cama
el qne estaba acostado. | Vestirse, de-
jarla cama el que estaba en ella por
alguna enfermedad ó indisposición. ¡|
Sobresalir, elevarse sobre alguna su-
perficie ó plano. [| ACTA- Frase. Exten-
der por escrito la relación de los acuer-
dos y deliberaciones de alguna corpo-
ración ó junta, j también consignar
en la misma forma los hechos que
pasan 6 las razones que median en
cualquier reunión, cuando importa
que consten para en adelante. B i al-
guno HACIA ARRIBA ó TAN ALTO. Fra-
se. Irritarle, hacerle sentir grave-
mente alguna cosa. ¡| la sesión. Ter-
minarla. BL SITIO. Milicia* Abando-
narle, desistir de él. Q Lbvantarse
CON ALGUNA COSA. || Frase. Apoderar-
se de ella con usurpación ó injusti-
cia. I Levantar X uno la tapa db los
SBSos. Frase. Darle un pistoletazo en
la cabeza.
Btuíolooía. Levante.
Levantarse. Recíproco. Elevarse.
y Sublevarse. |j Se usa en sentido re-
ciproco v pasivo en las demás acep-
ciones del activo. Q Á uayores. Des-
comedirse. [| LA TAPA DE LOS SESOS.
Darse un tiro en la cabeza.
Levante. Masculino. La parte del
horizonte por donde nace el sol. Q El
viento que viene de la parte oriental.
I Db LÁvantb. Modo adverbial. En
disposición próxima de hacer algún
viaje ó mudanza, ó sin haber 6jado el
domicilio. I Los países que respecto
de nosotros están al Oriente. Se apli-
ca también á las cosas que á ellos se
refieren, como comercio db Levante,
trigos DE Levante.
BmcoLoaÍA. Latín Icvans, levaniis,
participio presente de levare^ levan-
ur, ^evar, porque el sol se eleva ó se
Ucauta por ese punto del horizonte,
que es el contrario de Poniente: ita-
liano, Zevante; provenzal j francés,
Letant; catalán, Llevant,
Levantichol. Masculino. Nombre
dado en el Mediterráneo á la virazón
floja del Sudeste.
Levantina. Femenino. Especie de
tela de seda procedente de Levante.
ETiuoLoafl. Levante: francés, le-
vantine.
Levantino, na. Adjetivo. Levan-
tisco.
Etimología. "ZíPíiB/íf: italiano, le-
vantino; francés, Uvanlin; catalán, He-
vantí, na.
Levantisco, ca. Adjetivo. El na-
tural da Levante ó lo que pertenece á
LEVE
¿1. I El de genio inquieto j turbulen-
to. |{ Los LEVANTISCOS ó LEVANTINOS.
Marina. Los marineros del Mediterrá-
neo; j especialmente, los de las costas
de Turquía j del Asia menor.
Levar. Activo anticuado. Levan-
tar. ] Anticuado. Llevar. || Marina.
Hablando de las anclas, levantar.
I Anticaado. Hacer levas 6 levantar
gente para la guerra. | Anticuado,
Quitar. Q Neutro anticuado. Nacer ó
salir los astros. ¡ Recíproco. Marina.
Hanerse á la vela. J Gfemutnía. Move>
se ó irse.
ETZHOLOofA. Latín l^re, levantar,
forma verbal de levis, leve: italiano,
levare; francés, lever; provenzal, le-
var.— «Levar por la tea. Frase náuti-
ca que significa levar el ancla por el
cable ó calabrote, por haber faltado el
orinque.» (Vocabulario marítimo de
Sevilla.)
Levare. Activo anticuado. Llevar.
D Hurtar.
Levarse. Recíproco. Marina. Ha-
cerse i la vela. | Germania, Moverse
6 irse.
Le Vasseur (María Tbrksa). Mu-
jer francesa, célebre por haber vivido
en estado de matrimonio con Juan
Jacobo Rousseau, que nació en 1721
y murió en 1801. Rousseau se unid i
ella á la edad de 33 años j cuando
Tbrbsa contaba 24. Careciendo abso-
lutamente de educación j teniendo
un carácter áspero é intratable, aci-
baró constantemente la existencia del
filósofo, sin que los esfuerzos de éste,
ni las consideraciones que le guarda-
ban muchos de los personajes que
trataban á Rousseau, pudieran modi-
ficar aquella aspereza. Tuvo de Juan
Jacobo cinco hijos, que fueron lleva-
dos todos á la casa de expósitos, atri-
buyéndose diversamente á uno á
otro tan inhumana determinación.
Contribuirá á enemistar i Rousseau
con muchas personas, j se asegura
que los insultos de que fué objeto en
Motties, se debieron á su instigación.
Del mismo modo, la muerte repentina
del filósofo en Ermenonville, que no
se ha averiguado claramente ai fué
suicidio ó efecto de una apoplegía, se
atribuye en ambos casos a los disgus-
tos que recibía de Teresa y al trato
ilegítimo de ésta con un mozo de ca-
ballos de Mr. de Girardin, llamado
John. En 1790 obtuvo de la Asam-
blea nacional una pensión de 1.200
francos, que luego se elevó á 1.300.
Se asegura que en sus últimos años se
entregó completamente i Ib embria-
guez.
Leve. Adjetivo, Ligero, de poco
peso. B Metáfora. Lo que es de poca
importancia, de poca consideración.
Etimología. Griego Xiit£? (lepis),
corteza, cosa liviana; latín, levis; ita-
liano. Heve, leve; catalán antiguo, len;
moderno, leve.
Sinonimia. Articulo primero. — Le-
ve, LIGERO, DE POCO PRSO. Estas trcs
palabras se usan con frecuencia en
sentido propio j en figurado. En el
primero, leve significa todo cuerpo de
poca gravedad. Zi^erOf todo cuerpo
LEVI 395
dispuesto i moverse con rapidez, y se
llaman de poco peso las cosas que apa-
rentan más gravedad de la que en si
tienen.
En el sentido figurado se dice leve
á todo lo que tiene poca influencia en
las acciones humanas. Ligero, á lo
que se hace sin premeditación, j (¿«
pocopesOf átodo aquello cujas conse-
cuencias son indiferentes, j lleva el
sello de la veleidad y la fiüta de con-
vencimiento.
En el orden físico, es leve ana plu-
ma, es liffero un vencejo, es de poco
peso un saco de paja.
En el orden moral, es leve la mala
explicación de un abogado. Es libera
la sentencia que da un juez poco me-
ditada. Y es de poco peso para la so-
ciedad ta sentencia de este mismo
juez, cuando recae sobre cosas de me-
nor cuantía. (López Pblkgrín.)
Articulo segundo. — Lbvb, lioero,
tbnub. Leve alude á la gravedad; li-
gero, á la gravedad 7 á la prontitud
de los movimientos; tenue, a la densi-
dad. Todo lo que pesa poco, es Uve;
todo lo que pesa pooo y atraviesa ^
espacio, ó muda de lugar con rapi-
dez, es ligero; todo lo que tiene poca
densidad, es tenue; el humo es leve; la
mariposa es leve y ligera; el aire es
más tenue que el agua. (Mora.)
Artículo tercero. — Leve, liviano.
Leve expresa ligereza física; ímano,
ligereza moral.
•Entraron en una dfttiBa
dofia Constansa y doa Juan;
oayó dansaado el galAn,
pera no doña Constaua.
be la genta oorteaana
gas la vtó, quedó josfado
Soe don Juan era pesado,
ofia Oonstanza liviana.*
Esto quiere decir que doña Cons~
tanza era una dama licenciosa, ó como
suele decirse, que tenia los cascos á
la jineta. .
Cuerpo leve, leve falta.
Proceder liviano, mujer liviana.
Y como lo dice el refrán:
MiiJer !«««, poeo pe«>{
la liviana, pooo eeao.
Leveche. Lbbbchb.
ETmOLOOfA. La forma leveche, que
trae la Academia, no es admisible,
puesto que se deriva del griego ^í^,
h6ói: (líps, libósj. Es de esperar que
a(^uel ilustre Cuerpo adopte la forma
etimoló'gica, siguiendo el ejemplo de
todas las lenguas del romance.
Levedad. Femenino. La calidad
de lo leve. | Insconstancia de &nimo,
y ligereza en las cosas.
Etiholooía. Leve: catalán» levedat;
italiano, leviíát del latín levitas.
Levemente. Adverbio de modo.
Ligeramente, blandamente. | Metáfo-
ra. Ybnialhbnte.
Etimología. Leve y el sufijo adver-
bial mente: catalán, levement.
Levente. Masculino. Soldado tur-
co de marina. || Entre marinos, el ad<
venedizo.
Levi. Prefijo técnico, del griego
XeTuí { leías, lelj/s ), perfecto: latín , lavis
y Uvist delicado, suave, pulido, liso,
sin pelo.
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396
LEVI
Levi. SihKa, Patriarca hebreo, ter-
cer hijo de Jacob j de Lía, que nació
en Mesopotamia, en 1748» j murió
en 1612 antes de Jesucristo, ó, según
otra cronología, nació en 2117 j mu-
rió en 1980. Entró con su hermano
Simeón en la ciudad de Sichem y pasó
á cuchillo á todos los varones, lo cual
motivó que Jacob la anunciase que
serían dispersados en Israel sus des-
cendientes; j en efecto, en el reparti-
miento de la tierra de promisión, no se
contó con la tribu de Lbví, sino que
fueron distribuidos en las ciudades
J' arrabales de las otras tribus. Los
evitas estalnn consagrados al culto.
Leviano, na. Adjetivo anticuada.
Liviano. | Anticuado. Agil, ligero,
Leviatán. LbvuthIn.
ETiuoLoaÍA.. La forma levtaíán no
tiene raíz. Es de desear que la Acade-
mia adopte la forma etimológ^ica.
LeTÍathán. Masculino. Monstruo
marino descrito en el libro de Job, y
que los Santos Padres entienden en el
sentido moral de demonio 6 enemigo
de las almas.
ExiifOLoofA. Hebreo Uvtfathan
^fp^p'p^, monstruo acuático ó te-
rrestre mal definido; de la raíz laváh
(í)^^^, retorcer, replegar; árabe
latea ( )* «monstruo qne se en-
rosca, serpiente:» latín de san Jeró-
nimo, leviatkan; francés, léviatha».
(Gbsbkius.)
Reseña. — Biblia. Animal creado por
Dios el quinto día, que era un mons-
truo marino, probablemente el coco-
drilo, de que habla Job en varios pa-
sajes. Este nombre, tomado en el sen-
tido moral, sirve para expresar la
imagen del demonio. En concepto de
los rabinos, no era otra cosa que un
espíritu, el cual presidía una de las
partes del mundo, el Mediodía.
Levícaude. Adjetivo. Sitíoria ho-
ínraL I)e cola lisa.
EnuoLOaía. Zni j el latín cande,
cola.
Levicostado, da. Adjetivo. BitUh
ria natural. De costados lisos.
EtiuolooÍa. Leoi y costado.
LeTÍfoliado, da. Adjetivo. Botáni-
ca. De hojas lisas.
EtiuologÍa. Latín levis. Uso, j fo~
liatut; de fóiium, hoja.
Levigación, Femenino. Farmacia.
Operación que consiste en desleír al-
guna substancia en agua dejándola
posar para recogerla por decantación,
reducida á polvo impalpable.
Etiuoloqía. Levtgar: latín, teúgá-
íiot la acción de pulir j alisar; italia-
no, levi^ationt; francés, levigation.
Levigar. Activo. Farmacia, Some-
ter alguna substancia á la levigación.
I Bruñir.
ErmoLoaÍA. latín levígare^ lavíí/a-
re, tema frecuentativo de lavare, ali-
sar; de latit, liso, y factre, hacer: ita-
liano, levigare; francés, levi^er.
Levio. Antiguo poeta latino, es-
critor de varias tragedias y comedias .
da que lólo quedan algunos fragmen- [
LEVI
tos. Se cree que fué anterior i Cice-
rón. (Da MiauBL y Mobante.)
E-nuoLoofA. Latín Lavtutt Lmvük-
niu.
Reseña. — Los fragmentos de Lbvio
fueron recogidos por Aulio Gelio.
Levirato. Masculino. Precepto de
la ley mosaica, que obliga al herma-
no del que murió ain hijos ¿ casarse
con la viuda.
Etimoloqía. Latín ¡imr, eañado.
(Festo.)
Sentido etimológico, — 1. El latín ti~
tir es el griego Siijp (diier), converti-
da la d en l, como en Sixpuiia (dákry-
ma), que los latinos tradujeron por
lacryma. (Db Migubl y Mobantb.)
1. El dS¿r no significa cuñado, como
el latín leoir; sino hermano del mari-
do; mariíi frater,
Levirrínco, ca. Adjetivo, Omito-
logia. De pico liso.
"Etimología. Levi y rhggckos, meo.
Levirrostro, tra. Adjetivo, Omf-
tología. De pico delgado.
KTiuoLoaÍA. Latín Ihis^ leve, j
rosírum, pico: francés, levirotíre.
Leviaimamente. Adverbio de m(v
do superlativo de levemente.
Levísimo, ma. Adjetivo superla-
tivo de leve.
1. Levita. Masculino. El israelita
de la tribu de Levf , dedicado al ser-
vicio del templo de Dios en Jenisa-
lén. ¡ Diácono.
ETiuoLoaÍA. Leñta, de la tribu de
Leví (FcUsiástico); diácono (Sidonio
Apounab): italiano y catalán, levita;
francés, Í¿vite, — f£l ministro inme-
diato al sacerdote de la lej antigua.
Es voz hebrea, y trae su origen de
Levi, hijo tercero de Jacob y de Lía,
á cuja tribu ó descendencia estuvo
anejo el sacerdocio de la Ley escrita,
en premio de haber sido esta tribu la
que castigó la idolatría del pueblo de
Israel. En la iglesia corresponde bo^
al Diácono.» (Aoadbiua, Dicdonarto
de me.)
2. Levita. Femenino. Traje mo-
derno de hombre que se diferencia de
la casaca en que los faldones son de
tal amplitud, que se cruzan por de-
lante.
ETiHOLoaÍA. Levita 1, porque nne»<
tra lbvita es semejante al traje de
aquella raza sacerdotal: catalán, levi-
ta; francés, Uvtte.
Levitica mente. Adverbio modal.
De un modo religioso.
ETiMOLOof A. Levitica y el sufijo ad-
verbial mente,
Levitico. Masculino. Libro canó-
nico del Viejo ^«¿ommío , el tercero
de los de Moisés, <jue trata de los sa-
crificios, ceremonias y oficios de los
levitas, y Familiar. El ceremonial que
se usa en alguna función. [| Adjetivo.
Místico, devoto.
Etimología. Lemla i: latín de san
Jerónimo, lérñtícus; italiano, levliico;
francés, le'cilique; catalán, levitich, ca.
Reseña. — 1. Leciíicus: el tercero de
los libros del Pentateuco, así llamado,
porque de los 27 capítulos que lo
componen, más de la mitad tratan de
los sacrificios, ceremonias y oficios de
LEXI
los levitas^ 6 israelitas de la tribu de
Lecí (hijo de Jacob y de Lía) dedica-
dos al servicio del templo. (Mohl&d.)
2, «Uno de los libros canónicos da
la Escritura Sagrada del Viejo Testa-
mento, dividido en veintisiete capítu-
los, que tratan de los sacri&cios, de
diferentes ceremonias, de los grados
'de consanguinidad, de las fiesUs, de
los votos, de los diezmos y del jubi-
leo. Es su autor Moisés y se llamó así
por tratarse de los Ritos y de la reli-
gión de los judíos.» (Academia, Dic-
cionario de 17S6.)]
Levitón. Masculino, Traje de Hom-
bre, á modo de levita, asado moder-
namente como prenda de abrigo.
Levitonario. Masculino. Tánica
con mangas que usaron los monjes
egipcios.
Etimolooía. Levitón: latín Itñi^fia-
HwM, en san Isidoro.
Leviúsculo, la. Adjetivo dimían-
tivo superlativo de leve.
Etoiología. Leve: latín lévkU%t.
Levo. Masculino. El que sirve á
bordo, habiendo sido cogido d« leva.
Levógiro, ra. Adjetivo. Ópim.
SofiSTANCiA lbvóoiba. Substancía qne
desvía hacia la izquierda el plano de
polarización.
BruicLOaÍA. Latfn Urna, izquie^
do, j g^raráf girar: francés, tevog¡fre.
I^ziarca. ^Masculino. Ání^ikdar
des. Nombre que se daba en Atenas i
cada uno de los seis magistrados que
llevaban el registro ó padrón de ios
ciudadanos, que estaban en edad de
administrar sus bienes.
EtiMOLOaÍA. Griego XijSíapx"'
siarchoi); á6mt<; f^sis), heredad, J
ipjAfarc^J, mando.
Historia antigua, — Magistrados de
Atenas encargados de llevar un libro
de los niüos que, al ser majores de
edad, podían disponer de sus bienes.
Ejercían además cierta vigilancia so-
bre las asambleas públicas, multaban
á los que no acudían y examÍDaban
los que debíaiL ser puestos entre los
pritanos.
Lexiarcado. Masculino. Dignidad
de leiiarca.
Léxico. Masculino. Diccionario de
lengua griega y latina, y por eiten-
sión, de lenguas en general. H D¡ccii>
nario particular del lenguaje, modis-
mos y giros de un autor.
Etimología. Griego Wyoí (lógos),
razón y verbo: Xé^n; (lexis), vocablo;
Xifsn (Ugein)t decir; Xe^utóv (tfíñk^),
léxico: ¿rancés, lexigue; italiano, Ut'
tico. , ,
Lexicografía. Femenino. Ciencia
ó estudio del lexicógrafo.
Etiuología. Lexicógrafo: fiances,
lexicographie.
Lexicográficamente . Adverbio
de modo. A estilo de los lexicógrafos.
Etimología. Lexicográfica y el su-
fijo adverbial mente: francés, UxiC(^-
grapkiquement; italiano, lessicogrific(t-
mente.
Lexicográfico, ca. Adjetivo. Coa
cerniente á la lexicografía.
Etimolooía. LexicograJ^: francés,
lexieographiguci italiano, Iwicograjco.
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LEY
LEY
LEYD 397
Lexicógrafo. Masculino. El colee*
tor de todos los Tocablos que haa de
entnr en un Léxico, y también el que
M ocupa en estadios de lexicograna.
Etimología. Léxico j graphéin, des-
eribíi: gríe^o> X4(xo-/p(»poc (les%io0rá~
/ot);'tnnGea, kxUographe; italiano,
letnatgrttfo,
L»xÍGologia. Femenino. Tratado
6 estadio especial de lo relativo á la
analogía 6 etimología de los vocablos,
sobre todo bajo el concepto de haber
da entrar éstos en nn Léxico 6 Dic-
cionario.
ETUfOLOQÍk. L&tUo j U^ott trata-
do: francés, Umeoloffiej italiano, Utsi-
eologia.
Lezicológicamente. Adverbio de
modo. Con arréenlo á la lexicología.
Etimoloqía. Zanmlógiw j el sufijo
adverbial atente,
Loxicológico, ca. Adjetivo. Con-
cerniente á la lexicología.
ETmoLOOÍA,. Zexicolc^: francés,
Uxicolo^iúíu; italiano, Ussicúhyico.
Lexicólogo. Masculino. Bl versa-
do en lexicología.
Btiuolooía. Lexicología: francés,
Uxicolo^ae; italiano, lessicologo.
Lexicomania. Femenino. Manía
por la lexicología.
Léxicon. Masculino. Léxico.
Lexigrafia. Femenino. Arte de es-
cribir convenientemente las voces.
ETiyoLcoÍA. Griego léxit^ nombre,
jerapA¿i», describir: francés, lexigra-
Laxúfráficmm«ata. Adverbio de
modo, ^gún los preceptos de la lexi-
grafia.
BmiOLoaí^ Lemgráfica j el sufijo
adverbial mente.
Lexigriflco, ca. Adjetivo. Con-
cerniente á la lexigraña.
Lexigrafo, fa. Masculino j feme-
nino. El versado en lexigra^a.
Lexipirito. Adjetivo masculino.
Medicina, Que corta la calentura.
B-niiOLoaÍA. Griego X^^t^ (tesñsjf
la accidn de salir, Jpyi'» fuego, calen-
tara.
L^. Femenino. Regla jr norma
dada por la suprema autoridad, en
qae se manda 6 prohibe alguna cosa
para utilidad publica. | Relioión, j
así se dice: la lby de los mahometa-
nos. I Lealtad, fidelidad, amor. | La
calidad, peso ó medida que tienen
los géneros, Kgáu las lbvxs. | Ha-
blando de metales j moneda, la cali-
dad legítima. Q Estatuto ó condición
establecida para algún acto particu-
lar, como LBYBS de una justa, de un
certamen, del juego. Q El conjunto
de las LBYB9 ó el cuerpo del derecho
civil. I AKTIQUA. LsT DB MoiSÉS. |
c&LDARiA. La que ordenaba antigua-
mente la prueba del agua caliente,
que se hacia metiendo la mano y bra-
zo desnudos en una caldera de agua
hirviendo, para comprobar su inocen-
cia el que los sacaba ilesos. | de Dios.
Todo aquello que es arreglado á la
voluntad divina ^ recta razón. | de
DUELO. Las máximas j reglas esta-
blecidas acerca de los retos y desa-
fíos. I DS GRACIA 6 EVAHOdLICA. La
que Cristo, nuestro Señor, estableció
y nos dejó en su Evangelio. || db la
TEAUPA. Embuste, engaño, del bu-
BODO. La que se emplea con des-
igualdad, aplicándola estrictamente
á unos V ampliamente i otros. | dbl
BNCAJB. Tamílitr. El dictamen ó jui-
cio (jue voluntariamente y por su me-
ro discurso forma el juez, sin tener
atención á lo que las lbtbs disponen
para sentenciar alguna causa. \ de
Moisés. Los preceptos y ceremonias
que Dios dió al pueblo de Israel por
medio de Moisés para su gobierno y
para el culto divino. || bscbita. Los
preceptos que escribió Dios con su
dedo en las dos tablas que dió á Moi-
sés en el monte Sínaf. Q natural. El
dictamen de la razón que prescribe lo
que se ha de hacer 6 debe omitirse.
I nubva.Letdbqsacia.. i Yibja.Let
DB Moisds. I All¿ vjln las lbtbs don-
UB QUIBBEN BlÍTBS» 6 SO QUIEREN BB-
TES ALLÁ VAH LB7ES. Refrán que da á
entender que los poderosos quebran-
tan las LBTBS, acomodándolas 6 inter-
£ retándolas á su gusto. I A la lbt.
lodo adverbial familiar. Con propie-
dad y esmero. | A lbt de cabiixbbo,
db cristiano, etc. Eitpresión con que
se asegura la verdad de lo que se dice.
] A TODA ley. Modo adverbial. Con
perfección, según arte. Q Bajar db
LEY. Frase que se dice del oro cuando
tiene menos quilates, y de la plata,
cuando tiene menos dineros de los que
corresponden á la ley. Q Bajo db lbt.
Se llama al oro ó plata que tiene ma-
jor cantidad de otros metales qae la
que permite la lbt. | Dab la lsy.
Frase. Servir de modelo en ciertas
cosas. II Frase. Obligar á uno á que
haga lo que otro quiere, aunque sea
contra su gusto. ] Echar la ley ó
TODA LA LBY i. ALGUNO. Frase. Conde-
narle, usando con él de todo rigor de
la lev. I HacHA la lby, hecha la tram-
pa. Frase familiar con que se da á en-
tender que la malicia humana halla
fácilmente medios y excusas para que-
brantar ó eludir un precepto apenas
se ha impuesto, g Venir contra al-
guna LBT, precepto, etc. Frase. Que-
brantarlo. B Tomar la lbt. Frase.Pro-
vi acial Navarra. Hacer ó tomar lab
ONCB.
Eti¥0L0OÍa. Provenzal le, leg, ley,
lei: catalán, lley; francés, úi; yortu-
?[>ués, lei; italiano, le^ge» del latín lex,
egis. El catalán tiene ley, estado, cla-
se, condición.
1. Según Littré, los etimologistas
latinos refieren la voz del artículo, no
á le^rre, leer, sino á Itgare, ligar. No
satisfaciéndole ninguno de estos dos
orígenes, dice que la etimología de
ley queda envuelta en la sombra.
2. No es exacto que los etimologis-
tas latinos refiéranla voz del artículo
al latín tígare, ligar, puesto que Va-
rrón, el primero, el más competente,
el más sabio de todos los etimologis-
tas de la latinidad, nos dice termi-
nantemente qne se llamó levt porque
se Ma i la muchedumbre, a las ma-
sas, al pueblo, con el fin de que nadie
pudiera alegar ignorancia. Por consi-
guiente, según Verrón, ley viene de
leer, no de ligar.
Forma. — No es posible separar foyffw
(acusativo de les, ley) de legtre, leer.
Sentido.— Lex, legis significa ley,
orden, serie, sistema: Ugere significa
fundar esa serie; crear ese sistema;
producir ese orden; obrar esa lej. No
se comprende en donde está la oscu-
ridad , de que habla el ilustre etimo-
logista citado.
Reseña. — El rey Sabio trae la si-
guiente definición, que es tan sencilla
como sublime: tLey tanto quiere de-
cir como leyenda en que yace enseña-
miento é castigo inscripto, que liga
é apremia. Y fué llamada üy, porque
todos los mandamientos de ella deben
ser leales, derechos é cumplidos según
Dios y justicia.»
Sinonimia. Leyet naturaUt, leyes dé
la naturaleza, — Esta expresión leyes
naturales está tan generalmente cono-
cida por las relaciones morales qne hay
entre los seres libres é inteligentes, que
no se puede apropiar sin ambigüedad
á las relaciones físicas que tienen los
cuerpos entre si, en cuyo caso debe de-
cirse: leyes de la naturaleza.
No sólo la claridad pide esta distin-
ción, sino qne la creo fundada. Efec-
tivamente, las leyes de la naturaleza
deben ser aquellas con que se gobier-
na ella misma, y no las que única-
mente ha dictado á unos seres que
pueden desobedecerlas. Estas son más
bien leyes de los hombres, leyes de los
animales, etc., y únicamente se lla-
man naturales para indicar que no son
obra de ellos. (Jonaua.)
Leyden (Lucas Daumbsz, llamado
Lucas de), (jélebre pintor y grabador
flamenco, conocido en España con el
nombre de Lucas de Holanda, que na-
ció en Leyden en 1494; fué discípulo
de Engelbrethtsen y se dió á conocer
por la precocidad de su talento; de
tal modo, que se supone que á la edad
de 9 años publicó ja algunos graba-
dos en cobre. Viajando para perfec-
cionarse en su arte, se cree que sus
rivales, celosos de su fama, le enve-
nenaron en el camino; pues desde su
vuelta hasta su muerte, ocurrida
en 1533, no volvió á levantarse del
lecho. £n esta triste situación fué
como en 1531 ejecutó su obra maes-
tra: Jesús curando al cieg» de Jericó.
Sus obras de grabada se componen
de 172 planchas. Entre sus lienzos,
se citan: Descendimiento de la cruz;
Salutación angélica y Sacra Familia,
en el museo de París; Herodias, en el
de la Haya; retrato de Felipe el Her-
moso, en Amsterdam: Crucijiio y Ado-
ración de los magos, en Nápoles; Casa-
miento de santa Catalina, en la Acade-
mia de Venecia; La Virgen de los Res-
plandores j Nuestra Señora con el Niño
en los hratos, en el museo de Madrid;
Bl Juicio Jinal, en la casa- Ayunta-
miento de Leyden, y otros muchos,
cuya autenticidad no ha podido com-
probarse. Su dibujo es notable por la
sencillez y corrección, y su colorido,
por lo espléndido y armonioso, ^n
embargo, nótase en él algunas veces
1
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398 LEYD
LEYE
LEYV
aue, al lado de una elevada expresiiSa
del más puro sentimiento, desciende
& la vulgaridad en ciertos tipos j ao-
titudes.
Leyden (Juan db). Sectario famoso
por haber sido el jefa de los anabap-
tistas de MüDSter, que nació en Leu-
den de una familia dedicada á la ma-
gistratura hacia el año de 1510, j
murió en 1536. Su verdadero nombre
era Jua» Bockold, Alternativamente
picapedrero, posadero j comediante,
abrazó en sus frecuentes viajes las
doctrinas de los anabaptistas y fué
á establecerse en 1533 á MAnster
(Westfalia). fin un hombre hábil,
emprendedor, pero sumamente exal-
tado: así es que se muUi])licó tan
activamente en las conferencias secre-
tas celebradas por los anabaptistas,
que en poco tiempo la secta conquistó
multitud de prosélitos en Hünster, á
pesar del arraigo que las doctrinas
luteranas tenían en aquella ciudad.
Cuando los magistrados quisieron
atajar el movimiento, ja era tarde.
El primer viernes de cuaresmado 1534
estalló un motín; el obispo fué arro-
jado de su silla episcopal; los ana-
baptistas s* fortificaron en la plaza, j
habiendo sido muerto su jefe priuci-
pal en los primerea instantes, toda la
autoridad pasÓ á manos de Juan db
Lbydbn, ja venerado como profeta.
Desde el principio, se había publicado
un edicto estableciendo la comunidad
de bienes, según el ejemplo de los cris-
tianos y de la Iglesia primitiva, j aun-
que el Gobierno había protestado, el
nuevo profeta, henchido de recuerdos
del A.ntÍguo Testamento, modi&có la
organización política, dejando subsis-
tir el régimen de comunidad de bie-
nes, j nombrándose jueces del pueblo,
á imitación de los de las doce tribus
de Israel. Después, por una evolución
natural, resolvió concentrar en sí todo
el poder político, como había concen-
trado ja la autoridad religiosa. Fin-
gió, pues, nuevas revelaciones j se
hizo proclamar rey d* la JlamanU
rusalén, con la misión de esgrimir la es- \
pada sagrada contra los reyes para ex-
tender el re'gimen evangélic» por toda la
tierra. En la expoliación de las igle-
sias encontró el medio de rodearse de
todas las magnificencias reales j se
presentó coronado de oro j de dia-
mantes, vestido de sedas tejidas con
oro 'j acompañado de un espléndido
cortejo. Se titulaba rey de la justicia
en el mnndo: hizo batir moneda con su
efigie, de las cuales c^uedan raros
ejemplares, j tomó por divisa: El po-
der iU Dios es mi fuerta. Apoyándose
en el eiemplo de los patriarcas j de
Salomón, había instituido en la ciu-
dad la comunidad de mujeres, ó, con
mús exactitud, \?i poligamia, tomando
él mismo quince esposas. Como rej,
pontífice, juez supremo j profeta,
presidía con una imperturbable buena
re a esta extraña saturnal de todo un
pueblo, cujo entusiasmo excitaba por
medio de lunquetes públicos que, bajo
el nombre de ana», dirigía por si mis-
mo* Bien pronto envió veintiocho mi-
sioneros para predicar su doctrina en
Alemania j en Holanda, donde el pue-
blo se agitaba al rumor de los prodigio-
sos acontecimientos de Bfünster. Sin
embarg-o, todos aquellos apóstoles fue-
ron entregados á las llamas, á excep-
ción de uno solo, que se dejó cerrom-
per. Envió, no obstante, otros nuevos
agentes, que excitaron diferentes moti-
nes á lo largo del Rhin, en Holanda;
j especialmente, en Amsterdam, Pero
todas estas tentativas fracasaron j los
anabaptistas perecieron en medio de
los mas espantosos suplicios. Durante
tales acontecimientos, el obispo Wal-
deck mantenía á Míinster estrecha-
mente bloqueado. El hambre se dejó
sentir muj pronto j Juan db Lbtdbn
se TÍó obligado á emplear el terror
para contener á su pueblo, á quien
todas las parodias bíblicas no basta-
ban a satisfacer. Por fin, después de
catorce meses de defensa, la plaza
fué entregada por un traidor; las tro-
pas del obispo entraron en ella, ha-
ciendo una matanza horrible, j Juan
DB Lbydbn, á pesar de haber luchado
con el valor de la convicción j del
fanatismo, fué capturado vivo. El obis-
po Waldeck le preguntó «con qué de-
recho se había establecido como sobe-
rano en la ciudad.» «Con el derecho,
respondió, que tiene todo hombre que
sabe elevarse sobre los otros j hacerse
su dueño.» T añadió; «Te quejas sin
razón. Münster era una ciudad débil y
te la devuelvo fuerte. En cuanto al di-
nero que te ha costado el sitio, hazme
pasear por las ciudades encerrado en
una jaula, exige una moneda de co-
bre solamente á cada uno que quiera
ver al rey de Sión, j tendrás con qué
pagar tus deudas j duplicar el capi-
tal.» £1 obispo siguió el consejo éhi-
zo pasear por algún tiempo á Juan
DB Lbydbn de ciudad en ciudad, para
ofrecerle á las burlas de todos. Vuel-
to á Hüuster en 1536, el profeta fué
allí horriblemente torturado, atenacea-
do con tenazas enrojecidas en todo el
cuerpo, j por último, degollado. Su
cadáver apareció en una jaula de hie-
rro en lo alto de la torre de la iglesia
de San Lorenzo.
Leyenda. Femenino. La historia ó
materia que se lee; especialmente, la
?ue procede de tiempos antiguos. \
nscripción de las monedas ó me-
dallas.
Etiuología. Leer: latín, legenda,
terminación femenina de Iryéndus, ge-
rundio de legire, leer: italiano, lea-
yenda; francés, Ir'gende; provenzal, le-
yenda, leyensa; catalán, ll^enda; por-
tugués, lenda*
lieteñtt. — Nombre dado á las colec-
ciones de Vidas de los santos, porque
eran leídas en las lecciones de maiti-
nes j en los refectorios de las comu-
nidades. Cuando no se tenían las ac-
tas de los santos, se componían otras
semejantes, que la buena fe j la cre-
dulidad embellecían con detalles ma-
ravillosos. Por un procedimiento aná-
logo, los personajes históricos han
llegado i ser personajes legenda-
rios.
Leyente. Participio aetiro de leer.
El que lee.
Leyó. Livi.
Leyocarpo, p«. Adjetivo. Sotái^
ca. De frutos lisos.
Etiuoldoía. Ley» j karpist fruto.
Leyocéfalo, la. Adjetivo. ZoeU^
yia. D* cabeza lisa.
EriuoLOof A. Leye j héphaü^ caben.
Leyócomo, ma. Adjetivo. Zovh-
gia. T5e cabellos lisos.
Etimolooía. Leyó y homi, cabello.
Leyodermo, ma. Adjetivo. Zoolo-
gía. Calificación de los reptiles que
tienen la piel lisa, sin escamas.
BTiuoLoaÍA. Leyó ^ dérma, piel.
Le^ófllo, la. Adjetivo. Botánica,
De hojas lisas.
Etihología. y phylloñ, hoja.
Leyoft^n. Masculino. Éníómokyía.
Género de insectos himenópteros.
Etimología. Leyó j ofrys, entrece-
jo, ceja, pestaña.
Leyópomos. Masculino plural. Jt>-
íiologia. Familia de pescados olobran-
quios, cuyos opérenlos no tienen es-
pinas.
Etiuoldoía. Leyó y poma, opérenlo.
^<«Ha.— Los LETOPOMOs son un gé-
nero de pescados torácicos, que tie-
nen los opérenlos lisos; esto es, sin
púas.
Leyópodo, da. Adjetivo, ffistorin
natwral. Que tiene plana la planta del
pie.
ETiuoLOofA. Leye jpodtfs, genitivo
d*poiiS, pie: francés, Uiopode.
Leyóspermo, ma. AdjetiTO. Botá-
nica. De granos lisos.
Etuiología. Leyó t tperma, grano.
Leyostaqniado, da. Adjetivo. Bo-
tánica. De espigas lisas.
ExiuoLoaÍA. Leyojsídchys, espina:
Leyóstomo, ma. Adjetivo. ZooÍ»-
yia. De boca lisa.
Etiuología. Leyó j tídmat boca.
Leyótrico, ca. Adjetivo. Zoología.
Calificación de los mamíferos que tie-
nen el pelo liso V asentado.
BtiuolooU. Loyo j tkriSt irichdi,
cabello.
Leyto (&.NDRás). Pintor español,
que vivía en Madrid por los añosl680.
Se distinguió en los bodeyones, genero
en que pocos le aventajaron. Pinto
también con José de Sarabia una co-
lección da cuadros para el claustro
del convento de San Francisco de Se-
govia, que representaban la vida del
santo fundador,
Leyva (Francisco db). Poeta dra-
mático español del siglo xvii. Sus
obras se distinguen por el ingenio de
la invención, por la manera de trazar
y desenlazai el argumento, j por lo
fiúido y galano de la versificación. Sus
más conocidas comedias son: LosHijos
del dolor; Cueva y castillo de amor;
Cuando no se aynarda; La Dama Resi-
dente j El Amor es lo primero.
Leyva (Üikgo de). Pintor español,
Íue nació en Haro por los años de
580 j murió en 1637. Estudió su
arte en Roma, j adquirió la reputa-
ción de un artista distinguido. Ha-
biendo quedado viudo á la edad de
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LEZN
L'HOSP
LIA 399
53 años, entró en el convento de car-
tujos de MiraSores, donde pasó el res-
to de sus días. Son sus principales
obras: Xa Presentaciún j varios retra-
tos para la catedral de Burchos; j Vida
rfí san Bruno y cuadros de maríiriot
para la Cartuja de Miraflores.
Leyva (á.NTOMO de). Famoso capi-
tán español del tiempo de Carlos V.
Entró en el servicio militar en 1501
contra los moriscos rebelados en las
Aipujarras; pasó luego á Nápoles ¿
las órdenes día su deudo el Gran Ca-
pitán; hizo al lado de éste prodigólos
de Talor; aspecialmente, en la famosa
batalla de Rávena, donde fué herido;
defendió á Paría contra Francisco I;
se apoderó de Milán, plaza que entre-
gó luego Á Francisco Esforza; fué ele-
gido generalísimo de la Liga en 1553
y condecorado con el título de lugar-
teniente de Italia, mereciendo la dis-
tinción de que el pontífice le presen-
tase la rosa y el estoque, y murió á la
•dad de 56 afios* habiendo obtenido
los títulos de príncipe de Ascoli, mar-
Sués de Stela, conde de Mouza y gran-
e de España.
Lez. Masculino. Geografía. Bío del
Languedoc. (Summo.)
EriicoLoafa. Latín Ledut,
Lezda. Femenino anticuado. Tri-
buto impuesto; especialmentei el que
se pagaba por las mercancías.
Étiuolooía. Arabe lezma, tributo.
(Dbfbbmeby, Dsvic, Chbbdonngau.)
FeudalUmo. — 1. Nombre que se dió
en la Edad media á toda espeeie de
prestación ó impuesto.
2. Lbzua real ó mediana; derecho
que percibían algunos particulares
^rÍTÍÍegiados, tanto á la entrada como
a la saüda de ciertas mercancías.
3. Nuestro lszda es el prorenzal
Udd*, kida, Utda, leuda, el francés
Uude y el catalán lleuda, leuda, cuto
idioma eonserva todavía la expresión:
LLBDDA real ó mitjana.
4. Du Cange deriva la voz pro-
puesta del germánico leude, hombre:
sueeOf ^(/.
5. Diez y Líttré lo derivan de un
bajo latín leviíus, corrupción del la-
tín levaíus, de donde viene nuestro
vocablo leva.
6. En apojro de esta interpretación,
cita Oíez el español leudo, equivalente
al francés levain, levadura, cujra pala-
bra notiene relación posible con lbzda.
Lezdero. Masculino anticuado. £1
ministro que cobraba el tributo de
lezda.
ErmoLoeÍA. Letia: catalán, lleudad-
tari y lleuder, formas corrientes; leu-
da, tender, fuera de uso.
Lezna. Femenino. Instrumento
que se compone de un hierrecillo con
Santa muj sutil y un mango de ma-
era, del cual usan los zapateros y
otros artesanos para agujerear, coser
y pespuntar.
BnuoLoaÍA. Antiguo alto alemán
a/afua.- alemán moderno, Áhle; suizo,
alatwte; italiano, Usina; francés anti-
g-uo, alesne; moderno, ayne; lemosín,
Umo; provenzal, aleña; catalán, aleña,
alema; Bmj, alegue, alogne.
2ÍÉseiUi.—ht forma etimológica es
lesna, puesto que la z no aparece en la
voz de origen, ni en ninguna de las
varías formas del romance.
Lezne. Adjetivo anticuado. Delez-
nable,
Lhacío, cía. Adjetivo anticuado.
Flaco, débil, enfermo.
Etimología. Zacio.
Lhautor, ra. Masculino y feme-
nino anticuado. El que llora, triste,
afligido.
L'Hos^ital (MiauBL de). Canciller
de Francia, orador t poeta latino,
cujra celebridad se debe a los esfuer-
zos que hizo para evitar las contiendas
entre católicos y protestantes y á tas
sabias reformas que llevó á la admi-
nistración. Nació en Aigueperse en
1506 V murió en 1573. Era hijo de
Juan L'HospiTAL, médico distinguido,
3ue llegó á ser intendente y amigo
el condestable de Borbón. Después
de haber estudiado en Tolosa, se re-
unió á su padre en Milán, donde éste
había sido envuelto en la proscripción
que pesaba sobre el condestable; ter-
minó su educación en Padua, y bien
pronto sus precoces talentos le facili-
taron ia vuelta i Francia. Nombrado
consejero del Parlamento de París,
mereció el fiivor de Margarita de Va-
lois, hermana de Enrique II, y fué
elevado al puesto de superintendente
de Hacienda en 1554. Eu este cargo,
comenzó á trabajar en la reforma de
los abusos, dando él mismo pruebas
de tal desinterés que, al querer casar
á su hija, tuvo Enrique II que dotar-
la, pues L'HospiTAL no contaba ni con
una mediana fortuna. Al advenimien-
to de Margarita al ducado de Saboja,
á punto estuvo la Francia de perder á
L'iIospital; pero Catalina de Médicis
y los Guisas sa reunieron para confe-
rirle el cargo de canciller, vacante
fior muerte día Oliver, en 1560. Desde
os primeros momentos, L'Hospital
dió pruebas de una noble entereza,
negándose á sellar la sentencia de
muerte del príncipe de Condé, acusa-
do de haber tomado parte en la cous-
fiiración de Amboise. Su discurso en
os Estados generales de Orleáns, ade-
más de un fidelísimo cuadro de la si-
tuación de la Francia en aquella épo-
ca, es una verdadera profesión de fe
{tolítica. Contener á los partidos por
a justicia y no por la astucia; opo-
ner la moderación á la violencia; la
tolerancia, al fanatismo religioso; hé
aquí los principios que el canciller
proclamaba y de los que no se separó
jamás en medio de las intrigas de la
corte y del hervidero de las guerras
civiles. Durante ocho años, fue el re-
presentante de aquella parte ilustra-
da de la clase media, cujo apoyo de-
bía decidir más tarde el triunfo de
Enrique lY. Sin embargo, como era
de esperar, su franqueza produjo el
disgusto; Catalina de Médicis le re-
cogió los sellos, y en 1568 tuvo que
retirarse á su casa de Vignai, cerca
de Etampes, La nueva de las matan-
zas de la noche de Sa* Bartolomé, le
sorprendió en su retiro, sin conseguir
asustarle. Cuando se le dijo que lle-
gaban los asesinos, mandó que se les
abriesen las puertas, y cuando llegó
un mensajero de la corte declarando
que el rey le perdonaba, contestó:
«Ignoraba que hubiese merecido ni la
muerte ni el perdón.» No obstante, el
horrible espectáculo de las desventu-
ras de su patria abrevió su vida. Seis
meses después de las jornadas de San
Bartolomé' ( Saint- Barthelemy ), murió
casi eu la pobreza, pero justificando
hasta el fin la hermosa divisa que ha-
bía tomado de Horacio: Impavidum
ferient ruines* L'Hospitaj. ha dejado
unido su nombre á un gran número
de edictos y ordenanzas, reformando
los abusos de la administración y de
las leyes civiles. Durante su carrera
política y en su retiro, cultivó asi-
duamente las letras latinas, y en la-
tín sostuvo una larga correspondencia
con los hombres más eminentes de su
tiempo. Su conocimiento del griego
le puso en relación con Am^ot, que
fue quien le presentó á Enrique II.
Sus Foesias latinas, coleccionadas y
Eublicadas por su nieto Hurault da
'HospiúL, en 1585, han sido reim-
presas diversas veces. Su estilo, aun-
?[ue un tanto difuso, es fácil y con
recuencia vivo y enérgico. Las obras
completas de L'Hospital han sido co-
leccionadasy dadas á la estampa por
Uulfey de Yonne (París, 1824, 4 vo-
lúmenes en 8,"), y van precedidas de
un Ensayo soWe su vida y sus obras.
Las poesías han sido traducidas al
francés por M. de Noléche (París,
1857). Sus obras se componen de Poe-
sías latinas. Tratado de la reforma de
la justicia. Discursos y Memrin.
Reseña. — 1. Estuvo como represen-
tante de Francia en el Concilio de
Trente, & mediados del siglo xti,
1547.
2. Se opuso al establecimiento de
la Inquisición en su país.
3. Estableció la libertad de cultos.
4. Cuando se le intimó para que
rubricara la sentencia de muerte del
gran Condé, contestó impasible: «Sé
morir, pero no deshonrarme.» La con<
quista del Asia por Alejandro no
vale tanto como la respuesta anterior.
Para la crítica de la historia, L'Hos-
PITAL es el más grande y noble carác-
ter de su siglo.
Lia. Femenino. Soga de esparto
machacado, tejida como trenza para
atar y asegurar los fardos, cargas y
otras cosas. | El orujo de las uTas,
del cual, exprimiéndolo, se saca una
especie de vino de poca fuerza, llama-
do aguapié. | Estab hecho una lía.
Estar poseído del vino.
ETiuoLoofA. Bajo listín lia, que se
halla en un manuscrito del siglo z:
fecla sive lias vini, «heces ó lías del
vino» (Cambebt, Manuscrito, folio 17,
recto); it&ncés, lie; walón, lite; inglés,.
lees, plural.
1. Bajo bretón H, lia, forma de l¿it,
limo, lodo. (Cita de Litthé.)
2. Qoáol^an: frisón, ¿^a; inglés,
|0 lie, cuya raíz expresa la idea de
yacer, estar acostado. (Schbllu.)
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400 LIBA
3. Latín lix, ceniza, lejía, que pudo
producir una forma rústica, tal como
ligua 6 lica, transformada en lia por
el latín b^buo de la Edad media.
(Insu.)
4. Hasta el presente, no ha^ más
que conjeturas acerca del origen de la
voz propuesta. (Littbé.)
5. «CoTarrubias dice se llamó así
cuasi liga.» (Acadskia, Diccionario
de me.)
Liafto (Teodoro Felipe de). Pin-
tor español, discípnlo de Alonso Sán-
chez uoello, que nació en Madrid
en 1575 j murió en 1625. Fué i per-
feccionarse en Italia, j á su vuelta
adquirió una gran reputación como
miniaturista. La corrección del dibu-
jo, la semejanza j el brillante colori-
do, son las cualidades más relevantes
de sus obras. Las más notables que
de él se conocen, son: tan Juanpreai-
cando e» el desierto; Cateada^ j las
Ninfas de Diana, perseguidas por %n
sátiro. Entre sus retratos, se citan,
como obras maestras, el del empera-
dor Rodulfo j el de Do» Alvaro de
Batán,
Liaño (Alvabo AoostÍn), Histo-
riador jr crítico español, que murió
por los años de 1830. Visitó Italia y
Francia j estuvo agregado á la bi-
blioteca real de Berlín. Su- obra más
notable se titula: Repertorio de la his-
toria y literatura españolay poríwueta.
Lias. FemenÍDo plural. cSe llaman
también las heces o casca de uva, de
las cuales exprimiéndolas, se saca una
especie de vino de mu; poca fuer-
za, llamado Agua pie.» (Academia,
Diccionario de 1726.) Q Tomar lías y
Juan Danzante. Frase vulgar con que
se da á entender (jue uno escapó o se
fué con alguna prisa, de la parte don-
de estaba. (Idbu. )
Liaza. Femenino. En la tonelería
de Andalucía, el conjunto de ciertos
mimbres que se emplean en la cons-
trucción de las botas. También se
llama así en Castilla el conjunto de
lías con que se atan j aseguran las
corambres en que se conduce el vino,
aceite j cosas semejantes.
Libable. Adjetivo. Susceptible de
ser libado.
Libación. Femenino. El acto de
libar. Ceremonia religiosa de los an-
tiguos paganos, que consistía en lle-
nar un vaso de vino 6 de otro licor,
V derramarlo después de haberlo pro-
bado.
EtuiolooÍa. Libar: latín, Uhatío^
ofrenda, sacrificio, en san Jerónimo;
forma sustantiva abstracta de Ubat%s,
libado; francés, lihatxo».
ñeseia kitidrica, — PoUíHmo griego
i) romano. 1. Infusión de vino, de
sang^re, de aceite ó de leche, en los
sacrificios ofrecidos por los antiguos
griegos y romanos. La ubacióm de
vino se hacía vertiéndolo con una pa<
tena sobre la cabeza de la víctima,
presentada en el altar, j se mezclaba
en las llamas con la sangre de la víc-
tima; la de aceite 6 de vino, sobre la
parte de los dioses, porción de la vícti-
ma qaemada en el altar; ; la de leche»
UBE
sobre laa tumbas para aplaeu lo» ma-
nes.
2. También había libaciones sin
sacrificios, practicadas al fin de las
comidas en honor de los dioses en
general, ó de los lares en particular,
ue consistían en una copa de vino
erramado sobre la mesa.
3. Libación ofrenda, Uiamen 6
menium, se llamaba £ las primicias de
las viandas ofrecidas i los dioses en
los festines públicos, j á los lares en
los privados; 7 también & las primi-
cias de los frutos ofrecidos & los dio-
ses por los campesinos, antes da la
recolección.
Libadlo. Mascalino. Sotámea,
Nombre que da Plinio £ la centáurea
menor.
ETiuoLOofA. Latín lUÜdtimf que es
9I griego XtSáSiov (libddion).
Libamen. Masculino anticuado.
La ofrenda en el sacrificio.
Etiuolooía. Lihadén: latín, Afó-
men, el vino del cáliz. (FoRTtiNATO.)
Libamiento. Masculino anticua-
do. Libación. Q La materia ó espe-
cies que se libaban en los sacrificios
antiguos.
EriMOLoaÍA. £t¿iir: latín. tÜ9min-
Um.
Libán. Masculino. RauNaA.
Libanián. Masculino. Fa/rmada,
Especie de colirio en ouja eomposi- ;
cion entra el incienso.
ErnioLoaÍA. Líbano.
1. Líbano. Masculino. Árbol que
lleva el incienso.
Etimolooía. Qríego Xífiavov (Uhsí-
nonjf incienso: latín, ñbdnus, árbol
que lleva el incienso j el incienso
mismo. (Sbdulio.) B Nombre de un
esclavo. (Plaüto, Cicbbón.)
2. Líbano. Masculino. Cfeogra/ia.
Monte famosísimo de Siria, uno de
los Santos Lugares, da donde nace el
Jordán.
Bmiauoofa. Griego Ufknw (Uha-
whO, incienso: latín, Hhiwss»
Libanomancia. Femenino. Anti»
güedades. Adivinación por medio del
incienso quemado á los dioses.
Etimolooía. Grie^ Ubano»^ incien-
so, j manteia, adivinación: francés,
libanomancie.
Libanota. Femenino. Libanotb.
Líbanote. Masculino. Botánica.
Planta umbelifera, cuva raíz exhala
un perfume parecido al del incienso.
EtiuolooÜ. Libaw,
Libar. Activo, Chupar suavemente
el jugo de alguna cosa. {| Hacer el li-
bamiento para el sacrificio: tómase
también algunas veces por sacrificar.
I Probar ó gustar algún licor.
Etiuolooía. Griego Xxi6m (iHhein),
verter, derramar: latín, libare, tocar
con los labios, gustar, vaciar on vaso;
italiano, libare.
Libatorio. Masculino. El vaso con
^ue los antiguos romanos hacían las
libaciones.
Etiuolooía. Zt¿ar: latín, tiba^
ríum, til vaso que servia paralas liba-
ciones. (Fbsto.)
Libela. Femenino anticuado. Mo-
neda romana de plata» que valía eua-
LIBE
tro maravedises de plata castellanos.
E-nuoLoaÍA. Latín UbHla, que re-
resenta íibrella, forma diminutiva
e libra, .moneda de los romanos que
valía la décima parta da un denario.
(Vabbóm.)
Reseña histórica. — Nnmismitiea* Pe-
queña moneda de los antiguos roma-
nos, de plata, ^ue valía la décima
parte del denano. Se cree que sólo
estuvo en uso en tiempo de los rejes.
Su valor corresponde próximamente
al de una peseta.
Libelar. Activo anticuado. Bscri-
btr refiriendo alguna cosa, Forense.
Hacer peticiones.
BTU(OLOaÍA.¿»¿<¿0.* francés, libeller,
redactar convenientemente una de-
manda judicial.
Libelático, ca. Adjetivo que ae
aplicaba á los cristianos que sacaban
certificación de haber obedecido los
decretos de los emperadores, j eon
esto se libraban de la persecución.
BtiuoloqÍa. Latín líber, libro; ^
helios, certificación; ñbeiñOt el escri-
bano; libellditci, los que compraban
certificados para acreditar su obedien-
cia á los decretos imperiales, evitan-
do la persecución el suplicio: fran-
cés, hbellati9ues¡ itidiano, UbellaHco;
catalán, UbeUUíi^, ea,
Lib^. Ibscttlino anticuado, Li*
BBC PEQUEÑO. I Forense. Petición ó me>
morial. | Libro, papel ó escrito satí-
rico y denigrativo de la honra ó &ma
de alguna persona, 7 se llama co-
munmente LIBELO infamatorio ó
moso. B DB BBPUDio. El instrumcuto ó
escritura con que el marido antigua-
mente repudiaba á la mujer j diri-
mía el matrimonio. B Oab ubslo db
REPUDIO. Frase metafórica. Renun-
ciar, dar de mano.
Btikolooía. Latín ñbellus, diminu-
tivo de líber, libro: francés, libelle;
italiano, libelle; catalán* li6el4o.
Reseña. — ^El libelo de repudio viene
de la ley de Moisés j fué condenado
por la ley cristiana.
Líber. Masculino. Mitología. Uno
de los nombres de Baco. (Véase Baco.)
Libera. Femenino. Mitología. Uno
de los nombres de Proserpina. (Véase
Pbosbkpina.)
Liberación. Femenino. Carta db
PAOO. I Forense. Remisión que el
acreedor hace al deudor de lo que éate
le debe. Q La acción y efecto d!e penar
en libertad. || Quitanza.
Etiiiolooía. Liberar: latín, tibifrS^
ñot forma sustantiva abstracta de ti-
bhiUts, i^articipio pasivo de MMére,
liberar: italiano, líierazione; francés,
libéuíion; provenzal, liberada; cata-
lán antiguo, Uberacié.
Liberador, ra. Libebtadoe, ra.
EriyOLoaÍA. Liberar: latín, ttiíra-
tor. (Cicbbón, Cuhcio.)
Liberal. Adjetivo. El que obra
con liberalidad ó la cosa hecha con
ella. B Expedito, pronto para ejecutar
cualt^uiera cosa. B Se dice del arte
propia del ingenio, á diferencia de la
mecánica. \ El que profesa doctrinas
bvorables i la libertad política de los
Estados, término contrario de s«rn^
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LIBE
LIBE
LIBE 401
en cajo sentido decimos: política li-
beral; partidos LIBERALES. csta
acepción, úsase sustantivamente; so-
bre todo en plural, como cuando se
dice: «los libbbalbs triunfaron en la
(guerra de los Siete años.» Q Artes
LIBERALES. A.rtes que requieren la in-
tervención constanti! de la inteligen-
cia, del sentimiento ^ de la fantasía
para los efectos de la invención, tales
como la poesía, la escultura, la ar-
quitectura, la pintura, la música;
término contrario de artes meeámcas.
Se les dió el nombre de ubbbalbs,
porqne eran en lo antiguo la ocupa-
ción de los hombres libres, mientras
qae las artes manuales, tenidas en
concepto de viles, eran el oficio de los
esclavos.
BnuOLoaÍA. Libre: latín, liberalis;
catalán, /íiíra/; francés, Ub^al; ita-
liano, libérale.
Reseca. — Nuestras artes liberales
son el libbbalia sivdia de Tácito, en
CUTO autor tiene el significado de
bellas letras.
Sinonimia. Liberal^ generoso. — Am-
bas palabras tienen aplicación en sen-
tido propio j en el figurado, á pesar
de lo que han escrito algunos mal in-
formados eümoloffistas.
Siéndola roz Ubre el término opues-
to de la voz esclavo^ cieemos que la pa-
labra liberal no se usó primitivamen-
te sino con relación al sujeto que li-
bertaba. Un hombre tenía un esclavo,
por ejemplo, t le daba la libertad; ese
nombre fué denominado liberal; ese
hombre era el liberal de aquella época.
Después, este espíritu de liberali-
dad, este espíritu de donación, por
decirlo asi, se aplicó á las diferentes
relaciones de la vida práctica, j la
palabra liberal vino á aigníficar des-
5 rendido, dadivoso, lareo, como se
ecía con sama propinad en otro
tiempo. Después se hizo extensiva &
los hechos del alma, j expresó la idea
de cosa ele^nte, suelta, magnífica.
Cuando decimos que un orador habla
con soltura j liberalidad^ queremos
decir que da holgura j grandeza á
sus pensamientos, ó lo que á ello equi-
vale, que hasta con la palabra, con el
arte, con la forma del discurso, es
desprendido, dadivoso, rico, espléndi-
do: más claro, liberal. Ultimamente
ae aplicó á las ideas sociales, y signi-
fica la escuela contraria de la política
servil.
Digamos ahora qne un orador ha-
bla con soltura 7 generosidad^ j ó no
concebiremos ninguna idea, ó conce-
biremos ana idea distinta. Hablar con
generosidad significaría que hablaba
invocando las ideas de perdón, de cle-
mencia j de olvido.
Digamos también escuela generosa,
partido generoso, j nadie entenderá
qne se hablaba de los partidos j de
US escuelas liberales.
Generoso significó primitivamente
la idea de género, de origen, de casta
ó fimilia, j así llamamos víno genero-
so al qae viene de buena cepa j de
bnena cuba; es decir, al que viene de
boena lafz, que es como ai dijéramos,
trasladando el sentido de esta palabra,
de buena estirpe. Esta es su significa-
ción recta, primitiva, propia, muj
propia, que conserva la: voz generoso,
y de esta significación clásica jr pura
se olvidaron los etimologistas que nie-
gan á esta voz el sentido recto. Asi es
que Virgilio dice en sus Geórgicas:
descriplio equi generosi, descripción del
caballo generoso; esto es, del caballo
de casta ^ raza.
Después se aplicó á expresar los he-
chos morales v actualmente se reputa
sinónima de liberalidad.
^\ liberal Aa: el generoso sacrifica.
Liberalidad quiere decir desprendi-
miento: generosidad, abnegación.
La liberalidad es la virtud del trato:
la generosidad es la virtud de la con-
ciencia.
El liberal es grande ante el mundo:
ts\ generoso es grande ante la moral.
El que da, se capta la opinión: el
que sacrijica, halla la recompensa y la
confortación en su propio espíritu.
Dicho en menos términos: la libera-
lidad es más expansiva, más social,
más humana, más estrepitosa.
La generosidad es más interior, más
mesurada, más difícil, más fuerte,
más espiritual.
La hberalidad es un don: la genero-
sidad es un heroísmo.
Liberales(FiBSTAs).Femeninoplu-
ral. Historia antigua. Fiestas que los
antiguos romanos celebraban anual-
mente, en honor de Baco ó Liber, el
16 de las kalendas de Abril (17 de
Marzo), día en que se ofrecían á aquel
dios tortas, que fabricaban en las ca-
lles las mineres ancianas, coronadas
de hiedra. En el mismo día se daba la
toga viril á tos jóvenes que tenían
edad para recibirla. (Véase tooa vi-
ril.)
EtiuolooÍa. Latín Líber, Baco,
dios del vino v de la Tondimia, alu-
diendo á la libertad que el vino en-
gendra; liberalía, fiestas de Baco.
(Ovidio.)
Liberalidad. Femenino. Virtud
moral que cousiste en distribuir ge-
nerosamente sus bienes sin esperar re-
compensa alguna. H Generosidad, des-
prendimiento, II Usase en sentido me-
tafórico, como cuando decimos: <la
LIBEBALIDAD de un ingenio
^riuoLoaÍA. Liberal: latín, UbcriU-
tas; italiano, liberalitá; francés, libéra-
lité; catalán, Iliberalilat.
Liberalisimamente. Adverbio de
modo superlativo de liberalmente.
EtiicolooU. LiberalUmaj el sufijo
adverbial mente.
Liberalisimo, ma. Adjetivo super-
lativo de liberal.
Liberalismo. Masculino. El orden
de ideas que profesan los partidarios
del sistema liberal. || El partido ó co-
munión política que entre sí forman.
BTiuoLOaÍA. Liberal: italiano, libe-
ralismo; francés, liberalisme.
Liberalizar. Activo. Hacer liberal
á alguno.
ETiuoLOaÍJL. Liberal: francés, libe-
ratiser.
Liberalmente. Adverbio de modo.
Con liberalidad, ¡t Con expedición,
presteza y brevedad.
EtiuolooÍa. Liberal r el sufijo ad-
verbial mente: latín, Ubyuliter; italia*
no, liberalmente; francés, libéraUment;
catalán, Iliberalment.
Liberamente. Adverbio de modo
anticuado. Libbbuentb-
Liberar. Activo anticuado. Liber-
tar.
ETiuoLoaÍA. Latín liberare, forma
verbal de Itber, tib?ra, /ífi>«m, libre:
francés, lihérer; italiano, liberare.
Liberdad. Femenino anticuado.
Libertad.
Liberdat. Femenino anticuado.
Libertad.
Libero, ra. Adjetivo anticuado.
LlBKB.
Libérrimo, ma. Adjetivo aaperla-
tivo de Ubre.
ETiyoLooU. Zi'jfv: latín, Ubfír^
mus.
1. Libertad. Femenino. La facul-
tad que tiene el hombre de obrar ó
no obrar, por la que es dueQo de sus
acciones, f El estado ó condición del
que no es esclavo. | Kl estado del que
no está preso. Q La falta de sujeción
subordinación; j así se dice que á
os jóvenes les pierde la usbetad. |
La facultad que se disfruta en las na-
ciones bien gobernadas de hacer j de-
cír cuanto no se oponga á las lejes ni
á las buenas costumbres. ¡1 Prerroga-
tiva, privilegio, licencia. Se usa más
comunmente en plural. || El estado de
las peronas libres; y así decimos de
alguno: no se casa por no perder su
LiBBBTAD. || Ls desenfrenada contra-
vención á las le^es ^ buenas costum-
bres. En este sentido tiene también
uso en plural. Q Licbncu, ú osada
familiaridad; y así se dice: me tomo
la UBBBTAD de escribir esta carta; eso
es tomarse demasiada LiBBBTAn. Así
aplicada, es siempre mal sonante esta
palabra en plural. | La independen-
cia de las etiquetas; y asi se dice: en
las cortes haj más libertad en el
trato; en los pueblos se pasea con li-
bertad, y Esfuerzo y ánimo para ha-
blar lo que conviene al propio estado
ú oficio; y así se dice: reprendióle con
libertad, i Desembarazo, franqueza,
despejo; y así se díce: para ser tan
niña se presenta con mucha liber-
tad. Q Rescate. Q Facilidad, soltura,
disposición natural para hacer a^u-
na cosa con destreza. En este sentido
se dice de los pintores y grabadores
que tienen libbbtau de pincel 6 de
buril. U DE couBRCio. La facultad de
comprar ó vender sin estorbo ningu-
no. |] DE CONCIENCIA. Pcrmíso de pro-
fesar cualquiera religión, sin ser in-
quietado por la autoridad púUica. Q
Desenfreno y desorden contra las bue-
nas costumbres. Q de cultos. El de-
recho de practicar públicamente los
actos de religión que cada uno profe-
sa, n DEL BSPÍBiTU. Domínío ó seflo-
río del ánimo sobre las pasiones. J db
lUPBBMTA. La facultad de imprimir
cuanto se quiera sin previa eensun,
con sujeción á las le^es. | Apellidas
LioBBTAD. Fraae. Pedir el esclaro in-
TOMO lU U
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402 LIBE
LIBE
LIBI
justamente detenido en esclavitud,
que se U declare por libre. [| Pohbr
BN UBBRTAD DB Ar.OUNA OHLIOACIÓN.
Frase metafórica. Eiimir de ella. H
Sacar i libertad la novicia. Frase.
Examinar el juez eclesiástico su to-
luatad á solas y en paraje donde sin
dar nota pueda libremente salirse del
convento.
Etimología. Libre: latín, Uherta»,
tibertStit; italiano, liberta; francés,
liberté; catalán, Ilibertat; portugués,
liherdade; provenzal, liberíat.
Sinonimia. Libertad, libertinaje. La
libertad es una altísima prerrogativa
del ser político, moral é inteligente:
el libertinaje es una abyección.
La Uberíad es un sistema: el liber-
tinaje un abuso.
La libertad es un apóstol: el liber-
tinaje un bandido,
Ía Ubertaá es lo contrario del liber-
tinaje, porque la libertad es libre y el
libertinaje es esclaro.
2. Libertad. Femenino. Politeís-
mo romano. Divinidad alegórica de los
romanos, hija de Júpiter y Juno. Sus
atributos son el gorro frigio, el cetro
y el yugo roto. El padre de los Gra-
cos fué el primero que la elevó un
templo, que fué devorado por un in-
cendio.
3. Libertad (Xbbolbs de la). Hit-
torta. Arboles que, durante los pri-
maros años de la revolución francesa,
se plantaban en todos los municipios
(communes como símbolos de la li-
bbrtad. JEsta idea nació de los llama-
dos antiguamente árbolft de Mago ó
simplemente mayos. [Véase Mayo (Áb-
BOLBS db).] Los primeros se plan-
taron el año 1792, en Lille, Auxerre
y en otros muchos lugares. En su
mayor parte eran árboles sin raíces,
Sero muy altos; es decir, una especie
e mástiles. Algunas ciudades del
Mediodía los tenían en casi todas las
calles y delante de muchas casas. Un
escritor de aquella época dice que
en 1794 había en Francia más de
60.000 ¿BB0LB8 DB LA LIBBRTAD. Por
un decreto de la Convención de 3 Plu-
vioso, año II (23 de Enero de 1794),
se ordenó que en todas las communes
se plantase uno de dichos árboles sin
raíces, j se confió su conservación &
todos los buenos ciudadanos. La es-
pecie de árbol habitualmente escogi-
da fué el peujilier, ó sea el álamo, que
los campesinos franceses llamaban
peuple, nombre formado de populus^
que en latín significa pueblo y álamo;
interpretación que basta para com-
prender que se le dió esa preferencia
por los demócratas. La plantación de
ARB0LB3 DB LA LIBERTAD á la pUCrtS
de todos los comités militares y civi-
les de Paria fué el pretexto de que los
revolucionarios se valieron, en 1793,
para el movimiento popular que aca-
bó por la fitmosa jomada de 20 de Ju-
nio. Bajo el primer imperio, los árbo-
les DB LA LIBBRTAD lueion descuí-
dados ó cortados. Bn la revolución
de 1848 reaparecieron, siendo un me-
dio de agitación, y llegando en París
£ una cantidad casi innumerable. Fre*
cuentemente se invitaba al clero para
que los bendijese. Cuando el Gobier-
no cesó de ser puramente demagógico,
sirvieron de pretexto para desordenes
públicos, y fueron derribados.
LibertadaLmente. Adverbio de mo-
do. Con libertad, con descaro y des-
enfreno.
BriuoLoofA. Libertada j el sufijo
adverbial mente.
Libertado, da. Adjetivo. Osado,
atrevido. || Libre, sin sujeción. | An-
ticuado. Desocupado, ocioso.
Etimología. Libertar: latín, tibera-
tus; francés, libere'; italiano, libéralo;
catalán, Ilibertat, da.
Libertador, ra. Masculino y fe-
menino. El que liberta.
Etimología. Libertar: latín, tibrra-
tor; italiano, liberatore; francés, Ubé-
rateur; catalán, líibertador, a.
Libertar. Activo. Poner á alguno
en libertad, sacarle de esclavitud y
sujeción. Se usa también como recí-
proco, y Eximir á alguno de alguna
obligación, sujeción ó deuda. \ prb-
sbkvab; y así se dice de un reo: el
abogado le ha lidbutado de la horca
ó del presidio.
Etimolooía. Liberar: catalán, lli-
beriar.
Liberticida. Adjetivo. Destructor
de la libertad, como cuando se dice:
planes liberticidas.
BtiuolooÍa. Latín Ubiríaij esdere,
matar: francés, liberticide.
Libertina. Adjetivo femenino. Mi-
tología. Sobrenombre de Venus, como
diosa de los caprichos libres.
Btimolgoía. Libertino.
Libertin^e. Masculino. Desenfre-
no en las obras y en las palabras. | La
falta de respeto á la religión.
ETUfOLoaÍA. Libertino: catalán, Ui-
bertmaíye; francés, Uberíinaye; italia-
no, liberlinagyio.
Moralde la familia.— ^\ libbrtina-
JB nos hace esclavos de nosotros mis-
mos. Por consiguiente, es lo contrario
de la verdadera libertad. Apuradas es-
tas ideas, hallaremos que la libertad
no significa nada sin la virtud que
nos hace inmunes, lo cual quiere de-
cir que nos hace libres.
Libertinamente. Adverbio de mo-
do. Con libertinaje.
Etuiolooía. Libertina j el sufijo
adverbial mente.
Libertinear. Neutro familiar. En-
tregarse al libertinaje. Q Echarla de
libertino.
Libertino, na. Adjetivo que se
aplica á la persona entregada al liber-
tinaje. |] Masculino y femenino. El
hijo de liberto, y máüs firecuentemente
el mismo liberto con respecto ú su es-
tado, como opuesto al del ingenuo.
BtimolooIa. Latín libereínuSf el en-
clavo á quien se daba la libertad: ca-
talán, Uiberti, na; francés, Uberíin;iU^
liano, tiberíino.
1. Entre los latinos, la voz del ar-
tículo era sinónima de liberto.
2. Entre los cristianos de hoy, el
libertino es el esclavo . b íjo de un hom-
bre libre; así como allí era hombre li-
bre, hijo de un esclavo*
3. El tiberíino de nuestros días es
el esclavo del libertinaje, como ei vir-
tuoso, aunque sea esclavo, es el hom-
bre libre de la virtud.
Sinonimia. Libertino, vicioso. — El /»-
¿«r/iM se entrega con libertad á los
placeres de los sentidos: peca propia-
mente contra las buenas costumbres,
y la pasión que le domina le hace
despreciar la decencia sin temor de la
publicidad.
El vicioso puede no tener más qua
un solo vicio, y ocultarlo toda su
vida, ó por mucho tiempo. Por consi-
guiente, es menos malo que el liber-
tino. (Conde de la Cortína.)
Liberto, ta. Masculino y femeni-
no. Derecho romano. Bl esclavo á quien
se ha dado libertad, respecto de su
patrono.
Etimología. Libre: latín, libértus;
italiano, liberto; catalán, Ilibert.
Sinonimia. Libertns se diferencia da
tiberíinns en que éste se dice con re-
lación á la condición 6 Cualidad del
liberto, y ttbirtus con relación al due-
ño que concede la libertad. (Db Mi-
guel Y Morante.)
Liberum veto. Historia. Palabras
latinas, que componían la fórmula
usada en la antigua Constitución de
Polonia para expresar el derecho que
tenía cada nuncio ó diputado de la
nobleza á oponerse a una resolución
de la Dieta y, por el mismo hecho,
anularla.
Btimoloqía. Liberum viU>.
láfaetra. ^Femenino. Mitología.
Nombre de la fuente Magnesia, in-
mediata al monte Helicón, en Beoeia.
Las musas, á quienes esta^ consa-
grada, se llamaron por esta razón li~
bétridas.
BtxmoloqÍa. Griego AE(67)0pa (Lei^
beíhra): latín. Libelara. (Plinio.)
Libétridas. Femenino plural. Mi-
tología. Sobrenombre de las musas.
BTUfOLOOfa,. Liietra: latín, ttbetkrt-
des,
KJbia. Femenino. ffeograJU. Gran
país de Africa, célebre por su desier-
to. J El Africa toda. (Plinio.)
Éeseña ^e^rá^ca é kistórica. — La
Libia marítima comprendía parte de
las costas que se extienden por el Ue-
diterrineo, entre el Egipto y la Sirte
mayor, hasta los arenosos desiertos
que se encuentran al Sur, en los cua-
les hay algunos oasis; contenía ade-
más los países conocidos en la histo-
ria con los nombres de Cirenaica, al
Oeste, y Marmárica, al Este. La parte
oriental de esta última estuvo en
tiempo de Ptolomeo aneja al Egipto,
bajo el nombre de Nomus Ltgycns.
La Marmárica contenía muchos pue-
blos, nómadas en su ma^or parte, ^ue
ocupaban las islas ú oasis del desier-
to. A este número pertenecían los
hamonienSi que habitaban el oasis de
Sinah i los 29* 15' latitud Norte y
30* Hf longitud Este; oasis en que
existía un templo y un oráculo muy
célebres, consultados por Alejandro
Magno. Las distancias que cuentan
los modernos árabes desde este sitio
i Alejandría, es de catorce jornadas.
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LIBI
LIBI
LIBI 403
La major j casi única riqueza do sus
habitantes consiste en los dátiles que
produce el país. Cerca del mar esta-
ba el pueblo Uamado Aáyrmachides
por HerodotOt y Adyrmachites por
Ptolomeo. El país que habitaban, se
llamaba propiamente Nomut Li&jfcus
6 Libia, tri^a, á causa de estar ocu-
pada toda la costa por reducidas co-
lonias griegas, al través de las cuales
■e distinguía la ciudad de Pareeío-
«iiun; hoy día, Ál-Barethoun. A Oes-
te de la Marmárica, j al Este de la
verdadera Africa, estaba Cirenaica,
provincia que tomó el nombre de su
capital, edificada en una altura j
próxima al mar. La seg-unda capital
de Cirenaica era Apolonia-, llamada
después Sosuía. Estas dos ciudades,
con otras tres principales, formaban
una confederación, llamada Peníápo-
liSf Tox que significa cinco ciudades;
áepenía, cinco, y ;)0¿W| ciudad. Las
tres cajos nombres no hemos mencio-
nado, eran: Ptolomaity hoj, Tolome-
ta; Árñnoe, hojr, Te-a\Mn,j JBereniee,
antes Ifesperigt j hoj. Bernia. En los
alrededores de esta coofederación co-
locaron los antiguos el jardín de las
Hespérides. Había otra ciudad llamada
Barce, que dió su nombre al desierto
de sus cercanías. En la parte occi-
dental de la Cirenaica, al Mediodía
de la Sirte, empezaba Africa carta-
ginense en el sitio Uamado Altar de
m Filenos, por los hermanos Filenos,
cartagineses, que consintieron en de-
jarse enterrar vivos á fin de dilatar el
territorio de su patria. Había en el
interior de la Cirenaica muchísimos
pueblos; entre otros, los nasamones»
poderosa nación que se extendía des-
de las orillas del mar hasta un oasis
llamado Angila, cajo nombre ha con-
servado. Casi en toda laCircnaica cre-
cía una planta llamada tilphium, que
producíaunazúcarparecidoal de caña,
vendido á peso de oro en el imperio ro-
mano. Bn el mismo país habitaban, se-
gún alg^unos autores, los loUifagos, ó
gentes que comea lotw, frutodeun ár-
bol espinoso, especie de baja ó fariná-
cea del temaño de una aceituna. La Li-
BU interior estaba situada propiamen-
te al Sur j al Oeste de la Cirenaica. Al
Mediodía de las dos Sirtes, habita-
ban los garamantoíy pueblo entre nó-
mada j agricultor, cuja ciudad esta-
ba situada á la entrada del Fezzán, j
se llamaba Garama; hoj, Qherma, La
parte del territorio llamada propia y
especialmente Africa, á la cual se
jnntaban las dos Libias, de que he-
mos hablado ja, se extendía (según
Ptolomeo) desde el A liar de los File-
nos, límite occidental de la Cirenai-
ca, hasta el río Ampsa^as, que des-
emboca en el mar interior. Otros geó-
grafos menosantiguos restringen esta
Sorción del Africa, limitándola del
leste al río Rubricatus, que desembo-
ca cerca de Hippo-Regius, límite occi-
dental de la región de Túnez, así
como el A ttar de los Filenos es el ltmi>
te oriental de la regencia de Trípoli.
En la extensión de ambas costas es-
tán, por lo tanto, comprendidas las
dos Sirtes. Cerca del A liar de los File-
nos, situado casi en el fondo de la
Sirte major, vivían los maca, pueblo
libio, nómada, tal vez el mismo que
Ptolomeo designa con el nombre de
Syrtiies. Al Oeste estaban los lotófa-
gos, de que ja hemos hablado. Habi-
taban en su territorio muchas colo-
nias fenicias, tres de las cuales habían
formado una confoderación llamada,
por el número, Tripolitanis, Estas
ciudades eran: Zepta magna, boj, Le~
bida; Vea, hoj, Trípoli, y Sabrata,
hoj, Sobral ó antiguo Trípoli. La
primera, edificada por los fenicios de
Sidón, pasó á ser colonia romana j
vio nacer en su recinto al emperador
Septimio Severo. Al Sud de la Sirte
menor, estaba la isla Menix ó Loto/a-
gites, j también Girba, conocida hoj
por Zerbi, patria del emperador Tri-
Donio-Galo. En el fondo de la expre-
sada Sirte estaba el pueblo de los
machólos, nación libia que habitaba
las cercanías del lago Tritonis; hoj,
Bl-Ln-Deha 6 Famm, cuja parte me-
ridional se llamaba Libta Palns. Dí-
cese que vivían en su alrededor va-
rias colonias griegas. Al Norte de
este lago estaban los maxios, preten-
didos descendientes de los trojanos.
En el fondo de la Sirte estaba la ciu-
dad de Tacapa; hoj, Qabes, cerca de
la cual coman las aguas calientes,
llamadas por los romanos aqne lacopi-
na, j hov. El ffamma. Venía al Oes-
te la ciudad de Bitacena, que después
se llamó Emporio, plural del nombre
latino «swortim, bazar, feria ó mer-
cado público. Adquirió este nombre
por el número de sus puertos, desti-
nados en su major parte al comercio
de granos. La capital de esta provin-
cia era ffadrumeíus ( Snsa ), colonia fe-
nicia. Las demás ciudades principa-
les eran: Bgzacium ó B^zacina, hoj,
Begkus; ffena, hoj, Tamek, que fué
tomada por César; Taphrura, hoy,
S/akes; Tgsdrus 6 Tisidium, )ioy , El-
Jem; Tnrris HannibaUsg refugio del
grande Aníbal cuando se retiraba al
Asia; TapsM (Decusas), plaza fuerte,
j Leptis minor, hoj Lemtu, colonia
fenicia. Más abajo de Bizacena, estaba
la Zeugitania, la provincia más sep-
tentrional del Africa, propiamente
dicha, cuja capital era Cartago; en la
cual se tocaba viniendo do Sicilia.
Esta ciudad, cuja fundación se atrí-
buje, sin ningún dato histórico, á
Dido; reina de Tiro, estaba situada
en una península en el golfo de Tú-
nez j tenía dos puertos, cegados en el
día. Habiendo sido mucho tiempo ri-
val de Roma, fué arrasada por Esci-
pión Emiliano, 146 años antes de Je-
sucristo, j reedificada en el siglo si-
guiente por el emperador Augusto,
fué residencia de un procónsul. Los
árabes volvieron á destruirla á fines
del si^lo XVI. Había sido patria de
Terencio, escritor cómico latino, j
enriquecióse con sus ruinas Túnez,
capital del reino del mismo nombre.
Al Este de Cartago, estaba el pro-
montorio Mermwnum; hoj, RaS'Addor
6 Cabo Bueno; al Mediodía de esta
2i'
promontorio, la ciudad de Atpis Ó
Clypea, hoj, Aklibia, cerca de la cual
el cónsul M. Valerio derrotó á los car-
tagineses; un poco más hacia el Sud,
Neápolis, hoj Mahmour. Al, Norte de
la misma Cartago, estaba Úíico, ciu-
dad más antigua que aquélla j testi-
go de la muerte de Catón, por lo cual
se suele llamar á éste Caídn de Útiea.
Más hacia e! Norte, estaba Zaryios ó
Hippo-Zarytos; hoy, Biserta. Entre
Utica j Cartago, desembocaba en el
mar el río Bí^radas (Mierda); había
hacia lo alto ciudades de alguna im-
portancia, como Tahnrbo j otras.
Más adelante, hacia el interior, esta-
ba Zama regia, que presenció la famo-
sa batalla entre Aníbal j Escipióu.
Estos países se encuentran al Este
del que se llama propiamente í\^k-
midia.
ETiHOLoaÍA. Latín Libya.
Líbico, ca. Adjetivo. "Lo que per-
tenece á la Libia.
EruioLoafa. lÁbia: latín, Ubyeus:
uBYCA/era, el león, en Ovidio: ubtci
crines, cabellos de africano, esto es,
cabellos cresposos; libycus dens, el
marfil; ubycus orhis, mesa redonda
hecha de limonero, en Marcial; liby-
cus Júpiter, Júpiter Ammón; li&yca
palcestra, lucha de Hércules combati-
dor, en Estacio; libycuu (mare), el
mar de Africa, en Virgilio.
Libicoáfrico. Femenino. «Viento
ue viene de la parte donde se pone
' sol al tiempo del solsticio hiemal,
según la disposición de U rosa náuti-
ca que hicieron los antiguos, reparti-
da en doce vientos.» (Acadbmu, Die-
eionarioJe i726.)
BtiholooÍa. Líbico j áfrico.
Líbiconoto ó Libonoto. Femeni-
no. «Viento que viene de la parte in-
termedia entre el Mediodía v Ponien-
te hiemal.» (Acadsmu, Jjiccionario
de 1726. J
ETuiOLoaÍA. Líbico j noto.
Libídine. Femenino. Lujuria, las-
civia.
Etiholooía. Libidinoso: latín, Ubi-
dine, ablativo de lUido.
LibidinioBO, aa. Adjetivo anticua-
do. Libidinoso.
Libidinosamente. Adverbio mo-
dal. De un modo libidinoso.
EriMOLOofA. Libidinosa j el sufijo
adverbial mente: latín, ttbídtnosi, se-
gún su capricho; italiano, libidinosa-
meníe.
Libidinosis. Femenino. Propen-
sión á la lujuria.
ETiuoLoaÍA. Libidinoso.
Libidinoso, sa. Adjetivo. Luju-
rioso, lascivo.
Etiuolcoía. Latín líSHíiUina, dado
á los placeres sensuales; forma adje-
tiva de Ubxdo, antojo; de lübet, lUet,
agradar, cuja etimología es incierta.
(Da MiOUBL J MORAHTB.)
1. El latín Ubet, es seguramente el
griego XCircu (lipib), apetecer, desear;
AsXttJ^voc (lelimménos), que es el par-
ticipio perfecto pasivo, deseoso, apa-
sionado, equivalente ai latín ^iMtno-
sus.
I 2. La fbrma latina lübet represen-
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4Úá
LIBR
ta literalmenta el sánscrito Xn*T
o ^■
(Uhh), desear, amar; lauhhat, deseo,
amor; lauhhiftt que desea, equivalente
al latía IHens, que tiene el mismo
significado.
3. Bsta raíz explica el alemán lie-
ben, amar; godo, liMbt, amor; inglés,
lohing, amante; lituanio, Migas; ale-
mán, iiehend; ruso, Umboimyi.
4. Es admirable la exactitud con
que se ha conservado la forma radical
en todas las voces (lerivadas.
Derivación. — Sánscrito l%hh, desear;
ffriego Xitcaa (lipto)^ apetecer; latín,
abet, lUbeí, se quiere, se desea; lUldot
antojo, deseo, pasión; USUPíndtttt, que
hace su gusto 6 sigue su capricho;
italiano, libidinoso; francés, libidineux.
Libio, bia. Adjetivo. £1 natural
de la Libia jr lo que pertenece á esta
región.
ETiicoLoaÍA. Latín Ubys (Marcial);
Ubyssa, la mujer de Libia. (Catón.)
Libitina. vemtmno. Mitología. Di-
vinidad que presidía á los funerales
j que es la misma que Proserpina.
Algunos mitólogos creen que era Ve-
nus V que presidía á la muerte de los
hombres, lo mismo que i su naci-
miento. (Véase Peoserpiha.) Bn su
templo 86 vendían j alquilalnn todos
los objetos necesarios para los funera-
les, ^ se llevaba un registro de de-
funciones.— La voz del artículo sig-
nifica también el féretro 6 la pira; la
muerte; el oficio de los enterradores,
7 el de los que alquilaban y vendían
toda clase de objetos fúnebres.
Etiuoloola. Latín LÚ^Onat forma
de líbei, libere, agradar.
Libitinaríos. Masculino plural.
Historia antigua. Nombre que los an-
tiguos romanos daban i los que al-
quilaban jr vendían los muebles nece-
sarios para los entierros, j proporcio-
naban embalsa madores para preparar
los cadáveres á fin de que se conser-
vasen hasta el día de los funerales.
Tenían en Roma su administración
en el templo de ¿«¿tWfia ó Proserpina.
ErUiOLOafA. Latín Uhí^ttíiríi, con
el mismo significado, en Séneca, de
Libitina, Proserpina, diosa de los fu-
nerales: francés, libitinairet.
Libitinense (puerta). Antigüeda-
des. Puerta del anfiteatro por donde se
sacaban los cuerpos de los gladiadores
heridos ó muertos en los combates.
EtiuolooÍa. Latín ueiTiHBNSispor-
ta, ea Lampridio.
Libitum (ad). Locución latina que
se usa en castellano como adverbio y
significa lo mismo que al arbitrio de
cada uno.
BtuiolooÍa. Preposición de acusa-
tivo ad, i, j Rbítim, voluntad, gusto,
pasión, capricho: fírancés, ad Itbitum;
italiano, Hbito; «á voluntad.»
Libra. Femenino. Peso que comun-
mente consta de diez j seis onzas, aun-
que este número varía según el uso de
varias provincias. || Especie de mone-
da imagiuaria, cujo valor varia en
distintos reinos y provincias. En los
molinos de aceite, peso que, colocado
al extremo de la viga, sirve para opri-
LIBR
mirla pasta. | El séptimo signo del
zodíaco y primero de los australes,
que corresponde al mes de Septiem-
bre. O Medida de capacidad que con-
tiene una, libra de algún liquido. Q
BSTKRM.VA. Moneda iuglesa de oro,
que viene á valer unos cíen reales, y
CARNICERA. La que consta de treinta
Íseis onzas, aunque suele ser varia en
iversas provincias, (j hbdicimal. La
que se usa en las boticas, j consta de
solas doce onzas, á diferencia de la
común de diez j seis onzas, que lla-
man PONDBkAI..
EtiuologU. Griego Xítpa (litra):
latín, Rbra; lujo latín, ¿iVro, medida
para líquidos; francés, liwe^ ortogra-
fía incorrecta; catalán, lliwra. — Libra,
Del griego litra, lo mismo que litro.
Los romanos tenían una libra ponde-
ral, que pesaba doce onzas, j una li-
bra monetaria, llamada Át, a$is, pie-
za de cobre que pesaba también doce
onzas. (MoNLAU.)
Libración. Femenino. Püica. El
movimiento que hace un cuerpo sobre
su centro hasta quedar en equilibrio.
Ji Áttronomia. Movimiento en virtud
el cual la luna oculta y descubre al-
ternativamente á nuestros ojos parto
de su superficie.
EtiuolooÍa. Latín tUbrü^, la ac-
ción de nivelar, forma sustantiva abs-
tracta de A^Siv, poner & nivel, forma
verbal de Uhra, liora: italiano, libra-
tiene; francés, libration.
Libraco. Masculino. Libro despre-
ciable.
ETUiOLoaÍA. Libro: italiano, librae-
cio.
Libracho. Masculino. Libraco.
Librado, da. Adjetivo anticuado.
Suelto en el aire, y Anticuado. Aca-
bado, perdido.
EtiuolooÍa. Libración.
Librador, ra. Masculino j feme-
nino. Bl que libra. Q En las caballe-
rizas del rey es el que cuida de las
firovisiones para el ganado, j da todo
o que es necesario para su curación.
I Hedida da cobre ó hierro , con un
borde al rededor, que se va angostan-
do hacia la boca, y sirve para sacar y
poner en el peso las legumbres secas.
P Anticuado. Libertador.
Etuiolooía. Librar: catalán, Uiura-
dor, a.
Libramiento. Masculino. El acto
Í' efecto de librar á otro de algún pe-
ibro. I Administración. La orden que
se da por escrito para que el tesorero,
mayordomo, etc., pague alguna can-
tidad de dinero ú otro género.
EnuoLOofA. ¿t¿rar: catalán, ¿íiitra-
tnent.
Librancista. Masculino. Bl que
tiene libranzas ¿ su &Tor.
EriiioLoaía. Libranza, — «Se llama
también el oficial que en las secreta-
rías hace las libranzas.» (Acadbuia,
Diccionario de 1726.)
Librante. Participio activo de li-
brar. £1 que libra.
Libranza. Femeuino. La orden de
pago que se da, ordinariamente por
carta, contra aquel que tiene fondos
ó valores del que la expide. || Auti-
LIBR
cuado. Libración ó libertad. ¡ Cor-
tar LAS LtBKANZAS. Frase. Embarazar
y suspender á los hombres de nego-
cios el que cobren las sumas ó mesa-
das que se les hayan asignado para
irse haciendo pago de sus créditos.
EtiuolooÍa. Librar: catalán, Ui~
brama.
Librar. Activo. Sacar ó preservar
á otro de algún trabajo, mal 6 peli-
gro, g Usase también como recipro-
co. [| Comercio. Girar ó expedir letras,
cartas de crédito, ú otras órdenes de
pago á cargo de otros, sobre fondos
delque libra. | Antepuesto el verbo i
un sustantÍTo, es dar 6 expedir lo que
significa el término de la acción del
verbo; y así se dice: librar sentencia,
real provisión, decretos, cartas de pa-
go, batalla, etc. fl Neutro. Salir la reli-
giosa á hablar al locutorio ó á la red.
|j Recíproco. Cirugía. Echar la placen-
ta la mujer que está de parto, Li-
brar BIEN ó UAL. Frase, balir feliz ó
infelizmente de algún lance ó nego-
cio. Q A BIEN ó BUBN LIBRAR. LOCÚ-
ción. Lo meaos mal que puede, podrá
ó pudo suceder. ( Librar sn persona
ó COSA LA CONFIANZA, LA ESPERANZA,
etcétera. Ponerlas ó fundarlas en ellas.
EtiuolooÍa. Provenzal ¿tarar, Ueu-
rar, Uvrar: catalán, Uiwrar, Uvrar;
francés, Uvrer; italiano, librare, del
latín ÜbtrSre, libertar.
1. La idea moderna se deduce na-
turalmente de la significación etimo-
lógica: enviar una cosa, no detenerla,
dejarla partir, franquearla, darla libre
paso, son ideas análogas. (Schbllbb.)
2. Ciertamente, el latín Uberare,
usado en el sentido de entregar, si-
métrico de remitir, se encuentra eu
los Capitulares de Carlos el Calvo.
Sinonimia. Librar, libertar. — Li-
brar se refiere á la conservación de la
libertad ó de la legnrídád, que no se
han perdido.
Libertar se refiere al recobro de la
seguridad 6 de la libertad que se per-
dieron.
Esto miimo valor coniemn ambas
voces en las aplicaciones que hacemos
de ellos en el lenguaje familiar.
Cuando tememos alg^, decimos:
*\)io% no9 libre,* y no «nos liberte;»
en la oración del Padre nuestro, deci-
mos también: «líbranos de mal,» y no
€tÍbéríanos,> porque en uno y otro
caso, el mal que tomemos, aun no ha
llegado.
Al contrario, hablando, verbigra-
cia, de un empleo incómodo, 6 de un
gravamen cualquiera, se dice comun-
mente: «quiero libertarme de esta car-
ga,» y no librarme.
Un reo que hubiese logrado evadir-
se de la prisión en que estaba, podría
decir con toda propiedad: «aunque me
he libertado, no por eso me he librado
de todo peligro.»
Aquel á quien no le sucedió lo que
temía, no queda libertado, sino liare.
El que salió del trabajo ó del mal
estado ea que se hallaba, queda igual-
mente libre, pero porque fiié libertado.
De aquí viene el uso de llamarse li-
branza ó libramiento (y no libertamien'
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LIBR
LIBR
LIBR 405
to) i\íí orden de pago que se da por
escrito, con ciertas condiciones; por-
3ue esta orden libra al que la tiene
el riesgo de perder el dinero que
debe pagarse; j al que la da, del com-
promiso ú obligación en que queda-
na en caso contrarío; (Conde de la.
CORTIHA.)
Libratorio. Masculino. Locutorio,
en los eoDTentos de monjas.
Librazo. Masculino aumenUtivo
da libro. | Golpe dado con un libro.
Libre. Adjetivo. El que tiene fa-
cultad para obrar ó no obrar. |] El que
no es esclavo. Q El que no está preso.
I Licencioso, insubordinado. [ Atre-
vido, desenfrenado, j así se dice: es
mnj LIBRE en hablar. Q Disoluto, tor-
pe, deshonesto. I Se dice del sitio ó
edificio, etc., que está solo j aislado
j que no tiene casa contigua. j| Exen-
to, privilegiado, dispensado; y así se
dice: estoj lidbb del voto, f La perso-
na soltera. || Independiente; ^ así del
que no está sujeto á padres ni amos 6
superiores domésticos se dice que es
LiBBB. H Desembarazado 6 exento de
mígÚB daño ó peligro; j así se dice:
estoj UBRE de penas, de cuidados. Q
Bl que tiene esfuerzo j ánimo para
hablar lo que conviene á su estado ú
oficio. II Aplícase á los sentidos j &
los miembros del cuerpo que tienen
expedito el ejercicio de sus funciones;
y así se dice; tiene ta voz libre. Q Ino-
cente, sin culpa. II Suelto.
Etiuología. Latín antiguo labg'
t«M, por tiberum; clásico, aoer: italia-
no, ¡tiero; francés, Ubre; provenzal,
¡iore, liwre; catalán, lUh^y Ubre; oseo,
lúuñr^
1. Los eruditos De Mí^fuel y Mo-
rante preguntan si Uher^ libre, puede
▼enir de abet^ agradar, gustar, estar
alegre.
2. Littré responde afirmativamente.
3. Sin embargo, la diversidad de
prosodia T el antiguo labesum son una
g'rave dificultad.
Librea. Femenino. El vestuario
uniforme que se da á ciertos criados;
como cocheros j lacajos. ¡ El vestido
uniforme que sacan las cuadrillas de
caballeros en los festejos públicos.
Btimoloqía. Francés livrée, cosa en-
tregada, como si dijéramos librada,
forma de Uw-erj entregar, porque la
primitiva librea era un traje que el
amo eníreíf aba,, libraba f al paje, lacayo
ó escudero: catalán, Ilibrea,
Librear. Activo. Vender ó distri-
buir alguna cosa por libras.
Líbredad. Femenino anticuado.
Libertad.
Libredumbre. Femenino anticua-
do. Libertad.
Iiibr^o. Masculino diminutivo de
libro. II LiBRACO.
Libremente. Adrerbio de modo.
Con libertad.
SriHOLOOfA. Libre j elsnfijo adver-
bial mente: italiano, Uberameníe; fran-
cés, lihrement; catalán, llibrement.
Librería. Femenino. La tienda
donde se venden libros. Q La bibliote-
ca é conjunto de libros que tienen
para lu uso los cuerpos ó las personas
particulares. | El ejercicio ó profesión
de librero.
Htimolooía. Libro: latín, libraría;
italiano, libreria; francés, librairie;
catalán, Ilibreria; portugués, libraría;
provenzal, libraría.
SiNONiuiA. Librería, biblioUca. Pa-
rece que ambas voces convienen en
representar una porción de libros re-
unidos en nn mismo lugar; pero con
diferentes relaciones.
Libreria expresa esta idea con re •
lación á un nn cualquiera: biblioteca
la expresa con relación á la instruc-
ción; a<juélla sólo considera los tomos:
ésta mira particularmente á los tra-
tados.
Muchos ejemplares de una misma
obra ó muchos tomos en blanco, pue-
den formar por sí solos una librería,
pero no una biblioteca, que pide varie-
dad de materias T cierto orden.
Una buena Umreria es la que vale
mucho dinero; una buena biblioíecat
la que contiene obras escogidas, ma-
nuscritos otras preciosidades: por
esto ana tienda d^ libros no se puede
llamar una biblioteca. (Jonaua.)
Libreril. Adjetivo. Lo que perte-
nece al comercio de libros, como em-
presas LiBBBRn.BS. (Caballero.)
Librero. Masculino. El que tiene
f)or oficio vender libros. Q Antes se
lamaba así también el que los en-
cuadernaba ó aderezaba.
BTUlOLOofA. Libro: latín, librirtui;
italiano, libraio, librajo; francés, ti-
braire; provenzal, librari; catalán, lli-
hrer; portugués, livreiro,
Beteña Kistárica. — 1. £t¿raríw, y
también scriptúr librarius ó seriSa
LiBRARius, llamaron los romanos á uii
oficial o empleado subalterno de los
magistrados, que les servía de secre-
tario ó de copista para la transcripción
de sus órdenes ó de sus notas públicas.
2. También denominaban así al
tcriba militar, unido á cada legión,
que llevaba sus cuentas, sus efectos y
todos los escritos referentes al servi-
cio. Había uno para cada manípulo
(véase esta palabra) ó compañía de
200 hombres.
3. La voz del articulo significaba
del mismo modo copista de libros.
Los hombres de letras los empleaban
en la transcripción de sus obras y en
sacar copias para repartirlas; v los ri-
cos, amantes de las letras» los em-
pleaban en copiar aqaellos libros que
querían tener.
4. Esta costumbre llegó á constituir
una industria, y hubo empresarios,
si así puede decirse, que hacían co-
piar libros en gran número para ven-
derlos al público y remitirlos á pro-
vincias; industria que nació cuando
moría la república. Estos industriales
se llamaron al principio Ubrarti; y
después, hacia el tiempo de Quinti-
litno, en el sig-lo ix de Roma, se les
llamó bibliopola, palabra griega lati-
nizada, que significa vendedor de li-
bros.
5. Los líbrarii de los magistrados
eran los libertos; y los cppistas de li-
bros, esclavos.
6. Libraría se llamó á la esclava de
las grandes casas de Roma, encarga-
da de distribuir diariamente álos de*
más esclavos las tareas domésticas.
Libreta. Femenino diminutivo de
libra, y En Madrid se llama así el pan
que pesa una libra. Q Libro pequeño
de papel blanco.
BtiuologCa. Líbrete: catalán, lli~
breta.
lábrete. Masculino diminutivo de
libro. \ El bnserito 6 rejuela de que
usan las mujeres para calentarse los
pies.
ETiuoLoaÍA. Libro: catalán, lUbret;
francés, livret; italiano, libretto,
Libretillo. Mascalíno diminativo
de líbrete.
ETiuoLoaÍA. Líbrete: latín, tíbellÚ-
lus; catalán, lUbreíeí.
Libretin. Masculino. Libbbtillo.
Libreto. Masculino. Mútica. La
letra de una composición musieal en
uno 6 más actos.
BTUcoLoaÍA. Italiano libretttt dimi-
nutivo de libro.
Librico, lio, to. Masculino dimi-
nutivo de libro.
Gtiuolooía. Libro: latín, Rbellus.
Librillo. Masculino. Lebrillo, y
DE CERA. La porción de cerilla que
se dispone en varias formas y sirve
para llevar fácilmente luz á cualquier
parte.
Libro. Masculino. Reunión de mu-
chas hojas de papel, vitela, etc., or-
dinariamente impresas, que se han
cosido ó encuadernado juntas con cu-
bierta de papel, cartón, pergamino ú
otra piel, etc., y que forman un volu-
men, y Obra científica ó de ingenio,
de bastante extensión pan lormar
cuerpo, y Una de las principales par-
tes en que con este título suele £vi-
dirse las obras, y Metáfora. Contribu-
ción ó IMPUESTO, y así se dice en al-
gunas partes: no he pagado los li-
bros, andan cobrando los libros, etc.
II borbador. Borrador por el libro,
etcétera. U dií asiento. El que sirve
para anotar ó escribir lo que importa
tener presente. || db becerro. Véase
Becerro. || de caballerías ó de ca-
ballería. Kl que contiene hechos fa-
bulosos de caballeros aventureros, que
también se llamaban andantes, y de
caja. El que tienen los hombres de
negocios y mercaderes para los asien-
tos, cuenta y razón de sus negocia-
ciones. II COPIADOR. Véase Copiador. |
de co:ío. Libro grande, cuyas hojas
regularmente son de pergamino, en
que están escritos los salmos, antífo-
nas, etc. , que se cantan en el coro con
sus notas de canto. Q de la vida. Me-
táfora. El decreto de la predestina-
ción, y de las cuarenta hojas- Fami-
liar. La baraja de nai^s. y Da uano.
El que Mtá manuscrito, y de ubuo-
RiA. EL que sirve para apuntar en él
lo que no se quiere fiar á la memo-
ria, y DB MÚSICA. Bl que tiene escritas
las notas para tocar y cantar las com-
posiciones musicales!. | db oro. El que
contenía el rcgistrocte la nobleza ve-
neciana. Q El líbrete en que los bati-
hojas ponen los panes de oro. | oia-
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406 LIBR
LIGA
UCE
RIO, <S simplemente di\rio. Comercto.
Aquel en que se van sentando día por
día y por su orden todas las operacio-
nes del comerciante relativas á su giro
6 tráfico. II EN CUARTO. El que está
impreso ó manuscrito, haciendo cada
hoja la cuarta parte del pUe^ de
papel. I ESn dozavo. El que esta im-
Sreso ó manuscrito, haciendo cada
úja la duodécima parte del pliego de
papel. I BN FOLIO, él que esta impre-
so ó manuscrito, haciendo cada hoja
medio plie^^ de papel. | bn octavo.
BI que esta impreso ó manuscrito, ha-
ciendo cada hoja una octava parte del
pliego de papel. | bntonatobio. El
que sirve para entonar en el coro. |
ü-RAN LiBBO. £1 registro general de
los que tienen inscripciones contra el
Estado. II OB INVENTARIOS. Comercio.
El que ha de comprender la descrip-
ción exacta del capital, bienes, crédi-
tos j valores que tenga el comercian-
te, y el balance general de su giro.
I UABSTRO. £1 LIBRO priucípal en que
se anotan y registran las noticias pe^
tenecientes al gobierno económico de
alguna casa, g £n la milicia sa llama
asi el que contiene las filiaciones v
también las partidas que recibe el sol-
dado, y se confrontan con las libre-
tas. I MAYOR. Maestro. Q Comercio.
Aquel en que, por debe y haber, ha
de llevar el comerciante, sujetándose
á riguroso orden de fechas, las cuen-
tas corrientes con las personas ú ob-
jetos bajo cujros nombres estén abier-
tas. B PBNADOR. Bn algunos pueblos es
el que tiene la justicia, para sentar
las penas en que condena á los que
rompen con el ganada los cotos j lí-
mites de las heredades y sitios prohi-
bidos. I PROCBSiOMABio. Elque se lleva
en las procesiones principales de la
Iglesia para cantar. Q sagrado. Cada
uno de los de la Sagrada Escritura,
recibidos por la Iglesia. Se usa co-
munmente en plural. SAPIB^4CIAL. Véa-
se Sapiencial. | verde. Familiar. El
libro ó cuaderno en que se escriben
algunas noticias particulares y cu-
riosas de algunos países y personas, y
en especial de los linajes, v de lo que
tienen de bueno ó de maío. Llámase
también así la persona dedicada á se-
mejantes averiguaciones. Q Cantar L
libro abibrto. Frase. Cantar de re-
pente alguna composición música. ||
Hablar como un libro. Frase. Hablar
con corrección, elegancia y autori-
dad, y Libro cerrado so saca letra-
do. Refrán cu^o sentido es que no
aprovechan los libros si no se estudia
en ellos. U Hace» libro nuevo. Frase
familiar. Empezar alguno á corregir
sus vicios con una vida arreglada y
cristiana. || Meterse alqunoenlibuos
de caballería. Frase metafórica. Mez-
clarse en lo que no le importa ó me-
terse donde no le llaman. H No bstar
ALGUNA COSA BN LOS LIBROá DB ALGU-
NO. Frase. Serle extraña una materia,
ópensardedistinta manera. Q Qubmar
UNO sus i^BROS. Frase de que se usa
para esforzar la propia opinión ó con-
trariar la ajena.
EtiHOLoaU. 1> Provenzal Ubn: ca-
talán, lliire; francés, livre, ortografía
incorrecta; portugués, livro; italíjino,
libro, del latín líber, libri, la membra-
na que tienen los árboles entre la cor-
teza y la madera, en la cual se escri-
bía antes del invento del papel; y figu-
radamente, volumen, tratado, obra de
ingenio. La película de los árboles
dio su letra al libro del hombre.
2. El latín iUtr puede representar
Rper, del eólíeo Xtitop (Upor), jMt X¿-
•ttot: (Upas), corteza. (Cita át Db Mi-
guel V Morante.)
3. £s una excelente interpreta-
ción, confirmada por la paridad del
acento.
Reseña. — Liber^ Wtri, cuyo signifi-
cado recto es albura, alburno, corteza
segunda é interior de los árboles: Lí-
ber interior, lig*o adheerem; cartbza
exterior. Y como esa corteza ó pelícu-
la sirvió antiguamente de papel para
escribir, de ahí el haber pasado Ub^r
á significar lo que entendemos por un
libro. SI latín líber viene, según algu-
nos, del griego í^or, cólico, por lépos
6 lepis, corteza. (Monlau.)
Libróte. Masculino aumentativo
de libro. Comunmente se llama así el
que es despreciable.
Liba. Masculino. Viento O.-S.-O.
entre los antiguos griegos, que es el
AfricuM de los romanos, equivalente
á nuestro lebeche, cujra palabra tiene
el mismo origen.
Libuma. Femenino. Antigüeda-
des. Nave de vela y remo, en la mari-
na militar de los antiguos romanos,
llamada así, porque la usaron los li~
bumot, pueblo de la Dalmacia. Octa-
vio debió en gran parte la victoria de
Acíium al gran numero de ububnas
que tenía; y desde entonces, esta cla-
se de buc^ues fué siempre empleada
en la marina militar.
Etimología. Latín UbUma, en Ho-
racio, j liburnica ^«awVi 8n Sueto-
nio, de líbümi, los liburnios ó croa-
cios, pueblos del Ilíxico: francés, li-
bnme.
Libúrnica. Libubna.
Etimología. Libuma: catalán, li^
búrnica.
Liburnia . Femenino. Qeografia
aníiffua. Nombre de la Croacia, que
formaba parte de la Hiña. (Plinio.)
EtiholooU. Latín I^bumui: italia-
no, Liburnia; francés, Libwmie.
Libumio, nia. Sustantivo ; adje-
tivo. Natural ó propio de la Liburnia,
antigua comarca del Adriático.
ETiMOLoaÍA. Libwnia: latín, tihw-
nus ^ liburnícuM; francés, liburnien,
Licantropia. Femenino, Medici-
na. Especie de manía en la cual el en-
fermo se imagina estar transformado
en lobo, é imita los aullidos de este
animal. Por extensión se da igual
nombre á toda alucinación en la cual
el maniaco se cree transformado en
un animal cualquiera.
Etimología. Griego XuxavOpuncíA
(lykantkrópia); de Xúxo? (lyiot), lobo,
y avOponoi; (áníkroposj, hombre: italia-
no, licantropia; francés, lycantkropie;
catalán, licanírÓpia,
Licántropo, pa. Mascnlino j fe-
menino. Medicina. £1 que padece li-
cantropia.
Etimología. Licantropia: grief^,
XuTávdpwnoí (lykántkropotj; italiano,
licaníropo; francés, Ufcanihrope.
Licaón. Masculino. Mitología.Ztj
de Arcadia, convertido por Júpiter en
lobo, porque, hospedado en su can,
lo quiso matar, y le puso á eomei
carne humana. (Ovidio.) B Ud herma-
no de Néstor, á quien mató Hércolei.
I 0n hijo de Príamo, á quien mitó
Aquiles.
liicaonia. Femenino. Geografía u-
ligua. Pueblo que habitaba en « A»i
menor.
Etimología. Licaán: latía, ^eüoau.
Licaoniense. Sustantivo v adjeti-
vo. Natural ó propio de la Lictonit.
Licas. Masculino. Mitologk. He-
raldo de Hércules. El héroe á quien
Djanira había encargado Uevir U
túnica de Nesso, le precipitó en fl
mar de Eubea, donde fué conTertldo
en roca.
ETUKtfXKJÍA. Griego A»tx«? (la-
chas): latín, Licha»,
Licencia. Femenino. Facultad ó
permiso para hacer alguna casa. | La
demasiada libertad que alguno se
toma en decir ó en obrar. \ fil grado
de licenciado. || de artes. La junta
particular que en la universidad dt
Alcalá formaban los sujetos que
designación del claustro pleno eu-
minaban á los bachilleres de ella, J
hallándolos hábiles, agregaban el ró-
tulo ó graduación de prefereDcia
que habían de tomar el grado de li-
cenciado. I LiCBKCIA ó claustro
ucencias. LajuntadelaFaeultadde
Teología j Medicina en i^ue, atendi-
dos loa méritos, se prescnbia el orden
con que los bachilleres formad» es
dichas facultades habían de obtener
el grado de licenciado para ascender
al de doctor. H poética. La libertad
que toman los poetas para usar algu-
nas frases, figuras o voces que no
están comunmente admitidas. | PbI'
mero, segundo, etc., en ucencia. En
la universidad de Alcalá eran los su-
jetos que en las licencias se señala-
ban para que recibiesen por este or-
den el grado da alguna facultad. |
ToMABSB la licbncia- Frssc. Hacer
por sí é independientemente alguna
cosa sin pedir la ucencia ó &calteo
que por obligación ó cortesía se ne-
cesita para ejecutaria. | absolotí.
Milicia. La que se concede á los miu-
tares, eiimióndolos completamente
del servicio. i| Plural. Las que se din
á los eclesiásticos por los supenoies
para celebrar, predicar, etc., portiem*
po indefinido.
Etimología. Latín Uceutía,
tad. faculUd, permiso; forma susUn-
tiva de ¿íc*í, permitir. Se abuso lue-
go del permiso, y ticefUU pasó a sig^
niñear desvergaenia, en Horacio,
desenfreno, enllinucio Félii;
ciplina de la tropa, en Tácito; despo-
tismo, en Curcio; extravío de la no-
tasia y libertinaje, en Cicerón: WJfM
í(W»ía licbntia; la disolución da
siglo, el libertinaje de estos Uemp"»
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LICE
LICI
lÁCl 407
prorenzal, lieeitcia; eatal&o, llíeencia;
fraocés, Ucenee; italiano, licentia.
Sinonimia. Licencia, permito. Se
usan indiferentemente estas dos voces
en casi todos los casos. Licencia^ sin
embargo, tiene un sentido más oficial
que permiso. Bl empleado obtiene tres
meses de licencia; al soldado se da li-
cencia absoluta; un oficial se casa con
permiso de sus padres y con licencia de
sus jefes; antiguamente se publicaban
los libros coa las lieeneia» neceurias.
(Mora.)
Licenciadillo. Masculino diminu-
tÍTo de licenciado. | Apodo que se
daba por desprecio al que andaba ves-
tido de hábitos clericales y era ridícu-
lo en su persona ó acciones.
Licenciado, da. Adjetivo. La pe&
sona que se precia de entendida, y
Dado por libre. Q Masculino. El que
ha obtenido el grado de licencudo
en alguna facultad y se habilita para
ejercerla, y Familiar. El que viste há-
bitos largos ó traje de estudiante, y
Tratamiento que se da i los aboga-
dos. ¡] Soldado que ha recibido su li-
cencia absoluta.
BtuiolooÍa. Licencia: catalán, lli-'
eenciat; proveazal, licendat; francés,
liceneiíf; italiano, licemiato.
Licendamiento. Masculino anti-
cuado. El acto de giadoarse de lieen-
ciado. B El acto y efecto de dar ¿ los
soldados su licencia absoluta.
ETiuoLoaÍA. Licenciar: francés, li-
cenciement; italiano, licentiamento*
Licenciar. Activo. Dar permiso ó
licencia, y Despedir á alguno. Q Gba-
DUAB 6 conferir el grado de licencia-
do. I Dar ¿ los soldados su licen-
cia absoluta. | Recíproco. Hacerse li-
cencioso ó desordenado.
BTUioLoofA. Licencia: catalán, 11^
cflicisr; francés, liceneier; italiano, li
censiare,
Licenciane. Recíproco. Hacerse
licenciado.
LÍMnoiatnra. Femenino. Grado
de licenciado j el acto de recibirlo.
Licencio. Poeta latino, natural de
Tagasta. Fué contemporáneo, paisa-
no y amigo de san Agustín, cujro ta-
lento y erudición admiraba. Escribió
muchas obras; pero desgraciadamen-
te todas se han perdido, y sólo ha lle-
gado hasta nosotros una, compuesta
en el año 395 de Jesucristo, y en ver-
sos hexámetros, con el titulo: Carmen
td Án^mtinum. (De Miquel y Mo-
hantb.)
EruioLoaÍA. Latín Líeenñiu.
licencioBamente. Adverbio de
modo. Con demasiada licencia ó li-
bertad.
Btiuolooía. Licenciosa y el sufijo
adverbial mente: latía, lícenter; italia-
no, Ucentioiamenie; francés, licencieu-
tment; catalán, IlicenciotamenU
Licencioso, sa. Adjetivo. Liberti-
no, atrevido, disoluto.
Btimolooía. Licencia: latín, licen-
(i««m; italiano, licentioso; francés, ¿*-
CflKÚiMi; catalán, lUcenciét, a.
LiMnidoB. Masculino plural. Sn-
tnulogia. Tribu de insectos que com-
ande unas mariposas diurnas.
Liceo. Masculino. La escuela pú-
blica que tuvo Aristóteles cerca de
Atenas, y Actualmente se da este
nombre á algunas sociedades litera-
rias.
Etiuolooía. Griego XiJjtEtov (ly-
keion): latín, lycens; italiano y cata-
lán, liceo; francés, lycée.
Reseña.— \. El gimnasio de Atenas
se llamó lykeion porque se hallaba en
las inmediaciones del templo de Apo-
lo Auxsio^ ( Lykeiot ).
2. Lykeios se deriva de Xtixi) (lyke,
luke), luz, cujo dios mitológico es
Apolo. (Ciía de Littbé.)
3. Otros autores lo derivan de Xúxo<
(lykot)t lobo, según cuja interpreta-
ción significa: cdomador de lobos.»
(LlTTRá, MONLAU.)
4. £1 LiCBo fué la escuela de Aris>
tételes, como el Pórtico fué la de Ze-
nón, como la Academia fué la de Pla-
tón.
Lícester. Femenino. Ciudad de
Inglaterra.
ETXUOLOOfA. Latín Lícestria.
Licia. Femenino. Qeograjia anti^
g%a. Región del Asía menor. (Ovidio.)
Etuioloqía. Latín Lyéta,
Licino. Masculino. Bntonologia,
Qénero de insectos coleópteros cará-
bicos.
1. lacio. Mascnlino. Antigüedad
det. Cordón con que los romanos ata-
ban las ofrendas que colgaban en los
templos.
ETiuOLOOfA. Latín tU^vm, hilo, es-
tambre, urdimbre: francés, lice.
2. Licio. Masculino. Mitología.
Sobrenombre de Apolo. (Bstacio.) |
Nombre de un escultor. (Plinio.)|
Habitante de la Licia, y Bl ^Ifo de
Satalia, lyciuh mare. J El oráculo de
Apolo, en Patarís, ciudad de la Licia,
Lycis sor tes, (Viaaiuo.)
láidón. Femenino anticuado. Lso-
CXÓH.
Licionario. Masculino anticuado.
Lbccionabio.
Licisca. Femenino, ffntdieidn.
Nombre de una perra procedente de
loba y perro, 6 de perra jr lobo. (Vts-
aiLio.)
ETiHOLoaÍA. Licisca: latín, ly^ca.
Licisco. Masculino. Ervdición.
Perro cruzado, hijo de lobo y perra,
ó de perro y loba. (San Isidoro.)
Etiiiolooía. Griego XuxEoxo^ (lykis-
kosj: latín, lyciscus.
Licitación. Femenino forense. El
acto y efecto de licitar.
Etimo LOO ÍA. Licitar: latín, liíXtatUf
venta en almoneda; francés, liciíít-
tion.
Licitador. Masculino forense. Bl
que pone en precio alguna cosa que
se vende en almoneda ó pública su-
basta, ó puja el precio ofrecido por
otro.
Etiuoloqía. Licitar: latín, tttiítStor;
catalán, licitador ^ a.
Licitamente. Adverbio de modo.
Justa, legítimamente, con justicia y
derecho.
ETiuoLoaÍA. Lícita r el sufijo ad-
verbial mente: latín, ííclftó, Rato, en
t¡ÍDig4St0i italiano, licitamente; fran-
cés, Ucttemení; catalán, Ufiitament.
Licitante. Participio activo de li-
citar. El que licita.
Licitar. Activo. Poner en precio
alguna cosa que se vende en almone-
da ó pública subasta, 6 pajar la can-
tidad ofrecida por otro.
Etiuoloqía. Latín licUári, conten-
der, en Ennio; ofrecer precio en una
venta ^ pujar la postura de otros, en
Horacio; poner á precio ó talla, en
Curcio: licitari capiía hostium^ seña-
lar premio por la cabeza de los ene-
migos: francés, liciter.
1. Lictíiri representa la forma fre-
cuentativa de licéri, onecer precio en
almoneda, simétrico de Ucere» pujar,
derivado de lícet, ser lícito.
La derivación es evidente.
2. Ltcety ser permitido.
3. forma activa, ofrecer pre-
cio.
4. Liceri, forma deponente, pujar
la postura de otros.
^ o. Licitari, frecuentativo del ante-
rior, pujar con instancia, repetida-
mente.
Licitatorío, ría. Adjetivo forense.
Concerniente á la licitación.
ETiuoLoaÍA. Licitar: francés, lieilO'
taire.
Licito, ta. Adjetivo. Justo, permi-
tido, según justicia j razón, y Lo que
es de la Uy ó calidad que se mande.
ETiHOLOofA. Latín Ikítus, partici-
pio pasivo de licet, permitir: italia-
no, licito; francés, Itcite; catalán, lí-
cit, a.
1. Lícet es la forma intransitiva de
linquhe, dejar, qqxoq pendet, depende'
re; candet, de ac-cendcre; jacet, dejace-
re. (CuBCio.)
2. Licet representa dikeí, como la~
eryma representa dakryma; y no es
posible separar la forma tlthet del
griego SEki) (diki), la justicia, lo per-
mitido; esto es, lo Ucito pox excelen-
cia. ( Interpretaeid» de Db Miguel y
Morante.)
Sinonimia. Ártieulo primero.—ld-
ciTO, PBBWiTiDO. Lo que es liciío^ no
está vedado por ninguna ley ; lo que
es permitido, está autorizado por una
Uy.
Lo (^ue cesa de ser Uciio, llega á
ser ilícito, V estos dos términos tie-
nen una relación más marcada con el
uso que se debe hacer de su libertad.
Caracterizan los objetos de nuestros
deberes.
Lo que cesa de ser permitido, llega
á ser prohibido, y estas dos palabras
tienen una reladon más marcada con
el imperio de la Uj: caracterizan
nuestra dependencia. (López Pble-
OBÍH.)
Artículo segundo. LfciTO, peruiti-
DO. — Diremos que es lícito todo aque-
llo que ninguna lejr ha declarado ser
malo; permitido, lo que ninguna le^
expresa ha autorizado. Así, pues, el
comer carne es lícito en sí; mas ha-
biéndolo prohibido la Iglesia en cier-
tos días del año, no es permitido tino
á aquellos que están dispensados por
justos motivos.
Lo lícito es indiferente en si mis-
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408
LIGO
mo, mientras que U lej nada pro-
nuncie en contra. Lo permitido supo-
ne que era malo á prohibido por al-
guna lej, r dejó de serlo en virtud
de otra. (March.)
Licnanto. Masculino. Botánica.
Género de plantas cariofileas, que cre-
cen en los sotos y cuja raíz es vivaz.
ETiuoLOofA. Grieg^o lychnis, lámpa-
ra, por semejanza de forma, ^ ánthos,
flor: «flor que figura una lampara;»
lácnide. Licnanto.
Rettña. — Plinio trae la forma lych-
nlUtt (que es el ^iego Xin^vlti;?, lych-
uUis), la turbalina, piedra preciosa
que despide reñejos, j U/ohnxtit (que
es el griego Xo^^vn^, lychnttis), hierba
que nace con tres ó cuatro noías, de
tal calidad que sirven de torcida para
las luces; lo cual quiere decir que ha-
cen el oficio de lámpara.
Licnobo, ha. Sustantivo j adjeti-
vo. Que hace de la noche día.
BTiuoLoaÍA. Griego X«¡^v¿Si(n (hch-
nóbios)t de lvch%is, lámpara^ j oiot,
vida: latín, íychnüb'iut.
Licnomancia. Femenino. Antigüe-
dada. Adivinación por la luz.
ETiuoLoaÍA. Griej^ Lychní», l&m-
para, j naniéSa, adivinación: catal&n,
fiCHMMn^'o; francás, licnomancie.
Lícnomante, ta. Matfeulino j fe-
menino. El que ejércela licnomancia.
Licnománticamente. A-dverbio
de modo. Según las reglas de la lic-
nomancia.
EtiuolooU. Iiicnomántica y el su-
fijo adverbial mentí.
Licnomántico, ca. Masculino j
femenino. Licnomantb. || Adjetivo.
Propio de la licnomancia.
Licnorómato. Masculino. Luz Ó
claridad.
Lico. Masculino americano. 6a.bri>
LIA ó SOSA.
Lico. Masculino. Historia antiyna.
Rej de Beoeia. | Otro Lico desterrado
de Tebas, que se apoderó de este rei-
no jr á quien mató Hércules. H Nom-
bre de varios ríos de Paflagonia, Fri-
gia. Capadocia y la Armenia majror.
BnifoLoofA. Latín Lyau, del grie-
go XgKOí (lykos), lobo.
Licofrón. Masculino. Poeta j gra-
mático de Galcis, célebre por su oscu*
ridad. (Estacio^
Etimolooía. Latín Lycophron.
Licomedes. Masculino.Rev de Bs-
ciros. (Cicerón.) Q Lago de Africa, en
los Psilos, lac%s LrcouBDis. (Plinio.)
ETiHOLoafa.. Latín J^<^edes.
Licón. Masculino. Filósofo peripa-
tético. (CiCBRÓN.) I General de los
etolios en la armada de Pezseo. (Tito
Livio.)
EriMOLoafA. Lyco.
Licondo. Masculino. Botánica. Ar-
bol ^igantesto de Africa.
Licoperdáceo, cea. Adjetivo. Bo-
tánica. Concerniente ó análogo al li-
coperdón.
Licoperdina. Femenino. Entorno-
logia. Género de insectos coleópteros.
Etiuolooía,. JACoperddn.
Liooperdón. Masculino. Botánica.
Género d« hongos terrestres globulo-
LICO
sos, llamados vulgarmente pedo de
lobo.
Etiuolooía. Griego Xtixo; (lykos},
lobo, y itépSeiv (pérdetn), follarse: fran-
cés, lycoperdon.
Licopersicón. Masculiuo. Botáni-
ca. N'ombre griego del tomate.
EtimoloqÍa. Griego lifko$, lobo, y
persikón (icEpmxév), melocotón, «melo-
cotón de lobo:» francés, lycopersicon.
Licopodiáceas. Femenino plural.
Botánica. Familia de plantas acotile-
dóneas, la cual formaban antiguamen-
te una sección de los musgos.
Etimología. Lieopodiáceo: ñancés,
iycopodiac^ft,
Lieopodiáceo, cea. Adjetivo. Bo-
tánica. Parecido 6 concerniente al li-
cópodo.
Licopodineo, nea. Adjetivo. Li-
COPODIÍCKU.
Lícopo. Masculino. Botánica. Plan-
ta de la familia de las labiadas, en
que se distingue el l'copo europeo,
llamado también marrubio acuático,
hierba de Egipto y pie de lobo. (Lb-
OOARANT.)
BtiuoloqU. Licópodo: francés, Uf-
cope.
Licopodina. Femenino. QNÍmca.
Principio azoado que existe en el
polvo de licópodo.
BxiuoLOofA. Licdpodo: francés, ly-
copodine.
Licopodio. Masculino. Polvo va\xy
ínflamaole que se halla en las cápsu-
las de una especie de musgo.
ETiuoLoaÍA. Licópodo.
Licópodo. Masculino. Planta her-
bácea, ramosa y leñosa, de la cual hay
muchas especies rastreras. \ Planta
criptóg-ama, cujas cápsulas contienen
un polvo formado de cuerpos repro-
ductores y que, inflamándose al con-
tacto de la llama, ha recibido el nom-
bre de azufre vegetal. Q ISi mismo
polvo, usado en ludicína como deae-
eativo.
Etucolooía. Griego lyh>$, lobo, y
podús, genitivo de^oS«, pie: bajolatín,
lycopomnnt't latín técnico, lycopodiuu
clavatum, de Linneo; francés, l^copode.
Xiicópolis. Femenino . Geografía
antigua. Ciudad de Egipto, en ía Te-
baida.
Etiuolooía. Latín Lydíplíiites.
(Plinio.)
Licópsida. Femenino. Botánica.
Género de plantas borragíneas.
Etiuolooía. Griego Igkos, lobo, j
(fpsitt vista, aspecto: francés, lycojptv-
de; «aspecto de lobo,» aludiendo a los
pelos erizados, que cubren la planta.
Licor. Masculino. Bl cuerpo líqui-
do. Q Bebida espirituosa destilada por
alambique. ¡| Asentarse los licores.
Frase. Bajar al suelo las partes té-
rreas y crasas y las heces, quedando
arriba lo líquido, claro y transparente.
Etiuolooía. Sánscrito ii (^^C)^
disolver, liquidar: latín, Uquor, dris;
italiano, íiquort; francés, liqueur; pro-
venzal, liquor, licor; catalán, licor.
Licoreo. Masculino. Mitología.
Uno de los hijos de Apolo. (Kstacio.)
Etiuolooía. Latín Ly^reüt,
LICT
Licorexia. Femenino. Bdliku.
Etiuolooía. Griego lykoi, lobo, j
drexii (fipeítí), hambre, «hambre de
lobo:» como el español dice.- hambre
de perro, esto es, «hambre caiiiiu-,i
francés, lycoresie.
Licorís. Femenino. Hittoria
na. Licorís de Giteria, liberta del se-
nador Volumnio.
BtiuoloqÍa. Latín Lycórit* (Viui-
uo.)
Licorista. Común de doi. Bl que
hace 6 vende licores.
Licornio. Masculino. MUtkjiA.
Animal ñibuloso de la anttgúedidj
de la Edad medía, que se decía tenar
la forma de caballo; el pelo, rojo ó
blanco, y en la frente, un cuerno lu-
go y agudo. Se creía que no podía su
vencido sino por una virgen, y que
su cuerno era un preservativo «mtn
las enfermedades.
ETUiOLOofA. Francéa, ííwnw.
Licoroso, sa. Adjetivo que se apli-
ca al vino espirituoso y aromático.
Etiuolooía. Licor: catalán, /tw-
rót, a.
Lícortas. Masculino. Padre del
historiador Polibio. (Tito Lino.)
Etiuolooía. Latín Lytwrtat.
Licoaa. Femenino. Zoología. Oéne-
ro de arañas, que comprende Iss qv«
cazan para coger su presa, que Ustu
sus huevos en un capullo fijo en el
ano, y las crías, encima del lomo.
. Etiuolooía. Griego /yioi, lobo.
Licotaa. Masculino. Mitoioji^'
Nombre de un centauro. (Omo.)
[1 Nombre de varón. (Propbbcio.)|
Nombre de un pastor. (Calfubsio.)
Etiuolooía. Latín Lycdtat.
Licotherses. Masculino. Rey de
Iliria, esposo de Agave. (HioiNio.)
Etiuolooía. Latín LgeSthirset.
Licto. Femenino. CÍiudad de Gre-
cia.
Btuiología. Latín Zyetu. (Ds Ui
OUEL y Morante.)
Lictor. Masculino. Hittma. Mi-
nistro de justicia entre los romiDOi,
que precedía con las fasces á los cón-
sules y otros magistrados.
Etimología. Latín ¿ícíor, íícíwtíi
que los etimologistas latinos ccmside-
ran como síncopa de fígáíor, el qu^
ata, forma de l^Sre, ligar, aladieudu
al haz de vares 7 á la segur que eiao
su distintivo: italiano, «ííort;
cés, licteur; catalán, lictor.
Reseña. — Historia antigua. 1. 0»"
cial subalterno de los grandes migii*
trados de la antigua Boma, que lo^
precedía en publica, apartaba á »
multitud ¿ su paso y ejecutaba á ve-
ces las sentencias capitales.
2. Los magistrados que tenísa Lie-
TORBs eran: el dictador, que tenia ¿'•i
los cónsules, 12; los procónsules,
pretores provinciales y el jefe de 1»
caballería, 8 cada uno, y el pretoi oí*
baño, 2.
3. Los LiCTOEES, cualquier» q"*
fuese su número, marchaban siempre
formando una sola fila, á lo Urgú,
precediendo á su magistrado. Llen-
ban haces de varas, y cuando se ta-
contraban dos magistrado*, el io»-
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lilCü
LIC3H
LiEB m
rioT bacía bajar las haees anta el su-
perior.
4. Los LicTOSBS eran ciudadanos
de la plobe, ó al menos de raza de li-
bertos. Su traje le componía de un
suilifaculuiHf especie de calzoncillos;
una tiinica j una toga corta dentro de
Roma, ó un tagim corto fuera de la
ciudad, cuando acompañaban al ge-
neral.
5. Se cree que fueron introducidos
en Roma por Tulo Hostílio ó Tar-
quino el Viejo, con el aparato de la
autoridad soberana, tomado de loa
etruscos; esta nación, formada por
doce pueblos confederados, escogía en
casos de guerra un jefe de la confe-
deración, y cada Estado le proporcio-
naba un LiCTOK. Habiendo la nación
romana conservado para sus cónsules
el aparato de la autoridad real, estos
magistrados tuvieron LicToaas; pero
sin exceder del numero que tuvieron
los revés.
6. LiCTOBBS ne^rot; se llamó á los
que, vestidos de túnica negra, mar-
ebaban á la cabeza del acompaña-
miento en el entierro de los nobles y
de los grandes personajes.
Lxcnabilidad. Femenino. Cuali-
dad de lo licuable.
Licuable. A^etivo. Liquidable.
Licuación. Femenino. La acción
j efecto de licuarse ó derretirse algu-
na cosa. [I Metalurgia, Operación que
consiste en separar la plata contenida
en el eobre por medio del plomo, cupro
cuerpo, añadido al mineral, facilita
Ja fusión del cobre, que se separa de
la plata menos fusible. | Hobnos db
ucuACiÓN. Hornos en que se practica
la operaci'in mencionada.
BtiuoLOOfA.. Licitar: latín, Itquaíto,
la acción de derretir, forma sustanti-
va abstracta de Itguiíut, parlicípio pa-
sivo de lígitare, derretir: francés, /t-
^mation; italiano, liquazione.
üeteña. — 1. La licuación sb verifi-
ca cuando se separan dos ó más subs-
tancias heterogéneas, reducidas al es-
tado líquido.
2. La UCUACIÓN y la sublimación
son términos correlativos.
Licual. Masculino. Botánica, Oá-
nero de palmeras de las Molucaa.
LicnaminoBO, aa. Adjetivo. Li-
CUABLB.
Licnante. Participio activo de li-
cuar. Que derrite ó deslíe.
Licuar. Activo. Derretir ó liqui-
dar alguna cosa. Se usa también como
recíproco.
KTiyoLoaÍA. I«atía Uqn&re: italiano,
liqnarf.
Licnatorio. Masculino. Vasija en
que se licúa.
Licoecer. Activo anticuado. Li-
quidar, derretir.
Licuefacer. Activo. Liquidar.
Btiiiolooía. Latín Itqv^Jacere; de
lifuare, licuar, ^/«cVí, liacer: italia-
no, licuefaré; francés, iiguejer.
Licaefkcción. Femenino. La ac-
ción y efecto de liquidar ó liquidar-
se. I CosmoffOHÍa. Hubo un tiempo en
que los planetas estuvieron eii el mis-
mo estado da licuif acción, y enton-
ces fué cuando la tierra, girando sobre
sí misma, pudo tomar su forma, para
lo cual tuvo que elevarse sobre el
ecuador y aplanarse bajo los polos.
Etimoloo£a. Licmefacer: francés, ¿i-
guéfactíon.
Licuefáctible. Adjetivo. Licua-
ble.
Licnescencia. Femenino, Fitiea.
La tendencia á derretirse.
Btiuoloqía. Licuescente,
Licuescente. Adjetivo. Física. Lo
que es capaz de licuarse ó derretirse.
Etiuología. Latín Hguescens, lí-
quetcenlis; participio de presente de
liquescere, liquidarse, forma verbal de
li^uídus, líquido.
Licuor. Masculino. Licor.
1. Licurgo. Legislador de Lace-
demonia, hijo de Eumonio^ re^ de Es-
Earta. Muerto su padre, gobernó la
acedemonia durante nueve años su
hermano major Polidectes, encargán-
dose LicuRoo del mando, después de
la muerte de éste, en calidad de tutor
de su sobrino, aun no nacido, y á
quien su desnaturalizada madre le
propuso dar muerte, si se casaba con
ella. Cuando a(^uel sobrino, llamado
Carilao, llegó a ser mayor de edad,
Licurgo se fué á estudiar lejes á Cre-
ta, Egipto y Asia, volviendo para
dar á Esparta una tec-islación, que
hizo largo tiempo su gloria. Esta le-
gislación arregló las costumbres, la
educación j el gobierno j tonía por
objeto establecerla igualdad entre los
ciudadanos y formar un Estado gue-
rrero, sin espíritu de conquista. El
oráculo de Delfos le aseguró que sus
lej^es eren un modelo de sabiduría j
que el pueblo que se gobernara por
ellas, sería feliz. Dícese que Licurgo
hizo jurar á los lacedemonios que ob-
servarían estas lejes hasta su vuelta,
y que hecho esto, se ausentó y no vol-
vió jamás. Otra versión supone que se
condenó ¿morir de hambre.
ETiifOLoaÍA. Griego \6kh (lúkej,
luz, jr Spyov (¿rgon}t obre; «obre de
luz:» latín, Licurgus; italiano y cata-
lán, Licurgo; francés, ¿ícuryuf.
Reseña. — Confirma la anterior eti-
mología el siguiente dato: «Nombre
del famoso legislador de Esparta.
Compónese de hki, Igké, luz, y érgon,
obra: esto es, obra de luz; ó según
otros, de lúAos, lykos, lobo, y érgon:
esto es, ohra del lobo. La primera eti-
mología parece la más justa.» (Mon-
LAU.)
2. Licurgo. Orador griego, que
nació en Atenas el año 408 antes de
Jesucristo, perteneciente á una noble
f antigua familia, y que fué discípu-
0 de Platón y de Isócrates. (Mon-
LAU.)
ETiMOLoaÍA, Licurgo 1.
LichaTeno. Masculino. Mitología
céltica. Monumento compuesto de tres
piedras; la una, plana, colocada sobre
otras dos que le servían de susten-
táculo.
Etucolooía. Francés lichavene.
Lichera. Femenino. Provincial.
Manta de lana para la cama.
EtiuologÍa. Lecho.
Licht. Frudiddn. Adjetivo que en-
tra en la composición de muchas pa-
labras alemanas, y que significa cla-
ro, brillante; verbigracia: LiCHT-en-
wald, selva brillante.
Lid. Femenino. Combato, pelea. ¡
Disputa, contienda de razones y argu-
mentos. II Anticuado, y Plbito. Q Fb-
BiDA DB PALABRAS. Expresión forense
anticuada. Demanda o pleito contes-
tado.
Etiholooía. «La batalla 6 contien-
da en que lidian ó pelean dos ó más
personas. Sale del latino Lis, iíis, que
vale discusión ó controversia.» (Aca-
demia, Diccionario de 1726.)
Lidar. Activo y neutro anticuado.
Lidiar.
Lidda. Femenino. Geografía anti-
gua. Ramá, ciudad de Palestina. (De
MiauEL j Morante.)
KtiuolooÍa. Latín Lydda.
Lide. Femenino. Mujer del poeta
Antímaeo. (Ovidio.)
Etucolooía. Latín Lgde,
1 . Lidia. Femenino. Lid.
2. Lidia. Femenino. f?«(yr<i/líaas-
tigua. Provincia del Asia menor. (Pli-
Nio.) II Nombre de la Arabia. (Ruti-
uo.) \ Nombre de mujer. (Horacio.)
I Erudición. Nombre de un poema del
gramático Valerio Catón. (Sübtonio.)
Etiuolooía. Latín Lgdia.
Lidiadero, ra. Adjetivo anticuado.
Lo (^ue puede lidiarse ó correrse.
Lidiador, ra. Masculino j femeni-
no. El que lidia.
Lidiante. Participio activo de li-
diar. £1 que lidia.
Lidiar. Neutro. Batallar, pelear. Q
Metáfora, Hacer frente a alguno, opo-
nérsele. I Metáfora. Tratar, comer-
ciar con alguna ó más personas que
causan molestia y ejercitan la pacien-
cia. II Anticuado. Pleitear. || Activo.
Correr y sortear toros y otras fieres.
EtiuologÍa. Lid,
Lidíense. Sustantivo j adjetiro.
Lidio.
Lidio, dia. Masculino y femenino.
Natural y morador de Lidia. Q Adje-
tívo. Lo concerniente i dicha comar-
ca. I Piedra de toque, lydius lapit.
(Plinio.) i El tono lidio. Género de
música triste, ¡gdius modus, (AputB-
yo.) II El río Pactólo, Lydius amnis.
(Marcial.)
EnuOLOOfA. Lgdius, lo pertenecien-
te á Lidia ó Etruria; ^di» los li-
dios.
Lidmea. Femenino. Especie de ga-
cela africana.
Liebdo, da. Adjetivo anticuado.
Agitado, alegre.
Etimología. Ledo.
Liebrastón. Masculino. Liebre pe-
queña.
Liebrático. Masculino. El hijuelo
de la liebre.
Liebratón. Masculino. Lisbra^'
TON.
Liebre. Femenino. Cuadrúpedo
montaraz muj ligero y tímido, de
orejas largas, de cola corta y algo se-
mejante al conejo. Su carne es comes-
tible. II Metáfora. El hombre tímido jr
cobarde. || Una de las coustolacíones
KWO III
«3
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410 LIEN
LIGA
LIGA
celestes que llaman australes. Q uabi-
NA. Animal de la clase de los molus-
cos que vive en el mar. Es de ñgura
oblonga, con el cuerpo convexo por
encima, cubierto por los lados con un
manto membranoso de color lívido
oscuro. Se arrastra para andar, lo
mismo que las babosas j caracoles, á
cujo orden pertenece. Cuando la to-
can despide un humor corrosivo j he-
diondo, á cu/o contacto dicen que se
cae el vello. Q Animal marino. Tiene
el cuerpo largo, estrecho j cubierto
con una especie de capa, más larga
que él por la parte donde tiene la bo-
ca, que ae reduce á una especie de
trompa; junto al arranque de la cabe-
za, en el lado derecho, tiene los órga-
nos de la respiración y de la venera-
ción. Todo el es muelle sin huesos;
es muy común en el Mediterráneo de
España, en donde se cree que sea ve-
ueuoso. I Coa&R una. liiíbre. Frase
metafórica j familiar. Mancharse de
lodo ó polvo el que resbala y cae en
él. II DONDB UENOS SE PIENSA SALTA LA
LIEBRE. Refrán con que se da á enten-
der el suceso repentino de las cosas
que menos se esperaban. | Levantar
LA LiRBRB. Frase. Levantas la caza.
I Sbquib la liebre. Frase metafórica
y familiar. Continuar averiguando d
buscando alguna cosa por la señal ó
indicio que de ella se tiene. |] La lie-
bre Á LA CARRERA ¥ LA MUJER EN ES-
PERA. Refrán que advierte que cada
cosa ha menester uu procedimiento
acomodado ¿ su naturaleza particu-
lar.
EtimolooU. Sánscrito %A (^^Í^ )
alcanzar; lagkus, ligero: griego, Xavóí
(la^ótjf A¿Tioptí (li'poris); latín, Itpus,
lejtüris; bajo latín, leborem; francés,
hévre; walón, liv; Í/Lz\nf¡, guemre; Be-
rrj, lieu&e, Ueuve; picardo./iVwcí,
ze; ginebrino, la Uecre; catalán, lie-
hra. (¿Sistema de Bopp y de Gkiuu.)
Liebrecica, Ha, ta. Femenino di-
líiiutivo de liebre.
i^TiMOLoaÍA. Liebre: catalán, lie-
'reía.
Liebrecilla. Femenino. Planta.
.YitULEJO.
Liebrezuela. Femenino diminuti-
vo de liebre.
Llegar. Activo anticuado. Ligar,
atar.
I^^go, ga. Adjetivo anticuado.
Lego.
¿lieja. Femenino. Oeografla, Ciu-
dad de \Vestfalia. || Otra de Bélgica.
Etimología. Latín Leodicum.
Liejense. Sustantivo j adjetivo.
LiEJt:^.
ETiMOLoofA. Latín Uoiicensii.
Liejes, sa. Sustantivo y adjetivo.
Natural o propio de Lieja.
Etimología. Liejense: francés, lié-
Liencecico, Uo, to. Masculino di-
minutivo de lienzo.
Liendre. Femenino. La semilla
del piojo. [| Cascar ó machacar k al-
guno LAS LIENDHBS. Frase metafórica
y familiar. Argüirle ó reprenderle
con vehemencia. | Cascarle á uno
LAS LIBNDRB8 Ó LAS NDBCBS. FraSO m6-
tafóriea y familiar. Aporrearle, darle
de palos.
aTiMOLOoÍA. Latín lens, lendis, la
liendre, huevo del cual nace el piojo:
italiano, lendine; portugués, lendea;
francés, lente, huevo del piojo; pro-
verizal, leude; catalán, liendre; walón,
len; namurés, lene, lende; Haínaut,
Un; Berrv, letide; burguiüón, leni.
Lientera. Femenino. Medicina.
Enfermedad en que, por la demasiada
debilidad del estómago, se echa la
comida sin digerir.
Etimología. Griego Xetevupíot ( leieii'
íería), de ¿dos, liso, y entéron, intesti-
no: latín, lienterta; francés, lieuterie,
Lienteiia. Femenino. Medicina.
LlBNTERA.
Etimología. La Academia Te6er6
lienteria á lientera. Debe adoptar el
ftrocedimiento contrario, puesto que
a forma etimológica es lienteria.
Lientéríco, ca. Adjetivo. Medici-
na. Lo que es propio de la lientera y
lo que pertenece á ella.
Etimolooía. Lienteria: latín, lien-
fncus; francés, iieníerigue; italiano,
Ueníerico.
Liento, ta. Adjetivo. Lo que está
húmedo y no mojado del todo.
Lienza. Femenino. La lista ó tira
estrecha de cualquier tela.
Etimología. Lienzo: catalán, llenca,
llensa, tendel.
Lienzo. Masculino. Tela que se fa-
brica del lino ó cáñamo. ¡| El pañuelo
deLiBMzo, algodón ó hiladillo que sir-
ve para limpiar las narices y el sudor.
II La pintura que está sobre lienzo.
Q Fortificación. El pedazo de muralla
que correen línea recta de baluarte á
baluarte ó de cubo á cubo. | La facha-
da del edificio, ó la pared que se e-L-
tíende de ud lado á otro. \ crudo. El
que no está curado.
Etimología. Catalán llem: proven-
zal y francés, Unge, del latín Unt\m,
tela, paño, en Cicerón; pailuelo, en
Catón; toalla, en Planto; cortina, en
Marcial; vela de buque, en Virgilio
V Ovidio; máscara ó careta, en san
Isidoro: lintba orw, el lienzo que cu-
bre la cara.
1. El latín liníevm representa lin-í-
eum, de iinum, lino.
2. Esta raíz tiene en latín y en el
romance algunas formas que no han
venido al castellano, tales como lin-
tedlum, paño, lienzo: italiano, lemuolo,
sábana; francés, Unceul; portugués,
lancol; provcnzal, limóla lensol, lam-
«0// catalán, Ueusol, sábana; llentoleí,
sabauilla; burguíñón, lancen; i^icndü,
linckenx; Berrv, lincieux,
Lieva. Femenino anticuado. El ac-
to de llevar alguna cosa, ó la misma
carga.
Etimología. Leva.
Lievar. Activo anticuado. Llevar.
Etimología. Lieva.
Lieve. Adjetivo anticuado. Leve.
II De lieve. Modo adverbial anticua-
do. Ligeramente, con facilidad.
Lifara. Femenino familiar. Pro-
vincial Aragón. Alifara.
Liga. Femenino. La cinta ó listón
de seda, hilo ú otra materia eon qae
se aseguran las medias. || Planta.
MuÉBOAGO. \ Materia viscosa que se
hace de la fruta verde que produce la
planta llamada también uoa. Hácese
igualmente de las cortezas y raíces de
algunos árboles. || La confederación
que hacen entre si los principes ó Es-
tados, para defenderse de sus enemi-
gos ó para ofenderlos. || La porción
pequeña de otro metal que se echa al
oro ó la plata cuando se bate moneda'
ó se fabrica alguna pieza. | Anticuado.
Bamoa ó paja, n Germania. Amistad.
Etimología. Ligar: bajo latín, liga;
italiano, lega; francés, ligne; catalán.
Higa.
Reseña histSrtca. — I. Liga é Santa
Unión. — 1. Liga formada por los ca-
tólicos de Francia para defender la
religión, amenazada por los progresos
del calvinismo y la incapacidad de
Enrique III.
2. Nació en Peronesa, después del
edicto de Baudieu (1576), t se exten-
dió mu; pronto por todas las provin-
cias. Puede decirse que, al princi-
pio, casi todos sus miembros nabfan
sido sinceros y estado animados por
las más leales intenciones; pero los
jefes se cuidaron más de sus partieu— '
lares intereses que de los de la fe,
el duque de Guisa, Enrique el^ow—
fr¿, esperaba hallar una corona en el
entusiasmo irreüe&ivo de sus partida-
ríos.
3. Enrique III, impulsado por los
consejos de su madre, se declaró jefe
de la Santa Unión, en los Estados
de Blois (1576); pero no supo mere-
cer la confianza de los católicos, y
cuando la muerte de su hermano, el
duque de Alencón, hizo á Enrique de
Navarra, que era calvinista, presunto
heredero de la corona de Francia, la
Liga tomó un desenvolvimiento for-
midable; los seke la dirigieron en Pa-
rís, imprimiéndola un carácter más
democrático, t el rej tuvo la fuerza 6
la habilidad de promover una crisis,
donde podía perecer la dinastía de los
Capetoá.
4. El duque de Guisa trató públi-
camente con Felipe II; impuso á En-
rique III el edicto de Nemours, que
confirmó la Liqa; arrancó á Sixto V
una bula de excomunión y deposición
contra los Borbones, y principió la
octava guerra civil (1586).
5. El rejr confió el mando de las
tropas á su favorito el daque de
Joyeuse, vencido en Coutrás (1587),
derrota que aumentó la cólera de los
ligueros, quienes le arrojaron de Pa-
rís, después de la jornada de las ba-
rricadas (1588); pero su influencia
triunfó en los segundos Estados de
Blois, y Enrique III se decidió á un
crimen que debió perderle: hizo matar
al duque de Guisa y á su hermano,
se unió después al rey de Navarra, y
por último, fué asesinado en el campo
de Saint-Cloud por Jacobo Clemente
(1589).
6. La Liga parecía haber llegado á
su fin, pero príucipiaron en ella las
divisiones: unos, reconocían como rejr,
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LIGA
LIGA
LIGA 411
bajo el noralin de Carlos X, al ancia-
no cardeaal de Borbdn, tío de Enri-
que IV; oíros, obedecían á Majenne,
lugarteniente general del reino, y al-
fil'unos, los más ardientes, j entre ellos
los seize j los jesuítas, querían por
jefe al tej de España.
7. Las victorias de Enrique IV, los
furores de los seize j las pretensiones
de Felipe II, que reclamaoa el trono
para su hija Clara Eugenia Isabel,
fueron causas de más profundas divi-
siones entre los católicos, cuja des-
unión era pública en los Estados de
París en 1593.
8. Entonces, el ny abjuró del cal-
viaisroo en Saint-Denis, j la mejoría
se unió al rej legítimo; Majenne se
reconcilió con Enrique IV después
de la batalla de Fontaine-Francatse
(1596), j la Saiire 'Menip¿e dió el úl-
timo golpe á la LiQA., <^ue murió en
la impotencia j en el ridiculo.
9. Inútil creemos decir que la Liqa
en cuestión ha sido juzgada de muj
diversos modos, según los autores que
lo han hecho j los sistemas ó partí-
dos qae han seguido. Bossuet, en el
siglo xTii, j Voltaire, en el xviu, son
dos nombres que bastan para demos-
trar la verdad de nuestro aserto. En
cuanto á nosotros, nos abstenemos de
todo juicio privado, j siguiendo el
muj ilustrado de dos autores que
consultamos para este artículo, nos
concretamos i decir que la Liqa, na-
cional en su origen, j hasta cierto
panto legítima, degeneró en un ban-
do, afecto casi exclusivamente á loa
Guisas T á España.
10. El lector erudito puede consul-
tar: Anquetil, L'Esprit de la Ligue;
Labittb, De la democraiif chez les pre-
dicaíeurs de la Ligue sous les regnés de
Benñ 111 et de líenri IV; j de Cha-
i.EiiBaRT, Hittoire de la Ligue.
11. LiOA elolia, — 1. Los etolios ha-
.bian formado con todas sus ciudades
ana Liga, célebre en los últimos sí-
f-los de la Grecia. Esta Lioa estaba
dirigida por un strátegos ó general, en-
cargado del ^oder ejecutivo, j secun-
dado por el jefe de la caballería; por
ana Asamblea de diputados, llamada
Anaíolium, que se reunía una vez en
otoño, en Tnermas, pero que el strá-
tegos podía convocar extraordinaria-
mente, para formar las lejes, declarar
la guerra ó concluir los tratados por
los apódelas, quo formaban el consejo
del strátegos y conocían de los negocios
civiles; j, en fin, por un yp«[i}jLa-t6Úí
(grammateús), especie de secretario de
Estado, j por los éforot, subordinados
Á la Asamblea general.
2. Esta Liga nunca fué en realidad
defensora de la libertad de la Grecia,
pues tan pronto fué hostil á los pro-
jectos de los rejes de Macedonia
como su mis adicta auxiliar. Envi-
diosa, mejor dicho, celosa de la Liqa
aquea^ le hizo una guerra de tres años,
que es la llamada yu¿rra de las dos Li-
gas (220 á 217 antes de Jesucristo);
7 después de pequeñas victorias, fué
batida por los macedonios, aliados de
los aqueos.
3. Los resentimientos consiguien-
tes á toda derrota la indujeron á se-
cundar las conquistas délos romanos;
pero después llamó á Grecia al rej de
Biria, Antíoco f 192); j, después de su
desgracia, la Etolia fué invadida por
Fulvio Nobilior, é impelida á implo-
rar la paz.
4. Ln tiempos de Constantino, for-
mó parte del nuevo Epiro jde la pre»
fectura de la Iliria.
5. Después de la j:uarta cruzada,
Teodoro de Auge, miembro de la fa-
milia imperial de Constantinopla,
formó de la Etolia j del Epiro un
principado independiente, sometido
en 1432 al sultán Amurat 11.
6. Scanderberg arrojó de la Etolia
á los otomanos, j á su muerte la dejó
á los Tenecianos.
7. Hoj la Etolia está repartida en-
tre la Turquía j la Grecia; tiene una
pequeña fracción, comprendida en la
baja Albania, j forma parte de Jani-
na. Sabido es que el resto compone
con la Acarnania una monarquía del
reino de Grecia.
III. LiOA aquea. — 1. Según Polí-
bio, allá por los años 280 antes de Je-
sucrísto, las doce ciudades aqueas del
Peloponeso tomaron ó recobraron su
antiguo gobierno federativo: todos
los habitantes nombraron un strátegos,
diez demiurgos y un secretario; j ca-
da ciudad democráticamente dirigida,
nombró diputados para la Asamblea
general.
2. A las triples pretensiones de Ma-
cedonia, Esparta y Etolia contra la li-
bertad de Grecia, Arato crejó poder
oponer la Liqa aquea, engrandecida j
regenerada; pero él mismo llamó des-
pués á los macedonios contra Esparta;
j posteriormente, contra los etolios.
3. Filopemen, j después Lícortas,
resucitaron la Lioa, si así puede de-
cirse, é intentaron substraerla á los
ataques de los romanos; pero la deci-
sión del Senado acerca de los strátegos
Diófanes, Arístenes y Calientes ( véa-
se nuestro artículo Mbtelo), J el nom-
bramiento para el mismo cargo de los
proscritos Demócrito, Dico j Oritolao,
que consiguieron sublevar á sus com*
patriotas, contribujeron tal vez al
triunfo de Mételo en Scarfea j al de
Mummio en Leucopetra.
4. Esto basta para comprender que
la Liga aquea fué dísuelta al mismo
tiempo que la Grecia convertida en
Srovincia romana (146 años antes de
esucristo).
5. Debemos á Herodoto la noticia
de las doce ciudades que formaron la
Liqa aquea, á saber: Pelene, Egira,
Egee, Bura, Hélice, iEgium, Rhjpse,
Patrs, Farae, Olenus, Djmee, Tri-
tflea.
6. Consignemos que Polibio, en
vez de RjpEe y Egee, menciona á Ce-
rjncia y á Leontion.
IV. LiOA de los grisones. — 1. Es
harto conocida esta Lioa para que
molestemos al lector erudito con un
asunto que, de la historia, ha pasado
á la lejenda j á la novela. Nos con-
cretaremos, para no dejar incompleta
esta reseña histórica, á recordarle los
hechos j fechas principales.
2. La Liqa , llamada caddée, se for-
mó en 140Í); la grísona, en 1^4; j la
de las DiX'Droitures, en 1436. Las
tres pactaron, en 1471, una alianza
perpetua.
3. En 1525, los grisones se apode-
raron de la Valteiina j del pais de
Chiavenna y de Bormio, contratando
alianzas con el Valaís (1600), con
Berna (1602), y con Zurich <1707).
4. En 1798, fueron admitidos en la
Confederación helvética, en que ocu-
paron el puesto decimoquinto por or-
den de admisión, el primera, por la
extensión de su territorio, j el nove-
no, por su población.
5. Y desde entonces, un Consejo de
tres miembros, elegido por el Gran
Consejo 6 por cada LiaA,'asame el po-
der administrativo.
V. Lioa hanseáíica. — 1. Nuestros
ilustrados lectores saben que el nom-
bre de ciudades hanseátícas es el con*
servado hasta nuestros días á tres de
la Confederación germánica: Hambur-
go. Brema y Lubeck.
2. Pero á nuestro propósito impor-
ta consignar en esta reseña que, en
la Edad media, se aplicó á una gran
UQA comercial, formada en 1241, en-
tre Hamburgo j Lubeck en sus co-
mienzos, j á la que sucesivamente se
adhirieron las plazas comerciales del
Norte: Brema, Brujas, Bergen, Stral-
sund, Kiel, Stettin, Riga, iievel, No-
vogorod, Londres, Colonia, Bruns-
wick, Dantzick, üunquerque, Ambe-
res, Ostende, Dordrecht, Rotterdam,
Amsterdam y otras.
3. Las ventajas que resultaron para
los asociados fueron causa de que mu-
chos puertos del Atlántico y el Medi-
terráneo formasen parte de la Lioa
hanteática. Citaremos, entre ellos, á
Abbeville, Rouen, Saint-Malo, Bur-
deos, Bajona, Lisboa, Cádiz, Barce-
lona, Marsella, Nápoles, Messina; y
la asociación contó con ochenta ciu-
dades, que entonces centralizaban el
comercio de Europa.
4. En los siglos xit y zv, todo
miembro de la Confederación era há-
bil para desempeñar las funciones de
aldermán (sénior); pero el grejier deb.a
ser ciudadano de Lubeck, Colonia,
Brunswick ó Dantzick, cada una con
una asamblea anual.
5. Cada tres años se reunían todos
los diputados de la Confederación; fre-
cuentemente, en Lubeck.
6. Cada ciudad proporcionaba su
contingente militar j su contribución
de guerra.
7. Las ciudades hanaeátieas se de-
dioaban al comercio, la pesca, las mi-
nas, la agricultura y la industria. Su
derecho marítimo, preparado por los
estatutos de Hamburgo (1276) y de
Lubeck (1299), no fué publicado por
completo hasta el año 1614; es decir,
hasta una época en que las había
arruinado el descubrimiento de Amé-
rica y el de una nueva vía á las In-
dias por el cabo de Buena Esperanza.
I 8. Hacia fines del siglo xvi, la Han-
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412 UGtA
LIGA
LIGE
se había alcanzado conservar el dere-
cho de los neutrales, interviniendo en
las transacciones de las potencias be-
ligerantes; y en 1624 creó las j>rime-
ras compañías de segaros marítimos.
9. Bn 1723. abrió sus puertos al li-
bre comercio extranjero, sin derechos
de tr&nsito j salida.
10. Contienen preciosas noticias
acerca de este asunto los escritos de
Barthold, Roux de Rochelle j E. de
Schlszer.
VI. LiQA helvética. — 1. Remitimos
al lector i la sección de Historia de
nuestro articulo Suiza, donde corres-
ponde tratar este asunto; pero no po-
demos excusarnos de decir en este tu-
gar algunas palabras.
2. £a Liga helvética debió su ori-
gen á la insultante tiranía de los bai-
ííos; jr sobre todo, de Hermano Gess-
1er.
3. Tres valientes, mejor dicho, tres
héroes, StauSTaeherde Schwytz, Furst
de Uri y Melethal de Unterwalden,
cada uno con diez amigos de su pre-
dilección, se reunieron una noche, en
la solitaria plaza de Ruth, al borde
del la^o Waldstetter, en los confínes
de Un j de Unterwalden, y juraron
defender con las armas, y ana per-
diendo la vida, las libertades de la
Helvecia. Aquella noche era la del
7 de Noviembre de 13U7, fecha que
trae á la memoria todo an poema de
virtud j heroísmo.
4. Y el primer día del año de 1308
estalló la sublevación. Los fuertes de
Alberto fueron arrasados, muertos ó
presos los baílíos, y todos los habitan-
tes de los tres cantones, unidos á sus
generosos defensores, formaron solem-
nemente una LiQA de diez a&os.
5. Una muerte, la de Alberto, y
una derrota, la de su hijo Leopoldo,
bastaron para consolidar su unión y
su independencia, y para formar la
UQA. perpetua de Brunneu.
6. Varias ciudades se unieron á la
Lioa; y desde entonces, los ocho can-
tones, principalmente el de Berna j
el de Zurich, se agrandaron á expen-
sas de la nobleza rural.
7. Esta brevísima reseQa bastará
para comprender cómo la Suiza llegó
a ser un país libre, y cómo su liber-
tad, si así puede decirse, se meció en
la cuna de la Liga helvética.
Ligación. Femenino. La acción y
efecto de ligar. | Unión d mixtura.
Etimología. Ligar: latín, C^&tio;
catalán, Uigadura,
Ligadas. Femenino plural. Impren-
ta. Las letras que están unidas unas
con otras en una sola pieza. || En el
juego de naipes, las cartas que están
juntas.
Etucología. Ligado.
Libado. Música. La unión de dos
pantos sosteniendo el valor de ellos,
y nombrando sólo el primero.
ETiuoLoaÍA. Latín ligátut, partici-
pio pasivo de H^are^ ligar: catalán,
ííigat^ da; francés, li^é; italiano, ¿t-
gate.
Ligadura. Femenino. La vuelta
que se da apretando alguna cosa con
liga, venda ú otra atadura, La ae-
cíón de ligar á el maleficio. || Metáfo-
ra. SujKCiÓN. I Cirv^ia. La venda ó
cinta con que se aprieta y da garrote.
II Música. El artificio con que se ata
j liga la disonancia con la consonan-
cia, quedando como ligada ó impedi-
da para que no cause el mal efecto
que por si solo causaría.
Etimología. Ligar: latín, Ugatitra;
italiano, legatura; francés, Itgature;
catalán, liigada.
Li^agamba. Femenino anticuado.
Lioa, por la cinta, etc.
Etimoldoía. Liga, verbo, y gamba,
pierna, como quien dice: ata-pierna.
Ligallo. Masculino. Provincial
Aragón.
Etimoldoía. f La Junta de ganade-
ros, llamada así en Aragón; y en Cas-
tilla, Mesta.» (AcADBMiA, Diccionario
de i 726.)
Ligamaza. Femenino. La viseosi-
dad o materia pegajosa que crían al-
gunas frutas en el exterior j algunas
plantas sobre sus hojas.
EtimolooÍa. Liga, Terbo, j mata.
La 2 es bárbara.
Ligamen. Masculino. Forense. El
vínculo del matrimonio contraído le-
gítimamente, por el cual se anula,
aunque no esté consumado, otro pos-
terior que ha^a llegado á la consu-
mación. B Forense anticuado. El ma-
leficio con que, mediante la magia,
se creía quedar ligada la facultad de
la generación.
Etimología. Ligar: latín, ligamen,
lígiminis, cinta, cordón, lazo, venda-
je; italiano, légame; catalán, Uigam;
portugués, lígame.
Ligamentiforme. Adjetivo. Ana-
tomía. Que tiene la forma de un liga-
mento.
Ligamento. Masculino. Unión ó
bnlacb. II Anatomía. Cuerda nervosa,
dura, firme y flexible que sirve para
ligar las partes del cuerpo humano ó
del animal, en cujo sentido se dice:
los LIGAMENTOS de la articulación de
la rodilla. |[ Por extensión, toda parte
que fija los órganos en situaciones da-
das; y así se dice: los lioahbntos de
la matriz; los ligamentos posteriores
de la vejiga; los lioambntos del híga-
do. II Conquiliología. La parte que re-
une las dos válvulas de los mariscos.
Etimología. Latín Hgamentum, for-
ma sustantiva de ligare, ligar: cata-
lán, lligament; provenzal, ligament,
liamenl; francés del siglo xiv, liement;
modeino, ligament; italiano, ligamento.
Ligamentoso, sa. Adjetivo. Lo
que tiene ligamentos. | Anatomía. Lo
que participa de su naturaleza, en
cujro sentido se dice: tejido ligamen- '■
toso. II Plantas ligamentosas. Botá-
nica. Aquellas plantas, cuyas raíces,
ó cujros tallos, presentan la forma de
una cuerda.
Etimología. Ligamento: francés, /i-
gamcnteux.
Ligamiento. Masculino. \a acción
y efecto de ligar ó atar. Q Metáfora.
Unión, conformidad en las volunta-
des, I Anticuado.^ liaría. Ligamen-
to.
Ligán. Masculino. Bspeeie de abe-
ja qne se cría en Filipinas.
Ligapierna. Femenino antieudo.
Lioa ó cenojil.
lagar. Activo. Atae. | Hezelir
cierta porcidn de otro metal con el «o
ó con la plata cuando se bate moneda
ó se &briea alguna otra pieza. ¡ Me-
táfora. Unir los afectos, l Se dice, te-
gún la creencia del vulgo, de los qu«
usan de algún maleficio con el fía de
hacer á uno impotente para la geoe-
ración. ¡ Oblioae. Se dice de la eicc-
munión válida que liga at que incu-
rre en ella. Q Anticuado. Encuadkb-
MAR. B Neutro. En ciertos juegos de
naipes es juntar dos ó más cartu de
un palo. II Reciproco. Confederarse,
unirse para algún fin. \ Metáfon.
Obligarse.
Etimología. Sánscrito Ung, con
flcLible: griego, "kiyoi (Iggos), mim-
bre; Xu|t!;«i¥ (lygitein), amarrar; Istín,
lia, berza; l^are (iiam-agtre, li-agtre,
ii-g&re, atar con la lía); italiano, 1^9-
re; francés, Uguer; provenzal, l^m;
catalán, lligar; walón, loil; Hniaaat, 1
loier; picardo, leuyer, loyer; portu- '
gués, ligar. \
Ligativo, va. Adjetivo. Que liga ó \
tiene virtud de ligar. j
Ligatorio, ria. Adjetivo. Lioi-
tivo.
Ligatura. Femenino anticuado.
Ligadura.
Ligazón. Femenino. Unión, traba-
zón, enlace de una cosa con otra. |¡
Marina. El conjunto da los maderos
sobre que se fundan los bajeles.
Ligdina (pibdba). Adjetivo. Piedra
de Paros, semejante al alabastro poi
su gran blancura. (Punió.)
Etimología. Griego Xúyfiivoí (lygdj-
nos), forma de Xúyvo^ (lygnos), el man
mol de Paros: latín, lyodÍnus hfit-
Ligeo. Sfasculino. Entomi^i»-
Género de insectos hemípteros.
Ligeramente. Adverbio de modo.
Con ligereza. | De paso, levemente. |
Metáfora. Sin reflexión. | Antieoado.
FÍCILMENTB.
EtimolooÍa. Ligera y el sufijo ad-
verbial mente: catalán, llengerametí;
francés, légireatení; italiano, leggierf-
mente, hfgiermeHie; provenzal, «lytf-
ramen.
Sinonimia. Articulo primero.''U~
GERAUBNTB, á LA LIGERA. LigerameHÍt
enuncia una simple modificación del
modo con que las cosas son ó deben
ser. A latigera designa una costum-
bre diferente de la que tienen las co-
sas en el estado natural. El adverbio
denota una particularidad, r U f^rase
adverbial, una singularidad. El pri'
mero atribuye la ligereza; la otra, un
carácter, un aire, una forma de lige-
reza notable y distintiva. Soldadoi
armados ligeramente tienen armas j
vestidos que no los cwrgan. Soldados
armados á la ligera tienen una arma-
dura particular que los distingue-
(ClBNFUEGOS.)
Articulo segundo.— k. la liobrajU-
GERAMBNTE. Ir Ó ifl ligera significa ir
sin preparativos, ó como se suele de-
cir, sin más que lo puesto.
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LIGE
LIGO
LiaU 413
Ir liffertme»ie aigaifica que va con
rapidez.
Ue modo qae la expresión á la lige-
f» se refiere al modo.
El adverbio ligeramenU se refiere al
tiempo.
Bl qu« y%AU ti^«ra, no llera mu-
cho peso.
El que va ligeramente, no hace mu-
chas paradas. -
Ligeraz. Femenino anticuado. Li-
GEftBZa.
Liffereza. Femenino. Prest'^xa,
agilidad. \ Metifora. Inconstancia,
volubilidad, instabilidad. | Leve-
dad.
ETruoLOGÍA.. Ligero: italiano, liggie-
retsa; francés, tégereté; catalán, lleuge-
retn.
Ligerillo, ito. Adjetivos diminu-
tivos de ligero.
ETiMOLOafa. Ligero: catalán, lleu-
gtret.
Ligerisimamente. Adverbio de
modo superlativo de ligeramente.
Ligerisimo, ma. Adjetivo super-
UtÍTo de ligero.
Btiholooía. Ligero: sánscrito, la-
ghtyas, más ligero; latín, levior; ale-
mán, Uichter; inglés, ligiter; Htua-
nío, leagivesuii; ruso, legctli; sánscri-
to, lagkt$tha$t el más ligero, ligerisi-
mo; íatín, levisÍMus; aitmixít leichUst;
inglés, lightett; lituanio, Uugmausat;
raso, legctaimi; catalán, líeugerís-
tim, a.
Ligero, ra. Adjetivo. Lo que pesa
poco, l Agil, veloz, pronto. || Aplíca-
se il sueño que se interrumpe fácil-
mente con cualquier ruido, por pe-
queño que sea. | Metáfora. Leve, lo
ue es de poca importancia j consi-
eraciÓD. || Hablando de alimentos,
el que pronto j fácilmente se digie-
re. \ Metáfora. Inconstante, voltario,
qae muda fácilmente de opinión. Q
^senlino. Germanía. El manto de la
mujer. I A LA LiOBKA. Modo adver-
biil. De prisa, ó ligera y brevemen-
te. I Sin aparato, con menos eomodí-
did j compañía de la que correspon-
de* B pB uoBRO. Modo adverbial. Sin
lefiexióa; y así se dice: creer, partir
de LiOBBo. I Anticuado^ FIcílubntb.
ErnioLOOÍA.. Latín Üvis, leve, del
griego Xtnit; (lepls), escama, corteza.
(1)b HiouBL j Morante.)
1- Es una interpretación poco afor-
tunada, que apenas se concibe, tra-
tándose de autores tan doctos.
2. Dice Littré que el latín levi$ re-
presenta legtis, cuja sabia opinión
ofrece la clave de la voz propuesta.
3. Esa y de que Littre nos habla,
K halla realmente en el ruso legczfi y
{f^íU; en el lituanio lettgmas; en el
inglés tighí, listo, ligero, ágil. -
4. Todas estas formas se derivan
de la raíz sánscrita lagk, origen co-
mÚQ de esta serie.
Oeriwui^. — Sánscrito lagh, apre-
«urarse, mover; Icyhus, ligero, bre-
Je: latín, Irvis, por legvis; alemán,
««Ai, por leight; inglés, ligkt; litua-
no, teuú^u; ruso, legkii; italiano an-
"^0, Ueve; moderno, leggiere; fran-
W»» ií^ír; proveazal antiguo, le%i mo-
derno, leugier; catalán, Ueuger, a;
burguiñón, legei; Berrjr, Uger; walún,
Ifgir; namurés, legér. — Ligero j liebre
son las mismas palabras de origen,
puesto que ambas vienen de la misma
raíz sánscrita.
Ligio. Masculino. Fbudo.
Ligna. Femenino anticuado. LbRa.
Lignación. Femenino. Acción j
efecto de cortar madera 6 leña.
Etimología. Latín lignallo. (Ca-
sar.)
Lignario, ría. Adjetivo. Referen-
te á la madera. | Parecido á la made-
ra 6 hecho de ella.
ETiyoLooÍA. Latín Ugnarius: liona-
BiA negotiaíio; «comercio de madera»
(Capblla); LiONARius aríifex, carpin-
tero (san Jerónivo).
Lignes. Masculino plural anticua-
do. Arboles.
ETlUOLOOfA. Leaa.
Lign.colA. Adjetivo. Zoología. Que
vive en la leña.
Etiuolooía. Latín lignum, leña, y
colare, habitar: francés, Itgnicole.
Lignifero, ra. Adjetivo. Botánica.
Epíteto de las ramas que ostentan so-
lamente la madera sin flores ni fru-
tos.
EtiuoloqÍa. Latín Ugui/er; de lüf-
Hum, leña, y ferré, llevar ó produ-
cir.
Lignificaiáón. Femenino. Botáni-
ca. Acción de lignificarse.
Etiuología. Ligni^carte: francés,
ligni/ication,
LignificarM. Recíproco. Botánica.
Convertirse en madera los botones 6
retoños de un árbol.
ETiuoLoafA. Latín lignwn, leüa, y
fac 're, hacer: francés, Ugnijier.
Ligniforme. Adjetivo. Mineralo-
gía. Fibroso á modo de la madera.
Etiuolooía. Latín lignum, leña, y
forma: francés, ligniforme.
Lignigeno, na. Adjetivo. Zoolo~
gia. L^ue se cría en la madera.
ETiuoLoaÍA. Latín lignum, leria,jr
genhe, engendrar.
Lignito. Masculino. Carbón fósil
de formación bastante reciente, para
que en él se distingan todavía vesti-
gios de leño ú organización vegetal,
y LiONiTO XILOIDE. Madera fósil en
ue la ormnización leñosa se mani-
esta todavía. |{ Lignito compacto.
Bl LIGNITO en que ha desaparecido
toda organización vegetal.
Etimología. Latín lignum, lefia:
francés, ligniie.
Lignivoro, ra. Adjetivo. Lbñívo-
ro.
Lignoso, sa. Adjetivo. Concer-
niente á la madera.
Etimología. Leña: latín, li^nStu»,
abundante de madera; francés, lig-
neux; italiano, legnoso.
Lignum cracis. Masculino. Reli-
quia de la cruz de Cristo, que regu-
larmente se pone en forma de cruz.
Etimología. Latín lignum, madero,
y crncis, genitivo de crux, la cruz: «el
madero de la cruz:» catalán, lignum
crúcis.
Ligófilo, la. Adjetivo. Historia na-
tural, Que ama las tinieblas.
Etimología. Griego W^ij (lg¿e), ti-
nieblas, y wXo^ {pkHosJ, amante.
Ligona.' Femenino. Provincial
Aragón. Azada.
Ligos. Femenino. Gtograffa anti-
gm. Nombre de Bizancio. (Ausonio.)
Etimología. Griego Aúpt (lygo')-
latín, Lygus y Lígot.
Liguar. Activo anticuado. Ligar.
LiguiUa. Femenino. Especie de
cinta angosta.
Lígula. Femenino. Botánica, ór-
gano apendicular, colocado en la base
de las hojas de las plantas gramíueas,
de naturaleza análoga á la de las estí-
pulas. [I Medio florón de un capítulo
Horal de las compuestas. |] Entornólo-
gia. Labio inferior de los insectos. \
Género de gusanos intestinales. |
¿oolí^ía. Género de moluscos. \ Bs-
pátufa. \ Correa, cordón.
ExiuOLOofa. Latín It^Ua, por lin~
g&la, diminutivo de Itngua, lengua;
forma sustantiva de tigürire, por Un-
gUrire, frecuentativo de linguire, la-
mer: francés, ligule.
Reseña. — Término de anatomía. «La
abertura ó resquicio que h&y en la la-
ringe, compuesta de las dos ternillas
Ariteuoides; y también se llama así
la ternilla Epiglotis, que cierra este
resquicio. Díjose Lígula 6 Língula,
f)orque es instrumento que a^uda á
a lengua, para poder pronunciar las
palabras.» (Acadbhia, Diccionario de
Í7i6.)
Liguláceo, cea. Adjetivo. BotÁnÍ~
ca. Que tiene lígula.
Li^ulado, da. Adjetivo. Botánica.
Parecido á la lígula.
Ligular. Adjetivo. Botánica, Epí-
teto de las partes largas, delgadas y
lisas de las plantas. U Femenino. Gé-
nero de plantas, de la familia de las
compuestas.
EtiuoloqÍa. Lígula: francés, ligu-
laire.
Ligulario, ría. Adjetivo. Lioo-
LAR.
Liguleo, lea. Adjetivo. Ligulado.
Ligulifero, ra. Adjetivo. Botáni-
ca, Que tiene lígulas.
ETiuoLoaÍA. Latín Itg&lat lígula, y
ferré, llevar.
Ligulifloro, ra. Adjetivo. Botáni-
ca. De ñores ligúleas.
Etimología. Latín lígula, lígula, j
JíoSf^oris, flor: francés, ligulijtoxe,
Ligulifoliado, da. Adjetivo. Bo-
tánica. De hojas lineales.
Etimología. Latín ^Íla y fSliStus,
dsifSlíum, hoja.
Liguliforme. Adjetivo. fíi$toria
natural. En forma de lígula.
Etimología. Latín lígula, lígula, y
forma: francés, liguliforme.
Ligar. Adjetivo. £1 natural de la
Liguria.
EtuioloqÍa. Ligúttico: latín, ligur
y llgus, üris. (Cicerón.)
Ligura. Femenino. Especie de pie-
dra preciosa.
Etimología. Liguria, de donde pro-
cede: LiausTicuM saxum, mármol de
Génova. (Juvbnal.)
Liguria. Femenino. Geografía an-
tigua. Región de Italia en los Alpes
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414 LUO
LILA
LIMA
m»{t¡mo8, hoj el Geaovesado 6 el
Piamonte.
Btiuolooía. Latín Zlgaría (Pli-
Nio): italiano, Ligwia; francés, Ligu-
rie.
Liguriano, na. Sustantivo j adje-
tivo. Natural j propio de la Liguria.
EriMOLoaÍA. Ligar: latín, ligara,
pueblos muy belicosos; catalán, ligu-
rt, na,
Li^ríno, na. Adjetivo. El natural
de Ligaría y lo perteneciente á ella.
Etiuolooía. Ligwia: latín, ligúrt-
nus.
Ligurio, ría. Adjetivo. Goloso.
BTiifOLOofA. Latín ít^üríus (glosas),
goloso, forma de lígUnre, gastar con
remilgos, cantar melindrosamente, si-
métrico de Ungiré, lamer.
Li^ústico, ca. Adjetivo. Lo per-
teneciente á la Liguria.
Etiuolooía. Latín fígusficus: tigut-
tfcum mare, la ribera de Genova, el
mar ligústico ó de Liguria. (Plinio).
Ligustro. Masculino anticuado.
La ñor del ligustro 6 alheña.
LigustrÍDd. Femenino. Química.
Extracto amargo de la corteza del li-
gastro.
Etiholooía. Ligustro: francés, U-
gusirine.
Ligustrineo, nea. Adjetivo. 3o-
tániea. Parecido al ligustro.
Ligustrino, na. Adjetivo. Lo que
pertenece al ligustro.
Ligustro. Masculino. Botánica,
Alhb.^a.
Etiuolooía. Latín lí^uitrum, alhe-
ña, en Virgilio: latín técnico, Liaus-
TRUM vulgare^ de Linneo; italiano,
gustro.
L^a. Femenino. Pez que Ue^a á
veces hasta la longitud de veinticinco
píds; pero que en los mares de España
crece mucho menos. Tiene el cuerpo
■iiíndrico, sin escamas y cubierto de
ana piel de color blanquizco que tira
á verde, dura y sumamente -áspera.
Sus ojos son pequeños, y la boca, cujro
labio inferior es mucho más corto que
el superior, es grande y armada de
muchos T fuertes dientes. Al arran-
que de la cabeza tiene á cada lado
uinco respiraderos en forma de media
luna. Es animal 'sumamente voraz y
sigue en cuadrilla con los de su espe-
cie los buques, ansioso de carne hu-
mana. I Nombre dado en las artes á la
piel áspera del dicho pescado y de
otros varios, que sirven para alisar la
madera y otros usos.
StiuolooIa. Lijar.
L^ar. Activo. Provincial de la
Montaña. Lastihab. Q Alisar y pulir
con lija alguna cosa.
EtiuolgoÍa. Latín levtgUre, pulir;
de üvis, pulido, é igare, frecuentativo
de faceré, hacer.
1. Propiamente hablando, levigare
es la forma intensiva do levare, alisar.
2. Las formas lavígare y lavare son
bárbaras, puesto que proceden de lee-
tus (griego, Xaió^, laiós), izquierdo,
cuyo radical es extraño á esta serie.
L^eruela. Adjetivo que se aplica
á la uva temprana.
Lyo. Mascnlino anticuado. Inmun-
dicia, l Adjetivo anticuado. Sucio.
L^oso, sa. Adjetivo anticuado.
Sucio, inmundo. || Aspero, rasposo,
como cuando decimos: superficie lijo-
sa, cuerpo LIJOSO.
1. Lila. Femenino. Botínica. Ar-
busto muy conocido que florece en
primavera, con hojas anchas, punti-
agudas, lisas, blandas y lustrosas.
Las flores entre blancas y moradas,
de hechura de ramillete, de vista y
olor muy agradables. ]| La flor que
produce el arbusto de este nombre, ¡l
COLOB DB LILA, 6 COLUR LILA. Et Color
semejante á las flores de dicho arbus-
to. Q Es un lila; es un tío lila. Fra-
se familiar. Es un mentecato, un po-
bre hembre.
Etimología. Persa liladj^ tilandj,
Ulang (i^^ dÜJy ÜLíjLJ), formas
de#iT¿ (J^'), anís, por semejanza de
color: árabe, Itlak, azuloso, como los
dados cuando están cárdenos por el
frió; catalán, lila; francés, lilas; por-
tugués, lilazaro.
Reseña. — 1. Latín técnico. Género
syringa, familia de las cleineas.
2. Lila común. Arbusto que florece
por la primavera, cu^aa flores presen-
tan la forma de ramilletes, que es el
syringa mlgaris, de Linneo.
3. Lila db Marlt. Lila, purpúrea
y blanca.
4. Lila de Varin. Syringa dubta,
5. Lila de Persia. Syringa pérsica,
de Linneo.
6. Lila de las Indias, Azederaque
siempre verde, familia de las melíá-
ceas; melia auderach.
7. Lila /«rrtfíírí. La variedad mons-
truosa del muscari comotttm, familia de
las liliáceas.
8. «Arbusto, llamado en África
Scyrinx, que da por fruto unas nueces
á las cuales llaman los boticarios Ben,
de que hdcen el aceite de Ben. Algu-
nos le llaman avellano de la India;
pero trahiéndose sólo de Africa, pare-
ce es distinto este arbusto.» (Acade-
mia, Diccionario de 1736.)
2. Lila. Femenino. Tela de lana
de virios colores, de que se usaba pa-
ra vestidos y otras cosas.
Etiuología. «Llamóse así por ha-
ber tenido su origen en Lila, ciudad
de Flandes.» (Acadeuia, Diccionario
de im,)
Liláceo, cea. .\djetivo. Botdnica.
Parecido á una lila.
ETiiáCLOaÍA. Lila,
Lilacína. Femenino. Química.
Principio cristalizable que se extrae
de los frutos verdes y de las hojas de
la lila.
Etimoloqía. Lila: francés, lilacine,
1. Lilaila. Femenino. Tejido de
lana muy delgado, claro y estrecho,
del cual se hacían en Andalucía man-
tos para mujeres pobres, y también
mantos capitulares para los caballe-
ros de las órdenes militares.
Etimología. LHéli. (Dozy.)
2. Lilaila. Femenino familiar. As*
tueia, treta, bellaquería, usándose ge- ,
neralmeute en plui'al. | Cosa de poca |
monta. | Majadería, ridiculez. H Ve-
nirse CON LILAILAS. Frase familiar.
Venirse con futilidades impertinen-
tes. II Santa Lilaila. Expresión de
burla, de que se usaba mucho en la
antigua lengua.
Etimología. 1. «Parece es tomado
de lo que dicen frecuentemente los
moros en sus fiestas y necesidades,
Hilha kilahaila, de donde también se
dice por burla santa Lilaila,> (Acade-
mia, Diccionario de 17S6.)
2. Este AilAa hUaAaila es el árab>>
le'iláA ilWllah, que hemos encontra-
do en el artículo lelilí: «no hay más
Dios que Dios y Mahoma ea su pro-
feta.»
■Lilao. Masculino familiar. Osten-
tación vana en el porte 6 en palabra»
y acciones.
ETiMoLoofA. Lilaila 2.
Lilea. Femenino. Botánica, Géne-
ro de plantas juncáceas.
Etimología. Lila.
Liliáceas. Femenino plural. Botá-
nica. Familia de plantas cotiledÓQsaa,
cuyo tipo es el lirio.
Etimología. Latín litíum, el lirio:
francés, liiiaeée.
Liliáceo, cea. Adjetivo. Botánica,
Parecido al lirio.
ETtHOLOOÍA. Liliáeeai: francés, U'
Uacée.
Lilxal. Adjetivo. Botánica. Que tie-
ne lises ó se parece á ellas.
Etisiglogía. Lis.
Lilifloro, ra. Adjetivo. Botánica.
De flores parecidas á la lis.
Etimología. Latín lUíum, lirio, y
Jlos, ,fióris, fior.
Liliforme. Adjetivo. Botánica. Bn
forma de lis.
Etimología. Lilial y forma.
Liligero, ra. Adjetivo. Lilial.
Etimología. Lilial y el latíu gertre.
llevar u producir.
Lililí. Masculino. La gritería que
hacen los moros en sus fiestas y zam-
bras.
Etimología. Lilaila f.
Lilio. Masculino anticuado. Libio.
Etimología. Latín ¿t/íutn, que es el
grieg-o >eípiov (leirion).
Lilipat. Masculino. Erudición.
Nombre de un país imaginario que
Swift describe, habitado por hombres
de seis pulgadas.
Liliputiense. Masculino. Moder-
namente se designa con esta palabra
al hombre extremadamente pequeño
y endeble, con alusión á los fantásti-
cos personajes de Liliput, que el no-
velista Swift imaginó en sus Viajes
de Oulliver,
Etiuolooía. Liliput: francés, UUi~
puíien, del inglés Utllot pequeño.
t. Lima. Femenino. Arbol que
piOQ'ice las limas, que comunmente
se UaTia limero. | Especie de límóa
dulce, /nás pequeño j redondo que
los demts.
Etimología. Árabe tima
nombre do unidad; del colectivo lim,
2. Lima. Femenino. Instrumento
, de acero e.icabroso, áspero y firme,
Ipara cortar y alisar loa metales j
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LIMA
LIMB
LIMI 415
otras cosas. {| Metáfora. CorreccMn j
enmienda de las obras, particular-
mente de las de entendimiento. | Ca-
nal grande que suele ponerse en el
ángulo de los tejados para recibir y
conducir las aguas. ]j &ermania. La
camisa. | sorda. La que está cubierta
de plomo y hace poco ó ningún ruido
cuando lima. || Metáfora. Lo que im>
perceptiblemente va consumiendo al-
guna cosa.
Limáceo, cea. Adjetivo. Zoología.
CoDcerniente ó parecido á la limaza.
\ Lodoso ó cenagoso.
EriHOLOofA. Líhm: latín, UmUceus;
francés, limaden.
limacia. Femenino. Botánica. Es-
pecie de arbusto enredador y de flores
amarillas.
Limacifonne. Adjetivo. Historia
natural. Que tiene la éirma de una li-
maza.
Limacino, na. Adjetivo. Zoología.
Concerniente ó análogo á una limaza.
Limación. Femenino. Operación
que consiste en limar las asperidades
de los dientes.
ETiuoLoaÍA. Limar: latín, timañoy
forma sustantiva al»tracta de ftmi/iM,
timado.
lántacoide. Uasculino. Zoología.
Gasino intestinal que se parece algo
á la limaza.
Limadisimo, ma. Adjetivo super-
lativo de limado.
Limado, da. Participio pasivo de
limar.
BnuoLOofA. Latín timatus, partici-
dÍo pasivo de limare, limar: italiano,
Umato; francés, limé; catalán, Ui~
matt da,
limador, ra. Sustantivo y adjeti-
vo. Que lima.
EruiOLoaÍA. Limar: latín, timator,
forma activa de ^maííot limación.
limadura. Femenino. La acción y
efecto de limar. | Plural. Las parteci-
llas muy menudas que salen limando
alguna cosa.
Etiuolooía. Limar: latín de las
glosas, limátSra, limaduras; catalán
antiguo, llimament; moderno, llimadu-
ra; nances, Umnre; italiano, limaíura.
Limalla. Femenino. Conjunto de
las limaduras.
ETiMOLOofA. Lima 2: francés, li-
maiile.
Limán. Hasculíno. Erudición.
Nombre derivado del griego, que se
jauta á muchos nombres turcos ó ru-
y significa el puerto que forma la
embocadura de un río. De este origen
viene sin dada el nombre del lago
Ltmán.
EnuOLOoÍA. Griego Xet|u(iv, XEifiüvo^
íleimdn, leimdnos), lugar regado, locus
Limandela. Femenino. Ictiología.
Especie de pescados pleuronectos del
Océano Atlántico,
Etiuolooía. Lima, aludiendo á ta
piel áspera y rugosa del pescado: fran-
cés, limande, limandelle. (Littré.)
Limanqnia. Femenino. Medicina.
Hambre excesiva.
BrmoLooÍA. Griego Xijió(; (limés),
3 ircko, imperar: ffancé8> limanche.
Xtimar; Activo. Cortar ó alisar los
metales coa la lima. | Metáfora* Pulir
alguna obrat
Etimología. Lima: latín, tiMdre;
italiano, limare; francés, limer; pro-
veuzal, limar; catalán, llimar.
SíNONiuiA. Limar, pulir. Limar es
quitar con la lima las partes super-
ficiales de un cuerpo duro. Pulir es
poner por la frotación liso un cuerpo,
hacerle lustroso y agradable á la vis-
ta. Zmar es quitarlas asperezas, las
escabrosidades. Pulir añade á este
efecto el de dar finara, lustre, el pri-
mor que exígela perfección. Sin el
pulido se ven en la obra las golpes de
ta lima, pero con él desaparece el trá-
balo de limar. (Cisnfuegos.)
Limatón. Masculino. Lima de figu-
ra redonda, gruesa y áspera, de que
se sirven los cerrajeros y otros artí-
fices en sus oficios; los herreros lo lla-
man cantón redondo.
Limaza. Femenino anticuado. Ani-
mal. Uaboía.
Etimología. 1. Griego Xeí[ia5 (leí-
max);de Xetjuüv ( leimon), puraje húme-
do: latín, Pimax, aeis; caulán, llimach;
provenzal, Ikimatz, Hnai, masculino;
limassa, femenino; francés, limas, li-
mace; Berrjr, limas, lumas; polonés,
elimai; italiano, lumacat lumaccta.
2. El francés tiene también lima-
con: 'walón, Umeson, lumeson; Hainaut,
le'mechon, lumiron, hchemon; picardo,
limechon, émichon, émuchon, limichon;
burguiñóo, lemaisson, limai-^on.
Limazo. Masculino. Viscosidad ó
babaza.
Etimología. Limaza.
Limbar. Adjetivo. Botánica. Con-
cerniente al limbo de una corola, en
CUTO sentido se dice: esspaHsiónuwQKB..
EriuoLoaÍA. Limbo: francis, lim~
baire,
Limbifero, ra. Adjetivo. Botánica,
Que tiene un limbo, ó un borde colo-
rado.
ETiuoLoaÍA. Latín Hmbus y /erre,
llevar.
1 . Limbo. Masculino. Llámase co-
munmente así el lugar ó seno donde
estaban detenidas lasalmasde los san-
tos y patriarcas antiguos esperando
la redención del géneru humano. [| El
lugar adonde van las almas de los ni-
ños que mueren antes de haber reci-
bido el bautismo. || Estab el lim-
BQ. Frase metafórica. Estar distraído
y como alelado, ó pendieate de algún
suceso sin poder resolver.
ETiMOLoaÍA. Latín limhus, límite:
italiano, limbo; francés, limbes,
Reseña. — Llamóse liubo, porque
está en el límite ó borde del infierno,
según los teólogos.
2. Limbo. Masculino. J.j/rtmo'niti.
La extremidad del globo del sol ó de
la luna, que aparece cuando el medio
ó disco queda escondido por algún
eclipse central: llámase también así
la extremidad del astrolabio ú otro
instrumento con que se observan los
astros. Q Anticuado. El fin ó extremo
de alguna cosa, y con especialidad se
tomatia por la orla ó extremidad de la
vestidura.
Etimología. Limbo 1: francés, í¿m}«.
1. Matemáticas y astronomía. Bor-
de de un instrumento.
2. Limbo superior, limbo inferior del
sol. Expresiones equivalentes á borde
superior, borda inferior del sol.
3. Limbo. Masculina. Círculo
puesto al rededor de la cabeza de una
divinidad ó de un santo.
4. Limbo. Masculino. Botánica.
Parte de una hoja ó folíeula, formada
por la expansión de las fibras del pe-
ciolo. Q Parte superior de las corolas
monopétalas. |¡ Parte superior de los
cálicesmonófílos. p Conquiliología. Cir-
cunferencia de las valvas de una
concha bivalva, desde el disco hasta
el borde.
Etimología. Zímio /: francés, Íí»n5«*.
Limea. Femenino. Botánica. Espe-
cie de renúuculo veneuoso.
Etimología. Latín limeum, voz dr
los galos, que significa planta vene-
nosa. (Punió.)
Limen. Masculino. Poética. Uit-
bral.
ETniOLOOÍA. Limite: latín, Umen,
límínis, el umbral de la puerta.
Limenarca, Masculino. Capitán 6
intendente de un puerto, & cujo car-
go estaba el registro de los que en-
traban y salían.
Etimología. Lmenarqula: griego,
XtjiEvipj^ijí (limenirches); latín, Itme-
ndrcha y límínarchus; francés, limé-
narcke.
Reseña. — ^«íi^fiírfaííw.Nombrequo
los griegos daban á un inspector de
puerto, encargado de que no se abrie-
se á los piratas y de que no saliesen
provisiones para los enemigos. Bajo
el imperio romano, se llamó así á los
soldados encargados de la seguridad
en las grandes vías.
Limenarqnía Femenino. jÍN¿»^fi«-
dades griegas. Capitanía 6 intendencia
de puerto.
Etiholoqía. Griego Xijxevipj^íit (U-^
menarchía); de tijíiÍv (limen), puerto,
y arcke, mando: francés, limarckie.
Limenofilax. Masculino. Ant^üe"
dades. Limbnakca.
Limeño, ña. Adjetivo. El natural
de Lima ó lo perteneciente á esta
ciudad.
Limera. Femenino. Marina. La
abertura para el paso de la cabeza del
timón y juego de la caña.
Etimología. Lim^.ro, — «La mujer
que vende limas.» (Acadbhia, DicciO'
nariodeim.)
1. Limero. Mascalino. El árbol
que produce limas.
Etimología. Lima 1.
2. Limero, ra. Masculino y feme-
nino. El que vende limas.
Etimología. Lima
Limeta. Femenino. Botella.
Etimología. Latín Cimis y ¿imus,
torcido.
Líméxilon. Masculino, Entomolo-
gía. Género de insectos coleópteros
serri córneos.
Etimología. Latín limus, torcido,
y el griego xglon, madera; vocablo
híbrido.
Limícolo, la. Adjetivo. Sisíorus
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416 LIMI
LIMN
LIMO
natural. Que vive en ñtng^ales 6 lagu-
nas.
Etiuología. Latía Umnt, limo, y
eolrre, habitar.
Limigena. Sustantivo y adjetivo.
Zoologia. Que se engendra en el cieno.
ETiuoLoaÍA. Latín timns, limo, y
genere, engendrar,
Liminar. Adjetivo. Concerniente
al limen ó umbral.
Etiholooía. Limen: latín, llmínü-
ris. (VlTRÜBIO.)
. Limiste. Masculino. Pa&o que se
fabrica en Segovia.
BTiMOLoaÍA.. Francés limittre, es-
pecie de jerga fabricada en Rúan.
Limilla, ita. Sustantivos diminu-
tivos de lima.
BmiOLOoU. Zima 2: catalán, Ui-
meta.
Limitación. Femenino. La acción
y efecto de limitar. J Término ó dis-
trito. Q Anticuado. Límite 6 término
de algún territorio.
Etiholooía. Limitar: latía, timild-
¿ío, forma sustantiva abstracta de li-
mitaÍM, limitado; proveazal, limUa-
do; catalán, limitacié; francés, limita'
íion; italiano, limitazione.
Limitadamente. Adverbio de mo-
do. Con limitación.
EriuoLoaÍA. Limitada y el suñjo
adverbial ment.: catalán, limtiada-
mení; francés, limitaUeemení; italiano,
limitammíe.
Limitadísimo, ma. Adjetivo su-
perlativo de limitado.
Limitado, da. Adjetivo que se
aplica á quien tiene corto talento.
Etimología. Limitar: latín, Imíía-
tus; participio pasivo de limiíare, li-
mitar; catalán, limiíal, da; francés,
limité; italiano, limitato.
Limitador, ra. Sustantivo y adje-
tivo. Que limita.
Etiuolgoía. Limitar: latín, Ani^o-
íor.
Limitáneo, nea. Adjetivo tjue se
aplica á lo que pertenece ó está inme-
diato á los límites ó fronteras de al-
gún reino ó provincia.
EriuoLoaíJL. Límite; latín, íimiti-
Limitar. Activo. Poner límites á
algún terreno. || Metáfora. Acortar,
ceñir. Se usa también como recíproco.
ETiuoLoaÍA. Limite: latín. Imitare;
catalán, limitar; francés, limiter; ita-
liano, limitare.
Sinonimia. Limitar, acortar, restrin-
gir, coartar, cercenar. En el sentido
recto, limitar es fijar términos, trazar
líneas, alzar barreras; acortar ea dis-
minuir la e^Ltensión; restringir es mo-
dificar la acción ó el movimiento;
coartar y cercenar es aminorar la can-
tidad. La sierra limita la llanura; la
trocha acorta la distancia; el ímpetu
del torrente se restribe en el valle;
se matUM y se cercenan los gastos, las
raciones y los suministros. En el
sentido figurado, la sinonimia de
estas voces, excepto acortar, es más
completa: y así decimos que la Cons-
titución limita, restringe, coarta ó cer-
cena el poder de la autoridad. Acortar
se refiere al tiempo y al trabajo, como:
acortar una conversación 6 una tarea.
(MOBA.)
Limitarse. Recíproco, Concretar-
se, atenerse á.
limitativo, va. Adjetivo. Que li-
mita, g Que no deja entera libertad.
Etimología. Limitar: provenzal, ¿í-
miiatiu; francés, Umiíaiif; italiano, li-
mitativo.
Limite. Masculino. Término, con-
fín ó lindero de reinos, provincias,
posesiones, etc. ]i Línea que circuns-
cribe una cosa, marcando su circun-
ferencia. Se emplea en sentido moral,
como cuando se dice: «cada uno debe
contenerse dentro del límites de sus
atribuciones;» ccada autoridad debe
obrar dentro de sus líuites.» Lími-
tes. Astronomía, Los puntos de la ór-
bita de un planeta más lejanos de la
eclíptica. I Matemáticas. Magnitud á
que otra magnitud puede acercarse ia-
definidaraente, pero sin traspasarla
nunca. | Límites db una ecuación.
Las dos cantidades entre las que se
hallan comprendidas las raíces rea-
les. II MáTODO DE LOS LÍMITES.
Etimología. Latín ttmus, oblicuo;
limen, umbral; times, i^is, sendero que
atraviesa, frontera, término: catalán,
límit: provenzal, Umit; francés, limite;
italiano, limite.
Limítrofe. Adjetivo que se aplica
á las provincias ó naciones, etc., que
confinan con otras.
ETuiOLOofa.. Latín timttrjphus, vo -
cabio híbrido; del latín timen, fronte-
ra, jr del griego -zpofitú (ír(mh¿Ó), yo
alimento: francés, limitropne; italia-
no, limitrofe; catalán, limítrofe.
Reseña histórica. — Llamóse limitro-
phus, porque el producto de las tie-
rras comarcanas ó limítkofbs servía
para alimentar á las tropas que cus-
todiaban las fronteras del imperio la-
tino: LiMiTROPHi fundi; «tierras que
se asignaban á los soldados que guar-
daban las fronteras.» (Código teodo-
siano.) \
Limnáceo, cea. Adjetivo, Botár-
mca. Parecido á una limnea.
Etiuología. Griego Xíjtvi] (límnej,
estanque,
Limniüéctoro, ra. Adjetivo. Or-
nitología. Calificación de las galliná-
ceas que viven en los pantanos.
Etimología. Griego Xíjiv») (UmneJ,
estanque, y iXixTwp (ale'Atdr), gallo.
Limnantáceas. Femenino plural.
Botánica. Familia de plantas de hojas
acídulas, análogas á las tropeoleas.
ExuiOLOafA. Griego limne, estan-
que, y ánthoSf flor: francés, limnan~
thacéet,
Limnar. Masculino anticuado. Um-
BBAL.
Limnarpáceo, cea. Adjetivo. Or-
niU>logla, Calificación de las aves zan-
cudas que viven en los pantanos y se
alimentan de la caza.
Etimolooía. Griego limiié, estan-
que, y hárpax, hárpagoit raptor: Xí|jlvi)
Limnemicolimbo. Masculino. Or-
nitología. Ave de lagaña que tiene la
costumbre de zambullirse la mitad
del cuerpo en el agua.
Etiuolgoía. Gríevo Uima, esfaa-
ue, y k'Jlymbos, nadador: Xtjivii x¿Xu|ji-
0?.
Limnea. Femenino. Zoología. Gé-
nero de moluscos gasterópodos de
agua dulce. ■
Etimología. Griego W^v^ (UmniJ,
estanque, Xt{ivato; (limnaiot)^ de agua
dulce: francés, limnée.
Limneófilo. Masculino. Ornitolo-
gía. Ave de lagunaque vive. casi siem-
pre en el agua.
Etimología. Griego Xl^vn (limne
estanque, y tpíX»; (pkílos), amante:
francss, limnophile,
Limnesio. Masculino. Botánica,
Uno de los nombres de la centáurea
menor.
Etimología. Griego Xtiiv^orií ^¿tn-
nisíis), de Umne, estanque: latín, liwi-
n9stis y limnitis^ la centáurea major.
(Apulbyo.)
Limnicitero, ra. Adjetivo. Orni-
tología. Epíteto de las aves que bus-
can su alimento en las lagunas.
Limnita. Femenino. Variedad de
mineral con vetas parecidas á las si-
nuosidades de un mapa.
Limnobátero, ra. Adjetivo. Orni-
tología. Epíteto de las aves que andan
por la superficie de las aguas mansas.
Etimología. Griego Xi[jlví] ( limne J,
estanque, y ^aieív (batein), marchar.
Limnoma. Femvmno, Éntomología,
Género de insectos dípteros.
Etimología. Griego ¿i»», estan-
que, 7 Hos, vida.
Limnocódidos. Masculino plural.
Zoologia, Familia de crustáceos gaste-
rópodos que viven en aguas estan-
cadas.
Limnófilo, la. Adjetivo. Zoología.
Que se cuiiiplace en el lodo.
Etimología. Limneófilo.
Limnópteno, na. Adjetivo. OnU-
íología. Epíteto de un ave que vive
casi siempre en los pantanos.
Limo. Masculino. La veta ó costra,
entre verdosa y amarillenta, que la
humedad produce en las piedras y en
la corteza de los árboles, eu cujro sen-
tido se dice: <el limo de las rocas; el
limo de la humedad.» || Geología, Una
de las capas del globo terrestre. B Me-
táfora. Impureza, como cuando deci-
mos: «la perversión deja sus limos en
la cunciencia y en las costumbres.» |
Barro 6 lodo.
Etimología. Griego XEt^uiv (tetmón ),
búmedu: antiguo escandinavo, liw;
antiguo alto alemán, slim; alemán,
Sckleim; latín, ¿imtu; italiano, limo;
francés, ¿inum; provenzal, Uvm, limón;
catalán, lim.
Limoctonía. Femenino. Medicina.
E^Lcesiva privación de alimentos, que
causa la muerte.
Etimología. Griego XtjAoxtovía (li-
mokíoníaj, de (limótj, hambre^ y
Któvoc (ktdnos)t muerte: francés, iimoC'
íonie.
Limodoro. Masculino. Botánica,
Planta aperitiva que crece en parajes
húmedos.
Etimología. Griego XeijioSupov (lei-
módóronj, de leimdn, paraje húmedo,
y doron, presente, regalo: latín, ¿{std-
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LIMO
LIMO
LIMP 4Í7
í^^tm; francés, Imodore, — Log erudi-
tos Dc Mig:ael t Morante traen la for-
ma griega Xi(Mouc>ov (limdddron), que
debe ser errata de imprenta, puesto
que el griego no conoce semejante
forma.
limÓfilo. LlHNÓPILO.
BnuOLoaÍA. La forma limé^h, que
aparece en algunos Dieeionarios, et
barbara.
Limoges. Femenino. Geoarafia.
Capital del departamento del Alto
Vienne, antiguo Lemosfn (Francia);
69,000 habitantes.
BnuoLOGÍA. Latín LémSvícum; si-
métrico de Lemovícm j Lembvices, el
Lamosín.
Limón. Masculino. Fruta de forma
oval, de color amarillo bajo cuando
está madura, llena de un zumo conte-
nido en diversos cachos. \ Arbol que
produce la fruta de este nombre. Q
LlHOKBSA.
BTiuoLoofA. Sánscrito nimbúka;
dialecto de Bengala, %ibu; del indos-
tán, limn; persa, lemUn, latmün; árabe,
{ o^H/); catalán, llmona, Ui-
wiá; provenzal, limo; francés, limón;
portugués, limao; italiano, Umone. —
«Fruta grande, más prolongada que
redonda, que en el un extremo hace
ao pezoncillo; el color es amarillo j
la corteza lisa, debajo d« la cual tiene
una carne blanca, / el licor ó zumo
contenido en diversos cascos, guar-
dados de una telilla blanca mnj sutil ,
Hailos dulces v agrios, j mezclados
d« agrio jr dafee.> (Academia, Die-
etoMkrto de 1796.)
Limonada. Femenino. Bebida eom-
paesta de agua, azúcar y zumo de U-
mÓ9. I DE VINO. La limonada común
mezclada con vino.
EniáOLOOÍA. Limón: catalán, llimo-
Mda; francés, limonade; italiano, limo-
»ea, limonata.
Limonado, da. Adjetivo. Lo que
es de color de limón.
Limonar. Masculino. BI sitio plan-
tado de limones. S Anticuado. Limón,
árbol.
BnuQi.oafiU Limd»: catalán, Itímo-
nerar.
Limoncillo, ito, nelo. Masculino
diminutivo de limón.
EriMOLOofA. Jamón: catalán, Umú~
neta.
limonelaro. Masculino. Boidniea.
Arbusto de las Indias orientales, que
produce una fruta semejanteálacereza.
EnMOLoaÍA. Limón.
Limonera. Femenino. En los ca-
rruajes conducidos por una sola caba-
llería, cada una de las dos varas en
CDvo cen^eo se engancha el animal.
Limonero. Masculino. Liuón, ár-
bol, g Masculino y femenino. Bl que
vende limones. J Adjetivo que seapli*
ca á la caballería que va á varas en el
arro, calesa, etc.
ETiMOLoaÍA. Zimiht: catalán, llimo-
ner, llimoiura.
limones. Masculino plural. «Se
llaman loi dos maderos largos que se
ponen á uno v otro lado, para formar
el asiento déla eureta, qoe tirada de
bueyes sirva para conducir carbón,
trigo, sal ú otras cosas.» (Academia,
Diccionario de i 736.)
Limonio. Masculino. SoUniea.
Planta medicinal empleada contra las
disenterías v otras enfermedades. Es
del género de las aurantiáceas, com-
prensivo de la uuoNiA de Madagas-
car. n Bníomolo^ia. Genero de insec-
tos dípteros.
Btimología. Griego XeqjKÍipiov (lei~
morionj; de leimdn, paraje húmedo: la-
tín, limÜnta; francés. Imonie.
Limonita. Femenino. Mineralogía.
Especie de mineral de hierro, que
Haüjr denominó óxido geódico. \ Geo-
logía, Capa de limo.
EtimolooU. Francés limoniU; de
limón, limo.
Limonza. Femenino. Cidea ó pon-
CIL.
Etiuolooía. Limón.
Limoscapo. Masculino. Arquitec-
tura. Parte del fuste de una columna,
que está más próxima i la base.
ETiuoLoaÍA. Latín timut, oblicuo,
7 c&put, cabeza; «lo que está atrave-
sado cerca de la cabeza 6 base de la
columna.»
Limosidad. Femenino. La calidad
de lo limoso. ] El sarro que se cría en
la dentadura.
Etimología. Limoso: latín, limosítas.
Limosina. Femenino. Nombre
vulgar de la anémona encarnada y
blanca.
\ Limosíno. LbhosÍn.
Etimolooía. La forma Umosino, que
aparece en algunos Diecionarioi, es
barbara.
Limosna. Femenino. Lo que se da
por amor de Dios para socorrer algu-
na necesidad.
Etimología. Griego ÍXeíw (eleéd),
tener piedad: eXeíJiJiwv ( elehnon), mise-
ricordioso; ¿XeTjiioaúvT] ( eleemosyne ),
buena obra; latín, ríímo^^na; italia-
no, limosina; francés del siglo xii, au-
mosne; moderno, aumiíne; provenzal,
elemotina, elimotina, almosna, almorna;
catalán, »noAt; moderno, limosna; por-
tugués, emola; picardo, amone; bur-
guiñón, armóne.
Limosnadero, ra. Adjetivo anti-
cuado. Limosnero.
Límosnador, ra. Masculino j fe-
menino anticuado. El que da limosna.
Limosneria. Femenino. El oficio
de limosnero.
ETiMOT.OQfA. Limosnero: provenzal,
almonaria; francés del siglo xii, au-
mosnerie; moderno, aumOnerie*
Limosnero, ra. Adjetivo. El que
da limosna j el que la recoge para
socorro de los pobres ú otro objeto
piadoso, y Masculino. El que está des-
tinado en los palacios de los rejes,
prelados ú otras personas para distri-
buir limosnas.
Etiuoloo(a. Limosna: catalán, li~
mosner; provenzal, almomier, almoy-
nier, almonier; francés, aum&nier; por-
tugués, etmolero; italiano, limosiniere.
Reseña, — ^Las formas provenzales,
así como el catalán almoyner, se deri-
van de almorna, almoiua, vocablo dis-
tinto.
Limoso, sa. Adjetivo. Lo que esti
lleno de limo ó lodo.
EtuiolooU. Latín ¿{mor».
Ifimpia. Femenino. La acción ó
efecto de limpiar; jr asi se dice: la
limpia de los pozos.
Limpiabotas. Masculino. Bl que
tiene por oficio limpiar j lustrar xa-
patos j botas.
Limpiachimeneas. Masculino. El
que tiene por oficio deshollinarlas.
Limpiadera. Femenino. Cepillo,
primera acepción. \ El palo armado
de hierro en la punta con que los la-
bradores limpian el arado cuando es-
tán trabajando la tierra.
Limpiadientes. Masculino. Mon-
dadientes.
Limpiado, da. Participio pasivo
de limpiar.
ETiMOLoaía. lAmpUr: eatalán, Um-
piaí, aa.
Limpiador, ra. Mascnlino j fe-
menino. El que limpia.
Limpiadura. Femenino. La acción
7 efecto de limpiar. | Plural, Los des-
perdicios 7 porquería que ae sacan de
alguna cosa que se limpia.
Limpiamente. Adverbio de modo.
Con limpieza. Q Hablando de alguooi
juegos ó habilidades equivale á decir:
con suma agilidad, desembarazo j
destreza, J Metáfora. Sinceramente,
con candor. Q Metáfora. Con integri-
dad, sin interés.
Etimolooía. Zmjnsj el sufijo ad-
verbial meníe.
Limpiamiento. Masculino. Lim-
piadura.
Limpiante. Participio activo anti-
cuado de limpiar. El que limpia.
Limpiaoiaos. Masculino. Escar-
baorejas.
Limpiaojos, Femenino. Piedrecita
de figura de una lenteja que se halla
en las pla7as de la isla Dominica, la
cual se introduce en el ojo para lim-
piarlo de cualquier cuerpo extraño.
Limpiar. Activo. Quitar la sucie-
dad ó inmundicia de alguna cosa. Se
usa también como recíproco. \ Metá-
fora. Purificar. | Echar, ahu7entar
de alguna parte á los que son peiju-
diciales eu ella. Q Familiar. Hurtar;
Ír así se dice: me limpiaron el paflae-
0. 1 Familiar. En el juego, ganar; j
asi le dice: me limpiaron i la ma-
lilla doscientos reales. | Recíproco.
DE CALENTURA. Quedar libre de ella.
Stimolooía, Limpio: latín poste-
rior, limpídáre, en Vegecio; catalán,
limpiar.
Limpiarse. Recíproco familiar.
Escaparse ó desaparecer. || Quedar li-
bre ae alguna impureza, como lim-
piarse el pantalón. |] Metáfora. Lim-
piarse LA CONCIENCIA. Frasc familiar.
Purgarse de alguna <a cometi-
da.
Limpidez, Femenino. Diafanidad.
Etimología. Límpido: latín, limpia
íüdo, síncopa de Umpídílado, forma
etimológica; de limpídus, límpido:
italiano, limpidetta^ limpidiíá; francés.
lini¡)idilé.
Limpidipeno, na. Adjetivo. Orn
telogía. De alas límpidas.
«OHO III
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418 LIBÍP
- BmiOLOOÍA. £impid9 j d Utfa
penna, pluma, ala.
Limpido, da. Adjetivo, Claro, diá-
fano. I Poética. Resplandeciente, ter-
so, limpio, puro, sin mancha.
Etimología. Latín limpídm: ita-
liano. Impido; francés, Umpide.
Limpiedad. Femenino anticuado.
Limpieza,
Limpiedumbre. Femenino anti-
cuado. Limpieza.
Limpieza. Femenino. La cualidad
que constituye las cosas limpias. \
Metáfora, Hablando de la Santísima
Virgen, significa su inmaculada Con-
cepción. ¡¡Metáfora, Pureza, casti-
dad. I La integridad jr desinterés con
que se procede en los negocios. Dícese
temblón lihpibza db hanos. \, db bol-
sa. Metáfora familiar. Falta de dine-
ro. I DB CORAZÓN. Rectitud, sinceri-
dad. I DB SANQBB. La Calidad de no
tenev mezda ni raza de moros, jadioa,
herejes ni penitenciados,
BmEOLoaU. JAmpio: eatal&n, /t«*
piesAé
Limpio, pía. Adjetivo. Lo que no
tiene mancha ó suciedad, || Lo que no
tiene mezcla de otra cosa. Dícese co-
munmente de los granos. || Aplícase
á las personas 6 familias que no tie-
nen mezcla ni raza de moros, judíos,
herejes 6 penitenciadoa. | Libre, exen-
to de alguna cosa que le dañe ó infi-
cione. I £n limpio. Modo adverbial.
Eh substancia. U Modo adverbial de
qua se usa para expresar el valor fíjo
que queda de alguna cosa, dedaoidos
los gastos jr loa desperdicios. En cla-
ro, con extensión; por contraposición
á lo que está en borrador ó en apun-
tes solamente. H Jugar limpio. Frase
metafórica. Jugar sin trampas ni en-
fañoB, II Frase metafórica j familiar,
roceder en algún negocio con leal-
tad y buena fe.
Etimología. 1. Latín iimpídns, muy
poco usado, que unos derivan de lin-
fa, agna, jr otros, con menos acierto,
del verbo griego lampo, lucir. (MoN-
LAU.)
2. Tal es la opinión de los etimolo-
gistas latinos, la cual no se funda
en ningún ejemplo de la lengna. Si
limpídtu viniera del griego Itfmphe,
latín lifmpha, sería lymphídta; no
limpXdut.
. 3. Limpídns puede representar lam-
pídus, claro, puro, brillante; de lam~
ÍiáM, brillar, cuya interpretación nos
leva al griego Xá^í-Kia ( lampo ), resplan-
decer, que es la segunda etimología
que cita Moulau.
Sinonimia. Limpio, astado* Los dos
adjetivos se aplican á todo lo que está
exento de mancha y saciedad; pero lo
limpio puede ser natural y propio de
la cosa á que se refiere, j lo aseado es
siempre efecto del trabajo y del esme-
ro. Consérvase esta diferencia en el
sentido metafórico. Se dice que una
costa es limpia, cuando no tiene rocas
en au orilla; que la atmósfera está lim-
pia, cuando no está nublada. Llama-
mos limpia ála conciencia del inocente
j del honrado, v decimos limpieza de
sangre, con. alusión á las familias
LINA
que han conservado incontaminada sn
nebleza. En el sentido propio, el ad-
jetivo aseado euYVíélf 6 también la idea
del primor j del adorno. Una casa
aseada do es sólo la quo está limpia,
sino la que tiene aigdn adorno 6 ade-
rezo. (Mora.)
Limpión. Mascnlino. Limpiadura
ligera; j así se dice: dar un limpión
á los zapatos. I Familiar. El que tie-
ne á su cargo la limpieza de alguna
cosa.
Limpísimo, ma. Adjetivo super-
lativo de limpio.
Limuliano, na. Adjetivo. Zoolo-
gía. Parecido al límalo.
Limulideo, dea. Adjetivo. Limu-
liano.
Limulo. Masculino. Zoología, Gé-
nero de crustáceos braquiópodos,
EmiOLoaÍA. Latín Um&la, diminu-
tivo de lima, lima; UmiUu, atravesa-
do* oblicno.
Kiina. Femenino anticuado. Línea.
Lináceo, cea. Adjetivo. Botánica.
Parecido al lino.
ETiuoLOofA. ¿tao; francés, lina-
ceés.
Linache. Maseulino anticuado. Li-
naje.
Linaie. Masculino anticuado. Li-
na jb.
Linsge. Masculino. Lá descenden-
cia ó linea de cualquier familia. \ Me-
táfora. Clase ó condición de alguna
cosa. Plural. Provincial. Los vecinos
nobles reconocidos por tales é incor-
porados en el cuerpo de la nobleza, y
HUMANO. El conjunto de todos loa dea-
cendientes de Adán.
Etiuolooía. Provenzal, linhatge,
lignatge; catalán, llinaije; francés, li-
gnage; italiano, legnaggio, de un bajo
latín lineaticim, derivado del latín li-
nea, línea.
Sinonimia. Este vocablo significa na-
turalmente antigüedad, nobleza, por-
que no es posible que ha^a linaje sin
que los individuos de una descenden-
cia estén alineados; j no es posible
que formen línea sin que esta línea
constituja serie, sistema, raza, ge-
nealogía, antigüedad, blasón; el Ma-
són del tiempo, que es realmente nn
gran escudo. Esto marca distintamen-
te la diferancia que la critica halla
entre extirpe j la vos del artíciüo.
Podemos ser de buena ó mala extir-
pe, lo cual significa que podemos ser
de buena ó mala raíz; pero no pode-
mos ser de mal linaje, porque el lina-
je representa la sucesión, la serie, la
familia, la herencia de los antepasa-
dos; hecho que tiene dos virtudes: la
virtud secundaria del tiempo y la vir-
tud original del ser. El ser j el tiem-
po no pueden ser malos.
Todos tenemes una extirpe, como
todo sarmiento tiene su cepa, mejor ó
peor: no todos tienen su linaje, por-
que no todos han logrado fundar des-
cendencia, raza, genealogía.
Linijem. Masculino anticuado. Li-
naje.
Lín^jista. Masculino. El que sabe
ó escribe de linajes.
Linayjndo, da. Masculino y f«me-
LINA
niño. El qns ss precia de ser de ftti
linaje.
Lináloe. Masculino, Botánica, Ár-
bol de las Indias orientales, y parti-
cularmente de la Cochinchins, seme-
jante al olivo, aunque más corpulen-
to, con la corteza nudosa y de color
oscuro. Sa madera está llena de vetas
amarillas y negras; es muj pesada,^
tan amarga, que iguala ó excede al
acíbar, y quemada despide iin olor
mu^ fragante.
Linamen. Masculino anticuado.
Ramaje.
Linar. Masculino. La tierra sem-
brada de lino.
ETiuoLoofA. Lino: catalán, llinar.
Linares. Masculino. Geografk.
Ciudad con apuntamiento, partido
judicial en la provincia y diócesis de
Jaén, audiencia y capitanía general
de Granada. — Se encuentra situada
á 36 kilómetros de su capital, sobre
la vertiente Sudeste de Sierra More-
na, cerca de Guadalimar, completa-
mente combatida por los vientos de
Este y Oeste, que son los dominaii-
tes. — El clima es bastante benigao;Us
en^rmedades más comunes, la cloro*
sis, las fiebres v los cólicos llamados
de plomo, en los que se dedican al
penoso trabajo de las minas. — Las
casas que constituyen la poblaciiia
son, por lo general, de piedra, distri-
buidas en 84 calles, regulares, bien
empedradas y algunas de ellas bas-
tante anchas, rectas, con arbolado y
cómodas aceras. — Entre los edificios
más importantes, distínguense jmrsu
solidez ó elegante construcción: la
casa de la Cadena, en donde estuvo
instalada la fábrica de moneda, du-
rante el reinado de Felipe IV; la an-
tigua casa de la Munición, la de Zm-
brana, la del marqnés de Linares, la de
Villanova, la del 6^a//o, las de los cón-
sules de Bélgica, Alemania 7 Grao
Bretaña; la de Pajares, el Potito, el
exconvento de San Juan dt Dios, y,
descollando sobre todos, ú magnífico
palacio municipal, de nueva planta,
construido de piedra, con una bellí-
sima fuente de jaspe v una hermosa
escalera de mármol blanco. — Ksta
ciudad es residencia de un sub^bo'
nador, de una comandancia militar,
de un tribunal de priinera instancia,
administración de Hentas de primera
clase y de una inspección general de
Minas, Tiene además una Caja de
ahorros y Monte de piedad, una so-
ciedad constructora de edificios, hos-
pital, cuarteles de infantería y de ca-
ballería, teatros, un colegio de segun-
da enseñanza, una escuela soperif'»
tres elementales públicas de niños i
una, de párvulos; tres, privadas; cin-
co, de niñas, sostenidas con fondos
del municipio, j cuatro, particulares;
buenasfaeiites, espaciosas plazas, lin-
dos paseos, una glorieta de forma
circular que mide sobre 90 metros di
diámetro, y algunas antigüedades ro-
manas; entre ellas, los restos de un
acueducto que conducía el agn* •
Cásiulo, hoy CazloHa.—^\ término de
L1.VAIIBS Ueae sobre J5 kHóií«tre» «
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LINA
LINA
LTNC 419
largo, ¿9 Norte & Hediodfa, j 19 d«
anelio, de Oriente á Oeeidente: su
extensi(5ii superficial est& ctlealads
en unas 18.^)0 hectáreas, repartidas
de este modo:tierras labrantías, 8.000;
pastos, 5.000; oIítos, 4.000; huer-
tas j jardines, 170; caminos, 200;
vaciaderos de minas, 190; canteras j
arrojos, 230; población, 220; edificios
extramuros, fabricas y vía férrea, 210;
ejidos y abrevaderos, 280. — SI suelo
se baila surcado por infinitos cerros,
cuja elevación varía de 80 á 200 me-
tros sobre los parajes más bajor, bá-
tanle por el Nordeste j el Este el río
GoaidarricM, que procede de Aldea-
mamads, y engrosado con las aguas
del Almadiel, que pasa por Despeña-
perros, corre de Norte á tfediodfa,
dividiendo los términos de Linares j
Vilehea; júntase luego «1 Guadalén,
desaguando ambos en el Guadalimar,
el eual continúa su curso, de Oriente
á Oeeidente* hasta confundirse con el
Guadalquivir; hacia el Norte y en la
misma direeeión se desliza el peque-
ño Guadiel, atravesando llanuras y
deslindando el término de Bailen j
Guarromán, hasta perder su nombre
cerca de Menjtvar, donde se une tam-
bién al Ouadalquivir.— El terreno,
casi todo de secano, á excepción de
algunas huertas, es de mediana cali-
dad T está poblado de multitud de
árlxMs frutales de varias especies;
mientras que loa montes aparecen cu-
biertos de encinas, lentiscos, jaras,
eoseojaleB j mata baja, entre algunos
trozos de dehesa. — Las principales
producciones cousisten en trigo, ce-
bada, riquísimos aceites 7 toda clase
de semillas, que no necesitan riego;
cría de gmnauo lanar, jegnar, vacu-
no, eabno j de cerda; caza de cone-
jos, liebres, perdices, zorzales y otros
volátiles, j pesca de peces y anguilas
en los nos.— L» industria se encuen-
tra representada por muy buenas fá-
bfieas de municiones de todas clases,
da tejidos bastos, de sombreros, de
gas, de jabón blando, de fundición de
nierro j de plomo, de albayalde, de
pólvora, de sebos y grasas, de fideos,
de dinamita, de tejas 7 ladrillos; mo-
linos harineros j de aceite; alfarerías,
imprentas, herrerías, hojalaterías y
demás artes j oficios indispensables á
hu necesidades de la vida, y dos publi-
caciones periódicas, Si Eco Minero y
Si Linares. BI comercio de esta pobla-
ción, aparte de los géneros plomizos,
qae constituyen su principal riqueza,
7 de cuyas minas nos ocuparemos lue-
ffó, cuenta: 24 abacerías, un almacén
de madera, 6 de minerales, 4 de hie-
no,ll tiendas de quincalla, 4 de ropas
hedías, 4 de je^as 7 otras muchas
de menor importancia. Lav exporta-
ciones se reducen á géneros plomizos,
aceites j algunos cereales, productos
del país; 7 las importaciones, ¿ los
artículos necesarios, procedentes de
distintos pantos de la Península. Se-
gán los datos que nos suministran
pua la confección de este artículo, la
lodostria T el cnnereio de Limares
han eo1»aao no poca importancia eon
A estahleéímiento de* 28 casas, así
extranjeras como nacionales, para el
laboreo y fundición de la riqueza mi*
ñera.— En los días 28. 29 7 30 de
Agosto se celebra una feria mu7 con-
currida, en la que se presenta toda
clase de efectos, manufacturas 7 ga-
nados del país. — La población de
Linares ha aumentado considerable-
mente en el transcurso de muy pocos '
años; en IS-'VO, contenía esta ciudad
6.567 habitantes; en 1860, se elevó
esta cifra á 10.567, y el censo lleva-
do á cabo en 1887, la hace ascender
á 40,000, — La celebridad de que goza
esta población por las ricas 7 abun-
dantes minas de antimonio, de co-
bre, de alcohol 7, particularmente,
de plomo, que se encuentran en sus
alrededores, es Terdaderamente nota-
ble, y su explotación data desda la
más remota antigüedad. Bn 1.' de
Agosto de 1748 se hizo cargo la Ha-
cienda nacional de las minas de Li-
nares; y si bien es cierto que los mi-
nerales plomizos eran los que consti-
tuían la principal riqueza del país,
no por eso dejaron de explotarse las
de cobre, y de extraerse la plata que,
en cantidad no despreciable, contie-
nen casi todos los plomos. Y que esto
es positivo, lo demuestran, además de
ios antecedentes y noticias transmi-
tidas de padres á hijos entre aquellos
naturales, respecto del beneficio de
la plata, la fabrica de desplate que
existió en las inmediaciones de esta
ciudad, las noticias que se conservan
de la antigua mina denominada de
los Palazuelos, y la cantidad de litar-
girio encontrada en varios escoriales
igualmente antiguos; y en cuanto al
cobre, la Casa de Moneda establecida
en esta población, cuyo edificio, como
hemos hecho notar, aun existe, 7 las
minas del Maríineíe, por debajo de
las lagunas en el río Guadalimar, si-
tuadas á corta distancia de las minas.
Aparte de esto, en 1650, se^ún vemos
en un autor, se concedió privilegio de
invención por cuarenta años á un tal
don Diego Felipe de Cuadros para
que construyese fábricas en Linabbs,
Vilches y BaAos, y beneficiara el co-
bre y la plata; con la condición de
que, terminado aquel plazo, queda-
ran las fábricas á beneficio del Esta-
do. En 4 de Julio de 1825 se publicó
para la minería el memorable decreto
eu el que se declaraba libre la explo-
tación de las minas. De las muchas
que cuenta el término de Linares,
cuya enumeración se haría molesta,
la más antigua es la de Arrayanes,
perteneciente al Estado, situada á
unos tres kilómetros ' de la ciudad:
sus trabajos dieron principio en I de
Agosto de 1749, y en la actualidad,
según datos que tenemos por fidedig^
nos, ocupa una zona de 6.687 metros
de largo por 836 de ancho. La canti-
dad de plomo que anualmente produ-
cen las minas de este metal, está cal-
culada en más de 700.000 kilogra-
mos.—Linares fué en sus pasados
tiempos una pequeña aldea, depen-
(üente de la ant^^ Cásfuk, Como á
unos seis kilómetros de aquella po-
blación se encuentran las ruinas ds
Gatlona, solar de la célebre ciudad
mencionada, de la eual sólo se conser-
van un torreón de fábrica, posterior
á la época de los romanos, y un co-
rral que servía para encerrar ganados;
antiguamente, ermita dedicada á san-
ta Eufemia, en cuyos muros, tanto
interiores como exteriores, así como
en los cortijos inmediatos, se ven to-
davía varias Inscripciones romanas.
Linaria. Femenino. Botánica. Hier-
ba medicinal de muchos vástagos, 'de
más de un pie de alto, rollizos, lisos,
de color de verdemar, con muchas
hojas estrechas parecidas á las del
lino, y flores amarillas én espiga, con
un espolón por la parte posterior como
el de la espuela de caballero.
EriuOLOaÍA. Lino: latín, ^ftíhrtimp
el campo sembrado de lino; tSnSría,
e\ taller en que sé trabaja; francés»
Unaire; catalán, lUnaria*
Linario, ría. Adjetivo. Goneer^
niente al lino.
Etimología. Latín tfnaríms, el que
se emplea en el arte de trabajar el
lino. íPlauto.)
Linaza. Femenino, La simiente
del lino.
Lince. Masculino. Cuadrúpedo que
en algunas partes de España llega á
crecer hasta nna vara de altura; es
de un color bermejo oscuro, con man-
chas negras mal terminadas; tiene la
cola corta, y las orejas, que son lar-
fas y erguidas, acaban en un pincel
a pelos nebros; trepa con facilidad
sobre los áriioles. Lo que de su vista
y de sus orines dicen los antiguos,
no merece el menor crédito. — Adjeti-
vo que se aplica á la vista perspicaz;
7 así se dice: vista unce, ojos lin-
ces, y Adjetivo metafórico. Agudo,
sagaz. Se usa también como sustanti'
vo, como cuando decimos: «ea un.
LINCE.»
Etimología. 1. Latín l¡fna, Ijfneii;
de lux, lücis, luz. (MONLAV.)
2. Imposible parece que un litera-
to de la sólida erudieimi de Monlau
haya cometido tamaño error. El latín
lynx viene del griego Xiíyí ( lygs), vo-
cablo que no tiene relación alguna
con Xtím] flúie), luz.
Derivación. — Grie^ lygx: latín,
lynx; alemán, Luhs; italiano y cata-
lán, lince; francés del aiglo xili, lint;
moderno, Ufnx.
Reseña, — 1. «La fábula refiere que
Baco, al volver victorioso de la India,
iba en un carro tirado por linces. El
UNCE, de cuyo animal han dicho los
antiguos que estaba dotado de una
vista tan aguda que penetraba loa
cuerpos opacos, y cuyo orin tenía la
maravillosa propiedad de eonrertine.
en piedra preciosa, llamada lápit lth-
0URIU9, piedra de umcb, es un animal
fiibuIoSO.» (BUPFÓN.)
2. Para los latinos, el lince en: .
«el lobo cerval, animal cuadrúpedo,
de vista sutilísima, cuya jiiel está
salpicada de manchas de Tarios eplo-
res.» (VisaiLio.)
3. Plinio afirma que los imoka fon '
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420 LINO
LIND
LINE
lo> que diitioguen mil claramente
los objatos eatre todos loi animales:
LTNCES... flur claristime omnium cer-
nkni. (ffittoría natural, XXVJ21, 8,
SS.J
Linceo, cea. Adjetivo. Parecido 6
ebncerniente al lince,
ErmoLoafA. Linee: latíoi fyucAu;
italiano, linceo,
Unceo. Masculino. Mitología. Hé-
roe fabuloso, piloto de los argonau-
tas, célebre por la perspicacia de su
vista. (Plinio.) II Otro» hijo de Egip-
to. (Ovidio.) Q Otros, del mismo
nombre. (Vieoilio.)
BTiHOLoaÍA.. Latín /jmicím: tnxk.-
Beleño* — 1. Bl personaje mitológi-
co LiNCBO pasó á ser proverbio entre
los latinos, como el Unce^ en nuestro
Tonunee: nonpottis oeuUt guaníum con-
tendere Ltnckus. (HoBACio, Spieíoia
primera, I, 28.) .
2. El latín lyncxm, adjetivo, signi-
fica sagaz en Cicerón, como lo signi-
fica lince entre nosotros.
Lineo. Masculino. Mitologia. Rey
de Escitia, convertido por Oeres en
lince. (Ovidio.)
Etiuolgoía. Latín Lyncut.
Lincoln (Abrahau). Hombre de
Estado americano V decimosexto pre-
sidente de la república de los Estados
Unidos, que nació en el Estado de
Kentukj el 12 de Febrero de 1809, y
murió en 14 de Abril de 1865. Fué
en sus primeros años carpintero; des-
pués, comerciante al por menor, en
Salem, V luego, abogado. Después de
haber formado parte de la magistra-
tura del Illinois, tomó asiento en los
escaños del Congreso de la Unión
en 1847 á 1849. Fué candidato de los
abolicionistas para la presidencia, j
elegido en 1861, en el momento en
que los Estados esclavistas tomaban
las armas. La e^uerra que sostuvo con
energía é inteligencia, le conquistó
un nombre imperecedero en la histo-
ria de su patria; pero también le atra-
jo la muerte. Terminada la lucha ci-
vil j cuando el país entraba en un
período da reconstitución j de pros-
perídad, recibió por segunda vez la
investidura de los poderes anejos á la
Í «residencia; pero un actor, Booth,
anático esclavista, le asesinó en ple-
no teatro j cuando ocupaba el palco
presidencial. Este horrible atentado
causó una emoción profunda, así en
América como en Europa j en todo
el mundo. Si la humanidad tiene
apóstoles, Lincoln es un apóstol de
la humanidad. Washington, redi-
miendo á su pueblo de la esclavitud
política; Lincoln, arrancándolo á la
extrema barbarie de la esclavitud ci-
vil, son las dos figuras más grandes
Í' venerables de su patria. Nuestros
ectorea no deben extrañar que hable-
mos de Lincoln con tal entusiasmo,
puesto que hablamos de un eomps -
triota. El hombre que da libertad á
los desgoiciados que la perdieron por
un pacto inicuo,es ciudadano de todos
los pueblos de la tierra; también del
pueblo, coa cajo hermoso nombre
nos honramos. Desde qne el Banto
Nazareno trajo un Dios al mundo, los
esclavos no tienen Dios. Sobre la
tumba da nuestro personaje deben
escribirse las siguientes palabras:
«Adoremos al Dios de los nombres,
no al Dios de los esclavos.»
Lincono. Masculino. Botánica, ki-
busto rosáceo del Cabo de Buena Es-
peranza.
Lincurio. Masculino. Piedra cono-
cida de los antiguos naturalistas, que,
según la opinión más común, es la
belemnita de los modernos.
Etimología. Griego XuYxojptov (lyg-
koúrion); de XúyS (l¡/gx}, lince,/ oüpov
(oüron), orina: francés, ^ncUríun,
Reseña, — Llamóse lincnrio porque,
según la creencia de los antiguos, era
la orina del lince congelada. (Plinio.)
Linches. Masculino plural. Espe-
cie de alforjas que hacen en Puerto-
Viejo, partido de Quajraqnil, del hilo
que sacan de las pencas ael mague/.
Lindamente. Adverbio de modo.
Primorosamente, con perfección.
ETiuOLOofA. Linda y el sufijo ad-
verbial mente: italiano, lindamente.
Lindante. Participio pasivo de lin-
dar. Lo que linda.
Lindáno. Masculino anticuado.
Linde.
Lindar. Neutro. Estar contigua
una posesión á otra.
Etiuoloqía. Linde.
Lindazo. Masculino. Linde.
Linde. Ambiguo. El término ó lí-
nea que divide unas heredades de
otras.
ETUioLoaía.. Lintel.
Lindera. Femenino anticuado.
LlNDB.
Liudernia. Femenino. Sotániea.
Género de plantas dicotiledóneas, que
crece en lugares pantanosos.
Lindero, ra. Adjetivo. Lo que lin-
da con otra cosa. | Masculino. Linde.
I Con linderos y akbabalbs. Locu-
ción familiar. Refiriendo alguna cosa
Sor extenso ó con demasiada prolijí-
ad, contando todas sus circunstan-
cias j menudencias.
Lindez. Femenino. Lindeza.
Lindeza. Femenino. La propor-
ción que tienen las cosas paia parecer
bien: dícese tanto de las materiales
como de las que no lo son. | Hecho ó
dicho gracioso.
EtimolooU. Lindo: italiano, li»~
dezza.
Lindísimo, ma. Adjetivo superla-
tivo de lindo.
Lindo, da. Adjetivo. Hermoso, be-
llo, apacible j grato á la vista. Q Me-
táfora. Bueno, cabal, perfecto, primo-
roso 7 exquisito. || Masculino familiar
metafórico. El hombre afeminado, pre-
sumido de hermoso, j que cuida de-
masiado de su compostura j aseo. Se
dice más comunmente lindo Don Die-
go. H DE LO lindo, a las mil maravi-
llas, perfectamente. Empléase por lo
general en sentido irónico. || ¡Qu¿ lin-
do! Nota de admiración, con que se
pondera la extrañesa de algún dicho
ó hecho.
Etwolooía* Latín Ugéref elegir.
como si dijéramos legindo, «cosa elo^
gida, cosa selecta:» catalán ¿ italiano,
ündo,
Liadón. Masculino. Caballete en
qne suelen poner los hortelanos las
esparraf aeras / otras plantas.
jLfniwr. Masculino. Cierto juego
de naipes.
Etiuolooía. Francés, lindor,
Lindoso, M. Adjetivo. Lleno d«
lindeza.
Lindura. Femenino. Lindeza.
BTmoLoaÍA. Lindo: italiano, Un-
dura.
Linea. Femenino. Geometría. Ex-
tensión en longitud, considerada sin
latitud j sin espesor, ó sea con una
sola dimensión, j así decimos: línea
recta, línea, enrva, línea cortada, lí-
nea paralela, U aíuticítica ó de pas-
tes XGUALXs. tina de las señaladas en
la pantómetra, que sirve para divi-
dir una recta en partes iguales j para
otros usos. I CORDOllÉTBICA ó DB LAS
CUERDAS. Una de las que ha/ en la
pantómetra, en la cual están señala-
das las cuerdas de un círculo, cu/o
radío es igual á la extensión de esta
línea en cada una de las dos planchas
de aquel instrumento. || cubva* La
que no está en dirección recta. || oso-
métrica ó DE LOS TOLÍQONOS. La quo
tiene la pantómetra para conocer el
lado de los polígonos hasta el dodecá-
gono, una vez conocido el radio del
círculo que le circunscribe. ] ksts-
REOUÉTRICA ó DB LOS SÓLIOOS. La OUe
hav en la pantómetra para medirlos
sólidos, conocida la esfera circunsori-
ta. I METÁLICA. Es una de las que se
suelen poner en las pantómetras para
expresar las proporciones que tienen
entre sí los metales, así en cuanto al
fteso, considerando magnitudes Í^ua-
es, como en cuanto á la magnitud,
considerando iguales pesos. Q Líneas
TKiooNOMáTBiCAS. Los seuos, coseuos,
tangentes, etc. | Línea de los Nonos.
Ásironomía. La línea con que al plano
de la órbita de un planeta corta el de
la eclíptica. Q Geografía attromíatiea.
La línea equinoccial; / así se diee:
«pasó LA línea;» «está debajo de la
LÍNBA.» I VISUAL. Optica. LÍNBA qué
parte del ojo del observador / termi-
na en el objeto que considera, blan-
ca. Anatomia, Especie de banda ap(>-
neurótica, entendida desde el apéndi-
ce xifoide del esternón basta la sínfi-
sis del pubis, snb/acente respecto de
la piel / aplicada sobre el peritoneo. |
ÁSPBEA DEL fémur. Salida que forma
el borde posterior de dicho hueso, bi-
furcándose en cada extremidad, jj un-
DiANA. Línea imaginaria que se su-
pone dividir verticalmente el cuerpo
en dos partes iguales / simétricas. |
DB TIERRA. Perspectiva. Intersección
del plano de un cuadro con el plano
geometral, que también se llama de
tierra, g vertical. La línea por cn/o
medio el plano vertical corta el cua-
dro. I Á PLOMO. Dirección normal que
toma una cuerda de cu/a extremidad
inferior pende un peso, en cu/o sentí*
do se dice: «tirar una línea á nlomo.'
I Milicia. Dirección general da 1» po*
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LINE
LINE
LINE 421
ñáÓn délas tropu, on sea para la
tocha, ora paza las gmndes manio-
bras. Asi se dice: cLa línea aporaba
su izquierda es los arrabales de la
eiadad, 7 su derecha, en el coavento
de San Su8taquio.> Esto es lo que
suele llamarse cformación de la tropa
en orden de batalla.» Sucesión de
batallones ó de escuadrones colocados
sobre la misma línea t dando frente
al mismo costado. Así decimos que un
ejército se divide ordinariamente en
tres LÍNBJLS, la primera de las cuales
forma U vanguardia; la segunda, el
cuerpo de batAla, j la tercera, la re-
taguardía ó la reserva. H Cohbbb la.
tjmiA. Frase militar. Recorrer los
puestos que forman la de algún ejéi-
eito. I Cabb sobbx la línba. Frase.
Dirigirse hacia la posimón que en ella
se debe ocupar. Q Estar, ikmibbss bn
lima. Colocarse ó estar colocado en
la direceidn de la línea. || Forzab la
LÍNEA.' Addantarse demasiado. |¡ Re-
husar LA LÍNEA (táctica fraucess).
Quedarse demasiado atrás, Q de di-
BBCCIÓN. Línea que debe seguir un
cuerpo militar en campaña, ó en las
grandesmaniobras. Q de opbbaciones.
La <^ue un ejército, ó muchos cuerpos
destinados a la misma operación, de-
ben seguir constantemente. ]| de 00-
MUNIOACIÓN. El camino que sirve
pan que un ejército se comunique
con sus depósitos, sus almacenes,
sos rosenras. Q db cwvot. El espa-
cio que queda libre entre un ejér-
cítú j su base de operaciones, y Lí-
neas coNTiMUAS. Las LÍNEAS quo se
sigiun sin interrupción, á diferencia
de las líneas de intervalo. | Línea
DE INT8BVAL0. Línea en que quedan
vacíos entre la izquierda de un cuer-
po 7 la derecha del cuerpo próxi-
mo, ti LLENA. La LÍNEA ou que la de-
recha de un cuerpo se apoja en la
izquierda de un cuerpo que está á su
derecha. Q Marchar bn línea. Frase.
Dícese de un ejército que conserva
marchando el alineamiento general ó
parcial. Es lo contrario de marchar
por escalones. | PoB sección, bn lí-
nea. Voz de mando, por la cual se
ordena que la tropa que está en mar-
cha por el flanco, se divida j se forme
en secciones. También s6 dice: por
ptUtím M LÍNEA, Tbopa DE línba;
BBaiUIENTO DB LÍNEA; INFANTERÍA DE
L&ifeA. Cuerpos destinados á comba-
tir en LÍNEA, á diferencia de los
cuerpos ligeros ó irregulares, que
adoptan otra táctica. | ForiiñcacxÓn.
La trinchera que levanta un ejército
para defenderse ó atacar al enemi-
go. I Línea de defensa ó de fronte-
ra. Con relación al sistema defensivo
de un pueblo, es la línea que ocupan
ó deben ocupar las plazas fuertes,
los campamentos atrinclierados y las
LÍNEAS, y Líneas db coiniNiCACiÓH.
Trincheras que se abren de una para-
lela á la otra, para comunicarse entre
sí. I paralelas, ó paralela. Líneas
que hacen los sitiadores para enlazar
sus trineheras, protegerlas j guardar
sttsjteterfu. \ Línea db oibcuntala-
ciÓH. La fortifieada que construje el
ejérdto sitiador por sa retajg^ardia,
para asegurarse de enalquier tropa
enemiga que este íbera déla plaza. 8
DE CONTRAVALACIÓN. La fortificada
que eonstru/e el ejército aitiador,
Sara impedir la salida dt los sitia-
os, I DE DEFENSA FiiAHTB. La que' ín-
dica la dirección de los tiros que, sa-
liendo de ios flancos, pueden asegu-
rarse en las caras de los baluartes
opuestos, y DE DEFENSA RASANTE. La
que dirige el fuego de artillería y fu-
silería desde el naneo segundo, para
barrer ó rasar la cara del baluarte
opuesto. I OBSIDIONAL. Cualquiera de
las dos que, para su seguridad j de-
fensa, hace el ejército que sitia una
plaza, y Artillería. Tirar por línea
CURVA. Tirar á un objeto para herirle,
más bien con el movimiento que lleva
la bala 6 bomba, que etm el viento
con que sale del caftón ó mortero, y
Tirar por línea bbcta, ó de punta
EN BLANCO. Tirar & un objeto que está
dentro de la ponterfa ó alcance de un
cañón, antes que insensiblemente
descienda la bala pierda la línea
recta, y hínsk. Marina de guerra. Toda.
reunión de buques de guerra coloca-
dos en el mismo rumbo de viento; en
eujo sentido se dice: «formar, estre-
char, abrir la línea.» Asi tambitín
dice la historia que, en el combate de
Trafalgar, Nelson cortó la línea fran-
cesa. I db ssteibor. Si el buque reci-
be el viento por la derecha; línea de
babor, si lo recibe por la izquierda. |
Línea de buques de guerra que. des-
cribe un ángulo de 67 grados 30 mi-
natos* con la corriente del viento, y
Na vio de línea. Nombre que se daba
antiguamente á los grandes baques
de guerra, armados por lo menos de
cincuenta cañones, los cuales podían
colocarse en línea con los otros. [|
Línea de flotación. Marina. Línea
que alcanza un buque cuando está
provisto de cuanto há menester para
navegar, exclusión hecha de lo que
se refiere á la carga. U Líneas de
AQUA. Las diferentes capas horizon-
tales de la parte sumergida de la ca-
rena de un buque, paralelam.ente á
la LÍNEA de flotación, y Línea dbl
PUENTE. La LÍNEA que sigue la forma
del mismo, y dbl viento. La que lleva
el viento ciue corre. | de respeto. Lí-
nea ficticia, imaginada sobre el mar
á una distancia conveniente de las
costas, la cual se considera como el
límite ó frontera marítima de un país,
y de aOua. La parte 144 de una pul-
gada de agua, y Bellas Artes* Línea,
líneas. Efecto general, vago, inde-
finible, que parece emanar de la
reunión jr combinación de las diver-
sas partes de un todo, ora se trate de
un objeto de la naturaleza, oía de una
composición del ingenio, en donde se
reflejan simultáneamente la expresión
correcta del dibujo ^ el misterioso
encanto de la inspiración. En este sen-
tido se suele decir que un cuadro tie-
ne líneas imperceptibles, vigorosas,
pálidas, vivas, brillantes. Asi decimos
del mismo súwlo que la pintun .de
LsoaudodeViaci se distiiigaepor sus
LÍNEAS sutiles, maestras, ideales, aayt,
ng\k única es el espíritu del pintor.
I FUSIBLES DE UN CCADBO. EpltOtO de
las figuras de un cuadro, cuando sns
LÍNEAS se desarrollan por curvas gra-
ciosas j suaves. D ARqmTECTÓNiCAS.
Arquitectura. Los diversos planos ho-
rizontales formados por los subbasa-
mentos, por los miembros 7 las mol-
duras del entabla miento, por los te-
chos, las acróteras ó áticos, etc. H Mií-
sÍ€a.hsL» ra^as horizontales j paralelas
sobre tas cuales se escriben las notas.
La música se escribe sobre cinco lí-
neas. La clave de sol se coloca sobre
la segunda; j la clave de mí, sobre las
cuatro primeras. | Forense. Serie de
los miembros de un linaje, ó sea as-
cendencia j descendencia de las fami-
lias. LÍNEA RECTA ó DIRECTA. El OrdcU
sucesivo de generaciones de padres á
hijos, y TRANSVERSAL, UTSBAL, COLA-
TERAL. Orden compnesto de los indi-
viduos que traen su origen de un tron-
co común; empero sin descender di-
rectamente los unos de los otros, como
los tíos, tías, primos, sobrinos. Es lo
que se suele llamar sucesión lateral ó
de costado. H hasculina. La de losTa-
rones. y femenina. La de las hem-
bras, y ASCENDIENTE. La dc uuestros
mayores. | descendiente. La de nues-
tra posteridad, y Apartar la línea
DEL PUNTO. Esgrima. Desviar la espa-
da de la postura del ángulo recto, que
es en donde está el medio de la pos-
tura del brazo. | Esto es lo que otros
autores llaman simplemente la lü(ea;
esto es, la dirección diametralmente
opuesta al adrersario, «n que deben
estar las espaldas, el braxo j la espa-
da, y EsTAB BN LÍNEA. Frass. Dícose
del tirador que tiene el pie derecho
colocado en frente del tobillo del pie
izquierdo. \ Línea. Equitación* El es-
pacio recto ó circular que recorre el ca-
ballo, ora en círculo, ora en el cuadra-
do del manejo. || Qairmuwcia. Rajras
marcadas en la mano, las cuales sir-
ven como de indicio para adivinar la
suerte ó el genial de las personas, se-
gún la creencia supersticiosa del vul-
go. H DE VIDA. Es la que está debajo del
dedo pulgar. | de Venus. Es la que
se extiende desde el dedo índice has-
ta el extremo de la mano. I de Heb-
cdrio. Es la que presagia las buenas
ó malas noticias, f Líneas de la fren-
te. Arrugas de la frente por las cua-
les se pretende inferir el sino bueno ó
malo de los hombres. |] Gn.el sistema
antiguo, la duodécima parte de ana
pulgada, y Sistema métriío. Dos milí-
metros, dos mil quinieotos cincuenta
j ocho diezmilímetros (2°>°>,2558). y
de aduanas. Serie de aduanas esta-
blecidas á lo largo de una frontera
para ejercer la inspección fiscaL y de
UN FBBBOCARBIL. M eje de las obras
de que se compone. Por extensión,
llamamos línba al ferrocarril que va
directamente de un punto á otro, en
cujo sentido se dice: «La línba de
Madrid á Córdoba, á Sevilla, & Cá-
diz;» <abrir una línea al sec?ieio pú-
blico También damos el mismo
nombre á la serio ó sistema de fi»co-
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LINF
LINF
earrilei «xistentes en ana zona, para
distinguirlos d« los qu« puede haber
en otros puntos; t así decimos: «La
LÍNBA del Norte, del Sudeste, del Ue-
dÍ0día.t l TBLBaRÍ.FICA ó LÍNSA DB TB-
LáoBAPOs. En el sistema antiguo, era
la serie de telégrafos aéreos que se
comunicaban «ntra sí. Hoj es el hilo
telegráfico, ó lea el alambre que trans-
mite noticias de un punto á otro por
medio de la electricidad. | Línbas bx-
TVBiiAS. Ájedret. Lai cuatro bandas
compuestas d« veintiocho casillas que
forman el cuadro 6 mareo del taUaro.
Q DB ALTUBA. Lai LÍNEAS quo Tan de
i)V jugador i otro. U hohizontalbs.
Bandas que crnzan de derecha á iz-
quierda de los jugadores. Q Rata. Y
así se dice: «no h&j que pasar de esta
Unía;» «fulano se ha salido de línba.»
I Rbnqlón. Como cuando decimos:
«he queridó ponerte cuatro líneas;»
«lee estas cuantas línbas.» | Clase,
género, especie, como cuando se dice:
fes inmejorable en su línba.» H Línba
DBTBAviBSO. Anticuado. Línba trans-
versal. K Correr la línha, los límites,
los montea ó el término de alguna
provincia ó país por tal 6 cual parte.
Frase metafórica. Tenar tales confi-
nes, pasar por tales parajes, extender-
se T dilatarse tantas ó cuantas leguas.
9 Echar ó tirar líneas. Frase. Dis-
currir los medios^ tomar las medidas
para conseguir alguna cosa. Q Bstar
BN PRiMBRA LÍNEA. Frase adverbial.
Ocupar el primer puesto, jra por orden
de jerarquía, ja por virtud ó razún
de excelencia. || Trazar su línea de
CONDUCTA. [Frase. Resolverse á obrar
de cierto modo, de conformidad con
las ideas ó principios que se ha pro-
Suesto seguir; establecer su sistema
e vida. I Mejora. Término, límite,
J DtAQONAL. DlACK>IfAL.||B4UXN0CCIAL.
BCDADOR. n BSKBAL. ESPlRA.. |j UBBl-
DIANA. HbSIDIAMA. | LÍNEAS DB APRO-
CHB. AraocHES.
BrnioLOOÍA. Latín tinéa, de Itnum,
lino: catalán» lint»; italiano, linea;
francés, H^ne.
Retcña. — El latín íiMea se deriva de
ttnuMt porque un hilo de lino suminis-
tró la idea de la línea. (Varrón.) La
LÍNEA es el lino del espacio, como el
lino es la línea de la proporción. Y esa
linea que sale de un hilo de lino^ mide
los astros en las matemáticas.
Lineable. Adjetivo. Que puede ser
lineado.
LineaciÓQ. Femenino. Acción ó
efecto de linear.
ErniOLOoÍA. Linew: latín, kneSíio,
descripción de una ó muchas líneas
rectas; forma sustantiva abstracta de
HntíUuSt lineado: italiano, lineatione.
Lineado, da. Participio pasivo de
linear.
ETiHOLoaÍA. Latín tineaíns, parti-
cipio pasivo de lineare, trazar líneas:
italiano, linéalo; francés, li^ne; cata-
lán, lineal, da.
Lineador, ra. Uasculino j feme-
nino. El que linea.
Lineal. Adjetivo. Lo perteneciente
á la línea. \ Forttue. Lo perteneciente
i la Unea; eomo ineompatibilidad li-
neal, contrapuesta á la personal en
los majorazgos, en cujro sentido se
dice: ameetión lineal. || Algebra. Que
no admite más que una solución, lo
cual quiere decir que es del primer
grado, en cnjo sentido se dice: ecua-
cióh LINEAL, preblemoi unbalbs. H
Magnitudes lineales. Las magnitu-
des simples que no están formadas
por ninguna multiplicación, / que no
tienen más qut una dimensiÓDf como
la línea. ¡ Hojas lineales. Botánica.
Hojas de lados paralelos, mur pro-
longadas é igualmente estrechas en
todo el espacio de su longitud. |
BelUu Ártet. Lo que se refiere á las
líneas de un cuadro, de un dibujo,
de un edificio, como cuando deci-
mos: pertpetítiv» lineal, armonU li-
neal-
Etiuolooía. Línea: latín, linealis;
italiano, linéale; francés, Unáaire, li-
neal; catalán, lineal.
Lineamento. Masculino. La deli-
neación ó dibujo de algún cuerpo
por el cual se distingue y conoce su
ti gura.
Etiuología. Linear: italiano, linea~
mentó; francés, Un/ammí; catalán, li-
neament,
Lineainieiito. Hasealino. Lihea-
USNTO.
Linear. Activo. Tirar Uneag. | Ad-
jetivo. Lineal.
Etiuolooía. Latín tSneare, dibu-
jar, forma verbal de linea, línea: ita-
liano, lineare; francés, li^ner; catalán,
linear.
Linearifoliáceo, cea. Adjetivo.
Botánica. De hojas lineales.
ETiMOLoaÍA. Linear y fSliatns; de
fotium, hoja.
Lineanfoliado. Adjetivo. Linea-
BIFOLIÍCBO.
Lineas. Femenino plural. Familia
de plantas dicotiledóneas, cujo tipo
es el lino, formada á expensas de las
cariofíleas.
BnwHAOÍA. Lvm: francés, Hnéei,
Lineatifoliado, da. Adjetivo. Bth
tánica. De hojas marcadas con líneas
paralelas desde la cúspide á la base.
ETlMOLoaÍA. Latín lineaíut, deli-
neado, y fUiatn», defÓllum, hoja.
Linero, ra. Masculino y femenino
anticuado. El que trata en lienzos ó
tejidos de lino.
Lineruelo. Masculino anticuado.
Zoología. Ave de lengua redonda, á
la que puede enseñársele á hablar
como á los loros, etc.
Linfa. Femenino. Anatomía, Lí-
quido blanco, nutritivo, contenido en
los vasos linfáticos, exceptuados los
quilíferos, que no lo contienen sino
durante la abstinencia. La linfa se
derrama en la sangre venosa cerca
del corazón. ^ de cotugno; humor
transparente de que están llenas todas
las cavidades de los oídos. Q Patología,
Blastema accidental, exudado en la
superficie, ora de las llagas, ora de
las membranas serosas, de donde se
originan los elementos anatómicos de
los botones carnudos y de las cicatri-
ces, l FLÍSTIOA; UNPA aOAaULABLB. I
Botánica* Nombra que dan alfonos
autores al humor acuoso que 'eo'ntié-
nen las plantas. [| En términos gene-
rales, humor acuoso, qae se halla en
varias partes del cuerpo. | Poética,
Agua.
EriuoLoaÍA. Griego Xi>|jup) (lyM-
phe): latín, lympha, agua; italiano y
catalán, Ím/a,' francés, lymphe.
Reseña* — ¿ympKa: en gn^ego
phé, lumphtt el agfua. ümpka, sinóni-
mo de oúua, es voz poética: no sola-
mente da la idea dei elemento agua,
sino también la de transparencia, la
de agua que mana de an manantial
puro. De limpktt se farmá Umpidmt, —
Linfa ó humor linfático es el nombre
que da la fisiología á un humor acuo-
so, transparente, límpido, viscoso, que
se encuentra con abundancia en el
cuerpo de los animales y en las plan-
tas. Este humor 88 contiene en unos
vasos especiales llamados Un/átieos,
—Personas de temperamento linfáti-
co, 6 flemático, se llaman las que tie-
nen majr desarrollado el sistema de
los vasos linfáticos, que abundan ma-
cho en linfa. (Monlau.)
Linrangítia. Femenino. Medietna*
Infiamacion de los vasos 7 galillos
linfóticos.
EnuoLoaÍA. Griego Xij)jl»i) { U/mphi),
y Srf^im (ággmn), vaso: nanees, lyé^
phangit'.
Linfasio, sia. Adjetivo, ffiítoría
natural. Parecido al cristal.
Etiuolooía. Latín ^pkStUiUf en»-
talino. (Capella.)
Linfático, ca. Adjetivo. Medicina.
El que abunda de linfa. | Anatomía.
Lo que se refiere á dicho jago, en
cuyo sentido se dice: ganglios linfá-
ticos, mSOt LINFÁTICOS. ¡ISlSTBUA LIH-
FÁTico. Fisiología. Conjunto de los
órganos que concurren & la formación
ó a la circulación de la lin&, como los
ganglios y los vasos linfáticos. | Tem-
peramento unfXtico. ff^iene. El
temperamento en que parece dominar
el sistema linfático, lo cual se mani-
fiesta en el poco color 7 en cierta flo-
jedad de las carnes.
Etimología. Linfa: italiano,
tico: francés, lympkatigue; catalán,
linfátick, ca.
Linfeurisma. Femenino. Medida
na. Dilatación de los vasos linfáticos.
Etimología. Griego lympki y eurys,
amplio, largo: Xúftfi) cüpóc.
Linfochezia. Femenino. Medicina.
Diarrea serosa.
Etimología. Griego h/mphe, agua,
7 ckézü, cheso(jiX,w, x^'w)» deponerlos
excrementos; caxare.
Linforragia. Femenino. Medici-
na. Derrame persistente de littft, canp
sado por la herida do un vaso Ünfiá-
tico.
Etimología. Griego lymphe y rha-
gein, brotar con erupción: francés,
l^mphorrhagie.
Linfosis. Femenino. Fisiología.
Acción interna de la cual resulta la
linfa.
Etimología. Griego XiS[ji^ (IgmpXe)
y áni (osis), desinencia verlwl que
significa operación, ftinei^ aetíri-
dad: ftances, fyntpm.
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LING
LinlMeiui^. Femenino. ÁMt9m(a,
Disección de los rasos linfáticos.
BniHKAoU. Griego lifmpAe j tmi,
sección: francés, fymphttamie.
Linffaai. Masculino. Mitología in-
diana. Dios de la potencia cteetriz j
de la reproducción, cujo culto estuvo
mu^ extendido en el Kanara j en las
inmediaciones de Goa. y Representa-
ción jerática del falo.
BtuiolooU. VaeabU india: francés,
Uiuam.
Lingoda. Véase Fibbrb.
BTUfOLoof A. Griego XuYY»¿5»)<; ( iy^-
fddii }, abundante en sollozos: francés,
Lyngode.
Lingote. Masculino. Trozo ó barra
de metal en bruto, que se dice prin-
cipalmente del hierro, pUta, oro j
{tuttino. \ Cada une de las barras ó
adrilloa de hierro que sirven para ba-
lancear la estiva en los buques. Sue-
len tener nn agujero en ana de bus
extremidades.
EnuoLoofa. Fraaeéi, ingléi j ca-
talán, lingot.
1. Inglés ingott muela de fundi-
ción; de get^ poner, é in, en: in-geí,
ÚMoí, liiufoí. (Gbnin.)
2. £1 inglés lingot está tomado del
vocablo francés. (Dictímariot ingle-
M.)
3. La antigua etimología queda
eo pie: latín, lingua, lengua. (LiT-
T&í.)
4. LingoU j UngiuU Mn la misma
palabra de origen.
Lingaado, da. Blatán. Califica-
eión heráldica de los animales, cuja
lengua es de distinto esmalto que la
figura.
Btiuologíá. Latín lif^wtuSt elo-
eaente, de lingita, lengua: italiano,
Lingui^e. Masculino anticuado.
LKNQTJA.JB.
Lingual. Adjetivo. Qran^Uea, Lo
Ítne pertenece á la lengna. Se dice de
as consonantes en cuja pronuncia-
ción tiene la principal parte la lengua,
como la r j la /¿. n Gramática tan*-
mis. En la terminología de las con-
sonantes de dioba lengua, llámanse
LUfouALSS ó cerebrales unas conso-
oantes muj análogas á las dentales.
I Anaíomía. Relativo á la lengua con-
siderada como órgano, en cayo sen-
tido se dice: arteria lingual, nervios
LINGUALES.
BnuoLoafA. Latín Itngua, lengua:
italiano, linguale; francés, lingual.
Linguátola, Femenino. Género de
gusanos intestinales, que se confun-
dieron antiguamente con los gusanos
oematoides.
Btiuologíá. Latín linguStm; de
Unguaj por semejanza de forma: ftan-
cés, UngnatnU,
Linguete. Masculino. Marina.
Barra de hierro de dos ó tres dedos de
ancho, uao de grueso t media vara de
^íge, que está clavada al pie del ca-
brestante y sirve para detenerlo don-
de se quiere, después de haber vira-
do, dejándolo seguro de modo que no
se pueda disparar.
finilOU>oU. liingQte: latín, lingiMf
LINN
por Mmejaa» de foima; francés, fó»-
gnet,
Lingüicultnra. Femenino. Estu-
dio especial de los idiomas.
Lingüifoliade, da. Adjetivo. Bo-
tánica. De hojas lin^aiformes,
Etiuología. Latín lingua y fSliá-
tus; d« fdUum, hoja.
Lingüiforme. Adjetivo. Hittoria
natwraL Que tiene la forma de una
lengua.
Btiuologíá. ZnytM j format fran-
cés, linguifomu.
Lingüista. Masculino. Bl enten-
dido en lenguas.
Btiuologíá. Lengna: italiano, Un-
guisía; francés, lingniste,
Lingflistica. Femenino. Bstadio
de los idiomas.
Lingüístico, ca. Adjetivo. Coneer>
níente á la lingüística.
Btiuologíá. Lingüista: italiano,
lingüístico; francés, linguisíiaue,
Lingula. Femenino. Zoología. Gó-
ñero de moluscos acéfalos bivalvos.
Btiuologíá. Latín ttng&la, lengua-
cilla.
Reseña. — Antigüedades. Espada cor-
ta y ancha, entire los antiguos latí-
nos. Instrumento de los arúspices,
entre los antiguos romanos, con que
se cortaban las entrañas de las vic-
timas, para consoltarlaa j profsti-
zar.
Lin^rolar. Adjetivo. LncoOiPOBUB.
Linifacto. Masculino. Arte&eto de
lino.
lánifftctor. Bfasculino. El que tea-
baja en lino.
Linifoliado, da. Adjetivo. Botáni-
ca. De hojas parecidas á las del lino.
Btiuologíá. Latín Aswn j J^UStns;
de J'oliúm, hoja.
Linigero, ra. Adjetivo. Botánica,
Que produce lino.
Btiuologíá. Latin tiniger; de ti~
num, lino, y gerere, producir.
Linimento. Masculino. JUedieina.
Composición media entre aceite j un-
güento, que sirve para ablandar y re-
solver.
EriuoLoalA. Latín lere, bornr;
nere, froter con untura; Uniré, emba-
rrar; línimentum, sfluten 6 betún para
cubrir la boca délas vasijas: italiano,
linimento; francés y provenzal, lini-
ment.
Linímentoso, sa. Adjetivo. Que
es de la naturaleza del linimento.
Linimiento. Masculino. Liniubn-
to.
Linio. Masculino. Liflo.
Linjavera. Femenino anticuado.
Cabcaj.
Linnige. Maieulino anticuado. Li*
NAJE.
Linn^jen. Masculino anticuado.
Linaje.
Linnea* Femenino. Boíániea. Lin-
da planta de adorno; familia de las
madreselvas.
Etiuología. Linneo, á (^uien la de-
dicó Gronovio: francés, linne'e,
Linneo (Carlos). Éu latín, Zin-
nans, el botánico más célebre del si-
glo xviii, que nació en Suecia, de fa-
milia humilde, puesto que su padre
LINN
423
era pastor. Ajudado por hombres ge-
nerisos, que adivinaron sus grandes
talentos, pude dedicarse al estadio da
la botánica y perfeccionar los escasos
conocimientos que, por afición, había
adquirido, tomando asiento en las cá-
tedras de la universidad de Upsal.
En 1732 fué enviado á Laponia, para
recoger y describir las plantas de
aquellas regiones; y una vez termi-
nado su viaje, pasó £ Holanda, en
donde la amisted de Boerhaave le re-
tuvo durante tres años. En 1735 pu-
blicó en Lejrden la primera edición
de su Systema natura (Sistema de la
naturaleza), obra entonces de cortas
dimensiones; pero enriquecida poste-
riormento con adiciones importentes,
Ír que contiene ja la distribución de
os tres reinos, según el sistema de su
autor. De esta obra alcanzó Linhbo du-
rante su vida hasta la nnd/cima edición.
Bn ella r la titulada Fundamenta botá-
nica, publicada en Amsterdán en 1736,
se encuentra el boceto de las radicales
transformaciones que el sabio sueco
iba á introducir en el inmenso campo
de la historia natural. En seguida
publicó: Horlus clij^ortianus (Levden,
1736) , descripción del jardín de su
huésped Clifford; Flora laponiea (Ams-
terdán, 1737), resultado de su viaje á
la Laponia; Biblioteca botánica (Ams-
terdán, 1737), reviste de todos los li-
bros publicados haste entonces sobre
la materia; Generaplantarum(lMy áeUf
1737) , donde ja se dan con gran ex-
tensión los caracteres de cada cénero;
Critica botánica (Lejden, 1737), y
Clases plantarum (Lejden, 1738), que
contienen la historia de los antiguos
sistemas y el desarrollo de las lejes
de la nueva nomenclatura, á la cual
siguen Fragmenta Methodi naturalis.
Después de haber abandonado á Ho-
landa, LiNNBO recorrió la Francia y
la Inglaterra y volvió á Suecia, don-
de le esperaba una fortuna tan rápi-
da como brillante; la de sus libros.
En 1738, fué nombrado médico de la
armada y profesor de botánica de
Stockolmo; en 1739, médico del rej
y presidente de la Academia de Cien-
cias, y en 1741 , profesor de botánica
en la universidad de Upsal, cátedra
que desempeñó por espacio de treinta
y siete años. Encargado por los Esta-
dos de explorar las diversas provin-
cias del reino con objeto de recoger
las producciones naturales, dió en
sueco interesantes relaciones de via-
jes y los inmensos materiales que ha-
bía reunido le impulsaron á poblicar,
en 1746, su Fauna suecica^ o historia
natural de los animales de la Suecia,
y en 1755, uaa Flora general de dicho
pa£s. Oesijués de su vuelta, había
dado también á la estampa sus Species
plantamm (Stockolmo, 1753), comple-
mento del Genera pUnUrum, en donde
se encuentra la descripción de las es-
pecies y su Philosophta botánica (Stoc-
kolmo, 1751), libro admirable por su
concisión y que, fundando el lengua-
je de la botánica, lle^ó bien pronto á
ser el verdadero código de la ciencia
para la descripción y nomenclatura
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424 LINN
LINO
LINT
de las plantas. Al mismo tiempo que
clasífícaba, describía y publiestia las
grandes colecciones entonces existsn-
tes en Suecia, Linmbo empleaba su
influencia en conseg^uir para sus dis-
cípulos empleos en la marina 6 mi-
siones en países lejanos, t estos mi-
sioneros científicos, muchos de los
cuales, tales como Sparrmán, Solan-
der j Hasselquist, se han hecho céle-
bres por sus relatos de viajes, traían
á BU maestro las riquezas natarales
de todas las zonas j de todos los cli-
mas. LiNNBO amaba mucho á sus dis-
cípulos, y ocupándose sin cesar en sus
trabajos j adelantos, publicó para
ellos, bajo el titulo áeÁmaniíaíes aca-
demice (Stockolmo, 1749-63), seis vo-
lúmenes de disertaciones, llenos de
interés j riquísimos en puntos de
Tista nneTos e ing-eniosos. Linhbo, al-
canzando en vida el apogeo de su glo-
ria, era miembro de todas las acade-
mias de Europa y sostenía correspon-
dencia, no sólo con todos los sabios,
sino también con la major parte de
los soberanos, que se mostraban celo-
sos de no poderle tener en sus cortes.
Sus obras nabían vulgarizado el estu-
dio de la botánica, j por todas partes
se establecían jardines clasificados se-
fún su método. Así jíyíó rodeado de
onorea j consideraciones, ha^ta el
punto de que á su muerta se inhumó
su cadáver en la catedral de Üpsal y
el mismo monarca, Gustavo III, quiso
encargarse, j con efecto se encargó,
de su oración fúnebre. Jamás sabrán
apreciarse los servicios que Linneo
prestó á la historia natural, tanto por
sus trabajos particulares como por el
espíritu de método, de exactitud y de
E recisión que introdujo en la ciencia,
aciendo que el estudio de la botáni-
ca adquiriera una popularidad prodi-
giosa. Fué el legislador y el renova-
dor de esta ciencia; ordenó los tra-
bajos confusos de sus predecesores y
creó para los vegetales una clasifica-
ción sencilla T fácil, fundada en las
relaciones de los órganos sexuales de
sus florescencias. Al propio tiempo,
dió al lenguaje botánico reglas que
aun se siguen é inventó para los seres
organizados esa admirable nomenclatu-
ra binaria, que es la que ha impedido
que la ciencia cajese en el caos. En
mineralogía, los ensajos de clasiñca-
ciones de Lihnco tuvieron poco éxi-
to; pero en zoología, sus trabajos,
aunque menos brillantes que los de
Buífón, merecen el más alto grado de
estima. La clasificación del reino ani-
mal de LiHNBO, es la actual, imper-
fecta todavía; mejor dicho, apenas
bosquejada, pero ja apovada en los
fecundos principiosdel m/todo natural
qne Linnbo tuvo la gloría de presen-
tir y aplicará los animales, al mismo
tiempo que Bernardo de Jussieu le
aplicaba á las plantas. Bn la misma
botánica, Linnbo comprendió toda la
superioridad del método natural sobre
el sistema que había creado para sim-
plificar el estudio, j como medio de
facilitar la clasificación de los mate-
naleaile U etenoia. <£1 método natu-
ral, eserifaia, es el fin 7 el objeto de
la botánica. Trabajando para descu-
brirle, he pasado mi vida y probable-
mente me sorprenderá la muerte sin
haberlo logrado.»
Reseña.— 'í. Algunos biógrafos di-
cen que era hijo de un pobre cura de
aldea. Este error proviene de que tra-
dujeron la palabra pasteur en el sen-
tido pastor etpiriiual. El padre de
Linnbo no era pastor de almos, sino
de cabras 6 de ovejas, lo que los fran-
ceses llaman berger.
2. Otros autores dicen que su pa-
dre lo dedicó al estudio, lo cual es
erróneo de la misma manera, puesto
que estudió bajo la protección de Sto-
boeus, de Olaiis y de Rudbeck, cujos
nombres insertamos aquí con el me-
jor gusto en homenaje de considera-
ción j de gratitud.
3. Linnbo, que parecía ser el espí-
ritu universal que animaba la natu-
raleza; ese hombre que encadenaba
una gran parte de la creación á su
poderoso talento, nació en Rceshult
el día 24 de Majo de 1707 j murió
en üpsal el 10 de Enero de 1778.
Lino. Masculino. Botánica. Planta
3ae se cultiva en lugares húmedos ó
e regadío; produce vastagos como
de una vara de alto, poblados de mu-
chas hojas en figura de hierro de lan-
za, j en cujos extremos nacen unas
florecitas azules muj vistosas con la
simiente que se llama linaza. J La te-
la hecha de lino. Q Poe'íica. La vela
del navio.
ETiMOLoafA.. Griego Xlw*(lintmj:
latín, tinum; catalán, íít; provenzal j
ftancés, Un; portugués, tinho (liño);
italiano, lino. — f Planta muj conocida
que crece en los campos, de la propia
simiente cultivada. Produce un vas-
tago de una vara de alto, poblado de
muchas hojitas pequeñas, y en su
extremo arroja unas florecitas azules
muy vistosas. A su tiempo se siega j
se deja secar, después se empoza en
lagunas 6 en ríos, donde se remoja y
cuece á beneficio del sol; después se
deja secar j se maja & fuertes golpes
de mazo, hasta que hace hebras; lue-
go se espada j rastrilla, j queda en
perfectas hebras, de las cuales hila-
das se hace el hilo, de que se tejen j
fabrican diferentes telas de lienzo,
que sirven para faacer camisas, sába-
nas j otras muchas cosas. Es voz la-
tina. Linum, t.» (AcADBUiA, Dicciona-
rio de 1726.)
lÁnó. Masculino. Linón.
EtiholoqÍa. Catalán Untf.
Linón. Masculino. Tela de algo-
dón ligera y clara, que sirve para vas-
tidps de mujeres ^ otros usos.
jBnuoLoaÍA. Ltno: italiano, íúmm;
francés, liium.
Linostalia. Femenino. Túnica lar-
ga de lino.
Etimolooía. Griego XivÓstoXaí (li-
nóstolos); de Xívov (linón) y «toX»} (sto~
léj, traje: francés, limstoie.
Reseña. — El griego XtváffroXo; es
un vocablo que inventó YoltRÍte para
designar á los doctor» de la Sorbona.
(LiTTitB.) , ■ 1
Lintea. Femenino. Tala d« seda
procedente de Naukín.
Ktiuoloo£a. Latín li^hm, tela,
paño.
Lintel. Masculino, Distbl.
Etimología. Bajo latín linteüm»,
contracción de linitellus, forma dimi-
nutiva del latín limes, limiíi», límite:
francés, liníeau. El vocablo etimoló-
gico es lintel, lo cual demuestra que
dintel no tiene raíz.
Linterna. Femenino. Especie de
farol con un asa en la parte opuesta al
vidrio, y Anticuado. Jaula de hierro
en donde solían poner las cabezas da
los ajusticiados, y Arquitectura. Vihri-
ca de figura redonda o de varios lados,
con ventanas j aberturas para que en-
tre la luz: se pone sobre los edificios j
sobre las medias naranjas de las igle-
sias, y En los molinos y otras máqui-
nas semejantes es una rueda pequeña,
que consta de varios husillos en que
entran los dientes de otra rueda, y
uíoiCA- Máquina de óptica que, por
medio de vidrios dispuestos de cierto
modo, representa diferentes objetos en
un lienzo ó pared, y sorda. La que
tiene oculta la luz 7 sólo sa deseubn
cuando se quiere.
ETiHOLoofA. Latín ianOma y Utir-
na; italiano j provenzal, untentaf
francés, lanteme; catalán, llantema.
1. La forma lantema está en relación
con el griego Xa(iirn^'p (kmptir), antor^
cha, de lampAn, brillar. (Pott.)
2. La forma Interna se ha referido
al latín Utere, ocultar. Según esta in-
terpretación, Idterna significa luz ocul-
ta; pero la n de lantema, así como la i
larga de iStema, se oponen á este ori-
gen. (LiTTRti.)
1. Si el latín ¿a«t¿rM fuese una for-
ma del griego lampter, antorcha, es evi-
dente que elvocablo latino conservaría
la del radical griego. Por ctmsigaian-
te, sería ¿aw^íSma, no lanQma..
2. Admitiendo que el latín lantinut
representara una alteración del grie-
go tamptir, siempre resultaría que la
forma clásica debió ser laniém», lo
cual no sucede, puesto que este Toea-
blo no se halla en la alta latinidad. La
forma Intima es la que se emplea por
los buenos autores, tales como Gieerón
j Marcial.
3. La a larga de lilima hace impo-
sible la derivación de lUtere, cuja á
es breve.
4. El latín laíema viene de liíut,
lata, latum, lato, extenso, difuso; si-
métrico de laíKs, llevado lejos^ parti-
cipio de /erre, llevar, de donde se ori-
gina látesele, aumentar, crecer.
5. Latema no quiere decir luz ocul-
ta, sino luz que se aumenta, qne se
derrama, (^ue se difunde, como forma
de ¿ates, difuso.
6. T la fbrma concierta con el sig-
níGeado, porque la latima hace la luz
lata.
7. No es posible separar tóto, ex-
tensa, j latema, linterna.
Linternazo. Masculino. Golpe
dado con la linterna; y por exten-
sión, el dado con cualquier otro ins-
trumento. .... ^
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LIPA
Linternero. Abscalino. El artífice
que hace linternas.
ErtuoLoaÍA. ZinUma: catalán, lian-
iemer; francés, lanternier; italiano,
lanternajo.
LintarniUa. Femeaino dimiautiTO
de linterna.
Linternón. Mascalino aamentati-
To de linterna. \ Marina, £1 farol de
^^uoMOfa. Lixttnat catal&n, Ua»-
temó.
Lintnria. Femenino. CtnomHoh-
gia. Género de conchas univaiTas.
UnaOBO. Masculino. Linaza.
Liña. Femenino. Sbdbña. g Anti-
coado. LÍHBA.
Liño. Masculino. Hilera de ¿rboles
ó plantas.
HTiuoLoaÍA, Linea. — «Las hileras
de cepas que hay en las viñas. Pudo
decirse de la palabra línea.» (A.cadb-
UXA, Diccionario do 1726.)
1. Lio. Masculino. Porción de ro-
pa ¿ de otras cosas atadas.
^nuoLoaiA.. Liar.
2. Lio. Prefijo técnico, del griego
Xtto^ (leios), liso.
Úocarpo, pa. Adjetivo. Botámka*
De frutos lisos.
BniiOLOOÍA. Lio S y JtarpÓt^ fruto:
francés, liocarpe.
Xiiodermo, ma. Adjetivo, Hittoria
matnral. De piel lisa; da tegumentos
exteriores desnudos.
EnifOLOofA. Lío S j cMvm, piel:
francés, lioderme.
Líófllo.la.Adjetivo. De hojas Usas.
EnMOLCOÍA, Lio j phjftlón, hoja:
francés, liopAylle,
Lioneto. Masculino, Especie de
polilla.
Idoninco. Masculino. Hittoria na-
tnral. Género de gusanos intestinales.
Liorna. Masculino. Puerto fbmoso
del mar de Toscana.
SnuoLOofA. Latín LíbSmns: italia-
no, Libomo.
Liospermo, ma. Adjetivo. Botá-
nica. De granos lisos.
BT»foix>aÍA. Lio y tpirma: francés,
liosperme.
Liótrico, ca. Adjetivo. Antropo-
logía. Razas liótricas. Razas que tie-
nen los cabellos planos y lisos.
Etiholoq(a. Lio y thrix, trichóe,
cabello: francés, lioiriqu:.
Liparia. Femenino. Botánica. Gé-
nero de leguminosas, que Da Gan-
doUe redujo á una sola especie, la li-
pitiA eH'érica, oriunda del C^bo de
Buena Esperanza. (Lbooabant.)
BtiuoloqU. Griego Xmapó^ (Upa-
ré*) y graso; francés, t^rw.
Liparís. Masculino. Ictiolcgia. Pez
semejante á un lagarto. Q ffníomolo-
gía. Género de insectos coleópteros.
BnuoLOoU. Liparia: francés, li-
pare.
Liparocele. Femenino. Cirugía.
Tumor grasoso.
EtimolcoÍa. Griego lipardt, gra-
sicnto, j Aéli, tumor: francés, liparo-
cele.
Liparoide. Adjetivo. Q»fiKica. Pa-
recido i la grasa.
BtwolooU. Gri^o Ximp^ (lipa~
LIPO
rói), presiento, y «tSo? (etdos), forma:
francés, Upoide; de Xí-ico^ (lipe$ ), grasa.
iíffjííifl.— La colesterina (substancia
cristalizada de los cálculos biliarios
humanos, que Fourcroj describió
bajo el nombre de edipoevro) es upa-
Romx.
Liparótico, ca. Adjetivo. Farma-
cia. Calificación de los compuestos
adiposos artificiales.
Liparotriquia. Femenino. Estado
de los cabellos grasientos.
Btiuolooía. Griego Xmapií (Upa-
ros ), grasicnto, j fipí$, ■zptx^( t^rís, tri-
chés), cabello.
Lipemanía. Femenino. Medicina.
Género de enajenación caracterizada
por una profunda tristeza.
ETiuoLoaÍA, Griego Xóiti] (Ijfpi),
tristeza, y manía.
Lipiar. Neutro. Imitar al milano
en su graznido.
Lipiria. Véase Fibbbb.
Btiuolooía. Griego Ittmpla (leipy-
ria): francés, Upyrie.
1. Lipo.Prefijo técnico, del griego
Xttmiv (leipein), dejar.
2. Lipo. Prefijo técnico, del grie-
go Xtito; (lipos), grasa; del sánscrito
lipat, unto, forma del verbo j^ij^
(Up), untar.
Lipodermo, ma. Adjetivo, Bisto-
ria natural. Desprovisto de piel.
ETiMOLoaÍA. Griego Xtímn ( leipein ),
dejar, y 8íp(i.« (dérma), piel.
Lipogramacia. Femenino. Litera-
tura, Composición cujo mérito con-
siste en escribir sin hacer uso de una
ó más letras.
EtucolgoÍa. Grie^jv Uimnfíeipein),
dejar, y fp^tM"' (granma), letra: fran-
cés, lipogramme.
Reseña. — La Oditea de Trífiodoro,
que no emplea la a en el primer can-
to; la b, en el segundo; la c, en el ter-
cero, y así sucesivamente, es una li-
poqbamacia; y mejor, un upooraua.
Lipogramático, ca. Adjetivó. Con-
cerniente ála lipogramacia. || Sustan-
tivo. LiPOjB AMATISTA.
Btiholooía. Lipogramacia: francés,
Upogrammatique.
Lipof^ramatista. Sustantivo. El
que escribe sin usar de cierta letra ó
letras.
Btimolooía. Lipogramacia: francés,
Upoqrammatitte.
Lipoma. Masculino. Lipouo.
Lipomeria. Femenino. Mediana.
Falta de una ó más partes del cuerpo.
EnuoLoaÍA. Griego leipein, dejar,
y meros, parte.
Lipomo. Masculino. Especie de
lupia formada por la acumulación de
una substancia grasienta.
Etiuolooía. Griego Xlitw; (lípos),
g^rasa; Xtnów (lipSo), yo pongo gra-
sicnto: francés. Upóme,
Liponiz. Masculino. Ornitología,
Género de aves gallináceas.
BTiuoLoaÍA. Griego Upos, grasa, j
ónux, uña; «de uña grasicnta.»
Lipopsic^uia. Femenino. Suspen-
sión repentina del sentimiento, del
movimiento y de la respiración.
ETniOLOaíI. Griego "Ktvtm^fU (lei"
LIQU
425
popsgchia); de leipein, dejAT, y ptgehé
(4^X^)' "^i^*^' francés, lipopsychte.
Liposiqnia. Lipopsiquia. La for-
ma l%posif %ia, que aparece en algunos
Diccumarioi, es bárbara.
Lipotimia. Femenino. Medicina.
Primer grado del síncope.
Etiiíolooía. Griego Aemo6u(jL[a flei-
pothymíaj, de leipein, dejar, y tkymos,
corazón, sentido, espíritu: francés, li-
poth^mie,
Lipulita. Femenino. MinmUogla,
Especie de sílice.
ETiuoLoaÍA. Griego Upot, grasa,
y litios, piedra: X(7co<Aí6oc.
Liquefacción. Femenino. Acción
ó efecto de liquidar 6 liquidarse algu-
na cosa.
Ethioloqía. Latín íígn^factío, for-
ma sustantiva abstracta de líqúí/ac-
tus, liquidado, desleído, participio
fiasivo de líquffacere^ liquidar, des-
eir, de llquidns, líquido, y facXre,
hacer: italiano, Hqne/tuionei francés,
¿r'ffw/acííoff; provenzal, Uqnefacito: ca-
talán, lijuejacdd,
LiquefoctiUe. Adjetivo. Licua-
dle.
Liqaefiable. Adjetivo. Liciiablb.
Etuiolooía. Francés lipte fiable.
láqnen. Masculino. ^0¿(fiitc«.Pl8n-
ta parásita de que hav varios géneros
y especies. Crece en fas rocas, pare-
des,/ piedras desnudas, y aun en las
cortezas de los árboles, najr líqubnbs
que se usan como alimento, otros se
emplean en tintes y otros en la Medi-
cina, como el islándico.
ETiuoLoaÍA. Griego X«tyiJvf'/«cAí«^í
latín, dehen; francés, licAen; italiano,
Uehene, lieheno; catalán, liqubn itlán-
dich.
Reseña. — 1. Vegetales ágamos, vi-
vaces, que nacen y crecen al aire li-
bre, compuestos de un tallo crustá-
ceo, foliáceo ó cilindrico, y que se
desarrollan, y^ por medio de espori-
dias, contenidas en receptáculos, que
se llaman apotecias; va por medio de
gonidias ó especies de jemas, repar-
tidas bajo la epidermis del tallo.
2. Los LÍQUBNBS tioueo por condi-
ción de vida la humedad; de tal suer-
te, que la aridez los meta.
3. LiQUBN de las rocas; la orchilla.
4. LiQUBN islándico; cetaria islXn-
DiOA, de Achar, llamada impropia-
mente musgo de Islandia. Bl liquen
islándico tiene frecuente uso médico;
de ordinario, bajo la forma de gela-
tina.
d. Lecanora parella, de Achar; la
romaza acuática, que los franceses
llaman orcbilla de Auvernia^Orrmj/í
dAwsrgne).
6. Roccella tincíoriea, orehilla de
Canarias, que viene de Canarias y de
las islas de Cabo Verde. Es el lichbn
roccelle de los botánicos franceses y la
orehilla purpúrea de los antiguos.
7. Cladonia rat^ífera de Hoffmann,
?ue es el liquen de los renos de los
ranceses (lichbn des rennes), llamado
así porque constituye el alimento de
aquellos animales. £s una especie de
musgo blanco.
8. Sticta pnlmonacea, de Achac; u-
TOMO ai
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426 LIQU
LIQÜ
LIRI
QUBH^¿««Mr, que el el lichin j>ití-
monatre de los ^nceses.
9. Liquen piaido, cénomyce pymdct-
ta, de Achar, que es el uchbn pywide
de los botánicos franceses.
10. LiOHBN tartáreo; lecanora tartá'
rea, de Achar, que es el uchen taría-
reux de la botánica francesa. Este li-
quen viene de Suecia y da un hermo-
so color encarnado.
11. Medicina (Patología). Inflama-
ción eaUnea caracterizada por la
erupeidn simultánea ó sucesiva de j)á>
pulas rojizas 6 de color de la piel,
pruriginosas, ora dispuestas pot se-
ries ó g^rupos, ora esparcidas por una
regido ó por toda la superficie del
cuerpo. Esta fué la &moSa epidemia
que, bajo el reinado de Claudio, in-
Tadió á Italia 7 i toda Europa.
12. LiQUSN veiicular; enfermedad
de la piel, común á los países cálidos,
que es el lighbn tropicus de los ingle-
ses j el LECHEN váiculaire de los fran-
ceses.
Lic^uenato. Masculino. Química.
Combinación del ácido liquénico con
una base.
Liquéneo, nea. Adjetivo. Sotini-
ctt. Parecido al liquen.
BnuoLOOÍ^ Liqttm: francés, li-
ehenée.
Li({uénico. Adjetivo masculino.
Q,uimca. Epíteto de un ácido que se
encuentra en algunos liqúenes.
Etimología. Liquen: francés, lieh¿~
nigue.
Ijíq[uenicola. Adjetivo. Que vive
en los liqúenes.
EnuoLOQÍi.. Liguen y el latín calé-
re, habitar: francés, UchénicoU.
Liqueniforme. Adjetivo, historia
natural. Que tiene forma de liquen.
Liquenina. Femenino. Química*
Principio que se extrae del liquen is-
lándico.
BnuoLOOÍA.. liiquen: francés, UcÁé-
nine,
lácnteniToro, ra. Adjetivo. Zoolo-
gía. M que se alimenta de liqúenes.
BTiHOLoaÍA. Liquen j el latín «¿ro-
re, comer.
Liqneiu^afia. Femenino. Parte
de la Dotánica que trata de los liqúe-
nes.
EtucolooÍa. Liqueny el griego yra-
jíAfttt, describir: francés, /tcArát^ro^^tV.
Liquenográfico, ca. Adjetivo.
Concerniente á la liquenografia.
liiquenógrafo. Masculino. El que
se dedica ála liquenog^rafía.
Lüjuenoide. Adjetivo. Botánica,
Semejante ó análogo al liquen.
BTUioLoaf A. Liquen y el griego
ñdot, forma: francés, lichenolde.
láquenologia. Femenino. Botáni-
ca. Tratado sobre loa liqúenes.
Etimología. Liquen y el griego ló-
qos, tratado.
Liqaenológico, ca. Adjetivo. Gon^
cerniente i laliquenologfa.
Líquenúlogo. Masculino. Bl qne
escribe acerca de los líc^uenes.
Liauenoso, sa. Adjetivo. Pareci-
do al liquen. || Que contiene liquen.
I^Itiuolooía. Liquen: francés, liehé-
neus.
Liquidablo. Adjetivo. Lo qne se
puede liquidar,
ETUfOLOoÍA. Liquidar: catalán,
qwdable.
Liquidación. Femenino. El acto y
efecto de liquidar.
Etimoloqía. Liquidar: catalán, li-
?uidació; franoóit u^ndatípn; italiano,
iquidasione.
Liquidado, da. Participio pasivo
de liquidar.
ETOfOLoaÍA. Latín liquSíttSt parti-
cipio pasivo de UqvSre: catalán, liqw-
dat, da; franeéi, tiquidé; italiano, U-
quidato.
Liquidador, ra. Masculino y fe-
menino. El que liquida.
Etiuolooía. Liquidar: catalán, li-
quidador¡fnLneés, /i^úíateiir; italiano,
Uquidatore.
Liquidámbar. Masculino. Licor
resinoso natural, pingüe, de la consis-
tencia de la trementina, de color ama-
rillo rubio, sabor acre, aromático y
olor fragante, que se saca por incisión
de un grande árbol de Nueva-España,
que los indios llaman ocototl.
Etiuolooía. Bajo latín liquidambor-
rum, de liquido y ámbar: catalán, liqui-
dambre; francés, liquidámbar. — «Cier-
ta esj)ecie de bálsamo natural, ó resi-
na liquida, mujr parecido al ámbar,
de color claro, rubio ó amarillo, y de
un olor muj agradable: el cual se saca
por incisión de un árbol grande, que
se cría en la Nueva España, cujas
hojas se parecen á las de la hiedra, y
la corteza es gruesa, cenicienta, j muv
olorosa.» (Acadbuia, Diccionario de
im.)
Líquidamente. Adverbio de modo.
Con liquidación.
Etihología. Liquida y el sufijo ad-
verbial mente.
Liquidante. Participio activo de
liquidar. Que liquida.
Liquidar. Activo. Hacer líquida ó
fluida alguna oosa sólida. Se usa tam-
bién como recíproco. || Metáfora. Ha-
cer el ajuste formal de una cuenta.
Etimología. Licuar: latín, ñquire,
Kquari, líqnete^e; catalán, liquidar;
francés, hquider; italiano, liquidare.
Liquidarae. Recíproco. Pasar á lí-
quida una oosa sólida. | Gramática.
Perder las letras vocales su sonido,
como la u enguerra. |[ Combinarse una
consonante con otra para formar con
ella una sola articulación, como la / j
r en ñtm y tren,
Xiiquidez. Femenino. La calidad
de lo líquido,
ETtMOLoaÍA. Líquido: latín, liqui^-
tasy pureza del aire; italiano, liquiditá;
francés, liquidit/; catalán, liquidesa.
Liquidificable. Adjetivo. Suscep-
tible de liquidarse.
Etimología. Ltquidijiear: francés,
lique^able.
laquidiflcacíAn. Femenino. Ac-
ción o efecto de liquidar.
Etimología. Liquidijícar: catalán,
liquidi^cadó.
Liquidificador, ra. Masculino y
femenino. El que liquidifíca.
Liquidificar. Activo. Convertir al-
guna cosa en líquida.
BniiOLoafA. Latín Uquifaéire; de
Uquídn» y foche, hacer: italiano,
quefare; francés, liquéfier; catalán, 0-
quijicar.
Liquido, da. Adjetivo que se apli-
ca á aquellos fluidos que mojan y se
pegan a los cuerpos sumergidos en
ellos, como el agua, la leche; á dife-
rencia de los meramente fluidos que
no se pegan, como el aire y los meta-
les derretidos. || Metáfora. Se aplica á
la suma que resulta de la compara-
ción del cargo con la data, como deu-
da LÍQUIDA, alcance líquido. J Sn am*
has acepciones se usa también como
nombre masculino^ ¡ Femenino. Véa-
se Lxtra.
Etimología. Licor: latín antiguo,
Uquidut; clásico, Uquídus; italiano, ¿»-
quido; francés, liquide; provenzal, li-
quid; catalán, líquid, da,
LÍquira. Femenino. Mantilla pe-
queña cuadrada que se ponían sobre
los hombros las indias de la Nueva
G-ranada, antes de la conquista.
Lira. Femenino. Instrumento mú-
sico de cuerda que se usaba en lo an-
tiguo. Q Astronomía. Una de las cons-
telaciones celestes del hemisferio sep-
tentrional. I Composición métrica,
acomodada al canto, y que consta co-
munmente de estrofas de á cinco ver-
sos cada una.
Etimología. Griego Xúpa /'¿yra/- la-
tín, Ijfra; italiano y catalán, Urat
francés, hre,
Reteñaaistérica. — 1. Zyra: del grie-
go lyra. Instrumento músico de cuer-
da, tal vez el primero inventado por
los hombres. Empezó por constar de
una sola cuerda (monocordio), luego
de tres, de cuatro (tetracordio), de
cinco (peníacordio), etc., y llegó á te-
ner hasta cuarenta, sufriendo sucesi-
vamente además varias modificacio-
nes de forma.
2. La lira de los egipcios sólo tenía
tres cuerdas.
3. La de los hebreos, llamada kin~
ñor, tenía diez, j se tocaba con el
plectro 6 arco.
4. Bl kin de los chinos es una lira
de cinco cuerdas; y ú ehé consta de
veinticinco.
5. Los nombres de la lira entre los
griegos y los latinos, que la tomaron
de aquéllos, fueron Itfra, chelys (tor-
tuga) que los últimos tradujeron por
testudo; y lue^o, dthara, barbytos, con
cuerdas de lino, y phormiux. Parece
que la i.ULk.-toríi^a (testudo ) es la más
antigua, la pastoril y la primera in-
ventada. (Monlau.)
Lirela. Femenino. Botánica, Re-
ceptáculo de los drgaiu» reproducto-
res de loa liqúenes, cuando es sésil,
lineal v se abre por hendidura longi-
tudinal.
Etimología. Lvra,
Lireloso, sa. Adjetivo. Botánica.
Que presenta surcos lineales peque-
ños.
Etimología. Lirela: francés, lyré.
Liria. Femenino. Liga, por mate-
ria viscosa.
Liriano, na. Adjetivo. Natural 6
propio de Liria.
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LIS
Lirico. ca. Adjetivo. Lo que per-
tenece á la lín 6 á la poesía propia
para el canto.
Etimología. ZtVa: latín, It^rícus;
italiano, hrico; francés, Ijfrifue; cata-
lán, lírick, ca,
Ijirio. Haseulino. Bótdmca* Hierba
medicinal, que comunmente se llama
lirio cárdeno, v echa las raíces ras-
treras jf superficiales; las hojas lar-
fas mas de un pie, anchas de dos dé-
os, nervosas y terminadas en punta
de espada; el tallo es derecho, redon-
do, de cinco ó seis nudos, y de cada
uno brota una hoja más pequeña, en-
tre la cual salen los ramos, en cuyas
cimas nacen las flores de seis hojas,
muj grandes y hermosas, de color
más ó menos azulado, 6 matizadas de
varios colores, g blanco. Azucena. ¡|
HEDIONDO. Planta de un pie de altura,
con las hojas que nacen amontonadas
desda ia raí ael«das, largfas y pun-
tiavadas; del medio de ellas nace el
tallo, que sostiene flores de la misma
hechura que las del UBio común, y
de color azul pardusco, que despiden
por la noche un olor hediondo.
BrncOLOaÍA. Griego Xeíptov (letrion):
latín, tilíum; italiano, ffiyíto; francés
del sígalo xu, liz; moderno, lis; pro-
veazal, Uii, liri, Us; catalán, lUrt.
Líriodendrina. Femenino. Quími-
ca. Principio balsámico que se ex.trae
de la cortesa de las rafees del lírio-
dendro.
EriuoLoaÍA. LtrietUndro: francés,
liriodendrint*
Liriodendro. Masculino. Botáni-
ca. Nombre de las plantos del género
tulipero (magnoUáceat}*
Bni«H.oo/Á. OrtegoX£{ptov^¿tf{nm^,
lirio, y oh^pwfdéndronj, árbol: fran-
cés, ívnodfíuiroñ.
Limeaio. Masculino. 9í^raña an-
ticua. Famosa ciudad de ta Tróade,
destruida por Aquilea.
BrofCMAofa. Latín /¡jírmu nw. (Ovi*
MO.)
Lirón. Masculino. Zoología. Cua-
drúpedo muj semejante al ratón, del
que se diferencia principalmente en
ser de color más negro, y en tener
más largo el pelo de la cola, j el de
las orejas más lar^o que ellas. Habita
en las tierras cultivadas, construyen-
do madrigueras y royendo las raíces
de lu plantas. Nada con la misma
solidad que corre, y pasa todo el in-
nerno adormecido y oculto debajo de
la tíana. | Do&hib coho un libóh.
Frase fiamilíar con que se denoto que
uno diienne. mucho 6 de continuo,
como se cree que hace el libón.
Etuiología. Latín glis, gtiris, que
es el griego yí^toí (fféUictJ; bóUco,
^ióii(eUid$J: itoliano, yAiro; francés,
lérotf í«r, lirón; provenzal, ¿flire; Be-
Ky, Ure.
Lirondo, dcu Adjetivo. Limpio,
sin mezcla. Véase Mondo y urqhdo.
BtnioLoofA. Lirón.
Lis. Femenino. Flobdblis.
BriuoLoofA. Lirio.
Lis (caballebos db). Historia* Ciu-
dadanos que, desde la primera res-
teuaei^ «t 1^14, llevaban una pe-
LISI
queña lis heráldica de plato. Bsto no
constituía en realidad una orden de
caballería, sino más bien un signo de
adhesión á la vuelto de los reyes. To-
dos los militoras y todos los funciona-
rioa públicos, pri&eipalmeato los con-
decorados con la Legión de Honor,
fueron oUigados al principio á llevar
la LIS, como signo de adhesión al go-
bierno nuevo. Cuando pasó el furor por
el realismo, fué desapareciendo la con-
decoración, que apenas duró dos años.
Lisa. Femenino. Piedra ó bruQi-
dor de madera con que alisan el pa-
pel en las fábricas..
Lisamente. Adverbio de modo.
Con lisura.
ETiuoLOofa. Lisa y el sufijo adver-
bial mente: italíauo, lueiavunU; cata-
lán, Ilitament.
Lisandro. Maaoulino. Nombre pro-
pio de varón: san Lisandbo. | Eforo
de Lacedemonia, desterrado por sus
prevaricaciones. (Cicaa^.)
BTni<H;,OQÍA. Latín Lisatuler.
Lisar. Activo anticuado. Lisua.
Lisboa. Femenino. Geoora/ía. Ca-
ftitol del reino de Portugal, con exce-
ente puerto, formado por el Tajo;
comercio importante; notables monu-
mentos; vistas deliciosas; hermosos
paseos; pueblo culto y hospitalario,
de trato ton afable como caballeroso.
843.000 habitontes.
EnHOLoafa. Lisbdna, que es Oltsi-
pona del Itinerario de Antoníno Pío,
de donde salían tres caminos: uno, al
Sur, para Évora; y los otros dos, por
ambos lados del Tajo, para Uérida y
Oporto.
Lisbonense. Sustantivo y adjeti-
vo. Lisbonés.
Lisbonés, sa. Adjetivo. El natu-
ral de Lisboa 6 lo pertonedeato £ esta
ciudad.
Lisco, ca. AdyetÍTo anticuado.
Bizco.
ETU(H,oaÍA. Lusco,
Lisera. Femenino. Provincial Mur-
cia. El vástogo de la pito. || Foríijíea-
cidn. Bbbha*
Lisgo, ga. Adjetivo anticuado.
Bizco.
Lisiable. Adjetivo. Vulnerable.
Lisiado, da. Participio pasivo de
lisiar.
EriuoLoafa. Lisiar: catalán, lo-
siat, da.
Lisiador, ra. Sustantivo y adjeti-
vo. Que lisia.
Lisíadura. Femenino. Herida.
Lisiano, na. Adjetivo. Mineralogía
y geología, Tbrbbnos lisíanos; subs-
tancias LisiANAS; terrenos y substan-
cias formados por disolución.
Etimología. Griego Víiíx, (lysis),
dísulucion: francés, lysien.
Lisiar. Activo. Ofender, lastimar
alguna parte del cuerpo.
ETiMOLOofA. Lestón: catalán, lesiar,
forma etimológica.— «Romper, estro-
pear ú ofender algún miembro, de
manera que quede de poco ó nin-
gún uso. Viene del latino Ladére.^
(AcADBifu, Diceiotwri» de 1726,)
Lisias. Masculino. GélebN onulor
atoniense.. (CiouÓH.)
LISO
427
ETiMOLoa{a*Griego Aiínoc (Xysias }:
latín, Lysias,
Lisimaca. Femenino. Lisiuaquia.
Lisimaqnia. Femenino. Botámca.
Planta que se cría regularmente en
lugares húmedos y pantanosos, y tie-
ne varios tallos derechos, vellosos y
con muchos nudos; las hojas son lar-
gas y puntiagudas, lanuginosas por
debajo, y por encima, de un verde
amarillento; la flor es amarilla y sale
en la cima de las ramas.
EriuoLoaÍA. Griego Xu¡jt[i.«xti» (lysi'
machia): latín, lytin^h\a> forma de
Lysímachus, Lisimaco, que le dió
nombre: bajo latín, lirimackia; cata-
lán, Ilirimaqnia, forma incorrecta.
ÁtseFia. — Llámase también salica-
ria, por la semejanza de sus hojas res-
pecto de las del sauce; siliXt "teis, en
latín. ^0. DE Sbbbks.)
Lisidn. Femenino anticuado. Le-
sión.
Lisionado, da. Adjetivo anticua-
do. Que ha recibido lesión.
Lisis. Femenino. Medicina. Crisis
saludable en una enfermedad.
Etimología. AúoK (Lysis), disolu-r
ción (de los elementos mórbidos; esto
es, disolución de la enfermedad).
Lisme. Masculino. Derecho' que se
pagaba antiguamente en las regen-
cias berberiscas por la pesca del co-
ral.
EriuoLoaÍA. Arabe l4*in, laxina
(-Cp'i^^ Í6í^), cosa obligato-
ria, deuda, impuesto. (Dbfr£hbbt.)
Reseña. 1. — Entre los argelinos, es
corriente la forma (Usmajt según el
¿>(Cc»ni(in9 francés arábigo de Gher-
bonneau.
2. La forma letma trae á la memo-
ria nuestro antiguo derecho de letáa,
que es el vocablo árabe siu otra alte-
ración que la conversión de m en d.
Liso, sa. Adjetivo. Igual, sin tro-
piezo ni aspereza. \ Germania, Dbs-
VEROONZADO. Q Se aplica á las telas
que no son labradas y á los vestidos
que carecen de guarnición y otros
adornos. || y llano. Locución q^ue se
aplica á los negocios que no tienen
dificultad; y así se dice: es cosa lisa
T LLANA. II Germania. Masculino. Raso
ó tafetán.
Btimolooía. Griego Xtii<r¿; (lissós):
antiguo alto alemán, Itse; moderno,
leise; italiano, lisdo^ lesso; portugués,
lizo; francés del siglo xi, Itce; moder-
no, lisse; catalán, llis, a.
Lisonja. Femenino. Adulación,
alabanza afectada para ganar la vo-
luntad de alguna persona. |¡ Blasón.
LOSANOB.
Etimología. Italiano Insinga: fran-
cés, losange, antigua forma de huanffs;
catalán, lisonja.
1. Lisonja y losange representen la
misma palabra radical.
2. El sentido etimológico de la'VOA
del articulo pone de manifíestudC-Att)
farencia que el uso general9ffÜi2do
por una lógica admirable, ha esMMw
cido inttñ lisonja y adulaííífmaOBkJ.
La lisonja es loa: U«^skadk jUiU»
ala y bajesa. uinema^ .waij
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428 LIST
LIST
LIST
Lo U$oiytr<f gasta, porcjue está en
Relación coa la baena crianza jr coa
óierto eipíritu de agafiajo, de amor,
de belleza, de poesía, pues la poesía
iiene & ser como una lisonja de la
imaginación: lo adulador repugna,
porque indica an corazón mezquino.
Una lisonja educada^ discreta pue-
de enaltecer: la adulact<ín no puede en
ninff dn caso sino degradar.
El lisonjero tomado en mal sentido,
es temible; el adulador es siempre des-
pzeciable.
LÍM>0jar. AetiTo anticuado. Li-
SONJBAB.
LisoqjesUs. AdjetÍTo. Qae puede
ser lisonjeado.
Lisoiúeador, ra. IbscuUno j fe-
menino. LiSONJBBO.
lásolueamiento. Masculino. Acto
ó efecto de lisonjear ó lisonjearse.
EtiuolooU. Lisonjear: italiano, ¿»-
singamenío.
Xjxsoi^eante. Participio activo de
lisonjear. Lo que lisonjea.
Lisonjear. Activo. Adular, alabar
afectadamente para ganar la volun-
tad de alguna persona. H Metáfora.
Deleitar, agradar: dícese de las cosas
materiales, como la música, etc.
EnHOLoaÍA. Lisonja: italiano^ /«-
situare; catalán, llisongear.
Lisoi^eramente. Adverbio de mo-
do. Con lisonja. || Agradablemente.
BnicoLoaÍA. Lisonjera t el sufijo
adverbial m$nU: italiano, Uiii^keml-
msníe.
Lisoiyeria. Femenino anticuado.
Lisonja.
Lisoqjero, ra. Adjetivo. El que
lisonjea. Se usa también como sustan-
tivo. II Metáfora. Lo que agrada j de-
leita; como música, voz lisonjera.
EnuoLOOÍA. Lisonja: italiano, lu-
singhévole^ luíin^hiere, lusin^hiero; ca-
talán, llisonger^ a, j llausanaers.
Sinonimia. Lisonjero^ adulador. Uno
j otro procuran agradar á costa de la
verdad; pero se lisonjea i las personas
por parte del corazón; se les adula
tior parte del entendimiento ó del ta-
ento.
Bl Uaomjvro nada desaprueba, justi-
fica lo qae es vituperable, j aun in-
tenta erigir el vicio en virtud. El adu^
lador lo alaba todo; hace la apología
de lo malo, y aun se atreve i dar
aplausos á lo ridículo.
La lisonja es muy propia para ali-
mentar las pasiones; la adulación sa-
tis&ce la vanidad; la una es el talen-
to del cortesano vulgar; la otra cons-
tituve el carácter del pedantón asala-
riado.
No es ser lisonjero el manejar la
verdad con cierta prudencia, ó de un
modo que no desagrade á aquellos á
quienes chocaría» si ge la presenta-
sen desnuda. Jamás adulador alguno
supo el ar£e de alabar; únicamen-
te conoce el de vender alabanzas.
(March.)
LisODjía. Femenino anticuado. Lx-
SONJA.
Lísor^ Masculino anticuado. Li-
8ÜAA.
Lista. Femenino. Pedazo de papél,
de Menso 6 de etra cosa, largo t an-
gosto. I La tira de distinta labor 6
color que tienen algunas telas. Q Ca-
tálogo. I El recuento que se hace en
alta voz de las personas que deben
asistir á algún acto. Se usa mi* co-
munmente en la milicia.
Etimolooía. Anticuo alto alemán
lista, bordado: ingles, list; italiano,
lista; francés, liste; catalán, Itista.
Lista y Aragón (Albbbto). Docto,
profundo 7 castizo poeta, critico j ma-
temático español, ano de los mejores
maestros y modelos de los escritores
que han brillado en nuestra patria en
los últimos años. Nació en Sevilla
en 15 de Octubre de 1775 7 murió
en 1848. Debió el pan de su niñez á
los escasos productos de la industria
de la seda, próspera en un tiempo.
Sentado en un telar, donde trabajaba
para sostener á sus padres, compartía
estas faenas con los estudios de la
universidad, en que cursaba filosofía
7 teología; y afecto por instinto á las
musas, trasladaba al papel sus prime-
ras inspiraciones. Como el estudio era
su único recreo, no tenía horas de
ocio, 7 á fuerza de vigilias, se aere-
ditaba á la vez de matemático 7 de
poeta. Ya eu 1788, habiendo logrado
abandonar las rudas tareas del ta-
ller, servía en calidad de sustituto la
cátedra de nutemátícas sostenida por
la ¿Sociedad Scondmica de Sevilla, 7
en 1796 la del colegio de San Telmo.
Pertenecía entonces á una academia
particular de humanidades, compuesta
de jóvenes amantes de la amena lite-
ratura 7 á quienes servían de modelo
Garcilaso, Herrera 7 Rioja, junta-
mente con Meléndez, Moratín 7 Jove-
Uanos, restauradores del buen gusto.
Eu ella, al par que Reinoso obtenía
el premio de un certamen prppuesto
por la Academia de Buenas Letras de
Sevilla, Lista conquistaba el accésit,
cantando La Inocencia perdida. A los
28 años se ordenaba de sacerdote; 7
á la entrad^ de los franceses en Espa-
ña, ocupaba la cátedra de retórica 7
poética de la universidad de Sevilla,
7 se unió á Blanco pan continuar la
publicación del Semanario patrióticos
emprendida por Quintana, en donde
sostuvo ideas de independencia. Sin
embargo, como después cambiara de
opiniones, tuvo que emigrar en 1813,
cuando los franceses aljandonaron el
territorio. Vuelto á España en 1817,
publicaba en compañía da Hermosilla
y Miúano El Censor ^ una de las mejores
revistas criticas que han visto la luz
pública en España; ganaba por opo-
sición la cátedra da matemáticas del
consulado de Bilbao, viniendo, hacia el
año de 1820, á Madrid, para regentar
el colegio de San 3faíeo, recientemen-
te fundado, encargándose en él del
desempeño de tres asignaturas. Citar
los jóvenes qúe allí adquirieron el
tesoro de la enseñanza, equivaldría á
escribir un largo catálogo de nombres
ilustres en todas las carreras del Es-
tado; pero, á pesar de esto 7 de la re-
fiutación que, tanto en España como
úera de ella, babla conquistado i
Lista la publicación de lua composi-
ciones poéticas, el Gobierno, no sólo
cerró el colegio que regentaba, dando
por pretexto que allí se enseñaban 7
propagaban doctrinas contrarias al
orden 7 á la religión, sino que obligó
al virtuoso 7 docto sacerdote á expa-
triarse nuevamente, buscando un asi*
lo en Francia, donde comenzó á pu-
blicar la Qaceta de Bayona, que tam-
bién fué prohibida en España. Du-
rante el período de su expatriación,
visitó París 7 Londres; aumentó con-
siderablemente sus poesías; se dedicó
á otros trabajos, tanto científicos como
literarios, 7 volvió en 1833, nombra-
do director de la Qaeeta de Madrid,
Más tarde ae le ofreció obispado de
Astorga, que no aceptó, innuTendo
^derosamente para que se confiriera
a su amigo Torres Amat, prefiriendo
Quedarse en la dirección ael coleeio
e San Felipe Neri, hasta que en 1840
ae retiró á Sevilla, donde acabó sus
días gozando de la decorosa medianía
que nié el límite de su ambición, j
rodeado de los cuidados de amigos
cariñosos 7 de discípulos queridos,
que le miraban con el amor 7 el res-
Eeto con que se mira á un padre.-—
)0N Alberto Lista, uno de los ver-
daderos restauradores de nuestra poe-
sía en el primer tercio de este siglo,
no hirió nunca las cuerdas de au
lira para los acentof del reneor, ni
de las tumultuosas pasiones; aino
para inflamar sus cantos, ñcoa de
suavidad sublime, de inspirada me-
lancolía, da dulce ternura, uniendo
la severidad 7 fluidez de Rioja con
el mágico artificio de los más gala-
nos poetas de los siglos xvi 7 xvii.
Como noble émulo de Fra7 Luis de
León, llora La Muerte de Jesús, con
acentos que se sienten mejor que se
analizan, 7 su poesía, llena de unción
religiosa, de elevados conceptos, de
solemne sencillez, parece ser el pro-
fundo suspiro de un corazón doliente
exhalado entre lágrimas de gratitud
7 de tristeza, de arrepentimiento 7 de
esperanza. Nada más gustoso ni de-
licado que el sabor bíblico que vier-
te Lista en el Canto del esposo, felis
imitación del Cantar de los Cantares,
ni nada más entusiasta que su oda
A la victoria de BaiUn, su himno A l
desgraciado 7 su Canto je la esposa á la
Hesurreccidn del Salvador det Mundo,
Como poeta filosófico, ora califique
de inúitl el temor á lo venidero; ora sos-
tenga que la felicidad consiste en la
moaeración de los deseos, 7a se indine
á que deben abandonarse los cuidados
mundanos, siempre nos muestra una
serenidad de espíritu inalterable, ex«
presada en una forma del más puro
clasicismo, llegando á la sublimidad
en su oda á La Vida humana, asi eomo
había llegado al punto más alto i
que puede llegarse en sencillez 7 ter-
nura en su hermosa composición i Za
2'arde. Sin embargo de estas cualida-
des extraordinarias, no es sólo como
poeta como supo IÓsta conquistarse
el alto puesto que en nuestras letras
ocupa* Como critico, si no puede ci-
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List
LITA
LITE 4á9
tánalflcomo el primero, unánimemen-
te «e le ba concedido uno de los nás
elevados lugares entre aquellos que
han hecho un sacerdocio de la noble
mháón /le alentar con sus consejos j
hacer huir -de los errores en que el
apasionamiento de escuela puede ha-
cer incurrir. Siempre que analiza,
compaia j juzgfa; como ha dicho uno
de los más ardientes enaltecedores de
Lista., aparece tan conciso en pala-
bras como fecundo en pensamientos.
Su argumentación es lógica, natural
j sencilla: su estilo, fluido, limpio,
correcto, j su crítica es el buril que
perfecciona y no el mazo que destru-
je: es la podadera que corta algunas
ramas, para que el árbol brote con
mis lozanía; no el hacha que, hora-
dando sa tronco, seca sus raíces. Sus
AiM^of critieesy sus Ditcu/rtos, pro-
noneiados en el Ateneo en los aflos
de 1835 & 1838» son j serán siempre
ano de los más acabados modelos de
crítica j uno de los documentos más
preciosos para probar que ni los arre-
hatos del romanticismo, ni el frío
cálculo del clasicismo, constítujen el
arte, sino que éste busca el amparo
de todo lo bueno que tienen ambas es-
cuelas para realizar su fin. Don ál-
BKBTO Lista, además de las obras que
dejamos citadas en el cuerpo de esta
biografía, compuso un Tratado de ma-
ímiticai pHras y mixíat; tradujo en
prosa galana y castiza la Hitíoria
mivmal, de Segur; coordinó una rica
Coieeeüm de lot mejores puHtcisías es~
pamietj en prosa j verso, y escribió
artículos de crítica en las principales
paUíeaeiones de su tiempo.
Ite*%men. — Añadimos este resumen
con el único fin de llamar la atención
hacia una cualidad de nuestro perso-
naje, la cual lo realza hasta el punto
de convertirlo en uno délos más nobles
earacteres de su época. Albbbto Lis-
ta, amaba tanto ála juventud, amaba
tanto la belleza j el arte, que no rajó
ninguna luz en el horizonte del ge-
nio sin que la musa nacional cantase
por su boca:
T^jed, moBAi de Ibarla, una piImaMa
AlffanioeeUsti»! qna os amanece.
La ceniza del ilustre poeta es uno
de los grandes tesoros que posee la
úadad insigne que le sirvió de cuna:
Sevilla, qne sabe muy bien quién fué
elmoarto, no querrá que le apliquen
aqaellos versos caú cabalístioos:
Si npluen qiüdn muzlAi
no viviera como vive.
Uatadillo. Masculino americano.
Tela de algodón á listas azules y blan-
cal, de que suele vestiise la gente po-
bre ^ de servicio.
Listado, da. Adjetivo que se apli-
ca á la tela ó á otra cualquiera cosa te-
jida, guarnecida 6 pintada de listas.
Bnwn^ÍA. Listar: catalán, Uislatt
da.
Uitar. Activo. Austab. Se usa
también eomo recíproco.
BnuoLOoU. X»ta: catalán, Ilittor,
Listeado, da. Adjetivo. Listado.
Listel ó Líetelo. Masculiao. Ár^
lúUelmrti. Filete.
ETiuoLoaÍA. Lista.
Listesa. Femenino familiar. Dili-
gencia, viveza.
GTWoLoofa. Listo: italiano, lestet~
ta; catalán, llestament.
Listo, ta. Adjetivo. Diligente,
pronto, expedito.
Etimología. Alemán Ustig, hábil,
astuto, con cierto viso picaresco, casi
truhdn: napolitano, listo, liesto; ita-
liano j portugués, lesío; francés, les-
te; catalán antiguo, lesí, a; moderno,
Uest, a. — El alemant Ltst, habilidad,
hace evidente la derivación.
Listón. Masculino. Cinta de seda
más angosta que la colonia. ¡| Carpin-
tería, Pedazo de tabla angosto, que
sirve para hacer marcos j otros usos.
Q Arquitectura. Filete.
ETiuoLoaÍA. Lista; catalán, lUstó;
francés, listón.
Listonado, da. Adjetivo. Qae tie-
ne listones.
listonar. Activo. Guarnecer de
listones.
Listoncico, lio, to. Masculino di-
minutivo de listón.
ListoncíUo. Masculino plural. Dos
barretas cuadradas por donde pasa la
batalla del acanalador, cuando los
can)interos trabajan con él.
Listoneria. Femenino. El conjun-
to de listones.
Listonero, ra. Masculino j feme-
nino. Ki que hace listones.
Lisura. Femenino. La igualdad j
lustre de la superficie de alguna cosa.
j| Metáfora. Ingenuidad, sinceridad.
ExmoLOofA. Liso: catalán, Ilitura;
francés, lisiure; italiano, Useeaa.
Lit. Femenino anticuado. Lid, la-
cha.
Lita. Femenino. Lahdrilla, por
la larra y el grano que de ésta se ori-
gina. Aplícase este nombre más co-
munmente para expresar esta enfer-
medad en los perros.
Litable. Adjetivo. Qoe puede 6
debe ser litado.
Etiiiolooía. Litar: latín, lítabilis,
lo que se puede o&ecer en sacrificio.
Litación. Femenino. La aeción y
efecto de litar.
EtiuolooÍa. Litar: latín, ¡ttatío; la
acción de ofrecer y hacer ^ sacrifi-
cio.
Litador, ra. Ifasenlíno jr íémeni-
no. El que lita.
Lita¿ogia. Femenino. Medicina.
Propiedad de los remedios que coran
la piedra.
ETiuoLoafA. Litigogo.
Litágogo, ga. Adjetivo. Epíteto
de los medicamentos propios para
curar el mal de piedra.
ETnioi:x>afA.. Griego Uíhos, piedra,
y agogús (iywyóí), que expulsa; forma
agente de ágein (Sifeiv), dar el primer
impulso: francés, Uíhagague.
Lítamiento. Masculino. Litación.
Litar. Activo. Poliíeismo romano.
Hacer algún sacrificio agradable á la
Divinidad.
BriuoLoefa. Latín íiiSn, aplacar
á los dioses con sacrifieioSf árecnenta*
tivo de í«¿Vv, pagar.
látargo. Uasculioo. klMivtxüA.
ETiMOLOofii. Litaiyirií: francés, li-
thar^e,
Litax^gía. Femenino anticuado.
Letaroo.
litargirio. Masculino. AucXbta-
OA* n DE ORO. AluXBTAQA. fl DE PLA-
TA. AluXbtaoa.
Btiholdoía. Griego XiSáp^upo^ (U-
thirgyros), de llthos, piedra, y argy~
roSf plata: latín, lithargyrus; italiano,
litargirio; francés, litharge; catalán,
litarge, litargiri.
Lite. Femenino. Forense. Pleito.
ETiuoLoaÍA. Latín lite, ablativo de
lis, iitist del antiguo stUs, simétrico
del alemán Strñt, lucha: italiano,
lite.
Reseña. — Los eruditos De Miguel
y Morante derivan el vocablo latino
del griego £^tc (éris), contienda; pejro
la forma stt%s, que se halla en Festo,
hace imposible semejante derivación.
— <Lo mismo que pleito. Bs tos lati-
na usada en lo forense.» (Acadmu,
Diccionario de i726.)
Litera. Femenino. Especie de silla
de manos prolongada que se pone
entre dos muías ó caballos. D Cada
uno de los catres fijos construidos en
los camarotes de los buques.
Etimología. Latín iecíus, lecho;
lecCica, silla de manos: bajo latín, leo-
tarta; francés del siglo xii, lictiere;
moderno, Utiére; provenzal, Uisierat
liítiera; catalán, Uttera; italiano, let-
/lera.— «Carruaje de la misma hechu-
ra que la silla de manos, algo más
pnuongada, y con dos asientos, aun-
que algunas veces no los tiene, j en
su lugar se tienden eolchones, j en
este caso va recostado el que las ocu-
pa. Llévanla dos machos, molas ó
caballos, afianzadas las varas en dos
fraudes sillones. Díjose del latino
ectica,aue significa lo mismo.>(AcA-
DEMiA, Diccionario de 1 726, )
Litera. Femenino anticuado, Lb-
TBA, BSCBITO.
Btiuolooía. Letra,
Literal. Adjetivo. Lo qne as con-
forme á la letra del texto.
ETiuoLoaÍA. Letra: latín, litterilis;
italiano, letíeraki francés, Úf^A-tf/; ca-
talán, literal,
láteraiídad. Femenino. Sujeción
i la letra del texto.
BmiOLoaU. Literal: francés, Utté'
ralité,
Literalista. Sustantivo. Bl qne se
sujeta demasiado á la letra del texto,
sin permitirse alteración alguna.
Literalmente. Adverbio de modo.
Conforme á la letra 6 al sentido lite-
ral.
Etiuglooía. Literal y el sufijo ad-
verbial mente: catalán, Uteralment;
francés, littávimente; italiano, i*Ug~
raímenle.
Literariamente. Adverbio de mo-
do. Bajo el aspecto literario.
Etiuoloqía. Literaria y el suñjo
adverbial mente: latín, litteriíit doc-
tamente; fiancés, Utt^vmmaU; ita-
liano, leiíerariamente.
Literario, ría. Adjetivo. Lo ^t-
teneciente á la literatura d eianeias.
ETiuoLoaÍA . Letra: latin, íiWfr*-
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430 LITE
LITE
ríus; LiTTB&ARius ludul, academia;
LiTnBARius ptedagogm, maestro de eg-
cuela; italiano, Uíterariof francés, lií'
téraire; catalán, literari, a.
Literatísimo, ma. Adjetivo lu-
perlativo d« literato.
Literato, ta. Adjetivo que se apli-
ca i la persona instruida en varios
ramos de Utexatura; especialmente,
en las letias hamanas.
Bni«».oaU. LeUn: latín, Utteraíor,
eiamático, nuestro de escuela, eru-
dito; italiano, UtUnío; firancés, Utíi-
ra^r; eataUn, UUrat, a,
Literfttnn. Femenino. El conoci-
miento de las letras humanas.
ETiuoLoaía. Literato: latín, litUrSr-
íUra; la formación de las letras, la
framática, el alfabeto, en Tácito; eru-
ición, doctrina, cultura, en Cicerón;
italiano, leíí«raíura; francés, UítéraíU'
re; catalán, literatura.
Breve reseña de la UTsaATUBA espa-
ñola,— Sin embargo de que no hare-
mos otra cosa que tocar superficial-
mente la materia, lo cual, más que
tocarla, es deslucirla, cogemos la plu-
ma con ima grande desconfianza de
nuestros recursos, porque estamos
profundamente convencidos de que
Tamos á dejar fiillidas las esperanzas
de nuestros ilustrados lectores. Cree-
mos que ofrecer un resumen de las
letras patrias, dando un acento i las
maravillas de tanta gloria» es empe-
ño muj superior ¿ las fuerzas de un
hombre, puesto que una vida no bas-
ta; pero adonde no llegue la pobreza
de nuestro ingenio, llegará sin duda
el espíritu generoso del público espa-
ñol, jra que el cielo ha querido qun en
el mundo de las intenciones exista la
bondad, como compensadora divina
de la humana flaqueza. Tal es la úni-
ca idea que nos da bríos contra los
temores y sobresaltos de nuestra pre-
visora in(|ttietud. Hijos humildes de
la gloriosísima uTsaATURa española,
natural es qae la mirada de nuestra
madre haga que nuestro espíritu se
recoja dentro de las jD^randezas de sa
noinbre j de los misterios sagrados
de sn amtff.— Agruparemos los escri-
tores, así poetas como prosistas,- (^ue
florecieron en cada siglo, con el obje-
to de que estos cuadros particulares,
sin cansar al lector, puedan darle
una idea general de la magnitud de
la pintura. A dichos cuadros segui-
rán algunas palabras sobre las figu-
ras que, á nuestro cuidar, lo merecie-
ren, sin entrar en detalles y porme-
nores que pertenecen á la biografía
propia de cada personaje. Aquí no di*
remos sino lo que convenga á la ar-
monía del cQjyunto, dando de gracia
que la extensión de tal conjunto no
obstruya las vías de nuestro .entendi-
miento jr de nuestra memoria. De so-
bra estaría hacer presente que aquí
diremos lo ^ue nos parezca verdad
con la sinceridad del que cree, con la
franqueza del que ama. Al emitir cier-
tas opiniones, pudiéramos ponernos
á buen recaudo invocando la autori-
dad de respetables eruditos; pero no
tenemos pw costumbre oslamos la vi-
sera, ni celar el mote de nuestro hu-
milde escudo, porque sabemos que,
en infinitos casos, es preferible la
franca labor de la soldadura á la pu-
lida industria del esmalte y al sabio
melindre de la filigrana. Ahora, co-
mo siempre, amoldaremos nuestros
juicios al temperamento de nuestra
crítica: entre la rectitud y la pasión,
la rectitud; entre la piedad y la ius-
tícia, la piedad, que mucuo nace
todo el que piensa; pero hace más in-
finitamente quien sabe pensar bien.
I
UTBRATUBA UISPANO-LATIÜA
Subamos hada el siglo de Augus-
to; acerquémonos á esa reliquia por-
tentosa de la alta latinidad; aproximé'
monos con la cabeza destocada á esas
magníficas ruinas en donde descan-
san las sombras de los genios anti-
guos, v hallaremos (^ue Séneca, Lu-
cano, Marcial, Quintiliano, Silio Itá-
lico, Floro, í'Olumela, Pomponio Me-
in y otros menos célebres, fueron in-
disputablemento los maestros de la
LitsaATuRA uispano-latina; y los pri-
meros entre los escritores de la anti-
gua Roma, después de la brillante
época de Verrón, de Edío, de Virgi-
lio, de Ovidio, de Horacio, Lucrecio,
Tibulo, Tito Livio, Salustio, Cicerón
y César. Toda aquella escuela tiene un
carácter propio, un sello de raza, en
perfiscta armonía con el numen de la
musa española en las edades posterio-
res. Pomponio Mela, en los albires
de la era cristiana, fué el primer geó-
giafo de sus tiempos, habiendo lega-
do á las letras uno de los más gran-
des monumentos de la geografía de
los antiguos. Este monumento pre>
cioso es su libro: J}e situ orbis. Lucio
Jivnio Columela, contemporáneo de
Pomponio (siglo i de la era cristiana),
ofrece el espectáculo rarísimo de un
hombre, el más sabio agrónomo de la
antigüedad, el gran maestro de su si-
glo, cuja existencia corre trancjuila
entre loa libros, los versos y los arbo-
les, sin ser envidiado, que es mucho;
sin ser envidioso, que es mucho más.
Pasemos ahora al insigne autor de la
Farsalia, No se concibe cómo un hom-
bre que muere cuando no había cum-
plido 27 años, tuvo tiempo y trato de
mundo para nutrir su inteligenciu,
Sara formar su fantasía, para desarro-
lar sus sentimientos, paca templar su
gusto, para comprender los arcanos
de la naturaleza y del corazón, tam-
bién los arcanos de una metafísica
que está más allá de los secretos de la
existencia humana, sin lo cual no
puede escribirse un poema épico,
puesto que sin aquella metafísica no
es posible crear la emoción de lo ma-
ravilloso, carácter exclusivo del poe-
ma, empresa última del jgenio. Cuan» :
do decimos, después de leer ta Farsa'
lia: «esto hizo un hombre de 2o años,»
declaramos que la fascinación se apo-
dera de nuestro espíritu* Es ven lad
que en aquella obra se echa de ver
cierta relajación en la unidad, que es
una falta de experiencia; cierta exu-
berancia, que es el vicio de la lou-
nía; cierta hinchazón en el decir, que
es un exceso de virilidad v de javen-
tud, como el vicio en las plantas; pero
en cambio de estos lunares iqienas
perceptibles, ¡cuántos arranques ani-
mosos! ¡cuánto brío en las concepeío-
nesl ¡qué originalidad en el relato!
¡qué pompa en la expresión! ¡qué
tono y qué grandeza en los peaaa-
mientosl En fin, ¡cuántos v cuán mag-
níficos arrojos! Es indudable que ea
la energía singular de ciertas pince-
ladas de Lucano, en la elevación ; |
majestad de sus conceptos, se refleja
fielmente aquella vehemencia come-
dida, aquel talante denodado, aquel
desfogue caballeresco, que constítujs
el carácter original, el signo inimita-
ble de la LITERATURA espaQola, envi-
dia y desesperación de las demás li-
teraturas. Confesamos que Séneca no
fué un escritor totalmente castizo;
pero decimos que, después de Va-
rrón, es el genio más universal de la
gente latina, habiendo mostrado sa
sus obras, en prosa y verso, una ca-
S acidad prodigiosamente fecunda,
ladie ignora la suerte peregrina qa«
cupo á Lucio Aneo Séneca, poeta j ¡
filosofo, hijo de Marco Aneo el m-
dor. Lo portentoso de aquel hombre
no consistió en lo que escribiera, sino
en que tuviese tiempo y calma pata
escribir, viéndole siempre envoelbi
en las intrigas cortesanas, desterrado
á Córcega, traído luego para ser maes-
tro de Alerón, privado de Claudio, te-
mido del hijo de Agripa, victima al
fin de los favores palaciegos, porque
las mercedes palaciegas no hicieroa
jamás otra cosa. Los libros de Séneca
no nos admiran tonto por serlas obras
de un escritor notable, como por ser
las convulsiones de una existencia i
vertiginosa, de donde manan con I
abundancia igqal las catástrofes v los
libros. Séneca ve su fío en las difieal-
tades de la corte, como Leónidas ve su
sepultura en el desfiladero de las T0^
mópilas. Séneca escribe, como uiite
Leónidas á los funerales de Su muer-
te. En muchos pasajes de sus escritos
se ve retratado aquel espíritu de for-
taleza con que tenían que pertrechar-
se por entonces los políticos y los
filósofos. Así fué que, al decretar Ne-
rón su sentencia, se hallaba prepa-
rado para el trance, habiendo ce-
mostrado que el menosprecio de la
muerte no había sido un alarde vano.
En efecto, mientras que su vida se
va extinguiendo con la sangre que
brota de sus venas, filosofa traoquiu*
mente con aquella Paulina, su mujer,
que muere á su lado resignada. ¡Alto
señorío de sí propio, de que no pudo
despojarle el tirano! Él nombra de Sé-
neca ha pasado á la posteridad como
proverbio de sabiduría; jiero debe no-
tarse que, á la reputación de sabio,
debe añadirse la fama de héroe* Oon
la misma razón podría decirse qne, a ¡
la fama de héroe, se debe agregar la |
nalma de mártir. El personaje deque
hablamos, no es un pensador, no es
an tribuno, no 'w nn eraditoj no «
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LITE
LITE
LITE 431
un poeta: es una sublime fatalidad de
los tiempos en que vivía, éter sagra-
do del espíritu que TiTÍfíca el mundo
inmenso de las catástrofes providen-
ciales, como se enciende la chispa del
njo en la entraña caliente de la nu-
be, 6 como el relámpago se ilumina al
tocar en senos ocultos la esencia mis-
teriosa, que Dios esconde á nuestro
org^allo en el imán del ^olo. Esto de-
muestra que en todos tiempos ha te-
nido la humanidad nobles j grandes
atractnw, enríqaeeidos por La Pro-
Tidaaeia j por el íafortuoio, los coa-
las fueron las epopejas de sos res-
peetíras generaciones. En nuestro Sé-
neea ddsenu» mirar uno de esos co-
losos que levanta la historia entre las
tumbas del pasado. Quiutilíano, el
maestro de Calagurrís, arca profunda,
en donde se custodia todo el espíritu
de escuela que tuvo su siglo, vivió
exclusivamente dedicado á su cátedra
de elocuencia, sin salir apenas de
Roma. El poema de las guerras de
^lio Itálico demnestra que su autor
había visitado los pueblos de que ha-
bla, puesto que es un curioso manual
de los parajes que fueron el teatro de
la segunda guerra púnica. Todas las
tradiciones populares, todas las espe-
cies auténticas se encuentran allí re-
copiladas con tino puntual j circuns-
tanciado. Silvio versifica y describe,
pero no conmueve; llega á bosquejar,
pero no pinta; haj ocasiones eu que
quiere entonar un cauto, pero no can-
ta; el historiador escribe en verso,
pero no logra ser poeta. Floro, aun-
que permaneció poco en España, era
müj amante de las glorias de sli país,
como lo demuestra su lípUome ó re-
timen histórico, en que le da el nom-
bre, casi épico, de v%ribw armttqueno-
bHi$ ffispama; «España, ilustre en ar-
mas T varones.» Pero ninguno de
aquellos nobilísimos poetas españoles
i^fualó en patriotismo al poeta Mar-
cmI. ¡Cttin pocos le igualaron en ge-
nio, dentro j ñieia del pueblo latino!
Durante el largo tiempo que vivid en
Boma el Ayo <u BílbiUs, su celebrada
musa no dió un solo panto de repo-
so al entusiasmo jr á la admiración
de su patria adoptiva. Nada menos
2ue catorce libros de epigramas ponen
e manifiesto su ingenio inagotable,
su fecundidad eictremada. En muchas
de sos inimitables poesías, recuerda
á su patria con verdadero afán, con
infantil orgullo, con ese amor inex-
tinguible que el hijo consagra á la
memoria de su madre ausente, burlán-
dose á más j mejor de los que ia tra-
taron de bárbara. «¡Oh Lucio! — escri-
>be á un poeta eompatricio j amigo
>sujro— blas<Sn de nuestro tiempo, de
«nuestra patria, no permitamos jamás
>que nuestro antiguo Ibero j nuestro
>Tajo sean menos esclarecidos que las
>regiones de Italia. Dejemos para
«otros la alabanza de Tebas, Mice-
>nas y Rodas; nosotros, hijos de cel-
>tíberos, no nos avergonzaremos de
«cantar en nuestros versos estos nom-
»bres, aunque bárbaros, de Bílbilis,
>ea donds se prepara el melal para
«las armas; del Jalón, cujas aguas
>están dando tan subido temple al
»acero; de Téstilis, Rijancar, Coros,
»Peterón, celebre por sus huertos y
«arbustos; de Moleña, cujoi habitan-
»tes manejan la lanza con maestría.
«Cantaremos también el lago deTar-
>ga, Petusia j Vetovisa, loisotoa de*
yficiosos de Baradón y las fértiles
«campiñas de Mantineso. Lector, ¿te
«ríes acaso de todos estos nombres
vbárbarosV Pues más quiero hablar de
«ellos que de Bitunto.» Roma llama
bárbaros á los oeltíberos; pero ¿cómo
sucede que aquellos bárbaros espan-
tan á Roma con el ejemplo de sn he-
roísmol^ ¿Cómo sucede que aquellos
bárbaros la amedrentan con el terror
de sus indomables virtudes? Cuando
el Capitolio tenía el mundo bajo su
sombra, la ejemplar Cantabria no viÓ
la sombra del Capitolio, ¡Con cuánto
gozo se difunde el alma por las pri-
meras alegrías de la virtud original!
El poeta de Bílbílis, reflejado en la
memoria de la posteridad, no tiene la
medida que le diera el Supremo Ha-
cedor. Marcial levanta un día sus ojos
hacia un monumento de los Césa-
res, j Boma escuchó lo que jamás ha-
bía escuchado, lo que jamás escuchó
la tierra. Cuando estudiábamos latín
y llegamos á un verso de Marcial,
nuestra espalda sintió escalofríos. Y
no era una composición fanerarift;era
un simple epigrama: «calle Menfís
los bárbaros milagros de sus pirámi-
des, ni se jacte tampoco Babilonia de
su asiduo trabajo!»
Barbara ^¡frawiiduin ÉiUat niractila Mempkii,
Aatiduut jactet nec Babilonia labor.
Fíjese el lector en el verso primero
del dístico: «calle Menfis los bárbaros
milagros de sus pirámides. « Ni en
Roma, ni en Grecia, ni en la India,
ni en el mismo Israel, en donde un
David, un Jeremías y un Job arreba-
tan la fiintasía de la humanidad, se
hizo un verso más inspirado, más
ffrande, más lleno de íntima plegaria,
de entonación profética, de ruidos ar-
moniosos, de ine&bles imaginaciones.
¡Ajrl ^,Cuándo querrá el cielo que la
antigua Bílbílis levante una piedra,
aunque sea una piedra tosca de sus
montes, en donde se lea: «Sobre este
suelo afortunado, sobre esta tierra
agradecida, rodó la cuna del poeta
MarcialV» Ello es lo cierto que ni la
propia LITERATURA griega, la más pro-
digiosa de las literaturas del mundo,
puede decir, como la erudición de
nuestros madores: «corrí triunfante,
desde la gloriosa Roma latina, hasta
el pobre pastor peruano, que aprende
á leer en las páginas del Quijote.» Tal
era, descrita a grandes rasgos, la si-
tuación literaria de España y del im-
Serio de Occidente, cuando lo inva-
ieron los bárbaros del Norte. Enton-
ces, los vencedores y los vencidos
mezclaron su sangre, sus lenguas,
sus pensamientos, sus esperanzas, sus
costumbres; en fin, su vida, porque
sus vidas mezclan los que mezclan
sus esperanzas y sus pensamientos.
De aquella mixtura de razas distintas
nacimos nosotros j aquí da comienzo
la historia medía de las gloriosísimas
letras patrias, esto es, el reinado del
latín gótico, aquel latín que esparce
por Europa la conquista de la Grerma-
nia, el latín de los bárbaros, porque
es tan necesario crear alguna cosa en
los múltiples organismos de la vida,
que hasta la barbarie tiene su crea-
ción maravillosa. ¡Sil BI latín inculto
de la Edad media era el crepúsoulo de
un sol poniente; pero aquel sol no se
ponía, sino porque otro sol se levan-
taba, eitendiendo las luces de su ór-
bita desde el sepuloio de los pueblos
latinos hasta la cana de los pueblos
cristtaDos.
II
LtTBBATDU HISFÁHO-QODA,
Ó BAJO LATINA, DUBANTK LA APOCA
DE LOS VISlGOnOS
I. Ba.la époea del bajo latín, s que
nos referimos, ningún pueblo de Bu-
ropa puede presentar el siguiente cua-
dro de erudición.
Poaíapytular modificada pQr lalgle-
ña; LiTBRATUHA d* io$ himnot. Lo que
distingue principalmente la civiliza-
ción goda en nuestro país es la con-
versión religiosa de la poesía del val-
go, infundiendo la emoeióa cristiana
en el espíritu nacional. Esta ftz orí-
ginalísima de la cultura de aquellos
siglos es uno de los caracteres más
notables y más profundos de la Edad
medía, que apenas se encuentra re-
producido en ningún otro pueblo de
Europa. Y aquel importante movi-
miento literario, no solamente repre-
senta la fe y el genio de aquellas
edades, sino que era el símbolo délas
instituciones y de los hábitos que
constituían el fundamento de la vida
de entonces. He aquí el cuadro que
nos presenta este periodo del bajo la-
tín con relación á España, «También
hubo en la época visigoda su poesía
popular, consistente en multitud de
himtto$ reírnosos^ por medio de los
cuales la iglesia trató de distraer al'
paeblo de los muchos ritos, usos y
costumbres, gentílicos que aun exis-
tían, los más de ellos opuestos y con-
trarios á la moral evangélica. Pero
como el pueblo, muj aficionado á la
poesía, se desahogara con ciertos ver-
sos y cantos idolátricos, hasta impú-
dicos, la Iglesia procuró cambiarle
estos cantos gentílicos por cánticos
religiosos, logrando así desterrar en
gran parte los uses paganos, al paso
que no le quitaba sus esparcimientos
poéticos. Én tales himnos, pues, se
celebraban, no sólo los ^i'randes mis-
terios de nuestra religión y el valor
de los mártires con todas las festivi-
dades del año, sino también la profe-
sión de las vírgenes, la eonsagranón
de los obispos, la ordenación de los
confesores, los natalicios, las nupcias
j los funerales, sirviendo hasta para
estrechar los vínculos entre el pueblo
y los rejres, como se ve en el him-
no: in ordinaíione regis, que ss can-
taba por magnates, clero y pue-
blo, eu el acto de ungir al nuevo
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432
UTE
sóbenme; así como en el otro himno:
in naíaíiíio regii, en que de la misma
manera se celebraba el anÍTersario
de su nacimieato, amén de otros que
le dirijan cuando iba á las lides; j
lo que es más, hasta cuando volvía
vencido, considerando la desgracia
como un castigo con que Dios avisa-
ba los extravíos de todos, según ve-
mos en el triste jr lastimero himno:
Pro varia clade, el cual termina: Hanc
peeaíaphfftm nottra nurwttur; esto es,
tnuestros pecados son merecedores de
tal castigo ó plaga. » Entre los him-
nos más celebrados, deben citarse los
de Máximo, obispo de Zaragoza, j
los de Coneneio, obispo de Falencia.
Li. UTBUTUBA de loi kinauu, llevada
al teatro muchos siglos despnésitoma
la nueva denomínaciiSn de auto tacra~
mental, Bl nombre es distinto; la
creencia literaria es la misma. Bsta
creación exclusiva del genio nacional
pone la litbb&tuba. de aquellas eda-
des sobre la de todos los pueblos de
Europa.
Gramáticos y Unffüittat. — Si^lo V.
Avito, presbítero de Braga, notable
helenista,
Siglo VL Pascasio, diácono de Du-
mio, que tradujo las vidas de los pa-
dres griegos j varios diálogos de los
santos monjes de Egipto; Juan Bícla-
rense, obispo de Gerona^ también sa-
bio helenista.
Siglo Vil, San Isidoro de Sevilla,
personificacitSn asombrosa de poeta,
de historiador, lingüista, gramáti-
co, retórico, erudito, orador, canonis-
ta j teólogo, según veremos más ade-
lante; san Braulio, de Zaragoza, cuja
latinidad jr cuva elocuencia admiraron
á Roma; san Julián de Toledo, hele-
nista famoso; Juan Bracareose, aca-
bado como escritor, más acabado j
singular ann por la excelencia de sos
doctrinas.
Poesía, — Aurelio Clemente Pruden-
cio, hijo de Calahorra; según otros,
de Zaragoza, el más grande poeta del
bajo latín, á quien siguió en fama
Vedo Aquilino Juvenco, que escribió
en tiempos de Constantino. Draconio,
oriundo de la Bétiea, autor de un poe-
ma sobre la creación, titnltiáo De l)eo;
aunque conocido más generalmente
por el nombre de líexaemeron, seu de
Opere tex dierum ( La obra de los seis
días); Oreneio, á quien se debe el
Commonitorium, con algunos himnos
j veinticuatro oraciones, encamina-
das á exaltar la fe católica contra la
idolatría; san Isidoro, autor de varías
composiciones, tales como los versos
que dirige á su biblioteca, j en con-
cepto de algunos eruditos, autor tam-
bien de cierto poema titulado: De Fa-
brica Mundi; florentina, hermana del
^nto, la primera poetisa sagrada
Sue registra nuestra litbratcra,; san
raulio, obispo de Zaragoza, que es-
cribió el poema: De vana teeculisapien-
tia j el celebre himno dirigido a san
Emiliano; san Eugenio, de Toledo,
poeta elegiaco; san Valerio, autor de
Zas Visiones; el rej Sisebuto, que es-
cribió varias cartas en verso y exce-
LITE
lente latín; Chindasvinto, que dejó
algunas cartas j dos epitaños.
Oratoria.— Son notables por su elo-
cuencia: León, consejero del tey Eu-
rico; Justo, denominado el monje agá-
llense^ á quien san Ildefonso tributa
grandes alabanzas por su oratoria j
su mucho ingenio; san Leandro j
Protasio, obispo de Tarragona, de
memoria clarísima por los tesoros de
su palabra.
Historia. ~ Orosio, presbítero de
Bra^; según otros, de Tarragona,
discípulo y amigo de san Agustín,
que noreeió á principios del siglo v y
compuso: su Mistoria en siete libros,
los cuales abrazan desde el diluvio
hasta la caída del imperio romano, es
decir, hasta el afio 417 del Redentor;
una Apología del libre albedrío, con-
tra Pelagio; una carta dirigida á san
Agustín sobre los errores de los prís-
cilianistas y origenistas, y un precio-
so prólogo ÁlíLS leyes de Valentinia-
no I, lleno de noticias curiosas; Ida-
cío, obispo de Gallecia, autor de un
Chroniconf desde 379 á 469, en el cual
reñere las devastaciones v pillajes de
los bárbaros en España; Juan de Bi-
clara, que nos enriqueció con una
Crónica, desde 567 á 589; Máximo,
obispo de Zaragoza, cooperador de
Juan de Biclara; san Isidoro, á cuja
grande sabiduría somos deudores de
las obras: De mr» ilusfribut; De Be-
gibus &oíhorimt que comprende desde
Amalarico hasta Suintila; una ffis-
toria de vándalos y suevos, que llega
bástala extinción de dichas naciones,
j el Chronicon, desde el principio del
mundo hasta el quinto año del empe-
rador Heraclio; san Braulio, que es-
cribió la Vida de san Emiliano, ó de
san Millán; el Martirio de los herma-
nos Vicente, Sabina y Crisíeta, y las
Vidas de los padres; san Ildefonso, ar-
zobispo de Toledo, autor de una obra:
De viribus ilustribus; san Julián, dis-
cípulo de san Ildefonso, formado,
como su maestro, en la escuela de
san Isidoro de Sevilla» escribió la
Historia de la rebelión de Paulo, en
donde campea sin alarde la noble
Sompa de la antigüedad clásica; el
iácono Paulo emeritense, que dejó
un libro: De vita eí miraculis Paírum
emeritensinm, y Valerio, que escribió
la Vida de san Fructuoso y de Santa
Echeria.
Jurisprudencia, — San Martín de Du-
mio, que compuso una versión latina
de los cánones griegos, j san Isido-
ro, autor principal de los trece decre-
tos del Concilio hispalense II, j de
los setenta j cinco del IV toledano.
Teología.—S&n Leandro, autor de
dos obras contra el arrianismo; el
abad san Eutropio, que combatió
también la fiilsedad de dicha doctri-
na; san Eugenio, que escribió un li-
bro: De Sancta Trinitate: san Ildefon-
so, discípulo de san Eugenio, que
dejó el libro: De perpetua virginiíate
Sánele Mariee, contra los secuaces de
Helvidio y Joviniano; j las obras: De
cognitione Ba^tismi, De iíinere Deserti
y otras mencionadas por san Julián y
LITE
que no han llegado á nosotros; Tajón,
obispo de Zaragoza, de quien ha que-
dado un comentario de los libros ca-
nónicos; Valerio, que escribió un li-
bro: De Monachorum penitentia y De
genere Monachorum.
Ciencias físicas, — Luciniano, obis-
po de Calahorra, geómetra; Joan,
obispo de Zaragoza, j Eugenio II, d«
Toledo, excelentes en astronomía; san
Isidoro que escribió el libro: De na-
tura remm, por encargo de Sisebuto,
para la instrucción de dicho príncipe,
en cuja obra nos explica muchos fe-
nómenos de la maravillosa armonía de
la creación, j Castorio, geógrafo; if
bien su origen español no está averi-
guado.
Música, — ^Parece ser que Aieron co-
nocidas las notas musicales; aunque
no sepamos en qué forma, por cuanto
muchos compositores no dejaron ei-
critos sus trabajos á la posteridad. El
canto en las iglesias, que se acompa-
ñaba con órgano, era muv pausado y
devoto, para no confundirlo con la
música afeminada en los teatros, se-
gún dice san Isidoro de Sevilla.
Tradiciones nacionales y noticias his-
tóricas.— Vital, obispo de Huesca.
Iferesiarca. — Félix, obispo de Ur-
gel.
Bibliotecas, — Fueron muj notables
las del conde de San Lorenxo, la de
san Isidoro y la del monasterio serri-
taño.
II. Los hechos capitales que nos
presenta el bajo latín durante la épo-
ca visigoda, en relación con el movi-
miento literario de aquellos siglos,
son:
1. Las herejías del maniqueísmo
y del prisciliaoismo, cujos errores
combatió victoriosamente con su cien-
cia j su fe santo Toribio, obispo de
Astorga; las herejías de los origenis-
tas, sustentadas por los dos presbíte-
ros, llamados Abito, quienes abjura-
ron de sus falsedades; el nestorianis-
mo, cujas doctrinas no cundieron, ^
los des cismas de las iglesias de Seri-
Ua j Lugo, que no lücanzaron mqor
suerte (^>).
2. El primero y segundo Oonciüo
de Toledo, el último de los cuales se
celebró en 527, reinando AmaUrico,
quien parece ser que protegió la li-
bertad de sus decisiones; el p"f ^f*
de Tarragona, en 516, bajo Teodon-
co, al cual asistieron nueve obispMi
el de Gerona, en 517, á que acudie-
ron seis; el segundo de Tarragon»-
en 540; el de Lérida, en 546; el carta-
ginense, celebrado en Valencia eD
mismo aüo que el de Lérida; el pri-
mer Concilio de Braga, en el mmo
año que el primero tarraconense (Oíoí,
j el segundo, en 572. lo« P"","I°
que celebraron los obispos católico
de Galiecia, cuja tolerancia fue ae«
da á que sus rejes suevos princip
ban á convertirse al catolicismo- *
España goda de este V^^jj^^^f^L,
ponde también el Concibo de i-ug
celebrado en 559. i^-Mad
3. El crecí :nieDto del» «^'«Jí
pontiacia, manifestado ternUWQ»^
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LITE
LITE
LITE 433
mente en el siglo v, como lo demues-
tran: lu notables cartas del papa san
León á santo Toribio, obispo de As-
torga, ordenándola la celebración de
un Concilio nacional para poner tér-
mino al priscíliauismo ; el recurso de
los padres del Concilio de Tarragona
al papa san Hilario contra Silvano,
obispo de Calahorra ; la consulta que
los mismos padres hacían al pontífice
sobre la ancesión de Ireneo en el obis-
pado de Barcelona; la adopción del
mismo, ordenada por la Santa Sede;
la carta del papa san Siinplicío á Ze-
nón, metropolitano de Sevilla, con-
firiéndole el vicariato apostólico; la
del pontífice san Símaco, dirigida
en 514 al obispo Cesáreo de Á.rlés,
nombrándole vicario de la autoridad
pontificia en las Galiasj España; úl-
timamente, la provisión de vicariatos
por los sumos pontífices, que fué ge-
neral en nuestro país durante el si-
glo VI.
4. La conversión de los rejes sue-
Tos al arrianismo, hacia el año 460, j
poco después, al cristianismo, á cu^os
santos dogmas los convirtió san "ilíki-
tín Dumienae.
5. La denpariciÓn da las últimas
piicticas del paganismo entre los bár-
baros de la conquista, mediante el
anatema de algunos Concilios ; j más
que el anatema, el natural progreso
de los dogmas cristianos.
6. La fundación v propagación de
monasterios, verdadera pasión de la
España goda, cuja primera regla fué
la de san Benito, la cual consistía en
las siguientes prácticas: lectura de-
vota, meditación, trabajo corporal du-
rante seis horas diarias. El ínstente
en los días de ajuno era pan j agua;
en los demás días, frutas jr hierbas, ó
raíces, exceptuadas las fiestas, en que
se permitía comer carne. Las ocupa-
dones mensuales se convirtieron pos-
teriormente en la enseñanza j en el
estudio de las letras, las cuales brilla-
ron en tantos varones insignes por su
saber jr su santidad, pudiendo afir-
marse que la fe j la ciencia hallaron
un asilo común, cootra los naufragios
de la barbarie, en la santa soledad de
los claustros. Entre los monasterios
célebres, que florecieron por entonces,
merece una especial mención el aaa-
lienstf an donde se formaron san Ela-
dio, Eugenio 11 y san Ildefonso , que
tanta gloria granjearon á la ilustre
silla de Toledo.
7. La publicación del Fuero Jmgo
(For»mjudicumíU&er legum visigotho-
nm), COTO eódigo, obra de los Conci-
lios de Toledo, substitujó á la legis-
lación puramente goda, contenida en
los llamados códigos de Enñco y de
Alarico (que también se llamó brevior-
rio anitiano), viniendo á ser la lej co-
mún á los conquistadores j conquis-
tados, es decir, á los visigodos j á la
población liíspano-romaita, que hasta
entonces se había regido por las lejes
de su antigua metrópoli (siglo vii).
Para nosotros, el código de los Con-
cilios toledanos es el verdadero mo-
numouto de la raza goda, la obra
maestra de la baja latinidad, tan su-
perior á los capitulares de Carlom^g-
no, á los capitulares de Carlos el Cal'
vo, á la lejr de los burguiñones, á la
ley de los alemanes j á la lej sálica
de los francos. El Fuero Jutgo tiene
para nosotros la doble importancia de
que dio un modelo á las Partidas de
Don Alfonso, espejo y dechado del
hermoso romance de Castilla, la pri-
mera j más grande señal del renaci-
miento de la patria utbkatura.
8 y último. La adopción de los dog-
mas cristianos por Recaredo, que hará
inmortal eternamente la dominación
de los godos en tierra española. Pero
el árabe atraviesa el h.strecho, el
Oriente visita nuestro antiguo solar,
y aquí da principio una cultura poco
analizada, superficialmente conocida;
una civilización trascendente, univer-
sal, poderosa, gallarda; sobre todo,
joven, lo cual quiere decir joven y
hermosa, que no haj virginidad sin
la hermosura de la virgen, cómo no
haj candidez sin la hermosura del
candor j de la inocencia.
III
UTBRATtnta ABX.BiaO-HlSPANA
Las tablas alfonsinas, llamadas así
Bor haberlas mmdado hacer el rej
Ion Alfonso, representan, á más del
caudal propio de los astrónomos es-
pañoles, un resumen de los astróno-
mos arábigos. Aquellas tablas pare-
cen ser el prólogo de las teorías que
fundaron las ciencias físico-matemá-
ticas, como si dijéramos las semillas
de donde brotaron Copérnico, Kepler,
Galileo, Viviaui, Torricelli, cu^o
movimiento parece confundirse; com-
pletarse en Newton, del mismo modo
que la filosofía arábigo-hispana pare-
ce fundirse v completarse en la sabia
escuela de Colonia, como la escuela
de Colonia parece fundirse j comple-
tarse en la inmensa revolución del si-
glo XVI, tras una incubación de tres
siglos, porque el alma humana tiene
también sus incubaciones. Y pues el
interés de la verdad y el amor de la
patria nos colocan en estas corrientes
del espíritu, conviene ir adonde nos
conduzca el natural impulso de esas
corrientes. Cuando el pensamiento
nos lleva, no es posible dejar de ca-
minar, porque entre todos los menes-
teres de la vida, no haj utensilios
tau necesarios como los menesteres
del pensamiento. La civilización ára-
be Tino á España con los elementos
que mencionaremos seguidamente,
expresando autores y materias:
1. Medicina. Razi, Abenzoar.
2. Cirugía. Abulcasis.
3. Matemáticas. Al-Koresmi.
4. Q,ulmica y alquimia, GfibM .
5. Geografía. Abou-Achmed, Edri-
8l, Abulfeda.
6. Zoología. Al-DemirT.
7. Botánica. Ibn-al-Haitñr.
8. Didáctica. Aki-Rhozan.
9. Física. Almana.
lU. Naturalisias, Kazwini.
U. Agricultura. Ibu-al-'Aawam,
Abou-Hauifa.
12. Ripiatria. Ibn-Labboun.
13. Brudiiot. Álfiirabi, Al-Hach-
chi.
14. Cronistas, Ibn-HarTth, Becrl,
Ibn-al-Hai^an, Ibn-al-Wahid.
15. Viajeros. Ibn-Batouta, Ibn-
Khaldoun.
16. Poetas. Macear!, Ibn-al-KhatTb,
Ibn-Zeidnm, sín contar el gran nú-
mero de poetas hispano-arábígos,
como Aibahsi Ben-Ali, Said, Ibn-al-
Habbad, Ibn-Derradscfa, Ibn-Sara,
Ibn-Scharaf, Rufí-ud-Daula y otros
muchos.
17. ^iíroMOíMíW. Alfergani, Moham-
med Ben-Giaber, Abu-'l-wefa, con su
A Imagesto.
18. Filósofos. Avicena, Averrhoes,
19. Fundador de la novela Jílosd^ea,
Ibn-Thofeil.
20. Optica. Alhazen publicó en el
siglo XI un tratado de óptica en siete
libros, única obra verdaderamente
importante de este género que nos
ha legado la antigüedad, si exceptua-
mos las noticias de Platón y Aristó-
teles, fundadores de dicha ciencia.
No queremos decir (ridículo fuera in-
tentarlo) que toda España tuviese par-
te en esta creación que no era sujra.
Lo que afirmamos es que muchos de
los escritores citados nacieron en Es-
paña, como Ibn-'al-Auwam, que era
de Sevilla; Abeuzoar, que era de Pe-
ñaflor; Averrhoes, BecrT, AbulcasTs,
Ibn-Zeidum, que eran de Córdoba;
Ibn-Thofeil, que nació en Purchena;
Aibalisi Ben-Alí, que eran de Vélez.
España vino á ser el lecho de aque-
lla civilización, que tuvo por centros
las universidades de Córdoba, Sevi-
lla, Granada y Toledo, de donde se
esparcieron las luces pjr toda Europa
durante algunos siglos, amén de que
en ellas se formaron muchos grandes
hombres de otros países, tales como
un Gerberto, propagador de las cifras
y música árabes, astrónomo, matemá-
tico, mecánico, teóloso, un hombre
major que su siglo, elevado después
á la silla pontifical bajo el nombre de
Silvestre II. La civilización árabe,
contenida en España, de que el espí-
ritu español participó también con el
tiempo, porque no haj substancia que
no llegue al vaso que la contiene, co-
mo no haj cáliz de una flor que no
fiarticipe del aroma que la flor exha-
a: la civilización arábiga, volvemos
á decir, se difundió por todas partes,
penetró más ó menos en las intelijgen-
cias, dispuso los ánimos y no fue ex-
traña seguramente á la profunda re-
volución que se opera en la escuela
de Colonia, en lo más tenebroso de la
Edad media, escuela inmortal que di-
rige y anima el genio de dos irailes:
el maestro san Alberto el Grande; su
discípulo santo Tomás de Aquino, el
Bueg mudo de Sicilia, como le llama-
ron los estudiantes de París. La es-
cuela de Colonia fué la fundadora de
una filosofía experimental, que repre-
senta uno de los avances más valero-
sos del discurso humano en todos los
Seriodos que conoce la historia. Cuau-
0 se estudian atentamente las múl-
TOMO III
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434 UTE
LITE
LITE
tibies j contradictorias ideas que ger-
minaban en aquellos tiempos, se ad-
quiere la perÜMta eTÍdeneia de que el
maraTÍllos* moTÍmiento de Coloaia
no hubiera podido efectuarse sin la
ciencia práctica de un Avícena, de
un Razi, da un Geber, hombres sin-
{fulaiss que inundaron al mundo con
os toirentes de su inteligencia, al
par que constituyeron el rondo de la
escuela arábigo-hispana, la más fa-
mosa 7 floreciente ae los tiempos me-
dios durante el transcurso de cinco
siglos. La civilización ^ue hizo de
Silvestre II el hombre mas sabio del
siglo X, debió influir evidentemente
en la educación de san Alberto y de
santo Tomás, los hombres más sabios
del siglo XIII. He aquí el cuadro que
nos presenta el pensamiento de toda
Buropa, tanto en aquellos tiempos
como en las edades posteriores. San
Alberto j santo Tomas, los más gran-
des filósofos del cristianismo después
del apóstol san Pablo, fundan en el
Norte la filosofía experimental; el
aTeirhofsmo, bijo de Córdoba, erat es-
cuela en nuestro país. Ta al Norte de
Italia, comunica á los conocimientos
filosóficos cierto espíritu positivista,
cierta realidad casi anatómica, la rea-
lidad de la ciencia árabe, que halla-
mos después en la célebre experien-
cia de Locke, en el sistema práctico
de Bacón, en las demostraciones geo-
métricas de Descartes, en las fórmu-
las matemáticas de Pascal, de donde
parten con distinto rumbo la filosoña
fatalista de Spínosa, lo que se llaoió
paiUeimo Míoh^teo; la sensación de
Condillac; el materialismo de Hobbes,
lo que pudiéramos llamar la visión ce-
lette de Malebranche, visión que sus-
tituye á las ideas innatas de su maes-
tro, j la mónada de Leibnitz, la anti-
gua mónada de Pitágoras, que tiene
por objeto explicar lo que no admite
explicación, como la idea innata de
cartesianismo j la visión celeste de
Malebranche. La escuela arábigo-his-
pana, trabajando el espíritu de Euro-
pa desde el siglo tx al siglo xv, tuvo
que penetrar j penetró realmente, en
las grandes mudanzas interiores del
sig^ XIII j del XTi, las cuales, ha-
biendo partido hasta cierto punto de
las doctrinas peripatéticas, eonclure-
ron por enflaquecer 7 dar muerte á la
ciflQcia escolástica, que no era otra
cosa que el despotismo peripatético.
Este nacho interesaatfsímo, una de
las curiosidades más raras de la his-
toria, viene á demostrarnos que los
{trincipios aristotélicos acabaron con
a doctrina de Aristóteles, probando
así que las doctrinas v las institucio-
nes no mueren en la numanídad por
las heridas que Ies hace una fuerza
extraña; sino por el veneno que lle-
van en su propia sangre, por decirlo
así; j si no lo llevan en su propia san-
gre, lo respiran en el ambiente, por-
que uo parece sino que haj una mano
invisible que deslíe la gota de pon-
zoña en el éter de los espíritus, en el
mundo de las conciencias, en la in-
mensidad de los tiempos. T «i cuho^
so advertir que, casi á la vez que la
escuela arábigo-hispana, principió á
iluminar las tinieblas de Europa; es
decir, hacia mediados del siglo x, el
romance vulgar castellano comienza á
dar muestras de sí; muestras gala-
nas, que quien es galano de suyo, es
galano al nacer. También debe ad-
vertirse, porque tiene su significación
histórica, que este movimiento del
habla antigua se manifiesta por los
alrededores de los Concilios naciona-
les de Toledo, época importautísima
en los anales de nuestra patria, bajo
el triple concepto de historia, de le-
gislación y de lenguaje. ¿No habrá
razón para decir que los Concilios
de Toledo nos llevaron á Don Al-
fonso, como Don Alfonso nos llevó
á Isabel la Católica? iNo habrá ra-
zón para decir que el Fuero Juzgo
nos llevó á las Partidas, como las
Partidas nos llevaron á la unidad
del territorio; es decir, á la nueva na-
cionalidad de castdlanos y aragone-
sesV Al indicarse el romance vulgar
castellano en el siglo x, dió principió
la LITERATURA puramente española,
lo que denominamos literatura, na.-
cioNAL. No podemos cerrar este perío-
do sin hacer presente que el movi-
miento de la LITBEUTURA abábiqo-his-
PA.NA, fué más allá del siglo xv, como
lo demuestran los escritos de el A fri-
canOf árabe granadino, conducido al
Africa cuando era todavía una criatu-
ra, verificada la expulsión de los mo-
ros. Este autoi enriqueció las letras
de Europa con una magnífica descrip-
ción de Africa, con una reseña de los
sabios que han escrito en árabe, con
un vocabulario arábigo-español, coa
una gramática j una retórica de aque-
lla lengua j con un extracto precioso
de las crónicas mahoateíanas* m A fri-
cano no era otro que Juan León, nom-
bres del papa León X, quien le sacó
de pila; el mismo autor que se cono-
cía en Fez con los nombres árabes de
Al-Hassan-Ben-Mohamed Albatas Al-
fasi. Este notable autor pertenece á
la literatura arábigo- hispan a, cuja
importancia capitalísima en la histo-
ria del mundo, especialmente, en la
historia de Europa, no hemos hecho
más que indicar á lo lejos con arte
bisoño y mano insegura. Vamós á
concluir esta reseña, dando á conocer
algunos ejemplos de la poesía hispa-
uo-arábíga, traducidos por la elegan-
te ; docta pluma de don Juan Vale-
re, á quien debe este hermoso obse-
quio la musa nacional. Entre los
poetas, figura el ilustre médico Aben-
zoar, cuva firma lleva el siguiente
epitafio, fin él se dice que el polvo que
ha pisado cubre su semblante, imagen
felicísima por su verdad j su sen-
cillez.
BFITAFIO
1. PArftte T ODiuidera
EttB manaidn postrera,
Donde todoa vendrán & reposar.
Ui roatro oabre el polvo que he pisado;
A mnohoa de la inaerte hu lib»riiV(lo,
Feze yo no m« pode libertar.
(AHUÍSOAK.)
SL B1 oAUi entrvablerto de U roik
Olor inaTe en el ambiente inapi».
Caal aa «neanto la virgen pudoroia
Qae ooatta ga baldad k qaian U min..
(Said.)
A un réjf que mandó arrojar al m
un libro en que el poeta le mnrah:
8. Sn logar y destino oonvoie&la
Halló mi libro ahora,
Porqne el aeno del agoa toana^intc
Iiaa perlaa ataaora.
(Sin».'
4. Si ta eneaña tu querida
Sé también sa engañador;
Qnien ileade&a ¿ qntea olvida
Se oura del mal de amor.
CnHQda tienea nn roial
Qne te da flores hermosas,
Que se lleve, es natural,
Bl qae pasa, algunas roiai.
(Ibh-ál-Habbad.
5. Si ea loa jardinea ana habita
No pnedo Tor * mi aaeflo,
Bu loa jardinaa dal maño
Noa daramoa ana sita.
(lu-DaiaAncH,,
e. Oon an gracia y sna haohisM
Bnoienda en mi oorasAn
Una vehemente pasión
La Diña de negros risos:
No da sombra k sn mejilla
Sobre loa olavelaa tojos
Bl oabello, porana brilla
Goal ana negriafmoa ojoa.
[iBK-StU.}
A un rey ilustra y bueno;
7. Deade que tft gobiernas
No esgrima au puñal el asesino:
Sólo vírgenes tierna*
La maarta dan con an mirar dilino.
(IBX-Soauir.)
8. Bl rojo vino encendido
Que te sirve esa mnohaehai
Se diria que ha brotado
De ana mejillaa da grana.
(BAri-DD-DAOU.1
Las anteriores poesías son entera-
mente españolas por su corte, por su
gracejo, por su frescura, por su me-
lodía de sentimiento y expresión; «u
fin, por ese espíritu generoso que tai-
ma y embellece cuanto toca. Los ver-
sos citados podrían figurar sin des-
ventaja en una colección escogídidc
nuestros poetas más originales ;r gar-
bosos.
IV
LITHRATDRA BSPAflOLi
1. Siglo V y F//.— Hablando CD
rigor, nuestra literatura tuvo prin-
cipio mucho antes de la época que he-
mos indicado, pues según el célebre
español Saavedn, en su Coroaaptta,
las trovas y romances históricos que
se conocen en España datan desde el
siglo V, puesto que al entrar Tons- ;
mundo, ley de los godos españoH \
en Tolosa, con el cadáver de bu p»-
dre, el tey Theodoredo, muerto ea
la batalla contra el feroz Atil» en los
campos cataláunicos (451), ¿í«»
mancebos y doncellas cantando Ut «-
tañas del difunto, usanza de U ntcion
goda en las bodas, festines J fun^rs-
fes; y como ésta fué la principal ocu-
pación de los trovadores provenMjes
y del resto de Europa en los siglos
del XI al xiv, debemos ver esta 10^
titución y costumbre originarias de
la España goda en este siglo, í J°
tenerla por creación del conde
Poitou, Guillermo IX, en el lig» ^'
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LITE
LITE
LITE 435
al que señalaban los franceses como
el primer trovador, ocultando que an-
tes de él aparecen en España trova-
dores desde el siglo vii al x; j esto
sin tener en cuenta los trovadores
íiabes españoles, aun más cultos y
poéticos que los cristianos, como se
acredita en las obras de san Ildefon-
so, san Eugenio, Juliano, san Eulo-
gio, Prudencio j otros célebres espa-
ñoles de los expresados siglos. ( Ale-
norandum historial, por D. S. Caste-
llanos.)
2. Si^io Xll.—Poeías. Poema del
Cid. Es acaso el más antiguo, dice
Sánchez, que se conserva en la len-
gua castellana.
3. ÍSiglo Xll.^Protistoi. Bl Fwro
Jwo.
Disciplina clericalig, por Rabbi Mo-
seh Lefardi, de Huesca, por otro nom-
bre, Pedro Alfonso, que asi le mandó
llamar en 1106 su padrino de pila el
rer Don Alonso el Batalkdor* Pedro
Alfonso dice en tí prólogo de este libro
notabilísimo: Deru «« Juc opúsculo ñt
ttiki M adjutorium, gutme hbnm kwtc
coMponere eí in laíinum transferre com-
p*M. De donde se inñere que se es-
cribió primero en hebreo ó arábigo,
y qne, deseando vulgarizarle, le tra-
dujo al latín.
4. XJI al Xin,— Poetas.
Poema ó libro de A lejandro. Códice de
pergamino en 4." de 153 hojas útiles,
cuj-a letra es como del siglo xiv. Está
encuadernado en tabla, forrado de be-
cerro encarnado, con algunas labores
una manecilla al frente para cerrar-
le. Lo posee en su biblioteca el du-
que del Infantado, Su autor fué Juan
Lorenzo Segura de Astorga, clérigo,
como se advierte en la última copla,
ne es la MUDX, en Is cual, después
e haber pedido á los lectores que rfr<
cea por él un Paíer nosíer, dice:
•S« quiuardM Mrnhn qaiéii asoribió «ate
[diudo,
Lorettao, han clérigo A ondxado,
Sefttra de Astorga, d« manna bien temprado,
En el día del juicio Dioa sea mío pagado.
Amén.*
Ondrado quiere decir honrado; j
MMU, mafia, como en dneña, áoduen'
sa, puesto que las dos n% se tomaron
en íi.
En concepto de algunos autores,
los versos de Lorenzo de Segura die-
ron origen al de catorce sílabas, con
ue escribid su poema Á lejandro, de
onde se llamaron alpandrinot, Bra
un eclesiástico de mucha instrucción
en historia, mitología j filosofía mo-
ft], que, según el Sr. Quintana, for-
taó U. obra más importante de cuan-
tas se escribieron en aquella época.
5. Siglo XU al Xm.— Prosistas,
irónica de san Femando rey de Espa-
ña. (Se ignora el autor.)
Crimica general del Rey Don A lonso.
La Hisloria de Ultramar.
6. Siglo Xni.— Alonso el Sabio
t^Las Siete ParHdasJ. Ca^manjr dice:
^qne en este precioso eódi^ debemos
Viosear el tesoro del primitivo romance
^*%astellano. A pesar de la tosquedad
^el lenguaje en aquella époeta relace
esta om exerto^gánazo de flí^dAd
en el estilo, de cultura en la dicción
j de majestad en los pensamientos,
que en aquel siglo en ninguna len-
gua viva de Europa había llegado á
alcanzar, j tardó mucho la Italia en
igualarla.» No fué este código única-
mente la obra literaria de su reinado,
fines, según un crítico moderno, «por
a gala de la expresión v la belleza
delienguaje^ es preciso adelantar más
de un siglo para hallar otras paro-
cidas.»
Gonzalo de Berceo (monje bene-
dictino en el monasterio de San Mi-
Uán.) — Zos Signos del Juicio, Los Mi-
lagros de Nuestra Señora, Bl Duelo de
la Virgen y la Vida de santo Domingo
de Silos. Nació este celebre poeta, á
fines del si^lo xii, en el lugar de Ber-
ceo, diócesis de Calahorra.
7. Siglo XIII al XIV.— Poetas.
Poesías ó cantares del arci preste de Fita
(Juan Ruiz), según se lee en la pri-
mera hoja del ^dice de Gajoso, en
una copla que dice:
•Porqn* de todo bien es oomienao • rale
La Virgen Santa liarla, por end yo Juan
AretprüU de FUa, prinerafla ISuia,
Cantar do lo» im goiot «tete, qne Mi aii.>
Libro de Apolonio, — Vida de tanta
María Egipciaca. — Adoración de los
Reyes. (Autor anónimo.) El Sr. Pidal
lo cree de mitad del siglo xiu, como
el Poema de Alejandro.
Vida de san Ildefonso, pequeño poe-
ma castellano anterior al siglo xv
(fines del xiii, 6 principios del xiv).
Proverbios morales, del Rabbi don
Sem Tob (don Santos), natural ó ve-
cino de Carríón. Fué muy protegido
del rey Don Pedro 1 de Castilla.
Tractads de h Doctrina.
La Danta de la muerte y melaeián
de un ermitaño.
Poema del conde Fernán Gontílet,
Poema de Jote',
Rimado de Palacio; tratado de los
deberes de los reyesy de los nobles
en el gobierno del Estado, por don
Pedro López de Ayala (fines del si-
glo XIII y principios del xiv).
Poema de Alfonso XI. El nombre
del autor de este poema lo comunica
él mismo en In copla 1841, de este
modo:
•La pxofeela eanti
o tome en deoir llano:
yo Bodx^o Jannee la noti
•nlengnaj» oastellano.'
Poema de Raimundo Lulio: Des^
consuelo, magnifica lamentación del
Jeremías cristiano, el poema más va-
leroso del siglo XIV, en donde no sa-
bemos si el dolor es tristeza ó plega-
ría, amor ó desengaño, protesta ó fe.
8. Siglo XIII al XI V.—Protistat.
El Fuero Real de España.
Leyes de la Metía.
Fueros de Vúcaya, Sevilla y QaU'
da.
Pragmáticas reales.
Crónica de lot reyet Don A Ifonso X,
Don Sancho IV, Do» Femando IV y
Don Alfomo XI, de Juan de VUlai-
zán.
Ziibr9 do moiUtrUt, del rejr Don Álon-
■0.
SI conde Lucanor, por don Juan Ma
nuel.
Del libro de Calila ¿Dymna. (Seeún
el Sr. Gayangos, la versión castella-
na que aparece en la Biblioteca de
Autores españoles no se hizo sobre la
latina de Juan de Capua, sino sobre
la arábiga de Abdallah ben-Al-Ho-
caffi, que pertenece al siglo xiv, si no
es anterior.)
Bl Libro ie lot enxemplos.
Libro de los gatos. (Anónimos.)
Libro de las consolacionet de la vida
humana, por el antipapa Luna (don
Pedro de Luna).
Cattigot (amonestaciones) ¿ documen-
tos del rey Don Sancho IV,
Lucidario. (Idem.)
Tractado del consejo eí consejero de
lot príncipes, para su buen gobierno, por
el maestro Pedro.
Tracíado de la ratón por qué fueron
dadas al infante Don Manuel, mío pa-
dre, estas 'armar que son alas e leonet,
etpor qué yo et mío fio, legiUfM Aere^
dero, et lot kerederot de mi linaje pode-
mot facer caballeros non lo siendo m>.
Et de lafabla que fto conmigo el rey
Don Sancho, en Madrid, antes de tu
muerte.
Castigos et consejos á mi hijo Don
Femando.
Libro de los Bttados.
Libro del caballero eí del eseudero.
Libro de la caballería.
La Crónica abreviada.
La Crónica cumplida.
Libro de lot Bngeiot.
Libro de la cata.
Libro de las Cantigas.
Libro de las reglas del trovar. Todos
por don Juan Manuel. Falta el Libro
del Patronio, por otro nombre, Bl con-
de Lucanor, que, á no dudarlo, as el
más importante de todos y el mis
apreciado por su ilustre autor. Bn el
prólogo del citado libro menciona sus
obras siguientes:
La Crónica; El Libro de lot labios;
El Libro del Infante; Bl Libro de lot
cantaret; Bl Libro de ¡os frailes predi-
cadores.
9. Siflo ZV,~»Po9tas, Gdmez Pé-
rez Patiño.
Fray Diego de Valencia.
Juan Alonso de Baena, su Modas y
su Cancionero,
Fray Lope del Monte.
Pero González de Mendoza.
Juan GhiTCÍa Yynuesa.
Pero Vélez de Guevara.
Ferrant Manuel de Lando.
Garay Fernández de Gerona.
Suero de Rivera.
Alfonso de Moranna.
Fernán Sánchez Calavera.
Juan Agraz.
Juan de Dueñas.
Don Juan II.
Duque de Añora.
Marqués de Aston^.
Fernán Pérez de Guzmán.
Rodríguez del Padrdn.
Sánchez Talavera.
GiSmez Manrique.
Rui Piez de lUTexa.
AUbnao de BaesB.
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El anobispo d« BargM.
Don Alonso de Cartag'ena.
Qarei-Sinches de Badajoz.
Juan Tallante.
López de Haro.
Fernán Pérez Portocarrero.
Juan Gajoso.
Alfonso de Morarán.
Pero los de mérito especial son:
Don Enrique de Villena, autor de
la Qaya ciencia 6 Arte de trovar.
Kl marqués de Santillana, autor de
El Doctrinal de privados^ los Prover-
bios, un Diáltffo aUre SUu y la For-
Copla* de Mingo Revulgo, con la glo-
sa de Hernando del Pulgar.
Diálogo entre el amor y un caballero
viejo, de Rodrigo Cota, á quien se tie-
ne por autor d^ plan j del acto pri-
mero de la tngicomedia de Calixto j
Melibea 6 la Celestina.
Juan de Mena, autor de los poemas
el Laberinto y la Coronación.
Alvarez de Illescas ó Yillasandino.
Juan de la Encina, autor de las
coplas de arte 'maj^or Tribagia 6 Via
sacra deJerusalén; de su Cancionero, de
un Arte poética y varias comedias.
Jorge Manrique, autor de sus cele-
bradas coplas.
Juan ae Padilla, monje, conocido
con el sobrenombre de Jil Cartujano,
autor del poema los Doce Triunfos,
en el cual se propuso escribir los he-
chos dé los doce apóstoles, divididos
por los doce signos del zodíaco.
10. Siglo XIV al ZV— Obras en
prosa y prosistas.
Entre los prosistas de este siglo
merecen citarse:
El bachiller Fernán Gómez de Cib-
dad-Real, médico de Doo Juan 11 y
autor de ciento cinco cartas publica-
das bajo el título de Centón epistolario.
El bachiller Alfonso de la Torre,
que compuso para la instrucción del
príncipe de Yiana una obra doctrinal
intitulada: La Visión deleitable.
Fernán Pérez de Guzmán, autor de
la Crónica de Do» Juan II y de las Qe-
neraciones y temblamos.
Fernando del Pulgar, autor de la
obra Claros varones.
Diego de Valera, autor de una Cró-
nica abreviada de España y un tratado
intitulado: Providencia contra fortuna.
Crónica del Rey Don Pedro, de Don
Enrique II y de Don Juan /, por don
Pedro López de A;yala.
Crónica del Rey Don Juan II, por
Alvar Garoía de Santa María, Juan
de Mena, Fernán Pérez de Guzmán y
Gómez Carrillo.
Crónica del Rey Don Enrique 1 V,
por Alonso de Patencia.
Crónica de los Reyes Caíólim, de
Hernando del Pulgar.
El Carro de las Donas, de Fray
Francisco Ximénez.
Traducción y comentarios sobre Aris-
tóteles, por el príncipe Don Carlos de
Viana.
Calixto V Melibea ó la Celestina, por
Rodrigo Cota y el bachiller Fernando
de Boj as.
Críkitít de do» Alvaro de Luna
A madís de Gaula.
De los vicios de las maUu mujeres y
complesio»es de los hombres, por el ba-
chiller Alfonso Martínez de Toledo.
El Valerio de las historias, por
Fernán Pérez de Guzmán.
Doctrinal de privados y Carta al Con-
destable de Portugal sobre la poesía es-
pañola, por el marqués de Santillana.
Obras de Don Alonso el Tostado,
obispo de Avila.
Obras de Juan de Lucena.
Trabajos de Hércules, de don Enri-
que de Villena.
Bocados de oro.
Doctrinal de caballeros, de don
Alonso de Cartagena, obispo de Bur-
gos.
Verjel de doncellas, por Fraj Mar-
tín Alfonso de Córdoba.
Paso honroso, por don Suero de Qui-
ñones.
Embajada al Tamorlan, por Rui Gó-
mez de Clavijo.
Kl padre Alfonso de Falencia, his-
toriador V lexicógrafo.
11. Siglo XV al XVL— Poetas y
poesías.
Santa Teresa de Jesús.
Garcilaso de la Vega.
Fraj Luis de León.
Fernando de Herrera.
San Juan de la Cruz.
Don Juan de Arquijo.
Francisco Medrano.
Pablo de Céspedes.
Gutierre de (Jetína.
Luis Martin.
Baltasar de Escobar.
Barahona de Soto.
Gil Polo.
Diegj Hurtado de Mendoza.
líaltasar de Alcázar.
Francisco de la Torro.
Francisco de Figueroa.
Juan de la Cueva.
Pedro de Padilla.
Pablo de Céspedes.
Vicente Espinel.
Alonso de Ercilla.
Preguntas y respuestas del Almiran-
te, por Fr&y Luis da Escobar.
É¿ Cancionero general, de Juan Ló-
pez de Ubeda.
El Boscán.
El Bachiller de la Torre, traduccio-
nes do la Illada y la Odisea, de Ho-
mero, por Gonzalo Pérez.
Fray Luis de León.
Virgilio, por Gregorio Hernández.
Glosa con sus prólogos sobre las co-
plas de Jorge Manrique y otras obras
del mismo en loor de I^uestra Seüora, por
el protonotario Luis Pérez.
La Austriada, de Juan Rufo
Alonso de Fuentes.
Jorge de Montemajor.
Obras poéticas, de Cristóbal de Cas-
tillejo.
Obras poéticas, de don Francisco de
Castilla.
12. Autores dramáticos. — Juan de
la Encina.
Gil Vicente.
Bartolomé Torres Naharro,
Lope de Raeda
Toledano
Alonso de Vega.
13. Prosistas. — Antonio da Nebrija
6 Lebríja.
Luis Vires.
Sánchez de las Brozas 6 el Brócense,
Palacios liubios.
El Maestro Fernán Pérez de Oliva.
Don Antonio de Gusvara.
Luis Mejía.
Francisco Cervantes Salazar.
El doctor Villalobos (su discípulo).
Don Luis de Avila y Zúñiga.
Florián de Ocampo, autor da la
Crónica general de España.
Antonio Pérez, qua escribió las Re-
laciones de su vida jr lo» eomentarioi i
este mismo libro.
Don Diego de Saaredra Fajardo,
El Maestro Avila.
Fraj Luis de Granada.
Fraj Diego de Estalla, autor de las
obras De la vanidad del mundo; Trata-
do de las cien meditaciones del amor de
Dios; Vida y excelencias de sa» Juan
Evangelista.
El padre Malón de Chaíde, Magdor
lena pecadora, penitente y santijicada.
Frav Fernando de Zarate, Ducursos
sobre la paciencia cristiana.
Ft&y Juan Márquez (gran predi-
cador). Modo de predicar á los prin-
cipes.
FrajJoséde Sigüenza (jerónimo).
Vida de s» santo fundador'. Historia de
su orden. Bl aeñor Gil y Zarate dice,
que si en lugar de escribir vidas de
santos, escribiera historia, quizá aven*
tajara al mismo padre Mariana.
Fray Diego de Yepes, obispo de
Tarazona, Vida de santa Teresa (su*
hija espiritual); Crónicas de la «rden
de san Benito.
£1 padre Martín de Roa, jesuíta,
reputado como escritor ascético á his-
toriador sagrado.
Ambrosio de Morales.
Zurita, Anales de Aragón.
El padre Abarca, Los reyes de Ara-
gón, en anales históricos distribuidos.
El padre Juan de Mariana.
Don Francisco de Moneada (mar-
qués de Aitons).
Don Antonio de Solís.
Gonzalo Argote de Molina.
Mateo Alemán, Vida y hechos del
picaro Guzmán de A Ifaracke.
El Maestro Alejo de Venegas, Ago-
nía del tránsito de la muerte, co» los
avisos y consuelos que cerca da ella son
provechosos.
Fraj Alonso de Molina, Vocabula-
rio en lengua castellana y mejicana.
Fray Pedro de Alcalá, Vocabulista
arábigo en letra castelUma,
Andrés de Poza, De la a»íigua len-
gua de España.
Gregorio López Madera, Discurso
sobre ku Urntuas, reUauias y liirosjue
se ha» descubierto e» id ciudad de vra-
nada este año 1595.
Esteban de Garivay y Zamalloa,
Refranes vascongados.
Alfonso de Zamora, que trabajó en
la Biblia poliglota por encargo del ca^
denal Cisneros.
Santa Tereiia de Jesús.
Miguel de Cerrantes Saaredra.
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LITE 437
14. Obrat en prosa y nuevos prosis-
Uu. — Za Nueva Recopilación.
Recopilación dé las leyes de Indias.
Crónica de los Reyes Católicos, por
A.ntonio de Nebrija.
DiáhyoSf de Pedro Medina.
Fraj Hernando de Talavera, pri-
mer arzobispo de Granada.
Cartas de refranett de Blasco de Ga-
raj.
Vocalmlario de las avett de Lorenzo
Palmireno.
O^ás de Fray Laia de Granada.
Oórat de don Antonio de Guevara.
Obras de Fra^ Luis de León.
Cárcel de amor y desprecios de la for-
tuna, por Die^o de San Pedro.
Viaje del É-íy Felipe II, por Juan
Cristóbal Calvete de Éstella.
Historia de los Césares^ por Pedro
llexfa.
Obras de santa Teresa de Jesús.
Obras del Maestro Juan de Avila.
La Guerra de Gramda, por don
Diego Hartado de Mendoza.
Vida de san Pío V, por Fueuma-
JOP.
. Vida de san Jerónimo, por Fraj José
de Sigüenza.
Fraj Hernando del Castillo.
Obrat del padre Pedro de Ribade-
neira.
Cartas de Antonio Pérez.
Sobre las oOO coplas de Jvan de Me~
na, por Hernán Núñez, llamado el
Comendador griego.
Biblia políglota y Antigüedades jurí-
dicas, por Uenedicto Arias Montano.
Crónica general de España j Aníi-
eüedades de Castilla, por Ambrosio de
Morales.
Emendationum eí opinionumjuris d-
vilis, por Antonio Agustín.
Sermones de Fny Hernando de San*
liago.
Comentarios de lo sucedido en los Paí-
ses Bajos, por don Bemardino de
Mendoza.
Historia de Indias, por dou Fran-
cisco López de Gomara.
El Lazarillo del Tormes, por don
Diego Hurtado de Mendoza.
GramaticiB latina y Gramática graca
j Minerva, por el Maestro Francisco
Sánchez.
Hitíoria naturaly moral de las In-
dias, por el padre José de Acosta.
Comentarios, de don Luis de Avila.
Descripción de A frica y Rebelión de
los moriscos, por Luis del Mármol.
Antigüedades de la nobleza de Tole-
do; ffenealMÍa de san Isidoro; Vida del
Cardenal (ftsneros r Poesías sagradas,
poi Alvar Gómez de Castro.
Sobre Dioscórides, por el doctor An-
drés de Laguna.
Obrat de Garcilaso con anotaciones;
Relación de la guerra de Chipre y Ba-
(illa de Lepanto; Historia general de
España (perdida), por Fi-niando de
Herrera, apellidado el Divino.
Traduictones del griego, por Diego
Gracián.
Lo impreso en castellano, del presi-
dente don Diego de Covarrubias.
Filosofia j Traduccúfn del asno de
por Alonio de Faentet.
Traducciones f glosas, de Pedro Díaz
de Toledo.
Esfuerzo bélico, de Palacios Rubios.
Obras de Martín Navarro de Azpil-
cueta.
Historia de Carlos V; Historia de la
guerra de los indios; Historia de Feli-
pe IJ, por Joan Ginés de Sepúlveda.
Arte poética, de Juan García Ren-
gifo.
Los problemas que tratan de los cuer-
pos naturales y moraleSt con diálogos de
Medicina; el Tratado de las tres Gran-
des y La comediaos Planto, Ampki-
trion, traducida en prosa por el doctor
Villalobos.
Historia de la composición del cuerpo
humano, por Juan de Valverde.
Los cinco libros primeros de la Cróni-
ca general de España, de Florí&n de
Ocampo.
Fray Esteban de Salazar.
Obras de Vicente Espinel.
El conde de Portalegre.
Historia pontifical, por Gonzalo de
lUescas.
Obra» de Gonzalo Fernández de
Oviedo.
Historia de don Florivel de Niptea,
por Feliciano de Silva.
Historia de los icerifet, por Diego
de Torres.
Dichos de Fernán A Ivarez de Tálate-
ra, por don Iñigo López.
Filosofía natural de principe», por el
padre Juan de Torres.
Repertorio de las leyes de Castilla,
por Hugo Celso.
Comentarios reales, de Inca Garci-
laso.
Historia plantarum Nova Hispaniee,
por el medico y naturalista Francisco
Hernández.
15. Siglo XVII. — Poetas. Don
Francisco de Quevedo ^ Villegas.
Don Francisco de Rioja.
Luis de Góngora.
Juan de Jáureffui.
Francisco de Trillo y Figueroa.
Lupercio de Argensola, el Divino.
Bartolomé Leonardo de Argensola.
Felipe IV.
Conde de Víllamediana.
Carlos de Austria.
Salvador Jacinto Polo de Medina.
Sor Juana Inés de la Cruz.
Feliciana Enríquez de Guzmin.
Cristóbal Suárez de Figaeioa.
Andrés Rey de Atieda.
Francisco de Borja, príncipe de Es-
quilache.
Don Luis de Ulloa.
Don Luis Carrillo.
La Pasión, por M. Juan Bautista
Dávila.
Don Antonio de Mendoza.
Anastasio Pantaleón.
Don Antonio de Solís.
Don Agustín de Salazar,
El marqués de Alenquer.
Alonso del Castillo Solórzano.
Don Luis de Mesa.
Las Eróticas, de don Estaban Ua-
nuel de Villegas.
Francisco López de Zárate.
Versos de la madre Luisa Magdal^
na de Jesús (en el siglo, dota Lnisa
Manrique de Lara, condesa de Pare-
des).
Poema de Bernardo v Bl Siglo de oro,
por don Bernardo Valbuena.
El Macabeo, de Miguel de SjWeira.
Thomé de Burguillos.
Don Jerónimo Cáncer.
Licenciado Pedro Soto de Rojas.
Don Eugenio Coloma.
Don Gabriel Bocángel.
El (Tonde de Rebolledo.
La Mosquea, de don José Villavi-
ciosa.
La Benedictina, por Fray Nicolás
Bravo.
Maestro José de Valdivieso.
Don Félix de Arteaga, ó sea Hor**
tensio Paravisiiio.
Alfonso de Salas Barbadillo.
Traducción dé Ovidio, por Aatomo
Pérez Sigler.
La Comedia burlesca del caballero do
Olmedo y sus demás obras poe'ticas, por
don Francisco Félix de Monteser.
Obr<a poéticas, del Maestro don Ma-
nuel de Ledn.
Obrat wkniea», de dos Francisoo de
Rojas.
Obras eómim, de Luis Vélea de
Guevara.
Gigantomofm, dé Uinitel OeUe-
gos.
16. Autores íIramátÍCta,S€&l\iXi'
pe de Vega Carpió,
Don Pedro Calderón de U Bareft.
Juan de la Cueva.
Cristóbal de Virues.
El doctor líamón.
Kl licenciado Miguel Sánchez.
Bl doctor Mira de Meieua.
El canónigo Tárrega.
Guillen de Castro.
Juan de Timonedft.
Vélea de GhuTem*
Antonio de Galana.
Gaspar de AtíU.
Doctor Juan Pérez de Montiúbáa.
Don Agustín Moreto.
Don Juan Uuiz Alarcón.
Don Francisco de Rojal.
Tirso de Molina.
Juan de La Hos.
Mendoza.
líelmonte.
Cuello.
Eiiciso.
17. /"rosis/aí.— Baltasar de ChaTag,
Discurso sobre la antigüedad do té len-
gua cántabra vascongada.
Fnneiieo Bermúdez de Pedraza,
AntíoMtdadaif oveelemcia» d* Qtomada.
SeUstiaiL de Oonumbias y Oíos»,
Tesoro do la ¡OHgM Mttoltom é oopa-
ñola.
Maestro Gonzalo Correas, Compen-
dio (rilingiie de tres artes de las tres len-
guas castHlana, latina y griega.
Traducción del Guic/iarditio, por el
rej Don Felipe IV, original manus-
crito en cuatro tomos, que está en la
real Biblioteca.
Apología de Tertuliano, por el obis-
po traj Pedro Mañero.
Argenis, de don .loso Pellicer.
Argenis, de don Gabriel del Corral.
Crónieoi, por el obispo Frv ^s-
iiiián C!omi|Jo.
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438 LITE
LITE
LITE
Historia del cardenal Mendoza j Dig-
nidades de Caililla, por don Pedro Sa-
iBzar de Mendoxa.
Ledn prodigioso, del licenciado Cos-
me Oómez de Tejada.
£m postrimeriaif de don Frajr Pedro
de Ofla, obispo de QaeU.
La Picara /w^m, por el licenciado
Francisco López de iTbeda.
ffitíoria del reino de Chile, por el
padre A.lonso de Ovalle.
Varia* vidas, de Luis Muñoz.
Agricultura, de Alonso de Herrera.
Conservación de nonarquiai, por Pe>
dro Fernández Navarrete.
Antigüedades de Xeret j De los cua-
tro esiadoSf por el padre Martín de
Roa.
Historia de BspaiUi, por el padre
Juan de Mariana.
Aprecio de la gracia, por el padre
Juan Eusebio de Nieremberg.
Misíoria da la Nueva España, por
Antonio de Solía.
Conquista de tas Molucas, por Bar-
tolomé Leonardo de Argensola.
Sus obras, por don Francisco de
Quevedo.
Retrato del buen vasallo, por don
Francisco Pinel j Monroy.
Corona g ética, Smpretas políticas j
República literaria, por don Diego de
Saavedra Fajardo.
Obras del obispo don Juan Palafox.
fflocueneia española, por Bartolomé
Ximénez Patón.
Empresas sacras, por el padre Fran-
cisco Núñez de Cepeda.
El Caballero perfecto, SI Caballero
mmíual j Coronas del Parnaso^ por Al-
fonso de Salas Barbadillo.
Gobernador cristiano, por el padre
maestro Fraj Juan Márquez.
Origen de la lengua casiellana, por el
doctor Bernardo Aldrete.
Historia de Navarra, por el padre
José Moret.
Adviento y Cuaresma, Maríal, San-
toral y Panegíricos, por el padre Fraj
Hortensio ParaTisino.
Disertaciones eclesiásticas y Examen
croHol^u», por el marqués de Mon-
déjar.
Traducción do Q,%into Curdo, por
Mateo Ibáúez.
Epítome del Ghtichardino, por Otón
Bdiío Nato de Betissana.
Vida de Cristo, por Fraj Femando
da Valverde.
Obras del padre Fray Juan Inte-
riátt de Ayala.
Obras del padre Bartolomé Alcázar.
Retrato político, por el conde de Cer^
vellén.
Vida del padre Francisco Suáret, por
el padre Bernardo Sartolo.
Política, de Jerónimo del Castillo
j líobadilla.
Obras de Lope de Vega.
Mística ciudad de Dios, de la vene-
rable madre María de Jesús de Agre-
da.
Obras del padre Alonso Rodríguez.
Convenieneta de las dos monarquUu,
por Fraj Juan de la Puente.
Cirugía universal, por Juan Fra-
goso.
Traducciones del padre Basilio fia-
ren de Soto.
Historia de S^ovia, por don Diego
de Colmenares.
Vida de Bstebanillo Gontálet,
El Soldado Pindaro, de Gonzálei
Céspedes.
Él Seguro de Tordesillas, de Pedro
Mantnano.
Memoriales, de Juan Chumaoero.
Obras de don Carlos Coloma.
La Curia phiUpica, por Joan de He*
via Bolaños.
Arte de Ballestería, de Alfonso Mar>
tínez del Espinar.
Obras de Cristóbal Soirez de Fi-
gueroa.
Historia natural de aves y amimaks,
por Diego de Funes.
Obras de Gil González Dávila.
Obras de Antonio de Herrera.
De las tres gracias, por Alfonso Pé-
rez de Lara.
Origen y dignidad de la casa, por
Juan Matneos.
Obras de don Juan Pérez de Hon-
talbán.
Historia de Sevilla, por don Alfon-
so Morgado.
Traducción de las memorias de los
monarcas otomanos, de don Francisco
de Olivares Murillo.
Catecismo de la doctrina cristiana,
por el padre Jerónimo de Ripalda.
Historia de Carlos V, por Fray Pru-
dencio de Sandoval.
Historia de Etiopia, por el padre
Alonso de Sandoval.
Obras de don Francisco Manuel.
Obras de don Diego Ortiz de Zú-
ñiga.
Lus de verdades eatdlicas, por el pa-
dre Juan Martínez de la Parra.
Continuación de la Historia pontifi-
cal, por Luis de Bavía.
Epítome de la Historia de Carlos V,
por don José Martínez de la Puente.
Historia do Aragón, por don Vicen-
te Lanuza.
Sus obras, de don Juan de Zava-
leta.
Museo pictórico, por don Antonio
Palomino y Velasco.
18. Sialo Zr/7T.— Eugenio Ge-
rardo Lodo.
Diego de Torres y Villarroél.
Ignacio de Luz&n.
Fray Diego Gonzilez.
José Cadalso.
Félix M. Samaniego.
Tomás de Iriarte.
Jor^e Pitillas.
José Iglesias de la Casa.
Juan Meléndez Valdés.
Juan Pablo Torner.
Conde de Noroña.
Manuel M. de Arjona.
Juan Bautista Arriaza.
Félix José Reinoso.
Tomás José González Carvajal.
Nicasío Alvarez de Cienfuegos.
Nicolás Fernández de Moratín.
Gaspar Melchor de Jovellanos.
Torres Laxando.
Bl maestro Feiíéo.
Don Gregorio Uayáni.
Bl padw Isla.
£1 padre Marina* Historia de las
Cortes,
Campoinanes.
Floridablanca.
Manuel de Larramendi, Diccionario
trilingüe del castellano, vasoueute y la-
tín.
Miguel Casirii Diccionario de veces
arábigas usadas en España.
Esteban de Terreros y Pando» Dic-
cionario castellano, que se publicó por
diligencia de Florida blanca.
Gregorio Garcés, Fundamento del
vigor y elegancia de la lengua castellana,
expuesto en el propio y vario uso de sus
artículos.
Fray Francisco Cañes, Diccionario
españot-latino-ará higo.
Real Academia Española, Dicdona^
rio de Autoridades.
19. Siglo XIX.— Poetas y autores
dramáticos. Dionisio Solía.
José de Var^s Ponce.
Manuel José Quintana.
Juan Nicasio Gallego.
Alberto Lista.
Leandro Fernández Moratín.
Francisco Martínez de la Bosa.
Duque de Frías.
Javier de Burgos.
Duque de Rivas.
Manuel Bretón de los Herreros.
Manuel de Cabanyes.
José de Espronceda.
Francisco Zea.
José Martínez Monroy.
Bernardo López García.
Gabriel García Tassara.
Gustavo A. Becker.
Juan Arólas.
Julián Romea.
Gertrudis Gómez de Avellaneda;
Gabriel de la Concepción Alvarez
(Plácido); Heredia; Joan C. Zenea,
cubanos.
Manuel Eduardo de Gorostiza.
José María Carnerero.
Juan Grimaldi.
Antonio María Segovia.
Eugenio de Ochoa.
Ventura de la Vega.
Patricio de la Bscosura.
Juan Eugenio Hartzenbuscbu
Luis Eguilaz.
Adelardo López de Ayala.
Juan de Ariza.
Antonio Hurtado.
Miguel Agustín Principe
Luis de Ulona.
Narciso Serra.
Joan Bautista Arriaza.
José Picón.
Francisco Sánchez Barbero.
Melchor Pardo.
Ventura Kuiz Aguilera.
Luis Rivera.
A. Sans Pérez.
Eduardo Asquerino.
Florentino Sanz.
20. Periodistas. — Bartolomé José
Gallardo, director de La Abeja Ma-
drileña.
Joaquín Lorenzo Villanneva, dipu-
tado, sacerdote y autor de notabilísi-
mos folletos.
Sebastián Mífiano, autor del folleto
Lamentes políticos de unpebreeUe Ae^o-
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LITE 439
tán acostumbrado á vivir á costa ajena.
José J. de ^on, director de La
Minerva.
Pedro María de Olive, director de
la Crónica científica y literaria.
Juan A. Melón, director del Sema-
nario de Agricultura y Artes.
(rreg^orio G-oozález A.zaoIa, diputa-
do ea Tas Cortea de 1820 y autor del
célebre folleto Condiciones y semblanzas
de tos señores diputados á Cortes en la
legislatura de i8¿0-21.
Javier de Bar^, director de Bl
Jmpareial.
Félix ReinoBo, iUberto Lista, Gtó-
mez HermosiUa, redactores de Bl Cen-
sor.
Gabriel J. García, Evaristo San
Miguel, José de San Millin, redacto-
res de El Espectador.
José J. de Mora, Tapia, Aguilera,
MacrohÓQ, Peüaloar, Kamajo, redac-
tores de El Constitucional y Bl Redac*
tor Español,
Fermín Caballero, Angel Iznardi,
Joaquín de López, Mateo Aj^llón,
redactores de El Eco del Comercio,
Don Fernando Corradi, dírtictorde
Bl Clamor Público.
Serafín Calderón, José M. Carnere-
ro, redactores de la revista literaria
Cartas Españolas.
Joaquín María Pacheco, Juan Bra-
vo Murillo, Pérez Fernández, Peña
Aguajo, redactores de La Abeja.
Antonio de los Kíos j Rosas, Dono-
so Cortés, José García Villaltii, Pe-
dro de Egaüa, J. Zaragoza, Luis Gon-
zález Uravo, José Luis tíartorius, re-
dactores de El Español, fundado por
don Andrés Borrego.
Aniceto de Alvaro, director de Bl
Castellano.
Jaime Balmes, director de El Pen-
tamienío de la Nación,
Ramón Mesonero Romanos, funda-
dor y director del Semanario Pintores-
co Español^ primer periúfÜco ilustrado
de Bspaña.
Ülavarría, director de El Huracán,
Pedro de La Hoz, director j funda-
dor de La Esperanto,
Angel Fernández de los Ríos, di-
rector y fundador de Las Novedades.
Pedro Calvo Asensio, director y
fundador de La Iberia.
Nicolás María Rivero, fundador j
director de La Discusión,
V. Alvarez Miranda.
Ajguals de Izco.
Juan M. Villergas.
Jacinto de Salas Quiroga.
José María Carrascón.
Vicente MúUei.
Javier Ramírez.
Luis Rivera.
Julián Sánchez Ruano.
Joan Gervera.
Pedro Pruneda.
Romualdo Lafuente.
Joaquín Córdoba y Lópei*
Francisco Salmerón.
Kamún Nouvilas.
José María <Jrense.
K. Ruiz Pons.
Adolfo Joarizti.
Oidax Avecilla.
Francisco García López.
Saturnino Calderón OoUantes.
Sixto Cámara.
Abdón Torradas.
Comandante Villamartín.
21. Literatos f publicistas y críticos.
Don José Gómez de la Cortina.
Nicolás Ugalde y MoUinedo.
Rafael Hismara y Salamanca.
José del Castillo Ayensa.
Manuel de Sampelajro.
Fernández de Navarrete.
José de la Revilla.
Juan Bautista Alonso.
Romero Larrañaga.
Romero Leal.
Bermúdez de Castro.
Cayetano Cortés.
Agustín Duran.
Javier de Istúriz.
Agustín Olivan.
El marqués de San Felices.
Antonio Llórente,
Antonio Alcalá Galiano.
Bartolomé Gallardo.
Flórez Estrada.
Conde de Toreno.
alvarez Guerra.
Diego de Clemenofn.
Lagasca,
Moreno Guerra. ^
Juan Justo García,
Toribio Núüez.
Doctores Miguel Martel; Martín Hi-
nojosa; José Mintegui; Diego G.Alon-
so, catedráticos, separados por el fa-
nático ministro Lozano de Torres y
diputado en las Cortes de 1820.
Enrique Vedia.
A. Ferrar del Río.
Pascual Madoz.
Modesto Lafuente.
Mariano José de Larra (Fígaro),
Manuel de la Hevilla.
Santos López Pelegrín.
Jerónimo Borao.
Cayetano Vidal.
Fernando Patxot(Ortix del* Vega),
Antonio Flores.
Florencio Janer.
Larrañaga (Gregorio),
Jiménez Serrano.
Fermín Lasala.
Pedro Mata.
Salustiano de Olózaga.
Pasarón y Lastra.
Augusto Ülloa.
Véíez de Medrano.
Domínguez (el autor del IHuiont^
rio),
Carlos Rubio.
El cardenal Cuesta.
Antonio Aparisi Guijarro.
Juan Antonio Pellicer.
Vicente Joaquín Bastús.
Juan Lombía.
Antonio Barroso.
Manuel Mílá j Fontanali.
José A. Clave.
Manuel Cortina.
Luis Cutiet.
Pedro Güiiic?. de la Serna.
Fernando Castro.
Tomás Tapia.
Diego Muñoz Torrero.
Juan Bscoiquiz.
Alejandro Ülivin.
Juan Bautista Erro j Azpíroz, Al-
fabeto de la lengua primitiva de España,
Mariano José bicilia, Lecciones ele-
ment'iles de ortografía y prosodia.
Doctor Puigblanch (Antonio), OpOs-
culos dramático-satíricos.
Fermín Caballero, Nomenclatura
geográfica de España.
Ramón Cabrera, prior de Arróniz
Diccionario de etimohyias de la lengua
castellana.
Rafael González Llanos, Examen
paleográfico histórico del códicsy etíigo
del Especulo,
José Gómez, conde de U Cortioat
general de brigada ; Dicaont^io de sÍ-
nónmos castellanos.
Gonzalo Fernández de Oviedo y
Valdés, TUsiloria ¡¡' n- nil y natural de
las Indias. Islas i/ tierra firme del mar
Océano.
José de Aizquivel, Observaciones á
los refranes vasCMgúdu de Garivay f
Zamalloa.
Juan Antonio Moguel, Cartas y dv
sertaciones sobre la lengua vascongada,
insertas en el memorial histérico español.
Bonifacio Sotos Ochando, Proyecto
y eusojfodewtaku^immhtUg jUo-
séfica,
José Joaquín de Mora, CoUctíáñ ie
sénónimos de la ¡aynM éastsUam,
Doctor Uoniau (Pedro Felipe^ i>w-
eÍMor» stim^í^iea de Ui Ungua cMt9~
llana,
Sanz del Río, ropreaentaate del
kraiisismo cu España.
El |)itdi-ü Homero.
Aramo,
!)e .\lig-ut;l y Morante.
El marqués de PidaL
Ag-ustíii Arguelles.
Joaquín María LÓpes.
Juan Donoso OoiWS.
Antonio Campmanj.
Canga Arguelles.
Serattn Bstévanes.
Vieente Gareía de la Hnntiu
Tomás Antonio Sánchez.
Pérez Bayer.
Francisco Cerdá y Rico.
Ramón de la Sagra.
22. Obras ji colcixioncs. — Dicciona-
rio de antlgüeduiics del reino de Xava-
rra, por don .losé Vang-uasy Miramla
(1840, Pamplona, imprenta dtí Javier
Goyeneche).
Colección de fueros municipales y
cartas pueblas de los reinos de Castilla,
León, Corona de Aragón y Navarra,
coordinada y anotada por don Juan
Muñoz y Romero (Madrid, 1847i José
M. Alonso, editor).
Colección de Cortes de los r^es de
León y CastíUa, dada & los pj? la
Roal Academit dv ln Hiatori» (1836,
tomo I).
Colección de las Cortes de Burgos, ce-
lebradas en la era 1405 (año de l.'WJ),
por Kiiriqut; 11 ("ídem, tomo 11 ).
ñIe:ii<iriol hist'n'i. o i'Sjiañol, Colecci'hi
de dni-iihi' ¡¡("S, ojji'sri'/os 1/ antigüeda-
des, i[Lie mildii'a la Kcal AcadcMiiia dtj
la llistunu li.sril).
Crónica de Fernando IV, publicad;i
por la misma Academia.
Caták^o de la c&leccüfn de Cortes
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440 LITE
LITE
LITE
los antiguot reinos de Btpaña, por la
Ueal Academia de la Historia. — Com-
prende las de León jCastilla.Arag^ón,
Oataluila, Valencia y Navarra. Desde
la JuutA de mag^natea que en 862
proclamó en Oviedo por rcj á Alfon-
so III, á la edad de 13 años, hasta las
de 1828 V 29, convocadas en Pamplo-
na por el virrey de Navarra, duque de
Castroterreño (1855).
Colección de fueros y ley es de Sspor-
ña, por don Esteban Pinel j don Al-
berto Velasco (Madrid, 18t)5). Com-
prende: PneroJutgo; Fuero Viejo de
Castilla; Fuero Real de España; Leps
del Estilo; Leyes Nuevas; Ordenamien-
to para los adelantados; Ordenamiento
de las tafurerías; las Siete Partidas;
Espéculo ó Espejo de los derechos; Or-
denamiento de Alcalá; Ordenanzas Rea-
les de Castilla, del doctor Montalvo.
Diccionario general de AdminisUra-
ci(Sn, por D. árcelo Alcubilla.
23. Consideraciones. Siglo X— En
sste siglo se sustituyó la liturgia mo-
zárabe por la católica romana, des-
pués de una existencia de tres siglos;
ss decir, desde los tiempos de san
Leandro j de san Isidoro.
24. Siglo XI. — ^Antes del siglo xii,
ya se cantaban en toda Castilla cier-
tos romances en lengua vulgar, lo
:ual demuestra que, aun antes del
poema del Cid,. ya encontramos en
uuestra patria á un pueblo poeta.
; 25. Concilio de León. — En este mis-
mo siglo tuvo lugar el famoso Conci-
üo de León, reunido en 1." de Agosto
de 1020, que dió por resultado una
Constitución religiosa (siete cánones),
política y civil (40 cánones), que es
el primer código, después del Fuero
luzgo, cuyos artículos se conservan
aún. Aquella célebre Constitución va-
lió á Alfonso V el dictado de: el de los
. ionos foros.
26. SmIo XIL— Carias de león y
de CasUÍla. En este mismo siglo tu-
vieron lugar las Cortes de León y de
Castilla (1135), cuyas actas, que se
romancearon después, son uno de los
monumentos más importantes de la
antigüedVd.
27. El acta de los fueros de Aviles.— ■
La necesidad en que se hallaban los
cristianos, refugiados desde el si-
glo viii en las montañas de Asturias,
de emplear toda la posible energía en
su defensa contra los moriscos; unida
al estado de miseria á que habían que-
dado reducidas aquellas regiones, ex-
plica claramente la extrema lentitud
con que fuá desarrollándose la novela
espafiola. A mediados del siglo xii
aparecieron loa primeros rudimentos
de este género de utbratusa con el
Acta de los fueros de Avile's, i la cual
siguió luego el hmoso Poema del Cid.
Las poesías anónimas de esta época,
como la Vida del rey Apolonio, la
Adoración de los Reyes Magos y otras,
no ofrecen nada de notable
28. Siglo XIJ al XI II. —El roman-
ce en tiempos del Rey Sanio. Según Ar-
frote de Molina, hay memoria de Nico-
ás do los Romances, poeta del Santo
Rey, aaí como Domingo, Abad de los
Romances, autor de una preciosa Se-
rranica, que comienza:
En aomo del Fnerto
Ouídéme ler maerto
D« nieve i de frío.
Luego añade que halló á la serra-
na, la cual era hermosa y de muy
buen color:
De una oorrida
VmUé I& sarran»,
Fermog», lozana
B ben oolorida.
Los dos poetas mencionados deben
ser los dos romanceros que acompa-
ñaron al Rey Santo á la conquista de
Sevilla, de donde les hubo de venir el
mote de Nicolás y Domingo Abad de
los Romances, Diego Ortiz de Zúuiga
refiere que dichos poetas se avecinda-
ron en la mencionada ciudad, según
aparece en escrituras del archivo de
aquella ilustre iglesia. (Anales de Se-
villa, edición de Madrid de 1795, pá-
gina 186.)
29. Siglo XIII.— Las Cáníigas del
Rey Sabio; el molde del antiguo roman-
ce. La corte de los príncipes y el cas-
tillo de los señores se bolseaban por
aquella época con la visita de los can-
tores populares, denominados trova-
dores, verdaderos rapsodas del Occi-
dente. El Rey Sabio pagó feliz tribu-
to á la moda de entonces, y de aquí
vienen sus Cintigas escritas en galle-
go. Las Cáníigas de Don Alfonso tie-
nen para nosotros la doble signi-
ficación de haber dado á la métrica
castellana un género desconocido,
invención propia de nuestro arte, ca-
rácter exclusivo de la litühatuua.
española, plegaria inocente de la pri-
mera fe, gozos de los gozos de nues-
tros mayores, los cantares de Navi-
dad, el poema humilde de la Virgen
María; el villancico. Este nombre es
un diminutivo de villano, porque fué
al principio la poesía de las villas y
de las aldeas, la cantiga de los luga-
reños, el júbilo cristiano de las pas-
cuas, como sí dijésemos la alegría
religiosa del campo, la más dulce y
hermosa de las alegrías. Y el villanci-
co es doblemente interesante para nos-
otros, porque eu él hallamos el mode-
lo de la poesía verdaderamente nacio-
nal; esto es, la estructura del antiguo
romance, con todo su sabor, con todo
su gracejo, con toda su apostura, con
toda su difícil facilidad. Pongamos
seis versos del romance antiguo al
lado de seis versos de un villancico
que hallamos en las obras de Don Al-
fonso, y la crítica más severa no po-
drá señalarnos una diferencia subs-
tancial.
BOMAXOI
Nnflo "Vero, Ñafio Vero,
Boen caballero probado,
Hinqnedea Ik lanza en tierra
Y ftrrendedtis el cnballo:
Pregantaroa bé por nuevas
De Baldovinos el franco.
TILtAHCICO
B da tal raxún eom esta
Vos dírei oom hnna vea
A Virgen SuntK Unría
Un muy gran miragre fes
Por lo bon rey Dom femando,
Qne toi oomprido de prez.
Pongamos asonantes en lugar de
los consonantes del villancico, y será
un romance perfecto. Los poetas biso-
ños suelen empezar sus ejercicios es-
cribiendo romances, porque creen sin
duda que es el metro más llano: y á
fe que se engañan grandemente. Nada
más fácil que agradar con la armonía
cadenciosa de la redondilla; nada más
difícil que agradar, creando la emo-
ción de la belleza con la rinu escueta
del romanee. Asimismo podríamos
decir: nada más fácil que agradar en
música con el embeleso de la melodia;
nada más difícil que producir aquel
embeleso con la nota desnuda del re-
citado. La redondilla es la métrica
de los bisoños; el romance es la em-
presa y la venganza de los maestros.
Hemos querido demostrar, primero,
que las Cáníigas de Don Alfonso no
son otra cosa que villancicos; segun-
do, que el villancico es de los géne-
ros más antiguos de la poesía nacio-
nal, puesto que se halla en el si-
glo xiii, casi en la cuna de la lengua;
tercero, que el romance pudo darnos
la idea del villancico, como el villan-
cico pudo darnos la idea del romance,
en atención á que su métrica se con-
funde en la historia de las letras pa-
trias.
30. El poema de San Millán; Las
Siete Partidas; la Historia de Lucas
de Tuy; Crónica del Cid. Hay que re-
montarse á este mismo siglo para ha-
llar un poema, como el de Alejandro,
ó un poeta conocido, como Gonzalo
de Berceo. Su primer poema: la Vida
de San Millán, dedicado al patrón de
su convento, aparece escrito, como
todos los del mismo autor, en estan-
cias ó estrofas de cuatro versos de 14
sílabas, llamados alejandrinos. En el
siglo XIII prevaleció la prosa sobre la
poesía. La colección de leyes de Don
Alfonso el Sabio, denominadas L*s
Siete Partidas, nombre que tomó de
las siete divisiones de la obra, es una
fireciosisima compilación formada de
os decretales del Código justíniano y
de las leyes de los visigodos. En ella
se encuentra un sistema de legisla-
ción, de costumbres, de policía ecle-
siástica y civil, envuelta toda esta
creación en un franco espíritu filosó-
fico, logrando ser (muy pocos libros
han logrado serlo) un resumen per-
fecto de la discreción literaria, moral
y política del siglo xiii, el cual pene-
tró, como instigación germinadora,
en las increíbles elaboraciones del si-
glo XTi. Allí se tocan con raro tino y
gran profundidad de miras los debe-
res recíprocos entre el soberano y los
subditos, dejando aparta un habla
castiza, vigorosa, enérgica, en donde
respiran uu corazón magnánimo, un
espíritu generoso, una sabiduría vir-
gen, que recrean al mismo tiempo el
paladar y el alma, si bien ateniéndo-
se al espíritu de aquella época, por-
que debe advertirse que el siglo xin
es el emporio del feudalismo nacio-
nal. Eu el mismo sigj-lo del lícy Sabio,
España tenía historiadores, legistas,
canonistas, comentadores de las Sa-
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gradas Escrituras y apologistas de la
relig'ión. La Historia ae Lucas de Tug,
li Crónica general del Cid y otras, co-
rresponden á esta misma época.
31. X/r.— Paro el dichoso
impulso que la lengua y la literatu-
ra españolas habían recibido de aquel
sabio monarca» duró poco, puesto que,
á partir dal reinado de Don Pedro el
(knel, te observa un moTimiento de
retroceso. Los versos de Ajala son
maj inferiores i los de Berceo» Lo-
renio de S^ura j Juan Buiz, j la
{irosa de la Crdni&t no nos atrae oon
os encantos del estilo da la Gnftaea
feneraL SI Mimado de Palacio, de
A^ala, es una especie de poema di-
dáctico, en el que se trata da los de-
beres del príncipe y de los grandes
en el gobierno de la república, plaga-
do de sátiras sobre las diversas clases
de la sociedad y de reflexiones mora-
les y teológicas. Pero el siglo de don
Pedro de Ajala tiene varios nombres
que la utbbatuba española no puede
olvidar. Don Juan Manuel, el rabí
don Santos de Carrión y don Juan
Raíz, Arcipreste de Hita, feeando en
el concepto, sonoro en la frase, natu-
ral y rico en U ffracia, grave en la
sentencia, gallardísimo en la descrip-
ción, coja masa sapo Henar el si-
glo ziv y el romance antiguo.
No haj nada mis castizo» más do-
nairoso, más bien tallado qae aquella
copla del Arcipreste:
Laego «a si e»ml«nio fis aquestos oantarei;
LlflTógalotla vi«ja oon otros adamares:
8«fiora, dis, oompradmo aqaestoa almajares;
La DaeAa dizo: plaame, deaqa« me loa moa-
trarei.
Ni baj nada más sonoro, más le-
vantado, más lleno de altivez caste-
llana ^ de alarde poético, que aquel
magnifico:
Kshals da GaatUl» oon pMtor«a de Soria,
Beolbealo en aiu pnebloi, dlsen del graud
estoria.
Taniando 1m eampuat «n dlaiaudo 1* glo-
ria:
Da talea alegriu nonh» al mondo mamoria.
Este gran poeta es un verdadero
dechado de lo que pudiéramos deno-
minar: Mhle franqueta en el decir,
32. Si Becerro. £u este siglo se
formó, de orden del rej Don Alon-
so XI ^ de su hijo Don Pedro, el fa-
moso libro en que se escribieron Las
Behetrías de las meritt.lades de Castilla^
códice precioso para la historia ge-
nealógica de la nobleza de España.
Este manuscrito del siglo xiv es lo
que se llama el libro de El Becerro^
cuitodiado primeramente en la Real
Chaneílletía de Valladolid, j que hoj
Sernuneee en el archivo de Simancas,
ebieado ser considerado como uno
de los monumentos más ricos de las
an^aas letras.
33. Bi Mismo. Hacia fines del sí-
ílo XXV aparece un sistema singular,
creación de un genio que tiene algo
de la impetuosidad del torrente, de la
niy'estad de la sombra y de la poesía
del martirio. En aquel sistema hálla-
se una mixtura de teología, de esco-
lástica y de un espíritu confuso, que
casi pudiera llamarse astrología judi-
ciaria ó magia negra. Uaj momentos
LITE
en que parece ser la cábela 6 la al-
quimia, aplicada á la crítica fílosó-
nca. Dicho sistema se llamó el lulis-
mo, aludiendo i su antor Raimundo
Lulio.
^ 34. Sialú XV. — Prosistas. Los pro-
sistas del siff'lo XV no eran tan nume-
rosos como los poetas; pero superio-
res en doctrina, hablando en térmi-
nos generales. Fernando Gómez de
Cibdad-Real, médico de cámara de
Don Juan II, escribió una colección
de Bpístolas de una grande importan-
cia histórica, en un estilo natural, in-
cisivo j lleno de agudeza: Fernán Pé-
rez de Gttzmán, poco aventajado como
poeta, se mostró inspirado en sus
Blogios de los hombres ilustres de Espa-
ña, preludio de su mejor obra: Lina-
jes y retratos, la cual contiene 34 bio-
grafías de los j>rincipales personajes
de su tiempo, a imitación de los Varo-
nes ilustres de Plutarco. Aquellas sem-
blanzas están escritas con arte seve-
ro, nervioso, conciso, al par que sem-
bradas de reflexiones oportunas y ori-
ginales. A esta misma época pertene-
ce un personaje, cuyo nombre mara-
villara seguramente á nuestros ilus-
trados lectores: el de Fray Francisco
Jiménez de Gisneros, Este hombre,
encarnación viva y universal de la
grande alma de Isabel la Católica; este
hombre, en cajo espíritu se engasta
el genio poderoso de aquella reina,
fior^ue toda perla busca su engaste,
ego á España el gran monumento
filológico de su siglo; la Biblia polí-
Iota de Alcalá, áenomin&áa. por esta
razón la Complutense, riquísima joja
de la LiTQRATUBA de acjuellos tiempjs,
pja riquísima también de la ciudad
ilustre que le dió su nombre, en don-
de toda Europa tuvo que admirar un
dechado de copiosa sabiduría, de ri-
(^ueza bien empleada, de discreto ar-
tificie, mejor ejecutado. Aquel fraile
tan parco, tan eoonÓmico, que hasta
parecía mezquino j luin en ciertas
ocasiones, consagra á dicho mona-
mente ana suma enormísima de su
propio peculio. Si no lo hubiera aho-
rraao antes, no hubiera podido gastar-
lo después, de donde resulta probado
que no es malo ahorrar, para alegrar
al mundo con los felices logros de la
ciencia j de la virtud. He aquí el es-
pectáculo que presenta España á la
muerte de Isabel de Castilla. La uni-
dad de las lejes del Rej Sabio nos da
la monarquía del derecho; la unión
de aragoneses j castellanos con la ex-
pulsión de los moriscos, nos da la mo-
narquía del territorio; la Biblia poli-
glota del cardenal Cisneros nos da la
monarquía de la fe. [Cuántos j cuán-
tos siglos no representan esos tres
días del siglo xvl iMagnifico sol el
que nos alumbraba en aquellos días!
¡Venturosos los que lo hicieron! ¡Ven-
turosos también los que lo refieren á
In grande historia de su patria!
35. Tendencias. — En los últimos
años del siglo xv, las letras españo-
las toman un nuevo sesgo que debe
llamar la atención del crítico, puesto
que ejerció una grande influencia en
LITE
441
el desarrollo, en el carácter j en el
método de la erudición nacional. El
honor de la iniciativa corresponde al
modesto Alfonso de Falencia, cujo
autor publicó en Sevilla un Dicciona-
rio, dedicado á Isabel la Católica,
en 1490, dos años antes del de Lebri-
ja, impreso por primera vez en Sa-
lamanca. No es posible leer sin dele-
trear, j los vocabularios menciona-
dos tienen el mérito singularísimo de
que representaron los deletreos de
nuestra lenfi:ua. El hombre que hoj
habla, es ef niño que balbuceó ajer,
j los balbuceos de ajer son tan pre-
ciosos como el habla de hoj. Poi esto
sucede que el pueblo español, sin-
tiendo palpitar su vida en las entra-
ñas de aquellos siglos, pronunciará
siempre con veneración j con cariño
los nombres de Alfonso de Palencia j
de Antonio Cala. A los vocabularios
referidos siguieron los trabajos del
padre Guadix, Tamarid, Diego de
Urrea, j sobre todo, el Vocabulista
arábigo en letra castellana del padre
Pedro de Alcalá, publicado en Grana-
da trece años después del de Lebrija.
El Vocabulista del padre Pedro, libro
único en la LiTsaaTUBA. universal, en-
vidia de los eruditos de las naciones
sabias, es un inventario fidelísimo del
antiguo romance en sus cruzamien-
tos j amalgamas con el arábigo. Su-
plicamos al digno director de la Bi-
blioteca nacional que se procure á
toda costa un ejemplar del Vocabulis-
ta arábigo en lengua castellana, porque
es realmente ineiplicable que aquel
libro monumental de la utbra,tuba.
española esté desterrado de la biblio-
teca de la nación; es decir, de su bi-
blioteca. No cabe en lo posible leer
una hoja de los antiguos códices, sin
darse de cara con el Vocabulista de
Pedro de Alcalá, tela de araña que
parece urdir la industria de un hom-
bre por dentro j por fuera del habla
antigua. Nuestros ilustrados lectores
no extrañarán que así volvamos por
un libro de nuestra casa, cuando tan
endeudados estamos con él. En efec-
to, las citas que debe este Diccionario
al Vocabulista de Fraj Pedro, no ba-
jan de mil. A esta misma serie co-
rresponde la obra del sabio Francisco
del Rosal, origen y etimología de todos
los vocablos originales de la lengua
castellana, cujo manuscrito se en-
contró entre los papeles del ex vicario
general de agustinos recoletos, el
padre Friij Francisco de Nuestra Se-
ñora de Guadalufie, que murió en su
convento de Madrid en 21 de Abril
de 1756. Los trabajos de que hici-
mos mérito anteriormente, prepararon
el Tesoro de Covarrubias, publicado
á principios del siglo xvix, 1611, dos
años después del Tesoro del padre Je-
rónimo Víctor, que vió la luz en Ge-
nova; j luego en Colonia, veintisiete
años después, ó sea en 1C37. El Teso~
ro de Covarrubias, más que un libro
de escuela, más que un análisis de la
crítica, tuvo que ser un libro de mera
exploración, puesto que no pudo ha-
cer otra cosa que desenmarañar el ha-
TOMO m
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442
LITE
bla castellana, profundamente adul-
terada por el bajo latín, que era on
latín eéitieo j germánico, no menos
que por la implantación de la lengua
árabe, que se sobrepuso á la lengua
de origen, como los terrenos de alu-
vión se sobreponen k ios de forma-
ción primitiva. Realmente, al idioma
nacional, hijo del griego j del latín,
estaba cubierto por tres grandes ca-
pas no definidas; el godo, el céltico,
j el ¿rabe. AI separar esas tres capas
8obref>uestas por la conquista del te-
rritono; al arrancar aquellos tres pos-
tizos del fondo de la lengua madre,
Govarrubias tuvo que divagar j diva-
gó; tuvo que engañarse en muchos
casos T se engañó también; pero di-
vagando j engañándose, su Tesoro es
el primer libro de la filología españo-
la del siglo XVII. Acerca de esta obra
dice Quevedo, el más sabio censor de
aquellas edades: cTambién se ha he-
cho Tmoto d* la Utufva española; don-
de el papel es más (^ue la razón, obra
frandia y de erudición desaliñada,
.nnqae no puede negarse que Gova-
rrubias, siendo un hombre solo, hizo
mucho.» Nosotros opinamos que hizo
mucho más de lo que ciejó nuestro
inmortal Quevedo. El Tesoro de Go-
varrubias, influjeado en el espíritu
nacional durante el transcurso de un
siglo, preparó el gran Diccionario de
la lengua, que es la obra maestra del
siglo xviu, timbre eterno de los fun-
dadores de la Jieal A cadetnia Española.
Bt primer tomo vió la luz púMica en
1726, comprendiendo las letras Á y
S, en 724páginas en folio, á dos co-
lumnas. Éí segundo se publicó en
1129t comprendiendo la (7, en 714
páginas. Éí tercero se dió á la es-
tampé en 1732, en 816 pá^iaas.
Comprendiendo la D, la ffyla F.
El cuarto, en 1734, comprendiendo
desde la Q hasta la iV, en 696 pági-
nas. El quinto, en 1737, compren-
diendo desde la O hasta la E, en
656. £1 sexto j último apareció en
1739, en 758 páginas, comprendiendo
desde la 8 hasta la Z. £1 gran Diccio-
Horio define 13,565 voces en 3.5S4 pá-
finas, publicadas durante el período
e trece años, según se infiere de lo
expuesto. Los egregios varonas del
Dtceionario de 17z6, conociendo á fon-
do cuanto Europa había hecho en esta
importantísima materia, siguió la tra-
za del Diccionario do la Crusca, des-
quitándose tan liberal j largamente
de su costoso empeño, que dejó muy
atrás el modelo de Italia. El méri-
to del primer Diccionario oficial no
consiste precisamente en haber des-
lindado 13.365 voces; ni en haber
demostrado cierto número de etimo-
logías; ni en haber asentado princi-
pios discretos en lo referente á la
ortografía de nuestro romance, sino
en el hecho general de haber com-
puesto uú libro de lo c^ue hasta en-
tonces no había sido mas que un en-
sayo. Al efecto, tuvo que estudiar
el Diccionario lalino-esmñol if español-
latino de Lebrija; el vocabulista ará-
bigo m Itíra cattelitm del padre Alca-
LITE
lá, los trabajos deTamarid, del padre
Guadix, de Diego de Urrea, del doc-
tor Aldrete, el JVforo de Govarrubias,
el Diccionario marítimo de Sevilla, el
Diccionario de germania de Juan Hi-
dalgo, Us actas de Gortes, leyes, fue-
ros, cartas pueblas, la recopilación da
Indias, las pragmáticas de Tassas j
el inmenso caudal de textos de todos
nuestros clásicos, con que aclara y
fija el significado de las voces, por
cuya razón lleva el nombre de Diccio-
nario de Autoridades. Maravilla ver-
daderamente la universalidad con que
recibe las avenidas de la antigua len-
gua, la docta crítica con que se ense-
ñorea de la historia de los vocablos,
la facilidad con que expone y aplica
el vario sentido de los refranes, ada-
gios y proverbios, diligencia pasmosa
que bastaría para inmortalizar aque-
llas ricas páginas. Pero hay otro he-
cho que da más realce al Diccionario
de 1726: es la exactitud, la religiosi-
dad, el ahinco, el amor promndo,
con que interpreta los pensamientos
de nuestros mayores, aquellas pala-
bras liberales, aquellos giros francos,
aquellas expresiones castizas, aque-
llos arranques generosos, aquella efi-
cacia de concepto y de locución,
donde se juntan en consorcio amigo
la verdad de la ciencia y el recreo del
arte. ¡Ay! ¡Cuánto va perdiendo en
este punto el primoroso y gallardo
romance de los antiguos! ¡Gúántas y
cuán preciosas perlas, apagado el bri-
llo, roto el engaste, se han despren-
dido del antiguo joyel! £1 uso, diga
lo que quiera su fuero inapólable,
torció el sendero coando dió al olvido
aquellas expresiones con que nues-
tros antepasados asombraron al mun-
do; expresiones altivas, valerosas,
osadas, porque no hay genio que no
sea osado; y ¡bendita sea la audacia
del genio! Gausan desconsuelo pro-
fundo la indiferencia y el abandono
con que hemos ido matando el espí-
ritu de la antigua lengua. Por ejem-
fdo; la palabra hacienda significa hoy
a tierra de labor, el cúmulo de bie-
nes que poseemos, las dependencias y
faenas de la casa. Amén de estas tres
acepciones, las fasendas de los anti-
guos significaban asuntos, negocios,
hazañas, menesteres, empresas, cui-
dados, deseos, amores, hasta lágri-
mas, hasta suspiros, porque los sus-
f tiros eran entonces, y lo son todavía,
o serán siempre, \is fatendat del co-
razón. Oigamos y admiremos la re-
dondilla que Alfonso Alvarez de Illes-
cas pone en boca de la reina de Na-
varra en sus desposorios con Don Car-
los. La reina dice: entienda todo el
mundo que yo no puedo estar alegre,
leJa, hasta que consiga tenga más no-
ticias del asunto en cuestión; y el
asunto en cuestión es la fasenda.
Todo ol mundo ben entend»
Qae non pnaso leda Mr,
Futa qae poaaa entender
Uaya novutt de esta faaenda,
( Cantiga gue jiso A Ifonso A Ivaret de
Villa üandino, cuando desposaron ta
LITE
ñeyna de Navarra con Don Carlos, por-
gue sseyba.)
h% fasenda, á que alude la reina, es
la ida y la vuelta de Don Carlos, su
cuidado amoroso, la cuita de sus pe-
nas, de sus deseos, de sus inquietu-
des; en fin, es aquella esquiva nugi-
nama y aquella e^erwua delegíota con
3ue esperaba ver su vuelta, y para
ecirlo de una vez, era la fasenda de
sus amores. Inútil sería que el actual
romance intentara expresar el senti-
miento de aquella reina con la misma
eficacia, con el mismo ^unto, con el
mismo gracejo. ¿Por que? Porque cada
palabra tiene su espíritu y hemos de-
jado perder el espíritu de aquella pa-
labra. ¡Sil Hemos perdido aquellas
fasendas del alma, aquellas hermosas
fasendas del corazón, las más grandes
haciendas de la vida. Siempre que
leemos:
Todo el mundo ben entenda
Qne non poiso leda ter,
Fasta qne poHa saber
Uays noval de eata fatettOa,
nos parece sentir los primeros j^ozos
de la imaginación, del entendimiento
y de la esperanza; la fe pura y vi^n
de las primeras dichas; y tanto val-
dría decir: el amor puro y virgen de
la primera fe.
Entre las muchas locuciones aban-
donadas en mala hora, recordamos
aquella magnífica frase: «hacer cau-
dal, no hacer caudal» para significar
la idea de dar ó no dar atención, de
atribuir ó no atribuir importancia á
uú h«cho, como cuando decían: «no
hice caudal de lo que se me dijo; po
hice caudal de sus consejos;» es decir,
no hice de ellos asunto eapitalf no los
tuve en cuenta, los desdeñé. El ro-
mance moderno no tiene nada qae se
parezca á esa noble y sabia locución
del antiguo romance, jova que basta-
ría para engalanar una lengua. Nos-
otros sentiríamos remordimiento, si
no lo dijéramos con el conveniente
decoro; y si es menester, con el res-
peto necesario. Nos parece que se ha
equivocado el procedimiento que de-
bió seguirse en la interpretación y
práctica de nuestro idioma, que no
anda más quien anda mucho; sino el
que anda por donde debe andar; sobro
todo, cuando sabe por donde anda.
Así como nos empeñamos en dejar á
larga distancia el Diccionario de Auto-
ridades, el movimiento de la erudición
española debiera consistir en dirígit'
se á él, para desentrañarlo, para com-
prenderlo, para sentirlo, única mane-
ra de posesionarnos de nuestro pensa-
miento, porque el pensamiento des-
fallece cuando desfallece el lenguaje.
El que busque el alma de un pueblo,
que busque la historia de su lengua-
No hay tarea alguna, no hay ningún
sacrificio, que un pueblo culto no deba
hacer, para resucitar las tradicioaes
que son la imagen de la vida de todos,
el retrato perenne del genio nat'íonal.
¿Quién llevará á mal que nosotros vol-
vamos por el reinado de nuestro ge-
nio? ¿Ni quién podrá decir que esto
es renegar de cuanto se ha heeho d«s-
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LITE 443
de aquélla fecha hasta el presente?
Amamos tanto la gloriosa leng'ua de
nuestros madores, paseada en &iunfo
pOT toda la tierra civilizada, que pode-
mos sei hasta fanitieos;pero no somos,
no seremos nunca descreídos. No acep-
tamos lo que se ha destruido desde
1726; pero agradecemos ciertas tareas
muy apreciables, que se han llevado á
cabo desde aquella fecha, amén de que
creemos que la gloria de los indivi-
duos de la Academia no cabe en los
limites de la crítica; aun siendo una
crítica muy docta. Imaginamos que
su fama es tan española y tan univer-
sal, que se entreteje y se corresponde
con nosotros por la continua genera-
ción de clarísimos académicos. Y aun-
que se dijera que nuestros días son el
ocaso de aqueforiente, siempre resul-
teria que hasta el ocaso es esplendo-
roso cuando el oriente brilla tanto.
Ni bastaría ¿ entoldar el limpio cielo
de aquel horizonte el crespón de una
nube, pues hasta la sombra tiene su
encanto cuando nos recuerda el he-
chizo de tanta luz. Por ¿ttimo, cuan-
do haya piedras en nuestro país para
los hombrea que han ilustrado & Bs-
Saña, los fundadores de la Real Aca-
emia Española tendrán una piedra.
Ka su frontis se leerá: Dicciühabio db
Autoridades.
36. ¿iigio XV.—Poettu. Dedique-
mos ahora algunas palabras & un fa-
moso misterio de la utseutura espa-
ñola. Nos referimos á las coplas de
Mingo Seoulgo, escritas en 14&4, no
eQ 1472, como quieren algunos auto-
res. Entre Juan de Mena, Rodrigo
Cota y Hernando del Pulgar, el padre
Sarmiento v el señor Amador de los
Ríos se inclinan á favor del último de
los poetas mencionados, quien, á fuer
de cronista del rey, astara empapado
en los secretos de la corte. Estas co-
plas, bajo la forma bucólica, que em-
pezaba á ser apreciada de los eruditos,
merced á los estudios de las letras
clásicas, eran una ingeniosa j amar-
gi censura de la depravada corte de
nrique IV, al par que una acusación
enérgica á la nación que sufría tanto
vilipendio. Ea ella figuraban el pue-
blo castellano y uu profeta 6 adivino,
que, al verle hundido en tan mísera
abyección, le predecía mayores ma-
les. £1 pueblo estaba personificado en
Mii^ Bevulgo; y el adivino, en Gil
Arrivato, amóos pastorea, quienes de-
partían mano á mano en loa siguien-
tes términos:
iSabai?... jSabei?... Bl modorro
AU&i donde aa aad» & gríUoa,
BarUn d« ét loa mozalbillos,
Qao andan oon él eo el oorro,
Armanle mil gaadramañai;
tino '1 pela laa pastaftat;
Otro '1 pela los eabelloa...
Y aaí ae pierde traa ellos
Metido por laa eabafiaa.
Uno te quiebra el cayado.
Otro 1« toma slmrrón;
Otro 1 quita «1 «amarrón
T \tí traa ellos deababado!
K aon él... ¡torpe tnajaderol...
Que se preola de oerterOi
Vaata aqnella sagaleja.
La d« Kava Laalt«ja
Ito ha traído al ntoHero.
La soldada ane le damoa
B aan el pan de los mastinea
Cómeselo con raines:
iQaay de noa, qae lo pagamoal...
Vista la naturaleza de esta sátira,
era natura! que el autor esquivara su
nombre por el peligro que te cornera^
como dice el padre Mariana. El si-
flo XV, que debe llamarse de Don
uan II, se considera por algunos au-
tores como una época de preparación
y de tránsito, en que la litebíltuba.
espaaola se halló dominada por la tri-
ple influencia de la antigüedad clási-
ca, de la Italia y de la Provenza. Aun-
que muchos de los autores de este si-
flo no pueden presentarse como mo-
elos, ni lograron crearse un estilo
?<ropio, merecen citarse el célebre don
ñigo López de Mendoza, marqués de
Santillana, el amigo de Don Juau II,
á cuyos gustos literarios correspondió
coleccionando los proverbios, tesoros
de todos los siglos. Pero el marqués
de Santillana tendría sobrado con
aquella letrilla que diee:
lloia tan fermoaa
Non vf en la frontera,
Oomo nnavaqnara
DelaFinojoaa.
]Qué imaginación tan sencilla!, [qué
amortan dulce!, ¡(^ué rusticidad tan
deliciosa! ¡Ay! ¡Quién tuviera candor
para soñar asi! Se nos figura que per-
cibimos el olor de las rosas, que oímos
el rumor de las fuentes y que vemos
salir el sol. También encontramos en
este siglo al marqués de Villena, fiel
representante de las tendencias eru-
ditas, más notable como iniciador é
instigador que como literato. El mar-
ques de Vill ena no escribió más c^ue
^es obras originales: el Arie de írtn-
ckttr, las Hazañas de Hiratlet y un
drama alegórico; pero vertió á la len-
gua patria la Betiriea de Cicerón, la
Fanalia de Lucano, la Sneida de Vi^
gilio y la Divina Comedia del Dante,
amén de que Barcelona le debe la res-
tauración del IntíiÍKÍo de la gaya cien-
cia. Declaramos que Juan de Mena es
en algunas ocasiones un poeta excesi-
vamente latino, extraño, oscuro, de
arte desigual, de ingenio veleidoso;
pero dotado de una sonoridad tan sor-
prendente, que con razón ha mereci-
do pasar á proverbio, como cuando se
dice: «es más poeta que Juan de Me-
na.» En el poema La Coronad^, ha-
blando de las musas, dice:
Loa ana bnltoa vlreinelea
De aqnestHs donoellaa nneve
Se mostraban bien átales,
Gomo florea de rosales
HeEcladaa oon blanca nieve.
Ai que pregunte quién fué Juan de
Mena, no nay más que leer la ante-
rior quintilla, que tiene de fecha más
de cuatro siglos. Nuestros ilustrados
lectores no ignoran que la palabra
bultos quiere decir semblantes.— En
eata misma época se inventó una com-
posición octosílaba de ocho pies, que
viene á ser como el anuncio, casi el
remedo, del género inventado ó per-
feccionado por otro poeta en el siguien-
te iiglo. Realmente, Vicente Espinel,
al inventar la déeima, no tuvo que
hacer otra cosa sino añadir dos rarses.
Sirva de muestra el precioso modelo
que insertamos, en donde hay pala-
bras que no serían más hermosas aun-
que fueran perlas:
Á SBVn.LA
Lynda syn oomparaslón,
Olaridat é Ina de aspafia,
Flaaer é oonaolaolón.
Briosa oibdat enrafin
Bl mi corazón ae baila
Bn ver veatra maraviUa,
Uny poderosa Bavilla
Onar&ida d' alta eompafla.
(Altokbo ALvaais ttm IbLasoaa.)
Hemos dejado, para coronar la poe-
sía de este siglo, al autor de los ver-
sos siguientes:
Reonerde el alma adormldat
Avive el aeao y deaplarto
Contemplando
Oómo se pasa 1» Vid»,
Oómo 80 Tieno la nnert*
Tan oallando;
Onin presto aa Ta el plaewi
Oómo despaés da aeoraado
Da dolor;
Cómo 4 nuestro paraoer
Caalqoiera tiempo pasado
Fué m«jor.
ó bien estas otras estancias:
jQa4 se hlio el rey Don Jnanf
Los infantes de Aragón
¿Qné se bioieronf
¿Qué faé de tanto aalánf
ÍQné fné de tanta mvención ,
lomo trajeron? '
jQné seniso aqnel trovar,
Laa músioaa acordadas
Qne tafiíanf
^Qaé se biao aquel dansar.
Aquellas ropai ohapadaa
Qne traían?
Difícilmente podremos hallar un
escritor más elegante, más melodio-
so, de pensamientos más profundos,
de fantasías más tiernas, de emocio-
nes más delicadas. Distingüese este
gran poeta en que su creación se re-
vela siempre en tintas suaves, en ce-
lajes leves, en sombras apacibles, por-
que parece que el misterio no puede
vivir sino en el seguro de la sombra.
En el autor á que nos referimos cam-
Sean con igual arrogancia la verdad
el entendimiento y Ta poesía del co-
razón , como si hicieran gala de su her-
mosura la ficción primorosa y el loza-
no ingenio; tal es Jorge Manrique.
37. %í<í 2 r/.— Llegamos al si-
flo XVI, y sentimos pavor. Tenemos
elante dos sombras inmensas; la
sombra de un hombre de que habla-
remos más adelante, y la sombra de
una mujer, cuya alma es una flor del
Paraíso que exhala sus perfumes entre
suspiros de la vida, que bien pudie-
ran ser suspiros de la gloria. Una
sola mujer envuelve la fe de toda Es-
paña, crea su siglo, se impone á todo
el mundo, porque hay genios tan po-
derosos que no pueden tener más que
vasallos. La palabra de aquella mu-
jer reina en todas partes, como si fue-
se la triple mensajera de Dios, de la
fatalidad y del destino. Santa Teresa
de Jesús funda la escuela mística, á
la que no aventaja ninguna escuela.
Lo que en los autores se llama genio,
en santa Teresa S8 llama éxtasis, de
donde resulta aiu es un genio ele-
vado i visión, santa tnm de Jesúsi
eon sn xnlitidn&o, qno nadie hi uSiU
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444 LITÉ
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do imitar; Miguel de Cervantes, con
su Quijote; don Pedro Calderón de la
Barca, con sua aatos sacramentales,
con su Vida es *%eñoj con su Alcalde
de Zalamea; Lope de Veg;a, con su in-
menso teatro; Quevedo, con el g^ran
mundo de sus cuentos, sátiras j le-
trillas; don Ramón da la Cruz, con
sus sainetea, y don Manuel Bretón
de los Herreros, con sus inimitables
comedias, son quizá las figuras que
más se han impreso en la TÍda de És-
pafia. Batre los primeros poetas líri-
cos que florecieron durante el si-
glo XVI, se encuentra un nombre es-
clarecido por demás; Luis Ponce de
León,deuominado generalmente Fray
Luis, entendimiento noble, inspira-
ción encantadora, alma elevada 7
pura. A la práctica de las lecturas
bíblicas añadió el estudio de la anti-
güedad, se propuso á Horacio por
modelo j supo unir, con felicísima
iaduftria propia, á los arranques lí-
ricos del poeta bucólico, la dulzura
evangélica del ^oeta cristiano. Fraj
Luis de León fue el primer poeta cas-
tellano, cujos bríos sacudieron el
jugo que impusieron á todos la Italia
j la Provenza. Sus bellísimas odas
La Profecia del Tajo j La Vida del
campo abonan el juicio de la posteri-
dad acerca de este personaje, uno de
los caracteres más acabados de la his-
toria del mundo: <no se sabe si el
cielo bajó en él á la tierra, ó si la tie-
rra subió con él al cielo.» Frajr Luis
de León era un hombro vestido de
átt^l, 6 un ángel vestido de hombre.
[Bien haja el día que le vió nacer!
jDichoso el siglo que le tavol ¡Dicho-
so el pueblo que le cuenta entre los
descendientes de bu glorial Pero Es-
Safia tiene otro Frajr Luís de León; es
ecir, tiene un Fraj Luis de León en
prosa. Este hombre, uno de los más
doctos j el más elocuente de su siglo,
superior á su gran maestro, san Juan
de Avila; este hombre que avasalla
el ánimo de Sixto V; que rehusa la
mitra 7 el capelo; que inunda á Eu-
ropa con su rica UTBRA.TUitA; este
gloriosísimo español es el fraile que
muere en Lisboa, sin dejar otra man-
da qua el recuerdo dichoso de su elo-
cuencia, de su saber y de su virtud.
[Con qué grandeza habla de Dios!
¡Con qué grandeza habla también del
airecifio que recorre los escondites
del cerebro! Bn este autor hallamos
un espíritu ingenuo que se remonta
hasta convertirse en majestad; j uua
majestad que se remonta hasta con-
vertirse en inocencia. Fué tan sabio,
que llegó á ser hasta inocente, ó fué
tan inocente, que llegó á ser sabio.
En el sentido de ingenuidad castiza
j denodada, no teaemua noticia de un
escritor que haja logrado más. Con
razón se ha dicho que la vida en casa
de aquel hombre era un viento apaci-
ble. £l que quiera instruirse, eualte
cerse, regenerarse, que lea con delicia
lo que dejó escrito el gran poeta de la
8 rosa, Fiajr Luís de Granada Arias
[ontano, «1 es^ñol más sabio del
«glo xvz, mcsábaá tn latín, en cuyo
idioma era consamado, asombrando á
sus tiempos y á Europa con los recur-
sos inagotables de su oiencia. Aun-
que es^ personaje no escribió una
letra en castellano, tiene una impor-
tantísima representación en la lite-
BaTUBa de su siglo, ora eomo adjunto
del arzobispo de Segovia Pérez Aja-
la en el gran Concilio de Trente, en
compañía de varios clarísimos varo-
nes, que cubrieron de gloria el nom-
bre de España; ora como enviado á
Flandes, por encargo de Felipe II, para
dirigir la impresión de la famosa Bi"
blia, llamada regia, á cuja tarea puso
remate con acendrado gusto j mag-
nífica gala de erudición. Arias Mon-
tano es indudablemente uno de loa
nombres más esclarecidos de nuestra
historia por su noble ardor, por su
admirable diligencia j por su prodi-
gioso saber, puesto que la sabiduría,
por sí sola, aun sin dejar las sombras
del alma, aun sin salir de las tinie-
blas incomprensibles del dausteo en
que nació, vale tanto como Us mejo-
res conquistas del ingenio. Ilustran
este siglo Fraj Alonso de Castro, Al-
fonso de Salmerón, Frav Pedro Soto,
Üelchor Cano, los dos hermanos Co-
varrubias j Antonio Agustín, que
asistieron también al Concilio de
Trente para orgullo de nuestra erudi-
ción. Entre los doctos españoles, que
acabamos de enumerar, ñguró tam-
bién don Agustín Cazatla, canónigo
de Salamanca, predicador de Carlos V
j Felipe II, asi como el insigne Fraj
Bartolomé Carranza, una de las más
grandesinteligenciasdeaquellostiem-
pos, cujos dos eruditos acabaron su
vida en las luminarias del siglo xvi,
porque las hogueras de los autos de fe
parecen serlasluminarias de Felipell.
38. SI molinismo. — Réstanos ha-
blar del famoso jesuíta Molina, autor
de un sistema sobre la gracia, que se
conoce bajo el nombre de molinismo.
Este sistema dió por resultado pre-
ocupar grandemente el espíritu de la
cristiandad v de Homa, dividir á los
filósofos católicos en molimitas ^jan-
senistas, al par que produjo la inter-
dicción canónica de las cinco proposi-
ciones de Jansenio, bajo Inocencio X
j Alejandro VII, de la propia manera
que la persecución del jansenismo
bajo Clemente XI.
39. Tipos y caracteres. — Ya para
hacer justicia á nuestra historia j á
nuestro pueblo, ja para gloria de
nuestras páginas, porque el asunto es
tan holgado c^ue tiene ganancia para
todos, vamos a dedicar algunas líneas
á un autor de esta época, original j
peregrino en la concepción, vivo j
garboso en el narrar, liberalísimo en
el decir, sencillo en sus costumbres,
afable en su trato, modesto j humil-
de en su persona, soberbio j duro en
la desgracia, firme en el peligro, te-
naz en el propósito, inexorable en el
intento caballeroso en sus penden-
cias y en sus amores, juglar en sus
revueltas mocedades, avaro de empre-
sas, ottidoso de ta tm», goaidador
de la honn, que nanea ud tiempo
á verse retado, ni esperó jamás ¿
ser requerido, j que supo, antea qae
los ojos en el contrario, poner la mano
en los gavilanes de su esj^ada. Bl
personaje á qaíen nos refenmos, es
un hombre alegre con los tristes, do-
noso j festivo aún en el momento de
morir, como si los tesoros de su vida
quisieran llenar hasta los abismos de
su muerte. Al registrar las pnndas
que avaloran su nombre, no sabemos
decir por qué prodigios debe más á la
Providencia; sí por Tas estrecheces de
los hombres j de los tiempos; si por
los empeños del valor; ai por las glo-
rias del infortunio; si por los martí-
rioa de la conciencia; ai por los gajes
de la virtud ó por laa preseas del in-
genio. Bl siglo XVI nos presenta tres
tipos, llevados á su última perfección
por el espíritu de un solo hombre: SI
QmíJoí') tipo maravilloso del romance
social; Pérsiles y Seyismunda, tipa
acabado del romance de intriga; ffl
Liceneiado Vidrierat SI Ámantt presta-
do, Al Amanto Uberal j La CfUanilla,
tipos preciosos de la novela popular,
en donde admiramos á porfía la ver-
dad de los caracteres, la naturalidad
de los episodios, la viveza de las imá-
genes, el número j cadencia de los
períodos, la originalidad, la riqueza
j la gracia de la dicción. Nuestro
autor, al apoderarse de un asunto, se
lo asimila de tal suerte, que le comu-
nica su propio sentir, como si fuese
parte de su mismo ser. [Tan cierto es
que también el genio tiene su figure,
su complexión, su fibra, su nervio,
su fluido, su sangrel Vamos á hacer
mención de una cualidad, que ha-
llamos en el habla del grande escri-
tor nacional, j nos valemos de aquel
nombre, porque la frase del autor
mencionado no es una locución, sino
un habla. En el estilo de aquel escri-
tor, haj más que tono; más que gen-
tileza; más que altirez; más que orgu-
llo español: haj ufanía. Cuando es-
cribe, se ufana: es decir, se aumenta,
se esponja, crece hasta que se inunda,
como el río que sale de madre. Esta
nativa inspiración del genio es el ca-
rácter más elevado déla utbbatuba.
de El Qtt^'oíí. jAdíós, Cervantes, arca
misteriosa j sublime, como el encan-
to inexplicable de ciertas melodías!
[Adiós, Cervantes vocablo del hom-
bre añadido á los grandes vocablos
del mundo; vocablo del mundo títa-
dido á los grandes vocablos da DiosI
40, El Cancionero yeneral. — A este
mismo siglo corresponde Bl Cancio^
ñero general, cuja edición más antigua
es la de Valencia, verificada en 1511
por (Cristóbal Hoffmann. Debe notar-
se, como dato histórico, que SI Can-
cionero de Alfonso de Baena no es otra
cosa que una colección de las obras
del marqués de Villena, marqués de
Santíllana, Juan de Mena, Gómez
Manrique j otros caballeros j seño-
res que brillaron en la fastuosa corte
de Üon Juan II, parte de cujas obras
pasó después á Él Caucionero general
fior la curiosa diligeneia de Juan de
e&ioi&a
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LITE 445
41. Aliaim tnal Aecha d« las írofii-
íHonet gentiles con los dogmas cris liar-
nos.— Hajr en el siglo xvi una piece-
ciUa reliffiosa, ^ue debe llamar la
atención de la critica, ja porque re-
presento cierta alianza de las tradi-
ciones gentiles con los dogmas cris-
tianos, ja porque viene ú ser una es-
pecie de genialidad literaria, la oual
DO tiene ejemplo en la erudición de
pueblo alguno. Nos referimos á la tra-
jgicomedia aUgdrica del Paraíso y del
Inferno, en donde figuran las almas
de un monje, de un judío, de un abo-
fado, de una alcahueta j basta de un
a'iorcado por ladrón. Todos solicitan
qiese les embarque en la falúa del
F.iraíso; pero todos, excepto un pobre
lo!Oj cuatro caballeros, que murie-
ro \ peleando contra los inñeles, se
Te i rechazados j conducidos al infier-
no en la barquilla de Carón. He aquí
el ;uríoso detalle literal de la obra:
cnt iral representación del diverso ea-
miro que hacen las almas, partiendo
de esta presente vida, figurada por
los dos navios que aquí parecen: el
uno del cielo j el otro del infierno,
cuy., subtil invención y materia en el
argi mentó de la obra se puede ver.
Son interlocutores un ángel, un dia-
blo, un hidalgo, un logrero, un ino-
cent , llamado Juan, un fraile, una
moz« , llamada Floriana, un zapatero,
una: Icahueta, un judío, un corregi-
dor, in abogado, un ahorcado por la-
drón, cuatro caballeros, que murieron
en la guerra contra los moros, el bar-
quero Carón.» Fué impreso en Burgos
en ca la de Juan de Junta i 23 días
del B es de Febrero, año de 1539.
Aunqi .e este pasillo singular nos pre-
senta 1 1 forma dramática, tiene el es-
píritu.'.e loa libros morales ejemplares,
que in ^adieron nuestra literatura
en a^ucl siglo j en el siguiente, cuya
opinión manifestamos con el intento
de hacei notar ciertos caracteres ocul-
tos de 1 i erudición de aquellas eda-
des.
42. Libros morales ejemplares del si-
glo X VI al XVII. Estos libros, que
munc' iron nuestra utbra.tura duran-
te el ' ranscorso de dos siglos, no son
otra* osa que una imitación, mal per-
jeña> la, de la Celestina, j señalaron
un oeríodo de lastimosa decadencia.
Mu' bas de aquellas producciones se
ene lentran reunidas en Dieze. (Adi-
do, et á Velázques, página 3 í i . )
Antes de cerrar elinmenso cuadro
de este siglo, saludemos con gozo al
no^ile poeta de una epopeya nacional,
A.I nso de Ercilla; al humilde juglar,
globosísimo fundador de la escena
espa ^ola, Lope de Rueda; al poeta del
cueniO, Baltasar de Alcázar; al poeta
del mi irigal, Gutierre de t'etina; tam-
bién al poeta de la décima, Vicente
Espinel; «imbién al famosísimo poeta
de la copla, Gil Polo:
Jonto ')1 ftgitA B« poma,
T 1m onci u agaardaba,
Y an verlmllegar, haía;
P*ro A v« ja bo podía
T «1 Uaoec pie se mojaba
( OMKioft pattoní.j
43. Siylo ZVI. —Teatro. Antes de
entrar en la descripción del fecundo
siglo de Lope de Rueda, natural pa-
rece apuntar algunas noticias sobre
los orígenes del teatro español.
1. Timpot primitivos. Bailes mími-
cos,— Hablando del teatro nacional
con relación á los varios gérmenes
que le produjeron, mediante la ela-
boración y el trabajo de muchos si-
glos, debemos empezar por los vas-
cos, quienes poblaron tal vez á Espa-
ña bajo el nombre de iberos. Los vas-
cos se hicieron famosos por sus bailes
mímicos, ejecutados con más primor
que en ningún otro pueblo, como
puede versa en el libro de Iztuata, ti-
tulado: Ghtipuzcoaco dantza gogoangar-
rien condaira. ( Historia de hs antiguas
danzas juipuzcoanas y regla* para bai-
larlas bien ¡f acomnañarlas con cantos en
verso, San Sebastián, 1824). Haj ade-
más otra obra titulada: Enscaldm
aciñaco ta ara ledabicieo eíorquien, (San
Sebastián, 1826), la cual contiene una
colección de cantos vascos populares,
cuya mayorparte se canta en los bailes
y regodeos públicos. «Las danzas,
dice, no son otra cosa que la repre-
sentación de un canto por medio de
los pies j de varios gestos, ó, más
bien dicho, la exacta expresión de
lo que significa cada nota del can-
to, de suerte que en su representa-
ción se unan cuerpos j voces para in-
terpretar la melodía j las palabras.
Cuando el sonido del tamboril sirve
para acompañar frases que impresio-
nan, su sentimiento j significación
arrastran i los bailarines que las
ojen.» En cuanto á Iztueta, describe
con la mayor exactitud hasta treinta
y seis dantas diferentes con sus par-
ticulares ceremonias; entre ellas, la
pordoí danlza, ó baile de las lanzas, que
ejecutan hombres con palos, en me-
moria de la batalla de Beotíbar, que
ganaron los guipuzcoanos á los de ^
Ñavarra. El autor, como buen patrio-
ta, deplora la degeneración de los to-
cadores de tamboril, que van olvidan-
do sus tradiciones pojpulares j prefi-
riendo á ellos la música francesa é
italiana. (Historia del origen y de la
literatwra del arte dramático en España
por Adolfo Federico de Schack, tradtt-
cida del alemán por Eduardo de Mier.)
2. Bailes pantomímicos. otigtu.
del teatro español hállase envuelto en
ciertas tradiciones, las cuates se pier-
den en la noche de los tiempos. Entre
las tradiciones mencionadas, hallamos
los bailes españoles, que alcanzaron en-
tre los romanos grande celebridad, de
los cuales dicen muchos autores que
eran pantomímicos j acompañados de
canto, según vemos en Plínio (libro I,
epigrama i 5), Juvenal (sátira XJ, ver-
so i6¿y <iVu»<»i¿»/Marcial (libro III,
epigrama bS ),j Lampridio ( Heliogába-
¡o, capítulo 32).
3. Teatros bajo la dontnaeum roma-
na.— A.polonÍo de Tjana, en su vida
de Filostrato, trae una cita, de la cual
se deduce que en la Botica no se co-
nocía teatro alguno hasta los tiempos
de Nerón; pero contn eita cita existe
el testimonio de las innumerables rui-
nas de antigües teatros que se encuen-
tran en la Península, de los grabados
de otros en diversas medallas j mo-
numentos qud todavía se conservan,
al par de las reiteradas afirmaciones
de escritores latinos j diversos erudi-
tos de Europa, de las cuales resulta
que los latinos trajeron á Espafia su
teatro, durante la larga permanencia
de los romanos en nuestro país. En
efecto, Marcial^Xtíroi V, epigrama iSj
habla expresamente del teatro de Ri-
ga, debiendo notarse que eran céle-
bres los de Tarragona, Mérida, Coru-
ña del Conde, Sevilla, Ecija, Cazlo-
na, j, principalmente, el de Sagunto,
el cual se conservaba en un estado tan
perfecto, que en 1785 aírvió de nue-
vo para dar representaciones dramá-
ticas. Inútil fuera que nos empeñá-
ramos en probar la existencia ae di-
cho teatro, cuando sus ruinas existen
aun, además de que á él se refie-
ren infinitos autores, tales eomo Fió-
rez (España Sagrada.); Msisáñaf ffisto-
ria crítica de España, tomo V112, pá-
gina 13i ); Emmanuelis Martín (Epís-
tolas, Amstelodami, 1738); Laborde
(Viaje pintoresco é histórica por Espa-
ña ); Westendorp y Reuvens (Antiqui-
teiten); Dillon, Pluer j Sirinvurne
(Viajes).
4. A rte dramático bajo los visigodos;
representaciones escénicas; recitación ha^-
blada. La existencia de la recitación
hablada, bajo los visigodos, no puede
ponerse en tela de juicio, en virtud
de muchos documentos de la major
fe, tales eomo las obras de san Isido-
ro de Sevilla f'Orí^^tt», libro 18, capí-
tulos 41 y 59), en que recomienda á
los cristianos qne <se abstengan de
asistir á los espectáculos del circo,
del anfiteatro y de la escena;» la no-
ticia que nos da la historia de que «el
rey Sísebuto depuso á Ensebio, obis-
^ po de Barcelona, porque había con-
sentido que se oyesen en los teatros
frases que debían ofender á oídos cris-
tianos,» j los cánones 45 y 50 del
Concilio iliberitano, los cuales prohi-
ben á los fieles, crepresentar así co-
medias como pantomimas.» La noti-
cia histórica que hemos citado ante-
riormente, consta en la Historia gene-
ral del padre Mariana ^{¿¿re 7 F, eapi-
íulo I) y en la Historia eclesiástica de
Padilla (Málaga, 1605, página 188).
Pero nc es esto sólo, puesto que, re-
montándonos al siglo y, encontra-
mos ya varias ceremonias de carác-
ter dramático en cierto modo; esto
es, de índole mímica, como la cos-
tumbre religiosa, observada particu-
larmente en las iglesias en las fies-
tas de los mártires j del domingo,
en las cuales se cantaba el /timno de
los tres mancebos dentro del horno, in-
terpretando así un pasaje bíblico, y
la ceremonia del lavatorio de los pies
de los pobres en cada diócesis, verifi-
cada por su obispo en el día de jue-
ves santo De la primera ceremonia
habla el canon 14 del cuarto Concilio
toledano; j de la segunda, Masdeu
(I, capítulo XJ, 218). Posteriormente,
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la pompa de las procesiones desperté
el glasto de los espectáculos, cujo an-
tecedente eiplíca el hecho de que se
introdujesen en las iglesias otras ce-
remonias profanas, como cánticos, bu-
fonadas j bailes, seffún vemos en el
mismo Masdeu (Xl, 212). La intro-
ducción de los espectáculos mundanos
era tan general en el sig-lo vii. que
hubo de proliibirse en 6o3 la fiesta de
los locos, seGfún resulta del cuarto
Concilio toledano ( capitulo 26, pági-
na 371 Ji del Concilio de Gerona (ca-
pUulo 2,' y 3/, página i29), ;^ de san
Isidoro de Sevilla f'f^m., ¿*¿ro F/,
capítulo 19, número 43).
5. Arte dramático español bajo los
árabes.— 'Aquí se presentan do» cues-
tiones, que interesa dilucidar. Prime-
ra. >Es admisible la opinión del obis-
po Alvaro de Córdoba, en su Indiculo
tumincsOf acerca de que el árabe fué
la lengua casi exclusiva de toda Es-
paña en el siglo ix? Segunda. ¿Es ad-
misible la opinión de Conde j Mora-
tíUf cujos autores niegan á la litera-
tura de los árabes toda suerte de par-
ticipación en el arte dramático?
Cuettián primera. — La opinión del
obispo Alvaro ea evidentemente con-
traria á la historia, puesto que se sa-
be, en virtud de infinitos documentos,
que el árabe no penetró pamas en mu-
chas regiones de la Península; j par-
ticularmente, en la población goda,
refugiada en los montes de Asturias,
cuna del antiguo romance castellano,
como fué la cuna gloriosa de la liber-
tad de la patria. En efecto, nuestra
antigua lengua se formó, en aquellas
montañas con elementos del bajo la-
tín, del vasco 6 céltico, del gótico j
del árabe, de donde pasó á todos los
pueblos que conquistaban los descen-
dientes de Pelavo. Así se explica el
hecho curioso de que en el dialecto
asturiano moderno, llamado bable^ se
hallen muchos vocablos y locuciones,
que se leen en los más antiguos mo-
numentos del habla castellana, como
el Poema v la Crónica del Cid. ( Iníro-
duccidn ai RoyANCBBo db Ddbán.) Y
aunqne muchos cristianos no desde-
ñasen emplear el arábigo con pulida
retórica j escribir elegantes versos,
consta también de las autorizadas
crónicas del obispo Idacio que los
árabes no tuvieron á menos escribir
muchas veces en el idioma de Cice-
rón j de Virgilio. ( Historia de la lite-
ratura y del arte dramático e» España,)
Y esto acontacíai no sólo tratándose
de doctas diversiones literarias, que
podían ser entendidas en la socie dad
de los eruditos, sino á propósito de
manifiestos., que se escribían j se pu-
blicaban para que llegasen á noticia
de todos. Asi se ve que un manifiesto
del rey moro de Coimbra principia de
este modo: «Alboucen Iben-Monamet
Iben-Tarif, batallador fuerte, vence-
dor de las Españas, dominador de la
Cantabria de los godos, triunfante en
la gran batalla de Roderíco,» cujo
texto aparece escrito en el latín bár-
baro da la Bdtd medía, no tan incnl-
to oomo «1 do otros muidlos docomoa
LITE
tos de aquellos siglos; Alboucen Iheur
Mohamet Iben-Tarif, bellator fortis,
tincitor Hispaniarum, dominaíor Can-
íabria Gothorum et maques litis Roderi-
ci. Cuando Alboucen habla en bajo
latín, es evidente que este idioma de-
bía estar mu; ex.tendido entre los
cristianos y los moros, pues no se
concibe que el re; de Coimbra acu-
diese á la baja latinidad para que no
le Cíimpreadicran, ni los moros, ni
los cristianos. Amén de estas prue-
bas, consta que la litur^a del rito
mozárabe, como la del nto romano,
t^ue le sucedió, era latina, siendo in-
útil manifestar que la lengua arábiga
no pudo introducirse en aquella litur-
gia, la cual dominaba absolutamente
en todas las iglesias cristianas, que
existieron bajo la dominación de loa
árabes; y fueron muchas é importantí-
simas. Ijas otras regiones en que la
lengua arábiga no pudo dominar, por-
que no dominaron los árabes, son: Ga-
licia (galacios); costa de Castilla (Can-
tabria); provincias vascas f'idfíK^of, ca-
risías y ausírigonesj; Navarra y Gui-
púzcoa (vateonet); León (ultramont^
nos).
Óuesttón segunda>* — Blas Nasarre y
Velázquez aíirman que loa moros po-
seyeron también una utbratuba ara-
mática rica, dedicándose con predi-
lección á los espectáculos teatrales.
Conde y Moratín, por el contrario,
son de dictamen que la litbba.tuea
arábiga no tuvo participación alguna
en el desarrollo del género dramático.
Fúndase Conde en la experiencia de
no haber encontrado ningún drama
árabe en sus búsquedas eruditas, lo
cual no prueba nada, puesto que
8.000 volúmenes de manuscritos ára-
bes se quemaron en el incendio de
1671, sin contar que los no destruidos
distan much« de haber sido estudia-
dos. Empero, lo que se conoce, basta
para hacer ver la inexactitud de las
opiniones sustentadas por Conde y
Moratín. En primer lugar, consta
que Sevilla, Granada, Valencia, Mur-
cia, Toledo, tíadajoz y la misma Cór-
doba, emporio del califato de su nom-
bre, conservaron sus iglesias cristia-
nas, cuya liturgia era el rito mozára-
be; es decir, la liturgia católica de
los visigodos, modificada por san
Leandro y san Isidoro de Sevilla, la
cual conservó las representaciones es-
cénicas de la época gótica. Y no hay
razón ninguna para que aquellos gér-
menes dramáticos no pudieran desa-
rrollarse, según el genio de sus pri-
mitivas inspiraciones, cnando consta
también que los cánticos religiosos
alcanzaron en tiempo de los árabes
una época de gran esplendor, como lo
pone de manifiesto el crecido número
de poetas y músicos que se hicieron
famosos por los himnos y antífonas
que compusieron, cuyos nombres cita ;
Isidoro de Beja. En segundo lugar,
existe un códice, perteneciente a la;
biblioteca del Escorial, cuyo docu- ¡
mentó, según todas las apariencias,
pueda llamarse una composición dra-
mátioa. He aquí la tradocoión literal
LITE
y exacta de dicho códice, escrito en
el latín de la Edad media y encabeza-
do con estas palabras: Bibhotheca Ará-
bico-Hispana Bseurialensis, tomo I, pár
gina m y 1U, número CCCCXC VJI,
ósea 497. «Códice esmeradamente es-
crito en el año 746 de la Hegira y
autógrafo de la obra en prosa y verso,
titulada: Chistosos jf elegantes diálogos
entre maestres de varias artes, 6 Come-
dia Jocosa y satírica, en que cada maes-
tro habla, empleando su peculiar tec-
nicismo T con arreglo á las leyes de
su arte. Búrlanse unos de otros, y
esquívanse con dichos ridículos y
agudos, y se descubren y se cuentan
sus vicios y engaños Su autor fué
Mohamad Ben-Mohamad Aibalisi Ben-
Alí. natural de la ciudad de Vélez,
quien introduce cincuenta y un maes-
tros de varias artes, á saber: un juez,
un carnicero, un cochinero, un reco-
vero, un médico, un copero, un ven-
dedor de fruta, un músico, un tañedor
de vihuela, un cieffo, un retórico, un
gramático, un orador, un prefecto, un
muetin.» En tercer lugar, hay otro
códice, escrito también en bajo latín,
número 467, cuya traducción inserta-
mos: «códice esmeradamente escrito
en la feria quinta, día 17 del mes
Dilcadat y horas del medio día, año
863 de la Hegira, que contiene la
obra de un anónimo, llamada la Co-
media de Blaíerón, dividida en tres
partes; la primera trata de la venta
de un caballa, y hablan en ella Bla-
terón, un capitán feroz y un juriscon-
sulto, los cuales, disputando entre sí
\ sobre la venta del caballo, dicen mu-
! chas cosas tan agudas como discre-
tas: la segunda comprende y describe
las costumbres y amaños de ciertos
vagabundos, que, ya con el nombre
de médicos, ya con el de astrólogos,
ya con otros de este jaez, alucinan y
engañan al vulgo crédulo; y por úl-
timo, la tercera hace ver las costum-
bres de los enamorados.» ( Historia ie
la literatura y del arte dramático en Es-
paña.) Estos son los dos códices que
cita Casiri. En fin, los autores con-
trarios á la idea de que la literatura
de Oriente no es extraña á las ficcio-
nes teatrales; sobre todo, bajo la for-
ma mímica, están en un error, como
puede verse en los Fragmentos de
Hairi y Amabani, insertos en la fa-
mosa Chresiomathie árabe de Silvestre
de Sacy (tomo III, página, 187, 282);
en Niebuhrs, en Alejandro Burnes,
Lañe, J. Brydgesi, Belzoni, Hi-
chaud y Hummers's. Kl muy erudito
Adolfo Federico de Scfaack, autor
de la Historia y literatura del arte
dramático en España, que tradujo con
oportunas ilustraciones nuestro doc-
to compatriota Eduardo de Mier,
asistió en Brussa, Asia menor, á una
representación semejante á la que
Hummers's describe, en la cual se re-
lataban los amores de Yussuf y Gu-
leika. Parécenos haber demostrado
que el período árabe no sofocó los
gérmenes dramáticos que el arte es-
Sañol había recibido de la época go-
a, sino que pudo luministrarles al-
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gunot modelos, como los de los códi-
ces meocionadoS) de doucie pudieron
sacarse entonces, eomo pueden sacar-
se hoj, mucIiBS y excelentes come-
dias.
6. Siglos XI y XII. —Tipos de es-
tas edades. Se denomiaaban trovadores,
por oposición al de cantores popula-
res, los poetas no mercenarios que se
coDsag:raban al arte de la poesía. Se
llamaban y«y¿ar« (joglares), los poe-
tas j mímicos, que hacían profesión
de cantar por dinero, ó (^ue vivían de
la poesía j del laúd, quieues parecen
ser una reminiscencia de lo que los
latinos llamaban mimi j jaculaíores.
Tocaba también al oficio de los jugla-
res recitar narraciones poéticas, cujo
estilo aenetUo, distinto del que asa-
ban los poetas del arte, venían á ser
una memoria de la poesía popular.
Estos juglares son los llamados con-
trafazedores j •mimos^ mientras que al-
gún autor, como Nostradamus, les da
el nombre de cómicos.
7. Qéneros literarios de la Edad me-
dia, durante elperiodo de la literatura
provental; es decir, desde los siglos XI
al XIV. Son famosos eu este período:
los llamados tenzones, verdaderas jus-
tas poéticas, en las cuales se resol-
vían dialécticamente las cuestiones
propuestas, que trataban de amores
T de asuntos privados ó públicos en
rorma de diálogo, sin constituir casi
nunca una acción más á menos dra-
mática, propiamente dicha: las pasto-
retas ó pastorellas, en que un poeta
departía con una pastora ó con un
pastor, precediéndolas con una breve
introducción, Estas encantadoras com-
posiciones, de las cuales se conservan
aún ejemplos preciosos eu las obras
de Gavandáu v de Quiraut Riquier,
trovadores de la Provenza, forman á
veces un vasto conjunto, á cujras par-
tes sirve de lazo una historia amo-
rosa, imprimiéndoles un carácter casi
dramático; esto es, el carácter de una
acción sucesiva, animada é interesan-
te: las albas 6 cantos de la aurora, que
versan sobre los placeres nocturnos
de los amantes j la vuelta del día. A.
las misteriosas reuniones de tales ena-
morados acostumbra asistir un centi-
nela, que, con sus gritos ó tocando la
flauta, les anuncia la venida del sol,
para que el celoso marido no inte-
rrumpa su dicha. En estos cantos,
aparece hablando, ^a el centinela,
que avisa á los amantes la llegada de
la aurora; /a el caballero, que, des-
ués de empeñar los más apasiona-
os juramentos, se arranca & duras
penas de los hermosos brazos de su
amada; ya la dama, que se opone
lesueltamente á la despedida de su
emante: los serventes, cautos proven-
zales dialogados, hablando en térmi-
nos generales.
8. Siglo XIII. — Nuevos tipos. La
Francia meridional nos presenta los
tipos siguientes: «Todos aquellos que
'líen pobro y bajamente y no son ad-
•lúüdos en ninguna sociedad culta;
los que hacen bailar á monos, machos
cabiíoi j pef{08, é imitan el canto de
las aves, ó tocan instrumentos mdsi-.
eos, ó divierten al pueblo con sus
cantos, recibiendo en cambio una mi-
serable recompensa, se llaman bufo-
nes: los más cultos y los que se de-
dican á artes agradables y tratan á
los nobles con frecuencia, ya toquen
instrumentos, cuenten novelas, reci-
ten versos y canciones de otro, ó di-
viertan de una manera análoffa, tie-
uen el nombre de juglares: los <jue
componen versos y cantos, 6 cancio-
nes bailables, 6 escriben con arte co-
plas y baladas, albas y serventes, me-
recen la denominación de trovadores:
los más notables é ilustres entre los
últimos, deben ser honrados con el ti-
tulo de doctores de la poesía.» "En cuan-
to á España, las clasificaciones eran
las siguientes: «los músicos se llama-
ban juglares; los actores, remedado-
res; los trovadores de las cortes, se-
griers; y los que se dedican á innobles
oficios en calles y plazas, para diver-
tir al vulgo soez, llevando una vida
miserable, se designan con el nombre
infamante de cazurros, el cual denota
su bajeza.» Se^úu las Partidas, los
juglares se dividían en dos especies:
«remedadores y bufones, declarándose
in&mes á los que cantan en calles y
plazas por dinero, ó ejercitan su in-
dustria públicamente; y exceptuando
del anatema á los remedadores, bufo-
nes y joglares que cantan ó tañen ins-
trumentos por recreo propio, ó para
solaz de los magnates y délos reyes:»
«otrosí los que son joglares ó los reme'
dadores é los facedores de zaharrones
(moharracho ó botarga) que pública-
mente andan por el pueblo é cantan
6 facen juego por precio; esto es, por-
que se envilecen ante otros por aquel
precio que les dan. Mas los que tañe-
rea estrumentos é cantasen por facer
solaz á sí meemos 6 por facer plazer
á sus amigos ó dar solaz á los reyes,
ó á los otros señores, non serían por
endeeafamados.»^¿Í!tf 4.', «¿«¿o vil,
partida VII.) Otra ley habla de las
juglansas: «Ilustres personas son lla-
madas en latín las personas honradas
é de ^ran guisa é que son puestas en
dignidades, así como los reyes é los
(^ue descienden de ellos, é los condes,
e otrosí los que descienden dellos, é
los otros homes honrados semejantes
destos. E estos átales, como quier que
según las leyes pueden recebír las
barraganes, tales mujeres ya (jue non
deben recebír así como la sierra, ó
fija de sierva. Nín otrosí la ()ue fuese
aforrada, nin su fija, nin jvglaresa,
nin sus fijas, nin tabernera, nin re-
gatera, nin alcahueta, nin sus fijas,
nía otras personas de aquellas que
son llamadas viles por razón de si
mesmas 6 por razón de aquellos do
descendieren, ca non sería guisada
cosa que la sangre de los nobles fuese
embargada nin ayuntada á tan viles
mujeres, E sí alguno de los sobredi-
chos ficiere contra esto, ú oviere de
tal mujer fijo según las leyes, non
seria llamado fijo natural, antes seria
llamado spurio, que quier tanto decir
como foraexino. É demás tal fijo como
este non debe partir en los bienes del
padre, nin es el padre tonudo ^obli-
gado) de criarle si non quisiere.»
(£eg^ 8.\ titulo XIV, partida IV.)
Según deduce Schak con sabia criti-
ca, une de las leyes de Don Alfonso,
importantísima para la historia del
teatro, viene á demostrar que, á me-
diados del siglo XIII, eran Recuentes
en España las representaciones de
dramas religiosos y profanos; que se
verificaban dentro y fuera de las igle<
sias; que se representaban, ora por
clérigos, ora por seglares, según eran
piezas sagradas ó profanas; que el
arte dramático, menos arte que oficio,
se consideraba como una manera de
buscarse la vida; que las obras ra~
presentadas no coasistían únicamen-
te en ciertas pantomimas, sino que
consistían en la recitación hablada, ca-
rácter esencial del arte dramático, de
donde le vino después el nombre ge-
nérico de declamación. Según se dedu-
ce terminantemente del texto literal
de la ley, en los nacimientos que se
representaban entonces (la nacencia
del Señor) intervenían personajes que
hablaban, lo que hoy llamamos Ínter-
locutores, puesto que refiere «la veni-
da del ángel y cómo dijo á los pasto-
res que era Jesucristo nacido.» Pero
aun prescindiendo de la letra de aque-
lla ley, es evidente que el solo hecho
de corregir abusos y establecer reglas
á propósito de las fábulas teatrales,
basta para probar que las representa-
ciones escénicas, el arte dramático,
era conocido y general en aquella
sazón, pues no se hacen leyes tan de-
talladas sino para los usos y costum-
bres que han penetrado en la vida
común. Por otra parte, debe enten-
derse que las diversiones y esparci-
mientos teatrales se habían extendido
tanto, que se verificaban en las al-
deas y en los más humildes lugares,
puesto que Don Alfonso manda «que
non lo deben ñicer en las aldeas, nin
en los logares viles.» El texto de la
ley citada es el siguiente: «Los cléri-
fos non deben ser facedores de juegos
e escarnios porque los vengan i ver
gentes, cómo se facen. E si otros ho-
mes los ficieren, non deben los cléri-
gos hi venir, porque facen hi (allí)
muchas villanías ó desaposturas. Nin
deben otrosí estas cosas focer en las
Iglesias: antes decimos que los deben
echar dellas deshonradamente á los
que lo ficieren: ca la Iglesia de Dios
es fecha para orar, é non para facer
escarnios en ella. Pero representación
hay que pueden los derivos ñieer,
así como de la nacencia de Nuestro
Señor Jesu-Cristo, en que muestra
cómo el ángel vino & los pastores, é
cómo Ies dijo como era Jesu-Cristo
nacido. E otrosí de su aparición cómo
los tres Reyes magos le vinieron á
adorar. E de su resurrección, que
muestra que fué crucificado ó resucito
el tercero día: tales cosas como estas,
que mueven al ome á facer bien é á
haber devoción en la fé, pnédenlas
facer, é demás, porque los ornes hayan
remembranza que según aquellas fiie-
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448 LITE
LITE
LITE
ron las otras fachas en verdad. Mas
esto deben facer apuestamente é con
mu^ gran devoción é en las cibdades
grandes donde oviere arzobispos ó
obispos* é con su mandado dellos ó
de los otros que toviaren sus veces, é
non lo deben facer en las aldeas, nin
en los logares viles, nin por ganar
dinero con ellas.» (Le^^ 34, titulo VI,
Partida I.) Hemos dicho que esto-
aconteció & mediados del siglo de Don
Alfonso, porque la ley anterior faé
hecha de Í252 á 1257.
9. Corpju Chritti, Liu tret Maríatf
SI Suplido de tan Ésteba», La Farsa
do lot Santoi Jnoemtes. Kn el mismo
siglo de Alfonso X se popularizó la
famosa fiesta del Corpus Christi, la
más solemne de la cristiandad, insti-
tuida por Urbano IV y adoptada des-
pués con gran fervor en todos los paí-
ses católicos, siendo de notar que,
entre las procesiones j ceremonias
con qne se celebró al principio, figu-
raron representaciones dramáticas.
{Jacobut GriBtser, De sacris perearina-
tionibut, Ingolstadt, 1606.) EspaQa
{losee nn precioso códice litúrgico de
a catedral de Gerona, de 1360, que
ei el documento más antiguo que nos
da noticias de la fiesta d» Corpus, el
cual hace constar qne la fiesta se in>
trodujo en Gerona en los tiempos de
Palaeiolo (Berenguer), conde de Bar-
celona, muerto en 1318, añadiendo
que hubo procesión con gigantes j fi-
guras ridiculas en la mañana del mis-
mo día destinado á la solemnidad.
(Plórkz, España Sagrada. JKatA fiesta,
perpetuada hasta nuestros tiempos, es
el Triunfo de la Sania Eucaristía cele-
brado después con dramas religiosos,
tales como SI Sacrificio de Isaac y El
Su9ñoy venta de Jacob, cuyos dramas
no eran otra cosa que los autos sacra-
mmiaUt. La misma liturgia gerun-
dense, tan rica en documentos para
la historia nacional, nos da una noti-
cia samamente cariosa. Los canóni-
gos de la catedral se obligaban so-
lemnemente, cuando aceptaban su
ministerio, i representar un juguete
dramático, que se titulaba Zas Tres
Marías, en la mañana del primer día
de Pascua, mientras que en la segun-
da víspera de Navidad se representa-
ba El Suplicio de san Esteban, así
como una farsa burlesca, en la octava
de los Inocentes. Esta farsa se distín*
f^uía por una circunstancia particu-
ar, mencionada con el major escrú-
pulo, la cual consistía en que callaban
ios coros de mancebos.
10. Teatro del mío XIV al XV.
— Mimos. Fernán GómM de Cibdad-
Beal (Centét epistolario, epístolas 29
y 76) j Qazmin (Claros Varones, ca~
pítuto 33), nos dan la noticia de que
en el reinado de Don Juan II se re-
presentaron momos j danzas: cEl rey
hizo gran fiesta á la reina, y en tanto
que en Soria estuvo, se hicieron gran-
des fiestas, donde salieron loscabnlle-
ros rioameute abillados (adere/,adus ú
vestidos) • después de aquellos se hi-
cieron danzas j momos.» Confirma
lerte bocho «1 pasaje siguiente: «En el
año 1440 fueron i Logroño el conde
da Haro, el marqnés de Santillana y
el obispo, de Burgos para recibir y
acompañar á la inntnta Doña Blanca,
esposa del príncipe Don Enrique, y á
su madre la reina de Navarra, y el
conde de Haro hizo en Briviesca mu-
chas fiestas en honor de estas damas;
entre ellas, momoj, toros y torneos.»
11. Gomedieta de Poma, obra del
marcenes de Santillana, cuyo original
inédito se halla en la biblioteca im-
perial da París (número 7824), de
cuya producción nos hablan, entre los
anti^oa, Hernando, en sus Comenta-
rios a Garcilaso, y entre los moder-
nos, Martínez de la Rosa en sus obras
literarias. La Gomedieta de Panza no
hubo de escribirse para ser representa'
da, puesto qne es una espacie de poe-
ma, el cual se refiere al combate naval
que se dió en 25 de Agosto de 1433,
en las inmediaciones da la isla de
Poma, entre los genoveses y los reyes
de Aragin y Navarra, quienes caye-
ron en poder de los enemigos, según
refieren la Crónica del Reg DmJuan II
( página Sol j T el padre Mariana ( His-
toria general de Sspaiía, libro XXI, car
plíulo 9.")
12. ^«Mk— En el mismo sij^lo se
representó La Pasión en la iglesia del
Carmen, según el arcipreste de Tala-
vera ( Coroacho ),
13. Representación de seres morales.
— Esta época nos ofrécela creación de
un ginero notable, en que la fantasía
parece convertirse en conciencia, como
sí en al teatro penetrara el concepto
profundo de la abstracción, lo que pu-
diéramos llamar la metafísica del arte
dramático. Esta especie de hallazgo
del siglo xiv es la intervención de se-
res morales en la fábula teatral, ca-
rácter propio de la ¿oa y del auto. El
nombre de loa no se aplicó á la crea-
ción mencionada; paro eta el hecho
sin el nombre. Bn efecto, los persona-
jes del drama alegórico del marqués
de Villena, para solemnizar las fies-
tas que se celebraron en 1414 con mo-
tivo del advenimiento de Fernando de
Castilla al trono de Aragón, eran la
Justicia, la Verdad, la Paz y la Mise-
ricordia. T no se dis'a que esta suceso
es una conjetura da los eruditos, pues-
to que dicha alegoría, verdadera loa,
fué representada en Zaragoza ante una
escogida concurrencia de aquella ciu-
dad. A juzgar por los personajes que
figuran en el drama alegórico del mar-
qués de Villena, hay motivo para su-
fioner que aquella alegoría debió ser
a creación más original y trascenden-
te del arte dramático en el siglo xv.
Desgraciadamente para las letras es-
pañolas, este drama alegórico se ha
perdido, como se perdieron las tra-
ducciones de Virgilio y del Dante
por el mismo autor, como se perdie-
ron también los Trabajos de Hercules,
no pudiendo decirse si estaban escri-
tos en verso, ó bien si eran un trata-
do mitológico en prosa. Todas las
ubras qua acabamos da mencionar,
debían existir en los tiempos del pa-
dre Mariana.
14. Entremetes. Zurita (Anales de
Aragón, Ubm XII, capitulo 34 J,'hAhla
en general de los espectáculos con que
fué celebrada la fiesta da la corona-
ción. Entre los espectáculos referidos,
se encuentra el vocablo entremesas.
Hacia fines del mismo siglo, 1490,
era común la representación de los
entremeses en Madrid, según documen-
tos de aquella época. (Libro III, de
Tirante el Blanco.)
15. Representaciones dramáticas de
las iglesias. — Un canon del Concilio
de Aranda, al declinar el siglo xv,
1473, habla de los juegos escénicotf
mascaradas, monstruos, espectáculos y
figuras escandalosas, que aparecían ea
las iglesias en las festividades de A^o-
vidai, san Esteban, san Juan y santos
Inocentes, cuando se cantaban nuevas
misas y en ciertos días festivos. Men-
ciona también los desórdenes que pro-
ducían, así como las poesías chocarre—
ras y bufonadas que se oían en aque-
llas solemnidades, en lo cual se funda
para prohibir terminantemente tales
licencias, imponiendo castigos á los
clérigos que las cometiesen y las to-
lerasen; si bien exceptuando las re-
presentaciones honestas y devotas que
se verificaban en los días festívos
mencionados, así como en otros, que
no refiere. Una prohibición análoga
encontramos en otro canon del Con-
cilio de Gerona, publicada dos afi,os
después, ó sea en 1475. (España Sa^
grada, tomo XLV, página 17.)
16. Siglo XV. — Tragicomedia de
Calixto y Melibea, ó la Celestina. El
origen de la Celestina está enlazado á
una cuestión, que parece ambigua
en los autores. Rodrigo Cota, que se
suele llamar el Viejo, sin duda para
diferenciarle da otro Bodrigo Gota,
que hubieron de llamar el Joven, ¿es
el bachiller Fernando da Rojas, 6 un
personaje diferente? Muchos eruditos
contestan de ana manera afirmativa
á la primera parte de la anterior pre-
fiinta, y nosotros hemos participado
urante mucho tiempo de la misma
opinión. Hoy, en virtud de nuevas
averiguaciones, parécenos del caso
mudar de consejo. Rodrigo Cota, no
Juan de Mana, dispuso la traza y es-
cribió un acto de la tragicomedia,
mientras que al bachiller Fernando
de Rojas afiadió al libro los veinte ac-
tos que completan la obra en cuestión.
El nombra de Rodrigo Cota anduvo
mezclado con el del bachiller, de don-
de provino la confusión de dichos per*
sonajes, (jue son distintos en realidad,
pues esta averiguado que Rodrigo
Cota era un escritor de Toledo, en
tanto que Femando de Rojas era hijo
de la Puebla de Montalbán, según
resulta de unos versos, que están al
final da la Celestina y que insertare-
mos más adelante, para la cabal ilus-
tración de la materia.
17. Noiicias del libro. — No conoce-
mos la primera edición de Salamanca,
iiecha eu el año de 1500. Las dos t-di-
cioues que hornos visto, son la de Ve-
necia, de 1553, y la da Medina del
Campo, de 15b¿. La portada, en cuyo
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LITE
centro bay nn enbado eaa tres B^a-
ns, las eusles deben Yepresentar a la
C^estína, Calixto y Melibea,'dice asi:
Tra^icoatedia
de Calixto
y Melibea,
en la qual se contienen (de mit de su
kgradable ; dulce estilo) muchas sen-
tencias philosophales j auixoa (avi-
K») necessarios para mancebos» mos-
trándoles los engaños que están ence-
rrados en semientes (servientes) j al-
cahuetas.
Sn Medina del Campo
Por Francisco del Canto,
Á costa de CUmdio CwrUtt
Sabo^anot y Pablo Áseanio,
La licencia está dada por el rey
Don Felipe, á 12 de Agosto de 1581.
A la licencia sigue:
Yo Christoual de Ledn escriuano
de Cámara de Sa Magestad la fize es-
cñair por su mandado con acuerdo de
los del su Cúsejo.
Los del Consejo eran:
istoaÍM S^iscopui.
Bl lícenctado Puen mayor*
El licenciado Ximénez Ortú.
Don Pedro Porto Carrero.
Bl licenciado Riba de Neyla.
Bl licenciado DS Fernido Nifio de
Guevan.
Bl lieanciado Guardiola.
El libro principia con onee estan-
cias de ocho T«rsos, que son un acrós-
tico; aanque no presentan la forma
de tal, porque esperaba declararlo en
mu nota, que se ancaentra al fia:
Declara
el Secreto que el Aactor
encabrió en los metros que
puso al principio del
libro.
Ni qaie» mi pluma
Ki mftnda rftsón
Qa« qneds 1» fnm»
Da Bqnaat* gran hombre.
Ni ao dign» gloria,
Ni aa claro nombre,
Cobisrto de olvido
Por nuestra oooaaión.
Por ende jantemoa
De oada renglón
De ene onie ooplaa,
La letra primera,
Laa qaalea dMOobm
Por aabia manara
Bu nombr*, m tierra,
Su eUra aaol6n.
Ea efecto, las letras iniciales de
ios 88 pies de las once estancias, con
que principia el libro, dan las voces
«galeotes: «El bachiller Fernando de
Roja» acabó la comedia de Calixto y
Melibea, nascido en la Puebla de
Montalbán.» Por consiguiente, pode-
mos afirmar que Rodrigo Cota y el
lachiller Fernando de Rojas no son
«I mismo personaje, así como que
aquellos ingenios peregrinos hicieron
J scabaron respectivamente uno de
os más grandes monumentos de las
letras patrias.
18. ¿iteraíura del libro, at fama, s%
s* trascendenaa.—&sU extra-
ña piodaceión semidramática y semi>
MWlesca, dice el docto Schack, fué
compoesta por dos escritores y tuvo
un portentoso éxito, según se des-
pnode de las numerosas edieiones
LITE
qae i poco se hicieron da ella, no
sólo en diversas ciudades de España,
sino en Venecis, Milán, Antuerpia,
y de las traducciones italianas, fran-
cesas, alemanas é inglesas, con que
fué favorecido este lioro europeo. Ea
Inglaterra se imitó también, y la imi-
tación más antigua es la de lo30. (Co-
LLiBB, History of Dramatic Poeirif.)
Se ha llamado Í esta tragicomedia
una obra original de primer orden,
porque no existe otra alguna de su
género, cuya opinión califica de erró-
nea el sabio alemán, mencionado an-
tes, quien entiende ^ue la obra espa-
fiola es ana imitación de la comedia
atribuida á Ovidio^ Pampkilus de doat-
mentó amoris), le cual le sirvió de mo-
delo, aunque es muy superior á ella
en todos sentidos. Consta que los au-
tores de la Celestina no la escribie-
ron para representarse, atendida la
multitud de actos que dieron al poe-
ma, ni se sabe tampoco que se haya
hecho tentativa alguna para llevarla
á la escena en su antigua y primera
forma. Pero realizó tan perfectamen-
te su propósito, ofreciendo un cuadro
de los extravíos de la pasión para es-
carmiento general, con un diálogo
tan perfecto, unido á caracteres tan
sabia y vigorosamente dibujados, que
llegaron & ser los modelos de muchos
dramáticos del siglo xvi y aun de los
siglos posteriores. Bl intento de ha-
cer una resefia exacta de la acción y
de las sitaaciones de esta obra, resul-
taría fkstídioso y prolijo, en atención
á que todo su encanto depende de
la verdad del argumento, de la sol-
tura del diálogo y de los admira-
bles rasgos con que caracteriza á
sus diversos personajes, en cuya di-
ligencia aventaja de mucho á todo
entusiasta encarecimiento. Digamos,
empero, cuatro palabras, pues adivi-
namos que mis de un curioso estará
rebulléndose en sa interior por meter
el cuezo en alguna aventura de la fa-
mosa madre Celestina, la cual no fué
rufiana cuando pudo servir para man-
ceba; vÍ4(ja sospechosa, agna de ges-
to, ccm an ojo cubierto por el extremo
de la toca; de chistes malignos; de
dichos revesados; de intenciones avie-
sas; con arte y parte en el demonio;
entroncada, mediante ayuntamiento
carnal, con la propia estampa de Lu-
cifer. Calixto, rapaz solariego, atilda-
do y galán, se enamora perdidamente
de Melibea, doncella hermosa, como
se infiere; dama honesta, como se su-
pone, la cual contestaba á los atrevi-
mientos de su amante medio apetito-
sa, medio desganada; esto es, entre
enamorada y desabrida, no pudiendo
decirse por qné se ruboriza su sem-
blante; si por lo ignorado ó por lo sa-
bido. Pero el mancebo, no teniendo
bastante con el almibarado remilgo
de aquellos amores, pr como espoleado
por el acicate de la imaginación, que
siempre fué atrevida en el que ama,
acude á una alcahueta de artes dia-
bólicas, porque las rufianas de aque-
llos siglos eran al mismo tiempo ru-
fianas y brujas, la cual, por la indus-
LITE
449
tria de sus filtros, encantamientos,
astucias, guadramañas y artificios de
toda suerte, llega á corromper el co-
razón sencillo de la eucaotadora Me-
libea. La bruja rufiana, que anda en
el cuento, no es otra que la madre Ce-
lestina, la cual da nombre á la com-
posición. Mientras que la dama repo-
sa en los brazos del dichoso amante,
sus criados se solazan también de
cierto modo en casa de la bruja, don-
de se arma una pendencia tal, que
dan muerte -á la vieja rufiana; la jus-
ticia viene, se apodera de los culpa-
bles y los ahorca. Pero de aquí resul-
ta que los amigos de los muertos ja-
ran vengar en Ta cabeza de sus seño-
res el desaguisado de los sirvientes.
En tanto que los dos amantes, cuyos
deseos habían tomado mayores creces
con el incentivo de los pasados gozos,
se abandonan de nuevo á complacen-
cias que no son para dichas, se oye
una turba de furiosos que amenaza
derribar las puertas. Sale Calixto y
muere á manos de la turba, Melibea,
loca de dolor, se sube á lo más alto de
uaa torre, confiesa & sus padres la
culpa cometida, les cuenta la muerte
del amante, promete seguir á su ado-
rado y se precipita desde aquella al-
tura. No pueden negarse notables re-
cursos de imaginación, ni grandes
talentos dramáticos i poetas que for-
man aquel plan y qae, sin emba^
de su sencillez extremada, lo desen-
vuelven en veintiún actos. No hay pa-
labras bastantes para encarecer, como
se merece, el valor poético de esta
obra. Resplandece en ella un ^ran
ingenio en la exposición: la ridicu-
lez y perversidad humanas se presen-
tan á nuestra vista en toda su deforme
desnudez; los caracteres, auni^ue to-
mados de la vida ordinaria, están tra*
zados con mano maestra, sin que se
confundan jamás; el lenguaje de los
amantes es fogoso y apasionado; el
oficio de la rufiana nos nace ver una
maravilla, que únicamente puede en-
contrarse en los escondites de aque-
llos tiempos; mientras que el diálogo,
vivo ejemplo de belleza poética, tie-
ne momentos de tan afortunada osa-
día, que llega á ser inimitable. Casi
siempre se rinde homenaje á las cos-
tumbres de aquellos siglos, al propio
tiempo que se les da animación y
vida; y todo esto, juntamente con las
excelencias indicadas, infunde tal
placer, que casi se olvida por comple-
to la seca y demacrada historia que
la malicia lee en su fondo. Todas estas
dotes hacen de la tragicomedia una
obra muy preferible á las muchas imi<
taciones que le siguieron. Si el drama
nacional había de elevarse á grande
altura, menester era seguir el camino
marcado por aquellos ingenios singu-
lares, aprendiendo á trazar planes
dramáticos, sin salir de la verdadera
región de la poesía, en cuyo sentido
puede asegurarse que aquel drama
informe fué el modelo que contribuyó
más eficazmente á que saliera de su
infancia el teatro espaflol. Tal es,
punto más^ punto menos, el juicio
TOMO m
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450 LITE
LITE
LITE
del ma^ erudito alemán^ autor de U
ffisiona 4t la Uíeratnra jf dgl arte dra-
mdtie» e» Eipaña,
19. Nuevas mirag. — Hablando de la
LITERATURA en general, hallamos que
la tragicomedia se ve retratada hasta
cierto punto en la preciosa Dorotea
del Fénix de lot ingenios (inferior sin
duda, siendo tan superior, al libro de
Cota 7 del Bachiller), del mismo modo
que se encuentra reproducida, en su
espíritu j hasta en su letra, en mul-
titud de obras, como La Pícara Justi-
na, del licenciado Francisco López de
Ubeda; como ffl soldado Pindaro, de
Qonzalo de Céspedes; como Xa vida
y hechos del picaro Grnzmán de A Ifara^
cke^ de Mateo Alemán ; como JSl lata-
riilo del TormeSf de Hurtado de Men-
doza; como M Caballero puntual, de
Alfonso Salas BarbadiUo; como Za
vida de Bstebanillo Gotaálet; como el
mismo Gil Blas de Santillana, lo cual
prueba también que el Gil Blas es
una corriente que no tomd sus aguas
en manantiales extraños. Aquellas
páginas no pueden escribirse sino en
el pueblo que inrenta ó que copia la
figura de Celestina, la cual no tiene
parecido en el mundo. Si Francia es-
cribió el Gil Blas, los españoles se
fueron á Francia. Sí lo escribió Le
Sage, Le Sage era español. Cada na-
ción hace preferentemente aquellas
cosas que están en la línea de su ge-
nio, j esas cosas que no se hacen más
que en nuestra nación. Bl alma <jue
vive en Gil BlaSt es el alma que vive
en £a Celestina. Perdónenos el pue-
blo francés; perdónenos Lq atge,
pero si cierta gracia nativa tiene te-
soros en la tierra, que no se busquen
fuera de España. En cuanto á las fá-
bulas teatrales, hallamos también
que la tragicomedia dió al arte dra-
mático su argumento, su máquina,
aus episodios y sus tipos; es decir, su
éxito moral, sus formas dialogadas,
sus caracteres, sus peripecias, casi
todo. El Sempronio de Rodrigo Cota
y del Bachiller es el gracioso de plan-
tilla en la comedia de capa y espada;
la bruja rufiana es la antigua dueña
con la toca de obligación y el rosa-
río que cuelga hasta media ñilda, de
donde Tiene la característica actual;
Calixto jr Melibea representan el galán
y la (/«ns, dechados perpetuos de la
comedia sneesiva, tanto en aquellos
tiempos como en el día de hoy. Cuan-
do se tienen en la mano los múltiples
hilos de la erudición nacional, se ve
claramente que la tragicomedia for-
ma una línea, la cual comprende des-
de SI Entremés de las aceitunas hasta
el Don Alvaro ó La J'uersa del sino.
¡Tal y tan grande fue la trascenden-
cia de aquel libro monumental! La
Celestina echa la llave al famoso siglo
de Don Juan II.
20. Siglo XVI. — Representaciones
pantomimicas. En la larga descripción
que trae Ortiz de Zúñiga (Anales de
Sevilla, edieüí» de 1796, tomo pá-
gina 339^ dice que en el año de 1526,
con motLTO de las bodas de Carlos V,
se levantuon diversos tablados, en
los cuales había imágenes animadas
(esto es, personas) que figuraban el
poder T virtudes del emperador. Veían-
se alu el Mundo, la Providencia, la
VÍ£^lan(»a, la Rasón, la Verdad, la
Constancia, la Clemencia, la Fuerza,
la Paz, la Religión j otros machos
personajes alegóricos.
21. Representaciones de SI Centu-
rión, de ta Magdalena g de Santo To-
más. Prohibicitm de los juegos escéni-
cos en el dia de los Inocentes,— "Ño se
sabe en qué época comenzaron las
representaciones mencionadas; aun-
' que consta que la de El Centitrüín
se verificaba en los maitines; la de
La Magdalena y Santo Tomás, tenía
lugar antes, durante y después de la
misa. Estas tres representaciones se
abolieron por un decreto del Capítulo
de la Iglesia gerundense, expedido
en 1534. Dicho decreto reforma tom>
bien el juguete dramático de Las Tres
Marías, determinando el modo ma-
nera de verificar la representación,
cuja ritualidad era la siguiente: cPri-
mero entonaban Las Tres Marías, ves-
tidas de negro 7 en el lugar destina-
do á cantar el introito, los versos acos-
tumbrados: luego, habían de dirigirse
cantando al altar mayor, en donde se
erigía un catafalco con muchas luces.
Alh las esperaban el mercader de espe-
cies con su mt^er i hijo y otro merceuler
con su esposa, y entonces empezaba la
representación del juguete dramático,
ungiendo el Santísimo Cuerpo con los
perfumes que se compraban.» Mien-
tras que duralw el espectáculo, se
prohibía que discurrieran por el trán-
sito cnalesqniera personas, ora taflen-
do timbales ó trompetas, ora tirando
confites, como se acostumbraba á la
sazón. Es curioso advertir que, en las
representaciones de SI Centurión, de
La Magdalena y de Santo Tomás, ha-
bía la costumbre 6 la corruptela de
pescar, según dice el decreto referido,
el cual, escrito en latín, principia de
este modo: Bl sábado, día 10 de Ma^o
de 1534, se decretó la providencia si-
guiente, por oomún acuerdo de los
presentes j de los mandatarios de los
enfermos. cAunque nuestros mavores,
ya por piedad, ya para excitar la de-
voción del pueblo, hubiesen dispues-
to que cada eanóuigo, al ingresar en
este Capítulo, se obligase por orden
de antigüedad en la fiesta de la Pas-
cua de Resurrección de Jesucristo,
nuestro Redentor, á representar en
esta Iglesia gerundense y horas ma-
tutinas lo que vulgarmente se deno-
mina Las Tres Marías;» y concluye:
«Las representaciones de El Centu-
rión, de La Magdalena y de Santo To-
más, que se acostumbraban hacer an-
tes, durante y defmués de las víspe-
ras, en las cuales nabía la costumbre,
ó más bien la corruptela, de pescar,
han de abolirse por completo, porque
así lo quiere y decreta el dicho Cabil-
do, y prohibió y prohibe todo aquello
que no haya consentido más arriba,
sea lo que fuere, á no ser que se haga
por acuerdo unánime y expreso con-
sentimiento de dicho Cabildo.»
Transcurridos treinta y un afios, aa
Concilio de Toledo prohibe los juem
escénico», que se verificaban en el día
de los Inocentes, estableciendo eiert»
reglas para el decoro de los templos y
de los sacerdotes: «El Santo Concilio
prohibe drade ahora el torpe abúso do
que en el día de los Inocentes se acos-
tumbre celebrar dentro de las iglesias
ciertos juegos escénicos, ya por la
ignominia que de ellos resulta al or-
den eclesiástico, ya por la ofensa que
se infiere á la Divina Majestad... Los
espectáculos, cualesquiera juegos j .
coros que, previa licencia del Ordi-
nario, solo se han de celebrar en eier< !
tas solemnidades y procesiones (dqd-
ca al mismo tiempo que los divinos ¡
oficios) podrán entonces celebnrse
dentro de la misma iglesia. Cuidan,
empero, los Obispos y sus Ytctrios
que, al conceder un permiso para dir '
fiúblicos juegos y espectáculos, sélo ¡
o extiendan i los que en nada pe-
den ofender á la religión cristiana,
ni desmoralizar en lo más mínimas
los espectadores. Decreta también el
Santo Concilio <^ub el Obispo no ha de
consentir otros juegos y espectáculos
que aqiiellos que muevan á la piedad
a los ánimos de los espectadores j |
puedan apartarlos de las malas cos-
tumbres. Y para qué nada se haga
impropio del orden eclesiistieo, pro-
hibe el Santo Concilio que todos los
que hayan recibido las Órdenes sa-
gradas, ó que tengan beneficios ecle-
siásticos, se cubran con máscalas ó
disfraces en cualquier lugar y tiem-
po, ó que representen papel al^no
en Qualesquiera espsctáeaíos y jue-
§os.» (Üoneilio toledimo de 1565, acta
el capítulo XXI,)
22. Resumen, teatro español.— Cuü-
do se estudian escrupulosamente las
tradiciones y los monumentos que en-
trañan los varios orígenes de la u-
TBBATUB& nacional, arteria poderon
adonde vienen & parar tantas y tan |
distintas venas, se ve claramente que
el arto teatral naei6 en Bspaña délos
restos del paganismo romano, que el
pueblo conservó en medio de las so-
ciedades cristianas, viniendo á lei
como el decano de los teatros earo-
{leos. .fundación j aliento de todos
08 demás. El primer perfodo del
tro español, gloriosísimo como todoi,
no menos glorioso que ninguno, com-
Í rende cuatroautores deprimera nota:
uan de la Encina; Gil Vicente; To-
rres de Naharro y Lope de Rueda. U»
fiestas celebradas con motivo dd flM"
cubrimiento del Nuevo Mundo; «
conquista del reino de Nápolea fOt
Gonzalo de Córdoba; el establecimien-
te de la Inquisición por los reyes Ca-
tólicos T la aparición de la comedia
nacional, son cuatro hechos que se |
confunden en la histeria patria. ¡Kara ,
mixtura de un Fernando V, de una 1
Isabel I de Castilla, de un (rran Capt- \
tan, de un Torquemada, de un ColM,
de un Juan de fa Encina, de un Agus-
tín de Rojas! Y hablamos de Agustín
de Rojas, porque es el poeta histona-
dor que gustosamente nos lo caenta
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LITE
ea sa VUjt aUretatido, que bien pudo
llamar mje primoroso.
Jun de 1« Bnoin», «I pnmtro,
Aqnal insicrn* po*t»
Sns tanto oi«n empetó.
■ qnisn tAcamo» craa ¿KlogMi
ÍU él mismo repraaento
1 ftlmlranea y dnotias»
Da Ofiatillft y a« In»ntHdo,
Qve éitüs fueron lai piimaru.
Tpar» mk» honra aaya
T da la oomedia naestra,
Ba loa díaa qa« Colón
Deacnbrid la ^ran riqaasa
Da IndisB y Nuevo Mando,
T al Gran Capitin empiaift
A anjetar aqnel reino
Da Nápolea y an tierra,
A dMonbriraa ampeid
Kl tuo de la «amadla,
Porqna todo* ae animaaan
A raprmicler ooaaa tan bnaiuUi
HerOToaa y prineipales,
Tianao qne ae reprasantan
PAblieamonta loa haohoa,
Iiaa hazaAaa y grandezas
De tan Insignes varones,
Asi en krmas «orno en letras.
Los trabajos de Juan de la Encina
no son otra cosa que ensajos imper-
fectos, lo cual no obsta para que se le
eaente entre los poetas más briosos,
;i por la armonía de su numerosa
versificacidn, va por la elegancia y la
pureza de su lenguaje. Sus pastorales
tieocQ trozos selectos que nonrarían
i los literatos de más nma, sin con-
tar la farsa qae imprimió en Roma á
principios del siglo xvi, 1514, titu-
lada Plácida V VttoriaMt la cual fué
sepultada en los sótanos de la Inqui-
sición de aquel tiempo. Todos estos
títulos dan á Juan de la Encina el
nombre envidiable de patriarca del
ititro español, debiendo advertir que
loiocluimos entre los autores de esta
época por no descomponer la armonía
del cuadro, pues pertenece al siglo xv:
el año de 1492, comenzaron las
(Compañías en Castilla á representar
públicamente comedias, por Juan de
li Bacina, poeta de gran donaire, gra-
ciosidad j entretenimiento.» (Catálo-
p real y genealógico de España, por
üoDRiao MáNDBz OB SiLVA, Madrid,
1'j56.) Gil Vicente (portugués, que
escribió también en castellano), discí-
pulo de Juan de la Encina, cultivó la
uns&TDBA del teatro, iniciada con
taota honra por su maestro. Susobras
no son superioreri las de su predece*
sor en cuanto á la forma é intehción
Ansiáticas; pero, en cambio, ofrecen
más ri(|ueza de detalles, major alcan-
ce poético ^, sobre todo, más variedad
ea la condición de los personajes. Su
comedia El Viudo y la Rubent, hiato-
"« de una joven abandonada, mere-
cen citarse por sus excelentes efectos
dramáticos, üíl Vicente, que debe
lltinarse t\ poeta de las farsas, fué el
primero que, para significar particu-
»rmente el drama religioso, empleó
^ palabra aw/o, que otro genio debía
después inmortelizar. Torres de Na-
varro era preste j estuvo cautivo en
*^1, á consecuencia de un naufra-
pero habiendo logrado la liber-
se estableció en Roma, bajo el
pootiftcado de León X. Con el título
de Propaladia formó una colección de
piezas sagradas y profanas, en las que
LITE
se nota un Tordadero prorreso del arte
dramático; tales son: Sotaadtsea, Ti-
nelaria, Aguilana, Calamita, Ttofeat
Himenea y Serafina, títulos de las co-
medias de Planto. La acción regular
no aparece todavía en las de Naharro;
pero ae trasluce en el poeta el sabio
intento de reunir los caracteres, los in-
cidentes y peripecias al rededor de un
asunto único, así como la de trasladar
á la escena los personajes j los acon-
tecimientos dfl ta vida real. No es to-
davía la comedia urbana, reparada y
culta, previsora y sutil, maestra te-
rrible que pone la sátira en lugar del
amor, que pone el amor en lugar de
la sátira, que parece arrancar á una
sociedad de los misterios de su espí-
ritu, para retratarla en la evidencia
de una oóatumbre, dando nuevos
mundos & la litbratitka* al entendi-
miento T i la conciencia: tampoco era
la comedia heroica con sus magníficos
alardes, con sus requerimientos amo-
rosos, con sus enredadas intrigas, con
sus caballerescas pláticas, con sus
desafíos galanos, cuya comedia se ela-
boraba en los senos- ocultos del desti-
no para encarnar más tarde en un
cerebro milagroso; pero era induda-
blemente la comedia conocedora, prác-
tica, descriptiva, que campea robusta
y lozana en la creación y en la pintu-
ra del individuo, el cual tiene un pie
suspendido sobre los umbrales de la
familia; y esto quiere decir: sobre los
umbrales del teatro. Al hablar de la
Propaladia de Torres de Naharro, no
es posible dejar de citar con admira-
ción una estancia de doce versos oc-
tosílabos, en donde compiten la sol-
tura de la expresión, el garbo de la
frase, la audacia del gracejo, hasta
un punto que causa asombro. «Uno
de los jóvenes con quien se solaza Di-
vina, habla así de Soma, de donde
viene provocado por la dama:»
■'En Boma, los sin seftor
Son almaa qna van en pama:
No se faca oosa bnena
Sin dineros y favor;
OnAl vire mny A sabor;
GnAl no tiene qn4 ootner:
Onos, oon moono dolor;
Otros, eon macho plaoert
Dos ooaaa no pueden ser
Da placeres y dolores
Ifi paoras ni mejoras
Qna son Boma y 1» inqj«r.a
Pero antes que la estancia copiada,
haj otra, cujos primeros ocho versos
vamos á transcribir, no sólo como
muestra de la apostura literaria de
Torres de Naharro, sino más bien co-
mo testimonio y ejemplo de un des-
embarazo que maravillará indudable-
mente á nuestros lectores:
Da Boma no si qni diga
Sino qae por mar y tierra,
Cada dia iiay naeva caerra,
Nnava pas y naeva lif a:
La oorta tiene fatiga.
El Papa ae eati & sus TÍf>ios,
T «1 que tiene linda amiga
Le faoa liados servicios.
¡Asi escribe un preste, que estuvo
cautivo en Argel y que vive en Ro-
ma! Excusado fuera añadir que la
Propaladia cayó en manos del Santo
Oficio, habiendo sido prohibida en
LITE 451
1540, CUTO hecho aceleró sin duda el
período de decadencia que se advier-
te á mediados del siglo xvi, indicado
ja desde el afto de 1520. Sin embar-
go, los confusos albores del siglo xiii
se convierten aquí en cierta claridad
luminosa, que anuncia la salida del
astro. Cuando Juan de la Bocina fa-
brica la corona, la fiesta de la corona-
ción no puede tardar, porque nadie
teje guirnaldas virginales, sino cuan-
do divisa el rostro de la virgen. Atra-
vesemos los umbrales del teatro espa-
ñol, sí es verdad lo que dijo el llama-
do Fe'nix de los ingenios: «Las comedias
no son más antiguas que Lope de
Rueda, i quien ojeron muchos que
hov viven.»
23. £opo de Rueda. — Toca su turno
á un menestral del siglo xvi; á un
pobre haíi/ulia (batihoja), en quien
creció tanto la fama de su vida, que
supo dar veneración á las tinieblas de
su muerte, lo cual explica el hecho
curioso de que fuese enterrado en el
bautisterio de la catedral de Córdoba,
rara piedad de aquellos tiempos, en
que las cenizas de los comediantes
hallaron cerrado tantas veces hasta
el asilo del sepulcro, lo que pudiera
denominarse la verdadera ciudad de
Dios. El sevillano Lope de Rueda,
comediante y director de una compa-
ñía, autor dramático á la vez, uno de
los más grandes y raros personajes
de la historia patria, pasa por ser el
padre de la nobilísima escena espa-
fiola. Sus obras son de dos especies:
diálogos entre tagales g tagalas, por el
estilo de los de Juan de la Encina, y
pasos y coloquios que tienen lugar en-
tre lacajos, rufianes, matronas de me-
dio coturno y otras gentes de la mis-
ma ralea. Estas ligeras producciones,
eujos personajes aparecen pintados
con extraordinaria perfección, se eje-
cutaban entre los actos ó jornadas de
las comedias, con el objeto de entre-
tener al publico, á imitación de las
aíelanas de los óseos y de los latinos.
El estudio de la Celestina j de las
obras de Torres de Naharro inspira-
ron á Rueda los progresos que hizo
en el difícil arte de representar. Los
españoles admiraban en él la gracia
de los chistes, la vivacidad del aislo-
fo, los giros de la frase, la limpieza
e la expresión y la armonía del esti-
lo. Es uno de los padres de la lengua
castellana, sin que escritor alguno,
excepto Cervantes, haja poseído las
cualidades de lingüista en más alto
grado. Lope de Rueda, considerado
como autor V como comediante, tiene
la cultura de su siglo, el talante del
infanzón de la Edad media y el aire
indefinible de los trovadores y de los
pajes del renacimiento. Es un poeta
que encanta al público, acaso en la
cuadra de un cortijo; tal vez en una
plaza pública, teniendo por techum-
bre la bóveda del cielo, y por fiirol,
la luz délas estrilas. Bn fia, nuestro
Lope es una mixtura de poeta, his-
trión, juglar, gandul / caballero, mo-
saico histórico que no tiene igual en
el mundo. Muchos de nuestros ilus-
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452 - LITÉ
LITE
LITE
tndos lectorei conocerán indudable-
meatfl M Bntremú de las acñlunat, tan
célebre en la historia de nuestro tea-
tro; pero ei muj posible que no todos
hajan tenido ocasión de leerle, razdn
3ue nos obliga á insertar un extracto
el argumento, tan vulgar y sencillo,
como todos los del gran poeta. Es el
caso que el labrador Toribio Tiene de
sus faenas j cuenta en su casa que ha
plantado un olivo. Su mujer, Agueda,
se echa á calcular que dentro de seis
Ó siete años debe dar el olivo de cua-
tro á cinco celemines de aceitunas,
con cujo producto podrán plantar nn
olivar. El matrimonio, como si tuvie-
se delante el olivar de que se trata,
conviene en que ella recogerá las acei-
tunas, que él las llevara al merca-
do en un borrico v qae las venderá
una tal Mencigüela. Pero al llegar
aquí,se encrespa una disputa entre am-
bos cónyuges, propietarios de aque-
lla hacienda imaginaria. Agueda afir-
ma que no venderá el celemín por un
ochavo menos de dos reales, mientras
que Toribio es de parecer que puede
darse por catorce cuartos: lo sumo,
por quince, t obrando cada cual sin
dar cuenta ál otro, dan sus órdenes á
la vendedora acerca del precio á que
debe vender las aceitunas del olivo
plantado en a^uel mismo día, mien-
tras que Mencigüela promete á cada
uno cumpUr la orden. Pero 1* exis-
tencia de las dos órdenes llega & sa-
berse, estalla la cólera del matrimo-
nio y la descarga en la vendedora á
improperios y golpes. Al alboroto que
se opre en la casa, acude un vecino,
averigua la causa del escándalo, sabe
que se trata del precio á que se han
de vender las aceitunas de nn olivo,
que acaba de plantarse, y procura
poner en paz aquel gallinero, Y ¡cuán
grande fílosoEia no encierra un pasillo
tan simple y vulgar! Nosotros tene-
mos noticia de un casamiento q^ue se
desbarató por una disputa semejante,
empeñada entre el yerno v la suegra.
El jerno decía que, cuando se casase,
losjmuebles entrarían por la escalera,
mientras que la suegra replicaba que
tenían que entrar por el balcón; j el
resultado fué que los muebles no en-
traron por el balcón ni por la escale-
ra, porque la alborotada fantasía de
ambos dió al traste con el futuro ca-
samiento. ¡Hay tantos olivares como
los de Toribio! ¡hay tantas aceitunas
como las de Agueda! ¡hay tantos pa-
sillos como los de Rueda! Y Rueda
vive, porque vive y vivirá siempre en
la veruad.de sus pasillos.
24. Introito convertido e» loa, $egú»
el Viaje entretenido. — Lo que se llama-
ba introito en Lope de Rueda, dice
Agustín de Rojas, contemporáneo del
poeta, se denominaba ya toa.
Digo qne Lope da Baeda,
Ctracioso represen tanta
Y en ■« tiüDapo gran poeta,
Emiiesó A poner la faraa
En Duen nio y orden baena,
Por<i^ao la repartió en aotoa,
HHoiendo an introito en ella
Qne ahora llamamoa toa;
Y declaraba lo qaé eran
Lac maraflas, loi amores,
T entre loe paeoi de TecM
Ifekoladoe otroe de rie*,
Qne porqoe Iban entre medias
Pe la fsna. loe llamaban
AfrmuMt de eoMAlte.
Hemos copiado el anterior pasaje,
más para hacer ver la opinión parti-
cular de Rojas sobre el mérito de Lope
de Rueda, que como criterio seguro
para demostrar un desarrollo del tea-
tro español, puesto que, tanto la di-
visión en actos como el introito, son
muy anteriores al autor mencionado.
No es menos inexacto el juicio de Ro-
jas acerca del origen del vocablo en-
tremeses. Hoy sabe todo el mundo que
es palabra francesa, compuesta de m-
tre y meis, que vale comida, aludiendo
á que los antiguos entremeses se repre-
sentaban en los convites, entre plato
y plato, lo cual explica el hecho de
que algunos convites antigaos dura-
sen cinco T seis horas. La definición
francesa del vocablo en cuestión es:
dans le moi/en Age, ditertissiment ¡ni se
faisait dans tm intervale dn repas. Snr
la fin du dtner conmenfa le spectacle on
BNTBBUBTS. On vit parattrs nn vattseau
avee ses mJís, voiles et cordajes: «en la
Edad media, diversión que se verifi-
caba en un intervalo de la comida.
Hacia el fin de la misma comenzó el
espectáculo 6 entrendtt en donde se
víó aparecer un barco con sus másti-
les, velas y cables.» (Littré, Saint-
Foix.)
23. Otros postes» — Son dignos de
mención los poetas Alonso de Vega y
Toledano, Lnis de Miranda, aator cíe
la Comedia Pród^a^ Francisco de
Avendafio, Cristóbal de Castillejo, el
tundidor Pedraza, así como Bautista,
Juan Correa, Herrera y Navarro, de
Toledo; Guevara, Gutierre de Cetina,
Cozar, Fuentes, Mejía y Ortiz, de Se-
villa, entre loa cuales descuella sin
duda Juan de Malara, también sevi-
llano, á quien Juan de la Cneva llama
el Menandro del Betis. Este poeta, es-
tudiando en la universidad de Sala-
manca, compuso una comedia, titula-
da Locnsta, que fué represenúda por
estudiantes. Habiendo vuelto & su ciu-
dad natal, escribió otras muchas, las
cuales se representaron en los teatros
de Sevilla. Una de las comedias refo-
ridas fué la ejecutada en un convento
de la villa ae Utrera en 156!), de la
que habla Rodrigo Caro (Claros varo-
nes de Sevilla y Antigüedades de la vi-
lla de Utrera). Según este docto ana-
lista, la comedia de Juan de Malara
era una imitación de los autores có-
micos latinos y estaba escrita en ver-
so, apartándose en este punto de la
tradición de Lope de Rueda. También
parece ser qne los poetas sevillanos
compusieron por aquel entonces va-
rias tragedias, ora tomadas, ora imi-
tadas de los clásicos, según Juan de
la Cueva, cuyo autor dice: «que el
mismo Malara llevó al teatro mil tra-
gedias (es decir, multitud de trage-
dias), añadiendo que intentó romper
las estrechas vallas del drama anti-
guo trágico; y que, en vez de imitar
servilmente la escuela clásica, creó
una nueva.» Según documentos de
1568, de las tragedias del autor men-
cionado no se conserva más que el
título de la denominada J.ifa¿M, no
constando tampoco que tales obras se
diesen á la estampa^/'t/oto/Ta tu^ar).
También merece ser citacfo el fomoso
Cosme de Oviedo, granadino, á quien
se debe la costumbre de anunciar por
carteles el título y los personajes de
las piezas que se habían de represen-
tar, dato precioso para la historia del
teatro español. Por último, no quere-
mos dejar en el olvido á Vasco Díaz
Tanco, de Fregenal (Extremadura),
cuyo autor compuso Las tragedias de
Amm^^ de Absalén y de Jonatkás, es-
critas en su juventud, ó sea en 1520,
de que hace mención en su Jwdin del
alma, impreso en ValUdolid en 1552,
de cuyas tragedias existía un ejem-
plar antiguo en la biblioteca del muy
erudito señor Darán, seg^n infbrmes
de Vicente Salvá, comunicados al aa-
tor de La LiTBBA.TUBa y dsl arfe dn-
mátieo en Espaia.
26. Anto sacramental, ó sea el triun-
fo de la Santa Bnearistia. — La palabra
anto no tuvo al principio la significa-
ción religiosa que tuvo después, como
lo demuestra evidentemente El Auto
del Repela de Juan de la Encina, el
cual no es otra cosa que un juguete
cómico, un pasillo, en que doü estu-
diantes hacen burla de dos pastores.
El lector comprende que tal asunto
no puede tener relación alguna con el
ante setcramental, qae no se reviste de
su carácter propio hasta el tiempo de
Gil Vicente. £n lo antiguo se escri-
bió ancto, cuya ortograña nos hace ver
que es el latín avcfum, aumentado,
supino de atiere, aumentar, ponjue
era la pieza con que se aumentaba el
espectáculo. Pasando ahora áloá autos
sacramentales, por ser los únicos q^ue
han creado escuela, decimos que este
género de litbb&tura llevó al drama
español una dalzura en la manera de
sentir ; una delicadeza en la manera
de expresarse; una concepción y tras-
cendencia en la manera de pensar,
que buscaríamos inútilmente en el
drama profano.
Ejemplo de dnUwra on el sentir. —
Abraham, ante el sacrificio de su hijo
Isaac, prorrumpe en la magnífica si-
guiente plegaria, poema bellísimo de
resignación y de te:
Becibe, enmo Dador,
Bl hijo qne me hebéia dado;
Qne an&qae le tornee, Seftor,
Siempre te qnedo dendor
Det tiempo qne le be posado.
Ejemplo de delicadesa en la manera
de espesarse, — Una madre anda bus-
cando á un niño, pequefiuelo aún, que
se le ha extraviado; no le encuentra,
lo cree perdido y exclama en sa do-
lor:
Yo te aoUa acallar:
ICae no tendrf a por malo
Agora oírte llorar.
Difícilmente se podría decir qué
cosa es más sublime: si el dolor de la
madre ó la sencillez de la poesía.
Ejemplo de trascendencia en la mane^
ra de pensar. — Juan de Ti moneda es
un personaje confuso, una figura con
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LITE
LITE
LITE 463
Tirios rostros, como el Jano de la mi-
tología; poeta» refundidoT, librero,
mercader de legajos apolillados j pa-
peles fallidos, como quien dice: un
roparejero de la imprenta. Este autor
escribió un auto titulado: Lot Despo-
íorioi de CrittOy en donde Bgnmñ el
Uesías, que es el esposo, 7 la Natura-
Isu, que es la esposa, representando
con este artificio la alianza del amor
y Is fe, del alma r del cuerpo, del es-
píritu y de la TÍaa , del eielo jr de la
tierra, ante el espectienlo inenble de
la Redención. Kn presencia ya del
PalTarío, viendo los instrumentos de
la pasión j muerte de Jesús, en aque-
llos instantes en que re á principiar
el raartírío, traen un plato ó bandeja
con sogas j azotes. Al ver la soga,
exclama la Naturales»; 61 decir* la
esposa del mártir:
Son bendit», aJtodad»,
Ac^nifta mi cuello t« pon;
Ten me con mi eapoao atadM
iSogü de amor apretada,
Atate á mi ooraxónl
Joan de Timoneda, considerado en
los versos transcritos, está á la altura
de los poetas de más aliento. Mejor
qae la anterior quintilla, no faaj cosa
alguna, ni aun en los autos de don
Pedro Calderón de la Barca. La litr-
UTURA de los autos sacramentales es
el carácter más profundo del teatro
del siglo XVI, pudiendo afirmarse que
ningún teatro de Buropa ofrece nada
parecido á esa importante creación
del ^enío nacional, que es la misma
opinión manifestada antes á propósi-
to de la UTKRATURA dt lot hÍm»Ot.
27. Noticiat kittdricas. — Los autos
eran 7a frecuentes en esta época (si-
glo tvi) no sólo en Madrid, sino en
las principales ciudades de España.
SsDdoTal, en su Hittoria dt Carlos V
(Valittdolid, iBOA, libro XVI) dice:
«Bl 3 de Junio de 1527 se celebraron
ra Valladolid diversas fiestas en el
bautismo del infante Don Felipe.
Desde la casa de don Juan de Men-
doza, en donde paraba la emperatriz,
hasta el altar mayor de la iglesia de
Pablo, se hizo un pasadizo mujr
enlamado j con muchas flores ; ro-
sas, limones y naranjas j otras fru-
tas. Había arcos triunfales; j en cada
uno de ellos, muchos retablos. En el
primero hicieron un auto; en el se-
gando, tercero j cuarto, otro auto.
Bl quinto estaba á la puerta que está
dentro del patio de la iglesia; éste
era más alto que alguno de los otros;
tubía en él un altar á manera de un
aparador de muchas gmdas. En ésta
cataban ricas imágenes do bulto de
plata dorada j algunas de oro, con
otras piezas de gran valor. Estaban
puestos en dos candelabros dos cuer-
nos grandes de unicornio; esto j todo
lo que había, era del emperador. Aquí
u representó SI Bautismo de san Juan
Bintuta.» Consta también, por noti-
cias de 1532, que los autos sacramen^
laUt'u acostumbraban á representar
en Sevilla en la fiesta de Navidad,
refiere Ortiz de Zúñiga en sus
Uñates. (Bdidán de 1796, Umo Jll,
página 339.) Los autos en la fiesta del
Corpus eran generales á mediados del
siglo XVI, según resulta de los cáno-
nes del Concilio toledano de 1565 y
1566, así como del acuerdo tomado
fior el apuntamiento de Garrión de
08 Condes en 1568, en donde se dice:
tTUulo primero. Procesión del Corpus,
articulo séptimo. Otrosí es ordenanza
que en dicho día en cada an aQo haja
lo menos dos auíost que sean de la
Sagrada Escritura, que se represen-
ten en dicha procesión, el uno en la
media villa arriba, y el otro en la me-
dia villa abajo, en el lugar donde le
pareciere á la Justicia y reglamento. »
Para demostrar el gran desarrollo de
este (género de litbratuba. sagrada á
principios del si^lo xvi, en armonía
con el extraordinario movimiento de
la ortodoxia en aquellas edades, basta
advertir el número de autos que se su-
ceden en el transcurso de pocos afios,
aun tratándose de poetas que no fue-
ron los más aventajados en alcanzar
el favor público, sin contar los que
trae Moratín.
En 1523 se di<S i la estampa el
auto de la Áparicidn que nuestro Se-
ñor Jesucristo Mito á los dos discípulos
que ihan á Bmais, en metro de arte
mavor (excelente,- por cierto), obra de
Pedro A.ltamira el Moto, natural de
Hontiveros, impreso con licencia en
Burgos.
En 1528 aparece el auto de como
San Juan fué concebido, y ansimesmo el
nacimiento de San Juan. — Entran en
él las personas siguientes: primera-
mente, un pastor, Zacarías, Santa
Isabel, un ángel llamado Oabriel, dos
vecinos del pueblo, un muctucho, Jo-
sef, Nuestia Sefiota, una parienta de
Zacarías, una comadre, una mujer,
un bobo, un sacerdote. Agvra nueva-
mente hecho por Esteban Martínez,
vecino de Castromocho. Burgos, en
casa de Junta,
En el mismo afio: Auto nuevo del
santo nacimiento de Cristo, compuesto
Sor Juan Pastor. Son interlocutores
e la obra el emperador Octaviano,
un secretario suvo, un pregonero, un
viejo, llamado Elias Tozuelo, un bobp,
su hijo, llamado Perico, san Josef,
santa María, pastores, Miguel Recal-
cado, Antón Morcilla, Juan Relleno,
un ángel. Impreso en Sevilla.
En 1532: Lucero de nuestra salvaciífn
al despedimiento que hw nuestro Señor
Jesucristo de su íiadre, pasos muj de-
votos y contemplativos, estando en
Betania. Por Aosias Izquierdo Zebre-
ro, en Sevilla, por Femando Maldo-
nado.
En 1536: A honor y reverencia del
glorioso nacimiento de nuestro Redemp-
íor Jesu-Ckristo y déla Virgen glorto-
M, Madre lua, por Perolopes Ranjel.
A esta misma época corresponde el
auto (bajo el nombre de égloga) de
Juan de Paris, en la cual se introdu-
cen un escudero, llamado Estecio, y
un ermitaño, y una moza, y un dia-
blo, y dos pastores; el uno llamado
Vicente; y el otro, Cremón.
Vamos & terminar eon una obrm su-
mamente notable por los pormenores
que suministra. En 1561 apareció el
auto del Nacimiento, de Pedro Suárez
de Robles, en donde se loe: «Han de
salir los pastores en dos hileras repar-
tidos; delante de ellos, el que taüe el
psalterio ó tamburino; al son irán
danzando hasta el medio de la Iglesia,
y allí harán algunos lasos (figuras
de baile), y tras de los pastores irán
los ángeles con los ciriales, y si hu-
biere aparejo, ocho ángeles que llevan
el palio del ñutísimo ^cremento, v
debajo irá Nuestra Señora y san José,
y llegarán hasta las gradas del altar
mayor, v allí estará una cama á modo
de pesebre, y allí pondrán al Niño
Jesús, y de rodillas Nuestra Señora y
san José, puestas las manos como
contemplando; los ángeles, repartidos
á un lado y á otro, y mirand^ hacia
el Niño, y estando de esta manera,
acabarán los pastores de danzar; y
lue^ saldrá un ángel al pdlpito y
dirá lo siguiente.. ,> «Y los pastores,
oyendo la voz, mostrarán espantarse,
mirando pan arriba á una y otra
parte.»
28. Carácter del auto. Auto taera-
mental, el triunfo de la santa Eucaris-
tía, no es otra cosa que la literatura
de los himnos y de los misterios de la
Edad media extendida y desarrollada
en el teatro.
29. Los corrales de Madrid,— Xas
representaciones escénicas debieron
ser, por esta época, tan ^nerales
como frecuentes en Madrid, si se atien*
de á la multitud de sus históricos y
famosos corrales. Consta que había
uno, propiedad de un comedíante, lla-
mado Valdivieso, aunque nadase sabe
acerca del sitio en que se hallaba;
otro, en la calle del Sol; otro, en la
del Lobo, propiedad de Cristóbal de
la Puente; el de U Cruz, fundado
en 1582, 7 los fomosos de BurguíUos
y de Isabel Pacheco, llamado el corral
de la Pacheca, los cuales estuvieron
en la calle del Príncipe. Escritas las
líneas anteriores, llegan á nuestras
manos las preciosas curiosidades, que
insertamos a continuación, dando gra-
cias y parabienes al ilustre Mesonero
Romanos: <No consta á ponto fijo
cuándo tuvo principio la representa-
ción de comedias en Madrid; pero sí
que las había ya en los primeros años
después del establecimiento de la cor-
te en esta villa, y en ellos faé, sin
duda, cuando briUd el &moso come-
diante y poeta Lope de Rueda, que,
según Antonio Pérez, era el embeleso
de la corte de Felipe 11, y de quien
Cervantes dice que le había visto re-
presentar siendo muchacho. — Por los
años de 1569, consta ya que había en
esta corte compañías de comediantes,
que, entendiéndose con la cojradia de
ta PíMtíÍB (que tenía este privilegio),
le arrendaban un sitio en ta calle del
Sol; y otros dos, en la del Principe,
en los cuales representaban pagando
un tanto á aquella cofradía. También
consta que en 1574 se introdujo la
cofradía de la Soledad á solicitar el
mismo privilegio de señalar sitio para
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los comediantes, sobra lo cual se si-
guió un reñido pleito entre ambas co-
fradías, que terminó conviniéndose en
repartir el usufructo, Eu su conse-
cueneia* le reformór alquiló en dicho
«&o el corral de ¡a Pacheca (uno de los
de la calle dél Príncipe) á un come-
diante italiano llamado Ganasat con-
tratando con él que se había de cubrir
dicho corral, que estaba descubierto,
como así se Tarificó, aunque el patio
siempre quedó sin techo, j sólo ten-
dían sobre él un toldo para librarse
del sol, pues entonces las representa-
ciones eran de día. Otro corral alqui-
laron también las cofradías eu la calle
Aú Lobo, habilitándole para la repre-
sentación de comedias, hasta que, por
último, fabricaron sus dos teatros pro-
pios; el uno, en la calle de la Cruz,
que fué el primero, j el otro, en la
calle del Principe; aquél, en el año
1579; j éste, en 1582, cesando enton-
ces el de la calle del Iiobo. Tal es el
origen de loa teatros de Madrid: ;
creciendo sucesivamente sus produc-
tos hasta un punto tal, que ja se
arrendaban en 115.400 ducados por
cuatro a&os; desda 1629 i 1633, fueron
cargados con pensiones en beneficio
de rarios hospitales j establecimien-
tos de beneficencia, hasta que eu 1638
se encargó de ellos la tilla de Madrid,
quien pa^ba una indemnización co-
rrespondiente i los hospitales. £n
tiempo de Felipe IV, no solo se repre-
sentaba en los citados corrales, sino
en las aalas mismas de palacio r en
el nuBTO j suntuoso teatro del palacio
del BuenRetíro. A. principios del si-
{flo pasado se construjó el teatro de
os Caños del Peral, que fué ocupado
por una compañía italiana.»
30. N(m&re de las represeníadonet
etcénicas en el siglo XVT. — Los varios
nombres que tenían las representa-
ciones escénicas en este sí^io, eran:
comedia , tragedia , tragicomedia ,
égloga, coloquio, diálogo, represen-
tación, auto, fíirsa, entremés, introi-
to, loa.
31. Critica del gutío literario de los
aníijuos hasta Lope de Rueda; estética
de M sencillez. — En las obras maestras
de la antigüedad, particalarmente en
La Celetiina^ nótase el designio de
presentar U acción de un modo tan
escueto, que el ánimo duda entre de-
nominarla candor, rustiquez 6 licen-
cia. Importa averiguar si esta direc-
ción de los espíritus es conveniente á
la realización da la belleza en las múl-
tiples creaciones del genio, ó si debe
considerarse como una perversión de
la conciencia, la cual trasciende al
entendimiento j á la fantasía. Cuan-
do la moral está relajada en una épo-
ca, lo están también su criterio j su
gusto; esto es, su filosofía, su litera-
tura 7 su arte, porque el alma se
compenetra j se funde en sí propia
pan formar su síntesis, como se com-
penetra el ambiente para formar la
atmósfera, como se compenetran las
moléculas para formar la mole. La
crítica objeta al arte antiguo el haber
descorrido demasiado el velo que cu-
LITE
bre el interior de la familia, cual si
desamparase la dulce j tímida mo-
destia del recato. A esto se dice que
aquellos autores pintan asi, porque
asi son las costumbres que pintan.
Retratan de ese modo & sus persona-
jes, porque da ese modo son los per-
sonajes que retratan. Si culpa haj en
el desenfado con que describen, no es
el pecado de la obra; sino de los sir-
vientes j de las alcahuetas de aque-
llos siglos; de donde resulta que la
liviandad del asunto está compensa-
da con la fidelidad de la expresión; de
tal guisa, que pudiera decirse: «rá-
jase la licencia por la semblanza.»
Nosotros contestamos que allí se
muestran las pasiones descamadas en
demasía, contra el comedimiento na-
tural, que siempre se procura cierto
aparato para ocultar los esqueletos
repugnantes, como se valió del tapiz
de la carne para cubrir la desnudez
del hueso. No parece sino que hasta
la vista tiene su decoro, j la natura-
leza, qna todo lo provee, ha provisto
lo necesario hasta para el decoro de
la vista. A los que opinan que el des-
embarazo de la tragicomedia es una
gala de la sencillez, respondemos nos-
otros que lo excesivamente ingenuo
hace peligrosa j hasta imposible la
ingenuidad, como lo excesivamente
inocente hace imposible la inocencia,
como lo excesivamente luminoso hace
imposible la gran belleza de la luz; j
asi acontece que nuestros ojos no
pueden fijarse en la esfera del sol.
¡Ah! £1 Mediodía, donde el astro se
manifiesta en toda la pompa de su
brillo, no es tan hermoso como la
alegría de la primera luz que viene á
embellecer la tristeza profunda de la
sombra. En este punto, la metafísica
ha dado un axioma á la moral: el
mundo pierde en sabiduría j en vir-
tud, á proporción que pierde sus ma-
tices oscuYos la ciencia del enigma,
porque entre todas las hermosuras
imaginables no haj hermosura como
la poesía que el espíritu tiene que
adivinar; la eterna poesía del arcano.
Tal es la razón por que se ha dicho:
Ea el divino oompái
De aatoB misterioao^ smos,
£1 pi« qae n ha visto menos
%m el que hm Biut» máa.
Por lo que toca á la liviandad déla
tragicomedia, ja El Quijote decía:
Soy Sknoho F&nzs, escad«>
Del manobego Don Qaijo-
Pnao piés en polvoro-
Por TiTÍr & lo diacre-
Qae el tácito Vill«di»
Toda aa rAsAn de «et»*
Cifro en nns retica-
Sesún aients Celeati-
LiBro en mi opinión divi-
SI énoabriera mái lo hvma-
cujo docto juicio es la perfecta crítica
da la obra. De estos antecedentes se po-
dría inferir una consecuencia de gran
alcance. Opinase generalmente que el
mundo de 1107 es menos moral que el
mundo de ajer, así como se cree que el
mundo de mañana será menos moral
que el mundo de hoj, j es muv posi-
ble que nos equivoquemos todos. La
moral de un pueblo, al reflejarse en
LITE
las costumbres, se refleja en todos los
órdenes de su vida; también en su lx-
TSBATUEA. j la moral que hallamos
eu la UTBSATURa de los antiguos, no
es favorable i la opinión de los mo-
deraos. Nuestra sencillez provoca me-
nos, pero penetra más; no tiene tanta
forma, pero tiene mis alma; en resu-
men, no es tan. hermosa, pero es más
bella, lo cual vale tanto como decir:
no es tan zagala, pero es más virgen.
Por lo demás, nos parece que aquel
fuego no quema, porque no nos que-
mamos en aquel fuego, mientras que
no podemos decir lo propio de las no-
ueras de nuestro siglo, siendo las
ogueras en que nos quemamos. Con-
solémonos de este modo, jiues tantas
luchas y tantos dolores^ bien merecen
algún consuelo.
Terminamos la presente reseña di-
ciendo: que la corona de Juan déla
Encina descansa en las sienes da Lope
de Rueda. Este gran peri.odq de nne»-
tro teatro debiera llamarse: <la fiesta
de la coronación.»
32. Siglo XVII.— Poetas. Tocan á
este siglo: El impetuoso Fernando de
Herrera, llamado el Divino; Francisco
Kioja, bibliotecario j cronista de Fe-
lipe IV, autor de la Epístola moral,
monumento que bastaría para inmor-
talizar una LITB&Í.TURA; Lupercio de
Argensola, apellidado el Horado espO'
ñol, á quien fué inferior su hermano
Leonardo, sin dejar de ser excelente,
confundiéndose de este modo en un
lauro común la escuela castellana, ía
sevillana^ la aragonesa, SÍ no supié-
ramos quién es Jacinto Polo de Medí-
na, nos lo diría la siguiente cuarteta
asonantada, en donde hallamos ««a
melindrosa brevedad que vale un Perú,
como suele decirse:
Lo lindiaimo del talle
No te lo paedo explioer,
Que ea aii ^jaat»d» eintiini
llelindroaa brevedad.
Esteban Villegas, que enriqueció la
métrica castellana con el verso sáfico
j anacreóntico, esmaltó nuestra poe-
sía eon versos tan sabrosos ^ delica-
dos como los de la erótica siguiente:
No «mar ee eoea dvm
T «mar ee dura aoaai
Pero amar ein retomo,
La máe dora de todas.
La actividad de la fantasía quedó
en suspenso durante un período del
siglo xvii, cual si la poesía lírica apa-
reciera sofocada entre las sutilezas de
los conceptistas j la hinchazón de los
culteranos, cuja especie de suspen-
sión se nota igualmente en la litbba.-
TURJk de toda Europa, como lo de-
muestran el eufuismo de Inglaterra jr
el estilo predoso de los franceses. Los
conceptistas tuvieron un tipo en Es-
paña, Alonso de Ledesma; los culte-
ranos tuvieron otro, don Luís de
Góngora; aunc^ue es verdad que estos
autores no hicieron otra cosa que pía-
tar con colores más vivos el espíritu
j las pasiones de su generación. Más
que escritores de aquellas letras fue-
ron pintores de aquellos tiempos, eu
donde el arte de la imaginación corre
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desbordado dentro de un aite más
universal, más profundo, más necesa-
rio aún; el arte de los pensamientos,
de Las costumbreg, de las tradiciones-,
en una palabra, el arte de la vida; 7
Eara decirlo de una vez, el arte de la
istoria. ¡Quién sabe si aquellos ex-
travíos del siglo XVII fueron una su-
blime rebelión del genio, que debía
UeTar nuestra literatura ilas belle-
zas interiores, tranquilas, reposadas,
majestuosas, del arte eristiano! De
cualquier modo, no fueron los delirios
de Ledesma y de Gón^ra, sino las
pasiones heredadas del siglo xvu, (Uie
inspiraron á Góngora y Ledesma. Lo
decimos con seguridad absoluta; esas
profundas reTofuciones en el gusto de
una generación no se llevan á cabo
por un autor, ni por dos, ni por cien
autores; las operan los pueblos; las
operan los siglos.
33. Teatro del siglo XVU. — El
deurroUo del teatro espaúol se tÍó
bruscamente como cortado por una es-
pecie de revolución literaria, que ame-
nazaba cambiar para siempre su faz j
au destino. Algunos españoles habían
importado de Italia el gusto de la u-
TKEATDRA clásica; se entregaron con
frenético ardor al estudio de los anti-
guos modelos, y muchos excelentes
eruditos, como Francisco de Villalo-
bos, Simón Abril, Juan de Timoneda,
Juan Boscán y Fernando de Oliva, se
dedicaron á traducidos é imitarlos. A
partir de esta época, las traducciones
é imitaciones de las piezas más cele-
bradas del teatro greco-latino fueron
numerosas: Villalobos tradujo el Án-
Jírién de Plauto; Abril, el Phio de
Aristófanes, la Medea de Eurípides y
las comedias de Tereucio, mientras
que Juan de Timoneda imitó los Me-
neckmet de Planto con Bl soldado fan-
farrdn. Sin embargo, los ensayos de
restauración clásica fracasaron casi
por completo, t el teatro español, rota
la esdavitud de los originales que le
oblicaba & ser copista, pudo elevarse
rápidamente en alas del poderoso ge-
nio nacional. Sus más notables des-
arrollos se manifestaron en una es-
cuela que se formó en Valencia, por
cura razón debe llamarse la escuela
talenciana. Las obras del canónigo
Francisco Tárrega son menos refftila-
res;pero más artísticas que las oe sus
compatriotas. Guillen de Castro, el
más fecundo y trascendente de los
{loetas valencianos, fué, entre todos
os autores dramáticos de Bspafta, el
que mostró ma^or eonciencia liistóri-
ca, ajustándose estrictamente á las tra-
diciones de su país. JBra un talento me-
surado,reflexivo, grave, hasta llegar á
lo imponente; imponente, hasta llegar
á lo majestuoso, y cifró su arte en con-
mover, no en divertir. Su nombre se
extendió por Francia y por el mundo
literario, al par de la ^oria de Cor-
neille; pero sus producciones, aun Zas
mocedades del Cid, que inspiraron al
autor francés su obra maestra, apenas
se conocen fuera de Bspaña. El teatro
nacional quedó definitivamente coas-
titnído con Ift apúición de un hombre
extraordinario; j nuestros lectores
comprenden sin duda quo nos referi-
mos al monstruo de entonces, apelli-
dado el Fénix de los ingenios, cuja fe-
cundidad inconcebible llenó de justo
asotnbro á propios y extraños. Lope
de Vega escribía comedias como otros
autores escribían villancicos; y cual
si su numen no cupiera ja en el tea-
tro, ni en la estampa, ni en la memo-
ria de la generación que le llevó en
su seno, acaso la rica biblioteca del
duque de Osana guarda algún ma-
nuscrito que contiene comedias, ni
Eublícadas ni conocidas. Bl teatro de
ope nos presenta tipos prodigiosos
de la comedia de capa y espada, ca-
rácter singular y eterno del teatro de
los antiguos, adonde no ha llegado
nada de 10 hecho en la litbbatuba de
los pueblos cultos. Un soneto escrito
á los 14 años, sobre la traslación de
las cenizas de san Isidro, patrón de
Madrid, dió á conocer como poeta,
en los comienzos del síglo xvii (co-
mienzos felices), á don Pedro Calde-
rón de la Barca. Bn las 111 comedias
que dej > escritas el insigne maestro,
se ve fielmente retratada la Bspaña
de Felipe IV. Sus famosos autos sa-
cramentales, menos conocidos j no tan
estimados como merecen, constituyen
sin duda el gran monumento teatral
de su época. La creación de la con-
ciencia humana en toda su extensión
posible; la representación de los seres
morales en la inconmensurable esfera
de la vida, no ha tenido jamás, en
ningún tiempo de la historia, en nin-
guna parte del globo que habitamos,
un pintor tan universal, tan atrevido,
tan resuelto, tan posesionado de sí
mismo; en fin, tan maestro de sus
propias artes. Cuarenta autos sacra-
mentales sobre na asunto místico, que
no admite imágenes profknas; cuaren-
ta autos sobre el Sacramento y el
misterio de la Eucaristía, cujo asun-
to rechaza un gran número de galas
poéticas, no llegaron á fatigar la ins-
piración de aquel ingenio inagotable.
Cuando se leen más de una vez esos
cuarenta autos; cuando se penetra en
las entrai^as de aquella infinita elabo-
ración, la mente se crea una figura so-
brenatural; la mente adivina una con-
fusión extrema, hasta fatalista, y haj
algún instante en que los lectores tie-
nen miedo. Las llamas del genio del
hombre horrorizan también como las
llamas del incendio que se verifica en
altar mar, y en aquellos autos arde
día y noche el alma luminosa de don
Pedro Calderón de la Barca. — Tirso
de Molina, cujo nombre de pila es
Gabriel Tóllez, creó un tipo eminen-
temente dramático, que fué reprodu-
cido en todos los teatros de Europa.
De las lerendas del pueblo sevillano
y de la Crónica de A ndalucla, sacó el
maestro Tirso su Burlador de Sevilla,
composición original qne, desde su
aparición, ha sido objeto de nna pre-
dilección universal, lo cual demaes-
tra que aquel carácter no era un tipo
extraño á los secretos de nuestra raza.
Aquel original de nuestro poeta, que
muchos copian, que pocos imitan, que
ninguno aventaja; aquel Convidado de
piedra; aquel Don Juan Tenorio, que
inspiró á Bjron, á Mozart, á Zorrilla,
glorias V gozos de pueblos distintos,
vive todavía encarnado profundamen-
I te en nuestras costumbres, en nues-
tros sentimientos, en nuestras aven-
turas, en nuestros amores; sobre
todo, en nuestros instintos, en nues-
tras aprensiones, en nuestros sueños.
¿Quién no sueña hoy día en una doña
Inés ó en una doña Ana de Pantoja?
Bn tiempos de Tirso, eamo actual-
mente, nada más difícil que encon-
trar burladores grandes, pues lo gran-
de no abunda; pero actualmente, como
en los tiempos del poeta Téllez, nada
más fácil que encontrar pequeños bur-
ladores de Sevilla, que podrían ser, con
igual corrección y punto pjético, pe-
queños burladores de Madrid, de Barce-
lona, de Valencia y de toda España.
Estos tales andan tan de sobra, que
nunca faltan diez ó doce detrás de
cada esquina. Mucho hizo el inmortal
autor de Don Juan Tenorto; mucho
hizo el gran poeta Bjron; mucho hizo
el célebre maestro Mozart; pero hizo
más el maestro Tirso de Molina, ca-
jas grandes bellezas no han tenido
cabal intérprete. «¿Qué es esto?» pre-
gunta el rev al burlador en el momen-
to en que, después de pasar por el du-
que Octavio, acababa de seducir á la
hermosa Isabela, y el burlador res-
ponde con la majror naturalidad:
¿Qaé ha de aeiP
Un hombre y aoa mujer.
Ni el drama de Zorrilla, ni el poe-
ma de Bjron, ni la ópera de Moxart,
tiene un rasgo tan característico,
una imagen tan viva, una pintun
tan maestra, una belleza tan sorpren-
dente. Desjpttés de M burlador de Se-
villa, creación pura del genio nacio-
nal, deben citarse dos preciosoi mo-
delos: Don Gil de las cams verdes, pro-
ducción que algún crítico ha conside*
rado como el tipo de la comedia espa-
ñola de intriga, y ffl vergonzoso en pa-
lacio, obra muy distinta de las prece-
dentes, la euaf, considerada como tipo
de escuela, es superior á las dos cita-
das j á otras muchas del antiguo tea-
tro español . El maestro Téllez repre-
senta el poeta fecundo, airoso, gala-
no, en quien el chiste agudo corre pa-
rejas con el caballeroso denuedo. Es-
tamos seguros de que ciertos ímpetus
de nuestro poeta no se permitirían en
nuestros tiempos, sin embargo de que
sus comedias se representaban en pre-
sencia del rej. Tal es el verso que
pone en boca de una de sus damas:
[Ah, Til palacio, A qaé obllitas!
Moreto sobrepujó á Lope 7 á Cal-
derón en el arte de conducir j desen-
lazar un asunto, así como en la de-
licadeza j figura de sus ingeniosos
discreteos. Creó también un género
dramático particular; las comedias
llamadas de Jígurá»f eomo La tia y la
sobrina y SI Undo don Diego. Pero la
obra maestra suja, una de las perlas
de la escena española, es, sin disputa,
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LITE
SI desden con el desden, de donde na-
ció La princesa SUda de Moliere. Don
Agustín Morete tiene un carácter que
no se puede confundir: es el poeta que
reviste i aus persoDajes de cierto pun-
to hidalgo^ ae cierto alarde roman-
cesco, de cierto contorno galanteador,
de cierto tidante de pendencia, de
cierto plañido amoroso, como si en
su arto se hubieran confundido el
poeta, el caballero, el enamorado, no
pudiendo decir quién interesa más;
si el enamorado, si el caballero, sí el
poeta. Las mejores obras de Moreto
son: M desdén con el desdén y SI rico
hombre de Alcalá, Sigue á Moreto don
Francisco de Rojas, autor del Qarcía
del Casiañatt drama del género cal-
deroniano, que todavía conserva su
popularidad entre nosotros t la con-
servará durante muchos siglos. Fran-
cia lo imito con bastante frecuencia
j Escarrón tradujo algunas de sus
obras. £1 autor de ú'arcto del Casta-
ñar es el poeta minacioso, intrincado,
revuelto, confuso; paro de un arte
extenso, porque tiene ana gran con-
ciencia ; una gran audacia, cualida-
des que siempre van juntas, Y deci-
mos que van siempre juntas, porque
la Providencia creó la energía para
recato j centinela de la virtud. El ca-
rácter de Francisco de Rojas consiste
en reunir en el mismo ffarcía del Cas-
tañar la comedia, el drama v la trage-
dia, con la misma pujanza de inspira-
ción j. la misma posesión de arte. La
verdad gospechosa, composición dra-
mática que Pedro Cor neil le calificó de
verdadera maravilla del arte, pertene-
ce, no á Lope de Vega, como Corneille
supuso ec[uivocad8mento; sino & don
Juan Ruiz de Alarcón, poeta mejica-
no, original, correcto, puro. En su
Sxamen de maridos^ obra que el autor
tuvo en g^n estima, hallamos esce-
nas admirables j diálogos encanta-
dores. Ruiz de Alaroón es el poeta de
la sociedad y de los misterios del
mundo. ¡Qué modo de mover el pin-
cel al retratar alguna escena de cor-
tesanos! ¡qué percepción de los deta-
lles! ¡qué penetración en el fondo!
¡qué naturalidad en las figuras! ¡qué
delicadeza en los cbistosl |qaé senti-
miento tan' amargo de la realidad!
¡qué vaticinio tan hermoso de un
isien ignoradol Don Juan Ruiz de
Alareón as el poeta eminentemente
satírico, 7 su cuerpo tavo cierta parte
en los arcanos de este vocación. Que-
remos decir que nuestro poete era
jorobado, jr se na advertido que todo
jorobado tiene grandes disposiciones
para la sátira, acaso porque la joroba
es una sátira de la naturaleza, Pero
nótese que la sátira de Ruiz de Alar-
cón no es la sátira de todo el mundo,
sino una ironía refinada, sutil, inexo-
rable, envuelte en un labio que son-
ríe, cujra risa, en dondequiera que va
á caer, quema mis que la lágrima,
porque es risa en el labio, llanto en
el corazón, alegría perdida en las
ilusiones de un sueño, eco vago en
las soledades del alma, ¿Nos atrevere-
mos & decirlo, aonque ge escaadali-
LITE
cen nuestros lectores? ¡Cuánto debió
sufrir aquel poete que nace reir en el
teatro! ¿No le veis reir á carcajada
suelte en sus personajes? Pues esas
carcajadas nos dicen que don Juan
Ruiz de Alarcón es el poete de los do-
lores. Alarcón tiene muchas excelen-
tes comedias, como: Nohay mal que por
bien M venga; &anar amigos; Las pare-
des oyen; Bl teiedor de Segovia; Los
favores del mundo. A este noble gene-
ración del siglo XVII pertenece tem-
bién el apreciable autor dramático
Matos Fragoso, así como el poete to-
ledano Luis Quiñones de Benavente,
que pudiera llamarse el poeta del en-
tremés.
34. Políticos g moralistas. — Hablan-
do ahora de los escritores políticos j
moralistas, se puede afirmar que los
cuatro más dignos de mención fue-
ron: don Antonio Guevara, don An-
tonio Pérez, don Diego Saavedra Fa-
jardo, y un autor originalisimo, cajro
nombre nos reservamoi. Guevara es-
cribid una especie de novela política
Ír moral, titulada Mareo A%reliot en
a que se propuso hacer el retrato de
este emperador romano para que sir-
viese de modelo á Carlos Y, de quien
era cronista. La obra alcanzó gran
éxito, pues se tradujo á casi todos los
idiomas de Europa. Las famosas Car-
tas de Pérez, dirigidas, en su major
parto, al conde de Bssex, han sido
consideradas por los críticos feince-
ses como modelos en el género. epis-
tolar. Hacia mediados £A siglo xvii
aparecieron Cien empresas polUícas
(idea de %n principe político cristiano)
j U República literaria del profundo
erudito don Die^ de Saavedra v Fa-
jardo, que asistió en calidad de re-
Sresentante de España al Consejo de
[ünster j Osnabruck, reunido para
tratar de la pacificación de Europa.
Los libros de este gran literato, ad-
mirados en todos los países cultos,
son ejemplares por la precisión dA
concepto, por la tersura de la frase,
por el tono ático del estilo, por la
gravedad y la discreción de la senten-
cia. En cuanto al otro autor cu^a
figura colosal necesita major espacio,
no podemos decir aquí más que dos
palabras: como escritor polígrafo por
excelencia, nadie le igualó entonces,
nadie le ha igualado después, en el
difícil arte de manejar la sátira poli-
tica, historíca y social. Trátase del
hombre indescriptible, que está en
todas partes, que todo lo ocupa, que
lo sabe todo, que todo lo domina con
igual desempeño; la teología y la já-
cara, el poema y la seguidilla, el vi-
llancico y el romance, el acertijo y la
conseja, la letrilla y la crónica, la
blasfemia y los cánones, el chiste y
la máxima, el escándalo y la senten-
cia, encarnación viva j palpitante del
I genio nacional, fábula y maravilla de
fas generaciones que le han sucedido,
talento sin límites, al que ningún
talento se ^uso delante, ni en Espa-
ña, ni en ningún pueblo de la huma-
nidad. De sobra estuviera escribir su
nombre, cuando el lector sabe mu;
LITE
bien ^ue no puede ser otro que don
Francisco de Quevedo y Villegas. No
estuvo delante de todos; pero no estu-
vo detrás de nadie. Y para que aquel
hombre fuese ana creación verdadera-
mente portentosa, el cíelo dispuso que
se extendiera sobre su tumba la som-
bra del martirio, profecía de la eter-
nidad, beso de Dios en donde se jun-
ten todos los besos de los hombres.
35. LiTBBATUfiA, de las costumbres.
— Al intentar hacer una reseña de
la UTBaA.TuaA española, no podíamos
olvidar el pasado, puesto que, entre
todas las ciencias posibles, no hav
ciencia tan universal, ni tan venera-
da, como la ciencia de los sepulcros.
¿Por qué? Porque ha/ ^ue vivir en la
relig-ión de la memoria, como en la
religión del sentimiento, como en la
religión del vaticinio. Los autores lo
llaman de otra suerte; nosotros lo lla-
mamos religión. En esta época enri-
quecen nuestra erudición dos escrito-
res notebiUsimos, ; no vacilamos en
denominarlos asi, porque maroan una
&se nueva en la litbbatuba, nacio-
nal. £1 primero es don Juan de Za-
valete, autor de la obra: Cn día de
^síUt dividida en dos partes: El dia
de fiesta por la mañana, el cual com-
prende 20 capítulos, y SI día de jUs-
ta por la tarde, compueste de 12,
cnyo precioso libro forma parto de
sus obras en prosa. La única edición
que conocemos, es la de Madrid, he-
cha en el año de 1667, que el autor
dedica al señor conde de Villaumbro-
sa. Zavalete no escribió su libro con
el propósito de retrater aquellos tiem-
pos bajo el punto de viste pictórico,
artístico, político, histórico j social;
sino bajo el punto de vista moral j
religioso, puesto que es una da esas
obras que se llamaron moralidades en
la Edad media, las mismas que toma-
ron el nombre de libros morales ejem-
plares, inundando la utbraturá. del
siglo XVI y aun del xvii, como si fue-
ran una extensión en prosa de la poe-
sía de los himnos y de los autos. Pero
Zavalete, al ridiculizar las costum-
bres bajo el punto de vista cristiano,
considerándolas como impías, nos
presenta la vida de entonces con todos
sus matices, con todos sus contrastes,
con todas sus luces y sus sombras,
valiéndose de un estilo fácil y franco,
de un pincel maestro; sobre todo, de
una maña pulida y curiosa. El segun-
do escritor es Francisco Santos, autor
de dos obras tituladas: Día y noeke en
Madrid y SI no importa ae Sspa^,
crítica tan sutil como valerosa y dis-
creta. £>íag noche en Madrid se inclu-
yó en la Colecdán de autores españoles,
en el tomo de novelistas posteriores
á Cervantes, y causa maravilla por
cierto el grave descuido de dejar se-
¡ pultadas las otras dos obras referidas,
i Los libros de Santos y de Zavalete,
tan peregrinos como importantes para
' la erudición y los fastos de un pue-
i blo, ponen de relieve las costumbres
' desconocidas de aquella época, mos-
trando su modo de ser, de pensar j
sentir, como si formaran el reperto-
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LITE 457
rio de todo an siglo, en doade se abi-
tan, se revuelTen y se confunden las
mil fisonomías diversas de un» misma
genencitSn. En aquellas pintuniB, es-
pejos del pasado, nos parece ver las
g-radas del tiempo, los peldaños de las
edades, por donde las generaciones
sueesÍTas prosiguen su camino en el
gran viaje Ta historia. Y damos
una grande importancia á esta mate-
ria, porque puede afirmarse que el
pueblo que no se recuerda en el pasa-
do, no sabe sentirse en el presente, ni
adivinarse en lo futuro. Esto aconte-
ce así, porque la existencia de la hu-
manidad es una zona ^ue se extiende
desde el boyo sombrío de la huesa
hasta la línea misteriosa de la espe-
raou. Zavaleta j Santos, que no mo-
rirán nanea, reprosentan en la ute-
a&TUBA. nacional la adivinacídn de los
ricos tamices de Gora j de los inmor-
tales sametes de Ram<ín de la Cruz.
Ya no son dos, son cuatro: Cruz, Go-
ja, Santos, Zavaleta,
44, fiisíoria literaria, — Nuestros
principales historiadores antiguosfue-
ron hombres de Estado y capitanea,
dotados de un excelente ^usto para
apreciar el mérito artístico de las
obras maestras de la antigüedad, j
bastante ami^s del arte para aspirar
i DO ser iaferiores en punto á belleza.
Desde principios del siglo xin, des-
cuella el notable erudito Rodrigo Ji-
ménez de Bada, cardenal j arzobispo
de Toledo* una de las lumbreras del
Coneilio lateranensa, que escribió la
SUttrU tie Bspaña, Historia de ¡os
inia é Historia de Roma. Después
de Femando del Pulgar, aparece, en-
tre los cronistas, Florián de Ocampo,
tutor de una preciosa Crónica general
de Stpaña, de la cual sólo escribió
claco libros, que abrazan los tiempos
más remotos de la monarquía, j que
el docto A.mbrosio de Morales conti-
DUO después hasta la reunión de los
letnos de Castilla j León. Por esta
misma época, compuso Esteban de
Oaribar, en 40 libros, una historia
general de EspaQa, con el título de
Ompendio hisíorial, que comprende
desasios tiempos antiguos hasta la
toma de Granada; Jerónimo Zurita,
unos ricos Anales de ía Corona de Á ra-
J«;tb1 jMidre Pedro Abarca, unos
Ántíes históricos de s\u reyes. Sobre
estos ensayos de historia general,
descolló la del padre Juan de Maria-
na, obra notable por su ordenada dis-
posición j correcto estilo. Su Historia
jtneral de Fspa\a apareció en 1592,
en 20 libros, que el autor extendió
más tarde hasta 30. Tomó por mode-
la i Tito Livio, en la narración; á
Tácito, en las reflexiones; pero se le
aehaca el haber pintado á varios per-
sonajes con colons excesivamente
sombríos. Continuó esta historia el
padre Joan de Miñana. £1 nombre
ad padre Mariana quedó largo tíem-
jo oscurecido por otros varios histo-
riadores, que acertaron i dar & sus
ohrM mayor ^unto de perfección. En-
tre estos se citan preferentemente: á
don Diego Hartado de Mendoza, au-
tor de una Historia de la guerra de Fe-
lipe II contra los moros de Granada; á
Francisco Moneada, que escribió una
Historia de ta expedictán de los arago-
neses y eatalamgs contra los turcos y los
griegos; j á Francisco Manuel de Me-
ló, á quien se le debe la Historia del
levantamiento de Cataluña bajo Feli-
pe IV. La guerra de Granada fué la
última que los. moros sostuvieron, en
las montañas de las Atpujarras, por
los años de 1568 á 1570. Mendoza,
tomando el asunto por su lado más
serio, se propuso imitar a los grandes
historiadores de la antigüedad, prin-
cipalmente á Salustio, a quien se co-
noce que tomó por dechado. Se ve que
el autor no aprobó el rigor exagerado
que se empleara contra los moros, y
así sucede que todo su libro es una
censura indirecta de la política seguí-
da por Felipe II. La Historia de la
expedición de los aragoneses y catala-
nes equivale á un perfecto modelo de
narración histórica: el estilo de Mon-
eada es menos brillante, pero más
atildado y primoroso que el del histo-
riador granadino. La interesante his-
toria del levantamiento de Cataluña
dista mucho de ser una obra comple-
ta, pues Meló no narra más que el
primer año de una guerra 4|ue duró
trece. Su trabajo, que llevo á cabo
por encarg^o de Felipe IV y de su mi-
nistro Olivares, es notabilísimo bajo
el punto de vista literario. El estilo
de Meló es la completa alianza de
las formas greoolatinas con el ge-
nio español. Después de los tres
historiadores que preceden, citare-
mos á Antonio de Solís, el cual pu-
blicó, en 1684, una Historia de la
conquista de Méjico. La España del
siglo xviu estableció cierta compara-
ción entre Solís, Tácito y Floro; aun-
que los extranjeros, menos apreciado-
res de la belleza del estilo, vieron en
él un mero historiador artista^ una es-
pecie de Quinto Curcio, que se cuidó
más de agradar que de instruir, su-
bordinando la verdad histórica á las
g^las de la locución. Empero los crí-
ticos de hoy, sin dejar de reconocer
los defectos del autor citado, no tienen
más remedio que ensahar la perfecta
elegancia de su estilo y la facilidad
asombrosa con que maneja nuestro
romance. Otros historiadores muj es-
timados, aunque acaso inferiores en
nombradla, florecieron en la misma
época; tales son: don Carlos Coloma,
marqués del Espinar, quien hizo la
guerra de Flandes, con cuyo título
publicó la historia de aquella guerra:
don Luis de Avila y Zúñiga, que es-
cribió las Memorias sobre las campañas
de Garlos V en Alemania: Pedro Me-
xía, cronista de dicho emperador, que
compuso la Historia imperial, compen-
dio de la biografía de todos los empe-
radores y reyes romanos, desde Julio
César hasta Maximiliano de Austria:
Ginés Pérez de Hita, autor de una
Historia de tas guerras civiles de Gra-
nada, mezcla deleitosa de la historia y
de la poesía de los romances. En este
mismo siglo, el padre Francisco de
San Juan del Puerto (villa de la pro-
vincia de Huelva) ilustró nuestra u-
TiiHATURA con SU Missio% historiol de
MarruecoSt i la que debemos mil no-
ticias curiosas; entre ellas, la de los
ALOOZBS infernales, como los llama el
padre Francisco, cu;^a voz quedó re-
zagada y como perdida en el romance
castellano, y aprovechamos la ocasión
de resucitarla, que siempre es hora
de dar vida á los muertos. Algos es
el árabe al~Goa ( JmXJfj, empleado
primeramente como nombre de una
tribu turca. Un cuerpo de algores pasÓ
de Egipto al interior del Africa, ha-
cia mediados del siglo xii, bajo la
conducta de Carñcoch, quien repre-
sentó un gran papel en la historia de
aquel país. Insensiblemente, los «¿ffo-
zes fueron entrando i sueldo de los
Almohades, bajo cuyo reinado llega-
ron á gozar de una marcada conside-
ración, hasta el punto de que Alman-
zor los prefería a los soldados de su
país, como lo prueba el hecho de re-
munerarles con mayor largueza. Asi
sucedía que los algotes cobraban pagas
especiales todos los meses, mientras
que las tropas africanas percibían
sueldos menores tres veces cada año.
Pasado el imperio de los Almohades,
que marcó la época de su major pri-
vanza y poderío, empezaron a decaer
de sus antiguos medros, de tal suerte
que, al llegar el siglo xvu, en que se
publicó la MissioH htstorialt los algo-
tes, aunque conservando el nomture de
archeros, con que se designaron desde
un principio, quedaron reducidos al
oficio infamante de alguaciles y de
verdugos. Tal es la razón por que el
padre Francisco de San Juan del Puer-
to los llama alqozbs infernales, alu-
diendo á que eran los encargados de
degollar a nuestros cautivos. Tal es
el nombre algos, que muchos autores
aplicaron á los llamados kurdos, según
vemos en Weijers, Quatremere é Ibn-
Khaldún: éste es el vocablo á que
se refiere el cronista 'Abd-al-Wahid
cuando dice cque los jefes de los al-
gotes recibían de Almanzor, rey ber-
berisco, propiedades y feudos de más
cuantía que los jefes de las mismas
tropas africanas;» éste es el algoz que
encontramos en el trovador provenzal
Gavandán el Viejo, en su llamamien-
to á la cruzada contra Almanzor, rey
de Marruecos, en los últimos años del
siglo xii (1195), en donde se lee:
Tote loi Alcavii a mandato,
Matmatt, Stauri, GoTze Barbarit,
«Ha llamado (el rey de Marruecos)
á todas las tribus ó kábilas: masmu-
des, moros, algozes y berberiscos;» tal
es el algoz de los portugueses con el
significado de verdugo, el mismo que
tiene en el padre Francisco de San
Juan del Puerto, de donde viene el
portugués algozaria, acción cruel: tal
es, finalmente, el algoz, que algunos
autores tradujeron por ^oí/i?, descono-
ciendo la historia del vocablo.
45. Un sistema. — En el último ter-
cio de este siglo, el padre Molinos,
hijo de Zaragoza, publicó en Roma
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UTB
un libro titulado: Guia de la piedad
en que propagó cierto quietismo como
medio ae perfección moral y religio-
sa. El mohnotitmo no es otra cosa que
el anonadamiento de la voluntad;
esto es, la nulidad completa j abso-
luta del albedrío humano, sustituido
por una ciega con6iuiza en la miseri-
cordia divina. Bste sistema fué con-
denado en 1687 por Clemente XI,
motivando el encierro de Molinos en
los calabozos de la Inquisición, donde
murió á los nueve afios, ó sea en 1696.
46. Sifflo XVIIL—Prosistat. Él
siglo XVIII vió florecer ¿ muchos j no-
tables prosistas españoles. £1 mar-
qués de San Felipe nos dejó unos Co-
mentarios sobre la guerra de suce-
sión: el padre Feijóo, su Teatro críti-
co j sus Cartas eruditas v curiosas,
obras tan peregrinas por el caudal de
su erudición y la excelencia de su li-
teratura, como por sus alientos de es>
critor j su fe de cristiano: un inge-
nio, no menos audaz y más elegante,
el padre Isla, llenó con su nombre la
seguuda mitad del lio-lo ztui; revin-
dicó para su patria la ínTeneión del
&il Blas, j decidido & ridiculizar el
mal gusto que reinaba en la cátedra,
último asilo del escolasticismo de la
Edad media, ilustró á su época con el
Fraif Gerundio de Campatasy dechado
inimitable de frase castiza, de chiste
irónico, de invectiva burlesca, de in-
tención aguda j penetrante. En este
mismo siglo se publicaron en Espafia
algunos trabajos de erudición de gran
alcance, ora por su literatura, ora
por su doctrina, antee los cuales me-
recen figurar en primer término: la
JBiblioteM de autores apañoUs antiguos
jf modernos, por Nicolás Antonio; la
España Sfurada, de Flórez; las Menuh
rias para ta historia de la poesía, por
el muj erudito padre Sarmiento; la
Bittoria eritiea, del padre Masdeu; la
Cmnura de historias fabulosas, de don
José Pellicer; sus Comentarios á la
historia de Don Q^uijote, j los Orígenes
de Majans t Ciscar. Si nos obligaran
á designar los dos prosistas más aca-
bados del sí^lo xvm, es mujr posible
que nos decidiéramos por el conde de
Campomanes don Gaspar Uelchor
de Jovellanoe, modelos perfectos de
la loeición castellana.
47. Siglo XVni.^Peetas. Entre
los poetas españoles más notables figu>
ran: don Nicolás Fernández Moratin,
de quien todos citan con grande enco-
mio las letrilku, el poema dracriptivo:
Fiesta de toros en Madrid j la compo-
sición del género épico: Las naves de
Cortes; don José Cadalso resucitó la
poesía anacreóntica, completamente
olvidada ^a, en tanto que sus Erudi~
tos á la moleta merecen el concepto de
un modelo de gracia j de excelente
crítica; Iríarte no tiene rival en el
apólogo, como Samauiego en la fábu-
la; don Nicasio Alvarez Cienfuegos;
discípulo de Meléndez, en quien la
fantasía lo hace casi todo, se ejercitó
en la oda, en la epístola jr en las poe-
sías pastorales; Jovellanos se dió á
conocer con su bellísima oda á La Pa*;
Fraj Diega González se mostró digno
émulo da Fraj Luis de León; don
Alberto Lista es igualmente consu-
mado como poeta j como crítico; don
Manuel Josa Quintana en sus odas á
Padilla, á La Imprenta, á Tra/algar,
á La Vacuna, se anuncia al mismo
tiempo como el poeta j el patriarca
de la musa española, en tanto que
don Juan Nicasio Gallego fía el se-
creto de su inmortalídoa á la magni-
ficencia de sus odas. Pero nos olvidá-
bamos da una figura de este siglo.
Gerardo Lobo era capitán j hubo de
destinársele á los puntos de Bodonal
y Elechosa, en Extremadura, no recor-
damos si para cubrir la guarnición
de aquellos lagares, Ó si p^ra activar
la cobranza de atrasados impuestos.
Ello fué que se pone en camino para
Extremadura, corre por valles, trans-
pone montañas, vadea ríos, atraviesa
barrancos, hasta qae cansado j& de
andar de zoca en colodra, maltrecho j
mohino por añadidura, escribe i sus
jefes la siguiente décima:
Oon indaatria ntifioloa»
A oaalqnier» qae pMsba,
Gomo enigma pregnntftb»
Por Bodo&ftl y Elaoho»;
Oyendo eita qoialooiB
D^o on fnlano de tal:
Do Bleohoaft y Bodón»!
8« llovó loi haUUntw
Vn arroyo, moebo nntM
Del dilavio nníveriftl.
Sí Gerardo Lobo hubiese podido
dejar de ser poeta, no lo hubiera sido;
pero no lo pudo evitar y lo tuvo que
ser. Es lo que se llama un poeta de
nacimiento. De nacimiento j de noUe
estirpe es también el notable poeta
del epigrama:
Un ouado se «oo«tó,
Y oon paternal oarifio
A la lado pnao el nÍ&o|
Pero eaeio amanoold.
EntonoM, torciendo «1 gerte.
Miróse nno y otro lado.
Y exclamó dMcoaeolaaoi
•lAy, amor, cómo mo has gneslol*
Después de leer estos renglones,
inútil seria escribir el nombre de
Iglesias. Cerraremos el cuadro del si-
^o xTiii con Dionisio Solís, superior
a Cienfuegos j no inferior al maestro
Meléndez, según opinión del muj
erudito don Juan Eugenio Hartzen-
busch. Es bellísima la cantinela XVI,
Hizo el Amor un din
De Primavera mofa,
Porque duraban poco
Bnt florea olorosa».
Pero ella le replica
Con risa bnrladorai
«Di, nifto. ¿tas plaoarai
Duran mu qita mis rósaaV»
48. Teatro del siglo XVIIL— Loa
poetas que fundaron escuela en este
siglo, son: José Cañizares, con su Dó-
mine Lucas; sus Cocineras, ó sus Mon-
tañesas en la corte, representante de la
comedia de fgura^ punto de transición
entre la comedia de capa j espada j
el aaiuete; es decir, entre Lope de
Vega y don Ramón de la Cruz: don
Ramón de la Cruz con sus saínetes,
punto de transición entre la comedia
de figura ^ la comedia nueva; esto es,
entre Cañizares y Moratín: don Lean-
dro Fernández de Moratín con su Café,
punto de transición entre la Cata dt
Tócame-Roque y la Marcela; es decir,
entre don Ramón de la Cruz y don
Manuel Bretón de los Herreros, eatre
el saínete y la comedia de costum-
bres, espejo de la sociedad, verdadera
teatro día la familia. Al siglo xvni
corresponde del mismo modo la tn-
f edia de Huerta, JUguel ó La judia
9 Toledo.
49. Siglo XlXt — La resella da nuei*
tros tiempos tiene grandes inconve-
nientes para nosotros. Es mu^ proba-
ble que nadamos olvidado á mucbcn
hombres de talento; sobre todo, á mu-
chos mártires de su siglo, tanto mis
ilustres para nosotros cuanto más os-
curos y maltratados de la fortuna. Bn
una estofa de esta trama, nadie puede
decir: <no se me ha escapado ningún
punto en el urdimbre da la tels;> ^
menos que nadie, lo podemos decir
nosotros, que hemos estado algunos
años en país forastero. Las lagDUi
que el lector advirtiere, atribú^alu,
no á mala fe, que no tiene cabida en
nuestros hogares; sino á la igaoian-
cia, que es un limo que & todo h pe-
ga, y así lo confesamos con verdadero
espíritu de humildad; que mis levan*
ta al hombre un solo átomo de mo-
destia, un solo escrúpulo de virtud,
que todos los colosos de la soberbia j
de la vanidad; aunque esto que deci-
mos es un error, porque la vanidad
y la soberbia no tienen colosos. Pedi*
mos perdón á las memorias olvididai,
no excluidas, porque en nuestrt íd-
teneión no haj excluidos. Para gloría
de una moral sublime, que hemos
aprendido en la desgracia, somos ana
patria (^ue no conoce expatriados.
Prosutas. — ^Las producciones más
notables de los prosistas del primer
tercio del siglo xjx peitenecen Iffou-
mente á la erudición. Antes de 1836,
Ti6 nacer Espafia, en este género,
obras tan apreeiables como uTatrt
eriiicQ de la elocuencia espaHola, de Cap-
manj; el Diccionario crítico délos»»'
teres catalanes, por Amat, y las Mew>-
rias sobre la municipalidad de Baralo-
na, por M. de BofaruU. Amadorde los
Ríos, decano de la Facultad de Letras
en la universidad de Madrid, dio s
luz un Bnsavo sobre la histeria politM^
?' literaria ¿e los judíos de Sspañ», ca-
ífícada de notable; don Manuel Quin-
tana, una excelente Biogra/U de w
españoles célebres; don Eugenio de
Ochoa, una Noticia tobre los ««««f"'
tos espaáotes que posee la biblioteca iin-
perial de París. En el
co, nos encontramos: ^"'""'ly. .Jí
árabes en España, por Conde; ^"j^
de la civilisacidn en Sspaña, wj"'
zalo Morón; España bajo los Berbm'
por Carvajal; Historia de las di*m«f
mahometanas de España, por*Í<*°J^^
cual de Gavangos. Merece «uw
Umbián la ÉUtoria del l*^^Z
de la guerra y de la revoluádn de Jim-
ña, cuyo autor nos ofrece el ?J«°*P!:
de un hombre sobrio en el estilo, pro-
fundo en su literatura, filósofo en w
pensamiento, arisco en su critic»i
trocho en el mando, absoluto en su
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LITE
•seaeU, ameno en sa plática, caba-
llero en 8U trato, dama en su porte,
carácter múltiple, tipo confuso, natu-
nleza no averiguada ni definida: el
conde de Toreno.
50. /'(¿ow/ía.— Aunque la filosofía
de nuestro si^lo no tenga un sistema
claro j definido en relación directa
con su origen, es incuestionable que
está fundada sobre el dogma de la
perfectibilidad del hombre, que pro-
pagó el apóstol san Pablo, á cujo ti-
tulo merece sin duda que se le apelli-
de el primero j más grande filósofo
del cristianismo, es decir, el primero
j más garande filósofo de la humani-
dad. De este dogma tomó Bacon su
obra titulada: Intíauratio magna; esto
a, la ratawacvf» magna 6 la gran re-
generaei&H, título tan profundo como
verdadero, puesto que el dogma del
hombre perfectible representa la re-
generación del ser humano. Efectiva-
mente i hachamos que la humanidad
gima bajo la esclavitud de la primera
culpa, como víctima eterna del peca-
do, j desaparece la razón moral de
todo derecho, de todo arte, de toda
ciencia. Esto Tiene á probar que el
dogma de la perfectibiíidad, no de la
perfección absoluta, es la consecuen-
cia necesaria del dogma angusto de la
Redención. Todos los sistemas actúa-
la, aun los más opuestos^ contradic-
torios entre sí, vienen á ser fórmulas
distintas de aquel principio origina-
rio, puesto que todos tienen por fin
eomuQ la aspiración al bien, á la ver-
dad, á la virtud, á la justicia j á la
belleza; más claro, la aspiración cons-
tante á realizar en todas las esferas
de nuestras facultades la perfectibili-
dad de la naturaleza humana. En co-
rroboración de estateoría, examinemos
los múltiples sistemas filosóficos que
coBOcemos en nuestros tiempos, j ob*
servaremos que todos condujen, aun
los sistemas panteistas, por reconocer
la necesidad del hombre perfectible;
por cuya razón puede decirse que has*
ta el ateísmo de los modernos, si el
ateísmo pudiera existir, tiene cierto
eipíritu del dogma cristiano, que es
también filosofía cristiana; aunque no
se denomine de este modo, porque
lis^ cosas que son j no se denominan,
ssi como otras se denominan y no
son. Decimos otra vez, precisando los
términos, que toda la filosofía de nues-
tro siglo, en su confusa multitud de
sistemas, tiene por base necesaria j
perenne la perfectibilidad del ser hu-
mano, principio el más fecundo, el
mis consolador, el más luminoso c^ue
conoce la historia. El mundo cristia-
no lleva en su conciencia esa mugní-
fiea revelación de diez j nueve sielos,
tal vez sin sentirla, quizá sin darle
nombre, como el éter recibe el fulgor
del astro sín sentir el tacto invisible
de la luz. En cuanto á España, son
^madísimas las obras filosóficas de
Jaime Balraes, hombre de entendi-
niieato poderoso, de gran intuición y
de hermosa palabra. Protestantismo
comparada con el Catolidtmo pasó al do-
nuQíe de los sabios de todo el mundo.
LITE
La filosofía de Balmes se distingue
en que dió extensión r trascendencia
al criterio lógico j á la estética de la
forma; aunque considerada con rela-
ción al dogma del hombre perfecti-
ble, está muy lejos de levantarse á
las regiones del ideal filosófico, cien-
tífico y cristiano del siglo xix.
51. Novela. — La coyela tomó con-
siderable desarrollo con Humara j
Salamanca, Escosura, Martínez de la
Rosa, Espronceda, José de Yillalta j
otros muchos, cuya enumeración nos
llevaría demasiado l^os, á más de ser
un tanto peligrosa. Si tuviéramos que
hablar de los vivos, encontraríamos
varias capacidades ds primer orden.
52. Siglo XlX.—CrUica Jilotófica,
política, literaria y ioctal. Llegamos á
un sepulcro, sobre cuya losa tenemos
que depositar muchos homenajes de
admiración entre muchas lágrimas de
desconsuelo. Cuando este sepulcro se
abría á la misericordia de la Provi-
dencia; cuando esta fosa se cerraba al
juicio del mundo, un joven, casi un
niño, se adelantó con paso trémulo y
leyó una humilde elegía. De aquella
elegía brotó una musa que llena un
siglo y alboroza á Espafia. Muchos
años después, un gran poeta se acusa
á sí propio y se condena sin piedad,
viendo en su sombra una flor maldi-
ta, brotada
Al borda de ta tnmb» de on mklvftdo,
y no hizo bien en renegar de su altí-
simo origen. Cuando nos hallamos
en este sitio, no hay ningún malvado,
sino una tumba ilustre, un canto de
la historia y un dolor de la humani-
dad. Colocados nosotros entre aquel
muerto y aquel poeta, como el lirio
que nace entre un laurel y un cardo,
venimos aquí á depositar aquel canto
del tiempo y aquel dolor del hombre.
¿Será necesario decir que nos encon-
tramos al pie de la tumba de Larra?
Don Mariano José de Larra tiene, no
sólo una importancia capital como
excelente crítico y hábil polemista,
sino una grande significación como
literato, puesto que fué uno de los
más ardientes propagadores de la re-
volución literaria, la cual pretendía
conciliar la originalidad y el genio
de los españoles con el estudio y la
imitación de los franceses. Nuestro
personaje, al profesar la sátira, cono-
cía muy bien los aposentos interiores
del oficio: «el escritor satírico, dice,
es como la luna; un cuerpo opaco,
destinado á dar luz, y es el único de
quien con razón puede decirse gue da
lo que no tiene. No conocemos una de-
finición más verdadera, más filosófica
y más profunda de la sátira. Su pri-
mera publicación periódica fué Elpo'
breciío kablador, cuyos artículos fir-
maba bajo el pseudónimo de M ba-
chiller Juan Pérez de Munguia^ cuyos
alientos fueron inútiles contra la fé-
rula de la censura. Después escribió
bajo el pseudónimo de Fígaro, y aquí
principia su carrera de triunfo y de
gloria. Larra es inmortal en sus ar-
tículos: Nadi9 p9se tin haMar al porte-
LITE
159
ro; La planta nueva 6 ti famoso; La
Junta de Gástelo Blanco; (¿uiero ter có-
mico; Cartas de un liheral de acá á un
liberal de allá; Los tres no son más que
dos; El siglo en blanco; La cuestión
trasparente; Dos liberales, ó lo que es
entenderse. La crítica de nuestro per-
sonaje comprendía un círculo tan ex-
tenso como el de su nutrida erudi-
ción: costumbres, política, filosofía,
historia, literatura y bellas artes.
Pero Larra tenia temporadas frecuen-
tes, en que se levantaba de mal hu-
mor; y en esos días mal humorados,
era un entendimiento negativo, que
buscaba la claridad del día en los
horrores de la noche. ¿Se trata del
sol? Pues es más admirable por sus
manchas que por su luz. j^Se tnta do
una Venus? Pues todo el prodigio de
su hermosura desaparece ante una
simple desigualdad en la frescura y
en la limpieza de la tez. Un día se
levantó de mal humor; era el día de
difuntos de 1836, y comenzó á derra-
mar la muerte y la desolación por
todas partes, como sí fuese, no un día
de difuntos, sino el día del juicio
final. Para tan extraño viaje, se pre-
paró con esta pregunta no menos ex-
traña: Cj^Dónde está el campo santo;
fuera ó dentro?» Hecha esta pregunta
formidable, se da en cuerpo y alma á
recorrer las calles de Madrid, provis-
to de un inagotable acopio de letre-
ros. Sobre el frontispicio del palacio
lee: cAqui yace el trono; nació en el
reinado de Isabel la Católica; murió
en la Granja de un aire colado So-
bre el arco de la Armería se figura
leer: «Aquí yace el valor castellano
con todos sus pertrechos.» Sobre Doña
María de Aragón: «Aquí yacen los
tres años.» Sobre la cárcel: «Aquí
yace la libertad del pensamiento.»
Sobre la Bolsa: «Aquí yace el crédito
español.» Sobre el solar de la Victo-
ria: (Esa yace para nosotros en toda
España.» Sobre los teatros: «Aquí
Í'acen los ingenios españoles.» Sobre
os Ministerios: «Aquí yace media
Sspaña; murió de la otn media.» No
tenemos noticia de an sarcasmo más
audaz y profundo. Pero la critica tie-
ne aquí una grave tarea que desem-
peñar, lo cual consiste en hacer ver
de dónde vienen esos días nublados,
esos tristes días sin sol de don Ma-
riano José de Larra. Puesto que ha-
blamos con un crítico, tenemos que
implorar el favor de la crítica. Nues-
tro autor, en vez de decir: «una per-
fección significa más que cien imper-
fecciones,» abrazando la verdad de la
ciencia y el do^ma de la fe, decía:
«una inperfección representa más
que cien perfecciones,» cayendo en la
negación del entendimiento y en la
apostasía de la conciencia; esto es, en
el escepticismo filosófico y en el ateís-
mo dogmático. Supongamos que uno
pregunta: «¿qué es vivir?» La razón
y la fe contestan: «creer y amar.»
Nuestro autor contestaba: «negar y
aborrecer.» Lo dicho hace evidente
que toda creencia supone una filosofía
particular, y tai era la particular filo-
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m LITE
LITE
LITE
sofía de don Mariano José de Larra,
U cual explica ciertos infortunios la-
mentables, ocultos por un Telo de ve-
neración y de cariño, que nuestros
dolores no quieren suspender. ¡Qué
lástima! Puniendo creer en Dios y en
el hombre, no se sabe cómo un genio
creía en el demonio y en el vampiro.
Si Mariano José de Litrra no hubiera
abusado de sus grandes talentos, ha-
bría sido el primer crítico de su épo-
ca. Aun habiendo abusado, por un tí-
cio de genialidad ó de temperamento,
no conocemos ningún critico del si-
glo XIX que le sea superior, especial-
mente cuando su genio se levanta á
la altura de las más altas concepcio-
nes. Larra nació en Madrid, el 2i de
Marzo de 1809, y murió en la noche
del 13 de Febrero de 1837, sin enfer-
medad, en la flor de su vida, puesto
que tenía 28 años, encuja edad prin-
cipian otros á escribir.
53. Si^h XIX.— Poetas. España
contó, contará siempre entre sus pri-
meros poetas al duque de Bivas, au-
tor de SI MOTO expósito, rodeado de
una juventud poderosa, en que el es-
píritu del arte corre envuelto en una
creación indefinible, que se podría
llamar la inspiración del entusiasmo,
el áneel de la fa y el demonio de la
reTuelta; aquella juTentud, al mismo
tiempo TÍviiicada y pervertida por un
Esproaceda, un Larra, un Enrique
Gil, un Pastor Diez; y más tarde, por
un Gustavo Becket ^ un Florentino
Sanzj cuyo autor dice por boca de
Quevedo:
Osniado estoy de OAnsarme
Y abarrido da aburrir me.
Quien estaba cansado de cansarse,
no fué Quevedo; sino el autor del dra-
ma; es decir, Florentino Sanz. Entre
los grandes poetas líricos del si-
flo XIX, ocupa un puesto honroso don
uan de Arólas; especialmente, por
sus orientales, cuya galanura de es-
tilo, cuja riqueza de expresión, cuja
melodía triste y suave, cuja inspira-
ción natural é ingenua, deben citarse
como verdaderos dechados. No haj
pasión más bella que la del poeta
barcelonés; no haj amor más hermoso
que el amoi de Arólas. Su oda Á l mar,
concepción extensa y solemne, tiene
magníficos arranques de genio. Pero
la vena más rica de la poesía españo-
la del actual siglo se encuentra en el
teatro, si exceptuamos alguna crea-
' ción gigantesca y sublimemente des-
esperada, como Bl Diablo Mundo. El
duque de Rivas, célebre ja con mucha
razón por su poema antes citado, puso
colmo á su reputaciiín con el drama
Don Á Ivaro de Lnna ó la fuerza del sino:
Martínez de la Rosa dio á la escena,
en 1834, su famosa obra La Conjura-
ción de Véneda, en donde todos apren-
dimos á llorar, sin que haja apenas
un español que no guarde en su alma
las tristes memorias de Laura j de Ru*
giero, ó el misterioso canto del pere-
grino: Quintana dió su Duque de Viseo
y su Pelayo, en tanto que Bretón, Gil
j Zárate j Hartzenbusch crean un
teatro verdaderamente nacional. So-
mos admiradores de loa poetas ante-
riores j de otros muchos por iguales
fiartesí consagramos j reconocemos
a eicelencia de todos; pero atríbu-
jendo á cada uno su valor» conside-
rada esta materia como asunto de crí-
tica literaria, histórica j social, deci-
mos que la primer comedia del si-
glo XIX lleva por título: Marcela ó ¿i
cuál de los tres.^, obra que tiene al pú-
blico en continua emoci5u, sin otro
argumento sensible, sin otra máqui-
na, sin otra intriga, sin otro misterio,
que la verdad de los caracteres j el
embeleso del diálogo. El diálogo en
otros autores se llama belleza: en el
incomparable Bretón de los Herreros
se llama hechizo, Ia MareeU áj^euál
de los tresft figun viva del genio na-
cional, dió á España un nuevo teatro,
lo cual vale tanto como decir que dió
á España una nueva España. Cuanto
más tiempo pssa, más grande ^ más
hermosa nos parece Marcela. Siempre
que la leemos, exclamamos: thay es
más hermosa que ajer,> lo cual sig-
nifica que nunca se podrá decir: «hoj
es más hermosa ^ue mañana.» Al lado
de Marcela debiéramos poner SI hom-
bre de mundo, de don Ventura de la
Vega, sí fuese creación original. Aun
no siéndolo, será siempre un perfecto
y admirable dechado de la comedia
urbana. Gil de Zárate, el autor del
tan celebrado Carlos II el Heckitadoj
de Gutmán el Bueno y de Don A Ivaro
de Lnna, le distinguió de los demás
escritoras dramáticos de su tiempo
Sor ua eoaocimiento más profundo
el corazón humano, así como por
una marcada tendencia á buscarlas
efectos morales en los sentimientos
generales de la humanidad. Hajr otro
nombre que se dirige principalmente
á herir la fibra nacional, no Unto por
el frenesí del autor inspirado, como
por las memorias patrióticas del hom-
bre erudito, sin descuidar, empero,
los gozos inefables del poeta. Este
gran escritor, apóstol venerable de las
letras de nuestro siglo, se inició de
un modo brillantísimo con sns Aman-
íes de Teruel, en donde haj versos
que parecen llamar á las puertas del
sima, cuando el alma, creándose á sí
misma con los hechizos del deseo,
sueña en apariciones, veladas por la
gasa de la ilusión. Mientras que Es-
paña tenga memoria, los nombres de
Isabel y Marcilla estarán grabados
profundamente en la memoria del
pueblo español; j entre ellos, corona-
do por su genio j por su fortuna, el
insigne poeta Juan Kugenio Hartr.en-
busch. Él Don Francisco de Quevedo,
de Florentino Sanz, va por su inspi-
ración, ja por sus bellezas, entró sin
duda en las grandes corrientes de
nuestro siglo, como las Verdades amar-
gas, de Luis de Eguilaz, y como el Te-
jado de vidrio, de Adeíardo López de
Ajala. Convenimos en que esta come-
dia no tiene el misterioso encanto de
Consueto ni el sabor social, la expre-
sión cáustica, la ironía tremenda del
Tanío j)or ciento, en donde haj algo
del Dtahto MvndOi porque haj algo
de ese diablo que se agita en los vi-
cios de todo pueblo, sea el que fiierr,
Sero afirmamos sin ningún género
e vacilación que el TeiMo de vidrio
es la mejor comedia del autor nobilí-
simo cujo acento resuena todavía en
nuestro corazón. Mencionemos, para
terminar, el precioso teatro de Narciso
Serra, SI toisón roto, de don Antonio
Hurtado, en colaboración con el gno
Eoeta Núñez de Arce, j el Maclas, de
arra, quien tenía ja dos actos es-
critos de un drama titulado: Q,uetede.
¡Lástima, en verdad, que no termi-
nara semejante obra, porque fuera
curioso oír hablar al gran satírico da
todos los tiempos por boca del satíri-
co del siglo xixl
54. Conclusión.-' Un ssdndo i ¡es vi-
vos. Sin embargo de que nos propusi-
mos no hablar ae los que viven, por-
que tenemoi miedo de los vivos, como
otros tíenen miedo de los muertos, no
terminaremos esta insignificante re-
seña sin dirigir una palabra de aesta-
miento j de admiración a los ilustras
Mesonero Romanos, decano de los li-
teratos españoles; Pascual Gajaogos,
decano de los eruditos; Andrés Bo-
rrego j Fernando Corradi, patriareis
de los periodistas, canas mas glorio-
sas que la más gloriosa juventud. Lss
ruinai^ como la piedad, tienen tam-
bién su genjo, j ¡aj de las naciones
que no se acuerdan del genio que vi-
ve en la santa piedad de sus raioss!
T pues hemos salido del reinado de
los sepulcros, que tiene tanto encanto
para nosotros, porque amamos tam-
bién la vida en los arcanos de la muB^
te, vamos á hablar de algunos hom-
bres, protestando que no lo hacemos
por considerarles de una uTBSAToaA
superior á la de otros ilustres poetas,
sino por creer que enriquecieron nues-
tro siglo con la invención de cierto
arte. Don José Zorrilla es el creador
del drama hidalgo, del drama Ustáú'
co, con toda la grandeza de la anti-
güedad, con toda la pompa del pasa-
do, con toda la imaginación del ag&^
ro, con todo su caudal de arrogancias,
de galanterías, de votos j conjuros.
Su concepción de más sentido es
Zapatero el Rey, joja que no tiene
jojero que la tase:
*Por aa propia viitad arderk •ola
Esta lámpara, díes: {harto lo temo!
Llena está de mi sangro haita la sol»
Y yo en mi sangre sin arder me quemo.'
Para quemarse sin arder, como para
arder sin quemarse, es necesario pensar
j sentir como piensan j sienten los
espíritus. No tenemos noticia de ver-
sos dotados de una idealidad más pro-
funda, más metafísica, más fantásti-
ca, más terrible, sin embargo de s"
la más sencilla j la más real al mis-
mo tiempo, porque lo más real j 1"
más sencillo de este mundo es 1» poe-
sía. Por esU misma época se dió i o<>-
nocer, como autor dramático de primer
orden, don Antonio García GuüéW".
autor de Bl Trovador y Simón Seeane-
gra, que son j serán siempre dos mo-
numentos del romanticismo teatral en
España. Distingüese este genio por
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UTE
LITE
UTI 461
un «zqaisito nntimiento de la frase,
eaneteríndo por la sonoridad y la me-
lodía, Uavadu á tal punto de perfec-
eidn, que noi arrebatan con el entu-
iiasmo, no sabiendo decir si es la me-
tafísica de la forma 6 la metafísica del
espíritu. Bl Trovador, que no es su-
perior á Simé» Bocanegra, como crea-
ción da arte, mereció del público el
triunfo más grande de que na j ejem-
plo en Is escena española, lo cual ex-
plica el hecho de que García Gutié-
rrez fuese el primer poeta que saliese
i las tablas, para recibir la oTación
Eública. En cuanto & su influencia en
\ vida social de entonces, bastará
decir que apenas había joven que no
llevara, como aderezo personal, el po-
mo de veneno, recordando el veneno
de Leonor, 6 ^ue no tomara vinagre
para estar p&lida, como la amada de
Manrique. En fin, todo el mundo vi-
vía á lo Trotador, porque los pueblos
viven siempre en las tradiciones ma-
raTÍUosas, j el nombre Trovador ha-
bía ja dejado de ser una palabra para
tomarse en una maravilla. En esa
maravilla de un siglo será eterno don
Antonio García Gutiérrez; j bien lo
merece por cierto. Don Tomás Rodrí-
guez Rabí, que vierte en su teatro á
manos llenas todas las galas y felici-
dades del Mediodía, indica con su
Rueda de la Fortuna un género espe-
cial, desarrollado en SsjpañoU» todre
todo, da Ensebio Ast^uenno^presenta^
do en majores medidas, en más im-
petuosos arranques v en situaciones
más dramáticas por Bl tanto por den-
lo. En estas obras haj cierto espíritu
del cuadro de los Comuneros, de Gis-
bert, como si fuesen un pregón de la
escuela social que Horacio Vernet lle-
vó á la pintura. Es indudable que otro
Horacio Vernet la llevará al teatro; y
en este sentido concedemos una gran-
de importancia á La Rueda de la For-
ftnw, ta misma que tiene Bl tanto por
Mm(Q, lienzos mágieoa en donde pa-
rece transparentarse nn nuevo mundo.
Don Manuel Tamaño es un escritor
de inspiración extensa, de magnífica
forma, de gran intuición y sentido
moral, como poeta; suelto y sonoro,
galano y puro, ingenuo y preciso,
alentado y brioso, como prosista,
mostrando de esta suerte que los ver-
sos no están reñidos con ta prosa, así
como que se puede llegar á la última
cumbre de la poesía sin subir las cues-
tas del Parnaso v sin beber las aguas
de la fuente Helicona. También haj
musas para los que no escriben en lí-
neas pareadas. Tamajo se distingue,
como literato, en que se eleva sin re-
montarse, lo cual estriba en que lo
Sublime vive en casa de lo sencillo,
como lo sencillo vive en casa de lo su-
blime. Este poeta se anunció con una
tragedia, Virginia, en que saludó el
arte una noble esperanza, cumplida
después por largos dones y más lar-
gas promesas. Tamajo y Baus es el
poeta de la tradición, representante
natural de escuelas pasadas en el tea-
tro de nuestro siglo. Este poeta pare-
ce golpear sobre la losa ae las tum-
bas, como si intentase infundir espíri-
tu á la sombra de la vieja España, se-
mejante al mago qae evoca una visión
entoe las almenas derruidas de un
castillo feudal. Un poeta dijoi
•Dond* ni tismpo, voy,
Qn* loenr» pretradar
LUT»r 1m glorifti de hoy
A loi f»at»BmaB d« ayer.>
Nuestro poeta dice por el contra-
rio:
■TíTieodo en la tamba eitoy,
Porqne locara qnarer
Heiclar laa sloríaa de ayer
Con loi faotaamas de boy.*
En cuanto á nosotros atañe, el mis-
mo mérito atribuímos á quien con-
templa lo pasado, que á quien se tor-
na hacía lo presente, que á quien
vaticina lo venidero, puesto que, por
donde quiera que caminen, no es po-
sible que salgan del globo, ni de los
fines de la universal Providencia, Lo
único que pedimos á todos, es lo que
sobra al ilustre poeta Tamajoy Baus:
inspiración vivificadora, fe levanta-
da, aliento generoso, patriotismo no-
ble y honrado. Réstanos decir algu-
nas palabras acerca de un genio po-
deroso; pero de ímpetus desiguales,
salvaje y sublime al modo de Shakes-
peare; pero sin la uniformidad majes-
tuosa del poeta inglés. Este escritor
es el poeta de los cataclismos; aunque
debe añadirse que tales catacliamos
tienen una gran significación, puesto
que son problemas de la familia y de
la sociedad; sobre todo, son enigmas
y revelaciones de la conciencia hu-
mana, como lo demuestran principal-
mente O locura ó santidad y Bl gran
galeote, sombra terrible de las anti-
guas teocracias, de los despotismos
pasados, en cujos moldes se conci-
bieron una ciencia que no se conoce,
un ingenio que no se siente, una mo-
ral que no perdona, una humanidad
que no se ama, hidrópica siempre,
siempre sedienta, como el Tántalo de
los gentiles. Este genio tiene un peli-
gro: obstinarse en dar ser á cierta
belleza más sublime que lo sublime,
cuya imposible creación tiene un
nombre en cada idioma; en castellano
se llama el ridiculo. En efecto, Chu-
rriguera no es más ni menos que la
exageración de Miguel Angel; una
sublimidad mal ideada, que pretende
exceder á la sublimidad bien sentida;
un deliria de la inspiración, una fie-
bre magnánima, que intenta fundar
lo sublime del hombre sobre lo subli-
me de Dios, de donde viene el án^el
que se torna en grifo. Más allá del
vago contorno de la pirámide; más
allá de la última linea del obelisco,
no hay otra cosa que el vacío del ho-
rizonte, los desiertos del aire, lis so-
ledades de la creación. ¿Quiere poblar
esas soledades infinitas? Se engaña.
¿Quiere buscar conceptos artísticos
más allá del mundo del arte? Se en-
gaña. ¿Quiere fabricar almas de án-
geles con cuerpos de grifosV Se enga-
ña. ¿Logra encauzar su genio poten-
te, si esta empresa cabe en lo huma-
noV Bchegarajr será indudablemente
el regocijo y la maxftvílla de sus
tiempos. Y aquí damos remate & nues-
tra desmafiadia faena, pidiendo perdón
á nuestros benévolos lectores j á la
sombra de los antepasados. T al des-
pedirnos de la sombra de nuestros
mayores, un grito involuntario se
arranca de nuestro corazón: ¡Salve,
tumbas de nuestra patrial ¡Salve, ge-
nio de los antiguos!
Literero. Ausculino. El qna guia,
vende ó alquila literas.
BnMOLOofa. LUtrat catalán, IlUe-'
rer»
Liteiilla, Femenino diminntivo de
litera.
Literomania. Masculino. Uanfa
por escribir Ó parecer literato.
Literámano, na. Masculino j fe-
menino. Bl que estíl afectado delite-
romania.
Lites. Mascnlíno plural. Vos grie-
ga equivalente i preces.
Etiuolooía. Griego Xhi) (Ua), sú-
plica.
Litiasis. Femenino. Mediana, Mal
de piedra.
ETiitOLOQÍA. Griego Xi6(at9i< ( lithia-
sis), forma de XtOtov (Utku^Jf de Xfdoc
(lUhot)t piedra: franeés, UAU»$, U-
thiasie.
Litiato. Masculino. Química. Com-
binación del ácido Utico con una
base.
EnMOLOofa. ZUia>,
Litico, ca. Adjetivo. Química, Epí-
tetodeunácidoproeedentedellitio. ||
Calificación de las sales cuya base es
el litio.
ExmOLoaÍA. Griego Hfkxi (Utkos),
piedra: francés, Uthique.
Litigable. Adjetivo. Que puede li-
tigarse.
Litigación. Femenino. La acción
y efecto de litigar.
Etiuolooía.. Litigar: latín, A/^a-
tio, en las glosas de Filoxeno, certa-
men, disputa, forma sustantiva abs-
tracta de Rttgatia, litigado.
Litigadamente. Adverbio de mo-
do. Por medio de litigio.
EriMOLOofA. Lit^ada y el sufijo
adverbial mente.
Litigador, ra. Masculino y feme-
nino. El que litiga.
ETiuoLOofA. Litigar: latín, titila-
tor, Htígdtrix^ masculino y femenino;
forma agente de UdgSrtt utigar: ita-
liano, liiigatore.
Litigante. Participio activo de li-
tigar. El que litiga. Se usa más co-
munmente como sustantivo masculi-
no; y así se dice: bl litioa,ntb.
Etiuoloo£a. Latín ktíganSt antis,
forma adjetiva de Utíjfare^ Utigar: ca-
talán, lituanf; firances, liíigant, anít;
italiano, litigante.
Litigar. Activo. Pleitear, disputar
en juicio sobre alguna cosa. | Metá-
fora. Altercar, contender.
ETiHOLoaÍA. Latín litigare; de lit,
litis, contienda, y el sufijo igaret fre-
cuentativo de agSre, hacer: catalán,
litigar; italiano, litigare.
Litigio. Masculino. Pleito, alter-
cación en juicio. | Metáfora. Disputa,
contienda.
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462 LITO
LITO
LITO
■ Etimología. Litigar: latín, ÍI/IP
gium; ittliaDo, litigio; francés, liHge;
provenzal j catalán, Uiigi.
Litigiosamente. A.dTerbio de mo-
do. CONTBNCIOSAMENTB.
ETiMOLOofA.. Litigiosa j el sufijo
adverbial mente.
Litigioso, sa. Adjetivo. Lo que
está en duda j se disputa. | El c^ue es
propenso á mover pleitos 7 litíffios.
EriuoLOofA. Litigio: latín, lltíaid-
tut; italiano, litigioso; francés, iiti-
gieux; catalán, litigiós, a.
Lit^o. Masculino anticuado. Ltxi-
oia
Litina. Femenino. Q,uimea. Espe-
cie de álcali que se encuentra en el
reino mineral.
ETiHOLoaÍA. Griego Uthos, piedra.
Litio. Hasculino. Q«ín»ca. Metal
que sirve de base & la litina.
EriuoLoaÍA* lÁtvm latín técnico,
lithin%m.
Litis. Pleito.
Etiuoloqía. Latín ¿m, ^tis.
Litisconsorte. Común de dos. Fo-
rense. KI <^ue litiga por la misma cau-
sa ó interés de otro, femando con él
una sola parte.
Etucología. Litis j consorte.
Litiscontestación . Femenino.
Forense. La respuesta de la demanda
judicieL~
Litisexpensas. Femenino plural.
Forense. Los gastos 6 costas causados,
6 que se presume Tan á causarse, en
el eojgqimiento de un pleito.
Litispendencia. Femenino. Fo-
rense. El estado del pleito pendiente
y sin determinar.
Litium. Masculino. Litio.
Lito. Prefijo técnico, del griego
"kíbot: (Uthos), variante de Xia^ (le'as),
piedra, roca; que es el sánscrito laus-
tas, terrón, arcilla; del rerbo
(ln$), romper. (Sistmas de Bopp y de
Grimu.)
Litocálamo. Masculino. Mineralo-
gía. Caña fésil.
Litocarpo. Masculino. Fruto pe-
trificado.
Etuholdoía. lAto j karpds, finito:
francés, Uthocarpe.
Litoclastia. Femenino. Cirvgia.
Procedimiento operatorio que consis-
te en fracturar los cálculos en la ve-
jiga, valiéndose de un instrumento
curvo, el cual obra, ora por percu-
sión, ora por percusión y presión com-
binadas.
ETiHOLoaía.. Litoclasto: francés, li-
thoclastie,
Litoclasto. Masculino. Cirugía.
Instrumento curvo, empleado en la
operación de la litotrícia.
Etiuolooía. Griego Uthos, piedra,
j kUo (xXáw), ^0 rompo: francés, li~
thoelatle.
Litocola. Femenino. Betún que se
hace con polvos de mármol, pez cla-
ras de huevo, y se usa para pegar las
piedras.
ETiMOLOofA. Griego Uthos, piedra,
y kálla; Xi6ox¿XXii: francés, litnocoile.
Litocromía. Femenino. Litogra-
fía. Procedimiento por cajo medio se
imprime en una tela un dibujo en ne-
ffro, teniendo el fondo de diversos eo-
lona.
BTUiOLoafa. Griego ¿íMffs, piedra,
y ekrííma, eolor; XíOoc XP*^- f^sncés,
liíAoehromie.
Litocrómico, ca. Adjetivo. Con-
cerniente á la litocromía.
Etiiíología. Litocromía: francés, U'
thochromique.
Litocromista. Masculino. Artista
dedicado á las impresiones litocrómi-
cas.
Etimología. Litocromía: francés, li~
tkochromiste.
Litodendro. Masculino. Zoología.
Epíteto de muchos pólíoos fósiles.
EtiholooÍa. Griego Uthos, piedra,
y déndron, árbol: francés, lithwUndre.
Litodialiais. Femenino. Medicina.
Toda especie de tratamiento que tien-
de á disolverlos cálculos en la vejiga,
bien indirectamente por medio de me*
dicamentos administrados al interior;
bien directamente, valiéndose de re-
activos químicos, inyectados en la ve-
jiga. B Cirugía. 'Toda operación que
tiene por objeto dividir los cálculos
de la vejiga en fragmentos pequeños;
de tal suerte, que puedan salir por el
conducto de la uretra.
Etimología. Griego Uthos, piedra,
{r diálvsis; XíQo^ SiáXurt^, disolución de
a piedra: francés, lithodialyse.
tátodrásico, ca. Adjetivo. Cim-
g(a. Propio para asir los cálculos for-
mados en la vejiga.
EtuiolooIa. Griego Uthot, piedra,
y drássó, yo cojo con la mano, manu
eomprehendo: Xt6o;Spás«cü.
Citófago, ga. Adjetivo. Que come
piedras, en cuyo sentido se dice: ani-
males litópaoos. D Sustantivo plural.
Los litóitaqos.
Etimología. Griego Uthos y pha-
gein, comer: francés, liíhophage»
Litofania. Femenino. Transparen-
cia de la piedra.
Etimología. Griego X(9oc (Uthos),
piedra, y <p3v¿{ (phüMÍi), brillante; de
<pa(vitv (phaínein), brillar: francés, lt~
íhopkante.
Litofélico, ca. Adjetivo. Qfltimiea,
Ácido litofélico. Acido que se halla
en los bezoares de Oriente.
Etimología. Lito j el latín fel,fel-
lif, hiél, bilis: francés, Uthojelligue y
lithofellinique.
Litófila. Femenino. Historia natu-
ral. Hoja fósil.
Etimología. Lito y el griego jíAy/-
lon, hoja: francés, lithophile.
Litófilo, la. Adjetivo. Botánica.
Dícese de una planta que crece en las
rocas.
Etimología. Lito y phllos,nmzxiXe:
francés, lithophile.
Litofito. Masculino. Historia natU'
ral. Producción marina que reúne la
dureza de la piedra y la forma de la
planta.
Etimología. Lito y phyton, planta:
X(0o^ i9'j6ov.
Litofósforo. Masculino. PiBDBA
fosfórica.
Etimología. Lito y fósforo.
Litofotografía. ]^emenino. Arte
de fijar sobre la piedra Htogrifica un
dibujo, á cuyo efecto concurre la ac-
ción de la luz, quedando habilitada la
piedra para la sucesiva estampaeida
de ejemplares en papel.
Etimología. Lito y fotografía.
Litogenesia. Femenino. Parte da
la mineralogía que tiene por objeto
investigar cómo se forman las pie-
dras.
Etimología. Litojgéntñt: francés,
lithogenésie.
Litogaognosia. Femenino. Cono-
cimiento de las piedras que existen
en el globo.
Etimología. Griego Uthos, piedra;
ghe, tierra, y gndiit, conocimiento: X(-
6ot, Yí» r'wffn,
Litoglifico, ca. Adjetivo. Concer-
niente al grabado en piedra.
EtuiolooÍa. Lit^Ufo: francés, Ur-
thoglypki^ue.
Litoglifita. Femenino. Historia na-
tural. Nombre de unas piedras que
parecen esculpidas por el arte, siendo
productos naturales.
Etimología. LiíógUfo,
Litóglifb. Uasealina Grabador en
piedra.
Etimología. Griego XtOovXúfoc (l^
íhoglvphos); de Uthos, piedra, y y^<>-
fn» (ofypíein), tallar: francés, Utko-
glgphe.
Litografía. Femenino. El arte de
dibujar en piedra preparada al efecto,
Sara multiplicar los ejemplares de un
ibttjo ó escrito. También se llaman
asi estos mismos ejemplares, así como
el establecimiento ó taller del litó-
grafo, en cuyo sentido se dice: «abrir
una litografía. >
Etimología. Griego Uthos, piedra,
y grapheta, descripción; XÍ60? yfxffKía:
italiano y catalán, litografía; francés,
litographie.
Reseña. — El alemán Senefelder in-
ventó el procedimiento de la lito-
GBAPÍA en 1793.
Litografiable. Adjetivo. Que pue-
de ser litografiado.
Litogiwiador, ra. Hasculino j
femenino. LiTÓasAFo.
litografiar. Activo. Dibajar 6 es-
cribir en piedra.
Etimología. Litografía: catalán, ii-
íograjiar; francés, litkograpkier; ita-
liano, litografare.
Litográficamente. Adverbio de
modo. Por medio de la litografía.
Etimología. Litográfica y el sufijo
adverbial mente.
liitográfico, ca. Adjetivo. Lo que
pertenece á la litografía.
Etimología. Litografía: catalán, ¿i-
tognlfich, ca; francés, lithographigue;
italiano, litografico.
Litógrafo. Masculino. El que so
ejercita en la lito^frafía.
Etimología. Litografía: catalán, li-
tógrafo; francés, lithographe; italiano,
lilografo.
Litoide. Adjetivo. Didáctica. Que
tiene la apariencia de una piedra.
Etimología. Lito y éidos, forma:
francés, Utholde.
Litoideo, dea. Adjetivo. Litoide.
Litolabo. Masculino. Cirt^ía. Te-
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UTO
LITO
LITU 463
iwcilU para asir la piedra de la vejí-
gft á fie de triturarla.
EtimolooÍa.. Lito j labein, coger,
aair: francés, UíAolaM,
Litolisis. Femeniao. Medicina. Di*
solucióu de los cálculos de la vejiga,
i b6nefício de las anbstauciaa ínjec-
Udas.
BtuiolooU. Lito j tjfiiit diiola-
áón: francés, Uíholyse.
Litologia. Femenino. Parte da la
historia natural que tiene por objeto
tratar de las piedras.
BrnfOLOOÍA. Lito j lógoty tratado:
francés, Utkologie,
Litoiógicamente. Adverbio de
modo. Por medio de la litologta.
BtuioloqU. LitolÓgica j el sufijo
adverbial mente.
litológico, ca. Adjetivo. Concer-
niente á la litol(»^ía.
EnMOLOOÜ.. &tologia: francés, li-
tiolo^igue.
Idtologo, ga. Hasoaliiio j feme-
nino. Bl que se ocupa de litoIogía.
ETiifOLOOÍA. Litologia: francés, U-
tkolf^ue.
latomancia. Femenino. Adivina-
ción por medio de ciertas piedras.
B-nuoLOoU. Lito j manteía, adivi-
nación: francés, iitnomancie.
Litomántico, ca. Adjetivo. Con-
cerniente á la lítomancia.
Utomarga. Femenino. Especie de
arcilla.
ETiifOLOoU. Francés lithomarge.
Litomorfita. Femenino. MineraUh-
jia. Nombre de varias piedras que
presentan dibujos naturales.
EmiOLoaU. Lito j norphe, forma:
francés, Utkomorphite.
Litontriptioo, ca. Adjetivo. Me-
dicina. Nombre de las substancias que
se conceptúan eficaces para destruir
los cálculos de las vías urinarias.
BruoLoaÍA. Griego XíOov (HthonJ^
acusativo de XHo^ (litkos), piedra, j
tfíStv* (fríbeinjf moler: francés, litáon-
briptiqiu.
tiitopedia. Femenino. Medicina.
Conversión del feto en piedra dentro
del seno materno.
BTiMOLOaf A. Liio y paU (mtc),
niao.
Litopédico, ca. Adjetivo. Concer"
Diente a la litopedia.
Litoplatonia. Femenino. Dilata-
ción de la uretra.
Etiuolooía. Lito y platos («Xíto»;),
anchura.
látoral. Adjetivo. Epíteto de lo
que está á la orilla del mar. Se osa á
Veces como sustantivo.
EnuoLoaÍA. Latín lilíut, ¡SriSy ri-
bftH; litíordlit, litoral: italiano, liío-
nk; francés, Utíoral, ale.
Utorela. Femenino. Botánica. Gé-
nero de plantas dicotilediSneas qae
crecen á orillas de los estanques.
EnuoLooÍA. Litoral.
Idtoscopift. Femenino. Medicina.
Bxploneidn hecha eon el lítosco-
pio.
EtiHOUKífA. Lito j skopéOf JO exa-
mino.
Litoscópicameate. Adverbio de
&odo. Por medio del litoseopio.
Etiuolooía. Litoecápica j el sufijo
adverbial mente,
Litoscópico, ca. Adjetivo. Gon-
cernieute á la litoseopia.
Litoseopio. Masculino. LiTÓs-
copo.
Litóscopo. Hasculino. Medicina.
Instrumento con que se reconoce la
presencia de la piedra en la vejiga.
Etiuolooía. Litosapia.
Litospermo, ma. Adjetivo. Botá-
nica. De frutos duros ¿ modo de pie-
dra.
ETiuoLoaÍA. Lito j ipérma, grano:
francés, litkosperme.
Litotes. Femenino. Retórica. Es-
pecie de sinécdoque con que, negan-
do lo contrario, se da á entender más
de lo que se expresa, como cuando de-
cimos que no anumott para significar
que aborrecemos; 6 que no ahvneeemoi,
para significar que amamos.
EnuoLOofA. Griego Xtténic^ít/tff 2<j;
de Xiió; (litótj, tenue, pequeño: latín,
UtStet; francés. Ufóte,
Sentido etimol^ico. — ^El griego Xtxó-
■ttiti equivale rigurosamente a tenuidad.
Litotipo^rafía. Femenino. Arte
de reproducir en la piedra una plan-
cha impresa en caracteres ordinarios.
BTiuoLOofA. Lito y tipografía: fran-
cés, Ulhoti/pographie.
Litotipográfioo, ca. Adjetivo.
Concerniente á la litotipograTia.
Litotlibia. Femenino. Cirugía.
Nombre dado al aplastamiento de un
cálculo friable.
EriuOLoaÍA. Griego X£6o; (Uthot),
piedra, v dXífietv (thUbtin), aplastar:
francés, litkothUUe,
Litotomia. Femenino. Cirmgia. La
extracción de los c&lculos 6 piedras
que se forman en la vejiga de la ori-
na, la cual se verifica por medio de
una incisión en el cuello ó paredes de
este órgano.
Etiuolooía. Lito y tomi, sección:
francés, lithotomie,
Litotómico, ca. Adjetivo. Concern
niente á la litotomia.
Litotomiata. Masculino, El ciru-
jano muy práctico en operaciones li-
to tÓmicas.
BrmoLOOÍA. Lilotomia: firancés, li-
thotomitte,
Utótomo. Masculino. Cirugia,
Nombre de los instrumentos que in-
tervienen en la operación de la talla.
Ztiuoloqía. Lttolomía: francés, li~
thotome.
Litotresia. Femenino. Cirugía, Ac-
ción de triturar los cálcul» en la ve-
jiga-
Ktiuolooía. Griego llíhos, piedra,
V íresis (Tp^ji?), perforación: francés,
liíholr/sie.
Litotríbo. Masculino. Cirw^ia. Ins-
trumento propio para pnlvenzar los
cálculos de la vejiga.
Etiuolooía. Lito y tríbein, moler.
Litotricia* Femenino. Cimgia. La
operación de pulverizar 6 de reducir
á pedazos muy menudos, dentro de la
vejiga de la orina, las piedras ó cálcu-
los que haja en ella, á fin de que pue>
dan salir por la uretra.
ExiuoLoaÍA. Vocablo kíbrido; A9Í i
griego UíAos, piedra, y del latín terí-
re, triturar: francés, tithotrilie.
Litotriciable. Adietivo. Que pue-
de ser litotriciado. (Caballbbo.)
Utotriciar. Activo. Practiear la
litotricia. (CABALLsao.)
Litotrifico, oa. Adjetivo. Qua tie-
ne la propiedad de disolver las (áa-
dras de la vejiga.
Etiuoloou. Litotricia y el latín
faceré,
Litotritico, ca. Adjetivo. Concer-
niente á la litotricia.
LitóxUo. Masculino. Historia Ha~
tural. Especie de fósil petri0cado. |
Vegetal que se petrifica.
Etiuolooía. ¿ito ^ aylon, madera;
XtOo^ (úXov: francés, Ittkozgle.
Litráceo, caá. Adjetivo. Botánica.
Concerniente 6 semejante á la sali-
caria.
EtuiolooIa. Litrario,
Litrariáceas. Femenino plural.
Botánica, Familia de plantas dicotile-
dóneas, más comunes l»jo los trópi-
cos que en los demás climas.
Etiuolooía. Griego Xtíttpov
thronjt sangre coagulada, cuyo color
tienen las flores de dichas plantas:
latín técnico, ltthrabia salicarié, de
Linneo; francés, lytkrariées,
Litrarío. Litbariácbas.
Litro. Masculino. Medida de capa-
cidad que sirve pan áridos y líqui-
dos, T (^ue es un cubo cuyo lado tiene
un decímetro cuadrado. Equivale á
poco menos de dos cuartillos de la
medida de Castilla para líquidos.
Etiuolooía. Griego Xíx^ (lUra),
ana libra: bajo latín, lUra, Ustra; ita*
liano, Uíro; francés y catalán, Utre,
Reseña» — Del griego litro, nombre
de una antigua medida que usaban
los griega para los líquidos, ^ en el
nuevo sistema de pesos y medidas se
ha aplicado á la unidad usual de las
medidas de capacidad y arqueo para
áridos y líq^uidos. El Ittro (poco me-
nos de media aznmbre) es igual al vo-
lumen de un decímetro cúbico. Un
litro de agua destilada pesa un ki-
logramo. (MONLAU.)
Litrómetro. Masculino. Física.
Instrumento propio para medir la pe-
sadez específica de los cuerpos.
Litnanio, nia. Sustantivo y adje-
tivo. Natural 6 propio de la Lítua-
nia. B El litdanio; idioma de la fa-
milia eslava, hablando en Lituania.
Entre todos los dialectos eslavos es el
que tiene más semejanza respecto del
sánscrito. (Littré.)
Lituo. yLa.sca\iao. Antigüedades.
Instrumento militar músico de que
usaron los romanos, semejante á la
trompa, y encorvado casi en círcu-
lo. |j El cayado ó báculo de que usa-
ban los augures, como insignia de su
diguídad. I Entre nosotros, lo usaron
también los obispos.
Etiuolooía. Latín lít^us, baatón
encorvado por la parte de arriba, de
que usaban los augures; clarín, cuer-
no de caza.
1. Baculnm, ^uem uxuuic a^Ua-
vere; «el báculo al cual llamason li-
,TUO.> (TiToLivxo.)
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464
LITU
2. Jam MTUUS pi^na signa daturus
eraí; <ja el clarín iba á dar la gefial
del combate.» (Ovidio.)
3. Créese que lílaut es de origaa
etrasco. (Db Mioubl j Morante.)
Lituolita. FemeuiQO. Coiwuiiiolo-
gU» Género de conchas univalvas.
BT1K0I.0QÍA. Latín lUímSy cuerno
de caza retorcido, j el griego Uthot^
piedra, por semejanza de forma.
Liturgia. Femenino. £1 ordenóla
forma que ha aprobado la Iglesia para
celebrar loa oficios dÍTÍnos; j especíal-
menfae» el santo sacrificio de la misa.
EnuoLOoU. Grieffo X«toupY(a (lei-
lourgia); de Xijtxo^ (Iditos), público,
forma de ^«ik (laósj, pueblo, y ep^o''
(érgon), obra: latín, titargla, la for-
ma» rito y modo de celebrar los oficios
liturgia; francés, liíwffü; catalán, li-
íurgto.
Confirma la anterior etimología el
siguiente dato:
XjITUboia: compuesto del griego
iHtos, público, formado de Uós, laót,
pueblo, j de érgon, obr*. Culto públi-
co dado a Dios, orden establecido para
los oficios j laa ceremonias de la Igle-
sia. (MoNLAU.) — fLa forma, rito y
modo de celebrar el Santo Sacrificio
de la Misa. ^ los Oficios Divinos, j
cualquien ministerio piadoso. £s voz
griega.> (Acadbhia, Dicdmarío de
Reseña, — 1. Nombre aue designa,
en el lenguaje de la Iglesia, ya las
diferentes partes de la misa, ya sola-
mente la consagración. Instrucciones,
oracíonos, las fracciones del pan, es
decir, la celebración de la santa Eu-
caristía, constituía la litobou de la
primitiva Iglesia.
2. No tenemos las fórmulas de las
oraciones de los primeros cristianos,
determinadas sin dnda, en su parte
esencial, por los apóstoles, y regla*
mentadas sucesivamente por los pri-
meros obispos, pues no se transmitían
más nue oralmente.
3. Las UTUBQiAS que llevan loa
nombres de san Pedro, de ^an Mar-
cos, de Santiago, etc., uo fueron es-
critas por estos apóstoles, sino mucho
tiempo después y fundándose en la
tradición. La primera litubqxa. escri-
ta se halla en las Constiíucionet apos-
tolicat, j se cree que data del afto .390
y que las demás son de principios del
siglo T.
4. En Oriente, hay la de los cop-
tos, la de los abisinios ó cristianos de
Etiopía, la de los sirios, la de los nes-
torianos, la de los armenios j la de
los griegos.
5. En Occidente, se cuentan cua-
tro: la de Roma ó grigoriana; la de
Milán ó amhrQsiana;\9k de los galos ó
galUcana; y la de Espaüa, ó sea la
gótica <f mutárabe.
6. Laa liturgias son monumentos
que pueden servir para hacer constar
la perpetuidad de la fe en la Iglesia.
Litúrgicamente. Ad verbío de mo-
do. Según prácticas litúrgicas.
BnwOLoaÍA. Litúrgica y el sufijo
adverbial m^nte.
LIVI
Litúrgico, ca. Adjetivo. Lo que
pertenece á la liturgia.
EtiholooÍa. Liturgia: griego, lei-
íourgikós (XiiToupYtxó^); italiano, litúr-
gico; francés, Uturgique¡ catalán, li~
túraich, ca.
Liturgista. Masculino. Bl que co-
noce bien la liturgia.
^TiuoLOQÍA. Liturgia: francés, U-
tur aisle.
Liare. Adjetivo anticuado. Libbs.
Linva I, Rey de los visigodos, que
ocupó el trono de Bspafia de 567 á 572.
Era gobernador de la Septimania bajo
el reinado de Atanagildo, y cinco me-
ses después de la muerte de éste fué
elegido sucesor suyo. Con el fin de
resistir á las continuas tentativas que
hacían los francos, para invadir el
Mediodía de la Galia, estableció su
fobierno en Narbona. Esto dió envi-
ía i los visigodos de España, excita-
dos ya contra Liuva por los grandes
que habían sido sus competidores para
la corona. Los generales del imperio
aprovecharon aquel estado de cosas
para apoderarse de una parte del im-
perio de los visigodos; y Liuva se vió
precisado á ceder el gobierno de Es-
paña á su hermano Leovigildo, que
restableció el orden, reinando él cua-
tro años más en la Galia narbonease.
Liuva IL Rey de los visigodos, que
nació en 581 y murió en 603. Sucedió
en 601 á su padre Recaredo, y en su
corto reinado manifestó excelentes
cualidades para el gobierno. En 603,
Witerico, hijo del segundo matrimo-
nio de Recadero, se sublevó contra
Liuva, y habiéndole hecho prisionero
en un combate, le mandó dar muerte.
LiTerpool. Masculino. Geografía.
Ciudad del condado de Lancister, en
Inglaterra, fundada «n la desemboca-
dura del Mersey, una de las más co-
merciales del mundo. 600.000 habi-
tantes.
ETiuoLOOfA. Nombre propio Liver
y el apelativo pool, que se pronuncia
pul, estanque, río: «río de Liver.»
Livialdade. Femenino anticuado.
Liviandad, ligereza.
Livianamente. Adverbio demodo.
Deshonestamente. I Con ligereza, sin
fundamento. || Metáfora. Superficial-
HBNTB.
EtiuolooCa. LiwMa y el sufijo ad-
verbial mente.
Liviandad. Femenino. Ligereza ó
Eoco peso de alguna cosa. J Metáfora,
igereza, inconstancia del ánimo, y
Incontinencia.
EtiuologÍa. «Significa también im-
prudencia, poco juicioy ligereza deáni-
mo; y muchas veces por incontinencia,
especialmente hablando de las muje-
res.» (kcADzuiÁt Diccionario de 17¡¿Ú.j
Liviandade. Femenino anticuado.
Liviandad.
Livianez, za. Femenino anticua-
do. Liviandad.
Etiuoloqía. «Lo mismo que livian-
dad. Trahe esta voz Nebrija en su Vo-
cabulario, pero uo tiene uso.» (Acade-
mia, Diccionario de 1 li6.)
Liviano, na. Adjetivo. Ligero, de
poco peso. Q Metáfora. Fácil, incons-
LIVI
; lante. Q Lo que es de poca monta. [
Lascivo, incontinente. Q Masculino
plural. BoFBij. También tiene algún
uso en singular.
ETiifOLQOÍA. Leve. Liviano represen-
ta leviano.
Lívidamente. Adverbio de modo.
Con lividez.
ETiMOLoafA. Lívida y el sufijo ad-
verbial mente: latín, lltUdi,
Lividu. Masculino. La calidad de
lívido.
ErufOLoofA. Livido: provenzal, ti-
viditat; francés, lividité; italiano, livi-
dezía.
Livido, da. Adjetivo. Auobát&dü.
Etiuoloqía. Latín ^vUus, forma
adjetiva de livere, estar cárdeno, amo-
ratado: italiano, lívido; francés del si-
glo XIV, luit y liviíe; moderno, livide;
catalán, lívido, a.
Lividoso, sa. Adjetivo. Horrible-
mente lívido.
Liviendat. Femenino anticuado.
Ligereza, inconstancia.
JStiuologÍa. Liviandad.
Livio, vía. Adjetivo anticuado. Lf-
VIDO.
Livio (TiTO^. Bl más ilustre de los
historiadores latinos, que nació en
Padua el año 695 de la fundación de
Roma. Trasladado á está capital, con-
trajo amistad en ella con los hombres
mas eminentes de su tiempo y obtu-
vo el favor y estimación de Augusto,
que solía proporcionarle memorias
para escribir la historia romana. Des-
pués de la muerte de este príncipe,
volvió á Padua, donde falleció preci-
samente el mismo día que Ovidio, en
el año 21 de Jesucristo (el 19 según
otros) y cuarto del reinado de Tiberio.
Algunos críticos han tachado en este
escritor lo que ellos llaman su patam-
nidad, esto es, cierto aire y saborcjHo
paduano en el estilo y u lengusiei
que tenía algo de chocante para los
oídos romanos; pero es lo cierto que
hasta ahora no sabemos puntualmen-
te en dónde se llalla ó en qué consiste
esa misteriosa palavinidad, que tanto
y tanto se pondera y tan poco se
determina y señala. Entre todas Us
obras de Tito Livio, la que mayor re-
putación le ha dado es su magnífica
Historia de Roma, que comienza desde
la fundación de esta ciudad y se ex-
tiende hasta la muerte de Druso en
Alemania. Sólo nos quedan 35 libros
de los 140 en que se hallaba dividi-
da, y la belleza y reconocido mentó
de los que conocemos, hacen doble-
mente sensible la pérdida de los que
faltan y no han podido encontrarse,
á pesar de las vivas diligencias prac-
ticadas al efecto. Sin embargo. «"J
historia debía existir aun completa »
principios del siglo v, pues Símaco.
que no murió hasta después del
afio 404, escribe estas notables pala-
bras (4, Ep. 17): Pritcas Gallorm me-
morias de/eni in manns tuas postunu,
revolve Paiavini scriptoris extrema,
bus res C. Casaris explicaníur. Aun
debían existir también en tiempo ae
Sidonio Apolinar, que falleció unos
setenta años después que Síiuaco,f
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LIZA
LOA
LOAR 465
(tiu tamUén pOTsupaxte(9} Ep. 14):
Si mittanturqua de tit%Us dictatoria
inticti tcripta Paíamni$ $unt volumini-
h$, etc. Ésta preciosa obra dió tan
ginenl j merecida fama á Tito Livio
(no embargante su tantas veces ds-
anUAti patavinidad), que, según nos
cuenta Plinio el Joven, un docto espa-
ñol admirador de los talentos del es-
critor padaano, hizo exprofeso un via-
je á Etoma por sólo tener el gusto de
conocerle y conversar con él. Por lo
demás, el estilo de Tito Livio es fran-
co, noble j natural; la narración cla-
ra, para, unida j bien ordenada, j los
discursos t arengas de que se halla
sembrada la historia, son verdaderos
modelos de elocuencia en su género.
(Db HiaOBL J MOBANTS.)
Livistona. Femenino. Género de
palmeras d« Nueva Holanda.
láTÓn, na. Sustantivo 7 adjetivo.
Livonis.
Livonés, sa. Sustantivo j adjeti-
vo. Natural 6 propio de Livonía, pro-
vincia de Rusia.
Livor. Masculino anticuado. Cab-
DEHAL, por la señal que dejan en el
cuerpo los golpes ó contusiones. || £1
color cárdeno. | Metáfora. Maligni-
dad, envidia, odio.
Etiholooía. LMdo: latín, Awr.
(CicsaÓH.)
lÁTorado, da. Adjetivo. «Lo mis-
mo que acardenalado. Es voz anti-
cuada.» (Acádbmia, Diceknario de
im.)
E-mioLoafjk. Ztwr.
Livorar. Activo antionado. Aoab-
DBMAUB.
LixÍTación. Femenino. Química.
Operación que consiste en lavar las
cenizas ú otras materias para extraer
las sales alcalinas que pueden conte-
ner.
HnHOLoafA.. Lixivial,
Lixivial. Adjetivo. Qwíaiíca. Cali-
ficación de las sales obtenidas por
liiivación,
ETiuoLoaÍA* Latín lextúum j liaif-
BM, lejía; del antiguo liaa, agua, j
iix, ceniza , según Nonio Marcelo :
italiano, liteivaj lUtio; francés del si-
glo XVI, lexive; moderno, letsiw; cata-
lán anticuo, lexia; moderno, Úeixiu.
Lixivioso, sa. Adjetivo, Lixivial.
Liso. Masculino anticuado. Luju-
KU.
Lizo ó l4jo. Masculino. «Pescado
del mar, cartilaginoso y chato, que
tiene la cola gruesa j el cuero ó piel
tan áspero, que parece una lima, csír-
Tense de él, después de seco, los en-
talladores carpinteros para pulir j
alisar sus obras de madera, y le lla-
inaa también Lixa, Tiene diferentes
nombres, porque en Andalucía le 11a-
inan Pinto, roxa, y en Galicia v Astu-
"M le llaman Melganho (Melaaño},*
(icADHMiA, Diccionario de 1726.)
Liza. Femenino. Pez. Mújol. Q El
campo dispuesto para que lidien dos
o mas personas. ^Lid.
BnuoLoaíi. 1. Latín tfcíum, tra-
"»» urdimbre: bajo latín, licia, esta-
«í »wí«, una serie de estacas ó palos
^ tono de oa eastiUo, de un cam-
po, de una poblaei6n; italiano, Uedo,
empalizada; litta, barrera; francés,
lice; provenzal y catalán, it«a;BerT^,
iices; inglés, list; bajo bretón, les; me-
dio alto alemán, letu, antemural.
2. Esta derivación resume las eti-
mologías de Du Cange, Diez y Schel-
1er. — «Cierto género de pescado del
mar, que tiene la cabeza muy grande,
á proporción de lo demás del cuerpo.
Se llama también el campo de batalla
en que lidian dos<S más personas. Se
toma muchas veces por la misma lid,
contienda ó batalla. Trábelo en este
sentido Nebrija en su Vocabulario.»
(AcADBMiA, Diccionario de 1726,)
Lizar. Activo anticuado. Alisar.
Lizarda. Femenino. Especie de
lagarto. || Plural. Telas fiibneadas en
el Cairo.
EriMOLOofA. Francés, iáard, la-
garto.
Lizaroles. Masculino plural. Lis-
tones de madera en que sa colocan los
lizos.
Lizo. Masculino. El hilo 6 estam-
bre de una tela ó tejido. Se usa más
comunmente en plural, fl Cada uno de
los hilos en que los tejedores dividen
la seda ó estambre, para que pase la
lanzadera con la trama.
ETiHOLoaÍA. Latín ticíum, la trama
ó urdimbre, el lizo de ella.
Lizón. Masculino. Alisma, planta.
Lo. €h-amática. Forma neutra del
articulo indicativo. | Forma masculi-
na y neutra del tercer pronombre per-
sonal.
ETXMOLOOfA. Le.
Reteña. — 1. El artículo determina-
tivo tselt la: el hombre; ¿«mujer.
2. La forma neutra as: lo bueno, lo
malo, lo imposible, como cuando de-
cimos: «be hecho los imposibles,»
esto es, «todas las cosas imposibles, >
cuvo ejemplo demuestra que el sen-
tido neutro es equivalente al sentido
abstracto.
3. El tercer pronombre personal es
le y lo para el masculino, según los
casos. Cuando se trata de seres ani-
mados, debe emplearse le, como en el
ejemplo que signe: «estuve en casa de
mi padre y no pude verle.» Al tratar
de cosas inanimadas, debe emplearse
loj como en este ejemplo: «anduve
medio día en busca del monte y no
me fué posible hallar/o.»
4. Ea cuanto al femenino, las for-
mas del pronombre son le y la. El le
se emplea en dativo, esto es, en el ré-
gimen indirecto, como cuando se dice:
«vi á María y le di (á ella, dativo) el
recado que Pedro me dió.» La forma
la se emplea en acusativo; es decir,
en el régimen ó complemento directo,
como cuando decimos: «¡qué ganas
tenía de verla!» Esto es: ¡qué ganas
tenía de que ella fuera vista por mí!
«Vería j quererla (acusativos), todo
fué obra de un momento,»
5. El empleo de ta en dativo, no es
gramatical. Por consiguiente, la ex-
presión: LA dije no se debe admitir.
Loa. Femenino. El preludio ó pró-
logo que precede á. las comedias j á
otros dramas, l Alabanza.
EtiuolooU. Latín lavsi italiano,
laude (que es el ablativo del latín laut,
laudis): francés, los; provenzal, /aiu,
lau: catalán, loa, Iloa,
Loable. Adjetivo. Lo digno de ala-
banza. H Femenino. En algunas uni-
versidades se llama así el refresco que
se da con motivo de algún grado ó
función literaria.
EtiuolooÍa. Loar: catalán, lloable.
Loablemente. Adverbio de modo.
De una manera digna de alabanza.
Etimolooía. Loable y el sufijo ad-
verbial menie: catalán, lloablemenL
Loadero, ra. Adjetivo anticuado.
Laudable.
Loadísimo, ma. Adjetivo luperlfr
tivo de loado.
Loado, da. Adjetivo. Alabado. |
¡Loado SEA Dios! Expresión con que
siguificamos nuestra alegría por la
realización de alguna esperanza. \
pecie de invocación religiosa, de que
aun se sirven en algunas provincias
cuando se entra en alguna casa. [[
También se emplea, á guisa de salu-
do, cuando se encuentran en la calle
6 en un camino. Al decir uno: ¡Loado
SEA Dios!, el otro contesta: «Por siem-
pre sea bendito.»
Etiuolgoía. Loan catalán, lloatt
da; fraucés, Iwé; italiano, lodalo; la-
tín, laudaíus.
Loador, ra. Masculino j femeni-
no. El que loa ó alaba.
EnuoLoaU. Lear: cataUn, lloador^
a; francés, loueur; provenzal, lautaire,
en nominativo; laiaador, régimen ó
complemento directo ( acusativo, en la-
tín); portugués, louvador; italiano, lo-
datare.
Loamiento. Masculino anticuado.
La acción y efecto de loar ó alabar.
Loancia, Femenino anticuado.
Loor, alabanza.
Loanda. Femenino. Especie de es>
corbuto.
Loanza. Femenino anticuado. Ala-
banza.
Loar. Activo. Alabar. || Anticua-
do. Dar por buena alguna cosa.
BriMOLoaÍA. Loa: latín, laudare; ita-
liano, lodare; portugués, louvar; fran-
cés, louer; provenzal, lawar, lauxar;
catalán, lloar; Hainaut, lauder; nor-
mando, toser; vralón, laiaeder.
Loarte (Albjandbo). Pintor espa-
ñol, que vivía en Toledo por los años
de ItíOO á 1640. Fué discípulo del
Greco é imitó el colorido y el estilo
de la escuela veneciana. Las principa-
les obras que se citan de él, son: La
multiplicación de los panes y de los pe-
ces, que pintó para el refectorio de los
mínimos de Toledo, y una caceria y
un corral, para casas particulares de
Madrid.
Loarte (Gaspab). Teólogo español,
que murió en Valencia en 1578. En-
tró en la Compañía de Jesús y pasó
casi toda su vida en Italia, donde di-
rigió los colegios de Genova y Mes-
sina. Sus principales escritos son:
Exercitium vitte caristiana; De ajUcto-
rum consolaliont y Tracíaius de sacrit
peregrinationibuSf stationibus et wdul^
geniit.
TOMO m
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466
LOBE
LoayM(QARcU db). Prelado es-
pañol, que nació en Talavera en 1479
7 marío en 1546. Sntró en la orden
de dominicog de San Pablo, en Pe-
ñafiel, el año 1495, j fué sacesíva-
mente profesor de filosofía, de teolo-
gía, recente de estudios, rector de San
refforio, prior en los conventos de
A.vi!a y Vailadolid, provincial de Ks-
paña, V por último, general de la or-
den. En 1532 le nombró Carlos V su
confesor, j al aüo siguiente, obis{)o
de Usma. Después le nombró presi-
dente del Consejo de Indias j de la
Cruxada. Fué ano de los que propu-
sieron que se diera libertad sin con-
diciones de rescate ¿ Francisco I. Car-
los V no le guardó rencor por esta
opinión, antes bien obtuvo para él el
capelo de cardenal, en 1530, j le nom-
bró sucesÍTamente obispo de Siguen-
za j arzobispo de Sevilla. LoAvsa
edificó en Talavera la iglesia de San
Ginés, en que fué enterrado.
Loaysa y Girón (Juan de). Pintor
y arqueólogo español, que vivía en
Sevilla en 1669. Fué canónigo de la
catedral de dicha ciudad y mu^ aficio-
nado á las artes. Contribuyó a la fun-
dación de la Academia de Pintura de
Sevilla^ y dejó varias obras curiosas
sobre las antigOddades de aquella ca-
pital.
1. Loba. Femenino. La hembra
del lobo.
Btiu<».ooí&. Latín l^tt: catalán,
llohA.
2. Loba. Femenino. El lomo qne
deja el surco del ando.
Ktdíoloqía.. Griego Xo6Íc (lobdt),
cubierta, vaina; j por extensión, par-
te pendiente.
3. Loba. Femenino. Sotana ce-
rrada. El manto ó sotana de paño ne>
gro que, con el capirote y bonete, for-
maba el traje que fuera del colegio
traían los colegiales de las órdenes
militares.
Lobado. Masculino. Veterinaria.
Tumor que comunmente padecen las
caballerías y otros animales.
ETUfOLOOÍA. Lobanillo.
Lobagante. Masculino. Especie de
langosta marina de color azulado con
pintas negras.
Lobanillo. Masculino. Tumor 6
bulto redondo que se forma lentamen-
te en algunas partes del cuerpo.
ETiMOLonfjL. Lobo^ que fué el ani-
mal que primitivamente lo padeció.
Lobato. Masculino. £1 cachorro
del lobo. H Nombre patronímico de
varón.
Lobato (Nicolás). Escultor espa-
ñol del siglo XVI. Residió en Zarago-
za por los años de 1542, en cuja épo-
ca trabajó con otros artistas en la si-
llería del coro de la catedral del Pilar.
Lobatón. Masculino. Gemianía. El
ladrón que hurta ovejas ó carneros, y
Nombre patronímico de varón; hoy,
apellido de familia.
Lobe. Masculino. QeografU taUi-
ffua. Pequeño territorio en los con-
fines de Lieja. (GésarO
ETnioLoofA. Latín Labuni castra.
Lobelia. Femenino. ¿o/áiuM. Plan-
LOBO
ta de adorno (lobeua tciphilitiea, de
Linneo),
Etimología. Zoiei, botanista fla-
menco, á quien Linneo dedicó este
género de plantas.
Lobeliáceas. Femenino plural. ¿a-
tánica. Familia de plantas, segrega-
das de las campanuláceas, cayo tipo
es la lobelia.
EtiuologÍa. Lobelia: francés, lobe-
liaeées.
Lobelina. Femenino. Químtca.
Substancia acre, hallada en la lobelia
injlata, y que parece semejante á la
nicotina.
Etimología. Lobelia: francés, lohé-
line.
Lobera. Femenino anticuado. Por-
tillo ó agujero por donde se puede
entrar y salir con trabajo. || Bl monte
en que, por su espesura, hacen gua-
rida los lobos.
Lobera (Atahasio db). Historia-
dor español que murió en Valladoltd
en 16U5. Pertenecía á la orden de
bernardos del Cítter,)y fué nombrado
cronista de Felipe II. Dejó las obras
siguientes: Historia de ¿a dudad de
León; Epístola historial al rey Feli-
pe IJ; Vida del bienaventurado Fray
Benito de Salamanca; Cronología de los
rey es de España y Crética grande del
reino de Galicia,
Lobero, ra. Adjetivo. Lo que per-
tenece ó se refiere á los lobM, como
postas LOBBBAS. U Masculíno. Espan-
tanublados.
Lobezno. Masculino. Cachorro del
lobo, ó lobo pequeño.
BriHOLOotA. Lobo: catalán, lloba-
ret.
Lobillo, lia. Masculino y femeni-
no diminutivo de lobo.
Etimología. Latín lüpUlut.
Lobina. Femenino. Pez, especie de
perca, que tiene dos espinas en la cu-
bierta de cada agalla, cuerpo platea-
do, aletas rojizas, y de ésta^ la pri-
mera dorsal, tan larga como la otra.
Etimolooía. Lobo,
Lobipedo, da. Adjetivo. Califica-
ción de las ares zancudas qne tienen
unidos sus dedos anteriores por una
membrana que ocupa toda la primera
falange.
Lobo. Masculino. Animal cuadrú-
pedo bravio, carnicero, semejante á
un perro mastín, y el más terrible
enemigo del ganado. || Pez, especie de
locha, de unas seis pulgadas de larg^,
con manchas parduscas sobre fondo
amarillo, y seis barbillas en los la-
bios. ¡I Astronomía. Una de las conste-
laciones australes. H Familiar. Em-
briaguez, borrachera. | Garfio fuerte
de hierro de que usaban los sitiados
desde lo alto de la muralla para de-
fenderse de los sitiadores. II Germanía.
Ladbón. i cerval ó CBRVAUio. Cua-
drúpedo, LINCK. I MARINO. Pcz g^Sudo
Í' feroz de cuerpo liso y viscoso, con
a aleta de la cola y las de la parte
anterior del cuerpo redondas, otra com-
puesta da espinas sencillas y sin aspe-
reza desde la nuca hasta muy cerca
de la primera, sin ninguna en el vien-
tre, y toda la boca armada de dientes
LOBO
de varios tamaficn y figuras. | knts-
MKTIÓSB 6 ARBBUANOÓSB Mo^^lLL^, T
COMIERONLA LOS LOBOS. Rofr&n ^ue re-
prende á los que se meten en nesgos
superiores i sus fuerzas. | Coosa um
LOBO. Frase. Pillar un lobo. || Cuan-
do BL LOBO DA EN LA DULA, ¡OUAT DB
QUIBN NO TiBNE MÁS QUB uka! Refrán
que explica cuán mal queda al primer
contratiempo el que tiene poco que
perder, y Dbl lobo un pblo, ó dbl
LOBO UN PBLO, Y ÉSB DB LA PRBNTB.
Refrán que enseña que del mezquino
se tome lo que diere, Db lo conta-
do COHB bl lobo. Befrán que advierte
3ue por más que se cuide de reí^u^
ar alguna cosa, no siempre se logra
su seguridad. Q Desollar bl lobo ó
LA zorra, etc. Frase. Dormir el que
se ha emborrachado. Suélese algunas
veces decir sólo dbsou.abla. | Ikbhib
BL LOBO. Frase. Dormir mientras dora
la borrachera. Q El lobo bstI bh u
CONSEJA. Refrán que se usa para avi-
sar que cese la conversación cuando
se murmura de alguno, que sin ha-
berlo advertido está presente ó llega
de improviso. || El lobo t la vulpeja
AMBOS SON DE UNA CONSEJA. Refrán
que indica la conformidad de inclina-
clones y dictámenes entre los que son
de mala índole. Q Esperar dbl lobo
CABNB. Frase metafórica. Esperar algo
de quien todo lo quiere paia sí. | £o
QÜB la loba HACE AL LOBO LB PLACE.
Refrán que enseña la facilidad con
que se aunan los que son de unas oiíb*
mas costumbres é inclinaciones. | Ifn-
DA BL lobo los DIBHTBS, T NO LAS
MIENTES. Refrán que advierta que los
maligno?, aunque crezcan en edad,
no suelen mudar de genio, p ViLut
un LOBO, UN CBRNÍCALO, UNA MOHA,
UNA ZORRA, etc. Frase metafórica j
familiar. Embriagarse. H Quien com
LOBOS anda á aullar sb bnsbña. Re-
frán con que se explica el poderoso
influjo que tienen las malas compa-
ñías para pervertir á los buenos. O
lobo X OTRO NO SB MUERDEN. Re&án
con que se explica que las personas
que tienen unos mismos intereses, u
disimulan mutuamente sus defeetw*
Q Como boca db lobo. Expresión ad-
verbial. Tenebroso, negro, en cujo
sentido decimos: «era una noche os-
cura, couo boca db lobo.» i Nombre
patronímico de varón.
ETiMOLoafA. Sánscrito vrika: pe^■
sa, tarka; eslavo, vhtkii; lituanio,»»*
ka; griego, lykos, lúkos (XiÍxoí), por
tlykos, vlnkosi latín, Ivipns; alemáOf
Wolf; inglés, wolf; sueco, nlf; it«»'
no, tupo; francés, íffiíp; proven»lt "JP'
lop; catalán, Ilop; picardo, leu; waloD,
leu; Berry, louoe. ,
Lobo. Lupus: en griego, liMS^ *y'
kos; en francés, loup; en catoláo, tio^'
en italiano, lupo; en alemán y en in-
glés, wolf, y en sueco, ulf. (MonlaU-í
Lobo (Alvaro). Escritor portu-
gués, que nació en 1551 y muf»"
en l(i08. Entró en la orden de los je-
suítas, fué profesor de humamdades
en Evora, Braga y Lisboa y rectór ciei
colegio de Oporto. Sus obras más no-
tables son: kartirolegia de iot
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LOBU
4é Pdrtvfol é ffistoria de U empañia
i$ U prooineia de Madrid. {
liOiM» (Edobnio GiRAHoe). Célebre
poeta de principioa del ág\o xvm.
SigniiS la carrera de las armas y fué
eapitán de la guardia de Felii)e V,
que le llamaba, en eoo de cariñosa
hatU, aa eapitd» coplero. Tomú parte
en loa litios de Lénda j Moutemayor
7 en la conquista da Onot jacompa-
ft¿ i Felipe V en la campafia de Ita-
lia. Sin embargo, su poca simpatía
hacia los franceses le eaemistó con el
monarca, j se vió privado de ascen-
sos hasta el advenimiento de Fernan-
do VI, el cual le elevó hasta teniente
general y le dio el mando de la plaza
aa Barcelona, donde murió en 1756
6 1757. Sobresalió en la poesía satíri-
ca, liando verdadero modelo de faci-
lidad jdonosura, escribiendo también
en muj apreoiables composiciones la
historia de sus campa&as.
Lobón da Salaaar (Francisco).
Presbitexo español, que habitaba en
TUlagarctaen 1758. Fué amigo del
padre Isla y publicó bajo su nombre
el primei tomo de la obra de aquél,
titulada: Fn^ QerwmUo de Campazas,
qae lueg*o reclamó y continuó su Ter-
dadero autor.
Loboso, sa. Adjetivo. Aplícase al
terreno en que se crían muenos lobos.
Lóbrego, ga. Adjetivo. Oscuro,
tenebroso, j] Metáfora. Triste, melan-
cólico.
^TOáQuaQU. Líffuire.
SiNONiuiA. Lóbrego, oscurOt tenibro-
to. Léhreg« expresa la idea de la oscu-
ridad, pero en major grado que oscvr-
ro. La noche es oscura por su propia
natozaleza, y sólo es Uhrega por acci-
denta. Una noche sin luna j sin nu-
bes es otenra; nna noche sin luna y
enbíerta de nnbes ei láhrega. El epí-
teto teñe broto se aplica más á la parte
ideal que á la física, y se refiere á la
idea de la confusión, del caos. Un
bosque desconocido del que en él se
halla en ana noche lóbrega y del cual
no acierta á salir» es un bosque tene-
broso.
A la idea de lo tenebroso va siempre
unida la del temor; á la de oscuro, la
de incertidumbre; á la de lóbrego^ la
de espanto. (López Peleoríh.)
Lobreguecer. Activo. Hacer ló-
brega alguna cosa. Q Neutro. Ano-
CHBCBB.
Lobreguee. Femenino. Oscubx-
DAD.
Lobregura. Femenino anticuado.
LOBBBOUBZ.
Lobulado, da. Adjetivo. Historia
natural. Provisto de lóbulos.
BruiOLoaÍA.. Lóbulo: francés, lohuU.
Lobolario, ría. Adjetivo, historia
Miural, Concerniente al lóbulo.
BTuioLoofA. Lóbulo: francés, lobu-
laire,
Lobulifero, ra. Adjetivo. Historia
natural. Que tiene lóbulos.
BtuiolooÍa. Lóbulo y el latín /erre,
llevar.
Lobulillo. Ifasculino. Botánica.
Rudimento de boja que en las plantas
monoeotiledóneai le desarrolla á ve-
LOCA
ees en el lado opuesto al cotiledÓo.
Lóbulo. Masculino. Porción redon*
deada y saliente de algún órgano ani*
mal, en cujo sentido se dice lóbulos
del pulmón ó del hígado. | Lóbulos
DBL CB&BBRO. El antoríor y el poste-
rior, separados por la abertura de %h
nut. I LÓBULO DB LA OBBJA. La emi-
nencia redonda t blanda que ter-
mina la base del pabellón de dicho
órgano, en donde se llevan los zarci-
llos. O Botánica, Parte del borde de
una hoja, separada por ana incisión
más profunda que ta que separa los
dientes, f) Rudimento de hoja que, en
las plantas cotiledóneas, se desarro-
lla algunas veces del lado contrario á
los cotiledones, representando un se-
gundo cotiledón imperfecto. Q Lóbu-
los SBuiNALBS. Los cotílcdones de un
forano. Q Nombre dado i las capas de
a antera.
ETiHOLoaÍA. Loba: catalán, lÓbuls,
plural; francés, lobe, tabule; italiano,
hbuío.
Lobuno, na. Adjetivo. Lo que per*
tenece ó se refiere al lobo.
Locación. Forense. Arbbndahibk-
TO. n LocACCiÓH y CONDUCCIÓN. Fo-
rense, El contrato de arrendamiento.
Etimología. Latín IScido, alquiler,
arriendo, forma sustantiva abstracta
de lócaíusj alquilado, participio pasi-
vo de Ideare, poner, colocar, dar en
arriendo, tema rerbal de ¿ociu, lu-
gar: francés,, toeation¡ italiano, toca^
zione.
Local. Adjetivo. Lo que pertenece
al lugar. \ Masculino. Sitio. Es de
uso reciente.
ETiuoLoofA. Latín Ucalit, de Ucu$,
lugar: italiano, lócale; francés, fo-
car, a¿«; catalán, local. — «Cosa perte-
neciente & un determinado lugar. Dí-
ceme en Aragón Notarios locales tos
del Número de las ciudades y villas,
que son los que por lev pueden sólo
testificar las cartas dótales, testamen-
tos, etc., porque están sus protocolos
siempre estables en aquel lugar, ha-
ciéndose cargo de ellos la justicia, si
no dejan herederos que continúen en
la facultad.» (Agadbuu, Dicaonario
de 1726.)
Localidad, Femenino. La calidad
de las cosas que las determina á lu-
gar fijo. I Local, en la segunda acep-
ción.
ETiuOLoaÍA. Local: latín, IS^lítat,
afección local; italiano, localitá; Cran-
cés, loealité; catalán, loealitat.
Localización, Femenino. Acción
ó efecto de localizar.
ETiMOLoaÍA. ZoeaUsar: francés, lo-
ealisation.
Localizar. Activo. Adaptar una
cosa á un lugar determinado, ora ma-
terialmente, ora en virtud de la ima-
ginación ó del pensamiento, {j Loca-
lizar LAS FACULTADES. Frenología.
Heferirlas á determinadas partes del
cerebro. l| Localizar las fibbrbs. Pa-
tología. Reducirlas i ciertos órganos,
como el canal intestinal, loa nervios,
la sangre.
ETiiioLooía. £oeal: íirancéa, Uea-
liser.
LOCK
467
Localmente. Adverbio modal. De
un modo local.
ErncoLOaÍA. Lotal j el sufijo ad-
verbial mente.
locamente. Adrerbio de modo.
Con locura. | BxeesiTamente, sin mo-
deración.
BnuoLoafa. Zoca y el sufijo adver-
bial mente.
Locar. Masculino anticuado. Lu-
OAR. Q Activo anticuado. Colocar.
Locarias. Masculino fomiliar. Ora-
te, atronado.
EtiuolooÍa. Loco.
Locatario, ría. Masculino y feme-
nino. El que lleva en arrendamiento
una cosa.
ExiuoLoafA. Locadén: latín de las
glosas, lócátirius, obrero ajustado por
un tanto; italiano, locatario; francés,
locataire.
Locativo, va. Adjetíro. Concer-
niente á la locación. | Cabo locativo.
Gramática sánscrita. Caso que expresa
las relaciones de lugar.
EtiuoloqÍa. Locación: francés, loca-
ti/; provenzal, locatin; italiano, loca-
tivo.
Locazo, za. Adjetivo aumentativo
de loco.
Loción. Femenino. Lavación. |
La acción de lavar alguna cosa. Tie-
ne más uso en la Farmacia.
ETiifOLoaÍA. Latín loiío, lavadura,
forma sustantiva abstracta de Idíus^
lavado, participio pasivo de IdvSre,
lavar: italiano, losione; francés, lotion;
catalán, loció.
Locke (Juan). Filósofo jpablíeis-
ta inglés, que nació en Wrington
(Brístol) en 1632 y murió en 1704.
Era hijo de un ministro subalterno
de justicia que, desde las revueltas
de 1640, había tomado una parte ac-
tiva en la revolución y servido en el
ejército del Parlamento. Después de
haber empezado sus estudios en Lon-
dres, en el colegio de Wéstminster,
pasó á la universidad de Oxford, don-
de los continuó, obteniendo de 1655
á 1658 un beneficio; esto es, el título
de /ellónt ó agregado, y un nombra-
miento sin funciones activas. La Me-
dicina, V sobre todo, la filosofía, £
que se aficionó en los libros de Des-
cartes, fueron el objeto de sus es-
tudios predilectos. La amistad de
Ashlej Gooper, conde de Shafter-
bur^, á quien conoció en 1666, le
abnó la carrera da los eugos pábli-
cús, en la que compartió las alterna-
tivas de fitvor y desgracia con su pro-
tector, hasta el extremo de verse bo-
rrado en 1684 de la lista de los miem-
bros de la universidad de Oxford y
obligado á buscar un refugio en Ho-
landa. La revolución de 1688 le atra-
jo á Inglaterra, donde volvió á ocu-
par diferentes cargos; entre otros, el
de miembro del Consejo de Comercio.
La debilidad de su salud, le decidió
en 1700 á dimitir de sus funciones,
ASÍ como á hacer renuncia de los emo*
lumentos qne el rej Guillermo III
quería conservarle, para retirarse 6
casa de una amiga, \aáy Mashan,
hija del célebre Oidworth, donde ma-
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468
LOCK
'i<S i la edad de 73 años. Lockb se
hizo amar y respetar lo mismo (>or su
carácter que por su talento. Ligado
por sus aatecedeates, sus aficiones y
sos compromisos á la causa de las li-
bertades políticas y religiosas, la sir-
vió con importantes escritos, de los
cuales los más dignos de recuerdo
son: una Carta sobre la tolerancia, diri-
gida á Limborch, ministro protestan-
te de Amsterdam, 1689; un Tratado
sobre el gobierno cisil, 1690, donde
sostiene la teoría de la soberanía na-
cional contra los partidarios del dere-
cho divino, y Cristianismo de la
razón, 1695, que hizo que se le acusara
de locinianismo. Lockb escribió tam-
bién unos Pentatnientos acerca de la
educaeidn de losniños, 1693, y un libro
sobre el comercio. Pero la más célebre
de sus obras, la que á los ojos de la
posteridad le ha conquistado un altí-
simo puesto entre los filósofos, es su
Éntatfo sobre el míendimiento AmnanOj
Londres, 1695. Pocos libros han al-
canzado mayor número de ediciones,
ni han sido traducidos & más idio-
mas. La traducción francesa, que Cos-
te hizo en 1700, contribujó no poco
á la difusión y popularidad de la doc-
trina de Lockb. La mejor edición in-
glesa de las obras corbetas de Lockb
es la de Londres (1^4, 9 volúmenes
en 8/). Las ebras flosófieas, publica-
das en París por M. Thurot (París,
1821-1825, 7 volúmenes en 8.'), con-
tienan, además de los Pensamientos
sobre ia educacidn, el Ensayo sobre el
entfíutimienío humano y la Carta sobre
la tolerancia, algunos o[fúscalos menos
importantes. Entre los escritos en-
caminados á combatir los errores de
LoOKB, se distinguen los Nuevos en^
sayos sobre el eníendimienío humano, de
Leíbnitz, j la refutación que ha dado
M. V. Coussin en su Curso de historia
de U JilosoJia moderna, 1829.
Resumen. — 1. Juicio de su Jilosofia.
— Negó el carácter innato de ciertas
ideas; asignó por origen á todos nues-
tros conocimientos la sensación y la
reflexión, ó sea la experiencia de los
sentidos y la experiencia íntima, ex-
cluyendo el ser ontológico no defini-
do, llamado ratón. Tomó, quizá á des-
pecho sayo, la teoría de las ideas-imá-
genes del peripatettsmo y del escolas-
ticismo, preparando así el empirismo
estrecho de Condillac y el idealismo
escéptico de Berkeloiy de Hume.
2. Él filósofo. — Biié enemigo de
Descartes, su verdadero maestro, como
Aristóteles lo había sido de Platón.
Hállase en la escuela de Lockb, como
prendas características y personales
del autor: uu ^ran fondo de buen
sentido, una lógica práctica, en don-
de se refieja ese espíritu casi mate-
rial de los ingleses, contrastando con
un análisis más astuto que positivo;
una exposición fácil y luminosa, has-
ta el punto de deslumhrar en la enun-
ciación de sus doctrinas; la indepen-
dencia y la imparcialidad, unidas á
la moderación; la lealtad, conciliada
con la honradez. Todas estas dotes
del autor, más que el sentido de sa
LOCO
filosofía, han levantado el Ensayo so-
bre el entendimiento humano & la altura
de las grandes escuelas.
Loco, ca. Adjetivo. El qne ha per-
dido el juicio. \ La persone de poco
juicio, disparatada e imprudente, y
Metáfora. Muy fecundo, muy abun-
dante; como aOo loco, cosecha ioca,
etcétera. |[ db xtab. Expresión fami-
liar que se dice del qne en sus accio-
nes procede como loco. \ pbrbnnb. El
que en ningún tiempo está en su jui-
cio, y por extensión se dice del que
siempre está de chanza. Q Al loco v
AL AIKB DARLE CALLB. Véase AlBB. Q
Burlaos con bl loco bn casa, burla-
rá CON VOS BN LA PLAZA. Refrán que
advierte que si se da ocasión al indis-
creto para que se burle 6 chancee con
alguno á solas, lo hará también en
publico. Q El loco pob la pbna bs
cuerdo. Refrán con que ss advierte
tue el castigo corrige los vicios, aun
e los que carecen de razón. || Estas
6 tolvbrsb loco db cohtbhto. Frase
metafórica y familiar. Estar excesiva*
mente alegre. || Goza db tu poco uibn-
TRAS BUSCA uls BL LOCO. Refrán que
reprende la desordenada fatiga con
que aspiran á enriquecerse los hom-
bres, pudiendo pasar con mayor des-
canso con lo que les basta y ya po-
seen, n Más sabe bl LOCO bn su casa
QUB BL CUBEDO BN LA AJSNA- Refrán
que enseña que en los negocios pro-
pios más sabe aquel á quien le perte-
necen, por poco que entienda, que el
tue mirándolos desde lejos se intro-
uce ¿juzgarlos sin conocimiento. \
Uh loco hacb CIENTO. Refrán con que
se expresa el poderoso influjo que tte*
ne el mal ejemplo para viciar las eos-
tumbres. | Volvee k uno loco. Fra-
se metafórica. Gonfandirla eon diver-
sidad de especies, aglomeradas é in-
conexas. I Envanecerle de modo que
parezca que está sin juicio.
EtimoloqÍa. Latín l^qui, hablar.
El primer loco fué un hombre muy lo-
cuat; catalán, loco, a. (Anónimo.)
Reseña, — La expresión corriente
del catalán es boia.
Locoforos. Masculino. Nombre
que se da en los Estados Unidos al
partido radical.
Locogonfo, fa. Adjetivo. Epíteto
de un infusorio cuyas mandíbulas en
forma de estribo, tiene los dientes
unidos por sas bases j por sus extre-
mos.
Loool. Masculino. Especie de abe-
ja muy pequeña de Filipinas.
Locomoción. Femenino. Trasla-
ción de un punto á otro.
ExiiiOLOofA. Locomotor: francés, lo-
comotion; italiano, locomozione.
Locomotividad. Femenino. £fi~
diíctica. Facultad de moverse.
Etiuoloqía. Locomotivo: francés,
locomolive'.
LocomotÍTO, va. Adjetivo. Con-
cerniente á la locomoción. Q Que mue-
ve ó tiene la virtud de mover. || Fe-
menino. La máquina de vapor que
remolca á los vagones de un ferro-
carril. II Facultad locomotiva. Psi-
cología, La &caltad de mudar de lu-
LOCU
f:are8, en virtud de nn acto de la vo-
untad.
ETiHoLQofA. Zocomofdr: italiano,
locomotivo; francés, Ueonotif; provea-
zal, locomotiu.
Locomotor, ra. Adjetivo. Se dice
de la máquina 6 aparato que, por con-
tener en sn interior la fuerza motriz,
recorre un espacio determinado por la
daración de esta fuerza. Así se lla-
man generalmente locomotoras las
máquinas de vapor que arrastran los
trenes en los ferrocarriles, ensayadas
también en las vías ordinarias. Se
usa como sustantivo en ambas termi-'
naciones. | Aparato locomotor, ^u-
tomia. Bl conjunto de órganos que
sirven para operar la locomoción.
Etiuolooía. Latín loco, ablativo de
^cus, lugar, y motor; «que mueve las
cosas del lugar en que actualmente
se haUan:> italiano, locomíore; fran-
cés, loeomoíeur,
LocomoTible. Adjetivo. Lo qne
Suede llevarse de nn sitio i otro. Se
ice generalmente de las máquinas
de vapor, que, por estar montadas so-
bre ruedas i propósito, se transportas
para sentarlas y acuñarlas en los pa-
rajes donde han de funcionar.
ETUíOLoaÍA. Locomotor,
LocomoTÍUdad. Femenino. Loco-
UOTIVIDAO.
Locrense. Sustantivo y adjetivo.
El natural ó morador de Lócrída, t
lo relativo á dicha comarca.
ETiuoLoaÍA. Latín lecrentis. (CiCB-
BÓN.)
Lócrída (la). Femenino. Oeagn-
Jia antigua. Provincia de Grecia. (Ti-
to Lxviu.)
EnuoLoaU. Latín Locru, LoerWt.
Locro* Masculino americano.
Ajiaoo.
Locuacidad. Femenino. £1 vicio
de hablar mucho.
ETUiQLoaía. Loeuat: latín, ISgiM-
tas.
Locuacísimo, ma: Adjetivo su-
perlativo de locuaz.
Locuas. Adjetivo. El qne habla
mucho.
ExucoLoaÍA. Latín ISgui, hablar;
ISguax, lóquacis, hablador: italiano y
francés, loguace.
Locuazmente. Adverbio de modo.
Con charlatanería.
Etiuolooía. Locueayú. sufijo ad-
verbial mente: latín, lSquS¿lUr,
Locución. Femenino. Modo de ha-
blar. I Frase. H Vocablo. \ aDtbbbul
ó PREPOSITIVA. Grafi^tica. Reunión de
dos ó más palabras construidas con
alguna preposición, cuyo sentido es
equivalente al de un adverbio, como
cuaudo decimos: <á la española, it
un modo español,» lo cual quiere de-
cir: «españolaraeate.» || También hav
locuciones ó modos adverbiales, aun-
que no puedan expresarse coo un ad-
verbio, como en los ejemplos siguien-
tes: <la mujer de sombrero blanco; la
de ojos negros; la de cabellos rubios.»
Etimología. Locuela: latín, l^cátio
y Idquüíío, forma abstracta de tócS'sí
ylSguütHS, hablado; participio pasivo
de %ih', hablar; italiano, locusione;
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LOCU
LODO
LOGA 469
tnaehf locution; provenzal, locucio;
catalio, hcuñó.
Locuela. Femenino. Bl modo jr
tono partioalar de Iiablar de ca&
uno,
BniiOLoafi. Sánscrito lap, hablar:
^ego, Xíffxtú ^ÍBíAo^, gritar, vocife-
rar, decir; latín, fó^Ki, hablar; ioq%e-
la, habla; italiano, loqnela; francés,
ImUU.
Locnelo, la. Adjetivo diminutivo
de loco. Dicese de la persona aturdi-
da, siendo joven.
BnHOLQOÍA.. Zoco. No es posible ae-
parar las formas hattlOf de loco, j
hcuUit habla.
Loculación. Femenino. Botánica.
Bstido de un fruto dividido en ma-
chas celdillas.
Etuiolooía. LÓaUo.
Locúleo, lea. Adjetivo. Sotitúw.
Üividido en muchas celdillas.
SnuouxifA. Lóculo.
Loculicida. Adjetivo. Botánica.
Fruto locuucida. Fruto que se abre
por el medio de cada una de las cavi-
dades, como sucede con los melocoto*
aes que se denominan abridore».
Etiholooía.. Latín Uc^hut lóculo,
j uttUre, henden francés, loaUicp'
de.
Lócalo. Masculino. Miitorw naiu-
nl. Pequeña celda.
BniKnxtaÍA. Latín ISe&lut, espacio
pequeúo, lugarcillo; diminutivo de
loeut, lagar: francés, loeuk.
Locufoso, sa. Adjetivo. SoUtuea.
Bpíteto de todo érgano vegetal hueco
j separado en muchas cavidades, por
medio de diafragmas.
Etiuología.. Lóculo: latin, lócüló-
m; fraocés, loculaire.
Locura. Femenino. Privación del
juicio ó del uso de la razón. R Acción
inconsiderada ó desacierto. |j Si u. lo-
CIHA FUBSB DOLORES, BN CADA CASA
ñÁsaik V0CB3. Refrán coa que se da
i entender que el obrar con impru-
dencia es muj común.
EtnioLoaU. Loco.
Locnrilla. Fem«iino diminatÍTo
de locara.
Locusta. Femenino. Fníomolo^ia.
Género de insectos ortópteros llama-
dos vnl^rmenta langostas. || Boíáni-
c*. Espiga compuesta de ciertas plan
Us gramíneas.
GTiHOLoaÍA. Langotta: francés, lo~
míe.
Locusta . Famosa envenenadora
romana, que hizo perecer al empera-
dor Claudio, por orden de Agripina,
el aao 807 de Roma (54 de Jesucris-
to). 7 i Británico, por orden de Ne-
lón, el año 808. JBste último la hizo
ver qne sus lecciones no habían sido
estériles, pues la mandó dar igual
genero de muerte, por sospechas de
le envenenara á su vez.
LocBstarío, ría. Adjetivo. Pareci-
da una locusta. II Masculino. Ento-
"wwy*». Familia del orden de los in-
Kctos ortópteros, cujo tipo es el lo~
BriKOLoeU. Locusta: francés, ^
^^torio. Kascolino. Lugar des-
tinado en los conventos de monjas
para recibir visitas.
Etimología. Latín Viquor^ hablar:
catalán, lúcntori.—tEX lugar que, en
loa monasterios de monjas, está des-
tinado para poder ver j hablar á sus
parientes ú otras personas, antece-
diendo el permiso de la superiora.
Llámase también Grada, Reja ó Red,
Covarrubias dice se llamó Locutorio a
Loquendo. > (Academia, Diccionario
de 1726.)— «Vm el locutorio se haga
un marco con sus puertas, para clavar
los velos á manera de encerado, como
está en otras partes.» (Santa Tbbssa,
tomo II, carta 75,)
Locuyo. Masculino anticuado. Co-
COYO, insecto.
Locha. Femenino. Pez pequeño de
cuerpo prolongado revestido de esca-
mitas j viscoso, con aletas en el vien*
tre mujr retiradas, y sobre ellas en el
lomo otra pequeña y blanda, cabeza
chica, boca poco hendida, sin dientes,
excepto hacia el tragadero, agallas
poco abiertas, y en ellas, tres piezas
á modo de rallos.
BTuiOLoafA. Francés loehei inglés,
loach.
Loche. Masculino. Locha.
Lodachar. Masculino. Lodazal.
Lodado, da. Adjetivo anticuado.
Enlodado.
Lodalita. Femenino. livuraUgia,
Especie de feldespato.
E-riMOLoaÍA. Lodícula.
Lodazal. Masculino. Sitio ó paraje
lleno de lodo. \ Salib dk lodazales, y
ENTRAR BN CENAGALES. Refrán. SaLIR
DEL LODO, T CAER EN EL ARR070.
Lodazar. Masculino. Lodazal.
Lodicula. Femenino. Botánica.
Cada una de las jpartes de las flores
gramíneas que rodean inmediatamen-
te el ovario.
Etuiolooía. Latín ló^cíh, dimi-
nutivo de tbdix, cubierta, manta:
francés, lodicnle.
Lodiento, ta. Adjetivo anticuado.
Sucio, lleno de Iodo. Se halla usado
en sentido metafórico.
Lodo. Masculino. Mezcla de tierra
y agua, especialmente la que resulta
de las lluvias en el suelo. \ Pohbb k
ALOUNO DB LODO. Fraso metafórica.
Ofenderle, denostarle con palabras in-
juriosas. ¡I Salib del lodo, y cabr bn
EL ARROYO. Refrán que se dice de los
que por evitar un mal pequeño caen
en otro igual ó majror, y de los que
habiendo despachado un negocio in-
cómodo, deben empezar otro de major
consideración.
BTiuoLoaÍA. Lutum: en francés lut,
en caulán llot, en italiano loto, tutu;
del radical ly, ó del verbo griego Ivo,
yo disuelvo, salvo. Tierra mojada, hu-
medecida; empapada de agua, mezcla
de tierra y agua, especialmente la
que resulta délas lluvias en el suelo.
(MONLAU.)
¿^«neaciVn.— Sánscrito U ^ ^
disolver; ¿ú, layan, fusión: griego,
lud (Xúfa>); latín, luére, bañar; lüíum,
lodo; italiano, ¿oto; francés ¿st; pro-
venzal, hí¡ catalán, Itot,
Lodor. Masculino anticuado. Loob.
Lodoso, sa. Adjetivo. Lo que está
lleno de lodo,
Etuiolooía. Lodo: catalán, llotót^ s.
Lof. Masculino. Marina. El punto
en que coinciden la cuadra y la amu-
ra del buque.
EtiuolooÍa. Inglés lo^ff; de log,
pedazo de madera: sueco, kgg; fran-
cés, loch.
Lofaris. Masculino. Ictiología, Gé-
ñero de pescados óseos torácicos.
ExiifOLoaÍA. Griego Xó^ (lópho»),
cresta, de las galeras y de las aves,
galea et atñum,
Loflropo, pa. Adjetivo. Zoología,
Que tiene los piés cónicos.
Lofobranquio, quia. Adjetivo.
Zoología. Que tiene Us branquias en
forma de penacho.
ExtuoLooÍA. Griego l^^ka, moña,
y branguiae: francés, l^hoh^neke*
Lofógono, na. Adjetivo. Historia
natural. Que tiene los ángulos dis-
puestos en forma de crestas.
EtiuolooÍa. Griego lóphoSt cresta,
y gonía, ángulo: X¿^oí ftayla.
Lófoto, ta. Adjetivo. Omiíología.
Epíteto de las aves que tienen una
cresta en la cabeza. ^ Masculino. Ic-
tiolo^la. Nombre de un pescado de la
ñimilia de los teniodes.
EnuoLoafA. Griego lópkot y sif,
otós, oído, oreja: X¿fo; wró;.
Lof. Masculino. Medida para lí-
quidos, entre los hebreos.
BriHOLoafA. Hebreo log frsn-
cés, log.
Logacia. Femenino anticuado. Le-
gacía.
Logadero. Masculino anticuado.
El que toma en alquiler ó arrenda-
miento alguna cosa.
ETmoLooÍA,. Ze^sr: catalán, üogor-
ter, a.
Logado, da. Participio pasivo de
logar.
ETiMOLoaÍA. Loaar; latín, IStíttus;
antiguo italiano, wcato; francés, loué;
catalán, Uogat, da,
Logal. Masculino anticuado. Lu-
gsr.
Logar. Masculino anticuado. Lu-
QAR ó pueblo: \ Sitio ó paraje. Anti-
cuado. Representación, veces ó susti-
tución de otra persona superior. Q
Anticuado, Causa, motivo ú ocasión.
II Activo anticuado. Alquilar, dar en
arrendamiento. | Recíproco anticua-
do. Obligarse á algún trabajo perso-
nal por cierto precio ó salario.
Etiuoloqía. Latín ¿¿(c¿f«, colocar,
alquilar: italiano antiguo, locnrs;
francés, louer; catalán, Ikgar,
Logarítmico, ca. Adjetivo. Lo que
pertenece i los logaritmos.
Etiholooía. L^wñttMi francés, Uh
gariíhmique; italiano, iogaritmico; cm-
talán, logaritmieht ca.
Logaritmo. Masculino. Aritméti-
ca. Numero tomado en una progresión
aritmética, correspondiente á otro to-
mado en progresión geométrica.
Etimoloqía. Grie^ Uyot; (lógos),
razón, r ¿ptSpíc (anthmót)^ número;
crazón de los números:» italiano, ith-
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470 LOGI
LOGO
LOGR
aariímo; francés, iogarithme; catalán,
Lo^aritmotecnia. Femenino.
Ciencia que tiene por objeto el cono-
cimiento de los principios qne deben
observarse pan los cálenlos logarít-
micos. I ArTB de los L034R1TU0S. ¿I*
íeratwra. Título de un libro de Nico-
lás Mercator, publicado en 1668.
ETmoLoaíií.. Logaritmo j techne,
arte: francés, iogarithmotechnü.
Logaritmotecnico, ca. Adjetivo.
Concerniente á la logaritmotecnia.
Logia. Femenino. Tecnicismo. Pa-
labra que entra en la composición de
otras muchas, con la significación de
tratado, discurso. | Reunión de ma-
sones 7 el lugar donde se reúnen.
Etiuoloqía. Griego Xoyía (logia),
doctrina; de Xó-j^í ( lógot), razón y pa-
labra, juicio T verbo: francés, loaií.
Lójgfica. Femenino. Filoso/ta. La
ciencia que ensefia i discurrir con
ezaetitud, medíante el conocimiento
elemental de las ideas y de los jui-
cios. [| NATURAL. Disposición para dis-
currir con exactitud sin el auxilio de
las reglas. || Por extensión, se dice de
todo encadenamiento de ideas, forma-
do por un discurso recto, p Metáfora.
Se aplica también á los objetos del or-
den moral, en cu^o sentido se dice:
la LÓaiCA de la historia; la lógica de
los tiempos; la lógica de las pasiones;
la LÓGICA del corazón. || Nombre de los
tratados que se ocupan de dicha ma-
teria, en cujo sentido se dice: «la ló-
gica de Mármol; la lógica de Con-
dillae.» II LÓGICA parda. Qrauítica
PARDA.
Etimología. Griego XoftxiJ (logiiX):
latín, Ugica; italiano, lógica; francés,
logÍq%e; catalán, lógica.
Éeseña. — Lógica: del griego logiké,
adjetivo sustantivado que lleva so-
brentendido Uchne, arte. Logike vie-
ne de léges, palabra, verbo, discurso,
tratado, porción, conocimiento, razón,
ciencia; y légot sale del verbo lego, le-
gein, en latín dtco, dicere^ loquor, lo^ui,
que significa decir, hablar, raciocinar,
etcétera. La lógica es la ciencia y el
arte de encontrar la verdad, de discer-
nir lo verdadero de lo falso, de dis-
currir con acierto, etc., y de manifes-
tar la verdad por medio de la palabra.
Nótese, en efecto, que la voz griega
Ifígoa significa á la vez raíio y verbum,
razón v palabra; y que el verh se ha
llamado siempre la palabra por exce-
lencia, la palabra que, en la enuncia-
ción del pensamiento, representa las
afirmaciones y los juicios que hace-
mos de las cosas. (Monlau.)
Lógicamente. Adverbio de modo.
Según las reglas de la lógica.
Etimología. Zrt^ica jr el sufijo ad-
verbial mente: latín, logicé; italiano,
lógicamente; francés, logi^uement; cata*
lan, lógicament.
Lógico, ca. Adjetivo. Lo pertene-
ciente á la lógica ó el que la estudia
y sabe. Se usa también como sustan-
tivo masculino por el que la profe-
sa. [I AnXusis lógico. Gramática. El
análisis que descompone la proposi-
ción en sujeto, cópula y atributo, tér-
mino opuesto del análisis gramatical,
el cual versa sobre la forma y cual
dad de los vocablos.
Etiholooía. Qrieffo X^oc (ItS^os),
discurso y palabra; Xortx^c (logtkótl
lógico: latín, /(^XcM; catalán, lógich,
ca; francés, logtque, loeiieiení proTen-
cal, logician; italiano, lógico,
Logistas. Masculino plural. Histo-
ria antigua. Magistrados de la anti-
gua Atenas, encargados de recibir las
cuentas á los que dejaban de desem-
peñar algón ea^. Eran nombrados
a la suerte.
Etimología. Griego Xiyoí (lógos),
razón y verbo; Xo^tT^í (logitíis)f cal-
culador; loytaxai (logisíaí), dacenvíros
de Atenas: francés, logiste.
Logística. Femenino. Gienda del
cálculo ó de los números.
BTiHOLoafA. Griego Xtí^oc (lógoi),
razón y^ verbo, proporción, serie.
Logistórico, ca. Adjetivo. Con-
cerniente al arte da componer la his-
toria.
Etimología. -Lógct é hittória.
Logo. Adverbio de tiempo anticua-
do. Luego.
Logodedalia. Femenino. Afec-
tación ridicula en el hablar.
Etimología. Griego Xo^otiSif^ (lo-
goeides), semejante á la oración en
prosa; prosm orationi similit, y XoXin
(ISleinJ, hablar.
Logodédalo. Masculino. Bl sofis-
ta. I El que habla con mucha afecta-
ción.
EmcoLOOÍA. ¿Modedalié*
Logografía, ^menino. Taquioba-
PÍA.
ETiM<H.oofA. Zdgoi ygraphan, des-
cribir: francés, logographie,
Logográflco, oa. A^jetiTO. Taqoi-
ORÁPICO.
ExiMOLoaÍA. Zqgogra/U: francés,
logograpAifue.
Logógrafo, fa. Masculino y feme-
nino. Taquígrafo.
Etimología, ¿o^o^ra/id.* francés,
logographe; griego, XoyoYpifot (logo-
gráphos ).
Logografos. Masculino plural.
Historia antigua. Nombre que los an-
tiguos griegos daban ¿ los escritores
primitivos que habían consignado, en
prosa, los acontecimientos más nota-
bles y también las tradiciones fabulo-
sas del país. Los logógrapos marcan
el tránsito, casi imperceptible, de la
poesía épica á la prosa, y precedieron
á Herodoto. Tales fueron Dionisio y
Cadmo de Müeto, Heleico de Lesbos
y otros.
Etimología. Griego Xo^o^pí^o; ('/o-
gográphos); de lógos^ razón y verbo,
y grapheia, descripción: francés, logo-
graphe.
Logogrífico, ca. Adjetivo. Con-
cerniente á los logogrifos. Q Oscuro,
no inteligible.
Etimología. Logogrifo: francés, lo~
gogriphiqne.
Logogrifo. Masculino. Enigma
que consiste en hacer diversas com-
binaciones con las letras de una pala-
bra, de modo que resulten otras, cu-
yo significado, además del de la voz
principal, se propone con algana os-
curidad.
Etímología. Griego \irp^ (l^ot),
palabra, y Tpífoc (grlphot), hilillo,
porque ha^ que coger el hilo de los
vocablos: italiano, logwfrtfoi francés,
logogriphe.
Logomaquia. Femenino. Dispntt
de palabras entre dos personas; esto
es, sobre palabras. | Reunión de voca-
blos contradictorios. || Metáfora.Equ^
voco pueril.
Etimología. Griego Xoyojiox^ (^°~
gomachia); de lófOSi palabra, y f^-
X>iT6ac (míckettíu»), combatir: mneés,
logomaschie.
Rsseütt. — Nada retrasó tanto el pro*
greso de las oteuoiaa como la logoma-
quia y la creación de Tooablos nuevos,
medio técnicos, medio metaSsicos,
incapaces de representar distintamen-
te ni el efecto ni la causa. (Bofpón,
MinsralMÍa, tomo S,', página i^.}
Logofecnia. Femenino. Lbxicolo-
QÍA.
Etimología. Lígos, palabra, y íeck-
%e, arte; «arte ó ciencia de U pala-
bra :> X¿y<H TfX"!-
Logoteta. Masculino. Ántigteda-
des. Uno de los princii)ales magistra-
dos del imperio bizantino, especie de
canciller, cuyo encargo consistía en
responder por el emperador á los em-
bajadores de otras potencias, y aun á
las reclamaciones de los súbditos.
También tenía nao el patriarca de
Constantinopla.
BmioLOotA. Griego XopUrqc (Ugo'
thém); de U-^ (Mgos), cuenta, y
TtUvai (tiíkéndi), disponer: francés,
logothiíe,
Logótropo. Ibseulino. Z^ies. Es-
pecie de silogismo condicional.
Btimolooía. Griego lógos^ palabn,
y trapos, j^to, traslación.
Logrado, da. Participio pasivo de
lograr.
Etimología. Lograr: catalán, w-
grai, da.
Lograr. Activo. Conse^ir ó u-
canzar lo que se intenta o desea. |
Gozar ó disfrutar alguna cosa. | R*"
cíproco. Llegar i colmo ó i ea perfec-
ción alguna cosa.
BriMOLOofA. Latín hcríbi, adqui-
rir, sacar utilidad y provecho: ata-
lán, lograr. Lucro y Ugro representan
la misma palabra de origen.
Sinonimia. Lograr ^ conseguir, alca*'
tar. Lograr es propiamente el teraiino
de nuestro deseo, sin relación á w»
medios empleados para ello. Coi^^'
es el término de nuestra solicitud, «
fin á que se dirigen los medios con
relación á ellos, llcantares el termi-
no de nuestro ruego. Lograr y conti-
guir puedan suponer justicia; aícaaiAf
puede suponer siempre gracia-
Logra una gran fortuna el que pue-
de vivir sin pleitos ni pretensionej^
Contigug un buen empleo «1,1°* ¡
solicita con mérito y proporción. 4*-
cama el perdón el que interpone »
ruegos humildes y pide miaencoMw-
En la diferencia de este úlümo«^
bo respecto de los dos pn'"^""^^»
cabe duda, porque ei claro que m
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LOGR
LOGR
LOOR 471
se paede decir que se alcama lo que se
debe i Ift Ubre voluntad de otro; j asi
nadie dirá que lia alcAntado gánar un
pleito, que ha alcanzado limpiar de
mala hierba ios heredades. Para dis-
tín^ir las ideas que representan los
dos primeros, basta bascar un ejem-
plo en que U aeoidn, que se qiúere
eipiiear por madio del verbo, no ten-
ga relación directa & la solicitud, sino
puramente al deseo, y se hallará la
mayor propiedad j exactitud que en
tal caso tiene el verbo lograr. Logra
la satisfacción de ver que sus hijos le
respetan. Logra el gasto de saber que
es amado de todos.
dos ideas diferentes que res-
pectivamente explican los dos verbos,
se dMenbren con bastante claridad
en esta oración: i ñierxa de industria
7 de paciencia, al fin wuegui ver ¿0-
yrs¿o mi deseo. La consecución es el
efieeto de la industria y la paciencia:
el logro es «I término del deseo.
(HOKBTA.)
Lograrse. Recíproco. Crecer hasta
la madurez; llegar á la perfección;
salir bien. | Metáfora. Loorabsb, ha-
blándose de una criatura, es vivir, no
perderla, como cuando se dice: «no
SB LS HA. LOORADO ningún hijo.» O En
términos generales, vale tanto como
realizar su intento; j así decimos:
<por fin SE LB HA LOaKADO.»
Logrear. Neutro. Emplearse en
dar 6 recibir á lo^ro.
BTiH(n.oaU. .^^or, ^cuentativo.
Logreria. Femenino. Bl ejercicio
de logrero.
L»rero, ra. Uascalino j femeni-
no. Bl que da dinero i logro.
BnuoLOOÍA. Logreria: catalán, lo-
{rer. — «El que da dinero á logro, y
o mismo que usurero. Dícese también
del que compra ó guarda y retiene
los frutos, para venderlos después á
un precio excesivo. > (Acaobuia, Dic-
cionario de 17ÍÍ6.)
I«ogro. Masculino. La ganancia
que se saca de dineros ó de otra
cosa. I La consecución y poBesión de
lo que se desea ó intenta, || Usuba. Q
Dab í loobo. Frase. Prestar ó dar al-
guna cosa con usura.
Etimología. Lograr: catalán, logro.
hogtoñéBt sa. Adjetivo. El natu-
ral de Logroño 6 lo perteneciente á
esta ciudad.
Logroflo. Masculino. Qeografia.
Provincia de tercera clase, compren-
dida en el territorio de la audien-
cia y capitanía general de Burgos;
creadapor decreto de las Cortes de
27 de Enero de 1822 y reformada por
«1 de 30 de Noviembre de 1833.
1. Situación asironámica, — Se en-
cuentra enclavada en el centro de la
Península entre los 41' 4' 32"-42''
36' 30" de latitud septentrional j los
O* 31' 58"-l» 69' de longitud orienUl
del meridiano de Madrid.
2. Limites, — Por el Norte, confina
con las provincias de Burgos y Alava;
per el Sste, eon hs de Navarra v Za-
cagexa; sor al Sar, con la de Soria,
7 por el Oeste, otra Tes can la de
tfargas.
3. ^dfjtffUÚÍH.— Mide este territorio
133 kilómetros de largo, de Noroeste
á Sudeste; 44 de ancho, de Nordeste
á Sudoeste, y 5.037 cuadrados do su-
perficie.
4. Población. — Lof siete partidos
judiciales que constítujen esta pro-
vincia, que son: Ámedo» Calahorra,
Haro, Loasoflo, Nájera, Santo Do-
mingo de la Calzada y Torrecilla de
Camerot, se hallan divididos en 185
ayunta míe otos, los cuales represen-
tan 282 poblaciones, quedan un total
de 183.439 habitantes.
5. Clima. — La agradable tempera-
tura que disiruta esta comarca la ha-
ce susceptible de toda clase de culti-
vos: el clima es por lo general apaci-
ble y sano.
6. Montaña*, — La elevada cordille-
ra del Pirineo central penetra en el
territorio por la parte Noroeste con el
nombre de montes Obarenet, los cua-
les, tomando luego los de sierra de
Sonsierra, sierra de Toloño y otros,
van á formar el muro septentrional
que encierra la vastísima llanura en
que se halla comprendida la mejor y
más extensa porción ds esta provin-
cia; varias cordilleras de montañas,
procedentes de la cadena ibérica, for-
man la barra meridional de aquella
misma llanura, preservándola de la
influencia perniciosa de loa vientos
del Mediodía. La más septentrional
de aquellas cordilleras es la llamada
sierra de Santa Cruz, cuyos estribos
terminan en Ezcarav, á la cual siguen
lu^o la de San Millán y el puerto de
la Demanda, á cuvo Norte se eacuen^
tran el monte Dejados, el de los Her-
guijuelas y los de Domingo Pedro. Al
salir del expresado puerto, se entra
en el monte de Tejares; y después, en
la sierra de San Lorenzo, donde se dis-
tinguen el cerro de su nombre, punto
el más culminante de la cordillera, y
los montes de la Cogollo, de Panedo
y el de Oro. Descendiendo luego Jia-
cía el Mediodía, siempre en dirección
occidental, se presenta la sierra de
Neila, la cual, después de tomar di-
ferentes nombres y rumbos, viene á
confluir con la famosa sierra de Ca-
meros, que, descendiendo de la parte
Noroeste á la del Sur y corriendo des-
de aquí hacia el Este en busca de las
derivaciones del Monoajo, forma, con
las denominaciones de sifírra de Pine-
da, de Ayedo, de Alcarama y otras, el
límite que separa esta provincia de la
de Soria.
7. Jiíos. — Siete son las corrientes
que atraviesan esta comarca, de Sud-
oeste á Nordeste, perjudicando consi-
derablemente, con su rápido curso, el
cultivo de sus campos: el Tiró», el
Oja, el Najerilla, el Lesa, el Tregua,
el Cidaeos y éi Alhama. Estos dos úl-
timos proceden de la sierra de Alba ú
Oucala, en la jurisdicción de Soria, y
van á desaguar al caudaloso Ebro, en
la misma dirección que los anterio-
res: el primero, por cerca de Calaho-
rra, y el segando, por Al£&ro.
8. Suelo. — lia parte destinada al
cultivo w por lo común de excelente
calidad; si bien es cierto que en de-
terminados parajes se encuentra poco
fecundo, débese principalmente, ya á
la falta de rieg;o, ja al deslave que
ocasiona la rápida corriente de los
ríos, los anales arrastran violenta-
mente las capas vegetales del temno.
El suelo de LooboRo no cede, sin tm.-
bar^, en lo fértil á ninguno de la
Península, y especialmente en los
pueblos situados al pie de la sierra y
que se extienden hasta el Ebro, se
notan abundantes regadíos.
9. Minerales.— En tierra de Jubera
de Robres, en Torrecilla, Aguilar y
Torre de Cameros se encuentra el al-
cohol ó galena; en Haro, Arnedillo,
Canales, Cervera, Anguíano, Matute,
Villaverde y Tobia, alguna cantidad
de cobre; en la jurisdicción de Robres
hajr una mina de estaño; en Aguilar,
una veta de antimonio, y en las de
Prejano 7 Arnedillo, de carbón de
piedra: las minas de Ezcaraj forman
un importante ramo de riqueza, pues
contienen mucho azufre, lápiz plomo,
T el hierro es de la mejor calidad. —
En Torrecilla de Cameros se halla el
bol, tan estimable como el de Arme-
nia, y en Haro, una arena - silícea
blanca que se ha empleado con muy
buen ^xito en la fabricación de cris-
tales. El sulfato y los alabastrinos son
muy abundantes; particularmente, en
los alrededores de Santo Domingo,
donde se ven inmensos yesares; como
asimismo la sosa subcarbonatada, la
magnesia, la sal común y otras varias
cristalizaciones calcáreas y silíceas;
entra las cuales se cuenta el cristal
de roca. La pizarra arcillota de dife-
rentes colores, las canteras de piedra
arenisca, excelente pan edificar; de
piedra azul con listas blancas, espe-
cial por su permanencia y vista, y
distintas clases de mármoles, son co-
munes á toda la provincia. — Las
aguas minerales de algunos puntos,
como Abales, AgonctUo, Joncea, Gra-
valos, Mautilla y Torrecilla de Came-
ros gozan de mucha celebridad, y se-
ñaladamente, las termales de Arne-
dillo.
10. Producciones. — Los considera-
bles terrenos yermos v baldíos que
existen en casi todos íos pueblos de
este territorio, son ana de las causas
del estado de decadencia que ofrece
la agricultura, sobre todo en la sierra
de Cameros. Esto no obstante, las
producciones son muchas y variadas,
contándose, en primer término, el
trigo, el centeno, el cáñamo, cebada,
habas, habichuelas y otras clases de
legumbres; aceite, vino exquisito,
frutas sabrosísimas, algo de seda,
lino, patatas, miel, cera, muchas es-
pecies de hortalizas, entre las que se
distinguen los pimientos por su ma^
nitud y dulzura, y en algunos térmi-
nos, castañas y algarrobas. — En las
cimas de muchas montañas, sitios
sombríos, en las laderas, faldas y pa-
rajes más soleados, se crían hayas y
robles; y en los puntos más culmi-
nantes, entre alguna .que otra plan-
ta, multitud de hierbas medicinales.
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472 LOGR
LOGR
LOGR
cría de ganado lanar fino jr común
es de considerad ód; el de cerda, el
vacuno, el cabrío j caballar, no me-
ndt impoitanta. La caza, variada j
numero»; la pesca, excelente 7 abun-
dante en los ríos Bbro, Neila, Tirón,
Qja» Iregoa 7 otros.
11. Indiairia. — La fabril, & pesar
da no hallarse todo lo extendida j
adelantada que puede esperarse de
este paÍB, cuenta muchas 7 buenas
fábricas de paños finos, entrefinos, or-
dinarios j bastos, de lona, lienzos,
sombreros, curtidos, clavazón, herra-
mientas, aguardientes, licores, agua
de colonia, papel, naipes, jabón, ha-
rinas, vidriado, loza fína y objetos de
pasamanería, ebanistería y sillería;
multitud de telares de lino j cáñamo,
máquinas para cardar, hilar, tundir
j perchar; alfarerías ordinarias, tejas
j moUiios de chocolate.
12. Comercio. — En otro tiempo,
cuando entre las Provincias Vascon-
^dasj de Navarra, en virtud de los
tueros especiales por que se regían,
era completamente libre la importa-
cidn j exportación de todos los artícu-
los, así nacionales como extranjeros,
el comercio de la de LogroRo llegó á
ser bastante considerable, pues su si-
tuación topoffráñca le constituía como
el centro de las operaciones mercan-
tiles entre las expresadas provincias
j las dos Castillas. Esto le proporcio-
naba dos ventajas: la inversión de al-
gunos capitales sobrantes, que entra-
ban en circulacidn, j la salida de sus
productos agrícolas é industriales, al
abrigo de las referidas transacciones.
Con el establecimiento de las adua-
nas en las cuatro provincias exentas,
quedaron éstas niveladas con la» res-
tantes del litoral j Antera de la Pe-
nínsula, en cuanto á las leyes restric-
tivas de comercio; j desde aquella
fecha, como era consiguiente a una
comarca central, quedó el de Loobo-
Ko reducido al cambio de frutos por
frutos, j á la extracción, para las
provincias limítrofes, de las produc-
ciones de su industria.
13. Ferias. — Las de este país, que,
dicho sea de paso, no ha sido en esta
parte de los más favorecidos de Espa-
ña, se reducen á las siguientes: las
de LoaRoÑo, Haro, Ameno j Néjera,
que tienen lugar, respectivamente,
en los días 1.", 8, 25 7 29 de Septiem-
bre; las de Calahorra, en 3 de Marzo
7 31 de Agosto» 7 las de Santo Do-
mingo da u Calzada, en 19 de Marzo
8 de Diciembre: entre los principa-
es artículos que en ellas se venden,
figuran los granos, legumbres, quin-
calla, espartería, hilazas, alfarería,
paños del país, géneros catalanes 7
ganados de todas especies.
14. Carácter de loi habitantes, — Los
riojanos son, por lo común, nobles,
trancos 7 pundonorosos, como el res-
to de los naturales de Castilla; bené-
ficos, hospitalarios, respetuosos para
con las autoridades 7 fieles observa-
dores de la le7.
15. LooEORo.— Capital do la pro-
Tínei*, eomandanda militar 7 parti-
do judicial de su nombre; audiencia
7 capitanía general de Burgos 7 dió-
cesis de Calahorra. Se encuentra si-
tuada á los 42° 27' de latitud Norte
7 r 14' 45" de longitud Este del
meridiano de Madrid, sobre la orilla
derecha del Ebro, en ana hermosa
llanura, próxima 7a á los confínes de
Castilla 7 de Navarra. El clima es
benigno por lo general. La tempera-
tura máxima no excede de los 30*
Reaumur; la mínima, no pasa de los
3° bajo cero: el cielo se ostenta diáfa-
no en el estío, brumoso en el invier-
no. Las enfermedades endémicas son
completamente desconocidas. El te-
rreno es de buena calidad, susceptible
de toda clase de cultivos, excepto los
agrios. La campiña, que divide el
termino, amenizada por la Iregua,
que pasa á corta distancia por la parte
occidental, es deliciosa 7 feracísima.
Entre sus producciones, citaremos el
trigo, la cebada, el centeno, avena,
vino, aceite, legumbres de todas cla-
ses, riquísimas frutas 7 algo de lino
7 cáñamo; cría de ganado lanar 7 ca-
brío; poca caza 7 oastante pesca de
anguilas 7 madrillas en los ríos. La
industria está representada por varias
fábricas de curtidos, de sombreros,
de sillas, de velas de sebo 7 de aguar-
dientes; telares de lienzos de lino 7
cáñamo, molinos harineros, ebaniste-
rías, platerías 7 demás artes 7 ofi-
cios necesarios. Aunque la agricultu-
ra constitu7e la principal riqueza de
la capital, el giro 7 el comercio <^ue
su vecindario sostiene con las provin-
cias confinantes es, no obstante, de
alguna consideración.
16. Interior de la ^«¿¿«úffi.— Esta
ciudad alcanzó antiguamente una in-
mensa importancia. Sus calles son
algo tortuosas; las entradas por sus
extremos, notables: las mejores apa-
recen cortadas perpendicularmente por
otras, 7 se extienden hacia el Ebro
por un plano inclinado. La variedad
que se observa en la construcción de
sus casas, demuestra que la ciudad
ha sido formada en distintas épocas:
las de la parte denominada Rúa vieja^
la más próxima al rio, son antiquísi-
mas: las de las calles Mayor 7 de Vi-
llanueva, las de los Portales y Merca-
dOf de construcción moderna. La más
importante de sus plazas, llamada de
La Redonda, se distingue por la mag^
nificencia de sus edificios, de nueva
planta 7 por el estilo 7 gusto de los
de la Corte. — ^La capital de LoqeoRo
se halla distante 98 kilómetros de
Burgos 7 374 de Madrid : es residen-
cia de las autoridades civiles 7 mili-
tares, 7 contiene 13.888 habitantes,
teatro, instituto, casa de misericor-
dia, de niños expósitos, hospital, se-
minario conciliar, escuela normal 7
de primera enseñanza, liceo artístico
y literario, 7 otros edificios públicos
de mérito indiscutible.
17. Curiosidades artísticas. — Entre
los monumentos curiosos que posee
esta ciudad 7 que merecen ser visita-
dos, figun, en primera línea, la igle-
sia dfl SsAta Muía de Palacio, con
una torre piramidal, ^ne se eleva des-
de el centro del edificio sobre 200
piés geométricos: fué edificada, 99—
gún tradición mny antigua, por or-
den de Constantino el Orande, en cnjA
memoria lleva siempre el título de
iglesia imperial. En opinión de los
inteligentes, este grandioso templo
cuenta más de mil aflos de existen-
cia. La iglesia de Santiago es toda de
piedra; está edificada con la ma7or
valentía de arte; tiene 120 pasos de
largo por 60 de ancho, formando una
sola nave sin pilar alguno, 7 ha sido
incluida en el número de las obras
maestras. — La suprimida parroquia
de San Bartolomé es quizás la segun-
da en antigüedad; cuenta de ocno á
nueve siglos, 7 por ser toda ella de
piedra labrada ha podido conservarse
hasta el día: la portada es de arqui-
tectura gótico-bizantina. — Son, por
último, Igualmente dignos de men-
cionarse Tas hermosas ruinas do un
antiguo castillo 7 el magnífico puen-
te de 12 arcos, guarnecidos de .tres
fortificaciones 7 de 236 metros de lar-
go, que se ve sobre el Bbro, i cuja
cabeza se encuentra la población, el
cual fué construido en 1138 por el
ermitaño San Juan de Ortega. — Los
paseos de los alrededores de la capi-
tal son bellísimos 7 elegantes.
18. Poblaciones. — La provincia de
LooBOtío, conocida vulgarmente con
el nombre de la Rioja, cuenta entre
sus pueblos de alguna consideraciiSn:
á Calahorra^ ciudad episcopal, patria
de Quintilíano, fundada sobre el Ci-
dacos, con 7.223 almas, seminario
conciliar, catedral, establecimientos
de beneficencia 7 antigüedades roma-
nas; Haro, asentada sobre el Ebro,
en la comarca más productivaj con
6.353 habitantes, fértil campiña 7
minas de cobre; Álfaro, ciudad &-
mosa por las Cortes en ella celebra-
das durante el reinado de Sancho el
Bravo, situada sobre el Alhama, con
5.638 habitantes, fábricas de paños
7 de jabón; Certera del Río AíMama,
villa industriosa, sobre el río de su
nombre, con 4.314 almas, campo fe-
raz, fábricas de tejidos 7 aguas me-
dicinales; Santo Domingo de la Cal'
zada, en país abundantísimo, con
4.071 habitantes, hermoso palacio 7
manu&cturas de paños; ArnedOt pe-
queña ciudad, con 3.762 almas 7 fa-
bricación de aguardientes; Rnonet,
con 3.026 habitantes, destilatorios de
aguardientes 7 considerable exporta-
ción de vinos; Micaray, villa céle-
bre por sus manufacturas de paños
finos, con 2.603 almas; Nájera, coa
2.548, frondosa vega, residencia, en
otro tiempo de los leyes de Navarra 7
memorable por sus fueros 7 por la
batalla que se dió allí entre Oon Pe-
dro 1 de Castilla 7 su hermano Don
Eañque; A ntol, situada sobre el Ci-
dacos, á 45 kilómetros Sudeste de Lo-
groño, con 2.477 almas; San Vicen-
te de Sonsierra, villa edificada sobre
la margen izq^uierda del río Bbro,
con 2.450 habitantes; Munilla, con
2.432, fábricas de paños comunes, tin-
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LOGR
LOaR
LOHO 473
torerías j mercado todos los domia-
gos; ÁQuilar del Rio Alhama, con
!lj.(>41 almas, dos escuelas j tres igle-
sias; Torrecilla de Cameros, villa rí-
qoísima, coa 1.859 habitautes, fábri-
cas de paños y buen lavadero de la-
nas; Arnedillo, famosa por sus pa-
ños, con 1.300 almas y fuentes me-
dicinales; Grávalos, con 1.300 habi-
tantes j aguas sulfurosas; Fnciso, con
1.041 almas, y Abalas, con 700, am-
bas con aguas minerales; y Claaijo,
notable por la batalla de su nombre,
dada en sus cercanías contra los mu-
sulmanes.
19. Hisíoria, — Los padres de la
geografía j algunos doctísimós escri-
tores baa aventurado, acerca del ori-
gen y ñmdación de LoasoÑo, las con-
jetaras xaia opuestas y eontradicto-
.riai. Sin embargo, la ciudad, según
g^eneral opinión, es antiquísima, pues-
to que existía ^a en tiempo de los ro-
manos; llegó a ser punto de gran co-
mercio por el rio Ebro, que conducía
hasta ella las embarcaciones del Me-
diterráneo, y se llamó Varia, de donde
tomó el nombre el actual barrio de
Varea, el m 'is antiguo de la población
que nos ocupa. Üel poder de los ro-
manos pasó al de los ^odos; y de és-
tos, á los árabes, contándose entre los
diferentes pueblos que reconquistaron
los cristianos por los años de 755 á
756. La aparición del nombre de esta
ciudad en muchos documentos de fe-
cha muy remota, viene & destruir por
completo la opinión da los autores
que, coQsideraudoU moderna, han
atáboído su fundación á los condes
Don Qarcía y Doña Urraca, bajo el
teioado d« Alonso VI, confundiendo,
sin duda, la repoblación con la fun-
dación. Según Llórente, los monar-
cas de Pamplona Don García IV y su
esposa Doña Teresa hicieron dona-
ciÓB de las villas de Loonoflo y Asa
áSan Millán de la Cogulla, año 926;
pasando, en 1054, al dominio de Don
Sancho, hijo de Don García. En la
esentura 229 del tomo sexto de la co-
lección de documentos del archivo de
Simancas, se lee,fírmado como testigo:
teijndicio JudicanU Domino Martino,
OwinaíortnLueronio» (año de 1056);
en la señalada con el número 238, fir-
ma: i$e»ior Gomiz Zorraquin, Domina-
twLogntño testis» (año 1064); en una
tercera, DÚmero214,se dice: «accepiea;
wAh in mutua alia pieza in via de Lucro-
devaníe sanca Mickaeh (año 1073),
J en otra, número 253, sin fecha: mita
pina jusío rigo de Sancii Maríini; et
' "«a de mercaío ¿ucronÍo;> y más ade-
lante: tfiuas piezas petrosas in via de
íacf MÍO. I. Por último, en otras varias
escrituras, aparece igualmente con-
firmada la anterior existencia de Lo-
ORoSo, figurando, no como un lugar
cualquiera, sino como un pueblo prin-
'^P*li cujas autoridades se encuen-
tran firmando las donaciones reales,
«•"Míe Te en los testos de las escrí-
tw«, números 214 y 229, cujos pá-
fíafos hemos transcrito, y esta última,
Mn h cláusula especial de tjudicio
iWKttíí.» Muerto Don Sancho de Pe-
ñalén, en Junio de 1076, v como Don
Sancho de Aragón se apoderase de loa
Estados de Pamplona, se aplicó el rei-
no de Nájera Don Alonso VI de Cas-
tilla, cujo monarca, después que los
ja citados condes Don García y Doña
Urraca hubieron mejorado la pobla-
ción, se otorgó, en 1095, el famoso
fuero de que habla Marina en su en-
aajo histórico sobre la antigua legis-
lación. A partir de esta época, empe-
zó á prosperar la ciudad de Looroño,
merced á sus lejes francas, contribu-
yendo asimismo á aquella prosperi-
dad su situación, la hermosura de su
cielo y la fertilidad de sus campiñas.
Las vicisitudes y trastornos que trajo
sobre todo el país la muerte de Don
Sancho de Peñalén, alcanzaron igual-
mente á esta población, la cual, víc-
tima dfr empeñadas contiendas entre
los rejes de Aragón, Castilla y Na-
varra, fué pasando sucesivamente á
poder de varios soberanos, entre los
que figuran: Don Alonso el Batallador;
Don Alonso VII, hijo de Doña Urraca
de Castilla; Don Sancho VII, llamado
el Salto; Don Alonso VIII; Don Alfon-
so X; Don Pedro I, apellidado el
Cruel; el papa Gregorio XI, que la
fosejó en depósito, hasta el año de
373, en que se hizo entrega de la
ciudad á Don Enrique de Trasla-
mara, quedando definitivamente in-
corporada ú la corona de Castilla.
En 1410 celebró sínodo en Logroño
el obispo de Calahorra, don Diego
de Zúñiga; y por esta misma épocale
otorgó el rey Don Juan II títulos de
UVr NOBLE T líUT LBAL, T VOtO en
Cortes, que uo conservó. Durante el
reinado de Enrique IV, apoderáronse
nuevamente los navarros de esta ciu-
dad, la cual fué recuperada en breve
tiempo por aquel monarca, auxiliado
de dnn Pedro Girún, gran maestre de
Calatrava. Otro hecho glorioso regis-
tra la historia de este pueblo, el cual
celebra en el día de san Bernabé: en
25 de Majo de 1521, se vió atacada la
ciudad por un fuerte tren de artille-
ría y un formidable ejército francés,
que, al mando del general Asperrós,
acababa de apoderarse de Pamplona j
de toda Navarra: los- sitiados, llenos
de amor patrio, resistían los ataques
de los invasores con gran tesón y va-
lentía, j en tanto la nobleza castella-
na, puesta al frente de algunos ter-
cios escogidos, derrotaba á aquel ejér-
cito en el llano de Es(juiroz, causán-
dole una pérdida de b.OOO hombres,
bagajes j artillería, j haciendo prisio-
nero al general que lo mandaba. Por
este famoso hecho de armas, el empe-
rador Carlos V mandó añadir tres ño-
res de lis á las armas de LoOROflo,
Esta ciudad fué una de las que más
sufrieron durante la guerra de la In-
dependencia: en 1808 se apoderó de
la plaza el general Verdier con dos
batallones, después de haber arcabu-
ceado á los principales autores del al-
zamiento de LoQBOfío contra el ejér-
cito invasor, en donde permaneció
éste hasta el 24 de Junio de 1813, en
que la abandonó «1 general Clausel,
seguido de toda la guarnición. En
18 de Abril de 1823, volvió á caer da
nuevo en poder de los franceses: en
Octubre de 1833, tuvo lu^r una in-
surrección realista, dirigida por don
Santos Ladrón, que el gobernador
militar de la plaza no supo reprimir:
en 10 de Marzo de 1831, invadieron
la población sobre 1.500 carlistas, ca-
pitaneados por Iturralde; j en 27 de
Abril de 1835, puso su firma el gene-
ral Valdés al pie del tratado de Eliot,
que el general carlista Zumalacárre-
fui firmó en Artaza al siguiente día.
n 1838, estableció Espartero en Lo-
groño sd cuartel general, j, final-
mente, en 1845, mandó fusilar Villa-
longa, dentro de eua muros, lü esfor-
zado campeón de la libertad, don
Martín Zurbano.
20. Personajes célebres* — Entre los
muchos personajes célebres que esta
ilustre ciudad cuenta por hijos, figu-
ran los cardenales Aguirre y Salazar;
el arzobispo de Luna, señor de So-
lohaga; el de Tarragona y Burgos,
señor de Samaníego; el obispo de
Marruecos, señor Espinosa; el de Bar-
bastro j Plasencia, don Francisco An-
tonio de Bustamante; el de León, don
José de Vergara; don José de Salazar,
teniente general de caballería, cono-
cido con el sobrenombre del Cid de la
Rioja, el cual militó por espacio de
cuarenta años en las guerras de Flan-
des, Portugal, Aragón, Valencia j
Cataluña; el excelentísimo señor don
Jacinto de Seguróla, capitán general
de los ejércitos de mar y tierra en
tiempos de Fernando VI; don José
Carlos Ramírez de Arellano, bizarro
coronel, que se distinguió en la gue-
rra de Italia y murió en Roma; don
Alonso de Mena j don Alonso de Na-
varrete, de la ilustre casa de don José
Bustamante j Lojola, camarero del
rej; el padre Mendo; el jesuita Arria-
ga; don Pedro Logroño; el maestro
Ortuño; los célebres artistas don An-
drés García, don José de Mendoza j
don Juan Fernandez Navarrete, el
Mudo, pintor de cámara de Felipe II;
la excelentísima señora doña Jacinta
Martínez Sicilia de Espartero, esposa
del invicto duque de la Victona y
conde de Morella; del famoso poeta
don Francisco López de Zárate j de
don José Orive, teniente general de
los ejércitos nacionales.
21. Heráldica. — Las armas de Lo-
groño representan, sobre el río Ebro,
un puente con tres torres, y en la
bordadura del escudo, tres flores de
lis de oro en campo azul.
ETiHOLOofA. Latín LucronXum, ii;
Veria^ a; Juliohriga, a.
Loguar. Masculino anticuado. Lu-
aA,R.
Logner. Masculino anticuado. El
salario, premio ó alquiler.
ExiMOLOOfA. Loguero,
Loguero. Masculino anticuado.
LoauER. I Anticuado. El jornal ó sa-
lario de un día que gana un peón.
EtuiolooU. Logar,
Lohongo. Masculino. Abutarda de
la Arabia.
TOMO m
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474 LOLI
Lolmico, ca. Adjetivo, üediána.
Pestilencial.
Etimología. Grieg;o \*n^ (loimét),
peste: francés, loímt^ve.
Loimo^rafía. Femenino. Medici-
na. Descripción de lu enfermedades
contagiosas.
EtimolooÍa. Gjiego loimós, peste,
j grap&ein, describir: francés, loimo-
graphie.
Loimoffráfico, ca. Adjetivo. Con-
cerniente a la loimograña.
ETiuoLoaÍA. Loimografia: francés,
lolnographiq^e.
Loim&^afo, fa. Masculino j fe-
menino. La persona que escribe sobre
lotmoe-rafia.
Loxmologia. Femenino, Medicina.
Tratado sobre las enforme^ades con-
tagiosas.
BTiHOLoaÍA.. Griego loimós, peste,
y lógos, tratado: francés, loimologie*
Loimológico, ca. Masculino j fe-
menino. Concerniente á la loimología.
KtiuolooÍa. Loimologia: firancés,
loimologique,
Loimologo, ga. Masculino y fe-
menino. El autor de una loimología.
Loímópira. Fiebre pestilencial.
EtuiologU. Griego loimdi, peste,
T pi/ros, genitivo de jMfr, fuego, fie-
bre: francés, lotmopyrt,
Loira. Masculino. Get^rafía, R{o
caudaloso de Fnmcia, que desemboca
en el Océano.
Etuiolooía. Latín Ladus.
1. Loja. Femenino. Locha, pez,
2. Loja. Femenino. &«(^rd/M. Ciu-
ad importante j pintoresca de la
provincia de Granada, célebre en la
historia.
BxiHOLOofA. Latín Loxa: árabe,
Locha ( itXOjJ ).
Lokmán. Célebre fabulista árabe,
q^ue sus compatriotas pretenden haber
sido contemporáneo de Salomón j al
que algunos sabios han oonflindido
con este rey, suponiendo que el nom-
bre de Salomón, que enbebreo sig-
nifica labio, pudo ser traducido por el
de LoKHÁH, que en árabe tiene un
sentido idéntico. Las fábulas del poe-
ta árabe, que tienen una grandísima
analogía con los apólogos de Esopo,
han dado también lugar á que algu-
nos críticos, j entre ellos M, de Sacy,
las juzguen imitaciones del fabulista
griego. La primera edición de ellas
fué publicada por Espenius, en árabe
y en latín (Lejrden, 1651). Otras han
sido hechas por Buediger (Ha ja, 1830),
y por Rask (Copenha>íue, 1832). Mar-
ee! en 1799 j Caussin en 1818, las
han publicado con la traducción fran-
cesa, así como Gallad que, en unión
de las de Bjrdpay, las Imprimió en
París (1714, 2 volúmenes en 12.*).
Lola. Femenino familiar. Dolo-
bes, nombre propio de mujer.
Loliáceas. Femenino plural. Bo'-
tánica. Nombre de una tribu de la fa-
milia de las gramíneas, que tiene por
tipo el género zizaña, jojro 6 comi-
nillo,
EmiOLOOÍA. LoUoi francés, UtUa-
e¿et.
LOMB
Loligeno, na. Adjetivo. Que en-
gendra calamares.
Etiuolooía. Latín Uftlgo, el pez ca-
lamar, j genere, producir.
Loliginoso, sa. Adjetivo. Historia
natural. Que participa de la naturale-
za del calamar.
ETiMOLOofA. Lólogo.
Lolio. Masculino anticuado. Joro.
ETiMOLoalA. La forma jogo es in-
correcta.
Lólogo. Masculino. Ictiología.
Nombre científico del calamar.
EtíuolooÍa,. Latín Idtigo: francés,
loligo,
Meteña. — Plinio dice: «pez que vue-
la j qne tiene la sangre negra como
la tinta.»
Lologoideo, dea. Adjetivo. Jctio-
logia. Parecido al calamar.
Etimología. Lólogo y etdas, forma.
Lom. Masculino. Nombre que dan
los chinos al dragón con cinco uñas,
que pintan en las telas destinadas al
emperador.
Loma. Femenino. Altura pequeña
j prolongada.
Etimología. Lomo. La loma es un
lomo de tierra, como el lomo es una
loma de carne j hueso. — «Colina, co-
llado ó altura, de tierra, que se le-
vanta en los llanos. Llamóse así por
la semejanza que tiene con el lomo.»
(AcADBiUA, Dtceionario de 1726.)
Lomar. Activo, ffermania. Dar.
Lomaso. Masculino anticuado.
Clavo de puerta.
Lomatino, na. Adjetivo. Zoología.
Epíteto de los dedos de los mamíferos
j de las aves, cuando están uuidos
por una membrana lateral.
Etimoloqía. Griego loma, franja;
Idmátion, franja pequeña.
Lomatófilo, la. Adjetivo, Botáni-
ca. Que tiene los bordes de la hoja
de diferente naturaleza que la hoja
misma.
Btuiolooí^. Griego loma, franca,
orla del vestido, j phgllM, hoja:
Xtü(xa tpúXXov,
Lomatorriceo, cea. Adjetivo. Bo-
tánica. Epíteto de las plantas cujas
raíces están guarnecidas de un borde.
Etuiolooía.. Griego loma, franja,
y rhiza, raíz: Xü;^ ^t^a.
Lombagia. Femenino. Medicina,
Debilidad de los ríñones.
Etimología. Lumbos.
Lombágico, ca. Adjetivo. Concer*
niente á la lombagia.
Lombarda. Femenino. Cañón de
artillería de varios calibres, de que se
usó antiguamautb para arrojar pie-
dras de enorme peso. ¡ Variedad de
berza muj seiqejante ai repollo, pero
no tan cerrada, v de color encendido
que tira á morado.
Etimología. Lombardia: catalán,
llombarda. — «Cierto género de escope-
ta, de que se usaba en lo antiguo, á
la que se dio este nombre por haber-
se traído las primeras de ZoMÍar-
í¿ío.*(AcADEMiA, Diccionario de 1726.)
^Aprestar y llevar seis tiros gruesos,
que nuestros coronístas llaman Lom^
bardat, creo de Lombardia, de donde
vinieron primero & Bspafia, 6 porque
LOMB
allí 86 inventaron.» (Mariana, Bist0~
ria de España, libro 19, capítulo i 4.)
Lombarda (lioa). ffistoria. 1. De
intento hemos omitido hablar de ella
en nuestro artículo lioa, porque su
importancia j e&tensión requieren ar^
tículo especial.
2. La LIOA lombarda nació en el
monasterio de Puntido, entre Milán j
Bérgamo, el 7 de Abril de 1767, bajo
el patronato del papa Alejandro lU.
3. Su fin era la defensa de la inde-
pendencia italiana contra las preten-
siones del emperador Federico I Bar-
barroja.
4. Al principio sólo contó con algu-
nas ciudades güetfas, Bérgamo, Bres-
cia, Cremona, Mantua, Verona, Tre-
visa; y con los habitantes de Milán,
oco menos que destrufda por los gi-
elinos, aliados de Federico.
5. Pronto contó con otras nueva
ciudades; y posteriormente, con cinco
más, y no dejó al emperador, en el
Norte de la Italia, más que dos ciuda-
des aliadas,
6. Para cortar las comunicaciones
entre los territorios, los lombardos
fundaron la ciudad de Alejandría, en
honor de Alejandro III.
7. Después de la marcha precipita-
da del emperador, y durante su au-
sencia de seis años, la uqa se exten-
dió por todas partes, jr'recibió el ju-
ramento de Ravena, de Rímini, de
Imola, de Forli, que no habían toma-
do parte activa en la guerra de la li-
bertad.
8. Barbarroja, forzado á abandonar
á Alejandría y derrotado en Legna-
no, se viú obligado por los lombardos
á firmar la tregua de Yenecia (1177),
se llegó (Jumo de 1183) á la paz de
Constanza, y hubo de reconocer la in-
dependencia V los derechos de las ciu-
dades lombardas.
9. La ciudad de Gomo Iiabfa abra-
zado la causa común (1176), en tanto
?ue Cremona v Tortosa, la misma
mola y Alejandría, habían concluido
por una paz perpetua.
10. Una segunda lioa loubarda se
formó el 3 de Marzo de \'¿'¿ñ, cuando
el emperador Federico II, igualmente
ambicioso, revindicó la corona de Ita-
lia, habiéndose establecido por veinti-
cinco años y entre 25 ciudades.
11. Privada de algunas ciudades
fior los -triunfos del emperador ó de
os gibelinos; derrotada alguna vez
por Federico, pero siempre sostenida
por los pontífices Gregorio IX é Ino-
cente IV, la UOA LOMBARDA triuufó,
por fin, de su enemigo, ante los mu-
ros de la ciudad de Parma, oue sitia-
ba; arrasó la de Viterbo, ae que se
había apoderado, hizo prisionero & su
hijo y redujo á Federico á retirarse
al reino de Nápoles, donde murió en
1250.
Lombardada, Femenino. Tiro que
dispara la lombarda,
Lombardear. Activo. Disparar las
lombardas contra algún sitio ó edi-
ficio.
ETUiOLoaia.Ze»Í0n¿s: cataláni^-
hard^ar.
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LOMB
LOMO
LOND 475
Lombarderia. Femenino. Bl con-
junto de ptezM do artillería llamadas
lombanlas.
Lomba rdero. Uascalino, El sol^
dado que tenía á au carg^ dirigir j
disparar las lombardas.
LombirdicOfCa. AdjetÍTo, Lo per-
teneciente á Lombardía.
Lombardo, da. Adjetivo. El natu-
ral de Lombardía 6 lo perteneciente á
ella.
BnuoLOOÍA.. Lombardia: catalán»
Umbart, da.
Lombia (Juan). Actory autor dra-
mitico español, que nació en Zarago-
za en 1806 jr murió en 1851. Fué en
un principio maestro de ebanistería,
basta que en 1829, habiéndose pre-
parado por un detenido estudio j una
sólida instracci<ín para tan singular
cambio, trocó su honrado oficio por la
profesión de actor, estrenándose en ú
teatro de la Craz j siendo contratado
de alli á poco de segundo galán joven
para el del Príncipe. Su perseveran-
cia j su aplicación le granjearon el
favor del público; especialmente, en
los papeles de carácter, que era don-
de mas sobresalía. Dedicado al pro-
pio tiempo á arreglar producciones
francesas para nuestra escena j á es-
cribir algunas originales, dejo, entre
otras: Bl Sitio d« Zaragoza: Él Trape-
ro de Madrid; El Avaro; La Bolsay el
Rastro y Bl Pilludo de París, y un
apreciable arte de declamación con el
titulo de M Teatro.
JResimen, — Joan Loubía era un
hombre amante del saber j un verda-
dero literato, cuja erudición brillaba
más en sus conversaciones que en sus
libros, como sí su trato fuese más
gastoso qne sus letras. Considerado
como actor, figurará siempre entre
los maestros con referencia á los pa-
peles que pudiéramos llamar genia-
Ut; sobre todo, el noble genial arago-
nés. Nadie, como él, decía aquellos
versos:
Fwo («ngo na eoru¿a
Como de aqaf A Zaragoi»,
; los otros con que terminaba la och
media:
.....A. Balohite, A Balohlta;
I«a eotM no m par» mí,
Al morir el notable actor, á quien
tenemos el honor de consagrar las
presentes líneas, murió El pelo de la
dehesa, como sí se juntaran en este
ponto las sepulturas de Lombía y Bre-
tón. Nuestro personaje es de los acto-
res que nos han dejado una memoria
más íntima y profunda, porque no
parece sino que la fama tiene también
sus acordes y sus melodías.
Lombo. Masculino anticuado. Lo-
ma, sitio alto.
Lombricaria. Femenino. Botáni-
ca. Especie de alga.
BTuiOLoaÍA. Lombritt por aemejan-
u de forma: francés, lombricaire,
. Lombriciforme. Adjetivo. Sisto-
ña natural. Que tiene forma de lom-
briz.
BTiMOLoaÍA. Lombriz j forma.
Lombriguera. Femenino. Bl agu-
jero que hacen en la tierra las lom-
brices. 11 Hierba. Abrótano.
Lomloriz. Femenino. Animal de
sangre roja, sin miembros, con el
cuerpo largo y cilindrico, dividido
por arrugas en un gran ndmero de
anillos, cada uno de los cuales tiene
debajo pelos tiesos y dirigidos hacia
atrás. II soLiTABlA. Solitaria,.
ETmoLOofA. Latín Inm^eus, quasi
lubrtctiSj resbaladizo; de Ubi, estar
para caer (san Isidoro): italiano, lom-
brico; francés, lombric.
Lombrizal. Adjetivo. Que tiene la
forma de lombriz.
Lombroso (Jacobo). Hebraizante
español, que vivía en la primera mi-
tad del siglo xvu. Publicó en Vene-
cía en 1639 una Biblia en hebreo,
may apreciada de los judíos de Bspa-
ña y Levante, á causa de las notas li-
terales que contiene 7 á la juiciosa
elección de las interpretaciones.
Lomear. Neutro. Mover los caba-
llos el lomo, encorvándolo con vio-
lencia.
Lomechusa. Femenino. Entomolo~
gia. Género de insectos coleópteros.
Lomentráceo, cea. Adjetivo. Bo-
tánica. Epíteto de las hojas cuja ner-
vadura central se raminca para for-
mar el limbo.
Lomera. Femenino. La correa que
se acomoda en el lomo de la caballe-
ría, para que mantenga en su lugar
las demás piezas de la guarnición. \
Provincial. Caballete dbl tbjado.
Lomica, lia, ta. Femenino dimi-
nutivo de loma.
Lomico, Uo, to. Masculino dimi-
nutivo de lomo. |¡ Entre costureras,
labor de dos puntadas cruzadas; por
la cual empiezan regularmente las
niñas á hacer el dechado. |¡ La parte
superior de las albardas, en la cual
por lo interior queda un hueco pro-
porcionado al lomo de los animales.
En plural, es una especie de aparejo
largo y estrecho, que se pone á las
caballerías cuando han de conducir
costales cargados de granos.
Etiuología. Lomo: catalán, Itomeí.
Lomienhiesto, ta. Adjetivo. Lo-
KIMHIB -^TQ.
Lomilla. Femenino diminutivo de
loma.
Lominhiesto, ta. Adjetivo. Alto
de lomos. ¡| Metáfora. Engreído, pre-
suntuoso.
Lomo. Masculino. La parte infe-
rior de la espalda del hombre, que
comprende desde la cintura hasta la
rabadilla. Dícese más comunmente en
plural. II En los cuadrúpedos, todo el
espinazo desde la cruz hasta las ancas.
Q La parte del libro opuesta al corte
de las hojas, en la cual se pone el ró-
tulo. II La parte por donde se doblan
á lo largo de la pieza las pieles, tejí-
dos y otras cosas. Q La tierra que le-
vanta el arado entre sarco y surco, H
En los instrumentos cortantes es la
Earte opuesta al filo. |] Anticuado.
ouA. I Por antonomasia, el del cer-
do. II Plural. Se suele tomar por las
costillas. B LoifO DBsc&RQADO. El que
se da con poca parte de hueso. | A
lomo. Modo adverbial qne junto con
los verbos traer, llevar y otros, signi-
fica conducir cargas en bestias. D Jn-
aAB DB lomo. Frase metafórica. Bstar
lozano y hol^do.
EtimolooLa. Lvmbo: catalán, llom.
Lomoso, sa. Adjetivo anticnado.
Lo que pertenece al lomo.
Lomudo, da. Adjetivo. jBl qne tie-
ne grandes lomos.
Lona. Femenino. Tela fuerte de al-
godón ó cáñamo, para vela de na-
vios, toldos, tiendas de campaña y
otros usos.
Etiholooía. Olona.
Lonclato. Masculino. Especie de
tela de algodón blanco y azul.
Loncha. Femenino. Piedra media-
na, chata ó plana, á manera de ladri-
llo. || Tajada delgada de carne. Lonja.
BrxuoLOofa. Griego Xirffr^ (lógche),
lanza, cuerpo aplastado; iplcUim.
Lóndiga. Femenino. Albóndiga.
Londinense. Sustantivo y adjeti-
vo. El natural y lo perteneciente á
Londres.
EtuiolooÍa. Inglés London, Lon-
dres.
Londó. Masculino. Especie de tela
de Bretaña.
Etuiolooía. Londinense.
1 . Londres, llascnlino anticuado.
Paño ordinario que se fabricaba en
España, parecido á uno traído de In-
glaterra.
Etiuolooía. Londres,
2. Londres. Masculino. Geografía,
Capital de Inglaterra y metrópoli del
Reino Unido de la Gran Bretaña, ano
de los grandes portentos de la moder-
na civilización.
1. Situación.—'^'sitL ciudad, la más
extensa, rica y poblada de Europa y
la más comercial del mundo, se en-
cuentra situada sobre el Támesis, á
los 51° 30' 49 " de latitud septentrio-
nal V 3° 35' 3" de longitud orien-
tal del meridiano de Madrid; distante
377 kilómetros de dicha población;
72, de la embocadura de aquel río,
y 61, del mar del Norte.
2. Topografía. — El inmenso valle
que ocupa la población y que atravie-
sa el Támesis, presenta un suelq des-
igual; en la parte Norte, se eleva des-
de luego de una manera brusca; y
después, gradualmente, describiendo
una curva hacia el Oeste; al Sur, se
encuentra casí al nivel de aquel río.
En los alrededores de Tothill-Fields,
al Mediodía, y en los de la Torre de
LoNDBBS, hacia el Oriente, la ciudad
sigue una pendiente, apenas sensible,
á lo largo del Támesis, y está res-
guardada de los vientos del Norte por
las colinas de Islington, Highbury,
Highate y Hampstead. Hacia el inte-
rior del condado de Middlesex. y en el
de Surrej, situado al Mediodía, el te-
rreno es llano por lo general.
3. Interior de la poblad^ — La ciu-
dad de LoNDBBS se extiepde en una
superficie de 31.576 hectáreas (sobre
treinta y un millones y medio de me-
tros de lado; 31.576.000), la cual divi-
de el Támesis en dos partes desigua-
les: la una, situada soon la margen
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47G LOND
LOND
LOND
izquierda, comprende Za CiU, 6 viejo
Londres, j Wc'síminsíer, abarcando
lo uue güDeralmeate se entiende por
el tVestSnd j las grandes villas de
Marjlebone, de Finsbury j de To-
wer-Hamlets; la otra, enclavada sobre
la orilla derecha, abraza las grandes
villas de Southwark j Lambeth. La
Cite\ qae ocapa casi el centro de la
capital, representa la parte más anti-
gua de la población j constituye por
sí sola una ciudad separada, con sus
leyes, sus usos j franquicias, habita-
da por los comerciantes é industria-
les, excepto los fíibricantes de seda,
3ue se hallan establecidos en el inme-
iato barrio de Spitalñelds. Las ca-
lles de esta zona son, por lo general,
estrechas, húmedas j sombrías. Al
Oriente de La Cité, se encuentra el
nuevo barrio de East-End, consagrado
principalmente al comercio marítimo.
La ciudad de Westminster, enclavada
en la extremidad occidental del viejo
Londres, comprende los cuarteles ó
barrios de Westminster, de Tybur-
nia, do Belgravia, de Regent s-Park,
de Pimlico, de Üropton, de Chelsea,
entre otros, j es residencia de la cor-
te, de la nobleza, del Parlamento, de
las administraciones j de las familias
acomodadas. Southwrk es el barrio de
las manufacturas j de las fábricas.
Las calltis de Londres, cuyo número ,
pasa de 9.000, son por lo común her-
mosas, largas, regulares y con aceras
de piedra; distinguiéndose las de Re-
ffent's-street, Oiford-street, Riccadil-
y, Pall-Mall, Portland-Place, Tot-
ttíuham-Court-Road, el Strand, Hol-
barn, Oíd y New-Bond-street y otras;
de Blanckwall á Chelsea, atravesando
la ciudad de Oriente á Occidente, se
puede recorrer, entre dos líneas de
casas, una distancia de más de 11 ki-
lómetros; y cruzándola de Mediodía á
Norte, desde Walworth hasta Hallo-
way, otra de siete. El suelo es de gra-
nito de Kscocia, r las de mayor trán-
sito están empedradas. Las calles de
los barrios nuevos son inmensas; pero
ordinariamente solitarias y silencio-
sas; las casas, de poca apariencia, es-
trechas y bajas, están construidas do
ladrillo y cubiertas de tejas; las de
los barrios opulentos, presentan un
aspecto monumental, con columnatas
y frontis, edificadas también de la-
drillo, pero oculto bajo la capa de una
materia que simula la piedra. Las
casas tienen, generalmente, da tres &
cinco pisos,
4. MonumeiUos religiotot y civiles, —
fíajo el punto de vista artístico, los
monumentos de la ciudad de Lon-
dres, salvas ligeras excepciones, no
ofrecen nada de notable. La mayor
parte de ellos están destinados á la
administración, á la industria y al
comercio, y su principal mérito con-
siste en su grandiosidad y solidez; en
este concepto ocupan, con justicia,
un lugar preferente, — Entre los edifi-
cios religiosos figura, en primera lí-
nea, la catedral de ¿San PaHo, cons-
truida, desde 1675 á 1710, por el ar-
quitecto Cristóbal Wreu, y cuyas
obras importaron 747.954 libras es-
terlinas, o sea, próximamente, pesetas
18.Í37.884'50 (72.000.000 do reales).
La fachada principal de este templo
presenta dos pórticos y dos torres la-
terales: la una, contiene un reloj cu-
riosísimo; la otra, una campana que
sólo se toca para anunciar la muerte
de un miembro ds la familia real, del
obispo de LoNDRBS, del deán de San
Pablo 6 del lord corregidor. El edifi-
cio tiene sobre 104 metros de eleva-
ción; y la cúpula, que se eleva ma-
jestuosamente en el centro, está ro-
deada de 32 columnas, que sirven de
apoyo a una galería elegantísima. En
el interior se admiran varios monu-
mentos y estatuas; entre otras, la del
marqués de Coruwallis, las de los
condes de San Vicente y de Howe, el
de Nelson, el de Wéllington, el de
Abercrombie, el d'Howard, el de Jo-
suad Reynolds y el del citado Cristó-
bal Wren. A la catedral de San Pablo
sigue en importancia el monasterio
gótico de Jpfstminsíer, antiguo con*
vento de benedictinos, edificado en el
siglo xm por Eduardo el Coñfgsor, j
en cuyo recinto son coronadosios mo-
narcas. Este edificio es también céle-
bre por sus bóvedas, bajo las cuales
reposan los restos de la mayor parte
de los grandes hombres de Inglaterra,
En la parte meridional se distinguen:
el ánffulo de los poetas, que contiene los
monumentos de Chaucer, Shakespea-
re, Butler, Davenant, Conley, Prior,
Gay, Thomson, Goldsmitn, Gray,
Southey y otros; la estatua de Addi-
son y los bustos de Milton y de Dry-
den; la capilla de Enrique IV, á la
que abren paso unas bellísimas puer-
tas de roble, esculpidas y doradas, y
la cual encierra los estandartes y las
sillas de los caballeros de la ordeti del
Ba&o, los sepulcros de Enrique VII,
Alaría Stuardo, Elisabeth, Jacobo I,
Monk y el de loa infortunados hijos
de Enrique IV; la capilla de Eduardo
el Confesor, que contiene el túmulo
de este rey y los de Enrique III,
Eduardo III, Ricardo II, Enrique
y los dos asientos de piedra que sir-
ven para la coronación de los sobera-
nos de la Gran Bretaña. En el lado del
Norte se ven: los monumentos del al-
mirante Vernon, de lord Chathan y de
Varren Hastings; las tumbas de Pitt,
Fox, Grattan, Canningy Castlereagh:
la nave ofrece las de Ken, Jonson,
W. Temple, Congrevey otros. Pueden
citarse aún: la iglesia de Sí.-Step&em
(San Esteban), construcción hermosa
del mencioaado arquitecto Cristóbal
NVren ; la de San Martin, la de San
Jorge y la de San Gil, famosa por el
juego de 12 campanas y su curiosí-
simo repique, en el cual se encuen-
tran los sepulcros de Milton y del na-
vegante Frosbisher. — Al frente de los
edificios civiles, figuran los palacios
reales en número de cuatro: el de
Buckiit^ham ( Buckingkim-P alare), le-
vantado en tiempo de Gregorio IV y
habitado por la reina Victoria, en el
cual hay que admirar el gran salón
de recepciones, el salón \ erde y la
galería de cuadros; el da Wkiíehaü,
morada de los reyes desde Enri-
que VII hasta Guillermo III; St^—Ja-
mes, residencia de los monarcas des-
de 1695 á 1837, y el de Kensingtout
en donde murieron Guillermo III, la
reina María, la reina Ana y Jorga III,
nació más tarde la reina Victoria,
ntre los de la nobleza» merecen es-
pecial mención: el de Lambeth, de-
nominado Lamietk-Patace, que ocupa
el arzobispo de Cantorbery; el de
Lonáon, que habita el obispo de Lon-
dres; el de Apsley, en el que vivió,
desde 1820, el duque de Wéllington;
el de North%mherland, notable por sus
bellísimos cuadros, y los de Stoffordy
Grosvenor, Lausdonme, Bath y Sope.
por sus ricas colecciones de pintu-
ras.
5. Bdi^eios piblicos. — Los más im-
portantes son: el Parlamento ó pala-
cio de Westminster, levantado sobre
la orilla izquierda del Támesís, entre
este río y el monasterio de aquel nom-
bre, con una fachada de 300 metros
de largo y tres torres elevad ísi mas:
«ontiene la Cámara de los lores, la de
los comunes, la galería real, ú sala
de San Esteban y otras. La Torre de
LoNuBss, residencia qae fué durante
mucho tiempo de los antiguos reyes
normandos y notable por los grandes
recuerdos históricos que su vista des-
pierta, mide 5 hectáreas (5,000 me-
tros de lado) de superficie y presenta
un conjunto, una mezcla confusa de
torres y edificios diversos, rodeada de
un muro, de un ancho foso, lleao de
agua, y separada del Támesis por una
explanada guarnecida de 61 piezas
de cañón: sus obras dieron principio
en 1078, bajo Guillermo el Conjnisía^
djr, y quedaron terminadas ea 1098:
ua incendio la destruyó en parte
en 1841; hoy está destinada i museo
de artilleria, & depósito de arnuu y á
prisión de Estado, y en ella se enseña
todavía la cámara del infortunado
Carlos I. El Ouildhallt 6 casa munici-
pal de la Cité, fundada en 1189, re-
construida en 1410, destruida en par-
te por el incendio de 1666 y reparada
luego: Mansion-hottse (palacio del lord
corregidor), edificado en 1739 á 175.3
y notable por una hermosa sala egip-
cia: la Tesorería, en cuyo local se en-
cuentran instaladas las oficinas del
comercio, las del ministerio del Inte-
rior y del Consejo privado: la Bol'
sa ( Jíoyal-Exckange), edificada desde
1842 á 1845 y cuyas obras costaron
180.000 libras esteriinas (4.365,000
pesetas próximamente). El Stok-Sx-
change, en donde se cotizan los fondos
públicos ingleses y extranjeros, las
acciones de ferrocarriles y otras in-
dustriales: la aduana (Castom^ffouse),
inmenso edificio situado á orillas del
Támesis, entre London-Bridge y la
Torre, en el cual trabajan sobre 2.300
empleados; fué quemado en 1814, re-
construido y terminado en 1817, y su
fachada, que tiene 160 metros de Ton-
f;Ítud, está si>stenida por varias co-
umnas de orden iónico; una de sus
salas mide sobre 60 metros de largo;
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LOND
LOND
LOND 4T7
d Poti-ojíee, administncidn general
áe correos, situada en Cheapside y
New^te; sa fachada, de orden jóni-
co, tiene 120 metros de largo, t sus
obras quedaron terminadas en 1829:
•1 Ba*co de Inglaterra, masa enorme
de edificios, de forma mny irregular,
empezada en 1733, concluida en 1765
j hecha á jprueba de incendios: los
Hofte-gitarat, edificio ocupado por el
secretario de la Guerra, el comandan-
te en jefe, el «jrudante general j el
contramaestre general: el Bast-Jnaia-
kouie, kóíel de la Compañía de las In-
dias orientales, en el qae se admira
UD curiosísimo museo indio: el Somer-
seí4unae, que contiene sobre 900 ofici-
nas diferentes; entre otras, las del
timbre, del impuesto, de la renta in-
terior, del almirantazgo j de las le-
jes ds pobres: Trinit^-houte, asiento
de una corporación que se ocupa de
los progresos de la marina; y, final-
mente, la Casa de la Moneda, el Corn
Bxckangt, albóndiga ó almacén de
trigo; la Lonja del carbón y la columna
destinada á perpetuar Ift memoria del
incendio de 1666.
6. Teatros y museos. — Londres
cuenta 15 teatros, de los cuales se
citan, como más importantes: Drwy-
Ume, Covenl-Gfarden, incendiado j »-
eoostniído en 1856; Opera itaUana,
Áisifki, Pri%cetSf,Maruleho»e, Ly~
«na, OUmpie y Astley s; además de
nrias sociedades fundadas para dar
conciertos durante las estaciones de
invierno. — Entre las numerosas ga-
lerías de pinturas y de esculturas,
los museos de arte y de historia na-
tanl, haj que mencionar la galería
nacional, la de los artistas británicos,
lu de Buckingham-Palace,. de Mal-
horough-House, de Hampton-Court,
de Windsor-Castle, de Dulwich, el
Colosseum, el Diorama, la Institución,
británica, la Exposición libre y el Pa-
norama; pero las mejores obras artís-
tios, que posee la capital que nos
Mapa, se encuentran principalmente
en leB suntuosos áteles de la añstocra*
cift inglesa. Las galerías de Apsle^-
House (duque de Wéllington), de
Bath-House (lord Ashburton ), de
Bridgewater-House (conde EUesme-
k), de Chesterfield-House (conde de
(^heiterfíeld), de Lambeth-Palace (ar^
zobiíDo de Cantorbery), y, por últi-
mo, tos museos de lord Gre^, del
marqués de Anglesea, de sir Roberto
Peel y del marqués de Hereford, po-
Ken quizá los lienzos más célebres
de Rafael, Ticiano, Veronese, Leo-
nardo de Vinci, Murillo, Van Dyck,
Rembrandt, Rubens y de los maes-
tros de U escuela francesa moderna.
P¡asa$, eallei y parques. — Lon-
eais cuenta más de 80 plazas cuadra-
dla eoD un jardín en el centro, que
yieneo i ser como pequeños oasis co-
locados en medio de aquella inmensa
^^molación de casas ahumadas, cayo
humero asombra, puesto que no baja
de 307.722. Las principales son: la
de Grottenor, con la estatua ecuestre
de Jorg^e I; la de Bloonns&ury, en la
n eleva la esUtua de Fox; la de
ffanoore, que tiene U de Pitt; la de
Soho, con otra de Jorge I; la de Tro-
falaar, adornada con la columna de
Nelson y de la estatua ecuestre de
Jorge I v; las de Bedfond, Bekrave,
Berxeley, Cavendish, Eaton, Éuston,
St.~JameSy Leicesíer, Lincoln, Porí-
»«M, Rnssel, Tavistok y Trinlty,—
Los parques ó jardines públicos lle-
van los nombres de Regent'S'Park,
de 151 hectáreas (151.000 metros de
lado); Sjfde^Park, de 157; Victorta-
Park, 101; S^ensina ton- Gardenia 106;
Sí.-James's-Park» 2(7; Qreen^Park, 25;
y otros muchos menos notables.
8. PuaUesjf túneles.— ^\ Támesis se
encuentra eomo encajonado entre dos
líneas de malecones; sus aguas, que
suben y bajan con la marea. Daten las
paredes délos edificios, los cuales se
elevan sobre sus márgenes, reflejándo-
se en su corriente: este caudaloso río se
atraviesa, de Occidente á Oriente, por
nueve magníficos puentes, denomina^
dos: de Vanxhall, de hierro, abierto
á la circulación en 1816; de Véstmint-
ter, de piedra, construido desde 1737
á 1750 y reparado después de 1846;
de Hunyerford, colgante, practicable
sólo para los peones; Strand 6 de Wor-
íerloo, abierto en 1817 ; de Black-
friarSj en 1769; de Soutmrk, cujos
arcos de hierro se apojao sobre pila-
res de piedra, inaugurado en 1819;
de Baííersca, Pníuey, y el nuevo de
LoHDBBS { Nem-London Bridye ), el más
hermoso de la ciudad, construido
desde 1825 i 1831, por J. Renní^,
mide 300 metros de largo; 19 de an-
cho, ^ 18 de altura, y está sostenido
por cinco arcos de tormaoval. La me-
jor parte de loa mencionados puentes
tiene la misma longitud que el ante-
rior y son de granito de Escocia. — La
necesidad de abrir un paso al Este del
puente de Londres sugirió la colosal
idea -de establecer ef famoso túnel
subterráneo, que une á Rotherhithe
con Wappuig, construcción tan atre-
vida como única en su género, lleva-
da felizmente á cabo por el ingeniero
francés Brunel: esta obra admirable,
concluida en 1841, presenta una es-
calera de caracol de 100 peldaños, que
conducen hasta el fondo del Támesis,
y una doble galería de 12 metros de
ancho y 400 de largo, que pasa por
debajo de aquel caudaloso río. Es uno
de los mái grandes monumentos de la
osadía humana.
9. Población. — Los censos de pobla-
ción de la metrópoli inglesa han da-
do, en distintas épocas, las curiosas
cifras siguientes: en 1701 (la ciudad
se hallaba reducida entonces á V^i-
thechapel), 674.000 habitantes; en
1801, 864.845; en 1811, 1.009.546;
en 1821, 1.225.694; en 1831 (com-
prendida la población de San Pan-
cracio), 1.471.941 ; en 1841 , 1.783.314;
en 1851, 2.240.289; 3.251.804, en
1871: hoj es posible que pase de
4.500.000.
10. Administración. — Londhbs con-
tiene todas las administraciones su-
periores del imperio britático: es re-
udencia del soberano, del Gobierno,
de la corte, de los representantes de
las potencias extranjeras, del lord
corr^idor y de un obispado sufragá-
neo de Cantorbery, el primero del
reino, después de los arzobispados; y
asiento de las Cámaras de los lores y
de los comunes, del Consejo Supre-
mo dependiente del ministerio de las
Indias orientales, de las administra-
ciones del Estado, de los triltunales
de la Chancillería, del Banco del mo-
narca, del Fisco ó de la Hacienda, de
los juzgados comunes y del almiran-
tazgo.
11. División de ta eapitaly su repré-
sentación en la Cámara. — Londres pue-
de considerarse dividido en tres gran-
des distritos, representados por la
Cité, Wéstminster t Sonthwarkt los
cuales comprenden 108 parroquias.—
Hasta el año de 1832, época en que se
publicó el acta de la reforma^ la ciu-
dad que nos ocupa sólo enviaba ocho
individuos á la Cámara de los comu-
nes; cuatro, por la Cii¿, y dos, por
cada una de las circunscripciones
electorales de Wéstminster y de
Southwark. La citada acta creó cua-
tro nuevas circunscripciones (Marjle-
bone, Finsburj, Tower-Hamlets v
Lambetb), con derecho, cada una de
ellas, á dos reoresentantes; lo que
aumentó hasta 16 el número de los
miembros de la Cámara de los co-
munes.
12. Organización y aobiemo dt los
tres distritos mencionaaos.—La Cité se
halla dividida en 26 tcards 6 cuarte-
les: su gobierno interior, confiado á
un municipio, compuesto del lord
corregidor, dos sheriffs (uno, por la
Cité, y otro, por Middlesex), 2!l alder-
man (regidores), 209 individuos del
consejo municipal (Common-Council).
un recorder (magistrado que se nombra
con el objeto de ^ue auxilie á las au-
toridades municipales para la mejor
administración de justicia) j varios
funcionarios del orden inferior. — El
lord corregidor es elegido anualmen-
te por el cuerpo de los alderman; debe
haber sido sheriff, esto es, magistra-
do encargado <» la ejecución de las
leyes en un condado de Inglaterra;
disfruta un sueldo anual de S.OOO li-
bras esterlinas (194.000 pesetas pró-
ximamente), y su autoridad es igual
á la del lord-teniente del condado. —
En el interior de la ciudad ocupa el
primer rango, después del monarca;
marcha detrás de éste en las fiestas
cívicas, 7 á su muerte, ocupa su pues-
to en el consjejo privado y firma las
actas, hasta la coronación del nuevo
soberano.— Los alderman son nom-
brados por los propietarios que satis-
facen por impuesto una cantidad de-
terminada: la cámara del consejo mu-
nicipal, por los 26 it»mís ó cuarteles
antes citados. Al lado de esta admi->
nistraciún general de la Cité, tiene
LoNORBS diversas compañías comer-
ciales, que gozan de ciertos derechos
y del privilegio de elegir de su seno
al lord corregidor. Los principales
que se citan, son: los merceros ó lon-
jistas, los drogueros, pañeros, fabrí-
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478 LOND
LOND
LOND
cantes de objetos de pesca, cerrajeros,
peleteros, sastres, mercaderes de sal
y otros. La bar^uesía se compone de
miembros 6 afiliados de 81 gremios
de artesanos, cuja admisión se obtie-
ne por herencia, por aprendizaje, com-
pra ó privileffio, que concede la mu-
nicipalidad. La Cité tiene sus tribu-
nales de justicia particulares, que se
reúnen ordinariamente en Quildhall,
El del lord corregidor, para el pago
de deudas & actos testamentarios, estñ
presidido por el recorder: los sheritfs
tienen otro, cuatro veces por semana.
El tribunal del Chamberlain (camare-
ro 6 gentilhombre de cámara) es coti-
diano y decide las querellas entre los
maestros/ los obreros. — WéstmintUr
j SoutAmark tienen administraciones
particulares: la primera, no tiene mu-
nicipalidad; aa jefe es el h^hitécard
(majrordomo major), cuyo cargo re-
cae ordinariamente en un noble, nom-
brado vitaliciamente por el deán del
monasterio de Wéstmínster, j asisti-
do de un consejo de 16 burgeses, los
caales desempeñan las funciones de
alderman: la segunda, stSIo depende,
en parte, de la administración del lord
corregidor.
13. Faerot de la CU/. — El territorio
de la Cite es el privilegiado por exce-
lencia en todo el Reino Unido, hasta
el punto de que sus privilegios é in-
munidades son superiores á la auto-
ridad del monarca. Así sucede que,
cuando los re/es de Inglaterra llegan
al limite de ta CiU, están obligados á
pasar un mensaje al lord corregidor,
preguntándola si les es permitida la
entrada. Ya se supone que el lord co-
rregidor contesta siempre de un modo
afirmativo; pero si, por cualquier cir-
cunstancia, contestase en sentido con-
trario, el rej se volvería sin poner los
pies en aquel recinto sagrado de la ciu-
dad de Londres, so pena de quebran-
tar un fuero venerando, cu^a infrac-
ción motivaría una revolución infali-
ble. Mirada la cuestión bajo este punto
de vista, puede decirse que aquel mu-
nicipio es verdaderamente soberano;
más soberano que la soberanía de todo
el reino. Nos ha parecido oportuno no
omitir esta curiosidad, que puede ser-
vir al mismo tiempo como importante
dato histórico.
14. Insiiíuciones municipales, — ^Las
de la capital que se describe, son no-
tabilísimas, debiendo citarse sobre
todo (después de su corporación) su
fiolicía, su universidad jsus hospita-
es T hospicios.
15. PolÍcía.-~l4a policía municipal
de LoNDitBS pasa, con justicia, por
una de las mejor organizadas del
globo: su nueva organización data
de 1820; sus modificaciones definiti-
vas, de 1829. Antes de esta e'poca,
cada parroquia de aquella ciudad te-
nía sus constables, (jefes de policía) j
su jurisdicción era independiente;
pero esto, no sólo ocasionaba frecuen-
tes conflictos, sino que hacía ineficaz
aquella importante institución. Hoj
todos los aervicios se hallan centrali-
zadof MI una oñdna, bajo las órdenes
de dos magistrados, sometidos al se-
cretario de Estado. Constituyen este
cuerpo 18 divisiones, cada una con su
uesto fijo. El personal se compone
B 20 superintendentes, 128 inspecto-
res, 541 origadieres j 4.764 oficiales
6 policemen. Los gastos de este ramo
ascienden próximamente á 8.100.000
Sesetas, siendo de notar que cada in-
ividuo de policía está dotado coa la
suma de 201ibras esterlinas mensua-
les, ó sea 2.000 reales en número re-
dondo.
16. Servicios públicos, — Londres
no tiene cuerpo de bomberos: las com-
paflías de seguros contra incendios
sostienen diferentes brigadas, las cua-
les recorren la ciudad durante la no-
che para vigilar yprestar auxilio en
caso de incendio. Trece ó más empre-
sas de gas atienden él alambrado de
la ciudad, j nueve compañías privi-
legiadas distribuyen las aguas. Estas
últimas, que tienen diversos períme-
tros de explotación, suministran dia-
riamente sobre 209.000 metros cúbi-
cos de aquel líquido, de loa eaales
sólo 20.0ÍOO se destinan al servicio
públioo. La Administración munici-
pal de la Cité y los condados admi-
nistrativos de las parroquias se en-
tienden con atjuéllas para el abasto
necesario al riego de las calles, á la
alimentación délas bombas de incen-
dios y á la limpieza de los albañales
ó sumideros.
17. Bnseñawa, — ^Los establecimien-
tos consagrados á la instrucción pú-
blica son numerosos: la universidad
de LoMDBBS, fundada en 1836, con-
fiere los grados de las facultades de
ciencias, literatura, derecho y medi-
cina, cualquiera que sea el culto 6 la
escuela á que pertenecen los alum-
nos; pero la enseñanza se da en el co-
legio de la universidad , que forma
parte del mismo edificio. Siguen á
esta el colegio real, creado en 1828,
cuya enseñanza es completa; los cole-
gios latinos de San Pablo, Chríst's-
tlospital, Merchant-Tailor's, Wésfe-
minster, Charter-House, Gresham y
City-of-London ; escuelas prácticas
de jurisprudencia (Inus of Court), de
veterinaria, de dibujo, de pintura, de
artes y de oficios; cursos de anatomía
y do medicina; institutos de sordo-
mudos y de ciegos, y una infinidad
de establecimientos, fundados por
suscripción, con excelentes anfitea-
tros, laboratorios, colecciones y bi-
bliotecas. El número de los jóvenes
que asisten á las escuelas del domin-
go excede de 100.000.
18. Sociedades cienllficas y litera-
rias.— Entre las muchas que cuenta
la ciudad de Londrbs, merecen citar-
se: la Sociedad Real, la de Anticua-
rios, la Médica, la de Artes, la de
Linneo, la de Horticultura, la Médi-
co-Quirúrgica-lieal, la Geológica, la
de Ingenieros civiles, la Keal de As-
tronomía, la Médico-Botánica, la Ueal
Asiática, la Mineralógica, la de Ma-
temáticas, la Zoológica y la de Esta-
dística. Casi todas estas sociedades
celebran dos sesiones mensuales, sien-
do el foco de un extraordinario movi-
miento intelectual.
19. balerías y bibliotecas públicas. —
£1 British Museum contiena una her-
mosa galería de cuadros, un ^bine-
te de medallas, varias colecciones de
antigüedades griegas, romanas j
egipcias; otnu^ etnográficas y de his-
toria natural, y la biblioteea nUs nu-
trida de Inglaterra: di6 aquélla prin-
cipio en 1759, y en 1850 contaba ya
sobre .500.000 volúmenes, 31.000 ma-
nuscritos y 20.000 medallas. La ga-
lería nacional y la Academia Real son
igualmente ricas en cuadros de dife-
rentes escuelas, y el colegio de ciru-
janos y el museo de geología práctica
encierran también bibliotecas notabi-
lísimas.
20. Bene/ícencia,—EütTe las 500 6
más instituciones de caridad que tie-
ne LoNDBBS, se encuentran 14 hospi-
tales, propiamente dichos, y 36 espe-
cíales, que socorren anualmente so-
bre 700.000 personas; los más nota-
bles son: el de San fiartolomé, el de
Guy, el de Santo Tomás, San Jorge,
Middlesex, Londrbs, Wéstmínster,
Marylebone, Raddington, Charring-
Cross, Bedlam y los de los colegios
de la universidad^ del Rey. Ninguno
de estos establecimientos está soste-
nido por el Estado; todos viven de do-
nativos voluntarios, los cuales se ele-
varon no hace mucho á 1.664.733 li-
bras esterlinas (40.369.775 pesetas
próximamente, ó sea 161.000.000 de
reales). La miseria en Londrbs es
grandísima; el número de pobres y de
mendigos, considerable; pero la cari-
dad privada, que es allí muy activa,
les ofrece, entre otras casas de refu-
gio ó de. trabajo, el hospicio de los
niños expósitos; el de la Magdalena ó
de las arrepentidas; la institución
filantrópica, para los criminales que
salen de la cárcel, y el Workkouse, en
donde se les recibe, se les aloja y se
Ies viste con un traje especial. Sin
embargo, la mayor parte de los po-
bres prefieren vagabundear por las
calles, ejerciendo el oficio de cantan-
tes ó de barrenderos. Guando tienen
lugar las grandes crisis industriales,
hay días en que Londrbs parece un
inmenso hospicio. ^Quién diría enton-
ces que aquella ciudad portentosa es
la más rica del universo? Tal es el
resultado de su feudalismo civil, que
vincula la tierra y la casa en cierto
número de señores; llaga oculta que
está devorando las entrafias del pue-
blo inglés, lo cual ha motivado la te-
rrible expresión siguiente: «Loxdrbs
es un harapo cubierto de purpura, ó
una púrpura cubierta de harapos.»
Para que el lector se maraville, bas-
tará decir que veinte señores son los
dueños inalterables del suelo de
aquella ciudad.
'¿\. Reuniones públicas. — Como el
resto de Inglaterra, la metrópoli tie-
ne también sos clubs, en los cuales se
debaten importantísimas cuestiones,
tanto políticas como mercantiles. El
número de éstos pasa de 30, y entre los
más antigaos, se citan los de WkiUi
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I — 'JT ^ — ~
LOND
BroohfBooílejArtkvrtloB de Carlíon,
de la Reforma j de loa Conservadores
presentan un carácter marcadamente
político. Loa clubs de Londbbs repre-
sentan la faz más notable da la oultu-
la de aquella ciudad.
22. Cultos. — LoNDBsa cuenta para
las distintaa creencias religiosas de
sos habitantes, 125 iglesias pa-
rroquiales, 120 capillas anglicanas,
cerca de 100 templos para otros Ta-
ños cultos cristianos j seis sinago-
I gts: total, sobre 350 lugares de ado-
I ración.
23. Cárceles. — Las principales de
la metrópoli inglesa son las siguien-
tes: Nertgate, cárcel de la corporación
de Londres; Bridemll, casa de correc-
1 ciÓQ para los vagabundos; Gillspur,
prisión preventiTa; Clerkenrcell, Cold-
Bath-Fields, Wésiminster-House of
Varrectíony El Penitenciario^ Pentou-
vUle, Hurrey-County-Qaol, Boro^h-
Cmpter, BrhUm^House of Correcíion.
¿a Cárcel de SolUmay j las dos prin-
'eipales prisiones por deudas; el Qs-
een's-Beneh j la de Wiie-Cross,
24. Jndustria.-^LomBss, i pesar
de su inmensa población, no ocupa en
< el país el primer puesto como ciudad
iDdustrial 7 manufacturera: Bermin-
gba-D y Uáochester son dos centros de
tabricación mucho más importantes.
Sin embargo, sus manufacturas de
seda, que cuentan más de 10.000 te-
lares; sus fábricas de cuchillos, de
relojes, de herraje j de otros objetos
de metal; de coches, de quincalla, de
productos químicos, de curtidos, de
miteumentos de música, de montu-
' ns j guarniciones; sus talleres de
caiutrueción de máquinas; sus fun-
didoaes de hierro y de cobre, sus ja-
boserfas, sus vastos establecimientos
de máquinas de vapor, sus refinos de
azúcar, sus platerías, jo/erías y tin-
torerías, ofrecen ocupación constante
á UD número prodigioso de obreros.
Los productos de aquella gran acti-
TÍdad manufacturera gozan en todo
el mundo de una reputación tan uná-
nime como merecida. Bntre los esta-
blecimientos en grande escala, que
abundan en Londres, deben citarse
la imprenta de Bl Times j las cerve-
I uríat de Bare^/ 7 Perkins, cu^os
edíBcios, más que establecimientos
¡ iadostriales, parecen ciudades popu-
! losas. Es cuanto i las cervecerías,
oeupan un* superficie de 600 áreas, ó
sea de 6.000 metros de lado. Las ja-
boDerfas de Londres producen de 25
i30.000.000de kilogramos anuales de
jabón; es decir, sobre 600.000 quin-
tiles. No hemos hallado modo de ave-
riguar la cifra de las fundiciones de
hierro y de otros metales; pero debe
ser casi fabulosa.
25. Comercio. — En ningún país del
globo se hace el comercio ^ la banca,
ni en tan grande escala, ni con la re-
gularidad sencillez que en Londres.
tíu movimiento mercantil es inmensa-
mente vasto j activo, j todo contri-
buje i &Torecer su extraordinario
desatnllo* He aqní los principales
elementos con que eneata este ímpor-
LOND
tante ramo de las riquezas de las na-
ciones.
26. Sociedades mercantiles, — La pri-
mera asociación que se propuso acti-
var el comercio de Inglaterra con las
Indias orientales se constituyó en
LoMDBBS, bajo la denominación de
«Gobernador / Compañía de los mer-
caderes de LoHnBBS para hacer el co-
mercio de las Indias orientales.» (Go-
temor and C of Merehants of London
tradinff to the Éasí Indiet.) Esta com-
pañía se fundió en otra en 1701, que
tomó el nombre de «Compañía Uni-
da de los mercaderes 6 comerciantes,
etcétera;» la cual obtuvo el privilegio
exclusivo de explotar el comercio
en el Oriente del Cabo de Buena
Esperanza, hasta el estrecho de Ma-
gallanes. Su capital constitutivo as-
cendía á 150.000.000 de pesetas pró-
ximamente, dividido en acciones al
portador; el número de los accionistas
era de 3.579. La administración se
estableció en Leadenhall-ttreet, en un
edificio de orden jónico, construido
en 1726, el cual contenía un museo
oriental, ana importante biblioteca j
raros manuscritos en lenguas orienta-
les. Las inmensas riquezas adquiridas
por la sociedad en cuestión estimuló
a los ingleses á este género de asocia-
ciones. En 1711, se fundó una compa-
ñía para la explotación del Océano
austral, que fijó su asiento en Thread-
needle-street; j en 1679 se organizó la
llamada Bahía de Jludso», que edificó
su hótel en Finchurch-síreeí, cuando
yt Londres tenía la Compañía Musa,
creada en 1555; la Compañía del Le-
vante 7 de la Turquía, en 1579; la
Compañía Oriental, en el mismo año,
7 la Compañía Real Africana, ála cual
otorgó Carlos II el derecho de explo-
tar el comercio de la costa oriental
del Africa hasta el Cabo de Buena
Esperanza.
27. Establecimientos de crédito, — A
la cabeza de éstos, figura el Banco de
Inglaterra, cuyo capital representaba
firóximamente, no hace muchos años,
a respetable suma de 363.825.000 pe-
setas;la reserva, 75.000,000, 7 el papel
encírculación/'¿aMA-tt0/^;35O.OOO.OOO.
La metrópoli inglesa contab» sobre
86 compañías ó casas particulares de
banca, entre las que se citan: «Lon-
don and Counties lunk, British-North-
American bank, Sonth-Australian,
North-West bank of India, Rojral-
British, National-Provincial colonial,
Llojd, 7 las casas Rothschildt Goutts,
Barclay, Currie, Dixou, Drummond,
Hopkiuson y otras; todas ellas á cual
más acreditadas,- así en el antiguo
como en el nuevo continente; 7 ade-
más, 33 cajas de ahorro, 7 de 110 á
1 15 compañías de seguros sobre la vida,
contra incendios y otros accidentes,
como La Alianza, El Atlas, El Coun-
17, El Globo, El Guardián, El Impe-
rial, El London, El Fénix, El Royal-
Exchange, El I^yal-Fanner's, El ííun
y El Norwich.»
28. ConstruccioMS conurciales. — Los
numerosos baques qae surcan las
aguas del Timesis, entran en grandes
LOND 479
(fondeaderos ó docks, que se comuni-
can con el río, los cuales se encuen-
'tran rodeados de almacenes especía-
les, que ofrecen i los comerciantes
una seguridad completa para el de-
pósito de sus mercancías. Los docks
más notables de Londrks son los si-
guientes: el de Santa Catalina, de
12 hectáreas de superficie, construido
de 1826 £ 1828, con almacenes capa-
ces para 110.000 quintales de géne-
ros;el da Londrbs, levantado en 1805,
comprende el Tke East London em~
branchment dock y.Ias conchas ó fon-
deaderos conocidos con los nombres
de Hermitage, Middle (centro), Latear
(bajo), los docks de las Indias occi-
dentales, situados en Poplar; los de
las Indias orientales, en Blackwall,
de 16 hectáreas, y los del comercio
de la Groenlandia, Surrey y país del
Este, de 19 hectáreas, establecidos en
llotherhite. Los muelles del Támesís
se hallan completamente rodeados de
almacenes pertenecientes, así á parti-
culares, como i la administración de
los docks. Para qne el lector paeda
concebir ana idea de la extensión de
tales constracciones, bastará decir
que el dock de Londrbs se extiende
en una superficie de 45.000 metros
de lado, ó sea 4.500 áreas, pudiendo
recibir hasta 300 buques. Los alma-
cenes antiguos tienen extensión para
contener 220.000 quintales de mer-
cancías: los nuevos, 120.000 fardos
de te 7 hasta 60.000 toneles de vino,
lieores 7 espíritus. Este dock mons-
truoso es pequeño, si se compara con
el de las Indias occidentales, cuya su-
Íerficie ocupa 14.800 áreas, ó sea
48.000 metros de lado. Por consi-
guiente, equivale i mis do tres docks
como el de Londres.
29. Comwñcadimet, — Londres ocu*
pa el centro de todas las grandes lí- ^
neas de ferrocarriles que cruzan la
Inglaterra, contándose entre las prin-
cipales: GrealnNortheon, Middland-
Counties, Eastern-Counties y Great-
North-Vestem Railway, cuyo des-
embarcadero es quizá el mejor del
mundo; amén de las pequeñas líneas
férreas que unen la capital con sus
alrededores: Blanokwall, Greenwich,
Kew, Richemond, Windsor y otras.
Londres es igualmente el punto cen-
tral adonde convergen todas las líneas
telegráficas del Reino Unido. Para el
servicio interior de la población, se ha
creado una infinidad ae compañías de
ómnibus, coches y tranTÍas de una
importancia incalculable.
30. Puertos y canales,— "ñn el gran-
dioso puente de Waterloo, antes men*
ciouado, adquiere el Támesis una an-
chura considerable, y á corta distan-
cia de su embocadura, la aumenta la
marea con su flujo, formando uno de
los puertos más cómodos y quizá
más seguros del globo. En las dos
orillas de las extremidades del puen-
te se han establecido varios puertos
artificiales, que se comunican con el
principal por medio de canales, que
pueden recibir basta 200 buques ó
embarcaciones de alto bordo. Esta
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LOND
puerto principal ae eitíen'de desde el
puente de Lündrbs hasta Deptford,
sobre una longitud de 6 kilómetros
y una anchura de 400 á 500 metros.
Una serie no interrumpida de aque-
llos canales, entre los que se distin-
gue el llamado del Recente, une el
puerto de la capital al mar de Irlanda
■y á las g-randes ciudades manufactu-
reras del territorio inglés.
31. Marina mercante. — Lo que da
principalmente ¿ Londrbs su vida
mercantil es el Támesis: el comercio
tiene allí dos eómunicaeiones direc-
tas, por baques de vapor ó de vela,
con los puertos más importantes del
mundo. Más de 7.000 buques de todas
clases, sin contar el gran número de
lauchas que se agitan al rededor de
aquellas diversas embarcaciones, se
cruzan diariamente entre Uravesend
Íla metrópoli. La ñota mercante de
ONDRBS, que DO baja de 3.600 bar-
cos, ofrece ocupación constante ¿ más
de 36.000 marineros.
32. Movimiento marítimo y comer-
cial.— La actividad que se observa en
el Tastisimo puerto de la capital de
Inglateiia es extraordinaria: en 1860,
entraron j salieron 21.292 buques,
de una capacidad total de 6.278.242
toneladas. — Bn 1855, ascendieron:
las importaciones á 80.000.000 de li-
bras esterlinas (1.940.000.000 de pe-
setas próximamente); las exportacio-
nes, a 11.748.833 (284.909.200). Es-
tas últimas se elevaron, en 1860,
á 28.000.UOO de libras esterlinas, ó
sean 679.000.000 de pesetas, cu^a
considerable cifra da un aumento so-
bre aquélla por valor de 394.09U.80U
Eesetas. JBl movimiento general de
lONDBBS (entrada j salida) excede
actualmente de oche mil millones de
reales, superior á las importaciones j
exportaciones de muchos países de
^importancia. Por coasecueocia, puede
decirse que, en este sentido, no es
una ciudad, sino una gnu nación.
33. Mercados.— De los 50 que dan
abasto á la inmensa población de Lon-
dres, están señalados, como princi-
pales: el de la parroquia de Jtiin^Con,
destinado á la venta de ganados; el
de fíillingsgate, para el pL'scado; el de
Corvent-tfarden, propiedad del duque
de Bedford, para las frutas y legum-
bres; el de iVewgate, para la carne; el
de Leadenhall, para las avés y la caza,
y el de Com-Exchmge, para los cerea-
les de todas espt^cies.
34. Contynm de la población. — Se-
gún cálculos a|)roximado8, los habi-
tantes de esta ciudad consumen anual-
mente: 5.800.000 hectolitros de tri-
go (sobre 1.200.000.000 de libras);
250.000 bueyes; I.800.00U cameros;
30.000 terneras; 40.000 cerdos; más
de 4.0U0.OU0 de aves; 3.U00.OO0 de
salmones; más de 2.UU0.000 de hecto-
litros de cerveza (sobre 450.000.000
de cuartillos); 175.000 de vino;
91.000 de licores.
35. Leche. — Calcúlase que la leche,
que se consume en Londrbs, es la que
producen 13.CÜ0 vacas.
36. Ahmbrado. — Bl carbón de pie-
LOND
dra, que se importó en 1854, ascendió
á 44 millones j medio de quinta-
les (44.500.000) j el número de me-
cheros de gas, empleados en el alum-
brado público de Londres, no bajaba
de 360.000 autes de la introdaeción
del alumbrado eléctrico.
37. A speeto y Jíttmomía de la capi-
tal.— La primera impresión que pro-
duce Londres en los extranjeros es,
por lo general, triste. Esta ciudad
inmensa aparece como ahogada bajo
una espesa nube negra 6 gris, según
la estación; es una mezcla de humo
de hulla y de vapores acuosos* Estos
últimos se atribulen & la gran masa
de agua que lleva el Támesis, la cual
conserva constantemente, en ciertas
estaciones, algunos grados más de
calor que el aire. Aquella nube, que
se eleva desde el seno de la ciudad,
penetra en todas partes, manchando
cnu frecuencia, en medio del paseo,
el rostro y el traje de los transeúntes;
las calles se ven cubiertas de un tinte
negro, uniforma, ocasionado particu-
larmente por la enorme cantidad de
carbón de piedra que allí se consume.
Durante el mes de Noviembre, nie-
blas espesísimas invaden la población
hasta el punto de producir 4 veces, en
pleno día, la oscuridad más densa.
Para evitar las funestas consecuencias
á que pudiera dar margen este incon-
veniente, se ha multiplicado, como
en ninguna otra población, el alum-
brado de ^as; pero la ícteasidad de
aquellas nieblas llega á ser en ocasio-
nes tan extremada que, amén de la
gran profusión de luces, se hace in-
dispensable, para el más seguro trán-
sito por las calles, el auxilio de mul-
titud de antorchas. Aquella circula-
ción, que sería horrible sí fuese rui-
dosa, no presenta, sin embar^, el
total movimiento de la población de
Londres; ésta ofrece otra no menos
animada en el caudaloso Támesis, en
donde se ven infínitas embarcaciones,
que transportan continuamente, de uno
á otro extremo de la ciudad y por una
módica retribución, millares de per-
sonas que van á sus negocios. Llega-
do el domingo, aquel movimiento des-
aparece casi por completo; todas las
tiendas aparecen cerradas; los traba-
jos, así públicos como privados, que-
dan en suspenso, y las calles, excepto
las principales, silenciosas y desier-
tas; la inmensa mayoría de los habi-
tantes permanece encerrada en sus
respectivas viviendas. Para Ter, pues,
la capital de Inglaterra bajo su ver-
dadero aspecto, es necesario TÍsitarla
durante el período que se llama esta-
ción de Londres, es decir, desde Maj'o
hasta Julio. En esta época se encuen-
tra el Parlamento abierto 7 la corte y
las familias aristocráticas y opulentas
ocupando sus magníficos hútelis y sun-
tuosos palacios; el resto del año, toda
esta brillante sociedad se traslada al
campo y á sus quintas particulares.
Hemos dicho que el primer senti-
miento con que Londres nos impre-
siona, es triste. Sin embargo, debe-
mos explicar la índole particularísima
LOND
de aquella tristeza, porque de otro
modo no seríamos fieles narradores de
la verdad. Cuando, al llegar á la me-
trópoli de Inglaterra, se ve aquel cen-
tro de cuatro millones de criaturas,
aquella red interminable de estableci-
mientos y de fábricas, aquel horizon-
te iudefíuible de brumas vde sombras;
aquel mar de luces; aquel movimieutb
vertiginoso de carruajes en toda^ diret
clones, como si fuese una inmensa casa
que se desalquila; aquel laberinto de
cnimeneas y de enormes columnas,
las cuales se presentan á la imagiaa-
ción como una multitud de monstmoi
que surcan el espacio, vomitando lla-
mo; aquel ruido de los trenes sóbrela
techumbre de los edificios, como sí
viajaran por el aire, ó se precipitaran
de las nubes, experimentamos una
emoción desconocida, en que toman
parte simultáneamente el anonada-
miento, la pesadumbre, el asombro, el
espanto y la maravilla. Es una mezcla
de tristeza, de arrobamiento y de es-,
tupor, en que no sabemos decir si
aquel espectáculo nos horroriza ó nos
deleita. En Londres se aprende qae
haj ciertos instantes en la vida, es los
cuales no haj modo de decir si es mis
lo que admiramos, 6 lo que tememos.
La vista de Pekín es más singular; U
de Constantinopla, más peregrina; la
de París, más bella ; la de Genova ó
Nápoles, más graciosa; la de Méjico,
más delicada; Ta de Bahía, más pmto-
resca; la de Koma, másimaginatÍTa;
profunda; la de Atenas, más ideal; la
de Jeruaalén, más solemne; la deLo.v*
DRES, más extraordinaria, más triste,
más severa; pero sin ser menos exten-
sa, grande, maravillosa.
38. Historia. — Loa autores no es-
tán de acuerdo en cuanto á la época de
su fundación; pero no falta quien afir-
ma que su existencia data desde antes
de la invasión de Julio César. Bajo
Nerón, era ja, según expresión Q»
Tácito: Coj>i& neaoUatory/m et Commea-
twim masmi celebre; csnmamente cé-
lebre por la abundancia de negocian-
tes y convoyes ó flotas.» Esta ciudad,
casi insignificante en los primeros
tiempos, fué fortificada por los roma-
nos; pero su principal defensa consis-
tía en un gran pantano que se halla-
ba al Norte, y una inmensa selva que
dflstrujó Enrique II. Cuando aque-
llos conquistadores abandonaron U
isla, Londres vino á ser un» ciudad
de la Bretaña. En 487, la tomaron los
sajones; y en 498, fué reconquistada
por aquéllos, bajo cuj'o dominio per-
maneció durante una gran partead
siglo siguiente. En 52ti, Erkenwin,
fundador del reino de Esset. estable-
ció en Londres su residencia; eB ««
fué erigida en obispado, T más tawe,
devorada por las llamas, diezmada por
la peste y devasuda por los daneses
hasta fines del siglo ix, en que Alfre-
do el Grande la elevó á capital de In-
glaterra. Subvugada en 1066, como
el resto de la isla, por Guillermo el
Conquistador, alcanzó mur 1"^??."°
frande importancia, siendo eoiijidew-
a como la primera ciudad del re»»
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LOND
britíníeo. Enrique I le otorgó, en
1100, una Constitución; j durante el
reinado de Ricardo Corazón de Leún^
el nombre de alcalde sustituyó al de
¿«tifo que, hasta entonces, había lle-
vado el primei magistrado de la ciu-
dad. Desde esta época, sus principa-
les acontedmientos históricos se coq-
fonden con los de Inglatern¡ sin em-
bargo, paedeD citarse: el incendio de
1077, que la destruyó en parte; el hu-
racán de 1090, que derribó más de 600
casas; el sitio que sufrió en 1217; el
hambre extraordinaria de 1258, que
diezmó la población; la peste ue^ra
de 1348, que causó sobre 50.000 vic-
timas; la insurrección de Walt-Tjler,
sofocada por el alcalde sir Wil] Itam
Walworth, en 1380, j la de Jonh-
Uade, en 1450, que no alcanzó mejor
éxito. Londres, á pesar de esta larga
serie de calamidades, continuó pro-
gresando j desarrollándose con mara-
villosa rapidez. En tiempo de la Re-
forma, los bienes del clero fueron ce-
didos á la municipalidad por Enri-
aae VIII, con el objeto de que aque-
a corporación diese mayor ensanche
álas calles y mejorase las condicio-
nes de salubridad de la población.
Bajo el gobierno del mencionado mo-
narca, fué LoNDRBS teatro de escenas
sangrientas; pero las muchas mejo-
ras realizadas durante esta época,
tanto en la Cité como en los arraba-
les, embellecieron de una manera no-
uble la capital de Inglaterra. Sin em-
bargo, todavía la aguardaban nuevus
desastres: en 1563, una nueva epide-
mia aterrd la población j un temblor
de tierra la destruyó en 1580. £u la
guerra que sostuvieron el Trono y el
Parlamento, quedó la metrópoli en
poder de este último, el cual la rodeó
de murallas, en 1643. En 1665, bajo
el reinado de Ana, otra peste arreba-
tó la vida á más de 100.000 habitan-
tes; V al año siguiente, el incendio
más horroroso que registran los ana-
les de la historia, devoró en cinco
días 13.000 edificios j 90 iglesias.
LoNDKBS fué luego reedificada sobre
un plano más recular y de una mane-
ra más sólida. En esta capital se con-
cluyeron los siguientes tratados: el
de 2 de Bnerp de 1671, por el que
Garlos II prometió á Luis XIV hacer-
se católico, reconciliar sa reino con la
corte de Roma y cooperar á la guerra
contra la Holanda, sin otro beneficio
qae el de obtener algunas islas de la
Zelanda y de Holanda; el del 13 de
Septiembre de 1688, que aseguraba á
Jacobo II, amenazado de una revolu-
ción, el apoyo de una flota francesa,
J el de 18 de Julio de 1718, conocido
bajo el nombre de Cuádruple alianta,
que unía á la Inglaterra con la Fran-
cia contra España. En 1780, estalló
«a Londres una formidable revolu-
ción popular, durante la cual fueron
puto de las llamas muchos edificios,
muchas eapillaa católicas y algunas
cárceles; y la revolución francesa fué
ttuia después de utras varias insu-
fiMciones, que fueron reprimidas. A
putir do eita épooa, los Montool-
LONG
mieutos más uotabUs de la historia
de Londres se reducen á algunos he-
chos nacionales, entre los que se ci-
tan: el guincuagésimo aniversario del
reinado de Jorge III en 1809; la visi-
ta del emperador Alejandro, en 1814;
tai conferencias de lat diKo graiulet po-
tencias, celebradas en 1831, relativas
á la creación del reino de Bélgica; U
coronación de la reina Victoria, en 1837,
y finalmente, la visita de Napoleón 111,
en 1855,
39. Personajes célebres. — Londres
ha sido patria de un número conside-
rable de varones ilustres, entre los
que figuran: Chau, Spencer, Tomás
Moore, Bacon, Milton, Temple, Prior,
Pope, Shaftesbury, Chesterfield, Foe,
Halley, Iñigo Jones, Hogarth, Pitt,
Fox y Tomás Browne.
ETiMOLoaÍA. Bretón, llgn, estanque,
aludiendo al primitivo pantano de la
ciudad, y dinas, montecillo: llgn-di-
nas, «estanque del montecillo;» latín,
Augusta Trinoianíium Londiníuu; in-
gles, London; italiano, Londra; fran-
cés y catalán, Londres.
Londrés, sa. Adjetivo anticuado.
El natural de Londres y lo pertene-
ciente á esta ciudad.
Londrina. Femenino. Tela de lana
que se tejía en Londres.
EtimolooÍa.. Londres i: francés, Ion-
drin.
Loneta. Femenino. Lona delgada
que se emplea en botes y otros usos.
Longa. Femenino. Nota de músi-
ca, que vale la mitad de una máxima
ó dos breves,
EriuoLOofA. Luengo: latín, longa;
francés, longue; italiano, loi^a,
Longadura. Femenino anticuado.
Lasoura.
Longánimamente. A.dverbio de
modo. Con longanimidad.
Etiuolooía. Longánima y el sufijo
adverbial mente: latín de san Jeróni-
mo, longdnímttir.
Longánime.Adjetivo. LonqXniuo.
Longanimidad. Femenino. Gran-
deza y constancia de ánimo en las ad-
versidades. I Liberalidad.
EriHOLoaiiL. Longánimo: latín, lon-
ganlmítas; italiano, kngsmimitá; fran-
cés, loi^animité.
Longánimo, nuu Adjetiro. Mag-
nánimo, constante.
Etiuolooía. Luengo y dnimo: latín,
lofu&nimis; italiano, longánimo.
Longaniza. Femenino. Pedazo lar-
go de tripa angosta, rellena de carne
de cerdo picada y adobada.
ETiuoLOaÍA. Longa: catalán anti-
£uo, llonganissa; moderno, Uangonissa.
a forma antigua es la etimológica. —
cCierto género de vianda, que se hace
de carne de puerco picada, y adereza-
da con especias, y se envasa en las
tripas menores del mismo puerco. Co*
varrubias dice ^ue este manjar le in-
ventó en Lncania, de donde se llamó
Lucanieá en latín, y en castellano se
ha corrompido en Longaniza.» (Aca-
demia, Dteeionario de 1726.^— «Por
semejanza se llama cualquier cosa
larga y delgada, como la soga del po<
10.» (Idbii.)
LONG
481
Longar. Adjetivo ^ue se aplica al
Sanal que esta trabajado á lo largo
e la colmena, j se aplica también i
ésta.
Etiuolooía. Longa*
Longares. Masculino* ^«rsMsis.
Cobarde.
Longazo; sa. Adjetivo aumentati-
vo de luengo.
Longemente. Adverbio de modo
anticuado. Mucho, en gran manera.
Etiuolooía. Latín longe, muy, mu-
cho; LONQB hoc fiehati cesto iba muy
largo;» es decir, cesto se hacía en lar-
go tiempo.»
Longevidad. Femenino. Largo vi-
vir.
Etiuolooía. Longevo: latín, longa-
vtías; italiano, ¡ongevitá; francés, lon-
gévité.
Longevo, va. Adjetivo. El que es
muy anciano ó de larga edad.
Etiuolooía. Latín lot^isvus, de lar-
ga vida; compuesto de longus, largo,
y avunii tiempo indefinido: italiano,
longevo.
Longi. Prefijo técnico; del latín
/onffuA, largo.
Longicaudo, da. Adjetivo, Zoolo-
gía, De cula larga.
Etiuolooía. Latín longos, largo, y
cauda, cola: francés, longicaude.
Longicaulo, la. Adjetivo. Boláni'
ca. De tallo largo.
Etiuolooía. Latín longus j atulis,
tallo: francés, longicaule.
Longícompaesto, ta. Adjetivo.
Botánica» Hojas lonoigoupuestas; ho-
jas larcas y compuestas, oomo las de
las rosaceas,
ETiuOLOofA. Longi j empuesto:
francés, loiuficomposó.
Longicórneo, nea. Adjetivo. Lon*
QICOllNIO.
Longicornio, nia. Adjetivo, ffn-
tomologia. Calificación de los insectos
coleópteros, cuyos cuernos son tan
la^os cumo el cuerpo ó más.
Etiuoloqía. Longi y ciírneo.
Longicruro, ra. Adjetivo. Zoolo-
gía. De piernas larcas.
Etiuolooía. Latín ídn^tu, largo, y
crus, crurís, pierna.
Longilabros. Masculino plural.
Entomología, Tribu de insectos nemíp-
teros de labro largo.
ETiMOLoaÍA. Longi y lahro,
Longilobolado, da. Adjetivo. His-
toria natural. DÍTÍdíido en lóbulcu pro-
longados.
ExiuoLoaÍA. Longi y lóbulo: fran-
cés, longilobé,
Longifloro, ra. Adjetivo, Botáni-
ca. De ñores en forma prolongada.
Etiuolooía. Zott^» y fios, Jdrit,
flor.
Longifoliado, da. Adjetivo. Botá-
nica. De hojas largas.
ExiuoLooÍA. Longi y /Ótiatus, de
fÓUum, hoja.
LoDEÍloquio. Masculino. Conver-
sación larga.
Etimología. Latín loi^il^quíumt de
longus, largo, y %«*', hablar. (Dona-
to.)
Longimano. Masculino, ffistoria*
Sobrenombro do Arti^eijes, rey de
vouo m
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482 hom
LONJ
Persia, iludiendo á que tenía un bra-
zo más largo que el otro. (San Jeró-
nimo.)
GtimolooU. Latín Lon^^tnínus; de
longut, larg^, j «¿fniu, mano.
Longimano, na. Adjetivo. Zoolo'
gla. De manos lamas.
Btihología. Loi^ma%Q: francés,
Longimetria. Femenino. Parte de
la geometría que enseSa á medir lon-
gitudes, T también la que trata de las
propiedades de las líneas.
EiTiMOLOOÍA. Latín lon^ut, largo, j
el griego méíron, medida: francés,
íowimétrü.
Longimétríco, ca. Adjetivo. Con-
cerniente á la longimetria.
Etiuolooía. Longimetria: francés,
lotMimeírique.
Longimetro. Masculino. Instru-
mento que sirte para tomar medidas.
Btimolooía. Longimetria: francés,
loMimiíre.
Longincuidad. Femenino, Coali-
dad de lo que está lejano. .
Btuiolooía.. Latín longinquiías,
Longincno, cua. AdjetÍTO. Dis-
tante, lejano, apartado.
ETiMOLOofA. Latín longinquus, de
UíMus, largo.
Longiao. Nombre de dos santos.
El uno, conmemorado por la Iglesia
griega el 16 de Octubre, era el centu-
rión que mandaba los soldados encar-
gados de la crucifixión de Jesús, ;
que, couTertido después de la Pasión,
se dice que sufrió el martirio en Ca-
fiadocia. El otro, cu^a fiesta celebra
a Iglesia católica el 15 de Ülarzo, era
el soldado que abrió de ana lanzada
el costado del Salvador j que, eon-
Tertido también al cristianismo, fué
martirizado en Cesárea.
Longipalpos. Mascolino plural.
Knlomologia. Tribu de insectos coleóp-
teros braquélitros, que tienen los pal-
pos maulares tan largos eomo la ca-
beza.
ETiMOLoaÍA. Luengo y palpot,
Longipecíolado, cía. Adjetivo.
Botánica. Que tiene flores sostenidas
por pecíolos largos.
EtiuolooÍa. Luengo j peciolo.
Longipenne. Adjetivo. (hmitoUh-
gia. De alas largas.
EriuoLoaiA. Latín Un^iu, largo, j
penna, pluma, ala: francés, longipenne.
Lonsiperoio, nia. Aojietivo. Or-
m/ff/o^iá. Zancudo.
ETiHOLoafa. Latín Ungía, largo, j
perna, pierna.
Longipineo, nea. Adjetivo. KiS'
torta natural, Üe aletas largas.
ETUCOLoafjL. Latín longut, largo, j
pinna, aleta del pez. (Plinio.)
Longirrostro, tra. Adjetivo. Zoo^
logia, Que tiene pico ó el hocico pro-
longado.
ÉriMOLoaÍA. Latín longut, lugo, j
rosírum, pico: francés, longirottrt.
Longiaeto, ta. Adjetivo. Sittoria
natural. Que tiene cerdas largas. Q
Botánica, Epíteto de las gramíneas de
hilillos muj largos en las espigas, j
de las plantas que producen legum-
bres cubiertas de pelos.
Etimoloqüu Latín longut, largo, y
teta, cerda.
Longisimo, ma. Adjetivo aaperla-
tivo de luengo.
EtiuoloqU. Latín longhiimus.
Longitud. Femenino. Lo largo de
cualquiera cosa. Q Geografía. La dis-
tancia de un lugar respecto al primer
meridiano, contada por grados en el
ecuador. | Astronomía. El arco de la
eclíptica, comprendido entre el punto
equinoccial de Aries j el círculo de
latitud del astro.
Etimología. Luengo: latín, longítü-
do; italiano, longituaine; francés, lon-
gitude; catalán, longitnt, llongiíui.
Reseña. 1. Geografía. Arco del
ecuador terrestre, evaluado en grados
j partes de grado, contenido entre el
firimer meridiano j ú meridiano del
ugar.
2. La LONGITUD se cuenta desde el
O hasta 180 grados, 4 derecha e iz-
quierda del primer meridiano.
3. Si el punto está en el Este, la
LOxr.iTUD es' oriental: si esti en el
Oeste, se denomina LONOiTon occi-
dental.
4. Descubrimiento de las longitu-
des. Descubrimiento del medio para
hallar las LONaiTUDBS en alta mar, por
el cual ofreció el Parlamento inglés
20.000 guineas.
5. En astronomía, la lonqitud de
los astros se toma de la eclíptica, en
tanto que la lonoituo geográfica se
toma del ecuador. .
Longitudinal. Adjatívo. Lo que
pertenece & la longitud 6 est& hecho
con arreglo & ella. \ Didáctica, Que se
extiende ¿ lo la^. R Anatomía. Que
se dirige en sentido del eje principal
de un órgano. Q Plano longitudinal.
Marina. Plano que pasa por el eje de
la quilla, de la rada ó estamenara j
del codaste.
Etimología. Longitud: francés, lon-
gitudinal; italiano, longiíudinale.
Longitudinalmente. Adverbio de
modo. A lo larg^.
EtiuolooIa. Longitudinal j el sufijo
adverbial monís: francés, longitudinal
lement; italiano, longiíudinaímeníe.
Lon^o. Masculino. Vello L(»«oo;
gramático latino. (TXciro.)
Etxmolooía. Longut.
Longo. Escritor griego del si-
f lo IV ó V de nuestra era, cujo ver-
adero nombre se ignora. Debe la ce-
lebridad á Daphnis y Cloe, novela
pastoril en cuatro libros, llena de
gracia, de sencillez jr de delicadeza,
aunque de un estilo en ciertos pasa-
Í'es un poco afectado j pretencioso,
jas mejores ediciones de esta precio-
sa obra son: la de Columbani (Floren-
cia, 1598); la de Jungerman (1606);
la de Boden (Leipzig, 1777); la de
Villoison (París, 1778); la de Corav
(París, 1802) j la de G. H. Schsfer
(Leipzig, 1803). P. S. Courier encon-
tró en Florencia un pasaje que falta-
ba en el primer libro jdió una nueva
edición en 1810, con la traducción
francesa de Am^ot. Recientemente
nuestro compatriota, el ilustrado aca-
démico don Juan Valera, ha vertido
al castellano la novela Daphnis g Cloe,
en una prosa tan castiza y elegante,
ue no hace echar de menos ninguno
e los muchos primores de estilo del
original.
Longo, ga. Adjetivo anticuado.
Labgo.
LoDgobardo, da. Adjetivo. Loa-
DARDO.
EtiuolooÍa. Latín long&hárdut.
Longor. Masculino anticuado.
Longitud.
Longuera. Femenino. Porción de
tierra larga j angosta.
Ktiuología. Luengo,
Longueria. Femenino anticuado.
Dilación.
EtiuolooÍa. Luengo.
Lengüetas. Femenino plnraU Ci-
rugía. Tiras de lienzo, ja sencillu,
ja dobles ó triples, qae se aplican en
fracturas j amputaciones.
Etuiología. Luengo,
Longueza. Femenino anticuado.
Labqura.
Longueznelo, la. Adjetivo anti-
cuado aiminutivo de luengo.
Etuiología.. Latín longUus. (Cice-
rón.)
Longuisimo, ma. Adjetivo super-
lativo. Larguísiuo.
Longuiso. Masculino. Germania.
Cobarde.
Longnitis. Femenino. Botánica.
Planta medicinal de la familia de las
ciperáceas, que se cría en los lugares
secos.
EtiuolooÍa. Latín tongUmt un poco
largo.
Longno, gna. Adjetivo anticuado.
Labqo.
Longura. Femenino anticuado.
Lonqitud. | Anticuado. Distancia 6
transcurso considerable de tiempo. |
Anticuado. Dilación.
Lo^ja. Femenino. Cualquiera cosa
larga, ancha y poco gruesa; como
lonja de cuero, de tocino, etc. Q El
sitio público donde se juntan merca-
deres y comerciantes para sus tratos
y comercios. || La tienda donde se ven-
de cacao, azúcar y otros géneros. | BI
atrio algo levantado del piso de las
calles, a que regularmente salen las
puertas de los templos y otros edifi-
cios. B Sn las casas de esq^uileo es el
almacén donde se coloca la pila de
lana. | Pieza de vaqueta, de una vara
de largo y de cuatro á seis dedos de
ancho, con que en los coches se afian-
zan los balancines menores al ma-
yot. Q Cetrería. La correa larga que se
ata á las pihuelas del halcón para no
tenerle muy recogido.
ETOioLoaÍA. Antiguo alto alemán
lanbja: alemán, Lauoe, follaje, porque
las primeras lonjas fueron albergues
rústicos; bajo latín, lauba, lobia, lo-
bium; inglés, lodje; italiano, loggia;
lombardo, labia; portugués, ¿^'s; fian*
cés, loge; provenzal, lotja; catalán,
llotja, moderno; llonja^ anticuado. J
«Femenino. Bl sitio público donde
suelen juntarse los mercaderes y co-
merciantes para tratar de sus tratos
y comercios. Sale del latino longus, a,
WM, por aer siempre espaciosas y pro-
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LOPE
LOPE
LOPE 483
loagtdu.» (AcADBtíu, Diecionañó de
im.)
Lonjear. A-ctívo anticuado. Alua-
cbnab.
Ktiholooía. L<ma,
liOi^jero, ra. msculÍDo t femeat-
Do. Lonjista. |1 Femenino. El merca-
dar que tiene lonja. (AcadbiuAi Dic-
mnariode 1726*)
Lometa. Femenino diminutivo de
lonja. I Cbnadob.
Loauilla. Femenino diminutivo de
looia.
BTUfOLoaÍA. Zimia: catalán, lloí-
jeía.
Loi^ísta. Común de dos. El mer-
cader o mercadela que tiene lonja.
Lonni. Adverbio de lugar anticua-
do. Largo, lejotf.
Lonquero . Masculino. Zoología,
Género de roedores parecidos al erizo.
Lontanan2a. Femenino. Pintura.
Se da este nombre á los términos de
un cuadro más distantes del plano
priucipal.
ETmoLooÍA. Italiano lontananza, for-
ma sustantiva abstracta de loníano;
del latín ion^i, lejos, y ttare, estar:
francés, lúintain; ptovenzal, loindanf
londhan, iundhan,
Lontar. Masculino. Botánica. Es-
pecie de palmera, de la cual se saca
gran cantidad de licor llamado íoídi,
u vino de palma.
KtimolooU. Malajo lontar ( jr^)
latía técnico, Óorassus ^abelliformis;
LOSTAKUs, de Kumpf; &ancés, lontar.
Loog. Masculino. iSedicamento
usado por los árabes para curar cons-
tipados j otras afecciones de pecho.
—«Término farmacéutico. Cierta es-
pecie de electuarío blando. Dase re-
g'ularmente este nombre á las compo-
siciones pectorales que tienen una
consistencia media entre los electua-
rios j jarabes. Ks voz arábiga.» (Acá-
üvaikt Diccionario de 17!¿6*J
hooT. Masculino. Alabanza.
Etiuolociía. Loa; catalán, loor.
Lope. Masculino. Nombre propio
de varón: don Lope.
Etiuolooía. Antes que de hpus, lo-
bo, viene de lup ó las/, y significa quie-
tud. (Matáns.)
López. Masculino. Nombre patro-
nímico. El hijo de Lope: hoy sólo se
usa como apellido de familia.
López (Alonso). Poeta crítico
español, que vivía en la segunda mi-
tad del siglo XVI. Ejerció la Medicina
/ estuvo al servicio de la princesa
Maria de Castilla* hija de Carlos V.
Dejó las siguientes Q\it».s: Pkilo$ophia
antigua poética y Comentario de la Poé-
tica de Aristóteles.
López (Bartoloub). Escültor es-
pañol, que vivía á principios del si-
glo XVI. Ejecutó en 1522 los adornos
de yeso de la capilla del Perdón de la
catedral de Sevilla.
López (Cbistóbal). Pintor español,
natural de Sevilla, que nació en la se-
gunda mitad del siglo xvii j murió
en 1730. Sus obras más notables son:
san Cristóbal y la Cena.
I^pez (Disao). Pintor español del
siglo XV, llamado el Mvdo, natural de |
Madrid. Sus obras se han confundido
alguna vez con las de Juan Fernán-
dez Navarrete, llamado también el
Mudo, por el sobrenombre de ambos,
y no porque puedan equivocarse sus
estilos. Son de su mano las pinturas
de la iglesia, ojimarín y sacristía de la
ermita de Nuestra Señora del Prado,
cerca de Talavera de la Reina.
López (DiEOo). Literato español,
que murió en 1655. Era natural de
Extremadura, fué profesor de bellas
letras y se ocupó constantemente en
hacer tzaducoiones españolas de los
clásicos latinos, como Virgilio, Pro-
percio, Valerio Máximo y Juvenal.
liópez (Fbancisco). Pintor y gra-
bador español, que vivía en Madrid á
fines del siglo xviy principios del xvii.
Fué discípulo de Bartolomé Carducci,
y en 1595 se le propuso, en unión
con sus maestros, para pintar los lien-
zos del retablo mayor de San Felipe el
Real, lienzos que perecieron, según se
cree, en el incendio acaecido en dicha
iglesia en 1718. Felipe III le nombró
su pintor de cámara en 1603, y ejecu-
tó en el palacio del Pardo algunas
obras representando victorias de Car-
los V, con buen gusto, correcto dibujo
y agradable colorido. Entre los demás
cuadros que se conocen de él, puede
citarse un san Ántomo Abad, que se
hallaba en la iglesia de San Martin de
Madrid. También ayudó á Vicente
Carducci en la obra titulada: Diálogo
de la Pintura,
López (Francisco). Pintor espa-
ñol, natural de Madrid. Fué discípulo
j amigo de Gaspar Becerra, á quien
ayudó en las obras de decorado de los
palacios de Madrid y del Pardo. Al mo-
rir Becerra, le recomendó á Felipe II,
el cual le encargó la pintura y deco-
rado del retablo que hisíeban Jordán,
escultor del rey, nabia ejecutado para
el monasterio de Montserrat, en (Cata-
luña.
López (Grboorio). Misionero espa-
ñol, llamado en IsínMgxó^ Antonio de
Santa María, que nació en fialtanás,
en 1610, y murió en Nankín en 1680.
Eutró en la orden de san Francisco y,
trasladado á Filipinas, enseñó la teo-
logía en un convento de su orden.
Enviado como misionero á China, re-
corrió las provincias de Fo-Kieu, de
Nankín y de Cantón; fundó varias
iglesias y oratorios, y durante veinti-
siete años trabajó con un ardor infa-
tigable en la conversión de los infie-
les; sufrió persecuciones y encierros
y fué nombrado por el papa Inocen-
cio X vicario general de su orden. Sus
escritos más notables son: Heíatio si-
nensium seetarun; Los ritos de los eAi-
nos; Catecismo cristiano en lengua china;
Tractatus de Sinarumconversione; Apo-
logía de los misioneros dominicanos y
franciscanos; Historia de Fray Gabriel
de la Magdalena y otros siete religiosos
mártires del Japón; De modo etangeli-
zandi in sínico imperio y Tractatus de
cmUm Cunfucio.
López (Cjreoorio). Escritor reli-
gioso español, que nació en 1542 y
murió en 1596. Después de vivir al-
gunos años con un ermitaño de Nava-
rra, fué á Nueva-España á predicar el
Evangelio á los indios, y allí pasó su
vida en una cabaña, que se constru-
yó, distribuyendo su tiempo entre la
predicación y la penitencia. Dejó las
obras siguientes: Explicación del Apo-
calipsis; Cronología de los tiempos, y
Tratado do Uu prepiedado» de las hier~
ias.
López (Joaquín María). Uno de
los más célebres oradores políticos,
jurisconsulto y hombre de Estado es-
pañol, que nació en Villena (Alican-
te) en 1802 y murió en 1855. Abrazó
la causa constitucional, por lo cual
tuvo que expatriarse en 1823, pasan-
do á vivir á Montpeller, donde perma-
neció hasta 1825, en que obtuvo au-
torización para volver á España. Ele-
gido diputado en 1834, se dio á
conocer en las filas de la oposición
más avanzada y adquirió muy pronto
la brillantísima reputación de orador
que le acompañó hasta el fin de su
vida. Proclamada, en 1836, la Cons-
titución de 1812, ocupó el puesto de
ministro de la Gobernación bajo la
presidencia de Calatiava; conservó en
el poder sus ideas avanzadas y, por
último, no estando de acuerdo con la
condueta de aqubl gobierno, presentó
su dimisión y volvió al Congreso,
donde era diputado por Madrid, con
el fin de hacer la oposición á la polí-
tica de entonces. Como presidente de
las Cortes constituyentes, cerró sus
sesiones con un elocuente discurso,
que conmovió profundamente al au-
ditorio. Elegido nuevamente en 1842,
tomó parte en la coalición formada
en 1843 contra el gobierno del Re-
gente; formó por encargo de éste
un ministerio, que pronto fué disuel-
to; presidió el gobierno provisional
cuando triunfó el pronunciamento;
y luego que el partido moderado se
hizo dueño de la situación, se retiró
á la vida privada, y aunque fué nom-
brado senador, no volvió á tomar par-
te en la política, muriendo de un cán-
cer en la boca. Su elocuencia ha que-
dado como uno de los dechados más
dignos de imitación de los tiempos
modernos, mientras que su nombre se
conserva como una de las más legíti-
mas glorias de nuestro parlamenta-
rismo. Además de sus inimitables
Discursos, se conservan del personaje
'de esta biografía unas muy estima-
bles Lecciones de elocuencia,
Resumen. — 1. Don Joaquín Ma^ía
LÓPBZ, por cuya memoria conserva-
mos aún la veneraciónsupersticiosade
la niñez, era alto, fornido, garboso,
de noble y hermosa presencia, de ca-
bellera larga. Bn los discursos de
emoción, solía sacudir la cabeza y
agitar el cabello, de tal suerte que
parecía volar por el espacio.
2. Este ilustre español tuvo la hon-
ra merecida de poner la primera pie-
dra en la inauguración de la estatua
del insigne Cervantes, añadiendo la
gloria de un discurso á la gloria de
un libro. Sus palabras en aquellos
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484 LOPE
LOPE
LOPE
instactea sagrados fueron una solem-
nidad de la maguiñca elocuencia es-
pañola. Nosotros tuTÍmos la suerte d«
oirías, cuando la edad no nos permi-
tía comprenderlas; aunque siempre
salimos gananciosos, pues lo que no
alcanxamgs en admiración, lo conse-
guimos en humildad j en inocencia.
Pero aun cuando no comprendimos
aquel discurso, comprendíamos que
allí se erigían dos estatuas: una, de
bronce; la de Cervantes; otra, de ora-
toria; ia de Joaquín Mabía Lópbz.
3. A.quella edad tuvo dos grandes
tipos de elocuencia: Antonio Alcalá
Galiano, modelo perfeclísimo del ora-
dor puro, delicado, elegante, de quien
solía decirse que su lengua había roba-
do tu melodía á la lengua de los sera-
fines^ y Joaquín MabÍa Lópbz, mode-
lo perfectísimo del tribuno valiente,
vigoroso, inspirado, sublime, cuya
palabra cae de sus labios, como baja
el torrente de las cumbres del Líbano,
ó como el rajo se desprende del vapor
de la nube. Es una lástima que esos
hombres nazcan para dar á la muerte
el tributo común.
4. Bl personaje de esta bíograiía,
como todo genio, creó escuela. Basta-
ba leer algunas líneas de sus discur-
sos, para que el lector exclamase:
«aquí respira el alnfa generosa de
DON Joaquín María Lópbz.»
5. Su carácter más universal era
la pasión; la pasión en todo, hasta en
el mirar, hasta en el moverse, lo cual
daba á sus ademanes esa apostura
majestuosa de los sentimientos pro-
fundos, lo que pudiéramos llamar la
estética de las pasiones, la poesía del
amor. ¡Aj! El amor fi}Q su gloria jel
amor lo llevó al sepulcro. La lengua
fué su genio j muere de un cáncer en
la lengua. Nuestros ilustrados lecto-
res comprenden sin duda que no po-
demos decir más. Sobre la tumba de
este grande hombre debiera escribir-
se el siguiente epitafio: «Cielo y tie-
rra; gloria é infierno.»
López de .á^ala (Don Adblaboo).
I
A las tres j media de la tarde, en
el cuarto segundo de la izquierda de
la casa número 8 de In calle de San
Quintín, desde cuyos balcones se do-
mina un horizonte dilatado y panora-
mas variados j pintorescos, espiraba
rodeado de hermanos y de amigos,
entre los cuales don Bmilio Arrieta
pertenece moralmente á los primeros,
el presidente del Congreso de diputa-
dos, DON Adblardo Lópbz db Atala/
á los 50 años, y al parecer, en la fuer-
za de su edad y de su talento. Su bio-
grafía se puede condensar en breves
líneas. Había nacido en Guadalcanal,
frovincia de Sevilla, en Marzo de
H¿9, pasando su niñez en Villagar-
cía, pueblo inmediato á Mérida; hizo
sus estudios después en la universi-
dad de Sevilla, y en Madrid se di^i á
conocer .como autor dramático, aun-
que su primera obra teatral. El Hom-
bre de Estado, no tuvo buen éxito.
Obtuvo un empleo modesto en Gober-
nación, que perdió al advenimiento
del partido progresista, y fué duran-
te el bienio redactor de Ell Padre Co-
bos. Afiliado más tarde á la unión li-
beral, fué elegido diputado. Hizo sus
5 rimeros ensayos de orador defendien-
oiMl Padre Cobos, y más tarde en el
Congreso combatiendo la ley de im-
prenta del señor Nocedal. Tomó parte
activa en la revolución de Septiembre,
cuyo programa redactó, y triufante
aquélla, obtuvo el ministerio de Ul-
tramar. Se le tenía por afecto á la can-
didatura del duque de Montpensier, y
sus opiniones conservadoras le per-
mitieron sin gran violencia ingresar
en la conciliación monárquica dirigi-
da por su íntimo amigo el señor Cá-
novas, bajo cuya presidencia fué mi-
nistro, y con cuyo apoyo obtuvo del
Congreso, en dos legislaturas, la pre-
sidencia que ocupaba al fallecer. Su
mayor triunfo teatral se lo proporcio-
nó El Tanto por Ciento, y su última
ovación escénica, el drama Consuelo,
Dos naturalezas diversasdebemos con-
siderar en el señor Atala separada-
mente: el político y el poeta. Procura-
remos hacer unligeio juicio de ambas,
sin exageración ni poesía; no habién-
dole adulado en vida, no cubriremos
de incienso su cadáver; diremos so-
briamente lo que nos parece la ver-
dad, único lenguaje que se debe nsar
ante una tumba.
n
Suele tacharse á Atala su deser-
ción del vie^o partido moderado, que
sólo conoció el valor y la importancia
de aquel joven cuando un político sa-
gaz, el general O'Donnell, le afilió á
su bandera, que difería bien poco de
la del partido que dejaba. El redactor
de El Padre Cobos dió con su talento
á este partido, helado ya, mucho más
de lo <^ue había recibido; la posición
literaria y política que llevÓ á la
unión liberal se la habían conquista-
do su talento y sus trabajos; no era
una posición oficial, de que la grati-
tud le prohibía disponer; era libre, y
pudo abandonar sin escrúpulo á los
que le manifestaban poco afecto, para
unirse á los que le mostraban más
amistad y simpatía. Las diferencias
de ideas que separaban á unos y otros,
consideradas hoy fríamente, son ridi-
culas. La segunda evolución que le
censuran, es la de casi todo su partido,
^ue se lanzó al campo revolucionario:
átomo de aquella mole, no tenía para
detenerse razones de gratitud ó deco-
ro personal que exigiesen de él un
esfuerzo poderoso para no caer con los
demás por la pendiente; pero, ni con-
vertirse en la voz de aquella revolu-
ción, redactándola célebre proclama
de Cádiz, hay que recurrir, para dis-
culparle por la dureza de sus frases,
á la necesidad de interpretar la opi-
nión de los que habían de firmarla.
Esas obras, que inspiran, discuten y
firman muchos, nunca son de uno
Sülü. La responsabilidad, que se trata
de exigir al Señor Atala, la compar-
ten todos los que firmaron el famoso
documento. Dentro de la revolución,
y ya ministro, fué un elemento tem-
plado y de poca iniciativa. La tercera
evolución del señor Atala tiene tam-
bién carácter colectivo: acaso la fasci-
nación de la amistad influyó podero-
samente en un cambio político, que,
efectuado sin duda por desengaños y
profunda convicción, hubiera pareci-
do más natural, sí hubiese sabido re-
sistir el ofrecimiento de un puesto vi-
sible en los momentos primeros de la
restauración que se verificaba. La elec-
ción del señor Cánovas tiene una jus-
tificación independiente de la sincera
y hasta débil amistad que profesaba
al poeta: el nombre del señor Atala
debía significar ante todo el mundo
la política del olvido: política gene-
rosa, no extremándola hasta olvidar
la lealtad y los servicios. Ks innega-
ble que existen grandes contradiccio-
nes en la vida política de Atala: na-
turaleza indolente la suya, de escasa
iniciativa, se dejó arrastrar por los
sucesos y siguió perezosamente i sus
amigos, á los cuales se puede achacar
parte de sus faltas, así como su ele-
vación, que efectuó sin ^ran esfuerzo
propio. No era en realidad hombre
político; y las corrientesi que por to-
das partes le envolvían, le llevaron
insensiblemente á la posición más po-
lítica del país. Como orador, no lo era
de diario y de batalla; su lujosa elo-
cuencia necesitaba larga intermiten-
cia y reposo para causar efecto seguro
en ocasiones determinadas y solem-
nes. Atala era un nombre respetado
y ensalzado como poeta, y la política
se apoderó de aquella gloría teatral
para asimilarla y darle brillo, y le re-
compensó con generosidad: la políti-
ca le absorbió en perjuicio del arte.
Kl señor Cánovas del Castillo tendrá
ante la posteridad, sí confirma el jui-
cio de los contemporáneos, la gloría
de su debilidad por el poeta ^ de su
poderosa y decidida protección, así
como la responsabilidad de haberle
desviado de su camino verdadero, el
del arte dramático. Cuando, al verle
espirar, quedó sumido en larga y do-
lorosa meditación, ¿tendría algún re-
mordimiento'^ No: lloraba sincera y
amargamente al amigo, y nada más.
III
La personalidad de don Adblardo
LÓPEZ DE Atala está en sus obras tea-
trales; suprimidas éstas, dentro de
dos años nadie se acordaría del políti-
co. Hablemos del poeta dramático,
aunque no podamos dará nuestro jui-
cio la extensión que se merece. La
opinión general le colocaba entrenues-
tros tres ócuatro autores de más talla;
la exageración le colocaba al lado de
Calderón, sin fijarse en que este ing-e-
nio colosal creó un mundo poético que
asombra y aturde á loa que penetran
en sus misterios y grandezas. Lo que
hizo Avala fué estudiar y admirar
profundamente á aquel maestro. ¿De-
ja verdadero teatro el poeta que acaba
de morir? Siete son sus comedias en
tres actos ó cuatro: R%oja¡ Do» ffiima-
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LOPE
LOPE
LOPE 485
%et¡ L'n Hombre de Estado; EL Tejado
do vidrio; SI Tanto por ciento; El Nue-
«0 DoH Jman, y Cotauelo, todas llenas
de bellezas; pero de las cuales más de
la mitad no corresponden á su fiima;
dos refundiciones de Calderdn, El Al-
calde de Zalamea j El Conjuro; ésta,
de escaso mérito, j el grao valor de
la primera, pertenece á Calderóa; una
traducción en prosa, Haifdee, sin im-
portancia, y cinco zarzuelas, que aun
cuando tienen versos primorosos 7 es-
cenas mnj notables, no era el género
en que brillaba su talento: son La
Estrella de Madrid; Los Comuneros; El
Conde de Castralla; El Agente de ma-
trimonios j el lindo juguete en un ac-
to Guerra á muerte. ¿Es un verdadero
teatro que puede compararse, no ja
al del príncipe de la literatura nacio-
nal, sino al de ninguno de los gran-
des dramáticos del siglo xtií? Deje-
mos en paz á aquellos gigantes de
una época portentosa, porque la nues-
tra tiene otro nivel. Las composicio-
nes importantes de A.ya.la. son: El
Tanto por ciento; El Tejado de vidrio,
j Consuelo, cada una de las cuales ha
producido en el teatro profunda sen-
sación; sin innovar nada las formas
establecidas, sin que su invención sor-
prenda, sin que su composición deje
algo que desear; pero las tres profua-
dameute humanas j teatrales y de
honda trascendencia. La contextura
ó armazón de esas comedias no tiene
sello especial que dé carácter á su au-
tor. ¿En qué estriba, pues, el mérito
extraordinario que todos le concede-
mos ¿Será otra exageración como la
que dejamos apuntada? De ningún
modo: la personalidad 7 el sello del
poeta consistían en el ropaje magní-
fico de esas concepciones: la virilidad
j profundidad del pensamiento, la
energía y propiedad de la dicción, la
delicadeza» la flexibilidad de entendi-
miento con que desarrollaba Sus obras,
constitujei^o de tal manera una in-
dividualidad poética que, si referido
el argumento de sus obras se puede
atribuir á algunoSt leída cualquiera
de sus escenas, se ve matemáticamen-
te que deben ser sujas ó de nadie; la
noble escrupulosidad, la elegaucía,
corrección j nervio dramático; cuali-
dades de reunión tan difícil, producen
en sus diálogos un placer especial, de
sabor muy pronunciado. Un gran sen-
tido común, profundidad é intención,
daban además á sus obras los rasgos
de las obras de un maestro. Pero Aya-
la ha dejado incompleto su teatro;
teníamos tal fe en su fuerza dramáti-
ca y en su talento, que además de lo
hecho, contábamos como seguro y le
concedíamos lo que la política, su in-
dolencia 7 la muerte no le han dejado
realizar. Hay algo violento en su
desaparición; es un poeta en parte
malcarado; se marcha sin haber ter-
minado su destino.
IV
Para completar este ligero juicio ne-
Msitaríamos retratar, á grandes ras-
aos, al hombre privado; pero no tenía-
mos el gusto de tratarle; la vez pri-
mera que le vimos, hace muchos años,
nos causó impresión aquella cabeza
enérgica v hermosa, que ha merecido
en vida los honores del elogio, que
obtienen solamente las mujeres; la
última vez que le vimos vivo, fué en
el concierto del Conservatorio, dirigien-
do galanterías á una dama. ¡Quién
nos nubiera dicho cómo le habíamos
de ver algunos días después, en la
noche del 30 de Diciembre! Su cuer-
po, cubierto por un paño, que sólo
dejaba ver su busto, ya amarillo, pero
siempre bello, parecía una estatua
yacente colocada en un sepulcro; cua-
tro blandones le alumbraban en su
modesto gabinete, j un Crucifijo de
metal le protegía. Nos sentimos so-
brecogidos y saludamos con respeto,
por primera y última vez, al gran
poeta.
José FbbnXhdbz Bbbhón.
Madrid 30 de Diciembre de 1879.
No en edad avanzada, sino meses
después de haber cumplido 50 años,
falleció el E:£Cuo. Sr. doh Adblabdo
LÓPEZ DB A.YALA eu la tarde del día
30 de Diciembre de 1879. Pocos de
enfermedad dieron en tierra con aquel
cuerpo, que parecía ser digno vaso
de aquella gran inteligencia. Quísele
tanto, que aun, al recordarle, se me
ofusca el juicio j se me aprieta el co-
razón. Mas no será mi dolor poderoso
á parar la pluma que debo mover en
justa alabanza. ¿Cuál de los contempo-
ráneos la merece mayor, por alguna
de las dotes que más realzan el inge-
nio'/ El autor de El Hombre de Estado^
el poeta que en su primera composi-
ción dramátKA imagina al hombre
buscando siempre en vano la dicha
fuera de sí, y hallándola á la hora de
la muerte dentro de su alma, pade-
ciendo inquietud y angustia en dora-
dos alcázares, cuando ve colmada la
ambición, satisfecha la vanidad, lo-
grando el que ciegamente creyó fin
exclusivo de la vida, y disfrutando
paz y ventura en estrecha cárcel y
cuando le espera el cadalso; el mozo
que de esta manera probaba su talen-
to, bien á las claras manifestó cuán
elevado era el concepto que tenía del
arte y cuán noble inteligencia era la
suya. Ocurre a menudo ponerse con
su primera producción el artista en
altura de que lueg^ no pasa, ó desde
la que se precipita en rápido y aBicti-
vo descenso. No así Avala. En Mioja,
en El Tejado de vidrio, en El Tanto
por ciento, en Consuelo, pasman lo pro-
fundo y sano de la idea moral que
anima á estas obras, y lo castizo y
primoroso de la forma que las reviste
engalana. {Bendito aquel por quien
a poesía espafiola resplandece hoy
con su genuína hermosura y majes-
tad! ¡Bendito mil veces aquel que hizo
su numen esclavo solícito del bien, ó
que, por mejor decir, se remontó en
alas de su numen hasta la excelsa
unidad de lo bello y lo buenol Ved en
Bioja ensalzada 1* gratitud: la grati-
tud, delicia imponderable j deuda
santa para todo pecho magnánimo,
lazo que el hombre no puede romper
sin envilecerse, ley imperiosa de la
vida. Ved cómo en El Tejado de vidrio
se vuelve contra el culpado su propia
culpa. Ved en El Tanto por ciento pos-
trado y escarnecido el sórdido interés
en su luc'iia contra los puros afectos
del alma. Ved en Consueto castigada
la vana ilusión que nos arrastra á bus-
car la alegría donde no está. Y ¡caso
digno de atención! El primero y el
último drama de Ayala se dan la
mano por el pensamiento que los in-
forma. Don Rodrigo Calderón y Con-
suelo son encarnaciones de una mis-
ma idea. Ambos toman por felicidad
lo que brilla en el mundo; ambos es-
peran hallar reposo para su espíritu
en la satisfacción de su vanidad.
Aquél encuentra al fin en la muer-
te, lo que por mal camino buscaba
en la vida; ésta queda condenada á
expiar su culpa viviendo sin amor.
El entendimiento de Ayau ha de
contarse entre los más vigorosos y
entre los más puros de España. Fué
^rau poeta y poeta honrado. Bastaría
la mitad de sus obras para conquis-
tarle imperecedero renombre; pero
ingenio tan extraordinario hubiera
pudido hacer más, mucho más. Nin-
gún artista verdadero cree haber dado
muestra cabal de su espíritu creador.
Solamente los necios se complacen
en sus obras y quedan contentos de
sí. Pero cuando Atala aseguraba no
haber aún producido lo que se sentía
capaz de producir, nadie, que le hi-
ciese justicia, dejaba de inclinar con
respeto la frente, al considerar que el
autor de poemas tan admirables ase-
guraba la verdad. Quizá no aumentó
más su caudal literario por pereza de
entendimiento, mal que la voluntad
no remedió. Quizá porque la crítica
literaria, antes más enconada que
ahora, heló á veces su entusiasmo.
Recuérdese lo que decía al dedicar ^¿
Nuevo Don Juan, á nuestro compañe-
ro el señor Selgas: ^ ti llega la pri^
mera comedia que publico después de Bl
Tanto poa ciento. ¡Figúrate la suerte
que le espera! No ^or buena, por desgra-
ciada, te la recomienda tu amiao, Adb-
labdo. Quizá fué su mayor desgracia
caer en error semejante al que anate-
matizó en el primero y en el último
de los hijos de su fantasía, y echarse
al muudo en busca de gloría diferen-
te de la que ya le su\)limaba. En uno
de sus postreros cantos no pidió al
cielo entendimiento, ni valor, ni hi-
dalgas intenciones. De lo íntimo de
sus entrañas clamó;
Dame, Sefior, la flcmB Tolantftd,
Oompaftera y tostén de 1« Tirtodi
La qaa taba an el salfo hallar qnietad,
Y «a madio de 1m •ombrai elaiidad.
Voluntad firme pidió al cielo. ¿Sen-
tía flaca la suya¥ ¿Qué inquietudes le
herían? ¿Qué sombras le cercabanf Lo
que por fuerza se ha de creer, á no
poner en duda su veracidad, es que
en el campo á que le llevaron vientos
enemigos de las letras no halló ^zo
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Goógle
486 LOPE
LOPE
LOPE
ni calma. Y como no había nacido
para sostener con habilidad mezqui-
nas luchas, sino para reñir con im-
peta grandes batallas; como no había
nacido para deshacer nudos, sino
para romperlos, ¿quién sabe si el te-
ner que TÍolentar alguna vez ruda-
mente sa naturaleza, sería causa de
3 ue i él se le rompiese el corazonV No
abo yo manifestar aquí opiniones
particulares que pudieran parecer ex-
travagantes ó exageradas; debo jo
reprimir aquí mis genialidades; pero
á nadie temo escandalizar diciendo
que da todos los puestos á que subió
Ayal\ en el mundo, ninguno es tan
alto y tan envidiable como el que, en
medio de eterna luz, ocupa an la cima
del Parnaso espafiol. ( J2»«Mtf» de las
Actat d« la Real Academia Española,
leído en junta pública de 4 de Dicimbre
de i881,poreltecretariop«rp«tM de la
misma corporación don Manuel Tamayo
Tí
Ayála fué nuestro compañero de
Cortes, nuestro hermano de letras,
nuestro amigo particular, el primero
que se interesó por el presente Dic-
cionario, con curo motivo nos diri-
gió dos cartas á París. Estas circuns-
tancias, unidas á la veneración que
inspiran los hombres ilustres, nos
impone el terrible deber de consa-
grarle una memoria eterna; pero no
podemos pararnos aquí. Detrás del
sepulcro del poeta, que todos lleva-
mos en nuestra conciencia, en nues-
tro Taticinío j en nuestro eorazÓB,
queda en el mundo un dolor inmen-
so, porque la sepultura del hombre
suele rodar sóbrela vida de la mujer.
Y hablamos de mujer, porque aque-
llos dolores resonaron en el corazón
de una virgen tan pura como bella,
j tan bella como ideal. Faltábale aca-
so una belleza, j el destino ha queri-
do que nada le faltase, después de
sufrir una de esas tremendas amar-
guras, que son en el alma lo que es
en el cielo un día sin sol. Y aquí
hacemos punto, porque sí tuviéramos
que añadir dos vocablos, sería manes*
ter mojar la pluma en nuestros ojos
y escribir con la tinta de nuestras lá-
grimas. Pero ^or qué nos apesara-
mos? Quizá es indispensable que haja
en la tierra esos enormes sacrifícios,
fuegu interior, fuego misterioso, fue-
go sagrado, de que brota el ángel de
la inspiración jr ae la virtud. ¡Con-
suélale, oh mujeri El dolor puro, el
dolor casto, el dolor inocente, tiene
su diadema también, y haj que llorar
mucho para merecer que ciña nuestra
frente la divina diadema de aquellos
dolares. ¡Consuélatel No todo consis-
te en llegar á la gloria, que también
haj ángeles en las puertas del Paraí-
so. Guando un gran poeta te amó, al-
gún gran misterio debe haber en ti.
¡Consuélate, oh mujer, como noa con-
solamos nosotroal Y ai no basta á con-
solarte la felicidad de tu inocencia y
de tu hermosura; si no bastan á con-
solarte las nobles «speranzas de tu
genio; si no bastara á consolar tus
penas el misterio, de tu propio arca-
no; si tampoco te consuelan nuestras
palabras, qae algún consuelo deben
darte, porque son muj puras j mu;
fervorosas, consuélete el poeta:
•¿Qnlénno guarda un E«mMo en el paiado?
jQaién no llora algdn bien qne ya ao exiite?
Y ¿qaiéa no tiene an ooraion lUgadoí
T ¿qai^n no tiene ana memoria tríate?*
Y si tampoco logran consolarte los
versos anteriores, lee la siguiente
cuarteta:
■Ta r anidad no me argajra
Si te ofrezco pooa ooaa:
iQm¿n taviera an alma hermosa
Para dAreela i la taya!»
Si las cenizas de los genios se es-
tremecen en el sepulcro, las cenizas
de Avala se estremecerán indudable-
mente al oír los vocablos que dejamos
escritos. {Tan grande es la fe que da
á nuestras palabras su espíritu y^ su
amor! ¡Oh arcano supremo de la vidal
¿Quién no te bendice en estas horas
de sublime infortunio? ¿Quién no te
adora al pie de la tumba de A.yala?
López (Josí.). Pintor espaüol, que
nació en Sevilla an 1650. Fué uno de
los mejores discípulos de Murillo,
como lo prueba, entre otras obras su-
yas, un san Felipe, que se hallaba en
el convento de la Merced, j luego fué
trasladado al Alcázar.
López (Jüan). Escultor sevillano
del siglo xTi. Ejecutó en 1554 algu-
nas estatuas en los lados del retablo
ma;^or de aquella catedral, j en 1568
empezó las da piedra.
López (Joan). Hagiógrafo español,
que nació en Borja en 1524 y murió
en Falencia en 1632. Era uno de los
más hábiles predicadores de la orden
de santo Domingo, cuando en 1595
fué elevado al obispado de Cortona,
en Calabria; tres años después pasó al
de Monopoli, en la Pulla; en 1608 se
retiró á un convento, donde acabó sus
días á la edad de 108 años. Dejó va-
rios escritos, entre los cuales merecen
citarse: Rosario de Nuestra Señora; Me-
morial de diversos ejercicios; Expoñcián
de los siete salmos penitenciales; Histo-
ria general de tanto Domiwfov de su
orden de predicadores, y Manual de ora-
ciones diversas.
López (Pbdbo). Veterinario espa-
ñol del siglo zvi, natural de Zamo-
ra, y que alcanzó gran reputación en
su tiempo. Se conoce una obra suya
titulada: Libro de albeitería, que traía
del principio y generación de los caba-
llos.
López (Nbubsio). Grabador espa-
ñol del siglo xviii, discípulo del cé-
lebre Palomino. Grabó á buril, en
1754, algunas estampas de máquinas
para la obra titulada: Espectáculo de
\a Naturaleza.
López (Pbdbo). Pintor español de
firincipios del siglo xvii. Fué uno de
os mejores discípulos del Greco y pin-
tó con elegancia j corrección, en el
año 1608, el cuadro que representa
La Adoración de lo» Santos Reyes, co-
locado en el claustro de los trinita-
rios de Toledo.
López Caballero (Ahurís). Pin-
tor español que nació en 1647. Era de
origen napolitano y aj^rendíd su arte
en Madrid en el estudio de José An—
tolínez, de quien tomó la manera jr
las tintas. Su obra más notable es
un cuadro que representa á Cnito en
el sepulcro con las tres Marías, .
López Caro (Francisco). Pintor
español, que nació en Sevilla en 1598
y murió en Madrid en 1662. Fué dis-
cípulo de Juan de las Roelas y sobre-
salió en los retratos. Sus demás obras
son poco conocidas.
López del Castillo (Andrés). Es-
cultor español del siglo xvi, discípu-
lo de Juan Alemán. Trabajó con sus
hijos en el retablo mayor de la cate-
dral de Sevilla, en 1554.
López y Gorella (Alonso). Médi-
co español del siglo xvi. Su celebri-
dad se debe á una obim en verso con
los comentarios en prosa, titulada:
Secretos de Jlosojia medica.
López de Hinojosa (Alonso). Mé-
dico español del siglo xvi. Ejerció su
arte en Méjico, donde publicó una
obra titulada: Suma y recopilación de
cirugía, con un artepara tentgrar, y ^ca-
minar barberos,
López Palma (Manuel). Graba-
dor de láminas, natural de Sevilla,
donde murió joven, por los años de
1777. Fué uno de los que contribajo-
ron á establecer la escuela de dihijo
de aquella ciudad, y grabó con buril
T al agua fuerte el Nxfío Jesús de Zur-
oarán. Se le deben además otras obras
notables.
Kiópez y Palomino (Francisco),
Pintor español del siglo xviii. Apren-
dió ss arte en Madrid y entró en la
Academia de San Femando en 1759.
Se distinguió en los retratos y dejó
algunos cuadros de género; aunque
no de gran mérito.
López 7 Portaña (Vicente). Céle-
bre pintor español, que nació en Valen-
cia en 1772 y murió en Madrid en
1850. Empezó á estudiar su arte en la
Academia de San Carlos de su ciudad
natal, j pasó luego á Madrid á perfec-
cionarse, bajo la dirección de Maella,
f)intor de cámara. De regreso á Va—
encía, fué nombrado director da aque-
lla Academia; j posteriormente, lla-
mado á Madrid, donde sucedió á Mae-
lla, en el empleo de primer pintor de
cámara. Pinttí en el palacio real mu-
chos ftescos de gran mérito; y otros,
en el palacio del Casino y de Vista--
alegre. Fué admitido en la Academia
de San Fernando y nombrado después
director general de ella, académico
de mérito da la de San Lucas de Ro-
ma y caballero de la orden de Car-
los III. Casi todos sus cuadros de
composición se hallan diseminados en
diferentes poblaciones de Valencia j
Cataluña, y loa más notables son:
Nacimiento de San Vicente Ferrer; San
Antonio A bad; San Antonio dePadna;
San Aoustín meditando en el misieria
de la Trinidad; San Rufo y otros mu-
chos. Entre los infinitos retratos, á
que debe una gran parte de su repu-
tación, pueden citarse: los del gene-
ral Alava, el mariscal Suehet, la gs-
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LORA
LORD
LORD 487
nenia Mumyi Fernando VII t mu-
cfaoi individuos de su fiimilia; el pxín-
cipa Maumiliano de Sajorna; ef co-
misario de Ctuzada» Várela; el del pa-
borde Sala; el del ministro Salmón;
de Go/a; del general Osuna; de don
Bonifacio Gutiérrez, médico de cáma-
ra, j otros mudu» que sería prolijo
enumerar.
López de Tovar (Greoobio). Fi-
lósofo, teólogo 7 jurista español, natu-
ral de Brtretuadura, que vivía en el
siglo XVI. Por sus vastos conocimien-
tos en filosofía. Sagrada Escritura y
derecho civil j canónico, se le llamó
el Ácurcio español. Su major celebri-
dad la debe a unas ^losat de las Siete
ParÜdu de Alfonso el Sahio. (Sílla.)
Lópei Villalobos (Francisco).
Hédíco español dol siglo xt, conocido
como autor de una obra muj rara, es-
crita en verso, j la primera en que se
trata del mal venéreo. Su título es:
Sumario dé la Medicina, con wt tratado
sobre la* petíiferas bubas.
Lopigia. Femenino. Alopecia.
Loquea. Femenino, ¿fitología in-
diana. Diosa de la fortuna.
Loquear. Neutro. Decir ó hacer
loeuru. I Metáfora. Beg^cíjarse con
denusiau bulla t alboroto.
Loquecerae. Recíproco anticuado.
Enloquscbbss, volverse loco.
Iioquero, ra. Masculino 7 femeni-
no. Bl que tiene por oficio cuidar j
guardar los locoa.
Loquesta (l u). Locacidn. A mo-
do de locos.
«Modo de locos. Es voz inventada.»
(AcADSkOA, Diccionario de 1726.}—
«Se daba priesa á cantar romances de
moros j moras, á la lóquesca, » (Cbr-
VANTHS, Novela 7,*, plana 210.)
Loquillo, lia, to, ta. AdjetÍTO di-
miautivo de loco 7 loca.
Loquios. Masculino plural. Medi-
cina. Évacoación sanguínea que arro-
jan por la vulva las recién paridas.
ETUfOLoaÍA. Griego X^o; (léchot)f
cama, Xsy*^ (lecho), que está acostado;
Xo^ó^ (lochósj, parturienta; hi^tUn (lo-
eJÍeia), loquios: francés, lochies.
Loquiorragia. Femenino. Medici-
na. Evacuacióu excesiva de loquios.
EtiholoqÍa. Griego lochela, lo-
quios, 7 rÁagéin, brotar eruptivamen-
te; Xo^EÍa ^s'jx'iv: francés, lockiorrhagie.
Lora. Femenino. Botánica. Parte
filamentosa de los liqúenes.
EriuOLoaÍA. Latía fórtm, correa,
aludiendo á que los filamentos son las
correas de las plantas, como las co-
rreas pudieran llamarse filamentoa del
enero: francés, Iwe.
IjOranta. Femenino. Bolániea, Gé-
nero de plantas dicotiledóneas epíco-
Kóleas monopétalas.
BnHOLoafA. Griego Xfipov (Uron),
correa, 7 ánthot, flor: latín técnico,
UrantAus.
Lorantáceo, cea. Adjetivo. Botá-
nica. Concerniente ó análogo á la lo-
ranta. Q Femenino plural. Familia de
plantas parásitas, comprensiva del
género Uranthns.
BnuoLoafa. Xioramía¡ francés, ¡0-
Ténihaeées. .
Lorar. Activo anticuado. Llobab.
Lorca. Femenino, Qeografia. Ciu-
dad antigua 7 célebre déla provincia
de Murcia;
BTiuoLOaÍA. SlÚKnca, ^r su nom-
bre 7 situación en el camine de Car-
tagena á Baza.
Lord. Masculino plural. Lobus.
Título de honor que se da en Inglate-
rra á la primera nobleza.
ETiuoLoaÍA. Anfflo-sajón hláford,
láford, señor; hlaifiige, señora: anti-
fuo inglés, laverd, lauerd; derivado
e hUf,-piü: <el señor de la casa, el
amo del pan» (Littbé); catalán, lori.
Reseña histérica. — 1. Título honorí-
fico osado en Inglaterra, 7 que signi-
fica señor. Es de origen sajón; 7 des-
pués de haberse aplicado u ]^rÍncipio
a todo poseedor de un dominio, por
oposición á sus vasallos, pertenece
ho7 á los miembros de la alta Cámara
ó pares de Inglaterra, duques, mar-
queses, condes, vizcondes, barones,
arzobispos 7 obispos.
2. Este título se da también, aan<
que sólo por cortesía, á los hijos de
los duques 7 los marqueses, 7 á los
nietos de los condes.
3. Algunos altos funcionarios to-
man, con BU cargo, el derecho de este
título: tales son el jefe de justicia, el
canciller, el gran almirante, A cham-
belán, el alcaide de Londres, el pre-
boste de Edimburgo, los quince jue-
ces de la corte criminal de Escocia 7
el lugarteniente de Irlanda.
Lord Byron (JoBQB Goedon Bt-
ron). Nació en Douvres á 22 de Enero
de 1788. Miembro de una familia de
la primera nobleza de Inglaterra, hijo
de un hombre disipado 7 vicioso, 7
de una madre caprichosa 7 voluble,
ora tierna 7 apasionada hastá la exa-
geración, ora irascible 7 violenta has*
ta degenerar en brutal, su educación
fué la más propensa á compendiar to-
dos loi Ticios 7 todas las virtudes de
sus antepasadoi. La hermosura fasci-
nadora de qne le dotó la naturaleza,
7 loa timbres 7 la fortuna que le lega-
ron sus antepasados, desarrollaron en
él un amor propio excesivo. Pero en
ese amor propio encontró la primera
contrariedad de su vida. Un acciden-
te casual, ocurrido en sus primeros
años, le había estropeado uoa pierna.
De los airados dicterios con que su
madre le colmaba en sus frecuentes
horas de mal humor, ninguno le lle-
faba al alma tanto como el recuerdo
Q aquel defecto físico. La precocidad
de sus pasiones se manifestó en él á
la edad de ocho años. Entonces amó
por primera vez, 7 amó con toda la
violencia de un alma en el pleno des-
arrollo de sus facultades. Sus amores
con Ana Dutf no son el capricho del
niño; son la arrebatada pasión del
hombre. La prematura muerte de su
prima Margarita Parker, de quien se
enamoro cuatro años después, comen-
zó á filtrar en su corazón la melanco-
lía. Las horas pasadas en muda con-
templación ante las tumbas del ce-
menterio Harrow, adonde había ido á
estudiar en 1801, tal vez estaban im-
pregnadas de aquel triste recuerde. '
La melancolía precoz no siempre eons-
titu7e el genio; pero frecuentemente
le anuncia. Bo 1805, en Cambridge^
donde trataba de curarse de su terce-
ra pasión hacia miss Mar7 Chawost,
entregándose á toda clase de excesos,
empezó á manifestar su escepticismo,
luchando con los recuerdos idealistas
de su corazón. Su primera colección
de poesías: Hours of idleness, tan
duramente tratada por la Revista de
Edimburgo, apareció en 1807. Su sá-
tira titulada Bardos ingleses y críticos
escoceses, le vengó cumplidamente de
aquel rudo ataque. Sus bienes en liti-
gio, á causa de sus dispendios, le
obligaron á abandonar por primera
vez Ta Inglaterra. En el estío de 1809
se embarcó para Lisboa, Tiritando á
Cádiz 7 una parto de la Andalucía.
La más notable de las particularida-
des de este viaje es que en él comen-
zó su precioso poema: Childe-Rarold,
que no apareció hasta 1813. En 1815
se casó con miss Milbanck. Lad7 By-
ron no comprendió el carácter fantás-
tico de su marido v no pudo plegarse
á él. Después de haberle legado una
hija, vastago digno de la hermosura
de su padre, le cre7Ó loco 7 le aban-
donó para volver al seno de su fami-
lia. Gomo decía Fletcher, el fiel criado
del poeta, era la única mujer que no
había podido dominarle. Desde aque-
lla separación, Btbon fué para todos
un monstruo. Este catástrofe marcó
las primeras prematuras arrugas en
la frente del autor de Don Juan. Para
cicatrizar en su corazón la honda he-
rida producida por aquel golpe, vol-
vió á emprender aq uella serie de via-
jes, en que recorrió la Suiza, los Paí-
ses Bajos, Grecia, Italia, 7 en que vi-
sitó por vez primera la ciudad de
Missolonghi, la que había de reco^r
más tarde su último aliento. Para in-
sultar mejor la hipocresía puritana,
que le había condenado, hiriendo au
amor propio, se abandonó á las rolup-
tuosi^des de la desenfrenada vida
italiana. Bn 1817, después de haber
visitado á Roma, se estableció en Ve-
necia. El palacio Mocénigo fué teatro
de los más extraños desórdenes de su
disipada existencia 7 de sus escanda-
losos amores con Margarita Cogoi,
aquella hija del pueblo, de talle de
amazona 7 de carácter de Medea. En-
tre las agitadas horas de placer, pa-
sadas en aquella fastuosa morada de
sus vicios, encontró tiempo de escri-
bir el Man/redo, Beppo, Mazsepa; de
trazar el Marino Faiiero 7 de dar prin-
cipio al Don Juan, á poema de los
contrastes, la extraña epope7a del si-
glo XIX, que había ido a inspirarse<en
uno de los tipos más salientes de
nuestra literatura, en el Burlador de
Sevilla, de Gabriel Tóllez. No era By-
ron hombre capaz de sufrir por mu-
cho tiempo el tiránico 7Ugo de Mar-
garita Cogni; la tempestuosa lucha del
odioso amor de aquella mujer, que
sólo gomaba en la ab7ección 7 en la
crueldad, le cautivó durante algún
tiempo, pero le cantó al cabo. La jo-
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488 LORD
LORP
LORD
TflD condesa Terest Guiccíoli, casada
hacía poco con un anciano, á (jníen
abandon<5 más tarde por seguir al
poeta, fué la reina que ocupd mis asen-
tadamente el trono de SQuel corazón
preñado de tempestades. ^n embargo,
no bastaba el amor i llenar el racío
de sa alma violenta. Su ardiente en-
tusiasmo por la libertad parecía in-
flamar aquella lantasia devoradoia;
tan deToradora como la calentura de
sos deleites. — ^La independencia ita-
liana tuvo en él uno de sus más deci-
didos campeones. En 1820, su casa
de Rávena, desde la que desa6aba la
Tigfilancia de la policía, era el cen-
tro jr el arsenal de los conspiradores
que trataban de levantarse en armas
por la causa del pueblo italiano.
En 1821, después de terminar, entre
violentas agitaciones, Marino Falie-
ro. Lo» dos Fóscarif Sardanápalo j
(kin, abandonó á Rávena j se esta-
bleció en Pisa, donde volvió á reunir-
se á la condesa Guiccioli. La re-
volución de Grecia ofirecia ancho cam-
po & su pasión por el heroísmo: su in-
saciable sed de gloria le hacía mirar
sus triunfos literarios como pequeños
para él. Un manifiesto del comité
griego de Londres, acogiendo con en-
tusiasmo su adhesión á la causa de la
independencia de aquel pueblo már-
tir, le decidió al fin. Kn 1823 se dió
á la vela con rumbo i Grecia, t el ^
de Febrero de 1824 desembarcó i ori-
llas de las pestilentes lagunas de Mis-
solonghi entre el indecible entusias-
mo de aquellos bravos patriotas, que
le miraban como su salvador. Mas
¡ajl cuando quiso abandonar la poe-
sía, la poesía le abandonó á él. Co-
rrió á Grecia buscando la locha j sólo
halló la muerte. Su salud, desde ha-
cia largo tiempo minada por desarre-
glos nsicos j mentales, no pudo re-
sistir á las agitaciones y á la inSuen-
cia del clima. El 10 de Abril, en una
excursión con sus ¿uHotas, fué sor-
prendido por una abundante lluvia,
de que en vano quisieron preservarle.
Unas fiebres malignas, que llegaron
á la inñamación cerebral, le postraron
en el lecho, de que no habla de vol-
ver á iQTantarse. Su criado Fletcher,
fiel como un perro, no se separó de su
amo hasta el día 19 de Abril de
1824, en que el estampido del cañón
anunció al mundo que loed Gobdok
Byron había ezlialado el último sus-
piro. Bl duelo fué tan general como
profundo; las fiestas de la Pascua se
suspendieron; los tribunales j los co-
mercios se cerraron, al par que el Go-
bierno declaraba al difunto, cíudada-
no de Grecia j adoptaba á su hija
como hija de la nueva patria. Su fé-
retro estuvo expuesto doce días eu la
iglesia de San Nicolás entre las tum-
bas del general Normann j del héroe
Marco Botzaris. Durante ellos, la api-
ñada multitud empapó de lágrimas
sus yertos despojos. El 2 de Majo, el
coronel Stanhope embarcó el cadáver
de su amigo para Inglaterra, dándole
sepultara en la tldea de Nottio^mi-
hite, tü Udo d« lu sudte. Asi tifié y
murió el grande hombre de esta bio-
grafía. Sus obras más notables son:
¿)on Juan, Childe-Harold, El Corsa-
rio, Zara, La Desposada Ue Ahudot,
poemas; ifanfredo, Marino Faíiero,
Sardanápah, Los dos Fóscari, Caín, SI
Cielo y Ja Tierra, La Profecía de Dan-
te, dramas. Dejó también escritas
unas memorias, que Moore ^uemó por
iM escrúpulo de aatmoñfírla»
Reamen, — Vamos i intentar el ha-
cer un retrato del personaje de esta
biografía.
1. Su fafM. — ^Fué maldecido en
vida; odiado j calumniado en muerte
por una gran parte de sus compatrio-
tas. Los que le aborrecen, le presen-
tan como un espíritu diabólico: los
que pagan tributo á sus talentos, fue-
ron tan liberales en alumbrar su tam-
ba, que tanta luz fascina; de donde
hubo de resultar que el nombre de
nuestro personaje es un fantasma,
medio descubierto, medio oculto, el
cual se balancea entre las tinieblas
del infierno los resplandores del
Paraíso. Acaso la mayor parte de los
hombres mira en él ana fama que
Sime bajo el entredicho de la historia,
o diremos más claramente: Btron
es un cautivo de su propio genio, que
no ha logrado todavía su cabal res-
cate. Ya lo logrará cuando el hombre
deje de hacer sombra al poeta, porque
haj casos en que la vida nubla la
muerte, como hajr ocasiones en qne la
muerte nubla la vida.
2. El escritor. — Como dice muj
bien un crítico profundo, nuestro au-
tor es tan gran poeta j tan inglés,
?ue sus obras retratan más la vida de
nglaterra que las de todos sos escri-
tores reunidos, si se exceptúan Sha-
kespeare T Walter Seott.
3. SI koBtbre, — Ta postrado en el
lecho da muerte, el médico le mani-
festó que era necesario ,qae se san-
grara. £1 enfermo dijo c[ue prefería
morir antes que consentir en que ae
derraman su sangre. Habiéndole he-
cho presente que podía venir la loca-
ra, se estremeció j alargó el brazo,
cujro movimiento acompañó con estas
extrañísimas palabras: cVerdugo, haz
tu deber,» compendio de antigüedad
clásica y de alarde romántico*
4. Su sátira. — Hablando de la Ciu-
dad eterna, dice: cTres cosas notables
hallé en Roma; tres bribones ahorca-
dos, un cardenal muerto j un Papa
vivo.» No pueden pintarse con más
astucia la descamada sutileza de su
ironía y la amargura horrible de su
sátira.
5. Su política. — En 1813 escribe:
«He simplificado mi política: hoy
consiste en odiar de muerte á todos
los gobiernos constituidos.»
6. Su literatura. — Después de Don
Juan, su obra maestra es acaso Man-
fredo, sin embargó de la poca estima
en que su autor le tuvo, según carta
que estribe desde Yenecia a M. Mu-
rraj, en 1817. Sin embargo, Gcethe
decía: cLord BvROHmehatomadomí
Fausto y se lo ha hecho suyo.» Esto
significa qae el FautU» es el lepresen*
tante del genio alemán, como el JTm-
^redo^ es el representante del genio
inglés. Maravilla considerar cómo an
hombre dotado de una imaginación
tan pequeña, haya conseguido reali-
zar una literatura tan grande; que es
como si dijésemos: maravilla consi-
derar cómo un hombre, con tan esca-
sa poesía, haya logrado ser tan gran
poeta. Nuestro personaje no inventa
jamás; ve y dibuja: no pinta; observa
7 describe; pero al describir estampa
su vida en sus descripcioues. Por esto
sucede que, al hablar de las tormen-
tas de BU alma, es elocuente hasta
producir el delirio. Por esto sucede
también que las borrascas de su cora-
zón serán eternas en sus versos. Así
sucede del mismo modo (^ue es el es-
critor eminentemente subjetivo, basta
el extremo de hacer de sí mismo un
teatro, cuyo espectador es el mundo.
Por consiguiente, el poeta no es el es-
pectador eu al teatro de la humani-
dad, sino la humanidad es espectado-
I ra en el teatro del poeta. Este carácter
Sersonalíaimo marca exactamente la
iforencia que se echa de ver entre
I Gcetite y nuestro personaje* Goethe
viene á ser el poeta de todos; nuestro
poeta es el poeta de sí mismo: Goetíie
es el cantor del univeiso; Btkoh es el
cantor de Byboh.
7. melancolia.'^'Sn unos indi-
viduos, la melancolía es el resultado
de la complexión ; en otros, el desen-
canto de grandes dolores; en algunos,
la fklta de creencia religiosa y huma-
na, que les hace perder el sentimien-
to de toda verdad, de toda virtud, de
toda esperanza, de todo amor; en
nuestro personaje, es una erupción
que lo inunda todo; pero nna erupción
que presenta la vida grandiosa ae los
volcanes; es un veneno corrosivo qae
todo lo devora , pero que devora con
un aparato qne fascina la imagina-
ción. En una palabra; es un prestigio
que hiere y atrae, <^ue mata y deleita,
cual si pudiesen existir mortajas que
envuelvan la vida en su sudario. ¡Ah!
En los horizontes del mundo ¡cuántas
veces asoma la luz antes de que el
astro amanezca! [T cuántas veces vie-
ne la noche antes de que se ponga el
solí Pero penetremos en el interior de
esta enorme máquina. ¿De dónde vie-
ne ó qué significa la singular melan-
colía de nuestro personaje? Significa
el remordimiento, que oscurece el
alma, como el celaje oscurece el cíe-
lo, porque es un celaje de la conciea-
cía; significa la lucha incesante del
amor propio, que toma la forma de
vértigo; significa la desesperación del
orguUo, la cual, para vengarse de su
impotencia propia, hace la apoteosis
de sus pasiones, como sí detestara lo
profano de todos en honor y alabanza
de su misma divinidad. Y del fondo
de esa melancolía incomprensible
brota un sentimiento sutilísimo, una
esencia impalpable, la cual constituye
la parte noble de aquellos espíritus '
rebeldes. La literatura de Btroh. co-
mo la da Goethe, como la de Schiller.
como la da Bsproneeda, pene de mi-
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LORD
nifiesto que las grandes tempestades
del mundo no son otra cosa qae un
ffran desnivel entre ia TÍda ruinosa
de las tradiciones j la vida en germen
de nnevos ideales. Son dos espectros
que ss dan de cara; el espectro de lo
rmdo j el espectro de lo futuro; de-
iéndose advertir que estas luchas
sociales evitan luchas más terribles
en la sociedad, porque sa ha observa-
do que la naturaleza se vale siempre
de un cataclismo para evitar cataclis-
mos más desastrosos. En el idioma de
la creaci6n, el rayo que parte de las
nubes es una catástrofe natural para
evitar catástrofes majores en el siste-
ma del universo. Si así puede decirse,
es una estrella que cae, para que no
se caigan todas las estrellas. Aquellos
poetas extraordinarios, hijos de ana
madre infeliz, que pudiera llamarse
la desesperación, son ojos de Satán
con miradas de ángel, como si el ge-
nio, en combate con el demonio, re-
u Diese en un punto la emoción inefa-
ble de lo malo, que se convierte en
bueno por el patrocinio de lo subli-
me. Hay ciertos instantes en que la
desesperación del presente se transfor-
ma en adivinación de lo venidero, de
donde se originan esos hombres, que
se convierten en poetas; de donde vie-
nen esos lamentos, que se tornan en
cautos. Y la humanidad oye con éxta-
sis esas sacrosantas armonías, bendi-
ciendo el designio de la Providencia
en el arcano de la inspiración,
8. Signos, — Hay dos poetas que
acudieron á un signo exterior, con el
objeto de idealizar su melancolía.
Gñthe creó el Fausto , representación
y profecía del mundo moral: SchiUer,
mas osado aún, vierte sus agonías
en el corazón soberbio, duro, heroico,
de su Vallenstei». Por el contrario,
otros dos poetas buscan aquel signo
ideal en las revoluciones de su alma,
en el misterio, en sus dolores, en las
sombras de su conciencia, y se fun-
den en cuanto dicen, como se funde
Bybon en su D<mJ%an, en su Man/re-
do, en 8u ¡íarinOf en sa Ctiin, como se
funde José de JSipronceda en au Dia-
blo Mundo.
9, Su arte. — De estos dos gérmenes
naca al arte de Btron. Este arte filó-
sofo llega á ser triste, casi abruma-
dor; pero aquel tinte le comunica
cierto carácter elevado y solemne,
como si allí resplandeciera un fulgor
de la fe. Cualquiera que sea el asunto
de Bybon, el espectáculo de sus pasio-
nes, de sus dudas, de sus martirios,
está lleno de majestad; su escepticismo
tiene por contrapeso su grandeza; las
visiones que brotan de su genio, tur-
ban por un instante nuestra razón;
pero al cabo brilla la luz, porque la
tristeza que le inspira la contempla-
ción de la existencia humana, va siem-
pre acompañada de una invocación ála
mmortalidad de un enigma augusto,
expresada en lenguaje divino. Senta-
dos estos antecedentes, creemos poder
exclamar: Joaas Byron dió su cuerpo
á la tierra; su alma, al cielo. Los que
le odian, porque le temen; los que le
LORE
calumnian, porque no le adivinan, no
impedirán que sea el primer escritor
inglés, después de Shakespeare; asi
como el poeta más extenso del si-
glo XIX, después de Goethe.
Lordosis. Femenino. Patologia.
Encorvadura de los huesos; y espe-
cialmente, de la columna vertebral.
EtimolooÍa. Griego XópSwfftí (lórdo'
sis); francés, lordose.
Lorena. Femenino. Géogra^. An-
tigua provincia de Francia, incorpo-
rada actualmente á la Prusia, á con-
secuencia de la guerra que causó la
caída del imperio francés.
ETiuoLoaÍA. Francés ¿orine,
Lorenés, sa. Adjetivo. £1 natural
de Lorena y lo que pertenece á esta
provincia.
Lorenés (CLauoio Qelíe, llamado
el). Célebre pintor francés á quien se
apellida el Rafael del paisaje, que
nació en 1600 en ChUeau-de-Chamag-
ne, en Lorena, y murió en 1682. Era
hijo de una familia pobre, y no mos-
tró en sus primeros afíos más que una
inteligencia muy limitada. Sin em-
bargo, huérfano á los doce años, fué
recogido por un hermano suyo, gra-
bador en madera, en Friburgo, y em-
pezó á demostrar á su lado algunas
disposiciones para el dibujo. Llevado
poco después á Italia, según unos,
por un pariente suyo, ó por unos atur-
didos de su edad, según otros, bien
pronto sintió despertarse su genio
ante la contemplación de las maravi-
llas de arte que contiene aquel afor-
tunado país. El Pousino y los papas
Urbano VIII y Clemente IX busca-
ron su amistad, y muy en breve ad-
quirió una considerable fortuna. Los
cuadros del Lobbnés, de un admira-
ble colorido y de una verdad sor-
prendente, le colocan á la cabeza de
todos los paisajistas del mundo, pa-
gándose noy por un lienzo suyo has-
ta 75 y 80.00U ^ncos. En medio mi-
llón se estimaron dos cuadros que
existían en Malmaison j que pasaron
á San Petersburgo. La galería del
Lottvre posee 16; dos, el museo de
Madrid;y otros, se encuentran disemi-
nados en los palacios Altieri, Colon-
na y Dona en Italia y en las galerías
particulares de Inglaterra. Del Loita-
Nés se conservan 28 aguas fuertes y
Barnére, Lebás, Vivarés y "Woollett
han grabado muchos de sus lienzos.
Lorenzána. Femenino. Lienzo
grueso que se fabrica en Galicia en
un pueblo de este nombre. || Nombre
Satronímico da varón; hoj, apellido
e familia.
ETiuoLOaÍA. Lorento: catalán, lo-
remana.
Lorenzána (Francisco Antonio
de). Prelado español, que nació en
León en 1722 y murió en Roma en
1820, Después de ser canónigo de To-
ledo, obtuvo el arzobispado He Méji-
co en 1766, y partió para aquella dió-
cesis, en la que se señaló reformando
la disciplina del clero é invirtiendo
parte de sus rentas en fundar una
casa de recogimiento y una inclusa.
Trasladado en 1772 á la silla da To-
LORI
489
ledo, primada de España, fnndd una
universidad, dotándola con una ri-
quísima biblioteca, j dedicándose tam-
bién, como lo había hecho en Méjico,
¿ corregir muchos abusos, que exis-
tían en su diócesis. Fué creado carde-
nal en 1789; y en 1797, se trasladó á
Roma á llevar á Pío VII consuelos de
parte del rey de España, sin separar-
se de él, hasta que se recibió orden
del Directorio para conducir al Papa
á Francia. En 1800 renunció el arzo-
bispado de Toledo y se retiró á Roma,
donde acabó sus días, siendo de avan-
zadísima edad.
Lorenzo. Masculino. Nombre pro-
pio de varón, fj San Lorenzo; mártir
del siglo 111, quemado sobre unas pa-
rrillas. (Prisciano.)
ETOfOLOofA. Latín ¿a«rmí!(«f, for-
ma de laurus, corona de laurel.
Lorer. Masculino anticuado. Lau-
rel.
Loretanos y Loretos. Masculino
plural. Caballeros de Nuestra Señora
de Loreto, cuja orden fundó el papa
Sixto V, en 1587, cuando erigió la
magnífica catedral que lleva aquel
nombre. Se estableció la orden de los
LORBTANOS, para que diesen caza á los
corsarios en las costas de la Marca de
Ancona, á los ladrones de la Roma-
nía, y para que guardasen la ciudad
de Loreto.
ETiMOLoafA. Loreto: francés, loretíc,
loretans,
Loreto. Femenino. Geografia. Ciu-
dad de Italia, en los antiguos Esta-
dos pontificios, célebre por su iglesia
monumental denominada iVwi^
ñora de Loheto.
ETnioLooÍA. Latín LaftreUmt lugar
plantado de laureles.
Loriana. Femenino provincial.
Lloredo.
Loricario. Masculino. Ictiología.
Pescado notable por las láminas hue-
sosas que le eubren-el cuerpo y la ca-
beza.
EmioLOaU. Loriga: latín, fárlcü-
rí%tí, relativo & laa corazaa; francés,
loricaire,
Loricero. Masculino. Entomología.
Género de insectos coleópteros carní-
voros, que viven en lugares pedre-
gosos.
ETiyoLoaÍA. Griego Xwpov (Idron),
correa, ^ xipa? (kérasj, cuerno; fran-
cés, ¡oncere.
Loríeos. Masculino plural. 2oo~
logia. Orden de anfibios que tienen el
cuerpo cubierto de placas huesosas á
modo de escamas.
EriHOLoaÍA. Loriaarioi.
Lorifoliado, da. Adjetivo. Botáni-
ca. De hojas muy largas y parecidas á
correas.
EriuoLoaÍA. Latín lorum, correa, j
/Sliaíiis; áefdltum, hoja.
Loriga. Femenino. Armadura he-
cha de láminas pequeñas, por lo co-
mún de acero, que caen unas sobre
otras para defensa del cuerpo. || Ar-
madura del caballo para el uso de la
guerra, jj Pieza de hierro circular con
que se refuerzan los bujes da las rue-
das
de los carruajes*
TOMO ui
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490
LORO
Etimología. Griego Xwpov (Idron),
correa: latín, lorum, igual sentido;
loñea, coraza, armadura, cota de
malla, porque la loriga era un teiido
de correas; italiano, tortea; catalán,
llorica.
Coló Salón ayaso la •« senaa alfada,
Laa toriga$ Tettidaa é «íntas lai eapaioai,
A eolia demonbradopor«aoar>loi acatada.
(Poema del Cid.)
cPrincipal armadura de los caba-
lleros hasta fines del siglo xiii, com-
puesta de muchas láminas, anillos ó
mallas de hierro.» (Biblioteca de auto-
res etpañoUs. Poetas castellanos ante-
riores al siglo XV' Poema del Cid,
timo 57, poffina 8.) — cArmadura del
cuerpo, compuesta de machos peda-
zos o laminillas de acero, que cajren-
do unas sobre otras, preservan jr de-
fienden el cuerpo de las heridas. Sale
del latino Zortca.» (Aoadbuia, Vic-
cioHariode1726.)
Lorígado, da. Adjetiro. La perso-
na armada con loriga.
ETUCOLOOfA. Loriga: latín; lorlcatus,
participio pasivo de loricare, cubrir
cou loriga, baldosar; francés, lorigué.
Lorigón. Masculino aumentativo
de loriga.
Loriguero, ra. Adjetivo anticua-
do. Lo que pertenece á la loriga.
Iioríguillo. Masculino, Botánica.
Arbusto de que hacen uso los tintore-
ros para las tintas.
Etuiolgoía. Latín IñridiUt pálido
en demasía, cetrino.
Iioripedo, da. AdjetiTO. Zoología.
Que tiene una especie de diente en las
patas anteriores.
BriHOLOOfA. Latín Idrum, correa de
cuero, y pes, p^dis, pie.
Lorís. Masculino. Zoología. Mamí-
fero pequeño de la isla de Ceilán.
(Caballero.) Q Se ha dado este nom-
bre en las Indias orientales á una fa-
milia de papagayos, ca;^o grito arti-
cula con claridad el sonido Ion'. (Büp-
Etimología. Malajro loüri ((^jf)
ó ioSri {*^J^ )'• ínncés, lori.
Lorito. Masculino diminutiTO de
loro.
1. Loro. Masculino. Ornitología.
Papagato. Dícese más particularmen-
te del que tiene el plumaje con fondo
rojo. B DEL Brasil. Ave. Pasaquat,
ETiMOLoaÍA. Loris: catalán, lloro,
2. Loro. Masculino. Botánica. Ar-
bol, especie de laurel, menos alto, de
ramos cortos y poco esparcidos, con
hojas alternas, puntiagudas, perma-
nentes, por arriba de un verde subi-
do, y por ab^o, más descoloridas. |
Adjetivo, Lo que es de un color amu-
latado ó de un moreno que tira i
negro.
ETiMOLoaÍA.. Latín lüror, la palidez
cetrina que tira al color negro (Lu-
crecio): catalán antiguo, Jor; groch
que tira á moreno; «color de oro que
tira á moreno.»
3. Loro. Masculino. Botánica, Es-
pecie de laurel.
Etimología. Laubus lusitanica.
LOSA
4. Loro. Masculino. Entomologia,
Pieza de la boca de algunos insec-
tos. D Botánica, Filamento de ciertos
liqúenes y de las confervas.
Etimología. Latín lórum, correa de
enero, por semejanza de materia y de
forma: Trances, lore,—*B6 llama tam-
bién lo que está entre blanco y negro.
Üfcese comunmente del trigo antes
de llegará su perfecta madurez, como
lo prueba el refrán que dice: «Cuan-
do el trigo está loro^ vale el mugil
oro.» Viene dellatino Zuriííw.» (Aca-
demia, Diccionario de 11^6,)
Lorquino, na. Adjetivo. El natu-
ral de Lorca y lo perteneciente & esta
ciudad.
Lorradas. Adjetivo. Término del
blasón. Se dice de las aletas con que
nadan los peces, cuando son de otro
esmalte. (Acadbmia, Diccionario de
1726.)
Lorrado, da. Adjetivo. Blasán,
Epíteto heráldico de las atas de los pe-
ces, cuando son de distinto esmalte.
Etimología. Francés, lorré.
Lórula. Femenino. Botánica, Tallo
6 expansión de los liqúenes filamen-
tosos.
Etimología. Latín'_ ¿drum, correa de
cuero; francés, lorule.
Losa. Femenino. Piedra llana y de
poco grueso, regularmente labrada,
que sirve para solar y otros usos. |
Trampa formada con losas pequeflas
para coger aves j ratones. || Metáfo-
ra. SEPULGBO.J Echar ó plnbb una
LO?A ENCIMA. Frase metafórica. Ase-
gurar á alguno con la mayor firmeza
que guardará en secreto la noticia
que se le ha confiado. || Echar una
LOSA SOBRB EL coBAzÓM. Frase. Cau-
sar ú ocasionar alguna grave pesa-
dumbre que abruma y acongoja.
Etimología. 1. Latín Idpu, la pie-
dra. (MONLAU.)
2. La siguiente derivación demues-
tra el error de la anterior etimología.
Derivación. — Catalán, llosa; portu-
gués, lousa; francés, lose; piamontés,
Josatt del provenzal lausa, piedra se-
pulcral, forma sustantiva de lansar,
alabar, del latín laudare. Losa y lau-
des, del antiguo lauda, sepulcro, re-
presenta sin duda la misma palabra
ae origen.
«Piedra extendida y labrada en cua-
dro ó en otra forma, de poco grueso,
que regularmente sirve para cubrir
los pavimentos ó suelos dé loa tem-
plos y atrios. Covarrubias dice puede
venir del nombre arábigo loxa, que
significa losa.* (Academia, Dicciona-
rio de mo,)
Losada (DiBao). Conquistador de
Venezuela, que nació á principios del
siglo ZTi y murió en lo69. Fué uno
de los primeros españoles que llega-
ron al territorio de Darien. Encarga-
do de someter á varias tribus temibles,
como los arbacos, los tecas y los caracas,
salió en l.jfÍ7 d^'l valle de Mariana,
dirigiéndose al Norte. Después de ha-
ber vencido á los arbacos y á los te-
cas, llegó en el mes de Abril al país
de los caracas, que huyeron dejando
los campos desiertos. No queriendo
LOSA
perder el frutó de sus victorias, edifi-
có al pie de una alta montaña la ciu-
dad de Santiago de Ledn, en Caracas.
Sostuvo una larga guerra con Guaico^
puro, jefe indio, á quien logró vencer,
pacificando el valle de Caracas. Pero
cuando hubo de ocuparse en la lepar^
tición de tierras, los habitantes se su-
blevaron contra él, y habiéndose que-
jado al gobernador general, éste le
reemplazó con Ponce ae León.
Losada (Gómez db). Escritor espa-
ñol, que nació en 1680. Estuvo en Ar-
gel, en la época en que abundaban
los cautivos cristianos; y de vuelta á
España, publicó la siguiente obra:
Escuela de trabajos, divididos en cuatro
libros. Primera parte, del cautiverio wtát
cruel y tirano; Segunda, Noticia y go-
bierno de A rgel.
Losado. Masculino. Enlosado.
Etimología. Loior: catalán, llo-
sat, da.
Losange. Masculino. BUuán. La
figura de un rombo colocado de suer-
te, que un ángulo quede por pie, j su
opuesto, por cabeza. Q Geometría. Pa-
ralelógramo cujos cuatro lados son
iguales, sin que los ángulos sean
rectos.
Etimología. En el blasón se llama
losange la figura de un rombo colocado
de suerte que un ángulo quede de pie;
y su opuesto, por caoeza. Y ¿de dónde
viene losangéf (Monlau.)
1. Corrupción de laura^o, por la
semejanzadel rombo con una hoja de
laurel; en latín launa, (Bscalíobbo.)
2. Losange representa lozai^le, del
griego loxos, oblicuo, y del latín an^
gulus, ángulo. (P. Labbb.)
3. Español losa, adoquín, por la se-
mejanza de figura. (Guvbt.)
4. La voz dél artículo es el antiguo
francés losarle, forma de Umange, ala-
banza, porque los escudos de las fa-
milias estaban encuadrados en rom-
bos, y tales blasones tenían por obje-
to exaltar el brío de los señores con
alabanzas y lisonjas; en francés, louan-
ges, losanges. Ultimamente, losange
pasó & significar el eoadro de las ar-
mas ó escudos, viniendo á tener la
significación de rombo, lo cual dió á
la voz del artículo el significado geo-
métrico que hoy tiene. Tal es la etioio-
logia de Cachet, seguido por Scheler,
tan ingeniosa como perspicaz; tan
perspicaz como positiva. En efecto, el
siglo XIV nos presenta el pasaje si-
guiente: (Historia de Francia, to-
mo XXI V, página 650 j: <pour avoir
faict deu» ckaieres et eouvert par dessm
de LOZENOBS et armoié des armes du roi»
(por haber hecho dos 8illas7 cubierto
Sor encima varios losanges j escudos
e las armas del rey). Por consiguien-
te, LOSANOS significa louai^e, alaban-
za; T por extensión, cuadro, rombo,
f araielógramo, cuvos lados son igua-
es; y desiguales, los ángulos.
5. Confirman la anterior etimología
nuestras antiguas formas losenxere y
losenjero, sinónimas de lisonjero. Claro
es que losenjero representa una forma
de losange, de donde resulta ^ue Uh
sanje representa á su vez lisonja.
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LOTE
2?íri»*c«fti.— Francés del siglo %iv,
¿«stf«y#; moderno, losange; Berrj, osan-
ye; italiano, lotanga, simétrico de lu-
sinaa, lisonja.
JUMU^eado, da. Adjetivo. Bla-
té». Que tiene losang^es.
EitifOLoaÍA. Zottaiget francés, lo-
Losar. Activo. Enlosar.
EtiuolooÍa. Losa: catalán» llosar,
Loseniero, ra. Adjetivo anticua-
do. Lisonjero. *
Losenjaro, ra. Adjetivo. Lison-
JBBO.
Loseta. Femenino diminutivo de
tosa. I ó LOSILLA. Trampa formada con
losas peqaeñas para cog-ar pájaros. ||
COQER EN LA LOSSTA. ó LOSU.LA. Frase
metafórica y familiar. Bngaflaz & al-
^no con astucia.
Losica, Ua, ta. Femenino diminu<
tivo de losa. — cLa losa pequefia. Cíer^
ta trampa que se hace con unas losas
peqaeQas j delgadas, para coger las
aves. Trae esta voz en este sentido
Covarrubiaa en su Tesoro^ y también
el padre Alcalá y Nebrija en sus Vo-
caouUños. » (AcADBWA, Diccionario
de 1726.)
t. Lota. Término provincial. Pun-
to en donde se vende el pescado,
que es generalmente el mismo buque
3ue lo trae. Representa una especie
e puja, en que se pregona el precio
estipulado en escala descendente, has-
ta que un postor grita: ¡mió!, á cújo
favor se remata. Llamóse lota, porque
se vende á lotes; es decir, por porcio-
nes ó partes.
BtiholoqIa. Zote.
2. Lota. Femenino. Género de
pescados semejantes á la lamprea.
BTiHOLoaÍA. 1. LatÍD luíum, lodo,
porque la Iota suele hallarse en aguas
cenagosas. (LixTaé.)
2. Esta etimología no es admisible.
¿9^1 representa el latín Iota, lavada;
femenino de loíus, participio de laca-
re, lavar, aludiendo á la piel lustrosa
de dicho pescado. No es posible sepa-
rar ¿e^, lavado, y Iota, pez.
Derivación. — Latín ¡^ta, lavada; la-
tín técnico, gad%s lota, de Lianeo;
francés, lotte.
Lote. Masculino. Cada una de las
partes en que se divide un todo que
se lia de distribuir entre varias per-
sonas.
BTiHOLOofA. Antiguo alto alemán
Hoz, suerte: alemán. Loas; godo,
hlaut»; bajo bretón, lod, porción; in-
glés, loi, porción y suerte; francés,
loi; provenzal, lote; italiano, lotto.
Loteo, tea. Adjetivo. Concernien-
te ó parecido al loto.
Etimología. Loto: francés, iotées.
Lotería. Femenino. Especie de rifa
3ue se hace con mercaderías, billetes,
ineros y otras cosas con autoridad
pública, y Juego casero en que se imi-
ta el juego público con números pues-
tos en cartones, y extrayendo algu-
nos de una bolsa & caja. | La casa en
que se despachan los billetes y se ano-
tan los números de los jugadores de
lotería, i Uetáfora familiar. Caerle
i uno la lotería. Venirle un bien ó
LOTE
un mal, según empleemos la frase en
sentido serio ó en sentido irónico. El
uso de esta locución en significación
descriptiva es muy frecuente, como
cuando se dice para ponderar una
molestia: «pues, señor, me ha caído
la LOTERÍA.» -
Etimolgoía. Lote: catalán, lotería;
francés, loterie.
Del francés loterie, formado del fla-
menco lot, suerte, ó del celto-bretón
lod, porción, parte de tierra ó here-
dad, lote. También ha tenido lotería
su etimología de sonsonete, pues al-
gunos la derivan del italiano lotta,
que significa lucha, en latín lucia, por
cuanto en la lotería el jugador Imha
en cierto modo contra la fortuna y
contra los demás jugadoras. (MoH-
LAD.)
Reseña histérica.— \. Snire los anti-
guos romtnos. 1. Entra los antiguos
romanos, fué una diveraión inventada
para recreo en los convites y en lor
festines.
2. Poníanse en una copa los billen
tes que representaban los lotes ó pre-
mios. Un esclavo la iba presentando,
y cada convidado tomaba un billete,
que le valía un lote importante, ó un
lote irrisorio.
3. El emperador Augusto fué m\iy
amante de la lotería y distribuía lo-
tes de dinero, y de lo que hoy podría-
mos llamar artículos de tocador.
4. Agrippa debió ser más amante
del juego, cuando hizo pública la lo-
tería. Hacía arrojar en el teatro» á
continuación de los juegos escénicos,
un gran número de tablillas que va-
lian, á los que las podían recoger,
cantidades de plata, vestidos, carros,
vasos de metal y esclavos; que hasta
los hombres han servido de loies en
los juegos de la humanidad.
5. Nerón, en los juegos que du-
rante varios días celebró por la per-
petuidad del imperio, hacía arrojar
diariamente al pueblo mil billetes de
LOTEUÍA, con los que podían obtenerse
premios de trigo, de víveres, de aves,
de dinero, de perlas, de esclavos, de
caballos, de casas y de tierras.
11. Entre los modernos.— 1, La lo-
tería se perpetuó en Italia, como me*
dio de ganar dinero.
2. De Italia se importó á nuestra
nación vecina, Francia; y la primera
fué establecida por Francisco I, en
1539, bajo el nombre de ólangue, voz
derivada sin duda del italiano hianca
carta, como si dijéramos: billete blan-
co, por ser el color de los billetes que
perdían. Advirtamos que esta lotería
duró poco.
3. Reapareció, esto no obstante,
bajo el ministerio Mazarino (1656);
fué suprimida después (1658) por de-
creto del Parlamento; reapareció bajo
la forma de imtitncién, en 1700; en-
tonces se creó una en el Hótel-de- Vi-
lie de París, bajo el nombre de lote-
ría real, con capiUl de 10.000.000 de
libras, la cual mé abolida definitiva-
mente.
4. En España existe todavía, acer-
ca de lo cual no tenemos motivos de
LOTO 401
congratularnos, porque ningtín pue-
blo debe fiar su porvenir á las aven-
turas de la suerte, sino á las virtudes
del trabajo y de la economía. (Consi-
derada esta cuestión, no como hec^o
administrativo, sino como pnnto de
moral pública, tal vez pudilht pre-
guntarse: ¿con qué derecho se prohi-
ben los juegos de azar, cuando el Es-
tado mantiene el juego déla lotería?
Sí h&y razón para que dejen de jugar
algunos, ¿por qué no hay razón para
que dejen de jugar todos? Hablando
en nombre de la historia, ley sobera-
na, que á todos obliga por igual, aña-
dimos: el juego, sea cual fuere la for^
ma bajo la cual se manifieste, es la
llaga que devora la vida de los pue-
blos pobres, inmorales ; esclavos.
Honramos mucho á España, la ama-
mos más, para que, en materia ton
frave, prescindamos de la obligación
e expresarnos con patriótica fran-
queza. Un pueblo jugador está borra-
do por sí mismo del mapa de los pue-
blos.
■ ' Lotero. Masculino. El administra-
dor que tiene á su cargo despachar
los billetes y anotar los números de
los que juegan á la lotería.
ETUfOLoaÍA. Lote: catalán, loíer.
Loth. Patriarca hebreo, hijo de
Arán, hermano de Abraham, que vi-
vía unos 1900 años antes de nuestrn
era. Abandonó con su tío el país do
Ur V se fué á vivir á Sodoma. ííefiere
el Génesis que, habiendo llegado á la
ciudad dos ángeles, enviados por el
Señor, Loth les ofreció hospitalidad;
pero á poco tiempo los habitantes de
bodoma se amotinaron y acudieron en
tropel á casa de Loth, pidiendo á gri-
tos que entregara á su depravación
concupiscente aquellos extranjeros.
Les ofreció inútilmente á sus hijas en
cambio; pero los ángeles pusieron fin
á aquel conflicto, dejando ciegos á loa
alborotadores. En seguida advirtieron
á Loth que la ciudad de Sodoma iba á
ser destruida por el fuego del cielo,
insinuándole que huyera inmediata-
mente con su familia, sin detenerse
en sus cercanías, ni volver la cara
atrás. La mujer de Loth, que que-
brantó esta última parte del mandato,
quedó convertida en estatua de sal.
LuTH, después de hacer un corto des-
canso en begor, se retiró con dos hi-
jas á una caverna. Las dos hijas, cre-
yendo que había perecido todo el gé-
nero humano y que ya no había hom-
bres para ellas, embria^^aron á su pa-
dre, y se entregaron á él, una después
de otra, para conservar su raza. La
mayor, tuvo un hijo, llamado Moab,
que quiere decir hijo de mi padre j
que fué cabeza y tronco de los inoab%-~
tas; y la secunda uno, llamado Av^,
ó hijo de mi pueble, de donde descen-
dieron los amonitas.
Lotiforme. Adjetivo. Botánica.
Que tiene la forma del loto.
Loto. Masculino. Arbol. Almez.
BnHOLOofA. Griego Xwtó? (Idtós):
latín, lotos, loto ó almez, árbol de fru-
to muy sabroso y dulce; francés, 10*
tos, lotus.
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492 LOUV
LOUV
LOXO
Lotofagia. Femeaiao. Inclinación
á comer almez.
EriMOLOofA. Loiófago.
Lotófagos. Masculino plural. Pue-
blos que habitaban en la costa meri-
dional de Africa j se alimentaban con
los frutos del loto.
EtiuoloqU. Griego Xu-cofiyo; (toUh
phágot}; de fóíM, loto, y pkttfféfn, co-
mer: francés, latopka^g.
Mitología. — 1. Los lotópaoos no
han existido en ninguna regi<jn del
globo, puesto que eran un pueblo
que ideó la fábula griega.
2. Sirvió de fundamento á dicha
iavención la creencia de que la fruta
del loto era tan dulce / delicada, que
hacía olvidar su patria á loa eitraa-
jeros.
3, La ilustre Academia Espafiola
hará muv bien en referir la voz del
artículo a la mitología.
Lotos. Mitología. Fruta fabulosa
del Africa, que quitaba la memoria
al que la comía.-
EíriKOLooia. Loto.
Lonoura. Femenino anticuado. Lo-
CUBA, II Anticuado. Presunción.
Louvel (Luis Pedbo). Regicida
francés, de oficio guarniciónelo, que
nació en Yersalles en 1783 j murió
en 1820. Después de haber pertene-
cido al partido más avanzado de la
democracia, j de haberse afiliado
más tarde fervieuterneute á los bona-
fiartistas, llevado de su fanatismo po-
ítico, el 13 de Febrero de 1820, ase-
sinó á la salida de la ópera al duque
de Berrjr, hijo del coade de Artois,
después Carlos con objeto de
acabar con la rama principal de los
Borboues. Herido el desgraciado prin*
cipe á las once de la nocne, sólo vivió
el resto de ella, que pasó eu la ago-
nía. A pesar de los cuidados de los
doctores Bougon j Dupujtren, que
se apresuraron á acudir á su socorro,
dió el último suspiro á las seis y me-
dia. No habiendo podido sor traslada-
do á las Tullerías, se le improvisó
una alcoba en el teatro mismo, en un
saloncillo contiguo al palco re^io, al
que acudió toan su familia, incluso
Luís XVIII, que aunque agobiado ^a
por las enfermedades, que no habían
de tardar en llevarle al sepulcro, se
hizo trasladar i la cabecera del mo-
ribundo. Louvel, que no intentó si-
quiera huir, fué cogido inmediata-
mente jr coaducido á los calabozos de
la Conserjería. La pesquisa que se
hizo sobre sus antecedentes, nada ex-
traordinario reveló. Huérfano desde
muy niño, había sido educado por
una hermana de su madre, que hizo
le admitieran en una escuela gratuita
de Versalles. Allí, siguiendo Ja edu-
cación de la época, aprendió á leer en
la Declaración de ios derechos del kom-
jre y en los cantos patrióticos. Lou-
vel no salió de aquella infancia re-
publicana, sino para pasar á la vida
exaltada de una adolescencia guerre-
ra. La gran epopejra del imperio le
arrastró de tal modo que, durante su
vida. Napoleón fué para él, más que
un hombre, un Dios. Testigo de la
abdicación de Fontainebleau, siguió
al soberano desposeído á la isla de El-
ba, y volvió con él al ^olfo Juan. Pero
Waterloo fué una ultima y amarga
decepción. Louvel, al ver desplomar-
se su ídolo, sólo guardó un senti-
miento de odio y de venganza, y la
víctima escocida para templar su sed
de sangre fue el duque de Berrj. <La
persona del rej no era la que me con-
venía,» había dicho: «Luis XVIII es
tal vez el único príncipe de üu fami-
lia que no ha tomado las armas con-
tra la Francia, y lo que jo quería era
castigar á los culpables de tal cri-
men.» Madurando su proyecto pasó
aúos enteros, y la ocasión se le pre-
sentó al ñu. Conseguido su criminal
objeto, quedó traiiquilo. El 26 de
Majo recibió con cierta altanería á
ios defensores que se le habían nom-
brado de oficio, V les recomendó que
no alegasen nada en su defensa que
estuviera en contradicción con sus
terminantes declaraciones. Los deba-
tes se abrieron el 5 de Junio ante la
Cámara de los pares, y dos sesiones
bastaron para dejar comprender que,
si los tenía, Louvbl no denunciaría
sus cómplices. El día 6, á las cinco y
media de la tarde, oyó con la major
impavidez la sentencia que le conde-
naba á sufrir la pena de muerte en la
plaza de la tiréve. A las cinco y me-
dia de la maüana del 7 de Junio se
puso en marcha la fúnebre comitiva.
Durante el trajecto se invitó al reo á
que hiciera declaraciones; pero á la
primera campanada de las seis su ca-
beza rodaba a la canasta de la guillo-
tina, sin haber desplegado sus la-
bios.
Reseña. — Murió á los 36 años; era
de mediana estatura, de frente abul-
tada, ojos hundidos y de expresión
sombría, cráneo casi calvo, facciones
duras y angulosas, labio delgado y
prieto.
Louvet de Gouvray (Juan Bau-
tista). Convencional y literato fran-
cés, que nació en París en 1760 j mu-
rió en 1797. Redactó varias memorias
académicas para el sabio Dietrich, de
quien era secretario; fué más tarde
comisionista del comercio de libros y
publicó de 1787 á 1789 una novela
titulada: Amores del caballero de Fau-
blaSf en tres partes, á la cual debe su
reputación literaria. Esta obra, del
genero de esas que tienen por objeto
Hacer la pintura de los más desborda-
dos placeres y describir de la manera
más real y descarnada la liviandad y
el desenfreno de las pasiones, es, no
obstante, un verdadero modelo de ese
ramo de la literatura que, por más
que debe esconderse á las miradas de
la juventud, que no busca en tales li-
bros más que un incentivo á sus pa-
siones sensuales, encierra también
bellezasdignas de ser estudiadas. Des-
pués de este libro publicó un folleto
que lleva por título: París jas tijicado,
en que se nace la apología de las jor-
nadas del 5 j 6 de Octubre. Durante
el período de la Asamblea legislativa,
redactó un diario. El Centinela^ diri-
fido contra la corte. Habiendo sido
iputado de la Convención, se afilió
al partido girondino, se declaró con-
tra las matanzas de Septiembre y se-
ñaló en un discurso, tan valeroso como
elocuente, lo que él llamaba las miras
ambiciosas de Robespierre. Fué da
los que votaron la maerte del rej, y
de los que hicieron una guerra implar-
cable a la Montafia hasta que, com-
prendido eu el decreto de arresto dic-
tado contra sus colegas de la Gironda,
fué puesto fuera de la lej. Precisado
á huir, llevó una vida errante que ha
referido en sus Noticias para la histo-
ria de mis peligros desde el Si de Mayo
de i 793 (París, 1795). Vuelto á la Con-
vención después del 9 Thermidor, re-
dactó de nuevo SI Centinela; y más
tarde, otra publicación periódica ti-
tulada: De Frente. Fué miembro del
Consejo de los Quinientos, dejó de
formar parte de él en Majo de 1797,
abrió una librería, fué nombrado
miembro del Instituto (sección de gra-
mática), y murió en el mismo año. De
éíj además de las obras citadas, se
conserva una novela de escaso mérito:
Smiliode Varmont, donde trata de pro-
bar la necesidad del divorcio.
Reseña. — Louvet tenía más talento
que erudición j menos juicio que cons-
tancia en sus opiniones.
Lovaina. Femenino. Geografía.
Ciudad célebre de Brabante.
Etiuolooía. Latín LovanXwn.
Lovaniense. Adjetivo. El natural
de Lovaina y lo perteneciente i esta
ciudad.
Etiuolooía. Latín lovanunsis.
Lovia. Femenino, ffeografía* Ciu-
dad de la baja Alemania.
BtimolooIa. Latín Lovía.
Lowe (siB Huoson). Nació en Ir-
landa en 1770 y murió en 1844. Sir-
vió en Italia contra los franceses, dejó
tomar la isla de Capri, de que era go-
bernador, en 1810, fué coronel délos
tiradores de Córcega j recibió, en
1815, la misión de guardar á Napo-
león I en la isla de Santa Elena. La
dureza con que desempeñó el cargo
que se le había confiado, le ha con-
quistado un triste j odioso renombre.
De él se conservan unas Memorias,
Íublicadas por su hijo (en Londres,
845), en que trata en vano de justi-
ficar su conducta.
Loxantero, ra. Adjetivo. Botáni^
ea. Que tiene oblicuas las anteras.
BTUioLoaÍA. Loxo y antera.
LozantrosiB. Femenino. i/«(iíwaiia.
Dislocación de los huesos dd cráneo
j de los músculos adherentes.
Etimología. Zoxo y árihro», articu-
lación: francés, loxarthre.
Loxo. Prefijo técnico, del gñego
Xojó? (loxós), oblicuo.
Loxocosmo. Masculino. Física.
Instrumento para demostrar los mo-
vimientos de la tierra, las estaciones
j la desigualdad de los días.
ETiuoLoaÍA. Loxo y hésmos, mun-
do: francés, loxocosme.
Loxodromia. Femenino. Náutica.
Línea que describe un buque en el
mar.
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LÜBR
LUGA
LUCE 493
Ktuioloqía.. Loxo j drómot, carre-
ra: francés, loxodromie.
Loyalistas. Masculino plural. Hit-
toña. 1. Nombre dado en Ing^laterra,
después de la expulsión de los Estuar-
dos» á todos aquellos que aceptaron la
nueva dinastía, sígnifícando de este
modo que eran leaUt á la causa del re^.
3. En las g>uerras de América, los
loyalittas eran los que seguían el par-
tido de la Qran Bretafia.
EruiOLoafa. Francés loyalitU, de
locante, lealtad: inglés, loyat'y.
Loza. Femenino. Todo lo que se
fabrica de barro fino j lustroso; como
son platos, tazas, jicaras, etc. | Andb
LA LOZA. Expresión metafórica j fa-
miliar con que se da á entender el bu-
llicio j algazara que suele haber en
algún concurso, cuando la gente está
contenta j alegre.
Etimología. — «Todo lo que se fa-
brica de barro fino j lustroso como son
platos, fuentes y escudillas. Covarru-
oias dice se llamó Loza cuasi Lutea.>
(AcADBUiA, DUúonario de 1726.)
Losanamente. Adverbio de modo.
Con lozanía.
BriMOLoaÍA. Lotana y el suGjo ad-
verbial tóente.
Lozanear. Neutro. Ostentar loza-
nía ú obrar con ella.
Lozanearse. Recíproco. Deleitar-
se, recrearse haciendo alguna cosa.
Lozanecer. Neutro anticuado. En-
greírse, envanecerse.
BtiuologÍa. Lozanear.
Lozanía. Femenino. El mucho ver-
dor y frondosidad en las plantas. | En
los nombres j animales, la viveza j
gallardía nacida de su vigor y robus-
tez. O Anticuado. Orgullo, altivez.
BnuOLOOÍA.. Lozano: catalán anti-
guo, iuttanié.
Lozano, na. Adjetivo que se apli-
ca i los árboles, á los campos y i los
sembrados muj verdes j frondosos. |
Metálbra. Alegre, gallardo, airoso.
Etiuolooía. Latín luxus, iux&s, ve-
?;etaciún extraordinaria, simétrico de
UTuriárey luxuri&ri, brotar con vicio,
estar demasiado frondoso. Lozano re-
presenta lasano, lusano: catalán anti-
guo, llossd, na; lussá, na; moderno,
íiusá, na. — «Verde, alegre y fecundo,
como campo lozano. Covarrubias di-
ce sale del nombre latino Zuce cuasi
lucano, porque lucen ó resplandecen.»
(ACADBHIA, Diccionario de 1726.) "
Lu. Articulo anticuado neutro. Lo.
Lúa. Femenino. Especie de guante
hecho de esparto y sin separación para
los dedos, el cual sirve para limpiar
á las calnllerias. ¡Provincial Mau-
cha. Zurrón de piel de cabra, carne-
ro, etc., para transportar el azafrán. \
Tomar alouna bubarcacióm por la
lúa. Frase. Marina. Véase Embarca-
ción.
Lnada. Femenino. Luazo,
Luazo. Masculino. Marina. Acto ó
efecto de tomar por la lúa.
Lubricación. Femenino anticua-
do. Lubricidad.
Lúbricamente. Adverbio de mo-
do. Con lubricidad.
Btiuolooía. Lúbrica y el sufijo ad-
verbial mente: italiano, lúbricamente;
francés, lubriquement.
Lubricin. Masculino anticuado.
El crepúsculo de la mañana.
ETiyoLOOÍA. Latía lubricare, hacer
vacilar, pjrque el crepúsculo parece
ser una vacilación entre el día y la
noche.
Lnbricar. Activo anticuado. Ha-
cer lúbrica 6 resbaladiza alguna cosa.
Etihch^ía. Latín UtbrUMre, poner
resbaladizo: italiano, lubricóte.
Lubricidad. Femenino. La cuali-
dad de lúbrico. ]| Metáfora. La pro-
pensión á la lujuria.
Etimología. Lúbrico: latín, lubrící-
ias; italiano, lubriciía; francés, lubrv-
cité; catalán, lubricitat.
Lubricij)edo, da. Adjetivo, ¿oolo-
gía. De pies lisos y lucientes.
Etuioloqía. Latín lübticutt resbsr
ladizo, y pe$, pedis, pie.
Lúbrico, ca. Adjetivo. Resbaladi-
zo. I Metáfora. Propenso á algún vi-
cio, y particularmente, á la lujuria.
Etimolooía. Latín ¿ü5Hf«u, resba^
ladizo, peligroso, arriesgado: lubrici
pitees, peces que se deslizan, que se
escurren de las manos, en Plinio: lx^
BRiCA adoletcentia via; camino peligro-
so, resbaladizo, para la juventud, en
Cicerón: catalán, UúbricA, ca; proven-
zal, lubric; francés, lubrique; italiano,
lubrico. — «Lo mismo que resbaladizo.
Es voz latina, lubricus, o, um.s (Aca-
demia, Diccionario de 1726.)
Lubrificar. Activo. Lubricar.
Etimología. Latín Iñbriauy/aehej
hacer: francés, lubrijier.
Lubrificativo, va. Adjetivo. Lo
que tiene virtud de lubricar,
Lucania. Femenino. Geografía a»*
ligua. Provincia del antiguo reino de
Ñapóles; hoj, Basilieata.
ETuioLoaÍA. Latín ¿ScSnKa. (Pli-
nio.;
Lucánido, da. Adjetivo. Entomo-
logía. Parecido á un lucano.
1 . Lucano (Marco Anbo). Célebre
poeta latino, que nació en Córdoba,
ciudad de España, el 3 de Noviembre
del año 38, y según otros, el 39 de la
era cristiana. Fué hijo de Aneo Mela,
hermano de Séneca el Filósofo, y de
Atília, hija de Lucano, orador distin-
guido. Apenas contaba 14 años de
edad cuando ya llamaba la atención
de los doctos por sus declamaciones
en griego y en latín. Prendado de
sus talentos el emperador Nerón, le
hizo augur y cuestor; pero el año 65
le condenó á muerte por encontrarle
complicado en la conjuración de Pi-
són, teniendo de esta suerte el mis-
mo desastroso fin que Séneca, su tío.
De todas sus obras sólo nos queda
La P/iarsalia, poema épico dividido
en diez libros. En él se encuentran
muchas bellezas de primer orden,
pensamientos sublimes, imágenes
grandiosas y rasgos épicos admira-
bles; pero la hinchazón del estilo y
el mal gusto que domina en muchas
partes del poema, deslucen con fre-
cuencia estos primores. (Dx Mioubl y
Murante.)
2. Lucano. Masculino. Entomolo-
gía. Género de insectos coleópteros
lamelicórneos, muy parecidos á los
escarabajos.
Etimología. Latín lUcanut, el esca-
rabajo, insecto. (Plinio.)
Lucano, na. Adjetivo. Lo perte-
neciente á Lucania j el natural de
esta provincia.
BtiholooU. Latín ISeania. (Tito
Livio.)
Lucas. Masculino. Nombra propio
de varón. || San Lugas.
Lucas. Masculino plural. Germa-
nía. Los naipes.
Lucas (san). Uno de los cuatro
evangelistas, natural de Antioquía y
médico de profesión. Fué convertido
por san Pablo, á quien siguió en sus
viajes; predicó luego solo en Corinto
el año 56, y regresó á Roma el 61.
Muerto san Pablo, recorrió la Italia,
las Gallas, la Macedonia, la Dalma-
cia, el Egipto, la Bitinia y la Aca^a,
donde sufrió el martirio á la edad de
84 años. Es autor del tercer Evangelio
y de los ÁcíoM de lot apóstoles,
Lucas de Tny. Sanio espafiol, lla-
mado en latín líucat Tudensis^ que
nació en León i principios del si-
glo xiii. Después de recorrer la Ita-
lia, la Grecia y la Palestina, fué
nombrado, á su regreso á España,
obispo de Tuj, en Galicia, cu^a sede
ocupó hasta su muerte, acaecida en
1288. Refundió la Crónica de san Isi-
doro de Sevilla, y la completó desde
el año 680 hasU 1236. dejando ade-
más un Tratado teológico contra los
albigenses, y la Vida de san Isidoro.
Luce (aoua ds). Especie de jabon-
cillo compuesto de amoníaco liquido
y de aceite esencial de aucino recti-
ficado.
Btiuolooía. Latín htee, ablativo
de lus, lücis, luz: «agua de luz.>
Lucencia. Femenino anticuado.
Claridad, resplandor.
Etiuolooía. Lucerna.
Lucense. Adjetivo. Lo pertene-
ciente á Luca y el natural de aquella
ciudad. II El natural de Lugo en Ga-
licia y lo perteneciente á esta ciudad
y provincia.
Etiuolooía. Latín lucensis, lo per-
teneciente á Luca; ¿aeñ»«, sus habi-
tantes.
Lucentísimo, ma. Adjetivo su-
perlativo de luciente.
Lucentor. Masculino anticuado.
Afeite de que usaban las mujeres
para el rostro.
Etimología. Lucir.
Lucera. Femenino. Tragaluz ó
cía rabo ja.
Etimología, Lucir.
Lucerna. Femenino. Insecto, lu-
ciRRNAOA. I Pescado de mar, milano.
II Anticuado, Especie de lamparilla ó
linterna. Q Germanla. Candela. || Lám-
para ó araña grande, como las que se
usan para alumbrar los teatros, Bn
este sentido es voz de uso moderno.
Etiuolooía. Luz: latín ¿Ücmia, lám-
para, candil: ante lucernas, antes de
anochecido; esto es, antes de encen-
der las luces (Juvbnal): italiano, íh-
eema.
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4H Lüci
JÍeíéña.—lj& forma griega del latíu
iicirna es Xúj^vo? (lácknos); ti Xy-^v«
^tó lúehna), las lámparas.
Lucernarío. Masculino. Liturgia.
Responso que tiene lugar después de
las vísperas en el rezo ambrosiano.
Etiuolooía. Lucerna: francés, h-
cemairei italiano. Ivcemajo; latín, ¿S-
cenati%mt el anochecer.
Lttcernita. Femenino. Luz peque-
fia que alumbra poco 6 se percibe
apenas.
EtiuoloqU. Lucerna.
Locerno . Masculino. Qermania.
Candbi.bko.
ETiuoLoaÍA. Lucerna.
Lucérnula. Femenino. Botánica.
Planta de Iiojas pequeñas, largas, an-
gostas, vellosas j cenicientas, que de
noche despiden un género de luz 6
claridad.
Etiuoloqía. luciérnaga: latín, l%-
cemaríaj verbasco. — cPlanta que se
cría en los huertos, ; produce las ho-
jas .pequeñas, largas, anarostas, vello-
sas j cenicientas; el taUo velloso y
alto de un codo, en el cual echa unas
flores purpúreas de cinco hojas. Des-
pide de noche un género de luz ó cla-
ridad, con que alumbra á los cami-
nantes, por cuja razón se le dió este
nombre.» (Academia, Diccionario de
im.) ,
Lucero. Masculino. El planeta Ve-
nus, al que comunmente llaman la es-
trella de Venus. Q Cualquier astro de
los que aparecen más grandes y bri-
llantes. S El postigo d cuarterón délas
ventanas por donde entra la luz. ||
Lunar blanco y grande ^ue tienen en
la frente algunos cuadrúpedos. || Me-
táfora. Lustre, esplendor. || Poélica.
Ojo. Es más usado en plural.
ETDunxraU. ¿«ar: catalán anti*
guo, llueer.
Luceros. Masculino plural. En la
Sermania signiñca los ojos. (Juan
IDALOO, en su Vocabulario.)
Lúcete. Masculino. Especie de
planta cujas flores despiden olor de
azahar.
Etimología. Lucérnaga.
Luceyo. Historiador latino, amigo
de Cicerón, cujas obras no han llega-
do hasta nosotros.
E-miOLoaÍA. Latín ¿i(ec«;i». (Cicb-
BÓN.J
Lncible. Adjetivo anticuado. Bss-
PLANDBCIBNTS.
ETUfOLOoÍA. Ludr: latín, IWiiihUii.
Lucidamente. Adverbio de modo.
Con lucimiento.
Etimología. Lucida j el sufijo ad-
verbial mente: latín, lüc'ídi; italia-
no, lucidamente; francés, lucidemení. —
«Clara y lustrosamente. Con aplauso
y esplendor.» (Acadbhu, Diccionario
de i¡26.)
Lucidario, ría. Adjetivo. Que da
lu/. 6 alumbra.
Etimolooía. Lúcido.
Lucidez. Femenino. Claridad. Se
aplica á los escritos ó discursos.
EniiOLoaÍA. Lúddo: provenzal, lu-
cidilal; francés, luddité; italiano, ¿w-
cidita, luádeua,
Lncidiumamente. Adverbio do
LÜCl
modo superlativo de lucidamente.
Etimología. Latín lucidissimi.
(QuiNTILIANO.)
Lucidísimo, ma. Adjetivo super-
lativo de lucido.
Etimología. Latíu lucidissímus : ca-
talán, ilucidístim, a.
Lúcido. Adjetivo. Poética. LuctsN-
TB. II Véase Intervalo.
Etimología. Lwi: sánscrito, lauci-
ías, manifiesto; latín, lücldus; ruso,
luczitíi/i; alemán, ItcAí; inglés, Hght;
italiano, lucido; francés, lucide; cata-
lán, llttií, da.
Lucido, da. Adjetivo que se apli-
ca al que hace ó desempeña las cosas
con fi;racia, liberalidad y esplendor.
Etimología. Lucir: latín, lüc^tdut.
Reseña AistJrica. — Lucidos ai uso ó
lindes, ae llamaba, en el siglo xvii, á
los que en el xviii se apellidaron cu-
rrutacos 6 petimetres; y hoy, elegantes.
Zavaleta titula el capítulo XX de su
Día de Fiesta: El lucido del día del
Corpus. Francisco Santos dice en su
Día y noche de Madrid: «Oigamos &
este propósito un corrillo de caballe-
ros mozos, lucidos al uso, alguno de
ellos con el sombrero adornado con
uu cordón de pelo.»
Lucidónico, ca. Adjetivo. Bellas
Artís. Epíteto dado á la pintura que
produce efectos transparentes, y ¿los
cuadros así pintados.
Etimología. Lucir.
Lucidura. Femenino familiar. El
blanqueo que se da á las paredes.
Luciente. Participio activo de lu-
cir. Lo que luce. || Nombre patroní-
mico de varón; hoj, apellido de fa-
milia.
Etimología. Latín lücens» luceníis,
participio de presente de luchre, lucir:
italiano, lueente; francés, luisamti ca-
talán, lluent, a.
Reseña. — 1. La forma griega del
latín lUcens es hnxái (leukás), blanco,
que representa el sánscrito taucayal.
2. Lo blanco era sinónimo de lo lu-
ciente, porque la primera luz del sol
es blanca, de donde viene alba, del
latín albus, blanco.
Lucientemente. Adverbio de mo-
do. Con brillantez.
Etimología. Luciente y el sufijo ad-
verbial mente.
Luciérnaga. Femenino. Insecto
con elictras crustáceas en los machos,
Ír á vecen también en las hembras, y
a parte posterior del cuerpo, fosfó-
rica.
Etimología. ZuctV: latín, lüctntum,
la luciérnaga, insecto (san Isidoro);
si métrico de Iñcemala, lamparilla.
(San Jerónimo.)
Luciérnago. Masculino anticua-
do. LuCtBRNAOA.
Lucifer. Masculino metafórico. El
demonio de la soberbia; y así deci-
mos: (tiene más orgullo que Luci-
fer. » II Biblia. El más rebelde de Ios-
ángeles caídos. I Mitología griega. Hi-
jo de Júpiter y de la Aurora.
Etimología. Latín lucifer, el luce-
ro, estrella de Venus; de lux, lUcis,
luz, y ferré, llevar: italiano, lucífero;
francés, lucifer; catalán, Uudfer.
LÜCI
Lucifdra. Adjetivo femenino. Mi-
tología. Sobrenombre de Diana, consi-
derada como la luna.
Etimología. Latín Lucífra.
Lucífera!. Adjetivo anticuado. So-
berbio, maligno.
Etimología. Lucifer,
Luciferino, na. Adjetivo. Lo per-
teneciente á Lucifer.
Luciíéro, ra. Adjetivo. Poética.
Rbsplandbcibntb. II Masculino. Ai-
tronomia. El planeta Venus, llamado
así, porque preside á los albores de la
mañana.
Etimología. Lucifer. — «Lo mismo
que luciente. Es voz latina y usada
de los poetas.» (Acadbmu, Dicciona-
rio de im.)
Lucifico, ca. Adjetivo. Que pro-
duce luz ó claridad.
BTiMOLoaÍA. Latín lUctfUuSt de liut,
luz, y faceré, hacer.
Lucífugas. Adjetivo. LocíFuau.
LucifUgio, gía. Adjetivo anticua-
do. Lo que se oculta ó esconde.
Lucinigo, ga. Adjetivo. Poética.
Lo que huje de la luz.
Etimolooía. LScífügus, de lux, la
luz, j^H^>í, huir: francés, lucifuge.
Lucillo (Cayo). Masculino. El más
antiguo de los poetas satíricos lati-
nos, que nació en Sezza, lugar del
Lacio, el año 606 de la fundación de
Roma, y murió en el de 650. Fué
amigo de Escipión el A fricano y com-
puso 30 sátiras en estilo rudo v gro-
sero, pero enérgico. De ellas sólo han
llegado hasta nosotros algunos frag-
mentos. (De Miqubl y Mobantb.)
^fsfña.— Horacio dice que era de
Campania ^ que floreció en tiempos
de Numancia, cujos datos coneuer-
dan con la anterior biografía.
Lucillo. Masculino. Urna de pie-
dra en que suelen sepultarse algunas
personas de distinción.
Etimología. «La caja de piedra,
dentro de la cual se sepultan los cuer-
pos de los nobles. Covarrubias dice
se llamó así cuasi Loculi, del latino
Locus; aunque el Brócense quiere
venga del nombre latino Luce, porque
se suelen hallar dentro algunasíuces.»
(kcKTiKiiiJt., Diccionario di 1726.)
Lucimiento. Masculino. El acto
de lucir. || Quedar con lucimiento.
Frase. Salir airoso en cualquier en-
cabo ó empeño.
ETuoLOofA. Xatftr: catalán, Í¿iii-
ment.
Lucina. Femenino anticuado. Pá-
jaro, BUI3BÑOB. II Mitología. Diosa que
presidía á los partos. ¡Sobrenombre
de Juno y de Diana,
Etimología. Lücina, Diana, diosa
de los bosques; de lúa, lüciSf luz.
Lucinio, nía. Adjetivo. Concer-
niente á la luz.
Lucinocto, ta. Adjetivo. Botáni-
ca. Epíteto que se da á las plantas
q^ue abren sus pétalos de noche 7 los
tienen cerrados de día.
ETUiOLoaÍA. Latín lúa, Utátt luz,
y nox, noctis, la noche.
Lucio, cia. Adjetivo. Terso, lúci-
do. II Masculino. Pescado de agua dul*
ce, de dos á tres codos de largo: su
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LUCR
LUCR
LUCÜ 495
«beta es caadrada y llena de bueque-
cillos pequeños. Parece ser que es ene-
migo de las ranas. (Au. onio.) |1 Pre-
nombre romano, como Lucio Cornelio
Sila. (Vabbón.) — «Lo que relace y
brilla. Dícese regularmente de los
aoimales que están gordos j de buen
pelo, como caballos, muías, buejes,
etcétera.» (Acadbuia, Diccionario de
1726.)
Lttciparo, ra. AdjetÍTO. Que des-
pide luz.
Etiuolooía. Latín lux, ^eit j paré-
re, producir.
Lucir. Neutro. Brillar, resplande-
cer. D Metáfora. Sobresalir, aventajar.
Se asa también como recíproco. |] Ac-
tivo anticuado. Iluminar, comunicar
luz y claridad. [| Manifestar el ade-
lantamiento ó la riqueza ó la autori-
dad, etc. l Corresponder el provecho
al trabajo en cualquiera obra; y así se
dice: á Fulano le luce lo que come.
[1 Enlucir, y Recíproco. Vestirse y
adornarse con esmero. | Quedar con
lucimiento.
EiuiOLOQfA. Z«z: latín, luciré; ita-
liano, Iwere; francés, luiré; provenzal,
luter^ luzir; catalán, Iluir,
Lttcma. Femenino. BoUiUea. Ár-
bol grande de América (^ue da un fru-
to redondo de cuatro á cinco dedos de
diámetro; su carne es farinácea y poco
dulce, la pepita, grande, y la corteza,
pajiza.
Luco. Masculino anticuado. Bos-
que ó selva de árboles cerrados y es-
pesos.
STUfOLoafA. Latín lüeuSf bosque,
arboleda sagrada, forma de luz, según
Quintiliano; a luce lumtnum qua rtli-
gio*Í4 cauta ea arboris suspenaebanlnr.
Lacrado, da. Partioípio pasivo de
laerane.
Etiuolooía. Latín lucratus^ partici-
Siio pasivo de hcrSri, lacrar: italiano,
ucraía; catalán antiguo, lucrat, da.
Lacrarse. Recíproco. Utilizarse,
sacar provecho de algún negocio ó en-
cargo.
ÉriicoLOOfA. Latín lucrari, forma
Terbal de lucnm, lucro: italiano, lu-
crare; catalán antiguo, lucrar.
Lncrativamente. Adverbio mo-
dal. De un modo lucrativo.
BnHOLOOÍA. Lucrativa y el sufijo
adverbial mente: francés, hicraiive-
Ment; catalán, lueralivameut,
LacratÍTO, va. Adjetivo. Lo qae
prnduee utilidad ; ganancia.
Etiuolooía. Lucrar: latín, lucrdít-
vus; italiano, lucrativo; francés, lacra-
tif; provenzal, lucraíiu; catalán, lucra-
iiu, va.
Lucrecia. Dama romana, célebre
por su hermosura y su castidad. Era
hija de Septimio Severo Triciplino j
mujer de Colatino. Habiendo inspira-
do una pasión violenta á Sexto, hijo
de Tarquino, apellidado el Soberbio,
éste, no pudiendo vencer su virtud,
logró una noche introducirse en su
habitación, hallándose ausente su ma-
rido, obligándola á prestarse á sus
impuros desaos, amenazándola, si no
accedía, no tan sólo con darle la muer-
te, sino además matar á un esclavo y
colocar á su lado el cadáver para su
deshonra. Al día siguiente de consu-
mado aquel crimen, envió á llamar Lu-
crecia á su padre j á su esposo, que
Ufgaron acompañados de sus amigos,
entre los que se contaba Bruto, j des-
pués de referirles su desgracia, se
traspasó el pecho con un puñal, inti-
mándoles á que la vengasen. Sobre su
cadáver, y teniendo en la mano el pu-
ñal con que se había herido, los tres
hicieron el juramento que había de
dar por resultado la caída de los Tar-
quinos y el establecimiento del go-
bierno consular, que quedó constituí-
do el año 509 antes de Jesucristo. Es-
te patético acontecimiento ha servido
de asunto á diversos poemas trágicos
y á dos soberbios cuadros. Uno, del
infortunado Rosales; y otro, del emi-
nente pintor Plasencia, premiado en
una de nuestras exposiciones de Be-
llas Artes.
Reseña.— Sahiáo es que el atentado
contra Lucrecia did lugar á la revo-
lución de Roma que, arrojando del
trono á los Tarquinos, fundo la repú-
blica, la cual dominó la major parte
del mundo conocido entonces.
Lucrecia Boraia. Hija del papa
Ali-jandro YI, habida de una dama
que, conocida con el nombre de Vano-
sa, se hizo célebre por su hermosura
: y sus desórdenes. Lucrecia era, por
tanto, hermana de César, duque de
Valentinois, y fué tan famosa como
éste por sus vicios y crímenes. Ca-
sada en un principio con un caba-
llero arag'ones, anuló su padre este
matrimonio y la unió con Juan Es-
forcia en 1493; pero este segundo en-
lace tampoco agradó á Lucrecia, y
fué igualmente disuelto por su padre
en 1497. Entonces se casó con Alfon-
so de Aragón, duque de Biseglia, á
quien luego hizo asesinar, tomando
por cuarto marido á Alfonso de Este,
duque de Ferrara. Desde entonces,
sin renunciar á sus demasías, se ocu-
fió en asuntos graves y trató de bri-
lar en su corte, rodeándose de per-
sonas de mérito j concediendo protec-
ción á las letras y á las artes. Se ase-
gura que, entre suS numerosos aman-
tes, contó á su mismo padre y i sus
hermanos Juan y César. El genio de
Donizetti ha inmortalizado la terrible
fama de Lucbbcia Boroia con la ópe-
ra que lleva su nombre.
Lucrecio. Tito Lucrecio Caro, poe-
ta y filósofo epicúreo, hombre de ge-
nio poderoso que floreció en tiempos
de Cicerón. Fué el primero que escri-
bió de las cosas naturales entre los
romanos; v esto en un poema, del
cual dice el mismo Cicerón que era de
un arte maravilloso. (Valbuena.)
Etimolooía. Lucvetías.
Lucrifilo. Sustantivo y adjetivo.
El que tit-ne apego al lucro.
Etiholoqía. Vocablo incorrecto;
del latín hcrum, lucro, y del griego
philoi, amante.
Lucrino. Masculino. El lago Lucri-
no ó de Lícola, en Campania. (Surto-
mo.)
Etiuología. Latín Lucrínus lacus.
Lucro. Masculino. Ganancia ó pro-
vecho que sesacade alguna cosa. | Cb-
SANTü. Q Forense. La ganancia ó utili-
dad que se regula podría producir el
dinero en el tiempo que ha estado
dado en empréstito ó mutuo.
EtiholooÍa. Latín lucrum: italiano
y catalán, lucro; francés, lucre.
Reseña. — Dice Varrón que ¿lunmse
deriva de luire^ pagar, cuya interpre*
tación necesita ser demostrada.
Lucroso, sa. Adjetivo que se apli-
ca á las cosas que producen mucho
lucro.
EtiholooÍa. Zvero: latíui hur^ut;
italiano, lucroso.
Luctatorío, ria. Adjetivo. Que
tiene relación con la lucha.
Luctifero, ra. Adjetivo. Que lleva
consigo el luto Ó la tristeza.
ETiuoLoaÍA. Latín luctuif luto, y
ferré, llevar.
Luctisono, na. Adjetivo. Que sue-
na lúgubremente.
EtiholooÍa. Latín lucha, luto, y
siSnus, sonido.
Luctaosa. Femenino. Feudalimo.
Derecho anticuo, que se pagaba en
algunas provincias á los señores y
prelados cuando morían lus subditos,
Í' consistía en una alhaja del difunto,
a que él señalaba en su testamento,
6 la que el señor ó prelado elegía.
ETiMOLoaÍA. Luctuoso. — «El dere-
cho que se paga por los difuntos. No
tiene cuota fija, porque en algunas
partes se paga una alnaja, la que es-
coge el señor del lugar respecto de
los seglares, ó el prelado respecto de
los eclesiásticos. Kn otras partes, por
antigua costumbre, está reducida &
cierta porción en dinero. En Santia-*
go la cobran los Arcedianos de los cu-
ras, cada uno del partido que le co-
rresponde, y se reduce á un vestido de
corto, otro de largo, la cama en que
dormía, la mesa en que comía, con
todo lo que en ella sirve, la muía ó
caballo en que andaba, v el breviario
en que rezaba. De legos hay variedad,
porque en unos lugares la cobran los
curas, en otros los señores de los lu-
gares, y en otros por mitad el señor y
el cura. Es voz usada en lo forense.»
(Academia, Diccionario de 1726.)
Luctuosamente. Adverbio de mo-
do. Con tristeza y llanto.
EtiholooÍa. Luctuosa y el sufijo ad-
verbial mente: latín, luctuesi. (Tito
Livio.)
Luctuoso, sa. Adjetivo. Lo triste
y digno de llanto.
Btihología. Lulo: latín, luciudsus;
francés, luctueux; italiano, tulluoso.
Lucubración. Femenino. La ac-
ción y efecto de lucubrar.
KtiuolooÍa. Lucubrar: latín, lücu-
bratío, tarea de ingenio ó de manos,
que se hace durante la noche; italia-
no, lucubratione; francés, lucubraíion.
Lucubrar. Activo anticuado. Tra-
bajar velando y con aplicación en
obras de ingenio ó en otras de cual-
quiera especie.
Etiholuqía. Latín lucubrare, velar,
trabajar algo de noche, forma inten-
siva de luciré, lucir: lucubrata nox.
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496 LUCU
LUCH
LUEG
noche pasada trabajando á la luz de
la lámpara. (Marcial.)
Lucnlita. Femeniao. Hittoña na-
tural. Variedad de metal negro.
Etiuolooía. Latín lücUia, bosque-
cilio, de ¡Mcui, bosque; y por exten-
sión, cosa sombría, oscura, negra:
francés, lueulliU.
Lúculo. Romano famoso por sus
riquezas j su sabiduría.
ETniou)Q£a. Latín Ltt^lha. (Cicb-
HÓN.)
Lúcalo (Lucio Licinio). Romano
célebre por su lujo j sus talentos mi-
litares, que nació en 115 y murió el
año 49 antes de Jesucristo. Fué cues-
tor en Asia y pretor en Africa, donde
venció á Amílcar. Nombrado cónsul
en el ailo 74, j enviado contra Mitrí-
dates, le derrotó cerca del Gránico y
le obligó á retirarse á Armenia; so-
metió el Ponto; venció á Tigranes y
tomó á Tigranocerta y Nísibe. De
vuelta á Roma, obtuvo los honores del
triunfo y pasó el resto de su vida en-
tregado á un fausto y un lujo desco-
nocidos hasta entonces. Bmpleó in-
mensas riquezas en empresas colosa-
les, como vastos túneles, espaciosos
estanques, cuja pesca se evaluó al
tiempo de su muerte en 4.000.000 de
Bflstercics, v casas de recreo flotantes
en el mar. £!n su mesa se presentaban
siempre mancares tan raros, que sólo
podían adquirirse á costa de cuantio-
sas sumas. Desde la puerta de su pa-
lacio se respiraban exquisitos perfu-
mes de Asia; los muebles eran de una
riqueza extraordinaria, j durante sus
comidas, á que convidaba diariamen-
te gran número de amigos, recreaba
el convite una orquesta escogida, al-
ternando con la lectura de los mejo-
res versos de los poetas griegos. Tenía
igualmente una magnífíca biblioteca
abierta siempre para las personas ins-
truidas, y un museo compuesto de las
mejores obras de pintura y escultura.
Lúculos. Masculino plural. Ásíro-
nomia. Arrugas luminosas, general-
mente esféricas, las cuales se cruzan
en todas direcciones en la superficie
del cielo.
Etimología. Diminutivo de lux, lü'
cis, luz: francés, lucules.
Lncoma. Femenino. Botánica. Gé-
nero de plantas dicotiledóneas que
comprende unos árboles de más de
cien pies de altura, cuyo fruto es i
modo de manzana muy gruesa, dulce
al gusto. I Género de sapotáceas, en
que se distingue la Lucoua kwü de
Chile.
Etiuoloqía. Francés lucume.
Lncúmeo, mea. Adjetivo. Botáni-
ca. Análogo á la lucarna.
Lúcumo, Masculino. Lucuha, por
el árbol.
Lucumón. Masculino. Histoñaan-
t^Wm Nombre de los reres y magis-
trados supremos y hereditarios entre
los etruscos.
Etimoloqía. 1. Forma etrusca del
griego ^T8[«Lv ^Afy«no»^, jefe. (Mau-
EY, LlTTRB.)
2. Latín Itmm y heno, rey, gene-
ral, gobernador, como se ve en Ser-
vio; voz derivada de Licaón, re^ de
Arcadia, que se llamó también Licao-
nia. (Etimoi.ooistas latinos.)
Lucha. Femenino. Pelea entre dos,
en que, abrazándose uno á otro, pro-
cura cada cual dar con su contrario
en tierra. [| Metáfora, Contienda, dis-
puta. II Lid, combate.
ETiuoLoaÍA. Latín luctus, üt, con-
flicto; lucía, pelea: catalán antiguo,
Uuyta; provenzal, lucha, locha; fran-
cés, lutte; portugués, luta; italiano,
lotta, ¿uíÁi.— «Contienda ó ejercicio
que se hace entre dos, lidiando á bra-
zo partido, en que se considera ven-
cedor el que echa á su contrario en
tierra. Viene del latino Luda, que
significa esto mismo. » ( Acadbuia,
Diccionario de 1726.) — «En sentido
moral es la batalla interior de la ra-
zón con las pasiones ó afectos.» (Idem.)
Reseña histórica. — 1. Lucha se lla-
maba el ejercicio de los juegos pú-
blicos entre los antiguos griegos y
romanos. Era una especie de combate
de fuerza y de destreza, en que dos
luchadores, desnudos, untados de
aceite, y cubiertos de polvo ó arena
fina, procuraban derribarse, abrazán-
dose, apovando frente contra frente,
empujándose, atrayéndose y entrela-
zándose las piernas.
2. Había otras prácticas repugnan-
tes á nuestras costumbres, porque la
LUCHA se empeñaba á veces en tales
términos, que finalizaba por la muer-
te de los luchadores.
3. Generalmente hablando, la vic-
toria consistía en poder rechazar al
contrario, sin ser arrastrado en su
caída.
4. Teseo fué quien hizo un arte de
la LUCHA, fundando palestras en don-
de se enseñaban sus procedimientos,
en armonía con el espíritu belicoso,
q^ue era la gran necesidad de aquellos
siglos.
5. Así se explica el hecho histórico
de que la lucha se introdujo en todos
los juegos públicos de Grecia, de don-
de paso á los romanos, quienes adop-
taron en parte los juegos griegos.
6. Había otra lucha sólo con las
manos enlazadas, en que se obtenía la
ventaja por la fuerza de los dedos y
de los puños; pero esto no era más
que un preludio de la lucha verdade-
ra, una diversión, un solaz de los lu-
chadores.
Luchador, ra. Masculino y feme-
nino. El que lucha.
Etiuolooía. Luchar: provenzal, í«-
chador, loitador; catalán antiguo, lluy-
tador, a; francés, luííeur; italiano,
lottatore; del latín lucíáíor, forma
agente de luctatto, lucha.
Luchar. Activo. Contender ó lu- ;
char dos personas á brazo partido. Q
Disputar, bregar. | Pelear, combatir.
Etiuolooía. Lucha: latín, luctari; \
catalán antiguo, llvjftar; provenzal,
¡ochar, luchar, loitar; normando, Uter;
portugués, lutar; francés, Uttieri ita-
liano, loítarg.
Luchamiego, ga. Adjetivo que
se aplica al perro que sirve pata cazar
liebres de noche con lazos.
EriuoLoaÍA. Lucha y el latín nema,
lazo.
Luda. Femenino, ffermania. Mujer,
Ludada. Femenino anticuado. E»
fiecie de adorno mujeril ó venda para
a frente.
ETiuoLoaÍA. Luda.
Ludero. Masculino. Género de
plantas rosáceas de las islas Mauri-
cías.
Ludia. Femenino. Provincial Ex-
tremadura. Levadura ó fermento.
ETiMOLOdÍA. Ludio.
Ludiar. Activo. Provincial Extre-
madura. Fbbubntar. Se usa también
como recíproco.
EtiuoloqU. Ludio,
Ludibrio. Masculino. Escarnio,
desprecio, mofa.
Ktiuolooía. Latin Isdióríumf be&;
de ludere, ju^r: italiano, ludibri»; ca-
talán, ludibrt.
SiMONiuiA. Ludibrio, escarnio, opro-
bio.— El ludibrio es el escarnio gene-
ralizado y puesto en acción. Bteamio
es la burla maliciosa, pero fundada,
ue se hace de un sujeto, no por su
gura, sino por su conducta. óproHo
es esta misma burla; pero que sólo se
da á entender por señales ae despre-
cio y de indignación. Fulano es el
ludibrio de las gentes, el escarnio de
sus amigos, el oprobio de su familia.
(LÓPEZ PELBORÍy.)
Ludimiento. Masculino. La acción
y efecto de ludir.
Ludio, dia. Adjetivo. Provincial
Extremadura. Fbbubntado. \ Germor-
nía. Bellaco. || Qermania. Ochavo,
cuarto, moneda de cobre.
Ludión. Masculino. Ántigüedadet.
Especie de histrión ó farsante en la co-
media romana. | FUiea. Figurilla de
esmalte, introducida en una botella
llena de a^ua, que sube á la boca ó
desciende a su fondo, según la presida
que se ejerza con el tapón.
KTiuoLoaÍA. Latín lüdíus, bailarín,
juglar, que divierte al público; de ¿S-
dus, juego: francés, ludton.
Ludir. Activo. Frotar, estregar, ro-
zar una cosa con otra.
Etiuolooía. Latín ISdirtf ejercitar-
se en cosas de escasa cuantía; de /i-
dus, juego, certamen; ludbrb e^eram,
trabajar en balde, en Planto; artem
arte ludbbb; «con una cautela, otra se
quiebra;» cá un traidor, dos alevo-
sos;» de aiitíu hüDiocorio; «del pan de
mí compadre, buen zatico & mi ahi-
jado.»
Ludria. Femenino. Provincial Ara-
gón. NuTBiA. Llámase también así la
piel de este animal, que sirva para los
manguitos, forros, etc.
Lúe. Femenino. Infección.
Etiuolooía. Latín lúes, epidemia;
de luere, expiar: lúes morum, corrup-
ción de las costumbres. (Flinio.^
Lnea. Femenino. Género de árbo-
les muy ramosos y de unos treinta
pies de elevación.
Laedo. Masculino anticuado.
Lodo.
Luegar. Activo anticuado. Alqui-
lar.
EtuiolooU* Zoysr.
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LUEN
LUGA
LUGA 497
Luego. Adverbio de tiempo. Pron-
tamente, sin dilación. | Después. ||
Conjunción de que se usa para mani-
festar la ilación 6 consecuencia qne
se inñere del antecedente. |[ Lusao i
LUEOO ó DB LUBOO Á. LUBOO. Modo ad-
Terbial. Con mucha prontitud, sin la
menor dilación. Q Con tbes luboos.
Locución familiar. A toda prisa, con
suma celeridad.
Etiuolooía.. Latín fóci», lugar,
punto, tiempo, oportunidad, sazón:
catalán, luego.
Sinonimia. detpués. Uno j
otro adverbio explican la posteriori-
dad de tiempo; pero luego seüala un
tiempo más corto, un término más
inmediato, conservando la propiedad
de sn sentido roeto, que corresponde
á prontamente y sin dilación.
Pasearemos ahora, cenaremos W^o^
j nos iremos despuét.
Leeremos la Gaceta luego que trai-
gan luces, esto es, inmediatamente
qae las traigan; sÓIo esperamos á que
traigan luces para ponernos á leena.
Leeremos la Gaceta áespuéi que
traigan laces, esto es, cuando tenga-
mos luces, sin denotar positivamente
que ha de ser inmediatamente, luego
qae las traigan.
Por eso cuaado la posterioridad re-
cae sobre una acción que decidida-
mente supone dilación ó retardo, sólo
se puede usar el adverbio de$pue't j no
luego. Al fin lo erró, después de haber-
lo pensado tanto tiempo. Después que
todo el mundo lo ha visto, ya. no tie-
ne j^racia el publicarlo. (Huerta.)
Lueguo. Adverbio de tiempo anti-
cuado. Lusao.
Luello. Masculino. Provincial Ara-
gón. Joyo.
ETxifOLooÍA. Latín tíitiiM, la ziza-
fia, hierba.
Iiuen. Adverbio de lugar anticua-
do. Lejos.
Luenga. Femenino anticuado. Di-
lación, tardanza.
ETiMOLoaÍA. Luengo,
Luengamente. Adverbio de modo
aaticoado. Lahoauenth.
Lnenge. Adverbio de lugar anti-
cuado. Lejos.
Luengo, ga. Adjetivo. Largo. |
Gemianía. Principal. \ A la ldbnoa.
Modo adverbial anticuado. A la lar-
OA. Q Anticuado. A lo laroo. | Bn
LURNGO. Modo adverbial. De largo, á
lo largo, y Db luengas vías, lobngas
MBNTiRAB. Refrán que se aplica á loa
que refieren cosas extraordinarias j
maravillosas de lejanos países, supo-
niendo que ha dado tanto á la fonta-
sía como á la verdad.
Etucolooía. Sánscrito dtrgha: per-
sa, ¿ra wa; griego, 5¿Xtj(^o< (ao'iickacj;
ruso, í¿obo; polaco, dlu^o; alemán,
lar^; latín, tongus; italiano, lungo;
francas del siglo xi, lunc, masculino;
lunge^ femenino; moderno, long, lon~
Í'ue; provenzal, ¿on/, lonc, loitig; cata-
án antiguo, llotuh, ga¡ portugués,
Umgo; ginebrino, á la tonge, i la lar-
Lueft*. Adjetivo uticoade. Lo que
está distante, lejano j apartado. | Ad-
verbio de lugar anticuado. Lejos.
Etimología. Luengo: catalán, llung.
Reseña. — La primera forma dcLUB-
Re fué lonni, convertido en el loñi de
los antiguos textos.
Lugu, Masculino anticuado, Lü-
OAR.
Lugano. Masculino. Pájaro, jil-
GUBBO.
Lugar. Masculino. Cualquiera si-
tio ó paraje. Q Ciudad, villa ó aldea:
rigurosamente se entiende por lugar
la población pequeña, menor que vi-
lla y mtyoT que aldea. Q Metáfora.
Puesto, empleo. 0 Texto, autoridad ó
sentencia de un autor. It Tiempo, oca-
sión, oportunidad. || El sitio ó asiento
que alguna persona ocupa ó debe ocu-
par por razón de su digaidad d ofi-
cio. I Causa, motivo ú ocupación para
hacer ó no hacer alguna cosa; y así
se dice: dió lugar á que le prendie-
sen. B Metáfora. La propuesta que se
hace de alguno en la consulta para un
empleo. Regularmente se ponen tres;
j así se dice: primer lugar, segundo
y tercero, jj db behetría. En lo anti-
guo, aquel entre cutos vecinos no se
reconocían los privilegios de los no-
bles. I coMthf. Lbtrina. i Lugares
coicuNBS. Principios generales de que
se sacan las pruebas para los argu-
mentos en los discursos. || Lugar bb-
Liaioso. El sitio donde está sepultada
alguna persona. ¡I db sb5:orío. El que
estaba sujeto á algún señor particu-
lar, á distinción de los realengos. |]
Como mejor haya lugar de derecho
ó EN derecho. Frase forense que se
usa en todo pedimeuto para manifes-
tar la parte que, además de loque ex-
pone, quiere se le favorezca en lo que
permite el derecho, fl Dar lugar. Fra-
se. Hacer lugar. | Despoblarse el
LUGAR. Frase que se usa cuando sale
la major parte de gente de algún
pueblo por alguna diversión ú otro
motivo. I en lugab. Modo adverbial.
En vez. [| En piíimer luqau. Modo ad-
verbial. Primeramente. [[ Hacer lu-
gar. Frase. Desembarazar algún si-
tio, l Hacerse lugar. Frase. Hacer-
se estimar ó atender entre otros. B No
HA lugar. Locución forense con que
se declara que no se accede a lo que
se pide. ¡| Ponerse en lugar de otro.
Frase. Sustituir por él en cualquier
lugar; y así se dice: póngase vuesa
merced en mi lugar. | Tener lugar*
Frase. Tener cabida. | Suceder, acon-
tecer alguna cosa. H Quien eh ruin
LUGAR HACE VIÑA, k CUESTAS SACA LA
VENDIMIA. Refrán que enseña el poco
fruto que debe esperarse ciiando se
trabaja en materias de sujo estériles,
Ú cuando se favorece á ingratos, Sal-
vo sea el LUGAR Ó i'ALVA SEA LA PAR-
TE. Expresión familiar con que se de-
nota el deseo de que no se tenga ó pa-
dezca daño semejante a aquelde que
se está hablando. [I Tomar el luoar.
Frase metafórica. Véase Asiento.
Etiuolooía. Griego X¿]^o; (Uchot),
lugar á propósito para las embosca-
das; Locus susidiit aptus: latín, liíeut;
italiano, luogo, loco; francés del si-
glo XI, /»; moderno, Ueu; provenzal.
loe, luoe, luec; catalán, llock; Franco-
Condado, lué; burguiñón, leu, leí; va<
lón, lu/; picardo, 7»h.
Sinonimia. Lugar, titio, paraje. Por
lugar se entiende la parte del espacio
que está ocupado por un oueipo eaal-
quiera.
Lo mismo podemos decir de la pa-
labra sitio, por cuya raz¿n es muchas
veces sinónimo perfecto de lugar, pues
ambas palabras indican un punto de-
terminado; pero el buen uso ha esta-
blecido entre ellas una diferencia
may notable, y es, que cuando nos
servimos de la palabra lu^ar, prescin-
dimos de la quietud 6 del movimien-
to, al paso que la palabra sitio lleva
consigo la idea de la quietud, del re-
poso v de la estabilidad: por esto se
da el nombre de sitio á la casa de
campo ó de recreación de un rej 6 de
un magnate, y así decimos: el sitio
de Aranjuez, el sitio de la Granja.
Igualmente se emplea esta palabra
para denotar un espacio determinado
de terreno propio para alguna cosa,
verbigracia: este stíio es á propósito
para sembrar trigo. Al cerco que se
le pone á una plaza ó fortaleza, se le
llama sitio, cixyí palabra da la idea
de la permanencia fija de los ñíiadiH
res en el terreno que ocupan. Bn nin-
guno de estos casos son sinónimas las
palabras sitio y lugar.
El paraje es más indeterminado;
comprende una idea más extensa, y
por lo mismo, pocas veces es sinóni-
mo de lugar y de sitio. Comunmente
se usa para denotar un espacio inde-
terminado de la tierra ó del mar, y
excluye toda idea de particularida-
des , pormenores , como demuestra
claramente este ejemplo: cPerdido ja
el camino, discurrí por aquellos ^oro-
jes, sin esperanza de poder hallar un
sitio (ó un lugar ), en donde conceder
á mi cuerpo algún reposo.»
La palabra l\^ar es la que determi-
na más la idea y la representa, por
decirlo así, en un ámbito más peque-
ño, verbigracia: á un libro que está
sobre una mesa se le puede mudar de
l\igar en la misma mesa, y en este
caso no diremos que se le muda de
sitio, ni de paraje. Una persona pue-
de mudar de lugar ó de útio en una
sala, y no áe paraje. Se dice: coeupar
un Ittgar y hacer Ta^ar, y no un para-
je ni un sitio.* «Los santos lugares de
Jerusalén,» y no los santos sitios, ni
parajes. Éa este último ejemplo ve-
mos ciián bien determina la idéa la
palabra lugares, pues la fija exclusi-
vamente en los reducidos puntos que
ocupan en el Asia el Santo Sepulcro,
el pesebre de Belén, etc. Lo mismo se
advierte en el uso que se hace de esta
palabra para denotar una población
muy pequeña.
Aun en sentido metafórico, la pala-
bra lugar es la única que se usa, por-
que, como hemos dicho, es la que más
limita ó circunscribe la idea que quie-
re expresarse, y por esta razón deci-
mos: <eu primer lugar,» «pomar una
cosa en htgar de otra,» «dar lugar,»
«como mejor haja /lyor,» «lo dice Gi-
TOMO m es
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498 LUGO
LUGO
LUGO
cerón en el lu^ar citado.» (Cokdb db
LA Cortina.)
Luffarazo. Masculino aunientati-
vo de lugar.
Lui^arcico, Uo, to. Masculino di-
minutivo de lugar.
Lugarda. Lucardo.
Lngardo. Lutqahdo.
Lngarejo. Masculino diminutivo
de lugar.
Etiuolooía. Lyar r el sufijo des-
pectivo ejo: catalán, üogarrett Hogar-
ró, llogarrot.
Lugareño, ña. Adjetivo. El natu-
ral de algún lugar ó pueblo pequebo
Ílo perteneciente i él. Se usa tam-
ién como sustantivo. | Lo pertene-
ciente & los lugares; como costumbres
LUOARB^AS. \ Masculino y femenino.
El que habito en alguna aldea 6 po-
blación pequeña.
Etiholooía. Lugar: catalán, llogar-
rench, ca.
Lugarete. Masculino diminutivo
de lugar,
Lugarillo. Masculino diminutivo
de lugar.
LugarÓn. Masculino aumentativo
de lugar.
Etiholoqía. Lugar: catalán, llo-
garrás.
Lttgarote. Masculino aumentativo
de lugar.
Lugarteniente. Masculino. La
persona que tiene autoridad j poder
para hacer las veces de otro en algún
ministerio ó empleo.
Etimología. Lugar v ienimíe; esto
es, que iieng ú ocupa el lugar de otro;
que está autorizada para aquel oficio
ó menester: provenzai, iocíenení; ca-
talán, lloctinení; portugués, logotenien-
te; francés, lieuUnant; italiano, locote-
neníe.
Lugdunense. Adjetivo. £1 natural
de León de Francia, 6 lo referente á
dicha ciudad.
ETUiOLOofA. Latin IvgdUnSnsis; de
LugdMiuim, Ledn de Francia. (Subto-
NIO.)
Lugo. Masculino. Lienzo llamado
asi por fabricarse en la ciudad de este
nombre.
Lugo. Masculino. Geografía, Pro-
vincia de tercera clase en lo civil ;
administrativo, creada por decreto de
líj*22, una de las cuatro que consti-
tuían el antiguo reino de Galicia.
1. Situación aatrondmica.—SB en-
cuentra situada al Norte de la penín-
sula, en la costa del Océano Atlántico,
entre los 42" 20' 41"— 43' 47' 32' de
latitud septentrional y los 12'— 4*
34' de longitud occidental del meri-
diano de Madrid.
2. ZlmiUs. — Esta provincia, según
la división decretada en 30 de No-
viembre de 1833, modificada eu 21 de
Abril del siguiente aüo, coufína: al
Norte, con el Atlántico; al Este» con
las provincias de Oviedo j León; al
Sur, coa la de Orense; y al Oeste, con
las de Pontevedra v la Coruña.
3. Extensión, — El territorio com-
prendido dentro de los anteriores lí-
mites tiene 155 kilómetros de largo,
de Norte á Mediodía; 66 de ancho, de
Oriente i Occidente, y 9.088 cúadra-
dos de superficie.
4. Población En tiempo de Flori-
dablanca, año de 1787, contaba Luao
una ciudad, 9 villas, 1.099 feligre-
sías y 42 cotos, distribuidos en i78
jurisdicciones: hov, la provincia se
nalla dividida en 10 partidos judicia-
les fííCírrfá, Chantada, Fonsagrada,
Lugo, Mondoñedo, Monforte, Quiroga,
Sarria, Villalha y Bihero), subdividi-
dos en 64 ayuntamientos, los cuales
representan 7.195 poblaciones, que
ocupan 437,512 habitantes.
5. Clima, — Este es en lo general
sano; la temperatura, especialmente
en la costa, benigna: las enfermeda-
des más comunes, fiebres, pleuresías,
pulmonías y erupciones.
6. Cotia. — Empieza ésta en la ría
de Ribadeo, á cuyo extremo occiden-
tal y frente de la isla Pancha^ se ven
las puntas de la Piñeira y la Cordera,
formando luego, en su prolongación,
lasdel promontorio y ^SattJ/'/^Kí/hasta
el puerto de Foz; llamado así por ha-
llarse en la/oz ó boca del río Masma.
A unos cuab'o kilómetros del indicado
puerto se encuentra el río Oro, después
de pasar las puntas de los Cairos, Mar-
Xíín y Villarmea, i las que siguen la
de Frasoura y Puerto de Noü, de poca
consideración; la punta de Areoura,
la desembocadura del río Cangas y el
puerto de Surela, formado de una pe-
queña concha sin surgidero. A una
milla escasa de éste, está el cabo del
mismo nombre;más adelante, la punta
de Juan Merino, por cuja parte occi-
dental desagua el río /«neo, ; como
á dos millas del expresado cabo, el
puerto de San Ciprián, también de po-
ca importancia, pues sólo admite pe-
queñas lanchas pescadoras. Frente al
puerto de San Ci^rián haj tres islas,
ta primera, conocida por el Fartllóny
es de figura piramidal y medirá so-
bre 669 metnia de longitud y 40 de
latitud; la secunda, denominada la
SomMta, vendrá á tener el mismo
ancho j unos 50 metros de largo, y
la tercera, llamada Lahaja, es mucho
más pequeña que las anteriores. A
una y media milla del mismo puerto,
se ve el cabo de Moras ó de San Ci-
priano, y más arriba la isla de Ansa-
rón, un tanto desviada de la costa,
por cujo intermedio pueden pasar
buques de cinco á seis toneladas: al
Occidente de la isla, hay dos islotes
llamados Netos, los cuales dejan paso
á embarcaciones de 300 quintales.
Desde el referido cabo á San Giprián,
corre la costa aobre siete millas y
media hasta la punta de Saiñas, que
forma la entrada de la ría de Bi-
bero, en cujo tránsito se encuentran
las puntas de Roncadoiraj Ventosei-
ra; pasada esta ría, continúa la cos-
ta, j á tres millas de la isla Q-aheira,
se distingue la de Coelleira, doblada
la cual se halla la ría de Bares ó del
Barquero^ en cuyo centro termina la
costa de la provincia de Lugo, extre-
madamente agria y cubierta de pe-
queñas islas y arenales inaccesibles.
7. Terreno, — El de la proviaoia de
Luao es montuoso: el centro se halla
atravesado por la cadena cantábrica.
La parte septentrional y oriental, ex-
cesivamente variada, comprende un
considerable número de valles, sepa-
rados por diferentes montes y coli-
nas, cuyas elevaciones más notables
se encuentran en los puntos siguien-
tes: Pico de Peña RuÓta, de 1.851 me-
tros sobre el nivel del mar; Pico-Pá-
jaro, 1.623; Capeloso, 1.605; Montouto
de la Sierra de los Cabalas, 1 .521 ; Sur-
cio, 1.469; el Cerengo, 1.248; Braña,
1.224; Peña del Pico, 1.190; Acebo en
Piedras-Apañadas, 1.182; Muradal,
1.145; Pifdrajía, 1.123; Monte de los
Tejos, 1.098; Picaío, 1.087; VillaiM-
ue, 1,003; ffospital de Moníouio, 1.038;
Pico de Cuadramón, 1.020; Monteaau-
do, 1.010; Visuña, 996; Villa de Fon-
sagrada^ 965; Pico del Párelo, 949;
Sejosmil, 910; Peña (Hhia, 880; Sei-
jas, 836. — El antiguo partido de Hi-
Dadeo, y los de Mondoíiedo y Bibero.
situados al Norte, se hallan interrum-
pidos por montañas más ó menos ás-
peras y elevadas; formando deliciosos
y feracísimos valles; el territorio com-
ftrendido en el término de Luoo es de
os más pintorescos de la provincia:
las márgenes del MÍAo y fas de sus
afluentes presentan también peque-
ños Talles y excelentes prados, siendo
abundantes, en la maror parte de las
comarcas, las tierras ae labor.
8. Hios. — Los más considerables
entre el crecido número que baña y
fecundiza los fértiles campos de Luoo,
son; el Miño, que nace en la sierra
de Meira, en Fuente-Miña, de la cual
tomó el nombre, se interna en esta
provincia y aumenta su caudalosa
corriente con las aguas de multitud
de ríos y arroyos, antes de pasar á la
de" Orense; y el Sil, que después de
formar el límite occidental del país y
de recibir varios afluentes, va á unir-
se al anterior en el punto denomina-
do Barca de los Peares,
9. Produeeiones. — Las más eomn-
nes consisten en centeno, maíz, pata*
tas, nabos, trigo, habas, castañas,
frutas y legumbres de diferentes cla-
ses, hortalizas, lino, cáñamo, alguna
seda, excelentes pastos, buen arbola-
do para construcción y matorral para
combustible; cría de ganado lanar,
mular, caballar, vacuno, cabrío y de
cerda; minas de hierro, plomo, anti-
monio y otros metales; canteras de
granito, pizarras comunes taloosas,
micáceas, losas de varias clases, már-
mol, margas, cuarzos, cria tales y otras
especies; caza menor, que se encuen-
tra en todas direcciones, y ak^una
mayor, eu la parte oriental y limite
con la provincia de Oviedo, y pesca
de truchas, anguilas y otros peces en
los ríos, y de abadejo, congrio, mer-
luza, sardinas, bogas, boquerones y
mariscos, en la costa.
10. Industria. — Representan ésta la
agricultura, la cría de ganados, la
pesca, la navegación, varios telares
para lino, tejidos de lana y ipedias,
molinos harineros, diferentes f^brícRs
y ferrerias, j otros muchos artes y
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LUGO
LUGO
LUGO 499
oficios, oaja enumeración sería pro-
U, C&mercia. — Luao no es de las
provincias de España que más se dis-
tinguen por su tráfico, el cual se halla
reducido á la exportación, dentro de
la península* del sobrante de sus co-
secnas, de su abundante ganado, al-
onas telaa, manufacturas de hierro,
quesos y jamones muy estimados; a
importación de géneros ultramarinos,
quincalla, lino, vinos jr aguardientes.
12. FtrioM. — £1 comercio interior,
de que hemos hecho mérito, se verifi-
ca especialmente en las ferias anuales
que tienen lugar: el 20 de Enero, en
Fonsagrada; el 3 de Febrero, en Río
de Porto; el 9 del mismo, en Puente-
uuevo; el 25 de Abril, en Fonsagrada
y Cadeira; el 1.* de Marzo, en San-
tiago de Oubiaño, j el 25, en Riba-
deo; el 1." de Maro, en Moudoñedo, j
el 3, en Riobarba y Mafión; el 3 de
Junio, en Sagrazón de Meira, y ei 24,
en Alaje; el 2 de Agosto, en Ribadeo;
el 15, en Fonsagrada; el 16, en Villa-
campa, j el 24, en San Isidro del
Xoote; el 8 de Septiembre, en Con-
gosto; el 10, en San Miguel de Rei-
nante; el 14, en San Ciprián de la
Trapa; el 15, en San Cipnán de Leí-
ro; el 21, en Santa Mana de Padrón,
j el 29, en Negradas; el 5 de Octu-
bre, en LuQo; el 17, en Puente de
Arante, j el 8 de Noviembre, en Fon-
sagrada.
13. Lugo. — Capital de la provin-
cia, intendencia, comandancia gene-
ral,jurisdicciónjdiócasis de su nom-
bre, comprendida en el territorio de
la audiencia j capitanía general de la
Coruña. — Está situada en una loma,
que se eleva unoá 643 metros sobre el
nivel del mar, á los 42' 58' de lati-
tud Norte 7 3" 53' de longitud Oeste,
distante de Madrid 467 kilómetros. —
El clima es frío y húmedo en la esta-
ción del invierno. — Ei terreno, así
dentro como fiiera de la ciudad, se
presenta llano, con alguna inclina-
ción al Mediodía, prBstandose al cul-
tivo de cereales y hortalizas; y parti-
cularmente, las riberas del Paradaj y
las del Miño, son fértilísimas y bas-
tante pobladas de árboles frutales y
de construcción. — Loa ríos y arrojos
que bañan el término, son: el Miño,
que corre por la parte meridional, á
unos tres kilómetros de la ciudad, y
el arrojro Paraday, que baja por el
Nordeste, é incorporándose á las aguas
del (Tianca, se dirige al término de
San Félix de Muja, antes de desaguar
en aquel río; sobre el cual ge encuen-
tra un soberbio puente de ocho arcos,
cuya obra, de piedra pizarrosa y gra-
nito, se remonta al siglo xii. — Las
producciones más comunes son el cen-
teno, trigo, maíz, patatas, nabos, cas-
tañas, legumbres, hortalizas, buen
lino y excelente fruta; cría de gana-
dos; particularmente, vacuno y cer-
doso; caza de liebres, perdices, cone-
jos, palomas y otras aves; y abun-
dante pesca de sabrosas truchas v an-
guilas en el Miño. — Aparte de la
agricultuza y cría de ganados, la in-
dustria de esta ciudad v sus cercanías
cuenta con bastantes fabricas de cur-
tidos, de velas de cera y sebo, de som-
breros ordinarios y de fieltro, y de la
famosa de crémor tártaro, cuya calidad
excede á la mejor del extranjero; mul-
titud de telari'^ caseros para los teji-
dos de lino y lana, molinos harineros
y un crecido número de artes y de ofi-
cios.—El comercio cuenta muchas j
bien surtidas tiendas de paños finos y
bastos, mahones, sedas, quincalla y
géneros de abacería ^ ultramarinos;
la importación principal consiste en
vino, aceite y jabón; la exportación,
en algunos cereales.
14. Interior de la población. — La
capital que se reseña, de forma casi
cuadrada, se encuentra circuida de
una robusta y admirable muralla,
de 10 á 12 metros de altura y de 5
á 6 de espesor, flanqueada de gruesos
torreones semicirculares, construidos,
como aquélla, de piedra pizarra y du-
rísima masa, cuya obra grandiosa se
atribuye á los romanos. La población
está bastante bien construida; pero su
aspecto es triste. Las casas constan,
por lo general, de dos pisos, y en las
reedificaciones se ha adoptado el gu»>
to de la época; las calles son largas,
cómodas, empedradas y con aceras de
cantería. La principal de sus plazas
es la Mayor, la cual presenta un espa-
cioso cuadro con soportales, asientos
Í' buen empedrado. Los paseos son
argos y agradables. Luoo es sede
episcopal, residencia de un goberna-
dor y demás autoridades civilesymíli-
tares de la provincia: contiene 19.938
habitantes, instituto, seminario, es-
cuela normal y una soeiedad econó-
mica.
15. Sdificios púhUcos notables, —
Cuéntanse en este número: la Cas»
Consistorial, coa una majestuosa fin-
chada, magnífico salón de sesiones,
buenas oficinas, dos escaleras y un
patio; fs\ palacio episcopal, con habita-
ciones cómodas y desahogadas, claus-
tro, fuente interior y una biblioteca
con más de 7.000 volúmenes; el hos-
pital civil, cuya iglesia, obra de 1768,
ofrece una fachada elegantísima y ex-
celentes altares; la cárcel pública, es-
tablecimiento de los mejores de su
clase en toda Galicia, edificada con
buenas bóvedas de cantería, en 1778;
el castillo ó oírcel eclesiástica, edificio
sólido, aunque de escaso mérito, si-
tuado cerca de la muralla; el cuartel
de San Fernando, con un anchuroso
campo en su frente para ejercicios mi-
litares, y un teatro bastante capaz y
decente.
16. Monumento. — Lo es y muy no-
table la iglesia catedral, situada al
Mediodía do la ciudad, construida en
1129 por Don Ramón, esposo de la
reina Doña Urraca. Según autoriza-
das opiniones, es un edificio sólido,
de estilo gótico, traba'ado en épocas
diferentes, y cuya fachada, adornada
con varias efigies de piedra, está con-
siderada como obra moderna de eiqui-
situ gusto. Consta de tres naves bas-
tante desahogadas y coa buenas lu-
ces: la del centro, está ocupada por
el coro, cuya sillería es notabilísima
por el primoroso trabajo de sus me-
dallones, tallados en nogal, obra del
famoso Alonso Moure, gallego del
siglo xvi; tiene dos órganos: uno, an-
tiguo; y~otro, moderno; cuéntanse en
el templo 19 altares simétricainente
colocados, y el mayor, todo de már-
mol pardo y negro veteado, con cor-
nisamentos y basas de bronce dorado,
circuido de cristales y con pavimento
de pulido mármol. La capilla de este
altar está adornada de lámparas y
candelabros bien trabajados: su bóve-
da, pintada al fresco, tiene excelentes
luces, y su gran mole se halla soste-
nida con arcos ligeros y atrevidos,
montados al aire, que le sirven de
estribo exterior, cerrándola una cru-
jía de bronce que corre hasta el coro.
Los otros altares, especialmente el de
la capilla denominada de los Ojos
Grandett es una obra generalmente
admirada, la cual, aunque recabada
de adoraos, presenta un conjunto de
talla de reconocido mérito. La capilla
tiene trozos y bellezas arquitectónicas
dignas de la atención de los inteli-
gentes. La sacristía principal, en otro
tiempo capilla dedicada á san Barto-
lomé, es un local espacioso, adornado
con varios cuadros en relieve. El claus-
tro de este templo está considerado
como obra notaole, y su construcción
se remonta á los primeros años del
{rasado siglo: el atrio, que se ve de-
ante de la fachada, es ancho y bello;
la sala capitular, magnífica, adornada
con colgaduras de terciopelo encarna-
do y franjas, y un precioso cuadro de
la Asunción. El campanario quedó
concluido en 1577. Su obra es senci-
lla: tiene siete campanas, un reloj pú-
blico de buena construcción, con dos
esféns y un pararrayos. El conjunto
de esta catedral presenta una mole de
cantería bastante sólida; y en el exte-
rior se observan algunos trozos bellí-
simos de arquitectura. Finalmente, la
bóveda del vestíbulo de la puerta lla-
mada de Palacio, así como una efigie
antigua del Salvador, tallada en már-
mol sobre el arco, merecen la atención
de los artistas.
17. Paseos, — Los más notables,
son: el de la Alameda, situado en la
plaza Mayor; el de la MuralUtf que es
el mejor por su comodidad y delicioso
panorama, el cual presenta el hori-
zonte que desde aquélla se descubre,
y el de las risueñas maréenos del
Miño V bajada al arrabal del Puente j
casa de baños, que ofrecen vistas no
menos agradables y pintorescas.
18. A^uas minerales. — Hacia el Me-
diodía de la capital de Luqo, sobre la
orilla izquierda del Miño, se encuen-
tra instalado el baño minero-termal
sulfuroso, en cuyo establecimiento se
conservan todavía tres bóvedas roma-
nas, las cuales se supone que debie-
ron servir de estufas de abrigo ó de
vapor. Las virtudes de aquellas aguas
son aplicadas á diversas enfermedades
nerviosas, como las apoplejfas sero-
sas, hemiplexias, paraplexia, pari-
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500 LUGO
LUGO
LUIR
lisis y pasmos, vicio iierpétíco, dolo-
res articulares sifilíticos, gonorrea
pertinaz, vicio venéreo, reuma, apo-
plejía linfática, sarna retropulsa, ca-
eoqaimia, histérico j leucorrea cró-
nica.
19. PoiUctonís. — Entre las más no-
tables, figuran: Ponsagrada, en terri-
torio de buenos pastos, con 16.028
habitantes, cría de ganados j bastan-
te industria; Chantada, con 14.240
almas, tejidos y ganadería; Bibcro,
con manufacturas de lienzos comu-
nes, puerto espacioso de mucho co-
mercio y 12.083 almas; Monforte de
£«iM, 'rílla de alguna considsraciún,
con 11.934, campo feraz eo granos^
castañas, lino, cáñamo, instituto de
segunda enseñanza, fábricas de lien-
zos, herraje y cedazos; Villalba, con
11.075 habitantes é industria en len-
cería; Sarria^ con tejidos de lienzo
y 10.819 almas; Mondoñedo, ciudad
episcopal, situada sobre el Hasma,
con dos puentes, buena catedral, fá-
bricas de curtidos, de cintas de hilo,
y 10.171 almas; Sabiñao, con 10.196,
edificada sobre la ribera izquierda del
Miño; Mibaáeo, plaza murada &>a
buen puerto, escuela de náutica, co-
mercio, y 9.161 habitantes; Quiroga,
con 8.341 j excelentes cosechas de
vino; Pa¡a$ del Rey, situada sobre la
orilla derecha del Utloa, con 8.040
habitantes; Sober^ con 7.887, en la
confluencia del Sil y el Cabe; Puebla
del BrolUnf enclavada sobre una pe-
nínsula, que forman el Saa y el Ru-
bín, con 7.324 habitantes, industria
T feria en 29 de Junio; Becerrea, con
6.705 almas y alguna industria; Puer-
tomarin, en terreno de sierra, en que
se cría numeroso ganado de cerda,
coa 3.837 almas.
20, Carácter. — Los naturales de
este país, encerrados, por decirlo así,
en el centro de Galicia, son los galle-
gos que mejor conservan sus antiguas
costumbres y que más refractarios
han Tenido mostrándose i las ideas
de lujo, que tanto dominan en el pre-
sente siglo. En cuanto al carácter,
los lucanses son, por lo general, labo-
riosos, morigerados y fíeles, aunque
algo interesados y litigantes: muchos
de ellos, abandonan sus lares v se di-
rigen á las provincias de Andalucía,
Castilla y vecino reino de Portugal, en
busca de una ocupación lucrativa. La
honradez y formalidad en los tratos
son virtudes propias y nativas de todo
gallego, de las cuales han participa-
do en justas proporciones los hijos de
Luao.
' 21. ffistoria. — Luoo se llamó en
tiempo de los romanos Lueut Av^íi
á Botque de Augusto: su fundación,
que unos suponen anterior á aquéllos,
u atribujen otros al mismo Augusto.
Este emperador la elevó á la jerar-
quía de convento jurídico (á la cual era
inherente la de colonia romana) como
cabeza de 16 distritos, que entonces
contenían 166.000 nobles, sujetos á
la jurisdicción de la ciudad. Plinio y
Ptolomeo citan los nombres de los
principales pueblos y repúblicas que
acudían a pleitear á Luoo, razón por
la cual tomaron todos ellos la deno-
minación común de los galaicos lo-
CBNSBS. Los cónsules y pretores no
S odian, en sus visitas provinciales,
ejar de llegar á esta importante ciu-
dad, y por esto, sin duda, figura co-
mo mansión en el itinerario romano,
camino de Braga á Astorga. Luoo
fué víctima de las sangrientas gue-
rras civiles que sostuvieron los sue-
vos en este país, después que se apo-
deraron de él, siendo incendiada por
los años de 460; pero rehecha luego
de aquella catástrofe, recobró en bre-
ve tiempo su antiguo lustre v gran-
deza, como lo acredita el haber sido
elevada á sede episcopal sufragánea
de Braga, hasta que el Concilio cele-
brado en ella en 559, la erigió en
metropolitana. El caudillo sarraceno
Muza se apoderó de Luao en 714, de-
signándola los árabes con el nombre
de Lek, bajo el cual aparece entre las
principales ciudades de la provincia
de Mérida, en la división que de la
España hizo YusufF, por los años de
746. Nueve años más tarde (755), fué
reconquistada por el rej Don Alfon-
so, sufriendo la suerte que cupo al
resto de Qalicia en la enconada gue-
rra que, en 791, hizo Hescham al Nor-
te de Espafla. El ny Don Ramiro,
sucesor de Alfonso, pasó á Luao, en
842; y reuniendo una numerosa hues-
te, marchó contra Oviedo, en cuja
ciudad se había proclamado rey el
conde Nepociano. Por los años 969
fuá asolada aquella población jpor los
normandos; y en 997, después de la
toma de Santiago, dispuso Almanzor
su retirada por esta provincia, el cual
fué saqueando el país hasta llegar á
los territorios de los condes aliados.
A la muerte de Don Alfonso IX, se
declaró Luao por San Fernando,
mientras que otras poblaciones lo hi-
cieron por las ín&ntas Sancha y Dul-
cía. En 1143 sonó aquella ciudad en
los trastornos que suscitaron en Ga-
licia el condestable y el conde de Be-
navente; el rey Don Fernando mandó
á Don Femando de Acuña, su gober-
nador en aquel territorio, que se apo-
derase de los puntos conmovidos; pa-
so éste cerco al castillo de Luoo, y
acudió el conde de Lemus en auxilio
de su hermano, obispo á la sazón de
aquella ciudad, lo cual provocó una
nueva guerra, que obligó al rej á sa-
lir de Madrid para aplacarla con su
presencia. Durante la invasión fran-
cesa de 1808 fué Luao una de las po-
blaciones más trabajadas por el fre-
cuente paso de los ejércitos; y en Ma-
yo de 1809 ocupáronla los franceses,
quienes la consideraron como un pun-
to militar importantísimo, siendo lue-
go bloqueada por los españoles, al
mando del marques de la Homana. En
30 de Majo de 1836, la guardia mi-
litar, que se hallaba establecida en el
fiuente del Miño, se vió atacada por
os carlistas, en cuja refriega quedó
muerto el cabecilla Villaverde, que la
mandaba. Luao secundó con singular
denuedo los pronunciamientos del840
y 1843, Tres años después, el 2 de
Abril de 1846, se sublevaron contra
el gobierno constituido el segundo
batallón del regimiento de Zamora j
el de Gijón, á cuja cabeza se puso el
jefe de estado mavor don Miguel de
Solís; pero sitiada la plaza en los días
12, 13 j 14 del citado mes, v atacada
enérgicamente en la tarde del 25 por
el general Villalonga y el brigatuer
Bláser, vióse aquélla forzada a ren-
dirse, tras una tenaz, aunque corta,
resistencia.
22. Heráldica. — El escudo de ar-
mas de esta ciudad, partido, ostenta,
en el primer lado una custodia soste-
nida por dos ángeles arrodillados, j
en el segundo, una torre entre dos
leones.
Etiuolooía. Lucus Augusti, capital
de uu convento jurídico, de donde sa-
lían caminos para Astorga, Betanzos
y Santiago.
Lugre. Masculino. Embarcación
pequeña de tres palos.
Étluolooía. Inglés to pug, portear;
Imgage, bagaje; lugger, acarreo: fran-
cés, íougre,
Lugaar. Masculino anticuado. Lu-
OAB.
Lúgubre. Adjetivo. Triste, funes-
to, melancólico.
BTiu<H.oata. Sánscrito ruj, afligir;
ranga, dolencia: latín, Imgere, llorar;
lügubrit, triste, funesto, lamentablé;
italiano y francés, Iwfuhre; catalán,
lúgubre.
Lúgubremente. Adverbio de mo-
do. Tristemente, de un modo lúgu-
bre.
ETiuoLoeÍA. Lúgubre y el sufijo ad-
verbial mente: latín, lúgubre; italiano,
lúgubremente; francés, íugubrement; ca-
talán, lúgubrement,
Lugubridad. Femenino. Cualidad
de lo lúgubre.
Luición. Femenino. Provincial
Aragón. Rudbnción de censos.
Etqcolooíá. ¿mV: latín, luííio, el
pago ó la satisfacción con respecto al
agravio j á la deuda; forma sustanti-
va abstracta de lu"re, {lagar (Ülpia-
No); catalán, Iluicüí, lluismt.
Luida. Femenino. Botánica. Géne-
ro de musgos de hojas alternas y or-
biculares, de flores solitarias, axila-
res j reunidas en un mismo pie.
Lnidero. Masculino. £1 sitio en
que una cosa roza con otra.
Etuiolooía. Ludir.
Luín. Masculino. Especie de pasa-
porte que dan los sacerdotes caíaos
para que el alma del que muere pue-
da llegar al Paraíso.
- Luir. Activo. Provincial Aragón.
Redimir, quitar censos. Q i/artM. Lu-
dís.
Etimología. Latín luere, bañar,
purificar por medio de aspersiones;
también pagar, satisfacer, dar en
rescate. —
Reseña histórica. — La significación
de pagar viene de que los arrendata-
rios de Roma pagaban los impuestos
públicos en el tiempo de las lustrado-
I nes; esto es, en los lustros, voz deri-
|vada de luíre, satisfaciendo de este
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LUIS
LUIS
LUIS 501
modo las deudas inateriales» morales
j religiosas. El verbo luir, forma co-
necta de Ittere, sigaifíca al pie de la
letra: «pagar un rescate.>
liOir. Neutro. Término náutico. Ro-
zarse un cabo con otro, ó en alguna
parte del navío, con lo saal se gasta
j deshace. (Voea^Utrio mariHao de
SevilU.)
Luis. Masculino. Nombre propio
de TaríSn; san Luis.
EruoLoofA. Ludovic%$; del antiguo
tudesco Lod-ve ó fíland-ve, l%it-mg,
klmdnñff, compuesto da e&litd, hiud,
Imt, ilustre, celebre; en alemán laud^
j de «ny, vieÁ, hombre valiente, ani-
moso, guerrero. De ahí Cklodoüeus
ó Clóáoveo, Clovit, Lndomeut, Zoas,
Jjonii (en francés), L%dmg (en ale-
mán), etc. Du Tillet cree que Luiímch
está compuesto de luit, pueblo, j de
vieh, hombre excelente; Poníus Heníe-
nu lo interpreta por vía popularis. —
Lod, leod, significa fuego. (Monlad.)
Luis Beltrán (san). Dominico es-
pañol, ^ue nació en Valencia en 1526
y murió en 1581. £ra pariente da san
Vicente Ferrer, entró a los 19 años en
la orden de predicadores, y después
de dirigir la educación de los novicios
de su orden, partió en 1562 para la
América meridional, j predicó el
Bvan^elio en Colombia ^ en Méjico.
En lo69 volvió á Valencia j continuó
la predicación hasta su muerte, sien-
do oeatífícado por Paulo V V canoni-
zado por Clemente XI en 1761. Ale-
jandro VIII, por decreto de 1690, le
declaró patrón j protector principal
de \ueva Granada. Su fiesta se cele-
bra el 10 de Octubre.
Luis I. Rej de Espafia, hijo de
Felipe V j de María Luisa de Sabo-
Ía, que nació en 1707 y murió en
724. Por abdicación de su padre, le
sncedió en el trono en este último
afio. Habiéndose casado en 1722 con
Isabel de Orleáns, duquesa de Mont-
pensier, hija del regente de Francia;
esta princesa, aunque muj joven,
manifestó al poco tiempo las corrom-
idas costumbres de sus hermanas y
e su padre, viéndose Luis en la ne-
cesidad de encerrarla; y se disponía á
pedir el divorcio, cuando murió de
viruelas á los siete meses de reinado,
nombrando heredero á su padre, que
se hallaba en el real sitio de San Il-
defonso desde su abdicación.
Luis XIV. Rey de Francia, hijo de
Luis XIII V de Ana de Austria, que
nació en Saint-Germain en 1638 y
murió en 1715, Sucedió á su padre
en 1643 bajo la regencia de su madre.
Su minoría faé señalada por U conti-
nuación de la guerra con la casa de
Austria j por las turbulencias de la
Fronda. Consagrado en 1654, se dejó
gobernar por Mazarino, que le hizo
firmar el tratado de los Pirineos, en
1659. A la muerte del cardenal, acae-
cida en 1661, empezó el rej á gober-
nar por sí mismo. La prisión de Fou-
quet en 1662; algunas contiendas con
la corte de Roma en 1663; la creación
déla Compañía de las Indias; una
guerra con Inglaterra en 1666; otra,
con España en 1667; la conquista del
Franco Condado; el tratado de Aquis-
tram, en 16'Í8; la guerra con Holan-
a, con el Imperio, con España, y,
por último, con Inglaterra, en 1671,
T que se condujo con el tratado de
Noruega en 1679; las persecuciones
contra los reformados; las disensiones
religiosas en 16S0; el bombardeo de
Argel por Duquesme en 1682; nue-
vas hostilidades con España en 1683;
el bombardeo de Genova en 1684; las
dragonada$ en todo el reino en 1685;
la formación de la Liga de Augsburgo
en 1686, que, después de la expul-
sión de los EÚtuardos en 1688, ocasio-
nó una guerra general de Europa con-
tra Francia, que duró hasta el trata-
do de Ryswich en 1697; tales son los
principales acontecimientos del gran
período del llamado sig-lode Luis XIV.
Poco después, en 1701, la Francia se
encontró empeñada en una guerra
contra toda la Europa, con motivo de
la sucesión de la corona de España,
mientras que en el interior la destro-
zaban la insurrección de los protes-
tantes de las Cereñas, con el nombre
de camisardoSf y otras muchas suble-
vaciones parciales, causadas por la
miseria y el hambre general. Las con-
tinuas denotas de los generales fran-
ceses, causadas muchas reces por el
empeño del rey en dirigir la guerra
desde su gabinete, pusieron á Fran-
cia al borde del abismo, y ya había
aceptado Luis XIV el tratado más ig-
nominioso de que hay ejemplo en la
historia de los tiempos modernos,
cuando algunas victorias del duque
de Vendóme, en España, y la disolu-
ción de la eóalicián europea le salvaron
de aquella vergüenza. En sus últimos
años, continuo encarnizándose en las
fiersecuciones religiosas; expulsó á
os solitarios de Port'Rogal; desterró
áFenelón; legitimó y declaró here-
deros de la corona, á <a de suceso-
res legítimos, un gran número de hí-
jus bastardos, y después de ver morir
á toda su familia, murió, dejando la
Francia, arruinada, á su biznieto
Luis XV, de edad de cinco años. La
historia censura en este príncipe su
excesivo orgullo, su despotismo, las
locas y ruinosas prodigalidades que
consumó con sus queridas, su egoís-
mo, su desprecio hacia el pueblo, ^el
imperio que en sus últimos días ejer-
ció sobre él la Maiutenón, con quien
se casó en secreto en 1684, y á insti-
gación de la cual expidió, en 1685, la
revocación del edicto de Nantes, que
privó al reino de una multitud de bra-
zos útiles á la industria y á las artes.
Sus panegiristas enaltecen su talen-
to, que á pesar de la ignorancia com-
pleta en que le habia educado su ma-
dre, le permitió gobernar desde la
muerte de Mazarino; su aptitud y asi-
duidad para los negocios; los golpes
que dió á la aristocracia; la protec-
ción que dispensó al comercio, la in-
dustria, las ciencias, las artes y las
letras, y la resignación con que sopor-
tó los reveses de sus últimos años. En
su tiempo, ilustraron las armas, las
letras y las artes francesas, Condé,
Turena, Vaubán, Catinat, Crequí,
Vendóme, Villars, Corneille, Hacine,
Moliere, Lnfontaine, Voltaíre, Qui-
oault, La Bruyére, Boileau, Montau-
sier, Bossuet, Fenelón, Flechier,
Fleury, Porrault, Mansard, Girardon,
el Pusino, Le Sueur, Le Brun, etcé-
tera. Luis XIV dejó unas Memorias
políticas, unas Cartas y algunos ea-
critos literarios. (Sala.)
Resumen. — 1. La época de este rei-
nado presenta dos fisonomías suma-
mente raras. Por una parte, lleva el
nombre de siglo de lat ietrat; por otra,
se le llama el siglo de los galanteos,
de los amores, de los saraos, de las
modas, de las pelucas y de los polvos.
2. Estos tiempos ofrecen cierta ana-
logía respecto de un período muy
famoso del imperio latino. Bajo Au-
gusto, todo el mundo hablaba da li-
bertad y nunca hubo más esclavitud.
Bajo el monarca de esta biografía,
todo el mundo hablaba de magnifi-
cencia y .nunca estuvo Francia más
«n el borde del deshonor y de la de-
rrota.
3. Luis XIV dijo: l' Stat e'eit «o»,
que vale tanto como si hubiera dicho:
Afoi e' ett V Statt €vo soy el Estado;»
pero aquí sucedió io que ha sucedido
desde que el mundo es mundo: la pié*
tora produce al cabo el enflaqueci-
miento y la muerte, lo cual explica el
hecho de que la apoplejía es causa
muchas veces de la parálisis.
4. Este reinado parece indicar el
período de la decadencia eíi el pueblo
francés, como el de los Médícis en
Toscana, como el de Carlos V entre
nosotros, como el de Augusto en
Roma y como el de Pericles en Gre-
cia.
5. Ateniéndonos á la critica de la
historia, podemos decir que las mag-
nificencias de Luis XIV jprosíguieron
en los escándalos de Luis XV y aca-
baron en la desgracia de Luis XVI.
La naturaleza no se contradice jamás:
allá, la apoplejía; aquí, la parálisis.
Luis XVI no es otro que la paráli-
sis de la apoplejía de Luú XV y de
Lms XIV.
6. Unconsiderable númerodeobras
se han escrito acerca del reinado de
Luis XIV. Las que merecen particular
mención, son: El Siglo de Luis XIV y
de Voltaire; la Historia de Luis XI V,
de Pellisson; las Memorias^ de Saint-
Simún; el Ensayo sobre la monarquía
de Luis XIV, por Lémontey; las Me-
morias políticas g militares relatioas á
la sucesión de España, de M. Mignet y
el general Pelet; las Memorias u obras
completas de Luis XIV, publicadas
por el general Grimoard (6 volúme-
nes en 8.°, París, 1806); la Historia de
la administración monárquica de Fran-
cia,-poT M. Chérnel (París, 1855, 2 vo-
lúmenes en 8.*), y la Historia del rei'
nado de Luis XI V, por Gaillardin
(París, 1871-78),
Luis XV. Rey de Francia, llama-
do el Mug amado, hijo del duque de
Borgoña, segundo delfín, y de Adeli
na de Saboya, que nació en Versa*
5
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502 LUIS
LUIS
LUIS
lies en 1710 j marió en Ir misma
ciudad en 1774- Sucedió en 1715 á su
bisabuelo Luis XIV, bajo la ref^enoia
da Felipe, duque de Orleáns, después
de ser anulado el testamento del rejr
difunto por el Parlamento. El trata-
do de la Cuádruple alianza contra Es-
fiafla; algunas contiendas religiosas;
a conspiración de ('ellamare; el esta-
blecimiento del sistema Law en 1718;
una guerra de poca duración con Es-
Íaña; la sublevación de Bretaña en
719; la pérdida de Marsella; la sepa-
ración da Law; el destierro del Parla-
mento en 1720; la bancarrota pública
en 1721 , señalaron la regencia de Fe-
lipe, que, con su fiel ministro, el in-
moral Dubois, Tendido á Inglaterra,
lanzó á Francia en una política desas-
trosa. Después da la muerte del du-
que de Orleáns, en 1733, le sucedió el
duque de Borbón, como primer mi-
nistro, plaza que fué suprimida al ser
desterrado, en 1726, ^ reemplazado
pDF Fleury. Para apaciguar las con-
tiendas religiosas, que destrozaban el
reino, se reunió un concilio nacional
en Embrum, en 1727, y en 1730 se de-
claró lej de la Iglesia j el Estado la
constitución Unigénitus. La lacha se
renovó con el Parlamento, cujos in-
dividuos fueron desterrados en 1732;
estalló una guerra con Austria, que
duró poco tiempo j fue señalada por
las Tictorias de nirma j de Guas-
talla, en 1734, y terminada por el
tratado de Viena, en 1738. La muerte
de Carlos VI causó en 1740 la guerra
llamada de lucesüín, en que Francia,
unida: primero, á España, Prusia j
Polonia, j abandonada luego por es-
tas dos últimas potencias, tuvo que
luchar contra toda Europa. A pesar
de sus derrotas marítimas, la Fran-
cia, por medio de las victorias de Co-
ni, en 1744; de Fontenojr j Basigna-
na, en 1745j de Rancoux, en 1746;
por la conquista de la Flaades france-
sa, en 174d; j la toma de Maestrich,
en 1748, conservó su importancia en
Europa. La paz fué firmada en Aquis-
gram, en 1748; pero como, á pesar de
ello, la Inglaterra cometiese algunas
uíjurpaciones en América, Francia se
coaligó contra ella j la Prusia, con el
Austria, y entonces empezó á sufrir
una serie de reveses continuos. Su ma-
rina fué destruida; sus colonias caye-
ron en poder délos ingleses, y la paz,
llamada vergonzosat en 1763, colmó la
indignación pública contra la curte y
la monarquía. Las contiendas reli-
giosas y la lucha con el Parlamento
habían continuado, mientras que
Luis XV, cuya querida titular era
madama de Pompadour, se entrega-
ba á toda clase de excesos en el fa-
moso Parque de los Ciervos, adonde
se le llevaban doncellas de la clase
popular que, después de servir para
saciar los torpes apetitos del monar-
ca, eran dotadas y casadas con hom-
bres oscuros, ó bastante viles para to-
marlas con conocimiento de causa.
En cuanto á los hijos que tenían del
rey, se los quitaban al nacer j nunca
llegaban á conocer á su madre, siendo
colocados Tentajos^mente & su mayor
edad. Ln muerte de un e-ran número
de individuos de su familia, le inspiró
terrores super.'íticiosos; renunció por
algún tiempo á sus excesos, y se hizo
devoto; pero al cabo de algún tiempo
le acometió una nueva pasión, la de
la codicia, que le condujo ¿ aumentar
su riqueza por los medios más repro-
bados; entre ellos, el monopolio de
los granos, que sumió al país en el
hambre. La supresión de los jesuítas,
en 1764; el proceso de La Chalotais,
en 1765; la reunión de la Lorena á la
Francia, en 1766; de Aviftón, el con-
dado Veuesino y la Córcega, en 1768;
algunas turbulencias en Bretaña; el
destierro del Parlamento, en 1771, y
los escándalos y despilfarros de ía
condesa Du Barry, su última queri-
da, señalaron los postreros años del
reinado de Luis XV, que murió de-
jando la reputación del más débil y
corrompido de los príncipes, y legó á
su sucesor Luis XVI una terrible
cuenta que liquidar con la nación. En
su tiempo fiorecieron Montesquieu,
Rousseau, Voltaire, Diderot, Condor-
cet y todos los enciclopedistas. (Sala.)
Reswnen. — 1. Esa cuenta terrible se
liquidó al fin, habiendo practicado la
liquidación muchos personajes histó-
ricos, menos el personaje que pagó la
cuenta con su vida, Luis XVl no re-
presenta el sacrificio de su culpa, sino
la víctima expiatoria de la imbecili-
dad de Luis XV, de las pasiones de la
Convención, del estupor de un pue-
blo, del orgulloso fanatismo de una
mujer; y al frente de ese séquito sin-
gular, la enciclopedia, incluso Fede-
rico de Prusia. El ^ran Federico, sin
quererlo, ni imaginarlo, puso una
f^rada en un patíbulo y agitó también
a. terrible cuchilla del siglo xriii,
que segó la cabeza de un rey, después
de haber segado la razón de un trono.
Es verdad que lo hicieron los conven-
cionales; pero los convencionales ve-
nían de Diderot, Rousseau t Voltaire,
como la nulidad de Luis XVI se deri-
vaba principalmente de la deshonra
de Luis Xv y de las camarillas de
María Aatonieta. Uno había de pa^ar
la cuenta de todos: fué el desgracia-
do Luis XVL
2. Entre sus queridas, deben citar-
se: la duquesa de Chateauroux, que
dominó al rey; pero que siempre se
hizo notar por sus rasgos de patrio-
tismo, así como por su energía, y que
murió en 1744; la Pompadour, que,
dando el escándalo de un doble adul-
terio, fué una favorita que costó á la
Francia, en un período de diez y nue-
ve años, 36.000.()00 de francos,
convertida en una especie de primer
ministro, tuvo en su mano las riendas
del gobierno interior y de la política
internacional, y, por último, la Du
Barry, que elevada al rango de cor-
tesana del rey en 1770, dejó atrás las
licencias y dispendios de la Pompa-
dour, y en medio de la relajación de
aquella corte, escandalizó á VersaUes
con su presencia por la reputación de
su vida pasada.
Luis XVI. Rey de Francia, qa«
nació en VersaUes el 23 de Agosto
de 1754. Era hijo segundo del delfín
Luis, hijo de Luis XV y de María Jo-
sefa de bajonia, matrimonio que por
su austeridad era un vivo reproche
contra las costumbres depravadas de
la corte de VersaUes. Al nacer, reci-
bió el título de duque de Berry, y
habiendo muerto su nermano mayor
y su padre, el primero, en 1760, y el
se^-undo, en 1765, recibió el título de
delfín y casó, en 1770, con María An-
tonieta de Austria, <^ue muy pronto
adquirió sobre él un imperio aosolu,-
to. A los veinte tfios, el de Majo
de 1774, por fallecimiento de su abue-
lo, ciñó & sus sienes la corona de Fran-
cia. Al subir al trono, Luis XVI He -
vaba en su abono un apasionado amor
á su pueblo, unas costumbres puras,
que contrastaban con el desborda-
miento del reinado precedente, un es-
píritu grave y una instrucción sólida;
Sero desgraciadamente, estaba dotado
e un exterior vulgar y sin prestigio,
de una inexperiencia completa de los
negocios públicos y de un carácter
débil, irresoluto y ñcil i todas las ia-
fluencias. Se hacía preciso un hombre
de Estado de alta inteligencia j de
voluntad firme, que supiera encauzar
la revolución, que se hacía inevitable,
y lo que encontró la Francia, filé un
hombre dotado de las más altas virtu-
des domésticas; pero incapaz de lle-
var sobre sus hombros el peso de la
corona en circunstancias tan dinciles.
Su reinado, saludado con las más in-
equívocas muestras de entusiasmo, se
inauguró por la primera de las debi-
lidades de Luis XVI. Asustado de la
inmensa responsabilidad que iba á
Sesar sobre el, no encontró mejor me-
io de librarse de ella, que abandonar
enteramente el gobierno al conde de
Maurepas. Por fortuna, este hombre
era bien intencionado; llamó al mi-
nisterio personas tan íntegras como
Turgot y Malesherbes, y los primeros
años de aquel reinado fueron señala-
dos por útiles reformas, tales como el
restablecimiento de los Parlamentos,
que hacía tres años habían sido abo-
lidos por Maupeón; la creación de
montes de piedad y cajas de descuen-
tos y la abolición del vasallaje, la ser-
vidumbre y el tormento. Sin embar-
ño, estas reformas no habían podido
erarse á cabo sino contra el torrente
de las clases privilegiadas y contra la
oposición del Parlamento, cuya pri-
mera muestra de vitalidad era emba-
razar la marcha del poder que le ha-
bía creádo, y el resultado fue que muy
en breve el rey comprendió su impo-
tencia. Malesherbes, su amigo, cuyas
arraigadas convicciones acerca de la
libertad de conciencia y del culto, so-
bre la supresión de los decretos de
prisión y sobre la abolición de las tor-
turas, se habían visto contrarrestadas
siempre, presentó su dimisión de mi-
nistro de Justicia. «Si yo pudiera de-
jar mi puesto, también le dejaría,» le
había contestado el rey; pero en vez de
buscar las verdaderas causas de aque-
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LUIS
LUIS
LUIS 503
lia oposición constante y terrible,
quiso contentar á todos j no di<5
gjxato á nadie. El ginebrino Nccker
sucedió i Turgot en 1777. Obligado
á subrenir á las nuevas necesidades,
que creaba al Tesoro la g-uerra de
América* á qas la Francia fué arras-
trada por su odio & laglatsrra, su
sistema tuTO que descansar casi ex-
clusÍTamente en los empréstitos, cu-
yos intereses debían ser garantidos
por laa economías en loa gastos del
interior. Su balance financiero publi-
cado en 1781, aumentó la confianza
{lública; pero las reformas, que quería
levar á cabo, se estrellaron en la ob^
tinación de la corona. Hubo una re-
forma que ni Turgot, ni Necker pu-
dieron obtener nunca de Luis XVl;
la de la administración de los cauda-
les públicos, la mayor parte de los
cuales se empleaban en pensiones,
bonos y gratificaciones, que se prodi-
gaban á los cortesanos y á los favo-
ritos de la reina. Kl desorden de la
Hacienda aumentó y ú Gobierno se
encontró bien pronto en el último
apuro. Entonces se coavocaron dos
asambleas de notables, la segunda de
las cuales pidió Estados generalas.
Toda la parte que tomó Luis XVI en
aquellos graves acontecimientos, se
redujo á dejar obrar á sus ministros
y á sufrir que éstos fueran nombra-
dos, derribados j sustituidos á volun-
tad de las intrigas que se agitaban
en tomo de la reina. Los Estados ge-
nerales se reunieron al fin en 1789;
Necker había vuelto á ocupar el mi-
nisterio, y Luis XVI tenía en él gran
confianza; conocía igualmente la jus-
ticia de las reclamaciones hechas por
la Asamblea; pero la camarilla aris-
tocrática, de que la reina se había
hecho órgano cerca del rey, conser-
vaba en el inimo de éste todo su im-
rerío. Durante los afios de 1789 y
790, cifró su política en hacer á U
Asamblea promesas, que luego viola-
ba, en cuanto volvía á palacio, y en
dictar, bajo la influencia de sus fu-
nestos consejeros, órdenes de que se
retractaba al verse en presencia de los
diputados. Semejante sistema no po-
día menos de conducirle á un total
desprestigio. Los mismos talentos y
audacias de Mirabeau, que Luís XVI
había logrado poner de su parte, no
consiguieron detener la caída, y la
insurrección no tardó en dejarse sen-
tir. £1 pueblo se sublevó, tomó y des-
truyó la Bastilla, y organizó la guar-
dia nacional en 1789; corrió á Versa-
lies el 5 y 6 de Octubre del mismo
año y condujo al rey á París. Las
intrigas de que Versalles había sido
teatro, continuaron agitándose en las
Tullerías, y Luis XVI, después de
continuas luchas con la Asamblea y
los ministros, se decidió á huir se-
cretameoté para no verse obligado á
aceptar en conjunto una Constitución,
cuyos artículos había aceptado sepa-
radamente. Detenido en Várennos y
conducido á Paría, más que como rey,
como prisionero, juró públicamente
la Constitución, mientras que envia-
ba agentes secretos á solicitar de los
reyes de Europa una interveución que
fuera á destruirla. La declaración de
guerra de las potencias extranjeras,
cuyas tropas, á petición de los prin-
cipales emigrados , penetraron en
Francia, agravaron la posición en
que se hallaba el rey. Habiendo ne-
fado su sanción á dos decretos en
792, el descontento creció y, el 20
de Junio, fué invadido el palacio por
20.000 hombres armados. Bntouces
no corrió la sangre; pero el 10 de
Agosto, quiso el pueblo apoderarse de
nuevo de las Tullerías, y los suizos
que daban la guardia, iucitados por
María Antonieta, presentan una re-
sistencia denodada. Las cámaras re-
gias se ven teñidas de sangre, el pue-
blo triunfay Luis XVI se ve obligado
á refugiarse en la Asamblea. Un de-
creto de ésta le suspendió de su dig-
nidad y convocó una Convención nacio-
naL Todos estos acontecimientos, si
no habían menoscabado en nada los
instintos generosos del monarca, ha-
bían puesto de relieve su ineptitud.
Por más que apasionados adversarios
hayan querido suponer otra cosa, su
deseo era armonizar los ideales de la
revolución con las viejas tradiciones
del trono; pero le habia faltado arrojo
para imponerse á uno y á otra, y la
corriente más fuerte le arrolló. En
aquel punto tuvo una nueva debili-
dad. En su alma no hubiera cabido
nunca la perfidia, si hubiera contado
con la fortaleza; pero arrastrado por
los consejos de la corte y, más que
nada, por la altivez de su esposa fila-
ría Antonieta, se le hizo ver que, co-
locado entre dos intereses contrarios,
no podía servir al uno sin hacer trai-
ción al otro. De aquí provino que to-
das las medidas para cantarse la be-
nevolencia de la revolución, sólo ha-
bían servido de pretexto á las violen-
cias del pueblo; de aquí, todos sus
actos para mantener el prestigio del
poder real, no habían hecho más que
producir una nueva derrota. La con- ■
vocatoria de los Estados generales le
había dado por resultado la insurrec-
ción moral del Jue^o de pelota. El
deseo de intimidar á la Asamblea
constituyente por la concentración de
tropas en Versalles, había dado mar-
gen á la toma de la Bastilla. Quiso
buscar el remedio en la fuga y el
pueblo le volvió á sentar encadenado
en el trono y le impuso la Constitu-
ción del 91. Trató de entrar en nego-
ciaciones con la emigración y los re-
yes, y provocó las sangrientas escenas
del 20 de Junio. Negó su sanción á las
leyes votadas por la nación;y los giron-
dinos, los únicos que dentro de Ta re-
volución podían prestarle su fuerza, se
unieron á los jacobinos, y la jornada
del 10 de Agosto derribó el trono. La
lucha estaba empeñada y el poder real
tenía la peor parte. Los odios todos,
que el antiguo régimen había ido de-
positando en el corazón del pueblo,
rompieron su dique y encontraron
una persouiücación á t^uien detestar:
Luis XVL Aquel rey débil llegó á aer
cobarde y su cobardía causó su ruina.
Había querido transigir y el miedo le
había hecho romper abiertamente con
la Francia. Hasta que en la huida i
Varennes cayó en poder de la nación,
nadie sospechó que sus manos pudie-
ran estar manchadas con la sangre de
las víctimas del Campo de Marte, Al
10 de Agosto, que, derrocando la mo-
narquía, parecía haber terminado el
drama, le <aba su desenlace. ^ ex
rey , huyendo á refugiarse en brazos de
los enemigos de la nación, decía bien
claro que aquella sombra podía ser un
peligro para la república, y la repúbli-
ca quiso usar del derecho de defensa.
El desenlace se inició entonces. La fal-
ta de la Convención fué demostrar que
aquel fantasma, que simbolizaba aún
la derrocada monarquía, inspiraba
miedo á la república naciente. Éa vez
de dar á sus enemigas el sagrado in-
fortunio de su martirio, debió darles
el espectáculo de una clemencia tran-
uila y serena. La sanare derramada
e Luis XVI fué la primera señal de
debilidad que daba la república. Al-
ganos convencionales lo comprendie-
ron así y quisieron de&nder aquella
vida, tanto por humanidad como por
patriotismo. Pero los arrebatos d« la
juventud están muy distantes del pru-
dente cálculo de la razón, y aquella
Asamblea, una de las más grandes
que se han ofrecido á la faz del mun-
do, se dejó arrastrar por la pasión, y
en vez de la justicia, usó de la fuer-
za. El 17 de Enero de 1793, y des-
pués de más de un mes de deubera-
ciún, una compacta mayoría votó la
muerte de aquel que había perdido
para los franceses hasta su propio
nombre, de aquel á quien, en son de
desprecio, se llamaba Capelo, La se-
sión del 19 se consagró al examen de
suspensión de la pena. Pero también
entonces fracasaron las esperanzas de
los que aun contaban con salvarle;
380 votos contra 310 decidieron que
la sentancia se ejecutara sin dilación.
El 21 de Enero, á las ocho de la maña-
na, partía un coche cerrado de la puer-
ta de la torre del Temple. Dentro iba
un hombre de aspecto más apacible
3ue majestuoso. Su traje se componía
e una casaca oscura, calzón de seda
negra, chupa y medías blancas, y nn
sombrero, que ocultaba sus ya corta-
dos cabellos. Aquel hombre había sido
el rey de Francia. A su lado estaba sen-
tado un sacerdote que llevaba en sos
manos el libro de los salmos. Enfren-
te, dos gendarmes, mudos é inmóvi-
les, contenían su respiración, como
si temieran insultar al que iba á mo-
rir. Delante del carruaje, 60 tambores
batían marcha. Detrás, un verdadero
ejército le servía de escolta. Desde la
torre del Temple á la plaza de la Revo-
lución, en que se habia hecho levan-
tar la guillotina, el trayecto era lar-
ño. Los cañones, cargados de metra-
a y custodiados por artilleros, que
mostraban las mechas encendidas,
guardaban las bocacalles. Una doble
fila de infantas y caballos protegía la
carrera. Muy cerca de las doce, el ea-
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504 LUIS
LUIS
Lurr
rruaje desembocaba en la plaza de la
ReToIucíói). La compacta multitud,
que se apiñaba entre las profusas pi-
cas de los guardias nacionales, conser-
vaba un profundo silencio. Luis XVI,
al subir los escalones del cadalso* lle-
vando á la derecba á su confesor^ que
ostentaba el traje protcrito de los sacer-
dotee, j á su izquierda, á SansiSn, el
verdugo de París, mostraba en su con-
tinente una majestad que jamás ha-
bía tenido. Aquel monarca desventu-
rado tuvo el triste privileg'ío de mos-
trarse celoso de su dignidad sólo en
las gradas del cadalso. El que había
temblado con tanta frecuencia, con-
templó sereno el hacha de la guilloti-
na. El que se había visto tantas ve-
ces encadenado moralmente, sólo hizo
un movimiento de protesta ante el
verdugo. Al verle erguirse en el ta-
blado, la multitud, que se apiñaba á
sus pies, se sintió fascinada un mo-
mento. Hizo una seña í los tambores,
que ensordecían el aire con sus ecos,
j los tambores obedecieron maqui-
nalmente. En medio de un silencio,
verdaderamente aterrador, se oje una
Toz segura, que termina un perío-
do. Iba á continuar; pero un movi-
miento de reacción se apoderó de la
multitud. El jefe de Estado ma^or
de las tropas del campamento in-
mediato ¿ París lo comprendió, j el
ruido de los tambores ahogó para
siempre la voz de Luis XVL Por un
azar de la suerte, el que hacía callar
el grito de protesta que los reyes de
Francia lanzaban desde las gradas de
la guillotina, llevaba en sus venas la
misma sangre. Un instante después,
una cabeza rodaba á la canasta fatal.
A la voz del sacerdote diciendo: «¡Hi-
jo de san Luís, subid al cielol» se
mezclaba el grito inmenso de: «[Viva
la república!» Algunos &Qátioos su-
bieron las gndas del cadalso j hu-
medecieron los hierros de sus picas
en aquella sangre, caliente todavía.
El pueblo de París quedó pensativo j
silencioso. Lo que acababa de ejecu-
tarse podía ser uu exceso de odio;
podía ser un alarde de autoridad;
podía ser una justicia, pero no una
victoria.
Reseña. — 1. El dictado de duque de
Berrg era el título jerárquico de los
cadels; esto es, de los hijos segundos
del monarca reinante.
2. El dictado de del/i» era el título
de los herederos de la corona, equiva*
lente á nuestro principe de Ásíuria»,
3. El que ahogó la voz de Luis XVI
en el cadalso, fué el ex conde de
Ojat, un hijo adulterino de Luis XV.
4. El movimiento del rey ante el
verdugo, tuvo lugar cuando Sansón
puso en él sus manos á fin de ama-
rrarle con una cuerda.
5. Las palabras que Luis XVI pro-
nunció desde el tablado de la guillo-
tina, fueron las siguientes: «Pueblo
francés, muero inocente de los críme-
nes que se me imputan; perdono á los
autores de mi muerte, y ruego á Dios
que la aaugre que vais á derramar no
caiga jamas sóbrela Francia.»
6. El continente de aquel monarca
no fué nunca majestuoso, hasta que
la sombra del sacrificio se reflejó so-
bre la víctima. El que tantas veces
había dejado de ser hombre bajo el
fanatismo j el orgullo de una mujer,
toma la 6gura de apóstol entre los
horrores del patíbulo. La guillotina
hizo del re/ lo que el rej no había
sido jamás: héroe j profeta. ¡Sí, pro-
feta! En vano rogó al cielo que aque-
lla sangre no cajrera sobre su patria:
la sangre cae siempre, y su sanare
cajró. Cavó en el óleo que consagro al
primer Bonaparte; cayó en el entu-
siasmo monárquico que trajo la res-
tauración de los Borbones; cayó en el
espíritu de un pueblo que, en 1830,
se arroja en brazos de la dinastía de
Luis Felipe; cayó también en el ^ci-
pe del 2 da Diciembre, que divierte
al mundo con un imperio cómico, en
que los enanos quisieron hacer el pa-
pel de gigantes; cayó en el suelo de
toda la Francia, cubierto de huesos
afrentados y de cadáveres perdidos
bajo la deshonra de Sedán. Tal fué
la descendencia histórica de aquella
sangre, vertida en al cadalso el día
21 de Enero de 1793. Sí el rey hubie-
se muerto con aljgpún instinto de ven-
ganza, la historia podría decirle hoy:
«Luis XVI, estás vengado.»
Luís XVII. Nombre que dieron
los emigrados y las potencias coali-
Sadas al delñn, híjo segundo de
uis XVI y de María Antonieta, y
?ue había nacido en Versalles en
785. Encerrado con su familia en la
torre del Temple, después de las /or-
uadtu de Agosto de 1792, fué aclama-
do rey por los príncipes sus tíos, uí
como por los ejércitos realistas, y
reconocido como tal por varias po-
tencias. A consecuencia de ciertos
rumores de conspiración, cuyo objeto
era arrebatarle de la prisión en que
se hallaba, la Junta de salvación pú-
blica dió orden de separarle de su
madre y de encerrarle en el cuarto
que había ocupado su padre en el
Temple, confiándole á un precepíoTt
que ejercía el oficio de zapatero, y
que debía permanecer al lado de su
pupilo, sin salir jamás de la torre.
Aquel hombre rudo, entusiasta fogo-
so de la revolución, creía servir la
causa de la libertad siendo cruel con
su cautivo; pero & los seis meses re-
nunció su cargo, como si se hubiese
cansado de su propia barbarie. En-
tonces el desdichado príncipe fué en-
cerrado en una habitación pequeña,
casi sin luz, ni ventilación, en la cual
no penetraba nadie. Allí, privado de
las condiciones higiénicas indispen-
sables á la vida, cayó en una especie
de idiotismo; el idiotismo de la insa-
lubridad y del silencio; dejó de lim-
piarse y de vestirse, y últimamente se
vió acometido de una afección escro-
fulosa, que se manifestó en todo su
cuerpo V que le condujo á la sepultura
en 1795.
Reseña. — 1. El zapatero, encargado
de la custodia de Luis XVII, se lla-
maba Antouio iSinuíu,
2. Cobraba por aquel o&cio qui-
nientos francos mensuales.
3. Los vestidos y los alimentos se
daban al preso por un torno.
4. El niño murió á los diez años.
5. Fué enterrado en el cementerio
de Santa Margarita, en donde no se
hallaron sus restos, sin embargo de
las insistentes pesquisas que se prac-
ticaron después de la restanracidn
de 1815.
6. No faltan autores que han aven-
turado la idea de que me envenena-
do, cuya opinión parece inverosímil,
puesto ^ue su muerte está explica.da
sin la intervención del veneno. La
miseria, el hastío, la desesperación,
imbecilidad la más terrible, son c»U'
sas bastantes para devorar á una cria-
tura. Un día de libertad, una hora de
amor, una caricia de su madre, le
hubieran vuelto indudablemente i la
salud, á la razón y á la alegría. No
escribimos las presentes líneas parm
reseñar á un personaje histórico, aíno
para dar una lección al presente j al
porvenir con los extravíos y los re-
mordimientos del pasado. No es ana
biografía más 6 menos curiosa: es un
escarmiento fbrmidable. Si loa tor-
mentos de a-^uel niño hubieran ca-
vado un abismo en la tierra, toda la,
humanidad habría podido revolverse
en las cavidades de aquel abismo. ¡S£!
La humanidad cabría en una pregun-
ta de aquel niño: «^Y mi madre?»
¡Maldita sea la felicidad de este man-
do, si ha de venir á precio de horro-
resl
7. Algunos impostoresi queriendo
suponer que la noticia de su muer-
te era falsa, intentaron pasar por
Luis XVII, Entre ellos, debemos ci-
tar los que siguen: J. María Hava-
gaut, hijo de un tallista, que fué con-
denado por el tribunal del Sena j
Mame (1802) & cuatro años de pri-
sión, cuyo aventurero murió en Bi-
cetre; Maturino Bruneau, almadreño,
condenado por el tribunal de Rouea á
siete años de reclusión^ el prusiano
Nandorf, en 1825, (^uiec, expulsado
de Francia, se refugió en Inglaterra
con el título de duque de Normandia y
murió en Breda en 1845. Su mujer y
sus hijos reclamaron en 1851 sus tí-
tulos imaginarios; pero los tribunales
franceses desecharon sus vanas pre-
tensiones.
8. Quien desee adquirir noticias
más amplias acerca del desdichado
híjo de Luís XVI, puede consultar
BjtAVCBSMa, LuU 2.V2I, su vid»t
agonía, su muerte (Paris, 1852, dos vo-
lúmenes en 8.°).
Luisa. Femenino. Nombre propio
de mujer. | Botánica, Planta medici-
nal, cuyas hojas son largas, estrechas
y de uu verde claro; su olor es seme-
jante al del toronjil.
Luísmo. Masculino. Provincial
Aragón. Laudbuio.
Etiuolooía. Luición.
Luitprando. Obispo de Cremoaa,
del siglo z, que fué en Constantino-
pía dos veces embajador, en nombre
del emperador Othon. Fué, sin dispu*
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LÜJÜ
ta alguna, uno de los hombres más
eruditos de su si^lo, jr:escríbi<^ una
HistoriA de A Imanta, desde 862 á 964,
j ana JieiMid» de la anbajada á Nic¿~
joro Pkocas.
Linadón. Femenino. Cin^ia. Sa-
lida del extremo de un haeso de la
cavidad en que debe estar, cuyo he-
cho puede provenir, bien de una tío-
leoeia exterior, bien de ana altera-
ción orgánica, como acontece en la
LUJACIÓN espontánea del muslo. || Bn
términos Tulgares, dislocación, desco-
yuntamiento.
BnHOLOQCA. Latín ¿turado, relaja-
ción de una coTuntura, forma sustan-
tivaabstracta de Ittxatut, lujado: fran>
004, luxaíion; italiano, lutiozione.
Liyado, da. Participio pasivo de
lajar.
£tiuoloo{a. Li^ar: latín, l%xStu$,
Í participio pasivo de luxSre, lujar:
ranees, /k»; valón, lu¿; italiano,
Imtiaío.
L^jar. Activo j neutro americano.
LuDtB. I ^ntre zapateros, sacar el
agua al cuero, j alisar las suelas por
los bordes.
BtuolcoÍa.. Luje: latín, Umire,
dislocar; francés, /wrer; italiano, l*t~
ian, del griego Xt^ía (laxdd), jo
tuerzo.
Liyarsd. Recíproco. Ciruffia. Salir
un hueso de lu lugar _por lujación.
Btihología. Lujar: francés, u
luxer; latín, UasirL
Ligo, Masculino. Demasía en la
pompa j regalo.
BtimologÍa. Griego Xo$¿c (load»),
torcido: latín, luxut, dislocación de
algún hueso, simétrico de iusus, lu~
müt, disolución, ei.ceso, superfluidad,
en Cicerón j Suetonio; magniñcencia,
esplendidez, suntuosidad, en Virgi-
lio; catalán, Iwbo; francés, Iwe; ita-
liano, lusto.
Liyosamenta. Adverbio de modo.
Con lujo.
ETiyoLOOÍA. Lujosa j el sufijo ad-
verbial mente,
Lujoaídad. F«nenino.CnaIidad de
lo lujoso.
Lijoso, sa. Adjetivo. El que tiene
Ó gasta lujo, j el mueble ú otra cosa
con que se ostenta.
BriuoLoaÍA. Lujo: francés, luaiueux.
Ltyaria. Femenino. El vicio que
consiste en el uso ilícito ó apetito
desordenado de los deleites carnales.
5 Metáfora. El exceso ó demasía en
gunas cosas.
ETiuoLoaÍA. Latín laxus, suelto;
luxutt dislocado; lusius, luxüt, lujo,
demasía; luxuría, abundancia viciosa
de las plantas, exceso.
1. Según Littre, el latín de un Je-
rónimo dió i lux&r^a el sentido inmo-
ral que hoj tiene en el romance, lo
cual no es admisible.
2. El latín luxÜrta significa lujo,
saperfluidad, en Virgilio; fausto,
suQtuosidad, ma^niñceocia, molicie,
en Cicerón; deleites, sensualidad, en
Tertuliano; corrupción de costumbres,
en Juvenal; exceso de ardor, hablán-
dose de los anímales, en Plinio el
/oüeu.
LUU
' 3, Por consecuencia, el sentido que
hoj tiene, es muj anterior á san Je-
rónimo: catalán, Imeuria; provenzal,
luúnria; francés, huntre; italiano, ¿m-
sam.
Héteña. — La mortificación mái efi-
caz cóntn la lujuria consiste en la
abstinencia y el ayuno, (Bupfón.)
SiMOHiuiA. Lujuria, lubricidad, las-
civia. La lujnria es un hábito 6 incli-
nación criminal, que conduce á los
sexos uno hacia otro, con arrebato j
sin consideración.
La lubriciiad es una influencia sen-
sible de esta inclinación sobre los mo
vimientos indeliberados, sobre la com*
postura 6 continente de uno, sobre el
gesto, etc.
La laseina es la manifestación exte-
rior de esta inclinación, por actog w-
tadiados V premeditados.
Los célibes lujuriosos son el azote
más peligroso para la sociedad, pues
á veces alteran su físico j moral,
Húvase, como del escollo más terrible
de la castidad, de la compañía de las
personas que tienen el rostro y los
ojos lúbricos j que gastan decir cosas
lascivas, ^Uarch.)
Li^ uñante. Participio activo de
lujuriar. Bl que lujuria. | Adjetivo.
Muy lozano, vicioso y lo que tiene
excesiva abnndancia.
BroiOLOofA. Lujuriar: latín, Mí-
rÚMs, lui^triantis, íorm* adjetiva de
lux&riiri, Injuriar: italiano, msüria»-
te; francés, luxuriant.
Lujuriar. Neutro. Cometer el pe-
cado de lujuria. | Kn los animales,
ejercer el acto de la generación.
Btiholooía. Lujuria: latín, luxlí-
riSri, darse al lujo, al exceso, á la de-
masía en el porte v trato; italiano,
lussuriare; catalán, luguriar.
Li^ ariosamente. Adverbio de mo-
do. Con lujuria.
EtiuoloqU. Lujurvisa y el sufijo
adverbial mente: latín, luséridsi; ita-
liano, Utssimosamente; francés, lusm-
rieusewunt; catalán, lumsriosamñt,
Li^nrioaisimo, ma. Adjetivo su-
perlativo de lujurioso.
Lujurioso, sa. Adjetivo. Bl dado
ó entregado á la lujuria.
Etiuoloqí A. Lujuria: provenzal,
luxurids; catalán, luxurüfs, a; francés,
luxurieua; italiano, lussurioso, del la-
tín luxUriosus, forma adjetiva de lu-
xuría, lujuria.
Lula. Femenino. Pescado de mar.
En las costas de Galicia, calamar.
Lulio (Raiuunoo). Célebre filósofo
español, que nació en Palma de Ma-
llorca hacia el año de 1235 y murió
en 1315. Pasó la primera mitad de su
vida en la disipación y los placeres;
pero á los 30 años, aunque casado y
padre de familia, renunció al mundo
y tomó el hábito franciscano, conci-
biendo el pensamiento de una cruza-
da espiritual, destinada á convertir á
los Ínfleles, no por la fuerza de las ar-
mas, sino con los argumentos de la
razón. A este ñn, estudió las lenguas
orientales y todos los sistemas fikisií-
ficos, inventando uuo nuevo que lla-
mó Árs magna ó gran arte, y que pre-
LÜLI
505
sentó como método único para llevar
la convicción á todos los espíritus. Era
éste una disposición artificial; pero
muy comprensible, fundada en las
reladones de los conocimientos entre
sf , más por sus nombras y sus caali-
dadei extemas, que por sa fondo. Su
sistema consistía en una suerte de
sinoptismo de la naturaleza de aquel
á que los oradores antiguos recurrían
con objeto de sustituir el mecanismo
al trabajo intelectual. Después de en-
señar su método en Montpellerf en
1267; en Roma, en 1285; en París,
en 1287, y en Génova, en 1289, can-
sado da fas repulsas de los soberanos
Í' de los papas, á quienes pedía auxi-
ios para su cruzada espiritual, é in-
dignado, pero no desesperado, por
haber oído & Benedicto VlII que le
calificaba de loco, Lulio resolvió 11»*'
var i cabo, sin auxilio de nadie, el
apostolado con que soñaba. Con tal
resolución partió á Túnez, en 1292,
y allí obtuvo un triunfo completo so-
bre los filósofos aberrhoistas. Desde
allí fué á Bona y Argel, y su palabra
no dejó de tener éxito; pero en 1315
volvió á Túnez y, después de conse-
guir apenas dejarse oír, fué muerto &
Sedradas por los habitantes de la. ciu-
ad. Un l)uqne genovés recogió su
cuerpo, llevándole á Mallorca, donde
fué inhumado. Muchos han querido
hacer de Raimundo Lulio un mártir;
otros, le han calificado de hereje, v no
falta quien crea que Benedicto VUI
le dio su verdadero nombre. Lulio
escribió sobre todas las ciencias, in-
cluso la ma^ia y la cábala. Sus prin-
cipales escritos son: Árs generalts stve
magna, etc., que comprende: Ars dc'
monsírativa, Ars inventiva, Árs exposü
tivo, Árhor sciencia, Árs brevis, contra
aberrhoistas, libro XII, y Lógica nova.
La mejor edición de sus Obras comple-
tas es la de Maguncia (1721, diez vo-
lúmenes en folio).
Reseña. — 1. Bl hombre. — La tradi-
ción, más que la historia, refleja la
vida de nuestro ilustre personaje. Raí-
uuNDO Lulio sufrió terribles desenga-
ños, ^ue acibararon profundamente
su existencia, dando lugar á cierto
frenesí, tanto idealista como poético
y religioso, que acabó por enseñorear-
se de aquel noble y hermoso espíritu.
Sólo un alma grande, inmensamente
grande, puede ofrecer el espectáculo
prodigioso de tantas luchas, de tan-
tas pasiones, de tantos pensamientos,
de tantos sistemas, de tantos errores
y de tantas verdades, de tantos vicios
y de tantas y tan excelentes virtudes,
nabiéndose elevado, por íospiracton
inefable, á la santidad del martirio.
¿Deberemos exhalar una queja, no
como españoles, sino como críticos
imparciales? La historia, dominada
tal vez por tas ignorantes preocupa-
ciones del siglo XIV, no ha hecho jus-
ticia al inmenso carácter de Raiuundo
Lulio, acaso el más cumplido y el
más generoso de su época.
2. El Jilósofo. — Su reputación no
tuvo límites, dominó los enteudimien*
tos, llenó la Buropa y Africa; pero
Towo ni
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506 LULI
LUMB
LUMI
CAjó para no dejar otra huella que un
simple recuerdo en los anales de la
éloaofía. Tal es la suerte de todo pen*
Sarniento que no se fonda tanto en el
concento da un sistema, como en el
artificio de oombinaciones empíricas.
Paade afirmarse que la magia 7 la cá-
bala mataron la filosofía de Raimundo
LuLio, á quien sobraba intuición para
ser filósofo, si así puede decirse; fué
un ffran filosofo que legó al mundo
una filoaofía pequeña,
3. Bl arejfente, — Era un cristiano
tan convencido como fervoroso; com-
prendió jr sintió las más profundas
rerdades católicas con espíritu de
abnegación j de apostolado, viviendo
más en la metafísica jr en la esperan-
za da sa fe que en la realidad j prác-
tica del mando. En cuanto á la polí-
tica externa de Roma, las obras de
nuestro personaje dejan adivinar que
Raimundo Lulio estuvo enfrente de
los pontífices.
4. El químico. — La gloria (}ue sus
tiempos le dieron como químico, fué
el doble anatema de hecaícería jr de
impiedad. Empeñado nuestro perso-
naje en la obra magna de la Edad
media, U trantmuíació» de los metales,
que es lo que se llamaba la famosa
piedra Jlosofal, empleó la destilación
como medio para obtenerla y fijó la
atención sobre los productos volátiles,
cujos descubrimientos han servido
después de base á un gran número
de adelantos. A este título, los sabios
cuentan á Raimundo Luuo entre los
padres de la química.
5. Elpoeta. — El poema Desconsue-
lo es la más alta revelación del pode-
roso espíritu de Raimundo Lulio. Eo
aquellas páginas respira un arte alen-
tado, brioso, embellecido iofinitameo-
te por la sublime tristeza del genio,
porque el genio se vela con los suspi-
ros, como se vela el astro con los ce-
lajes, como se vela con una gasa el
rostro tímido de la virgen. Después
de leer aquel poema, es necesario
amar á Raimundo Lulio, como se
aman las maravillas del dolor y de
la virtud. Deteomueio es uno de los
monumentos de la literatura del si-
glo xiv j la primera gloria de la poe-
sía de los miulorquiues.
ti. &u /ama, — Entre las infinitas j
contradictorias calificaciones que me-
reció, dos epítetos han sobrevivido á
las alternativas de su nombre, ha-
ciéndose históricos: el Doctor ilumina-
de y el Beato Raimundo Lulio.
7, BiUiograJia. — Si alguno de
nuestros ilustrados lectores desea sa-
ber quién fué el hombre insigne de
esta oiografia, puede ver La vida y
juicio de las obras de Raimundo Lulio
por M. de Gérard. Hallará las noti-
cias mencionadas en las Memorias de
la Áeadmia Francesa de Jusctipeioues,
desde 1814 á 1819.
Lulismo. Masculino. Pilosojta.
Sistema de Raimundo Lulio, filósofo
místico de principios del siglo xiv,
conocido particularmente por su Arte
compendiado de hallar la verdad. Con-
siste este arte en la formación de ra-
zonamientos con el auxilio de letras
j figuras, partiendo de cierto número
de principios, suministrados por la
teología j la escolástica. No faltan
críticos que ven en el sistema de Rai-
mundo Lulio una mezcla da retórica
j cabala.
ETiMOLoaÍA. Lulio: catalán, luliem;
francés, lullisme.
Lulista. Masculino. Partidario del
sistema de Lulio.
ETU«>LoofA. Lulitmo: francés, luí-
liste.
Lamadero. Masculino. Chrmania,
Diente.
Lumbago. Masculino. Medicina,
Dolor reumático en los lomos.
ETiMOLoaÍA. Latín lumbago, flaque-
za de los ríñones, forma de lumH, los
lomos: francés, lumbago.
Lumbar. Adjetivo. Analomia. Lo
perteneciente á los lomos j caderas. |
Plbxo lumbab; plexo formado por la
reunión de las ramas anteriores de
los cinco nervios lumbares.
Etimoloqía. Lumbo: francés, lom-
baire; italiano, lombale, lombare.
Lumbo. Masculino anticuado. Lo-
mo.
EnuoLoofA. Latín lumbus, lomo.
Como se ve, lumbo es una palabra
perfectamente etimológica ^ correc-
ta; más correcta, mu etimológica
que lomo.
Lumbrada. Femenino. La canti-
dad grande de lumbre.
Lumbrarada. Femenino. Ldmbea-
DÁ.
Lumbral. Masculino anticuado.
Umbral.
Etimología. 1. Forma evidente de
lumbre ó lumbrera, pues el lumbral, si-
nónimo de puerta ó entrada, era la
lumbrera de la casa. Por consiguien-
te, lumbral representa un derivado de
luz.
2. La forma moderna, umbral, sig-
nifica la idea contraria, puesto que
viene del latín «»¿ra, sombra. La
sombra, lo tmbrío, principia en el
umbral»
3. Para los antiguos, exa luz: para
los modernos, es sombra.
Lumbre. Femenino. El carbón, le-
ña ú otra materia combustible, encen-
dida. Q Anticuado. Vista, por la fa-
cultad de ver. [| Anticuado. Luz de la
razón. Q Anticuado. Ilustración, noti-
cia, doctrina. || Luz. || Metáfora. Es-
plendor, lucimiento, claridad. |[ Plu-
ral. El conjunto de eslabón, jresca 7
pedernal, que se usa para encender
LUMBRE. I ISn las armas de fuego se
llama así la parte del rastrillo q^ue
hiere al pederoal. 9 La parte anterior
de la herradura. || del aoua. Supbhfi-
CXB. I A LUMBRE DE PAJAS. Modo ad-
verbial familiar coa que se da á eo-
tender la brevedad j poca duración
de alguna cosa. | A lumbre mansa.
Modo adverbial. A fuboo lento. U Dar
ó no dar lumbrb. Frase. Arrojar ó no
chispas el pedernal herido del rastri-
llo o eslabón. || Dar lumbre. Frase
metafórica. Conseguir el lance ó fin
que se intentaba coa algún disimulo.
I |j Sbr la lumbrb ds sus ojos. Frase
con que se pondera lo mucho qae n
estima ó ama á alguna personaocon.
J Ni por lumbre. Modo adverbial.
De ningiin modo. | Tocar bn la ldu-
BRB 6 BN las ni^kS DB LOS OJOS. Fflr
se metafórica con que se pondera d
sentimiento por la pérdida ó el dt&o
q^ne sucede á aquello que se ama ó es-
tima mucho.
ETiMOLoaÍA. Latín luaUne, abUtiro
de lumen, lumbre.
Lumbrera. Femenino. El cuerpo
que despide luz. Q Metáfora. La per-
sona insigne y esclarecida, (jae coa
su virtud y doctrina enseña e ilumi-
na á otros. I Tronera ó abertura qu«
se hace en lo alto de las piezas pan
que entre la Inx. | Anticuado. Lív-
PABA.
EriMOLOaÍA. Lumbre: catalán anti-
guo, iumerUt lumi^a; moderno, Un-
mauéra, llumenera, velón, candelsbro;
provenzal, lumeira, luwura; francés,
lumiére; walón, loamtre; Hainaut,/n-
müre; burguiñón, lemayre; portugués,
lumieira; italiano, lumiera»
Lumbrerada. Femenino. Loinu-
RADA.
Lumbreria. Femenino. La aeeión
y efecto de alumbrar.
Lumbrical. Adjetivo. Relativo ¿
las lombrices; propio de ellas é que
tiene alguna de sus cualidades.
Etimología. Lombrit: francés, Ivm-
bricai.
Lumbricaria. Femenino. Bolawt-
ce. Género de algas, cujos órganos
fructíferos nacen encerrados en U
substancia misma de la planta.
ETiMOLoaÍA. Lumbrical, por seme-
janza de forma: francés, Unbrimtt.
Lombricoidea. Femenino plunt.
Lombriz redonda, de unas seisáocbo
pulgadas de largo, que habita en lo»
intestinos, y algunas veces, ea lis
visceras huecas.
Etimolooía. Vocablo híbrido; del
latín Umbricus, lombriz, 7 delgci^
eid<n, forma.
Reseña. — Las LUMBaicoiOBS « "it-
nifiestan particularmente en el intes-
tino de los niños. Son lo que laftmi-
lia llama lombrices.
Lnmbroso, sa. Adjetivo anticua-
do. Luminoso.
Lumen. Masculino anticuado. El
sentido de la vista.
Etimología. Latín íwm«, 1» Iw;
esto es, la luz de los ojos, la vista.
Lumia. Femenino. Ramera, mujer
de malas costumbres.
Etimolooía. Griego Xmití» (lem)-
latín, lamia, bruja, hechicera.
Reseña. — Lamia y lumia son 1» mis-
ma palabra de origen.
¡ Lumiares (conde de). Anticuwio
Í' literario español, que nació «° **'
encía en 1741 j murió en 1808. Des-
cubrió las ruinas de una ciadad que
existid en el lugar que hoy ocup» ^'
calá de Chisbert
Luminación. Femenino antieni-
do. Iluminación. .
Luminador, ra. Masculino J »-
menino anticuado. Iluminador. ,
Luminar. Masculino. Coalqu"*»^
de los astros que despiden lú» /
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LUNA
LUNA
LUNA 507
rídad. Q Activo anticuado. Iluminar.
Etimolooía. Latín laminare: cata-
lia, iluminar; francés, lumtHaire; ita-
liano, Itminare, — «Cualquiera de los
astios celestes que despide de sí laz
7 claridad. Llámase así regularmea-
te el sol j la luna, dándoles el nom-
bre de LimiNAR mayor y menor. Es voz
Utína. Zumin*re, t>.> (Ac&dbuia, Dic-
cionario de 1726.) — «Se llama trasla-
ticiamente al varón eximio, cujas sin-
gulares virtudes le han hecho sobre-
salir entre los demás, constitujéndo-
le en la común veneración, jr estimán-
dole como ornamento y esplendor de
la repúblicai 6 como astro de ella.»
(Idem.)
Luminaria. Femenino. La luz que
se pone en las ventanas, torres y ca-
lles en aeñal de fiestas y regocijos pú-
blicos. Bs más usado en plural. Q La
luz ^ue arde continoamente en las
iglesias delante del Santísimo Sacra-
mento. I Germania, Ventana, l Plu-
ral. Lo que se da d se daba á los mi-
nistros y criados del rej para el gas-
to que deben hacer las noches que
btv luminarias públicas.
Btiuolooía. Luminar: catalán, ¿2a-
minuria; italiano, luminaria.
Luminico. Masculino. Fltica. El
pñncipio generador de la luz j sus
efectos.
Luminosamente. Adverbio modal.
De un modo luminoso.
BTiMOLOOfA. Luminosa y el sufijo
adverbial menU.
Luminosidad. Femenino. Cuali-
dad de lo luminoso.
SinioLOofA. LumvuMo: francés, /«-
mnoñte'.
Laminoso, sa. Adjetivo. Lo que
drapide luz.
ETiuoLoaÍA. Luz: latín, lúmindsus;
italiano, hminoto; francés, lumineux;
proveuzal, hminót; catalán, Uum%-
nót, ta.
Lumne. Femenino anticuado. Luz,
UMBEB. U Anticuado. El sentido de la
vista,
EnuoLoofA. Lumen.
Lumnera. Femenino anticuado.
Lumbrera, luz, guía.
ExiuoLoaÍA. ^mne.
Lumnoso, sa. Adjetivo anticuado.
LuuiHoso.
EnuoLoofA. Lumne.
Lumpeno. Masculino. Ictiologia.
Especie de j>escado del género labro.
Etimología. Cielépíero lvsop (mala-
copieriffio) de los naturalistas france-
ses: francés, Umpé,
Luna. Femenino. El astro más cer-
cano á la tierra, que alumbra por la
noche. Q La tabla de vidrio cristalino
de que ge forma el espejo. Q Cualquie-
ra de los vidrios que se ponen en los
auteojos, Q El efecto que hace la luna
fia los faltos de juicio y en otros en-
fermos. Q Provincial Aragdn. £1 patío
«hierto ó descubierto. || Oermania. Ca-
misa. \ Germauia.nodelu. | Plural an-
ticuado. Piezas de la armadura anti-
íoft para defender el cuerpo. [| cbb-
ciWTB. La LONA desde su conjunción
™ta el plenilunio, con cerco, la-
VAK> U«NO; BSTBBZ.LA BN USDIO, LAVA-
JO SBCO. Refrán con que se da á en-
tender que la oscuridad de la luna es
señal de lluvia. | bh llbno. Luna
LLENA. Q LLBNA. La LVHA SU el tiempo
de SU oposicidn con el sol, que es
cuando se ve iluminada toda la parte
de su cuerpo que mira á la tierra. ||
líENQUANTB. La LUNA dcsde cl pleni-
lunio hasta su conjunción, g nubva.
La LUNA en el tiempo de su conjun-
ción con el sol. Q Dejar á uno A. la
LUNA DE Valencia, ó quedarse k la
LUNA DB Valencia. Frase familiar.
Frustrársele las esperanzas de lo que
deseaba ó pretendía. B Llenar la lu-
na. Frase. Llegar á la oposición con
el sol, de suerte que se nos manifiesta
enteramente iluminada. | Media lu-
na. Llámase así á la figura que pre-
senta la luna al principiar á crecer j
al fin del cuarto menguante. Q Metá-
fora. El imperio turco. Q Especie de
fortificacida qae se construye delante
de las capitales de los baluartes sin
cubrir enteramente sus caras. || Hie-
rro acerado, en forma de media luna,
y colocado en la extremidad de un
asta larga, que se usa en las plazas
de toros para desjarretarlos. Q Tenbr
LU^«AS. Frase familiar. Sentir alguna
perturbación en el tiempo de las va-
riaciones de la luna.
Etiuología. Provenzal luna, lAuna:
catalán, Ihna; francés, lune; picardo^
lAie, leune; burguíQón, leugne; italia-
no, ¿una; portugués, ¿m, del latín
lUnoy que representa /Sc^iM, nombre
de Juno, diosa (jue presidía á los par-
tos; es decir, al instante de dará luz.
Esto demuestra que luHna 6 Una es
una forma de lucir.
Luna (Alvaro de). Famoso minis-
tro y favorito del rej Don Juan II de
Castilla y conde de Santisteban de
Gormaz, que nació á fines del si-
glo XIV y murió en 1453. Entró muj
joven á servir en la cámara del rej y
poco á poco le ganó la voluntad, de
tal modo que imposible le parecía al
monarca dar un solo paso sin contar
con el favorito. Durante la minoría
del rejr, fué desterrado por Catalina,
su madre; pero apenas tomó aquél las
riendas del gobierno, le volvió á lla-
mar y le concedió más que nunca su
favor, enalteciéndole, entre otros tí-
tulos, con el de condestable de Casti-
lla. Kl favor del monarca despertó la
altivez en el corazón del fovorito, y
después de cometer los majores exce-
sos, se puso abiertamente en contra
de los nobles, que no podían ver con
buenos ojos su elevación. Estos, tra-
tando de minarle el terreno, se coalí-
garoo, acusándole, tal vez con fun-
damento, hasta de haber puesto sus
ojos en la reina. La ceguedad del mo-
narca era tanta, que no sin trabajo
lograron una orden de destierro con-
tra DON Alvaro, que cumplió por es-
Sacio de año y medio; pero ií cabo
e este tiempo, Don Juan II, no pu-
diendo pasar sin el privado, aprove-
chando la primera ocasión favorable,
le llamó nuevamente á su lado v le
colmó de nuevos favores. El condes-
table empleó entonces toda su in-
fluencia en vengarse de sus adversa-
rios, alejando de la corte á cuantos
fiodían hacerle dafio, empezando por
08 infantes mismos. Viéndose en la
cumbre del poderío, se ere^d invenci-
ble, j sus tiranías j dilapidación no
tenían límite, quedando completa-
mente anulada la persona del monar-
ca, pues él era de hecho el verdadero
rey de Castilla. Sin embargo, día lle-
gó en que el mismo Don Juan II
hubo de cansarse del rudo ^ugo que
se le imponía, y dió oídos a los que
reclamaban su caída; pero no que-
riendo acceder al deseo de éstos, que
era dar la muerte al favorito, le des-
terró de nuevo á sus Estados. Irrita-
do DON Alvaro, mató en su propia
casa á Alfonso de Vivero, ministro
del rej, y entonces pudo decirse que
firmó su sentencia. Cercado en la casa
que habitaba, fué conducido á la for^
taleza de Portillo, el 5 de Julio de
1452, donde se le siguió el proceso;
y después, á Valladolid, para que se
cumpliera en él la sentencia de muer-
te, á que se le había condenado y que
sufrió el jueves 5 de Abril de 1453.
La debilidad del rey había dado ori-
fen á sus excesos y la misma debili-
ad dejó que se le diera la muerte.
Su dolor fué, sin embargo, tan pro-
fundo, que no tardó mucho en seguir
á su favorito, no faltando historiado-
res que atribujan su muerte á la me-
lancolía que dejó en su alma el rudo
castigo que se le había obligado á
imponer á quien había distinguido
tanto.
Reseña, — 1. Don Alvaro de Luna
fué tan valeroso, tan noble, tan gran-
de, en el cadalso, que su muerte ab-
suelve su vida.
2. El genio del duque de Rivas,
más que la tragedia de la historia,
ha inmortalizado á nuestro personaje
con Don Alvaro ó La Puerta del sino^
que ha pasado ai teatro de Europa.
Lnna (Manuel de). Erudito moris-
co español del siglo xvi. Desempeñó
el car^ de intérprete de Felipe II y
tradujo del árabe la Hittoria de Jto-
dñ^Ot ^imo rnt de io$ godos, que se
atnbuje á Abul-Eeaem.
Luna (Rita). Una de las más legí-
timas glorias de la escena española y
de las actrices que más poderosamen-
te contribuyeron á desterrar la enfáti-
ca manera de declamar, que deslucía
nuestro teatro. Nació en Málaga en
1770 y murió en Madrid en 1832.
Pisó las tablas por primera vez en
1789, á los veinte años de edad, en un
teatro particular de la corte; y mani-
festó tan excelentes condiciones, que
fué inmediatamente contratada para
la compañía de los sitios realea. Bn
atención á su mérito, mandd el conde
de Floridablanca se la admitiese como
segunda en el teatro del Príncipe,
donde al poco tiempo oscureció com-
pletamente á la primera dama, Rosa-
rio Fernández, llamada la Tirana.
Al año siguiente, pasó al teatro de
la Cruz, dando principio con la repre-
sentación de Él Desdén con el desdén,
y contando desda entonces una serie
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508 LUNE
LUNO
LUPA
de tríunftMi no interrumpidos. Poco
después, renunció de repente á la ea-
cent, sin que pudieran torcer esta re-
solución las tenaces ruegos de sos in-
finitos apasionados, ni pudiera expli-
carse el motivo de tal determinación,
que unos atribuían á una disensión
con el corregidor Mnrqaina, t otros,
á unos amoros desgraciados. Sobresa-
lió en todos los géneros, desde las
tragedias de Cienfoegos á los saine-
tes de don Ramón de la Cruz, j debió
tín parte sus triunfos á la sencillez j
naturalidad que introdujo en el arte,
en tiempos en que dominaban el mal
gusto y la extravagante exageración.
3e distinguió también por su caridad,
que ejerció con muchas personas ne-
cesitadas; manifestó siempre aversión
al teatro, á pesar de la gloria que le
proporcionó, j nunca quiso casarse,
oyéndosela repetir que, en caso de
hacerlo, sólo sería con persona que
pudiera permitirla abandonar aquella
profesión.
Lunacillo, to. Masculino diminu-
tivo de lunar.
Lunación. Femenino. El tiempo
que gasta la luna desde una conjun-
ción con el sol hasta la siguiente.
EtiuolooÍa. Luna: latín de san Isi-
doro, ISnaíto; italiano, luHcuione; fran-
cés, lunaúon; provenzal, hnaeiéf luno'
$é; catalán llu»aeüf.
Lunada. Femeninoantíeoido. Pbr*
NIL.
EnuoLOafi,. Zuna, por semejanza
de forma.
Lanado, da. Adjetivo. Lo qiie tie-
ne figura ó forma de media luna.
Lnnanco, ca. Adjetivo. Se aplica
á los caballos j otros cuadrúpedos
que tienen un anca más alta que la
otra.
ETiuoLoafÁ. Lunada, pernil.
Lunar. Masculino. Mancha natural
en el rostro ú otra parte del cuerpo, jj
Metáfora. La nota, mancha ó infamia
que resulta á alguno de haber hecho
alguna cosa vituperable. | Adjetivo.
Lo que pertenece á la luna.
EtuiolooU. Litna, aludiendo á las
manchas de dicho astro: catalán, Iht-
«ar.
' Lunaria. Femenino. Piedra pre-
ciosa de color de ceniza, que tiene la
figura de la lana nueva. |f Especie de
ñor.
Lunario. Masculino. CAitiHDAaio.
I Anticuado. Lunación.
Etiuología. Luna: latín, lündrit;
italiano, lunare; francés, lunaire; pro-
venzal, lunar; catalán, Uunari.
Lunático, ca. Adjetivo. El que
padece locura, no continua, sino por
intervalos.
EtiuolooU. Lwm: latín, lünaíícui,
en el Ui^esío, loco por intervalos,
oujra demencia se atribuía á la in-
fluencia de la luna; italiano, lunático;
francés, innati^ue; siglo xiii , lunare;
catalán, llunáíicA, ca.
Lunecilla. Femenino. Cierto dije
en forma de media luna para adorno
mujeril.
Luneles. Masculino plural. Bla-
$Ón» Cuatro medias lunas notadas cu
el escudo, unidas por sus puntas, que
forman como una rosa.
EtiholooÍa. Lwm: francés, lunet.
Lunea. Masculino. El segundo día
de la semana.
Etuiolooía. Latín lunx diet, día
de la iuna, consagrado á ella: ita-
liano, lunedi (di-lune); francés, tun-
dí (di-lun); catalán, dilluns, como
3uien dice di-Uuna. — «El segundo
ía de la semana. Tomó el nombre de
la luna, á quien los egipcios atri-
buían el dominio de la primera hora
de este día.» (Acadbmia, Dieeionario
de im.)
Luneta. Femenino anticuado. El
cristal ó vidrio pequeño que es la par-
te principal de los anteojos. Q Adorno
en figura de media luna, que usaban
las mujeres en la cabeza j los niños
en loa zapatos. || En los teatros, cada
uno de los asientos con respaldo j
brazos, colocados en filas frente al es-
cenario en la planta inferior. Hoy se
les da también, j más generalmente,
el nombre de butacas. || Plural. Ar-
quitectura. LUNBTO. BOCATBJAS.
EtiholooÍa. Luna» por semejanza
de forma: catalán, Uuneía; burgui-
ñón, lugnQte; francés, iunette; italia-
no, lunetla.
Luneto. Masculino. Arquitectura.
Bovedilla en forma de media luna,
abierta en la bóveda principal para
darle luz.
Lungo, ga. Adjetivo aaticuado,
Laboo, oa.
Etiuolooía. Luengo,
Lunica, Ha, ta. Femenino dimi-
nutivo de lana.
Lunicola. Adjetivo. Habitante de
la luna.
Etimología. Latín lüna y colere, ha-
bitar: francés, lunicole.
Lunisolar. Adjetivo. Astronomía.
Que participa de la naturaleza de la
luna y del sol, en cuyo sentido se di-
ce: cielo LUNISOLAR. fl küO LUNISOLAB.
Año calculado por la revolución de
la luna y la del sol. J Pbríodo luni-
SOLAB. Período de 532años, producto
del ciclo de la luna, que se compone
de 19 años, multiplicado por el ciclo
del sol, que se compone de 28.
ETiuoLoalA. Lwur y $okr: francés,
luni-solaire.
Reseña. — 1. Losañosdelos atenien-
ses eran lünisolabbs, lo cual expli-
ca el hecho de que fuesen alternati-
vamente de doce^ trece lunacitmet. Es-
ta variedad tenía por objeto hacer
coincidir los años al fin de diet y nae-
ve revolucione» anuales.
2. El período lunisolab se llama
también periodo dionisiano.
Lunista. Masculino. El que cree
en los efectos é influjo de la luna.
Lunne. Adverbio de lugar anti-
cuado. Lbjos.
ETikfOLOoÍA. Lueñe.
Lunnera. Femenino anticuado.
Luz.
EtiholooÍa. Lunne.
Luno. Masculino. Mitología. El
dios Luno, ó sea la luna adorada bajo
la forma de varón. (Tertuliano.)
Etimología. Latín Lünut,
Lúnula. Femenino. Ástronor^ia,
Nombre dado á los satélites de Júpi-
ter y de Saturno, aludiendo á que ha-
cen las veces de pequeñas lunas. I úW-
metria. Figura que tiene la forma de
un creciente, espacio comprendido
entre dos arcos de círculo, los cuales
ftresentan la convexidad del mismo
ado, cortándose recíprocamente. Q LIj-
NULAS DE Hipócrates (el matemático).
Crecientes que forma el semicírculo
construido sobre la hipotenusa de un
triángulo rectángulo, los cuales cor-
tan los dos semicírculos construidos
sobre los dos lados del ángulo recto;
de donde resulta que la superficie de
aquellas lúnulas es precisamente
igual á la del triángulo. || Anaiomia,
Mancha blanca, semilunar, que se
echa de ver hacia la base de la nfia,
donde la raíz se hande en el pliegue
de la piel , llamada matrw mt^utwl. La
simple vista basta para distinguirla
con toda precisión. | Conquilioloffia,
Depresión que se nota en el centro de
la parte exterior de algunas conchas
bivalvas, como la almeja. Q Antigüe-
dades romanof. Adorno que llevaban
en el zapato los p&tricios, como señal
de su nobleza. (San Isidoro.)
EtiuologÍa. Latín Hnila^ dimina-
tívo de lüna: francés, lunuU; italiano,
lúnula. — tTe'rmino de geometría* Figu-
ra curvilínea, contenida en la mitad
de la circunferencia de un círculo, y
la cuarta parte de otro, que se uneu
por sus extremos y forman la figura
al modo de la luna oornieulafii, de
donde tomó el nombre de Lúnula*»
(ACADsuiA, Diccionario de 1726.)
Lunulado, da. Adjetivo. Historia
natural. En forma de creciente; en cu-
yo sentido se dice: Mña lunulada.
Etimología. Luna: latín, lünSius,
hecho á modo de luna; fíancés, luné,
lunule'.
Lúnulas. Nombre que se dió á los
vidrios convexos.
STiHOLOofA* Lúnula». — «Se llaman
también en la Dióptrica las lentes que
son por un lado cóncavas, y por el otro,
convexas. Llámanse también menit-
cos.» (AcADBHiA, Dieciotuuiodg 17S6, J
Lunúleo, lea. Adjetivo. Lunu-
lado.
Lúnulo. Masculino. Ictiología.
Nombre del pez labro.
EtiuoloqÍa. Lúnula, por semejanza
de forma.
Luñe. Adverbio de lugar anticoa—
do. Lejos.
EtiholooÍa. Lueñe.
Luogo. Adverbio de tiempo anti-
cuado. LUBOO.
Lupanar, Masculino. Burdel.
EtiholooÍa. Latín lupa, loba y ra-
mera, líipanar, casa de mancebía, en
Quintiliano; lúpánSrÍ»m, en el juris-
consulto Ulpiano: francés, lupanar.
Reseña hÍ8tórica.~-\. Parece ser 4)tte
el nombre de lupa, loba, en el sentido
de ramera, se tomó de Lupa, mujer
del pastor Faústulo, Acá Larencia
(Acca Larentiaj, famosa por su vida
desordenada y disoluta.
2. Desde entonces se llamaron lu-
pas ó lobas í\&s mujeres de mal vivir.
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LUPE
LUPI
LUQU 509
las cmles habitaban los bosques j las
orillas de los ríos, en unas guaridas
llamadas lÚparía, que es como si nos-
otros dijéramos hoerat.
3. Estas loberas primitivas se tras-
ladaron lue^ á las ciudades y se de-
nominaron lupanar.
4 Se^ún se lee en la famosa aren-
ga de Cicerón (pro Calió R^/^), los
LUPAHUBS eran casas públicas de
SrostitueiÓDt permitidas jr autoriza-
as por el Gobierno.
5. Esta torpe íadastria floreció
grandemente en la ¿poca de Calígula
y de Tiberio» cajos emperadores es-
tablecieron en sus propios palacios
LDPAKAUs magníficos, habitaciones
lujosamente aderezadas, adonde con-
enrrianlasmancebasde primer rango.
6. Bl LUP4NAB más célebre que se
conoce, existid en Italia (isla de Ca-
f ir i, cerca de'Nápoles, la Cdprem de
os latinos), en donde únicamente se
permitía la entrada al que iba provis-
to de ciertas medallas de bronce, lla-
madas tpintrianos.
7. Los LUPANxsBS Ostentaban enci-
mi^ de las puertas, á guisa de escudo
de armas, unos falos ó pHapos de pie-
dra (miembros TÍriles); algunos de
ellos» primorosamente labrados. Estas
Upidas eran la enseña de las casas
de prostitncidn, como nna rama fué
la enseiia de nuestras casas de man-
cebía, de donde viene la palabra ra-
mera.
8. El gran pintor Parrhasio fué el
que piató los admirables cuadros es-
candalosos que decoraban los lupana-
KBS de Tiberio.
9. La degradación del emperador
Heliogábalo rajó hasta el punto de
castigar con pena de muerte todo
agravio inferido á ana mujer pública.
10. Nótese una concordancia sin-
galar; los romanos las llamaron lupa,
tobas, como nosotros las llamamos
fom».
Lttpanarió, fia. Adjetivo. Lo per-
taneciente al lupanar.
Btiholoqía. Zupanar: latín, líplt-
sirííw, el que tiene un burdel.
Lnpea. Femenino. Zoología. Géne-
ro de crustáceos nadadores.
EniMOLOofA. Latín Ivtpus, lobo.
Luperca. Femenino. Mitología.
Diosa entre los romanos, que se cree
ser Lupa, ama de leche de Rómulo j
Remo, la misma que Acca Larentia,
Acá Larencia. || Una sacerdotisa de
Pan. (Lactancio.)
BrniOLOofA. Luperce: latín Lvpér-
ca.
Lapercales. Femenino plural.
Fiestas que en el mes de Enero cele-
braban los romanos en honor del dios
Pan.
EriuoLoaÍA. Luperco: latín, Ivptr-
catta (Cicerón): francésj lupercales.
Historia antigua.- — 1. Fiestas del
dios Pan, celebradas antiguamente
en Roma, el 15 de las kafendas de
Marzo (15 de Febrero), por los luper-
en. Asemejábanse al lupercal, desnu-
dos, con un ceñidor, j ungidos de
aceite.
2. El flamen dial inmolaba al dios
Pan una cabra v un perro. El rej de
los sacrificios que presenciaba la cere-
monia, tocaba la frente de cada luper-
co, con un cuchillo teñido en la san-
gre de las víctimas, cujos pies j otros
despojos se distribuían entre los lu-
percos, los cuales pegaban con ellos á
cuantos encontrabau en su camino.
3. Las mujeres presentaban las ma-
nos á esta flagelación, crejendo que
tenía la virtud de hacer fecundas á las
estériles j de proporcionar á las pre-
ñadas un parto feliz.
4. Puede decirse que las lupbhca-
LBS eran mis antiguas que Roma.
Fueron en su origen un sacrificio
campestre, instituido por Evandro, en
honor del dios Pan, j sobre el monte
Palatino.'
5. Después fueron una fiesta puri-
ficativa de la ciudad, aunque esto no
se explique más que por caer en el
mes de Febrero.
6. La fiesta tumultuosa que seguía
al sacrificio, j á que se unía la ju-
ventud más distinguida, como tam-
bién los magistrados j hasta los ni-
ños, ocasionó desórdenes en la época
de las guerras civiles, que precedie-
ron al imperio; j estas fiestas cajeron
en desuso, aunque Augusto las resta-
bleció posteriormente con todos los
antiguos ritos.
7. Consignemos, para terminar,qae
las LUP8RCALKS uo fuerou completa-
mente abolidas hasta el siglo vi de
nuestra era, por el papa Gelasio.
8. Se denominaban l&percalia, por
estar consagradas á Lupercus, sobre-
nombre del dios Pan.
Laperco. Masculino. Mitología.
Sobrenombre del dios Pan.
EriifOLOofA. Latín L^percust de l^
pus, lobo, j arcere, apartar rechazar;
«que rechaza 6 ahujentalos lobos.»
Reseña histórica, — El dios Pan tomó
el sobrenombre d« Lupebco, porque
se crejó que alejaba los lobos, de don-
de tomaron origen las fiestas llama-
das lupercales.
Lupercos (los). Masculino plural.
Historia antigua. 1. Flámines del dios
Pan, en la autigua Roma, cuja insti-
tución data del rej Evandro. Se ig-
nora su número, si bien se sabe que
formaban dos colegios; uno, de los
gutníianos; j otro, de fabianos.
2. Estos flámines eran los que ce-
lebraban las lupercales.
3. En la época de la dictadura de
César, fué instituido por éste un ter-
cer colegio; 6 por sus adictos, en su
honor, bajo el nombre de julianos.
Pero este colegio debió ser de efímera
existencia, pues no parece haber so-
brevivido á su patrono.
Lupia. Femenino. Tumor duro j
glanduloso, causado de humores grue-
sos.
Etimología. L Latín lupa, loba: ca-
talán, llúpia; Berrj, loube; dialecto
de Coire, tuppe; francés, ioupe; italia-
no, lopia, lupia. (DíBZ.)
II. Abonan esta etimología:
1. * Todas las formas del romance.
2. * El español lobanillo, sinónimo
de lupia.
3, * El francé; lupus, forma latina
de loup, lobo, aplicado á toda úlcera
corrosiva.
4. ' El alemán WotgetckmtUttUimot
de lobo.
Lupicia. Femenino antisoado.
Alopbcía.
Lúpico, ca. Adjetivo. Que partíci>
pa de la naturaleza de la lupia.
Lupifero. Masculino. El que lle-
vaba el estandarte de la Iglesia ro-
mana.
EtiuoloqÍa. Latín l&put, lobo, j
/erre, llevar.
Lupino. Uaseulino anticuado. Al-
tramuz.
EriMOLoaÍA. Francés, lupiu: itidia-
no, lupino, del latín lúplnuSf forma
de lupus, lobo, porque, siendo una
semilla amarga, sólo parece buena
para que la coman los lobos. El ale-
mán Volfthohne, haba de lobo, no per-
mite dudar acerca del sentido de esta
etimología.
Lapino, na. Adjetivo. Pertene-
ciente al lobo Ó que es propio de él.
BriMOLoaÍA. Xwjfíao.— cLo que es
propio de los lobos, como manía lu-
pina, furor LÚPINO. Sale del latino
Lupinus.» (AcAOBMU, Dieeümario de
me.)
Lapo (P. SuTiLio). Retórico j ora-
dor. Floreció en el siglo i déla era
cristiana j fué contemporáneo de Au-
gusto j Tiberio. Nos dejó un tratado
de retórica, que tiene por título: De
fguris sententiarum eí elocutionum li-
¿rí //. (Db MiauBL j Morantb.)
Lupón. Masculino. Especie de por-
celana. O Nombre que dio Adanson á
una especie de concha. Créese que es
lüOfprea Iota, de Linneo.
¿TiMOLOQÍA. Francés hpon»
Lupulado, da. Adjetivo. Hiitoria
natural. Parecido al altramuz.
Etimolooía.. Lupino,
Lapalina. Femenino, ^imiea.
Nombre que se dió á cierto polvo
amarillento dorado, resiniforme, aro-
mático j amargo, que se encuentra
en la épica de la madurez en la base
de la superficie externa de las brác-
teas donde están formadas las pifias
del lúpulo.
ETiuoLoaÍA. Lúpulo: francés, ¿ajw-
line.
Lúpulo. Masculino. Botánica,
Planta, hombrecillo.
Etimología. Latín lupUus, dimi-
nutivo de lupus, lobo; «nombre técnico
del hombrecillo:» francés, lupulin; ita-
liano, luppolo; catalán, llúpol.
Luquéa, sa. Adjetivo. Lo pertene-
cíente á la ciudad de Luca j el natu-
ral de ella. Se osa también como sus-
tantivo.
1. Luquete. Masculino. La rue-
decita de timón ó naranja que se echa
en el vino para que tome aquel sa-
bor.
Etiuolooía. Arabe lujuet, Ivgueía,
«cosa de ningún valor,» ra nullins
pretii: catalán, Iluguet.
2. Luquete. Blascnlino. Pajuela»
para encender.
Etimología. Arabe al-nxmgmeid, di^
minutivo de al-waguid, pajuela.
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510 LUST
LUST
LUTA
^««Jltf.— Ndteiequs el antig^ao alu-
^«¿«Tafytui^uiWa represen tanla misma
voz de origen,
Lurío. Masculino americano. Ton-
to, presumido de buen mozo sin fun-
damento.
Larts. Masculino. Provincial Ara-
gón. La masa de nieve que suele des-
prenderse de las cumbres y caer á los
valles, á la cual en otros puntos de la
misma provincia llaman alud.
Lusco, ca. Adjetivo anticuado. El
que es tuerto ó bizco 6 ve muj poco.
ETiuoLoaU. Latín liucus, tuerto;
Insdinus, lusciüttu, corto de vista: cata-
lán, lluseOf a; provenzal, lose; walón,
¿m'; namurés, lutk; francés, louehe;
italiano, Uueo.
Reseña. — Latín luscus, qae ae inter-
preta Iwiieeus; esto es, eui lux secta est,
?ue tiene la vista cortada, atravesada.
MONLAU.)
Lusiadas (los). Masculino plural.
Título del poema de Luis de ComQens
sóbrelas aventuras de Vasco de Ga-
ma, á quien ae debe el descubrimien-
to del Brasil. (Véase nuestro artículo
CamSkvs.)
EniiOLOofA. Luso.
Lusitania. Femenino. Ge^rafia.
Una de las tres partes de la España
anti^^a; hoj, Portugal.
Btimoloqía. LatlUnia, de Züsus,
Luso, fundador del pueblo portugués.
Lluitano, na. Adjetivo. Lo perte-
neciente á la Lusitania j el natural
de este reino.
Etiuología. LusitaHta: latín, liUi-
íanus, singular; lUsiíani, plural. (Pli-
NIO.)
Luso. Masculino. Poética. Lusi-
tano.
Lustra. Femenino. Cepillo de cer-
das que sirve para remojar las márra-
gas y la chapa,
Btimolgoía. Lustrar.
Lustrable. Adjetivo. Que puede
ser lustrado.
Liwtración. Femenino. Politeís-
mo* Ceremonia que usaban los paga-
nos en los sacrificios de expiación para
purificar las personas, las casas y las
ciudades, cuando creían que estaban
inmundas.
ETiMOLoafA. Griego Xtíu (lúdj,
pagar, desatar: latín, ¿u^£, pagar j
rociar: lustrare, purifícar; lustratfo,
puriñcaciiín por medio de sacrifício,
forma sustantiva abstracta de litslra-
Au, purificado; catalán, llustració;
francés, lutíratio»; italiano, Ivstra-
si<me.
Reseña histórica, — I. Purificación
pública 6 privada, practicada por los
antiguos, que consistía en sacrificios
ó en prácticas en que se empleaba el
fuego, el azufre y el agua, ó los per-
fumes.
2. La LusTRACiÓN, que era todonn
rito dé la gentilidad, se verificaba res-
pecto de ciudades, de ejércitos, per-
sonas, campos y ganados, dando lu-
gar á multitud de ceremonias y de
tiestas, como las ambamales, amburbia-
les, denicales, funerales, juegos secula-
res, lustro, días hisíricos, y otras mu-
chas que fuera prolijo enumerar. Si
así puede decirse, el agua lustral era
el bautismo de loi gentiles.
Lastrado, da. Participio pasivo
de lustrar.
ETiyoLOoÍA. Latín lustratus, parti-
cipio pasivo de lústrtiret lustrar: fran-
cés, lustré.
Lustrador, ra. Masculino j feme-
nino. El que lustra. | Masculino. En
las fábricas de cristales, rejillita forra-
da de sombrero para quitar las man-
chas á las lunas de los espejos. | Má-
2uina de dos cilindros, que con ajuda
e un tercero y de un brasero, suavi-
za los hilos y da lustre á la tela.
Lustoal. Adjetivo. Politeísmo. Se
aplica al agua con que ae rociaban las
victimas y otras cosas que se usaban
en las lustmoíones y sacrificios gen-
tílicos.
ETiuoLoaÍA. Lustradón: latín, lus-
íralis; italiano, lústrale; francés, lus-
tral; catalán, llustral.
Lústrales. Antigüedades romanas.
Fiestas acompañadas de sacrificios ex-
piatorios, instituidas en Roma en épo-
ca muj remota. El espacio de tiempo
que media de una fiesta á otra, se lla-
maba lustro, 7 era generalmente cada
cinco afios.
EriuoLOOfA. Lustral: latín, lusírá-
tía, forma de hstr&lis, lo pertenecien-
te á la lustracidn.
Lustramiento. Masculino. La ac-
ción de ilustrar 6 condecorar & al-
guno.
Lustrar. Activo. Politeísmo. Ex-
piar y purgar con sacrificios, ritos y
ceremonias gentiles las cosas que se
creían impuras. || Dar lustre y brillan-
tez á alguna cosa; como á loa metales
y piedras. Q Andar, peregrinar por al-
gún reino ó provincia.
KnuOLOOÍA. Lustracidn: latín, lus-
trare; italiano, lustrare; francés, l%s-
trer.
LustratÍTO, va. Adjetivo. Que co-
munica lastre.
Lustratorio, ría. Adjetívo. Lus-
TRATivo. 9 Propio de la lustración,
Lusbre. Uasculino. El brillo de
las cosas tersas 6 bruñidas. | Metáfo-
ra. Esplendor, gloria. Q Anticuado.
Lustro.
Etiuolooía. Lustrar: catalán. Ilus-
tre.
Sinonimia. Lustre, brillo, resplan-
dor, esplendor. El lustre procede de la
luz reflejada por una superficie bar-
nizada ó bru&ida; el brillo, del cuerpo
luminoso. Resplandor es el brillo in-
tenso qne apenas pueden sostener las
miradas del hombre; esplendor es el
brillo esparcido en una vasta superfi-
cie. Los derivados de estos nombres
corresponden á su significación. Son
lustrosos la ma^or parte de los meta-
les; brillan los astros, los meteoros,
la fosforescencia de las olas del mar;
resplandecen el sol, la luz eléctrica,
los grandes incendios; y llamamos
espléndido i un espectáculo grande-
mente iluminado. Algunos de loa uses
metafóricos de estas voces conservan
su seutido original. Decimos: «el ¿us-
íre de la saogr-;,» como si quisiéra-
mos dar á entender que la gloria y las I
virtudes de los progenitores se refle-
jan en su descendencia. Decimos que
el mérito hrilla por sí mismo; j ha-
blamos de talentos y de cualidades
brillantes. En el lenguaje cortesano es
común aludir al resplandor del tro-
no. Son espléndidos los bailes, los
convites, las ceremonias, en que se
hace alarde de la riqueza y del lujo.
(Mora.)
Lustrecíco, Uo, to. Masculino di-
minutivo de lustre.
Lústrico (día). Sisíoria antigma. —
I, Era a(^uél en que se purificaba un
niño recien nacido, entre los antiguos
romanos, y se le ponía nombre; lo
lue podría llamarse hoj el dia del
Sautko.
2. Celebrábase el octavo día del
nacimiento, para los varones; y el
noveno, para las hembras. La cere-
monia se celebraba en presencia de
toda la familia.
3. Una parienta anciana frotaba
con saliva la frente y los labios del
niño, estrechaba sus labios y le decía
ciertas fórmulas, deseándole toda cla-
se de prosperidades.
4. Después se inscribía al recién
nacido en el libro público de naci-
mientos, pues aun esta práctica de
nuestros tiempos, como tantas otras
que no habrán pasado desapercibidas
a nuestros ilustrados lectores, tieneu
sns raíces en la antígüedad clásica.
Lústrico, ca. Adjetivo. Poética.
Lo que pertenece al lastro.
EriMOLoaÍA. Lustro: latín, hu^í-
cus; catalán, lústrich, ca.
Lustrina. Femenino. Tela de seda
f parecí da á la griseta, pero de más
ustre.
ETiyoLoaÍA. Lustre: francés, Ium-
trine.
Lustro. Masculino. El espacio de
cinco años, ó de cuatro, según algu-
nos. I Lámpara ó araña de alumbrar.
|] Mitología. Sacrificio expiatorio que
tenía lugar después de la matrícula
del pueblo, cada cinco afios.
Btiuolooía. Lustraeién: latín, /im-
írum; italiano j catalán, lustro; fran-
cés, lustre.
Reseña. — Politeísmo romano.hvsTHO
se llamó, entre los antiguos romanos,
al espacio de cinco años, época en
que se hacía lo que llamaríamos hoj
el censo de los ciudadanos, que se ter-
minaba por un sacrificio purificatorio
de todo el pueblo, y era lo que se de-
nominaba cerrar el lustro. Cuando
se omitía el hacer el censo, 6 cuando
las circunstancias eran desgraciadas,
no se celebraba la clausura del lus-
tro.
Lnatrosamenta. Adverbio de mo-
do. Con lustre.
Etiuolooía. Lustrosa y el sufijo ad-
verbial mente.
Lustroso, sa. Adjetívo. Lo que
tiene lustre.
ETiuoLoafA. Lustre: catalán, 11**"
trós, a; lustros, a.
Lutación. Femenino. Química. La
acción de embarrar ó tapar las vasi-
jas con el luten.
ExiMOLoaÍA. Latín ^íum» lodo, li~
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LUTE
LUTE
LUTE 511
mo; litare, embarrar, en Catdni sal-
picar de lodo. eD Marcial: francés, lu-
Ur; italiano, luíare. — El italiano tie-
ne luttíura, j el francés, luíaíion.
Lutado, da. Adjetivo antíoaado.
Enlutado.
Lntar. Aetíro. QMimica. Tapar va-
nju con laten 6 aplicarlo & las juntu-
na para que no n salga lo que con^
tienen.
ETiuoLoafA. ZvteCMAt.
Lntarío, ria. AdjetÍTo. BittorU
Mtwrat. Que TÍve en u lodo.
ETiHOLOofA. Lutaeiéñ: latín, lula-
rius, lo que títo en el cieno. (Pli-
mo.)
Lútea. Femenino. Ave peqaeQa,
enemiga de la llamada pipo, cujros
hneTOS procura destruir; así como el
pip<) lo nace también con los de ella.
EnuoLoaU. Latín lUíeut, amarillo,
forma adjetiva de luíum, barro: lutba
p*tiúf piel cetrina.
Lnten. Masculino. Qitfmú». Mez-
cla de clara de huevo, mortero 6 cosa
semejante con que se tapan las aber-
turas j juntuns de los vasos quími-
cos.
EriHOLoafA. Lútea: latín, lúíeum.
Tema de huevo.
Lúteo, tea. Adjetivo. Cenagoso. U
Vil. l LuTBOLADO. B Masculino. Nom-
bre eientífíco de la ^ema del huevo.
Etiuolooía. ZuíaetÓH: Utín, HUeus,
lo que es de lodo.
Luteo-gálico. Adjetivo. Quimica.
iciDO LUTBO-GÁLico. Principio colo-
rante amarillo de la nuez de agalla.
Etiuoloqía . Francés l%t4o-gaUique;
del latín lü^us, amarillo, j el fran-
cés aatliqiu, forma adjetiva de yaí/«,
igalla.
Luteolado, da. Adjetivo, ffistoria
nafytml. Que tiene ú color rojizo ó do-
ndo, como la ^ema del huevo.
ErnioLoaÍA. Zétea,
Lnteolina. Femenino. Q/uimica.
Materia jalde obtenida de la gualda,
6 sea principio amarillo que se extrae
de la roseda lateóla, de Linneo.
ETiuoLoaÍA. £4íea: francés, luí^o-
li»e.
Luteraniamo. Masculino. La secta
de Latero. || La comunidad ó cuerpo
de los sectarios de Lutero.
Htiuoloqía. Luterano: catalán, hh-
ierauitme; francés, luthéra»i$m; italia-
no, luteranitmo.
Beteña. — Doctrina que consiste en
negar la potestad del sumo pontífice
romano y en establecer que las Sagra-
das Escrituras son la única regla de
los fieles, así como el perdón de las
culpai se obtiene, no por virtud de
los sacramentos, sino por la eficacia
de la fe.
Luterano, na. Adjetivo, Lo perte-
neciente á Lutero y el qne signe su
secta.
EtuiolooÍa. Lutero: catalán, ¿«fe-
rá, na; francés, luthérien; italiano, lu-
terano.
Lutero (Martín). En el ocaso del
siglo xv; cuando el renacimiento lite-
lario anunciaba su aparición en los
horizontes de la edad moderna; cuan-
do toda Europa sentía nn movimiento
de adelanto en la filosoña j en la cien-
cía; cuando Colón recorría las cortes
de los reyes para ofrecerles un nuevo
mundo; cuando Gutenberg aprisio-
naba el pensamiento para conducirlo
después en la palabra escrita por to-
dos los ámbitos del orbe; cuando las
naciones todas se sentían conmovi-
das por una sorda revolución, que
amenazaba trastornar las bases socia-
les, vino á la tierra, por disposición
del cielo, según sus partidarios; por
mandato de la fatalidad, según sus
enemigos, uno de los hombres quemas
fioderosamente había de contribuirá
a Reforma presentida. Aquel hombre
era Martín Lutbbo. La pequeña ciu-
dad de Eisleben, en el electorado de
Sajonia, le había servido de cuna
en 1483. Su cóndición era humilde;
el estado de su familia, oscuro j po-
bre, hasta el punto de que los juveni-
les años del reformador se pasaron en-
tregado á tareas mecánicas j compo-
niendo salmos, qne se vendían por las
calles. Sin embargo, las felices dispo-
siciones que parau estadio mostraba,
impulsaron a su padre á q^e, aun á
costa de grandes sacrificios, le envia-
ra á estudiar á fiisenach. Después de
haber cursado la filosofía en Í505 en
la universidad de Erfurt, no tardó en
entrar en el convento de agustinos.
Poco después fué nombrado profesor
de Wittemberg; j de allí, enviado á
Roma para representar á su orden
cerca del soberano pontífice, en 1510.
De vuelta á Sajonia el monje agusti-
no, que había recibido jra el título de
doctor en teología j que había soste-
nido hasta entonces con ardiente celo
la autoridad del Papa j de la Iglesia,
empezó desde 1516 á enunciar públi-
camente principios contrarios al dog^
ma católico. La predicación de las in-
dulgencias, cu^a granjeria había ex-
citado la codicia de muchos, despertó
una rivalidad profunda entrelosa^us-
tinos j los dominicos, al año siguien-
te, 7 en ella halló Lutbbo un pretex-
to para separarse en absoluto de la
Iglesia romana. En su programa, que
contenía 98 proposiciones, inició la
lucha contra el inquisidor Tetzel, que
estaba encargado de defender las in-
dulgencias j que hizo quemar públi-
camente las proposiciones de su ad-
versario, remitiendo la causa á Roma,
en 1517. El papa León X, qne en un
principio no había visto otra cosa que
una rivalidad entre dos órdenes mo-
násticas, encomendó la información 7
el juicio al cardenal Cajetán, su lega-
do en la Dieta de Augsburgo. Este,
después de intentar en vano una pú-
blica retractación de Lutebo, trato de
hacerle prender; pero el reformador
consiguió escapar á la persecución j,
refugiado en Wittemberg, se puso á
cubierto bajo la franca protección de
Federico, elector de Sajonia. Desde
entonces, confiado en sus propias fuer-
zas j en el apovo de los príncipes ale-
manes, no titubeó en exponer abier-
tamente sns doctrinal. Én sus predi-
caciones, lo mismo que en sns escri-
tos, atacó sin rebozo j abiertamente
la autoridad del Papa, lade la Iglesia
j sus jerarquías, el celibato de los
clérigos, los votos monásticos y la'
posesión de los bienes temporales en -
manos de los sacerdotes. Después,
alentado por el creciente éxito d^ sus
ideas, rebatió los principales dogmas
del catolicismo, tales como el culto de
los santos, el purgatorio, la confesión
auricular, la transulntanciacidn, el
sacrificio de la misa v la comunión
bajo una sola especie. Denunciado £ la
corto de. Roma por el teólogo Juan
Eck, T excomulgado por el Papa que,
en 1520, decretó la condena da sus
escritos, opuso á los anatemas de la
Iglesia un rasgo de audacia, que pu-
diera llamarse de soberanía. Apenas
llegada á sus manos la sentencia pon-
tificia, la hizo quemar en la plaza pú-
blica de Wittemberg con todas las
decretales de los papas j todos los li-
bros de derecho canónico. El profundo
eco que este acto despertó en Europa
entera, determinó al emperador Car-
los V á emplazar á Lutbbo ante la
Dieta de Worms, en 1512, donde com-
pareció, provisto de un salvoconduc-
to imperial. Allí se intentó nueva-
mente conseguir su retractación; pero
no se logró tampoco. Desterrado del
imperio, fué á su vuelta ocultado si-
gilosamente por su protector Federico
de Sajonia 7 alojado en la fortaleza
de Wartburgo, donde, durante diez
meses de forzosa reclusión, no cesó de
inundar á Alemania con sus escritos.
Al salir de aquella soledad, que había
exaltado su imaginación 7 que deno-
minaba su PatKmos, recorrió los di-
versos Estados de Alemania;7 además
de los principes j de la nobleza, aba-
jo á su causa una considerable parte
de las poblaciones & las que arrastra-
ba eon la vehemencia de sus discur-
sos. El espíritu qae hacía largo tiem-
po animaba á Alemania, unído á cau*
sas de un interés puramente tempo-
ral, tales como la secularización de
los bienes del clero, facilitó mu7 en
breve el progreso de la Reforma, pre-
dicada por el antiguo monje. Tanto
fué así, que, en 1529, los príncipes 7
los Estados alemanes, que se habían
adherido & las nuevas doctrinas, cre-
7eron deber reunirse en Worms, para
protestar contra el edicto de Spira, en
cu7a sazón recibieron el nombre de
proiettantes. De 1526 i 1529, Lutbeo
que, oonsecuente con sus principios, .
había contraído matrimonio, se ocupó
en organizar la Iglesia evangélica, de
concierto con Melanchthon, autor de
liprofetión de fe, adoptada por la Die-
ta protestante de Augsburgo, en 1530.
Testigo de los combates sostenidos
por su causa, el autor de la Reforma
vió al fin, en 1530, el triunfo de sus
partidarios, ligados en Smalkalda.
afirmado por la paz de Nuremberg,
que les concedía la libertad de con-
ciencia, hasta la reunión del próximo
Concilio. Los últimos años de su vida,
durante los cuales tuvo alguna vez
que deplorar esos males, que son in-
herentes i toda revolución, se em-
plearon en propagar j afianzar una
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512 LUTE
LUTO
LUZ
doctrina, queja contaba con diversas
saetas disidentes. Agobiado por las
enfermedades, áque su vida da asiduo
trabajo le había conducido j no exen-
to de sufrimientos morales, murió en
Bisleben, su ciudad natal, en 1546, j
su cuerpo fué trasladado á Wittem-
berg, donde el elector Federico le dis-
puso magníficos funerales.
Hestña. — 1. Sn detcendenm. — De
su matrimonio con la religiosa Cata-
lina Bora dejó rarios hijos, curo úl-
timo descendiente muñó an Dresde
en 1759.
2. Su intírucción, — Ldteso era hom-
bre versadísimo en las sagradas le-
tras, manejaba admirablemente su
idioma nativo y estaba dotado de esa
elocuencia ardiente, hija de la ambi-
ción j de la soberbia, á que nunca
resisten las masas.
3. Su gnio, — ^Bl genio de nuestro
personaje tenía ana nube, que eclipsó
muchas veces su espíritu; era un or-
gullo tan indomable, que se sobrepo-
nía á sus oouTieciones, haciendo de
un reformador un contrario vul^r,
porque vulgar es todo lo ruin. Asi se
explica el hecho curioso de que sus
palabras no participaraQ frecuente-
mente de la dignidad j de la mesura,
que deben ser la norma inalterable de
quien se propone llevar á cabo seme-
jantes resoluciones. En sus disputas,
falta más de una vez, no ^a á los res-
fietos de la caridad y unción evangé-
ica, sino á las atenciones más trivia-
les de la cortesía j hasta del decoro,
Bn menores términos: es un atleta;
no es un apóstol.
4. 8% eardeter, — Pero la violencia
da su carácter tomó una fórmula mo-
ral, que fué el ^an secreto de su
vida; la constancia. Hallándose ja en
el lecho de muerte, el doctor Thomás
le pregunta: csi persiste en la obra,
á queliabía dedicado toda la energía
de su existencia.» Lutbro respondió:
Si. Esta respuesta fué tan absoluta,
que sus partidarios no pudieron du-
dar un momento. Aquel sí, que reso-
naba en el sepulcro, fué la expresión
más universal de su conciencia j de
su pensamiento.
o. Su dogmatismo,— Coas&^tó el li-
bre albedrío; pero lo sometió á una
fe, subordinando la moral á un dog-
ma. Propiamente hablando, la moral
no existe en el sistema de Lutero.
6. &« ÍmportancÍa.-~lt08 que en-
tíendenque un solo hombre fué autor
de la Reforma, le desconocen j le
adulan. Siempre que una idea está á
punto da realizarse, necesita la ajuda
de un hecho. El monje agustino no
fué otra cosa que el hecho de la idea,
la práctica de la teoría; pero importa
notar que la teoría es siempre ante-
rior i U práctica. Cuando el reforma-
dor vino al mundo, la electricidad in>
flamaba la atmósfera. Faltaba la chis-
pa que anunciad relámpago; faltaba
el relámpago que anuncia la tormen-
ta; tal fué el oficio de Ma&tín Lutb-
ro. Esto quiere decir que profundas
revoluciones habían formado ^& el
volcán en las Lntmftas del catolicismo;
un monje fué el cráter que vomitó la 1
lava. Estos sucesos tienen su explica-
ción histórica j no queremos privar
de ella á nuestros ilustrados lectores.
Hacía mucho tiempo que los tres
achaques del papado minaban sorda-
mente la autoridad de los snmos pon*
tiñces. Estos achaques fueron: la ven-
ta pública de las indulgencias, la si-
monía j el derecho de investidura,
consagración suprema del derecho di-
vino de los rejes, cu^oj^rivilegio pon-
tificio tenía á los principes en conti-
nua angustia. Puede afirmarse que el
mismo día en que se dió nombre á los
güelfos j gihelinos, empezó la confe-
sión de Augsburgo, lo cual hace evi-
dente que Ta protesta, mucho antes
que en las predicaciones de un mon-
je, tuvo principio bajóla corona de
un emperador y la tiara de un pontí-
fice. Para el espíritu de la historia,
para la razón universal de la crítica,
mucho más que todos los libros del
reformador, significan la hoguera de
Savonarola jr eTinfierno del Dante.
7. Su literata/ra, — Nuestro persona*
je escribió un gran número de obras,
con el doble objeto de atacar al cato-
licismo 7 establecer la Reforma. Las
Jtrincipales son: De lu cautividad de
a Iglesia; la traducción alemana de
la Biblia, comenzada durante su es-
tancia en el castillo de Wartburgo, jr
en la cual se fija completameate la
lengua nacional; su cateñsmOt desti-
nado á poner sus doctrináis al alcance
de todo el mundo, j su tratado Dé
servo arbitrio,
8. Bibliografía. — ^Entre las edicio-
nes más completas de sus obras, de-
ben citarse: la de Leipzig, hecha
?or Boerner (23 volúmenes en folio,
728-30) y la de Valch, el Haja (24
volúmenes en 4.*, 1737-53). La vida
de Lutero ha sido escrita por su ami-
go Melanchthon y por Hernschmied;
y su doctrina, apreciada en la Histo-
ria de las variaciones de las iglesias pro-
testantes de Bossuet. En nuestro siglo,
dos obréis notabilísimas se han escri-
to sobre el gran reformador: Las Me-
morias de LuTBBO, por M. Michelet
(2 volúmenes en 8.*, 1835), y ta ffis-
toria de la vida y escritos de Lutbbo,
por Andin (1840, 2 volúmenes en 8.").
9. EttaUut.—E\ año de 1821 , la ciu-
dad de Wittemberg levantó una esta-
tua de bronce del célebre agustino,
en la plaza municipal de aquella ciu-
dad.
Lutgardo, da. Masculino y feme-
nino, hombre propio de hombre v de
mujer: san Lutoabdo, santa Lut-
OARUA.
ETiuoLOofA. Bajo latín Luíkgardus,
Lutgardo; Luthgardis, Lutgarda.
Luto. Masculino. Él vestido negro
que se trae por la muerte de alguno.
I Plural. Los paños y ba jetas negras
y otros aparatos fúnebres que se po-
nen en las casas de los difuntos mien-
tras está el cuerpo presente, y en la
iglesia durante el entierro.
Etiuoloqía. Latín lugeré^ llorar;
luctum» llorado; luctus, Hs, luto, vesti-
do que indica «1 septimieuto. (Cicb-
BÓN.) — «El vestido negro, que se po-
nen los inmediatos parientes de los
difuntos, ó las personas de su oblin-
ción, en señal de dolor y tristeza. En
lo antiguo era traje singular; hoj está
reducido al mismo que ordinariameD-
te se trae, sin más diferencia que ser
Qfigfo, y omitirse algunos adornos. T
también se llaman así los paflos j ba-
yetas negras que se ponen en la casa
del difunto, ó en la iglesia donde se
entierra. Sale del latino Zuctus, que
vale lloro ó llanto.» (Aoadbuia, Dic-
cionario de i 726.)
Lutria. Femenino. Nutria.
Etiuolgoía. Latín lutra y Igtra,
cuya, última forma es la correcta, del
griego Xúüí (lúd), yo corto, jo destru-
Í'O, porque la lytra corta las raíces de
os árboles que encuentra en las már-
genes de los ríos (Varrón): italiano
j portugués, lontra; francés, louíre;
provcnzal, luria, luiría, loiria; walón
anticuado, lotks; Berrj» leAre, lom.
jReseiía,'~Lo dicho demuestra que
la fbrma mtífía, adoptada por la ilus-
tre Academia, es totalmente bárbara.
Lutuoso, sa. Adjetivo anticuado.
Luctuoso.
Luna. Femenino anticuado. Gdak-
TS.
Lava. Femenino anticuado. Guan-
TB.
LuTÍa. Femenino anticuado. Llu-
via.
Lux. Femenino anticuado. Luz.
Luxable. Lujablb.
ETiHOLoaÍA. La forma etimológica
es luasahle.
Luxación. Femenino. Lujación.
Lnxadura. Femenino. Luxación.
Laxamiento. Masculino. Luxa-
ción.
Luxán (Josá). Pintor esinñol del
siglo XVIII, que nació en Zaragoza
en 1710 y murió en 1785. Estuvo cíd-
co años en Ñápeles j aprendió su
arte estudiando las obras de los me-
jores pintores. Las más notables que
dejó, son: san Jerónimo; Aparición de
la Virgen y de san Miguel á los nava-
rros; Concepción; Anunciación (Zar^;o-
za); Magdalena; san Martín (Calaho-
rra) j Concepción (Calatajud).
Luxano. Masculino. Ave pasajera
que baja de las sierras en Octubre: es
menor que un canario, de un verde
hermoso, j tiene la corona negra.
Luxar. Lujar.
ETUiOLoaÍA. La forma lujar es real-
meuttf bárbara. La lengua debería
deshacer lo que se ha hecho mal.
Luynne. Adverbio de lugar aati-
cnado. Lejos.
Etiuolooía. Lueñe.
Luz. Femeniuo. Lo que ilumíaa
los objetos j los hace visibles. | Cual-
quiera LUZ artificial ; como la vela en-
cendida, velón, candil, etc. | Ilustra-
ción, conocimiento. [] El hombre emi-
nente que ilustra a otros con so
ciencia. Q Día. || Pintura. El punto 6
centro desde donde se ilumina y alum-
bra toda la historia j objetos pinta-
dos an un lienzo. | Plural. ArquiliC-
íura. Las ventanas j troneras por
donde se da luz á los edificios* | Luz
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LUZ
LUZ
LUZ 513
DE LA SAZÓN. El conocimíeoto que te-
nemos de Us cosas por el natural dis-
curso que aos distingue de los bru-
tos. I DB LUZ. La que recibe una habí-
taeióa, no inmediatamente, sino por
medio de otra. | pkiuabia. Pintura^
La que inmediatamente procede del
eaerpo laminoso. | sbcundabia. PÍh-
tim. La (|U6 resalta de la ilaminacitín
de la primera. Llámase también luz
refleja j reflexión. | A BtniHa, luz.
Modo adTerbial. Con reflexión, aten-
tamente. I A PRIMERA Ltrs. Al amane-
cer, al rayar el día. | A todas lucbs.
Por todas partes, de todos modos. ¡
Alboras las luces. Frase metafórica.
Avivarlas, torciendo el pábilo & uu
lado para que luzcan más; j hablan-
do del fueg^ de las chimeneas, atizar-
lo para que esté más vivo, g Baí^ab la
LUZ ALQÚH ESPACIO. Ftaso. Iluminar-
lo, alumbrarlo todo. | Dar á luz. Fra-
se. Publicar alguna obra. | Frase.
Parir la mujer. | Dar luz. Frase.
Alumbrar el caerpo luminoso ó dis-
poner paso para la luz; j así se di-
ce: este Telón no da luz; esta ren-
ttoa da buena luz. J Dab ó echar
luz. Frase familiar. Recobrar vieor y
robustez Us personas delicadas. Usase
comunmente con negación, j Frase
metafórica. Alumbrar, iluminar el
entendimiento. | Entre dos luobs.
Al AMANBCBa ó AL ANOCHECER. || Fa-
miliar. Aplícase al que ha bebido
mucho j está casi borracho. | Hacer
DOS LUCES. Frase. Alumbrar á dos
partes á un tiempo. Q Media luz. La
que es escasa 6 no se comunica entera
j directamente, ¡ Ratab la luz de
u lAzÓN. Fr&.se metafórica. Empezar
á ilustrarse el entendimiento en el
conocimiento de las cosas. Dícese de
los Dífios cuando entran en el uso de
la razón. | Sacar Í luz. Frase. Dab á.
LUZ. I Frase. Descubrir, manifestar,
hieer notorio lo que estaba oculto. |
Saub X luz. Frase metafórica. Ser
lo oculto.
BnuoLOOÍA. Zúa; del ^ego lukg,
Inkit, que significa lo mismo. — Lux
es la luz, la claridad, j lumen, hmi~
»it, es más propiamente la cansa de
It luz.— El gri^ Inii Tiene de ieu-
e¿t, blanco, porque 1» los es blanca.
(MOMLAU.)
Z>írítt(ctíííi.-Sanscrito ^hj^
(kuc), Ter, parecer; Uneiían, luciente;
¡wiu, Tista, brillo; laueanan, ojo,
»atorcha: griego, lóia) (UiSJ, la luz
que precede á Ta salida del sol; latín,
'üx; godo, linhath; alemán. Licih; in-
¡rléa, ligth; ruso, Iwt; kimry, llug;
Italiano, lume; francés, lumiére; cata-
lán, Uw», — »Li;z DE LOS OJOS. La cla-
ridad que se recibe en ellos, ^ con-
carre como condición necesana pre-
cisamente para la Tisión.» (Acadeuu,
^iccionariode Í7S6.J—«X dos luces.
Frise adverbial que significa ambi-
fnamente, con confusión.» (Idbu.)
. Luz Caballero (Josá de la). Este
iQiigBe cubano nació en la ciudad de
la Habana el 11 de Julio de 1800, j
fueron sus padres el teniente coronel
don Antonio da la Luz j la virtuosa
señora doña María Manuela Caballe-
ro, de los cuales recibió una educa-
ción por extremo esmerada. Dedicado
al estadio de la teología, ingresó en
el seminario de San Carlos eon la fir-
me intención de consagrarse al sacer*
docio; pero los consejos de sus mismos
padres, de sus amigos j de sus con-
discípulos, le disuadieron de su pri-
mera resolución, animándole á reunir
muchos conocimientos profanos á los
que ja había reunido para la carrera
eclesiástica. A la sazón, tenía Luz
muj merecida reputación de saber,
no obstante sus pocos años, cuando
en 1824 dejó en el colegio de San
Carlos su cátedra de filosofía el ilus-
tre patricio don José Antonio Saco, y
aquél entró á desempeñarla y á con-
firmar aún más la idea que se tenía
de su gran aptitud para el profesora-
do Eosefió Luz la filosofía durante
tres años con notable aprovechamien-
to de sos discípulos y majror gloría
saja; si bien deplorando aue los cur-
sos del seminario, qne érala Terdade*
ra universidad de la Habana en aquel
tiempo, no se elevasen á la altura que
en la generalidad de los centros de
instrucción de Europa; sobre todo, en
la enseñanza de ciencias naturales j
de otros ramos del humano saber. Con
el objeto de llenar ese tscÍo j exten-
der sus conocimientos prácticos, se
trasladó por primera Tez á Europa,
donde Tisitó los mejores estableci-
mientos de enieflanza j se relacionó
con los más distinguidos profesores.
En París estableció relaciones con el
sabio Humboldt; combinó con él la
formación de un obserTatorlo magné-
tico, que se proponía establecer en la
Habana á su regreso; j se ocupó tam-
bién de la adquisición de máquinas é
instrumentos para la clase de ñsica
del colegio de San Carlos, que se fun-
daba en aquel tiempo con la iniciati-
va j los auxilios del ilustrado obispo
Espadas. Bu 1830 volvió Luz á la Ha-
bana T quedó muj complacido cuan-
do, al asistir á los exámenes de los
institutos de primera j segunda ense-
ñanza, que protegía la Sociedad Eco-
nómica, reconoció que se habían in-
troducido ja mejores métodos j con-
seguido durante su ausencia algunos
adelantos. Fué nombrado socio ae nú-
mero de aquella corporación en 1832,
con motivo de discutirse allí sobre los
medios de establecer un gran colegio
central, donde, además de estudiarse
todos los conocimientos principales,
se explicaran también los de ciencias
naturales con más latitud que en el
colegio-seminario, adonde su saber
había llerado tantas mejoras. Desde
esta época, se dedicó Luz exclusiva-
mente á la enseñanza, que era su ver-
dadera j provechosa vocación. Pidiú
j obtuvo en 1832 establecer un cole-
gio de educación primaria, autorizán-
dosele también después para abrir una
cátedra de química j cursos de filoso-
fía, qae se incorporaron á la aairer-
' sidad. Auaqna en in establecimiento
emplease las mejores horas en las
clases, dirigiendo las superiores sin
desdeñar el cuidado de las inferiores,
todavía le quedó tiempo para esorí-
bir sobre fílosoiia j educación, ja
excelentes extractos de las mejores
obras, ja artículos originales, que se
publicaron en la Qacela de la Habana
y en las Menorias de la Sociedad; pero
una peligrosa enfermedad que le acó*
metió en 1836 ^ la larga eonvalecen-
eia de que fue s^aida, le obligaron
durante mucho tiempo á abandonar
aquellas tareas de su predilección.
Entonces intentó consagrarse á la abo-
gacía; pero desde sus primeros pasos
tuvo que renunciar á una carrera que
estaba en pugna eon sus inclinacio-
nes j con sus costumbres de sujo
tranquilas j reposadas. Elegido di-
rector de la Sociedad Económica en
1838, continuó enseñando desde 1839
la filosofía; j como presidente espe-
cial de la sección de «iucación de ai-
cha sociedad, tomó una parte m&s ac-
tiva de lo que su delicada salud le
permitía, en apasionadas eontrover-
sias publicas sobre la filosoña eclécti-
ca. Desde 1841, j desnaés de haber
demostrado en aquellas caestiones
toda la pureza de sa ortodoxia j la
incompatibilidad del flexible eclecti-
cismo con la severidad científica, vol-
vió á buscar remedio á sus dolencias
en Europa. Sus adversarios en aque-
lla polémica se aprovecharon de su
ausencia para acriminarle j envol-
verle en los procedimientos que, en
1844, se formaron en la Habana y
otros puntos de la isla, por la conspi-
ración de la raza negra contra la blan-
ca. Sin embargo, su inocencia no de-
bía tardar en triunfiir, & pesar de las
maquinaciones de sos enemigos. El
fiscal de la comisión militar, abusan-
do de la confianza de la autoridad su-
perior, emplazó á Lnz por edictos j
pregones; j cuando muchos inocen-
tes huían temerosos de que no los
Íireservaran sus pruebas de ser con-
undidos con los criminales, el inofen-
sivo Luz Caballero no tardó en acu-
dir al llamamiento más que el tiempo
necesario para su retomo. Su acusa-
dor oficial terminó su carrera en un
presidio, mientras que el acusado era
abauelto. Algún tanto mejorado de
sus dolencias, creó en una risueña j
espaciosa localidad del pueblo del
Cerro, que hoj es un magnífico arra-
bal de la Halwna (el más hermoso de
la ciudad), un colegio de humanida-
des denominado Bl Salvador, En aquel
ameno retiro supo hermanar sus gus-
tos predilectos el laborioso Luz, vi-
viendo tranquilamente entre árboles,
discípulos j libros. Las mejores fa-
milias enviaron allí sus hijos á edu-
carse; j lo mismo que las puertas del
Salvador para los alumnos, las del ga-
binete de su director estuvieron siem-
Sre abiertas para los ami^s j los
eudos, que acudieron á disfrutar de
su amena conversación j agradable
trato. Aquéllos debían haber sido los
mejores días de su existencia; pero
«DHO ni
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514 LUZ
LUZ
LUZÁ
desde la pérdida de su hija única, sa
salud empezó á decaer Tisiblemeate;
los males físicos se unieron á los mo-
rales; y el 22 de Junio de 1862, la
América sufría la irreparable pérdida
de uno de sus hijos más queridos.
Tan brillante era su triple aureola de
modestia, de probidad y de saber, que
todas las autoridades j corporaciones
le tributaron los últimoa obsequios»
con la miama pompa que si le hubie-
sen analteeido oficialmente los prime-
ros honores y las más altas conside-
raciones del Estado. Una concurren-
cia inmensa acompañó su cadáver, jr
todos los institutos de enseñanu se
cerraron durante tras días en señal da
duelo.
Rei€üa, — 1. En su testamento legó
la majror parto de sus libros, que eran
tan selectos como numerosos, á las
bibliotecas populares; j en especial,
á la Sociedad BeonÓmica de Amigos
del país.
S. Oejrf diferentes escritos inéditos,
como si pretendiera continuar desde
la tumba su obra de moralidad 7 de
ilustración.
3. Muere un poderoso, que única-
mento vivió para sí, t su nombre se
desvanece con el tañido último de la
campana que toca á muerto. Muere el
hombre humilde de esta biografía, j
todo un pueblo sigue llorando sus
fríos despojos. Y un niño pregunta á
su madre: Cj^Qnién fué Jos¿ db la Luz
Caballero?» Y la madre responde á
su hijo: «¡Si fué el maestro de tu pa-
dre!» Y en la generación siguiente,
otra madre repetirá: <¡Si fué el maes-
tro de tu abuelo!» Y la memoria de
esto modesto apóstol de las ideas co-
rrerá triunfante de boca en boca, de
pensamiento en pensamiento, da co-
razón en corazón, rodeada del senti-
miento dulce y tranquilo con que
Dios galardona los días sagrados de
la virtud 7 de la ciencia. El persona-
je á quien tenemos el honor de dedi-
car las presentas líneas no puede mo-
rir nunca; y jcómo ha de morir, cuan-
do toda la ]sla de Cuba está llena de
José db la Luz Caballbbo? Acepten
las cenizas del insigne cubano el ho-
menaje de nuestro cariño, j su noble
patria, el saludo de nuestra fervorou
alegría. Pocos nombres escribimos
con más placeren nuestro Dicciomakio
que el de aquel maestro ejemplar con-
vertido en dechado de' su genera-
ción.
Lvzán (laHACio). Poeta y literato
español del siglo xvur y uno de los
mas ardientes partidarios del estrecho
y mezquino clasicismo^ que quería
imponerse como dique á los extravíos
de los imitadores exagerados de los
poetas del si^lo xvii. Nació en ^ra-
goza en I69j y murió en 1754. Fai
coDsejero de Estado en tiempo do Fe-
lipe V , j dejó, entre otros escritos, su
Arte poéticif que ^a que no para se-
guida, mereoe ser estudiada para co-
nocar lu oorrientes literarias de su
tiempo.
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LL
LÁáw Décimacnarfa letra de nues-
tro aliabeto y undécima de las con-
sonantes. Aunque doble en su forma,
pues se compone de dos m.bs juntas,
es sencilla é indivisible en la pronun-
ciación j eo la escritura. Su nombre
esBLLB. (AcADiUA.) \ Bsta letra, eti-
mológicamente hablando, no tiene va-
lor propio, puesto que una de las dos
es la representación de otra letra,
por antítesis. La primera eU de nues-
tra elle equivale a las letras siguien-
tes:
1. Of como en llamar, por clamar;
llaee, pOT clave; llueca, f os clueca; llosa,
cercado, por closa, ^ue es el francés
cióse, cerrada; catalán, clot, cercado,
del latín clautus, de elaudSre, cerrar.
2. F, como en llama, por flama;
llawuréida, por flamtrada, vocablo que
tiene el catalán.
3. Zl por i, como en llevar, por
levar; lloredo, por Icredo, forma de
laurel.
4. P, como en Ilaya, por playa; lla-
M, por plano; llanto, por planto, como
se dijo antiguamente con propiedad
etimológ-ica: lleno, por pleno; llorar,
por olorar, verbo que tiene el catalán,
del latín plorare, que es un frecuenta-
tivo de plutre, llover, según Curcio;
llover, por plover, que es el catalán
plóurer, del latín pluere; lluvia, por
pluvia, como dijeron los autignos; llu-
vial, por pluviaL I] Un procedimiento
semejante han seguido otros idio-
mas. Asi vemos que la^ del sánscri-
to pl*. nadar, raíz del griego iíXúv»
(plínS), lavar; latín, pluere, llover,
toou la forma de ek en el portugués
íAowr, ó de la /en el godo}?«M«, flo-
^t, que es la misma palabra etimo-
lógica. I La como letra del alfabe-
to: esto es, como sonido radical, nol
existe en ninguna de las lenguas ma-
dres. Jl El italiano no tiene elle, pues-
to que cada l se pronuncia con su so-
nido propio: fratel-le, hermano; torel'
la, hermana. Para dar á la ¿ el sonido
de II, la combina con la y;y¿f Momini
(lli uomini), los hombres. \ El portu-
gués se vale de la combinación Ik,
como en uilho miudo (millo), equiva-
lente á nuestro mijo. De la misma
combinación se vale el provenzal, co-
mo en malheí (malletj, martillo peque-
ño. I El francés no tiene tampoco nues-
tra elle, puesto que la doble II suena
como la l sencilla. Para darla el soni-
do fuerte, antepone una • á la l, como
émail, que se pronuncia email.
Confirma los datos anteriores el
siguiente texto: «Los latinos no tie-
nen esta articulación, y por consi-
guiente, no necesitaban de signo al-
fabético especial para representarla.
El castellano, y con él los demás idio-
mas neolatinos que pronuncian la II,
sí que debieron haber adoptado un
signo ó carácter propio; pero no fué
así, sino que el provenzal (francés
meridional, catalán, etc.) se sirvió de
dos II: el portugués, de Ih, escribiendo
baíalÁa, Jil/to, y pronunciando batalla,
afilio, y el italiano, de glo, gli, escri-
biendo bataalia, imbroglio, y pronun-
ciando batalla, imbroUo.
La U se forma arrimando con algu-
na fuerza toda la lengua al paladar,
junto á los dientes superiores. Si la
presión contra el paladar es débil ó
incompleta, entonces resulta la ar-
ticulación y 6 i consonante; entonces
se pronuncia canaya, gayina, gayo, ya-
ve, veno, poyo, ramiyete, por canalla,
gallina, gallo, llave^ lleno f^llo, rami-
llete, etc. Esta articulación imperfec-
ta, nacida casi siempre de los vicios
de la primera educación, ó de una
afectación ridicula, es bastante común
en Andalucía, y no rara en ciertas
comarcas de Catalufta, donde el vulgo
dice marayá, poy, vey, por muratta,
^oll (pollo, V también piojo), vell (vie-
jo),» etc. (MoNL&u.)
Lia. Artículo femenino anticuado.
La.
Llábana, Femenino. Lahchab, en
Asturias.
Llaccho. Masculino. Nombre que
dan eu Chucuito, provincia del Perú,
á unos matorrales de hierba viciosa y
alta que se cría en las orillas de aque-
lla laguna, en los cuales entra á pa-
cer mucho ganado.
Llacma. Masculino. Zoología, Lu-
na, cuadrúpedo.
Úadero, ra. Adjetivo. Ladero,
por contrahecho de un lado.
Liado. Masculino anticuado. Lado.
Llaga. Femenino. Desunión de la
carne, causada por corrosión ó por he-
rida, y Metáfora. Cualquiera mal ó
enfermedad del alma. Q Entre solado-
res y albañiles, la abertura y hueco
que queda entre los ladrillos. Q Indig-
narse LA LLAQA. Frasc. Provinciiil
Aragón. Irritarse ó enconarse. \ La
MALA LLAGA SANA, LA MALA PAUA MA-
TA. Refrán con que se denota cuán
difícil es borrar la mala opinión, una
vez adquirida. ¡| Rbmovar la llaoa
ó LAS LLAGAS. Frase metafórica. Bx-
NOVAB LA BBBIDA. Q SaNAN LAS LLA-
GAS, Y NO UALAS PAXJkBBAS. Refrán
con que se reprende á los murmura-
dores y se ponderan los irreparables
daños de la mala lengua.
Etiuolooía. Plagai catalán, Itt^t,
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516 LLAMA
LLANA
LLANO
Llagable. Á.djetÍTO. Que paede lla-
garse.
LlagadOi da. Participio pasivo de
1 labrar,
Etiuolooía. Llagar: catalán, lla-
gat, da.
Llagador, ra. Masculino y feme-
nino anticuado. Ei que llaga, y Ad-
jetivo anticuado. Lo que llaga.
Llagada». Femenino. Luqíí-
UIBXTO.
Llagamiettto. Hasculino anticua-
do. Llaoa.
Llagar. ActÍTO. Hacer & causar
llagas.
ETiuOLOofA. Llaga: catalán, llagar,
XilagatÍTO, va. Adjetivo. Que cau-
sa ó puede causar llaga.
Llagosidad. Femenino. Estado o
cualidad de lo llagoso. (Caballero.)
Llagoso, sa. Adjetivo anticuado.
Lo que tiene llagas.
Liaguica, lia, ta. Femenino dimi-
nutivo de llaga.
EtuioloqÍa. Llaga: catalán, Ua-
gueía.
Llama. Femenino. La parte más
sutil del fuego, que se levanta en fi-
gura piramidal. Q Afasculino. Cuadrú-
edo del género del camello, con ios
edos separados j el lomo Uso, del ta-
maño de un ciervo, y de pelo áspero
y castalio. Q Femenino metafórico. La
eficacia y fuerza de alguna pasión ó
deseo vehemente. | Provincial Astu-
rias. Terreno pantanoso en que se de-
tiene el agua manantial que brota en
él. [] Salir db las llamas y caeb bn
LAS BRASAS. Refián. Saltar db la
SARTÉN, etc.
ETiHOLoaÍA. Flama»
Llamada. Femenino, La acción de
llamar. | La señal que se pone en al-
gún escrito para llamar la atención y
advertir alguna cosa. Q Ademán ó mo-
vimiento con que se llama la atención
de alguno con el fin de engañarle ó
distraerle de otro objeto principal;
como la que se hace al enemigo, al
toro, etc. I Mitida. Toque de caja u
otro instrumento para que la tropa
tome las armas y entre en forma-
ción. Q Milicia, Señal que se hace to-
cando el clarín ó caja de un campo á
otro para parlamentar.
ETiuoLoaÍA. Llamar: catalán, lla-
mada.
Llamado. Hasculino anticuado.
Llamauibnto.
Llamador, ra. Masculino y feme-
nino. Kl que llama. U Masculino. La
persona destinada para avisar y citar
a los individuos de algún cuerpo. Q
Aldaba.
Llamamiento. Masculino. La ac-
ción de llamar. \ Forente. El acto de
nombrar personas ó familias para al-
guna herencia ó sucesión. [| Laitispi-
raciÓD con que Dios mueve los cora-
zones. 11 La acción de atraer algún hu-
mor de una parte del cuerpo á otra.
Llamante. Participio activo de
llamar. |] Kl que llama.
Llamar. Activo. Dar voces á algu-
no ó hacer ademanes para que venga
ó para advertirle alguna cosa. | la-
Tocar, pedir auxilio con la boca ó con
el eoracón. | Convocar, citar; como
LLÁMAB á Cortes, etc. Q Nombrar, ape-
llidar. II Traer, inclinar hacia un lado
alguna cosa. Q Metáfora. Atraer una
cosa hacia alguna parte; como en la
Medicina, llamar la causa de la en-
fermedad á otra parte. Q Neutro. Ex-
citar la sed. Dícese más comunmente
de los manjares picantes y salados. ||
Dar golpes en la puerta o hacer algu-
na otra seña para que abran. || Recí-
f troco. Tener tal ó onal nombre 6 ape*
lido.
EnuoLOGÍA. Clamar.
Llamarada. Femenino. La llama
que se levanta del fuego y se apaga
pronto, y Metáfora. Encendimiento
repentino y momentáneo del rostro. ||
Movimiento repentino del ánimo y
de poca duración. | Anticuado. Ahu-
mada,
Btimoloqía. Llama: catalán, ^«o-
radüt llamarada. (Labbrnia J
Llamarse. Recíproco. Tener tal
nombre ó apellido, y Marina. Decli-
nar ó cambiar la dirección del viento
hacia parte determinada, en cujro sen-
tido se dice: sa llamó al Poniente, sb
LLAMÓ al Levante.
Llamas (Francisco). Pintor espa-
ñol que vivía á principios del si-
glo xviii. Quiso imitar el estilo de
Lucas Jordán, pero lo hizo mu j de-
fectuosamente. Existen unos frescos
SUJOS en el techo y lunetos del espa-
cio que media entre los dos claustros
del colegio de los monjes, llamado el
Paseo, en el monasterio del Esco-
rial. También se ven pinturas sujras
en la ermita de Nuestra Señora del
Prado, junto á Talavera de la Reina,
y en la capilla de san S^pindo, de la
catedral de Avila.
Llamativo, va. Adjetivo que se
aplica al manjar que llama ó excita
la sed. Se usa más comunmente como
sustantivo en la terminación mascu-
lina.
Llamazar. IhscuUno. El terreno
pantanoso.
Llamear. Neutro, fichar llamas un
cuerpo inflamado.
LÍamosa (Luis db). Escultor espa-
ñol del siglo XVII, discípulo mny aven-
tajado de Grregorio Fernández. Ajudó
á éste en sus principales obras, par-
ticularmente en dos retablos del mo-
nasterio de Sahagún, que su maestro
dejó sin acabar por haber muerto
en 1636, y que Llamosa conclujró con
perfección.
Llampo. Femenino, Especie de ma-
risco de cuerpo redondo, y cuja carne
se pega á la paña.
Llampos. Masculino plural ameri-
cano. La tierra menuda de las minas.
Llana. Femenino. Plancha de hie-
rro con una manija ó asa, de que usan
los albañiles para tender y allanar el
yeso. \\ Plana, ¡j Llanada.
Etimolooía. Llano.
Llanada. Femenino. El espacio de
terreno igual y dilatado sin altos ni
bajos.
Llanamente. Adverbio de modo.
Con ingenuidad y sencillez. || Con
llaneza, sin aparato ni ostentación.
EnuoLoafA. Llana y el so^jo md—
verbial nunte: catalán, llatumenL
Uattero, ra. Masculino y femeni-
no. Habitante de las llanuras que
ocupan parte del territorio de las re—
úbl icas americanas del Ecuador j
olombia.
Llaneza. Femenino anticuado.
Llanura. || Sencillez, moderación ea
el trato, sin aparato ni cumplimien-
to. Q Familiandad, igualdad en el
trato de unos con otros, Q Sencillez
demasiada en el estilo. Q Falta de
atención, respeto 6 modestia; asf se
dice: me trato con demasiada llanb-
1A.. O Anticuado, Sinceridad, buena
fe. II Alabo la Llanbza. Locución iró-
nica con que se moteja al que usa de
&miliaridad y llanbza con las perso-
nas á quienes deUa tratar con respe-
to ó atención. En este sentido suele
decirse frecuentemente: ¡ vaja una
llanbza!, ¡me gusta la llaneza!
ErmoLoaÍA. Llano: catalán, llanesa,
Llanico, ca, lio, lia. Adjetivo di-
minutivo de llano,
Llanisimamente. Adverbio de mo-
do superlativo de llanamente.
Llanísimo, ma. Adjetivo aaperla-
tivo de llano y llana.
Llano, na. Adjetivo, Lo que está
i^ual y extendido, sin altos ni bajos.
Se usa también como sustantivo en la
terminación masculina. | MetÜora.
A&ble, sencillo, sin preaunoión. ||
Desatento, inurbano; j así se dice:
es tan llano, que á todos trata de tú.
Q Libre, franco. Q Se aplica al vestido
que no es precioso ni tiene adorno
ninguno. \ Claro, evidente. Q Metáfo-
ra. Lo que está corriente, que no
tiene dificultad ni embarazo. || Foren-
se, Hablando de las fianzas, depósi-
tos, etc., se aplica á la persona que
no puede declinar la jurisdicción del
juez á quien pertenece el conocimien-
to de estos actos. Q Se aplica á la per-
sona que es pechera ó que no goza de
fuero privilegiado, Dicese también
del estado de los pecheros. | Se apli-
ca al estilo sencillo y sin ornato. |
Masculino plural. Bn las medias y
calcetas de aguja son los puntos en
que no se crece ni mengua. Q A la
LLANA. Modo adverbial. Llanamente,
Q Metáfora. Sin ceremonia, sin apara-
to, sin acompañamiento, pompa ni
ostentación. || De llano. Modo adver-
bial. Clara, dbscdbibrtambntb. \ Db
LLANO BN llano. Modo adverbial. Cla>
ra y llanamente.
Etimología. Plano: catalán, Uo-
no, a.
Llanos (Diboo db). Escultor espa-
ñol, que vivía á principios del si-
glo XVI, Sólo se sabe de él que trabajó
en el tabernáculo del altar ma^or de
la catedral de Toledo en 1502,
Llanos y Valdés (SbbastUm db).
Pintor español del siglo xvi, discípu-
lo de Francisco Herrera el Viejo. Fué
uno de los fundadores de la Academia
de Sevilla en 1660, que presidió mu-
chos años. Sus principales obras son:
una Virgen del Mosario rodeada de in-
geles, que pintó para el colegio de
Santo Tonis de Sevilla, y una J/is^-
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LLAVE
LLAVE
LLEGA 517
dattMipan los recoletos de Madrid.
Lian sol de Romani (Fb&ncisco).
Brudito español del siglo kvi, natu-
nl da Valencia, que ñoreció por los
afioB de 1520. Dedicóse maj particu-
lannente al estudio de las ciencias, y
escribió machas obras de gran méri-
to, llevando su afición á lai letras
hasta tal punto, qne por adc^airír da-
tos para su obra sobre los ríos de Es-
Saña, ^stó casi todo sn patrimonio,
as pnncipalesproduecioues son: Det-
cripcié» d*l Ajrieaty en particular de
/« nave^acvfm del íítmmht cartaginés;
Compendio del origen y guerra de lo»
íurcot; Tratado de los ríos de España.
Llanta. Femenino. Botánica. Va-
riedad de col que se diferencia de las
demás en que es más tierna que la
berza, en que sus hojas verdes son
más largas, jr en ^ue viene antes que
aquélla. \ Cnalquiera de las piezas de
hierro con qne se guarnecen las pinas
de las ruedas en los coches j carros.
Llantar. Neutro anticuado* Li.ah-
TUR.
Llantear. NentM aatícoado. Llo-
rar, pUair.
Btuimxwía. Llanto.
Uantén. Mascnlíno, Botánica,
Planta de tallo herbáceo, con espigas
de flores muj pequeñas 4 modo de
tubitos que tienen calicillos dividi-
dos en cuatro partes, cuatro estam-
bres mu^ largos, un pistillo, j por
fruto, cajitas con dos celdillas, j en
ellas, semillas oblongas.
Llanto. Masculino. Bfasión de lá-
f grimas acompañada regularmente de
amentos j sollozos. U Amkqaesb in
LLAMTO. Frase metafórica con que se
pondera el demasiado llanto. U El
LLANTO SOBBB IL DIFONTO. Bx.presíÓn
familiar con que se denota que las
cosas se han de hacer á tiempo j
oportunamente, sin dejar pasar la
ocasión.
ExiuoLOofA. Planto: catalán, llanto,
plore.
Llanura. Femenino. La igualdad
de la superficie de alguna cosa. | Lla-
nada.
Llapa. Femenino. Mineralogía. El
aumento de azogue que se echa al
metal al tiempo que se trabaja en el
buitrón.
Llapar. Activo. Mineralogía. Au-
mentar la porción de azogue que se
echa al metal al tiempo que se traba-
ja en el buitrón.
BnuoLoatL. Llapa.
Llares. Femenino plural. Cadena
de hierro pendiente en el ca&ón de la
chimenea con un garabato en el ex-
tremo inferior para poner la caldera,
T á poca distancia otro, para subirla ó
bajarla.
Llave. Femenino. Instrumento co-
munmente de hierro, que sirve para
abrir 7 cerrar moviendo el pestillo de
la cerradura. | Instrumento para ar-
mar^ desarmar camas 7 otras cosas,
facilitando el uso de los toroillos que
unen sus partes. || Instrumento de
metal para facilitar ó impedir la sali-
da al agua de las fuentes, y pasar los
licores de unas Tasijas á otras. | Par-
te de las armas de fuego que sirve
para dispararlas, j se compone de
muelles, gatillo, rastrillo, cazoleta j
otras vanas piezas. j¡ ob pistón. La
que está construida para el cebo de
pólvora fulminante, ^ no tiene pie-
dra, cazoleta, ni rastrillo, sino sólo un
macito que, cajendo sobre el pistón,
lo inflama y comunica el fuego á la
carga. | Instrumento de metal que
sirve para dar cuerda á los relojes. Q
Cada una de ciertas piezas de metal,
que hay en varios instrumentos de
viento, sobre las cuales se ponen los
dedos para dar paso al aire j variar
los sonidos. | Metáfora. El medio
para descubrir lo oculto ó secreto. |
Metáfora. El principio que facilita el
conocimiento de otras cosas, capo-
na. Familiar. La llave de gentil-
hombre de la cámara del rej, que sólo
es honoraria, sin entrada ni ejerci-
cio. I DB bntbada. La que autoriza á
los gentilhombres de ui cámara sin
ejercicio para entrar en ciertas salas
de palacio. H Llavbs db la Iqlbsia.
La potestad espiritual para el gobier-
no j dirección de los fieles. | Llavb
OB LA MANO. La anchura entre las ex-
tremidades del pulgar j del meñique
estando la mano abierta. Q Llavb del
piB. La distancia desde lo alto del
empeine hasta el fin del talón. | dbl
REINO. Plaza fuerte en la frontera que
dificulta la entrada al enemigo. ¡ do-
ble. La que además de las guardas
regulares tiene unos dienteciUos que
alcanzan á dar segunda vuelta al pes-
tillo, j entonces no se puede abrir
con la llave sencilla. Q dorada. La
que osan los hentilhombres con ejer-
cicio 6 con entrada. Q uabstra. La
que está hecha en tal disposición que
abre j cierra todas las cerraduras de
una casa. | db tercera vuelta. La
que además de las guardas regulares
y los dienteciUos para segunda vuel-
ta, tiene otros para dar tercera vuelta
al pestillo, y entonces no se puede
abrir con la llavb sencilla ni con la
doble. Q FALSA. La que se hace furti-
vamente para falsear una cerradura, g
Ahí ts quedan las llaves. Expresión
metafórica con que se da á entender
que alguno deja el manejo de algún
negocio sin dar razón de su estado, y
Debajo de llave. Expresión con que
se da á entender que alguna cosa está
guantada ó cerrada con llave. || Do-
blas LA LLAVB. Frase. Torcer la
llavb. Q Echab la Ujltb. Frase.
Cerrar con ella. || Frase metafórica.
Echar bl sbllo. Q Falsearla llave.
Frase. Hacer otra semejante con las
mismas guardas y medidas para abrir
furtivamente una puerta, cofre, escri-
torio, etcétera, g Las llaves en la
CINTA Y EL perro EN LA COCINA. Refrán
que se aplica á las personas que, sien-
do mny descuidadas, afectan ser cui-
dadosas. D Torcbr la llave. Frase.
Darle vueltas dentro de la cerradura
para abrir ó cerrar. || Tbas llavb. Ex-
presión familiar. Debajo db u.avb.
Etiuolooía. Clave.
Llavecica, Ua, ta. Femenino di-
minutivo de llave.
Llaverizo. Masculino anticuado.
El que cuidaba de las llaves, traién-
dolas frecuentemente consigo.
Llavero, ra. Masculino j femeni-
no. La persona que tiene a su carro
las llaves de alguna plaza, ciudad,
palacio ó iglesia, etc., y más comun-
mente la ^ue tiene alguna de las de
arcas ó cajas de tres llaves, para cus-
todiar caudales ú otras cosas precio-
sas. I tfasculino. £3 anillo de plata,
hierro ú otro metal en que se traen
llaves, 7 se derra con un muelle ó
encaje.
Etimología. Clavero.
Lie. Pronombre anticuado. Le.
Lleco, ca. Adjetivo. Se aplica á la
tierra ó campo que nunca se ha labra-
do ni roto para sembrar.
Llecho, cha. Adjetivo anticuado.
Junto, reunido. | Masculino anticua-
do. Lecho.
Llega. Femenino. Provincial Ara-
gón. La acción 7 efecto de recoger,
allegar ó juntar.
Llegada. Femenino. Acción y efec-
to de llegar, en la primera acepción.
Lleglulo, da. Adjetivo anticuado.
Cbbcaho.
Llegamiento. Masculino anticua-
do. Allegamiento.
Llegar. Neutro. Venir, arribar de
un sitio ó paraje á otro. P Durar has-
ta época ó tiempo determinado. | Ve-
nir por su orden ó tocar por su turno
alguna cosa ó acción á alguno. | Con*
seguir el fin á que se aspira; y así se
dice: llegó á ser general. ^ Tocar, al-
canzar una cosa; j asf se dice: la eapa
LLEQA á la rodilla. | Venir, verificar-
se, empezar á correr un cierto y de-
terminado tiempo, ó venir el tiempo
de ser ó hacerse alguna cosa. Q As-
cender, impórtar, subir; como el gas-
to LLBOÓ i cien reales. | Junto con al-
gunos verbos tiene la significación
del verbo á que se junta; y así se dice
comunmente: llboó á oir, llegó á en-
tender, por oyó, entendió. Q Activo.
Allegar, juntar. Q Arrimar, acercar
una cosa hacia otra. Q Recíproco.
Acercarse una cosa á otra. ¡| Ir á pa-
raje determinado que esté cercano. |
Unirsb. i El que primero llega ¿se
LA calza. Frase provincial con que se
nota que el más diligente logra por
lo común lo que solicita. | Llegar v
besar. Locución que explica la bre-
vedad con que se logra alguna cosa:
también se dice: llegar t bbsab el
SANTO. I No LLBOAR UNA PBBSOHA 6
COSA Á OTRA. Frase. No i^alarla ó no
tener las calidades, habilidad ó cir-
cunstancias que ella. Q Xo llbgab X
vso LA camisa al cubbpo. Frsse me-
tofórica. Estar lleno de zozobra y cui-
dado por temor de algún mal suceso.
Sinonimia. Llegar, alcanzar. Estos
verbos son sinónimos cuando uno y
otro significan bastar ó ser suficiente
una cosa para un fin determinado;
pero llegar representa el hecho posi-
tivamente: alcanzar representa la po-
sibilidad del hecho. La acción del
firimero es un efeeto de la suficiencia;
a acción del segundo es la suficien-
cia misma.
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518 LLERA
LLEVA
LLORA
- La alfombra llega de ana parte á
otra de la sala. Este es un hecho po-
sitivo, un efecto da la suficiencia de
la alfombra; pero si decimos que al-
canza, sólo explicamos la idea de la
posibilidad de qae llegue, esto es,
lUga porque es Mstante larga; a/out-
fa, esto n, w bastante larga pan lU-
Da un! es que cuando no tenemos
ana erplicar puramente ana posíbili-
ad, sino expresamente el hecho mis-
mo de Üegc^, baio la idea de positivo,
Íno de posible, no empleamos el Ter>
o alcantar. Bl camino nuevo llega
hasta Burgos. La eapa le llega á los
pies. (U.CBRTA.)
Llena. Femenino. La creciente que
hace salir de madre á los ríos, ¿arro-
jos, causada por avenida.
ETUOLoafa. Leñar.
Llenamente. Adverbio da modo.
Copiosa j abundantemente.
Etiii<h.ooía. Llena j el suBjo ad-
verbial mente.
Llenar. Activo. Ocupar, henchir
con alguna cosa cualquier lugar va-
cío. Q Ocupar dignamnnte algún lu-
gar ó empleo. | Parecer bien, satisfo-
eer alguna cosa; como la razón de Pe*
dro me llenó. I FscaHDAft el macho
& la hembra, y Metáfora. Cargar, col-
mar abundantemente; como le llbnó
de favores, de improperios, etc. Q Re-
cíproco. Hartarse de comida ó bebi-
da. I Atufarse, irritarse, después de
haber sufrido ó aguantado por algún
tiempo; y así se dice: ¡estoj ja lleno!
|] Llbnabse db nazÓN. Frase. Tener
razón sobrada.
Btiholoqía. Lleno.
Llenera. Femenino anticuado.
Llenura.
Lleneramente. Adverbio de modo
anticuado. Llbnaubntb.
Llenero, ra. Adjetivo forense.
Cumplido, calnl, pleno, sin imita-
ción.
ExiuoLoaÍA. Llénwa.
Llaneza. Femenino anticuado. Ple-
nitud, llenura.
Llenísimo, ma. Adjetivo superla-
tivo de lleno j llena.
Lleno, na. Adjetivo. Ocupado ó
henchido de otra cosa. | Blasón. Apli-
case á los escudos llbncs de otro es-
malte: dícese también de las ñguras
cargadas de otras de color diferente.
I Medicina. Se dice del pulso cuando
está aumentado en todas las dimen-
siones. II Masculino familiar. Abun-
dancia de alguna cosa. | La perfec-
ción ó último complemento de alguna
cosa. I Hablando de la luna, flbnilu-
Nio. I De U.BNO. Modo adverbial. En-
teramente, totalmente. \ En LLENO. Ue
medio á medio, enteramente. | Modo
adverbial. Db lleno.
Btiuología. Pleno.
Llenura. Femenino. Copia, abun-
dancia, plenitud.
Etuiolooía. Lleno.
Llera y Zambrano (Alfonso db).
Pintor español, que vivía en Cádiz
por loa años de 1639. Aprendió su
arte en Sevilla j se distinguió en los
frescos j en los cuadros de género.
Pintaba á la aguada las banderas para
los buques de la real armada, j se con-
servan en el museo de Madrid unas
imágenes que pintó en madera, para
cuatro galeones que fueron á Tierra
Firme el afio 1639.
Lleta. Femenino. Bl tallo recién
nacido de las plantas qne producen
las semillas j cebollas.
Lletrado. Masculino anticuado.
Letrado.
BTiuoLOofa. Lemosín lletraU
Ueudar. Activo. Lbudab.
Lleva. Femenino. Llbvada.
Llevada. Femenino. La acción y
efecto de llevar.
Llevadero, ra. Adjetivo. Fácil de
sufrir, tolerable.
EtimolooÍa. Llevar.
Llevador, ra. Masculino 7 feme-
nino. El que lleva.
Llevar. Activo. Transportar, con-
ducir alguna cosa de una parte á
otra. \ Cobrar, exif ir, percibir el pre-
cio ó derechos de alguna cosa. || PRO-
DuciB. Q Cortar, separar violentamen-
te una cosa de otra; jr así se dice: la
bala le llbvÓ un brazo. \ Tolerar, su-
frir, y Inducir, persuadir á alguno,
atraerle á su opinión ó dictamen. |
Guiar, indicar, dirigir; y así se dice:
este camino llbva á tal parte. | Traer
fiuesto el vestido, la ropa, etc., ó en
os bolsillos dinero, papeles ú otra>
cosa. ¡ Introducir, proteger á alguno
para con otro. H Lograr, conseguir. ||
Aritmética. Reservar de la suma de
una columna una unidad de cada de-
cena, centena, etc., para añadirla á
la suma de la columna inmediata; y
así se dice: son veinte, llevo dos; son
cincuenta, llevo cinco, etc. || Llbvab
UN SUJETO Á oteo aSos, ubsbs, etc.
Excederle en edad el tiempo ^ue se
dice. Q Bn varios juegos de naipes es
ir á robar con un número determina-
do de puntos ó cartas. | Llbvab k ca-
bo 6 AL CABO UNA COSA. Frase. No ce-
sar en ella hasta concluirla. | Junto
con algunos participios vale lo que
ellos significan; como llbvab estudia-
do, LLBVAB sabido, etc. Q Junto con la
preposición por y algunos nombres,
vale ejercitar las acciones que los mis-
mos nombres significan; como llbvab
por tema, por empeño, por cortesía,
etcétera. Q Llbvab adelante. Frase.
Seguir con tesón y constancia lo que
se na emprendido. | Llevar la car-
ga. Tener sobre sí el peso ó cuidado
de algún negocio. U consioo. Frase
metafórica. Hacerse acompañar de al-
guna ó algunas personas. \ Llevarla
HECHA. Frase familiar. Tener dispues-
ta ó tramada de antemano con disi-
mulo y arte la ejecución de una cosa.
[| Llevar por delante. Frase. Tener
presente alguna cosa para dirigir sus
operaciones; y así se dice: Llevar por
delante el temor de Dios para obrar
bien. [| Llevarlas bien ó mal. Frase.
Estar bien ó mal avenidos. |j No lle-
varlas TODAS CONSIOO. Frase familiar
con que se denota el recelo ó temor
que alguno tiene ó con que va á eje-
cutar alguna cosa.
BTUcOLoaÍA. Levar.
SiNONiuiAi — ÁríUulo primero. Lle-
vas, TRASLADAR.— ¿í«Mr tiene una
signiácaeión más amplia que trasla-
dar. Este último verbo requiere la in-
dicación del sitio á que se lleva la
cosa a que se alude. Cuando decimos
que una recua lleva trigo, el sentido
ueda completo; pero no así cuando
ecimos que la corte se trasladó^ por-
que no hay en este caso sentido com-
pleto, si no se denota el punto á que
se ha hecho la tratlaeúfn. (Mona.)
Ártiatlo tegundo, — Llbvab, consd-
ciB. — Llevar supone acción y fuerza.
CondnHr supone gu&, pensamien-
to, hasta mando.
tLle'veme el diablo, compadre An-
tón, si estáis aquí para ninguna obra
de caridad.»
Claro es que no puede decirse: con-
dúzcame el diablo. ^Cuál es la razón
de este uso? La razón es que, al decir
lléveme el diablo, significa el deseo
da que el diablo me lleve adonde
me quiera llevar, que no será á nin-
guna parte buena, porque un diablo
no puede tener una intención moral,
una idea discreta, un pensamiento
equitativo: mientras que, al decir
condétcame el diablo, significaría une
el diablo me guiaba, que era mi di-
rector, mi jefe, mi caudillo; en ana
palabra, que iba á salvarme de los
peligros en que podía verme, y estas
ideas de discreción y de moralidad no
pueden convenir á un poder absucdo
como el diablo.
El diablo lUva las almas, porque
las saca de este mundo; no las condu-
ce, porque no las lleva i buen para-
dero.
El animal lleva una carga.
El caudillo eondnce nn ejército.
Un oocinere liev» nn plato á la
mesa.
Un ejército mmíim un convoy.
Todo el qne tiene fuerza, poede ,
llevar.
Solamente el que tiene razón paede
cofiducir.
Llevarse. Recíproco. Dejarse arras*
trar ó vencer algo. | Conducirse entre
sí de tal ó cual manera.
Llíclla. Femeninoamerioano. Man-
tilla de tejido primoroso de lana que
llevan las indias sobre los hombros.
Tiene tres listas paralelas de color,
una á cada orilla, y la otra al medio.
Llicta. Femenino americano. Es-
pecie de torta dura, compuesta de ha-
rina de patatas aaadas, ae que toman
un bocado los indios, para dar saine-
te á la coca que mastican.
Llíella. Femenino. Especie de ro-
paje que usan las indias americanas.
Lloíca. Femenino. Pájaro. P ar-
dí lio.
Llopta. Femenino, La tacana de
color ceniciento, en las minas.
Lloradera. Femenino anticuado.
Plañidera.
Etimología. Llorar: francés, pleu-
reuses, bandas de tela blanca que se
estilaban en los duelos; catalán, jile-
radora.
Lloradero. Masculino. Agujero
por donde se filtra el agua.
3
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LLORE
KriMOLoaU. Llorar.
Uorado, da. Participio pasivo de
llorar. \ Adjetivo. La persona ó cosa
qae es objeto de llanto; 7 así se dice:
<ifa¿ ma; llobux);» «na sido mnj
LLOBAOA.»,
ETmoLooÍÁ. Llorar: catalán, j^íoraí,
da; francés, pUuré; italiano, pianto,
participio pasivo j sustantivo; latín,
plSraln*.
Llorador, ra. Masculino 7 feme-
nÍDO. El que llora.
BniiOLoaÍA. Llorar! francés, pleu-
reiue; catalán, plorador, el que llora
fícilmeate: q%i plora ñdlí facihnent,
plorayrg; que siempre se lamenta: q%i
iempre's UwuHta; UiiUipldrSIor, (Hab*
CUL.)
Uoradn«los. Hasculino fitmíliar.
El que fireenentemeate lamenta y llora
sus infbrtanios.
LloramÍM». Femenino &miliar.
Lloro.
Llorante. Participio activo anti-
cuado de llorar. El que llora.
Uorar. Neutro. Derramar lágri-
mas, Ü Fluir algún humor por los
ojos. I Metáfora. Condolerse de las
calamidades é infortunios: se usa tam-
bién como activo. Q Metáfora. Caer el
licor gota á gota 6 destilar* como su-
cede en las vides al principio de la
primavera.
BTU(Oi;.oafA. Latín pluire, llover;
plorhtt llorar; esto es, caer la lluvia
de los ojos (Cdscio, número S69): ita-
liano, plorare; francés, pleurer; pro-
venzal y catiján, piona': portugués,
cAsnr; waldn, vMr«.
Uoredo. Masculino. Terreno pa-
blado de laureles.
Llóreos (Cbistóbal). Pintor espa-
ñol del siglo XVI. Residía en Valen-
cia, donde se cree fué discípulo de
Juanes. En 1597 pintó con buen di-
bajo j colorido las historias de los
retablos de San Sebastián y de Santa
María Magdalena, que están en la
iglesia del monasterio de San Miguel
de los Re/es, extramaros da aquella
eindad.
Llóreos (TouÁs). Bscultor espafiol
del siglo xvui, natural de Valencia,
discípulo, sn el dibujo, de Svaristo
Muñoz, j an la escultura, de Pedro
Bas. Sus obras más notables son: san
Vicente; sania Tecla; san Pedro Pas-
cual; retablo j escultura, de la Sole-
dad; Apostolado, etc., en Valencia;
varias estatuas en la iglesia de Ches-
te; una Virgen en la de Museros; un
Santiago en ía de Villena; portada en
la de Alcojr; tan Miguel en la de Ve-
da.
Llórente (Bernardo GbrmíCn).
Véase QbbuÁk.
Llórente (Jbróniua.). Célebre ac-
triz española, i^ue nació en A.ñover de
Taje, nrovincia de Toledo, el año
de 1793. Era hija de don Fdípe, mé-
dico titular de dicho pueblo, j de
dofia Tomasa Orbes. Mut niña toda-
vía pasó al real sitio de Aranjuez,
por haber sido nombrado su padre
médico de la real casa, j allí recibió
la primera educación, distinguiéndo-
se desde muj temprano por la ento-
LLORE
nación 7 maestría con ^ue recitaba fá*
bulas y otras composiciones poéticas.
En 1808, trastornado el país por la
invasión francesa, hujó con su nmt-
lia del interior de la Península, j llft>
gÓ hasta Cádiz, donde triunfando su
vocación de las preocupaciones é in-
justicia coa que en aquellos tiempos
se miraba la profesión del teatro, em-
pezó su carrera artística. El s^Iauao
con que fué recibida le valió bien
pronto diversas contratas para pro-
vincias, hasta que, en 18¿5, vino á
Madrid á formar parte de las compa-
ñías de la Cruz y el Príncipe, como
segunda dama, supliendo en más de
una ocasión á actrices tan renombra-
das como Agustina Torre jr Concep-
ción Rodríguez. Desempeñando con
creciente aplauso este puesto, conti-
nuó hasta 1B32, en que una grave en*
fermedad la obligó á retirarse de la
escena, Al año siguiente, don Juan
Grimaldi, que en aquella sazón diri-
gía el coliseo del Príncipe, la contra-
tó para reemplazar á la reputada ca-
racterística doña Concapción Velas-
co, y desde entonces, puede decirse
que comenzó la no interrumpida serie
de triunfos que había de inmortali-
zar el nombre de Jerónima Llórente,
Las comedias de Moratíu, y mujr es-
pecialmente la doña Irene de El Si
de las niñas. Bandera negra, A Madrid
me vuelto. La Escuela tíe las coquetas.
El Arte de hacer fortuné^ Mujer gaz-
moña ¡f marido infoL Otra casa con dos
puertas. La Ttayía sobrina, y todas
las comedias del inmortal Bretón de
los Herreros, que escribía las caracte-
rísticas exclusivamente para ella, son
otros tantos florones de su envidiable
corona artística. Con decir que, desde
aquella época hasta la temporada de
1819 á 1850, estuvo formando par-
te de las compañías de los teatros de
la Corte, donde figuraban actrices y
actores como Antera Baus, Concepción
Rodríguez, Matilde Diez, Bárbara 7
Teodora Lamadrid, García Luna,
Carlos Latorre, Cajprara, Rafael Pé-
rez, Cubas, Ouzman, Julián Romea,
Fabiani, Campos 7 tantos otros, es
ma7 bastante para dar á conocer su
talento 7 el merecido favor que la
dispensaba el público. Organizado el
Teatro Español, merced áia laudable
iniciativa del conde de San Luis, una
de las primeras actrices que fueron
llamadas á formar parte de aquella
notable compañía fue Jebóniua Llo-
RBNTE. Sin embargo, poco tiempo ha-
bía de figurar el lado de sus compa-
ñeros, pues el 25 de Enero de I80O,
una apoplejía fulminante arrebataba
á nuestra escena una de sus más no-
tables actrices, cuando contaba 57
años de edad 7 se encontraba en toda
la plenitud de sus facultades. El nom-
bre de Jbróniua Llorbntb figura 7
figurará siempre en primera linea al
lado de las grandes actrices de los
tiempos modernos.
Llórente (Juan Antonio). Sabio
literato español, que nació en Riii-
cón del Soto, provincia de Logrobo,
en 1756, 7 murió en 1833. Dedieedo
LLORI
519
á la carrera eclesiástica, más bien por
asegurarse una posición que por vo-
cación verdadera, fué sucesivamente
benefieiado en Calahorra, doctor en
derecho canónico, abogado de los rea-
les consejos, vicario general del obis-
pado de Calahorra, secretario de la
Inquisición de Madrid, dignidad de
maestrescuela de la catedral de To-
ledo, canciller de la universidad, con-
decorado con la cruz de Carlos III, é
individuo de varías sociedades del
reino. Hallándose en su pueblo natal,
prestó auxilios ^ proporcionó medios,
de subsistencia á mucnos eclesiásticos
franceses emigrados durante la revo-
lución. Profesaba ideas liberales 7
fué amigo del inmortal Jovellanos,
en cu7a desgracia fué envuelto, su-
friendo como él persecuciones, 7
viéndose privado de algunos de sus
empleos. Al verificarse la invasión
francesa en España, cometió el error
de creerla conveniente para el progre-
so de su país, 7 se adhirió al Gobier-
no de José Bonaparte, desempeñando
los d*)stinos de director de bienes na-
cionales 7 comisario general de Cru-
zada. A. la caída de aquel Gobierno
tuvo naturalmente que salir de Espa-
ña, 7 se fijó en París, donde continuó
en sus ocupaciones literarias. Pero la
Historia de la Inquisición^ que publicó
en aquella capital, con los materiales
que había recogido mientras fué se-
cretario en Madrid, 7 poco después
otra obra titulada Retratos políticos de
lot papas, le suscitaron persecuciones,
comunicándosele la orden de salir de
Francia en el término de tres días en
Diciembre de 1822; dos meses des-
pués murió en Madrid. Uno de los es-
critos que le han d&do justa reputa-
ción, es las Observaciones criticas sobre
el romance de &il Blas de Santi lana, en
que demuestra de un modo incontes-
table la procedencia española de di-
cha novela. Además de las obras ci-
tadas, dejó las siguientes: Monumento
romano descubierto en Calahorra; Dis-
cursos histórico-canónicos; Fuero Juzgo
á colección de leyes promulgadas en Es-
paña por los reyes godos; Noticias histá-
ricas de las tres Provincias Vasconga-
das; Discurso kerildieo sobre el escudo
de armas de España; Colección diplomá-
tica de varios papeles; Disertación sobre
el poder que los reyes españoles ejercie-
ron hasta el siglo Xll en la división de
los obispados; ¿Cuál ha sido la opinión
de España respecto á la Inquisxciónf;
Discurso sobre la opinión nacional de
España relativamente á la guerra con
Francia; Observaciones sobre las dinas-
tías de España; Memorias para la his-
toriade la revolución española; Monumen-
tos históricos relativos á las dos prag'
máticas sanciones; Discursos sobre una
constitueiífn religÍMO, considerada como
parte de la civil nacional; Á forismos
poHticos.
Lloriquear. Neutro. Gimotbab.
Etiuolooía. Llorar, freeuentatÍTo:
catalán, ploriquejar.
Lloriqueo. Masculino. Giuotbo.
Etiuolooía. Lloriquear; catalán,
plorieó.
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520
LLOVE
LLOYD
LLWY
Lloro. Masculino. La acción de
llorar.
BtuiolooÍa.. Llorar: latín, pioraíío,
ta sao Agustín, y plor&íus, U, en Ci-
carón; italiano antiguo, ploro; moder-
no, planto, de pian^ere; francés, pleur;
provenzal7catal&n,p&H*; pertiguea,
choro.
Llorón, na. A.djetÍTo. Bl que llora
mucho ó fácilmente. H Masculino. A^
bol. Saucb db Babilonia.
Etimología. Llorar: latín, pldra^
bündus.
Lloronas. Femenino plural. Pla-
ñideras.
Llorosamente. Adverbio de modo.
Con lloro.
BtwoloqU. Llorosa y el sufijo ad-
verbial menU: catalán, plorosament.
Lloroso, sa. Adjetivo. Bl que tie-
ne señales de haber llorado, Q Sa apli-
ca & las cosas que causan llanto y
tristeza.
BTiuoLOofA. Llorar: catalán, plo-
rós, a; portugués, choroso; francés,
pleureux.
Llosa. Femenino anticuado. La
heredad 6 terreno cercado.
Etiuoloqía. Latín clawa, cerrada,
forma femeuina de elausas, cerrado,
participio pasivo de clauderty cerrar:
francés, dos, clase, masculino y fem&-
nino; catalán, clos, cercado.
1. Bl francés tiene el sustantivo
clo$t que es nuestro sustantivo cerca-
do; BQtry, chut. Los franceses dicen:
UN CLOS DB TiGNE, como nosotros de-
cimos: <nn cercado de viña.»
. 2. Bl latín elaudhe tiene varias
formas directas en el romance: italia-
no, chiwUre; francés, clore; provenzal,
eloure, chauter, dure; catalán anti-
guo, clokir; moderno, clÓurer, clóurer-
se; BñTvy, clo*er;^ictiTáo,cloer, eloure.
3. A esta misma serie corresponde
el catalán clucA, cerrado, con aplica-
ción á los ojos poco abiertos: ulU
cluchs, cegarritas. También se emplea
en la frase: fer cluch, morirse; esto
es, cerrar los ojos para siempre.
Llotrarse. Recíproco anticuado.
VsSTiaSB ó BBVBSTIBSB.
Llovediza. Adjetivo. Se aplica al
agua que cae de las nnbes.
Llover. Neutro. Caer agua de las
nubes. Q Metáfora. Venir, caer sobre
uno con abundancia alguna cosa;
como trabajos, dewracias, etc. | Ca-
larse las bóvedas o los techos o cu-
biertos con las lluvias. Q Llovkb so-
BRB MOJADO. FrasB metafórica. Venir
trabajos sobre trabajos. Usase algu-
na vez como activo. \ Coho llovido.
Frase. Se dice de lo inesperado é im-
previsto.
Btiuoloqía. Sánscrito plu, nadar:
griego iiXi¡va> (pHm), lavar; latín,
plu?re; godOt Jlemn, flotar; italiano,
/II a0«r«; trances del siglo xii, pluveir
(BknoÍt, Uf 7678); moáevao, plevoir;
portugués, chover; provenzal, ploure;
catalán, ^¿(fsfvr; BBnj,pleuri; walén,
plour,
1. La equivalencia catalana de
nuestro refrán: «llever sobre mojado,»
es: PLÓUBEB sobre mullaL
2. Bl catalán tiene la frase irénica
j familiar: aixifho /ágveno vt0Vft{Xiñ
se emplea cuando hacemos alguna
cosa, pretextando una causa distinta
de la que nos mueve realmente: $*iaa
guaní alffii fi ahuna cosa, pretestant
diversa cauta de la que realment ¡o mou.
Equivale á sí dijéramos en castellano:
«no es esa la madre del cordero;» «no
va por ahí el agua del molino;» «esa
es grilla;» «cuéntaselo á tu abuela;»
«á otro perro con ese hueso.»
Llovido. Masculino. El que sin li-
cencias necesarias se embarca furti-<
vamente para pasar á Indias, y no se
deja ver hasta estar en la embarca-
ción en alta mar.
Llovido, da. Participio pasivo de
llover.
ExiuoLoaÍA. Latín plutut: catalán,
ploQüt da; francés, jjIh.
Llovioso, sa. Adjetivo. Lluvioso.
Llovizna. Femenino. Lluvia me-
nuda que cae blandamente á modo de
niebla.
Etiuolooía. Llowri catalán, plo-
viscó, plovisqueig, plujeía.
Lloviznar. Neutro. Caer de las
nubes g^tas menudas.
Etiuología. Llovhna: catalán, j>¿o-
visquejar, ploviteoTt llorer menudo,
plourer menut.
Lloyd (Bnrique). Táctico inglés,
que nacid en 1729 y murió en 1795.
Asistió á la batalla de Fontenaj; re-
corrió la Alemania oon misiones se-
cretas de su Gobierno; fué nombrado
ayudante del general austriaco Lascjr
y tomó parte en la guerra de los Sie-
te años; sirvió después á la Prusia y
i la Rusia, distinguiéndole en u
f guerra de esta última potencia contra
a Turquía; viajó después por Italia,
España y Portugal, y fué á acabar sus
días á los Países Bajos. Sus principa-
les obras son: Iníroduccitín á la histo-
ria de la guerra de Alemania; De la
Jilosofíade la guerra; Tratado de la
composición de los diferentes ejércitos
ant%0uosy modernos; Memoria poHticay
militar sobre la invañén de la Qran
Bretaña.
Lloyd (GuiLLEBuo). Prelado y eru-
dito inglés, que nació en 1627 v mu-
rió en 1717. tf'ué en tiempo de la Res*
tauración obispo de Bxetery de Saint-
Asaph; se declaró contra la autoridad
real en tiempo de Jacobo II, por lo
cual estuvo preso en la Torre de Lon-
dres. Más adelante obtuvo la digni-
dad de capellán mayor del rej Gui-
llermo y de la reina Ana, y ocupó su-
cesivamente loe obispados de Licht-
field y de Worcester. Dejó varías
obras interesantes, como son: Discur-
sos sobre la necesidad de mantener la
religión establecida; Diferencia entre la
Iglesia y la corte de Roma; Compendio
histórico del gobierno de la Iglesia; Com-
pendio cronológico de la vida de Piíd-
goras.
Lloyd (RoBBRTo). Poeta inglés,
que nació en 1733 y murió en 1763.
Fué contemporáneo y amigo de Chur-
cbill, Thernton, Colman j otros es-
critores. Fué colaborador ó director
de algunas revistas literarias, y dejó
varias producciones, como el posma
titulado: ffl Actor, y las piezas: SI
Teatro 6 triunfos deí Pamato; Ároh-
dia; El Amor caprichoso.
Llueca. Adjetivo. Clcbca.
Llngiero. Masculino anticuado.
YuOUBRO.
Llago. Adverbio do tiempo anti-
cuado. Iíüboo.
Llull (Rauón). Yóass Razuoiido
LULIO.
Llumaso. Masculino anticuado.
Clavo de puerta.
Lluntre. Masculino. Pex marino
que persigue á los demás, que tiene
hocico parecido á la comadreja y pelo
como la liebre.
Lluvia. Femenino. El agua que
cae de las nubes. ¡| Metáfora. Copia ó
muchedumbre, como lluvia da traba-
jos, pedradas, etc.
EtwolooÍa. Pluvia: latín, pVii^;
itáli&aOt pioca, pioggia; francés, //sw;
provenzalj pluvust ploia; catalán anti-
guo, pluvia; moáarno, plujut plognda;
fierry, pleve; walón, ^aivtpjoiv; gi-
nebrino, pUoge; picardo, pUnve; bur^
guiñón, pleuje.
1. Correspondenciat caialanat. «Llu-
; via de verano;» pluja de ettiu: «á la
ramera j á la lechuga, una tempora-
da le dura;» pluja de ettiu y ^or de
bagassa, aviai passa: «lluvia de Enero
llena pipas y granero;» pluja de Ja-
ner umpte bdtatg graner: coomo agua;»
eom á PLUJA menuda; esto es, con abun-
dancia, copiosamente.
Lluvial. Adjetivo anticuado. Plu-
vial.
Lluviano, na. Adjetivo anticuado.
Se aplicaba al paraje ó tierra xseién
mojada con la lluvia.
Lluvioso, sa. Adjetivo que se apli-
ca al tiempo en que llueve mucho,
ó al país en que son frecuentes las
lluvias.
ETiuOLoaÍA. Latín pluviotutt italia-
no, piovoto; &ancés,j)ísotM«; catalán,
plujót, a.
Llwyd ó Lloyd (Enbiqub). Anti-
cuario inglés, que nació por los años
de 1670 V murió en 1709. Nombrado
conservador del museo de Ahsmole,
empleó la mavor parte de su vida en
el estudio de las antigüedades de su
país, y recorrió el Cornwall, la Esco-
cia, Irlanda y Bretaña: compuando
entre sí los monumentos de estas di-
ferentes patrias de una misma raza,
recogiendo manuscritos, voces y usos
de origen anticuo. Sus escritos más
notables son: Ltthophylacii Britannici
Iconographia; Archmotogia Britanniea.
Llwyd, Lluyd ó Lloyd (Hunfrb-
DO). Anticuario inglés, que murió
en 1570. Ejerció la Medicina, y se
dedicó por añción al estudio de las
antigüedades; formó un mapa de In-
f'laterra, y reunió un gran námero de
ibros útiles y curiosos, que lu^o
fueron comprados por Jacobo I y sir-
vieron de base á la biblioteca real.
Sus obras más notables son: ^¿smhs-
que; De Mona Druidum intuía; Ckro-
mcoH Waliia; Bitíma d* Oamiria.
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1^
Mt Décimaquiataletndelal&beto
cutellano, y duodécima entre las con-
sonantes. B Letra numeral que vale
uiL. l Se usa como abreviatura de Ma-
jestad, de Muj, de Merced y otras vo-
ces, según los diferentes casos. Su
nombre es bub. (Aoadeuia Españo-
la.) II Semivocal, la más marcada de
las labiales, puesto que su pronun-
ciación Be articula fuera de la boca,
abriendo de golpe los labios apreta-
doi. I Antigüedadn. La M, con una
rajra encima, valía mil veces mil; esto
es, un milldn. ¡ Abreviatura de fliMf-
tro, maestre ó maete. | Attromomía. En
las tablas astroDdmicas, cartas geo-
gráficas ^ documentos semejantes,
quiere decir Mediodía. \ Medicina. En
las recetas de los médicos, e<^uivale á
mitce, mezcla, imperativo, o mixtío^
mlitura: ñat hixtio secundum artem;
«hágase la mixtión según arte.» ||
También es la abreviatura de manipí'
Imi, un puñado, un manojo de hier-
bas, y Comercio. Abreviatura de marco
j moneda, x/c significa mi cuenta, H
Arquitecíuray melrologia. Usase como
abreviatura de metro. \ Calendario.
Inicial de mariet j de míércolfs. \\
Canto llano. Colocada á la cabeza de
un pasaje, (^ue se ha de cantar, sig-
nifica media vot; es decir, que el
eanto debe ser entre il ^orte é il
piano. I Música moderna. Inicial de las
palabras italianas meno, menos; mano,
mano; metzo ó meaa, medio ó media.
M. F., meno forte ^ menos fuerte;
C. M. , colla mano, con la mano; M. V. ,
mtía voce, á media voz, |j Qnimica an-
ticua. Se usaba siempre como abre-
viatura de métela, j| Anímica moderna.
Abreviatura é inicial de manganeso. Q
Xurneradún. Como signo de orden j
por su si^ificacifSn al&bética, desig-
na el decimotercio lugar ú objeto de
una serie. \ Tipografia antigua. La
décimatercera hoja de un libro j la
duodécima antes deque la^' estuviese
en uso. [I Numismática. En las onzas
de oro j monedas antifl'aas, es la ini-
cial de Méjico. Es también la marca
de las antiguas monedas francesas
que se acuñaron en Tolosa. M. M.
es la marca ds las monedas que se
acuñaron en Marsella. En las meda-
llas antiguas sígniGca impertum, im-
p"rU, impcrator, pues su primer palo
es una i conjunta. | Historia. Delante
de los nombres de antiguas fiimilías
de Escocia é Inglaterra, significa la
abreviatura de mac, hijo, como en
los ejemplos siguientes: M Donald,
M P&erion, por Maedonald, Macpker-
son. y Historia antigua. La M. , inicial
del nombre Mesento, era una especie
de divisa que aquel pueblo llevaba en
sus escudos t estandartes. | Gramáti'
ca. En castellano, como en latín j en
todas las lenguas romanas, debe escri-
birse por fi, antes de las labiales b
j p, como en embravecer^ impedir.
Abreviatura de moíCK/tno. | Gramática
general; parte fon/tiea. Letra conside-
rada, por anos, como líquida; j por
otros, como nasal. En uno j otro caso
pertenece al orden de las labiales, se-
gún queda dicho, y es la líquida 6 la
nasal de este orden de consonantes, y
Gramática sánscrita. En el alfabeto
sánscrito ( devanagañ} figura al 'mismo
tiempo como labial y letra sonora,
siendo la tercera de las primeras j la
vigésimoséptima de las segundas, y
Gramática hebrea, Décimatercia letra
del alfabeto, cujro nombre es men. y
Gramática árah, Décímacuarta letra
del alfabeto, euyo nombre es mi»,
perteneciente al número de las letras
solares, y Numeración romana. Signo
de mil, que se representaba con una
C, una I j una C vuelta, de este modo:
GI3. Por esta razén, la mitad de este
signo, 13, valió también la mitad, dsean
quinientos. Una M precedida de una
C (í'M) vale ho^ quinientos; pero los
antiguos escribteiron siempre DCCCC.
n Erudición. Losromanosla llamaron,
siu duda por su valor labial, litíera
mugienst letra mugiente. y Literatura
¡aítna. La m latina tiene tres sonidos
distintos; oscuro, claro j tenue: os-
curo, en fin de dicción , como en tem-
plum; claro, al principio de ella, como
en magnus; tenue, en medio, como en
umbra. y Frecuentemente se hallan
permutaciones entre la m y la n, como
en eüsdem, guendam, taníüsdem, quati-
guám, por eümdem, quemdam, tantüm-
dem, quamquám. Por el contrario, la n
suele cambiarse en m delante de otra
m (por asimilación), como en immunis,
immüiis, immundus^ por inmunis, inmü-
tis, inmunduM. | Como abreviatura, las
más veces designa los prenombres
Marcus v Marius. \ Epigrafía. En las
inscripciones significa: vMgiStert Mau-
mi, Mereiartus, monumintum, m9nW-
plum, m?mor, mhnórtat miles, mSter,
meríta, mertlo, missOf magna, Minertfta,
M. Á. M.-Mamereo: il&u-Memnio. |
Fastos V anales. La ci&a Mbon equi-
vale á Merciflius Gaynepos.
ETiuoLoaÍA. Latín M, m (em):
griego, M, II., [ü (my ó m&j; fenicio,
min; hebreo, men; árabe, m%m.
Reseña, — cM. lAtteramugiens (como
quien dice letra que mug;e, letra del
buey ) la llamaba (juintiliauo, por el
sonido sordo j como pesado que acom-
TOMO ni
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522
MABI
paña i su articulación. Y sin embar-
go, la m es lotra final frecuentísima
eu las voces latinas en varias de sus
desinencias, bien que mucbas veces
casi no la pronunciaban, y hasta la
suprimían en la escritura: asi no es
raro encontrar die Aane por diem Aanc,
etcétera. — Los grie^s, más delicados
de oído, eran enemigos del mtacitmo:
no tenían ninguna voz terminada
en «.
Los idiomas modernos suavizan
Umbién la m latina convirtiéndola
en n.
Vese conmutada la m en n, en asun-
ío, exento, ninfa, triunfo, de assumpío,
exempío, nympka, trimnpho, etc.
Suprimida una m en cómodo, infla-
mar, tumo, de commúdo, injíammare,
summo, etc. (Monla.u.)
Ha. Femenino. Mitología, Nombre
de la mujer á quien Júpiter confió la
educación de Rea. Q Nombre que los
lidies dieron á Rea, por más que per-
teneció & una compañera de esta dio-
sa. La sacrificaban toros. | Mitología
japonesa. Bestia ó fiera que los sintois-
tas consideran poseída del espíritu
maligno ó principio del mal. y Gramá-
tica. Letra del alfabeto sansorito, (^ue
corresponde á nuestra m. Q Mútica.
Nombre que ciertos músicos daban al
mí bemol; j así decían: uí, re, uk, mí,
fa. Algunos dicen hoy me,
Maalposten. Femenino, Cierta
tela de Oriente,
Maalstrom. Mablstbon.
Blaanim. ^a.scu\ÍRO. Antigüedades
hebreas. Instrumento de percusión,
especie de tambor, que usaban los
he\> reos. La voz del artículo parece
filaral por su forma y se debería decir
os HA&NIU.
Hab. Femenino. Mitología. Hada
de los auefios, en las tradiciones de
la Edad media; y según otros» reina
de las hadas y mujer de Oberón. ||
3fA,B es un personaje de la feria in-
glesa, la reina de las hadas. Shakes-
peare, en Romeo y Julieta, insertó la
descripción fantástica del equipaje de
la reina Mab.
Mabayas. fiiasculino. Lagarto de
las islas de América.
Habí. Femenino. Bebida embria-
gadora propia de las islas australes.
Habinogi. Literatura. Nombre
dado á una especie de novela ó narra-
ción gaélica. tina eoleoción de obras
de este género, que se conserva ma-
nuscrita en la biblioteca Aül Colegio
de Jesús, en Oxford, ha sido publica-
da, con notas, por lad; Guest, con el
título de: The Mabinogion, Algunas
de estas relaciones, impregnadas de
un espíritu eaballeresco, pudieron sei
compuestas en la época y á imitación
de los poemas anglo-uormandos ; y
otras, mucho más anticuas, son como
ecos de esa civilización celta, casi
desconocida para nosotros. La prime-
ra parte de la obra, dada en ^aélico.
y después en una traducción inglesa,
es el UABiNOOi titulado: La Dama de
la Fuente, que parece ser el origen del
poema francés del Caballero del León.
La Segunda parte es la historia de
MACA
Peredur, hijo de Evrawc, Pereeval
el Galo. Siguen después el Qeraint,
hijo de Erbin, que es la novela de
Grec y Enida, puesta en verso por
Chrestiens de Troyas. Hajr otros ma-
BiNOQi, tales como la Historia de
TuUawech y Olwen, y pertenecen
más bien al ciclo de Arthur, no ase-
mejándose á los poemas anglct-france*
ses que conocemos sobre estos asun-
tos.
Kaboi^a. Femenino. Raíz de la
que algunos americanos hacen mazas
para batallar.
1. Habré. Femenino. Plancha de
hierro cuadrangular, de una tercia de
ancho, usada en las fábricas de cris-
tales para alisar la matoria antes de
formar el vaso, botella, etc.
ETiifOLOofÁ. Mabra, ciudad de Ar-
gel, de donde vino.
2. Habré. Masculino. Nombre que
se daba en las islas Baleares al pajel
mormiro, pescado acantopterigio.
ETiuoLoaÍA. Francés Mabre.
Habtno. Masculino, Dbsgalzador.
Hac. Masculino. Erudición. Nom-
bre que significa hijo y que se ante-
pone á muchos nombres propios de
Escocia é Irlanda.
Haca. Femenino. Señal que queda
en la fruta por algún daño que ha re-
cibido. Dícese también del daño lige-
ro que tienen algunas cosas; como
telas, lienzos, etc. || Metáfora. Disi-
mulación, en^ño, fraude; y asi se
dice: Fulano tiene muchas uacas.
ETiuoLoaÍA. 1. Del hebreo machad,
herida ó golpe; ó del griego mách^,
máchomai, reñir, combatir, herir, gol-
pear, moler, etc.; mejor que del latín
macula, mancha; maculmv, manchar.
(MONLAU.)
2. Esta conjetura es errónea. Nues-
tro vocablo maca representa el italia^
no macciia (macquta), forma evidente
del latín «Mcfi^a, mancha, pinta, se-
ñal, ignominia, deshonra: catalán,
macadura. — «Daño ó señal que queda
en la fruta del ^Ipe ó magulladura
que se da cayéndose del árbol, por
ouya parte se empieza muy luego
á madurar, pasar y pudrir: lo que
suele suceder también á los melo-
nes, que de estar echados de un lado
mucho tiempo, contrahen por él las
macas. Viene del latino Macula.*
(Academia, Diccionario de 1726.)
Hacabeo. Masculino. Cada uno de
los libros del Antiguo Testamento,
que contiene la historia de los judíos
bajo los primeros príncipes de ía raza
de los aambneos, Judas, Jonatás y
Simón* denominados Macabbos.
EriiiOLOafA. Hebreo ma-ea-^i, le-
tras iniciales de los primeros nombres
del versículo II, capítulo 15 del Fso-
do, que el primero de los tres herma-
nos Macabeos, Judas, había escrito por
divisa en sus estandartes: bajo latín,
Machábaos; francés, Machabées.
Reseña. Biblia. — 1. Título de los
dos últimos libros del Antiguo Testa-
mento, que contienen la historia de
los indios bajo los primeros príncipes
de la raza de loa asmoneos. Judas,
Jonatás y Simón.
MACA
2. Las palabras completas que an-
tea hemos citado, significan: «¿quién
es igual á vos entre los fuertes. Se-
ñor?»
3. FiloloQÍa. — Cuatro libros de lag
Sagradas ^crituras, de los cuales so-
lamente los dos primeros son canóni-
cos. El primero contiene la historia
de los Judíos desde el reinado de An-
tfoco Bpifano hasta el pontificado de
Hircán (131 años antes de Jesucris-
to). Originariamente fue escrito en
siriaco y no queda de él mis que la.
versión griega. El segundo compren-
de gran parte de los sucesos conteni-
dos en el primero y termina con la
victoria de Judas Mácabbo sobre Ni-
canor. Aunque los Concilios, los pa-
dres de la Iglesia y casi todos los es-
critores han reputado como canónicos
estos libros, los protestantes los re-
chazan por las oraciones en sufragio
de los muertos. Los otros dos libros
contienen: el uno, la persecución de
Ptolomeo Filopátor; j el otro, el mar-
tirio de los siete hermanos Macabbos
y de su madre, por orden de Antíoco
Epi&no. Este último es del historia-
dor Josefo. Ni uno ni otro han sido
considerados como canónicos.
4. Zoología, — Nombre de ciertas
mariposas.
Hacabeo (Matatías). Esforzado
guerrero judío de la familia de los
asmoneos. Se opuso valerosamente á.
las órdenes de Antíoco Epifanes, el
cual quería obligar al pueblo judío á
sacrificar á los ídolos. Nombrado ge-
neral por sus conciudadanos subleva-
dos, arrojó á los sirios de su patria y
restableció el culto del verdadero
Dios. Murió en 167 antes de Jesucris-
to y dejó cinco hijos: Judas, Simón,
Jonatás, Juan y Eieazar,
Hacabes. Masculino anticuado.
Cementerio.
EmtOLOofA. Árabe f abara, enterrar;
magbara, tumba; al-magabfr,loa sepul-
cros, el cementerio, en Tidjáni,
Hacabro (baile). Honda infernal,
que suponían los antiguos bailaban
los muertos de todas clases. (Caba-
IXBSO.)
Etiuolooía. 1. Du Cange tiene
chorea Maohab£Okuh, «danza de los
Macabbos,> que define del modo si-
f guíente: «ceremonia establecida por
a piedad de los eclesiásticos, en la
cual los dignatarios, así de la Iglesia
como del Estado, dirigen el baile y
salen de él alternativamente para de-
cir: «cada uno de nosotros del» sufrir
la muerto
2. En efecto, léese en un texto
de 1453: qnatuor simastas vini tJekiÜ-
tas illis qui schoream Macuab^ordu
feceruní «(cuatro porciones de vino
dadas á los que tomaron parte en la
danza de los Mácaseos).»
3. No es presumible que el bails
MACABRO y la dama de los Macabros
representen dos términos de origen
distinto. Habiendo sufrido el marti-
rio los siete hermanos Macabros con
Eieazar y su madre, lo natural es su-
poner c^ue aquella desgracia suminis-
tró la idea de la ceremonia referida.
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MACA
MACA
MACA 523
en que cada uno de los personajes d«s-
apareeía alternativameate; y luego,
para hacer más viva la idea, se encar-
gaba la Muerte de dirigir aquel baile
fantástico. En presencia del chorea
Hachab^ruh de Du Cange, la críti-
ca no puede hacer mención del árabe
nakbara, habitación fúnebre. (LiT-
TRÍ.)
4. embargo de lo que muchos
Diccionarios afirman, la mejor etimo-
logía que se ha propuesto para expli-
car el baile macabro, es la que inter-
Ipreta uacabbo por cementerio, del
árabe wa^oitr, plural de machara,
tumba, vocablo que existe en portu-
gués, bajo la forma de almocamr, j
en algunas localidades de Espafia,
bajo la forma de Mocahes, cementerio,
que insertamos en su lugar.
5. En cuanto al chorea Machab-ío-
Ruu de Du Cange, es de notar que
allí no figuran los siete hermanos
Macabeos, ni Eleazar, ni su madre;
sino que la danza consiste en una se-
rie de personajes que dejan el baile
para decir: «cada uno de nosotros
debe sufíir la muerte*,» lo cual no se
opone á que el vocablo maekabieorum
represente el árabe ma^SHr, campo
santo; fentasía interpretativa de que
haj más de un ejemplo en nuestra
lengua. Así vemos que el lugar de
tSannoit, cerca de Parui, se traduce en
antiguos textos latinos por eentum ««•
c», cien nueces; j el viajero Poucet
encuentra en Ablsinia el monasterio
de Sitan ^ lo denomina el Monasterio
de la Visión; j ios portugueses hallan
en el reino de A.del el monte llamado
Djtbel al-fil, «la montaña del Elefan-
te,» y lo bautizan con el nombré de
Monte Felice. (Devic.)
6. Esto significa que Du Cange
pudo traducir el Óatie uacabro por
chorea uachab^rum, careciendo qui-
zá de mejores noticias etímolúgicas.
Lo derto es que el español macabro,
ronda infernal, no alude & los siete
hermanos Kacabeos, ni & Eleazar, ni
ástt madre; sino que representa posi-
tivamente el árabe magabir, las tum-
bas, los muertos, dando á estas imá-
genes un sentido fantástico, inspira-
do tal vez por alguna lejenda fabulo-
sa de la imaginación oriental,
7. Confirma el origen árabe de ma-
cabro el hecho evidente de que el ára-
be maqahir ha dejado memorias en el
romance, según ha demostrado Dozv.
8. Por otra parte, hagamos que la
metátesis altere el bir de magabir, y
tendremos 0ia;á^t,que es literalmen-
te nuestro macabro, «baile de los di-
funtos, ronda infernal en que danzan
los muertos.»
9. Sí el MACABRO español se refiriese
al chorea Maoharsosuh de Du Cange,
ceremonia piadosa establecida por los
eclesiásticos, no llevaría el nombre
de (danza infernal,» sentido radical
de la voz propuesta.
10. Por último, citaremos también
la opinión de algunos autores, según
los cuales la voz del artículo procedía
del nombre del alemán que compuso
un poema sobre este asunto, y que di-
cen se llamó Macaher; pero ni esto
está probado, ni la etimología es
admisible en presencia del vocablo
árabe.
11. La forma de almacMHr, los se-
puIcros,pluraIde)iw$íara,es^tjúJT ,
Esto explica el vocablo qae se halla
en Edrisí, V^ÍK^S^jr. , del
cual se vale al hablar del Santo Sepul-
cro. Explica también el siguiente pa-
saje de TidjRni jí\mJ] ^jkCiJj¿í»^i^
en que, hablando de las afueras de
Trípoli, dice: «en las cercanías de
Trípoli, en la parte del Nortn j más
arriba del cementerio.» '
Reseña histórica, — Se ha dado este
nombre y también el de danzas de los
muertoSf á las pinturas alegóricas, de
forma extravagante y grotesca, que
representan un baile ejecutado por
personas de edades y estados diversos
3^ presididos por la Muerte. La repre-
sentación más antigua de este género
es la de Winden, en Westfalia, que
debe ser próximamente del año 1380.
Se citan también . las danzas maca-
bras, ó damas de los muertos^ de la ca-
tedral de Lucerna; del palacio de
Santa María, de Lubeck (1463); del
castillo de Dresde (1534); de Ánne-
berff (1525); de Leipzig, etc. La más
célebre es la que nolbein pintó al
fresco en el claustro de los dominicos,
en Basílea, que se ha perdido, excepto
algunos trozos conservados en el mu-
seo de Basílea, si bien el grabado la ha
salvado del olvido. En Auvernia, en
la iglesia de la Chaisse-Dieu, haj una
danza de los muertos, deteriorada por
la humedad; y otra, en el Templo
Nuevo, de Strasburgo. La catedral
de Amiéns tiene también una; y el
cementerio de los Iwtceníes, de París,
tiene otra en escultura. El mismo
asunto se halla con frecuencia repeti-
do en los horarios y misales, en las
empufiaduras de las espadas y en las
fundas de ios puñales. — Pueden con-
sultarse acerca de este asunto: H. For-
toul, Etudes d'archeolo^ie eí d'Aisloi-
re; Peignot, Recherches sw la dame des
morts; y Doñee, The Dance of Deah.
Macaco. Masculino. Especie de
mono de cabeza chata.
Etimolooía. Vocablo del Congo,
importado por loa portugueses: fran-
cés, macagne.
Hacacuán. Masculino. Especie de
gato de la Gujana.
Macadam. Masculino. Especie de
ferrocarril inventado ^ot Mae-Ádams.
Macado, da. Participio pasivo de
macar.
Etimología. Macar: latín, mác^la-
tus, participio pasivo de m^iífórf; ita-
liano, inaechiato; catalán, macat, da,
Hacaf. Masculino. Gramática he-
brea. Pequeño trazo horizontal usado
en la escritura hebraica. También se
escribe makaph ó makkaph,
Macaira. Femenino. Pescado del
género espada.
Macam. Masculino. Fruta de Orien-
te, parecida á la manzana*
Macán. Masculino. Nombre dado
en las montañas de Burgos al panadi-
zo que sale en los dedos y plantas de
los piés;
Macana. Femenino. Arma ofensi-
va de que usaban los indios.
Etimoloqía. Equivalencia catala-
na, macana, — «Arma hecha de madera
fuerte, del tamaño y figura de un al-
fange, á que solían añadir un casco
de pedernal, de la cual usaban loa in-
dios antes que conociesen ni tuviesen
hierro.» (Acadbmu., Dieeionará de
me.)
Macanaz (Melchor cb). Hombre
de Estado j diplomático español, que
nació en Hellin, en 1670, y murió
en 1760. Desempeñé varias comisio-
nes de importancia en las guerras de
Portugal y Cataluña; fué secretario
de Carlos II; auxiliar del presidente
del Consejo de Castilla, en el reinado
de Felipe V; intendente de Aragón y
fiscal general del reino, cujo destino
se vio obligado á dimitir por haber
caído en desgracia con el monarca,
saliendo para Francia,, con pretexto
de restablecer su salud. Durante su
permanencia en París, todavía fué
nombrado representante de España
en el Congreso de 'Cambraj, qne no
llegó á reunirse, j encargado general
de negocios cerca de aquella corte.
Fernando VI le mandó pasar i Breda
á entablar los preliminares de la paz
de Aquísgrám; pero cuando ja tení^
asentadas tas bases, se vio destituido,
sin previo aviso y con orden de re-
gresar al momento á Biladrid. Habien-
do obedecido esta orden, así que llegó
á Vitoria fué preso, incomunicado y
conducido al castillo de Pamplona; y
de allí, al de San Antón de la Corufia,
confiscándole al mismo tiempo todos
BUS libros j papeles. Elevado al ttono
Carlos ni, le dió libertad, 7 le per-
mitió que regresara á sus hogares.
Probo, inteligente, celoso é ilustrado,
estas mismas cualidades hicieron á
Macanaz blanco de los tiros de la en-
vidia, mereciendo por única recom-
pensa de los ranchos servicios que
prestó á diferentes reyes, un destierro
arbitrario, una prisión rigorosa en
los últimos anos de su vida, y la po-
breza, por no decir la miseria, á que
se vió constantemente reducido. La
critica severa pudiera añadir algunos
pormenores, al hacer la inspección
anatómica de este cadáver; pero la
autopsia nos repugna.
Macanazo. Masculino. Golpe dado
con macana.
Macando. Masculino. Nombre vul-
gar dado á todo principiante de tam-
bor en el ejército, y en general, á todo
aprendiz de un oficio.
Macandón. Masculino anticuado.
Camandulero.
Macaón. Masculino, Mitología.
Hijo de Esculapio y deEpione ó Arsi-
noe, y hermano de Podairo. Uno y
otro, discípulos del centauro Quirón,
figuraron en la guerra de Troja como
guerreros y como médicos, y fueron
colocados en el número de los dioses
después de su muerte. Macaón vendó
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524 MACA
MACA
MACA
la Iierida de Menalao y curó á Filo-
tectes. Después de la guerra de Tro-
ya, faé á Mésenla, fundó las ciudades
de Tricca jf de Occalia y fué muerto
por Eurépilo,. hijo de Telefo. Tuvo
cinco hijoa, todos ellos médicos; entre
otros, Nicómaco. Podairo. al volver de
Troja» fué arrcuado por una tempes-
tad á la Caria, donde casó con lalbija
del rey, || Zoología, Mariposas de gran
hermosura, que pertenecen á Europa.
ETtuoLoafA. Griego Mix^o^ (Már-
chaóHj, forma de {mdchij, ním-
bate; latin, MUchaon.
Macar. Activo. DaSar, averiar al-
giina cosa.
^TUiOLoaik. Maca: latín, m&cüláre;
italiauo, macc/tiare; catalán, macar.
Macar. Masculino. Tiempos heroi-
cos. Hijo del Sol y de Rhoda, que dii5
el nombre de Af acorta i la isla llama-
da después Lesbos.
, Macareco. Masculino. Botánica.
Árbol de laa Indias, que crece hasta
una altura considerable y cuyo tronco
está separado -del suelo por u«a espe-
cie de bóveda formada por las raí-
ces.
Macareno, na. Adjetivo bmiliar.
Majo, guapetón, y el que va vestido
á semejanza de éstos. .
EtiuolooU. Macarena^ barrio de
3eviUa. — «Guapo, baladrón, ó que
afecta valentía. Pudo tomarse de los
que viven hacia el barrio de la Puerta
Macarena en Sevilla.» (Acadbhia,
Diccionario de 1726.J
ICftcarao. Masculino. Tiempos he-
roicos. Hi^o de Crinaco, que condujo
una colonia griega á la isla de Les-
bos. I Hno de Lycaón, ^no fundó una
ciudad llamada Macario, en la Arca-
dia, cerca de Megalópolis, ¿ orillas
del Alfeo. Q Hijo de Solo y hermano
de Canace, con la que tuvo comercio
incestuoso, que se refugió en Delfos
y fué admitida entre los sacerdotes
del templo de Apolo. | Lapita que
mató al centauro Brygdupo, en las
bodas de Pirítoo.
Macareos. Masculino pliiral. J/art-
Kd. Nombre de una especie de vientos
tan variables que suelen entrar á un
mismo tiempo por la popa y por la
prna.
Stuiolooía. Latín Mdc^reüs, hijo
de Eulo, digs del viento, que tuvo un
hijo de su hermana Canace. (Ovidio.)
Macaría. Femenino. Tiempos he~
roicos. Hija de Hércules y de Dej^ani-
ra, sacrificada por asegurar la victo-
ria de los atenienses, loa cuales, en
prueba de reconocimiento, la consa-
graron una fuente cerca de Maratón
y la erigieron un templo. || Geografía,
Antiguo nombre de las islas de Les-
bos, de Chipre y de Rodas. (Plinio.)
Q Isla de la Etiopía. (Ibidbu.) Q Fuen-
te cercana á Tricoryta, en cuyos con-
tornos cortó lolas la cabeza á Euris-
teo. \ Erudición. Uno de los Eones de
Valentino. (Quintiliano.)
Etiuolooía. Latín Mdcaría,
Macarianos. Masculino plural.
Historia religiosa. Partidarios del cón-
8ul Macario, que adoptó, en 348, los
errorea da loi donatístas.
Macaríbo. Masculino.
Rengífero de América.
Etiuología. Francés macaribo, at-
riban.
Macario. Masculino. Nombre pro-
pio de varón, que equivale & dichoso:
SAN Macario, mártir.
EriuoLoof A. Griego Haxápto< { Ma-
idriosj, forma de [i-híap (máhar), feliz:
latín, ÁfacHríiu; catalán, Macari; fran*
cés, Macaire,
Hacariotes. Masculino, ^moítcúte.
Uno de los Eones del beresiarca Va-
lentino, voz sinónima de macaria.
(Quintiliano.)
Etiuolooía. Latín mdcUríates, que
es el griego |f.axapi¿ti)^ (makaridtet),
bienaventuranza.
Macarísmico, ca. Adjetivo. Pro-
pio de los macarismos.
Hacarismo, Masculino. Antigua
liturgia griega. Nombre de cada salmo
que empezaba con una palabra equi-
valente á felit ó dichoso. | Himno
griego en honor de al^úu santo.
EtiuolooU. Macano: griego, |uxa-
ptsjtói (makarisn^Jt loA de fos bien-
aventurados; de [jMxatpICtn (makarí-
zein), alabar; francés, MoeartMW.
Reseña. — Él griego jjutxáptoc, dicho-
so, equivale al latín beatas.
Macaronesos. Femenina Geogra-
fía antigua. Nombre de Creta. (San
Isidoro.)
Etiuolcoía. Latín Mdcdronesos.
Macarosa. Femenino. Especie de
ave acuática que se encuentra á ori-
llas del mar, en los países del Norte.
Macarrón. Masculino. Pasta de
harina en figura de cañuto largo. Se
usa comunmente en plural. || Marina.
El ex.tremo de las cuadernas que sale
fuera de las bordas de los bajeles. Se
usa regularmente en plural.
Eniun.ooÍA. 1. Italiano MoearM» ó
maccheroni, que se cree formado del
griego mákar^ feliz; como quien dice:
plato de los que son felices; bocado
de los dichosos. (Monlau.)
2. Bajo griego [laxapta (majaría),
manjar compuesto de caldo y harina
de cebada: catalán, macarró; francés,
macaron. — «Cierto género de pasta de
harina en forma de cañones, que se
guisan con la grasa de la olla, echán-
doles queso Mllado por encima. Es
tomado del italiano Maeharoni, que
significa esto mismo. Usase más re-
gularmente en plural.» (AcAbBHiA,
diccionario de 17z6.)
Macarrónea. Femenino. CTomposi-
cíón burlesca en que se mezclan y en-
tretejen palabras de diferentes len-
guas, alterando su genuina significa-
ción:
Etiuoloqía. Macarrones: catalán,
macarrónea; francés, macaronée; italia-
no, maccheronea.
Reseña, — 1. Nótase que el carácter
ó género burlesco se significa por el
alimento favorito de cada país. Esto
explica } macaroni de los italianos, el
Jean Farine de los franceses y el Jac-
quei Poudings de los ingleses. (Lix-
trS.)
2. Poesía bnrlesca, en la cual se
mezclan y entretejen oon palabras la-
tinas otras de la lengua vulgar en
que se escribe, dándoles ana termi-
nación latina. Este género de poesía
festiva nació en Italia á principios del
siglo XVI. — Teófilo Folengo, conocido
por el nombre de Merlín Coecaio, dice
en el prefacio de su Macabromba: A.rt
ista poética nuncupatur ars macaro%ictSy
a macaronibus dertvata; gui macarones
suntguoddampulmentum,/arini, cateo,
butgro coMjtaginatum, grossim, rude et
rustteanum. Ideo Macaroniee nit niti
grassedinem, rtiditatem et vocabulastot
debet in se eontinere. (Monlau.)
3. «Cierta composición burlesca, en
ne se entretejen y mezclan palabras
e diferentes lenguas, confundiéndo-
las unas con otras. Covarrubias pre-
sume pueda traer esta voz su origen
de la isla Macaros (llamada por otro
nombre Greta), porque en ella con-
currían diversas naciones: y con ñStA
ocasión se pudo confundir el lengua-
je.» (Acadbui a, i>ú;(;i0fMrto de Has.)
4. La interpretación de Covarru-
bias no es admisible.
Macarrónicamonte. Adverbio mo-
dal. De ana manera macarrónica.
BrnioLOofA. Ma&srrónica y el sufijo
adverbial mente.
Macarrónico, ca. Adjetivo. Lo
que pertenece á la macarronea: se
aplica también al estilo y lenguaje ri-
diculo y chabacano.
BtuiolooÍa. Macarrón: catalán» mo-
earrónich, ca; francéa, wuusaroniqise; ita-
liano, macheronico.
Reseña. — Versos uacarbónicos.
Los franceses denominan así la poesía
formada con palabras de la lengua
vulgar, á que se da una terminación
latina. Se Uamaron así por sompust-
ción á la mezcla que los mocarrotM
forman con el queso t la harina. Se
inventaron en el siglo zn, el
monje Teófilo Folengo, benedictino de
Mantua, que tomó el nombre de Mer-
Un el Cocinero ( MerUnus coquus), en su
epopeya burlesca, titulada AveiUuras
de Baldus, escrita, en efecto, en latín
de cocina. También se han escrito
VERSOS UACABRÓNicos SU Alemania,
Inglaterra y Francia, pudiendo citar-
se de esta nación la poesía titulada:
La Muerte de Miguel Morin, donde se
halla este verso, modelo de su g*énero:
D* lirftQSft Ib bxaneam dsgrinsnlftt. atqna
[fMtitponf.
Pueden también servir de cgemploa
los siguientes:
T el siguiente, que no le ceda en
gracia:
Tot» rabotOBO fr«eaMantiur mraabr» p»v«(>
[tú, ete.
Entre nosotros hay varias compoai-
clones populares, de esas que desig-
namos con el nombre de romances de
ciego, que pertenecen al género «n
cuestión.
Hacarronismo. Masculino. El es-
tilo que constituye una macarrónea. |
Extraordinario afecto á los macarro-
nes.
EtimolooIa. Maeorrónico: ñancés,
flMCOrMÚtM.
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MACE
MAC3E
MACE 525
Macarse. Recíproco. Empezar i
podrirse las frutas.
Hacbeth. Primo hermano de Do-
uld VII 6 Duncán I, rej de Escocia,
qne TÍTÍa en el siglo ix. Unido á Ban-
qao, tkme de Lochgaabir, derrotó á
los daneses, que habían atacado su
reino. Instigado por la ambición que
había despertado en su pecho la pre-
dicción de una hechicera, anuncián-
dole qae sería rej, mató á Duncán j
se bizo proclamar en su puesto en
1040. Sin embargo, su crimen no le
hiio feliz, pues en 1056, Malcolm, hi-
jo de Duncán, ajndado por el rej de
Inglaterra, Eduardo el Confesor, le
destronó y le condenó á muerte.
Shakespeare ha inmortalizado el nom-
bre de este usurpador en una de sus
mejores tragedias, que ha pasado al
teatro enropeo.
Maceo. Nombre qae daban los
Riegos i los tontos 7 i los imbé-
ciles.
BnHOLoofa. 1. Latín maccus, pa-
labra osea. (De Mioubl y Mobante.)
2. El latín maccust imbécil, es el
griego [unucoav fmaHoSnh haber per-
dido el juicio, tontear; detiptre.
Maceadamente. Adverbio de mo-
do. Maceando por medio del ma-
ceo.
Etuiolooía. Maceada y el sufijo ad-
Terbial mente.
Maceador. Masculino. El que ma-
cea.
Maceamiento. Masculino. La ac-
cióa ó efecto de macear.
Macear. Activo. Dar golpes con el
nuxo ó maza. | Neutro metafórico.
Porfu lepitiendo una cosa muchas
veces.
EnHOLoofa.. Mato: francés, wua$er;
italiano, mateare.
Macedón, na; macedónico, ca;
macedonio, nía. Adjetivo. Lo per-
teneciente á Macedonia y el natural
de aquel reino.
EnuoLOQÍA. Latín tnUcedontcut.
Macedonia. Femenino, Geografia
a»íwiw. Nombre célebre de una parte
<le la antigua Grecia, patria de Ale-
jandro el Grande.
. EriHOLOofA. Latín AfUcedonía: ita-
liano, Macedonia; francés, Macédoine;
«talán, Macedonia.
SeteñA histérica.— Imperio macedS-'
M«, Ó imperio de A lejandro. 1 . Preli-
«ís«r. Alejandro Magno, el más fa-
P>oso y al más extraordinario de los
aéroes de la tierra, nació en Pella
(HáCBnoKu) 356 afios antes de Jesu-
«iito. Fué hijo de Filipo y de Olim-
PUi J mujr pronto demostró lo que
whía llegar a ser con el tiempo.
Cnaado su padre se ocupaba del sitio
de Bizaneio, no contaba más que 16
afioi j^dirigía ya el gobierno del Es-
tado. Subió á los 20 al trono y murió
Moa 32, y dos después de innumera-
bles yictorias^ conquistas. Estaba do-
tado de las mas raras cualidades, pero
Jenía un carácter que le llevaba á vio-
lentos arrebatos. Heredó da Filipo, su
padre, no sólo una ambición sin lími-
|w» «iao también su preceptor Aristó-
teles, que supo reprimir muchas veces
sus desordenadas pasiones. Decía ^e-
cuentemente el joven príncipe que de-
bía á su padre la vida, y vivir bien, á
este célebre filósofo. Tenía tal admi-
ración por Homero, que rajaba en en-
tusiasmo; V era tan apasionado de los
grandes talentos en todos los ramos,
que el pintor Apeles llegó i ser uno
de sus validos. Declaróla guerra á
Tebas y la arrasó, pero no sin respe-
tar la casa de Píndaro, el mejor poeta
lírico de la antigua Grecia. Empren-
dió después de esta guerra la ejecu-
ción de sus grandes projrectos contra
el Asia. Estas expediciones son nota-
bles; en veinte días, se traslada al
frente de un poderoso ejército á Ses-
tos, donde le aguardaban 150 bu-
ques: atraviesa el Helesponto, llega á
la Uitnura de Troja, se dirige á las
riberas del Gránico, vence á los per-
sas, mandados por Darío, j obtiene la
fiosesión del Asia menor. Cerca de
sso, ciudad situada en un golfo del
Mediterráneo, da una segunda bata-
lla V le vale la rápida eonquisfa de
las demás provincias occidentales del
imperio de los persas. Persigue por
algún tiempo, aunque en vano, á Da-
río, se dirige á Siria j se apodera de
Damasco, déla Fenicia, de 8idón, de
Tiro, de Gazaj de la ciudad Santa.
Conquista el ^ipto casi sin necesi-
dad de desnudarla espada, y extien-
de desde Menfis sus excursiones has-
ta el desierto con objeto de visitar el
templo de Júpiter Ammón. De vuel-
ta á Siria, da por tercera vez con el
ejército de Daño, acampado sobre el
Tigris, cerca de la ciudad de Arbella;
le vence, aniquila el poder de los ven-
cidos, se dirige á Persia, se apodera
de ella, y se abandona en su recinto
i la embriaguez y á los placeres. Va
en seguida á atacar á los escitas,
avasalla la provincia de Sogdián j la
de Bactriana, emprende desde allí su
expedición á la India j vuelve á Ba-
bilonia, donde le detiene el sepulcro.
Alejandro ha sido indudablemente el
hombre qué más ha brillado en la
tierra; su nombre ha pasado á través
de los siglos; se genio, su valor, su
arrojo, excitan todavía la admiración
de los más grandes hombres. Vamos
á ofrecer, una después de otra, las di-
versas fases de su imperio: empezare-
mos por el pequeño reino de Macb-
DOSU.
2. Reino de Maobdonxa en tiempo
de Filipo. — A la muerte de Filipo, el
reino ae Macsdonia, que aquél encon-
tró reducido á una corta provincia al
Norte del golfo Terraaico, se ex-
tendía desde los montes Candíanos ó
Bora, continuación de ese monte
Scardus, á cujo Oeste está la Iliría,
hasta las orillas del Helesponto, al
Este. Prolongábase este p?queño Es-
tado, por la parte del Norte, hasta el
Hemus, á cujos habitantes, todavía
en estado salvaje, nadie de^ía avasa-
llar sino Alejandro; ocupaba liacia el
Sur las costas meridionales del mar
Egeo, cortadas por profundos golfos,
j estaba dividido de la Grecia por los
montes Camboníoa j el Olimpo. Oom-
Soníase, por consiguiente, este reino
e sus antiguas provincias j de las
que sucesivamente habíau sido con-
quistadas por la parte del Sur; des-
pués, en niria j Tracia. Las princi-
pales provincias antiguas eran dos:
Ematia r Migdonia, Bmatia, situa-
da al Noroeste del golfo Termaico,
contenía la ciudad de Edetia j la de
Pella, cuna de Alejandro, capital de
la Macbdomia desde el reinado de Fi-
lipo hasta que el país fué reducido
f)or los romanos, Migdonia, al Este de
a Ematia, de la cual la separaba el
río Axius, tenía por capital á TVrms,
ciudad situada sobre el golfo del mis-
mo nombre, que fué llamada tiempos
adelante Tesalóntca. Las provincias
conquistadas al Sur de Macedonia
fueron dos, á saber: 1.* La Pieria, al
Sur de la Bmatia j al Oeste del ^ol-
fo Termaico, cuja ciudad principal
era Uleíona, ciudad en que Filipo
perdió un ojo, de un flechazo que le
asestó un hábil arquero desde las mu*
rallas. 2.' La Calcí íica, al Sur de la
Migdonia, entre los golfos Termaico
j Strímónico, provincia Ó península
que contaba entre sus principales ciu-
dades la de Calus j la de Olinto, puer-
to del golfo Termaico, situado casi á
la entrada de la península de Palle-
na, en que dominaba treinta j dos
ciudades. Entre las provincias con-
quistadas en la Iliria eran notables:
la Bordea, limítrofe de la Ematia; la
Orésíida, al rededor de la laguna Cas-
toria; la Linie'stide, de la cual era ca-
pital Heraclea; la Dastaretia, al rede-
dor del lago L^chinde, en la costa;
éntrelas conquistadas en Tracia, la
Peonía y la Sdonda^ la primera al
Norte de Ematia v la segunda al Este
de Migdonia, de la cual la separaba
el Strigmón. Estas eran, junto con
algunas islas, las posesiones que Fili-
po dejó á su hijo. Vamos á verlas aho-
ra acrecentándose v llegando á un in-
menso desarrollo. Nos detendremos en
cada una de las gloriosas expediciones
del héroe de los héroes.
3. Conquistas de Alejandro en Euro-
pa.— Después que Alejandro se hizo
revestir de la dignidad de generalísi-
mo, que los griegos habían conferido
á su padre, se dirigió hacia el Norte
j llegó á los desfiladeros del Hemua,
que en vano intentaron defender los
tracios. Apoderóse de aquellos sitios
j fué á combatir & los tribalos, que
ocupaban entonces el territorio que
se extiende entre el Hemus t el hter
ó Danubio. Atravesó después de una
marcha de tres días el Ligino, uno de
los ríos que desaguan en el Ister; dtó
con los enemigos que iba á combatir
j los derrotó en una batalla. Com-
prendió entonces la impresión que ha-
bía producido su victoria: se trasladó
sin pérdida de momento á las orillas
del Danubio, lo atravesó por un puen-
te de odres y barcas y llevó el terror
entre los getas, que habitaban la ori-
lla iiquierda. Abandonada por éstos
la capital, la arrasó j volvió á la ori-
lla derecha, donde recibió los emba-
jadores de los tribalos, de los celtas y
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526 MACE
MACE
MACE
de los demás pueblos vecinos, qae le
bríndaroD coa su amistad j su alian-
za. De TuelU á la Peónica, sabe Ale-
jandro ^ue se han coali^ado contra él
los ilirios j los tanlantios; va contra
ellos j los vence. Vuelve en seguida á
la Beocia, para castigar á los tebanos,
se apodera de Tebas y la destruve,
dejando en pie, como ^a hemos dicho,
la mansidn de Píndaro. Terminada la
campaña j sometida al terror la Gre-
cia entera, empieza i ejecutar con des-
ahogt) BUS proyectos sobre el A.sia.
4. Conquistas de A lejMdro €H Aña.
— ^A. su Tuelta á Macbdonia, mandó
Alejandro celebrar juegos olímpicos,
ordenó sus negocios, tomó el camino
del Este j se dirigió al Helesponto,
para pasar al Asia, donde desembar-
co cerca de las ruinas de Troja. El
punto de reunión señalado á su ejér-
cito era Percoía, al Nordeste de Ahj-
dos; púsose allí al frente de sus tro-
pas j se encaminó á Lampaco, sobre
el Helesponto, ^ue había abrazado el
partido de Darío. Dueño jra de . ella,
siguió la orilla del Gráníco, río pe-
queño, que desemboca en el mar de
Mármara, á unos ^ kilómetros de su
nacimiento. Sus escarpadas ribens
luicían jK el paso sumamente difícil;
j, sin embargo, tuvo que luchar allí
con un ejército tres veces major acam-
pado en la orilla derecha. Fueron tan-
tos los prodigios que hizo, que venció
á loa persas y alcanzó con la victoria
la completa sumisión de la costa del
Asia menor, ocupada toda por colo-
nias griegas. Apenas tuvo que tomar
por asalto más ciudades que la de Me-
latOt la más célebre de aquellas colo-
nias, llamada la reina de la Jonia,
porque, después de Tiro, era la más
mercantil de las ciudades del Orien-
te, ^ la de Halicarnaso, capital de la
Caria, sita en una península scbre la
costa septentrional del golfo Cerámi-
co. 3eñor ya. de ésta y algunas otras
ciudades, tomó el camino de Licia, al
Sudeste de la Caria, península situada
sobre el golfo de Glauco y el de Pan-
filia, en el Mediterráneo, en el cual
comienza la cordillera del Taurus. De
la Licia, cujas ciudades se le entre-
garon sin la menor resistencia, pasó
a la Paafilia, cuja costa siguió hasta
llegar ú la capital Siria; volvió luego
por el interior del país y atravesóla
risidia, dondetomó por asaltóla gran-
de y fuerte ciudad de Sagalassus, Pasó
de allí á la Frigia, entró en Qordio,
donde cortó el famoso nudo; prosi-
guió su camino hacia el Este, llegó á
Amyrat donde recibió la sumisión de
la Padc^onia^ situada al Este de la
Bjtinia, entre Porienio y /íalvt, ríos
que desembocan en el Ponto Eu&ino,
hojr mar Negro, ; llevó á cabo la
conquista de la Capadocia, región que
ocupaba la parte oriental de la eleva-
da región del Asia menor, anexa al
monte Taurus. Dió la vuelta hacia el
Sur; penetró en la CiUcia por un es-
trecho desfiladero y llegó hasta Tarso,
ciudad sentada á orillas del Cgdnus,
cerca de su embocadura, en la extre-
midad Nordeste del Mediterráneo* Ba-
ñóse en dicho río, en ocasión en que es-
taba sudando, y pocó faltó para que
encontrara la muerte en aquellas aguas
casi heladas. Hizo durante la perma-
nencia de BU ejército en Tarso algaaas
excursiones álos países vecinos, par-
ticularmente á SoUs ó Soli, ciudad 6
f>uerto, al Sudeste de la costa de Ci-
icia. Recorrió luego las montañas
para castigar á sus rebeldes habitan-
tes y volverse á Tarso. Existe al Este
de esta ciudad un desfiladero llamado
Qarganias sirias, que conduce á Siria
y i Fenicia. Mientras Alejandro se
dirigía á la conquista de la Cílicia
occidental, hizo ocupar aquel desfila-
dero á Parmenión, uno de sus mejo-
res capitanes, el cual llegó por este
camino á Iíso, ciudad situada en un
golfo del Mediterráneo, al que daba
su nombre. Apenas de vuelta á Tar-
so, salió al encuentro de Darío por la
ciudad de Mngarsa, situada en la em-
bocadura del Piraneo, al Este del Cjd-
nus. Después de pasar el Piraneo, al
Noroeste de Isso, avanzó por las Gar-
gantas sirias para entrar en Siria; j
se dirigió en seguida al Sur hacia
M^siendro, donde se detuvo. Encon-
trábase todavía en esta ciudad, cuan-
do supo que Darío, dejando las ori-
llas del Eufrates y atravesando laa
Gargantas amínicaSf otro desfiladero
delT aurus, acababa de entrar en la
ciudad de Jtso, y estaba, por consi-
guiente, á BU reta^uariia. Ejecutó
entonces una precipitada contramar-
cha, y dió la célebre batalla de Jtso,
que también perdió Darío. Huía éste
Srecipitadamente hacia Tapsaco, ciu-
ad situada en la orilla izquierda del
Eufrates, cuando Alejandro llegaba
por el Sur á Fenicia, donde fué reci-
biendo sucesivamente la sumisión de
las ciudades de Arados, Siblos y Si'
dón. Tiro le costó un sitio de siete
meses; Gtaa, situada más hacia el
Sur, se le resistió otros dos; mas se
apoderó al fin de ambas, y después
de ellas, de DamascOt capital de CeU~
siria. Dueño ja de todos los puertos
mencionados j decidido á llevar bus
conquistas hasta el corazón del Egip-
to, donde quería dejar algunas seña-
les de su gloria, salió de Damasco,
traspasó la Palestina, siguiendo lo
largo de la costa, j cayó repentina-
mente sobre Pelusa, la llave del Egip-
to, al Nordeste de este territorio, en
uno de los brazos del Nilo, Recibié-
ronle del mejor modo posible en la
mencionada ciudad, j desde allí se
dirigió sin pérdida de tiempo á He-
liópolis y á Menfis, que ja desde mu-
cho tiempo en la capital' de aquel
reino. Quiso hacer una excursión á
doce jornadas de Menfis, con objeto
de visitar el templo de Júpiter Ammén,
situado en el oasis de este nombre,
en el desierto de la Libia; y siguió la
corriente del Nilo hasta el mar, cuja
costa le condujo á la embocadura de
Canope, en cujas cercanías mandó
edificar una ciudad á que dió su nom-
bre é liizo capital de Egipto. Atravesó
el desierto, llegó al oasis j volvió
desde allí directamente á Menfis.
Después de nombrar gobernadores
para administrar el país en nombre
SUJO, volvió el héroe de Maceoonia á
ponerse en marcha, j atravesó el Ti-
gris por junto á las ruinas de Nínive.
No bien acababa de entrar en Siria,
cuando se encontró con el ejército de
Darío, j le volvió á derrotar en ana
batalla que tomó el nombre de la cíu*
dad de Arbella. en cujas inmediacio-
nes fué dada. Pasó otra vez el Tigris
j fué á descansar en Babilonia^ sobre
el Bafrates, en la que mandó reedifi-
car los templos que había destruido
Jeijes. Después de una larga perma-
nencia en Babilonia, se trasladó i
Sma, ciudad en que solía Ciro pasar
la primavera, uno de los reales sitios
de los rejes persas. Marchó desde
allí sobre Perse'polis, entonces metró-
poli de Persia, cuyo magnífico pala-
cio entregó á las llamas en venganza
de las devastaciones cometidas en la
Grecia. Tomó Pasagarda^ situada al
Sudeste, donde se celebraba la coro-
nación de los rejes de Persia, j au-
mentó en ella considerablemente el
ja inmenso botín de sus batallas. En
esto acababa Darío de organizar un
nuevo ejército en Bciafana, capital de
la Media, rodeada de siete murallas,
situada al pie del monte Elvard , i
unos 111 kilómetros del Noroeste de
Persépolis. Corrió Alejandro á su en-
cuentro, y no hallándolo en la ciu-
dad, se dirigió al Este, hacia el país
de los paríkos, en que se introdujo
por un camino muj angosto, de más
de 33 kilómetros de lar^o, llamado las
Gargantas caspias, caspia pita, por los
montes situados al Mediodía dial mar
Caspio. Recibió á poco tiempo de
estar en Ifecaniampailos, capital de
este país, la noticia de la muerte de
Darío, lo cual hizo que saliese al Nor^
te, hacia Bircania, donde se apoderó
de su capital Zadracarta, situada al
Sudeste del mar Caspio, cerca de sa
embocadura, sobre el rio Maxeras.
Torció su rumbo al Este, Bometió la
belicosa nación de los mardos j em-
firendió una contramarcha para tras-
adarse á Susa; pero tuvo que en-
caminarse precipitadamente al Nor-
deste, á Artacoana, capital de la
Siria, sobre el río Arius, con obje-
to de ahogar la rebelión de un sátra-
pa, circunstancia que facilitó la fun-
dación de Alejandría de los Arios,
hoj, Herat, un poco más al Medio-
día. Pasó de alli á Arcaría, visitó su
capital Aracotus, fundada, según se
dice, por Semíramis, donde él fundó
á su vez otra Alejandría con el nom-
bre de Alejandropolis, sobre un rio
que, después de atravesar el lago Ara-
cotus, toma el nombre de BrymantAus
y se confunde, hacia el Oriente, con
el lago de Aria (Aria lacas). Volvió
i enderezar su rumbo al Norte: llegó
al través de los montes al país Paro-
pamistts, y fundó cerca de la ciudad
de Orostopanam otra nueva Alejandría
que llamó Alejandría del Cducaso, j
hoy lleva líandahaz por nombre. Pro-
sigue luego su marcha al través de
los montes, que sus soldados tomaron
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MACE
MACE
MACE 527
Sor una continuación de la cordillera
el Cáucaso, sobre el mar Negro y el
mar Caspio; penetra ea la Bacínana
al Sur del Oxus, entra «n sn capital
Zarüapa 6 fiactría, pasa el Oxus, al
Xorte, 7 se introdace en SogdUn para
apoderarse de Maraeonda ó Maremuta,
capital de aquel territorio. Adelanta
siempre en dirección al Norte hasta
el río Joaantet, hoj Sir-Daria ó Dji-
houm, que desemboca en el lago Oxio
ó mar Axal, sobre el que fundó otra
ciudad con el nombre de Alejandros-
chata ó Alejandría última, con la idea
de hacerla punto de partida de una ex-
pedición ulterior contra los escitas y
baluarte contra estos mismos pueblos.
Una vez dueño del Sogdíán, donde
hizo prisionera & Roiana, con la cual
se casó después, se dirigió á Pareta-
cena, hacia el Noroeste, la rindió y
rclvió á Socara, donde, disputando
con su amigo Clito en una orgía, tuvo
la desgracia de matarlo. De vuelta á
Alejandría de Cáucaso, decide su
marcha a la India. Toma la dirección
del Este hacia Nicea, j antes de lle-
gar á la orilla del Óofenes, hoy Ca-
boal, que formaba el límite de la In-
dia, recibe la sumisión de Taxila y
do muchos otros príncipes indios.
Ataca al instante á Maí$ago, capital
de los assaceoi, que no so entrega sino
después de algunos días de resisten-
cia. Toma en seguida otra fortaleza,
3ue arrastra tras de sí toda la ribera
erecha del Indus, y se apodera de las
ciudades de Ora y de Basira, Peucela
j Bmbolima. Recibe, antes de pasar
el Indus, el homenaje de los njssaci
jr de su ciudad Njssa; j Uega, por la
orilla izquierda del río Taxila, ciudad
la máa grande, en aquella época, de
las que ocupaban el territorio com-
prendido entre el Indus y el Heydaspot
A orillas de este último río, tributa-
rio del Indus, pelea y vence al rey
Poms, y funda las ciudades de Suc/~
Jala y riicea, como monumentos de su
victoria. Atraviesa otras dos corrien-
tes que desaguan en el Indus, llamada
la una Anstnet y la otra ffidraotes, en
cuyas orillas se levanta Lahora^ capi-
tal que fué de aquel mismo príncipe.
Prosigue su camino y desciende al
¿fuphasis, último río tributario orien-
tal del Indus, en donde su ejército le
hizo detener el curso de sus conquis-
tas. Después de haber vaelt i atrás,
bien á pesar suyo, hasta llevar á las
orillas del Hevdaspo, reúne baSta 80
buques T 2.000 barcas, resuelto á bajar
hasta ef mar indio por el Indus. Em-
bárcase, sigúele 8u ejército por ambas
orillas y somete sucesivamente á va-
rios pueblos, entre otros los eMdracos,
los sogdios y los m%sicanos. Llega á
Pétala, hoy día Totta, en donde el río
se divide en dos brazos principales;
toma el más occidental hasta llegar
al Océano; desembarca y recorre por
tierra la costa, pasando el río Arabis
ó Arabio. Atraviesa el país de los ho-
ritas, llega al de los tctiófages, j en
la Cfredotia, cerca del mar, tuerce un
poco hacia el Noroeste, á fin de pasar
a Pnxa jr llegar á la Carmania, y se
encuentra en Samos con Nearco, cujo
ejército, que había ido costeando el
Océano, acababa de entrar en el golfo
Pérsico. Dirígese entonces á Persia,
toma las ciudades de Patagarda y Per-
tépolis; se apodera de la Suserca y
atraviesa por un puente el Copratet,
tributario del Ptuitigris, en donde
Nearco había reunido todo el ejército
á la extremidad Noroeste de aquel mis-
mo golfo. Pasa con todas sus tropas á
Susa, donde se casa con Státira, hija
de Darío. Vuelve á salir pnra Bchata-
na, manda celebrar juegos, pasa otra
vez tiVTigris^ atravesando la Mosopo-
tamia, y entra de nuevo en Babilonia,
en la que debía terminar tan prema-
turamente su brillantísima carrera.
5, Resumen del impeño de A Irjan-
dro. — Los límites del imperio de Ale-
jandro,á la muerte de este famoso con-
quistador, eran los siguientes: al Nor-
te, el Ister ó Danubio, el Ponto Euxi-
no, la cordillera del Cáucaso, el mar
Caspio y las llanuras arenosas atra-
vesadas por el río laxarles; al Bste,
los montea donde nacen el Indus y el
Hffaro; al Sur, el Océano Britreo, el
golfo Pérsico, los desiertos de la Ara-
bia, los que separan el Bgipto de la
Etiopía, y el de Libia por la parte de
la Cirenaica; al Oeste, los montes de
la Ilíria y el mar Adriático.
Macedonianos. Masculino plural.
Historia eclesiástica. Herejes que ne-
gaban la divinidad del Espíritu Santo.
ETiuoLO<iÍA..Afacedonio, obispo, fun-
dador de la secta: francés, maeedo-
niens.
Macedonio, nia. Sustantivo y ad-
jetivo. Natural 6 propio de Mace-
donia.
Btiholooía.. Macedonia: latín, m&-
afdSníus; catalán, macedoni, a; francés,
mace'donien; italiano, macedonio.
. Hacelario. Masculino anticuado.
Carnickro.
Btimolooía.. Latín macellarius; de
macellum, plaza, mercado, que es el
griego (LáxsAXtov (mákellionjé
])£icella. Femenino anticuado.
Desoracia.
ETiMOLoaÍA. Macellar.
Macellar. Activo anticuado. Man-
cillar, manchar.
Hacello. Masculino anticuado.
Presa, por tajada de carne.
Btiuolooía. Maeelario.
Hacemutíno. Masculino. Moneda
de oro transmitida de los árabes á los
españoles. (Oaballbbo.) g Según el
autor de la Historia eclesiástica, la de-
jaron los árabes en Aragón.
ETiuoLoaÍA.. Equivalencia france-
sa, macemutine.
Haceo. Masculino. Sucesién de
golpes dados con un mazo.
Macar (Euilio). Médico. Nos ha
dejado un libro que tTAta: De viríu-
iious herbarum. Hubo otro ^^'milius
Macer, jurisconsulto, que floreció en
el siglo III, y de cujros escritos se
conservan algunos fragmentos espar-
I cidos en diferentes lugares del Diges-
I to* (Db Mioubl j Moramtb.)
HaceraciAn. Femenino. La acción
I y efecto de macerar.
Btiuolooía. Macerar: latín, mScera-
tío, forma sustantiva abstracta de
mdch&tus; catalán, maeeració; francés,
macération; italiano, maceraiione.
Maceradamente. Adverbio de mo-
do, por medio de la maceración.
BriHOLoafa. Macerada j el sufijo
adverbial mente.
Macerado, da. Partidpío pasivo
de macerar.
Etimolooía.. Latín maceratutj parti-
cipio pasivo de nMCÍrare: italiano, «o-
cerato; francés, macéré; catalán, wAee-
rat, da.
Bfaceramiento. Hasculíno. Mace-
RACIÓM.
ETiyoLOoU. Macerar: italiano, ma-
ceramento.
Macerante. Adjetivo. Farmacia.
Epíteto del líquido en que se macera
una substancia, así como el principio
que en él ae mezcla para conseguir
mejor la maceración.
ÉTiyoLoaÍA. Latín mae^nmi, mae¿-
rantú, participio de presente de mScé-
rare.
Macerar. Activo. Ablandar, en-
ternecer alguna cosa á golpes 6 por
medio de algún licor. | Metáfora.
Mortificar, anigir la carne con peni-
tencias. Q Química, Machacar las plan-
tas ó ponerlas al sol ó al aire para sa-
carles más fácilmente sus zumos 6
jugos.
ETiuoLoaÍA. Provenzal macerar, ma-
zerar: catalán, macerar; francés, macé-
rer; italiano, macerare, del latín mace-
r&re, ablandar, debilitar, enflaquecer;
frecuentativo de madre, forma verbal
de mUcer, ma^o, enjuto.
1. Littré dice que nOc^rUre tiene la
a larga, mientras que mUeer la tiene
breve, de donde deduce que estos vo-
cablos corresponden á distintos orí-
genes.
2. Esto es manifiestamente un error.
Mac"rare es la forma frecuentativa de
miícere, enflaquecer, cujo verbo tiene
la a breve, como mkcer, flaco.
3. M&ccro, yo enflaquezco repetida-
mente, tiene oreve la e de cero, como
müceo tiene breve la a, lo cual demues-
tra la paridad prosódica de estos ver-
bos.
Macerina. Femenino. Plato con
un hueco en medio, donde^se pone La
jicara pan servir el chocolate sin pe-
ligro de verterse.
BtiuolooU. cBspeeie de plato 6
salvilla, con un hueco en medio, don-
de se encaja la jicara para servir el
chocolate con seguridad de que no se
vierta. Diósele este nombre por haber
sido su inventor el Marqués de Man-
cera, por lo que se dijo Mancerina, y
después con majror suavidad Maceeri~
na.* (Academia, Diccionario de 1726.)
Macero. Masculino. El que lleva
la maza delante de los cuerpos 6 per-
sonas autorizadas que usan esta señal
de dignidad.
BtiuolooIa. Maza: catalán, master;
francés, mauier; italiano, mazrero.
Maceta. Femenino. Bl tiesto en
que se siembran 6 trasplantan hier-
bas j flores. II El pie de plata, de otro
I metal ó madera pintada, donde se
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528 MACr
MACL
MACR
ponen ramilletes de flores trliñciales
para adornos de altare3 y de otros si-
tios. II I^a empuñadura t$ mango de
algunos instrumentos de hierro ó ace-
ro con que trabajan los canteros, car-
pinteros, entalladores, etc. Q Diminu-
tivo de maza. | En hacbta. Modo par-
ticular con que nacen alc^unas flores
apiñadas en un mismo tallo.
Etuioloqía. Maui, j^or semejanza
de forma, ó porque la tierra de la no-
ceta se maceaba para apretarla. — «Por
extensión se llama también así el ra-
mo que tiene muchas dores juntas jr
Apiñadas; y así se dice: Maceta de cla-
veles, de azucenas, etc.» (Academia,
Diccionario de 1 736* )
Macetear. Activo. Batir con mazos
las pieles para que se estiren.
BTiiica.oof&. Macear^ frecuentativo.
Maceteo. Masculino. La acción 6
efecto de macetear.
Macetica, Ua, ta. Femenino di-
minutÍTO de maceta.
Macetón. Masculino aumentativo
da maceta.
Hacias. Femenino. Macis.
Blacicei. Femenino. Cualidad de
lo macizo.
Hacico, lio, to. Masculino dimi-
nutivo de mazo.
1 . MacieUa. Femenino anticuado.
Cabnb.
BnuoLoafA. Macelario,
2. MacieUa. Femenino anticuado.
Mancilla, dolor, angustia.
ExiuoLoaf A. Afacella.
1. Maciforme. Adjetivo, Hittoria
natural. De flgura de maza.
Etiuolooía. Mata y forma.
2. Maciforme. Adjetivo.^o<¿tttca.
Parecido al macis.
ETU«H.oaÍA. Madí y formui.
MacigBO. Masculino. Mineralogía.
Piedra granujienta, y compuesta de
cuarzo arenoso, mica, arcilla y hierro
ocreoso.
Etiholooía. Italiano macigno: fran-
cés, macigno, piedra de Florencia.
Macilento, ta. Adjetivo. Flaco,
descolorido, triste.
Etiuoloqía, i. Italiano macilento:
catalán, maciknt, a; del latín mdcUe»-
tus, pálido, descolorido, extenuado;
forma de macer, 6aeo, enjuto.
2. El italiano tiene macilenta; fran-
cés, macilence, enflaquecí miento total
ó parcial del cuerpo, término de Me-
dicina.
MacíUo, to. Masculino diminutivo
de mazo, y Nombre dado por los tun-
didores á una pieza que junta las ti-
jeras por medio de una cuerda.
Macina. Femenino. Química. Prin-
cipio particular extraído del macis.
Etuioloqía. Macis: francés, ma-
eine.
Macio (Cato). Poeta latino del si-
glo 1 antes de Jesucristo, amigo y
firntegido de Julio César. Se hizo cé-
ebre por sus escritos mímicos. Pero
de ellos sólo han llegado hasta nos-
otros algunos fragmentos que se ha-
llaron esparcidos en las obras de Va-
rrón, Aulo Gelio, Macrobio, Prisciano
y otros. (Db Miguel y Mobantb.)
BTiiioLoaÍA. MatVus, Cay».
Reseña. — Amigo de Augusto, i
quien alaba Columela entre los es-
critores del arte de cocina; de cuyo
autor se citan tres libros: SI Cocine-
ro, El Pescadero, El Guisandero. (Val-
suena.)
Macir. Masculino. BoUnica, Arbol
de la India y la corteza medicinal del
mismo árbol. (Plinio.)
ErmoLoaÍA. Latín nucir, que es
el grie^ {jubccp ( máier).
Macis. Femenino. Botintea. La
corteza sutil y olorosa de color de ca-
nela, tejida en forma de red, que se
halla en la nuez moscada.
Etimología. Latín ffiocú, nombre
de uiiA fingida corteza aromática
(Plauto): francés, macis.
Reseña. — Expansión del trofosper-
mo de la nuez moscada, que forma
una especie de cápsula, la cual rodea
completamente la almendra en su
base.
Macizamente. Adverbio de modo.
Con macicez.
BTiuOLoaiA. Macáa y el sufijo ad-
verbial mente: francés, massivement.
Macizar. Activo. Rellenar algán
hueco, de modo que quede sólido y
firme.
Macizo, za. Adjetivo. Relleno,
firme, sólido. Se usa también como
sustantivo en la terminación mascu-
lina. H Metáfora. Sólido y bien fun-
dado.
ETiuoLoaÍA. Catalán massis, a:
francés antiguo, masseJt; moderno,
masti/; italiano, massiccto.
1. Forma de masa. Macizo es lo que
forma una masa compacta, unida, sin
huecos ni poros. (Littbí.)
2. Esta etimología, tan indicada,
tan natural, tan lógica, es falsa sin
disputa. Mocito representa punto por
punto el árabe mottA, liso, unido,
compacto. (Sousa, Díbz, Dozy.)
Slnomiuia. Macizo, sólido. Mocito
pertenece á la firmeza.
Sólido á la firmeza, á la duración y
á la utilidad.
Macizo se opone á hueco.
Sólido se opone á frágil.
Decimos «estatua de bronce Ah«m,'>
y <estatua de bronce madza.* «Este
cristal es más sólido que otro;» y «este
cristal es más frágil que aquél.»
Una pared, por ejemplo, puede ser
muj maciza, y sin embargo, no ser
sólida; una pieza de vidrio puede ser
sólida y frágil al mismo tiempo; por-
que la firmeza de lo mocito consiste
solamente en que está relleno, esto es,
en que no tiene oquedad; mientras
que lo sólido requiere otra especie de
firmeza y las demás propiedades in-
dicadas.
Llamamos macizo al hombre que
piensa y obra con fundamento, y só-
lido á aquel cuya firmeza de princi-
pios, igualdad de carácter, instruc-
ción y otras cualidades nos obligan á
entregarle ciegamente nuestra con-
fianza. (CONDB DB LA CoRTlNA-)
Macla. Femenino. Cristalografía.
Especie de cristalización en forma de
cruz, que se encuentra á veces en el
centro de las geodas. | Especie de es-
padilla, para espadañar el cáñamo.
EriHOLoaÍA. Francés macle, con-
tracción del latín mÜcula, malla, red.
Macle. Masculino. «Término del
blasón. La lisonja abierta por da
dentro, de suerte que el vacío forma
también lisonja, por abrirse en para-
lelas á la lisonja.» (Acadbhu, Dicdo-
nario de 1796.)
Hadifero, ra. Adjetivo. Cfeologia.
Que tiene en el centro alguna macla,
en cuja acepción se dice: q*isíos ua-
CLÍPBaOEt.
EtiuolooÍa. Macla y e! latín /«tí,
llevar: francés, maclijere.
Macliforme. Adjetivo. Sutorio
natural. En forma de macla.
Haclis. Masculino. Zoología. A.ní>
mal de Bscandinavia, semejante al
alce.
Etimología. Alce: latín, macAlist
del griego nbc^**^ (machios), las-
civo.
Maclosinia. Femenino. Medicina.
Furor uterino.
Etiholooía. Griego h^Xoc (wU-
cAlos), lascivo; lucx^ónjc (maekfáOt),
lascivia.
Madarito. Masculino. Comf%iü&'
logia. Especie de concha univalva.
Macmaterion. Mabhactbsioh.
Etucolooía. La forma macmaíerionf
que aparece en algunos Diccionarios^
es bárbara.
Macno. Masculino americano. Co-
chinilla, II Magno.
Maco, ca. Adjetivo. Vos de la
germanta que significa bellaco. (Juan
Hidalgo, en su vocabulario.)
Macoca. Femenino. Provincial
Murcia. Especie de breva grande.
Macoco. Masculino. Antílope.
Macolla. Femenino. (Conjunto de
pies 6 tallos nacidos de un mismo
grano.
Macón. Masculino. Oeograflo. Ciu-
dad de Francia, famosa por sus vinos.
BTniOLoaÍA. Francés Mácon.
Macona. Femenino. Cesta sin
asas.
Etimología. Macón.
Maconera. Femenino anticuado.
Arquitectura. Recuadro.
Mácente. Femenino. Macuta.
Macracinteo. tea. Adjetivo. Bo-
tánica. Provisto de espinas fuertes y
grandes.
ETiuoLoaÍA. Griego makrós, largo,
y ákantha, espina: )U(xp<k ^v9a.
Macradeno, na. Aojetivo. Botáni-
co. Que produce betlotas grandes.
Etiuoloqía. Griego makrós, largo,
y adin, ade'nos, glándula.
Macránteo, tea. Adjetivo. BotA-
nica. Que tiene flores grandes.
Etiholooía. Griego mairdSf largo,
y áníhos, flor: [utxpó^ £vto^,
Macreusa. Femenino. Especie de
ánade, de sangre fría.
Etimología. Francés macreuse, en
relación con maguertan, Deseado de
mar de varios colores; del latín M^fdí-
la, mancha: pícardo,m<icn»;burgnÍ-
ñón, maquereá; flamenco, makreel; da-
nés, makrel; inglés, mocAreil; céltico,
macrell. (Schbllbr, Littbé.)
Macro. Voz que entra en la eom-
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MACR
MACR
MACR 529
Etimología. Maero j ph^Uon, hoja:
francés, macropkyllon.
Macroftalmo, ma. Adjetivo. Sis*
toña natural. Que tiene los ojos muj
grandes.
£¡TiMOLOofA. Afacro j ophtkalmiís,
ojo: ¡Mxpóí ¿fOoXfjLÓ^ ,
Hacrogástero, ra. AdjetiTo. Zoo-
logía. Que tiene grueso j desarrollado
el vientre.
ETiMOLoaÍA.. Macro j ga*Íro,
Hacrogloso, sa. AdjetÍTo. Zoolo-
Íia, De trompa ó de lengua muy pro-
ongada.
ÉriHOLoaÍA. i/acro j y ¿SfM^lengua :
francés, ma&rogloste,
Macrognato, ta. AdjetÍTo.^ii¿o-
ria natural. De pico muy crecido.
Etiuoloqía. Macro j ffHáthos, man-
díbula: [Wtxpáí Y^á6oí.
Macrolepidoto, ta. Adjetivo. Ic-
tiología, Epíteto de los peces que tienen
grandes escamas.
ETiMOLoaÍA., Griego ^xpó^(ma-
knfsjt largo, j XtTciSwTÓí (lepid&tósj,
escamoso; de Xenl<¡ (lepisjt escama.
Macrólofo, fa. Adjetiro. Ornitolo-
gía. Epíteto de las aves que tienen un
penacho en la cabeza.
Etiuolooíá. Macro j ít^Aw (Xdtpo^),
penacho, moña, cresta.
Hacrologia. Femenino. Retéñca
griega. Vicio de la oración, proliji-
dad.
Etimología. Griego tiaxpoXfTj-í» ( ma-
krologia); de makrós, largo, j Ivgos,
discurso: francés, macrologie; latín,
macrologia. (Quintiliano.)
Hacromelia. Femenino. Desarro-
llo excesivo de un miembro, hasta el
punto de constitnir una especie de
monstruosidad.
ETiuoLOaÍA. Griego (ma'
krós ), largo, y (lÉXo? ( mélot), miembro:
francés, maavm/lie.
Macrones. Masculino plaral. St-
nografia. Antiguo pueblo, inmediato
ai Ponto Eunino, al Sudoeste de la
Cólquide. Formaba parte de los gru-
pos de los Chaljbe, y se dedicaba á
la explotación de minas da hierro. ||
Geografía antigua. Pueblo de la Ibe-
ria. (Pumo.)
Etimolooía. Latín macronet.
Hacronianos. Masculino plural.
EinwTaña. Pueblo antiguo que ha-
bitaba las montañas del Norte de la
Mesopotamia.
Hacronice. Adjetivo. Historia jw-
turaU De uñas muy largas.
Ermotoof A. Macro y ónyxt uña:"
Macroniense. Masculino. Geogra-
fía aníigua. lodividuo de un pueblo
que habitaba al Norte de la Mesopo-
tamia,
Etimología. Latín macrBnes, pue^
blos del reino del Ponto.
Macrón ticos . Masculino. Ánii-
g&edadet griegas. Nombre que los ate-
nienses daban & la muralla que unía
la ciudad al Píreo, que tenía 25 esta-
dios de largo. | También se llamó así
una muralla construida al Noroeste
de Constantinopla, y que, desde la
PropÓntide, se extendía liasta el Pon-
1 to Euxino.
posición de varias palabras para de-
notar aumento de tamaño.
BtihologÍa. Griego ¡jiaítpóí ^«a-
kr6s)t largo.
MacroDÍano, na. Lonobto.
BTiuOLoafA. 3f aerobio: francés, ma-
crobien.
Macrobianos. Masculino plural.
Mitología. Pueblo fabuloso, que los
antiguos suponían en el país de Me-
roe; y otros, en el litoral africano del
Atlántico. Creían que vivían mil años,
en conformidad con su nombre, que
significa larga vida, y que gozab.-in,
según Onomacrito, una juventud per-
petua.
BTniOLoafA. Macrobio.
Reseña. — 1. Estos son los pueblos
de Etiopía, de que nos habla Plinío.
2. También se daba el nombre de
UACBOBiANOs Ó macroHos á los habi-
tantes de Apolonia, en Macedonia,
según vemos en el mismo autor.
Macrobio (Aurblio). Filósofo de
la escuela de Platón y gramático del
siglo v. Floreció en tiempo de Teo-
dosio II. Fué hombre de muy vasta
erudición, y da él nos han quedado:
un Coatentario sobre el sueño de Esci-
píón, de Cicerón; las SatwmaUs, en
siete libros, y otro tratado muy ca-
rioso sobre la Conexión g diferencia
trolas palabras griegas y las latinas. En
estas obras se nota que Macrobio
tomó mucho de Aulo Gelio y de Plu-
tarco. La mejor edición de todas ellas
es la de Leipzig, 1774. en 8." (Db Mi-
auEL y Morante.)
Etiuolooía. Griego luntpó^, largo,
y ^gf, vida; «de larga vida:» latín,
iÍMrSbíus,
i^tfis.— Varón consular, cn^a pa-
tria no sa conoce. Floreció en tiempo
de Honorio y Teodosio el Jo9^, (Val-
BDBHA.)
Macrobiótica. Femenino, Higie-
u. Arte de prolongar la vida por me-
dio de reglas higiénicas.
Btuiología. Griego makrÓs, largo,
y biótikóSt referente á la vida; («ixpóí
pu*rt(xó<;: francés, macrobio tigue,
BCacrobiótico, ca. Sustantivo y
adjetivo. Macrobiano. | Concerniente
á la macrobiótica.
Macrobran^uio, quia. Adjetivo.
Zoología, Que tiene largas las bran-
quias.
Etimología. Macro y branquias:
Macrocálico. Adjetivo. Botánica.
Que tiene grande el cáliz.
BTiuOLoaÍA. Maero y ciliu
Macrocarpo, pa. Adjetivo. Boíi-
nica. De fruto grande.
ExiMOLoaÍA. Macro y karpds, fruto:
Macrocefalia. Femenino. Didácti-
ca. Anomalía que consiste en tener la
cabeza muy voluminosa en compara-
ción de las demás partes del cuerpo.
BtimolooIa. Macro y ke'phale^ cabe-
za: francés, macroc^kalie,
Macrocefálico, ca. Adjetivo. Pro-
pio de la macrocefalia.
Macrocéfalo, la. Adjetivo. Didác-
tica. Que tiene muy grande la cabe-
a.lExBRiÓH uacbocAfau). Botánica.
Embrión cuyos cotiledones están sol-
dados en un cuerpo mucho más volu-
minoso que lo restante. \ Ictiología.
Tribu de cetáceos, caracterizados por
la magnitud de su cabeza, cuya tribu
comprende los animales mis grandes
que se conocen.
Etimología. Macrocefalia: francés,
macrocéphaie; catalán, macrocéfalos.
Macrocéfalos. Masculino plural.
Etnografía. Pueblos del Ponto, lla-
mados asi aludiendo fi la magnitud
de su cabeza.
EnuoLoafA. Macrocéfalo: latín, ma-
crdcephali, (Plinio.)
Hacrocerco, ca. Adjetivo. Histo-
ria natural. Que tiene una cola muy
larg^. g Ornitología. Género de pája-
ros.
Etimología. Macro y ke'rkos (t'p-
xck;), cola: francés, maerocerque.
Macrócero, ra. Adjetivo. Ornito^
logia. De espolón largo en forma de
cuerno. J Zoología, Que tiene los cuer-
nos muy largos.
ErmoLoaíA. Maero y héras^ cuerno:
francés, macro^re.
Macrocolo. Adjetivo. Antigüeda-
des. Nombre del papel más ancho de
Egipto, que tenia unos 65 centíme-
tros.
Etimología. Griego (wtxpói; (ma-
krósj, grande, y xiXov (kolon), miem-
bro, división: francés, macrocole.
Reseña. — Plinio trae macri^lum,
que es el griego |Aaxp¿xuXov (makróko'
ton).
Hacrócomo, ma. Adjetivo. Que
tiene largo el pelo.
Etimología. Maero y lómi, cabelle-
ra: (xaxpó^ x¿iui).
Macrocosmo. Masculino. Nombre
dado al universo por algunos filóso-
fos.
ETiuoLoaÍA. Griego fucxp^c í'flw-
krés), lar^o, y xÓ5[aoí (kósmosj, mun-
do: francés, macrocosme.
Reseña. — El macbocosuos es el
gran mundo, la colección de todas las
cosas, por oposición al microcosmos, 6
sea al nombre.
Hacrocosmología. Femenino.
Ciencia que trata de todo el universo.
Etimolooía. Macro, iífsmos y Idgos,
tratado: iiaxpóf, x¿«[io<, X6yQ<¡.
Macrodactilia. Femenino. Vicio
de conformación, que consiste en te-
ner los dedos muy largos.
EtmOLOofA. MaeroMcíilo.
Hacrodáctilo, la. Adjetivo. Zoolo*
gfa. Que tiene los dedos muy largos.
Etimología. Maero y dáctilo: mn-
cés, macrodactgle,
Macrodiptero, ra. Adjetivo. Or-
nitología. Epíteto de las aves que en
una de sus alas tienen una pluma más
larga que las demás.
ÉriMOLOaÍA. Macro; dis, dos, y pU-
ro'n, ala: [iaxpó<; Sí^ ncEpóv.
Macrodonte. Adjetivo. Historia
natural. De dientes ó de filamentos
largos.
Etuiología. Maero y odoKs, geniti-
vo odaníos, diente: |i.xxp¿c ¿SoOc*
Macrófilo, la. Adjetivo. Botánica,
De hojas muy largas, en cuyo sentido
se dice: plantas macrÓfilas.
TOMO nX W
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530 MACR
MACS
liAOü
Etimología. Gríeg-o (wxjjiíiv (ma-
kron), largo, y -itl'/o^ fUiehos), muro:
francés, macroniíchos.
Macropétalo, la. Adjetivo; ¿oífí-
nica. Que tiene grandes pétalos.
Etiuolooía. Aíaero j pétalo: fran-
cés, macropétale.
Hacropódeo. Macsópodo.
Hacropodia. Femenino. Vicio or-
(fánico que consiste en tener muy lar-
gas los piés.
ETiuoLoaf A. Macrópodo: francés,
macropodie, monstruosidad caracteri-
zada por un desarrollo excesivo de los
píes.
Macrápodo, da. Adjetivo. Botáni-
ca. De pedúnculos mu^ largaos. || Bu-
BRiÓN MACBÓPODO. Embrión cuja ra-
dícula es muj gruesa y ofrece la for-
ma de una cabeza. | Embrión da una
planta que tiene muy largos los pe-
dúnculos, y Zoología. De piernasó pa-
tas largas. | Ictiologia. De largas ale-
tas.
ETiHOLoaÍA. Griego (wxpi? /'ww-
krós)t largo, y toüí, mUt.ÍpoüSypodós},
pie: francés, maeropode.
Uacroprosopta. Femenino. TVro-
tologla. Monstruosidad caracterizada
por un desarrollo anormal del sem-
blante.
Etimología. Griego itaxpói; /'ma-
krós), largo, y npó¡n««iov (prósopon),
cara: trances, macroproaopie.
Macróptero, ra. Adjetivo. Histo-
ria natural. De alas mwy grandes.
Etimología. Macro y píerón, ala:
francés, macropUre.
Hacroquera. Femenino. Túnica
con mangas la^as.
Etiiiología. Griego [wtxpóxe'P T"**"
króckeir), que tiene mangas largas;
de makrái, largo, y cAíiV, cheiriís, ma-
no: latín, macrócherus.
BSacroquería. Femenino. Anoma-
lía orgánica que consiste en el excesi-
vo desarrollo de las manos.
ETiMOLoaÍA. Macroquera: francés,
macrochirie.
Hacroquero, ra. Adjetivo. Didác-
tica. De manos grandes.
Etimología. Macroquera: francés,
macrockire.
Hacrorrinco, ca. Adjetivo, Orni-
tología. De pico ú hocico muy prolon-
gado.
Etimología. Mmtq j rhygekot, pi-
co; uxxpó< ^úyxoc*
Uacrorrizo, za. Adjetivo. Boíáni'
ca. Planta hacrorriza. Planta que
tiene grandes raíces.
Etiuolooía. Afaera j rkUa, raíz:
francés, macrorrhize*
Hacroscela. Macroscbua.
Macroscelia. Femenino. Género
de monstruosidad caracterizada por
un excesivo desarrollo de las piernas.
Etimología. Griego tiaxpó<; ( ma-
ifíisj, largo, y axéXw; (skélos), pierna:
francés, macroscélie.
Hacroscélído, da. Adjetivo. En-
tomología, Epíteto de los insectos que
tienen muy desarrollados los miem-
bros posteriores.
Etiicología. Macrotceliai francés,
macroscelide.
Macrosciano, na. Masculino y fe-
menino. Oeografia, Nombre que se da
á los habitantes de los países á cuyo
cénit nunca llega el sol, || ílasculíno
plural. Los iiACHosciAfíOS.
Etimología. Griego macro y tkiá
(jxti), sombra: francés, macroscien.
Reseña. Pueblos uacroscianos d ha-
bitante» de las zonas glaciales. — Pueblos
que reciben muy oblicuamente los
rayos del sol, y cuyo cuerpo proyecta
¿ medio día una grande sombra.
Macrosomacia. Femenino. Mons-
truosidad caracterizada por la magni-
tud 6 grosura excesivas del cuerpo.
EtuíologÍ A .Griego [wxpíí ( maAro't),
largo, y vüfia (soma), cuerpo: francés,
ntacrosomatie.
Macrospermo, ma. Adjetivo. Bo-
tánica. De frutos ó semillas gruesas.
Etimología. Makrót, lar^o, y tpér-
ma, grano, simiente: francés, moer os -
perme.
Macrostaquiado, da. Adjetivo.
Botánica. Que tiene dispuestas las flo-
res en una espiga muy larga.
Etimología. MacrJstico.
Macróstico. Masculino. Historia
eclesiástica. La quinta fórmula de fe
que compusieron los eusebianos en un
concilio que celebraron en Antioquía,
á mediados del siglo iv (345). Los eu-
sebianos eran ana variedad de los
arríanos.
Etimología. Griego twxpw; ( maXrós),
largo, y níx'*^ (stickosjt linea, ren-
glón: francés, macrosiicke.
Reseña. — La fórmula de los euse-
bianos se llamó machóstico, porque
estaba escrita en renglones muy lar-
gos.
Macróstico, ca. Adjetivo. Diplo-
mática. Escrita en rengíonea muy lar-
gos.
ETiifOLoaÍA. Macrdttieo: francés,
maerasíiehe.
ISacróstilo, la. Adjetivo. Botáni-
ca. Plantas MACRÓSTILA9. Plantas que
tienen un estilo muy largo.
Etimología. Uacro y s^loi, ettilo:
francés, macrostyle.
Macróstomo, ma. Adjetivo. Hit-
toria natural. De boca muy grande.
EtiuolcoÍa. Makrós, largo, y «ftfma,
boca: francés, macrostome,
Macrotarso, sa. Adjetivo. Zoolo^
gia. Que tiene muy largos los tarsos
6 muy altas las patas.
Etimología. Macro y tarto: francés,
ma&rotarsien,
Hacrotelóstilo, la. Adjetivo. CrtV-
talogra^ia. Epíteto de un cristal pris-
mático, terminado por pirámides lar-
gas.
Etuiología. Griego makrós, largo;
íéios, fín, y siglos, columna: t^xpó^,
Macruros. Masculino pIuraL ^00-
logia. Familia de docápoaos con una
cola compuesta de hojuelas á modo de
escamas. Q Plantas magruras. Botá-
nica. Plantas cuyas ñores están dis-
puestas en largas espigas.
Etimología. Macro y oúra, cola:
francés, macroure.
Hacsarat. Femenino. Casa fuerte
donde se guarecen los negros.
Macsurat. Femenino. Cortina en
que 86 ponen los príncipei en las
mezquitas.
Mactierno. Masculino. Nombre
que dieron á los infantes de Bretaña.
Hactrismo. Masculino. Antigüe-
dades. Danza usada por los griegos.
ETiMOLoaÍA. Griego ^áxtpaf rn^tra ),
artesa, en cuyo torno se bailaba; fran*
cés, mactrisme.
Macuache. Masculino americano.
El indio bozal que aun no ha recibido
instrucción alguna.
Macaba. Femenino. Tabaco exce-
lente que toqia el nombre del pi^a en
que se cría.
BmiOLOQU. Francés sMCoaía.
Reseña. — Macuba es un oantdn de
la Martinica.
Macuca. Femenino. Arbusto sil-
vestre, especie de peral, aunque de
hoja más menuda, cuya fruta, llama-
da también macuca, es muy pequeña,
colorada, insípida y de carne olanda
y suave.
Macaenco, ca. Adjetivo america-
no. Flojo, flaco, débil.
Macul. Masculino. Ánt^'Aedaáei,
Entre los hebreos era un instrumento
parecido á la citara.
Mácula. Femenino. Manoüa. 8e
usa comunmente en sentido metafó-
rico por lo que deslustra y desdora. |
DB LA LUNA. Atlronomia. Cualquiera
de Las partes oscuras que se observan
en su cuerpo. | dbl sol. La parte os-
cura que se observa en el disco del
sol. I Metáfora. Engaño, como cuan-
do se dice: «aquí hay mácula.»
Etimología. Latín modífa, mancha,
ignominia, infamia, deshonra, señal,
pinta de otro color; malla de red, en
Cicerón; hito, urdimbre de la araña
(macula, plural), en Plinio; red, en
Varrón; iiacdlis albü equiu bicolor,
«caballo pío» (Viboilio); uacuuu
ejfugere, «evitar la deshonra» (Tb-
KBNCio): catalán, mácula; francés, sm-
eule; italiano, macula, macóla*
Maculación. Femenino. La acción
6 efecto de macular.
Etimología. Macular: latín, mdt^
litio, la acción de manchar, forma
sustantiva de mUcülátut, maculado;
italiano, maculazione.
Maculado, da. Participio pasivo
de macular. | Botánica. Hojas uacu-
LADAS; hojas marcadas de manchas de
color distinto que el del fondo.
Etimología. Macular: latín, mici-
latus; italiano, maculato; francés, ais-
cuU.
Macttlador, ra. Sustantivo y ad-
jetivo. Que macula 6 tiene la propie-
dad de macular.
Etimología. Macular: italiano, «w-
culaíore.
Macular. Activo anticuado. Man-
OHAB.
Etimología. Macar: catalán, macu-
lar; francés, maeuler; italiano, «ac«-
lare.
Maculario, ria. Adjetivo. Historia
natural. Que tiene manchas naturales
ó pintadas.
Etimología. Macular: francés, sm-
culaire.
Maculatura. Famenino. Imprt*
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MACH
MACH
MACH 531
«dk Bl pliego mal impresa qae le
desecha por manchado..
EnuOLoaÍA. Maenlar: catalán, tw-
atUtura; francés, maeulaíure.
Maculca. Femenino americaoo.
AoujBTAS de resaltas de algún ejer-
cicio extraordinario.
Haculiforme. Adjetivo. Didáctica.
Que tiene la forma de ana mancha
pequeña.
ETiMOLOofA. Mácula j fama: fran-
cés, maculiforme.
Maculi^ene. Adjetiro. Ornitolo-
gía, Que tiene lai alas manchadas de
diversos colores.
Etucolooía. Latín maciilaf man- .
cha, y pmna, pluma, ala.
Haculirroatro, tra. Adjetivo. Or*
mtologia* Que tiene manchas en el
pico.
ETnroLOofA. Iiatfn m^ciíja. man-
cha, j rostrtm, pico.
Macaloso, sa. Adjetivo anticua-
do. Lleno de manchas.
ETUiOLcaÍA. Mácala: latín, máca-
Idtut.
Uacún. Masculino. Relación. Es-
fiecíe de túnica corta, que los natura-
es de Chile llevan sobre los vestidos;
V frecuentemente, por única vestidu-
ra. Es una especie de camisola.
Blacuquino, na. Adjetivo que se
aplica á la moneda cortada que no
tiene cordoncillo.
Hacuta. Femenino. Nnmimáüea,
Moneda de Guinea equivalente á unos
diez j seis cuartos.
Macuteno. Masculino americano
familiar. Hombre ruin j paciente, por
degradactiSn, no por bondad.
Macuto. Masculino americano. Pa-
quetito hecho de jagua, que contiene
cera, carne, tabaco, etc.
Blacha. Femenino. Botánica. Plan-
ta parecida á la valeriana.
ÉTiifOLoafA- Francés, m&che, vaU-
rianella locusta, de Linneo.
1. Máche debe ser una forma de
MÚcAer, mascar. (Littré.)
2. l^ta etimología es errónea. Ma^
cha representa literamente el árabe
mieh, que se halla en Avicena.
Macuá (A) martillo. Locución ad-
verbial familiar. Con solidez, con fe
ciega.
BTiuoLoaÍA. Macha, apócope de
machaca, verbo, tercera persona (sin-
gular) del presente de indicativo.
Machaca. Femenino. Instrumento
con que se machaca. j| Común metafó-
rico. El sujeto pesado que fastidia con
su' conversación necia é importuna.
EriuoLoaÍA. Machacar: catalán,
maíxaca.
Machacadera. Femenino. El ins-
trumento con que se macliaca.
Machacado, da. Participio pasivo
de machacar.
Etimología. Machacar: catalán,
matxacat, da.
Machacador, ra. Masculino jr fe-
menino. El que machaca.
Machacar. Activo. Quebrantar y
desmenuzar á golpes alguna cosa, y
Nfutro metafórico. Porfiar é insistir
importuna y pesadamente sobre una
cesa.
EtiuOlooÍa. Machacar: catalán,
matxac.ar; forma de matoo, mazo.
Machacón, na. Adjetivo. El oue
es importuno, pesado, que repite las
cosas ó Us dice muj difusamente.
Machada. Femenino. El hato de
machos de cabrío. | Familiar. Nbcb-*
DAD.
Machado. Mascalíno. Hacha para
cortar madera.
Etihdlógía. Machar.
Machamona. Femenino. Calabaza
de Africa, cuja corteza sirve para ha*
cer vasos.
EtiuolooÍa. Franc^ machamone.
Machaneo. Masculino. Antigüeda-
des. Nombre oue daban los habitan-
tes de Corfú al mes onceno del año.
EruioLOofA. Griego [i«xói«vo? ma-
chdwenos); íotm^ de (máchS),
combate, porque «ra el mes d« las lu-
chas.
Machangalo. Masculino. Animal
de América parecido al conejo.
Machao. Masculino. Pájaro del
Brasil cuja pluma es negra mezclada
de verde.
Machaquería. Femenino. Pesa-
dez, importunidad.
Etimología. Machaca.
Machaquete. Masculino. Especie
de ffrillo que habita en los agujeros
de los árboles.
Machar. Activo. Machacar.
EtuiolooÍa. Mazar: provenzal, fna~
car, machar, macher; francés, macquer;
portugués, ffispar; italiano, macare;
bajo bretón, máe*ka.
1. Esto prueba que existe una raíz
mac, la cual signinca magullar, gol-
pear. Qrandgagaare pregunta si este
radical es idéntico al elemento mac
que se halla en el latín maclare, ma-
tar, herir. Por consiguiente, la raíz
en cuestión queda en la oscuridad.
(LiTTRB.)
2. La raíz da machar es el hebreo
machad: griego, (lixi (máché), golpe,
herida, combate. (Anónimo.)
Machari. Femenino. Tela de que
se hace gran comercio eu Holanda.
Machca. Femenino americano.
Harina de cebada que sirve de ali-
mento á los indios.
Machear. Neutro. Engendrar los
animales más machos que hembras.
Machera. Femenino. Erudición.
Piedra mágica, mencionada en un li-
bro falsamente atribuido á Pentarco,
que volvía ave al que tenía la desgra-
cia de verla mientras que se celebra-
ban los misterios de la gran diosa.
Macherión. Masculino. Instru-
mento quirúrgico usado por los anti-
guos.
Etimología. Griego ¡la^aípot (ma-
cAairaJ; de máehi, combate: latín,
mdchtera, espada, cimitarra, sable, en
Plauto; cuchilla de carnicero, en Sue-
tonio.
Macheróforo. Masculino. Antigüe-
dades griegas. Soldado cuja arma era
únicamente la espada.
Etimología. Griego machatra, es-
pada, y phorós, que lleva.
Macheta. Femenino. Machado pe-
I queño.
Etimología. Machete,
Machetazo. Masculino. Bl golpe
que se da con el machete.
Machete. Masculino. Arma más
corta que la espada. E? ancha, de mu-
cho peso y de un solo 61o.
Etimología. Machar: griego, ^v^fA-
ptov (machaírion); latín, macharí%m,
sable corto; catalán, matxete.
Reseña. — 1. No es posible separar
las siguientes formas: griego, ma-
chaírion, alfanje, j machetes {^n-j^n-v^),
el que combate.
2. «Especie de cuchillo e-rande ó
terciado, más pequeño que Ta espada
j major que la daga j el puüal. Co-
varrubias dice se llamó así del griego
Machara, que vale espada corta.»
(AcADBUiA, Diedonarifide Í7Í6,J
Machetear. Neutro. Cabecear un
buque navegando poco & causa de la
mar gruesa de proa.
Machetero. Masculino. El que
tiene por ejercicio desmontar con ma-
chetes los pasos embarazados con ár-
boles.
Machial. Masculino. Monte pobla-
do de arbustos j árboles silvestres,
que se aprovecha para pasto del ga-
nado cabrío.
EnuoLoofA. Macho.
Machiembrar. Activo. Carpinte-
ría. Ensamblar dos piezas de madera
& caja j espiga v ranura.
Etimología. Macho j hembra.
Machín. Masculino. «Yoz vas-
cuence, que vale lo mismo que Mar-
tín, j se aplica en Vizcaja á todo
hombre rústico y mozo del trabajo, j
con especialidad á los mozos de las
herrerías: por cu^a alusión los poetas
castellanos suelen llamar á Cupido el
Dios Machín, por haber nacido en la
herrería de Vulcano.» (Academia,
Diccionario de 1728.)
Machina. Femenino. En los arse-
nales es la máquina que sirve para ar<
bolar j desarbolar las embarcaciones.
Machinete. Masculino. Provincial
Murcia. Machete.
Etimología. Machina.
Machlis. Masculino. Animal su-
mamente veloz j sin juntura en las
piernas.
Macho. Masculino. Animal del
sexo masculino. || El hijo de caballo
j burra ó de jegua j asno. Q La plan-
ta que fecundiza á otra de su especie
con el polvillo de sus estambres, || Ar-
quitectura. Pilar de fábrica que sostie-
ne el techo ó que se ingiere en las
paredes para major fortaleza, ponién-
dolo de piedra en las paredes de la-
drillo, ó de ladrillo en las tapias de
tierra. |¡ La parte del corchete que se
engancha en la hembra. | La pieza
que, entrando dentro da otra, mrma
algún instrumento; como el tornillo
respecto de la tuerca. Q £1 mazo gran-
de que haj en las herrerías para for-
jar el hierro. |] El banco en que los
herreros tienen el _yunque pequeño, [|
El j^unque cuadrado. || Adjetivo. Fuer-
te, vigoroso, robusto; y así se dice:
pelo MACHO, vino macho, etc. |j Me-
táfora. Nació. I Macho cabrío ó db
1 CABRÍO. Cabrón. | na parada. El de
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532 MACH
cftbrío industriado á estarse quieto
para qua el nnado uo se desparrame
ni extravíe. | romo. El que nace de
caballo j burra.
Etiuoloqía. Sanserito »ait[3|p^),
pensar; mas, genio; mantu, hombre;
niSnusas, humano; zend, masAjdia,
mafhja, hombre; germánico, mann;
godo, manna; latín, mas, marit, ma-
cho: italiano, maschio (masq-aio); fran-
cés» m&U, ñas, le; provenzal j cate-
lán, mascU.
Úachón. Masculino. Arquitectura.
Pilar que sostiene la fábrica por al-
g^una parta principal.
BnuoLooÍA. Macho.
Hachorán. Masculino. Fez que
tiene una especie de barba j se llama
vulgarmente gato marino.
Machorra. Femenino familiar* La
hembra estéril.
ETnfOLOQÍx. Macho, aludiendo á
que no pare.
Machota. Femenino. Macmotb.
Machote ó Machota. Masculino y
femenino. cEspecie de mazo. Usase
en la frase castrar á Mjlchotb ó á Ma-
CHOTAi que vale castrar á golpe, ó
machacando* como se hace con los to-
ros.» (A.CADBUIA, Diccionario de Í7Z6.J
Q A MACHOTB Ó MACHOTA. Modo ad-
verbial. Como á golpe de mazo.
Machaca. Masculino. Nombre pa-
tronímico de varón j de hembra. Q
Plural. Los Maohucjüi.
Etiholooía. Machucar*
Machuca (Pbdro). Pintor, escultor
y arquitecto español del siglo xvii.
Dirigió la construcción del palacio de
Carlos Y, en Granada, j se le atribu-
ye, como escultor, la fuente que haj
en la Alhambra, adornada de pilas-
tras y bajorrelieves, que representan á
ííércules matando la hidra, el Rapto
de Siena, Apolo j/ Dafne t Alejandro á
caballo y dos Victorias, obra de gran
mérito y que acredita á su autor en-
tre los mejores de su tiempo.
Machucado, da. Participio pasivo
de machucar.
BTiHOLoaÍÁ. Machucar: catalán,
maíxucat, da.
Machucadura. Femenino. La ac-
ción y efecto de machucar.
Etiuolooía. Machucar: catalán,
matxucadura.
Machucamiento. Masculino. Ma-
chucadura.
EriMOLOofA. Machucar: catalán,
maíxucaaa, malxucamení.
Machucar. Activo. Herir, golpear
una cosa maltratándola con alguna
contusión.
ETiMOLoaÍA. Machacar: catalán,
miixucar; francés, machurer, siglo xv.
Machucho, cha. Adjetivo. Sose-
gado, juicioso. J¡ Entrado en días.
Etimología. Macho y el sufijo des-
pectivo ucho, como en casucho: macho-
ttcho, mach-ucho, machucoi macho vie-
jo, sagaz.
Machuelo. Masculino diminutivo
de macho. [| El corazón del ajo.
Machumacept. Masculino. Com-
posición de opio que usan los moros
para excitar el apetito. I
MADA
ETiuoLoofA. Arabe 0>^^
(ma'djun), electuario. (Dozv.)
Machumacete. Anticuado. Ma-
GHUMACBPT.
Hada-doro. Masculino. Moneda
de oro de Portugal.
Etimología. Mada, por moeda, mo-
neda, y (¿' ouro, de oro: moeda d'ouro,
Madagaña. Femenino anticuado.
Fantasma, espantajo.
Madagascarés, sa. Sustantivo v
adjetivo. Natural 6 propio de la isla
de Madama scar.
Hadai. Masculino. Mitología. Hijo
de Júpiter y padre de los medas.
Madalena. Femenino. Especie de
boUito ó tortita compuesto de azúcar,
limón, harina, huevos y otros ingre-
dientes.
ETiuoLoaÍA. Francés Madeleine,
Magdalena.
Madama. Femenino. Voz tomada
del francés, equivalente á señoba.
Etimología. Francés madame; de
fita, femenino de vion, mi, y dama;
cmi dama:> catalán, madama.
Madame. Femenino. Historia. Tí-
tulo que, tomado -absolutamente y
como nombre propio, sirvió para de-
signar, desde el siglo xvn, la hija
major del rey de Francia, y sobre
todo, la mujer de Monsieur, hermano
major del rev. También se la llama-
ba Madamb Movale, Entre las prime-
ras que han llevado este título, se
distinguen sobre todo: Enriqueta de
Inglaterra, hija de Carlos I j casada
con Felipe de Orleáns; Carlota Isabel
de Baviera, segunda mujer de Mon-
sieur, y madre del Regente; y, en
nuestros días, María Teresa de Fran-
cia, hija de Luis XVI y duquesa de
Angulema. || Erudición. Título que se
dá en Francia á las señoras casadas,
á diferencia del de mademoiselie, que
se da á las sefioritas. | Qet^afia* Is-
lote de la Chareute inferior, en la em-
bocadura de la Charente, á 12 kiló-
metros de Marennes.
Hadameo. Masculino. Bu Lima,
la reunión ¿ concurso de muchas se-
ñoras.
Madamisela. Femenino. La mujer
joven que se compona mucho y pre-
sume de dama.
Etimología. Francés del siglo xvi
ma demoiselle; moderno, mademoiselle;
de ma, mi, y demoiselle, damisela.
Madamita. Femenino diminutivo
de madama. | Masculino familiar. El
hombre afeminado y mujeril.
Etimología. Madama: catalán, mo-
dameia.
Madama. Nombre de ciertas ven-
tas de los caminos de Oriente.
Etimología. Arabe maidam, mer-
cado, punto de venta: francés, mai-
dam,
Madán. Masculino. Altar 6 tem-
f)lete para colocar las divinidades en
jS templos indios. || Madams. (Caba-
llero.)
Etimología. Vocablo indio.
Reseña. — Erudición. En la India,
especie de altar cubierto, sobre el
cual se coloca el ídolo, en el interior I
MADE
de los templos. || Pequeño edificio que
se halla a cierta distancia en los
grandes caminos, j donde está per-
mitido que descansen los viajeros.
Madapolán. Masculino. Tejido de
algodón de diversos colores que se fa-
brica en el Indostán.
Etimología. Madapolán , ciudad :
francés, madapolam.
Madarosis. Medicina. Caída del
pelo y de las cejas, en particular.
EroiOLOGÍA. Griego [iaSípwüií ^«a-
dárosis): francés, madarose.
Madaura. Femenino. Geografía
antigua. Ciudad de Africa, patria de
Apuleyo.
BTIMOLOQÍA. Latín Madaüri.
Reseña, — ^La ciudad de Madaura se
hallaba entre la Numidia jr la Oeta-
lia. (San Agustín.)
Hade&icción. Femenino. Farma-
cia. Humedecimiento de una substan-
cia para hacer de ella un medica-
mento.
Etimología, Latín m^efacere, hu-
medecer; de madídus, húmedo, y face-
ré: francés, madéfaction,
Madefactar. Activo. Farmacia,
Humedecer.
Etimología. Madefacddn: francés,
madejier.
Madeja. Femenino. Porción de hi-
lado, cogida en un aspa ó torao en
tal disposición, que se pueda devanar
fácilmente. Q Metáfora familiar. El
hombre flojo y dejado. | Madeja bn-
TBOPBZADA, QUIBN TS ASPÓ, ¿POB QU£
NO TE DEVANABA? Refrán con que se
reprende á los que, enredando alguna
cosa en los principios, después la de-
jan sin concluir para que otro tenga
el trabajo de ponerla en orden. ¡1 sin
CL'BNDA. Cualquiera cosa que está
muy enredada ú desordenada. |{ Me-
táfora familiar. Se dice de la persona
que acumula especies sin coordina-
ción ni método, ó que no tiene orden
ni concierto en sus cosas y discurses.
Hacbr madbja ó haceb hebra.
rase. Se dice de los licores que, es-
tando muy coagulados, hacen como
hilos ó hebras.
Etucoloqía. Griego iiítaga ( métaxa }:
latín, metaxa, seda en bruto: catalán,
madeixa.
Reseña. — Escritas, hace muchos
años, las anteriores líneas, tenemos
la satisfacción de verlas confirmadas
por el Diccionario de Autoridades,
cMazo ú atado de hilo, lana, algo-
dón ó seda, dispuesto en el aspa ó
torno, de tal forma, que cuando los
quitan de ella, metidos en la devana-
dera, se hacen ovillos con facilidad.
Es tomado del latino Metaxa, por cuya
razón se debe escribir con £ y no
con y, como hacen algunos.» (Acadb-
MiA, Diccionario de 1 726.)
Por semejanza se llama el cabello.
(Idem.)
«Marios, de ta oabello
lai bermoiaa ric» trenus
dftD mnerte, bí rcmio en laoti,
libre* 1m madexot dejae.>
(AOUBTlH DB SALASAB, obra$ póatMHQ*.)
cSe llama también al hombro flojo
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¡
MADE
MADI
WíDR 533
y sm fuerMs; t así dicen: Pttlano es
un MADEXA.» (A.CA,DBHU| Diccionorio
de il'26.)
Sabe vbnder sus madexas. Frase
coD que se da á enteader que alg'uno
ea muj astuto, sagaz y advertido, j
que no se deja .engañar con facili-
dad. (Idbh.)
Madejeta. Femenino diminutiro
de madeja.
Etiuoloqía.. Madeja: catalán, tna-
deixeta.
Blad^ica, lia, ta. Femenino di-
minutivo de madeja.
Hadejuela. Femenino diminutivo
de madeja.
Hademoiselle. Femenino. Histo^
ria. Título que, tomado absolutamen-
te y como nombre propio, sirvió para
designar, desde el siglo xvii, la nija
m&yot Monsieur, hermano del rey
de Francia. Entre las princesas que
han llevado este título, se cuenta, en
primer lugar, la duquesa de Montpea-
síor, hija de Gastón de Orleáns y nie-
ta de Luis XIII, llamada la Grande
Madbmoisellb, para distinguirla de
María Luisa, hija de Felipe de Or-
ieáns j nieta de Luis XIV. Posterior-
mente este título fué dado por usur-
pación á Madbhoi^^bllb de Charoláis,
hermana mavor del duque de Borbún,
ministro de Luis XV. Én la antigua
monarquía francesa, los nobles llama-
ban Mademoiselles á las plebeyas,
aunque fuesen casadas, á menos que
su marido no poseyese un cargo, ó
ejerciese una profesión reputada no-
ble. La mujer de Moliere llevaba el
nombre de Madiímqisbllb Moliere,
Hacía fines del reinado de Luis XIV,
otras muchas usurparon el título de
Miuíamei j la costumbre de llamarlas
Madbmoisbllb cesó durante el si-
glo xviii, aplicándose desde entonces
á las solteras en ^neral, como trata-
miento de cortesía.
1. Madera. Femenino. La parte
sólida de los árb des. |¡ La materia de
que se compone el casco de las caba-
llerías. II Cañiza. La que tiene la veta
á lo largo. || del aibe. El asta 6 cuer-
no de cualquier animal. || os trbfa.
Aquella cuyas vetas forman ondas y
otras figuras. P en blanco. La que está
labrada y no tiene pintura ni barniz,
jl BN BOLLO. La que no está labrada
ni descortezada, I A hedía uadera.
Modo adverbial. Cortada la miiad del
grueso en las piezas de ma^dbra ó me-
tal que se ensamblan 6 unen. Q Dbs-
CUBRIBLA hadbra. FrasB metafórica.
DbSCUBBIB la hilaza. II No HOLGAR
LA UADBRA. FrasB familiar. Trabajar
incesantemente. || Pesar la uxdbra,
SBB DB MALA MADERA, Ó TBNER MALA
UADBRA. Frase familiar. Hehusar el
trabajo, ser perezoso. |[ Sangrar la
MADERA. Frase. Hacer incisiones álos
inos y otros árboles resinosos, á fin
e que la resina salga por ellas.
Etiuoloqía. Sánscrito mü, cons-
truir: latín, materia y materíes, mate-
ria y madera. — «La porción sólida del
árbol. Covarrubins aice se llamó así
por ser materia para hacer muchas
cosas, y que de Materia se dijo made-
ra.» (Academia, Diccionario ie 1796.)
2. Madera. Femenino, (reografta.
Isla del mar Atlántico, á la altura de
Canarias, perteneciente á Portugal.
ErtMOLoaÍA. Latín Madera: italia-
no y catalán, Madera; francés, Ma-
dére.
Maderable. Adjetivo. Se aplica al
bosque ó árbol que da madera útil
para construcciones civiles ó navales.
Maderada. Femenino. El conjun-
to de muchos maderos.
. Madereye. Masculino. El conjunto
de maderas que sirven para un edifi-
cio ú otros usos.
Maderamen. Hascnliao. 1£adb-
BAJB.
Maderamiento. Masculino anti-
cuado. Enmaderauibnto.
Maderar. Activo anticuado. £h-
U\DBRAU,
Maderería. Femenino. El sitio
donde se recoge la madera para su
venta.
Maderero. Masculino. El que tra-
ta en madera. |} El que se emplea en
conducir las armadías por los ríos, y
Carpintero.
Maderico, Uo, to. Masculino di-
minutivo de madero.
Maderista. Masculino. Provincial
Araeón. Maderero.
Maderito. Diminutivo de madero.
Madero. Masculino. Pieza de ma-
dera larga y comunmente cuadrada, Q
Metáfora familiar. La persona muy
necia y torpe ó insensible.
Etimología. Madera: francés, no-
dier.
Maderuelo. Masculino diminutivo
de madero.
Madhón. Masculino. Mitología in-
diana. Nombre dado por los indios á
muchos genios del mal, cuyo jefe se
rebeló contra Brahma y fué vencido
por Vichnú.
Madi. Masculino. Botánica. Planta
de Chile, de cuya semilla se saca acei-
te bueno para la comida. Lo hay cul-
tivado y silvestre, que sólo se dife-
rencia del otro en tener sumamente
viscosas las hojas que abrazan el
tronco.
Etiuoloqía. Latín técnico, uadia
vellosa, y madia sativa^ de Molina:
francés, madi.
Madíaico, ca. Adjetivo. Q,v,imica.
Acido uadiaico. Acido extraído del
aceite de madi.
EtimolgoÍa. Madi: francés, maidaU
que.
Madián. Masculino. Fruto embria-
gador producido por una planta de
la India. || Geografía antigua. Comar-
ca de la Arabia Pétrea, situada á lo
largo del mar Rojo.
EriMOLOaÍA. Latín Mddían,
Madianista. Sustantivo y adjeti-
vo. Mad:anita.
Madianita. Sustantivo y adjetivo.
Biblia. Natural de la tierra de Ma-
dián ó concerniente á ella.
Etimología. Latín madianita y md-
dianites: italiano, m^ian^ta; francés,
madianite.
Madio. Anticuado. Bl mes de
I Mayo.
Medios. Eipresión antíenadá. Pas '
Dios ó POR Dios.
Madisterion. Masculino. Pinzas
que se usaban antiguamente para
arrancar el vello.
Etimología. Griego (ut¿iim{ptov (ma-
disíerion), pinzas para arrancar los
vellos, equivalente al latín voliHla.
Madona. Femenino. Nombre que
dan los italianos á la Santísima Vir-
gen ó á sus efigies, SbRora.
Etimología. Italiano madonna; de
Mü, mi, y donna, dueña: ñancés, «o-
done; catítlán antiguo, maáona.—tLo
mismo que señora. Es tos osada vo-
luntariamente, en diferente sentido
del <^ue se usa en Italia.» (Aoadbuia,
Diccionario de 1726.)
•I>«1 Sidonio mftr la orlll»
pisa la bella Uadoka,
recreando booeetiimenis
laa fatiga* y oongojas.»
{AnAaTASio Fahtalsók, AMofrra^ roma»'
«a.*)
Madoaina. Femenino. Numismáti-
ca. Moneda genovesa equivalente á
unos tres reales.
Etimología. Italiano madonina, di-
minutivo de madona.
Madonnadasonni. Masculino. Mi-
tología. Nombre que los antiguos per-
sas daban al Ser Supremo.
Mador. Masculino. Mediñna. Hu-
medad cutánea.
Etimología. Latín mXdory orit, hu-
medad, sudor, en Salustio; de «át/^,
estar mojado.
Madoroso. Adjetivo. Medicina.
Húmedo, humedecido.
Etimología. Mador.
Madovino. Masculino. Nwnismáti'
ca. Doblón del Piamonte que vale tre-
ce libras del país.
Madra. Femenino. Pieza de made-
ra de cinco á seis pulgadas de grueso,
que sirve para hacer baterías.
Madris. Masculino. Cierto tejido
dé seda y algodón llamado así por fa-
bricarse en Madras.
Etimología. Madrát, ciudad de la
India: francés, Madras.
Madrastra. Femenino. La consor-
te respecto de los hijos llevados al
matrimonio por el marido. || Metáfo-
ra. Cualquiera cosa que incomoda ó
daña. || óermanla. La cárcel, la cade-
na, jl Madrastra, BL nomrre lk bas-
ta. Refrán con que se significa el
fioco amor que ordinariamente tienen
as MADRASTRAS á SUS hijsstros.
Etimología. Madre: bajo latín, ma-
irasta; francés del siglo xiii, fflarru-
íre; moderno, marátre; catalán, ma-
drastra; walón, máríUe; namurés, nau-
rause.
Madrátida. Adjetivo. Sistoria
oriental. Nombre de una dinastía ára-
be, que reinó más de un siglo en la
Mauritania, arrojada por los fatimi-
tas á principios del siglo x.
Madraza. Femenino familiar. La
madre muy condescendiente y que
mima mucno á sus hijos.
Madre. Femenino. La hembra que
ha parido. || La madre respecto de
sus hijos. jlTítulo que se da á las re-
ligiosas. B Bn los hospitales y casas
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534 MADR
MADR
MADR
de recogimiento, la mujer á cujo car-
go está el gobierno en todo 6 en par-
te. Q Metáfora. La causa, raíz ú ort-
Sin de donde proviene alguna cosa. Q
Btifoia. Aquello en que fígurada-
mente concurren las cualidac^s pro-
pias de una madre; j así se dice: Se-
villa es UADRB de forasteros. | En las
hembras, la parte donde se concibe j
se alimenta el feto. Q El espacio de
una á otra margen por donde tienen
su curso regular los ríos y arrojos. ||
La alcantarilla ó cloaca maestra por
donde corren las inmundicias. Q La
materia más crasa ó heces del mosto
ó vinagre que se sientan en el fondo
de la cuba, tinaja, etc. | La acequia
principal de donde salen y donde des-
aguan las hijaelas ó acequias meno-
res. J Familiar. Suele darse este nom-
bre a las mujeres ancianas del pue-
blo. II Marina. Cuartón grueso de ma-
dera, que va desde el alc&zar al casti-
llo por cada banda de la crujía. || Ma-
dre ARDIDA HACE HIJA TOLLIDA. Re-
frán con que se advierte que las ma-
dres demasiado hacendosas, que no
dejan nada que trabajar á sus hijas,
pueden acostumbrarlas á la ociosi-
dad. Q DS CLAVO. MaDREOLAVO. ¡¡ DE
FAUiLiA ó FAMILIAS. La mujer casada
ó viuda, cabeza de su casa. | db le-
OHB. Nodriza. Q db niños. Medicina.
Enfermedad semejante á la alferecía
Ó á la gota coral. || holgazana cría
HiXA COBTBSANA. Refrán con que se
advierte el peligro á que una madre
puede exponer á su hija, dándole
ejemplo de ociosidad, | roLÍTiCA. Sue-
gra. II Madrastra. Q Buscar la ma-'
DRB GALLEGA, Ó IRSB CON SU UADRIÍ
GALLEGA. Frase. Buscar la fortuna ú
ganarla vída. Q Castíoaub mi mai>rb
Y YO TROMPÓJHLAS. Frasc que repren-
de á los que, advertidos de una falta,
reinciden en ella frecuentemente. |
^A BS, ó NO B3 ESA LA UAI»tB DBL
CORDERO. Frase familiar con que se
indica ser ó no ser una cosa la razón
real j positiva de algún hecho ó su-
ceso. II Quien no crbb bn buena ma-
DBB crsbbX bn hala, uadbastra. Re-
frán queda á entender que los que no
hacen caso de advertencias amistosas,
tendrán al fin que abrir los ojos cuau-
lio experimenten el castigo. l| Sacar
DE MADRE Á ALOUNQ. Frase metafóri-
ca. Inquietarle mucho, hacerle per-
der la paciencia. |j Salir db uadrb.
Frase metafórica. Exceder extraordi-
nariamente de lo acostumbrado ó re-
gular.
Etimología. Sánscrito H|' ^^{^
(má), extender, construir; md, mSíri,
madre-, m&írikA, nodriza: griego, |i«ta
(nuüa), ama de leche y partera; ^r,Tr)p
(méter), madre; dórico, [xá-oip (mátér);
latín, mdter; alemán, Mititer; inglt-s,
mother; italiano, madre; francés, mere;
provenzal, maire; catalán, mare.
Madrear. Familiar. Repetir los
niños la voz de madre.
Madrecica, ta. Femenino dimi-
nutivo de madre.
Etimología. Latín materf madre;
mSíere&lat madrecíta: alemán, MutUr,
madre; M&tUrehen, madrecita; inglés,
mother, madre; lituanio, motina; ruso,
mat', madre; malunka, madrecita; gaé-
lico, mathair; kimrj, mam¡ catalán,
mareta.
Hadrecilla. Femenino diminutivo
de madre. Q El ovario de las aves.
Madreclavo. Masculino. El clavo
de especia que ha estado en el árbol
dos años.
Btiuología. Madre y clavo t como
quien dice: relavo matriz.>
Madréfilo, la. Adjetivo. Botánica.
Epíteto de varias especies de madré-
poras, cujras células están guarneci-
das de laminillas.
Etimología. Madr^ora j el griego
phulloH, hoja: francés, madrepkylles.
madrenaga. Femenino. Tela que
se fabrica en las islas Filipinas, cuja
urdimbre es de algodón y la trama
de hilo de pita.
Etimología. Vocablo indígena: fran-
cés, madrenague.
Madreña. Femenino. Almadreí^a.
Madreperla. Femenino. Especie
de concha bivalva que contiene algu-
na ó varias perlas.
Etimología. Madre y perlas; esto
es, matriz de perlas.
Madrépora. Femenino. Historia
natural. Cuerpo marino de naturaleza
de piedra, lleno de pequeños agujeros
armados de laminitas en forma de es-
trellas, que trabajan unos animalitos
que por lo común son de color blanco.
Etimología. Italiano madrépora; de
madre y ú griego irüipóí (porós)^ pie-
dra; «madre piedra:» francés, mcuire-
pore.
Madreporáceo, cea. Adjetivo.
Concerniente á la madrépora.
Madreporado, da. Adjetivo. !íis'
loria natural. Parecido á la madré-
pora.
Etimología. Madrépora: francés,
m-idre'pore's.
Madrepórico, ca. Adjetivo. BÍ>~
torta natural. Que contiene madrépo-
ras ó participa de su forma,
BTiMOLoafA. Madrépora: francés,
madréporique,
Madreporifero, ra. Adjetivo. Que
contiene madréporas ó masas calcá-
reas.
Etimología. Madrépora y el latín
Jare, llevar: francés, madréporifére.
Madreporiforme. Adjetivo. Que
tiene la furma de madrépora.
Etimología. Madrépora j forma:
francés, uadréporiforme.
Madrepórita. Adjetivo. Madrépo-
ra fósil. II Variedad decarbonatodecal.
Etimología. Madrépora y el sufijo
tte, formación: francés, madréporite,.
Madrero, ra. Adjetivo. Se dica del
3ue está muj encariñado con su ma-
re.
Madreselva. Femenino. Botánica,
Mata que echa los vástagos caedizos
y muj ramosos, y las hojas opuestas
de dos en dos, verdes por encima y
blanquizcas por debajo: las de las
puntas están como abrazadas ó pega-
das á lus tallos. Las ñores son blan-
quecinas y algo amarillas, vistosas y
de olor suave, j producen una baya
redonda, roja j de sabor fastidioso.
EtihologCa^ Madre j selva, «madre
de la selva.»
Madrid. Masculino. Geografía.
Provincia de primera clase, una de
las cinco en que se halla dividido el
territorio de Castilla la Nueva, forma-
da por decreto de 30 de Enero de 1822
de una gran parte de la antigua pro-
vincia de su nombre y de 71 pueblos
que fueron segregados ¿ las de Gua-
dalajara, Segovía, Toledo j Avila;
está considerada como la primera de
la nación en el orden administrativo,
y depende, en lo militar, de la capi-
tanía general de Castilla la Nueva;
en lo judicial, de la audiencia terri-
torial que reside en la Corte, j en lo
eclesiástico, de la dióceüs de Toledo.
1. Situada aiiroi^miea. — El terri-
torio de esta provincia se encuentra
comprendido entre los 41* 7' 46"-
39° 53' 48" de latitud septentrional v
los O' 35' IS-'-O" 50' 22' de longitud
occidental del meridiano de Madrid.
2. Limites. — Situado casi en el cen-
tro y en uno de los puntos más ele-
vades de España, confina: al Norte y
Noroeste, con la provincia de Segovia;
al Este, con la de Guadalajara; al
Sur, con las de Cuenca y Toledo, j al
Oeste, con la de Avila.
3. Area, — El terreno comprendido
dentro de los anteriores límites, mide
130 kilómetros de largo, de Norte á
Mediodía; 65 de ancho (término me-
dio) y 7.762 cuadrados de superficie.
4. Población. — Constituven esta pro-
vincia 17 partidos judiciales: 10 en la
capital, que son: Palacio, Universidad,
Centro, Hospicio, Buenavista,Coi^reso,
Hospital, Inclusa, Latina y Audiencia,
y los 7 restantes, en Alcalá de Hena-
res, Colmenar Viejo, Chinchón, Getafe,
Navalcarnero, San Lorenzo del Escorial
y Forrelaguna; estos 17 distritos á par-
tidos forman 195 ayuntamientos, los
cuales cuentan 262 poblaciones y
684.630 habitantes.
5. Climaiología.—^X cielo de Ma-
drid aparece, por lo general, puro y
sereno. El clima es sano: la tempera*
tura, muj variada, efecto de la eleva-
ción del terreno sobre el nivel del mar
y de su situación entre las montañas
que forman sus límites, cujas cum-
bres se encuentran casi siempre coro-
nadas de nieve. Los aires son sutiles
y penetrantes en todas las estaciones;
especialmente, en la del invierno: esta
sutileza, que se observa aún en el es-
tío, los hace peligrosísimos para las
personas que se hallan afectadas del
pecho, ó que están dotadas de un sis-
tema nervioso excesivamente sensible.
Los vientos dominantes son: los del
Norte, en el invierno, y los del Oeste
y SuE en la primavera: aquéllos, muy
mos; éstos, húmedos y calientes. La
primavera es, por lo común, templa-
da y lluviosa; el verano, abrasador;
el otoño, apacible y agradable; el in-
vierno, riguroso, y tanto más crudo
cuanto más recios son los vientos del
Norte.
6. Oro^rafia. — Tres son las cordi-
lleras pnneipides que cruzan y des-
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MADR
MADR
MADR 535
criben los límites de este territorio: U
de Somosierra, la de los montes Car-
pétanos y la de Guadarrama. La de So-
mosierra, forma al Noroeste de la pro-
TÍncia de Madrid la Ifnea que la se-
para de la de Seyovia: desde el naci-
miento del río Jarama va trazaado
uoa inmensa curva, en cujo extremo
más occidental se encuentra el puerto
del mismo nombre; levántase luego,
cubierta de nieve, presentando un pico
muj elevado en perfecta dirección al
Korte; y hacia el Sudoeste, empieza á
descendet', siempre áspera y fragosa,
basta terminar en el puerto denomi-
üíAo de Malagosío, En el punto más
meridional-occidental de la mencio-
nada sierra dan principio los montes
Carpelanos, divisorios, como aquélla,
de las provincias de Madrid y de Se-
govia, cuyos parajes más notables
son el puerto de Reventón, el de Peña-
lara, el jpico de las Dos-Éermanas, el
más saliente de toda la cordillera; el
paerto del Paular, peligrosísimo por
lo fragoso del terreno y el abrigo que
su espesura presta á loa malhechores;
el de Navaeerrada, el más cómodo y
seguro de todos, así que se verifica u
dufaielo de las nieves, que lo hacen
iotnosítable durante el invierno, y
los Siete-picos, de loa cuales el más
saliente mide 2.224 metros de eleva-
ción. En el cerro denominado Montón
de Trigo da comienzo la sierra de
Guadarrama, cuya dirección más me-
ridional constituye, por este lado, el
último límite entre la provincia de
Madrid y la de Segovia, el cual con-
dayeenel sitio llamado Cabeta-Lijar.
Los parajes más conocidos de este
trozo de montaña son la Penóla 6 Ce-
rro de Tret'picot, el puerto de Guada-
rrama, en donde se nalla el león de
las dos Castillas incrustado casi siem-
pre de hielo, y el alto de los Gamoños.
fia el cerro Cabeza-Lijar y siguiendo
en dirección Sudoeste, continúa la
cordillera de Guadarrama, descri-
biendo la línea divisoria entre la pro-
vincia de Madrid y la de Avila, ter-
minando, por último, en el arroyo de
la Parra y límite Noroeste de la pro-
vincia de Toledo. Las tres cordilleras
mencionadas forman uua sola llama-
da genéricamente de los Carpetanos,
siendo punto menos que imposible
fijar con exactitud dónde empieza y
dónde acaba cada una de ellas, pues
80 naturaleza geológica y su vegeta-
ción ton absolutamente idénticas.
Otras dos cordilleras, de menos im-
ortancia y elevación, atraviesan tam-
ién este territorio; una, que nace en
la mareen izquierda del Henaret^ al
Mediodía de la ciudad de Alcalá, y
sjgue la misma dirección de aquel
lío. y otra que, arrancando de la sie-
rra de Cuenca, penetra por el Sudoeste
de la provincia, pasa por Aranjuez y
termina en los cerros sobre los cuales
•e halla situada la ciudad de Toledo.
7. Hidrografía. — Los ríos más no-
tables que bañan esta provincia, son:
el Jarama, el Lotoya, el Guadarrama,
el Hanzanaret, el Tajuña, t\ Henares,
«1 Tajo y el Alberche, cuyo curso va-
mos á reseñar brevemente por el op.
den mismo en que quedan enuncia-
dos. El Jarama nace en el término
de Colmenar de la Sierra, entra en la
provincia, se dirige por entre Uceda
y Torremocba en dirección al Medio-
día, recibe las aguas de varios ríos y
arroyos, y después de 122 kilómetros
de curso desemboca en el Tajo, á una
media legua de distancia de Aran-
juez. El Loíoya parte de una elevada
sierra de los montes Carpetanos, for-
ma el límite entre esta provincia y la
de Segovia, y recorre un trayecto
de 64 kilómetros; primero, de ísur á
Norte, y luego de Norte á Sur, des-
aguando en el Jarama, en el punto
en (^ue este río penetra en la juris-
dicción de Madrid. El Guadarrama se
forma en las sierras y gargantas de
la cordillera de su nombre, dentro de
aquel territorio, y recorre, de Norte
á Mediodía, un espacio de 88 kilóme-
tros hasta el t-érmino de Batres, pa-
sando desde aquí á la provincia de
Toledo. El Manzanares tiene su origen
en el puerto de Navaeerrada, camina
primeramente y con algunas inflexio-
nes, de Oriente á Occidente, hasta lle-
gar como i unos 5 kilómetros de Man-
zanares el Real, desde cuyo punto se
dirige hacia el Mediodía, terminando
en el Jarama su tortuoso curso de 90
kilómetros. El Tajnñat cuyo nacimien-
to se encuentra en el término de Ta-
rancÓD, en la provincia de Cuenca,
se interna en la de Madrid por Pe-
zuela de las Torres, continúa en di-
rección Sudoeste, formando desde
este punto hasta el molino deMondéJar
el límite del territorio que describi-
mos y el de Guadalajara; y después
de recorrer una distancia de 72 kiló»
metros, va á perderse en el Jarama,
cerca de Bayona de Tajuña. El ¿Tmo-
ret empieza en los alrededores de la
villa de Orna, provincia de Guadala-
jara, entra en la de Madrid por el tér-
mino de los Santos de la Humosa,
próximo á la carretera de Aragón,
hasta cuyo punto lleva andados so-
bre 90 kilómetros, y, encaminándose
luego paralelamente á la citada carre-
tera, deja á la derecha la ciudad de
Alcalá ^ la villa de Torrejón de Ar-
doz, y a la izquierda, la mencionada
de los Santos, la de Anchuelo y el
lugar do los Hueros, ^ desemboca en
el Jarama por el término de Mejorada
del Campo. El Tajo nace al pie del
cerro de San Felipe, en la provincia
de Cuenca, lle^ á la de Madrid, for-
mando su límite con aquélla y la de
Toledo hasta el término de la villa de
Oreja, perteneciente á esta última;
dirígese desde aquí al Norte de Aran-
juez, bañando los fértiles terrenos de
esta, hermosa posesión real, y aban-
dona la provincia, después de haber
recorrido dentro de ella una extensión
de 71 kilómetros. Finalmente, el 4 /ácr-
c/i« principia más alU de San Martín
de la Vega, su curso es tan tortuoso
como el de los anteriores y de unos
33 kilómetros, durante el cual van
aumentando su corriente los ríos
Co^o y Perales, que llevan embebidas
las aguas de diferentes arroyos. — En
este territorio, tan quebrado y mon-
tuoso, particularmente hacia su par-
te Norte y Oeste, abundan las fuentes
cristnlinas, distinguiéndose algunas
da agua salada; la del Berro, situada
en las cercanías de la Venta del Es-
píritu Santo, á unos tres kilómetros
de Madrid, famosa por su excelente
calidad potable, y la del Toro, de la
cercana villa del Molar, cuyas aguas
frías, claras y fétidas, de la clase de
las sulfurosas, producen saludable^
efectos en determinadas dolencias.
8. Geología, — Los terrenos que ofre-
ce esta provincia, son el ptuíúníco,
compuesto casi exclusivamente de ro-
cas graníticas; el^neísico, al siluriano,
parte del cretáceo, parte también del
terciario, el cuaternario y e\ moderno.
El granito de grano mediano es abun-
dantísimo; el mejor, el de Berrocal de
Cerceda; su color es gris claro; el
feldespato, blanco; el cuam, gris, y la
mica, negra ó parda. Los riscos, que
coronan las montañas, se encuentran
separados por 6suras verticales, hori-
zontales ó inclinadas; los trozos de
roca se presentan igualmente forman-
do grupos tan originales como capri-
chosos.
9. Suelo, — Las tierras que cubren
la superficie de esta comarca son bue-
nas y fértiles, á pesar de la poca uti-
lidad que todavía se saca de las nu---
merosas corrientes de agua que las
fecundizan; la extensa llanura, que
divide á Guadalajara de Alcalá de
Henares; la que se prolonga por en-
cima de esta ciudad nasta las puertas
de Madrid, y el término alto y bajo
de esta población, susceptibles, si se
las beneficiara con algunos riegos, de
todo género de cultivos.
10. ProdMeiones, — Las principales
de esta provincia, son: cereales, le-
fumbres, hortalizas, frutas de hueso y
9 pepita, aceite, vino, cáñamo, lino,
carbón, zumaque, algarrobas, espar-
to, cera y miel; buenos pastos, que se
destinan á la cría de ganado lanar,
vacuno, cerdal y cabrío; mucha caza
de todas especies, y alguna pesca en
el parama y demás ríos.— Los mon-
tes, dehesas, prados y alamedas se
hallan pobladas de robles, fresnos,
carrascales, chaparros, moreras, que-
jidos, álamos blancos y negros, ali-
sios, enebros, pinos, chopos, encinas,
castaños, sauces, jaras, retamas y ro-
meros: por las quebradas de los cerros
y espesuras de sus montes no ^Itan
animales dañinos, y en algunos terre-
nos se fomenta bastante el plantío de
viñedos. — En varios distritos y pue-
blos situados en las faldas de la cor-
dillera de Guadarrama, existen mul-
titud de canteras de cal, yeso, piedra
berroqueña, que se extrae para los
edificios y empedrado de la capital;
piedra blanca, muy usada también
en la Corte; silex, cristal de roca, al-
guna que otra de mármol y grande
abundancia de salitre.
11. Indusiria.~A. fines del siglo
pasado, la provincia de Madrid ape-
nas co4taba otras manufacturas que
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536 iíADR
MADR
MADR
la rica china del Reíiro, la porcelana
de la Moncloa j las fábricas de cris-
tales de Araiijuez 7 la Granja: pero
desde mediados del presente, ]a fa-
bricación, particularmente en la ca-
pital, ha venido adquiriendo constan-
temente notabilísiino desarrollo. La
Eredominaiite en toda la provincia es
t aerícola, que ocupa la ma^or par-
ta del Tecindario, si se eiceptúa la
Corte, contándose además numerosas
fábricas de papel, curtidos, jabJn,
loza, tejas, ladrillos, salitre, cristalei
planos j huecos, vidrio, vidriado, ti-
najas, aguardientes, chocolate, sogas,
cuerdas de guitarra j productos quí-
micos; telaras de paños bastos, fri-
sas, bayetas, lieuzos, colchas, jergas
fiara mantas j costales; batanes y mo-
inos harineros; la elaboración de ob-
jetos de esparto, el carboneo de los
montes j la explotación de las can-
teras.
12. Comercio. — Hecha abstracción
del gran movimiento mercantil que
se observa en la Corte, punto central
adonde vienen á refluir los productos
del suelo j de la industria de casi to-
dos los pueblos comarcanos j de la
Península; así como los frutos j ar-
tículos de las colonias j del ettranje-
TO, oonvirtiendo á Madrid en un vas-
tísimo V perpetuo mercado de todos
ellos, el tráfico que se hace en el res-
to de la provincia es poco menos que
insigniScante. Este se halla simple-
mente reducido á la compra y venta
de semillas, ganados, vino, aceite,
lienzos, paños bastos y demás efec-
tos arriba mencionados.
13. Ferias. — Las más notables que
se celebran en la provincia son las si-
guientes: 21 de Mavo, Madrid; 10 de
Agosto, Escorial; 11, Villa del Prado;
14, Chinchón; 21, Torrelaguna; 24,
Alcalá de Henares; 28, Getafe; 4 de
Septiembre, San Martin de Vaideigle-
sias y Aranjuez; 5, Navalcarnero; 14,
Horcajo; 21, Madrid; 4 de Octubre,
Villarejo; 24, Valdemoio; 15 de No-
viembre, Alcalá de Henares.
14. Madrid. — Capital de España y
de la provincia de su nombre; corte y
residencia habitual del soberano, del
gobierno central, de las Cámaras le-
gislativas, de los representantes de
las potencias extranjeras, de la au-
diencia del territorio, de la capitanía
general de Castilla la Nueva y de los
tribunales, centros jr oficinas supe-
riores en todos los ramos de Ik admi-
nistración pública.
15. Siíuaeién.-^Se encuentra situa-
da en la margen izquierda del Man-
tañares, sobre una porción de coli-
nas poco elevadas, a los 40* 24' 57"
de latitud Norte y O' V 12" al Oeste
del meridiano de Madrid; cavas lon-
gitudes, respecto de otros del extran-
jero, son: 5' 27' 53" Este del observa-
torio meteorológico de Lisboa; 6° 1' 2"
Oeste del de París, y 3" 4' 38" Oeste
del de Greenwích (Inglaterra).
16. Altura. — Según las observa-
ciones hechas durante diez v siete años
por el célebre marino don Felipe
Bauzi, eita antigua y elegante viUa
se halla á 631 metros sobre el nivel
del mar.
17. Confines. — La extensa y árida
llanura que la población ocupa, está
limitada al Noroeste por ias monta-
ñas de Somosierra jr Guadarrama, sin
otro confín aparente por los demás
puntos, <}ue el horizonte sensible.
18. Distancias. — La villa de Ma-
drid, edificada casi en el centro del
reino, posición la más á propjsíto
para la administración jr gobierno del
mismo, líe halla próximamente á igual
distancia de las provincias más apar-
tadas; á 462 kilómetros de la fronte-
ra de Francia, por el Norte, y 1.056
de París; á 363 de la de Portugal, por
Badajoz, v 667 de Lisboa; á 444 del
litoral del golfo de Vizcava, y á 660
Sur del estrecho de Gibraltar.
19. Clima. — La grande altura á
que se encuentra la capital, la aridez
del terreno, la escasez de agua y el
poco arbolado que se observa en sus
contornos, son causa de las notables
variaciones, de los frecuentes y brus-
cos cambios atmosféricos que en ella
se experimentan. La primavera, des-
templada y lluviosa casi siempre,
suele pasar con frecuencia desaperci-
bida; el calor del verano, va de sujo
excesivo, llega ¿ hacerse algunas ve-
ees basta sofocante, producido por la
quietud absoluta de una atmosfera
caldeada por la acción constante de
uu sol abrasador, ú ocasionado por
un viento ardiente y seco, parecido
al kamsim de Egipto, que agota las
fuentes, seca los arrojos, consume la
vegetación 7 diezma el ganado; el
otoño es, de todas las estaciones del
año, la más templada y apacible; el
invierno, crudo hasta el extremo; par-
ticularmente, cuando sopla el viento
Norte, el cual, atravesando los mon-
tes t'arpetanos, cubiertos casi siem-
pre de nieve, llega á la Corte, des-
pués de recorrer 38 kilómetros, sin
haber encontrado á sa paso nada que
dulcifique su crudeza. El termómetro
ha llegado i elevarse, como en el ve-
rano último, á 44°, y á descender,
como en el invierno anterior, á 7' bajo
cero. La temperatura media es de lo";
el clima, por lo generil, rariable y
extremado.
20. Higiene. — El corto número y
escaso desarrollo que en Madrid al-
canzan las enfermedades epidémicas,
débese, sin duda, en primer término,
á la Ubre ventilación que le propor-
ciona su excelente situación topográ-
fica. Las principales dolencias que
aquí se padecen, son, ó estacionales,
producidas por los cambios de las es-
taciones, ó esporádicas, dependientes
de circanstancias paramente indivi-
duales. Las eadémicas, entre las cua-
les cuentan algaaos el ecí/tco convulsi-
vo de Madrid, son poco numerosas j,
en su mavor parte, debidas á las con-
diciones de insalubridad en que viven
loa que las padecen. Los vientos im-
petuosos, fríos y secos, tan frecuentes
en algunas épocas del año, produ-
ciendo bruscos descensos en la tem-
peratura , enfriamientos rápidos de la
atmósfera y las consiguieutes supre-
siones repentinas de la transpiración,
determinan en el organismo animal
multitud de afecciones, en gran parte
peligrosas. Citaremos, entre éstas, la
pulmonía, que figura entre las que
major mortalidad ocasiona á la en-
trada del invierno y durante el largo
período de los fríos: las pleurgsUt,^
ores catarrales, aríritiSt enfriamientoc,
reumas muscutares y articulara, 9tQ-
ducidos igualmente por las súbitas
variaciones atmosféricas, el tránsito
repentino del calor al frío, las hume-
dades ó el completo olvido de la hi-
giene; las hemorragias, anginas y pe-
ores infamatorias ocasionadas por la
extremada elevación de la villa, la
inconstancia del tiempo, el aso fre-
cuente de excitantes y las exaltacio-
nes del ánimo; las fiebres gástricas y
biliosas, propias de los fuertes calores
del estío, que suelen degenerar en
tifoideas f nerviosas y pútridas; contri-
buyendo principalmente á su desarro-
llo el continuo desprendimiento de
gases deletéreos, la falta de limpieza
de las calles y habitaciones j el poco
aseo de las personas. Las diarreas^ di-
senteriaSf leucorreas y c<Uarrot pituito-
sos están considerados como cansas
determinantes de algunas de laa eofer*
medades arriba mencionadas; y las
afecciones nerviosas, en su inmensa va-
riedad, como dependientes de las ae-
cesidades que crean el lujo y las cos-
tumbres de los grandes centros de
población y de las pasiones de ánimo,
que de tantos j de tan diversos mo-
dos perturban y destrujen el equili-
brio vital. Las enfermedades clasifi-
cadas en el boletín de estadística de-
mográfico-sanitaria, que major nú-
mero de víctimas han producido du-
rante el segundo semestre del año
de 1880, solo en la capital que nos
ocupa, fueron: la viruela, 613; el sa-
rampiíSn, 261; el tifus exantemáUeo,
469; la apoplejía, 455; el caíarr» intet-
tinal, 547; la tisis, 573; las afecciones
agudas da los órganos respiratorios,
967; las enfermedades no clasifica-
das, 2.497; el total de las defuncio-
nes ascendió á 7.442: cifra major á
la más elevada de las demás capitales
de provincia. No obstante lo expues-
to, Madrid reúne elementos suficien-
tes para figurar entre las poblaciones
más sanas de España; sus condiciones
de salubridad han mejorado notable-
mente de algunos años á esta parte,
y sus benéficos resultados se harían
aún más sensibles si las autoridades
municipales, al dictar las medidas
higiénicas que la ciencia prescribe ▼
la practica aconseja, vigilaran, con
mayor celo, lU fiel y pnntual obser-
vancia.
21. Naturalesa y circunstanciiu del
terreno.— Al examinarse, no hace mu-
chos años, las cortaduras que se ven
en algunos parajes de los nuevos ca-
minos abiertos en el término que nos
ocupa, observáronse, en los cortados,
señales evidentes de peñas que habían
existido en otros tiempos: estas peñas
fueron luego transformándose sucesi-
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MADR
MADR
MADR 537
vamente de piedra en Sfuljo, arena 6
tierra, notándose todavU en los ban-
cos descompuestos las dívisioaes
7 fajas del peüasco primitivo. Los
terrenos qne contienen arcilla, como
se advierta en los altos de Fuencarral,
demuestran que las peñas que hubo
allí anteriormente eran de granito;
los que ofrecen mezclas calizas, como
sucede con los de los lados del cami-
no de Aranjuflz, provienen de los pe-
flaseales de yeso, j los compuestos de
greda, arena, marga v una parte de
materia jesosa, como los de Alcorcón,
emanan de la amalgama de diferen-
tes pefias do dichas materias, con las
cuales se fabrican los pucheros j las
vasijas del expresado pueblo, tan fa-
mosos por su duración. £ln algunos
sitios M han distinguido también di-
ferentes capas de veso cristalizado en
pequeñas agujas blancas, que nacían
sobre otra capa mxxj delgada de mar-
ga, la cual se extendía horizontal-
mente sobre otras, que presentaban
la singularidad de exceder por los
extremos dos líneas á la anterior. To-
das estas capas j agujas de yeso, han
ido convirtiéndose en tierra fértil
algo caliza, que, combinada con la
marga seca j frágil, se ha transfor-
mado en terreno de excelente calidad
para el cultivo de los cereales. Resu-
miendo: los campos del Norte son
areniscos con mezcla de tierra arcillo-
sa: los del Mediodía, participan de
yeso. La capital se halla asentada en
teneno cuatemariot desde el depósito
del canal de Lozoya hasta el hospi-
tal general; j teraariot ds éste al
Ifanzanarei.
22. Míos y orroyof.— La única co-
rriente qne baña este territorio es el
Mantaiutre$, arroyo aprendiz de rio,
como le llamaba el festivo Quevedo.
Deslizase aquél mansamente en di-
rección Noroeste y Sudeste, y sus
a^uas, aunque escasas, prestan útilí-
simos servicios, tanto para el lavado
de las ropas, tenerías t otras manu-
fiicturas, como para el riego de las
huertas que se encuentran en las cer-
canías de la población. La parte Este
se halla limitada por el arroyo Abro-
itígalt cayo cauce, por lo común, sólo
eondace agua en tiempo de lluvias 6
avenidas.
23. ilyne«¿/«ro.— -U&DRiD, bajo el
fiunto de vista agrícola, carece abso-
utamente de importancia. La mayor
parte de su reducido término es muy
a propósito para el cultivo de la vid,
del trigo y la cebada, y sin embargo,
las cosechas de estos productos son
bastante limitadas é insuficientes para
el consumo de la población, cuyos
moradores se dedican con preferencia
al de hortalizas, quizás por su pronta
y simult&nea producción y las mayo-
res rentajas que ofrece.
24. Movimiento industrial. — Ma.drid
no puede ser considerado bajo el pan-
to de vista de centro industrial de la
nación española, como lo son París,
Londes, Viena y otras varias cortes
europeas. Sin embargo, la industria
madrileña, que de algunos años á esta
parte ha adquirido un desarrollo ex-
traordinario, cuenta en la actualidad
numerosas é importantísimas fábricas
de tapices, de alfombras, tabacos,
loza, porcelana, cervezas, tejidos de
goma elástica, papel jaspeado, galo-
nes, hilos, cintas de seda, jabones de
olor, velas de sebo, esteáricas y de
cera; de esteras, alfileres, puntas de
París, cuerdas de instrumentos, al-
midón, albayalde, litargirio, para-
guas, abanicos, calzado, obleas, al-
pargatas, curtidos, cestas, toneles,
fósforos, colores finos, guantes, som-
breros, botones de metal y de hueso;
cal, yeso, tejas, ladrillos, fornituras,
equipos militares, ácido sulfúrico,
ácido nítrico y otros productos quí-
micos; de ñores artinciales, corsés,
encerados, lentes, objetos de pedre-
ría, da nácar, de metal, de pasamane-
ría, de armas de fuego y blancas;
magníficos talleres de coches, de eba-
nistería y de construcción de máqui-
nas ; platerías notables ; excelentes
fundiciones de hierro; grandes esta-
blecimientos de transportes; buenas
imprentas, litografías y multitud de
profesiones, artes y oficios onya enu-
meración sería prolija.
25. Movimiento mercantil. — Madbid
es todavía menos mercantil ^ue in-
dustrial: todo su comercio esta redu-
cido á la importación de las provin-
cias, del extranjero y de las colonias,
de cuantos productos, artículos ^ ob-
jetos reclaman su numeroso vecinda-
rio, las necesidades de la vida y las
exigencias de la civilización y de la
moda.
26. Áh-ededtret ds la capitaL — Se-
gún consta en libros y memorias que
se conservan, la población que se des-
cribe fué en sus pasados tiempos una
región muy templada, de cielo suma-
mente despejado, y muy abundante
de exquisitas aguas y de frondosos
bosques, como lo prueba el antiguo
proverbio que decía: Madhxd la Otá~
rea, cercada de fueao, armada sobre agua.
Los montes que la circuían se halla-
ban cubiertos de pastos y poblados de
árboles, en cuya espesura se criaba
muchísima caza de liebres, conejos,
ciervos, corzos, gamos, jabalíes, osos,
perdices y otras diferentes aves. La
traslación de la corte á esta ciudad
fué la señal de su completa ruina.
Destruidos en los últimos siglos los
hermosos bosques que poblaban sus
cercanías; talados los ¿rboleSj que de-
bían servir para la construcción de los
palacios y edificios que más tarde
habían de constituir este gran pue-
blo, se operó en la atmosfera una
completa revolución. Al desaparecer
el aroolado, cesó la descomposición de
los miasmas pútridos de que se im-
firegna el aire en las ciudades popu-
osas; hiciéronse las lluvias menos
frecuentes, y bajo el influjo poderoso
de un sol abrasador, convirtiéronse
sus fértiles campiñas en desnudos y
estériles arenales. De aquí viene el
origen del destemple de su clima, del
rigor de las estaciones, de la ausencia
casi absoluta de las primaveras, de la
aparición de ciertas enfermedades y
del triste y pobre aspecto que ofrece
su comarca, tan pintoresca y agrada-
ble en otros tiempos. Bajo el reinado
de Garlos III, persuadidos sin duda
los gobiernos de la saludable ^ bené-
fica influencia de la vegetación, lle-
váronse á cabo diferentes plantacio-
nes, llegando á contarse hasta dos mi-
llones de árboles, y se formaron bo-
nitas alamedas y hermosos paseos,
dentro y fuera de la capital, oomo el
salón del Prado, las avenidas de las
puertas de Segovia y de San Vicente,
cuesta de Areneros é inmediaciones
del Canal. En 1807, se plantaron los
árboles que se extienden desde la ron-
da de Atocha hasta la puerta de To-
ledo, y desde la plazuela del Embar-
cadero al paseo de las Delicias; y de
1817 á 1820, los que adornan las ave-
nidas que hay desde el citado Em-
barcadero al puente de Santa Isabel.
En 1821, se hicieron las plantaciones
de la ronda, desde la pnerta de Tole-
do á la de Segovia, y en 1830, lasque
forman las avenidas aue se prolongan
desde la puerta de Toledo al puente
del mismo nombre y las laterales. A
fiartír de esta época continuaron todos
03 años sin interrupción establecién-
dose otros nuevos paseos, tales como
el precioso de Isabel II, desde la puer-
ta de Recoletos á la Fuente Castella-
na, cuyos terraplenes, bosquetes y
jardines tuvieron principio en 1833;
los que parten de esta fuente á la
puerta de Santa Bárbara y Chamberí,
y de éste á la de Bilbao; el camino
de Vallecas y el Campo del Uoro. Ex-
puesto lo que precede, como noticia
preliminar, vamos á describir ligera-
mente el aspecto que en la actualidad
presentan los alrededores de Madbid.
Estos se hallan completamente ondea-
dos de cuestas quebradas y de lomas.
Mirando al Norte, á la derecha de la
Fuente Castellana, el terreno ofrece
una vasta llanura desprovista de todd
arbolado, sobre la cual se extiende el
aristocrático barrio da Salamanca. A
la izquierda de la carretera de Ara-
gón, que, desde la puerta de Alcalá,
conduce en linea recta á la venta del
Espíritu Santo* vense_ diseminados
varios KoteUi r edificios de nueva
construcción, el barrio llamado de la
Guindalera y, destacándose en el ho-
rizonte y á una distancia de algunos
kilómetros, las blancas paredes de los
edificios que constituyen el Pueblo
nuevo 6 de la Concepción, de fundación
reciente. Hacía el Este, el suelo se
presenta ligeramente accidentado ;
fiero sin otra vegetación, á partir de
as tapias del Retiro, que los árboles
que se elevan sobre las márgenes del
arroyo Abroüigal, el olivar llamado
del Fraile, ^ algunas huertas ^ pe-
queños jardines, y sin más edificios
que la Plata de Toros y el hospital de
niños de Jesús, entre algunas casas y
quintas de particulares. AI Sury Sua-
oeste, el territorio se manifiesta mu-
cho más quebrado, apareciendo su-
cesivamente, después de algunos ce-
rros áridos y desnudos, la iglesia y la
TOMO III
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638 MADR
MADR
MADR
hasrU da Atocha, el cuartel de \nvi~
Uáot, las dofl hileras de árboles que
forman el camino de Vallecas, el Da-
rrio del Pacífico, el ferrocarril del Me-
diodía, el barrio del Sur, los cemen-
terios de San Nicolás y de San Sebas-
tián j el paseo de las Delicias, que,
partiendo de la puerta de Atocha, se
airig'6 al Canal, en cuja pradera se
celebra el miércoles de Ceniza la gran
festividad llamada el entierro de la sar-
dina; y el de iSanta Maria de la Cabeza,
que arranca del mismo punto t, divi-
dido en tres calles adornadas de árbo-
les, como el anterior^ va ¿ terminar
en el Embarcadero. Siguen después,
entre algunas fábricas y edificios ais-
lados de nueva planta, el barrio de las
Peñuelas, la fábrica de gas, situada
poco antes de la puerta de Toledo,
desde la cual se extienden tres paseos
con buen arbolado, que concluyen en
U hermosa plazuela adornada con es-
tiituas que se encuentra á la entrada
del puente, ^ á la conclusión de éste,
los tres caminos que conducen: el del
centro, á los Carabancheles, alto y
bajo; el de la derecha, á la ermita de
San Isidro, y el de la izquierda, deno-
minado la carretera de yaUncía. A. la
izquierda del mencionado puente se
Te el cementerio general del Sur; en
laíi inmediaciones de éste, el del hos-
pital general; entre los caminos de
Uarabanchel y Oetafe , el de San Lo-
renzo y San José; en el sitio que ocu-
pó la ermita de San Dámaso, el de
Santa María, 7 á la derecha del cami-
no de Carabadchel é inmediato al an-
terior, el de los protestantes. A espal-
das del parador de Gilimón y sobre la
orilla del Manzanares, se re uua va-
riada ribera de huertas, con multitud
de casas diseminadas, la cual se ex-
tiende has'ta más allá de la anticua
puerta de Segovia, y desde el camino
principal de la ronda de este nombre
se desprende un pequeño ramal que
conduce á la citada ermita de San Isi-
dro, famosa por la concurrida rome-
ría que en su pradera se celebra todos
los años el 15 de Majo. Contiguos á
la expresada pradera, se levantan el
cementerio de San Pedro y San An-
drés, el más antiguo de los que perte-
necen á sacramentales; sobre una emi-
nencia, que domina todo el circuito,
el de San Justo y San Millán, 7 si-
guiendo á la derecha, un siimúniero
de casas y posesiones bellísimas de
particulares. Hemos llegado á la par-
te occidental de Madrid, que es, sin
disputa, la más montuosa, poblada y
pintoresca de los áridos alrededores de
esta población. Al extremo del puen-
te de Segovia haj una gran plaza, en
la cual nace la carretera de Alcorcón
ó de Extremadura, sobre la cual se
extiende una larga hilera de casas de
moderna construcción. Kn las inme-
diaciones del antiguo parador, deno-
minado del Angel, da principio la ta-
pia de la Casa de Campo, y siguiendo
en la misma dirección, el camino viejo
de Castilla. Volviendo á la puerta de
Segovia, encuéntrase, á continuación
de ésta, ía llamada Cnetta de la J^iytt, en
la cual puede decirse que comienza el 1
Campo ael Moro, con sus calles de ár- '
boles, su plazoleta y sus dos hermosas
fuentes; inmediatasá la misma puerta,
varias huertas, á cuvo extremo se le-
vanta la ermita de Nuestra Señora del
Puerto, y pasada la hondonada, que
forma el camino de igual nombre, apa-
rece el portillo de San Vicente, j á su
derecha, el paseo de la Florida, céUhte
por ser la primera verbena que cele-
bra el pueblo madrileño. La ermita
de Nuestra Señora del Puerto se en-
cuentra sobre la margen izquierda
del Manzanares. La de San Antonio
de la Florida está situada entre la
Manclea j la Montaña del Príne^
Pío. Por la izquierda del camino an-
tes mencionado, corre el río Manza-
nares formando varios islotes, que
ocupan multitud de mujeres dedica-
das á la penosa tarea del lavado, dis-
tinguiéndose en ambas orillas mu-
chas casas destinadas á habitaciones
de los arrendatarios de los lavaderos
y á despacho de vinos y comidas. En
este punto puede decirse que termina
la pintoresca ribera de aquel río, la
cual empieza antes de llegar al puen-
te de Toledo, viéndose ondular, en
toda esta extensión, las blanquísimas
ropas colocadas en numerosos tende-
deros, formados de cuerdas y estacas.
Hacia el Norte de Madrid, se halla el
real sitio de la Florida: es de figura
irregular, ocupa próximamente una
superficie de 4 küómetros de largo
por 2 de ancho, y linda: por el Nor-
te, con el terreno y tapias del real
bo3(^ue del Pardo; por el Este, con el
camino y establecimiento de San Ber-
nardino y término de Fuencarral; por
el Sur, con la Cuesta de Areneros, y
por el Oeste, con el camino real de
Castilla y Puerta de Hierro. El terre-
no de la parte alta, situado á la dere-
cha del camino que, desde la puerta
de San Antonio, conduce á la de la
Dehesa de la Villa, es bastante que-
brado T está dividido por los arrojos
denominados de San Bernardina y de
Caníarranas; el de la parte baja, es
más llano, aunque con algunas des-
igualdades. Sobre una eminencia,
que domina la major parte de estos
jardines, se levanta el palacio, de
figura rectangular, compuesto de
Elanta baja, principal y guardillas,
a Cuesta de Areneros divide este
real sitio de la Montaña del Príncipe
Pío: á su conclusión aparece el paseo
de San Bernardino, que conduce al
establecimiento del mismo nombre,
distinguiéndose los nuevos barrios de
Argüelles y de Potas; y entre el por-
tilu) de Sui Bernardino y el de Fuen-
carral, el cementerio general y las
sacramentales de San Justo y San
G-inés; siguen luego la antigua puer-
ta de Bilbao, en la cual empieza la
carretera de Francia; el populoso ba-
rrio de Chamberí, el de Santa Bárbara,
el de Indo, y, finalmente, el delicioso
paseo de la Cattellanat punto del cual
partimos al describir los extensos
contomos de esta insigne pobla-
ción.
27. SfaDRiD antiguo. — Antes de ocu-
parnos del Madrid moderno, diremos
algo del Madrid antiguo, ya. que au-
tores veraces nos prestan su pluma
Designemos, pues, con ellos, los lí-
mites de esta villa, desde la época
más remota que cabe demarcarlos, j
veamos cómo fueron éstos ensanchán-
dose con el transcurso del tiempo.
28. Primer perímetro. — Se supone
que la cerca de Madrid empezaba en-
tonces por el antiguo alcázar, levan-
tado en el mismo sitio que hoy ocupa
el palacio real; seguía ui puerta de U
Ve^a por detrás de las casas del mar*
ques de Pobar j de las muj suntuo-
sas que fueron del duque de Uceda.,
hoj los Constas, haciendo división
entre ellas y lo que solía llamarse
Huerta de Ramón, que desembocaba en
la calle de Segovia, frente á la casa
de la Moneda: este lienzo terminaba
en el arco de Santa María, que se ha-
llaba entre el mencionado edificio de
los Consejos y la calle del Factor; pro-
seguía luego la muralla por donde se
encuentra esta calle; descendía des-
fiués por otra, que se denominaba de
a Parra^ y pasando por delante de
San Gil, cerraba con el alcázar. Esta
muralla en, extraordinariamente fuer-
te; construida de cal, canto y arga-
masa; de tres metros de espesor, con
grandes cubos, torres, baroacanas j
fosos; siendo su mavor defensa la que
ofrecían el alcázar, la Torre de iVan-
^es, situada junto á las aguas del
PozacAo, cerca de la puerta de la Ve-
^a, hacia la parte del muro contiguo
a las casas del marqués de Pobar, y
la llamada Torre Gaona, que se halla-
ba fuera de muros y próxima & los
Caños del Peral; hoy, plaza de Isa-
bel II. Kn este primer recinto, sólo
había dos puertas: la de la Vega, que
miraba á Occidente, era de entrada
angosta, se hallaba debajo de una to-
rre caballero V tenía dos estancias: en
el hueco de fa de adentro, había dos
escaleras por donde se subía á lo alto;
en la de afuera, se veía en el punto
del arco un agujero, en donde se ocul-
taba una enorme pesa que, en tiempo
de guerra, dejaban caer con violencia
para despedazar á los que se eueou-
traban debajo: en medio de estas dos
estancias aparecían las puertas, guar-
necidas con una recia hoja de hierro
y gruesa clavazón. La segunda puer-
ta, ó Arco de Santa María, miraba al
Oriente: era también una torre caba-
llero, de pedernal, bastante angosta
y extremadamente fuerte.
29. Segundo períme^.-^Ltíaicmií^'
rencia que dejamos descrita se enun-
chó más tarde: la muralla de Madud*
partiendo de la misma puerta de la
Vega, venía á seguir, con corta dife-
rencia, la línea de demarcación por
los actuales puntos de la cuesta y ca-
llejón de San Lázaro, calle de S^o-
via, plazuela y costanilla de San An-
drés, plazuela de la Paja, la de Puer-
ta de Moros, Cava Baja, plazuela de
Puerta Cerrada, calle de Cuchilleros
y Cava de San Miguel; atravesaba la
de las Platerías y siguiendo por la de
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MADB
MADK
MADR 539
los MiUnesea, i la de Uf Fuentes
(otros autores desig^aan el cerco ipor
Im calle de Milaueses i la del Espejo,
cerrando con el alcázar por la huerta
de la Priora), pasaba por detrás del
juego de pelota á la puerta de Balna-
dú, uniéndose con el antiguo cerco
junto i la plazuela de Santo Domiu-
cra. La Tilla recibid un ensanche de
^4 metrofl, por el centro r parte del
Norte, y de 639 por la del Sur, cuya
nueva periferia encerraba, además de
lo mencionado, la Cuesta de Ramón,
calle de la Ventanilla, de la Villa,
plazuela de la Cruz Verde, calle del
Rollo, plazuela de San Javier, calle j
filazuela del Cordón, calle r costaui-
la de San Justo, costanilla de San
Pedro, calle del Nuncio, pretil de San-
tisteban, calle del Almendro, del Sa-
cramento y de Madrid; plazuela de la
villa, calle del Codo, de la Almude-
na, plazuela y calle del Conde de Mi-
randa.
30. Sníradai del tegundo perímetro* —
La puerta principal de este nuevo re-
cinto era fa A» Qwidalajara, situada
como i la embocadura de la calle de
Milaneses, la cual la contaba entre las
más suntuosas que había en Castilla.
Componíanla dos torres colaterales de
pedernal con dos inexpugnables ca-
balleros á los lados; la entrada era
pequeña y con tres vueltas, que se
derribaron luego para ensanchar la
puerta y mejorar el paso. Esta quedó
destruida, en 1580, por un incendio
que ocasionó la gran profusión de lu-
ces que se colocaron en ella, una no-
cha en que celebraba fiesta la villa,
en conmemoración de la coaquista de
Portugal por Felipe IL La Puerta de
Morot, llamada así porque daba al
camino de Toledo, se hallaba al Me-
diodía cerca de la iglesia de San An-
drés; era igualmente angosta y se en-
traba por vueltas. La Puerta Cerrada
tenía la misma fortaleza que las otras;
se encontraba en la plazuela que aun
hojr conserva su nombre: su entrada
era angosta; al principio, derecha;
hacia la mitad, formaba una vuelta
en linea recta, y al final, otra para
entrar en el pueblo: de suerte que ni
los de adentro podían ver á tos de
afuera, ni los de afuera á los de aden-
tro. Anteriormente habíase denomi-
nado de la Culebra, por terminar su
arco con un dragón; conservándose
hasta el mes de Junio de 1562, época
en qntt se derribó ¡nza ensanchar el
paso. Hia tarde se llamó Cerrada,
porque, en las estrecheces y revueltas
que formaba, escondíanse de noche
los facinerosos para robar á los que en-
traban y salían; y para remediar tan
gran daño, se la incomunicó, perma-
neciendo cerrada hasta que, poblán-
dose la parte exterior, volvió á abrirse
Eara poner en comunicación el arra-
al con la villa. — La puerta de Bal-
Hadé se hallaba al Norte, junto á la
antigua casa del Tesoro, cerca del pa-
lacio: su entrada V fábrica eran se-
mejantes á las de fas anteriores.
31. Arrabalet. — ^Extramuros de la
población, estaban los arrabales de
San Franoiaeo, San Martín j Sin Gl>
nés.
32. Edificios. — Adornaban el anti-
guo recinto de la villa edificios sun-
tuosos, muchos conventos, hospitales
y establecimientos de caridad. He
aquí los más notables.
33. Casas de particulares.-^Coutk-
banse entre éstas: la de los Lujanes,en
la plazuela de San Salvador, hoy de
la Villa, en cuya tone estuvo prisio-
nero el rey de Francia Francisco I; la
de don Pedro Laso de la Vega, al Este
de San Andrés, llamada hoy del In-
fantado; la de don Juan Victoria, en
la calle de Santiago, derribada hace
mucho tiempo; la de los Coellos, en la
Puerta Cerrada, cerca de San Justo; la
de don Alfonso Alvarez de Toledo,
junto á la iglesia de Santiago, compra-
da después por los condes de Lemos;
la de los Luzones, en San Salvador,
como quien va á Palacio; frente á és-
tas se hallaban las de don Bartolomé
Velázquez de la Canal; tocando á San
Miguel, las de don Pedro Zapata y
don Pedro Arcilla; próxima á Santa
Clara, la del marqués de Auflón; in-
mediata á San Nicolás, la del conde
de Chinchón, ^ en sus alrededores
la del marques de Camarasa, con
otras muchas de antiguos mayoraz-
fos que, con el tiempo, fueron pasan-
0 á distintos dueños.
34. Hospitales. — Saliendo por la
puerta de la Vega, sobre la izquierda,
extramuros, había un hospital, lla-
mado de San Lúzarot donde se curaba
á los leprosos; junto á las Caballeri-
zas reales existió otro, llamado del
Campo del Rey^ porque se hallaba cer-
ca del alcázar, con doce camas para
mujeres; inmediato á la ermita da la
Virgen de Atocha se fundó un hospi-
tal para recoger y curar i los muchos
peregrinos que concurrían á visitar
aquella santa imagen; fué trasladado
después á la esquina de la que enton-
ces se llamaba calle Imperial, subien-
do del arroyo de San Ginés al monas-
terio real de las Descalzas; y cuando
aquella ermita se dió á la orden de
santo Domingo, tomó el nombre de
hospital de Caballeros de San Crinas,
La calle de la Pos se denominó así de
un hospital que se encontraba á su
entrada, destinado á enfermos incura-
bles; y, finalmente, en la actual calle
de Fuencarral y sitio que ocupó des-
pués el monasterio de Santa Ana, de
monjes bernardos, hubo otro para los
convalecientes.
35. Fxíramuros;ermiías, San Isidro.
— Hízola construir á su costa la em-
peratriz Doña Isabel, en 1528, con
motivo de haber recobrado la salud el
príncipe Don Felipe bebiendo el agua
de aquella fuente; siendo reedificada
de nuevo, en 1724, por don Baltasar
de Zúñiga, marqués de Valero. La
fuente, que brota del ángulo Norte
de la ermita, tiene una décima que
dice:
•O shijadft tan divina
Como «1 milagro lo «niAfia,
Pn«a i»oa> hgnik de pella,
Itilacroia y cristalina;
El labio al raadal inclina
T bebe da in dnlsora,
f aes lan Isidro aieynra
. Qna ai oon fa la bebierea,
T ealantnra trajaraa,
Volvar&a aln cafaninra.»
36. Ermita de Nuestra Señora del
Puerto. — La fundación se atribuye al
corregidor de Madrid don Francisco
Antonio Salcedo, y la imagen que en
ella se venera fué trasladada i aquel
sitio en procesión solemne, desde la
iglesia del colegio imperial, el 10 da
Seotiembre de 1718.
37. Ermita ie San Antonio de la
Florida^—^Mi edificada en 1720; des-
truida en 1768, con motivo de la cons-
trucción del camino del Pardo, y le-
vantada de nuevo en 1792; correspon-
diendo, por su estructura y ornamen-
tación arquitectónica, al excelente
gusto que dominaba en aquella época.
38. Establecimientos de caridad. —
Más allá de la casa que habitaba el
nuncio de su santidad, yendo desde
la iglesia de San Pedro, existió un re-
cogimiento de beatas, que más tarde
se unió á las monjas de la Concepción;
cerca de la puerta de Balnadú, frente
& la casa del Tesoro, otro igual, donde
se educaban señoritas h»8ta tomar es-
tado, y la iglesia parroquial de San
Miguel fué también en un principio
casa de recogimiento, bajo la advoca-
ción de San Marcos.
39. Ermitas. — Eran: la de Atocha,
hoy basílica de igual denominación;
Santa Catalina, Santa Coloma, Santa
Polonia y San Juan Evangelista, si-
tuadas todas en el mismo distrito de
la primera; la de San Sebastián, junto
al hospitál de Antón Martin, que des-
apareció al fundarse la parroquia de
aquel nombre; la de Santa Cruz, que
pasó después á ser parroquia; la de
San Gebríán, muy frecuentada de los
labradores; la de San Luis obispo, ac-
tual parroquia de! mismo título; la de
Santa Bármra, que se convirtió luego
en convento, y la antiquísima de San
Millán. Frente á Santo Domingo el
Real, situado á la salida de la puerta
de Balnadú, había un humilladero, y
otro fuera, á bastante distancia de la
puerta de Guadalajara, que, en tiem-
po del emperador Carlos V, se trans-
formó en hospital real de la Soledad ó
del Buen Suceso.
40. Parroquias. — Interiormente, la
población se hallaba dividida en las
nueve parroquias siguientes: Santa
Haría la Mayor, San Juan, Santiago,
San Pedro, San Miguel de la Sagra,
San Justo y Pastor, San Nicolás, San
Salvador y San Andrés. Cada ano de
los arrabales tenía su parroquia, lla-
mándose de San Martín y San Ginés.
— Tal era MxDRm en su segunda am-
pliación.
41. Nuevos ensanches, — Los reyes,
que por ciertas temporadas venían á
establecer su corte en esta villa, fue-
ron dándola después mayor incremen-
to, como lo atestiguan: las nuevas
Puerta del Sol, que sustituyó á la de
Quadalajara; la de la Latina; la del
Pueblo ó Santo Domingo, y la de An-
tón Martin, que se levantaron por en-
tonces. Esta demarcación designaba,
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540 MADE
MADR
MABB
con corta difereDcia, uaa línea des-
de la plazuela de Santo Domiiigfo y
calle de San Martín á la Puerta
del Sol, de la cual, formando es-
cuadra, pasaba á la plazuela de An-
tón Martín; de aquí seguía en lí-
nea recta al hospital de la Latina,
dirigiéndose hacia Puerta de Moros,
en Cfijo punto se unía con el anterior
cerco. Con esta Taríación recibió Ma-
drid un aumento de 974 metros, des-
da la plazuela de Antón Martín á
Puerta de Moros; otro, de 529, desde
la esquina de los Milaneses i la Puer-
ta del Sol, con un ancho de más de
723, desde el hospital de la Latina á
la plazuela de Santo Domingo; apar-
te los 418 que vendrían á componer
los ángulos T recodos que formaba la
irregularidad del terreno. Dentro,
pues, de este nuevo espacio, queda-
ban: las plazas de San Martinj Mayor;
las plazuelas de Navalón, Trujillos,
Descalzas, Celenque, San Qinés, Pon-
tejos, Leiia, Aduana Vieja, Provin-
cisj Progreso jr Concepción Jeróni-
ma; y las calles de San Martín, Ma-
yor, Carretas, parte de la de Atocha,
Magdalena, parte de la de Toledo,
Concepción Jerónima, Barrio Nuevo,
Colegiata ó del Barro, Belatores, Es-
tadios j otras muchas. Ba las épocas
subsigaientes experimentó la Tilla
otras Taríaciones j aumentos, como
la transformación en palacio real, por
Carlos V, del alcázar levantado bajo
la dominación sarracena, según unos,
j por Alonso YI, según otros. La edi-
ficación del convento de los jeróni-
mos, dispuesta por Eurique lY; la
construcción del de Atocna j otros
varios edificios; la reparación j orna-
to de algunos, como la verificada en
la parroquia de San Andrés, erigida
en capilla real, cuando los Rejres Ca-
tólicos habitaban las casas contiguas
de don Pedro Laso de Castilla ; y por
último, la fundación de diferentes es-
tablecimientos de beneficencia, TÍaie-
ron á hacer de Madrid un pueblo muy
principal. Su extensión iba aumen-
tando á medida que se derribaban los
muros viejos r se le agregaban sus
arrabales, poblándose el vasto campo
que mediaba entre la Puerta del Sol
y el convento de San Jerónimo. Feli-
pe II fué el monarca que mayor en-
sanche dió á esta villa, al trasladar á
ella la corte, q^ue se hallaba en To-
ledo. Por esta época constaba la po-
blación de 2.520 casas y de unos 25
á 30.000 habitantes, según algunos
autores; pero esta cifra fué crecien-
do eon tanta rapidez, que, conside-
lindose ja reducida la circunferen-
cia que abarcaba, aun después del
ingreso de los arrabales, hubo nece-
sidad de darle mayor latitud, trasla-
dando: la Puerta del Sol, al camino
de Alcalá; la de Antón Martín, al
arrojo de Nuestra Señora de Atocha;
la de la Latina, al puente que ocupa
actualmente la puerta de Toledo, y la
de Santo Domingo, al camino de Fuen-
carral.
42. Nruvas eonstruccioiut y mejoras
realitaáat bajú ditUntos reinados. — En
todos estos nuevos barrios formáronse
calles regulares y magníBcas, como
las de Alcalá, Atocha, San Bernardo,
entre otras; lo cual, unido á los edi-
ficios que levantaban los particula-
res, al mismo tiempo que el rey con-
cluía las obras de palacio, funda-
ba los conventos de la Trinidad, las
Descalzas Reales, el Carmen Calza-
do, San Bernardino, San Bernardo,
los Angeles, el suntuoso y magnífico
del Escorial y varios establecimien-
tos de beneficencia, vino á dar á Ma-
drid la iupremacfft sobre los demás
pueblos de España. Durante el reina-
do de Felipe III continuó aumentan-
do y engrandeciéndose la población;
se trajo mayor abundancia de aguas;
se edificó, en el corto intervalo de dos
años, la hermosa Plaza Mayor y se le-
vantaron la casa de los duques de
Uceda, hoy los Consejos; los conven-
tos de San Basilio, Jesús, Santa Bár-
bara y Trinitarias, entre otros, y el
notable monasterio de la Encarnación,
fundado por la reina Doña Margarita
de Austria. Del bullicioso reinado de
Felipe lY quedaron el palacio real y
jardines del Retiro, vanas estatuas y
monumentos públicos, la cárcel de Coz^
te y algunos otros edificios; el borras-
coso de Felipe Y nos legó el cuartel d«
Guardias de Corps, el Hospicio, el se-
minario de Nobles, el antiguo teatro
de la Cruz, la grandiosa obra del nue-
vo palacio real, el teatro del Príncipe,
la fábrica de tapices, el Pósito, va-
rias fuentes y edificios de utilidad co-
mún; fundándose simultáneamente la
Academia Española, la de la Historia,
la de Medicina, la Biblioteca real y
diferentes establecimientos de ins-
trucción pública. IjBs Salesas, la an-
tigua plaza de Toros, y puerta de Re-
coletos, entre otras construcciones, y
la instituoitfs de la Academia de San
Fernando corresponden al reinado del
sexto rey de este nombre. Suoédele á
su muerte Ckrlos ni é inaugúrense
caminos, canales, puentes, palacios,
iglesias y otras muchas obras; á su
regia iuiciativa se deben la limpieza
y policía de la capital, el alumbrado
de las calles por el método antiguo,
el establecimiento de los alcaldes do
barrio, las escuelas gratuitas, las di-
putaciones de caridad, la Sociedad de
Amigos del Pais, diferentes academias
y otros estudios públicos, el Banco
nacional, las loterías y las grandes
compañías mercantiles; en su tiempo
se amplió el palacio real y se elevó el
grandioso Museo de Pinturas, bajo
los planes del arquitecto Villanueva;
á unas malas tapias y miserable puer-
ta sustituyó la suntuosa de Alcalá,
levantándose á la vez en la calle de
este nombre la gran fábrica de la
Aduana, hoy Ministerio de Hacien-
da, y el Museo de Historia Natural.
La casa de Correos, la da los Gre-
mios, la Imprenta Nacional, la fábri-
ca-platería de Martínez, el colegio de
Veterinaria, el de San Carlos, el con-
vento de San Francisco, el Hospital
feneral, la puerta de San Yícente, la
e loa Pozós, el Observatorio astro-
nómico, el Jardín Botánico, el deli-
cioso paseo del Prado con sus bellas
fuentes, el de la Florida, el del Reti-
ro, embellecido con varias obras, el
canal de Manzanares, los cómodos ca-
minos que conducen á la capital y
otra multitud de mejoras, que sena
molesto enumerar, deben igualmente
su existencia al celo infatigable de
aquel monarca y de sus ministros.
Bajo el gobierno de Carlos lY se edi-
ficaron el Depósito Hidrográfico, el
palacio de Buenavista, el del duque
de Liria, la casa del conde de Alta-
mira y la de Yillahermosa. Bajo el
de Fernando YII, se reparó y termi-
nó la obra del Museo del Prado, des-
tinado á la colocación de la rica gale-
ría de pinturas y escultura; se embe-
lleció y adornó el real sitio del Buen
Retiro, destruido por los franceses;
se reparó y mejoró el cegado canal de
Manzanares y sus contornos; se for-
mó y colocó el museo y parque de ar-
tillería en el' palacio de Buenavista;
se edificó el lindo casino de la reina y
sus jardines; echáronse los primeros
eimientos al teatro de Oriente, en el
sitio que ocupaba el de los Caños del
Peral, construido en tiempos de Feli-
pe Y; lleváronse i cabo las obras del
museo militar da artillería é ingenie-
ros y la colocación de la Biblioteea
real en un edificio particular; se cr«S
el Conservatorio de María Cristina, la
Dirección de Minas, la Bolsa de Co-
mercio y Consulado de Madrid; se re-
vocó el palacio y sitios reales; se re-
pararon los caminos y abrieron nue-
vos paseos al rededor de la capital; se
terminó la obra de las Caballerizas
reales, la puerta de Toledo y el cuar-
tel de caballería de la bajada de Pa-
lacio; se levantó la fuente de la Red
de Sau Luís, trasladada más tarde 4
una da las plazoletas Paroue de
Madrid; se mandó fundir en bronoe
la estatua de Cervantes, que adorna
hoy la plaza de las Cortes, é biso po-
ner un recuerda honorífico en la casa
en que murió este escritor ilustre, y
se prestó eficaz apoyo á numerosas
empresas industriales. Finalmente,
bajo el mando de los gobiernos pos-
teriores, y muy señaladamente, de
veinte años á esta parte, han recibi-
do gran impulso las artes, progre-
sado las industriales, extendido el
comercio y realizado infinitas refor-
mas, así económicas y administrati-
vas como de ornato y utilidad pú-
blica.
43. Madrid moderno. — ^Hemoa lle-
gado al postrer período de ensanche,
de aumento y desarrollo de esta po-
blación; á la época de los últimos pro-
gresos y transformaciones.
44. Perímetro del terminó de Madbid.
— Según los trabajos practicados^ por
la Comisión de Estadística municipal,
la circunferencia desarrollada de todo
el perímetro del término de esta villa
es, aproximadamente, de 76.600 me-
tros lineales; evaluándose la del pe-
rímetro anterior en 47.260.
45. Puertas. — No hace muchos años
contaba Madrid cinco puertas (Alca-
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MADR
MADB
MADB 541
U, Bilbao, Segovia, Toledo y Ato-
cha) j once portillos (Recoletos, San-
ta Bárbara, Fuencarral, Conde-Du-
que, San Bernardino, San Vicente,
La Vega, Vistillas, GiUmón, Emba-
jadores j Valencia), los cuales han
ido desapareciendo con el derribo de
las débiles j desiguales tapias que
circuían la capital, conservándose
únicamente, como monumento del
arte arquitectónico, las de Alcalá,
Toledo, San Vicente j Hierro, dig-
nas, particularmente la primera, ae
especial mención.
46. Pneríade Alcalá.— Bste notable
monumento ocupa hoy el centro de la
nneva plaza de la Independencia, si-
toada al Oriente de la población.
Consta da un solo cuerpo, como todas
las construcciones de sa clase, 7 de
cinco entradas: tres en el centro, con
arco de medio punto, y una en cada
extremo, i regla ú horizontal. La de-
coración de la parte exterior consiste
en diez columnas, que sientan sobre
doble zócalo y lloTan capiteles de
orden jónico moderno, modelados por
los que inventó el gran Miguel An-
gel para el Capitolio, en Koma; las
diez columnas mencionadas se hallan
perfectamente distribuidas: cuatro,
en el resalto que forma el arco prin-
cipal; y dos, en cada uno de los ze»-
tantas. Por la parte interior corres-
ponden pilastras á las columnas, ex-
cepto en el arco del medio, que, en lu
resalto y adorno, es idéntico por am-
bos frentes. Sobre los indicadoi capi-
telei corre nn cornisamento, en el
q^ue se eleva un ático, que sólo se ex-
tiende lo que resalta el arco del cen-
tro y su decoración, continuando un
sotabanco por los demás, decorado de
trofeos y genios. Kn la clave central
de los tres arcos mayores se ve una
cabeza de león; en los recuadros, que
aparecen sobre las puertas pequeñas
de los extremos, cornucopias eriza-
das. Un escudo de armas reales, sos-
tenido por una Fama y un genio, si>
ve de remate, por el lado del campo,
al frontispicio semicircular del ático.
La elevación de este elegante j sun-
tuoso arco triunfal es de 19 metros,
sin eontar lo que sobresale el escudo
de armas: cada uno de los tres arcos
de medio punto se levanta 9 metros
sobre el nivel del suelo y tiene 5 de
luz. Bl material empleado en esta
gran fábrica es granito de excelente
calidad y piedra caliza, llamada de
Colmenar. La construcción de esta só-
lida y gallarda obra empezó en 1778
con diseños y bajo la dirección de
don Francisco Sabatini; el escudo de
armas, los trofeos y los genios, fue-
ron ejecutados por don Francisco Gu-
tiérrasi las cabezas de leones y las
comacopias, por don Roberto Michel.
47. Puerta de Toledo,— Qohs9 una
eminencia, que se enlaza en el puente
de aquel nombre,y dando frente al Me-
diodía, levántase arrogante la inmen*
sa mole de granito que forma el arco
triunfal de Fernando VII. Decoran
esta obra, por el exterior, dos medias
coluQuiai estriadas, de orden jónico
antiguo, colocadas en el centro, y pi-
lastras en los lados: distínguense en-
tre aquéllas un grande arco de medio
punto de 10 metros de altura con tres
de luz, y una puerta cuadrada con
recuadro encima, á cada extremo. El
cornisamento corre sobre los tres in-
gresos, y en el medio se ve interrum-
fido el arquitrabe. La fábrica tiene
8 metros de elevación y 15 de fren-
te: sobre el cuerpo ático hay un gru-
po de escultura, que representa á Es-
paña dispensando su protección á las
artes, el cual levanta cinco metros más
sobre la expresada altura. Fué mode-
lado por don José Ginés y ejecutado
en piedra de Colmenar por don Ra-
món Barba y don Valeriano Salvs-
tierra. Sobre la puerta de los extre-
mos, y á ano y otro lado del ático, se
ven trofeos militares. Esta obra, tan
criticada por su excesiva pesadez y
falta de gusto, empezó á levantarse
en 1813, bajo la dirección de don An-
tonio Aguado, para perpetuar la me-
moria del feliz éxito que alcanzó la
glorioaa lucha de la Independencia.
^.PueríadeSan Vicente.— Bnni5,
el hábil profesor don Francisco Sa-
batini levantó en el paseo de la Flori-
da este ingreso con la solidez y buen
gusto que se observan en todas sus
obras. En la parte que mira al cam-
po, levántense, sobre un doble zócalo,
dos columnas arrimadas, en cuyo in-
tercolumnio hay nn arco de medio
punto almohadillado: el cornisamento
está adornado de triglifos, con casti-
llos en las metopasj terminando el
todo un frontispicio triangular, coro-
nado por unos trofeos. En la parte
que da frente á la población, se ven
sólo fajas en el ingreso central; una
f tuerta con arco horizontal á cada
ado, y en los extremos, fajas con tro-
feos y piñas en los remates. La ar-
2uitectura de esta puerta es de orden
órico: el material empleado en su
construcción, granito y piedra caliza
de Colmenar.
49. Puerta de Hierro,— Se levantó
en la secunda mitad del siglo xvui: es
de granito, y loa ornamentos, de piedra
caliza. Consta da tres entradas; la del
centro presenta un arco de medio
punto, con archivolta decorada y pi-
lastras dóricas estriadas, sobre las
cuales sienta un frontón triangular
con las armas de España; los vanos
laterales tienen sólo pilastras, termi-
nadas por jarrones, y entre los ingre-
sos hay recuadros con esculturas, que
representan trofeos de guerra y caza.
Abierta la Moncloa y facilitada la
continuación de la línea de circuito
de la capital, que antes se detenía en
las tapias de ai^uélla, y que hoy está
llamada á continuar hasta la carrete-
ra de Castilla, la puerta de que se
trata, especie de ingreso á la posesión
del Pardo, puede ya considerársela
como una de laa entradas de la villa.
50. Perímetro de Madrid. — cir-
cunferencia de la población, ó sea la
lonnfitud del muro que la cercaba, se
evalúa en 13.150 metros.
51. liUerior de la eapiti^^^o pre-
tendemos describir minacioMmente
todos y cada uno de loa puntos que
aquélla comprende en su vasta exten-
sión, en sus infinitas relaciones en
todos los ramos de la administración
general del Estado: tarea es ésta que
daría asunto para algunos volúmenes
y que, además de ser superior á nues-
tras fuerzas, pecaría de demasiado
prolija, (quizás de enojosa. Conocida
ya la posición de Madrid, su clima y
su circuito, daremos á conocer su
superficie, el número de habitantes y
edificios que ha contado desde el si-
glo xvi: el desarrollo longitudinal de
sus calles y paseos; el total de las vías
públicas, con su correspondiente cla-
sificación; BUS plazas más notables,
sus establecímieiitos de recreo j di-
versión, jardines y paseos interiores;
su división, local, bajo el punto de
vista administrativo, jurídico y ecle-
siástico; las corporaciones científicas,
literarias, filantrópicas y de correc-
ción; la organización municipal, su
administración, presupuestos, poli-
cía, ornato, fuentes, alumbrado, en-
señanza y beneficencia, y describire-
mos detalladamente, según su belle-
za, utilidad ó importancia histórica,
los monumentos, templos y edificios
así públicos como particulares, y con-
stc-naremos cuantas noticias y curio-
sidades á nuestro juicio lo merecie-
ren.
53. iTiV^Mn^.— La superficie ence-
rrada dentro de las antiguas tapias,
incluyendo el Parque de Madrid (an-
tes sitio del Buen Retiro), Jardín Bo-
tánico, huerta y convento de Atocha,
Montaña del Príncipe Pío y Campo
del Moro, es da 7.779*36 metros cua-
drados.
53. Descripción. — El total de las
vías públicas que existen dentro del
Serimetro de la población, es de 899,
ivididas en esta forma: calles, 701;
callejones, 15; caminos, 4; campi-
llos, 3; carreras, 2; cerillos, 1; costa-
nillas, 12; cuestas, 7; glorietas, 5; pa-
sadizos, 2; pasajes, 2; paseos, 27; pla-
zas, 76; pretiles, 2; rondas, 8; trave-
sías, 32. — El desarrollo longitudinal
de las calles y páseos, comprendidos
dentro del recinto de Madrid, es,
aproximadamente, de 348 kilómetros,
877 metros. — Bl número de edificios,
que constituyen el casco de la pobla-
ción, ha sufrido, desde el siglo xvi,
las siguientes alteraciones: en 1571,
contaba la corte4.000edifícios;en 1597
subió esta cifra á 7.016; en 1766,
á 7.049; en 1797, á 7.080; en 1844,
descendió este número á 6.600 fincas
urbanas, cuya disminución se atri-
buye á la reunión en una sola de dos
ó más pequeñas, á las demoliciones
llevadas á cabo durante la guerra de
la Independencia, y á las verificadas
para formar las plazas de Oriente y
otras. Bl número de fincas urbanas
existentes hoy en el casco de la capi-
tal, zona de ensanche y término de
Madrid, es de 8.207, distribuidas en
1.248 manzanas, correspondiendo 598
al interior de la villa; 295, á la pri-
men zona de ensanche; 193, i la se^
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542 MADR
liADR
MADR
guada, 7 162, & la tercera. Las 8.207
lincas antes meacionadas, dan, por
distritos, el número de habitaciones
de todas clases que á continuación se
expresa: distrito de Palacio, 9.038;
Universidad, 10.657; Centro, 7.243;
Hospicio, 8.596; Buenavista, 10.689;
Congreso, 8.307; Hospital, 10.320;
Inclusa, 10.315; Latina, 10.131; A.a-
diencia, 8.495: total, 93.821. La su-
perficie ocupada por edificios en el
interior, sin incluir el ensanche, es
de 4.061.387 metros cuadrados,
54. Poblaciéii.~En 1530, contaba
Madrid 5,000 habitantes; en 1566,
25.000; en 1600, 58.000; en 1870,
339.024; en 1877, 399,523; hoy, se-
gún cálculo aproximado, asciende ja
aquella cifra á 466.000.
55. Placas. — Con una sola plaza,
firopiamente dicha, la Major, aparece
a Corte en el siglo xiz: las restantes,
inclusa la Puerta del Sol, no eran otra
cosa que reducidos espacios 6 mezqui-
nas encrucijadas que se llamaron pla-
zuelas. A mediados del citado siglo,
todaTfa eran en corto número para
tan ^ran población, contribuyendo
poco a su embellecimiento, ja por lo
irregular de sus plantas, ja por la es-
casez de monumentos. En la actuali-
dad, de las 76 que encierra la villa,
comprendido el ensanche, las más no-
tables por su belleza, 6 su historia,
son las siguientes:
56. PlataM»yor6delaCon$t%íuciá%.
— Tuto au origen bajo el reinado de
Juan II j se llamaba Plaza del Arra-
bal de Santa Gnu* Demolidos los po-
bres j toscof edificios que la forma-
ban, por mandato de Felipe III, dÍ6
principio su reconstitución en 1617,
bajo la dirección del hábil arquitecto
don Juan G6mex de Mora; cujas
obras, que duraron dos aíios, como lo
expresa la inscripción que existe en
el pórtico de la Panadería, costaron
un millón, según Baena. Afecta la fi-
gura de un cuadrilongo de 121 metros
de largo por 93 de ancho j 428 de
circuito. Las casas fueron levantadas
sobre pilares de granito formando so-
portales: todos los huecos se hallan
decorados con jambas simétricas de
piedra en los tres pisos; las entradas
están formadas por ocho grandes ar-
cos de medio punto (dos en cada uno
de los cuatro ángulos), j uno, rebaja-
do, cerca de la escalerilla, que abren
paso á diferentes calles. Ocupa el cen-
tro de esta plaza una explanada elíp-
tica, embellecida hoj con jardines j
fuentes j circundada de una pequeña
verja, j en medio de aquélla se ve,
sobre un pedestal, rodeado de otra
verja más elevada, la estatua ecuestre
de Felipe III, ejecutada en bronce.
Numerosos son los acontecimientos
que registra la historia de esta plaza,
figurando entre ellos fiestas magníñ-
css, incendios horrorosos, repugnantes
autos de fe j terribles ejecuciones de
Sersonajes notables; pues hasta el año
e 1700 no se trasladó á la plazuela
de la Cebada el cadalso que repetidas
Teces se había IsTantado frente á la
Puuderfiu
57. Plata de Oriente. — Esta plaza
ue, atendida la situación que ocupa,
ebería con más propiedad llamarse de
Occidente, fué formada en 1811, bajo
el gobierno de José Napoleón, llama-
do el Reif Pkaneloit con el derribo de
Tarias manzanas, que comprendían
loa conventos de San Gil j Santa Cía-
ra, la parroquia de San Juan, la Bi-
blioteca, el jardín de la Priora j 56
casas, .conjunto de vulgares construc-
ciones, que apenas dejaban espacio
entre el palacio j ellas. Frustrado el
magnífico projecto del rej intruso, el
cual consistía en formar en aquel si-
tio una extensa plaza, que sirviera de
punto de partida de un boulevard que
debía concluir en el arco de Alcalá,
conservóse por lai|po tiempo el inmen-
so é irregular espacio que dejaran los
derribos, cu jo tránsito ara sumamen-
te molesto en el rigor de las estacio-
nes. La reedificación j embellecimien-
to de esta plaza data del año de 1841,
en cuja época se llevó á cabo el jar-
dín central, la explanación / alinea-
ción de las calles j la compra de los
solares con que se procedió á formar-
la. Ocupa el centro de la mencionada
plaza una glorieta elíptica, la cual se
eleva como dos pies sobre el nivel
del suelo, j está rodeada de una ele-
gante escalinata, compuesta de tres
gradas de piedra caliza, interrumpi-
das por 22 zócalos de granito, en los
que descansan pedestales con inter-
medios de piedra d« Colmenaj: sobre
estos pedestales se elevan otras tantas
estatuas de rejes j condes espafioles,
de gran magnitud, pertenecientes á
la colección que ocupó la balaustrada
que corona el palacio real. La escali-
nata, cujo circuito mide 358 metros,
da acceso á una calle de igual figura,
de 18 metros de ancha, que adornan
dos hileras de acacias: en el medio se
levanta sobre zócalos de cantería j
piedra de Colmenar, con asientos á
uno ^ otro extremo, la elefante verja
de hierro bronceado, que cierra la glo-
rieta en una circunferencia de 247 me-
tros, dentro de la cual se ve un lindí-
simo jardín, con cuatro pequeños j
graciosos surtidores. En el centro de
la referida glorieta se eleva ün alto
zócalo de granito, j sobre éste, un
hermoso pedestal de planta rectangu-
lar, cujo recto, adornado por los cos-
tados con dos bajorrelieves, presen-
ta, en cada uno de los dos frentes,
oriental j occidental, una fuente mo-
numental. Consiste ésta en la estatua
de un anciano, que simboliza un río,
el cual vierte el agua de la urna en
unas conchas que, formando una es-
pecie de cascada, la derraman en un
fran pilón semicircular. Entre estos
os pilones, atando con los mismos j
por cada uno de los costados del mo-
numento, haj un plano al que dan
acceso tres gradas: en él se ven un
mascarón que arroja agua en otro pe-
queño pilón, T á los lados, asientos j
balaustradas de hierro: estos planos,
unidos á los pilones, forman una cir-
cunferencia elíptica, en perfecta re-
lación con la de la glorieta. En los
cuatro ángulos se elevan cuatro pe-
destales, con otros tantos leones de
bronce d« gran magnitud; j descan-
sando sobre el monumento, la bellí-
sima estatua ecuestre de Felipe IV,
obra admirable del escultor toscano
Pedro Tacca, j de la cual, el famoso
erudito j excelante crítico don Anto-
nio Pons dice en su curiosa descrip-
ción lo siguiefite: cHaj muj pocas
obras modernas de esta línea, que se
le igualen en el brío como está expre-
sado el caballo, en la dignidad del ji-
nete, en la hermosura j lo acabado de
las labores que se ven particularmen-
te en los estribos, freno, silla y en la
banda del monarca.» Un detalle afea
este hermoso j agradable sitio: el eje
major de la glorieta elíptica antes
mencionada, corre desde Palacio al
teatro de la ópera, cuja deplorable
fachada forma, por su pésimo gusto,
raro contraste con la regularidad de
las nuevas casas, la extensión de aquel
{lolígono, la belleza de sus jardines j
a grandiosidad da la morada de los
rejes.
58. Puerta del Sol. — Llámase así
por una imagen del Sol que había pin-
tada encima de la puerta de un casti-
llo fabricado, en 1520, para defender
á Madrid de la sorpresa de los ban-
doleros j forajidos. Esta plaza, es-
trecha é irregular entonces, se com-
Sonía da casas informes j miserables
e 160 á 200 metros superficiales, las
majores, oon uno ó dos balcones en
cada piso; en el sitio que hoj ocupa
el Hiniaterio de la Gobernación, edi-
ficio lavantado an 1708, veíanseamon-
tonados treinta j tantos edificios, j
enfrente otros semejantes, que fox^
maban la callejuela llamada del Co-
fre, con salida á la calle de la Zar-
za. Entre la Major j la del Arenal,
se hallaban las casas de mancebía pú-
blica. Las Cortes constituyentes, por
lej de 21 de Julio de 1855, declara-
ron la reforma de utilidad pública, j
por decreto de 26 de Majo de 185t>,
previo dictamen de la Academia de
San Fernando, se procedió & su en-
sanche j embellecimiento, lerantán-
dose nuevos j uniformes edificios j
colocándose en el centro una anchísi-
ma fuente, con un surtidor, que ele-
va el agua á una considerable alturm,
descendiendo luego en forma de Uu-
TÍa. A esta plaza, que viene á tener
hoj la figura de un tricornio, van á
confluir las principales arterias de la
población: por el Este, las calles de
Alcalá j Carrera de San Jerónimo;
por el Sur, las de Carretas j del Co-
rreo; por el Oeste, la Major j la del
Arenal, j por el Norte, las de Precia-
dos, Carmen j Montera. Con el pre-
sente siglo empezó á ser el fomm «u-
íriíense, como ingeniosamente la lla-
ma un autor, el gran teatro de la
vida pública, viendo dictar bárbaras
sentencias, desde el sitio que hoj
ocupa el Ministerio de la Gobemn-
ción, á la comisión militar, presidida
por Grouchj, j sacrificar las vícti-
mas en el patio del Buen Suceso; j
presencianao luego grandes ovacio-
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MADR
JÍADR
MADR 543
nes j sangrientas luchas. Actaalmen-
te continua siendo el punto más fa-
moso de la Corte, por su situación
ceatral, bellos edificios y gran con-
currencia; la galería en donde se ex-
hiben los tipos característicos de Ma-
drid j el barómetro fiel de la opinión
pública.
59. Plaza de Palacio. — Forman esta
plaza, de grande extensión y figura
ca» cuadrada por el Norte, la facha-
da principal de palacio; por el Bste,
el ala lateral, ó galería, que mandó
construir Carlos Ul; por el Sur, la
Armería, j por el Oeste, algunoi ar-
cos de la otra galería lateral, no con-
cluida, j una balaustrada con rista
al campo.
60. PlazadeU Villa. — Su formación,
que se llevó á cabo con los derribos
de varias casas, data del reinado de
Enrique IV: es regular, casi cuadra-
da j abierta por Ta calle Mayor. An-
tiguamente fué largo tiempo conside-
rada como la plaza principal de la vi-
lla, pues la Mayor estaba por enton-
ces en el arrabal, al lado eiterior de
la muralla. Hasta mediados del pre-
sente sijg'lo ocupó su centro una fuen-
te de pésimo gusto,
61. Plaza de lat Cortet. — Ocupa par-
te del solar en que se hallaba el con-
vento de Santa Catalina, delante de la
fachada de las casas de este nombre,
entre los palacios de Híjar y nuevo
de las Cortes, al Norte; el Prado, al
Este, y la casa del duque de Medina-
celi, al Sur. Forma un cuadrilongo
muy extenso y conñuyen á ella las
calles del Prado y Carrera de Sau Je-
rónimo, al Occidente; las del Florín
y Turco, al Norte, y la de San Agus-
tín, al Mediodía. Desde la fuente de
Xeptuno suben dos hermosas calles
de árboles hasta la mencionada calle
del Florín; á su cabeza se ve un ele-
Mnte jardín, circuido de una verja
de hierro, j en el centro elévase so-
bre un pedestal la magnífica estatua
del maestro de la literatura española,
obra notabilísima del escultor de cá-
mara de Fernando VTI, don Antonio
Sola. He aquí lo qtie acerca de esta
obra artística decía en el Diario de
Roma el señor Salvador Betti, secre-
tario perpetuo de la insigne y ponti-
fical Academia Romana de 'San Lucas:
*¡Loor al señor de Solá, quien con
tanta verdad y perfección del arte nos
hace ver la imagen de este famoso es-
critor! Le vemos en ella; es el mismo
Miguel de Cervantes, como lo mani-
fiesta su noble figura, su espaciosa
frente, sus ojos llenos de fuego del
alma, su andar franco, tan natural al
hombre de armas y de aventuras, y
aquel aire en que se ven las maneras
españolas del siglo xti. Lleno de una
sDblime imaginacidn, está en actitud
de mudar el paso; actitud que no po-
día^ mostrarse por el artista con más
facilidad y maestría, ya jpor el movi-
miento natural de las piernas, á que
acompaña el de toda la persona, ya
por el contraste de los pliegues del
vestido; y especialmente, de la capa,
que mueve el aire con suavidad. Tie-
ne en la mano derecha un lío de pa-
peles, muestra de un literato; la iz-
quierda descansa sobre el puño de la
espada, en prueba de su profesión mi-
litar y nobleza de sus antepasados; y
para ocultar la imperfección de esta
mano, á causa de una herida de arca-
buz, que en ella recibió en la batalla
de Lepanto, Solá ha tenido la singu-
lar idea de cubrirla con un pliegue de
la capa, conservando de este modo
i todo lo perfecto, sin exponerse á la
censura de los que exigen la verdad.
Todo es vida en esta estatua, todo
verdad, al propio tiempo que se
conserva la dignidad conveniente. Y
en mi cualidad de intendente de las
Bellas Artes, digo, como sentencia
universal, que esta estatua es una de
las más célebres que se han hecho en
este siglo, y una de las más impor-
tantes por representar á tan grande
hombre. Añadiré además que, hace
muchos años, no se ha fundido en
bronce en este país otra igual, pues es
semicolosal, teniendo diez palmos
y medio de altura.» Esta celebrada
estatua, cuyo autor hizo el modelo en
Roma, fué fundida por los famosos
artistas prusianos Luis Jollage y Gui-
llermo N. Hopsgarten. Gl pedestal
contiene dos relieves, obra del escul-
tor don José Piquet, que representan:
el uno, á don Quijote y Sancho Pan-
za guiados por la diosa de la locura,
y el otro, la aventura de los leones, y
además la siguiente inscripción: «A
Miguel de Cervantes Saavedra, prín-
cipe de los ingenios españoles, año de
1835.»
62. Plata de Santa Ana. — Se halla
situada al principio de la calle del
Prado y conclusión de la de la Gor-
guera, en el derribo del convento de
carmelitas de Santa Ana, llevado á
cabo durante la dominación francesa.
Su extensión, que era antesde 59 me-
tros de largo por 44 de ancho, ha au-
mentado con la desaparición de la
manzana de casas que impedía la vis-
ta del Teatro Bspañol; y la fila de ár-
boles, que rodeaba la plazuela, así
como la sencilla apfuja de piedra que
la adornaba, ha sido substituida por
una fuente y un elegantísimo jardín,
cuyo centro ocupa el hermoso pedes-
tal que sostiene la noble figura del
patrón literario de Madrid, el insiga
ne Calderón de la Barca.
63. Plaza del Progreso. — Seencuen-
tra entre el principio de las calles de
la Magdalena, ('olegiata, Duque de
Alba, Mesón de Paredes, Jesús y Ma-
ríay conclusión de la de Barrio íTuevo,
en el mismo solar queocupaba el vasto
convento de la Merced, cuyo edificio
sólo tenía de notable el haber servido
de morada, desde 1620 á 1645, al in-
genioso poeta el maestro Fray Ga-
briel Téllez, conocido por Tirso de
Afolitta. La plaza, que tiene 88 metros
de largo por 48 de ancho, disminuye
hasta 48 por el frente que mira á la
calle de la Magdalena. En 1842 se
situó en el extremo oriental una fuen-
te de caprichosa forma; y en 1869 se
hermoseo la plaza con un jardín, se
colocó en su centro la colosal estatua
de Mendizábal y se la rodeé de una
bonita verja.
64. Plata de Itahel 21. — Es casi
cuadrada, de una extensión bastante
regalar, y se halla á lo último de la
calle del Arenal, entre ésta, la de los
Caños y las que conducen á Palacio.
Forman su adorno la fachada del
Teatro Real, una hermosa estatua de
la Comedia y un pequeño jardín que
rodea, como el anterior, una sencula
verja.
65. Plaza de Bilbao. — Está situada
entre las calles de las Infiintas, San
Bartolomé y costanilla de los Capu-
chinos, en el lugar que ocupó el con-
vento de estos regulares. Su figura es
un cuadrado de metros; su terreno
se halla más elevado que los de las
calles que la circuyen, razón por la
cual se la cerró completamente con la
verja de hierro c^ue estuvo en el salón
del Prado, dejándola seis entradas:
una, por la costanilla; otra, por la
calle de San Bartolomé, y dos en cada
uno de los otros frentes, con grandes
faroles en los ángulos, buenas escali-
natas y rodeada de hermosos bancos
de piedra. Modernamente ha sido tam^
bien embellecida con un jardín.
66. Plaza de MuriÜo. — Constituye-
la el espacio comprendido entre el in-
greso al Jardín Botánico y la más
hermosa de las Echadas del Museo
Nacional de Pintura y Escultura,
destacándose en el medio una grande
estatua de Murillo, rodeada de un
sencillo y elegante jardín.
67. Plaza ie la Independencia.^ — Es-
ta bellísima plaza, de moderna cons-
trucción, contiene en el centro el her-
moso arco de la puerta de Alcalá, ya
mencionado, embellecido también con
un pequeño jardín que lo circuye. Su
figura es circular, y tiene: al Norte,
la calle de Serrano; al Este, la carre-
tera de Aragón y una de las entradas
al Retiro;, al Sur, la calle de Alfon-
so XII, y al Oeste, la de Alcalá. Casi
todas las demás plazas, cuya enume-
ración omitimos, se hallan adornadas
con elegantes farolas y frondosos ár-
boles, que ofrecen una vista deliciosa
durante la estación del verano.
68. Calles principales. — Las calles
de Madrid, á pesar del considerable
desnivel que en su mayor parte se ob-
serva, son generalmente de agradable
aspecto. Entre las principales se dis-
tinguen, en lo ancuas, largas y ele-
gantes, las siguientes: calle Mayor:
arranca de la Puerta del Sol y termi-
na en la calle de Bailen; su longitud
es de 400 metros lineales; su anchara
media, 18, — Carrera de San Jerónimo:
nace en la misma Puerta del Sol y
muere en la plaza de las Cortes; su
longitud, 480 metros lineales; su an-
chura media, 18.— Carretas: parte de
la indicada Puerta y acaba en la de
Atocha; su longitud, 240 metros; su
anchura media, 13. — Calle Ancha de
San Bernardo: empieza en la plaza de
Santo Domingo y concluye en la ca-
lle de Carranza; su longitud, 899 me-
tros; anchura, 20. — Barquillo: tiene
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MADK
su origen en la calle de Alcalá 7 ter-
mina en la de Hortaleza; longitud,
800 metros; anchura, 7, — ffortaleza:
parte da la calle de la Montera y des-
emboca en la plaza de Santa Bárbara;
longitud, 850 metros; ancho, 12.—
Fuencarral: arranca de la calle de la
Montara j conduje en la glorieta de
Bilbao; longitud, 1,032 metros; lati-
tud, 11. — Atocha: entra en la plazue-
la de Santa Cruz y sale al paseo del
Prado; longitud, 1.240 metros; an-
chura, 19. — Caballero de Orada: parte
de la calle de la Montera t acaba en
la de Alcali; longitud, 4v7 metros;
anchura, 6. — Principe: comienza en
la Carrera de San Jerónimo j condu-
je eu la calle de las Huertas; longi-
tud, 296 metros; anchura, 8. — Monte-
ra: parte de la Puerta del Sol t termí*
na en las callos de Fuencarral j Hor-
taleza; longitud, 333 metros; lati-
tud, 19. — Huirías: empieza en la
plaza del Angel y conduje en el pa-
seo del Prado; longitud, 642 metros;
anchura, 11. — Preciados: entra en la
Puerta del Sol j sale á la plaza de
Santo Domingo; longitud, 530 me-
tros; anchura, 5. — Calle del Prado:
empieza en la plaza de Santa Ana y
concluye en la de las Cortes; longi-
tud, 312 metros; anchura, 8. — Car-
men: tiene su entrada por la Puerta
del Sol, j la salida i la plaza del Ca-
llao; longitud, 376 metros; anchu-
ra, L-~^nia hahel: da principio en
la plaza de Antón Martín j conduje
en la calle del Hospital; longitud,
554 metros; anchura, 12. — Calle de
Toledo: parte de la plaza de la Cons-
titución j termina en la puerta de su
nombre; longitud, 1.008 metros; an-
chura, 18. — Magdalena: empieza en
la plaza del Progreso acaba en la
de Antón Martín; longitud, 550 me-
tros; anchura, 11. — iíesón de Paredes:
comienza en la citada plaza del Pro-
greso j termina en el Barranco de
Embajadores; longitud, 810; anchu-
ra, 7,— Por último, la magnífica de
Alcalát que se extiende desde la
Puerta del Sol á. la plaza de la Inde-
pendencia, sobre una longitud de
1 .285 metros lineales j una anchura
medía de 32; las hermosas j elegan-
tes casas que la forman, y fas anchí-
simas aceras j calles de árboles que
la adornan, la harían una de las me-
jores de todas las capitales de Euro-
pa si estuviese unida j hubiera más
Igualdad en los edificios jen el pavi-
mento; pero perjudican notablemente
á su belleza la pesada cuesta que for-
ma desde las inmediaciones del Pra-
do hasta más allá de su mitad, para
volver á descender cerca de la Puerta
del Sol; la figura piramidal, que pre-
senta en todo su largo, j la curva
que describe desde la embocadura de
la calle de Peligros.
69. Paladas, monumentos y edijidos
pú^U&uy particulares. — Dadautia idea
general del casco de ta población, pero
suficiente para que se comprenda su
importancia, pasaremos á describir
particularmente sus palacios y mo-
numentos mis famosos y á enumerar
MADR
sns edificios mis notables; que en este
punto es Madrid bastante rico para no
tener que envidiar á las capitales ex-
tranjeras.
70. Palacio fcaZ. — Situado en la
parte más occidental de la villa, elé-
vase imponente j majestuoso sobre la
misma área que antes ocuparan el fa-
moso y vetusto alcázar de Madrid y
el palado-fortaleza edificado después
por los monarcas Carlos V j Feli-
pe II. Reseñaremos ligeramente, bajo
su triple aspecto, las vicisitudes j
transformaciones que ha experimenta*
do este grandioso é histórico monu-
mento.
71. Bl aUátar de Madrid. — La his-
toria de su origen ó fundación es muj
oscura. El primer indicio cierto acer-
ca de la antigüedad de este notable
edificio, que unos atribujen i los mo-
ros, j otros á Don Alfonso VI, apare-
ce en tiempo de Don Pedro I de Cas-
tilla, quien lo reedificó y amplió con-
yenientemente, dándole una grande
importancia. Bajo el reinado de Enri-
que II sufrió un horroroso incendio;
en 1389, León V, rej de Armenia, i
la sazón señor de Madbid, mandó re-
edificar las torres del deteriorado al-
cázar, al cual dió Enrique in,enl405,
alguna forma de palacio, añadiendo
nuevas torres, en donde depositó los
tesoros que hizo restituir i los gran-
des. Un terremoto, que se dejó sentir
en 1466, arruinó parte del regio alcá-
zar madrileño; el cual, reparado y aun
mejorado después por Enrique IV,
situado entre precipicios y cuestas j
asegurado con varios cubos ^ torreo-
nes, llegó i ser una fortaleza inexpug-
nable, como lo demostró la obstinada
resistencia que, á su abrigo, opusie-
ron los 400 nombres escogidos por los
partidarios de 0oña Juana la Beltra^
neja al aguerrido ejército de Isabel la
Católica.
72. Palacio antiguo. — Al llegar más
tarde á Madrid el emperador Car-
los V, como cobrara afecto i la po<
blftción por lo saludable de su clima,
determinó algunos años después re-
edificar y ampliar el alcázar. Bra ¿ste
por entonces, como ^a hemos indica-
po, más que palacio, una fortaleza;
apenas ocupaba mis terreno que el de
su perímetro j cercábanlo: por el Es-
te, varias casas, algunas de ellas, de
aspecto miserable; por Norte y Oeste,
cuestas j precipicios, j por el Sur, la
parroquia de San Miguel, ({mí era pe-
queña, muj antigua j estaba delante
de la puerta del alcázar; por cujo mo-
tivo fué demolida, para dar ensancha
i las projectadas obras del Empera-
dor, siendo trasladada, bajo el nom-
bre de San Gil, á un punto inmedia-
to. Dirigidos alternativamente los tra-
bajos, desde el año de 1537, por el cé-
lebre Covarrubias j Luis da Vega, se
renovó la capilla, se levantaron dos
torres é hícieronse varias habitacio-
nes y patios con galerías de colum-
nas, sobre las cuales Toltealnn dife-
rentes arcos, en cujos lunetos cam-
peaban escudos de armas imperiales.
En 1543 salió de España el Empera-
MADR
dor, dejando el gobierno del reino i
su hijo el príncipe Don Felipe; no
bien subió este al trono, por aodica—
ción de su padre, cuando prosiguíd
con singular empeño las comenzadas
obras, j se compraron los terrenos
necesarios para nacer plazas, jardi-
nes, parcjues y caballerizas; en cuyas
adquisiciones iba incluido el Campo
del Rey, nombre que se daba al espa-
cio comprendido entre el alcázar j la
puerta de la Vega. Entre las obras lle-
vadas i cabo durante el reinado de
aquel monarca, figuran una galería
en la fachada del Ocddente y varios
salones magníficos. Loa monarcas
austríacos, que sucedieron i Felipo,
continuaron embelleciendo el alci-
zar; sin embargo, las noticias que
sobre las obras se conservaa, son es-
casísimas; sábese únicamente que*
en 1606, al regresar la corte de Valla-
dolid, hizo Felipe III, entre otras re-
formas, el arreglo de los pasadizos;
en 1608, se aumentó el aposento de la
reina, el cual se tasó en 200.000 da-
cados, por lo que se impuso á la villa
una sisa sobre los comestibles; se ha-
bla de algunos frescos de Lucas Jor-
dán, pintados en la capilla real, y de
una estantería de nogal tallado; j
consta igualmente que la fachada
prindpaí, hecha de sillería en el pri-
mer tercio del siglo xvu, era extensa,
suntuosa, de muj buen gusto j daba
al Sur, como la primitiya dd mismo
alcázar y la del actual palacio. £1 as-
pecto de las otras, i pesar de sus an-
tiguos cubos, no o&ecía nada nota-
ble: unas paredes eran de tierra jr
otras de argamasa, sin orden ni si-
metría en los huecos, pisos y tejados.
Un pórtico conducía á dos grandes
patios con arcos, sobre los cuales ha-
bía terrazas adornadas de tiestos y
estatuas de mármol. En el fondo se
veía la escalera principal, que era an-
chísima, con los pasamanos de piedra
azulada j adornos dorados: daba ac-
ceso á la sala de guardias, en donde
daban la suja las tres eoinpafiías de
la atchillat los borgoñeses, los flamen-
eos, los alabarderos españoles ^ los
tudescos. El edificio tenia suficiente
extensión, pues contenía dentro de su
recinto las siguientes habitaciones:
en el patio principal se hallaban es-
tablecidas diferentes dependencias del
Estado, como los Consejos de Castilla,
de Aragón, de Portugal, de Italia, de
Flandes j de las Indias; en los apo-
sentos bajos, llamados covachuelas,
que, aunque espaciosos, eran bastan-
te oscuros, trabajaban los llamados
covachuelistas; y en una de aquellas
bóvedas, algo más decente, aderezada
con algunas sillas, varias papeleras j
una mesa de despacho, tenía el sojo
el secretario de Estado. En el primer
corredor del piso principal se hallaban
la capilla j las habitaciones de la &-
milia real; mis adelante, una sala
de 47 metros de longitud por 9 de
latitud, la cual estaba destinada para
comer el rej en público, para recep-
ción de los embajadores, para las ce-
remonias oficiales, para u represen-
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MADR
MADR 545
taeidn de comedias, para m&searaa,
torneos y fiestas. Después de algunas
salas, seguían los aposentos del mo-
narca, un pasadizo secreto, adornado
de estatuas, por el que se bajaba al
Campo del Moro j Casa de Campo; la
Klería del Cieno, sobre la cual se ha-
ba la torre que sirTÍó de cárcel á
Francisco I; lueg-o el salón donde se
reunían las Cortes; 7, por último, los
cuartos de la reina ^ de los príncipes.
Tanas salas, oratorios, retretes j vi-
viendas para las damas. Bn otro pa-
tío estaMD los departamentos de los
infantes de Castilla j el gnardajojras.
Bl palacio contaba 560 aposentos y
numerosas puertas, casi todas peque-
fias y mezquinas. En 16!^ se abrieron
las etcwhat ó Tentanillas para que el
rej ojese, sin ser visto, los debates y
las decisiones de los Consejos; en 1639
se doró el salón, supdnese que el de
Embajadores; se ensancharon las cla-
raboyas para darle más luz y se ador-
naron las paredes, con mármoles y
jaspes, y la bóveda con pinturas. Es-
tas obras, según refiere un autor, cos-
taron 19.000 escudos, la vida de dos
hombres y las piernas j los brazos de
otros cuatro, que cajeron de un an-
damio. Un detalle <a exponer para
terminar esta resefia histórica. El ex-
terior de este alcázar, si se exceptúan
la fiichada del Mediodía 7 U torre lla-
mada de Carht V, era desagradable
7 carecía de todo mérito; pero ateso-
raba el interior grandes riquezas en
adornos 7 pinturas , 7 se hallaba co-
locado entre los deliciosos jardines
del Parque 7 la Priora, en tanto que,
por el Norte , carcomían sus muros al
descubierto todas las aguas inmun-
das de Madrid, como lo prueban las
signientes frases: «Bien manifiesto
>está que por la parte del Norte (ín-
»mediato al real palacio) transitan
«descubiertas todas las aguas impu-
gna que bajan de Madbid, ca70S va-
»pores, que no se puede dudar exha-
>lan 7 se introducen en él, es innega*
>ble sean mny ofensivos.» En estos
términos le expresaba el ingeniero
don José Alonso de A.rce en las «difi-
cultades vencidas para la limpieza 7
aseo de la Corte;> memoria que some-
tió á la censura, en 1734, 7 se halla-
ba en prensa, cuando tuvo lugar el
famoso siniestro que destruyó el al-
cázar. En efecto, la noche de Navidad
del referido año, en ocasión en que
los monarcas se habían trasladado al
palacio del Buen Retíro, un voraz in-
cendio, cuya causa no ha podido ave-
rignane, auxiliado por un viento im-
petuoso, redujo en breve espacio á
un montón de escombros 7 de ceni-
zas «el insigne 7 ricamente adornado
palamo,» eomo deda la Gaceta de Ma-
drid de 4 de Enero de 1735.
73. ffl Palacio «imw.— No pare-
ciendo digno de la grandeza del so-
berano de España el modesto edificio
del Buen Retiro, única residencia que
le quedaba después de la completa
desaparición del antiguo alcázar, for-
mó Felipe V el proyecto de construir
an palacio que aventajara en exten-
sión 7 magnificencia i los mejores de
Europa. Al efecto, hizo venir de Tu-
rín 7 encargó los planos del nuevo
edificio al abate don Felipe Jubara,
muy conocido por sus notables obras
ejecutadas en aquella ciudad, en Ro-
ma 7 Milán. Eligió el famoso arqui-
tecto las excelentes alturas que ac-
tualmente ocupa el barrio de Pozas
7 parte de la Moncloa, para levan-
tar un magnífico palacio cuadrado,
de 473 metros por cada fachada, ó sea
una superficie de 233.729. El edificio,
según el pro7ecto del citado artista
italiano, contaba 34 entradas, 23 pa-
tios, 2.000 columnas, otras tantas es-
tatuas, vastísimos jardines, espacio-
sos locales para los Consejos, secreta-
rías de Estado, biblioteca, iglesia,
teatro; y tanto éstas como las demás
partes principales, así como las acce-
sorias y de ornato, debían guardar la
más perfecta armonía con la grandio-
sidad del conjunto. Consideradas las
obras de una magnitud extraordinaria
y de una ejecución costosísima, des-
echaron los reyes el proyecto de Ju-
bara, el cual murió de pesadumbre,
según es fama. Bajo la dirección de
este arquitecto v con arreglo i la tra-
za que había aalineado, se hizo un
precioso modelo de este palacio, mi-
nuciosamente ejecutado eu madera,
que aun se conserva en el museo de
artillería. Reemplazó i Jubara su
discípulo 7 compatriota don Juan
Bautista Sacheti, á ^uien se impuso
por principal condición que el nuevo
palacio había de levantarse sobre la
misma área del antiguo alcázar, que
era el punto designado por el re7
Felipe. Aprobados los planos de Sa-
cheti, empezáronse las obras del nue-
vo edificio, cuya primera piedra, que
era de granito, se puso en 7 de Abril
de 1738, en el centro de la fachada
del Mediodía, á 11 metros de profun-
didad, contados desde la superficie
de la plazuda; asistió al acto prooe-
sionalmente el arzobispo de Tiro con
la capilla real, mientras que el mar-
qués de Villena, duque da Escalona,
introdujo en nombre del rey una caja
de plomo, que contenía monedas de
oro, plata 7 cobre de las fábricas de
Madrid, Segovia, Méjico 7 Perú, en
un hueco de la mencionada piedra;
sobre la cual se grabó la siguiente
inscripción: ^des Afaurorum auosHen-
ricus 1 V composmf. Carolu* y am¡(li-
Jícavii. PAiltpput III ordenaviu Ignis
coHSimpiií octavo kalenda* Januañi
Anno MDCCXXXIV, Tándem PAi-
lippus V tpecíandas retiUuií aterniíaíc.
Amu MDCCXZXVIL Bendijo lue-
go el prelado la piedra fundamental
7 todo el terreno que comprende tan
suntuosa fábrica, con las ceremonias
de costumbre, hallándose presentes
el arquitecto Sacheti, el duque de
Montemar, como testigo, 7 otras mu-
chas personas distinguidas.
74. Duracién y costo de las ohrat, —
Examinados escrupulosamente, año
por aüo 7 número por número, las
Cfaceíat y Mercwriot de aquellos tiem-
pos, resulta: qa« desde Julio de 1735,
época en que aparece que regresó la
corte de Sevilla, hasta el 1.* de Di-
ciembre de 1764, en que, al volver
del Escorial, se instaló la real familia
en el nuevo palacio, vivieron en el
sitio del Buen Retiro, Felipe V, Fer-
nando VI 7 Carlos III, todas las tem-
poradas que pasaron en Madrid, asis-
tiendo á la tribuna 7 á las capillas
públicas en la iglesia de San Jeróni-
mo; de modo que, según estos datos
fidedignos, puesto que la Gaceta da
siempre de oficio el punto en donde
el re7 se encuentra, el nuevo palacio
tardó en estar habitable, contando
desde d 7 de Abril de 1738, en que
se puso la primera piedra, hasto el
referido 1.° de Diciembre de 1764, en
que se inauguró, veintiséis afios, sie-
te meses 7 veintitrés días.— En cuan-
to á las cantidades invertidas en su
construcción, las cuentas presentadas
Sor la Tesorería, desde el 7 de Enero
e 1737, en que empezó la demoli-
ción del antiguo alcázar, hasta 1808,
en que rindió la última, arrojan un
total de 298.820.785 reales 31 mara-
vedises (cerca de trescientos millones
en números redondos).
75, MateriaUt empleados en la e«u-
írKCctV».— La cornisa, las columnas,
las pilastnu, las jamlws, los derechos,
los frontis de las ventanas; en una
palabra, todo lo que aparece de relie-
ve 7 esculpido, es de piedra blanca
de Colmenar; el resto de la fábrica,
de granito ó piedra berroqueña; las
puertas 7 las ventanas, por lo gene-
ral, de caoba; la cubierta, de plomo;
lo demás, de hierro.
76. Swterior del Palacio. — La plan-
ta de este grandioso edificio forma un
cuadro: sus ángulos están fianqueados
de cuerpos salientes que, i manera de
pabellones, cortan la línea horizon-
tal, los cuales sobresalen 6 metros 7
tienen 26 de frente, constita7endo un
todo aislado, que se compone de cua-
tro ftchadas. Miden éstas 131 metros
cada una 7 son casi idénticas en su
arquitectura; diferenciándose sólo en
la elevación, que es aproximadamen-
te: en las del Sur 7 Este, de 28 me-
tros; en la del Norte, de 42, 7 en la
del Oeste, de 56', único modo con que
se pudo remediar el enorme desnivel
del suelo 7 dar al edificio una altura
f^eneral. La fachada principal del pa-
acio da su frente al Mediodía, 7 cons-
ta de piso bajo, primero, segundo 7
sotabanco. Desde el plan terreno de
la plaza se levanta un cuerpo senci-
llo almohadillado, que forma el zóca-
lo, sobre el cual se eleva el cuerpo
superior; el centro de cada una de las
falladas 7 los resaltos ó pabellones
de los ángulos están adornados de
medias columnas estriadas de orden
jónico compuesto, las cuales se ven
reemplazadas en los demás entrepa-
ños por pilastras dóricas. Unas 7
otras sostienen la cornisa superior,
sóbrela que corre una balaustrada,
interrumpida á trechos por varios pe-
destales, que adornan ho7 grandes
jarrones, y que antiguamente coro-
naba una cmección de estatuas de
TOMO Ul
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546 MADR
MADR
MADR
reyes, desde Ataúlfo hasta Fernan-
do VI. Bn los espacios comprendidos
entre las columnas ó las pilastras, se
▼en varias ventanas de forma diferen-
te: las del euaito bajo tienen guarda
doItos; las del prlDCÍpal» jambas j
frontispicios triangulares y circulares
altematÍTamente, con molduras, la-
bores, resaltos, mascarones y conchas
en los tímpanos; las de los pisos su-
periores son oblongas j sin ornamen*
tación. Los tres huecos de en medio
del cuarto principal dan salida á un
balcón sostenido por cuatro columnas
dóricas j rodeado de una balaustrada
de piedra; sobre el medio punto del
vano centralf se ve la Espaí^a en un
medallón de escultura, j debajo de
éste, el río Tajo j la siguiente ins-
cripción: Coníulií Ávffustus general gui
cuneta regmt. Bn el centro y parte su-
perior de la fechada, se levanta un
ático con una esfera de reloj en me-
dio; encima, un escudo de armas, y
á los lados, el sol recorriendo el zo-
díaco. Las tres fachadas restantes son
idénticas á la referida en forma J
ornato, hallándose los pisos de las
cuatro en un mismo plano horizontal
y terminando con uua cornisa j ba-
laustrada generales; pero el gran
desnivel del terreno hizo necesario,
en las dos bandas de Occidente j
Norte, un cuarto inferior al piso bajo,
que se extiende también, aunque
poco, por el lienzo de Oriente. Para
encontrar terreno ñrme por Poniente
7 en la arrojada que anteriormente
corría por el Norte del cerro, levantá-
ronse desde el Campo del Moro mons-
truosos marallones de contención,
que llegan hasta el ángulo de las Ca-
ballerizas j calle de Pavía, j se for-
maron por Occidente rampas que
conducen á los jardines, j cujo pe-
queño desarrollo las condenó á ser
violentas y pendientes, j se sobrepu-
sieron grandes galerías subterráneas,
que tienen su asiento en el nivel del
Manzanares. La única diferencia que
se nota en las cuatro fachadas refe-
ridas consiste en que las de Oriente j
Occidente presentan el balcón central,
sostenido por ménsulas, mientras que
el del lienzo del Sur lo está por co-
lumnas, y, finalmente, en que el re-
salto central de la fachada del Norte,
en donde se encuentra la capilla, es
de cinco intercolumnios. La orna-
mentación que decora esta colosal
fábrica es bien escasa, pues toda ella
so reduce al medallón de España y el
rio Tajo ya mencionados, en la pla-
zuela principaljsan Andrésy Gfldeón,
en los referidos intercolumnios cen-
trales de la banda del Norte; unos
grandes escudos de armas, situados
sobre la cornisa en el medio de las
cuatro fachadas, j varios bustos colo-
cados en los remates acuartelados que
terminan los pabellones de las esqui- .
ñas.
77. jPK«r¿af.— Seis son las princi-
pales que conducen al intenor de
este maguífíco palacio: ana, llamada
del Príncipe, en la fachada oriental,
y cinco, en la meridional; todas, con
arco de medio punto. Las tres centra-
les, que llenan los intercolumnios so-
bre que descansa el balcón principal,
abren paso á un espacioso atrio de
Ítlanta elíptica, con dos puertas en
os extremos del eje mayor y vano
rectangular, sobre el que se distingue
en cada una, bajo un medio puuto,
un escudo de armas reales.
78. Interior del Palacio. — Por estas
puertas, que contienen columnas ani-
chadaa, se comunica el mencionado
atrio con otros cuadrados, que se en-
cuentran en las puertas colaterales,
constituyendo todos ellos un suntuoso
y dilatado vestíbulo, de cuyo centro
se pasa á un pórtico adornado con co-
lumnas estriadas, en donde toman el
coche los monarcas. Dando el frente
á la escalera principal, hay una esta-
tua de Carlos III, ejecutada en már-
mol blanco, con armadura y manto á
la romana. Bl atrio central y el pórti-
co se hallan cerrados con vidrieras.
79. Patio, — Por este último se pene-
tra en el patio principal, que es cua-
drado: tiene 1.121 metros de superfi-
cie y se halla circuido de otro pórtico y
una galería con nueve arcos de frente
en cada lado. El referido pórtico apa-
rece decorado con pilastras dóricas
sobre las que se encuentran otras de
orden jónico moderno, qua adornan
la galería superior, cerrada con gran-
des vidrieras, propiamente tales, en
cuyo cornisamento sienta una balaus-
trada, la cual hace oficios de antepe-
cho al espacioso terrado que se ex-
tiende por toda la crujía. Inmediatos
al patio que acabamos de describir,
hay otros dos pequeños en comunica-
ción con aquél, los cuales correspon-
den á los ángulos Nordeste y Noroes-
te del palacio.
80. Escaleras. — Una de las partes
más notables deesteedificioes,sin dis-
puta, la escalera principal. Hállase en
un anchuroso pórtico, de que ya he-
mos hecho mérito, y se compone de
tres ramales con mesillas interme-
dias: uno, de subida, en el centro, y
dos de bajada, en los costados. Estas
escaleras conducen paralelamente á
la sala que se llamd de ffmrdias. Los
peldaños forman una subida muy
suave; y tanto éstos como las balaus-
tradas y los dos leones que sobre pe-
destales adornan la mesilla general,
son de rico mármol blanco y negro.
La suntuosa caja de esta magnífica
escalera aparece decorada por doce co-
lumnas estriadas de orden compues-
to, que sientan sobre un zócalo gene-
ral, y cuyos capiteles ostentan her-
mosos castillos, leones y collares del
Toisón de Oro. Cierra la citada caja
una vasta y elevada bóveda de ladri-
llo, enriquecida con molduraje talla-
do y dorada en los perfiles de los lu-
netos y recuadros de los entrepaños;
adornada de florones, trofeos j otros
objetos de excelente efocto y embelle-
cida de numerosas pinturas al fresco,
ejecutadas por Cerrado Giaquinto, en-
tre las ew les figura una en que apa-
rece la España, en traje de heroína,
con espigas en la mano derecha y un
dardo en la izquierda, y seg^uida de
la Providencia, la Constancia, la Inte-
gridad y el Celo religioso, rindiendo
sus homenajes á la Iglesia católica.
Qrandes claraboyas simétricas, abiete
tas sobre el cornisamento, iluminan
convenientemente la preciosa escalera
en cuestión. Aparte de ésta, cuéntanse
sobre 25, en esta forma: dos, de se-
gundo orden; una, en el ala del Bste,
en el ingreso de la puerta del Prínci-
pe, que termina en el piso de la gale*
ría alta, y otra, estrecha, de dos ra-
males, en la del Oeste, que conduce
desde el piso bajo á la terraza; cuatro,
de servicio; cuatro, reservadas, en
cada uno de loa cuatro pabellones de
los ángulos; y varias, secretas; cua-
tro, en el lienzo del Mediodía; cuatro,
en el del Norte; tres, bajo la escalera
principal; y una, en la capilla. Por
todas ellas se desciende hasta el Cam-
po del Moro.
81. Aposentos reaUs. — Todas las ha-
bitaciones interiores del palacio que
nos ocupa, particularmente las que
se hallan situadas en el pisoprincipal,
están decoradas con una magnificen-
cia extraordinaria. Hermosas escultu-
ras y bellísimos frescos, que repre-
sentan en su mayor parte asuntos
mitológicos, adornan las bóvedas j
enriquecen los salones del suntuoso
edificio, guardando perfectamente ar-
monía con las preciosas telas de las
paredes, la exquisita colección de
mármoles del pavimento, de las jam-
bas y dinteles de las puertas, de los
frisos y chimeneas; los caprichosos
adornos de las salas y las magníficas
colgaduras y tapices; admirándose
fior último, en toda clase de muebles,
o más primoroso y delicado que ha
producido el arte. Entre los cuadros
que todavía se conservan, son verda-
deramente notables el Descendimiento
y el Padre Eterno ^ ejecutados por
Mengs; los cuatro doctores de la Iglesia
latina, por Guercino; algunas obras be-
llísimas de Rubens, Murillo, Jordán,
Sneyders y Goya, y varios de los pin-
tores contemporáneos, Madrazo, Fe-
rrant, Es(^uivel, Villamil y otros no
menos estimables. En los lienzos de
Oriente y Occidente de la galería,
hay primorosos gabinetes con pavi-
mentos de mármoles, caprichosamen-
te adornados de estucos, espejos y
otros ornamentos; la última sala, del
lado del Mediodía, ostenta en su es-
paciosa bóveda estucos chinescos, imi-
tando el dibujo de éstos los mármoles
del solado; y en la banda del Oriente,
se ve un gabinete llamado de la Chi~
na, por hallarse sus paredes cubiertas
de vistosas porcelanas, Pero los de-
partamentos más vastos, ricos y ma-
jestuosos de todo el palacio, son el sa-
lón de Embajador», o del Trono, el de
Columnas y la Capilla, álos cuales Ta-
mos á consagrar algunas palabras.
82. Saló» de Embajadores, — Ocupa
esto anchuroso y re^io salón el centro
de la fachada principal, que da al Me-
diodía, y se halla perfectamente alum-
brado por cinco balcones con vistas &
la plaza. Las paredes de asta regia
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MADR
MADR
MADR 547
estanpia están vestidas de terciopelo
carmesí, bordado de oro, j entre los
muchos objetos de inestimable valor
que la adornan, figuran doce magní-
ficos espejos» colocados sobre costosas
mestSi algunos bustos de mármol j
otros objetos de gran valor, y las dos
elegantes j hermosas arañas que pea-
den del techo. En los ángulos resal-
tan cuatro medallones dorados, con-
tenidos en grandes conchas; con dos
estatuas en cada uno, madores que el
natural: en el primero se hallan re-
presentadas el Agua y la Primavera;
en el segando, el Aire v el Estío; en
el tercero, el Fuego y el Otoüo; en el
cuarto, la Tierra y el Invierno. Las
estaciones se hallan figuradas por me-
dio de cariátides. Sobre una puerta
de comunicación aparece pintada la
Abundancia en un gran óvalo soste-
nido por dos genios; y en otro óvalo,
situado en el lado opuesto, el Me'rito
y la Virtud. La pintura de la bóveda
representa la monarquía española, en-
salzada por los seres poéticos, asisti-
da por las Virtudes j rodeada de sus
Estados en los dos hemisferios. En un
trono, á cuj'os lados se ven Apolo j
Minerva, está sentada majestuosa-
mente la Monarquía; inmediata á ella,
la ciencia del Gobierno; en el extre-
mo opuesto, la Paz y la Justicia, y
por el aire, la Virtud. La Abundan-
cia y la Clemencia forman entre otras
figuras, un grupo sobre nubes; cruza
toda la bóveda el arco iris, y entre éste
y el gran círculo de nubes, rodeado
de genios, que cubre la Monari^uía y
delante del cual vuela Mercurio, se
distinffue un jeroglífico de la Paz.
Eolo, Júpiter, MinerTa, Baco, el Océa-
no y su esposa Tetis, Flora y Céfiro,
Neptuno, Vulcauo, Venus, Apolo y
Harte, constituyen otros hermosos
grupos que, envueltos también entre
nubes y á distancias diferentes, cir-
cujen el mencionado trono de la Mo-
narquía española. Kn la misma bóve-
da hay una alegoría en elogio de
Carlos III, formada por la Magnani-
midad, con la Gloria á la derecha; la
Afabilidad, á la izquierda; y un poco
más allá, el Consejo. La Fe, colocada
en un trono de nubes, aparece acom-
f lañada de la Esperanza, la Caridad,
a Prudencia, la Fortaleza jf la Victo»
ría; tiene á su izquierda un altar con
fuego y un genio lleva una cadena
con un medallón para premiar las
Nobles Artes. Como atributo de la
Gloria, haj cerca de la matrona, que
la representa, una pirámide, en cuya
parte inferior se lee la siguiente ins-
cripción:
ABDVA QUA ATTOLLIS SIOMtiyBNTA
ET FLBCTIKR AVO
NBSCIA TB CBLBHRANT
CABOLB MA0NAN1MUM
Sobre la comisa están representa-
das las provincias de la Monarquía
española. Frente al balcón del medio
de la fachada principal y en el centro
de la pared, que da a la antigua m/a,
de Gvardioit se levanta el trono, cu-
bierto con un rico dosel de terciopelo
carmesí, bordado de oro. A la derecha
se ve la estatua de la Prudencia; á la
izquierda, la de la Justicia, y en los
dos ángulos, que trazan las gradas,
cuatro leones de bronce dorado. La
bsUísima y complicada pintura que
enriquece la bóveda de este soberbio
salón, fué ejecutada por don Juan
Bautista Tiepolo, hábil artista de la
escuela veaectana; la escultura, por
don Roberto Michel. La regia estan-
cia cuya descripción terminamos, está
considerada como la mejor de todo el
palacio y una de las primeras de Eu-
ropa.
83, Salón de Columnas. — Doce co-
lumnas, arrimadas á pilastras, con los
caprichosos capiteles de castillos, leo-
nes y collares del Toisón de Oro, de
que ya hemos hecho mérito, adornan
este magnífico salón, cerrado con una
elevada bóveda de ladrillo, embelle-
cida con tallas doradas é iluminada
con grandes claraboyas. En el centro
hay una alegoría pintada al fresco
por Corrado Giaquinto, la cual re-
presenta la salida del sol, á cuya pre-
sencia se agita y alegra toda la Natu-
raleza. Eñ la parte superior aparece
Apolo radiante en un carro de nubes,
tirado por cuatro caballos; precédele
la Aurora, rodeada de ninfas que van
esparciendo flores, distinguiéndose
detrás parte del zodiaco, con los sig-
nos correspondientes á Febrero, Mar-
zo, Abril y Mayo. Céfiro detiene los
vientos fuertes. Por debajo se desta-
can varios grupos: Ceres, simboliza
el Eslío; Baco, sentado sobre un ju-
mento, que está echado en el suelo,
representa el Oto&o; Venus, la Prima-
vera, y Vulcano, el Invierno. Entran
igualmente en la composición Diana
y Pan con su caramillo, y en la base
aparece Galatea en el mar con trito-
nes y nereidas. Esta hermosa sala
sirve para bailes, y en ella se celebra
la ceremonia de servir el monarca la
mesa á doce pobres y lavarlos y be-
sarles un pie el día de Jueves Santo,
terminados los oficios. Sobre la puer-
ta que comunica con la antigua sala
de Guardias, hay una medalla ovala-
da, sostenida por un león y rodeada
de niños con palmas y guirnaldas, en
la cual pintó el mencionado artista la
Majeslad de España.
84. CapiÍla.-~St encuentra en el
centro déla &chada del Norte, al nivel
de las habitaciones reales. La planta
presenta en el centro la figura de una
elipse, con dos grandes nichos en los
extremos de su eje mayor; á un lado
se ve otra elipse menor, que forma la
entrada, y al frente de ésta, una semi-
elipse. Su decoración consiste prin-
cipalmente en 16 columnas de már-
mol negro y de una sola pieza: estas
columnas y las pilastras tienen ca-
piteles dorados de orden corintio, y
sobre unas y otras corre el cornisa-
mento. Los cuatro arcos torales están
dorados, y en las bóvedas hay floro-
nes y otros ornatos, alternando con
estucos, que imitan mármol blanco.
Corona y cierra el cruce una media
naranja, compuesta de un ático deco-
rado exteriormente por ocho flameros
é iluminado por cuatro grandes cla-
raboyas, adornadas por el interior,
como los macizos que hay entre ellas,
de bien trabajadas esculturas. Elévase
el mencionado ático sobre la cubierta
del edificio, y en él sienta la semies-
fera, que es una rosca de ladrillo pin-
tada al fresco. En el coro principal
se ven varias figuras alegóricas con
molduras doradas al redeaor, y en el
otro coro, sobre el altar mayor, £ Je-
sucristo con el Padre Eterno y unos
ángeles. Decoran la entrada de este
sagrado recinto cuatro evangelistas
colocados en hornacinas á los extre-
mos de la elipse, que forma el ingre-
so. Dos ángeles sostienen dos gran-
des lámparas de bronce á los lados
del presbiterio, y pendiente del anillo
de la cúpula se ve otra de plata en el
centro. La mesa del altar y sus co-
rrespondientes gradas han sido labra-
das de ricas piedras, al par que bellí-
simos frescos y hermosas esculturas
enriquecen esta regia capilla. Además
de las tribunas reales, hay otras va-
rias repartidas por las paredes cerca
del cornisamento. La cruz que se
eleva sobre la media naranja, fué co-
locada en 1737: contiene en el centro
de los brazos un pomo circular de
bronce dorado, y en su circunferen-
cia, que encierra varías reliquias, se
lee la siguiente bella inscripción de
Iriarte:
INTUS SACRA LATBNT PAROS PBOOBLLA
SACRIS. Anno 1757.
85. Una anécdota. — Terminamos la
imperfecta descripción de esta regia
monda, tan notable por la magnitud
y solidez de su construcción como por
las machas riquezas y preciosidades
3ue contiene, con la siguiente anéc-
ota: cuéntase que, subiendo Napo-
león I las suaves gradas de la escale-
ra principal de este palacio, díjole á
su hermano José, admirado de la sun-
tuosidad del edificio y de su excelen-
te distribución: «Tenéis mejor aloja-
miento que yo.»
86. Palacio del Congreso.— Ei 21 de
Marzo de 1842 dió principio la demo
lición de la iglesia y convento que
había sido de FP. del Espíritu Santo,
y en 10 de Octubre de 1843, día del
natalicio de la reina Doña Isabel II,
puso ésta la primera piedra del edi-
ficio que nos ocupa, depositándose se-
guidamente en un arca de plomo va-
rias monedas de oro, plata y cobre,
los periódicos del día, un ejemplar de
la Constitución de 1837, la Guía de
forasteros y la paleta de plata que
sirviú á S, M. para echar el material
del primer cinaiento. Las obras, pre-
supuestadas en 14.800.000 reales,
uedaron terminadas en 1850, bajo la
irección del arquitecto don Narciso
Pascual Colomer, autor del proyecto
aprobado por la Academia de Nobles
Artes de San Fernando. El edificio
está construido en el solar que ocu-
paba el convento antes mencionado,
sobre una superficie de 11.895 me-
tros: comprende ocho lados, todos en
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MADR
áng^ulos rectos, dando su frente £ la
plaza de las Cortes. La línea de esta
fachada principal tiene 55 metros; las
de las calles del Florín j Floridablan-
ca> 57 cada ana; 7 13, las dos que
vuelven al testero, contando seis el sa-
liente del centro j 29 de extensión.
La eonstnieciÓn es, en general, la-
drillo sobre bóveda de rosca; la fa-
chada principal, toda de piedra de
granito con ventanas intermedias del
almohadillado corrido: las repisas,
jambas, dintel, friso j guardapolvo,
son de piedra calcár&a de color blan-
co; las tres fachadas restantes, de la-
drillo, decoradas en armonía con todo
el edificio. £1 pórtico de la fachada
firincipal, al que da subida una esca-
ínata, consiste en un cuerpo saliente,
compuesto de seis columnas corin-
tias j estriadas con sus respectivas
contrapilastras, notándose en los ca-
ftiteles de las primeras, cabezas de
eones en ves de la flor del abaco. So-
bre este pórtico sienta el cornisamen-
to, cu^o friso j arquitrabe se ven in-
terrumpidos por la lápida de mármol,
en que se lee la sencilla inscripción
de: Concreto de ht Diputados, termi-
nando el todo de este elegante cuerpo
con un frontispicio triangular, en cu-
yo tímpano haj un bajo relieve, en el
que aparece la España abrazando la
Constitución del Estado, rodeada de
la Fortaleza y la Jtuticia; al lado de
aquélla están las Beílas Artes, el Co-
mercio, la Agricultura, los Ríos j Ca-
nales de navegación; inmediato á la
Justicia se halla el Valor español, (^ue
sirve pan sustentarla; las Ciencias,
que aseguran la Industria y la Nave-
yaeion, fomentadas por la J^at y la
A iundanda, que completan la alego-
ría. Los dos leones, colocados en ios
extremos de la escalinata, han sido
fundidos con el metal de bronce, pro-
cedente de los ca&ones tomados á los
i^nemigos en la guerra de Africa: fue-
ron fundidos en Sevilla en la fábrica
de la Nación; pesan 2.300 kilogramos,
el uno, y 2.6d8 el otro, y son de una
sola pieza, excepto las colas. La plan-
ta en general está sobre una de las
majores vertientes de Madrid, cuyo
desnivel, en sentido longitudinal de la
fachada que hemos descrito, es próxi-
mamente de cuatro metros. Bn el piso
bajo se hallan los sótanos ^an el cuer*
pn de guardia, algunas habitaciones de
dependientes, almacén de objetos úti-
les y de uso periódico y hornillos para
los caloríferos: la segunda planta está
destinada al objeto principal; en su
centro se encuentra el gran salón de
sesiones, de 1.841 metros superficia-
les; la sala de conferencias, y otras
cuatro más pequeñas para gabinetes
de lectura, recibo ó audiencias de los
diputados, el vestíbulo principal, la
secretaría, el archivo, la sala de pre-
supuestos, el gabinete del presidente
y el del Ministerio; la tercera, com-
prende las salas de las comisiones y
habitaciones de los empleados de la
casa que viven en ella; y la cuarta, ó
sotabanco, las de los dependientes su-
balternos. La sala de sesiones es se-
MADR
micircular; tiene 31 metros de diáme-
tro, prolongados sas extremos para-
lelamente, r el testero, 11: cierra el
salón una bóveda rebajada, de cuyo
centro pende una elegante lucerna en
forma de abanico: los escaños de los
diputados están dispuestos en anfitea-
tro; son de caoba maciza, forrados de
terciopelo color de guinda, numerados
los asientos ^ cada uno de los cuales
tiene un pupitre, escribanía y un ca-
jón para guardar papeles. Forman las
galerías de las tribunas unas colum-
nas de hierro, blanco y oro, en las
que se ven enlazados, por orden alfa-
bético, los escudos de las 49 provin-
cias de España. La curva de la bóveda
mide nueve metros de altura en toda
la extensión de la sala: ésta se halla
revestida de escavola, imitando már-
moles, y, como el plano que forma el
techo, riquí si mámente decorada de
pinturas de Rivera, en las cuales se
ven representados los legisladores
griegos, romanos, ^dos y aragone-
ses que más se distinguieron en estas
cuatro grandes épocas de la civiliza-
ción europea. El decorado.de los de-
más departamentos que componen
este edificio, se halla á la altura del
salón que dejamos descrito.
87. Palacio del Senado. — Se deno-
minó en su primitivo origen Colegio
de Doña María de Arag<¡n, quien lo
fundó en el sitio llamado entonces
Vistillas del Río, siendo dama de la
reina Doña Ana, cuarta esposa de
Felipe II, para casa de religiosos
agustinos calzados. Demolida la men-
cionada iglesia r levantado el edificio
actual, sirvió da salón de sesión á la
Cámara única ^ue existió desde 1820
al 23; j en los postreros afios de Fer^
nando VII estuvo abierto como igle-
sia hasta 1835, en que se instaló en
ella el Senado. La fachada del salón
en que celebra sus sesiones esta aris-
tocrática Cámara, da frente á la calle
de la Encarnación y consta de un solo
cuerpo, decorado por cuatro pilastras
con capiteles caprichosos, coronando
el todo un frontispicio triangular con
un bajo relieve en el tímpano, que
representa á Isabel II en un solio,
con el león á los pies y varias figuras
alegóricas al rededor. Adornan el in-
dicado frontispicio tres ornatos de es-
cultura, uno en el vértice j los res-
tantes en los extremos; consiste el
primero en un pequeño grupo, que
contiene el busto de Isabel la Católica
con varios trofeos, y simbolizan los
otros las armas de Castilla, represen-
tadas por medio del castillo y del
león. La planta del salón de sesiones
es elíptica y de regular extensión y
forma, y está decorado con ocho co-
lumnas anichadas de orden jónico mo-
derno. Enfrente de la puerta v hacia
el extremo del eje majordela elip-
se, se ve el trono con un rico dosel de
terciopelo, y distribuidas por las pa-
redes del salón varias pequeñas tri-
bunas con arco recto, 7 otra mayor,
destinada para el público, frente al
dosel. Todo el adorno de este salón y
de su fachada es de yeso: de modo
MADR
que, tanto por sa arquitectura como
por los materiales empleados en su
construcción, el edificio carece de toda
importancia, fuera del objeto i qac
esta destinado.
88. Casas Consistoriales. — La pri-
mera reunión que celebró el Ajnnta-
miento en la casa que en la actuali-
dad ocupa, tuvo lugar el día 19 del
mes de Agosto del año de 1619. An-
teriormente á esta fecha, según cons-
ta en un libro de acuerdos de Ma^obid
desde 1462 á 1485, los concejos de la
villa se celebraban á campana tañida;
unas veces en el Mirador del Rev,
otras, en la Cámara claustra de la
iglesia de San Salvador, situada so-
bre el pórtico de esta parroquia, como
así lo refieren Quintana y Baena, ci-
tando el primero un documento qua
se menciona en el apreeiable Mamual
del señor Mesonero oomanos, 7 an el
que se expresa con feeha 6 d« Octu-
bre de 1503, que para otorgar unos
acuerdos sobre cambios de terrenos,
estaba reunido el eonesjo «m U taU
fue es encima del portal de la iaietia de
San Salvador de Ut dicha villa, segi»
que lo hen de uso y costumbre.» Aten-
dido su forma y ornato, el edificio
que nos ocupa debió construirse en el
mismo siglo en que se celebró en él
la primera reunión que ya hemos in-
dicado. Consta aquél de dos pisos,
bajo y principal, decorado éste con
frontispicios triangulares; en cada
uno de los extremos se eleva una to-
rre cuadrada, cuyo balcón adorna un
frontón semicircular, terminando el
todo con un capitel. La fachada, que
da á la calle de la Almudena, as me-
nos extensa que la re&rida j tiene
igualmente dos torres con un peris-
tilo, formado por seis columnas y
dos pilastras dóricas de granito en el
piso principal, las cuales sostienen
una cornisa que ata con la general
del edificio. En el capitel, que corres-
ponde á la torre de la esquina de la
plazuela y calle de la Almudena, se
ve el reloj que hab£a en la torre de
San ^Ivador, llamada antiguamente
atalaya de la villa, t que fue derriba-
da con la iglesia de aquel nombre.
En el interior ha/ un pequeño patio
con pilastras, una espaciosa escalera
^e piedra y varias salas; entre ellas,
la de CoUmnas, llamada así por las
dos que se ven en el testero, j la mo-
dernamente habilitada para sesiones;
contigua á ésta se encuentra un pe-
queño oratorio, recientemente restau-
rado, cuyas bóvedas, pintadas al fres*
co por don Antonio Palomino, repre-
sentan, entre otros asuntos sagrados,
varios pasajes de la vida de san Isi-
dro. El resto del edificio es bastante
irregular y poco notable, habiendo
servido durante algún tiempo de cár-
cel pública.
89. Diputación prornncial.-'^iX\Msn
establecida en una casa vieja que per-
teneció á la familia de los Lodeñas, j
labró de nuevo, á principios del si-
glo xvii, don áancho de la Cerda,
marques de la Laguna. Bate edificio,
situado en una rinconada de la pl^
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MADR
zuala de Santiag-o, no ofrece nada de
notable, ¿ pesar de las considerables
sumas invertidas en obras para embe-
llecerlo.
90. PataciodelaPre»idencia.—Eate
edificio, conocido en otro tiempo por
la etua dé ioi Reros j por el A tmacén
de cristales, fué edificado en 1801, en
uno de los mejores- sitios de la calle de
Alcali. Sa fiichada, de buenas propor-
ciones, da entrada & un atrio que se
extiende i un anchuroso patío con sa-
lida á la calle de la Greda : una esca-
lera de dos ramales, que arranca del
referido atrio, conduce al piso princi-
pal, en donde se encuentran las habi-
taciones más lujosas del edificio j un
regular salón, que ocupa el centro
con vistas á la calle de Alcalá.
91. Ministerio de la &obemaci<ín, —
£n la Puerta del So\, punto el más
«entral de Ua,dbid, j aislada por sus
c